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  • Trío con mi ex novia y su amiga

    Trío con mi ex novia y su amiga

    Antes que nada, me presento, soy un joven de 28 años de edad, 1.78 m de estatura y tengo un miembro de 23 cm. Esto que les voy a contar sucedió en la Ciudad de México. Resulta que hace aproximadamente 9 años andaba de novio con Alma, pero nos dejamos porque era muy celosa y después de terminar con ella inicié una relación con mi actual novia. Alma al poco tiempo tuvo un hijo con otra persona, de la cual se separó al poco tiempo, convirtiéndose en madre soltera.

    Después de 6 años nos encontramos en un supermercado, ella era la cajera y yo era el cliente, nos saludamos con naturalidad, intercambiamos números de celular y nos empezamos a frecuentar seguido. Nos veíamos para platicar, tomar una cerveza o salir a algún lugar a «bailar». Asistíamos con frecuencia a un lugar donde la música era variada, pero principalmente ponían perreo.

    Una de las tantas veces que fuimos a este lugar, fue porque Alma festejó su cumpleaños y me había invitado. Llegué al lugar algo tarde y ya estaban enfiestados todos los invitados, incluida mi novia. Llegué, me presentó a su amiga Lucero y a su novio, también estaban ahí el papá de Alma, su prima Monse, más amigos de mi ex, etc.

    Ya entrado en ambiente estaba perreando con Alma, y su amiga estaba perreando con su novio, en un momento su amiga Lucero sube al baño y en eso veo que su novio empieza a perrear con la prima de mi ex novia. (que por cierto está muy buena). Lucero regresa del baño y su novio deja de bailar con la prima de Alma. Yo seguía bailando con mi ex y de repente siento que Lucero me agarra las manos para apoyarse de frente y perrear más intenso con su novio y por supuesto no opuse resistencia.

    Minutos después su novio sube al baño y Lucero empieza a restregarme su lindo trasero, me agarró las manos y me las manejo a su antojo… Así estuvimos perreando unos minutos en lo que su novio regresaba del baño, pero no nos habíamos percatado que su novio ya nos había visto… Total que su novio se enojó y se fue del lugar y ahora yo podía estar perreando con mi ex novia y su amiga… Como a eso de las 3 am a Lucero se le pasaron las copas y terminó dormida en uno de los sillones del bar.

    Yo seguí perreando con mi ex, y aunque no pude perrear directamente con la prima de Alma, si hubo momentos en los que pude toquetearla, porque mientras yo perreaba con Alma, venía Monse a repegarle su enorme trasero a Alma, entonces yo agarraba de la cintura a Monse, y pasaba mi mano por sus tetas, y en una ocasión me senté en un sillón, jale a Alma para que me perreara sentado y le dije al oído… Dile a Monse que venga, y pues mi ex me hizo caso y ahí estaba yo, con mi ex sentada en mis piernas perreándome y Monse meneándonos su culo, de vez en cuando aprovechaba para nalguear a Monse…

    El bar estaba por cerrar, pagamos la cuenta, despertamos a Lucero y como seguía ebria, le ayude a bajar por los escalones.

    Mi ex novia me dijo que pasara a dejarla cerca de su casa, porque iba a ir a buscar a su «novio» y que después llevara a Lucero a su casa, y así fue…

    Esa noche sólo había quedado en perreo y toqueteos.

    Tiempo después… Le mandé mensaje a Alma para vernos y tomar una cerveza, a lo cual accedió y así fue, pasé por ella a su casa y nos fuimos sin rumbo a buscar dónde tomar una cerveza…

    En el camino Alma me dice… Oye, ¿y si le hablamos a Lucero a ver si quiere ir con nosotros? Y dijo que si, pero Lucero se encontraba en un bar que estaba como a 20 minutos de donde estábamos nosotros. Emprendimos camino y pasamos por Lucero. Ya en el camino nos pusimos de acuerdo y acordamos ir al mismo lugar que frecuentaba con mi ex, básicamente a perrear. Así lo hicimos y como esta vez iba con dos mujeres, pues a ambas estuve perreando y toqueteándolas… Nuevamente nos quedamos hasta que cerraban el bar, pagamos la cuenta y fuimos rumbo al carro…

    Lucero al parecer se calentó al sentir mi miembro de 23 cm en su trasero, porque al llegar al carro, le abrí la puerta del asiento trasero y me jalo, me sentó y se subió encima de mi… En señal de querer coger ahí mismo, pero sinceramente no supe cómo reaccionar porque mi ex estaba ya sentada en el asiento de enfrente y no me sentía cómodo, a lo cual le dije que fuéramos a otro lugar más privado mejor.

    Así lo hicimos y nos dirigimos a un hotel cercano… Y como yo sabía que una de las fantasías de mi ex novia era ver coger a dos personas, la invite a que nos acompañará, con el pretexto de cumplir su fantasía.

    Así llegamos los tres a la habitación, Lucero se quitó el pantalón enseguida y Alma se sentó en el potro del amor a ver el espectáculo que estaba por presenciar…

    Lucero y yo empezamos a acariciarnos y cuándo todo estaba listo, empecé a introducir mis 23 cm dentro de ella… Nunca en su vida había tenido una verga tan larga en su interior, porque no paraba de sorprenderse y decir… «Está enorme»

    Le estire la mano a Alma en señal de invitación a unirse, pero no estaba convencida… A lo cual le dije: sí no quieres penetración está bien, lo respeto, pero vente a divertir un poco. Aceptó y empezó a hacerle sexo oral a Lucero, yo acerque mi miembro a la vagina de Alma (sin intención de penetrarla) y cuando lo tuvo cerca, lo agarro con una mano y se lo introdujo… Y así estuvimos un rato cogiendo los tres en diferentes posiciones, pero se nos hacía tarde y decidimos meternos a bañar los tres juntos, para ya retirarnos del Hotel y posteriormente yo llevar a cada una a su respectiva casa…

    Así fue como hice un trío con mi ex novia y su amiga en una noche de perreo…

  • La curvy deseada (2)

    La curvy deseada (2)

    El edificio en el que vivía Carlos estaba dotado de todos los servicios adicionales de una residencia de alto nivel. Portero permanente, sistema electrónico de vigilancia, amplio hall con sillones para esperar las visitas que por cualquier razón no acceden a las viviendas.

    Tras saludar al conserje de turno, Carlos le franqueó la puerta del ascensor y marcó la planta Ático. Solo había dos puertas. Carlos mediante llave electrónica a distancia abrió una de ellas, la situada a la izquierda. Inmediatamente se encendieron las luces. Rosalía tuvo la sensación de entrar en un palacete. Un amplio salón cuya continuidad enlazaba con una terraza decorada con exquisitez con plantas que preservaban la intimidad de las miradas de los edificios colindantes, en uno de los extremos de la terraza había una pequeña piscina rodeada de parasoles y dos tumbonas. Como le había explicado Carlos, desde la terraza se divisaba toda Barcelona, el mar, y por el lateral la cercana montaña del Tibidabo. Una visión privilegiada.

    Carlos le ofreció asiento cómodo bajo un toldo que protegía del sol, todavía incipiente, pero que se adivinaba aumentaría sus rayos en días venideros. «Que deseas tomar, un gin tónic, seguimos con cava, o prefieres champan auténtico, aquí guardo unas botellas de Dom Pérignon para las buenas ocasiones y ´hoy es una de ellas».

    Rosalía quedó deslumbrada por el lujo reinante en el piso. En el salón comedor, colgaba un Miró auténtico y dos Casas. Probablemente estos tesoros justificaban el sofisticado entramado de cámaras de seguridad que estaban repartidas por todas las estancias.

    Ante la invitación, y puesto que no había bebido nunca, se inclinó por el Dom Pérignon. Carlos, salió un momento y reapareció con una cubitera, dos copas y la consiguiente botella. Además, colocó encima de la mesita unas trufas heladas.

    «Si me dispensas un momento, y puesto que estoy en mi casa, me voy a poner más cómodo. Si lo deseas, puedo ofrecerte alguna bata y zapatillas para que te encuentres más a gusto».

    A medida que trascurría el tiempo, la mujer aquilataba la situación, pero, en verdad, no tenía ni remota idea de lo que le esperaba. A modo de ejemplo desconocía que su teléfono móvil había quedado anulado desde el momento en que cruzaron el umbral de la puerta, mediante unos sensores, a la manera con que se aíslan las salas de reuniones de algunas grandes empresas o despachos de políticos.

    Dudaba en cambiarse de ropa. Sus cálculos de seducción los tenía estudiados en la abertura de su falda mostrando generosamente sus piernas bien torneadas y el ligero escote que asomaba por su camisa desabrochada, pero, Carlos casi decidió por ella. Acababa de regresar con un batín corto que le dejaba al descubierto medio cuerpo y zapatillas. En la mano llevaba una bata rojo fucsia y unas pantuflas del mismo color, que ofreció a su amiga. «Te lo dejo aquí, por si te apetece cambiarte… en la puerta de la izquierda hay un baño».

    Inmediatamente Carlos puso en marcha un equipo de música cuyos altavoces situados en la terraza desgranaban una melodía suave de piano., mientras él se arrellenaba perezosamente en una comoda silla con cojines, dispuesta a saborear el champan y otras cosas…

    Rosalía se sentía trémula, entre el deseo y el temor de lo que se acercaba. Sentía deseo de ser amada por Carlos, pero, algo dentro de si le decía que se avecinaba una tormenta, aunque nada, en aquel escenario lo hiciera presagiar.

    Se decidió al fin a cambiarse… se sacó la blusa y la falda y se puso la bata que le llegaba hasta las rodillas. Ya que estaba en el juego, jugaría, se repasó los labios, y apareció contoneándose al ritmo de la música, mientras maliciosamente dejaba que se le entreabriera la bata, para mostrar el tanga que llevaba. Al llegar a la altura de Carlos, hizo un mohín de niña buena y se abrió toda la bata. «Te gusto, toda tuya».

    Su amigo, se levantó ceremonioso y le ofreció una copa que había sido escanciada minutos antes. Lo que desconocía Rosalía es que la bebida llevaba disuelta una pastilla que haría sus efectos en el momento oportuno. Brindaron, bebieron un sorbo, y Carlos acarició suavemente a su compañera, que, había vuelto a cubrir su cuerpo con la bata, pero con una insinuación en su rostro, de que estaba dispuesta a quitársela del todo.

    Bebieron una copa, y otra. Carlos esperaba que el fármaco hiciera sus primeros efectos. Así que se acercó a Rosalía y la cameló con voz queda, «Si me acompañas experimentarás las mejores sensaciones de tu vida». Dicho esto le dio la mano y la condujo hacia el interior del piso, hacia una estancia que la mujer intuyó que sería el dormitorio donde ambos gozarían de las mieles de Venus.

    Cuán errada estaba Rosalía. En cuanto hubo traspasado el umbral quedó atónita. En la habitación había ciertamente una cama, pero redonda, y estaba iluminada de rojo, con un sistema de luces que iban variando de intensidad y reflejos, en la pared, sujetos, látigos, y bridas y otros artilugios que le descubrieron que en aquella estancia se practicaba el sado y otras perversiones sexuales, no una cópula común entre una mujer y un hombre.

    Carlos la agarró con suavidad, pero con firmeza, ante el paso dubitativo de Rosalía para acabar de entrar en la habitación, le quitó con delicadeza la bata, y la chica quedó en sujetador y tanga recibiendo las caricias de su anfitrión. La besó en los labios, ella, había quedado como inerte, el fármaco comenzaba a surtir sus efectos, y la mujer sin oponer resistencia alguna se tendió en la cama y vio como Carlos le colocaba unas esposas que la inmovilizaban con las manos atrás…

    Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. «¿Dónde me he metido?» Pensó. Un sudor frio le embargó pensando lo peor, y como iba a resolverse la situación. Intentó sobreponerse, decidió que lo mejor sería no oponer ningún tipo de resistencia a las acciones de Carlos, cuyo rostro se había trasmutado.

    El hombre se había despedido de su indumentaria y había quedado solo con un slip en el que se marcaba un prometedor paquete, pero, su rostro había perdido el tono solícito y se asemejaba a un monstruo que desea devorar a su víctima.

    Se acercó y tomando un látigo, lo pasó, si herirle por parte del torso, «Serás una niña buena ¿verdad? Obedecerás a tu amo» Luego, la levantó y la ató a la pared.

    Carlos salió de la habitación, algo le había salido mal. La cabeza le daba vueltas, cada vez se encontraba más mareado. Una sensación extraña que jamás había sentido. Se recostó en el sofá y allí le sorprendieron unas convulsiones y un fuerte dolor en el pecho. Hizo ademán para incorporarse y buscar su teléfono, y no llegó a tiempo, cayó fulminado al suelo. En pocos minutos su corazón habrá dejado de latir.

    Rosalía entretanto luchaba por deshacerse de las esposas que la mantenían asida a la pared. Por fortuna, al cabo de una hora y pico, pudo deshacerse del artilugio corriendo al baño. Fue entonces cuando se apercibió que Carlos estaba en el suelo, inerte, con un extraño rictus en su cara y los ojos entreabiertos.

    Lo miró con horror y no supo que hacer. Se vistió en un santiamén. Quiso huir del escenario, pero pensó en las cámaras y en el conserje que la había visto entrar con Carlos.

    Bebió agua en abundancia y un café, poco a poco los efectos de la pastilla que le había suministrado su amigo se iban desvaneciendo. Fue consciente de la realidad y llamó al 112. En realidad, no sabía la dirección exacta. Su móvil no funcionaba porque estaba anulado, entonces se vistió y salió a la puerta del piso pidiendo socorro con un grito desgarrado.

    Acudió el conserje, que fue quien llamó a la Policía.

    Tras un primer interrogatorio, pidió ir a un centro hospitalario, allí, fue reconocida por los médicos y en la analítica dio positivo de las sustancias que le había colocado Carlos en la bebida.

    La dejaron que se fuera a casa. Ya la llamarían.

    Al día siguiente, fue a declarar. Le atendieron dos mujeres policías, que, con un aire empático, escucharon otra vez toda la narración de la secuencia. «Has tenido mucha suerte.” le dijeron. Tenemos la certeza de que no habrías salido con vida. Hemos encontrado en la casa el ADN de mujeres que han aparecido muertas por los alrededores de Barcelona, en carreteras secundarias.»

    Carlos, era un enfermo mental. Sus desviaciones le llevaban a cometer torturas con mujeres, que luego, de ser abusadas de la peor manera eran asesinadas.

    Rosalía estuvo unos días de baja. Volvió al trabajo, donde no explicó nada de lo ocurrido. Pero debió seguir una terapia psicológica durante seis meses. Jamás permitió, desde esta fecha, que un hombre se le acercara.

  • Siempre estaré para ti, Marian (10 – final)

    Siempre estaré para ti, Marian (10 – final)

    Una semana después regresé al trabajo y a la rutina. Pero también había vuelto a estar con Miriam. Ella se dio cuenta que algo muy serio me pasaba, porque no había regresado con alegría, sino muy triste. Pero no podía explicarle con la verdad, no podía, así que le dije que solo era la tristeza de separarme de mi madre adorada, quien, después de enviudar, nuevamente se quedaba sola en casa. Ella, que no era tonta, me “aceptó” la explicación, pero no se la tragó.

    De esa manera comencé a convivir con Miriam, quien cada día me gustaba más, no solo físicamente, sino también su forma de ser, de pensar y especialmente su discreción. La única mujer verdaderamente discreta que había conocido antes, era precisamente Marian. De resto, nadie. Al poco tiempo, Miriam y yo teníamos un romance de verdad, en serio. No solo convivíamos como pareja, éramos muy unidos y nos entendíamos muy bien, tanto que llegué a pensar en ella seriamente, para establecernos como pareja formal. Dormíamos juntos, comíamos juntos, trabajábamos juntos, hacíamos el amor. Solo nos faltaba casarnos y tener un hijo. Nunca me lo había planteado antes, eso no había existido para mí hasta ese momento. Pero me di cuenta que estaba enamorado de ella, de toda ella, porque no había algo en su persona que no me gustara. Llevábamos 8 meses juntos, desde que regresé al apartamento, cuando:

    -Miriam, mi amor, llevo días pensando en algo que… es muy serio. Tú y yo vivimos juntos y nos amamos, me parece que somos felices y quizás deberíamos formalizar nuestra unión. Tú eres una mujer decente desde todo punto de vista, te respeto y por ello creo que lo razonable sería casarnos, formar un hogar, una familia. ¿Qué piensas?

    -Caramba, señor, me agarraste fuera de base, no me esperaba eso… yo creí que a ti eso no te interesaba, pero… si, realmente me gustaría casarme y tener hijos, eso es el sueño de muchas mujeres, boda, hogar, hijos. Si tú quieres, yo también, pero debemos hablar mucho sobre eso antes de dar un paso como ese. Necesito saber algo que siempre me ronda por la cabeza…

    -¿Qué será?

    -Bueno, es un tema difícil de abordar, pero necesario… para mí es imprescindible que no existan secretos entre nosotros… es que… necesito que entiendas que me gusta la transparencia, que hablemos sin tapujos. Para mí es necesario que cada uno pueda confiar en el otro, sabiendo que no se guarda nada. Todo se puede hablar, se puede discutir, sin que eso signifique problemas… yo estoy enamorada de ti y siento que tu lo estas de mí, tal como me dices, pero me da la impresión que existe un secreto, muy grande, que no quieres compartir. El asunto es que tu relación con tu… mamá, siempre me ha preocupado. Me parece algo de amor y dolor y más amor y más dolor. Quisiera entenderlos, pero nunca me he atrevido a preguntarte…

    -¿Qué tiene que ver mi relación con ella? Es mi madre, la adoro, es la persona más importante de mi vida, de siempre y nunca voy a abandonarla. Pero ahora me siento enamorado de ti y quiero hacer las cosas bien, tener mi propio hogar, una relación definitiva contigo. Miriam, eres la mejor mujer que he conocido, no te encuentro fallos, creo que eres perfecta para mí. Pero no voy a alejarme de mi madre, soy lo único que tiene en la vida. La amo por encima de todo, necesitamos el contacto cercano. Pasar ciertos momentos juntos, como Navidad y año nuevo, cumpleaños, celebrar algo. Una vez a la semana, voy a cenar con ella. Cada quien vive en su casa, ella allá y yo aquí, pero no nos permitimos la distancia. Eso es todo… Creo que ella y tú podrían ser buenas amigas, además de suegra y nuera. Podrías acompañarme a las cenas en su casa, para que se traten y se conozcan. Eso me haría muy feliz. No te pido que te cases con ella, solo conmigo, pero ella existe para mí y así seguirá siendo, siempre. No la puedo hacer a un lado.

    -Entiendo que Marian no es tu madre verdadera, sino tu madrastra y ya que tu papá y ella se divorciaron, entonces ella dejó de serlo, ya no tienen un vínculo filiatorio. Sin embargo, sé que la consideras tu madre, porque te crio y también sé que la amas, con locura. Pero… eso es lo que me preocupa. Ese amor… esa entrega, ese vínculo tan fuerte entre ustedes.

    -No entiendo, ¿Te preocupa que la ame? Es mi madre, de hecho, aunque ya no de derecho. Nunca dejará de serlo, porque me quiere y yo a ella. No hay divorcio que nos separe. Yo mandé al carajo a mi padre, pero a ella nunca la alejaré de mí, la amo demasiado para hacer algo así. Si eso te preocupa, entonces no comprendes lo que hay entre nosotros. Te lo dije hace un rato, ella es la persona más importante de mi vida, por ella mataría. Ahora quiero que seas tú la más importante, pero no la voy a hacer a un lado. No puedo.

    -Te entiendo. Es algo muy intenso, pero comprendo el amor que se tienen. Sé que tu papá te avergonzó con su comportamiento y que tú te erigiste en defensor de ella, para que él no los dejara en la calle. Todo eso tal vez fortaleció más ese vínculo entre ustedes… pero… mírame a los ojos y dime… ¿La amas como mujer, la deseas?

    -La amo, de todas las maneras habidas y por haber. Si ella sufre, yo sufro, si ella es feliz, yo soy feliz. Ese es nuestro vínculo. ¿Tú quieres saber si la deseo como mujer? Es posible, no sabría responder a esa pregunta. Pero es posible.

    -Bien… mientras no encuentres una respuesta a esa duda, no me podré casar contigo. Seguiremos viviendo juntos, como amantes, a menos que ya tu no lo desees, pero no puedo casarme contigo y menos darte un hijo si no sabemos la respuesta a esa duda. Lo siento, mi amor, te amo, pero esa es mi posición. No quiero dudas ni secretos entre nosotros. Todo o nada.

    -No sé qué decirte, necesito pensar…

    -Tomate tu tiempo, no hay prisa. Pero piénsalo, por favor. Y no olvides que te amo… pase lo que pase, lo podremos resolver. El amor todo lo puede…

    Pasaron dos meses y yo no encontraba una respuesta que darle a Miriam. Ni siquiera lo conversé con Marian, porque no quería que ella hiciera algo de lo que yo luego me arrepentiría. Durante todos estos meses, Marian y yo habíamos reincido, como siempre. Una noche, después de cenar, sin darnos cuenta, hicimos el amor. Luego, ella volvió a pedir cordura. Y ocurrió más de 10 veces, nos enredábamos y ella volvía a poner orden. Pero seguiría pasando, eso lo tenía claro.

    Una noche, después de hacer el amor con Marian y sin haberme duchado porque se fue el agua en el PentHouse, me regresé al apartamento donde Miriam me esperaba, pensaba yo que estaría durmiendo. Al entrar, me fui directo al baño, para ducharme antes de acostarme con ella, pero cual sería mi sorpresa que ella estaba despierta y me abrazó y me besó apenas entré. Luego se separó de mí y me dijo:

    -Hueles a Marian, a su perfume…

    -Claro, mi amor, nos dimos un abrazo y un beso cuando llegué y luego cuando me vine. Siempre pasa, yo huelo a ti todo el tiempo y a ella una noche a la semana…

    -Si, entiendo, pero esta noche también hueles a sexo… muy fuerte.

    -¿Cómo? ¿Qué dices?

    -¡Que hueles a sexo! ¿Con quién estabas, mi amor?

    -Con mamá, te dejé aquí en el apartamento, me fui a casa de ella, cenamos y salí de allá harán unos 15 minutos. No entiendo como dices que huelo a sexo.

    -Está bien, Juan, dúchate y te vienes a dormir.

    Me quedé impresionado, temblaba por temor de que me descubriera. Me bañé de prisa, pero completo y me acosté a su lado. Empecé a acariciarla por detrás, porque me daba la espalda y me pidió que la dejara, que tenía mucho sueño. Sin embargo, yo creí notar un cierto enojo en ella. Me volteé y traté de dormirme, pero no dejaba de pensar en lo que me dijo: “Hueles a sexo”. Que mujer tan arrecha, tenía un sentido del olfato como el de un sabueso.

    Al día siguiente, mientras íbamos en mi carro para la oficina, me propuso:

    -Papi, ¿Qué te parece si mañana sábado invitamos a Marian a almorzar en el restaurante ese de El Hatillo, donde me llevaste la última vez? Seguro que le encantará. Y así hago un poco de relaciones públicas con mi suegra…

    -De acuerdo, pero entonces, como es tu idea, la llamas tú y se lo dices. Si la llamo yo, va a creer que es idea mía.

    -Entendido.

    El sábado como a las 12 del mediodía, pasamos recogiendo a Marian y nos fuimos a almorzar a El Hatillo. Fue un estupendo almuerzo, muy condimentado con la picaresca conversación que entre los tres manteníamos. Para mí, en un momento dado, aquel almuerzo se convirtió en un torneo de seducción, a ver cuál de las dos lograba obtener mayor cuota de atención de mi parte, pero divertido y sano. Cuando de regreso llegamos a casa de Marian, para dejarla, Miriam le preguntó si podía subir para ir al baño. Marian se bajó con ella y me dijo que estacionara en el puesto de adentro y subiera luego, que ellas no me esperarían.

    Al llegar arriba, al apartamento, ya Miriam había salido del baño y se encontraba sentada en la mesita de la terraza, con Marian. Al verme, me pidió que les diera unos minutos que tenían pendiente una conversación muy importante y que no quería que yo la escuchara. Yo me puse nervioso, no era para menos… pero, ni modo, me fui al otro lado de la terraza a fumarme un cigarrillo. Mientras, esto sucedía:

    -Marian, lo del baño era verdad, me estaba orinando, pero en realidad quería hablar contigo, tener una conversación de mujer a mujer. No pretendo ofenderte ni faltarte el respeto, pero para mí es muy importante lo que te voy a decir. El jueves en la noche Juan vino a cenar contigo, salió de aquí como a las 11:30 y llegó allá a las 11:50 aproximadamente. Iba directo al baño, a ducharse, antes de acostarse conmigo, pero yo lo intercepté y me pude dar cuenta de dos cosas: Una, que olía a ti, tu perfume, algo muy normal, porque sé que ustedes se abrazan y se le pega tu olor. Hasta ahí todo muy normal… pero también… olía a sexo, muy fuerte… yo tengo un olfato muy desarrollado, reconozco los olores a la legua. Y no creo que Juan haya echado un polvo en el ascensor, porque él es de los que se toman todo su tiempo. Jamás está dispuesto para un “rapidito”… Al menos conmigo… – se detuvo para ver la reacción que causó en Marian y notó mucho temor en su mirada.

    -Entonces, me pregunto yo: ¿Con quien tuvo sexo? No tengo una respuesta lógica para esa pregunta. Esto ha ocurrido ya en 4 o 5 oportunidades, de forma similar. De resto, cuando él regresa de cenar contigo, solo huele a tu perfume. Juan me ha empezado a proponer lo del matrimonio, quiere casarse conmigo y… yo con él, porque lo amo, de verdad. Quiero casarme, darle hijos, tener una familia, un hogar. Toda mujer desea algo similar y con un hombre como él, imagínate… pero si hay algo con lo que yo no puedo es con los secretos, las mentiras, la falta de confianza. ¿Con quién tiene sexo Juan, cuando viene a cenar contigo? Yo se lo pregunté, de frente y no me ha dado una respuesta. Si él no puede confiar en mí y decirme la verdad, yo no puedo casarme con él… Y creo que tú tienes la respuesta a mi pregunta.

    -Pero… ¿Por qué piensas eso, Miriam, que voy a saber yo con quien tiene sexo o no? A lo mejor, al salir de aquí se encontró con alguien, que se yo, no te puedo explicar algo que no sé… -Marian estaba temblando por la acorralada que le había dado Miriam.

    -Marian, yo solo quiero saber la verdad, que no me excluya, porque si hay secretos, no juego… Necesito saber la verdad. Juan, por favor, ¿Puedes venir?

    -Si, aquí estoy…

    -Bien, ya le pregunté a Marian y la noto muy nerviosa, a ti ya ni te pregunto porque llevo dos meses esperando una respuesta y nada. Si no me dicen la verdad, tendré que irme de tu vida, porque si tú no puedes confiar en mí, yo no te valgo.

    -Espera, mi amor, las cosas no pueden ser así, tómatelo con más calma, por favor. – le dije, ya en estado de desesperación.

    -No puedo, Juan, no puedo. Lo que aquí pasa es que es muy fuerte y ustedes dos no se atreven a decírmelo. Pero estamos en esta encrucijada. Si no hay confianza, no hay más nada. Ustedes dos son madre e hijo, que se adoran, que se quieren mucho, pero… ¡También son… amantes! ¿No es cierto? – Miriam zumbó esa bomba y se quedó a la expectativa. Marian me miraba a mí, luego a Miriam, otra vez a mí y se derrumbó:

    -Miriam, por favor, sí, es cier…to lo que… dices, pero no es culpa de él, soy yo, que soy una enferma, que necesito sexo a cada rato y lo obligo a hacerlo conmigo, pero él te ama, te adora, me lo ha dicho muchas veces y yo sé que es así. No lo culpes, no nos atrevíamos a decírtelo, porque es algo terrible, pero lo dejaré para que no te falte, te lo prometo, Miriam… snfff.

    -¿Terrible? Tal vez, pero yo lo puedo entender. Solo necesitaba confirmar lo que intuía. No debes preocuparte, Marian, no te juzgo y no te eches la culpa, si hay culpables, lo serán ambos, pero el amor no tiene culpabilidades. Se que ustedes se aman, eso salta a la vista y a veces es difícil ocultarlo a personas que como yo, somos observadoras y estamos muy interesadas. Si ustedes son amantes, por mí no habrá problema, porque sé que ese amor que se tienen es muy especial. Tendremos que ver que hacemos… eso es todo… como manejarlo…

    -Me has dejado asombrado, Miriam, eres muy… observadora y directa… Marian no tiene la culpa de nada, no es ninguna enferma como dice ella, solo lo dice para protegerme, no le creas. Si… somos amantes, aunque es algo que siempre hemos decidido evitar pero somos como los alcohólicos, reincidimos. Sabemos que socialmente es algo mal visto, pero nos amamos y no lo podemos evitar. Miriam… yo te amo, de verdad, deseo casarme contigo y tener hijos, formar una familia, pero sabes que a mamá, a Marian, no la puedo dejar aparte. La amo y ella a mí. Si no puedes soportarlo, te perderé sin remedio, pero a Marian no la puedo apartar de mi vida… no puedo…

    -No espero que la apartes, Juan. Sé que me amas y sabes que yo a ti y creo que Marian y yo tendremos que aceptarlo, tendremos que… no sé, buscar una salida a esto, una solución. Todas estas noches le he estado dando vueltas al asunto. Mi intuición me decía que era con ella que tú estabas teniendo sexo, siempre que te olí así, fuertemente, venías de cenar con ella. Nunca más lo había sentido y sé que tú no sales con nadie más desde que estamos juntos. Una mujer sabe de esas cosas, detalles, momentos. Se me ocurre que… tendremos que compartirte… si no tienen inconveniente ustedes con eso. Pero solo con Marian, nadie más. Eso debes tenerlo claro, prometérmelo… No soy mujer de aceptar cuernos.

    Marian y yo nos mirábamos, asombrados de la oferta que Miriam nos planteaba. Era realmente maravilloso poder coexistir los tres, juntos pero no revueltos. De esa forma podría casarme con Miriam, mujer a quien amaba profundamente y con quien podría tener un verdadero futuro, con familia, hogar y sin embargo, no tener que renunciar a Marian, al amor más grande de mi vida. Y Marian aceptó…

    FIN

  • Mi primera sexualidad

    Mi primera sexualidad

    Me pondré un nombre ficticio “Elvira”, ya tengo más de 40 años, pero aún corre por mi mente los episodios que por primera vez escribo a este papel. Voy a plasmar lo que viví de joven que son marcas que llevo sola en mi mente.

    Pues déjenme organizar las ideas y ver cómo inicio esto. Para esa época de los 97 era una joven en la flor de la juventud. Estudiaba en uno de los mejores colegios de mi país. Tenía grandes amistades y siempre he sido una persona muy extrovertida.

    Hablar de mi, es algo que no me gusta, pero según me decían los chicos de mi edad, era muy bonita, alta 5’11” y muy buenas piernas que aún conservo.

    En mi vida todo transcurría muy bien, entre estudios, fiestas y mi fanatismo por el béisbol.

    Pero ese día, que quisiera borrar de mi vida, salí de una fiesta del curso a que pertenecía habiendo degustado mis primeros tragos de ron. Andaba con una minifalda que por mi altura se veía más pequeña que las de cualquiera de mis compañeras.

    Salí al parqueo más risueña de lo normal buscando el carro de mi padre en el cual vendría a buscarme el chofer. Un hombre de confianza de mi padre.

    Lo vi, me acerqué al auto, un carro de marca americana y de color gris. Me monte en el asiento delantero como siempre hacia mi padre.

    Salimos del parqueo del colegio y el chofer, para no pronunciar siquiera su nombre, comenzó a conversar conmigo. Él se dio cuenta que yo estaba algo pasadita de tragos. Comenzó a preguntarme y decirme cosas sin importancias, como: cómo estaba? Que estaba muy bonita, que se había soñado conmigo y yo reía.

    El tono de sus preguntas fueron subiendo: y tu tienes novio? Uno de tus compañeros es tu novio? Y Yo respondía que no. Pregunto si me habían besado en esa boca tan grande y bella? Me sonroje y el corazón me latía fuerte e ingenuamente le confesé que no.

    Y el continuaba poniendo temas más y más calientes cada vez. Tanto como si me gustaría besar, dejar que uno de mis compañeros me pusiera las manos y yo muy compungida respondía que no pero con una sonrisa como si fueran unas preguntas chistosas.

    El me halo fuerte a su lado, diciéndome, que no fuera tan despegada. Yo me quede quieta sin saber que hacer. Me quede frisada. El aprovecho mi estado de pánico y puso sus manos sobre mis piernas. Mi corazón se me salía de mi pecho, pero estaba inmovilizada.

    Continuó manoseando mi pierna subiendo por mi entrepierna y cuando intento tocar mi vulva da que fuerzas y coloque mi mano para que no pudiera tocarme. El siguió haciendo fuerza por tocar por encima de mi panty. Yo pude hablar y le rogué que no lo hiciera.

    El siguió insistiendo y yo con mis dos manos agarraba su mano. El mucho más sabio, flojo su mano atrapando la mía y llevándola inmediatamente a su pene. Fue un cambio rápido casi ni me di cuenta y de repente el apretaba mi mano sobre su pene extremadamente efecto.

    El continuo apretando mi mano sobre sus pantalones. Cada vez estaba más dura y grande. Podía sentirlo. Con su otra mano se soltó el cinturón y abrió su pantalón. Sacó su pene y con mi mano atrapada me hizo agarrarlo. No sabia ni podía retirarla mano, su fuerza era superior.

    Paro el auto, y abrió mi mano haciendo que la misma abrazara su pene. Y el con la suya por encima comenzó a masturbarse. Yo solo lo dejé y a los pocos minutos saltó su leche a borbotones bañando mi mano y mi ante brazo.

    Su respiración era muy acelerada, lo sentía hasta en mi mano, cómo palpitaba. Estaba espantada, Era la primera vez que ponía mi mano en un pene, era la primera vez que mi mano sentía la leche de un hombre, eran tanta primera vez. Estaba horrorizada.

    El se calmó y me dijo: esto no puedes contárselo a nadie y menos a tu papá o tu mamá. Si lo haces les diré que tú fuiste la que me lo pediste porque estabas borracha. Esto será nuestro secreto y sino haces lo que te diga le contaré a tus padres.

    Estaba aterrorizada pero a mi madre y padre que esto nunca se lo cuenten. Aquí, por tonta, por no querer que nadie lo supiera comenzó mi martirio sexual.

    Continuará.

  • El agua es vida

    El agua es vida

    Les recuerdo que soy delgado, pero con buen cuerpo, sin mucho músculo, pero un poco marcado, tengo 24 años, y aunque no soy muy un poco bajito, tengo un buen culo con el que me defiendo.

    Esto me pasó un día al salir del gym, yo traía un short negro muy cortito y una playera amarilla sport sin mangas. Pasé por un parque que está casi frente a mi casa, y ahí conocí a Aldo. Me detuve para verlo. Era hermoso, alto y moreno, de cabello oscuro corto pero abundante. Después supe que tiene 19 años, mide 1.76 m, que tiene un super cuerpazo y que está muy bien equipado.

    Él Iba corriendo alrededor del parque. Se ve que ya llevaba mucho rato corriendo, su cuerpo estaba ya muy sudado y en su ropa se notaba. Yo creo que pronto se dio cuenta que yo estaba hinoptizado con él. Porque cuando se acercó hacia donde yo estaba, volteó a verme con unos ojitos tan sexys, que me hicieron pensar que ya me había delatado, intenté seguir caminando, pero él, dándole la vuelta al parque, se detuvo un poco, y volteó de nuevo a verme para sonreír. Se levantó su playera blanca para secarse el sudor de la cara y alcancé a ver sus cuadritos perfectamente dibujados en su abdomen y unos pezones riquísimos. Yo estaba como estatua viendo la escena. Él me miró de nuevo, y sonriendo se acomodó el paquete. Traía un short azul marino pero o la tela hacía que se le marcara muy bien, o su amiguito estaba de muy buen tamaño. Yo capté las indirectas y me acerqué para ver si podía hacerle plática. Era obvio que él me estaba esperando.

    Cuando llegué junto a Aldo, le dije un poco nervioso, pero con una voz que notara mi insinuación: “Hola, gustas un poco de agua?” Y le ofrecí la botella que traía tomándole yo primero para después acercársela. Él la tomó de inmediato y solo me dijo gracias. Pero me tomó a mí de la cintura y me acercó hasta él, echó un poco del agua fría en mi cuello y de ahí intentó beberla para refrescarse, lamiéndome tan rico que me hizo sentir un choque de electricidad en todo mi cuerpo. Después aventó la botella al césped, y con sus dos manos sujetó mi barbilla para darme un beso tan fuerte hasta no dejarme respirar. Su lengua entraba a mi boca y jugaba con mi lengua. Yo con mi mano le agarré su paquete y lo empecé a acariciar. Al oído le dije que si quería podía darle más agua en mi casa, que está muy cerca. Caminamos un poco, entre sonrisas pícaras de ambos, yo le acariciaba la barbilla y él me soltaba unas nalgaditas para apurarme el paso.

    Llegando a mi casa, entramos y Aldo cerró la puerta de golpe, me empujó contra la puerta y comenzó a besarme como loco. Me subió las manos y me arrancó la playera. Seguía besándome y metía sus manos bajo mi shortcito para acariciarme las piernas. Sentir sus manos frías en mi cuerpo, hacía que me pusiera la piel chinita. Yo lo desvestí también dejándolo solo en bóxer. Me agacho y respiro fuerte frente a ese bóxer gris que marca una gran herramienta. Huelo su aroma mezclado entre el olor de su pene y el sudor del ejercicio. Y con los dientes le bajo el bóxer para darle una mamada riquísima que le hizo temblar las piernas.

    En eso, Aldo me aventó al sillón, cayendo él sobre mí y me muerde los labios, después besó mi cuello, y con una sola mano, me saca el bóxer rojo que traía. Baja respirando en mi abdomen, lamiendo cada uno de mis músculos y cuando llega más abajo, sacude su cabeza para que yo sintiera su cabello entre mis piernas. La baba se le caía de la boca, mojándome. Después me volteó, se subió encima de mí y me habló al oído, para bajar lamiéndome la espalda, hasta llegar al que me dijo era “su lugar favorito”, y ahí menear su lengua calientita.

    Yo con cara y boca al sillón, ya estaba lanzando gemidos, y Aldo jugaba un poco con su pene meciéndolo entre mis nalguitas de arriba abajo, y poniendo su puntita en mi rayita. Yo gemía más fuerte y en eso, me lo metió inesperadamente y se tiró sobre mi espalda, agarrando mi cuello y besándome bajo la barbilla. Mientras se movía suavemente sobre mí, yo seguía gimiendo de placer y él empezó a darme cada vez más fuerte.

    Yo levanté las nalgas y las empujé hacia él apretándolas. Aldo acercó su cara a mis orejas y su respiración acelerada se sentía muy fuerte en mi oído. Esa sensación me enloqueció. A la vez, su pelvis se movía más fuerte hacia mí, metiéndomelo y sacándomelo, besándome la espalda y mordiéndomela suavemente, haciéndome dar fuertes gritos de placer.

    Aldo se levantó y se fue a sentar en el sillón individual. Y con una sonrisa super coqueta, se golpeó un poco las piernas indicándome qué hacer. Yo me senté encima de él, frente a frente y comencé a brincar con su pene dentro de mí. Nos fundimos en un beso apasionado. Sentía tanto placer que empecé a gemir en su oído, y eso lo hizo acelerar sus embestidas. Fueron más fuertes, me daba nalgadas. Yo sólo le alcancé a decir que me hiciera suyo. Mis manos acariciaban su espalda, le besaba las orejas, el cuello y desde luego los labios de nuevo. Su ritmo se aceleró que me hizo gritar agarrándole la cabeza y jalándole el cabello. Los dos jadeábamos de placer. Con sus brazos fuertes me levantó, sosteniéndome de las nalgas y nos fuimos al piso, que está decorado con una alfombra grande, esponjosa y suave. Cayó encima de mí.

    En cuanto caigo, le abro las piernas y Aldo se acercó a mí. Pongo mis piernas encima de sus hombros y nuevamente me penetró con fuerza haciéndome sentir muy feliz. Aldo ya estaba muy rojo de su cara, podía verlo bien. Yo tenía mucho sudor en mi cabello. Y así, Aldo seguía cogiéndome riquísimo.

    Puso su cabeza junto a mi oído y pude escuchar que ya no podía más. Empezó a subir la velocidad y el aire se le acababa. Yo estaba igual, sentía que ya no podía y bajé las piernas de sus hombros. Aldo se me repegó hasta el fondo y con nuestras bocas juntas, intercambiando aire, se vino dentro de mí. Unos fuertes chorros de semen caliente me llenaron por dentro y Aldo cayó rendido en mis hombros. Con su pene todavía adentro de mí, yo estaba masturbándome, Aldo me miraba de arriba abajo, miraba cómo me retorcía. Se veía que lo disfrutaba. Disfrutaba la vista de mi cuerpo. Disfrutaba ver lo que se había comido y todo lo que me había hecho. Alcancé a decirle que ya me venía y empujé mi pene para que los chorros cayeran en mi abdomen.

    Cuando se calmó mi respiración Aldo me dio un beso muy dulce y tierno, se tiró sobre mí, y tratando de calmar ambos nuestra respiración, quedamos acostados en la alfombra, viéndonos a los ojos, él me acariciaba, y yo le daba besitos en la cara, hasta que Aldo, con una mirada fuerte me preguntó: “¿Ya me vas a regalar mi vaso con agua?”.

    —-

    Nota: Así confirmé que el agua es vida. En nuestro caso, vida sexual. Esto es el inicio de las aventuras que Aldo y yo tuvimos juntos.

  • Carla: La subasta

    Carla: La subasta

    Tal como lo anunciara al terminar el último relato, pondremos al día a nuestros nuevos lectores, de viejas andanzas con Carla,  antes de dar paso al relato de la nueva visita de su tío.

    En realidad, aprovecharé para hacer una versión abreviada de tres aventuras de “casi escort” algo que la fascina.

    1) En Plaza Gomensoro, (Montevideo). Ocurrió en Carnaval 2019, ya con las entregas y aventuras bien establecidas, Carla quería jugar a ser escort, incluso jugar a ser prosti.

    El Carnaval daba la oportunidad perfecta. En la plaza mencionada, de vez en cuando y entrada la noche para algunas chicas trabajadoras de sexo, en la propia plaza sobre la vereda de la Rambla o en la parada de buses de la esquina.

    Planificamos como hacerlo, rentamos un apartamento turístico bien cerca.

    Y planificamos la operativa. Ofrecerse en la plaza, y ante la pregunta clásica de: Cuanto cobras? Responder: Es gratis si mi pareja puede mirarnos.

    Así se hizo, vestida con botas arriba de la rodilla, negras; short blanco, con medio culo afuera y top cortito que apenas le tapaba las tetas. Aprovechando que era Carnaval, completó su vestimenta con un antifaz negro que cubría buena parte del rostro y dificultaba un eventual reconocimiento de algún conocido.

    Me puse en el coche unos 150 metros antes, y teníamos el teléfono abierto y charlábamos de lo que fuera para que pudiera oír la conversación y calentarme, cuando la abordaran.

    Pararon varios, algunos pidiendo oral en el descampado del Faro de Punta Carretas, descartados. Otros huían al decirles. “Gratis pero mi pareja estará presente y nos verá coger” quizás se imaginaban muertos y con sus órganos vendidos para transplantes!

    Y de repente llega Roberto, sabríamos después que es gran tipo, relacionado a negocios agropecuarios, gran amigo actualmente, fijo, y nos presentó un tiempo después a Pedro, ganadero, gran amigo, preferido de Carla, rey de la posición cucharita y uno de los amigos mas generosos en todo.

    Roberto escuchó la propuesta, pensó diez segundos Y dijo: Y donde sería?

    -En un apartamento, edificio precioso, con garaje, aquí cerca, con portero super seguro. Vestirme y hacer de prosti es fantasía, en realidad a Sergio le encanta compartirme, somos amantes.

    Y así nos fuimos en caravana, los dos coches al garage. Y vaya si cogieron! Como se sabía de antes a que iban, no hubo seducción sino acción, prolija, con forro.

    Y a posteriori, larga charla acerca de quienes éramos y como volver a conectarnos si hubiera ganas… y vaya si las hubo!

    2) Apartamento de chicas. Siempre en la línea de los juegos y de nuevas experiencias, Carla me puso a trabajar para satisfacer una nueva idea.

    Quería “atender” en un “apartamento de chicas” donde algunas chicas se juntan, compartiendo un celular para fijar las citas, o cada una con su propio celu. También algunos de estos apartamentos (o casas, denominadas casonas) tienen una encargada y funcionan con sistema de “desfile” sin cita previa, el cliente llega, las chicas que estén disponibles desfilan, y el cliente elige una para pasar a una habitación libre.

    A Carla le encantaba el tema de desfile, “Me exhibo mas, compito, voy a ver si alguien me ve deseable”. En realidad, quería sentirse prosti por una tarde, y averigüé con amigos acerca de una casa de confianza. Llegué sin dramas, lo planteé, les extrañó y arreglamos que cobraría la misma tarifa de las otras chicas, pero por supuesto, todo el dinero que ella “ganara” iría a un fondo común a repartir entre las chicas, para que no hubiera problemas.

    -Que increíble! Que fauna! Me diría Carla después. Lógicamente, salvo caso obvio de borrachera o drogado, no se rechazan clientes.

    La acompañé, en total acuerdo con la encargada. Las chicas en general esperan clientes en la cocina, charlando; o en el propio living en donde desfilan, pero si llega cliente el living queda vacío y todas salen desde la puerta de la cocina.

    Conversamos con Carla y la encargada sobre como vestirse, lencería, o vestido? Y nos dijo que para estar a tono, vestido o jeans y camisa, muy pocas lo hacían en lencería.

    Aceptamos la sugerencia, y Carla eligió un super mini vestido, en realidad una especie de tubo elastizado, totalmente cubierto de lentejuelas negras, tacazos y bada mas.

    La rutina implica la llegada de cliente, lo hacen pasar al living, y —“ Ya te hago pasar las chicas”…

    Pasan de a una, — “Hola, soy XX” beso en la mejilla, y pasa la siguiente.

    Al final, la encargada vuelve con el cliente y éste le dice su elección, ella le indica una habitación libre, y “si querés pasar al baño es por allí”.

    Hubo momentos sublimes, super hiper excitantes para mi, oír desde la cocina, como le decían a la encargada… —Mandame a Carla. Era como un envión en mi pija, todos salvo uno, que eligió a una super tetona y super culona, la elegían. Mas de uno se fue preguntando a la encargada, que los acompaña a la salida, si” la rubia nueva va a seguir?”.

    Para sorprenderlos un poquito, al ir a atenderlos Carla se sacaba el vestido con el que la habían visto y les aparecía de tacos, tanga y corpiño negros y nada mas, las piernas, con tacos y la tanga enganchada arriba de la cadera, eran impresionantes. En general, el impacto era sensacional, todos tomaron “adicionales” a la tarifa básica de media hora o una hora. Los adicionales en su caso eran acabarle en la boca o en las tetas.

    Otras cobran adicional el anal, pero Carla prefirió no hacerlo por mas tranquilidad de que no la fueran a lastimar.

    Hubo de todo, “Parece mentira como cambian de uno a otro” algunos solamente se la hicieron chupar en media hora, otros la ponían de entrada y al acabar se iban. Unos besaban, otros no.

    En total, rompió el mercado pero les prometió a las chicas no volver, para que quedaran tranquilas. De todos modos, se demostró que la demanda sería gigantesca ja ja.

    3) La subasta. Una de las experiencias mas morbosas que hemos vivido (aunque hubo muchas muy morbosas). Encantada por su experiencia en la “casa de chicas”, le surgió la duda de si sería lo suficientemente atractiva a, digamos, alto nivel económico. Me querrán? Les gustaré a señores acostumbrados a otras chicas?

    Y allí Roberto, que ya conocen, nuestro amigo de la Plaza, y Luis, el dueño, junto a tres socios, del apartamento que solemos rentar frente al Golf para nuestras aventuras, idearon la subasta.

    Piratas consumados ellos mismos, y conocedores por negocios de varios señores de buena economía e igual de “bandidos” fueron invitando hasta lograr tres que se interesaron seriamente.

    Una improvisada ida de pesca a Punta del Este, y el alquiler de una casa posibilitaron la realización del deseo de Carla.

    Se pusieron condiciones: -Ella organizaba y ponía las restricciones. —Se subastarían tres horas con ella. —Derechos totales durante las tres horas. —Riguroso uso de protección por parte del ganador; pero se negociaría si aportaba documentación sanitaria plena. —Puerta de dormitorio abierta y tablet transmitiendo por Skype al televisor del living, para compensar a los perdedores, que estarían agasajados con bebidas y picada a discreción. —Derecho “residual” para los perdedores, de igualar oferta y disfrutar de atención de dos horas al día siguiente, si lo deseaban.

    Y en marcha. Nos trasladamos a la excursión de pesca (alguna visita de caza a una estancia haríamos a futuro ja ja).

    Y el sábado señalado, al mediodía, comenzaron a llegar los invitados y se fue armando la fila de sillones en el living.

    Llegado el momento, llegaron las indicaciones operativas. Habría pasadas de la dama, desfilando (lección que Carla aprendió en la casa de chicas); al final de cada pasada, cada interesado escribiría en un papel su ponencia, y lo entregaría a la dama. Ella leería la propuesta sin decir de quien era. Con eso se aseguraba que cada uno podía saber si iba en punta o no, pero se evitaban desavenencias personales pues ninguno conocía nada mas que su propuesta.

    Y comenzó todo…

    Primera pasada. En tacos (siempre ja ja!), vestido micro, mostrando en forma generosa mitad de las hermosas y firmes nalgas, y algo de escote. Presentación de los tres papelitos, lectura… y ”Vamos chicos, ustedes pueden mas!”.

    Segunda pasada. Tacos, medias, mini tanga, portaligas alto y corpiño de media copa todo negro. Impresionante lucimiento de tetas, cola y piernas. Nuevamente papelitos y Carla lee la mejor cifra.

    Tercera pasada. De tacos… y concherito blanco marfil, mejor dicho mini concherito, honestamente, un sueño. Pasa, vuelve a pasar, gira, pasa nuevamente a un metro de ellos. ”Por favor, recuerden, última posibilidad!”…

    Y en vez de leer nuevamente la mejor opción, anuncia: han evolucionado en gran forma…merecen un bono.

    El bono. Les voy a dar una degustación. Para que todos puedan elegir, les daré cuatro opciones, pero no pueden pedir lo que otro haya elegido.

    Serán 10 segundos de: darme oral, recibir oral de mi parte, beso de lengua, chuparme las tetas.

    Sin profundizar, les daré a elegir en orden de mayor a menor.

    Tremendo éxito, salva de aplausos, nadie se esperaba ese bonus.

    Eligieron, en orden: oral de ella, oral a ella y beso de lengua. Y se hicieron las ponencias finales, que ella miró y no leyó en voz alta.

    Y el Ganador es…: Voy a cambiarme y vuelvo para llevarme al ganador al dormitorio. Vamos a encender la tablet y probar la transmisión a la tele, para que todos disfruten.

    Se fue, verificamos la transmisión de la tablet, preparamos la picada y whisky; y allí aparece Carla.

    Toda de blanco de zapatos al velo, sí, velo de novia.

    Medias con portaligas, tanga mínima por encima del portaligas (así puede sacarme la tanga y cogerme con las medias y portaligas puestos), corpiño media copa y velo de tul, tipo novia.

    Se toma su tiempo, pasa frente a todos, al volver se para frente a uno de ellos, le extiende la mano, y le dice…”Me acompaña caballero?” Y se lo lleva al dormitorio, dejando la puerta abierta. Antes de entrar, él entrega un sobre con el logo de un conocido laboratorio médico y una anotación a mano, su propuesta.

    Lo que siguió fueron dos horas y media (él no aguantó mas) de sexo y sexo.

    Para llegar a estar desnuda, pasó una media hora de besos, caricias, retiro del velo.

    Lo de los besos, la especialidad de Carla, fue tremendo… picos, lengua, salivas que se mezclan, chupada de dedos, lamida de Mejillas de Carla a Pedro (recuerden siempre este nombre, es un amigo íntimo con derechos a full). Ropa que va cayendo al piso.

    Todavía parados con Carla en medias y portaligas, él le pasaba la verga por fuera de los labios de la concha.

    Desde la puerta, Luis les comentó que el certificado de salud era correcto y se aconsejaba proceder a full ja ja.

    Y así lo hicieron. Pero Pedro dijo que prefería apreciar toda la piel de ella. En una secuencia de striptease, Carla se sacó el portaligas y las medias, poniéndose nuevamente los zapatos para no perder elegancia.

    Volvieron a jugar un poco parados, tratando de no salirse de cuadro de la tablet. Si bien el plano no era cercano, igual la imagen era tremenda.

    Se fueron a la cama, con Pedro desesperado, chupando todo lo que encontraba, le chupó concha y culo, tetas a full, mas besos, y por cierto llegó el turno a Carla de chupar lo que había.

    “Linda pija, no es grande, pero buena cabeza, muy manuable y chupable! Ja ja”.

    Luego de una buena chupada, aunque la toma no era primer plano, vimos que se la chupaba, la lamía, le lamía los huevos… en cierto momento Carla se lo montó y se ganó lo suyo y aplausos con una cabalgata monumental. Por cierto, con acabada adentro para placer y disfrute de ambos… esa es la ventaja de hacer las cosas con garantías y con gente de quien se tienen referencias. “Divino como sentí los chorros, y seguí subiendo y bajando para disfrutar mas y mas con todo ese licor de hombre adentro!”.

    Un ratito de limpieza oral de pija, besos, caricias, y les alcanzamos dos copas de champagne.

    Lo bebieron y comenzaron nuevamente… respectivos besos negros, gran lamida de concha sin importar que algo estuviera escurriendo, y cuando la tuvo dura de nuevo, se dio lo que pasó a ser un clásico, algo que hace delirar a Carla.

    Se la cogió en cucharita. Y demostró ser un experto, tanto que con la onda entre ambos, su generosidad proverbial, y la cogida en cucharita, Pedro es uno de los preferidos de Carla, al punto de haber pasado un par de noches a solas con ella durante un viaje mío.

    Pese a no ser una pija larga, se acomodaron bien, Carla sobre su costado derecho, de frente a la cámara, Pedro atrás, y Carla pasó su pierna izquierda por encima de las de él, con lo cual su intimida estaba a punto para que se la metiera, y vaya si se la metió.

    A fondo, acariciándole las tetas, mosdisqueando la nuca por momentos, comenzó el vaivén, a veces rápido, a veces lento, alguna vez en el fragor de la cogida se salía la verga y se la metía nuevamente de inmediato. Y con aguante, estuvieron buenos 15 o 20 minutos hasta que el cuerpo de Pedro se puso rígido y él se quedó casi quieto, signo inequívoco de eyaculación, retomó impulso y le dio 10 o 12 embestidas mas, oíamos el plaf plaf plaf de su cuerpo golpeando el de Carla.

    Finalmente cuando él se salió de ella, lo limpió prolijamente a lengua, vino sesión de caricias, besos y, para ser claro, manoseos.

    Los espectadores frente a la tele, gozamos intensamente, hacíamos comentarios… whisky va whisky viene, y en cierto momento, el tercer ubicado en la subasta, se anotó para el día siguiente. Misma ponencia del ganador pero dos horas en vez de tres.

    Esa altura, Carla y Pedro se prendieron en un frenético 69; que culminó con la boca de Carla recibiendo el poco licor que quedaba en los huevos de Pedro.

    No llegaron a las tres horas, pero Pedro estaba encantado, y Carla dijo y sigue diciendo que Pedro es de los mejores, si no el mejor cogedor que ha probado. Hasta hoy es uno de los amigos de confianza, fijos y con plenos derechos. De hecho, es uno de los dos amigos con los quienes le hago doble vaginal a Carla.

    Lo cierto es que la “subasta la fascinó” por el resultado de su valor, se sintió deseada y apreciada hasta por extraños, “porque tu amor lo doy por hecho cariño”. Y más aún creció su ego cuando supo que el tercero de los participantes, se había subido a la posibilidad de tenerla al día siguiente.

    En la línea de ponerlos al corriente de viejas aventuras (obvio todas de menos de cinco años), avanzaremos en el tiempo hasta la invitación de Pedro a su estancia.

    Pero antes de eso, tocará conocer dos aventuras del presente, una con el tío de Carla en su tercera vez, y la otra con un gerente bancario (amigo fijo) y sus dos hijos.

    Todo ello, suponiendo que exista interés en nuestras aventuras, agradeceremos algún comentario. Hasta la próxima.

  • La vida tiene sorpresas

    La vida tiene sorpresas

    Vivo en una zona donde la ciudad se expande, todavía recuerdo cuando por estos lugares la vida era más tranquila, más serena, pero de a poco la mancha urbana se fue apoderando de mi pueblo y ahora formábamos parte de la zona metropolitana, mucha gente, el bullicio del tráfico, sin duda la civilización con todos sus beneficios y problemas ya eran cotidianos en nuestro vivir, mucha gente nueva, caras desconocidas, comercio creciente y también la basura, el smog, la delincuencia… tantas cosas que envuelven a una metrópoli.

    Vivía en una casa que me habían dejado mis padres, ellos ya habían dejado este plano y yo era hijo único por eso nunca tuve problemas con nadie para pelear la herencia que dejaron, al paso del tiempo me casé con una mujer oriunda del mismo pueblo que yo. Nos conocimos desde niños y pues y tampoco había mucho de dónde escoger, ya que yo tenía un taller de carpintería y desde mi hogar realizaba mis trabajos y el salir del pueblo era meramente para cerrar negocios o para compra de material, tengo dos hijos hombres y vivimos bien, sin lujos, pero también sin carencias, mis dos varones no quisieron estudiar y les enseñe el oficio para que salieran adelante y pudieran en algún momento hacerle frente a la vida.

    Ya teníamos 20 años de casados y obvio que el hastió y la costumbre va llevando a cualquier relación al precipicio, lo nuestro ya era algo aburrido y sin nada de chispa porque no era nada nuevo, no hay nada más mortal que la perdida de la llama… y por eso comprendí muchas cosas al paso de este tiempo… de lo poco que no había cambiado en toda esta vorágine era precisamente la parroquia, ella conservaba su estilo y si alguien quería recordar tiempos pasados bastaba con fijar la mirada en la arquitectura de dicha construcción para poder subir al túnel de tiempo y poder traer al presente los mejores recuerdos.

    Yo en ese lugar me casé y ahí fueron presentados, bautizados hicieron su primera comunión mis cachorros, esperando también que algún día también en ese lugar lograran desposarse. El padre de aquella capilla seguía siendo el mismo y por lo general un personaje como el conoce a todos los habitantes de un pueblo y también a aquellos que habían emigrado para establecer su casa o su negocio ahora en la zona metropolitana.

    Yo solía salir del pueblo que después se convirtió en colonia que formaba parte de una alcaldía a cerrar tratos con clientes para diversos trabajos, para compras de madera y de herraje, así como de material de barniz y también para la colocación ya fuera de un closet o de una cocina integral o de lo que fuera, escaleras, camas, bares, etc. En una salida a el centro de la ciudad, uno de mis hijos y yo regresábamos del trabajo para ir a descansar a la casa, ¡¡cuando llegamos mi otro muchacho estaba acostado en un sillón viendo un programa de televisión y le pregunte por su madre a lo que contesto que había ido al mercado!!

    Cosa que parecía imposible pues ya eran más de las 7 de la noche y el mercado cerraba desde las 6 obviamente algo no estaba bien así que deje mi mochila y salí de casa para irla a buscar, el mercado estaba en su mayoría cerrado, pero solo había un acceso que estaba todavía abierto para que los locatarios pudieran abandonar las instalaciones, pedí al custodio que me permitiera el paso al baño de rápido mientras depositaba una moneda de 5 pesos en su mano y prometiendo que no tardaría, el me flanqueo el paso y me metí casi corriendo para aparentar que en verdad llevaba prisa…

    Algo dentro de mi sabía que algo no marchaba bien y que tenía el presentimiento de que lo que iba a descubrir no sería de mi agrado, había una mezcla de emoción y de miedo algo que no podía descifrar, bajel el ritmo de mi caminata al percibir que el local del carnicero estaba aun con luz y con la cortina a medias… muy sigilosamente me acerque y sin hacer ruido, solo para descubrir que en efecto mi esposa estaba ahí dentro, estaba empinada sobre un banco y con el vestido hasta la cintura y con los calzones hasta el piso, las tetas las tenía al aire y el carnicero sin piedad alguna le encajaba su miembro una y otra vez, ella gemía a voz lenta y casi callada, tanto que con su misma blusa tapaba su boca para que acallara todo lo que su boca quería gritar…

    Ella sudaba de una manera que yo jamás en todo el tiempo de casados lo había podido lograr, el arma del carnicero era más grande que el mío a simple vista y deslizaba todo dentro de ella, yo quise hacer mil cosas, desde atacarlo y también salir corriendo de ese lugar, pero un cosquilleo en la zona baja de mi pelvis, una sensación en la que no me desagrado del todo lo que estaba viendo, por supuesto yo estaba encolerizado por ver que otro cobrón perforaba a mi mujer pero lo que realmente me estaba agradando era ver como ella estaba disfrutando de una manera que jamás la había visto… el carnicero seguía arremetiendo con todo y no se veía para cuando terminaría, ella seguía disfrutando y se abandonaba al sentirse invadida por tremendo tronco, el bufaba y la jalaba con fuerza desde las caderas, hasta que el inevitable momento de vaciarse había llegado, mi esposa de un movimiento se safo y cayo de rodillas frente a su virilidad y comenzó a chuparlo de una manera frenética que rápido logro que el sacara su leche y ella bebió un poco y el resto lo dejo caer entre sus tetas mientras con sus manos esparcía todo el semen en su pecho con su boca limpiaba el garrote de aquel hombre que le había dado una senda cogida y sobre todo identificar su rostro lleno de satisfacción, no sé por qué no me atreví a interrumpirlos y solo baje mi cabeza y me dirigí a mi casa todo deshecho y pensativo…

    Cuando ella llego a la casa se hizo la sorprendida y me quiso besar, obvio que no se lo permití y me salí con rumbo a mi taller, ella me siguió en silencio como adivinando que yo sabía algo o al menos me daba cuenta de algo, pero por más que me pregunto qué era lo que tenía no obtuvo ningún tipo de respuestas, solo mi silencio la acompaño, me puse a trabajar para dejar pasar tiempo y poder saber que tenía que hacer y cómo hacerlo

    Tenía tiempo que no bebía nada de alcohol, pero la manera en que me sentía solo podía mitigarlo un poco de unas copas… No sabía si correrla, no sabía si yo irme todo estaba revuelto y no lograba poner mis ideas en orden así que la noche comenzó a pasar, así que mi única solución fue acudir por un consejo y la persona en quien más confiaba era el párroco de la iglesia, solo era tiempo de esperar a que amaneciera y así lograr una charla con ese personaje. La noche paso lenta y me despejo el repiquetear de las campanas llamando a misa, me despeje y lave mi cara para poder acudir al aposento, sabía que tenía que escuchar la misa y así lo hice, al concluir el sermón busque la manera de poder entrevistarme con él, pero alguien se atravesó en mi camino, era una mujer que jamás había visto, ella iba acompañada por otras personas que no lograba identificar con precisión, comenzaron a salir de aquel lugar y yo quedé impresionado con los bellos ojos de aquella mujer.

    Yo también abandone la iglesia para poder verla más tiempo en la explanada de la parroquia, me movía de manera discreta pues no quería incomodar a nadie, pero algo dentro de mí también se encendió… no sé qué fue, pero simplemente esos ojos me habían atrapado, ellos eran 6 persona 4 mujeres y dos hombres todos de edad adulta detuvieron su andar en un puesto de comida para comprar algo y ahí vi la oportunidad de poder acercarme como un cliente más sin levantar sospechas, me coloqué cerca de ella y mi olfato pudo percibir un aroma delicado de una fina fragancia que ella despedía y eso me engancho aún más, tenía que conocerla a como diera lugar y por cosas del mismo destino giro sobre su propio eje con vasos de atole en sus manos y chocó de frente conmigo, derramo algo de contenido sobre mi sin ser mucho, entonces pude escuchar su angelical voz deshaciéndose en disculpas mientras tomaba una servilleta y trataba de limpiar mi playera, todo eso no importaba pues por fin sus ojos me vieron y me pareció un momento mágico -discúlpeme por favor… pero que tonta soy- yo le detuve sus tersas manos diciéndole que no se preocupara que todo estaba bien, pero al hacer eso sentí de nuevo una descarga eléctrica con el simple rose de su piel.

    Todo se solucionó en ese momento y ella cuando fijo su mirada en mí también hubo una reacción que la perturbo por un momento. Fue solo cuestión de un par de segundos, pero algo hizo clic…

    Ella se retiraba con su familia y yo la seguía con la mirada, quise averiguar donde vivía y los seguí de lejos y descubrí que no vivían lejos de la iglesia, pero no estaba seguro que ella también viviera allí, por suerte un amigo era su vecino y me conto que era la hija de la dueña de la casa que estaba de visita y que su residencia era en la parte centro de la ciudad, eso me dio la información necesaria para diseñar una estrategia para poder verla, pasaron dos días y corrí con suerte cuando la vi salir sola de esa casa y dirigirse con rumbo a la iglesia, la seguí con sigilo y vi cuando ella se estaba confesando con el padre y cuando terminaron ella se puso a orar por unos 5 minutos y luego salió de ese lugar yo me iba a jugar el todo por el todo y me pare en los escalones esperando a que saliera, ella venia con la mirada clavada en el piso y cuando me sentio cerca levanto su mirada y me topo de frente, sus ojos se clavaron en mí y por unos instantes no sabíamos que decir ni que hacer hasta que me pregunto -se le ofrece algo?

    Yo iba por todo y el que me rechazara era una posibilidad real pero ese instinto que había despertado en mi me habían convertido en alguien atrevido… -Si se me ofrece algo y le parecerá muy loco de mi parte, pero desde el día que la vi simplemente no he podido sacarla de mi pensamiento- ella abrió más sus hermosos ojos y solo atinó a decirme -gracias- le extendí mi mano para ayudarla a descender el resto de la escalinata y ella acepto el gesto amable.

    Ella estaba intrigada por el trato y por mi interés y como toda mujer que es curiosa por su naturaleza quería llegar hasta el final y saber que pasaba. Ella era más extrovertida y eso ayudo mucho a que las cosas fueran más agiles y sencillas, me dijo que le invitara un agua de sabor y que podíamos platicar, eso para mí fue más que música para mis oídos.

    Busqué un lugar en donde yo no fuera conocido y que nos proporcionara la discreción necesaria, para fortuna de ambos la charla inicio amena y como a los 20 minutos ya platicábamos como si lleváramos años de conocernos, luego fue inevitable que saliera a la plática quien era yo, a que me dedicaba y la pregunta del millón si estaba comprometido o alguna cosa como tal, yo no quería mentirle así que le conté todo lo que me preguntaba de una manera natural… y una pregunta llevaba a otra, hasta que me cuestiona que si estaba casado y con hijos y ya con una vida realizada entonces que era lo que buscaba… con pena y vergüenza le dije que era lo que había sucedido con mi esposa apenas unos días atrás y ella solo me escuchaba con atención, le dije que ese día que la había visto por vez primera yo buscaba el consejo del cura pero ya no logre hablar con él ya que me tropecé con su mirar, ella entendía y en su mirada veía un poco de compasión por mí, hubo unos segundos de silencio y pensé que en ese momento ella se despediría y que al menos para mí me sirvió para poder vaciar mi costal de tragedias, pero para mi sorpresa me dijo que el mundo no se acababa ahí, que yo era aún joven y que sin duda encontraría a alguien mejor, que no cometiera una locura y que lo mejor para todos seria hablar y llegar a buenos acuerdos, mientras yo todo eso lo entendía yo lo que deseaba era decirle que me había enamorado de ella, y para eso ahora me toco a mi realizar las preguntas, entonces supe que era casada y que también tenía dos retoños que trabajaba y que su madre le había realizado una misa póstuma a su papá que había ya partido también en años atrás pero que les había pedido a ella y a sus hermanos que la acompañaran, de repente su pregunta… Sabes bailar?

    Le conteste que sí, no mucho, pero sí, me comento que ella regresaría a su casa al otro día y que quería pasarla bien antes de partir, así que pronto me puse a ubicar un lugar para poder ir a bailar y de las cosas buenas que deja la mancha urbana descubrí que había muchos lugares en esa zona para poder esparcirse, escogimos uno de música tropical y mientras mi celular sonaba con insistencia, yo lo ignoraba de la misma forma, llegamos y rápidamente pedí una mesa, ella de manera pronta me pregunto qué era lo que quería beber, rápido respondí que un tequila estaría bien, se lo pedimos al mesero y este pronto atendió nuestro pedido, para mi sorpresa ella lo tomaba solo con sal y limos mientras yo tenía que pedir un refresco de toronja para poder disfrutar de los tragos, bebimos dos y seguíamos sentados hasta que sonó en el ambiente una buena melodía y me pidió salir a bailar, yo entre el nervio y la indecisión de hacerlo bien acepte y la primera pieza fue un parto… ya que me equivoque muchas veces, pero ella me brindaba la seguridad que necesitaba, así fueron pasando más canciones y el lugar se empezó a llenar de forma importante y el bailar más apretados se hizo imperioso, yo ya había dejado atrás el nervio y ahora bailaba de una manera más suelta y desinhibida, el alcohol comenzó a hacer sus efectos y de a poco la sujetaba con más fuerza con más firmeza su cintura, era una delicia suprema poder sentir su anatomía y por el misma cantidad de gente que salíamos a bailar los espacios se reducían, fue cuando en un movimiento pude sentir su firmes senos pegados a mi pecho y eso solo comenzó a subir la temperatura, regresamos a la mesa y reíamos como dos adolescentes sin ningún tipo de tabú, la siguiente pieza era algo más lenta y con pasos más cadenciosos, rápido la tome de la mano y la invite a la pista y ahí fue donde pude acercarla mucho más a mi cuerpo, hasta que ella logro sentir el paquete que se ocultaba debajo de mi pantalón, solo pudo abrazarme y poner su cabeza sobre mi hombro mientras yo le tallaba a mi amigo en su zona abdominal, la canción termino y yo seguía con el compás y con el restriegue de mi macana sobre ella.

    Llegó el momento en que las emociones estaban al cien y ya no se podía ocultar nada, de pronto me susurro al oído -vamos a un lugar donde podamos seguir la fiesta solos- de inmediato pedí la cuenta, pagué y salimos buscando el hotel más cercano a ese lugar, entramos y todavía llevábamos un cuarto de botella para seguir la fiesta, entramos a la habitación y le serví un trago más, ella se quitó sus zapatillas y me pidió poner algo de música, así lo hice pero de las bocinas de aquel lugar salió una canción romántica que invitaba a bailar pegaditos, así que la tome de nuevo por la cintura y comenzamos a bailar despacito, ella poco a poco comenzó a buscar mis labios y yo la bese desenfrenadamente pero ella sabía lo que quería y como lo quería, así que suspendió el beso y me pidió besarla más despacio y más candente yo no podía más que obedecer a la musa que exigía ser tratada como una diosa, cuando de pronto sentí su mano agarrándome la verga, con calma la masajeaba y empezó a sentir lo dura que la ponía, yo solo estaba admirado por lo que esa hembra hacía, después tomo una de mis manos y la coloco sobre una de sus tetas mientras que la otra la puso en medio de sus piernas, y pude sentir todo el calor que de su pucha salía, metí mi mano por dentro de su bra y su pezón ya estaba totalmente endurecido, comencé a masajearlo despacio mientras mi otra mano alzaba su falda y mi mano buscaba su panocha la cual ya estaba húmeda y más caliente que al inicio no me costó nada poder acariciar su clítoris el que también ya estaba hinchado por lo que pasaba, inserte un par de dedos dentro y arranque de su garganta un grito de total satisfacción, ella comenzó a hacer lo mismo con mi pantalón hasta que logro llegar hasta mi pito el cual ya estaba más duro que una viga de acero y así transcurrió la canción y nosotros seguíamos moviendo al mismo ritmo…

    De pronto ella se arrodillo y metió mi verga en su boca dando unos lenguazos y unas succionadas de otro mundo, nunca había sentido una sensación tan placentera y mientras ella me mamaba sus ojos buscaban los míos para ver el placer que causaba en mí, lo hacía de una manera tan deliciosa que no me pude contener y le tome su cabeza agarrándola de su cabello y metí toda mi tranca hasta la garganta, ella se agarró fuerte de mis piernas y no se resistió a tener todo mi bocado dentro de su faringe, al contrario se jalaba buscando que la llenara más de mi riata, no le importo en nada que de sus ojos brotaran lagrimas por el esfuerzo que hacía y al contrario con su lengua me acariciaba los huevos mientras tenía todo mi leño dentro, con una gran agilidad se empezó a retirar su ropa y de la misma manera me pedía que yo hiciera lo mismo, en un tris ambos quedamos desnudos, y ahora me tocaba a mi regresar el favor, así que agarre sus deliciosas tetas y las metí en mi boca eran algo demasiado sabrosas, eran un manjar exquisito que cada lamida que les daba ella se mojaba más y más yo no me podía detener y las mordisqueaba y las chupaba con un frenesí que nunca había experimentado, con sus gemidos solo me demostraba que lo estaba disfrutando al cien, hasta que me fue imposible empinarla al borde de la cama y dejarle ir toda mi hombría hasta el fondo y como premio me regalo un aggg!!! así cobrón!!! métemela toda.

    Yo comencé a bombear y rebotaba contra sus nalgas y mientras yo la tenía bien agarrada por la cintura le daba unas estocadas hasta el fondo, sentía como mis huevos se iban inflamando pues mi leche ya quería salir, pero ella intuyo el momento y se salió momentos antes y con maestría me llevo hasta la cama, ahí me recostó y me volvió a besar buscando ganar unos preciosos momentos para que a mí se me pasara la sensación, así fue como ella se montó en mí y empezó a cabalgar de una manera escalofriante, mi verga entraba y salía y su boca me decía – la tienes muy grande… me lastima, pero me gusta- cundo comencé a sentir unos líquidos calientes que salían de su cueva y ella se apretaba las tetas y se movía con más fuerza, hasta que cayó desvanecida sobre mi pecho…

    Pero no por mucho tiempo ya que ahora me pidió que yo me subiera y ella cerro sus piernas y pensé que estaba jugando, pero para mí sorpresa me puse arriba y mi chile se le fue como mantequilla, mientras al oído me decía que quería que la cogiera como a mi perra y que la hiciera mi puta sin ningún recato, yo estaba fascinado y también estaba sorprendido por todo el tiempo que había aguantado, pero ella era quien llevaba el ritmo y la sujete con fuerza y comencé a poseerla con fuerza, a hacerla sentir mi mástil dentro y de un momento a otro tenso todo su cuerpo y tuvo un orgasmo sublime, sin darme tiempo siquiera a reaccionar se dio vuelta y me dijo -ensártame- y como yo era su esclavo pues solo tenía que obedecer sus indicaciones y la penetre desde atrás pero levanto sus caderas un leve y mi verga se le resbalo por todo su culo!!! estaba apretado, caliente y delicioso, comencé a bombear hasta que ella me pego a su trasero y tuvo otro orgasmo, yo estaba fascinado y -loco de deseo hasta que ella me exigió…

    -Dame tu leche ahora, quiero que nos vengamos juntos- así que comencé a penetrarla de nuevo con fuerza mientras ella se quejaba hasta que mi verga ya no pudo más y descargué en su culo todo mi semen y caí desvanecido junto a ella…

    Un verdadero placer haberla conocido, intercambiamos números con la promesa de volver a vernos.

  • Probando un nuevo placer

    Probando un nuevo placer

    En CuentoRelatos, yo hice un comentario en el relato “Perversión sexual de una amiga” que escribió Kama Luxuria, radicado en Chile. Mi comentario “Se antoja ser tratada así” reflejaba que me puse caliente al leerlo. Él me contestó con un comentario: “Mar, lo escribí pensando en ti, en tus fantasías, en lo que enciende tu imaginación y hace arder (mi) interior”.

    Posteriormente, en un correo me precisó “de tanto leer sus relatos te imagine completamente follada por tu marido y amantes una noche de sexo y en la madrugada” y otras puntualidades más.

    Le contesté el correo enviándole una foto y le comenté: «en este correo mencionas ‘amantes’, en plural, y sólo tengo uno. Él sí se deleita limpiándome la panocha. En esta foto ya pasé por la operación limpieza, debido a eso los labios y el clítoris están hinchados. Me puse tal como me ves en la imagen y le pedí que me penetrara por donde quisiera. A ver si te inspira algo…», refiriéndome a la foto. (Lástima que aquí no se pueden poner fotos, pero si alguien la quiere ver, puede solicitármela.)

    La respuesta vino tres días después: «Sí que me inspiro ese brillo y color que tienen tus labios… carnosos, hinchados…. mmmm… imaginé estando ahí, chupando esa panocha» y continuaban otras escenas similares, donde concluyó con: «eyaculé largos chorros, me vacié por completo pensando en ti, Mar».

    Le escribí que “Me hubiera gustado ver cómo salían los chorros. Además de sopesar los huevos antes y después… Exactamente eso es lo que me pone a mí a mil: lamer los huevos y ver salir el semen.”

    Por respuesta recibí una fantasía erótica donde él, Kama Luxuria, explotaba al máximo mis gustos y le dije: “Sí he hecho con mi amante todo lo que dices, también con mi esposo, aunque nunca he visto un pene rasurado. Voy a intentar rasurar a alguno, el primero que se deje. ¡Me encantó la escena de la lamida de huevos! Ha de ser delicioso chuparlos sin pelos. También la de la masturbada”.

    Me quedé pensando en chupar el pene y los huevos de mis amores sin vellos y continuó el día, pero pasó algo y, más tarde, en un descanso para llevarle una bebida a mi marido, se lo escribí: “Hace rato, cuando veía una serie con mi marido, le saqué la verga y se la chupé, pero me quejé de que, a veces se me metían los pelos en la nariz y me daba comezón. Él me cogió de la cabeza y sólo dijo ‘Sigue mamando, mamita’ y me empujó haciendo que su verga me llegara hasta la campanilla. Protesté reclamándole que me provocara arcadas y que se me hubiesen metido los pelos en la nariz. ‘Pues córtamelos, a ver si bien pelona te gusta más’, dijo despectivamente. ‘¡Mañana te rapo, cabrón!’, le respondí. Así que ya anoté a uno para afeitarlo. ¿Ves en lo que terminan tus consejos?”

    Al día siguiente, Kama Luxuria me escribió unos consejos para convencer a mis amores de que se dejaran rasurar y me aseguraba que “disfrutarás de una buena verga y un lindo par de huevos totalmente peladitos”, en los cuales se notaba su experiencia (en su cuenta dice tener 100 años, yo no lo creo). Pero para cuando lo leí, yo ya tenía rasurado a mi marido.

    Ramón, mi esposo, es relativamente lampiño y se rasura con rastrillos desechables. No me veía yo manejando ese artilugio para rasurarle el pubis y los huevos, pero tampoco él iba a hacerlo por voluntad propia. Así que fui a comprarle como regalo una rasuradora eléctrica y cumplir la amenaza que le hice el día anterior: “’¡Mañana te rapo, cabrón!” En la tarde, después de comer, lo calenté como sé que le gusta, lo desnudé y empecé a rasurarlo.

    –¡Qué te pasa, mamita! –protestó estupefacto.

    –Estoy cumpliendo lo que te dije ayer, cabrón –y continué con mi trabajo mientras que él, por su parte, lo permitió atacado de la risa.

    –¿De dónde sacaste esa máquina? –preguntó extrañado.

    –Te la compré y quiero ver si funciona bien –dije sin dejar de hacer lo mío.

    No fue tan sencillo el trabajo porque tuvo muy parada la verga y me estorbaba, aunque sí fue propicio para que sus bolitas quedaran accesibles. Yo tomé nota de las posibles dificultades que me encontraría con las de Bernabé, las cuales son mucho más grandes; las que tengo en casa me caben juntas en la boca, aunque, sí, la tengo que abrir mucho. Al final, vi mi obra y quise paladearla. ¡Qué lindo disfruté de los huevitos juntos en mi boca!

    Mi marido también se puso más sensible a las caricias de mi lengua que deambulaba libremente desde el glande hasta el culo, pasando por los huevitos y el periné.

    Otra agradable sensación fue la de sentir los vellos de mi panocha en su pubis al cogerme de frente y en los testículos cuando me la golpeaban al encularme…

    –De una vez te advierto que no dejaré de cogerte, aunque te pique y raspe los labios del tamalito, mientras me crezcan los vellos, así lo quisiste –me dijo y no entendí por qué.

    –No entiendo. ¿Por qué lo dices?

    –Cuando tú te has rasurado para ir al balneario sin que se te salgan los pelos del traje de baño, pasan como dos semanas o más para que no me raspen cuando te cojo –me explicó.

    –¿Y por qué no me habías dicho que te molestan? –pregunté, suponiendo que no le era tan molesto.

    –Porque casi siempre te cojo “de perrito” y no se siente, pero cuando me cabalgas, me aguanto porque me gusta verte feliz arriba de mí, es un placer que sólo a mí me das –aclaró, pero me sentí mal con el final.

    Efectivamente, a mi marido y a mí nos gusta más coger “de perrito”, pero también me gusta montarme en él y no sabía que le era molesto, pero que lo soportaba porque le gusta verme la cara de golosa. Pero no sólo es con él, mi amante dice que pongo una cara de puta cuando estoy disfrutando la cogida, y así debe ser, ¡me siento mujer! Supongo que también le causé desagrados a Bernabé cuando lo cabalgué mientras me crecían los vellos, pero él nunca me dijo nada. Ya le preguntaré el lunes, nuestro día favorito para amarnos, porque llego lo más cogida que puedo por mi marido y llena de su semen sin haberme bañado sábado y domingo. Gracias a eso, él me da unas lamidas por todo el cuerpo para limpiarme y se da unos atracones con el atole que me sale de la panocha, ¡le fascina chuparme cogida!

    Mientras que llegaba el lunes, yo disfruté a mi marido lamiéndole el aparato completamente, y cada vez que se le paraba le hacía una ordeña, si era masturbándolo, me la regaba en la cara, las chiches y el ombligo, pero si era en la panocha, le jalaba el pene mientras reposaba para extraerle las gotas que se quedaron en el tronco y me untaba en varias partes del cuerpo ese rico producto lácteo para que mi amante goloso lo descubriera y lo saboreara con la lengua.

    En la mañana del lunes, me metí el pene de mi esposo en la boca, le di jalones a los huevos y le acaricié la base dándole jalones para hacerlo venir mientras lo mamaba. Me tomé mi bibi y me puse a hacerle el desayuno a mi marido mientras él se bañaba. Al empezar a desayunar me preguntó a qué hora pensaba bañarme porque olía a puro semen. Le contesté que me gustaba oler a señora “enviejada” por mi marido y que yo lo disfrutaba mucho, y pensé que otro también lo gozaba limpiándome con la lengua y, después de las cogidas de rigor, me enculaba mientras me bañaba en la ducha, terminando así nuestra sesión semanal de amor. Aunque ese día sería muy especial, porque me llevaría la máquina de afeitar y vería si lograba rasurar también a mi amante.

    En cuanto mi marido salió, me vestí para hacer lo mismo y llegar a donde me esperaba mi otro amor, quien me recibió feliz y me encueró de inmediato, poniéndose a chuparme.

    –Oye, ¿te puedo rasurar la zona del pene y las bolas? –pregunté y él me miró extrañado de la petición.

    –¿Por qué quieres hacerlo? –preguntó suspendiendo sus caricias.

    –Lo he querido hacer porque quiero lamerte yo también. Una vez que me rasuré me dijiste que sentías más lisito y me chupaste riquísimo, me sentí feliz. Por eso quiero hacerlo – le expresé.

    – Nunca me he rasurado, además, dicen que da mucha comezón mientras crecen los vellos, no creo que me guste –se defendió.

    –A mí no me dio tanta comezón mientras me crecía, pero me dijo mi marido que a él le causaba molestia cogerme mientras me crecía, ¿a ti te pasó lo mismo? –pregunté expectante.

    –Sí, pero no te lo dije porque ya me había pasado antes y a quien se lo dije se molestó pues dijo que se había rasurado por primera vez y para mí. El verdadero tormento es cuando se suben y se mueven arriba, ¡parece que te pasan una lija!, pero es bastante soportable porque es grato ver la felicidad que sienten.

    –¿A cuántas te has cogido así, depravado? – pregunté enojada, pero sólo obtuve una carcajada como respuesta.

    –Fue hace mucho tiempo, ya ni la chichona de mi exesposa se rasura por esa razón –dijo alegremente, lo cual aproveché para sacar la máquina de mi bolsa.

    –Bueno, ahora pagarás tú por eso –dije y lo tumbé en la cama para empezar mi trabajo.

    –¡Ja, ja, ja, sí que estás loca mamita!

    Cuando terminé, lo primero que hice fue lamer el escroto. Le pedí que se pusiera de pie para admirar cómo le colgaban los testículos de toro que tiene y seguí disfrutando. Acaricié con mi cara todo el aparato y sus alrededores, llenándolo de besitos. Lo empecé a masturbar y continué hasta que me ordenó “¡Abre la boca, mamita!”, y la abrí para recibir su rico esperma…

    En la ducha lo enjaboné sin despegar mis manos de su verga, ¡se veía hermosa bien parada! “Encúlame”, le ordené y se volvió a venir. Me limpió muy bien con el agua de la regadera, metiéndome el dedo para hacerlo mejor, me retorcí de placer al tener un orgasmo más, el último. Una vez vestidos, sacudí la colcha y tiré los pelos al bote de la basura, pero la sonrisa no se nos borraba al recordar mi maldad.

    A los dos días recibí un mensaje donde me contaba que su esposa le preguntó la razón por la que se había rasurado, “seguramente fue la chichona quien te lo pidió” le dijo ella enojada. Pero después supe que también a su exesposa le extrañó.

  • Intercambio casual con los amigos

    Intercambio casual con los amigos

    No cabe duda que cuando menos lo esperas la vida te pone las tentaciones al alcance de la mano.

    Hola lectores nuevamente con ustedes, este es un relato con el firme deseo de excitarlos hacer volar su imaginación y que se permitan tener un buen sexo, o mínimo se den una buena masturbada.

    Envíen su valoración y comentarios por favor.

    Somos una pareja madura, mi esposo Roberto de 56 años 1.60 de estatura, complexión mediana con 15 cm de herramienta, yo soy Fanny, 50 años 1.50 de estatura, y mi atractivo principal mis pechos grandes 36C con estrías y abdomen propios de la edad y secuelas que dejan los embarazos, pierna y nalga aún antojables.

    Pues bien, después de la reunión con mis ex compañeras de la prepa (ver el relato de infidelidad consentida), tuve una llamada con Alicia para felicitarla por su cumpleaños e invitarla junto con su esposo Ernesto, a festejarlo en un bar cercano a su casa, por Lindavista en la CDMX, le dije que nosotros pasábamos por ellos a las 7 de la noche para utilizar un solo vehículo y llegar juntos.

    Alicia es mi contemporánea también con 50 años de edad conservada, alta, delgada con caderas anchas y pechos medianos, Ernesto su esposo un hombre un poco robusto a pesar de hacer ejercicio muy agradable en su trato, una pareja con la que llevamos una buena relación de amistad.

    El sábado nos arreglamos para la salida Roberto con traje negro y camisa beige sin corbata, yo con un vestido ceñido a la altura de las rodillas con brasier, bikini de encaje y pantimedias todo en color negro, llegando le llame a Alicia para avisarle que ya estábamos afuera, salieron de inmediato pues ya nos estaban esperando, Alicia vestía una blusa blanca transparente que dejaba ver un brasier también blanco vestido color rojo a las rodillas, un bikini blanco con pantimedias color natural (se los ví cuando fuimos al baño).

    Llegamos al bar y pedimos una mesa alejada del conjunto que ya tocaba algunas baladas, para poder platicar, pedimos de comer y unos mezcales con Jamaica y perlas de jícama que son una delicia, el vocalista del conjunto pregunto al público ¿que celebran?, y le dijimos que el cumpleaños de mi amiga y le cantaron las mañanitas, el mesero le trajo un pastelito con su vela cortesía del establecimiento, pedimos otras bebidas de mezcal para seguir la conversación, platicamos de la época de prepa, nuestras actividades actuales y proyectos de viajes, ya cómo al cuarto mezcal el tema sexual se hizo presente, Alicia nos pidió que les contáramos de nuestra relación abierta, pues le había platicado a Ernesto y le interesó mucho, platicamos de como empezamos de nuestras reglas y de alguno de los encuentros de intercambio y de tríos que hemos tenido, la noche avanzaba y los mezcales hacían su efecto.

    Alicia por un momento me pidió que la acompañase al baño, antes de salir me dice, amiga, estamos muy excitados con la plática toque a mi marido y está que no se derrite, le dije que si quería pedimos la cuenta y los llevábamos a su casa para que terminen el festejo, me dijo que lo que quería era que le ayudará a terminar de convencer a Ernesto para un intercambio de pareja con nosotros, que el día de la reunión, le platicó y le calentó tanto que ese día cogieron cambiando sus nombres por los nuestros y que terminaron muy satisfechos, después lo platicaron y a ambos les atrae la idea pero que ella ve un poco dudoso a Ernesto por qué le da pena.

    Pensé un poco la respuesta pero antes le pregunté ¿si estaba segura?, que a mí no me gustaría que esto empañara nuestra amistad, me respondió que ella si, pero Ernesto no se define por completo a dar el paso, que me pedía le ayudará para terminar de convencerlo, urdimos un pequeño plan, le dije que regresando a la mesa ella se acercará más a Roberto y que yo haría lo mismo con Ernesto, retomamos la plática con mayor detalle y dejaríamos fluir los acontecimientos, así lo hicimos y después de contar otra aventura de intercambio que calentó nuevamente el ambiente, aprovechamos para poner la mano en la rodilla yo de Ernesto y Alicia en la de Roberto, Ernesto se sacó de onda así que me acerque a su oído para decirle que se relajara y se dejará llevar, Roberto me miró como preguntando que pasa solo le guiñe el ojo y comprendió, al mismo tiempo tomamos la mano de ellos para ponerla en nuestra rodilla, subimos la mano hasta el miembro de cada uno y se los sobamos, también ellos fueron subiendo la mano sobre nuestra piernas y para facilitarles la maniobra abrimos las piernas para que tocaran nuestra entrepierna la húmeda se hizo presente también estábamos excitadas, estuvimos un buen rato con las caricias y consumiendo otros tragos sin llegar a emborracharnos pues no quisimos echar a perder el momento.

    Hablé un momento con Roberto y quedamos en esforzarnos para darles el mayor placer posible a nuestros amigos, que su primer intercambio fuera una experiencia gratificante e inolvidable.

    Consideré que ya debíamos irnos a un lugar más íntimo así que le dije a Roberto que pidiera la cuenta, salimos y subimos al auto con parejas cambiadas Alicia de copiloto con Roberto y yo en el asiento trasero con Ernesto, nos seguimos acariciando y besando para seguir calentandonos en lo que llegábamos al hotel, Roberto se metió en el primero que encontró con buena apariencia, entramos al garaje y subimos a la recepción Roberto pidió una habitación con cama ks para estar juntos y un lubricante anal, supe la intención de cogernos a las dos por el trasero, hicieron el cobro de las personas extras, en el pasillo nos fueron agarrando las nalgas sobándolas, Ernesto me dijo al oído que buenas nalgas tienes, me va a encantar cogerte y darte verga por todos lados, le dije que a Roberto también le va encantar darle una buena cogida a su esposa, vas a ver lo puta que puede comportarse teniendo un pito diferente al tuyo, y parece que lo excitó mucho el comentario pues me apretó más el culo, y me dijo, es lo que quiero, verla disfrutar y ver qué cara de puta pone.

    Entramos a la habitación y Ernesto se puso detrás de mi para besarme el cuello recorriendo y apretando mis pechos con ambas manos yo sentía su verga restregando en mi culo, fue bajando sus manos para ir subiendo mi vestido y sobar mi vagina, seguía resoplando de placer y besando mi cuello de repente soltaba algunas frase como que chichotas me las voy a acabar a mamadas, otra, te voy a dar verga en esa panocha que se siente muy caliente, esto hacia muy excitante el morreo que me estaba dando, bajó el cierre de mi vestido y fue bajándolo hasta quedar en mis pies, me volteo para besarme juntando su lengua con la mía y con sus manos en mis nalgas sobandolas, sentía en mi vientre cada vez más dura su verga, así como estábamos desabroche el cinturón y bajé el cierre de la bragueta para bajar el pantalón junto con el boxer, liberando el pito que ya tenía líquido seminal de lo caliente que estaba, fui bajando hasta ponerme de rodillas con mi cara de frente a esa verga que sin ser muy grande se me antojaba, así que con una mano jale su cuero hacia atrás para dejar libre por completo la cabeza que lami para saborear el líquido que brillaba en la punta, el suspiró y tomo mi cabeza para clavarla en mi boca, diciendo anda puta cometela toda, fue muy rico meterla en la boca casi en su totalidad, lo hice muy despacio para que disfrutara mucho, con la lengua llegaba a la punta y le daba lengüetazos que lo hacían gemir.

    Volteamos a ver a Roberto con Alicia, Roberto tomo la iniciativa besándola y acariciando sus nalgas, bajo sus manos para bajar el cierre del vestido y sacarlo por debajo, desabotonó la blusa y la sacó por sobre los hombros dejándola solo con su brasier, su bikini y pantimedias para seguir con el morreo, quitó el brasier, se hincó para bajar las pantimedias junto con el bikini y sumir la cara en su entrepierna dándole lengua su vagina, Alicia se retorcía empujando su vagina a la cara de Roberto, poco después la recostó sobre la cama, el se quitó la camisa y el pantalón junto con el boxer, Alicia tomó la verga para bajar y subir, haciendo una especie de masturbada lenta, disfrutando tener por primera vez otra verga diferente a la de Ernesto, Roberto se acomodó en 69 que le encanta y Alicia le daba unas chupadas tremendas de repente paraba un poco tan solo para emitir un gemido de placer cuando Roberto le metía la lengua en su vagina, no aguantó mucho y tuvo varios orgasmos, uno detrás del otro gritándole a Roberto así cabron que rico se siente mamar y que te la mamen, no pares, poco después se tiraron a tomar un respiro.

    Yo seguí con mi faena de seguir mamandole la verga a Ernesto, pero el no tuvo la intención de mamarme a mí, intuí que no le gustaba y que por eso Alicia gozaba tanto con la mamada que le daba Roberto, me levantó para darme una buena chupada de senos, eso a mí me prende y se ve que a él le encanta, así que le pedí que pusiera la verga entre ellos para hacerle una rusa, poco después me puso en cuatro para meterla, yo aparte y afloje mi vagina y le pedí que lo metiera despacio para que disfrutará cogerse a otra mujer con el consentimiento de Alicia, después me puso de misionero para tener acceso a mis pechos y volverlos a mamar, sentí llegar a mi primer orgasmo y lo apreté contra mi pecho, ya no aguantó tanta pasión y se vino abundante dentro de mi escurriendo a los lados de mi panocha, nos tiramos uno al lado del otro para reponernos.

    Alicia le dice a Ernesto, ya viste lo puta que puedo ser en la cama, ¿te gustó cabron?, Pues todavía falta y volvió a mamá la verga de Roberto, lo colocó boca arriba para clavarse en ella y pidió a Roberto que le agarrara los pechos y se los apretara, volvió a dirigirse a Ernesto para decirle mira como me la meto y como me clavo en ella, por fin se hizo realidad la fantasía de verme cogida por otra verga y verte gozar con otro culo, se tensó para dar paso al orgasmo, esas frases también hicieron efecto en Roberto que junto con ella se vino abundantemente.

    Yo volví a excitar a Ernesto y ya que la tenía parada le dije si quería darme por el culo, solo le brillaron sus ojitos afirmando con un siii, saque el lubricante del pantalón de Roberto y puse bastante en su verga y en la entrada de mi ano, me puse en cuatro y con ambas manos abrí mis nalgas dejando mi ojete a la disposición de mi culeador, puso la cabeza y sentí como se abría paso le pedí que lo hiciera despacio para no lastimarme y a su vez para que lo disfrutara, la metió toda y poco a poco aceleró el ritmo, yo mientras metí dos dedos en mi vagina para estimularme y estimularlo a el, tuve un orgasmo más y el no tardó en llenar mi agujero de leche, bajo y el ritmo poco a poco para sacarlo ya flácido, nuevamente nos tumbamos para tomar otro respiro.

    Roberto por su parte le sugirió a mi amiga Alicia si quería probar una doble penetración y de inmediato aceptó, así que pusimos manos a la obra o mejor dicho manos en las vergas para volver a revivirlas, yo hice lo mío con Ernesto y Alicia con Roberto, cuando estuvieron a punto, les colocamos suficiente lubricante y también el culo de Alicia Ernesto se puso boca arriba para que se clavara Alicia, y Roberto se acomodo atras para meterla por el culo, la maniobra tardo un poco, Alicia gozaba cada centímetro que le entraba, Alicia se tenso y grito de gusto cuando sintió el orgasmo, fueron varios porque en repetidas ocasiones, me vengo, Roberto fué el primero en eyacular en el culo y poco después Ernesto en la vagina, escurriendo para juntarse ambas venidas.

    La intensidad y fogosidad de las cogidas nos dejó cansados por lo que nos dormimos un rato.

    Cuando despertamos, cada uno dio su versión de lo que sintió.

    Ernesto dijo que gozó cómo loco con las caricias que le proporcione y ver a su esposa coger cómo lo hizo, con cara de lujuria y comportándose como una gran puta.

    Alicia dijo que Ernesto no le da sexo oral y ahora que Roberto se lo hizo sintió la gloria, y que aunque Ernesto si se la coge por ambos lados es la primera vez que le dan una doble penetración pues ni siquiera lo habían intentado con el consolador que utilizan.

    Nosotros por nuestra parte les dijimos que nos agrado sobremanera verlos gozar y que nosotros no tenemos la costumbre de decirnos frases fuertes y que era la primera vez que nos pasaba y que nos excito mucho.

    Ya era madrugada y nuestros amigos tenían un compromiso al otro día temprano, así que sin bañarnos nos vestimos y salimos del hotel, al dejar la llave en el lobby por ser sábado vimos algunas parejas esperando habitación, se nos quedaron viendo pero no nos importó a final de cuentas ellos también van a lo mismo coger, en pareja en tri o intervino lo importante es gozar la experiencia.

    Dejamos a nuestros amigos en su casa y nosotros nos retiramos a la nuestra, en el camino Roberto me dijo hules mucho a sexo y le contesté que el también, eso nos excitó, fue metiendo el dedo y me dijo todavía estoy caliente, ¿Podemos llegar a coger? Le dije que si, llegando me desvistió nuevamente y yo le quité el pantalón, y nos acomodamos en un delicioso 69 saboreando yo los líquidos que aún traía de Alicia, y el los restos de las venidas de Ernesto, después cogimos de misionero, así terminamos la velada.

    Hasta el próximo relato, no se les olviden su valoración y comentarios, leerlos nos pone calientes.

  • El novio de Rafaela (parte 1)

    El novio de Rafaela (parte 1)

    Rafaela era un sol. Una pelirroja sonriente y enérgica, cuya belleza estallaba por sus curvas generosas y su inteligencia rara, rápida y aguda. Hablaba fuerte y bien, defendía sus opiniones en debates apasionados y fuimos amigas desde el primer semestre en la universidad de biología. Diez años y un doctorado después, seguíamos compartiendo cafés, conferencias, borracheras alegres y, últimamente, los preparativos de su boda. Se iba a casar con Lionel en agosto. Siempre la había conocido saliendo con él y, por lo que sabía, nunca se habían separado ni engañado. Él era como un contrapunto oscuro de Rafaela. Moreno, flaco, callado y cínico. Sus sonrisas eran escasas, a menudo las forzaban un trago de más, pero era un amigo fiel y paciente. Al inicio me había caído mal. Por su tono de burla ácida, me incomodaba y hasta le tenía miedo. A medida que pasaron los años, aprendí a conocerlo y a apreciarlo. Ya podíamos conversar horas juntos sin que yo temiera sus comentarios ásperos. Había entendido que no los hacia para dañar, solo era así, directo. Con mi novio, salíamos a menudo con Rafaela y Lionel, era la pareja de amigos con quienes mejor nos llevábamos.

    Confesaré que, en realidad, Lionel siempre me atrajo, más bien por la dificultad para relacionarme con él que por un tema de deseo físico. Hasta hace un par de años, cuando tuve un sueño erótico con Rafaela y con él. Un orgasmo espontáneo me había despertado en plena escena morbosa creada por el lado más perverso de mi mente. Estaba en cuatro, mamando las tetas de mi amiga, arrodillada frente a mí, mientras su novio me cachaba divinamente bien con su verga ancha, haciendo movimientos lentos y profundos. Desde entonces y sin que lo pueda detener, se desarrollaron mis fantasías con él. Cuando demoraba en venirme mientras estaba con mi novio o que me masturbaba habiendo agotado la reserva de videos y fotos que me mandaba mi ex, Matías, y mi selección en línea, pensaba en Lionel. Me excitaba la idea del doble engaño, de la traición amorosa y amistosa para ambos. Sentía que, si compartiéramos un deseo capaz de hacernos franquear los límites la buena moral, el sexo con él sería un descontrol total. Así me vine varias veces, vergonzosamente perdida en mis fantasías, en particular cuando estaba en cuatro con mi novio. En esta posición no me costaba mucho imaginar que era Lionel que me agarraba las nalgas con fuerza y me cachaba, abriéndome el culo concienzudamente con sus dedos antes de metérmela por ahí. Pensando en eso, me agarraba la concha a plena mano y me venía con un grito ronco para la más grande satisfacción de mi novio.

    El control de mis fantasías se volvió más complicado este verano, unas semanas antes de la boda. Estaba de vacaciones y los apoyaba para la organización de la fiesta. Me había emocionado y honrado que mi amiga me pidiera ser su testigo de boda, y fuera de los preparativos generales, le reservaba un par de sorpresas lindas que esperaba que le iban a gustar. Pasábamos tardes enteras juntas conversando y arreglando adornos para las mesas o bromeando acerca de las peores disposiciones de asientos que se podían imaginar. Un día que estábamos hablando del tema de la fidelidad, me comentó que era la cosa que más valoraba en una relación. No entendía a la gente que tenía relaciones abiertas y despreciaba a las personas infieles.

    —No somos animales, Sandra, no entiendo cómo la gente no consigue reprimir sus pulsiones. Si amas realmente a tu pareja, ni siquiera se te ocurre mirar a los demás. Los infieles son personas básicas, sin voluntad e incapaces de tener una relación sana y adulta.

    —Claro —le contesté sin mirarla, concentrándome en contar las peladillas que disponía en una cajita de cartón blanco y dorado.

    Rafaela no tenía la menor idea de mi intimidad fuera de lo que le contaba con pudor en cuanto a mi novio. Estaba bien lejos de imaginarse mi vida, como todos, y más lejos aún cuánto amaba el sexo hasta convertirme en animal en celo con mis amantes más morbosos, venerando una importante cantidad de vergas hermosas y vigorosas que había tenido el honor de conocer, un panteón personal que crecía años tras año a pesar del compromiso que tenía con mi novio.

    —No somos animales… —repetí maquinalmente.

    —Conocí pocos hombres, pero ya vi lo suficiente para saber que quiero pasar mi vida con Lionel y que siempre tendremos una vida íntima placentera.

    —¿Y él? —le pregunté al toque.

    —¿Lionel? —me miró sorprendida y un poco ofendida, —Lionel es el hombre más serio y fiel del planeta. He sido su primera vez y dice que seré la única. Lo creo, somos las almas gemelas que tuvieron la suerte de conocerse en esta vida.

    Nos sonreímos y la abracé, diciéndole alguna estupidez de circunstancia tipo “estoy tan feliz por ti, te quiero tanto, amiga…”. En mi cabeza se acababa de prender la fogata. Entonces Lionel, fuera de atraerme, entraba en mi santificada categoría de los hombres “que solo habían conocido a una mujer”, cuyos especímenes de mi generación se habían vuelto más y más escasos a medida que pasaban los años. Esta noticia me ponía literalmente en ebullición. Siempre había tenido la fantasía de hacer descubrir cosas a un hombre que careciera de experiencia o que, por lo menos, había conocido el sexo con una sola persona. Ya me imaginaba llevar a Lionel en los confines de la lujuria, despertar su lado sucio, convertirlo en animal. En fin, pervertirlo.

    Vivían en una casa con piscina en una zona rural de colinas verdes con curvas suaves y yo iba a su casa casi todos los días para ayudarlos. Como quedaba a una buena hora en carro de donde vivía con mi novio, Rafaela me propuso quedarme a dormir para los últimos días antes de la boda. Su entusiasmo inquebrantable estaba sometido diariamente a prueba. Quería que todo quedara perfecto y se estresaba, me pidió que me quedara con ella. Había aceptado en seguida, la veía muy preocupada. Pasaba los días corriendo entre la sala donde se iba a hacer la recepción, la florería y la empresa de catering, cuidando los detalles, peleando por teléfono con su madre que por cuestiones de peluquera y probando su vestido de novia cada noche para averiguar que le seguía quedando bien. Más se agitaba, más Lionel se quedaba impasible. Obedecía con calma a la tormenta pelirroja que cruzaba la casa cada cuarto de hora, y trataba de tranquilizarla con paciencia y filosofía.

    La boda era el sábado y mi novio me llevó a su casa el miércoles en la noche. Le propusieron quedarse a cenar antes de regresar a Zúrich donde tenía que trabajar aquella semana. Nos instalamos en la mesita que tenían en su terraza con un par de bancos cortos y pocos confortables. Me senté al lado de Lionel y frente a mi novio. El sol ya se había escondido detrás de la colina más cercana y, mientras terminábamos de cenar, estábamos a oscuras. Rafaela había puesto una vela en la mesa, pero la luz débil apenas aclaraba nuestras caras.

    Durante toda la cena, me había concentrado en las conversaciones y en los chistes, pero, lamentablemente, no me había podido sacar de la cabeza la idea de que estaba a unos centímetros de un contacto discreto con Lionel y todo lo que mi mente de morbosa era capaz de crear como escenarios al tener su verga a unas decenas de centímetros de mi mano. Me veía agarrarle la entrepierna y descubrir un bulto duro y contundente que hubiera sacado de su pantalón y para lamerlo. Me avergonzaba. Con lo que me había comentado mi amiga, mi delirio lúbrico era muy probablemente algo que no franqueaba los límites de mi cráneo. Estaba empezando a entrar en razón cuando Lionel trajo una canastita de ciruelas a modo de postre. Volviéndose a sentar a mi costado, su muslo se pegó al mío. Y se quedó así. El apretón de excitación y de febrilidad que siempre siento en el pecho en este tipo de situación fue tan fuerte que me dolió. Obviamente, era imposible para mi novio, tanto como para Rafaela, adivinar el contacto físico que tenía con Lionel. No pasó nada más, era suficiente. Después de un rato, miré a mi costado discretamente. Escondida por la mesa, distinguía la entrepierna de Lionel. Una forma alargada característica había tenso la tela de su short. No cabía duda, estaba aguantando una erección completa.

    Tú también sí o sí…—pensé —Hace rato que sabía que eras como yo. Novio fiel y ejemplar, tsss… no me la hagas por favor, ¡mira cómo la tienes parada!

    Unos veinte minutos después, cuando nos levantamos para irnos a dormir y que me despedí de mi novio, la situación se había convertido en una tortura para mí. Felizmente, llevaba un short de jean negro y nadie se dio cuenta de que mi jugo me empapaba hasta el culo. Mi clítoris estaba tan hinchado que se había vuelto doloroso, era urgente que me masturbara.

    Deseé a los novios una buena noche y entré al cuarto de invitados donde iba a dormir. Apenas cerré la puerta que metí mi mano en mi calzón. Me amasé el clítoris con alivio, Lionel ocupaba la totalidad de mi mente. Con la otra mano, me pellizcaba el pezón derecho rabiosamente hasta que el dolor vivo que me infligiera se mezclara con el calor del placer difuso que irradiaba entre mis piernas. La idea de que era posible que compartiéramos las mismas ganas, me había mandado a volar. Me vine menos de un minuto después, parada con la espalda apoyada contra la puerta del cuarto, apretando mi concha jugosa a plena mano.

    Rafaela me había pedido acompañarla una vez más en la florería en la mañana y había puesto mi despertador temprano, para estar segura de tener tiempo para tocarme antes de volver a ver a Lionel y, así, estar un poco mas cómoda que la víspera. Escuché los pasitos siempre apurados de mi amiga por el pasillo, la puerta de la casa y su carro que se iba. Había salido a comprar pan para el desayuno como cada mañana. Significaba que todavía no me esperaba y que yo disponía de un ratito antes de ir a desayunar con ella. Me había despertado con un vacío insoportable entre las piernas y unas ganas terribles de sentirme penetrada. Lamentaba haber dejado mi consolador en el cajón de la mesa de noche de mi casa. Empecé a acariciarme, mirando al techo. Hacía calor y había dormido desnuda. Tenía las piernas abiertas y dejaba mis dedos deslizarse entre mis labios húmedos, pensando en la erección de Lionel. Cuánto hubiera dado para disfrutarla en aquel momento…

    La maletita que llevaba estaba abierta al lado de la cama y, al ver el cepillo para el cabello que tenía allí, con su mango de madera liso, les dejo imaginar que no demoré mucho antes de encontrarle un nuevo uso. Lo agarré y empecé a pasarlo sobre mis pezones endurecidos, sin dejar de tocarme. Me había metido un dedo que era obviamente insuficiente para calmarme, pero sabiendo que tenía un nuevo juguete que me iba a satisfacer pronto, me divertía frustrándome a mí misma para que mi goce estuviera aún más fuerte. Cerré los ojos y empecé a lamer tímidamente el mango. Me avergonzaba estar así y, a la vez, no me costaba para nada imaginar que la forma oblonga que estaba empezando a chupar era la verga de Lionel. Me asombraba ver en qué me convertían mis ganas: una perra lúbrica que llenaba su concha hambrienta con sus propios dedos, chupando el mango de un cepillo como si fuera la última verga que se le diera de conocer en su vida. Mi morbo sobrepasó rápidamente el sentimiento de vergüenza. Me metí en cuatro en la cama, dando la espalda a la puerta y con las piernas tan abiertas que mi concha rozaba las sábanas, dejando marcas mojadas y brillantes. Me agaché hacia adelante, hasta poner la cabeza en la almohada, y levanté un poco mi culo. Agarré el cepillo y puse en mango en la entrada de mi concha. Me sobé unos instantes en ello, imaginando que era la punta de la verga de Lionel y lo hice entrar lentamente en mi vagina chorreante conteniendo un gemido. El mango de madera era lo suficiente ancho y largo para darme la rica sensación de estar llenada por una verga. En esta posición, tenía la otra mano libre y, siguiendo con las fantasías que me inspiraba el novio de mi amiga, recogí un poco de mi jugo con un dedo y lo hice entrar lentamente en mi ano. Con el mango, hacía movimientos circulares, amplios y lentos, sentí la ola del goce subir. Me imaginaba pedirle que me abriera más el culo para que me viniera con la sensación de estar doblemente penetrada. Me metí un segundo dedo y me sumergió un orgasmo intenso que me costó mantener silencioso.

    Mientras todavía tenía el mango en la concha, babeando en la almohada, escuché la puerta del cuarto cerrarse. Un escalofrió de terror me sacó en seguida de la nube de goce en la cual me había subido. Era obvio que alguien me había visto en esta posición obscena. Escuché el carro que se estacionaba frente a la casa y, uno segundos después, lo taquitos de Rafaela. Estaba regresando de la panadería. No me cupo duda acerca que quien había asistido a mi entretenimiento de la mañana. El escalofrío de terror se convirtió en el apretón de siempre en el pecho. Me avergonzaba y, pese a que me costara reconocerlo, me excitaba que Lionel me hubiera visto. Me apuré para tomar una ducha y vestirme.

    Cuando entré en el comedor, mis amigos estaban tomando desayuno y me saludaron entre dos mordiscos de tostadas con mermelada. Al ver que Lionel me saludaba como si no pasara nada, pensé que de repente era una corriente de aire que había cerrado la puerta del cuarto y que me había asustado para nada. Me senté frente a él y me serví una gran taza de café, contestando a las preocupaciones de Rafaela acerca de la calidad del colchón del cuarto de invitados. Sí, había dormido rico. Mientras me preparaba una tostada, levanté los ojos y se cruzaron con la mirada de Lionel. Fueron un par de segundos, pero puedo recordar exactamente el relámpago que vi en sus ojos. Un morbo tan violento e intenso que parecía rabia. En su mirada, me lamía la concha, me cachaba, me escupía en la boca, me mamaba con gula y me llenaba el culo de leche.

    Continuará…