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  • 100 pesos bien invertidos

    100 pesos bien invertidos

    Este es mi primer relato. He pensado en la idea de compartir mis experiencias, que no son tantas, pero tienen su interés, creo. Espero disfruten una de mis primeras experiencias.

    Tenía 27 años. Por aquel entonces trabajaba en un supermercado. Cuando salía por las noches, prefería caminar a esperar el transporte de la empresa. Pasaba por la zona de tolerancia de la ciudad. Dos calles donde encontrabas a prostitutas y podías rentar un cuarto ahí mismo. En ese entonces me negaba en redondo en pagar por sexo, aunque disfrutaba mucho de verlas e incluso simular que aceptaría. Pero tenía la precaución, por la hora y la situación de inseguridad, de no traer más que un billete de 100 pesos para alguna emergencia. Así que no podía caer en la tentación aunque quisiera.

    Una noche de tantas pasé junto a algunas chicas y, entre ellas, una fue particularmente insistente en que me acercara. Aunque halagado, fui directo en aclararle que no traía dinero para sus servicios. Era una morena guapísima, de baja estatura, quizás rondaba los 30 años. Tenía poco maquillaje y caí en cuenta de que no estaba «trabajando». Es decir, vestía muy normal, unos jeans y una camiseta ajustada. Se veían unas caderas generosas y un pecho firme aunque pequeño. Me insistía que ya me había visto y que «fuéramos al cuarto». Le insistí que no tenía dinero y me dijo «no te voy a cobrar, paga el cuarto solamente. ¿O no te gusto?». Acto seguido, se subió la blusa y me mostró, sin brasiere, unos senos duros y bien formados.

    Lamenté mi precaución de no traer dinero ni siquiera para el cuarto. Se lo expliqué y le dije que mañana pasaría por ahí. Se me acercó y puso la mano en mi paquete. «Esto no va a esperar hasta mañana, yo lo quiero ya». Me encogí de hombros, sabiendo que no había nada que hacer. Entonces pareció tener una idea y me dijo que la siguiera, pero a unos metros.

    Me dio la espalda y entonces le vi sus nalgas. Y después de la sobada a mi miembro y ese espectáculo, ya tenía una erección considerable. Ella se alejó una cuadra y dio vuelta en un muro. Alcancé a ver cómo se metía por un agujero.

    Entramos a un terreno en obra negra y, en vista de la maleza y la basura, abandonado hacía tiempo. Mi vista tardó en acostumbrarse. Había un rincón un tanto limpio y hacia ahí me llamó. Me besó de lengua mientras se subía la blusa. Comencé a acariciar sus senos y pellizcar sus pezones. Entre lengüetazos húmedos y gemidos repetía te gustan, ¿verdad que te gustan? Y yo repetía que sí, ansioso de tocar más.

    Ella se inclinó de espaldas, dándome la espalda y yo seguía besándola y tocando sus cuellos. Le restregaba mi miembro erecto contra sus nalgas. Tengo que confesar que de seguir así me habría venido.

    No es que sea precoz. Era por todo la situación tan excitante: La oscuridad, el que pudieran descubrirnos, la espontaneidad, lo sensual que era mi morena.

    Ella se giró de golpe y, experta, soltó mi cinturón, abrío mi pantalón y lo bajó a mis tobillos. En la semipenumbra veía solo sus dientes y sus ojos. Murmuró «¿Yo te tengo así?» Y comenzó a lamer con la misma habilidad con la que me quitó la ropa.

    Sentía su saliva tibia escurriendo por mis testículos. Su lengua se movía dentro de su boca. Sus uñas postizas se me clavaban ligeramente en las nalgas. De nuevo estuve a punto de venirme y ella lo notó en mis gemidos. Se paró en seco y apretó mi pene.

    «Ahora lo quiero en mi culo», dijo. Sacó de su bolso un condón y lo puso rápidamente. Luego sacó un lubricante y me lo aplicó. Se bajó apenas un poco su pantalón, dejando al descubierto sus nalgas y su culo. Apartó el obstáculo de una tanga color neón (juraría que brillaba en la oscuridad…). Con una sensualidad salvaje se llevó los dedos primero a la boca y luego a su ano, humedeciéndolo. Con un movimiento de caderas se fue ensartando mi miembro. La sentía apretada y sus gemidos eran muy escandalosos. La apreté contra el muro, para hundirlo hasta los testículos… La pared no me permitía tocarla más. Y así estuvimos un par de minutos.

    Vente adentro, me dijo, y se inclinó un poco más. Eso me permitió bajar su pantalón por enfrente. Dejé de moverme con el descubrimiento.

    Tengo mala vista, ¿sabes? También me cuesta un poco de trabajo reconocer a las personas cuando las veo en la calle, incluso a la luz del día. Pero el elemento que se materializó en mi mano, explicó todo, por ejemplo la gravedad de su voz, sus senos más bien pequeños y duros. Especialmente que prefiriera el sexo anal.

    En mis manos tenía un pene de tamaño mediano, su carne dura como piedra pero forrado suavemente de piel. Y una punta bañada en líquido preseminal.

    «No pares ahora», me dijo. Pero yo aún estaba un poco desconcertado. Entonces ella tomó la iniciativa del ritmo: al mismo tiempo que empujaba sus caderas, ensartándose sola, usaba mi mano para masturbarse. Me vine ruidosamente dentro de ella, aunque con el condón. Y sentí como ella me llenaba la mano de su semen caliente.

    Con delicadeza sacó un pañuelo desechable y me limpió la mano. Y comenzó a besarme de nuevo, con ternura. Me mordió la oreja y me dijo «Voy a salir yo primero y tú sal en un ratito».

    La vi marcharse, moviendo las caderas, satisfecha.

    Solo fue hasta una media hora después, cuando llegué a casa, que me di cuenta que se había llevado mi billetera y los cien pesos que solía llevar.

    Fueron los 100 pesos mejores invertidos de mi vida. Y no sería la última vez que nos veríamos.

  • Sexo anal en el camión

    Sexo anal en el camión

    Cuando compras autos usados las cosas no siempre salen bien. A veces el vehículo que compras no está en las condiciones que el vendedor te dijo que estaba. Y eso me ocurrió. Compré un auto usado y me quedé varada en la ruta.

    Con la excusa de probar mi automóvil, emprendí un viaje hacia la costa, a la casa de finde semana que posee una amiga, donde nos encontraríamos con tres amigas más.

    El itinerario comenzaba el viernes con la partida desde la ciudad de origen de cada una, llegando a destino a la tarde de ese mismo día.

    Allí nos hospedariamos todas, hasta el domingo, que emprenderiamos la vuelta a casa.

    Y nos reencontramos las cuatro amigas, en esa cabaña, junto al mar.

    Ese viernes, por la noche, luego de un poco de organización, muchas risas y secretos compartidos, salimos en busca de un lugar donde cenar y pasar un buen momento.

    Cenamos en un restaurante conocido de la ciudad y terminamos la noche bailando en un bar cercano, aunque estábamos muy cansadas del viaje y la adrenalina que un finde con amigas provoca.

    El día siguiente fue mágico, un sábado soleado. Por la mañana desayunamos en el deck, rodeadas de pinos y envueltas en el cantar de los pájaros, una mañana maravillosa.

    Por la tarde caminamos por la playa, mientras contábamos aventuras sexuales, o travesuras cometidas en la cama.

    Al bajar el Sol, regresamos a la casa, para darnos una ducha y volver a la noche costera y sus propuestas turisticas, pero habiamos estado hablando se sexo y la energia entre nosotras habia cambiado.

    En el momento de la ducha y la preparacion de la ropa que usariamos para la ocacion, una de mis amigas confiesa que tenia un problema con su actual pareja para practicar sexo anal. Nos contó que nunca había gozado mucho cuando era penetrada.

    Como era de esperar, todas giraron su mirada hacia mí, como buscando una respuesta, creyendo que era yo quien debía ayudarla.

    A mi el sexo anal me encanta, lo disfruto muchisimo, y no podia permitir que una amiga no lo hiciera, si podia, debia aconsejarla.

    Me hice una cola en el pelo, tome a mi amiga de la mano y la senté a mi lado en la cama, apoyé mi mano sobre su rodilla y comencé, impostando la voz y carraspeando, cual oradora profesional y le dije: -” Mira amiga, el culo es tuyo, el dominio es tuyo, vos te lo tenes que coger a él”. mientras gesticulaba y reíamos.

    Para que la explicación fuera más clara la tome nuevamente de la mano pero esta vez para que se ponga de pie.

    -”Imaginate que sos tu chico y movete como el, asi yo te enseño cómo moverte” continue y me incline sobre la mesa, apoyando mis manos.

    -”Tomame de la cintura y apoya tu pelvis en mi culo”. indique.

    Estabamos todas muy divertidas, actuando, simulando sexo anal sobre la mesa, mientras nos reiamos, aprendiamos y enseñabamos.

    -”ahora quedate quieta que te voy a enseñar como me hago el culo yo- le dije.

    -”Primero hay que lubricarlo- continúe- mientras mojaba mi dedo índice con mi boca. Y recordé que en mi valija viajaba conmigo siempre mi vibrador.

    Salí rápidamente del personaje, y corrí a buscar mi juguete intimo.

    -ves? así… -le dije y pase mi lengua por mi vibrador.

    -Y luego, despacio, te moves, muy despacio- continuaba con mi clase sexual mientras actuaba la posición erótica con mi juguete

    – vos lo vas a sentir. Te vas a dar cuenta cuando estas lista.- continúe.

    – es ahí cuando tienes que relajarte y dejarlo entrar- le dije entre risas.

    – y si te gusta amiga… no hay vuelta atrás! El orgasmo anal es la sensación mas intensa que he sentido.- les dije casi a modo de confesión.

    La charla de intercambio de experiencias, anécdotas y muchas aventuras continuó por casi toda la noche. Mientras nos maquillabamos, mientras paseabamos con el auto buscando bares por el centro de la ciudad, y hasta en el restoran, cada una relataba y contaba experiencias sexuales propias y ajenas.

    Llegamos al bar por unos tragos, estábamos todas calientes y el bar estaba lleno de chicos guapos.

    Bailamos, seducimos a los muchachos solo por diversión y nos retiramos del bar sin más nada por vivir esa noche.

    Estábamos exhaustas. El día había comenzado muy temprano y finalizaba casi al amanecer del domingo.

    Durante el transcurso de la mañana, fuimos despertando, de a una, y sumándonos a los mates en el deck, bajo los pinos.

    Y luego de la ducha, nos despedimos y emprendimos el viaje de regreso, cada una a su ciudad de destino.

    Manejaba mi auto nuevo, escuchando la radio, recordando y reviviendo momentos intensos vividos los últimos dos días… y escuche un ruido sordo y luego el sonido de una pieza pequeña rebotando en un tambor.

    Con mucha precaución, me estacione en la banquina, usando las luces correspondientes, apago el motor y me bajo del auto.

    Estaba tan solo a treinta minutos de llegar a casa, decidí llamar a mi mecánico conocido para pedir una grúa.

    En ese momento veo un camión blanco estacionar unos metros delante.

    De él baja un morocho, muy lindo, que se presentó como Dario y se ofreció a ayudarme.

    Muy agradecida acepté su ayuda, mientras esperaba al remolque.

    De su enorme camión trajo una caja de herramientas que llevaba guardada, y revisó el motor de mi auto.

    Mientras él revisaba las mangueras y cables yo admiraba su cuerpo, sus músculos al usar las herramientas. y ajustar tuercas, sus dientes mordiendo sus labios mientras miraba con atención un cable.

    -” Tengo malas noticias, señorita. -me dijo

    Yo estaba caliente desde la noche anterior, ese morocho era muy sexi y su voz provocó que mi vagina se lubricara.

    De verdad? – le dije tratando de disimular mi cara de hambrienta sexual.

    -si, va a tener que llamar a un remolque. Si quiere la acerco hasta ahí. – continuó respetuosamente.

    Eso me calentó más.

    Después de varios minutos de espera, llegó el camión grúa y se llevó mi auto.

    Dario abrió la puerta de su camión y me dio la mano para ayudarme a subir.

    -”hasta donde puedo llevarla?” me dijo

    Pero no conteste.

    Y el camión se puso a rodar.

    Al subir, mire hacia la parte trasera de la cabina y observe la cama, parecía espaciosa.

    Mientras conversábamos de cosas triviales, noté que su entrepierna era igual de enorme que su vehículo.

    -¿Cómo puedo pagarte el favor?-le dije.

    No, no tiene que pagarme nada- me contestó muy respetuoso.

    -Puedo probar la cama? -le pregunte.- siempre quise probar una cama de camión. Justifique mi pregunta.

    -Si, claro – contestó sorprendido.

    Me quité el calzado y me metí en su cama.

    Dario seguia manejando su enorme camion, muy atento al camino, pero nervioso por mi presencia y mi actitud, quise cumplir mi fantasia de tener sexo en la cama de un camion, y le susurre: – cuando puedas estaciona, necesito hacer algo.

    Más nervioso aún, busco un lugar seguro para estacionar y detuvo la marcha.

    Comencé acariciando su cuello, su espalda y susurre nuevamente: -ya se como pagarte el favor; mientras observaba cómo el bulto entre sus piernas crecía en respuesta a mis estímulos.

    -Puedo? -le pregunté

    -Hace conmigo lo que quieras- fue su respuesta.

    Quite su remera mientras lo invitaba a acompañarme a su cama. quite de prisa su pantalón y quito el mio mas rapido aun.

    Al sentir su gran pene duro rozando mi vagina la humedad se hizo presente y mis ganas de sexo anal reaparecieron.

    Me coloque boca abajo y eleve mi cadera, mi culo lubricado busco su gran pene y tal cual se la había enseñado a mis amigas lo introduje muy despacio, moviendome suavemente, hasta sentirlo por completo dentro mio.

    Sus movimientos eran fuertes, firmes. Su respiración en mi nuca decía que su excitación era total, y la humedad de mi vagina lo demostraba.

    Llevé su mano a mi entrepierna e hice que introdujera un dedo en mi.

    Estábamos solos, al costado de la ruta, los gemidos invadieron la cabina del camión, nuestros jadeos invadieron la atmósfera caliente de ese vehículo, y por un momento nos olvidamos de todo y de todos.

    Fue increíble, muy muy caliente.

    Al terminar, nos acomodamos en los asientos, con una sonrisa dibujada en la cara.

    Diez minutos después llegamos hasta el taller mecánico, que nos esperaba de mala cara por la demora en llegar.

    Le di las gracias a Dario, y le pedí su número de teléfono, quizá lo necesite nuevamente en caso de encontrarme en la ruta.

  • Fuerte deseo

    Fuerte deseo

    Polo Norte. Frío. Tengo mucho Frío. Copos de nieves.

    Estos cristales se crean en la atmósfera mediante la absorción de gotitas de agua y, cuando colisionan, se unen entre sí y forman los copos de nieves.

    Era solitario, sin esposa o hijos. Vivía alejado del pueblo, habitando en una cabaña en el bosque. Lo único que me mantenía caliente era las tazas de chocolate y una vieja frazada.

    Las botas se hunden contra la tierra congelada. Estaba cerca de una valla de madera, desde lejos, observo a una joven mulata de tez oscura. Llevaba abrigo impidiéndome suspirar de ver su hermoso cuerpo.

    Parecía asustada. Su mirada se perdía contra los pequeños copos que caía a su alrededor. Dios, que inocente se ve. Una pequeña corriente se acumula en mi pene. A pasos rápido me acerco a la joven.

    —¿Estás perdida?

    Su respuesta fue cortante. —No, idiota.

    —La nieve ha cubierto todos los caminos si vas por esa calle… —Me interrumpe —¡Vete enfermo, no necesito tu puta ayuda!

    Su voz aterciopelada resuena en mi mente. Un eco se repetía en mi cabeza. ¿Esto es el paraíso? La miro como si ella fuera una especie de respuesta. Pero, sin embargo me llevo una sorpresa cuando su cuerpo cae inconsciente al suelo. Rápido, me acerco y la cargo subiéndola a mi hombro.

    Pateo la puerta y la dejo sobre mi cama. Cierro las ventanas, el ático, el sótano y la puerta principal. La llave la pongo en un lugar alto y para nada llamativo.

    Preparo un poco de café y galletas. Necesitaba todo listo para cuando ella despierte. No negaré que me tropiezo pal de veces al moverme rápido en la pequeña cocina. Termino todo, subo las escaleras hasta llegar a mi habitación donde la joven se encuentra plácidamente durmiendo en mi cama.

    Le moví el hombro un par de veces, me acerco para comprobar que respira y por ahora todo bien. De cerca es más jodida hermosa, pequeñas pecas sobresalen sobre su color hermoso. Tiene unas pestañas largas y unos labios sexy y húmedo.

    Me relamo el labio inconscientemente. ¡Basta! Me reclamo, esa joven debe de tener unos 18 años. ¿Qué diablo me pasa? ¡Tengo casi cuarenta años! ¡Puede ser mi sobrina, o peor aún, mi hi-ja! Me estoy volviendo loco, estar encerrado en una diminuta habitación con una joven está explotando mi cabeza.

    Me permito observarla mas de la cuenta. Sus piernas están extendidas, es larga pero soy más grande, más alto y parece del tamaño bajo que tiene las mujeres en mi pueblo. Su abrigo negro hace juego con sus botas. Huh, le quito las botas. No quería que me ensuciara la cama, me rio por sus calcetines de color rosa. Sus pies son pequeños y finos.

    Los acaricio tocando su pie. Joder, esto se siente bien. Desciendo mi mano hasta arriba solo tocando su abrigo, justo donde está su pezón izquierdo. Cierro los ojos antes de presionar. ¡Oh, por todos los cielos! Tiene unas tetas grandes y suaves. Su blusa fina tiene un ziper pero aún así sus aureolas grandes y de un color más claro que su piel, puso mi polla al mil. Bajo el ziper liberando sus pezones, toco ambos sintiendo como mi polla comenzaba a picar. Me llevo unos de sus deliciosas tetas a la boca y fue la cosa más exquisita que probe.

    Me emocioné y le hice un pequeño chupón. Joder, maldigo. Me va a matar, digo. ¿Esto es una violación? Yo disfruto mientras ella está durmiendo. Pero su cuerpo glorioso me desespera. Sigo con mis caricias, chupando y mordisqueando.

    Bajo en una fina línea de besos hasta sus pantalones y lo rompo como una bestia con hambre. Su ropa interior era de un color rosa, haciendo juego con sus calcetines. Por arriba se ve la raja de su vagina toda jugoso y húmeda. Toco por encima del panti, tocando su clítoris en forma circular. La acomodo estableciéndome entre su vagina sexy. Mi lengua juega con su entrada sobre encima de panti. ¡Arte puro! Jugosa, rica, hermosa, un ángel caído. Me gusta. Su coño sabía de un sabor rico, a sudor limpio. Esta joven se ha estado cuidando mucho.

    Ya no aguanto más. Necesito sentirla, quiero saber que tan apretadita está. Le quito los pantis mostrándome su hermosa vagina. De su color, labios rosaditos haciendo juego con su piel y un clítoris pequeño pero glorioso. Le meto un dedo, placer. Le meto el segundo dedo, delicia. Ahora el tercero, quiere matarme. Mis dedos se mojan contra mis dedos, la embisto para cuando esté satisfecho me lo llevo a la boca y probar de sus fluidos. ¡Que delicia de hembra!

    Busco los pantis de la joven y me comienzo a masturbar con ellos. Cierro los ojos imaginándomela, gimiendo abajo de mi, su sudor del esfuerzo que pone y como grita como gata en celo.

    Me quito los bóxer liberando mi miembro al aire. Me toco un poco masturbándome de adelante hacia atrás junto a su vaginita. Me posiciono y me empiezo a frotar recibiendo descargas en todo mi cuerpo.

    Posiciono la cabeza de mi polla en su entrada profunda. Presiono y penetro lentamente. ¡Mmmm! Suelto un suspiro fordazo. Su entrada es estrecha y pequeña. Se adapta a mi polla en cuestión de segundos. Agarro sus muslos y lo levanto un poco para tener un agarre firme. Me encuentro disfrutando de un coño apretado cuando me topo con unos gemidos femeninos. Abro los ojos deprisa y veo a la joven gimiendo. ¡La que antes me dijo que me fuera y me gritó enfermo, ahora goza de mi! Sus gemidos se mezclan con los míos. Embisto con fuerza mientras ella agarra mi espalda con sus largas uñas. ¡Diosa del mal! Me araña con fuerza liberándose. Grita haciendo que mi polla salpique semen en su interior, la estoy llenando y siento como me libero. ¡Que rico se siente venirse dentro de ella!

    Me dispongo a salir, pero ella me agarra de los hombros. Analizo su mirada y mi cabeza se gira. Me volteo y toco mi zona con fuerza. ¡Me dio una cachetada! Joder, pega fuerte.

    —¿Qué me hiciste, enfermo? ¿Estás loco? ¿Quién sabe que clases de infecciones debes de tener? ¡Asqueroso, no eres un humano!

    ¿Por qué me siento tan feliz? Me acaban de insultar y lo único que hago es sonreír. Miro a la joven debajo de mí y me muevo un poco, su reacción fue suspirar y se movió otra vez buscando esa misma sensación.

    —¿Quieres saber lo que te hice? —Enojada, me dice que si.

    —Te toqué las tetas, las mordí y tuve pensamientos eróticos al verlas.

    —¡¿Qué diablos?! —Se mueve otra vez, pero cierra los ojos, un pequeño gemido sale de sus labios.

    Esa parte me puso cachondo, pero voy a tratar de calmarme y explicarle —: Como dije, también me masturbé con tus pantis y te metí 3 dedos. Estabas durmiendo o bueno, inconsciente. Y me antojé cuando no vi reacción tuya.

    —¡Eres un enfermo, hombre! Además, tienes la edad de mi papá.

    — Lo sé… pero tienes una vagina estrecha, y tu belleza me cautivo, tu color de piel, labios, tetas, todo.

    Me muevo, pero su voz aterciopelada grita provocando otra reacción en mi.

    —¿Me follaste estando yo dormida?

    Le contesto simple. —Sí.

    —¿Quieres saber como yo me sentí? —Quiero escucharla, asiento—. Cuando sentí como me metían algo gordo y largo me asusté pero abrí los ojos y eras tú, tu sucia polla me estaba follando. Sentí las marcas de mis tetas y no negaré que me gustó.

    —Ujum, ¿en serio?

    Su respuesta me gustó.

    —Sí.

  • Amante se busca: Atrapados en las redes del placer

    Amante se busca: Atrapados en las redes del placer

    Definitivamente habíamos gozado de lo lindo las pasadas horas y ambos tácitamente ya éramos presa del perfume de la lujuria. Fragancia embriagadora y muy mala consejera, pues, como las drogas, cuando la pruebas, uno siempre quiere más.

    I

    El guasón y el tranca ya habían partido a sus casas con una copia que se llevarían a la tumba del video porno que mi hermosa pelirroja, hace solo unas cuantas horas, protagonizara de forma brillantemente apabulladora… La mañana del domingo avanzaba perezosa cuando nos levantamos. Sentados a la mesa desnudos, cerca del mediodía, tomábamos desayuno.

    Magali: soy una puta, Dani?

    Pantera: mijita, pero se comporta cuando quiere y puede como una y no veo que eso tenga algo de malo… eres una diosa roja, roja como la lujuria… eres una hembra en el más amplio sentido de la palabra y que nadie te venga a decir lo contrario o se las verá conmigo… -dijo entrando y tras besarle la base de la cabeza y acariciarle una teta con su pezón ya erguido, tomó una silla para sentarse al lado de Magali-.

    Yo: comparto plenamente cada una de las palabras expresadas por este viejo verde… además Rojita… las putas viven del sexo, tú lo haces por deporte… eres caliente, pero puta, no… otra cosa es que te gusta comportarte como una, pero en rigor, si no cobras, no lo eres… aunque tampoco te criticaría por cobrar…

    Magali: en serio?

    Yo: claro… si lo hiciera sería por envidia… a quien no le gustaría trabajar haciendo lo que más le gusta hacer…

    Magali: insisto, Dani… eres encantador… Oye Pantera ya que soy la novia de este mijito rico, quieres ser tú mi amante oficial…

    Los tres: jajaja jajaja…

    Magali: -mirándome con ternura en los ojos.- te agradezco mucho el que me presentaras con tus amigos con ese título… me sentí segura. No tenías que hacerlo y por ello te lo agradezco aun más…

    Pantera: oye Rojita… cuando llamé a este bolsa de caca, le pregunté por la mujer con la que estaba y en clave me dijo que eras maravillosa…

    Yo: esteee… No me lo agradezcas, es como te siento en mi corazón…

    Magali: -sonriendo como una niña buena.- eres un amor… y ahora qué?

    Yo: a seguir gozando, pues… qué más.

    Camino a mi casa a buscar un traje de baño y después de pasar por el departamento de Magali un prolongando, pero cálido silencio fue roto repentinamente por la hermosa pelirroja sentada a mi lado.

    Magali: puedo proponer ideas sin que me…

    Yo: perdona que te interrumpa, pero mi detector de estupideces me advierte que aún piensas que osaría juzgarte… de verdad, Magali, me ofendes.

    Magali: ya oh… disculpa… vivo desde hace 16 años con un tipo que lo único que hace es juzgar a todo el mundo, incluyéndome… no me justifico, pero quiero que entiendas que me cuesta aún procesar lo diferente que eres… en todo.

    Yo: discúlpame tú por no pensar en ello… -le dije besándole la frente.- volviendo al tema… tienes algo en mente, Gali…

    Magali: tal vez…

    Yo: espérame dos minutos, voy por mi traje de baño.

    Noté al acercarme al carro que Magali no tenía ojos ni atención para nada más que no fuera su celular, al que miraba con un conocido brillo en los ojos.

    Yo: -en cuanto abrí la puerta del vehículo, le dije. -para continuar con la conversación… te propongo que lo pienses en el viaje a la playa solitaria de la que te hablé…como te dije, está cerca, pero como se encuentra detrás de unos peñascos gigantes, pocos la conocen dado que o llegas trepando esas tremendas rocas o nadando…

    Magali: me encanta la idea, pero yo no sé escalar…

    Yo: pero supongo que nadar sí… o no?

    Magali: nado como un pez…

    Yo: como sirena, diría yo…

    A poco de salir de la ciudad, Magali, sentada en el asiento del copiloto con las piernas cruzadas, su flamígero cabello tomado en una cola de caballo, lucía con un corto y vaporoso vestido de algodón playero debajo del cual portaba un seductor bikini blanco y chalas, seguía, con audífonos incluidos, con total concentración lo que la pantalla de su celular le mostraba. Sus mejillas de pronto comenzaron a sonrojarse. Descruzó sus piernas, separando ligeramente sus rodillas.

    Yo: -posé mi mano en su rodilla izquierda. Al notar que quería decirle algo, retiró el audífono del mismo lado.- llevas calladita más de lo usual en ti… te pasa algo?

    Magali: nada malo… deja ver esto y te cuento, ya…

    Yo: dale… voy a subir la música…

    En poco menos de 10 minutos arribamos a la playa. Bajamos del auto y caminamos por cerca de otros 8 minutos con el sol brillando y calentando nuestras espaldas, alegre de tener a alguien a quien iluminar y achicharrar al mismo tiempo. Nos tiramos al agua y nadamos unos 200 metros hasta llegar a nuestra playa privada.

    II

    Magali: Dani esta playa es hermosa… gracias por traerme…

    Yo: si, cariño… es una maravilla y lo mejor es que uno puede estar tranquilo acá.

    Magali: voy tomar sol desnuda… si no te molesta claro…

    Yo: por mí, no hay drama alguno… oye, Rojita… nunca me contaste lo que viste en el celular camino para acá…

    Magali: el video de anoche… Dani, gocé demasiado… con decirte que me acuerdo y me mojo…

    Yo: te ves hermosa en ese video. Rojita… hagamos el amor?

    Magali: ya…

    Largo rato estuvimos haciendo el amor tierna y consideradamente en todas las posiciones y por todos sus agujeros. Tras acabar juntos, nos besamos y acariciamos en la orilla por un par de minutos… -espera un poco, voy a ver si están las cosas que dejé la última vez que estuve aquí.- le dije tras levantarme.

    Caminé desnudo hacia donde creía recordar las había dejado y… ahí estaban el quitasol y la toalla de dos plazas tal y como los había dejado. Magali, aún desnuda me miraba de pie mientras volvía. Estiramos juntos la toalla y, luego de instalar la sombrilla me senté, piernas cruzadas a la sombra.

    Magali: viste el bote… me di cuenta de su presencia mientras ibas por las cosas y no se fue más. No sé desde cuando está ahí.

    Yo: si, lo vi… son mariscadores y pescadores artesanales… Es más, te vas a reír, pero conozco al dueño, pues con su hijo juego fútbol. No están tan lejos, pero si no tienen prismáticos, es imposible que hayan distinguido que estás desnuda, si eso es lo que te preocupa.

    Magali: y qué pescan?

    Yo: de estas aguas sacan piure, lapa, erizo, jaiba, almeja, lenguado, dorado y caballa…

    Magali: me encantan los erizos, Dani. En la ciudad pasemos a comprar, ya?

    Yo: y por qué esperar… además, no trajimos nada para almorzar…

    Me paré y al mismo tiempo que caminé hacia la orilla, iba moviendo los brazos y silbando lo más fuerte que me daban los pulmones. Debido a la ausencia de viento y la relativa cercanía en la que realizaban sus faenas, lograron escucharme. Apuntaron la proa hacia la orilla y comenzaron a remar.

    Estaban más lejos de lo que aparentaban. Luego de esperarlos por un par de minutos y notar que no se habían acercado, di media vuelta, dirigiendo mis pasos hacia mi fogosa colorina. Magali dormía profundamente sobre una esquina de la toalla. También en su durmiente desnudez, la señora de Jaime era hermosa, sexy, tierna y exótica.

    No recuerdo cuanto rato velé su sueño, pero al menos fueron 20 minutos, tiempo durante el cual cambié la sombrilla de lugar con el fin de no exponer en demasía la blanca piel de Magali. Un fuerte silbido me sacó de mis ensoñaciones.

    En la orilla, el bicolor bote encallaba su proa. Bajaron de él mi amigo y dos ayudantes, evidentemente más viejos que todos nosotros. Dejé a Magali durmiendo para reunirme en la orilla con Miguel y sus compañeros.

    Miguel: car’e cuico infeliz… eres un suertudo desgraciado… tremenda mujer tienes…

    Yo: no se te quita lo sapo, Micky… hola… soy Daniel.

    Miguel: el gordo se llama Antonio y al alto, le dicen coipo… y por favor, no me preguntes por qué, porque ni él se acuerda.

    Yo: jajaja…

    Miguel: para qué me llamaste?

    Yo: tienes erizos…

    Miguel: cuántos quieres?

    Yo: unos cuantos… te deposito desde la casa…

    Miguel: por favor, bro… te los regalo.

    III

    Resultó que Antonio era un hombre pelado, bajo, regordete de 45 años y con un agudo sentido del humor. En tanto, el coipo todo lo contrario: silencioso, alto, fornido y con 51 años en el cuerpo. Conversamos de lo usual entre hombres, es decir, deportes y mujeres.

    Antonio: por ejemplo, yo nunca he tenido una mujer como la tuya, Dani…

    Coipo: tendrías que pagar dinero para ello y en tu caso, con lo feo, sería el doble de la tarifa normal…

    Todos: jajajaja…

    Miguel: en mi caso por ella, pagaría lo que me pidiera…

    Yo: wena Rockefeller… esperen acá voy y vuelvo… voy a dejar los erizos y ver cómo está Magali.

    Desde donde nos encontrábamos del único modo que se veía la playa a unos 30 metros era parándose. Lo primero que divisé fue la sombrilla. Detuve mi marcha al ver a Magali, bajo la sombra, en cuatro patas, apoyando el peso en su hombro derecho, de espalda a mi ubicación, con su culo parado y dos dedos incrustados en el coño en un vertiginoso mete y saca.

    En el instante que vive un relámpago tomé la decisión. Miré la hora. Aún era temprano. Entonces, volví sobre mis huellas, relamiéndome mentalmente, por lo que estaba a punto de hacer.

    Mediante señas les indiqué se acercaran. Al llegar a mi lado les dije, -síganme calladitos…- Caminamos en fila conmigo dirigiendo la marcha. En cuanto divisé la sombrilla, les indiqué con el dedo índice cruzando mis labios, que fueran silenciosos y se agacharan. Parecía un déjà vu, pues estaba en la misma pose. A los pescadores casi se les salieron los ojos.

    Yo: -pasó casi un par de minutos- qué les parece lo que ven…

    Coipo: qué pedazo de mujer!!!

    Antonio: es un ángel!!! Un ángel que me encantaría follar…

    Miguel: que hermosa hembra!!!

    Yo: esperan acá…

    Levantándome dirigí mis pasos hacia mi maravillosamente ardiente pelirroja, caminando ruidosamente los últimos metros, de modo de no asustarla con mi repentina presencia. Al llegar a su lado, la rodeé hasta situarme delante de ella. Apoyé mi rodilla derecha en el suelo para mirar su rostro. Dios que bella mujer!

    Magali: -levantó la vista. Los ojos vidriosos, ronca la voz por el placer.- estoy caliente, Dani…

    Yo: me preguntaba si te gustaría ser una verdadera puta por un par de horas…

    Magali: pensé que ya era tu puta…

    Yo: lo eres… pero tengo a tres conocidos que podrían ser tus primeros clientes… Yo que tú les cobro no menos de 100 mil cada uno por estar no más de dos horas contigo… mira detrás de ti. -los tres pescadores mirando con lujuria, meneaban sus vergas sin pudor alguno.

    Magali: pero estarás tú, cierto?

    Yo: no la dejaría sola ni por todo el oro del mundo…

    Magali: entonces… diles que 100 por cada uno, pero solo por una hora… -remató la frase con un guiño de su ojo derecho y en un ágil ademán quedó sentada con las piernas cruzadas y su espalada erguida, la mirada alerta, sonriendo pícaramente.

    Yo: tienes idea de lo increíble que eres, Rojita bella…

    Magali: -lanzándome un beso- ya tráelos que no quiero que me dé más hambre del que ya tengo…

    Yo: jajaja… voy…

    Al dirigirme hacia los pescadores, noté de inmediato que los tres con sus vergas al aire se masturbaban con abandono. Ni se inmutaron con mi llegada, empero de todos modos, en cuanto estuve entre los pescadores me planté frente a ellos para llamar su atención y tras mirarlos a la cara uno a uno, señalé en tono casual,

    Yo: oye Micky, tal vez hoy sea su día de la suerte… Mi Rojita está dispuesta a dejarse follar por ustedes durante la siguiente hora, pero… por 100 mil cada.

    Coipo: chaaa… muy caro…

    Yo: lo toman o siguen pajeándose como adolescentes…

    Miguel: acepto y avalo a este par… -Mirando a sus compinches, agregó,- después arreglamos.

    Yo: perfecto… entonces les aclaro para que no haya malos entendidos posteriores… le hacen daño y…

    Coipo: Oye Daniel, aunque no nos conocíamos personalmente, he oído hablar de ti en la liga. Te doy mi palabra que no haremos nada que ella no quiera.

    Yo: ya que estamos todos de acuerdo… voy con ella… Esperen mi señal.

    IV

    En cuanto me di vuelta para ir al lado de mi pelirroja, pude ver que no se había movido. Mantenía su postura, apuntando con sus pezones erectos cuales cañones a barcos acercándose a la bahía. Al oído le susurré todos los detalles. Su respiración se agitó.

    Entonces, mientras los tres pescadores se acercaban ya desnudos y con sus vergas tiesas, le contaba a Magali que nos habían visto follar desde su bote y que encontraban que era la mujer más hermosa del planeta, con lo que evidentemente, estaba de acuerdo.

    Yo: Magali… te presento a Miguel, Antonio y coipo…

    Magali: hola señores… -poniéndose a lo perrito- Antonio, empieza tú y tú coipo al final…

    De inmediato se ubicó detrás de Rojita, clavándole la verga de una sola vez para luego, de inmediato follarle el coño a todo vapor. Menos de 3 minutos duró, acabando en uno de los glúteos de Magali.

    Miguel tomó su lugar en cuanto pudo e ipso facto inició una follada igual a la del guatón que se prolongó un par de minutos más que la anterior. Acabó en la entrada de su ano, lo que la excitó aún más, pero conocía a Magali y sabía que aún no llegaba al orgasmo.

    Ambas vergas fueron normales, pero la del coipo era descomunal. Más de 20 cm y gruesa comenzó de la misma manera que sus amigos, sin embargo, no acabó como las otros. Tras varios minutos follando, cambiaron de posición quedando cara a cara.

    El mete y saca continuó por largo rato hasta que de súbito, el coipo aumentó la velocidad. Justo antes de acabar, sacó la verga y bañó las tetas y abdomen de Magali. Al retirarse el coipo la Rojita aún no acababa y como ninguno de los clientes tomó su lugar, tomé su mano para ayudarla a darse vuelta, quedando a lo perrito.

    Apunté la punta de la polla directo al culo, comenzando a presionar suave e insistentemente. Al unísono, con su mano derecha frotaba con vigor su clítoris. Después de la tercera embestida, Magali repentinamente tuvo el culo lleno de verga y con ello conseguía, por fin, el esperado orgasmo después de tres intentos fallidos.

    V

    Largos y deliciosos minutos estuve mete y saca, taladrándole con tierna rudeza su hermoso culo. Los gemidos de placer que emitía Magali fueron como una invitación para los pescadores. Con sus vergas aún lacias, poco a poco fueron desplazándose hasta rodearnos. Ahí estaban, tres hombres de mar, jalándose las aún inertes pollas al tiempo que observaban con absoluta atención a la hermosa mujer que tenían a menos de dos metros de distancia.

    Sin poder aguantar más, creo yo, Antonio, armándose de valor, acercó su polla a la boca de Magali, la que como reacción, la recibió abarcándola con sus calientes y delineados labios, desapareciendo por completo en su húmeda cavidad.

    Mi pelirroja le mamó la verga hasta dejársela erecta. En ese momento, me retiré para que el viejo pescador ocupara mi lugar y Miguel el suyo. En cuestión de segundos Antonio por el culo y Miguel por la boca la follaban con fervor mientras el coipo jalaba su polla como poseso. Al notarlo, Magali estiró su mano y comenzó a hacerlo por él.

    En cuanto Miguel y el Coipo estuvieron listos, intempestivamente Magali paró de gozar y separándose de los tres, les señaló, en un tono de voz dulcemente autoritario que no le conocía, -tú (señalando al coipo) recuéstate mirando al cielo…

    Una vez acostado, Rojita premió su obediencia, clavándose toda su verga de una sola sentada. Miguel retomó su lugar y sin esperar nada inició una furibunda follada oral. Antonio, dirigió su mirar alternativamente hacia sus amigos y luego a mí, sonrió y un segundo después bombeaba en la entrada de su culo con dedicación, mas sin puntería.

    Se detuvieron en tiempo suficiente como para que la dura verga de Antonio llegara de una sola estocada hasta el fondo de su rosado culo. Segundos después ya coordinados, los cuatro follaban a todo vapor.

    En efecto, mi hermosa y caliente cabellos de bronce por primera vez mezclaba negocios y placer, pues a la vez era (de nuevo) vigorosamente follada en sus tres agujeros y por tres desconocidos (de nuevo, de nuevo), ganando no solo la satisfacción del orgasmo, sino que además dinero contante y sonante (plástico, más bien).

    Le miraba, estoy seguro, con cara de estúpido, justo en el instante en el que su cuerpo, por sí solo, comenzó a moverse en espasmos irregulares. Rojita era presa de una cadena de orgasmos los que, uno tras otro, fueron embriagando los demás sentidos de la mujer que normalmente gobernaba en ella, apoderándose de su voluntad la hembra en celo con la que cohabitaba en su interior.

    El sudor le abrigaba todo su exquisito cuerpo. Sus erectos y duros pezones daban cuenta que estaba en la gloria y no tenía la más mínima intención de abandonarla. Así, por casi tres minutos le duró el estado de éxtasis, pues llegado un momento, el ritmo con el que follaban poco a poco comenzó a aumentar.

    Fue entonces cuando primero Antonio, luego Miguel casi al unísono y una centena de segundos después el coipo, acabaron su interior llenándole de semen su boca, coño e intestinos entre jadeos, gruñidos y coprolalias de grueso calibre.

    Miré el reloj… La hora de rigor había muerto hacía un par de minutos. Magali, estirada bajo el quitasol sobre la arena de vientre, en un lento ademán, levantó la cabeza y torciéndola logré divisar una hermosa y satisfecha sonrisa. Estaba cansada, pero contenta.

    Una hora después, conversábamos de lo ocurrido en un restaurante, comiendo. Ella erizos y yo un ceviche.

    Magali: que tremendo fin de semana me hiciste vivir, Dani… Eso sí, no estoy segura si agradecértelo, porque si bien he gozado y aprendido a gozar como nunca antes, me duelen todos los músculos de mi cuerpecito… necesito dormir…

    Yo: definitivamente… vamos…

  • Su profesor particular (capítulo I): La proposición

    Su profesor particular (capítulo I): La proposición

    Elena era una joven atractiva. Estaba acostumbrada a sentir las miradas de los hombres sobre ella. Además de eso, era una estudiante brillante. Iba a empezar su último año de carrera en la universidad y esperaba poder seguir en la misma línea de excelentes calificaciones para poder optar a una beca de formación de post-grado fuera de España.

    Le preocupaba especialmente una asignatura. El profesor responsable, Tomás A., era un hombre de un gran prestigio académico e investigador. Autor de numerosas publicaciones, era un cotizado conferenciante. También era enormemente duro y exigente con sus alumnos. No era raro que alumnos que llevaban una trayectoria inmaculada durante la carrera, tropezaran en su asignatura y no pudiesen acabar la carrera en junio. Como a Tomás le gustaba decir en su presentación de principio de curso, “tened claro que para aprobar esta asignatura vais a tener que trabajar duro. No importa lo hecho hasta ahora, aquí empezáis todos de cero”. Eran muy pocos los estudiantes que obtenían matrícula de honor.

    El curso acababa de comenzar. Tomás había tenido que dejar el coche en el taller el día antes y aquella mañana usó el transporte público para ir al campus universitario. Subió y tomó asiento. Entonces se fijó en la preciosa chica que estaba sentada frente a él. Hacía calor y ella llevaba un vestido corto que dejaba ver unas piernas increíbles.

    Tomás no pudo evitar sentir cierto cosquilleo en el estómago cuando ella sacó uno de sus pies de las manoletinas rojas que llevaba. Efectivamente, Tomás sentía debilidad por los pies femeninos. Cuando veía una mujer atractiva con pies bonitos, no podía evitar mirarlos y excitarse. Desde muy niño, había sentido esa irresistible atracción por los pies femeninos y, desde muy niño también, había tenido fantasías en las que servía y adoraba a atractivas mujeres y, sobre todo, sus preciosos pies.

    Elena, que era la joven mujer que estaba sentada frente a él, le pareció tremendamente atractiva y, cuando empezó a meter y sacar sus pies de los zapatos y jugar con ellos, no pudo evitar mirarlos. A pesar de que llevaba un libro y fingía leer, no pudo pasar ni una sola página durante todo el trayecto, pues no podía apartar su mirada de Elena y de sus preciosos pies de deditos largos y bien formados. Se imaginaba pasando su lengua por cada rincón de aquellos maravillosos pies.

    Tomás no conoció a Elena. Ni se imaginó que fuese alumna suya. Ese transporte lo usaban muchos universitarios de diferentes facultades que estaban en el campus. El curso acababa de empezar, sólo habían tenido un par de clases y, además, él no era nada bueno recordando caras.

    Por supuesto, Elena sí que reconoció a su profesor al instante y estuvo pendiente de él durante el trayecto: de la ropa que llevaba, del libro que leía –o intentaba leer- y, por supuesto, de las miradas que le dirigía. Se dio cuenta de cómo miraba sus piernas, lo cual no le sorprendió, pues era una mujer muy atractiva y estaba acostumbrada a que los hombres se fijaran en ella. Lo que sí que le llamó más la atención fue notar que Tomás se fijaba en sus pies. Al principio, comenzó a sacar sus pies de los zapatos de forma inconsciente. Luego, cuando le pareció que él los miraba, aumentó el juego de sus pies con los zapatos.

    Elena había tenido un novio fetichista de los pies y sabía la irresistible atracción que unos pies bonitos de mujer suponían para esas personas.

    “Apostaría cualquier cosa a que mi querido y recto profesor se muere por lamer mis pies”, pensó Elena cuando estaban llegando. “Esto puede ser verdaderamente interesante para mí y para mi futuro académico”.

    Aquel día se sentó en la primera fila en el aula, para asegurarse de que Tomás se fijara en ella. Buscó un sitio desde el que sus pies quedaran visibles para Tomás mientras éste impartía su clase. Por supuesto, se pasó todo el tiempo sacando sus pies de los zapatos y jugueteando con ellos. Tomás reconoció a Elena como la chica que había ido sentada frente a él esa mañana. Realmente, la reconoció más por sus pies y por sus zapatos que por su cara, pero no cabía duda de que era la joven que había viajado sentada frente a él aquella mañana. Durante su clase, Tomás no pudo evitar dirigir miradas de vez en cuando a los pies de Elena, ¡eran tan bonitos!

    El resto de la semana, Elena estuvo pendiente por las mañanas cuando iba a la facultad, pero no vio más a Tomás, que ya había sacado su coche del taller y no volvió a usar el transporte público. Lo que si hizo Elena fue sentarse siempre de modo que sus pies pudiesen quedar a la vista de Tomás durante la clase. Además, intentó recopilar toda la información que pudo sobre la vida privada de Tomás. En realidad, no consiguió averiguar demasiado, pero sí se pudo enterar de que se había divorciado hacía un año más o menos y que se acababa de mudar a una urbanización de lujo de la ciudad, donde vivía solo. Su situación económica era desahogada, pues estaba continuamente viajando para dar conferencias y participar en cursos por los que obtenía buenos beneficios.

    Elena ya había decidido ir a hablar con Tomás. Ella era una mujer decidida, pragmática y con las ideas claras. Iba a ofrecerle a Tomás un trato que podía ser beneficioso para los dos. Ella, en particular, esperaba poder conseguir con ese trato una magnífica calificación en la asignatura de Tomás además de mejorar su situación económica.

    Elena sabía que los viernes por la tarde Tomás solía quedarse a trabajar en su despacho del Departamento y que, normalmente, estaba solo. Llamó a la puerta y esperó respuesta:

    – ¡Pase!, respondió Tomás, un poco molesto, pues estaba concentrado en su trabajo y no esperaba ninguna visita.

    – Buenas tardes, profesor, dijo Elena al entrar.

    – ¿En qué la puedo ayudar, señorita?, respondió Tomás un poco agitado al ver que se trataba de la alumna de cuyos pies no había podido apartar los ojos durante toda la semana. Cuando la vio allí de pie, con esa falda corta y esas sandalias que dejaban ver los preciosos deditos de sus pies, se sintió algo incómodo. Intentó concentrar su mirada en la cara de Elena y no mirar a sus pies. La invitó a sentarse, para que sus pies quedaran fuera de su vista y no tener la tentación de mirarlos.

    – No sé si me conocerá, mi nombre es Elena G. y soy alumna suya…

    – Sí, dígame.

    – He venido a hablar con usted porque, hasta ahora, modestia aparte, llevo un expediente brillante en la carrera y estoy muy interesada en que siga siendo así, pues al terminar este curso, optaré a una beca para cursar estudios de postgrado fuera de España. Sé lo exigente que es usted y lo difícil que puede resultar obtener buenas calificaciones en su asignatura…

    – Señorita, no hay otro secreto ni otra opción que el trabajo duro, la interrumpió Tomás.

    – Profesor, vengo a proponerle un acuerdo que puede resultar ventajoso para los dos.

    – ¿Un acuerdo? ¿qué tipo de acuerdo?

    – Pues verá, durante estos días, no he podido evitar fijarme en como miraba mis pies. Si no me equivoco, es usted fetichista de los pies femeninos. Por otra parte, según me han dicho, vive solo.

    Lo que yo quería proponerle es que me dejara alojarme en su casa, con usted, durante este curso y se encargara de mi manutención. Por otra parte, y no menos importante, que me calificara su asignatura con matrícula de honor al final del curso.

    De esta forma ganaríamos los dos: yo obtendría un beneficio económico, pues me podría ahorrar el dinero de mi alojamiento y alimentación, además de obtener una calificación excelente en una asignatura difícil y sin tener que esforzarme en trabajar en ella, con lo cual tendría más tiempo para dedicarme al resto de materias; por su parte usted, tendría mis pies a su disposición durante todo el curso y podría adorarlos a su antojo prácticamente a diario. ¿Qué le parece?

    Tomás tenía ya más de cuarenta años pero siempre había mantenido en secreto su pasión por los pies femeninos. Con un par de mujeres que había salido había intentando llevarlo a la práctica, pero la reacción nada receptiva de ellas lo había disuadido. Desde entonces, saciaba sus ganas en soledad, con el material que encontraba en internet. En realidad, a menudo fantaseaba con hacer algo parecido a lo que decía Elena, es decir, ofrecer dinero o favores académicos a alguna de sus alumnas a cambio de dejarlo jugar con sus pies, pero no se atrevía por miedo a que se creara un escándalo que manchara su brillante carrera.

    Por eso, cuando escuchó a Elena decirle con total claridad que pensaba que era un fetichista de los pies y que había visto como miraba los suyos. Tomás se había quedado azorado y no pudo evitar ponerse rojo. Eso convenció a Elena a seguir hablando e hizo que Tomás no fuese capaz de reaccionar e interrumpirla.

    Cuando Elena terminó con la exposición de su plan, Tomás reunió las fuerzas suficientes como para sobreponerse y, pensando en su prestigio, respondió:

    – ¡Señorita! No sé como se atreve a hablarme así. ¡Márchese de aquí inmediatamente!

    Puede que esté usted loca, no lo sé. En cualquier caso, en lo sucesivo, le ruego que evite volver a hablar conmigo en privado. Fingiré que no he oído nada de lo que me ha contado.

    Otra cosa, le aconsejo que trabaje mi asignatura tan duro como pueda si quiere, no ya conseguir una matrícula de honor, lo cual considero ciertamente improbable, sino aprobar. Su visita de hoy no va a ayudarla precisamente cuando me ponga a corregir sus exámenes y la recuerde.

    Elena se levantó con mucha dignidad:

    – Señor profesor, siento haberlo molestado. Pensé que mi proposición podría ser ventajosa para los dos y veo que me he equivocado. Le pido sinceramente disculpas y, por supuesto, trabajaré duro para intentar aprobar. Buenas tardes.

    – Adiós. Buenas tardes.

  • Quitándole el mal humor a mi princesa consentida

    Quitándole el mal humor a mi princesa consentida

    Ella es mi princesa y desde que nos sinceramos el uno con el otro, tenemos más de 2 años, teniendo sexo activamente, al principio en la cama nos entendiamos muy bien porque los dos eramos muy apasionados y siempre dispuestos a experimentar, el problema está en que por la pandemia y la falta de tiempo, que derivo a apresurar las cosas no consiguiamos un orgasmo largo con ella ya que solo habia sexo rapido, lo cual creo algo de frustracion en ella, incluso llego al punto de peleas a cada rato.

    Yo tengo 52 y ella 20, se supone que ella me veia como un hombre muuuy experimentado (yo mismo utilize esta excusa desde el principio para coger con ella), pero ahora ella se quedaba a media estimulacion, incluso no sabia como decirme que cuando estaba a punto de llegar a su climax, yo terminaba muy pronto, siempre era así y la dejaba a medio camino, se sentia tan mal que no tuvimos sexo por semanas incluso me dijo que ya no le apetecía estar conmigo por lo que era un egoista, que terminaba muy frustrada y sintiéndose muy usada… Yo lo quiero mucho pero esto me estaba hartando.

    Asi que no me quede con los brazos cruzados, no iba a permitir que las cosas quedaran de esta manera, si queria seguir teniendo a esta hermosa jovencita en mi colchon montandome la polla tenia que hacer algo pero ya!!!

    Asi que pague una suite para los 2, por 5 horas mas que suficientes para hacerlo las veces necesarias.

    Algo que por supuesto a ella le fascino, era tiempo de quitarle lo mal humorada a metidas de verga.

    Llegando a la suite no perdi el tiempo, la tire a la cama y mientras le quitaba el pantalon le dije:

    «bueno hermosa, es hora de que te agradezca lo bien que me has aguantado y lo mucho que me has ayudado a pasar estos meses y hoy te lo voy a compensar, tu relajate»

    En ese momento no había más que decir, la tenía para mí nada más. Me acerqué a ella, la tomé de la cintura y empecé a besarla, al tomarla entre mis brazos pude sentir la exquisitez de su cuerpo, su aroma, la verdad que mujer estaba a punto de cogerme, me quite la ropa, mientras yo ella le sacaba toda la pequeña blusa que llevaba, tuve frente a mí sus tetas expuestas que dejaban ver en su totalidad sus pezones paraditos, su respiración era cada vez más agitada, y no decía ni una sola palabra, sólo pequeños gimoteos de excitación, en ese momento no aguanté más de un impulso, enseguida, baje mi bóxer, saltó a la luz mi verga lista para trabajar.

    Ella era de las que casi no le gustaba el sexo oral, pero hoy era la excepcion pues sin necesidad de decirle ni una palabra, ella lo tomó en su mano y empezó a juguetear con él, se separó un poco de mí para verlo y después verme a los ojos con esa mirada coqueta muy de ella.

    Se arrodilló delante de mí y empezó a mamarme la verga… Era toda una experta su lengua recorría todo mi palo de arriba abajo mientras sus manos apretaban mis huevos con una delicadeza muy rica. Después empezó a recubrirme la cabeza de mi verga y con la punta de su lengua me daba lamidas que parecían caricias entusiastas, volvió a bajar a mis huevos en donde empezó a chuparlos, mis manos sobre su cabeza levantaban los cabellos de su frente lo que me permitía tener una perspectiva espectacular del trabajo que me estaba realizando.

    Paso un rato y ella se levantó, me tomo de la mano, nos acostamos en la cama

    Y me dijo: «Muy bien ya te prepare, vamos a darle duro»

    No tenian que decirme 2 veces, empecé a lamer su vagina, sus piernas estaban totalmente abiertas, me daban toda la libertad que pudiera desear, ella empezaba a gemir cada vez más mientras mi lengua entraba en su vagina, comenzó a balbucear, y dar pequeños susurros de placer, moviendo su espalda y su cabeza para atrás dándose espacio para menear su cintura.

    Sus muslos de repente presionaban mi cabeza, señal de pleno deseo de sentirme verga a lo que yo me puse de pie, tomé mi pene y apunté sobre su clítoris en donde la coloqué para rozarla aún más, a lo que ella se desespero, casi me imploro que la penetrase Y así sin más, y de una sola embestida se la clavé hasta el fondo, ella apreto sus ojos sus fuertemente.

    Yo estaba como loco cogiéndola agarrado de sus nalgas que las empujaba hacia mí, el brazo lo colocó en mi cuello de donde se agarró para poder tener más apoyo, el cosquilleo previo que en cualquier momento iba a venirme, por lo que solamente dejé venir todo mi semen dentro de ella, sentí que arrojaba tanta leche en su interior, que parecía un surtidor, al terminar sólo caí, exhausto sobre sus pechos mientras ella me acaricia la espalda era fantástico, esa cogida había estado de fantasía nunca me imagine que mi princesa fuera tan putita, aún mi garrote estaba dentro de ella, pegando los últimos espasmos, me retiré y pude ver como su concha latía y se contraía sin parar.

    Despues de esa cogida donde pudimos liberar nuestra energia sexual de manera correcta, se puso a llorar, mientras decia que me amaba y que gracias por esto etc. Sin lugar a dudas.

    «Moraleja: una mujer bien cogida es igual a una vida feliz»

  • Fui una prepago y me volví adicta al sexo partes (1 y 2)

    Fui una prepago y me volví adicta al sexo partes (1 y 2)

    No se como comenzar este relato… la verdad fui una escort por un largo tiempo y realmente me iba muy bien monetariamente, tenia todo tipo de clientes blancos, negros, locales, extranjeros, unos con el pene muy largo, otro con el pene muy corto y asi sucesivamente… pero todo cambio cuando conoci a este cliente.

    Un dia decidi ir a trabajar a otro pais para tener mejores ingresos economicos, asi fue como un dia recibi un whatsapp de un tipo pidiendo un servicio a domicilio entonces pactamos el encuentro en su apartamento, me organice muy elegante pero sexy sobra recalcar que siempre he sido una mujer elegante pues antes de ser prepago trabaje un tiempo en un banco pero por cosas de la vida termine a mis 26 años como escort.

    Llegue al edificio del cliente, una zona muy exclusiva, subi al apto y me abrio la puerta un hombre mayor de 40 años musculoso y alto, el me sonrio y me hizo pasar, nos sentamos en la sala hablar y me di cuenta que era gringo por su acento, luego pasamos al cuarto y nos besamos, el me miro y me dijo que hace años una mujer no lo hacia sentir asi con tanta pasion, y yo solo me reí luego me monto a su cama ya que es gigante y me empezo a tocar mi vagina debajo de mi vestido hasta al punto de mojarme a chorros, luego yo me tire encima y empece a mamerle su pene le pase la lengua, despues bese la puntica, me meti su pene hasta mi garganta mientras jugaba con mi lengua y su pene, luego segui con las bolas y no pare hasta que estuviera muy lubricado.

    Le bese todo su abdomen marcado y le meti mi lengua hasta su garganta y el a mi, despues baje a su pene otra vez y con mis tetas lo masturbe mientras con mi lengua tocaba la puntica, no aguante mas y le puse su condon y me monte sobre el y empece a moverme lo mejor que pude y solo sentia mi vagina mojarse mas con cada penetracion, le pedi que me tocara el ano con su dedo y me chupara las tetas, llegue a un punto de excitacion que le pedi que me metiera el dedo en el culo mientras mas duro yo penetraba hasta al punto de venirme a chorros, al final el no aguanto y se vino conmigo.

    Recuerdo que me dio propina y mientras me organizaba para irme le pregunte si estaba casado y si tenia hijos lo cual me dijo que NO y que llevaba soltero mas de 10 años debido a que su ultima novia le fue infiel y trato de meterle un hijo que no era de el, me quede sorprendida me vesti y me fui. En la noche este señor me envio un mensaje agradeciendo y que estaba feliz de haberme conocido.

    Pasaron los dias y cogiamos cada vez mejor, los orgasmos eran una locura, llegamos al punto donde el me contrataba 2 veces por semana y me pagaba hasta el triple en cada cita sobra decir que yo cobraba 120 dolares por hora y el me pagaba hasta 500 dolares e incluso mas por hora, me hablaba desde que me levantaba hasta que me acostaba y llegamos al punto de coger sin condon y ahi me di cuenta que mi cliente se habia enamorado de mi pero yo seguia trabajando y llego el dia donde me pidio que dejara esa vida y que él me matendria hasta yo terminar mis estudios universitarios, y ahi no supe que decision tomar…

    Parte 2

    Mientras el cliente que mejor me ha follado me pedia que dejara mi vida como puta yo seguí trabajando y conoci a Daniel un joven no muy apuesto pero atletico, el agendo una cita pero decidió ir a mi apto…Yo soy una mujer pequeña pero delgada atletica ya que hago gym, no estoy operada pero mis senos son redondos, mi talla es 34B y mis pezones son rosados, mi cintura es marcada, y mi cabello es rubio oscuro natural, mi vagina es rosada y mi piel es blanca, no tengo hijos, tengo mas de 25 años pero mi rostro es muy angelical hasta el punto de aparentar tener uno 20 años.

    Llego la hora de la cita y como siempre me vestí muy elegante, lo recibí y el me miro, puso una sonrisa de felicidad pasamos al cuarto y el procede a pagarme sin antes decirme que le gusta mi manera de vestir y mi rostro, yo me rio y él prosigue acariciar mis senos aun vestida, me dice en el oído que hoy soy su novia y yo le digo que sí, que soy la novia que quiere toda su leche en mi vagina y en muy tetas, me empieza a besar apasionadamente, y me quita mi vestido me pone en la cama y me mete su lengua hasta lo profundo de mi vagina haciéndome sentir cosquillas luego me lame el culo y vuelve y sube y juega con mi clítoris hasta ir nuevamente y meterme su lengua a mi vagina hasta el punto de hacer gemir como toda una perra y mojarme, le pido que hagamos el 69 ya que chupar el pene es algo que me gusta hacer, así que me metí sus bolas y largo pene hasta mi garganta y me puso toser pero no deje de hacerlo hasta que sentí su lubricación y así nos quedamos un buen rato.

    Luego él se pone el condón y se monta encima de mi y me mete su grande pene y le pedí que me hiciera duro porque estaba muy excitada y así me dio por unos minutos hasta que me puse boca abajo porque amo como se siente el pene en esta posición y cuando lo hago él empieza a jugar con su pene en mis nalgas y mi culo empieza a palpitar con ganas de que me lo meta ahí y me dé duro hasta reventármelo, pero me lo mete en la vagina le pido que me coja del pelo y que me toque el culo con el dedo hasta que me hace venir.

    Después vuelvo a poner boca arriba y me empieza a besar los pezones y le pido que lo haga suave mientras él me soba el clítoris y yo le cojo su pene y me monto yo esta vez y le cojo sus manos y las llevo a mis senos y aprieto y siento como mi vagina se aprieta otra vez para venirse mientras que siento un temblor en mis piernas y me vengo por segunda vez, cuando miro a mi cliente el también se esta viniendo y siento el calor de su semen en el condón. Hablamos mientras se viste y se va sin antes darme una propina y agradecimientos.

    Pasaron los días y tomo la decisión de dejar de trabajar como prepago e iniciar una relación con mi cliente de 40 años, debo aclarar que ese cliente me gustaba demasiado, por su físico, por como me trata y sobre todo por las buenas cogidas que me daba mas de 2 veces todos los días.

    Ahora vivo con mi excliente ahora pareja llevamos viviendo juntos mas de un año, económicamente lo tengo todo, empleada de servicio, chef, mercedes de ultimo año, viajes, me paga la universidad, me da una mensualidad y encima paga mis gastos, me trata como una princesa y el tema de que fui prepago nunca se menciona y nadie mas que nosotros lo sabemos, pero todo cambio en lo sexual, cogemos 4 veces por semana, y ahora todo es muy mecánico, le bajo le chupo, me monto se vengó de la manera más simple y él se viene y ya, cuando el no esta me masturbo viendo porno pero extraño venirme como lo hacia antes.

    Hace poco me encontré en el mall a mi cliente Daniel y nos pasamos los números de WhatsApp y él me dice que repitamos, obvio sabe que tengo pareja e igual él pero el deseo de lo prohibido y las ganas de venirme como antes me tientan pero me da miedo perder todo por nada.

    No se que hacer.

  • Cumpleaños sorpresa

    Cumpleaños sorpresa

    Era el cumpleaños número 25 de mi mejor amiga, la amañada no quería hacer ninguna cosa, ya que estaba con depresión pre-cumpleaños, creo que todos al llegar a una cierta edad ya queremos congelar el tiempo. Comenzamos a organizar una fiesta sorpresa, sabiendo que quizás nos cortaría en pedacitos, pero quisimos correr el riesgo.

    Ya se acercaba la hora del show, me toco a mí la difícil misión de entretenerla mientras terminaban los últimos detalles, inventado un problema para que pudiera quedarse conmigo el tiempo necesario; en eso me entra un mensaje y era la señal que ya debíamos ir a su departamento que estaba todo listo… “ya hueona, me dio frio y hambre, vamos a tu casa que queda más cerca y tomamos tecito, y seguimos cahuineando”- nos dispusimos a caminar y yo me reía sola, imaginándome su cara al ver a sus amigos y familiares más cercanos ahí en su casa, y queriendo matarnos a todos -“ah, por fin llegamos-” exclamo y al encender las luces escucha “¡Sorpresa…!”; estaba ahí en shock, no hacía nada y todos nos abalanzamos sobre ella dando abrazos y besos, creo que en ese minuto me odio de lo más profundo de sus entrañas ya que la organizadora de todo había sido yo.

    Después de un rato ya insertada totalmente en la fiesta, compartiendo, bebiendo, riendo y pasándolo divertido, se me acerca media ebria y se cuelga de mi cuello -“puta amiga, soy la raja, igual hiciste una huea pa mi sabiendo que andaba con los monos”- “y como no, si eres como mi hermana, como iba a dejar pasar tu día mensa”- pasaron las horas y se hizo tarde, la gente comenzó a despedirse y solo quedamos mi amiga, su novio, su hermana y yo; yo estaba media ebria para manejar así que me quede en el departamento, mi amiga se fue a la recamara con su novio y a mí me toco dormir con su hermana mayor, como no iba preparada para alojar en otra casa y ya los ánimos estaban distorsionados solo me acosté con ropa interior.

    Estaba ahí raja, cuando siento que se acuesta Susan, la hermana de mi amiga, se acomoda y me abraza…, no paso mucho tiempo cuando comienzo a sentir que sus manos que se cobijaban en mis pechos, estrujándolos, como estaba en otra dimensión aun , no entendía muy bien lo que estaba sucediendo, me acariciaba la espalda e iba bajando con sus manos hasta que llego a mi culo, lo sobaba y daba de apretones, cuando los fue acompañando de besos en mis hombros… -“que huea te pasa loca?, déjame el poto tranquilo. A mí no me gustan las minas, a mí me gusta el pico”, “no es necesario que te gusten las minas pa ’que lo pasemos rico un ratito poh” “tay loca…” no alcance a terminar mi fundamento cuando siento que me corre el calzón, y me introduce sus dedos en mi vagina, mientras que con la otra mano, se posaba en mi clítoris, por encima de la ropa interior, comenzó un baile fabuloso con sus dedos, mientras que yo me resistía a tal situación, sin negar que en el fondo me gustaba lo que estaba haciendo, “oye loca, para la huea…” ya si pa’ que, si igual te gusta, o si no, no te mojarías… mira prometo que lo vas a pasar rico y esto quedara entre nosotras”.

    Me mueve un poco y se acomoda sobre mí, comienza a acariciar mi pelo, y a besar muy delicadamente, no sé si fue el trago, la excitación o calentura, pero ya estando es esa postura, decidí dejarme llevar y debo confesar que fue una experiencia deliciosamente memorable.

    Estábamos ahí, ella encima de mí, besándome y acariciando, bajando lentamente con suaves besos que rosaban mi piel, llegando a mi montes de venus, saco su legua y la estiro abarcando mi clítoris, su aliento caliente y la humedad, traspasaba la tela de mi calzón, dando pequeñas vibraciones, que estimulaban exquisitamente, comenzó a morder mis labios vaginales, estirando el calzón hacia abajo para quedar sin él, se introdujo en mi entrepierna, saboreando mágicamente mientras estiraba las manos para alcanzar mis pechos y piñizcar suavemente mis pezones, debo decir que la señorita chupaba como los dioses, más aun cuando se estira al velador, abre el cajón y saca de él un vibrador, me tenía vuelta loca, penetrando con sus dedos y con esa cosa que vibraba en mi húmedo clítoris que se erectaba a tal estimulación.. ”mira maraca, como te escurres”… me decía mientras absorbía cada jugo de mi vagina, “date la vuelta”, exclamo y así lo hice, me coloque en cuatro con la cabeza apoyada en la cama y todo mi culo expuesto para ella.

    Me comenzó a penetrar con el vibrador mientras lamia mi culo y mi zona anal y yo por debajo pasaba mi mano para masturbarme…”Ahhh conshesumadre, que esta rica tu zorra, jugosita y caliente”- yo vuelta loca –hueona no aguanto, me voy… ahhhw… por la puta madre… ohhh!!!- explote literalmente, mientras que ella no dejaba rastro alguno de mi clímax, bebiendo cada gota que escurrí en ese momento.

    Caí rendida en la cama, me tiritaban las piernas, a tal ataque a mi vagina, aun no lograba recuperarme, cuando me habla… Estaba ahí abierta de piernas, masturbándose para mí, su vagina con labios gordos y rosados, ningún vello asomaba su piel, me invitaba a saborearlo, y así lo hice… y la verdad, a pesar de toda la locura, estuvo bien buena la fiesta de cumpleaños, con tortillas incluidas…

  • Describiendo a Cami

    Describiendo a Cami

    Probablemente has leído alguna de mis historias y sé que tu imaginación tuvo que trabajar el doble para imaginar como soy en realidad, por ese motivo el día de hoy te traigo una pequeña descripción de cómo me veo.

    Mi nombre es Cami, voy camino a los 27 años, soy una chica de 1.50 m, empezando desde arriba mi cabello es algo rizado color castaño claro actualmente lo tengo bastante largo, llegando a mi espalda baja, me gusta mi cabello ya que a medida que crece se va aclarando de manera natural en las puntas, me gusta plancharlo seguido, eso lo hace ver aún más largo, mi piel es clara, no llegando a ser blanca, mis ojos son marrones oscuros y son algo grandes, mis cejas son estilizadas y delgadas, mi nariz es un poquito prominente pero fina, mis labios nos son muy voluminosos y tienen un color rosa algo oscuro, mis mejillas son un poquito más rojas de lo normal, siempre las tuve así, especialmente cuando era menor, ahora con muchos más cuidados ya no se nota, el maquillaje ayuda mucho también.

    Físicamente mi cuerpo se desarrolló bastante bien, tengo hombros pequeños, mis brazos son delgados, mi cintura ha crecido algo en los últimos años pero aún se puede notar, tengo algo de pancita, pero estoy trabajando en ella, mis caderas son grandes sin sobresaltos, mi trasero es proporcional a mi cuerpo y me encanta como se ve, mis piernas son algo gruesas tanto que no tienen distancia de separación entre ellas, mis pantorrillas son algo gruesas arriba continuando las líneas de mis muslos y algo delgadas en la parte inferior, mis pies son pequeños de talla 5.5 con unos dedos bastante cortos.

    Volviendo a la parte superior, probablemente la parte que más me molesta en ocasiones es mi pecho, uso copa C, a casi todos los novios que he tenido les encantaba, sin embargo, a mí siempre me han parecido muy grandes, no siempre utilizo vestidos o ropa que los exhiban mucho, generalmente utilizo ropa que los hacen notar, pero con discreción. En fin, me he acostumbrado a ellos, y a sus ventajas y desventajas.

    Algunos detalles adicionales es que hace algunos años me hice un tatuaje de un león azul muy detallado en la parte superior derecha de mi espalda, en el lado izquierdo en la zona de mis costillas tengo otro tatuaje de un infinito, un detalle final que no suele pasar desapercibido es un gran lunar carnoso en mi pecho que siento como si fuera mi marca de nacimiento.

    En conclusión, estoy bastante feliz con el cuerpo que me ha tocado y que he trabajado, puedo considerarme una mujer atractiva con grandes atributos, y sin duda puedo conseguir lo que yo desee, espero que con esta corta descripción puede hacer más placentera tu lectura de mis historias.

  • Un premio disfrutable

    Un premio disfrutable

    En mi anterior relato estaba tan emocionada de animarme a compartir como sucedió ese primer encuentro con mi jefa, que omití contar los detalles.

    Tengo 38 años, soy llenita pero bien formada de tetas grandes, caderas anchas, mido 1.60. Trabajo en una empresa de cosméticos por lo que mi arreglo personal debo de cuidarlo siempre. Nunca había estado con ninguna mujer. No tengo hijos, por lo que la mayor parte de mi día lo dedico a trabajar. Mi jefa tampoco tiene hijos. Hasta ese día yo sabía muy poco de su vida personal, solo tenía claro que era una mujer de carácter fuerte y muy sensual. Sin embargo, no imaginaba que podría pasar lo que pasó en ese viaje.

    Cómo les dije en mi relato anterior de camino de regreso a la cabaña, ella me beso y yo me deje llevar.

    Cuando entramos a la cabaña yo me sentía muy mojada, deseaba que no parara y no hicieron falta las palabras, las disculpas, o las explicaciones. Las palabras que se escuchaban eran: Sabía que eras tan caliente como yo, serás mi puta (yo me mojaba más al escucharla) a partir de ahora eres mía, chupame las tetas, cómetelas esperaban tus labios y tú lengua, así zorra no pares. Y yo solo gemía y la deseaba más y más, solo hacia lo que ella me decía.

    Hasta ese momento yo no tenía experiencia, pero sí quería ser su puta, su amante, su zorra. Por momentos sentía que todo era un sueño efecto del vino que tomamos. Pero sentía sus pezones cada vez más duros en mi boca, los succionaba cómo ella me ordenaba que lo hiciera, mientras yo sentía sus manos debajo del vestido, acariciando cada pedazo de mi piel. Me acariciaba con pasión, con ganas de poseerme, sentía su respiración, sus palabras que cada vez me calentaban más. En un momento solo alcance a decirle: cógeme

    Enseguida me tumbó en la cama me saco el vestido y se apoderó de mis tetas, mientras que tocaba mi sexo y se restregaba en mi. Decía: por fin te tengo, serás mi amante a partir de hoy. Y yo solo deseaba que así fuera. Sus besos eran fuertes, cálidos, su lengua caliente me robaba el aliento, me mordía ligeramente mientras sus manos no paraban de sobarme las tetas y jalar mis pezones. Entre jadeos me decía: quieres más puta? Y entre jadeos le respondí. Quiero más, dame más, soy tuya, soy tu puta.

    Enseguida bajo a comerme el coño, nunca antes sentí tanto placer, me chupaba de una forma espectacular mientras me penetraban con dos dedos. Esa noche me enseñó a chuparla a ella, a hacer una tijera, a disfrutar de su concha, a verla como se corría. Y cuando ya no podíamos más nos quedamos dormidas totalmente desnudas, enroscadas pierna con pierna y teta con teta. Cuando despertaba, volvía a acariciarme, a calentarme a sentirme suya. Me enseñó a ser su amante.

    Nos bañamos juntas, y volvimos a cogernos. Y a corrernos muchas veces. Yo no podía dejar de disfrutar su desnudes y besarla y saborear su pasión, su sexo, su sensualidad, su calentura, su piel ardiente que se mezclaba con mis ganas de más sexo.

    Llegó el momento de hablar y claramente me dijo: a partir de hoy eres mi mujer, te quiero solo para mí, en la oficina tenemos que disimular, pero sabía que eras tan caliente como yo y quiero disfrutarte siempre que podamos, te deseaba desde hace tiempo, por eso prepare este premio.

    Antes de volver a la rutina me dio algunas indicaciones. Ya les contaré cómo hemos ido sobrellevando la vida cotidiana. Solo que ella me envía mensaje para decirme: ven quiero probar tus tetas.

    Les contaré en un relato siguiente como seguimos llevando nuestra relación.