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  • La virginidad de mi sobrino

    La virginidad de mi sobrino

    Si hay algo que disfruto es el empuje de un ejemplar joven, lleno de esperma que me satisfaga por completo.

    Esto lo descubrí cuando le quite la virginidad a mi sobrino de 19 años.

    Soy una mujer madura, casada, con una vida sexual regular; pero, a pesar de que mi esposo me provoca el orgasmo cuando estamos juntos, lo que experimente con mi sobrino, me hizo buscar esa sensación salvaje.

    Mi sobrino se podría considerar retraído, con pocos amigos y sin haber tenido novia, debido a una timidez provocada por inseguridad.

    El se quedó en nuestra casa porque estudiaba la universidad en nuestra ciudad.

    Yo lo veía que todas las noches, se iba a su cuarto temprano y se encerraba con su computadora; pero, no la apagaba hasta muy entrada la noche.

    Una ocasión, mi esposo tuvo que salir de viaje y me quede sola en la casa con mi sobrino. Él se encerró en su cuarto y yo en el mío. Estaba yo viendo una película y algunas escenas hicieron que me pusiera ansiosa. Pensé en tocarme un poco para relajarme.

    Me acerque a la puerta para cerrarla y no tener un momento incómodo; pero, vi que su puerta estaba entreabierta y me acerqué con curiosidad.

    Mi sobrino estaba en su cama viendo la computadora; acariciaba su verga con lentitud; cerraba los ojos, disfrutando el movimiento. Era una verga larga, gruesa; unas gotas transparentes salían de la punta; estaba circuncidado y la cabeza era una gran bola casi morada por la excitación.

    Estaba yo hipnotizada por el movimiento de la mano; arriba, abajo; mi vagina rebosaba líquido, mi clítoris necesitaba ser acariciado.

    Sin pensarlo, entré. Él me miró con ojos desorbitados.

    – No te asustes… sigue acariciandote… tienes una verga hermosa.- le decía mientras me acercaba sin quitar los ojos de su instrumento.

    – Perdón… no pensé que me pudiera escuchar.- decía él avergonzado.

    Me acerque a él y tomé su falo con mi mano; un suspiro de placer salió de su boca. Al contacto de mi mano, el falo tembló, se puso más duro, empezó a palpitar.

    Sin decir nada, mi lengua recogió el líquido que manaba de la punta; el falo se movió y otra gota salió; tenía un sabor fuerte, nunca había probado ese sabor así de fuerte; esa verga buscaba mujer.

    Vi cómo se retorcía de placer, sus manos cerradas en puño, disfrutando la tibieza de mi boca que ahora succionaba el falo completo.

    Detuve su venida presionando debajo del glande; el se tranquilizó un poco, estaba sudando a chorros.

    Me quite mi panty que escurría de mi jugo. Tomé su cabeza y la acerque a mi entrada.

    – Chúpale a tu tía si jugo… lame mi clítoris un poco… hazme terminar…- le suplicaba.

    Al principio, el parecía no querer acercarse; pero, al probar el jugo de mujer, empezó a mamar con fruición; me chupaba el clítoris como si fuera un pezón, yo estaba como loca. Le grite que me estaba viniendo y me deje ir. Sentí un borbotón salir de dentro de mi; su cara estaba llena de mi jugo blanco, espeso… como tenía mucho que no me venía.

    Tenía yo aún los estertores de mi orgasmo cuando se subió sobre mi y me penetró de un solo golpe; su verga era perfecta, cerraba por completo mi entrada y llegaba hasta el fondo de mi.

    Me chupaba los pezones mientras un furioso bombeo atravesaba mis entrañas.

    Su verga empezó a crecer, indicando que estaba por venirse. El bombeo era rápido, fuerte, profundo, como queriéndose meter todo él dentro de mi. Mi clítoris seguía erecto, sensible, sintiendo cada embestida animal; me estaba provocando otro orgasmo.

    – Te voy a llenar, tía… te los voy a dejar adentro…- gruñía mientras se movía mas rápido para terminar.

    – Salte… no acabes adentro… nada más tu tío ha acabado ahí… nadie más ha dejado su semilla dentro de mi…- le suplicaba sintiendo las palpitaciones del inminente chorro de leche.

    Con el primer chorro caliente, mi cerebro se desconectó, otro orgasmo llegó; levanté mis piernas para recibir su leche aún más adentro.

    Él no paraba de bombear; había terminado y seguía bombeando.

    – Quiero terminar otra vez… tu panocha está rica… quiero volver a sentir como te lleno…- me decía mientras el sudor cubría su frente.

    Yo estaba exhausta; pero, esa energía no la había sentido antes; quería seguir estaba a punto del orgasmo otra vez.

    Estaba yo como loca y el cómo animal. Vi su pezón balancearse en mi cara y no resistí; lo jale hacia a mi y lo empecé a chupar con desesperación.

    Me estaba viniendo otra vez.

    – Muérdeme mientras te estás viniendo…- me dijo mientras aceleraba para eyacular.

    Eso me encendió más y lo mordí; al sentir su piel en mis dientes, me empecé a vaciar cómo una llave, como si orinara; mi cabeza era un torbellino de placer.

    Él, al sentir mis dientes, tembló, bufó y se volvió a vaciar, rellenando mi interior con su leche hirviendo.

    Al terminar, no dijimos nada; sólo me levanté, tomé mi ropa mi fui a mi cuarto.

    Ahora tengo miedo de buscarlo o de que me busque para repetir.

    Y me excita saber que se siente quitarle la virginidad a un hombre.

  • Mi pareja me ayuda

    Mi pareja me ayuda

    Soy una chica un poco delgada chaparrita, morena, poco pecho pero tengo mucha pierna y nalga, hace un año llegue a vivir a Estados Unidos, aquí conocí a un chico más chico que yo alto, delgado no es guapo pero tiene carisma, lo conocí al poco tiempo de llegar aquí nos fuimos a vivir juntos y pues cómo era de esperarse yo soy más grande que él, cuando tuvimos sexo la primera vez fue muy rico pero por las ganas que teníamos no tardamos mucho en esos días empezaba a contarle qué cosas me gustaban, qué me prendía y cosas chidas del sexo, yo tenía un masajeador vaginal y recuerdo que le decía que mi fantasía era que él me viera masturbándome y que viera cómo venía y así empezó:

    Recuerdo que él llegó de trabajar en la noche yo estaba ahí en el cuarto esperándolo tenía ropa interior negra de encaje, cuando él llegó me fue a buscar me hice la dormida se metió a bañar y cuando él volvió al cuarto yo estaba ahí en la cama esperándolo con mi lubricante en la mano y del otro mi masajeador, me abrí de piernas y cuando él entró me vio sentada tocándome y le dije “ven híncate quiero enseñarte algo”.

    Él estaba desnudó sólo con la toalla a la cintura, empecé a tocarme, por encima de la ropa le decía que me encantaba su verga, qué quería que viera cómo explotó de placer al sólo verlo y así fue, se hincó frente a mi me quite mi tanga y empecé a tocarme primero un dedo luego ya bien húmeda dos y así empecé a masturbarme, me tocaba mi vagina me pasaba todos los fluidos, me chupaba mis dedos, tocaba mis pechos y le decía a mi pareja que tenía una verga tan rica que tenía ganas de que me cogiera por el culo.

    Después prendí mi masajeador le puse lubricando y empecé a pasármelo por mi cosita húmeda, mis piernas abiertas levantadas empezaron a temblar señal de que ya iba a venirme, me masturbé más duro y me puse de perrito el solo me veía y se tocaba su verga dura y erecta, venudita, súper mojado de lo que estaba viendo, ya estando en 4 me pasaba el masajeador por mi culo hasta mi vagina empecé a temblar y sentía cómo me venía.

    Se sentía tan rico ver cómo mis jugos escurrían y en medio de mis piernas, y él tocándose, cuando sentí el empezó a chuparme el culo y mi vagina, no aguante más y me vine de nuevo en su boca.

    Después me metió su verga por mi vagina dándome duro miéntese yo le decía que no parara que lo hiciera más duro, después rogando le pedí que me diera por el culo, cómo ya estaba tan mojada así me la metió, fue un placer tan rico mientras él me la metía por atrás yo me seguía masturbando estaba a punto de venirme cuando él me dijo que ya no aguantaba se vino adentro de mi culito yo explote de placer y ambos tuvimos un orgasmo tan rico.

    Yo soy una mujer multiorgásmica cuando tenemos sexo me vengo hasta unas 7 veces y a veces hasta más, nunca había tenía una pareja con la que mi deseo sexual fuera tanto tengo más historias que seguiré contando, puedes contactarme y dejarme tus comentarios.

  • La curvy deseada (1)

    La curvy deseada (1)

    Rosalía era una mujer atractiva. Había llegado a los cincuenta, pero mantenía un encanto especial para los varones. Dotada de un busto exuberante y caderas anchas, atraía al género masculino.

    Era una mujer morena, aunque por arte de la peluquería lucía un pelo pelirrojo oscuro que le deba un atractivo especial. Alta, de complexión mas bien fuerte mantenía unas definidas curvas gracias a sus caderas anchas, a las que añadía un busto exuberante que no la permitía pasar desapercibida.

    Cuando se dirigía al trabajo cada mañana, se sentía observada por los hombres que compartían el metro con ella. Era una mujer que no pasaba desapercibida. Vestía con discreta elegancia, porque era de estas personas que lo que se pongan les sienta bien. Sabía sacar partido de su cuerpo, y añadía a su encanto natural un cuidado, pero sencillo maquillaje.

    Al mediodía, a la hora del almuerzo que consumía en el comedor de la propia empresa, salía unos veinte minutos a tomar un café a un bar cercano. Allí coincidía con un caballero que discretamente la observaba, pero, que nunca se le acercó ni siquiera hizo ademán para ello. Rosalía, si que se fijó en el hombre, bien vestido de una edad similar a la suya, que la seguía con los ojos, y cada vez con mayor atención.

    Un día, era jueves, y al entrar en la cafetería vio al caballero sentado en una mesa, sin nadie alrededor, y la muchacha sintió el deseo de conocer a su admirador silencioso. Aprovechando que en la barra no había sitio y las demás mesas estaban ocupadas se acercó y con suaves modales le espetó, “Hola, le importa que me siente, está todo lleno y no dispongo de demasiado tiempo para tomar el café».

    El caballero amable y sonriente le hizo un gesto de aprobación refrendado por las palabras «será un placer compartir la mesa con usted» «Me llamo Carlos» dijo y alargó su mano.

    Rosalía, con una repuesta de manual se quedó algo azorada «mucho gusto, yo soy Rosalía» Vio que Carlos, ahora ya sin recato la repasaba de arriba a abajo.

    «Trabaja por aquí» -le inquirió. Y así, de esta manera repleta de formalismos se inició la conversación entre ambos. «Si, en el edifico de enfrente y usted también está por la zona, no, me parece haberle visto alguna vez». Su interlocutor le explicó que trabajaba justo en el edificio del lado, ocupado por las oficinas de un grupo inversor.

    Rosalía se dio cuenta del descaro con el que Carlos la miraba, eso si con una sonrisa elegante, de categoría. Los ojos de su interlocutor se fijaron en su rostro, bien maquillado, sin estridencias, pero con un rojo carmín que perfilaba sus labios carnosos, luego, descendían hacia su busto y cuando se levantó para ir al servicio, percibió que la repasaba de arriba abajo, sin duda sus caderas, anchas y sugerentes habían sido el objetivo de su contemplación.

    Al regresar del baño la mujer se despidió de su interlocutor, con «he de volver al trabajo, encantada de que me aceptara en su mesa, ya nos veremos». El caballero cortés se levantó y le espetó “seguro que si, siempre tendrá un lugar en mi mesa».

    Sonaban las seis de la tarde, hora de concluir la tarea. La intuición femenina le sugirió a Rosalía que Carlos se haría el encontradizo con ella. No fue así exactamente, pero, el hombre la estaba espiando, y la siguió a cierta distancia hasta que ella se perdió en las escaleras del metro.

    Al día siguiente, la mujer decidió abstenerse del café tras la comida. le costó, porque estaba habituada a ello, pero, convencida de que Carlos la esperaría por la cafetería, prefirió no acudir, y crearle algo de intriga, si, como ella suponía, el caballero del traje gris perla estaba interesado en ella.

    No se equivocó ni un ápice. Esta vez, el «lobo» había esperado a la Caperucita en el Metro, donde se hizo el encontradizo. «Qué casualidad Rosalía, no pensé que fuera a encontrarla aquí, la verdad es que miré si la veía por la cafetería.». “Ahhh hola -dijo ella- no, hoy no he tenido tiempo de bajar a tomar mi café y lo acuso, es mi «vitamina» para pasar la tarde”.

    -«Pues le invito a uno, si tiene tiempo”.

    Me parecía un desaire no aceptarlo, y la verdad, me sentía halagada por sus miradas hacia mí . Así que le acepté un café en el mismo bar del Metro, no era un lugar muy romántico que digamos, pero, lo suficientemente adecuado para abreviar el tiempo si no me convenía el cariz que tomase la conversación.

    Me preguntó en qué trabajaba, y dando un circunloquio hábilmente tejido de antemano, lo vi claro, quiso averiguar un poco sobre mi vida personal, en qué estación bajaba, para delimitar claro está la zona en que vivía y como el que no quiere más la cosa, me dio una tarjeta en que estaba subrayado su número de teléfono que era el de su wasap. Tuve que corresponderle, aunque este último extremo no me apetecía mucho. Soy celosa de mi intimidad y Carlos no entraba de momento en mi círculo más personal. Pasado un cuarto de hora nos despedimos.

    Era sábado, uno de estos del mes de marzo en que el invierno va quedando atrás y apetece salir a tomar algo por las terrazas. A eso de las 10 de la mañana recibo un wassap. «Hola, soy Carlos, hace un día magnifico no se si te apetecería acompañarme a la Barceloneta y picotear algo»

    No le pilló de sorpresa a Rosalía, tenía claro que antes o después la llamaría. Quería en el fondo llegar a conocer las intenciones de su admirador, y quizá hoy, sin las prisas de un día laborable podría comprobar como se movía en las distancias cortas. Así que se dispuso a contestarle el wassap. «Tienes razón luce una jornada excelente, me parece una buena idea aprovecharla, a qué hora y donde quedamos».

    «Si te parece a las 12 frente a la parada del metro de Barceloneta, y ya decidiremos donde vamos».

    «Perfecto, allí estaré”.

    Rosalía barajó todas las posibilidades de la cita. Podía ser un contacto de tanteo, o podía intentar algo más íntimo. Valorando esta última posibilidad, decidió vestirse para la ocasión, por fuera y… por dentro. Optó por una falda que le permitiera mostrar sus piernas, fuertes, pero elegantes, y al mismo tiempo marcar la cintura y las caderas. Una camisa, ligeramente desabrochada que le daba opción a exhibir parte de su generoso busto. Buscó un conjunto de sujetador y tanga, negro jalonado con puntillas, que dejaban su generosa anatomía bien visible en el caso de quitarse la falda y la camisa.

    A las 12 menos dos minutos Rosalía llegó a la estación del metro y allí le estaba esperando Carlos que lucía un conjunto sport. Se saludaron con un discreto beso en la mejilla y se encaminaron hacia las terrazas de la zona nueva del puerto.

    Allí disfrutaron de un buen aperitivo, clima un primaveral y hablaron de lo divino i lo humano. Carlos estaba muy pendiente de ella, y le sugirió dar un paseo antes de comer. Lo hicieron tranquilamente por la zona del embarcadero y llegados a la Plaza del Mar, Carlos le propuso almorzar juntos con una visión panorámica de la ciudad a sus pies y subieron a la Torre Sant Sebastià, convertida en restaurante de lujo, desde el que se divisa toda Barcelona desde un ángulo insólito.

    Almorzaron pausadamente, con parsimonia, dialogo distendido hablado de todo y de nada muy especial. Rosalía, en su interior esperaba que desenlace propondría Carlos para el resto de la tarde, si es que había pensado previamente alguno. Fue al tocador para retocar su maquillaje, y a su regreso a la mesa encontró dos copas de cava «para brindar por recibir juntos a la primavera y para que prolonguemos estos momentos de solaz tan maravillosos» soltó Carlos. Rosalía ya tenía la respuesta. Pero lo que faltaba por despejar era el dónde y el qué, aunque esto último no era demasiado difícil de adivinar, a tenor de las atenciones que le dispensaba su admirador.

    Carlos sondeo a su amiga. «que te parecería que concluyésemos este memorable día escuchando buena música oteando el skyline de Barcelona al atardecer?»

    -Me parece una excelente idea. ¿Conoces algún lugar especial? -inquirió ella.

    -«Si, el salón de mi casa, vamos, si no te importa descubrir los secretos de mi guarida» puntualizó Carlos.

    Estaba claro, el propósito. Ahora le tocaba a ella aceptar el envite que, como bien había intuido al vestirse por la mañana, concluiría en la cama.

    Carlos solicitó un taxi y dio una dirección al conductor. Mientras, acercaba sus manos a la de su amiga, a modo de insinuante caricia. Rosalía, dudó un momento en ser más explícita, contó mentalmente hasta tres, y puso la mano de Carlos sobre su pierna, a modo de invitación por si el caballero quería empezar el juego en el vehículo de una forma sutil.

    Carlos captó la propuesta, y con elegancia deslizó su mano pierna arriba, como si quisiera conocer los límites que le pondría Rosalía, si es que había alguno. Ella no opuso resistencia y la mano del caballero fue progresando en busca de la parte superior del muslo de la chica, acercándose a la ingle. Ella esbozó una sonrisa.

    El taxi se dirigía a la zona alta de Barcelona, y se detuvo ante un edificio singular en el barrio de la Bonanova. Carlos pago la carrera y abrió la puerta del vehículo con exquisitez. Atravesaron la puerta de cristal del inmueble y cruzaron el hall en busca del ascensor.

    Rosalía se sentía trémula, entre el deseo y el temor de lo que se acercaba.

  • Mi tía, mi prima y la montaña (2): Conociendo a mi tía

    Mi tía, mi prima y la montaña (2): Conociendo a mi tía

    Los dos seguíamos de pies, en medio del pequeño claro del jardín con la luna en lo más alto del cielo como único foco de iluminación.  Mi tía me volvió a besar, sus besos eran tremendamente seductores, sabía manejar la lengua y los labios como nadie que hubiera conocido. Seguía agarrada a mi polla sin dejar de restregarla por su raja.

    -Ufff, que dura la tienes todavía, joder!

    -Llevas mucho tiempo sin follar, tía?

    Le pregunté aunque la respuesta era obvia.

    -Demasiado sobrino! Hace tres meses que tu tío paso por casa y me echó un par de polvos de los que no dejan huella!

    Su lenguaje se iba modificando, y ahora parecía más una concentre colegas. Sus ganas de follar y la forma de decírmelo mantenían a mi mente en continua excitación, y sobre todo su voz, una voz profunda que manaba lujuria y deseo impregnando todo lo que nos rodeaba.

    -Y qué haces para consolarte?

    Le pregunté para seguir escuchando esa melodía que no dejaba que mi polla volviera a su letargo. Me volvió a besar, quizás para taparme la boca, pero sus besos solo hacían que excitarme más.

    -Eres bastante curioso, jejeje!

    Rio con suavidad al despegar sus labios.

    -Te iré contando cosas, pero no todas el primer día! Vamos a dormir, que ya es tarde y mañana tengo tarea. Tu puedes dormir hasta la hora que quieras, te lo has ganado!

    Dijo con su sonrisa cínica para acabar dándome un tierno beso en los labios.

    Nos fuimos a nuestras habitaciones, y dado el estado de mi polla, no tuve más remedio que hacerme una paja, eso sí, pensando en lo que me podía esperar el día siguiente.

    A media noche noté como rozaban mis labios, era Laura que me estaba besando.

    -Me voy a trabajar, primo! Pero estoy deseando volver para jugar contigo!

    Me había parecido un sueño, pues eran las cinco de la mañana, una hora que mi mente despierta no conocía. Me dormí de nuevo en apenas unos segundos, y cuando desperté ya había recorrido un buen camino el sol. Bajé a la cocina y allí estaba mi tía, con una bata corta y ligera preparando botes de tomate.

    -Buenos días!

    -Que tal has dormido en tu primera noche?

    -Uf, genial! Es una cama estupenda!

    -Me alegro, es bueno dormir bien! Ahí tienes tostadas, mantequilla y algo de café!

    -Gracias tía!

    Había bajado en bóxer y camiseta, la verdad es que pensaba que estaba en mi casa.

    -No me vas a dar un beso de buenos días? Me dijo antes de que me sentara.

    -Por supuesto tía, es lo mínimo que puedo hacer por tu deliciosa hospitalidad!

    Me acerque hasta ella y la rodeé por la cintura a la vez que ella se agarraba a mi cuello haciendo que sintiera sus tetas contra mi pecho. Nuestros labios se juntaron y las lenguas se buscaron. Sus besos eran deliciosos y lo disfruté como parte de un buen desayuno. Deslicé las manos hasta su culo y lo apreté con deseo contra mi cuerpo. Su boca me devoró haciendo que mi polla cogiera algo de consistencia.

    -Ummm, son los mejores buenos días que recibo desde hace tiempo!

    Dijo con lujuria relamiéndose los labios. Nos separamos y me senté a desayunar, aunque hubiera preferido empotrar a mi tía contra la encimera.

    -Cuando esté Laura tenemos que guardar las formas!

    Me dijo con mirada penetrante.

    -Por supuesto tía, aunque…

    -Aunque… qué?

    -Pues no sabía si decírtelo, pero ayer cuando me llevó a su sitio preferido me sugirió que corriéramos en ropa interior!

    Me miró y con mucha naturalidad me preguntó.

    -Te la follaste?

    -No, que va! Realmente me dejó despistado. Nos abrazamos y nos dimos un beso, me tocó la polla y después de ponérmela dura me dijo que se hacía tarde. Fue algo raro!

    -Supongo que tarde o temprano te darás cuenta, a si que te lo contaré!

    Mi tía se puso un café y se sentó a mi lado en la mesa.

    -En un sitio así te comunicas con poca gente y pasamos mucho tiempo solas. Hace un año estábamos tumbadas al sol al lado del estanque. Como estamos solas siempre lo hacemos en bragas, sin sujetador. Hablábamos de su relaciones, tan solo había tenido dos con dos chicos del pueblo pero parecía no tenerlo muy claro. Comenzó a tocarme las tetas argumentando que le parecían muy bonitas. No me pareció raro, cuando eres joven te gusta investigar. Los roces de sus dedos hicieron que los pezones se me pusieran duros y al momento se inclinó y comenzó a lamerme uno de ellos. No me atreví a decirle que no y poco a poco aquello fue a más. Sin poder evitarlo me provocó una gran excitación. Nos besamos, nos sobamos hasta ponernos muy calientes. Laura no quería parar y me metió los dedos pajeándome hasta hacer que me corriera. Después agarró mi mano y la llevó hasta su coño para que le hiciera lo mismo. La masturbe con mis dedos hasta que se puso como loca y tamy se corrió.

    Dio un sorbo de café mientras me miraba escrutadoramente, parecía querer leer mis pensamientos.

    -Al día siguiente me pidió repetir. Tampoco me atreví a negarme, más bien me apetecía, y ese día nos comimos enteras disfrutando sin reparos. Eso se fue haciendo habitual y disfrutamos casi a diario, y ahora Laura no tiene claro que es lo que le gusta, si los hombres o las mujeres!

    Yo había permanecido callado, escuchando como un niño escucha a su abuelo cuando le cuenta una batalla.

    -Y a ti… Que te gusta? Salieron las palabras de mi boca de una forma automática como si no tuviera control sobre ellas.

    La historia me había excitado y el barómetro que tenía por polla daba fe de ello. Mi tía también lo había notado y con el café en una mano, metió la otra dentro de mis bóxer abultados y abrazo el tronco endurecido.

    -Por Laura haría lo que fuera, y además disfruto con ello, pero que me empotren con una buena polla es lo que me va, sobrino!

    Dijo al final el apelativo familiar con el cinismo que la caracterizaba para después besarme hasta dejarme sin aliento.

    Se levantó para ponerse frente a mi apoyada en la mesa y comenzó a desabrochar los botones de su bata. La bata se abrió y pude ver sus bonitas tetas desnudas a la luz del día, no llevaba sujetador y dos grandes aureolas rodeando los dos gordos pezones deslumbraron mis ojos . Cuando se abrió la parte de abajo vi unas pequeñas braguitas granates tapando la mata de bello que había tocado la noche anterior.

    Ahora podía ver las curvas de su cuerpo y me parecieron excitantes. El duro trabajo de la montaña había moldeado su cuerpo a la perfección.

    -Te gustan mis bragas?

    Me preguntó con las manos en su cintura.

    -Son preciosas tía!

    Me levanté de la silla y volví a besarla abrazando su redondo culo. A sus cuarenta y cinco años lo mantenía tremendamente duro y mientras lo tocaba pensaba en follarme lo algún día.

    Mi boca dejó la suya para lamerle el cuello y bajar hasta sus tetas. Rodeé los pezones con la lengua y los sorbí con mis labios. Me acordé que no le gustaba fuerte y lo hice con suma delicadeza.

    -Ufff, aprendes rápido cielo!

    Agradeció mis controladas succiones. Estaba deseando ver su mata de pelo que guardaba bajo las bragas y baje con rapidez. Tiré de las bragas con suavidad y la pequeña selva apareció ante mis ojos. Fue un momento brutal ver por primera vez un coño cubierto de un suave bello rizado del color de su pelo. Ella paso la mano de abajo a arriba sobre la mata haciendo que el bello se hundiera para volver a coger volumen, como un colchón cuando te levantas.

    -Nunca habías visto un coño cubierto de bello?

    Negué con la cabeza sin dejar de mirarlo.

    -Te gusta así, o prefieres que me lo depile?

    -No, no! Déjalo así! Contesté pasando mis dedos entre el rizado bello. Ella apoyo las manos sobre el borde de la mesa y echó la cabeza hacia atrás esperando el trabajo de mi boca. Busqué la raja escondida bajo la mata y la abrí con mis dedos. La carne sonrosada apareció húmeda y jugosa. Acerqué la boca y le di varios lengüetazos.

    -Ufff, espera! Dijo deshaciéndose de la bata y las bragas con rapidez. Retiró las tazas de café de un manotazo y subió su cuerpo desnudo sobre la mesa quedando sentada con las piernas abiertas.

    -Vamos! Sigue! Me apresuró tirando de mi cabeza.

    Me abalancé metiendo mi cara entre sus muslos y comencé a lamerle la raja de nuevo. Sentía el roce de su bello en mi cara y eso me puso más salido, era una sensación especial. Metí toda la lengua en su raja varias veces, la subí hasta lo más alto y tintinee el clítoris. Era tan grande y estaba tan duro que lo chupé como si fuera un pezón. Mi tía se retorció gimoteando a la vez que aplastaba mi cabeza contra su coño. A los pocos segundos baño mi cara con una corrida exuberante. Tiro de mi cabeza hacia arriba y lamió mi boca y mi cara como si fuera una perra. Metió la mano en mis bóxer y me sacó la polla que ya estaba como el Badajoz de una campana.

    -Diosss, que polla más hermosa que tienes! Y qué dura está!

    Tiró de los bóxer hacia abajo a la vez que yo me quitaba la camiseta. Ella misma condujo mi polla entre su mata de bello haciendo que penetrara el capullo. Volvió a besarme como ella sabía hacerlo y al separarse se quedó a escasos centímetros de mi boca.

    -Estás para comerte, cielo! Vamos, métemela despacio. Quiero sentir como entra cada gramo de carne!

    Sus palabras chocaron contra mi boca como una corriente de energía. Con nuestras miradas clavándose en nuestros ojos comencé a empujar. Mi polla fue penetrando centímetro a centímetro y su boca se fue abriendo a la vez. Atravesé la raja hasta que llené su vagina.

    -Ahhh! Diosss! Déjala! No la saques! Casi me gritó en la cara con voz ahogada.

    Estaba sentada en la mesa con medio culo fuera, agarrada a mi cuello con sus brazos y con las piernas levantadas. Y jadeaba contra mi cara como si me la quisiera empañar.

    -Sácala y vuelve a meterla lentamente cariño!

    Me pidió con la ternura de una madre. Lo hice como me pidió y su boca dio un largo suspiro. La tercera penetración fue calcada, y su aliento impregnado de puro sexo empapó mi cara.

    La penetre de nuevo sin que ya me lo pidiera y poco a poco fui aumentando el ritmo. Se abrazó a mi cuello aplastando me con sus tetas y comenzó a jadear en mi oreja.

    -Sí cariño! Ahhh! Diosss, como la siento!

    Noté como la excitación de mi tía iba en aumento, pero su voz era demasiado dulce. La había visto mirarme con sus ojos penetrantes y su sonrisa irónica, y también había sentido toda mi polla dentro de su boca la noche anterior. Estaba seguro que llevaba una gran zorra dentro y quería que saliera.

    -Te gusta mi polla, tía?

    -Joder, me encanta, sobrino! No pares! Sigue, sigue!

    -A mi me vuelve loco tu coño enmarañado de pelo!

    -Ufff, como me estás poniendo! Será para ti todo el tiempo que estés aquí!

    Embestí varias veces con más fuerza y…

    -Ahhh! Diosss! Ahhh!

    Se corrió empapando mi polla copiosamente. Llevaba demasiado tiempo sin follar y la excitación la desbordaba. Me soltó el cuello y dejó caer su espalda sobre la mesa con los brazos abiertos y las piernas colgando. Sus tetas se esparramaron sobre su pecho con los pezones como piedras.

    -Ufff, que ganas tenía, diosss!

    Le cogí las piernas y las puse sobre mis hombros mirando su melena genital, esa mata de pelo triangular me ponía cada vez más cerdo. Mi polla se había salido completamente mojada, y la restregué contra el bello. Noté como temblaba levemente y le introduje el capullo buscando su raja. Apreté, y mi polla volvió a entrar profundamente.

    -Ahhhg! Diosss! Gimió mordiéndose el dorso de la mano.

    Abracé sus robustos muslos totalmente abiertos a ambos lados de mi cuerpo y comencé a bombear con suavidad. Veía sus tetas balancearse sobre su tórax y como mi polla atravesaba su raja sonrosada rodeada de denso bello. Era una visión maravillosa que no dejaba de excitarme. Abalancé las manos sobre sus tetas y las sobe con un deseo casi incontrolado. Pellizque los pezones y sus gemidos aumentaron.

    -Ahhhg! Joder, más, masss!

    Me pidió contorsionando la espalda. No sabía a qué se refería, y la empotre con más ganas a la vez que tiraba de sus pezones.

    Sus gemidos se hicieron guturales y me soltó otra enorme corrida.

    -Ufff, diosss! Me he vuelto a correr! Nunca me habían puesto tan zorra, cariño!

    Su lenguaje comenzaba a gustarme, aunque todavía tenía matices dulces.

    -Pues te voy a poner más guarra porque todavía no me he corrido!

    Pasé las manos de las tetas al culo para apretarlo, quería comprobar algo más.

    -Quitó ponerte muy puta, tía!

    Me atreví a decirle sin dejar de penetrarla. Volvió a morderse la mano.

    -Joder, ahhh! Con esa polla seré lo puta que tú quieras!

    Avancé con mis dedos por su culo hasta encontrar su cerrado agujero. El jugo de sus corridas corría entre la gran raja y lo había empapado. Comencé a horadarlo con la punta de un dedo y al instante se abrió. “ Que pena no poder verlo!” Pensé con el deseo de follármelo.

    -Si, síii! La oí gemir mordiéndose la mano.

    Al momento metía el dedo hasta los nudillos y mi polla hasta el fondo de su mojada vagina.

    -Como me gusta follarte tía!

    -Que puta me has puesto, diosss! Reviéntame ya!

    Parecía haberlo adivinado, mi polla empezó a soltar leche como si fuera una manguera y sus gritos rebotaron por toda la cocina.

    Deje que sus piernas cayeran de mis hombros y quedó espatarrada sobre la mesa. Yo cogía aire como si no hubiera suficiente en toda la cocina con la polla colgando y chorreantes. Casi sin buscar la silla me derrumbe sobre ella mi tie se incorporó con una sonrisa casi diabólica. Se acercó y se inclinó agarrándome la polla. Abrió la boca y comenzó a chupármela como el que chupa un helado en pleno verano. Pensaba que quería seguir follando, pero al cabo de varias chupadas la sacó de la boca completamente limpia y brillante.

    -Joder, como me gusta este sabor!

    Me dijo mirándome con su sonrisa cínica.

    -Presiento que lo vamos a pasar de maravilla! Ahora vístete, no quiero que Laura nos pille así!

  • Me convencen para calentar a papi (2)

    Me convencen para calentar a papi (2)

    Esta es la continuación directa a mi primer relato “Me convencen para calentar a papi” el cual podréis encontrar entrando en mi perfil, os recomiendo que lo leáis primero o no entenderéis bien la situación. Os recordare también que mi nombre es Mónica, vivo en España, mido 165 cm y peso 52 kg, tengo el pelo negro, liso y me llega un poco por debajo de los hombros, al no ser muy alta y bastante delgada mi pecho resalta bastante más en mi cuerpo, llevo una 110c de sujetador (la rara vez que uso uno) las cuales gracias a dios aún se mantienen tiesas en mi cuerpecito. De espaldas también suelo gustar bastante dado que tengo un buen culo duro y redondo curtido en 6 años de voleibol, el cual aún practico a día de hoy. Mi cara es perfilada y afilada con los labios carnosos y las pestañas largas.

    Me quedé fría, quieta aguantando la respiración. La mano seguía acariciándome la cabeza mientras su polla dura palpitaba contra mi mejilla, no quería mirar hacia arriba, no me atrevía a mirarle a los ojos.

    “Parece que papa se ha despertado niña.” Susurraba Don Enrique en mis cascos. “¿Qué pasa, no era lo que querías?”

    Yo cerré los ojos aislándome de todo, solo concentrándome en la voz de Don Enrique.

    “Abre la boca cerda”

    Le hice caso. Al segundo note como la metía dentro, estaba caliente, probablemente la llevaba sobando un rato, me había estado mirando mientras hacía todas esas cosas. Yo aun tímida empecé a pasear mi lengua sobre la cabeza de su polla, los gemidos de mi padre se podían escuchar por encima de mis cascos. Aproveche para quitarme uno y dejarlo en el suelo mientras mi lengua seguía jugando con su capullo, de repente note sus dos manos en mi cabeza sosteniéndola con fuerza y empezando a empujarla hacia su polla. Yo me deje hacer, cubrí mis dientes con mis labios saque la lengua y empecé a dejar que mi padre me follara la garganta. Notaba como entraba y salía, él había empezado a mover sus caderas al ritmo en el que me movía la cabeza, yo seguía notando como su polla entraba y salía de mi garganta mientras yo me atragantaba, no podía saborearla y disfrutarla como a mí me hubiera gustado, pero sabía que a él le estaba gustando así que no me opuse.

    “Mmmm como suena esa mamada, tienes la garganta profunda eh niña, bien entrenada en tragar… No te preocupes he quitado mi cámara para que no me vea, pero yo sigo disfrutando jeje.” Se rio burlón Don Enrique “No veas que culazo tienes eh, ¿tú crees que papi te lo va a follar esta noche?”

    Yo respondí bajando mis manos y poniéndolas en mis nalgas separándolas para darle un buen espectáculo, cosa que me puso aún más caliente. Me armé de valor y abrí los ojos mirando hacia arriba con cara inocente mientras engullía su polla, el miraba hacia arriba mordiéndose el labio, no se atrevía a mirarme a la cara. Me sentó un poco mal que no me mirara así que me dispuse a arreglarlo para pasarlo mejor juntos. Me quité sus manos de la cabeza y puse una en mi teta y otra delante de mi boca.

    “¿Te gusta cómo te la mamo papi?” Le pregunte mientras me metía un dedo de los suyos en la boca y lo empezaba a chupar

    El miro hacia abajo un segundo y volvió a mirar para arriba enseguida. “Si” murmuro rápido mientras volvía a poner la mano que tenía en mi boca detrás de mi cabeza y comenzaba a empujarla de nuevo contra su polla.

    Yo poco satisfecha con la respuesta y con cómo estaba actuando me decidí a animarlo así que agarré su polla y empecé a pajearla contra mi boca, masajeando su cabeza con mis labios y mi lengua, dándole besos y chupándola cuando me apetecía. El no paraba de resoplar y gemir dejando descansar la mano que tenía en mi cabeza y empezando a usar la que tenía en mi teta apretándola.

    “Uff así vas a conseguir que papi te folle seguro niña jijiji, o igual se corre antes.” Me dijo Don Enrique mientras oía de fondo como volvía a machacársela.

    “Dime cosas” Le dije en voz alta a mi padre mientras la pajeaba contra mi mejilla. Al no obtener una respuesta en cinco segundos pare de pajearla. “Ahora no soy tu hija soy tu puta, dime cosas” le dije dulcemente mientras me levantaba, volviendo a colocar mi mano en su polla y pegando mis tetas contra su barriga desnuda.

    Se quedó quieto unos segundos, me miro a los ojos y yo me distraje tanto que no vi venir su mano la cual impactó contra mi mejilla dándome tremendo tortazo, era la primera vez que mi padre me pegaba en mi vida. Doble la espalda del dolor cosa que el aprovecho para darme la vuelta y pegarme contra la pared clavando su polla entre mis nalgas.

    “Cállate zorra de mierda” me susurro al oído mientras empezaba a mover sus caderas, restregando su polla contra mi culo.

    Yo me puse diez veces más cachonda de lo que ya estaba y giré la cabeza apoyándola contra la pared mirándole a los ojos, ahora él también me miraba. Acerco su cara contra la mía, yo cerré los ojos en lo que el empezaba a besarme, no dude en empezar a meter lengua cosa que hizo que su agarre perdiera fuerza y yo pudiera separar un poco el cuerpo de la pared, poniendo el culo en pompa y empezando a ser yo la que lo restregaba contra su polla. El respondió cogiendo mis tetas desde atrás sin separarse de mi boca, y empezando a masajearlas y estrujarlas.

    “Menudo espectáculo estas dando zorra, cuando te tenga delante yo no te voy a tratar tan bien…” Me susurro Don Enrique, cosa que yo ignore concentrándome en lo que tenía detrás.

    “Fóllame” Le dije a mi padre cortando el beso y cogiendo su polla con mi mano mientras la colocaba contra mi coño.

    El respondió dándome una gran nalgada la cual resonó en toda la casa y empezando a mover su cadera, yo estaba tan mojada que entro de una.

    “Ufff papi” empecé a gemir conforme sus acometidas ganaban potencia.

    Él se limitaba a manosearme las tetas mientras me la metía, de vez en cuando resoplaba un “puta” o “vaya tetones” o “que rico culazo nena”. Yo simplemente disfrutaba de su polla con la mitad de la cara pegada a la pared y el culo en pompa. Después de unos minutos dándome, pego todo su cuerpo contra el mío comprimiéndome, mis tetones aplastados contra la pared, yo seguía gimiendo esta vez en alto sin importarme que me oyeran los vecinos. En un oído escuchaba los gemidos de mi padre mientras me la clavaba sin piedad alguna y en el otro los gemidos de Don Enrique masturbándose frenéticamente mirando como mi propio padre me empotraba contra la pared.

    “Por fin tengo este culazo para mi” gemía mi padre entre resoplidos mientras me daba nalgadas dejando mi culazo rojo.

    Después de seguir así un rato se separó, yo estaba encharcada en sudor y en mis propios fluidos, me di la vuelta y vi lo dura que la tenía, brillante por la mezcla de su liquido preseminal y mis fluidos. Él se sentó en la cama, mirando mi cuerpo fijamente mientras se empezaba a masturbar incitándome a que me acercara, yo sin dudar me acerque arrodillándome delante suyo y dándole un besazo a su capullo mientras el soltaba un “UFFF” muy prolongado, su polla se notaba especialmente tensa en mis labios, palpitante, deseosa de jugar.

    “Ahí no os veo zorra.” Me dijo serio Don Enrique.

    Yo me quede arrodillada, lamiendo y besando la polla de mi papi mientras le miraba fijamente a los ojos, el mantenía la mirada unos segundos y la quitaba, pero yo sabía que en el fondo lo estaba disfrutando. De repente se me ocurrió una idea, me levanté y fui al armario sacando una corbata negra.

    “Igual así es más fácil…” susurre tímida mientras le ponía la corbata alrededor de la cabeza a mi padre tapándole los ojos.

    El mismo se hizo el nudo para que quedara bien fija “Si mejor” murmuro rápido mientras volvía a llevar la mano a su polla. Aproveché para ir rápido al pasillo a por el móvil, una vez lo cogí volví a arrodillarme delante de mi padre. Con una mano levante el móvil enfocando desde arriba y con la otra le cogí la mano a mi padre y la lleve a mi teta. Don Enrique volvió a poner la cam y yo mirando el móvil empecé a meterme la polla de mi padre en la boca chupándola con gusto mientras miraba fijamente a un viejo que conocía desde hace dos horas que no paraba de masturbarse pese a haberse corrido hace poco.

    “Estoy seguro de que tienes entrenada esa garganta perra, traga más mira que la de tu padre no es tan grande como la mía, vas a tener que hacerlo mejor si quieres probarla.” Dijo Don Enrique sin poder esconder su excitación.

    Yo abrí la boca todo lo que pude y empecé a tragar hasta que mi barbilla se pegó a los huevos de mi padre.

    “Ufff si así” Dijeron Don enrique y mi padre al unísono mientras el colocaba su mano en mi cabeza y hacia fuerza sin dejar que me despegara.

    Yo aguante todo lo que pude intentando respirar por la nariz mientras Don Enrique se la jalaba y mi padre me estrujaba la teta, mi otra mano estaba en mi clítoris frotándolo sin parar, hasta que tuve que subirla y empezar a darle palmadas a mi padre en la pierna para que me dejara respirar. Cogí aire como pude mientras hiperventilaba, mi padre aprovecho para empezar a masturbarse contra mi teta. Yo volví a enfocar desde arriba.

    “Fóllatelas que viendo cómo me las mirabas antes llevas mucho tiempo queriendo” dije segura de mí misma.

    Mi padre esbozo una sonrisa y junto mis tetas alrededor de su polla con sus manos, yo escupí en medio de ellas y el empezó a mover las caderas de arriba abajo follándoselas sin ningún tipo de prejuicio estrujándolas cuando le apetecía. Yo sacaba la lengua y ponía morritos para Don Enrique que había acercado la polla a la cámara mientras yo abría la boca y con la lengua formaba un bulto en mi mejilla, con el puño abierto al lado imitando el gesto de una mamada, todo esto con cara de zorra.

    “Fóllatelo ya niña, lo estas deseando” me susurro Don Enrique al rato.

    Era cierto. Me levante aprovechando para besar a mi padre, se ve que como ahora tenía los ojos tapados se le hacía más fácil hacer cosas conmigo y no tardo ni medio segundo en meterme lengua mientras me estrujaba las tetas.

    “Dame un momentito.” le dije a mi padre mientras me separaba brevemente para colocar el móvil en el mueble de la tele enfocando a la cama.

    Rápido volví al lado de mi padre, él estaba sentado al borde de la cama con las manos apoyadas en el colchón, su polla durísima y gorda como un bate. Me senté encima de sus piernas colocando mis rodillas en el colchón y mis pies colgando del aire, con una mano coloqué su polla entre mis nalgas y acto seguido empecé a besarle con lengua poniendo mis manos en su nuca. El no perdió ni un segundo y rápidamente coloco sus manos en mis nalgas y empezó a manosearlas y apretarlas mientras nos besábamos cachondisimos poseídos por la lujuria. Notaba su polla palpitando en mi culo y yo respondía restregándome contra ella mientras jugaba con la lengua de mi padre, el empezó a azotarme con una mano mientras ponía otra en mi cuello y la apretaba mientras me comía la boca. Yo estaba perdida en el deseo, nuestras bocas estaban completamente babadas y aun así no las despegábamos mientras yo empezaba a notar como el bajo la mano de mi nalga a su polla y la colocaba contra mi vagina. Lentamente empezó a introducirla dentro mío, yo empecé a cerrar las manos en su espalda disfrutando del placer que sentía. Una vez estaba toda dentro rompió nuestro beso despegándose, yo aparte un poco la cabeza y el bajo la suya a mi pecho empezando a lamer y succionar mi pezón derecho, yo junte mis tetazas con las manos y el empezó a hundir su cara en ellas con la lengua por fuera, empezó a lamerlas, a besarlas, a morderlas, a intentar metérselas todas en la boca poniéndose más y más cachondo hasta que llego al punto en el que saco casi toda su polla de mí y de repente me dio una estocada seca con ella metiéndola entera.

    “Diosss” grite en una mezcla de dolor y placer, una lagrima asomando en mi ojo.

    Mi padre seguía comiéndome las tetas esta vez sujetándolas el mientras empezaba a follarme frenéticamente. Yo eche la cabeza hacia atrás con la lengua por fuera gozando de la follada que me estaba dando mi propio papi.

    “Uuuff sii monica sí que estrechito lo tienes que puta eres siii” Empezó a gemir mi padre entre mis tetas cada vez más caliente.

    Yo empecé a mover las caderas siguiendo su ritmo, contenta porque por fin me estaba empezando a hablar.

    “Me encanta tu polla papi me encanta diosss, fóllame fóllame todita.” Empecé a decir entre gemidos mientras comenzaba a botar fuertemente sobre su polla.

    “Oh oooh aaah” gimió Don Enrique mientras se corría una segunda vez mirándonos. “Os dejo solos zorra, mañana sabrás de mi” resopló Don Enrique unos segundos después mientras colgaba la llamada.

    Yo cogí las manos de mi padre y las puse en mi culo mientras seguía botando sobre su polla, acto seguido separo su cabeza de mis tetas y volvimos a besarnos de manera muy cerda. Después de unos minutos así mi padre me levanto con sus brazos y me coloco boca arriba en la cama, él se puso de rodillas en frente mía buscando con su polla mi vagina, yo le ayude con la mano y la follada frenética volvió al instante. Puse las manos en el cabecero de la cama agarrándome fuerte mientras mis tetas no paraban de botar arriba y abajo, pasados unos minutos en los que yo estaba gozando mi padre decidió quitarse la corbata de los ojos y empezó a mirarme fijamente mientras me follaba. Yo le alentaba poniéndole cara de zorra, mordiéndome el labio y sacando la lengua sensualmente, el me respondía follandome más y más fuerte y empezando a azotarme las tetas. Notaba como clavaba sus ojos en mis tetas botando, después me miraba a la cara y se relamía mientras me daba acometidas más duras hasta que llegó el momento. Empezó a respirar muy fuerte y rápidamente saco su polla de dentro mío, machacándosela mientras salían varios chorros con mucha potencia, llegándome al abdomen tetas y cara, yo lo recibí contenta con la lengua por fuera. Una vez no salían más chorros me puse de rodillas en la cama y el empezó a pajearse contra mi teta soltando las ultimas gotas, una vez se exprimió la polla por última vez me la metí en la boca para limpiarla, lamiéndola y dejándola bien limpia. Cuando termine le mire a los ojos y empecé a lamer mi propia teta, limpiando el semen de ella y tragándomelo, él no me quito la mirada de encima en ningún momento. Después de terminar empezó a comerme la boca nuevamente, nos acostamos en su cama mientras nos enrollamos durante toda la noche, más de una vez acabe bajando debajo de la manta para hacerle un trabajito mientras el me sobaba toda y se dejaba hacer. Acabamos por la mañana yo dormida de espaldas a él, con su polla dura contra mis nalgas y con su mano en mi teta mientras yo fantaseaba con la follada que me iba a dar al día siguiente.

    Así termina la segunda parte de mi primer relato, espero que lo hayáis disfrutado y sobre todo excitado tanto como yo al escribirlo, como sabéis estoy dispuesta a leeros y contestaros a todos/as en mi email: [email protected]. Podéis decirme lo que queráis, las críticas son bien recibidas. Como ultimo me haría mucha ilusión que valorarais el relato o que me dejéis algún comentario. Por cierto, tengo pensado escribir un par de relatos más, algunas situaciones reales que me han pasado y otras más fantasiosos, así que si me poneis en autores favoritos igual os podéis enterar de cuando subo uno. Un besito os quiero.

    Moni

  • Siempre estaré para ti, Marian (9)

    Siempre estaré para ti, Marian (9)

    Pasó el tiempo, me gradué de abogado en la UCV, acto al que fueron Marian y Salvador, para acompañarme. Ella estaba eufórica, se le notaba la satisfacción de verme ya graduado. Apenas bajé del estrado diploma en mano, me dio un abrazo de los de ella, apretado y un beso en la frente. Me miraba directo a los ojos y me dijo:

    -Estoy orgullosa de ti, mi amor. Ahora eres todo un abogado de la república y un hombre de bien, hecho y derecho, como la carrera que cursaste. Te deseo muchos éxitos profesionales, de aquí en adelante. – luego, al oído me dijo: -recuerda siempre lo que resultó ser tu padre. Nunca lo emules.

    Del acto nos fuimos los tres a cenar a un restaurante acompañados de Licht, que no tenía familia en el país y luego al Pent House a celebrar. Allí hicieron acto de presencia una pareja de compañeros que provenían del interior y cuyos padres no pudieron venir al acto, por falta de recursos.

    La pasamos de lo mejor, entre tragos y anécdotas. Por previsión, Marian les dijo a la pareja de compañeros que se quedaran en la habitación de huéspedes y a Licht que se quedara conmigo, en mi habitación de siempre. Esa noche hubo sexo a granel en casa de Marian, pero cada pareja por separado.

    Yo ya trabajaba con el profesor Sanoja en su Bufete. Ahora, ya graduado, me ascendieron a Abogado Junior, lo que significó un aumento salarial bastante adecuado y unas perspectivas de desarrollo profesional agradables.

    La relación con Marian y Salvador era muy normal. Yo evitaba atosigarlos, mantenía mi distancia, pero ella me pedía que cenara con ellos en casa una vez por semana y así lo hacía, la más de las veces, para complacerla. Pero me resultaba incómodo estar tan cerca de ella y saberla de otro hombre. Pero en fin, ella era feliz y eso era lo más importante. Salvador había sido un sujeto más que conveniente para ella, la trataba como a una reina y la satisfacía. Se podía notar con solo verla.

    Lamentablemente, la felicidad, para algunas personas, es efímera. Una noche, mientras me disponía a montar a una bella chica en mi apartamento, escuché repicar el teléfono, llamada que no quise atender. La dejé repicar, pero me di cuenta que tenía nuestra clave, tres repiques, cortar, tres repiques. Era Marian, así que atendí:

    -¿Aló?

    -Mi amor, te necesito con urgencia, ven a buscarme, parece que Salva tuvo un infarto y está en terapia intensiva. No tardes…

    -Ya salgo para allá, tranquilízate, por favor.

    -Miriam, ha habido un problema, al esposo de mamá le dio un infarto, tengo que salir urgentemente. Te puedes quedar aquí, si quieres o te vas para tu casa. Aquí te dejo las llaves de repuesto. Me voy… -le dije a la chica que estaba conmigo, que era mi secretaria, con quien, gracias a Dios, tenía bastante confianza.

    Al llegar donde mamá, me estaba esperando en la puerta del edificio. Se subió al carro y partimos de inmediato a la Clínica La Floresta, donde lo habían llevado. Al llegar a la UCI, hablamos con una doctora que nos dio la mala noticia de que el hombre había muerto media hora antes. Marian se desvaneció y tuve que tomarla en brazos y sentarla en un sillón, para que una enfermera la atendiera.

    Esa misma noche la llevé a su casa y me quedé con ella. Dormimos juntos en la cama de mi habitación. Al día siguiente me ocupé de todos los trámites para en entierro, mientras Marian llamaba a los hijos para comunicarles la terrible noticia. Incluso llamó a la ex.

    Después del velorio y del entierro, regresé con mamá a su casa, donde, no más entrar, me dijo:

    -Por favor, mi amor, no me dejes sola, estoy muy triste y te necesito conmigo.

    -No te preocupes, mami, aquí estoy para ti, como siempre.

    -Gracias, mi cielo, quiero descansar un ratico, ¿Me acompañas?

    -Si, claro.

    Y nos acostamos en mi cama, para descansar. Tuve que ayudarla a desvestirse, porque estaba sin fuerzas, agotada.

    Ese mismo día decidí mudarme temporalmente con ella, para no dejarla sola, especialmente de noche. Ella lo recibió con agrado, realmente lo necesitaba, una persona en quien apoyarse y ese era yo. ¿Quién más?

    En los próximos seis meses, si dormí en mi apartamento 10 veces, fue mucho. Me desligué de todas mis amistades, dedicado casi en exclusividad a atender y cuidar a Marian. Poco a poco ella fue recuperando la normalidad, las ganas de vivir que en ella eran tan notorias de siempre. A partir del 15 de diciembre, salimos de vacaciones colectivas en el Bufete y quise dedicarme a ella, de una forma especial, pero la señora ya se me había adelantado:

    -Mi amor, hoy en la mañana fui al banco y miré al lado, en la agencia de viajes, algo que me llamó la atención: Un hotel de montaña en un sitio que se llama el Páramo de La Culata, en Mérida. Tiene unas cabañas de ensueño, como para pasar allí las navidades, en conjunción con la naturaleza. ¿Te gustaría? ¿Irías conmigo? Estuve hablando con la chica que me atendió y puedo reservar desde el 22/12 hasta el 04/01. Hay un buen servicio de restaurante donde comer o pedir a la habitación o la cabaña. Me gustaría pasar la navidad y el año nuevo allí contigo, solos tú y yo. ¿Qué me dices?

    -¿Alguna vez he dicho que no a algo que tú me pidas? Encantado de la vida te acompaño. Reserva mañana mismo, temprano y pregunta sobre ropa que debamos llevar, porque creo que en ese sitio debe hacer un frío de muerte. Me refiero a guantes, chaquetas, medias, suéteres, bufandas, etc. Nos podemos ir por tierra en mi carro, de aquí a Mérida son 9 o 10 horas, sin correr demasiado.

    Al día siguiente mamá reservó todo, esa misma tarde fuimos a una tienda en Sabana Grande para comprar la ropa para el frío y bien equipados nos fuimos el 21 de madrugada, rumbo a Mérida, en mi Opel Manta. Un carrito rápido y de bajo consumo de combustible, para no estar parando en gasolineras a cada rato. Porque el Camaro SS de ella era una ruina por el tanque.

    Al llegar a Mérida, nos alojamos por esa noche en un hotel para seguir hasta el páramo al día siguiente, por asunto de la visibilidad. Había mucha neblina de día y de noche. Por suerte, mi auto tenía luces blancas halógenas y dos Carello amarillos para la niebla.

    Al llegar al hotel al día siguiente, con un día que parecía de una película nórdica, quedamos gratamente impresionados por la belleza del sitio y del hotel y los alrededores. Nos registramos y de inmediato fuimos a nuestra cabaña, una de las más cercanas al edificio principal del hotel ubicada en un alto en la parte trasera. El carro, estacionado justo debajo, por una escalinata.

    La cabaña era una preciosidad. Todo en madera. Un saloncito con un gran ventanal en esquina, con una chimenea de piedras, dos sofás, una mesita ratona, una mesa con cuatro sillas para las comidas y una Kitchenette empotrada en un mueble, por si se nos ocurría cocinar o calentar comida. Luego, una habitación con una cama Quenn con edredones y cobijas como para sudar de noche y un baño fantástico, con yacusi y ducha acristalada. La cabaña estaba dotada de dos grandes calentadores de agua, con bypass, para utilizar uno y si se dañaba, cambiar al otro. Una idea genial, porque allí sin agua caliente, ni de vaina. Y también había un sistema de calefacción en la habitación y baño.

    Apenas llegamos, acomodamos nuestras cosas y Marian decidió meterse al yacusi, de una vez. Lo pusimos a llenar y al rato nos metimos, temblando. Una vez dentro, por el sistema de reciclo del agua, se mantenía caliente, hasta salía vapor. Por primera vez desde antes de su matrimonio, volví a ver a mamá completamente desnuda. Se veía fantástica, más hermosa que nunca. Estaba un poco delgada, pero nada que no se viera bien. Sus nalgas portentosas, mantenían todo su esplendor y sus tetas, un poema. Estaba preciosa.

    Ella me dio todo un repaso visual y de pronto, adiviné en su rostro esa mirada coqueta, sensual que ella solía poner y se mordía un poco el labio inferior. No me pude resistir y la besé en los labios, suavemente, como tanteando sus intenciones, hasta que sentí su lengua entrar en mi boca y sus brazos apretarme por el cuello hacia su cuerpo. Durante un buen rato nos estuvimos besando, más amorosamente que otra cosa, hasta que me soltó y mirándome a los ojos, me dijo:

    -Mi amor, nos registramos como pareja y eso seremos mientras estemos aquí. Te necesito a ti, a tu pasión, para recuperarme. Quiero ser tuya éstos días que estemos acá. ¿Se puede?

    -No sé, creo que tendré que pensarlo unos días, ya veremos… -al oírme decir así, me lanzó un chorro de agua a la cara, con el chaflan de su mano sobre la superficie. Me dijo una grosería y puso cara de niña regañada. Entonces la besé apasionadamente. – No te pongas así conmigo, trataré de complacerte en todo, como siempre. Sabes que será así, entre tú y yo no hay de otra.

    -Gracias, mi cielo, tú siempre estás para mí, cuando te necesito… Por cierto ¿y qué hiciste con tu chica, esa con quien estabas saliendo últimamente? ¡¡No me digas que la botaste!!

    -No, ella se quedó en mi apartamento, desde lo de Salvador. Le iba mal donde estaba viviendo, así que se lo dejé mientras me fui contigo. Cuando regrese, ya veremos. Es una muy buena chica, su familia no está en Caracas, su madre y hermanos viven en Carúpano y realmente me gusta mucho. Se llama Miriam, tú has hablado con ella muchas veces… es mi secretaria y una persona especial.

    -¿Ah, sí? No sabía que era ella… ¿Estas enamorado?

    -Si, por supuesto, ¡Que pregunta la tuya!

    -¿De verdad? ¿Entonces piensas casarte con ella?

    -¿De qué me estás hablando? Me preguntaste si estoy enamorado y sí, estoy enamorado… pero de ti, fea… te quiero… mua, mua, mua…

    -Ay, chico, yo hablaba de ella, de Miriam… mua, mua, mua… yo también te quiero, no te imaginas cuánto. Eres incorregible, buenmozo.

    -Soy como a ti te gusta, tú me moldeaste a tu manera, ¿no es así?

    -Buehhh, habría que discutirlo un poco, con un brandy en la mano, no sé… ¿Me haces el amor?

    -¿Ahora, aquí, dentro del yacusi?

    -No, en la cama, con la calefacción puesta. Quiero que me ames como solo tú sabes amarme. Quiero sentirte dentro de mí, todo el día. Mi amor, desde que Salva se fue, me he sentido muy vacía, me hace falta un hombre, nunca he podido estar bien sin sexo. Y tú eres el mejor, mi cielo adorado. Necesito que… me hagas el amor a diario, hasta que ya no podamos más. Que me hagas sentir que soy una mujer de verdad, deseada, sensual. Que me hagas gozar como tú sabes hacerlo.

    -Guaooo, y aquí no sé si se conseguirá caldo de Chipi-Chipi, afrodisíaco natural. Porque si va a ser para todo el día, madre mía…

    Nos fuimos a la cama y nos amamos como ambos necesitábamos. Menos mal que la cama era muy fuerte, resistente, porque nos dimos con todo. Por primera vez la escuché escandalosa en la cama. Gemía más fuerte que nunca, se notaba que lo estaba disfrutando. De primero, le di una mamada que la hizo acabar rapidito, luego nos acomodamos para un 69 y nuevamente ella tuvo su orgasmo merecido. Y es que me esforcé. Luego la penetré decididamente y luego del primer orgasmo, nos volteamos para que ella cabalgara, su posición favorita. Un nuevo orgasmo y la puse en cuatro para darle desde atrás, hasta que los dos explotamos al unísono. Fue algo maravilloso, parecíamos una pareja de lobos en celo, porque aullábamos de placer. Nos derrumbamos en la cama y nos abrazamos para pasar un rato descansando.

    Para el mediodía decidimos ir a almorzar al restaurante del hotel. Nos vestimos y tratamos de salir, pero al abrir la puerta de la cabaña fuimos azotados por una ventisca helada que nos hizo recular. Ponernos gorros, guantes, bufandas y demás para poder salir fue necesario. De esa manera, aún con frio pero ya más protegidos, salvamos la pequeña distancia hasta el edificio principal del hotel. Al entrar, el ambiente era más caldeado, así que nos descubrimos y fuimos al bar a tomar una copa antes de almorzar.

    Sentados en un rincón del bar tipo alemán, nos tomamos una copa de brandy Duque de Alba, en mi opinión el mejor. Nos mirábamos a los ojos, como dos personas que se quieren de verdad. La notaba más alegre que en los últimos meses y se lo hice saber:

    -Marian, te encuentro más compuesta que en los últimos días y eso me alegra mucho. Quiero que sepas que me siento feliz de estar aquí contigo. No cambiaría estos momentos por ningún otro, con nadie.

    -Gracias, mi amor. Yo tampoco lo cambiaría. Aquí estoy con la persona que más amo en el mundo. Yo lo planeé así. Quería estar contigo, con nadie más. Y sé que lo vamos a disfrutar. No sé qué va a pasar cuando regresemos a Caracas, a la rutina, pero eso ya será asunto del próximo año, éste lo vamos a terminar de forma deliciosa. Cuando nos vayamos de aquí, no vas a poder ni caminar normalmente, te lo prometo. Jejeje.

    -La verdad, no me molestaría en absoluto. Y prepárate, porque tú tampoco vas a salir de aquí en muy buen estado, eso te lo prometo yo también. Jajaja.

    Fueron 12 días de ensueño, de felicidad, poder disfrutar de Marian en plenitud de condiciones, hermosa, sensual como siempre. Hicimos el amor a diario, con pasión. También follamos como salvajes, cosa que cada vez le gustaba más. Yo no sabía si al regresar a Caracas las cosas seguirían a más, temía que volviéramos a las andadas, a que se acabara por aquello de los prejuicios, que me pidiera cordura. Pero mientras estuvimos en el Páramo, no hubo momento en que no la disfrutara. Dormíamos abrazados, nos bañábamos juntos, hacíamos el amor en la cama, en el sofá, en la ducha, en el yacusi, parados, sentados en una silla. Para el 31 de diciembre, le pedí paz y tranquilidad porque estaba desollado, el pellejo del glande me ardía. Ella, a su vez, me pidió que no le diera más por su colita, por dos o tres días, porque también estaba desollada. Nunca en mi vida había sido tan feliz como entonces. Pensaba yo, que porque dos personas que se amaban intensamente como nosotros, no podían tener derecho a ser felices, abiertamente. ¿A quién le hacía daño nuestra felicidad?

    Llegó el día del regreso y salimos temprano, para hacer el viaje de una sola vez, sin escala. Pero llegando a Caracas, me pidió que tomara la carretera Panamericana, para hacer una parada técnica en un hotel muy famoso del sector, para echar un polvito de despedida…

    -¿De despedida? – pregunté ansioso.

    -Si, mi amor, ya sabes, cordura…

    -Pero, ¿vamos a seguir con eso? Marian, nos amamos, a nadie le importa lo que tú y yo hagamos en la privacidad de nuestra casa. No te entiendo… No estoy de acuerdo. Sabes que te amo, que eres el amor de mi vida, la persona más importante para mí. ¿Por qué me haces esto? No, no voy a parar, no habrá ningún polvito de despedida. Al llegar a casa, me regreso a mi apartamento. – por primera vez en mi vida le dije que no a algo que Marian me pedía…

    Ella no dijo nada, bajó la cabeza y así llegamos a casa. Sin mediar palabras. Al poco rato, con una maleta llena de ropa, me fui a mi apartamento de soltero. Ella se quedó llorando…

  • Bodas de oro, el primo sexy

    Bodas de oro, el primo sexy

    Arreglando todo para ir a la casa de campo donde mis abuelos, ya que se celebrarían sus bodas de oro; esa huea no se ve por estos tiempos, era hermoso pensar que ellos llevaban toda una vida juntos y uno al final anhela encontrar eso…

    No encontraba mi puta maleta, mi departamento era un caos total, era el epicentro de los carretes de fin de semana, iban todos pero desaparecían de inmediato al escucharme decir que había que ordenar, jajaja maracos. Estaba en mi misión imposible hasta que en fondo de un closet estaba mi maleta; Metí todo revuelto porque ya se estaba haciendo tarde y mi papá no dejaba de tocar la bocina afuera para apurarme-

    “Ya pueee! Piii piiii piiii

    Que ya voyyy!!! Ahhggg

    Pucha hija que te demoraste, pudiste irte si querías, igual le hubiera dicho a alguien que me llevara o me voy en bus no más, no pue, me comprometí a llevarte aparte llego sin ti y tu madre me corta un huevo, ah que le pone color si hace rato que no vivo con ustedes, y solo voy porque mi abuela me lo pidió…

    En eso partimos rumbo a la casa de mis abuelos, era a la cresta del mundo, pero una hermosa parcela, pase la mayor parte de mi infancia entremedio de los árboles frutales haciendo travesuras, la casa era enorme, una casona patronal que parecía laberinto la huea. Llegamos con papá y estaban todos, los otros hijos de mis abuelos, sus familias, sus hijos y así, era una tropa inmensa, hacía un calor de los mil demonios pesque mi maleta me instale en una pieza al final de la casa para no escuchar a los enanos corretear saque mi traje de baño y me dirijo a la piscina, estaba colocando la toalla en la silla cuando aparece Felipe, mi primo hincha huea, hace mucho que no lo había visto y estaba bien potable el tonto.

    “Hola poh cabra chica, tanto tiempo… perdón? Como que cabra chica, ya no poh amerme, de eso hace mucho, ya no soy chica, bueno de edad porque de porte sigo siendo un hobbit jajaja; como has estado?, súper, caleta de pega y algunos proyectos y tú?, yo trabajando y disfrutando la vida; sola? Si sola y tú? También”. Felipe tenía 35 era un coqueto por naturaleza, pero encantador me reía mucho con él aunque cuando chicos siempre era su perquin me tenía para los mandados, nos quedamos ahí conversando y colocándonos al día.

    Nos sentamos todos en la mesa, riendo, charlando con todos fue una tarde bien agradable en familia, Salí un momento al patio a fumar ya anochecía estaba fresquito en eso aparece mi primo, nos colocamos a conversar y a caminar por los alrededores de la parcela. Se nos hizo noche así que nos devolvimos a la casa. Yo con el viaje y todo estaba súper cansada así que me despedí de todos y me fui a mi dormitorio a descansar.

    Había llegado el día esperado, estaban todos con sus mejores pilchas esperando a los novios, fue una ceremonia muy linda, ver a mis abuelos renovando votos con todos ahí fue hermoso, después de eso la cena y la fiestonga… y ahí quedo la caga.

    Estábamos meta baile celebrando pasándolo chancho, yo ya con mis tragos encima dando jugo, estaba súper feliz, me dirigí a la cocina y ahí estaba él, sacando un pedazo de carne de la olla yo lo miraba con malicia-“que haces cabra chica? Ehhh nada, solo vine a robar un pedacito de torta, saca poh, ahí hay en la mesa, ya…permiso…” él estaba apoyado en el mueble de cocina comiendo el pedazo de carne y yo paso delante de él, me inclino un poco para sacar torta, obviamente todo planeado, se me sube un poco el vestido, se me alcanza a ver el borde de mi glúteo, me di cuenta que él lo noto, ya que se colocó nervioso – “se te perdió algo Felipe? No, solo que ahora mirándote bien, en verdad estay bien rica; tú crees? Eh, si…”, no fue más para que me comenzara insinuar con él, me acerque tome su mano la deslice por mis caderas hasta el borde del vestido mirando sus ojitos, trasmitiéndole que me quería portar mal, lo bese muy lento aun afirmando su mano delineando mi cuerpo, subía y bajaba, en mis senos mi trasero, salían pequeños gemidos en la respiración, “oye cabra chica córtala, mira que no soy de fierro. Mmm parece que tu pico sí, porque ya se puso duro, le susurre al oído”, y solo tragó saliva al escucharme,” así que quieres jugar?, pues bien entonces …” me toma de mis glúteos y me levanta mientras me besa me coloca sobre la mesa me sube el vestido, acerca nuestros sexos, se rozaban sobre las ropas, los besos se volvían más lujuriosos sus labios recorrían mi boca, cuello, bajo el cierre de mi vestido deslizando sus manos por mi espalda bajando el tirante del hombro hasta que el vestido quedo hasta mi cintura dejando relucir mis senos, Felipe seguía entre medio de mis piernas de pie, yo sentada sobre la mesa a pecho descubierto, besándonos desenfrenadamente.

    “Oye cabra chica me tienes muy caliente, y tú a mí, mi ropa interior esta empapada, a ver…”

    Introduce su mano para corroborar lo que le decía era cierto, uno de sus dedos corre mi calzón para poder dejar a los otros introducirse sin problema, la humedad de mi vagina hacia el trabajo menos complicado; “espera!!! Para, puede venir alguien, vamos a otro lado? Mi pieza queda aquí al lado, está bien vamos” me toma en sus brazos y me lleva sin despegarse de mi chocando con los muebles, al llegar a la habitación nos tiramos a la cama, él sacándose rápidamente toda la ropa, me tira el calzón y quedo solo con el vestido enrollado en mi cintura, se me lanza encima metiéndome el pico de una, comenzó sus embestidas y la puta cama sonaba más que la cresta, típica cama de fierro relinchando “Felipe, esta huea suena mucho, ya se, tiremos el colchón al piso”. Con el colchón en el piso le dimos rico, Felipe se puso frente de mí y me dice… quiero verte como te tocas, sonreí, me acomode para que él pudiera tener la mejor vista de cómo mis dedos exploradores se introducían en mi cavidad, sobando mi clítoris y mis piernas se balancean de un lado a otro, donde yo me masturbaba para él, con una mano apretaba mi pechuga, la otra revoloteaba en mi vagina, mi cuerpo se arqueaba sobre la cama, comenzaba a sudar, agitar mi respiración y a gemir como una puta, él solo me miraba, y eso más me calentaba, Mientras más excitada, más me escurría, tenía el cubrecama mojado y esa maldita necesidad de querer ser ensartada…

    “Ya ven aquí… ven y penétrame estoy muy mojada, requiero de tu pico ya!”

    Se acercó como asechando a su presa, comenzó a besar mi muslo a subir con besos y se posó en mi vagina, paso su lengua desde abajo hacia arriba, estrujando cada fluido, siguió subiendo por mi panza jugó un rato en mi ombligo, luego llego a mi pecho y ahí delineaba con su lengua mi pezón… lo mordía, lo besaba, movía sus caderas para encajar con las mías y en un movimiento lento pero intenso entro. Así siguió con sus movimientos de penetración, balanceándose sobre mí, yo me agarraba de sus nalgas mientras gemía en su oído, sus balanceos se volvieron profundos, cortos como pequeñas estocadas, que me hacían gritar… toda mojada y exhausta mi primo comienza a lamer nuevamente mi vagina “cabra chica, puta que estay rica” y se deleitaba chupando mi zorrita, “para, déjame montarte…” como quieras cosita”; me subí pero dándole la espalda, tenía en primera fila mi gran culo viendo cómo se metía en mi cavidad su pico húmedo, subía y bajaba mi trasero y él me daba de nalgadas, comencé hacer movimientos de rose, su pico entraba delicioso, a la vez estimulaba el clítoris con el movimiento, empecé agilizar el movimiento, y entre tiritones expulse mi orgasmo, escurriendo, empapando su verga “ahh ctm se sintió calentito eso cabra chica”, y estaba delicioso Felipe..”. Seguí con mi actuar para que pudiera acabar él y antes que eso pasara me salí rápidamente, me metí su pico en mi boca y comencé a masturbar, a chupar y en un instante lo saque mis movimientos más rápidos de manos hasta que su semen cae en mi cara, con mis dedos lo acerque a mi boca para saborear.

    Luego de la mansa cacha con Felipe nos vestimos y nos integramos a la fiesta, nadie nos había echado de menos, nos mirábamos y reíamos, yo pensaba, la mansa cagaita, pero quien no ha querido comerse un primo alguna vez?

  • De camarógrafo a actor

    De camarógrafo a actor

    Después de mucho insistir en que cumpliéramos alguna fantasía, decidiste que para mi cumpleaños realizaríamos una, llegamos a un acuerdo que sería la de que un tercero nos grabara teniendo sexo, y digo sexo porque el «amor” es algo intimo para solo nosotros, ya que la intención principal sería la de ser actores porno por una noche, por lo que iniciamos la búsqueda del candidato adecuado para realizar nuestra locura, después de una larga búsqueda nos quedamos con el que más confianza nos generó, contaba con experiencia en estos temas, discreto y vivía solo, por lo que podíamos usar su casa como estudio.

    Llegó el día, luego de haber comido liviano y haber bebido lo suficiente para estar muy alegres, me pediste que antes de ir a la casa de nuestro cómplice fuéramos a bailar a una disco, que si aceptaba sería bien recompensado más tarde, obviamente acepté no podía negarme a nada que me pidieras.

    Ya en la disco lo primero fue ir a la pista de baile, unos cuantos temas bailados y nos acercamos a la barra a pedir algo de beber, mientras preparaban los tragos, me ausente para ir al baño, debido a la fila me demoré más de lo esperado, una vez regresó donde estábamos no te encuentro sentada, te busco y te veo bailando muy animada con un joven desconocido, no puedo evitar ponerme celoso así como tampoco puedo evitar tener una erección ya que bailabas muy sensual, evito ponerme de pie para no dejar en evidencia lo que sucede entre mis piernas, después de un par temas observando cómo te dejas seducir y coquetear con él, te acercas a mí y él se aleja al baño, te bebes casi por completo el trago por la sed que te genero el baile, acto seguido me besas fogosamente y llevas una mano a mi bulto notando lo duro que estaba y me susurras al oído:

    -estoy muy mojada, el guachito rico me dejo muy caliente.

    Tu comentario lejos de molestarme me provoca una satisfacción por que quiere decir que estas disfrutando nuestra escapada de locuras, pido el Uber y nos dirigimos a destino, durante el trayecto no haces más que calentarme diciendo lo mucho que te había gustado la sensación de provocar a alguien más, nos encontrábamos muy desinhibidos, una vez llegamos nos recibe nuestro camarógrafo quien nos invita a pasar, nos prepara algo de beber mientras nos ponemos cómodos en el living, el tipo es muy ameno para conversar, nos indica que podemos utilizar cualquier espacio de la casa, que nos sintamos a gusto, etc., termina agregando.

    -si gustan podemos empezar por una sesión de fotos.

    La idea nos agradó a ambos, con la calentura que traíamos no nos costó vencer los nervios, por lo que optamos por empezar a sacarnos la ropa mutuamente de forma sensual, cuando quedaste en la sexy lencería comprada para la ocasión, recibiste elogios por parte mía y del fotógrafo entonces decidiste quedarte así por el momento, al hacer esta pequeña pausa nos damos cuenta que nuestro cómplice al igual que yo mantiene una fuerte erección por debajo del buzo, te arrodillas ante mí y me comienzas a besar el ombligo bajando hasta llevar mi pene a tu boca y comienzas a hacerme un oral, luego mirando al cómplice le dices.

    -si quieres liberar eso que te está molestando debajo de tus pantalones.

    Lógicamente no se negó, y dejó ver a ante nuestra atenta mirada lo que cargaba entre las piernas, el cual nos dejó sorprendidos por el tamaño, me volviste a mirar de forma picarona y te volviste a devorar mi pene esta vez con los ojos cerrados, ocasión que aproveché para hacerle señas al camarógrafo para que se acerque a grabar más de cerca justo al lado mío, la comparación de tamaños era impresionante mucha más larga y gruesa que la mía, tomé tu mano y la llevó hacia el pene del camarógrafo, no dudas en rodearlo con tu mano al sentir el tacto con él, el semblante de tu rostro se vuelve más lujurioso, abres los ojos mirándome de forma desafiante.

    -amorcito estás seguro de lo que me estas ofreciendo, con lo caliente que estoy no me conformare con solo tenerla en mi mano.

    Sin apartar tus ojos de los míos comenzaste a hacerle un oral a él sin dejar de masturbarme a mí, la escena fue demasiado y acabe rápidamente, con una pícara sonrisa te pones de pie y le pides unas cuerdas a nuestro cómplice, te acercas a mí y me das un apasionado beso y me dices.

    -a ver si se con esto se te quita las ganas de que otro me coja, vas a tener que escoger entre grabar o pajearte.

    Quede atónito pero no opuse resistencia, una silla frente al sillón donde él se encontraba sentado esperándote me amarras las 2 piernas y el brazo izquierdo a la silla, me ordenas que tome la cámara con la mano libre y a el que ponga música sensual y que te espere desnudo en el sillón, tu cambio de actitud empoderada y dominante me tiene embobado, ya no tengo control de nada pero tampoco quiero detenerte, me intriga y excita saber hasta dónde llegarás, presionas el botón de grabar de la cámara y te comienzas a mover de forma muy sensual al ritmo de la música, él se limitaba solo a observarte con la verga tiesa de la excitación que le provocabas, dándole la espalda y sin aparte la mirada a la cámara te agachaste sin doblar las rodillas para quitarte el calzón ofreciéndole una vista de tus partes íntimas que hasta el momento solo yo había visto y disfrutado, te diste media vuelta y pusiste las rodilla a cada lado de el por lo que tu vagina quedo muy cerca de su pene, el no resistió más la tentación de tenerla encima así que te quito el sostén y comenzó a devorarte la tetas, tus primeros jadeos se comenzaron a escuchar, tomaste su pene y lo comenzaste a frotar en tus labios los cuales nunca había visto tan húmedos, no había marcha atrás te lo ibas a follar delante de mí y no tenía nada que recriminar después, yo te había puesto en esta situación, por algo busque alguien que fuera limpio con exámenes de ets negativo por si te animabas a interactuar con él, comenzaste a bajar y subir sus caderas, cada vez te introducías más dentro de ti, estabas tan mojada que no había necesidad de lubricar nada a pesar del tamaño, cuando llevabas la mitad adentro dejaste caer tu cuerpo encima, su enorme verga desapareció dentro de ti, llegando a lugares donde mi pene nunca había explorado, te movías despacio sobre el para acostumbrarte al nuevo invasor, nunca te había oído gemir de esa manera, desinhibida totalmente aumentaste el ritmo hasta explotar en un delicioso orgasmo, te recostaste sobre él un momento recuperando el aliento, fue solo un instante, tus caderas nuevamente comenzaron a moverse, buscando más placer fue aquí donde él tomó la iniciativa y sin sacarlo te tomo en brazos y se acomodaron en el sillón quedando el sobre ti, ahora él llevaba el ritmo, primero lento, aumentando de a poco la intensidad de la embestidas hasta llegar a un ritmo frenético te daba fuerte y duro, entre gemidos le decías lo rico que lo hacía, hasta que volviste a explotar en otro orgasmo más intenso que el anterior, no daba crédito a lo que veía, por suerte resiste las ganas de tocarme y grabe todo, cuando terminaron le dijiste algo al oído y se fue a la habitación, te acercaste a mí diciendo.

    -cielo eso estuvo increíble, pero aun quiero más, después que te desates nos alcanzas.

    Antes que pudiera desatarme ya se escuchaban tus gemidos desde la pieza…

  • Su profesor particular (capítulo III): El acuerdo

    Su profesor particular (capítulo III): El acuerdo

    Tomás fue rápidamente a su casa. No quería que llegara Elena y no estar allí. Mientras esperaba, estaba nervioso como un colegial. ¡Él! ¡Un hombre tan seguro en su trabajo!

    Cuando llamaron a la puerta deseó que Elena apareciera sola. Así fue. Allí estaba ella. Estaba preciosa, como siempre. Llevaba una preciosa blusa, una falda y unas alpargatas de esparto. Tenía el pelo recogido y su cara le pareció más bonita que nunca. Afortunadamente, no venía acompañada.

    -“Pase, por favor”.

    -“Bueno, solo vengo a recoger mi mochila. Gracias por molestarse en guardármela”.

    Tomás enrojeció mientras decía “no ha sido ninguna molestia”, mientras recordaba todas las veces que se había masturbado oliendo y lamiendo aquella ropa.

    – “Elena, ¿no hay ninguna posibilidad de que reconsidere la posibilidad de retomar el pacto que me propuso?”.

    – “No. No es buena idea. Además, usted mismo me echó de su despacho. No sabe lo humillada que me hizo sentir”

    – “Le pido perdón. Si hay algo que yo pueda hacer para que reconsidere su idea…”

    Elena quedó en silencio durante unos largos segundos mirando a Tomás a los ojos. Podía ver la súplica y el deseo en ellos. Sabía que haría cualquier cosa por que se quedara. Eso no hacía más que aumentar su confianza y su posición de fuerza.

    -“Bueno”, empezó Elena. “Podría empezar por pedirme perdón de manera sincera. ¿Puedo pasar?”.

    -“Por supuesto, entre”.

    Elena pasó y Tomás cerró la puerta.

    -Siéntese. ¿Quiere tomar algo?”.

    -“Sí, gracias. Tráigame un refresco, por favor”.

    Tomás le llevó el refresco a Elena y se sentó frente a ella.

    -“Señor profesor, voy a ser clara. Después de la humillación que sufrí en su despacho, me siento incómoda ante usted. No estoy acostumbrada a eso. Así que, si quiere que lo perdone, tendrá que humillarse un poco ante mí, para compensar la humillación que me hizo pasar a mí”.

    -“¿Cómo podría…?”

    -“De momento, lo primero que quiero es que no se siente en mi presencia a menos que yo le dé permiso. Póngase de rodillas para mostrarme respeto”.

    Tomás, dejando a un lado su dignidad, se puso inmediatamente de rodillas e intentó besar los pies de Elena, pero Elena no lo permitió.

    -“No le he dado permiso para besar mis pies. Todavía no tenemos un trato. Antes quiero que me escuche con atención.”

    Tomás se retiró, pero se mantuvo de rodillas frente a Elena, que siguió hablando:

    -“Bueno, si finalmente aceptara venir con usted, tendría que ser en una posición de sumisión hacia mí. No he practicado nunca relaciones de sadomasoquismo, ni me atrae esa estética, pero sí que soy una persona dominante y con capacidad de liderazgo. Soy caprichosa y comodona, me gusta que me sirvan, así que, si vengo a vivir aquí, tendrá que estar a mi servicio, pendiente continuamente de mis necesidades. Es decir, no me conformaría solo con mi matrícula de honor en su asignatura y con el alojamiento, sino que quiero encontrármelo todo hecho en la casa: mi ropa lavada, la casa limpia, la comida por delante…

    Por otra parte, el beneficio económico no debería limitarse solo al alojamiento y a los gastos de alimentación, sino que quiero que incluyan ciertos caprichos: que me dé una cantidad periódicamente para compras, que me sorprenda con regalos de vez en cuando. Por ejemplo, cada vez que salga en uno de sus viajes de trabajo, esperaré un buen regalo a la vuelta. Sé que le pagan bien las conferencias y los cursos que imparte… En definitiva, este curso quiero estar como una reina. Creo que con este cuerpo y con estos pies me lo merezco, ¿no piensa usted lo mismo?”

    “Si está de acuerdo, no diga nada, simplemente, arrástrese hasta mi y bese mis zapatos. Esa será su aceptación”.

    Tomás, totalmente humillado, pero poseído por un incontrolable deseo, se tiró al suelo y avanzó arrastrándose hasta Elena hasta que alcanzó a besar sus zapatos. Una parte de él se resistía a degradarse de esa manera, pero ya no había vuelta atrás, no desde que había olido y saboreado su ropa íntima. El pensamiento de poder besar sus pies anulaba cualquier reticencia.

    “Muy bien, tenemos un trato. Ahora quítame el zapato.”, dijo Elena cruzando sus piernas, de modo que su pie derecho se balanceaba por encima de la cabeza de Tomás.

    Tomás se volvió a poner de rodillas y, con enorme delicadeza, como si estuviera manejando una valiosa y delicada obra de arte, retiró el zapato del pie de Elena. Al hacerlo, sintió un ligero olor, nada que ver con el de sus zapatillas de deporte y sus calcetines usados, pero el calor que hacía y el esparto de las alpargatas, había hecho sudar un poco sus pies y éstos desprendían un ligero aroma. ¡Oh! ¡Cómo le gustaban esos pies tan perfectos! ¡Cómo deseaba poder lamerlos!

    Tomás colocó el zapato en el suelo y se inclinó para besar el pie descalzo por primera vez, su corazón palpitaba y él temblaba de emoción. Cuando sus labios casi rozaban el pie, Elena lo retiró.

    “No recuerdo haberle dado permiso para besar mi pie”. Cruzó ahora la pierna izquierda sobre la derecha.

    “Quíteme el otro zapato. ¡Nada de besar mis pies!”.

    Tomás le retiró el otro zapato y lo colocó en el suelo.

    “Ahora trae mi mochila. Al fin y al cabo, para eso vine, ¿no?”. Tomás fue a buscar la mochila y se la fue a entregar a Elena”.

    “¿Ya has olvidado lo que te dije sobre que me gusta ser dominante? Cuando te dirijas a mi, espero algo de respeto, arrodíllate, por favor”.

    Tomás se arrodilló rápidamente y avanzó de rodillas hasta Elena, entregándole su mochila.

    “Aquí tienes tu mochila”.

    Una bofetada retumbó en la cara de Tomás.

    “Tomás, no me gusta la violencia, pero a veces, hay que dejar las cosas claras: no recuerdo haberte dado permiso para tutearme. Recuerda que, desde ahora, nuestra relación se basa en la jerarquía y yo, por supuesto, estoy por encima de ti”

    “¿Queda claro?”.

    -“Sí, señora”. Respondió Tomás mientras acariciaba su dolorida cara.

    -“¡Ja, ja, ja!”, río Elena. “Eso está mejor. Veo que aprendes con rapidez. Mejor para ti. También mejor para mí, pues ya te he dicho que no me gusta tener recurrir al castigo físico”.

    “Se me están quedando fríos los pies. Túmbate delante de mí, para que pueda usarte de alfombra. Boca abajo. Mientras te permitiré que huelas mis zapatos.”

    Tomás se tumbó a los pies de Elena, de forma que ella podía apoyarlos en su espalda y colocó los zapatos bajo su cara, metiendo la nariz en ellos.

    Mientras Elena, abrió la mochila y empezó a examinar el contenido”.

    “¡Uy! Creo que alguien ha estado jugando con mis cosas. Está todo revuelto y diría que lleno de babas. ¿Lo has pasado bien con mi ropa, profesor?”.

    “No sé a qué se refiere, señora”, mintió Tomás.

    “Esto no ayuda”. “Estoy realmente enfadada: me humillaste en tu despacho., Has usado mi ropa, sin mi consentimiento; supongo que para satisfacer tus deseos y, tienes la desfachatez de negármelo”

    Tomás permaneció callado, tumbado delante de Elena. Con sus pies sobre su espalda y su nariz metida en su zapato… Estaba avergonzado pero muy excitado por la situación. No sabía que contestar a sus reproches, que, además, consideraba razonables”.

    -“Lo siento, pero me marcho. Póngame mis zapatos, que me voy. No soporto la mentira” Dijo Elena retirando sus pies de la espalda de Tomás para que éste pudiera levantarse.

    -“No, señora, se lo ruego. Tiene toda la razón. Usé sus cosas para masturbarme. Su aroma de mujer me volvió loco y no pude evitarlo. No me había masturbado tanto desde que era un adolescente. Pero era inevitable para un fetichista como yo: es usted demasiado bella“.

    Por supuesto, Elena nunca tuvo ni la más mínima intención de marcharse, pero cada vez que amagaba con hacerlo se veía más segura en su posición.

    “Bueno, tendrás que rogarme que te perdone”.

    “Por favor, Elena, se lo ruego. Haré lo que me pida”.

    “No me parece demasiado convincente. Quiero que hagas algo más. Recuerdo que, en tu presentación el primer día de clase, dijiste que no soportabas a los pelotas. ¿Te acuerdas? Pues bien, quiero que te conviertas para mí en eso que no soportas. Vas a hacerme la pelota. Es más, vas a ser un súper pelota, vas a ser un lameculos. Eso es precisamente lo que quiero que hagas, que lamas mi culo”. Entonces, se dio la vuelta y se colocó de rodillas en el sofá, con su espalda hacia él. Levantó su falda y bajó sus bragas, ofreciendo su culo a Tomás.

    “Pídeme que me quede lamiendo mi culo. Ruégame que venga a vivir contigo. Tienes que compensarme por la humillación que me hiciste pasar.”

    Tomás dudaba. Era fetichista de pies y fantaseaba con ser dominado por una bella mujer, pero nunca había lamido el culo de ninguna. Era un profesor de gran prestigio, más acostumbrado a dar órdenes que a recibirlas y, por supuesto, acostumbrado a ser tratado con respeto.

    “Vamos”. Urgió Elena. “Tu titubeo me ofende. ¿Es que acaso te da asco mi precioso trasero? ¿Sabes cuántos hombres darían lo que fuera por estar en tu lugar? Eres un afortunado, ¡te ha tocado a la lotería! ¿O es que prefieres que me vaya?”

    Tomás se acercó y comenzó a besar los glúteos de Elena.

    “¡Espera! ¡Te he dicho que antes me tienes que rogar que te deje lamer mi culo!”

    “Por favor, perdóneme, Elena. De verdad siento como la traté en mi despacho. Perdóneme y acepte venir a vivir conmigo. La atenderé como una reina. Necesito su presencia, sus pies, su olor. Necesito someterme a usted, señora. No cambiaría eso por nada. En su presencia, no soy más que su humilde servidor, su perro. Le suplico que me deje lamer su culo. Se lo ruego”.

    Elena separó sus nalgas mostrando su orificio.

    “Eso está mucho mejor… Vamos, profesor, déjate de tanta cháchara. Muéstrame tu arrepentimiento y tu sumisión lamiendo bien mi ano. ¡Ah! ¡Una cosa! Ni se te ocurra pasar tu lengua por otra parte que no sea mi trasero”.

    A pesar de lo excitado que estaba y de sus fantasías de sumisión, la idea de arrodillarse y lamer un ano de verdad era algo difícil de asumir. Hacerlo sería degradarse del todo ante su alumna, perdiendo su dignidad. Sin embargo, no podía quitarse de la cabeza sus preciosos pies. Lo cerca que había estado de ellos sin poder llegar a besarlos todavía. Sabía que, si no tenía más remedio, iba a acabar lamiendo aquel trasero, precioso por otra parte.

    -“Señora”, protestó sin mucha convicción. “¿Es necesario esto?”.

    -”No me lo puedo creer””, exclamó Elena. “¡Me voy!”

    Entonces sintió la lengua de Tomás lamiendo su culo. Al principio, eran suaves lametones a lo largo de toda su raja. Tomás pensó que no era tan terrible como se había imaginado. De hecho, al momento, se excitó tanto haciéndolo que usó sus manos para abrir más las nalgas de Elena, y comenzó a lamer con total entrega. En ese momento ya no existía nada más en el mundo que poder servir y someterse a aquella diosa. De ahí venía su excitación, no tanto de lamer su culo sino de la dulce sumisión y servicio a su preciosa alumna: un sueño que había tenido desde niño y que nunca se había atrevido a cumplir. Se sumió en la situación con un dulce abandono.

    Mientras Tomás lamía y lamía, introduciendo ahora la lengua en su esfínter, Elena disfrutaba de la situación de tener a uno de los catedráticos más reconocidos en su especialidad, totalmente sometido, lamiendo su culo como si le fuera la vida en ello y dispuesto a hacer todo lo que ella quisiera. Se había excitado mucho con esa sensación de poder. Estuvo a punto de pedir a Tomás que dejara su culo y empezara a chupar su sexo ya mojado, pero no, no era conveniente entregar ya todo desde el primer momento. Tenía que ir dosificando a Tomás.

  • Cuidando a mi tía

    Cuidando a mi tía

    La historia comienza cuando una mañana recibí un mensaje, este era de mi tía, ella es una mujer de unos 35 años, alta, morena con el cabello largo y se lo solía recoger en una coleta, ella estaba casada pero pasaba por un mal momento, en ese entonces tanto ella como mi tío salían bastante por trabajo así que esto hacía que casi no se vieran, se rumoreaba entre mi familia que ella le era infiel, pues a veces cuando tenía la casa sola no dejaba que nadie entrara pues ponía excusas, o incluso se terminaba yendo y nadie la podía localizar, mi relación con ella era de tía-sobrino, ni más ni menos, no éramos cercanos, pero tampoco nos caímos mal, está relación hacía que casi nunca nos enviamos mensajes, si acaso algún recado o felicitación en los cumpleaños, por eso al recibir este mensaje me extrañé bastante.

    -Hola Manu, ¿Cómo estás?

    -Hola tía, ¿bien gracias, y tú?

    -Bien, también, bueno en realidad tengo una situación aquí.

    -¿Qué pasó tía? Dime necesitas algo

    -Sí, de hecho te iba a pedir un favor pero tienes que prometer que no se lo vas a decir a nadie

    Estas palabras ya me estaban preocupando, pues yo era el último de la familia que esperaba que le pidieran un favor, pues aunque tengo 25 casi nunca tengo tiempo libre, pero como era sábado por la mañana acepté

    -Esta bien pero ¿segura que no quieres hablar con mi mamá?

    -No, no está bien, digo no te preocupes, no es algo grave, solo quiero que vengas.

    -Esta bien voy para allá, tardaré una media hora

    -¿Podrías hacer lo posible por llegar antes?

    -Sí claro, ya salgo para allá.

    Por suerte ese día mis papás habían salido pero llevaron el auto de mamá, por lo que tomé las llaves del otro auto y salí algo apurado, al llegar le marqué por teléfono para avisarle que ya había llegado, entonces ella me dijo que pasará ya estaba abierto.

    Pasé y comencé a llamarla, ella me grito desde el piso de arriba, su voz se sentía con dolor por lo que subí rápido a verla, al llegar al piso de arriba me dirigí a su habitación, toque la puerta pero entré enseguida porque podía escuchar que a mi tía le estaba pasando algo, ella estaba en la cama envuelta en las sábanas, me acerqué a ella.

    -Tía, ¿Qué pasó?, ¿Qué tienes?

    -Ay Manu perdón por haberte hecho venir, así de repente, pero es que desde la madrugada me he estado sintiendo mal.

    -No te preocupes tía, ¿Qué necesitas? ¿Le hablo a un doctor?

    -No, ya le hablé a mi doctor y me pidió que fuera a consulta, pero no puedo ni pararme porque estoy muy mareada, por eso te mandé un mensaje, para que me ayudes a prepararme y luego me lleves a la consulta.

    -Claro tía, no te preocupes, pero ¿Por qué no le hablaste a mis papás?

    -Ah eso, no quería molestarlos

    -Pero esto es una emergencia, querrán saber qué te pasa si es algo grave.

    -No, no es grave.

    -Pero eso no lo sabes hasta que tú doctor te revise.

    -Te digo que no es grave, sólo quiero saber sí… Estoy… Embarazada.

    -¿Qué? ¿En serio?

    -Sí, y por eso no quiero que les digas a tus papás, no pueden enterarse y sí lo estoy tengo que pensar en cómo decirles y también a tu tío.

    -Espere ¿Qué estás diciendo?

    -Es qué, te pedí que vinieras tú, porque siento que podrías guardarme un secreto y ayudarme también, es que no sabía a quién más pedirselo.

    -Tía, no me digas que…

    -Sí, y por eso nadie puede saberlo.

    -Bueno eso ahorita no importa dime ¿Que necesitas?

    -Primero vestirme, la consulta es como en 30 minutos, luego ayúdame a bajar las escaleras y yo te digo hasta donde vamos a ir

    -Esta bien dime dónde está tu ropa

    -Voy a necesitar que me pases todo, perdón por pedirte esto en serio pero estoy en una urgencia.

    -No te preocupes tía lo primero es que te quites la duda y ya luego veremos qué va a pasar

    -Sí, tienes razón.

    Entonces me indicó donde estaba su ropa, busqué primero la ropa interior, estaba en unos cajones en frente de la cama, los abrí y pude ver la colección de tangas y panties que tenía, era mucha y tenía de muchos tipos, tangas de todos los colores y con detalles de encaje o a rayas o de varios colores, le intente preguntar cuál quería, pero el tiempo era más importante así que decidí tomar la primera que fuera un poco más adecuada, era un cachetero negro, simple pero bastante bonito, también busqué un brassier del mismo color, ahí comencé a darme cuenta de algo, mi tía estaba bastante buena, la talla del sostén era 36c, esto lo pude ver de reojo en la etiqueta.

    Le pase la ropa y comenzó a vestirse, me pidió que buscara en el closet una ropa bastante holgada, la que sea, así le pase unos pantalones deportivos anchos y una blusa a tirantes, ella me pidió que saliera para que se pudiera terminar de cambiar, pero no pasaron ni 5 segundos cuando me llamó desde su habitación, entre y estaba casi en el suelo, no se podía sostener, así que la ayude a levantarse e insistí en que tenía que ayudarla a cambiarse, ella se mostró incómoda pero el tiempo era más importante, si bien ella ya se había puesto la ropa interior todavía le faltaba lo demás, así que accedió, se descubrió la sábana que la estaba tapando y pude ver su cuerpo, el brassier le ajustaba perfectamente en sus grandes senos, y el cachetero que le había pasado le quedaba más ajustado de lo que pensaba, no le di mucha importancia pues sabía que no era el momento para ponerme a ver a mi tía con otros ojos, así que me apresuré a ponerle la blusa y luego la alcé un poco para que se acomodara, era el turno de los pantalones, así pues se recostó y alzó las piernas, la verdad estábamos en una posición comprometedora pues estaba frente a ella y el cachetero dejaba entre ver algo de sus labios, pasamos ese momento incómodo al ponerle los pantalones y ella los subió por sus piernas, después ya que estaba vestida me pidió que la ayudara a pararse, lo hice y enseguida se recargó en mi espalda, lo hizo con todo su peso, que bueno que hacía ejercicio y pude cargarla, además de que estaba sintiendo como esos enormes senos se estaban apoyando detrás mío, conseguimos bajar las escaleras, la subí al auto y partimos.

    -¿A dónde vamos?

    -A la clínica nueva

    -¿No tenían un doctor más cerca?

    -Sí, pero si voy, puedo tener problemas por lo que hice una cita en ese lugar

    -Sí entiendo vamos.

    Durante la mayor parte del camino hubo silencio, hasta que lo inevitable pasó, mi tía comenzó a hablar de su relación con mi tío, pues se veía que desde hace rato estaba bastante preocupada pero solo estaba aguantando las ganas de llorar porque se sentía mal.

    -Disculpa Manu, pero es que… Ya no puedo, no tenías porque prometer que no se lo dirías a nadie, solo quería que alguien me ayudara y me comprendiera, estoy tan sola que la desesperación me gana y me dejó llevar y hace una semana… Perdón que te cuente esto pero es que si no lo digo ahora siento que voy a explotar.

    -Tía no pasa nada, puedes desahogarte conmigo, sé que no somos tan cercanos pero somos familia, eres la hermana de mi mamá y no te preocupes no te voy a juzgar, te diré algo yo también, sé que las cosas con mi tío no van bien, no es porque nos metamos en su vida pero si es algo evidente.

    -Ay ¿Lo dices en serio?

    -Sí

    -Pues, pensé que aunque sea todavía me quedaba alguna esperanza pero veo que sí es muy evidente.

    -¿Pero si van tan mal las cosas porque no tomar caminos separados?

    -Lo he intentado, pero siempre termina en más peleas, además siento que no sería justo, lo que pasa es que él me perdonó una infidelidad, antes de todo y siento que lo heche a perder y cuando trato de poner mi lugar siempre me recuerda eso, y siento que la mala del cuento soy yo, pero él también insiste en alejarse, siempre se va de viaje, y sé lo que hace, pero ah, la vida es muy complicada y ahora esto, sólo le va a dar más excusas para echarmelo en cara, esos imbéciles les dije que usaran protección, pero no, son muy hombre para hacerlo, y bueno ya habíamos bebido, ¡Carajo!, Nunca pensé que algo así llegara a pasar.

    -Disculpa tía pero puedo saber ¿Cuántos hombres ves?

    -Ah te digo que en mi soledad me ganan los impulsos digo, siempre he sido así, tu mamá siempre tenía que mentirle a mi papá sobre donde estaba, y claro, con el tiempo me fui de la casa y conocí a tu tío pero parece que no podía calmarme, y ahora mira voy a la clínica con mi sobrino contándole todas mis indiscreciones, bueno ya si estás aquí lo tienes que saber, tengo 5 amantes, y no le hablé a ninguno porque no quería hacer el problema más grande, no sé de quién sea el bebé, así de sencillo.

    Parecería que el viaje en coche le sintió bien a mi tía aunque cuando me estacione y se intentó bajar se mareo un poco, la ayude a incorporarse y entramos en la sala, ahí fui a preguntar por el doctor y me dijo que nos estaba esperando desde hace 5 minutos, mi tía se sintió aliviada y fuimos hasta la puerta, pero la secretaria nos detuvo y nos dijo que solo podía entrar la paciente y la pareja en dado caso, mi tía me dejó sin palabras al decir que estaba bien que yo era su pareja, luego se acercó a mí y me dijo en el oído, que no me preocupara que estaba bien lo que dijo a fin de cuentas no quería que hubiera más preguntas, yo acepté y ambos entramos. El doctor comenzó a revisar nos dijo que era algo rutinario mi tía insistió en que estaba embarazada pero el doctor no estaba tan seguro, así que le preguntó si se había hecho una prueba rápida, ella contestó que sí, luego de un rato de análisis, le comenzó a hacer preguntas sobre sus hábitos y sus anteriores consultas, ella contestaba sin problemas, no obstante la cara del doctor seguía sin dar una respuesta afirmativa, yo estaba algo nervioso pero permanecía en silencio, hasta que se dirigió a mí.

    -Entonces me decía ¿Cuándo fue la última vez que mantuvieron relaciones sin protección?

    Yo voltee a ver rápido a mi tía, la cual intentó seguir la corriente del papel de pareja

    -Fue hace dos semanas, ¿verdad amor?

    -Sí más o menos hace dos semanas

    -Ya veo, ya veo, pues déjeme decirle que no está embarazada, los síntomas fueron causados por un cuadro de estrés, esto hizo que le bajara el azúcar y su presión arterial, solo eso pero fue muy intenso, supongo que había sentido algún síntoma de hizo la prueba y entró en pánico, seguramente no pudo dormir bien, la prueba falló es raro pero posible, no sé preocupe, le recetaré unas pastillas para que el mareo se vaya y con que esté en cama un par de horas estará bien, en cuanto a usted. Dijo el doctor refiriéndose a mi. Le recomiendo que cuide bien a su novia, veo que puede haber tensiones en algunos momentos, el embarazo no es fácil pero siempre es mejor estar seguros antes de entrar en pánico veo que estaba nervioso, también le daré algo para calmarse, permanezcan en cama, relájense y cuídense entre ustedes. Eso sí señora, puede presentar algo de fiebre, pero se pasará en un rato no se alarme, es que su descompensación fue bastante alarmante pero ya está estable. Bueno eso sería todo, aquí está su receta, hasta luego.

    Salimos en silencio, subimos al auto, avanzamos un par de calles, y ahí, en un semáforo.

    -Jajaja

    -Jajaja

    Los dos reímos con todas nuestras fuerzas, estábamos tan contentos que todo lo que nos había explicado el doctor pasó a segundo plano, mi tía no estaba embarazada y solo eso importaba, por supuesto fuimos a comprar las medicinas y llegamos a su casa la ayude a entrar pues seguía mareada, la llevé a su cama y preparé su medicina.

    -Muchas gracias por todo Manu, no sabes lo feliz que estoy y lo apenada que estoy contigo, sí estabas pálido en el consultorio.

    -No digas nada tía, que la verdad si pensaba en todo lo que pasaría si estabas embarazada, pero déjalo ya pasó.

    -Es que enserio no sé cómo agradecerte por todo lo que hiciste.

    -No tienes nada que agradecer, solo fue algo que debía hacer, solo eso.

    -No pero tú siempre estás ocupado, perdón.

    -Ah no te preocupes por eso, hoy es sábado y no tenía nada planeado, la verdad fue una aventura jaja.

    -De todas formas tú también necesitas descansar, tienes que ir a tu casa y comer algo.

    -No tía no te puedo dejar así, tengo que estar contigo por lo menos unas horas hasta que te sientas bien, tu también tienes que comer algo.

    -Sí, con todo esto ya es tarde, pero estaré bien.

    -No, no insistas en que me vaya, cualquier cosa que necesites tengo que atenderla.

    -Ay Manu eres muy bueno conmigo, oye se me ocurre algo, pide lo que quieras para comer, déjame agradecer el favor que me hiciste ¿Que se te antoja?

    -Ah sí gracias, eso estaría bien, pero ambos tenemos que comer.

    -Sí por eso, pide para los dos la verdad tengo hambre, mira ya que insistes en quedarte podemos ver unas películas y comemos y pues no es la forma más divertida de pasar un sábado pero espero que no te importe.

    -No, de hecho suena bien, no te preocupes, yo pido algo para comer y tú eliges la película.

    Así pedí unas pizzas, refrescos y postres, y después de un rato comenzamos a comer, ella insistió en que ambos estuviéramos en la cama, así ella puso la película era alguna de comedia y fuimos comiendo hasta quedar llenos, tanto que no podía ni moverme, ambos habíamos tomado medicinas por lo que el efecto ya había comenzado, sin darnos cuenta nos quedamos dormidos no mucho, tal vez una hora o dos, yo me desperté primero, y observé que estaba intranquila, se meneaban mucho aunque siguiera dormida, me acerqué y la intenté despertar, pero cuando la toqué sentí que estaba bastante caliente, tenía fiebre y recordé las palabras del doctor, por lo que fui por la medicina, y cuando llegué estaba despertando, me vio y me dijo que estaba con fiebre, le dije que ya tenía la medicina, por lo que me agradeció y se la tomó, pero seguía inquieta aun estando despierta.

    -Manu, puedes pasarme el termómetro que está en la caja de medicinas, es que está fiebre no es normal, siento que hiervo.

    -Claro tía solo recuerda que nos dijo el doctor que eso podría pasar

    -Sí, lo recuerdo pero es que esto es muy raro.

    Le pasé el termómetro y se lo puso debajo del brazo.

    -Perdón Manu por lo que voy a hacer pero es que ya no aguanto

    Después de decir esto se quitó las cobijas de encima y luego la blusa y los pantalones.

    -Ah, sí ahora sí.

    El termómetro sonó y pude leer que sí tenía fiebre pero era muy baja, se lo dije y no lo creía.

    -No, esto que siento no es normal, pero bueno con la medicina que tomé ya tengo que estar bien, oye por cierto, ya es bien tarde, tus papás ya te estarán buscando, ya vete.

    -No, ya hace rato les dije que estaba fuera con unos amigos no te preocupes por la hora, ahorita no te puedo dejar, tienes fiebre.

    -Muchas gracias Manu, y todo esto porque tienes una tía irresponsable.

    -No digas eso, está bien estabas sola y cometemos errores lo importante es que trates de decidirte, toma una decisión.

    -Sí ya sé pero es que es muy complicado, eso sí, los tipos con los que me veo, ya adiós, no les pienso hablar son unos brutos, mira que ni siquiera hablarme en estos días porque les dije que me sentía algo mal, y ve tú qué no tenías nada que ver estás aquí conmigo.

    -Bueno, jaja, es que eres mi tía no puedo dejarte sola, además te dije que después de todo fue divertido, es algo que va a estar entre nosotros ¿No crees?

    -Sí, pero jajaja qué pena con el doctor, o sea imagínate creyendo que éramos pareja y todavía te pregunta eso, jajaja.

    -Sí, yo estaba nervioso

    -Lo sé tu cara, estabas todo pálido, te veías muy tierno.

    -Ya bueno es que no todos los días te preguntan ¿Cuándo fue la última vez que mantuviste relaciones sin protección? y que esa persona sea tu tía

    -Ya lo sé ni me digas, que pena, oye dime la verdad, ¿me viste cuando me empezó a revisar?

    -¿A qué te refieres?

    -Ya sabes cuándo me acostó en esa cama, y bueno hizo su trabajo

    -No, no, no ¿Por qué lo dices?

    -Debió ser mí imaginación, eso o me estás mintiendo, porque te ví por el espejo, no sabía si decírtelo o no pero ya que estamos pues.

    -Perdón, estaba nervioso y mire… De casualidad eh, no vayas a pensar otra cosa.

    -Pero, si te vi varias veces, digo no es para que tengas vergüenza, de hecho me sorprende que tuvieras tanta curiosidad por alguien de mi edad.

    -Sí, es qué los nervios, te digo, y no pienses que no eres bonita, eres muy bonita y tú cuerpo, sí, tu cuerpo…

    -¿Te gusta?

    -Nunca había pensado en algo más hasta esta mañana cuando te ayudé a vestirte.

    -No te preocupes cielo, es normal, y quiero que sepas que aunque eres mi sobrino, eres muy guapo, digo lo sacaste de familia jaja y que alguien guapo y atento se fije en mi cuerpo, bueno me alegra saber que no solo le intereso a esos tipos que tengo como amantes.

    -Pero ya no los vas a ver ¿Verdad?

    -Todavía te preocupas por mí, Manu, eres muy bueno conmigo y te prometo que ya no los veré, en serio tienes mi palabra.

    -Pero tía tú misma dijiste que tenías tus necesidades, y quiero que estés segura, aunque los dejes, podrías sentir esa necesidad de nuevo y no me gustaría que alguien más te haga sentir mal… Y estaba pensando… En qué…

    -No digas más Manu, yo sé que quieres protegerme pero, esa no es la solución, insisto en qué me halagas, pero no quiero que está situación se salga de control, digo somos familia, por supuesto que sí, en otras circunstancias, claro, te dejaría, pero… ¿En serio lo harías?

    -Sí tía, seré sincero, claro que lo haría.

    -¿Seguro?

    -Claro, además piensa en que tendrías toda la confianza para hablarme de lo que quieras para que no se salga de control.

    -Manu, lo que me estás pidiendo y lo que se me está pasando por la cabeza no es ningún juego, es serio, te hablo de que ya no podríamos ser más tía y sobrino, seríamos amantes y claro, lo ocultaremos a los demás… Sólo que…

    -Estaría encantado de ser tu amante.

    -Lo dices con toda esa dulzura que no puedo decir que no.

    Entonces, ella tomó la iniciativa, y se acercó a mí, estaba recostada en la cama, tan sólo en ropa interior, y pudo alcanzar mis labios con algo de esfuerzo pues estaba de pie junto a ella, yo la tomé de la cabeza pasé mi mano por su pelo, y el beso que selló nuestra nueva relación duró por varios minutos, pues este tan sólo continuaba mientras yo me recostaba a un lado de ella, así pasé mis manos por su cuerpo las baje por su cuello y ella posó sus brazos en mi costado, yo seguía avanzando, hasta que me encontré con su primera prenda, su brasier entonces me detuve un rato metí mi mano por el costado y me fui acercando al medio, toque sus senos, eran grandes, no cabían en mi mano, dentro de su ropa sentía su sudor y estoy me pareció aún más excitante, busque lentamente sus pezones, ya estaban duros, los toque con cuidado pues aunque seguíamos besándonos de vez en cuando emitía un ligero gemido, jugué con sus pezones un rato, luego saque mi mano y continúo su recorrido pasando por su cintura hasta llegar a sus caderas, no metí mi mano, si no que busque sus nalgas, puse mi mano sobre una de ellas y por encima del cachetero comencé a masajear, lo hacía con fuerza pues eran grandes y mi ansia también, ambos comenzamos a mover nuestras pelvis, como si el instinto estuviera hablando por nosotros, así que terminamos ese beso, tomamos aire.

    -Vamos Manu, te ayudo a quitarte la ropa, y luego tú me la quitas.

    -Sí tía, ¿te sigo diciendo así?

    -Ahora que lo dijiste sentí una profunda excitación, creo que tienen razón, entre más incorrecto sea más se disfruta, dime cómo quieras amor.

    -A mí también me dio mucho morbo tía jaja.

    -Bueno, creo que seguiremos siendo tía y sobrino, jajaja pensé que esto sería diferente, pero desde que me tocaste siento que estoy soñando.

    -Yo también, pero esto es real.

    Mientras hablamos mis prendas iban cayendo, mi torso quedó al descubierto, podía ver en su cara que estaba más que complacida con mi figura, no era algo espectacular pero si estaba trabajada al igual que mis brazos, y su sorpresa fue mayor cuando desabrochó mis pantalones, pues mi erección estaba presente tanto que comenzaba a lastimarme, ella lo notó y enseguida bajo mis boxers.

    -Vaya, sobri, ya veo que creciste bien

    -Ay tía, gracias es toda para ti

    -Hmmm si ya veo que está feliz por lo que vamos a hacer, ¿Quieres que me quite la ropa? ¿O te gusta como me veo con mi cachetero y mi brassier?

    -Déjalo, yo quiero quitarlos, y todavía no es tiempo

    -Esta bien

    Acto seguido acercó su boca a mi verga, le puso sus labios encima, la estaba besando con delicadeza y con las manos tocaba mis piernas.

    -Sobri, acuéstate

    Lo hice, enseguida se puso de lado estaba horizontal a mí, y ahora se disponía a metérsela en la boca, la sensación de cuando entró fue maravillosa, casi acabo en el acto, pero pude contenerme, ahora su cabeza subía y bajaba y con una mano se hacía el pelo para atrás para que yo pudiera ver cómo me la chupaba, yo bajé mis brazos y le retiré el pelo así ella tenía las manos libres, por lo que comenzó a sobarme los testículos, era maravillosa, ponía atención a cada detalle.

    -Tía, déjame quitarte la ropa

    -Adelante mi amor

    Así se montó sobre mí, yo seguía recostado, primero tomé el brassier, lo desabroché y sus pechos cedieron ante la gravedad, con ese tamaño y peso era normal, su piel morena, sus pezones que coronaban esos senos eran respingados y de un tono más oscuro, nunca había visto senos así, y mientras se meneaban estos rebotaban con facilidad, llegó el turno de bajar su cachetero.

    -Tía, ponte en 4, y acércate a mi cara

    -Claro sobri, de mientras le doy una chupada a esa verga que sigue bien parada.

    Así se acomodó y tenía sus nalgas a unos pocos centímetros, puse mis dos manos a cada lado y tiré lentamente hacia abajo, poco a poco descubrí ese lugar tan maravilloso, bajé su prenda por completo y ahí estaba.

    -¿Te gusta, sobri?

    -Me encanta

    -Siento que no me haya depilado

    -No importa, es mejor así

    Tenía bastante vello por todos lados, pero eso hacía que fuera más rico, guardaba mejor el olor, un olor embriagante que son hacía que mi mente pensara en algo, tengo que poner mi verga ahí dentro, mis movimientos de cadera se hicieron más notorios por lo que entendió lo que quería hacer.

    -Espera sobri, que si no luego vamos a andar corriendo a la clínica.

    Así se levantó y fue hacia su cajón de ahí sacó un paquete de condones, los abrió y con toda la ternura del mundo colocó uno sobre mi verga.

    -Ahora sí amor, ponme como quieras.

    -Claro tía, ven acuéstate, ahora quiero estar arriba

    -Esta bien cielo

    Cambiamos posiciones, puse mis manos en sus piernas y las separé, ella comenzaba a tocarse los pezones, entonces el momento había llegado, puse mi verga en su entrada, y comencé a penetrar lentamente, quería disfrutar todo lo posible ese momento, aunque pudiera tener muchos más ese era la primera vez que penetraba a mi tía, y entonces metí mi verga completamente, su cara de placer me lo decía todo, y comencé a moverme, pero no sin antes acercarme para besarla otra vez, estabamos unidos como verdaderos amantes, no había nada más que importara, así con cada movimiento había un gemido, y estos cada vez iban más rápido, más y más rápido, todo mi mundo era ella y todo su mundo era yo, todo estaba en el placer, hasta que el momento llegó, la descarga avisó un par de segundos, por lo que la abrace fuertemente y nuestro beso se intensificó, hundí lo más posible mi verga dentro de ella y comencé a expulsar mi semen, después de eso nos mantuvimos así un rato, hasta que caí al lado de la cama recuperé mi respiración, y mi tía se giro para verme, me puso su mano en el pecho y nos quedamos dormidos.

    Al despertar busqué mi celular este tenía varios mensajes, lo hice a un lado, volteé y ahí estaba mi tía, seguía durmiendo, poco a poco se fue despertando, y al hacerlo la tomé del rostro y la besé, era real, lo que había pasado era real.

    Era domingo por la mañana por lo que no había nada que hacer, cuando se despertó completamente me preguntó

    -¿Entonces, estás seguro que quieres continuar?

    -Creo que es más que obvio.

    Conteste los mensajes poniendo excusas la verdad no me importaba no quería desperdiciar tiempo pues mi tía o amante necesitaba atenciones y ese domingo la cuidé bastante bien, solo paramos porque los condones se habían acabado, pero eso no significaba que fuera el fin, de hecho era el principio de que ambos descubrieramos cosas que nunca nos hubiéramos atrevido a hacer y también de lidiar con guardar las apariencias durante nuestra convivencia fuera de la alcoba, pues está relación estaba prohibida pero eso no nos impedía ser amantes.