Blog

  • Sorprendido por el doctor

    Sorprendido por el doctor

    Nuevamente por trabajo me trasladaron de ciudad. Todo nuevo pero bueno, a esta edad ya no me amilanaba por nada.  Como era mi costumbre una vez al año iba a hacerme un chequeo completo al médico, porque la verdad nunca se sabe en qué momento te pueden encontrar algo, y claro que lo encontré, pero no de la forma que esperaba.

    Termine los exámenes químicos y el doctor me dijo pasara a su consulta, me midió, me peso y comenzó a tomar mi presión. Luego le dije que desde hace unos meses tenía un malestar en un muslo, lo examinó, me entrego la receta y me dijo que volviera en 2 semanas para ver si mejoraba mi malestar.

    Cumplido el plazo volví, pero todavía me molestaba aunque menos que antes. Me volvió a examinar pero antes de terminar me hizo una pregunta que la verdad no la esperaba. Me dijo que si yo lo encontraba atractivo a él, al principio no supe que contestar, volvió a preguntarme y le dije que si, de hecho le dije que soy gay.

    Le pregunté que como lo había sospechado y me dijo que en las veces en que me reviso el dolor del muslo noto que tuve una erección. Me dijo que él también era gay pero como era relativamente nuevo en la ciudad no quería nadie se entere ya que todo era desconocido para él.

    Le dije que yo también era nuevo y por eso me hice el chequeo completo, que es algo que anualmente hago pero antes en Santiago, ahora estaba en la misma situación que él, todo novedoso.

    Conversamos otro poco y me dijo que si nos podíamos ver en la noche, así que fuimos a un bar y luego cada quien a su lugar. Así pasaron unos días de relativa normalidad dónde nos fuimos conociendo mejor y contando cosas. En una de las juntas me dijo que si me animaba a ir a su departamento y obviamente le dije que si.

    Era un lugar bien agradable, el siempre muy educado y con mucha calma me dijo que si me provocaba tener relaciones con el. Ya sabía que soy pasivo entonces no había mucho que explicar. Lo nuevo para el fue cuando me comentó que tenía la fantasía de ser dominador, a lo que le dije que no imaginr más cosas y fuéramos a la acción.

    No sabía cómo atarme entonces le dije que yo me ponía en una silla y el simplemente atara en los lugares donde yo pusiera mis piernas. A todo esto nunca supe si de la calentura o efectivamente por los medicamentos, el dolor en la pierna se había ido ya.

    Luego le dije me pasara la cinta adhesiva y me la puse como cinturón con mi estómago hacia el respaldo de la silla. Mis tobillos estaban atados a alguna pata de la silla y con lo que me ate haciéndome un cinturón solo tuve que echar mi culo hacia atrás y quedó al borde de la silla. Después le dije que iba a dejar mi pene y mis bolas colgado, ya que me las estaba apretando, así que me las acomodé. Me preguntó entonces que como terminaba esa parte. Le dije que atara mis manos a la espalda y que luego me pusiera un limón en la boca para luego pasar la cinta, pero antes de eso se la iba a mamar.

    Así lo hicimos, me ató las manos a la espalda, luego se puso de frente y saco su pene en frente de mi, estaba con una linda erección. Comencé por lamerle el glande, solo eso, luego avance con mis labios un poco más abajo por el tallo hasta que note que no se aguanto y me tomo la cabeza, me empujó hacia él. Entro fuerte, tuve una arcada, pero aproveche el envión para mamarla desde el fin del tallo hasta el glande. Me dijo lo hiciera lento sino iba a acabar. Le dije que esa parte quedará hasta allí, que me amordazara e hiciera lo suyo. Antes le di una última probada a ese pene que iba a entrar. Después fue el limón, la cinta y ya estuve a su merced.

    Tobillos atados a la silla, espalda forzada en una posición en que quedaba totalmente expuesto, manos atadas a la espalda, bien amordazado y con el culo al aire. Estaba todo preparado.

    Fue muy agradable la caricia del lubricante en mi ano, quería agarrar su pene con mis manos pero no pude porque me las ato arriba de la cintura. Me dijo que si me molestaba algo le dijera, malamente lo podría hacer amordazado esa manera así que solo moví la cabeza asentando.

    Sentí tímidamente como empezaba a entrar la cabeza, lentamente, luego cuando pasó, se siente exactamente la forma del pene como va penetrando hasta que tocó el fondo de lo que alcanzaba. Se quedó allí, me tomo los hombros y me dijo que esto lo estaba disfrutando mucho, luego me pidió su podía cerrar las nalgas haciendo fuerza, hice lo que pude pero fue en vano ya que en esa posición quedaba con el culo completamente abierto y también el con sus manos en mis hombros hacia fuerza para presionar.

    Acabamos juntos, el dentro de mi y yo hacía donde mi pene pudo eyacular. Después me dejó allí unos momentos, tal cual yo estaba, solo para mirarme ya que su fantasía se había hecho realidad. Luego corto las cintas y le pregunté que cómo se habia sentido al respecto. Solo me abrazo y me dijo que quería repetirlo así sin perjuicio de las salidas que tuvimos, cada cierta cantidad de días planeabamos una sesión. El cada vez más en confianza, yo simplemente me dejaba llevar.

    Me contó un día que aún quería probar otra fantasía que el tenía desde la universidad y le dije que si, que lo hiciéramos. No me contó de que se trataba pero en unos días más yo lo iba a averiguar.

  • El bosque de limoneros

    El bosque de limoneros

    Nada hubiese ocurrido sin aquella acera, sin aquellos baldosines ardiendo, sin aquellos seiscientos metros de fuego que separan mi casa del centro del pueblo.  El mes de julio se acababa y se despedía con una ola de calor que llevaba los termómetros más allá de los cuarenta grados. Había tenido un día realmente malo. No es que me hubiese ocurrido algo, es que no me había ocurrido nada. Nada, la nada más absoluta era la definición de mi vida en ese momento.

    Aquella acera fue la mejor medicina que podrían haberme recetado. Con un golpe seco cerré con llave la vieja y pesada puerta de madera de mi casa y puse mis pies sobre la acera. Noté como la goma de mis chanclas daba de sí y se reblandecía instantáneamente. En ese momento terminó la primera parte de mi vida, en ese momento nací de nuevo, al golpear esa puerta y girar la llave todo cambio para siempre.

    Acababa de darme una ducha con agua tibia y me había puesto un vestido de una tela muy muy ligera, tan ligera que tenía la sensación de que el aire caliente que subía desde el suelo lo inflaba como un globo aerostático, lo hacía flotar y acababa de secar mis piernas. Mi coño depilado cuidadosamente, libre, sin bragas ni tanga, decidía tras solo unos pasos que no todo sería tan negativo. Nunca olvidaré aquella sensación, mi piel tan suave, acariciada por el vaivén de aquella tela, su roce sobre mis nalgas, sentirme pasear desnuda dentro de aquella prenda color naranja fuego que me llegaba hasta las rodillas.

    Verme reflejada en los primeros escaparates de camino hacia la plaza del pueblo no hizo más que aumentar mi sensación de bienestar y mi coño, definitivamente, era la húmeda prueba de que todavía podía saborear algo parecido a lo que llaman felicidad aquel sábado. Me veía guapa, ¡que pena no poder salir sin sujetador también!, gasto demasiada talla para un pueblo tan pequeño.

    No eran ni las seis de la tarde y la calle estaba desierta. El banco donde los jubilados se acomodan para pasarla al fresco todavía estaba vacío. Las pocas tiendas que sobreviven arremolinadas en torno al ayuntamiento y la plaza estaban todas cerradas. La mejor mercancía que vi en ellas fue mi cuerpo reflejado en sus lunas, mis muslos y mi culo jugoso y abundante moviéndose como un flan bajo un milímetro de tela. Mi melena, rubia aquel verano, acabando de secarse, mis tetas contenidas por mi sujetador favorito, uno amarillo como un polo de limón que la tela del vestido dejaba entrever.

    Tengo que fijarme en los detalles, me decía, esta noche me haré una paja pensando en este momento. En realidad, me la hubiese hecho allí mismo, me hubiese levantado el vestido, sin quitármelo, porque lo necesitaba acariciándome, frente a cualquiera de los escaparates me hubiese masturbado, de pie, como tanto me gusta, e incluso intentar correrme y orinar al mismo tiempo, empapar mis muslos con una meada interminable, formar un charco bajo mis pies y ver mi coño rendido y sudoroso reflejarse en él. Aquel paseo es lo más extraño que me ha pasado en mi vida. He intentado repetirlo varias veces, lo he hecho con unas bolas chinas dentro de mi, lo he hecho habiendo mucha más gente en la calle, lo he hecho con una falda tan corta que casi me avergonzaba, pero nada.

    Quizás para sentir la euforia que acabó invadiéndome al acabar de recorrer aquellos seiscientos metros hay que partir de muy abajo y aquel tórrido fin de semana mi vida estaba muy bajo cero. Recién cumplidos los cuarenta y dos, recién divorciada, sola, sin mi hijo, ya mayor de edad y empezando a hacer su propia vida y pasando unos días con su padre. Sin nada que hacer hasta el martes. Sin nada que ver en la tele, sin playa, sin piscina, sin coche, perdida en medio de la meseta.

    Aquella acera ardiendo, aquel coño tan sedoso, tan pegadito a mi ojete que es mi capricho últimamente.

    El silencio era absoluto.

    Caminaba por el lado de la calle que estaba a la sombra y aun así el aire era irrespirable, mi vestido olía a suavizante, del que siempre abuso, y pensé que podría haber salido con él mojado de casa porque se habría secado ya.

    No soy una mujer bipolar, nunca he tenido cambios de humor tan repentinos, pero lo cierto es que salí de casa al borde del llanto y sin saber muy bien ni para qué. Quizás porque necesitaba echarla de menos, irme para luego volver. Adoro mi casa, es como si fuese mi amante, apenas llevaba unos cinco días sola y todavía no me había paseado desnuda por ella, y eso que el calor invitaba a hacerlo. No, no quería caer en la rutina, no quería que mi casa se acostumbrase a mi cuerpo, si tomaba el sol desnuda seguía haciéndolo en el bosque de limoneros como toda mi vida, entre unas esterillas de caña para no incomodar a mi hijo, pero también para que ella no me viese.

    Estaba decidido, soy una exagerada, hay gente que lo pasa realmente mal y se reiría de mis cuitas. Tengo salud, estoy en la mejor edad de cualquier mujer, tras dos meses de verano mi piel tiene ese tono de bronceado en que mi culo, que compite en tamaño con mis pechos, parece la parte del flan llena de caramelo y no me canso de admirar mi pubis que ya se ha tostado e igualado en color con el resto de mi piel.

    ¿Qué más podía pedir? Iba a comprar una botella de cava y algo para cenar y me entregaría al sexo, a mi coño ya se le hacía la boca agua. Tenía que beber mucho, necesitaba tener muchas ganas de mear.

    Mi casa es bastante grande, dos plantas más una bodega bajo tierra, es una casa antigua pero muy bien conservada, una casa encalada en blanco con contraventanas azules, casi siempre cerradas en verano. Quería bajar a la bodega, que tiene el suelo de cemento, y mearme con mis muslos cerrados, bien apretados, empapar mis piernas y mis pies y que mi orina penetre en ella y mi esencia se quede allí para siempre.

    ¿De qué me podía quejar? si tras mi casa y rodeada de un muro exageradamente alto tenía mi bosque de los limoneros, un jardín de unos diez por veinte metros lleno de limoneros silvestres, un desastre desde el punto de vista botánico porque había tantos que unos no dejaban crecer a los otros, pero una maravilla para los sentidos, ese olor denso a azahar y limón que se metía en casa poseyéndola día y noche, sin descanso, en todos sus rincones. Muchos de los árboles son de una variedad que aguanta muy bien el frío invierno de la meseta, sus limones son muy alargados, pequeños, de formas caóticas, nada que ver con los de la frutería, algunos alargados como plátanos y su piel muy rugosa pero suave al mismo tiempo. Me encanta follar con ellos.

    Por fin atravesé la plaza, un fogón con una fuente que hervía en medio, el termómetro de la farmacia marcaba cuarenta y dos. Mis chanclas comenzaban a amagar con quedarse pegadas al pavimento cuando entré en el pequeño supermercado del pueblo.

    Por fin algo de oxígeno, dentro no habría menos de treinta grados, pero la primera sensación era como de entrar en una nevera. El chico del súper levantó la vista desde el fondo y bloqueó su teléfono rápidamente. Yo debía ser el primer ser humano que veía en toda la tarde. Allí no había nadie más. Me lanzó una sonrisa, como siempre que me veía, y me ofreció un granizado de café que yo no podía rechazar. Soy una persona muy agradecida y me entretuve un rato por los pasillos para que pudiese admirarme, luego se haría una paja pensando en mí. Abrí el frigorífico de los helados y me incliné lo suficiente para que el vestido se pegase bien a mi culo y él se entretuviese adivinando si llevaba tanga o iba sin nada debajo. Me gusta el olor de los frigoríficos del súper.

    Compré cava, una botella de agua para beberme de vuelta a casa, unos langostinos para hacer a la plancha y pan. No necesitaba nada más. Pasé frente a un espejo en la sección de droguería y aproveché para soltarme el pelo. Me quité la cinta que lo recogía en una especie de coleta y cayó sobre mis hombros. Me levanté el vestido lo suficiente para secarme el sudor de la cara, me ayudo la abertura que tenía hasta la mitad del muslo en su lado derecho. Los dos disfrutamos de mis rodillas y mis muslos, cada vez tenía más ganas de masturbarme, el color naranja del vestido debería estar prohibido, encendía algo en mí que no sabría explicar. ¿Me ocurre a mi sola? Me tranquilizaría saber que no soy la única. Al fin y al cabo, estos vicios míos por los colores, los olores, los objetos, fueron la causa principal de mi divorcio.

    Para mí un polvo de diez minutos rematado con una mamada es la antítesis del placer. No es que no me apetezca de vez en cuando pero no dos días entre semana y los sábados después del fútbol. Para empezar, yo necesito horas, tiempo y más tiempo, necesito inflar e inflar el globo hasta que llene toda la habitación hasta que me aplaste contra una pared y estalle, reviente todo y me deje rendida, exhausta. No puedo tener sexo de día a no ser que pueda dormirme al acabar.

    Mi marido se moría de celos, celos de mi casa, celos de mi amor lésbico por ella. Tenía pánico a quedarse solo conmigo, sin el niño. Sabía que le pediría que me follase el culo mientras yo me abrazaba desnuda a la columna de madera que inicia la balaustrada de las escaleras que suben al piso de arriba o que en vez de hacerle una mamada, tendría que eyacular sobre el impoluto yeso de las paredes para que yo lamiese su semen. A veces me sorprendía besándome en alguno de los muchos espejos de casa, comiéndome mi propia boca, clavando mis ojos castaños en mis ojos castaños, muerta de deseo, pero no por él.

    El trío, el sueño de todos los hombres, era su pesadilla, siempre éramos tres, ella, la casa con el bosque de limoneros, era demasiada competencia para él. Un día me pilló sentada en el bidé follando con el ergonómico grifo que llevaba años tentándome, moviendo mis caderas adelante y atrás, sintiendo el acero inoxidable calentito dentro de mi después de haber corrido el agua por él. Nuestras miradas se cruzaron a través del espeso vapor acumulado, pero yo no dudé un instante en seguir besando y lamiendo los suaves azulejos, húmedos y lascivos tras el bidé, con mis piernas abiertas, mis rodillas pegadas a la pared para que mi amante me penetrase lo más adentro posible. Me miró con asco y desprecio y me deseo una infección, lo del grifo y los azulejos fue demasiado para él. No lo culpo.

    Durante años toleró mis vicios e incluso disfrutaba viéndome engañarle con las terminaciones en forma de piña del pie de cama. Le gustaba pajearse mientras veía desaparecer coño arriba los remates barnizados y salir de vuelta rebozados en mis jugos. Luego se me acercaba y descargaba en mi boca unas corridas fenomenales, le gustaba que no me lo tragase, yo hacía un alto y con los mofletes llenos de su leche embadurnaba la piña, la llenaba bien de semen y luego me lo iba comiendo poco a poco, lengüetazo a lengüetazo, deleitándome con él.

    Con los años, él fue volviéndose más conservador y yo más viciosa. A medida que me desenamoraba de él me enamoraba más de todo lo inanimado que me rodeaba. Encontraba más calor, y me reconfortaba más, un rato de placer con el rodillo de amasar que una cena con él en un restaurante de la capital.

    En fin, todo en el universo tiene un principio y un fin y lo mío con mi marido simplemente se extinguió.

    Mi rato de compras en el súper también tenía que acabar porque aquel pobre chaval no podía más. Dejé que el telón de mi vestido cayese y puse fin a la función y saqué del bolso mis gafas de sol para poder ver sin ser vista la que había liado. Me acerqué a la caja y vi que ni siquiera la camiseta que cubría sus bermudas podía ocultar el fenomenal empalme. Me despedí y le agradecí de nuevo el regalo del granizado dejando caer una moneda al suelo y mostrándole el escote y mis tetas apretadas por el sujetador.

    Sali de la tienda y entré en el horno de nuevo. Mientras cruzaba la plaza, el chico, que tiene diecinueve y siempre estuvo en la misma clase que mi hijo, me echaba el último vistazo y cerraba la puerta rápidamente. Juventud divino tesoro, al menos en los hombres.

    Las mujeres somos distintas, ellos se deterioran enseguida, es mi experiencia, no tengo por qué estar en lo cierto. Nosotras mejoramos con los años, nuestro placer no depende de un simple musculo, vamos perdiendo romanticismo y tontería y volviéndonos más y más viciosas. ¿O soy solo yo?

    Para cuando conseguí llegar al otro extremo de la plaza y seguir mi camino a la sombra ya me había olvidado del chaval. Me hacía gracia y me halagaba que estuviese sentado en el váter con la polla entre sus manos y pensando en mis muslos e imaginándose el culo que ocultaba bajo aquel vestido de mercadillo, pero, más allá de mi pasión por mi casa y todos los objetos que contiene, hace años que me considero lesbiana. Toda mi vida he fantaseado con otras mujeres, aunque no me disgusten nada los hombres, en eso sí que estoy segura de no ser la única, pero, quizás gracias al torpe de mi marido, hace tiempo que solo me fijo en ellas. Es evidente que en mis horas frente al espejo no hay solo narcisismo, en realidad siento que beso a otra mujer, que me excito viendo otro cuerpo, tengo la suerte de abstraerme y ser capaz de olvidarme que esos ojos que me miran fijamente mientras llego al orgasmo son los míos.

    Nunca mentiría, no soy capaz, no puedo, eso me ha traído muchos problemas en la vida. Creo estar en lo cierto al decir que sintiéndome lesbiana nunca me he acostado con otra mujer, pero, mientras hacía un alto para beber agua, me prometí que al día siguiente llamaría a Bea. Sabía que iba a estar sola todo el día y en el fondo, deseaba que se autoinvitase a pasar algún día en agosto conmigo. Yo no me atrevía a proponérselo, ¡sí! con un bolígrafo de cuatro colores soy muy echada para adelante, me lo meto por el culo y puedo pasarme horas jugando con él mientras veo la tele, pero con otra persona, y sobre todo con Bea, era otra cosa.

    Bea es mi prima, segunda o tercera, qué más da. Es profesora en un instituto y seguro que la persona que más quiero después de mi hijo. Ella me lleva dos años, durante mucho tiempo vivimos muy cerca pero ahora nos separan cientos de kilómetros. Ella sigue casada, aunque creo que empieza a tener muy amortizado a su marido. Tiene dos niñas ya mayores como el mío. Hace años que tengo la sensación de que acabaremos acostándonos, es solo cuestión de tiempo. El problema hasta ahora siempre ha sido que hemos vivido las dos rodeadas de las obligaciones y peajes de la vida familiar.

    Lo cierto es que cada vez que nos quedamos un minuto a solas nos convertimos en personas distintas, es como si alguien apretase un interruptor, incluso cambiamos de conversación. El verano pasado estuvimos las dos familias juntas en el norte de España, un lugar precioso junto al mar. Alquilamos una casa para todos y apenas tuvimos un rato para nosotras, sin embargo, una larga tarde de playa en que nuestros maridos se fueron temprano nos quedamos las dos solas, con la playa ya medio desierta. Nuestra conversación giró al instante hacia el tema de la masturbación. No sabría decir cuál de los dos sacó el tema, supongo que fui yo. Tardamos tres minutos en empezar a fantasear con lo genial que sería hacerse una paja allí mismo sobre la toalla y la arena y otros tres en perder la vergüenza y echar a suertes cuál de las dos lo haría primero. Aun hoy no se ni como aquello ocurrió.

    Bea se irguió para vigilar, yo me quité la parte de arriba del bikini y desaté el lazo derecho de la parte de abajo. Abrí las piernas y hundí mis pies en la arena, totalmente depilada y con el coño abierto no pude ocultar lo que toda una tarde de playa había ido acumulando en mi coño. Bea me agarró la mano derecha y con una botella de agua me quitó toda la arena de mis dedos y me animó a disfrutar. Rojas las dos como tomates metí mis dedos entre la gelatina, giré mi cabeza hacia la izquierda para poder ver las piernas de Bea, me di cuenta de lo mucho que se parece su piel a la arena de la playa, no podía ver más allá de sus rodillas, pero daba igual, no intenté extenderme, sucumbí enseguida a la excitación de toda una tarde con ella, a lo novedoso de hacerme una paja en la playa y por supuesto al hecho de que otra mujer me estuviese observando. Me corrí estrujando con mi mano izquierda uno de sus tobillos y retorciéndome de placer sobre la arena mientras fantaseaba ya con ver a Bea hacer lo que había hecho yo.

    Bea ya estaba en topless desde que los demás se habían ido. No tiene los dos cántaros que gasto yo, ella se atreve a hacerlo a veces, yo no. Sus pechos son medianos, muy bonitos, su cuerpo es más bien delgado salvo sus muslos y su culo, me ha confesado muchas veces que le gustan, no tiene complejo alguno. Me había excitado muchísimo correrme a sus pies, pero verla a ella retirar el pareo, ya sin la parte de abajo del bikini me puso la piel de gallina. Se masturbó un buen rato, tuvo que hacer un alto y cubrirse mientras pasaba alguien, Bea solo estaba completamente depilada en el pubis y las ingles, el coño parecía no haber sido depilado en un par de semanas. Estaba blanquito.

    No había más de metro y medio de arena entre las dos rocas que nos cobijaban, Bea seguía jugando con su coño y se acariciaba un pecho. Sólo abrió la boca para decir que podría seguir así horas y horas. La que tenía prisa era yo, llevaba toda la tarde sin mear y ya no podía más. Me puse a su lado en cuclillas, aparté el bikini con mi mano izquierda y el sonido de mi orina llamó su atención. Bea giró su cabeza y a cincuenta centímetros de sus ojos vio mi coño, brillante aún, con su entrada cegada de gelatina y un río de flujo escurriendo hacia mi ano. Respiró profundo, sorprendida, me excitaron tanto sus ojos saltando de mi coño a mis muslos, me pareció que se fijaba en mi ojete también y en lo bien depilada que tengo esa zona. Miraba al charco que se iba formando entre mis pies. Estiró su mano y, como había hecho yo, agarró mi tobillo y se corrió sin permitirme abandonar mi postura, comiéndose mi coño con sus ojos, siguiendo con ellos el curso de las últimas gotas de orina que se deslizaban suavemente como miel sobre la capa de gelatina que napaba mis labios.

    Se quedó inmóvil, con sus piernas apretadas y temblorosas y su mano derecha atrapada entre ellas, toda su piel de gallina, sé que no era de frío, pero la tapé con una toalla. Ese día volvimos a casa en silencio, muertas de vergüenza. De vez en cuando nos reíamos como dos idiotas. Supongo que las dos nos preguntábamos como habíamos acabado la tarde así. Lo cierto es que todo fue muy fácil, tremendamente fácil, demasiado fácil.

    El estruendo de una persiana abriéndose me trajo de vuelta a la realidad, poco a poco el sol iba cayendo y el pueblo volvía a la vida, era como un segundo amanecer. Hasta más allá de la media noche mis vecinos recuperarían lo que el fogón del verano les había robado desde el mediodía.

    Yo ardía por dentro y por fuera, recordar a Bea había aumentado mi bienestar y a riesgo de morirme de calor afronté el último tramo de vuelta a mi casa, ya sin nada más que algún árbol dando algo de sombra. Me acerqué la caja congelada de langostinos a mis mofletes y terminé la botella de agua de litro y medio.

    Apure el pasó todo lo que pude y por fin bañada en sudor, con el vestido pegado a mi cuerpo y aguantándome las ganas de todo entré en mi casa y eché todos los cerrojos tras de mí.

    Di gracias, aunque no sabía a quién o a que, volvía de mi paseo con tantas cosas que hacer…

    Me dio pena quitarme el vestido, pero se merecía un buen lavado y pasó a formar parte de mi museo de fetiches, en un viejo arcón está, junto a mi cama, bajó llave.

    Lo que más me liberó fue quitarme el sujetador, ¡que tortura! Completamente desnuda y sin chanclas abrí la puerta que baja a la bodega, el placer que me producían los baldosines de gres fríos en la planta de mis pies era casi sexual, ligeramente encorvada para no golpearme en la cabeza fui bajando las escaleras, el suelo estaba más frío cuanto más abajo y al poner mis pies sobre el suelo de la bodega me encantó sentir el masaje del cemento, basto, poroso, recubierto siempre de una arenilla que nunca se acaba, eterna. Con las palmas de mis manos levanté mis pechos, me llevé uno a la boca y me excité recordando como me bebía su leche tras mi embarazo, junté mis piernas y dejé que el granizado y la botella de agua encontrasen su camino hacia el suelo, sentía la orina fría de lo calientes que estaban mis piernas, meaba y meaba sin parar, acabé chapoteando con mis pies en la orina, confirmé con mi dedo índice lo que hacía un rato que sentía, tenía el ojete lleno de jugo de mi coño. Me metí un poco el dedo y vi que era más que suficiente para lubricarme. Esperé un rato, senté mi culo desnudo sobre el último peldaño y me quedé a ver como el cemento hacía suya para siempre mi meada. Bea regresó a mi cerebro.

    La pienso siempre vestida como en verano, en invierno tiene aspecto de lo que es, profesora de instituto, pero en vacaciones… ¿cómo lo diría? crea una tensión a su alrededor… un maravilloso estrés que sufro con agrado, al menos yo. Sus vestidos son todos bastante cortos, no mini, pero si a mitad de muslo, lo que tienen todos es mucho vuelo, deberían llevar algún peso en el dobladillo para evitar sustos, pero a Bea le da igual. Si acaso estamos en un lugar muy concurrido y hay algo de brisa estira sus brazos y se lo sujeta, pero lo habitual es que me pase el día pendiente de en qué momento la tela vuela y aparecen en escena sus glúteos mitad blancos mitad color miel. Bea está más bien delgada, es muy guapa, melena muy cortita, ojos un poco saltones pero muy bonitos, algo de pecas en la cara, naricita y boca pequeña, nunca se pone tan morena como yo, aunque tome el sol horas y horas. Lo que más me gusta de ella, aparte de su cara son sus caderas anchas… bueno, muy anchas, muy femenina, ella suele decir que mi culo es como un melocotón y el suyo como una calabaza. No es cierto, a mí me encanta, cierto que si el mío es grande el suyo es mayor todavía, pero yo siempre busco cualquier excusa para vérselo, a veces le pongo bronceador en la espalda y si no hay ropa tendida también en los muslos que van a juego con el culo. El sieso de mi marido siempre está murmurando que con los niños delante no debería ponerse esos vestidos, no se lo dice a ella, me lo dice a mí, pobre hombre, es incapaz de reconocer que en el fondo le encanta, reza a Eolo cada paseo que damos, cada playa a la que vamos, cada barbacoa que hacemos para que sople y sople y nuestra Marilyn nos regale el morbo de esas nalgas aparecer y desaparecer, fugaces, relajadas, enmarcadas con algún tanga de mercadillo, casi invisible, oculto, cuidando de su ojete.

    Dejé la bodega y salí a mi jardín, a mi bosque, por fin el sol iba cayendo, mis árboles estaban ya todos a la sombra, me porté mal, no debe hacerse, pero lo necesitaba. Agarré la manguera y comencé a regar mi bosque, no sé ni si es bueno hacerlo a esa hora y me hubiese muerto de vergüenza si alguien me viese malgastar agua en algo así, pero disfruté realmente esos diez minutos. Con aquel calor sofocante, que inolvidable sentir caer las gotas de agua sobre mi piel, empaparme toda, empapar mis limoneros, pasearme desnuda por mi bosque, bajo aquella lluvia artificial. Me dejé caer en el césped, mientras me rodeaban y con dos de sus frutos escogidos comencé a masturbarme, no sé cuánto pude tardar, pero me dolía el brazo derecho cuando acabé.

    Soñaba con que Bea me soñase esa noche mientras nos masturbábamos juntas allí mismo, imaginándome la polla del chico del súper reventando semen a dos metros de altura en mi honor, muerta de orgullo, enamorada de mi boca, de mis brazos, de todo mi cuerpo.

    En vez de entrar en casa a ducharme lo hice allí mismo, con la manguera, mi piel se quedó muy muy suave, me sequé con una toalla y mientras el sol se ponía y mi bosque se quedaba en penumbra cerré con llave la puerta de atrás y me despedí hasta la mañana siguiente.

    Tras tanto rato mojada sobre el césped no me molestaba lo calentita que estaba la casa. Me di un paseo, por toda ella, me paré delante de todos los espejos. Me maravilla cada vez más el tamaño de los labios de mi coño, como asoman y se retuercen, quizás sea porque juego mucho con ellos, me los pellizco, me los estiro como si fuesen los pétalos de una flor. Nunca me atrevería, pero para ir a una playa nudista tendría que dejarme crecer el vello varios meses porque una cosa es pasearse desnuda y otra muy distinta hacerlo como yo aquella noche, con mi coño todavía abierto, guardando la ausencia del limón y aquellas dos alas de mariposa listas para echar a volar.

    Fue mientras preparaba la cena, mientras los langostinos chisporroteaban sobre la plancha cuando me di cuenta de que estaba enamorada. Así, de repente, me di cuenta de que había perdido cualquier tipo de ilusión sobre el futuro que no tuviese que ver con Bea. Los humanos funcionamos así, necesitamos objetivos, encontrar motivación para arrastrarnos por el día a día, sobrevivir a un domingo por la noche cada siete días. No era un enamoramiento pavisoso y adolescente, me excitaba con muchas mujeres, pero con Bea era distinto. Creo que podría vivir con ella sin acostarnos, sería una pena y un desperdicio, pero sería capaz.

    Lo reconozco me puse romántica mientras cenaba, la loba que llevo dentro se tomó un par de horas libres, mi coño iba a su aire, puse perdida la silla y fue el notar como mis nalgas empezaban a resbalar sobre la madera lo que encendió la chispa de nuevo. Me puse de rodillas en el suelo y lamí mi asiento.

    Me di un paseo por toda la casa, subí al segundo piso donde las ventanas estaban abiertas y empezaba a correr algo de brisa. Podía notar el calor que desprendían las paredes y el suelo. El silencio de la tarde iba dejando paso al estruendo de grillos y otros insectos que comenzaban a vivir tras la puesta de sol. La tarima del suelo empezaba, como cada noche, a crujir relajándose tras haberse dilatado durante todo el día.

    Entré en mi habitación y saqué del cajón mi juguete preferido, un huevo de silicona. Lo puse en marcha sobre la mesita de noche para verlo un rato. Más que vibrar saltaba. Lo rodeé de libros para que no se cayese y me entretuve jugando un rato con mi culo o intentándolo al menos porque no me es fácil llegar a él.

    Dudé si atreverme o no, pero al final cogí una botella de agua y salí desnuda a la azotea. La improbable posibilidad de que alguien pudiese verme si estaba de pie lo hacía más apetecible aún. A un lado de la azotea estaba la chimenea redonda de la antigua cocina y perpendicular a ella arrancaba un pequeño muro de ladrillo de un metro de altura que pasaba junto a un viejo depósito de agua. Su parte superior estaba rematada en cemento y hacía como un semicírculo. Metí el huevo en mi coño, lo encendí y limpié bien con agua el cemento sobre el que iba a subirme. El olor inconfundible del agua en contacto con los poros del cemento me excitó, me subí y sellé mi coño entreabierto contra él, estaba calentito a pesar del agua. Me abracé fuerte a la chimenea y respiré hondo, el huevo comenzó a matarme de placer, golpeaba las paredes de mi útero e incluso se acercaba a la entrada de mi coño y notaba como rebotaba contra el cemento. Mis piernas colgando no me dejaban disfrutar y acerqué una tumbona y un taburete para apoyarlas. Me sentía la reina del mundo, cabalgando la noche sobre la azotea de mi amada casa, completamente desnuda bajo un campo de estrellas, muriéndome de placer, abrazada a la chimenea, moviendo ligeramente mis caderas para frotar un casi nada mi coño abierto sobre los poros del húmedo cemento. Flotaba, solo sentía mis brazos asirse a la chimenea, el resto de mi cuerpo no pesaba, giraba alrededor de mi coño que destilaba néctar sin parar, confiado en que en esa postura podía disfrutar horas y horas sin correrse. Por mi mente pasaban todo tipo de cosas. Me imaginé paseándome desnuda por el súper mientras el chaval se hacía una paja sobre el mostrador, me imaginé rodeada de chicas, besando y lamiendo mis piernas, sobre todo mis muslos, poco a poco fui poniéndoles cara, una profesora de mi hijo muy guapa, pelirroja y muy delgadita, pero con una boca que siempre me excitaba cuando la veía, alguna compañera de trabajo y por supuesto, Bea, la sacerdotisa que llegado el momento las apartaba a todas y se colocaba entre mis piernas para que me orinase sobre su cara y empapase todo su cuerpo. La noche, aquel cemento entre mis piernas, los olores, el huevo vibrando dentro de mi coño, se me fue la cabeza. ¿Quién no ha hecho alguna burrada en un momento así?

    Me avergüenza profundamente todo lo que hice ocurrir desde que desenredé mis brazos de la chimenea y me acomodé en la tumbona donde nadie podía verme. El incesto me parece algo horrible, algo que nunca debería suceder, pero aquel día, aquella noche, me sentía tan lejos de todo, tan lejos de todos, tan naufraga, que el censor que todos llevamos dentro se tomó el día libre.

    Alguna vez mientras me masturbaba había fantaseado un poco con mi hijo Pablo y María, la hija de Bea. Bea y yo siempre bromeamos con lo que nos gustaría ser consuegras, su hija es una de esas chicas, como casi todas hoy, preocupada solo y por nada más que su imagen. Melena morena siempre alisada, se cambia de ropa veinte veces al día, a sus años, diecinueve, lleva el bolso lleno de cremas y por supuesto odia lo mejor que tiene, su cuerpo. Por suerte nunca se le ha dado por no comer, ella se ve gorda pero lo que tiene es un cuerpo de escándalo. Los genes de su madre han dibujado un culo y unas caderas que una viciosa como yo nunca podría pasar por alto. ¡Que tortura!, en verano intentar evitar no comerse con los ojos esas nalgas apretadas por el bikini tanga, esa espalda bronceada, color arena como su madre. Una vez Bea me pilló mirándole las tetas, que se parecen más a las mías que a las suyas, digo por el tamaño, yo reaccioné susurrando en su oído la pregunta de ¿de dónde habrá sacado la niña esos pechos?, pero mi tez completamente roja me delató. Bea no es tonta, sabe de las debilidades humanas, respondió cualquier bobada y me sonrió para intentar aliviar el mal rato que yo estaba pasando. ¡Qué vergüenza pasé! Otra en su lugar afearía mi comportamiento, pero mi Bea no.

    De mi hijo solo puedo y quiero decir que es una polla pegada a un cuerpo, pero un gran chaval. Alguna vez lo he pillado masturbándose. ¡Por dios!, me da miedo abrir cualquier puerta cuando él está en casa, la vergüenza que paso. Por supuesto que llamo cien veces antes de entrar en su habitación, pero nunca cierra, y una vez lo pille en el baño en el momento de correrse y eso es imposible de olvidar y superar, nos llevó semanas conseguir tener una conversación normal. ¿Qué si es guapo? Pues sí, es guapo, es hijo mío, con lo bien dotado que está, eso es lo de menos, pero a esa edad los hombres son pollas a punto de explotar a todas horas.

    A él le gusta mucho María y los dos acabaron apareciendo en mis pajas, fugazmente como digo, pero aquella noche en mi azotea, hiperventilada de deseo, hambrienta, abrazada a mis pechos, besándomelos, con aquel chisme dentro de mí me rendí y los puse a los dos frente a mí, mi Pablo completamente desnudo, con la polla en ristre, dura y larga como solo a su edad se puede tener, y María, con solo un tanga amarillo de rodillas delante de él, mostrándole su culo, contoneándolo, sacando la lengua, en celo como yo. Lo mejor de las fantasías es la lubricación, Pablo apartó con su mano el tanga para clavar su polla, para ir metiendo esos veinte centímetros de carne en el coño de María, me la imaginaba gimiendo, con sus melones colgando mientras mi hijo sacaba toda la polla fuera de su coño y se la metía de nuevo hasta el fondo, sin prisa, como a nosotras nos gusta, adentro hasta el fondo y afuera, y vuelta a empezar. Parecían tan reales como mi chocho acariciado por la huella dactilar de mi índice derecho, tan reales como aquella cosa que vibraba en mi útero, tan reales como mi vicio con la orina, uno de tantos. Había bebido tanta agua que cada cierto tiempo disfrutaba de una meada larga y excitante, me meaba encima, tumbada, con las piernas muy abiertas y sin dejar de acariciarme el chocho, bajo la tumbona se formaba un pequeño charco.

    Creo que María hubiese disfrutado muchísimo en la vida real, que se hubiese sentido muy alagada por el manguerazo de semen en toda su cara que yo presencié. Pablo se corrió como yo sabía muy bien que podía hacer, a casi medio metro de su cara, embadurnándosela toda para que ella decidiese que hacer con toda esa leche. Yo me apiade de ella, le quiero como si fuese mi hija, en vez de hacer que se lo tragara todo, la acerque a mí y lamí el semen de Pablo de su cara para luego darle un morreo, un morreo sucio de semen, un morreo sucio de deseo insatisfecho, sucio de culpa. Sentí un escalofrío y se me puso la piel de gallina.

    Estoy enamorada de su madre, pero a María, como digo, la quiero mucho, todo lo contrario que a Vanessa, su hermana, nada que ver con María. Vanessa es una tirana, no respeta a nada ni a nadie, es todo lo pija que se puede ser, a sus veintiún años hace y deshace a su antojo. El verano que pasamos las dos familias juntas estuvo todo el tiempo de mal humor, tratándonos a todos de paletos, incluidos sus padres. Un pequeño pueblo no le parecía acorde con lo que ella merece después de negarse a continuar estudiando y rechazar varios trabajos en un país donde la mitad de los jóvenes no consiguen uno.

    Aparte de viciosa soy hipócrita, en el fondo se lo perdono todo, Vanessa es todavía más exhibicionista que su madre, ella va más allá de usar siempre minifaldas con las que es imposible sentarse sin ensenarlo todo, hace lo que ya casi ninguna chica joven hace hoy día, topless. Benditas tetas, son de esas que se caen hacia el cielo, que flotan y parecen rellenas de algodón de azúcar porque sin ser grandes, como las de su hermana, siempre están moviéndose. Nunca la he visto con sujetador, siempre van juguetonas bajo la ropa. La he visto salir de la ducha y tiene el coño casi depilado del todo y un culo perfecto, de modelo de pasarela. Normalmente no me gustan ese tipo de chicas, las prefiero como su hermana o su madre, pero hay algo en su…, no sé si llamarlo maldad, no es para tanto, digamos absurda superioridad de niñata mal criada que me pone y mucho.

    Recordé que su propia madre a veces, cuando estamos las dos solas se refiere a ella medio en broma medio en serio como “la zorrita”. Me puse más cachonda todavía con esa tontería e hice aparecer a Bea a mi lado, apretadas las dos en mi tumbona besándonos mientras veíamos como mi Pablo y el chico del super se follaban de pie a la zorrita frente a nosotras. Vanessa, en brazos de Pablo, abrazada a su pecho, empalada por la verga de mi hijo que con su casi metro noventa la sujetaba sin ningún problema para que el chico del super se la metiera por el culo, dejé que gozara con aquellos dos quilos de polla entrando y saliendo de ella, su madre y yo la mirábamos con deseo y un poco de envidia, nos besábamos mientras María comenzaba a besarnos las rodillas a su madre y a mí. Mi cabeza volaba, Pablo y su amigo estrujando entre sus pechos a Vanesa y matándola de placer, haciéndola gemir y chillar, el sonido de sus pollas abriéndose paso hasta el fondo de su chocho y su culo retumbaba en mi cerebro, ese sonido inconfundible, acuático, carne contra carne, que se produce cuando estamos bien lubricadas.

    María no se conformaba con besar nuestros muslos e iba a por jalea, yo no sabía que me producía más placer, sí que se comiese el mío o el de su madre y la zorrita no podía ya más y pedía socorro. Vane se había corrido ya varias veces y aquellas dos pollas incansables no acababan de descargar para que pudiese descansar. Bea habló y me cogió de la mano para que juntas fuésemos a socorrerla. ¿Como describiría la cara y el pelo de Vanessa? Pues muy parecida a estas chicas que hay ahora que parecen estandarizadas en las redes sociales, ya teñida de rubio a su edad y siempre con algo de maquillaje. Es guapa, eso sin duda, y siempre lleva unas gafitas redondas para darse cierto aire intelectual. Sobre esas gafitas y esa cara rocié yo una meada interminable, mientras Bea recogía su melena para que yo orinase a placer, la empapé toda, arrodillada debajo de mí, luego fue su propia madre la que se preparó para hacer lo mismo mientras Pablo y su amigo esperaban pacientemente. Volví a mi tumbona para recrearme en la escena y que María continuase comiéndose mi coño y yo ver cómo Bea, que llevaba uno de sus vestiditos, se lo levantaba de espaldas a mí y contoneaba el culo para bajarse el tanga y mostrarme aquellas dos enormes nalgas con la parte superior blanca como la leche que yo adoraba. La luz de la luna brillaba y hacia parecer oro líquido aquella meada interminable sobre su zorrita que disfrutaba arrodillada y ponía su boca para saborearla. Tras recorrer su pecho y su vientre caía al suelo precisamente desde su coño, como si fuese ella la que se estaba meando. Madre e hija se dieron un morreo, las veía felices, relajadas, sonrientes. No hice esperar más a las dos pollas, pobrecitos. Como el telón cae al final de una función una cortina de espesa leche cubrió su rostro. Vane se quitó las gafas cubiertas de semen para poder ver aquellas dos maravillas, vi en los músculos de su cuello que una buena cantidad pasaba a través de su garganta, pero Vanessa todavía se metió las dos a la vez en la boca y apretó los huevos de los dos machos para ver si salía algo más.

    Mi alucinación, mi locura, me tenía tan entretenida que creo que apenas pase de acariciarme pechos, caderas y coño y darme algún golpecito en el clítoris. El huevo seguía vibrando dentro de mí, me ponía cachondísima, pero con él solo no me correría. Cuando sí que no pude más fue cuando María y Vanessa comenzaron a quitarle el vestido a su madre, se quedaron las tres desnudas bajo la luna, a Bea la apretaron entre las dos, la abrazaron una por delante y otra por detrás, las veía de pie, frente a mí, tan reales, Bea cerraba los ojos y se morreaba con María, Vanessa le besaba la nuca y abrazaba sus tetas por detrás. Era un morreo de garganta, sus lenguas entraban y salían, parecía una felación. Ponían boca de pez para que la lengua penetrase suavemente y se la comían la una a la otra como si fuese un glande. Bea y María se arrodillaron y comenzaron a besar las rodillas de su madre, luego los muslos y luego…

    Se me cayó encima la Vía Láctea, me corrí como nunca antes en mi vida, nos corrimos las dos, Bea destrozada por aquellas dos bocas insaciables que se apoderaron de ella, yo extasiada porque acababa de descubrir que tenía un órgano sexual todavía mejor que mi culo, mi coño, mis rodillas, mi cara con gafas de sol, mis tetas, los pliegues que se forman en mi espalda…

    Mientras mis tetas se van cayendo con los años mi cerebro está en su mejor momento, cuando la menopausia llegue, que llegará, estará en su plenitud para poner de su parte lo que vaya faltando en otros sitios.

    Me muero de ganas por saber si soy solo yo la que es capaz de ver y sentir como si fuesen reales aquellas dos caras sumergiéndose entre las piernas de su madre, lamiendo su culo, besando con sus labios los labios del coño materno, abrazándose fuerte a sus muslos.

    Bea es la única persona con la que me atrevería a compartir algo así, ¡y me gustaría tanto hablarlo con ella!, pero, ¿cómo le explico que me corrí imaginándome a María abriendo las nalgas de su madre para que Vanessa le metiese el dedo corazón por el culo y la follase por detrás hasta reventarla de placer?

    Me arrastré escaleras abajo, con mis piernas temblando, reviviendo una y otra vez el hecho de que me había imaginado lamiendo el semen de mi hijo de la cara de María. Caí rendida sobre mi cama, no tuve fuerza ni para ducharme, conseguí abstraerme un poco de toda mi locura cuando saqué el huevo de mi coño. En mi vida he visto nada igual. Siempre he creído que lo de la eyaculación femenina es una chorrada, pero si todo lo que salió de mi chocho en ese momento hubiese salido cuando me corrí, se le podría haber llamado así. Por cansada que estaba no podía desaprovechar todo aquello. Primero me metí el huevo en la boca y luego como si de un bote de mermelada se tratase iba rebañando con mis dedos el viscoso jugo que fluía desde mi coño hacia mi ojete. Descubrí en mi boca y nariz sabores y aromas que ni siquiera conocía. Intenté dormir, pero no pude. Me puse las bragas de cuando tengo la regla porque tenía las ingles empapadas y estaba incomoda.

    Pero Bea no iba a dejarme sola. Dejó la concurrida azotea y se bajó a dormir conmigo. No tardó nada en quitarme las bragas. Me sonreía como si ella supiese algo que yo no sabía. No dijo nada más que: ahora te toca a ti. Abrió la puerta para que Pablo entrase completamente desnudo en mi habitación. Su polla estaba como siempre, dura, larga y apuntándome amenazadora. Yo le decía a Bea que no podía más, que tenía el coño destrozado y que era mi hijo. Bea me miraba, sonreía y me recordaba que María y Vane también son sus hijas y le debía una.

    Tenía toda la razón. Pablo me miraba y se acariciaba la polla con la mano, de vez en cuando se la meneaba unos segundos como si fuese el motor de un coche que hubiese que mantener caliente. Parecía impaciente, a veces creo que lo traje a este mundo solo para follar, no tiene otra cosa en la cabeza. ¿A quién habrá salido?

    Estiré mi brazo y saqué de mi mesita un consolador de vidrio muy suave. Lo metí en mi boca y aterrorizada me imaginé que el cristal era carne. En mi fantasía Bea también tiene sus fantasías y comenzó a trabajarme el agujero del culo preparándolo para recibir mi merecido. Me tumbó boca abajo, me puso una almohada bajo el vientre para que mi trasero quedase perfectamente expuesto y sujetando una nalga con una mano comenzó a darme placer con la otra. Primero masajeándome por fuera, y luego metiéndome un dedo para relajar el esfínter. Lo hizo muy bien porque cuando Pablo recibió la orden y noté sus rodillas colocándose al lado de las mías yo no era ya de carne, era un ser de gelatina, noté su pecho pegarse a mi espalda, su aliento en mi oreja derecha, los olores de su colonia y desodorante que yo le compraba para que no oliese como su padre, noté también su glande y el roce de la mano de Bea que estaba juguetona y quería hacer de mamporrera, la muy zorrona continuaba el masaje de mi ojete pero esta vez sirviéndose del glande de Pablo. Yo me dejé llevar y al fin me apliqué aquello de que la única manera de librarse de una tentación es caer en ella. Mis suplicas fueron atendidas y el peso de mi hijo cayó sobre mí, sentí su polla entrando toda por mi culo y como yo desaparecía debajo de él, me envolvía toda con su cuerpo y tras unos segundos comenzaba a follarme sin piedad, nada que ver con cómo me follaba mi marido flácidamente por detrás. Si por delante una polla flácida también puede darte mucho placer, por detrás, cuanto más dura, más fácil y mejor.

    Que fácil era todo, que fácil Bea introdujo sus dedos en mi vagina para sentir como la polla de Pablo entraba y salía de mi recto, ella aprovechaba el pequeño intervalo en que la polla estaba fuera y extendía sus dedos expandiendo mi útero para darme más placer. Follamos en todas las posturas, me senté sobre Pablo en una silla y me folló por delante, era como cabalgar un potro salvaje. Chupaba mis tetas como si quisiese sacar leche de ellas y me las meneaba como dos pelotas de baloncesto. Movía sus caderas como un animal sentado en una butaca al lado de mi cama, conmigo encima y me lanzaba lo justo hacia arriba para que su verga no se saliese y clavármela hasta el fondo al caer. Bea quiso que se la chupase para acabar. Tenía que ser de rodillas, entre sus piernas. Se la agarré con las dos manos y metí en mi boca todo el trozo que pude, notaba como sus huevos hervían y solo esperaban a que yo y mi paranoia estuviésemos listas para recibir los chorretazos de leche que subían por aquella polla. Bea susurraba guarradas en mi oído, arrodillada a mi lado y viendo en primer plano como mi hijo iba a llenarme la boca de leche. “Me lo tienes que prestar para que me taladre a mí también, es lo justo”. Mientras Bea me pedía prestado a mi hijo una corrida como la que yo había presenciado accidentalmente meses atrás llenaba mi boca de semen, tres chorros y otras tantas convulsiones de aquel pedazo de musculo que latía como el corazón de un purasangre.

    Saqué el vidrio que tenía insertado en el culo y me erguí fría en mi cama, Pablo y Bea se desvanecieron. No llegué al orgasmo, la frase de Bea me heló la sangre. Su alusión a ser taladrada hizo clic en algún lugar de mi cerebro. Cogí el móvil de mi mesita y encendí la linterna, no me paré ni a encender las luces. Me tiré escaleras abajo lamentando mi vicio de mear en el jardín, era algo que me gustaba, lo había hecho toda mi vida. Está claro que mear para mi es algo muy especial lleno de connotaciones sexuales. Desde siempre, una o dos veces al día, sobre todo en primavera y verano, me apetece tanto. En vez de ir al baño, lo hago en uno de los laterales de la casa, una zona del jardín con rosales y césped donde nadie puede verme. Mientras consumaba mi incesto onírico recordé como hacía meses, cuando mi marido ya no vivía con nosotros, al volver de trabajar había visto a Pablo con un cable alargador y un taladro entrando del jardín. En ese momento no le di importancia alguna.

    Abrí la puerta de atrás y doblé la esquina del jardín hacia esa zona. No tardé nada con la linterna en encontrar medio escondido detrás de uno de los rosales un pequeño soporte atornillado a la pared que parecía podría servir para una minicámara. No vi cables, pero no soy tonta y sé que hoy en día todo es inalámbrico. No sabía que hacer, me parecía muy raro que aquello estuviese justo allí. Entré en casa y me fui directa a la habitación de Pablo. Me senté en su butaca y encendí su ordenador de sobremesa, creía conocer su contraseña, mil veces me había llamado desde el instituto para que le enviase algún archivo que necesitaba, es un despistado. No la había cambiado, seguía siendo su fecha de nacimiento.

    A primera vista no encontré nada, pero pasé unos diez minutos viendo un tutorial sobre como encontrar archivos. No sabía si deseaba encontrar algo o no, por un lado, me horrorizaba, por el otro me alagaba.

    Al final todo pasa por algo y aquel soporte de metal en el jardín tenía su función. Encontré una carpeta de nombre “diosa” con más de cincuenta videos en ultra alta definición, creo que se dice así y otra con los mismos videos llamada “paraelmovil”.

    Ni yo misma era consciente del espectáculo de mis meadas en el jardín. Empecé a ver los videos acomodada y abrumada en su butaca, tras dos o tres me di cuenta que había uno con el título, “mejores momentos”, ¡la madre que lo pario!, había montado un video que incluso incluía escenas a cámara lenta. Comenzaba conmigo de espaldas a la cámara bajándome lentamente unas mallas muy ajustadas que tengo y luego el tanga hasta quedarme con mi culazo al aire. Me hacía sufrir la calidad que pueden llegar a tener esas imágenes, mientras me agacho a cámara lenta se me ve el chocho y el ojete por detrás, se ve incluso si lo tenía bien depilado o no ese día. Seguro que en algunos de los videos Pablo estaba manejando la cámara desde su habitación porque hace zoom sobre mi chocho y se ve incluso como la orina empieza a salir de mi uretra. Ni yo misma pude resistirme a aquello, la de pajas que se hará mi hijo con mi coño en primer plano a toda pantalla. Eso ya no eran ensoñaciones mías, aquello era real, mi hijo coleccionaba videos de su madre meando en todas las posturas, en cuclillas, de pie levantándome el vestido, bajándome el tanga, con el tanga puesto porque me pone cachonda empaparlo de meo y luego quedarme así un rato con él húmedo por casa. Tenía otro a cámara lenta en que me llevo los dedos húmedos de meo y jugo a la boca y me los chupo unos segundos.

    No estoy enamorada de mi hijo ni lo estaré nunca, nuestro amor solo puede ser madre hijo, pero aquello me gustaba, me alagaba y me excitaba, no podía evitarlo. Empecé a masturbarme otra vez, sabía que era casi imposible que no me hubiese pillado en algún video dándome alguna caricia y así fue. Me grabó también acariciándome la vagina, ¡qué vergüenza!, a veces antes de mear me hago como unas caricias en los labios hasta que llega la orina y me empapa los dedos.

    No dormí nada aquella noche, encontré más carpetas y más videos. No sé cuántos orgasmos tuve, lo más preocupante no eran los videos más explícitos, lo que me ponía un nudo en la garganta es que también había grabaciones dentro de casa en las que no ocurría nada especial, yo visto quizás demasiado sexy, es mi casa, me gusta estar cómoda, pero se ve que algunas mallas, algunas minifaldas o vestiditos son demasiado para Pablo. ¡Juro que nunca se me ocurrió que el pudiera excitarse conmigo!

    Dios mío, hay uno que dura casi una hora que en que debió esconder la cámara debajo de la tele. No hago nada, simplemente llevo una falda por encima de la rodilla y se me ve cruzar las piernas de vez en cuando sentada en el sofá. A partir del minuto veinte hace zoom sobre mi cara y así hasta el final.

    Al día siguiente llamé a Bea, esa llamada daría para escribir otro relato, estuvimos hablando horas, ella también estaba sola. Tardé un rato, pero me moría de ganas de compartir con ella mi descubrimiento. Me costó bastante, pero fue ella misma la que me dijo que tenía la sensación de que quería contarle algo. Aquella conversación me liberó, me quité un peso de encima. Bea relativizó todo bastante, me dijo que nadie podía culparme. Yo le confesé que me había excitado con los videos y me había masturbado pensando en que mi hijo se tocaba viéndome. Le pregunté si le parecía preocupante lo del video de mi cara, si podía ser que fuese algún tipo de obsesión o algo… digamos enfermizo.

    -Cariño, no te preocupes, no hay nada enfermo en eso, a tu hijo le pone tu cara, eres guapísima, se imagina eyaculando y llenándotela de semen, es un adolescente, crecen viendo esas cosas. Caray prima, como me has puesto, estoy sentada en la taza del váter mientras hablo contigo y no sé muy bien ni por qué. Si escuchas el chorrito caer no te extrañes.

    El domingo por la noche me lo pasé muy bien, independientemente de quien grabó los videos me gustaba verme a toda pantalla en la tele del salón. Me pone a cien verme y no me cansa y más cuando el lunes me fui de compras. Nuestra tele era ya un poco vieja y aprovechando que el salón es grande elegí la más cara y grande de la tienda para sorprender a Pablo, además de una suscripción a los canales de deportes para que viese el futbol. Compré también una de esas piscinas portátiles para el bosque. El lunes por la tarde mi casa era un bullicio de gente instalándolo todo.

    Mediaba un abismo entre la mujer que era el sábado y la que nada más quedarse sola esa tarde, corría a disfrutar de aquellos videos a sesenta pulgadas. El cansancio se apodero de mí tras varios orgasmos y dormí como un tronco toda la noche.

    Al día siguiente me fui a trabajar llena de ilusión, me desperté con un mensaje de Bea que prometía visitarme una semana en septiembre. Por la tarde nada más llegar a casa saqué una foto de la tele nueva y se la envié a Pablo, me respondió con un gif de un acróbata dando una voltereta, mi hijo no es de mucho hablar, eso sí, me pidió una foto de la trasera del televisor para ver el modelo y consultar sus características en internet.

    Mas tarde por fin me escribió algo cuando le llegó una foto de la pantalla con el canal de futbol puesto. Era algo que su padre siempre le había dicho que tendría cuando pudiese pagárselo de su bolsillo. Se lo merecía, tiene un gran corazón y estudia mucho, es un chaval que nunca nos ha dado ningún problema. Si acaso, lo que le gustan las mujeres, y sobre todo las de treinta. Quiero decir que aparte de su prima María, que es de su edad y sé que le gusta, sé que anduvo detrás de la hija del panadero cuando esta ya estaba a punto de casarse y él no era más que un mequetrefe. Ella le quita más de diez años y él no se dio por vencido hasta casi el día de la boda. Lo que sí está claro, viendo a la panadera, a María y… bueno, a mí y alguna otra más, es que no le gustan precisamente escuálidas. Cuando vamos a la ciudad y le pillo mirando a alguna siempre es de las nuestras, como la botella clásica de cocacola.

    No viene al caso explicarlo ahora, pero siempre quisimos tener una pequeña piscina en el jardín y no pudo ser por culpa del capullo de mi ex. Dudé si esperar a sorprenderle en septiembre o enviarle una foto a Pablo. Tengo un bikini que compré hace un siglo para ponérmelo para mi exmarido. El pobre hombre lo bautizo como “el bikini de furcia”. No sin dificultades, con varios libros en el alfeizar de la ventana de la cocina, justo al lado de la piscina, pude colocar el móvil y quitarme una foto de pie dentro del agua. Nada más verla comprendí que no podía enviarle eso a mi hijo. No he hablado mucho de mis tetas porque estoy en una época muy anal. Ya he dicho que gasto mucha talla de sujetador. Las tengo grandes y anchas, de esas que vista de espaldas sobresalen por los lados. Hubo una época que me moría por ellas, me las cuidaba como si fuesen de oro, crema para arriba crema para abajo todo el día. Siguen poniéndome muy perra pero lo que más me gusta son los pliegues que me hacen en la espalda por su peso, tres preciosas olas a cada lado. Hasta verme inmortalizada por el director de cine que tengo en casa es la única parte de mi cuerpo que ya cuando llegaron las cámaras digitales me encantaba ver en fotos. Para el resto ya tengo mis espejos. No es que tenga mucho vicio con internet, pero cuando veo alguna chica con ellas grandes suelen tener los pezones muy pequeños. Los míos son grandes o al menos proporcionados con el tamaño de mis tetas, de hecho, cuando Pablo nació tuve muchos problemas para darle de mamar. Hace unos años me envicié en unos pequeños dedales de costurera que coleccionaba, son de cerámica y justo excitándome un poco los pezones y poniéndoles un poco de vaselina entraban tan justos en ellos que no se me caían. Se me derretía el chochito de gusto metiendo y sacando los pezones de ellos como si follasen el agujero del dedal. Con el roce y la vaselina se me ponían como gominolas.

    El caso es que el “bikini de furcia” no cubría ni el veinte por cierto de mis melones, y, además, aunque el agua me llegaba al ombligo como no llevaba la parte de abajo, se intuía un poco o un mucho mi rajita color miel.

    Hacía tanto calor otra vez y el agua estaba tan fresquita que me relaje e intente pensar en algo que no fuese sexo. Ya me había hecho una paja por la mañana, pero con solo salir al jardín y poner mis pies descalzos sobre el césped mi respiración se aceleraba, encima estaba aquella esquina del jardín a donde continuaba yendo a mear por el día…

    Estuve un buen rato en el agua y salí de ella con otra loca idea que nunca habría llevado a cabo unos días antes, pero para la que me creía con todo el derecho en ese momento. Se me ocurrió ver el historial del navegador de mi hijo. Salvo que navegue en páginas privadas, cosa que dudo, no ve porno. Si encontré en cambio decenas de búsquedas relacionadas con el incesto entre madre e hijo. Preocupante,

    Me tumbé en su cama medio mareada al temerme que toda esa hiperactividad masturbatoria se debía a mí, empecé a atar cabos, a recordar detalles, algún tanga que me había desaparecido, el cesto de la ropa sucia en el que yo por pura costumbre metía siempre hacia abajo mi ropa interior pero luego aparecía por encima, que Pablo casi se alegrase cuando me separé de su padre y, sobre todo, que salvo para jugar al futbol e ir al colegio no había manera de sacarlo de casa.

    Desde que la dichosa alusión al verbo taladrar de Bea en mis fantasías hizo que conociese el lado oculto de mi hijo, cada nuevo descubrimiento seguía en mi el mismo proceso. Pánico y horror inicial, pero…, tras un rato, comenzaba a relativizarlo todo, a fantasear, a dejar que mi cerebro se regodease en la perspectiva de pasar el invierno en mi amada casa, en compañía de mi mejor y más especial admirador. ¿Cómo me vestiría?, ¿Cómo cruzaría mis piernas en el sofá cuando estuviésemos juntos? ¿Cómo sería pasar unos días con Bea y con él, los tres solos todo el día?

    ¡Maldita sea, si además a mis los hombres ya… ni me interesan!

    Está claro que en mis querencias Pablo no es ni hombre ni mujer, es el único ejemplar de su especie en el mundo.

    Ni siquiera cené, me fui de su habitación a la mía. ¡Como si con eso se arreglase algo! La imagen de su polla eyaculando el día que lo sorprendí accidentalmente se vino conmigo. Sin tocarme, estuve horas fantaseando con que le regalaba la mejor cámara del mundo para que yo fuese su musa, su diosa, la protagonista de sus videos. Me veía posando para él, paseando con solo un tanga amarillo por el salón, rodeada de focos, untada en aceite. Mi autocensura me hacía desear una de esas máquinas con una polla de silicona para que me follase por delante y por detrás frente a su cámara, pero en el fondo sabía que antes o después desearía fuesen sus veinte centímetros los que se acomodasen bien hasta el fondo de mis entrañas.

    Serían ya casi las once y media de la noche cuando lancé la piedra y escondí la mano. Le envié a Pablo la dichosa fotito de la piscina. Allá iba su madre, viajando a la velocidad de la luz a estrellarse contra el móvil de su hijo, con su melena rubia y sus gafas de sol azul espejo, sus cantaros decorados por dos triángulos de tela azul cielo, con sus protuberancias en el centro, las enormes areolas asomando…

    En menos de diez segundos tenía respuesta en mi móvil, ¡y nada de emoticonos!

    -Genial, una piscina para ti y una novia modelo para mí.

    El muy zalamero me arranco una sonrisa. El simple hecho de no escribir modo abreviatura ya me emocionó. Me quedé pensando como una tonta, ¿tenía que contestar o no?, de repente me pregunté si ya estaría en su habitación. ¿Y si había abierto la foto con su padre o sus abuelos delante? ¡Horror!

    Intenté calmarme y no meter la pata. Bloqueé el móvil y me puse a mirarlo, pasmada, sin saber que hacer.

    ¡Que caray es mi hijo! Ahora no me iba a quedar con la duda. Le pregunto y listo.

    -Cariño, estas solo ya en cama?

    Su respuesta fue un alivio y días atrás me hubiese reído de su contestación y lo habría mandado a la porra, pero sabiendo lo que sabía…

    -Estoy en cama pero solo no. Tengo aquí a la rubia conmigo.

    Claro que estaba en cama y probablemente tan caliente como su madre. Me acordé que volvían esa tarde de tres días de pesca y acampada, él, su padre y su abuelo, y claro, tras tres días sin hacerse una paja por falta de intimidad estaría como un mandril en celo cuando le llegó mi foto. Además, le ponía en bandeja la parte de mi anatomía que aún no había disfrutado.

    No contesté, no sabía que escribirle, además odio lo del whatsapp, lo encuentro superlento y absurdo.

    Dejé el móvil y asumí que mi hijo se estaba haciendo una paja con la novedad de mis tetazas, me daba ya todo igual, es más, me gustaba, me las apreté y me las llevé a la boca. Me chupé los pezones violentamente, como si fuesen de látex, como seguro que en su imaginación me los estaba chupando él. ¿Cómo me imaginaria? Pagaría por saberlo. ¿Me follaría en sus pajas? ¿Por delante, por detrás? ¿Habría heredado de mí el vicio y se correría imaginando mearse sobre mi cara? ¿Se atrevería a llenarme la boca de leche?

    Una notificación me dio un susto y al ver en miniatura lo que me había enviado maldecí cien veces a su madre.

    No sé ni como se hace eso, pero me devolvió mi propia foto retocada, sin bikini y unos pezones al aire. Se había dado cuenta de que no llevaba la parte inferior del bikini y veía absurdo que me tapase los pezones con aquellos triangulitos. El pie de foto era una frase que yo le repito a él machaconamente desde que era niño:

    -Cuando hagas algo hazlo bien.

    Los pezones del Photoshop no se parecen en nada a los míos, eran minúsculos.

    Tenía el coño como un tarro de miel, estaba tan cachonda que mis caderas se contoneaban fuera de mi control sobre el colchón de mi cama, estaba completamente desnuda y hacia calor. Abría y cerraba los ojos, respiraba lenta pero profundamente y con, no sé ni que músculos, también abría y cerraba la entrada de mi coño. Casi podía oírla sellarse en silicona y descorcharse en botella de cava caliente.

    Con la cámara frontal del móvil le envié un primer plano de mi areola y mi pezón.

    -Pues eso, que si retocas algo lo hagas bien.

    Joder, hasta yo me sorprendí de lo enorme que parecía mi areola y no digamos el pezón en la foto. Encima tenía la piel de gallina y se notaba perfectamente.

    ¡Mierda! Lo repetí cien veces y me puse a susurrar sola. Con este calor, ¿por qué tiene una mujer piel de gallina. Se va a dar cuenta de que estoy como él.

    Rogué que Pablo se corriese y se tranquilizase y la cosa no pasara de ahí, pero cuanto más lo repetía más falso me sonaba. Hasta que todo se salió de madre, nunca mejor dicho.

    Vi la notificación con la foto de una polla. No la abrí, pero tarde un segundo, a pesar de ser una miniatura, en darme cuenta de que, evidentemente era su polla. Su mano derecha la sujetaba para que saliese bien centrada en la foto. Me moría de ganas por abrirla y verla a pantalla completa. Aquel glande me parecía como una fruta, carnoso como los melocotones de bote, tenía muy abierto el agujero de la uretra, ¡que delicioso me parecía! ¿Cuántos litros de leche habrán emanado ya por ahí y se habrán desperdiciado sin una destinataria? No me atreví a abrir la foto. ¡Dios mío! La que he liado por no mear en el baño como todo el mundo. Como no va a perderle el respeto un hijo a su madre tras haberla visto a toda pantalla como Pablo me ha visto a mí.

    Me llegaron tres interrogaciones.

    -???

    Y enseguida

    -Estas enfadada?

    ¡Mi niño! ¿No sabía que me dolía más? Si que se portase como un sinvergüenza o que sintiese su conducta afeada y rechazada por mí al ignorar su mensaje. Abrí la foto porque lo que sí que estaba segura era de no querer que mi pequeño se sintiese un anormal pervertido violentando a su madre con semejante guarrada.

    Caray, ¡menuda polla! Y eso que había enfocado desde arriba. Desde luego en eso no se parece a su padre. Bueno… ni en eso, ni en casi nada. Sabía que era larga pero no el calibre que tenía.

    ¿Qué le contesto?, si pudiese hablar con Bea, pedirle consejo. Da igual, necesitaría horas para que de mi garganta salieran las palabras con que explicarle todo aquello. No me atrevo ni a leer en voz alta lo que escribo.

    Desde que vio que yo entraba a ver la foto el muy impaciente me dio apenas dos minutos y ya estaba mandando más interrogaciones. Yo estaba completamente bloqueada. Me puse a ver los putos emoticonos para mandarle uno, pero son chino para mí. No es que no quisiese contestarle, es que no sabia que decir. Además, empezaba a rondarme por la cabeza la idea de que quizás no había sido tan accidental como yo creía el haberle pillado meneándosela.

    -Perdon.

    Mierda, ese perdón con una cara roja avergonzada me fastidio de verdad.

    Me di la vuelta en la cama, me arreglé un poco el pelo, que yo soy muy coqueta, y me quité una foto reflejada en el espejo del armario. Eche un vistazo antes de enviarla, estaba bien enfocada, conmigo tumbada, de medio lado sonriendo al espejo y con todo a la vista, pero no resultaba demasiado… digamos que podría considerarse “artística”. Me sujeté un pecho para que no colgase sobre el otro, parecía que me lo estaba acariciando, me daba igual, no quería que Pablo sufriera un segundo más, le di a enviar.

    Me fui directa a por mí clítoris, nada de tonterías. Si no estuviese tan resbaladizo me lo hubiese pellizcado. En décimas de segundo se empalmó y salió todo de su escondite. Creí que iba a correrme en cuestión de un momento, yo en mi pollita aguanto muy poco, pero no. Pablo estaba en línea, pero tras dos minutos o quizás dos horas, ¡quién sabe!, no decía nada. Yo estaba maravillada de todo lo que podía hacerle a mi clítoris y del placer que podía darme sin acabar de correrme. Fluía por todo mi cuerpo una electricidad muy parecida a la del orgasmo, pero no llegaba a serlo. Estaba fuera de mí, pero no como para coger la videollamada que mi hijo me estaba haciendo. La rechacé, pero salté de la cama a una butaca y con el móvil, desde la coqueta, me quité una foto recostada, con las piernas abiertas sobre los apoyabrazos, ensenando toda la mercancía y abrazándome los pechos. Salí con los ojos cerrados.

    Nada más renviarla me llegó otra imagen de su polla. Esta vez veía también su pecho y la polla miraba al cielo sin sujetarla. Parecía la polla de un caballo. Joder, y me di cuenta que mi retoño iba completamente depilado. Ni me gusta ni me disgusta, pero es que así aun intimidaba más su falo.

    Movía mis caderas como si su polla me estuviese follando. Rechacé otra video llamada, pero me envió un video de unos treinta segundos. Su polla toda ensalivada, y su mano derecha que cargaba y descargaba arriba y abajo. Mi cerebro extrapolaba del tamaño de su mano el tamaño de su polla. Una cosa era verla fugazmente y otra bien distinta tenerla en primer plano llenando la pantalla de mi móvil. Me recreé y lo vi un par de veces, pero el muy cabrón…

    -?????? En esta vida nada es gratis.

    Otra de mis frases-mantra. Ya me había visto en foto, estaba claro que el XXI es el siglo de la imagen en movimiento.

    No quería hacer nada soez. Tengo un collar de perlas falsas, son casi como canicas, coloqué el móvil en una silla frente a la butaca y en vertical me grabé pasándomelas lentamente por mi coño abierto. Le envié el video y mientras él lo veía yo le eché un vistazo. Las falsas perlas recorrían mi tesoro abierto patinando, deslizándose desde mi ojete hasta doblar mi clítoris hacia un lado para que se empalmase de nuevo y mirase al frente hasta pasar la siguiente perla. En primer plano yo misma me ponía cachonda, mi clítoris parecía realmente una pequeña polla, con su glande y todo.

    -La cara por favor.Please

    ¡Ostras! No podría haberme pedido nada más difícil. Hubiese sido más fácil que me hubiese pedido cualquier barbaridad antes que eso y encima…

    -Sin gafas porfa.

    ¡La madre que lo pario!

    -Chupa algo para mí.

    -Y córrete. Please.

    No sé mucho de física, pero Einstein demostró que vivimos en algo llamado espacio-tiempo, inseparables el uno del otro. En ese momento y allí en mi habitación mi hijo me hizo sentir la mujer más especial del mundo con algo que días atrás me hubiese espantado. Sobre mi mesita de noche hay siempre un pequeño frutero con algunos limones que son el mejor ambientador posible para mi hogar. Escogí el que tenía aspecto más fálico y penetro suavemente en mi boca. Me lo saqué y lo volví a meter, lamí su punta como si fuese el glande de Pablo, lo enredé y desenrede en mi lengua, me atreví varias veces a mirar directamente al amenazador visor de la cámara, me gustó ver como brillaba el limón con mi saliva, lo limpié con un kleenex, lo hice desaparecer de plano y volver a aparecer blanquecino, rebozado en los jugos de mi coño, toqué en primer plano alguno de los grumillos que se le veían con mi dedo y lo separé para que se viese el hilillo que se formaba, parecía queso fundente al trocear una pizza. Luego mi hijo vio como lo lamía todo, como un polo de limón, no necesitaba hacer ningún paripé como las actrices porno, estaba tan caliente que mi cara de deseo y placer me salía de modo natural.

    Tras volar mi felación hacia el móvil de Pablo me tumbé en cama esperando lo que sabía por llegar. Dejé mi chocho reposar, oxigené mi cuerpo inspirando profundamente, mis pechos subían y bajaban sujetados por mis brazos a los lados para que descansaran sobre mi.

    El video llegó finalmente. Pablo hizo algo para que se reprodujese en bucle. Veinte gloriosos segundos, la polla de mi hijo, dura, inmóvil en el centro de la pantalla, y su mano, pixelada, moviéndose a la velocidad del sonido, arriba y abajo, como un embolo, hasta sacar cinco chorros de leche, desapareciendo los cuatro primeros por la parte superior de la pantalla, perdiéndose, desperdiciándose, porque si hubiese estado a mi lado hubiesen sido mi cena aquella noche. Me regodee en el quinto. Ya sin la mano de Pablo delante subió hacia el cielo, pero la gravedad lo devolvió a su origen para adornar su glande y que escurriese hacia el lado de su polla que yo podía ver.

    Agarré mi consolador de vidrio y lo agarré como si fuese a picar hielo con él, lo clavé hasta el fondo de mi coño, no era su polla, pero era lo que tenía a mano. Mi tesoro recibió una zurra como no había recibido nunca, cada vez que el cristal entraba y salía mis muslos y mis rodillas recibían una salpicadura de lo que quiera que saliese de mis adentros. Las sábanas se empapaban bajo mis nalgas, no había oxigeno suficiente en mi habitación para mantenerme viva mientras yo hacia el gesto de pasar mi lengua una y otra vez por la polla de mi pequeño, para limpiar aquel chorro de semen que escurría como yogur.

    Aquel vidrio me partió en dos, junté mis piernas para no desintegrarme, dos cables cortocircuitando en las humedades de mis labios no hubiesen hecho saltar más chispas. Mis piernas, espantadas por la fuerza del orgasmo más prohibido, convulsionaron durante minutos y minutos, mi cerebro disfruto durante un buen rato la felicidad absoluta. Ojalá se pudiese envasar en un frasco esos momentos.

    Cuando el martillo de la civilización comenzaba a golpear mi cerebro, mi amor me arranco una sonrisa.

    -Como ya se que las chicas podéis repetir te envio esto.

    Me envió otra corrida que tenía guardada, no era muy reciente porque estaba en su habitación de casa.

    -Gracias, pero por hoy estoy servida.

    – Pues para el desayuno.

    -Sinvergüenza (más una sonrisa).

    -Podrias ponerte mañana el vestido naranja y hacerte una foto con el empapado? Pegado al cuerpo. Sin suje. Please.

    -A dormir que son las tantas.

    FIN.

     

  • Mi esposa en la alberca y yo trabajando

    Mi esposa en la alberca y yo trabajando

    Me tocó trabajar en Huatulco e invité a mi esposa para pasar las tardes juntos. El problema es que se extendían mis jornadas laborales cada vez más.

    Desde el día uno tuvimos ganas de hacerlo, pero a ella le llegó su periodo y no estamos acostumbrados a tener relaciones en esos momentos así que nos aguantamos las ganas.

    Cuando por fin pasó, era viernes. Yo salí a trabajar pensando que volvería temprano. Ella se puso el traje de baño más diminuto del mundo, si yo fuera la gerencia del hotel me habría alarmado por la forma tan provocadora de vestirse de aquella mujer, pero con el cuerpo que tiene mi esposa, los trabajadores no le dijeron absolutamente nada.

    Al final ya acercándose la hora de mi llegada le marqué para decirle que llegaría mucho más tarde, ella contestó que si, pero la noté algo molesta.

    Volví al hotel muerto y harto después de las 12 am y ella con unas ganas horribles, y aunque hice el intento, la verdad es que no se me paró. El estrés y todo se me juntó pero ella no desistió así que me contó sobre su día.

    De vez en cuando nos contamos nuestras fantasías o nos inventamos historias pero esta vez no sé si fue así.

    Me dijo que se había puesto el traje de baño que me gustaba y que había estado sola casi todo el día en los camastros junto a la alberca. Que había pedido un par de piñas coladas y que el staff le había regalado un par más. Que estaban muy atentos y que ya los había sorprendido viéndole el escote y las piernas.

    Uno de ellos se acercó a platicar con ella y le preguntó cosas random que ella no tenía ganas de contestar pero igual lo hacía y estuvo varios minutos así. Ella quería estar sola pues estaba enojada debido a la llamada que habíamos tenido pero el del staff no la dejaba en paz.

    Entonces el sujeto le preguntó a mi esposa por sus tatuajes y le dijo que si podía tocarle el del hombro porque según parecía que hasta textura tenía. A lo que ella le contestó que si no prefería una mamada en vez de eso.

    El tipo se sorprendió y dijo primero que no, pero obviamente no podía declinar esa oferta de esa diosa. Le dijo que si iban a su habitación pero ella le dijo que no, que si quería era ahí. Entonces él se la sacó y ella se quitó los lentes de sol para verlo bien y sentada en el camastro se inclinó un poco hacia su lado para meterla completamente a su boca mientras se iba parando bien ella la mojaba con toda la saliva que podía. Entonces ella le dijo, «tienes 5 minutos» o me voy por lo que el staff comenzó a tocarle los pechos y tomaba su cabeza para dirigirla.

    Él le pidió a ella que se pusiera en 4 a lo que ella accedió sin sacarla de su boca, cada vez lo hacía con mayor intensidad, no llevaba mucho tiempo cuando sintió a alguien agarrarla de las caderas y moverle un poco la tanga. Ella quiso girar pero el otro no la dejó tomándola de la cabeza sin sacarle pene de su boca.

    Entonces sintió como le metían una verga y comenzaba a entrar y salir. Entonces sintió la presencia de más gente pero ella ya estaba a punto así que con todas sus fuerzas se recostó de nuevo en el camastro solo para que el primer staff se le acercara y le vaciara todo en su cara, cabello y pechos…

    Entonces sintió que uno se acomodaba para abrirle las piernas y dejar expuesta su vagina rasurada…

    Lo demás lo cuento en la siguiente entrega.

  • Fui infiel por necesidad

    Fui infiel por necesidad

    Me llamo Aurora, vivo en Coquimbo (Chile). Tengo 55 años, casada con Manuel de 66 años quien está preso y tengo 2 hijos, un chico llamado Martin y una chica llamada Elena quien vive conmigo. Vamos al grano.

    Yo era una mujer felizmente casada, amaba a mi esposo, pero mi vida dio un giro, cuando conocí a Andrés de 42 años quien me ofreció un empleo en su empresa de mensajería le dije que contratara a mi hija que tenía varios estudios, pero Andrés me dijo que él me entrenaba y así fue que al mes empecé a trabajar con él. Él siempre me miraba, cuando yo iba a su oficina a escribir lo que me dictaba o al llevarle documentos para que firmara, se fijaba mucho en mis pechos.

    Siempre que iba a eventos sociales con Andrés me sentía un poco incomoda al llegar con una persona más joven que yo, pero a él no le importaba. Un día al salir de un evento social me invito a cenar a un restaurante de agente acomodada era la primera vez que iba a un sitio de esos y me volví a sentir incomoda, pero cenamos y luego hablamos de nuestras vidas, al salir de ahí me llevo en su auto a mi casa al llegar no sé qué pasaba conmigo.

    Un buen día Andrés me dijo que si me podía quedar a trabajar horas extras que él me llevaba a casa así que llame a mi hija para que se preparara la cena, pero me dijo que salía de excursión con su novio y su familia, esa noche me llevo casa y lo invite.

    Andrés entro a mi casa y sentía un poco de pena porque no tenía que ofrecerle así que llame a un restaurante a domicilio luego de cenar una cosa llevo a la otra nos empezamos a besar, luego lo lleve a la habitación cerré la puerta me quite el vestido y quede en un camisón transparente, Andrés también sé que quito la ropa y quedo con el bóxer le dije a Andrés que apagara la luz era la primera vez que iba a estar con otro hombre que no era mi marido así Andrés me dijo que no pasaba nada así que me senté en la cama nos empezamos a besar y él me quito el camisón y las pantaletas y metió su lengua en mi vagina y empezó a pasarla por todo los labios vaginales y me hacía soltar varios gemidos duro unos minutos era la primera vez que experimentaba eso.

    Luego me dijo que de chupara le dije que ni a mi marido le hacía eso pero accedí porque estaba muy excitada así que puse su verga en mi boca y comencé a bombear suavemente de vez en cuando la sacaba de su boca y lo acariciaba y besaba el tronco de su verga hasta que me la metió hasta la garganta y me hizo hacer unas arcadas, luego la saco y seguí chupando su verga hasta que no aguanto más y eyaculo en mis senos.

    Luego me puso en cuatro le dije que se pusiera un preservativo cosa que hizo y al entrar su verga que era más grande que la de mi marido hacía mucho que no lo hacía pegue un grito de dolor, pero disfrutaba luego comenzó a moverse rápido mientras apretaba mis senos y me nalgueaba una y otra vez, luego me acostó de ladito y tomándome de mis senos me penetraba, era despacio y sensual, nos besábamos, el acariciaba mi clítoris y levantaba mi pierna para meter sus dedos en mi ano, eso me encanto, eso me hacía gritar y gemir duro varios minutos.

    Pose a pose, metida a metida, Andrés me tenía loca, me cargaba y caminaba penetrándome, me estaba dando la cogida de mi vida. Nuevamente en la cama y ahora lo cabalgaba, me acariciaba la espalda y las nalgas, estaba fascinado con mi trasero, me daba de nalgadas y tomándome de la cadera más me empujaba a su dura verga era mejor sexo en años hasta ese momento, yo me movía como loca, ambos estábamos en el clímax, sentí como se estremecía y comencé a sentir una enrome cantidad de líquido dentro de mi vagina, era su semen, al cual recibía contenta y con mis movimientos logre correrme yo también. Ah, sí, dámela, lléname toda

    Una vez que terminó de expulsar su semen, él se acostó y fui directamente a limpiarle su deliciosa verga.

    Después de descansar nos fuimos a duchar y nuevamente volvimos a la cama me levante a tomar unas pastillas y cuando regrese Andrés la tenía dura de nuevo. Andrés y yo cogimos un rato más donde él expulsó su última gota en mi boca. Ambos nos quedamos dormidos y abrazados.

    Al siguiente día nos bañamos, desayunamos y salimos para el trabajo cada uno por su lado para no levantar sospechas.

    Ahí comenzó nuestra relación, hubo un par de veces que cogimos en la bodega de la oficina, en su carro, en su casa, es un buen amante.

  • Un amigo y yo en el cine

    Un amigo y yo en el cine

    Fui con mi amigo Sebastián al cine. No es que me atraiga físicamente ni nada, pero se comenta entre algunas personas conocidas que tiene una verga, grande y gorda. Hablamos de unos 20 cm o más tal vez.

    Solamente fuimos a ver la película, pero en la sala nos pusimos muy cachondos. Mostraron una escena de sexo y luego de un rato mi amigo me mira y me muestra su erección. Me dice… «me puso los gemidos de la rubia» nos reímos y seguimos viendo la película.

    Finalizada, y saliendo de la sala me dice para ir al baño, hace 2 horas estábamos tomando gaseosa y ninguno aguantaba más. Entramos al baño y como en una hora el cine cerraba ya no había nadie, incluso ya habían limpiado los baños. Como no había nadie nos metimos en el baño para discapacitados para ver como era por dentro.

    Recordando la escena me pidió que no hablara más porque se estaba excitando otra vez. Algo en mí no le hizo caso y siguió hablando. Mirándome me dijo mirá lo que lograste… mostrándome esa gigantesca verga ahora si de unos 20 o 22 cm. Dura como una estatua. Hipnotizado no podía parar de mirarla y hasta se me hacía agua la boca.

    «No mires si no vas a comprar» me dijo entre risas para romper la tensión. «Primero me gusta probar y si me convence me lo llevo» le respondí. De inmediato entendió la indirecta y me agarró del cuello. Me dijo «ayudame a bajar esto o no vamos a poder salir» Bloquee la puerta del baño y me arrodille frente a él para «ayudarlo». Comencé a chupar esa enorme verga, tenía un gran gusto, trataba de hacer garganta profunda pero evidentemente no podía. Después de unas cuántas ahogadas y arcadas me levantó del suelo y me preguntó si quería más que una chupada. Sin pensar le dije que si, apoyándonos sobre un apoyabrazos comenzó a cogerme.

    Primero despacio, era muy grande y no me quería lastimar, conforme fue aumentando la velocidad de las embestidas fui sintiendo más y más placer. Tenía una gran verga a mi disposición. Podíamos hacer todo el ruido que quisiéramos, el piso donde estaba el baño ya no había nadie, la poca gente que había estaba en la nueva función de la película. El ruido de sus piernas chocar con mis nalgas y mis gemidos eran muy fuertes, esa cogida era genial. Me tapaba la boca y al oído me decía… «no grites tanto putita que nos van a encontrar» gritaba más y más yo para que me embistiera más fuerte y nunca me destapara la boca. Cumplí mi objetivo.

    Me tomó del cuello, tapándome la boca y cogiéndome bien duro y rico. Así como 20 minutos más hasta que me preguntó si quería tomar lechita, sacó su verga, me agaché y me llenó la cara de su caliente lechita. No paraba de salir leche y yo no paraba de tragar.

    Me dio un papel para limpiarme pero le dije que no iba a dejar nada.

    Salimos del baño y nadie nos había descubierto.

    Fue la cogida perfecta.

    Espero les haya gustado el relato háganmelo saber porfa.

  • Sorpresa con la madre de mi novia (7): Un final inesperado

    Sorpresa con la madre de mi novia (7): Un final inesperado

    Lucía seguía sentada con sus apuntes. El sol incidía en su piel haciéndola brillar más, y sus tetas, aunque no tan grandes como las de su madre, eran más duras y me parecieron deliciosas.

    La bese en los labios, un beso tierno pero jugoso. Miró el mástil que salía de mi regazo y río con ganas.

    —Veo que el cariño que le das a mi madre te la pone muy dura!

    —Y que esperabas, que fuera de piedra! Tu madre está como un tren y me es imposible darle unos besos y un toqueteo sin que se me ponga dura!

    —Seguro que le has restregado bien la polla, cabron! Me dijo con sorna.

    —Un poco, le gusta que lo haga! Sonreí con cara de niño malo.

    Me senté cerca de ella en otra silla y alargó una mano para sobarme la polla.

    —Ummm, no me extraña, está para comérsela!

    “ Si supieras que ella si que me la ha comido!” pensé con una sonrisa interna. La volví a besar y ahora continúe con la lengua por su cuello hasta llegar a las tetas. Los pezones no los tenía tan gordos como su madre, pero eran más largos y duros como pitones. Pasé la lengua hasta dejarlos totalmente mojados.

    —Ufff, que delicia cielo, chupa, chupa!

    Susurró cerrando los ojos para disfrutar de la mamada.

    —Le has chupado los pezones a ella? Preguntó con los ojos cerrados.

    —Ya sabes que si!

    —Y te gustan?

    —No se ponen tan duros como los tuyos pero están deliciosos.

    —Y a ella, le gusta?

    —Se pone como loca! Creo que es una de las cosas que más la excitan!

    —Joder, cada vez me apetece más chupárselos!

    —Y por qué te ha dado por hay?

    —No se, me apetece ver cómo disfruta en primera persona, sentirla caliente y guarra haciéndole cosas!

    —A propósito, hemos hablado de tu manoseó a sus tetas.

    —Y que te ha dicho?

    —Todavía la puede la timidez, pero se ha sorprendido ella misma al sentir que le gustaba.

    Mi novia abrió los ojos con excitación.

    —De verdad?

    —Te lo aseguro. Además, le he sugerido que si le gustaría que le chuparas los pezones. Se ha hecho la tímida pero a terminado diciendo que sí, aludiendo que lo más probable es que tú no quisieras.

    —Jajaja, creo que la voy a sorprender! Como vea que le gusta lo mismo me la como entera!

    Yo creía que no podía sorprenderme más, pero aquello era un no parar.

    —Y como lo vas a hacer?

    Le pregunté totalmente salido intentando imaginar la escena.

    —Pues nos tumbamos sobre las toallas dejándola en el centro a ella. Después la comenzaré a acariciar y a ver hasta dónde llega, jajaja!

    Yo ya estaba como loco pensando en la escena que me iban a ofrecer. No sé si mi polla se podía estirar más de lo que estaba, pero creo que lo intentaba. Lucía cerró los apuntes y se levantó para coger las toallas que había tendidas. Yo me había quedado mirándola babeante.

    —Vamos guapetón, me tendrás que echar una mano!

    Fuimos hasta el césped y nos tumbamos bajo la sombra de un frondoso árbol. Extendimos las toallas y Lucía se quitó lo único que le quedaba puesto, el tanga, quedando totalmente desnuda y no pude evitar mirar a su raja adornada por los deliciosos labios de su coño. Nos tumbamos dejando libre la del centro y en ese momento apareció Carmen con la cafetera llena.

    —He preparado más café! Gritó dejándolo sobre la mesa.

    —Luego lo tomamos mamá! Vente a tomar el sol un rato con nosotros!

    —No preferís estar solos? Gritó de nuevo intentando ser una madre complaciente aunque seguro que estaba como loca por ir.

    —No, queremos que estés con nosotros! Dijo Lucía con autoridad.

    Casi tropieza al echar a andar por los nervios que tenía. Llegó con una sonrisa de oreja a oreja y vio que Lucía estaba desnuda. Se quedó mirando la toalla que había en el centro sin saber que hacer. Lucía la miraba con media sonrisa.

    —Puedes quitarte el tanga si te apetece, y venga, no seas tímida, túmbate aquí! Dijo dando dos golpecitos sobre la toalla.

    —En el medio? Volvió a preguntar cómo si no se lo creyera.

    —Claro, Jorge y yo queremos que te sientas a gusto con los dos!

    Carmen tiro hacia abajo de ambas tiras del tanga y apareció su raja rodeada por los gruesos labios de su coño. Yo ya no tenía problema, mi polla estaba erguida y no bajaba en ningún momento. El tanga cayó al suelo y disfrute de la sensualidad que transmitía su cuerpo totalmente desnudo. Se arrodilló con delicadeza ofreciéndonos un primer plano de sus hermosas tetas. Se recostó de lado aprovechando para mirar el mástil que sobresalía de mi cuerpo y se giró lentamente sin rozarnos para acabar tumbada también boca arriba dejando que sus grandes tetas se desparramaran por su tórax.

    —Seguro que hubierais estado mejor solos! Repitió de nuevo intentando asegurar que veíamos bien su presencia.

    —No mamá, queremos que te sientas a gusto siendo una más! Dijo Lucía poniéndose de lado hacia ella con la mano sujetando su cabeza.

    —Pero si ya me siento muy a gusto!

    —Pues quiero que aún lo estés más!

    Y se inclinó sobre su madre para darle un beso en los labios sin lengua, pero de varios segundos.

    —Verdad que sí Jorge? Me dijo mirándome al despegarse.

    Entendí que quería que lo también la besara.

    —Por supuesto Carmen! Queremos que se sienta tan bien como nosotros!

    Me incliné como había hecho Lucía y acerqué mi boca y la besé en los labios. No pudimos evitar el roce de las lenguas y pude notar como su cuerpo tembló levemente, aunque no supe si fue por los nervios o la excitación.

    —Ufff, no sé qué decir, me siento tan feliz!

    —Y más que lo vas a ser, mamá!

    Le contestó Lucía con ojos chispeantes y sonrisa felina. Volvió a acercar la boca y ahora el beso fue más largo y lascivo. Al cabo de un par de segundos pude notar como sus lenguas interaccionaban y se convertía en un beso arrebatador lleno de lujuria. Lucía quería comprobar si su madre estaba dispuesta a todo, y eso beso lo definía bien.

    Cuando despegó los labios se quedó mirándola a los ojos a escasos centímetros y como si quisiera comprobar más, paso la lengua como una perra lamiendo la cara y los labios de su madre. Carmen aguantaba, todavía algo indecisa dejando hacer a su hija. Lucía continuó con la lengua lamiéndola el cuello hasta llegar a las tetas, y como si fuera un bebé hambriento comenzó a chupar y succionar uno de los gordos pezones hasta sacar un gemido de la boca de su madre. Sin dejar de chupar me hizo un gesto con la mano para que participara. Me incliné sobre la otra teta y comencé a chupar con ganas. Carmen no podía controlar sus gemidos que se hicieron más sonoros.

    —Dios mío! Que me hacéis! Pudo balbucear.

    —Te gusta? Preguntó Lucía.

    —Si, síii!

    —Quieres pasártelo bien?

    —Joder, síii!

    —Pues déjate llevar!

    Lucía volvió a chuparle el pezón con ganas mientras bajaba la mano acariciándola el vientre y vi como llegaba hasta los labios genitales que se abultaban entre los muslos. Paso toda la mano sobre ellos y Carmen, con la respiración muy agitada comenzó a resoplar. Yo no dejaba de chupar el gordo pezón, pero por el rabillo del ojo pude ver cómo Lucía hundía varios dedos entre la extensa raja. El cuerpo de Carmen ya temblaba ostensiblemente y puso las manos sobre mi cabeza apretándome contra sus tetas.

    —Ufff! Diosss! Ufff! Resoplaba sin parar.

    —Te gusta mamá? Preguntó Lucía levantando la cabeza para mirarla a los ojos sin sacar los dedos en la raja

    —Diosss, hija! Me encanta!

    Casi gritó con la boca jadeante y los ojos como platos. Lucía sacó los dedos de la raja mojados y se los llevó a la boca chupándolos obscenamente para que la viera su madre.

    —Ummm, que bien sabe tu corrida mamá! Le susurró con cara obscena.

    Carmen no sabía que decir, tan sola la miraba sin poder parar la agitada respiración y a mi me apretaba la cabeza cada vez más.

    —Creo que voy a probar un poco más! Susurró colocándose entre sus piernas.

    Carmen flexionó las piernas y abrió los muslos como si fuera a partir. No decía nada pero su deseo se palpaba en el aire. En ese momento pude despegar la cara de sus tetas y me arrodillé tras su cabeza. El miembro erguido se blandía sobre su cara cuando puse las manos sobre sus tetas. Lucía bajó la cabeza y la hundió entre los muslos de su madre y paso la lengua por toda la raja.

    —Ahhh! Emitió Carmen un largo suspiro ahogado.

    —Te gusta mamá? Preguntó levantando lo suficiente la mirada para ver la cara de Carmen.

    —Uffff, hija! Creo… que si! Balbuceó con timidez.

    A Lucía le apetecía que su madre hablara, quería oír de su boca las mismas guarradas que ella me decía a mí cuando follábamos.

    —Quieres que siga?

    —Si, si! Sigue!

    Volvió a pasar la lengua a lo largo de toda la raja para acabar dando con la punta en el clítoris.

    —Ahhh! Diosss! Volvió a gemir Carmen.

    —Estás caliente? Preguntó Lucía de nuevo.

    —Bufff! Más caliente que una estufa! Balbuceó temblando.

    Lucía sonreía de una forma diabólica. Dio otra lamida sobre la raja y al llegar al clítoris lo succiono varias veces hasta arrancar varios gemidos de la boca de su madre. No parecía contenta con eso y volvió a preguntarle.

    —Ya estás muy guarra, verdad?

    —Joder, más guarra que una cerda! Comenzó a desatar su boca Carmen.

    —Te está gustando que te ponga guarra?

    —Mucho! Mucho! Sigue! Pidió Carmen sintiendo que estaba a punto de correrse de nuevo.

    Carmen se estaba desesperando por la lentitud de su hija, y yo aún más. Me levanté y me arrodillé de nuevo tras Lucía. Contemple su redondo y duro culo y los labios de su coño asomando entre los muslos. Pasé la mano por la raja y su cuerpo vibró. Mi polla seguía estirada con el capullo hinchado buscando donde penetrar. Lo apunté en medio de la deliciosa raja y presione con suavidad. Mi novia dejó de chupar el coño de su madre al sentir la penetración y dio un largo suspiro.

    —Diosss, que polla tienes! Balbuceó apretando los dientes mientras su madre la increpaba.

    —Joder, no pares! Sigue que me voy a correr! Gritaba Carmen.

    Le metí media polla, quería ser lento como ella, para que esa deliciosa situación durara lo máximo posible. Lucía volvió a meter la cara entre los muslos de su madre y Carmen comenzó a gemir de nuevo apretando la cabeza de su hija.

    —Aghggg! Diosss! Aghggg! Que zorra me has puesto!

    Carne se había medio incorporado y miraba como le clavaba la polla a su hija. Sus ojos, abiertos como platos, brillaban como dos diamantes al sol, y no pudo parar la lujuria que desprendía su boca.

    —Dale fuerte! Ponla tan puta como me ha puesto ella a mí! Ahhh!

    Yo la miraba y pude notar como se corría empapando la boca y la cara de su hija. Al momento oí a Lucía chupando y tragando todo el flujo que arrojaba el coño de su madre.

    Me puse tremendamente excitado y empecé a embestir con ganas.

    —Diosss, como me gusta sentirte así de zorra! Te voy a reventar, diosss! Le dije a Lucía.

    Mi novia sacó la cabeza para respirar jadeando como una posesa. Se sujetaba a los muslos de su madre para aguantar mis embestidas, que ya eran brutales. Su coño y sus glúteos se abrían y mi polla reventaba su vagina como un ariete rompe la puerta de un castillo. Lucía miraba a su madre, que parecía poseída, y todavía pudo decirle.

    —Te ha gustado mamá?

    —Diosss, hija! Eres una zorra impresionante, y me has puesto más puta de lo que nunca había soñado!

    En ese momento Lucia comenzó a temblar con fuertes estertores y su coño se llenó de flujo y sus gritos se oyeron por toda la finca. Ya no pudo más y sus rodillas cedieron cayendo espatarrada sobre la toalla.

    Carmen seguía excitada, esa mujer parecía incombustible, y se arrastró por el suelo hasta llegar a mí que seguía arrodillado tomando aíre. Todavía no me había corrido y mi polla seguía como el tronco de un árbol centenario. Carmen, con ojos de loca, agarró mi polla y comenzó a chuparmela como ella sabía hacerlo. Al momento la sentí en lo más profundo de su garganta. Se metía la polla entera y la volvía a sacar sin inmutarse, me daba unas chupadas impresionantes y sentí que no aguantaría mucho. Pero después de varias chupadas profundas, la sacó de su boca para mirarme.

    —No quiero que te corras todavía! La quiero taladrando mi coño y mi culo!

    Su lenguaje ya no era la de la mujer tímida y recatada que yo conocía, ahora era la de una perfecta zorra hambrienta de sexo.

    Se puso a cuatro patas mostrándome su hermoso culo.

    —Vamos potro, cabalga y dale duro a esta yegua! Casi gritó dándose un par de cachetes en el culo.

    Su lenguaje equino afloraba de nuevo. Lucía se había girado para quedarse boca arriba cogiendo aire, y con la cara empapada del flujo de su madre la miraba estupefacta, como si no se creyera lo que estaba viendo.

    Me agarré la polla y la oriente hasta la extensa raja de Carmen que estaba empapada. De un empujón entró entera en su vagina perfectamente lubricada.

    —Diosss, como me gusta! Gritó sin con ansiedad moviendo el culo.

    Comencé a dar embestidas pausadas para sentir su desesperación.

    —Joder, no seas cabron! Más deprisa! Masss! Me increpaba moviendo su extenso culo.

    Mi polla seguía como un roble y chapoteaba en el interior de la mojada vagina, creo que después de haberse masturbado con un calabacín, mi polla le sabía a poco. Jadeó como una loca y no sé si se volvió a correr o era una corrida continua. Yo miraba a su culo y cada vez lo deseaba más. Saqué la polla del coño y puse el capullo empapado en el centro del culo. Estaba tan obseso que no me preocupe de dilatarlo. Apreté con ganas y Carmen gritó.

    —Diosss, que cabron eres!

    Mi polla abrió su esfínter y penetró con profundidad arrastrando la carne de su recto. No se cómo lo hizo, pero con la polla insertada en el culo, tiro de las piernas de Lucía hasta colocarla de muslos abiertos ante su cara.

    —Yo también quiero probar tu coño, hija! Le dijo con un deseó incontrolado.

    Hundió la cara entre los muslos y pude ver cómo Lucía abría la boca y los ojos como si le hubieran dado un calambrazo.

    Volví la mirada al culo de Carmen, algo que me excitaba de una forma continua, y comencé a embestirlo como si quisiera rompérselo.

    —Te gusta esto, zorra! Te voy a reventar el culo!

    Le gritaba sabiendo que no obtendría ninguna respuesta. El afán por comerle el coño a su hija la superaba.

    Los jadeos de Lucía aumentaron ante la intensidad de las chupadas de su madre y no pudo aguantar los temblores y cortos gritos ahogados cundo su coño se mojó de nuevo.

    Carmen levantó la cabeza para tomar aire y no se cortó en su nueva verborrea.

    —Vamos cabron! Reviéntame el culo!

    Sentí como el intenso y caliente semen corría por mi polla hasta salir disparado llenando su recto. Fue una sensación brutal sentir un chorretón tras otro hasta que mi polla dejó de manar.

    Con la respiración agitada me dejé caer hacia atrás con la polla empapada mientras Carmen también se tumbaba con el culo completamente abierto soltando semen.

    Esas vacaciones fueron sensacionales, Carmen provocaba que me la follara dos o tres veces al día en cualquier parte de la casa, y no dejaba que me fuera a la cama sin haberla dado una buena sesión de culo. Le gustaba tragarse mi polla y lo hacía a menudo tan solo por el hecho de mantenérmela dura. A Lucía le encantaba vernos, y a parte de echarla un buen polvo diario, su madre le comía el coño a diario hasta dejarla exhausta.

    Volvimos de las vacaciones a nuestros quehaceres cotidianos, pero los fines de semana me iba a casa de mi novia y me pasaba las horas sumido en un sexo desbordante follando con las dos.

  • Con el culo roto probé leche por primera vez

    Con el culo roto probé leche por primera vez

    Entrenamiento con el culo roto y probando leche por primera vez.

    La alarma sonó a las 5:30 pero a pesar de que es domingo y se supone que hoy es día de ordeña y debería estar lista más rápido que nunca me costó más trabajo que de costumbre abrir mis ojos. La fiesta de ayer por la noche fue muy cansada 6 horas parado en tacones dejaron mis pies muy cansados y mi cuerpo adolorido por fortuna mi ama se apilado de mí y me dejó ir a descansar a la una de la madrugada aunque no me dormí hasta más tarde, pues mientras pasaba un algodón con crema para quitar el rímel de mis ojos los gritos de placer que salían de la habitación de mi señora se escuchaban hasta mi habitación que está al otro lado de la suya. Fue un sentimiento contradictorio en mi interior porque deseaba verla follar con el par de amigos que estaban en casa, que no pararon de humillarme durante toda la cena provocando mi continúa excitación y que seguramente la follarían hasta no poder más.

    Las ganas de tocarme y terminar fueron bastantes, pero si me corro ella se dará cuenta. Ya una vez cometí ese error, no sé si en mi mirada o mi actitud lo noto pero lo supo de inmediato.

    Pase un par de meses en completa castidad, el primero de ellos encerrado por completo con una jaula de pene que solo me podía quitar tres minutos al día para asearla. Luego otros quince días donde fui como un mueble más de la casa, como decoración que no se toma en cuenta para nada. Eso fue lo que más me dolió que no me dirigiera la palabra, que ni siquiera me dejaba oler y lamer sus pies, su indiferencia que quemaba. Aprendí mi lección y no quiero volver a repetirlo así que la calentura fue otro granito para no poder dormir bien.

    Cómo pude abrí los ojos y me obligue con un bostezo y estirando mis extremidades a despertar para cumplir a tiempo mis obligaciones matinales y no ganarme un castigo. No quiero volver a recoger nunca la caca de Chester con la mano.

    Mire las estrellas por la ventana antes de encender la luz de mi habitación es un momento de intimidad conmigo mismo.

    Hoy no llevaré la ropa interior de seda, encaje, o satén, esa solo la uso para las ocasiones especiales o cuando vienen invitados como ayer. Hoy por la mañana también estarán y debo preparar el desayuno para tres, hoy ya no será necesario el uniforme de mucama que lleve anoche así que lo echo a la cesta de la ropa sucia que lavar más tarde.

    A pesar de que los domingos no llevo ropa interior hoy elegí unas cómodas bragas blancas de algodón con dibujos de cerezas. Ese tipo de calzones los uso a diario. Entre semana voy a la oficina vestido de hombre pero debajo llevo ropa interior de nena. Los fines de semana como hoy llevo ropa de nena cómoda así que encima de las bragas me pongo un short corto, un brasier que relleno con implantes y una playera con escote, hoy no son necesarias las medias altas, los tacones, la peluca, ni el maquillaje aunque aún llevo las uñas pintadas (debo recordar despintarlas antes de volver a la oficina mañana), por último tenis en lugar de tacones.

    Me lavo los dientes y estoy lista para mis tareas, primero ir al salón a limpiar el desorden que quedó anoche, la puerta de mi señora está cerrada así que no hago ruidos. Me queda poco tiempo antes de que se haga hora de pasear a Chester al jardín y luego de que haga sus necesidades volver a toda prisa para preparar el almuerzo para tres.

    Cuando veo el salón mis ánimos caen al suelo parece una fiesta de unas treinta personas aunque solo fueron tres las que hicieron todo el desorden. Pienso que mi señora fue a propósito descuidada y pienso que desea castigarme. Cuando ese es su deseo busca la manera de que falle en mis tareas, como ponerme a limpiar frijoles con un trapo de uno en uno en cierto tiempo o que después de que estén lavados escurra el agua con la mano sin dejar caer un frijol a la tarja lo cual es imposible.

    En fin como puedo y a toda prisa limpio y dejo presentable de nuevo el salón miró varias veces para comprobar que todo esté bien le doy el visto bueno y voy por el perro para ponerle la correa antes de salir al jardín tomó una bolsa para sus necesidades y la pequeña pala para juntarlas.

    Al salir al jardín me arrepiento de llevar short pues aún está fresco pero ya casi son las siete y no tengo tiempo de ir a cambiarme el almuerzo debe estar en una hora listo así que ya me siento presionada con el tiempo.

    Por lo regular almuerza ligero un yogur y fruta luego vamos al gimnasio, ahí nos bañamos y llegamos a la oficina a las diez en punto donde los papeles se invierten y ella se convierte en mi asistente.

    No, no tiene nada de raro que el director y dueño de la empresa llegue a las diez con su asistente de la mano cuando ella es su esposa.

    Le hablo bonito a Chester para que sea bueno y cague pronto, pero a él no le importa si me atraso y eso provoca un castigó, casi podría pensar que se pone de acuerdo con mi señora para retrasarme cuando menos tiempo tengo.

    Cuando por fin hace sus necesidades levantó la mierda con la pala y vuelvo a toda prisa al interior. Voy directo a la cocina y busco lo necesario.

    Preparo jugo, pongo a dorar un poco de pan blanco, saco la mermelada de piña y naranja, unos huevos revueltos con jamón y café para tres.

    Lo llevo todo en el carrito de servicio junto con los cubiertos, azúcar y leche para el café.

    Son las ocho con uno cuando llego a la puerta de la habitación doy un último vistazo para asegurarme que todo esté bien, acomodo un poco el mantel que se ha movido, rebiso servilletas y cubiertos, ya por último dejó una margarita fresca que corte en la salida al jardín sobre la superficie del carrito. Abro la puerta, solo tengo dos minutos de tolerancia así que voy atrasado pero dentro del tiempo.

    Aún están dormidos así que no sé si debo despertarlo o solo dejar el carrito e irme.

    Pero me detengo a observar la escena. Mi señora está en medio de ambos hombres desnuda y boca abajo, su cabeza descansa sobre el pecho del más moreno, se le nota una teta y su mano izquierda descansa está firmemente cerrada de la verga.

    Su culo se ve hermoso en esa posición y sin poder controlarlo tengo una ereccion. Ellos también están sin ropa, son jóvenes y vigorosos deben estar a punto de cumplir los treinta uno es moreno, fuerte cerca del 1.90m unos brazos como troncos, el otro acompañante es menos intimidante físicamente tiene mi altura y parece más sociable, pero de los tres penes en esa habitación es el más grande y grueso.

    Ambos tienen una buena verga ahora aunque están dormidos esa parte de su cuerpo está despierta, son gruesas y grandes ahora entiendo los gritos de placer que escuchaba anoche.

    Cuando decido salir y volver más tarde a levantar el servicio la voz de mi señora me detiene en seco.

    —¿Qué estás mirando?

    Sabes que no debes verme sin permiso.

    Agachó la cabeza como un reflejo y me hinco inmediatamente

    —Lo siento señora.

    Lo que sigue no lo comprendo muy bien. La escucho moverse en el colchón y bajar de la cama, yo estoy al lado de la puerta y los tres pasos que da para llegar a mí se me hacen como si fueran cien.

    Cuando está frente a mí me toma del pelo y lleva mi cabeza a entre sus piernas.

    —¡Huele!

    Olerle el coño es un premio, yo pensé que me daría azotes por verla sin permiso.

    —¿Sientes el olor? Aún debe oler a las verga.

    Luego se da vuelta, queda de espaldas con su culo muy cerca de mi nariz, estira sus manos hacia atrás toma de nuevo mi cabeza y la hunde en su trasero.

    —También aquí debería oler a verga. Sí, ha sido una noche larga y hermosa.

    ¿Qué se siente saber que otro me ha follado por donde a ti nunca te permitiré?

    Siento que el calor me invade el rostro, debo estar totalmente rojo.

    Cuando siento que me falta el aire me suelta, abro la boca buscando que entre la mayor cantidad de oxígeno a mis pulmones.

    Sus acompañantes están despiertos sentados en la cama y riéndose de mí.

    —Desnudate princesa.

    En la posición que estoy me quito la blusa por encima de la cabeza, me incorporó un poco para sacar el short y quedó en ropa interior.

    —Mira la nena es penosa y a pesar que por lo regular hoy va sin nada decidió ponerse bragas

    SIN MI PERMISO.

    Oh oh esto no pinta bien.

    —Quítate las bragas.

    Lo hago.

    Sus manos toman mis pezones y aprietan duele, duele mucho que casi me quejo. Los tuerce y los pellizca más duro.

    Luego me suelta y me ordena abrir mis piernas.

    —Mira esta perra ya esta goteando de anticipación.

    Aún no te he dicho si vas a llegar a terminar ¿por qué estas tan excitada?

    Antes de que le responda me da una fuerte patada en las bolas que me doblan del dolor, alcanzó a tomar aire antes de la segunda y tercer patada. Luego me deja recuperarme para dar otra ronda de tres patadas más.

    —En posición.

    Así como estoy en el suelo me enderezo, abro las piernas y pongo las manos detrás de la cabeza.

    Se agacha me mira a los ojos y con su mano toma mis testículos, les dan una leve caricia que me excita y luego comienza a jalr de ellos hacia abajo mientras aprieta. Comienzo a contar los segundos y ella aprieta fuerte -diez, quince, veinte segundos- trato de resistir sin moverme, sin doblarme sobre mi mismo pero no lo consigo, la cachetada cruza mi rostro.

    —Sígueme.

    Voy a gatas hasta la cama tratando de recuperar el aire y la compostura la sigo hasta que se detiene, el par de tipos están atentos se aserca a ellos y besa a uno y a otro, luego se tira de espaldas sobre el colchón y me ordena subir con ella.

    Tiene las piernas abiertas observó sus muslos se me antoja pasar mi mano por la suavidad de esa zona pero me contengo, esta totalmente depilada paso saliva al notar su vulva brillosa y la humedad que comienza a escurrir entre sus piernas.

    ¿Quieres lamer perrito?

    Mi cabeza afirma aunque sé que es una trampa pues solo me deja lamerla y darle placer si me he portado muy bien. Coger con ella es una fantasía, nunca lo he hecho desde que mi esposa se volvió mi dominatriz. Ella se quita la ganas con sus diferentes amantes, juguetes o sus manos mientras yo por lo regular solo observó y si tengo suerte me deja follarla con un dildo en la boca o algún arnés en mi cintura.

    Así que me sorprendo cuando me da permiso de acercarme, olerla y poder probar sus jugos.

    —¿Notas el sabor? Aún debe contener el semen de ellos.

    No me importa, lo único que deseo es servirle, darle placer y disfrutar su vagina. Hoy parece que estoy de suerte y al parecer me deja preparar el terreno para seguir follando quizá hasta pueda ver como le dan placer.

    Han pasado tan solo un par de minutos cuando escucho de nuevo su voz.

    —Cariño ya antes te has comido y preparado mi dildo antes de que con él te dé por el culo ¿verdad?

    Muevo la cabeza en señal de aprobación sin dejar de mover mi lengua y saborear sus jugos, no sé bien si quiere que traiga el dildo y me quiera follar frente a ellos.

    —Recuerdas que hablamos de que algún día lo harías con una verga de verdad.

    Mi cabeza se mueve en automático afirmando sus palabras mientras trato de comprender lo que me está diciendo y por un segundo dejo de lamer su coño.

    —No dejes de mover la lengua idiota.

    Bueno pues hoy es ese día. Vas a darles placer a mis invitados y si tienes suerte hoy mismo recibirás su leche en tu cara y ano.

    Sus manos mueven mi cabeza de lugar y dice:

    —Ahí justo ahí no te muevas de ahí.

    Cuando logró arrancarle un orgasmo me suelta. Va al cajón de sus juguetes y saca su dildo favorito para darse placer también trae el gel lubricante.

    Estoy en el suelo de rodillas con dos vergas frente a mí y no sé qué hacer.

    —Vamos cariño has practicado mucho con el de plástico. Tú puedes hacerlo.

    Recuerda siempre mirar sus ojos.

    Las tomó por turnos, primero la más pequeña aunque no me cabe en la boca.

    Abro mis labios y me acerco al enorme verga, la beso y acarició con la lengua antes de abrir por completo mi boca y llevarla adentro.

    Siento arcadas cuando me toma la cabeza y me obliga a meterla lo más profundo que puedo creo que no le he comido ni la mitad de la verga y pensar que pronto la tendré en mi culo me asusta y al mismo tiempo me excita.

    Cuando me libera el otro hombre toma su lugar y repite el proceso. Mete su verga en mi boca y me asfixia con ella, esta es más gruesa y larga así que entra menos aire.

    De reojo veo que mi señora ha comenzado a masturbarse.

    Mi señora me ordena ponerme a cuatro en el borde de la cama el moreno se pone detrás y el delgado arrima su verga a mi cara lo veo masturbarse frente a mí mientras golpea mi cara con su enorme falo y se ríe. Lo mete en mi boca toma mi cabeza y comienza a follar mi boca extrañamente estoy caliente y disfruto el momento. Siento como detrás de mí el tipo pega su erección a mi culo y comienza a empujar intenta un par de veces en vano.

    —Respira profundo mi niña.

    Relajate.

    Hago lo que dice mi señora y mi ano empieza a ceder, cierro mis dedos dedos en la sabana cuando mi culo comienza a entrar, arte, duele, quema, lastima…

    Lo hace lento pero me cuesta trabajo adaptarme poco a poco la va metiendo y siento como centímetro a centímetro me va abriendo. Mi señora no nos quita la vista se acerca y comienza a tocar mi verga erecta, la acaricia y sube su mano lentamente, eso ayuda a que me relaje aun más y en unos momentos me la he tragado toda.

    —Menuda puta si ya se la comió toda y yo que creí que no podría.

    —Mi niña es muy buena y obediente.

    Siento orgullo y placer saber que mi señora se siente orgullosa de mí.

    Tengo un enorme pene en mi garganta mientras el otro me rompe el culo. Comienza a faltarme el aire, no sé si es por que tengo más de la mitad de ese falo en mi garganta o por el esfuerzo de tragar ese monstruo por el ano.

    Es una sensación diferente a un dildo, este tiene vida propia y se mueve, es más cálido más placentero.

    El fino hilo de líquido preseminal ve de la punta de mi verga al colchón.

    Siguen y siguen moviéndose dentro y fuera, cada vez que entra y sale de mi culo estimula mi próstata y el placer se hace presente, ya hace minutos que mi señora dejó de estimular mi miembro, ya hace minutos que el placer es cada vez mayor. Por momentos me falta el aire cuando mete su verga hasta mi garganta pero ya no le importa me acostumbre.

    El orgasmo es inminente y chorros de esperma escapan de mi falo para caer al colchón.

    Sueltan la risa al ver que me han producido un orgasmo anal. Entonces los movimientos del que me taladrar el culo se vuelven más violentos ahora él busca su placer no tarda mucho en sentir como se endurece aún más, no sabía que ese efecto fuera tan placentero, pero de pronto quiero su leche dentro de mí y así pasa siento su miembro vibrar y los chorros calientes revientan dentro de mí. Ya no tengo la verga dentro de la boca y puedo gemir libremente el se masturba rápidamente buscando terminar y como antes su compañero me regó las nalgas ahora el revienta en mi cara. Abrí mi boca instintivamente buscando atrapar algo. Cae en mis ojos, mi pelo, mi boca me baña por completo en el momento que siento que de mi trasero comienza a salir un líquido viscoso.

    Mi señora sonríe y me da palmadas en la espalda.

    —Te has comportado como la señorita que eres.

    Descansa un poco, me has hecho sentir orgullo.

    Me dejan descansar sobre la cama húmeda de la leche de los tres. Ellos se van a desayunar lo que les he preparado.

    Ha sido una experiencia memorable y ahora quiero que se repita pronto…

  • Fui a ver a mi novio y terminamos calientes

    Fui a ver a mi novio y terminamos calientes

    Bueno quedamos de vernos y al final estábamos en el carro hablando aproximadamente por una hora. Yo solo de verlo siempre me dan ganas de comérmelo a besos.

    Él es de piel blanca, cuerpo normal, con abdomen marcado, tiene unos ojos grandes, unos labios gruesos los cuales siempre me dan ganas de besar cada que nos vemos y hacer más que solo besos.

    Me recargue en sus piernas, me alzo para besarme yo también le seguí el rollo, luego de unos minutos bajo a mi cuello hasta llegas a uno de mis pechos. lo comenzó a mamar y lamber en forma de circulo, eso hizo que soltara unos ligeros gemidos y que mi voz cambiara su tono a una voz cachonda. No había muchos carros pasando por lo tarde que era, así que yo con todas las ganas que estaba haciendo sentir me le subí a arriba para sentir lo que me encanta que me meta. Acomode mi pierna hacia delante para sentirla más.

    El aprovecho que estaba arriba de él y bajo la parte de enfrente de mi vestido para chupar ambos pechos y comenzó a moverse más rápido. Sentía tan más rico, que hizo que me comenzara a calentar más de lo que ya estaba, que quisiera más desesperadamente que lo hiciera aún que fuera ahí en el carro. Me dejó varias marcas en mis pechos. Me siguió tocando ahora todo mi cuerpo en eso toco mis pechos con ambas manos de una manera brusca y hasta subir a mi cuello para apretarlo un poco. «sabe que eso me gusta.» Yo le agarre una de sus manos para chupar su dedo índice.

    Seguimos igual por un rato de solo estar cachondeando ya que no podíamos tener relaciones porque tenía que irme a casa, era casi de madrugada y tenía que ir a trabajar al siguiente día. Se despidió de mi con un beso en la boca, yo quería que se quedara con un poco más, así que baje a mi cabeza para meterme toda su verga hasta el fondo de mi garganta por unos segundos, al final nos dimos otros besos y me fui pensando en lo mucho que lo desviaba. Sentía tantas gansas, espero que cuando nos volvamos a ver no tengamos compromisos para que nos hagamos de todo.

  • Sexo con mi amiga en la facultad (parte 3)

    Sexo con mi amiga en la facultad (parte 3)

    Después de decirle lo que consideraba que éramos, quiso hablar más a fondo del tema, pues ella tenía dudas, me pregunto que si yo hablaba en serio a lo cual respondí:

    «Estoy hablando en serio, pues somos amigos desde el bachillerato, ibamos en el mismo grupo, nuestro primer beso fue entre nosotros, fajamos por primera vez en un salón de la escuela, nos hemos consolado el uno al otro cuando tuvimos rupturas amorosas, eres quien me chupo el pene por primera vez, yo te chupe las tetas y metí mi mano entre tus piernas por primera vez, te colocaste el DIU para que tuviéramos sexo por primera vez entregandonos nuestra virginidad, hoy te apoderaste de mi pene, nos entregamos en ese salón, has mamado mi pene y tragado mis mecos cada que quieres y yo te he chupado las tetas cuando quiero, y ahorita tuvimos sexo tántrico después de saber que nuestros padres estarán fuera por lo menos 6 meses. Y ahora estamos aquí viendo una de las mejores películas de amor y romance abrazados después del sexo, mi maleta esta aquí para estar a tu lado, y pienso hacerte una cena exquisita para hacerlo oficial. Pues te amo, desde hace 5 años que nos conocemos sentí algo más por ti, pero decidí actuar lento, si bien saliste con 2 chicos más, yo soy con quien has y tienes sexo a pesar de salir con ellos, claro eso no fue lo correcto pero el punto es que el tiempo ha pasado y la constate es que tenemos sexo, somos amigos, pasamos mucho tiempo juntos. Podemos ser pareja pues nos conocemos bastante y creo podemos sobrellevar lo que se venga ya que sabes que digo la verdad».

    Después de escucharme, me abrazo y me dijo: «Lo sé todo lo que me dices es verdad, hemos cogido, reido, llorado, celebrado, comido, salido y más los dos juntos y yo también desde el inicio senti algo mas por ti, e igual decidí actuar lento, pues no quería perderte, y si quiero ser tu pareja, te amo, y vamos a disfrutar este tiempo que la pasaremos los dos juntos.

    Me abrazó dandome un beso y terminamos de ver la película, cuando esta termino, cocinamos juntos la cena y después subimos para darnos un baño.

    En el baño mientras nos enjabonabamos ella pegaba su culo a mi pene para hacerlo crecer, cuando lo consiguio, lo metio en su vagina y empezamos a coger deliciosamente mientras el agua caía en nuestros cuerpos estuvimos asi por varios minutos hasta que me vine dentro de ella, cuando la saque ella se agacho para lamer lo que quedaba en la punta de mi pene, después me terminé de bañar y la deje en la regadera diciendole que le tenía una sorpresa.

    Salí del baño, me seque con la toalla todo el cuerpo, me puse un boxer color rojo, un pantalón de vestir y una camisa con unos zapatos, tome mi saco y la llaves del carro para salir al supermercado, compre una botella de vino es espumoso, un ramo de flores y oso de peluche, a lo mejor sonara muy cursi pero ella lo valía. Cuando regrese a su casa me estaba esperando en sala con un vestido corto color blanco y tacones blancos.

    Cuando la vi le di las flores y el oso, deje la botella en la mesa y me abrazó dandome besos, dandome las gracias por el detalle y antes de apartarse me agarro el pene y dijo «pero este es la mejor parte del regalo» y yo le aprete las nalgas y dije «son mias».

    Procedimos a cenar y a platicar.

    Continuará.

  • Mi novia en la playa

    Mi novia en la playa

    Esto fue hace 2 días, estaba con mi novia en la playa tranquilos mirando el agua y sentados en la arena hablando de tonterías después llega la noche y nos levantamos para dar una última vuela a la playa ya para después irnos cada uno a su casa, mientras caminábamos le dije a mi novia, «a que no te atreves a andar sin pantalones y sin tanga en la playa».

    A lo que me contesta dudando, «no sé, ¿que obtendré a cambio?» Le respondo lo quieras, ella pensándolo después bien acepta en medio de la playa se saca los zapatos y se baja los pantalones y la tanga, yo aprovecho a meter dedo en su culo y ella me mira y me besa me dice «goloso pervertido» le respondo «obvio que si puta».

    Y así fuimos caminando hacia un poco de frio pero ella queria seguir, después al rato vemos a lo lejos un tipo trotando haciendo un poco de ejercicio, lo miramos yo agarro a mi novia lo doy media vuelta y mientras el tipo llegaba cerca de nosotros hice que se encorvara para mostrar su culo y el tipo paro en seco y quedo mirando desconcertado, llamamos al tipo para que venga, medio nervioso viene, le hablo de buena forma de como estas?, todo bien? Etc., y nervioso responde que si, que todo bien, y mira de reojo el culo de mi novia y yo le digo «te gusta lo que ves?».

    Nervioso responde “no, perdón por mirar así”, le digo “tranquilo que no pasa nada, me gusta como le ven el culo desnudo a mi novia y si se la cogen por el culo mejor”, quedo callado cuando dije eso, y después de todo eso le dije si nos haría un favor que beneficia a mi novia y a ti, me dice «bueno, que es?»

    Nos miramos mi novia y yo, y le digo “solo que te la cojas bien por el culo”, se puso nervioso que no sabia que decir, en eso va mi novia le agarra la mano y se la lleva a su ano y ella dice «haceme la cola» después de dudar y ver que su mano estaba en el culo de mi novia dijo si.

    Fuimos a un lugar que nadie vea y ahí el tipo se bajó el short y le paso la pija por la concha húmeda y por el ano, mi novia dice «que rica pija para mi sola» y sin dudarlo el tipo le metió la pija adentro del orto de mi novia, gozaba de una manera espectacular, razón el tipo tenía un pene largo, eso le encanto a mi novia, sentía como su culo era penetrado. Yo como mucho menos saque mi pene e hice que me lo chupara.

    Asi estuvimos rato mi novia ya no aguantaba toda la pija en el culo que recibía. Al rato el tipo no aguanto mas diciendo que esta por acabar, mi novia responde «acabame bien adentro del orto» y no aguanto mas, le lleno toda y yo igual en su boca, yo me detuve porque no aguante, pero el tipo seguía cogiendo a mi novia. Como gozaba la puta esa con esa pija.

    Al rato el tipo no aguanto y en vez de semen le lleno de orina dentro de su culo fue tanto que salia del culo cuando tenia la pija dentro y mi novia le encanto eso.

    Cuando el tipo se lo saco del culo de mi novia ella se agacho a limpiarle la pija con la boca, después de eso ella se puso los pantalones y terminamos yéndonos a nuestras casas, pero no olvidar lo que gozamos.

    Espero que les haya gustado.