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  • Mi vecina la enfermera Lucía

    Mi vecina la enfermera Lucía

    Chaparrita, un poco gordita, morena, tendría unos 45 años. La señora Lucía vivía a un lado de la casa de mis abuelos, era enfermera en el centro de salud del municipio donde vivimos. Yesica y yo asistíamos a sus pláticas para evitar embarazos y enfermedades, además que ahí regalaban condones. Nosotros agarrábamos muchos, pues con el grupo de amigos usábamos bastantes y así siempre nos cuidábamos. No había ningún problema con la señora Lucía, al contrario, ella nos alentaba a cuidarnos usando condones y fue ella quien nos pasó con un médico para que a Yesica le recetara las pastillas anticonceptivas que tomaba pues ella y yo lo hacíamos sin condón.

    Ya le habíamos contado que lo hacíamos con los amigos del grupo y ella aunque se sorprendía no nos juzgaba, solo nos recomendaba cuidarnos mucho. Le caía bien a Yesica así que me dio permiso de cogérmela si algún día se daba la oportunidad y sucedió sin planearlo.

    La señora Lucía tenía dos hijas gemelas y su marido trabajaba en el mismo centro de salud que ella, aunque en horarios diferentes. Un día que ella salía de trabajar del horario nocturno su marido iba entrando, se dirigía a su casa a descansar y coincidí con ella camino a la calle donde ella y mis abuelos vivían. Sus hijas no se encontraban, así que estaría sola en su casa toda la mañana. Me invitó a pasar, no hubo necesidad de preguntar qué íbamos a hacer estando solos. Me pasó a su sala y pidió que la esperara en lo que ella se metía a bañar.

    Luego salió con una toalla enredando su cabello y una bata de baño cubriendo su cuerpo. Sin decir palabra alguna fue directo a desabrochar mi cinturón, me bajo el pantalón y mi verga saltó frente a su cara. La llevó a su boca y haciendo presión entró mi cabeza en ella mientras sus manos acariciaban mi tronco. Me la mamaba rico mientras con una de sus manos acariciaba mis huevos. Solté mi cuerpo sobre el respaldo del sillón, me la chupaba muy fuerte y rico y sus caricias me excitaban mucho. Quería hacerme venir en su boca, yo me retorcía de placer y ella parecía no cansarse de estar de rodillas chupando mi verga.

    A ratos se la sacaba de la boca para recorrer desde mis huevos hasta la punta con su lengua, llenándome de saliva tibia, para luego volver a meterme en su boca y sus manos masajear mi tronco. Su intención era sacarme la leche con sus mamadas. Así estuvimos mucho rato, yo disfrutaba de su boca hasta que no pude aguantar más, ella se masturbaba mientras yo gemía viniéndome en su garganta pues en ningún momento se sacó mi verga, hasta qué exprimió la última gota, hizo un movimiento rápido para cerrar sus labios mientras salía mi cabeza de su boca, frente a mí abrió su boca y me mostró cuánto semen me había sacado, se lo tragó y luego pasó su lengua por los labios, limpiando los restos que habían quedado sobre ella.

    Me sonrió, se puso de pie y se dirigió a su cuarto, regresó con un condón en la mano, desnuda, sin la toalla ni bata sobre su cuerpo. Su piel morena, sus pechos pequeños y caídos, de pezones oscuros y duritos por la excitación. Un poco gordita, sus nalgas eran planas y en su pubis resaltaba una mata de pelos abundante y muy negros, sus labios vaginales sobresalían por ser grandes y se alcanzaban a ver húmedos y escurriendo fluidos. Me excitó mucho verla así, mi verga no perdía su firmeza, al contrario, se puso más dura. Fue ella quien abrió el sobre del condón, lo sacó y lo fue deslizando por mi verga.

    Sentado sobre la sala y mis pies apoyados en el piso, ella se montó sobre mí, inclinado cómo estaba veía sus labios vaginales abiertos, disfruté mucho ver cómo iba entrando mi verga en ella, parecía no tener problema en recibir mi tamaño a pesar de su estatura. Le entraron mis 19 centímetros completos, su vagina descansaba sobre la base de mi tronco. Con sus manos sobre mi pecho, ella empezó a moverse de adelante hacia atrás mientras se mordía los labios para no gemir tan fuerte. También subió y bajó sobre mi tronco, aunque parecía que ella disfrutaba más del movimiento adelante y atrás, yo la sentía muy caliente por dentro y por fuera, muy húmeda, tanto que sentía gotas de sudor mezcladas con fluidos resbalar entre mis huevos y mis piernas.

    Se vino varias veces, me daba cuenta porque ahogaba sus gemidos en su garganta, se quedaba quieta unos instantes y su vagina se contraía, para iniciar de nuevo con sus movimientos atrás y adelante. Varias veces. Yo sentía muy rico. Hubo un momento en que estando así, se movió muy rápido y tuvo el orgasmo más intenso de esa mañana, su cuerpo temblaba y sus ojos se pusieron en blanco mientras arqueaba su espalda hacia atrás soltando un gemido fuerte y veía que sus pezones se hinchaban más de lo normal. Poco a poco se fue calmando y se dejó caer sobre mi pecho, escurría más líquido entre mis piernas, se había venido intensamente.

    Esperé a que se recuperara sobre mí, luego de un buen rato y con un poco de dificultad se fue incorporando y sacándose mi verga de su panocha tan húmeda, yo sentía cómo palpitaba por dentro.

    «Estuvo muy rico, pero ya te tienes que ir. Gracias». Me dijo, mientras ella se dirigió a su cuarto y yo me subía el pantalón, ya que ni siquiera me lo había quitado. Salió con algunos condones en la mano y envuelta en su bata de baño. «Llévatelos porque si mi marido me los encuentra se va a enojar». Tomé el puño de condones y también el que habíamos usado, le hice un nudo y lo guardé en mi pantalón. Ella se puso a limpiar los restos de nuestros fluidos sobre la sala, aunque había quedado una mancha de humedad. Me acompañó a la salida y sin asomarse me abrió la puerta, salí y tras de mí oí el golpe de su puerta al cerrarla. Sólo una vecina estaba sobre la calle y me vio, la saludé y caminé a la casa de un lado que es la de mis abuelos en donde entré y me invitaron a almorzar.

    Por la tarde le conté a Yesica lo que había pasado con la enfermera Lucía, aunque se excitó un poco con los detalles que le di, a mi novia no le atraía la señora Lucía, así que solo fue una anécdota para los dos. Seguido íbamos a pláticas y por condones al centro de salud y la señora Lucía nos atendía como si nada, no volvimos a tocar el tema ni se volvió a repetir la experiencia con ella, solo nos quedó el recuerdo de esa única y rica ocasión con ella.

    Y como detalle les cuento de una vez que me subí a la casa de mis abuelos a limpiar la azotea, me asomé sin querer al patio de la vecina, la enfermera Lucía y la vi de a perrito mientras su marido se la cogía, estuve viéndolos por unos minutos hasta que él se vació dentro de ella, sobra decir que me paró la verga verlos así. Ella ponía inyecciones y sueros a domicilio, así que varias veces coincidíamos en la casa de mis abuelos o las de mis padres con sus parejas, cuando había de aplicarles medicamentos a alguien de la familia. Pero no se volvió a repetir el rico sexo que tuvimos.

    Años después vendió su casa y las personas que la compraron se dedicaron a rentarla, por lo que ahí llegaron a vivir diferentes familias y con algunas de esas vecinas tuve algo que ver. Ya lo contaré para que sigan coincidiendo los tiempos.

  • Eres una chica mala

    Eres una chica mala

    Melisa White, una joven de 20 años se estaba arreglando para la cena anual que daban sus padres, donde invitaban a todos sus amigos. Este no le toma mucha importancia al principio, pero en la noche se dio cuenta de que había alguien nuevo había llegado a la cena, una pareja nueva, que al parecer eran socios de su padre en la cena el hombre llamado Harry Smith no dejaba de mirarla.

    Así que decidió subir a su cuarto a alejarse un poco de la fiesta, estando acostada vio como su puerta se abría dándole paso a aquel hombre que no dejaba de verla en la cena. Resulta que este hombre había sido el mismo con el que una semana antes Melisa se había besuqueado en un bar, cuando salió con sus amigas, ese día lo dejo con las ganas, algo que estaba dispuesto a cobrárselas a la joven.

    -Has sido una mala chica -Le dijo mientras sacaba sus bragas- Y todas las chicas malas merecen un castigo. Abre tus piernas y déjame ver tu precioso y mojado coño- Ordeno mientras la chica obedeció sin más.

    “Comenzó a acercarse a mi feminidad hasta que siento su helado aliento en mi clítoris y me retuerzo del placer, en cuanto siento su lengua lamer todo mi coño comienzo a soltar gemidos y a retorcerme, jamás había sentido algo así en mi vida y ¡Dios! Esto es el cielo.”

  • El alquiler

    El alquiler

    Ana, 43 años, abrió la aplicación del banco y echó un vistazo al saldo de su cuenta corriente.

    Su rostro palideció y reflejó una mueca de profunda preocupación. Dejó el móvil sobre la mesilla y se tumbó en el sillón acurrucándose, las manos sobre el rostro y la mente llena de pensamientos. «Este mes no podré pagar el alquiler y si no encuentro algo pronto, cualquier cosa, estaré en la puta calle.»

    Los nervios se agarraron a su estómago y durante unos instantes le costó respirar. «Quiero meterme en la cama y desaparecer.» pensó, como si ocultarse ahí la fuese a salvar.

    El aire acumulado en su tripita la molestaba, pero aguantó. Era lo que se merecía por bocazas. Si se hubiese estado calladita no la hubiesen despedido, si se hubiese tragado su maldito orgullo.

    Apretó el trasero contrayendo el esfínter y evitando que el aire saliese. No es que la importase tirarse un pedo allí. Estaba sola, sin amigos ni conocidos, sin recursos. Todo por ser una gilipollas engreída que creía tener el mundo a sus pies. Su novio la había dejado poco antes del incidente, cansado de sus salidas de tono. Había sido un buen novio, un tío que realmente la quería y que en la cama la hacía disfrutar. Pero ella había querido más y se había insinuado a su jefe Don Luis, para conseguir ascender.

    Recordaba el día en que le pilló con su secretaria en el despacho. La muy guarra tenía el rostro colorado y no paraba de jadear mientras Don Luis la enculaba combinando las embestidas con sonoros azotes en sus generosas nalgas.

    Desde entonces Ana había querido entrar en el juego y le había propuesto a su jefe una felación. Don Luis se había enfadado y la había echado del despacho. Desde ese día ella le odiaba y ese odio desembocó en el desafortunado episodio que causo su despido.

    «Tengo que hablar con Juan.» recapacitó pensando en el casero. Juan parecía un buen tipo, seguro que le ayudaba. Era la única salida, aparte de recurrir a sus padres. Pero eso estaba fuera de cuestión, antes de volver a su pueblo haría cualquier cosa.

    Juan era la solución.

    Se relajó. Dejó escapar una ruidosa ventosidad y poco después la venció el sueño.

    *************

    Al día siguiente fue a ver a su casero y le contó su situación calificándola de temporal y pintando un futuro optimista.

    Sentada en la mesa, contempló por un momento al hombre con barba y gafas que tenía frente. Era algo más alto que ella, seguramente algún año más joven, cara de intelectual y aficionado esporádico al deporte.

    – Lo que me cuentas está muy bien. – dijo rompiendo el silencio.

    – Pero soy un hombre práctico y tampoco voy sobrado de dinero, necesito el dinero del alquiler y, francamente, no tengo muy claro que en los próximos meses puedas pagarme.

    Ana recibió el «golpe» de realidad tragando saliva y haciendo válida la frase «el rostro es el espejo del alma».

    – Yo… – dijo sin saber muy bien que decir.

    Juan la miró. Por un momento sintió lástima de ella, del cambio. Había sido una de esas que mira por encima del hombro y esa actitud había, de alguna manera, ocultado su hermosura natural. No era guapa, pero tenía cierto atractivo. Ese perfume que la acompañaba, esa mirada. Sí, una vez se quitaba la capa de arrogancia, había algo que valía la pena.

    «Eres tonto e ilógico. Pero bueno, la vida es breve.» pensó el dueño del piso antes de hablar.

    – El piso lo alquilaré a otra persona pero, si quieres, puedes venir a vivir aquí.

    Ana abrió los ojos exageradamente.

    – No es lo que piensas, el piso es pequeño, un solo baño pero, pero tengo una habitación libre y bueno, no es gratis. Puedes encargarte de limpiar o hacer la cena o algo…

    En otras circunstancias Ana habría pensado o en su defecto habría formulado mil preguntas, pero acababa de estar hundida en el abismo de los que no tienen esperanza cuando, de repente, había una luz, una oportunidad para tomar aire…

    – ¡Acepto! – dijo como quien teme que la oferta caduque al segundo.

    – Pero será temporal… – continuó

    – Naturalmente. – confirmó Juan.

    ****************

    Tres días fueron más que suficientes para verificar que Ana no era la mejor cocinera del mundo. Además, en el ambiente flotaba una atmósfera rara. El baño lo usaban por turnos y los cambios de ropa tenían lugar en la habitación. Tanto Juan como la nueva inquilina estaban cohibidos y echaban en falta cierta libertad.

    – Juan. Tengo que decirte algo. – se atrevió Ana.

    – Lo sé. No te sientes… no es exactamente la palabra pero, no te sientes digamos cómoda.

    – Sí, eso es.

    – Ya, y además lo de cocinar.

    Ana se ruborizó avergonzada, pero calló respetuosamente.

    Se hizo el silencio.

    La mujer miró a Juan y durante un instante pensó en… besarle. Sí, en eso. Quizás fuese la falta de… sexo. Durante los últimos días no se había atrevido a masturbarse. El cuarto de baño un lugar de paso donde la cadena ahogaba el ruido de los pedos y la colonia disfrazaba el aroma de las ventosidades. Le picaba ahí abajo, quería meterse el dedo y jugar con su sexo, quería… Seguro, que a él también le pasaba porque, igual que ella, se pasaba gran parte del día encerrado en el piso haciendo… ni idea, no sabía que hacía aparte de alquilar el piso.

    – Por cierto, ¿a qué te dedicas? aparte de alquilar el piso digo.

    Juan tardó un rato en responder.

    – Escribo, trato de escribir relatos.

    – ¿De qué género?

    – Es un secreto. – añadió el varón con un tinte de inseguridad impropio de su carácter.

    «¿Qué te sucede? no eres un crío y estás hablando con un adulto.» pensó.

    – Escribo relatos eróticos. – confesó recuperando la seguridad.

    – Vaya… – contestó Ana.

    Era evidente que el tema había despertado el interés de la mujer y Juan se enfrascó con ella en una animada conversación. Hablaron de su obra, de sus experiencias sexuales y entonces….

    Ana lanzó la pregunta.

    – ¿Puedo ayudarte en tu trabajo? no sé «escribir» pero… a lo mejor puedo ayudarse en la investigación y… bueno, a lo mejor inspirarte.

    – ¿Por ejemplo? – intervino el casero sentándose a su lado.

    Ana le besó en los labios.

    Juan respondió.

    – Por ejemplo, como funciona la lengua. – dijo Ana de manera sensual cuando sus labios se separaron.

    – Abre la boca. – ordenó el escritor.

    La mujer obedeció y Juan la besó en la boca metiendo la lengua.

    Permanecieron un par de minutos explorando y salivando.

    – Me alegro. Me alegro de que hayamos roto el hielo. – intervino el varón.

    – Sí, pero yo creo que necesitamos más intimidad…

    – Sí, es necesaria, estrictamente para la investigación.

    – Desde luego. Por ejemplo, ¿qué necesitas? – dijo ella levantándose.

    – Pintar un desnudo con palabras. – respondió él.

    Ana se ruborizó antes de responder.

    – A sus órdenes jefe.

    Y comenzó a quitarse la ropa.

    – Tu culo es lo más bonito que he visto, tus pechos son ambrosía digna de dioses y hasta el mismísimo Zeus querría descubrir los placeres que se esconden tras ese monte de venus.

    – Pensé que eras más de prosa que de verso.

    Se besaron de nuevo. Él sujetándola por las nalgas y ella tanteando con su mano el duro pene que aun protegían los pantalones.

    Ana se puso de cuclillas, desabrochó los pantalones de Juan y le bajó los calzoncillos. Como un muelle, el miembro viril saltó con alegría. Usando las manos y la boca, la mujer se encargó de hacerlo crecer. Luego, tras vestirlo con un condón, lo situó en la entrada del bosque.

    – Adelante. – susurró en el oído de su hombre.

    Juan la penetró.

    La sesión se prolongó durante unos minutos. Tras el orgasmo, ambos investigadores exploraron el mundo del sexo oral, dispuestos a conocer cada centímetro de sus cuerpos desnudos.

    – Oye. – susurró Ana en el oído de Juan.

    – ¿Qué?

    – Podíamos instaurar el «día en pelotas».

    – Y compartirlo todo.

    – La cama, el baño…

    – El baño… ducharnos te refieres…

    – Todo. Sería más eficiente, imagínate mientras tú te lavas los dientes yo orino sentada sobre la taza…

    – No… al revés, mientras te lavas los dientes yo meo y luego, como estarás en pelotas, me acercaré a ti y te la meteré.

    – ¿Y si me tiro un pedo?

    – Eres un poco cochina, ¿lo sabías?

    – Vale, nada de pedos… ¿tú te tiras…

    – A veces, como todo el mundo.

    – Un día tengo que lamerte el ano, seguro que te gusta. – añadió mientras acariciaba el pene del casero.

    – Se te está poniendo duro otra vez… – susurró al oído de Juan.

    Fin.

  • Cogiendo a full las mellizas polacas en la selva misionera

    Cogiendo a full las mellizas polacas en la selva misionera

    Hace cinco años, partí en mi camioneta 4×4 a recorrer varias provincias, tenía un camper colocado, donde dormía, tenía un pequeño baño y una cocinita. Era suficiente para mí. Durante un mes, recorrí dos provincias, hasta llegar a Misiones, una provincia impactante si uno la recorre por los caminos de tierra. A mediados del siglo pasado, llegó a la provincia una cantidad importante de polacos que se afincaron en el interior. A una finca de sus descendientes llegue una tarde buscando un lugar para pasar la noche.

    Me recibió una mujer de unos 45 años, rubia y de ojos celestes. Fornida, de grandes pechos y culo.

    – Hola, buenas tardes. Disculpe que la moleste.

    – Buenas tardes. Dígame, en que lo puedo ayudar.

    – La verdad es que calculé mal el tiempo y está empezando a hacer de noche. ¿Me permitiría estacionar dentro de su finca, para no quedar en el camino?

    – ¿Está Ud. solo?

    – Si, y no voy a molestar, yo duermo en la parte de atrás, tengo baño y una cocina, solo necesito un lugar para estacionar.

    – Pase, estacione debajo de aquel árbol. Dijo la mujer.

    Estacioné y la mujer se acercó.

    – Si necesita algo, solo golpee la puerta.

    – Gracias señora, no quiero molestar. Bastante que me deja estacionar.

    Se fue y me quedé pensando lo que debía haber sido esa mujer cuando joven. Me subía al camper y me puse a escribir en mi notebook alimentada por baterías solares, mi bitácora de viaje. Lentamente la noche fue llegando y los golpes en la puerta del camper me sobresaltaron justo cuando estaba por empezar a hacerme una sopa. Abrí y era la mujer.

    – Muchacho, venga a cenar a la casa. No va a comer solo estando en nuestra casa.

    – No, por favor, no tengo problema. Le agradezco, pero no quiero molestar.

    – Insisto. Ah, mi nombre es Berta.

    – Bueno, gracias. El mío es Nicolás. Nico.

    – Venga Nico.

    La acompañe y cuando entramos a la casa me sorprendió lo hermosa que era en su interior. Fuimos a la cocina y casi me muero de la impresión. Dos copias exactas de Berta, pero con muchos años menos. Y también kilos.

    – Nico ellas son mis hijas, Dulce y Estela.

    – Encantado. Dije estrechando sus manos.

    No podía creer lo hermosas que eran las dos. De haber estado en Buenos Aires, no dudo que serían modelo las dos. Sirvieron una comida típica polaca, y la madre me contó que vivían solas, que su marido había muerto poco después que nacieron las hijas, que eran mellizas. Ella se hizo cargo de la finca y de la educación. Las chicas me miraban, se miraban entre ellas y se reían.

    – Tontas, dejen de reírse como tontas. Dijo sonriendo la madre.

    – Madre… Dijo Dulce.

    – No es normal que vengan muchachos por la finca Nico. Por eso están exaltadas las nenas.

    – ¿Nenas?

    – Bueno, para mí son nenas. Pero tienen 22 años ya.

    – Como para toda madre.

    – ¿Hace mucho que anda con la casa a cuestas?

    – Dos meses y medio. Es una forma barata de viajar y conocer lugares como este. Estoy enamorado de los caminos, la vegetación.

    – Es muy lindo. Mañana las chicas lo pueden llevar a un salto de agua, aquí cerca. Se va caminando, y abajo hay una olla para bañarse.

    – Me encantaría, sobre todo si es un lugar donde no llegamos los turistas, virgen.

    – Por aquí es todo virgen. Dijo la madre y las dos chicas se rieron.

    – Bueno, yo no claro. Dijo también riendo la madre. No pude más que reírme con su salida.

    Terminamos de cenar, agradecí y me fui al camper. Antes de subir me quedé sentado en el pasto escuchando los ruidos de la selva misionera y disfrutando de una noche estrellada.

    – ¿Molesto? Me preguntó Berta mientras se acercaba.

    – No, por favor.

    – Le traje Vodka, otra bebida fuerte no hay en la casa. Dijo.

    – No se tendría que haber molestado Berta, gracias.

    – Por favor, un gusto. Dijo y se empezó a marchar.

    – Berta, venga, no me deje tomando solo.

    – Pero solo un tiro. Dijo sonriendo.

    Busque los dos únicos vasos que tenía en el camper y nos serví. Brindamos y nos pusimos a charlar.

    – Supongo que es muy difícil la vida aquí, más sola y criando a las chicas.

    – Bastante. Sobre todo se extraña la presencia de un hombre…

    – Sí claro. Tuvo que hacerse cargo de todo, la finca, la crianza de las chicas, su educación.

    – Si… Y para otras cosas. Dijo mirando el monte y sonriendo.

    – También para eso. Dije.

    – Sobre todo para eso. Dijo.

    – Le sirvo otro. Dije.

    – Dale Nico. Dijo ya tuteándome.

    – ¿Cuántos años tenes? Pregunté.

    – 44 años. Vos muchos menos.

    – 30 años. Que lastima.

    – ¿Qué lástima que?

    – Que tus hijas están adentro, y seguramente espiando.

    – ¿Cuál es el problema?

    – Que si te beso no voy a poder detenerme.

    – Vení. Me dijo y se levantó.

    Caminamos un poco alejándonos de la casa y se quedó apoyada en un árbol.

    – Nico, hace 20 años casi que no estoy con un hombre… No pidas maravillas.

    – La maravilla sos vos. Tenes un cuerpo espectacular para tu edad. Dije y nos comenzamos a besar.

    Esa mujer era fuego puro. De inmediato se sacó la camisola que llevaba y dos tremendos pechos aparecieron. Me puse a chuparlos con todo. Ella gemía de placer y acariciaba mi cabeza. Esos pechos eran espectaculares, grandes y muy firmes. Seguí chupando y levante su pollera para acariciar su concha. No estaba depilada.

    – Nico, me estás haciendo excitar mucho. Dijo con la respiración entrecortada.

    La acosté en el suelo y levante por completo su pollera, le quite el calzón que llevaba la comencé a chupar. Ella se sobresaltó e intentó correrse, le pedí que se quede quieta y lo hizo. Tomo su camisola y se la puso en la boca para tapar sus gemidos y grititos de placer. En pocos minutos tuvo un orgasmo tremendo. Se sentó para acariciarme la pija por sobre el pantalón.

    – Eso no me va a entrar. Dijo Berta mordiéndose los labios sin haberla visto.

    Me paré y me quite mi pantalón y como no uso ropa interior, mi pija quedo expuesta ante sus ojos.

    – No me va a entrar. Repitió Berta poniéndose de rodillas. Me la acariciaba y no dejaba de mirarla.

    – Bésala. Dije.

    Ella fue dándole besos a todo lo largo, y abrió un poco su boca para chuparla. Lo hacía como podía, mis gemidos le indicaban que iba bien. De a poco mejoraba y se la trato de meter toda en la boca, no pudo.

    La hice poner en cuatro y con cuidado fui metiéndola.

    – Espera, dame la camisola. Dijo.

    Se la di y nuevamente se la metió en la boca. Seguí penetrándola, su concha era muy estrecha, y se abría al paso de mi verga. Ella gemía sin parar. Poco a poco fui moviéndome y ella ya gritaba de placer. Sus fluidos vaginales ayudaban a mis movimientos, ahora ya me movía con todo. De repente arqueó la columna y sus músculos vaginales apretaron mi pija con todo. Casi me hace acabar.

    Me salí un poco y me puse a chuparle el orto.

    – No seas cerdito. Me dijo separando sus cachetes con todo.

    Le metí un dedo en el culo y ella resoplo con todo. Lo moví un poco, moje otro dedo en su concha y lo metí.

    – Sos muy cerdito, Nico. Dijo y se empezó a mover ella.

    Sin sacar mis dedos, se la metí de nuevo en la concha. Ella casi no llega a morder la camisola cuando dio un tremendo grito de placer. Tome su mano y la lleve a su clítoris. Se acariciaba con todo mientras yo la penetraba por los dos lados.

    – No me termines en mi concha, por favor.

    – ¿Dónde queres?

    Ella giró la cabeza para mirarme a los ojos y dijo:

    – Donde vos quieras, menos ahí.

    – Ponete de rodillas.

    Se puso de rodillas y me masturbe junto a su cara, ella abrió su boca y le acabe adentro. Trago toda mi leche y se sonrió. Levantó su calzón, lo guardó en un bolsillo y se puso la camisola. Volvimos al camper.

    – Necesito vodka. Dijo cuándo se sentó

    Serví para los dos y me sonrió.

    – Gracias, hace muchos años… y mi marido no tenía eso. Es grande en serio. Dijo.

    – Más o menos.

    – Pensé que ibas a terminar en mi culo.

    – Tuve miedo de lastimarte. Por eso.

    – Gracias. Supongo que te estarás riendo de esta gringa. Vieja, con un calzón horrible de vieja, toda peluda. Vi en internet que ahora se usa otra cosa. Solo que acá, para que… si hubiera sabido que ibas a venir… hasta perfume me pongo. Dijo sonriendo.

    – Berta, sos una mujer hermosa, y muy caliente. Olvidate del resto.

    – ¿Te puedo pedir algo Nico?

    – Si está a mi alcance, no hay problema.

    – No embaraces a las chicas. Están con las hormonas a mil por hora, nunca estuvieron con un chico. Y están super excitadas con tu llegada. Solo eso, no las embaraces.

    – Berta, me parece que divagas.

    – Soy su madre, tienen mi misma sangre. Las escucho cuando a la noche se masturban mirando la computadora. ¿Qué les voy a decir? Yo también lo hago. Una noche las espié y se estaban tocando mutuamente y dándose besos. Somos tres mujeres solas y aisladas Nico.

    – Primero quiero tu culo.

    – Cerdito.

    – ¿Te gustó chuparla?

    – Me encantó, nunca lo había hecho. Y tragarme tu leche, muy rica.

    – Anda a ver si se durmieron. Dije.

    Ella se levantó y fue a ver.

    – Si, ¿Qué queres hacer?

    La tome de la mano y fuimos detrás de la camioneta, donde no nos podían ver. Me acosté en el pasto, baje mi pantalón y le dije que me la chupe. Ella comenzó a chupar con todo. Acomode su culo, poniéndolo hacia mí, y mojando dos dedos en su concha, los metí en el culo.

    Berta chupaba enloquecida, un tercer dedo entro a su culo casi con facilidad.

    – No doy más, métela. Me pidió Berta.

    Me paré y de a poco se la fui metiendo. Ella mordía la camisola para no gritar. Se la metí toda y empecé a encularla con todo. Ella no paraba de gemir y gemir. Su culo era estrecho y ella ayudaba cerrando su esfínter. Atenazaba mi pija en su culo. No tarde en acabar adentro dándole un fuerte chirlo en el culo. Se la saque y se la di a chupar. Ella me chupo con todo, terminado de sacar mi leche y dejándola limpia por completo.

    – Me gustó mucho. Fue mi primera vez. Dijo Berta.

    Se levantó y fue para la casa. Yo entre al camper y me tire a dormir. Me despertaron los golpes en la puerta.

    – Nico, a desayunar. Dijo una de las chicas.

    – Voy. Dije.

    – Buen día. Dije cuándo entre a la cocina.

    – Muy buen día. Me saludó Berta desde atrás de las chicas con una sonrisa.

    – Hola, Nico. Dijeron las dos a dúo.

    – Nico, no quiero molestarte, pero, ¿Podes llevar las chicas al pueblo, no es lejos, tienen que comprar algunas cosas? Siempre van caminando, pero parece que hoy están vagas.

    – No hay problema, las llevo. ¿Necesitas que saque el camper para cargar en la caja?

    – No, no, no es necesario.

    Terminamos de desayunar y subimos a la camioneta. Las dos estaban excitadas por ir conmigo, hasta pelearon por quien iba adelante. El trayecto era de cuatro kilómetros.

    – Nico, ¿Tenes novia?

    – No Dulce no tengo novia.

    – Ah. Raro, sos muy lindo. Dijo Estela.

    – Gracias, Ud. son hermosas. Dije y ellas se rieron.

    – Cuando volvamos, tenemos que hacer algo en casa y después vamos a la cascada. Dijo Dulce.

    – Bueno, no hay problema.

    Llegamos al pueblo y me pidieron que las deje en un supermercado. Yo estacioné y fui a caminar y conocerlo. Casi una hora después vi que me esperaban al lado de la camioneta.

    – Listo Nico, podemos volver. Dijo Estela.

    El camino de regreso fue casi en silencio, solo interrumpido por sus risitas cuando miraban las bolsas con lo que habían comprado. Llegaron y entraron corriendo a la casa. Me puse a ordenar el camper adentro con la puerta abierta y escuche a Berta que me decía.

    – Te lo dije, están con las hormonas a tope.

    – ¿La pasaste bien anoche?

    – Muy bien, me hiciste sentir joven y deseada.

    – Sos joven y yo te deseo.

    – Sos tremendo. Ahí mate un lechoncito, esta noche lo comemos asado.

    – ¿No te molesta si cuando volvemos de la cascada nos sentamos a charlar, anoche y hoy estuve pensando y se me ocurrió algo?

    – No, como me va a molestar. Va a ser un gusto escucharte. Solo espero que estas dos te dejen fuerza para hablar…

    – Berta…

    – Nico, se lo que digo. ¿Por qué pensas que fueron al pueblo? ¿A tomar un helado?

    – Espero que sí. Dije y ella se fue riendo a carcajadas.

    Un rato después aparecieron las dos. Ya no con los vestidos de campesinas. Cada una con un short, bien ajustado, una remera bien pegada al cuerpo y una tremenda sonrisa. Cerré la puerta y me puse una sunga brasileña, una remera y zapatillas y en mi sunga escondí un preservativo. Cuando baje del camper las dos se quedaron mirando mi bulto.

    – Hey, ¿Vamos? Les dije.

    – Sí, claro, vamos. Dijo Dulce. Berta nos miraba riendo desde la casa.

    Fuimos por un sendero, habremos caminado unos dos kilómetros y llegamos a la cascada. Era hermosa, unos cincuenta metros de caída de agua y con un buen caudal.

    – Llegamos. Dijo Dulce y se quitó el short y la remera. Abajo tenía una tremenda bikini.

    Estela la siguió. Su bikini era aún más diminuta. Las dos se metieron en la olla de agua. Me saque la remera y me metí. Ellas jugaban como criaturas en el agua, yo a un par de metros admiraba los tremendos cuerpos que tenían. Salí del agua y me senté a mirarlas. Dulce vino y se sentó a mi derecha.

    – Sos aburrido. Es aburrido venir con vos. Dijo mirando como su hermana chapoteaba en el agua.

    – ¿Por qué soy aburrido?

    – Porque no jugas con nosotras… y la verdad, no nos sentimos cómodas. Nosotras siempre nos bañamos sin ropa… Con vos… ¿Te gustan las chicas?

    – Si claro que me gustan. Y mucho.

    – No se nota. Dijo y se paró nuevamente. Se sacó el corpiño y luego la parte de debajo de la bikini. Me miro con una sonrisa y se metió al agua. Estaba totalmente depilada. Estela la vio, y también se sacó la bikini y me la tiró. Las dos se pusieron a jugar nuevamente, pero ahora el juego fue cambiando hasta que las dos se besaron con todo. Me saque la sunga, escondí el preservativo, y me metí de nuevo al agua.

    – ¿Estoy bien así?

    – Muy bien. Dijo Dulce.

    Las dos se pusieron a jugar conmigo, el juego era tocarme. Y fue juego hasta que Dulce logro su objetivo y pudo agarrar mi verga. Se quedó dura, como mi verga. La tome de la mano y la atraje hacia mí. Le di un terrible beso y ella gemía ya por mi beso. Luego tome la mano de Estela y la llevé a mi pija. Me miro con cara de susto. Salimos del agua, y nos tiramos en el pasto. Estela también estaba depilada.

    – ¿Sigo siendo aburrido? Le pregunté a Dulce.

    – No…

    – Entonces, chupala, alguna peli porno habrán visto.

    Las dos se rieron y Dulce se puso a chuparme torpemente mientras yo me besaba con Estela y la acariciaba.

    – Es más grande que las de la peli. Dijo Estela.

    – Y gorda. Dijo Dulce.

    – ¿Alguna vez jugaron entre Uds.? Pregunte sabiendo la respuesta.

    – Si… nos besamos, nos acariciamos y una vez Estela me metió dedos en el culo.

    – Entonces veni. Le dije a Estela y la hice sentar en mi boca.

    Me miraba con los ojos abiertos totalmente. Cuando la empecé a chupar, ella me siguió mirando y gimiendo con todo. Se daba vuelta y la miraba a Dulce que no dejaba de chuparme la pija. No tardó mucho en tener un orgasmo.

    – Ahora chupame vos Estela, y vos Dulce, reemplaza a tu hermana en mi boca.

    Hicieron el cambio y Estela chupaba mejor que Dulce. Cuando ella sintió mis labios gritó de placer. Chupé su concha un rato y luego su orto. Su cara era fenomenal. Cuando estuvo bien lubricado por mi saliva, le metí dos dedos en el culo.

    – Si, méteme los dedos. Dijo Dulce.

    – A mí también. Dijo Estela acercando su culo.

    Así estuvimos un buen rato, hasta que busqué el preservativo que había escondido en mi sunga.

    Me lo puse y mire a Estela. Ella se mordió los labios y se acostó. Me puse sobre ella y la fui penetrando de a poco hasta que sentí su himen.

    – ¿Sigo? Le pregunté.

    – Si. Dijo Estela.

    Empuje un par de veces y ella dio un grito de dolor. Me quedé quieto y ella me abrazo, tenía los ojos llenos de lágrimas. La besé y de a poco fui entrando y saliendo. No tardó nada en empezar a gemir como loca, era tan caliente como la madre. No fueron más de 10 minutos que estuve con ella y Dulce nos miraba tocándose la concha y tratando de meter un par de dedos. Estela tuvo un orgasmo y me beso con todo.

    – Gracias. Me dijo sonriendo.

    – Por favor acostate. Me dijo Dulce.

    Me montó y se puso mi pija en la concha. Mordió su labio inferior y se dejó caer. Su grito fue terrible. Pero lentamente fue moviéndose arriba y abajo. Empezó a gemir sin parar y a apretarse las tremendas tetas que portaba.

    – Esto es hermoso, no lo imaginaba así, me encanta sentir tu pija en mi concha.

    – Las dos son hermosas, dos tremendas mujeres.

    – Gracias… sos re dulce.

    – Estela, chupale las tetas. Dije.

    – Siii.

    Las empezó a chupar y Dulce gemía y saltaba sobre mi pija. Parecía que hace años había perdido la virginidad.

    – Mamá nos dijo que sos cerdito. Dijo Estela mientras le chupaba las tetas.

    – ¿Eso les dijo? Pregunte sonriendo.

    – Si…

    – ¿Y Uds. quieren que sea cerdito con Uds.?

    – Yo sí. Dijo Dulce.

    – Yo también. Dijo Estela.

    – Pero para eso, las dos tienen que ser muy cerditas. Dije y ellas se rieron.

    – Estela, metele un par de dedos en el culo, y no dejes de chuparle las tetas. Dije.

    De inmediato lo hizo, y ahora Dulce gritaba directamente. Tuvo un tremendo orgasmo y la quite de encima de mí.

    – ¿Saben lo que es hacer un 69? Pregunté y las dos se rieron con todo.

    – Si. Dijo Dulce.

    – Entonces háganlo, vos arriba Dulce, las quiero bien calientes y cerdas, muy cerdas.

    Lo hicieron y con torpeza empezaron a chuparse las conchas. Y comenzaron los gemidos de inmediato. Me puse detrás de Dulce, le escupí el orto y le metí tres dedos en su orto ya dilatado por Estela. Me quite el preservativo y puse mi pija en su orto. Lentamente lo fui penetrando, Dulce gemía y hundía su cara en la concha de Estela que miraba absorta como yo cogía el culo de Dulce.

    – Dulce, prepárale el culo a Estela. Dije y chupo dos dedos y se los metió. Estela dio un grito de placer y se puso a chupar como loca la concha de su hermana.

    Estuve en ese culo hasta que tuvo un fuerte orgasmo y las hice girar. Apoye la pija en el culo de Estela y entraba más fácilmente que en el de Dulce. Estela estaba literalmente loca. Gritaba pidiendo más y más. Dulce la volvía loca con su boca en la concha. Tuvo un orgasmo genial y las hice poner de rodilla las dos.

    – Como dos buenas cerditas, se van a tragar toda mi leche.

    – Si Nico. Dijo Dulce.

    Me masturbe frente a sus caras y acabe regando de semen sus caras y bocas. Las dos se miraron riendo y se chuparon las caras, limpiándolas por completo. Los tres fuimos al agua y nos besamos con todo.

    – Sos un genio Nico. Tal como dijo mamá. Dijo Dulce.

    – ¿Qué les contó?

    – Todo… No quiso que nos veas con los pelos y las bombachas que usamos… somos chicas de campo.

    – Son hermosas. Me encantan las dos… y su madre…

    – Sos cerdo en serio. Dijo riendo Estela.

    Salimos del agua y nos recostamos nuevamente en el césped. El lugar era idílico, y esas dos tremendas mujeres, rubias, de ojos celestes, y con cuerpos esculturales me hacían sentir el hombre más dichoso del mundo.

    Los tres nos besamos tocamos y mimamos durante un largo rato. Sin que les diga nada hicieron un 69, y se dieron con todo solas por un rato. Me puse de rodillas ofreciéndole mi pija a Estela, y se puso a chupar hasta dejarla bien dura.

    Como no tenía otro preservativo, las cogía las dos por el culo. Ninguna de las dos se opuso, al contrario. Ellas mismas se lo abrían. Dulce quiso montarme con la pija en el culo. Gritaba como loca mientras Estela le chupaba las tetas y jugaba con su clítoris. Tuvo un tremendo orgasmo y le dejó el lugar a Estela.

    – Quiero escucharte gritar hermana. Dijo Dulce y le chupaba las tetas mientras le daba chirlos en el culo.

    Y claro que la hizo gritar de placer. Esta vez puse a Dulce en cuatro patas y le termine en el culo, llenándolo de leche. Estela me chupo la pija para limpiarlo y el culo de Dulce que gritaba de placer sintiendo la lengua de su hermana limpiándoselo.

    Un rato después, nos pusimos las mallas y volvimos a la casa ellas, yo al camper. Me puse un short y fui a la casa.

    – Me voy a poner celosa. Dijo Berta cuando me vio.

    – No te preocupes, que algún cartucho me queda.

    – Espero. ¿Todo bien?

    – Si, son dos bestias. Vas a tener que tener cuidado.

    – Lo sé. ¿Qué me querías comentar?

    – Vos acá, aparte de la plantación, tenes un lugar espectacular para hacer un resort, chico, pero podría funcionar muy bien.

    – Lo sé Nico, lo pensé. Pero estoy sola. No es un problema de plata, pero se necesita un hombre. Para pelear con los proveedores, los constructores, los empleados. Y la verdad, yo no tengo fuerzas para empezar algo nuevo y las chicas, no tienen carácter. Y lo que es peor, seguro que pronto levantan vuelo.

    – Claro. Entiendo.

    Fue a buscar un par de cervezas y nos sentamos a mirar como se hacía el lechón. Al rato se nos acoplaron las chicas.

    – Chicas, que prefieren: ¿Tenerlo a Nico como padrastro, como novio de alguna de las dos, o de las dos? Preguntó guiñándome un ojo Berta.

    – Como novio de las tres. Dijo Dulce.

    – Eso, estoy de acuerdo. Dijo Estela.

    – Tan cerdas como la madre. Dijo Berta.

    – ¿Te quedas Nico? Pregunto Dulce.

    – Ni sé de que habla tu madre, para mí que tiene un cortocircuito en la cabeza. Dije.

    – Tu idea es muy buena, pero para gente que necesita ganar mucha plata, que no se conforma con vivir bien, que se vuelve loca saltando de negocio en negocio y no disfruta lo que gana. Y sinceramente, nosotras vivimos muy bien, ganamos muy buena plata. Y aunque viniera un hombre, hacer ese resort, nos cambiaría la vida que llevamos. Yo no pienso abandonar mi lugar, mi tierra. Como te dije, sé que ellas van a volar. Y yo me voy a quedar con eso… No Nico. No necesito más problemas ni gente caminado por acá.

    – La puta, cuánta razón tenes. Este lugar es maravilloso, tenes razón, no lo toques. Dije.

    – ¿Y vos, que vas a hacer de tu vida? ¿A que te dedicas además de viajar?

    – Soy programador de computadoras. Trabajo para empresas de otros países.

    – Ah… algo leí, dicen que ganan mucha plata trabajando desde la casa.

    – Algunos, otros ganamos muy bien.

    – ¿Y cómo sería trabajar en un lugar así?

    – Increíble, con esta paz, rendiría mucho más. Yo con una buena conexión de internet, puedo trabajar en cualquier lado, incluso en el camper.

    – Ah… entonces es cuestión que te decidas. Dijo Berta y fue a mover las brasas del lechón.

    Me quedé pensando, bajo la mirada de Dulce y Estela. No se volvió a hablar del tema durante la cena. El lechón estaba delicioso. Las chicas habían preparado una torta de postre. Cuando terminamos de cenar, ellas entraron a la casa, Berta trajo el vodka y sirvió para los dos.

    – ¿Qué pasa Nico? Me preguntó.

    – Me hiciste pensar mucho con todo lo que dijiste. Lo de correr atrás del dinero, vivir en un lugar así. Sos muy inteligente. Te admiro. Dije.

    – Nosotras tenemos una conexión de internet buena. ¿Por qué no probas? Un tiempo, no perdes nada. Y todos probamos. Me gustaría mucho tenerte de compañero, podría descansar tranquila.

    – Me estas tentando mal. Y lo sabes.

    – Si, y también te digo que Dulce esta re metida con vos. Casi tanto como yo. Pero ella es más joven, te necesita más que yo. Y por tus miradas, no te disgusta nada.

    – Bruja.

    – Te dejo pensando. Hasta mañana. Dijo Berta y se fue a la casa.

    Me quedé tomando otro vodka, mirando como se extinguían las brazas del fuego.

    – ¿Puedo acompañarte? Me preguntó tiernamente Dulce.

    – Si. Dije.

    Ella se sentó junto a mí en silencio. Los dos mirábamos las brasas. Estuvimos así hasta que se extinguieron.

    – Me voy a acostar. Dije.

    – Esperá un minuto Nico.

    – ¿Qué pasa Dulce?

    – Sé que no soy una de esas mujeres de la Capital que vos conoces, soy bruta, no se muchas cosas, apenas termine el secundario. Ni soy elegante ni tengo la gracia que tiene ellas. Pero me gustas, y quería decírtelo. Así, como soy yo.

    – Sos hermosa. Y sana. No muchas pueden decir eso Dulce.

    – Pero no puedo competir con ellas. Yo…

    – ¿Te puedo abrazar? Le pregunte.

    Por toda respuesta ella me abrazo a mí y me dio un beso genial. Un rato después fuimos al camper y los dos dormimos abrazados en mi cama de una plaza.

    Nos despertamos temprano y cuando entramos a la cocina Berta sonrió.

    – Tengan un buen día. Dijo.

    – Hola mamá.

    – Buen día Berta.

    Llego Estela y le dio un pico a Dulce y las dos se abrazaron.

    – ¿Todo bien hermana? Preguntó Estela.

    – Si Estela, todo bien.

    Desayunamos y le pedía Berta salir a caminar.

    – Te escucho. Dijo.

    – Estuve pensando. ¿Puedo dejar el camper, y que me cobres un alquiler por el espacio por unos meses?

    – Si a dejar el camper. No a cobrarte un alquiler. En la casa hay una habitación, no pensarás que voy a dejar que mi hija duerma en una cama de una plaza con vos.

    – Sos hermosa.

    – Lo sé. Aunque pensándolo bien, te puedo cobrar un alquiler es especias cada tanto. Dijo sonriendo.

    – Si tu hija me deja…

    – Esa es la respuesta que quería escuchar.

    – ¿Me dejas viajar a Bs.As., con Dulce para buscar mis cosas?

    – Por supuesto. ¿Ya le dijiste?

    – No, primero quise hablar con vos.

    – Gracias. Eso es ser un hombre bien ubicado.

    Volvimos a la casa y le dije a Dulce que me iba a Buenos Aires. Casi se larga a llorar.

    – Hey, vos podes venir conmigo. Vamos a buscar mis cosas. ¿Me acompañas?

    Ella salto a mi cuello y me dio un tremendo beso. Saque el camper de la camioneta y a la tarde empezamos el viaje. Hicimos noche en un hotel, haciendo el amor como locos. Al atardecer del día siguiente, llegábamos a la capital. Su cara de asombro era increíble. Por suerte llegamos temprano y pudimos ir a un shopping para que se compre la ropa que quería. Su metro ochenta, destacaba por sobre todas las mujeres. En cada local que entraba a comprar algo se quedaban admiradas de su belleza.

    Esa noche se puso un conjunto de ropa interior impresionante, pero no tanto como ella. Al día siguiente pase a saludar unos amigos y cenamos con dos parejas amigas. Nadie podía creer que fuera tan hermosa, y mi novia. Salimos de cenar y me dijo:

    – Nico, ¿Cómo podes vivir acá? Siempre hay ruido, sirenas. Es una locura esto.

    Al día siguiente emprendimos el regreso a Misiones. Hace cinco años que somos pareja, tres casados, Wenceslao, nuestro hijo tiene dos años, lleva el nombre de su abuelo materno. Estela, conoció a un muchacho en el pueblo y se fueron a vivir juntos. Berta, cada tanto juega con nosotros a la noche.

  • Siempre estaré para ti, Marian (6)

    Siempre estaré para ti, Marian (6)

    El fin de semana siguiente bajé a la playa con Carola, pasamos un par de noches y días de novela, mucho sexo y del bueno. La señora era de armas tomar y me lo demostró y me dejó satisfecho. En la piscina causó sensación por el tamaño de sus bikinis y lo que mostraba. Y la gente nos miraba, quizás atendiendo a la diferencia de edad o solo eran ideas mías.

    El siguiente fin de semana, bajamos mamá y yo con Roxana y me encontré con una mujer mucho más dulce que Carola y tan buena de cuerpo como mamá. La pasamos muy bien los tres y mamá no me daba la impresión de estar celosa. Tal vez el comportamiento más sosegado de Roxana no despertaba esos sentimientos de mamá.

    Poco tiempo después, Roxana y yo nos entendimos razonablemente y tuvimos nuestros encuentros, muy satisfactorios, por cierto. Para mi sorpresa, ella le comentaba a Marian, su amiga del alma, lo que hacía con su hijo y cuanto lo disfrutaba. Yo la consideraba una mujer muy discreta y poco lanzada, pero tenía mucha confianza con Marian y además, le decía que le daba mucho morbo comentarle. Así las cosas, yo mantenía relaciones muy agradables con dos amigas de mamá y ellas se encargaban de chismearle lo que hacíamos. La mantenían al día, actualizada.

    Por otra parte, en el edificio mantenía encuentros casuales con dos vecinas, una soltera, Aída, de unos 24 años que era un bombón, pero un poco caída de la mata y la otra, Sonia, era una divorciada de unos 33 años que era toda una bomba sexual, de las que explotan y sálvese quien pueda. Eran encuentros esporádicos, una vez a la semana, a veces cada quince días, pero de alguna manera Marian me tenía monitoreado. Siempre sabía que algo había pasado.

    Un sábado por la mañana, al sentarme a desayunar:

    – Buenos días, mi cielo, Dios te bendiga, ¿cómo te fue anoche, bien?, ¿con quién andabas, Aída o Sonia?

    – Caramba, tu debes tener un radar, ¿por qué dices que andaba con alguna de ellas?

    – Porque cuando saliste de aquí, desde aquí arriba me fijé mientras se subían a tu carro, pero por lo alto no pude saber cuál de ellas era.

    – ¿O sea que tú me espías? Porque sabes que salgo con una u otra. ¿No podría ser otra mujer del edificio?

    – No, no te espío, pero las mujeres tenemos algo que se llama intuición y con ella averiguamos mucho sobre nuestros hombres. ¿Quieres que te diga una cosa? Yo lavo tu ropa y le presto especial atención a tus interiores. Los reviso y noto las manchas de semen. Por eso sé cuándo has follado y cuando no. Esta semana, solo el lunes no follaste. Eres todo un verdugo, caramba. Se te va a gastar.

    – ¿Y cómo sabes que fue solo el lunes?, ¿acaso mis interiores tienen la fecha del día en que los usé?

    – ¡No! Pero yo revisé la cesta el martes y el único que estaba allí era el del día anterior, porque el lunes en la mañana la había vaciado para lavar. Luego esta mañana revisé de nuevo y todos los interiores salvo uno estaban manchados. ¿Qué tal?

    – Ok, me tienes pillado. ¿Celosa?

    – Un poquito, pero nada que pueda molestarte.

    – Si fueses mía, no saldría con ninguna otra. Me dedicaría a ti, solamente.

    – Eso me prometió tu padre cuando se casó conmigo, que sería solamente yo, pero ya ves… y tú eres persistente, ¿no? Por cierto, mi amor, quiero decirte algo, hace poco conocí a alguien en el banco, un señor muy apuesto y varonil, parece una buena persona, todo un caballero y me ha invitado a salir esta noche, ¿no te importa?

    – Si a ti te parece, no tengo objeciones, pero me gustaría que te venga a buscar aquí para conocerlo y valorarlo, si no te molesta.

    – ¿Ahora el celoso eres tú?

    – Nada de eso, solo quiero saber con quién va a salir mi madrecita adorada, la mujer que más quiero. Mi princesa. Solo eso. ¿Es mucho pedir?

    – No, está bien, le diré que suba, que mi hijo adorado desea conocerlo. No hay problema.

    Esa noche el supuesto galán de mamá llegó a la hora ofrecida, tocó el inter y subió. Se presentó ante mí como supuestamente debe hacerlo un caballero que pretende salir con una dama, no una cualquiera. Fue respetuoso y cuando le pregunté a qué hora pensaban regresar, sin problemas me dijo que iban a cenar y a tomar unos tragos y antes de las 12 la traería. Mamá estaba espléndida, en un vestido ceñido, a la rodilla, sin escote, sin mangas, que dejaba todo a la imaginación, nada a la vista. El hombre sonreía de satisfacción al verla tan bella. Pensaba yo que ya estaría saboreando lo que se iba a comer luego. Se despidieron y les deseé una feliz noche, que yo la esperaría despierto.

    Efectivamente, poco después de la medianoche, Marian regresó. Traía cara de haberla pasado bien, satisfecha, pero un poco pasada de tragos. Tuve que llevarla a su habitación, desvestirla, llevarla al baño y luego acostarla. Entonces me pidió que durmiera con ella. Le dije que no, ni de broma, pero insistió. Le propuse que le prepararía una sal de frutas para que no tuviera revoltillo estomacal por lo bebido y regresaría, que no se durmiera. Fui a la cocina, lo preparé y regresé lo más rápido posible, pero ya estaba en brazos de Morfeo. La desperté y se lo di a beber. Luego la recosté pero me agarró por un brazo mientras me suplicaba que me acostara con ella, que me necesitaba a su lado.

    Ni modo, me desvestí y me acosté con ella. Al poco rato, solo se oía su respiración agitada mientras dormía. La abracé y me quedé dormido. Antes de amanecer, ella se montó sobre mi cuerpo y me acariciaba el pecho con sus uñas. Yo, medio dormido, respondí a sus requerimientos con caricias por sus nalgas y espalda y la cosa se fue calentando. Pronto sentí su humedad vaginal sobre mi pubis y mi miembro tratando de escaparse del bikini. Empecé a separar los cachetes de su trasero y a introducir mis dedos por su ardiente raja, para acariciarla. Ella me daba besos por el cuello, me mordía suavemente, me lamía y me chupaba. Llegó un momento en que temí que ya no me podría controlar y la penetraría, pero mi lado bueno me decía que no debía aprovecharme de ella, que tal vez seguía medio ebria; sin embargo, mi bichito malo me decía claramente que lo hiciera, que no fuera pendejo. En ese dilema moral me encontraba cuando la señora se enderezó sobre mí, puso una rodilla a cada lado de mis caderas y tomó con una mano mi pene, bajando un poco mi interior y lo puso entre sus labios vaginales y se dejó caer suavemente, hasta metérselo todo, hasta el fondo. Ni modo, allí empezó el folleteo en regla, sin restricciones. Me cabalgó como una jinete de rodeo, con una mano se apoyaba en mi pecho y con otra se sujetaba el cabello y la cabeza le daba vueltas. Tuvo un primer orgasmo delicioso y siguió su cabalgata. Tras unos 15 minutos de haber comenzado, su segundo orgasmo la derrumbó, mientras yo explotaba dentro de ella. Perdió el conocimiento y cayó sobre mí. Me asusté. Enseguida la desmonté de mi pene, la volteé en la cama y entonces poco a poco la sentí regresar. Abrió los ojos y me sonrió, me lanzó un besito y se quedó dormida. Cuando despertamos, por la mañana, estaba feliz, pero me rehuía la mirada.

    Después de levantarnos y ducharnos, cada quien por su lado y vestirnos para empezar un nuevo día, nos encontramos en la cocina para desayunar. Ella estaba parada frente a la cocina eléctrica cuando le llegué por detrás y la abracé cariñosamente. Le di un beso en el cuello y gimió. Se volteó y me dijo, de frente pero sin mirarme a los ojos:

    – Por favor, no me hagas eso que se me abren las piernas sin yo querer. Compadécete de mí.

    – Si, pero ésta madrugada tu no tuviste compasión conmigo, me montaste como si yo fuese un potro y tu una domadora hasta que me dejaste seco. Sin compasión. Sin miramientos. ¿Qué pasó?

    – No estaba segura de sí había pasado o si lo soñé, creo que hasta me desmayé al final, ¿fue así? Perdóname, me dejé llevar, había bebido de más y estaba muy caliente… lo siento.

    – No hay nada que perdonar, sabes que siempre estoy para ti. Y si, te desmayaste y me diste un gran susto, gracias al cielo que volviste pronto.

    – Creo que eso es algo que llaman la pequeña muerte. Nunca antes lo había sentido, pero sí había oído decirlo. ¿Te asustaste?

    – Si, mami, si, creí que te había hecho daño o algo parecido. Pensé que era mi culpa.

    – No, mi amor, no. Fue el resultado de todo el placer que me diste. Fue algo maravilloso, de verdad. El orgasmo fue tan potente que se me fueron los tiempos. Pero te juro que al levantarme creía que había sido un sueño. Después, mientras me bañaba, me lavé por allá abajo y me encontré llena de semen. Ahí supe que había sido verdad.

    La abracé de nuevo, simplemente un abrazo cariñoso, sin tonos sexuales, porque me parecía muy agradable hacerlo. Un abrazo de mi madre valía mucho. Era algo grandioso. Una verdadera transmisión de energías positivas, de ella para mí, que me recargaban las pilas. ¿Sería por esos abrazos que siempre andaba excitado sexualmente? Tal vez tenía una sobrecarga. Pero, no, este abrazo no tenía nada de sexual, era cariño, simplemente.

    Durante la semana siguiente continué con mi actividad sexual en auge, salí con Carola el lunes en la noche, con Roxana el martes, con Nía -Estefanía, mi compañera de clases- el miércoles, con Leicht -mi otra compañera de clases el jueves y ya el viernes deseaba quedarme solo en casa, para descansar. En la noche, después de cenar solo, mamá volvió a salir con su nuevo pretendiente y yo me quedé mirando tv hasta que ella regresara. Como a la una de la madrugada llegó, pero esta vez no venía bebida y si bastante insatisfecha. Apenas me vio esperándola, se lanzó a mis brazos y me dijo que me necesitaba urgentemente, porque se estaba quemando, literalmente. Me llevó a su habitación de la mano y se empezó a desvestir de inmediato, mientras yo la observaba.

    – No seas mirón y desvístete tú también, estoy desesperada. Me dejaron con las ganas. Salvador es muy agradable, pero se quedó en el aparato. Casi ni se le paraba. Que desesperación, yo acostumbrada a mis dos sementales… apúrate.

    Una vez desnudo, me lanzó de espaldas a la cama y se me encaramó, lista para que la penetrara y ella cabalgarme. Era su posición preferida, siempre lo quería así. Yo deseaba tener algunos preliminares pero la señora no me dejó. Me dijo que no quería hacer el amor, que solo quería follar salvajemente. Y la complací. Me pedía que le diera duro y le di duro, que la besara y la besé, quise ponerla en cuatro y se dejó, la penetré profundamente y… después de tres estupendos orgasmos, me hizo eyacular copiosamente. Fue demoledora, me permitió disfrutar de una hembra en magnifica forma, de una manera algo fuerte, para mi gusto. Pero a ella le complació. Lo disfrutó y eso era lo más importante.

    Luego de descansar un poco y recuperar el ritmo respiratorio normal, me dijo que si quería, podíamos tener ahora todos los preliminares que quisiera, pero le dije que ya para qué. Ya había más que calentado los motores, ahora solo deseaba una cosa: su maravilloso culito. Se fue al baño, buscó el aceite y sacó un condón de la gaveta de la mesita de noche, me dio una mamadita para terminar de levantarme la bandera y me lo puso, le untó aceite, bastante y a su huequito también y en su posición preferida, ella sobre mí para cabalgarme, se ensartó ella misma, sin prisa. Despacio, hasta el fondo. Y empezó la fiesta de sus orgasmos encadenados. Por el culo, era como una cascada de sensaciones, uno tras otro. Gocé de ese espectacular culito y de sus nalgas como nunca. Se las apretaba tanto que terminó con marcas de mis dedos en ellas. Se me pasó la mano, pero ella lo quería duro, me lo pedía:

    – Dame más duro, mas, siii, dameee masss… asíii, que rico. No te pares, siii me lo sacas, lloro.

    – No te preocupes, es todo tuyo, mi amor, date con gusto… tú misma… no te lo voy a sacar, solo te lo meto y te lo saco, para que goces… – al rato, ella tuvo su enésimo orgasmo, yo acabé menos copiosamente y caímos derrotados, pero felices.

    Por la mañana, ya descansados, la misma historia. Estaba radiante, pero no me miraba a la cara, avergonzada.

    – Marian, ¿vamos a vivir ahora así, siempre? Tú te mantienes en tu posición pero en cualquier momento nos lo montamos de nuevo, tu gozas, yo gozo, pero te arrepientes y te avergüenzas. Supongo que ahora me vas a decir que no podemos volver a hacerlo. Y la semana próxima, de nuevo. Es divertido, si, muy divertido. – apenas terminé de decirlo, sus lágrimas brotaron. Me sentí un canalla, de repente.

    – Mami, ¿qué pasa?, solo estaba bromeando, no te quería molestar, perdóname…

    – No, no me querías molestar pero estás descubriendo mi lado oscuro. ¿Te acuerdas que te dije que lo tenía? Una parte de mí exige cordura, decencia, buen comportamiento, como me enseñaron mis padres y te enseñé a ti, pero mi diablito personal me habla al oído y me dice que eso es aburrido, que lo que no haga hoy tal vez no pueda hacerlo nunca más… y con lo caliente que soy como mujer… pues ya vez lo que pasa. Estoy perdiendo tu respeto, porque digo una cosa con la boca y hago otra con la cuchara. Y tú me coges tan rico, que no dejo de pensar en eso todos los días, a toda hora. Necesito follar contigo, mi cuerpo me lo pide, pero no sé qué hacer…

    – Mami, te quiero y te respeto. Yo haré lo que tú quieras, te lo aseguro.

    – Lo sé, mi amor, lo sé… y yo también te quiero, demasiado y tú lo sabes, pero estoy mal, no puedo mantenerme en una posición, parece que mi líbido puede más que mis principios.

    – No te preocupes, lo que pase entre nosotros, con nosotros se queda. Lo sabes bien. No sufras. Poco a poco encontraremos tranquilidad, sin arrepentimientos.

    Nos levantamos y pasamos el resto del día juntos, conversando, pero nuestras miradas decían mucho. Yo leía en sus ojos deseo y pasión y supongo que ella en los míos ídem. La verdad, yo no la comprendía. ¿Qué importaba que tuviéramos una relación clandestina? ¿Eso me iba a igualar con mi padre en el plano moral? Jamás. Mi padre era un hombre ruin y yo no, un descarado y yo no. Un hombre que engañaba y yo no. En fin, tendríamos que dejar que el tiempo calmara las aguas, que solo ella veía turbias, porque para mí estaban tranquilitas y cristalinas.

  • Daniel: El reencuentro

    Daniel: El reencuentro

    Estaba aseando la casa con toda la música a concho… motivada saltando creyéndome una súper star.

    Lleve las cosas que ya no se usaban al ático, estaba en eso cuando tropecé con una caja y cayeron miles de cachureos, rápidamente comencé a recogerlos, en eso encuentro una libreta de contactos, me puse a ojearla y ahí estaba, el número de mi gran amor, de esos que te erizan la piel con solo pensarlos, fue inevitable recordar cosas me reía sola… termine de ordenar la caja y me lleve la libreta a mi habitación.

    Me propuse a preparar algo para comer y llevarlo a la cama, encendí la televisión a ser zaping, no había nada bueno para variar, en eso tome la libreta, y si lo llamo? Aún tendrá el mismo número? Me arme de valor y marque…

    Mientras sonaba, me llene de nervios-chucha que le digo? Y si me contesta otra persona? Toy puro hueviando»- en eso se escucha una voz, era él!; alo? Alo? Yo muda… en shock y corte, que idiota!!! Salte de la cama con retorcijones de estómago paseándome de un lado a otro… la cague! Ctm la cague! Estaba ahí culpándome por lo que había hecho cuando sonó el celular.

    Mierda! Es él! Qué hago?

    Ya tranquila, respira, contesta, me daba valor jajaja como una mensa; tomo el celular y contesto.

    -Alo? Disculpa tengo una llamada de este número, con quien hablo?

    -Siii … este… Soy yo Daniel, Alejandra, puede que no te acuerdes de mí?

    -Alee…!!! Ohh ctm en verdad eres tú? Como no acordarme, tu voz es la misma, pero dime que es de tu vida, que has hecho tanto tiempo…

    Así se alargó la conversación por horas, entre risas, recuerdos y actualización de información, ya sabía que estaba separado, no tuvo hijos que vivía en la misma cuidad, mi corazón latía a mil.

    Conservamos el contacto, las llamadas se hacían más frecuentes, pasaron así tres semanas.

    Era un domingo cualquiera, aun acostada flojeando sin ganas de levantarme, tomo el celular conecto datos y aparece una notificación de wasap, lo abro y era de Daniel…

    -Hola Ale, que tienes planeado para hoy? Te invito almorzar…

    Quede anonadada, ah que hago, le contesto? Total ya nos conocemos, ninguno de los dos tiene compromiso, ya que tanto, le contesto no ma… Pensé.

    -Hola Dani, seria genial volver a verte, donde nos juntamos?

    Escribiendo…

    Te paso a buscar a tu casa, dame la dirección.

    -Ok dame un minuto…

    Escribiendo…

    Dale, nos vemos ahí entonces en 20 minutos.

    Ctm en 20?!!! Me levante lo más rápido que pude, me hice una ducha militar me vestí. Salí a la esquina de encuentro y espere, no paso mucho tiempo cuando se estaciona un vehículo y me dicen del interior… te reconocí a lo lejos, no has cambiado nada, solo estas más mujer… lo veo, Ahhh mi dios, lo tenía a centímetros de mí, estaba tan delicioso, mas varonil, mas, como decirlo?, mino!!

    Íbamos en la autopista, escuchando música en el auto, cantando muertos de la risa, en eso se desvía y pregunto, ¿Dónde iremos almorzar?, a mi casa, queee! a tu casa? Si, tienes algún problema con eso?, ehhmmm no…

    Ctm a su casa? Esa huea era sexo seguro, se me apretó la panza de puros nervios, comienzo a recorrerme… a ver piernas depiladas, buen olor… vagina en buenas condiciones, tamos dadas.

    Llegamos a su casa, entramos y me dice, bienvenida a mi humilde morada, es pequeñita…, na esta linda me senté en su sillón rojo, él al lado mío, conversamos un rato; de pronto me levanta quedo frente de él y me besa, Ahhh esos besos que no te estremecen, te humedecen, sus ronroneos eran exquisitos, seguimos en esa temática, besándonos, cada beso me dejaba más excitada. Tomo la pretina de mi polera me la jalo hacia arriba hasta sacarla, así mismo con mi brasier, luego continuo con mi short y mi pantaletas, en cada beso al final quede completamente desnuda, me sentó en el sillón abrió mis piernas y se perdió entre medio de ellas, Ahhh dios mío como extrañaba esa lengua, lamia cada espacio de mi vagina, se detenía en mi clítoris revoloteando suavemente, y yo retorcida en el sillón, seguía con su ataque en mi vagina, penetrándola con su dedos mientras no dejaba de mover esa lengua malvada…

    Ahhh siii Daniel¡!! Que rico, mmmm

    Te gusta así?

    Y como no?, esta delicioso, oh ctm!

    Me tenía extremadamente excitada, solo quería que me penetrara, pero él no tenía intención aun de dejar de chupar, cada vez fueron más intensas, rápidas, empezó a darme una electricidad en todo mi cuerpo, entre cortada mi respiración apretando ese maldito sillón…

    Por favor detente!!! Ahhhwww…

    Pero no, seguía y seguía, ah dios mío me fui a la chucha, contracciones en cada musculo, y el saboreando cada gota que escurrí…

    Ahora si me puedo detener, ya obtuve tu néctar.

    Chistoso!! Le conteste entre cortada, no me di ni cuenta cuando me voltea. Y quedo con mi tremendo culo expuesto, se baja su pantalón, y me penetra de una, ahhh!!! Seee… Exprese, no estaba en cuatro, estaba toda doblada en el sillón, con mi cara perdida en el, mi estómago pegado, mi culo levantado él de pie dándome dios mío como si no existiera un mañana, chocaba su cadera en mis nalgas, se afirmaba de mis glúteos y me daba de palmazos. Ahhh cada penetración no solo la sentía dentro de mí, estremecía cada poro de mi cuerpo.

    Mi turno exprese… me moví para que no siguiera penetrándome, me acomode le dije, termina de desvestirte y tírate al suelo… él muy obediente lo hizo, había una alfombra peluda no recuerdo el color, solo lo recuerdo a él todo desnudo para mí, me acerque a él me hice una cola en mi cabello, tome su miembro erecto bañado de nuestros fluidos y comencé a chupar…

    Ahhh si mami, se siente rico eso, decía cada vez que llegaba hasta el final y me quedaba un rato con su pico hasta mi garganta, seguía con mi actuar comiéndome ese delicioso miembro, penetrando mi boca con él, escupiéndolo para que se fuera lubricando, en eso pare, me monte sobre Daniel, mis fluidos escurrían mi vagina, estaba más que dilatada, coloque una mirada picarona, lleve mi mano a mi boca junte mucha saliva en ella y él me miraba con cara de interrogación sin saber que estaba haciendo, lleve mi mano a entre mis nalgas, unte toda esa saliva, me acomode y metí su pico en mi culo; Daniel no podía creer lo que acaba de hacer, yo solo me movía disfrutando su pico metiéndose en mi culo, el comienza a seguir mi vaivén y fue maravilloso, así por un rato cabalgando.

    Exhaustos los dos, tirados en el piso, riéndonos. Me ayuda a levantarme me dirige a su habitación, solo a la orilla de la cama, se posa sobre mí y ponele de nuevo…

    Patitas al hombro metiendo su pico en mi vagina, una y otra vez, cada movimiento me estremecía.

    Así¡!! Así!!! Méteme el pico conshesumadre… mas, mas…

    No pares, mmmm… mételo más… eran mis gemidos, en verdad tener sexo con alguien que tienes una cierta conexión es lo mejor del mundo.

    Le pedí que pusiera sus manos alrededor de mi cuello y comenzara apretar, y así lo hizo, así que mientras me embestía, me asfixiaba la sensación mezclada era fenomenal. Volvió a salir y yo rápidamente me levante arrodille y comencé a chuparlo nuevamente, ahora bien Daniel me penetraba rápidamente la boca, escuchando sus gemidos supe que en cualquier momento acabaría. Y no estaba mal, tiro todo su semen en mi cara, yo con los dedos lo acercaba a mi boca… Ahhh hueon fue la cacha del reencuentro más exquisita del mundo.

    Me metí a la ducha… él sobre la cama, luego cuando termine de bañarme me fui a recostar a su lado y así nos quedamos por un rato largo, abrazados sin decirnos nada, solo acariciándonos… fue un espectacular domingo.

    Ojala todos los días fueran domingo, no lo crees así Daniel?

  • Mi hermana se hizo pasar por mi esposa

    Mi hermana se hizo pasar por mi esposa

    Con todo y mi condición como usuario de silla de ruedas, soy una persona con mucho trabajo, en ocasiones este implica asistir a reuniones, conferencias, talleres, etc.

    Mi hermana colabora conmigo ayudándome con el trabajo y llevándome a los lugares que tengo que ir, generalmente a las reuniones que asistimos la gente piensa que es mi esposa o mi pareja, no sé si físicamente no nos parecemos, yo creo que sí, pero la gente debe pensar que no, casi siempre sucede que llegamos al lugar y a mí me saludan por mi nombre y me preguntan ¿es su esposa?, siempre aclaro la situación y les hago saber que es mi hermana, debo de confesar que alguna que otra vez escuchar esto me calentaba, debe de ser porque mi hermana esta buenísima, tiene las mejores nalgas del mundo entero, debo decirles que suelo aprovechar cuando ella me ayuda a pasar de la silla al carro o viceversa para recargar mi cabeza en sus tetas o rozar con mis hombros, brazos o manos sus caderas.

    Se acercaba una reunión muy importante en otra ciudad, era una convención donde por protocolo no escrito, debes ir acompañado de una pareja, he tenido muchas novias, he vivido temporalmente con otras, pero en ese momento no tenía a nadie, estuve pensando quien podría acompañarme y hacerse pasar por mi mujer, pero nadie venía a mi mente, mi hermana que sabía de la situación generosamente se ofreció a acompañarme diciendo.

    -De cualquier manera, siempre piensan que soy tu esposa y ahora si tendré que serlo.

    -¿En verdad harías eso por mí?

    -No, si tienes otra salida.

    -La verdad es que no y te lo agradezco mucho.

    Se me ocurrió que debía llevar un vestido nuevo así que tomé la tarjeta de crédito y le dije que se comprara la ropa que necesitara.

    El día llegó y teníamos que salir temprano porque debíamos trasladarnos a otra ciudad, llegamos al hotel a una habitación doble, la elegimos así por el apoyo físico que yo necesito, con la ayuda de mi hermana me recosté en la cama para estar descansado para el evento, ya más tarde nos preparamos puesto que la hora de salir se acercaba, ella se metió a dar un baño y se escuchaba el agua correr, después salió envuelta en una de esas toallas blancas de hotel y esta dejaba ver perfectamente lo torneado de sus muslos, se sentó en el borde de la cama y yo discretamente miraba de reojo su ritual.

    Con gran destreza coloco su ropa interior de encaje negro sin quitarse la toalla, después el sujetador y con la pierna cruzada comenzó a untar crema en todo su cuerpo, era sublime ver la delicadeza con la que parecía acariciarse toda, desde los pies hasta su cara, continuo colocando unas medias negras que resaltaban la belleza de sus piernas, destapo una caja y saco un vestido del mismo color y otra vez con mucha destreza se lo puso a la par de quitarse la toalla, destapo una caja más y saco unas zapatillas y se las coloco, se puso de pie y acomodando su vestido y en una pose muy sensual pregunto:

    -Que tal se me ve el vestido.

    Tardé un poco en responderle después de haberla recorrido toda con la mirada y notar como cada curva de su cuerpo se marcaba.

    -Guapa, luces muy guapa.

    Continúa.

  • Una zorra muy cachonda

    Una zorra muy cachonda

    Hola, es mi primer relato espero les guste.

    Primero les diré como soy, tengo 25 años soy delgada de lindas tetas y culo redondo cabello rojizo y penetrantes ojos verdes, una vez dicho esto comencemos.

    Bien, el día antes de las vacaciones de verano me encontraba en la universidad muy cachonda con ganas de intentar algo nuevo, una de mis mayores fantasías es que me pillaran haciéndolo en público así que fui a uno de los jardines no tan concurridos, me tumbé en el césped y comencé a jugar con mis bubis la verdad eso me calentó mucho más de lo que ya estaba provocando que todos los miedos que tenia se fueran, con la adrenalina a tope decidí alzar la falda que llevaba, frotar lentamente por encima de mis bragas sentía lo húmedo que estaba mi coño los gemidos se empezaban a escapar de mis labios no podía contar las ganas así que me quite las pantis y seguí jugando con mi coño cada vez estaba más mojada moría por meter mis dedos mi excitación era demasiada cada vez gritaba más y más fuerte.

    Pero antes de poder meter mis dedos en mi deseosa vagina, húmeda escuché la voz de una de mis profesoras.

    -Señorita creo que tendrás que acompañarme a mi oficina -dijo mi profesora de economía

    Sorprendida y aun bastante excitada me incorpore lo más rápido que pude intentado explicar que no era lo que parecía pero no había forma me miró y comenzó a caminar la seguí, durante el camino intenté pensar una excusa o soborno no pensé en nada sin embargo mi mente que siempre ha sido muy creativa empezó a imaginar que pasaría si la linda profesora me follara si esas lindas y pequeñas tetas las metiera en mi boca y su rico trasero que siempre miraba en las clases lo frotara sobre mi, si ella decidiera bajar y probar mi coñito me dijera lo mucho que la calentó verme ahí tan zorra que quería hacerme de todo.

    Al final solo me llamo la atención dijo que por ser el último día y estar fuera del horario escolar lo dejaría pasar si le hacía un pequeño favor darle las bragas que tenía puestas y no mencionarle a nadie lo sucedido

    Accedí y cuando llegue a mi auto termine con lo que había empezado en el jardín y fue mejor aún ya que lo hice pensando en la profesora e imaginando para que quería mis bragas.

    Unos días después folle con ella, pero eso será para otro relato.

  • Cecilia (parte 2)

    Cecilia (parte 2)

    Cecilia empezó a vibrar y gemir con las mamadas que le estaba dando en su raja velluda mientras ella se daba perfecta cuenta que nos estaban viendo coger otros huéspedes del hotel.

    Sentí su orgasmo aproximarse y aumenté las mamadas en su vagina logrando arrancarle el primer orgasmo que la hizo gritar de placer derramando sus líquidos de amor en mi boca.

    Lentamente recobramos la respiración y ella rápidamente se acomodó para mamarme la verga empinándose hacia mi dejando sus nalgas apuntando hacia la ventana para que pudieran verla.

    Estaba empezando a sentir como mi pene se endurecía próximo al orgasmo cuando tocaron a la puerta…

    Cecilia se enderezó rápidamente dibujando una sonrisa cachonda y se paró dirigiéndose hacia la puerta antes de que pudiera reaccionar yo…

    Alcancé a oír risas femeninas y regreso de la mano de otra mujer:

    Eres una morena chaparrita que prácticamente estaba desnuda con el micro bikini que traía.

    Era bajita pero tenía una sonrisa muy agradable y unas piernotas, sus senos eran casi nulos pero lo compensaba muy bien con esas piernas perfectas moldeadas a la perfección con esas zapatillas altas que traía además de su bikini amarillo que era literalmente trasparente.

    Estaba muy velluda de la vagina… se podía ver todo a través de la delgada tela, sonriendo ambas, se acercaron a mi que con la sorpresa no había atinado a cubrirme la erección que tenía provocada por Cecilia.

    Mira, dijo Cecilia presentándome a la morena sensual, ella es Mariela, es de la capital también, es una amiga de años y cuando le platiqué de nosotros quiso conocerte, le excita mucho la idea de poner fotos como las mías en la página donde nos conocimos y creo que tú podrías tomarle fotos aquí y si lo desean ambos cuando regresen a la ciudad le siguen…

    -Hola -dijo ella acercándose a mi a saludarme de beso… en la boca.

    -Hola -alcance a responder sintiendo mi pene endurecerse de nuevo al contacto con su beso de saludo.

    -Y qué opinas?

    ¿Crees que sería una modelo digna? Dijo girando dejándome ver si cuerpo, las nalgas estaban prácticamente descubiertas enmarcadas solo por una tira amarilla del bikini que se perdía entre ellas.

    Mis ojos recorrieron con lujuria su cuerpo y regresando a ver a Cecilia le dije:

    -Seguro que será una excelente modelo pero, está consciente de que una vez que suba las fotos en la página, la van a ver en todo el mundo?

    -Sí -dijo Ceci, ya está familiarizada con la mecánica de la página y piensa poner algunas en los grupos que hay también para mayor exposición, ¿verdad Marie?

    -Sí, contestó ella mientras Ceci se sentaba junto de mi y descubría mi erección para acariciarme el pene mientras continuaba diciendo:

    -Dile que tienes en mente Marie:

    -Pues ya que me he decidido, pondré varios sets que quiero que seas tú el que los tome:

    Iniciaré con algunos en mi oficina, si aceptas podrás ir conmigo alguna vez y retratarme ahí, mi nombre en la página será el mismo por el que me conocen ya: ejecutiva mx,

    En mi vida personal soy muy abierta y creo que ya es hora de que mis aventuras tengan imágenes que mis seguidores puedan ver para su placer.

    Al ver mi cara de interrogación, Ceci me dijo: tiene varios relatos publicados de su vida sexual, que según me plática, es muy intensa.

    -Ahhh ok dije admirando a Mariela que ya se había sentado frente a nosotros.

    -Pero continúen con lo que estaban haciendo dijo ella, por mi no se preocupen.

    Ceci regresó inmediatamente a besarme y continuó masturbándome mientras la mirada de Mariela iba de mi verga hacia mis ojos y relamiéndose los labios dijo:

    -Me voy a poner cómoda, sigan por favor.

    Ceci empezó a mamarme la verga de nuevo ávidamente mientras las miradas de ellas se encontraban y Mariela empezó a quitarse el bikini.

    El ver su cuerpo desnudo mientras Cecilia me mamaba provocó que mi orgasmo llegará intensamente mientras la mano de Mariela abría sus labios vaginales ofreciéndose a mi vista y la de Cecilia y con los otra apretaba uno de sus pezones…

    Derramando mi caliente semen en la boca de mi Cecilia, logré sentir ese placer por tanto tiempo acumulado por ella.

    Ella era mi mujer ideal y ahora con este encargo de ella de tomarle fotos su amiga todo de ponía más interesante aún.

    Cecilia se paró rápidamente y se acercó a Mariela dándole un beso caliente y me di cuenta que compartía parte de mi semen con ella.

    Mariela lo recibió gustosa y su mirada se fijó en mí con un acento caliente mientras saboreaba mi semen.

    Cecilia regresó rápidamente conmigo y abrazándome le dijo a su amiga:

    -Cuéntale algo de ti a mi macho.

    Mariela me miró llena de lujuria y se acercó a ambos, Cecilia se acomodo para dejarle acostarse entre nosotros y acomodándose Mariela empezó a decirme:

    -Pues soy una señora casada, madre ya de un hijo y muy caliente, mi esposo me acepta así, tengo dos amantes fijos y un hombre de color que es mi adoración.

    Mojándose los labios continúo: el semen es mi pasión, me calienta como no tienes idea saborearlo y solo el poder olerlo me hace la más puta de todas, en mi oficina le he dado igual a muchos compañeros a condición de que terminen en mi boca…

    Acariciándome el pene mientras Cecilia acariciaba sus diminutos senos.

    El contraste de ambas era excitante: los senos grandes de areolas enormes de mi Cecy y los senos de Mariela que debían ser los más pequeños que había visto en mi vida.

    Mariela volteó hacia Cecilia y la beso cachondamente mientras se acariciaban ambas sus cuerpos.

    Cecilia llevo la cara de Mariela hacia uno de sus senos y se lo dio a mamar mientras me decía:

    -¿Quieres empezar a tomarnos fotos juntas amor?

    Salte de la cama para tomar mi cámara y empezar a retratarlas en esa escena lésbica que definitivamente nunca me imaginé vería en el viaje.

    Sabía que Cecy era abierta a hombres y mujeres porque varias mujeres le dejaban comentarios en sus fotos y me había dicho que no le molestaba, al contrario, le excitaba saber que era deseada por otras mujeres.

    No imaginé que ellas sintieran atracción mutua pero ya me enteraría después por boca de Cecy que siempre se sintieron atraídas pero no habían tenido oportunidad hasta que surgió lo del viaje y Cecilia la invitó también para conocernos.

    Empecé a tomarles fotos en todos los ángulos, ellas estaban en lo suyo, dándose placer acumulado por mucho tiempo y cuando se invirtieron para hacer un 69 no aguante y me deje ir entre las nalgas de Cecilia.

    La penetre con lujuria tomándola fuertemente de la cintura embistiendo su deliciosa vagina mientras Mariela besaba y mamaba mi verga y la raja de Cecy como podía…

    Me di cuenta en ese momento que quería a Cecilia no nada más para ser mi hembra, la necesitaba conmigo siempre, la quería para hacerla mi mujer formalmente.

    Los gemidos y movimientos de Cecilia confirmaban su placer y al voltear a verme me di cuenta que su mirada estaba llena de placer, no supe qué decirle, pero sintiendo como me apretaba la verga con su caliente vagina me dijo:

    -¡dámela! ¡Hazme tu mujer! ¡Quiero ser tu mujer!

    Me vine como nunca dentro de su raja, le di todo mi semen bien adentro y acercándome a ella, poniendo mi rostro junto al de ella mientras la vagina velluda de Mariela estaba a CMS de nuestras bocas le dije:

    -¿De verdad quieres ser mi mujer?

    -Sí quiero ser tu mujer y vivir esto y más cosas juntos!, dijo llevándome la cara hacia la vagina de su amiga para que la mamara alternativamente entre los dos.

    Mariela se vino tremendo y poco después, sentándose frente a nosotros nos dijo:

    -Que caliente pareja serán, gracias por invitarme le dijo a Cecilia y si me permiten quiero ser su madrina.

    -Pero claro -dijimos ambos felices de tenerla con nosotros como amiga y amante.

    Mariela se puso de pie de nuevo y Cecilia la siguió, ambas se pusieron sus bikinis y me dijeron:

    -Ahora vamos a salir a la playa a exhibirnos un rato, tomamos fotos ahí…

  • Mi esposa en la alberca y yo trabajando (2)

    Mi esposa en la alberca y yo trabajando (2)

    Entonces, el segundo staff le quitó la parte baja de su traje de baño algo violento y le abrió las piernas, se acomodó en un par de segundos para penetrarla, mientras el primer staff se sacudía lo último en la cara hermosa de mi esposa.

    El segundo la bombeaba con muchas ganas y le dijo que se comiera bien ese semen que le escurría por las mejillas, ella lo hizo, por lo que el staff comenzó a hacer los gemidos previos a, así que ella toda mojada y con voz entrecortada le pidió que no terminará dentro de ella, el le dijo que ya no podía quitarse y ella le pidió que si quería también podía terminar en su cara así que no lo pensó dos veces y saco su pene para dispararle un segundo facial. Está vez le cerró ambos ojos. El staff estaba temblando y ella también.

    Entonces uno llegó con una toalla para que se limpiará la cara. Ella lo hizo y cuando terminó se dio cuenta de que eran tres más, incluyendo al recepcionista. Cuando terminó de limpiarse el cuerpo, ella se levantó y uno de ellos le dijo:

    «Me da permiso de metérsela, es que está usted muy bonita» «Si, por favor» se unió otro mientras la rodeaba de la cintura. Y ella sin decir nada se volvió a acostar y está vez fue ella quien abrió las piernas.

    Rápido se bajó el pantalón el tercer staff y sin trabajo alguno penetró su vagina ultra mojada, el cuarto staff le tomó una pierna mientras le llevaba el pene a su boca y el recepcionista lo restregaba con sus pechos desnudos.

    Entonces comenzaron a pelearse por el lugar entre sus piernas… Ella no dejaba de apretar el cuerpo, se estaba volviendo loca de tanta sensación en su cuerpo.

    Después de unos minutos intercambiando lugares la pararon y la acomodaron de rodillas… Y uno de ellos aprovechó para entrar en su ano, que ya se había mojado por toda la lubricación vaginal que escurría y sin embargo ella gritó muy fuerte al sentirlo, tanto que duda que alguien en el hotel no la haya escuchado.

    Tal fue el grito que el staff dentro de ella se vino en su ano. Simultáneamente otro termino en su boca y el último se la metió en la vagina hasta que se vino dentro y ahí se quedó. La tomó del cabello y la hizo voltear hacia arriba donde los staff 1 y 2 ya le apuntaban de nuevo en la cara hasta que eyacularon por segunda vez.

    Entonces el recepcionista salió de su vagina y le metió la tanga del traje de baño a la concha y solo sobresalían los cordones.

    Se subieron los pantalones y le dieron otra toalla y ella se puso de pie y se fue al cuarto a asearse.

    Cuando llegó se acostó en la cama con semen aún en su cara y en su cuerpo y comenzó a masturbarse pensando en mí, en que ya quería contarme lo sucedido.

    Mientras me contaba eso yo estaba cogiéndola de lo más rico… Y ambos terminamos juntos en un orgasmo increíble.

    Al día siguiente pasamos al restaurant del hotel y pude ver cómo la observaban los trabajadores.

    Entonces comencé a dudar… Sigue en parte 3