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  • La casera instruye a Jordi para su primera experiencia

    La casera instruye a Jordi para su primera experiencia

    Rebeca y Jordy son dos jóvenes de 28 y 18 años que se hospedan en las dos habitaciones de mi casa que estoy alquilando de forma temporal.

    Rebeca está buscando trabajo y Jordi acaba de conseguir uno como responsable de atender las quejas de los clientes de una compañía eléctrica.

    Mi casa es amplia, y todos los dormitorios dan al jardín, donde hay una pequeña piscina.

    Yo me llamo Rosmary, y tengo 52 años bien llevados, pues la verdad es que intento cuidarme. Cada mañana no hay quien me quite mi sesión de piscina y yoga en el jardín, por las tardes voy a caminar, y por supuesto la alimentación la cuido mucho, procurando comer poca comida basura. Y por supuesto no hay quien me quite mi sesión de masajes cada dos semanas, con un fisioterapeuta brasileño que está para comérselo, ya solo por sentir sus manos en mi cuerpo merece la pena, aunque la verdad es que me deja el cuerpo como nuevo, sin contracturas y más relajado. Pues mi espalda lo requiere, tras muchos años maltratándola.

    Rebeca y Jordy habitualmente comen en la casa con el menú que yo elijo y les digo con antelación. Y me suelen avisar cuando no vienen.

    Aquella noche estábamos cenando Rebeca y yo, cuando llegó Jordy, entró deprisa a la casa y dijo que no cenaba, venía contrariado y algo de mal humor se le notaba en su cara.

    Rebeca me dijo que lo oyó discutiendo por teléfono, y creía que debía ser con su novia.

    Tras acabar la cena, le di el habitual abrazo y beso de buenas noches a Rebeca. Nos comportábamos como una familia, y yo los atendía como si fueran mis niños. Luego me dirigí a la habitación de Jordy. Toqué en la puerta, abrí un poco y vi que estaba llorando. Me acerqué, le acaricié el pelo y me senté a su lado en el borde de la cama, abrazándolo.

    Le dije que no me gustaba verlo así y quería ayudarlo para que estuviera bien, y para eso tenía que contarme lo que le sucedía.

    Le había dicho a su novia que no viniera este fin de semana, como tenían previsto, pues él se encontraba indispuesto y con mucho trabajo, por lo que no podría estar a gusto con ella, me confesó.

    Le pregunté si eso era verdad, y me dijo que no, que la realidad era que sintió pánico de estar solo con ella, y no dar la talla como hombre, pues estaba previsto que fuera su primera experiencia sexual.

    Yo lo abracé aún más fuerte y lo besé suavemente en los labios. Luego le dije que yo lo ayudaría, y que sin más dilación llamara a su novia para decirle que viniera y que estás ansioso por verla y estar juntos. Era miércoles, y su novia Paola tenía previsto venir el viernes.

    Tras realizar la llamada, le dije a Jordy que me besara, y me dio un beso suave, luego yo me acerqué y le di otro más intenso, y lo invité a que lo repitiera varias veces. Luego estábamos morreándonos jugando con nuestras lenguas, su cara ya era otra. Lo invite a acariciarme. Mientras yo con una mano acariciaba su pelo y con la otra apreté su miembro tieso sobre la tela que lo cubría.

    – Tocame las tetas, primero suavemente y luego vas subiendo la presión, le indique.

    Me agaché, bajé su boxer y su polla saltó como un resorte, la agarré, llevé a mi boca y comencé a chupar. Le pedí que apretara mi cabeza contra él.

    Tras un rato dándole una mamada mostró su satisfacción y me dijo que le había gustado mucho. Yo le indiqué que tomara nota para que le pidiera a Paola que se lo hiciera también.

    Luego le dije que le tocaba a él la devolución de servicio. Me levanté y lo empujé para que se arrodillara frente a mi.

    – Tienes que poner a trabajar tu lengua en mi chochito, como si chuparas un helado le dije.

    – Si, si, chúpame fuerte, le decía, mientras apretaba su cabeza contra mi pubis.

    Tras un rato sin parar de mover su lengua hizo que me corriera.

    – Muy bien, si, si, has conseguido que me corra, y has chupado bien el chocho, le dije.

    Luego lo empujé sobre la cama, y me puse sentada sobre su miembro, lo agarré con una mano y me lo introduje en mi alcancía sexual. Estuve un rato subiendo y bajando, con su polla dentro de mi.

    – Que bueno!, que bueno!, nunca había sentido algo así!, me dijo.

    Saqué la polla de mi vagina y continué masturbándolo con la mano, hasta que se corrió descargando un chorro de semen en mi pecho.

    Me acerqué a él para que con sus manos extendiera su leche por mis tetas, que le hice chupar para que supiera a que sabe su esperma.

    Aquella noche me quedé a dormir en su cama, abrazado a mi se quedó dormido.

    Me desperté temprano, pues había que seguir instruyendo a mi joven aprendiz.

    Mientras él seguía dormido comencé a chuparle su glande nuevamente. Cuando ya lo tenía completamente erecto se despertó.

    Me puse sobre la alfombra en posición perrito y lo invité a que fuera él quien me introdujera su miembro en mi vagina desde atrás. Pero que antes lo acariciara y lamiera un poco, para prepararlo.

    – Chupame las tetas también, le dije.

    Obedeció a la perfección, subiendo la temperatura sexual de mi cuerpo, e iniciando un mete y saca sin parar de su pene en mi vagina, hasta quedar exhausto.

    Estábamos conteniendo nuestras expresiones de satisfacción, para que Rebeca no nos oyera.

    Nos corrimos los dos casi simultáneamente, y luego yo le di una mamada para limpiar hasta la última gota de su polla.

    Nos duchamos juntos, enjabonando cada uno el cuerpo del otro y tras secarnos y vestirnos fuimos a desayunar.

    Cuando Rebeca nos vio preguntó que había pasado, pues Jordy parecía otro y a mi me dijo que también tenía cara de estar muy satisfecha.

    Yo dije que el sueño es reparador, y la mejor medicina para muchos males.

    Todos sonreímos, y Rebeca se quedó con la mosca tras la oreja.

    Continuará.

  • La tía de mi mujer

    La tía de mi mujer

    Ya estoy frente a su puerta, armándome de valor y preguntándome que pretendía de mí, la tía de mi mujer. Acepte no de buena gana venir a su casa, después de que me hubiera sorprendido besándome con una rubia despampanante a espalda de mi esposa.

    Abre la puerta y me invita a pasar, inmediatamente y sin esperar le pregunto ¿Qué pretende usted de mí? Sin titubear clara y concisa me dice- ¡Como mujer tengo necesidades, que pretendo satisfacer! Tu ¿decides? O atiendes mis pretensiones o envió las fotos que tengo en el móvil a tu esposa.

    Apenas puedo creer lo que estoy escuchando de esta mujer, siempre deseé follarme a una madura pero jamás pensé en ella. Pepa es la hermana de mi suegra, de unos sesenta y seis años poco agraciada, rellenita y solterona. Balbuceo y sin darme tiempo a responder, se desprende de la bata que lleva puesta mostrándome el camisón que deja ver perfectamente sus grandes aureolas y sus pezones de color marrón debajo de la tela, tampoco lleva bragas puestas.

    Clavo la mirada en sus pechos poseído por la lujuria al tiempo que deslizo las mangas del camisón por sus hombros, haciendo que caiga por los brazos, este queda enrollado en su vientre, me pregunta con sus manos en las tetas ¿te gusta lo que vez?

    Deja que me las meta en la boca, es ella quien con sus manos guía mis primeros lametones, no tarda en apartarlas colocándolas hacía atrás apoyándolas en la mesa y cerrando los ojos me deja hacer.

    Mi lengua recorre sus pezones, la siento suspirar de placer, paso de una teta a otra rozando sus pezones con mi lengua. Aprietos sus tetas con mis manos para pasar mi lengua por todas ellas, sus gemidos se hacen más sonoros, dejándose caer hacia atrás.

    Subiendo el camisón hasta la cintura, me aventuro a bajar por su vientre, con mi lengua voy buscando su ingle, ante mis ojos aparece un poblado monte bien formado espeso y rizado. Me situó entre sus piernas y me hundo en el surco profundo pasando mi lengua, se retuerce gimiendo descaradamente.

    Sus labios son gruesos y carnosos, continúo con mi lengua recorriendo cada rincón de su sexo hasta que un néctar espeso y caliente entra en mi boca, paso varias veces la lengua intentando mamar todo ese néctar que brota, ella esta con la cabeza totalmente echada hacía atrás y las manos aferradas al mantel de la mesa, se corre gritando – ¡me corro, me corro!

    Me bajo el pantalón, busco la entrada de su coño con la punta de mi polla, de una embestida se la meto entera. Ella grita- ¡cabrón fóllame, fóllame! Continúo metiendo mi polla, siento como sus labios carnosos me succionan hacía dentro mi polla esta dura como nunca ha estado, sujeto su cintura con mis manos, bombeando como un poseso.

    Su mirada se vuelve lasciva mientras disfruta de mis embestidas me dice – ¡No pares de moverte cabron! Me pide que le diera más fuerte, subo las piernas hasta colocármelas en los hombros, para embestirla con todas mis fuerzas, recibe mi polla hasta los huevos.

    Me mira con cara de lujuria, gritando como una posesa -¡aaah, aaah, dale fuerte! ¡quiero sentir toda tu polla, más rápido, más rápido! – ¡dámela, dámela aaah, aaah!

    No sé cuánto tiempo llevo embistiéndola, por fin estallo dentro, con la corrida más intensa que puedo recordar, ella a su vez hecha la cabeza hacia atrás y soltando un nuevo gemido intenso ¡yaaa! Se corre como una bestia. Me dejo caer sobre su cuerpo, mi cara reposa en medio de sus grandes pechos, sus labios me succionan hacía dentro y como mi polla palpita cada vez que ella lo hace, sus vellos apretarse bajo mi vientre y como se la clavaba hasta el fondo enroscando sus piernas en mi cintura. Se estaba volviendo a calentar, lo mismo que yo no tardo en sentir mi polla dura como nunca lo había estado. Parece leerme el pensamiento. – ¡sí, cariño chúpame las tetas, así, así! Gemía con fuerza, mis manos recorren todo su cuerpo intentando no dejar nada por hacer, comienzo el segundo asalto.

    Comienza a decir – ¡dámela, dámela que no aguanto más, así, así, mas, más! Me corro y mientras me afano por echar hasta la última gota de mi fluido, ella me grita varias veces que se está corriendo, como una posesa gimiendo y gritando ¡sí, sí, me corro!

    Me echo a su lado y exhausto comienzo a vestirme ella me mira a la vez que deja escapar una sonrisa, me pregunta si me ha gustado le dijo que mucho, y por primera vez me besa en los labios, – ¡desde hoy follamos cada vez que tú quieras.

  • Un viaje íntimo

    Un viaje íntimo

    Este relato lo traigo y comenzaré presentándome, soy Antonio, tengo tres primas muy hermosas y son: Yolet, Mayra y Myrta.

    Mis tres primas tenían entre 20 y 22 años en ese entonces, hablamos del 2017, yo tenía 26 años.

    Las tres son altas, nalgonas y chichonas, caras hermosas, la verdad si que son unas diosas, todos querían con ellas.

    Fuimos a Mazatlán y ya estando allá nos quedamos en casa de una amiga mía llamada Paola, yo quería con ella desde que estábamos en prepa y quería verla de nuevo, ella estaba casada y su esposo estaba en viaje de negocios así que nos dejos quedarnos.

    El primer día fuimos a la playa y todo mundo veía a mis primas, mi amiga no se quedaba atrás, pero mis primas estaban más buenas, paso el día y ya en la noche en casa de ella y con unas cervezas encima, nos pusimos a platicar de cosas sexuales, mis primas cada vez se calentaban más y más, y mi amiga Paola se fue a su cuarto y pasó…

    Yolet: Vamos, ve a su cuarto

    Myrta: si ve a su cuarto

    Me dirigí a su cuarto, toqué y pase, ella estaba boca abajo y me dijo que su esposo se había distanciado de ella, yo apenas y dije algunas palabras y la besé, le confesé que la amaba desde hace mucho y que se fuera de la ciudad me había dolido, ella me besó, le quite la ropa, le dije al oído «chúpala» y ella me dio unas mamadas bien ricas y yo solo decía «tu esposo es un pendejo» y ella solo dijo «si» pero no hablemos de él, no vale la pena, él no está y tú si, eso me gusto escuchar, le chupe su panocha, le di unos lengüetazos y se vino, la puse en 4 y le di duro, se lo hice de tal manera que ella gemía bien rico, la cargue y se la metí hasta el fondo, me vine bien rico y ella también, me la limpió, ya me iba a poner la ropa y me dice…

    Paola: quédate aquí conmigo a dormir

    Yo: Está bien.

    Paola: Si, ven abrázame.

    Yo: Me quedo solo si me dejas hacerlo si me dan ganas cuando estemos dormidos. Te la meto mientras duermes.

    Paola: Si, tu hazlo.

    Me dormí de cucharita y como a la 1 o 2 am me dieron ganas, y sin más se la metí, ella dormida hacia ruidos y se despertó, se subió en mi y me montó, me vine otra vez y la hice venirse con unas lamidas bien ricas en su vagina.

    Al día siguiente bajamos a desayunar y mis primas nos felicitaron, Paola se fue al mini super y mis primas me dicen:

    Yolet: Ahí primo, quién lo viera, esa chica gemía como loca.

    Mirtha: Si, ella ya te acaparó

    Mayra: Chicas, no digan más.

    Yo: ¿Que?

    Mayra: Pues nos dio curiosidad saber y pues a ver si nuestro primo nos enseña, ¿crees poder enseñarnos?

    Yolet: Mayra eres bien cachonda, pero si primo, ¿crees poder con nosotras tres?

    Mayra se me acercó y me dijo «esto es poco para esta noche. Las tres se me acercaron y me besaron el cuello, me tocaban todo, ver esas tetas y culos, me volvían loco, me mostraron sus tetas y las toqué.

    En la noche hablaron con Paola y le dijeron que las tres cogerian conmigo, Paola se asusto pero le dio igual y convencieron a Paola de unirse, Mayra me compro un medicamento y varias bebidas energizantes, muchos condones y la dinámica fue que ellas estarían en cama de Paola con Paola y con lencería erótica, la llegar a su cuarto, estaban las cuatro, me hicieron suyo, todas ellas me besaban y yo ahí inmovil disfrutando todo, esas tetas y culos los chupe y los lami todos, Mayra me puso su vagina en mi boca, las otras tres chupaban mi pene y mis huevos, toda una escena porno, una a una me la fui cogiendo, Paola de tan caliente tuvo una orgía lésbica con ella, mis primas le chupaban las tetas y vagina, yo veía el deleite de escena que veía, grabé todo con el celular.

    Las tres me dijeron ya te la dejamos lista, la abrí de piernas y se la metí, ellas seguían besando a Poala y chupando sus tetas, Paola se vino dos veces y también me vine una vez, quedamos los cinco apretujados en cama de Paola, yo en medio, mis primas me abrazaron y Paola dijo » Durmiendo tu sabes» mis primas entendieron y también dijeron «primo, si te dan ganas, tu no preguntes, solo elige y métela cuando estemos dormidas», yo estaba bien cansado, pero el medicamento y las bebidas me dieron mucha energía, y en la madrugada tomé a Paola y Yolet y me las cogí, mientras que Mayra y Mirtha las besaban, y fue ahí que una de ellas dijo «Paola, tu esposo es un pendejo» Paola me abrazo y le dijo, no hable de ese idiota, ya te tengo a ti, mis primas dijeron » Ay primo, ya es tuya, más te vale llevártela a tu casa».

    Los días pasaron y eran fiesta, relajación, sexo, mucho sexo, llegué a hacerlo sin condón.

    Paola, no quería que me fuera, pero fue algo temporal, a la semana se escapó y se vino conmigo, desde lejos pidió el divorcio, el esposo no dijo nada, él se quería divorciar desde hacía tiempo, por qué ya tenía una amante.

    Paola vive conmigo y en ocasiones hacemos eso con mis primas.

  • Un fin de semana cogiendo con Marcelo y Sandra

    Un fin de semana cogiendo con Marcelo y Sandra

    Y en ese momento empezó el comienzo del fin. No podía sacarme de la cabeza mi imagen en los Smart, ver como gozaba sin límites, como disfrutaba ser yo. Mi pareja con mi marido, no iba todo lo bien que nos mostrábamos. El no poder tener hijos, su negativa a adoptar, un sexo de bueno a mediocre, pocas actividades juntos. Y ahora, descubrirme tan sexual. Y no encontré muchos puntos a favor de seguir con nuestra pareja. Pero, tampoco estábamos casados, la casa era suya y con mi sueldo, alquilar un buen lugar y tener un buen pasar… era muy difícil.

    El lunes en la oficina todo el mundo me decía lo linda que estaba, lo radiante que me veían. Les juro que llegue a pensar que me cargaban. Con Marcelo apenas nos cruzamos, y los dos sonreímos cómplices. En un momento me mandó un mensaje: “En serio que estas radiante”.

    “Debe ser por el champagne… o la botella o un hijo de puta que me lleno de placer.” Fue mi respuesta y la suya, una carita feliz.

    El martes, vino Sandra a la oficina y cerca de las 11 me paso a buscar para ir a tomar un café.

    – No puedo Sandra, salgo a comer a las doce. Dije.

    – No te hagas problema por eso. Vamos. Me dijo.

    – Pero… tu marido…

    – Vamos Marcia.

    Fuimos al bar y nos sentamos. Las dos sonrientes.

    – Estas…

    – No me digas nada, radiante. Ayer me volvieron loca con eso. Dije.

    – Totalmente radiante. ¿Te dijo algo Marcelo o Sergei?

    – No… nada en absoluto.

    – A mí tampoco. Creo que a esta altura podemos hablar en confianza Marcia.

    – Por supuesto. ¿Qué te pasa?

    – Varias cosas y desde diferentes lados. Haber estado con Marcelo hizo que me replanteara muchas cosas.

    – Lo mismo yo… Dije.

    – Mi pareja con el boludo, está detonada, no de ahora, hace rato. Seguimos… porque yo no lo hecho. Es un tarado, un imbécil. ¿Sabías que se coge a la secretaria?

    – No, para nada, creo que nadie lo sabe.

    – Pues alguien lo sabe, y me mando fotos. De los dos besándose y entrando a un hotel.

    – A la mierda… ¿Sabes quién te las mandó y por qué?

    – Creo que sí… una amiga que trabaja en la empresa. Y que el boludo no sabe que es mi amiga.

    – ¿Qué vas a hacer?

    – Echarlo de la empresa, y de mi casa, por supuesto.

    – ¿De la empresa?

    – Soy la dueña Marcia, y él es tan inútil que ni de Gerente General lo pude poner.

    – Ah bueno…

    – Por eso te dije que vengas tranquila, nadie te puede tocar si estas tomando un café conmigo. ¿Y vos?

    – Yo replanteándome que hacer con mi pareja, y creo, bah, no va más, solo que no creo poder bancarme vivir sola.

    – ¿También con quilombos anteriores?

    – Si… y descubrirme como me descubrí con Marcelo, fue el detonante.

    – Lo mismo que yo… mira quien viene. Dijo en el momento que entraba Marcelo al bar.

    Paso saludando y Sandra lo llamó.

    – Dos preguntas: ¿Cómo ves a Orestes Fernández de gerente de tu área?

    – Muy bien, tipo muy capaz. Tapado por el inútil actual.

    – Segunda: Sergei ¿Podemos estar juntas antes de estar con vos?

    – Pueden, pero sería más divertido si no lo hacen.

    – Hijo de puta. Dije.

    – Marcia me conto de los Smart. ¿En serio que no tenes nada grabado?

    Marcelo se sentó y nos miró a las dos.

    – Si tengo, pero no de Uds. y les explico porque. No quise arriesgarme a que me entren en la computadora y roben las imágenes. Sandra, Marcia, ni loco las metería en un quilombo de ese tipo. Las que tengo son de otras mujeres, que igualmente, no las subo a internet.

    – Te dije, que pena. Me gustaría volver a verme gozar como goce. Dije.

    – No queres que nos juntemos… ¿Vos cuando nos vas a juntar? Preguntó Sandra.

    – Que calientes que son las dos… las desafío: sábado al mediodía, almorzamos juntos y estamos juntos hasta… que queden saciadas…

    – Eso con vos, nunca. Dije.

    – Domingo a la noche. Pongamos un límite. Dijo Sandra riendo.

    – Ok. me avisan el viernes donde quieren que las pase a buscar.

    Se despidió y se fue.

    – Sandra, vamos el sábado a la mañana al shopping, y que nos pase a buscar por ahí, quiero comprarme algo.

    – No hay problema. ¿Le avisas?

    – Yo le aviso.

    Los días siguientes, cada vez más se confirmaban mis deseos de separarme… ya soportaba tenerlo encima de mí, cogiéndome sin siquiera preocuparse por excitarme. El viernes a la noche discutimos por una pavada y le avise que me iba sábado y domingo a lo de mi hermana, que volvía el lunes después de trabajar. En la oficina… “echaron” al marido de Sandra y pusieron a quien ella le había consultado a Marcelo. Con Marcelo, miradas, sonrisas, y nada más. El viernes, por mensaje le avise que nos pase a buscar por un café en el shopping al día siguiente.

    Con Sandra nos encontramos a las diez de la mañana, ni bien abrió.

    – Acompáñame que me quiero comprar ropa interior. Le dije.

    – Buena idea. Dijo.

    Fuimos y yo fui la que primero compró. Dos conjuntos espectaculares.

    – Lo que daría por tener tu cuerpo y ponerme eso. Dijo Sandra.

    – Sandra, escuchame, no sos fea mujer, para nada. No te niego que si te cuidaras un poco, bajases unos kilos, estarías mucho mejor. Ahora que vas a estar sola… es un muy buen momento para generar cambios.

    – Cambios… sí, quiero generar cambios. Ayudame, aconséjame un par de conjuntos.

    Entre las dos elegimos un par y ella se sintió bien comprándolos.

    – Ahora… si queres, quédate afuera. Dije en la puerta del sex shop.

    – Mmm… no… quiero entrar… Dijo.

    Entramos y lo primero que elegí fue un consolador, de muy buen tamaño.

    – Este me sirve para los tres agujeros. Dije riendo.

    – Nena, sos tremenda. Dijo Sandra.

    Lo siguiente fue un plug anal, en realidad dos, uno con una cola de zorro roja.

    – Marcia… ¿Eso para….?

    – Sandra, mi culo lo ama. ¿Lo probaste?

    – No… nunca mi culo… ni se usarlo.

    – Es más fácil que mandar un hombre a la luna. Y para que veas que soy buena amiga, si te compras uno, vamos al baño y te ayudo a ponértelo.

    – Hija de puta…

    La chica que nos atendía se sonrió y nos dijo:

    – Chicas, pueden usar nuestros probadores…

    – Sandra… Dije.

    – Dame uno. Dijo Sandra poniéndose colorada.

    – Mira Sandra… dije señalándole un consolador largo, para dos mujeres.

    – Uff. Me estas pervirtiendo, soy una mujer muy… muy… pelotuda. Lo llevo.

    – Y a mí dame esa tanga con cierre en el culo, para el plug con cola de zorro.

    Pagamos y fuimos al probador que estaba separado por unos metros del salón de ventas. La chica nos dio un frasquito de aceite para lubricar los plugs. Yo, ya mojada, me lo metí en la concha y luego lo chupe un poco y finalmente le puse una gota de aceite y me metí el que no tenía la cola de zorro. Me sorprendió la facilidad con que entro. A Sandra, más.

    Luego fue su turno. Hice que lo chupe, le puse aceite, y se lo metí de a poco. Ella no se quejó, solo gimió. Puse mi mano en su concha, y estaba empapada.

    – Parece que las dos estamos muy calientes. Dije.

    – Ni que lo digas, y con esto en el culo… estoy cruzando fronteras…

    Nos arreglamos la ropa, saludamos con un beso a la chica y fuimos a tomar café.

    – Sandra, te juro que quiero besarte toda.

    – Me encantaría, no sabes las veces que me he masturbado pensando en vos y en lo que me harías.

    – Y yo en todo lo que te haría. Parece que tenemos bien definido los roles antes de empezar. Dije.

    – Totalmente, y me encanta que sea así. Vos la dominante.

    – Escuchame, quiero pedirle a Marcelo que grabe todo. Para nosotras, para verlo juntas o hacemos copia nosotras.

    Te imaginas verte en la cama, yo chupándote la concha y Marcelo cogiéndote el culo. Dios.

    – Hija de puta… me vas a hacer tener un orgasmo. No sigas. Sí que grabe.

    Un rato después vino Marcelo, fuimos al auto y a almorzar a su departamento.

    – Antes de empezar a gozar… ¿Algún límite que no quieran cruzar, algo que no quieran hacer?

    – Marcelo, ya me hiciste cruzar todos mis límites de papel… nada. Dije.

    – Al contrario Marcelo, quiero cruzar todos los límites, confío en tu criterio y en que no me vas a lastimar.

    – Entonces no dudo que vamos a gozar con todo los tres. Dijo él.

    – Marcelo, una cosa: Queremos que grabes todo lo que hagamos.

    – Eh… No tengo problema, solo una cosa. Voy a poner tarjetas de memoria en las cámaras, pero yo les voy a dar esas tarjetas antes que se vaya. Y Uds. se hacen responsables. Ni las quiero bajar a mi PC. Si quieren, también les dos una copia de un soft muy fácil para editar videos, pero no me pidan que lo haga.

    – No hay problema. Y gracias por cuidarnos. Dije.

    Con Sandra fuimos a la habitación, nos duchamos juntas, entre besos y caricias, nos secamos, yo me puse el plug con cola de zorro y la tanga, haciendo que la cola salga por el cierre abierto. Sandra se puso el conjunto de ropa interior nuevo y una bata de raso que saco de su bolso. Las dos fuimos al living. Marcelo nos esperaba solo con su bóxer y dos copas de champagne. Le mostré la cola de zorro y se rio.

    Tomamos la copa de champagne y el llevo el balde de hielo con la botella a la habitación y nosotras las copas. De la bolsa del sex shop tome el consolador de dos puntas y se lo mostré a Marcelo.

    – Ah bueno… empezaron a comprar juguetes.

    – Si… dije tímidamente.

    – Vengan… Dijo y fue al vestido.

    Lo seguimos, abrió un cajón y el tipo tenía un sex shop entero en un cajón.

    – Dios mío, es un sexópata. Dijo riendo Sandra.

    – En cualquier momento, vienen y agarran lo que quieran. El cielo es el límite. Dijo Marcelo.

    Fuimos a la cama y él se acostó en el medio. Sandra se puso a su lado y comenzó a besarlo, yo fui directamente a su pija, a chuparla con todas mis ganas. Como siempre, ni un segundo demoro en tener su pija bien dura. Chupe por un rato y tome la mano de Sandra, para que le agarre la pija a Marcelo. Ella lo masturbaba, yo lo chupaba y me metía dedos en la concha.

    – Vení Sandra, ayudame.

    – Yo… Marcia… nunca.

    – Mira, y cópiame.

    Me sorprendió que no hubiera chupado nunca una pija. Lo empezó a hacer y poco a poco se fue soltando y empezó a metérsela toda en la boca. Lo mire a Marcelo y me guiño un ojo. Sandra estaba chupando de costado, por lo que aproveche para ir chupándole despacio los pechos gordos y hermosos que tenía. Ella me miró y gimió para seguir chupando luego. Hice que separe sus piernas y le comencé a acariciar la concha y le metí dos dedos. Sandra gemía, me miraba y no dejaba de masturbar a Marcelo. De tanto en tanto lo chupaba un poco, estaba entregada al placer que yo le daba.

    Lleve mi boca a su concha, y le dije a Marcelo que prenda los SMART.

    – Mira como estas gozando Sandra. Dije.

    Mi boca empezó a chuparla y ella gemía con todo, soltó la pija de Marcelo y acariciaba mi cabeza mientras se apretaba los pechos. Tuvo un orgasmo y me pidió que me detenga. Lo monto a Marcelo, metiéndose la pija en la concha.

    Marcelo le dio una cachetada en los pechos y ella se puso como loca a galoparlo, yo me pude detrás de ella, Marcelo vio mi intención y me alcanzo la crema. Fui al cajón de los juguetes y busque un consolador chico. Puse crema en el orto de Sandra que me miro mordiéndose los labios. Introduje un dedo y ella resoplo con todo. El dedo entraba fácilmente por lo que metí otro. Sandra era una máquina de coger a Marcelo, clavando sus uñas en el pecho de él, que cada tanto castigaba sus pechos.

    Fui metiendo el consolador en el culo de Sandra, que ya gemía sin parar, lo miraba a Marcelo y me miraba a mí.

    – Así quiero gozar, como una verdadera mujer. Dijo

    – Pues así vas a gozar. Dije y fui a buscar un arnés al cajón habiendo dejado el consolador en el culo de Sandra. Me pare al lado de ella y le di a chupar el consolador.

    – Hija de puta. Me dijo.

    Y se puso a chuparlo con todo, apretando sus tetas y estirando el brazo para que el consolador no se salga de su culo.

    – Que mujer por favor, que placer cogerla. Dijo Marcelo trabajándole la cabeza.

    – No te creo, pero me encanta que me lo digas. Dijo ella.

    – Pues tenes mi pija bien dura en tu concha, quiere decir que está contenta de cogerte. Callate mujer, y seguí cogiéndome. Le contesto mientras le daba un chirlo en el culo.

    Sandra se puso como loca, se acostó sobre el pecho de Marcelo y me miro. Entendí perfecto. Puse crema en el consolador del arnés, saque el otro consolador de su culo, y lo lleve al mío. Lentamente fui metiendo el nuevo consolador en el otro de Sandra, que me miraba por sobre el hombro.

    – Marcia, demostrémosle que es una yegua caliente, cojámosla con todo. Dijo Marcelo.

    – Te aseguro que va a ser un placer.

    Los dos nos pusimos a cogerla con todo, el en la concha desde abajo y yo en su culo mientras me daba de igual forma en mi culo con el consolador.

    – Hijos de puta… Dijo Sandra y dio un grito de placer.

    Estuvimos un rato dándole con todo, hasta que estallo en un tremendo orgasmo. Se tiró al lado de Marcelo y nos miraba totalmente exhausta. Yo lo mire a Marcelo con los ojos prendidos fuego.

    – Rompeme el culo, haceme mierda, tírame del pelo, golpéame, lo que quieras.

    Marcelo me puso en cuatro patas en el borde de la cama y me fue a poner crema.

    – No… no… haceme mierda. Quiero ser una puta total en tus manos. Dije.

    El apoyo su pija en mi orto y me estremecí. De un empujón venció la escasa resistencia de mi esfínter y di un grito de placer al sentir como me penetraba. Otra vez sentir sus movimientos brutales, violentos, dándome placer sin pedir nada a cambio. El primer golpe que me dio en el culo fue fuerte, y me puso muy loca. Sandra se tocaba y me miraba asombrada como gozaba. Los golpes, los tirones de pelo, siguieron y yo no paraba de tener orgasmos y gozar.

    – Sandra, esta puta tiene la boca libre, que te la chupe. Dijo Marcelo.

    Sandra se puso frente a mí y abrió sus piernas. Yo lo mire a Marcelo y sonreí.

    – Sandra, si no chupa, una cachetada y entiérrate su cabeza en tu concha. Dijo Marcelo

    – Yo… Dijo Sandra.

    La mire y me sonreí.

    – ¿No te animas boluda? Le dije.

    El sopapo que me dio me dejo la cara ardiendo, y tirándome de los pelos me puso a chupar su concha. Yo estaba loca de placer, disfrute ese sopapo tanto como las embestidas de Marcelo. Así me tuvieron un rato. Hasta que Marcelo tomo un consolador y me lo metió en la concha.

    – Si… soy una yegua muy puta y muy caliente. Grite mirándome en el Smart.

    Ya estaba por desmayarme de tantos orgasmos cuando sentí que Marcelo acababa en mi orto, llenándome de semen. Tome de los pelos a Sandra y casi la arrastre para entre las dos chuparle y limpiarle la pija a Marcelo. Entre las dos la dejamos impecable. Yo no dejaba de masturbarlo y su pija seguía dura.

    Mis ojos, mi mirada me delataban, estaba completamente desquiciada.

    – Parece que vos mandas Marcia, mi pija esta dura, ¿Cómo sigue esto?

    – Hijo de puta, te doy dos opciones. Me coges la boca mientras me doy con la botella, o le coges la boca a Sandra mientras le rompo el culo.

    – Ni se le ocurra. Dijo Sandra.

    – Acordate lo que hablamos, quiero que seas tan puta como yo. Dije.

    Marcelo la tomo de la cabeza y empezó a cogerle la boca. Yo de una corrida, busque un consolador más grande para el arnés y lo puse. Apenas crema y se lo fui enterrando en el culo a Sandra. Yo le daba con todo en el orto, Marcelo lentamente aumentaba la velocidad y la profundidad que le metía la pija en la boca. Sandra se ahogaba, tocía, arqueaba la espalda.

    Estuvimos un rato hasta que le dije a Marcelo que mirara como le rompía el culo. Él se acercó y le hice una seña para que cuando yo saque el consolador él metiera su pija. Sandra no tuvo tiempo de espantarse que estaba siendo sodomizada con todo por Marcelo. Dio un grito y apoyo la cabeza en la cama. Me fui poniendo debajo de ella, haciendo un 69 y mientras le chupaba la concha tenía una vista espectacular de como él le rompía el culo.

    Estirándome, hice que Sandra se ponga a chupar el consolador. Ella gritaba de placer con el consolador en la boca. De pronto, Marcelo saco la pija del culo de Sandra y fue a cogerle la boca nuevamente, yo no pare de chuparle la concha y le metí cuatro dedos en el culo.

    Cuando Marcelo le acabo en la boca ella tuvo un orgasmo fuertísimo y me lleno la cara de flujo mientras su esfínter apretaba mis dedos.

    Me corrí, le di un beso tremendo a Marcelo y Sandra cayo en la cama. Su cara, era un espectáculo.

    – Marcelo, va a tener que operarse para sacarse la sonrisa. Dije.

    – No lo dudo.

    – Son dos hijos de puta, degenerados, mal nacidos. Solo falto que traigan un perro para que me coja. Dijo Sandra.

    – Ya vengo, mi vecino de abajo tiene un gran danés.

    – Marcelo pará, ni se te ocurra. Gritó Sandra.

    Fuimos al baño, Marcelo paro las grabaciones y las dos volvimos a la cama.

    – ¿Cómo estás? Le pregunte a Sandra.

    – Increíble. ¿Esto es ser una puta Marcelo?

    – Sandra, puta es una palabra hermosa, mal empleada. Puta es una mujer que disfruta con todo su sexualidad, que se permite gozar, que se permite dar placer sin límites a su pareja, sea hombre, mujer o como en este caso Marcia, que nos daba placer a los dos guiándonos.

    – Entonces, soy una tremenda puta. Dijo Sandra.

    – Cambiaste mucho desde que estuvimos juntos. Le dijo Marcelo.

    – Sí… Sabes, tu relato sobre el encuentro con Marcia, aunque según ella fue muy edulcorado, me hizo pensar, pensar en que si una mujer que yo conocía podía gozar así, yo también podía. Y… te perdí el miedo… me di cuenta que te había tenido miedo… miedo a que te rías de mí, de mi cuerpo, de una vieja boluda buscando el placer. Y finalmente, Marcia, ella es más libre que yo… y me fue llevando. Vos lo dijiste, ella mandaba.

    – ¿Cómo que me voy a reír de vos? Ni de tu cuerpo, ni de que busques placer. Nunca lo haría Sandra. Y sinceramente, me gustó mucho estar con vos aquella vez. Como con Marcia, disfrute mucho mostrándoles que son tremendas mujeres, que no importa la edad, el físico, nada, para dar y recibir placer.

    – Sos hermoso. Dijo Sandra.

    – ¿Champagne? Aprovechemos que Marcia no lo uso… Dijo Marcelo.

    – Basura. Dale.

    – Por favor. Dijo Sandra.

    Nos sirvió y nos preguntó:

    – ¿Se animan a cruzar una puerta? Una puerta que quizás marque sus vidas.

    – ¿Te parece que algo más puede marcar nuestras vidas más que lo que hemos hecho? Pregunté.

    – Estoy seguro. Dijo Marcelo.

    Con Sandra nos miramos e instintivamente nos tomamos de las manos.

    – Me animo. Dijo Sandra.

    – Y yo. Dije.

    – Bueno, saquemos esto a un costado, voy a buscar algo y les explico.

    Fue al vestidor, busco un frasco y se sentó en el borde de la cama. Tomo el consolador que nosotras habíamos comprado y lo puso en medio de las dos.

    – Yo voy poner a grabar las cámaras, y las voy a dejar solas. En este frasco, hay un aceite especial, aromatizado, es para mujeres. Si quieren, úsenlo. Por las sabanas no se preocupen, es lavable, y sobre todo, es comestible. Y aquí tienen juguetes.

    – ¿Vos no vas a participar?

    – No… creo que no me necesitan por un rato. Dijo.

    Prendió las cámaras, y se fue. Las dos quedamos sentadas en la cama, mirándonos. Fui yo la que luego de varios minutos acaricio la cara de Sandra y la bese. Wow. Besaba a una mujer y era… distinto. Sandra me tomo de la cabeza y no me dejó separar. Nos volvimos a besar, muy tiernamente las dos.

    Busque el aceite y le pedí a Sandra que nos pongamos de rodillas. Puse aceite en mis manos y la empecé a acariciar. Era una delicia hacerlo. Ella me imitó y las dos nos acariciábamos sin parar. Nos dejamos caer, pegamos nuestros cuerpos y los besos se fueron transformando en más calientes, las dos nos acariciábamos nuestros pechos y llevamos nuestras manos al sexo de la otra. Lentamente nos masturbábamos, y nos pusimos nuevamente de rodillas, ahora con estas separadas. Eran momentos geniales, las dos dándonos placer.

    Estuvimos un rato, hasta que me dijo de hacer un 69. Nos comimos las conchas con una pasión increíble y las dos nos sacamos orgasmos varias veces. Vi el consolador doble, me quite de encima de Sandra y se lo mostré.

    – ¿Cómo se usa? Me pregunto.

    Yo había visto un video, y la guie para ponernos concha contra concha, las dos con el consolador metido allí.

    Nos empezamos a frotar, primero lentamente, sorprendiéndonos del placer que nos daba, luego cada vez más fuerte.

    Hasta que las dos tuvimos tremendos orgasmos. Sin decir nada, nos pusimos de rodillas, nos abrazamos y nos dimos un tremendo beso.

    – Por favor, eso fue… hermoso. Wow. Que mujer que sos Sandra.

    – Hermoso es poco. Tremendo, nunca imagine que estar con otra mujer pudiera ser tan hermoso, tan distinto, tan placentero.

    – Tenía razón Marcelo, cruzamos una puerta…

    Sin lavarnos, tomadas de la mano fuimos al living. Marcelo nos miró sonriendo. No necesitó preguntar nada. Las dos le dimos un beso tremendo.

  • El amigo de mi novio me coge

    El amigo de mi novio me coge

    Hola. Me llamo Ali. Este es mi primer relato me atreví a contarlo ya que tiene un par de meses que ocurrió este momento y porque cada vez que lo recuerdo me pongo muy cachonda y me mojo demasiado, soy una chica de 23 años de ojos claros color café, con pocas bubis, pero un buen trasero bien formado y levantado.

    Bueno todo comenzó un día que mi novio tendría su fiesta de cumpleaños, me dijo que me pusiera algo sexi para la ocasión y para él, lo cual yo decidí ponerme un vestido cortito de color negro medio transparente, con zapatilla negras y de ropa interior me puse una tanguita, ya estando en la fiesta me presento a 3 de sus amigos con los cuales suele salir y con los que convive mucho. Ya después como a las 2 de la mañana todos están un poco tomados me incluyo yo también, le dije a mi novio que ya me iría a dormir a su cuarto, pero arriba estaba el baño entonces cuando yo subí me encontré a uno de sus amigos (armando) saliendo del baño y me dijo:

    Armando: ¿ya te irás a dormir?

    Yo: ya porque mañana debo levantarme temprano

    Armando: pero si es temprano, deberías quedarte otro ratito

    Yo: es que en verdad no puedo

    Armando: Bueno ni modo, por cierto, te ves súper sexi con ese vestido

    Yo: ay muchas gracias

    Armando: que linda tanga traes, se te ve maravillosa

    Yo: ¿y como sabes que traigo tanga?

    Armando: porque se te transparenta el vestido, pero te queda muy bien con esas nalgotas

    Yo: pues muchas gracias, pero no debes andarme viendo porque mi novio se enojará y no quiero que tengan problemas

    Armando: no pasa nada no le diré y soy discreto, no te gustaría pasar un rico momento mientras que todos están abajo

    Yo: no es que la verdad no me gustaría, aunque mi cuerpo si me lo pide pero mi mente dice que no

    Armando: te la pasarás rico, un rapidín siempre es lo mejor

    Yo: ¿seguro que no dirás nada?

    Armando: si muy seguro

    Yo: bueno, nos empezábamos a besar y mientras nos besábamos me iba tocando por encima de mi tanga hasta que me la hizo a un lado y me metí los dedos solté un rico gemido (aaah que rico)

    Armando: todo eso rico se come mi amigo, que afortunado soy de probarte

    Yo: y ahora tú te lo estás comiendo, ya mételo quiero sentir tu rica verga adentro

    Armando: ya hay te va, uuuu estás bien mojadita resbala súper delicioso

    Yo: asiiii sigue mmmm que rico, que rica verga tienes mmmm no me la saques

    Armando: ya me voy a venir

    Yo: échamelos en la cara

    Armando: mmmm que rico

    Yo: escuché un ruido y le dije bueno ya me voy a dormir porque viene alguien bye

    Armando: si bye

    Me metí al cuarto y como estaba caliente me empecé a masturbar yo solita, me gusto el amigo de mi novio, pero no me gusto como me cogió porque se vino rápido aunque sentir otra verga adentro de mi fue delicioso.

  • La cazadora (1)

    La cazadora (1)

    -1-

    Mi nombre es Jenny, pero soy mejor conocida como “La Cazadora”.

    Desde mi adolescencia he sido la chica que todos ven y anhelan. Cabellos de oro, ojos de esmeralda, hipnotizantes, tez blanca, casi 1,70 de alto, cintura estrecha, senos generosos y un trasero prominente. He sido deportista y gimnasta buena parte de mi vida, así que soy ágil y flexible, en más de un sentido. Con esto puedes entender cómo tantas me han envidiado y como tantos han querido conmigo. Tú que me lees también me querrías si me pudieras ver.

    Si bien mi físico privilegiado es el arma que hiere primero cualquier pobre alma masculina, es mi mente la que los deja a punto de morir. Disculpen chicos, no es nada personal, solo diversión.

    Tengo historial, pero no crean, no soy chica fácil. Lo que pasa es que sé atraer y no les miento, puedo conseguir bastante con mi sola presencia. He tenido a muchos a mis pies. Muchas presas han caído en mi trampa, en mi juego. Tal vez pienses que los hombres no están para que juegue con ellos, pero de ser así, no los habrían creado con un mando de control entre las piernas.

    Sé disfrutar del buen sexo, pero eso no hace perder de vista mi objetivo: conquistar almas y destrozar egos. A mis 22 años han sido muchos mis juguetes y ya sé elegir bien quien me probará y quien se quedará con las ganas.

    Ya tengo un buen modus operandi y he entrenado bien a “Las Fieras”, mi grupo de amigas que siempre me acompaña en la juerga y la conquista. Asistimos a los mejores clubes de la ciudad con nuestras mejores pintas a conseguir nuevos juguetes. No es tanto lo que me tengo que esforzar, con algunos detalles este mujerón atrae todas las miradas del lugar.

    Llegamos a la hora en la que sabemos que la fiesta está en su mejor punto y el lugar está lleno. Siempre conseguimos un buen sitio, somos nosotras. Ahí comienza el juego de la espera. Tal vez como me llaman “La Cazadora” pienses que voy detrás de los chicos, pero nada que ver. Sí, yo elijo mis presas, pero ellas deciden llegar solas a mí y morir entre mis garras y colmillos. Yo no tengo que hacer nada, solo ser y estar ahí.

    Nuestro método, ideado por mí, es fácil. Cuando llegamos y nos establecemos en el club se van acercando las moscas a la dulce miel que somos nosotras. Comienzan los ofrecimientos, de tragos, platos, y todo lo que se les ocurra ofrecer. Siempre vamos por lo más caro. Si nos quieres ganar un buen comienzo es que derroches dinero en nosotras, pero eso no te garantiza que nos probarás. Ya he perdido la cuenta de cuantos he tenido toda la noche en el círculo de la tentación, mostrándoles el premio que soy, pero dejándolos tan solo con las ganas de probarme y una factura bien gorda en el local.

    Como es diversión para nosotras, en cada salida vamos fijando ciertos detalles: cuántos se nos acercan, qué tanto intentan estar con nosotras y especialmente cuánto derrochan en nosotras. Recuerdo la vez en que un ejecutivo cuarentón se nos acercó. Me quería a mí, como todos, y comenzó a brindarnos tragos. El único detalle es que, si bien creía tomar a la misma velocidad que yo, iba peor, mucho peor. Yo no tomaba todo lo que me traía a la mesa, pero lo hacía gastar cada vez más, y veía como, creyendo que me emborrachaba para aflojarme, el que estaba quedando cada vez más ebrio era él. Estuvo varias horas en la espiral de traernos cosas a nuestra mesa, sacándome a bailar, le dejaba ver lo que nunca tendría y cada vez que creía tenerme lista me alejaba. El juego de la tentación hace desquiciar al más cuerdo.

    Este sugar como lo apodamos terminó esa noche ebrio en el sofá del local, dormido y tal vez soñando conmigo. Seguramente con los testículos cargados, pero sin ninguna oportunidad de descargar. Al despertar habrá sentido la desilusión que muchos han sentido: que lo creía estar comprando se le esfumó de entre las manos. Por lo que supe esa noche gastó en mí y mis fieras casi 3.500 dólares.

    Para llegar a disfrutar el dulce néctar que soy tienes que hacer más que derrochar. Me gustan los chicos en forma, con buena actitud, seguridad y que no sean arrogantes. No puedes llegar a mí creyéndote lo más porque saldrás sufriendo. Un solo comentario inadecuado puede ser decisivo entre que te deje llevarme a un motel u hotel, de alta calidad claro está, y que te meta al baño, a ponerte de rodillas para que me comas y que al correrme me escape, dejándote en el pico de las ganas. Esa es mi movida favorita. Pobres víctimas.

    -2-

    Hoy es viernes. Día de caza.

    En el grupo de WhatsApp de “Las Fieras” ya se está planeando lo que haremos hoy. Hemos elegido el club “Mokambo”. Es uno de los pocos que no hemos atacado, y por lo que sabemos las fiestas son legendarias y los prospectos de presas nada despreciables.

    Hoy salí temprano de la universidad, cené fuera y fui a casa a arreglarme. Me meto en mi amplio closet a elegir el atuendo matador. Hoy toca vestido de licra blanco y strapless, con unos tacones que hacen juego. Ya Dios me hizo el maquillaje con esta cara hermosa, así que con un poco de rímel y un buen color de labial será suficiente. A ver si alguno logra que lo gaste un poco.

    Ya me encontré con mis amigas y vamos a Mokambo. Todas van lindas, pero en este grupo destaco yo. Es algo natural. En toda manada hay un líder, y en esta yo lo soy indiscutiblemente. Eso se nota claramente cuando entramos al club. Ellas creen que nos ven a todas, pero claramente yo sé que todos quedan especialmente impactados por mí. Yo no tengo la culpa de eso. Esto es un don y, muy pocas veces, una maldición.

    Para el portero es muy claro que le traeremos un mejor nivel al club. Por eso nos dejó pasar sin hacer la larga fila, y le dijo al de seguridad que está dentro que nos diera la mesa mejor ubicada. Ahora comienza la labor de reconocimiento de las fieras. Desde nuestro lugar vamos viendo la asistencia masculina, quien parece guapo, quien parece que tiene buen dinero y quien puede ser lo suficientemente tonto para gastarlo todo en nosotras sin recibir nada a cambio. El juego comienza.

    -3-

    Me acerco a la barra a abrir la cuenta. Cuenta que no pagaremos claro está, pero el alcohol es un buen señuelo de que somos unas chicas normales que, si nos das muchos tragos, podrás llevar a la cama. Nada más alejado de la realidad.

    Le pido un mojito al bartender. Mi trago favorito. Me volteo y comienzo a inspeccionar el lugar.

    En la pista veo un chico guapo, musculoso, alto. Parece bailar con su novia, pero me está mirando mucho desde allá. Lo siento hermana, tu chico como que está buscando mejorar.

    Hacia el área VIP se ven más que todo chicas. Muchas buscando rebajarse para conseguir lo más que puedan. No es mi estilo.

    Me volteo de nuevo hacia la barra y oigo que alguien le dice al bartender:

    —Me das uno igual al de ella —dice un chico que se acerca a la barra—. Este es uno de sus mejores tragos, ¿no crees?

    Se acerca a mí como con intenciones de sacarme conversación. ¿Ven ustedes que ellos siempre llegan solos? Que yo, como la araña, solo tengo que poner la red. Ellos quedan pegados y mueren entre mis garras.

    —No sé si te has dado cuenta, pero has tenido algo encima toda la noche —dijo sentándose a mi lado.

    —¿Qué? —respondí.

    —Pues mi mirada.

    —No eres el único querido —dije volteando los ojos y retomando mi trago.

    Ya comenzó mal el baboso este. Pero veamos: delgado, algo musculoso, aunque no está marcado. Me debe llevar unos diez centímetros, como 1,80 entonces. Oh, trae un buen reloj puesto. Si es original ese vale una fortuna. Esa camisa es de marca. Ok, primera prueba pasada, vamos a ver cómo te defiendes niño, a ver si tienes oportunidad con esta diosa.

    —¿Cómo te llamas? —me preguntó.

    —Jenny –respondí.

    —Yo soy Héctor y puedo ser lo mejor que te pase si te dejas querer.

    Lanzo mi peor mirada. No sé cómo imagina que unas líneas baratas funcionan conmigo. Por Dios, mírenme, las he escuchado todas, soy inmune ya. Se termina mi trago.

    —¿Quieres otro? —dice, haciéndole la seña al bartender de que dé otra ronda.

    —Gracias —digo sin mayor ánimo.

    —¿Viniste sola? —me dijo queriéndose acercarse más.

    —¿No que me estabas mirando toda la noche? —respondí de forma sarcástica—. Aquel es mi grupo de amigas, salimos siempre juntas —dije señalando la mesa donde andan mis fieras.

    —Ah sí. Lo que pasa es que entre todas la que resalta eres tú —dijo poniendo su mano sobre mi hombro. Me caería mal el comentario si no supiera que es verdad.

    —¿Vienes a menudo a este club? —dice intentando desesperadamente hacerme hablar.

    —No. Sí voy a fiestas, pero esta es mi primera vez acá —respondí, solo para no dejarlo guindando con su pregunta.

    —Ah, ya —dice pidiendo otra ronda—. Yo soy frecuente acá, por eso puedo conseguirte siempre los mejores tragos y mesas cuando vengas.

    —Interesante —dije nada interesada.

    —¿Nunca te han dicho que esos ojos verdes son como de esmeralda? —dijo mirándome fijo a los ojos.

    —Sí, de hecho, muchos chicos que no han logrado nada conmigo me lo han dicho —respondí para ver su reacción.

    —Bueno —dijo mirándome fijamente—, estoy seguro de que yo puedo lograr un poco más.

    Segundo trago terminado. Uno más y lo mando a la verga para irme a bailar.

    —Chica sedienta, ¿no? —hizo de nuevo la seña al bartender. ¿Qué tiene este de especial que lo atiende tan bien?

    —¿A qué te dedicas? —dije finalmente, ni sé por qué.

    —Pues al comercio. Me gustan las cosas buenas, por eso me esfuerzo en hacer dinero —dijo tocándose el reloj.

    —Ah, qué bien —dije poniendo el trago a medias sobre la barra.

    —Bueno, un gusto conocerte. Chao —dije levantándome.

    —Oye —dijo levantándose él también— ¿vas a bailar?

    —Pues este es un antro —dije alzando mi dedo índice y señalando en círculos el lugar—. No se viene acá a leer.

    —Pues vamos —dijo como dirigiéndome a la pista.

    —Ven tú, que ya yo iba —dije alejándome.

    Sé moverme en la pista. Tengo gracia y porte. Mi baile hace caer hasta el que se hace el más duro y este no será la excepción. Pero que no se la crea. Si me quiere tendrá que luchar. Hasta ahora solo se merece verme bailar. No me pegaré él ni dejaré que se me pegue a mí.

    Tres canciones y estoy algo cansada.

    —Vuelvo con mis amigas, bye —digo volteándome a ver si me sigue. Efectivamente me siguió y se sentó conmigo y mis fieras.

    —Hay que quitarse bien la sed —dijo él llamando a un camarero—, tráeme una botella de champagne.

    Con eso se ganó a mis amigas. Quienes comenzaron a elogiarlo. Cosas tipo “ay, pero qué guapo”, “mira como viste”, “¿nos consentirás esta noche?”. Perdónelas ustedes, ellas son bastante básicas, por algo soy la que manda en esta manada. Eso solo ponía al tipo este con aires de orgullo.

    —Si ustedes se juntan conmigo, estarán como reinas acá. Ya nada más con estar a mi lado mejoran de nivel.

    ¿Acaso este tipo tiene acción acá o trabaja aquí o qué? Porque lo atienden como si fuera de la casa. Con razón se cree la gran cosa.

    —Oye guapo, ¿y tienes novia? —dijo Rebeca, una de las fieras, la segunda en atractivo, como queriendo pescar en mis aguas.

    —No —dijo él mirándome fijamente— pero estoy en la búsqueda de una buena compañera.

    Así estuvieron toda la noche las tontas estas, subiéndole el ego al tipo este. Sí, esa es parte de nuestro método, pero creo que se están pasando. Ninguna de las fieras ni yo, su líder, nos rebajamos al nivel de nuestras presas, ellas nos deben perseguir, nosotros no.

    Entre conversaciones, un poco de baile y champagne se pasó la noche. Alrededor de las 3:00 a.m. dijimos que nos iríamos, estábamos ya cansadas. Pedimos la cuenta y se la dimos a Héctor indicándole que, si seguía así, podría ganarse un lugar entre nosotras.

    —Siempre que ese lugar esté a tu lado reina, por mí estará perfecto —me dijo mirándome fijamente—, lo mejor de esta noche has sido tú. Y sé que lo mejor para ti he sido yo —me dijo pasando su mano por todo su torso y sonriendo mientras me seguía mirando fijamente.

    —Pero —dijo levantándose cuando íbamos a la salida—, dame tu número. Así cuando vengas me avisas y me aseguraré de que tú y tus amigas estén bien atendidas.

    —Vale —se lo dicté mientras él copiaba con entusiasmo en su teléfono.

    Saliendo me acerqué a él, como para darle un beso y casi cuando podía sentir mis labios, me despedí y salí rápido con mis fieras. Ese no dejará de pensar en mí esta noche, se los aseguro.

    -3-

    Es ya el martes de la semana siguiente. Día ocupado en la universidad. Me llega de repente un mensaje: “Oye guapa, me encantó conocerte en Mokambo el sábado pasado. Si juegas bien tus cartas, este próximo fin de semana será el mejor de tu vida”. No le respondí por algunas horas, hasta que finalmente le dije: “Si tú tienes suerte podrás verme de nuevo con mis amigas en el club”. A tipos así, que se creen lo más, hay que darles solo alguito de esperanza, pero que no crea que ya me tiene ganada.

    Una de las fieras, tonta que es, se puso a investigarlo en redes sociales, pero el tipo es casi un fantasma en la red. Unas poquitas fotos sin nada relevante. No sé si tiene mucho dinero o lo poco que tiene lo usa para buscar chicas, habrá que indagar un poco más en eso. La noche del sábado derrochó, pero ya me ha pasado que algunos se dejan la quincena en el club tratando de conseguir una chica y luego no los ves más hasta final de mes.

    Pero bueno, se acerca el sábado, día de fiesta. No paso otra cosa interesante durante la semana, el tipo este siguió escribiendo, con sus líneas pésimas y mostrándome fotos que si de su auto o algunas otras cosas. Bastante básico él queriéndome impresionar con cosas materiales, como si yo caigo tan fácil.

    -4-

    Ya es sábado en la tarde. En mi cama está el atuendo de hoy, hoy llevo un pantalón de piel negro. No es tan apretado, pero mis atributos se notan bien. Eso lo combiné con un top strapless blanco y unas sandalias de tacón. Hoy hago desmayar a más de uno definitivamente.

    Llegamos el sábado aproximadamente a las 9:00 p.m. y el portero nos dijo que teníamos ya la mejor mesa del lugar reservada y una orden de champagne en hielo esperándonos. Todas mis fieras me miraron y yo pensé ciertamente en Héctor. Lo está intentando, eso se lo otorgo, pero sigue siendo un juguete hasta ahora, de ahí no ha pasado.

    Nos acercamos a la mesa y vemos que él ya está ahí. Las fieras se acercan a saludarlo, yo me quedo de última.

    —Ven, te reservé el mejor asiento —dijo dando una palmada sobre su muslo.

    Me senté en la silla que estaba al lado suyo. Hoy se ve un poco mejor que la ves pasada, pero nada impresionante. A pesar de sus episodios de arrogancia, creyéndose el chico malo, la verdad es que ha sido un chico más, nada destacable, nada que me atrape, puede ser hasta aburrido, pero bueno, está pagando que es lo importante.

    Hoy lanzo el anzuelo, la ilusión. Que tenga una pequeñita muestra de la gloria que es estar conmigo. Pero se tiene que ganar muy bien que ese sueño se le haga realidad.

    —Hoy mis fieras y yo tenemos mucha sed Héctor —le dije acercándome— ¿nos pides algo?

    —Ya me adelanté —dijo con aires de confianza—, ya vienen en camino dos servicios de champagne para todas.

    —Bien —dije poniendo mi mano casi en su pecho— ¿por qué no bailamos un poco mientras vienen?

    —Vale —respondió él mirándome de arriba abajo—, ese top te luce increíble.

    —Y eso que no has visto nada —le dije guiñándole un ojo. Vamos, a bailar.

    En la pista, aprovechando que estaba sonando un set bastante movido, me pegué un poquito más a él. Por un breve segundo puse mi trasero sobre su pelvis y pude ver cómo eso lo estremeció. Luego vino una canción más lenta y también la bailamos, algo juntos, pero no tanto, es mejor que no se malacostumbre. Lo miraba más a los ojos. Y si algo tienen de bueno estos ojazos que me cargo es que quiebran al más fuerte.

    Ya luego de algunas canciones más le dije que ya tenía realmente sed y que volviéramos a la mesa. Las fieras, siempre ellas, tomándose fotos con las botellas y bromeando entre sí.

    —Ten mi diosa —me dijo sirviéndome una copa bien cargada—, especial para ti. El champagne más caro del lugar.

    —¿Cómo consigues estas cosas? —dije realmente interesada.

    —Pues —el sonriendo—, tengo buenas conexiones en este lugar, ¿no ves dónde estamos sentados? Esta es la vida que tendrías si te decides a estar conmigo.

    Mire a mi alrededor y ciertamente estábamos en un lugar privilegiado del club. Todos nos miraban, sé que especialmente a mí, pero démosle alguito también a los que me acompañan.

    Volví con Héctor, y le di un poco de lo que llamo la “Simpática Sonriente”, fue por un rato atenta con él, sutilmente le hacía creer que realmente me importaba lo que hablaba conmigo, y coqueteaba un poco con él. Vean una muestra:

    —Héctor, oye, se nos acabó el champagne, y necesito mantener mis labios hidratados, sabes —comencé a relamerlos y mis ojos subían por todo su cuerpo hasta conectar con los suyos—, por si sale algo después.

    Cada una de esas palabras lo puso como eléctrico a gastar. Funcionó.

    Chasqueó los dedos y llegaron a la mesa dos botellas más y un servicio de aperitivos. De los caros.

    —Gracias Héctor —le dije cuando llegó con una voz que sé que lo derritió.

    Quise averiguar un poco más de lo que hacía, a ver cuan profundos son sus bolsillos, pero este tipo no suelta prenda. Es un misterio. Tampoco sé qué conexiones tiene exactamente con este lugar, pero lo atienden como un rey. Estas dos noches ha gastado mucho, pero quiero ver cuánto más mis fieras y yo lo podemos desangrar. Ellas se ven felices a su alrededor. Pero es la caridad que les cae de la ofrenda a la diosa que soy yo, estemos claro en eso.

    —Sabes Jenny —dijo acariciando mi cabello— el sábado pasado corriste con suerte. No cualquiera tiene la oportunidad de estar conmigo. Tu nivel aumenta estando a mi lado. Y espera a que te lleve a la cama. Te arruinaré para los demás.

    ¿Qué se cree este tipo? Jaja, es hora de que sufra un poco. Me fui nuevamente sobre él como para besarlo y luego me paré y halé de los brazos a dos de mis fieras y nos fuimos a la pista a bailar. Mientras estuve en la pista un chico se me acercó y le bailé, no pegado a él, pero sí de forma bien sensual. Rebeca me decía: “deja eso que Héctor te está viendo”. Pero ella no comprende que eso es exactamente lo que pretendo. Él debe entender que tenerme no es un derecho, sino un privilegio que muy pocos obtienen, y está bien cerca de perderlo.

    Volví a la mesa, y me serví una copa llena de champagne.

    —Mucha sed, ¿no? —dijo Héctor con una expresión seria.

    —Uy sí, bailar me activa mucho. Estoy sudando y todo —dije tocándome el pecho. ¿En qué estábamos? —le dije sentándome a su lado y poniendo mi mano en su muslo.

    —Pues ya vi bien en qué andabas tú Jenny, moviendo esas nalgas para otro.

    Ignoré su comentario y me puse a hablar con Alicia, otra de las fieras. Estábamos de frente a Héctor. De repente vi que un chico muy bien parecido y atlético estaba viéndome. Yo no disimulaba verlo, morderme los labios viéndolo de arriba abajo. En realidad, no quería nada con él, era solo un medio para que el Héctor se muriera de celos.

    Volteé a verlo y estaba visiblemente molesto. Es tan tierno como se ponen cuando juegan con ellos. Pero miren cómo cambian rápido.

    Me siento a su lado, me pego a él. Mis senos presionados contra su pecho. Y le digo al oído: “Dos servicios más y hoy nos divertimos”. Voy a aplicarle un poco la que le hice al suggar daddy. Ponerlo a tomar a mayor velocidad. Ya verán mi plan.

    Solo tuvo que alzar la mano levantando dos dedos y el camarero captó bien la seña. Llegaron dos nuevos servicios de champagne.

    —Yo nos sirvo el trago Héctor —dije agarrando dos copas. La suya la llené casi totalmente y la mía solo un cuarto.

    —Ten —le dije entregándole la copa— ¿qué dices? ¿trago completo para irnos poniendo a tono?

    Se lo tomó de una sola vez. Arrugó la cara al final. Caen tan fácil que es hasta aburrido a veces, jaja. Pero miren cómo sigue.

    Voy un momento con Rebeca y Alicia al baño y me arreglo un poco. Me retoco el maquillaje. Especialmente los labios. Hago que mi escote se vea sutilmente más pronunciado. Muchos quisieran recorrer estos valles, pero esto no es del hombre común. Ya ustedes me conocen.

    Volvimos a la mesa y puse a Rebeca y Alicia de espaldas a Héctor. Yo me puse entre ellas mirándolo. Y mientras platicábamos le sonreía. Lo miraba con mirada seductora y un par de veces hice un poco de presión en mi mejilla usando mi lengua, sugiriendo lo que ocurriría luego. Me servía un trago, a mitad de copa, y en el tiempo en que me lo tomaba, hacía que él se tomara 2 o 3.

    Cuando le llevaba el trago me inclinaba lo suficiente para que mis senos quedaran a la altura de sus ojos. No se resistía y dejaba ir su mirada a mi escote. Ya se le estaba comenzando a ver un poco excitado y ebrio. Así iba, dejándolo mirar, coqueteándole, una mano en su muslo, una leve caricia en su pecho. Hubo un momento en que se me cayó algo y al levantarme lo vi ardiendo de deseo. Definitivamente estos pantalones hicieron hoy su trabajo.

    Me volví a sentar con él. Vamos a comprobar cómo anda.

    —Jenny —comenzó a decir tomando otra copa—, tremendo atuendo tienes hoy, pero se vería mejor en el piso mientras te hago estremecer. ¿Por qué no aceleramos la noche a lo que claramente quieres?

    —¿Y eso exactamente qué es? —pregunté irónicamente.

    —Tener a este tipazo dentro de ti —a lo que agregó subiendo las cejas y sonriendo perversamente—, una y otra vez. Aquí a la esquina tenemos un buen motel, lo conozco. ¿Por qué no continuamos la noche allá?

    —Hagamos algo mejor —dije sonriendo—, espérame en el baño de hombres, asegúrate que esté vacío y yo voy en un ratico, —y acercándome a su oído agregué—, quiero probarte com-ple-ti-co.

    Héctor se levantó con toda la disposición de ir al baño. En su mirada se veía juego. Reacción normal tratándose de mí. Pero antes de que se fuera le di otra copa, llena, y le dije que lo fuese poniendo duro por mí.

    Una vez vi que estaba dentro del baño, le dije al de la caja que Héctor estaba en el baño y que al salir pagaría todo. Puse mi teléfono en modo avión y me escapé del lugar con mis fieras. A ellas les dije simplemente que el pequeño Héctor ya no nos acompañaría esta noche. La bronca que debe haber agarrado es de pronóstico. Pero eso le pasa por andar de casanova y baboso.

    -5-

    El miércoles de la semana siguiente, durante una clase aburrida de la universidad, recibí un mensaje de Héctor, decía: “Bien que me dejaste con las ganas Jenny, pero tranquila, que me desquitaré tan pronto pueda”. Luego de dejarlo en “visto” toda la tarde le respondí, “¿desquitarte de qué? ¿Tan borracho estabas que no acuerdas que pasó loquito?”. Me respondió con un mensaje todo en mayúsculas que decía: “¡ESTABA BIEN SOBRIO! ¡Y ME DEJASTE DURO Y CON LAS GANAS! PERO TRANQUILA, LLEVAS UNA, PERO A LA SEGUNDA YA VERÁS LO QUE PASA”. A eso solo respondí con un “jaja” y no volví a abrir su conversación hasta el viernes que le dije que iríamos la noche siguiente a Mokambo. Me respondió de inmediato con lo siguiente: “Vístete bien niña, allá nos vemos”.

    -6-

    El tercer sábado seguido a Mokambo. Hoy me pondré unos tacones negros, un jean azul claro bien ceñido, ese que me ha hecho conseguir decenas de cosas gratis, un top de tiritas rojo y una chaqueta de cuero negra. Me gusta describirles cómo voy para que me imaginen bien. Ya que no tendrán la dicha de conocerme en persona, al menos me podrán imaginar bien, para lo que quieran.

    Saliendo de casa a encontrarme con mis fieras le pasé un mensaje a Héctor diciéndole que ya íbamos en camino. Solo respondió lo siguiente: “Misma mesa. Ya estoy acá”. Siempre es como serio este tipo, pero ese mensaje estuvo raro. Ah, deben ser cosas mías, hoy pinta nueva noche para divertirme.

    Esta vez llegamos al club más tarde, casi a las 10:00 p.m. La bendita Rebeca se atrasó, a pesar de que le hablé desde temprano. La paciencia que le debo tener a estas de vez en cuando es impresionante. Nunca llegamos por separado, siempre juntas, por eso que se atrasen me revienta.

    Llegué finalmente con mis fieras al lugar y se dio el efecto normal. Casi todos los hombres y disimuladamente algunas mujeres mirándome como si quisieran tenerme. Es rico sentir esa energía hacia mí. Es intoxicante. Hoy será una noche interesante, desde ya lo sé.

    Nos acercamos a la mesa y el Héctor viene a saludarme. Beso lento en la mejilla y mano en la cintura. Strike uno del perro este.

    —Ya veo que comenzaste la fiesta temprano —le dije irónicamente—, podías habernos esperado para la primera.

    —Tranquila bebé, que vienen más en camino —respondió con una expresión extraña—, sé que tú “quieres mantener bien hidratados tus labios”.

    —Así es —y chasqueando los dedos agregué—, ¿y dónde está mi trago entonces?

    Me sirvió uno, lleno hasta arriba. ¿Es que crees que me la vas a hacer igual cabrón? Strike dos.

    Me lo fui tomando poco a poco, pero él solito andaba tomando más, como si quisiera agarrar valor. Así pasa, muchos no tienen el valor de enfrentarme sobrios y necesitan el catalizador del alcohol en su mente para que le aparezcan realmente los cojones entre las piernas.

    —Hoy serás mía Jenny, ya ha sido suficiente. Has hecho que se me acumule bastante aquí —agregó agarrándose la entrepierna—, y tú lo recibirás todo hoy.

    Lo miré como diciéndole “sí, créete tú ese cuento cabrón”, pero mis labios no dijeron nada. Si él quiere pelea hoy, pues pelea va a tener.

    Le di rápidamente otro trago y cuando me iba a alejar de él me acercó más tocándome la cintura. Sigue tocándome así el tipo este y se llevará mi mano marcada en la cara. Ya me estoy cansando de él. Hoy como que será la última noche.

    Les fije a mis fieras que fuéramos a bailar nosotras solas. En la pista, entre la música a todo volumen les fui dando las instrucciones para ir saliendo de Héctor. Ya me cansó y no quiero que se ponga tonto con nosotras.

    Volví a la mesa y de nuevo, me trajo de la cintura hacía él. Ya me está cabreando esto y si me molesto, la va a pasar mal.

    Le di la señal a Alicia y Rebeca para que lo vayan distrayendo y para que le saquen lo suficiente para que disfrutemos la noche. Yo me fui a la barra a inspeccionar el lugar y se me acercó un grupo de tres chicos, bastante guapos y fornidos. Me comenzaron a coquetear un poco y yo, que en eso soy una pro, les seguí el juego, era risueña y bailé un poco frente a cada uno.

    Volví a la mesa y me pegué a Héctor como en las primeras noches. Mano en el muslo, movimiento infalible y voz suave: ya se nos acabó la bebida pequeño Héctor, ¿nos renuevas?

    Hizo el movimiento de siempre. Alzó la mano chasqueó los dedos y señaló nuestra mesa, pero todo ahora con una expresión seria.

    —Hoy no me haces lo mismo Jenny. Hoy me cobro bien lo que he gastado en ti —me dijo mirándome a los ojos—, eso júralo.

    Yo lo que hice fue reírme en su cara y decirles a mis fieras que fuéramos a la pista. Allí se me acercaron de nuevo los tres chicos de antes. Oportunidad perfecta para hacer cabrear al cabrón. Los fui acomodando a cada uno a mi alrededor y le bailé de la forma más sensual, como no lo había hecho con Héctor. Lástima que solo serán una herramienta esta noche para hacer celar al cabrón. Así pasa, en la guerra hay siempre víctimas inocentes. En un momento volteé y vi al Héctor mirándonos fijamente, mirada concentrada en mí, mientras tomaba otro trago.

    Volví a la mesa y comenzó la de joder la paciencia.

    —¿Andas pensando todavía en que me tendrás esta noche? —le dije mientras sonreía—, mundo de ilusiones el tuyo jaja.

    —Te lo juro Jenny, cuando yo digo pasa no soy un estúpido como aquellos con los que bailabas y coqueteabas, soy un hombre de verdad —lo dijo mientras se agarró la entrepierna—, y eso lo vas a saber más pronto que tarde.

    —Mira niño, estas son las grandes ligas —dije señalando mi cuerpo— y tú no llegas ni a las ligas infantiles. Así que bájale un poco a tu actitud, no todos tienen la suerte de si quiera hablar conmigo, así que cuida tus pasos.

    En ese momento Héctor fue al baño y yo volví a la pista. Se me acercó otro chico para bailar conmigo y bueno, a este también le perreé bien. En un momento hasta le subí mi pierna a la altura de su cintura y pude ver como se quedó petrificado por mí. Yo debería venir con una advertencia de “riesgo para el corazón, tómese con precaución”.

    Mi intención era totalmente que Héctor me viera cuando volviera del baño y así ocurrió. Durante las siguientes dos canciones pude ver claramente como se tomó de fondo y sin pausa dos tragos. Ya debe estar ebrio el cabrón este. Ya estoy algo cansada, así que vuelvo a la mesa.

    —Mira quién volvió —dijo Héctor visiblemente molesto—, ¿quieres otro trago no?

    —Pues sí, como sabes bailar me agita mucho —respondí desinteresada— ¿no has salido a la pista hoy? Hay tremendo ambiente.

    —Anda zorrita, sírvete otro trago. ¿No es eso lo que quieres? —cada vez alzaba más la voz—, ¿puros tragos gratis sin dar nada a cambio?

    —¿Nada a cambio? Mi presencia te debería ser suficiente cabrón. Pero la verdad es que ya no me sirves, ya te pusiste pesado y aburrido-

    —Ya me olía yo que eras una calientahuevos —me dijo señalándome—, se te ve en toda la pinta, que te vistes para atraer y provocar y no sueltas nada. Menos mal que no me gasté tanto en ti, algunas botellas de champagne barato y lo demás. Bien barato como tú putita.

    —Di lo que quieras niño, pero ya me divertí contigo y ya estás dejando de ser mi juguete, ya no me vales nada y me estás siendo aburrido. Y la verdad cabrón, que no eres suficiente hombre para este mujerón —finalicé señalando esa figura que me gasto— y lo sabes.

    —Lo que digas zorrita —siguió Héctor—, sigue divirtiéndote con tus amiguitas tontas y con los estúpidos que te coquetean, te estás perdiendo de un hombre de verdad y vas a lamentarse de eso.

    Mientras me reía del papel que estaba haciendo el niño este se me acercó, me agarró el culo firmemente, me lanzó una nalgada con su mano izquierda y con la derecha me agarró del mentón lanzando un beso al aire en mi dirección.

    Mi reacción inmediata fue lanzarle una buena cachetada que le volteó la cara.

    —Bien merecido que te lo tenías desde hace rato cabrón —le dije con una pequeña satisfacción, uno por ponerlo así y dos por esa buena cachetada, de novela, jaja—, y si sigues así vendrá más.

    Él alzó las manos como rindiéndose y en eso llegaron mis fieras que estaban en la pista todavía, preguntando qué había pasado. Me puse en medio de ella y les dije: “griten mis fieras, grítenle a este perdedor”. Y así lo hicieron todos los ojos del club se pusieron sobre Héctor quien salió cabreado del lugar.

    Yo me fui con mis fieras de nuevo a la pista y seguimos bailando. Se acercaron a mí de nuevo los tres de antes y los mandé a volar. Más tarde se acercó otro, uno que tenía las dos noches anteriores mirándome y como me vio sola quiso intentar de nuevo. Bailé con él un rato hasta que me cansé, fui a su mesa y, como ya saben que hago, le saqué algunos tragos. Me pidió mi número y le dejé el de Rebeca, luego veo si me sirve para algo más.

    Volví con mis amigas y estuvimos charlando y bailando todo el rato hasta que se nos hicieron las 3:00 a.m. y nos fuimos en Uber a casa de Alicia.

    -7-

    Ya es el martes siguiente y estoy hablando con Rebeca en la universidad y veo que me llega un mensaje a mi teléfono, era Héctor: “Disculpa Jenny por el espectáculo, había bebido mucho como sabes y bueno, me puse así”. De momento lo ignoré, no se merece mi atención, pero sí le comenté a mis amigas que me había escrito.

    Luego en el día hablando con mis amigas se nos acercó Javier, un amigo de Rebeca, quien casualmente trabaja de camarero en Mokambo.

    —Chicas, oí al jefe hablando de lo que hicieron el sábado pasado en el club —comenzó a decir—, escuché sobre todo tu nombre Jenny.

    —¿Jefe? —dije—, ¿de quién hablas?

    —Pues de Héctor —respondió como si fuera obvio—, él es socio mayoritario de Mokambo, es dueño de más de la mitad del negocio. Tiene dinero para derrochar.

    —Sí, nosotros vimos que no tenía ningún problema en comprar, pero como fueron solo algunas botellas no le pusimos atención —le dije—, ¿qué nos íbamos a imaginar nosotros?

    Allí se fue el Javier, dejándonos con tremendo dato.

    Nos quedamos todas viéndonos sorprendidas. Con razón le daban tan buen servicio, de lo contrario el jefe estaría de malas con ellos.

    —Jenny, respóndele —dijo Alicia—, Héctor es el propio para seguir teniendo de buenas.

    —Sí Jenny —agregó Rebeca— y obviamente le gustas, no hay que dejar pasar esta oportunidad.

    Las palabras de mis fieras fueron en vano, ya yo había decido responderle. De todas soy yo la que tiene el poder en este grupo, así que se hace como yo diga.

    Le respondí: “Disculpa aceptada, no pasa nada”. De inmediato me respondió: “¿crees que te pueda ver de nuevo?”. Ante ello dije: “sí, el sábado, en el club”. Finalizó la conversación con él diciendo: “ok, ahí nos arreglaremos”. Guardando el teléfono me dije a mi misma: “si me quiere, ahora va a tener que pagar como es”.

    -8-

    Distraída en una clase del jueves, veo que Héctor me vuelve a escribir: “¿Confirmado este sábado Jenny? “Sí”, le respondí sin mayor cosa. Él finalizó: ¿sabes? Podrías tenerlo todo si te dejaras querer”. Cerré diciendo: “ahí vemos Héctor, si lo intentas mucho tal vez puedas ganarme”.

    -9-

    Ya es la mañana del sábado. Mientras desayuno y busco dónde arreglarme el pelo, hacerme la manicure y la pedicure para estar más despampanante hoy, llega un mensaje al grupo de WhatsApp de las fieras, es de Rebeca: “Chicas, he estado hablando con Javier y me dice que Héctor anda en negocios sucios, que por eso maneja tanto dinero y que es medio peligroso”. Yo respondí: “Eso dicen de cualquiera que tiene dinero estos días. Y lo de peligroso, con lo tonto que se ve lo dudo mucho. Todo debe venir todo del club, porque siempre se la pasa lleno, debe entrarle mucho dinero por ahí”. Desde ahí no se habló más del asunto, sino que comenzamos a planear lo que haríamos en la noche. No obstante, dentro de mí quedó la siguiente duda: ¿y si todo eso es cierto?

    Son casi las 7:00 p.m. Salí de ducharme y ya me voy a vestir. Hoy voy por un atuendo bien matador. Vestido de licra rojo con unos tacones negros. Con esto me lo voy a devorar. Debajo solo llevaré un hilo negro diminuto. La noche promete sexo, entonces qué mejor que ir vestida así.

    A las 8:00 p.m. les escribo a mis fieras y les digo que ya estoy lista. Si bien ellas son simple adorno de esta noche, les ordené que también que se vistieran bien sensual hoy. Ellas tienen que representar bien a su líder que soy yo, aunque recaiga en mí siempre el impulsar al grupo.

    A eso de las 9:00 p.m. nos encontramos cerca del club. Ya vamos todas caminando hacia allá. No sé por qué, pero siento que esta noche será memorable. Ya veremos si esa corazonada se confirma.

    Hemos llegado y el portero sin más nos deja pasar, como en los sábados anteriores. Pasamos por la pista y vemos que Héctor está en la barra, les digo a mis fieras que se queden un poco atrás para ir yo a hablar con él.

    —Hola Jenny —dijo él visiblemente emocionado—, no me creí que vendrías.

    —Soy mujer de palabra Héctor —dije un poco seria—, si dije que vendría no había motivo para dudar. ¿Estaremos acá en la barra o tienes otro lugar?

    —Tenemos la mesa de siempre, ve con tus amigas para allá que ya voy con ustedes —terminó diciendo, volviendo a hablar con el bartender—, ¿quieren lo mismo de siempre hoy?

    —Sí, con el champagne vamos bien —dije con una media sonrisa—allá te esperamos.

    ¿Ven lo manso que está? Esto será pan comido. Ya tengo pensado todo lo que le pediré y creo que no tendré que dar mucho a cambio. Si todo sale bien, mis fieras y yo tendremos pase libre en este club, con entradas y tragos todos los fines de semana. Tal vez suene un poco ambicioso, pero es lo que valemos. No, es lo que valgo yo, ellas reciben mi caridad.

    Nos sentamos en la mesa. El ambiente hoy está a todo dar. Cerca de la mesa queda un descanso en donde se ve todo el lugar. Me acerco ahí y veo a todos bailar, gozando, divirtiéndose y bebiendo. No lo saben todavía, pero están en presencia de quien será la reina de este lugar. Nada me parará.

    Vuelvo a la mesa y andan las fieras hablando de cómo será todo cuando negocie con el Héctor. Se emocionan por imaginar todo lo que tendrán. Son muy simples ellas, por eso soy yo la que comanda y la que esta noche cerrará el trato, muy seguramente en el motel. El Héctor este no se ve muy complicado. Sé que la noche anterior se las dio de hombre de carácter, pero no es el primero que se me pone así. Siempre los termino dominando y haciendo sumisos y hoy no será la excepción.

    Minutos después llegó Héctor cargando dos botellas de champagne. Esta era de una marca que no había traído antes, como que la tenía bajo la manga.

    —Aquí tienen —dijo poniéndolas sobre la mesa—, una la compartiremos Jenny y yo, y la otra es para ustedes chicas. También tendrán barra libre así que, en caso de que no esté yo acá en la mesa, pueden pedir lo que quieran, ya la orden está dada.

    —Tienes bien controlado el lugar ¿no? —dije realmente intrigada—, con razón siempre estabas bien atendido.

    —Sí, soy el socio mayoritario de este lugar —expresó abriendo los brazos señalando todo a su alrededor—, por eso mi mensaje del jueves. Tengo buena plata y soy un buen partido, pero tú eres bien terca en ver eso.

    —Bueno, veamos cómo se va a ir dando la noche Héctor —a esto agregué—, puedes ganar mi interés si haces las cosas bien.

    —¿Qué te parece si comenzamos bailando? —y mirándome desde la cabeza a los pies agregó—, ese vestido que cargas está hecho para la pista.

    —Límpiate un poco la baba cariño —le dije con una sonrisa irónica—, y sí, estoy en ánimos de bailar. Vamos.

    En la pista estuvimos un buen rato. Esta vez le bailé con un poco más de sensualidad. Sí le dejé probar un poco de mi perreo. Con este vestido y como me movía no me podía resistir. Si bien sentía que Héctor no era el único que me miraba, esta vez me concentré en él. Hoy mis energías están dirigidas a quebrarlo y sacar de él lo que más pueda.

    Bailamos unas cinco o seis canciones quedando yo algo agitada. Él no dejaba de mirarme. Me estaba viendo de una forma bastante intensa la verdad. Finalmente le dije que quería sentarme, lo que él aceptó. Llegamos a la mesa y estaba sola, las fieras estaban en la barra haciendo desastres.

    —Jenny —dijo Héctor—, quiero hablar contigo.

    —Cuéntame Héctor —respondí—, ¿qué tienes en mente? De inmediato procedí a sentarme cerquita de él. Tenía todavía la respiración agitada y estaba mi pecho un poco húmedo todavía por el sudor. Sé que eso a él lo ponía loco.

    —Jenny —comenzó a decir después de respirar profundo—, tú la verdad me encantas, me gustas mucho y eres una mujer espectacular. Si tú quieres, conmigo tendrías todo, no solo en este club, sino más allá, todo lo que quieras lo tendrás.

    —Oh Héctor —dije con una voz suave—, no creo que te guste tanto, ¿o sí? Al decir eso volteé mi cara. No aguanté que se me dibujara una sonrisa algo malvada. Ya comenzaba el tango final para hacer caer al cabrón este.

    —Pues Jenny —dijo intentando tomar mis manos—, no sabes cuán mal me sentí por haberte tratado mal la última vez, es que realmente me gustas. Pídeme lo que quieras y te lo demuestro.

    —Bueno —dije nuevamente con una voz muy suave, super efectiva—, que nos becaras acá no estaría mal.

    —¿Becar? —dijo pensativo—, dime qué tienes en mente.

    —Bueno —comencé a decir—, pues tener siempre barra libre, tragos gratis, que entremos sin pagar ni hacer la fila afuera y bueno, algunas otras cosas que vayan surgiendo después. Creo que es razonable, ¿no crees?

    —La verdad sí —dijo levantándose de la mesa—, un segundo.

    Volvió con una botella de champagne inmensa. Según había oído hace dos sábados es la más cara del lugar.

    —Jenny —dijo poniéndola sobre la mesa—, ¿qué te parece si subimos a mi oficina para hablar mejor y más a gusto?

    —Pues, no sé —dije haciéndome la dura—, ¿qué haremos allá más o menos?

    —Bueno, estaremos solos —y con una mirada entre intensa y extraña—, ahí veremos qué sale.

    Cruzamos la pista y comenzamos a subir las escaleras que suben a las oficinas administrativas del club. Yo iba primero y el detrás con la botella y mirándome el culo. Antes de dar la vuelta al pasillo donde me dijo que estaba su oficina vi que esta un guardia ahí custodiando, nada fuera de lo común.

    Llegamos finalmente a su oficina. Puso la botella sobre su escritorio y me dijo que ese era mi primer regalo. Según recuerdo de hace dos sábados, esa era la botella más cara del lugar, así que nada mal este comienzo. Vamos a ver cómo sigue la cosa.

    —Bueno, esta es mi oficina Jenny —dijo él mientras prendía el resto de las luces—, desde acá dirijo toda la operación del club.

    —Nada mal Héctor —comencé a responder—, quién iba a imaginar que eras socio de este lugar.

    —No es algo de lo que me guste alardear —dijo haciéndose el humilde— entonces normalmente no lo digo.

    —¿Y qué te llevó a decírmelo a mí? —dije un poco intrigada—, ¿tanto así te gusto?

    —La verdad sí Jenny, y me gustaría que me creyeras — y aproximándose al escritorio y sacando una silla agregó—, pero ven, sentémonos a hablar. Acto seguido me senté frente al escritorio y él detrás en una silla algo grande de cuero.

    —Entonces Jenny —comenzó él—, ¿te gusta venir aquí a Mokambo?

    —Sí —respondí—, a mí y a mis amigas nos gusta venir, hay buen ambiente.

    —Vendrías normalmente con ellas, ¿no Jenny?

    —Sí, aunque estaría bastante contigo también Héctor —y guiñándole el ojo seguí—, eso es lo que quieres, ¿no?

    —Desde que te vi en la barra Jenny —y mirándome fijamente a los ojos dijo a continuación—, desde ese momento te deseo.

    —Pues qué gusto —dije con una sonrisa algo malvada—. Dime, ¿qué piensas de los términos que te dije abajo en el club?

    —Repasemos —dijo sacando un bolígrafo para anotar—, quieres que tú y tus amigas tengan barra libre, es decir, tragos gratis siempre, que entren directo al club cuando lleguen a la puerta y ¿qué más?

    —Pues que siempre tengamos reservado el mejor lugar del club —y con algo de ironía agregué— y lo que salga claro está.

    —¿Y yo qué recibo Jenny?

    —Pues el privilegio de estar conmigo Héctor. Claro está.

    Acto seguido se puso de pie y fue hacia mí. Tomó mi mano y me ayudó a levantarme. Estábamos cuerpo a cuerpo.

    —Considéralo hecho Jenny. Ven entonces acá —agregó llamándome con su dedo índice—, comencemos.

    —Ven tú Héctor. Yo no voy a nadie.

    Acto seguido él se acercó a mí, me tomó en sus brazos y comenzó a besarme. Sus manos recorren mi cuerpo. Pasan por mi espalda hasta donde comienza a formarse mi trasero. Él cabrón este besa bien. No me esperaba eso. Al menos parece que no me tocará cargar con un tipo insípido en la cama. Nada peor que un hombre que no sepa lo que hace.

    Luego bajó a besar mis hombros descubiertos. Por un momento se detuvo a oler mi perfume. Es mi mejor fragancia y es infalible con tipos como este. Luego volvió a mi boca. Me besa con ganas, como por fin consiguiendo lo que tanto anhelaba.

    —¿Ves cómo nos entendimos al final Jenny? —dijo entre besuqueos—, ojalá no hubiéramos perdido tanto tiempo.

    —Claro Héctor, para todo hay manera.

    Eso cabrón. Tócame, hazte adicto a mí. Gastarás como nunca. Te dejaré sin un quinto. Pero eso sí niño. Si cometes tan solo un error me iré sin dejar rastro y no verás más a esta diosa. Que me tengas en tus brazos es un privilegio por el que tienes que pagar. No lo olvides.

    De mi boca bajó por un momento a mi cuello, a besarlo. Mientras tanto sus manos pasaban de tocar mis firmes senos a recorrer toda la figura de mi torso y caderas hasta apretar mi trasero. Eso me hizo lanzar un leve gemido en su boca mientras nos seguíamos besando.

    En el momento en que solté ese gemido sus pupilas se dilataron. Poco a poco está cayendo en mi trampa. Cada vez que me toca y besa yo gano. Miren ustedes como estaba de patán la semana pasada y como ahora está aquí manso. Ya casi tendré su alma y su cartera en mi mano y podré hacer lo que se me dé la gana en este club. Ah, y bueno, de eso aprovecharán también mis fieras. Pero tengan claro ustedes que yo, que soy la que hace el trabajo sucio, soy la que tiene que recibe los mejores beneficios.

    Tocando su cuerpo veo que es firme, se nota que hace ejercicio, pero no está marcado. La verdad es bastante apuesto también. Pero no pasará de ser mi juguete, mi cajero andante y, cuando me deje de servir lo dejo como tantos otros, con el corazón roto y con ganas de lo que más nunca tendrán. Aprovecha cabrón que tienes una oportunidad limitada.

    —Entonces Jenny —beso—, ¿quieres acceso y barra libre en el club no?

    —Sí Héctor —beso—, quiero venir a fiestear sin preocupaciones ni esperas y que mis amigas y yo estemos siempre bien atendidas.

    —Bueno —dijo dejándome de besar, apartándose y desabrochándose el pantalón—, ¿por qué no te comienzas a ganar las entradas?

    Cuando dijo eso su voz cambió. Nunca lo había escuchado en ese tono. Bajó por mi espalda un pequeño escalofrío y mi cuerpo se tensó, como poniéndose en alerta. A veces me pasa eso cuando tengo un presentimiento, pero no sé por qué me ocurre esta vez, deben ser cosas mías. ¿Con que ahora te la das de valiente cabrón? Ya vas a ver.

    Puso sus manos sobre mi cabeza y me ayudó a bajar. Quedé en cuclillas frente a su pene. Ya se veía bastante erecto por encima del pantalón. Él sacó su pene, dejándolo frente a mi cara. El juguete sacó su mando de control. Ya van a ir viendo como cae rendido a mis pies con mi boca. Ningún hombre ha sido el mismo después de eso.

    —Ahora mamacita —dijo agarrando su verga con una mano, moviéndola y poniéndome la otra suavemente sobre mi cabeza—, chúpame la verga.

    Sigue hablando así cabrón que te dejaré ruino. Ya verás que pronto serás solo un esclavo bajo mi dominio, como muchos antes de ti. Dale deja crecer un poco ese ego. Que mientras más grande te sientas más dura será tu caída cuando me deshaga de ti.

    Lamí mi mano para humedecerla y procedí a tomar su verga para masturbarla un poco y ponerla más dura. En mi mano latía un poco. Se nota que me desea el cabrón este. Acto seguido metí su glande en mi boca, sin dejar de mover mi mano. Mi lengua daba vueltas por la cabeza de su pene y apretaba un poco mis labios sobre ella para que los sintiera. El sexo oral es mi experticia y con una buena mamada mía hasta el más duro cae. Una vez que los domino ellos solitos me dan lo que yo quiero: dinero, tragos y hasta viajes. No puedo evitar poner una expresión de risa malvada mientras la chupo. Este Héctor no sabe lo que le espera.

    —Oh sí Jenny —dijo llevando su cabeza hacia atrás—, por fin te veo ahí, agachada, con mi verga en tu boca. Qué jodido de bien se siente.

    Ahí comencé a chupársela más profundo. Cuando mi boca subía hasta la cabeza mi mano recorría todo su tronco. Esa combinación vuelve a los hombres papilla, ninguno se resiste. Subí mi mirada hasta encontrarse de momento con la suya. Me miraba fijamente con una expresión de genuino placer. Poco a poco mi plan se va a ir cumpliendo.

    —Oh sí Jenny.

    —Chúpala así.

    —Sí Dios, así —dijo dándome una pequeña palmada en la mejilla—, te ves bien linda ahí abajo.

    Me cabrea oírlo hablar de esa forma. No puedo dejar que su ego se engrandezca. Yo soy quien manda aquí. De repente aprieto un poco su pene con mis dientes. A ver si te gusta eso cabrón.

    —No, no Jenny —dijo dándome una palmada un poco más fuerte en la misma mejilla—, sin dientes. Sigue como antes que lo estabas mamando bien. No te me pases perrita.

    Lo miré con visible molestia, teniendo su verga en mi mano. Quería decirle de todo, pero por alguna razón de mí no salió palabra.

    Continué chupándosela. De vez en cuando la sacó de mi boca y la lamo desde la base hasta el glande, beso la punto y sigo chupándosela mientras lo masturbo. También bajo a sus testículos y los lamo mientras lo sigo masturbando. Su cara me hace ver que disfruta mucho. Poco a poco irá cayendo en mis redes y no sabrá hasta que esté bien obsesionado y yo me esfume para siempre de su vida.

    —Ah sí perrita mía —dijo empujando mi cabeza hacia su pene—, mira donde te tengo.

    —Idiota —le dije sacándomela un momento de mi boca y volviendo a chupar—. Lo miraba muy fijamente con expresión seria en mis ojos.

    —¿Sabes qué Jenny? —dijo deteniéndome—, las perritas como tú deben chupar verga de rodillas. No lo estás haciendo bien. No es de cuclillas. Rodillas al piso. Si quieres ganarte todo lo que quieres tienes que ponerte de rodillas.

    Oh, ¿qué hago? No quiero que se engrandezca el cabrón este. Pero quiero seguir con mi plan de dominarlo hasta quebrarlo. Bajo mi mano hasta el piso sin dejar de verlo. No se siente incómodo el suelo, puedo seguir de rodillas. No será la primera vez que chupo una verga de rodillas. Pero con este cabrón es distinto, no es porque esté excitada y disfrutando. Finalmente me puse de rodillas quedando mis pies contra el suelo y los tacones mirando al techo.

    —¿Ves? —dijo sonriendo—, ¿qué te costaba hacerlo así mamacita? Pues sigue, que vas bien. Diciendo eso me lanzó una fuerte nalgada.

    Con cada palabra este cabrón se gana mi furia. Cuando termine con él será solo una excusa de hombre, lo dejaré arruinado y deshecho. Es que ya lo puedo imaginar, escribiéndome para pedirme que vuelva con él, rogándome porque me quede en su vida y yo disfrutando el botín que le saqué y buscando mi próxima víctima.

    —Jenny, ya va —me detuvo nuevamente—, estás demasiado vestida. Mejor quítate esa tanga que llevas puesta.

    —Bueno —comencé a decir parando de chupársela, pero sosteniéndola todavía con mi mano—, quítamela tú si quieres.

    Me empujó la cabeza a su verga para que la siguiera chupando. Mientras tanto él dobló su torso pasando su pecho por encima de mi cabeza. Alargó su brazo derecho, subió mi vestido hasta un poco más arriba de mis nalgas y me bajó el hilo que tenía puesto. Sentí la corriente de frío del aire acondicionado. Lo bajó por todo el largo de mis piernas y lo terminó de sacar, a pesar de que mis tacones le dificultaron un poco la tarea.

    Ser así con los hombres me hace usar a veces el sexo como recurso y con este cabrón no será la excepción. No obstante, no ha pasado nada fuera de lo normal. Espero que así termine todo.

    Él volvió a estar de pie, empujando mi cabeza para hacerla chupar. Cada vez que pone su mano en mi cabeza siento una ola de rabia correr por mi cuerpo. Yo normalmente tengo el control en mis manos, que no crea este cabrón que porque esté acá de rodillas va a cambiar eso.

    El pantalón ya le perturbaba porque se lo comenzó a bajar, aunque percibí un poco de duda de su parte. Cuando lo fue bajando con cuidado, por entre sus piernas pude ver que en la parte interna del pantalón tenía un arma. De nuevo un pequeño escalofrío recorre mi cuerpo. Él agarró el pantalón y lo puso en la silla y el arma en el cajón como si nada. ¿Será por trabajar acá que debe tener eso para seguridad? ¿O será cierto lo que le dijo Javier a Rebeca, de que este cabrón anda en trabajos sucios? Mejor tendré cuidado con este tipo, no vaya a ser que sea más peligroso de lo que yo crea.

    —Tú sigue chupando perrita —dijo dándome nuevamente una palmadita un poco más fuerte en la mejilla—, que lo haces divino.

    Continué en mi faena. De vez en cuando buscaba meter su miembro casi completo en mi boca, eso le sacaba algunos gemidos a él. Esto, combinado con los movimientos de mi mano sobre su falo y las caricias que de vez en cuando recibían sus bolas. Decidí aumentar la velocidad para hacerlo venir, una vez que comience a controlar cuando se corre el resto será fácil para mí. Pero a pesar de que para mí hice bastante, esta vez el cabrón este se controló y no soltó nada más que un poco de pre-semen.

    —Sabes Jenny —dijo mirándome con una sonrisa sospechosa—, estás de rodillas, con el vestido subido, chupándola, pero te falta algo para que seas completamente mi perrita.

    Sin dejar de chupar lo miré frunciendo el ceño. En eso veo que comienza a estirar su mano como alcanzando algo, abre el cajón del escritorio y comienza a sacar una cadena de un metro y medio con una agarradera de cuero unida al final mediante una argolla con una correa también de cuero. Sí, como las que usan los perros.

    De nuevo pasó por mi cuerpo un escalofrío. Qué se traerá ente manos este cabrón con este invento.

    —Con esto serás mi perrita completamente —dijo tensando la cadena frente a mi cara y dibujando en la suya la sonrisa más perversa que he visto—, y es mejor que no protestes, porque de lo contrario no habrá ningún trato y tú y tus amiguitas se tendrán que ir a hacer la fiesta en una plaza. Sigue chupando que yo me encargo.

    Todavía con su verga en la boca tragué grueso. Esto ya se me está saliendo un poco de las manos. No puedo dejar que vaya tanto más allá. Por esta vez no diré nada, pero no puedo permitirle mucho a este tipo.

    En eso quitó la cadena un momento, abrió el collar, lo puso alrededor de mi cuello, apretó la correa hasta que estuvo justa, colocó la hebilla para dejarlo fijo en esa medida, se aseguró de que la argolla estuviera hacia el frente de mi cuello y volvió a colocar la cadena. Todo esto lo hizo con una expresión de felicidad en la cara como nunca se la había visto. Él estaba disfrutando cada segundo.

    —Listo, ya eres mi perrita —y volviendo a ponerse completamente de pie agregó—, ¿qué te parece empoderada?

    —Vete a la verga Héctor —dije apretando un poco su pene—, vete a la verga.

    —¿Qué dijiste? —con una mano me dio otra palmada en la mejilla y con la otra hizo la señal de no, usando su dedo índice—, tu sigue chupando putita.

    Sostuvo la agarradera de la correa y dio un par de vueltas con la cadena sobre su mano. No quedó tan suelta pero todavía podía moverme y seguir en lo que estaba. La verdad no me esperaba esto, pero ni modo, si quiero conseguir todo lo que me propongo me toca aguantar un poco. No me gusta que esté agarrando ínfulas para pasarse un poco conmigo, pero no ha habido nada con lo que no pueda hasta ahora.

    —Déjamela bien chupada Jenny —sosteniendo todavía la correa puso las dos manos sobre mi cabeza—, sigue haciéndolo así.

    —Para de hablarme así Héctor —dije con algo de molestia—, y déjame hacer lo mío.

    —¿Qué dijiste? —dijo con voz desafiante—. No, no, no. Tú sigue chupando. Es más, es hora de callarte.

    Habiendo dicho eso me quitó las manos de su pene, abrió mi boca con dos de sus dedos y comenzó a follarme la boca. Su pene entraba y salía completo de mi boca, llegando hasta mi garganta. Cada vez se llenaba más de mi saliva, por lo que la luz lo hacía ver brillante. En eso estuvo un par de minutos hasta que me dejó respirar un poco.

    —¿Te gustó eso perrita? —con mirada condescendiente agregó—, recuerda que tienes que ser buena putita para ganarte todo lo que quieres.

    —Vete a la verga Héctor.

    Eso hizo que me follara la boca de nuevo. Es la primera vez que un tipo me hace esto. A lo sumo yo había chupado uno que otro pene con intensidad y para ponerle más al cachondeo, pero ningún tipo me había puesto de esta manera.

    Me agarró de los cabellos y usaba mi cabeza a su antojo. Mientras tanto yo miraba de frente a ningún lugar en particular, al infinito, hasta que se dignara a terminar. No sé por qué me estoy quedando inmóvil.

    —No, no, putita —con su mano me subió el mentón—, tienes que mirarme a los ojos mientras lo hago.

    Siento una gran rabia cada vez que me dice esos nombres. Ningún tipo me trata de esa forma. Yo soy la que domina, no al revés.

    —Jenny —teniendo una de sus manos en mi cabeza—, así se trata a las perritas como tú. Se les pone una buena verga para chupar, para que se atraganten o uno mismo haga que se atraganten. Anda sigue aguantando como buena putita.

    Me subió de nuevo el mentón para que lo mirara, puso las dos manos sobre mi cabeza y comenzó a follarme nuevamente la boca. Así estuvo un par de minutos hasta que de repente comenzó a eyacular en mi boca. De su verga salía abundante semen, no podía aguantarlo todo en mi boca sin ahogarme. Por fin sacó la verga y de mi boca salió chorreando un poco de su semen. Yo lo miraba con rabia a su cara, agitada y con semen escurriendo de mis labios hacia mi mentón.

    —Estuvo buena esa corrida, ¿no Jenny? —y golpeando un poco su pene en mi cara añadió—, temprano me tomé una pastillita azul para estar como un toro esta noche, así que prepárate, que esta será la primera de varias. Mira como quedó toda sucia mi verga, ponte a limpiarla con esa lengüita mi putita.

    Tomé de nuevo su pene con mi mano y comencé a lamer todos los restos de semen que le quedaban por todo el miembro y el poco que salía todavía de su glande. Su eyaculación fue abundante, pero su pene estaba igual de duro. Como que es cierto lo de la pastillita azul.

    —Como había soñado con el momento en que tu boquita de perrita recibiera todo mi semen. ¿Fue bastante no? Te ganaste bien el acceso y la barra libre para ti y tus amiguitas. Pero no creas putita mía —agregó dándome una palmada en la cabeza y poniendo su cara al nivel de la mía—, apenas comenzamos. ¿Entendido?

    Con mi ceño fruncido y con una expresión de claro disgusto asentí en aceptación.

    —Oye Jenny, ¿ves aquel sofá que está allá —yo volteé a donde me estaba señalando—, allí te daré la mejor cogida de tu vida. Vamos.

    —Está bien Héctor —me comencé a levantar—, vamos.

    —No, no —puso su mano sobre mi hombro—, no te levantes.

    —¿Por qué —mirándolo con extrañeza—, ¿no íbamos al sofá?

    —Sí —sonreía de oreja a oreja—, pero yo caminaré, tú gatearás en cuatro como la perrita que eres.

    De nuevo un escalofrío recorrió mi cuerpo. ¿Qué vendrá para mí ahora?

  • A propósito de simbiontes

    A propósito de simbiontes

    Una aventura de Saúl y Regina que recordé por un correo que me enviaron preguntando cómo tener sexo con una mujer de más de setenta años. 

    Hace unos días recibí por correo una pregunta de Xavi: “¿Ningún relato con el que deleitarnos a tus lectores?” Aunque tengo algunos personales que no he publicado, me da flojera tener que meterle tijera para quitar las cosas personales que no interesan. Pero, después de ése, recibí otro correo de Juan que señalaba:

    “Te quería hacer una pregunta sobre la lubricación y cuidados para tener sexo con una mujer de setenta y tantos. En mi caso la experiencia que he tenido requiere de mucho pero mucho trabajo previo, ya sea con caricias y/o oral ahí abajo para lograr una lubricación y que no sea doloroso. También debe ser un sexo más calmado para evitar algún accidente. ¿Es así en tu caso?”

    Mi respuesta fue que no, que mis hombres saben calentarme y me lubrico bien con sus palabras y caricias. Cierto es que primero me chupan, pero es porque les gusta cuando traigo atole de otro.

    Más tarde, me quedé pensando en lo que me escribió Juan y recapacité en que tal vez se estuviera refiriendo a damas que hace tiempo que no tienen sexo, y volví a escribirle al respecto “En ese caso son más las complicaciones, la principal son las infecciones, pues, si no te pones condón, van a estar más expuestas a los bichos que tú acostumbras traer y quizá tengan que desarrollar anticuerpos o algo así. Eso es natural, pero te van a culpar a ti pues me acordé de dos amigas que tenían años sin pareja y ¡zaz!, le echaron la culpa al galán. El doctor sí regañó a una de ellas por su ignorancia, pero es porque no piensan que alguien sano las puede contagiar de algo, cuando son ellas las que no ejercen lo suficiente para tener defensas necesarias.

    Aquí voy a relatar un caso de éstos, que, después de muchos años de no coger, Regina llamó a mi marido, pues ellos tuvieron muchos años de placer (tanto de casada como ya divorciada) cuando éramos treintañeros, para que lo ayudara en algo que seguro ella inventó para cogérselo. Yo no lo supe, sino que lo deduje después. Y no lo supe, porque cuando Saúl, mi esposo, me decía que iría con Regina para algo, salían mis celos y le reclamaba: “Sí, ‘es que yo no puedo’, eso dice la tonta, pero lo que quiere es tirarte”. Así, dejó de avisarme. No obstante, Regina llama con frecuencia para saludar, pues ella y su marido (cuando lo tenía) nos frecuentábamos ya que sus hijas son de la edad de mis hijos.

    El caso es que Regina me habló por teléfono un día muy preocupada.

    –Oye, te voy a hacer una pregunta, pero, aunque te molestes, por favor contéstamela: ¿Saúl o tú tienen alguna infección en las vías sexuales?

    –¿Tú tienes algo y cogiste con él? –pregunté indignada.

    –Te dije que no te molestaras, ni tampoco te queda hacerte de la pepa chiquita, no sueltas a tus amantes –contestó muy firme.

    –Sí, tengo varios y desde hace años, ninguno tenemos algo, ni sus esposas, ¡pero verás cómo te va a ir si, por andar de puta, infectaste a mi marido! –le grité airadamente.

    –Cálmate, te pregunté porque, después de muchos años que no hacía el amor, hace una semana que vino Saúl a ayudarme con un asunto…

    –Sí, te conozco, ¡mosca muerta!, siempre dices “es que yo no puedo” y lo que quieres es tenerlo cerca –la interrumpí.

    –Déjame terminar. Además, sabes que tu marido y yo hemos cogido, al principio fue por consolarnos pues tú le dijiste que no lo querías y yo sí. Lástima que no se divorciaron. Hace muchos años que no lo hacíamos y, el otro día, al tenerlo tan cerca…

    –¡Te lo tiraste, que para eso es! ¿Verdad?

    –Sí, yo lo amo desde entonces y sé que no le soy indiferente, pero te ama más a ti. ¿Me vas a dejar terminar? – me preguntó.

    –Continúa, puta… –le dije con toda mi mala leche.

    –Aunque no lo creas, además de mi exmarido y Saúl, sólo hubo uno más, pero no me satisfizo ni en la cama. Compara: ¿tres contra cuantos cientos? –preguntó tapándome la boca, y es que sí han sido más de cien, pero no llegué a doscientos…

    –Volvamos a lo que estábamos –dije para no salir de pleito.

    –Bien, hace rato fui a ver al médico porque tenía el clítoris y los labios interiores hinchados y con comezón. Él me dijo que tomara un antibiótico que me recetó y que también lo tomara mi pareja.

    La plática siguió más calmada, pero yo estaba molesta y asustada. Anoté el nombre del medicamento y en la noche, en lugar de besos y caricias, hubo gritos y arañazos míos, y risas de Saúl.

    Al día siguiente, mi marido fue a ver a Regina y ambos fueron con un médico, amigo de Saúl. Le tomaron una muestra a Regina y a los pocos días estuvo el resultado del cultivo: Vaginosis causada por un desequilibrio en la flora bacteriana que habita la vagina. Recomendación: Debido a la baja frecuencia de relaciones sexuales y que ya está más allá de la menopausia, debe usar protección cuando haga el sexo. Esto último, también dirigido a Saúl.

    Cuando le pregunté a Saúl si ya había comprado el medicamento, me contestó: “No, no es necesario”, y me contó lo que acabo de explicar. “Puedes seguir cogiendo con los de siempre, fueron nuestros simbiontes los que a ella le causaron problema».

    – ¿Te la vas a coger otra vez? –pregunté.

    –Le haré el amor todas las veces que me lo pida, siempre con condón… –me contestó y le di una cachetada.

    Saúl se carcajeó, me levantó la falda y me quitó los calzones para penetrarme. “Y a ti también, cada vez que tú o yo queramos”. Mi enojo fue desapareciendo y le grité “¡Vente, amor, a mí no me pasa nada!

    Al día siguiente, ya digerido el enojo y reflexionando más, le hablé a Regina, para disculparme por lo que le había dicho y agradecerle su interés por mi salud. “Si vuelves a invitar a mi marido para que te haga el amor, no olvides ponerle un condón”, terminé diciéndole de manera conciliadora, aceptando que Saúl la ama.

  • Visita del comercial de telefonía

    Visita del comercial de telefonía

    Estaba yo una tarde en casa intentando domar a las dos niñas que tenía en casa metidas jugando, una era mi hija y la otra era una amiga de mi hija pero estaban fuera de si, y de repente me picaron abajo en el micro y resultó ser un comercial de telefonía, subió y le abrí la puerta y en cuanto lo vi me gustó a pesar de que era un poco bajito, y yo a él creo que también le guste porque se lo note en los ojos que no dejaba de mirarme pero como no podíamos hablar por culpa de lo que estaban montando las niñas impulsivamente le invité a pasar y reñí a las niñas y las mandé para casa de la amiga.

    Le invité a sentarse en la cocina con la excusa de hablar y me puse a prepararle un café, desplegué todas mis artes seductoras con él y me puse a revolotear por la cocina con todo tipo de posturas y movimientos sexys y le prepare el café más especial del mundo con azúcar moreno y canela y empezamos a hablar sobre la oferta de telefonía pero él no hacía más que preguntarme muchas cosas que no tenía nada que ver con la oferta de telefonía, yo le empecé a preguntar por el trabajo y al final acabamos hablando de ordenadores.

    Le dije que tenía un problema con el mío y él se prestó a ayudarme para intentar solucionarlo, fuimos a mi habitación donde tenía mi ordenador nos recostamos sobre la cama y ahí la tensión se cortaba con un cuchillo, yo le dije si le podía besar y él me contestó que sí, fue el pistoletazo de salida.

    Nos dimos un montón de besos apasionados mientras nos quitamos el uno al otro la ropa y divina desnudez tenía el cuerpo precioso y estaba a reventar, me cogió a horcajadas y me puso contra la pared y allí me penetró, casi me muero de placer estuvimos un buen rato hasta que yo le eché en la cama y me puse a hacer una y mil perrerías cuando me tiré a su polla y a juzgar por su respuesta le gustaba mucho.

    Luego me puse a cuatro patas y le pedí por favor que me comiera el culito y el coñito, casi me muero de gusto, le pedí por favor que me la metiera por detrás, fue muy excitante él me daba y mientras me acariciaba el clítoris con la otra mano, nos movíamos al compás y cada vez íbamos más fuerte, a mí me inundó el calor y empecé a moverme como una loca él lo noto y supo que había llegado el momento de mi orgasmo apretó más fuerte entonces me dejé llevar y ya me llegó un orgasmo largo y bestial él se corrió también.

    Acabamos los dos exhaustos encima de la cama, yo le pregunté si le había gustado y él me dijo que había cumplido su fantasía, a de tirarse a una clienta y yo le contesté que también había cumplido mi fantasía la de tirarme a un desconocido…

  • El plan para follarme a mi madre (parte 4)

    El plan para follarme a mi madre (parte 4)

    Mi madre entra a mi cuarto, al verla me sorprendió demasiado ya que traía puesto un baby doll color azul marino, me excito ver a mi madre vestida de esa manera, ella se sienta en mi cama y me dice:

    —Hola amor gracias por esperarme —me agarra la pierna— lo que pasa es que… sé que estuviste celoso por la cita que tuvimos tu padre y yo, y no lo trates de negar que te conozco muy bien.

    —Si la verdad es que cuando estuviste fuera con mi padre sentí unos fuertes celos, durante todo el día se venían imágenes de mi padre y tu teniendo sexo, sé que son pareja, pero este sentimiento de desagrado no se me iba.

    —Entiendo amor, la verdad yo también he estado sintiendo celos al saber que un día tú te vas a casar y que te vas alejar de mi lado.

    —Pero eso no va a pasar ya que la que me gusta eres tú ma, no va haber ninguna chica que me aparté de tu lado— dije mientras la agarraba de los hombros.

    —Gracias mi amor por tus dulces palabras, la verdad es que me alagas, pero eso tiene que pasar un día hijo, así que no te preocupes que yo te apoyare ya que al final de cuentas soy tu mama.

    Mire a mi madre; ella había agachado su cabeza estando a punto de llorar. La abrazo y le digo:

    —En serio madre te amo demasiado y no creo que sienta eso por otras mujeres, desde hace mucho que lo decidí, decidí que iba hacerte mi mujer y ahora que lo conseguí no pienso dejarte.

    —Yo también te amo demasiado mi amor, a pesar que al principio solo quería ayudarte, poco a poco empecé a tener esos sentimientos de amor y deseo, medaban miedo esos sentimientos que empecé a tener por ti, el ya no verte como un hijo sino como hombre, ante ese miedo que sentí decidí parar lo que hacíamos, luego tú me dijiste que te ibas de la casa, no podía dejar que me abandonaras me iba a sentir sola en esta casa, así que decidí aceptar ser tu mujer para que te quedaras a mi lado.

    —Y ese día me hiciste el hombre mas feliz del mundo, pude tener a la mujer que siempre quise.

    —Ahora que soy tu mujer, me sentí mal al salir con tu padre, sé que es mi esposo, pero no pude quitarme este sentimiento, por eso en la cena hablé con tu padre y le pedí el divorcio.

    —¿Eh mamá está segura? ¿Qué dijo mi padre?

    —Si completamente segura, a él también le tomó por sorpresa, pero accedió, ya que también sabía que nuestra relación era nula y seria bien para ambos divorciarnos, así que a partir de ahora solo voy hacer tu mujer.

    Yo me emocione mucho al saber que mi madre seria completamente mía. Me acerco a ella y comienzo a besarla recostándonos en mi cama, con mi mano izquierda le comienzo a bajar su tanga y con la otra le toco sus tetas. Después me separo de ella, empiezo a quitar mi pantalón y le digo ponte de perrito, ella me obedece y se coloca en cuatro, introduzco mi verga y la garrado de las tetas y me empiezo a mover.

    —Ah ah ah si si mi amor así cógeme más fuerte ahah.

    Al escuchar sus gemidos me excité más le di una nalgada a lo que ella gimió, comienzo acelerar más mis movimientos para venirme dentro de ella.

    —Ahora te follare cuando quiera —le dije mientras la jalaba del pelo.

    —Ah ahh mmm si ahora tú puedes tenerme cuando quieras, soy tuya ahha.

    Seguía moviéndome más fuerte y termine corriéndome dentro de ella. Al termina ella se voltea acostándose de frente, en eso la veo jadeando y le digo:

    —¿Lista para el segundo round?

    Ella solo sonríe y me rodea con sus manos en mi cuelo y me dice:

    —Si amor hazme lo que quieras.

    Le agarro sus piernas para ponerlas encima de mis hombros, y en esa posición comienzo a follarla de nuevo, al final terminamos haciéndolo unas tres veces más. Al despertar vi que mi madre seguí durmiendo, sin despertarla salí de mi cuarto para ir a la sala, al bajar veo que mi padre estaba desayunado y le digo:

    —Buenos días papá.

    —Buenos días hijo, ¿por qué despierto a estas horas?

    —No se creó que ayer dormí bien.

    —Hijo tengo algo que hablar contigo.

    —Si ¿de qué se trata?

    —Siéntate.

    Mi padre me comienza a explicar que se va a divorciar de mi madre, ya que su relación no era la de antes y que era lo mejor para ambos, yo le dije que estaba bien que no se preocuparan por mí, no sentí pena por mi padre ya que no supo cuidar a mi madre y ahora yo lo iba hacer. Mi padre termino de desayunar y se fue a su trabajo yo me fui a la sala a ver la tv, al cabo de un rato mi madre baja vistiendo su pijama de seda sexy color rosa, ella se acerca a mí y me dice:

    —Buenos días cariño.

    Ella me da un beso y se sienta en mis piernas.

    —Buenos días Isabel— dije mientras la agarraba de la cintura.

    —¿Que tal durmió mi príncipe?

    —Muy bien mi reina ¿y tú que tal dormiste?

    —De maravilla amor.

    Ella me vuelve a besar y procede a separarse de mi y me dice:

    —Voy a preparar el desayuno ¿quieres que te prepare algo especial?

    —No Isabel solo desayunare cereal.

    —Está bien cariño.

    Ella ya se iba a ir a la cocina, en eso la detengo y le digo:

    —Pero antes que te vallas, quiero que me ayudes con algo de aquí abajo.

    Mi madre entiende lo que le digo y procede a hincarse.

    —Por su puesto amor, estoy para cumplir lo que quiera mi amor.

    Ella saca mi verga de mi pantalón y con su mano comienza a masturbarme, después saca su legua y comienza a chuparlo. Me fascinaba la manera en que lo chupaba, ver a mi madre hincada chupando como una puta me éxito más. Agarro su cabeza e introduzco mi verga en su boca y comienzo a acelerar más mis movimientos para terminar dentro de su boca, ella se lo traga todo y sonriendo dice:

    —vaya está muy delicioso amor —pasa su dedo por toda su boca.

    Después de eso fuimos a desayunar, ella se fue a duchar y después se fue a trabajar, yo me fui a la escuela y así trascurrió el día. Regresé de la escuela y decidí ir a mi habitación para esperar a mi madre, cuando ella llego subió como siempre a mi cuarto y se acercó a mi para saludarme de beso.

    —¿Como le fue a mi amor? —dijo mientras se sentaba en mis piernas.

    —Muy bien y mas que ya puedo disfrutar de mi mujer—dije mientras, la cargo y la siento en el escritorio, separo sus piernas, le rasgo sus medias haciéndole un agujero volteo a mirarla y le digo:

    —Estaba ansioso de que vinieras Isabel.

    —Yo también ya tenía ganas de verte cariño.

    Hago de lado su tanga y comienzo a introducir mi legua, ella solo empieza a gemir de madera fuerte ya que no se encontraba mi padre, al ver que estaba completamente mojada me separo de ella, comienzo a bajarme los pantalones.

    —Ya que esta lista, es momento de disfrutar de mi mujer —dije mientras introducía mi verga.

    —Si amor cógeme, vamos que esperas hazme tuya —dijo mientras se quitaba su chaleco y se desabrochaba su camisa.

    La agarro de las nalgas e introduzco mi verga que damos cara cara y al ver sus hermosos ojos comienzo a besarla mientras me la follaba, ella comienza a quietarme la camisa mientras seguía besándome. Al sentir que me venía saco mi verga de su vagina, hago que se hinque y le digo que me la chupe, ella comienza a chupármela y me vengo dentro de su boca.

    Después le digo que quiero hacerlo por su culo, ella me dice que nunca lo a hecho, pero si lo quiero intentar no se negaría, hago que se dé la vuelta ella pone sus manos en el escritorio, rompo mas sus medias, al tener su culo de frente, primero introduzco un dedo metiendo y sacando, después le meto otro dedo y al final le introduzco tres dedos, al ver que ya está lista comienzo a introducir mi verga lentamente para no lastimarla, al ver que ya tenía media verga dentro le digo:

    —Estas bien Isabel.

    —Si amor aha ah, todo bien.

    Meto toda mi verga, y al ver que estaba dodo bien comienzo a moverme.

    —Si mas hahah puedes moverte más fuerte amor hahaa.

    Al ver que ya lo estaba gozando, la jalo del pelo con una mano y con la otra comienzo a nalguearla, sentía demasiado bien el culo de mi madre, me apretaba cada vez que la nalgueaba, acelerare mas mis movimientos y termine dentro de ella. Me separo de ella y me recuesto en la cama ella comienza a limpiarse con el papel de mi escritorio, se baja la falda y se empieza a abrocha su camisa y se pone su chaleco, voltea a verme y sonriendo me dice:

    —voy a preparar la cena cariño.

    —Si Isabel.

    Mi madre salió de mi cuarto, yo me pongo de pie y procedo vestirme, después de un rato llega mi padre, mi madre me habla para comer y mientras cenábamos casi nadie dijo una palabra, era muy incómodo el ambiente. Estaba viendo la tv con mi padre cuando llega mi madre y me dice:

    —Ya me voy a costar cariño.

    —Si ma ahorita también ya me voy adormir.

    Mi madre ahora dormía en mi cuarto en lo que mi padre se iba de la casa, después de terminar mi programa me despedí de mi padre y me fui a mi cuarto, al entra vi a mi madre con su pijama de seda, ella se estaba poniéndose crema en las manos y en los pies, me acuesto en la cama a lado de la pared, mi madre apaga la luz y al no poder dormir nos ponemos a platicar de como le fue en el día, y al final terminamos haciéndolo unas cuatro veces.

    Pasaron dos semanas cuando mi padre se fue de la casa, ahora ya vivimos solos en la casa y nos tratamos como si fuéramos una pareja de casados y follamos en todos los lugares.

  • Profesora deseada, impulso indetenible

    Profesora deseada, impulso indetenible

    A mis 18 años, era poca la experiencia con mujeres. Apenas algunos besos, algunas caricias furtivas… Aunque sí mucha fantasía, mucha imaginación. Conocía a la perfección las reacciones de mí sexo. Sabía como recorrerlo con mis dedos para provocar una erección… Sabía cuando detenerme para prolongar el momento de placer… Pero me preguntaba cómo sería cuando una mujer lo tocara, lo acariciara…

    Y todas las fantasías se las llevaba Carmen, la profesora de francés… Una mujer de unos cincuenta años, delgada, de cabello corto… Su piel muy blanca… Escucharla hablar en francés bastaba para que tuviera una erección. Recuerdo cómo me excitaba en clase… Su voz era como una caricia… Mí sexo de ponía duro bajo mí pantalón… Y entonces me movía imperceptible para provocar el roce de mí pene duro y caliente contra la tela… O me cruzaba de piernas, y apretando los músculos de los glúteos rítmicamente, aumentaba la presión de mi miembro bajo el calzoncillo… Sentía la punta húmeda… Y a veces no podía evitarlo… Metía mí mano en el bolsillo del pantalón, y apretando fuerte mí miembro, lo movía hasta acabar… Sintiendo la leche caliente en el forro del bolsillo… Y escuchaba la voz de Carmen, acariciándome… Y era como si flotara en el aire cuando acababa… Cómo si me desconectara de todo… Y pensaba si ella, o mis compañeros de darían cuenta de lo que hacía…

    En una ocasión, estaba masturbándome con la mano en el bolsillo, cuando ella se paró junto a mi banco… Llevaba una blusa blanca, de tela muy liviana. Los primeros botones desabrochados, permitían ver la piel de la parte superior de sus pechos. Pechos pequeños… Pero que insinuaban una tersura y una tibieza que me volvían loco… Y su voz…. Acariciando mis oídos… Sentía entre mis dedos, en el bolsillo, cómo mi miembro se endurecía y temblaba… Y mientras lo apretaba entre mis dedos, imaginaba que desabrochaba dos o tres botones más de su blusa con mis dedos, y mí mano se deslizaba entre la blusa y su piel… Acariciando su seno… Mi dedo se deslizaba bajo su sostén y acariciaba su pezón…. Estaba allí, parada junto a mi banco… La escuchaba hablar, podía sentir su perfume… Y sentí entonces cómo mi miembro temblaba… Y acababa… Apreté con fuerza mi glande tratando de detener la explosión de semen… Temeroso de manchar mí pantalón y quedar expuesto… Trataba de evitar que todo mi cuerpo temblara… Se tensaron mis muslos…. No sabía que hacer…

    Levanté mi mirada tras un segundo de desconexión total, y mis ojos de encontraron con los de Carmen, que seguía leyendo el texto en francés… Pensé que me iba a decir algo… Pero sin dejar de mirarme, siguió leyendo, y dio unos pasos hacia el fondo del salón. Y no sé si fue mí imaginación o si sucedió, pero sentí su mano en mi hombro, acariciándolo como al descuido… Y sentí que tocaba mí sexo con su mirada. Fue un segundo, un instante… Pero al día de hoy sigo sintiendo que esa fue la primera vez que tocó mi miembro… Su primera caricia.