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  • Mi suegro me castiga por puta

    Mi suegro me castiga por puta

    Continuación del relato «Infiel a mi marido y a mi suegro», dejo el enlace al final del relato.

    Como conté en el relato anterior me había citado con Don Fernando en un hotel contiguo a un conocido centro comercial de mi ciudad y me había dado una cogida fenomenal, el cabrón estaba ansioso por cogerme y para colmo se había tomado una pastillita azul, llegué a casa recién cogida, me dolía todo el cuerpo y con un ardorcito en mi coño y culo que me recordaba la experiencia con mi ardiente inquilino, había sido mi graduación de puta, por primera vez había ido a un hotel a satisfacer a un macho, que me había tratado como puta y me hizo sentir puta, su puta.

    Llegué a casa cerca de la medianoche, para mi sorpresa, mi suegro estaba en la sala viendo televisión, así que me ofrecí a darle algo de cenar.

    – ¿Quiere algo de cenar Don Manuel?

    – ¿Qué horas son estas de llegar Paty?, no son horas de gente decente, ¿De dónde vienes? – me pregunta alzando la voz y acercándose a mí, visiblemente molesto.

    Me quedé estática, sorprendida, no pensé recibir ese reclamo, con voz tenue, por la sorpresa, alcancé a balbucear que había salido a cenar con mis amigas y me dirigí a mi recámara, pero antes que pudiera entrar bloqueó mi paso, me arrinconó contra la pared, y empezó a olfatear mi cuello como un sabueso.

    – Hueles a jabón de hotel, no me engañas, no vienes de ver a tus amigas.

    Había olvidado ese detalle, el jabón del hotel, aunque nunca me imaginé estar en esa situación.

    – Suélteme por favor, me hace daño- le rogué, intenté forcejear, apartarlo, pero era inútil, a pesar de su edad, era muy fuerte y corpulento, me sentía indefensa.

    Me dio vuelta con facilidad y tomando mis muñecas las llevó a mi espalda, así me arrastró a la recámara, me lanzó con fuerza a la cama, alcancé a voltearme boca arriba intentando levantarme, cuando se abalanzó sobre mí y me empezó a desnudar.

    – Nooo, por favor, me lastima, me hace daño, Don Manuel, suélteme- Grité con desesperación.

    Arrancó mi blusa y los leggins a la fuerza, prácticamente arrancando mi ropa, su mano bajó a mi tanga de encaje y me la quitó con rudeza, al igual que mi sostén, me sentía aterrorizada y al mismo tiempo tan humillada, lágrimas inundaron mi rostro y empezaron a escurrir por mis mejillas. Tomó la tanga y se la llevó a su nariz, olfateando.

    – Están mojadas perra, y huelen a sexo. No me engañas, vienes recién cogida.

    – No, por favor, soy la esposa de su hijo, su nuera, no me haga esto- le imploré compasión, mientras seguía luchando por liberarme, sin éxito.

    Abrió mis piernas a la fuerza y mi sexo quedó expuesto, lo miró con detenimiento y dijo:

    – Todavía tienes el coño dilatado putita.

    Abrió mis labios vaginales y acercando su cara lo exploró.

    – Te dieron una buena cogida puta, lo tienes bien rojo por dentro.

    Me ensartó dos gruesos dedos hasta lo más profundo, di un respingo y un quejido, arqueando la espalda, cierto que todavía tenía mi coño dilatado y húmedo, pero me ardió al ensartarme sus dedos de forma tan ruda, a pesar del dolor, sentí un calambre recorrer mi cuerpo y un líquido escurrir por mi vagina empapando sus dedos, mi cuerpo me traicionaba, di un grito de dolor-placer.

    – Ayyy, suélteme viejo asqueroso,

    – Pinche puta, te dejaron bien abierta, mis dedos se fueron hasta el fondo y mira como escurre tu coño, puta, malagradecida e infiel, cuando tu marido se entere, cabrona.

    Abrió mis piernas y las empujó contra mi pecho, de tal forma que me hizo levantar el culo y exploró mi orificio trasero.

    – Ramera, zorra, también te dieron por el culo, lo tienes todo rojo e inflamado, que verguiza te dieron, malparida.

    Me empujó mi pierna derecha al máximo y me metió hasta el fondo su dedo medio, el más largo y grueso y pegué un alarido de dolor, me ardió mucho, mi culo estaba muy rozado y me lo metió sin ninguna delicadeza, lo revolvió en forma circular dentro, me retorcí de dolor.

    – Cabrona, si traes el culo bien lubricado y seguro lo traes lleno de semen, eres de lo peor, puta barata.

    Rápidamente se desvistió, me sorprendió que lo hiciera, tenía una mirada extraña, reflejaba odio, furia, locura y al mismo tiempo lujuria.

    Levantó mi culo sosteniendo mis piernas con ambas manos, escupió una cantidad considerable de saliva en mi agujero trasero, puso la cabeza de su verga justo en la entrada y sin previo aviso me la ensartó toda, hasta los huevos.

    – Ayyyy, pegué un alarido que se debió haber escuchado en toda la cuadra.

    Si bien mi culo estaba acostumbrado a recibir visitas y seguía dilatado por la reciente cogida que me había dado don Fernando, estaba muy escocido, la cogida previa había sido muy intensa y me había dejado el culo maltrecho, aunado a que me la metió en forma brutal, de un solo golpe me hizo retorcer de dolor, fue como si me hubiera enterrado una daga al rojo vivo, sentí morir, era un dolor terrible, forcejeé, manoteé, empujé su pecho con todas mis fuerzas, movía mi cuerpo, intentando escapar, pero lo único que conseguía era mover su verga en mi interior, intenté patalear, y lo que lograba era apretar su verga en mi interior, gritaba y lloraba sin parar, rogando que me soltara.

    – ¿Te duele puta?, es lo que mereces por infiel.

    Veía su cara enfurecida, una cara de sádico, miraba mi cara de dolor y parecía disfrutarlo, sus ojos clavados en los míos no perdían detalle del dolor que me causaba, sentía que me reventaba y en vez de sacarla abrió más mis nalgas y me dio otro empujón brutal, como si quisiera partirme en dos, lo que me hizo dar otro grito desgarrador, su verga topaba hasta lo más profundo, estaba completamente empalada.

    – Por favor, suélteme, me está matando, aghhh, me está rompiendo por dentro, aghhh- Grité

    Poco a poco me la fue sacando, muy lento, y pude respirar, la sacó hasta dejar sólo la cabeza dentro, inesperadamente dio un nuevo golpe de cintura y me empaló de una sola estocada, un nuevo grito de dolor salió de mi boca, mis puños apretaron su pecho en forma involuntaria, su cara me causaba miedo, temor, reflejaba celos, despecho, enojo,

    – Dime puta, ¿con quién te acuestas?, ¿quién te rompe el culo?, ¿con quién le pones los cuernos a mi hijo?

    No contesté, mordí mis labios, no podía contestar. En respuesta una nueva empalada que me hizo retorcer del dolor que sentí, sus huevos gruesos y pesados rebotaron en mis nalgas, arqueé la espalda en señal de abandono, no podía hacer nada para evitar las embestidas, así que pensé que lo mejor era facilitar la penetración y evitar que me desgarre por dentro, soportando el salvaje castigo y rogando por que pronto terminara.

    – Así que te has quedado muda, no quieres hablar puta, pero no te preocupes, me encargaré de sacarte la verdad a vergazos.

    Había escuchado la frase, pero jamás imaginé que lo experimentaría en forma tan literal, aunque más bien me estaba matando a vergazos

    Empezó a meterla y sacarla con fuerza, cada vez más rápido, sin piedad, castigando mi pobre culo a su antojo.

    – Sácala, me revientas, agghh- Grité

    – Confiesa puta y te la saco, respondió castigándome nuevamente y empalándome con fuerza, su pelvis chocó contra mis nalgas y siguió empujando, haciéndome notar toda la longitud de su verga.

    – Es Don Fernando, él es mi amante. por favor salte – supliqué

    – ¿Quién es Don Fernando?, responde puta, ¿de dónde lo conoces?

    Una nueva estocada contra mi adolorido culo, completamente abatido, pero en esta ocasión sentí un calor que invadió todo mi cuerpo.

    – Es, mi inquilinooo, ayyy, el señor que renta el cuarto del patio de la casa, aghhh- respondí gritando, apenas pudiendo articular palabras.

    Me seguía doliendo cada embestida, pero cada vez mi conducto anal estaba más lubricado y dilatado, cada embestida lo abría más, ensanchándolo, amoldándolo al grosor de la verga de mi suegro, empecé a gozar en forma involuntaria, mis paredes internas estaban muy rozadas y al mismo tiempo tan sensibles, que el roce de la verga me causaba oleadas de placer que recorrían todo mi cuerpo, una mezcla de dolor-placer me invadió, mi vagina empezó a lubricar, mis gritos ya no eran sólo de dolor, si no de dolor combinado con placer, tan así que cada que me la sacaba sentía un fuerte deseo que me la volviera a meter e involuntariamente empecé a mover las caderas.

    – Pinche puta, ya te está gustando la cogida, estás culeando, así, mueve el culo zorra, entiérrate tu sola mi verga, aghhh- Gritó mi suegro.

    No lo podía creer, a pesar de todo, estaba disfrutando mi violación, me sentí la más puta del mundo, su verga me reventaba por dentro y yo entregada a esa verga terrible, disfrutando el castigo, disfrutaba del dolor que me causaba, no quería que dejara de cogerme, lo escuché gemir y jadear, su cara cambió, ya no me sujetaba con fuerza, lo que me permitió dar media vuelta y ponerme en cuatro, con mi pecho sobre la cama, arqueando la espalda, a fin de que me entrara muy profundo y así empecé a culear a mi antojo, empujando mi cadera contra su pelvis, ensartándome profundo, hasta los huevos, lo hacía retorcerse, aflojaba el culo para que me entrara completa y lo apretaba cada que la sacaba, arrancándole gritos y gemidos de placer.

    – Agghh puta, que rico, me vas a sacar la leche, puta zorra, te encanta la verga.

    – Si, me encantaaa, metémela, cógeme, dame más duro, reviéntameee, agghhh, rómpeme el culo- grité

    Me tomó de las caderas y me clavó toda su verga con fuerza, dí un alarido, pero definitivamente un alarido de placer, mi culo ardía, pero seguía muy sensitivo, sentía el diámetro de sus hinchadas venas y cada centímetro de su largo tronco, empezó a embestirme a un ritmo endemoniado, la cama crujía, parecía romperse, una cogida salvaje, animal, mis piernas empezaron a temblar, mis ojos se pusieron en blanco y saliva resbalaba por la comisura de mis labios, todo mi cuerpo se estremeció, empecé a convulsionar, mi vista se nubló, espasmos recorrían mi cuerpo, me faltaba aire, me estaba rompiendo toda y me encantaba, mi culo estaba completamente abierto, me desmayaba de placer, hasta que ya no pude más y le anuncié mi orgasmo;

    – Ah, agh, ayyy, me corro, me corro, -grité, un orgasmo muy intenso y largo, mis fluidos escurrían por mis piernas,

    Sus embestidas se hicieron más fuertes todavía, gruñía como toro y empezó también a convulsionar, al tiempo que gritaba:

    – Aggghh, Ayyy, puta, ya viene la leche, te voy a dejar bien llena de leche, aggghhh

    Sentí que su verga se ensanchaba y lanzaba su primer chorro de semen ardiente, el cual fue un bálsamo para mi maltratado culo, sentía cada una de las contracciones de su verga, y cada chorro de espeso semen que lanzaba, perdí la cuenta de los trallazos de semen fueron, pero pude sentirlos con claridad, como me iba llenando de leche, definitivamente sus huevos estaban cargados de leche, se notaba que no había descargado en muchos días,

    Caí desfallecida sobre la cama, y mi suegro sobre mí, con todo su cuerpo sobre mi espalda, siguió embistiendo un rato más, como queriendo prolongar la cogida al máximo, cada que la sacaba un poco de su espeso semen escapaba entre mis nalgas, respiraba agitado y sudaba, ya no sentía mis piernas, su verga palpitaba en mi interior, la movía lentamente, mi culito se contraía involuntariamente, como queriendo ordeñarlo, sacarle hasta la última gota, poco a poco fue perdiendo rigidez hasta que salió de mi interior, y se desplomó en la cama a un lado mío.

    Se hizo un incómodo silencio, entonces recobré la cordura, me sentí tan humillada, avergonzada, recordé las amenazas de mi suegro y empecé a llorar, me sentía sucia, violada, mi matrimonio seguramente había acabado, me sentía tan mal.

    Mi suegro al observar mi llanto se acercó a mi cara y me dio un tierno beso en la mejilla, su cara había cambiado completamente, nuevamente era el hombre gentil, serio y cortés que conocí.

    – Perdona Paty, no me pude controlar, discúlpame, sentí tanto enojo al ver que alguien te acababa de coger, desde que te cogí en Tampico, me volví loco, soñaba todos los días contigo y estaba deseoso de volver a poseerte, por eso estoy aquí, es falso lo de la entrevista de trabajo, vine a cogerte y me dio mucha rabia que alguien se me había adelantado.

    – Mi hijo te ama, eres una puta, pero si se llega a enterar le haría mucho daño y no quiero lastimarlo, tampoco quiero perderte, quiero seguir cogiéndote, me haces gozar como nunca en la vida, prometo callar y ser felices los 4, eso sí, si llegas a salir embarazada, puedes apostar que le voy a realizar pruebas de paternidad al bebé, así que ten cuidado.

    Con una mano limpió mis lágrimas y me dio un ardiente beso en los labios.

    No lo podía creer, mi secreto estaba a salvo y mi suegro me pedía ser su amante a cambio de su silencio, así que mi reputación estaba a salvo, así como mi matrimonio, al fin pude respirar tranquila, y mi alma regresó a mi cuerpo, busqué sus labios para darle un beso en señal de aprobación y que estaba de acuerdo con el trato.

    Mi cuerpo estaba sudoroso y semen escurría entre mis piernas, así que me levanté con dificultad, mis piernas me temblaban, no podía sostenerme, mi suegro me ayudó a llegar a la regadera y procedió a bañarme con cuidado, nada parecido a la bestia de minutos antes, todo parecía indicar que estaba arrepentido de haberme violado, sus grandes manos enjabonaban todo mi cuerpo, incluyendo mis nalgas y mi rajita, cuando me estaba enjabonando las nalgas aprovechó para tocarme el ano con la punta de su dedo e hice una mueca de dolor, mi culo estaba al rojo vivo.

    – Te duele mucho- me dijo con un tono preocupado.

    La pregunta me pareció tonta, claro que me dolía, después de la bestial cogida, me dieron ganas de insultarlo, pero me contuve, comprendí que su comportamiento fue producto de los celos y tal vez me lo merecía, así que decidí perdonarlo.

    – Si me duele y mucho, pero pronto me recuperaré, no te preocupes, sólo déjame descansar.

    Ya no hubo más acción, ya no podía, me dolían todos los músculos de mi cuerpo y mi suegro lo entendió, me ayudó a secarme y me llevó a la cama donde me ayudó a acostarme, no pedí ponerme ropa, era un suplicio hacerlo, así me acosté, desnuda, al lado de mi macho, me acurruqué a su pecho y nos fuimos quedando dormidos, con mi pierna sobre la suya.

    No sé cuánto tiempo estuvimos dormidos, cuando en la madrugada sentí que se acercó a mí y besó mi cuello, su verga rozaba mi pierna, la sentí dura, no me moví, fingí seguir dormida, su lengua recorrió mi cuello y encontró mi oreja, y la empezó a lamer, cuando entró su lengua dentro no pude evitar dar un gemido, descubriéndome, me susurró al oído:

    – Amor, ¿estás despierta?

    Un nuevo gemido fue mi respuesta y lo abracé, busqué sus labios y le dí un beso ardiente, todo parecía haber sido un sueño, o más bien una pesadilla, me encantaba estar así, acurrucados, piel con piel, su fuerte brazo rodeaba mi cuerpo y acariciaba mi espalda, me hacía sentir segura, protegida.

    – Ufff, no sabes lo caliente que me pones, eres preciosa, susurró en mi oído.

    Me agarró la cara con una mano y me acercó a él. Me volvió a besar, el calor de su boca me quemaba, me mandaba a otra dimensión, besaba tan rico, tan dulce y tierno y al mismo tiempo con tanta pasión.

    Tomo mis piernas y las separó, su verga se posicionó en mi rajita, dura y gruesa, estaba que ardía en deseos de entregarle mi concha, seguía besándome mientras miraba mis ojos, poco a poco fue moviendo su verga hasta encontrar la entrada de mi coño, y sin dejar de mirarme empezó a empujar, mordí mis labios para no gritar, solamente se escuchó un gemido, un gemido de placer, su verga fue abriéndose paso, poco a poco, hasta que entró completa, profundo, me llenaba por completo, empezaron las embestidas, muy lentas y profundas, sin dejar de mirarme y sonriendo al fin, me estaba dando una cogida muy lenta, disfrutaba cada una de sus embestidas y el calor de mis entrañas, yo le acariciaba el pelo,

    – ¿Sientes como entra?, que rica estás mami, quiero cogerte así siempre, toda la noche, que seas mía, no me importa que otros te cojan, pero no quiero perderte, tu concha es tan suave y aprieta tan rico mi verga, aghhh, ahhh.

    Me seguía diciendo cosas ardientes con la misma delicadeza con la que me penetraba, y me excitaba mucho todo lo que me decía, sus manos llegaron a mis tetas, las pellizcaba y estiraba mis pezones con suavidad, estaba tan caliente que empecé a moverme, pero me detuvo.

    – No, despacio, no quiero correrme, quiero disfrutarlo al máximo, disfruta, quiero estar siempre dentro de tí, no sabes lo suave y calientito que se siente, nunca en mi vida he gozado tanto con una mujer.

    Así que me relajé y dejé que me enterrara su verga a su ritmo, sólo cerré los ojos y me puse a disfrutar.

    Mi suegro jadeaba, mordía suavemente mis labios y me decía que nunca en su vida había cogido tan rico, me sentía halagada, acaricié su espalda, sus fuertes nalgas.

    No sé cuánto tiempo me estuvo cogiendo en esa forma tan suave, pero seguramente fue más de una hora, hasta que me anunció.

    – Me voy a correr linda, voy a preñar tu dulce coño, siente…

    Poco a poco las embestidas se fueron haciendo más rápidas y con mayor fuerza, su pelvis chocaba contra mi coño, hasta que me la enterró hasta el fondo y sentí que explotaba dentro de mis entrañas, llenando mi interior de su espeso semen, el recibir su preciado néctar dentro de mi cuerpo me causó tal excitación que también me corrí, mis jugos se mezclaron con su semen, así nos quedamos nuevamente dormidos, abrazados, sin sacar su verga de mi vagina.

    Me despertó la claridad del día que se colaba por la ventana, mi suegro seguía durmiendo, profundamente, me levanté a bañar y me fui a hacer el desayuno, me puse una bata, sin ropa interior.

    Estaba terminando de hacer el desayuno cuando apareció, desnudo, me abrazó con firmeza y me dio un rico beso, tomamos el desayuno juntos y me pidió nuevamente que lo perdonara, que no me volvería a hacer daño, que le encantaba mucho cogerme y no quería lastimarme, que estaría viajando a mi ciudad cada mes y que le diría a su esposa que eran viajes de trabajo a diferentes ciudades, escuché todo lo que decía, con atención y sin pronunciar palabra, en mi mente pensaba que hacer con mi inquilino los días que fuera mi suegro a visitarme.

    Pareció adivinar mi mente cuando expresó:

    – No te preocupes por tu inquilino, te puedo seguir compartiendo.

    Terminando de desayunar todavía me dio una cogida más, aunque respetando mi maltrecho culo que seguía muy adolorido, a mediodía lo llevé al aeropuerto y nos despedimos.

    Seguía con mucho ardor en mi culo y estaba segura de que mi inquilino no iba a perdonarlo, al ignorar el castigo que me había dado mi suegro, así que al atardecer me fui a casa de mis padres, los cuales viven en un municipio, aproximadamente a una hora de mi ciudad, a mi inquilino le tuve que decir que mi madre se había puesto enferma como excusa, y a mi marido que me había sentido un poco sola y decidí visitar a mis padres.

    Después de tres días ya me sentía mejor y regresé a casa en donde ya me esperaba Don Fernando para satisfacer sus necesidades de hembra.

    Lo que pasó después se los cuento en el siguiente relato.

    Espero sus comentarios al correo [email protected].

    Relato anterior:

    «Infiel a mi marido y a mi suegro”

  • Sofía, la compañera de mi esposa (II)

    Sofía, la compañera de mi esposa (II)

    Continuando con el relato, de cómo me di a la amiga de mi esposa.

    Nos encontrábamos en el hotel y después de una buena mamada por parte de Sofia, era momento que yo pagara con la misma moneda y bajando a su rica almeja, empecé a pasar mi lengua por sus labios mayores dando unos muy ligeros mordiscos, los cuales cumplían su objetivo ya que solo escuchaba los jadeos de mi pareja cada vez más continuos.

    Me dice con voz entrecortada por los jadeos – Creo que no aguantare más, por favor ya métemela

    – De ninguna manera, quiero probarte toda, así que tu déjate llevar.

    Y no se si era la situación o era una perrita muy sumisa. Pero obedeció mi orden y soltó un grito y clavo sus uñas en mis brazos ya que en todo momento seguía masajeando sus redondos pechos. A mí también me supo a gloria, si el olor era exquisito, el sabor aún más. La dejé tomar aire y me retiré de su puchita, recostándome de lado a ella y empecé a besar su cuello, cuando volvió de su trance.

    – Wow!!, esto fue grandioso, jamás había terminado con un oral.

    – Lo sé, por eso pedias que te la metiera, pero no es lo mismo y sabía que disfrutarías más. Además de que aún tenemos tiempo y no quiero terminar esto tan pronto.

    – Si tu esposa coje con mi novio, definitivamente es una pendeja, yo no he disfrutado tanto en estos años como en estos minutos junto a ti

    – Pues que te digo, siempre está el morbo de probar lo que no es nuestro, como yo ahora mismo, a mí me encanta darle verga a mi esposa, pero pues si a ella le gusta probar en diferentes lugares, yo también me doy mis gustos, pero basta de charla y ya que recuperaste el aliento ven acá.

    La jalé de los hombros y la hice subirse a mi para que cabalgara un rato, sinceramente no tengo un super pene, pero pues 19 cm y un buen grosor han arrancado una buena cantidad de orgasmos, como lo comente anteriormente ella es chiquita de 1.50 así que ya sabrán la escena de tener a esta mini diosa encima de mí. Ella insistía en que no sabía como moverse ya que siempre era misionero y no mas. Le comenté recuerdas como bailabas en la posada Navideña, pues muévelo justo así, y ya verás. Tenía un muy buen twerk y meneo de caderas y lo uso muy bien, pero se descontrolo un poco que tuvo un segundo orgasmo, ahora no la deje descansar y la puse en cuatro, inicie el trabajo del tesoro buscado, ese pequeño orificio arrugadito que oponía resistencia a mi dedo índice entre cada sacada de pene, tomaba un poco de sus jugos y los embarraba en su orificio anal.

    Ella intento decir que no, pero justo cuando decía que no le daba otra estocada de golpe en su rica y apretada vagina. Cuando logre meter dos dedos dio un pequeño salto como queriendo escapar, pero mi corpulencia y tamaño ayudaron para evitar su huida. Creo que esto le genero un poco de miedo por que empezó a decir que por favor parara, que mi pene era muy grueso y no entraría, que siguiéramos como estábamos, que ella no era la puta de mi esposa. Aunque tenía razón, solo le dije no es si quieres, ya verás que te gustara tanto que después pedirás más.

    Aprovechando la dilatación y la relajación de ella al estar hablando metí tres dedos y mi pene nuevamente en su vagina para continuar bombeando. Incline un poco mi cuerpo sobre ella para vencer un poco mas su fuerza y quedo recostada, momento que aproveche para apuntar mi glande a su culito y hacer un poco de presión, los forcejeos iniciaron de nuevo, pero mi fuerza fue mayor y le metí medio pito de golpe. Ella entre lágrimas decía que por favor me detuviera, que no tenía que ser así, que la estaba lastimando. Pero yo no pensaba en otra cosa que reventarle el culito, si su novio se cogía a mi esposa yo le mandaría a la suya más que servida.

    Me quedé un momento inmóvil y besaba sus mejillas, lamia sus lágrimas, pasados unos minutos empecé a bombear de a poco y vi como ella ya no ponía resistencia, se acostumbró a mi grosor y paso de estar insultándome a nuevamente pedirme que le diera mas. A lo cual con gusto accedí, pase una mano por debajo de su abdomen para buscar su botoncito y juguetear con el mientras le rompía el culito, su presión fue tal que no dure mas de 10 minutos sin descargar mi leche en su ano y resulto que a ella también le agrado porque acto seguido termino por tercera vez en la tarde.

    Descansamos un momento y la muy perrita aun quería un round mas, me dijo que si podíamos hacer un 69 que nunca lo había intentado, y la verdad es que después de darme lo que yo quería como podría negarme, pasamos primero a la ducha, nos enjuagamos y continuamos tocándonos, la tome en mis brazos y la lleve a la cama, para tomar la posición del 69 yo abajo y ella arriba de mi, yo aprovechaba y cada cierto momento le metía un dedo en el culo, que aún seguía listo para la batalla, pero ya sin poner tanta resistencia.

    Después de tan buena mamada, mi pene recobro fuerza, la acosté y lleve sus piernas a mis hombros para luego llevarlas a su pecho y que la penetración fuera aún más profunda en cada estocada parecía que se le iba el aliento, llego el cuarto y como yo buscaba mi segunda, le arranque un quinto y le llene la conchita de leche también, observamos la hora y habíamos consumido el tiempo, así que teníamos que irnos y ella tenía que regresar a su trabajo ya que su novio pasaría por ella, me dijo que se enjuagaría rápido, lo cual no permití, le di la orden de que se pusiera a ropa y así se iría, accedió, salimos del hotel con dirección a su trabajo, la deje una cuadra antes, nos despedimos con un buen beso y le dije:

    – Cuando gustes, tienes mi número.

    – Claro, créeme que te llamare, eres el cuarto en mi lista y sin duda eres el mejor.

    – Pues no puedo decir lo mismo, pero de que estas muy rica lo estas.

    – Ya no digas mas que haces que me moje de nuevo, ah no es tu leche que me está escurriendo

    Acto seguido tomo una servilleta, se limpió la pierna y se bajó.

    Yo normal me paro una cuadra mas adelante y le escribo a mi esposa, ya estoy aquí, sale de la oficina y camino a casa, le comento – Oye vi tal cosa en tu correo, el otro día que dejaste la sesión abierta. Y su respuesta me dejo un poco pensativo. – Ah si, pero así bromeo con él, ya vez que nos conocemos desde hace 5 años, pero todo es broma mi vida, sabes que solo tengo ojos para ti, no pensaras que te engaño, yo no podría, no sé por qué no confías en mí, además él es el novio de Sofia, yo jamás le haría algo así a ella. – Entonces me estás diciendo que si no fuera tu amiga si lo considerarías, y luego no quieres que me imagine cosas – Ves contigo simplemente no se puede hablar.

    Y así fue el resto del camino sin hablar. Pero yo aun pensaba, bueno igual y si me dice la verdad, pues ya no puedo descogerme a la chaparrita, pues que le vamos a hacer, una disculpa para su novio y otra para mi esposa por desconfiar de ella, hoy la compensare rompiéndole su culito en la madrugada, pero eso lo cuento después.

  • Sueño cumplido

    Sueño cumplido

    Hola queridos lectores, soy nueva en este asunto espero poder colmar sus expectativas.

    Esto arranco hace bastante tiempo atrás cuando se me comenzó a despertar mi instinto sexual, ya que viva con mi madre, quien se puede decir fue madre soltera. Un poco prevenida emocionalmente por la misma separación con mi padre no hubo esa conexión ni mucho menos la confianza para poder hablar ciertos temas que todo joven quiere explorar.

    Bueno retomando el tema, les contaba que se me despertó el instinto sexual y lo hice tomando como referente mi tío político (esposo de la hermana de mi madre) un hombre alto delgado de buenas formas tanto físicas como de trato.

    Pero por la misma relación y situación de familia que podríamos decir la familia de mi madre es bastante unida y bastante respetuosos entre sí como para darse una situación de romance o un desliz de momento. O cometer un lance de este modo a pesar de las ganas que le cargaba ya a mi tío, por quien confieso fue la inspiración de mis primeras masturbaciones que vale la pena aclara sí que me daba gusto ya que tenía bastante tiempo a solas para explorarme y de qué manera, no se salvó ni los dedos, zanahorias, pepinos, plátanos, etc.

    Poses todas la que se puedan llegar a imaginar sofá, cama, sillas, mesas, mesones, al interior y exterior del apartamento ya que teníamos un balcón que daba a la calle.

    Recuerdo haber perdido mi virginidad con un amigo a quien le vi por primera vez su pene en algún momento de masturbación por parte de él, a lo cual no entro en detalle en este momento, pero con el tiempo nos exploramos mutuamente y si lo disfrutamos bastante bien.

    El tiempo paso hasta que llego lo que esperaba toda mi vida ya que las ganas por mi tío nunca se apaciguaron, nos veíamos poco pero cuando lo veía se me hacía agua la boca por tenerlo sexualmente.

    Paso bastante tiempo yo ya tenía 31 el 54, yo vivía sola y algún día se fastidio una puerta de mi armario y se dio la oportunidad de hablar con mi tío y solicitarle ayuda para el arreglo de mi armario. Sabiendo que él nunca se negaría a un favor para nadie, ya que siempre ha sido muy bondadoso.

    Lo llamé y efectivamente se puso a mi disposición llegando un sábado en la mañana a mi apartamento, yo recién levantada cuando sonó el sito fono donde me anunciaban su llegada por supuesto le di la entrada y corrí emocionada a colocarme algo ya que duermo desnuda y permanezco desnuda en mi aparta estudio dándole gusto a mis vecinos de los edificios aledaños que sé que me espían y yo lo disfruto siendo observada, pero luego les relato algunas cositas que me han pasado.

    Me coloque unas tanguitas un short y una ombliguera sueltica. El entro le di un fuerte abrazo restregando todo mi cuerpo en el suyo como lo hago cada que lo saludo, le explique que ocurría el luego de una breve charla se dispuso a realizar la obra, mientras yo preparaba algo de comer ya que yo no desayunaba todavía y el me informo que estaba igual sin desayuno, mientras me di cuenta que mi blusita ombliguera que tenía puesta se me escurría y dejaba ver mis tetas pequeñas pero bien puestecitas y que varias veces me habían dicho algunos amantes que eran deliciosas, maleables y juguetonas.

    El para trabajar saco algunas cosas del armario pero sin darse cuenta que en la repisa que las coloco era bastante inestable y al estar con las manos ocupadas se cayeron algunas cosas a sus espaldas a lo cual me llamo rápidamente para ayudarle, llegue y para poder sostener las cosas y acomodarlas tuve que subirme en algunas cajas por el frente de él, él estaba agachado por esta razón mi pelvis quedo en su cara y me di cuenta que el miraba hacia arriba y veía mis tetas como se movían sueltas dando brinquitos, el acabo de ajustar la puerta y me ayudo a bajar, el estando agachado yo baje y quede en sus piernas sintiendo que tenía una erección a lo cual reaccione pegándome más a su cuerpo y su cara frente a la mía, realmente espere que me besara, pero solo me miró fijamente unos segundos su vista fija y yo tome la iniciativa y lo bese a lo que no se resistió, fue un gran beso suave delicado también tome la iniciativa y lo acaricie suavemente su rostro sus brazos su espalda, me excitaba muchísimo me moje íntimamente sentía mi cuerpo temblar un leve sudor en todo mi cuerpo, de pronto muy delicadamente me separo me miro y me dijo estas segura de lo que estás haciendo, me dio pena baje la mirada a lo cual el me levanto la cara y me dijo yo muero de ganas pero quiero que estés segura a lo que respondí abrazándole fuertemente y un gran beso, luego sentí como sus manos tocaban todo mi cuerpo primero si espalda bis hombros y suavemente salió mi blusa de escena.

    Me alzo sin ningún esfuerzo soy muy liviana me llevo al mesón de la cocina donde beso mi cuello y bajo a mis tetas donde pareciera se las fuera a engullir las chupaba las metía todas en su boca me mordía los pezones delicadamente lo que me hacía sentir todo lo que durante años llevaba reprimido fue mi primer orgasmo con una oleada de fluidos que brotaban de mi vagina la cual vale destacar siempre la llevo completamente depilada.

    Después de un muy buen rato de besarme y comerse literalmente mis pequeñas tetas a lo que me confirmo diciéndome que lo volvía loco cada que me las veía, pregunte y me confeso que lleva bastante tiempo observando que nunca uso sujetador y que lo excita mucho esto y que siempre las sentía cuando nos abrazábamos al despedirnos o saludarnos en los diferentes momentos que nos encontrábamos, esto me emociono mucho más, si estaba en su radar y siempre lo había sentido, pero entendía su posición.

    Bajo por mi abdomen lamio mi ombligo me acariciaba las tetas no las soltaba, soltó mi short lo quito junto con mis tangas completamente húmedas pero igual que con mi ombliguera muy suave y delicadamente es todo un príncipe sabe cómo tratar una mujer, se arrodillo frente a mi vagina la cual inicio a lamer muy suave mente pero yo estaba a mil por hora expulsaba jugos vaginales sin cesar en los saboreaba, introdujo su lengua en mi vagina luego busco mi clítoris y hay me perdí en ese placer absoluto que me estaba brindando no sé cuántos orgasmos llevaba ya.

    Luego de darme tanto placer beso nuevamente todo mi cuerpo posándose nuevamente en mis tetas nuevamente las comía completicas las chupaba con gran placer busque su boca lo bese y fue mi momento de iniciar a desnudarlo, no hallaba el momento de saborear ese cuerpo pasar mis labios por todo su cuerpo. Hacerle saber cuántos años llevaba esperando este gran momento para mí, y no creo equivocarme al decir que el llevaba el mismo tiempo muriéndose de ganas por tenerme, por hacerme suya.

    Quería tenerlo ya desnudo pero actué de la misma forma que me acaba de enseñar suavemente disfrutando momento a momento quite su camiseta acaricie su pecho bese sus tetillas las lamí suavemente mientras soltaba el cinturón de su pantalón, fui bajando por su abdomen plano también lamí su ombligo, quite su pantalón lo deje en bóxer muy a mi pesar yo quería todo ya pero vi y sentí como le agradaba como lo estaba haciendo y disfrutaba todas y cada una de mis caricias, frote su miembro que estaba totalmente erecto acaricie sus testículos bese sus piernas fuertes, subí nuevamente y llego el momento saque sus bóxer a bolar era increíble estábamos desnudos amándonos sintiéndonos, nos abrazamos sentía su miembro apretado en mi abdomen él es más alto que yo, lo mire a los ojos lo aleje un paso atrás me arrodille como quien se agacha sumisamente ante un ser supremo tome su miembro ese pene el cual era absolutamente para mí, mi gran sueño, mi obsequio de navidad tan anhelado aunque era septiembre. Lo besé lo lamí lo introduje en mi pequeña boca no hablamos de un miembro descomunal pero que administraba espectacularmente como me lo demostró luego mato el fetiche que el tamaño importa, lo que importa es el manejo que se le dé. Lo chupe gran rato lamia su glande lo metía lo más profundo que pude y lo oí constantemente gimiendo de placer, tomaba mi cabeza me sostenía pero muy cariñosamente a momentos algo más fuertes sus envestidas cuando se emocionaba ya que le pasaba mi lengua en su glande, se apartó de mi lo mire me dijo para, me vas a hacer llegar y quiero penetrarte antes con toda esta calentura que tenemos, me tomo de mis brazos me levanto del suelo de mi posición de devoción nos repasamos nuestros cuerpos nos acostamos en la alfombra de la pequeña sala que tengo teníamos gran espacio de repente me dijo nos están observando, vi y era un vecino con una mujer que no quitaba su mirada de nosotros como quien no cree lo que ve, le pregunte te molesta y dijo para nada si a ti no te molesta, me gire y tome su miembro poniendo mi vagina a su disposición en pose de 69 nos acariciamos de manera alterna para mayor disfrute muy sincronizados como si lo realizáramos seguido, sentí como introducía sus dedos en mi vagina me frotaba suavemente para luego hacerme acabar nuevamente chupando mi clítoris a lo que a esa altura ya perdí la cordura y gemía y gritaba como muy pocas beses antes lo había hecho por el placer tan infinito que estaba recibiendo, cuando termine tome su miembro y con mi mano cerré el velo de la cortina al ver que mis vecinos tenían celulares en mano realmente no sé si nos grabaron o no, pero espero haberles brindado un gran espectáculo acto seguido me gire me senté en su sexo que en ese momento estaba a reventar brillaba mucho pareciera que su piel se fuera a reventar de lo tensa que estaba, me miro me dijo cumple mi sueño introduce mi miembro en esa bella vagina que tienes tan hermosa tan suave tan anhelada por tanto tiempo.

    Recordé brevemente el gusto que el siente por tantas cosas especialmente la comida la buena mesa y los buenos vinos, ate cabos y eso era lo que estaba pasando me estaba disfrutando bocado a bocado, por esta razón inicie introduciendo su pene en mi vagina muy suavemente ( aproveche y sentí lo que normalmente no hago con mi novio, con el las cosas son alocadas algo agresivas en el buen sentido cuando se tiene sexo, aquí estaba ante sexo de manteles así lo podría definir sentía y saboreaba momento a momento, como lo han visto en mi relato ni una sola palabra soez nada fuera de tono a lo que luego le pregunte por qué y me respondió que lleva tanto tiempo esperando semejante momento como para tratarme como a una puta cualquiera que tenía que ser sublime porque sería la primera y última vez que pasaría y por eso tendría que ser perfecto hermoso.) sentía como entraba y salía y gemía de placer yo enloquecida duramos un buen tiempo sintiéndonos me calenté mucho a lo que él me respondió con gran agitación me abrazo me giro en el tapete quedo enzima mío tomo mis frágiles piernas las puso en sus hombros quede completamente espernancada y exponiendo todo mi sexo a su miembro que alocadamente empujaba me perforaba frenéticamente sudábamos de placer creí que me desbarataría de la emoción y la fuerza con que me penetraba lo goce a mas no decir ahora si lo puedo decir que polvaso sentí como se derramaba en mi vagina con gran euforia como si llevara reprimido este placer por el mismo tiempo que yo lo esperaba no creo que sea de comparar pero por lo menos soy la más feliz al comprobar que dure más de quince años esperando algo que realmente día a día veía que no llegaría a pasar pero mi premio fue mucho más que espectacular.

    Quedamos acostados nuestros intrusos que ya había olvidado aún estaban espiándonos.

    Luego de un rato me levante saque una botella de vino que tenía, serví dos copas y brindamos por los sueños cumplidos, nos acariciábamos nos consentimos, nos bañamos le pedí que nos quedáramos desnudos desayunamos. Y lo hicimos cerca a la ventana del balcón el viento abría y cerraba el velo que nos dejaba intermitente mente expuestos a nuestros fisgones vecinos.

    Luego lo vi con una nueva erección a lo que me dijo no hay mayor afrodisiaco que la belleza y la juventud que tienes. Me acerque lo acaricie y él tomaba mis tetas nos fuimos encendiendo poco a poco tuvimos sexo oral de parte y parte y no aguante la tentación y mágicamente sin saber que sería la única vez que él tenía pensado estar con migo y cumplir su fantasía con mi menudo cuerpo le insinúe al oído, me gustaría que tomaras un regalo que no he sido capaz de dar a nadie, me miro, un regalo más de lo que me has dado esta mañana, sonreí pícaramente y le pregunte cual es sueño de todo hombre de tener una mujer y penetrarla por su ano, a lo cual me miro y me dijo no se en el resto pero si ese es mi regalo creería que debe ser un mayor placer que el que me has dado por que como te veo lo debes tener bien apretadito y no hay nada más excitante que sentí el pene bien succionado y bien apretadito donde uno lo mete, o no te diste cuenta como me pusiste hace un momento porque tienes una vagina placentera apretadita muy muy rica, lo abrace lo bese me sentí respetada valorada y querida me gustó mucho me tomo en sus brazos volvió a mis tetas a mordisqueármelas algo que realmente él lo sabía hacer para ponerme a mil revoluciones mientras lo hacía con su otra mano acariciaba mi vagina, yo acariciaba su pene erguido volví y le dije suave mente quiero que tu sea quien me lo haga, me levante me puse en cuatro exponiéndole mi culito apretadito ante su cara, se incorporó se posó detrás mío inicio a lamer mi culo, no me lo van a creer pero alguna vez me lo habían lamido pero esta vez no sé por qué me agrado más, me sentí como la más diva pasaba su lengua por mi ano con una suavidad que me hacía mojar a chorros mi vagina soltaba fluidos sin parar el pasaba sus dedos y recogía dichos fluidos y comenzó a frotármelos en el ano y poco a poco a meter sus dedos suavemente en mi ano, lo fue dilatando poco a poco suave y tiernamente cuando ya vio que era el momento se acercó puso su glande en la entrada de mi ano y lo fue introduciendo poco a poco sentía su gemido al forzar un poco la entrada de su miembro en este virginal culito, no tuve tiempo de pensarlo pero de lo que si no podía, era de la alegría de haber negado la penetración de algunos de mis amantes por este agujerito incluyendo mi novio que tenía la costumbre de decirme que ese agujerito era lo que lo volvía loco el saber cuándo le daría el sí. Él quería ser el primero en entrar por ahí.

    Ahora me penetraba quien si verdaderamente lo merecía y lo sentí centímetro a centímetro como me lo metió completico es un placer diferente pero muy rico entraba y salía a satisfacción yo me calenté bastante que logre un buen orgasmo mientras él me jalaba el cabello me besaba el cuello me cogía las tetas me acariciaba el clítoris, metía sus dedos en mi vagina me volvía loca luego de un rato se derramo dentro de mi culito sentí calentito y me sentí muy feliz, al ver que me disfrutaba palmo a palmo mi cuerpo era todo lo que en ese momento le importaba lo que lo hacía vivir y me lo demostraba con cada una de sus caricias.

    Bueno esto es mi historia algo larga a lo que les pido disculpas pero quería que el contexto fuera lo más fiel, algo que me ocurrió fue que mis vecinos son de un edificio que queda en la cuadra trasera de mi edificio son como tres apartamentos los que tienen buena vista a m apartamento y yo al de ellos, pero lo que quería comentarles es que una de mis vecinas la que queda más de frente a mi apartamento y no precisamente los que descaradamente nos estuvieron viendo cuando tenía relaciones con mi tío me la encontré en el supermercado y me saludo realmente solo nos conocemos de vista cuando mantenemos las ventanas y las cortinas abiertas, me dijo, puedo decirte algo? a lo que respondí claro, algo tímida me dijo, te quería felicitar y agradecer, a lo que respondí porque, me conto que el día que estuve con mi tío ella llego de una noche de rumba y fue en el momento justo en que mi tío me tenía en la barra de la cocina, ella me cuenta que nos vio pensó que rico y se fue a acostar, pero que la curiosidad no la dejo, así que tomo otra cerveza y se acomodó de manera que no la fuéramos a ver para según ella no espantarnos si supiera que teníamos palco Asia rato, que lloro por ver la manera como mi tío me trataba me cuidaba como lo hacía todo con amor como me acariciaba como me lamia como disfrutaba de mí y yo de él que cuando vio como penetro mi culito vio puro amor, sonreí y solo atine a darle las gracias me dijo ojala yo consiguiera un novio o un amante con tanta pasión, me devolví y le dije tendrías que abonarla por 13 años que fue lo que ese polvaso como lo he bautizado llevaba gestándose, me miro extrañada y le dije te voy a confesar algo, ese amante es un hombre que desde mis quince ha sido la inspiración de todas y cada una de las relaciones que he tenido desde que desperté al sexo y ese día culmino como lo viste y como lo describiste y sabes que gracias por haberme arreglado hoy mi día ya que mi novio me había sacado la piedra esa.

  • Manuel, mi instructor de gym

    Manuel, mi instructor de gym

    Manuel es el típico instructor de gimnasio de barrio, parece salido de esas páginas de Facebook que publican memes relacionados con ese mundillo. De estatura media, brazos, hombros, pectorales y panza desarrollados, pelo ondulado, negro al igual que el color de sus ojos, moreno, siempre en licras porque entrena pierna 3 o 4 veces por semana. Sin embargo y fuera del estereotipo de instructor, Manuel es muy simpático, casi carismático, pues tiene una pequeña cohorte de post adolescentes que por las tardes lo siguen casi religiosamente en sus maratónicas sesiones de entrenamiento.

    Los domingos por la mañana el gimnasio suele estar casi desolado, por lo que es bueno ir a entrenar porque dicha pequeña cohorte no ha acaparado todo el equipo del pequeño gimnasio y Manuel se encuentra disponible para una pequeña “shit talk”, con él sentado en su silla, piernas abiertas, su vieja “tank” del World’s gym, su licra negra que desembozadamente muestra su pequeño bulto.

    Siempre disfruto verle sus hombros redondos como cocos, su pequeño pezón que pugna por salirse de su camisa desmangada o a veces cuando se digna, ver su axila rasurada, enmarcada en su brazo fuerte flexionado y descansando detrás de su cabeza. Luego cada quien regresa a lo suyo, yo al entreno y él a corretear mujeres ya entradas en años.

    Cierto domingo fue diferente: estaba lloviendo copiosamente por lo que el gimnasio estaba vacío y yo no tenía paraguas, pues vivo a 3 calles y no tenía ganas de salir corriendo bajo el agua, por lo que desde la puerta ambos nos pusimos a hablar…

    “No vino nadie hoy”

    “Por la lluvia, maestro, así nadie se levanta menos en domingo por la mañana” me dijo con su voz masculina y con aire de hombre de barrio.

    “Así es, hay que ser muy dedicado para venir un día como este” le dije.

    “Yo vengo porque tengo que trabajar, no porque me quedara con mi mujer en casa” me dijo.

    Ambos reímos ante la trillada frase que se dice en semejantes ocasiones.

    Y pasamos a hablar de diferentes temas, incluyendo rutinas y ejercicios. Se empeñó en explicar cierta variante de hacer el press de pecho que había descubierto en Instagram por lo que fuimos a la banca, se posicionó y mostró cómo se hacía el ejercicio y en donde estaba dicha variante, que para ser francos nunca entendí. aunque en realidad no presté mucha atención por estarlo viendo. Luego se incorporó y me invitó a imitarlo, pero en eso noté que yo tenía algo de erección, pues le vi su pequeño bulto marcarse sobre la licra mientras él hacía el ejercicio y al parecer eso fue suficiente (como si yo necesitara más) para excitarme.

    Me acosté en la banca confiando que la erección bajara lo suficiente para que no se notara por encima de mi ropa, además traté de razonar, Manuel no se fijaría en eso, pero se fijó.

    “Mire campeón, se le paró el niño” me dijo en tono chusco, antes de iniciar mientras me acomodaba.

    Fingí no oírlo “¿Cómo era el agarre?” le dije, como desviando la atención.

    Manuel se puso a la cabecera, guio mis manos por sobre la barra, por lo que su entrepierna quedó encima de mi cabeza.

    “Ponga las manos justo después de la marca, para un agarre ligeramente más abierto, saque la barra… así… baje despacio… así…”.

    Mientras él me asistía con el descenso de la barra, acercó su cuerpo y flexionó sus rodillas por lo que casi puso sus huevos en mi frente. A propósito, obvio.

    Mi erección estaba a tope. Me levanté inmediatamente después de poner la barra en su posición. estaba entre excitado y avergonzado.

    “interesante ejercicio… me voy a cambiar” dije tratando de huir del momento bochornoso.

    Al entrar al desvestidero en efecto noté que estaba duro como carpa. pero al quitarme la camisa, entró Manuel, me vio la entrepierna y dijo, como quitando importancia a lo sucedido me dijo:

    “No se preocupe, a todos nos pasa, peor es que no se nos parara, ¿verdad?”

    Ambos reímos. Luego se me acerca y me dice en tono bajo:

    “Sólo hay un modo de… bajarla…”

    Se tocó su bulto. Vi hacia afuera e iba a decir algo

    “Está cerrado” me atajó.

    Me bajé el pants la saqué y empecé a masturbarme.

    “Flexioná los brazos” le dije

    Obediente lo hizo, me mostraba orgulloso sus músculos, sus brazos gruesos. Luego se quitó el tank y volvió a flexionar como si estuviera en una competencia. Noté que él también tenía una erección.

    ¡Dios! que momento más erótico.

    Se movía como si estuviera en una competencia. Tal vez no estaba bronceado como los grandes powerlifters, ni tenía la piel tersa, sino que tenía imperfecciones, su pancita cervecera, no era dotado, pero esa masculinidad de hombre de barrio, lo ordinario de su vestimenta me tenía a mil.

    Le puse mi mano sobre su bulto. Su pene era pequeño, recto, de grosor normal. Él se bajó la licra y su pene salió liberado, recto, pulsante, su cabeza pequeña semi circuncidada, sus huevos pequeños y lampiños y un pubis con varios días se haber sido rasurado.

    No necesité más y se lo mamé, como era de unos 15cm no tuve problema de meterlo todo en mi boca. Él movía mi cabeza regalando la intensidad de mis mamadas.

    “Ahhh… ahhhh…” gemía

    Al fin y después de tanto, solté su miembro y me incorporé y quedamos cara a cara.

    “No he terminado” me dijo en un susurro.

    “Terminá dentro mío”

    “¿Puedo?”

    Le di la espalda y me ensalivé el culo. Él se ensalivó el pene y me penetró.

    Estaba tan excitado que no tuvo problemas en entrar, además su pene no era muy grueso, pero que rico se movía, rápido y con fuerza al tiempo que gemía y entre susurros decía

    “qué culo, qué culo”.

    Luego la sacó y me acostó boca arriba en una banca. Me toqué el culo y aunque no me dolía, ya estaba dilatado. Manuel no perdió el tiempo y la metió de nuevo. Afanado en bombearme acercó su cara a la mía, intenté atraerla más cerca para besarlo, pero se negó

    “No beso hombres” me dijo y luego me dio un torpe beso y dijo

    “A culeros varoniles si”

    Y me siguió bombeando aún más fuerte.

    Luego se acomodó y pude tocarle los pectorales, duros como piedras.

    “Sacala toda y metela otra vez” le dije

    Lo hizo y me dijo

    “¿Así?”

    “Si… otra vez… otra… otra…”

    “¿Querés más?”

    “Si, dame más…”

    Cada vez que la sacaba la insertaba con fuerza. Con esa dinámica decidí masturbarme y sacarme la leche, no fuera a ser que él terminara primero y me quedara así con las ganas.

    Eso hice, me masturbé con fuerza y sus embestidas estaban en esa línea, cada golpe me movía las vísceras pero aumentaba mi erección, hasta que al fin me estallaron los huevos y solté toda la leche en medio de un orgasmo como no había tenido en mucho tiempo.

    Manuel detuvo sus embestidas y forzaba su pene dentro mío

    “Qué rico cómo se contrae tu culo…. me la vas a sacar”

    Yo seguía disfrutando mientras sacaba más leche de mi pene aún duro. Luego mientras las ondas orgásmicas cesaban, me di cuenta que aún tenía su pene dentro mío.

    “¿La saco?” me dijo

    “No, seguí”

    Siguió moviéndose rápido pero con cuidado que no se saliera hasta que eventualmente sentí ese delicioso líquido caliente derramarse dentro mío mientras gemía

    “Que culo… qué culo…”.

    Al fin la sacó, recuperó un poco el aire. Ambos estábamos cubiertos de sudor. Él se recostó sobre mi brevemente en lo que recuperaba el aliento. Me volvió a besar torpemente.

    Nos levantamos al fin y nos lavamos la lujuria en sendas duchas. Nos “vestimos” en silencio.

    “¿Te gustó?” me preguntó al fin a lo que con voz trémula le dije:

    “Tengo el culo roto, la espalda desecha por esa banca mierda, pero tu leche dentro mío valió la pena”

    “¿Neta?”

    “Neta”

    Nos despedimos en silencio.

    Luego les cuento lo que pasó el día siguiente.

  • Una madura 10 años mayor

    Una madura 10 años mayor

    Todo empezó hace un poco mas de 4 años, en un pueblo de Boyacá, el cual yo trabajaba en la alcaldía, esta mujer en ese entonces se estaba divorciando, tiene 2 hijos, es una mujer alta, de una cara hermosa, de esas mujeres que con solo verlas provoca comer a besos, tiene un señor culo muy rico, es caldera, y una cinturita muy pequeña, en ese entonces ella tenia 34 años, y yo 25. Al todo fue que ella llego a trabajar y yo era el jefe directo, por casualidades de la vida, terminamos compartiendo apartamento, claro yo tenia entendido que ella era casada, y la veía hablar con el padre de los 2 niños.

    En fin, cada uno dormía en un cuarto los cuales eran pegados, compartíamos el baño, y el resto del apto. Cuando ella salia de particular y se colocaba Jean, se le notaba que tenia un culo muy grande, rico y redondo, apenas la veia, literal, se me paraba y me daban ganas de cogerselo, pero ella era tan seria y señora que jamas se me paso por la mente que me la llegara a follar.

    El tiempo fue pasando, fuimos siendo amigos y entrando en confianza, como yo no tenia televisión y ella si, entonces empecé a decirle q me dejara ver tele, obviamente para estar en la misma cama de ella, ella pues no me decia que no, en una de esas tantas noches, empecé a tocarla, empecé x el abdomen, después iba subiendo la mano, hasta que logre meterle mi mano, por debajo del brazier.

    Para esas noches, no me dejaba pasar de ahi, entonces cuando ella ya estaba caliente me mandaba para mi cama, y yo decía, a esta la corono, y pues obvio yo llegaba a jalarmela.así dure como una semana, hasta que un sábado en la tarde después de almorzar nos dispusimos a ver una película, y pues estábamos los mismo, mi mano en el seno de ella, hasta que por fin ese día se me dio el milagro, empecé a jugar con un pezón, hasta que la vi que estaba súper excitada, en ese momento le subo la camisa y empecé a chuparle los senos, esa mujer estaba loca, yo estaba a mil y muy nervioso, después empecé a besarla, casi que a la fuerza, hasta que logre tenerla practicamente desnuda, ella estaba sin brazier y en unos encages de color negro ufff, con un cuerpo de diosa, no tenia ni una sola estria en el abdomen, a pesar de tener hijos y no hacer ejercicio.

    En fin cuando la bese, comencé a besarle el abdomen, hasta que por fin tenia su rica vagina en frente de mi nariz, como ella tenia el cachetero de encaje empecé a besarle las piernas, las cuales son grandes, gruesas y ricas, y a la vez le pasaba mi nariz x su vagina, y me le quedaba ah respirando, sin bajarle el cachetero ni nada, esa mujer estaba loca, así dure como 5 minutos, hasta que por fin, le pase la lengua x ese cachetero y ufff empece a llenarselo de babas, hasta que decidi quitárselo, y ufff, tenia esa vagina recien depiladita, le olía a flores, se la chupe mas de 10 minutos, a esa mujer le temblaban las piernas, hasta que ya no aguante mas y la penetre, esa mujer estaba como loca, gemía muy rico, hasta que llegue todito dentro de ella, y ya se imaginaran que de ahi lo empezamos hacer todos los días.

    Despues de eso seguimos haciéndolo todos los dias, hasta el punto de probar cosas, tuve el placer de romperle ese hermoso culo que tiene, la ponia a mamar dia y noche y ella encantada, le llegaba en la cara, en el culo, en Los senos, en todo lado, esas mujeres mayores en la cama son una delicia.

    Ella después me confeso que la pareja que tenia hace mas de 6 años que no le hacia sexo oral, y que ella no mamaba una verga hacia como 10 años, en fin con esa hicimos el amor mas de 600 veces, y les digo, que como ella pocas en la cama, por eso mis favoritas son las mayores, esas que te hacen y se dejan hacer de todo, no importa si sean casadas o tengas hijos, con discreción todo se puede.

    Espero tener la dicha de seguir coincidiendo con mujeres así, que te devuelven las ganas de vivir después de un buen sexo, historia basado en vida real, si tienen dudas y quieren mas detalles, me escriben.

  • Mi fantasía en el gimnasio y lo que pasó ahí

    Mi fantasía en el gimnasio y lo que pasó ahí

    Hola, hoy os vengo a contar mi relato, yo me llamo Mario, tengo 21, y hace poco me paso algo en el gimnasio curioso. Cabe recalcar, que siempre me he considerado heterosexual, he tenido algunas novias, y siempre me han excitado las mujeres. Sin embargo, desde mi adolescencia me habían comenzado a sentir curiosidad en los hombres, o más bien dicho, en cómo sería tener sexo con ellos. Nunca es que haya sido homofóbico; algunas bromas con mis amigos, lo típico que les llamas gay o maricon para burlarse, pero en la vida real, nunca me había asqueado ver a alguien gay, era algo normal.

    El caso es que desde hace algunos años comencé a ir a un gimnasio, a la psicina por aquella época, ya que siempre me ha gustado hablar. Al principio, con esa edad, me daba vergüenza desnudarme y cambiarme enfrente a los demás hombres, por lo que iba al cuarto de baño y me cambiaba ahí. Ya cuando fui creciendo, fui cogiendo confianza, e iba cambiándome discretamente frente a todos, y ya en los últimos años perdí toda vergüenza y me desnudaba sin problemas frente a todos.

    También tengo que contar mi historia con el «nudismo», no es que nunca lo haya practicado abiertamente, pero siempre que estaba solo en casa aprovechaba para ir en pelotas, y la verdad me sentía bastante libre y excitado. Podía aprovechar para masturbarme y ver porno sin problemas. El caso es desde siempre me había parecido excitante la idea del exhibicionismo: la idea de estar con el pene y los huevos afuera, y que todo el mundo me viera. Y en el gimnasio, aunque solo por unos minutos, eso era posible.

    Al poco tiempo, fui inventándome excusas o pretextos para ir desnudo en los vestidores; no encontraba algo en mi mochila, me estaba secando, iba a secar mi bañador… Aprovechaba para seguir desnudo y pasearme para que la gente me viera. Cómo he dicho, nunca me había visto realmente con un hombre, pero ver tantos penes, la mayoría largos, gruesos y peludos sin preocupación era emocionante.

    Una noche, estuve hasta tarde en la psicina, como hasta las 11, hasta que llegó la hora de cerrar. Fui a los vestidores: a esa hora casi nunca había nadie ahí, solo una o dos personas. El caso es que me fui a duchar y vi a una persona. Un hombre, tenía que tener unos 30 no muy mayor, duchándose ahí desnudo. Lo conocía: se llamaba marcos, había hablado algunas veces con el, pero todas cuando ya estábamos vestidos, hablando sobre cosas cotidianas. El caso es que nunca lo había visto desnudo, y grande fue mi sorpresa cuando vi su polla, era larga, tenía que medir más de 20 cm seguro, gruesa y con mucho vello púbico, y unos huevos colgandole, algo morenos. Estuve unos segundos viendole, y cuando se dio cuenta, me saludo enérgicamente, y yo le respondí.

    Me quite el bañador, y desnudo entre en la ducha, me puse al lado suyo. Comenzamos a charlar mientras nos duchabamos, cosas normales. El caso es que yo no pude evitar ponerme poco a poco palote; ver una polla tan grande y con tanto pelo me impresionó la verdad. El seguro que lo vio, pero no saco el tema, no le dio importancia. El caso es que en un determinado momento, yo agarre mi bote de champú, pero se me cayó, y me agache a cogerlo cuando él también lo hizo, y como andaba palote sin querer mi pene choco contra el suyo, pocos segundos antes de que me levantara. Me avergoncé bastante, sobre todo cuando me dijo

    -se te ha puesto palote por lo que veo.

    Intenté excusarme avergonzado, sin embargo el me tranquilizo con una risa:

    -Jajaja, tranquilo, no pasa nada, a mi también av eces se me pone tiesa inconscientemente av eces.

    Y de repente, noté como se le iba poniendo tiesa, poco a poco. Eso me pareció curioso y me alegro, por lo que quise probar algo. Deje caer otra vez mi pote de champú, pero esta vez al otro lado de modo que quedará mi culo (depilado, por cierto, ya que hace poco lo había hecho) frente a su entrepierna, intentando provocarle. Parece que funciono, ya que note su polla rozándome el culo, como dudando de meterla o no. Me levanté unos segundos después y vi como se había puesto algo rojo.

    El caso es que nos acabamos de duchar, así que fuimos a cambiarnos aún hablando. Nos distrajimos por eso, así que al final acabamos sentados, charlando sin aún vestirnos. Estuvimos hablando un rato, y de repente me dijo:

    -Oye, la tienes bastante grande ehh -dijo entre risas-

    -anda que la tuya -respondi igual- es más grande que la mía jejeje.

    -jajaja.

    Y después de decir eso, comenzó a tocarsela, al principio suave, pero luego más rápido, haciéndose una paja, y yo hice lo mismo. Al principio permanecimos callados, pero luego empezamos a hablar sobre eso, como si fuera lo más natural del mundo. Comenzamos a hablar sobre sexo, y me comentó que aunque había estado mayormente con mujeres, alguna que otra vez había estado con hombres, y me hice el sorprendido, aunque yo ya lo estuviera pensando. Me pregunto si yo también lo había hecho, le dije que no, y me preguntó si me gustaría, a lo que yo dije que tendría que probar. Eso dio pie a una conversación más o menos así:

    -pues yo alguna vez me he comido una polla.

    -Asi? Y como es?

    -no está mal, aunque depende de quien sea jajaja

    -jajaja.

    – (yo) pues me gustaría probar una jajaja

    – Pues cuando quieras aquí estoy jajaja

    Note que decía esto último, con una mezcla de broma y verdad, como cuando quieres lanzarle una indirecta a alguien. Nos quedamos un rato callados, e instintivamente, no se porque, mi mano fue acercándose a su polla, y de repente comencé a pajearle. Tuve miedo que le molestará, pero no dijo nada, al contrario, parecía que disfrutara. Comenzó a poner su mano en mi nuca, y note como me empujaba suavemente con ella, así que deje mi vergüenza al lado, y se la comencé a chupar.

    Es curioso describir como se sentía: al principio solo le chupaba los lados de la polla, que sabía solo a piel, pero cuando comencé a chuparsela de verdad me encantó. Fue un cúmulo de cosas: el sabor de su semen, un poco agrio y amargo al principio pero luego te acostumbras, al principio me ahogaba, pero luego la chupe con naturalidad, eso combinado con el olor de sudor y excitación que provocaba, se la comencé a chupar más rápido. Después de unos minutos, al final se corrió en mi boca, y me lo trague entero, sabía algo agrio y asqueroso pero a la vez bien.

    Luego se arrodilló el y me la comenzó a chupar. Eso sí que se sentía bien! Al final me corrí en su boca igual que el. Note que por el semen su polla parecía brillar, y se me antojo, así que volví a chupársela, eso sí, ahora se había chupado su dedo del corazon y me lo estaba metiendo en mi culo, que aunque al principio me dolió un poco, luego me gustó y comencé a mover mis caderas. Cuando estaba a punto de correrse, me cogió y puso mi polla en su cara; hicimos un 69, algo impresionante, no tardamos en Corrernos, a la vez, sentía su semen en mi boca y el mío en su boca, recorriendo lo que sobraba por mi cuerpo. Después de eso me quito, estiró su toalla en el suelo y me dijo que me estirase. Lo hice, se sentó hacia mi culo y me empezó a follar, cada vez mas rápido.

    Al principio me dolió que semejante polla me follara, pero luego me acostumbré y me comenzó a gustar, empecé a gemir, al principio flojo pero luego más fuerte, al punto que tuve que cerrarme la boca para no hace tanto ruido. En conclusión: estuvimos más de media hora follando en el suelo de gimnasio, en todas las posiciones que se nos ocurrió, hasta que ya no pudimos más, yo me corrí como unas tres veces. Nos tuvimos que dar prisa porque iban a cerrar el gimnasio, nos vestimos, y nos despedimos, quedando en ir al gimnasio otro día a «charlar.»

  • Coco ¡qué rica mamada!

    Coco ¡qué rica mamada!

    Mi vida sexual comenzó a los 18 años, primero caro, a los 19 Sharon, casi al culminar mis 19 y después que partió Sharon me estanque en el aburrimiento, no salía, no tenía amigos, nada me satisfacía. Corría el año del 2009, al finalizar el verano conocí en una tienda donde alquilaban películas a una chava, que como yo casi a diario visitaba la tienda para alquilar películas.

    Poco a poco fuimos entablando conversación, salíamos a comer juntos, y sus visitas a su casa eran muy frecuentes, ya que ella vivía sola.

    Ella tenía 23 años, su nombre Socorro, de cariño, «Coco» yo tenía 19 años. Era una mujer delgada, estatura media, piel morena clara, aunque delgada tenía unas nalgas muy bien proporcionadas, unos pechos abultaditos y muy firmes.

    Con el paso de los días las pláticas, la confianza se fue acrecentando, entre pláticas comenzó a prender el momento, coqueteando y tocando cada vez más.

    Aún recuerdo ese día, era un domingo por la noche, ella llevaba un vestido color vino pegadito, al caminar se le levantaba por sus nalgas, y unas zapatillas o tacones color beige. Estando ya adentro me tomo de la mano y me dirigió a abrazarla, la confianza ya nos había llevado ahí, después se volteó y me restregó sus nalgas lentamente y con firmeza mi pene se comenzó a levantar, cuando esta acción pasaba logre sentir su toalla, sus días estaban haciendo de las suyas con la excitación que esos días provocan.

    Ahí en su sala me dejé caer en el sillón, a continuación comenzamos a besarnos, yo comencé a tocar cada parte de su cuerpo, cuando quise tocar su vagina no me dejó, pero con una linda sonrisa me dice. – no te preocupes, tengo ganas de tenerte y no te vas a ir sin nada.

    Se bajó de mi, se hinco con sus manos desabrocho mi pantalón, lo bajó y quedando en bóxer restregó su cara en el sobre el bóxer, mis huevos se dejaban ver porque era de esos bóxer un poco guangos. Su lengua curiosa comenzó a jugar con lo que salía de mi bóxer, daba pequeñas lengüetadas a mis huevos aguados, con su boca hizo a un lado mi bóxer y mi pene salió me enderecé un poco cuando la vi ahí empinada su hermoso culo florecía.

    Lamio un poco más mis huevos, abrió lo más que pudo su boca, se los metía todos y al halar metía su lengua, una riquísima sensación, después de eso bajo mi bóxer, del tronco inferior de mi pene con su lengua lo recorrió hasta la parte superior al llegar a la cabeza, dio un pequeño beso, y sólo chupo la cabeza, yo me retorcía, pero jamás deje de verla.

    Aun la mejor parte no venía, cuando se empuja y se acomoda hacia mi, escupe un poco mi pene y se lo traiga todo, 16.5 cm de verga, debo aclarar que la tengo algo gruesa, tampoco exagero. Pero, se la comió toda, grandes bocanadas de arriba hacia bajo, en momentos bajaba a mis huevos y con su mano me masturbaba, cuando ya no pude mas, la tomé del cabello deje que se metiera mi verga en su boca y me vine a chorro. Se enderezo un poco, se trago todo mi semen, se acercó a mí y me dio un beso que aun sabía a semen.

    Después, en unos días les cuento cuando me la culee, literal. Je, je, je. Espero a ver sido lo más explícito, me gustaría saber que piensan las damas de estos momentos. ¡Lindo día!

    Sábado 13 de agosto 12:44 am

  • El parque

    El parque

    Voy al parque de al lado de casa, para dar un pequeño pasero y desconectar un poco del curro.  Hace un día soleado y veo a una mujer muy atractiva sentada en uno de los bancos.  Sin pensármelo dos veces me siento en el banco que está a unos cinco metros frente al suyo y me dispongo a disimular ojeando el periódico. Ella está leyendo una revista, lleva gafas de sol, es morena, delgada, pero con buenas formas, y sus piernas son extraterrenales: bien moldeadas, elegantes y las medias negras que lleva le dan un toque de mucha clase. Viste una minifalda también negra, que deja al descubierto buena parte de su muslo izquierdo (está cruzada de piernas), una chaqueta granate y una blusa blanca. Sus labios están perfectamente delineados por el carmín rojo caoba y lamento por no poder ver sus ojos. Además, las gafas de sol suponen un contratiempo para mi labor de espionaje, porque no acierto a saber cuándo me está pillando, o cuándo puedo mirarla tranquilamente porque ella dirige su vista hacia otra parte.

    Creo que se ha dado cuenta de mi interés mucho antes de lo que yo me imaginaba y eso me turba. Ella parece animarme a seguir observándola cuando cruza las piernas en el otro sentido con un gesto muy sensual. En ese momento, ella gira la cabeza, como mirando a su derecha y se humedece los labios con una actitud que pretende ser de ensimismamiento. Ante tal espectáculo, siento que alguien llama a la puerta de mi bragueta: se trata de mi polla que despierta de su letargo matinal. La dureza de mi paquete hace que tenga que cambiar de posición y la mujer vuelve a percatarse de mi situación. Ella no puede evitar una ligera sonrisa y entonces yo ya la miro sin ninguna vergüenza intentando descubrir de qué va la guapita esta.

    La mujer vuelve a enfrascarse aparentemente en la lectura de su revista y yo no me decido a prestar atención al periódico (una atención por otra parte que nunca existió). La bella comienza distraídamente a rascarse el lateral del muslo de la pierna, por encima de las medias, y veo como, poco a poco, la mano va subiendo y ganando milímetros a la minifalda. La excitación recorre todo mi ser y casi me caigo del banco cuando me doy cuenta que la media se ha acabado y lo que aparece ante mis ojos es una maravillosa piel blanca y el tirante negro de lo que parece ser un liguero. La mujer, me mira directamente (o al menos eso creo a pesar de las gafas) y yo me escondo parcialmente tras el periódico, aunque sólo por un segundo.

    Recupero mi campo visual favorito, ella esboza otra leve sonrisa y con el mismo aire distraído de antes descruza las piernas, las abre un poco (estilo instinto básico), alcanzo a ver un triángulo de tela blanca que contrasta con el negro de la minifalda y las medias y cruza las piernas de nuevo en la otra dirección. Mi ataque de cachondez y ansiedad me impelen a encenderme un cigarrillo y dejo definitivamente el periódico en el banco para dedicarme exclusivamente a una de mis pasiones favoritas: MIRAR. A esta tía está claro que le va la marcha: en el parque no hay nada más que algún perro despistado y yo llevo sin una buena ración de sexo (en la versión que sea) desde hace dos días. A todo esto, la mujer se ha dado perfecta cuenta de mi agitación y parece divertida. Vuelve a sacar su jugosa lengua, esta vez con su cabeza totalmente dirigida a mí y yo saboreo su recorrido por los labios como si estuviera viendo aterrizar un OVNI: absolutamente agilipollado.

    Ahora, la bella decide buscar algo en el bolso que tiene a su lado en el banco y descruza sus piernas de nuevo para dejarme ver sus braguitas, esta vez con más generosidad. Mi polla ya no es una polla, es un miura, siento el impulso de saltar la distancia que nos separa y comerla entera, achucharla, gemir en su oído… pero me contengo. Mientras pondero la conveniencia de llevar a cabo semejante imprudencia, la calientapollas se levanta, se retoca un poco la falda… y en un movimiento relámpago ¡se baja las bragas hasta medio muslo!, se vuelve a sentar (a estas alturas yo ya no doy crédito) y acaba de sacárselas esquivando las afiladas aristas de los tacones de sus zapatos. En ese momento, la desconocida, se quita las gafas mirándome con absoluta lascivia, abre sus piernas, veo la pequeña mata negra de pelo de su coñito delicioso, cierra las piernas, me tira un beso, coge el bolso y se va dejando “olvidadas” sus bragas en el banco.

    Yo me quedo alucinando y observo como ella se aleja con un caminar de gata sabedora de su atractivo, de mujer-mujer, de hembra que conoce sus poderes. Y cuando mi Fantasía abandona el parque y la pierdo de vista, me levanto como un resorte y voy a por las bragas como si fuera el grial del rey Arturo. Resulta que no son bragas, sino un minúsculo tanga de reina del porno. Inhalo su aroma embriagador, me las meto en el bolsillo y sigo la dirección de mi erótica musa. Nada más salir del parque, la distingo a lo lejos en la calle y acelero el paso para colocarme a una distancia prudencial. Cuando consigo acercarme a unos 10 metros de ella, veo que entra en la cafetería VIPS y yo no dudo en hacer lo propio. La gata se dirige hacia las mesas y allá que me voy yo. Mi tortura genital se sienta en una mesa de dos y yo, ni corto ni perezoso, me siento en la de al lado. La miro y ella me devuelve la mirada con una sonrisa (¡joder esta tía no se corta nunca!, pienso yo).

    He ganado en proximidad, pero he perdido en ángulo visual. Ahora para mirarla tengo que girar la cabeza y su mesa me impide disfrutar del tesoro desnudo que yo (y sólo yo) sé que está ahí, casi al alcance de la mano. Pero ella parece dispuesta a consolarme, pues entre miro y no miro a la carta, su blusa parece ahora más desabotonada y mis ojos encuentran en su escote un nuevo espectáculo. El sujetador es también blanco, de encaje, se ve que es caro, y la presión que ejerce sobre sus tetas forma una raja muy sexy que me gustaría mordisquear mucho más que una tortita con sirope. Me toco el paquete sin disimulo por debajo de la mesa y por el rabillo del ojo me doy cuenta que la “observada” es ahora la que observa. Y sigo sin cortarme. También saco mi lengua y juego con mis gordezuelos labios. La miro. Me mira. Su mano desaparece debajo de la mesa y la mía busca en un bolsillo. Le enseño su tanga. Ella aprieta más su mano debajo de la mesa y no puede evitar lanzar un suspiro mientras cierra los ojos.

    Viene el camarero a tomar nota (y a joder la fiesta) y escondo el tanga a todo correr, ella le dice como puede que todavía no ha decidido y yo la imito. Entonces, mi deseada se levanta y me hace una seña casi imperceptible para que la siga. El corazón salta a mi boca y yo salto del asiento. Vamos hacia los servicios y ella entra en el de mujeres. Tras pensar un momento, decido entrar y afortunadamente, no hay nadie. “Aquí”. Escucho su voz por primera vez y proviene de la única cabina que está cerrada. Giro el manillar, entro y… veo una imagen imborrable. La responsable de mi erección de 42 minutos está de pie, de espaldas a la puerta, con las manos apoyadas en la pared, inclinada hacia delante y lo primero que se me clava en las retinas es su culo soberbio y desafiante. La blusa y la minifalda descansan en un rincón de la cabina y su atuendo se reduce al sujetador, el liguero, las medias y los zapatos. Cuando me repongo de la impresión, acabo de entrar en el pequeño habitáculo, cierro la puerta y caigo de rodillas para adorar semejante culo.

    (A partir de aquí va en segunda persona, para cada lectora)

    Empiezo a apretar tus nalgas con deseo prohibido, con ansias proscritas, con un vicio casi ilegal por hacer lo que estamos haciendo donde lo estamos haciendo, y me deleito con la visión de tu coñito entreabierto y brillante por su humedad y de tu ojete coquetón. Lamo tus piernas como un perro vicioso y empiezo a explorar los laterales de tus muslos. Voy subiendo, juego con los alrededores de tus labios, mordisqueo la parte inferior de tus nalgas, alargo mi mano para sobar tus pechos… y lanzo mi lengua al centro de tu coño (tengo una lengua larga, fuerte y super virtuosa). Empiezo a oírte gemir y eso me anima a seguir ‘desayunando’ con más frenesí. Alcanzo el agujero de tu culo con mi lengua y me entretengo en repasártelo a conciencia. Si lo tenías sucio, ahora ya no. Te lo estoy dejando como los chorros del oro. He conseguido liberar mi polla y me la pelo como un bárbaro mientras sigo con mi particular festín coño-culo y pellizcándote los pezones.

    Y algo que me excita mucho es que todavía no hemos cruzado palabra. De repente, te das la vuelta, me coges el pelo y empujas mi cara contra tu coño. Recorro toda tu raja, meto mi lengua bien adentro, te follo con ella para pasar a torturarte el clítoris con la punta de mi mojado tentáculo bucal, me encanta comerme un buen coño. Capturo tu botoncito del placer entre mis labios y lo succiono, lo vapuleo con la punta de la lengua encerrado en la prisión de mis labios. Jadeas como una perra, te retuerces, me agarras del pelo con cierta violencia, como impidiendo que se me ocurra moverme de allí. ¿A quién se le iba a ocurrir? Te corres en mi boca entre gemidos y grititos contenidos y yo aprovecho para lamerte de abajo a arriba tu raja como un San Bernardo goloso.

    Mi polla toca la corneta de al ataque, me incorporo con urgencia te manipulo torpemente para que te des la vuelta y te la ensarto sin problemas y con muchas ganas en ese templo del deseo y del goce que es tu coño. Fuerte, certero, hasta la bola. Te aferro muy fuerte de la cintura para darte polla hasta lo último, con hambre de hembra, casi con rabia. Te agarro del pelo y te clavo con mi verga que ya no es una polla sino un tomahawk, un misil tierra aire, perforando un coño delicioso. El metesaca es frenético. Sé que te hago daño tirándote del pelo azotándote ese divino culo tuyo, pero también sé que eres muy zorra y que te gusta. Tu comienzas a tocarte el coño y yo vuelvo a palmearte las nalgas. Te corres como lo que eres, una puta viciosa, y a mí ya me queda muy poco. Ver tu culo enrojecido y bamboleante, oír tus gemidos y, de repente, recordar tu imagen en el parque en el momento de quitarte las gafas y mirarme, hacen que sienta el orgasmo venir desde lo más recóndito de los canales de mi polla, allá por donde acaba el culo. Entonces la saco, te doy la vuelta, caes de rodillas y me empiezo a correr por toda tu cara, tetas, pelo… y los últimos lecharazos consigo depositarlos en tu garganta de puta mamona. ¡Dios qué cantidad de leche he echado y qué pasada de polvo!

  • Siempre estaré para ti, Marian (5)

    Siempre estaré para ti, Marian (5)

    A los pocos días nos mudamos al Pent House y Marian llamó a una amiga de ella, de la juventud, llamada Roxana para ver si le interesaba alquilar nuestro apartamento, totalmente amoblado. La señora vino a ver y le gustó y más aún el monto que Marian le fijó. Sin depósito de garantía y una mensualidad muy por debajo del valor de otros apartamentos similares y en nuestro mismo edificio. De manera tal que así se resolvió ese asunto. El siguiente fin de semana, bajamos a tomar posesión del apartamento de Macuto, lo último de nuestra repartición de bienes. Estaba en buen estado de conservación, cómodo y en buena zona. Ubicado en el piso 4 de un edificio de 8 pisos, con cuatro apartamentos por piso. Una piscina de regular tamaño en un jardín bastante bien diseñado y mantenido, con mucha vegetación.

    El apartamento en sí, constaba de dos habitaciones, una con baño interno y otro baño en el pasillo, una sala comedor y una cocina americana, bien equipada. Tenía A/A individual y un balcón amplio, cerrado con ventanales de vidrios oscurecidos. En la sala cabían 4 hamacas y en el balcón dos más. Teníamos dos sofá camas, una mesa de comer con seis sillas. Y en la piscina se veían unos culos maravillosos…

    El viernes en la noche, ya instalados en el apartamento que hacía dos o tres años que no visitábamos, nos dispusimos a ver una película en Beta, sentados en el sofá, ella en shorts y franelilla y yo en bermudas, A/A a buena temperatura y una botella de un vino tinto español de regular calidad. No había ninguna esperanza, por mi parte, de algo más que ver una película. Sin embargo, al finalizar, ella me preguntó si no había traído una porno y le dije que no. Que lo único porno que teníamos allí era yo. Ella se rio de mi ocurrencia y empezó a coquetearme:

    – ¿Te gusta el apartamento? Ahora es solo nuestro, nada que ver con Abelardo. Podemos venir con tus amistades o las mías y divertirnos, ¿cierto? – mientras así me decía, me pasaba uno de sus pies por mi pecho. – ¿No te gustaría traer invitados?

    – La verdad, me basta con tu compañía pero si quieres traer a alguien, por mí no hay problema.

    – Te decía para que tuviéramos un poco de vida social, porque últimamente estamos muy retirados, solitarios. Yo podría invitar a Roxana, que es una buena persona y muy sociable y tu podrías traer a Jesús María o a Carlos, que son tus mejores amigos. No sé, digo yo…

    – A mí me agrada Roxana, bastante, además está bien buena. Yo le “jugaría un quintico” sin pensarlo mucho. ¿Y tú a cuál de mis amigos le jugarías uno?

    – A mí de tus amigos, el que me gusta e… eres tú. Solo tú, pero no debemos. No podemos…

    – Pero ¿No te gusta Carlos? Es un poco más alto que tú, él mide 1,75 y es muy simpático. Te adora, siempre me dice que está enamorado de ti y es buena persona y muy respetuoso.

    – Déjate de cosas, si me voy a empatar con alguien no va a ser con un muchacho. Yo necesito un hombre, adulto y muy capaz.

    – ¿Capaz de qué?

    – Ay, tú sabes muy bien de qué… – y continuaba rozándome los vellos del pecho con su pie, juguetonamente.

    A eso de las 2 de la madrugada, ya nos habíamos bajado dos botellas de vino y estábamos casi que dormidos en el sofá. Con mis últimos arrestos de sobriedad, decidí llevarla a su cama, para que durmiera. La cargué y fui hasta su cuarto, pero le dije que tenía que hacer pipí antes de acostarse. Me pidió que la llevara al baño, porque no creía poder sola. La llevé, le tuve que bajar los shorts y la tanguita y sentarla. Me quedé a su lado mientras orinaba, para evitar que se cayera, luego la sequé por allá abajo. Estaba bastante ebria. Al terminar, la llevé nuevamente a su cama, la acosté y le quité toda la ropa, salvo la tanga. La arropé y en eso me pidió:

    – No te vayas, duerme… con… migo, no quiero estar… -hip- sola esta noche.

    – De acuerdo, pero ¿te vas a portar bien?

    – Segu… ro -hip- me voy a -hip- portar muy maaalll.

    – Está bien, borrachita, pero recuerda: si te portas mal, mañana vas a tener ratón moral…

    A los pocos minutos estábamos dormidos, abrazados como en otras ocasiones. Ella se restregaba contra mi pecho, ronroneando y arañándome con sus uñas, pero dormida.

    Despertamos a eso de las 8 de la mañana, totalmente desnudos los dos. Yo no recordaba haberlo hecho así, pero con tanto vino en la cabeza, pues… pero entonces ella:

    – Buenos días, mi amorrr. ¿Dormiste bien? Anoche traté de portarme mal, te quité los interiores para abusar de ti, pero me quedé dormida.

    – Bueno, estamos parejos, porque yo también tenía intenciones de abusar de ti, te desvestí toda antes de acostarte, pero también me quedé dormido. Ya sabes, rascao no se vale, no señora. Pero, una cosa, no recuerdo haberte quitado la tanguita…

    – Me la quité yo, antes de intentarlo contigo y te la puse en la nariz, para que me olieras, pero no sé qué pasó. Creí que eso te despertaría… será que estoy perdiendo mis encantos.

    – ¿Y cómo recuerdas eso si estabas tan borracha?

    – Porque no lo recuerdo… lo estoy inventando ahorita, para divertirme con la cara que pones, tonto.

    – Con razón, porque si me la pones en la nariz se me quita la pea.

    – ¿Porque lo dices, por el mal olor? ¿Es tan desagradable?

    – No, querida mía, por lo maravilloso de esa fragancia. Es aroma de mujer sensual, de hembra. Y eso es algo muy poderoso.

    Nos levantamos a desayunar y luego bajamos al boulevard cercano, a caminar. Al regresar, fuimos a la piscina, donde casi no había nadie. Dos parejas con niños pequeños y una señora madura, dueña de unas tetas enormes pero hermosas, sujetas por un sostén de bikini que debía de ser de una talla menos. Nos apoderamos de una mesa con parasol, dos sillas y dos tumbonas, para pasar la mañana. Ella me solicitó le pusiera el bronceador, todo un suplicio, pero que logré sin mayores daños a mi configuración física, vale decir, sin erección visible.

    La señora de los grandes melones nos observaba mientras le frotaba las piernas a Marian y enseguida sacó su bote de bronceador para untárselo ella misma. Cuando había terminado con mamá, ella le dijo a la señora:

    – Vecina, si necesita ayuda, mi hijo es un experto en poner el bronceador.

    – Hay, si, muchas gracias, me encantaría que ese muchacho tan bello me ayude, no llego yo sola. – así que no me quedó más remedio que ir a frotar a la doña, pero al menos disfrutaría de la visión cercana de esas dos maravillas de la naturaleza que le adornaban el pecho a la mujer.

    Tendría unos 40-45 años, estimaba yo, piel muy blanca, rubia de ojos grises y buen cuerpo en general, pero su rasgo prominente eran sus tetas. Deliciosas. “Ojalá me pida que le ponga el aceite en esos dos melones”, pensaba mientras la sobaba por la espalda. Pero no, nada. Se lo puso ella misma, con mucha sensualidad, de modo que di por terminada mi labor de auxilio. Solo la espalda. Pero nos conocimos, su nombre era Simona, hija de italianos, divorciada y con dos hijas ya grandes, de 22 y 18 y una nieta. Tal vez algún día cercano, quien sabe…

    El fin de semana transcurrió en calma, en la noche del sábado salimos a cenar a un restaurante de playa y regresamos al apartamento, donde descorchamos otra botella de vino y nos la bebimos en un santiamén. Cuando me disponía a descorchar la siguiente, Marian me detuvo:

    – No, mi amor, por favor, otra no, porque es muy peligroso. Puedo perder el control y después vendrían las lamentaciones. El alcohol y mi vagina nunca se han llevado bien.

    – No temas, yo no te permitiré despelotes. Tranquila.

    – No, mi cielo, de verdad. Si quieres, bebes tú solo, yo no te acompaño. – y se fue a su habitación, a acostarse. Un rato después, mientras me fumaba un cigarrito en el balcón, la escuché llamarme:

    – Papi, ¿puedes venir?

    – Si, dime, ¿para que soy bueno?

    – ¿Crees que podrías acompañarme? Ya sabes, dormir conmigo…

    – Si, claro, ya vengo. Voy al baño y regreso.

    Cinco minutos después me acostaba a su lado y pude notar que solo tenía puestas las tanguitas. En cambio, yo estaba en pantalón corto de pijama, con interiores puestos. Mi pudor, claro está. «Que vaina con mamá, le gusta ponerme tenso» pensé. «Parece que quisiera pelea, pero no se atreve a decirlo y entonces se insinúa. No, no puede ser, porque paró de beber. Puso control. Pero, entonces ¿porque quiere dormir conmigo y semidesnuda? ¿Quién coño puede entender a una mujer?»

    Al siguiente fin de semana repetimos y cuando el sábado en la mañana paseábamos por el boulevard, tomados de la mano, de pronto ella se puso a llorar. Yo no entendía la razón, íbamos conversando normalmente y de pronto se desbordó el Niágara. Nos detuvimos, la abracé, de frente a mí y traté de tranquilizarla. En eso, una atractiva mujer se nos acercó y la saludó muy cariñosamente:

    – ¡Marian!… ¿Eres tú? – le dijo, sorprendida. Mamá se desprendió de mi abrazo, volteó a verla y su rostro mostró enseguida una amplia sonrisa:

    – Carola, mujer, pero si eres tú, que sorpresa.

    – Si, amiga, Carola, tu compinche del colegio y la universidad. ¡Te ves estupenda! ¿Pero porque lloras?

    – Ay, amiga, cosas de la vida, veníamos caminando y de pronto se me aflojaron las piernas y las lágrimas. Pero no importa, ya pasó. Me da mucho gusto verte.

    – A mí también, amiga. ¿Y éste galán, es tu novio o tu amante?

    – Coño, tú nunca cambias, éste galán es mi hijo Juan Antonio. Juan, ella es Carola, mi amiga de siempre.

    – Mucho gusto, Carola, encantado de conocerte. – le dije.

    – ¿Y qué haces por aquí, sola? – le preguntó Marian.

    – Buehhh, estoy con dos vecinas en un apartamento en aquel edificio blanco que se ve allá, al fondo. Pero esta mañana se aparecieron sus marinovios y se metieron a los cuartos a tú sabes, jugar pico-pico y yo me salí. ¡Imagínate!, el más salido quería hacer un trío con la suya y conmigo y si me daba nota, después con el otro. Bajé a caminar un rato y no sabía cuándo iba a regresar porque me sentí muy incómoda.

    Si por lo menos hubieran sido tan buenosmozos como tu chico, aquí presente, tal vez estaría allá, pero nada…

    – Gracias por lo que me toca. – le respondí, con una sonrisa de satisfacción en la cara, solo para ella. Marian me miraba a mí, luego a ella y dijo:

    – Hummjú, ¡Está bueno, pues! ¡Ya le vas a echar los perros a mi hijo, bandida! Jejeje.

    – ¡Tú sabes como soy yo, Marian, no me gusta perder el tiempo!

    – Bien, si estás incómoda allá con tus vecinas y sus marinovios, vente con nosotros, solo estamos él y yo y te garantizo que no vamos a montarnos un trío, jejeje. – le ofreció Marian.

    – Gracias, amiga, pero te digo que con ustedes dos no tendría remilgos para nada, me lo montaría de una. Con éste chico tan divino y contigo, que no estás nada mal, hasta bisexual me comportaría. Jajajaja. Ahora, hablando en serio, ¿De verdad me puedo quedar con ustedes? ¡Porque allá sobro!

    – Claro que sí, chica, eres mi amiga y parece que al tipo éste le has caído bien, no sé si será por tantos piropos que le has tirado. Vamos, busca tus cosas y les dejas un papelito, diciendo que te vas con nosotros y ya. Te aseguro que la vamos a pasar bien. Vamos.

    Nos fuimos caminando hasta el edificio y mientras ella subía a buscar sus cosas, mamá y yo la esperamos abajo, fumándonos un cigarrito.

    – Dime con sinceridad, ¿Te gusta? – me preguntó, así, como disparo a boca de jarro.

    – Si, está buenísima, es linda, divertida. Me gusta.

    – ¡Pero no te la vas a coger conmigo allí en el apartamento! ¡Me avisas y yo me voy a otra parte, los dejo solos!

    – ¿Pero qué te pasa? ¡No me voy a coger a nadie! Solo eran juegos de palabra, más nada. Estoy contigo y no te voy a faltar el respeto, mamá, por favor.

    – Porsiacaso, porque ella es más salida que nadie y tú andas encendido.

    Allí cortamos porque había regresado Carola. Nos fuimos a nuestro apartamento, caminando por el boulevard y conversando y riéndonos de las ocurrencias de la amiga de mamá. Era terrible, de verdad.

    Esa noche, luego de cenar y bebernos dos botellas de vino, Marian se estaba quedando dormida, así que se fue a su habitación a acostarse, pero antes de retirarse, me dijo que tuviera mucho cuidado. Me dio la bendición, se despidió de Carola y se acostó.

    Yo me asomé por el balcón, desde donde se veía abajo la piscina y toda la extensión del jardín del edificio, más una buena vista del Boulevard y a lo lejos el mar. Con una copa de vino en la mano y un cigarrillo en la otra, Carola se paró a mi lado, a contemplar el panorama y entonces:

    – Juan, me encanta haberme venido con ustedes. Marian y yo éramos uña y carne en el colegio y en la universidad, como ya te dije y la pasábamos re bien juntas. Una vez hasta intercambiamos los novios, porque a mí me gustaba más el de ella y a ella más el mío. Ni les preguntamos a ellos, simplemente nos impusimos. Así éramos de lanzadas y nos divertíamos un montón. Pero luego ella se empató con tu papá y se acabó. Cambió, se transformó en toda una señora y nos fuimos separando un poco, luego yo también me casé e inmediatamente tuve a mi primera hija que nació apenas 10 meses después de haberme casado; ha pasado el tiempo, aunque el cariño siempre se ha mantenido. Fíjate con la alegría con la que me reconoció y eso que estaba triste, lloraba cuando me les acerqué.

    – Si, estábamos caminando, hablando pendejadas, alegres y de pronto estaba llorando y no supe por qué. Tu interrumpiste en ese momento y cayó de perlas porque se alegró y se olvidó del motivo de su llanto. Pero yo me quedé sin saber nada. El resto del día lo ha pasado de lo más divertida contigo y eso me gusta. La habíamos pasado bastante mal con lo de su divorcio, especialmente por mi enfrentamiento con papá, como ya te contó. Ella sufrió mucho por eso.

    – ¿Y tú preferiste a Marian por sobre tu papá? Él es tu sangre, ella no.

    – Pero es mi madre, la mujer que me crio y ha estado conmigo siempre. Papá es solo una persona que se mantenía siempre distante. Ella no, me ama… y yo a ella.

    – Que lindo, ojalá yo tuviera un hijo como tú, que me quisiera así… y que estuviera tan bueno, mi vida, jajaja, porque me lo comería… jajaja.

    – ¿Y tus hijas, que?

    – Juan, yo estuve casada con ese hombre, mi marido, por 14 años, soportándolo y criando a nuestras dos hijas, portándome como toda una señora, una dama, una madre, una esposa; pero un buen día, harta de sus desplantes, sus maltratos y sus cachos, me arreché y le quise devolver uno, al menos. Me cité con su mejor amigo y me lo tiré, cual puta. Quería darle en la madre, pero entonces el muy cabrón -su amigo- se lo contó todo como una hazaña, un chiste y sin darse cuenta que mis dos niñas, de 12 y 14 años, lo estaban escuchando. Le dijo que yo me lo había cogido descaradamente, como buena puta que era y que él me había dado hasta por el culo. Que chillaba que daba gusto, que en el hotel todo el mundo nos había escuchado. Todo eso lo oyeron mis hijas y quedé marcada para siempre. Para ellas, su padre es una maravilla y su madre una puta desgraciada. Por supuesto, nos divorciamos y ellas decidieron quedarse con su padre, porque me odian desde ese día. Cuando los veo a ustedes dos, Marian y tú y la relación tan bella que tienen, siento envidia. – y se puso a llorar.

    Yo traté de consolarla, la abracé y la pegué a mi pecho y le daba palmaditas suaves por la espalda. Poco a poco fue calmándose y al fin dejó de llorar. Entonces me abrazó casi que con desesperación y me miraba a los ojos.

    – ¿Tienes una idea de lo que duele que tus hijas te odien? Cometí un error, uno solo, pero lo perdí todo, mi marido, que no me importó y mis hijas, cosa que me tiene contra el suelo. Pero nada, tengo que cargar con mi error. Ahora ya nada me importa, si me gusta un tipo, me lo tiro y después lo aparto, sin más. Ya no tengo más nada que perder.

    – Si tienes, tienes una vida y si luchas, podrías recuperarlas a ellas. Quizás al crecer y madurar un poco puedan entender lo que pasó. No te rindas, no tiene sentido. Por lo otro, tirarte a un tipo que te guste no tiene nada de malo, siempre y cuando sepas escoger, porque si te metes con cualquiera, puedes salir malparada…

    – ¿No te parezco muy puta? ¿No me juzgas mal?

    – Para nada, no soy quién para hacerlo. Yo también me tiro a quien me provoque, siempre y cuando no le haga daño a nadie, empezando por mí mismo.

    – Gracias por escucharme, Juan, me hacía falta descargarme un poco y no he tenido con quien.

    Me seguía mirando a los ojos y de pronto, empezó a acercar su cara a la mía y nos besamos, al principio suavemente, para ir aumentando la intensidad poco a poco. No pude evitarlo, me provocaba mucho esa sensual boca. Pero le advertí que no quería aprovecharme de ella, de su bajón del momento.

    – No, cariño, si la que se quiere aprovechar soy yo de ti, mi amor. Me gustas, estás para comerte y me encantaría…

    – Espera, espera. A mí también pero no hoy ni aquí, porque en esa habitación está mamá y no le voy a faltar el respeto. Pero podemos ponernos de acuerdo para venirnos el próximo fin de semana, solos tú y yo y entonces, que viva La Pepa…

    – ¿Y esperar tanto tiempo? ¡No, mi amor! Podríamos vernos el martes en la noche, en Caracas. Nos ponemos de acuerdo, me pasas buscando y salimos por ahí… ¿No te agradaría?

    – Claro que sí, ahora me das tu teléfono y hablamos. Ahora mejor nos vamos a dormir, porque la tentación es grande.

    Nos fuimos a dormir, ella en la otra habitación y yo en el chinchorro del balcón, sin A/A, solo con el fresco de la noche. Más tarde, ya de madrugada, sentí a mamá acariciándome, mientras estaba casi dormido. Me preguntó al oído si quería dormir con ella, pero le dije que no, por Carola. Entendió y refunfuñando se volvió a acostar. ¡Que broma con mamá y el vino!

    El martes en la noche pasé buscando a Carola y nos fuimos directo a un hotel de paso en la carretera del Junquito y la pasamos de lo mejor. Buena hembra, bonita, buen cuerpo y muy necesitada de cariño y… de una buena verga que la hiciera feliz. Quedó encantada, me recibió por todos sus agujeros y sin quejas. Quedó más que satisfecha e ilusionada con el próximo fin de semana que sería para los dos, solos, en la playa.

    Al siguiente día, en la noche y después de cenar, estaba sentado con mamá en el sofá, mirando la tv. No había nada interesante y entonces ella la apagó y me dijo:

    – ¡Cuéntame! ¿Cómo te fue con Carola? ¿Dónde fueron? ¿Te la tiraste? ¿Está buena? ¿Es muy zorra?

    – Caramba, señora, estas convertida en una chismosa de primera. Nos fue bien, fuimos a un hotel de paso hacia el Junquito, está muy buena, casi tanto como tú y no sé si sea muy zorra, pero le gusta mucho la vaina… ¿Satisfecha?

    – ¡Estoy celosa! Anoche estuve todo el tiempo pensando en que le estaría haciendo esa zorra a mi hijito. No me podía estar quieta.

    – ¿A tu hijito? Mejor imagínate lo que tu hijito le hizo a ella… jajajaja.

    – Eso mismo me dijo ella, esta mañana, cuando la llamé. Necesitaba saber, estaba muy celosa…

    – ¿Porqué? No te voy a abandonar, no tienes por qué estar celosa. Ella solo es una diversión. Una amiga necesitada de cariño y yo se lo ofrecí.

    – ¿Ya la consideras tu amiga? Así, tan pronto.

    – ¡Si!, ya somos amigos con derechos especiales.

    – ¿Qué significa eso?

    – Que somos amigos y tenemos permiso para caernos a polvos cada vez que nos provoque, sin necesidad de estar con muchas cómicas. Si estamos disponibles, a gozar.

    – ¿Cuántas mujeres llevas ya?

    – No sé, no las cuento. Pero Carola me gusta. Y quiero que vayamos a la playa pronto con Roxana, porque esa también está más buena que nadie. Y si se me resbala, pierde.

    – Bueno, será en dos semanas, porque la próxima te vas con Carola, sin mí y yo me seguiré muriendo de los celos, porque la Roxana también me dijo que tú estás para comerte.

    – Pero ¿Celos, por qué?

    – Porque eres mi hijo y esas mujeres malas abusan de ti.

    – Si, como no, pero la verdad, no creo que sea porque soy tu hijo. ¿No será por otra cosa?

    – No me busques, Juan, que ya tenemos claro tú y yo que no se puede. Pero me gustaría… que… no sé si quieres…

    – ¿Qué cosa, que duerma contigo ésta noche?

    – ¡Siiii! Acertaste, te mereces un premio.

    – De acuerdo, pero con derecho a hacerte cariños. Si no, entonces no duermo contigo.

    – Pero si no te pasas…

    Con ese acuerdo, nos acostamos a dormir juntos, en su cama, como a ella le gustaba. Ella estaba solo con una tanguita minúscula y yo con un bikini ajustado. Una vez acostados, ella se semi subió a mi cuerpo y puso su cabeza sobre mi pecho y allí, al poco rato, estaba dormida. Yo seguía acariciando su cabeza y su espalda, hasta que también me dormí, pero unas pocas horas después me desvelé y empecé a acariciarla como la primera vez. Su cadera, la pierna, el brazo, su espalda. Ella se bajó de mí, se volteó y puso de cucharita conmigo, sobre su lado izquierdo. Entonces mi mano derecha se fue a su nalga derecha y la estuve sobando y acariciando por largo rato. Ella suspiraba suavemente, gemía quedamente. Su piel se sentía cálida, tersa, agradable al tacto. Y mi erección era descomunal. De su nalga pasé a su teta derecha, suave, turgente, deliciosa. Su pezón se hinchaba mientras lo acariciaba. Al rato, me sentía tan pero tan excitado, que me levanté y me fui a mi baño, para atender mi dolorosa erección. Estaba en eso cuando la sentí por mi espalda, me abrazó y sin decir palabra me aferró el pene y empezó a pajearme suavemente, con habilidad y cariño. Yo mantenía los ojos cerrados por el sumun del placer que estaba recibiendo y no me di cuenta hasta que sentí su boca engullir mi glande. Estaba arrodillada frente a mí, con ambas manos en mi falo y dándome chupadas y lametones que me llevaban al cielo. En ese momento yo gemía más que ella, porque ella con la boca llena no podía emitir ruidos. De esa manera, llegué al orgasmo un rato después, con una eyaculación fuerte y pringosa. Ella se bebió una parte, otra cayó en su cara y tetas. Con sus dedos la recolectaba y se la llevaba a la boca y se relamía. Se veía tan sensual, tan erótica haciendo que mi pene no disminuyera su tamaño ni grosor. Ella se dio cuenta y en un arrebato de pasión lo agarró fuerte con una mano y me dijo:

    – ¡Sígueme, esto no se puede desperdiciar y yo me estoy quemando! – y me llevó a su cama. Yo le decía que no, que ya habíamos acordado que nunca más, pero me respondió, tajantemente:

    – ¡Al carajo los prejuicios del demonio! ¡Necesito que me apagues este incendio, que tú mismo encendiste! ¡Si no me coges bien cogida, voy a tener que tocarle el timbre al vecino para que me haga el favor! ¿Me comprendes?

    – ¡Fuerte y claro, mi señora! ¡Vamos, que te voy a coger hasta que me pidas cacao!

    Nos metimos en la cama y allí quedaron tiradas todas la buenas intenciones de gente civilizada, principios, valores y demás mierdas que no nos servían para nada en ese momento. Solo éramos dos seres humanos muy excitados cada uno por el otro. Una hembra maravillosa y un hombre sediento de sexo, del mejor.

    Al amanecer, después de tres polvos maravillosos, uno de ellos por la retaguardia, nos despertamos, un poco derrotados, pero con una gran sonrisa en la cara. La miraba y me parecía mentira que hubiéramos flaqueado, tal era nuestro compromiso. Entonces, con cierta aprehensión, le pregunté:

    – ¿Te sientes bien? ¿Quedaste satisfecha o me vas a echar de la casa por abusador?

    – Mi amor, creo que la que abusó fui yo, perdóname. Soy la adulta y debí haber mantenido el control y el buen comportamiento, pero no. Te busqué y te sonsaqué. Y aquí estamos… me siento más que satisfecha, bien cogida… Perdóname. Pero creo que debemos regresar al redil, al buen comportamiento, al compromiso que tenemos… lo siento, fui débil. – me quedé de una pieza, sin entender nada. Para ella solo fue una flaqueza del momento, pero pedía perdón y listo. Y nuestras necesidades y nuestro amor, al carajo…

    Me duché, me vestí y salí del apartamento como alma que lleva el diablo, sin esperar a que me convenciera de nada. Estaba desconcertado, pero también furioso con ella. Ya era demasiado. Sabía que era prerrogativa de las mujeres el cambiar de parecer, pero ¿Tanto?

    Regresé a casa ya tarde en la noche y me la encontré sentada en el sofá, esperándome. Había estado llorando, se le notaba en la cara. La saludé, le pedí la bendición y seguí de largo para mi habitación, pero me dijo que necesitaba hablarme.

    – Cuando tú me dices que tenemos que hablar, yo tiemblo. ¿De qué se trata ahora?

    – Ven, mi amor, sentémonos aquí afuera en la terraza, que hace un poquito de fresco. Verás, yo… no sé cómo explicarte… anoche… fui débil. Tú salida con Carola, tu deseo de buscarle la vuelta a Roxana, tus visitas periódicas a nuestras dos vecinas… yo soy de carne y hueso, no de piedra… estoy celosa… anoche te necesitaba, necesitaba… tus caricias tan ricas. Hasta quería que me dieras un masaje, pero… me pareció demasiado. Entonces nos acostamos juntos y nos dormimos, luego tú te despertaste y empezaste el suplicio. Se que te había autorizado a hacerlo, comedidamente, pero cuando me tocaste el pezón… coño, papi, soy muy sensible por ahí… y tú lo sabes… luego te fuiste para desahogarte y no me pude contener más… lo siento, me disculpo contigo, pero debemos volver a nuestro acuerdo, porque somos personas decentes, madre e hijo.

    – No quiero hacerlo… no me interesa nada de eso. Te quiero a ti, ¿No lo entiendes? Puedo hacerte un informe descriptivo y detallado…

    – Yo también te quiero, mi amor, pero eso es prohibido. Quiero que te mantengas como un hombre de principios y valores, diferente a tu padre. Que puedas tener esa diferencia moral sobre él.

    – Al carajo mi padre, ese señor ya no forma parte de mi vida, pero tu sí. Eres la mujer que amo. No puedo creer que amar a alguien sea malo, sea prohibido. Nadie escoge de quien se enamora. Yo te amo y te deseo. ¿No lo entiendes?

    – Si, pero no puede ser. Es mi última palabra.

    – Está bien, te respeto y te obedeceré, porque eres mi madre, pero no estoy de acuerdo. A la única mujer en el mundo a la que seré capaz de decirle lo siguiente es a ti: Siempre estaré para ti, Marian. No lo olvides. Si se te pasan esos “pruritos”, estoy en la habitación de al lado. Hasta mañana.

    Y volvimos a la “normalidad”. ¡Que vaina!

  • Antro

    Antro

    Ya era el esperado sábado… ese día que tienes para relajarte o salir a wuebear, dependiendo el ánimo o la calentura.

    Pues las dos eran buena opción, después de tener una semana de mierda.

    Así que a la ducha para el ritual, sus buenas esencias naturales y sales para apretar todo y quedar como niña de 15 perfumada.

    Me dirigí al antro de siempre, ya todos me conocían, no había necesidad de ir acompañada, además era propicio para conocer a alguien y portarse mal.

    Estaba ahí en la barra tomando mi copete usual, escuchando la música de fondo, viendo a quien me podría acercar, para mover un poco el esqueleto; no paso mucho tiempo cuando se acerca un conocido…

    -Hola poh enferma, que andas haciendo por estos lados?

    -Lo mismo que tú supongo, pasando el rato y pasarlo bien.

    -Me parece excelente, llegó un amigo del sur por las vacaciones, ven que te lo presento…

    Nos fuimos a la mesa del fondo y ahí estaba Gabriel, un chico alto y bien parecido, piel trigueña y ojitos claros, un papasito delicioso. Mira Gabriel, ella es Samanta una amiga del vecindario, cruzamos la mirada y me sonroje.

    -Hola Samanta un gusto; el gusto es mío… y el beso cuneteao.

    Pasamos la noche juntos bailando con Gabriel y Felipe hasta que la cosa termino.

    -Bueno chicos ya es hora de ir a casa, lo pase excelente…

    -Pero Samanta aún es temprano, ¿no quieres ir con nosotros ?; y solo pensé conchetumare ¿ir con los dos? ¿A su casa? ¿En serio? Siempre tuve la fantasía de un trio, y ahora que podía ser la oportunidad me mieee entera jajaja.

    -Ya bueno, pero mejor vamos a mi departamento y seguimos la fiesta allá, ¿qué les parece?

    Los dos se miraron y ya se sabía a lo que iba; pues vamos entonces. Llamamos un Uber y nos fuimos a mi casa.

    Llegando a casa, los chicos se quedaron en el living mientras que yo me echaba una manito de gato y ponerme a doc para lo que se venia… parada frente al espejo viéndome y pensando… que mierda, me van hacer cagar estos culeaos jajaja. Ya a lo Américo, a morir no ma.

    Me coloque mi baby doll negro transparente con encajes en parte de mis senos, un diminuto colales negro acorde al conjunto y una linda cola de caballo… aparecí así en el living y los chicos boquiabiertos; «Bueno, seguimos la fiesta de una manera más íntima o que?». Me acerque donde estaban ellos, me coloque en medio de los dos, se apegaron a mi… mientras besaba y tocaba a Felipe, Gabriel me corría mano, apretando mis nalgas y besando mi cuello, fue una armoniosa melodía… entre gemidos, respiraciones, intercambio de labios y manos resbalosas que tanteaban terreno…

    Pasaba las mías sobre los penes palpitantes que solo querían salir del pantalón. Me sentaron en el sofá uno a cada lado… se posesionaron de mis senos y mi entrepierna, Gabriel apretaba mi teta y penetraba mi vagina con sus dedos, Felipe mordisqueaba el pezón y jugaba con mi clítoris, ctm!! era una bomba de sensaciones multiplicada por 2, besándome y acariciando a mil… ahí estaba toda caliente revolcándome en el sillón mientras estos dos se daban festín con mis tetas…

    Después de que me estimularan lo suficiente y ver que ellos no daban más de calentura me arrodille en medio, apresurados sacaron sus miembros enrojecidos, palpitantes, húmedos colocándolos frente de mi… ahw que hermoso wueon… dos grandes picos solo para mi…

    Pesque el miembro de Gabriel y lo introduje en mi boca mientras que con la mano masajeaba de arriba abajo el miembro de Felipe viéndolo como se estremecía por cada bajada de mi mano y así intercambiando a cada momento de un miembro a otro penetrando mi boca una y otra vez; cada vez que metía el pico de Gabriel; él me afirmaba con sus manos hasta hacerme llorar, Felipe gemía como los dioses… que canto más estimulante.

    Hueon estaba ahí con dos picos enormes meta que suena, cuando en mi perra vida me iba a imaginar esta escena… estaba tan excitada húmeda Yo solo los quería sentir dentro de mí, se había ido el miedo el nerviosismo. Ahora sólo quería que estos dos wuachones me penetraran.

    Nos acomodamos en el sillón yo en 4 Felipe detrás de mí y Gabriel delante de mí, Felipe acomoda mi culo y comienza a tantear con la cabeza de su miembro la entrada ardiente y mojada de mi vagina mientras que Gabriel seguía meta y meta con su pico dentro de mí, me pescaba de la cola de caballo se la enredaba en su mano y la tiraba hacia atrás y hacia delante y así cada vez más rápido, metía y sacaba, mi baba quedaba colgando entre mis labios… Felipe por otro lado me agarraba de las caderas y me penetraba profundo una y otra vez, sus testículos golpeaban suavemente y estimulaba mi clítoris.

    Aooh ctm… metelo más Felipe…!! era lo que alcanzaba a decir cuando sacaba el pico de Gabriel de mi boca.

    Cambiamos de pose Felipe abajo yo en medio y Gabriel detrás de mi… ohjjj se venía el más nombrado de todos… el famoso candao chino… ctm con lo caliente que estaba ni sentí, Felipe penetraba mi vagina y Gabriel mi culo, la sensación era mágica… excitante, estimulante a mil… sentía que me moría, Felipe agarraba mi cuello y lo apretaba mientras que Gabriel me penetraba duro los dos en perfecta sincronía.

    -Si si… ctm siii…

    -Te gusta así perra¡¡ Me decía Felipe ahorcándome…

    Yo sin aire… caliente más que la chucha… Gabriel por otro lado dándome como caja y golpeando mis nalgas … ahhh ctm me tenían pal pico excitada.

    Ya no dábamos más de calientes… nos desenredamos jaja y se pararon frente de mi pajeándose, y pafff.

    Su semen explota en mi cara…

    Fue maravilloso…

    Mientras iba al baño a limpiarme les digo…

    -y cuando salimos a bailar otra vez?

    Y se armó la risota.