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  • Phuc de Vietnam (II)

    Phuc de Vietnam (II)

    Hay ciertos sucesos que marcan para siempre el devenir del resto de tu vida. Son sucesos que no pueden ser cambiados ni atenuados.

    Ponerle los cuernos a mi novia con mi antigua compañera de trabajo, que además era la mujer de un buen amigo y madre de su hija es uno de ellos. Sin vuelta atrás ni remedio.

    Quería salir corriendo de la casa. Quería darle a rebobinar. Quería que no hubiera sucedido, volver a mi vida de hacía una hora. Una vida sin problemas, sin el conflicto brutal que acababa de generar. ¿Cómo podía haberme dejado llevar por mis partes bajas de esta manera?

    Con la cabeza fría analicé la situación. Y Phuc tenía razón, no podía presentarme de vuelta a mi casa oliendo a sudor seco y sexo. Me tenía que dar al menos una ducha antes de irme.

    Contesté a Nico que quizá no podría pasar hoy debido al trabajo. No podría aguantarle la mirada. Dejé la caja en el suelo y me fui al baño. Al pasar la vi tumbada boca arriba en su cama con los brazos detrás de la cabeza, todavía desnuda, mirando al techo como pensativa. “Joder qué buena está” pensé. “Quítate eso de la cabeza!” me dije inmediatamente.

    Me metí en el baño y cerré con cerrojo. El espejo y lavabo estaba a la derecha de la entrada y la ducha enfrente. Me quité toda la ropa. Mi polla se había agrandado otra vez un poco al ver en la cama a Phuc, sin llegar a empalmarme. La tenía colgando como un plátano dando bandazos de un lado a otro mientras me movía. Cuando me fui a meter en la ducha me di cuenta de que no había toalla. “Mierda!” Iba a tocar secarme con mi polo o lo que encontrara por el baño. ¿Por qué coño no había toalla en el baño? ¿Ni siquiera una usada?

    Abrí el grifo y me duché rápidamente, en un minuto había terminado. Mi polla seguía igual de alegre. Cómo cojones podía seguir tan caliente? Me había corrido hacía poco pero mis huevos todavía no estaban vacíos. De verdad que estos tres días y la excitación habían llenado el depósito como para durar un largo invierno. A pesar del remordimiento la imagen de Phuc en la encimera estaba volviendo a mi cabeza y no la podía apartar.

    Salí de la ducha y empecé a buscar algo en los cajones con lo que secarme. Nada. Entonces oí unos pequeños toques en la puerta.

    – Necesitas una toalla? – dijo Phuc desde el otro lado

    – Sí, cómo lo sabes? – pregunté inquisitoriamente

    – Eché a lavar todas las toallas al llegar a casa y estoy oyendo cómo abres los cajones. No hay nada – respondió

    Qué casualidad.

    – Abre, tengo una aquí – siguió

    – Estoy desnudo! – dije molesto. Me estaba incomodando ya la escena

    – Abre un poco solo la puerta y te la doy…. – empezó a decir. Tras una breve pausa como dubitativa, terminó – …además ya no hay nada que ver que no haya visto

    ¿Cómo se permitía esa frivolidad en este momento? ¿No sentía ella ningún remordimiento? Aunque si soy sincero, escuchar eso me excitó un poco más.

    Con cuidado de no resbalarme por lo empapado que estaba, caminé hacia la puerta con el rabo algo más crecido colgando y balanceándose como haciendo puénting. “Cálmate!” me dije. Se me había acelerado otra vez el corazón. Abrí el cerrojo lentamente y abrí la puerta. Su mano apareció con una toalla… pequeña. Muy pequeña.

    – Qué coño voy a hacer con esto!? – pregunté entre sorprendido y medio enfadado

    – Te he dicho que todas las toallas se están lavando, esto es lo único que hay. Te puedes secar con ella – respondió

    “Pero qué coño!” pensé casi indignado. Me tenía que secar con casi un trapo, una toalla pequeña de manos. Con el intercambio de la conversación la puerta se había abierto ligeramente más. Miré hacia mi izquierda al espejo y en el reflejo a través de la apertura vi a Phuc con la mano extendida sujetando la toalla. Se había puesto lo que parecía un tanga o panty color blanco, no podía distinguirlo bien desde delante, pero seguía con las tetas al aire. Otro calambre que me recorrió el cuerpo desde el pecho hasta la polla. Me quedé con la boca abierta mirándola. Ella miró hacia el espejo y me vio también. En medio segundo su mirada pasó de mis ojos a mi polla. Vi cómo sus cejas se arquearon un momento y sus ojos se abrieron más un instante. Me sentí desnudo, muy desnudo, a pesar de haber estado follando con ella hacía un rato.

    – Quieres hablar de lo que ha pasado? – pregunté lo primero que se me vino a la cabeza como para cambiar de tema mientras agarré la toalla y me cubrí mi miembro rápidamente.

    “Quieres hablar de lo que ha pasado? ¿En serio? ¿Es eso lo único que podía decir? ¡Cómo iba eso a ayudar a desviar la atención del tema!” me castigué cabreado conmigo.

    – No hay nada que decir – dijo desviando la mirada como avergonzada. Parece que al menos había funcionado para que dejara de observarme – ha pasado. Hemos bebido un poco y yo no lo estoy pasando bien…

    Según terminaba la frase su voz se empezó a quebrar y la escuché sollozar. La vi a través del espejo darse la vuelta y desaparecer. “Genial! Ahora está llorando. Una jugada de diez”. Dudé medio segundo en abrir la puerta y salir a intentar consolarla o intentar hablar razonadamente del tema. Mi imagen era penosa, estaba mojado con solo una toalla pequeña para secarme y mi rabo colgando como una liana.

    Abrí la puerta mientras dudaba, me sentía culpable de lo sucedido. “Joder Phuc! De verdad?? Me estás castigando a propósito o qué coño está sucediendo?” pensé alterado. La imagen que tenía ante mis ojos era celestial. Phuc de espaldas con su bonita melena tapando hasta la mitad de su desnuda y estética espalda. Descubrí que lo que se había puesto era un medio panty-medio tanga blanco que le cubría su perfecto culo hasta la mitad para pasar a desaparecer entre sus nalgas, dejando la mitad inferior del culo al descubierto. Esto era casi lencería de noche de bodas. Me quedé paralizado un segundo con mi rabo empezando a rebotar como un resorte. Se dio la vuelta al oírme detrás. Me tapé el rabo con la pequeña toalla a toda prisa. Se secó un par de lágrimas de la cara en lo que fue una de las imágenes más memorables que permanecerán en mi retina por el resto de mi vida. Su bonita cara adornada con un par de lágrimas, sus preciosas tetas al aire, ese glorioso panty separando su vientre plano de un par de hermosas, fuertes y largas piernas.

    Mi polla dio un pequeño salto que hizo botar la toalla. Phuc soltó una breve risa de inmediato cuando lo vio. No sabía dónde meterme.

    – Cómo es posible que estés así cuando hemos hecho… bueno ya sabes… hace un momento? – preguntó en tono muy sincero, sin ninguna intención sexual

    – Joder Phuc! – estallé. Cómo coño quería que no me pusiera así? – te has visto? Sabes lo que está pasando en mi vida? Te crees que soy de piedra? Te crees que yo no necesitaba también esto?

    Mi intención no era halagarla sino más bien desahogarme, echarla de alguna manera la culpa. Pero sonó, y con razón, como un piropo hacia ella. Y así pareció tomárselo. Se sonrojó un poco y se miró el cuerpo.

    – Gracias – susurró. Inmediatamente volvió a levantar la cabeza – no sé si te has dado cuenta de que estás empapando el suelo

    Miré hacia abajo, se había formado un pequeño charco. “Mierda”. Instintivamente me agaché y sequé el suelo con la toalla. No sé si queriendo o no, pero dejé de taparme la polla. Comencé a secarme cuerpo y cabeza. Además ella también estaba casi totalmente desnuda y como había dicho antes, no había nada que no hubiéramos visto el uno del otro ya. Había tenido la intención de salir corriendo de allí pero esta chica ejercía un poder enorme sobre mí. Ya no me quería ir. No sabía lo que quería, no sabía a donde iba esto. Solo sabía que me gustaba cómo me estaba mirando mientras yo fingía no darme cuenta.

    Me estaba secando, Phuc mientras se fijó en mi rabo ya al descubierto balanceándose de un lado a otro con el movimiento. Como dubitativa, pareciendo como querer decir algo pero sin llegar a decirlo. Es curioso que antes todo fuera mucho más rápido y decidido y ahora una vez ya habiendo follado estuviéramos más vergonzosos. Finalmente se decidió a preguntar.

    – Siempre es así de grande o estás otra vez excitado? – dijo de una forma no muy asertiva e inocente

    Me sorprendió un montón la pregunta. No sabía que decir. Por qué me hacía esa pregunta? Lo estaba comparando con Nico? De verdad y de forma sincera se estaba preguntando en su cabeza esto? Estábamos jugando otra vez con fuego. La tentación, otra vez, estaba renaciendo de sus cenizas. Qué le debía responder? Que respuesta esperaba? O no necesitaba respuesta y solo era una reflexión en voz alta? Sus sollozos habían desaparecido pero tenía los ojos algo húmedos de las lágrimas que acababa de derramar. Era un ángel. Era demasiado bonita para evitarla.

    – Phuc… – empecé de forma dubitativa, intentando ser sensible – mira…me pareces una mujer muy atractiva…y ya te he dicho que llevaba un tiempo complicado y necesitaba algo así… – hacia dónde coño quería ir? – y mírate – repetí, esta vez señalándola.

    Se volvió a sonrojar, esta vez sonriendo y agachando ligeramente la cabeza en señal de vergüenza. Me volvió a mirar y con cuidado soltó las siguientes palabras.

    – Me ha gustado lo que ha pasado…sé que no está bien, pero me ha gustado. Lo necesitaba también. Y si tenía que pasar, me alegro de que haya sido contigo – qué había querido decir? Soy algo más para ella que el primero que pasaba por aquí? Se me enfrió la cabeza.

    Se detuvo un momento como queriendo decir algo pero sin llegar a decirlo. Su mente parecía estar ponderando. Una vez tras un par de bebidas en un calentón durante un mal momento era de alguna forma excusable, al menos para algunas personas. Pero eso ya había sucedido.

    A continuación soltó la bomba – si quieres…te puedo ayudar con eso – dijo señalando vergonzosamente a mi polla – después de todo, soy la culpable.

    Me quedé estático. Durante un momento nos quedamos mirando, indecisos. La situación era diferente a la anterior. Antes había deseo, lujuria, liberación, decisión. Ahora todo iba más despacio, con más cuidado, cautela…y sentimiento. Mi silencio fue tomado como consentimiento y Phuc decidió dar un par de pasos hacia adelante hasta quedarse a centímetros de mí. Agachó la mirada y con delicadeza rodeó con su mano mi polla todavía sin erguir. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. Levantó la mirada. Era profunda, penetrante. Empezó a subir lentamente la piel de mi polla. Cuando llegó al final volvió a bajarla con cuidado. Siguió el movimiento rítmico lentamente mientras nos mirábamos a los ojos sin decir una palabra. Mi corazón latía rápidamente y sentí su respiración acelerarse. Tras unos cuantos segundos decidió subir su otra mano y ponerla sobre mi pecho suavemente provocando una sensación cálida en mí. Creo que le gustaba la sensación de tocar un cuerpo entrenado, no era a lo que estaba acostumbrada. Mi polla creció en su mano en cuestión de segundos según me pajeaba hasta llegar al tamaño que había alcanzado antes en la cocina. Phuc bajó entonces la mirada y la volvió a subir mientras esbozó una sonrisa infantil a la vez que angelical. Me gustaba cómo se estiraban sus achinados ojos cuando sonreía. Yo sonreí también esta vez. Estaba más relajado. Estaba a gusto con ella. Estaba disfrutando.

    A la vez que me seguía pajeando a un ritmo lento pero constante, su otra mano empezó a deslizarse sobre mi pecho en dirección a mi hombro para después pasar a acariciarme el antebrazo e intentar rodearlo. Volvió a sonreír mientras daba pequeños apretones a mi bíceps. Definitivamente le gustaba mi cuerpo.

    Había dos opciones. La primera era dejar que Phuc me terminara de pajear para aliviarme y después marcharme. La segunda era plantarle un beso en la boca y ver qué sucedería después. Esta vez sería yo quien tomase la iniciativa. Mirándonos a los ojos, acerqué mi boca a la suya. Ella no se movió. Mis labios tocaron delicadamente los suyos. Primero un pequeño contacto, y otro, y otro. Empezamos a besarnos a un ritmo lento, como el de su mano en mi polla. Mi mano izquierda fue a acariciar delicadamente su cara mientras mi mano derecha bajó a la cintura para acercarla a mi cuidadosamente. Deslicé entonces mi mano hacia abajo, la pasé por encima del panties hasta llegar a la parte inferior de su culo que estaba descubierta. Lo apreté ligeramente lo que hizo sonreír a Phuc mientras nos besábamos con cariño. Sentí una unión espiritual única con ella en ese momento.

    Su mano que apretaba cuidadosamente mi brazo se deslizó hacia abajo para llegar a mi mano que se situaba en su culo. La cogió, se separó de mí, dejó de besarme y pajearme y dándose la vuelta se dirigió hacia su habitación tirando de mi brazo para arrastrarme detrás de ella. Cuando llegó a su cama me soltó y se tumbó boca arriba esbozando una sonrisa pícara en su boca. Esa sonrisa que dejaba ver sus colmillos. Yo, completamente empalmado ya, me situé sobre ella, la di un beso y empecé a rodar mis labios sobre su cuerpo hasta llegar a las tetas. Chupé los pezones puntiagudos mientras con una mano le bajaba los panties hasta los muslos. Mientras seguía chupando sus tetas, me recosté sobre ella apoyándome con un antebrazo en la cama y con la otra mano empecé a jugar con su coño y clítoris. Phuc cerró los ojos de placer mientras me acariciaba con cuidado la cabeza. Abrió las piernas para dejarme más espacio. Dejé de comerla las tetas cuando noté que su coño estaba ya bien lubricado y me bajé hasta estar enfrente. Vi que Phuc abrió los ojos y se inclinó un poco para ver qué iba a hacer. No se lo creía. Acariciando su vientre y muslo coloqué mi lengua en su clítoris y empecé a lamer. Dejó caer su cabeza en la cama a la vez que soltó un gemido profundo. Lamí y chupé como si no hubiera un mañana. Phuc trataba de no soltar gemidos para no despertar a su hija aunque le costaba. Apretaba la boca, cerraba los ojos y agarraba la sábana con fuerza. Al llegar al orgasmo ahogó sus gritos con la almohada mientras con sus piernas me apretó el cuello.

    Yo estaba empalmadísimo, me ponía muy cachondo oír como se corre una mujer gracias a mí. Con la cara hecha todavía un cromo del placer del orgasmo y respirando agitadamente tratando de recomponerse, yo escalé hacia arriba velozmente para de una vez meter mi polla en su coño empapado. Le pilló totalmente por sorpresa todavía recuperándose del orgasmo, abriendo los ojos como platos y la boca soltando un grito de medio sorpresa y placer a la vez que me rodeó la espalda con los brazos.

    Meter la polla hasta el fondo de una vez justo después del orgasmo, pillando por sorpresa, es algo que hacía años me di cuenta de que proporcionaba un placer bestial a la mujer. Y el secreto estaba en no parar después pero llevar un ritmo lento. Y eso hice. Phuc escondió su cabeza en mi cuello mientras me estrujaba con los brazos mi espalda. Levanté la pelvis para sacar la polla poco a poco y sin llegar a sacarla del todo, volví a meterla lentamente. No paré el movimiento, mi polla salía y entraba delicadamente en su coño mientras oía a Phuc gemir al lado de mi oreja. Su cuerpo a la altura de su ingle empezó a temblar ligeramente, sus piernas también. Mi polla estaba grande y fuerte como un sable y recorría el coño lubricado de Phuc sin prisa pero sin pausa. El temblor en su cuerpo empezó a hacerse más evidente y se trasladó a su torso y brazos. Sus gemidos pasaron a ser constantes y más fuertes y su voz empezó a temblar.

    Se estaba corriendo otra vez? Era esto posible? Nunca había conseguido que una mujer se corriese mientras me la follaba. Se estaba corriendo!! Apretó su boca contra mi cara, me estranguló con los brazos y las piernas, noté su cuerpo vibrar, sacudirse como en shock mientras yo intentaba seguir sacando y metiendo la polla en ella.

    Sentí algo que nunca había sentido antes. Su coño se calentó aún más y lo sentí en la polla. Empezó a realizar movimientos de contracción espásmicos apretando mi polla en su ya de por sí estrecho coño. La sensibilidad en mi polla se volvió extrema pero debido a la cantidad de fluidos que estaba produciendo su coño podía seguir metiendo y sacando al mismo ritmo lento que llevaba.

    Esto era increíble. No había tenido una experiencia así, una mujer en trance a punto de tener un orgasmo, estrujando mi cuerpo con sus brazos y piernas, y mi polla con su coño. Hizo que mi polla se estimulara de tal forma que sentí me iba a correr también. No llevaba ni dos minutos follándomela. Tras ahogar un gemido contra mi cara, su cuerpo dio una última sacudida esta vez más grande, separó su boca de mi cara, apoyó la cabeza violentamente en la cama con la boca abierta a más no poder y los ojos cerrados fuertemente. Su cara era un poema, estaba tensionada a punto de explotar, su mandíbula se iba a desencajar. Durante dos segundos no emitió ningún sonido, solo un grito ahogado. Es como si quisiera expulsar por su boca un torrente de sonido pero su cuerpo no le dejaba. Yo estaba alucinando. Aumenté el ritmo en esos dos segundos empujado por mi polla que había alcanzado una sensibilidad desconocida.

    Y gritó de placer. Vaya si gritó. Todo lo que tenía dentro finalmente salió en una avalancha. Al hacerlo su cabeza se levantó otra vez para apoyarse en mi cuello. Sus brazos y piernas seguían estrujándome. Y es entonces, en este limbo, en este sueño, en este éxtasis sin control cuando sucedió. Mientras Phuc gritaba potentemente, mi polla empezó a tener sacudidas y comencé a sentir una sensación de presión creciente en mis huevos. No me estaba doliendo, me estaba provocando un placer indescriptible. Pero me estaba dejando sin control de mi propio cuerpo. Es como si mi polla y huevos hubieran hackeado el sistema y deshabilitado todas las funciones de mi cuerpo. Nunca había tenido esta sensación. Mi polla iba en autopiloto y yo no podía ni reaccionar. Solo sentir placer, mucho placer. Aunque mi cabeza me hubiera intentado parar, no hubiera podido. Pero mi cabeza ni pensaba en ese momento. Se estaba formando una tormenta perfecta en mis huevos, lo sentía, lo gozaba. Mi polla entró y salió dos veces más en ella mientras tenía el orgasmo. A la vez que Phuc dejó de gritar, aunque todavía encaramada a mí, la presión en mis huevos se hizo placenteramente inaguantable y como con un resorte, como si se hubiera abierto una compuerta que dejó salir en tromba toda la presión que se estaba almacenando en los huevos, el placer indescriptible pasó a la polla. Y la polla se sacudió. Fuertemente. Explosivamente. Esta vez fui yo quien gritó. Nunca había gritado al correrme. Me estaba corriendo dentro de Phuc al mismo tiempo que ella acababa de tener un orgasmo. Era la primera vez que me corría dentro de una chica sin usar protección. Y la sensación era muy diferente. Mi semen no estaba chocando con una pared justo delante de la punta de mi polla. No se estaba almacenando alrededor. Sentía que estaba lanzando mi semen dentro, lejos sin ser detenido por un plástico. Y me estaba gustando. Tras el grito que solté y con todavía semen en mis huevos, las dos últimas sacudidas las hice con una fuerza ya algo recuperada, como con rabia, queriendo lanzar mi semen lo más adentro posible. Phuc empezaba a aflojar su abrazo y bajar su cabeza otra vez sobre la cama. La última sacudida de semen que hice con fuerza fue mirándola a los ojos. Nos dimos un beso suave, cansado…de amor. Ella se soltó totalmente de mí para quedarse exhausta en la cama. Yo caí como un saco de patatas sobre ella. Los dos respirábamos profundamente.

    Tras unos segundos me reincorporé, saqué la polla de dentro y rodé hacia el otro lado de la cama quedando boca arriba. No dijimos nada durante unos diez segundos. Los dos mirando al techo, recuperándonos, recobrando el ritmo normal de respiración.

    Giré mi cabeza para mirarla. Ella la giró también. Compartimos una mirada y sonrisa cómplices. Estaba en paz.

    – Escápate conmigo – dije – tú y yo

    Sonrió otra vez y volvió a mirar al techo. Esa sonrisa que tanto me gustaba. No respondió.

    Escuchamos el lloro de la niña, probablemente la habíamos despertado. Phuc se levantó y dirigió hacia el baño con la mano tapando su coño para que no gotease todo el semen que llevaba dentro. Qué mujer, qué guapa era, qué atractiva. Me estaba enamorando.

    Se tenía que ocupar de su hija y yo de llevarme las cajas así que decidí que era momento de irse. Nos despedimos con un beso. En ese momento de verdad pensé que mi futuro estaba con ella y con esa idea me fui de la casa. Pobre idiota.

    Me llevé las cajas pero no fui a casa de Nico. Las dejaría en el coche hasta que se aclarase mi mente. Pero lo que no podía evitar era volver a casa y encontrarme con Clara. No quería ni mirarla.

    Esa misma noche corté con ella. No podría aguantar vivir una mentira. A pesar de que era una relación acabada, Clara no se lo tomó bien. Me interrogó entre lágrimas qué había pasado para dejarlo tan abruptamente. Me preguntó si fue por la noche anterior, le dije que no, que venía de más lejos… y ella lo sabía también. Obviamente nunca le conté lo que sucedió. Fue sin duda lo peor por lo que había tenido que pasar…hasta ese momento.

    Me fui a casa de mis padres a vivir hasta que pudiera encontrar un apartamento. El fin de semana escribí a Phuc y ella me contestó. Aunque quería quedar con ella y verla otra vez, no quise ser pesado. Era ella la que tenía que dar ese paso. Entendí que estaría algo confusa y no querría ver a nadie por unos días.

    Aunque me subía por las paredes, decidí no escribirla durante la semana. “Dale hasta el próximo fin de semana” me dije a mí mismo.

    Nico sí me escribió para preguntarme por las cajas. Puse como excusa (real) que había cortado con Clara y no tenía ganas de salir de casa. Lo entendió y me dijo que ya las recogería en otra semana, no necesitaba nada de lo que había en ellas.

    Al siguiente fin de semana volví a escribir a Phuc. Me contestó pero no mostró intención de plantear quedar para vernos. Lo acabé proponiendo yo pero declinó, quería pasar un tiempo sola. Pasó otra semana sin contacto, me estaba volviendo loco. Llegó el viernes, hacía dos semanas de aquel día y Phuc no me había escrito. Clara tampoco pero aunque sonase cruel, no era en ella en quien pensaba. Un terrible pensamiento empezaba a rondarme la cabeza, que Phuc se hubiera arrepentido y no quisiera verme. Preso de la ansiedad decidí escribirla. Pasaron las horas y no contestaba. Ni leía el mensaje. No lo pude aguantar, quedé con un par de amigos que me habían estado toda la semana pidiendo salir al enterarse de mi ruptura con Clara. Salimos, bebimos, acabamos hechos mierda en un fin de semana de destrucción, pero no les conté la razón real de mi ruptura con ella.

    El lunes Nico me escribió, quería pasar por casa de mis padres, donde vivía todavía, para recoger las cajas. No tenía ninguna gana de verle pero seguir evitándole sería muy extraño.

    Cuando saqué las cajas le vi inusitadamente feliz. Me pareció extraño.

    – Tengo noticias – me dijo sonriendo nada más verme – he vuelto con Phuc.

    Se me cayó el alma a los pies. Y la caja casi también.

    El miércoles anterior ella le había llamado para que fuera a su casa. Quería arreglarlo y volver. En su línea de bocazas me contó que hicieron las paces, hablaron, lloraron y tuvieron sexo… sin protección. Así me lo contó. Pero lo peor es lo que vino después. Este fin de semana Phuc se había hecho la prueba de embarazo y había dado positivo. Estaba embarazada.

    Casi me desmayé. Lo excusé con que mi ruptura con Clara estaba muy cercana y me estaba recordando a eso. Nico se lo creyó y se ocupó de sacar las otras cajas.

    Mi castillo de arena se había desmoronado. Mi cabeza no podía pensar razonablemente. Habían vuelto? Y solo semana y media después de lo que había sucedido entre ella y yo? Y embarazada!? Había dicho que se estaba tomando la píldora! Podría ser mío? O era de Nico? Todo esto era demasiado para mí. Esta vez sí tenía que verla.

    Después de una noche en la que apenas pude dormir, la mañana siguiente me fui pronto a su casa. Vi a Nico salir en su coche hacia su trabajo y a Phuc en el suyo llevando a la niña a la guardería. La seguí y decidí esperar a que dejase a la niña y saliese a la calle otra vez. La abordé mientras se dirigía a su coche. Tenía un semblante serio pero en cuanto me vio pareció como si hubiera visto un fantasma.

    – Qué haces aquí? – reaccionó – tienes que irte

    Qué mierda era esto? Cómo que me tengo que ir? Decidí ir directamente al asunto

    – Estás embarazada? – pregunté sin preámbulos

    Se quedó en silencio mirándome por un segundo.

    – Sí – respondió en voz baja finalmente agachando la cabeza ligeramente

    La siguiente pregunta era una que no sabía si quería hacer.

    – Desde cuando lo sabes – la pregunté

    – Desde una semana después de que estuvieras en mi casa – respondió sinceramente

    Me quedé helado. Era mío. Había vuelto con Nico semana y media después de aquello. Noté mis ojos desenfocarse, llorosos. Con una lágrima cayéndome por la mejilla.

    – Es mío? – dije con la voz quebrada. Sabía perfectamente que lo era pero necesitaba que me lo dijera.

    Phuc asintió mientras su cara realizó una mueca de dolor, como si una daga la hubiera atravesado el corazón. Pero no lloró. Se recompuso mientras yo iba muriendo por dentro. Lo había planeado todo desde el principio? O había sido un accidente? Me había usado o aquel viernes en su casa fue real y sincero?

    – Me dijiste que estabas tomando la píldora – pude reaccionar finalmente – por qué me mentiste?

    – No lo sé – dijo con un hilo de voz de forma avergonzada

    Lo siguiente era confrontarla para saber si me había utilizado para volver con Nico. Pero no me atreví. No quería oír la respuesta. Tenía el corazón roto y eso solo significaba que la quería.

    – Quédate conmigo – dije en un arrebato – ven a vivir conmigo, tráete a la niña. Déjale a él y ten al bebé conmigo.

    – No puedo! – me contestó llorando – le quiero a él. Le quiero a él.

    El golpe definitivo. Mi corazón estalló en pedazos. Phuc había decidido volver con su marido y hacer pasar a mi hijo por suyo. La fuerza me abandonó el cuerpo. No podía moverme, no podía hablar. Phuc comenzó a caminar de nuevo pasando por mi lado para seguir hacia su coche.

    No podía hacer nada, no se lo podía contar a nadie. A mis amigos? Sí, seguro que me dejarían en confianza con sus novias o mujeres a partir de entonces. A Nico? Obviamente no. A alguna amiga? Lo más cercano que había tenido alguna vez a una amiga era Phuc. A mis padres? A mi hermano? Decirles que iban a ser abuelos, tío, pero que no iban a poder conocer nunca a su nieto, sobrino?

    Estaba perdido, acabado, destrozado. Me di la vuelta y vi a Phuc alejarse caminando. Llevaba uno de esos pantalones vaqueros que tan buen culo le hacían. Incluso en su momento más duro mantenía ese movimiento sensual tan innato de sus caderas. Me encantaba, me enamoraba. Y era lo peor que me había pasado en mi vida.

  • Sorpresa con la madre de mi novia (4): El calentón de Carmen

    Sorpresa con la madre de mi novia (4): El calentón de Carmen

    —Nada hija, tomando el sol!

    —Pero mamá, estás con las tetas al aire!

    —Le he dicho a Jorge que si no le importaba que tomara el sol así!

    —Joder, y tú estás sin bañador!

    No sabía dónde meterme, la situación era bastante complicada para poder explicarla. Intenté salir del paso con una estupidez.

    —Yo también le he preguntado a tu madre que si no la importaba que me bañara en pelotas y me ha dicho que por ella no había ningún problema!

    Lucía se quedó mirándome con cara interrogante, supongo que estaría intentando procesar la situación, y la verdad, era difícil de procesar. Después de unos segundos de silencio que se me hicieron eternos por fin dijo algo.

    —Anda, ponte el bañador y ven a la habitación!

    Desapareció por la puerta y salí de la piscina a toda prisa para recoger el bañador que estaba donde las toallas.

    —Ay hijo, creo que se ha enfadado mucho. Que va a pasar ahora?

    —Tranquila Carmen, ahora hablo con ella!

    Carmen estaba bastante compungida y lo único que hice es tranquilizarla con una frase, pero realmente no tenía ni puta idea de que le iba a contar.

    —Cuéntame con todo detalle que coños ha pasado!

    Mi novia estaba sentada en la cama con una cara que no sabría definir, entre enfadada, preocupada y sorprendida.

    —Pues bueno… cuando te fuiste me tumbé al lado de tu madre para charlar. Le intenté subir el ego y darle un poco de cariño, como tú me dijiste. – puntualicé al final de la frase – Le dije que era una mujer guapa y atractiva y que tenía que disfrutar de la vida.

    Lucia me miraba sin pestañear, no me había interrumpido hasta ahora y no sabía si eso era bueno o malo.

    —Me preguntó que si realmente la veía atractiva, o que si solo se lo decía para consolarla y le contesté que le decía lo que pensaba de verdad, que tenía un buen cuerpo y unas bonitas tetas. Ella se puso contenta y me insinuó que si quería verlas. Le dije que ya muchas mujeres hacen top-lees en la playa. Se quitó la parte de arriba y volvió a preguntarme, y le asegure que realmente eran impresionantes.

    Mi novia no hacia ningún gesto, ni una mueca, y sus labios no se definían, ni como sonrisa ni tampoco enfado. Comencé a preocuparme y seguí intentando dar explicaciones imposibles. Ahora tenía que contarle porque yo tenía la polla al aire.

    —Se alegro mucho al oír mis palabras y me lo agradeció con un beso en la mejilla. Después me preguntó que si los hombres no se desnudaban en la playa. Le dije que en algunas playas si, las nudistas, y me dijo que porqué no lo hacía aquí dado que no nos veía nadie. Pensé que le podría alegrar la vista y eso es lo que hice, quitarme el bañador y tirarme a la piscina.

    Mi novia después de unos segundos sonrió.

    —Y tú te crees lo que me estás contando?

    —Bueno joder, pues me la he follado!

    —Como que te la has follado?

    —Te estoy dando una mierda de explicación, así que lo mejor es contarte la verdad!

    —Pues sí, era una puta mierda y no me estaba creyendo nada!

    —A ver, empecé a darle algo de cariño y las cosas se nos escaparon de las manos!

    Mi novia paso de la sonrisa a casi una carcajada.

    —A ver, a ver, esto si que es interesante. Casi es más increíble que la historia que me estabas contando!

    Ahora sí que me dejó sorprendido, en vez de enfadarse parecía súper interesada. Me relajé al oírla y comencé a contarle lo que había sucedido con todo detalle. Cuando acabé su boca estaba totalmente abierta como si no se lo pudiera creer.

    —Joder, nunca me hubiera creído que mi madre se comportara así!

    Se quedó pensativa y al cabo de unos segundos me dijo.

    —Sabes que me he excitado con el morbo de la situación! Me parece tan increíble que quiero verlo!

    —Cómo que quieres verlo?

    —Si, vamos a hacer una cosa, mantendremos la primera historia, es decir, tu le cuentas a mi madre que me has contado lo anterior y que yo me lo he creído. Asegúrate de convencerla de que no sé nada. Después, por la tarde me decís que os vais a dar un paseo por la finca y te la follas para que yo lo vea!

    Ahora el que se había quedado pasmado había sido yo. Me costó varios segundos reaccionar.

    —Estás segura de lo que me estás pidiendo?

    —Segurísima!

    —No te pondrás celosa al vernos?

    —Para nada! Creo que me encantará ver cómo se pone de guarra cuando te la folles, si es verdad lo que me has contado!

    —A mi también me ha sorprendido, pero te aseguro que se pone como una perra!

    —Joder, me estoy poniendo caliente tan solo con escucharte!

    Todo mi cuerpo ya sonreía al oírla, no solo no se había enfadado, si no que quería que me la volviera a follar y además ella mirando. La pregunta era, solo querría una vez? O si le gustaba me pediría más veces? Creo que la polla se me volvió a poner dura con tan solo pensarlo.

    —Vamos, ahora sal y convencerla que me he creído la historia!

    Su frase me saco de la nube de sexo en la que había entrado mi mente. Salí y me fui hasta donde estaba

    —Dios mío, que ha pasado hijo?

    —Tranquila Carmen, la he convencido de que no ha pasado nada, que simplemente nos apetecía estar así, usted en tetas y yo desnudo.

    —Y se lo ha creído?

    —Totalmente, y no solo eso, si no que le ha parecido bien que sigamos así y que usted esté contenta y se sienta a gusto!

    —Ufff, menos mal! Pensé que se enfadaría y estropeará vuestra relación!

    —Que va! Está encantada de que nos llevemos así de bien!

    —Uy, eso es perfecto!

    —Y tan perfecto! Creo que podremos follar a escondidas si a usted le apetece!

    —Dios mío! Eso es genial! Ya lo estoy deseando!

    Vi como Carmen se pasaba una mano sobre sus tetas de una forma lasciva al oírme como confirmación de que se lo había tragado todo. Al rato salió Lucía sonriente y se quitó la parte alta del bikini para convencer más a su madre de la situación.

    —Me alegro de que te vayas abriendo al mundo actual, llevabas demasiados años cohibida!

    —Gracias hija! Creo que necesitaba unas vacaciones así!

    —Entonces, no te importa que me quité el bikini? Le dijo al ver que ella lo había hecho.

    —Que va! Todo lo contrario! Puedes estar como te apetezca!

    Carmen, que se había vuelto a poner el bikini, se lo volvió a quitar encantada de la situación. Yo, que estaba tumbado boca abajo escuchando, me levanté.

    —Supongo que yo no voy a ser menos! A mi me encanta estar desnudo!

    Dije quitándome el bañador y lanzándose al agua. Las dos rieron mientras yo me relajaba en el agua y agudizaba el oído.

    —Me alegro de que hayas congeniado con Jorge!

    —Es un chico estupendo y estoy encantada de que haya venido!

    —Pues si, y además está para comérselo!

    Oí decir a la cabrona de mi novia.

    —Pues sí que está muy bien! Jijiji!

    —Que te parece verle así, totalmente desnudo?

    Mi novia parecía querer sonsacar a su madre hasta donde pudiera.

    —Uy, pues no sé, la verdad es que es una delicia para la vista!

    —Ahora que parece que tu mente se va abriendo – continuó horadando mi novia – creo que puedo hablar contigo de estas cosas!

    —Claro hija, puedes contarme lo que quieras, creo que estoy abierta a todo!

    —Pues además de ser estupendo como persona, no veas cómo es en la cama!

    Pude ver cómo Carmen enrojecía. Nunca había hablado de sexo con su hija y se estaba poniendo nerviosa. No obstante pudo reaccionar.

    —De verdad! Pues tiene que ser una delicia, noo?

    —No lo sabes bien! Has visto su miembro arrugado, pero cuando se le estira, menudo pedazo de pepino!

    —Ufff, hija, que cosas me cuentas!

    —No quieres que te las cuente?

    —Si, si! Pero es que… no sé si te lo vas a creer, pero me estoy poniendo caliente!

    —Pues me alegro mamá! Creo que pocas veces te has puesto caliente con papá!

    —Llevas razón hija, mi vida sexual ha sido un desastre!

    —Bueno, pues eso tiene que cambiar!

    —Te gustaría vernos follar?

    Le preguntó de repente. Yo me quedé alucinado, no sabía que pretendía la cabrona de mi novia, pero si seguía así, creo que acabaríamos follando allí mismo, sobre el césped.

    —Ufff, no se hija, creo que eso sí que me pondría calentita, jajaja!

    Yo no paraba de alucinar, eso no era lo que habíamos hablado y no sabía dónde pararía mi novia. La estaba poniendo más caliente que el fuego de una fragua y no entendía para qué, el caso es que Lucía parecía disfrutar poniéndola así.

    —Pues sí quieres verlo, ahora me meteré en el agua y tú di que te vas a tumbar un rato a tu habitación. Bajas la persiana y te asomas por las rejillas. Creo que vas a tener una buena visión para ver cómo me mete ese pedazo de rabo que tiene!

    —Ufff, hija, ahora sí que me has puesto caliente!

    —Has traído algo para masturbarte?

    Joder, la muy zorra no paraba con su madre, poco más y se mete dentro de ella para escudriñar en sus pensamientos más íntimos.

    —Bueno, sí, pensé… que a lo mejor lo podía utilizar! Contestó Carmen algo abochornada.

    —Me alegro, y espero que te lo pases bien!

    Mi novia se lanzó al agua y yo me hice el loco como si no hubiera oído nada. Carmen se fue aludiendo que se iba a descansar como le había dicho su hija.

    —Vamos, salgamos fuera que quiero que me folles como nunca me has follado!

    —Pero qué dices! Le dije como si no supiera nada.

    —Quiero que mi madre nos vea follar como posesos para ponerla más caliente que una estufa!

    Lucía no podía imaginar lo caliente que ya era su madre sin necesidad de nada. Bueno, tú mandas! Le dije en plan complaciente.

    Ya salí del agua con la polla medio empalmada, pero nada más tumbarnos, comenzó me agarró el tronco con una mano y miro si estado semi flácido.

    —Como me gusta ponértela dura! Me dijo sin dejar de mirar al capullo que se iba hinchado por momentos.

    Sacó la lengua y la acercó para rodear el sonrosado glande, la verdad es que sabía manejar esa carnosa lengua como nadie. Abrió los labios y lo succiono de una vez provocándome un calambrazo, y comenzó a chupármela como una aspiradora, parecía no querer perder el tiempo. Al momento tenía el tronco como un roble y las venas se marcaban como los bíceps de un culturista. Se quitó el tanga y se puso de rodillas para que Carmen nos pudiera ver de lado, quería que viera como mi polla entraba y salía de su coño.

    —Vamos cabrón, méteme esa estaca hasta el fondo! Quiero que vea cómo me revientas!

    Su redondo y duro culo me miraba con un solo ojo a la vez que yo le miraba a él con un deseo incontrolado. Los labios genitales sobresalían bajo él, no eran tan gruesos como los de su madre, pero no dejaban de ser adorables. Me incliné poniendo la lengua en la raja y di un lametazo subiendo hasta el centro de su culo. Lo repetí varias veces hasta oírla gemir. Después me concentre en su precioso culo, metiendo la lengua para llenarlo de saliva. Baje al coño y mi lengua le abrió la raja hasta encontrar el clítoris que parecía esperar ansioso. Lo lamí y lo chupé como un perro salido. Mi novia me había provocado para que fuera duro, y lo iba a ser. Casi me quedo seco embadurnándolos de saliva, pensé que la iban a necesitar.

    —Vamos cabrón, métemela ya! Estoy como una perra en celo!

    Aproximé mi polla hasta poner el capullo en medio de la raja y presioné con suavidad. La polla fue entrando lentamente, pero no pare hasta llegar al fondo.

    —Diosss, como me gusta! Gimió al sentir como llenaba su vagina.

    La saqué casi entera y la volvía a meter de un empujón.

    —Diosss! Que cabrón que eres! Volvió a gemir.

    El tercer empujón fue más bestia, hundiendo mi polla hasta lo más profundo de su vagina haciendo que su cuerpo se curvara como la de una gata enfurecida. Ya no jadeó, ahora fue un grito que envolvió el silencio de toda la finca. Continúe embistiendo con fuerza, como me había pedido, visualizando en mi mente depravada como se la sacaba por la boca por la boca. Me había puesto tan cerdo que ya solo pensaba en barbaridades.

    —Quieres que te reviente, pues te voy a reventar, zorra!

    Le gritaba tirando de sus caderas como si estuviera remando a contracorriente. Su coño comenzó a mojarse y aumente el ritmo, al momento ya fue una catarata lo que desbordó su raja abierta como un melón.

    —Diosss, que cerdo que eres! Me has puesto más zorra que nunca!

    —Es lo que querías, noo?

    —Joder, síii! Seguro que mi madre se está pajeando como una loca!

    —Pues ahora lo hará más!

    Le dije sacando la polla de su coño para apuntarla en su culo. Mi miembro, totalmente erecto y duro, chorreaba como si lo hubiera metido en agua. Apenas el capullo tocó el amarronado agujero, penetró con relativa facilidad, pero se quedó ahí.

    —Que haces cabrón? Dijo Lucía arrodillada y con la cara casi pegada a la toalla.

    —Poner a tu madre más caliente y a ti más zorra!

    Comencé a empujar sintiendo la oposición de la carne prieta y cerrada, y Lucía gritó al sentir como le abría el culo.

    —Aghggg! Eres un puto cabrón! Me lo vas a romper!

    Fue lento, pero apretando conseguí introducirle casi todo mi tronco duro y venoso.

    —Para para! Volvió a gritarme.

    —Ya es tarde putita! Me has puesto demasiado salvaje!

    Saqué la polla casi al completo y volví a empujar con lentitud, pero con fuerza. Volvió a gritar usando todos los insultos que se sabía, pero yo no cese en mis intentos. A la tercera penetración conseguí meterle toda la polla.

    —Hijo de puta! Me vas a reventar entera! Gritó al sentir chocar mis huevos contra sus nalgas.

    Lo siguiente ya fueron embestidas cada vez más fuertes. Lucía ya no gritaba, tan solo resoplaba al sentir como llenaba su recto. Levanté las rodillas des suelo para ponerme de pies con las piernas flexionadas, y sin sacar la polla moví a Lucía de posición, quería que su madre me viera como aplastaba los huevos contra su culo. Empecé a embestir de nuevo a gran velocidad, el culo de mi novia se había abierto y mi polla lo penetraba como si lo hubieran engrasado. Ella seguía soplando y metió dos dedos en su cajita para pajearse esperando a que mi polla llenará de leche su recto.

    Fueron más de dos largos minutos bombeándola el culo a la vez que ella gemía y se masturbaba, hasta que mi polla estalló soltando varios chorros de leche. Cuando solté sus caderas cayó derrumbada sobre el suelo, mi polla chorreaba todavía leche cayendo sobre su redondo culo dejándola unos blancos goterones.

    —Diosss, me has reventado el culo, cabrón!

    —No era lo que querías?

    —Solo tenía previsto el coño, ja…

    Intentó reírse al final de la frase sin fuerzas para hacerlo.

    —Estoy seguro que tu madre se debe haber masturbado como una fiera!

    Concluí antes de lanzarme de nuevo a la piscina.

  • Mi compañera de piso

    Mi compañera de piso

    Todo esto lo venía yo pensando durante un periodo de tiempo, yo me había quedado viviendo solo en mi casa; lo que viene siendo el piso de antiguo piso de mis padres y ahora es de mis hermanos y mío también.

    Pasados unos dos meses después de la muerte de mis padres yo decidí compartir mi casa con una compañera de piso; y quién mejor que una antigua amiga casi de toda la vida, pues así fue.

    Al día siguiente de haber buscado su número de teléfono me puse a llamarla para ver si estaría dispuesta a venirse a vivir conmigo y así por lo menos no sentirme yo solo en mi casa.

    Cogí el teléfono y marqué su número a ver si era posible contactar con ella; después de llevar un rato a la espera de que me cogiese la llamada por fin habló Maylen, mi grandísima amiga de hace muchos años.

    La estuve contando mi problema y ella enseguida accedió a venirse a vivir conmigo.

    Ya que dónde ella vivía no lo estaba pasando muy bien que digamos, me dijo que iba hacer sus maletas y se vendría para mi casa sin pensarlo ni un segundo, ella no quería seguir viviendo en un lugar donde no sé la valoraba como mujer y encima todas las tareas de cuatro personas y del hogar las tenía que hacer ella sola y nadie se disponía a ayudarla; mi amiga allí se sentía muy sola y poco querida por los integrantes de su antiguo hogar.

    Habían pasado cuarenta y cinco minutos y de pronto sonó el timbre de la puerta, me levanté abrirla la puerta y allí estaba Maylen; tan guapa, hermosa y radiante de luz propia, su sonrisa hizo que yo me alegrase tanto que me lancé a darla un abrazo después de tanto tiempo sin vernos.

    La invité a pasar y así ofrecerla algo de beber porque venía de muy lejos, de donde ella venía hasta mi casa se tardaban dos días en llegar.

    Charlando y tomando algo que nos pudiera refrescar llegó la hora de enseñar a Maylen su habitación donde dormiría el tiempo que ella quisiera, yo no la iba a meter prisa para que se buscase otro lugar y tampoco la iba hacer un contrato donde dijese el tiempo que debería quedarse hospedada; mi casa no es un hotel y tampoco una pensión, desde aquel día; mi casa también sería la casa de mi amiga y queridísima amiga.

    Acompañé a Maylen a su habitación cargando con sus maletas para que ella no tuviera que volver a cargar con ellas; bastante tuvo con traerlas desde su casa hasta la mía para que encima también la hiciera de llevarlas hasta su dormitorio.

    Antes de llevarla hasta su habitación la estuve enseñando toda mi casa para que supiera donde estaba cada sala donde ella quisiera estar en el momento que ella quisiera y cuando a ella la diera la gana estar.

    Cuando la enseñé el cuarto de baño (aseo) la dije que era el único baño que había en mi casa; a Maylen no la importó, porque de donde ella venía eran cuatro personas y también tenían que compartir un solo baño, ella sé echó a reír al ver que todo el baño estaba tan limpio y cuidado, como podéis comprender no iba a tener el aseo de cualquier manera y sucio, aunque yo no soy nada de desordenado y mal aseado.

    Llegados a su habitación la coloque sus maletas donde menos la pudiesen estorbar a la hora de moverse por su cuarto de descanso, se dirigió a la cama y sé tumbó con un cansancio que no podía más del agotamiento que traía desde tan lejos.

    Cerré su puerta de la habitación y me dirigí a ver un rato la televisión haber que programación daban a esas horas de la noche, porque entre unas cosas y otras se nos hizo bien tarde; como para seguir estando más tiempo despierto.

    Haciendo zapping con el mando a distancia de la televisión conseguí poder ver el principio de una película que estaba a punto de empezar y cuyo título de esa película se llamaba; Una huésped muy caliente, cuando leí el título más o menos ya sabía el argumento de dicha película; no había que esforzarse mucho por entender lo que vendría después en la película.

    Yo tumbado en el sofá viendo la película y al cabo de un rato vino mi amiga Maylen para saber qué estaba viendo en la televisión.

    La dije que estaba empezando una película que tendría buena pinta, me preguntó por el título y la dije que se titulaba; una huésped muy caliente, me respondió, interesante, nunca la he visto y me preguntó si podía verla conmigo, claro que sí, siéntate en el sofá aquí a mi lado y mientras me levanto a preparar algo para picotear y beber, me dirigí a la cocina y Maylen también me acompañó para ayudarme a traer lo que fuésemos a tomar.

    Nos sentamos en el sofá para ver la película cuando de pronto mi amiga Maylen me miró fijamente a los ojos y me dijo; gracias por acogerme en tú casa, donde vivía no era plato de buen gusto, yo la respondí; no te preocupes fuiste la primera persona que me acordé para que se viniera conmigo a compartir piso conmigo.

    Comenzamos a ver la película cuando de pronto Maylen cogió el mando a distancia de la televisión y la apagó, se lanzó a besarme y yo ni corto ni perezoso la seguí la corriente.

    Comenzamos a quitarnos la poca ropa que llevábamos puesta mientras seguíamos besándonos, Maylen agarró mi pene y comenzó a pajearme hasta ponérmelo bien duro, agachó su cabeza y lo introdujo en su boca al mismo tiempo que me lo meneaba, yo jadeaba de placer mientras con mi mano la manoseaba su jugosa y mojada almejita que tenía entre sus piernas, yo no paraba de sentir tanto placer y ella no dejaba de chupar mi miembro sexual que para ella era como un chupachups

    Maylen sacó mi pene de su boca y se puso de pie para cambiar de postura y así introducírselo por su mojada almeja que chorreaba de ganas por querer follarme como dios manda, se sentó sobre mi pene y comenzó a cabalgar como si estuviera en el oeste y yo con sus grandes pechos golpeando mi cara, saque mi lengua y chupé de esos pezones que parecían pequeños pedazos de toffins de chocolate.

    Mis manos agarraban sus pechos mientras ella galopaba sin cesar encima de mis huevos.

    Me levanté del sofá para cambiar de postura y está vez fue ella la que se dejó manejar a mi antojo y semejanza, la tumbé en el sofá boca arriba, introduje mi polla por su abierto y lubricado coñito mientras mis manos sujetaban sus piernas abriendo un poco para que así pudiese moverme yo mejor para que todo fuera más fácil y cómodo.

    Un buen rato después saqué mi pene de su coño y me corrí sobre sus grandes pechos, la dejé bien bañada en semen.

    Terminamos nuestro momento más romántico.

    Nos fuimos al baño a darnos una ducha para quitarnos ese olor a sexo que habíamos tenido un rato antes, nos metimos bajo la ducha y cuando el agua comenzó a caer de la alcachofa de dicha ducha comenzamos a besarnos de nuevo, aquello parecía que nunca acababa, besos por aquí, agarraditas por allá y ha chupar se ha dicho, Maylen cogió mi herramienta sexual y comenzó a darla utilidad a algo que aún no había dejado de manipular un instante antes de la ducha.

    Chupaba y chupaba y mi semen sacaba.

    Ni las centrales lecheras dan tanta leche como mi pene, aquello si que sé podía decir que era una buena fábrica de semen, mi polla seguía dura y yo no me lo podía creer que aquello siguiera tan empinado.

    Maylen dejó de chupármela hasta hacer que me corriese por segunda vez en menos de media hora.

    Maylen sé quiso venir a dormir conmigo a mi cama porque estar sola en una habitación desconocida la daba miedo dormir sola.

    Fin.

  • Una relación con el amigo de mi hijo

    Una relación con el amigo de mi hijo

    Me llamo Sofía, tengo 52 años, vivo en Bilbao y soy viuda hace 2 años mi esposo Javier y mi hijo Manuel murieron en un accidente de tránsito cuando venían en el auto hacia casa. Trabajo en la administración (soy funcionaria) pero lo hago para distraerme ya que cuento con la pensión de Javier y un chalet que habíamos comprado.

    Bueno vamos al grano, una semana antes del accidente vino Mario a cenar lo conocíamos desde el colegio e hicimos muy buena amistad con sus padres. Cuando terminaron la secundaria tomaron caminos diferentes mi hijo tuvo que trabajar y estudiar ingeniería al mismo tiempo ya que no contábamos con muchos recursos y Javier se mudó con sus padres a Madrid para estudiar en una universidad ya que bue becado.

    Cuando Mario se graduó de Administración de empresas no pudimos asistir así que la vimos por el celular como venía contando una semana antes del accidente Mario vino y lo invitamos a cenar y luego salió con mi hijo a tomar unas copas, pero regresaron temprano porque Javier se tenía que ir al siguiente día para Madrid nuevamente esa noche Javier se quedó a dormir en casa y luego salió temprano apenas nos despedimos.

    El día del entierro llame a Mario para ver si me podía acompañar pero sus padres me dieron el pésame y me dijeron que estaba fuera de Madrid por una semana pero que ellos le avisaban. Un buen día Mario me llamo y me dijo que venía para Bilbao ese día cenamos en un restaurante y le comencé a contar la historia del trágico accidente el me abrazo y me dijo que no me pudo acompañar por motivos de fuerza mayor.

    Pasaron 6 meses y Mario me llamo que si quería irme a Madrid a pasar unas vacaciones yo le dije que lo iba a pensar y luego le devolvería la llamada. A la semana resolví saque un mes de licencia viaje a Madrid y cuando llegue me estaba esperando Mario en el aeropuerto de ahí nos fuimos al piso de sus padres me duche y luego cenamos y me acosté un poco cansada del viaje. Al día siguiente Mario me llevo a recorrer muchos lugares en Madrid ya en la noche me invito a cenar y luego a bailar para que me distrajera un poco luego de tomar unos tragos nos empezamos a besar y me llevo a su piso que tenía luego de independizarse, llegamos cerramos la puerta y ahí le dije a Javier me esperara en la cama que yo ya salía me encerré en el baño luego. Salí con un babydoll me acosté en la cama y Javier poniendo su cabeza entre mis piernas e hizo a un lado mis pantaletas su lengua jugaba con mi vulva pasándola por todos mis labios vaginales mi respiración se hacía mucho más rápida soltando mis primeros gemidos ahí estuvo unos 15 segundos lamiéndome y yo solo decía

    – Ahhh… ahh… Dios míooo…!

    Era la primera vez que experimentaba eso, siguió chupándome y lamiéndome toda mi vulva y de pronto empecé a tener un orgasmo. Luego me puso en 4, puso su pene en mi culo y empezó a hundirse muy despacio en mi ser, empecé a gemir, morder la almohada arañar la sabana, pero le rogaba que no se detenga que siga, me sentía sucia caliente por tener sexo con el amigo de mi hijo, pero solo era más combustible a mi hoguera.

    Empezó a mover muy suave, me tomaba de las caderas y me follaba cada vez más rápido, se acercó a mi cuello y empezó a morderlo, mis hombros yo gemía una y otra vez luego me tomo del cabello y me follaba como si fuéramos animales, eso me excitaba.

    Su mano se fue directo a mi vagina y empezó a masturbarme lo que acelero mi orgasmo haciéndolo largo y placentero, caí casi inconsciente de tanto placer por varios minutos, en los que sentí como el me seguía follando más rápido hasta llenarme el ano de semen, pude sentir su semen caliente en mis entrañas luego como salía de mí y manchaba las sábanas; se echó a mi lado y dormimos abrazados

    A la mañana siguiente lo desperté haciéndole sexo oral, cosa que el agradeció, para luego subirme encima de él cogimos hasta terminar ahora en mi vagina que se sentía ansiosa de recibir su semen caliente, nos fuimos a ducharnos mutuamente, Una vez relajados me dijo que le gustaría seguir viéndome, se había enamorado dijo. Le expliqué que a su edad todo era pasajero y los sentimientos tenían más que ver con el sexo y las hormonas que con el corazón. Además de diferencia de edad entre ambos.

    Desde ese día cuando Mario venía a Bilbao teníamos sexo en la sala, la cocina el baño incluso en el cuarto de mi hijo, me devolvió la juventud y alegría perdida.

    De eso han pasado ya casi un año. Ambos seguimos trabajando y nos vemos cada fin de semana. Somos pareja.

  • Almuerzo especial (capítulo 1)

    Almuerzo especial (capítulo 1)

    Archivaldo entró en “Jimmy’s La casa del buen comer”, justo antes del mediodía y descubrió que era el único cliente que almorzaba. Todas las mesas estaban vacías. Diana se paró en la puerta de la cocina y lo saludó con la mano cuando lo vio.

    —¡Oye, Archi! —ella gritó—. ¿Cómo está tu día?

    —Bien, Diana —contestó Archivaldo. Fue a su puesto habitual y se sentó.

    Era un hombre delgado de unos treinta y tantos años, con apenas una ligera capa de color gris comenzando a aparecer en su cabello oscuro.

    Diana no sabía exactamente a qué se dedicaba él, pero sabía que tenía algo que ver con las computadoras. Él era su cliente habitual favorito. Cogió la jarra de agua y un vaso limpio y se acercó a su mesa.

    —¿Cómo va tu día? —preguntó.

    —Oh, tú sabes —contestó él.

    Ella puso el vaso frente a él y le sirvió un vaso de agua. Cómo siempre ella lucía una impecable melena pelirroja.

    —Que silencio, ¿eh? —dijo ella con tristeza mirando el restaurante vacío—. Último día. Todo el mundo ya nos ha dado por cerrado.

    —Aún es temprano. Tendrás clientes más tarde.

    Ella rio, sus ojos verdes brillaron por el optimismo de Archivaldo.

    —Tal vez. Realmente no importa en este punto, ¿verdad?

    —Supongo que no —Archivaldo dio unas palmaditas en la mesa de madera—. ¡Último día! Qué pena. ¿Cuánto tiempo va a estar cerrado?

    —Un mes. Jimmy quiere abrirlo como club de striptease la primera semana de mayo. Cree que puede cambiarlo en un mes.

    —¿Pero hoy es tu último día?

    Diana asintió.

    —Después de hoy, estoy desempleada.

    —Lo siento. ¿Jimmy no te va a dar trabajo en el club de striptease?

    Diana sonrió levemente.

    —Ha hecho una oferta. Pero no es para mí —ella se encogió de hombros—. Hay otros restaurantes. Encontraré otro lugar para ser mesera.

    —Espero que me digas dónde terminas. Voy a necesitar un nuevo lugar para almorzar.

    Ella asintió.

    —¡Claro! Te lo haré saber.

    Las paredes y el techo del lugar fueron construidos con madera oscura pulida, al igual que las mesas y los reservados. La madera parecía absorber la luz, haciendo que el restaurante pareciera oscuro a pesar de las ventanas abiertas. El suelo estaba cubierto por una fina alfombra verde que se había desvanecido y descolorido a lo largo de los años por los derrames y las manchas.

    —Es difícil imaginar este lugar como un club de striptease. Creo que Jimmy tendrá que cambiarlo un poco —dijo Archivaldo con melancolía.

    —Tiene los planos hechos —dijo Diana—. Los he visto algunas veces.

    También miró a su alrededor, tratando de imaginar el interior que siempre había considerado anticuado y elegante, transformado de repente en las luces intermitentes y la música de un club de striptease.

    —Veamos… —dijo—. La barra estará en el mismo lugar, por supuesto. Allí, en ese lado de la habitación, ahí es donde estará el escenario. Esa pequeña área a la derecha, es donde Jimmy va a poner una pared para cerrarla y ahí es donde estarán las salas de baile privadas.

    —¿Salas de baile privadas?

    —Sí. Ya sabes… Para bailes de regazo y esas cosas —señaló hacia la cocina—. A los cuartos de almacenamiento de la cocina, Jimmy los convertirá en los camerinos de las chicas. Tendrán una puerta que conduce directamente al escenario. Todavía necesitará una cocina, pero será mucho más pequeña.

    Se volvió hacia Archivaldo y sus ojos se posaron en un rayo de sol que cruzaba la mesa desde fuera. Con voz suave, casi como si estuviera hablando sola, comentó:

    —Las ventanas estarán tapiadas.

    —¿Sin ventanas?

    —Los clubes de striptease no pueden tener ventanas.

    Diana negó con la cabeza. A ella no le importaba. Ella se habrá ido muy lejos.

    —¿Necesitas un menú? ¿O ya sabes lo que quieres?

    —Tal vez debería mirar un menú hoy. Es mi última oportunidad de pedir algo y hay tantos elementos en el menú que nunca he probado. Tal vez debería comprar algo nuevo.

    —Como gustes —dijo Diana—. Pero si quieres mi consejo, creo que deberías pedir uno de tus favoritos. Pide un Club Sándwich. Sabes que Jimmy puede cocinar uno de esos.

    Archivaldo se rio entre dientes.

    Diana se acercó a la estación de meseras y tomó un menú. Regresó y se lo entregó a Archivaldo.

    —Pide lo que quieras. Te daré un minuto, ¿de acuerdo? ¿Algo de beber?

    —¡Sí, definitivamente voy a tomar mi bebida habitual!

    Diana sonrió.

    —Un whisky con hielo, a punto.

    Caminó hasta la puerta de la cocina y la abrió. Jimmy estaba sentado en la cocina, viendo jugar a los Medias Rojas en la pequeña televisión. Era un hombre generalmente delgado, excepto por un ligero estómago que colgaba de su cinturón cuando se sentaba. Tenía el pelo corto y rizado y la sombra de una barba incipiente en la barbilla y el cuello.

    Miró a Diana cuando entró.

    —Parece que vas a tener que trabajar hoy, Jimmy —dijo Diana—. Tenemos un cliente.

    —¿Tenemos? —parecía sorprendido.

    Pensó por un momento antes de adivinar. —¿Archivaldo? Mm-hmm. Pidió su whisky con hielo. ¿Y un Club Sándwich?

    —Todavía no ha decidido qué quiere para el almuerzo —contestó Diana.

    Ella se apoyó contra la encimera de madera, mirando a Jimmy mientras buscaba el whisky. Las botellas de la barra ya estaban empaquetadas, y los vasos almacenados en cajas.

    —Sabes, sería más fácil si hubieras etiquetado esas cajas con lo que hay en ellas.

    —Lo sé. Aún no lo he hecho, yo te la busco.

    Encontró la botella que quería y la sacó. Le sonrió a Diana y le mostró la botella más cara que tenía. Diana parecía convenientemente impresionada.

    —Archivaldo ha sido un buen cliente. Voy a prepararle el mejor whisky con hielo que haya probado —Jimmy se encogió de hombros—. Quizás todavía sea uno de mis clientes habituales cuando vuelva a abrir.

    —Tal vez. Quién sabe. Todavía necesitará almorzar en alguna parte, y no creo que tu club de striptease tenga mucho menú.

    —Tendremos un almuerzo buffet de lunes a viernes —dijo Jimmy—. Pizza, taquitos, mini quesadillas. Ese tipo de cosas. Diana sonrió y puso los ojos en blanco.

    —Sí. Como dije, no hay mucho menú.

    Jimmy miró las cajas sin etiquetar.

    —¿Quieres venir mañana? ¿Ayudarme a organizar las cosas? Otro día de paga.

    Ella sacudió su cabeza.

    —No, Jimmy. Quiero descansar este fin de semana para poder comenzar la búsqueda de trabajo el lunes.

    —¿Estás buscando otro trabajo de camarera?

    —Sí. Necesito ir de un lugar a otro para obtener solicitudes, tratando de averiguar quién está contratando.

    —Bueno, ya sabes… Siempre puedes aceptar mi oferta.

    Jimmy la miró por el rabillo del ojo. Diana suspiró.

    —Vamos, Jimmy. ¿De verdad me puedes imaginar como una stripper?

    —¿Por qué no? Eres buena con los clientes y tienes un cuerpo de dinamita. Ya te dije, solo te pediría que te desnudas hasta que contratemos suficientes chicas. Después serás la gerente. Uno de los jefes. Yo necesito tu ayuda para administrar el lugar, y sé que lo harías bien.

    —Las strippers tienen que saber bailar. Nunca he tomado una clase de baile en mi vida.

    —¡No tienes que saber bailar! Solo muévete de un lado a otro, mueve tu trasero, sacude tus bubis, eso es todo.

    Jimmy lo demostró con un torpe movimiento de hombros que hizo reír a Diana.

    —¡A los chicos que miran, no les importa si puedes bailar o no! ¡No es un pinche ballet! Solo están allí para pasar un buen rato, ver a algunas chicas bonitas.

    —Sí, claro —dijo Diana—. Chicas guapas. Ahí es donde pierdo. Parezco una mesera.

    —¿Estás bromeando, verdad? ¡Eres increíblemente hermosa Diana! Serías mi mejor atracción. Los chicos vendrían solo para verte. Demonios, ahora lo hacen.

    Diana era preciosa, era una de las mujeres más hermosas que Jimmy había conocido, alta y estilizada, poseía una larga y rizada melena pelirroja que acababa donde empezaban sus redondas nalgas, sus dulces ojos eran verdes, el rostro afilado, labios firmes el inferior más grueso que el superior pómulos altos y traviesa nariz respingona, bonita como ninguna así era Diana y ella lo sabía.

    Diana se rio.

    —No lo creo. Pero gracias.

    Jimmy terminó de preparar la bebida y la empujó a través del mostrador hacia ella. —¿Quién más está ahí fuera? ¿Sólo Archivaldo?

    —Creo que sí. A menos que haya entrado alguien más desde que volví aquí.

    Jimmy asintió.

    —Probemos un experimento.

    Cogió el cuello de la blusa de Diana. Ella miró hacia abajo, confundida, y vio que sus dedos estaban desabrochando hábilmente sus botones.

    —¿Qué estás haciendo? —preguntó ella nerviosamente mientras él bajaba por la parte delantera de su blusa.

    Su piel hormigueo de placer ante lo que imaginaba iba a suceder.

    Después de terminar con sus botones, Jimmy le abrió la blusa. Observo goloso que Diana llevaba un sostén negro debajo. Le gustaba cómo el color oscuro a veces se mostraba a través de la fina tela de su blusa blanca.

    Tenía la blusa metida en la falda y Jimmy se la quitó con cuidado.

    —Quiero que lo pruebes —dijo—. Mira cómo se siente.

    —¿Qué pruebe que cosa?

    —Date la vuelta —ordenó Jimmy, y Diana se volvió de espaldas a él, sin razón aparente obedeció, su instinto animal la llevaba a dejarse desnudar por su aún jefe.

    Jimmy le quitó la camisa de los hombros y la bajó por los brazos.

    —Cuando le lleves a Archivaldo su bebida —dijo Jimmy, —quiero que intentes hacerlo sin ropa.

    —¿Sin ropa? —Diana se sorprendió—. ¿De qué diablos estás hablando, Jimmy? ¿No puedes querer decir que quieres que salga desnuda?

    —Claro, ¿por qué no? Dijiste que solo Archivaldo está ahí, ¿verdad? Es el único en el local. ¿Y no es tu amigo?

    —¡Pensará que he perdido la cabeza si me ve salir sin ropa!

    —No, no lo hará —la voz de Jimmy era tranquila y relajante—. Pensará que sus sueños se están haciendo realidad, eso es lo que pensará. Ese hombre ha estado con la vela prendida por ti durante meses.

    —¡Oh, eso no es cierto!

    —¿No es cierto? Ha venido aquí todos los días para almorzar durante casi un año. Créanme, no soy tan buen cocinero. Él siempre se sienta en tu sección, y si no estás, pregunta por ti. ¿Te ha preguntado a dónde vas a trabajar después de cerrar esto?

    —Le dije que no sé dónde trabajaré…

    —¡Ajá! —Jimmy asintió triunfalmente—. ¡Así que preguntó!

    —¡Eso no significa nada!

    Diana se dio cuenta de que su sostén ya no estaba, Jimmy se lo había quitado, y ahora él estaba en el proceso de desabrochar su falda.

    Ya la tenía medio desnuda y ahora estaba trabajando de la cintura hacia abajo. Diana puso su brazo sobre sus pechos tibios, los pezones comenzaban a tener una candente rigidez.

    —¡No importa de todos modos! ¿Y qué si viene aquí a verme? ¡Eso no significa que quiera que me vea desnuda!

    —Solo explícale lo que estás haciendo —dijo Jimmy—. Dile que estás tratando de decidir si quieres aceptar mi oferta para trabajar en el club de striptease. Archivaldo no tendrá ningún problema con eso, te lo prometo.

    Jimmy le pasó la falda por las sensuales caderas hasta que se deslizó por sus maravillosas y torneadas piernas hasta el suelo. Diana se volvió, todavía sosteniendo su brazo sobre sus tetas firmes, su cabeza comenzaba a llenarse con libidinosos pensamientos, muy a su pesar.

    Llevaba un delantal blanco atado a la cintura, lo que ayudaba a ocultar el hecho de que no tenía nada más debajo de la cintura a excepción de sus bragas negras de encaje y un par de tacones negros.

    —¡Estate quieto, Jimmy! —Ella lo miró a los ojos, tratando de transmitir su seriedad. Aunque en lo profundo de su corazón anhelaba experimentar la desnudez delante de Archivaldo.

    —¡Realmente no soy del tipo que acepta un trabajo como stripper para tu nuevo club! ¡Realmente no lo soy! —dijo Diana como si hablara para ella misma.

    Jimmy simplemente negó con la cabeza.

    —No te voy a creer hasta que al menos hayas probado esto.

    Le tendió la mano.

    —Bragas, dame tus bragas.

    Diana se mordió el labio, por su columna sube y baja una vibra agradable de sensualidad. Ella se agachó y, a regañadientes, se bajó las bragas por las piernas. Unos sentimientos contradictorios la llenan, por un lado siente pena y por el otro un apetito sexual. Las recogió del suelo y las colocó en la mano extendida de Jimmy.

    —Genial, —dijo—. ¿Ahora creo que tienes un cliente esperando su bebida? —Jimmy señaló la puerta.

    —No puedo creer que esté a punto de hacer esto —dijo Diana, tratando de ocultar su emoción.

    Dejó caer el brazo de sus pechos y tomó el whisky de Archivaldo. Cuando miró a Jimmy, él estaba mirando su pecho y asintiendo con aprecio.

    —Las mujeres pagan miles de pesos tratando de conseguir tetas como esas. Y todavía no pueden conseguirlas. Alegres como el sol y suaves como un sueño.

    —Vas a hacer que me sonroje —dijo Diana, y se preguntó si no se estaba sonrojando ya.

    —Es la verdad. Eres un diez natural, Diana.

    —Oh, por favor.

    Diana se detuvo un momento frente a la puerta, calmando sus nervios. Esto es de verdad, una cosa es fantasear y otra es vivirlo. Se sintió como si estuviera a punto de sumergirse en una piscina fría. ¿Qué pensaría Archivaldo cuando la viera? Diana podía sentir su corazón temblando. ¿Cómo podía ser una stripper cuando sintió tanta ansiedad ante la idea de estar desnuda frente a alguien?

    A las tres, se dijo a sí misma.

    Uno. Dos. Tres.

    Abrió la puerta y entró. Una rápida inspección de la habitación mostró que, afortunadamente, Archivaldo seguía siendo el único allí. Ella lo miró con inquietud; él estaba mirando por la ventana, y le tomó un segundo antes de mirar en su dirección. Sus ojos se abrieron de par en par al instante y su cabeza volvió a su cuello como si acabara de recibir una sacudida. Él la miró boquiabierto.

    Ese fue el momento más difícil.

    Diana sintió ganas de huir de regreso a la cocina. Se sintió tan expuesta, tan vulnerable. Movió las caderas de lado a lado, luchando contra el impulso de subir sus brazos sobre sus pechos. En cambio, se obligó a sonreír y dio un paso hacia él.

    Paso a paso, se acercó a su mesa, el hielo de su whisky se escucha tintineando contra el vaso.

    —Wow —dijo Archivaldo.

    Podía ver sus ojos apuntando a sus pechos, a sus pezones erguidos. Lo único que se le ocurrió hacer fue fingir que no pasaba nada. Era una decisión tonta, dadas las circunstancias, pero ella se acercó y puso el vaso frente a él.

    —¡Un whisky con hielo! —ella dijo—. ¿Has decidido qué más quieres o necesitas más tiempo?

    —Puede que necesite más tiempo… —gruñó—. Dios mío, Diana… ¿qué estás haciendo?

    Diana ahora sabía que se estaba sonrojando. Podía sentir el calor en sus mejillas. Señalando con gracia a su mitad superior desnuda, dijo:

    —Jimmy me preguntó si alguna vez querría un trabajo desnudándome en su nuevo club. Nunca he sido una stripper… Y no estaba segura de cómo me sentiría estando desnuda frente a él. De un cliente. ¿Sabes? Así que lo intentaré.

    Tímidamente, preguntó:

    —¿Está bien, si eres el cliente con el que pruebo esto?

    —Uh… sí, —susurró Archivaldo—. Sí, está bien. Quiero decir… Está bien.

    Archivaldo miró su delantal blanco, que se ataba alrededor de su cintura y le llegaba hasta las rodillas. Tenía un bolsillo donde solía ir su libreta y otro bolsillo para popotes.

    —¿Así que no tienes nada debajo de ese delantal?

    Diana se rio nerviosamente.

    —No.

    Sintiendo que tenía que demostrarlo, rápidamente levanto la parte delantera del delantal hacia un lado, dejándole ver la parte superior de sus largas piernas y su pequeña zona de vello púbico. Después de darle un segundo para confirmar que, de hecho, no llevaba nada debajo del delantal, dejó caer la tela blanca en su lugar. Se sentía relajada, mostrar su cuerpo desnudo no está tan mal después de todo.

    —Wow…

    Archivaldo se quedó mirando el delantal, como si esperara que se lo quitara de nuevo, o tal vez solo pensara en lo que acababa de ver.

    —Entonces… ¿sabes lo que quieres? —Diana preguntó.

    Archivaldo se rio entre dientes.

    —Sabes… Te he escuchado preguntar eso cientos de veces, pero tiene un tono un poco diferente cuando estás parado ahí sin ropa.

    —¡Oh Dios mío! —Diana miró hacia un lado—. Tienes tanta razón. No pensé en eso.

    —Quiero decir… sé lo que quisiste decir, es solo…

    Ella hizo un gesto con la mano.

    —Sí, sí, lo sé. —Ella se rio.

    Haciendo una pose con la cadera inclinada hacia un lado y adoptando una expresión demasiado seria, hizo un gesto hacia sus senos.

    —¿Estás interesado en aprender más sobre nuestras ofertas especiales? —preguntó ella maliciosamente.

    Archivaldo se rio.

    —¡Guau! ¡Eso se ve bastante bueno! Estoy encantado. No necesito más, solo dame uno de cada uno.

    Diana rio. Adoptó otra pose, esta vez de pie con las piernas juntas y las manos detrás de la espalda.

    —Hola, señor —chirrió inocentemente.

    —¡Eres maravillosa! —Archivaldo sonrió—. Maldita sea, Diana. Tal vez deberías aceptar ese trabajo en un club de striptease después de todo. Eres natural. Pareces muy cómoda así.

    —No… —Diana bajó los ojos con recato—. Solo estoy jugando.

    Archivaldo asintió con la cabeza hacia su delantal.

    —¿Harás una pequeña vuelta?

    —¿Por qué?

    —Quiero ver cómo te ves desde atrás.

    Diana hizo lo que le pidió, girando lentamente en su lugar. Cuando le dio la espalda, miró por encima del hombro, tratando de verse a sí misma.

    —El delantal no te cubre ahí atrás, ¿verdad?

    —No —dijo ella, terminando la vuelta.

    —Estás bastante desnuda.

    —Simplemente caminaré hacia atrás para que no puedas ver.

    —No, no hagas eso, —dijo él—. Tienes un gran trasero. No me importa echarle un vistazo cuando te vas.

    —Oh, por favor. —Diana se rio, pero se sintió halagada—. Entonces, ¿has decidido lo que quieres?

    Cuando Archivaldo se echó a reír de nuevo, Diana puso los ojos en blanco y le dio una palmada en el hombro.

    —¡Oye, tranquilo! ¡Sabes a qué me refiero! ¿Qué se supone que debo decir? ¡Cualquier cosa que diga va a sonar sucio!

    —No, no —dijo Archivaldo—. Lo siento. Adelante, haz tu pregunta. No me reiré.

    —Está bien —dijo Diana—. Dime que quieres.

    Archivaldo sonrió con picardía.

    —Quiero que vuelvas a levantar ese delantal.

    —¡Oh Dios mío!

    Ella le dio una palmada en el hombro de nuevo.

    —Quiero decir, ¿cuál es tu pinche orden de almuerzo?

    Pero luego ella le sonrió juguetonamente y se agachó para subir lentamente el delantal hasta la cintura. Esta vez, mantuvo el delantal en ese lugar, dejándolo pacientemente que le echara un vistazo a su coño expuesto. La mirada que él mandaba entre sus piernas estaba definitivamente encantada, y se le ocurrió que le estaba enseñando más de lo debido.

    Además de eso, no podía negar que su cuerpo estaba respondiendo a su acto de exposición lasciva, y una sensación de hormigueo de excitación creció dentro de ella.

    Un pensamiento se coló en su mente de que él casualmente podría agacharse y pasar su dedo por la parte exterior de su coño, y la excitación dentro de ella surgió abruptamente como una fogata empapada en queroseno.

    Rápidamente dejó caer el delantal, esperando que él no notara el aumento de su agitación.

    —Entonces, ¿lo has decidido? —preguntó rápidamente—. Quiero decir, ¿para el almuerzo?

    Sus muslos se frotaban bajo el delantal y podía sentir la humedad entre ellos.

    Sin embargo, deseaba volver a la cocina y volver a ponerse la ropa. Deseaba tener su bloc de notas, solo para poder tener un accesorio que le mantuviera las manos ocupadas.

    —Sí, —dijo Archivaldo—. Después de todo, pediré un Club Sándwich.

    Diana sonrió débilmente.

    —Ahí tienes. Iré a que Jimmy lo prepare.

    —¿Seguirás haciendo tu prueba de stripper cuando regreses?

    Archivaldo trató de mantener su voz neutral, como si fuera bueno de cualquier manera, pero Diana no tenía ninguna duda de qué respuesta esperaba. Estaba consciente de que él iba a estar mirando su culo desnudo cuando ella se alejara.

    —Ya veremos —respondió ella, aunque en realidad no tenía intención de regresar sin ropa.

    Ya había hecho caso a Jimmy y había experimentado con estar desnuda frente a un cliente, y ahora podía decirle a Jimmy un no rotundo, que no aceptaría su trabajo para trabajar en el club de striptease. Claramente, ella no tenía la mentalidad de una stripper; se sintió demasiado cohibida.

    Ella se demoró un momento más.

    —¿No has probado tu bebida?

    Archivaldo se rio entre dientes.

    —Estoy demasiado distraído. Olvidé que incluso había pedido una copa

    —Deberías probarla —dijo—. Jimmy la hizo especial para ti. Usó nuestra botella más cara.

    —¿En verdad?

    Archivaldo tomó su bebida y tomó un sorbo. Él asintió con la cabeza en agradecimiento.

    —Wow. Eso es realmente bueno.

    —Nuestra forma de dar las gracias por ser un cliente tan bueno —dijo alegremente Diana.

    Archivaldo se rio de nuevo.

    —Ha sido un placer. Este lugar ha sido genial.

    Ella no creía que hubiera consentido estar desnuda frente a ningún otro cliente que no fuera él. Siempre había sido amable con ella; siempre disponible para charlar, o para escucharla con simpatía si estaba teniendo un mal día. Siguiendo un impulso, comenzó a desatarse los cordones del delantal.

    —¿Qué piensas hacer? —Archivaldo preguntó.

    Pero ella no se molestó en contestar. Tiró de las cuerdas de donde se enroscaban alrededor de su cintura y tiró del delantal para liberarlo de su cuerpo, quitando lo último que la cubría. Ahora tenía una vista sin obstáculos de su coño, y ella le dejó echar un vistazo largo mientras se tomaba su tiempo para doblar el delantal. Dejó el delantal en la mesa detrás de ella.

    De pie completamente desnuda frente a él, con los brazos a la espalda, Diana sonrió.

    —Como dije, gracias por ser un buen cliente.

    Ella le dio un par de segundos más para admirar su belleza desnuda, luego se volvió y se lanzó hacia la puerta de la cocina.

    Continuará.

    ¿Qué hará Diana? ¿Archivaldo solo se quedó mirando? ¿Entrará alguien más?

  • Mi hermana con un viejo (parte I)

    Mi hermana con un viejo (parte I)

    Bien, todo comenzó con mi nuevo empleo, pero antes les hablaré un poco de mí, tengo 24 años, titulado de una carrera que no tiene empleos, adicto al airsoft y similares. Tengo casa, auto y una hermana que ha sido mi compañera de aventuras desde hacía ya unos 6 años, y no hablo de aventuras eróticas, sino aventuras de vida, viajes, paisajes, fiestas, alcohol, drogas, amistades y así… nada nunca nos ha faltado.

    Ella, 26 años, con novio. Siempre ha sido cerebrito, su estatura ronda el metro y 55 cm, piel morocha, ojos cafés claro y labios gruesos. Yo era el desenfrenado y ella mí cable a tierra. Su novio era un buen chico, nos llevábamos súper bien.

    Todo comenzó cuando una empresa muy conocida de retail a nivel nacional, abrió puestos de trabajo. Ambos desempleados decidimos postular a puestos de trabajo que no correspondían a nuestros estudios, pero era preferible eso a estar sin trabajo.

    El proceso de selección fue rápido y ambos quedamos en los puestos. Ambos en áreas distintas, con turnos distintos.

    Pasaron así unos tres meses, todo iba de maravilla, tenía un gran grupo de trabajo y el ambiente era bastante bueno.

    Así fue cómo un día, me topé con un trabajador del área de seguridad en un pasillo, sin querer lo pasé a llevar, le pedí disculpas y seguí, pero él murmuró algo que me dejó atónito «de no ser hermano de la zorra, te hago un escándalo aquí mismo». Me detuve y volteé a mirarlo, él siguió caminando lentamente pero seguro. Pensé no haber escuchado bien, pero había oído cada una de las palabras que dijo entre dientes. El tipo se llamaba José tenía unos 57 años por lo que averigüe, casado e hijos, de unos 1.66 de alto y panza.

    Pasaron las semanas y olvidé aquel momento.

    Un día miércoles me tocó trabajar hasta media noche, y José era quién estaría hasta que yo me fuera.

    Es agotador trabajar hasta estas horas -dijo él queriendo conversar.

    Si -respondí fugaz.

    No eres de muchas palabras al parecer -volvió a decir.

    No nos conocemos, no tenemos de qué hablar -dije.

    A ti no, a ti no te conozco -respondió.

    Somos compañeros y nada más -dije.

    Tú hermana es mucho más social y simpática que tú -dijo.

    Ella es más cortés, y se compadece de los ancianos -dije en tono irónico.

    Es una buena muchacha, a decir verdad nos conocemos bastante ya -respondió.

    Le gusta charlar -dije.

    Y mucho más -dijo.

    No respondí porque estaba concentrado en lo que hacía y todo me pareció normal de aquella conversación.

    Dos semanas pasaron y un buen amigo que había conocido ahí pidió conversar conmigo, según él tenía un rumor.

    Dime qué pasa ahora -dije.

    No sé cómo te tomes esto, tampoco sé si me creas pero escuche algo en la zona CCTV -dijo.

    A ver, si vas a venir con chismes mejor ni sigas -dije.

    No no no, no es chisme ni nada -dijo serio.

    Suéltalo entonces -dije sin más.

    Escuché que alguien de aquí se está acostando con Consuelo (mí hermana) y ya ha sido repetitivo -soltó.

    No vengas con estupideces, que para bromas de esas no estoy -respondí enfadado.

    No son bromas, eso es lo que escuché, ya lo había oído, pero necesitaba confirmar -dijo.

    ¿Cómo estás tan seguro? ¿Sabes quién es? -pregunté.

    Sé quién es, porque él fue quién estaba contando. Es José, el de seguridad -dijo.

    Toda sospecha sé hacía realidad y un frío recorrió mi cuerpo. Decidí enfrentarlo así que lo busqué por la empresa hasta encontrarlo sólo y encararlo.

    ¿Así que dices que te acuestas con Consuelo? -dije una vez que lo encontré y empujándolo contra la pared.

    Déjame malparido -dijo él mientras quitaba mis manos.

    Hoy mismo dejas de inventar estupideces -le grité enfadado.

    No te metas en lo que no te importa -respondió.

    Me importa porque estás inventando cosas que implican a mí hermana -respondí.

    ¿Y quién dice que las invento? -dijo.

    Es imposible que sea cierto, ella tiene novio y tampoco se fijaría en un viejo como tú -respondí enfadado.

    Pues pregúntale con quién estuvo hace dos días atrás después que salió del gimnasio. Te lo digo yo, estuvo abajo de este «viejo» como dices tú -dijo con una risa burlesca.

    Deja de inventar babosadas o lo que haga te dejará sin comer por días -lo volví a amenazar.

    No invento nada y si quieres detalles, en su cuarto tiene un peluche de Pikachu, una foto enmarcada de ustedes dos juntos y para que no te queden dudas, en su pierna izquierda a unos 15 cm de su sexo tiene un lunar -dijo orgulloso.

    Basta maldito imbécil -le grité.

    Ponme un sólo dedo encima, y los hundo a ambos, sobre todo a ella. Si tu me haces algo o dices algo, filtro las fotografías que tenemos juntos, adiós -dijo eso, me empujó y se fue.

    No podía creerlo, quería morir o desaparecer. Sabía que era cierto, pero no quería creerlo. No podía creer que mi hermana, que tenía un novio y su relación era super sana, se estuviese acostando con un viejo roñoso, no podía creer que tuvieran sexo y no podía creer que lo metiera a nuestra casa. Y todo lo hacía cuándo no estábamos. Que se le pasaba por la cabeza a esa mujer. Mi hermana mantenía sexo con un compañero de 57 años en mí casa.

    No lo podía creer, yo podría hacerlo algo así, pero ella noo.

    No podía dejar las cosas así…

  • Mi primo, el doctor (parte 2)

    Mi primo, el doctor (parte 2)

    Después de que mi primo comenzó a desabotonarse la camisa,  me levanté de la cama y le ayudé a desvestirse, quitándole su bata blanca de médico y desabrochándole el pantalón. Traía un bóxer ajustado color negro, que dejaba ver un gran bulto que ya estaba marcando un poco de precum. Yo me agaché un poco para rozar con mi cara y con lengua su paquete, mientras acariciaba su pecho y abdomen con mis manos, pellizcándole suavemente sus pezones y mordisqueando ese bóxer para seguir excitándolo.

    Mi primo puso sus manos sobre mi cabeza empujando despacio, con lo que entendí que quería. Así que le bajé sus bóxers y saltó sobre mí un miembro grande y venoso, y me abalancé sobre él dándole una fuerte mamada. Lo comí por completo y con mi lengua lo recorría de arriba abajo. Mi primo gemía de placer y sus manos marcaban el ritmo que quería. Sabía riquísimo y yo estaba feliz: le estaba comiendo la verga a mi primo hetero, al doctor, al que siempre me había gustado pero que nunca creí que pasaría algo más.

    Pronto bajé un poco más y chupé también sus bolas para volver a llevar a mi boca todo su pene. Mi primo me levantó con sus brazos fuertes, y me aventó sobre la cama. Al caer en el colchón yo solo le abrí las piernas y él se lanzó sobre mí como animal desesperado. Comenzó a besarme el cuello y las orejas, respiraba fuerte y jadeante sobre mí. Y en eso dijo algo que me encendió: “no sabes las ganas que provocaste en mí, primito. Te voy a comer por completo”.

    Sus labios bajaron a mi vientre hasta llegar también a mi verga que rápidamente comenzó a chupar también, mientras con sus dedos comenzó a jugar con mi rayita. Pronto encontró mi ano y lo comenzó a acariciar haciendo fuertes círculos alrededor que presionaban con suavidad y me excitaban. Levantó su rostro y siguió besándome el cuello de nuevo, y por detrás de las orejas, y de pronto sentí, como entraba uno de sus dedos dentro mi hoyito, que hizo que soltara un fuerte gemido. En eso mi primo me dijo al oído: “espérate que es solo el inicio, falta la inyección que te voy a dar… o no la vas a querer?” yo estaba que explotaba, con mis manos le acaricié la nuca y girando un poco para verlo, le dije “métemela y hazme todo lo que quieras doctor” y le lancé un beso, que, para mi sorpresa, respondió con intensidad.

    Mi primo estaba besándome y metiendo su lengua en mi boca, lo hacía con maestría y sus dedos ya eran dos y luego tres adentro de mí. Yo jadeaba de placer. De pronto se levanta, con sus manos fuertes me abre las piernas, se echó saliva en el pene, puso otra más en dos de sus dedos y comenzó a untármela en el ano. Yo levanté mis piernas sobre sus hombros y mi primo me sonrió tan sexy diciéndome “ya te la sabes eehh… vas a gozar” y comenzó a metérmela muy despacio, abriéndose camino dentro de mí. Yo lo empujé hacia mí para besarlo de nuevo y le dije: “yo siempre te he tenido ganas y hoy me estás haciendo muy feliz”. Alfredo me contestó: “con esto te vas a curar de todo baby” y me la metió por completo. Yo grité de dolor y placer. Mi primo se enderezo un poco y comenzó a darme duro. El mete y saca fue de un buen rato. Sus embestidas eran fuertes y con sus manos me empujaba de la cintura hacia él.

    Después la sacó por un momento, me abrazó fuerte y me giró para ponerme en cuatro y volver a penetrarme. Sus manos empujaban mi espalda hacia abajo y yo levantaba mi culo para acercarme más a él y apretarlo. Los dos gemíamos y jadeábamos. Estábamos sudando mucho. Me jalaba del cabello y me daba duro.

    Ahora era mi turno. Me quité y se sorprendió, creo que no lo esperaba. Volteé a verlo, lo miré fijamente a los ojos, me veía sin saber qué seguía. Yo sólo sonreí con picardía y lo empujé a la cama, dejándolo boca arriba para poder sentarme sobre él. Así lo hice y empecé a cabalgarlo. Me metí su verga rápido y él con sus manos me apretó fuerte la cintura y me dio unas nalgadas mientras yo seguía rebotando y gimiendo. Alfredo riéndose me dijo: “oye sí eres una putita eee”. Yo me incliné hacia él para callarlo con unos besos y le contesté: “pero bien que te está gustando”. A lo que los dos nos reímos.

    En eso, levanté un poco mis rodillas, sin sacar su verga dentro de mí, para poder quedar en cuclillas sobre mi primo y que así me entrara más y ambos sintiéramos más placer. Puesto así comencé a flexionar un poco más mis piernas, subiendo y bajando. Con mis manos estiré las suyas detrás de su cabeza para ya no dejarlo que me tocara. Él solo contemplaba con sus ojos cómo yo, su primito consentido, escurriéndome el sudor en mi cuerpo lampiño, me deleitaba con su verga que entraba y salía de mi culo. Y yo, podía verlo a él, con su cuerpo de dios griego, fuerte y musculoso, jadeando de placer debajo de mí. En eso me gritó: “me vengo!”. Y sus manos se soltaron de las mías y se fueron a mi cintura, intentando detenerme. Yo apretaba su pecho y me impulsaba a la vez, para no dejar de brincarle. Y mientras sentí como varios disparos de leche me llenaron por dentro. Mi primo torcía los ojos y jadeaba. Verlo así me excito todavía más y quité mis manos de su pecho porque sentí que ya iba terminar también yo. Él se dio cuenta y comenzó a jalármela fuerte y me vine entre sus manos. Mi semen cayó en su abdomen y en su pecho, y un poco llegó hasta su cuello.

    Cuando nos pasó el éxtasis, nos miramos fijamente con complicidad. Yo todavía tenía su pene adentro de mí. Me incliné hacia mi primo para limpiarle su cuello y su pecho con mi lengua, y cuando terminé el me levantó el rostro y nos fundimos en un beso y nos abrazamos.

    Después de un rato, acostado ya sobre su pecho y acariciándonos mientras nos reponíamos, volteé a verlo y le pregunté: “les vas a decir a mis papás que ya me curaste?”. Él me regaló la sonrisa más hermosa que le he visto y me contestó: “es que todavía no te curas, yo creo que el tratamiento va tener que repetirse”. Yo respondí riéndome también y me preguntó “o no te gustó nada, ¿que ya no vas a querer?” y le contesté: “ay doctorcito, esta medicina puedo tomarla para siempre” y nos volvimos a besar.

    Después nos metimos a bañar juntos para que pudiera regresar limpio a su trabajo. Pero, de todos modos, repetimos en el baño y los encuentros siguieron también durante un tiempo.

  • Mi tía Rosario llega de visita inesperada

    Mi tía Rosario llega de visita inesperada

    Mi novia Yesica regresó casi al medio día luego de pasar la noche en casa de Sara por la fiesta a la que habían sido invitadas. Yo había estado limpiando nuestro cuarto y lavando ropa. Ella se veía cansada, pues ya habían sido dos noches de mucho sexo con su hermosa amiga. Nos acostamos en la cama y mientras me contaba detalles de lo rico que la pasó cogiendo con Sara se iba quedando dormida, yo la dejé descansar y seguí preparándome para presentarme a trabajar ese día.

    Antes de irme al trabajo pasé a casa de mi suegra a avisarle que Yesica ya había regresado y estaba conmigo. Ella se estaba arreglando pues saldría a ver a su amante, se veía hermosa con su pantalón ajustado y una blusa de tirantes que dejaba ver un hermoso escote y lo grande de sus tetas. No resistí la tentación y con la verga parada la abracé por la espalda, ella sintió mi tronco e hizo hacia atrás su culo moviendo sus ricas nalgas. «Tan rica verga como la recuerdo», me dijo. Yo intenté besarla, pero ahí se resistió y me recordó que habíamos quedado en portarnos bien. Yo solo le dije que estaba seguro que tanto Yesica como yo aún teníamos la esperanza de estar con ella de nuevo y contestó: «No por ahora».

    Nos despedimos y yo salí rumbo al trabajo, en el cual al no haberme presentado un día antes, me mandaron a descansar también ese domingo y con la obligación de presentarme el siguiente fin de semana, sin falta.

    Me regresé al cuarto y encontré a Yesica aún dormida, me recosté a su lado y al sentirme se medio despertó, le conté lo que me dijeron y ella solo sonrió y me abrazó, nos dormimos otro rato así juntos y abrazados.

    Por la noche salimos a cenar y nos contamos lo que hicimos por separado en esos dos días, ella no tenía mucho que contar, solo me decía cuánto disfrutó de Sara y su cuerpo hermoso. Me dijo que le regaló la tanga que había usado con su liguero para que tuviera un recuerdo de esas dos noches tan ricas que habían pasado. Yo le conté de la primera vez de sexo anal con Maribel, del sexo con Arturo y el gusto de Alex por vestirse de mujer. También le conté del momento que pasé con su mamá y eso fue algo que la emocionó, pues fue algo así como una posibilidad de tenerla otra vez en nuestra cama. Decidimos quedarnos juntos esa noche y hacer el amor. Sería algo tarde cuando fueron a tocar la puerta de nuestro cuarto y al preguntar quién era nos contestó mi tía Rosario, le abrimos y pasó para decirnos que mis abuelos tendrían nuevamente consulta al siguiente día y preguntaba si podía quedarse con nosotros e irse temprano el lunes. Nosotros encantados aceptamos.

    Cenamos un poco más con mi tía y luego a prepararnos para hacer el amor. Nos metimos los tres en el pequeño baño a bañarnos y frotamos nuestros cuerpos unos con otros, hubo besos y muchas caricias, salimos a secarnos y así desnudos nos metimos a la cama.

    Mi tía quedó en medio y tanto Yesica como yo la besábamos y acariciábamos sus tetas mientras nuestros dedos jugaban con su panocha rasurada, esa fue la primera vez que estaría con otra mujer y aunque estaba nerviosa, era tan caliente como nosotros y sabía que lo disfrutaríamos mucho. Yesica se montó sobre mi tía y empezaron con unos ricos besos, mientras la una a la otra se acariciaban sus hermosos pechos y jugueteaban con sus lenguas. Yo entreabrí las piernas de mi tía y puse mi cara entre sus panochas. Con mi lengua chupaba a una y a otra y ellas movían sus culos tratando que mi lengua entrara más en ellas. A Yesica que estaba arriba le estuve comiendo el ano, pasaba mi lengua y de a poco empecé a meterla y sus gemidos me daban a entender que disfrutaba ese beso anal que le daba. Mi novia levantó una de las piernas de mi tía para unir sus vaginas y estimular sus clítoris, lo cual fue fácil para ellas y al poco rato ya estaban gimiendo y viniéndose intensamente, tan húmedas que escurrían líquidos por sus nalgas. Yo me puse a limpiar esas venidas tan ricas con mi lengua, sus sabores tan deliciosos mientras ellas se decían lo mucho que lo habían disfrutado.

    Mi tía me recostó en la cama boca arriba y se puso en cuatro mientras me mamaba la verga, subía y bajaba, yo podía sentir su garganta y la presión que hacía para meterla más profundo mientras apretaba sus dientes y labios alrededor de mi tronco. Yesica se colocó atrás de ella y comenzó a penetrarla con su consolador, mi tía se sorprendió un poco, tragó saliva y le pidió a mi novia que siguiera mientras se sonreían. Mi tía Rosario se esmeraba en mamar más profundo pero mi novia le arrancaba gemidos con el mete y saca del consolador en su vagina. Nos acomodamos de modo que yo seguí acostado boca arriba, mi novia puso su deliciosa panocha sobre mi boca y me puse a mamarla, mientras mi tía seguía chupándome la verga y recibía el consolador de la mano de mi novia. Pasamos un buen rato así, Yesica se movía a su gusto sobre mi boca hasta que se vino y me bebí hasta la última gota de su orgasmo. Con el movimiento de su mano al poco rato también hizo venir a mi tía con el consolador dentro de su panocha y luego de disfrutar de su orgasmo, Rosario tomó la base de mi verga y empezó a masturbarme sin dejar de mamar. Apretaba tan fuerte su mano y sus labios que me hizo venir y bebió lo más que puedo de mi semen, aunque una buena cantidad escurrió sobre mi tronco hasta la base y sobre su mano, yo solo podía sentir todo eso, pues mi novia seguía con mi cabeza entre sus piernas y movía sus labios vaginales sobre los de mi boca y yo ponía dura mi lengua, estando dentro de ella.

    Luego de venirnos los tres, nos recostamos a descansar, platicamos del consolador y dijimos que lo conseguimos en una sex-shop, pues no podíamos contarle a mi tía del asunto con la señora Camila, así que entre plática mi tía nos dijo que algún día la acompañáramos a una tienda así, pues tenía curiosidad por entrar. Platicamos de algunas otras cosas sexuales, de la vez que llegó en la lluvia y que Yesica no estuvo y también nos contó intimidades de su marido y de cómo ya le había agarrado el gusto al sexo anal, pues su marido casi a diario seguía dándole por el culo, pero nos contaba que cada día duraba menos tiempo, por lo cual ella no alcanzaba a terminar.

    «Para eso estamos nosotros», le dijo Yesica y en algún momento empezaron a besarse. Acariciaban sus cuerpos, espaldas, cinturas, nalgas y piernas, se apretujaban con mucho deseo y cachondez, se veían hermosas. Nos acomodamos de modo que yo quedé en medio con mis brazos bajo sus cuerpos y nos besábamos los tres al mismo tiempo, uníamos nuestras lenguas y mientras yo las atraía hacia mi cuerpo, ellas me acariciaban la verga y entre ellas sus pechos. Estábamos muy calientes. Sabía que mi novia quería vernos teniendo sexo anal, así que estando yo boca arriba coloqué a mi tía sobre mí, también boca arriba y levanté sus piernas con mis manos y fue Yesica quien después de colocarme un condón, dirigió mi verga al ano de mi tía, en donde entré fácilmente y movía su culo buscando la forma de tenerme lo más adentro posible. Abierta de piernas cómo estaba mi tía, Yesica se puso a mamar su panocha mientras se masturbaba y tenía lo más cerca que se podía tener una escena de sexo anal, algo que le excitaba y excita mucho hasta hoy en día. Escuchar los gemidos de mi tía y nuestra respiración agitada, mientras veía desaparecer mi verga en aquel culo tan delicioso, hacía que Yesica acelerara el movimiento en su clítoris, se masturbaba más fuerte y lo disfrutaba mucho más. Yo podía sentir el cuerpo y las manos de mi novia cerca de mis nalgas y de mis huevos, los cuales a cada rato acariciaba mientras mi tía se retorcía con mi verga en el culo y los labios de mi novia en su panocha hasta que luego de un rato también se vació en la boca de Yesica.

    Mi tía se soltó sobre mi cuerpo y tuve que sostener sus piernas para seguir así con mi movimiento de caderas entrando y saliendo de su culo, ella solo gemía. A Yesica se le ocurrió meterle de nuevo en esa posición el consolador, al sentir su primera doble penetración, mi tía reparó un poco, pero luego de un rato le agarró el gusto y se empezó a mover buscando disfrutar más. Yesica escupía en la panocha de mi tía sin necesidad de hacerlo, pues estaba más que mojada luego de su orgasmo. Mi novia pidió que me quedara quieto, pasó sus piernas entre las piernas de mi tía, de forma que el consolador estando dentro de mi tía quedó entre sus panochas y comenzaron a moverse de manera que yo recibía todo su impulso, se aferraron a las piernas una de la otra y se movían tan delicioso que hasta yo sentía rico estando en el ano de mi tía, gemían fuerte y se vinieron tan intensamente que pareció que convulsionaban y duró bastante ese orgasmo. Luego de esto Yesica se recostó a nuestro lado, el consolador se fue saliendo solo de la panocha de mi tía y se hizo de costado para recostarse también. A lo cual yo la acomodé en una posición de perrito, pero solo con su culo levantado y así la tomé de sus caderas y le estuve metiendo la verga de una forma violenta pues estaba muy caliente y también ya quería tener mi orgasmo. Yo me esmeraba en coger el culo de mi tía mientras mi novia me veía y sonreía y en susurro me decía te amo. Tener a mi tía empinada y penetrando su ano, mientras veía la hermosa desnudez de mi novia a mi lado recostada acariciando sus pezones, me motivaron para darle más fuerte aún a ese culo tan rico y al poco rato llenaba el condón con tanto semen como en la primera venida, fui bajando la intensidad de mis metidas y comencé a sentir un poco de dolor en la verga que seguía dura.

    Me salí de su culo y me recosté entre las dos, mi novia me abrazó y nos besamos más que enamorados, felices. Durábamos horas haciendo el amor y en esa ocasión así fue, cuando nos dimos cuenta ya era de madrugada, nos quedaba poco tiempo para dormir y luego pasar por mis abuelos para llevarlos a su consulta. Platicamos un rato más y nos quedamos dormidos.

    Esa noche la señora Camila que nos rentaba se dio cuenta que también cogíamos a mi tía Rosario a quien ella conocía al igual que a mis abuelos y a mis padres, por ser vecinos de la misma calle. Tampoco se espantó, solo nos recordó a Yesica y a mí que debíamos ser muy discretos.

    Con mi tía estuvimos en trio otras tantas veces más, al igual que ella y yo solos. Contaremos más adelante los encuentros más significativos aclarando que todos fueron deliciosos y los disfrutamos mucho.

    Y así terminamos ese rico fin de semana sexual.

  • A veces el corneador llega temprano

    A veces el corneador llega temprano

    Tenemos un macho Alfa en la familia que se coge rico a mi esposa.  Como yo soy cornudo estoy feliz con esa situación. El suele llegar a la hora en que ya hemos acostado a ambos nenes, para así estar nosotros desocupados e ir directo al dormitorio durante algunas horas. Pero a veces ocurre que él se decide a venir temprano, y siendo el quien manda lo aceptamos sin problema. Yo estoy atento en ese caso a que en algún minuto mi esposa me va a hacer el signo acordado y yo tengo que entretener a los nenes y mantenerlos ocupados hasta que ella reaparezca.

    Es deliciosamente humillante para mí el hacer de entretenido padre mientras yo sé que él se la lleva al dormitorio y le pega una buena cogida rapidita a su estilo: contra la pared, tomándola fuertemente del cabello con una mano y con la otra gozando de sus tetas. La sabrosa puta se le entrega rico ya que sabe que más tarde él se la cogerá de una mejor manera en la cama, y con todo el tiempo del mundo. Luego ella vuelve, aún ordenándose el cabello y disimulando para que los nenes ni sospechen que ella acaba de ser la puta gratis del tío, ni sepan tampoco que la llenaron de leche en alguno de sus agujeritos.

    Mientras mi esposa está en la cocina o habla con nuestros hijos, yo me acerco a mi compadre para que me cuente los deliciosos detalles de la cogida. Me da morbo estar en la sala de mi hogar y que el semental de mi esposa me cuente como y por donde le metió la verga. No sé si intencionalmente corro ese riesgo para que a la larga nuestros hijos descubran que yo soy un marido cornudo y que a su mamita le gusta más tener sexo con nuestro amigo que conmigo. Pienso que tarde o temprano ocurrirá y que será un alivio ya no andar disimulando.

    En la habitación, y no solamente sobre la cama, él se la coge rico, morbosamente, dominándola. Mi esposita goza de ese trato que la derrite de placer. Yo me mantengo cerca, pero no encima. Ellos son la pareja y yo el voyerista que me siento maravillosamente humillado de masturbarme y que ellos me vean como un perdedor cuya leche cae donde sea. Luego de un largo, morboso y exquisito rato ellos acaban, y al descansar mi esposa se mantiene apegada a él indicando que él es el macho que la deja satisfecha como a ella le gusta.

    Yo observo lo complacido que el esta, y veo el brillo de su propia leche en la verga. Mi mujer está feliz, con el chochito abierto, y en algunos segundos más aparece lo que yo espero: la leche de mi corneador sale de dentro de mi mujer y va bajando hasta hacer una pocita debajo de mi linda esposa. Los tres hemos logrado lo que queríamos. Parte de mi voluntaria humillación es estar como sirviente de él, y traerle agua o alcanzarle su teléfono si me lo ordena.

    La primera vez que hice eso ella lo calificó (estando luego a solas) como patético, pero yo me defendí diciendo que era parte de mi juego como marido cornudo, y ahora ella ya ha llegado a verlo como algo normal dentro del dormitorio cuando el semental nos visita. Nuestro compadre disfruta enormemente de que yo este ahí como marido pasivo y mirón. A veces él la tiene a culito parado, y mientras la ensarta le excita y entretiene tratarme de poco hombre, Igual eso me gusta mucho así es que no es problema.

    Otras veces él está encima de mi esposa dándole duro y rico, ella suspirando y gimiendo maravillosamente, y él me ordena acostarme a su lado y decirle que la amo. Yo lo hago, y el macho Alfa me mira en forma burlona mientras le da un rico orgasmo seguido luego de su eyaculación donde la llena de su leche.

    Otras veces cuando los abuelos paternos o maternos quieren ver a los nenes un fin de semana aprovechamos de que mi esposa y mi corneador cojan por toda la casa con total libertad, y eso incluye coger sobre las camas de nuestros hijos. Mi esposa trata de evitarlo y mi compadre siempre la convence, y ella termina abierta de piernas y siendo cogida intensamente sobre la cama de nuestro hijo o nuestra hija. Por supuesto que tanto ella como yo quedamos luego con la imagen de que en los cuartos de nuestros hijos ella fue una verdadera puta, incluyendo hasta cogidas por el hoyo del culo. El hace que ella se siente desnuda ante el escritorio de nuestro hijo, y que se pase los libros escolares de nuestra hija por las tetas. Mi mujer sabe que haciendo eso despierta el morbo de su macho y que con eso se ganará una buena cogida, por eso, luego de su simbólica protesta, ella siempre hace como él quiere para demostrar que le pertenece. Yo disfruto de todo, y de alguna manera anhelo el tiempo en que se sepa la verdad y se haga normal que mi compadre venga a casa, bese a mi esposa desde atrás apegándose a su culo, y se la lleve al dormitorio a vista y paciencia del resto de la familia.

    Si mis hijos tuvieran preguntas, siendo ya mayores, yo les podría hablar con la verdad y decirles que a su mamita le fascina tener sexo con él y que para mí no es ningún problema. De hecho, ya a esas alturas iríamos los tres al dormitorio y cerraríamos la puerta, estando conscientes de que podríamos ser espiados por la cerradura.

  • Vanessa, la esposa de mi mejor amigo

    Vanessa, la esposa de mi mejor amigo

    Vanessa, 22 años, una chica guapa, de cabello largo y lacio, estatura baja, pero de caderas pronunciadas y nalgas grandes y firmes, pechos medianos y con cuerpo un poco maduro para su edad, seguramente debido a su primer hijo. Esposa de uno de mis mejores amigos, (desafortunadamente, o tal vez no) y es que gracias a ello pude disfrutar de los placeres de su cuerpo…

    No sé en qué momento ocurrió, pero comencé a desearla, tal vez por todas las veces que vi sus pequeños pezones color rosado cuando amamantaba, o cuando al saludarnos podía sentir sus suaves senos en mi pecho, o tal vez por la manera de llenar los jeans con tremendas nalgas, o por el exquisito aroma de su ropa interior.

    Yo sabía que no le era indiferente, es decir, siempre se reía a carcajadas con mis chistes, además de invitarnos a todos lados a mi novia y a mí, y su manera de saludarme, siempre pegándose a mi cuerpo, además de la forma en que nos veíamos y bromeábamos, se notaba la química entre nosotros.

    Desde que comenzó a gustarme nunca me atreví a nada mas que admirar su cuerpo de la manera más discreta posible, pero en una ocasión durante una de las reuniones que acostumbraban hacer en su casa nos quedamos hasta el final, ese día en especial Vanessa se veía increíble, usaba una falda ajustada que dejaba ver sus preciosas nalgas y delineaba perfectamente su ropa interior, sobra decir que varias veces tuve erecciones debido a ello, solo podía imaginarme metiendo mis manos por debajo de su falda y bajando aquel bikini para luego comerme cada centímetro de su vagina.

    Ya muy tarde y con varios alcoholes de más decidimos quedarnos a dormir ahí, como ya era costumbre mi novia y Vanessa fueron a descansar y mi amigo y yo seguimos platicando y bebiendo, yo había notado que Vanessa ocupo el baño antes de dormirse, pero nunca imagine lo que eso significaría para mí.

    Antes de ir a dormir entre al baño, y en el estante pude ver un pequeño bulto de ropa, mi corazón se aceleró con tan solo imaginar lo que era, y efectivamente, era la ropa que Vanessa había usado aquella noche, no pude esperar para confirmar que ese pequeño rollo estaba formado de su blusa, seguido de la falda y finalmente en el centro… su exquisita ropa interior, ese bikini que un momento antes había soñado con quitarle lo tenía ahora en mis manos, era color negro y de encaje, sin dudarlo lo lleve a mi nariz y pude disfrutar del aroma de su intimidad, aún estaba un poco húmedo por su sudor, pero el olor que desprendía era delicioso, me masturbe con desesperación, lo disfrute tanto que eyacule dos veces, y aunque me hubiera gustado llevarme esa prenda para seguirla disfrutando, su ausencia hubiera sido demasiado obvia.

    Desde aquel día la deseaba cada vez más, mis fantasías eran únicamente con ella, y al recordar el placentero aroma de su vagina solo quería poder darle una increíble mamada de culo hasta lograr que terminara en mi boca y poder disfrutar de toda su deliciosa miel.

    Ahora estaba seguro de algo, necesitaba a Vanessa, y aprovecharía cualquier oportunidad, ya no había marcha atrás, ella era mi obsesión.

    Como de costumbre cierto fin de semana decidimos ir a un bar, yo sabía que aquella podría ser mi oportunidad, así que hice todo lo posible por mantenerme lo más sobrio y que nuestros acompañantes hicieran lo contrario, al final de la noche mis esfuerzos rindieron frutos, Vanessa y yo bromemos durante todo el camino ya que éramos los únicos en pie, al llegar a casa platicamos un rato y yo comencé a decirle lo afortunado que era mi amigo ya que era una mujer muy guapa, ella se ruborizo pero el comentario no la incomodo, así que decidí seguir, me acerque a ella la tome de la cintura y le dije que me encantaba, sorpresivamente comenzamos a besarnos, mis sospechas era ciertas, no le era indiferente, con esos besos de lengua nos olvidamos de todo lo demás y yo comencé a besar su cuello, mis manos ágilmente abrieron su pantalón y con desesperación la metí entre sus piernas buscando su vagina, mi dedo se deslizo entre sus labios completamente mojados y abiertos y acto seguido lo introduje hasta el fondo y al instante ella emitió un ligero gemido.

    Necesitaba probar su intimidad y sin pensarlo me agache, baje sus pantalones junto a su bikini azul hasta las rodillas y me abalance sobre su vagina, mi lengua recorrió todo lo que encontró a su paso, no se cuanto tiempo, pero ella se mojaba cada vez mas, en ese momento todo pudor se había perdido, la tome por la cintura y la gire, sus hermosas nalgas estaban justo frente a mi y sin dudarlo comencé a besarlas y lamerlas, su olor a sudor y sexo me excitaba cada vez mas, no me pude contener, abrí sus nalgas y comencé a meter mi lengua en su deliciosa y jugosa vagina, a lo que ella solo contenía sus gemidos, yo pude haber estado comiéndome ese culo toda la noche, pero ella me pidió que la cogiera, me levante aun con sus jugos escurriendo de mi boca y la penetre de un solo golpe, me metía dentro de ella cada vez con mas fuerza mientras apretaba sus pechos y mordía su cuello, en ese momento solo repetía que me viniera, no pude mas, mi pene exploto y por su entrepierna escurría esa mezcla de mi semen y sus fluidos.

    Unos segundos después del orgasmo, Vanessa sin mirarme a los ojos o decirme algo, simplemente subió sus pantalones y corrió hacia el baño, yo aun aturdido de excitación por haber cumplido una de mis fantasías solo pude recostarme en el sillón.

    Al día siguiente todo volvió a la normalidad, Vanessa y yo nunca volvimos hablar del tema y menos a tener otro encuentro sexual, sin embargo, aprovecho cada oportunidad que tengo para colarme en su recamara y disfrutar de los exquisitos aromas de sudor, sexo y vagina que deja en sus bikinis sucios.