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  • Sofía, la compañera de mi esposa

    Sofía, la compañera de mi esposa

    Todo inicia cuando sin querer tengo acceso al email de mi esposa y digo sin querer ya que el utilizo el pc de escritorio y dejó abierta su sesión,  la verdad siempre he tenido la sensación de que mi esposa ha sido infiel a nuestra relación, pero no digo nada porque yo también he cometido la misma falta en más de una vez. Pero esa es otra historia.

    Al tener el acceso me llamo la atención que había varios mensajes en borrador y al revisarlos había unos pantallazos de what’s app en donde le preguntan haciendo referencia a un meme que si cuando la cogen le dan tan duro que queda muy cansada y ella responde – Claro así me dejan y a ti?

    – Creo que no igual que a ti

    Lo que más me sorprendió fue que la conversación era con el novio de una compañera de su trabajo. Sofía una chaparrita de 1.50 con unas buenas curvas y un culito muy antojable para su tamaño.

    Justamente por esta relación laboral ya he tenido contacto con ella y pensé si ellos tienen algo por que no aprovechar la situación.

    Le mande un mensaje a Sofía y para mi sorpresa respondió rápidamente. Le comenté que quería un consejo de ella ya que estaba próximo el día del amor y la amistad y como ella tiene acceso a la oficina de mi esposa pues también podría ayudarme para montar la sorpresa. Quedamos de vernos en un café cercano a su oficina al día siguiente.

    Llegando a la cita la observé caminar desde el taxi hasta la mesa en donde me encontraba y aunque ya la había observado antes, no había idealizado algo más con ella. Hablamos del tema acordado y llegamos a un acuerdo, pero al finalizar le lance una pregunta que la dejó helada.

    – Confías en la relación de tu novio y mi esposa?

    – Pues… para ser sincera tengo mis dudas ya que siento que se mensajea mas con tu esposa que conmigo.

    – Ya veo!!

    – Por qué lo preguntas? Me estás poniendo nerviosa

    – Tranquila, lo que menos quiero es preocuparte. Pero descubrí algo, digo la verdad no sé que significa. Mejor mira por tu misma.

    Y le extendí mi teléfono para que viera las conversaciones y lancé un comentario más.

    – Como te digo, igual y no es nada y solo son conversaciones subidas de tono. Digo llevan más años conociéndose ellos, que tu noviazgo.

    – Perooo, por que se platican eso digo es como si el no estuviera satisfecho conmigo

    – Si lo sé, digo yo no tengo problema, cuando me cojo a mi esposa la dejó hasta que me dice que por favor ya paré porque se le rozaron los labios o cuando le rompo el culito pues se pone a llorar porque luego le duele por días.

    – Pero por que me cuentas eso? Me dijo entre sorprendida y ofendida

    – Creo que puedes ver lo que es bueno y decirle a tu novio que tú también estás bien servida y no gracias a él

    Dudo y pensó por unos minutos, mientras yo terminaba mi café.

    – Pero no puedo hacer eso y si mejor hablo con él y tú con tu esposa

    – Yo no hablaré, hoy en la noche simplemente llegaré y le daré hasta que pida que pare. A mi no me importa si se las quiere dar a alguien más, lo que si es que me tiene que satisfacer cuando yo quiera

    No se si esas palabras rompieron su guardia o le di en algún trauma, pero acepto mi propuesta.

    – Esta bien acepto lo que me propones, pero por favor no seas tan ruso conmigo, la verdad es que nunca he pasada de sexo en posición de misionero

    Pague la cuenta y nos fuimos a un motel cercano. Apenas entramos a la habitación la empecé a besar y tocar su cuerpo por encima de su traje ejecutivo. La verdad es que para su pequeña figura, las proporciones de sus senos y nalgas era muy buena. Recorrí desde su cuello hasta su cintura y subí de nuevo desabotonando su blusa, su piel olía muy rico, le quite su saco y blusa, ella desabrocha su falda en el inter y la deja caer, una muy buena visión de Sofía en ropa interior unas tetas paraditas y un culito respingón pero con buena proporción. Yo fui más rápido para quitar mi ropa y quede solo en boxer, mi verga está a reventar y salía por la parte superior la saqué y le indiqué que se acercara, ejercí un poco de presión en sus hombros para que se hincará y me diera una buena mamada la cual si fue muy buena, para decir que era tímida en el sexo, me mamaba hasta los huevos, tuve que detenerla porque casi me hace llegar de la buena succionada que me daba.

    La tome de los hombros y la levante de su posición para recostarla en la cama, no sin antes retirar su bra para poder besar y succionar ese buen par de tetas, baje lentamente y escuchaba como jadeaba de lo excitada llegue a su cintura y empecé a bajar poco a poco su calzoncito, voy a hacer una pausa porque he olido varías vaginas en mi vida y esta mujer olía de maravilla pensé tengo que comprarle el mismo perfume, jabón o crema a mi esposa, no porque no tenga un buen aroma pero ese olor delicado a vainilla era maravilloso.

    Pase a pasar mi lengua por sus labios mayores, mientras seguía masajeando sus tetas, creo que en ese punto ella perdió la poca cordura que le quedaba y empezó a decir que no me detuviera que le gustaba como lo hacía. Y yo con gusto le seguí dando lengua hasta que sentí como retorcía su cuerpo y me daba a probar su elixir.

  • La cabaña (Día 2 – parte 2): Oportunidades de la vida

    La cabaña (Día 2 – parte 2): Oportunidades de la vida

    Al momento en que Adriana se fue a su habitación, me quedé pensando en varias cosas, principalmente en ella, así como en Mari y Betsy, con quienes había más encuentros amorosos recientemente, aunado a la presencia de Itzel, con quien solo había cogido una sola vez. Fácil habían pasado dos horas cuando fui sacado de mis pensamientos al momento en que recibía un mensaje de Mari, en donde me avisaba que su hermana estaba a punto de irse. Yo no había tomado en cuenta ese detalle, el cómo Adriana se regresaría a casa, así que me dirigí a la cabaña donde se encontraba mi esposa con sus maletas.

    – Anda, deja ayudarte con tu equipaje – tomando las dos maletas que llevaba consigo y dirigiéndome a nuestro auto, pero fui interrumpido por ella.

    – Espera, no es necesario, pedí un taxi para que me lleve a casa

    – ¿Para qué?, yo puedo llevarte

    – No, gracias, me voy en taxi, ya no tarda en llegar

    – Pues has lo que quieras – soltando al suelo las maletas para después regresar de nuevo a la playa

    Toda mi “escenita” fue presenciada por Mari, Sergio e Itzel, quienes con cara de asombro no entendían la situación, sin embargo se ahorraron las preguntas en ese momento.

    Minutos después escuché el motor de un vehículo, se trataba del taxi que se llevaría a mi esposa. Solo volteé para ver cómo ella ingresaba al taxi para después irse. En mi interior sentía enojo, pero era conmigo mismo, estaba liando mi estabilidad matrimonial por mis aventuras, aunque placenteras todas ellas, sabía bien que serían simplemente eso “aventuras”, porque no podría mantener una relación estable a menos que fuera a soportar todo el escarmiento y eso no sería nada fácil.

    Decidí caminar en la orilla de la playa, quería despejar mi mente por unos instantes, así que pensé que eso me ayudaría, pero no contaba con la presencia de alguien, ya que de manera repentina fui asaltado por la figura de Itzel.

    – Hey, señor – diciéndolo en un tono burlón – deje de caminar tan rápido que ya me cansé de seguirlo

    – ¿Cómo? – estaba tan adentrado en mi mundo que no me había percatado que ya había recorrido algunos metros desde la cabaña – vaya, sí que caminé un buen tramo.

    – La verdad es que si, por eso no me quedó de otra más que hablarle.

    – Pero, ¿por qué me seguiste?, ¿necesitas algo?

    – Siéndole sincera, sí. Lo necesito a usted

    – ¿De qué hablas?, ¿es que acaso no presenciaste la escena de hace unos momentos?

    – Si, lo vi, estaba en primera fila y es por eso que lo seguí, pensé que yo le sería de ayuda

    – Por el momento no hay nadie quien me pueda ayudar, más que yo mismo

    – No lo creo, yo puedo hacerle olvidar su mal rato

    – Niña, no digas tonterías

    – ¿Niña?, pero si ya soy mayor de edad con veintitantos años y se atreve a decirme niña

    – No lo dije con esa intención, aun así no creo que puedas ayudarme

    – No me diga eso, hará que me arrepienta de haberlo seguido hasta acá

    – Pues para empezar yo no te pedí que me siguieras, además de que no estoy de humor como para otro problema más

    – Yo no soy ningún problema para usted, al contrario, puedo serle de utilidad y regalarle un momento de felicidad con todo esto – al decirlo pasaba sus manos sobre su cuerpo, intentando darme el mensaje de lo que me perdería

    – Mira Itzel, te agradezco tu intención de querer ayudar, pero te digo que no, por el momento estoy bien así

    – Ande, puede desquitarse conmigo

    – No sabes lo que dices, Itzel

    – Es en serio, conmigo puede desquitar todo su enojo, su frustración, su molestia, que yo no me quejaré con tal de que yo pueda recibir todo el placer de parte suya

    El diablo encarnado en mujer me estaba haciendo tentar, provocaba perder el control con los recuerdos de aquella vez en su casa, quien a pesar de sus veintitantos años sabía bien cómo seducir a un hombre y caer en sus redes.

    – Entonces, ¿qué dice?, mire que no soy de andar rogando e insistiendo, solo con usted puedo ser así

    – Te lo agradezco Itzel, pero en… – ni siquiera pude terminar la oración, fui callado con un beso de Itzel – espera, ¿qué haces?, nos pueden ver

    – ¿Quién? Porque no veo a nadie más por aquí cerca y si le preocupa alguien de la cabaña, de una vez le digo que no se preocupe, que todos están ocupados con sus cosas.

    – Pero aun así

    – Ya déjese de preocupar – Itzel tomó mi mano y me llevó hacia unos árboles de pino con vegetación alrededor – a ver, yo creo que aquí podemos “conversar” de más cerca – para después abrazarme por el cuello y plantarme un beso.

    Al final había conseguido su objetivo, la tentación había ganado, no quedándome de otra más que dejarme llevar, una vez más, por el momento. Le correspondí su beso, comenzando a acariciar su cuerpo y su culo, el short lycra que llevaba puesto facilitaba todo, apretujaba sus nalgas hacía mí, hasta que le bajé su short y para sorpresa mía no llevaba ropa interior.

    Desabotoné mi bermuda y la saqué por completo junto con mi bóxer, dejando libre mi verga la cual se aprisionaba con el vientre de Itzel. Ella con su mano izquierda agarró mi verga y la colocó en medio de su vagina para después moverse, comenzando a lubricarla bien, pero yo no quise esperar tanto, necesitaba sacar todo mi pesar, así que la cargué por sus piernas y la coloqué sobre mi verga, la cual despacio fue entrando en su panocha, dándole el último empujón de manera fuerte, provocando un grito de Itzel. Sosteniéndola de su culito y ella de mi cuello, comencé a moverme fuertemente, parecía una pluma entre mis manos ya que la alzaba por completo para que mi verga entrara y saliera totalmente, así estuve por unos minutos más, para después bajarla al suelo y colocarla de espaldas a mí. En esa posición, la tomé de la cintura y comencé a meterle mi verga, Itzel, con sus manos, se recargó de un pino para así poder tener más equilibrio, mientras que yo seguía con lo mío.

    Mis metidas eran intensas, sin ningún remordimiento, mi mente divagaba entre mis aventuras y mi esposa, de algún modo estaba tratando de sacar toda mi frustración, mi enojo, y quien pagaba los platos rotos era Itzel.

    – Agg… pero que fuerte… mmm… ¡desquítese conmigo!, ah, ah… así… cójame fuerte… recuerde… que estoy… aquí para… ayudarlo… deme verga… la quiero toda… ah, ah…

    No resistiría más, tanta intensidad estaba provocando querer eyacular, así que no me quedaba de otra, vaciaría todo mi semen dentro de la puchita de Itzel, la cual estaba llena de espuma blanca producto de sus jugos, y así, llegado el momento, me vine con unas fuerzas que sentí que fue demasiado semen vertido en Itzel. Ella, sin decir una sola palabra, simplemente jadeando, se dio la vuelta, tomó su ropa y desnuda se dirigió a la playa, podía ver ese cuerpo escultural brillar con los rayos del sol. Minutos después se apareció Itzel ya cambiada y con una sonrisa en su rostro, se notaba feliz por haber sido cogida después de tanto tiempo.

    – ¿Listo? – me preguntó ella.

    – Sí

    – Bueno, vayamos a la cabaña, a ver con qué novedad nos encontramos.

    Itzel me tomo de la mano para después con un movimiento hacer que mi mano quedara en su cintura, parecíamos una pareja de enamorados caminando románticamente en la arena, pero eso distaba mucho de ser real.

    – Te puedo preguntar algo – dijo Itzel

    – Si

    – ¿Quién de las tres coge mejor?

    – ¿De las tres?

    – Si, mi tía, mi prima o yo.

    – No creo que quieras saber esa respuesta.

    – Anda, dígame, prometo no enojarme.

    – Si te soy sincero, hasta ahorita Betsy es la que lleva el primer lugar.

    – Vaya… Esa Betsy se ve que ha aprendido mucho de mi, pero eso podría cambiar el día de hoy.

    Durante el trayecto final a la cabaña caminamos en silencio, ninguno de los dos dijo palabra alguna, simplemente caminamos y caminamos, hasta llegar a nuestro destino. Ya en la cabaña nos esperaban Mari y Betsy, quienes al vernos se acercaron a la puerta, Mari tomándome de la mano y Betsy haciendo lo mismo con Itzel, pero ellas dos se alejaron a su habitación, quedándome con Mari en la puerta.

    – Hey, espera, nos puede ver Sergio.

    – Sergio… Sergio está roncando de lo cansado que está, escucha – a lo lejos se podían escuchar los ronquidos de él –

    – Vaya, pero ¿trabajó toda lo noche?

    – Pues me dijo que ayer salió tarde de su trabajo y que hoy tuvo que madrugar para preparar su equipaje y camioneta.

    – Mmm, vaya, ahora sí que está sintiendo lo que es trabajar.

    – Por cierto, ¿qué tanto hicieron tú e Itzel?

    – Nada

    – ¿Nada?, no sé por qué no te creo.

    – Nada de lo que no hayamos hecho tú y yo.

    – Ah, mira, qué chistoso me saliste.

    – Ya, no te enojes, pero dejando un poco de lado este asunto, ¿qué paso con Adri?, ¿hablaste algo con ella?

    – Muy poco, solo sé que no se está sintiendo bien, tiene dudas de ti, ya te imaginarás por qué.

    – Si, la verdad es que lejos de poder solucionar las cosas, creo que las compliqué más.

    – Hey, te voy a decir algo y quiero que lo tengas bien presente. A mi hermana no la puedes dejar, una cosa son las aventuras que tienes con nosotras y otra muy distinta a que vayas a deshacer tu matrimonio a causa nuestra. Ella se merece todo lo mejor de ti y nosotras solo lo que podamos recoger de migajas, métete eso en la cabeza.

    – Uff… no sabes cómo me agrada escuchar eso de ti, la verdad me quita un poco de peso, y te prometo que haré todo mi esfuerzo por hacer feliz a tu hermana y solucionar las cosas con ella.

    – Más te vale, Samuel.

    – Lo prometo, ya verás.

    – Y cómo ves si vamos a tu habitación, tengo algo fascinante por contarte que no puede esperar a más.

    – Pero, ¿qué hay de tu marido?

    – Por él no te preocupes, está bien fundido y si acaso se llega a despertar, no podrá salir de la habitación, la cerré con llave, anda, no tengas cuidado, lo tengo bajo control.

    Y así, nos dirigimos a la habitación, donde al entrar Mari me pidió que la esperara dentro, que me pusiera cómodo y que ella regresaba en unos momentos, y así lo hice, me quité mi playera, me recosté y por unos momentos sentí que me quedaba dormido, pero justo entró Mari a la habitación.

    Sorpresa que me tenía Mari, ya que se había puesto un traje de baño de color negro de dos piezas, cuya parte de abajo era de hilo dental y que apenas cubría por el frente su hermosa vagina, mientras que el sostén le resaltaba sus pechos haciéndolos más apetitosos.

    – ¿Te gusta mi atuendo?

    – Me fascina, te ves bien sabrosa

    – Verdad que sí. Todo sea por satisfacerte

    – Pues bien, manos a la acción

    – ¡Perfecto!

    Mari se acercó a la cama, comenzando a lamer mis pezones, subiendo poco a poco por mi cuello, lamiendo el lóbulo de mi oreja derecha, estaba preparando el terreno para dar su primer ataque, hasta que recordé que Mari tenía algo que contarme.

    – ¿Y qué era eso que me contarías?

    – Mmm, veo que no te quieres quedar con la duda.

    – ¿Es algo bueno o malo?

    – Depende de cómo lo quieras ver, para mí es bueno y creo que para ti también lo será. ¿Quieres que te lo diga o lo dejamos para después?

    – Podríamos hacer las dos cosas a la vez, ¿no crees?

    – Por supuesto que sí.

    Mari se acomodó de forma que su cuerpo estaba a la altura de mi cintura, en el sitio exacto para poder tener mi pene en su boca, acción que realizó una vez que me despojó de mi bóxer.

    – Y bien…

    – Mmm… que impaciente eres Samuel

    – Quedamos que haríamos las dos cosas, ¿no?

    – Está bien – y así Mari dejó de comerme la verga, para comenzar a masturbarme con una de sus manos, mientras que con la otra procedía a jugar con su vagina

    – Pues como sabrás, desde que tú y Adriana se pusieron a platicar en la playa después de comer, nos dimos cuenta que algo saldría mal entre ustedes, digo, porque tanto como Betsy y yo estábamos viendo cómo discutían, hasta que ella entró a la cabaña llorando.

    – Ya ni me lo recuerdes.

    – Espérate, que esto sigue. Resulta que pues tú te fuiste y Adriana se fue a su habitación, por lo que la nena al ver que su tía iba llorando fue detrás de ella para tratar de consolarla y así lo hizo.

    – ¿Y tú como sabes eso?, ¿te lo contó tu hija?

    – No hubo necesidad, lo vi en primera fila. Pero no seas desesperado, déjame continuar.

    – Está bien.

    – Pues al llegar Betsy a la habitación, dejó entre abierta la puerta, por lo que se podía ver bien al interior, afortunadamente para eso Sergio ya estaba comenzando a quedarse dormido. Y ahí estaba Adriana llorando boca abajo en la cama por lo que la nena, primero, se sentó a un lado de ella, acariciándole su cabello con la intención de consolarla, para después recostarse en la cama y seguir con sus intenciones. No podía escuchar mucho de lo que la nena le decía a mi hermana, pero en cierto momento lograron hacer contacto visual, acomodándose frente a frente, por lo que Betsy la acomodó de modo tal que la tenía abrazada, mientras que Adriana tenía su cara justamente en las tetas de la nena.

    Betsy seguía acariciándole el cabello, sin embargo creo que fue poseída por la tentación porque después su mano ya no acariciaba el cabello de Adriana, ahora le acariciaba el rostro, secándole las lágrimas, para después seguir su recorrido en uno de los brazos, pero dijeras tú, era algo natural, no, se veía a leguas las intenciones de tu sobrina, porque comenzó a acariciar la cintura de tu esposa, pero por debajo de su blusa, para después llegar hasta la espalda y sin que tu amada esposa se opusiera.

    Al ver que no se negaba Adriana, Betsy siguió hasta llegar el momento en que le dio un beso en la boca, y que tampoco se negó en recibir Adriana, y la nena, ni tarde ni perezosa, se quitó su bóxer quedándose solo con su tanguita de hilo, para colocarse encima de Adriana, entrelazando las piernas y con sus rodillas comenzar <zaQa darse placer en sus panochitas.

    Era un espectáculo del cual estaba agradecida de presenciar, ya que Betsy aumentaba cada vez más su atrevimiento, desabotonando el short de su tía y quitándoselo, para después la nena bajar los tirantes de su blusa y sacar sus exquisitas tetas, lanzándose nuevamente a la boca de Adriana, quien la recibió sin mayor problema e incluso comenzando a acariciar a la nena por su espalda y, sobre todo, apretujando sus nalgas que ya bien conoces, todo esto lo hacían sin el mayor ruido posible, ya que no querían que las escucharan, pero afortunadamente para ellas yo estaba cuidándolas.

    Betsy se notaba más ansiosa por toda la situación, ya que parecía desesperada besando y acariciando todo lo que pudiera acariciar del cuerpo de Adriana, pero claro, no podía dejar pasar la vagina de su tía, ya que una vez despojada de la tanga negra que llevaba puesta tu amada esposa, Betsy se dedicó a lamer y lamer y lamer esa escurriente conchita, toda brillosa y jugosa. Adriana solo se tapaba con una mano su boca, mientras que con la otra apretaba lo más que podía la cabeza de su sobrina con la intención de que succionara toda su vagina, quien la había provocado a tener bien abiertas sus piernas a merced de la boca de Betsy, quien chupaba y mordía el clítoris de su tía.

    Pero llegó un momento en que Betsy tenía que subir de nivel, así que se quitó su tanga de hilo y aprovechando que su tía estaba abierta de piernas, se entrelazó con ella, juntando sus escurrientes vaginas y comenzando a darse placer.

    – Mira tu verga, Sam, está que explota, la cabeza está bien roja.

    – Pues con lo que haces con tu mano y lo que me estás contando, estoy bien caliente.

    – Pues entonces es momento de atraparlo en mi cueva, porque mira – Mari hizo a un lado su bikini, mostrándome lo muy mojada que estaba.

    – Pero que sabroso eso, anda, ¡súbete!

    Sin pensarlo, Mari se subió a mi cintura, hizo a un lado su tanga y se clavó mi verga en todo su esplendor para después solo inclinarse hacia el frente, haciendo movimientos lentos sobre mi pene.

    – Lo haré lento, despacio, quiero que aguantes hasta que termine de contarte la historia.

    La cara de tu esposa lo decía todo, se notaba que lo estaba gozando, mantenía los ojos cerrados mientras que con sus manos tapaba su boca, aunque por momentos las quitaba para tomar aire, jadear muy bajito y nuevamente taparse. En cambio Betsy parecía ser otra, la verdad es que no creo que estuviese consciente de que con la que estaba cogiendo era su tía, sin embargo ella no hacía ningún otro ruido, estaba completamente concentrada en darle placer a tu esposa.

    Fue así que, después de unos minutos, la nena cambió de posición, ahora estaba encima de Adriana pero sin dejar de tener contacto vagina con vagina, continuando sus movimientos, los cuales combinaba con besos, mientras que la tía intentaba masajear las nalgas de la sobrina, pero esta no se lo permitía, ya que le quitaba las manos y las mantenía unidas por encima de su cabeza, pero de forma inesperada se escuchó un ruido que, tanto a mí como a ellas, hizo que dejaran de hacer lo que estaban haciendo, provocando que Adri se pusiera de pie, dándole la espalda a su sobrina con la intención de terminar todo, pero la nena no se daría por vencida, ya que aprovechando que su tía estaba parada, se arrodilló por detrás y abrió el culito de Adriana e inmediatamente se lanzó a comerlo.

    Adriana por más que intentaba que la nena dejara de hacer lo que le estaba haciendo, el placer que en ella provocaba la hacía retractarse y continuar gozando, tanto así que no se opuso a la indicación de la nena cuando le pidió sentarse en la orilla de la cama, recostarse y abrir las piernas para después colocarlas sobre los hombres de Betsy, quien continúo comiéndole la panocha a su tía.

    Se notaba que Adri no aguantaría más, lo sabía porque arqueaba su espalda, apretaba las sábanas con sus manos y también presionaba la cabeza de su sobrina sobre su vagina, hasta que por fin pasó lo que tenía que pasar, de un movimiento Adri agarró una almohada y con ella ahogó sus gritos de placer, mientras que la nena abrió las piernas de la tía y se bebió con gusto la venida de Adriana.

    Betsy continuó comiendo la conchita de Adri, pasando solo unos minutos hasta que Adriana se quitó la almohada de la cara y dejar ver su rostro completamente rojo, producto de la excitación, por lo que la nena se puso de pie así también su tía, mirándose ambas a los ojos sin decir una sola palabra, tomando Betsy la mano derecha de su tía, poniéndola sobre su mejilla izquierda para después tomarle los dedos índice y medio e introducirlos en su boca, llenándolos bien de saliva para después dirigirla directamente hacia su puchita y metiéndolos por unos segundos, sacándolos llenos completamente de sus jugos vaginales para después Betsy lamerlos por un lado, dejando el resto de sus jugos para el deleite de su tía, quien en automático abrió su boca y saboreó el rico sabor de su sobrina.

    Pensé que el show seguiría ahora para el placer y gozo de la nena, sin embargo no fue así, de forma intempestiva Adriana sacó los dedos de su boca para decirle tajantemente a su sobrina

    – ¡Basta!, se acabó, ¡vete!

    – Pero tía…

    – ¡Que te vayas!

    El tono de voz de Adriana era de enojo, tal vez había caído en cuenta de lo ocurrido y su moral comenzaba a hacerle ver que lo sucedido con su sobrina no estaba bien. Por lo que Betsy salió de la habitación sin siquiera vestirse, dejando su ropa en la habitación para después encerrarse en la suya. Adriana, por el contrario, se sentó al borde de la cama, se inclinó sobre sus piernas y comenzó a llorar, pude notarlo porque sus sollozos así lo demostraban.

    De mi parte solo me di la vuelta y me quedé allá abajo esperando a tu regreso.

    – Pero que historia, no sabía que Adriana pudiera ser capaz de hacer ese tipo de cosas – decía esto mientras que Mari seguía con sus movimientos lentos.

    – Ay, Sam, hay algunas cosas que desconoces de Adriana, digamos que ella era de mente muy abierta

    – ¿Cosas como las que hizo con la nena?

    – Esas y otras más

    – Pero, ¿cómo?, ella nunca me ha platicado de eso

    – Por obvias razones, tonto, y ni esperes a que las cuente

    – Pero… pero ella es mi esposa, se supone que debemos tenernos confianza.

    – No te hagas Sam, por más confianza que tengan entre ustedes, siempre habrá cosas que es mejor no saber, además tú también tienes cola que te pisen, ¿o no?

    – Bueno, sí, es cierto lo que dices, pero…

    – Pero nada, mejor deja las cosas así y si ella llega a sentir la necesidad de platicarte sus cosas privadas, así lo hará

    – ¿Y tú podrías decirme alguna?

    – Por supuesto que podría, pero no voy a traicionar la confianza de mi hermana, así que mejor deja de pensar en ella y concéntrate ahora en mí, necesito que me cojas

    Sin mayor preámbulo Mari comenzó a cabalgarme, pero ahora sus metidas eran más fuerte, más intensas.

    – Ay Sam, no cabe duda… uf, no cabe duda de que estás hecho para satisfacer a la mujer… que verga más sabrosa tienes, pero sobre todo…. Ay, así, así… sobre todo tienes un aguante, que ni Sergio se compara contigo… dame, dame toda tu lechita, quiero leche, ¿me la vas a dar?

    – Toda la que tú quieras amor

    – Entonces, déjame probar algo que vi en internet

    Al oír esto de Mari me sorprendió un poco, no sabía bien a lo que se refería, solo esperaba que no fuera nada raro, pero vaya sorpresa que me tenía, era algo que no esperaba.

    Mari se bajó de mi verga para después pedirme que alzara mis piernas, colocándose detrás de ellas, quedando frente a mí, después me pidió que las flexionara hacia mi pecho y que las mantuviera así, sosteniéndolas con mis manos, mientras que ella tomaba mi pene y en esa misma posición se la ensartó, comenzando a moverse para enfrente y atrás, la imagen era espectacular, una posición que nunca había intentado hacer, sin embargo era tan placentero que me dejé llevar, la escena parecía que era Mari quien me cogía a mí.

    – Así Sam, déjame cogerte… ¿te gusta cómo lo hago?

    – Me encanta Mari

    – Entonces lléname de leche… llena de leche a esta puta calenturienta

    Vaya que Mari sabía lo que hacía porque no tardé mucho en venirme, era tanta mi excitación que fue mucho semen el que vertí en el interior de mi cuñada, quien una vez concluida la faena solo se paró, bajó de la cama y sin más se fue así, chorreando de semen, sin decir una sola palabra pero sí con una sonrisa de gozo y satisfacción, mientras que yo me quedé ahí, recostado, para después solo taparme con una sábana y quedarme dormido hasta despertar por la tarde.

    Ya despierto me di una ducha, para después bajar y toparme en la mesa a Sergio, quien se encontraba solo tomando unas cervezas.

    – Que tal Samuel

    – Hey, Sergio. Y eso, ¿por qué estás solo?

    – Pues no tiene mucho que me desperté, estaba un poco cansado así que dormí un poco y pues Mari está en la habitación durmiendo, mientras que las jovencitas están en su habitación, yo creo que también están descansando porque no he escuchado ruido.

    – Ya veo

    – ¿Quieres una cerveza?

    – Si, te la acepto

    Sergio se levantó de la mesa y se dirigió a la cocina donde estaba el refrigerador, dejando en la mesa su celular, momento en que le llegó un mensaje por Whatsapp, el remitente aparecía como Keren y el mensaje decía “Hola corazón”, después otro “Te extraño mucho, quiero estar contigo” y uno último “Voy a llamarte, pero quiero que me contestes, no me ignores”, pasando solo unos segundo para después comenzar a sonar el celular de Sergio, quien al escucharlo rápidamente regresó por su teléfono, dándome una cerveza, y contestando la llamada, en efecto era la misma persona Keren. No me pude imaginar otra cosa que no fuera alguien de su trabajo y que, posiblemente, tuviera cierta confianza con Sergio como para haberle enviado esos mensajes y que lo más seguro fuera su aventura.

    Sergio tardó unos minutos mientras atendía su llamada, se le podía ver un tanto nervioso, continuamente miraba hacia el interior de la cabaña, yo creo que para cerciorarse de que no estuviera Mari presente, y así continuó por unos minutos más, hasta que colgó, al regresar comenzó a platicar conmigo como si no pasara nada.

    – Oye Samuel, ¿todo bien con tu esposa?

    – Pues más o menos, digo, tú lo viste hace un rato

    – Sí, es una pena que ustedes estén pasando por eso, pero por mi experiencia, es algo que podrán solucionar ustedes, solo será temporal, pero al final harán como si no hubiese pasado nada.

    – ¿Tú lo crees?

    – Sí, con Mari me ha pasado lo mismo y mira, aquí estamos

    – Si, espero que también suceda lo mismo

    – Oye Samuel por cierto, necesito pedirte un favor

    – Dime

    – Verás, recibí una llamada de mi jefe, quiere que le ayude mañana a supervisar una casa que está construyendo con un cliente muy importante para él, y pues quería pedirte que de favor te hicieras cargo de Mari y las jovencitas locas porque tendría que irme hoy por la noche para descansar un poco y mañana temprano poder ir con el ingeniero, ¿podrás?

    – Si, por supuesto, no te preocupes, yo me hago cargo

    – Perfecto, esperaré a que despierte Mari para decirle

    Continuamos platicando de otras cosas, no pasando mucho tiempo hasta que Mari se hizo presente, quien muy amablemente se ofreció a preparar la cena, después se sentaron a la mesa Betsy e Itzel, ambas con una cara de felicidad que ya me imagino el por qué. Todos juntos cenamos a gusto, Sergio no hizo mención de su escapada, creo que estaba buscando el momento para poder decirle a Mari. Una vez finalizada la cena, las jóvenes se fueron a la playa, no sin antes advertirles que no se metieran al agua, mientras que Mari y Sergio se encargaban de ordenar la mesa para continuar después en la cocina, por lo que los dejé solos, sería la oportunidad de Sergio para decirle a Mari.

    Me dirigí a la playa, el sol estaba ya escondiéndose para darle paso a la noche, quedándome en la carpa, contemplando a ese par de jóvenes que eran unas máquinas sexuales. Ellas no se habían percatado de mi presencia, ambas carcajeaban sin pena, solo llevaban puestas sus licras negras con sus tops y aun así se veían estupendas.

    A lo lejos se escuchó el rechinido de llantas, me imaginé que se trataba de Sergio, para después llegar Mari y sentarse a un lado de su hija y sobrina, ninguna de las tres se había percatado de mi presencia, pero de forma repentina tanto Itzel como Betsy, hicieron ademanes de alegría así que decidí acercarme a ellas.

    – ¿Y por qué tanta risa?

    – Pues verás – comentó Mari – mi querido esposo se acaba de ir, según por un compromiso de trabajo – diciendo esto con tono sarcástico.

    – Oh, ya entiendo

    – Y pues estamos contentas porque hoy será nuestra gran noche – dijo Betsy- así que prepárate porque hoy no dormiremos, solo cogeremos – levantándose las tres al mismo tiempo para después irse a la cabaña –

    Lo que pasó esa noche será algo que jamás olvidaré.

  • La fiscal: Final cerrado

    La fiscal: Final cerrado

    La puta de Poggioreale

    Los cuatro guardias, levantaron a Silvia en volandas y la llevaron al fondo de la celda. Había un viejo potro de madera y hierro, al que fue atada con los brazos a un lado y las piernas del otro, bien separadas. De una cadena que pendía del techo, sujetaron su cuello, dejando la cabeza levantada permanentemente, y sus dos agujeros totalmente accesibles.

    Desde este momento serás tres agujeros para todo el que quiera usarte, dijo uno de los guardias riendo, acostúmbrate a este potro, hasta que nos cansemos o mueras, este será tu hogar, disfrútalo, jajaja

    Y diciendo esto, se bajo los pantalones y metió su polla en la boca de Silvia. Con una arcada por el olor nauseabundo de aquel asqueroso guardia, comenzó a chupársela para no ahogarse con ella, pues a pesar de ser corta, era bastante gruesa. Sintió un pinchazo en su culo, y a la vez unos dedos hurgando su entrepierna y su ano. La sensación conocida de euforia y embriaguez empezó a apoderarse de ella y la lascivia y el deseo, comenzaron a llegar. Alguien comenzó a taladrarla por detrás con rudeza, mientras unos dedos se perdían en su culo. Estaba de nuevo muy excitada.

    Toma, métele la porra por el culo, que le está gustando, dijo otro de los guardias, alcanzando su porra a quien la estaba follando muy profundo por detrás.

    Mientras el guardia que le estaba follando la boca, la jalo fuerte por el pelo, y comenzó a correrse, entre gruñidos, en el fondo de su garganta. Cuando se retiró, Silvia apenas pudo tomar una bocanada de aire, y otra polla, esta vez de un magrebí recluso, de un tamaño bastante considerable, se hundió de nuevo en su garganta, mientras sentía algo frio y duro entrando profundamente en su culo. Los envites en su coño se hicieron más profundos y rápidos, y mientras sentía que una caliente descarga de semen la inundaba por dentro, estallo en un orgasmo, jadeando y gimiendo, retorciéndose lo que sus ataduras le permitían, para deleite de todos los presentes. El moro, saco la polla de su boca, se colocó detrás, le retiro la porra del culo, y la reemplazo por su miembro. Comenzó a encularla fuerte y profundo, durante más de 10 minutos que se le hicieron eternos, pues el dolor era grande, después del estado en que la había dejado el Ruso. Otro de los guardias metió su aparto en la boca de Silvia, que a pesar del sufrimiento de su enculada, empezaba estar otra vez muy excitada. Su cuerpo, presa de la droga suministrada, iba por libre y era ajeno al dolor, es más, crecía la excitación con él. El moro se aferro con dureza a sus prominentes nalgas, hundiendo sus dedos en su tersa carne, y entre jadeos y gruñidos, se corrió abundantemente dentro de su culo. Saco su polla completamente empapada de semen, y restos de excremento y sangre; el guardia se retiró de su boca y fue a follarla, mientras el moro le metía el miembro en la boca para que se lo limpiara. Silvia no pudo contener la arcada, por lo profundo que se al metió, y el asco que le dio el aspecto y olor de la polla del moro, y vomito, saliendo parte por las comisuras de los labios, por el poco espacio que el tamaño del falo permitía, y teniendo que tragarse de nuevo el resto. Hamid, pareció volver a excitarse con aquello, y empezó a follarle la boca muy profunda, hasta correrse una vez más dentro de su boca, de forma abundante. Sintió como el guardia se corría también dentro de ella. Uno a uno, los más de 40 presos y guardias, se fueron turnando para follarse a Silvia, por todos sitios. Estaba exhausta, dolorida, sudada, regueros de semen salían de todos sus agujeros, mezclados con algo de sangre y sudor. Se reconfortó pensando, que en esa postura, sus maltrechas tetas, tendrían un pequeño descanso, por que la postura las hacía un poco inaccesibles. El guardia gordo, se colocó delante de ella, sosteniendo una cámara con una mano y su maloliente polla en la otra:

    Sonrié para don Mateo, zorra, dijo, y comenzó a orinarle en la cara mientras se reía sonoramente. Silvia estaba psicológicamente rota, tanto, que se dejo llevar, se relajó, y soltó también su orina, que llevaba rato ya reteniendo a duras penas, pues las violaciones constantes, le hacían muy difícil ya mantener el control.

    Los días y las noches, se sucedieron sin control alguno, era usada a cualquier hora, por cualquier sitio, por cualquiera que se le antojase. Cuando el hedor era insoportable, le daban un lavado a base de manguera, para volver de nuevo a ser usada. Ya ni siquiera la tenían atada, estaba tirada como el despojo humano en que se había convertido, en un catre sucio, en una celda del pasillo, abierta para todos a todas horas. Llevaban tiempo también sin inyectarle nada, tampoco hacía falta, pues sabia cual era su futuro, y que de aquel infierno, solo saldría su cadáver, así, que para que resistirse y llevar una paliza? Su fin, era satisfacer a aquella panda de monstruos, que una vez, había conseguido encarcelar. Lo cierto es, que con el paso del tiempo, los presos se fueron cansando de ella, la falta de resistencia por su parte, así como lo descuidado de su cuerpo, con el bello sin depilar, y extremadamente delgada, les fue poco a poco haciendo perder el interés.

    Un día, entro un guardia al que no reconoció y le tiró un mono de preso

    Póntelo y levanta, vamos, ordenó

    Silvia obedeció

    La guió hasta una planta superior de la prisión, y la metió en un cuarto, limpio y ordenado, nada que ver con el dantesco infierno de las plantas de abajo. En el fondo del cuarto habia un baño, totalmente equipado

    Entra, dúchate y aséate, ponte presentable, tienes de todo. Depílate totalmente. Tomate tu tiempo, no tienes prisa. Cuando termines tendrás aquí comida y bebida. No hagas ninguna tontería, te estamos viendo, espetó el guardia, firme, pero con tono amable en comparación con lo que llevaba sufrido. Silvia sintió volver a la vida, cuando se metía bajo la cálida lluvia del difusor de la ducha, y más aún cuando su cuerpo sintió la suavidad del perfumado gel. Tomo una crema depilatoria y poco a poco fue retirando todo el bello que le había crecido, principalmente en su pubis, pues el resto del cuerpo, lo depilaba con laser, y prácticamente ya carecía de él. Después de terminar, se aplico una crema hidratante, y vistió otro mono limpio que habían dejado allí. Salió a la sala, donde un generoso almuerzo, con café caliente y zumo, aguardaba.

    Tras comer y beber, se tumbó un rato en la agradable y mullida cama. Durmió como un niño pequeño. Perdió la noción del tiempo, cuando la voz del guardia la sobresaltó:

    Espero que hayas descansado a gusto, acompáñame.

    El guardia la acompañó al despacho del Alcaide, picó a la puerta y mandaron pasar

    Un hombre de unos 50 años, delgado y alto, de pelo entrecano y barba muy arreglados, vestido con un elegante traje, los recibió dentro

    Hola Silvia, siéntate por favor, dijo

    Silvia, obedeció sin rechistar.

    Sé que has pasado un infierno hasta estar en este cuarto, y yo estoy aquí para hacer que termine, si tú quieres, dijo

    Por cierto, soy un mal educado, me llamo Sebastián y soy el alcaide de este infierno. Como decía, tus días aquí pueden cambiar.

    Silvia, instintivamente, se bajo la cremallera del mono, dejando su cuerpo desnudo a la vista, y se arrodillo delante de Sebastián mientras se disponía a soltarle el cinturón del pantalón.

    Pero que haces, no, no, vístete por favor, todo a su debido tiempo, jeje, dijo el alcaide

    Silvia se sintió contrariada, no entendía nada.

    Aceptas terminar con este infierno, deduzco, no?, bien firma este papel, y todo lo malo terminará.

    Silvia terminó de vestirse ojeó el papel, que era una especie de contrato y miró al alcaide:

    Voy a convertirme en tu fulana? Es lo que me pides que firme?

    *Mi fulana, suena horrible. Te ofrezco una salida, ganar dinero los dos, follaras solo con personas de alto nivel, a cambio de dinero, y quizás algún día tu libertad, pero mientras con una vida, aunque sea aquí. Eso o volver a la cloaca de la que te saqué y, con toda seguridad, morir allí. Es tu decisión.

    Silvia, por un momento, vio una luz al final del oscuro túnel en el que estaba desde hacía meses, y sin dudar, firmó.

    *Bien por ti, por nosotros, has tomado la mejor decisión posible. Mientras decía esto, pulso el timbre para que el guardia entrara.

    Ya está, acompáñala a la enfermería, y que comiencen todo el proceso. Silvia, bienvenida a la vida, de nuevo.

    En la enfermería, que parecía una clínica privada, y estaba claro que no era para los presos de abajo, había material para todo tipo de intervenciones e incluso un pequeño quirófano.

    3 enfermeras y una doctora la recibieron.

    Buenos días, soy Ana, te cuento como será el proceso, dijo una de las enfermeras

    Lo primero serán análisis completos, para buscar y tratar cualquier cosa que esos bestias te hayan podido contagiar. Trataremos todo lo que tengas, y eliminaremos esas dos marcas de fuego con cirugía estética mediante laser. El anillado, permanecerá, es muy sexy y gusta. Si por un casual estas embarazada, realizaremos un aborto y después una ligadura de trompas, para evitar posibles en el futuro. Ponte cómoda, estarás aquí un tiempo.

    Pasaron varias semanas en la enfermería. Los análisis habían sido positivos en Hepatitis y sífilis, además de ser positivo el test de embarazo, de unas 9 semanas. Fue interrumpido y hecha la ligadura, tratadas las enfermedades y la anemia que tenía, así como las marcas de don Mauro a fuego. Además le habían puesto una rutina de ejercicios y dieta. Había recuperado su espectacular físico, y mejorado, pues ahora, por primera vez en su vida, un sexy sixpack marcaba su vientre. El resultado era asombroso. Solo quedaba la secuela de las pesadillas que le atormentaban el sueño, por lo que le dieron un tratamiento para poder dormir. Silvia, había vuelto.

    El alcaide, acompañado de su guardia, se presento aquella mañana.

    Buenos días Silvia, me comunican que estas lista, y veo que así es, estas preciosa, incluso con ese pijama, acompáñanos, tu nueva vida, empieza hoy.

    La llevaron al cuarto donde la transformación había empezado. Llamó su atención un armario abierto, que no recordaba, lleno de ropa, toda nueva, de marcas conocidas pues aun llevaban la etiqueta.

    Acomódate y descansa. Paso a recogerte a las 8, estate lista. Sobre la cama tienes lo que debes ponerte, y diciendo esto, Sebastian se marchó

    Un vestido de Gucci, azul, de generoso escote, y largo, con abertura por un lado, un conjunto de lencería, también azul, con un minúsculo tanga, medias y zapatos de medio tacón, también en azul. Parece que esta noche toca fiesta, pensó Silvia.

    Cuando el guardia pico y entro en el cuarto, quedo perplejo ante la imagen que se encontró. Silvia lucia impresionante con el vestido y los tacones. Su generoso pecho, resaltado por el relleno del sujetador, y la larga abertura lateral del vestido, dejaban ver unas perfectas y moldeadas piernas, resaltadas por el tacón del zapato. El pelo recogido en una coleta caía sobre su hombro derecho, y un delicado y suave maquillaje cubría su cara. Nadie diría que era el despojo que había rescatado de las cloacas inmundas del fondo de Poggioreale.

    Sebastián soltó una exclamación de asombro al verla.

    Superas todas las expectativas, dijo sonriendo, nos vamos a hacer de oro. Acompáñame al coche, y tomándola del brazo, subieron al Alfa Stelvio negro que aguardaba a la puerta.

    Tardaron una media hora en llegar a una lujosa casa, con varios guardias custodiándola. Coches de alta gama, entre ellos varios Ferrari y un Bugatti, esperaban aparcados fuera a sus propietarios.

    Bien, hoy es tu debut, espero que des la talla. No hagas tonterías, llevas un implante cerca de tu cerebro. Es un localizador, que además incorpora un pequeño explosivo. Tu vida está en mis manos, no lo olvides. Aquí hay mucho dinero y veras caras muy conocidas. Muchos te conocerán a ti también, y eso es lo que nos interesa. Van a pujar por pasar la noche contigo, el ganador podrá hacer lo que quiera contigo en esas horas, menos dejarte marcas permanentes o mutilarte. Harás lo que te pidan. El 30% de cada subasta es tuyo, un 10% adicional es para pagar la deuda que tienes conmigo por haberte comprado a Don Mateo, y el otro 10 para Julio, mi escolta, que velara por tu seguridad en todo momento. Yo me llevo el otro 50, ok? Pues vamos a ganar dinero dijo, dándole un beso en la mejilla y abriendo la puerta.

    Entraron en la lujosa casa, y dos chicas de unos 20 años, completamente desnudas les guiaron a través de los pasillos a un gran salón en el piso superior. Unas 30 personas estaban dentro. En alguna esquina, había chicas desnudas haciendo felaciones a hombres de pie, que copa en mano, hablaban entre ellos, como ajenos a las mamadas que estaban recibiendo. Unas 15 personas, entre ellas varias mujeres, esperaban alrededor de un atril, adonde Silvia fue acompañada. Sin duda era el plato estrella de la Noche.

    Antes de subir, le retiraron el vestido. Lucía esplendida con el conjunto de ropa interior. Una voz hizo la presentación, llamando la atención de todos los presentes.

    Nuestra subasta especial de hoy, dijo. Desaparecida en extrañas circunstancias hace menos de un año, Silvia Avantos, la fiscal que logro encerrar a Don Mateo, vuelve hecha una diosa del sexo, y como pueden comprobar, en un estado físico asombroso. Ya saben las reglas, la puja empieza en 6000€ por 8 horas.

    6000, dijo una voz masculina

    6500, dijo otra

    8000 se oyó de una voz femenina

    Silvia miraba atónita a cada puja, no se lo podía creer, de verdad alguien pagaría 8000€ por estar 8 horas con ella? La puja continuaba.

    9000, dijo el primer hombre, que era uno de los que en una esquina recibía momentos antes una felación de una joven morena.

    12000 dijo otra mujer.

    20000, la voz vino de la puerta del salón y todo el mundo se giró para ver quien había pujado semejante cantidad. Silvia sentía también mucha curiosidad..

    Una silueta femenina, acompañada de otras dos mujeres, entro en escena. Lucia alta y esbelta, en un mono de latex, que dejaba poco a la imaginación, de su cuerpo. Dos pechos de generoso tamaño amenazaban con desgarrar la fina capa que los cubría. Una larga melena, caía desde sus hombros, rubia y lisa. Sus acompañantes, de apenas 25 años, completamente desnudas, salvo por el minúsculo tanga, también de latex, el collar de perro unido a sendas cadenas que la mujer llevaba, y una mordaza en la boca en forma de bola.

    20000 € ha ofertado la señorita Valvidares, nuestra anfitriona de esta noche, alguien da mas??

    En la sala solo hubo susurros, pero nadie mas pujo.

    20000 a la 1, 20000 a las 2, adjudicada en 20000 € a la señorita Valvidares, que la disfrute. Pasamos al siguiente lote.

    Silvia vio como su postora, daba indicaciones a un hombre de traje, mientras la bajaban del atril y la reemplazaban por dos mulatas gemelas de unos 30 años, completamente desnudas.

    El hombre del traje tomo el vestido de Silvia en una mano, y con delicadeza, la tomo del brazo para dirigirla fuera del salón, por una puerta trasera, escaleras abajo.

    Entraron en una habitación a través de una puerta tapizada en piel. El cuarto estaba totalmente forrado de piel roja, probablemente insonorizado, y equipado hasta en el mas mínimo detalle, con todo tipo de artilugios, juguetes y muebles, destinados únicamente al sexo, al dolor y al placer. Muchos de ellos eran conocidos por Silvia, y un escalofrío recorrió su cuerpo. La voz del hombre la saco del trance.

    Desnúdate completamente y deja toda tu ropa sobre esta silla, vete a los pies de la cama, arrodíllate con las manos atrás y la mirada al suelo, y espera. En 8 horas paso a recogerte, y dicho esto, se giro y salió por la puerta. Silvia obedeció las instrucciones al momento.

    La puerta volvió a abrirse y entro la mujer con sus dos acompañantes. Al cerrar la puerta, soltó las cadenas y las chicas se arrodillaron a ambos lados de la misma, en la posición que ocupaba Silvia. La mujer se acerco a ella, se inclinó tomándole la barbilla y le alzo la cabeza mirándole a los ojos.

    Ponte en pie, no tengas miedo.

    Me llamo Ángela, se bien el infierno que has pasado, y, de alguna manera me siento en deuda contigo. Ven, túmbate en la cama. Y diciendo esto le dio un suave beso en los labios.

    Silvia se tumbó y Ángela, delicadamente le quito la poca ropa que le cubría. Ella hizo lo propio, quedando completamente desnuda y dejando a la vista un esculpido cuerpo, moldeado a base de horas de ejercicio y duras dietas, para retrasar el paso del tiempo. Aun así, Silvia calculaba que tendría más o menos su misma edad. Ángela continuó besándole por el cuello, delicadamente, bajando poco a poco hacia sus pechos, atrapando uno de los anillados pezones entre los labios, y mordisqueándolo suavemente. Silvia sintió un escalofrío de placer que recorrió todo su cuerpo, y sintió como su interior se humedecía. Ángela continuó bajando, besando su vientre y lamiendo su ombligo, bajo hasta su depilado pubis, pasando suavemente la lengua por sus labios, para buscar entre ellos el clítoris. Lo humedeció un poco y comenzó a lamerlo y succionarlo suavemente, mientras introducía un dedo en su mojado interior. Silvia estaba muy excitada, y se dejaba hacer, hacía mucho, mucho tiempo que no disfrutaba tanto, antes incluso que su secuestro, con su última pareja. Jamás había estado de manera consentida con una mujer, y lo estaba disfrutando. Ángela se fue girando y su depilada vagina se abría frente a la boca de Silvia. Esta levanto ligeramente la cabeza, saco la lengua y lamió suavemente los labios de Ángela. Continuó lamiendo e introduciendo la lengua en su interior, alternando con el clítoris que se erguía exultante ante aquellas inexpertas maniobras, pero que arrancabas gemidos de placer de Ángela. Continuaron un rato así, hasta que simultáneamente ambas comenzaron a sentir un orgasmo que arrancaba desde lo más profundo de su interior.

    Ángela tomo entonces un consolador de unos 60 cm de largo, terminado en glande por los dos extremos. Introdujo sin dificultad uno dentro de Silvia, mientras hacía lo propio con el otro en su interior. Se tumbo frente a ella, ambas insertadas por el falo de goma, y tomándolo con la mano comenzó a meterlo y sacarlo en ambas, consiguiendo el segundo orgasmo simultaneo en pocos minutos. Silvia estaba fuera de sí, con tanto placer y delicadeza. Una vez sacado el amante de silicona de ambas mujeres, se tumbaron juntas.

    Porque me tratas así de bien, si me puedes hacer lo que quieras? Has pagado todo ese dinero para hacerme el amor? No lo entiendo.

    Hace tiempo, pase el mismo infierno que tú. Cuando me enteré que Don Mateo te tenía presa me pude imaginar por lo que ibas a pasar he hice lo posible por rescatarte. Tu sufrimiento, si quieres ha terminado, quédate conmigo, me gustas mucho.

    Me encantaría, de verdad, nunca había sentido lo que tu me has hecho sentir en este poco rato, y me gustas, de verdad, nunca pensé que le podía decir esto a otra mujer, pero has de saber que me han implantado un chip que si no…

    Chsss le interrumpió Ángela. El chip solo es un localizador, no lleva explosivo.

    ¿Cómo lo sabes?

    Porque yo orqueste tu salida de aquel agujero, acaso crees que el Alcaide tiene poder para sacarte de allí? Llevo meses preparándolo, el localizador era solo para garantizar que hoy, ahora, estarías aquí. Lo siento.

    No lo sientas, te estoy muy agradecida, y no se me ocurre un lugar mejor donde estar.

    Eso significa que te quedas?

    Si, por supuesto.

    Perfecto, dijo mientras le besaba profundamente en la boca. Si quieres vengarte de todo lo que te han hecho, lo que nos han hecho, tengo el dinero, el poder y los recursos suficientes para poderlo llevar a cabo, y tu los contactos en la fiscalía.

    La fiscalía también esta corrupta, dijo Silvia.

    Lo sé, por eso el primer paso será hacerte Fiscal Jefe.

    Y dicho esto volvieron a hacer el amor durante toda la noche.

    FIN

  • Playa y restaurante. Voyerismo

    Playa y restaurante. Voyerismo

    El sol aparecía y desaparecía creando sombras sobre la playa. Las conversaciones de la gente apenas se oían engullidas por el rugir del mar, por las olas rompiendo y pintando de blanco la orilla.

    El tipo maduro se sentó sobre la toalla, bajo la sombrilla de flores. Llevaba gafas de sol y observaba.

    A metro y medio un grupo de chicas tomaba el sol. Una de ellas, tumbada boca abajo llevaba bikini tanga. Sus nalgas morenas, de buen tamaño, se veían algo flácidas. A su lado, boca arriba, una rubia de piel blanca y con las tetitas al aire brillaba con la piel untada en crema solar. La tercera y última de pelo corto yacía boca abajo. Los codos apoyados en la toalla, cascos en las orejas y gafas. Su trasero pequeño y prieto, cubierto por un bikini blanco mojado, semi transparente, se movía al ritmo de la música.

    Frente al tipo maduro, paso una pareja. El con tatuajes, bronceado. Ella con escote generoso. Los ojos del voyeur les siguieron con la mirada, deteniéndose en el paso trote de la chica. Sus muslos con algo de celulitis, la tela del pantalón de bikini medio engullida por la raja, las nalgas temblonas y con granitos.

    El hombre volvió a deleitarse con los panderos y las tetas de sus vecinas, recordó el andar de la joven que acababa de pasar y distraídamente, se tocó el pene. Estaba haciéndose grande. Optó por levantarse de la silla, quitarse las gafas y meterse en el agua. Una ola le empapó el bañador. Siguió caminando un poco más. Se detuvo. Tenía ganas de orinar e hizo lo que muchos otros, en ese momento, estarían haciendo. Luego, deslizó la mano bajo el bañador y comenzó a masturbarse. Las olas, la espuma, dispersaron el semen.

    Veinte minutos después se sentó en la terraza de un restaurante de playa. Camareros y camareras iban de aquí para allá. Todos vestían pantalones negros ajustados y camisas blancas.

    Pidió el menú y volvió a fijarse.

    Una de las camareras llamó su atención. Tenía cierto atractivo y algo de carácter. Su culete redondito apenas temblaba cuando iba de aquí para allá atendiendo comensales.

    A él le tocó ser atendido por un chico con gomina en el pelo. El postre se lo sirvió una chica con coleta y voz dulce. Su trasero caído no carecía de cierto interés. Sin embargo, el tipo siguió a la del culete redondito. La vio discutir con un hombre, tal vez el dueño. Este trató de calmarla y luego ambos entraron en el local.

    El hombre que miraba decidió ir a mear, esta vez en un cuarto de baño. Al pasar por las cocinas, se paró, escondiéndose entre las sombras.

    – ¿Qué te pasa hoy?

    – Nada, ¿y a ti?

    – Ahí fuera hay clientes. Si tienes algo que decir me lo dices aquí. Fuera se guardan las formas. ¿Está claro?

    – Y un huevo. – respondió la camarera.

    – Mira, si pudiera te echaba ahora mismo.

    – Sí, écheme. Écheme y le denuncio.

    – ¿Denunciarme? Bien, si vas a hacerlo al menos que sea por algo.

    – Déjame, dé…

    Sonido de forcejeo y golpes secos.

    – No… los pantalones no.

    El mirón se asomó.

    La camarera tenía el culo desnudo y el dueño la estaba dando azotes en las nalgas con una cuchara de madera que dejaba marca.

    Oyó ruido y decidió seguir su camino al baño.

    Al volver a la mesa vio a la camarera hablando con los clientes. Su tono formal, neutro. Tomo nota de algo y fue hacia el interior.

    Segundos antes de desaparecer se frotó el culo.

  • Mi Uber mejor calificado

    Mi Uber mejor calificado

    Enero en mi ciudad es una agonía.  Toda la intensidad del verano sumada a no tener ningún lugar donde escaparle. Si te movés en auto, sufrís el tránsito. Si te movés en transporte público, además de sufrir el tránsito, viajás hacinado, sintiendo la transpiración caliente y pegajosa del resto de los pasajeros en tu piel. Si decidís caminar, el rayo de sol en la cabeza te liquida. Todas las opciones parecen lo suficientemente malas, excepto quedarte en casa con aire acondicionado.

    Aquel día de enero había estado haciendo trámites toda la mañana. Estaba agotada, física y mentalmente. No había comido más que el desayuno, y había sobrevivido varias horas únicamente a base de una botella de agua bastante caliente. Según mi celular estaban haciendo 34°C, a los que se le sumaba una humedad insoportable. Salí del banco a las 14:15 h, sin haber resuelto lo que debía resolver, y deseando que se largara a llover torrencialmente para calmar mi sufrimiento.

    Estaba a varios kilómetros de mi casa. Pedí un auto desde la aplicación de Uber, y me ubiqué debajo de un balcón buscando un poco de sombra. Estuve esperando sin éxito durante 15 minutos que parecieron una eternidad, ya que en días como aquel la demanda era muy alta. Varios conductores cancelaron mi viaje, hasta que por fin un tal Ignacio aceptó. Llegaría 5 minutos después en un Ford Fiesta color gris. Cuando estacionó en doble fila sentí una felicidad absoluta dentro mío: aire acondicionado, por fin.

    Me subí en el asiento de atrás, del lado derecho, y saludé a Ignacio amablemente, pero sin mucha energía.

    -Hola -dije.

    -Hola -me respondió mirándome por el espejo retrovisor- no me digas que tenés calor! -agregó con divertido sarcasmo.

    Me reí con pocas fuerzas, pero su buen ánimo me cayó bien.

    Ignacio era un muchacho de unos 35 años, con pelo corto y castaño, una barba no muy larga, ojos marrones, y una sonrisa muy linda.

    Me di cuenta al instante de que algo de él me había gustado. De repente sentí que me gustaría haberlo conocido estando más presentable, menos transpirada, sin el pelo desprolijo y atado en un rodete. Sin embargo, me gustaba estar vestida como estaba. Llevaba un vestido muy fino y corto, suelto y floreado. Tenía cierto escote, pero sin llegar a ser muy prominente. En los pies llevaba unas sandalias negras sin plataforma, bien cómodas.

    El tránsito estaba bastante intenso, ya que era un viernes de verano y la gente aprovechaba para escaparse el fin de semana del infierno de la ciudad.

    -Te gusta esta música o preferís que la cambie? -me preguntó rompiendo el silencio.

    -Sí, me encanta. Cuánto tráfico que hay, no?

    -Los viernes son complicados, pero por lo menos tenemos música y aire acondicionado.

    -La verdad que sí -le dije sonriendo.

    Seguimos el viaje en silencio. Yo miraba por la ventana, y a cada rato volvía mi mirada hacia Ignacio. Empecé a notar que con bastante frecuencia él también me miraba por el espejo. A veces me sostenía la mirada durante unos segundos, lo cual lograba ponerme nerviosa. Me gustaba que me mirara, porque no lo hacía como esos tipos que te miran las tetas de manera desagradable. Él me miraba a la cara con un gesto de interés, como si me estuviera leyendo.

    Por dentro empecé a fantasear con él, y de a poco me empecé a calentar. Cuando me di cuenta de eso me dio mucha vergüenza y traté de disimularlo. Sin embargo, seguí pensando en él, en cómo sería besarlo o tocarlo, y la idea comenzó a escalar y escalar. Mis piernas se habían abierto levemente y trataba de frotarme por encima de mi ropa interior, muy despacio para que Ignacio no lo notara. Él seguía mirándome cada tanto a la cara, y eso aumentaba mi morbo.

    Los minutos pasaban, y yo cada vez me frotaba con más ímpetu, y supongo que mi cara o mis movimientos me deben haber delatado. En un momento supe que el conductor se había dado cuenta y tuve mucho miedo de haberlo incomodado, ya que realmente me parecía una persona muy agradable y no me gustaba la idea de acosarlo. Frené por completo mi impulso de continuar, retiré mi mano y cerré mis piernas.

    -Te inhibí? Me gustaba mucho lo que estabas haciendo. -me dijo con una sonrisa entre seductora y burlona.

    -Qué cosa? -dije creyendo ingenuamente que podría no haberse dado cuenta.

    -Te estabas tocando, y yo me estaba ilusionando con que lo hacías pensando en mí.

    Se hizo un silencio que duró unos cuantos segundos, mientras yo pensaba qué responder. ¿Qué estaría pensando de mí? ¿Que soy una loca? ¿Una acosadora? ¿Que siempre me toco delante de desconocidos? Jamás en la vida había hecho eso. ¿Estaría perdiendo la cordura lentamente?

    -Sinceramente me estoy muriendo de vergüenza. Pero sí, estaba pensando en vos. No quería que me vieras, la verdad.

    -Me encantaría que sigas. Tu nombre es Candela, no? -me dijo mirándome a los ojos de una manera tan profunda que me costaba mucho sostener la mirada.

    -Candela, sí. Que siga?

    -Que te sigas tocando. Me gusta mirarte.

    -No vamos a chocar si sigo? -le dije con una risa nerviosa.

    -Mirá cómo va el tránsito… Estamos prácticamente quietos.

    Le sonreí y volví a abrir muy levemente mis piernas. Me daba mucho pudor estar tocándome a plena luz del día, en un Uber, con un desconocido y siendo completamente consciente de que me están mirando. Pero apenas me miró fijo como desafiándome, algo se encendió adentro mío. Quería verlo calentarse. Verlo sufrir por no poder tocarme.

    Empecé a acariciarme muy lentamente la entrepierna por encima del vestido, sin dejar de mirarlo en ningún momento. Noté que mi respiración empezaba a hacerse más sonora y profunda, y noté también que Ignacio bajó el volumen de la música para escucharla. Subí un poco mi vestido para dejar que viera mi tanga negra de encaje, y seguí tocándome por encima de ella, pero aumentando un poco la presión. El conductor me miraba como hipnotizado. Por momentos manejaba y quitaba la vista de mí, lo cual me excitaba el doble. Luego volvía a mirarme como si no quisiera perderse ni un segundo mi show. Empecé a dejar salir un poco más mis leves gemidos, y noté que eso le gustaba mucho. Sentía mi ropa interior cada vez más mojada y me sentía cada vez más caliente. Corrí mi tanga a un costado, y pasé mi dedo mayor por toda la ranura entre mis labios, desde el clítoris hasta la entrada vaginal, recostándome un poco hacia atrás.

    -Dios, me vas a matar. -me dijo enloquecido mi Uber.

    -No quiero matarte, pero me calienta mucho que me mires así.

    Seguí tocándome, incrementando lentamente el ritmo y la presión. Mis gemidos, sin llegar a ser actuados ni exagerados, aumentaban su intensidad. Yo ya tenía la cabeza hacia atrás y mis ojos cerrados. Me había olvidado completamente del contexto en el que me encontraba, y de que quizás a través de los vidrios polarizados alguien más podría estar viéndome. Pero ya no me importaba nada.

    Continué con mi tarea, y sentía que dentro de poco iba a explotar en un orgasmo. Ya había dejado de prestarle atención a Ignacio, aunque en mi cabeza estaba constantemente la idea de él mirándome fascinado. Mis dedos, todos mojados, habían recorrido varias veces todo mi sexo, mientras que mi otra mano acariciaba cada tanto otras partes de mi cuerpo por encima de la ropa, como por ejemplo mis pechos. Sentí que acabar era inminente. Abrí los ojos para comprobar de que me estuviera mirando, y vi su cara embelesada.

    -Voy a acabar para vos -le anticipé agitada.

    Aumenté la velocidad de la fricción en mi clítoris, me recosté más aún, y me toqué con los ojos cerrados hasta que exploté. Un gemido un poco mayor se me escapó en el momento cúlmine de mi orgasmo, y las palpitaciones alrededor de mis dedos continuaron unos cuantos segundos más.

    Me quedé en silencio hasta que recobré la respiración, y lo miré sin decir nada. Recién en ese momento me percaté de que Ignacio se estaba tocando por encima de su bermuda de jean. Se notaba su miembro erecto, y eso hizo que me dieran muchas ganas de llevarlo a mi cama.

    -No sé cómo seguir la jornada laboral después de esto. -me dijo bromeando.

    Miré hacia afuera. No sé en qué momento habíamos estacionado frente a mi edificio.

    -Estacioná bien y vení conmigo. No me voy a quedar en paz si no cogemos.

    Sin decir nada, estacionó el auto y entramos a mi edificio. Subimos al ascensor y lo besé con desesperación. Él hizo lo mismo mientras me tomaba del cuello con una de sus manos, y con la otra apretaba mi culo por debajo del vestido. Yo acaricié su miembro duro por encima de la tela y empecé a necesitar llegar a mi piso para desvestirlo.

    Al llegar al piso 12 entramos al departamento y tras cerrar la puerta empezó la guerra,

    Ya agitados y sin parar de besarnos empezamos a quitarnos la ropa. Yo desabroché su bermuda dejándola caer al piso junto con las zapatillas y medias que mi conductor se había sacado rápidamente. Llevaba un bóxer color negro que acaricié con fuerza por fuera, pero decidí esperar para quitarlo. Me gustaba ver a Ignacio así de excitado y quería extender ese momento. Me quité mi calzado fácilmente y él bajó los breteles de mi vestido hasta que cayó al cementerio de ropa junto con las otras prendas. Se alejó unos centímetros para contemplarme. Tocó mis pechos desnudos, ya que no llevaba corpiño, y llevó sus manos a mi culo apretándolo con fuerza antes de nalguearme. Se notaban en su actitud las ganas de hacerme todo lo que había fantaseado durante el viaje. Volví a besarlo con ansias mientras quitaba su remera, y lo empujé suavemente sobre el sillón. Se quedó mirándome desde allí, sentado con sus piernas bastante abiertas, vestido todavía con su bóxer, y sus brazos acomodados relajadamente sobre el respaldo del sofá. Vi que tenía varios tatuajes por todo su cuerpo, lo cual me gustaba mucho.

    Yo, vestida aún con mi tanga de encaje, me mantuve parada frente a él para que me mirara mientras me soltaba el pelo castaño. Toqué suavemente mi cuerpo, me giré para que observara mi culo mientras yo misma lo apretaba sensualmente. Volví a ponerme de frente y muy lentamente me fui quitando la prenda que me quedaba. Que me sobraba, en realidad. Me quedé desnuda frente a él, y observé su cara mientras me miraba. Me encantaba ese desconocido.

    Me subí sobre él, puse mi pelo de lado mientras lo besaba, y comencé a moverme despacio encima suyo. Sentía su erección entre mis piernas y su urgencia en mi boca. Me tomó con ambas manos de las nalgas y comenzó a moverme más rápido sobre él. Pasé mi lengua lentamente por sus labios y me levanté. Quité por fin su ropa interior, y liberé una verga preciosa y dura como una piedra. Sus venas estaban muy marcadas y su vello recortado prolijamente. Lamí mi mano mirándolo a los ojos antes de comenzar a masturbarlo muy despacio. Él estaba tan caliente que, con sólo ese contacto y esa humedad, dejó escapar un leve gemido. Me arrodillé frente a él y pasé mi lengua por sus testículos, siguiendo por su tronco, y llegando a la punta antes de meterme su pene entero en la boca. Comencé a chupar con muchas ganas. Ganas muy sinceras. Tenía un pene bastante grande y entraba con dificultad en mi boca. Me gustaba babeárselo y abarcarlo todo, aunque implicara quedarme sin aire. Escuchaba su respiración y gemidos, y sentía cómo se mojaba mi entrepierna. Ignacio tenía su mano entre mi pelo, mientras me miraba saborear.

    De repente tiró de mi cabello desde la nuca y me retiró de allí. Me agarró de la cintura y me tiró boca abajo sobre el sofá. Puso un almohadón que se encontraba allí debajo de mi cintura, abrió mis piernas, y enterró su cara entre ellas. Comenzó a pasar con maestría su lengua por mi sexo. Se notaba que era algo que no hacía por compromiso, sino que ponía mucha dedicación en aquel arte. Yo gemía con la cara pegada al sillón, mientras mi Uber nadaba como un pez en el agua, pero entre mis piernas. Sumó sus dedos en mi interior mientras chupaba mi clítoris. Yo, por mi parte, sentía fuego. Mis gemidos subieron su intensidad sincronizados con su lengua y sus dedos, hasta que noté que iba a acabar. De nuevo. Él lo notó y aumentó un poco la velocidad hasta que exploté en su boca, mientras de la mía emanaba un grito ahogado contra la tela del almohadón.

    Me di vuelta, después de mi segundo orgasmo del día, y arrodillada frente a Ignacio lo besé, sintiendo el sabor de mis fluidos todavía en sus labios.

    -Vení a la cama -le dije guiándolo hacia la habitación.

    -No tengo forros -me dijo como disculpándose.

    -No te preocupes -dije y saqué uno del cajón apoyándolo sobre la mesa de luz.

    En ese momento recordé cuánto sumaba a un encuentro que un tipo mencionara los preservativos. Parecía obvio, pero no lo era.

    Metí su pene en mi boca nuevamente y lo chupé con ganas. Llevé su mano a mi cabeza, como pidiéndole que me marcara el ritmo a su gusto, y él tomó las riendas. Primero me movió bien lento, y luego empezó a cogerme la boca con fuerza. Yo escuchaba sus gemidos y me volvía loca. Me atragantaba con su pija enorme y me lagrimeaban un poco los ojos. Nuevamente interrumpió mi acto y me revoleó sobre la cama, esta vez boca arriba.

    -Te quiero garchar.

    Se puso sobre mí y me penetró con cuidado, pero firmemente. Gemí al sentir como entraba toda esa carne dentro mío. Tomó mis manos y acomodó mis brazos por encima de mi cabeza, sosteniéndolos juntos con una de sus manos. Yo abracé con mis piernas su cintura y él me embistió con fuerza una y otra vez, incrementando progresivamente su ritmo y fuerza. Yo no podía contener los gritos y me encantaba mirarlo a él gemir encima mío.

    Cuando soltó mis brazos, llevé una de mis manos a mi clítoris y empecé a tocarme mientras él seguía penetrándome. Pensé en que hacía mucho que no me cogían de esa manera.

    Luego de un rato, lo frené y sin dejar de abrazarme a su torso con las piernas, lo acosté en la cama quedando encima de él. Me arrodillé a los costados de su cadera y tomé el control de la situación. Cabalgué encima suyo durante un buen rato. Mis tetas rebotaban frente a él. Sus manos apretaban con firmeza mi cadera, clavando sus dedos en mis nalgas. Por momentos las llevaba hacia mis tetas y las acariciaba, las apretaba, las golpeaba. Yo sentía que estaba en el cielo.

    Ignacio se incorporó un poco, quedando cara a cara conmigo, mientras yo seguía moviéndome sobre él. Me tomó del cuello y mordió mi labio inferior, al mismo tiempo que con su otra mano guiaba mis movimientos para embestirme más rápido y fuerte. Noté como su respiración se agitó, mientras sentía su aliento en mi boca saliendo por sus labios entreabiertos. Seguí saltando sobre él hasta que rugió cerrando los ojos, y unos segundos después suspendió sus movimientos. Me miró a los ojos inmóvil, y no sé bien por qué, pero dejó escapar una risa antes de acomodar mi pelo detrás de mi oreja y darme un beso con ternura.

    Luego de desarmarnos, nos recostamos exhaustos y sudados, sin saber bien de qué hablar, ya que no nos conocíamos. Miré el reloj y eran las más de las 17 h.

    -Te hice perder una tarde de trabajo -le dije bromeando mientras iba en busca de nuestra ropa.

    -Una tarde no, un rato nada más… Pero lo doy por cobrado, no te preocupes. -dijo sonriendo -Ahora sí voy a dignarme a volver al trabajo.

    Nos vestimos y bajamos los 12 pisos en el ascensor hablando sobre lo inesperado del giro de los acontecimientos. Llegamos a la puerta y los dos nos miramos incómodos. Cómo se saluda a una persona que conociste hace pocas horas, pero con la que ya intercambiaste varios tipos de fluídos? Nos reímos de lo ridículo que era todo, y nos despedimos con un breve beso.

    -La pasé muy bien -me dijo girando su cabeza para mirarme mientras caminaba hacia su auto.

    -Yo también -Fue lo único que atiné a responder antes de que desapareciera para siempre como un fantasma.

    Volví al ascensor pensando en que me había gustado mucho Ignacio y que no sabía nada de él más que su nombre y su patente de auto. Le di 5 estrellas en la aplicación, y opté por la valoración «Muy amable y servicial». Sonreí pensando en que le iba a causar gracia cuando lo viera.

    Un rato más tarde, cuando ya me había dispuesto a seguir con mi día tratando de olvidarme de la tarde (doblemente) caliente, fui al baño. Cuando me acerqué a la canilla a lavarme las manos, allí lo vi. En mi espejo, con una letra pequeña sobre una de las esquinas, había un número de teléfono escrito con delineador de ojos. Debajo, una firma: Nacho.

    [email protected]. Instagram: damecandelarelatos.

  • Ingobernable

    Ingobernable

    Ella me eligió, desde que nuestras miradas se encontraron bajo la sombra de ese árbol fui la víctima que disfrutó sus perversiones y su cuerpo.

    Ingobernable, incontenible, sensual; no tengo otra forma de describirla.

    Podría decir que la follé, pero estoy seguro que fue todo lo contrario…

    Creo que el primer beso que se dan dos personas es con la mirada y vaya que ambos nos besamos y nos desnudamos ese mediodía en esa calle repleta de gente, nos comenzamos a follar en medio de todos sin que nadie más se diera cuenta de lo que pasaba, sin que nadie se diera cuenta que entre dos desconocidos comenzaba el baile de la seducción.

    Me encontraba a un costado del teatro Degollado, como siempre de nueve a dos de la tarde es mi lugar de trabajo así acordé con los encargados de cobrar plaza en esa zona, la cuota es un poco elevada pero como hay mucho turista extranjero bien vale la pena. Estoy abajo de uno de los árboles que dan sombra por el andador que une la Catedral, el teatro Degollado, el mercado san Juan de Dios y al fondo el instituto cultural Cabañas.

    Justo a la entrada al estacionamiento entre el teatro y el edificio de la universidad.

    Me encanta esa zona, los edificios antiguos tan llenos de historia majestuosos a pesar del tiempo con sus adornados remates, sus puertas de madera talladas a mano y el hierro forjado que cubre las ventanas. Si no fuera por el olor a orina que de repente llega sería un lugar mágico.

    ¿Que, qué hago?

    Dibujos, bocetos, y pinturas; me encanta dibujar y es una forma de llevar dinero a casa. Desde las ocho treinta de la mañana que llegó comienzo a instalarme, abro mi mochila y sacó los pinceles y pinturas acrílicas, los carboncillos y las hojas para dibujar, el caballete lo cargo en la espalda sujeto a la mochila así es que nada más lo abro y está listo para poner el lienzo sobre él, por último saco un par de lazos que amarró entre dos árboles y con ayuda de pinzas de madera cuelgo en ellas los dibujos que tengo terminados y listos para vender, así la gente ve mi trabajo y me hace encargos o se lleva algo que les guste, tengo animales, rostros, paisajes, fruta, etc…

    Ese día me dio por dibujar un paisaje frío, de tormenta, de fondo; el cielo oscuro con nubes grises en distintas tonalidades, desde un gris profundo casi negro hasta un claro casi blanco, en el medio un enorme jacarandá en flor con el clásico púrpura de sus hojas rodeado en sus trecientos sesenta grados por el verde vivo de las milpas a punto de espiar.

    Como es costumbre la gente le dedica algunos minutos a ver las obras, otros se quedan durante el proceso de la obra, estaba absorto en mi trabajo cuando levanté la vista y ahí estaba ella en el medio de sus dos amigas con una pícara sonrisa en sus labios rojos y su mirada fija en mis manos, su pelo lo llevaba suelto sobre sus hombros, un par de trenzas muy delgadas sujetas por varios moños de diferentes colores caían a cada lado de su rostro, no era muy alta, todo lo contrario de su presencia que parecía llegar al cielo.

    Lo primero que noté fueron sus enormes y alegres ojos junto con su perfecta y apetecible boca, le calcule 1.60 de altura, con unos tacones y de puntas quedaría perfectamente tensa de la barra que cuelga al centro del departamento.

    Vestía jeans claros y una blusa muy colorida que no escondía su generoso busto, cuando me miró bajé la vista un momento antes de volver a levantar mis ojos y retarla con mi mirada, me la sostuvo hasta que alguien preguntó el precio de un elefante a carboncillo.

    Cuando la mayoría de la gente siguió su camino ella tomó dio un paso adelante y me habló sobre pintar una foto de ella que le gustaba mucho a lo que accedí en el mismo instante.

    Esos trabajos me encantan los puedo cobrar más caros y es básicamente lo mismo que dibujar algo que veo en el celular, así que le pedí que me mandara la foto por el celular y así de sencillo en unos pocos minutos ya había conseguido su número y una foto de una hermosa mujer.

    Otra conquista fácil, era mexicana, pero por lo poco que me contó supe que llevaba mucho tiempo en el extranjero y por lo regular ellas cuando vienen quieren divertirse, pasarla bien y por lo regular un buen polvo para recordar y qué mejor que yo para divertirnos juntos, pero todo a su tiempo, primero el dibujo y más tarde le tiro el anzuelo de llevarlas a una velada de baile y cerveza.

    La foto no era nada del otro mundo salvo por la modelo que luce hermosa, ella estaba de pie en medio de un jardín, tal vez en su casa. Estaba de pie con una mano sobre su cintura y un pie delante del otro.

    En la foto vestía con un conjunto de malla rosa mexicano, que consistía en un pequeño top y un short arriba de las rodillas, encima de eso una blusa blanca abierta y unos tenis impecablemente blancos.

    Cuando comencé el boceto le dediqué varios minutos a los ojos porque quería capturar el misticismo de su mirada, también me entretuve en sus labios porque quería que fueran perfectos como los reales quería que esos labios invitarán al placer, luego lo demás, su cuello, sus piernas, sus brazos y el resto del rostro. Debo admitir que sentí cierto placer al dibujar su entrepierna y me imaginé repasando la zona con mi lengua.

    Le dije que en un par de horas lo tendría listo por si quería aprovechar para conocer ya que sólo estaría en la ciudad un par de días antes de ir al pueblo a visitar a sus familiares para luego regresar a California.

    Se fueron a conocer la ciudad y cuando volvieron cada una sostenía una cerveza en una mano y morían una bolsa de plástico que en su interior traía una torta ahogada que se me antojo en ese instante.

    Creo que fue una prueba y quería saber si la podía dibujar correctamente. Me pagó el precio que le puse sin rechistar y desaparecieron de mi vista alejándose rumbo a la plaza de armas.

    —Dime ojitos, ¿cómo te llamas?

    —Lau dime Lau

    Y así sin más despedidas se fueron las tres mujeres que componían la comitiva.

    Estaba llegando a casa a punto de mandar un mensaje para invitarla a cenar cuando recibí un mensaje.

    Me sorprendió saber que era de ella.

    Era la ubicación de su hotel y una invitación a cenar junto con la petición de llevar mis carboncillos.

    Sonríe, claro que iría.

    Esta noche será memorable, unos golpecitos en mi ropa interior confirmaron que esta noche sería inolvidable…

    Llegué puntual a la cita, en recepción me dejaron pasar y me indicaron por donde llegar a la habitación.

    Toque con los nudillos y espere afuera del número 818 abrieron la puerta y cruce el umbral, la visión de Lau me deslumbró y me causó una erección inmediata.

    La mujer con un toque infantil e inocente que vi en la mañana se había transformado en una felina al acecho ahora frente a mí estaba una chica castaña, en corset y bragas rojas de un fino encaje, medias de altas semitransparentes con un antifaz que no escondía su mirada, esos ojos llenos de deseo; parecía una madame fina, elegante, de época.

    Quise sentir en ese instante su cuerpo contra el mío; dulce, firme, caliente, vivo.

    —Hoy mi querido artista vas a ser mi juguete.

    No pude decir que no, así que dejando mi pequeño maletín de carboncillos sobre la mesa me acerqué y cerré el trato con un beso en los labios, mientras su mano exploraba por encima de mi pantalón.

    —¿Estamos solos?

    —Sí

    —Perfecto y qué se te ocurre

    —Quiero un dibujo mío así como estoy.

    Dicho esto se acercó a la mesa y tomó una silla y la dejó en el medio del salón, se sentó en ella dándome la espalda, se arqueo hasta pegar sus senos al respaldo, sus piernas bien abiertas a cada lado de la silla, sus manos sobre el respaldo y con un pequeño giro su cara quedó a mi alcance para poder dibujar su perfil y sus ojos.

    Tomé mis herramientas para dibujarla, dibujé a detalle el antifaz, y el brillo de sus ojos, la espalda y el trasero que sobresalía un poco de la silla, sus piernas envueltas con sus medias y las zapatillas.

    Por fin terminé su dibujo y se lo mostré, lo observó un momento, sonrió para sí misma y lo dejó sobre la mesa.

    En un momento de sumisión sacó un plug anal con una piedra negra de la bolsa que llevaba por la mañana.

    —Quiero usar esto. Siempre he querido ser follada con uno y hoy pensando en ti lo compré.

    Se puso en cuatro al filo del sillón donde estaba. Fue espectacular verla abrir con sus propias manos sus nalgas y esperar expuesta a que le metiera la piedra en su trasero.

    Lubriqué el acero con sus propios jugos y un poco de gel que tenía preparado para la ocasión y comencé a empujarlo dentro de su culo que al principio se resistía.

    —Relajate Lau porque si no no va a funcionar.

    Deje de lado el juguete y use mi lengua, un beso negro muy especial me sumergí en ella como una laguna, lamí, bese, mordí, chupe, acaricie con mi lengua cada milímetro de su trasero antes de volver a intentarlo la relaje mientras suavemente una de mis manos frotaba y acariciaba su sexo húmedo, la masturbe lo suficiente para que se olvidara de mi boca en su trasero. Lo volví a intentar sin dejar de masturbarla esta vez la resistencia fue menor pero aun así vi como sus puños se cerraron cuando la parte más gruesa del juguete la penetraba.

    Cuando por fin estuvo dentro la vista fue hermosa y me prometí inmortalizar la visión en un próximo dibujo que dejaría para mí.

    —Desnúdate para mí.

    Era mi turno de enseñar piel así que me saque rápidamente la playera, abrí el botón del pantalón y baje el cierre, le mostré un poco mi ropa interior y la evidente erección que ya tenía y se asomaba un poco por encima de la tela, saque mis botas y deje caer el pantalón al suelo quedé en mi boxer oscuro frente a ella.

    —Todo, quítate todo.

    Su voz no dejaba momento para la duda, para reclamar, el tono utilizado era para mandar lo que me excito mucho porque por lo regular es al revés, yo ordenó y ellas obedecen.

    Quedé completamente desnudo frente a ella que me observó como antes analizaba su dibujo.

    Se acercó y cubrió mis ojos con la bufanda que antes llevaba en la mano, me privó de la vista y me dejó expuesto ante ella me sentí vulnerable y en un inocente movimiento quise tapar mi erección poniendo mis manos sobre mi sexo.

    Su carcajada fue sonora lo que provocó un rubor en mis mejillas y un calor expandiendo por mi ser.

    —Vas a darme placer y quizá si lo haces bien puedas cogerme. Sería una pena desperdiciar esa buena verga porque no sigues las instrucciones.

    Tomó mi mano y me guio por el lugar, luego con sus manos sobre mis hombros me hinco sobre la alfombra y se sentó frente a mí.

    —Quiero placer y quiero saber si tu boca es tan buena como tus manos.

    Quiero ver si eres capaz de provocar un orgasmo sin poder usar tu vista. Parece fácil ¿no?

    Ya lo veremos, muchos ni siquiera se acercan al lugar correcto con el don de la vista y en cuanto les vendan los ojos no saben ni donde poner la lengua.

    Sus palabras me sacaron de balance, de verdad que yo soy el juguete y no soy el único, hasta ese momento lo comprendí, siempre me toca estar del otro lado de la situación.

    Sus manos empujaron mi cabeza al centro de su entrepierna, aspiré su olor, el olor de la lujuria escapando entre sus piernas, comencé a usar mi lengua a moverla y explorar su sexo

    —Ve despacio, quiero sentir tu lengua lentamente por toda mi vulva, quiero que reconozcas cada pliegue de mis labios y quiero que sepas en que lugar mi cuerpo reacciona sintiendo placer.

    Así lo hice, fui lento, sentí sus jugos escapando, su sabor era fuerte, dulzón, exquisito…

    Movía mi lengua buscando su placer sus piernas temblaban involuntariamente cada que rozaba ese lugar mágico, pero no me dedique solo a lamer ese lugar la llevaba poco a poco al orgasmo la acercaba y luego me alejaba, lamia, besaba, frotaba mi barba en otra zona, en interior de sus piernas la parte baja de su ombligo, el monte de venus cubierto de un recortado vello púbico, mis manos tampoco estaban quietas una rozaba su trasero jugaba con la piedra en el empujaba más adentro o la sacaba para volver a meterla por su culto, la otra la usaba en sus tetas, tocando, apretando, pellizcando.

    Cuando sus manos sujetaron firmemente mi cabeza supe que ya no quería que me moviera de esa zona y moví la lengua más rápido, más fuerte, succione el clítoris varias veces hasta dejarla al límite, le di placer hasta que se corrió y seguí ahí hasta que ella estuvo satisfecha una, dos, tres y hasta cuatro veces, me bebí sus orgasmos directo de la fuente luego se relajó y se tiró por completo donde estaba mientras yo esperaba ansioso sus nuevas órdenes.

    Pasaron unos segundos que me parecieron eternos luego me llevó a cuatro hasta la cama

    Existe una sensación única, inigualable, exquisita, la sensación de saber cuando una mujer te quiere para su placer, para coger como a ella le dé la gana sin pensar en tu placer, la sensación de ser su juguete bien podría ser la gloria…

    Me levanto y con un ligero empujón caí de espaldas sobre el colchón sentí el peso de su cuerpo hundir un poco el colchón se colocó entre mis piernas abiertas totalmente, nos besamos como un par de adolescentes, saboreo su sabor directo de mi boca. Luego de unos minutos de besos sin descanso se detuvo, se quitó las bragas y las aventó sobre mi rostro estaban mojadas y olían a ella abrió el corset y lo lanzó por algún lugar de la habitación luego paso sus piernas por fuera de las mías acercando su sexo húmedo, caliente palpitante al mío duro, erecto, listo para invadirla se acomodó sobre mi falo y nuestros cuerpos se unieron en un fuego que lo quería consumir todo, mis manos rozaban y acariciaban sus senos, era una delicia sentir su cuerpo desnudo frotando contra mío, fue sublime sentir sus pezones rozando mi piel

    Podía imaginar su cara enrojecida de placer, su mirada lasciva, sentía la humedad creciente en su vulva mojando todo, me monto con lujuria una mujer en celo, en todo su esplendor, un cuerpo perfecto subiendo y bajando sobre mí, su magnífico trasero chocando contra mi pelvis, sus gloriosas nalgas rozando mis muslos, bailando a su ritmo, buscando y encontrando su placer, gimiendo, arañando, gozando…

    En cierto momento elevé mis caderas y en ese movimiento encontré la gloria su gemido fue brutal y con cada movimiento se intensificó.

    —Ahí!!! Ahí!!! No pares

    Cada que ella bajaba yo subía tocando ese lugar de mágico después de eso se corrió fácilmente mientras sus manos se aferraban en mis caderas empujando hacia ella tratando de tenerme lo más profundo de su ser…

    Cuando nos tranquilizamos y por fin me quito la bufanda que me impedía ver me di cuenta que ya no estábamos solos, sus compañeras de cuarto habían regresado cada una con una conquista, nos estuvieron mirando creo que desde que la bufanda cubrió mis ojos, y estaban tan calientes que comenzaron a quitarse la ropa frente a nosotros ese fue el comienzo de una noche épica.

  • Vacaciones en Cocoyoc (parte 2)

    Vacaciones en Cocoyoc (parte 2)

    Olvidé decir esto al inicio del anterior, pero obviamente cambié los nombres de mis amigos para mantener su intimidad por cualquier cosa, ahora si les contaré lo que pasó después.

    Me sorprendió bastante pero el estar agotado solo podía pensar en comida y en agua, me vestí fui a la cocina comí algo del refri y tome mucha agua, al voltear a la sala vi que Alei igual seguía dormida como todos, así que decidí meterme a bañar en lo que todos despertaban y por lo mientras recogí el desorden; un poco después Alei se había despertado y no recordaba mucho de ayer pero al ir al cuarto y ver a Andry desnuda en mi cama se hizo una idea de lo que pasó anoche, descarada preguntándome como me fue solo le enseñe mi espalda y ella me lanzó una mirada y sonrisa pícara.

    Todos se fueron despertando poco a poco y obviamente se dieron cuenta de lo que pasó anoche por lo cual no hablaron al respecto al menos hasta el Sábado (lo contaré más adelante) ese día solo nos dedicamos a descansar ya que quedamos exhaustos y ese día en sí transcurrió con normalidad, aunque si notaba 3 cosas diferentes: Andry estaba muchísimo más melosa y cercana a mi abrazándome todo el tiempo y mirándome bonito, Aly se nos quedaba viendo algo avergonzada pero nos hablaba con normalidad y Alei y yo de vez en cuando nos mirábamos de manera muy sugestiva aunque no pasó nada si no hasta el siguiente día.

    Aquel Miércoles transcurría igual de tranquilo pero aún con esos 3 cambios, y ese día decidí pasarlo un poco más con Alei cosa que Andry noto y se puso celosa, simplemente platicábamos pero ella aprovechaba para provocarme en la alberca ya que no se veía bien, he de decir que ella parecía una modelo de 1.75, cuerpo atlético, una cintura minúscula, un culo que al ver no te no sacas de la cabeza nunca más, unas tetas deliciosas y curiosamente una cara angelical que tapaba el ser diabólico que tenía dentro, en pocas palabras una delicia de mujer; aprovechaba para contonearse pegada a mi y abrazando mi cabeza dejándome a la altura de sus pechos, todos los demás disfrutaban del calor y las cervezas a lo cual nadie se daba cuenta de cómo nos manoseábamos debajo del agua, fue algo previo a lo que pasaría después ella salió, se secó y se dirigió al baño del cuarto, dado que la casa tenía 3 baños diferentes el nuestro era el más alejado de todos, volteo a verme antes de entrar a la casa y entendí perfectamente lo que ella quería así que la seguí, al voltear atrás solo vi que Andry me miraba algo triste al ver con quién iba, pero aún así entré al baño.

    Ahí ella me confesó que al ver como había dejado a Andry todo derrotada, exhausta y chorreando de semen pensó que me había juzgado mal al pensar que no tenía experiencia como para dejar a una mujer así, así que me dijo que quería el mismo trato que le había dado a Andry, ya que no había estado con nadie desde hace 7 meses y lo que pasará aquí sería de amigos y nada más pero que si lo quiero repetir puedo decirle cuando quiera ya que ella siempre está hambrienta de pito pero a muy pocos les deja ese beneficio y ahora eso me lo daba a mi, me quede sorprendido sin saber qué decir pero al ser algo que ambos queríamos con gusto acepte y nos empezamos a besar, y a decir verdad, besa riquísimo como usa la legua, la forma en que movía sus labios, como me los mordía hasta tal punto de que me saco algo de sangre aunque eso me excito mucho más, bajé y comencé a besarle le abdomen tan riquísimo que tiene mientras se recargaba en la pared y le baje tu traje de baño y le mamaba los labios, le besaba las ingles, ella se arqueaba su espalda y acaricio mis cabellos, jugaba con su clítoris mientras ella comenzó gemir de placer no solo le metí mi lengua sino que también jugué con mis dedos en su conchita, me puse de pie y me bajé el short y dejando mi verga erecta para ella y empezó a olerme la verga, el tronco, el glande, mis huevos pronto sentí tanta excitación que agradecí cuando empezó a chuparme mi torso y lengüeteaba el glande al mismo tiempo que me acariciaba mis huevos, era un oral delicioso. Yo la tomé de la cabeza y empecé a empujar mi verga en su boca, sentía como rozaba su garganta, ella me agarraba de las nalgas mientras con sus dientes raspaba un poco mi verga, mientras sacaba su lengua y a la par me masturbaba con su mano llena de saliva sentía que iba a descargar todo en su deliciosa garganta, y lo hice soltando un alarido de alivio metiéndosela hasta la garganta mientras la hacía tragar toda mi leche.

    Después de que me hiciera sacar casi todo la levante y la subí al mueble del lavabo, le abrí las piernas y comencé a bombearla, su rica conchita apretaba delicioso mi verga, mientras se la metía nos besábamos ricamente, de repente nos tocó Fer y al oír que respondimos que estaba ocupado se fue riendo. Después la voltee viendo hacia el espejo y la incline, agarrándola de la cintura comencé a metérsela más y note que así iba más adentro, ella se sostuvo del espejo con una mano para no moverse tanto, pero al empezar ir más rápido la tome del cuello y la acerque a mi, excitandonos más al ver como dábamos placer al otro, le acerque mi mano a su boca y me la mordió con tanta fuerza para ahogar sus gemidos y yo morí su hombro, a lo cual nos venimos llenándola toda y embarrando mi verga con sus fluidos al terminar ella se la saco y me chupo dejándola limpia, nos vestimos y ella salió primero, después de unos 10 minutos salí yo.

    Al ver mi mano vi que me hizo un ligero moretón y estoy seguro que hice lo mismo en su hombro, de alguna forma eso me gustó, los demás sabían que pasó algo pero no hicieron teatro y siguieron en la albera, aunque al salir vi a Andry algo más triste no me evitaba pero si sonaba un poco más triste cuando me hablaba.

    Me imagine que era lo que tenía, pero hable con ella unos días después cuando el último día se nos fue todavía más de madre.

  • Sexo con un desconocido que traía sorpresa

    Sexo con un desconocido que traía sorpresa

    Acababa de separarme y me sentía muy sola, tenía treinta y dos años y buscaba consuelo en las redes sociales.

    Una noche buscando por internet, decidí hacerme un perfil en una App de citas y me metí en un chat de dicha página… me sentía solísima y me puse a hablar con un chico de 36 años. La verdad que no hablamos gran cosa, porque enseguida me propuso quedar y sin pensármelo mucho quedé con él.

    Al dia siguiente me prepare para salir y a la hora indicada me acerqué a su coche y me presenté, la verdad es que no era mi tipo, pero tampoco estaba mal… me subí en el coche y como ninguno de los dos tenía claro donde ir, me sugirió ir a su casa a ver una peli… yo acepté.

    Llegamos a su piso de soltero y fuimos directamente a su salita, tenía un sofá clik clak que se hacia cama, mientras el se hacía palomitas, yo me puse comoda me descalce, coloque los cojines y me eche un pito porque en su coche no se podía fumar.

    Al entrar en la salita y verme tan acomodada se le iluminó la cara, el también se acomodó… la pelicula era una ñoñeria y decidí tomar yo la iniciativa y le besé, el me correspondió pero me paró en seco y me dijo que tenía algo que contarme… yo no me lo creía.

    Me dijo que aunque no fuera virgen solo se había acostado una vez con una chica, yo flipé en colores y mientras le daba vueltas me dije esta es la mia, puedo hacer lo que yo quiera.

    Asi que lo besé y le empecé a meter mano, le obligué a no tocarme hasta que yo le dijera, me desnudé para el cosa que le encanto y luego sibilinamente le quité la ropa que tanto le apretaba… el queria tocarme pero yo le daba tortazos en las manos, le hice una mamada de infarto y le deje la polla a punto de explotar, después le puse todo mi coño en su boca montando un 69 divino, el flipaba… cuando le deje tocarme me metió bruscamente el dedo en mi coño le cogí la mano y guie su dedito y le expliqué como me gustaba que me tocaran, le hice una demostracion de ello, yo estaba empapada y el me decía que si esa humedad era por el todo excitado… finalmente me monté en el y le cabalgue hasta que me corrí desbocada, el también se corrió.

    Nos vestimos, ordenamos el caos de la salita, y marchamos en coche en direccion a mi casa, nos despedimos y no quedamos en nada.

    La verdad es que hice todo lo que me gustaba y como me gustaba con él… me vine arriba y me dejé llevar por la hembrona que llevaba dentro. Hasta ahi muy bien pero empezó el acoso me llamaba a todas horas, quería que fuese su profesora sexual y yo siempre le decia que no… hasta que me empezó a llamar al trabajo y un dia en plena faena me cabree y le di el NO mas rotundo de todos y dejo de molestarme.

    Moraleja: no quedes con desconocidos y menos inexpertos que luego se encoñan de ti.

  • Fui amante de mi yerno

    Fui amante de mi yerno

    No sé cómo empezar a contarlo, solo sé que en apenas unos meses pasé de ser un ama de casa en la actualidad, casada, con esposo y 2 hijos, (chico y chica) a ser la zorra del esposo de mi hija, mi yerno y pastor hace poco.

    Diré que me llamo Sofía, mi marido Manolo y mis hijos Pedro y Miriam. Tengo 63 años, mi marido 68 y mis hijos, Rosa 32 y Carlos 30, ambos en la universidad. Vivimos en Madrid. Mi marido tiene negocio propio y yo antes trabajaba hasta hace como unos 5 años que cerró la empresa ahora soy ama de casa. Me describiré diciendo que soy una mujer bastante alta, 178 cm., unos 54 kilos, de piel blanca, cabello lacio llovido, hace años que prefiero llevarlo al hombro.

    En fin el esposo de mi hija Carlos de 41 años también, estudió en la misma universidad que de ella, se casaron hace 2 años. Él trabajaba en una empresa pero renuncio porque un amigo le comento que se volviera pastor que se montara primero en un garaje y así escalaria rápido y luego con algunos contactos ya verían después y así lo hizo Carlos.

    El inicio

    Bueno un sábado por la tarde volví a casa de comprar, no esperaba que hubiera nadie, vivimos en un piso, abrí y entré dejando las bolsas en el salón cuando oí algo de ruido en las habitaciones, la verdad es que mi primera reacción fue pensar que podía haber alguien robando pero el ruido era leve por lo que recapacité y pensé que seguro que alguno de mi hijos estaba estudiando, volví a oír el ruido pero era como gemido más que otra cosa, fui despacio por el pasillo para ver que ocurría y vi la puerta de la habitación de mi hija algo abierta y dentro en la cama a Carlos tumbado y a ella de rodillas en la cama comiéndole la polla, me quedé de piedra, suponía que tendrían relaciones sexuales, pero no en mi casa. Aunque lo que más me sorprendió fue la enorme por tamaño y grosor del tamaño de la verga de Carlos. La verga de Carlos era enorme de tamaño y gorda, me quedé de piedra al ver como mi hija la hacía desaparecer en su boca solo parte de ella, para luego volverla a ver en su tamaño original, nunca antes había visto algo así. Sin hacer ruido me volví por donde había venido, recogí las bolsas y salí de casa sin hacer ruido, fui a dar unas vueltas, hacer tiempo para regresar y que todo estuviera normal en casa.

    Regresé pasadas las 20,30 horas, suponía que ya habrían terminado, entré e hice ruido para que se notara mi presencia, llegué al salón y estaban los dos viendo la tele, les saludé y llevé las bolsas a mi habitación eran algunas cosas para el verano. No sabía cómo ir a verlos, se me podía notar algo no sé, era una situación nueva y no esperada, pero le eché valor y fui a verles y a preguntar qué tal la tarde, aunque suponía que la tarde fue espléndida.

    Me dijo mi hija que había estado preparando el proyecto de fin de carrera y que Carlos la había ayudado.

    Menuda ayuda le había dado él a ella y ella a él, pensé.

    Al terminar de cenar mis hijos y yerno se fueron a divertirse y mi marido y yo después de un poco de tele nos fuimos a acostar.

    Nuestras relaciones sexuales eran esporádicas, esa noche hice para tenerlas, estaba caliente sin saber porque o más bien sabiendo porqué. Mi marido o me sobaba o me comía el coño para luego follarme encima o yo según y Él mientras follábamos me sobaba el pecho, los pezones y descargaba su leche dentro de mí. Yo no siempre llegaba pero le hacía ver que sí, solo que en esa ocasión, mi pensamiento estaba en otra parte o más bien con otra persona, era mi yerno el que me sobaba, me comió el coño y me tocaba el pecho y los pezones mientras que yo cabalgaba como una loca con los ojos cerrados. Sentía que Él, mi yerno estaba tumbado, Yo encima cabalgando como una salida y que la leche que recibía era suya y no tuve que fingir que llegaba, lo hice por lo menos dos veces.

    Un buen día mi hija y mi yerno se mudaron a otro piso en otra ciudad. A Carlos le iba bien de pastor ya que en menos de 2 años ya tenía 2 pisos, pasó el tiempo y mi hija tuvo un aborto espontáneo.

    Un fin de semana que estaba sola me llamo Carlos que si estaba mi marido en casa yo le dije que no por él estaba en el negocio. Ese día tomamos una taza de café y empezamos a conversar.

    Carlos—su hija no quiere tener intimidad conmigo desde el aborto (dijo serio mientras me ponía la mano en la pierna).

    Sofía – pues que tonta mi hija, porque un hombre como tú, no se desperdicia, también Manolo hace meses que no me toca y tú sabes hace falta y mucha, una tiene necesidad.

    Carlos —ayúdeme y la ayudo (me dijo mientras me recorría la pierna).

    Nos comenzamos a besar y su mano subió hasta mi entre pierna, la pura emoción ya me tenía húmeda me recostó en la cama y me hizo suya. Me acostó abriéndome las piernas para meterme su verga, puso la cabezota de esa manguera en la entrada de mi coño y fue hundiendo poco a poco su verga hasta que esta quedo completamente dentro de mi coño.

    -¡Despacio Carlos, despacio, ahhhh, siento que me vas a ahogar con eso, ah, así, así, aauchh, despacio, ay, me estás matando, ah, ya, ya, ah, no me cabe, no me va a entrar toda, ay¡-, gritaba yo sin importar que me oyeran.

    -¡Si suegrita, si le cabe, ya casi se la come toda, ahhh, ya, ya, ya se la comió toda¡, ah, ¿ya ve como si le cupo toda?-, dijo él y se levantó un poco para ver como toda su verga estaba dentro de mí, yo por mi parte me sentía llena y abierta, cuando él empezó a bombear su terrible macana en mi coño los orgasmos se vinieron uno tras otro haciéndome gemir incontrolablemente, me venía una y otra vez, no supe de mí y no me acorde de mi hija y ni de que era una mujer decente y casada y que Carlos era mi yerno, no me acorde de nada teniendo esa verga dentro de mí, solo me deje llevar por esa fabulosa cogida que mi yerno me daba.

    -¡Me voy a venir suegra, me vengo, ah, me vengo, ahhh.

    -¡Adentro no, adentro no, por favor, sácala, sácala, ahhh.

    Pero él no la sacó y me inyecto como un litro de espesa leche en mis entrañas haciéndome venir una vez más al sentir los chorros de semen en mi coño.

    Cada día mientras mi esposo se iba para el negocio yo llamaba a Carlos ya que me había dejado una tarjeta y cuando tenía asuntos en la ciudad me hacía el amor de maneras diferentes y mi hija no sospechaba nada, me llevó a desayunar a lugares alejados. Ese fue el comienzo de una serie de terribles ensartadas que Carlos me dio, mientras mi esposo no estaba él me cogía, en mi casa me metió la verga infinidad de veces, llegaba y me me la metía en la sala, en la cocina, en mi cuarto, en el de mi hija haciéndome gritar para que los vecinos oyeran que me estaban metiendo la verga, cuando me cogió por atrás grite tanto que los vecinos han de haber oído, ese día llegó temprano en la mañana y se metió a mi cuarto, yo me levante a penas cubierta con mis pantaletas ya que así había dormido por el calor, después de algún tiempo empezó a tener problemas con mi hija, el ya no tenía sexo con ella, ella comenzó a sospechar que tenía un amante, el me hacía el amor, con pasión pero enamorado.

    Pasado el tiempo me cito en su oficina Carlos llegue me senté y empecé a hablar con él, me cerciore de que su secretaria algunos de sus empleado estuvieran pero él les había dado el día libre, y de un momento a otro él se levantó y me comenzó a hacer un masaje en los hombros luego se desabotono el pantalón y cayó al suelo, ahí estaba su verga esperando por mi le comencé a mamar la verga como una zorra, me puse de rodillas y se la mamaba y acariciaba, me tomo de la nuca y me sumió toda la verga en la boca, yo voltee a mirarlo y él sonreía como un loco, me tomo de la mano, me levante y me agarro de la cintura y me desabotono el pantalón, me lo quito mientras yo me recargaba en el escritorio de madera, me dejó las zapatilla, me quito la blusa, y me quito el brasier me mamo las tetas, no podía creerlo, le acaricie la cabeza mientras él se amamantaba, entonces le quite la camisa, él se sacó el pantalón y los zapatos, me sentó sobre el escritorio me abrió de piernas y la fue metiendo despacio hasta tenerla dentro del todo, luego la sacó y la volvió a meter, repitiendo esta operación hasta que vio como entraba y salía con facilidad. Me cogió con sus manos en mi cintura y me la metió de golpe, sentí como su verga encendía las paredes de mi coño, luego la sacó despacio y después volvió a meterla más fuerte, gemí casi gritando.

    Carlos – te gusta una buena polla dentro, eh Sofía, que puta eres. A tu hija le pasa igual grita como una puta, pero tu pareces más zorra y guarra.

    Me cogió de los pezones y me los pellizcó fuerte.

    Comencé a sentir como me llenaba de su leche caliente el coño y como se retorcía de gusto diciendo monosílabos entre mezclados con palabras fuertes hacía mí, yo creo que llegué, al menos, una vez antes de sentir su leche.

    Después de llenarme de leche cayó con su cuerpo encima del mío, yo le puse mis manos en la cabeza y se la acariciaba.

    A los minutos se incorporó sacando su verga de mi coño y comenzando a caer leche bajo la mesa y suelo.

    Limpié bajo la mesa y el suelo del semen, luego me pasé papel por mis piernas y mi coño y fui a ducharme. Allí, desnuda, me miré al espejo y no me gustó lo que vi, era Yo la que acababa dejarme follar por el esposo de mi hija, bueno no solo eso era Yo la que había buscado y deseado que me pasara aquello, como podía haber caído tan bajo.

    Me duché y me cambié de ropa, pensé que seguramente Carlos vendría con mi hija por la tarde, me puse un vestido de botones con pantaletas y sujetador debajo.

    Comí con mi hijo y mi marido y por la tarde vino mi hija con Carlos que al entrar me saludo como si nada aunque sus miradas eran demoledoras.

    Al día siguiente me levanté, mi hijo aun dormía, desayuné con mi marido y le dije que iría a ver tiendas de rebajas, me puse una falda de punto negra ajustada, una camiseta de pico en V amarilla, un sujetador blanco y sandalias, sin nada debajo de la falda. Cogí el coche del garaje de casa y me fui a ver a Carlos, esperaba que fuera cierto que estaría, Al llegar a piso de Carlos toque la puerta me abrió y entre.

    Me cogió de la mano y me llevó a su habitación donde se tumbó en la cama.

    Carlos- tienes ganas de verga, verdad, pues cabalga encima.

    Me fui a quitar la falda.

    Carlos- no puta con falda, cabalga con falda y calzado, que se note tus prisas en tener mi verga dentro de tu cuerpo.

    Me subí a la cama y me abrí de piernas poniendo mi coño encima de su verga, luego con la mano la dirigí dentro de mi coño, sentí como se abría paso llegado a lo más hondo. Hacía mucho que no sentía una polla tan grande dentro de mi cuerpo, después de la primera vez comencé a ir más rápido y más y más sintiendo como su polla me atravesaba entera. Diego por su parte me sobaba las tetas, los pezones, me metía los dedos en la boca, no tardé en correrme mientras que él aguantaba aún si llegar.

    Carlos- eso es puta, sigue así te gusta sentirla dentro de ti verdad, te gusta correrte gimiendo como una puta, verdad.

    Y tanto que disfrutaba como una guarra, me corrí varias veces antes de que me llenara el coño de leche. Acabé con dolor en las piernas y rodillas de la cabalgada que di. Terminé tumbada encima de Él mientras sentía el calor de la leche en mi coño.

    Carlos- que rica puta eres, que bien follas puta! Mejor que tu hija. Va a ser una delicia teneros a las dos comiéndome la polla y follaros a la vez.

    Levanté mi cabeza y lo miré.

    Yo- eso no, no quiero que mi hija sepa esto nunca, nunca, me sentiría fatal que lo supiera.

    Yo- es igual, no quiero que se entere nunca, seré tuya con esa condición.

    Carlos- serás mía y solo mía verdad, solo obedecerás a lo que yo diga verdad.

    Yo- a todo, si, a todo seré obediente en todo, será tuya en todo.

    Carlos- límpiame la verga con tu boca.

    Me incorporé y se la cogí con las manos y le fui pasando la lengua por toda ella limpiándole los restos de leche de su polla.

    Carlos- pónmela muy dura par follarte el culo, quiero partirte en dos, seguro que tu marido no te lo folla como yo.

    Yo- no me lo folla, dice que es una guarrada.

    Carlos- será gilipollas el cornudo y tú deseas que te lo folle verdad.

    Yo- si, si, me pone mucho el que me lo follen, por favor fóllamelo fuerte como la puta que soy tuya.

    Ya la tenía dura y gorda.

    Carlos- ponte a 4 patas y pídeme que te folle el culo.

    Me puse y mientras lo hacía se lo decía-suplica. Puso su verga en la entrada de mi culo y la fue metiendo poco a poco, como sentía que su verga ocupaba todo el espacio, como sentí como sus huevos daban en mi culo al tenerla toda dentro. Pero eso fue el inicio luego la sacó y metió más fuerte y luego más y más, en verdad pensaba que me partiría y dos, a la vez me daba azotes en el culo.

    Carlos- dime zorra te gusta mucho, eh, responde putón.

    Yo- si mucho, mucho, me puso desde la primera vez.

    Tiro de mi pelo con fuerza hacía Él, poniéndome de rodillas a la vez que me sobaba las tetas, los pezones y me besaba con lengua en la boca. Mis gemidos ahogados por su lengua eran continuos y por lo menos tuve tres orgasmos con su polla en mi culo y sus manos sobándome tetas y coño. Cuando no aguató más soltó su leche espesa y caliente dentro de mi culo, terminado los dos rendidos, tumbados de boca, él encima de mí.

    Después de un rato se levantó y fue al baño, yo mientras solo pensaba en el placer recibido no sentía remordimientos por nada. Carlos volvió y su tumbó a mi lado, le cogí y besé en la boca con besos apasionados.

    Mi hija y mi marido nunca se dieron cuenta que mientras ellos trabajaban a mí, el esposo de mi hija me metía la verga en mi propia casa.

  • Mi amigo Mike (4)

    Mi amigo Mike (4)

    Antes que nada, una disculpa por tardar tanto en escribir de nuevo.

    Pasaron un par de semanas, después de nuestro último encuentro, todos los días recordaba esa noche, sin prisas ni presiones continuamos normal Mike y yo, continuando con nuestra vida rutinaria, pero sin perder el contacto, nos escribíamos a diario. Todas las noches me tocaba y fantaseaba, deseando otra noche.

    Como ya había comentado antes, comencé como pasatiempo usar ropa de mujer y sentirme super nena, ya tenía un par de conjuntos de ropa y lencería, cada que tenía tiempo me los modelaba fantaseando que se los mostraba a Mike.

    Días mas tarde entre amistades en común nos surgió un evento al retirado de nuestra ciudad por lo cual no lo pensé 2 veces y me puse de acuerdo con Mike para llegar al evento, rentar un lugar para quedarnos a dormir después del evento, lo cual pusimos manos a la obra encontramos un lugar para pasar la noche, nos encontramos antes del evento y le conté que me moría de ganas de que ya fuera la fecha él también se entusiasmó.

    Llego el día del evento desde temprano nos encontramos para tomar el bus que nos llevaría al pequeño pueblo, sin comentarle nada en mi maleta llevaba una sorpresa para él, el evento era temprano por lo cual nos apresuramos a llegar al alojamiento para arreglarnos e irnos, la fiesta estuvo increíble música, baile y mucho alcohol.

    Entre copa y copa, se me subió lo cual como había dicho antes me suelta más, en un momento de relajación me senté en unos sillones y Mike se acerco a preguntar como andaba a lo que le respondí -algo mareada, en seguida dijo ya vuelvo fue por algo de agua para mí, me la entrego y dijo -no quiero que mi chica se ponga mal, yo te cuido.

    Tiempo mas tarde nos retiramos del evento ya un poco mas calmado decidimos ir a caminar por la plaza del pueblo ya que no conocimos, platicamos sobre la fiesta y todo, nos sentamos en una banca de la plaza y le dije yo a Mike -Con que tu chica eh!? Con una pequeña mirada picara le sonreí.

    Lo cual le comenté, -Pues tu chica te tiene una sorpresita y acercándome a su oído con cautela diciéndole que su chica esta lista para que la haga suya de nuevo.

    Mike respondió -Si mi chica lo desea, se lo daré, lo cual me tomo de la mano sin importar nada y salimos corriendo al alojamiento, peño lugar, pero muy intimo de paso compramos una botella de wisky para pasar mejor el rato.

    No paso ni un segundo en el que ya estábamos llegando al alojamiento cuando Mike me empezó a nalguearme lo cual senti un pequeño dolor pero me genero placer.

    Entrando a la habitación no nos hicimos esperar me quería hacer suya, tenia a su mujer en sus brazos, me beso tan lascivamente que me prendió en seguida, ya sentía su miembro encajarse en mi, con una mirada picara y una risa nerviosa le dije que me acompañara al baño para ducharnos juntos y quitarnos el sudor de la fiesta, Mike me tomo en enseguida y se desnudo frente a mi yo enseguida de el, en la ducha empezó el descontrol.

    Me acaricio todo el cuerpo, lo lavo y mientras hacia eso me lamia todo, en donde puso mas empeño en mi trasero le gustaba jugar con el. Yo mientras acariciaba su gran pene y deseosa de tenerlo en mi boca ya.

    Saliendo de lavarnos, le dije que me espera y que se pusiera cómodo en lo que nos servía la bebida, procedí a sacar la sorpresa, un conjunto de ropa muy sexy, me coloque un bracier que me hacia resaltar lo poco que tenia de tetas, junto con una tanga blanca que hacia juego, seguido de un vestido rosa corto muy entallado que no dejaba nada a la imaginación y tacones altos que se abrochaban al tobillo.

    Yo – espero que estes listo.

    Mike – espero aquí para ver a mi mujer así es que sal ya

    Sali del baño y cada paso resonaba en la habitación mi tacón.

    Mike se quedó boquiabierto

    Yo – pero antes de esto necesito que me des un nombre, no solo soy tu mujer o chica, dándome a desear como la dama que era en ese momento

    Por fin se me había cumplido mi fantasía de mostrar la chica que llevaba dentro y quien mejor que Mike.

    Mike se quedó admirando de arriba abajo, haciéndole notar que era otra persona diferente, lo cual se noto bajo su ropa interior que frente a el no tenía a cualquier chica.

    Mike – te llamare Perla de ahora en adelante.

    Yo – Claro mi amor, me dirigí a el y le plante un beso.

    Mike – Bien Perla, no me hagas esperar mas te quiero coger como una perra en selo.

    Yo – lo que ordene mi amor, de ahora en adelante seré todo tuya, tu puta personal.

    Estaba tan excitada que no tarde en hacerlo sentar en la orilla de la cama y comenzar a comerme su gran pene, como paleta de nieve empecé a chupar y chupar hasta sus grandes huevos. Me embriagaba su sabor y toda babeada y con sus jugos me levanto y me sentó en sus piernas. Me beso y empezó a acariciar mi cuerpo sobre el vestido, tan excitada que ya se me hacia notar mi miembro lo cual a el no le importaba. Mientras me besaba subió el vestido hasta mi abdomen no tardo en hacerme aun lado la tanga me puso en cuatro y empezó a lamer mi culo, el cual ya estaba listo para recibir su gran herramienta. Pero no antes empezó a preparar mi culo con lubricante y sus dedos.

    Yo -por favor cógeme ya.

    Mike -tanto la deseas aquí esta.

    Y con un gran movimiento me ensarto con su gran pene, lo cual dolió al principio pero después ese dolor se convirtió en placer, me cogió tan duro como un perro que me estaba haciendo jadear y sacar la lengua de lo rico que lo hacía, no tardo en sacarme un orgasmo haciéndome venir sin siquiera tocarme la. Mike -aun no terminamos, me cambio de pose recostándome sobre la cama con los pies al aire y mi culo también, me empezó a penetrar tan suabe y estirando mis piernas de lado a lado, no puedo describir la sensación de estar a su merced sentir su cuerpo chocando con el mio, me quito la tanga y el vestido dejándome con los tacones y el bracier. Seguido lo monte como jinete en su caballo lo cual era cansado ya que estaba en cuclillas con los tacones altos.

    Sin dejarme de penetrar me senté en el y me tomo de la cadera y mis nalgas y con un gran movimiento me levanto en el aire sobre el dejando caer todo mi cuerpo en su verga con un penetración tan dura gemí de lo extasiada que estaba de sentirla toda, no tardo en devolverme a la cama de nuevo me coloco en 4 y en un momento empecé a sentir su respiración en mi espalda y decirme -aquí tienes todo lo habías estado esperando putita, dejo caer su cuerpo sobre mi me aprisiono los brazos de las muñecas y soltó toda su carga de su espeso semen dentro de mi, sentí como se hincho su verga y saliendo 3 chorros de semen.

    Me dejo toca cansada y tumbada sobre la cama, pero como buena perrita que soy fui a limpiarle la verga a mi macho aun con semen se la deje limpia. Solo le agradecí por el gran cogidon que medio y nos fuimos a la cama a acostar desnudos hasta olvidé de quitarme los tacones.