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  • Mi sueño con la secretaria. Encuentros reales (parte 1)

    Mi sueño con la secretaria. Encuentros reales (parte 1)

    Esta historia comenzó con un sueño de esos que al principio parecen imposibles o difíciles que lleguen a materializase. Deseo iniciar contando que como todo hombre siempre maquinaba en mi mente con las fantasías sexuales que me gustaría realizar en la cama. Es así como dentro de mis metas personales siempre estaba presente el deseo de cogerme a una secretaria, una de verdad que trabaje y viva día a día cumpliendo dichas funciones.

    Quiero indicarles que ahora trabajo en una empresa multinacional, es una organización del sector energético con mucho personal a su servicio, mi persona cumple funciones fuera de la ciudad en distintas áreas exploratorias lo cual me lleva a ausentarme por largos periodos de tiempo fuera de casa. Ella Fabyta es una de las secretarias del área de recursos humanos, la conocí el primer día que entre a la empresa en mi entrevista de trabajo, ella me recibió y me condujo a la sala de reuniones y también me ofreció y preparo un delicioso café mientras esperaba a mis interlocutores, su amabilidad, su prestancia y demás está decir su cuerpo de mujer despertaron en mi esa lívido y ese sueño que me dije. Es ella con quien un día cumpliré mi desafío de llevarme a la cama a una dulce, encantadora y atractiva secretaria. Para entonces tendría 30 años, es una mujer delgada de piel blanca cabello corto y color negro natural, pechos medianos pero firmes al igual que sus nalgas, vestida con el uniforme de recepcionista se ve muy atractiva siempre de falda sobre la rodillas ceñida al cuerpo una blusa de tela delgada semitransparente y como toda fémina de su sector delicadamente maquillada en el rostro lo cual acentúa el brillo de sus ojos enormes y lo mejor sus uñas de las manos y pies siempre pintadas coquetamente como solo ellas lo saben hacer.

    Para mi suerte se aplazó la entrevista una hora, ella vino a informármelo me hablo de mi nombre; don José Manuel me dijo con una muy delicada y dulce voz, me indican que por favor espere, desde luego aproveche para preguntarle su nombre y charlar un poco, le dije que si llego a trabajar aquí usted será mi amuleto de la suerte y le quedare en deuda, a lo cual ella simplemente dijo espero recuerde su promesa en el futuro. Todo salió bien y somos colegas de trabajo.

    Desde ese día eche a rodar mi plan, la ocasión se presentó en una pequeña fiesta laboral cerca de fin de año mi departamento festejaba un logro y ella estaba ahí junto con muchos gerentes y demás trabajadores y muchas mujeres de RR.HH todas bellas y deslumbrantes, pero para mí solo existía ella, aproveche de saludarla, sentarme junto a ella y más tarde con la música la invite a bailar y tomamos un par de bebidas yo más que ella. Fui paso a paso, ella tenía mi información personal sabía que era casado y con dos hijos, me lo hizo notar cuando le pedí su número de celular personal, en principio me lo negó pero al final le recordé mi promesa que deseaba retribuirla por la buena suerte que me dio y la encantadora atención ofrecida, finalmente acepto y me dio su número, a partir de ahí la tecnología jugo a mi favor, iniciamos una tórrida relación de mensajes por wasap, así me enteré que era madre separada tenía un hijo de la misma edad que mi hijo mayor, también que era mi menor con ocho años, no me equivoque tenía 31 primaveras estaba madura, independiente y empoderada llevaba 8 años separada todo eso me animo más a soñar con ella cogiéndola frenéticamente, era la secretaria que cumpliría mis más recónditos deseos sexuales.

    Nuestros chats más calientes se producirán cuando yo estaba de turno fuera de la ciudad, eran periodos largos de 3 y 4 semanas, esas noches solo en mi dormitorio del campamento hacían que mis mensajes hacia ella fueran cada vez más explícitos, y más aún cuando comenzó a responder con la misma tonalidad, le decía que desde el primer instante que la vi ella era la dueña de mis sueños y fantasías, que la imaginaba junto a mí en mi cama, que daría la vida por despertar juntos al amanecer en el mismo lecho, que en mi mente le hacia el amor de mil y una maneras. Ella mi secretaria también me seguía el juego, conocedora de que estaba fuera de mi hogar lejos de mi mujer me decía que se imaginaba lo reprimido y excitado que seguramente me ponía con el paso de los días sin sexo, me contaba que en su rol de madre separada le dedicaba mucho tiempo a su hijo pequeño, con la escuela, el trabajo y los líos con su expareja, no le quedaba mucho tiempo para ella, pero que como mujer igual necesitaba afectos y caricias y sobre todo sacarse de encima todo esos deseos íntimos reprimidos o postergados, que mis palabras y mis mansajes la hacían sentir deseada apetecida que la excitaban, sobre todo porque de darse sería una relación prohibida, ella la secretaria de mi trabajo y yo hombre casado con dos hijos, ella sabía que lo mío hacia ella era pura pasión puro deseo carnal; la química sensual de nuestro mensajes era inevitable, hicimos planes en muchas ocasiones, pero siempre era ella quien terminaba postergándolos, tal vez el hecho de saber que sería mía sin compromisos ni complicaciones sentimentales la hacían dudar, esos planes fallidos y las mil excusas que buscaba mi secretaria me ponían cada vez mas obstinado y cachondo, el desafío de tenerla desnuda un día dispuesta a ser mi diosa del placer me perseguía me martillaba la mente.

    Sin darnos cuenta fue como un año de puros mensajes secretos y apasionados, la vida y la naturaleza confabularon en mi contra justo cuando ya parecía que todo se concretaría llego la pandemia del COVID a congelarnos y poner en cuarentena nuestras calenturas que a esa altura ya estaban a punto de explotar, fue otro año y algo más de reprimir y poner paños fríos a mi más orquestado plan que lo llame “Mi sueño con la secretaria”, a tal punto que nos dejamos y perdimos el hilo de nuestros mensajes por 3 a 4 meses. Como toda crisis también trae oportunidades, este fue el caso y así un día pasada la tormenta de la pandemia y 2 o 3 oleadas del virus, nuevamente como en los viejos tiempos estando yo fuera de la ciudad en turno de trabajo, revisando mis contactos de wasap y sin muchos mensajes más que los familiares, vino a mi mente la magia de su recuerdo y tímidamente la envíe un saludo para ver cómo estaba sobre todo de salud, fue el momento justo los planetas alineados, en resumen ella había tenido un año difícil estaba saliendo ya de su segunda caída frente al COVID, me conto que precisamente esa semana por fin dio negativo por segunda vez, en mi caso yo también sortee con suerte la nueva enfermedad en una oportunidad, le dije que después de tanto tiempo nos merecíamos festejar la vida, habíamos superado de distintas formas la situación, fui al grano le dije; tenemos que brindar por estar vivos que después de tantos planes nos merecíamos un encuentro y vernos a los ojos y saber que nuestros deseos no son solo más que palabras, quiero sentir el calor de tu piel la textura de tus manos entrelazadas a las mías, me respondió preguntándome si estaba en la ciudad si estaba en mis semanas de descanso, al saber que estaba fuera me dijo; me escribes de que estés aquí, mi corazón palpitaba como nunca y mi pene experimento una erección descomunal, faltaban 5 días para salir y disfrutar mi descanso era lunes y yo salía el viernes, como sabes fin de semana no puedo debo estar en casa le dije, veámonos el lunes le propuse: Mi secretaria asintió con gesto positivo de la manito, entiendo lunes no puedo mejor quedemos para el martes en la tarde me escribes para enviarte la ubicación y me recojas, por fin algo real concreto mi plan estaba en la etapa final.

    Continuará.

  • Mi amigo Mike (6)

    Mi amigo Mike (6)

    Para esta parte de mi historia, ya pasaron muchas aventuras con Mike, conocieron un poco de Perla, de nuevo una pequeña introducción, un chico tímido que fue cambiando de poco a poco empezando con el gusto por vestirse de mujer, con una complexión delgada, con una altura de 1,65 cm, el cual de poco a poco el cabello lacio castaño lo ha dejado crecer arriba de los hombros, depilado en su totalidad ya que nunca fui de mucho bello o barba, lampiño en la totalidad. Con un culo algo pronunciado gracias a mi madre, que fácil con otro atuendo y ya con un poco más experiencia puede aparentar a una mujer.

    Retomando la historia anterior, Mike casi me proponía que me cambiara con él a su departamento ya que tenía la otra habitación, fácil podríamos pasar desapercibidos como rommies … o como algo más jeje, le dije que lo pensaría. No paso mucho tiempo en el cual eso cambio más adelante. Una noche platicando ambos me conto que si quería ir con el de “Vacaciones” 5 días a la playa, lo cual era un congreso a el que fue invitado y a varios de sus compañeros de trabajo en el cual estaba incluido Saul, ambos ingenieros aunque de diferentes departamentos, me comento que Saul la estaba pasando mal ya que los problemas con su mujer se incrementaron y que le ayudaría a él distraerse un poco, me pareció un plan interesante descansar un rato, Mike tenía otros planes aparte para mí pero eso aun no lo sabía. La ocasión era perfecta porque era octubre y entre las fechas abría un evento de Halloween de disfraces, me pareció perfecto, Disfrutar unos días de vacaciones, ir de fiesta y apoyar a Saul.

    Los 3 decidimos irnos en auto manejar y disfrutar de los paisajes rumbo a la playa era un viaje de 5 horas. Así es que me prepare para el viaje, Mike me comento que podríamos ir un poco más libres ya que no le importaba si nos dábamos cariño en frente de las personas, ya que las otras 3 personas que iban eran muy abiertas, ya se habían dado también cuenta un poco de la relación que teníamos Mike y yo, así es que lo acepte con Saul ya me sentía más seguro de ser yo mismo y el afecto que nos dábamos, claro aún no sabía lo de Perla. Así es que me aliste para el viaje compre unos cuantos conjuntos de lencería para usarlos para mi Amor ya que no iba desaprovechar esas noches jeje. Mike me dijo que ya tenía todo listo para el viaje, me conocía muy bien, me dijo que el tenía ya nuestros disfraces para la fiesta así es que no me preocupe.

    El día llego agarramos carretera desde muy temprano para evitar tráfico y llegar temprano al hotel.

    En el camino con una charla tranquila de los tres, contándome de sus actividades, pero más emocionados por disfrutar de la playa y la fiesta si preocuparse por otras cosas. Aun llevábamos la mitad de camino cuando Saul empezó a platicar y preguntar sobre nosotros, lo cual un comentario me dejo inquieto.

    Saul -Entonces con que parejita eh me imagino que la van a gozar.

    Mike y yo riendo.

    Saul – Entonces conoceré a Perla!?

    Me quede atónito por lo que había dicho, que no lo podía creer.

    Yo – ¿Qué!? ¿Cómo?

    Saul – perdón lo hice hablar al desgraciado, la verdad es que estoy impresionado, pero de verdad no te preocupes tu secreto está a salvo conmigo. Recuerdo tus palabras que me dijiste aquella noche que estabas experimentando cosas y está bien.

    Me quede seria, aun no lo creía me sentí un poco rara ya que no me molesto que Saul lo supiera, pero si me molesto un poco que Mike que no me lo dijera.

    Saul – te apoyo completamente como lo hace Mike, vamos a pasarla bien los tres.

    Mike – Claro vamos a gozar y disfrutar!

    Mas tarde llegamos al hotel, muy grande y lujoso, no me preocupe por nada porque todo corrió a cuenta de mi Amor, él dijo que no me preocupara que ya me lo había ganado. Nos registramos y nos fuimos a nuestras habitaciones, en la cual por un “extraño error” la habitación de Mike y mía que íbamos a compartir tenía una sola cama y no dos jeje, después salimos a comer y nos encontramos con los demás compañeros, Carlos un tipo flacucho se le notaba lo gay a kilómetros, Brenda una chica de mi estatura con unas tremendas tetas, que me sentí celosa de no tener ese cuerpo… en especial esas tetas ya que se le veían enormes por el tamaño de su cuerpo y la última Miriam una chica alta con un cuerpo tan formado se le notaba el gym, culo redondo y tetas grandes que al contrario de Brenda se ajustaban a su cuerpo que se dejaba notar todo por su grande escote y sus mi shorts. Al rato entendí porque no le molestaba a Mike que nos diéramos amor Brenda era algo reservada pero buena muchacha y no se diga Miriam vive para putear, Carlos todo el tiempo me llamo cariño tratándome como igual. Fue muy curioso convivir con todos me sentía bien, aunque no sabían nada de Perla nada más que Saul así es que me comporte como un chico normal lo contrario a lo que quería hacer y sentirme libre como ellas dos.

    La primera noche paso fugaz, cansados del viaje solo nos fuimos a dormir, los días por las mañanas estaba solo ya que los demás estaban en los salones de eventos del hotel por el congreso, la verdad ni me importo saber de qué se trataba qué ni pregunte. Salí a desayunar y a pasear en lo que se desocupaba Mike era un lindo hotel muy lujoso y tranquilo ya que solo era para adultos, nada de niños. Mas tarde me encontré con Mike salimos a la alberca y a la playa, las chicas tomaron el sol estaba tan impresionado con sus bellos cuerpos que me la pusieron dura sin darme cuenta, entre juegos y nadar juntos Mike se me acerco tanto que me la toco por debajo del agua y me dice -mira como la traes.

    Yo respondí – Es… queee… La necesito ya!, me tienes como desesperada sin verga por 2 semanas, de seguro lo hiciste apropósito ¡verdad!, aparte no me tienes tan contenta porque no me dijiste que le contaste a Saul.

    Mike – Perdona no creí que fuera para tanto, pero no te preocupes te tengo una sorpresa espero me perdones.

    Yo – Más te vale que me des la cogida de mi vida. Soné como mujer desesperada por verga.

    Por la noche cada quien se fue por su lado, Saul la mayoría del tiempo estaba con nosotros pero nos dijo que él se retiraba.

    Saul -Bueno ya me retiro yo para no hacer mal tercio, me guiño el ojo y se fue diciendo que disfrutara de mi velada.

    Mike y yo entramos a la habitación me pregunto que se venía preparada y le dije que sí que traje ropa de emergencia.

    Mike – que bien que vengas preparada, ponte algo lindo.

    Nos arreglamos, yo salí hasta el final ya que me tomé el tiempo de ponerme linda para mi hombre aun si saber que haríamos, me puse debajo lencería muy sexy de encaje negro, lo que incluía ligero con medias y un brasier para resaltar unas pequeñas tetas, sobre un vestido algo entallado algo elegante y sexy a la vez con unas pequeñas zapatillas con tacón muy coquetas.

    Mike – Lista!? Te tengo una sorpresa, reserve una mesa en uno de los restaurantes, pequeño pero privado muy romántico.

    Yo –De verdad!? Que bien te lo tenías guardado, acepte con gusto, Perla saldrá.

    Perla – Muy bien mi Amor, me estas ganando espero que este bella para ti hoy, no me preocupare por nada esta noche.

    Mike -Perfecto, bueno vámonos bebé.

    Nos dirigimos al elevador, donde nos encontramos a otra pareja parecían recién casados, donde entablamos una pequeña conversación.

    Hombre – que tal buena noche.

    Mike – Hola mucho gusto, ¿disfrutando del lugar? Preguntando si estaban recién casados. Contesto la mujer.

    Mujer – así es recién casados ¿y ustedes?

    Mike – No venimos por trabajo y de descanso también.

    Mujer – pues disfruten es un hotel muy precioso, lo cual me miro y sonrió, y dijo que lindos mis zapatos, – me encantan ¿dónde los compraste?

    Perla – Gracias, los compre por internet la verdad, conteste con una voz ligera y suave la cual ya había practicado con tiempo y podía sonar más femenina sin problemas.

    Llegamos al Lobby y cada uno se fue por su lado, la mujer y yo nos despedimos como si ya nos conociéramos por una simple platica de zapatos.

    Mike y yo pasamos una velada fabulosa como una pareja muy enamorada, tomamos unos tragos en el bar cerca del restaurante. Y sin poder esperar, le dije a mi hombre enseguida.

    Perla – Vamos Amor ya quiero ser toda tuya, no me hagas esperar.

    Subimos deprisa a la habitación, en el elevador ya nos comíamos a besos, ya quería llegar a la cama y sacarle la verga a mi hombre. Esa noche me quería sentir toda una puta en celo, rogando por verga y lechita.

    Llegamos a la habitación, Mike se hizo el galán al abrir la puerta me cargo en sus brazos y me llevo directo a la cama lo ame tanto en ese momento. No tardo tanto en despojarme de mi vestido, me beso y me saboreo todo el cuerpo como bien le gustaba hacerlo, como siempre poniendo mucho empeño en mi culito, mi verga ya soltaba es líquido que ya tenía mi calzón lleno. Al parecer mi bebé ya tenía algo preparado me sentó en una silla que estaba en la habitación y me tapo los ojos con una especie de pañoleta, me encanto. Seguido llevo mis manos detrás de la silla y sentí el cerrar de unas esposas que coloco en mis muñecas. Me excite tanto que mi pequeña verga ya se apretaba sobre el calzón de encaje que tenía y para terminar me sujeto los pies con unos listones a las patas de la silla. Empezó a jugar con mi cuerpo con una barita con plumas. Y solo escuche el bajar de su sierre ya sabía lo que venía a continuación, así es que abrí mi boca lo más grande que pude, y en un dos por tres ya la tenía toda dentro hasta la garganta que me empezó a asfixiar con cada metida y sacada de su verga intentaba tomar aire, me dejo toda babeando de sus fluidos y mi saliva. Seguido de eso saco un pequeño vibrador que lo uso en mi verga jugando con eso casi me hace terminar varias veces, pero se detenía cuando veía que estaba por venirme, me desato de la silla y me recostó sobre la cama, estaba tumbado sobre mis manos aun esposadas y con los ojos tapados me despojo de mi calzón y brasier que lo termino rompiendo y solo me quede de nuevo con las pequeñas zapatillas y mi liguero. Lo cual note que le gusto por que más tarde me dijo que me tomo fotos, así como me tenía. Me lubrico el cuerpo con una especie de aceite comestible y no dudo en chupar mi pequeña verga aun jugando conmigo sin dejar que me corriera, continuo con mi culo en la misma posición levanto mis caderas y me metió una almohada lo que hizo levantar mi culo y mis piernas al aire sostenidas por sus manos, con el mismo vibrador de hace rato lo uso en mi culo solo para abrir camino, cuando creí que no podía disfrutar aún mas con su gran fuerza me tomo, me arrastro hacia el yo aun abierta de patas me clavo su vergota que me saco un orgasmo increíble no me la esperaba recibirla de esa manera ya que no veía nada.

    Mike -Bien putita ya eres mía aquí esta lo que estabas esperando con ansias. Me cogió tan rico que no dejaba de gritar y gemir, es muy probable que los de las habitaciones de alado nos escucharan, pero no me importo solo quería más y más de su verga. Me cargo de frente a él con mis piernas hasta sus hombros un poco difícil porque no tengo mucha flexibilidad, pero se sentía como la gloria sentir su verga hasta dentro ama recibir su verga con todo el peso de mi cuerpo. Una posición difícil y aparte teniendo mis manos esposadas me lanzo a la cama ahora recostada completamente boca abajo, me pidió levantar mi culo y me penetro de nuevo sin esperarlo una sensación inigualable, una cogida muy ruda con una mano sosteniendo y moviendo mi cadera para no perder el ritmo y con su otra mano presionando mi cabeza hacia abajo. Por más de media hora me cogió probablemente no tuve la noción del tiempo, no quería que hiciera todo el trabajo, así es que le pedí que me destapara los ojos, de nuevo quería montar esa verga, pero esta vez lo hice de espaldas a el primero con mejor experiencia montando verga, mi culo ya estaba tan abierto por su verga que entraba y salía sin problemas, me gire sin sacármela y con un poco de cansancio ya me quito las esposas lo agarre de las manos y le dije que le sacaría la leche a sentones.

    Perla – ya me disté la cogida de mi vida, así es que dame lo que es mío, sabes que lo quiero toda en mi culo.

    Mike – que puta me saliste, pero está bien aquí esta toda mi leche, si fueras hembra te dejaría bien preñada con toda la que te voy a dar.

    Mike me sujeto de las nalgas apretándolas tan duro que sentí que llegaba el momento, mi orgasmo sonó en toda la habitación con un último empujón la metió toda hasta el fondo y mis entrañas se llenaron de su leche su verga palpitando después de unos 5 chorros.

    Yo siguiendo su juego aun jadeando, con la lengua de fuera y con los ojos casi volteados del orgasmo que me saco le dije.

    Perla – si pudiera quisiera que me preñaras todos los días y tener todos tus hijos. Pero no puedo a cambio de eso mi culo seguirá siendo tu depósito de semen, como la puta que soy, vivo para tu verga.

    La mejor noche de mi vida, realmente sentí todo el amor de Mike y el empeño que ponía para hacerme feliz.

    Recuerden que me gusta saber sus comentarios.

    Les dejo mi contacto: [email protected].

  • Mis padres culeando (2)

    Mis padres culeando (2)

    Al día siguiente yo me fui a jugar fútbol con un amigo y cuando regresé a casa parecía que no había nadie, pero me pareció raro ver creada la puerta de la habitación de mis padres, entonces toqué la puerta y mi padre me dijo que esperara un momento. De pronto mi padre abrió la puerta, estaba vestido con una camiseta y un jean, tenía la verga parada, tan grande que parecía que se le iba a salir del pantalón, me dijo que estaban conversando y que saldrían en un momento, yo me asomé un poco por la puerta porque casi no la abrió para hablar conmigo y pude ver a mi madre desnuda en cuatro.

    Mi padre cerró la puerta, pero yo me quedé escuchando y oí cuando mi madre le dijo a mi padre…»méteme» y al poco tiempo comenzó a gemir, gemía tan fuerte que la verga se me paró inmediatamente y me comencé a masturbar, me acordaba cómo fue ver la vagina de mi madre recibiendo verga y me imaginaba que era yo el que la metía. Continuaron culeando por un largo rato hasta que de pronto se callaron los gemidos y escuché cómo abrieron la puerta del baño de la habitación, supuse que era mi padre quien había ido al baño porque así fue la otra vez, así que abrí un poco la puerta del cuarto de mis padres y pude ver a mi madre cómo se masturbaba, ella se había quedado con ganas, yo me pajeaba mientras la veía hasta que tuvo un orgasmo.

    Cerré la puerta y fui a mi cuarto a pajearme.

  • Suerte en el tren ligero

    Suerte en el tren ligero

    Hola, es mi primer relato. Francamente he leído muchos relatos de mujeres donde a veces me hacen pensar que son solo fantasías. Me resultaba un tanto imposible creer que fuera verdad hasta que lo comprobé por primera vez y de ahí se ha vuelto algo que intento todos los días hasta que logre cumplir mis fantasías.

    Soy un hombre de 42 años, mido 1.76 y soy de complexión regular. Regularmente salgo muy temprano de casa y uso el transporte público por lo cual me encuentro siempre con tumultos de personas.

    En esta ocasión venia en el tren ligero, al sur de la ciudad de México. Este transporte es mixto y siempre va super lleno en horas pico. Así que, al momento de entrar al tren, entre empujones logre quedar justo en la puerta, bajé mi mochila para cargarla con mi mano y la coloque justo delante de mí. Ya no cabía ni un alma (al menos eso pensé) pero en la estación siguiente al abrir las puertas estaba una pareja esperando poder entrar. Un hombre como de 50 años y la chica como de 30. No pude evitar recorrerla con la mirada, vestía unos leggins negros y una blusa blanca. A simple vista se notaba que tenía unas piernas torneadas que conjugaban perfecto con su cintura y un par de tetas que se antojaban deliciosas. Bajó solo una persona y pese a que pensé que no se subirían cual fue mi sorpresa cuando ella se puso de espaldas para ser empujada por su pareja y entrar a presión. Al cerrar las puertas, el policía de la estación tuvo que empujar al señor para que pudiera cerrar la puerta adecuadamente. En ese momento las nalgas de la chica quedaron completamente pegadas al dorso de mi mano. Podía sentir la firmeza, el calor que emanaban, pero sentí algo de zozobra ya que pensé que me diría algo lo cual no sucedió.

    En ese momento recordé los relatos de las chicas y quise probar suerte. Deje que el movimiento y lo apretados que veníamos hiciera lo suyo. Sentía el roce de sus nalgas y la sensación de sus mayones hizo que empezara con una erección como nunca la había tenido. Yo observaba a la chica discretamente pero no había ninguna reacción, ella solo venia platicando con su pareja. Así que me aventure a girar mi mano y logre tocar abiertamente esas nalgas tan deliciosas. Puse mi mano justo a la mitad de su trasero, con mi dedo medio justo entre sus nalgas y toda la mano acariciando y deleitándome con esa increíble experiencia. Su pareja no tenía idea de que otro hombre venia disfrutando de su mujer.

    Después de dos estaciones ella se giró a petición de su novio (me imagino que por comodidad) y ahí fue cuando ya no pude creerlo. Su vagina quedó justo en mi mano y ella no hizo absolutamente ningún intento por moverse ni mostro incomodidad alguna, por el contrario, pasó su bolsa a su mano y la bajó quedando justo en mi pene que ya estaba muy duro como para no notarlo. Aprovechando el va y ven del tren yo podía sentir la humedad de su vagina y su calor. Con mis dedos comencé a frotar sobre su clítoris de manera circular y lenta y percibí como abrió un poco las piernas para que me fuera más fácil. Comencé a hacerlo de manera más rápida y rítmica cuando sentí como tomo mi miembro con su mano y lo apretaba de manera que sentía su excitación. Estábamos casi a punto de terminar cuando llegamos a la estación terminal y tuvimos que salir todos del vagón.

    Ella solo se dio la vuelta y tomó la mano a su novio y se fueron caminando. Yo me tuve que esperar un poco más ya que era muy notoria mi erección y era incomodo ir caminado así.

    A partir de ese momento comenzó mi afición por encontrar a esas chicas que disfrutan de este tipo de encuentros.

  • Mi primo me coge por la fuerza

    Mi primo me coge por la fuerza

    «Cuando se puso sobre mí me di cuenta que estaba totalmente desnudo. Sin dejar de taparme la boca, corrió mi bikini y apoyó su pija en mi concha. Yo me negaba, pero estaba caliente por sus caricias y sus chupones en mis tetas. Me fue penetrando y sentía como esa tremenda pija apenas entraba en mi concha. Eso me generaba algo de dolor, pero muchísimo placer.»

    Hace dos meses fue el cumpleaños de mi tío, hermano de mi padre e hicieron una fiesta en la quinta de fines de semana, con muchos invitados y mucho alcohol. En un momento, fui al baño y al abrir la puerta me encuentro a una de mis amigas sentada en el inodoro, chupándole la pija a mi primo Jorge. Me quede dura, mirando, sobre todo el tamaño descomunal de su pija, era de unos 22 cm y bien gruesa. Mi amiga tenía la mini en la cintura y se metía dedos como loca. Mi primo me miró y se sonrió. Ahí reaccioné y cerré la puerta. Se me fueron las ganas de orinar por completo.

    Un rato después, aparecieron los dos en el parque, mi amiga con una cara de feliz cumpleaños total y mi primo sonriendo. Al día siguiente me llamó mi amiga.

    -Hija de puta, tremenda chupada le pegaste a mi primo. Dije.

    -Chupada fenomenal y la cogida que me metió… te juro que me acuerdo y me caliento, no solo tiene una bestialidad de pija, como coge…

    Juro que sentí envidia. Nunca había tenido una pija así para mí. Y desde ese momento, todas mis pajas eran pensando en esa pija.

    Hace una semana, fuimos nuevamente a la quinta, pero ahora para pasar el día en la pileta. Para mi sorpresa, estábamos solo mi primo, yo, mi amiga, y otra chica. Yo llegué tarde y ellos estaban en la pileta. Cuando Jorge salió tenía una malla de lycra, que no disimulaba para nada su pija. Me quedé hipnotizada mirándola.

    -Hola Caro. Me dijo mi primo sacándome de mi transe.

    -Hola… estaba distraída…

    -Si… distraída. Me dijo sonriendo.

    Obviamente me había visto mirándolo. En un momento, mi primo y su novia desaparecieron y quedamos con la otra chica en la pileta.

    -¿Vos viste el bulto que tiene tu primo?

    -Si, fenomenal. Dije.

    -Me llega a agarrar, me parte en cuatro el desgraciado, y si me hace el culo…

    Exactamente lo mismo pensaba yo.

    Como habían comprado para cenar, hicimos unas hamburguesas en la parrilla, y tomamos cerveza… demasiada en mi caso y en el de la novia de Jorge, que se quedó dormida en un sillón. Jorge llevo a su casa a la otra chica y yo me fui a acostar a una de las habitaciones. Como no tenía otra ropa, me quede solo con la bikini.

    Les cuento que, sin ser una belleza, tengo muy buenos pechos, y una cola redonda y parada. Estaba en el mejor de los sueños cuando sentí que me chupaban una teta. Abrí los ojos y era Jorge.

    -Jorge, ¿Qué haces? Andate. Dije.

    -Te chupo las hermosas tetas que tenes, silencio.

    -No, no quiero, andate.

    Jorge me tapo la boca y me siguió chupando las tetas, mientras que con la otra mano me acariciaba la concha por debajo de mi malla. Yo trataba de zafar de sus manos paro no podía, es bastante más grande que yo y con mucha más fuerza.

    Cuando se puso sobre mí me di cuenta que estaba totalmente desnudo. Sin dejar de taparme la boca, corrió mi bikini y apoyo su pija en mi concha. Yo me negaba, pero estaba caliente por sus caricias y sus chupones en mis tetas. Me fue penetrando y sentía como esa tremenda pija apenas entraba en mi concha. Eso me generaba algo de dolor, pero muchísimo placer.

    Se empezó a mover con todo, entrando y saliendo como un animal. Yo cambie mis gritos para que no me coja por gemidos de placer. Él se dio cuenta y me soltó la boca.

    -Que hermosa concha que tenes primita. Me dijo.

    Yo no paraba de gozar a pesar de querer sacármelo de encima. De pronto me hizo poner de costado y levantando mi pierna, me volvió a meter la pija en la concha. Ahora sí entraba totalmente, era un animal embistiéndome. De pronto sentí que uno de sus dedos entraba en mi culo y me asusté.

    -Jorge, no por favor, el culo no. Dije.

    -Tranquila, esto jugando solamente. Apretate las tetas para mí putita.

    Que me diga putita me excitó más todavía y cuando metió el segundo dedo en mi culo ya estaba loca de placer. Me estuvo dando por la concha por un rato, hasta que acabó llenándome de leche.

    Saco su pija y la apoyo en mi orto apenas empujando. Mi cara de horror debe haber sido terrible ya que se largó a reír y se acercó para que se la chupe. Como pude se la chupé y la dejé bien limpia.

    Se levantó y se fue. Yo estaba todavía bastante alcoholizada y destrozada por tremenda cogida. Me dormí de inmediato.

    Un rato después, sentí como alguien se acostaba en mi cama. Mire y era Jorge, que acostaba a su novia junto a mí. La puso boca abajo y tomando un frasco de aceite para el cuerpo, le empezó a meter dedos en el culo. Mi amiga, dormida por el alcohol, no oponía resistencia.

    Jorge vio que yo estaba despierta y se acercó a mí y tomándome de mis cabellos hizo que le chupe la pija. Quise negarme, pero medió una bofetada que me dejó la cara ardiendo. Me puse a chuparla, lamerla sin parar, no quería recibir otra bofetada. El no paraba de meterle dedos en el culo a ella.

    -Mirá. Me dijo y tomando mi cabeza hizo que vea como le metía cuatro dedos en el culo.

    Sacó su pija de mi boca y se la empezó a meter. Mi amiga se despertó y me miró sin entender, hasta que se dio cuenta y dio un grito.

    Era tarde, ya la tenía por completo dentro del culo. Ella trataba de saltarse, pero era imposible.

    -Toma. Me dijo dándome el frasco de aceite.

    -Ni loca, olvidate. Dije.

    -Como vos quieras entonces.

    En su mirada vi que también me iba a hacer el culo. Trate de levantarme y escapar, pero me agarró de un brazo y me dio otra bofetada. Comencé metiéndome dos dedos y mi orto fue cediendo producto del aceite. Yo lo miraba embestir con todo, a mi amiga ahora gozando como una puta y pidiendo que le dé más fuerte. Cuando me entraron cuatro dedos, me puse en cuatro patas.

    Jorge se puso detrás de mí y me la empezó a meter. Creí que me partía en dos. La metió totalmente y allí me bombeaba con todo. Mire a mi amiga y seguía en cuatro patas, ahora con casi la totalidad de la mano de Jorge en su orto, gritando de placer mientras ella se metía cuatro dedos en la concha. Así nos tuvo un rato.

    De pronto, salió de mi culo, y me puso detrás de mi amiga. Hijo que le meta la mano en el otro y entraba casi por completo. Se puso delante de ella y le cogió la boca como nunca vi. Yo me masturbaba y la masturbaba a ella por el culo, ella seguía dándose con todo en la concha.

    Cuando Jorge acabó en su garganta, mi amiga tuvo un orgasmo fenomenal y yo otro. Saque la mano de su culo y Jorge puso su pija en mi boca para que la chupe y la limpie. Se fue al baño y las dos caímos rendidas y dormidas.

    Cuando desperté estaba sola en la cama, me dolía la concha, el orto y todo el resto del cuerpo. Me di una ducha y me puse la bikini. Salí de la habitación y fui a la cocina. Mi amiga estaba de rodillas chupándole la pija de rodillas. Me dijo que me acerque y yo también le chupe la pija.

    -Sos un hijo de puta. Le dije.

    -Entonces gozaste mucho. Dijo riéndose.

    Ese día nos cogió dos veces más, la segunda por nuestros culos.

  • Siempre estaré para ti, Marian (cap. 3)

    Siempre estaré para ti, Marian (cap. 3)

    A partir de entonces, retomamos nuestras vidas con un poco de más complicidad entre los dos. Nos entendíamos perfectamente bien, pensé en ese momento. Ella estaba triste, pero respondía a mis atenciones con una bella sonrisa y eso me tranquilizaba. Varias veces repetimos lo de dormir juntos, pero tomando la previsión extrema de dejar la puerta de la casa bloqueada para que papá no pudiera entrar y vernos en tal situación. Se podía prestar a cualquier tipo de suposiciones, todas perjudiciales para ella.

    El viernes siguiente, por fin mi señor padre se dignó visitarnos y nos sentamos a hablar. Mamá le exigió que se comportara civilizadamente o no habría más posibilidades de conversar. Y que ni se le ocurriera volver a golpearme. La cara de fiera que le puso fue notoria. Parecía una leona defendiendo a su cachorro.

    – No vine aquí a pelear, pero exijo el respeto que me merezco. Así que vamos al grano, ¿cuál es esa contraoferta y por qué no se la pudieron dar a mi abogado?

    – Lo primero, el respeto es algo que se tiene que ganar, con honorabilidad. Para seguir, tu abogado no pisará nunca más esta casa, tiene cara de vagabundo, pinta de sinvergüenza y me miraba con cara de hiena hambrienta, ni siquiera de coyote. No se lo permito. Para terminar, Juan te explicará en forma concisa cual es esa contraoferta.

    – Bien, papá, este papel que ves aquí contiene todo lo que esperamos de ti. El PentHouse de aquí arriba, más este apartamento y el de la playa, un fideicomiso de 20.000,00 mensuales con incrementos del 20% interanual, por 20 años. Un Camaro SS del año para mamá y un Fiat 125 S también del año para mí y lo más importante, 10 MM de los verdes. Si no te parece bien, seguiremos adelante con la demanda de divorcio, donde el Dr. Sanoja te dejará más pelado que talón de la bandera. Como sé y estoy seguro que tienes muchísimo más de lo que te estamos pidiendo, me imagino que aceptarás para evitarte una pelea que muy posiblemente te salga mucho más costosa. Ahora la pelota está en tu cancha.

    – Carajo, Marian, ¿este es mi hijo, este gánster? ¿educaste a éste muchacho para que se especializara en extorsión y chantaje? ¡Que bolas tienen ustedes dos! Me voy pal carajo y se entenderán con mi abogado.

    – Perfecto, mañana tendrás una visita del Dr. Sanoja y otra muy especial de… bueno, mejor te sorprendes cuando la recibas… creo que serán muchas explicaciones las que tú y tus socios van a tener que dar. Hasta mañana, papi, te veremos en los noticiarios…

    – ¿Qué te pasa, me estás amenazando?

    – No, Dios me libre. Yo nunca amenazo, eso es una de las pocas cosas que aprendí de ti. Solo te digo, para que no te pienses después que fue por la espalda. Tienes muchos trapos sucios, demasiados diría yo y mis “amigos” me han dado bastante información. Tengo montones de papeles comprometedores. Yo sé que tú quieres jodernos a mamá y a mí, pero no te va a ser tan fácil. Yo soy hijo tuyo, de algún lado me vendrá el veneno, papi. Mamá me educó para ser un hombre de bien, decente, pero en mis genes llevo tu estigma, que se le va a hacer…

    Papá se levantó con cara de pocos amigos y se fue. Vi odio en su mirada, hacia mí. Una hora después, regresó, creo que arrepentido, o asustado por lo que pudiera pasar. Lo malo que es tener la conciencia sucia.

    – Dime una cosa, Juan, ¿qué garantías tengo de que no me vas a seguir jodiendo después de darles lo que piden?

    – Mi palabra de honor. Solo eso. Para mí vale, mamá me enseñó que eso era algo importante en un hombre. Yo valgo lo que valga mi palabra. Pero no sé si tú sabes de eso…

    – ¿Por qué me odias tanto, hijo?

    – Te equivocas, no te odio. Simplemente me avergüenzo de ser tu hijo. Porque eres un hombre ruin, sin moral, sin principios. Jodes a cualquiera para tu propio beneficio. No te importa si es tu hermano, tu socio, tu esposa o tu hijo. Me preguntas por la garantía, porque cada ladrón juzga por su condición. Pero no te preocupes, no te faltaré a la palabra empeñada.

    – Está bien, aceptaré tus condiciones, pero Dios te libre que me traiciones, pues entonces conocerás el animal que llevo dentro.

    – Que espero no me lo hayas transmitido genéticamente. Por cierto, ¿sabes una cosa? Muchas veces, pensando en lo puta que fue mi madre biológica, según tus propias palabras, he deseado que yo hubiera sido producto de un cacho que ella te montó. Y a lo mejor fue así, porque de ti no tengo nada reconocible, ni física ni psíquicamente.

    El señor hizo una mueca de desagrado, más parecida al odio que otra cosa. Se levantó y dijo:

    – De acuerdo, acepto sus condiciones. Mañana mi abogado se pondrá en contacto con ustedes para comenzar las gestiones.

    – Creo que no escuchaste a mamá. Con ese tipo no vamos a hablar. No lo envíes porque no lo dejaremos entrar. Manda a alguien decente, en señal de respeto.

    El hombre salió por la puerta y se marchó rápidamente, tirando un portazo. Mamá se volteó a verme y se desvaneció en mis brazos, afortunadamente. Se le fueron los tiempos.

    La cargué y la llevé al sofá, donde la recosté cómodamente. Luego fui a buscar un frasco de alcohol para que oliera y le volviera el alma al cuerpo. Pronto se recuperó y me quería decir algo, quizás muchas cosas, pero no le salían las palabras. Por fin pudo articular palabras, hilar oraciones y me dijo que estaba asustada del rumbo que había tomado la conversación con papá, que más pareció una disputa de territorios de la mafia. Le aseguré que el derrotero que tomó la conversación, lo estableció él con su actitud, en todo momento. Yo solo le mostré que no soy estúpido ni le tengo miedo. Pero que tomara en cuenta que ese hombre con el que ella se había casado 16 años atrás, no era lo que ella creyó entonces. Era un miserable, ruin y perverso hombre de negocios, que pensaba que el fin justificaba cualquier medio.

    Esa noche atrancamos la puerta para evitar que él pudiera entrar y nos fuimos a la cama, a dormir juntos y abrazados. Ella estaba asustada.

    Y volvió a suceder, después de la medianoche, me desperté y comencé a acariciar su cuerpo, lentamente, suavemente, para no despertarla, aunque sabía que no era insensible. Esa noche disfruté de las delicias de su piel, por casi todos lados, aquellos a los que podía acceder sin violentar posiciones. Sus orejas, su cuello y hombros, sus brazos y manos, sus piernas y pies, sus muslos, cadera y panza. Por supuesto, sus maravillosas nalgas y sus fantásticos senos. Y me atreví a abrirle el camisón con que se había acostado y le dejé libres las tetas. No las veía bien, pero podía sentir sus areolas, grandes y suaves y los pezones, pequeños pero hinchados, erguidos. Y me los metí en la boca. Los chupé cual bebé que mama de su madre. Nunca había sentido unas tetas, unos pezones como esos. Eran gloriosos. Ella gemía suavemente y suspiraba. En un momento dado, ya con el cuello cansado de la posición en que estaba, me retiré para acostarme recto boca arriba y descansar. Entonces ella reclamó mi atención, sutilmente. Tuve que hacer de tripas corazón, mi hermosa madrecita me necesitaba y yo no le iba a fallar.

    Al despertarnos por la mañana, sábado, ella estaba acurrucada contra mi pecho, de medio lado frente a mí. Estaba casi desnuda, su camisón apartado hacia atrás y su tanga minúsculo casi ni se veía. ¡Que sexy era la señora! Hasta en el más mínimo detalle. Me miraba, inquieta, sonrojada, esperando una palabra mía, algo que la hiciera sentir menos culpable, esa era mi impresión.

    – Buenos días, mi bella dama, la bendición, ¿dormiste bien?

    – Si mi amor, claro que sí. Dormí contigo, eso es más que suficiente. Eres muy dulce conmigo, realmente me gustaría que durmiéramos así todas las noches. Me haces muy feliz. – me quedé perplejo. No esperaba tanta efusividad de parte de ella. Me miraba con amor, con esos ojazos castaños que me venían enamorando desde siempre. De pronto sentí temor y me fui al baño, a lavarme y ducharme.

    Cuando regresé a su habitación, ella aún estaba en el baño, duchándose. Al poco salió con una toalla que inútilmente pretendía tapar toda su humanidad. Se la quitó delante de mí, de espaldas y se agachó para sacar una tanguita muy coqueta y ponérsela. Dios mío, que culazo, se le notaba toda su vulva, grande, suculenta. Luego se volteó con una sonrisa preciosa en los labios y cogió una franelita y se la puso, sin sostén. Luego un short, sus medias bajas y zapatos deportivos. Y me iluminaba cada tanto con su hermosa sonrisa y sus ojos de mujer bonita. La notaba feliz, aunque me daba la impresión que se sentía un poco culpable.

    – Mamá, quiero preguntarte algo y necesito que seas sincera conmigo, es importante para mí. ¿Te sientes incómoda con lo que estamos viviendo?

    – ¿A qué te refieres, al asunto tan desagradable con tu papá o a lo que hacemos de noche en la cama?

    – A todo, a una cosa y a la otra.

    – Bueno, la verdad que con lo de tu padre, muy incómoda, pero no por culpa tuya. Creo como tú que él nos ha llevado a esto. Es el responsable. Tú solo has tenido que responderle para no dejarte apabullar. En lo que se refiere a lo que tú y yo hacemos de noche, mientras dormimos, no sé, me siento maravillosamente bien, pero, no estoy cómoda. Estamos pisando terrenos muy peligrosos. La raya entre lo permitido y lo prohibido está un poco difusa para mí, no sé si para ti.

    – Para mí, esa raya está clara, sé que lo que hacemos no sería bien visto por nadie, pero siento que nosotros dos nos sentimos bien, que no dañamos a nadie y que sabemos lo que hacemos y que todo tiene consecuencias. Pero no tengo miedo. Simplemente… te amo.

    – Tal vez yo, por haber vivido más que tú, no lo vea tan claro. Sé bien que todo lo que hagamos tendrá consecuencias, pero, no sé, me siento tan bien contigo. Hijo, tengo miedo, mucho miedo. Temo estar haciendo algo que nos pueda superar. También te amo, no te imaginas cuánto. En estos últimos días me has demostrado que te importo de verdad, que me amas, te has enfrentado a tu propio padre por mí y eso es algo muy grande. Yo lo valoro. Pero no quiero que salgas herido de todo esto. No me lo podría perdonar, porque ante todo, eres mi hijo y te amo demasiado.

    – No pasará nada que tengamos que lamentar, te lo aseguro. Entre tú y yo existe un vínculo muy grande, muy poderoso y nada ni nadie podrá superarnos. Nos amamos, eso es lo que verdaderamente importa. Que seas o no mi madre biológica no tiene nada que ver, eres mi madre y esa es una verdad irrebatible. El amor todo lo puede, todo lo vence. Siempre estaré contigo y para ti.

    El resto del día lo pasamos en casa, descansando y mirándonos cual enamorados. A cada rato notaba que ella se perdía en mis ojos y cada tanto yo me perdía en los suyos. La veía más linda que de costumbre, la sentía hermosa, su voz me sonaba más musical, más grata. Su olor me embriagaba. Esa noche, después de cenar y ver tv, ella me pidió que le diera un masaje en sus pies. Le dolían un poco, tal vez por el estrés al que se encontraba sometida. Fue a su habitación y trajo un pote de un gel o algo parecido, para dar masajes. Se sentó en el sofá y puso sus lindos y pequeños piececitos en mi regazo. Tomé un poco de la sustancia y empecé un singular masaje. Ella ronroneaba y se retorcía porque le daba cosquillas. Le acariciaba, con cierta fuerza, cada centímetro de cada pie, sus deditos, la planta, lo que más cosquillas le daba, luego el talón y el empeine. Y ella disfrutaba como niña. Una vez que terminé con ambos pies, le dije que si quería, podía subir por sus piernas, también.

    – Ay mi cielito, me encantaría, tienes unas manos maravillosas, me he sentido increíble. No sé, tal vez hasta me arriesgaría a un masaje total, todo el cuerpo. ¿Te atreves?

    – Caramba, Marian, eso es algo ya de otro nivel. Pudiera no haber vuelta atrás, si me comprendes…

    – ¿Porqué, mi amor?

    – Porque tendría que ser sin ropa, evidentemente y no sé si yo pueda soportarlo sin ponerme bestia.

    – ¿Tú, ponerte bestia? No lo creo, tú me has demostrado tener mucho autocontrol.

    – Se llama respeto, mamá. Solo porque te respeto. No creas que no me has provocado, pero hay líneas que no me atrevo a pasar sin tu permiso. Respeto.

    – Mi amor, yo estoy dispuesta a correr el riesgo. No sé si es que estoy perdiendo la chaveta, pero estoy cansada de ser sumisa, de no permitirme algunas cosas que le dan sabor a la vida. Si tú estás conmigo, puedo sobreponerme a mis miedos, vencer a mis demonios, pero solo si tú me apoyas. Lo que hemos vivido estos últimos días, sin ti, no me lo hubiera imaginado. Y me refiero a todo, con tu papá y entre nosotros… en fin, te espero en mi cama, si te atreves… – y se levantó y se fue a su habitación. Había llegado el momento de cruzar una línea muy importante. ¿Nos atreveríamos, ambos?

    Cuando llegué a su habitación unos cuantos minutos después, ella estaba desnuda, acostada boca abajo sobre una toalla grande al pie de la cama, esperando por mí. Cuando me vio entrar, me regaló una sonrisa y me dijo:

    – Adelante, quien dijo miedo…

    Yo entonces procedí a tomar el pote de gel y se lo regué por la espalda para empezar el masaje por allí, su cuello, sus hombros, los brazos, su espalda. Estaba realmente congestionada, llena de nudos producidos por el estrés. Poco a poco fui haciendo que se relajara y escuchaba sus gemidos, muy sensuales por demás.

    Luego bajé a sus piernas, desde justo debajo de sus nalgas, hasta los tobillos. Primero una pierna, luego la otra. Entonces llegó la hora de la verdad, la primera: sus nalgas. Aquellas masas de carne firme, magra, voluminosas, deliciosas, apetecibles. Allí comenzaron mis problemas. Empecé a temblar, a no poder controlar mis movimientos. Estaba realmente excitado y mi miembro luchaba por salir de su prisión de algodón. Ella se percató de mi excitación y me dijo:

    – Mi amor, no te asustes, que yo estoy temblando. Adelante y que sea lo que Dios quiera…

    Por supuesto, continué. Una vez que terminé con sus maravillosas posaderas, le pedí que se volteara boca arriba y entonces allí estaban sus dos maravillosas lolas, hermosas como ninguna otra y lo mejor, su tesoro. La vulva más preciosa que mis ojos hubieran visto alguna vez. Labios gruesos, clítoris asomado, tamaño regular, pero prominente, vellos muy bien cuidados y recortados por todos lados, una magnifica sonrisa vertical. Me quedé paralizado, hasta que ella me hizo volver en mí, con un leve pellizquito. Me sonreí con un poco de vergüenza y comencé a darle su merecido masaje, un verdadero masaje erótico, con todas las de la ley. Sus brazos y cuello, luego su abdomen, sus prominentes caderas, sus muslos y piernas, regreso a las tetas, donde me recreé durante un buen rato con sus pezones enhiestos y al final, su ingle. Allí si di lo mejor de mí, me gradué como masajista, de acuerdo a lo que había visto en una película porno donde la acción central era un masaje de ese tipo. Le dediqué toda mi atención y mis mejores cuidados a toda la zona de su vulva. Dios, que placer. Y para finalizar, aupado por sus ya incontenibles gemidos y jadeos, la masturbé en forma, pasando mis dedos por sus labios, de abajo hasta arriba y de nuevo y de nuevo, su clítoris, mis dos dedos dentro de la vagina en busca de su punto G, los jugosos labios otra vez, hasta que explotó su orgasmo. Fue maravilloso. Un verdadero volcán de dimensiones colosales. Estertores largos, repetidos, sensuales.

    Ella me miraba con una carita de “yo no fui”, deliciosa. Me enamoré.

    Me senté en la orilla de la cama, a su lado, a punto de desmayarme de la tensión nerviosa que había soportado durante más de media hora. Ella me acariciaba con sus uñas por la espalda. Yo solo trataba de respirar. Al poco rato, le pedí que se levantara para bañarla, como corolario de nuestra gesta. Feliz, se levantó presurosa y se dirigió a la ducha, tomándome de la mano. Entramos a su baño, me desvestí aceleradamente y en eso ella se quedó viendo hacia mi pene, que estaba totalmente erecto. Su cara mostraba asombro:

    – Mi amor, eso es enorme, Dios mío, más grande que el de tu padre, que ya es bastante decir. Estoy asombrada, hacía mucho que no te lo veía.

    – Bueno, será lo único que habré heredado de ese señor y no te creas, mi vida no ha sido fácil con esto. Algunas cosas no resultan cómodas con un pene de este tamaño.

    Ella se metió a la ducha con agua caliente, para terminar el efecto de relajación y además distraer la atención sobre mi herramienta. Dejé que el agua caliente cayera sobre su espalda, mucha agua, luego tomé el jabón y una esponja y empecé a acariciar todo su cuerpo con ella. En sus partes más sensibles me recreé bastante, tanto que al rato se presentó su siguiente orgasmo. Más suave que el primero, que había sido arrollador, pero orgasmo al fin y al cabo. Luego, ella tomó el control para enjabonarme a mí. Todo mi cuerpo, con mucha ternura, con gracia. Y cuando llegó a mi pene, vaya, se soltó el moño. Me hizo una paja fenomenal, con cubana y demás, ambos agachados en la placa. Y culminó la faena con su linda boquita, no sin cierta dificultad por el tamaño. Me dio una mamada que me hizo eyacular como un fenómeno, por la cantidad de semen que recibió en su dulce boca. Marian sabía hacer gozar a un hombre, no había dudas al respecto. Yo era muy jojoto, sexualmente hablando, poca experiencia, pero ella volaba por altas cotas. Me dejó exhausto.

    Al final, nos secamos y fuimos a la cama, desnudos y hambrientos… de sexo.

    No pasaron ni 10 minutos, cuando mi miembro ya estaba reclamando su pastel. Ella se acostó boca arriba, abrió sus piernas todo lo que pudo y me pidió que la penetrara, profundamente, hasta que ya no pudiera más. En esa posición del misionero, la más común pero no mi preferida, entré en su vagina con mucho cuidado, para evitar lastimarla. Ella me decía que despacio, con cuidado, pero que no parara. Una vez dentro toda mi herramienta la estuve bombeando, primero de forma suave, lenta, pero paulatinamente aumentaba la cadencia, hasta que sentía el Plaf, Plaf, Plaf que sonaba por el choque de nuestras pelvis. Ella me pedía más y más, duro, rápido, fuerte. Y yo se lo daba. Cuando llegó a su punto, se desmadejó en un hermoso orgasmo, casi poético. Se le voltearon los ojos y quedó mirando al techo, como perdida. Entonces me salí de ella y la volteé para ponerme yo abajo y a ella a cabalgarme. Cuando se montó sobre mi falo y se lo enterró hasta la base, soltó un gemido largo y muy sensual. Me enamoró. Luego, recuperada de la penetración, empezó su cabalgata infernal. Le llegó un segundo orgasmo, bestial, por lo exigido del proceso y la dejé para que se lo gozara y se recuperara. Entonces la puse en cuatro y la penetré desde atrás, deliciosamente. Otra vez empecé a bombearla, suavemente, lentamente, hasta que cogimos el ritmo y empezamos una verdadera faena. Al final, acabamos casi que simultáneamente, ella primero y a los pocos segundos yo y caímos abatidos y sudorosos, ella debajo de mí. Cuando recuperé la respiración normal, se lo saqué, ya medio flojo y me acosté a su lado. Ella me miraba y de su mejilla corría una gota de sudor o una lágrima, no supe distinguir, pero igual la sorbí. Deliciosa, como todo en ella.

    Ya habíamos cruzado la línea, ya no habría vuelta atrás, pero me sentía como un Gengis Kan, conquistador de medio mundo. Marian era una hembra de altos quilates, sin duda. Y pensé en el tonto de mi padre. ¿Por qué ese hombre dejaba a una mujer tan especial? ¿Cuál sería el secreto? ¿Estaba realmente loco, desquiciado? Porque para dejar a semejante mujer, debía estarlo. Pequeña, pero toda una fiera. Cómo me hizo gozar y además, no tuvo ningún inconveniente en calzarse toda mi pieza, que era de bastante grosor y largura. Según ella me confesó, muy parecida a la de mi padre, un poco más grande y gruesa con semejante o mayor resistencia y poder de recuperación. Todo un halago para mí, supongo.

  • Un vuelo desenfrenado

    Un vuelo desenfrenado

    Imagina esto: Tú y yo en un avión. 

    Yo susurrándote al oído «amor, hoy es nuestro primer vuelo juntos y la verdad es que me gustaría intentar hacerte este vuelo sea lo más excitante posible y con toda la adrenalina que nos rodea, y porque no, lograr desatar todos nuestros más íntimos deseos que nos embargaran al ir ya en el cielo a más de 8.000 pies de altura”.

    Ya dicho todo eso, tomo muy fuertemente de tu mano y comienzo a morder tu oreja y deslizarme muy suavemente hacia tu cuello para besarlo, mientras una de mis manos ya está acariciando tu entrepiernas y tú con ese miedo que te caracteriza, solo atinas a levantar tu cuello para tener mejor vista a los asientos que nos anteceden ya que nosotros estamos en la última corrida que sería la 32 e y 32 f puedo sentir como te estremeces de placer y a la vez del temor a ser cuando vuelvo a susurrar en tu oído diciéndote lo mucho que te amor y que este viaje será el más excitante e inolvidable de tu vida.

    Y tú no paras de repetir que estas a punto de cumplir una de tus fantasías y me pides que no me detenga ante tanta adrenalina y placer a la vez que ya estás experimentando. Yo muy atentamente escuchando con tu voz muy temblante y ya tu respiración muy agitada me permito en bajar de inmediato a lamer tus pechos sin dejar de frotar tu clítoris con una de mis manos que por cierto ya ha estado del principio ahí en tu entrepierna ufff…

    Puedo sentir tu calor vaginal y no aguanto las ganas de introducir uno y dos dedos en tu interior sin dejar de chupar tus pezones hasta ponerlos muy duros para luego continuar bajando con mis labios a saborear tus jugos lubricadores de tu rosadito coño y no pienso en arrodillarme ahí mismo y es cuando comienzo a besarte muy desesperadamente hasta que succiono tu clítoris para sentir cómo se contraen tus paredes internas y sentir como chorreas mi boca con ese néctar que tanto me vuelve loco.

    Tu ya en éxtasis completamente, y pendiente a la vez de los pasajeros, tomas de mi cabeza y me aprisionas contra tu pelvis con tanta fuerza que me pide que saque mi lengua y la introduzca porque no quieres perderte ni un centímetro de ella en tu interior y yo a la vez puedo sentir como me aprietas esta misma con tus contracciones y eso me provoca una erección explosiva que mis bóxer se mojan de inmediato y no aguanto las ganas de llevarte al baño y penetrarte como a ti te gusta amor ufff…

    Es cuando me pides que aún no, porque quieres sentir mi miembro tal cual quedó por la explosión en tu boca y no vacilas en tomar de mis mejillas y me pides que me vuelva a sentar para tu darme un rico sexo oral antes de ir a la penetración en el baño. Ufff…

    Es tan divino sentir como tus labios envuelven mi erecto y venoso pene que por cierto ya está con lubricante natural del que tu fuiste cómplice de lo ocurrido y así no paras de lamer y disfrutar mientras yo soy ahora el que está pendiente de los pasajeros y vívo el otro lado de la adrenalina que tu antes ya sentiste.

    Mis manos no paran de acariciar tu cuerpo ya contorsionado y mientras disfrutas de mi miembro, yo me apasiona aún más y también comienzo a estimular tu clítoris para que no dejes de sentir mis caricias y la verdad es que todo esto se siente tan divino y más con tu forma de lamer y chupar mi pene que ya te interrumpo porque ya no aguanto las inmensas ganas de penetrarte en el baño es cuando ingresamos muy discretamente a ese baño y como no es la comodidad debida para la situación, nuestros deseos son más astutos que todo lo incomodo que se puede ver en ese lugar y la verdad es que para nosotros no hay obstáculo para desatar todas las ganas de amarnos en el así que ya dentro de ahí te pongo frente al espejo que existe sobre el inodoro y me permito subir tu falda esa misma que llevas puesta ahora y solo corriendo tu tanguita hacia un lado, es cuando dejo sentir mi erecto y duro pene en tu vagina y con un empujón muy lento, lo introduzco hasta el fondo sin vacilar y siento un pequeño gemido de ti que voy de inmediato y tapo boca porque ya comenzaré a bombear sin para y no quiero que todo el avión nos oiga y menos interrumpan nuestro vuelo de desenfreno que estamos teniendo tu y yo.

  • Juan, mi profesor evangélico de la Uni

    Juan, mi profesor evangélico de la Uni

    Cuando pasaban los ciclos en la universidad me iba dando cuenta que era importante el excel, no solo para los cursos que llegaba, sino tambien para el trabajo que pensaba postular luego. Era importante tener un nivel alto en excel, así que conversando con mi papá y averiguando dimos con unos cursos en la UNI. Esta universidad se caracteriza por ser especializada en carreras de ingeniería, así que me ayudó con la matrícula. En ese entonces tenía 22 años.

    Debía ir los sábados de 2pm a 6pm durante 3 meses y así por nivel (básico, intermedio y avanzado). Para empezar, recuerdo haber llegado muy temprano la primera clase y como debía esperar, me metí al salón. Al rato llegó Juan, un señor de unos 58 años (luego él me contó), morenito, de baja estatura con lentes y muy serio y recto, callado, de pocas palabras y no bromeaba mucho. Eran 4 horas de clase y resultaban pesadas. Era un salón de 12 alumnos.

    A la tercera clase que terminó, recuerdo haber salido a tomar el bus que me llevaba a casa. Yo iba parado y con el cambio de semáforo, este profesor llegó a subir al mismo bus. Ambos parados, yo lo saludé con la cabeza y una sonrisa, igual él serio y al rato se desocuparon los asientos y me he ido a sentar. Por coincidencia él también así que hemos ido sentados juntos. De casualidad también vivía cerca de donde yo vivía en ese entonces.

    Así fue a la siguiente semana que estamos en receso y me pregunta si también iba a casa saliendo de clase, le dije que si y se ofreció a ir juntos. Yo le dije que claro, además ni me imaginaba o pretendía nada, yo no quería que nadie sospeche algo y tampoco ando angustiado por hombres. Nunca ha sido así.

    Lo he esperado a que guarde sus cosas y hemos salido. Caminando y conversando un poco. Durante el camino todo bien, me contaba que asistía a una iglesia evangélica y que a veces tenía reuniones por las noches de los sábados. Yo respeto mucho las creencias y creo que de eso él también se dio cuenta. Así que le tocó bajar en su paradero, yo bajé en el mío y hasta ahí. Pero creo que su inteligencia me llamaba mucho la atención. Él a la vez era ingeniero de profesión, asesoraba empresas, tenía una consultora y dictar clases para él era como un hobbie que disfrutaba.

    Ya a la siguiente clase fui yo quien le consultó si iba y me dijo que no, él en realidad tenía un carro, pero estaba en mantenimiento y por eso ya iría en el suyo, pero si yo quería podía llevarme hasta mi casa. Le dije que estaría bien. Durante el camino me contó que era un señor viudo con hijos mayores a mí y ambos ya habían formado sus familias y vivían fuera de lima. Me dijo que hace unos 5 años atrás, en ese entonces, su esposa había fallecido de un accidente. Me resultó triste, lo escuché mucho ese día y lo entendí. Ese día intercambiamos números con el pretexto de si tenía alguna consulta sobre algún tema podía escribirle o llamarlo. Yo para esto tenía exámenes y debía prepararme así que esa fue la excusa para comunicarme con él un día de semana. Él muy atento me respondió y me dijo que tal vez sería mejor que nos veamos en su casa. Vivía solo y fui, sin ninguna intención.

    Luego de terminar la explicación me dijo que iría a esta iglesia y me invitó. Al día siguiente no tenía tareas pendientes así que le dije que si. Esto para demostrarle creo yo mi agradecimiento a tenerme tanta paciencia y acompañarlo. Llegamos, hicieron sus alabanzas y me presentó a algunas personas como su amigo. Yo era su amigo.

    Y creo que así fue, había días en que me sentía aburrido en casa y le escribía y le decía si podía ir a tomar lonche, me decía que si. Igual él. Y así. Creo que era una amistad, si fue una bonita amistad. Cuando quería comer pizza, llegaba y conversabamos de una y otra cosa. Su inteligencia por saber tanto de tantas cosas me hicieron admirarlo que ya despertaba en mi bastante atracción. Eso no significaba que quería algo más, solo era demasiada admiración y atracción. Tampoco pensaba que él quisiera algo más porque sentía que me veía como un «nieto».

    Así fueron pasando las semanas, meses. Me volví a meter al mismo horario para que me toque con él y me iba bien, aprendía y me iba muy bien.

    Ha llegado un dia en que me llama y fue mi sorpresa cuando Juan me cuenta que se había dislocado el pie al bajar apurado las escaleras y había preguntado por mi para ir a verlo. La verdad es que debía estar vendado con muletas por 2 semanas. No debía hacer esfuerzo. Entonces él no comunicó a nadie más que a mi. Para ir a verlo. Llegué de la universidad a la clínica. Tomamos un taxi, llegamos a su casa, estuve pendiente de él y recuerdo que ese día me quedé en su casa por si necesitaba algo. A mi me sorprendió porque pensó en mi y no en otra persona. Luego me enteré que había sido hijo único. Sus papás ambos habían fallecido y él no quería que sus hijos se enteren porque no le gustaba dar problemas.

    Así pasaban los días. Yo me quedaba en su casa porque yo vivía en un cuarto, yo viví fuera de lima toda mi vida y me quedaba solo en lima por estudios, así que no tenía que andar pidiendo permiso de salir. Además yo sentía que estaba haciendo lo correcto.

    Creo que eso afianzó nuestra amistad con esos días y no sé supongo que empecé a ¿atraerle? No tengo idea, pero me dijo que era muy guapo, que no se que hubiera sido de él esos días, me acerqué a él y solo le di un abrazo y le dije que no era nada, que quería que se recupere y por eso lo acompañaba. Sabía que no tenía a mi familia cerca y me dijo que si él y yo estabamos solos, por qué no nos podíamos hacer compañía y que cualquier cosa que yo necesite él podía ayudarme.

    Creo que nos gustabamos, pero no estabamos dispuestos a proponer nada, por temor, miedo, no se. Ninguno de los dos. Ambos creo teníamos dudas. Además no soy alguien experto en esto. Dentro de mi torpeza trataba de insinuar algo, igual él, pero nada.

    Ha llegado un día en que me dijo para tomar algo en su casa. Era vino. Una botella. Me dijo que por su religión no era que le prohibían, podía tomar si, pero medido, sabiendo tomar, con control. El alcohol desinhibe y acepté.

    Se terminó un vino, tomamos el segundo, sacó otro que tenía y a la mitad del tercer vino yo ya estaba medio mareado, igual él. Hemos estado sentados en su mueble y recuerdo que empezamos a hablar de cuanto tiempo estaba solo, igual yo le conté que andaba sin nadie, nada. Entonces ya me tocaba la cara, me sonreía, yo le tocaba los brazos, me tomaba de la mano, mi pierna, muy sutil todo.

    Ha llegado el momento en que pasó así:

    Juan: Te apuesto un vaso lleno de vino a que no te puedo dar un beso

    Yo: Ya! apuesta aceptada (Cerré los ojos)

    Sentí como se acercó, su respiración, su aliento y me dio un pico. Luego se tomó el vaso de vino.

    Yo entre risas le dije que yo también le apostaba otro vaso de vino a que no se atrevía a darme otro beso. Pues él se tomó primero el vaso y me plantó un buen beso. Paramos y le dije que se los devolvía, no porque no me haya gustado, sino porque me encanta como hombre.

    En eso yo me he sentado sobre él en la posición como si fuera a «cabalgarle», pero obviamente con ropa. nos hemos besado unos buenos minutos mientras que el tocaba mis nalgas sobre la ropa e iba desabrochandome el cierre del pantalón.

    Reconozco que esa vez con Juan me porté como una verdadera perra. No medí ni reprimí nada porque ese hombre lo valía y él al comienzo se asustó un poco viendome así, pero le expliqué que era porque me encantaba y si sentía cariño por él. Ha sido esa la primera vez que me porté de esa forma. Me he parado, le he bajado el cierre, le he sacado la verga y se la he empezado a chupar. Yo no tengo mucha experiencia con eso, pero creo que lo hacía bien porque lo disfrutaba. Luego él me ha pedido que me pare, me ha volteado, me bajó el pantalón, la ropa interior y me ha empezado a besar las nalgas, luego a abrirlas con su mano y después a empezar a meter su lengua dentro de mi culo. Si sabía que era el 69 por videos, pero nunca lo había hecho con alguien. Se lo pedí hacer y subimos a su cama. Hemos estado así por minutos y luego vino la penetración.

    Ese hombre tenía un pene grande y me hizo llorar. Pese a todo eso, lo disfruté y sentía como disfrutaba él también.

    Me ha agarrado de las caderas y sentía sus embestidas en perrito. Se ha subido sobre mi y me ha taladrado a su antojo. Me agarró piernas al hombro, de costado, sobre el filo de la cama, me hizo que me pare y le de sentones.

    Luego de eso se quitó el condón y se corrión en mis nalgas, me pidió que las abriera con mis manos y se corrió. Se tumbó sobre mi y solo nos reíamos. Me besó, me dijo que antes había tenido una experiencia con otro hombre, pero habían pasado muchos años de eso. Que no se sentía preparado o no pensaba volver a tenerlo, pero que me conoció y tampoco se imaginó que a mi me gustaba él.

    Así suceden las cosas, fluyen poco a poco. Luego de eso nos vimos un par de veces más debido a que él debió viajar a visitar a su hijo y creo que se quedó por allá.

    A veces me escribe para saludar, igual yo. Más que algo carnal que disfrutamos, fue la amistad primero. Ya no nos hemos visto más, pero ambos nos guardamos mucho cariño y respeto, de eso estoy seguro.

    ¡Saludos!

  • Mi nueva familia y mi prima tímida (10) Milagros inesperados

    Mi nueva familia y mi prima tímida (10) Milagros inesperados

    Hola a todos, después de un buen tiempo continuo con este relato, disculpen a todos los que me escribieron con correo, pero no he estado muy conectado últimamente, espero este capítulo sea de su agrado.

    – ¿Se puede saber por qué me andas espiando? .- Le increpe a Milagros casi gritando y sin tratarla de usted como lo hubiera hecho en otra circunstancias, mientras la miraba a los ojos con una mirada de furia que no era propia de mi.- Quien te ha dado el derecho o la confianza para irrumpir mi privacidad, se que esta no es mi casa pero en lo que tengo entendido el departamento del tercer piso es mio y tengo derecho a que no metan sus narices en mis asuntos!.- Termine de decirle mientras bajaba mi tono, estaba en la calle y no quería causar una escena a la vista y paciencia de mis vecinos.

    Entre molesto a la sala mientras pase por el lado de Milagros apretando los puños, lo que en realidad me tenía enojado era saber Milagros me hubiera podido ver con Flavia o Glenda y hubiera sido mi fin, respire profundo mientras salía al jardín del primer piso a fumar un cigarro aprovechando que mi tía no estaba en casa. Milagros no tardó mucho en alcanzarme.

    – ¿Me invitas un cigarro? .- Me dijo estirando su mano derecha.

    Le respondí acercando mi cajetilla para que ella tomara uno y le ayude a encenderlo como siempre hacía cuando una mujer me pedía un cigarro.

    – Te debo una disculpa.- Continuo Milagros .- Tienes todo el derecho de enfadarte, mira es que pensé que la casa estaba totalmente vacía y luego escuche a varias personas bajar por las escaleras, me asuste un poco y quise subir a ver que sucedía, al llegar a la salita la vi vacía y algo desordenada y al ver la puerta de tu habitación cerrada me preocupe, me di la vuelta por el jardín del primer piso y al llegar a la ventana puede ver a ti y a tu novia bueno, ya sabes, tirando como locos, ya me estaba retirando cuando volteaste a verme, y el comentario que hice hace rato solo fue para ser graciosa, no quise que lo tomaras a mal..- Milagros me mostró un cara de arrepentimiento legítima, no podía enojarme con ella, o sea, ella no sabia que habia alguien en casa y de la nada escucha 3 personas bajar del tercer piso cuando ninguna había subido, yo también me hubiera asustado.- Luis lo siento, pero para ser 100% sincera contigo vi prácticamente todo el acto, lo siento pero yo soy asi de directa para casi todo, verlos a ustedes dos tirar fue de lo mas exitante que haya visto en mucho tiempo, y si no hubiera estado al interperire seguramente me hubiera hecho tremenda paja mientras los veia a ustedes.

    Las palabras de milagros me dejaron con la boca abierta, no terminaba de entrar en mi cabeza lo que me acababa de decir, y antes de poder organizar alguna respuesta en mi cabeza milagros me levanto la mano como deteniéndome antes de que diga algo.

    – Pero mis disculpas son totalmente reales y sinceras, no debí hacerlo, y estuve totalmente fuera de lugar, no te preocupes que no le diré nada a Ángeles o a tu Tío, puedes quedarte tranquilo.- Apagó su cigarro en una maceta cercana y se retiró del jardín rumbo a la cocina.

    Termine mi cigarro con las palabras de Milagros aún retumbando en mi cabeza apague la colilla en la misma maceta y subí a darme un baño, era demasiado lo que estaba sucediendo, nuevamente se agregaba otra variable más a mi ya ocupada vida sexual, ahora tambien deberia de preocuparme por Milagros que resultó ser una voyerista y que no le daba pena ocultarlo, por lo que si quería que lo mio con mis primas siguiera sin ser revelado debía de actuar con más cautela. Al salir de la ducha oí como mi Tía Ángeles y Glenda llegaban junto a Romina, mientras me terminaba de cambiar escuche pasos afuera de mi habitación seguido de 3 golpes a la puerta cuchicheo y risas.

    Abri la puerta mirnado de frente haciendo el chiste tonto de que no podia ver quien tocaba por que no veia a nadie.

    – Vaya debo de estar oyendo cosas.- Dije mientras ignoraba a Glenda que me miró con una sonrisa desafiante, me disponía a cerrar la puerta cuando mire hacia abajo y dije.- Ohh Glenda eras tu, disculpa primita no te vi.

    – Ja Ja, Tonto. -Me respondió de mala manera pero con una sonrisa que no era normal en ella cuando no estaba a solas conmigo.

    – Te presento a mi primita favorita, Romia.- mientras la tomaba por los hombros y la ponía al frente mío como si no pudiera verla bien estando parada a su lado.

    Romina era menor que Glenda y ciertamente más pequeña, no mucho pero al ser contextura más fina se le veía mucho más pequeña, Tenia el cabello negro como Milagros unos labios rojos, unos pomulos finos y levantados y sus ojos eran cafes oscuro y achinados, esto ultimo por que su padre pertenecia a la comunidad Nikkei en mi pais, su piel era muy blanca incluso mas que la de Flavia, tenia puesto una playerita de color azul turquesa que debaja ver su ombligo y unos shorts blancos que llegaban a la mitad de sus muslos.

    – Hola Sr. Luis mucho gusto.

    – Mucho gusto Romina.- Le dije estirando mi mano para estrechar la suya.

    – Jaja Luis no es un señor, no le digas así.

    – No le hagas caso a Glenda Romina, no todas deben de ser mal educadas como ella.- Le dije esto último sacando mi lengua en lugar de burla.

    Las dos se rieron al mismo tiempo y yo con ellas.

    – Oye mi Mamá me pregunto si nos acompañas a comer algo.- Me dijo Glenda mientras se sentaba en el sofá de la salita.

    – En realidad ya comí algo mientras estaba con mi grupo de estudio, estoy algo lleno aun.

    – Oh, entiendo, bueno le diré entonces, nos vemos después.- Me dijo mientras tomaba la mano de Romina y se iba con ella cuchicheando escaleras abajo.

    – Nos vemos.- Les respondí mientras se alejaban.

    Tome mis llaves, billetera y celular para salir a comprar, mi encuentro con Ximena me había dejado preocupado por algunas cosas, yo estaba siendo muy descuidado cada vez que tenía un encuentro con mis primas, ya estaba jugando mucho con mi suerte, fui a una cadena de farmacias que quedaba cerca a la casa y compre varios preservativos junto con un lubricante saborizado, este último tenía pensado usarlo con Ximena ya que descubri que le gustaba que le dieran por el culo, mientras pensaba esto y la cajera de la farmacia me miraba con cara de pervertido recordé que Ximena era ahora mi Enamorada.

    – Puta madre.- Dije en voz alta mientras sacaba mi celular del bolsillo y vi 2 llamas perdidas de ella y varios mensajes a mi whatsapp.

    Tenía varias conversaciones pendientes, pero me centré en la de Ximena, pensé que estaría enojada al no hablarle para saber si ello bien o algo así, pero fue todo lo contrario. EL primer mensaje era avisando que llego bien a su casa, y los siguientes preocupada por que no le respondía, luego había uno en el que me decia «No se por que me preocupo, tu nunca atiendes el teléfono», le respondí pidiendo disculpas y diciendo que luego de hablar con milagros y aclarar las cosas me fui a dar un baño y me quede dormido, no era necesario mentirle pero tampoco quería quedar como el despreocupado que en verdad era. Me entendió, me dijo que ella estaba molida y que se iría a dormir con una sonrisa, Me despedí de ella enviando un emoji de corazón y guarde mi celular ya que estaba llegando a casa.

    Ya era algo tarde y cuando entre en la casa no había nadie en la sala, subi rumbo a mi habitación sin encontrarme con nadie, al pasar por el segundo piso escuche conversaciones y risa en la habitación de Glenda, me imaginaba que ella y Romina la estaban pasando bien viendo una película o alguna serie de chicas.

    Llegue a mi habitación y recogí algo de ropa sucia que tenía en una canasta, me dirigí a la azotea y metí toda sin separar colores ni nada en la lavadora, seleccione lavado fuerte y mientras esperaba que termine el ciclo de lavado me puse a escuchar música y fumar un cigarro. Mi cabeza se sentía fuera de lugar, supongo por todo lo que estaba viviendo, el hecho de estar con Ximena me hacía feliz, pero al mismo tiempo, no sabia que podria ocurrir cuando Glenda o Flavia se enteren de esto, es decir, en algún momento se darían cuenta y quería ser lo más cuidadoso posible, no quería que armaran un escándalo y todo termine mal para mi. En fin pasaron varios minutos y el sonido de la lavadora me indicaba que el lavado estaba completo, retire mi ropa y la coloque en la secadora, yo nunca había usado una así que no estaba muy seguro de que opción poner.

    – Mi mama siempre pone la primera.- Me dijo una dulce voz desde la escalera.

    – Hola Glenda, ¿qué haces aquí? .- Le dije mientras la miraba con cara de sorpresa.

    – Pase por tu habitación a decirte buenas noches y no te encontré, así que luego de escuchar ruido supuse que estabas aquí.

    – Ok, bueno esta bien, gracias por la indicación y buenas noches Primita.- Le dije sin acercarme a ella, no quería alargar mucho mi despedida mas de lo necesario, no es que no disfrutara la compañia de Glenda pero mi cuerpo también tiene un límite y ese dia estaba muy cansado, es mas recuerdo muy claramente que si no fuera por el hecho de que ya casi no tenía ropa para ponerme ni si queira estaría lavando ropa a esas horas, eran casi la medianoche.

    – Solo te despediras así? .- Me cuestiono mientras se acercaba lentamente a mi con cara de niña regañada.- Mira que mi mama y mi tía ya me creen dormida, pensé que podríamos pasar un tiempo juntos.- Termino de decir mientras me sonreía pícaramente.

    – Glenda, no juegues, creí que estabas durmiendo con Romina, que pasa si se despierta o mi tia las va a revisar.- Le respondí entre susurros mientras la tomaba por los hombros .- Será mejor pasar tiempo otro dia, cuando no haya moros en la costa,

    – Está bien, entiendo, buenas noches Luis.- Se puso en la punta de sus pies para darme un tímido beso en los labios y se fue alejando de mi rumbo a las escaleras.

    Suspire aliviado y prendi otro cigarro, Glenda como siempre se veia hermosa con su cabello negro corto, sus ojos negros y su bello rostro, y ni hablar del cuerpo que escondia debajo de las poleras gigantes que le gustaba usar, era muy dificil resistirse a una mujer asi, y sin darme cuenta la verga se me empezo a poner dura de pensar en mi primita.

    Pasaron unos cuantos minutos más, definitivamente pasaba la medianoche y lo único que me animaba era saber que el siguiente dia tenia toda la mañana para dormir ya que el Café aún estará cerrado un dia mas, saque mi ropa de la secadora y me fui rumbo a mi habitación dispuesto a dejar la bola de ropa caliente en la silla de mi escritorio para doblarla dios sabe cuando. Llegué a mi cuarto y al abrir la puerta descubrí a Glenda con absolutamente ninguna prenda de ropa puesta en mi cama, abrí los ojos lo más que pude y arrojando mi ropa a la silla ya mencionada mientras le decia.

    – Glenda te haz vuelto loca?, te dije que esperes un poco, que nos podrían descubrir en cualquier momento.- Glenda no dijo palabra alguna solo paso de estar echada boca arriba y apoyada en sus codos a voltearse y dejar su hermoso culo a mi vista, yo por mi parte cerré haciendo el menor ruido posible la puerta de mi habitación.

    .- Si alguien nos descubre estaremos en muchos problemas.- Continué diciéndole en susurros .- Piensa un poco en la consecuencia de tus actos.

    – Tu piensa en los tuyos, por que me quieres sermonear y ya me estas agarrando el culo.- Me respondió por fin Glenda en un susurro mientras giraba su cabeza para darme una mirada de victoria.

    Mi subconsciente me había ganado, tenía la verga empalmada y ya mis dos manos estaban tocando el culo de Glenda, acariciaba sus nalgas como si pudiera saborearlas con mis dedos y para saborearlas de verdad las besé y empecé a hundir mi rostro entre ellas, su fragancia era deliciosa, no pude contener mis ansias y empecé a devorarla de una forma frenética.

    – Mmmm, que rico primito.- Me susurraba entre gemidos Glenda.- Sigueee!!.

    – Shhh no tan fuerte.- Le dije parando mi accionar y dándole una fuerte nalgada.

    -Mmmm.- Siguió gimiendo Glenda mientras empezaba a morder mis sábanas para no hacer más ruido.

    Mi cara estaba empapada de la humedad de mi primita, y mi verga ya no resistía estar 1 segundo más sin sentir el calor de su panochita. La tome por su tobillo izquierdo y levante su pierna para ponerla boca arriba, tome su otro tobillo y la jale hasta que sus piernas quedaron colgando a un lado de la cama, Glenda me miraba extrañada por lo brusco de mis movimientos, yo por mi parte me quite mi camisa y los shorts que tenía puestos, abrí el cajón de mi velador y saque uno de los muchos condones que habia comprado esa tarde, como mencione y no podía seguir siendo descuidado con ese tema, lo abri con los dientes mientras que mi primita cambiaba su expresión de sorpresa a una sonrisa de lujuria total, mientras enrollaba el preservativo en mi verga Glenda tomo sus piernas con ambos brazos y las abrazo en su pecho dejando su rosada conchida a mi merced.

    -Ya metemela si? .- Me susurro.

    Yo ni corto ni perezoso y sin decir palabra alguna, tome mi verga y la enfile en la entrada de su conchita, por la forma en la que tenía sus piernas sentí su rajita más estrecha que nunca y a pesar de lo mojada que estaba me costó meterla completa.

    – Ufff que apretada que estas Glendita.- Le dije en voz baja cuando al fin pude meterla completa.

    – Ahhh, ya muévete!!!.- Me dijo mordiéndose los labios para no gritar.

    Empecé un lento mete y saca apoyándome en la parte trasera de sus muslos con ambas manos, haciendo que levantara sus caderas para facilitar mis movimientos.

    – Mmhh, siii.- Se escuchaba gemir a mi primita cada vez que aceleraba mis movimientos.- Mmh mmh sii mmm sii.- Cada vez sus gemidos eran más fuertes y no era suficiente con morderse los labios.

    Solté uno de sus muslos y le tape la boca con la palma de mi mano, no se si fue una buena idea, ya que empezó a hacer ruidos incluso más fuertes que sus anteriores gemidos.

    – Mhhhh.

    – Glenda por favor no hagas más ruido.- Le dije mientras presionaba mi mano fuertemente contra su rostro al tiempo que le hundía mi verga hasta lo más profundo de su rajita.

    Sentí de pronto como su respiración se entrecortaba y sentí como su rajita empezó a latir abrazandolo lo más fuerte posible mi verga y tras unos segundos así soltó sus piernas y me empujo con ambos brazos interrumpiendo mis embestidas y haciendo que mi verga salga de su interior.

    – Ya que lastimas.- Me dijo con la respiración entrecortada.- ufff, perdon primito pero ya no aguantaba más.

    Yo con el corazón a mil y mi verga dando botes de lo dura que estaba me quedé contemplando a mi primita sentaba en el borde de la cama totalmente desnuda con la rajita empapada y bañada en sudor, no lo pensé mucho, me saque el preservativo de un tirón y lo arroje a un lado de la cama, tome mi verga con mi mano derecha y empecé a hacerme una paja, ahí parado delante suyo sin decirle nada o pedir algo a cambio. Glenda no se había dado cuenta de lo que hacía, ella estaba mirando para abajo, no se si viendo su rajita o sus piernas o yo que sé, pero el sonido de la fricción de mi mano acariciando mi verga hizo que levantara la mirada, Sus ojos brillaron al ver mi accionar.

    – ¿Es para mi? .- Me pregunto con cara de niña buena y llevando una de sus manos a su pecho como expresión de halago.

    – Solo para ti primita.- Le mentí mientras le sonreía con la respiración agitada.

    Puso su torso hacia atrás regalándome sus pequeñas tetitas y tiró su cabeza hacia atrás mirando al techo de mi habitación, me estaba ofreciendo su cuerpo como lienzo y no me demoraría mucho en pintarlo.

    Aceleré mi paja al ver sus pezones rosados a mi total disposición y sin ningún miramiento me empecé a venir sobre mi primita. El primer chorro salió disparado y dio en su cuello, Glenda al sentirlo bajo la mirada con su ya típica mirada de victoria, el segundo y tercer chorro los apunte lo mejor que pude a sus pequeñas tetitas, Glenda al ver que mi corrida ya terminaba se abalanzo sobre mi verga y la succiono las últimas gotas que salían de esta con un vicio absoluto, recogió con sus dedos todo rastro de mi corrida y se los metia a la boca como si se tratara de nutella, yo Solo observaba su accionar aun parado pero apoyado en la pared, estaba exhausto de por todo el trajín de ese dia y me parecia increible que un tuviera fluidos en mi cuerpo para correrme de esa manera, supongo que así de excitado me ponía Glenda.

    – Que rico, no me podía ir a dormir sin tomar mi leche.- Me dijo Glenda con cara de niña buena nuevamente, se paró y dando un salto para poder llegar y jalar mi cuello para abajo me dijo un largo beso, nuestras lenguas se juntaban y trataban de agarrarse mientras nuestros fluidos se mezclaban dentro de nuestras bocas, definitivamente uno de los mejores besos que he tenido.- Me voy a lavar rapido si?

    – Está bien, pero no te demores si? .- le respondí dándole una juguetona nalgada cuando se dio la vuelta.

    Apague la luz de mi habitación, abrí las cortinas y abrí una rendija en mi ventana lo suficiente como para poder sacar mi mano con un cigarro encendido afuera, lo de las luces fue paranoia mía, pensando que así como Milagros alguien mas podia ver por mi ventana y verme desnudo junto a Glenda.

    – ¡Ja!.- me reí irónicamente en voz alta, pensando en lo que me había revelado Milagros horas antes.

    – ¿De que te ríes? .-Me dijo Glenda saliendo del baño ya con su ropa puesta.

    – Nada Primita, cosas del trabajo que me acabo de acordar.- Le mentí nuevamente.

    – esta bien, ¿Me puedo quedar…

    – Ni lo digas, de ninguna manera, Glenda no te puedes quedar a dormir aquí, Romina puede despertar en cualquier momento y no te encontrará en tu habitación.

    – Eso lo se tonto, ya no me sermonees, te preguntaba si me podia quedar con tu camisa?

    – Heee si claro, por qué no Primita, pero eso si, ten mucho cuidado al guardarla.

    – Siiii y tranquilo, mi mama ya no revisa mi habitación, ya no soy una niña.- Sus gestos y reacción decían lo contrario, pero quién soy yo para contradecirla.

    La continué mirando mientras recogía mi camisa y la empezaba a oler, Glenda era una delicia de mujer y yo me sentía muy afortunado de tenerla cada vez que podía, increíble que hace unos minutos me estaba negando a tener sexo con ella.

    – Bueno Luis, ya me voy antes de que me tenga que lavar de nuevo.- Me dijo sonriendo y dando una mirada a mi verga que empezaba a levantarse de nuevo.

    – Jaja ok primita.- Le dije soltando el humo que tenía dentro de mis pulmones por la ventana.

    Se acercó a mí para darme un último beso y salió cerrando tras de ella la puerta de mi habitación. Apague mi cigarrillo en mi cenicero, fui a darme un corto baño, me puse un boxer limpio de la pila de ropa limpia y me deje caer casi desmayado en mi cama.

    Desperté a eso de las 10 am, un rayo de luz entraba por la cortina mal cerrada que dejé anoche y si no fuera por eso no me hubiera levantado en un par de horas más. Fui al baño me lave el rostro, me puse un short deportivo y hice una rápida rutina de pesas y ejercicio para no perder la forma, me di un baño y me servi cereal con yogurt para no tener el estómago vacío, todo esto sin siquiera mirar mi celular que si no fuera por que se cayó de mi velador de lo mucho que vibraba ni cuenta me daba de su existencia.

    Flavia me estaba haciendo una videollamada por whatsapp, me peine un poco y le conteste.

    – Vaya primito hasta que respondes, ya hasta estaba a punto de preguntarle al engendro que tengo por hermana por ti.- Me dijo como saludo Flavia

    – ¡No comiences, Flavia! .- Se escuchó a lo lejos decir a mi tio.

    – Hola Flavia, ¿cómo estás?

    – Yo muy bien y tú como estas?, que tal todo por allá?

    – Bien todo bien.

    – Me contaron que ya conociste a mi tía Milagros y a Romina, ¿verdad que son unas personas maravillosas?

    – Si claro, bueno no he tratado mucho con ellas aun, pero se nota que son cheveres.

    -Si que lo son, bueno quería saber en qué andabas, pensé que estabas trabajando o algo que no respondes mis mensajes.

    – Lo siento, en realidad tengo el día de hoy libre y bueno me quedé dormido más de lo normal.

    – Claro, Claro, te lo mereces mejor que nadie, descansa lo mejor que puedas que pronto estarás más cansado aún.- Me dijo mientras me guiñaba un ojo.

    – Flavia! .- Le dije mientras le daba una mirada de pocos amigos.

    – Tranquilo mi papá está lejos, pero bueno ya me tengo que ir, un beso cuidate.

    – Un beso Flavia ya nos vemos.

    Respondí algunos mensajes de mis grupos de estudio y de alguno de mis amigos, y claro de Ximena, mi flamante nueva enamorada que me invitaba a cenar esta noche, imposible decirle que no, asi que quedamos que pasaría por mi a las 7 pm e iríamos a ver una película y a comer algo, me puse a pensar que me pondría cuando entre pensamiento y pensamiento recordé lo de anoche y queria saber donde escondió Glenda mi camisa, ya saben por si mi tía la encuentra o algo asi, no confiaba al 100% lo que me decía. Me puse un polo y bajé mientras pensaba en cualquier excusa para ir al cuarto de mi primita, al llegar al descanso de la escalera vi que no estaba el auto de mi tia.

    – Bien.- Me dije a mi mismo en voz alta ya que esto significaba que mi tía y posiblemente Milagros no estaban en la casa, empecé a bajar lentamente lo que quedaba de escaler y me quite los zapatos antes de empezar a caminar por el pasillo, quería darle un susto a mi primita.

    Camine sigilosamente por el pasillo y vi la puerta de las habitaciones de mis tíos y la de Flavia abiertas, sin nadie en su interior, era más que seguro que Glenda y Romina estarían solas, me acerque a su puerta y gire el pomo lentamente.

    Entre abrí la puerta y metí mi cabeza para ver donde estaban, pero encontré algo totalmente inesperado. Romina estaba sentada sobre una almohada en el suelo mientras se movia freneticamente como si la cabalgara y tapandose la cara con ambas manos tenía mi camisa la cual olía fuertemente como si fuera adicta a su aroma, mire por todos lados de la habitación y lo que pude ver del baño de Glenda, pero no había rastro de ella, Luego recorte algo de una cita con un manicurista o algo así que había comentado días atrás, eso debía de ser, pero por qué dejaron a Romina?, no tenía sentido, o por lo menos no lo tenía en ese momento, no estaba seguro de que hacer, estaba totalmente empalmado, romina tenia un short de licra de color azul oscuro y no tenia puesto payera o sujetardor alguno, sus pequeños senos estaban al aire libre y sus pezones oscuros estaban totalmente parados.

    – mmm .- escuchaba gemir a Romina en mi camisa.

    No me resisti mas libere mi verga y empecé a pajearme como desesperado, trataba de coordinar el movimiento de mi mano con el movimiento de sus caderas frotando sobre esa almohada, y claro por la torpeza de mis actos y mi excitación le termine dando un fuerte golpe a la puerta con mi codo. La puerta se abrió de un solo golpe revelando detrás de ella, con mi short y boxers en las rodillas y con mi verga totalmente erecta.

    -Aaaah.- Grito Romina mientras se tapaba sus senos con mi camisa

    – No shhh, lo siento no es lo que parece, yo solo quería asustar a Glenda y bueno te encontré a ti.- Le dije mientras extendía mis manos hacia ella tratando de hacer que se calme y no haga tanto escándalo.- Discúlpame de verdad, ya me voy, haz como si no hubiera visto nada.- Le dije mientras subí rápidamente mi short y boxers.

    Romina no dijo absolutamente nada, solo se quedó viendo como guardaba mi verga mientras abrazaba mi camisa a su pecho, yo cerré la puerta y salí casi corriendo a mi cuarto. Entre en mi habitación y me tome la cabeza con ambas manos sentí que la había cagado, claro Romina le diría a su mamá y todo se acabaría, yo ya me estaba viendo sin casa viviendo debajo de un puente y todo por caliente, no podía contenerme ni un solo momento, pero claro como me voy a contener con tremenda imagen, y que hacía Romina oliendo mi camisa ?, por que la habían dejado sola?, mientras en mi mente pasaban mil pensamientos la puerta de mi habitación, respire profundo y tomando valor la abrí.

    – Mira Romina, lo siento mucho, es que no me pude contener, tu eres muy bonita (no era la palabra exacta para describirla, pero no quiera decir algo más subido de tono) y te vi haciendo eso, no pensé que me vieras, estoy muy avergonzado.- Le dije tratando de sonar lo más arrepentido posible, y bueno si lo estaba.

    -Está bien Luis, también es mi culpa, Glenda me contó sobre ustedes …- Cuando la escuché decir esto último el corazon casi se me sale por la boca.- … se que no se tratan como amigos y que hacen «cosas», yo le dije que no le creía, así que me dijo que me lo comprobaría.- Romina se notaba muy nerviosa para nada era la chica sonriente que conocí el ayer.

    – ¿Qué te contó que?, ¿Qué tipo de pruebas? ¿Mi camisa? .- Le hice una pregunta tras otra claro que no me respondería inmediatamente.

    – No exactamente, me dijo que cuando sea de noche la siguiera, primero fuimos a tu habitación, yo detrás de ella, pero no estabas, escuchamos ruido en la azotea y fuimos allí.- La escuchaba sin poder procesar lo que me estaba contando- Estabas lavando ropa, no escuche muy bien lo que hablaron solo vi que al despedirse se dieron un «pico», al bajar le dije que eso no probaba nada, ella me contesto diciéndome » Ya veras», luego me llevo en silencia hasta el patio y me pidió que subiera las escaleras y sin hacer ruido espere ahí.- Romina termino de pasar en mi habitación con la cara totalmente roja.- Al rato pude ver como ella entraba en tu habitación, se quitaba la ropa y te esperaba totalmente desnuda, y bueno luego tu llegaste y… ya sabes.

    – No puede ser.- Dije en voz alta tomándome la cabeza nuevamente, yo pensaba que tenía mala suerte y al final Glenda hizo algo pero aun.- ¿Que tanto viste? .-Le pregunté tratando de parecer calmado.

    – Bueno que ustedes estaban teniendo «sexo».- La ultima palabra la dijo casi en un susurro.- Luego salí corriendo cuando tu te acercaste a la ventana y espere a que Glenda bajara y al final me dio tu camisa y me dijo que era un «Souvenir» para mi.

    No sabia que decir me senté en el borde de mi cama mientras Romina estaba apoyada en mi escritorio, sentía que los juegos de Glenda estaban llegando demasiado lejos y que debía de ponerle un alto ahora mismo por que luego seria demasiado tarde.

    Mire mi ventana y vi la cortina mal cerrada como la había dejado anoche, molesto por no ser mas precavido y que me veían dos veces de la misma manera me levante de donde estaba sentado y la cerré lo mejor que pude sin dejar que pase un solo rayo de luz por ella.

    – Bueno Romina, está bien, olvidemos todo esto, yo más tarde converso de lo que pasó con Glenda, por favor no se lo comentes a nadie más.- Le dije mientras terminaba de arreglar las cortinas.

    Terminé de hablar y me senté en el borde de mi cama nuevamente mientras miraba mis pies, escuche la puerta de mi habitación cerrarse, mire hacia arriba pensando que Romina se había ido, pero no. Sus mejillas estaban muy rojas, sus ojos me miraban firmemente y sus piernas se comenzaron mover hacia mi, me incorpore un poco extrañado en su accionar, trate de detener su avance con mis manos pero ella las tomo y las dirigió hacia su cintura, paso sus piernas sobre las mías subiéndose sobre mi pelvis, me estaba tratando como si fuera su almohada. Trate de besarla pero no me dejo solo olio mi cuello y empezó a frotarse sobre mi, primero lento y en círculos, pero cada vez presionaba mas su sexo contra mi, sobre todo cuando empezó a sentir mi verga ponerse dura, como no estaba acomodada de la mejor posición, la levante de la cintura, sentándome un poco mas atrás en la cama y poniendo mi verga hacia arriba, ella subió sobre mi casi interrumpiendo mis movimientos haciendo que quede echado y ella sobre mi. Al sentir lo dura que estaba mi verga se empezó a frotar nuevamente duro y lento pero esta vez alternando sus movimientos en círculos y de adelante hacia atrás, yo la tome de la cintura y acompañaba sus movimientos, pero mi boxers me lastimaba un poco.

    – Me puedo quitar el short y boxers, es que me esta lastimando .- Le dije con una sonrisa.

    – Si claro, a mi también me fastidia.- Me dijo Romina mientras se levantaba.

    Me quite rápido el short y el bóxer, no quería perder ni un solo minuto, los deje a un lado de la cama y vi a Romina quitarse la playerita blanca que tenia puesto y los short de licra para revelar un tanga de color rosa con rayas blancas horizontales que estaban mas oscuros de la parte baja demostrando lo mojada que estaba. Yo con mi verga al descubierto vi como Romina se subía sobre mí nuevamente pero esta vez sentía toda su humedad sobre mi.

    – Mmmm ahora si .- Dijo Romina con su fina voz.

    Apoyó ambas manos en mi pecho y comenzó a frotarse sobre mi, esta vez las expresiones en su rostro eran totalmente diferente, se notaba como esto era lo que ella buscaba, se frotaba en círculos en la punta de mi verga y cambiaba nuevamente de adelante para atrás recorriendo toda, debido a su humedad sentía que se deslizaba sobre mi, me sentía como su juguete personal, no se cuanto tiempo mas paso asi pero de pronto sentí como sus movimientos se volvieron frenéticos, estaba prácticamente saltando sobre mi verga, lo que me lastimaba un poco pero no iba a detenerla.

    – Ahhh.- Grito nuevamente Romina, pero esta vez su grito no fue de susto si no de placer.- Mmmm.- siguió gimiendo mientras me abrazaba y me respiraba el cuello.

    – ¿Estas bien? .- Le pregunté abrazándola suavemente.

    – Si, todo bien.

    Se levantó de encima mio y se bajó de la cama, yo me senté nuevamente en el borde con mi verga aun parada en mi mano.

    – Si, no me olvido de ti.- Me dijo sonriéndome con sus mejillas rosadas.

    Se arrodillo delante mio y empezo a hacerme una torpe pero deliciosa paja con sus dos manos, se notaba claramente la inexperiencia que tenía, por momentos la movía de un lado para otro como si fuera un juguete nuevo, mi verga estaba totalmente resbalosa por su propia humedad lo que se sentia increible, simplemente me relajé mirando al techo y bajar la mirada para verla fue el detonante, me empecé a correr, Romina no sabía bien qué hacer al sentir mi leche caer sobre su frente y cabello, trato de meterse la cabeza a la boca pero al sentir como salía mi semilla apartó la boca dejando caer mi semen en el piso, saco su lengua como esperando que tuviera otro sabor y se lamió los brazos para quitarse el sabor de la boca.

    – Jajaja tranquila Romina, ese es un gusto que se adquiere con el tiempo.

    – jijiji pensé que seria Dulce.- Me respondió riendo juguetonamente.

    – Oye, por cierto, esto fue algo de una vez, no podemos repetirlo, por favor no se lo vayas a decir a Glenda.- Le dije yo con la cara un poco más seria pero sonriendo al final para seguir teniendo complicidad entre nosotros.

    – Si está bien, no te preocupes Luis, no diré nada.- Me dijo Romina mientras se ponía la ropa.- Me voy abajo no vaya ser que regresen antes.

    – Ehhh si claro.- Le dije, pensé que podríamos pasar un rato más, ya que el tema de las uñas demoraba mucho tiempo según mi experiencia previa.- Pero por qué no mejor te quedas un rato y hace…

    – Oki nos vemos después.

    Y salió corriendo de mi habitación dejándome con la palabra en la boca y la verga en el aire.

    ….

    Muchas gracias a todos por leer hasta aquí, y sobre todo muchas gracias a los que me han estado escribiendo todos estos meses por la siguiente parte, disculpenme pero he andado muy ocupado.

    Una mención especial a Maria de Argentina que además de estar solicitando la siguiente parte se preocupó mucho por mi repentina desaparición en los relatos, un abrazo.

    Como siempre pueden escribirme para cualquier consulta o crítica a mi correo [email protected], los leo a todos.

    Buenas noches.

  • Probando mujer…

    Probando mujer…

    No soy lesbiana; me gustan los hombres. Tuve mis novios y ahora soy casada; pero hubo una ocasión que aún recuerdo y que me moja.

    Estaba en la universidad. Tenía muchas amigas y amigos; me gustaban las fiestas y los bailes y a veces pedía permiso para no llegar a mi casa.

    Fui a una fiesta con muchos de mis amigos y amigas. Cómo sabía que no iba a regresar a mi casa, pedí permiso para quedarme con una de ellas.

    La fiesta terminó tarde. Estábamos con algunas copas en la cabeza. La muchacha que me iba a dar asilo, se fue con un tipo que conoció y ahí me dejó.

    Otra compañera que yo conocía solo de vista, me ofreció darme asilo. No la conocía bien; pocos compañeros le hablaban. Era bonita sin exagerar.

    Yo más cansada que suspicaz, acepté. Me llevo en su auto y la platica era amena.

    Llegamos a su departamento y me ofreció un trago antes de irnos a dormir. Mientras tomábamos, me dijo que si nunca había probado con una mujer. Le dije que no y que no tenía curiosidad.

    La bebida me hizo sentir adormilada; pero estaba consiente.

    Ella se me acercó y me empezó a desabotonar la blusa. Mi brasserie quedó al descubierto; pude ver sus ojos que me miraban con lujuria.

    Bajó la copa un poco y descubrió el pezón, sin quitármelo. Mamaba y chupaba con maestría y me estaba excitando; no se apresuraba, se tomaba su tiempo, era mujer sabia lo que yo necesitaba para mojarme. Mientras me chupaba un pezón, me acariciaba la otra de manera deliciosa. Yo gemía de placer. Me estaba llevando al orgasmo, ningún hombre hizo lo que ella estaba logrando.

    Se estaba quitando el pantalón y la panty. Cuando estaba a punto de venirme, ella se quitó.

    – Chúpame… hazme venir con tu boca.- me dijo mientras acercaba sus labios vaginales a mi boca.

    Un olor enloquecedor llenó mi nariz; un instinto animal me invadió; necesitaba mamar ese líquido.

    Su vagina manaba chorros de ese jugo; comencé a chuparlo con desesperación; era delicioso, mi boca y mi mente se deleitaban con su sabor. Me tomó de la cabeza y me empujaba hacia ella. Restregaba su clítoris en mi boca; ella gemía con placer.

    – Me estoy viniendo… me estoy viniendo en tu boca… chupa todo lo que sale…- me decía mientras empujaba mi cabeza hacia sus labios vaginales y temblaba por el orgasmo.

    Un líquido blanco más espeso salió de ella; nunca había probado algo tan delicioso. Libe cada gota que salía de ella con fruición; me excitaba sentir el temblor de su cuerpo durante su orgasmo.

    Me sentía muy mojada; quería terminar necesitaba venirme…

    Ella se alejó y momentos después, regresó con un strapon enorme.

    – Ahora te toca a ti…- me decía mientras me bajaba el pantalón…