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  • Ayudando a una amiga (2)

    Ayudando a una amiga (2)

    Después de que mi hermano conoció a Becca todo fue muy diferente en casa y en el cuarto donde ella vivía.

    Detallo un poco el lugar. La casa donde vivía es amplia con un corredor grande. Pará ir a lugar donde Becca vivía solamente había que subir unas escaleras sobre ese mismo Patio grande, avanzar unos metros y listo. El cuarto donde ella vive es sencillo tiene dos habitaciones baño sala y cocina.

    El cuarto cuenta con cama, closet y unos pequeños burós, la sala tiene sus sillones una mesa y una televisión, el baño está completo y la cocina también.

    Ahora si continuo con la historia.

    En una ocasión Becca me pidió ayuda para colocar unas cosas en la parte alta del closet. Cuando fui note que era una persona muy ordenada y limpia. La casa estaba impecable y reluciente. Al momento de subir unas bolsas al closet sentí que algo en su interior estaba resbalandose. Cuando logró caer al piso pude ver que era una bola de hilos entrelazados, hechos bola. Lo recogí y lo regrese a esa misma bolsa. Becca se acercó un poco agitada diciéndome que estaba bien. Tomé asiento en uno de los sillones platicamos algunas cosas irrelevantes pero ella se enfocada en preguntas sobre mi hermano mayor. Cosas así como que edad tiene, porque no siguió estudiando, si tenía novia, etc. etc…

    Entre todas mis actividades me empecé a distanciar un poco de Becca. Ella hacía sus cosas en casa y yo las mías. Ella trabajaba sirviendo comida en una cocina corrida cerca de ahí y mi hermano seguía atendiendo su negocio.

    Una tarde que llegué de trabajar vi que mi hermano salía del cuarto de Becca apresuradamente a lo cual supuse que andaba de curioso. Me puse cómodo y subí a saludar a Becca.

    Yo: Hola Becca como estás, que al ti día.

    Ella con una voz ronca y rasposa me respondió que todo estaba bien. Nada fuera de lo normal.

    Yo: Bueno, solo pasaba a saludar. No viste a mi hermano por acá? Es que no estaba en la tienda.

    Becca: – tartamudeando- es-te… No… No no por acá no lo he visto.

    Yo: Bueno… Y ya comiste??

    Becca: Si ya comí gracias. Termine muy llena.

    Yo: En la noche nos tomamos un café, va!

    Becca: Va, me parece bien, tiene mucho que no platicamos.

    Y me fui de su cuarto.

    Ya alejándome Becca cerró la puerta y solo alcanzaba a escuchar que movían cosas y arrastraba otras.

    Por la noche me acerque sin ningún cuidado y Becca estaba sentada en el sofá. Como hacia calor tenía puesto un vestido holgado un poco arriba de las rodillas, de la parte de arriba era strapless y sus sandalias. Se veía muy fresca. Becca es una mujer que siempre se ha cuidado del todo, mascarillas, cremas, tónicos y perfumes. Olía muy agradable.

    Ya comenzaba a sospechar que algo tenía con mi hermano y así como así le dije:

    Y : Oye Becca hace rato que llegue vi que mi hermano salió de tu cuarto.

    Becca: Ahhh si. Vino a preguntame si ya había comido algo. Que atento.

    Yo: Mi hermano no hace ese tipo de preguntas – le dije en tono molesto pero de broma- ni a nosotros nos pregunta eso.

    Becca: Qué tal y yo le caigo mejor que tu y tus demás hermanos.

    Los dos nos soltamos a reír. Se veía más fresca, desestresada, alivianada.

    Yo: Oye Becca no será que mi hermano anda usando algo contigo?

    Becca: No creo casi no habla cuando le pregunto algo, es más lo he invitado a que venga a comer y solo exclama un AH! No se si eso se la un si o un no.

    Yo: Sí, así responde a todo. Bueno si lo veo salir de acá otros días será porque acepto venir a comer.

    Becca: Ojalá y sí.

    La tarde del café seguía entre platica y platica de cosas irrelevantes, mientras tanto yo no perdía la oportunidad de ver sus piernas y sus pechos que estaban expuestos con su vestido strapless.

    Después de que paso el café pasamos a unas cervezas que fui a corriendo a comprar a la tienda de mi hermano. En ese momento aproveche para mencionarle que Becca quería que un día fuera a comer, que preparada comida muy rica. Lo único que hizo fue hacer un gesto de molestia.

    Cuando regrese al cuarto de Becca comenzamos a tomar y a platicar de la vez que nos conocimos y ya con alcohol en el cuerpo nos mencionamos que había una atracción mutua la cual no perdimos oportunidad y mientras me ponía de pie Becca se abalanzó sobre mi dejándome sentado y alzando un poco el vestido para abrir sus piernas se acomodo y nos comenzamos a besar. Esta fue de las veces que más me había gustado estar con ella ya que parecía muy excitada y muy alterada.

    Me besaba frenéticamente, me acariciaba la cabeza, movía su cintura apoyada en mi entrepierna. Yo ya tenía la verga dura y cuando quise moverla nuevamente me empojo hacia el respaldo del sillón, de un tirón bajo la parte del vestido que cubría sus pechos.

    Becca: Chupalas… Son tuyas por hoy…

    Andale… Quiero sentir tu boca en mis tetas… Chupalas… Ahhh… Mmm…

    Al ver esa reacción y ese ofrecimiento no lo dude y me lance sobre su tetas que estaba firmes con el pezón rosita y bien duro. Becca con sus manos me ofrecía cada cierto tiempo una de sus tetas.

    Becca: chupa Esta…-agarrando con sus dos manos me la llevaba a la boca.-

    Ten ahora chupa esta… – repetía la acción.

    Puedes chupar las dos? Andale son tuyas por hoy…

    Con ambas manos se apretó las tetas y me las llevo directamente a la boca. En un momento dejo de ofrecerme sus tetas, dejándolas pegadas a mi boca, bajo poco a poco sus manos y me empezó a desabrochar el pantalón, sacó mi verga y me la empezó a jalar

    Becca: Mmmm si…!!! Que rico!!! Quiero cenar leche ya que no pude comer hoy.

    con una de sus tetas en la boca estaba más que entretenido. De vez en vez cambia a y la mía, succiona a y mordisqueaba la otra.

    Ya entrados en pleno faje solo se levanto la parte baja del vestido se hizo a un lado lo que parecía una tanga y se ensarto solita. Solo podía escuchar sus gemidos, podía sentir como cabalgaba frenéticamente sin detenerse.

    Aproveche para agarrarle sus nalgas y ayudarla un poco a moverse y para restregarle un dedo en su ano que estaba un poco dilatado por su excitación.

    Estuvimos un rato en el sillón, hasta que la saqué de mi verga, la pude de pie frente a la pequeña mesa y dándome la espalda la volví a ensartar no sin antes colocar su vestido hasta la cintura y agarrarlo como si fueran correas para montar y también una tanga blanca de esas que se hacen triangulo entre las nalgas.

    Yo: Ábrete las nalgas para que te entre más… Si así… Muévete…

    También la daba lagadas que se marcaban luego en su piel blanca.

    Ella solo hacía caso a todo lo que le pedía. Y como en tres ocasiones solo note como sus piernas temblaban y se cerraban sus puños, su cuerpo temblaba pero yo paraba de moverme. Contenía su orgasmo.

    Yo: Ya quieres levita Becca?

    Becca: Sí, ya dame… dame… Quiero tomar tod… Dame… Si si si…

    La separe de un tirón y con mi mano enredada en su cabello la lleve hacia mí verga que explotó 3 chorros de semen espeso en su boca.

    Pide ver que sin titubear se lo tomaba y ningún gesto hacia.

    Se quedó así, oliendo y disfrutando el momento. Se levantó con medio vestido puesto y se despidió para después dormir en su cuarto.

    Esa noche me quedé en su cuarto un rato más pensado en todo lo que había sucedido y pensando también en cómo podía hacer para volver a hacerlo con ella.

  • Sexo con mi amiga en la facultad (4): Ahora somos novios

    Sexo con mi amiga en la facultad (4): Ahora somos novios

    Esa noche durante la cena, hablamos acerca de lo que haríamos estos 6 meses que estaríamos juntos, primero acordamos que no teniamos que descuidar ningún aspecto de la escuela, nuestras notas, la convivencia con nuestros amigos, y que hariamos todo lo de nuestra rutina diaria, en pocas palabras esos 6 meses viviriamos juntos como pareja, después decidimos que viviriamos 3 meses en su casa y 3 en la mía de forma salteada es decir 1 mes en su casa y 1 mes en mi casa, ya si acabados los 6 meses nuestros padres regresaban seriamos como una pareja que va a visitar al otro y salen juntos y después cada quien en su casa y si de lo contrario aún no regresaban seguiramos viviendo juntos de la manera que acordamos, pues acordamos con nuestros padres que nos avisaran cuando fueran a regresar o si permanecerian mas tiempo fuera.

    Después seguimos cenando y disfrutando del vino espumoso, compartimos un suffle de chocolate de postre dándonos en la boca el uno al otro intercambiando besos a cada rato, después de terminar la cena, levante los platos llevandolos a la cocina para lavarlos. Cuando estaba por terminar de lavar los trastes vi que la puerta se abrio y mire hacia abajo, viendo como Jessie mi novia venia gateando solo en un conjunto de lencería color rosa intenso y sus tacones blancos, se acerco hacía mí y empezo a desabrochar mi pantalón, bajandolo hasta mis rodillas dejando un bóxer color rojo que contenía mi pene semierecto, ella empezo a lamer por encima del bóxer mi pene haciendo que creciera, le daba besos y lo chupaba dejando mojada la tela, yo terminé de lavar el último plato y vi que saco mi pene por la abertura del bóxer y se lo metio a la boca yo inmediatamente la tome por el cabello y la empuje contra mi pene, después de un rato se puso de pie, me subi el pantalón y la cargue entre mis brazos para subir a su recámara, y estando en ella, la recoste en la cama para quitarme la camisa y los pantalones quedandome em bóxer, me abalance sobre ella para besarla y en un movimiento rápido ella se impulsa para ahora quedar yo abajo y ella arriba, acomodandose su culo en mi pene y me empezo a besar, yo rápidamente le empecé a desabrochar el sostén para liberar esas blancas y grandes tetas con sus pezones rosa claro deliciosos, que empece a chupar mientras con mis manos le agarraba las nalgas y de vez en cuando le daba nalgadas mientras le daba pequeños mordiscos a sus pezones sacándole unos pequeños gemidos.

    Mientras lo hacía ella empezó a mover su culo encima de mi pene haciendo que se pusiera duro, cuando lo sintio se acomodo de tal manera que su vulva quedará en mi boca y la suya en mi pene, hicimos un 69 delicioso en el cuál con mi lengua empece a penetrar su vagina, haciendo que soltara gemidos fuertes, después de varios lenguetazos tuvo un orgasmo bañando mi cara con sus jugos, después mientras se recuperaba del orgasmo la volví a colocar en la cama y me coloque sus piernas en mis hombros y comence a penetrarla por su vagina mientras ella soltaba unos gemidos tan fuertes que se han de haber escuchado por toda la casa, después de un rato penetrandola y basándonos sofocando sus gemidos.

    Después se volvió a colocar encima de mi para hacer la vaquerita invertida, empezo a subir y bajar soltando gemidos que iban aumentando en intensidad mientras apretaba y chupaba sus tetas, después empecé a darle más duro y sus gemidos se incrementaban, lamia y apretaba mas sus tetas, paso no sé cuanto tiempo cuando me grita: «me vengo ahhh!!!» yo aumente la intensidad de las penetraciones logrando que se viniera dos veces seguidas, mientras solto un gemido que hasta los vecinos debieron escuchar pero no importaba, después de otros 20 minutos me dijo: «me vengo otra vez» y le conteste: «me voy a correr ahhh!» a lo que me respondió: «damela papi ahhhh!» pasaron unos minutos y al unísono nos corrimos, cayendo ella rendida encima mio mientras sentia como la mezcla de sus jugos y mis mecos salian de su vagina empapando mi pene. Cuando se recupero bajo para limpiarme el pene, una vez terminado eso se puso su tanga y sosten, y yo mi bóxer, después de enjuagar su boca me dio un beso tan rico que lo recuero hoy día.

    Después de eso nos acomodamos en su cama y nos quedamos dormidos pues al otro día había que ir a la facultad, esa fue nuestra primera noche juntos nos quedamos abrazados hasta que la alarma nos despertó.

    Cuando nos despertamos, nos quedamos viendo y ella me dijo: » te amo, ha sido la mejor noche de mi vida» a lo que respondí: «Yo igual te amo, y también ya sido mi mejor noche pues la pase con una hermosa y ardiente dama» agregando: «Y así serán a partir de hoy nuestras noches», ella me sonrío para besarme y nos quedamos como 15 minutos abrazados hasta que nos levantamos, acomodamos la cama y nos metimos a bañar juntos teniendo que contener las ganas pues habia que salir.

    Cuando me arregle el cuello de la camisa me di cuenta que tenia un chupeton y ella al verlo me dice: «creo he marcado lo que es mío y creo que tu también lo has hecho» mostrándome el chupeton igual en el cuello y el de una de sus tetas, después mientras ella se terminaba de arreglar baje a la cocina puse café y llene nuestros termos y cuando bajo tomamos nuestras mochilas y termos subiendonos a mi carro para ir a la facultad…

    Continuará…

  • 100 pesos bien invertidos (parte 2)

    100 pesos bien invertidos (parte 2)

    Como les contaba el relato anterior, yo pasaba casi todas las noches por la zona de tolerancias, donde había de todo tipo de mujeres ofreciendo sus servicios, con lugar incluido y había tenido mi primera experiencia con una mujer transgénero por iniciativa de ella, de una manera un tanto sórdida pero excitante.

    A la noche siguiente a ese encuentro volví a pasar por ese sitio camino al trabajo, aunque un tanto molesto por las consecuencias que había tenido: en mi billetera, pese a no traer nada de valor monetario a excepción de 100 pesos, llevaba mis identificaciones y algunas fotos y me desagradaba la perspectiva de tramitar de vuelta esos documentos. Había un grupo de mujeres frente a mí y, al menos esa noche, prefería pasar de largo, pero una de ellas se apartó, agitando algo a la altura de mis ojos. Honestamente no la reconocí, pues la noche anterior la había visto desmaquillada y en ropa normal.

    No era así está vez, Morena (así le llamaremos por comodidad) iba completamente producida. Llevaba un ajustado vestido naranja con un escote generoso, medias de red y tacones. Frente a mí, agitaba mi billetera. «Somos casi vecinos, ¿sabes?» y me entregó la billetera intacta. «No te creí cuando mencionaste que no traías dinero. La verdad pensé que eras uno de tantos tacaños que pasan por aquí solo a morbosear a las chavas». Le sonreí con alivio, pues me acaba de ahorrar un par de mañanas tediosas de burocracia. «Y me imagino que otra vez no traes dinero». «Es que perdí la billetera», le dije con cierta ironía.

    Me sonrío coqueta y me preguntó, directamente, si me había gustado. Yo no tuve empacho en confesarle que había sido mi primera vez con una mujer trans. «Se notó» me respondió «Pero espero que no sea debut y despedida, pues a mí también me gustó mucho». Se acercó a una compañera y le dijo que se tomaría un descanso, que le cuidara el sitio y comenzó a caminar. Yo no sabía a ciencia cierta si seguirla o no, pero ella, metros más adelante, me hizo un gesto con la cabeza que la siguiera.

    Esta vez nos alejamos un poco más que la ocasión anterior. Yo no podía evitar ver su trasero, resaltado por su ajustado vestido. Ella, a sabiendas de ellos, lo meneaba con cierta exageración. De pronto entró en un lugar con las ventanas tapiadas pero con la puerta abierta. Era un edificio algo rústico, antigua biblioteca. Conservaba los anaqueles y, aparentemente, lo limpiaban seguido, pues no tenía la suciedad que esperarías de un edificio abandonado en una ciudad con tantos indigentes. Subimos una escalera y de pronto estuvimos en una habitación cuya puerta con cerrojo nos permitía cierta privacidad. Una ventana alta permitía la entrada de la luz del alumbrado público. Había un escritorio y unos archivadores viejos y vacíos.

    Morena se sentó sobre el escritorio en un movimiento que hizo que su vestido se subiera y dejara al descubierto sus muslos y su ropa interior, también de red como sus medias. «No seas tímido, siéntate junto a mí», dijo. En cuanto estuve a su alcance comenzó a besar mi boca, mi cuello y mordisquear mi oreja. Yo disfrutaba mucho pues siempre me ha gustado mucho el juego previo y, por otro lado, tenía la idea un poco inocente que las prostitutas no besan. Me sentía halagado por sus atenciones pues daba por hecho que lo hacía 100% por placer y eso duplicaba la excitación de estar con ella.

    Sus manos tocaban, al tiempo que nos comíamos a besos, mi miembro por encima del pantalón. Yo, ya más en confianza, comencé a hacer lo mismo, buscando la firmeza entre sus piernas. Me encantó jugar con su pene, tan distinto al mío. No es que sea particularmente grande, pero me han dicho que es grueso y cabezón. Mi glande sobresale de mi pene cuando sale del prepucio completamente. El pene de Morena era mediano, de unos 13 o 14 cm, delgado como mi dedo pulgar y su glande también era pequeño. Tocarlo, si me permiten la comparación un tanto lírica, era como tocar una piedra caliente forrada de seda. La piel de su prepucio era suave y el resto de su miembro estaba perfectamente depilado. Ella gemía dentro de mi boca mientras la tocaba.

    Con su lengua en mi boca comenzó a liberar mi erección y acariciarla poco a poco. Me sonrío, como alguien a punto de hacer una travesura, y comenzó a lamerme sin condón. Pudo más la tibieza de su lengua recorriendo mi glande y la dejé hacer, pese a que me daba cierta intranquilidad no usar protección. La sentía inclinada sobre mi regazo y acariciaba su cabello negro y lacio. La empujaba con suavidad y ella me engullía por completo. De nuevo sentí su saliva inundando mis testículos. Ante mis gemidos de placer, ella cambió su posición, estando ahora de rodillas frente a mis piernas abiertas. Comenzó a succionar despacio mis testículos y juguetear con su lengua sobre ellos. Y comenzó a masturbarme.

    Quise detenerla para no correrme antes de tiempo, pero al darse cuenta, con suavidad, volvió a engullir mi miembro hasta el fondo de su garganta y con sus uñas arañaba ligeramente mi escroto. No lo pude evitar, eyaculé y, aun cuando sentí y escuché su arcada, ella no se movió. Dejó que mi semen inundara su boca.

    Se relamió los labios y sonriendo me dijo unas palabras que todavía hoy me estremecen, pues recuerdo lo que vino a continuación: «Te voy a cobrar el que te hayas venido en mi boca y no me voy a quedar con las ganas». Acto seguido, con mi semen aun escurriendo, me besó en los labios. Fue extraño saborear mi propia leche, pero lo apasionado de su beso era increiblemente excitante. Sentí cómo escurrió por mi barbilla su beso de semen y saliva caliente. Me tomó de la mano e hizo que me pusiera de pie. Entonces se inclinó sobre el escritorio y se bajó las medias hasta los muslos.

    Comencé a besarle su agujero. Pero me dijo que no. Que siguiera mi camino. Fui bajando su tanga de red. Entonces me apliqué sobre sus testículos. Jamás había tenido tal cosa en mi boca. Pero agradecí que al ser la primera vez, fueran unos testículos depilados completamente. No sabía bien cómo hacerlo, sin embargo sus gemidos me indicaban que iba por el buen camino. Su pene estaba cada vez más rígido, pero la posición me impedía meterlo en mi boca. Ella ajustó su posición y me indicó cómo me acomodara. Quedé debajo de su cuerpo inclinado sobre el escritorio. Su pene entró en mi boca, pero mi cabeza se apoyaba también en el escritorio. Así que la entrada y salida de su pene la controlaba ella, comencé a imaginar que así debía moverse al penetrar a alguien, con esa suavidad y ritmo. Fui recuperando mi propia erección y me masturbaba al ritmo. Estuvimos un rato así.

    De pronto vi cómo tensó las piernas y, la verdad, me inquietó un poco la idea que eyaculara en mi boca. Pero ella se apartó en el momento y, a horcajas sobre mí, derramó su semen sobre mi pene. La sola visión de mi pene lleno de leche me hizo masturbarme con más fuerza y ella, atenta, abría su boca, esperando mi semen. Eyaculé, bastante menos que la primera ocasión. Ella se puso a gatas sobre mí, limpiando la mezcla de nuestros orgasmos y luego avanzó con su boca abierta sobre mi cuerpo. Un hilo de semen iba de su boca a mi pene… y lo rompió en un beso de lengua en mis labios.

    «¿Te gusta mi leche?» me dijo. «Ya la probarás en otra ocasión».

    Mientras nos aseabamos un poco y nos vestíamos, me anotó su teléfono en un pedazo de papel. Escribió «vecina» en lugar de su nombre.

    Como la última vez, me pidió que esperara un minuto cuando saliera. El gesto último que me hizo fue el universal de «me llamas por teléfono».

  • Su profesor particular (capítulo II): Mordiendo el anzuelo

    Su profesor particular (capítulo II): Mordiendo el anzuelo

    Cuando Elena cerró la puerta tras de sí, Tomás temblaba de nerviosismo. Por una parte, le avergonzaba saber que las miradas que a menudo dirigía a los pies de las estudiantes no eran todo lo discretas que él pensaba. Por otra parte, sentía no haber tenido el valor suficiente para aprovechar el ofrecimiento de Elena. En todos los años que llevaba enseñando en la universidad, jamás le había surgido una oportunidad tan clara de cumplir sus fantasías… y lo deseaba tanto. Deseaba tanto haber tenido el valor de aceptar…

    Se quedó un rato allí sin poder concentrarse en el trabajo, así que decidió salir e ir a tomar algo. Cuando se levantó vio que Elena se había dejado una mochila en el suelo, junto a la silla. La cogió para llevarla a conserjería. Sin embargo, le entró curiosidad por saber que había en la mochila. Sabía que no estaba bien, pero finalmente no se pudo resistir y la abrió. Lo que se encontró dentro hizo que comenzara a latirle el corazón con tanta fuerza que parecía que se le iba a salir por la boca: había unas zapatillas de deporte y ropa usada, claramente mojada de sudor: una camiseta, unos pantalones cortos, un sujetador deportivo, unas braguitas y unos calcetines.

    Tomás se excitó tanto que no sabía qué hacer. Sacó una de las zapatillas de deporte. Estaba bastante desgastada por el uso. Metió la nariz dentro y aspiró, notando como la magnífica fragancia de pie femenino llenaba su nariz. Al instante notó como su polla se ponía dura. Su primer impulso fue ir al baño con la mochila para masturbarse. Se había excitado tanto que no podía resistir. Sin embargo, pensó que Elena podía volver en cualquier momento a buscar su mochila. Decidió irse a su casa. El día siguiente era sábado y no vendría nadie al departamento, por lo que, si se iba ahora, Elena no podría reclamar sus cosas hasta el lunes. Él la traería el domingo por la tarde, de forma que nadie lo notaría.

    Entró en su coche y, antes de arrancar, no pudo evitar abrir la mochila otra vez, meter su cabeza dentro y oler ese magnífico aroma de mujer. A su cabeza vino la imagen de aquellos maravillosos pies entrando y saliendo de los zapatos. Pensó que se iba a correr allí mismo. Cerró la mochila bien, para que no perdiera nada de ese maravilloso olor. Condujo todo lo rápido que pudo, estaba ansioso por llegar a su casa. En cuanto llegó, se metió en el baño. Sacó un calcetín. Estaba mojado y tenía un olor intenso. Comenzó a masturbarse y no tardó nada en correrse de forma abundante. Ya más relajado se cambió de ropa, se sirvió una copa y fue sacando una a una todas las prendas: lamió y olió cada una de ellas, con especial dedicación a los calcetines, zapatillas y braguitas. Recordaba a Elena y lo buena que estaba y le parecía mentira poder estar disfrutando de esos objetos tan personales que habían estado en contacto prolongado con su culo, su coño, sus tetas y sus pies. No se había masturbado tantas veces seguidas desde que era un adolescente.

    Tomás estaba ya entregado, desde el primer momento en que olió y saboreó las prendas íntimas de Elena. Sabía que ya no tenía salvación: iba a hablar con Elena para aceptar su propuesta. Tenía que conseguir tener acceso a aquellos preciosos pies como fuera: besarlos, lamerlos, ser pisado por ellos. En ese momento, todo su pensamiento se centraba en como conseguirlo, sin pensar en las consecuencias. Después de toda una vida ocultando sus fantasías sexuales, temblaba solo de pensar lo que podría ser todo un curso con esos preciosos pies –y quizás algo más- a su disposición.

    Al día siguiente, sábado, volvió a la Facultad. Buscó el teléfono de Elena en su ficha y la llamó.

    – ¿Sí?

    – ¿Elena G.?

    – Sí, ¿quién es? Elena conoció la voz del profesor. Comprobaba con satisfacción como había mordido el anzuelo. En realidad, Elena no venía de hacer deporte cuando estuvo hablando con el profesor en el Departamento el viernes. Esa ropa la había estado usando durante varios días seguidos y las zapatillas, estaban tan usadas que ya había pensado deshacerse de ellas. Sin embargo, pensó que el profesor podía necesitar un pequeño empujoncito para aceptar su plan y por eso iba preparada con la mochila llena de su ropa usada. ¿Qué mejor cebo para un fetichista que esas prendas sudadas? ¿Qué fetichista iba a poder resistirse a esa ropa impregnada del aroma de una mujer como ella?

    – Soy el profesor A. La voz de Tomás temblaba y eso hizo crecerse a Elena. “Quería hablar contigo”.

    – “¿Conmigo? Creo recordar que me dijo que evitase volver a hablar con usted, al menos en privado”.

    – “Bueno, verás, he estado pensando en la proposición que me hiciste y creo que tenías razón, que puede ser muy ventajosa para los dos”.

    – “No sé profesor. Creo que no era una buena idea después de todo. Creo que lo que me dijo usted es lo más sensato. Trabajaré duro en su asignatura. Es mejor que, como dijo, hagamos como si esa conversación no hubiese existido y que mantengamos el contacto imprescindible”.

    – Pero Elena, ¡por favor! Me equivoqué. Piensa en lo que puedes ganar. Déjame que te invite esta noche a cenar y lo hablamos, por favor.

    – “Es mejor que no, profesor. Además, ya tengo planes. He quedado con un amigo. Adiós”.

    Elena no había quedado con nadie. Pensaba quedarse en su habitación de la residencia y acostarse pronto. Sin embargo, sus palabras sumieron a Tomás en una profunda inquietud. Tenía que lograr, como fuera, que Elena volviera a reconsiderar su plan.

    No sabía que hacer. Tenía que conseguir verla. Volvió a llamarla. La voz de Elena le respondió segura, firme y algo cortante:

    – “Diga”.

    – “Elena, soy otra vez Tomás”. “¿Podríamos vernos ahora aunque solo sea un momento?”. “Tengo que darte una mochila que olvidaste en mi despacho”.

    – “¿Una mochila? ¡Ah! Entonces me la dejé allí. Ya la daba por perdida” mintió Elena. Bueno, no importa, el lunes la recogeré”.

    – “Puedo dártela ahora. La llevaré donde me digas”.

    – “Bueno. Haremos una cosa. Tengo que salir. Dígame donde vive y me pasaré a por ella. Y otra cosa. No me tutee más, por favor, me hace sentir incómoda después de lo que pasó”.

    Tomás dio su dirección a Elena. Por supuesto, ella no había pensado en ningún momento renunciar al trato. Sabía que Tomás estaba enganchado en su anzuelo y que, después de probar su aroma íntimo, conseguiría que se clavara más y más en el anzuelo.

    No convenía que Tomás fuese a la residencia de estudiantes y lo vieran allí con ella y, ya que él había perdido toda prudencia, trastornado como estaba por su aroma íntimo, tenía que ser ella la que pusiese cordura. Para que su plan funcionara, era imprescindible la discreción. Además, así conocería la que iba a ser su nueva casa durante el curso.

  • El profe (capítulo 4)

    El profe (capítulo 4)

    Ella se sostenía fuertemente de la baranda del balcón mientras que, agachada, soportaba mis embistes. Le había recogido el vestido hasta la espalda para poderla penetrar mejor, sus nalguitas se aplastaban cuando mi cadera presionaba contra ellas para introducir mi verga en todo su esplendor. La vista de la ciudad, sus luces y el frio nocturno se acompañaban muy bien de los gemidos de Fiorella, que levantaba todo lo que podía su traserito para seguir siendo poseída.

    Saqué mi humedecido falo de su interior y retrocedí un par de pasos. Ella seguía agachada ofreciéndome su enrojecida cola, su vagina aún abierta goteaba sus jugos, más arriba sus nalgas escondían su pequeño ojete, hacia abajo sus blancas piernas se veían aún más sensuales gracias a los altos zapatos de tacón que vestía. En la calle, mucho más abajo, se escuchaba el sonido de los carros y la gente al pasar. Ella volteó un poco para poder verme, de seguro preguntándose porqué no la seguía montando. Una ráfaga de viento le levantó el cabello y pude verle la cara, estaba sonrosada, con las mejillas encendidas y con un poco de saliva cayéndole de los labios entreabiertos; pero sobre todo tenía los ojos llenos de lujuria y deseo. Cogí mi verga con una mano y con la otra le separé una nalga para volverla a taladrar, pero ¿cómo llegué a este momento? ¿Cómo terminé domando a la formidable Fiorella Bravo?

    ————- x ————

    El lunes por la mañana había poco tráfico, por lo que la ruta hacia la universidad la hice relativamente rápido. Las afueras del centro de estudio ya bullían de actividad, jóvenes iban de aquí hacia allá, muchos en grupo bromeaban mientras compartían tareas o simplemente se entretenían antes de dirigirse a clase. Compré dos cafés con crema, un par de empanadas y caminé sin prisa al salón de docentes, quería charlar con Fiorella, aclararle que lo que había visto en mi bolsa era para que lo usara en otra persona, no en mí mismo.

    El salón de docentes era espacioso, y pocas veces solía estar lleno, cada uno tenía su pequeño casillero y un escritorio modular, el mío tenía lo necesario para desarrollar mi trabajo, a mi costado estaba el de Fiorella, que tenía sus detalles, algunos folders y un par de pequeños peluches con cosas de damas, también un diminuto masetero con un cactus al que llamaba “puntitas”.

    Pensaba invitarle el café y empanada, charlar un rato y tal vez pedirle unos consejos. Gracias a los últimos eventos me sentía de nuevo vivo, quería cuidarme, hacer ejercicio, divertirme y conocer cosas nuevas. Al margen del desliz con mi exesposa, había tenido un fin de semana espectacular… de pronto llegó un mensaje de texto a mi celular, era de Fiorella, un texto breve:

    – «Dirás que ella se te acercó a contarte que yo tenía mi blusa manchada, solo eso»

    Me quedé mirando el celular, muy confundido, llevé mis manos al móvil para escribirle una respuesta, pero una voz de catacumba me llamó por mi nombre. Era la decana de la facultad de derecho, que en ese momento ingresaba al salón de docentes y se aproximaba a mi escritorio, vestía un elegante conjunto hecho a la medida, era una mujer ya de edad, nervuda y, pese a mis esfuerzos, alguien que me odiaba.

    — ¿Señor De la Rosa sería tan amable de venir a mi oficina? —me dijo con un tono frío, como si proviniese del inframundo.

    — Decana tengo clase en diez minutos.

    — Venga inmediatamente — dijo, saliendo sin esperar mi respuesta.

    Ella caminaba rápido, cuando salí del aula yo estaba sumamente preocupado, mi mente bullía de ideas. Esa mujer era en parte la responsable de que yo hubiese ingresado a dictar clases, por recomendación de mi exesposa, pero también se había convertido en mi inquisidora luego de mi divorcio. Cada detalle, cada desliz, todo, era observado por ella, manteniéndome en constante jaque, seguramente por encargo de mi exesposa, quien gozaría de verme privado también de mi trabajo de docente.

    La oficina de la decana era amplia, contaba con una antesala y unos pequeños sillones en los que encontré sentados a Daniela y a Fiorella, ambas con cara muy seria. Daniela vestía un polo ceñido color azul, que marcaba muy bien sus curvas, con su jean también ceñido, se le veía como siempre espectacular, pero su vista estaba perdida; por otro lado, Fiorella tenía su típica blusa blanca que amenazaba con reventar, con un pantalón de vestir plomo, se le veía elegante, pero reconocí cierta súplica en su mirada, yo me encontraba desconcertado. Estando ya todos juntos la decana empezó a hablar.

    —Lo que diré es algo serio, y advierto que se adoptarán las medidas disciplinarias de acuerdo con el reglamento ético interno. Hablaré con ustedes por separado, y mi testigo será la Dra. Fiorella Bravo —dicho esto hizo una pausa dramática— pase el Dr. De la Rosa con la Dra. Bravo.

    Ingresamos a su oficina y la decana se limitó a voltear el monitor de su computador, se veía un video en pausa. Le dio a reproducir e inmediatamente me reconocí, era la clase del viernes, mi última clase, desde el alto ángulo de la cámara me miraba mientras en la imagen acomodaba mi material de clases, guardaba mis cosas y volteaba, allí apoyada contra el marco de la puerta, apenas visible había una persona, que yo sabía bien que se trataba de Daniela. Nos acercábamos, charlábamos y, gracias al ángulo de la cámara que apuntaba sobre todo a la pizarra y apenas cubría la parte posterior, parecía que nos acercábamos más de lo necesario. Yo sabía muy bien que ella me había dado en ese momento un pequeño beso, pero eso no llegaba a apreciarse en la cámara.

    —¿Puede reconocer a las personas de la imagen? —me dijo mi inquisidora.

    —Si, ese soy yo, estoy alistando mi material, y la otra persona que se hace presente es Daniela Fernández, una de mis estudiantes y que ahora está sentada fuera de esta oficina —intenté sonar despreocupado.

    —Y ¿puede usted decirme qué hace usted con ella cuando se le acerca de esta manera?

    —Solo hablamos.

    —Veo que hablan muy juntos, tal vez demasiado.

    Entonces encajé lo que Fiorella me quiso decir el mensaje de texto de hace unos momentos.

    —Me quería decir algo bochornoso, eso es todo.

    —y ¿qué cosa era eso que le quería decir?

    —Me contó que a la Dra. Bravo se le había manchado su blusa, me pidió que se lo dijera, al parecer a ella le daba vergüenza.

    La decana se quedó un momento quieta, como ordenando sus ideas.

    —¿Sabe que mantener una relación afectiva con un o una estudiante está prohibido?

    —Lo sé, y no tiene por qué preocuparse por ello, además levantar falsas acusaciones o intimidar al personal también afecta sus derechos, lo que encuentro más indignante es que este interrogatorio se esté practicando sin habérseme explicado antes los motivos, sin permitirme defenderme.

    La decana sonrió en demasía, era una imagen tétrica.

    —Pero Doctor… esto solo es un conversatorio… ¿alguien lo ha acusado de algo? Oh que mal entendido. Por favor diríjase a su clase, no lo interrumpo más —terminó, sonriendo con malicia.

    Me levanté y salí de la oficina, le lancé una rápida mirada a Daniela, guiñándole un ojo, esperaba que la bruja no la intimidase demasiado. Cogí mis cosas y me dirigí al salón, dicté mis clases sin mayor problema, cuando ya terminaba la jordana retorné al salón de docentes, y encontré a Fiorella allí sentada, había otros docentes ocupados en sus deberes, así que ingresé en silencio rumbo a mi escritorio.

    —Antes de que me digas nada quiero que cojas tus cosas y me esperes en el restaurante de las lágrimas —me dijo casi en susurros, mientras tecleaba en su laptop, pareciendo ocupada.

    Me dirigí a mi casillero, tomé mis cosas e hice hora, el café con la empanada que le había dejado en el escritorio seguían intactos. Salí del salón intentando parecer despreocupado, caminé lento, no había visto a Daniela y me apenaba haberla metido en este tipo de problemas.

    El restaurante de las lágrimas era un pequeño local donde servían almuerzos a buen precio, no estaba cerca de la universidad, pero la agradable comida a bajo costo valía es esfuerzo de alejarse un poco de más. Con Fiorella lo llamábamos así pues cuando ambos tuvimos problemas coincidimos en el lugar, y por alguna razón confiamos nuestras penas y amarguras al otro, derramando algunas lágrimas en las largas conversaciones.

    Llegué allí con mi auto, busqué una mesa distante y la ocupé, pidiendo algo de comer y beber. Esperé por casi media hora, sin poder poner mi mente en orden, pensando en qué otro trabajo podría conseguir, y en las pésimas referencias que daría de mí el haberme metido con mi estudiante. Por fin el sonido de tacones y la aparición en la puerta de Fiorella me aceleró el corazón. Ella saludó con amabilidad al personal de servicio y se acercó a la mesa, dando miradas cautelosas alrededor.

    — Pues admito que me equivoqué, no eres gay después de todo —me dijo a modo de saludo.

    — ¿Qué pasó con la decana? —le pregunté, sin ocultar mi preocupación.

    — Tranquilo, no se tragó el cuento de mi blusa, pero por lo menos no tiene algo sólido para acusarte, tu “querida” estudiante hizo bien su papel, hasta te imitó indignándose —dijo.

    — Ya veo, gracias por el mensaje, pensaste rápido en una solución.

    — Carlos no estás viendo todo el panorama, no me gusta meterme en problemas de este tipo, ¿has estado con cara de enamorado por “esa” chica? ¿Sabes que no está bien?

    Lo pensé un momento, era cierto que no estaba bien, y sí estaba enamorado, ilusionado cuanto menos de esa joven que me había sacado de mi pozo de autocompasión.

    — Has acertado, pero tal vez no estoy enamorado, pero si encaprichado, no sé bien cómo explicarlo.

    — Imagino que ya te la cogiste, no te culpo, pero tampoco lo justifico. ¿lo que compraste el sábado era para ella?

    — No, era para otra dama —le confesé la verdad, no quería mentirle a mi amiga.

    Me miró por un buen rato, llegó su comida y ella la empezó a consumir en silencio con la mirada en su plato. Mientras ella comía me dediqué a observarla, era una bella mujer, su cara era redondita, bien proporcionada, sus largas pestañas acentuaban los ojos tristones que ahora parecían perdidos en decidir si lo que había hecho estaba bien o mal. Su labio superior era un poco más grande que el inferior, lo que le daba cierto aire de ser una gata relamiéndose, además tenía una forma lenta de llevar el tenedor a su boca, abrirla, envolver el cubierto y luego dejarlo limpio, muy sensualmente. Su pálida piel tenía el tono necesario de color para que pareciese siempre maquillada con rubor. Un fino cuello conectaba con hombros cansados por el peso de su enorme busto. Aún daba de lactar a su bebé, por lo que, llenos de leche, sus senos abarcaban por completo su blusa blanca, cuyos botones podrían dejarse vencer en cualquier momento. Ella era un tanto bajita, sus piernas parecían delgadas, y su trasero lo justo para llenar el pantalón, sin forzarlo. Era como si la mayor parte de sus curvas estuviesen en sus pechos. Grandes y jugosos pechos. Bellos y redondos pechos…

    — Ahora uso unos absorbentes, para evitar volver a derramar… ya sabes.

    El comentario me sacó de mi ensoñación, ahora ella daba el último bocado de su comida y me miraba con determinación.

    — Te diré qué haremos —me hablo con decisión— me debes un favor, un gran favor, y justo ahora necesito de tu ayuda.

    — Claro, lo que quieras.

    Me contó de ciertos problemas que había tenido. Ella tenía otro trabajo además de ser docente, y ese estudio de abogados al que pertenecía haría una fiesta de gala por el aniversario del negocio. El padre de su hijo se pavonearía con su nueva pareja, y ella necesitaba quien la acompañe a la reunión. Desde luego que, agradecido por su apoyo y amistad, acepté acompañarla.

    Durante la semana estuve distanciado de Daniela, intercambiamos miradas, pero casi no hablamos. La miraba con deseo, esperando que el tiempo nos permita volver a intimar. Llegó el sábado, me acicalé lo mejor que pude, mientras me bañaba me afeité bien los alrededores de mi falo (ya era una costumbre en mi), me vestí lo mejor que pude, con buenos aditamentos, reloj, zapatos, una esclava de plata y botones a juego. Dejé el carro, pues pensaba tomar, en cambio contraté un vehículo con chofer para recoger a mi amiga y, por esta noche, pareja de fiesta.

    Ella vivía en la casa de su madre, en parte por su separación, y también porque le ayudaba cuidando a su hijo. La esperé en la puerta, como suele ser costumbre de un varón hacia una dama, hasta que salió. Estaba espectacular, tenía un vestido color perla, con encajes en el pecho, dejando traslucir su agraciado tamaño, la falda circular suelta le llegaba por encima de la rodilla, bailaba con cada movimiento que ella daba. Tenía la cantidad exacta de maquillaje, con los labios brillosos, que daban ganas de besarla. El mayor descubrimiento fueron sus piernas, bellas y contorneadas, del color del marfil.

    —Que puntual mi chambelán —me dijo sonriendo.

    —Por aquí mi princesa —le contesté, también sonriendo, ayudándola a subir al vehículo.

    Charlamos y bromeamos mientras nos llevaban al lugar del evento. Era extraño verla así, tan suelta, tan sonriente, su risa era contagiosa, y tenía energía de sobra para hacerme olvidar cualquier problema de la vida. Cuando llegamos ya había oscurecido un poco. El evento se desarrollaba en el salón de un hotel de prestigio. Todo se veía muy elegante, nos chequeamos e ingresamos a la mesa asignada, ella saludaba a todo el que se le cruzaba, y no se me pasó que diversas parejas le lanzaban miradas de extrañeza, como si hubiesen esperado que ella no fuese.

    —Aquí nos toca —me señalo una mesa para tres parejas, ella caminaba enfrente mío, jalándome de la mano con delicadeza. Yo le iba lanzando miradas a tu trasero, que con la falda suelta no se distinguía, pero sí dejaba a la vista a sus delicados muslos y pantorrillas, muy apetecibles desde mi perspectiva.

    Nos acomodamos y continuamos haciendo bromas de todo tipo, contando nuestras anécdotas del trabajo, ella me presentó a los demás integrantes de la mesa y pronto hicimos buenas migas.

    Sirvieron la cena, cerdo al horno con puré y ensalada, muy agradable. Mientras cenábamos el maestro ceremonia pidió la atención de todos por un momento. Anunciaron que presentarían al nuevo socio del estudio.

    —El nuevo socio de nuestro prestigioso estudio es… ¡Hernán Miranda! —dijo el presentador.

    Fiorella dejó caer su tenedor. No era para menos, pues el recién nombrado era su expareja, y ahora su probable jefe.

    — Ese bastardo, como está con la hija del dueño era lo que se podía esperar.

    — No te lo tomes personal —dijo uno de sus compañeros de mesa.

    Un sujeto salió al centro del escenario, era un tipo relativamente bajito, de quijada cuadrada y con una notoria calva prematura. Desde mi punto de vista su cabeza parecía un codo. A su lado tenía a una dama por lo menos diez años más joven, muy esbelta y con la cara algo plastificada, seguramente por operaciones estéticas. El tipo dio un discurso de agradecimiento, para luego brindar y dirigirse a su asiento, durante todo ese tiempo tomé de la mano a mi amiga, le presioné un poco los dedos, para que se fijara en mí. Ella apretaba con su manita su copa de vino, que amenazaba con romperse en cualquier momento. Sus ojos estaban enrojecidos, así que, conociéndola, le dije lo que ella me aconsejó tiempo atrás.

    — No les des el gusto mi princesa.

    — No lo haré Chambelán —me contestó frotándose los ojos—, mejor brindemos por otra cosa, brinda por algo de mí que te guste.

    — Brindo por tus… —me quedé pensando— por tus ojitos de muñeca —le dije por fin, generando una sonrisa de su parte.

    — Gracias, yo brindo por tu cabello, natural y abundante —lo que era una indirecta hacia su ex.

    — Bueno ¿gracias? —le contesté, para luego ambos ponernos a reír.

    Continuamos con la cena, pronto un orquestín amenizó la noche y salimos a bailar, no éramos muy buenos, pero nos divertimos. Abusamos de los cocteles y pronto nos encontramos lanzándonos piropos. Casi siempre parábamos agarrados de la mano, salíamos a bailar así, y así mismo regresábamos a nuestra mesa. En uno de esos retornos ella se frenó en seco.

    — Hola Fiorella, gracias por venir a mi fiesta —le dijo el nuevo socio, su ex, que nos esperaba sentado en nuestros asientos, en la mesa junto a su novia.

    — Estos son nuestros lugares, te agradecería no agriar mi noche, además la reunión es por el aniversario del estudio, no por tu reciente nombramiento.

    — Como sea, es mi noche y la de nadie más —le contestó autoritario— ¿y este quién es? —dijo señalándome.

    — Soy el señor Peluquín Peluquillo, vendo pelucas y también me dedico a tratamientos capilares, le puedo dar una tarjeta si gusta —le contesté muy sonriente.

    Ante mi respuesta él se puso de pie como un resorte, mientras que yo me paré frente a Fiorella, sosteniéndole la mirada al sujeto, enderezándome cuan alto era. La diferencia de tamaños y presencias era notable, así que él cedió, tomó de la mano a su pareja y se alejó del lugar.

    — Gracias… señor peluquín —me dijo Fiorella sentándose.

    La mesa entera estalló en carcajadas, que no pasaron desapercibidas. Me había convertido en el héroe de la noche.

    Brindamos y empezamos un juego de toqueteos bajo la mesa, discretos en un principio, luego más atrevidos. La falda suelta de ella me daba libertad de acción, ella, con las mejillas encendidas se dejaba acariciar. Por su parte descansaba su mano sobre mi paquete, que bajo el pantalón estaba erecto. Me lo frotaba y apretaba un poco cada cierto tiempo.

    Le había acercado la silla a mi lado, para cruzarle mi brazo sobre los hombros, de vez en cuando simulaba ver la hora para levantar la mano y rozarle los abultados pechos.

    — ¿Sabes qué se me antoja? —le pregunté.

    — ¿Qué cosa desea mi chambelán?

    — Un vaso de leche fresca, ¿sabes dónde podré encontrar una vaquita para obtenerla?

    Sonrió y movió un poco los pechos a los lados, haciendo que se bamboleen.

    — Sigue portándote bien chambelán y creo que podrás ordeñar a una vaquita muy pronto.

    — Tal vez podamos ordeñarnos mutuamente —le contesté, a lo que ella abrió mucho los ojos. Tal vez me había pasado de la raya. Pero ella no se incomodó, sino que se mordió el labio, imaginando lo que le estaba ofreciendo.

    La noche ya estaba avanzada y quedaban pocas parejas en el salón, me pidió que la acompañara al baño, ella entro, la esperé, al salir me sonrió y caminando hacia mí me besó, un beso algo tímido, pero un beso, al fin y al cabo, la tomé del brazo y retornamos a nuestra mesa.

    Continuamos con nuestros juegos, yo moría por darle una buena probada a sus tetas, y ella ya parecía dispuesta a permitirme poseerla, así que saqué el móvil con la finalidad de llamar el carro para que nos lleve de vuelta a su casa o a la mía, pero ella me tomó del brazo.

    — No podemos ir a mi casa…

    — Entonces vamos a mi departamento ¿qué dices?

    — No… es muy pronto para ir a tu casa.

    — ¿Entonces qué haremos princesa?

    — Te tengo una sorpresa —dijo poniéndose muy roja mientras intentaba sonreír.

    Me llevó de la mano fuera del salón, luego, por otra puerta volvimos a ingresar al hotel.

    — Tengo una reserva para esta noche —le dijo al recepcionista, dándole sus datos.

    — Claro, habitación especial, quinto piso, número quinientos tres —le contestó el trabajador, dándome una tarjeta mientras me guiñaba el ojo y me señalaba el ascensor.

    La tomé de la cintura e ingresamos al ascensor, cuando la puerta se cerró me abalancé hacia ella, le besé el cuello y manoseé sus nalgas, ella me abrazó y levantó la carita buscando mi boca. Nos besamos con pasión, ella tocaba con urgencia mi cuerpo, sintiéndome por encima de la ropa. Yo le levanté la falda suelta que vestía y toqué sus glúteos, tenía una tanga con encaje, muy seductora tanto a la vista como al tacto. Su culito estaba helado, era redondito y con las nalgas un poco separadas; una belleza. Todo era frenético, bajé mi cara y la hundí en sus tetas, bastas, redondas, infladas por la lactancia, con su blanca piel que dejaba traslucir venitas por la presión que debían soportar. Le tiré un poco del cuello del vestido y saltó libre uno de sus pechos, los pezones rozados estaban erectos, lo rodeé con la boca y sorbí gustoso, brotando un chorro de leche caliente. Ella gimió de manera muy sonora, le di un pequeño mordisco extasiado, entonces sonó una campanita y se abrió el ascensor.

    Agitados la tomé de la mano y empezamos a recorrer velozmente el pasillo, que estaba desierto. La tercera puerta era la indicada, volteé a mirarla y ella seguía sonrosada, con la boca entreabierta y un seno al aire, se me abalanzó y me besó nuevamente, yo introduje mi lengua en su boca, aún con el sabor de sus senos, mientras le acariciaba la espalda. Tanteé en mi bolsillo hasta que cogí la tarjeta y la puse sobre el lector de la puerta, esta se abrió, permitiéndonos tener más intimidad.

    El cuarto era muy amplio, con una gran cama tamaño King, una mampara de acceso a un balcón, una mini sala y lo mejor, un sillón tántrico. Ella ya había planeado tener una noche de pasión, y yo estaba totalmente dispuesto a cumplir sus fantasías.

    Le di la vuelta y la empujé hacia la pared, ella obediente se quedó quieta dándome la espalda, con las manos en la pared, expectante. Le recogí el cabello, soplándole en la oreja y lamiendo su cuello, adelanté mis manos y liberé su otra ubre, las tomé en mis manos, que no llegaban a abarcar sus redondeces, pues eran pesadas, imponentes; me deleité estrujándolas un poco, sintiendo humedecerse mis manos por la leche que se le escapaba. Mientras tanto lamía su cuello, bajé a su espalda y le empecé a bajar el cierre del vestido, pero me detuve, se le veía tan perfecta así, por lo que decidí dejarla como una princesa. Le fui dando besos sobre la tela, solté sus tetas y me puse de cuclillas, levantándole la falta para verle el culito, que con su tanga con encajes y sus nalgas separadas me dejó sin aire. Le di un sonoro beso en un glúteo, luego un leve mordisco en el otro, le quebré un poco la cintura y lamí sobre la tela su vulva y culito. Ella respiraba agitada, con pequeños gemidos. Con cuidado le hice a un lado la tela y le metí la lengua en la vagina. Ella estaba muy húmeda; al sentir mis caricias se agacho un poco más para permitirme explorar a mi gusto.

    Jugué con ella, bajé con mis caricias y roces hasta sus muslos, solo para volver a subir y lamerle hasta el alma. Ella arañaba la pared, suspirando y gimiendo con libertad. Me paré y abrí mi bragueta, momento en el que ella frenó su respiración. Hice a un lado mi ropa interior y saqué mi verga, con huevos y todo.

    — Ábrete el culito —le dije.

    Ella apoyó la cabeza en la pared y con ambas manos se separó los cachetes, todo ello sin sacarse la ropa interior. Yo acerqué mi poronga y se la froté por las nalgas, le rocé la cabeza por ambos muslos, y finalmente coloqué la cabeza en la entrada de su vagina. Ella permanecía muy quieta, casi inmóvil.

    — ¿quieres que te la meta?

    — Si quiero, métela por favor —me contestó con la voz entrecortada.

    Le introduje lentamente la verga, haciéndole sentir cada trozo de mi masculinidad, cuando entró en su totalidad me paré por completo y la dejé a ella de puntitas, intentando mantener el equilibrio mientras la llenaba con mi nabo. Seguía separando con sus manos su culito, así que le tomé ambas manos y empecé un agradable mete y saca. Ella era como una muñequita, se dejaba hacer, aguantaba bien mis embistes, sus pechos se apretaban contra la pared cuando la fuerza era excesiva, pero sus gemidos me invitaban a continuar.

    — ¡Que rico! —me dijo, entre jadeos.

    Ese comentario me animó a hacer una locura. Sin dejar el ritmo del mete y saca la empecé a hacer caminar, dándole su bombeada a cada paso que daba, llegamos a la mampara de vidrio y la apreté contra el cristal, abriendo la puerta. El aire frio nos llegó de golpe y nos puso la piel de gallina. Saqué mi verga y vi que salía vapor. La acerqué al borde del balcón y la hice agarrarlo y agacharse, ofreciéndome la cola. Ella había reducido sus gemidos, tal vez por vergüenza o por temor a que alguien nos viese, pero solo se vive una vez, así que le di una nalgada.

    — ¿está rico? —le pregunté mientras le cacheteaba el culo.

    — Si…

    — ¿Si qué? —le volví a preguntar, dándole otra sonora nalgada.

    — Si está rico.

    — ¡Sigue! —le ordené, penetrándola con rudeza.

    — ¡Está rico! ¡está rico! ¡rico!…

    Aceleré el ritmo, viendo sus nalguitas enrojecidas. Al abrigo de la noche se escuchaban algunos autos pasar, muy poca gente deambulando, y el rítmico sonido de mi cadera chocando conta sus glúteos.

    No quería acabar rápido, así que salí de ella y retrocedí un par de pasos, ella se quedó quiera un rato, y volteó un poco para verme. Estaba preciosa, babeando un poco, con el cabello algo alborotado, con sus grandes tetas colgando, aún con su vestido, zaparos y tanga puestos.

    Cogí mi verga con mi mano y la sacudí un poco, para calmar mis ansias, pero ella lo tomó como una invitación y acercó su mano, agarrándome el pedazo y, agachándose rápido, se lo llevó a la boca. Se puso de cuclillas y me empezó a dar una mamada de lujo. Su boquita era muy curiosa, su carnoso labio superior parecía envolver mi verga. Ella salivaba muchísimo, mi falo estaba húmedo y ella seguía humedeciéndolo aún más, tenía una gran capacidad para soportar metérselo hasta la garganta, lo que le generaba pequeñas arcadas, pero a mí me dejaba viendo estrellas, demostrando que no era una mamona sin experiencia. Me alerté, pues sentí mis huevos contarse, señal de que me corría, intenté alejarla y sacársela, pero ella se aferró a mí espalda y se metió toda mi verga hasta el cuello, haciendo que me corra dentro de su boca, expulsando de golpe grandes borbotones de mi leche. Ella como toda una campeona tragó sin dejar de mamar, con sonoros “glups glups glups”. Cuando la tomó toda sacó mi verga y la siguió lamiendo. Yo me agarré la pija y le di unos cuantos golpes en la cara, cosa que le sacó una carcajada.

    — ¡Dios! ¿me estás castigando o premiando?

    — Ambas cosas mi tetona amiga.

    Ella se paró y, juntando sus pechos con las manos me ofreció algo de tomar, yo le lamí las tetas y me puse a chupárselas. Así, lactando, la acerqué a la cama y la tendí en ella. Le chupé los senos por buen rato, sacándole por fin el vestido, liberando un cuerpo fino. No se llegaban a distinguir consecuencias de su embarazo, por lo contrario, yo la veía muy hermosa, Cuando le solté los pechos ella se subió encima de mí, se acomodó mi pinga entre las nalgas, ajustando la cabeza en la entrada de su vagina. Yo seguía duro así que la dejé montarse. De un sentón se la metió toda, empezando a dar saltos; pequeños al principio, más fuertes y enérgicos después. Resultó ser más atlética de lo que parecía, se sacaba y metía todo mi falo en su extensión. El grosor parecía gustarle mucho y llenarla, lo espectacular era que sus tetotas rebotaban triunfantes, como dos balones dando botes, haciendo volar gotitas de leche materna. Ella me arañaba el pecho mientras gemía al ser penetrada. Yo tenía mis manos en su culito, nalgueándola y apoyándola para que no se zafe de mi falo. Levanté la cara y le volví a atrapar los senos en mi boca, se los mordía, tiraba de uno y le sacaba lo que podría, luego cambiaba al otro. Ella abrió mucho la boca y soltó un sonoro gemido, dejándose caer, siendo penetrada del todo, teniendo un potente orgasmo.

    Se acurrucó en mi pecho, recibiendo unas cuantas caricias, aún con mi poronga en su interior. De pronto se dejó caer de lado y le dijo que me sentara en el borde de la cama.

    — Aún no te he ordeñado como debe ser, verás lo que una mujer de verdad puede hacer, no esa mocosa con la que te has estado metiendo —me dijo.

    Yo le sonreí, ella estaba celosa de Daniela. Le hice caso sentándome en el borde, con las piernas un poco separadas. Ella puso su boca sobre mi verga, sin llegar a tocarla la abrió y sacó la lengua, dejando caer saliva como un pequeño chorrito, mojando mi aún endurecido falo. Luego tomó sus tetas con las manos y las juntó, dejando al medio mi pinga, con sumo cuidado las levantó y bajó, humedeciendo el centro con su saliva, haciéndome una rusa. Sus tetas eran muy suaves, y con lo mojado que estaba todo se resbalaba con facilidad, causándome muchas sensaciones placenteras. Lo mejor de todo es que, mientras hacía todo eso, ella me miraba, captando cada gesto de placer que yo hacía. Ella bajó un poco su cabeza y le dio una sorbida a mi verga, cogiendo la cabeza y jugando alrededor con su lengua, para luego volver a ponerse a cierta distancia, salivando. Todo ello mientras seguía pajeándome con las tetas.

    Quién diría que mi amiga Fiorella podía ser tan sensual, pícara y golosa. Me venció el placer y me corrí, lanzando fuertes chorros de leche al aire, a su cara, a sus tetas. Ella siguió pajeándome con una gran sonrisa en la cara, triunfante por su logro. Se relamió lo que quedaba de leche y, cuando nos calmamos me jaló hacia la ducha. Nos duchamos juntos en una gran tina. Nos aseamos y secamos, yendo a la cama. Entre caricias la hice dormir. Decidí que al amanecer seguiríamos con nuestros juegos. Ese sillón tántrico no se quedaría sin ser usado, ¡no señor!

    Me despertó el timbre de mi celular, Fiorella aún dormía plácidamente, en la pantalla se leía “Daniela Bombón”. Contesté y escuché la voz de mi ángel:

    — Hola profe, necesito verlo urgente…

  • Mi hermosa Irma

    Mi hermosa Irma

    Hola a todos, soy Samuel, tengo 36 años. Mis relatos son mis vivencias. Espero las disfruten.

    Era un domingo por la mañana, estaba tranquilamente descansando cuando escuché sonar el timbre de mi casa, así que me dispuse a abrir, para mi suerte se trataba de Irma. Ella era mi vecina, vivía a tres casas de la mía, pero pocas veces la veía. Irma, en ese entonces, recién había cumplido sus 18 años, se encontraba estudiando la preparatoria, mientras que yo tenía 22.

    Irma era de piel blanca, su cabellera era rubia, unos ojos color café. Tenía unos pechos pequeños que los complementaba con un culito bien redondito y paradito. Pero sus piernas era lo que más me llamaba la atención, estaban bien formadas debido a que en su escuela pertenecía al grupo de porristas.

    Ese día iba vestida con una blusa blanca que trasparentaba su brasier negro, que le hacía conjunto con un short cortito que le llegaba apenas debajo de su culito.

    -Hola Irma, ¿y ese milagro que te dejas ver?

    -Pues ya vez, de vez en cuando me aparezco por estos rumbos.

    -Pasa, siéntate en la sala.

    -Gracias

    Dejé que Irma entrara primero para poder ver su culito desde atrás. Uff, que ganas de querer masajear ese trasero, pero mejor me tranquilicé, ya que mi pene estaba en proceso de tener una erección.

    – ¿Te ofrezco algo de beber? – le pregunté.

    -No gracias, no voy a tardar tanto.

    – Y dime, ¿a qué se debe el honor de tu visita?

    – Vengo a ofrecerte unos boletos para una lotería que estamos organizando mi mamá y yo para el sábado de la siguiente semana. Es para juntar un poco de dinero para mi fiesta de graduación y debido al accidente de mi papá pues no nos ha ido muy bien que digamos, así que estamos haciendo esto para ayudarnos un poco con esos gastos.

    -Pues entonces que sean dos – le pedí – No tengo mucha suerte para los juegos de azar, pero mi mamá es toda una experta. Así que le daré el mío para que juegue. Todo sea para ayudarte con tu graduación.

    – Muchas gracias, Samuel. Toma, aquí están los boletos – Irma sacó de su bolso los dos boletos que le pedí, por lo que yo fui a mi habitación para pagárselos.

    – Toma, aquí está el dinero.

    – Bueno, me despido entonces. Nos estamos viendo.

    – Ok, te acompaño a la salida- Nuevamente aproveché para darle un último vistazo a ese culo y piernas. Ya en el portón, me despedí de ella, dándole un beso en la mejilla, percatándome de un agradable aroma. No cabe duda que era toda una hermosura.

    Y así transcurrió la semana, llegó el día sábado, pero por cuestiones personales no pude asistir a la lotería. Pero mi madre sí, quien ya por la noche bien contenta me dijo que se había ganado un juego de vasos con platos y cucharas, pero como ya era de noche Irma se ofreció a llevarlos al día siguiente, el domingo, porque eran pesados y ella no iba a poder con todo. También me comenzó a platicar de los problemas económicos que Irma y su familia estaban pasando. Su padre tuvo un accidente en su trabajo que lo mantuvo en cama por unos meses, aunque actualmente se encontraba en rehabilitación, mientras la madre era la que se hacía cargo de los gastos de su casa y a la vez vendía productos de catálogo, pero no era suficiente, aunado a eso Irma estaba a punto de terminar la preparatoria y no tenían dinero para la fiesta de graduación, por eso hicieron la lotería.

    Al día siguiente, me encontraba plácidamente descansando en mi habitación. Mi madre no estaría ya que como toda señora se había ido a la iglesia para la misa matinal. De pronto escuché que sonó el timbre de la casa, me pregunté quién diablos sería tan cabrón como para ir a molestar tan temprano. Ante la insistencia de la persona por tocar el timbre, no tuve más remedio que levantarme, y al asomarme me di cuenta que era Irma, quien llevaba cargando los premios ganados por mi madre en la lotería. Por lo que de inmediato corrí a abrir el portón y ayudarle a mi hermosa Irma. Fue así que ella me entregó la carga, pero al verme noté en su rostro un gesto de extrañeza para después ponerse roja como tomate. Yo sin caer en cuenta no sabía el por qué, pero la invité a pasar. Fue al cerrar el portón cuando me percaté que solo iba en bóxer, así que rápidamente entré a la casa y dejé sobre el comedor los premios. A lo lejos solo alcancé a decirle a Irma

    – Irma, enseguida regreso, voy a mi habitación a ponerme algo de ropa. Si gustas algo de beber con confianza agárralo.

    – Si gracias- gritó ella.

    Si bien no tengo un torso bien marcado, mi cuerpo y altura me ayuda mucho con mi fisionomía. Tengo un poco de músculo así que no parezco mucho una lombriz.

    Rápidamente me di un baño, me puse ropa y ahora sí a ver a mi querida Irma.

    Ese día Irma llevaba puesto un short de mezclilla con una blusa verde y tenis color blanco. Llevaba una cola de caballo, lo que hacía resaltar más su lindo rostro.

    -Ya estoy de regreso. Sí que están algo pesados los premios. Se ve que son de buena calidad.

    -Si ¿verdad? No te imaginas lo que venía batallando desde mi casa y eso que no vivimos tan lejos. Jaja – Sonrío.

    – Si, ya lo creo. Por cierto, te ofrezco una disculpa por las fachas en que me encontraste. Estaba dormido y al salir y verte con todo eso pesado no me percaté de mi vestimenta.

    – No te preocupes – arrojó una pequeña sonrisa- A veces suele pasar

    – Y bien, dime ¿cómo les fue con la lotería? – le pregunté para cambiar un poco el tema.

    – Muy bien. Logré vender todos los boletos. Ya con eso logro dar una parte para la fiesta de graduación.

    -Qué bueno – le referí para después poner una cara más seria.

    -Mi mamá me platicó de las dificultades que están teniendo actualmente a raíz del accidente de tu papá. Es una pena, pero quiero que sepas que si necesitas ayuda, aquí estoy para lo que quieras.

    Al decirle esto, el semblante de Irma cambió por completo. Sus ojos hermosos comenzaron a llenarse de lágrimas, y en un momento comenzaron a rodar por sus mejillas. Así que me senté junto a ella, y comencé a consolarla, pasando mi brazo derecho por sus hombros, dándole unos pequeños golpecitos.

    -No me imagino lo duro que debe ser para ti, pero debes ser fuerte- me levanté e hice pararla a ella, y así fue como le di un fuerte abrazo. Ella también me abrazó y comenzó a llorar, lo cual estaba bien. No me gustaba verla así de triste, pero le ayudaría un poco el desahogarse, y qué mejor si era conmigo. Así estuvimos un buen rato, mientras que yo me deleitaba con su aroma, el cual me estaba volviendo loco. A la vez que intentaba controlar mis instintos para que mi pene no comenzara a ponerse duro.

    Irma logró controlarse, y solo así fue que nos separamos. Ella se secó sus lágrimas con sus manos, para después verme a la cara y decirme

    -Samuel, no sabes cómo te agradezco lo que acabas de decir. En verdad es que necesitaba desahogarme, y contigo me sentí en confianza para hacerlo.

    – Muchas gracias, Irma. Para mí es agradable oírte decir eso.

    Y por un instante nos miramos fijamente, y fue ahí que ambos nos besamos. Nuestras bocas comenzaron a saborearse mutuamente, era un beso demasiado apasionado. Mis manos comenzaron a recorrer su cuerpo, comencé a acariciar su espalda, metiendo mis manos debajo de su blusa, pegándola más a mi cuerpo para que sintiera mi pene todo duro. En un movimiento rápido, la cargué como el cliché de los recién casados en su noche de bodas y la llevé a mi habitación. Estando ahí, la coloqué muy despacio sobre la cama, y comencé a quitarle su blusa, así como su brasier y después me quité mi playera. Era yo quien llevaba la batuta, así que después desabotoné su short y se lo quité, dejándola sola en su ropa interior, es decir solo con su bóxer negro cachetero.

    Me detuve un momento para grabar bien en mi mente esa imagen. Irma, ahí tendida en la cama, esperando la acción, con su cara bien roja, sus pechos pequeños con unos pezones bien paraditos, su bella piel blanca, su hermoso rostro, no cabe duda que me estaba volviendo loco. Me despojé de mi short y me quedé en bóxer, me coloqué en medio de ella y comencé a besarla nuevamente, pero ahora también lo hacía en su cuello, después bajé a sus pechos y mordí su pezón derecho mientras que con mi mano izquierda comenzaba a masajear su otra teta. Le daba unas buenas chupadas, ella solo gemía. Así estaba, turnándome para saborear cada una de sus tetas, hasta que paré por un momento para después comenzar a pasar mi pene, aún con el bóxer puesto, sobre la rajita de Irma. Vaya que si estaba excitada, mi bóxer enseguida se llenó de jugos vaginales. Fue en ese momento que los gemidos de Irma comenzaron a ser más fuertes.

    – Mmm, Samuel… me gusta lo que me haces. Me tienes bien caliente.

    -¿En serio te gusta?- le pregunté

    -Me encanta, siento que me voy a derretir

    Para este momento le quité su bóxer y fue ahí que su vagina, rosadita, llena de jugos pidiendo impacientemente que le metiera mi pene. Fue así que comencé a puntearla, dándole a desear que se la metiera.

    – Métemelo, lo quiero sentir bien adentro. Mmm, dámelo.

    Con ese deseo procedí a meter solo la cabeza de mi pene, sin dificultad fue metiendo más y más mi dura verga. No batallé nada, ya que ella estaba bien excitada y simplemente mi pene se deslizó dentro de su vagina.

    Al momento de tenerla toda dentro, solo escuché un fuerte gemido – Mmm …

    Comencé con el mete y saca, a la vez de que su vagina me apretaba bien fuerte con cada embestida. La miraba a ella y veía cómo sus ojitos se encontraban cerrados, se mordía un labio mientras se dejaba llevar por la situación. De repente sentí como con sus piernas Irma me abrazaba por la espalda, haciendo que mis movimientos fueran más fuertes.

    -Me encanta tu verga, no pensé que me fuera a gustar tanto tenerla toda adentro, mmm, Samuel, eres muy bueno en esto, métemela fuerte, toda… Mmm, que rico, dale, dale…

    Para este entonces yo ya estaba que me venía, así que la levanté de su cadera y seguí metiéndosela más fuerte. Sus gemidos eran cada vez más fuertes, por fortuna mi casa estaba totalmente cerrada así que no habría problemas por los ruidos.

    -Irma, ya me voy a venir- le dije.

    -¿Sí?, entonces vente bien rico… donde tú quieras, pero quiero tu leche calientita ya.

    Así que seguí moviéndome, y me puse a pensar ¿dónde sería bueno acabar?, si bien Irma me dio la libertad de venirme donde yo quisiera, no podía hacerlo, al menos esa vez, dentro de su vagina. No quería tener compromisos mayores, así que decidí venirme fuera, creo ya habría más ocasiones para venirme dentro de ella.

    Llegado el momento, mis movimientos eran más rápidos, inevitablemente acabaría, y así saqué mi pene y comencé a masturbarme, comenzando a eyacular por lo que mis disparos de semen los apunte a la vagina bien abierta de Irma, fue ahí donde cayó todo mi esperma, donde una vez arrojado el último disparo, metí mi pene en la vagina de Irma, aprovechando aún mi erección, mientras que ella realizaba movimientos para disfrutar lo poco que quedaba, hasta que mi pene cedió y fue poniéndose flácido, pero nosotros seguíamos besándonos, en eso estábamos cuando mi celular sonó, era mi madre, así que Irma se levantó y se dirigió al baño, mientras que yo continuaba en la llamada.

    Al poco tiempo Irma regresó, venía solo enrollada en una toalla que apenas le cubría su panochita totalmente depilada.

    – ¿Quién era la que llamó?, preguntó

    – Era mi madre

    – ¿Ya viene? – dijo ella con voz nerviosa

    – Tranquila, solo me habló para avisarme que va a llegar hasta la noche porque aprovechara a ir con mis tíos al centro a hacer unas compras.

    – Así que tenemos un poco más de tiempo, ¿verdad?

    Sinceramente no me esperaba eso, pero ya que ella lo pedía, ¿quién era yo para negarme?

    – Sí- asentí con la cabeza

    Dicho esto, Irma me tumbo en la cama, para después quitarse la toalla que cubría su delicioso cuerpo, para después ponerse encima de mí y comenzar a besarme, podía sentir sus pequeños pechos sobre mí, sus pezones erectos me estaban pidiendo que los devorara, así que comencé a mordérselos,

    – Uff… no los muerdas tan fuerte… capaz que me dejas sin pezones-

    Ella comenzó a besarme por mi pecho, chupando mis pezones para después bajar poco a poco hasta detenerse en mi cintura. Por un momento pensé que me iba a mamar mi pene, pero no fue así. En vez de eso, se sentó sobre mi pene, aún flácido, procurando que su vagina hiciera contacto con mi verga. Después comenzó a menearse como si se estuviera masturbando con mi pene, podía ver cómo los labios de su vagina se abrían, mientras que yo le pellizcaba sus pezones y apretujaba sus tetas.

    Sus movimientos consiguieron su cometido, mi pene comenzó a ponerse duro, comenzando ella a llenarlo con jugos vaginales, era una sensación bien rica que nunca había experimentado pero que me estaba excitando demasiado. Irma parecía estar en su propio mundo de disfrute, se movía con más rapidez, se mordía un labio para después meterse un dedo en la boca y chuparlo, cerraba sus ojos y daba pequeños gemidos.

    – Mmm, Samuel, me voy a venir, siento cómo me quemo por dentro, ahh, ahh, mmm, sí, ahhh, ahh, me vengo…

    Fue ahí que sentí como mi pene era bañado por un fuerte torrente de sus jugos, mientras que Irma se desmayaba sobre mi pecho, temblando de un fuerte orgasmo bien recibido. Solo pasaron pocos minutos cuando Irma se acomodó sobre mi pene, pero esta vez comenzó a metérselo ella sola, hasta el fondo. Se quedó así un segundo para después moverse frenéticamente.

    -¿Te gusta cómo te lo hago?- preguntó

    -Claro que sí corazón, me gusta cómo me lo haces, te mueves bien rico, tu vagina es muy estrecha y me encanta cómo aprieta mi verga

    – Mmm, Samuel, a mí me está volviendo loca cómo me coges

    Terminando de decir eso, Irma se inclinó hacia atrás, doblando sus piernas para quedar totalmente abierta frente a mí, seguía y seguía con el mete y seca, ella sola. Podía ver su vagina completa, rosadita, llena de jugos así que aproveche la posición para, con mi pulgar, comenzar a masajear su clítoris. Irma comenzó a gemir más fuerte

    – Si, así, así… ah, ha, mmm,

    Irma detuvo sus movimientos, se sacó mi pene y se puso de espaldas hacía mí, colocó sus pies debajo de mis piernas, y se hizo hacia adelante, introduciéndose poco a poco mi pene. Ahora tenía a mi disponibilidad su ano y su conchita toda húmeda, así que comencé a jugar con su ano, mientras que ella seguía con su cabalgada.

    En un momento mi pene salió de su vagina, por lo que aproveché para puntearle su ano, ella dio un pequeño respingo:

    – No corazón, por ahí no todavía, otro día será.

    Acto seguido agarro mi pene y se lo volvió a meter, diciéndome que estaba a punto de venirse así que me aferré a su cintura y aceleré los movimientos

    – Ahh, si, ahh, me vengo Samuel…

    Rápidamente saqué mi verga y comencé a venirme sobre sus nalgas, mientras que otros chorros los apunté a su ano, los cuales fueron escurriendo atravesando su ojete.

    Irma quedó tendida boca abajo completamente dormida, desde ahí podía verla por completo, llena de mi leche que escurría por ese hermoso culo, mientras que mi pene perdía la batalla.

    Después de un rato Irma se despertó y se fue al baño llevándose su ropa, yo por mientras seguía ahí tendido en la cama, desnudo, esperando a que regresara, quizá por más acción, pero esta vez ya venía vestida, al verme ahí como dios me trajo al mundo, solo esbozó una sonrisa, diciéndome

    -Tápate o no respondo.

    – Por mí no hay problema- contesté- podemos seguir un round más, ¿quieres?

    – Por supuesto que quiero, pero mi mamá ya me mandó mensaje preguntando que dónde estoy, así que me tengo que ir.

    Escuchar eso fue una lástima, pero la entendía, creo que habíamos tenido suficiente para ser la primera vez.

    – Esta bien, pero me debes una, ¿oíste?

    – Una, y otras veces más.

    Diciendo esto, nos comenzamos a besar, mientras que ella aprovechaba mi desnudes para acariciar mi pene, me estaba masturbando, pero tuvo que parar en seco

    – Ya… si sigo así me quedaré por más tiempo y ten por seguro que mi madre me vendrá a buscar.

    Por lo que me puse mi bóxer y la llevé a la salida, ahí nos despedimos. Regresé a mi cuarto dispuesto a dormir, estaba muy cansado y tal como estaba me quedé completamente dormido. Al despertar me di cuenta que ya era tarde, así que me dispuse a levantarme, al mirar mi celular vi que Irma me había mandado unos mensajes

    – Me encantó lo de hoy. Espero podamos repetirlo en estos días.

    – Por supuesto- le contesté.

    Fue así como comenzó mi historia con Irma. Lo nuestro se repetiría por algún tiempo hasta que las circunstancias hicieron que las cosas cambiaran, pero ya esto va para otro relato.

  • No sé si el problema soy yo

    No sé si el problema soy yo

    Soy Baek, un hetero curioso, tal vez como muchos otros. 

    Algunas veces ya habia fantasiado con otro hombre haciéndome un oral, o yo masturbando un dotado. Un dia descubrí que existía una aplicación, y me di cuenta que la demanda de sexo en ese contexto es increíblemente alta. Tenía miedo marcar un encuentro con algún tipo y que por alguna razón todo acabe en una estafa, o en algún problema mayor; de todas formas, aproveché de usar la aplicación en un viaje que hice, pues de esta forma tendria una oportunidad «mas sigilosa» para poder tener un encuentro. Era difícil escoger la pareja, pues no sentía atracción por ninguna opción, algunos parecian muy afeminados, otros no tanto, en fim, demoró un poco hasta tener realmente un encuentro.

    En uno de mis viajes de trabajo, me alojé en un buen hotel, y habilitando la opción de «distancia» me apareció un perfil de un moreno a «1 metro». Hablando con el concluimos que éramos vecinos de cuarto, pero en diferentes pisos. Lo invité a mi cuarto para tener una charla, pues aún no sintiendo atracción por él tenia mucho morbo de poder hablar con otro hombre que esté interesado en relaciones sexuales entre hombre. Dejé claro que no queria ningún tipo de penetración, que si ocurriese algo tenia que ser con protección, y que solamente queria hablar para quitarme las dudas al respecto.

    El moreno, aceptando las condiciones, fue a mi cuarto y entró pues yo habia dejado la puerta sin seguro. Después de una charla intensa se ofreció a hacerme un oral, entonces fuimos a la regadera, y lavando bien las partes envueltas comenzamos a explorar mutuamente nuestros penes. Estábamos exitados, él me mamó muy rico, a tal punto que me dieron ganar de devolverle el favor. Pero algo ocurrió, pues por más que intentaba no podia sentirme a gusto con la posición, y el sabor de tal polla no ayudaba; no sé explicar, pero creo que no me gustó chupar ese pene, pues acabé confesando que ya hasta había perdido el morbo. El moreno no se hizo problema, y volvió a jugar con mi pene, pero ya toda exitación habia terminado. Él tomó su ropa, me dijo que no habia problema, y nos despedimos.

    Hoy sigo con la intriga para saber cuál fue el problema, nunca más tuve la oportunidad de «experimentar» otro hombre.

  • Fantasías cortas de oficina

    Fantasías cortas de oficina

    El lugar de trabajo es un lugar especial, compartes con personas por horas y horas, días y días, hasta años en algunos casos, conoces de unos más que de los otros, imaginas más con unos que con otros.

    El momento de hoy gira en torno a una pregunta, ¿ustedes que harían, si una de sus compañeras ofreciera abiertamente servicios sexuales? Y no, no hablo de prostitución, hablo de que esa chica de cabello rubio, cintura pequeña, de no más de 1,60 de altura, con jeans formales y blusa negra ajustada y con escote, blusa con encajes que dejan ver algo del abdomen y la espalda, en medio de la conversación dice sin tapujos, -Necesito sexo, solo esas palabras, ¿alguno de sus compañeros se ofrecería? ¿Todos? ¿Ninguno?

    Probablemente alguno le preguntaría si es en serio, ella solo sonreiría y diría -Si, y lo necesito ahora- se subiría la blusa hasta quitársela y se bajaría el brassier negro, no haría falta quitárselo completo, solo dejar las tetas al aire, se desabrocharía los botones del pantalón y lo bajaría hasta los tobillos, igual iría los panties negros con encaje a juego con la blusa, se sentaría en la silla y abriría las piernas mirando alrededor, -¿Nadie me va a penetrar? Sin condón por favor.

    Pocos hombres se atreverían a ir de frente, pero siempre hay algún valiente que se desabrocharía el pantalón y se sacaría la verga sin quitárselo, la miraría a los ojos y preguntaría si es verdad, ella le daría una sonrisa y con dos dedos se abriría los labios para que pudiera ver qué tan mojada está, que tan lista para recibir pollas como si su vida dependiera de ello, creo que para ningún hombre haría falta más indicaciones que eso, el tipo en cuestión se arrodillaría apuntando el glande a la vagina, con miedo todavía de lo que podría pasar, inseguro de que una mujer tuviera la valentía de dejarse coger delante de sus compañeros únicamente por qué no aguanta las ganas, pero sí, es verdad, nuestra protagonista movería sus caderas hacia adelante dejándose abrir en canal por la verga de un hombre que hasta hace cinco minutos jamás habría visto en ella una pareja sexual, con la penetración completa ya no hay nada que esperar, el hombre bombea a nuestra oficinista cómo si quisiera traspasarla, ella pide que alguien le sostenga la silla para que la verga se pueda clavar con más fuerza, la penetración sigue por varios minutos mientras todos en la oficina observan, algunos se aventuran a sacarse el pene y masturbarse lentamente, otros se le acercan para apoyarle la verga en los brazos y cerca al rostro pero ya la oportunidad está perdida, ya la vagina está llena y es todo lo que ella necesitaba.

    A punto de acabar el hombre pregunta si se puede venir adentro a lo que ella niega con la cabeza y le dice que quiere el semen por todo el cuerpo, se mueve hacia atrás enderezándose y se clava tres dedos en la vagina para llenar el vacío que le dejo la verga que tenía hace un momento adentro, el hombre entiende y se levanta, continúa con una paja lubricada con los flujos de nuestra heroína para al final correrse con espesos chorros de semen que caen en parte en el suelo, en parte en la silla, pero sobre todo en la chica, cubriendo el abdomen, su rostro, el cabello, algo cae en la vagina y ella no para de masturbarse hasta que llega el orgasmo, ruidoso, húmedo y sobre todo satisfactorio. Ella se levanta, sin limpiarse se viste y sigue trabajando, es el fin para ella.

    ¿Ustedes que habrían hecho? ¿Se la habrían cogido? ¿Se habrían masturbado sobre ella? ¿Habrían volteado el rostro para evitar la vergüenza?

    Estos son cortos que se me ocurren durante el día, situaciones particulares que pasan fugaces por mi mente y se desvanecen con la siguiente distracción, si les gusta el formato me lo pueden dejar saber y espero se hayan excitado leyéndolo cómo yo imaginándolo.

    [email protected].

  • Carla: un nuevo amigo de insospechado nivel

    Carla: un nuevo amigo de insospechado nivel

    Tal como prometido, el relato de la última aventura.

    Para poder relatarles este encuentro, deben conocer a La Tejedora. Una persona, y un personaje, de Montevideo, zona Punta Gorda, Carrasco, señora viuda de cierta edad, buen pasar, que en buena parte de su tiempo libre, se dedica a “tejer” relaciones, (de allí el sobrenombre con que se la refiere) entre personas aburridas o desatendidas, o visitantes ocasionales al país.

    Para ella todos son desconocidos y tienen nombres falso, antes de contactarlos (sin diferencias de sexo, mujeres desatendidas con hombres rendidores, señores cuyas mujeres ya no se interesan por el sexo con chicas finas y a veces “que aceptan propuestas interesantes”, las antes llamadas “propuestas indecentes”, un tipo de chicas que no para de crecer en número, aunque en general incumplidoras e inconstantes.

    Pero paremos de divagar. La Tejedora conoció a Carla por referencia de un amigo nuestro, en ocasión en que L.T. Buscaba una chica no pendex, muyyy de confianza para un caballero de insospechable ocupación, ya les contaré en otro relato.

    Todo llegó a buen puerto, L.T. Obtuvo su premio del caballero (siempre por única vez) y a Carla y a mi nos encanta recibir periódicamente al caballero, quien por otra parte ha hecho de Carla (que es traductora de dos idiomas muy poco comunes) su empleada para servicio de traducciones, con espléndido sueldo y poco trabajo de traducción a, o de, esos idiomas.

    Una tarde me llama Carla a mi oficina… -Hola amor a que no sabes quien me llamó? La Tejedora! Nos citamos a tomar el té mas tarde, te parece bien? -Sí, obvio, sabés que aparte de ser totalmente libre, me encanta cuando salen posibilidades nuevas. Seguramente nos divertiremos. -Después te cuento, besos.

    Al otro día, en general yo de noche estoy en mi casa y obviamente no podemos hablar de estos temas, me llama:

    -Ay amor! Ni te imaginas! Cierro la puerta de mi oficina, tengo solamente dos empleados que llevan casi todo el trabajo de representaciones salvo las decisiones finales, y pido que no me interrumpan.

    -Y como fue la conversación? Contame! Te oigo como entusiasmada…

    -Ella un amor como siempre. Y con un problema. Un señor conocido de ella 9 en esta actividad, a quien hace tres años le consiguió a su actual “novia“, y que es cabeza en Uruguay de una importante multinacional, le pide a alguien para atender al nuevo jerarca de esa multinacional para Mercosur, imaginate.

    Necesitan a alguien de total confianza, con total reserva y a toda prueba. Sería para recibirlo el sábado a la tardecita hasta el domingo de mañana, pero a solas… Y eso me hace titubear. Por lo demás imaginate las condiciones! Ni Pedro ni Carlos ni el brasilero llegaron ni cerca! (Aclaro: ya sabrán alguna vez quienes son).

    -Y en serio es tan así? Tanto te entusiasma?

    -No sabes… me soluciona un tema por todo un año! Y no es tema de sexo! Ya lo sabes jiji.

    -Y que te hace dudar? Te noto entusiasmada!

    -Que sería a solas… me da cosa sin vos, te vas a quedar triste.

    -Mmmmm. Lo planificamos todo juntos, y después, me contás todo con detalle.

    -De verdad? Que amor, te adoro. Voy a concretar y a aclararle bien todo. Me dijo que es un Sr. super importante, importantísimo, caballero, de modales impecables y que debe ser atendido de lo mejor, me encanta eso de planificarlo todo vos y yo juntitos.

    Unas dos horas después, nueva llamada, todo arreglado venite un rato de pasada cuando vuelvas a tu casa y empezamos a planificar todo.

    Así lo hicimos.

    Carla con muchas ganas de conocer un señor de esas características, diríamos de nivel internacional, y con ganas de recrear ciertas situaciones que leyó en una novela con personajes y situaciones del siglo XIX. Lo interesante eran los pequeños detalles, ni pensar en recrear toda la situación.

    El primer detalle era que ante la imprescindible entrega mutua de ciertos sobres, estos serían entregados y recibidos en una bandeja, a la vieja usanza.

    El segundo detalle, el visitante sería recibido y la bandeja de los sobres portada, por otra dama, una especie de dama de compañía, que luego de cumplir esas y otras tareas colaterales, se retiraría anunciando a Carla.

    Así se planificó, y consultadas Mica y Lu, a quienes ya mencioné en el relato anterior, Lu no podía, y Mica aceptó encantada, muerta de curiosidad.

    La cita se hizo al departamento nuevo de Luis y sus socios, recién refaccionado, frente al Golf. Impresionante en vistas, piso 9, y en comodidades y servicios.

    La estadía de quien llamaremos “M” para mayor brevedad, y de quien no diremos ni donde reside ni ningún dato personal ni de trabajo mas que los mencionados anteriormente, duraba de jueves a martes, trabajando hasta el viernes, retomando el lunes y con actividad social de trabajo el sábado a mediodía.

    Se convino el encuentro pues, para el sábado a eso de las 18 hasta el domingo en la mañana, al despertar, je je.

    Con Carla planificamos todo, hasta los vestuarios que luciría, con varios cambios de atuendo (planificamos casi todo en realidad, siempre debe quedar margen a la espontaneidad y a la creatividad y gustos de ambas partes).

    “NOTA: A partir de aquí, escribo el relato basado en lo que me han transmitido Carla, con lujo de detalles ja ja y muy brevemente Mica, en lo que refiere a su pequeña participación.”

    El viernes, Cerca de las 18 Carla se fue a vestir, Mica estaba lista, y muy linda como siempre, para hacer de recepcionista, y sobre las 18 h llega el invitado. Mica lo invita a pasar… M en sus cincuenta y pico, bastante alto, físico que se veía cuidado, impecable vestimenta de ejecutivo en sábado, según las chicas.

    —Buenas tardes eres Carla?

    — No no, soy Mica una amiga simplemente, estaba de visita y Carla fue a prepararse por su visita y me pidió recibirlo. Desea algo? Agua, o un jugo quizás?

    —No, realmente, muchas gracias. Soy M.

    —Un momento por favor, Carla me ha dejado algo patpra que usted lo vea mientras ella viene.

    Se giró a una mesita del living y tomó una bandejita de platina sobre la que había un sobre. – “Dijo Carla que Ud. querría ver el contenido de este sobre.”

    —Por cierto que si, y seguramente ella querrá ver esto. Y depositó dos sobres en la bandeja.

    —Ya mismo se los llevo si le parece bien. Por favor tome asiento seguramente ella no demore.

    Y desapareció con la bandeja y los sobres.

    Pasados algunos minutos, aparece Mica, anuncia que Carla ya viene y saluda a M para retirarse de inmediato.

    Apareció Carla, se aseguró, me dijo, de que se oyeran bien sus tacos, por otro lado tacos altísimos, aguja. Palazzo negro, sin nada debajo con mini tanga hilo debajo un poquito mas ajustado en la cola que uno tradicional y camisa de diseño multicolor tipo Vers…

    Sus 1.73 mas los tacos, suelen impresionar, y su cuerpo esbelto concesa ropa era una pintura, eso seguro. Cabello rubio suelto, cero corpiño.

    Saluda y se presenta a M con un beso en la mejilla.

    -Encantada de conocerlo Sr. por cierto me han llegado excelentes referencias acerca de Ud. y muy gentil de traer esos dos sobres, los he mirado detenidamente, y por cierto lo de los análisis, muy detallado e impecable, al igual que el segundo sobre. Le agradezco su gentileza.

    —Por favor Carla, nada de Sr. Llámame M, salvo que alguna vez y por alguna razón estemos en público. También vi el contenido de tu sobre, impecable. Y por favor saluda a Mica de mi parte, fue muy gentil. Una hermosa chica… aunque claro al verte… deberé felicitar a LL el gerente uruguayo y a la señora que sirvió de nexo. Creo que acertaron plenamente.

    -Ojalá así sea! Pero espera a mañana a felicitarlos no te parece?

    Lo que siguió fue un rato de charla social, que les ahorraré por brevedad, nombres verdaderos, ocupaciones, como M ha llegado a este cargo, su intención de visitar frecuentemente los países con compañías a su cargo… etc. etc.

    Particularmente, M se interesó por mi persona y mis gustos, pues había sido avisado de mi existencia y relación con ella.

    Carla le explicó el tema de nuestra relación, de firma clara y concisa. Amantes libres, nos queremos, pero no hay compromiso eterno, nos encanta el sexo a ambos, y Sergio ademas es muy voyeur, le encanta verme y a veces participar.

    Y la pregunta obvia… -Algo de eso te molesta M?

    —Para nada, yo también soy casado como Sergio, recorro el mundo, soy muy liberal… y creo que el hecho de que tengas tanta libertad y Sergio guste compartirte va a ser muy interesante!

    Charlaron mas acerca de que hermoso es ese lugar, de como se alquila temporalmente a turistas o gente de paso, acerca de como Carla ha comprado su apartamento y desea terminar con su hipoteca cuanto antes.

    “En fin amor, hablamos y hablamos de todo, hasta de fútbol” me dijo Carla.

    En toda esa charla, sentados frente a frente ella trataba de mostrarse insinuante, no aceptó la negativa de él, fue a servir un jugo de frutas, “mejor poco alcohol hoy”, y al traerlo y acercarse a el con la bandeja mostró un poco de escote semi abierto.

    -No se perdió detalle dentro de lo poco que se veía por la camisa entreabierta”.

    -Ayyy M como se nos va la hora! comemos algo liviano? Me esperas que voy a cambiarme para cenar con una persona tan importante?

    —Espero con gusto, pero, vas a cambiarte? Estás muy linda así!

    “Me fui moviéndome bastante, casi al entrar al pasillo de las suites me di vuelta y le sonreí, y vi que estaba con la mirada clavada en mi.”

    Me cambié volando, dijo Carla, y reaparecí pues se hacía la hora para la que había pedido nuestra cena.

    Le aparecí con el vestido gris metalizado y quedó encantado!

    Les cuento: de pies a cabeza, stilettos bien altos, vestido largo gris metalizado, con dos mínimos breteles atados detrás del cuello, escote generoso tanto al frente como de costado, debajo de los brazos, de tal manera de que tanto de frente como de costado se insinuaban ampliamente sus preciosas lolas, no grandes, lo justo y bien firmes. En el resto del vestido, largo para acentuar el efecto del tajo, destacaba un tajo sobre la pierna izquierda, hasta la cintura, con esa misma pierna izquierda adornada con una ancha liga, sin media, con puntillas.

    Y la espalda? Un sueño cuando la vi probárselo… por detras solamente tenía una cinta de seda del mismo color del vestido, enhebrada de abajo hacia arriba en zig zag, estilo corset, atada a mitad de la espalda, o algo mas arriba. Pero… el gran detalle, la cinta en zig zag no comenzaba desde el final de la espalda, como es lo común, sino desde la mitad de la raya de los glúteos, con forma de abertura triangular que nacía desde un vértice en los glúteos y se iba abriendo hasta llegar a la espalda.

    El efecto? Espectacular en mi opinión… un amigo nuestro hubiera dicho: “muy pijaparante”, y cuando Carla hizo un par de giros para que la viera, M dijo “una belleza”.

    Sonó el timbre justo a la hora que Carla había pedido a un excelente restaurant de la zona, que desde la pandemia hace delivery, que enviara la cena.

    Como dueña de casa Carla fue a abrir, recibió el envío y sin darse cuenta (o con malicia quizás?) le dijo al chico, espera que traigo tu propina… y se dio vuelta… fue a la cocina, volvió y al darle la propina el chico le dijo “Gracias señora, en realidad me ha dado propina dos veces” y se fue sonriendo.

    Transcurrió la cena tranquilamente con mas conversación social y personal; vieiras gratinadas, lenguado meuniére y champagne, todo ello con total aprobación de M, deleitado.

    Llegados a ese punto, Carla propuso no tomar postre y pasar directamente al sofá y tomar café.

    Así lo hicieron, con Carla yendo y viniendo un par de veces a la cocina, luciendo su hermoso culo (digamos las cosas como son).

    El el sofá, Carla astutamente se sentó a la izquierda de M, cruzó su pierna izquierda sobre la derecha, con el tajo abriéndose de abajo a arriba hasta la cintura y la única liga totalmente a la vista.

    -Te ha gustado la cena? Te sientes a gusto?

    —Muchísimo, si te soy sincero me siento como nunca, todo perfecto.

    -Pues ojalá te sigas sintiendo a gusto como hasta ahora!

    Y directamente a besarlo, una serie de “picos”, con caricias a la mejilla de M. M respondió en forma entusiasta, entendiendo como comenzaba el juego. Comenzó a acariciar la pierna totalmente a la vista, lentamente mientras Carla comenzó a darle pequeñas lamidas a las mejillas, con la lengua bien húmeda, una especialidad de ella.

    M llegaba ya a la altura de la liga, y se entretuvo acariciándola, mientras oresentaba su lengua a los labios de Carla.

    Para qué!!! Comenzar a besar a Carla es como provocar la erupción de un volcán. Ama los besos, cuanto mas húmedos y profundos mejor.

    Nos pusimos a mil me dijo, bocas abiertas, lenguas entrelazadas, la salva fluyendo de uno a otro.

    La mano de M siguió subiendo, llegó a la cintura y se dio cuenta de que lisa y llanamente ni había lencería alguna.

    En ese momento, y dado que desde antes de cenar Carla había puesto música adecuada, le propuso a M -Bailamos un poquito? A lo cual M no se negó en absoluto, y durante algunos minutos “se podría decir que bailamos, aunque mas bien nos acariciamos y pegamos nuestro cuerpos, con miles de besos” me contó Carla.

    M la besaba y aprovechando la abertura del vestido hasta la cintura, su mano derecha fue internándose a acariciar su cola, suavemente primero, con pellizcos después y mas caricias.

    Cuando iba directamente a acariciar el pubis, Carla lo besó mas profundamente aún, le mordisqueó los labios y le dijo… -Que tal si nos ponemos cómodos? Señalando un dormitorio de invitados le dijo -Mica te ha dejado bata de noche, pantuflas, y el necessaire que tu trajiste… en diez minutos vendré a buscarte.

    Lo hice esperar como quince minutos me contaba Carla con cara pícara, y lo encontré cómodo en el sofá, distendido, pero… se le notaba el entusiasmo ja ja, después supe que solamente tenía puesta la bata.

    Les cuento la vestimenta de Carla, que habíamos debatido mucho, (al final optamos por algo shockeante, atrevidísimo).

    Por supuesto pantuflas de tipo “nocturno” con taco alto, bata larga hasta el piso, cerrada al frente, de color negro absolutamente opaca, nada se traslucía.

    -Ya estoy! Le dijo Carla con un guiño insinuante… quieres ver mas?

    —Por favor Carla, te deseo.

    -Como desee Sr le dijo, con su mejor sonrisa.

    Desató el cinturón de la bata y con un movimiento de hombros, muy estudiado, la hizo caer al piso.

    A la vista quedó su hermoso y esbelto cuerpo, “vestido” con sólo un corpiño y tanga, pero que corpiño y tanga!

    Ambos de blanco nacarado resplandeciente. El corpiño podría decirse de media copa. Pero en realidad un matemático diría de tres octavos de copa, pues cubría menos de la mitad de cada seno, mas bien apenas los sostenía. dejando al descubierto los pezones rosaditos, y parte de la areola.

    Con todo el juego previo y la excitación de desnudarme para él, ya los tenía duritos, me confesó al contarme.

    Y la tanga, dudamos mucho al planificar todo si usaría esa u otra. Porque en realidad, es nada! Digamos una tanga ultra minimalista constituida de un elástico, horizontal a la altura de la cadera y en vertical, un hilo de apenas dos o tres milímetros de diámetro, que baja bajaba hasta desaparecer en su entrepierna y aparecía gloriosamente entre las nalgas para unirse al hilo que hace de cinturón.

    Por supuesto que en su bajada frontal, el hilo desaparecía antes de llegar a la propia entrepierna, devorado por los labios de la conchita de Carla.

    Los ojos de M parecieron salirse de las órbitas, respiró profundamente, y cuando iba a ponerse de pie, Carla le dijo: Todavía no… y se acercó a él… sentado, la concha de Carla quedó casi a la altura de la cara de M… ella tomó el hilo y lo deslizaba dentro de sus labios, mojados a raíz de toda la previa anterior. M acercó su lengua y Carla le permitió dos o tres lengüetazos, y sugirió, “por favor, a la cama”.

    Al pararse, ya se veía la verga de M queriendo escapar de la bata.

    Llegaron al dormitorio, parados, Carla inició otra sesión de besos, que terminó con M ya sin bata, y Carla sin corpiño, sacándose la “tanga” y refregándola en la cara de M, antes de arrojarla sobre la cama.

    -Te digo Sergio, una linda pija, mas bien gruesa, no muy larga, un poquito curvada hacia arriba al pararse, un cabeza preciosa, y bien bien dura.

    Se la empecé a chupar, con él parado y luego de un ratito, lo empujé a la cama.

    Se la siguió chupando y de a poco se fue colocando en 69, con lo cal las manos de M trabajaban intensamente en los cachetes del culo mientras su lengua se daba un festín de concha. “Me lamía un poco la concha por fuera y luego me penetraba con la lengua, deslizándola por dentro de los labios de mi cuchi, para ir al clítoris y lamer y lamer, me desesperaba”.

    M volando de excitación le dijo -Recuerdas uno de los sobres que te di? Yo recuerdo el que me diste.

    -Recuerdo todo, y lo vamos a hacer como me gusta y te gusta, si?

    Y se subió encima de él a besarlo desaforadamente, las lenguas enlazadas, algo de saliva cayendo de los labios, las manos de él le estrujaban las tetas, y ella comenzó a mover lentamente su pelvis.

    Poco a poco, (lo hace especialmente bien, recibió lecciones de Lu) fue ubicando la verga de él a la entrada de su concha, y de pronto con un movimiento rápido logró que le entrara toda.

    Ahhh fue lo que dijo M, y ella: Te gustó?

    Y mientras ella acomodaba con pequeños movimientos la pija de él bien a fondo, lo seguía besando y besando.

    De a poco Carla se incorporó sin dejar de cogerlo, hasta estar montándolo de forma tradicional, y entonces, lentamente y con cuidado pasó una pierna por encima de él, se giró y quedó ensartada, en reverse cow girl, con todo el panorama de su culo a disposición de él.

    Que divina dijo M, y sin metérselo, frotaba un dedo en el culo de Carla.

    Carla (estaba muy muy caliente amor) aceleró su sube y baja y en poco rato sintió los chorros de semen de M dentro de ella. Me dijo: que sensación divina, tú lo sabes mas que nadie como disfruto cuando me acaban así.

    M le apretaba la cintura, y extasiado con la visión de la leche escapando de la conchita de Carla y formando un anillo sobre la base de su pija, solamente decía: mas mas mas!!!

    Cuando finalmente se salió de ella, Carla le hizo un nuevo oral de limpieza, y para sorpresa de él le acercó los labios a la boca. M sorprendido, accedió al beso blanco, y compartieron todo.

    Un rato de mimos, y Carla fue a buscar dos copas de champagne, así como estaba, desnuda y llena de licor de sexo.

    Bebieron, se acariciaban en la cama.

    -Te gusto? Algo te ha parecido demasiado?

    -Me enloqueces, diría que sabes que hacer y cuando hacerlo, y siento que aún haremos más cosas hermosas.

    -Te veo listo dijo Carla, tocándole el miembro ya casi casi duro nuevamente.

    Tomó las copas, las dejó lejos de la cama y le dijo… -Quedate quieto, mirame.

    Lo montó a la altura del pecho y mientras con una mano se acariciaba los pechos, con la otra, con los dedos mojados en saliva, comenzó a masturbarse, a quince o veinte centímetros de la cara de él.

    Cada poco tiempo comenzó a darle a él los dedos a chupar, hasta que finalmente, se adelantó hasta ponerle la concha en la boca, dejando que la saboreara un largo rato.

    Luego, se pusieron de frente acostados, a acariciarse y besarse, la verga de él complemente dura, la refregaba contra Carla.

    Finalmente, la penetró en cuatro, a fondo, con la pelvis de él golpeando las nalgas de Carla y Carla acariciándoles los huevos. Al acabar: “fue divino como sentí tres o cuatro chorros bien tibios, abundantes pese a ser la segunda vez que M acababa en un par de horas…”

    “Se ve que mi chiquito le gusta, porque mientras me daba, no paraba de ensalivarse un dedo y frotármelo en el culo”.

    Mas juegos y limpieza oral, no me aguanté me dijo Carla, y le chupé los huevos, le encantó.

    Otra charla, mimos y Carla le dijo -Estoy agotada… te molesta si dormimos así? Abrazados? O quieres ducharte?

    —Así mismo, y ya, me dejaste muerto!

    Al amanecer, Carla despertó, rápida ducha y al ver que M se despertaba le dijo: voy a preparar el desayuno… te quedas a desayunar? Puedes ducharte mientras lo hago…

    —Claro! Con gusto!

    Carla, en chinelas de taco con frente de piel, bien de casa, tanga blanca y babydoll blanco a medio culo, transparente, era una pintura.

    Desayunaron, con M ya vestido y Carla fue al ventanal que da al golf, era temprano, el espectáculo de los greens con la humedad levantándose del césped era agradable, la luz que entraba por el ventanal acentuaba la transparencia del baby doll de Carla que solamente cubría a media nalga.

    M se acercó por detrás, la tomó de la cintura y le dijo… —Sé que debería irme, era lo convenido, pero quizás… y en ese momento, Carla lo interrumpió -Pensé que no dirías nada y te irías! Que tal si vamos a casa, podrías? En realidad debemos entregar este apartamento pues de tarde está reservado.

    Se giró y lo comenzó a besar nada inocente, a pura lengua.

    —En serio aceptas? Dijo M, y le comenzó a tocar los pechos por debajo del babydoll.

    “Te juro Sergio, lo frené porque si no volvíamos a coger allí mismo, me calienta mucho”.

    -Irás a casa? Cocinaré pasta para ti…

    —Si, claro, y te agradezco lo que me dijiste de que esperabas que te propusiera mas… no te arrepentirás, mañana lo verás…

    Se fueron, algo inédito pues Carla nunca invitó a ningún amigo fijo a su apartamento, mucho menos a alguien que recién conocía. Pero sintió onda, y sabía que yo no tomaría a mal que lo invitara a donde tantas veces he ido. Por otra parte, por un compromiso familiar allí había alojado a su tío del interior, en una venida a Montevideo, y con ese sí que cogieron a gusto en su apartamento, ya sabrán de esa historia.

    Traslado, parada en fábrica de pastas para comprar sorrentinos. Parada en un shopping para que M comprara un boxer de recambio y a casa de Carla.

    Por supuesto, prácticamente intimidad total, le mostró el apartamento, zona Malvín frente al río, conversaron de todo un poco, hubo besos y caricias, almuerzo, café.

    —Si quieres me esperas en el dormitorio te gustaría una siesta? Yo me cambio en el segundo dormitorio, que lo uso como vestidor. En la suite tienes tu necessaire con tus cosas. No te escapes!

    —Allí te espero… Besos y Carla se fue.

    Al rato, aparece Carla a su dormitorio principal, lencería blanca de punta a punta, zapatos, medias y portaligas a la cintura, tanguita hilo con todo el trasero al aire y corpiño de media copa. -Hacemos una siestita?

    —Mmmm, difícil que pueda dormir teniéndote así. Como haces para estar siempre linda y diferente?

    -Uy que gentil! No sabes lo que te espera, desde anoche quiero hacerte algo…

    Acostate.

    Desnudo y a plena erección viéndola parada con esa lencería impresionante, M se acostó, y preguntó —Y ahora?

    Ahora te girás y venís al borde de la cama, te quiero en el borde de la cama.

    Una almohada fue al piso, Carla se arrodilló y lentamente le comenzó a practicar un oral bien húmedo, de base a punta, lamido a veces, chupado a veces, acariciando el pecho de él o dándole un dedo a chupar.

    De pronto, comenzó a bajar a los huevos, “unos lindos huevos, medianos, que le cuelgan bien” y él comenzó como a quejarse de placer.

    Un buen tratamiento allí y la sorpresa… doblá las rodillas, apoyá los pies en la cama, y ahí otra almohada va debajo de la cintura de él… -Disfrutá… y rápidamente comenzó a lengüetearle el ano. Lamida, giro, punteo, lamida giro punteo. M se retorcía de placer —Seguí, seguí, no pares!

    Mas y mas lengua, un dedo jugando sobre el ano ya empapado de salivaún dia te y subida a la cama, misionero con él metiendosela lentamente pero aumentando desesperadamente el ritmo hasta acabar y caer agotado al lado de Carla.

    Oral de limpieza, ronda de besos. Y las manos de M dirigiendo la cabeza de Carla hacia abajo. —Un poco mas por favor, creerás que nunca me lo hicieron?

    Y Carla, encantada, le repitió todo el menú de comienzo, mas pausado si cabe “porque sabía que estaba muerto, agotado y exprimido ja ja”

    —Lo siento hecho un fuego dijo él. -Quizás algún día te apague ese fuego dijo Carla. Si volvieras y te acuerdas de mi…

    —Volveré, mi cargo me permite, mas bien me obliga a visitar los países con compañías que debo supervisar, además voy a vivir cerca.

    Charla, confidencias, y sobre la tardecita, Carla lo lleva de regreso al hotel, “no vayan a pensar que te has perdido”.

    —Mañana, dijo él, recibirás un agradecimiento por este día adicional y extraordinario te parece bien?

    -Si, claro dijo Carla. “Pero debo haber puesto una cara muy triste, por que me preguntó que pasaba, si algo estaba mal.

    -En realidad se que te vas el martes… mañana es lunes, hasta que hora trabajarás? A lo es mucho pedir, pero al mencionar tu agradecimiento había pensado que a lo mejor podías venir a despedirte, sólo un momento si no tienes mas tiempo libre.

    Te puedo decir algo? Me has hecho sentir muy bien… Y no sentí que pensaras en lo convenido por tu amigo con L. T. Cuando arreglaron nuestro encuentro y yo tampoco pensaba en eso, no te sientas obligado porque hoy la seguimos en casa.

    —Termino a eso de las 18 y me encantaría despedirme, hacerte sentir el agradecimiento por lo bien que me hiciste pasar. Tengo una cena a las 20 y 30, me recibirías al terminar ese compromiso?

    -Ayyy siii que suerte. En casa sí? Le anotó su número, llamame y avisame cuando vengas.

    Y así lo hicieron. Carla lo esperó nuevamente de blanco, bata larga opaca, nada debajo. -Ya que viniste, pensé en jugar un poquito.

    -A ver a ver… y M desató la bata, para encontrarla totalmente desnuda…

    Encantado, se arrimó a Carla, se refregaba contra ella, y de a poco ella lo fue desnudando mientras se besaban, desnudos y parados en el living, él le refregaba la pija por la concha a punto de metérsela.

    -Sabés dijo ella? Ya tenemos confianza y sé que no te molesta saber que tengo algún amigo mas. Un embajador, un fijo, se va del país y me ha pedido que me deje los pelitos allí abajo hasta que él se vaya, un mes y medio mas o menos…te molestaría verme con una tirita de pelos, si es que vuelves? Algo muy cuidado obvio, nada de selva!

    —Me encantaría y te digo, arreglé para una gira de inspección y coordinación, posterior a esta de presentación, justamente dentro de un mes y medio o algo mas.

    Y además haré de Montevideo, el centro de las reuniones generales de evaluación… sabes lo que eso significa?

    Beso de lengua, salivas que se mezclan… -Significa que nos veremos? Que no te he decepcionado? Y, decime la verdad, no te he escandalizado?

    —Si has hecho algo es enloquecerme!!! Y creo que lo pasaremos aún mejor cada vez que venga. Por suerte mi cargo lo permitirá, mejor aún, deberé volver bastante seguido… y cuenta conmigo, no te decepcionaré. Y quizás alguna vez te pida algo especial. Por cierto, al volver quiero conocer a Sergio.

    -Te doy su número, llámalo cuando quieras.

    —Mañana mismo lo llamaré y me presento, por teléfono no podrá matarme ja ja

    -Para nada! Le encantará halar contigo. Si algo lamenta es no habernos visto, y por cierto, está al tanto de todo, le conté todo hoy en la tarde.

    Lo hicieron de parados, contra la pared, no era lo mas cómodo, “pero me entró re bien, lástima que quedaba poca leche”… comentarios que me dejaron totalmente excitado.

    Besos, despedida… —No me olvido, esto es tuyo. -Ayyy que amor, gracias por todo de verdad. Siempre tendré tiempo y lugar para vos, gracias por aceptarme!

    Lo llevo de regreso al hotel.

    El martes, llamada a mi oficina, presentación mutua y promesa de vernos, y de que será a la brevedad.

    Esta aventura, 100 % real, ocurrió desde el sábado al martes pasados. Tal como prometido, el próximo relato será sobre otra aventura de nuestro comienzo, Carnaval 2018, con Carla disfrazada de… haciendo un nuevo amigo en plaza Gomensoro.

  • Sexo en el aire

    Sexo en el aire

    Últimamente los pensamientos y las ideas de cómo experimentar algo nuevo en el sexo se han incrementado,  todo debido a un casi encuentro que tuve la semana pasada en el aeropuerto, cuándo iba a iniciar un viaje por cuestión profesional hacia una ciudad dónde el clima es bastante frío.

    Resulta que el vuelo era muy temprano en la mañana y me fui de una vez con la ropa con la que iba a asistir al congreso, consistía en un vestido corto, de tela muy suave y liviana, pero cómo yo vivo en clima caliente no me coloque panty medias y cómo no suelo utilizar ropa interior, decidí irme así. Estaba yo sentada en una esquina de la sala de espera con la pierna cruzada, había muy poca gente, pero de pronto noté una mirada que estaba fija en mi pierna y por ser un vestido corto se me había subido hasta dejar ver parte de mi nalga.

    Cuando me percaté de esa mirada lo miré a los ojos y le sonreí tratando de bajar un poco el vestido, pero él con su mirada me instó a descruzar y abrir mis piernas mientras lentamente iba cruzando la otra. Pues sí, eso fue lo mejor que pude hacer porque ese hombre se saboreó viendo mi vulva e inmediatamente noté su verga crecida dentro de su pantalón. De ahí lo comencé a mirar directamente a los ojos mientras mi mano se metió entre el escote e hice que me acomodaba el seno, pero no fue así, porque lo que hice fue pellizcar el pezón que para ese momento ya se encontraba erecto, metí los dedos a mi boca y me dirigí de nuevo al pezón mojándolo y acariciándolo más. Sentí que por mi vulva corrían chorros de fluido, estaba supremamente excitada mostrándole a ese hombre todo lo que tenía.

    De repente hicieron el llamado para abordar el vuelo, el atendió el llamado primero quedando en la silla 19a, y yo quedé en la 22a, cómo era tan temprano y el vuelo iba casi desocupado, momentos antes de despegar se pasó al lado mío ya que iban todos estos puestos desocupados.

    Ahí me saludó y se presentó, lo llamaré en este relato Camilo, un hombre pasados los cincuenta años, bien hablado, bien presentado, me dijo que viajaba a la capital y de ahí hacia conexión para irse a su casa que era en el extranjero. Eso fue la pauta para saber que teníamos que aprovechar esa hora de vuelo que teníamos. Así que nos empezamos a besar muy lento, el pasó su lengua por toda mi boca y mordía mis labios suavemente.

    Yo estaba tan entregada, tan dispuesta que abrí mis piernas y Camilo metió su mano sintiendo lo mojada que estaba en ese momento, se llevó los dedos a su boca y probó todos mis fluidos, los saboreó de una manera que sentí cómo se tragó mi esencia. Yo mientras tanto ya tenía mi mano en su verga y la fui sacando lentamente por el cierre de su pantalón. El cogió el abrigo que llevaba, y lo puso en mi cabeza mientras yo bajaba y me metía su verga grande, cabezona y rosada en mi boca, le di como cinco mamadas profundas y se corrió en mi boca, su semen era espeso, abundante y muy caliente, yo me lo tragué y di dos golpes con su verga en mi boca tratando de exprimir lo último que quedaba dentro de él. El tiempo nos alcanzó preciso ya que el piloto en ese momento anunció el aterrizaje a nuestro destino. Sólo alcanzamos a intercambiar nuestros números telefónicos, y yo, entrar al baño del aeropuerto a limpiarme un poco y a ponerme las panty medias que llevaba.

    Ese mismo día, en la tarde cuándo él llegó a su destino, me escribió y me dijo que le había gustado mucho nuestro encuentro, que había quedado con muchas ganas de penetrarme y de venirse en mi culo. Ya llevamos más de una semana hablando todos los días y enviándonos fotos y videos, nos hacemos vídeo llamadas y tenemos sexo virtual, pero estamos en la espera de poder pasar un buen rato juntos, disfrutándonos y conociéndonos un poco mejor.