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  • Siempre estaré para ti, Marian (cap. 2)

    Siempre estaré para ti, Marian (cap. 2)

    Pasaron los días y llegó el momento. Se presentó un abogado en nuestra casa, supuestamente representando a papá, para comenzar a tramitar el divorcio. Un individuo de mala catadura, como era de esperar de papá. El abogado le mostró a mamá una oferta de papá, que incluía el apartamento, un carro nuevo para ella y uno para mí, una pensión de Bs. 10.000,00 mensuales por los próximos 5 años, en forma de fideicomiso y algunas pequeñeces que no vale la pena nombrar.

    Enseguida le respondí al abogado que teníamos una contraoferta, pero que se la presentaríamos solo a él, solo para sus ojos, si tenía a bien visitarnos. Que, además, lo pondríamos en contacto con nuestro abogado, mi profesor, para que se entendieran ellos.

    El abogado se retiró, de mala gana, dejándonos un mal sabor en la boca, a chanchullo, un mal olor a abogado vagabundo, abogado de maletín.

    Mamá estaba nerviosa, pero no me contradijo. Entonces, ya solos, le expliqué que la contraoferta consistía en 10 MM de los verdecitos, en una cuenta a su nombre, de ella, en el City Bank, un fideicomiso por Bs. 20.000,00 mensuales, con incremento de 20% interanual, durante 20 años, un carro nuevo para ella, un Chevrolet Camaro SS del año, un Fiat 125 S también del año para mí, el apartamento de la playa y el P.H. del edificio donde habitábamos, que se encontraba a la venta. Ah, y conservábamos el actual apartamento, para cuando yo decidiera casarme, si algún día lo hacía.

    Ella me miraba, asombrada. No podía creer que su muchachito, ese niñito que ella tanto adorara, tuviera esa mentalidad tan calculadora.

    -Mi amor ¿Y tú crees que tu papá tenga tanto para darnos todo lo que estás pidiendo?

    -Claro que sí y mucho más. Si nos da todo eso, solo se estará desprendiendo de una pequeña parte de su “patrimonio”. Mamá, papá es un delincuente, tiene chanchullos con el gobierno, es testaferro de un ministro y obtiene contratos millonarios para él y sus socios. Yo solo quiero que nos dé lo necesario para asegurar tu futuro y el mío. Lo demás se lo puede quedar y disfrutar, mientras pueda.

    -Mi amor, no quiero que exista un problema entre ustedes. Ya te golpeó y así se puede ir a mayores. Quieras o no, es tu padre y le debes obediencia. Por favor, no quiero ser la causante de eso. Debes tener mucho cuidado.

    -Tranquila, no eres la causante de nada, solo una víctima de ese hombre. Te ha faltado reiteradamente, montándote los cuernos con cuanta mujer se le acerca y ocultándote todo lo que hace y deshace. Imagínate, las tres esposas de sus socios, la cuñada, tus dos mejores amigas y pare de contar.

    -¿Y cómo sabes tú de esas cosas? ¿Quién te ha contado todo eso?

    -No puedo revelar mis fuentes, como dicen los periodistas, pero lo sé de buena procedencia. Una de las involucradas me lo contó, por una parte y otra por otra parte.

    -Explícate.

    -Bueno, mamá, para que veas que si confío en ti, una de las esposas de sus socios. Yo la vi salir, a Mildred, con papá y luego la abordé al día siguiente y se lo dije de frente: ¿Qué hacen papá y tu saliendo juntos? Ella me contestó, toda asustada que nada, solo fueron a cenar, como dos amigos que son. Entonces yo me fui más arriba y le dije que los había seguido y lo sabía todo, lo cual no era verdad, pero ella cayó mansita, se puso muy nerviosa. Entonces me empezó a contar una historia de telenovelas y la presioné. Le dije que sí me seguía mintiendo, se lo diría a su esposo, a sus hijos y a ti. Allí se desmoronó y me contó todo. Incluso, me contó que ella y Raquel se la montan a trío con papá, de vez en cuando. Emilia no ha querido, lo prefiere a solas. Lo de mi tía, me lo contó la hija de Emilia, que estudia con mi prima Anastasia. Mi prima sabe que mi papá se tira a su mamá. Y lo de tus dos amigas, pues… me lo contaron ellas mismas, porque también las presioné. Un amigo me dijo que vio a papá llegar a buscar a una de ellas. Las amenacé con decírselo a sus maridos e hijos y a ti. Eso nunca falla. Y puede que haya más, pero eso ya no importa. Bastante cacho que te ha puesto el muy sinvergüenza, pero ya saldrás de eso.

    Al día siguiente, viernes, ya anocheciendo, regresé a casa y al entrar me saludó mamá y me preguntó que traía en esa bolsita que tenía en la mano. Le expliqué que unas cuatro películas en Beta para verlas el fin de semana.

    -¿Con tus amigos o con tu novia? -me preguntó sonreída.

    -Contigo. -le respondí, escuetamente.

    -¿Conmigo? ¿Vas a perder tu tiempo con tu vieja, pudiendo pasarlo con tu novia o tus amigos?

    -No sé porque dices perder mi tiempo. Eso era lo que estaba perdiendo con Tere y por eso terminamos hace dos semanas. Y mis amigos… bueno, la verdad, prefiero pasarlo contigo, que eres mi persona preferida. Así que después de cenar, cotufas y a ver la película. Tú la escoges. -mamá me dio un beso en la frente y me dijo que me quería mucho.

    Cenamos y luego de media hora, mientras fregábamos los corotos y conversábamos de nuestras cosas, hicimos las cotufas, servimos los refrescos y nos sentamos en el sofá a ver cuál película escogía la señora. Vio las carátulas de las cuatro y se decantó por Fort Apache, con John Wayne y Henry Fonda. Siempre le gustaron las de vaqueros y Wayne era su preferido. Puse el cartucho en el Betamax y me fui a la cocina a buscar unas servilletas. Cual sería mi sorpresa que al llegar al sofá, noté a mamá ensimismada, viendo la pantalla. ¡Era una película porno!

    -¡Mamá!, ¿Qué es eso? ¡Es una porno! Dame el control.

    -No, espera, yo… yo nunca he… mirado… una porno, déjame ver un momentico… eso parece… ¡No!, no puede ser. Mi madre… ¿Qué es eso? ¿Un pene o una manguera de bomberos? Guaooo.

    Marian miraba embelesada la pantalla, donde un tipo flaco como un suspiro, con una verga descomunal, como de 30 cm. de largo, embestía a una flaquita que no tendría carnes ni para una empanada. Y le daba duro, como si fuera su última oportunidad en la vida. La actriz porno chillaba, berreaba, lloraba… pero aguantaba semejante martirio.

    -Juan, mi amor ¿Eso es de verdad? ¿Esa cosa tan grande? Yo no creo…

    -No mamá, eso son suplementos que se ponen para filmar, pero la flaquita se lo está tragando todo, eso sí es verdad.

    -¿Tú crees mi amor? Yo no creo que esa muchachita pueda con eso tan grande.

    -Pues yo sí creo que sea verdad. Por la vagina sale un bebé, porque no va a poder entrar una cosa tan grande.

    -Si, mi amor, pero no tan largo. Tal vez de grueso sí, porque el ginecólogo te puede meter su mano entera, pero el largo es lo que me asombra.

    -Bueno, mami, ya está bueno. Tú eres una dama y no quiero que veas eso. No sé cómo metieron esa película en esa carátula. Me hicieron pasar una pena contigo.

    -Hijo, gracias por lo de dama, pero no te preocupes. Tampoco soy una monja ursulina, ni una santa. Yo… he tenido… mi recorrido. No te creas -me dijo con un dejo de tristeza, mientras yo la miré con extrañeza por esa confesión.

    Pusimos otra película, sobre Shangri-La y la disfrutamos juntos, ella se acurrucó en el sofá contra mi brazo izquierdo y así nos pasamos toda la película. Cuando terminó, recogimos todo y nos fuimos cada uno a su respectiva habitación a dormir, supuestamente. Al poco rato, la sentí en la sala, me parecía que lloraba y salí presuroso a verla. La encontré en el sofá, llorando. Me senté a su lado y traté de consolarla.

    -Mi mami linda, no llores, todo va a estar bien, ya sabes, no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Él no te quiere, pero habrá muchos hombres buenos por ahí, esperando conocer a alguien tan especial como tú, tan bella y tan dulce. No sufras por ese tipo, que no te merece. Eres demasiado mujer para él. -Gracias mi amor, yo sé que tú me quieres mucho, pero tienes que comprender que mi vida se fue por la cañería. Duele y cuando eso pasa, es natural llorar un poco.

    -Bueno, llora, pero no sola. Aquí estoy yo para ti. Ven, siéntate en mis piernas, como ya sabes, para abrazarte y quererte mientras lloras un poquito. -la señora se levantó y se sentó de lado sobre mis piernas, como ya otras muchas veces hacíamos y la abracé cariñosamente. Recostó su cabeza en mi pecho y así permanecimos por un buen rato. Mientras, sus lágrimas caían sobre mi camisa.

    -Hijo ¿No te peso? ¿No estás incómodo con esta gorda sentada sobre ti?

    -¿Cuál gorda? ¿Tú? No señora, no me pesas, yo puedo contigo.

    -Pero mi amor ¡Son 54 kilos!

    -Y yo peso 80, más de 25 que tú. No te preocupes. Quédate tranquila, que me gusta sentirte así y abrazarte cómo si fueras mi novia. Te quiero.

    -Gracias mi cielo, eres un amor. ¡Qué bueno es tener un hijo que ya sea todo un hombre, grande, alto y fuerte, que me quiera tanto y no le pese cargarme!

    -Aquí estoy para ti, mami, siempre. Yo no soy papá, yo si te quiero de verdad.

    -Lo sé mi amor. Yo también te quiero.

    -Bueno, si ya estás más tranquila, vamos a dormir ¿Te parece?

    -Si, vamos, ya no voy a llorar más… ¿Pero… te puedo pedir un favor? -me dijo, a lo que yo asentí con un movimiento de cabeza -Me gustaría que durmieras conmigo, para que me abraces y así no me sienta tan sola. ¿Me complacerías?

    -Claro que sí, mi linda. Vamos.

    De esa manera la acompañé a su habitación y me fui a mi baño a prepararme para acostarme con ella. Al llegar a su cama, en interiores y con un pantaloncito de pijama, como acostumbro dormir, ella aún estaba en su baño, preparándose. Salió con un neglillè negro de infarto, que nunca se lo había visto.

    -Guao mami, que bella. Nunca te había visto esa pijama. Estás preciosa.

    -Pijama no, neglillè. Es mucho más refinado que pijama y más caro también, jejeje. Me lo compré para ver si seducía a tu papá, pero no sirvió. Pero me alegra que a su hijo si le guste.

    -¿Piensas seducirme? Jejeje…

    -De pronto, quien sabe…

    Se acostó de su lado de la cama, se arropó un poco y se pegó de mi cuerpo, tratando de buscar un abrazo. La abracé de una vez y podía sentir su aroma natural, de mujer bonita. De esa forma nos fuimos quedando dormidos.

    A más de la medianoche, medio dormido, sentí su cuerpo pegarse al mío. Se había puesto sobre su lado izquierdo, dándome la espalda y su trasero pegado a mí, que también me había volteado para ese lado. En suma, su culo estaba pegado a mi pelvis. Y mi pene en erección, quizás por ello me había despertado. Le puse una mano en su cadera y percibía su respiración, lenta, pausada. Ella dormía plácidamente. Sentía la calidez de su piel desnuda en la cadera, puesto que el neglillè no la cubría. Era una sensación deliciosa; mi madrecita era una mujer realmente hermosa, no por ser mi madre. Tenía una carita de muñeca, ovalada, con ojos color castaños como su cabello, cejas perfectas, una nariz regular muy recta, pómulos altos y bien marcados y unos labios seductores, gruesos, generosos, que invitaban a besarlos. Más de una vez pasó eso por mi cabeza, pero me lo sacudía como si fuera la peste, porque me parecía una perversión.

    Su cuerpo, un pecado y no venial, sino mortal. Piel blanca bronceada, hombros, cuello y brazos de diosa griega, senos regulares tirando a grandes, una barriguita muy linda con un ombligo seductor, hundido, redondo y muy marcado, una cintura esbelta que de pronto se abría en unas caderas fantásticas, unas piernas torneadas y preciosas, una espalda lisa y atlética, un trasero de lo mejor que mis ojos hayan visto, con nalgas tipo corazón, que invitaban a darle nalgadas y todo ese maravilloso cuerpo rematado en unas manitas y unos piececitos pequeños y lindos de verdad. Había algunas partes que no conocía, como sus areolas, pezones, vulva, labios vaginales, la raja de su culo. Pero no importa, suponía debían ser maravillosos también. Alguna vez escuché a papá decir, cuando aún la quería, que Marian era una mujer completa, hermosa, con todos los encantos necesarios para seducir a un hombre exigente. Que no tenía un solo miserable defecto en todo su cuerpo, tan solo que medía 1,56 mts. Era, para la talla de papá, una mujer bajita, porque él al igual que yo medíamos, en ese entonces, 1,80. En pocas palabras, ella era como un apartamento estudio, pequeña pero con todas sus comodidades.

    Poco a poco fui bajando mi mano, recorriendo la redondez de su cadera hasta su muslo. Me erizaba de solo sentir su piel en las yemas de mis dedos. Así llegué casi a su rodilla, desde donde me devolví, acariciándola suavemente, para evitar despertarla. Luego subí mi mano para acariciar su panza, su ombligo y subir hasta la parte baja de sus senos. Allí me detuve, no deseaba irrespetarla, pero entonces me pasé a su brazo y cuando llegué a su mano, sentí que ella la tomaba en la suya y entrelazaba sus dedos con los míos, para luego hacerla acariciar su piel por la panza y la cadera.

    Su respiración seguía siendo lenta, pausada. Se notaba que estaba dormida, descansando. Pero no soltaba mi mano. Me arrimé más hacia ella, para pegar más mi pelvis a su hermoso trasero y de pronto sentí mi pene, totalmente erecto, recostarse de la raja de su culo. Aquello era pecado, pero que bien se sentía. Estaba recostado del culo de mi madre. ¡Que bolas las mías!

    Luego sentí que ella movió hacia atrás su pierna derecha, tratando de enroscarla con la mía, que se quería entrometer entre las suyas. Me quedé mucho rato así, la sensación era agradable. Y me quedé dormido, nuevamente. En la madrugada, ya se notaban los albores de un cielo despejado, sin nubes, cuando de pronto ella se volteó y se montó literalmente sobre mi cuerpo, se acomodó sobre mi pecho y allí se quedó, como si yo fuese su colchón. ¡Dios, que sensación tan especial! Estuvimos más de una hora así, ella sobre mí y yo sin atreverme a mover un solo músculo de mi cuerpo. El olor de su cabellera, justo bajo mi nariz, era delicioso. Se la había lavado antes de cenar, poco antes de que yo llegara a casa. Aroma a flores silvestres, a mujer sensual.

    Varias veces había dormido con mamá, recientemente, pero en ese momento la sentía muy especial, diferente a las otras oportunidades. Nunca había tenido una erección durmiendo con ella, porque siempre fui muy respetuoso, pero claro que admiraba su belleza. Y entonces no podía comprender como el idiota de mi padre podía dejarse de semejante mujer. Tenía que ser un problema cerebral, tal vez estaría en drogas, sería alcohólico, se habría convertido en marico; no, eso no porque se cepillaba a varias mujeres. Pero algo estaba pasando, porque Marian era una mujer excepcional, no cualquier cosa y a sus 36 años, yo la consideraba en la plenitud de su belleza y de sus capacidades.

    Lo que no entendía, por otra parte, era qué había visto Marian en papá. Si, era un tipo regularmente alto, bastante buenmozo, pero un hombre incapaz de mostrar sus sentimientos… si es que los tenía. Bueno, algo debía de tener, porque las amigas de mamá me habían dicho que el tipo les echaba unos polvos de leyenda. Y a las dos juntas. Parece que era un buen varón, en el sentido sexual. Y bien dotado, particularmente. Tenía que ser eso lo que vio Marian en él, porque estoy seguro que esa mujer pudo haberse conseguido algo mejor. Tenía materia prima más que suficiente para ello, era una mujer hermosa y apetecible, inteligente y divertida.

    Pero bueno, amaneció y mamá se despertó, sorprendida por donde se encontraba, totalmente sobre mi cuerpo. Me di cuenta que se sintió avergonzada, de repente y se paró apurada para ir al baño. La oí desahogarse en el váter y luego escuché el agua correr, del váter y del lavamanos. Pero no salía del baño. Pasó más de media hora y seguía dentro. Cuando por fin salió, se encontró con mi mirada y mi sonrisa.

    -Buenos días, señora bonita, bendición. ¿Cómo amaneces?

    -Buenos días, mi amor, Dios te bendiga. La verdad, confundida, creo que amanecí… acostada sobre… ti. Me disculpo si te incomodé.

    -Para nada, mi linda. Ha sido un placer dormir contigo. Verte despertar, tan linda, aunque me dio la impresión que estabas apenada. Soy tu hijo, entre nosotros no debe haber pena.

    Luego de ir al baño, ducharme y vestirme, fui a la cocina a desayunar con ella. La abracé por la espalda, poniendo mis manos bajo sus senos y la besé por el cuello. Ella se erizó y me empujó con su trasero para que la soltara. Yo insistía y ella me reprochaba porque mis besos en esa parte de su cuerpo la ponían mala. Era muy sensible a ese tipo de caricias.

    Le propuse pasar el día juntos, salir a caminar, luego yo cocinaría para ella y veríamos una película en la tarde y quizás otra en la noche. Ella parecía feliz, aunque yo sabía que la procesión la tenía por dentro; enseguida me dijo que sí. Salimos a caminar al parquecito de la urbanización y sudamos bastante, haciendo un poco de calistenia y ejercicios. Luego regresamos, nos dimos un baño, cada quien por su lado y nos vestimos para pasar cómodos el resto del día. Me fui a la cocina a preparar una pasta Vermichelli, con una salsa Boloñesa y queso parmesano. Una cremita de espárragos, de sobrecito y unas cervecitas para matizar. Mientras, la señora se apareció con un vestidito liviano, corto, sin sostén y descalza. Se estaba pasando un peine por su frondosa cabellera y mostraba una sonrisa espectacular. Se notaba que el ejercicio y posterior baño la habían hecho sentir mejor. Almorzamos en paz de Dios, con conversaciones intrascendentes y luego de recoger la mesa y fregar los corotos nos fuimos al salón a echarnos en el sofá, donde nos quedamos adormecidos por el calor.

    Como a las 4 p.m. nos desperezamos, la abracé y seguimos echados un buen rato. Ella se dejaba abrazar, como a gusto.

    Después, hicimos las cotufas y nos dispusimos a ver otra película. Enrollados en el sofá, ligeros de ropa. Yo me había quitado franela, medias y zapatos. Ella estaba con un vestidito liviano, corto, sin sostén, descalza y cómoda.

    En la noche, cenamos unos sándwiches y después al rato, nos dispusimos a ver la última película. Cuando la terminamos, poco antes de las 11 p.m., ella me dijo muy apenada que si no me importaba quería mirar la película porno. Yo me extrañé, pero no se lo demostré, para que no se apenara más. Le dije que con gusto la veríamos juntos. Y la puse.

    Ella vivió la película en casi todas sus escenas; se asombraba del tamaño de los penes que salían, que eran grotescos y falsos la mayoría y de las caras de puta de las actrices, la cantidad de saliva que desplegaban en cada escena y especialmente de los gemidos y gritos de ellas. Eran tan fingidos que daba risa. Algunas veces, chillaban antes de que les entrara. Y eso me lo hizo saber.

    -Es increíble lo falso que se ve todo, esos penes gigantescos, esa cantidad de saliva, los gritos. ¿Te gustaría que tu chica chillara así, tanto? -me preguntó.

    -Para nada, yo no creo que el acto sexual deba ser algo escandaloso. Más bien, lo considero algo íntimo, para ser disfrutado por dos, sin que nadie más se entere. Yo nunca te he escuchado a ti gemir y chillar así, con papá. Tú eres muy silenciosa o yo tengo el sueño muy pesado. -ella se sonrió con mi observación, pero también se ruborizó.

    -¿De verdad nunca me has escuchado?

    -Una que otra vez, pero muy quedamente. Yo tengo muy buen oído, pero éste apartamento tiene buenas paredes y tú eres muy discreta, en todo.

    -Me daría vergüenza que me oyeras gritar. Algunas veces me ha provocado, por broma o por excitación, pero me he sabido controlar.

    -O te has cohibido. No es justo, pienso que una mujer debe expresarse tanto como lo puede hacer un hombre, sin tener que llegar al escándalo. Es más, las mujeres normalmente son mejor comportadas que los hombres. He oído que a muchos hombres les gusta decirle barbaridades a la mujer en pleno acto sexual, como puta, perra, sucia, zorra, etc. y todas las vulgaridades que se les ocurren pero a mí no me parece bien, creo que no es necesario irrespetar o humillar a nadie en el sexo. Es algo para el disfrute de ambos, no de uno solo.

    -Me gusta como piensas, mi amor. Se nota que eres buena persona, que tienes control sobre tus instintos básicos. Eso es bueno, ojalá que te encuentres una chica que lo agradezca.

    -Bueno, ya tuve una que se burlaba de mí, porque no me gustaba vejarla. Definitivamente, era muy puta, por eso la dejé.

    -¿Por qué dices eso, mi amor? ¡Nunca te había oído expresarte así de ninguna mujer!

    -Bueno mamá, hay mujeres de mujeres. Ésta es de ése tipo que se burla de la cortesía que un hombre le brinda, que le cuenta a todos lo que le hacen y dejan de hacerle y califica de tonto al que no quiera complacerla en alguna de sus perversiones. Por ejemplo ¿Sabes lo que es el beso negro? ¿Si? Bueno, ella se burlaba de mí, delante de los compañeros de clase, porque yo me negué a darle uno. Me dijo mojigato y bolsa.

    -¿Y tú, que le respondiste? ¿No te quedaste con esa, verdad?

    -No, le perdí el respeto en ese mismo instante. Le dije que no me atrevía a dárselo por dos razones, una, que es algo sucio besar un culo y dos y la más importante, que yo no iba a meter mi lengua en un culo que se ha follado todo el mundo y alguien más.

    -La reventaste, bien hecho.

    -Si, después se puso a hablar de mí, que no sabía complacer a una mujer, que no era capaz de sacarle ni un orgasmo, etc., etc.

    -¿Y cómo lo supiste, acaso lo dijo en tu cara?

    -No, me lo dijo su mejor amiga. Le dije que no me importaba, que era solo su manera de vengarse de mí, pero que ni me iba ni me venía.

    -¿Y qué te respondió?

    -Bueno, me dijo que ella había escuchado a Tere mencionar que yo era muy bueno en la cama, antes de molestarse, pero que ahora estaba diciendo porquerías de mí. Que la mejor manera de saber cuál era la verdad era probando y ni modo, probamos.

    -Lo hiciste con ella?

    -Si, la chica me agrada, está muy buena y es simpática, además de salida. Nos fuimos a un hotel y le dimos. Quedó muy satisfecha y al día siguiente le dijo a Tere que era una estúpida, que yo le había dado una cogida de campeonato mundial. La mejor de su vida. Así mismo.

    -Guao. Que intenso… Yyyy, papi, cambiando el tema ¿Qué pasó anoche?

    -¿Anoche? Que, de que, de cuando, no sé qué me preguntas.

    -No sé si es que lo soñé o si sería verdad, pero sentí unas caricias, unas manos recorriendo mi cuerpo, mis caderas, mis piernas, mi pancita, mis brazos. Nada irrespetuoso, pero me acariciaban muy dulcemente. ¿Fue de verdad o lo soñé?

    -Estoy pillado… Fue verdad, yo estaba medio dormido, de pronto… me di cuenta que estabas de espaldas a mí y yo pegado a tu cuerpo, estabas destapada y podía ver tus caderas y no sé, de pronto pasé la mano por tu piel, me gustó y bueno, que te puedo decir. Si te parece una falta de respeto, me disculpo, no volverá a pasar.

    -No, mi cielo, no me parece una falta de respeto. Simplemente… bueno… me gustó, pero no sabía si era mi imaginación o realidad. Como tú siempre has sido tan respetuoso conmigo, pues no estaba segura…

    -Bueno mami, menos mal que no te molestó, porque me daría mucha pena contigo. Sabes que tú eres lo más importante de mi vida, lo último que yo haría sería faltarte.

    -Mi cielo, no dije que no me molestó… dije que… me gustó…

    Su mirada era penetrante, directa a mis ojos, leyendo en mi interior. Yo me quedé sin habla. No sabía qué hacer. Al final, ella rompió el hielo:

    -¿Vamos a dormir ahora? ¿Te gustaría dormir conmigo otra vez?

    -Ehhh… si, mami, claro. Si, me gustaría mucho dormir contigo esta noche. Vamos, prepárate para acostarnos.

    Esa noche volvimos a dormir juntos, ella se recostó sobre mí y así nos dormimos… y como la noche anterior, ya casi de madrugada, me espabilé y la encontré de nuevo, de cucharita contra mi pelvis. Notaba su figura, por la claridad de la luna y de nuevo me provocó acariciarla y ya sabía que le gustaba. Empecé la misma rutina de la anterior noche, pero llegado a la parte baja de sus senos, me provocó subir a ellos. Escalar esas montañas. ¿Esta vez sí se molestaría? No podía saberlo, pero algo que vi en su mirada cuando me dijo: ”… no dije que no me molestó… dije que… me gustó…” me decía que siguiera adelante. Y lo hice. Rocé con mis dedos la piel de su seno derecho, suave, deliciosa, tersa, hasta llegar a su pezón. Me quedé allí, notando como se tensaba, se iba hinchando, crecía, palpitaba. Era una sensación increíble. La teta de mi madre, la cosa más deliciosa que había tocado en mi vida. Ninguna otra que hubiera tocado antes me había producido tal sensación. De pronto ella empezó a ronronear como si fuese una gatita y se acomodó más en la cama. Luego, continué mis caricias y ella suspiraba, dulcemente, quedamente. Era encantador escucharla suspirar. Me ericé… Y mi miembro también. Brincó desesperado dentro de mis interiores. Sentí que ya me estaba pasando de la raya y bajé mi mano hasta su cadera, donde al poco ya estaba acariciando la redondez de su nalga. Otro placer celestial. ¡Que nalga! Redonda, firme y suave, tersa la piel. Nuevamente sentí que me estaba pasando y retiré mi mano hacia la cadera, pero entonces ella la buscó y me la llevó suavemente de nuevo a su pezón derecho, la apretó y suspiró otra vez. Mensaje recibido. Ya no paré más, todo el resto de la noche acaricié sus dos tetas, su nalga derecha y toda parte de su anatomía que estuviera a mi alcance, mientras ella seguía ronroneando, suspiraba, gemía suavemente. Su respiración se aceleró y la mía… se desbocó.

    No estaba seguro de lo que estaba pasando, no era lógico, pero era delicioso. Esperé hasta que amaneció, para ver su cara y poder descubrir en su mirada, aprobación o reproche, gusto o vergüenza.

    Poco antes de amanecer, nuevamente trató de subirse sobre mí, pero no lo lograba. Entonces me acomodé y la ayudé a subirse, ésta vez con éxito. Allí se quedó plácidamente dormida, hasta que despertamos. El calor de su piel me tenía hipnotizado, que delicia. Y con una erección marca El Águila.

    Al despertar, me miró como avergonzada. Tal vez pensaba que había dado un paso indebido cuando buscó mi mano y la llevó a su pezón, pero a mí me pareció fabuloso. Entonces levanté su cara por su barbilla y la miré directo a los ojos y le dije:

    -A mí también me gustó… y mucho. -ella me sonrió y me dio un sutil beso en los labios. Luego se fue al baño, a atender la llamada de la naturaleza. Tardó bastante en salir y nuevamente la noté un tanto avergonzada. Se sentó en la cama, a mi lado y me dijo:

    -Amor, creo que anoche me pasé, no sé, me siento extraña. Será mi nueva condición de mujer abandonada, no sé, pero creo que necesitaba un poco de cariño y tú estuviste dispuesto. Gracias por eso y discúlpame si abusé de ti. Sé muy bien que me adoras como madre, pero creo que mi comportamiento éstas dos noches no ha sido muy maternal que digamos, perdóname. No volverá a ocurrir.

    -Marian, permíteme que te llame por tu nombre, para mí ha sido un placer dormir contigo éstas dos noches y si tú me necesitas, estoy dispuesto a hacerlo todas las noches que tú quieras. Te amo y para mí eres lo más importante. No te sientas mal, yo lo disfruté como no tienes una idea. Mami, te respeto, pero también te amo, no sé si esto que siento sea malo, no lo creo. No creo que algo que provenga del amor que se tienen dos personas pueda ser malo.

    -Eres muy lindo, hijo mío, te adoro. Yo también creo como tú, que no puede ser malo. Pero esto que estamos haciendo puede ser considerado pecado por otras personas. No podemos arriesgarnos, menos en pleno trámite de divorcio, así que lo que aquí pase, aquí se debe quedar. No debe salir jamás por esa puerta. ¿Estás de acuerdo conmigo?

    -Totalmente. Aquí se queda. Te lo prometo.

  • Sexo con mi amiga en la facultad

    Sexo con mi amiga en la facultad

    Un día estaba en mi casa viendo la T.V. cuando sentí que mi pene se empezaba a parar a lo que fui a mi cuarto por una USB donde tengo varias película XXX y la conecte en la tele procediendo a masturbarme después de un rato me vine soltando chorros de semen, me limpie y limpie en donde había caído mi semen y desconecte mi USB de la tele y la guarde en mi cuarto.

    A las 4 horas llegan mis padres de trabajar, cenamos y platicamos un rato hasta que ellos se van a dormir y yo me quedo levantando la mesa mientras la T.V. me hacía compañía. Cuando termino con los trastes me quede viendo la tele un rato y después me fui a mi cuarto y estando acostado me di cuenta que mi pene seguía duro, así que decidí masturbarme para que se bajara y así estuve un rato hasta que solté varios chorros de semen, quedándome dormido a los pocos minutos.

    Cuando desperté alrededor de las 4:30 am para darme una ducha e irme a la universidad me di cuenta que mi pene seguia erecto y duro, como si la deslechada de la noche no hubiera sucedido, por lo que decidi masturbarme en la regadera esperando que se me bajara, pero no fue asi, ya que cuando me puse mi bóxer parecía una tienda de campaña, cabe aclarar que siempre me pongo el bóxer y una camiseta cuando ya me he secado para salir del baño con la toalla enredada en la cintura, pero ese día aun con la toalla se me marcaba la erección asi que me puse mi ropa hecha bola enfrente de la entrepierna para irme a cambiar a mi cuarto, como no se me bajaba y no tenía tiempo de masturbarme me tuve que poner un pants medio holgado para que no se me marcara nada, después me despedi de mis padres y salí rumbo a donde salía el autobús a la universidad a eso de las 5 am.

    Ya estando arriba del autobús me sente hasta la parte de atrás y cuando vi se sento en el asiento del pasillo una amiga de la facultad con la cuál tenia fajes, besos, y sexo cuando ambos andabamos calientes, me ve que me pongo mi mochila en mi entrepierna y me dice:

    «Qué escondes? Quita mi mochila y tocando dice en voz baja: «que tienes aquí, esta grande y duro, es para mi?

    Y le dije: «si» pensando que se me bajaria la erección si ella me masturbaba o si me daba una mamada o ya si teniamos suerte me dejara cogérmela

    Cuando el autobús empezó a caminar y apago las luces, mi amiga nos puso una frazada que llevaba pues a esas horas se siente el frio, una vez cubiertos senti como metia su mano dentro de mi bóxer y empezaba a acariciar mi pene mientras me besaba, diciendo en voz baja: «éstas muy caliente y a nada de explotar verdad?» y le susurre: «sí, y solo tú me puedes calmar» a lo que ella se baja un lado de la blusa y se saca una de sus tetas y la empiezo a acariciar, como la frazada nos tapaba y la luz apagada nadie veia nada, de repente ella me dice: «quiero tu leche pues no desayune nada y la tuya sabe rica» , apenas le voy a decir algo cuando veo que se acomoda como hincándose en el pequeño espacio del asiento y empiezo a sentir como su lengua lamia la punta de mi pene y posteriormente se la mete toda en la boca.

    Yo estando ten excitado por la adrenalina de que nos podian descubrir en el autobús y cuando senti que me venia, la empuje de la cabeza hasta que termine de correrme, levante la frazada y vi como se tragaba toda y después me limpiaba el glande con su lengua, para después guardarlo en mi bóxer y subirse al asiento nuevamente, ya ahi me dice: «estuvo rica, a ti te gusto?» y le dije que si, y me dice: » yo no tengo leche pero si quieres puedes chupar mi teta hasta que lleguemos».

    Entonces como sanguijuela me pegue a ella hasta que el chofer encendio la luz, lo que queria decir que ya estabamos por llegar a lo que me despego de mi amiga ella se acomoda su blusa y dobla su frazada y nos bajamos, ella primero y cuando bajo veo que le da un trago a su botella de agua para escupir después pues me queria besar y ella siempre se enjuagaba pues me decia: «si son tus mecos pero no quiere decir que te bese con ellos en la boca, jajaja».

    Caminamos y ya cuando estabamos por llegar a la facultad me besa pero me agarra el pene y me dice: «wow, sigue duro, pense que al chupartelo y correrte en mi boca, se bajaria pero veo que pone residencia» debo reconocer que sabia como chuparmelo pues no metia los dientes y sus labios saben hacer maravillas.

    Me toma de mi mano diciendo «sigueme», llegamos a los salones de tercero que en teoría debian estar cerrados pues no tendrian clases por su examen, ella ve que uno esta abierto y me dice «entremos, no tenemos mucho tiempo» cuando entro cierra la puerta y me baja el pants y el bóxer, diciendo antes de ponerse en cuclillas y meterselo a la boca: «esto si no lo resiste nadie» y me lo empieza a chupar, se levanta y me lleva hacia el escritorio y me acuesta, ella se quita sus zapatos, se baja sus jeans a la cadera y me deja ver su tanga negra y se sube encima de mi y haciendo a un lado el hilo de la tanga se mete mi pene en su vagina diciendo entre gemidos: » ahora si se baja porque se baja».

    Pasaron como 10 minutos cuando le digo: «me voy a venir» y me responde hazlo dentro tengo DIU entonces me corro ella se baja me lo chupa para limpiarme y nos vestimos, se enjuaga la boca y nos salimos rumbo al edificio donde tomabamos clase y cada quien se fue a su salón.

    Continuará…

  • Me entregué al capellán de la Universidad

    Me entregué al capellán de la Universidad

    Cuando empezaba el quinto ciclo en la universidad, llegó a la universidad un nuevo capellán. Español, de Navarra. Desde que lo vi por primera vez, me humedecí. Era joven, de 32 años (luego supe su edad), alto, fornido, bronceado al sol, cabellos castaños. Más parecía un sexy futbolista que un sacerdote.

    Todas mis amigas empezaron a confesarse, los martes o los jueves. En una pequeña salita privada, que el padre usaba de oficina y confesionario. Pensé que ser confesada por el Padre sería muy excitante. En mis sueños húmedos me imaginaba siendo cogida por él en esa pequeña salita. Finalmente decidí hacer lo mismo que mis amigas y un martes hice mi cola, como una devota más y, finalmente, entré al recinto donde todas mis amigas fantaseaban con el Padre español, tan churro y sexy, mientras las confesaba.

    Aunque tuviera sotana, el Padre era un hombre precioso. Me habló muy formalmente desde que llegué. Seguimos el protocolo de confesión y llegó el momento de la confesión de mis pecados. Había planeado decirle unos pecados hot, a ver si lo perturbaba. Tenía el morbo secreto de contarle aventurillas ficticias, para ver como reaccionaba.

    -Cuéntame hija, ¿Qué pecados tienes?

    -Padre he tenido pecados de carne

    -¿Explícame hija? ¿Estás segura de lo que dices? ¿Sabes lo que son los pecados de carne?

    -Si Padre, lo sé. He hecho cosas impropias con mi novio.

    -¿Qué cosas impropias hija?

    -Padre, me da mucha vergüenza contarle.

    -Hija mía, este es un momento de confesión. Tienes que ser sincera para lograr el perdón del Señor nuestro Dios. Él espera sinceridad y arrepentimiento.

    -Padre lo sé, pero me da vergüenza decirlo.

    -Hija mía, se valiente, nuestro Señor es testigo de tu confesión y Él sabe todo. Sólo espera que seas sincera en este salón.

    No tenía ninguna vergüenza. Simplemente quería soltarme y coger confianza. Empecé a narrarle la situación. Empecé con mi narración, previamente escrita y ensayada.

    -Padre. Mi novio me pidió que le diera una prueba de amor. Le dije que no. Que eso era pecado. Que como podía pedirme eso. Ha insistido mucho y finalmente acepté. Pero como siempre he soñado con llegar virgen al altar, sólo lo hicimos por mis nalgas. Sólo eso le di. Yo pensé que eso no era pecado pues sigo siendo virgen y llegaré pura al altar, pero le conté a una amiga y me dijo que eso se llama sodomía y es pecado de carne. Padre, no quiero irme al infierno por pecadora de carne.

    El padre se quedó callado un instante y me dijo. Hija mía. El señor perdona tus pecados. Reza 4 padrenuestros y ve en paz.

    Me retiré y casi rezo los padrenuestros ordenados. A los dos días, me encontré con el padre en un pasillo. Me saludó amablemente y me dijo “hija, el martes nos confesamos de nuevo”. El “nos confesamos” me sonó raro. Decidí desarrollar mi narración más.

    Llegado el martes, tras el preámbulo formal, empecé una nueva confesión.

    -Padre. Lo he vuelto a hacer. Volví a tener pecados de carne.

    -¿Cuéntame hija, que has hecho?

    -Padre. Me sentía inquieta y tenía ganas de que mi novio me toque allí atrás. Lo fui a ver ayer a su cuarto y felizmente estaba solo. Le dije que me sentía rara y que tenía muchas ganas de sentirlo allí atrás. No sabía porque, pero eso quería. Me acostó en su cama. Me puso boca abajo. Me bajó el short y mi calzón y me lamió atrás. Sentí mucho placer. Sentía muy rico. Luego se puso encima y me metió su pene entre mis nalgas. Sentí muy rico Padre y tuve unas contracciones que me hicieron sentir muy bien y relajada.

    -Hija, eres una pecadora.

    Miré su entrepierna y tenía una erección que su sotana no podía ocultar. Se veía un delicioso bulto que, bajo la sotana me ponía loca. Espere él de un paso más, pero no lo dio. Yo tampoco me animé. Me ordenó rezar cinco padrenuestros y me ordenó salir del confesionario.

    Seguí confesándome cada martes. Con nuevas aventuras y más detalles. La verga del Padre se erectaba cuando empezaba a narrarle lo que hacía con “mi novio”, que, por cierto, no tenía. Pronto él mismo me pedía más detalles. De donde lo hacíamos, de cómo era la cama, de que ropa interior utilizaba. Pero ni él iba más allá ni yo me arriesgaba a ir delante.

    Tras poco más de un mes de juegos de confesión. Yo moría de ganas de ser suya. Todo el día pensaba en ello. No había instante que no imaginara al Padre desnudándome en su confesionario y poseyéndome. Decidí que no podía pasar más tiempo sin ser suya.

    La universidad tenía un código de vestimenta muy estricto. Vestidos como mínimo hasta la rodilla. El martes de la confesión me puse un vestido lo más corto posible. Sin arriesgarme a que no me dejen ingresar al campus. Debajo del mismo una tanga muy pequeña. Había ensayado en casa la forma de sentarme de forma que el vestido se recogiera lo más posible y mostrará la mayor parte de mis muslos.

    Llegué al confesionario. Me di cuenta como el Padre me miró. Nunca había ido con vestido, siempre de jean y polo. Sentí que me desnudaba con su mirada. Me senté en la silla frente a él. Tuve mucha suerte, pues al sentarme el vestido se recogió aún más que en mi mejor ensayo. Podía ver todos mis muslos y más aún. Desde donde él estaba, frente a mí, con certeza podía ver mi tanga.

    Empezó la parte protocolar de la confesión. Pero lo sentí turbado, su voz era entrecortada. Miré como el enorme bulto resaltaba sobre su Sotana. Yo aún no había hablado.

    Ni bien empecé a contarle mis “pecados”, se paró. Su bulto me ponía loca. De pie estaba, su verga estaba es la altura de mis manos. Me arriesgué. Las puse sobre su verga erecta. Se alejó, pero un instante después, sin hablar, volvió aún más cerca. Le volví a coger la verga. La sentía en mis manos erecta, dura, durísima, y grande.

     Se la solté y con ambas manos le subí la sotana. Debajo de ella llevaba sólo un bóxer que reventaba. Le volví a coger la verga sobre el bóxer y él sólo gemía. Se la saqué y sin esperar a que diga nada se la empecé a chupar. Era grande, de las mayores que había probado hasta esos años. Gruesa y muy recta, perfectamente recta.

    Me encantó sentirla en la boca y más aún escucharlo decir “hay Dios Mío. Hay Dios Mío”. Lo repetía sincrónicamente. Me puse de pie, me levanté, y le dije “Padre quiero entregarme a Usted”. El sólo seguía diciendo “Mi Dios, mi Dios”. me puse delante de él y “en retroceso” le entregué mi coño que chorreaba.

    El no atinaba a mucho, Era yo quien me movía y me seguía moviendo. Era yo quien dictaba el ritmo. El casi inmóvil sólo aportaba su verga gruesa y dura. En unos minutos llegué y mi placer lo hizo llegar. Dentro de mí.

    Luego de llegar comenzó a repetir “Dios, que he hecho”. Cómo las anteriores frases, la repetía como una letanía. Me acomodé la tanga y el vestido. Aun chorreando salí del confesionario. Él ya se había acomodado la sotana. No me miraba. Al cerrar la puerta le dije “Padre el siguiente martes vuelvo a confesarme”.

  • Phuc de Vietnam (I)

    Phuc de Vietnam (I)

    El jefe me acompañó a mi puesto. Era un espacio abierto con tres mesas largas en las que a cada lado se sentaban tres personas. Al llegar a la segunda mesa según entramos, me dirigió hacia una silla desocupada en el medio mientras me presentaba en voz alta. La mayoría me miró y saludó con una sonrisa o un “bienvenido” en voz alta, menos algunos que estaban en una llamada con los cascos puestos. Había un par de calvos de mediana edad, dos tíos de más o menos mi edad aproximándonos a los 30, unos cuantos viejos y cuatro chicas de entre veintitantos y treinta y pocos. Me fijé de inmediato en una rubia de unos treinta y pocos y en una chica de rasgos asiáticos de veintimuchos.

    Era mi primer día de trabajo en la empresa. Me senté y encendí el ordenador. La chica de rasgos asiáticos se sentaba en la parte de enfrente, a mi izquierda. Desde mi posición no la tapaba ni el monitor ni ninguna barrera de separación por lo que veía su cara perfectamente, y ella a mí.

    Pasaron los primeros días muy ocupado aprendiendo el trabajo, pero de vez en cuando me sorprendía mirando a la chica asiática, que se llamaba Phuc.

    Era bastante graciosa pero tímida. Había nacido en España, pero su familia venía de Vietnam. Era la séptima de un total de 8 hermanos, sus padres no perdieron el tiempo. Se reía de su nombre y de los problemas que le había causado pero ya estaba acostumbrada. Además su nombre escondía otro secreto que acabó contando con el tiempo. Phuc en Vietnam es nombre de hombre y como sus padres esperaban que fuera niño, cuando salió niña mantuvieron el nombre que habían pensado. Sus padres no estaban muy bien de la cabeza. No se habían adaptado durante los años a la vida occidental, a diferencia de Phuc que nació ya aquí. Esto le causaría a ella problemas en su vida.

    Volviendo al principio, a las dos semanas de empezar a trabajar apareció un chaval algunos años menor que yo. Había pasado un par de semanas de vacaciones y se reincorporaba. Se sentaba en la mesa de detrás. Era el junior casi recién salido de la universidad, estaba gordo y era un bocazas muy sarcástico. Me cayó muy bien desde el principio y nos hicimos amigos.

    Mientras tanto lo que inicialmente me pareció una chica exótica y guapilla pero nada más, empezó a interesarme más. Miraba de reojo cada vez más a menudo a Phuc con cuidado de que no me pillase. Ella parecía siempre concentrada en la pantalla, a veces seria, otras veces sonriendo. Me encandiló un detalle de su sonrisa, se le veían un poco los colmillos, algo que me atraía mucho.

    Phuc no era baja aunque sin llegar a 1,70 metros. Ojos algo rasgados obviamente, una frente ligeramente amplia, melena muy morena de pelo muy liso hasta la mitad de la espalda. Una nariz bonita de puente delicado típicamente asiática. Una boca amplia, pómulos ligeramente marcados. Era delgada pero de piernas largas y finas. Los vaqueros le quedaban espectaculares. No tenía un culo estilo dominicano pero para mí tenía un culazo, de dimensiones perfectas ajustadas a sus largas piernas. No tenía muchas tetas, como muchas asiáticas, pero la cara y el culo junto con su personalidad introvertida pero juguetona y bromista lo compensaba más que de sobra.

    Todo eso daba igual porque yo tenía novia, de físico muy diferente a Phuc. Tetas grandes, más contundente, estaba muy buena. Y Phuc también tenía novio así que lo único que hacía era observarla silenciosamente y hacerme alguna paja de vez en cuando pensando en ella. Aunque me atraía Phuc, mi relación con mi novia iba bien así que en ningún momento se convirtió en obsesión.

    Phuc, la rubia buenorra de nombre Olivia, el chaval gordo de nombre Nico y otra chica del departamento formamos un grupo unido, siempre íbamos juntos a comer. Todos teníamos pareja. Y con los meses empezamos a salir de vez en cuando en el fin de semana.

    Pronto me di cuenta de que Olivia estaba muy buena pero no me atraía nada. Una de esas cosas que pasan. Y de que Nico era un tío genial. Era un bocazas y un cerdo y tenía una personalidad brutal. No es fácil encontrarse a un chaval gordo (tampoco era tan gordo, solo que le gustaba mucho la cerveza) con esa autoestima tan al alcance de pocos.

    Phuc era una pasada, bailaba como una loca, sobre todo cuando bebía y se desinhibía. Me encantaba su sonrisa. Y su culo.

    Con el paso de los meses noté que Nico y Phuc pasaban demasiado tiempo juntos. Y como un año después de llegar yo a la empresa, él dejó a su novia y ella a su novio casi a la vez. No era coincidencia. Nico tenía 25 años y Phuc 29 pero supongo que la edad no era una barrera. Más que la diferencia de edad chocaba que era una pareja que a primera vista no pegaba nada. Él alto como yo, unos 1,83 metros, grande y no especialmente atractivo. Ella delgada y de apariencia delicada, guapa y sensual. Pero cuando les conocías te dabas cuenta de que sus personalidades se compenetraban, o eso parecía.

    Nico y yo salíamos a veces a tomar cervezas después del trabajo. Como he comentado, era un bocazas y la primera vez que salimos después de anunciar que eran pareja me contó con detalles su primera noche de sexo. Phuc estaba depilada al completo, un buen detalle. Esa misma noche al volver a casa, mientras mi novia ya dormía, me hice un pajote pensando en Phuc con un nuevo toque de realismo.

    Phuc era muy reservada sobre su vida privada pero al salir con Nico, éste me contó algunos detalles de ella. Su familia era extremadamente tradicional y disciplinada. Phuc, que creció en una sociedad más abierta y relajada, tenía que equilibrar dos mundos completamente opuestos lo cual le traía muchos disgustos y pequeñas depresiones.

    Era muy lista, un genio con los números. Idiotamente lo achaqué a la típica concepción de que los asiáticos son buenos en matemáticas pero Nico me contó que de los ocho hermanos, ella y otra hermana se habían llevado toda la inteligencia porque el resto eran unos zoquetes.

    Se podría pensar que me dieron celos de que estuvieran juntos, pero todo lo contrario. Yo estaba todavía bien con mi novia y el hecho de que Phuc fuera la novia de un buen amigo hicieron que perdiera algo de interés emocional por ella, no así físico, de vez en cuando me pajeaba pensando en ella pero con menos frecuencia. Esto hizo que nos acercásemos más de forma amistosa y se cortase la pequeña tensión sexual que me pareció captar alguna vez entre ella y yo. Sin ser algo muy obvio, me pareció que Phuc se sonrojaba un poco y esbozaba una tímida sonrisa cuando me dirigía a ella. Esto cambió al empezar a salir con Nico y se volvió mucho más espontánea conmigo. Nos hicimos amigos, si algo así puede existir entre hombre y mujer.

    A los dos años cambié de empresa. Seguí en contacto con ellos pero ya algo menos. Un año después se casaron lo cual me sorprendió por lo joven que era Nico (28 en ese momento), pero parece que Phuc tenía prisa. Fuimos invitados a su boda. Y me quedé embobado al verlos por dos motivos.

    Hacía cuatro meses que no veía a Nico, el cabrón había perdido 30 kilos en ese tiempo. No me había dicho nada, lo mantuvo en secreto. Y Phuc estaba tremenda en el vestido. El maquillaje y peinado le resaltaba su belleza vietnamita natural. Mostraba su atractiva sonrisa continuamente, era el día más feliz de su vida hasta la fecha. Conocí por primera vez a su familia, y sí, eran muy raros. Phuc era lo más normal de la familia. Me pregunto cómo podía haber salido un ángel así de ese sitio.

    Un año después nació su primera hija, una niña muy bonita mezcla occidental y asiática. En 4 años habían empezado a salir, se habían casado y habían tenido una niña.

    Yo mientras seguía igual, con mi novia y mi perro. Mi novia no parecía tener prisa en tener niños pero dentro de mí se había despertado cierto instinto paternal. El mundo al revés. La monotonía estaba empezando a hacer que mi novia y yo nos empezásemos a distanciar. La rutina mata las parejas aunque seguíamos queriéndonos.

    La vida de Nico también cambió mucho. Era un fiestero y de repente era padre y no había cumplido 30 todavía. Me pregunto si realmente su vida estaba yendo por el camino que él quería o era Phuc que a la chita callando iba dirigiendo los pasos.

    Y parece ser que era así. A los 6 meses de nacer su hija, Nico obtuvo permiso para salir a tomar algo un viernes conmigo. Nos emborrachamos y se sinceró. No era todo tan bonito como pintaba y efectivamente Nico, de personalidad abrumadora, con una confianza que desbordaría a cualquiera, se había plegado totalmente a Phuc que desde la boda había cambiado. Creo que su familia tenía algo que ver en todo esto. Ella le quería con locura, estaba muy enamorada, simplemente entendía la vida familiar de otra manera más cerrada y conservadora. Es lo que había vivido en su casa a pesar de haber crecido fuera en otro ambiente. Él también la quería y por eso no quería tener problemas. Pero no estaba a gusto.

    Aunque seguimos en contacto más a menudo, no volví a ver a Nico hasta un año después. En otra noche en la que obtuvo permiso salimos esta vez él y un par de amigos suyos que yo ya conocía, todos muy locos.

    Fue una noche loca, mucho alcohol y algún porro aunque yo no fumaba. Sus amigos eran muy salvajes. Ya con unas cuantas copas encima la conversación derivó hacia el sexo, cómo no. Sus amigos hablaban de sus novias y cómo les ponían los cuernos con putas y amigas. Yo contaba mi aburrida vida y nos reíamos todos. Nico reía también pero no contaba nada. Al final le tocó. Un poco avergonzado pero animado por el alcohol nos contó que antes de la boda Phuc casi no quería follar, y siempre con condón. Después de la boda cambió, empezó a querer follar más y sin condón hasta que se quedó embarazada y desde entonces habían follado muy poco y solo con condón. Y nos dio otro detalle sorprendente: Phuc no quería hacerle mamadas, no le gustaba. Lo había intentado un par de veces pero siempre se acababa echando atrás. Para mí fue una sorpresa que Nico contase estos detalles tan personales, pero si lo hizo fue primero por el alcohol y segundo porque necesitaba sacarlos de dentro.

    Los cabrones de sus amigos no entendieron la sensibilidad del momento y se despollaron de él y él también rio como si no le importara nada, pero me di cuenta de que por dentro no era así. Yo no reí tanto porque mi novia solo me dejaba follarla sin condón muy de vez en cuando, aunque sí me hacía mamadas más a menudo.

    Esa noche me dio la impresión de que Nico y Phuc no estarían juntos el resto de su vida. No por ella, que le amaba con locura, sino por él que estaba enjaulado. Pero no intuí jamás que acabase tan pronto.

    Nos vimos alguna vez más pero en tono más tranquilo y le noté cada vez más sarcástico y sombrío. Nico no se deprimía. Nico se hacía más bocazas y agrio ante la situación adversa.

    Pocos meses después me llegó un mensaje suyo. Phuc le había echado de casa. Le había pillado intercambiando fotos por teléfono con su antigua novia. Sinceramente no me extrañaba, Nico necesitaba algo más de lo que Phuc le estaba dando a pesar de estar todavía enamorado de ella. Quiso disculparse, arreglarlo, eran solo fotos. Pero para ella era más. Le había roto el corazón.

    Quedamos al día siguiente. Phuc no quería ni verle. Me pidió que fuese a su casa a recoger sus pertenencias mientras él esperaría abajo. No se lo pidió a ninguno de sus amigos ya que estaban locos y odiaban a Phuc. Su familia no estaba contenta con ella tampoco, desde la boda la relación había cambiado. Yo era el único amigo suyo que conocía a Phuc y era más o menos amigable con ella.

    Seguía teniendo su número así que la escribí para ir a recoger las cosas el jueves. La conversación por Whatsapp con ella fue algo fría, muy corta. Llegué a su casa y Nico estaba ya esperando allí. Subiría solo mientras él esperaría abajo.

    Hacía tiempo que no veía a Phuc, desde que fuimos a visitarlos cuando nació su hija y ya habían pasado aquellos días tan lejanos en los que me pajeaba tanto pensando en ella.

    Llamé al portal y abrió. Cuando llegué a su puerta, estaba abierta. Se oía a la niña corretear por alguna habitación. En el salón al lado de la entrada estaban todas las cosas de Nico. Era muchísimo, no iba a caber todo en nuestros coches. Nico había calculado mal o su cabeza no estaba funcionando bien.

    Estaba tan absorto en el pensamiento de cómo gestionar todo aquello que no escuché venir a Phuc. Me dio un susto cuando apareció a mi lado. El susto se me pasó inmediatamente al verla. Qué guapa era la condenada a pesar de no estar pasando por su mejor momento. Los años no pasaban por ella. Tenía unos 35 años ya pero seguía aparentando estar al final de la veintena. Iba vestida con ropa de andar por casa, de mudanza. Unos vaqueros con algún agujero algo descoloridos pero que le quedaban como un guante, una camiseta gris algo suelta y una cinta en la cabeza para sujetar el pelo y que no le cayese en la cara. Había estado sacando todas las cosas de Nico y poniéndolas en el salón.

    No sonreía, nos cruzamos solo un par de palabras. Pero me ayudó a ir sacando las cosas hasta el ascensor. Y ahí es donde perdí la cabeza. Mi relación con mi novia, Clara, era ya una mera rutina, no sé qué seguíamos haciendo juntos. Ninguno se atrevía a dar el paso, supongo. Casi no follábamos y yo tenía mis necesidades.

    Mientras sacábamos las cosas Phuc se inclinaba una y otra vez para ir recogiéndolas. No era mi intención observarla pero la situación se desarrolló así y me fue imposible no irme fijando cada vez más en ella. Cuando se inclinaba los pantalones se ajustaban aún más a su perfecto culo. La primera vez aparté la mirada pero no la segunda. La tentación estaba llegando en un momento de necesidad. Y lo peor vino después…o lo mejor. La camiseta no tenía escote pero sí era muy suelta. Estando frente a mí y distraída con la mudanza, se inclinó para recoger una maleta y la camiseta se le separó del cuerpo. Se me congeló el pecho. Como dije, Phuc no tenía tetas grandes pero nunca le había visto el sujetador ni en bikini por lo que me puso las revoluciones a mil. Seguimos moviendo cosas, yo me iba colocando de forma estratégica pero sin llamar la atención para observarla lo más posible. Otra vez detrás mientras se agachaba y me entraban ganas de agarrarla de las caderas y follármela por detrás. Otro vistazo de nuevo a su sujetador blanco sosteniendo sus pequeñas tetas mientras temblaban con el movimiento. Así pasé el tiempo que estuvimos sacando cosas fuera. Se me estaba poniendo la polla como una porra y el pantalón me iba a reventar. Decidí entonces bajar las primeras cosas en ascensor y esperar un momento en el portal antes de salir para que se me bajase el calentón. Estaba sudando y no solo por el ejercicio. Mi corazón latía rápido. Me avergoncé un poco, Phuc me había puesto como un toro y su todavía marido estaba fuera. Era mi amigo, no tendría que haberla observado. Cuando me calmé, salí y empezamos a meter las cosas en el coche de Nico. Hice un par de viajes más hasta que se cargó su coche y el mío. Quedamos en reunirnos en su casa y se fue. Quedaban todavía cosas arriba, tendría que volver. Subí una última vez para decirle a Phuc que volvería al día siguiente a por lo último, hoy ya era tarde.

    Me estaba esperando en la puerta de su casa. Le dije que volvería al día siguiente a mediodía ya que era verano y los viernes salía antes. Ella también. Se despidió de mí con una sonrisa, la primera que veía en la tarde. No era la sonrisa fantástica que mostraba en el pasado pero era auténtica y sincera. Mientras me sonrió y agradeció la ayuda fijó sus ojos en los míos de una forma que me hizo saltar el corazón. Sólo pude aguantar la mirada un segundo y apartarla mientras sonreí vergonzosamente. Me di la vuelta y me marché.

    Qué había sido eso? Lo había hecho sin ninguna intención o era algo más? O era mi mente queriendo ver cosas que no eran? Se habría dado cuenta del repaso que le había dado a su cuerpo? Fuera lo que fuera me desconcertó y me hizo sentir vergüenza.

    Llegué a casa comiéndome todavía la cabeza. Aunque no tan fuerte como en el rato que estuve en casa de Phuc, seguía teniendo un calentón considerable. Había sido una semana dura de trabajo y llevaba un par de días sin pajearme por lo que el depósito estaba lleno.

    Con suerte Clara estaba ya dormida y podía hacerme un pajote en el baño.

    No fue así, estaba en la cama pero no dormía todavía. No podía pajearme en el baño, que estaba al lado de la habitación. Aunque la relación era muy monótona todavía no nos habíamos perdido el respeto de esa forma.

    Me preparé para ir a la cama pensando que quizá Clara podría hacerme un favor. Con la idea en la cabeza y la imagen de Phuc en mi mente se me había puesto la polla como un mástil otra vez. Me acosté y puse mi polla contra su culo. Lo notó enseguida y dio un pequeño respingo.

    – Qué tienes ahí?

    – Un regalo – dije probando suerte

    – Estoy muy cansada, tengo que dormir, otro día mejor – dijo de forma algo pasota

    Las mujeres no entienden que cuando nuestra polla está como un rifle de francotirador no existe otro día. Insistí un poco, y no le gustó. Sin embargo finalmente pareció acceder. Se giró para ponerse cara a cara conmigo y sin mediar palabra metió la mano en mi pantalón y me empezó a pajear.

    – Joder cómo estás. Hacía mucho que no la notaba tan dura y grande, qué has hecho hoy! – dijo sorprendida

    Mejor no te lo digo, pensé

    – Trabajar mucho, como siempre – dije inocentemente

    Entonces sucedió una de las peores pesadillas de un hombre. Después de pajearme durante 10 segundos paró, se dio la vuelta y dijo “de verdad estoy muy cansada, buenas noches”.

    Hija de la gran puta. Me había dejado a medias en uno de los mayores calentones de los últimos años. Me cabreé de tal manera que la mandé a tomar por culo y me giré. Conseguí dormirme después de que se me bajara la polla, con mucho sufrimiento.

    Al día siguiente me marché al trabajo sin siquiera decir adiós.

    Era viernes, verano, calor. Al menos los viernes nos dejaban ir a la oficina vestidos casual. Tras el trabajo me dirigí a casa de Phuc para terminar de recoger las cosas. A pesar de todo lo que sucedió el día anterior en su casa, hoy mi mente estaba más distraída con lo que había pasado la noche anterior con Clara. Estaba cabreadísimo, harto, maldecía su nombre. Por lo que fui a casa de Phuc sin pensar en ninguna fantasía o angustia, mi mente estaba ocupada con resentimiento y, por qué no decirlo, ligero odio hacia mi novia, dándole vueltas a la cantidad de situaciones y desencuentros de los últimos tiempos.

    Llegué al portal, entré, subí en ascensor y caminé hacia la puerta para llamar. Antes de que pudiese tocar el timbre la puerta se abrió y ahí estaba Phuc. Casi me caigo de espaldas. Vestía unos shorts blancos como de tenis o de correr y una camiseta de tirantes de color rosa claro. Iba descalza y llevaba la melena suelta que le llegaba a media espalda.

    – No hagas ruido! He acostado a la niña ahora mismo para dormir la siesta, menos mal que no se ha despertado cuando has llamado abajo – dijo aceleradamente.

    Se dio la vuelta y se dirigió al salón. Entré y cerré la puerta con cuidado de no hacer ruido. Aunque tenía aire acondicionado, hacía demasiado calor fuera y no era suficiente para enfriar bien la casa por lo que hacía un poco de calor dentro también. Nada apetecible para hacer mudanza. Se dejó caer en un sillón resoplando y me indicó que las cosas estaban en el dormitorio.

    – Hace mucho calor, coge una cerveza si quieres de la nevera – dijo

    – Ok, quieres tú una también? – pregunté

    – Por qué no – dijo encogiendo los hombros

    Fui a la cocina, abrí la nevera pero no vi ninguna cerveza. Solo había “Desperados”, si a esto se le puede llamar cerveza. Cogí dos, las abrí y las llevé al salón.

    – Esto no es realmente cerveza, pero me gusta – dije

    – Ni idea, nunca bebo alcohol. Son de Nico – dijo parando en brusco al decir su nombre

    Teníamos un acuerdo no escrito ni hablado en el que no íbamos a mencionar nada del espinoso tema y esa fue la última vez que se mencionó su nombre en aquel día. Nico me había dicho el día anterior que estaba arrepentido y quería volver con ella pero no le respondía a los mensajes. Personalmente pienso que Phuc reaccionó muy fuerte al tema de las fotos, lo podría haber hablado con él, sobre todo si todavía le quería tanto como parecía. Pero esta Phuc era diferente a la que había conocido. Más seria, disciplinada, cerrada de mente.

    Las ¨Desperados¨ tienen algo más de alcohol que una cerveza normal y sumado a que Phuc no bebía y que cuando lo hacía su genética asiática poco resistente al alcohol entraba en acción, hizo que se alegrase ya al terminase la primera.

    – Vamos a recoger? – dijo sonriendo a la vez que se levantaba

    Su humor cambió repentinamente. Esta chica era como el día y la noche. Era la primera vez que la veía sonreír en estos dos días. Sonreír de verdad, esa sonrisa que dejaba ver un poco sus colmillos y que tanto me gustaba.

    Pasó a mi lado a buen ritmo agarrándome del brazo para levantarme. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Me levanté inmediatamente y la seguí. Mi mente había olvidado súbitamente el tema Clara, no despegué la mirada de su culo, del movimiento de sus caderas al caminar. Intenté captar si se transparentaba algo en sus shorts pero no era así. No importaba, la visión de sus largas piernas al aire era un espectáculo. Qué mujer. Noté que a mí también me había afectado un poco la bebida y me estaba poniendo algo cachondo. Tenía los huevos llenos.

    Solo era necesario bajar un par de cosas, sería suficiente dos viajes al coche. Estaba tan absorto mirando su culo que me pilló por sorpresa cuando paró en seco y se agachó para recoger una caja. Frené justo a tiempo pero quedé a escasos centímetros de su culo. No sé cómo me pude contener porque me dieron ganas de follármela ahí mismo. Otra vez como el día anterior. Me aparté y recogí una caja rápidamente para tapar la incipiente erección que se empezaba a notar en mi pantalón. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la entrada no sin antes dedicarme una medio sonrisa y una mirada que me pareció algo pícara durante medio segundo. Se había dado cuenta de que me había quedado a unos centímetros de su culo? Había visto mi paquete antes de que yo lo pudiera tapar? O era mi mente jugándome otra vez una mala pasada? Me preocupé otra vez un poco. Mi mente era una confusión constante.

    Caminé detrás de ella, dejó su caja en el suelo y sin mirarme dijo que iba a tomarse otra cerveza. Aproveché para dejar la caja en el suelo y sentarme en el sofá del salón para disimular mi medio erección. Vino con dos “Desperados”.

    – Toma, acompáñame – dijo mientras me la daba

    No iba a poder soportarlo. Yo era humano al fin y al cabo. Iba a follarme su cuerpo con los ojos, cada curva, cada detalle. Me avergonzaba pensar en Nico, mi buen amigo que me estaba esperando en su casa a que le trajera las cosas. Y en Clara también a pesar de todo. Pero mi voluntad no era lo suficiente fuerte. No en ese momento, no después de lo que había pasado la noche anterior. Llevaba tres días sin pajearme, Clara me había dejado a medio acabar, tenía los huevos llenos y me pedían a gritos que los vaciase. Mi relación llevaba medio muerta mucho tiempo.

    Me estaba tomando la segunda “Desperados”. Phuc vestía extremadamente sensual, el simple contacto de antes al agarrarme el brazo para levantarme ya me había excitado. Mi polla conocía todos estos detalles y se había puesto el uniforme militar.

    Creo que ella necesitaba también una válvula de escape. Había echado a su marido de casa hacía unos días. La bebida la cambiaba. Así fue siempre, pasaba de ser una chica introvertida a la más bailona del bar. Le ayudaba a olvidarse de sus demonios internos, de la batalla entre su vida y la influencia de su familia. Ahora no bailaba, pero se había convertido en una tigresa. Llevaba la iniciativa, sonreía confidentemente e incluso me estaba dando la sensación de que estaba…jugando conmigo? O era mi calentón que me hacía ver cosas?

    – Vamos a por lo último – dijo levantándose al acabarse la bebida

    Otra vez llevaba la iniciativa. Me levanté tras ella y otra vez fijé mis ojos en su culo. Caminaba sensualmente, moviendo las caderas y balanceando los brazos. Qué estilo tenía, me encantaba.

    Sentí un empujón en la entrepierna. Mi polla, que se había calmado un poco al estar sentado, volvió a crecer, esta vez más. Iba a agujerear el vaquero, no podía dejar que me viera. Mientras caminábamos hizo un amago de girarse y yo me di la vuelta como un rayo para que no me viera el paquete. Qué vergüenza! De vez en cuando volvía en mis sentidos y me daba cuenta de la situación. Estaba en casa de la todavía mujer de uno de mis mejores amigos, con su hija durmiendo en la habitación de al lado y yo tenía una erección que perforaría muros.

    – Qué haces? – dijo sin detenerse y sin llegar a girarse del todo. Capté una pequeña sonrisa antes de que siguiera caminando

    Se estaba dando cuenta de que la estaba observando? Tan evidente era? Ayer también? No respondí. Era mejor no responder, no sé qué podría decir. Me apresuré a coger la última caja y taparme la erección antes de que me viera. Salió de la habitación y se dirigió a la entrada. Dejó su caja y se fue a la cocina, abriendo otra bebida. “Va a tomarse otra?” pensé incrédulo. Va a acabar como una cuba.

    Pero descubrí que no era eso lo que quería. La cogió y la puso en la encimera para abrirla. Yo estaba en la entrada a escasos cinco pasos de ella, sin dejar la caja en el suelo, mirándola. Estaba hipnotizado con su cuerpo, sus piernas, sus delicadas manos y brazos, su bonita cara. No le pasó desapercibido.

    – Me puedes ayudar a abrir la cerveza? No consigo abrirla – dijo mirándome – Deja la caja en el suelo de una vez y ven a ayudarme.

    No podía hacer eso, estaba empalmado como un mástil.

    – Qué escondes tanto detrás de la caja? – dijo fingiendo aire inocente y medio riendo

    Sabía perfectamente lo que había detrás. Estaba jugando conmigo. No podía más. Ella había pasado al ataque frontal. Esos shorts marcando ese culo de infarto, la camiseta sexy de tirantes, su larga melena, esas piernas estiladas, sus sensuales manos sujetando la bebida de forma delicada fingiendo no poder abrirla. En mi mente se libraba una batalla feroz entre el bien y el mal. Ganó el mal, igual que también había ganado la mente de Phuc. Dejé la caja en el suelo mostrando completamente el bulto que se había formado en mi pantalón. Phuc posó sus ojos en mi paquete inmediatamente sin ninguna vergüenza ni miramiento. Dos “Desperados” habían sido suficiente para librarse de sus cadenas, frustraciones y olvidarse de su corazón roto para convertirse en una tigresa dispuesta a comerse a lo primero que se cruzase. Y ahí estaba yo en frente como un indefenso cervatillo listo para ser devorado.

    – No sabía que trabajabas para la policía – dijo sensual y burlonamente mientras se mordió ligeramente el labio inferior

    Joder Phuc, quién eres. Nunca me hubiera esperado algo así de ella. Estaba desatada.

    – Hubiera preferido ser bombero para apagar los fuegos de los pirómanos – dije ya entrando como un toro

    No había vuelta atrás. Lo siento Clara. Lo siento Nico.

    Me acerqué hacia ella mientras giraba su vista de vuelta a la bebida con una medio sonrisa en su boca. Me coloqué detrás de ella y pasé mis brazos alrededor de su cintura para agarrar la bebida que sostenía mientras mi cabeza se asomaba ligeramente sobre su hombro derecho. Cogí el abridor para abrir la botella. Acerqué mi pecho contra ella, rozándola ligeramente. Giró su cara levemente hacia la mía y susurró un “gracias” que me dejó helado. Mi respiración se había acelerado. Mantenía todavía mi polla empalmada alejada de su cuerpo pero mi pecho ya se había posado sobre ella. Yo era casi una cabeza más alto por lo que mi pecho quedaba a la altura casi de su nuca. Una vez abierta la bebida nos quedamos dos segundos parados, como sin saber qué hacer. Decidí avanzar un poco más y soltando la bebida cerré mis brazos un poco para ya tocar su cintura con ellos.

    Entonces fue su turno. Echó su perfecto culo ligeramente hacia atrás y su cuerpo no tardó en encontrar el tremendo paquete que se había formado en mi pantalón. Entonces levantó los talones para ponerse de puntillas y su culo se restregó desde abajo a lo largo de mi polla. Soltamos un pequeño gemido los dos a la vez.

    – No puedo más – le susurré al oído

    Se dio la vuelta rápidamente y se abalanzó sobre mis labios a la vez que rodeó mi cuello con sus brazos. Me empezó a besar locamente…y acercó su cadera contra mi polla. Sin perder tiempo puse mis manos en su tremendo culo y la levanté para sentarla en la encimera. Tenía un culo bien entrenado, fuerte. Ahora estábamos a la misma altura. Mis manos en su culo todavía, sus brazos rodeando mi cuello, nuestros labios rodando unos contra otros sin control. Levantó sus bonitas piernas y me rodeó la cadera con ellas atrayéndome con fuerza sobre su cuerpo. Tenía una fuerza inesperada.

    Nico me había dicho hacía relativamente poco que ella siempre había hecho yoga o pilates, siempre los confundo. Otro de los secretos de Phuc. A su vez yo, sin ser animal de gimnasio, iba dos o tres veces por semana a entrenar por lo que estaba en forma. Nico a pesar de haber perdido peso, no lo estaba. La verdad, Phuc y yo pegábamos más físicamente que Nico y ella. Nunca entendí qué veía Phuc en Nico ni por qué le quería tanto.

    Sus piernas me atrajeron con fuerza hacia ella e hicieron que ella se deslizara hacia el borde. Los escasos centímetros que nos separaban en la entrepierna desaparecieron y mi paquete chocó en seco contra su coño. Joder qué sensación. Qué placer. Nos besábamos como locos, nuestras lenguas se entremezclaban mientras ella restregaba su coño contra mi polla. Mi pecho estaba pegado a sus pequeñas tetas. Éramos uno. En la cocina no había aire acondicionado y empezamos a sudar ligeramente.

    Ninguno de los dos se podía contener más pero fue ella la que tomó la iniciativa, como había sucedido toda la tarde.

    Dejó de besarme repentinamente lo que me desconcertó. Se estaba arrepintiendo? Tardé medio milisegundo en darme cuenta de que era todo lo contrario. Como he dicho antes, esta Phuc era una desconocida. Se bajó de la encimera con su vista fijada en mi paquete, se arrodilló. No me lo podía creer. No podía ser verdad, esto no estaba sucediendo. En mi cabeza resonó la conversación de aquella noche loca en la que Nico confesó que a Phuc no le gustaba hacer mamadas.

    Entonces qué estaba haciendo? Qué era esto? No iba a poder soportar un segundo día seguido dejándome con las pelotas azules. Otra vez no.

    Y no fue así, por suerte. Phuc me desabrochó el cinturón y abrió el pantalón con cuidado de no romperme el palo. Tiró de mi pantalón hacia abajo hasta que quedó en mis tobillos. Mi boxer apenas podía contener mi brutal herramienta. Me había pajeado muchas veces pensando en Phuc pero creo que nunca había fantaseado con ella de rodillas bajándome el pantalón a escasos centímetros de mi paquete. Qué poca imaginación tenía.

    Phuc seguía bajo los efectos del alcohol que la habían puesto muy “contenta”. Pero al alzar la cabeza y ver mi boxer a punto de explotar, su cara quedó petrificada. Desconozco el tamaño de la polla de Nico pero por su reacción creo que yo calzo algún número más.

    “Chúpamela ya! No aguanto! No me dejes a la mitad hijadeputa!” pensé atropelladamente ya sin ninguna reserva. Había soltado el freno de mano.

    Phuc reaccionó y con cautela agarró la cinta a los lados de mi boxer con ambas manos y empezó a tirar hacia abajo con cuidado. Desde hacía años me afeitaba el pecho, la ingle y los huevos. Me sentía mejor. Y a Phuc le sorprendió y a la vez le gustó según iba bajando los boxer y descubriendo que mi ingle no tenía apenas pelo.

    Mi sudorosa polla estaba enganchada contra la cinta del boxer de lo erecta que estaba. Phuc levantó la cinta con cuidado y bajó el boxer de una vez, liberándola y haciendo que cayera hacia adelante como un resorte quedando a unos centímetros de su cara. Phuc dio un pequeño respingo pero al recomponerse se quedó mirándola como embrujada mientras terminó de bajar mi boxer también hasta mis tobillos.

    – Joder qué grande es – dijo con un hilo de voz – Cómo…? – empezó a decir pero cortó abruptamente

    Creo que lo primero que se le vino a la cabeza es como iba a meterse en la boca y quien sabe si después en otro sitio ese monstruo. Pero enseguida cortó para no quedar en una posición de inferioridad conmigo. Ya era tarde. Siempre me sentí orgulloso de mi polla pero sé que no es especialmente grande. Un poco por encima de la media pero ya está. Mis dudas sobre el tamaño de la polla de Nico quedaron despejadas. Más valor había que dar entonces a su fuerte personalidad en una cultura donde el tamaño de tu herramienta importa. Y quizá, solo quizá, también explicaba por qué una persona así se dejó dominar por Phuc de forma tan fácil. Era su carácter todo fachada y en realidad buscaba la seguridad de alguien que no le juzgara a pesar de que le dominara?

    Eran reflexiones para otro momento puesto que lo que estaba sucediendo ahora es que Phuc había salido de su trance para agarrar con su delicada y fina mano el grueso de mi polla y empezar a pajearme mientras levantaba su mirada hacia mis ojos. Una pequeña gota de sudor se deslizaba desde su frente hasta su mejilla. Su boca estaba abierta, como deseándome mientras no apartaba sus algo achinados ojos de los míos. Su mano movía con delicadeza la piel de mi polla atrás y adelante a un ritmo cada vez más alto. Estaba en la gloria. Tres días sin pajearme y nosecuantos sin que me hicieran una paja en condiciones. Cerré los ojos del placer. Sentía su caliente mano sin parar de moverse a lo largo de mi polla. Y entonces el éxtasis. Noté un calor en toda la polla y un suave contacto casi en la base. Abrí mis ojos rápidamente y vi que se había metido la polla en la boca hasta el fondo. Sin miramientos. De cero a cien. Empezó a deslizar sus labios hasta llegar a la punta. No se la sacó del todo. Sus ojos estaban fijos en ella. Entonces volvió a deslizar sus labios por mi polla hasta llegar a donde más pudo. Con una mano me rodeaba la base mientras que con la otra me agarró con delicadeza los huevos. Siguió chupándomela así sin parar, a buen ritmo pero sin acelerarse demasiado, con tranquilidad.

    Cómo es que a Nico apenas le había chupado la polla en los seis o siete años que llevaban juntos y a mí me estaba haciendo la mamada del siglo a la primera?

    Mientras ella estaba ocupada en su tarea, yo me incliné ligeramente para levantarla la camiseta rosa desde la espalda. Entendió mi intención inmediatamente y sin sacarse la polla de la boca se levantó la camiseta desde abajo. Solo se la sacó de la boca para pasar la camiseta por la cabeza y tirarla al suelo, pero inmediatamente volvió a lo que estaba haciendo.

    Como ya había visto, tenía tetas pequeñas pero apetecibles y un vientre plano. El yoga, o lo que fuera. El sujetador blanco era bastante bonito y el color resaltaba muy bien contra su piel. Le quedaba bastante bien y lo hubiera dejado por lo bien que le quedaba, pero quería verle y tocarle las tetas. Le bajé los tirantes de los hombros y también entendió lo que quería hacer de forma inmediata. Soltó la base de mi polla y mis huevos y echó ambas manos a la espalda para soltarse el sujetador. En esta ocasión siguió también con mi polla en su boca. Me seguía chupando delicadamente la polla hasta el fondo sin manos mientras se desabrochaba el sujetador. Qué morbo me estaba dando esta situación. Volví a cerrar los ojos mientras puse mis manos sobre su cabeza. Siguió igualmente.

    Noté que cogió la base de mi polla y mis huevos otra vez con sus manos por lo que deduje que ya no llevaba el sujetador puesto. La sensación de su mano en mis huevos era brutal. Los acariciaba y sostenía con delicadeza, los apretaba ligeramente de vez en cuando lo que me producía un placer enorme que hacía que mi polla diera un pequeño espasmo. Creo que notaba mi polla dar ese pequeño respingo dentro de su boca y lo estaba haciendo a propósito para hacerlo coincidir cuando la tenía metida más al fondo. Lo que se había perdido Nico.

    Abrí los ojos y bajé la vista. La cabeza de Phuc con mi polla en su boca y su larga melena que le caía sobre el pecho no me dejaban ver del todo sus tetas. Me incliné un poco hacia un lado para al menos esquivar el obstáculo de su cabeza. Con ambas manos retiré el pelo por detrás de sus hombros y por fin pude verlas. Eran pequeñas pero preciosas. Unos pezones puntiagudos de color marrón claro. Tenían una pequeña forma respingona. Tremendas.

    Se dio cuenta de lo que estaba mirando y se sacó la polla de la boca aunque siguió pajeándome y acariciando los huevos mientras levantó la vista y con una preciosa y excitante sonrisa y una mirada morbosa me preguntó:

    – Te gusta lo que ves?

    Esto era demasiado. Esa carita mirándome, su delicada mano se veía pequeña intentando rodear mi polla marcada por gruesas venas. Cerré los ojos sin responder, me incliné para apoyar las manos en la encimera y noté que se volvió a meter la polla. Pensé en correrme en su boca pero al abrir los ojos cambié de idea. Al estar algo inclinado hacia adelante veía su espalda desnuda con su larga melena de color noche cerrada que se movía acompañando al vaivén de su cabeza. En la parte baja de la espalda sus caderas empezaban a ensancharse ligeramente, al estar de rodillas e inclinada hacia delante su culo presionaba contra los shorts. Me encantaba su figura.

    La agarré de las axilas y tiré hacia arriba haciendo que se sacase la polla de la boca repentinamente. Al ponerla de pie todavía tenía saliva goteándole de los labios. Sorprendida y sin dejarla tiempo a reponerse, agarré los shorts y panties que llevaba debajo y tiré de ellos hacia abajo hasta que le cayeron. Con un movimiento de los pies se los quitó y los lanzó a un lado. A su vez agarró mi polo y me lo levantó hasta sacármelo por completo.

    Como esperaba tenía el coño depilado totalmente, ni un pelo. No sé por qué lo hacía, quizá igual que yo por comodidad. Pero me encantaba. Era una muñequita. Una figura más que atractiva a la vez que delicada y fina.

    Me miraba a los ojos, una mirada como esperando que empezase la acción, expectante. Moví mi mano y la puse sobre su coño que estaba bastante mojado. Soltó un pequeño gemido y cerró un momento los ojos mientras sonrió placenteramente. Tenía un coño estrecho y yo una polla algo grande. Ahora entendí lo que pensó inicialmente cuando la vio. Pero su coño estaba ya muy lubricado y mi polla estaba empapada de su saliva por lo que no iba a ser problema.

    En un movimiento rápido la agarré con ambas manos del culo y me acerqué a ella empujándola contra la encimera. Mi polla empalmada tocó su vientre. Alargó los brazos alrededor de mi cuello, dio un pequeño brinco y se sentó en el borde, abriendo a continuación las piernas para dejar paso a mi polla que apuntaba como una lanza hacia su coño.

    Una memoria-reflejo de mi cerebro hizo que preguntase de repente:

    – Tienes condón?

    Estaba acostumbrado a que Clara me obligara a usarlo y recordaba lo que Nico dijo de Phuc y el condón

    – No hace falta, vamos – dijo impacientemente

    Joder. Me dejó de piedra por un momento. Quería que me la follase a pelo. Me dio un subidón que no iba a desaprovechar. Con mis manos sujetando su culo para que no se deslizase hacia atrás me acerqué hasta que la punta de mi polla tocó la entrada de su coño. Abrió aún más las piernas. Nos miramos. Sus ojos mostraban deseo, lujuria. Asintió levemente con la cabeza. Era una señal para decirme que continuase. Empecé a empujar la polla y sus labios fueron abriéndose poco a poco. No iba a hacer falta ayudarnos con la mano, su coño estaba bien lubricado y mi polla todavía húmeda. Entró la punta y Phuc soltó un suspiro mientras sus piernas temblaron. Cerró los ojos de placer. Seguí empujando y vi como mi polla iba desapareciendo poco a poco dentro de ella. A pesar de haber tenido una hija su coño se sentía más estrecho que el de Clara lo que me estaba produciendo más placer de lo normal. Y se la estaba metiendo sin condón. Empujé hasta el final mientras la sujetaba del culo. Phuc soltó un gemido esta vez más fuerte. Mis huevos habían llegado a la última parada. Estaba completamente dentro de ella. Con los ojos todavía cerrados dejó caer su cabeza sobre mi hombro para después empezar a besarme el cuello. Ahora solo había que seguir la rutina. Saqué mi polla de una vez mientras notaba el abrazo húmedo de su coño envolviendo mi bien más preciado. Me quedé con la punta dentro y esta vez metí la polla hasta el final de una vez. De nuevo soltó un gemido, esta vez algo más débil. Su boca me besaba el cuello sin parar, iba a dejar marca por lo que decidí soltar una mano de su culo para atraer su cara a la mía. Saqué mi polla y la volví a meter, fuera, dentro, habíamos comenzado un ritmo de crucero y me la estaba follando mientras nos besábamos con pasión. Decidí mover las manos y coger sus caderas para tener mejor agarre. Dejó de besarme y se reclinó hacia atrás poniendo las manos en la encimera. Con el mejor agarre y posición, aceleré mi ritmo y mi polla empezó a salir y entrar en su coño como una taladradora. Sus pequeñas tetas se movían con el trajín, Phuc miraba con lujuria cómo mi polla entraba y salía en su coño a toda velocidad a la vez que su boca se fruncía en señal de disfrute. Gemía ligeramente a cada embestida. Yo por mi parte solo miraba su cara mientras la follaba. Me encantaba, me alucinaba, me enamoraba. Sí, me enamoraba su cara. Era la mejor follada que había tenido en mucho tiempo…quizá en mi vida. No solo porque Phuc me encantaba, también por el morbo de la situación y el hecho de que me estaba dejando follármela sin condón cuando a su marido no le dejaba.

    No quería pensar ni en Nico ni en Clara, este momento prohibido era entre Phuc y yo y lo iba a disfrutar hasta el último momento. A pesar de todo lo que había fantaseado con ella, ni en mis mejores sueños había podido imaginar que esto ocurriría. Estaba desatado y mi mente iba como un tren. Se me ocurrió pensar que quería follármela desde atrás para sentir ese culo que tanto tiempo me había fascinado.

    Iba a correrme pronto y por lo que estaba notando, iba a ser brutal. Tenía que aprovechar a follármela desde atrás antes de que fuera tarde.

    Saqué la polla violentamente de su coño, bajé a Phuc de la encimera y la dio la vuelta bruscamente. Su cara mostraba algo de confusión pero estaba demasiado en éxtasis como para decir nada. Estábamos los dos sudando, gotas corrían por nuestros cuerpos. La empujé contra la encimera y abrí sus piernas con las manos. No hizo falta mucha fuerza porque ella misma las abrió en cuanto sintió mis manos. Probablemente no sabía cuál era mi intención pero no oponía resistencia. Creo firmemente que si mi intención hubiera sido darla por el culo, me hubiera dejado. En ese estado de excitación estaba.

    Dirigí mi polla con la mano contra la entrada de su coño. Phuc pasó la mano por debajo para sujetarla y terminar dirigiéndola hacia la entrada de su coño. Con la punta ya dentro, nuestras manos quedaron libres. Ella se apoyó en la encimera y yo la agarré de las caderas. Qué culo tenía la desgraciada. Qué preciosidad. Empujé la polla con decisión y solo paré cuando su culo detuvo el avance de mi cuerpo con un golpe seco. Phuc no gimió, gritó de placer. Solo esperaba que su hija no se despertara, nadie podía arruinarme este momento. Saqué la polla y volví a embestirla. Mi ingle chocaba con su culo, que temblaba cada vez que lo golpeaba. Al igual que hacía un momento, gané velocidad de crucero y el sonido seco al golpear mi cuerpo con su culo pasó a convertirse en algo rítmico. Siempre acompañado de un ligero gemido suyo ya no tan fuerte como el primero.

    Me iba a correr en un momento. Mierda! quería seguir follándomela otro rato. Aproveché un par de embestidas más hasta que decidí que no podía esperar más. Saqué la polla y Phuc volteó la cara agotada para preguntarme por qué paraba.

    – Me voy a correr – dije, esperando que lo terminase ella

    Dubitativamente se dio la vuelta y se arrodilló delante de mí

    – No importa, te podías haber corrido dentro – dijo

    Cómo!! Pensé. Me está diciendo que me hubiera dejado correrme dentro de ella??

    – Estoy tomando la píldora pero ya da igual – continuó

    Está tomando la píldora? Para qué? Y entonces por qué obligaba a Nico a follársela con condón? No tenía sentido. Dejé de hacerme preguntas en el momento en el que agarró el tronco con su pequeña mano y empezó a lamer con la lengua el largo de mi polla. Con la otra mano se está tocando el coño! No me lo podía creer.

    Lamió compulsivamente mi polla unos segundos hasta que solté un gemido. Era la señal, estaba a punto de correrme. Entonces subió la mano que tenía en el coño para agarrarme el tronco también. Estaba con ambas delicadas manos agarrándome la base de la polla mientras empezó a hacer una mamada bestial. Hacía un ruido enorme al chuparme la polla, sus mejillas se contraían hacia dentro por la succión. No iba a parar hasta sacarme todo lo que llevaba dentro. “Oh Phuc, no creo que vayas a poder con todo” pensé. Estaba ya, noté el inicio. Mis huevos se contrajeron, mi polla se calentó aún más, una sensación tibia todo a lo largo. Y llegó el espasmo, mi polla hizo un repentino movimiento de disparo y noté el primer lefazo salir disparado en la boca de Phuc. Ella siguió mamando como si nada pero escuché cómo su respiración cambiaba para acompasar los movimientos de su garganta al tragar. Sí al tragar. Se estaba tragando toda mi corrida mientras seguía mamando. Y qué corrida, tres días sin vaciar, la noche anterior a medias y dos días empalmado por su culpa.

    Tuve que apoyarme en la encimera para mantener el equilibrio, mi cuerpo estaba sacudiéndose. Un lefazo, dos, tres y cuatro. El quinto ya no pudo y tuvo que sacarse la polla de la boca. Una catarata de semen cayó por su barbilla hacia sus piernas mientras se intentaba tapar la boca con la mano. Tragó lo que le quedaba dentro y levantó la mirada hacia mí. Era distinta, la lujuria había desaparecido y ahora mostraba algo diferente. Me pareció algo avergonzada, quizá arrepentimiento. Tras el éxtasis del momento supongo que se vio de repente desnuda de rodillas, sudorosa delante de un buen amigo de su marido con la polla fuera y ella cubierta de semen por todos lados. La realidad impactó como un misil. Se había bajado hasta el efecto de las “Desperados”.

    O al menos así era como me sentía yo. Entiendo que les pasa a todos los hombres. Cuando tienes los huevos llenos desde hace días tu mente no atiende a la lógica de la misma manera y minimiza las consecuencias de los actos, pero en el momento en el que descargas, tu cerebro vuelve a tomar el control.

    Qué había hecho. Lo primero en lo que pensé fue en Clara. Un puñal al corazón. No se merecía algo así a pesar del momento de nuestra relación. Y luego en Nico, quien confiaba en mí como única persona que le podía ayudar en esta situación. Y así se lo pagaba, follándome a su mujer en su casa mientras su hija dormía y él me esperaba.

    Phuc se levantó sin mediar palabra y todavía desnuda se dirigió hacia el baño contiguo a su habitación. Oí correr el grifo de agua, se estaba limpiando los rastros de semen que tenía por la cara, manos, piernas. Yo tenía todavía el pantalón y boxer por los tobillos. Los subí y abroché, me puse el polo. Mi cuerpo estaba todo sudoroso pero me dio igual. Saqué un momento el móvil del bolsillo y me encontré un mensaje de Nico de hacía casi 10 minutos. “A qué hora vas a pasar por aquí?” me preguntaba. En ese momento me estaba follando ferozmente a su mujer en la encimera por lo que no lo habíamos oído. Más leña en el fuego de mi arrepentimiento. Me tenía que ir enseguida de esa casa, tenía que salir. Cogí a toda prisa la última caja que quedaba en la entrada y me dispuse a salir. Entonces escuché a Phuc hablándome desde atrás:

    – A dónde vas?

    Me di la vuelta. Seguía totalmente desnuda ya con el cuerpo limpio de semen.

    – Te vas a ir así sin ni siquiera ducharte? Estás sudando y sucio. Es mejor que te des una ducha rápida antes de irte. Ven – dijo

    Según dijo estas palabras se dio la vuelta y desapareció en dirección a su habitación. Qué culazo tenía la desgraciada…

  • Sorpresa con la madre de mi novia (2): A solas con Carmen

    Sorpresa con la madre de mi novia (2): A solas con Carmen

    Mi polla volvió al letargo antes de que Lucía apareciera por la cocina y cuando llegó ya estaba la mesa puesta. Comimos y después de recoger nos fuimos a nuestras habitaciones.

    —He notado a mi madre muy contenta!

    —Creo que le ha gustado el detalle de que le ayudara a preparar la mesa.

    Contesté intentando justificar la amplia sonrisa de Carmen.

    —Me alegro de que os llevéis bien. Temía que discutiríais a los cinco minutos de llegar.

    —Yo también lo pensaba, pero como bien dices, tu madre ha cambiado mucho, y para bien.

    —Creo que le están gustando tus atenciones de caballero medieval, jajaja.

    —¿Crees que la debo rescatar de la torre?

    Le dije para seguirle la broma.

    —¡No estaría mal!

    —Lo mismo cae rendía en mis brazos!

    —Jajaja! Eso sí que no me lo perdería!

    —No crees en un apuesto caballero como yo?

    —Pues sí, creo que le gustas, para mi sorpresa! Si no te importa, sigue coqueteando con ella. Me gusta verla contenta y creo que tú lo estás consiguiendo!

    Ahora el sorprendido era yo, no sabía hasta donde llegaba el coqueteo que suponía Lucía, ni tampoco hasta donde pretendía que llegara.

    —Tendré que repartir mi cariño con las dos! – le dije incidiendo sobre el tema – Dos besitos para ti, uno para ella!

    —Jajaja! No está mala el reparto… si ella se deja!

    —No te pondrás celosa?

    —Jajaja! Para nada! Por verla así de feliz estoy dispuesta a ceder algún beso o alguna caricia… si a ella le gustan!

    —Vale, pues luego se lo pregunto!

    —Que tonto que eres! Crees que esas cosas se preguntan?

    Yo seguía con las bromas a la vez que sondeaba a Lucía. Tenía que asegurarme que si me pillaba en una situación comprometida, como un beso o una caricia, pareciera algo del cariño que habíamos hablado.

    —Es que no me quiero arriesgar a darla un abrazo con beso y me suelte una ostia!

    —Jajaja! Eso sí que me gustaría verlo, aunque no creo que llegara a eso, supongo se tan solo se mostraría ofendida, pero como te decía, son los riesgos del atrevimiento!

    Parecía que me había dejado claro que los besos estaban permitidos, incluso alguna caricia, mientras mi imaginación iba mucho más allá pensado en lo delicioso que sería follarme a su madre.

    Después de la conversación, nos besamos con pasión devorándonos las bocas. No tardé en sentir su mano metiéndose en mi bañador para sacar mi polla, de nuevo erecta.

    —Diosss, como me gusta tu polla!

    Susurró mirando el hinchado capullo. Después de los dos calentones que había tenido con su madre me comenzaban a doler los huevos y tenía ganas de descargar una buena dosis de leche. Vi cómo su lengua rodeaba mi capullo, cómo lo lamía con una lascivia de perra caliente y salida, vamos, como a mí me gustaba. Su cuerpo apenas envuelto en el delicioso bikini naranja excitaba todos mis sentidos. Agarré sus tetas con deseo y las estrujé con lujuria.

    —Que caliente me pones putita!

    —Tú sí que me pones zorra, cabron!

    (Nuestra verborrea habitual antes del sexo).

    Abrió sus calientes labios y succiono mi capullo deseoso de entrar en esa cueva caliente y húmeda. Noté como la lengua lo lamía en el interior de su boca mientras su mano amasaba mis doloridos huevos. Me dio varias chupadas hasta sacarme algún gemido. Estábamos sentados en la cama frente a la puerta que se había quedado semiabierta. Lucía se había inclinado sobre mi regazo y su cabeza comenzó a bajar hasta engullir la mitad de mi polla, mientras yo la sobaba el duro culo que tenía. Levanté la cabeza con la boca jadeante y vi a su madre asomándose mínimamente por el resquicio que había quedado. Di un respingo y Lucía dejo de chupar.

    —Tranquilo, esto solo es un aperitivo! – dijo ajena a la mirada de su madre – el resto te lo daré a mi vuelta!

    Volvió a engullir mi polla y continuó chupándola empleándose a fondo. Carmen siguió apostada sin dejar de mirar la mamada que me estaba haciendo su hija. Después de apretarle el culo con ganas, subí la mano por su espalda hasta llegar a la cabeza y comencé a empujarla a un buen ritmo, quería que Carmen viera lo que le esperaba. La bajé de nuevo hasta el culo y retiré el hilo de tela buscando la entrada del esfínter. Metí la punta del dedo y noté como empezó a chupar más deprisa, sabía lo que eso la excitaba, y la reacción que produciría. Ella misma movió más el culo como indicativo que quería más estímulo. Profundicé en su esfínter poco a poco hasta introducir todo el dedo y pude ver a Carmen, ya más visible, con la boca semiabierta y cierto asombro dibujado en su cara. Imaginé que nunca había visto algo así y comencé a masturbar el culo de Lucía con lentitud, quería que viera como entraba y salía todo mi dedo. Ya era demasiado poderosa mi excitación y no pude aguantar más, mi polla explotó en la boca de Lucía soltando le varios chorros de leche. Comenzó a tragar sin dejar de chupar hasta que acabaron mis estertores. Las mamadas de Lucía eran excepcionales, sobre todo las últimas chupadas tragándose todo hasta dejarme la polla sin una gota. Había cerrado los ojos para sentir más ese final delicioso, y cuando los abrí, Carmen ya no estaba.

    —Eres la ostia cariño! Pude decir entre jadeos.

    —Me encanta comerte la polla y ver cómo te excitado hasta que me sueltas un buen chorro de leche!

    Me quedé postrado sobre la cama con el bañador bajado y la polla colgandera mientras Lucía se iba al baño. Cuando volvió, todavía no se había serenado mi respiración. Se puso algo de ropa y se acercó para darme un beso.

    —Mi madre está tumbada en el césped. Por qué no vas y le das un poco de marcha! Tardaré un par de horas y no quiero que se aburra y se ponga a pensar!

    —Salgo como un caballero con la lanza en ristre, o me pongo el bañador?

    —Jajaja! Mejor ponte el bañador, a ver si ve ese pedazo de polla y echa a correr!

    Me dijo después de una carcajada.

    —Dale un poco de crema, eso le gusta a todo el mundo!

    —Por todos lados?

    —Jajaja, por donde te deje, eso es cosa suya!

    A Lucía cada vez la veía más desprendida y abierta, parece que no le importaba que le diera un buen sobo a su madre, o quizás suponía que ella no se dejaría.

    Cuando me puse el bañador mi polla seguía medio erguida, parecía que la mamada no había sido suficiente para aplacarla. Lucía comenzó a reírse al ver que todavía se abultaban algo mi bañador.

    —Jajaja! Eres increíble, parece que es difícil serenarte la polla!

    —Crees que puedo salir así ante la señora Carmen?

    Le pregunté de cachondeo.

    —Bueno, a lo mejor disfruta mirando y se pone hasta caliente! Ya te he dicho que se va a tener que acostumbrar a verte el bañador abultado!

    Las palabras de Lucía cada vez me alentaban más, parecía que estaba dispuesta, mejor dicho, parecía que me alentaba a poner caliente a su madre.

    Salimos al jardín y se acercó hasta su madre que estaba postrada boca arriba sobre una toalla con las gafas de sol. Sus tetas se esparcían majestuosas sobre su torso y el pequeño tanga adornaba excitantemente el centro de sus muslos. Le dio un beso en la mejilla y

    —Me voy al pueblo a solucionar esto. Me han dicho que son cerca de dos horas a si que divertiros hasta mi vuelta!

    —Gracias hija! Tú soluciónalo y no te preocupes por nosotros, ya haremos algo!

    Intenté no reírme al oír a Carmen mientras acompañaba a Lucía hasta el coche.

    —Gracias cariño por ser tan comprensivo! Y lo dicho, dale un buen sobo con la crema para que se sienta bien!

    —Tranquila cielo! Le daré un sobo tan bueno que querrá repetir!

    —Jajaja! Río Lucía despreocupada y ajena a lo que estaba pasando.

    Arrancó el coche, abrió las puertas automáticas y desapareció tras ellas. El sonido que produjeron al cerrarse me sonó a la campana de salida de la maratón de dos horas que iba a comenzar.

    Cuando regresé a la piscina vi a Carmen tumbada, pero ya se había quitado la parte de arriba y sus grandes tetas al aire me volvieron a parecer maravillosas.

    —Ya se ha ido?

    —Si, y me ha dicho que le dé un buen sobo de crema!

    —Ufff, quiero ese sobo, pero sin crema!

    Me tumbé recostado a su lado disfrutando de la visión de su sensual cuerpo estirado sobre la toalla. Estaba deseando follármela, pero quería hacerla disfrutar primero hasta dejarla con tantas ganas que no quisiera parar. Ella se mantenía quieta, expectante, esperando a que yo tomara la iniciativa. Noté su respiración algo alterada viendo subir y bajar sus tetas, seguro que por los nervios que le producían esa situación. Acerqué mi dedo índice a su boca y lo pasé lentamente sobre sus carnosos labios semiabiertos, a la segunda pasada sentí su lengua húmeda lamiéndolo. Se lo introduje y lo chupó con deseó, como si fuera una pequeña polla.

    Se lo saqué de la boca totalmente ensalivado y fui bajando lentamente por su barbilla, su cuello y sus maravillosas tetas. Le rocé un pezón y después el otro para sentir como se endurecían hasta ponerse como dos caramelos de fresa. Me estaba deleitando con la vista mientras sentía como mi polla martilleaba bajo el bañador. La mano de Carmen se fue acercando con timidez hasta llegar al inflado bañador, metió la mano por la parte de arriba y no tuvo que buscar mucho para encontrar la dureza aprisionada.

    Me incliné acercando mi boca a la suya para besar sus sensuales labios mientras sentía ya sus dedos aferrados a mi polla. Introduje la lengua en su boca y la saboreé lentamente a la vez que amasaba sus grandes tetas con la mano. Ella intentaba reprimir sus deseos dejándose llevar por mi lentitud, pero podía notar su impaciencia en la mano que aferraba mi polla.

    Chupé y mordisqueé sus labios el suficiente tiempo para bajar mi mano hasta el tanga. Pasé los dedos sobre el sintiendo los gruesos labios genitales, era delicioso sentirlos a través de la fina tela y logré arrancarla su primer gemido a la vez que mordía mi labio inferior, volvía a hacer gala de su extrema sensibilidad.

    Dejé su boca para bajar a sus tetas, y comencé a chupar los gordos y duros pezones. Me sentí un sabueso Kendo de uno a otro, chupándolos, lamiéndolos, eran como dos cerezas coronando dos grandes tartas. Sus jadeos aumentaron y metí la mano bajo el triángulo del tanga para sentir la carne de los dos gruesos labios a la vez que succionaba con fuera uno de los pezones.

    —Ahhh! Diosss! Como me gusta! Chupa más! Masss!

    Como un autómata hice lo que me pedía, succioné esa gran cereza sonrosada a la vez que la mordisqueaba y aumentaron sus jadeos notoriamente. Era el momento adecuado para meter mi dedo en su extensa raja. Lo hundí entre los gruesos labios y sentí el calor y la humedad del interior de su vagina, una vagina grande y ardiente. Metí dos dedos para llenarla y penetraron con facilidad asombrosa. Seguía chupando sus pezones, yendo de uno a otro, pero mi mente ya deseaba bajar a esa cueva y saborear sus calientes jugos. Repté con mi lengua por su vientre hasta llegar a lo más alto de la tremenda rajá y volví a asombrarme al ver esos gruesos labios partidos con una raja que se perdía entre sus exuberantes muslos. Abrí la boca y devoré toda esa carne que se abultaban para finalmente meter mi lengua entera. Carmen se mordió la mano para no gritar cuando llenó mi boca con una cascada de flujo caliente. Me gustó su sabor y lo lamí como un perro buscando su clítoris, algo que fue fácil dado su estado de dureza. Esta un garbanzo duro y delicioso que tintinee con la lengua para después sorberlo con deleite. Otro gritó contenido precedió a una nueva bocanada de flujo que se esparció por mi cara.

    —Diosss, que me estás haciendo potrillo! Me tiembla todo el cuerpo!

    Su lenguaje con connotaciones equinas empezaba a gustarme y la contesté en la misma jerga. Dejé de chupar ese manjar para quitarme el bañador. Mi polla erguía como una estaca clavada en el bajo vientre.

    —Este potro va a montar a la hermosa yegua!

    Me tumbe con delicadeza sobre su cuerpo sintiendo como mi carné se adosaba a la suya. Orienté el miembro entre los abultados labios genitales y sentí como profundizaba entre ellos. Antes de que penetrara por completo se aferró a mi culo desnudo clavándome las uñas.

    —Vamos potro, aprieta! La quiero toda la verga dentro!

    Mi polla entró por completo en la jugosa cueva y sentí sus alterados jadeos sobre mi boca.

    —Ahggg! Diosss! Que ganas tenía!

    —Te gusta?

    —Me encanta! Dale fuerte a esta yegua!

    La recatada Carmen parecía haberse desatado con una furia increíble. Comencé a bombear metiendo toda la polla dentro a cada embestida y al momento sentí mi polla chapoteando dentro de su gran vagina. Se había vuelto a mojar y ya no sabía si había corrido dos veces o era una continua. Pare unos segundos para dejarla respirar.

    —No pares! Sigue, sigue!

    Me pidió cuando pudo hablar sin dejar de apretarme el culo.

    Saqué la polla empapada y la induje a que se diera la vuelta.

    —Quiero está yegua a cuatro patas! Le dije siguiendo su jerga.

    Apenas tardó en coger la posición, ahora podía ver su gran culo abierto y el coño mojado asomando entre sus muslos. Fue una visión deliciosa antes de volver a clavarle la verga. Primero introduje dos dedos que se mojaron de inmediato. Los saqué y los pase por el centro de su hermoso culo que reaccionó de inmediato.

    Introduje tan solo el capullo en su gran coño que parecía querer engullirlo. A la vez comencé a penetrar su esfínter con uno de los dedos mojados.

    —Vamos! Vamos! No me tengas así!

    —Tranquila, cuanto más dure más te gustará!

    Su culo se abrió más rápido de lo que había pensado y todo mi dedo se perdió en su interior.

    —Ufff, eso también me gusta!

    Dijo sin preguntárselo moviendo sus caderas.

    Comencé a pajearla el culo a la vez que introducía mi polla con lentitud en su coño.

    —Ay dios mío! Que verga tienes! Jadeó sin parar de balancear su cuerpo.

    —Te gusta, ehh!

    —Si, síii! Mucho! También quiero chupártela como lo ha hecho mi hija!

    Me dijo de repente, y me acordé que había estado viéndonos.

    Esa sensual mujer me estaba poniendo salvaje y le clave toda la polla de un fuerte empujón.

    —Ahggg! Diosss! Así es como me gusta!

    La saqué lentamente sintiendo como su cuerpo ya temblaba. Su culo se había abierto tan generosamente que decidí meterle dos dedos. Comenzó a resoplar al sentir los dos dedos penetrando y aproveché para darle otra buena embestida.

    —Ahggg! Dios mío! Que me estás haciendo! Me vas a volver loca!

    Sabía que si la embestía varias veces seguidas se correría de nuevo y quise mantenerla en ese punto de deseo, pero que digo, yo estaba peor que ella. Quería metérsela por el culo y por la boca, quería hacerla de todo, pero mi estado de euforia solo me permitió embestir como un animal.

    Fue un largo minuto en el que no paró de gemir y de gritar, todo su cuerpo se movía como un flan a cada empujón y sentí como se mojaba su coño de nuevo antes de que mi polla reventara.

    —Ahggg! Diosss! Ahggg! Síii! Más fuerte!

    Gritaba descontrolada cuando sintió mis chorretones llenando su vagina.

    Cuando acabé se derrumbó quedando boca abajo sobre la toalla y todo mi cuerpo totalmente exhausto sobre el suyo. Jadeaba sobre su nuca sintiendo que me faltaba el aire, había sido un polvo bestial!

    —Ufff, cariño, qué gusto, diosss! Que placer, como necesitaba algo así!

    Me volteé para retirarme de encima de su hermoso cuerpo sudoroso y todavía excitado. Giró su cabeza para mirarme y acarició mi mejilla con una sonrisa totalmente placentera.

    —Ufff, que potro que eres! Nunca me habían follado así, tengo el coño ardiendo y deseando que lo vuelvas a llenar con tu verga!

  • ¿Se me estruja el corazón?

    ¿Se me estruja el corazón?

    Un coche raudo se abre paso a través de las montañas, sopla un viento fresco. Las hojas amarillas de otoño revolotean en el viento. No hay un alma por ahí afuera. A estas horas de la tarde, los residentes prefieren acurrucarse en sus cálidos hogares que deambular en la intemperie del frío nocturno. Tampoco hay ninguna razón para salir a las calles donde aparte de una pizzería sin nombre y el un puesto de cigarrillos que todo el mundo conoce pero que ahora están cerrados representan lugares de interés público, no hay nada más en el desolado centro de este remoto pueblo donde acordaron encontrarse.

    El joven está parado en la esquina bajo la farola que emite una luz tenue, envuelto en su grueso abrigo que oscurece levemente los contornos de su delgado cuerpo de adolescente. El coche detiene su marcha y la puerta se abre. Hay un momento de vacilación, pero el chico entró. Una sonrisa de sorpresa y el hombre al volante le devuelve la mirada. No hay rastro de barba en el rostro terso del muchacho. Cuerpo ligero, delgado y joven, piel suave y tersa, cierta inocencia y atracción sexual. Es un chico del armario piensa el hombre, quizás su primera vez. El auto prosigue el viaje y el joven en realidad no pregunta dónde, sino que mira algo nervioso a los lados para buscar paisajes familiares, y todavía le son familiares. Sin palabras. Ambos saben a dónde van. El hombre sabe exactamente, el joven un poco menos. Ya le ha dicho al hombre que no le gusta la penetración, pero el hombre le asegura que todo estará bien, que no se preocupara, que no pasará nada que no quiera. También le promete ser amable. Es precisamente esta promesa la que molesta al chico. ¿Amable? ¿Cuándo? él se pregunta. El hombre con el que estaba aún no había nacido y no quería follárselo. Algunos también lo hicieron bajo coacción. Por eso temía a todos los hombres demasiado masculinos, demasiado musculosos, demasiado rezumantes de testosterona. Pensó que este hombre que actualmente sostenía el volante y lo llevaba a lo desconocido era diferente. Parece más delicado, más frágil, tal vez por su cuerpo delgado, tal vez por la mirada melancólica en sus ojos. El chico confiaba en él, pero solo hasta cierto punto.

    Entraron en el estacionamiento. Al joven le pareció que vio los edificios públicos conocidos hace uno o dos minutos. Están ahí ¿Por qué? Al menos es un lugar público y no una arboleda oscura. El hombre lo lleva un café. Pregunta qué beberá y el joven le dice. Lleva dos vasos desechables. Le hace señas para que lo siga yendo. El joven está un poco sorprendido. Estaba seguro de que el hombre lo llevaría directamente a la cama. Tal vez él realmente es amable y considerado. Empieza a calmarse un poco. Paseando por los estantes. El chico le muestra el CD de moda. El hombre asiente. Se acercan a la caja registradora y el chico busca a tientas en sus bolsillos una factura para pagar. El hombre pone su mano sobre la mano del joven para que deje de buscar. Saca su propia tarjeta y paga.

    Vuelven al coche. Viajan un tramo y de nuevo están llegando «¿Qué es esto?» se pregunta el chico. «La habitación de un amigo» responde el hombre una casa privada. Entramos en el patio. Junto a la casa hay dos cabañas de madera. en una de ellas. la puerta está semi abierta, al pasar el sitio se vuelve cálido y acogedor por dentro. El aire acondicionado ya está funcionando. El hombre le dice que se ponga cómodo y él se quita el abrigo. El hombre sale un momento y vuelve. El joven no tiene idea de lo que hizo en el minuto o dos que estuvo afuera y lo olvida un momento después. El hombre se le acerca. El paquete ya es visible en sus pantalones. Se aferró a él para darle un abrazo. El joven está avergonzado, pero lentamente se calma. El hombre tiene un cuerpo cálido, fornido y placentero y el chico se envuelve entre sus curvas. Él es realmente gentil. Todavía.

    El hombre acomoda su espalda y el joven suspira y comienza a soltarse. El hombre mete una mano debajo de la camisa del joven y palpa su piel tensa y tersa. El hombre suspira y comienza a desnudar al joven. El joven mete sus esbeltas manos en la camisa del hombre y comienza a desabrocharla. Ambos sin camisa. Pecho peludo versus pecho liso. El cabello del hombre es suave y agradable para el joven, rozándolo con su calor. La espalda del hombre es suave y el joven lo presiona contra él. El hombre señala en dirección al jacuzzi que está en la habitación y el chico asiente con leve entusiasmo. El hombre va a llenar el jacuzzi y el chico sigue desnudándose. Permaneció un poco avergonzado en su clásica ropa interior blanca. El hombre regresa y está feliz de ver subir el deseo en la ropa interior del chico. Él se acerca y la atrapa. El joven sonríe. El hombre también se desnuda y permanece en ropa interior. Los suyos son boxers ajustados y coloridos. El paquete hinchado indica el negocio emergente del hombre. Presiona su mochila contra la mochila del joven y se frotan ligeramente. El hombre se inclina hacia el joven.

    Dulce sabor a labios. El joven cierra los ojos y se rinde. ¿En que esta pensando? El jacuzzi se está llenando. Beben sorbos del resto del café tibio en las tazas de cartón y regresan para darse otro beso. El sabor del café se mezcla con el sabor dulce natural del joven. El jacuzzi ya está lleno. Se quitan la ropa interior y entran. Se sientan uno frente al otro, con las piernas del joven extendidas a los lados y descansando sobre las piernas del hombre. El hombre lo atrae hacia él y el joven responde. Quiere un cuerpo cálido al que aferrarse. Él necesita este calor no menos que el hombre. Se aferra a él. Se sienta en su regazo. Polla tocando polla. La polla clara del chico y la polla morena más grande del hombre. El joven extiende una mano gentil y mantiene juntas ambas extremidades. Él comienza a pasar su mano arriba y abajo de ambos y ella se desliza bien sobre los hot rods con el jabón resbaladizo. El hombre suspira pero quiere más. Agarra la rodilla del joven y lo levanta hacia él. La polla está en la abertura de la nalga del joven y el hombre abre las mejillas de la nalga. No toca la abertura prohibida y quiere penetrar.

    El chico se estremeció. «No…» susurra suavemente y el hombre le asegura que sera amable y que lo hara despacio y con sensibilidad. El joven todavía está emocionado. Él quiere y no quiere. Las pocas veces que había sido penetrado en el pasado había sido a la fuerza. Esos hombres en realidad no pidieron su permiso. No es que lo vayan a violar en la esquina de la calle. Se fue con ellos por voluntad propia buscando algo de calor y algo de cercanía. Algo que realmente no supo en su vida. Solo querían follar. Cuando estaba con ellos, no se molestaron en preguntar, no se molestaron en escuchar sus objeciones y lo golpearon a la fuerza. El recuerdo del dolor agudo lo sacudió. Miró a los ojos expectantes de este hombre gentil y pensativo y asintió «pero solo con un condón», agregó y el hombre se detuvo para penetrar, metió la mano en el paquete de condones al costado y sacó uno. Despegar el envoltorio y poner la polla.

    El hombre olfateo algo y dijo que era un condón especial, no uno de goma. Resistente al aceite. Agarró el trasero del chico de nuevo y lo sentó a horcajadas sobre su polla. Esta vez lo hizo de espaldas al chico. Quería ver su ano estrecho expandirse sobre la polla caliente, y lo hizo. La cúpula ya estaba dentro y el chico respiraba con dificultad. El hombre lubricó un poco más el tubo caliente y también el ano del chico alrededor y continuó sentando al chico en su polla que fue tragada dentro de mi culo ligero y suave. El chico seguía respirando con dificultad, quizás por el dolor de la penetración y quizás por la excitación, pero el hombre seguía penetrándolo suavemente pero con determinación.

    Toda la polla estaba dentro. El joven se sentó en el regazo del hombre, recuperando lentamente el aliento. El hombre mismo tembló de emoción. Lleva varios días soñando y fantaseando con follar con este chico. Cuando le dijo que no le gustaba la penetración y accedió a verse después de que el hombre le dijera que el sexo sería sensible y considerado, ya sabía que su culo sería suyo. El hombre supo ya entonces que todo este «ama, no le gusta la penetración» es sólo cuestión de tiempo y mucha paciencia. El hombre tuvo suficiente paciencia para conseguirle lo que quería. Normalmente era así, pero con este chico asustado temía un pánico de última hora. Él lo habría tomado de todos modos. Él no se detendría, lo sabía, pero el chico no lo hizo. El chico pensaba que todo dependía de él, pero de él dependía sólo la naturaleza de la cogida y no la cogida en sí. Menos mal que no lo sabía. Fue más complicado calmarlo después de una rápida penetración que no fue precisamente su cooperación.

    La polla estaba completamente incrustada en el culo del chico en el burbujeante agua caliente de la bañera, caliente y palpitante por dentro. El hombre agarró el trasero del chico y comenzó a subirlo y bajarlo sobre la polla, deslizando su trasero contra la ingle del hombre. El joven comenzó a participar en ligeros movimientos pélvicos, cerró los ojos y se volvió adicto a las sensaciones. Solo ahora comenzó a sentirse mejor y le dijo esto al hombre que estaba muy feliz de escuchar. El canal de deseo del muchacho atrajo la polla del hombre con fuerza y eso solo aumentó el calor y la agitación en sus ingles. Puso su mano sobre la joven polla del chico que estaba dura como una roca y la acarició suavemente mientras empujaba hacia adentro. Mientras el hombre tomaba el pequeño y tenso escroto del joven, éste comenzó a correr contra su pene en éxtasis. El hombre liberó sus testículos de la envoltura de acero y comenzó a masturbarse rápidamente con el agua jabonosa resbaladiza. Sus suspiros se hicieron más fuertes. Y de repente, el joven comenzó a rociar ráfagas incontrolablemente intensas una tras otra que golpeaban la pared y lentamente goteaban de nuevo en el agua turbulenta del jacuzzi.

    El hombre apretó su polla hasta la última gota y luego metió la mano en su boca y lamió los restos del joven esperma. Sorprendentemente era algo dulce, como la leche de almendras. Al hombre le gustó este sabor y limpió su mano a fondo de todo rastro de semen. Extendió ambas manos ahora y agarró la cintura del chico montando su polla y comenzó a moverlo arriba y abajo con movimientos cada vez más fuertes. El hombre sintió que el volcán en sus entrañas estaba a punto de estallar en cualquier momento y luego abandonó el cuerpo del joven, se quitó el condón, envolvió su pene con fuerza para detener la inevitable erupción y giró al joven hacia él. El chico ya entendió por sí mismo. Abrió la boca y el hombre soltó su polla. Sus suaves labios tocaron su polla y un sinfín de gotas de esperma comenzaron a brotar de él directamente a la boca abierta del joven, pero algunas salpicaron sus suaves mejillas. Cuando el hombre dejó de chorrear y comenzó a tratar de recuperar su respiración normal, el joven sonrió y lamió todas las bolas de esperma de su cara. Después de que terminó, el chico corrió hacia el hombre, se acostó sobre él, vientre con vientre y polla con polla y presionó labios contra labios para otro beso profundo y húmedo. Permanecieron así durante un rato hasta que el agua del jacuzzi empezó a enfriarse.

    Ambos sabían que era hora de salir y se levantaron para lavarse el cuerpo. Precisamente entonces, cuando se pararon debajo del marcador abierto, sus extremidades comenzaron a apuñalar nuevamente. El agua del marcador lavó la cabeza del joven del agua jabonosa y se apoyó en la pared con sus manos delgadas. El hombre ya no puede soportar el espectáculo. Su calentura se disparó. Abrió otro preservativo y se lo puso en la polla y sin preguntarle nada al chico, lo agarró por las caderas y lo penetró de golpe por detrás, estando de pie. El chico no se inmutó. de lo contrario. Atiesó aún más su cuerpo para facilitar la cogida y aceptó la polla con placer. Esta vez duele menos. Esta vez ya había comenzado a adaptarse a la gran polla del hombre. Esta vez también sucedió algo más. Tan pronto como comenzó la penetración, el chico terminó. Amaba la polla de este hombre gentil, y estaba disfrutando finalmente de tener una polla adecuada y no de la coerción violenta que le desgarraba el trasero con sus hombres anteriores.

    Terminaron de nuevo, los dos, y después de bañarse y secarse, regresaron a la cálida cama. El hombre abrazó al chico en una posición de cucharita y presionó su miembro medio erecto contra su suave trasero. Envolvió su delgado cuerpo entre sus brazos y el chico suspiró de placer. El hombre suspiró también. Continuaron acostados así abrazados durante otra larga hora hasta que se levantaron. Trajo a su lindo joven a casa. Antes de separarse, el joven colocó su mano sobre el muslo del hombre y le preguntó si estaba bien. «Estuvo bien», respondió el hombre, y el chico lo besó y se fue.

    Otra follada llegando a su fin, pensó el hombre mientras se dirigía a casa. No buscaba una relación duradera y supuso que para el chico también era un pasatiempo ligero, pues le dijo que también se reunía con otros. Eso pensó el hombre, pero estaba equivocado.

    «Fue el mejor sexo que he tenido. Quiero conocerte cada vez más» un mensaje lo esperaba en el mensajero cuando entró a la casa y lo sorprendió un poco.

    «Estuvo bien, pero fue algo de una sola vez», le escribió el hombre.

    «No, por favor no lo hagas» dijo el chico.

    «No hay nada que hacer, así es Stutz». dijo el hombre.

    «¿No lo pasaste bien conmigo?» El chico se preguntó «Fuiste el primer hombre que accedí a penetrarme…»

    «Fue genial contigo, pero termina aquí», dijo el hombre.

    «No te vayas…» El chico hizo un último intento.

    «Vete en paz y gracias por el momento», remató el hombre con cierta aspereza en su frase favorita de uno de los libros de Douglas Adams. Inmediatamente después, eliminó al chico de la lista de contactos y bloqueó a su mensajero con un ligero suspiro. Fue solo una de muchas vivencias, pensó el hombre con cinismo, pero entonces… ¿por qué se me estruja el corazón de todos modos?

  • El dulce sabor virginal de mi sobrino Dany

    El dulce sabor virginal de mi sobrino Dany

    Me encontraba sentada en mi sofá viendo televisión. El día estaba extrañamente frio, para el clima común del lugar en donde vivo. Mis hijos estaban en un paseo de fin de semana. Habían alquilado unas cabañas para pasarla bien con sus novias y amigos. De nuevo me encontraba sola y muy caliente. Últimamente me encontraba más deseosa de lo habitual. Sentía que en ocasiones mi cuerpo me traicionaba y ante el más mínimo impulso o estimulante sobre mi piel, podía percibir como mi cuerpo entero se electrificaba. Era una sensación poco común en mí, usualmente podía controlar mi deseo.

    Esa mañana me encontré a mi sobrino Daniel frente a la puerta, había empezado a llover y se estaba mojando y tiritaba mientras frotaba sus brazos y tocaba de nuevo el timbre. Yo pude verlo a través de la mira de la puerta, al percatarme de que era él lo dejé entrar de inmediato. El soltó una gran mochila en el suelo que también estaba empapada y se quitó su chaqueta quejándose de la lluvia. Yo fui por una toalla para poder ayudarle a secarse, pero no fue muy efectiva; su ropa estaba completamente empapada. Tienes que tomar una ducha -le dije-. Ya después podrás explicarme con más calma que haces acá mi amor -añadí-. El asintió y subió al cuarto de baño. Yo fui a buscar más toallas limpias y algo de ropa de mi hijo menor, quizás esas prendas son las que le quedarían un poco mejor “pensé”.

    Fui al cuarto de baño y la puerta no estaba totalmente cerrada. Pude vislumbrar aquel cuerpo joven, no tenía vello o al menos eso aparentaba con el agua cayendo sobre su piel. Él siempre había hecho natación desde niño, por lo que estaba acostumbrado a no tener vello en su cuerpo. Quizás esa era la razón “pensé”. Él se giró para tomar el jabón y pude ver su miembro masculino columpiar bajo el incesante roció de agua caliente. El vapor se elevaba, pero no me impedía deleitarme con tan sublime espectáculo. Su pene no era tan grande, pero lo compensaba en grosor era un pene muy gordo y tenía un detalle que a mis ojos lo hacía perfecto: tenía un buen pedazo de prepucio. A la distancia observaba por el pequeño espacio entre la puerta y la pared como acariciaba su cuerpo con ese jabón. Yo ansiaba ser ese jabón con todo mi ser, recorrer esa suave y tersa piel llena de juventud. Algo me dejo asombrada: solo limpio por encima su pene. No hizo hacia atrás su prepucio, quizás lo olvido o tendrá esa mala costumbre -me dije-. Cerro la llave del agua y en ese momento entré haciéndome la tonta.

    -Toma mi amor, aquí hay unas toallas limpias -dije mientras entraba de golpe en el baño.

    -Tía, por favor voltéate, estoy desnudo -dijo mientras cubría esa jugosa verga gorda con su mano.

    -Discúlpame cariño, no pensé que estuvieras bañándote ya -dije mientras me volteaba y le alcanzaba una toalla limpia con mi mano.

    Él se secó rápido y se puso rápido la toalla a la cintura. Aun así, podía ver su grueso paquete sobresalir en aquel suave algodón.

    -Ya estas muy crecido mi amor, apenas y puedo recordar como eras de pequeño.

    Pude notar el abdomen marcado y sus músculos tan joviales resaltados por la piel fresca y renovada después del baño.

    -Ya no soy un niño tía -dijo esbozando una leve sonrisa.

    -Es verdad mi amor, ya eres todo un hombre.

    Sali del baño y lo deje que se cambiara de ropa.

    Después bajo a la sala. Yo estaba limpiando un poco. Llevaba un suéter delgado sin bra con un escote en V. Mis pezones se marcaban mucho por el frio, o quizás por la excitación de haber visto a mi sobrino por primera vez desnudo. El morbo de espiar a alguien sin que se dieran cuenta era una de las cosas que más disfrutaba hacer desde joven. A pesar de que se me mercaba mucho los pezones no solía llevar sujetador cuando me encontraba en casa relajada y no iba a empezar ese día.

    -Gracias por la ropa limpia, tía -dijo mi sobrino mientras se sentaba en la sala.

    -Por nada mi amor ¿ahora si vas a contarme que haces acá tan temprano? -pregunte con curiosidad.

    -Bueno es algo complicado -dijo con un hilo de voz.

    -No importa, tú sabes que puedes contarme cualquier cosa cariño, no importa lo que sea, puedes confiar en mí.

    -Lo que pasa es que he estado teniendo problemas con mis padres.

    – ¿Qué tipo de problemas mi amor?

    -Bueno… mis padres están teniendo muchas peleas en ocasiones muy agresivas, incluso yo les he pedido que no peleen, pero me dicen que no me meta, prácticamente han hecho que vivir en esa casa sea un infierno, creo que se van a divorciar.

    Me inspiro tanta ternura y unas ganas de protegerlo, que tome su cabeza y la recline sobre mi pecho. El me abrazo con firmeza y comenzó a llorar de forma desconsolada. Yo le acariciaba el cabello tratando de consolarlo con palabras dulces de aliento. Mi grande pecho parecía otorgarle cierto confort, porque muy rápido se sintió mejor y recobro la compostura.

    Dejo de llorar.

    – ¿Ya te sientes mejor cariño?

    Si, me siento más tranquilo -dijo mientras se secaba las lágrimas del rostro.

    -Mira mi cielo, en las parejas muchas veces hay pleitos, es como todo en la vida, hay subidas y bajadas en un matrimonio, pero tú no tienes la culpa de nada.

    -Eso lo entiendo, pero es muy difícil verlos pelear de esa manera tan cruel, no me gusta.

    -Te voy a proponer algo ¿qué te parece si este fin de semana te quedas aquí conmigo como cuando eras pequeño y la pasabas con tus primos? Así te olvidas un poco de todo lo relacionado con el conflicto entre tus papis y puedas relajarte un poco.

    El asintió en silencio.

    -No te preocupes cariño, todo va a estar bien ya lo veras -dije mientras hundía su cabeza en mi frondoso y suave pecho.

    Cenamos en la sala algo de pizza mientras veíamos una película de super héroes. Nos agregamos a Facebook porque sus papas no le habían dejado tener una cuenta hasta que cumpliera la mayoría de edad, así que recién tenía su nueva cuenta. Me pregunto cual era y yo le di los dos que uso. Yo para estar más cómoda me puse un baby doll rojo que acostumbro usar cuando duermo en soledad para sentirme sexy, pero encima use una bata porque era algo revelador. La bata no evito que mi sobrino Dany de vez en cuando me otorgara una mirada picara a mi escote para explorar el suave encaje de mi atuendo. Podía sentir sus ojos posándose sobre mi durante la mayor parte de la película. La flama de su deseo había hecho encender el mío y el incendio de pasión se había propagado por todo el lugar. En un momento mientras tomaba las palomitas pude ver un bulto enorme en sus shorts. Yo en ese momento decidí quitarme la bata para provocarlo un poquito más y jugar con él. No paraba de mirarme fijamente. Al final no paso nada más y él se fue a la cama.

    Cuando él se había ido, yo decidí llevarle unas cuantas sabanas extra porque el clima había comenzado a descender drásticamente esa noche. Lo encontré con su mano en su pene totalmente erecto y lo frotaba de manera brutal de arriba abajo sin piedad.

    -Perdón tía, lo siento en verdad -dijo mientras se cubría con las sábanas.

    -No mi cielo no te preocupes, si supieras cuantas veces he descubierto a tus primos así -dije riendo un poco.

    – ¿En serio los has visto tocarse? -pregunto con timidez.

    -Muchísimas veces amor, es algo natural en los jóvenes, necesitan desahogarse, pero pude notar algo que no está bien con tu pene mi amor, desde que te vi en la ducha desnudo quise comentarte algo, pero no sabía cómo.

    -Es verdad, yo he tenido un poco de dolor por una razón, pero me daba pena contárselo a mis padres y menos en estos momentos.

    -Déjame adivinar ¿estas teniendo problemas con tu prepucio al bajarlo y por eso tienes dolor?

    – ¿Cómo lo supiste? -pregunto asombrado y totalmente fuera de sí.

    -Bueno, cuando te vi desnudo en el baño y como te vi ahora, vi que tu miembro masculino no se pela por completo, el prepucio no baja y eso puede ser doloroso cariño, recuerda que soy doctora tú puedes contarme como te sientes.

    -Lo describes exacto como me siento, pero me daba pena decirle a mi papa, sobre todo porque creo que es debido a mi mala higiene.

    -Podemos ver si se puede solucionar sin cirugía, pero para eso debo examinarte amor, recuéstate en la cama boca arriba y quítate las sábanas.

    El obedeció como un manso corderito. Su pene se había vuelto flácido, quizás por la timidez. Le pedí que tratara de pelarlo por completo en estado flácido. Trato, pero no lo lograba y había comenzado a hacer muecas por el dolor.

    Fui a mi habitación por una botella de lubricante y dejé caer algunos chorros encima de su glande cubierto por la abundante piel de su pene. Déjame intentar corazón -dije con voz queda-. Él se cubrió y pude notar timidez e inocencia en su mirada.

    – ¿Qué es lo que pasa mi amor?

    -Es solo que… ninguna mujer me ha tocado ahí

    -Entonces no has estado con tu novia mi amor.

    -Mi novia es cristiana y dice que quiere esperar a casarse, entonces no hemos hecho nada.

    -Eso es malo para ti mi amor, debes estar muy frustrado, pero recuerda que yo soy Dra. y he visto muchos hombres desnudos, es mi trabajo no te preocupes.

    El se sumió en una confianza plena conmigo y se descubrió completamente. Su pene ya estaba erecto, se disculpó de nuevo, pero le dije que no importaba. Las venas se sobresaltaban en aquel grueso falo y la piel brillaba resplandeciente con la luz de la habitación. El aroma era intenso, si tuviera que describirlo: era como una combinación entre orines, sudor y un fuerte olor a mariscos. Puse mas de mi lubricante y traté de hacer la piel por detrás de su glande. El sufría un poco y se tomaba de las sábanas. Respira mi amor -dije mientras bajaba mi mano poco a poco con firmeza-. Debe haber mucha suciedad acumulada “pensé”. Di un bajón fuerte con mi mano y el gimió de dolor, su cuerpo se estremeció y el glande se revelo a mi cubierto mayormente de una masa blanquecina y olorosa. El olor era intoxicante y sentía que había penetrado hasta mi cerebro.

    -Daniel, tienes que tener una mejor higiene, por esta razón tu prepucio no bajaba, mira todo este esmegma.

    -Es que yo siempre me baño rápido, nunca le tomo mucha importancia limpiarme ahí, tía.

    – ¿Tu padre nunca te enseño la importancia de eso? -pregunte con suma curiosidad.

    -No, el no tiene prepucio así que no, nunca me dijo nada.

    -Cuando te duches y cuando vayas a orinar debes hacerlo hacia atrás y limpiarlo si hay este quesito que se ve aquí -dije mientras limpiaba de su glande con mi dedo el fétido esmegma.

    El tembló cuando le pasé el dedo sobre su glande, debe ser muy sensible “pensé”. Tendría que quitar todo esto con alguna sustancia estéril, pero no tengo nada de momento aquí en la casa mi amor -mentí-. El estaba un poco asustado y sin saber que hacer mientras su tía tenía su verga gorda, venosa, dulce y virginal a mi merced.

    -Además hay que comprobar si no esta infectado -mentí de nuevo.

    – Pero ¿cómo podrías saberlo? -dijo con un tono de preocupación en su voz.

    -Bueno, se puede saber con un estudio donde te encajan unas agujas en el pene y testículos que son muy dolorosas y extraen liquido -mentí

    -No, no quiero nada de eso.

    -Hay otra manera, se puede saber por el gusto.

    – ¿Y cómo es eso?

    -Bueno, si ambos son muy amargos, tu esmegma y semen, entonces puede ser que tengas una infección, pero si son algo dulces entonces lo más probable es que no tengas nada.

    -Tengo miedo -dijo asustado.

    -No te preocupes mi cielo, yo puedo hacerte alcanzar el clímax, probar ambos y ver si está infectado o no.

    Le pedí que se desvistiera por completo y se recostara boca arriba, el lo hizo de manera calmada. Yo me acerque a el y bese su mejilla. No te preocupes mi amor, tía July te va a cuidar -dije con un hilo de voz en su oreja-. Me recosté sobre sus piernas quedando con mi cabeza a la altura de su obesa verga. El olor me abrumó de nuevo. Lo aspire como si fuera la mas dulce e intoxicante de las drogas. El estaba quieto y con algo de temor. A mi no me importo y le pase la lengua sin más recolectando cada gramo de ese fétido y asqueroso queso. Se adhería a mi lengua como pegamento e invadía mis papilas gustativas al por mayor. Mi vagina se humedeció solo con probar su sabor. Su cuerpo juvenil se estremecía con cada suave roce de mi húmeda lengua. Cerraba los ojos y se sostenía con fuerza de las sabanas como si se fuera a caer de la cama, eso me hizo sonreír. Con cada recorrido lujurioso de mi lengua limpiaba cada vez mas su sucio pene. Llegue al punto de dejarlo reluciente y brillante.

    – ¡Quiero ver tus tetas! -grito desesperado.

    – ¿Qué fue lo que dijiste Dany?

    -Perdón tía July, es solo que me emocione, lo siento mucho.

    -No te equivoques muchachito, esto es solo con fines médicos y con el propósito de ayudarte a no pasar dolor -mentí y casi se me escapa una carcajada.

    -Lo siento mucho.

    -Lo hare solo porque eres mi sobrino favorito.

    Me quite toda la ropa y el parecía estar mudo. Deje caer mucha saliva sobre su verga desde arriba. El gran hilo de saliva cayo sobre su pene deslizándose con calma hacia abajo. Lo tomé de sus muñecas y las aprendí junto al colchón. No podía moverse, estaba preso ante mis encantos. Succionaba con fuerza y podía sentir como su verga comenzaba a hincharse a un mas en mi boca. Eso solo podía significar una sola cosa. Puse un gran chorro de lubricante en medio de mis senos y los unté hasta dejarlo brillantes y majestuosos. Eran como dos grandes balones de futbol lustrados. Metí su verga gorda en medio y comencé a subir y bajar. Sus ojos se pusieron en blanco completamente. Quería gritar, pero no salía nada de su boca ni el más mínimo gemido. Hasta que por fin el intenso clímax llego. Inmensos y espesos chorros comenzaron a colorear mis senos, mi cuello, incluso mi rostro. Pronto me vi cubierta de un semen amarillento y espeso que me embriagaba con su olor. El respiraba agitado y no podía moverse. Yo deje escapar a su pene de la prisión cruel de mis senos y volvió a su estado natural. Yo besaba mis voluptuosos pechos recogiendo con mi lengua hasta la última gota de esa leche tan dulce y virginal. Bebi por completo ese delicioso elixir. El aun respiraba con agitación, pero pudo hilvanar unas palabras. ¿Entonces no esta infectado? -pregunto. No le tome bien el sabor creo que tendremos que intentar de nuevo -respondí con una sonrisa y el semen cayendo de mis labios-.

    Continuará…

  • Yo solo quería trabajar

    Yo solo quería trabajar

    Hola amigos, este es mi primer relato así que espero que les guste. Hace algunos años yo tenía cómo 22 estaba soltero y no tenía en mis planes conseguir pareja, en ese momento solo me interesaba trabajar para tener dinero y salir con los amigos, pero la vida tenía otros planes para mí.

    Después de unas semanas de enviar solicitudes a varios trabajos me llamaron de una cadena muy famosa de comida rápida aquí en la ciudad de puebla, puebla así que decidí presentarme al siguiente día, yo esperaba por el tipo de trabajo que solo fuéramos hombres ya que solo buscaban encargados de sucursal y parrilleros y así fue, el primer día solo llegamos puros hombres y la mayoría eran buena onda, a mi casi de inmediato me comenzó a hablar uno que note que tenía una forma de ser un poco afeminada.

    El día transcurrió y me alegré de que no había mujeres ya que no quería distraerme. Llegó el segundo día y todos estábamos platicando cuando de repente entro una mujer, su cara no llamaba mucho la atención ya que se veía como señora enojada, pero al empezar a ver más abajo me quedé sorprendido. Tenía una blusa que dejaba ver sus hombros y bajo esa blusa se podían notar dos pechos grandes y redondos, más abajo se podía notar un poco de pancita, pero lo que más llamaba la atención eran unas pompas redondas y bien paradas en un pantalón de mezclilla azul marino que se podían notar a simple vista acompañadas de unas piernotas bien torneadas.

    Esta mujer solo media 1.52 de estatura y tenía 32 años, pero tenía un cuerpo que muchas de 20 soñarían con tener y en ese momento supe que mi tranquilidad se había terminado. Entró y se sentó junto a nosotros nos comentó que iba por el puesto de encargada de sucursal y de inmediato ella y mi compañero gay comenzaron a platicar cómo si se conocieran de muchos años y para el final del día los tres ya habíamos hecho buena amistad.

    Durante todo el mes que duró la capacitación ella me miraba como si nos imaginara en la cama, pero yo me hacía el que no lo notaba yo resistía lo más que podía para no caer en la tentación y solo hablaba del trabajo, pero también imaginaba seguido lo que había debajo de su ropa. Yo mido 1.72 soy apiñonado, no soy el más guapo, pero si me defiendo y en esos años como no tenía novia hacia ejercicio 4 veces a la semana sin falta así que tenía unos brazos y un cuerpo que no pasaba desapercibido a diferencia de todos mis demás compañeros que ya eran papás, ya tenían panza chelera y la mayoría eran chaparros.

    Al terminar la capacitación a cada encargado le dieron una sucursal y les dijeron que podían formar su equipo de trabajo y como era de esperarse me escogió a mi y al otro compañero de inmediato y uno más para formar el equipo de 4 que se pedía. Así que a la semana siguiente ya seríamos nosotros 4 en el mundo laboral contra el resto del mundo.

    Llegó el día y nos presentamos en nuestra sucursal, nos entregaron el inventario de todo lo que había, se checó la mercancía y nos dejaron solos a los 4 pero de inmediato noté en su rostro una mirada de que me haría suyo.

    Al transcurrir los días ya ni siquiera lo disimulaba y cada vez que yo pasaba ella me daba nalgadas, me abrazaba por detras y acariciaba mi pecho y empezó dándome besos en la mejilla hasta llegar a besos en la boca cómo de novios. Al principio yo no hacía nada yo apenas había terminado una relación y no quería empezar otra pero después de 2 semanas ya no pude resistir más y un día que ella iba pasando extendí toda mi mano e hice lo que había querido hacer desde el primer día que la vi, le di una tremenda nalgada para escuchar cómo tronaban esas pompas pero de esas nalgadas que se dividen en dos partes primero la palmada en la pompa y después el agarrón de pompa a lo que ella primero puso cara de sorprendida pero después simplemente siguió cómo si nada hubiera pasado.

    Después de esa nalgada ya nos tratábamos cómo si fuéramos novios, en cada oportunidad que teníamos nos besábamos pero tratábamos de disimular y evitar las manoseadas frente a los otros dos compañeros y al salir del trabajo cada quien se iba por su lado.

    Las cosas fueron subiendo de tono muy rápido así que un día que ya habíamos cerrado mientras ella hacia el corte del día les dije a los compañeros que ya se fueran y que yo la esperaría a qué ella saliera para que no se quedara solo a lo que ellos accedieron de inmediato ya que el local se cerraba noche y a esa hora ya casi no pasaban camiones.

    En cuanto ellos se fueron yo entré y cerré la puerta, me dirigí hacia donde estaba ella y le pregunté que si le faltaba mucho y ella estaba molesta porque no le cuadraban las cuentas así que la abracé por detrás y lentamente comencé a besar su cuello, lo recorrí todo hasta sus hombros y la tenía sujetada de la cintura, en ese momento ella dejó lo que estaba haciendo y arrimó su cabello para que yo pudiera besarla bien, poco a poco fui subiendo mis manos sobre su playera del uniforme hasta llegar a esas pequeñas montañas que tenía y comencé a acariciarlas fuerte pero a la vez suave, yo trataba de apretarlas y acariciarlas al mismo tiempo y me di cuenta que estaban más suaves y más grandes de lo que imaginaba y ella simplemente puso sus manos sobre las mías para que no dejara de acariciar sus deliciosos pechos.

    Por el momento hasta aquí les contaré, se aceptan dudas o comentarios y no se preocupen que en estos días escribiré la segunda parte. Que estén bien.

  • Burbujas

    Burbujas

    Es medianoche. Espero a mi amiga afuera del bar. Es un pequeño bar, de colores opacos, discreto a la medida de cumplir con fantasías. Lucía y yo queremos conocerlo, despejar nuestras mentes de nuestros esposos por un tiempo.

    -Perdona la tardanza. -Se disculpa Lucía.

    Lleva un vestido por encima del muslo, sus piernas largas y bronceadas se ven espectaculares en él. Su melena rubia, recogida en un chongo. Es guapa, siempre lo ha sido, pero hoy se ve más, me da un poco de envidia por ella. Mientras que mi cabello color lavanda está suelto, tuve que ajustarme el vestido varías veces para que mis tetas terminarán apretadas de por medio, ella tiene una figura esbelta con tetas grandes. Pero la mía es más reluciente con esas enormes tetas que me cargo.

    -No te preocupes. Entremos. – Asintió, pasando por delante de mí. Su trasero se veía tan bien apretujado en ese vestido azul.

    -¿En qué les puedo servir, señoritas? – El hombre de la entrada nos mira, sonríe pícaramente. Tiene una melena corta en tono azul como el vestido de Lucía, y grandes músculos -. ¿Ya las esperan, señoritas?

    -Sí. Hice una reservación a nombre de Andrea.

    -Pasen por favor.

    Entramos. Pasamos por un largo pasillo lleno de luces fluorescentes, Lucía sostuvo mi mano mientras nos conducía a otra entrada, ahí había sillones de cuero, bailarinas exóticas sobre un escenario. Hombres ofreciendo espectáculos a otras mujeres y hombres.

    -Es aquí. – La jale conmigo hacía una puerta negra con el número de apartado que teníamos.

    En el interior había una cama de sábanas de seda, enfrente de esta había un pequeño escenario con un lupit pole y sobre él recaí la iluminación en rojo, a un costado había un sillón con una mesa repleta de aperitivos y champán. Lucía se sentó en el sillón, cruzó las piernas y su vestido se levanto más por encima del muslo, me lamí el labio y la miré, estaba preciosa con ese vestido. Las luces se apagaron unos segundos, cuando volvieron a encender en el escenario había una mujer vestida con leotardo de conejo, orejas largas y colita pomposa, con un maquillaje muy intenso. Sonó una música lenta, caliente, y la mujer contorneó sus caderas, yo me senté junto a Lucía, con la mesa frente a nosotras separándonos de la bailarina.

    La mujer nos dio la espalda, se inclinó, su gran trasero de burbuja me hipnotizó. Lentamente fue ascendiendo, camino alrededor del tubo con una mano apoyada en él, sus manos subían y bajaban de él como si de una polla se tratase. En un movimiento lento se acercó apoyando el pecho en él, el tubo quedando entre ambas tetas dejando relucir dos grandes melones, abrió las piernas he hizo lo mismo, con el tubo entre sus piernas y tetas, levantó una pierna enrollándola en el tubo, se impulsó y ascendió.

    Se frotó levemente en él, soltando un gemido, cerro los ojos, se impulsó todavía más enrolló las piernas en él y arqueó la espalda para que solo su cuerpo se viera sostenido por las mismas piernas. Con una mano apretó su teta sobre el leotardo, lo jaló con fuerza hasta que la tela se desgarró y dejó ver su gran teta, pellizcó el pezón mordiéndose el labio inferior mientras frotaba el coño en el tubo, aún arqueada. Con más sutileza se bajó el otro tirante exponiendo su otra teta. Ha este punto yo ya estaba empapada, tenía las piernas apretadas y me mordía los labios con dureza hasta que sentí el sabor metálico de la sangre.

    Mire a Lucía, se estaba mordiendo el labio inferior, con la mano derecha sobre su teta y la izquierda entre sus piernas. Sus ojos sin poder dejar de ver a la mujer, que seguía frotando su coño en el tubo mientras se apretaba los pezones en pellizcos. Me acerque a Lucía, lentamente deslice mi mano entre su rodilla y fui subiendo hasta sus muslos, no dijo nada solo sonrió. Con la mano que tenía entre las suyas acercó la mía a su coño, no llevaba bragas, su piel sedosa ya estaba empapada, frote mi mano en ella, deslice un dedo entre el clítoris y los labios, arqueó la espalda y soltó un pequeño gemido que solo logro estimularme. Lucía cerró los ojos, con la mano derecha bajo el tirante de su vestido dejando ver su pezón rosado sobre la piel bronceada, masajeo la masa, mientras yo frotaba mi mano en ella, con mi mano libre introduje un dedo en la boca de Lucía, gimió. La bailarina seguía haciendo su espectáculo ajena a lo que nosotras hacíamos, en un momento se había bajado del tubo y se quitó el leotardo dejandose solo una tanguita blanca y pequeña que no dejaba nada a la imaginación, frotandose sobre el tubo. Gimiendo.

    -Así, Andy. Lo haces muy bien – gimió Lucía, con un dedo en su boca.

    Me baje del sillón arrodillandome frente a ella, abrí sus piernas, su coño rosado y mojado dandome la bienvenida, me incline pase las manos por sus rodillas subí hasta sus muslos viendo como arqueaba la espalda y apretaba sus tetas. Hundí el rostro en sus piernas, pase la lengua varías veces sobre su raja, haciendo ovillos en el clítoris, chupé varías veces hasta que la piel quedo de un rojo claro, hundí mi lengua en ella y con los dientes le mordía los labios, hundí todavía más el rostro y frote la nariz en su coño, cuando me separé pase mis dedos en la sensible piel, desplegué los labios, lamí con más suavidad y con la nariz frote su clítoris. Sus jugos cremosos fueron saliendo poco a poco, empapando mi boca y su piel. A lo lejos escuchaba a la bailarina gemir, al igual que a Lucía. Sus jugos dulces me empapaban bajando por mi escote, frote más mi lengua en ella, masaje con los dedos la piel expuesta de sus labios vaginales.

    -Te quiero hacer lo mismo, Andrea. -gimió Lucía.

    Me separé de ella, subí al sillón y me recoste, Lucía se subió en mí, me acarició las tetas por encima del vestido, me bajo los tirantes del vestido y el sostén. Mis enormes tetas bronceadas con un pequeño triangulo en cada una más blanco que lo demás a causa de un bronceado, quedaron expuestas mientras Lucía me chupaba con avaricia, bajo una mano sobre mi pierna y la deslizó entre mis piernas, sus dedos rozandome la tanguita, frotó encima de ella y gemía. Yo ladee la cabeza para ver a la bailarina, ella nos miraba con las piernas muy abiertas me dejaba ver su tanguita, frotando sobré él, movió la tanguita dejandome ver un coño hinchado y rosado, volvió a frotar, esta vez con más rapidez, pegando la cabeza en el tubo y cerrando los ojos. Lucía ya me había quitado la tanga, abrió mis pierdas, dejando una encima del respaldo y la otra enrollada en su espalda, me lamía el coño, sentía como mi orgasmo se acercaba cada vez más.

    Entonces paso su lengua en mi clítoris, me froto con los dedos y después me penetró con ellos, levante la cadera más hacía su rostro, me succionaba el coño a grandes tirones y separaba mis labios con los dientes, sus dedos sin dejar de penetrarme. Yo tenía la vista fija en la bailarina que ya se había quitado la tanga y ahora solo me bailaba a mí, dejandome ver su coño hinchado aplastarse contra el tubo, mientras la oía gemir y Lucía me comía el coño.

  • Mi prima Teresa

    Mi prima Teresa

    Ella no parecía mi prima, no podía serlo. ¿Desde cuándo unas tetas podían crecer tanto? Habían pasado unos cuatro años desde la última vez que nos vimos. En aquel entonces viajé con mi familia a la casa de playa de mis abuelos y coincidimos con un tío que también llegaba con su familia, entre ellos mi prima lejana, llamada Teresa.

    Hasta donde podía recordar aquel verano fue muy bueno, yo era un año mayor que ella, y los dos éramos los únicos jóvenes en la casa, así que paseamos, jugamos e íbamos a la playa juntos. Ella solía ser una joven alta y un poco flacucha, parecía que el crecer en altura le había quitado grasa, así que sus pechos y glúteos eran un tanto planos, además vestía ropa algo suelta, lo que ocultaba aún más su silueta poco femenina. No ayudaba mucho que por aquella época yo tenía ojos solo para mi enamorada, así que la traté como una amiga, tal vez hasta como una hermana. Incluso llegamos a dormir juntos, sin que nada raro pasase. Ella tenía un carácter algo explosivo, se amargaba rápido. Y si la memoria no me fallaba, era un tanto tosca, pues me solía dar coscorrones cada dos por tres. Incluso, al ser más alta que yo, me ganaba en fuerza cuando luchábamos, terminando yo siempre en el suelo con ella encima mío, lo que, en aquel entonces, no me generaba morbo ni excitación alguna. A pesar de todo, en esos dos meses estuvimos juntos, que fueron prácticamente todo el verano, hicimos gran amistad.

    Cuando el viaje terminó prometimos agregarnos y mantener contacto, pero ella rechazó mi solicitud, mis mensajes y hasta mis llamadas, por lo que ahí quedó la amistad. Cada uno partió a su ciudad y no habíamos coincidido hasta este momento, en el que entrando a la casa de playa me la había encontrado frente a frente, yo cargando unas maletas y ella saliendo de la sala, con ropa de verano muy pequeña, con sus enormes pechos prácticamente rebalsando su ligera playera. Si no hubiese sido porque seguía con la misma cara pecosa no la habría reconocido.

    —¡Que sorpresa! ¡Has crecido Luis! —me dijo dando un salto y sonriendo. Se veía muy linda, no solo por la ropa, sino por su ahora bien equilibrada figura.

    —Hola Teresa, te ves estupenda, cuántos años… —mientras hablaba sopesé mal lo que cargaba y la maleta de mi madre cayó al piso.

    —Veo que sigues siendo bobo, me adelanté en mi opinión —me dijo divertida— deja que te ayude.

    —Yo puedo solo, gracias —contesté abochornado por mi torpeza. Vaya manera de empezar un reencuentro.

    Instalé las cosas de mi familia en los cuartos que mi abuelo nos había separado. Su casa era enorme, con patio a ambos lados y un bloque de cuartos destinado a la familia que lo visitaba. Así me entretuve junto a mis padres durante parte de la mañana, arreglando nuestro equipaje, hasta que escuchamos el llamado del patriarca de la familia.

    —¡Ya! nos vamos a la playa, ¡el que no quiera ir se queda sin comida! —dijo mi abuelo sonriendo, mientras cargaban sus cosas en la camioneta.

    Los de más edad de la familia subieron en los vehículos, yo por mi parte decidí ir caminando, la playa del poblado quedaba apenas a un kilómetro, y el camino estaba lleno de distracciones. De paso me ahorraba el trabajo de montar todas las carpas y sombrillas para el grupo.

    —Oye bobo espérame —me dijo Teresa, saliendo de la casa mientras se acomodaba sus sandalias.

    —¿Piensas ir caminando?

    —No, iré volando —me dijo en tono sarcástico mientras me hacía una mueca.

    —La escoba está por allá —le dije, muy serio, ella se acercó y dando un salto me dio un coscorrón, un tanto fuerte. Pero ni sentí el dolor pues ella al saltar y caer hizo que sus ubres rebotaran mucho, como dos balones llenos de agua.

    —¡Tonto! ¡el último en llegar a la plaza compra las paletas! —dijo mientras salía corriendo, despertando en mí el niño interior que no veía desde hace mucho.

    Ella llevaba la delantera, corría de verdad esforzándose, yo en lo que me fijaba era en los pantalones cortos de tela blanca mi prima que vestía. Mientras ella corría parecía que su ropa se metía más entre sus ahora redonditas nalgas. Sus piernas estaban bronceadas, eran largas y contorneadas. El haber ganado peso le había sentado de maravilla a Teresita.

    Cuando faltaba solo una calle para la meta, me adelanté, la pasé y le gané la carrera, deteniéndome a esperarla. Ella agitada me dio un golpe en el pecho mientras se agachaba para recobrar su respiración.

    —Tramposo, eso no se vale.

    —¡Pero si no hice trampa!

    —Me ganaste y eso es trampa —dijo haciendo otra mueca cerrando un ojo y sacando la lengua— además mentí sobre la apuesta.

    —Ya me imaginaba —ella solía hacer eso, poco a poco recordaba sus travesuras, aun así, me había divertido con la carrera.

    El pueblo costero bullía de actividad, por la propia temporada que atraía visitantes. Caminamos un poco casi sin hablar, ella se distrajo un rato en una tienda de ropa.

    —¿Cuál de estos me quedará mejor? —me preguntó, mostrándome dos bikinis, uno de color azul y de diseño normal, y el otro de color rojo, excesivamente pequeño.

    —El azul, porque en rojo no creo que entres —le dije bromeando, aunque me hacía una idea de cómo le quedaría, en su blanca piel, con la parte de la tanga como hilo, y el sujetador sin abarcar sus carnes, mostrando sus pezones.

    —Ay Luis eres un tarado —me dijo, volteando hacia la vendedora y cogiendo el azul— me llevaré este, gracias.

    Salió de la tienda molesta, mi broma había sido un tanto excesiva, así que caminamos buen trecho sin hablarnos, al final cedí.

    —Teresa era una broma, no te molestes porfa.

    —Eres un tonto, antes no sabías como tratar a una fina y delicada dama, veo que ahora tampoco.

    —Recuerdo que esa fina y delicada dama me ganaba en lucha, y me dejó un poco tonto de tanto golpe en la cabeza.

    —¿Solo un poco? —bromeó. Me alegré de sacarla de su enojo.

    —¿Qué ha sido de tu vida primita?

    —Pues, salí del cole, ingresé a la universidad, ahora estoy a punto de ser ingeniera mecánica —me dijo con aire de autosuficiencia.

    —Wao, si que has aprovechado el tiempo —le respondí, un tanto intimidado.

    —¿Y tú qué me puedes contar enano? —me llamó por el antiguo apodo que me había puesto ella, pese a que ahora yo era más alto que mi prima.

    —Casi igual, solo que ese año ingresé a una universidad nacional, quería estudiar medicina, pero al segundo año cambié de carrera y de universidad, algunas cosas de allí no eran lo mío. Ahora estudio administración de empresas, aún voy a mitad de carrera. También trabajo a medio tiempo en un cine, para compensar a mis padres por el tiempo perdido.

    —Ya veo, las cosas a veces pueden ponerse pesadas.

    Caminamos otro trecho, había una pregunta que necesitaba hacerle, pero tal vez malograría el momento, aunque no estaría tranquilo si no se la hacía.

    —¿Recuerdas hace años cuando ese verano terminó? te mandé una solicitud de amistad, ¿por qué la rechazaste?

    Ella me miró, y nuestros ojos se encontraron. Tenía unos ojos grandes, almendrados y de pestañas cortas, muy bellas y alineadas, pronto apartó la vista.

    —No lo recuerdo —dijo cortante.

    Recorrimos el resto del trecho con charlas breves y un tanto sosas. Poco a poco nos acercamos al mar mientras atravesábamos el camino repleto de árboles de sombra. Al llegar al malecón nos pusimos a buscar a nuestra familia con poco éxito. Mucha gente había decidido ese día ir a la playa, así que la tarea no era nada fácil.

    —El primero que los encuentre será el esclavo del otro durante un día —me propuso. Ese solía ser el costo de perder uno de nuestros juegos, y ella casi siempre ganaba, o si no, se negaba a aceptar su derrota. Yo terminaba cargando sus cosas, lavando sus platos o incluso haciéndole aire con un abanico como esos sirvientes que aparecían en películas de épocas pasadas.

    Me despertó mucho morbo, me la imaginé teniéndola de esclava, sometiéndola y ordenándole que me baile de forma sensual mientras se debía ir quitando la ropa. Nunca habíamos establecido límites, así que acepté su reto.

    —Acepto, el que los encuentre primero será esclavo por un día del otro.

    —Muy bien esclavo, voltea, allá están —me dijo, señalando una carpa donde se encontraba toda la familia riendo y que por el tumulto se me había pasado de largo.

    —¡Eso no se vale! —protesté, pero vi en su cara una bella sonrisa triunfal. Sus labios eran equilibrados, ni muy carnosos ni muy delgados, se me antojaban excelentes como para que me de una buena mamada, pero esa idea estaba cada vez más lejos por mi reciente derrota.

    —Vamos esclavo Luis, carga mis compras —me ordenó, dándome sus bolsitas.

    —Si…

    —Si ¿qué?

    —Si ama Teresa —le contesté volteando mis ojos, indignado pero obediente. Era fiel a cumplir mi palabra.

    Caminamos por la ardiente arena hasta el grupo familiar, nos recibieron y charlamos un rato con todos, ella estaba de un humor excelente, reía por cualquier motivo, y su risa me encantaba, le hacía verse tan infantil y tan mujer a la vez.

    Mi madre me alcanzó el bloqueador solar, y me unté un poco en la cara y cuerpo, estiré el brazo para devolvérselo a mi madre y mi querida prima me interrumpió.

    —¿Tía me prestas un poco porfa? —le preguntó a mi madre, que sin dudar asintió y siguió charlando con mis tíos, entretenida. Luego Teresa se dirigió a mí:

    —Esclavo, ponme bloqueador —me dijo, mientras se sacaba su pequeño polo y short, exhibiendo su apetitoso cuerpo, apenas cubierto por un bikini turquesa de dos piezas, adornado con pequeñas flores de colores. Su tanga tenía un diseño con una pequeña faldita suelta por encima que le llegaba a la mitad de las nalgas, muy provocadora.

    —Si ama —le dije, fingiendo estar molesto, pero tragando saliva, acercándome a ella que permanecía de pie esperándome.

    Puse bloqueador en mis manos, y empecé por su cara, le puse un poco en la nariz y en las mejillas. Ella cerró los ojos y mi mente voló. Me imaginé que no era bloqueador, sino que era mi esperma lo que ponía en su cara. Se lo esparcí y froté con delicadeza, mis dedos apenas rozaban su tersa y delicada piel, era un toque exquisito. Ella sintió la caricia y se dejó hacer, entreabrió un poco la boca, por lo que le acerqué un dedo a los labios.

    —¡No tonto! ¡el bloqueador sabe horrible! —me dijo, limpiándose la boca y haciéndome salir de mi ensoñación.

    —Lo siento… —le dije corrigiendo mi trayecto.

    —Ponme en los hombros y espalda, ya quiero entrar al mar.

    Dicho se volteó, dándome la espalda para facilitar mi tarea. Igualmente procuré no apurarme, había sentido que le gustó el masaje anterior, salvo por lo de la boca, así que hice lo propio en los hombros, muy ligero primero, y con cierta presión después. Mis anteriores enamoradas me habían enseñado como masajear su cuerpo, por lo que me podía considerar un conocedor. Yo no me negaba pues hacerlo me gustaba y excitaba.

    Aunque me demoré un poco ella no protestó. Cuando bajé a la espalda se agarró el brasier y me dijo que le desaté las tiras de la espalda, yo lo hice y le puse el bloqueador, se lo esparcí y froté del centro hacia afuera, bajando poco a poco, entre más bajaba más lento hacía los movimientos. No podía verle la cara, pero apostaba a que lo estaba disfrutando, cuando llegué a la cintura vi como le traicionó un reflejo y echó las nalgas hacia atrás, como esperando ir más allá. No sabía si seguir bajando, me pregunté si sería muy atrevido que le ponga la crema en los glúteos y las piernas enfrente a mis familiares.

    —Ya es suficiente esclavo, vamos, acompáñame al mar —me dijo, terminando con lo que hacía.

    Salimos corriendo hacia la zona húmeda de la playa, pues la arena caliente era intolerable. Nos habían dicho que tengamos cuidado, pues el oleaje estaba bastante fuerte. En la orilla ella se detuvo y miró a ambos lados, decidiéndose a caminar un poco hacia la derecha, yo la seguí.

    Recordé que ella le tenía cierto miedo al mar, y yo solía desquitarme todo cuanto me había hecho cuando entrábamos. La mojaba, dejaba que las olas la tumbaran, e infinidad de maldades.

    —Esclavo no me vayas a soltar —me dijo, tendiéndome la mano para que la sujete.

    —No te soltaré primita —le contesté, tomándola e ingresando al mar —vamos.

    Avanzamos hasta que el agua nos cubrió la cintura. Admito que en realidad el oleaje estaba intenso. Lo que me hizo avanzar hasta ahí fue que ella se aferraba a mi con cada ola que venía, y eso hacía que restriegue sus pechos contra mi cuerpo. Sentí su textura, era llenitos, no muy aguados, pero tampoco duros, mas bien perfectos. Su delgado bikini, ahora mojado, me permitía sentir hasta la punta de sus pezones erectos rozándose contra mi pecho cada vez que me abrazaba para que la ayude hasta que la ola pasase de nosotros.

    —No debes darle la espalda al mar —le dije, volteándola— yo te abrazaré, cuando venga la siguiente saltamos juntos ¿está bien?

    Asintió, pegándose a mí. Ello hizo que pusiera su trasero contra mi pierna. Su piel humedecida resbalaba contra la mía. Cuando la ola nos alcanzó golpeó un poco, con lo que ella se presionó aún más cuando saltamos, llegué a sentir sus glúteos separándose, permitiendo que mi pierna se meta entre las suyas. Eran demasiadas sensaciones, estaba distraído, mi sentía mi falo endurecerse a consecuencia de tanto roce. No me percaté de una ola relativamente grande que se aproximaba, hasta que esta nos golpeó e hizo caer.

    Me levanté como un resorte, buscándola, la vi a unos metros, luchando por levantarse, me acerqué a ayudarla cuando otra ola nos golpeó, tumbándola a ella de nuevo de manera muy cómica. No pude evitar reírme mientras la volvía a levantar.

    —¡Tonto! ¡te dije que no me soltaras! —me dijo acomodándose el cabello, escupiendo un poco de agua.

    Yo tenia los ojos como platos, pues uno de sus pechos estaba en el aire, era redondo como un mango grande, con un pezón también grande y rosado. El pezón estaba endurecido por el frío. Mientras ella me apuntaba con su pecho sentí ganas de mordérselo, pero pensé rápido y la abracé, pegando pecho con pecho.

    —¿No que no había que darle la espalda al mar? —me dijo confusa.

    —Tampoco debes darle el pecho a todo el mundo primita —le contesté.

    Ella bajó la mirada y con urgencia se empezó a acomodar el brasier, en su desesperación lejos de mejorar la situación terminó haciendo que se le suelte el otro pechote. Así, mientras ella jalaba la tela húmeda pegada a su piel, dando pequeños saltos, y luchaba por acomodar sus ubres, yo estaba en mi gloria.

    Finalmente logró hacer entrar a sus redondeces en su ropa, volteándose y volviéndose a pegar a mí.

    —Esta vez no me sueltes esclavo, pórtate bien, sino te tendré limpiando la casa el resto del día.

    —Si lo hago bien ¿me premiarás? —le dije acercándome a su oreja, sonando un tanto atrevido.

    —Lo pensaré —me contestó, con un tonito coqueto que me gustó.

    Su cara estaba algo sonrosada, no tanto por el sol, sino por el bochorno y la situación vivida.

    Seguimos juntos, abrazados, pasando las olas, ella se encajaba bien de espaldas a mí poniendo su cola en mi muslo. Yo gustoso la mantenía lo más junta que podría, con mi cadera un poco girada para que no se diese cuenta de que al costado tenía una erección monumental.

    De pronto una enorme ola hizo aparición, no podíamos correr, así que intentamos saltar. De todas maneras, nos hizo trastabillar, por la fuerza del agua la terminé soltando y ella en su desesperación llevó sus manos hacia mi cuerpo, sus brazos se me resbalaron. Ella totalmente cubierta de agua terminó agarrándose del elástico de mi short con una mano, y con la otra me agarró la verga, apretándola con fuerza. El tirón de la cadera me causo muchísimo dolor, pero resistí para evitar que el mar se lleve a mi adorada primita.

    Cuando el agua empezó a descender y pude ponerla de pie ella me soltó la pinga y se volteó, yo acomodé mi pedazo en mi short de baño y nos volvimos a abrazar, pues otras olas ya se acercaban. No me dijo ni una sola palabra de lo ocurrido, así que tomé la iniciativa.

    —Ya ves, dije que no te soltaría —bromeé con ella.

    —¡Tonto! Yo fui la que no te soltó… ¿te hice doler? —me dijo al cabo de un momento.

    —Tranquila, solo que casi me arrancas la fábrica de tus posibles futuros sobrinos —continué bromeando.

    Se empezó a reír, volteando a mirarme un momento. Se veía fantástica, así mojada, con su cabello pegado al cuerpo y con gotitas resbalándole. Se volvió a pegar de espaldas a mí. En la siguiente ola que saltamos ella se movió un poco a la derecha, encajando mi verga aún erecta entre sus glúteos. Pensé en moverme, pero como ella aceptaba su nueva posición le llevé una mano a la cintura y la abracé, pegándola incluso un poco más.

    Era un momento glorioso, cada ola, cada salto, cada movimiento del mar era una gozada, ella colaboraba, incluso sentía que saltaba mas de lo necesario, definitivamente estaba excitada también. Si hubiese estado desierta la playa habría liberado mi falo para hacer a un lado su trusa y penetrarla, pero estábamos rodeados de gente, y la familia andaba cerca, así que la idea de poseerla quedaba muy lejana en mi cabeza.

    —Mira —me dijo señalando a la orilla. Mi tía nos llamaba para que salgamos a almorzar, así que lo hicimos.

    Mi prima era la viva imagen de su madre. Mi tía por su parte se conservaba muy bien, hasta donde sabía había tenido a Teresa cuando era joven, así que fácilmente podía pasar por su hermana mayor. Confieso que el verano de hace cuatro años había llegado a masturbarme pensando en ella, por lo que sentía un poco de culpa cada vez que la veía.

    La comida fue larga, todos contaban anécdotas y nosotros como los menores del grupo nos distraíamos escuchando. Nos habíamos sentado juntos en la arena y comíamos sonriéndonos en complicidad. Mi abuelo sacó del cooler varios tipos de bebidas. Los de mayor edad escogieron tomar pisco, probamos un poco pero luego nosotros decidimos cambiar y tomamos un par de latas de cerveza. Estuvimos brindando un rato, cuando mi prima empezó a quejarse de la barriga, dijo que le dolía.

    —Creo que quiero ir a la casa —le dijo Teresa a su mamá, que un poco molesta por malograr el momento le dijo que si deseaba podía ir avanzando.

    —Esclavo carga mis cosas —me dijo, en tono autoritario, para después lanzar un pequeño quejido.

    Tomé sus cosas y me disculpé, diciendo que la acompañaría, así que emprendimos el retorno a pie. Cuando ya nos habíamos alejado ella se me pegó, la tomé del hombro y la acerqué a mí, para caminar juntos. Cualquiera que nos viese hubiese dicho que éramos enamorados. Desde mi posición le daba pequeños vistazos a sus pechos, que con cada paso vibraban, no me sacaba de la cabeza la imagen de sus rozados pezones.

    —¿Te sorprende que hayan crecido? —me preguntó de pronto.

    —¿A qué te refieres primita? —le dije, fingiendo ignorancia.

    —No paras de mirar mis tetitas —dijo, entrecerrando un poco sus ojos.

    —¿Tetitas?… Prima antes parecías una tabla, ahora pareces una vaca —le contesté, sin pensar en lo tosca de mi respuesta. Ella me dio un codazo en el estómago, bastante fuerte.

    Así andamos otro trecho, ella molesta y yo recriminándome mi torpe manera de hablarle. Tenía que arreglarlo.

    —La verdad te ves preciosa primita, disculpa mi torpeza, me pone nervioso caminar así contigo.

    —¿Así como? —me preguntó sonriendo.

    —Así tan juntos… ya sabes.

    —Creo que en el mar estábamos más juntos y no parecías nervioso primito…

    Me limité a sonreírle pues ya habíamos llegado. Saqué la llave para abrir la puerta, permitiéndole ingresar y por fin disfrutar de algo de sombra. El calor era sofocante, así que me ofrecí a darle una bebida.

    —No, esclavo quiero helado, sírveme un par de bolas.

    —Ya quisiera servírtelas —le dije susurrando mientras caminaba a la cocina.

    —¿Qué dijiste?

    —Nada ama, enseguida se las sirvo.

    Ella se sentó en el amplio sillón de la sala. Se había mantenido con su traje de baño, solo que tenía una especie de tela envolviendo su cintura, al estilo de una falda ligera. Le serví el helado, una bola de chocolate y la otra de fresa, con algo de crema batida, para que se sienta a gusto. Cuando se lo entregué lo miro con aprobación, regalándome una sonrisa.

    —Esclavo hemos caminado mucho, masajea mis pies —me ordenó, acomodándose en el sillón, y levantando una de sus piernas.

    Yo no me negué, por lo contrario, me agaché frente a ella y le levanté un poco la pierna, mientras ella comía helado le fui acariciando la pantorrilla, haciendo ligeras presiones, subiendo y bajando, cuando llegaba a la rodilla me entretuve en el inicio de su muslo, rozando con ligereza la piel, pasando de largo de la cara interna del muslo. Toda mi atención estaba en su pierna, con la piel un poco tostada, con ese balance entre dureza y suavidad. Al sentarse la tela que usaba como falda se había soltado, por lo que podía apreciar toda la extensión de su piel hasta su cadera, y en medio, donde se unían ambas piernas, una ligerísima mata de pelo proviniendo de su sexo. Levante la cara y vi que ella me miraba como hipnotizada, con la cuchara en la boca, sin moverse. Así, mirándola, llevé mi mano a la parte interna de su muslo, fui acercándome, subiendo, frotando, rozando, hasta que llegué al medio, sobre su vagina. Por encima de la tela la toqué, le acaricié los abultados labios. Ella se inclinó hacia atrás facilitándome la tarea. Empecé a besar su pantorrilla mientras mi mano seguía haciendo el trabajo de tocarla. Subí entre besos y lamidas, sabía lo que ella quería. La tersa piel de su muslo estaba muy cálida, avancé con lentitud y llegué su pubis. Con mis dedos levanté la parte media de su tanguita y se la puse de costado, liberando a mi vista su vulva, que tenía pequeñísimos vellos rubios, casi como una pelusa. Saqué mi lengua en toda su extensión y la lamí de abajo hacia arriba, ella gimió en respuesta, le besé la zona del clítoris y me puse a ensalivarla alrededor. Ella tenía ambas piernas levantadas, mientras yo lamía y relamía su interior. Le introduje un dedo y seguí con mi juego, la masajeé por dentro, introduje mi lengua y dejé que sus caderas acompañaran mis caricias. Ella había dejado a un lado el helado que le había servido y con los ojos cerrados mantenía la boca abierta, lanzando pequeños gemidos.

    La eché por completo en el sillón. Con mi boca subí hasta su ombligo y seguí hasta sus pechos, casi con desesperación tiré de su brasier, pero no salía, ella se llevó una mano a la espalda y liberó el nudo que lo mantenía en su lugar, por fin liberé sus tetas, grandes, redondas, con los pezones rozados. Tomé un pecho en mi mano y le succioné el pezón con fuerza, ella gimió y me apretó la cabeza contra sus pechos. Tomé el otro y le pellizqué el pezón, le lamí las tetas en toda su extensión, ambos estábamos gozando. De pronto sentí su mano tanteando en mi short, intentaba bajármelo. Me bajé el short y le llevé la mano a mi verga, ella la agarró y se puso a pajearme, yo seguí con sus tetas, subí a su cuello y la besé. Nuestras respiraciones chocaban, las lenguas bailaban y ella movía con fuerza mi falo, extasiada.

    Quería que esos labios me dieran una chupada, así que me levanté y la hice sentarse, jalándola con cuidado de los brazos, ella me miró el pene, dudosa.

    —Wao, sí que has crecido primo. Te confieso que nunca he dado una mamada—me dijo, agitada.

    Recordé su carita mordiendo la cuchara y tomé el pote con helado que le había servido. Con mi mano unté un poco de helado en la cabeza de mi pinga y se la acerqué a la boca.

    —haber primita di a…

    Ella me hizo caso y abrió la boca, se la metí un poco, pero ella cerró la boca por instinto. Sus labios lograron tomar algo de helado que relamió. Luego envalentonada abrió un poco más y comió otro tanto de helado, rozando mi glande en el proceso.

    —Usa tu lengua, disfruta de tu helado especial.

    Saco la lengua y me lamió de costado. Yo unté otro poco para mantenerla así. Ella siguió tomando helado mientras poco a poco me mamaba la verga, hasta que llegó un momento que me lamía el pedazo en toda su extensión, y envolvía la cabeza con sus labios, lamiendo alrededor. Le tomé la cabeza y le introduje un poco de mi carne, ella aceptó y, guiándola, cogió rito para mover la cabeza hacia adelante y hacia atrás.

    —Eres una buena estudiante —le dije, gustoso, recibiendo una de las mejores mamadas de mi vida.

    Controlándome se la quité de la boca y la volví a tumbar, levanté sus piernas y encajé la cabeza de mi falo en la entrada de su humedecida vagina, deteniéndome un instante a mirarla. Era una belleza, con sus grandes pechos, su piel tostada por el sol, su tanga aún puesta, así se la clavé, introduciendo lentamente mi pedazo en su mojada cueva. Ella cruzó las piernas a mi espalda, tomándome prisionero.

    Levanté la cadera, sacándole un buen trozo de mi falo, para volver a introducírselo, todo ello mientras la miraba, viendo cada cambio en su expresión, como gemía, cerraba los ojos y levantaba sus piernas invitándome a seguirla poseyendo. Le di una buena cogida, aumentando poco a poco el ritmo de mis embestidas, hasta que el sonido del choque de mi cadera con sus nalgas parecía aplausos. Nos besamos sin parar la danza, le seguí estrujando las tetas, lamiéndoselas mientras la bombeaba. El sillón crujía mientras soportaba mis embistes contra su cuerpo, en un momento dado ella extendió sus piernas y me mordió el labio, teniendo un tremendo orgasmo. Yo me alcé y saqué mi verga, lanzándole chorros de leche en sus pechos y cara. Así nos quedamos un momento, agitados, con fluidos por todos lados.

    —¿Creo que ahora debo mamártela no? —me dijo.

    —Creo que sería muy rico que lo hagas —le contesté, acercándole mi pinga a la cara. Ella, aún tímida abrió la boca, sacó la lengua y lamió un poco de mi leche.

    —¡Puag! No sabe rico, ¿cómo lo hacen en las películas?

    Yo riendo acerqué lo nuevamente el helado, poniéndome otro poco en la poronga. Ella volvió a lamer y, con el sabor camuflado me dio otra mamada. Entretenido use mi verga para llevarle leche con helado a la boca, que ella recibía gustosa.

    —Primita eres lo máximo — le dije, dejándome caer en el sillón. Ella se acomodó poniendo su cabella en mi muslo. Me sentía muy afortunado de haber podido hacerle todo eso a ella, una mujer tan bella. Le acaricié la mejilla y jugué un poco con su oreja; acomodé su cabello y le hice caricias, ella cerrando los ojos se quedó dormida. El calor permitía que sigamos así, libres de ropa y sin necesidad de taparnos, así que yo también caí en un ligero sueño.

    Me despertó el sonido de un motor apagándose, di un salto al ver que había oscurecido y la familia estaba bajando de los vehículos afuera de la casa, le di una sacudida a mi prima que también se levantó como un resorte, cogió su brasier y corrió hacia el baño, yo tomé mis cosas y corrí hacia el cuarto justo cuando la puerta se abría.

    —¿Quién no se ha terminado su helado? —escuché la voz de mi tía que tomaba la dulcera con el contenido derretido y se lo bebía. Yo esperaba que no hubiese sentido nada extraño en el sabor.