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  • Desde el asilo

    Desde el asilo

    No importa cual había sido mi falta: le mentí, la engañé.

    Y allí estaba yo de rodillas, desnudo, besándole los pies, pidiendo perdón. Ella estaba sentada con piernas y brazos cruzados, mirándome y sonriendo. Callada, imperturbable, una diosa ajena a la miseria humana que era yo. Dejó que me arrastrara, que se me secaran las lágrimas y los besos. Hasta que por fin se inclinó y tomo la correa que tenía atada a mi collar y con un suave tirón, me acercó a centímetros de su boca. Con voz tranquila, como si estuviera hablando del tiempo, dijo:

    – No sé si algún día te voy a perdonar. Puede que sí, puede que no. Tendrás que pasar por mucho, sufrirás lo que nunca imaginaste. Si hasta ahora eras mi esclavo con algunos beneficios, vas a ser menos que eso. Te voy a transformar en nada, en un ser que apenas escuche mis pasos va a empezar a temblar y a pedir clemencia. No volverás a ver la luz del sol por mucho tiempo… – me dio un suave beso en la boca y me soltó: También podés irte. Elegí.

    Por supuesto que me tiré desesperado a sus pies y le agradecí de mil formas inimaginables. No fui consciente o no quise serlo, del significado de sus palabras. Solo quería que me perdonara. Esto sucedió hace… ¿quince? ¿Diez años? No lo sé. A partir de aquel día perdí todo: incluida la noción del tiempo.

    II

    Primero fue desocupar la habitación de servicio que contaba con un baño mínimo. Solo permitió que dejara un colchón en el piso, unas pocas mantas. Nada más. Cuando finalicé me encerró en aquel cuarto. Durante semanas o meses, no lo sé, me sacaba de allí tirando sin piedad de la correa y me llevaba hasta la cocina y allí me hacía comer en el piso, mientras ella permanecía mirándome callada. Luego me encerraba otra vez en la habitación.

    Hasta que aquella monotonía se quebró. Y empezó otra rutina infernal, durante la cual supe del terror, del dolor, de agonías físicas y mentales que me quebraron para siempre. Nunca imaginé de lo que ella era capaz.

    Aunque los recuerdos son difusos, los días empezaban con ejercicios físicos bajo su supervisión. Traía una silla y sentada me indicaba que debía hacer. Cuando cometía un error ya sea por torpeza o porque estaba exhausto, con voz sedada me indicaba que repitiera. Nada más.

    Nunca, ni antes cuando ya era mi dueña y aún tenía ciertos derechos como satisfacerla oralmente o bañarla por ejemplo, ni en esta nueva etapa, ella se vestía de manera especial. Alguna que otra vez recuerdo haberla vestida con alguna prenda de cuero. Le bastaba con su desnudez para vencerme. Pero ahora no. Cada vez que me visitaba, lo hacía como Dios la trajo al mundo. ¿Cómo es físicamente? ¿Importa eso de un Ama?

    Cuando concluía mi entrenamiento físico, Ella entraba en acción. Comenzaba a usar el látigo corto como solo Ella solo sabía hacerlo. Era lenta y metódica. No me hacía contar los latigazos porque creo que ni Ella sabía cuando detenerse. Podían ser diez como cincuenta o más. Jamás necesitó atarme. Solo indicaba en que posición debía soportar el tormento. Cuando me vencía el rigor, y quedaba hecho un ovillo, llorando, sangrando, esperaba paciente a que volviera a la posición que me había indicado. Y recomenzaba. Creo recordar que al principio, llegue a suplicar piedad, a intentar arrastrarme para besar sus pies, pero me dejaba solo llegar a centímetros de Ella para luego dar un paso atrás y descargar un nuevo golpe. Cuando lo decidía el suplicio terminaba y en ese momento Ella dejaba su marca, la dosis exacta de placer y dolor para que todo fuera más terrible: Suavemente me pasaba un dedo por mi pene que enloquecido buscaba más. Había veces que me dejaba así. Otras llegaba a correrme. No le importaba. Nunca le importó. Sabía que aún vaciado, una palabra, un gesto, bastaba para que volviera a estar sediento de Ella.

    Cuando quedaba muy maltrecho, dejaba que transcurrieran los días para que me recuperara. Pero no por ello me libraba de sus torturas. Sentada en su silla, fumando, con mi cabeza bajo la planta de su pie, solía hablarme. No me preguntaba nada: solo informaba de mi estado, subrayaba en que me estaba convertido, en que era un ente sin futuro, que no tenía ni siquiera la voluntad de rebelarme. Hablaba como si estuviera conversando con Ella misma, como si yo no estuviera. O me obligaba a mirar videos de como estaba educando a un nuevo esclavo (el era un esclavo que podía tocarla; yo ni eso)

    Después sobrevino una larga temporada de electroshock: yo arrodillado, con las manos en la nuca, sin bajar la mirada, debía soportar las descargas: no cesó en esa práctica hasta que pude soportar dos minutos el nivel máximo de intensidad. Más tarde las duchas frías, simulacros de ahogamiento: yo solo debía meter la cabeza en el balde del agua y solo ante una indicación de Ella podía volver a tomar aire. También el hambre y la sed. Conservo vagos recuerdos de haber deseado que de una vez por toda me quite la vida.

    De pronto aquel torbellino se detuvo. Pasaron días, semanas, meses, donde Ella no apareció. Se limitaba a golpear la puerta cuando me acercaba comida y bebida. Comencé a extrañarla a niveles insospechados. Necesitaba sentir su poder como si fuera una droga y era en esos momentos cuando me ponía en posición fetal y lloraba. La única imagen que taladraba mi cerebro durante aquellos días interminables, era la de Ella, la de su cuerpo desnudo, sus piernas, su mirada impasible ante el sufrimiento que me provocaba. Se había cumplido su advertencia: “Vas a temblar cuando escuches mis pasos”

    Hasta que un día irrumpió en la habitación y arrojó un par de prendas al suelo. “Podes irte” No comprendí. ¿Adonde iba ir si yo ya no era nadie? Me arrojé al piso y le abracé las piernas. De tanto estar en silencio, había perdido la capacidad de hablar. Igual Ella entendió. Me apartó de su cuerpo como si me tuviera asco y me pisó. “Te avisé que iba a pasar esto” Antes de marcharse, agregó: “La puerta queda sin llave”

    Llegó la época del olvido definitivo. Me permitió volver a estar a su servicio en algunas cuestiones. Hacerle de comer, limpiar a veces, prepararle el baño. Eso si: nunca se olvidaba de rozarme el pene con su dedo índice sobre todo cuando se acostaba desnuda y me dejaba dormir a su lado en el suelo. Pero en líneas generales, me ignoraba. Una vez intenté besar sus pies. Me agarró del pelo y mirándome a los ojos, me dijo. “¿Crees que podes aspirar a ese privilegio? Sé que ya no podés pensar… pero ¿no te alcanza con lo que te doy?

    Un día mi mente y mi físico empezaron a flaquear. Habían pasado los años y yo era un ente flaco, que me costaba caminar y que veía con dificultad. Ella se dio cuenta y sin decir nada, me arrastró hasta la pieza y me encerró allí. Cada tanto me hacía una visita, como si quisiera comprobar que mi deterioro era irreversible. No había compasión en su mirada. Solo frialdad como si un científico observara el resultado de su experimento. Me acariciaba el pene un rato y se iba.

    Hasta que llegó el día que unos enfermeros vinieron por mi y me trajeron a este lugar: un asilo de ancianos. Le tengo fobia al sol, por lo que solo me levantan después del atardecer. Le pedí a una enfermera un cuaderno y lapicera para desgranar estos recuerdos.

    Aunque cada noche antes de dormirme me entusiasmo, sé que Ella no vendrá nunca a visitarme.

  • Descubrí lo que ocultaba mi novio en su PC

    Descubrí lo que ocultaba mi novio en su PC

    Yo era consciente de que David, mi novio, tenía fotos mías, porque yo mismo se las había mandado un par de veces, siempre cuidaba que mi rostro no se vea, pero jamás se me ocurrió preguntar que hacía con todas esas fotos, hasta un día en que mi novio tuvo que salir para realizar un trabajo y me puse a revisar su PC en busca de dichas fotografías, no tardé mucho en ubicar la famosa carpeta, la primera sorpresa fue que la carpeta estaba oculta y con contraseña, lo cual me alivió un poco, luego de probar con varias posibles contraseñas di con la correcta y era precisamente una contraseña que yo había utilizado en un rar que le envié hace tiempo, al ingresar me lleve una enorme sorpresa.

    La carpeta tenía muchísimas carpetas, resulta que el almacenaba todas las fotos que alguna vez le envié, pero eso ya se podía suponer, tenía capturas de pantallas de las ocasiones en las que teníamos videollamadas, hubo muchas veces en las que terminamos teniendo sexo por videochat y tenía muchísimas capturas que realmente me traían excitantes recuerdos, pero lo que más me sorprendió fue descubrir la carpeta que contenía videos que él me había hecho mientras manteníamos relaciones sexuales, tenía muchísimos.

    Me detuve a ver algunos, en muchos de ellos, él había grabado mientras me tenía en cuatro en su cama, generalmente cuando estoy en esta posición yo solo me dejo llevar y no presto atención a nada más y al parecer el aprovechaba estas situaciones para grabarme completamente, comencé a verme a través de los ojos de David, sinceramente había hecho un gran trabajo, de no ser por mi tatuaje y ciertos lunares en mi cuerpo podría jurar que era otra persona, jamás me imaginé que mi trasero se podía ver así desde ese ángulo, otra cosa que noté es que mis gritos y gemidos están muy subidos de tono, creo que los vecinos deben escucharme muy claramente siempre lo cual me pareció gracioso y a la vez me apenó.

    Empecé a prenderme a medida que veía el resto de videos, en algunos se había dado el trabajo de esconder la cámara donde yo no podía verla, me sentía como una actriz porno, con las cosas que David me hacía, me vi mientras le hacía sexo oral a él y viceversa, había muchísimos videos donde solo podía ver mi trasero y vagina descubiertas y como me mojaba, incluso había grabado una ocasión en la que le hice una “cubana”, según me explico David era cuando lo masturbaba con mis senos, terminé masturbándome allí frente a su PC con mis propios videos. Descubriendo mi lado más sexy y además descubriendo lo pervertido que es mi novio.

  • Hecho a la medida

    Hecho a la medida

    Estimados mi sueño siempre ha sido comprarme un traje a medida, para que la tela calce con mi cuerpo.

    Al igual que el traje, siempre he soñado en tener una pareja que pueda estar a la par conmigo, y pueda tolerar la penetración de mi enorme pene, durante todo el acto sexual.

    Les contaré como ha sido mi experiencia viviendo con mi condición (Macrofalosomía), primero que todo con mi primera pareja «sexual» entre comillas porque nunca se consumó en totalidad el acto.

    Todo empezó cuando mi pareja organizó un viaje a la playa conmigo a una cabaña de su padre, obviamente todo era para tener un fin de semana romántico y sexual. Lo primero que hicimos fue ir a comprar condones (novatos los dos) después de acumular coraje pude hacerlo, emocionados fuimos corriendo a la cabaña. Nos empezamos a besar apasionadamente apenas cruzamos el umbral y nos dirigimos a la habitación.

    Ella ya desnuda se encontraba acostada en la cama mirándome mientras me colocaba el condón, lo pude hacer con un poco de dificultad, nos volvimos a besar y luego bajé a sus pezones rosados, les pasé la lengua mientras con mi otra mano le agarraba su cadera, luego al estar completamente excitado, me preparé a penetrarla.

    Ella se tapaba la cara, comencé lentamente a introducirle la cabeza del pene en su vagina, ella se quejaba de dolor, se retorcía, así que le pregunté si estaba bien, ella me dijo que le daba miedo que le doliera, yo le respondí que lo haría con calma.

    Así que volví al intento de penetrarla, pero ella no cedía, empezó a decir que le dolía, yo la vi y la fui a besar, le comenté que la amaba, y que cuando ella estuviera lista, yo también… era un ingenuo.

    Finalmente, no pude tener relaciones vaginales con ella, lo más que hacía era masturbarme y yo le hacía sexo oral y también la masturbaba, entendí ahí la importancia del sexo y estar satisfecho.

    Luego a lo largo de mi vida he tenido parejas sexuales, unas mejores que otras, lo importante es tener empatía con tu pareja y saber qué es lo que uno quiere.

  • El hombre que cambió mi vida (capítulo 1)

    El hombre que cambió mi vida (capítulo 1)

    A mi esposo y a mi nos tocó ser policías, en la ciudad que crecimos no había muchas oportunidades y fue lo mejor que pudimos hacer luego de que salí embarazada a mis 19. Con los años nos comenzó a ir muy bien, teníamos casa propia y nunca nada nos faltó, en su mayor parte los fines de semana que teníamos libres nos gustaba tomarnos nuestros tragos en casa, con música y charlas, A veces solos, a veces con familiares y a veces con amigos.

    Mi esposo solía invitar varios amigos a nuestra casa, la verdad todos respetuosos, algunos llevaban a sus esposas y nos divertíamos contando anécdotas del trabajo o cualquier otra cosa. Para la graduación de mi hijo de su colegio armamos una gran fiesta en casa, tomamos con familiares y amigos todo el día, para ese entonces yo ya tenía 32, ya poco a poco el trago cada vez me pesaba más pero aun así aguanté y logré seguirle el paso a mi esposo y al padrino de nuestro hijo, Daniel. Al final solo ellos dos y yo quedamos y seguimos la parranda hasta la madrugada del lunes, yo tenía que trabajar y la verdad ya estaba un poco preocupada de no poder asistir, Daniel que tenía carro se ofreció a llevarme, él era muy amable, era un tipo soltero de unos 43, acomodado económicamente

    Vivíamos algo retirados de la cuidad así que me dijo que nos iríamos a las 3, llegaríamos a las 4 a la ciudad, pero que me llevaría a dónde mi madre para que me arreglara y durmiera algo y así estar atenta a las 8 en mi trabajo, le dije que estaba bien y a mi esposo también le gustó la idea. Mientras eran la 1 y aún podíamos seguir tomando y bailando, bailaba con ambos pues era la única mujer, la verdad la estaba pasando muy bien, llegó la hora de irnos, tomé mi bolso con todas mi cosas, me despedí de mi hijo que ya estaba dormido y de mi esposo, me subí al carro y arrancamos.

    Me propuso hacer una parada para comprar cervezas, me pareció una buena idea, así que volvimos a tomar carretera pero está vez ya tomando y cantando a todo pulmón, las cosas me preocuparon cuando de repente comenzó a bajar la velocidad.

    Daniel: sabes algo, estamos muy borrachos, me da miedo seguir manejando así, que tal si descansamos y ya mañana temprano te llevo hasta tu trabajo.

    Yo: noo, cómo se supone que descansemos, acá es muy incómodo dormir, además solo nos falta la mitad.

    Daniel: si pero estoy tomado y con sueño, no quiero que pase nada malo.

    Yo: entonces quieres dormir acá en el carro, nos puede pasar algo.

    Daniel: no mira, más adelante hay un hotel, podemos ir a ahí para recargar fuerzas.

    Yo: para nada, tu si quieres duerme ahí, yo tomaré un taxi.

    Daniel: a estas horas dudo que encuentres algo.

    Yo: pues lo intentaré.

    Y me salí del carro, él se bajó conmigo. Pero tenía toda la razón no pasaban casi y los pocos que pasaban iban ocupados.

    Daniel: vamos al hotel, no tiene nada de malo, ni que no nos tuviéramos confianza.

    Yo: cómo crees que voy a dormir contigo, que va pensar Juan.

    Daniel: jajaja no vamos a dormir juntos, pediré habitaciones separadas.

    Yo: mmm bueno, no tengo opción, sino voy contigo me quedo en la nada, eres un terco.

    Daniel: tu eres la terca.

    Subimos al carro y nos dirigimos al hotel, como el dijo pidió dos habitaciones, una junto a la otra.

    Daniel: pediré unas cervezas más y unas botanas, vienes un rato?

    Yo: seguro, pero solo un rato, debemos descansar.

    Fui a mi habitación, me duché y fui a la suya, nos pusimos a tomar y hablar sobre cosas aburridas, de trabajo y las cuentas, política y demás. Dije voy a encender la tele para ver qué están dando y lo hice, para mí sorpresa todos los canales del hotel eran porno, por más que cambiaba encontraba porno, me sentí avergonzada y apagué la tv, el solo se reía.

    Daniel: normal, nada que no hayamos hecho o visto.

    Yo: tienes razón, pero igual me da vergüenza.

    Daniel: entiendo.

    Yo: tu habrás hecho más.

    Daniel: cómo?

    Yo: eres soltero, cuántas chicas no te habrás comido y que habrás hecho jaja solo que te la das de santo.

    Daniel: no puedo negarte, si he tenido algunas experiencias locas, la juventud de hoy en día ahora mucho más liberal.

    Yo: lo sé, hasta deben saber más que yo, que ya tengo mi edad jaja.

    Daniel: pues si quieres aprender más solo ve porno, nunca ven porno tu y Juan?

    Yo: jaja no para nada.

    Daniel: a ver enciende la tv y vemos un rato, así me dices si eres como esas actrices o no.

    Yo: jajaja no te pases.

    Daniel: en serio, somos adultos No es nada fuera de lo común.

    Lo encendí y salía un negro dándole de perrito a una chica, la volteaba, la ponía a hacer oral y se vino en su boca.

    Daniel: y?

    Yo: pues la verdad la chica lo hace nada, el chico hizo todo el trabajo.

    Daniel: te las tragas.

    Yo: jaja a veces.

    Daniel: eres sumisa?

    Yo: jajaja si eso creo.

    Daniel: lo sospeche.

    Yo: y tú qué tal? Cómo eres?

    Daniel: pues no me quejo, aunque me ves blanco no tengo nada que envidiarle a ese tipo.

    Yo: quee? Demasiada información. Me refería a si te gusta someter.

    Daniel: depende, solo me dejó llevar.

    Mire hacia su pantalón y se notaba un bulto, el me miró y en seguida le quite la mirada, me sentía aún más avergonzada. Pero al parecer lo que me dijo antes era verdad.

    Yo: bueno ya me voy a dormir, te dejo, seguirás viendo eso?

    Daniel: no, yo también me voy a dormir.

    Nos despedimos, me fui a mi habitación, pero no podía dejar de pensar en lo que estuve haciendo, viendo porno con el padrino de mi hijo y sentirme atraída por su verga, aunque al final no había pasado nada más y fue culpa de la borrachera. Me sentía un poco excitada con todo eso que vimos, comencé a frotarme mis dedos en mi vagina para alivianar mis ganas pero eso solo me prendió más, recordaba el bulto de Daniel y me imaginaba como sería sentirlo en mis manos o en mi boca. Encendí la tv y me puse a mirar lo que hacían los actores, está vez interpretaban el papel de hermano, el chico la chantajeaba con no contarle secretos a su padre si ella se sometía a sus perversiones.

    Tocaron la puerta y me quedé paralizada, abrí un poco y era el.

    Daniel: no puedo dormir, ya estabas dormida.

    Yo: si, ya estaba casi soñando, me despertaste.

    Daniel: lo siento, pensé que podía pasar y seguir hablando otro rato.

    En eso asomo su cabeza al cuarto y noto que estaba viendo porno, trate de cerrarle la puerta pero el insistió.

    Daniel: jajaja ya veo que estaba bien entretenida, pero tranquila relájate no tiene nada de malo.

    Yo avergonzada: ya ve a dormir, más tarde vas a manejar.

    Daniel: no puedo dormir así.

    Yo: así como.

    Daniel: con esto.

    Yo: con que esto que?

    Y se señaló hacia abajo, tenía una erección.

    Daniel: esto fue por estar viendo porno, además ahora tú también me haces ver, todo es tu culpa.

    Yo; jajaja yooo

    Daniel; si tu pues por curiosa.

    Yo: ahhh ya y ahora que puedo hacer, ve al baño y soluciónalo.

    Daniel: creo que eso haré.

    Fue al baño y al rato salió.

    Daniel: mira como estoy.

    Volteé y mire hacia abajo y pude ver su tremenda verga parada, de unos 20 cm, blanca y venosa.

    Yo: mierdaaa, que haces? Guardate eso.

    Daniela: ayúdame, no se baja.

    Yo: pero yo que puedo hacer?

    Daniela: solo ven dale un beso.

    Cuando escuché eso por mi mente pasaron muchas cosas, me imagino esa tremenda bestia es mi boca y en mi mano sintiendo su palpito.

    Yo: jajaja como crees? Que te pasa?

    Daniel: dale así me sentiré inspirado para hacer el resto.

    Yo: ya pero uno nada más.

    Y fui a besarle la verga, me arrodille y mientras me iba acercando a ella se me había agua la boca, le di un beso, luego otro, luego lo toque con mi lengua y luego me introduje su cabeza en mi boca, la solté y lo mire a los ojos.

    Daniel: sigue

    Me sentí libre, agarre su verga con mi mano derecha y comencé a mamar, suave, el me miraba y suspiraba, al fin había conseguido lo que quería y yo me deje caer antes sus tentaciones.

    No me entraba todo en mi boca, se lo mame un buen rato después me levante y nos besamos efusivamente y me di la vuelta con mi culito parado. Me bajo el pantalón y la tanga hasta las rodillas, cuando sentí de apoco su verga entrando en mi estrecha vagina… Uf suavemente y lentamente estaba gozando en esa posición me sentía libre sin pensar en nada más que como entraba y salía de mí, mientras lo metía sus manos se fueron a mis tetitas y sus labios me besaba el cuello, mmm fue lo máximo estaba en el cielo. Me decía al oído.

    Daniel: mi fantasía hecha realidad, que rico culearte, me encantas siempre quise esto contigo, mmmm me tenías súper caliente mmm.

    Yo decía: aahh si? Que ricoo, debió pasar antes.

    El ritmo fue cambiando de menos a más yo gemía, solo gemía y al cabo de unos minutos paró.

    Daniel: acuéstate

    Sin pensarlo fui y me acosté, el me abrió las piernas y se acostó encima de mi haciendo el misionero, me penetró y uuff solté un gemido en su odio, el comenzó a moverse lento pero su pene me llenaba, poco a poco fue aumentando la velocidad y sentí su lengua en mis pezones, le puse mi mano derecha en su cabeza y mi mano izquierda en su nalga, me sentía muy excitada, al cabo de unos minutos levanto su tordo y mis piernas fueron a sus hombros, ahí las embestidas eran más fuertes, creo que mis gemidos se escuchaban por todo el hotel, una de sus mano se fue a mis tetas y la otra a mi clítoris, mientras me penetraba jugaba con mi pepita, no tarde mucho en venirme pero el no paro y siguió moviéndose para luego vaciarse en mis tetas y mi abdomen. Me dejo llenita de leche y aproveche con un dedo de saborearlo, eso le gustó mucho mas.

    Bueno nos despedimos con un beso y con el compromiso de no contar nada a nadie y que no se repetiría, nos fuimos a dormir. Al otro día nos montamos en su carro y me llevo hasta mi trabajo, fue incómodo, ni una palabra en el camino.

  • Maestra exigente (3)

    Maestra exigente (3)

    Después de una semana bastante agitada decidí pasar el fin de semana tranquilo, descansando y recuperando fuerzas, en realidad estaba nervioso a la par que feliz porque no podía esperar a que la segunda semana empezara, esto significaba que podía volver a cogerme a mi maestra, pero también me preocupaba que lo hiciera mal, ya sea porque acabara muy rápido o que hiciera algo sin su permiso, aunque mi desempeño en la primera semana fue bien, el hecho de que la segunda semana fuera la que más reprobaban me preocupaba demasiado, y más cuando recibí un correo electrónico de mi maestra, en este estaban varias notas.

    Calificación de entrada 7

    Calificación en obediencia 9

    Calificación en control 7

    Calificación en desempeño 9

    Promedio 8

    Calificación necesaria para la segunda semana 8

    Apenas si había conseguido aprobar, supuse que lo había hecho bien para ser mi primera semana, pero estar tan cerca de perder y con esos gritos del tercer día, no cabe duda de que sería muy difícil convertirme en su amante, pero lo lograría, y así pasé mi fin de semana, aunque el lunes la cuestionaría sobre mis calificaciones, solo si la situación lo permitía.

    El lunes después de clases fui directo a su casa listo para todo lo que me fuera a enseñar, había visto un montón de videos que explicaban técnicas para aguantar más además de varios consejos sobre posturas y ritmo por lo que estaba contento con lo que pasara más adelante. Así entré a su cuarto y había varios cambios, ahora había un sillón en medio, el escritorio estaba pegado contra una pared y el suelo tenía una alfombra.

    Ella ya estaba sentada en el sillón completamente desnuda, no me había dado cuenta, pero bueno eso era lo de menos, así que la saludé casualmente y ella me respondió el saludo, estaba tratando de controlarme mejor para poder subir la nota, enseguida me acerque y me senté en la alfombra con las piernas cruzadas a esperar su orden, pero esta no fue dada, más bien comenzó a explicarme las notas, básicamente me dijo que hablaban por si solas, eran las calificaciones que merecía y aunque la hubiera hecho gritar ese día, no significaba que mi desempeño en la semana hubiera sido igual, así que para evitar confusiones me pidió que durante la clase de ese día si tenía alguna duda que se lo hiciera saber, era mejor fallar un poco en una clase que en el resto de la semana, así comenzó indicándome lo que estudiaríamos, así es penetración vaginal, lo primero que me dijo fue que una de sus cosas favoritas mientras la penetraban era que la masajearan las tetas, que eso era como una terapia para relajarla, porque en el pasado había estado con chicos con la verga muy grande y que para que no le doliera les pedía que lo hicieran lento y que la distrajeran de algún modo, con eso podía permitir soportar grandes embestidas, pero que ese hábito se le quedó para cualquiera, así que me pidió que me acercara y que sin miedo la tocara y así lo hice, puse mis manos en esas buenas tetas maduras y comencé a masajearlas, haciendo círculos, un poco de arriba a abajo, tocando sus pezones y apretando los un poco, algo que me gano un cumplido por su parte y con eso estuve toda la hora de la clase, no sé si lo hice tan bien que no quería que parará o tan mal que quería que lo perfeccionara, así que antes de irme se lo pregunté, ella me dijo que lo hice bien, pero que no me sorprendiera porque ese día la clase trataba de eso y nada más ya mañana comenzaríamos la acción.

    El día siguiente era la verdadera prueba, y ese era lo más importante hasta ahora, ya listo entre al cuarto solo para observar que estaba igual que ayer, completamente desnuda y sentada en medio, así que hice lo del día anterior me senté a esperar su orden y ella por fin me habló:

    -Bien creo que me gusta que cada vez que entres te sientes frente a mí, como un buen chico, por eso te diré lo que estudiaremos hoy, verás antes de que tú verga entre en mí tienes que saber mis posiciones favoritas, así que veamos ven acá, no te quites la ropa porque solo vamos a ensayar las poses. La primera es está.

    Ella se levantó del sillón y me tomo de la mano, me ordenó que me sentara, así lo hice y enseguida se subió en mí, de frente, rodeando mi cuello con sus brazos, me dijo que pusiera una mano en una de sus tetas y que con la otra le tocará el culo, ella fue marcando el ritmo, y ahí estaba yo vestido, tratando de contener una erección imposible, con mi maestra buenota, completamente desnuda y simulando que me la estaba cogiendo, así estuvimos un rato hasta que se le ocurrió cambiar de posición, así tan solo se dio la vuelta y me ordenó que retirará las manos, que ni siquiera se me ocurriera tocarla, así estaba un poco inclinada y podía ver bien como su culo se abría y cerraba justo ante mi verga dentro de mis pantalones.

    -Estas son las posiciones 1 y 2, recuérdalo bien porque solo con el número tendrás que comenzar a penetrarme, tú me pondrás en la posición y yo marcaré el ritmo, ¿Listo?

    -Sí maestra.

    -Muy bien.

    Ella se levantó y me ordenó que me desvistiera, además de pedirme comerle el coño por un rato, esto fue sencillo pues después de tan buenas lecciones y tan bien sabor más que una orden era un placer. Después me dijo «2», no tarde en guiarla y colocarla en posición mientras me acomodaba en el sillón con una erección bastante evidente y ahora estaba a punto de sentir su interior nuevamente, ella se acercaba poco a poco y movía su culo de forma provocativa hasta sentir mi verga y ahí comenzó a meterla, ella sola, yo solo podía estirar mis brazos hacia arriba pues no podía tocarla y mientras más se movía más ganas de acabar tenía, pero logre pasar así varios minutos, ella aumentaba y disminuía el ritmo, mientras chorreaba bastante y podía sentir como recorría mis piernas también, cada sentón se oía bien y con el ritmo y la atmósfera los gemidos no se hicieron esperar pues ambos estábamos en el cielo, de repente paro, y dijo «1», así que me puse manos a la obra, y la agarre fuerte, mientras la volteaba y acercaba mis manos a sus respectivos lugares, tetas y culo, ahora no eran sentones los que me estaba dando si no solo un balanceo de caderas que a decir verdad era más placentero que la anterior pose, así estuvimos otro rato mientras yo seguía esperando su orden para poder acabar pues ya estaba llegando a mi límite pero tome aire y pude concentrarme, ya con mi cara de placer y sus gemidos ella decidió terminar pues la hora casi acababa, así que tan solo se levantó, se acomodó el pelo un poco y comenzó a vestirse.

    -Te prohíbo terminar, tan solo viste y vete.

    Solo dijo eso y salió del cuarto, tan solo son tocar mi verga podía haber disparado varios chorros de leche, pero no quería que se diera cuenta, así que obedecí sus órdenes, me espera a que la erección bajara y comencé a vestirme, al salir le pregunté sobre su había comentado algún fallo.

    -Por el momento no, pero quisiera que gimieras con más fuerza, pienso que mis movimientos no te gustan, así que trabaja en eso, quiero oírte gritar y que supliques por querer acabar.

    -Disculpe pero el control, ¿No se refería a eso?

    -Sí por eso te lo estoy diciendo, estás muy serio, necesito que te abras más que sepa que te tengo a mi merced ¿Entiendes?

    -Claro trabajaré en eso, mañana le prometo que lo haré mejor

    -Eso espero, ahora vete.

    Así el siguiente día con sus recomendaciones pude decir lo que sentía, con cada embestida nueva gemía y la tocaba con más ganas, con más deseo, y ella lo notó, ese día estudiamos sus otras dos posiciones favoritas, la «3» era yo totalmente acostado con las manos atadas, y ella cabalgando a su ritmo, la vista era preciosa, esas enormes tetas rebotando mientras sus movimientos de caderas estaban tratando de exprimir hasta la tina gota de semen que pudiera ofrecerle, y sus piernas se aferraban bien a mi cuerpo, estaba en el paraíso y no paraba de decirlo, de decirle que era tan solo su juguete, que me usará cuando quisiera y también le decía lo hermosa que era, lo afortunado que era tener a una ama tan exigente y caliente. Esto la hizo acelerar el ritmo y esta vez me permitió acabar, bueno, no me lo preguntó ni lo ordenó, tan solo se desmontó de mi y comenzó a masturbarme, tan fuerte que se ti que me arrancaría la verga, pero con cada sacudida el placer aumentaba a tal punto que no pude resistirme y termine corriéndome mientras me contorsionaba y ella tan solo sujetaba mi verga mientras largos chorros blancos comenzaban a saltar y caer sobre mí, cuando termine de sacar todo lo que tenía en mi interior, se acercó a mí y comenzó a lamer mi vientre, pues ahí estaba toda mi corrida, lo lamió hasta no dejar nada y después me ordenó vestirme.

    Sus otras posiciones favoritas eran la «4» el misionero clásico, eso sí agarrando sus tetas, la «5» ella se ponía en una orilla del sillón sacando su culo, estaba en cuclillas y yo la penetraba a voluntad, está era una para mí disfrute pues podía hacer lo que quisiera y en el ritmo que quisiera. «6» era ella sentada en el sillón con las piernas bien abiertas y yo penetrando desde enfrente mientras me tenía amarrado del cuello con la correa, ella tiraba de la cadena cada vez que quisiera que aumentará de velocidad, y por último la «7» una cucharita, básicamente, en el piso y desde atrás la penetraba mientras tocaba sus tetas, eso aprendí en el resto de los días, mientras más posiciones aprendía más se tardaba en cada una, me marcaba el ritmo, me decía dónde tocar más, además de lo que le gustaba que le dijeran mientras lo hacía, el jueves una vez que ya habíamos terminado de estudiar las posiciones me dejó acabar dentro de ella, estábamos en la posición 3 y tan solo se quedó quieta y me dijo:

    -Dámela toda, ahora.

    Y como si la orden hubiera estado en mi mente comencé a eyacular, eyacule tanto que el charco entre su cuerpo y el mío se derramó hasta la alfombra, enseguida me ordenó limpiarme con unos paños húmedos y también la alfombra pues no quería ninguna prueba, y así lo hice, al terminar me dijo que me preparara para mañana, las posiciones ya habían acabado y ahora tocaba ponerlo a prueba.

    El viernes el último día llegue, ella estaba vestida, porque tenía que demostrar todo lo aprendido hasta ahora, las órdenes fueron salteadas, me desnudaba yo y luego a ella, así un buen rato hasta que quedamos de cuerpo completo, ahí empezó un verdadero reto, tuve que cumplir con las órdenes por más tiempo del que pensé, ella no dijo cuántas horas teníamos así que estaba con la tensión de fallar en cualquier momento además de que podía pedir que terminara y todavía no estuviera listo, las órdenes salían y salían y las cumplía como me había enseñado, lamía, chupaba tocaba y masajeaba, así en repetidas ocasiones a su vez ella de vez en cuando me masturbaba para tener una erección constante, ella termino unas 3 veces antes de que comenzará con la penetración, las manchas en la alfombra daban crédito a eso, y al fin las posiciones comenzaron a ser ordenadas «2», «6» y parábamos, ambos cubiertos de sudor y demás fluidos, pero teníamos que continuar «7», «5», «3» después un breve descanso para tomar aire pero esto no paraba para mi verga que la seguía masajeando ya sea con sus manos o pies siempre la tocaba, era un reto constante y «1» y «4» y así estuvimos, alternando posiciones, si que era insaciable, pues la faena ya había durado un rato, unas 3 horas y parecía que su ansia de verga no tenía fin, era como si todo lo que estuviera haciendo no fuera ni la mitad de lo que me esperaría si lograba terminar el entrenamiento, su cara lo decía todo era una verdadera mujer que sabía lo que deseaba y sabía que lo estaba disfrutando y en ese momento me dejó de importar si terminaba inesperadamente, tenía a mi maestra gimiendo de placer, yo también estaba en un éxtasis profundo, ambos gritábamos y nos revolcábamos por la alfombra, yo también tenía que disfrutar de ese momento, espera la única forma de poder seguir cogiendo, tenía que disfrutar y dejar de preocuparme por no acabar, y así lo hice y recupere el ritmo y ahora aunque fuera mi ama, yo me la estaba cogiendo, yo marcaba el ritmo y la hacía gemir, esos gritos de placer eran por mí, y mi excitación era por ella, por su cuerpo, por su pasión por su perversión, ambos nos fundimos en un beso interminable mientras vaciaba mi leche dentro de ella con varias sacudidas violentas la estaba rellenando, y así estuvimos por un rato, un largo rato en que tan solo estaba la tirados en la alfombra con nuestros cuerpos agotados la leche escurriendo fuera de ella, sus piernas temblando, yo estaba agitado, cona respiración entrecortada, y ambos nos miramos, sonreímos mientras le seguía tocando las tetas y ella dirigía sus manos a mi verga y la masajeaba con delicadeza.

    -Todavía no acabamos.

    Después de decir esto busco mi verga con su boca y la metió de un solo movimiento.

    -No te preocupes aghh mmm ahora estarás mmm ahhh como nuevo.

    Lo dijo mientras tenía mi verga en la boca y está comenzaba a crecer.

    -Tan solo falta mmmm ahhh una cosa, vamos ponte en cuclillas, mira que bien te dije que estarías como nuevo, jaja los jóvenes siempre iguales, tanta energía para coger jaja.

    En eso ella se puso en 4, dejando a mi vista su glorioso culo, bien levantado a mi disposición, tan solo a unos pocos centímetros de mi verga quería meterla y follarla toda la noche.

    -Vamos, no tienes mucho tiempo dame todo ahora, cógeme con todas tus ganas no importa que no dures mucho quiero saber cuánta energía te queda.

    En cuanto terminó de decir esto yo ya la había clavado de un solo movimiento.

    -Ahhh, si, a eso me refería mmmm ahhh

    Con toda mi energía la embestía a gran velocidad, los golpes se oían fuerte y con mis movimientos la hacía ir de adelante a atrás pues sujetaba con fuerza su cadera, en ese momento no podía pensar en otra cosa tan solo estaba pensando en su coño apretado y como me lo estaba cogiendo, ahora ella era mi juguete, tan solo metía y sacaba mi verga de su interior mientras nuestros gemidos aumentaban. Ese round no duró demasiado pues encontré el clímax tan solo unos 3 minutos después, y sin preguntar acabe nuevamente dentro, ella lo recibió con gusto y mientras me vaciaba seguía envistiéndola con fuerza, más lento pero más fuerte y con mi último movimiento se desplomó hacia delante totalmente agotada, con la panocha bien rellena y con una cara de placer indescriptible.

    -Ya es tarde, vístete y vete, tus calificaciones llegarán el domingo.

  • Después de un encuentro

    Después de un encuentro

    Hola, aquí estoy de nuevo, esta vez para contarles un encuentro, con Robin el moreno que me ha tenido flechas, la verdad no puedo negar que él me enloquece, su manera de amarme o mejor dicho de hacerme el amor es diferente a la de mi pareja, les recuerdo soy casada, pero mi vida con él no es lo que uno espera y al conocer a Robin eso cambió.

    Bueno lo cierto es que estábamos cumpliendo 2 años de relación amorosa y me propuso pasar la noche en un hotel, yo me la ingenié y salí esa noche para encontrarnos… Él me esperó en un sitio de donde iríamos al lugar donde reservó una habitación espectacular, cortinas verde agua, que combinaban muy bien con las paredes pintadas de un lila muy claro y rosa pastel. A mí me encantó una cama enorme y cobijas dobles ya que el aire estaba a millón.

    Robin llamo a la recepción y a la media hora estaba recibiendo una deliciosa cena, más su postre un delicioso trozo de pastel de limón.

    Esto me sorprendió, pero más sorprendente fueron las palabras «sé que le perteneces a alguien más, pero hoy serás absolutamente mía, pues yo te amo» y en verdad esa noche me hizo sentir dichosa, me llevo al centro de la cama y antes de cenar acotó primero seremos uno haciendo el amor, comenzó acariciando mi espalda, besando y acariciando cada parte de mi cuerpo, se concentró en mi cuello y produjo sensaciones especiales, beso suavemente mis labios, succionó mis pezones y entre juegos y palabras penetró mi vagina causando una rica excitación.

    Me poseyó como nunca, gemí, lloré y sentí morir de placer… Demostró su lado sensible y romántico algo que me enamoró más de ese ser especial. Robin me amó de una forma natural y pude sentir su amor sincero.

    No sé si mi relato les guste, pero siento que en la vida todos los seres no amamos de la misma forma. Espero sus comentarios.

    Gracias.

  • Lluviosa tarde de trabajo

    Lluviosa tarde de trabajo

    Eran las diez con cuarenta de la noche, y yo aún rondaba en mi oficina, haciendo resonar mis tacones estridentes en el desolado piso veinticuatro de la torre empresarial.

    En aquella planta, tan solo, dos compañeros y mi jefe continuábamos terminando nuestros pendientes del día. La noche abrazaba con su frío manto la vertical estructura de acero forrada de cristal, y la lluvia comenzaba a caer precipitándose con fuerza sobre los grandes ventanales. Aun así, no había prisa ni ansiedad por salir esa noche. Bien había aprendido que más valía desvelarse un poco para terminar los pendientes del trabajo, antes que madrugar al día siguiente para tener que finalizarlos con las prisas encima.

    El ambiente desolado era tan tétrico como romántico. El clásico silencio de oficina en el que solo se escuchan las maquinas trabajando, los teclados escribiendo y las impresoras tiñendo de tinta las blancas hojas tamaño carta, ahora era reemplazado por el feroz aguacero que arremetía a la hermosa y caótica Ciudad de México.

    Sobre mi escritorio, cerré la carpeta donde había archivado los últimos documentos del día, a reserva que los tendría que utilizar el día siguiente. Caminé sobre la alfombra de mi oficina, tan solo cuatro pasos hasta llegar a un archivero postrado en la esquina, donde me agaché doblando las rodillas un poco, para colocarlos, asegurándome que reposaran cómodamente dentro de su respectiva carpeta color verde esmeralda, junto a sus símiles en aquella repisa.

    Enseguida me reincorporé sin acomodarme la falda, pues ya no hacía falta, a esas horas del día ya nadie cuida su imagen. Mi jefe saldría mucho más tarde que yo, mi compañero no se asomaría de su oficina ni por accidente, y mi amiga, quien sería la única persona que me vería esa noche al despedirme de ella, seguramente no le importaría mi desfachatez.

    Qué más daba mi falda entallada mal acomodada y arrugada, o mi camisa blanca desfajada, o mi cabello despeinado. Es más, que diablos les había de importar si por ejemplo me soltaba el cabello, desaprisionándolo de la apretada liga anudada todo el día tras mi nuca.

    El cansancio había hecho mella en mí, aquella mujer empoderada que se había presentado esa misma mañana, desfilando entre los cubículos, haciendo martillar con fuerza sus feroces tacones a su paso. Ahora no era mas que una chica de oficina fatigada que añoraba por un buen sueño reparador, un momento para sí misma, o una simple reconfortante caricia.

    Me senté sobre mi escritorio, tan solo un momento para tomar aire antes de partir de regreso a casa. Pero no pude. Mis piernas estaban destrozadas por soportarme todo el día en esos hermosos y sensuales zapatos de aguja.

    Me tomé ese momento para masajearme un poco los pies, haciendo círculos con mis tobillos y acariciándome los muslos forrados con la tela de mis pantimedias, hasta mis piernas escondidas debajo de mi ceñida falda de oficinista renegada.

    Finalmente me levanté de mi escritorio, apagué las luces de mi oficina cubriéndola bajo la oscuridad de la noche, y regresé a mi silla para tomar mi bolso, pero desvíe camino. En cambio, caminé lentamente en las penumbras hacía el vitral que daba a la calle, iluminándome únicamente por la luz de la luna y los relámpagos que destellaban de tanto en tanto, encantada con las gotas estampándose con enfado, desintegrándose y deslizándose con melancolía sobre el vidrio que comenzaba a empañarse debido a las temperaturas disímiles.

    Algo en el ambiente me cautivaba, era aquella atmosfera húmeda y fría, ese silencio desolado opacado con el torrente ensordecedor golpeando la edificación. Era esa apacible tranquilidad, pero también era la extraña privacidad hogareña que surge naturalmente después de pasar un largo tiempo en el mismo lugar, como la que surgía ahí mismo, tras una larga jornada de trabajo.

    Quizá se debía a la fatiga acumulada que me hacía alucinar, pero en ese momento me sentía en casa, ya no había trabajo por hacer, tan solo estaba yo y la furiosa tormenta de cómplice. Una extraña comodidad me acompañaba mientras me aligeraba un poco desabonándome un par de botones de la blusa, y luego un par más, no había diferencia, nadie se enteraría lo que ahí hacía.

    Ahora, escondida en las sombras de mi oficina, los cristales empañados reflejaban mi silueta como si fuesen un espejo, debelando la redondez de mis pechos estrujados cruelmente por mi sostén de elegantes encajes, asomándose tímidamente por mi blusa abierta de par en par, mientras lentamente me terminaba de despojar de la blusa, para doblarla con tranquilidad y ponerla sobre mi escritorio.

    Sabía que del otro lado la física reflectante de los vidrios sucedería a la inversa, pero no me importaba, en parte porque nadie podría verme, pero en realidad simplemente no me importaba porque era mi lugar y mi momento.

    No sé porque lo hacía, pero me gustaba aquella complicidad y el exhibicionismo que me provocaba sexualmente, al hacerlo en mi lugar de trabajo, en donde la pasaba la mayor parte del día. Aunque sabía que dentro del edificio nadie me encontraría, no podía fingir esa excitante sensación de ser atrapada en cualquier momento, o quizá alguien podría estarme espiando desde los edificios contiguos, y me gustaba mucho.

    Miré hacía el oscuro pasillo, donde los cubículos vacíos de mis compañeros aguardaban pacientemente para otro día de arduo trabajo, cuando regresarían aquellos sonidos de impresoras, teclados y el murmullo de los ejecutivos. Pero ahora, solo se escuchaba la lluvia acompañada de los atroces relámpagos en la noche.

    Al fondo del piso, se lograba percibir la luz de la oficina de mi jefe, y a la izquierda, oculta en la perspectiva, podía ver las sombras de mi compañero dentro de su oficia fundiéndose con la oscuridad de la noche.

    No podía fingirlo, ni omitirlo. Estaba sola. Como aquellas tardes de soledad en casa, aún mejor, sin familia que molestara, ni vecinos ruidosos o pleitos callejeros. Se sentía como un escape, una huida del todo, pese a estar en medio de una de las ciudades más concurridas del mundo, estaba extrañamente sola y en paz.

    Nunca antes me había sentido tan tranquila y relajada, era como si el tiempo me perteneciera, mientras deambulaba en mi oficina. Podría ponerme más cómoda, pero no, nunca mis preciosos zapatos de tacón alto. En cambio, me llevé mis manos por detrás de mi cadera para desabotonar mi falda y enseguida hacer deslizar la cremallera, liberando a mis piernas de su prisionera tela al dejarla caer al suelo alfombrado de color gris frío, frío como la mismísima noche que iluminaba mis hermosas zapatillas pateando mi falda hacía un rincón.

    Con toda tranquilidad me senté nuevamente en la esquina de mi escritorio, esta vez podía sentir la helada madera plastificada en la piel desnuda de mis piernas y la de mis nalgas, que mi lencería no alcanzaba a proteger. Como mis pies quedaban volando, me permitía juguetear con ellos mientras separaba poco a poco mis muslos, abriéndome de piernas frente a aquella luna como única confidente.

    Suspiré, y me dejé abrazar por las carisias de mis manos que lentamente recorrían la piel desnuda de mis pechos, cintura y piernas, acariciándome sobre la estorbosa e incómoda lencería de encajes lastimando la delicada piel de mis zonas íntimas, donde llegaban mis delgados dedos esmaltados de color rojo.

    A penas rosé sutilmente por encima de mis bragas, y mi cuerpo se estremeció en un poderoso escalofrío que me recorría cada centímetro de mi ser, erizándome la piel expuesta ante la helada noche.

    No perdí tiempo y de inmediato comencé a hacer círculos sobre mi pubis, estimulando mis labios mayores sobre mis húmedas bragas trasparentes, cuya delgada tela me permitía sentir toda esa humedad restregándose en la sensible piel de la parte más íntima de mi cuerpo.

    Aunque no tenía ninguna prisa, tampoco podía seguir postergándolo demasiado, estaba realmente caliente, sabía que tendría un gran orgasmo y lo gozaría como nunca. Mi respiración comenzaba a agitarse, sentía cómo mis pechos se inflamaban poco a poco, al paso de mis manos acariciando mi piel, comenzaba a perderme en mis caricias, pero en ese momento cesó la lluvia.

    Aquel diluvio que ensordecía mi oficina, ahora era una ligera llovizna que acompañaba con pequeños golpecillos en aquel vitral, por lo que no pude evitar sentirme un poco nerviosa. Era como si de alguna forma, la tormenta me estuviese protegiendo de la realidad y ahora me hubiese abandonado.

    Me puse de pie nuevamente, aunque la atmosfera había cambiado un poco, no había nada que me inquietara, ni siquiera en casa me había sentido con tanta confianza. Inclusive me atreví a asomarme al pasillo, posándome orgullosa frente al cristal que limitaba mi oficina, al tiempo que me desabrochaba mi sostén para quitármelo con toda naturalidad. Enseguida, regresé a mi escritorio caminando con extrema sensualidad sobre mis tacones altos, mis pantimedias a medio muslo y mis mojadas bragas.

    De mi silla tomé mi bolso, y de él saqué mi fiel amigo y confidente orgásmico; un consolador de veinticinco centímetros, color piel y textura realista, el cual, con toda alevosía había guardado esa misma mañana. Engreída, lo lamí un poco con exceso de pasión, como si alguien me estuviese juzgando por que le diera la más experta chupada, y enseguida lo acoplé con la succión de su copa, en el enorme vitral que daba a hacía los edificios colindantes de la bella ciudad, húmeda como yo.

    Me di media vuelta, y así como si estuviese esperando que alguien me cogiese por detrás, me arrimé hacía el pito artificial poniéndome en cuatro a media altura, restregándomelo entre mis nalgas, antes de apartar un poco mis bragas para juguetear con él, frotándomelo en mis labios calientes e inflamados.

    No me importaba que alguien pudiese verme, de hecho, lo quería, aunque era muy difícil que se pudiese percibir mi figura detrás del cristal empañado y, además con las luces apagadas. Aun así me gustaba imaginarme que algún afortunado burócrata estaría saliendo tarde en alguno de aquellos edificios, voltearía hacía mi oficina, y me vería ahí, empotrándome en mi consolador, restregando mis nalgas en el vidrio frío, hasta dibujar sobre él, la redondez de mi blanco trasero con el paño del agua condensada sobre él.

    Realmente lo estaba gozando mucho, aquel consolador se deslizaba con gran facilidad dentro de mi mojada conchita, mientras me balanceaba en un sensual vaivén con mis caderas, estampando mis nalgas en el ventanal, al tiempo que me restregaba mi clítoris fuertemente con mis dedos medios, como si tuviese límite de tiempo para hacerme venir.

    Estaba tan complacida que comencé a gemir un poco. Intentaba censurar mis labios, pero no era suficiente para evitar que me hiciera escuchar en toda la oficina.

    Pronto, el acuoso sonido del agua escurriendo en los vitrales del edificio, comenzaban a mezclarse con el chapoteo de mi lubricada vagina deslizándose sobre mi pene de plástico, al tiempo que me lo metía y sacaba del interior de mi cuerpo.

    Así seguí hasta que me cansé de menear las caderas en tan incómoda posición. Entonces, me saqué el consolador y lo desempotré del vidrio. Intenté colocarlo sobre el suelo solo para darme cuenta de mi estupidez, pues no había manera de aferrarlo a la alfombra, por lo que me decidí a colocarlo sobre la madera plastificada de mi escritorio, donde la succión del juguete lo afianzaría firmemente para poderme penetrar a gusto.

    Sin embargo, el escritorio estaba muy alto, por lo que me tuve que subir por completo sobre él, intentando no resbalar al posar mis zapatos de tacón en la resbaladiza superficie. Me sentía como una loca trepada ahí arriba, hasta que me acomodé en cuclillas para ensártame el falso pene nuevamente, entonces no pude pensar en otra cosa más que en mi propio placer.

    Mi corazón bombeaba fuertemente; por un lado, estaba realmente excitada como nunca, mientras me complacía metiéndome mi consolador una y otra vez sobre mi escritorio. Pero, al mismo tiempo, estaba plenamente consciente del lugar donde lo estaba haciendo, y ni siquiera me atrevía a pensar en la escena que se haría si alguien me pillase en ese momento. Desnuda, montada sobre mi escritorio y masturbándome como una zorra, sentándome una y otra vez sobre mi gran pito realista de plástico.

    Sin embargo, era justamente aquel temor el que me tenía con ese nivel de excitación. ¿Qué pasaría si alguien me descubriese? Además de las consecuencias laborales, sociales, mi reputación y mi potencial despido, ¿qué más podría pasar? Es decir, ya entrada en el pecado, que más daba aprovecharlo.

    Me imaginaba a mi jefe entrando en mi oficina, y la cara de sorpresa que tendría al verme en esa situación. Seguramente me daría mi espacio respetuosamente, o quizá me reprendería. Pero ¿y si yo no me detuviese? ¿Qué pasaría si continuara dándome placer frente a él? Quizá me miraría cual voyerista, o quizá se atrevería a participar.

    Aunque es casado, ningún hombre se resistiría a una oportunidad así, con una mujer joven y hermosa como yo. Después de todo él es mi jefe y no habría chantaje alguno, así, con esa misma complicidad, yo podría asegurar mi trabajo y él una buena follada. Ganar-ganar. ¿No?

    Fantaseaba casi recreando su presencia en la puerta, mientras continuaba penetrándome a un buen ritmo placentero, acompañando las sentadillas con unas suaves y firmes caricias en mi clítoris para complacerme todavía más.

    Pero, ¿me atrevería? ¿En verdad sería capaz de destruir un feliz matrimonio ancestral solo por mi estúpida caletera? ¿Y por qué no? Aunque mi jefe me lleve casi vente años, no esta tan mal, es decir, sus años buenos atrás han quedado, pero se conserva muy bien y un tanto en forma. ¿Por qué no? Sería solo una aventura, solo una vez, únicamente en aquella noche de placer y llena de humedad, tranquilidad y soledad.

    Me perdía en mi fantasía, al tiempo que la fuerte lluvia regresaba con más intensidad. El ojo del huracán había pasado, y la tempestad arremetía con toda su furia nuevamente. Era como si le hubiesen abierto el grifo a la llave nuevamente. La feroz tormenta goleaba sobre las edificaciones de la gran urbe, donde una ardiente secretaria se masturbaba con placer sobre su escritorio, montándose un buen pene, aunque fuese de maquila.

    El ambiente ensordecedor regresaba, era como aquellos días en los que me sentía protegida tan solo con cubrirme con las cobijas de mi cama. Exactamente era esa sensación la que me otorgaba la estridente lluvia que ensordecía cualquier otro sonido.

    Entonces, saqué el gran pene de mi cuerpo y me senté sobre mi escritorio, ahora en el vértice de su lado más angosto, abriendo las piernas hacía la puerta de mi oficina. En seguida, continué masturbándome regresando el glorioso juguete hacía mi mojada cavidad, deslizándolo un poco más despacio, pero con más placer, al tiempo que me estimulaba mi clítoris persiguiendo aquel aclamado orgasmo que sentía ya, a punto de hacerme explotar.

    Cobijada bajo la ruidosa tormenta, ahora me sentía con la confianza suficiente de expresar todo ese placer con eróticos gemidos sin censura, sin preocuparme por que alguien pudiese escucharme. -¡Mmm! -¡Hhaa! -¡Siiii! -Gemía cual puta, siendo censurada por la furiosa tempestad golpeando toda la edificación.

    Ya a punto de hacerme terminar, uno que otro quejido se me escapaba lo suficientemente alto, como para que alguno de mis compañeros me escuchase. Pero ya no me importaba, estaba en las vísperas de mi delirante orgasmo, de esas veces que realmente pierdes la cordura a punto de venirte y que tu mente se dispara en un torrencial de locuras, en mi caso, imaginándome follando con mi jefe, o quizá con mi compañero, e inclusive, ya con el orgasmo en las fronteras de mi chorreante coño chapoteando entre el falso pene, entrando y saliendo con frenesí, fantaseaba con hacerlo con mi amiga y compañera, en una erótica escena lésbica dentro de mi oficina.

    Entonces me dejé venir, por fortuna antes de que cometiera alguna otra estupidez sin remedio. Finalmente, aquel pene artificial estimulándome en las profundidades de mi cuerpo, y mi mano restregándose sin piedad en mi clítoris, me arrancaba un poderoso orgasmo como ningún otro, que me hacía estremecer con vigor sobre mi escritorio, exhalando un profundo gemido final, casi como un grito ahogado. -Haaa. -Suspiraba, al tiempo que eyaculaba lánguidamente, obligándome a sacarme el dildo de mi vagina para que se pudiesen escurrir todos mis tibios jugos, en un largo y acuoso chorro que emanaba de mi vagina, exprimiéndome hasta las últimas gotas, mojando todo mi escritorio y la alfombra de mi oficina, con mi eyaculación que goteaba igual que aquella mismísima lluvia torrencial que me había acompañado en todo el acto.

    Si te ha gustado el relato, te invito a leer más contenido así, visitando mi perfil Erothic.

    Te agradezco por haber llegado hasta aquí.

    Estaré encantada de leer tus sensaciones en los comentarios.

    Te deseo que tengas Felices Fantasías.

  • Disfrutando coger a mi suegra

    Disfrutando coger a mi suegra

    A pesar que hace un par de años estoy separado de su hija,  con Carla mi suegra tengo una relación espectacular, tiene 50 años, pero ni siquiera aparenta 40. Delgada, pelo castaño claro, un cuerpo increíble para la edad, y sobre todo, una mentalidad muy abierta, muy moderna. Fue por la relación que mantenemos que no me sorprendió que me invitase a cenar el viernes a la noche.

    -Buenas… Dije ni bien abrió la puerta del departamento y le daba un ramo de flores.

    -Hola Fefo, siempre en el detalle vos. Gracias por las flores. Pasa

    -Gracias Clara, vos siempre radiante. Todavía no entiendo porque no volviste a formar pareja.

    -Mmm Fefo, no tengo ganas de compromisos, estoy bien viviendo mi vida como la vivo.

    -Disfrutando…

    -Por supuesto. Sentate que ya sirvo la cena. ¿Abrís el vino?

    -Ya mismo lo abro.

    -¿Cómo andan las cosas con Mariana? Pregunto, Mariana es mi ex, su hija.

    -Genial… ella en su casa, yo en la mía. Ni un roce tenemos.

    -Sos jodido… El otro día me dijo que te extraña, que está pesando en proponerte volver.

    -Para ahí Clara. ¿Me invitaste para decirme eso y tratar de convencerme? Yo vine a cenar con vos, sos mi ex suegra, pero tenemos una muy buena relación, me gusta mucho tu forma de ser, de ver la vida. No para hablar de Mariana. Ella quiso el divorcio hace tres años, yo intenté volver, pero ella no quiso. Basta. Terminó.

    -Perdón si sonó así. No, para nada trataría de convencerte. Yo tengo en claro porque se divorciaron. Perdón.

    -No hay problema. Carne al horno con papas, me encanta como la haces.

    -Por eso la hice. Te sirvo.

    Ella sirvió y mientras comíamos hablábamos de mi trabajo, de su negocio, una charla distendida.

    -Hoy estoy atrevida… Hace un rato dijiste que te gusta mi forma de ser, de ver la vida. ¿Es cierto?

    -Por supuesto, con vos me siento super cómodo charlando, compartiendo tiempo de calidad. Te aseguro que me hubiera gustado conocerte en otras circunstancias.

    -¿Cómo es eso?

    -Que no seas mi suegra.

    -Ex suegra.

    -Bueno, ahora.

    -¿Y en qué circunstancias y por qué?

    -Un viaje de placer, digamos el Caribe, y porque hubiera buscado que pase algo entre los dos…

    -Epa… Fefo, eso sí que me descoloca. Sos quince años menor que yo.

    -No me importa. A lo que te dije, sumale que tenes un cuerpo maravillo, y te tengo la impresión que sos una tremenda mujer en la cama.

    -Gracias por el alago, no sé si soy una tremenda mujer en la cama, sí que me gusta mucho el sexo. No te lo voy a negar.

    A partir de ese momento seguimos cenando sin hablar, pero nuestras miradas se cruzaban cada vez más seguido y me fue excitando la idea de ir a la cama con ella. La ayude a levantar la mesa y llevar las cosas a la cocina. En un momento dado, tuve que pasar por detrás de ella luego de dejar los platos en la bacha y tratando de evitar un contacto, la tome de la cintura para pasar.

    -Mmm… sí que me agarras firme. Me gusta eso en un hombre, y más en esta posición. Dijo ella.

    -Buen dato. Dije atrayéndola hacia mí y besando su cuello.

    -Fefo… no empieces algo que no vas a continuar…

    -Voy a continuar y acabar…

    Ella estaba con una pollera y una camisa. Sin dejar de besar su cuello desabroché la camisa y acaricié sus pechos. No eran muy grandes, pero sí muy firmes. Ella empezó a gemir y acompañar mis manos con las de ella. La pollera callo fácilmente al liberar el cierre que tenía.

    -Vamos a mi cuarto. Te aseguro que es más cómodo que la cocina. Dijo sonriendo.

    Mientras íbamos le quiete el brazier y cuando llegamos mientras yo me sacaba la camisa ella se sentó en la cama, desabrocho mi jean, abrió el cierre y bajando un poco jean y bóxer se puso a chupar mi pija que ya estaba parada.

    -Como me gusta esta pija, por favor, grande pero no exagerada. Dijo ella mientras me la chupaba y yo me terminaba de quitar mi ropa.

    Nos tiramos en la cama y ella siguió chupando mi pija sin parar mientras con sus dedos jugaba en su clítoris. Chupaba delicioso, no escatimaba lengua, metérsela por completo en la boca y succionar, besar mis bolas.

    -Te voy a ser sincera, hace rato que tenía ganas de esto… pero eras… dijo haciendo un alto mientras me chupaba.

    -Pues yo también te tenía muchas ganas, especialmente a ese hermoso culo que tenes.

    -Mmm, me gusta la idea…

    Siguió chupando y tocándose hasta ponerse a mil… Se puso en cuatro patas y me pidió que se la meta por la concha. La metí y la tomé con fuerza de la cintura.

    -Así, agárrame fuerte, cogeme bien cogida Fefo.

    Estuve un buen rato bombeando hasta que acabe en su concha y los dos con un grito de placer.

    -Dame esa hermosura, quiero limpiarla bien. Dijo Clara y me la chupo hasta dejarla bien limpia.

    Fue al baño y luego a buscar whisky y vasos.

    -Te cuento que estoy entrando en calor… creo que va a ser una noche para recordar… Dijo ella.

    -No tengo dudas, y por varias razones…

    -¿Te molesta si incorporo un amiguito que me consuela en las noches de soledad…? Preguntó Clara sonriendo.

    -Mientras no lo quieras usar conmigo… Dije yo riendo.

    -Tranquilo…

    De su mesa de luz saco un consolador de buen tamaño, apenas más pequeño que mi pija y se puso a chuparlo mientras se acostaba transversal a mí para volver a chupar mi pija. Alternaba chupar el consolador y mi pija, mirándome a los ojos demostrándome toda su calentura.

    Estuvo así un par de minutos y luego se lo metió en la concha, y lo movía con todo, de la misma forma que chupaba mi pija. Le encantaba chupar y al mismo tiempo darse con el consolador.

    Cuando estuve muy caliente, la hice poner otra vez en cuatro y moje con saliva su orto. Ella nunca saco el consolador de su concha. Fui metiendo dedos y abriendo su orto, mientras ella gemía como gata en celo. Tome mi pija y la guie a su culo. Empecé a presionar y lentamente fue entrando.

    -Me encanta como estas metiéndola… la quiero toda adentro.

    -La vas a tener…

    La metí hasta el fondo y fui moviéndome entrando y saliendo de a poco, hasta tomar una buena velocidad y fuerza en las embestidas. Clara empezó a gritar de placer y se daba con todo con el consolador mientras yo le cogía el culo de la misma forma.

    -Me volviste muy loca Fefo…

    -Eso quiero, tenerte muy loca, totalmente loca para mí.

    -Pues lo lograste, estoy muy puta…

    -Mi puta, sos mi puta en este momento.

    -Si Fefo, soy tu puta.

    Escucharla me puso a mil y cada vez embestía con más fuerza y ella gozaba orgasmos fuertes gritando. Estuve casi quince minutos en su culo hasta que acabé llenándoselo de mi leche. Ella tuvo un tremendo orgasmo y cayó en la cama en medio de temblores. Acerque mi pija a su boca y me la chupo por completo.

    -Por favor, que cogida hermosa que me pegaste.

    -Vos estuviste espectacular… muy caliente como me imaginaba.

    -Muy puta… Tu puta.

    Tomamos un poco de whisky y le pregunté directamente:

    -¿Estuviste con dos hombres?

    -No… una fantasía incumplida…

    -Si queres, tengo un amigo y podemos cumplirla… pero, vos tenes que cumplir una mía.

    -¿Cogernos a Mariana y a mí juntas?

    -No era esa justamente… pero no es mala idea…

    En la charla que siguió comprobé que mi suegra era una verdadera depravada. Y con la charla se puso muy caliente. Tanto que hablábamos y se puso a masturbarme poniéndola como de piedra.

    Esta vez me monto ella dándome la espalda, y se metió mi pija en la concha. Subía y bajaba con todo. Era una maquina esa mujer, no paraba de gemir y apretarse los pechos.

    -Dale unos chirlos en el culo a tu puta… Dijo

    Le di un par de chirlos y ella reaccionó moviéndose con más fuerza aún.

    -Metete el consolador en el culo. Le dije y le di otro chirlo.

    -Si… no pares…

    Se metió el consolador y lo enterró hasta el fondo mientras yo golpeaba su culo. Estuvo varios minutos hasta que acabe en su concha y ella también acabó. Se quitó de encima de mí, chupo mi pija y recién ahí se sacó el consolador del culo.

    Nos dormimos con la promesa de cumplirnos las fantasías.

  • Mi prima (capítulo 1)

    Mi prima (capítulo 1)

    Diciembre de 1980. 

    Esta es la historia de cuando conocí a mi prima Gabi, por parte del hermano de mi madre que ya hace años se había ido a otro país a trabajar, nos conocimos por primera vez en persona haya por 1980, si había hablado con ella antes, pero esa fue la primera vez que la vi y de inmediato supe que la quería en mi vida.

    La conocí usando unos shorts súper cortos y con una camisa corto dejando expuesto su plano vientre color canela, aun sin ser su edad madura sus grandes caderas y gordos muslos ya señalaban que iba para ser una de esas bellezas que atrae todas las miradas en la calle, pero se debía señalar la falta de pecho ya que, a sus 20 años, todavía no presentaba mucho.

    Pero aun así sentir ese primer abrazo, basto para atraparme entre sus malditas garras, -Primito que bueno es por fin conocerte-, Me dijo Gaby con una sonrisa, -Si… También es un placer por fin verte-, Automáticamente me di una palmada mental en la cabeza, parecía que le estaba gritando mis intenciones, así que rápidamente decidí saludar a mis tíos, cosa que también hiso mi prima.

    ¿Pero fue mi imaginación o mi prima me dio una mirada… extraña?

    Habían venido por las fiestas después de tanto tiempo de estar separados y haber estado en contacto únicamente por llamadas y video llamadas, mi prima estaba en su celular y yo solo estaba ahí sentado al otro lado de la sala, intentando hablar con ella…

    ¿Pero de qué?

    No la conocía, solo hablé un puñado de veces con ella, y esas conversaciones fueron insignificantes, me imaginé que tenía un novio, guapo y atlético esperándola, sus amigas hablando de quien es el más guapo de sus conocidos, y no sé qué más.

    Pero de la nada, mi prima Gaby levantó la mirada de su celular y me lanzó otra extraña mirada, a pesar de que me descubrió levantó su celular y me tomó una foto, no sé si alguien más en la habitación vio eso, pero sé que me tomó una foto.

    -¿Tía Cristina podría usar el baño por favor? -Pregunto mi prima así sin más, -Claro sobrina, Iván, hazle a favor de llevar a tu prima -Dijo mi madre, -¡Sí!- Respondí, creo que algo más entusiasmado de lo que debería haber sido, lo cual me hizo sentir algo avergonzado, pero bueno, solo me gané unas cuantas miradas, antes de escuchar las risas de todos, -Sé que somos extraños para ti, pero no te preocupes -Me dijo mi Tío Edgar, dándome una palmada, así que caminé sonrojado con mi prima detrás de mí.

    Podía escuchar cómo le caían más mensajes y reuniendo todo mi coraje logré lanzarle una pregunta; -¿Y quién te escribe tanto, tu novio? -Casi lanzo la pregunta como un grito, pero logré controlarme, -Si -Me respondió lo que casi hace que me detenga y grite de ira, pero agregó -Está rompiendo conmigo el muy pelotudo y una de mis ex-amigas me mandó fotos de ellos dos juntos… y yo acabo de filtrar su pack-. Cosa que me hizo parar en seco para mirarla fijamente por un momento, creo que con incredibilidad -Nadie puede joderme primito -Dijo en respuesta a la mirada que le daba.

    Cuando llegamos le dije que la esperaría abajo con los demás, pero en vez de eso, me tomó de la mano y me jaló con ella al baño, cerró la puerta y miré con incredibilidad nuevamente como se baja los pantalones y se sentó en el inodoro, parado ahí con mi tercera cara de incredibilidad del día, escuché como hacia pipi, ella me miró sin ninguna expresión en su rostro, y yo solo pude preguntarme ¿Qué coño está pasando hoy?

    Lo que me sacó de mi estupor fue el hecho de que nuevamente me tomó una foto, -¿Oye que haces? -Le pregunte después de escuchar la cámara tomándome la foto, -Si dices algo de hoy, le mostraré esta foto a mi tía Cristina y le diré que entraste a la fuerza-. Wow, bueno decir que está loca sería un eufemismo, ¿Que carajos estaba pasando con ella? ¿Qué carajos es esto? ¿Por qué coño quiero ese culo?

    -Escucha bien primito, porque desde que pasé el umbral de esta casa, pude sentir tus ojos, sobre mí, cuando te abracé sentí de inmediato la urgencia del afecto físico, ¿Además no tienes novia, cierto? -Dijo todo eso a la par que tomaba un poco de papel, -No -Respondí sin más, y luego mi prima me hizo una seña con el dedo para que me acercara, al hacerlo tomó mi mano y colocó el papel en ella para luego lo dirigió hacia su coño, para dejarme limpiarlo, me quedé en esa posición inclinada sobre ella por unos buenos 3 minutos, -¿Disfrutas tocar tu primer coño? -Me preguntó mientras movía poco a poco el papel, una vez que sentí ese coño limpio tiré el papel a la basura entonces ella se levantó, se acomodaba el short y se acercó a mí.

    Para bajar el cierre de mi pantalón y sacar mi erecto pene, -Hola, es un placer conocerte -Dijo antes de retirar el prepucio y exponer la cabeza de mi pene virgen, sacó su lengua y comenzó a pasarla suavemente alrededor, me sacó varios gemidos con solo un par de movimientos de su lengua, dios me pregunté cuantos hombres habían pasado por esa boca, para que ella tenga esa experiencia, pronto pasó a engullir mi pene por completo, su succión fue fuerte, esta vez quería arrancarme los gemidos por la fuerza, y lo hizo, un vaivén en perfecta sincronía comenzó en su boca, fui incapaz de moverme, fue todo tan surreal, el sentir esa lengua enrollarse en la cabeza de mi pene, era simplemente grandioso.

    Pronto la mamada pasó a ser rápida, creo que, alertada por los gemidos, pasó a tomar mis caderas e intentar meterse cuanto pudo en su boca, (No quiero presumir ni mentir en el hecho, pero sin entrar en detalles digamos que estoy bien equipado) incluso procedió a intentar tomar mis bolas en una solo engullida, las arcadas que estaba dando y la excesiva cantidad de saliva que estaba en el piso me alarmó, creí que iba a vomitar, pero no fue así, esos últimos tres gloriosos movimientos de su boca, hizo que me corriera casi en su garganta y su feroz agarre evitó que me separara de ella.

    Un minuto completo en esa posición, su cara roja, con las venas marcadas en su cuello, conteniendo con fuerza las lágrimas, escuchando como mi prima obliga a su garganta tragarse todo lo que mi pene soltó.

    Cuando al fin se separó de mí, respiro pesadamente por un momento, antes de preguntar; -¿Tienes tele y consola en tu cuarto?

    Aun confundido y recuperándome de mi orgasmo, asentí en afirmación, a lo que ella dijo, -Bien-. Se levantó y camino al lavado, -¿Cuál de todos es tu cepillo de dientes? -A lo que señale el azul, -Bien, limpia el piso y ve a prender la consola, coloca cualquier juego de 2 jugadores y yo llegaré en un momento -Dijo todo esto mientras comenzaba a cepillarse los dientes, -Pero… no debemos volver con… -Trate de decir, a lo que ella, inmediatamente, me dedicó una mirada de pura ira, como diciéndome “Haz lo que te digo ¡YA!”.

    Rápidamente lo hice, limpié el suelo, y salí corriendo a mi cuarto, encendí mi consola y coloco el mortal kombat, estuve por un momento ahí sentado solo viendo la pantalla, hasta que escuché a mi prima llegar, -Cuando tu madre llegue sígueme la corriente ¿Entendido? -Me dijo rápidamente a la par que se sentaba al lado mío.

    Mi prima empezó a reír, aunque fuera una forzada risa, parecía genuina y predicho por ella, pronto mi mamá llegó, se notaba molesta, pero se sorprendió cuando nos encontró jugando en la consola, -¡Tía! ¿Sucede algo? -Dijo rápidamente mi prima, sonaba genuinamente sorprendida, a pesar de que ya había sido previsto, -Bueno es que tardaron mucho y subí a ver que estaban haciendo ustedes dos -Dijo mi madre dando una mirada al cuarto y en especial a ella, la rojura de su cara no la sorprendió ya que la había escuchado reír hace un momento, -Tía no te vayas a enojar con Iván, es que le comenté que quería comprarme una consola y me estaba demostrando que lo buena que era la super Nintendo -Dijo mi prima al ver que su mirada no se apartaba de ella.

    Mi madre rápidamente se disculpó con ella, por habernos interrumpido y nos dejó, incluso pudimos escuchar como le decía a su hermana, -Esos cabrones se pusieron a jugar video juegos.

    Joder todo esto… lo había planeado ella, mierda pensé mientras me quedaba sentado ahí, al lado de ella, que había vuelto a su celular.

    ****************

    Bueno y aquí el primer capítulo de esta pequeña saga, no sé cuántos capítulos van a hacer, pero espero que les guste, cualquier comentario o critica es bien recibida, espero poder actualizar pronto, y ver que trama la prima Gabi, así que será hasta el próximo relato.

  • Mi primera sexualidad (2)

    Mi primera sexualidad (2)

    Continuando mi relato. Les cuento, que me levanté el sábado a la mañana un poco tarde y algo aletargada, que seguro fue el alcohol de la noche anterior.

    Aún no me levantaba de la cama cuando tocaron suavemente a la puerta. Pregunté quién era. Recibí respuesta de Luisa, una joven que trabaja en mi casa. Ella debe tener unos 27 a 28 años.

    Y digo: Señorita son las 11 am y debo entrar para arreglar y limpiar su habitación.

    Yo le respondí que entrara. Ella entró y me vio levantarme para ir al baño.

    Le dije: ve limpiando en la habitación y yo estaré bañándome en la habitación.

    Ella me respondió en tono de pregunta: donde está su cámara instantánea con la que tantas fotos toma? Me extraño mucho esa pregunta y sobre todo que me tuteara, que no es su costumbre.

    Le respondí: debe estar sobre el armario. Y le pregunté: tienes que hacer alguna foto que pueda ayudarte?

    Me respondió: no, putica, es para tirártela a ti, así cómo estás.

    Yo no comprendí del todo. Y le dije: cómo dijiste o cómo me llamaste? Atrevida!!!

    Y su respuesta fue: mira putica yo se lo tuyo con Chano, todo lo de ayer. El ron te hizo expresar lo verdaderamente que eres, una puta. Se que te le tiraste arriba cuando venían anoche y como el no quiso cogerte solo pudiste masturbarlo.

    Respondí enojada, pero sin subir la voz para que no se oyera fuera de la habitación: no fue así, y me puse a llorar por lo que esto estaba implicando. Él fue que me obligó. El tomo mi mano. Yo nunca había tocado un pene.

    O si claro, y por ello te sentaste atrás para no provocar verdad? Y te pusiste esa minifalda que no puedes ni caminar sin que se te vea todo verdad?

    No, no fue así, me senté a delante pero sin ninguna intención. Fue el que comenzó con su conversación insinuante y luego me halo hacia su lado. Todo paso tan rápido que no podía detenerlo. No podía soltar mi mano.

    Si claro, y al final de lamiste los dedos para que? Para saborear su semen, No?

    No, él fue que me obligó, porque al igual que lo que te dijo a ti, me amenazo con contarle a mis padres.

    Si, tu eres un angelito ahora. Eso no te lo creo. Pero da igual para mi eres una puta.

    Bueno sea o no verdad, nosotros vamos a disfrutar de ti sino quieres que tus padres se enteren.

    Dime ahora donde está tu cámara. Y le pregunté: para que la quieres?

    Me respondió: putica, tu novio Chano, quiere una foto tuya así cómo estás.

    Respondí: no por favor no lo hagas. Te lo pido.

    Y ella dijo: ahórrate tus súplicas y posa. Ponte de espaldas y sube el tshirt para que se vean las nalgas que tienes.

    Y llorando, me puse de espaldas y subí lo menos posible y que ella permitiera, el tshirt con que había dormido. Y sonó el click y el sonido de la foto saliendo.

    Luego dijo: bien ahora de frente. Ponte!

    Con lágrimas corriendo sobre mi rostro, subí nuevamente el tshirt hasta la altura que se viera mi panty blanco algo trasparente.

    Ella hizo lo mismo. Tomo las fotos y la puso en un bolsillo de su ropa. Me dijo: la verdad que eres una puta obediente.

    Yo le supliqué que me las devolviera pero ella fue poniéndose más agresiva y subiendo la voz. Yo le pedí que bajara la voz. Ella sonrió al ver el miedo que sentía si mis padres olerán algo así.

    Bien putica, te voy a dejar afuera los panty que vas a usar el. Esto es un mandato de Chano. Iras en minifalda y con estos panty. No te atrevas a ir con otros.

    Se acercó a mi, miro mi trasero y me dio una nalgada que debió oírse en toda la casa. Y dijo: eso es por portarte mal. Y dijo: ve báñate y sal de la habitación.

    Fui al baño, y mientras caía el agua sobre mi cabeza, lloraba y comenzaba a tener una sensación de temor y pánico.

    Continúa.