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  • Adelante oprime, atrás estruja

    Adelante oprime, atrás estruja

    Al sonar el teléfono veo que quien llama es Matías, compañero de la universidad, de mi edad, casado con Sofía, de treinta y dos, tres años menor que él.

    – “Hola amigo, qué gusto escucharte”.

    – “Igualmente David, con este asunto de las facilidades que da el teléfono, hace tiempo que no nos juntamos en esas comidas tan agradables. ¿No será que el bomboncito de tu mujer, al ser menor, se aburre con los viejos?»

    – “No exagerés que solo le llevamos diez años, ya tiene veinticinco, y conmigo no se aburre”.

    – “Entonces mejor que mejor, pues quería invitarlos este sábado a cenar, seremos tres parejas, la otra son amigos de hace poco, pero gente muy agradable. ¿Te parece bien a las diez de la noche?”

    – “Perfecto nos vemos en dos días”.

    Los recién conocidos resultaron muy agradables, en la treintena, de buen aspecto y charla entretenida. Tenían un estudio fotográfico y, a lo largo de cuatro años habían ido evolucionando y abarcando algunos rubros más rentables. De cubrir modestas reuniones familiares, habían avanzado a producciones artísticas, pasando a publicidad en un rubro bien rendidor como es la lencería.

    En el desarrollo de este último, habían surgido pedidos personales de algunos clientes, que encantados con las modelos, pidieron alguna producción más atrevida, mostrando algo más, en movimientos y actitudes sugerentes. La razón de este pedido era que las damas evidenciaban una cierta espontaneidad, lo cual tenía el encanto de la ingenuidad contrastando a favor respecto de las profesionales.

    Estos trabajos eran más esporádicos pero aportando el triple de ganancia. Por el momento estaban ahí, pero siempre abiertos a cosas nuevas.

    Como mis amigos sabían que Zulema no tenía trabajo estable sino que era llamada para eventos o promociones, pensaron que le podría interesar sumarse a la actividad que llevaban los cuatro. Las dos mujeres modelaban y los hombres estaban en tareas de preparación de instalaciones y equipos. Muy ocasionalmente cumplían funciones de relleno en alguna secuencia que aconsejaba la presencia de un varón.

    El físico de mi pareja se ubicaba en un rango a mitad de camino entre Sofía, más exuberante, y la delgadez de Claudia.

    La amistad con Matías y señora les daba la confianza suficiente para hacernos la propuesta. Lógicamente la respuesta nos tomaría un tiempo de reflexión, pues las posibles consecuencias eran múltiples y variadas en cuanto a su importancia y gravedad. A primera vista podían fluctuar entre una leve alteración de nuestras costumbres hasta la ruptura de la relación matrimonial.

    Algo que dejaron bien claro fue que las sesiones las podría presenciar sin limitación alguna, cosa que me pareció muy bien, pues era la manera de que todo fuera transparente.

    Acerca de la participación en sesiones, de las llamadas sugerentes, yo me opuse. No estaba dispuesto a exhibir a mi señora, aunque fuera en imágenes. De todos modos, la decisión final la tomaríamos luego de presenciar una de fotografía y una de video.

    Al final quedamos en que mi esposa participaría, más que nada porque en algunos momentos no sabía en qué ocupar su tiempo. Lógicamente la actividad estaría reducida sólo a fotos de lencería.

    Una tarde decidieron hacer un desfile, solo para nosotros, de las prendas recién llegadas y lo llevaron a cabo pasando una a una, siendo mi señora la última. Evidentemente el fabricante sabía su oficio de hacer cosas atractivas, y las tres que modelaban cumplían muy bien la tarea, logrando que sus cuerpos, bellos de por sí, aumentaran su hermosura.

    Cuando Zulema concluyó su cometido, al reunirse con nosotros, me miró fijamente y, en un tono mezcla de reproche y sorpresa, me soltó:

    – “¡Estás empalmado!”

    Sin la más mínima vergüenza ni hacer ademán de cubrirme, dejé que las tres mujeres y los dos hombres vieran el bulto que se elevaba en mi pantalón, a la altura de la bragueta.

    – “Es verdad querida, la tengo tiesa y largando algunas gotas que mojan el calzoncillo”.

    – “Y no te da vergüenza que Matías o Lucio puedan pensar que estás así por sus esposas?”

    – “De ninguna manera, más aún, estoy satisfecho y contento. Que tenga el miembro erecto por mirar tres mujeres hermosas en ropa interior, a solo dos metros, significa que estoy dentro de la normalidad en lo que a salud mental y física se refiere”.

    En eso intervino el esposo de Claudia.

    – “David tiene razón y no sé por qué nosotros estamos intentando disimular lo obvio”.

    – “Es así querida, una cosa es que la fisiología humana funcione espontáneamente y otra que la persona, de forma deliberada busque lo ajeno. Eso sí es reprochable, pero yo ahí, no entré”.

    Como yo tenía mis obligaciones laborales en el estudio contable, tuve que coordinar algunas tardes cuando quería presenciar determinada reunión.

    En la tercera o cuarta semana se introdujeron ligeros cambios, ocupando también algunas mañanas. La explicación fue que se habían incrementado los requerimientos, algo que no me cayó bien, pues en horario matutino era sumamente complicado ausentarme del estudio. En esto sigo un conocido dicho <Todos los hombres son buenos, pero cuando se los controla, son mejores>.

    Cuando poco tiempo después la mañana pasó a ser el momento predominante para las reuniones, mi desconfianza se disparó.

    Por razones de comodidad, su caja de ahorro bancaria donde le depositaban los pagos convenidos, se la controlaba yo mediante la aplicación Home-Banking, y ella afrontaba generalmente sus gastos usando la tarjeta de débito. Cuando se juntaron detalles que alimentaron mis dudas sobre su conducta, empecé a observar con más detenimiento la cuenta, constatando algunas inconsistencias. En los últimos veinte días me mostró ropa que había comprado, nada barato, por cierto, pero el pago no figuraba en los movimientos. Ergo, había empleado efectivo.

    Por otro lado, sí figuraban los ingresos habituales y acordes a las sesiones fotográficas de lencería. La incógnita razonable estaba en el origen de ese dinero abundante que manejaba con tanta soltura. Obviamente estaba desarrollando otra actividad más rentable, pero no confesable.

    Una tarde que pude acompañar a mi esposa Lucio contó que habían recibido un stock de lencería particularmente insinuante por diseño y tamaño, invitando a las mujeres a mostrar algunos modelos. Luego de la exhibición Sofía preguntó a los tres varones a quien elegían. Cuando me tocó opinar dije que a mi mujer pues a ella la miraba, no con los ojos de la cara, sino con los del corazón.

    Después del intercambio de opiniones, Zulema y los dos varones se fueron a preparar las cosas para iniciar el trabajo, mientras las dos mujeres se quedaron charlando conmigo. Claudia, la más desinhibida largó la pregunta que parecía venir rumiando de un raro atrás.

    – “Recién dijiste que en la elección vos preferías a tu mujer, eso significa que nosotras ¿no te tentamos?”

    – “Eso podría pasar si estuviera muerto, pero con toda suerte sigo vivo, con los sentidos sanos y con buen gusto, así que debo reconocer la tentación que ustedes me provocan”.

    – “Esto sí es una sorpresa, pensé que, en caso de tenerla, no lo aceptarías”.

    – “Soy tonto, pero no a tal extremo”.

    – “O sea que, sin perjuicio de la preferencia, aprovecharías otras oportunidades”.

    – “Sería en caso que la tentación me doblegue”.

    – “¿Y creés tener fuerzas para resistirte?”

    – “No lo sé, es una temeridad pronosticar el futuro sin haber probado la propia fortaleza”.

    – “Probemos ahora, y como Sofía puede tener escrúpulos por el mayor grado de amistad, comenzaré yo. Si no logro motivarte lo suficiente seguirá ella”.

    Sentada frente a mí abrió lentamente las piernas mostrando, al fondo en la unión de ambas, la porción de biquini con los labios vaginales marcados en la tela. Luego, haciendo a un lado cada copa del corpiño, dejó al aire los pechos con sus pezones erguidos. Todo ello observándome atentamente, intentando ver el efecto en las facciones o en la entrepierna.

    – “Parece que algún efecto estoy logrado”.

    Ahí tomé conciencia de la elevación que se iba insinuando en mi pantalón, amén de morderme el labio inferior en franca mueca de deseo.

    – “Sin duda, pero por ahora aguanto”.

    El avance, buscando mayor efecto, fue deslizar la prenda inferior hasta medio muslo, subir los pies al sillón manteniéndolos separados, como dando marco a la conchita depilada que se asomaba en el centro.

    – “¿Vas perdiendo el equilibrio?”

    – “Todavía no, aunque ciertamente algo me tambaleo”.

    – “Redoblaré el esfuerzo”.

    – “Habrá que probar”.

    – “Sofía ayúdame, vamos juntas a ablandar a éste que se hace el duro”.

    Vencida una leve resistencia, la nombrada fue imitando los movimientos, pero sin mirarme, evidenciando una cierta vergüenza.

    – “Y, cómo vamos, ¿continua el aguante?”

    – “Algo más disminuido”.

    – “Compañera, es hora de abrir los labios”.

    Cuando ambas bajaron las manos para separar lo que cubría el ingreso a la vagina, casi pierdo los papeles. El espectáculo era para extraviarlos totalmente. Dos rozadas hendiduras, brillantes por el líquido que las bañaba me miraban como invitándome a sumergirme en ellas. Ignoro de dónde provino la fuerza que me mantuvo quieto.

    – “Si me preguntaran a cuál prefiero no sabría decirlo, ambas en tu tipo parecen deliciosas, y esas flores de pétalos abiertos, merecen un beso en tributo a su hermosura. ¿Puedo hacerlo?”

    Respondió la voz cantante.

    – “Por supuesto, y lo recibiremos con gusto y ganas”.

    La última reserva de fuerzas me hizo levantarme y ubicarme de rodillas frente a ellas, besarme la yema del índice derecho y depositarlo en cada clítoris que asomaba debajo del respectivo capuchón. Luego volví a mi asiento. La sorpresa causada fue mayúscula y, cosa rara, la que habló fue Sofía.

    – “¿Eso es todo?”

    – “Es mi agradecido reconocimiento al maravilloso espectáculo que me han regalado”.

    – “Sos realmente raro”.

    – “No creas, cuando me levanté, elegí conservar a Zulema”.

    – “¿Y vos pensás que ella te corresponde de la misma manera?”

    – “Es lo que espero y deseo”.

    – “Quizá tenga una debilidad”.

    – “Sí, puede ser, todos los humanos tenemos debilidades. La clave es no consentirla y, si hubiera caída, tomar conciencia, pedir ayuda y hacer lo conveniente para que no se repita, de lo contrario el vínculo vigente podría romperse”.

    – “¿Querés ver qué está haciendo tu señora en estos momentos, sola con dos hombres?”

    – “Tu invitación suena a desafío. No tengo interés en ver, a modo de control, en qué está ocupada”.

    – “Sorprendente tu postura tan confiada”.

    En eso llegaron Matías y Lucio detrás de mi mujer, ella cubierta con una salida de baño suelta adelante. Ahí pude captar un cabeceo de muda interrogación a Claudia, que esta respondió negativamente. Buscando desentrañar el sentido de ese diálogo gestual, me acerqué a Zulema deslizando por sus brazos la prenda que la cubría.

    – “Qué hacés, me voy a enfriar”.

    – “Despreocupate, un buen beso con abrazo y caricias incluidas te dará calor”.

    – “No, ahora no”.

    Tarde terminó de hablar pues ya la había dejado solo con el conjunto modelado anteriormente, mostrando una nalga algo irritada; esto lo vi de refilón pues de inmediato me dio frente. Ahí, sin darle tiempo la tomé de la nuca, enredando mis dedos en su pelo, para forzarla a arrodillarse y terminar de bruces contra el piso. Luego puse mi pie en su cuello.

    – “Querida, tenés dos opciones, la primera es levantar la colita para que pueda verte las nalgas, la segunda es que comience a presionar con el pie. Esto último genera dos ruidos desagradables, por un lado, la garganta tratando de hacer pasar aire, y por otro, el crack indicando vértebras quebradas. De cualquier manera, te voy a ver los glúteos, vos elegí”.

    Al parecer entendió mi argumento porque encogió las piernas y, elevándose sobre las rodillas levantó la grupa mostrando el contraste entre muslos blancos y nalgas rosadas, además de humedad en la bombacha.

    – “¿Qué pasó mi amor?”

    – “Me caí en el baño y el piso estaba algo mojado”.

    – “Gran suerte, si hubiera sido otra cosa ya estarías en el viaje sin retorno”.

    Mientras de levantaba con dificultad para sentarse en el sillón, cubrirse nuevamente, permaneciendo quieta y cabizbaja, me llegó la voz de Matías.

    – “David, estás desconocido”.

    – “Tenés razón, a veces la vida nos pone en encrucijadas de las cuales salimos distintos. A vos en cambio te veo como el amigo de siempre, salvo que me demuestres que debo ubicarte en el bando enemigo”.

    Mientras Sofía se arrimaba a Zulema preguntándole si se encontraba bien, yo seguí con mi despedida.

    – “Amigos, me voy porque me queda trabajo por hacer. Querida tratá de no caerte de nuevo y menos mojar prendas que luego hay que devolver. Sigan tranquilos la tarea, no vemos en otro momento, chau”.

    Regresé al estudio, tirándome abatido en el sillón grande y pidiendo un café cargado a Julia, mi secretaria. La pesadumbre aumentó cuando me puse a reflexionar sobre los sucesos recientes.

    La invitación de Claudia a ver qué hacían los tres ausentes, mientras teníamos esa conversación tan poco común, sonaba a suposición segura de que estaban enfrascados en algo más que una simple preparación del trabajo por hacer. Las miradas de complicidad parecían referirse al resultado del intento de seducción.

    Y por si eso fuera poco el estado en que mi esposa regresó a la reunión, eran datos en la misma dirección. Zulema tenía algo grave que ocultar y todo apuntaba a una infidelidad, sea en desarrollo, sea consumada.

    A partir de ese momento reduje a lo indispensable toda comunicación y suspendí cualquier muestra de afecto. Esa noche me acosté temprano, cambiando canales, hasta que llegó e hizo ademán de entrar a la cama.

    – “Qué estás por hacer?”

    – “Acostarme”.

    – “Tenés un olor que me provoca nauseas, andá a otra cama”.

    Julia, que había entrado a trabajar justo el año de mi casamiento, fue mi paño de lágrimas en ese tiempo de incertidumbre y sufrimiento hasta que los indicios se transformaron en evidencia. La tristeza, que día a día penetraba más, unida a la sensible ternura de esta joven intentando consolarme, nos acercó bastante.

    Decidido a cortar este proceso que a nada bueno conducía, decidí que lo iba a realizar en el mismo estudio, tratando de sorprenderlos en plena acción, y para ello elaboré un plan sencillo, efectivo y que no dejara rastros de su responsable.

    Lo usual, cuando decidía presenciar alguna actividad era que alguno de los que ya estaba dentro me abriera la puerta. Eso debía solucionar, de lo contrario la sorpresa sería imposible. Para ello una tarde aduje que necesitaba salir por media hora y, para no interrumpirlos, tomaría una llave que después devolvería. Así fue y, en ese lapso, hice una copia. Después compré una maza de cinco kilos, medio litro de ácido y una tonfa de las usadas por la policía.

    El ofrecimiento de Julia para ayudarme en todo lo que estuviera a su alcance facilitó la realización de aquello que contribuiría a dificultar mi identificación como responsable.

    El día elegido les avisé que no me esperaran pues tenía mucho trabajo con unas liquidaciones que vencían a la mañana siguiente. A las tres de la tarde, una hora después del momento previsto para iniciar, la llamé a mi mujer para avisarle que probablemente llegaría a casa a la hora de cenar pues tenías demoras.

    Después de cambiar mi vestimenta habitual, ya con el bolso preparado, le dejé a Julia mi celular con el encargo de mandar dos mensajes a Zulema, con veinte minutos de intervalo, simplemente para saber cómo llevaba la tarea.

    Un taxi me dejó a media cuadra del estudio donde abrí silenciosamente la puerta para, ya dentro, cubrirme y dejar a la vista solamente mis ojos. El espectáculo en desarrollo, que me recibió más adentro, fue un golpe durísimo. Mi mujer, desnuda, de espaldas sobre el sillón, las piernas abiertas con las rodillas recogidas sobre los hombros, recibía las fuertes embestidas de Matías metiéndole la pija hasta el fondo, sin protección alguna.

    Lucio filmaba desde muy cerca, mientras sus esposas eran privilegiadas espectadoras. Los quejidos de la hembra y los bufidos del macho que tenía encima, eran anuncio elocuente de que ambos estaban cercanos al orgasmo.

    Las zapatillas de goma me permitieron llegar hasta ellos sin ser escuchado, golpear primero a los hombres hasta dejarlos inconscientes, para luego hacer lo mismo con las mujeres que, aterradas, se cubrían con las manos. Teniéndolas inermes desplegué papel absorbente sobre caras y pechos para allí verter ácido. Esto haría que el líquido permaneciera más tiempo en contacto con la piel.

    Terminada la parte principal, busqué en el escritorio tres tarjetas de memoria de las cámaras que abarcaran los primeros dos meses desde que iniciamos nuestra participación, guardándolas en el bolsillo. Para concluir, con la maza rompí la cerradura y, dejando la puerta entornada, regresé a mi despacho. Estuve ahí el tiempo suficiente para tomar un café grande, bien cargado, darle tiempo al cuerpo a recuperarse de los momentos de tensión vividos y luego enviarle a Zulema un mensaje diciendo que en media hora estaría en casa pues habíamos podido terminar la tarea.

    En el momento que abría la puerta de casa sonó el teléfono.

    – “Hola contador, le habla el comisario Galíndez”.

    – “Hola comisario, un gusto escucharlo”.

    – “Contador, lamento molestarlo, pero hay un asunto que va a importarle y, como conviene tratarlo personalmente, le pido que venga a la seccional”.

    – “Encantado, deme unos minutos y salgo para allá”.

    – “No se tome el trabajo, mando un auto a buscarlo”.

    – “Espero que no sea esposado”.

    – “Despreocúpese, salvo que me lo ordene un juez, eso no sucederá”.

    Siguiendo un poema gauchesco que dice <Hay que hacerse amigo del comisario>, yo lo era; no de uno sino de varios por el sencillo motivo de prepararles, mes a mes, la declaración de impuesto a las ganancias, en forma gratuita. Ya en el despacho recibí la noticia.

    – “Hace unas horas un vecino, que vio forzada la puerta de un estudio fotográfico nos llamó y, al ingresar nos dimos con cinco personas golpeadas y casi inconscientes, tres mujeres y dos hombres, una de ellas su esposa. ¿Sabía de esa actividad de su señora?”

    – “Sí, estaba participando de un modelaje de lencería. Esto que me dice transforma en real lo que era un temor. Cuando, por darle, en el gusto acepté que hiciera ese trabajo tenía mis reservas pensando en que algo así podría alterar nuestra vida”.

    – “Disculpe la crudeza, pero las tarjetas de memoria de las cámaras muestran, en gran medida, videos netamente pornográficos”.

    – “La gran puta, ahora sí estoy cagado”.

    Al ver mi abatimiento se preocupó y mandó me trajeran un café, algo que agradecí. Más repuesto siguió informándome.

    – “Las tres mujeres, amén de golpes, tienen en la cara y los pechos quemaduras, a primera vista provocadas por ácido. Están todos internados en el hospital público. Le avisaré al agente que está de guardia ahí para que lo deje pasar a visitarla”.

    – “Le agradezco, pero no se moleste. Que se las arregle como pueda, pues ella sola se lo buscó. ¿Tendría que hacer algún trámite legal?”

    – “Si es que quiere, puede hacer la denuncia. Como es lógico, el primer sospechoso será usted, por favor no salga de la ciudad. Para abreviar trámites, ¿me puede dejar su celular?”

    – “Encantado, y gracias por la ayuda”.

    – “Yo soy el agradecido, pues jamás pidió algo a cambio de su trabajo”.

    De vuelta, ya solo en casa, abrí en la computadora la tarjeta de memoria más vieja. En las primeras ocho sesiones de fotografía nada llamativo se veía. En la novena también participaba Matías que, en bóxer, se mostraba con la pelvis pegada al costado de Zulema y las manos en su cintura. Él miraba a la cámara mientras ella tenía vuelta la cabeza en su dirección con una expresión que parecía decir <¡Qué estás haciendo!>.

    En la toma siguiente el modelo está tomado con los labios la parte inferior del lóbulo de la oreja de mi mujer que entorna los ojos como quien disfruta. Al final de la serie había una filmación que compendiaba lo anterior más lo sucedido entre disparos o cosas que no pensaban fotografiar. El enfoque era de una filmadora fija que registraba lo que hacían todos, incluido el fotógrafo. Quizá Zulema ignoraba esto último pero la intencionalidad de los varones era indudable.

    Ahí se ve que la muda exclamación de mi esposa se debía a que la mano puesta en su cintura había iniciado un lento recorrido descendente y el meñique, estirado, rozaba el sector de la vulva sin encontrar resistencia, mientras los labios del modelo chupaban el lóbulo de la oreja y luego, lentamente, recorrían la mejilla en dirección a la boca que lo esperaba abierta.

    Las defensas habían caído causando la entrega total. Ella con una mano tomando el cuello para mantener el beso mientras la otra se ocupaba de bajar la cintura del calzoncillo y, liberado el pene, asirlo del tronco en una frenética masturbación. Por supuesto que él no se estaba quieto, mientras retorcía el pezón de la teta que estaba al aire, tres dedos entraban y salían de la vagina algo que ella facilitaba abriendo las piernas todo lo que le permitía estar parada.

    El orgasmo de ambos parecía haber estado sincronizado, ambos con la boca abierta, rugiendo, moviéndose espasmódicamente y él largando chizguetazos de semen que, habiendo impactado en la zona del ombligo de la hembra, se deslizaban en dirección al pubis. Culminado ese momento pasional Zulema se sentó en el sillón cubriéndose la cara.

    – “¡Madre santa, qué hice!”

    La respuesta fue de Claudia.

    – “Gozaste, nena, gozaste”.

    – “¡Cómo pude dejarme llevar, si se entera David se acaba mi matrimonio!”

    – “No se va a enterar. Además, nosotras nos vamos a encargar de amansarlo de manera tal que cuando sepa, esto le va a parecer un juego inocente al lado de lo que gozará en nuestra compañía”.

    La voz de Lucio interrumpió el diálogo.

    – “Todo muy lindo, el acuerdo a futuro maravilloso, pero a mí que me parta un rayo y el dolor de bolas me lo saque Magoya”.

    Sofía acudió en su auxilio, haciéndole señas de silencio y de ponerse delante de las rodillas de Zulema, que ignorante de lo que pasaba, estaba apoyada en el espaldar, con los ojos cerrados y el cuerpo laxo reponiéndose del orgasmo disfrutado. Con Lucio en el lugar indicado, la esposa de Matías, desde atrás del sillón tomó a mi mujer de los hombros, acariciándola mientras le hablaba.

    – “Qué hermoso te corriste chiquita, disfrutá el momento, dejá la mente en blanco, ahora no sos una señora sino una hembra con hambre de sexo, dale a tu cuerpo el placer que pide a gritos, nosotros te vamos a ayudar”.

    El suave movimiento de las manos y el tierno murmullo en el oído fueron suficientemente narcotizantes para que la acción de Lucio, llevando sus nalgas al borde del asiento, y las plantas de los pies a los hombros del macho no generaran resistencia. Cuando sus ojos se abrieron denotando sorpresa ya tenía ocupada íntegramente la vagina por el miembro que había empezado el movimiento de entrada y salida.

    Poco duraron laxitud y sorpresa pues en seguida cruzó los brazos detrás del cuello y las piernas sobre la espalda del que la embestía.

    – “Nena, me estás ordeñando, voy a aguantar muy poco”.

    – “Callate y dame fuerte, llename de leche”.

    – “Ya, me estoy corriendo, ahí vaaa”.

    La culminación del orgasmo de uno dio pie a las palabras del que miraba.

    – “Claro, yo caliento la pava y otro toma el mate, salí que sigo”.

    Zulema, entregada y deseosa, lo recibió íntegro. Dos o tres vaivenes fueron suficientes para lograr la lubricación que Matías buscaba antes de ubicar el glande en el orificio estriado. Cuando mi mujer tomó conciencia de lo que se avecinaba era tarde, el macho la tenía tan bien tomada que la resistencia, los gritos y el llanto fueron inútiles. El miembro hizo, despacio pero sin pausa, su ingreso triunfal hasta que solo los huevos quedaron fuera. Asqueado, corté la reproducción cuando, el que sodomizaba, pedía que no le triturara la pija.

    Por supuesto no fui al hospital hasta el día que me llamaron para buscarla, pues le daban el alta. Habían pasado dos meses y, además de desfigurada, debía ayudarse para caminar de un andador o usar silla de ruedas. Hice la gestión para que la obra social proveyera ambas cosas y la trasladé.

    Para su atención contraté a una persona que entraba a las diez de la mañana, después de cocinar le daba de comer, la aseaba y, a las dieciocho se retiraba dejándola en cama.

    Mi actividad para con ella era nula, ni el saludo, ni siquiera un vaso de agua. Es así que algunos días al llegar, la empleada la encontraba con el pañal sucio de materia fecal y empapado por orina.

    Una tarde la persona encargada de su cuidado me avisó que Zulema quería hablar conmigo. Como ya estaba acostada fui a su habitación.

    – “Te escucho”.

    – “¿Nunca me vas a perdonar?”

    – “Perdonar qué”.

    – “La infidelidad”.

    – “La infidelidad o las múltiples y variadas infidelidades, mentiras abundantes, afecto y orgasmos fingidos, etc.”.

    – “Lo que sea”.

    – “Mi perdón carece de importancia. Vos, libremente, sin condicionamientos, elegiste seguir un camino paralelo y distinto al que teníamos acordado, asumiendo la responsabilidad y cargando con las consecuencias que ello suponía. Y se cumplió el dicho <De aquellos polvos estos lodos>”.

    – “¿Y vos no tuviste algo que ver con esto que nos pasó?”

    – “No, pero cuando identifiquen a quien lo hizo, le daré un abrazo y una suculenta compensación en agradecimiento por los servicios prestados. Una pregunta de puro curioso ¿Cuánto tardaste en plegarte a las insinuaciones de tus compañeros?”

    – “Un mes”.

    – “Más razón tengo entonces para alegrarme viéndote desfigurada, impedida, cagada y meada. Tendría que fotografiarte y enviarle la imagen a los que retozaban con vos”.

    – “Para vivir así prefiero morirme”.

    – “Hacé el esfuerzo, quizá tengas suerte. Yo ni para eso pienso ayudarte. Ya demasiado hago con pagar la persona que te cuida, solventar tus necesidades y aguantarte en casa”.

    Al día siguiente, aprovechando que la empleada había entrado al baño, salió en la silla de ruedas y, ubicándose en lo alto de rampa de acceso a la casa se dio impulso. Así atravesó la vereda, siendo embestida en la calle por un colectivo que pasaba. Murió instantáneamente.

    Tiempo después de su fallecimiento, en un rato libre de trabajo, estaba mirando una de las grabaciones incluidas en las tarjetas robadas, cuando Julia golpeó la puerta.

    – “¿Se puede?”

    – “Desde luego, adelante”.

    Tres pasos alcanzó a dar para detenerse mirándome fijamente, con una expresión seria y un dejo de preocupación.

    – “Me permitís acercarme?”

    Mi seña con la mano y afirmando con la cabeza, fue la respuesta. Vino a mi lado, se apoyó en el borde del escritorio dándome frente y tapando con su espalda la pantalla.

    – “Por favor, no lo tomes como un atrevimiento, vos sabés que te respeto y nunca incurriría en algo así. Esto que estás haciendo solo te puede perjudicar, no conviene que sigas en ese camino”.

    Mi contestación fue sacar la tarjeta y apagar la computadora mientras ella seguía.

    – “Lo que ha sucedido es una desgracia para vos, pero también para mí pues me duele verte sufrir. Es verdad que yo tengo un consuelo. Durante estos cinco años callé y oculté lo que siento pues te veía enamorado, íntegro y fiel. Hoy, la barrera que me detenía ya no está. Desde el momento en que nos conocimos me enamoré de vos. Ya no importa si me echás pues por fin dije lo que tenía atragantado”.

    Sus últimas palabras fueron sin mirarme y con lágrimas surcando las mejillas. No le permití seguir, pues tomándola de la cintura la hice sentarse en mi falda, permaneciendo abrazados en silencio luego de darle un beso en la frente.

    – “Vos sabés que te aprecio muchísimo. Creo habértelo demostrado día a día y te agradezco enormemente lo que acabás de decir. Es un orgullo para mí, tu silencio anterior habla maravillas del corazón que tenés y por lo tanto merecés una respuesta honesta. Si ahora te besara, acariciara o avanzara en algo más íntimo, siempre quedaría la duda si fue simplemente búsqueda de consuelo o verdadero y profundo afecto. Tomémonos dos o tres semanas. Yo te buscaré”.

    Y así fue. No habían pasado veinte días cuando la llamé por el intercomunicador y la esperé al lado de la puerta. La sorpresa fue verme a menos de un metro, cerrar con llave y sin pronunciar una palabra abrazarla sosteniéndola contra mi pecho. Cuando ella llevó sus brazos alrededor de mi cuello, pegando mis labios a su oído le dije:

    – “Yo también te amo, preciosa”.

    Sentados en el sillón manos, bocas y pelvis moviéndose al encuentro del otro hicieron innecesarias las palabras. Ya sentada a caballo de mis piernas, sin bombacha, el ruedo del vestido en la cintura y sus labios chupando mi lengua, mientras miembro y vagina ejecutaban la danza de entrada y salida, me pareció razonable averiguar.

    – “Hay peligro de embarazo?”

    – “Para algunas será peligro, en mi caso sería una bendición, preñame mi amor”.

    Julia fue la terapia apropiada para remover el odio acumulado con perseverante ternura y amor incondicional. De esta unión nació una nena que llevó al cenit nuestra felicidad.

  • Me rompen el culo dos buseros

    Me rompen el culo dos buseros

    Lo pienso y no lo acabo de creer. Pensé que esas cosas sólo sucedían en películas porno, pero me pasó a mí.

    Ayer venía de Santa Ana rumbo a San Salvador y había una tormenta espantosa, de esas tormentas épicas, eran las 6 pm y la lluvia era intensa, apenas podía ver la autopista y las luces de los otros carros que por ella circulaban.

    Decidí detenerme en una gasolinera con tienda de conveniencia, por esa zona estos establecimientos suelen ser amplios pues suelen ser lugar para que buses y camiones se detengan para cargar combustible o alguna otra cosa. Ayer era esa la situación, había un precioso bus Marcopolo que estaba estacionado a un lado y yo me estacioné en una parte techada frente a la tienda de conveniencia.

    Al entrar a dicha tienda noté que no había mucha gente, una pareja de ancianos que estaban en mi mismo predicamento, 2 hombres uniformados de más o menos mi edad y 2 personas que atendían la tienda.

    Pedí un café americano y una porción de pastel y me senté en la mesa contigua a los uniformados. La lluvia se puso más fuerte, sorprendiéndome que semejante tormenta pudiera empeorar aún más. Comenzaba a oscurecer y la temperatura bajó un poco. Pasó una hora más o menos y finalmente escampó.

    Durante esa hora me había interesado en los 2 hombres uniformados que estaban en el local, ambos tomaban sendas bebidas gaseosas y prestaban mucha atención a las pantallas de sus celulares. Cuarentones, ambos más altos que yo, pero uno era de complexión gruesa, mandíbula cuadrada, cuerpo fuerte, piel morena, ojos negros, barba negra, brazos fuertes que al estar flexionados amenazaban a romper las mangas de la camisa, sus piernas eran igual de gruesas y su pantalón azul oscuro amenazaba con romperse y dejar ver sus piernas velludas, de acuerdo a mi lasciva imaginación. Su compañero era de piel más clara, lampiño, delgado, labios rojos, ojos grandes color café claro.

    A ambos los miraba de perfil desde el lugar en el que estaba sentado tratando de no parecer muy indiscreto.

    La pareja de ancianos decidió que había escampado lo suficiente y se marcharon. 5 minutos después los uniformados hicieron lo mismo. Yo estaba con grandes ganas de masturbarme luego de ver a esos hombres que fui al baño de la tienda pero ambos estaban fuera de servicio,

    “por falta de agua” me dijo uno de los empleados que parecía ser la persona más aburrida del mundo. Volví a ver hacia afuera de modo irónico, pues en 1 hora había caído más agua que la que cae en Qatar en 2 años.

    “puede usar el que está detrás de la sala, si quiere”.

    La verdad necesitaba orinar y salí y rodeé el edificio de la tienda y en efecto, estaba un cuarto de baño descuidado y con un fuerte olor nauseabundo, vi alrededor por si había algún otro lugar, ya oscurecía y vi unos árboles en el perímetro de la gasolinería, a los que me dirigí a orinar.

    Estaba tan caliente que luego me empecé a masturbar, estaba con mi pene duro cuando de repente entre unos árboles que estaban al fondo del terreno vi 2 siluetas. Con el pene en la mano me acerqué lo más silencioso que pude. Llovía ahora muy poco, lo suficiente para que la lluvia cubriera el sonido de mis pasos.

    Vi a los 2 uniformados que se masturbaban mutuamente, apenas se habían bajado ambos los pantalones, lo suficiente para sacar sus penes.

    El delgado me vio primero, soltó el pene de su compañero y le hizo una seña. El otro también se asustó pero se recobró inmediatamente, con un asentimiento de su cabeza me invitó a acercarme.

    No necesito decir que obedecí.

    Me acerqué a ellos. Vi sus penes, el del delgado era largo, grueso en la base pero con glande pequeño, blanco. El de su compañero era de unos 16 cm pero grueso, moreno, cabeza grande, casi púrpura. Ese me metí primero en la boca. En ese momento le bajé el pantalón un poco más, andaba un bóxer negro, que también bajé y dejó descubiertas sus piernas cubiertas de vello negro, grueso y ensortijado, su pubis era espeso también, abundante y amplio, sus huevos cubiertos de pelo, grandes y olorosos.

    Sentí ese sabor de precum tan delicioso al no más meteme su verga, apenas cabía en mi boca, imaginé el dolor en mi ano si dejaba entrar esa paloma.

    En eso su compañero agarró mi cabeza y la acercó a su pene, que olía a hombre también, su brief blanco y mojado con su precum apenas dejaba descubierto su escaso vello púbico y cubría sus pequeños huevos pero su pene era un portento, de unos 21cm. Sus piernas eran delgadas y lampiñas pero fuertes y hermosas.

    Pasé un buen rato masturbando a uno y mamando al otro y cambiando, en eso me levanté, el delgado me empujó hacia un árbol, me agarré de él imaginando lo que iba a pasar.

    “Qué culo más duro tenés” me dijo el delgado con su voz clara y varonil mientras acariciaba mi glúteo derecho.

    Sentí sus dedos ensalivados en mi ano, que sacó casi inmediatamente para luego sentir que un trozo de carne se abría paso, aflojé lo más que pude y me resigné lascivamente a lo inevitable.

    Pensé que lo iba a meter de un sólo, pero alzó mi pierna derecha sobre una roca cercana y la metió poco a poco, hasta que esos 21 cm estaban dentro de mi.

    Mientras tanto acerqué a su compañero y le desabotoné y le quité la camisa, vi su pequeña panza, sus pectorales firmes y sus pezones morados y aturrados y mientras me taladraban suavemente el ano le levanté el su brazo grueso y vi sus axilas pobladas de vello negro, grueso, abundante y ensortijado. Empecé a pasar mi lengua con fruición sobre ese pequeño colchón de pelos saboreando ese sabor a macho. Me toqué el pene y lo sentí flácido pero lleno de precum y tuve conciencia entonces del placer que venía proveniente del ano. El delgado me daba cabeza de modo suave, acompasado, como sin querer dañarme y sin hacer mucho ruido. Yo comenzaba a estar en el paraíso. De repente el macho que me rompía el orto comenzó a jadear despacio y a empujarla más fuerte hasta que sentí algo caliente derramarse dentro de mi.

    “Puta que culo más rico tenés, cabrón” me dijo con voz entrecortada.

    “¿Te gustó?”

    “Ahí te dejé preñado”

    Me toqué el ano y lo tenía abierto y húmedo.

    El otro dijo con voz grave

    “Mi turno”

    Me di vuelta y si el anterior fue gentil, este fue lo opuesto.

    Parado como estaba la metió de un sólo hasta sentir ese colchón de pelos púbicos en mis nalgas, la sacaba y metía, la sacaba y metía, la sacaba y metía, sin compasión, él bufaba y resoplaba, yo gemía como nunca me había oído. Sentía ese glande salir y entrar a placer. Con sus calientes y enormes manos me agarraba de la cadera mientras me embestía. Su compañero se recuperó y comenzó a masturbarse y con voz clara me ordenó

    “Chupame los sobacos, que eso se ve rico”

    Imaginé unas axilas lampiñas o a lo sumo con algo de vello, como tienen los muchachos de 12 – 13 años, pero me sorprendió con una axila grande, no muy poblada, pero con vellos largos, él sólo jadeaba mientras se las chupaba, vi que tenía su erección completa. En un momento me besó tiernamente, mientras se masturbaba.

    Luego empujó mi cabeza hacia abajo y adiviné que quería acabarme en la cara.

    Sumisamente acepté sus deseos y al acercar su pene me dejó en el rostro un par de escupitajos blancos y espesos

    En eso el que me destrozaba el esfínter, al quedar yo inclinado hacia adelante, con mi ano contraído me agarró con más fuerza y luego de unos encontronazos casi gritó

    “Puuuta… qué ricooo”

    Sentí su semen caliente derramarse dentro mío, en ese momento le pedí que no la sacara y me masturbé fuertemente con mi pene semi duro y luego de unos jalones logré acabar abundantemente un semen casi líquido.

    Mi penetrador me agarró la cabeza y con su pene aún dentro me besó fuerte y torpemente.

    “Qué rico” me dijo con una torcida sonrisa, sacando su pene negro húmedo y se dispuso a ponerse la camisa.

    El otro me volvió a besar tiernamente, beso que devolví mientras sentía mi ano abierto y las piernas temblorosas.

    “Te gustó este cabrón verdad?” le dijo el compañero ya con la camisa puesta y subiéndose los pantalones y le vi su bóxer negro y ese gran bulto que cubría ese chorizo grueso, peludo y negro.

    “Dame tu número” me dijo el delgado.

    Se lo di.

    “Vámonos” le dijo al otro.

    “Tenemos que repetirlo” me dijo con sonrisa cómplice.

    Y se fueron y yo quedé ahí en ese páramo con los pantalones abajo, mi dignidad y mi bóxer atorados en mis rodillas, el culo abierto y goteando leche con mocos blancos ajenos en mi cara.

    Me limpié como pude y cojeando llegué a mi carro. De lejos vi el bus marcharse mientras hacía sonar su bocina, devolví el saludo al bus como un estúpido, un estúpido lleno de leche y con el culo estirado y adolorido. Sentarme en el habitáculo y hallar una posición cómoda fue un calvario. Ya en carretera mi verga pedía más y ansiaba repetir, en eso recibo en mi teléfono vía Whatsapp una foto de ambos, con su uniforme pulcro, el grueso conduciendo y el otro tomando la selfie.

    “¿Cuándo repetimos?” decía un último mensaje.

  • Una relación virtual a distancia

    Una relación virtual a distancia

    Imagina esto: «tenemos una relación virtual de hace más de un año».

    Tú te encuentras en casa viendo Netflix y luego sin imaginarte, suena tu teléfono. Y soy yo diciéndote que estoy en Colombia y que tienes 40 minutos para arreglarte y ponerte muy hermosa y sexy para tu celoso chileno y salir a la esquina de tu casa para conocer en persona al hombre que tanto crees que adoras por su caballerosidad y respeto hacia ti en este año de relación a distancia.

    Es cuando sorprendida gritas como loca y no piensas más que en salir corriendo de inmediato hacia la esquina pero yo te repito que en 40 minutos más estaré ahí. Ya han pasado los 40 minutos. Nos encontramos en esa esquina de tu casa y sin mediar palabra nos abrazamos muy fuerte y comenzamos a besarnos muy apasionadamente por la situación y no nos privamos de soltar algunas lágrimas. Ya de ese bello momento, me indicas que estás sola en casa por todo el fin de semana y es cuando tomas de mi mano y me llevas a ella para estar más en resguardo y así es cuando me sirves un trago para ponernos al día de toda esta sorpresa que yo sin avisar me deje llevar a tu lado y platicar de como fué que nos habíamos conocido.

    Ya luego cuatro y cinco tragos la conversación se fue subiendo de tono y más el alcohol, el sofá en que estábamos se convirtió de un momento a otro en nuestro nido de amor por varias horas hasta el amanecer. Fue así que comenzamos a besarnos y tocarnos el uno al otro por todo nuestro cuerpo y mis manos no se aguantaron de meterse en tus entrepiernas y mis labios temblorosos se dirigieron a tus pechos con tanta pasión que tu no aguantaste las ganas de bajar mi cremallera y liberar mi miembro para frotar muy suavemente al ritmo que mis dedos frotaban tu clítoris.

    Era tanta la calentura que teníamos que ninguno de los dos soltó ni una palabra y nos dejamos envolver por el otro que nuestra respiración ya estaba muy agitada y nuestras manos húmedas por los flujos de cada uno que nos provocaba esa masturbación mutua.

    Ya con todo el deseo de comernos, espontáneamente nos pusimos en posición de 69 y nuestros labios comenzaron a saborear nuestros genitales y yo sin dudar comencé a succionar con mucha suavidad tu clítoris y soltarlo a la vez hasta que tus paredes internas se contraigan y así poder saborear hasta la última gota de tus flujos lubricadores, mientras que tu, no parabas de envolver mi duro y venoso pene con tus labios y tu mano empuñada en él no paraba de frotarlo y meterlo completamente en tu boca hasta que comencé a sentir unas palpitaciones que tuve que esquivar por un momento porque estaba a punto de correrme en tu boca, fué en ese momento que me permito ponerte en 4 y tomar de tus caderas para dirigir mi miembro hacia tu cavidad vaginal y comenzar a penetrarte muy lentamente hasta el fondo una y otra vez y tu no parabas de gemir muy discretamente hasta que te viste en la obligación de pedir que no parara y que necesitabas que le diera más rápido y hasta el fondo sin parar mientras que mis testículos golpeaban tus labios vaginales al llegar al fondo y eso te calentó al máximo que me permití en comenzar a estimular tu orificio rectal y lograr dilatarlo para que pronto recibieras el mismo pene que estaba volviendo loca tu vagina ummm…

  • El sillón de madera

    El sillón de madera

    Me he vuelto no sólo una experta, sino una asidua practicante de la masturbación. No sé si el hecho de no tener pareja me lleva a diario a pensar en sexo y con eso a manipularme, ya sea con las manos o con ayudas hasta alcanzar el explosivo orgasmo final.

    Últimamente siento mi vagina húmeda a toda hora (y la verdad no es sólo que lo sienta, es que lo está, porque entro al baño y aparece en mi panty ese líquido transparente y pegajoso que deduce que estoy bien lubricada). Es tanta la lubricación que me ha tocado colocarme un kotex para que no se pase a la ropa. Sueño con todo, me imagino todo, poses, caricias, besos, sexo suave, sexo duro, sexo prohibido, sexo lésbico, orgías. Cualquier cosa que pueda darme placer.

    No sé ustedes que piensan, pero entre más uno se masturba, más exigente se vuelve al tener contacto físico sexual con alguien, tus estándares suben, quieres que tus exigencias sean complacidas por las otras personas por arte de magia. Yo por ejemplo, quisiera que alguien besara mis tetas al tiempo que soy penetrada y manipulada por un hombre. Quiero que esa penetración me abra la vagina, quiero sentir dolor y placer al tiempo. Quiero estallar en orgasmos repetidos, gimiendo y moviéndome cómo poseída por algún espíritu.

    Mientras escribo esto, mi coño está de nuevo mojado, ya lo empecé a acariciar, está tan mojado que toda mi vulva está brillante. Me siento en el borde del sillón y recojo las piernas dejando expuesto mi sexo. Acaricio mis tetas y las subo para poder besarlas con mi boca. Miro a mi alrededor y sólo veo el control del tv cerca de mi, no me importa lo cojo y lo froto de arriba a abajo en toda mi raja, intento meterlo en la vagina pero su forma cuadrada no me deja sin sentir molestia, así que me pongo de pie y me abro de piernas, en el medio queda el apoya brazos de la silla que es de madera, me inclino un poco de modo que mi coño quede pegado a él y me muevo cómo si una verga fuese la que está ahí. Cojo la punta y presiono tan duro mi coño contra ella que me vengo enseguida, todo quedó baboso y mojado y yo un poco adolorida por la faena que acabo de tener.

  • Mi vecina nueva

    Mi vecina nueva

    Jack Rush, un joven de 20 años se entera que ha llegado una vecina nueva a la casa de al lado.  Este no le toma mucha importancia al principio, pero en la noche se dio cuenta de que su habitación al mirar por la ventana se encontró mirando la habitación de su nueva vecina. No le tomo importancia, cuando se fue a acostar mas tarde en la noche, escucho unos gemidos, al asomarse por la ventana la vio totalmente desnuda, con un consolador de color azul lo metía y sacaba velozmente dándose placer, los ojos de Jack se abrieron como platos y su amigo reacciono al instante, no le quedo de otra que masturbarse.

    Al día siguiente luego de llegar de la uni, Jack se encontraba en la cochera de su casa acomodando, con la música a todo volumen. De un momento a otro su vecina entro a la cochera, encontrándose los dos. Jack no podría creer que la mujer que lo ponía caliente estaba frente a él, reclamándole sobre la música. Esta al ver el gran cuerpo definido de Jack se mordía los labios mientras lo miraba.

    -¿Me estas escuchando?- Dijo esta, dándose cuenta de lo perdido que estaba el joven.

    -Mil disculpas, es que tengo cosas que ordenar y me gusta hacerlo con música.

    -Pero llevas un buen rato, ¿puedes descansar?

    -Ahora que lo menciona sí, me encuentro algo cansado.

    -Bueno me llamo Olivia y estoy desempacando.

    -¿Necesita que la ayude?

    -Claro, ven a mi casa.

    Dicho esto se fueron a la casa de Olivia

    -Es una casa bonita.- Dijo Jack admirando la casa

    -Muchas Gracias.

    -y ¿Dónde está su esposo?

    -Estoy divorciada- Dijo y Jack no pudo estar más feliz.

    -Entiendo y ¿Puedo usar su baño?- Dijo entrando los dos en la cocina.

    -Claro, está en la planta de arriba al final del pasillo. -Dijo Olivia.

    Cuando el chico se fue esta solo podía pensar en lo caliente que la ponía, ya habían pasado 5 minutos desde que fue al baño y esta decidió subir, cuando abrió la puerta del baño lo encontró orinando. Cuando vio su miembro se saboreó los labios, Jack rápidamente se subió el bóxer un poco apenado.

    -Señora, mm -Dijo Jack mientras se acomodaba el pantalón.

    -Lo siento. -Dijo mientras entro al baño y cerró la puerta.

    -Yo… -Intento decir el joven, pero la mujer se le acerco más

    -Me dejas verlo- Dijo agachándose- Creo que está dormido.

    -Se despertará pronto.

    -Bueno, creo que hay que ayudarlo. -Dijo mientras sacaba uno de sus senos y comenzaba a masturbar a Jack- Vamos a darle una chupadita para que se despierte- Dijo mientras pasaba su lengua apasionadamente por el miembro de Jack.

    -Olivia… -Dijo Jack algo ronco.

  • Le enseñé las tetas y el culo por WhatsApp (2)

    Le enseñé las tetas y el culo por WhatsApp (2)

    Hola queridos lujuriosos. Como ustedes saben, les he compartido una nueva y muy excitante experiencia. Conocer a uno de mis lectores.

    Así que intercambiamos números de celular y muy pronto le escribí. Hola cariño, ¿Así que te gustan las mujeres de pechos grandes, muy putas y muy zorras?

    Me respondió a los pocos minutos, eres… it? Le dije sí cariño te he estado escribiendo por correo. Me dijo claro que sí, gracias por escribir linda macizorra. ¿Cómo estás? Me preguntó, le dije que bien que muchas gracias por preguntar.

    Rápidamente me envió unas hermosas fotos de su verga bien erecta que salía de su pantalón de vestir, un poco ajustado, por cierto. Supongo que por el tamaño de sus bolas y de esa polla.

    Fue una linda sorpresa para mí, sí parecía el mismo chico que me había estado escribiendo por correo. Repasé cada una de sus fotos nuevamente y… pensé que atractivo y rico está este muchacho.

    Si lo tuviera cerca, ya le estaría chupando y mamando deliciosamente esa verga bien paradita.

    A los pocos minutos me mandó un video donde se apreciaba en primer plano su polla deliciosa y él, dándose placer… lentamente y mostrando plenamente el tamaño de sus genitales. Se masturbaba de un modo muy cachondo, sexy y de manera que me parecía que me estaba dando a desear, el comerme esa verga.

    No les miento, pero de ver esas fotos y el video… mi capullo se hinchó y sentí lentamente cómo se mojaba y lubricaba mi panocha de las ganas de tener aquel pene adentro.

    Le di las gracias y le dije: que rico estás mi amor. Gracias me respondió, espero que te gusten. Le dije claro que me gustas. Estás… bien rico.

    Inmediatamente le mandé unas fotos de mis tetas y de mi panochita bien mojada. Después una de mis nalgas y otra de mi culo.

    Y él como siempre, como todo buen caballero me dijo gracias mami que ricas tus fotos, ¿me puedes compartir después un video?

    La verdad, lo pensé mucho… pero le dije que mejor nos conectábamos por otro medio, le especifiqué por cuál y le dije que podíamos vernos mejor. A lo que accedió y… en poco tiempo ya estábamos en línea. Eso me causó muchos nervios. Ya que no sabía si aquel chavo me iba a gustar.

    Empezamos a conversar y pues de una forma dominante, audaz y muy sexy me dijo: enséñame las tetas, me levanté la blusa y el sostén y se las enseñé. Las masajeé y me apreté un pezón y le pregunté ¿te gustan baby?

    Él muy lindo me sonrió y me dijo me encantan putita. La verdad me sentí un poco intimidada.

    El muchacho es muy guapo, es moreno claro, de sonrisa hermosa y sincera, tiene facciones muy varoniles y a la vez, hermosas.

    A los pocos minutos, no sé o no recuerdo qué le pregunté o qué le dije, porque estaba muy nerviosa. Pero me pidió que le enseñara las nalgas.

    Le respondí de acuerdo cariño. Sí te las quiero mostrar y me paré de la cama y me quité pausadamente el pantalón que llevaba puesto, para que él me viera las piernas y contemplara mis anchas caderas. Deslicé el pantalón y me senté sobre la cama. Estuvo platicando unos segundos conmigo, pero no recuerdo exactamente sobre qué.

    Solo me acuerdo de su hermosa sonrisa cuando me dijo, eres muy bonita. ¿A qué hora me vas a mostrar las nalgas? Y cuando me puse de pie me di cuenta que se estaba masturbando y eso… ejerció en mí como un efecto hipnotizador, de manera que no pude evitar verlo y apreciar su mirada morbosa y él, ver cómo ardía en deseos de mamarle esa verga.

    Me volteé y de pie le mostré las nalgas, ábrelas por favor mami, su voz cachonda y sus palabras me excitaron mucho. Regresé a la cama, me puse de espalda hacia él y me puse en cuatro patas. Tratando de que me viera las nalgas, el culo y la puchita al mismo tiempo.

    Ábrelas mami, y eso me sonó como… quiero metértela bebé. Me apoyé con una mano en la cama y con la otra trataba de apartar las nalgas para que me viera el culito. Me dijo que rico y delicioso culote tienes zorrita…  Para ir a rompértelo putaycojelona. Le dije sí bebé. Me encantaría sentir tu verga en medio de mis nalgas y que me las folles bien rico. Quisiera que me rompas el culo y que me hagas gozar ya con tu polla amor. Al mismo tiempo, empecé a escuchar que se estaba masturbando y me dijo muy dominantemente mastúrbate putita quiero escucharte.

    A lo que yo obedecí inmediatamente. Así, enseñándole las nalgas en primer plano y de espaldas a él me empecé a meter dos dedos, primero lentamente y ya se podían escuchar los ardientes chasquidos que producía, al meter mis dedos a mi capullo completamente mojado y ardiente de verga.

    Al mismo tiempo que él me decía que rica estás mami putita. Eso me excitó aún más y continué masturbándome para él, hasta que me temblaban las piernas, el soltó su reserva de semen y yo, casi al mismo tiempo…mis fluidos vaginales.

    Seguiré platicándoles todo lo que está sucediendo con este depravado, lujurioso y sumamente atractivo lector.

  • Cita en app: Samuel, una especie de sueño cumplido

    Cita en app: Samuel, una especie de sueño cumplido

    Esta es la historia de la primera vez que decidí descargar una app de encuentros porque andaba algo aburrido en el cuarto y debía quedarme ese fin de semana en Lima.

    Sucede que era un viernes en que quería al menos conversar con alguien así que de curiosidad decidí descargar la app de encuentros casuales. Luego de un rato vi en los perfiles uno que no tenía foto, de 48 años, activo. En su descripción pedía discreción, se le notaba serio por como escribía así que lo saludé. A los minutos me respondió y me dijo que aún trabajaba, me quedaba cerca a la casa y por su conversación que me pareció interesante, me dijo que trabajaba en seguridad, o sea esas personas que andan con chalecos, arma y todo, me pareció un hombre serio y discreto. Era lo que me parecía bien, la reserva.

    Yo tenía algunas cervezas en la nevera, así que me propuso conocernos, yo le dije que ya y nos vimos en el parque que estaba a la vuelta de mi casa. Me pareció un hombre interesante, más me cayó bien por su tema de conversación, las cosas en común que teníamos. Nos hemos quedado conversando en la banca del parque buen rato hasta que me propuse ir a tomar algo por ahí cerca. Yo le dije que tenía cervezas en mi cuarto y tal vez podíamos tomarlas. Yo sé que no es bueno hacer pasar a gente desconocida, pero este hombre me inspiraba mucha confianza. Muchísima.

    Hemos llegado al cuarto en que vivía, cuarto con ingreso independiente, la dueña nunca estaba, siempre de viaje y nadie me conocía por ahí así que por eso fue que le dije para ir. Tomó asiento, saqué dos cervezas, luego dos más, dos más y se me acabaron las 6 que tenía. Yo estaba algo picado, pero más allá de todo conversamos de todo, de todo. Era tan entretenida esa conversación y él que lo que pensábamos que podía pasar quedó a un segundo, tercer, décimo plano en ese momento.

    Hemos bajado a comprar 6 latas más, un six pack y volvimos. Con música, él bien a la ropa de seguridad con el chaleco y todo, hasta que no sé por qué entre broma y broma le pedí probarme su ropa, o sea vestirme de seguridad. Solo se río y me dijo: estas seguro? pues siiii. Entonces va, espérame. Se metió al baño y a los minutos salió en bibidi, medias y boxer. Se veía bien, pero más quería verme como me quedaba. Entré al baño y salí a los 10 minutos. OJO, el arma no la tenía ya. Así que no había peligro. Me vio y me dijo que le gustaba como me quedaba. A mi igual, se me marcaba bien. Yo estaba cumpliendo una especie de «sueño» por así decirlo porque me parecía chevere ponerse esa ropa al menos una vez así sea como disfraz.

    Me cambié, se puso su ropa él, seguimos tomando y ya casi por acabar las cervezas entre una y otra cosa me confesó que vivía con su esposa, tenía 3 hijos ya y al parecer para la sociedad su matrimonio era perfecto.

    A mi me tomó por sorpresa, pero solo escuché y no lo juzgué. Me dijo que le parecía muy guapo, que era un chico muy buena onda y que si quería podíamos vernos de vez en cuando y que le caía tan bien que no buscaba más que mi amistad. Me dio un beso en la boca al que correspondí. Así fue, nos hemos visto con Samuel unas 3 veces más y solo para salir a tomar un café, conversar de la vida. Nunca tuvimos sexo, no nos volvimos a besar ni pretender.

    Es más hasta algunas veces que he pasado por su trabajo nos hemos visto y nos saludamos. Sabemos la discreción que debe haber y el respeto es de parte de ambos. Por pandemia perdimos comunicación, sé que lo sacaron del trabajo por recorte de personal, yo me mudé. Hasta hace unos meses escribió para saludarme y desearme todo lo bueno. En su foto de whatsapp aparece él con una niña, imagino será su nieta o sobrina.

  • Experiencia Bi

    Experiencia Bi

    Hola, me llamo Ghio y lo que cuento hace años de esto y fue mi primera experiencia bi, pues soy hetero curioso, me llamaba la atención ver películas de tríos y si eran bisex, llegué a excitarme al ver los orales entre ellos, pero eso, solo en la imaginación, tenía novia y era lo que me gustaba de verdad, pero lo otro, me daba morbo.

    Un día en casa de una pareja amiga que era mayor que yo tras el almuerzo tomamos unas copas y reíamos hablando de nuestras intimidades. Yo estaba algo cortad con algunas preguntas o respuestas que oia, pero oye, me solté como ellos y ya contaba de todo.

    Ella preguntó si tenia buen sexo con mi pareja a lo que rei y dije por supuesto, muy bueno.

    Ella me dijo que sería porque estaba bien dotado y le dije que normalito y operado de fimosis, a lo que reimos.

    Ella dijo pues Gullie no lo está y llevo tiempo diciendole que se opere. Yo le dije que era muy comodo y limpio.

    El se levantó y se fue a la cocina por mas bebida y cuando vuelve, suelta las botellas en la mesa y dice, fijate y dime si hace falta operación.

    Fue una sorpresa que aunque reimos yo me quedé en shock pues se bajó el pantalón y el slip y ala, alli asomaba al aire su polla.

    Ella dijo, pero Guille, vaya confianza y sonriendo y sentada en el sofá se la cogió con la mano acariciadola. Me preguntó, y tu qué opinas?

    Estaba acelerado y logré decir que la veia bien, grande y gorda y que bueno, que echando la piel para atrás el capullo se veia gordo.

    Y dice ella, y como es la tuya? A ver?

    El tambien dijo, eso a verla, que la mia ya la viste.

    Me puse de pie y me bajé pantalón y slip y mi rabo saltó solo pues estaba excitado con todo lo que estaba pasando.

    Wow, dijo ella, que capullo mas gordo y sin pellejo y diciendolo, me la cogió y de ese modo tenia una polla en cada mano.

    Mi corazón estaba a 1000, aquello era algo increible que pasara pero estaba pasando y yo no me movía, me deje hacer.

    Ella frotó las dos pollas y dije, que pasada… Gulle dijo, te gusta? Y dije, si, nunca lo hice pero estoy hot y veo que para vosotros no es nuevo, y rieron.

    No no, dijo ella… nos gusta disfrutar del sexo y somos los dos bi, aunque no buscamos, solo si surge o pasa como hoy. Eso si, hoy antes que vinieras lo habiamos hablado de provocarte y mira como estamos.

    Acabando de hablar lamió los dos capullos, yo gemia por lo que estaba pasando y la tenia muy dura. Se metió la suya en la boca y la mia la frotaba cuando va Guille y me la coge y la acaricia tambien… aquello fue brutal, y yo alli quieto pero gozando hasta que se acabaron los miedos y cogí la suya, gorda y dura.

    El se puso de rodillas junto a ella y entre los dos me chupaban la polla y los huevos y yo cogia sus cabezas que acercaba a mi rabo durísimo.

    El de nuevo se puso de pie y ella me cogió de la mano y tiró de mi y me puso de rodillas… me miró y me dice, ahora tu, y me acercó la olla de Guille a la boca.

    Saqué la lengua, saboreé su capullo y el decia, que suave lo haces hasta que poco a poco me le fue metiendo en la boca y note lo caliente de la polla. La chupé como él a mi saboreándola y ella me decia que bien lo haces.

    Me separó y me dijo ahora los tres y en el suelo sobre una alfombra hicimos una comida uno al otro, primero un 69 el y yo y despues yo le lamia el coño ella, él a mi la y ella la polla a él.

    En fin, asi pasó y asi tuve mi primera experiencia bi que acabó con estallidos de semen de los dos y orgasmazo de ella mientras nos lamiamos.

  • Mi suegra me da una sorpresa

    Mi suegra me da una sorpresa

    Siempre he tenido un morbo oculto con mi suegra… ella es tan osada al hablar. Si hija por otro lado, es más tímida. Aunque cuando estamos en la cama se vuelve la puta de mis sueños.

    En una ocasión, entre a la casa de mi suegra sin notar que ella estaba en la cocina en tanga y sin sostén… yo solo buscaba saludar como de costumbre y dejarle las llaves de casa ya que me iba a trabajar y mi novia estaba estudiando.

    Al verme, quede paralizado. Si huía quedaba muy tonto, pero si me quedaba mirando quedaba como un pervertido. En fin, no me importó. Ella se estaba preparando un pan con mermelada cuando sintió que la puerta se abrió. Salió de detrás de la puerta y con el pan en la mano, se apoyó en el marco mirándome. Sus tetas, enormes, duras y blancas de pezones rozados estaban allí, desviando mis ojos hacia ellas.

    -me parece que se te perdió algo. – me dijo sonriendo mientras llevaba el pan hacia una de sus tetas.

    Dejo caer algo de mermelada en la teta que tenía apoyado el pan. Fueron segundos que alcanzaron para que mi pene se despertara rápidamente y se fuera mirando en mi pantalón. Ella bajo la mirada hacia mi miembro, paso su lengua entre sus labios y en voz baja me iba diciendo: -mmm, ahora veo porque mi hija está tan enamorada. Con una Berga así yo también estaría loca de amor.

    – María me tengo que ir, perdón, no sabía que estabas así. Le dije medio entre tartamudeos.

    – No te pongas mal, no me molesta. Al contrario, en cuanto te sentí la puerta quise que fueras vos.

    Dejo lo que le quedaba de pan sobre la mesa, comenzó a caminar hacia mí con esas tetas hermosas y esa tanga roja… yo solo sentía como mi pene comenzaba a dejar salir de manera espontánea una gota que lubricaba mi glande de forma involuntaria.

    Me tomo del cuello de mi camisa, me empujó hacia el sofá y yo, como un niño que no ofrece residencia, me deje caer. No daba crédito a lo que pasaba, pero tampoco me negaba. La madre de mi novia estaba de rodillas ante mí, mirándome mientras me sacaba el cinto del pantalón a la vez que me hablaba.

    -Ahora quiero ver qué tan rica sabe la pija que mi hija disfruta cada noche. No te creas que no siento los gritos de noche.

    En ese momento ya había perdido la timidez. Que más daba, ya ni había vuelta atrás.

    -Si, tu hija grita como una putita mientras se la entierro cada noche, no sabía que las paredes podían filtrar los gritos.

    -Pues no, y esos gritos hacían que yo me imaginara cualquier perversión. Mientras vos te la coges del otro lado, yo me dedico a acariciar mi vagina.

    Ya me había bajado los pantalones por debajo de las rodillas. Me agarró la verga con una de sus manos y como una profesional, comenzó a chupármela lentamente mientras con la otra mano me acariciaba los huevos.

    Dándole rienda suelta, la agarré de los pelos y comencé a soltar mi vocabulario sin censura: chupármela puta, sabía que siempre quisiste algo de mí.

    Fueron minutos de mamadas lenta, pero sin pausa. Hasta que sentí que el semen iba a salirme desenfrenadamente.

    -Dame todo el semen en la boca, no dejes ni una gota afuera.

    Explote en semen en cuestión de segundos. Mi pija no salió de la boca de mi suegra hasta que no salió la última gota. Ella me miró, saco su boca y se chupo los dedos un par de veces. -No estuvo mal. La próxima vez quiero que me entierres la verga por el culo.

    Se paró, se fue a su cuarto se vistió y volvió al living. Yo ya estaba había vuelto a la normalidad. Mi pene estaba flácido. Me había abrochado el cinto y estaba con cara de felicidad sentado en el sofá.

    Alguien golpeaba la puerta. mi suegra abrió y sentí la voz de mi novia:

    -hola mamá, salí más temprano y aproveché a saludarte, Luis está acá?

    – hola hija, si está acá recién paso a dejar las llaves pero no las voy a necesitar.

    Mi novia vino hacia mi, me vio y con inocencia dijo:

    -buen día mi amor, que feliz te veo hoy veo que el pan con mermelada de mi madre te cae bien.

  • Baby, ¿prendo la vela?

    Baby, ¿prendo la vela?

    11:51 pm: “Baby”… “Prendo la vela?”

    Antes de ver los mensajes, salí de bañarme y veo la vela encendida. “La vela” fue uno de mis detalles para mi novio en el día de San Valentín y dice “light this wick and I will suck you Dick”.

    Entonces te observo, ya listo, acostado boca arriba y sin ropa. Agarrando tu celular para poner música (como siempre) me encanta el ambiente que nos crea. Tu mirada es otra, tu hombría me grita y me excita. Ver tu cuerpo agitado sin tocarte, callado y observando cada movimiento.

    “Mámamelo bien rico, mami” – dices y siento una corriente en mi cuerpo, me encanta que te encante.

    Me produce una gran excitación este instante en el que te observo y me deleito con lo que veo, mi hombre completamente expuesto y dispuesto para mi. Con su cuerpo respondiendo sólo al morbo del momento, el ‘pensar en lo que viene’.

    Acerco mi nariz a tu entrepierna, delicia pura mi amor.

    “Páralo con la boca”

    Y sin palabras ya estabas completo dentro de mi. Te llevo hasta donde alcanza tu aún flácido miembro, lo aprieto con mi garganta y mi lengua, y salgo aun sujetándote… muy despacio…. //

    “Ahhh…”

    Basta con verte la cara, pero escucharte es más delicioso y excitante.

    Repito… (pero esta vez me detengo más tiempo con el adentro y froto mi rostro sobre tu pubis).

    “Mmmm mamiii que rico”

    “Déjalo adentro lo más que aguantes”

    … aguanto…

    Salto muy despacio, sosteniendo tu cabeza con mi boca, hablando un poco tu pene.

    Repito… Esta vez ya estás completamente erecto y alcanzando lo más profundo de mi garganta.

    Tu respiración agitada invaden las paredes de nuestra habitación.

    Sujetas mi cabeza con fuerza y delicadeza, como tú solo sabes hacerlo y bombeas mi boca.

    Me sueltas y continúo con el paso que me acabas de marcar.

    Cuanta excitación te provoca verme disfrutar tener tu pene hasta mi garganta.

    No aguantas más y derramas la miel de tu pene completa en mi boca.