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  • La que se empina (3)

    La que se empina (3)

    Antonio estaba desbocado, quería aprovechar su poder y realizar su sueño, follar a todas las vecinas de la comunidad. Después de descubrir que Maxi «mente fría» había engañado a Raquel para dejarla embarazada decidió que había llegado su momento.

    Se propuso hacer una inspección al piso de las inquilinas y para ello espero que Nines, la fea, no estuviera en casa no fuera caso que decidiera apuntarse al plan. Llegó el viernes noche y Raquel se ponía guapa para salir y ligar con algún chaval joven, fuerte y musculado joven de la noche madrileña pero lo que ella no sabía es que iba a acabar con su viejo y vicioso casero y lo que es peor, por gusto y decisión de ella. Antonio llamó al timbre, Raquel abrió, iba súper ceñida, marcando escote y raja y deseando dar guerra.

    Al abrir la puerta el efecto del parásito extraterrestre empezó a surgir efecto, Raquel quedó paralizada, prendada, aun tenía el coño escocido por las repetidas corridas del portero Maxi pero como no recordaba nada al estar bajo los efectos de las drogas no le dio mayor importancia. La vecina además sabía que debía tres meses de alquiler y se lo hizo venir bien para aprovechar el extraño deseo que sintió de repente por el pescadero. «Antonio, se que te debo tres mensualidades, entiendo tu enfado pero se como recompensarte» el Rancio no daba crédito, estaba a punto de cumplir su mayor deseo pero ante tal propuesta le propuso otro pequeño requisito, perfecto, «yo te perdono tus tres mensualidades pero con una condición» la vecina accedió sin dudarlo, «tu propón y yo cumpliré» Antonio le propuso pasar una noche entera con ella, a su disposición y en un hotel que ella misma tenía que pagar.

    La rubia estaba tan y tan hipnotizada que aceptó, pero quiero que sea esta noche. Y dicho y hecho, Antonio y Raquel se dirigieron a un hotelucho de mala muerte, sucio y dejado pero era el único que Raquel podía pagar. Llegaron y se dirigieron a una habitación que no cumplía las mínimas normas de higiene pero a Raquel le daba igual, ella solo deseaba tener esa polla en su boca, al entrar no tardó ni dos segundos en bajar los pantalones a Antonio y meterse esa pija en la boca, el Rancio bombeó y bombeó sin parar, sabía que la inquilina estaba bajo su dominación y accedería a su voluntad a realizar todas sus peticiones.

    Raquel tragó su leche, se dejó correr dentro, le lamió los huevos y su ano, hizo el 69 y se dejó penetrar por el culo, pero a Recio aun le quedaba un deseo por satisfacer pero debería vendar los ojos a la señorita Villanueva y atarla para que no descubriera el truculento plan. Ella aceptó, Antonio hizo una llamada para que un amigo suyo viniera raudo y veloz al motel.

    En menos de 20 minutos llegó, Raquel, tal como aceptó estaba vendada y atada a la cama, el invitado de Antonio no se podía creer lo que ahí sucedía, era Coque, que por aquellos tiempos daba placer con su enorme nardo a Nines, la prima de la sometida.

    Coque había tenido infinidad de fantasías con la prima de su novia y ahora al fin iba a ver cumplido sus sueños, se desnudó en un tiempo récord, dejando su inmensa polla al aire, además el jardinero conserje venía un pelín colocado pues esa misma tarde había abusado de los porros, no estaba en sus cabales pero si sabía y tenía claro que esa oportunidad no la iba a desaprovechar, le metió su enorme rabo en el coño afeitado de Raquel y en las apenas 2 horas que quedaban para que amaneciese logró correrse 12 veces en su concha, el jardinero era una bestia sexual fue capaz de correrse hasta 4 veces seguidas sin sacársela del coño.

    El placer que recibió Raquel era indescriptible, solo repetía que no parase y que quería repetir. Antonio vio cumplido su deseo, en pocos meses la vecina sabría que estaba esperando un hijo y solo el sabría quienes podían ser los padres, el viejo abusador de Maxi, el tonto y retrasado Coque o el mismo, el vicioso y depravado casero de Raquel.

  • ¿Mi tío?

    ¿Mi tío?

    Zoe Mattew una chica de 21 años comienza una relación con uno de los mejores amigos de su padre, a pesar de que lo conoce desde que era una niña y en algún momento lo vio como su tío todo comenzó a cambiar cuando en una noche que Alex Melik se quedó a “cuidarla” mientras sus padres viajaban.

    Estábamos en la cocina, la cena estaba lista y mientras decidí preguntarle cosas a Alex.

    -¿Por qué de un momento a otro piensas que necesito una niñera?

    -Porque estás pequeña aun, y necesitas un adulto que te cuide.

    -No soy una niña -Reproche

    -Si lo eres.

    En eso comenzamos una pequeña discusión de él porque no necesitaba una niñera hasta que solo dijo:

    -Cállate niñata.

    Deje mis cosas y subí a mi habitación molesta, mientras estaba ya en pijama en la cama sentí como abrían la puerta y solo me acosté y me di la vuelta, tenía una pequeña bata para dormir cosa que hacía que mi trasero sobresaliera. Alex no me decía nada, solo escuche unos cuantos suspiros de parte de él, podía apostar que miraba mi trasero, eso era algo que me gustaba…

    -Abrázame. – Le dije. No me respondió nada por unos segundos, pero luego pude sentir como se acostó de lado al igual que yo, pude sentir su polla dura en mi trasero casi desnudo, al sentir su gran bulto solté un gran suspiro y dije: “Acaríciame por favor” Ale se apegó más a mí y su mano la poso en mi cintura, la subía y bajaba, lo hacía lento y con miedo lo podía sentir. Tome su mano y la puse en mis contillas, solo quería que se relajara y al parecer tuvo resultado.

    Alex: No sé qué estoy haciendo. -Su mano subió a mi seno y lo apretó haciéndome soltar un gemido.

    -No es nada malo.

    Luego de unos me quito la única prenda que tenía encima de mi cuerpo y con delicadeza abría mis pliegues y yo le di paso, sentí como empezó a acariciar lentamente esa parte tan sensible y no pude evitar gemir con fuerza, y poco a poco vi como acercó su boca y paso su lengua por toda mi humedad, simplemente, eso era lo más delicioso.

    Podía sentir como mi húmeda zona palpitaba en su lengua, la sentía caliente, esto era grandioso, no paraba de gemir, hasta que sentí que una de sus manos se deslizo para tocar mi clítoris, caliente, húmedo, lleno de deseo, vi como comenzó a masajear y no pude evitar gritar más fuerte, quería más, mucho más así que le dije que siguiera, sentí como utilizo su otra mano para penetrarme con un dedo, un grito salió de mis labios, dolía, pero no me dejaba de gustar, y sentí como se formó una sonrisa en el mientras seguía lamiendo, me estaba dando demasiado placer y eso él lo sabía, pronto pude sentir como se contraían mis músculos y empezaba a gozar del placer.

    NOTA: si quieres una historia personalizada sígueme en Instagram: @ohsirisi.

  • Trío con mi suegro y un amigo suyo

    Trío con mi suegro y un amigo suyo

    Coger con mi suegro era delicioso. Por lo sucio que era conmigo, por el tamaño de su verga y también por el hecho de ser mi suegro, el papá de mi esposo. Siempre tenía eso presente y seguro sumaba mucho a mi deseo y mi morbo.

    Cogí muchas veces con mi suegro, por algunos años. No con la frecuencia que hubiera querido, pues él vivía con mi suegra lejos de Lima y sólo podíamos juntarnos cuando íbamos con mi esposo de visita o ellos (o él solo) venían a Lima. Igual desde la primera vez que cogimos sabíamos que no era una relación, que no había compromisos y que lo disfrutaríamos sin problemas.

    Hoy me levanté caliente, pensando en él. Justo es su cumpleaños y si bien hace ya muchos años que no cogemos, lo recuerdo muchas veces al masturbarme. Hoy que es su cumpleaños, recordé un regalo especial que le hice. Para ser precisa, que él me hizo hacerle.

    Fue cuando mi suegro cumplía 50 años. Mi esposo y yo teníamos un par de años de casados y había pasado ya algo más de un año desde la primera vez que me entregué a mi suegro. Lo habíamos hecho quizás 5 o 6 hasta ese momento. Recuerdo que la organización de la fiesta por los 50 años de mi suegro involucró a toda la familia. Incluso yo estuve a cargo de algunas compras en Lima.

    Pero voy al hecho. Llegamos con mi esposo 2 días antes de la fiesta. Nos hospedamos en casa de sus papás. En el primer momento que mi suegro pudo, me habló directamente y me dijo que la tarde siguiente, mi suegra y mi esposo irían a comprar la torta. Que encuentre la forma de no acompañarlos. Que quería que “le dé su regalo”.

    Así fue. A la hora del almuerzo se habló de la torta y quedó claro que irían mi suegra y esposo por ella. En forma amable me dijeron “si quería acompañarlos”, pero era claro que querían tener un momento de madre con hijo. Ni siquiera tuve que inventar una excusa. Les dije que aprovechen y pasen una bonita tarde. Que me quedaría en casa. Mientas se los decía, sentía como se me humedecía la tanga.

    Hacia las 3 pm llegó un amigo de mi suegro de visita. Pensé que se malograron los planes. Me metí muy molesta en mi cuarto. Poco después mi esposo y mi suegra se fueron por la torta.

    Un par de minutos después que mi esposo y su mamá habían salido, mi suegro tocó la puerta de mi cuarto. Tenía que ser él pues no había nadie más en la casa. Extrañada le abrí, pues suponía seguía con su amigo. Me sorprendí al ver a ambos en la puerta. Mi suegro aprovechó mi sorpresa e ingresó con su amigo. Ya dentro me dijo “vengo por mi regalo”.

    No sabía que decir, me quedé como paralizada. Había pensado coger con él. Pero no en un trío y menos en su propia casa, la casa donde mi esposo creció. Pero mi suegro empezó a hablarle a su amigo “ella es Diana, la putita con la que se casó mi hijo. Ya sabes cómo es y aprovechemos el tiempo, antes que vuelvan la loca y el cornudo”.

    Intenté protestar, pero mi suegro me calló con un “calla putita que se lo que te gusta”. Mientras lo decía se desabrochaba el pantalón y dejó su verga al aire. Así, fláccida, dormida, era ya bastante más grande que la de mi esposo. No me resistí más. Me arrodillé y empecé a chuparla. Mientras tanto, su amigo se desnudó completamente y puso su verga cerca a mis labios. Ya estaba erecta y era casi tan grande como la de mi suegro. Comencé a chupársela y mi suegro aprovechó y se desnudó completamente.

    Con ambas vergas disponibles, entre ambos me fueron desvistiendo mientras las chupaba. Me sentía demasiado caliente, demasiado puta y lo estaba disfrutando. Mi vagina literalmente chorreaba.

    Mi suegro me ordenó subir a la cama. Instintivamente lo obedecí y me puse en perrito al borde. Se puso detrás y comenzó a cogerme por mi vagina, pero un minuto o poco más. Sentí que con sus dedos untaba saliva en mi culito y pronto me la introdujo toda por allí. Su amigo se arrodilló en la cama y mientras mi suegro me cogía, yo se la chupaba.

    Luego cambiaron posiciones. Yo seguí de perrito al borde de la cama. Empecé a chupársela a mi suegro con el sabor y olor de mi culo. No resistí más y tuve un orgasmo intenso con ambos hombres mayores disfrutándome. Mi suegro le dijo a su amigo “viste lo putita que es”.

    Yo quería tenerlos a ambos dentro, pero no sabía cómo pedirlo. Pero como si me hubiera leído la mente, mi suegro se acostó y me dijo “ven putita”. Me acosté sobre él y quise besarlo, me apartó y me dijo “yo no beso a las putas”. Su ofensa me excitó. En ese instante sentí a su amigo encima mío y tuve a dos viejos dentro de mí.

    Con las dos vergas dentro. Entre dos viejos jadeando tuve múltiples orgasmos. Me solté completamente. Me decían que era una puta y yo gemía diciendo que sí, que lo era, que era una mierda cachera. Luego de infinitos minutos el amigo de mi suegro se vino en mi culo. Se levantó.

    Mi suegro me empujó y me puso boca abajo en la cama. Se montó encima de mi y me cogió por el culo. Se vino dentro de mi culo mientras yo le limpiaba la verga a su amigo con mi lengua.

    Ni bien terminó se levantó. Fue al baño de la habitación. Se limpió la verga en el lavatorio. Cuando terminó de lavársela, cogió mi cepillo de dientes y se lo paso por toda su verga, “para que no olvides mi sabor” me dijo.

    Volvió a la habitación. Se vistió. Su amigo ya estaba listo. Ambos se fueron y salieron a la calle. Yo me quedé. Me bañé y luego me quedé dormida. Desperté cuando mi esposo con un tierno beso me dijo que era hora de cenar.

  • Mi hija me presenta a mi amante

    Mi hija me presenta a mi amante

    Todo empezó por casualidad, como muchas cosas, y cambian la vida por completo. Con Sandra (38 años como yo), mi mujer, fuimos padres muy jóvenes. Los dos hijos de familias acomodadas, pudimos terminar nuestros estudios, y en mi caso, hacerme cargo de la empresa de mi padre. Sandra, por su parte, se recibió de odontóloga.

    En febrero pasado mi mujer viajó a un congreso en Uruguay y tuvo que viajar un viernes. Esa noche, con un par de amigos fuimos a cenar y a tomar algo a un bar muy bohemio. Estábamos en la barra cuando vi a mi hija con varias de sus amigas entrando.

    Kika tiene 20 años, estudia y es totalmente desinhibida. Es una hermosa joven que siempre anda rodeada de otras amigas tan hermosas como ella. Esa noche no fue la excepción.

    -Ups… Miren chicas a quien me encuentro…

    -Hola hija. Dije sonriendo.

    -Parece que el buitre está buscando algo. Me parece bien…

    -No es lo que parece. Estás equivocada. Estoy con mis amigos charlando y tomando whisky.

    -Y si estás buscando algo, no es un problema mío. No me meto en problemas de pareja, menos en la tuya. Chau.

    -Chau.

    Ella y sus amigas buscaron un lugar para sentarse y lo encontraron a unos metros de nosotros. Nosotros seguíamos charlando y no podía evitar encontrar cada vez que miraba donde estaban la mirada de una de sus amigas que estaba sentada junto a mi hija. Una joven de pelo negro, piel bronceada, ojos verdes y un cuerpo increíble. Tenía puesto un vestido mini super entallado que permitía apreciar los pechos y la cola que tenía.

    En un momento cruzamos miradas y ella se sonrió y me guiño un ojo, para luego decirle algo a mi hija que me miró sonriendo.

    Yo estaba por irme, pero eso hizo que pida otro whisky y me quedé con solo uno de mis amigos, ya que el otro se fue. No podía dejar de mirar a esa mujer, tenía un imán. Mi amigo fue al baño y mi hija se me acercó.

    -Escuchame, lo que te dije es así. Me hago la boluda, no soy. Sé que estas para la mierda con mamá, y tengo opinión formada. No tengo que ser muy inteligente para saber que Silvia, mi amiga te gusta, y a ella le gustas vos. Nada más. ¿Le digo que se siente al lado tuyo?

    -Kika…

    Mi hija le hizo una seña y la amiga se acercó.

    -Silvia, te presento a Mariano. Pasen linda noche. Chau. Dijo mi hija y volvió con sus otras amigas.

    -Así es tu hija, brutal. Hola.

    -Hola. No termino de acostumbrarme.

    -Mariano, sé que sos casado, y según Kika, con problemas con tu mujer, pero también me dijo que sos un gran tipo. Si queres, vuelvo con las chicas, no hay problema. Lo voy a entender.

    Me dejo sin palabras, totalmente sin palabras. No esperaba escuchar eso. Me quedé mirándola unos segundos y le dije:

    -Sos muy frontal, me descolocaste por completo. Quizás te parezca fuera de época, no estoy habituado.

    -Perdoname. Kika también me descolocó, me entrego como cordero al lobo. Y algunas cosas de tu generación eran mejores, distintas, a las de la mía.

    -Jajaja. Tampoco soy un lobo Silvia. ¿Queres tomar algo y charlar?

    -Me encantaría.

    -¿Qué te pido?

    -Un jugo.

    -Ups… el que se fue a Sevilla… Saliste ganando con el cambio Mariano. Dijo Juan mi amigo que volvía del baño.

    -Silvia, te presento a Juan, un amigo.

    -Hola Juan, perdoname…

    -Hola Silvia, tranquila. Mariano, me voy. Hablamos en la semana.

    -Dale, gracias.

    -Pórtense muy mal y disfruten la noche. Dijo Juan marchándose.

    Pedí su jugo y nos quedamos mirando los dos.

    -A ver, ¿cuál de los dos hace la primera pregunta tonta y de circunstancia? Dije

    -Yo… ¿Qué hace el padre de mi amiga tomando un whisky conmigo?

    -Supongo porque mi hija es una caradura, y cuando vos le dijiste algo al oído vino a decirme que no sea tonto y que charlemos.

    Mi turno: ¿Cuántos años tenes?

    -28 años.

    -Silvia… no tenes más de 21 años.

    Me miro sonriendo y saco su documento. Tenía 28 años.

    -Te voy a acortar el camino. 28 años, abogada, divorciada sin hijos, vivo sola, bisexual, no me gustan los pendejos, si los hombres maduros, soy frontal, y me gustan las cosas claras, no las mentiras.

    -¿Qué hace la amiga de mi hija tomando un jugo conmigo? Te devuelvo la pregunta.

    -Voy a ser más honesta que vos. Porque me gustas, sos atractivo, sé que sos un tipo inteligente y culto por lo que me conto Kika en otro momento.

    Descubrí que era una joven inteligente, y nos quedamos charlando un largo rato, hasta que nuevamente se acercó Kika.

    -¿Y Silvia, que opinas, es tu tipo?

    -Demasiado…

    -¿Y eso cómo se entiende?

    -Chau Kika. Dijo Silvia mirándome a los ojos y sonriendo.

    -Bueno, por lo menos la abogada para el divorcio te va a hacer precio. ¿O por ser causal del divorcio no cobra?

    -Chau Kika.

    -Si escuchas ruidos y esas cosas, no abras la puerta de mi dormitorio. Chau. Dijo y se fue tomada de la mano de otra de las chicas.

    -Es tiempo de tomar un whisky. Me dijo Silvia mirándome a los ojos.

    Los dos tomamos un whisky y seguimos charlando. Hasta que ella me dijo:

    -Si vamos a mi departamento, yo preparo el desayuno. Si vamos a tu casa, vos lo preparas.

    -¿Te molesta si vamos a tu departamento? Mi casa no es solo mía y…

    -Me cagaste con esa respuesta… aunque debí esperarla. Por supuesto que no me molesta, pero te enseño donde está la cocina.

    -Dale.

    Ella había ido sin su auto, por lo que subimos al mío y fuimos a su departamento. Era un semipiso hermoso. Ni bien entramos, nos empezamos a besar y a quitarnos la ropa, cosa que terminamos de hacer camino a su habitación. Nos dejamos caer en la cama y de los besos pasamos a las caricias, besos cargados de pasión en segundos.

    Besar sus pechos hermosos era un placer, sentir como su cuerpo respondía a mis succiones, caricias en los pezones, juegos con mi lengua en ellos, pequeños mordiscos, y más succiones mientras mi mano comenzó a bajar buscando su clítoris era genial.

    Silvia gemía y me acariciaba la cabeza sin parar. Estuve varios minutos disfrutando esos pechos mientras jugaba con su clítoris.

    -Desgraciado, estas disfrutándome con todo, y al mismo tiempo, me estas volviendo loca.

    -Silvia, sos hermosa, y vos sos una mujer para disfrutar con todo.

    Bajé con mi boca y me puse a besar y succionar su clítoris. Cuando lo apreté con mis labios y lo golpeé con mi legua ella estalló de placer. Baje a su concha y ella separo con todos sus piernas. El sabor de sus jugos era delicioso, y mi lengua entraba y salía de su concha mientras yo apretaba sus pechos. Con esos juegos llego al segundo orgasmo y me dijo:

    -Quiero chuparte.

    -Hagamos un 69.

    -Me queres hacer mierda… yo abajo. Dijo.

    -Bueno, pero no te vas a salvar.

    Hicimos un 69 y yo levante sus piernas trabándolas con mis brazos. Ella me chupaba con todo, yo no paraba de jugar con su concha con mi lengua. Introduje un par de dedos y busqué su punto G.

    -No Mariano, no por favor. Grito cuando sintió como lo estimulaba.

    Por supuesto que no me detuve, y ella chupaba desesperada y gemía y gritaba de placer. Cada tanto se sacaba mi pija de su boca para insultarme. Era cuando llegaba a otro orgasmo. Saque los dedos y tire bien hacia ella de sus piernas. Su orto quedo bajo mi boca y comencé a chuparlo.

    -No podes estar haciendo eso hijo de puta, para…

    Yo mientras lo hacía, me comencé a mover como cogiéndole suavemente la boca. Mi lengua jugaba en su orto a placer, y lo fue dilatando lentamente. Hice un poco de presión con mi lengua y lo fui penetrando. Los gritos de Silvia eran ahogados por mi pija que entraba y salía de su boca como mi lengua de su culo. Quité mi lengua e introduje la primera falange de mi dedo índice y mi boca volvió a su clítoris. No me moví más y ella pudo sacar mi pija de su boca y gritar de placer. Cambié el índice por el anular y metí dos dedos en su concha buscando el punto G, mientras el anular entraba en su culo, siempre sin dejar de chupar, lamer y succionar su clítoris.

    -No doy más Mariano, por favor, ten piedad.

    -¿Qué queres?

    -Cogeme en cuatro.

    -Aburrido, tu espalda no me dice nada. Dije y me acosté boca arriba.

    -Hijo de puta…

    Ella me monto y se metió la pija en su concha. Yo puse mis manos detrás de mi cabeza y la miraba como subía y bajaba.

    -No poder ser tan puto. Estoy prendida fuego y vos con las manos en la cabeza, disfrutando.

    -Justamente, estoy disfrutándote.

    -Por lo menos apretame las tetas.

    -No… hace lo vos.

    -La puta madre… Dijo y se empezó a apretar las tetas con todo mientras era una furia subiendo y bajando.

    Se mojaba los dedos en la concha y acariciaba sus pezones, los apretaba y los retorcía. Luego de un tremendo orgasmo se dejó caer en mi pija y dio un grito tremendo.

    -Por favor, no doy más, en serio. Esto es una tortura maravillosa.

    La hice poner en cuatro patas y me coloqué detrás.

    -Estira los brazos y apoya los hombros en la cama. Dije.

    Ella lo hizo y la penetre por la concha. Ella dio un grito de placer tremendo y yo me empecé a mover con todo. Los orgasmos de Silvia no paraban, estuve varios minutos bombeando hasta que sentí que iba a acabar. Dejé caer saliva en su otro expuesto y tome una de sus manos para que ella misma se meta un dedo.

    Cuando lo hizo lo enterró hasta el fondo y gritaba de placer, yo le daba con todo y ella metía y sacaba su dedo casi a la misma velocidad que yo mi pija de su concha.

    Ella tuvo un orgasmo anal y yo acabe en su concha, enterrando mi pija hasta el fondo, lo que le provocó un tremendo orgasmo vaginal. Me quede quieto, lo mismo que ella con su dedo enterrado en su culo.

    Me separé de ella y me acosté. Ella saco su dedo del culo y se acostó en mi pecho.

    -Desgraciado… por favor, me destruiste. Estoy segura que nunca goce así. Ah, y mi culo era virgen, inclusive de dedos… Sí que sabes hacer gozar a una mujer.

    -Cuando una mujer está dispuesta a gozar, es fácil, hay que saber escucharla.

    -Y vos lo haces de maravilla.

    -No me mostraste la cocina, vas a tener que hacer el desayuno.

    -Hijo de puta…

    Nos dormimos abrazados. Nos despertó el llamado de Kika.

    -Hola. Dijo Silvia entre dormida.

    -Hola Sil ¿Dormías?

    -Si Kika. ¿Qué pasa?

    -Estoy preocupada, son las 11 y mi viejo no está en casa.

    -El hijo de puta se está despertando ahora. Está en mi cama.

    -Ah… ¿Todo bien?

    -Chau Kika, otro año te cuento. Dijo Silvia y cortó.

    -Buen día. Dije.

    -Sos un hijo de puta. En serio lo digo. Estoy destruida.

    Nos dimos un tremendo beso y una ducha. Ella preparó el desayuno.

  • Estaba solo y aburrido en casa. O cómo escribir un relato

    Estaba solo y aburrido en casa. O cómo escribir un relato

    Conocí a una chica por internet, nunca fui de entrar a páginas de citas, pero ese día mis padres se habían ido de viaje al continente asiático y mis hermanos, que son súper molestos, estaban con unos tíos a varios pueblos de distancia. Así que me dije “por qué no probar mi suerte” y entré a la mencionada página.

    Sólo bastó con describirme y no pasaron ni 5 minutos que me llegó un mensaje. Cuento la descripción y aprovecho para describirme acá.

    Me llamo José, tengo 25, mido 1,70, complexión atlética, bien dotado, en serio bien dotado, me mide 22 cm por 8 excitada.

    La chica que me escribió era hermosa, pelo rubio, ojos verdes, súper delgada, tetas grandes, culo grande y bien proporcionada. Medía casi lo mismo que yo y era un año más grande.

    Quedamos en vernos porque vivía relativamente cerca de mi casa. Cuando llegó vestía realmente como puta. Tenía minifalda, top que parecía que iba a reventar por las tetas enormes, sin corpiño y una tanguita negra bien chiquita.

    La recibí, cerré la puerta y se lanzó encima mío. Me besó, con lengua, sin lengua, casi me dejó sin aire. Me besó la boca, el cuello, la oreja y no paraba de gemir.

    De repente tomé la iniciativa y le pellizqué los pezones, la agarré del culo y se volvió loca, al sólo contacto acabó. Yo me sorprendí, ni la había tocado.

    Sin mediar palabra la hice arrodillarse y me desabroché el pantalón, ella se asustó por mi pija enorme de 25 cm. pero se la comió en seguida, se la tragó sin problema. ¡Menuda puta! Pensé.

    Se acostó boca arriba y le clavé los 23 cm. de verga caliente sin miramientos. Se la metí en la concha de una estocada, la bombeé un par de veces y se la metí en la boca, le cogí la boca y después pasé al culo. Se la metí de una sin lubricarla, sin miramientos y sin saliva, ella se puso realmente loca ¡Menuda puta! Pensé.

    La bombeé un rato y se la metí en la boca, después volví a su concha. Ella no hablaba, sólo gemía y se dejaba hacer.

    A todo esto, no podía creer lo que estaba pasando. Después de 45 minutos dándole bomba por todos los agujeros acabé abundantemente. La llené toda. Cuando terminó de tragar me gritó que quería tercer round, ¡yo no podía más! Mi verga de 20 cm. necesitaba descanso.

    Esperé 3 minutos, tomé agua y volví a la carga. La penetré por el orto de una estocada y gritó gustosa, le di bomba 30 minutos y se la saqué del culo y se la metí en la boca. No me importó que después del sexo anal haya que higienizarse antes de meterla en otro lado y me la limpió ella con la boca sin importarle que no se había preparado adecuadamente para el sexo anal. Todo eso quedó en nada cuando me dijo que estaba exhausta pero que se quería quedar a dormir.

    Así fue como conocí a la que hoy es mi novia Estela.

    Fin.

  • Irma, mi dulce niña

    Irma, mi dulce niña

    Este relato tiene que ver con Irma, espero que lo disfruten.

    Pues bien, como recordaran en el relato anterior les platiqué sobre el primer encuentro entre Irma y yo. Después de esa primera vez, durante la semana estuvimos en contacto vía celular, por las noches hablábamos por horas, contando nuestro día a día. Al escuchar su voz siempre venía a mi mente sus gemidos de aquella vez e Irma se daba cuenta porque siempre me bajaba de mi nube, me decía que dejara de imaginar cosas y que mejor le pusiera atención.

    En una de esas pláticas Irma me invitó a una de sus prácticas con el grupo de porristas, sería el día sábado por la mañana, así que no tenía ningún impedimento para ir. Acordé pasar por ella a las nueve de la mañana, y tal cual, estaba puntual a esa hora esperando a que saliera de su casa. No tardé mucho esperando, cuando vi salir a Irma. Por un momento me quedé embelesado, para la práctica de ese día Irma llevaba puesta una blusa negra, nada del otro mundo, pero sí llevaba una microfalda azul de lycra, que a duras penas le llegaba a media pierna y yo teniendo como debilidad las piernas de las mujeres no pude dejar de mirárselas, tanto así que se me olvidó salir de mi auto para abrirle la puerta, estaba totalmente absorto, que fue ella quien me regresó a la Tierra.

    -Hey – dando dos aplausos- Tierra llamando a Samuel, Tierra llamando a Samuel.

    -Ho… hola… perdón, no sé qué me pasó, me quedé ido- haciendo un movimiento para ayudarla con la maleta que cargaba.

    – ¿A poco?, no me di cuenta – ella se rio.

    Para eso, Irma ya se había subido al auto, por lo que al estar sentada no sé si no se dio cuenta o lo hizo a propósito, pero su falda quedó enrollada más arriba, dejándome ver el triangulito de su panochita cubierta con su ropa interior de color azul. Vaya imagen que tenía para mí solo.

    -Y bien, ¿dónde será tu práctica? – le pregunté.

    – En mi escuela, tenemos un gimnasio para nuestras prácticas.

    – ¿Y les permiten la entrada en día sábado?

    – Sí, el director nos autorizó la entrada los sábados también, porque entre semana se nos dificulta poder practicar porque a veces está ocupado el gimnasio.

    – Oh, ya veo. Entonces vayamos hacia allá.

    Encendí el auto y nos dirigimos a su escuela, la cual en vehículo nos quedaba aproximadamente a 30 minutos debido a que había unos cuantos semáforos. Durante el trayecto estuvimos platicando de varias cosas, de ella y de mí principalmente, por lo que constantemente volteaba a verla. No cabe duda que era hermosa, su cuerpo en general era una exquisitez, así que no podía perder la oportunidad de poder tocarla. En una parada por el semáforo rojo puse mi mano sobre mi pierna, Irma no se inmutó, al contrario, siguió conversando como si nada. En otra parada por el semáforo, apreté un poco su pierna, pero ahora cerca del borde de su falda, ella solo se mordió el labio, pero tuve que quitar mi mano porque el semáforo cambió a verde. En un tercer intento, sí, en otro semáforo en rojo, ahora con decisión metí mi mano entre sus piernas y empecé a acariciar su puchita, ella entendió la situación así que abrió un poco más las piernas y se deslizó sobre el asiento, permitiendo tener más espacio para mi mano, por lo que seguí acariciando esa zona, se sentía calientito, pero lástima que no duró mucho, el vehículo detrás de mi auto comenzó a sonar su claxon, señal de que ya era color verde, por lo que puse en marcha.

    – Que lástima, apenas estaba entrando en calor – dijo Irma.

    – Ni que lo digas, pero igual podemos hacer una parada por aquí cerca y ver cómo nos va.

    – No querido, ya estamos cerca de la prepa y ya casi es la hora en que comenzará mi práctica, así que no quiero que me regañen por llegar tarde.

    Ella notó mi cara de niño triste por no darle su caramelo.

    – Hay corazón, no te pongas así. Mira, si te portas bien, tal vez al término de la práctica podamos hacer algunas cositas…

    Mi cara no pudo ser más que de felicidad, con eso me había contentado.

    Seguimos con el recorrido y al fin llegamos a su escuela. Entramos al estacionamiento el cual quedaba detrás del edificio de la dirección. Una vez aparcado el vehículo, ambos salimos del auto, pero a mi mente vino el hecho de saber que ella llevaba falda y que no llevaba puesto siquiera alguna lycra.

    -Oye Irma, una pregunta, ¿vas a realizar tu práctica así? – señalando con mi dedo hacia su falda.

    – Oh, no, cómo crees. En mi maleta traigo una lycra para ponérmela. ¿A caso tienes celos de que alguien vea lo que traigo debajo de mi falda?

    – No, como… como crees, para nada, yo solo decía que- poniéndome un dedo en mi boca, logró silenciarme.

    – No te preocupes tontito, que solo soy para ti.

    Terminando de decir esto, Irma sacó su maleta del auto, poniéndola en el cofre para después sacar su lycra, colocándose espaldas a mí, y de un movimiento se quitó su falda, la que hizo a un lado con sus tenis. Irma llevaba puesta una tanga de un hilo tan delgado que prácticamente se perdía con totalidad entre sus nalgas. Ella, aún de espaldas, comenzó a ponerse su lycra, inclinando su cuerpo, regalándome una de las mejores vistas, estando así ella inclinada podía ver el bultito de su puchita cubierta solo por un pedazo de tela. Poco a poco Irma fue subiendo su lycra, con movimientos sexys, para culminar con un giro para estar frente a mí.

    -¿Qué, te gustó el mini show?

    – Me encantó. Sí que sabes cómo provocarme. Mira cómo me has puesto – agarré su mano y la puse sobre mi bulto para que sintiera lo duro que estaba.

    – Mmm, corazón- ella comenzó a acariciar mi pene sobre el pantalón – sí que estas “hot”… pero hay que pararle un momentito, no quisiera que se notara lo mojadita que me estoy poniendo.

    Fue así que nos dimos un beso que solo duro unos segundos, ambos nos controlamos y decidimos ingresar al gimnasio. Ya estando dentro, ella me dejó encargada su maleta mientras que se reunía con el demás equipo. Justo al encontrarse con sus compañeras, no dejaban de molestarla debido a mi presencia, mientras que para sus compañeros les era indiferente, pero no tanto uno de ellos.

    Al dirigir mi vista al grupo de hombres, noté que alguien se me quedaba viendo constantemente, pero no le tomé importancia. Seguí mirando a Irma y a sus demás compañeras, me deleité con el panorama que me ofrecían. Había de todo un poco, pero la mayoría de las porristas estaban de buen cuerpo, todas llevaban lycras puestas y a algunas se les llegaba a marcar los labios de su vagina, a otras no se les marcaba nada debajo de la lycra, dando entender que posiblemente no llevaban puesta ropa interior, mi mente solo imaginaba sexo con todas ellas.

    Comenzaron sus respectivos estiramientos, para después comenzar a realizar los movimientos de la rutina musical. En cierto momento pude notar que el joven que a mi llegada se me había quedado viendo, se acercaba a Irma, tratando de tener contacto físico, pero ella lo rechazaba o bien se alejaba del sitio en el que él se encontraba. Me pareció extraña esa situación, así que en un momento de descanso y que Irma se acercó para tomar un poco de agua le pregunté.

    – ¿Todo bien?

    – Sí, ¿por qué?

    – ¿Aquel compañero tuyo te está molestando?- señalándoselo con mi mirada.

    – No. Bueno un poco, pero luego te explico por qué. Tengo que regresar a la práctica.

    Después de que Irma regresó a su práctica, el compañerito ese dejó de molestarla, pero aún me seguía con la mirada. Así pasaron las dos horas de práctica, hasta que concluyó. Irma se acercó a la banca en la que estaba yo, se sentó a mi lado y cogió su botella con agua, dándole un buen trago debido a lo acalorada que estaba.

    – Y bien, ¿qué te pareció la práctica?

    – Demasiado rigurosa diría yo.

    – Si, verdad. La maestra nos exige mucho, ya que antes de que concluya el ciclo escolar va a haber una competencia en la ciudad.

    – Ahora entiendo la exigencia.

    – Uff, sí que fue agotadora la práctica de hoy.

    Irma descanso por un rato más, mientras que los demás de sus compañeros se fueron poco a poco, despidiéndose de Irma conforme se iban, excepto el tipo que la molestaba.

    – ¿Ahora si me vas a decir cuál es el problema con ese compañero tuyo?

    – No te podías quedar con la duda, ¿verdad?

    – Pues te estaba molestando mucho en la práctica.

    – Ese tipo me ha estado molestando, quiere que salgamos, pero la verdad ni me interesa relacionarme con él. No me agrada para nada, así que le dije que no me molestara porque mi novio se iba a enojar y no quería que él tuviera problemas.

    -¿Tu novio? Entonces para eso me invitaste hoy a tu práctica. Vaya, vaya.

    – Lo siento. Sé que te debí avisar de esto, pero pensé que no aceptarías la invitación si te lo proponía. Además, necesitaba que viera que en realidad tengo una relación para que de una vez por todas deje de molestarme.

    – Mmm, está bien, si es por esa razón no me enojaré. Todo sea con tal de que tú estés bien. Y tus amigas, ¿qué opinan de mí?, solo veía cómo cuchicheaban entre ustedes, ¿acaso me estaban criticando?

    – Para nada, solo me decían lo bien que te veías y sobre todo que hacíamos bonita pareja.

    – ¿En serio?, eso me halaga.

    – Bueno, creo que ya descansé lo suficiente. ¿Me acompañas a las regaderas?

    – Me parece perfecto.

    Así, fue que nos paramos y comenzamos a caminar en dirección a las regaderas del gimnasio. Estábamos a punto de llegar a la entrada cuando ella se detuvo en seco.

    – Espera- me dijo- escuché los pasos de alguien.

    Para nuestra sorpresa se trataba del molesto compañerito, iba en dirección al gimnasio así que a Irma se le ocurrió algo como para dejar bien en claro la situación.

    – Ven – me llevó de la mano a una parte del gimnasio donde se veía perfectamente la entrada, esto con la intención de que nos viera el tipo ese.

    – En cuanto él entre me besas- me pidió Irma.

    Yo ni tarde ni perezoso, no esperé, en cuanto terminó de pedirlo, comencé a besar a Irma de forma desenfrenada, si ella quería cerrar el asunto por completo tenía que ser de una forma fulminante. Primero comencé con besos, después con caricias por todo su cuerpo, recorriendo sus piernas, después su cintura, entreteniéndome más con su culito. La pegaba a mi cuerpo para que sintiera en todo su esplendor mi pene erecto. Así estábamos en el fogueo cuando escuchamos un ruido, era el compañerito que al ver la escena se quedó parado y al verse sorprendido hizo ruido con una botella que llevaba en la mano, siendo así se dio la media vuelta y se retiró del gimnasio. Nosotros dejamos que pasara un momento para después mirar hacia la entrada de la escuela donde pudimos ver que el tipo se iba.

    – Tonto – Irma me dio un pequeño golpe en mi brazo.

    – Oye, ¿por qué me pegas?, yo solo hice lo que me pediste.

    – Sí, pero te pasaste un poco de la raya, mira que ofrecerle esa escenita.

    – Pero si bien que estabas a gusto, ¿no es así?

    – Sí, pero…

    – Pero qué- no la dejé terminar.

    – Ash… nada más porque estaba sintiendo rico te dejé seguir- Cogió mi mano derecha y la introdujo dentro de su lycra, haciendo que palpara su panochita ya húmeda- ¿ves?

    En efecto, ya se estaba mojando. Se podía sentir la humedad a través de su tanga.

    -Ven, necesito que termines lo que empezaste- dijo ella.

    Nos fuimos rápido a las regaderas, donde tan solo entrar dejé su maleta en una banca, para después ella hacer que me sentara en la misma. Irma abrió sus piernas y se acomodó frente a mí sobre las mías y comenzamos a besarnos. Después le quité su blusa y saqué su brasier, quedando ante mí sus pequeños pechos, por lo que empecé a saborear sus pezones, los mordía, pellizcaba, estrujaba, besaba su cuello, saboreada lo salado de su cuerpo, todo esto mientras que ambos hacíamos movimientos para sentir miembros por sobre la ropa, paramos por un momento para quitarnos por completo la ropa y así los dos quedamos sin nada que nos estorbara, podía la panochita brillante de Irma, sin ningún rastro de vello púbico, lo cual me prendió más, así que volvimos a posicionarnos como estábamos en la banca, pero esta vez Irma sería penetrada, así que ella se acomodó y de forma lenta fue metiendo mi pene en su vagina, vaya que era una sensación increíble, sentir cómo mi verga se iba abriendo camino por su cuevita me ponía más cachondo. Una vez que Irma la tenía toda adentro, comenzó a subir y bajar lentamente, mientras que yo acompañaba sus movimientos agarrándola de la cintura, cada vez la embestida era más fuerte, por lo que Irma no podía contenerse.

    – Mmm, mi amor, dame más… así, así, mmm, cógeme como la primera vez. Lo haces bien rico, si, así, dale más fuerte, ahh.

    La agarré por debajo de sus piernas y me levanté junto con ella, Irma viendo mis intenciones se aferró a mi cuello mientras que yo buscaba la pared para ahí recargarla y ayudarme un poco con su peso. Ya estando contra la pared, comencé a meterla de forma rápida, con esa posición entraba sin dificultad mi verga, ella solo gemía.

    – Aaay… mmm, mmm.

    Después de estar así, bajé su pierna izquierda para que la apoyara en el piso y, aprovechando su elasticidad, hice que Irma extendiera su pierna derecha hasta arriba, comenzando nuevamente con la misma faena.

    – Mmm, me tienes bien abierta, me encanta así, me gusta, me gustas tú, me coges bien rico. Mmm, amor, siento que me vengo, me voy a venir.

    Podía sentir cómo su cuerpo comenzaba a temblar, señal de que pronto acabaría, por lo que aceleré más la metida y llegado el momento Irma tuvo su respectivo orgasmo. Sentí como su pierna izquierda, con la que se apoyaba sobre el suelo, se doblada producto de su venida, mientras que mi verga era bañada por sus jugos, pero faltaba yo, así que la volteé contra la pared, hice que se inclinara un poco y se pusiera de puntitas, fue así como se la metí, solo se escuchaban los gemidos de Irma y el sonido característico de su culito golpeando mi pelvis con cada metida que le daba.

    – Samuel, que rico se siente. No cabe… duda… eres muy bueno… ahh, me llenas toda…

    Yo seguía concentrado en mi desempeño, quería que Irma sintiera las mil maravillas para que regresara a mí por más.

    – Irma, ya casi me vengo…

    Irma se salió de mi verga, se puso frente a mí, alzó un poco su cadera, y colocó mi pene entre los labios de su vagina, así que me dispuse a masturbarme con su panochita, hasta que llegó mi momento, comencé a venirme bien rico en esa posición, que parte de mi semen quedó en la vagina de Irma y otro tanto más en la pared, mientras Irma aprovechó para acariciar mi verga llena de leche, agarrando un poco con sus dedos, mostrándomelos para después meterlos a su boca, haciendo un movimiento bien sexy, y después me los mostró totalmente limpios, no cabe duda que Irma escondía toda una putita.

    – Ven, rápido, hay que ducharnos, no tardan en venir a cerrar el gimnasio- advirtió Irma.

    Los dos nos metimos a la regadera, era un espacio pequeño, así que teníamos que compartir el chorro de agua… y de paso a manosearnos mutuamente. Verla así, totalmente desnuda, me ponía bien caliente, realmente me estaba gustando tener sexo con Irma.

    Después del baño, ambos nos secamos y nos dispusimos a cambiarnos, ella se colocó su brasier y una blusa de cuello en V y para mi deleite se puso una tanga blanca la que por los costados estaba conformada de dos hilos que se unían por atrás, al centro, para después bajar una sola tira por en medio de su culito, poniéndose por último su falda.

    – Me encantas cómo te ves- le dije

    – ¿En serio?

    – Por supuesto

    Irma se acercó, pasó sus brazos por mi cuello y comenzó a decir.

    – Me visto… – beso – así… – beso – para… – beso- ti… quiero volverte loco tan solo con verme.

    – Pues ya me tienes así- contraataqué.

    Estábamos tan a gusto besándonos cuando escuchamos que comenzaban a cerrar las puertas traseras del gimnasio, así que salimos corriendo tanto para que no nos vieran como para que no nos dejaran encerrados.

    Saliendo de la escuela, llevé a Irma a comer a un restaurante. Durante el trayecto al restaurante, Irma se quedó dormida, se veía tan hermosa durmiendo que no quise molestarla, hasta que la desperté para decirle que ya habíamos llegado al restaurante. Comimos bien a gusto, conociéndonos más, sin que ninguno de los dos mencionara la palabra ‘noviazgo’, creo que los dos disfrutábamos de “nuestra relación”, tal como la vivíamos, sin tener ese compromiso mutuo.

    Saliendo del restaurante llevé a Irma a su casa, tenía que llegar temprano porque le tocaba cuidar a su padre. Durante el regreso a su casa me dijo que su padre ya había mejorado bastante, ya podía valerse por sí mismo, pero aún requería de ciertos cuidados, y también que estaban viendo lo de la indemnización de la empresa. Así llegamos a casa de Irma, ella bajó del auto y se dispuso a entrar a su casa, la sorpresa que me llevé fue al ver al padre de Irma parado en la puerta de la casa, yo solo hice un movimiento de saludo con mi mano, pero no recibí la misma respuesta del padre de Irma, solo una mirada sería de todo padre sabedor de las intenciones de los hombres.

  • Provocadora

    Provocadora

    Soy una mujer de mediana edad y debo contarles esta historia, me tiene la cabeza extasiada y no puedo dejar de pensar en ella.

    Luego de un día de clases de magistrado con amigos quedamos de salir en la noche a bailar y pasaríamos por dónde una amiga del grupo para cambiarnos de ropa y hacer la previa tomando algo para animar los ánimos antes de salir.

    Todos los de mi clase saben que me encantan las mujeres, lo digo sin tapujos, que las mujeres me enloquecen y mi amiga, quien nos recibirá en su casa, desde que supo aquella información en cada inter tanto entre clases busca hablar conmigo para hablar de libros y cosas realmente muy interesantes.

    Ella tiene el cabello largo, castaño y ondulado, tiene su piel color tostado, sus labios formados y rellenos que dibujan una sonrisa exquisita que sabe lo que provoca y sus ojos, sus ojos son verdes oscuros con mirada gatuna, penetrante, sensual, su cara es realmente preciosa. Tiene un cuerpo curvilíneo, muy bien formado, unas tetas hinchadas de sensualidad que aparece entre su ropa marcando sus pezones tras la tela que la cubre, una cintura que te invita a imaginar agarrarla desde allí y tocar su culo carnoso.

    Cuando llegamos a su casa nos recibe ya con algunas copas de alcohol y quién necesitaba cambiarse de ropa podía usar el baño de servicio o el de su habitación, ya llegado mi turno subo a su habitación y me cambio de ropa en el baño, al salir la veo sola maquillándose inclinada frente a su espejo tocador con un escote que me deja plasmada, como le caen esas tetas y como de duros tiene sus pezones, marcados, hinchados, inclinada veo como se marca su culo en su falda corta y como se le marcan los músculos de las piernas con esos tacones altos, no puedo dejar de imaginar lo que hay entre esas piernas.

    Se me abrió la boca y quedé loca, tanto que ella se dio cuenta y me mira a través del espejo con mirada penetrante y sonrisa lenta, me pregunta cuál es mi color favorito y yo nerviosa respondo que es el rojo, me había descubierto muriendo por ella, saca su labial rojo y se lo aplica lento en sus labios frente a mí, yo quedé absorbida en esa provocación, se me subió el calor al cuerpo y el rubor a mi rostro, llega otra amiga a la habitación a buscarnos para tomar las últimas copas y salir, nos corta el momento.

    Nos fuimos a bailar y en la discoteca al estar la mayoría de nosotros ya de copas algunos hombres del grupo intentaron insistentemente algo con ella, frente a eso me pidió si podíamos fingir que estamos juntas por esa noche para que puedan dejarla tranquila y seguí el juego sin dudarlo hasta que sonó la última canción de la discoteca, terminó la fiesta y fuimos al baño, la esperé hasta que terminara de orinar, al salir del baño me pasa un bulto dejándolo en el bolsillo de mi pantalón y me dice «no olvidé tu color favorito, gracias por ser mi novia por un día» y sale por la puerta. Saco el bulto de mi bolsillo y es su ropa interior roja mojada con sus fluidos, lo huelo y pruebo su sabor con mi lengua, me deja al 100 y palpitando, me vuela la cabeza.

    Corro al salir, nos espera el Uber a todo el grupo, al ser ya tarde nos metimos como pudimos en el automóvil y ella decide sentarse arriba mío, ya todos borrachos al lado de los asientos y dormitando ella levanta un poco su culo y abre un poco sus piernas, sentándose arriba de una de mis manos, me corta la respiración, la siento empapada y empieza a frotarse lentamente sobre mi mano con el movimiento del auto para no llamar tanto la atención, giro mi mano hacia arriba y empiezo a tocarla lentamente y con cuidado de no ser vistas, siento como sus jugos chorrean por mi mano y palpita su vulva y orificio y se abre para mí, juego con mi pulgar en la entrada de su vagina haciendo círculos que hacen que se contraiga y se abra, desesperada por ser penetrada, la desespero y aún no lo meto, sigo con mis dedos tocando toda su vulva y clítoris.

    Llegamos a su casa y los demás se duermen en las habitaciones desocupadas… y me invita a su habitación. «Me tienes desesperada» -me dice «¿Si? ¿Qué quieres?» respondo, y se apoya en la cama dándome la espalda, sube su falda y me muestra su culo y su concha aún mojada, abre su concha y veo como salen sus líquidos, me acerco y se mueve, se calienta, me quiere adentro, mojo mis dedos con mi saliva y toco su coño suavemente y separo sus nalgas para verla, me tiene sedienta, me tiene hambrienta, pongo mi boca en su concha y paso la lengua suavemente de arriba a abajo por todo su coño, se moja, se mueve y gime de placer, me la como gustosa, voy succionando y jugando con mis labios y lengua, estoy hambrienta como un perro, ella era mi perra gimiendo de placer pidiendo por más, la sigo chupando hasta tenerla chorreando y viscosa, introduzco mis dedos dentro de ella, se retuerce y gime más fuerte, la penetro suave y profundo, abre más sus piernas, con la otra mano acaricio sus tetas y también muerdo su culo, la penetro esta vez más fuerte, la lamo como un perro sediento e introduzco otro dedo, comienza a gritar y a contraer sus piernas, contornea su columna, se mueve hacia mi chocando su culo con el final de mis dedos controlando penetraciones profundas y rítmicas.

    Subo la intensidad y ella tirita, grita, con mi otra mano toco su coño y hago presión en círculos, escupo en sus orificios y con el pulgar empiezo a jugar con su ano hasta entrar en ella y llenarla, adentro por todos lados hasta romperla en gritos de placer, ambas gemimos y nos movemos desesperadas hasta que se acelera, gime, babea y se estremece en un gran orgasmo. Me la como, me la trago y la disfruto…

  • Mi tía, mi prima y la montaña (3): Conociendo a mi prima

    Mi tía, mi prima y la montaña (3): Conociendo a mi prima

    Me vestí con los pantalones cortos, la camiseta y unas chanclas, realmente era lo que llevaba habitualmente en mi casa. Mi tía se puso a realizar sus labores habituales y yo me fui a dar un paseo para ver hasta donde llegaba la finca. A eso de las doce hoy llegar a mi prima. Me acerqué con rapidez hasta la casa y al entrar en el salón oí que estaban hablando.

    -Si, fue genial! Decía Laura.

    -Entonces te excitaste con el? Preguntó su madre.

    -Ufff, me puse más caliente que la estufa de leña!

    -Entonces te gusta?

    -Síii! Pero también me gusta cuando dormimos juntas!

    -Entiendo! Supongo que te gustan algunas mujeres y también algunos hombres.

    -Pues si, no es que no me decida, es que creo que me gustan las dos cosas!

    -Pues nada hija, así puedes disfrutar más!

    -Que tal anoche, hablasteis mucho?

    Me entró un escalofrío por el cuerpo al oír la pregunta de Laura.

    -Pues si, es un chico muy conversador!

    -Noté que a ti también te gustaba, de hecho te pusiste guapa para cenar, jajaja!

    -Jajaja, está claro que no puedo mentirte! Contestó mi tía algo nerviosa.

    -Quieres que os deje solos? Dijo con rapidez mi tía para desviar el tema.

    -No hace falta mamá, si me vuelvo a poner caliente con el no me importa que nos veas, jajaja!

    -Bueno, de todas formas no me dejare ver. Ahora puedes ir a buscarle y os bañáis en el estanque hasta la hora de comer! Creo que sí te pones el bikini rojo estarás irresistible!

    Me fui deprisa hacia la entrada y grité un “hola” para parecer que llegaba en ese momento.

    -Hola primo! Contestó Laura acercándose hasta mí para abrazarme y darme un beso en todos los morros.

    -Tenía ganas de acabar para verte!

    -Yo también tenía ganas de que volvieras! Contesté a su halago.

    -Te has traído bañador?

    -Si, claro!

    -Pues vamos a cambiarnos ya darnos un baño!

    Subimos con rapidez a las habitaciones y nos metimos cada uno en la nuestra para cambiarnos. Me puse el bañador a toda velocidad y salí al pasillo con la camiseta en la mano. Al momento apareció enfundada en un pequeño bikini rojo que dejaba ver la mayor parte de sus espectaculares tetas y unas tiras sujetando el pequeño triángulo de tela que tapaba el centro de sus fuertes muslos.

    -Te gusta? Me dijo dándose una vuelta sobre sí misma.

    -Estás deliciosa con ese bikini, prima!

    Sabía que le gustaba el apelativo familiar y no dude en utilizarlo.

    -Gracias primo! Y yo, te gustó? Me dijo sin cortarse acercándose hasta mí para poner sus manos sobre mis hombros.

    La miré a los ojos mientras planteaba mi respuesta, no sabía si ser directo o quizás algo sutil. Pensé que si sus preguntas eran directas le gustaría que mis respuestas también lo fueran. La cogí de las manos con los brazos estirados para observarla como si se hubiera puesto un vestido nuevo. La mira las hermosas tetas y baje la vista lentamente como si hiciera una radiografía de su cuerpo. Me di cuenta como se marcaban unos gruesos labios genitales bajo el tanga y pensé que ella si iría depilada. Bajé con la mirada hasta sus pies y volví a subirla hasta sus ojos que chispeaban como bengalas.

    -Prima, permíteme decirte que estás para comerte!

    Soltó mis manos y se abrazó a mi cuello dándome un beso húmedo y voraz. Yo me agarré a su culo y lo apreté con fuerza, tenía un culo deliciosamente duro. Era impulsiva e impredecible, y eso me despistada pero a la vez me atraía.

    El beso se hizo más húmedo y lascivo y sentí como restregaban su pelvis contra la mía. Despegó los labios con el deseo dibujado en su cara.

    -Nunca me había puesto tan caliente con un chico! Me dijo mirándome a los ojos con palabras vibrantes.

    -Con cuantos has estado?

    Pregunté sin pensar que podría ser algo íntimo. Pero ella me respondió con naturalidad y quizás algo de inocencia.

    -Con tres y otro… más mayor, jajaja!

    Contestó poniendo cierta picardía al final de la frase. Como la veía muy natural hablando del tema, decidí seguir preguntándola.

    -Más… mayor? La insinúe.

    -Si, es el padre de una amiga. Tiene cincuenta años, pero está muy bien. Aquí no hay mucho donde elegir, sabes!

    Su naturalidad era tan aplastante que cada vez me sentía más cómodo preguntando.

    -Y como surgió?

    -Pues un día hablando con Marta salió el tema del sexo y me dijo que su padre tenía una polla muy gorda, jajaja! Ella vive con el y su abuela, pues su madre murió cuando era pequeña. Me contó que un día le vio masturbarse en su habitación y vio el pedazo polla que tenía. Se acercó hasta el y le dijo que si le dejaba a ella hacérselo. El se negó en un principio, pero Marta es muy insistente y logró que la dejara.

    Según hablaba había bajado la mano y la había introducido en mi bañador. Entre sus besos, sus apretones y la historia ya se me había puesto dura. Cuando que quise dar cuenta ya me la había sacado y como si fuera parte de la historia me dijo.

    -La tuya se le parece, pero quiero probarla para ver a qué sabe!

    Sin que me diera tiempo ni a pensar se agachó y le dio grandes lametazos al capullo con la larga y carnosa lengua que tenía. Abrió la boca y se introdujo el capullo que parecía que iba a estallar. Noté como lo relamía en el interior de su boca para después avanzar con sus sensuales labios a través del tronco duro y venoso. Dio varias chupadas hasta la mitad de la polla y en el siguiente avance se la metió entera. Mi cuerpo tembló ostensiblemente y su mano lo aumento al sobarme los huevos. “Joder con la prima, vaya manera de chupar!” Me repetí mentalmente pensando en quien la habría enseñado.

    Repitió la penetración completa varias veces y yo ya me veía a punto de correrme cuando me sorprende nuevo.

    -Quieres correrte? Mi dijo desde abajo con cara de niña traviesa.

    Me dejó tan descolocado que no sabía que responder, y antes de que reaccionara contestó ella misma.

    -Mejor te la mantendré dura para tocarla de vez en cuando, jajaja!

    Se incorporó subiéndome el bañador para que quedara como una tienda de campaña. Volvía abrazarme y a besarme con una lascivia incontenida.

    -Joder, cada vez me gusta más tu boca!

    Dijo apretando los labios para contener el deseo eufórico que la estaba desbordando. Se bajó la parte alta del bikini mostrándome sus gordos pezones.

    -Chúpamelos un poco para que se pongan duros! Me flipa tenerlos como piedras!

    Ante un ofrecimiento así era imposible negarse. A mi sí que me flipaban sus tetas. Hundí la boca en la deliciosa carne y succioné los dos pezones como un bebé hambriento. Mis chupadas fueron tan brutales que arranqué un gemido de su boca.

    -Ahhhg! Como me gusta, diosss!

    “Que tetas dios mío!” pensaba mientras chupaba y las rebozaba contra mi cara.

    -Vale, vale! Vamos al estanque!

    Me cortó de nuevo. “Joder, con lo bien que me lo estaba pasando!” Pensé mientras se subía el bikini. La tienda de campaña cada vez era mayor, pero no me importaba sabiendo que mi tía era consentidora, más bien pensé que hasta le agradaría.

    Salimos al jardín y corrimos los cien metros que había hasta el estanque, situado casi al final de la finca. Casi me caigo por el camino por quedarme embobado mirando como se movía su duro culo. Se lanzó al agua sin pensarlo y yo la seguí como un perro a su amo. Nadamos los doce metros de largo que tenía y al llegar volvió a besarme con esa pasión que acostumbraba. Metió la mano en mi bañador y abrazó la polla de nuevo.

    -Ummm, que dura sigue!

    -Me acabarán doliendo los huevos!

    Le dije con sonrisa cínica.

    -No te preocupes, que después de comer te voy a dejar seco!

    Me daba cuenta que su lenguaje iba cambiando, ya no parecía la niña alegre e inocente que percibí al conocerla. En mi cabeza ronroneaba la historia que había comenzado a contarme, y come ella hacía, yo la imite llevando mi mano hasta su coño. Lo palpé para sentir los gruesos labios genitales y me dio un subidón que casi caliento el agua del estanque.

    -Que coño más rico tienes prima! Estoy deseando comértelo!

    -Pues cuando llegue el momento, te vas a hartar, jajaja!

    Me contestó con desparpajo. Y mientras sobaba los hermosos labios por encima de la tela volví a incidir en la historia.

    -Por qué no sigues contándome lo del padre de tu amiga.

    -Te pone cachondo, verdad?

    -Ni te lo imaginas!

    -Pues así es como quiero tenerte a todas horas, jajaja!

    Su respuesta llegó a asustarme, pero continuó con la historia.

    -Pues ese día consiguió que su padre la dejara masturbarle, pero no sé conformó con eso. Al día siguiente volvió a entrar en su habitación y si padre apenas se resistió. Cuando sintió que él ya estaba muy caliente comenzó a chuparle el capullo sin saber muy bien como hacerlo, pero consiguió que se corriera. Mi amiga apenas había tenido relaciones con ningún chico, tan solo unos toqueteos y apenas sabía nada del sexo. Su padre la intentó convencer que tenía que salir más y relacionarse con chicos de su edad, pero a ella le asusta un poco relacionarse con gente desconocida y fue convenciendo a su padre para hacerle cosas y que él se las hiciera. Entonces tenía diecinueve años y estaba bastante delgada, aunque no tenía malas tetas, pero creía que no le gustaría a ningún chico. Pensó que si aprendía todo lo que pudiera sobre el sexo tendría más oportunidades. Su padre fue cediendo en sus pretensiones y cada día llegaban a más. Le enseñó como chuparle la polla para tenerle a punto durante mucho tiempo sin llegar a correrse. Me contó que varias veces le dieron arcadas cuando intentaba tragársela entera, pero al final lo consiguió.

    Yo estaba sumergido en el agua fresca, pero mi polla parecía no notarlo pues seguía como una estaca sujetando la tienda de campaña.

    -Chicos, a comer! Oímos gritar a mi tía a lo lejos.

    -Estás caliente? Me preguntó mi prima.

    -Muchooo! Contesté sin dudarlo.

    -Pues yo también me he puesto contándotelo, jajaja! Vamos, que mamá no quiere que se le envié la comida!

    “No sé que pensará mi tía cuando me vea así el bañador!” fue lo primero que pensé al salir del agua.

    Entramos al salón y ya estaba la mesa puesta y los platos servidos.

    -Gracias mamá! Se ve estupenda! Dijo Laura dándole un beso en plenos labios.

    -Si tía, tiene una pinta estupenda! Dije yo para no quedarme atrás.

    Vi que mi tía había visto mi bañador y contuvo la sonrisa. Me puse la camiseta para sentarme a la mesa y Laura se puso una corta y fina bata. Mi tía también se había puesto un bonito vestido floreado con un generoso escote y bastante corto. Hablamos bastante durante la comida pero no podía evitar que mi mirada se clavara de vez en cuando en sus escotes, parecía que estaba viendo un partido de tenis con los ojos de un lado a otro. La mesa era cuadrada y se habían sentado una a cada lado de mi. Al poco de empezar sentí la mano de Laura pasando sobre mi bañador a la vez que me sonreía. No sé si lo intentaba ocultar, pero era realmente descarado. Decidí hacer lo mismo, y metí la mano bajo la mesa buscando el centro de sus muslos, si ella quería calentarme yo haría lo mismo. Nada más sentir mis dedos abrió los muslos y se echó hacia delante sobre la silla, prácticamente llevo su coño a mis dedos. De nuevo sentí los tremendos labios de su coño y mi polla dio un pálpito. Miré de reojo a mi tía que parecía estar atenta a su plato, pero una leve sonrisa la delataba. Retiré la tela del tanga y pasé dos dedos entre la raja que formaban sus labios genitales. La humedad impregnó mis dedos y mi prima cerró un instante los ojos para disfrutar de la caricia.

    Anduvimos jugueteando durante toda la comida dándome cuenta de lo que disfrutaba mi prima con el morbo. Cuando acabamos mi tía sirvió unos cafés y mi prima se fue a fregar los platos.

    -Lo habéis pasado bien comiendo, ehh!

    Sonrió mi tía insinuando de que se había enterado. Pasé la mano bajo la mesa y acaricié sus muslos.

    -También me hubiera gustado jugar contigo, tía!

    -Prefiero de momento que no se entere de lo nuestro! Tenemos tiempo cuando ella no está y estoy deseando volver a abrazarte!

    Dejé de acariciar sus muslos y al momento llegó Laura.

    -Vente primo, te enseñaré donde me tumbo la siesta!

    -Yo me subiré a tumbarme a la habitación!

    Dijo mi tía con rapidez para hacernos saber que estaríamos solos. Laura me agarró de la mano y me llevo hasta el final de la finca, calculé que estaríamos a unos trescientos metros de la casa, espacio suficiente para que su madre no nos oyera. Entró en un cobertizo de madera en el que había herramientas para la huerta y sacó una amplia manta que extendió sobre la hierba.

    El sitio era precioso, un par de árboles daban una sombra estupenda y el sonido de los pájaros amenizaba todo el contorno.

    -Te gusta? Me preguntó con esa cara de niña traviesa que sabía poner.

    -Es preciso, pero sobre todo, compartirlo contigo! Le dije adulándola.

    Se quitó la bata que se había puesto para comer mirándome con ojos de pilla, y me volvió a sorprender al quitarse la parte alta del bikini mostrándome sus grandes y hermosas tetas. Sus hijos chispeantes no cesaban de mirarme mientras lo hacía, parecía que quería ver la expresión de mi cara ante su desnudez.

    No se quedó ahí, metió los dedos en las tiras del tanga que rodeaban sus caderas y comenzó a bajarlo con lentitud. Sus tremendos labios genitales fueron apareciendo como un amanecer. Mi polla que había bajado levemente durante el recorrido volvió a formar la tienda de campaña bajo mi bañador. Acababa de comer, pero el habré que me entró por comerme ese tremendo coño era más voraz. El tanga cayó al suelo, y sin perder su sonrisa traviesa se tumbó en la manta de costado.

    -No te denudas tu?

    -Claro, ahora mismo!

    Contesté tirando de mi camiseta y después del bañador. Mi polla salió estirada y vibrante, parecía que llegaba el momento de la verdad. Me tumbé de costado frente a ella y sus labios envolvieron mi boca al instante. Nos besamos con ansia a la vez que los cuerpos se entrelazaban. El contacto de su frondosa carne y la tersa piel fue el único ingrediente que faltaba para reventar mi mente en un estado de salidismo total. Cuando pude despegarme de sus labios, continúe con mi lengua por su cuello hasta llegar a las hermosas tetas, esa visión me había perturbado desde el principio. Lamí los gordos pezones como un perro sediento y los Introduje en mi boca para saborear su dureza. El ansia sexual que me había provocado me hizo morderlos hasta arrancar un quejido de su deliciosa boca.

    -Ufff, primo! Me gusta que me muerdan los pezones, pero cuando esté más caliente!

    Yo no sé cómo estaría ella pero yo estaba que me ya me salía por mis propios poros. Repte como una serpiente por su mullido cuerpo hasta llegar al centro de sus muslos. Los abundantes labios de su coño volvieron a aparecer ante mis ojos y los palpé con los dedos para sentir esa carne tierna y apetecible. La visión era tan espectacular que me deleite unos segundos mirando. Abrió las piernas a ambos lados de mi cuerpo y poniendo la mano sobre mi cabeza me invitó a que la boca hasta su coño. Pasé la lengua por toda la raja, ufff, menuda raja! La lamí varias veces sintiendo como se abría. Mi lengua encontró el clítoris en lo más alto, duro y abultado, y tras varios roces con la punta de la lengua logré que todo su cuerpo diera un estertor. Abrace sus muslos con mis manos y el clítoris con los labios y le di varias succiones mientras apretaba mi cabeza contra su vulva. Sus jadeos se hicieron más sonoros y guturales y soltó una buena corrida sobre mi boca.

    Levanté la cabeza para respirar con la cara empapada y miré sus hermosos labios abiertos jadeando a gran velocidad. Me agarró del pelo y tiro hacia arriba hasta conseguir mi boca y me besó con una pasión indescriptible. Lamió mis labios y mi cara empapados de su propio flujo.

    -Te confesaré un secreto, me encanta el sabor de mis corridas! Susurró contra mi boca.

    Busco mi endurecido miembro y lo colocó entre los carnosos labios de su coño.

    -Fóllame lentamente! Quiere sentir tu polla durante horas!

    Me pidió un imposible, pues con el tiempo que llevaba la polla tiesa seguro que apenas duraría unos minutos.

    Apreté con suavidad y mi duro tronco se hundió profundamente. Sentí una larga ráfaga de su aliento sobre mi boca cuando sintió cómo llenaba su vagina.

    -Ufff, que polla tienes primo!

    Sus palabras me hicieron recordar la historia que había empezado a contarme, y le pedí que siguiera mientras la penetraba con suma lentitud.

    -Ahhh! Diosss, no sé si podré!

    Gimió a la siguiente penetración. Sus labios eran demasiado preciosos y sensuales para seguir mirándolos sin devorarlos y baje con mi boca a sus tetas. Volví a chupar los pezones que ya estaban como piedras mientras continuaba subiendo y bajando mi pelvis para penetrarla larga y profundamente.

    -Ufff, primo, como me está gustando! Sigue así!

    Volvió a susurrar acariciando mi cabeza a la vez que me rebozaba entre sus grandes tetas.

    Tenía ganas te empotrarla contra la manta pero pude contenerme contemplando su disfrute. La sentía excitada, caliente, casi hirviendo, pero no me pedía más. Mis caderas se hundían entre sus muslos y mi polla entraba entre su raja buscando el final de su vagina. Subía y bajaba lentamente, y a cada penetración emitía un largo jadeó. Creo que pasaron varios minutos de largas y lentas penetraciones hasta que reclamó mi boca de nuevo. Me miró a los ojos después de darme un húmedo beso y me susurró con voz gutural.

    -Vamos, dame más fuerte, más deprisa!

    Fue como la bandera de salida. Comencé a embestir como un toro salvaje mientras ella me sujetaba la cara mirándome a los ojos.

    Su boca jadeaba a escasos centímetros de la mía.

    -Te gusta? Comenzó a susurrar contra mis labios como si quisiera enterrar sus palabras dentro de mi boca. Sus ojos tintineaban como las estrellas en una noche oscura.

    -Si! Contesté con euforia.

    -Me has puesto muy zorra, sabes! Ahhh!

    -Me gusta verte así de zorra!

    -Más fuerte! Quiero que me revientes como a una puta viciosa!

    -Pues te voy a reventar, ahhh!

    Contesté con más euforia a su apelativo de puta. Su voz era cada vez más gutural y entre frase y frase, chupaba y mordía mis labios.

    -Diosss, me voy a correr otra vez!

    -Y yo te la voy a sacar por la boca!

    Había logrado excitarme tanto que mi mente ya no coordinaba, tan solo se me ocurrían barbaridades embistiendo como un animal.

    -Eres una zorra preciosa, y te voy a reventar el coño y el culo!

    -Ahhh! Sigue, sigueee! Ahhh!

    Gritó mordisqueándome los labios a la vez que se corría.

    Me había concentrado tanto al principio que ahora el que no me corría era yo. Seguí embistiendo con mi polla chapoteando en su empapada vagina. Ella se había corrido pero seguía levantando levemente el culo de la manta para que entrara más duro y estirado rabo.

    Metí una mano bajo su culo y busqué el agujero perdido en su gran raja y lo penetre levemente con la punta de un dedo.

    -Ufff, diosss! Sigue! Sigueee!

    Me increpó de nuevo como si no se acabará de correr. Relajó el culo para que mi dedo entrará más y ese hermoso se abrió generosamente. Metí medio dedo sin dejar de embestir con mi estaca, pero quería más!

    -Todo! Diosss, mételo todo!

    Casi ni tuve que hacerlo, prácticamente engulló mi dedo hasta los nudillos y pude sentir el roce de mi polla entre la fina pared que los separaba.

    Mordió mi labio inferior para ahogar un grito que hubiera ahuyentado a los pájaros y mi polla reventó en lo más profundo de su vagina.

    Ella también se corrió de nuevo y su coño se desbordó para acabar chorreando por la raja de su culo.

    Mi cuerpo se derrumbó sobre su mullida carne y permanecimos así casi dos minutos recuperando la respiración. Después busco mis labios secos por los jadeos y los embadurno con la saliva de los suyos. Esos labios eran un regalo para mi boca.

    -Dios mío primo! Como he disfrutado! Ni el tío Pedro folla así!

    -Quién es el tío Pedro?

    -Pues el padre de mi amiga! Del que te he estado hablando!

    Ostias! Ahora sí que había despertado aún más el morbo por conocer la historia.

  • Del significado de un sueño

    Del significado de un sueño

    Todo ocurrió mientras dormía.

    Ocurrió junto a mí, en la disco con mi mujer. Apenas duró el cruce de miradas de deseo entre ambos, que él, dando un paso hacia ella, puso su mano en su cintura, la otra en su espalda, y con decisión la atrajo hacia si, ignorando mi presencia, como si yo no estuviera a escasos centímetros de mi mujer, ella, sonrió agradablemente sorprendida dándose a él como una pluma, no le importó tener a su marido al lado, ni a él, ni a ella, y dejó que su cuerpo se pegara al hombre que instantes antes se la comía con los ojos, ambos fundieron sus labios, primero besaron y mordieron sus golosos labios dulcemente, y al poco, con pasión, Lucia, mi mujer, abría y entregaba su boquita con ganas, succionando la lengua entera del inesperado macho dominante que enloquecía de pasión sus sentidos, el hombre recorría con su lengua la caliente boquita de mi mujer, jugaba con su lengua y bebía su jugo de amor y dulce miel con avaricia, delante de mí, sin ningún pudor ni respeto.

    Entonces volvió a ocurrir, de pronto, de golpe, un furor instantáneo se apoderó de mí, y una excitación abrumadora, e incontrolable, hizo, que en un impulso, llevara mi mano a los glúteos de mi ardiente mujer, y que apretara su culo contra la entrepierna de ese atractivo hombre, imaginando que su miembro viril estaría duro como el pedernal. Yo, poseído por un ardor inconmensurable, empujaba apretando su culito, aplastando su pelvis para que chocara contra ese bulto que suponía que formaba su pene dentro de su pantalón, y que yo lo sentía prominente sin verlo. Apretaba y soltaba, golpeaba seguido en la dura verga de ese macho descarado con fuerza y pasión, cuando más rápido golpeaba su sexo, más me excitaba yo, ardiendo de excitación y morbo, gozaba como nunca hubiera imaginado al ver y sentir cómo, mi mujer, gozaba y deseaba ser penetrada por un pene que no era el mío. Sin remedio, mi erección presionaba mi pene apunto de explotar mientras yo me sentía gozar maravillosamente.

    Al instante y dentro del sueño, pensé asustado por la dimensión de mi éxtasis, y sufrir tan gratamente la erección de mi pene al ver a mi mujer en brazos de otro, y yo, colaborar tan entusiastamente.

    Asustado, mi sueño cambió de plano.

    La vi en la cama abrazada a él, ella en medio, al otro lado había otro hombre desnudo, boca arriba, mostraba una enorme y pulida poya en erección, me pareció hermosa, muy apetitosa, y me emocioné de gozo al verla, mientras miraba a los tres por una ventana, desde atrás de sus cabezas, donde no podía ser visto.

    Entonces me desperté asustado, pero satisfecho y contento por lo que había gozado durante éste, para mí, en ese momento de mi vida, extraño sueño.

    Ahora, díganme que piensan, queridos lectores, qué significado oculto encierra este sueño.

    ¿Soy en realidad, homosexual como dijo mi psicólogo? Me siento mujer, como dijo mi psiquiatra? ¿Soy una sissy cornuda, como dijo mi mujer? O tal vez, un simple y complaciente cornudo bisexual? ¿Soy transgénero? Dando una pista, lo que seguro que no soy, es heterosexual.

  • Ajustando cuentas (ll)

    Ajustando cuentas (ll)

    Asustado y preocupado por mi reputación acepté no de buena gana volver, esta maldita mujer podría destruir toda mi vida por completo de un plumazo. Golpeo la puerta antes de entrar ¡Adelante, y cierra la puerta detrás de ti perrito! ¡Si señora! Obedezco de inmediato y aprovecho la oportunidad para suplicar, ¡Por favor Clara, no continúes con esto! su voz es dura y cortante ¡Escucha al perrito! ¡Primero no tienes derecho hablar, segundo si quieres decir algo levanta la mano!

    Un segundo después, una bofetada resuena en mi cara ¿crees que no voy en serio? ¡acepta que eres mi esclavo! ¿entiendes?, mientras continúa reprendiendo la puerta de la habitación se abre ¡Clara no quisiera molestarte! ¿puedo pasar? ¡desde luego entra! Perplejo miro a Clara que me está mirando con una sonrisa traviesa. Andrea la hermana mayor de mi suegra después de cerrar la puerta, como si fuera la cosa mas normal del mundo entra y toma asiento. Clara se dirige a mi ¡desnúdate no quiero ver ese ridículo traje, señor importante! ¡y tráeme las bridas del cajón! Dudo por un instante, ¡tú decides, pierdes todo o mantienes todo! me recuerda Clara. No tengo elección a regañadientes comienzo a desnudarme en silencio.

    Clara sonríe segura de su victoria, me doy la vuelta situando los brazos a la espalda para que Clara pueda ponerme las bridas. Mi vista se posa en Andrea sentada en el único sillón de la habitación, sonríe descaradamente cuando mis atributos aparecen a la vista. Con el dedo me hace un gesto para que me acerque a ella ¡así que decidiste convertirte en el esclavo de mi hermana! ¡Por cierto, ayer tenías la polla notablemente rígida, teniendo en cuenta que estabas atado y con la polla del marido de Clara en la boca! Bajo la cabeza de vergüenza, es evidente que ha visto las fotografías que Clara me saco el día anterior.

    Andrea comienza a desnudarse de cintura para abajo mostrándome sus generoso muslos gruesos y pies con las uñas pintadas de rojo, vuelve a sentarse abriéndose de piernas y me muestra su coño rico en vello púbico ¡Y bien, entonces espero tu decisión O, mejor dicho, arrodíllate! Las dos mujeres se miran con complicidad. ¡Vamos no me gusta que me hagan esperar! Ella se desliza hacia adelante y tira de mis cabellos llevándome hasta su coño, comienzo a lamer suavemente el clítoris, ella se retuerce gimiendo descaradamente recorro cada rincón de su sexo. Sus gemidos son incontrolables, se frota el coño contra mi boca jadea y sacude el cuerpo salvajemente se aferra a mis cabellos y explota, y aun así sin dejar de frotar su coño en mi boca, me pide muy excitada que continúe lamiendo ¡Oh, Dios! ¡aa! Sigo lamiendo, meto un dedo en su vagina ella aferrándose a mi cabeza curva el cuerpo hacia delante sobreviniéndole otra gran corrida gimiendo muy fuerte ¡Aaah, aaah!

    ¡Eso es, muy bien! Me dice Clara mientras acaricia mis nalgas ¡Qué lindo culo tienes! ¡vamos a desvirgarlo como a una señorita! Con ayuda de su saliva introduce primero un dedo y después dos, mis músculos palpitan por como me ha metido los dedos, dejo de lamer y grito de dolor. Cuando giro el cuello Clara me muestra un consolador de goma negro que pretende introducirme, suplico como si mi vida se fuera en ello respiro hondo cuando siento esa cosa abriéndose paso en mi culo. Andrea sujeta con firmeza mi cabeza entre sus muslos Clara mete el consolador de goma hasta el fondo ¿te gusta?¡señor importante! ¡una buena polla en el culo! el dolor es intenso me voy a volver loco.

    Aun no puedo creer que mi suegra me viole el culo. ¡Me encanta cuando gritas! ríe Clara, no puedo más todo el cuerpo me palpita me falta el aire y mi rostro esta ardiente Clara retira el consolador de goma de mi culo dolorido sollozando continúo arrodillado cuando Clara se acerca a mi y me agarra por la parte posterior de la cabeza y me atrae hacia ella se ríe de mi humillación. ¡Te comportas como un cerdo con mi hija, pero mi poder absoluto te purificara!

    ¡Bueno entonces no quiero molestar más! Dice Andrea, se levanta, me guiña un ojo maliciosamente y se dirige a la salida. Clara me libera de las ataduras con una sonrisa me dice ¡acabas de hacer feliz a tu ama, puedes estar orgulloso de ti mismo! y sin mediar palabra se retira, pero no sin antes recordarme que mañana tendré que volver.