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  • Mónica, la casada (primera parte)

    Mónica, la casada (primera parte)

    Hola, me presento. Me llamo Marcos y tengo 43 años, soy de Montevideo, Uruguay. Este es mi primer relato y espero que les guste.

    Esto pasó cuando yo tenía unos 30 años.

    Soy físicamente contextura normal, ni Bradd Pitt, ni Freddy Cruguer, vamos, del montón digamos.

    Resulta que, estando soltero, entraba seguido a un chat, que ya ni existe y ahí charlaba con varias mujeres que me parecían interesantes, o por lo menos al comienzo.

    Es así como conocí a Mónica…

    Charlamos de cualquier tema. Me dijo que tenía 29.

    De a qué te dedicas, que soltero/a, casado/a, ahí me contó que era casada y tenía un hijo de edad escolar.

    Después tras largo rato de charla, salió el tema sexual, obviamente.  Primero preguntas tipo ping pong… Vino o cerveza? Piza o empanada?? Lo que a ella le gustó ese juego y así me lo dijo:

    Entre esas preguntas:

    -tanguita o bombacha?

    -Tanguita, me dice… Con un jeje…

    -uy, que tentación, le digo.

    -Si? Ojo entonces… Me escribe.

    Y contame, que preferís… Boxer o slip? Me pregunta

    -Boxer, más cómodo. Le digo.

    -Mm a mí también me gustan más de boxer…

    -y qué buscas por acá? Le digo…

    -la verdad? Nada en particular… O algo interesante. Me contesta.

    -Uy, espero no decepcionarte jajaja

    -por ahora venís muy bien… Jaja

    -y dime… Que parte de tu cuerpo te gusta más?

    -mm… La colita… Me dice…

    -uuy que rico jaja

    -si, tengo una muy linda colita…

    -me la imagino… Linda colita, con una tanguita… Mm ya me dan ganas de conocerla jaja

    -ah, quien te dice… Me escribe

    -y a vos? Que te gusta más de tu cuerpo?

    -Mm a ver, las manos… le escribo para ver que más decía… Jaja

    -uy me gustan las manos en los hombres…

    -y en la intimidad, que te gusta? Le digo

    -mmm me gusta duro jaja… Me pongo colorada jaja

    -jaja, tranqui, por ahora solo charlamos…

    Quedando sin dudas en el aire, ese “por ahora”

    -te gusta el sexo oral? Le pregunto…

    -me encanta… Hacerlo y que me lo hagan…

    -uuy a mí me encanta también, hacerlo hasta enloquecerte…

    -mmm ya me dan ganas de conocernos, jaja. Me dice…

    -sin dudas, me encantaría…

    Y comerme todo eso que tienes…

    -mmm tienes Skype?

    -Si

    -pasame, me dice… Y la seguimos…

    Que me estoy poniendo loquita…

    -jaja… dale. Le dije…

    En 5 minutos ya estábamos frente a la cam ambos…

    Ahí casi caigo de espalda… jaja… Mónica era una morocha, tez blanca con unos ojos y una boca de ensueño… Vestía una blusa blanca, que marcaba dos pechos no muy grandes, pero sí medianos.

    Me sorprendió que por debajo solo una tanga de color negro.

    Por mi parte solo una remera y bóxer obviamente jaja

    -Qué linda que sos Monica…

    -gracias… te gusta?

    En eso se para y da una vueltita frente a la cam… Uuy que culito… Comible, listo para devorarlo, diría yo… Ya que la tanguita no cubría casi nada por ese lado…

    -uy mami, le digo… Que culito más rico.

    -si? En verdad te gusta?

    -Por supuesto, le digo… Y quiero comérmelo ya jaja

    -Mmm… Solo eso?

    -Toda… Ya con mi boxer mostrando un bulto más que considerable.

    -Uhm…. Y vos? Mmm a ver? Me dice con una sonrisa maliciosa y mirando la cam mordiéndose un dedo…

    -Mirá… Y me paro frente a la cam… con un paquete muy marcado en el boxer…

    -Mmm, se nota grande…

    Más. Jeje

    En eso bajo mi boxer un poco, lo suficiente para dejar al aire mi sexo…

    .Ummh, que linda verga que tenés…

    Mientras me pajeaba, lo que le gustó más todavía…

    -Ahh… Que rica que se ve. Me dice corriendo su tanguita y tirándose en la cama para meterse dos dedos en una conchita que al verla se me hizo agua la boca…

    La blusa no se en qué momento había caído al suelo, ahí estaba ella, mi nueva amiga de chat, tirada en la cama, viendo la cam, con el soutien bajo, mostrando unas tetas divinas, metiéndose dedos en la concha viéndome hacerme una rica paja en su honor…

    – Uyy mm sii… Que ricooo… Se escuchaba… Pajeate dale…

    -Qué rica vos… Quiero cogerte toda…

    -Sí, papi…. Cogeme… Aahhh

    -Acabate para mí dale… Que yo te doy mi lechita, la querés?

    -Uy sí. Damelaa… Aay siii. No aguanto más…

    -Si dale… Te quiero devorar esa concha… Mmm

    -Ayyy siii comeme toda… Cogeme… Quiero esa verga adentroo…

    -Uyyy si… Querés que… Te acabe mamí??

    -Ahhh ahhh si… acabooo siii aaayyy ayyy

    -Toma la lechitaaa… uuummm siii…

    -Ahhh siii damelaaa…

    -Ay qué corrida papi… Qué ricaa

    -Me encantó, le dije

    -A mí también… Uff…

    -Bueno me tengo que ir, me dijo…

    -Me encantas, morocha jaja

    -Vos a mí… Jaja

    -Te gustaría vernos, encontrarnos?

    -Sí me encantaría… Pero recuerda que soy casada…

    -Lo sé, pero esto hay que seguirlo más intenso…

    -Estoy de acuerdo… Ahora debo irme a buscar a mi hijo a la escuela…

    Arreglamos, mañana por acá o chat?

    -Dale sí, misma hora mismo canal? Pero mañana no.

    Recordé que laburaba todo el día -mejor pasado… Podés?

    -Si, dale… Besitos… Me dice tirando un beso a la cam con una boca de ensueño…

    -Besos… Donde los quieras…

    Así fui que conocí a Mónica, casada. Con miras de un muy disfrutable futuro. Pero eso será en otro relato…

    Gracias, espero que les haya gustado.

  • Experiencia homosexual

    Experiencia homosexual

    Hace tiempo no cuento nada sobre mis experiencias sexuales. Pero tengo mucho que contar porque soy un chico muy cachondo, me encanta ver películas porno y sobre todo donde salen vergas grandes y gruesas.

    Hoy estuve un amigo y le puedo decir amigo porqué en realidad es mi pareja de juegos, cada que pienso en él se humedece mi culo y mi polla se pone dura, si tú supieras lo que hago en estos momentos como juego con mi polla, la acaricio con mis manos y la sacudo… mmmm!… Que rico imaginar esos momentos cuándo mi lengua pasaba alrededor de ese pene con cabeza de hongo una polla muy cabezona roja y tronco color ébano brillante.

    Solo con voltear arriba como ese pene respondía la llamada de mi lengua.

    Cuando pienso en esos momentos mi lengua traviesa se pasea alrededor mi boca gira lentamente y luego se queda suspendía arriba en la punta de mi labio unos segundos, pensando como ese pene color ébano se asoma arriba de mi cabeza y hace un llamado mi boca una y otra vez.

    Cada vez le daban chupada mi lengua traviesa se pasean alrededor de mis labios cuando la polla se aleja de mi boca… mmm papito que rico cuando él se la sacude arriba de mi casi casi tocando mis labios.

  • Ana, la oficina y las luces de la ciudad

    Ana, la oficina y las luces de la ciudad

    Recién comenzaba 2019 y también el último año de mis estudios en la universidad, por esa razón la mayoría de mis amigos me dijeron que intentara encontrar un trabajo desde ahora para que cuando saliera de la escuela no me costara tanto tiempo y ya tuviera algo más de experiencia laboral.

    Logré concretar unas tres entrevistas en un lapso relativamente corto, la tercera y última de ellas es dónde todo comienza.

    En fin, llegué a ese noveno piso y encontré la puerta que buscaba. Al entrar, lo primero que vi fue a tres chicas y dos chicos de aproximadamente mi edad, sentados en escritorios individuales trabajando; saludé a la chica más cercana y antes de que yo lo preguntara ella me dijo: “Vienes a entrevista con Ana, cierto.”, enseguida le confirmé. Ana estaba ocupada por lo que esperé unos minutos en una sala dentro de la oficina, mientras observaba como los cinco chicos platicaban entre ellos y parecía que se llevaban bastante bien. De repente salió la señora Ana de su oficina y me invitó a pasar para realizar la entrevista, era una mujer muy guapa y conforme transcurría la charla notaba que era muy amable y carismática también, pero la verdad en ese momento me sentía más atraído por los que podrían ser mis futuros compañeros al ver el buen ambiente e identificarme totalmente con ellos.

    Pasó como una semana y recibí un correo de que había sido seleccionado. Algunos días más tarde me presenté a mi primer día de trabajo. Rápidamente sentí que mis compañeros me dieron la bienvenida y la confianza con mi jefa y mis ya amigos crecía.

    Poco a poco empecé a ver con otros ojos a mi jefa, sentí que me estaba atrayendo como ninguna mujer en mi vida antes, en ocasiones íbamos vestidos formalmente a la oficina porque usualmente nos visitaban potenciales inversionistas para la empresa y tal vez eso, verla usando vestidos, algunos con escotes realmente dignos de ver, tacones altos, sus uñas rojas perfectamente esmaltadas y su cabello suelto despertó un deseo enorme dentro de mí.

    Comencé a imaginar tantas cosas con Ana y a prestarle particular atención, al mismo tiempo creía que únicamente todos esos pensamientos se quedarían en mi mente porque yo aún era un estudiante, y ella una mujer hermosa y con su vida asentada. Yo soy delgado, moreno, francamente nunca he pensado que soy un hombre apuesto, digamos bastante normal o promedio por decirlo de alguna forma, Ana por el contrario era de tez blanca, rubia, cabello lacio, su cuerpo se veía en buena forma física ya que hacía ejercicio, sus pechos eran al menos a simple vista de un tamaño normal pero se veían preciosos, su culo no era muy grande pero estaba bien marcado y redondo.

    Sentí una gran necesidad de saber más de ella, no pude evitar preguntar a una de mis compañeras si era casada, ella me dijo que estaba divorciada y tenía dos hijos. Busqué a mi jefa por Facebook e Instagram, pero no le quise mandar solicitud. Al día siguiente yo iba algo tarde a la oficina cuando llegando al edificio vi bajar a Ana de un auto, algo raro porque ella tenía el suyo, antes de entrar la esperé sin importar que viera que iba tarde, me vio y me dijo que su carro no quiso prender y tuvo que pedir Uber, entramos y la jefa de recepción nos comentó que el elevador no podría usarse por unas horas, teníamos que ir por las escaleras hasta el noveno piso. Ana me dijo que no teníamos otra opción, nos dirigimos a las escaleras y no eran lo suficientemente anchas para ir juntos por lo que la dejé pasar primero, por primera vez y con plena conciencia y emoción iba mirando su culo tan cerca de mi rostro, moverse de un lado a otro sin ninguna restricción, lo empecé a disfrutar demasiado y me comencé a excitar, todo ese día en la oficina no podía dejar de pensar en eso, sentí un calor recorrer mi cuerpo y me propuse masturbarme pensando en lo que había visto.

    Camino a casa sólo tenía una misión, para mi sorpresa no había nadie cuando llegué, busqué las fotos de Ana en Facebook y mientras las miraba y recordaba el evento que había sucedido sentí como mi pene empezaba a crecer y ponerse duro, me masturbé pensando en ella imaginando esas nalgas carnosas siendo mías por un buen rato, acabé en la ducha imaginándola siendo mía ahí también.

    Pasaron unos pocos meses y cada vez mi relación con Ana era más cercana, hablábamos ya de cosas más personales, me contó de su divorcio, sus hijos, su vida y yo de la mía, varias veces íbamos a diferentes lugares fuera de la oficina por cosas del trabajo. Alguna vez llegamos a hablar de relaciones, parejas y sexo aunque superficialmente y sin insinuar nada ninguno de los dos, pero hubo un momento en que me preguntó cómo me gustaba una mujer, le dije que en realidad siempre me atrajeron las mujeres mayores, como maestras que tuve en la escuela, siempre cuidé el ser respetuoso y no decir más de la cuenta y únicamente responder lo que había preguntado, era una mujer empática y muy abierta pero sentí que con mi respuesta apareció un poco de vergüenza en su rostro.

    Hasta que un buen día, finalmente vi que ella también podría sentir algo por mí, tuvimos una reunión de trabajo con personas importantes y ella iba muy bien arreglada, se veía hermosa, más de lo habitual, llamaban la atención sus senos queriendo salir por encima de su escote y unas medias negras que pude ver le llegaban a los muslos, al acabar la reunión me pidió que la acompañara a recoger unas cosas que iba a necesitar en una bodega que tenía la empresa dentro de un estacionamiento subterráneo, era un día en el que ya con normalidad hablábamos como si fuéramos los más íntimos amigos, no podía dejar de verla en el auto, ella conducía y noté que Ana empezó a sentir mi mirada constante y con cierto deseo, ansioso de que algo sucediera ya no lo pensé más y le dije que se veía hermosa, que de hecho siempre era así, se río y me devolvió el cumplido.

    Me recordó lo que un día le había dicho sobre mi gusto por las mujeres mayores, en una risa un tanto cómplice me dijo: -“A poco sí andarías con una mujer de mi edad”- le dije que sí, que nunca había salido con alguien así pero sin duda estaba en mi mente hacerlo. Yo le pregunté si ella había salido con un joven me dijo que no, y le dije que si lo haría, ella respondió: -“Sí, ¿por qué no?”.

    Llegamos a la bodega y no había nadie ahí, estaba oscuro y me estaba imaginando todo lo que podía pasar. La miré en la oscuridad desde mi asiento y le dije en verdad lo hermosa y atenta que me parecía desde que la conocí, ella sonrío y me tomó del hombro y me dijo que estaba feliz de que nos hubiéramos conocido, nos miramos fijamente de nuevo y poco a poco nuestras bocas se fueron acercando hasta que nuestros labios se dieron un beso dulce y delicado, puse mi mano sobre su pierna y le pregunté si le molestaba, me dijo que no e hizo lo mismo, nos dimos otro beso, igual calmado y tierno sentía el sabor de sus labios y me estaba excitando demasiado. De pronto escuchamos el sonido de un auto aproximándose y vimos la luz entrando a través de los vidrios, nos separamos y ella arrancó su auto, me dijo que ya no íbamos a entrar por las cosas que necesitaba pero que iríamos el siguiente día si no tenía problema y si deseaba acompañarla, por supuesto le dije que sí.

    Me dijo que tenía que ir por uno de sus hijos y que si me podía dejar en una parte del camino le dije que sí, nos fuimos todo ese rato en silencio pero cada quien con su mano sobre la pierna del otro, al llegar a donde yo me quedaría tenía el pene súper erecto y ella lo vio cuando quitó su mano para que yo bajara, sentí que permaneció un instante viéndolo. Nos despedimos con un beso en la mejilla y le dije que yo la acompañaba al otro día por las cosas, me dijo que sí.

    En la mañana en la oficina Ana venía con un vestido igual de espectacular incluso mejor, pero cubría sus pechos con una especie de poncho, sentía que el momento se acercaba y era paciente. Ya en la tarde ella salió de su oficina y frente a todos me dijo que si la podía acompañar por unas cosas a la bodega, ya casi eran las seis, nuestra hora de salida, una de mis compañeras me dijo que ya todos se iban y se burló porque saldría más tarde, no tenía idea de nada. Nadie tenía idea.

    Cuando todos se fueron y sólo quedamos nosotros, miré a su oficina y ella se quitó el poncho, ahí estaban esas tetas que tantas veces soñé y que siempre me exprimían hasta dejarme seco. Entré a su oficina y le dije que si me podía sentar, ella aún estaba frente a su computadora, me dijo que estaba terminando algo, que ya le faltaba poco, me fui acercando a ella y como el día anterior puse mi mano en su pierna, al acercarme veía sus pechos sobresalir de ese escote y esta vez los miraba sin ningún tipo de reparo, sutileza o disimulo. Sonrió, apagó la computadora, me miró y nos besamos, ya sentía mi sangre fluir velozmente por todo mi cuerpo y como lentamente nos proponíamos culminar lo que habíamos empezado en el estacionamiento.

    Nuestro beso se fue haciendo intenso y apasionado pero sin prisa, realmente sentía algo diferente, era como si toda su experiencia en la vida me la aventara en la cara, Ana me tomó del cuello y yo empecé a sentir la piel de su espalda y sus brazos con mis manos, cuando después de unos minutos así separamos nuestros labios nos miramos fijamente a los ojos y vi que debajo, su escote me invitaba ferozmente a descubrir que era lo que estaba justo ahí, tenía varios lunares y pecas en su pecho y brazos, eso me la empezaba a poner durísima, besé su cuello y bajé al pecho y hasta sus brazos, algo flácidos tal vez por su edad pero me encantaban, ella decía: -“Mmmm, qué rico”-; la cargué y me senté en su silla y la puse frente a mí viéndonos cara a cara sentada sobre mí, quería que ella sintiera como tenía mi pene por ella y lo sintió y se empezó a mover de adelante hacia atrás. Nos besábamos, no hablábamos y ella me comenzó a desatar el nudo de la corbata, nos fuimos desnudando, cuando ella se quitó el vestido sentí temblores en mi cuerpo, no creía lo que estaba pasando, estaba en la oficina con mi jefa sobre mí, únicamente ambos ya con nuestra ropa interior.

    Con mucha delicadeza le insinué que quería ver lo que estaba escondido, ella dijo:

    -A: Yo primero.

    Se levantó un poco de mi regazo y comenzó a quitarme el bóxer, yo evidentemente estaba a punto de explotar, cuando me lo quitó finalmente sentí la humedad de su cachetero negro sobre mi pene descubierto, en seguida desabroché su bra y al fin pude ver sus hermosos pezones rosados plenamente levantados, eran de un tamaño mediano, sus senos se veían algo más grandes de lo que parecían aunque tampoco sin exagerar, instantáneamente los comencé a apretar suavemente con las manos y chuparlos como un bebé, hacía círculos sobre sus pezones con mi lengua, a ella le gustaba y a mí mucho más. Ana preguntó con una voz suave:

    -A: ¿te gustan?, ¿te gustan los vestidos que hacen que los resalte?

    -Y: Me encantan, siempre me han encantado.

    -A: Qué rico se siente, sigue comiéndotelos mi amor.

    Aumentaba mi intensidad al chuparle los pezones y le deba tenues mordiscos utilizando mis labios, sentía como me regalaba sus primeros gemidos, muy suaves.

    Nos levantamos de su silla y la volví a sentar en ella, me puse de rodillas en el suelo y comencé a besar sus chamorros, así poco a poco hasta ir llegando a su vagina, la empecé a chupar aún con sus cacheteros puestos, finalmente se los retiré cuidando que no le quitara sus tacones, por alguna razón me pone muchísimo coger y que una mujer se deje sus tacones puestos, ahora sí me disponía a comer toda esa puchita rosa y peludita cuando puso su mano en mi frente como diciendo alto, en ese momento sacó de un cajón un lubricante y con dos dedos tomó algo de él y se lo colocó, sentí que no era necesario, los dos estábamos mojados pero tampoco dije nada, al final iba a ayudar.

    -A: Ahora sí, ¿qué esperas bebé? – dijo con una voz más dominante.

    Me acerqué y fácilmente ya se podía ver su clítoris excitado queriendo recibir un poco de amor, con mi lengua tomé un poco de lubricante que estaba en su vulva y comencé a chupárselo, no tardó mucho en comenzar a gemir aunque lo hacía suavemente como si no quisiera que los vecinos de oficina nos pudieran escuchar, también sentía como la respiración de Ana iba cambiando y me ponía sumamente caliente el hecho de saber que yo le estaba provocando este placer.

    Después de unos pocos minutos sacaba y metía mi lengua con cierta rapidez en su clítoris, Ana con su mano se metía mientras dos dedos en la panocha y dijo que pronto se iba a venir, empecé yo también a sentirlo en su cuerpo y en un momento sentí como tenía un orgasmo, yo seguía en el suelo y ella al tenerlo subió su cadera y entrelazó sus piernas sobre mi cuello, quedé algo arriba de su vagina y totalmente mojado de la nariz a la boca le besé su monte peludo y levantado.

    Se levantó de la silla, tomó de nuevo dos dedos de lubricante y los frotó en mi pene, comenzó a masturbarme lentamente.

    Me besó en la boca y dijo:

    -A: ¿me dejas ahora a mí chuparte todo eso?

    -Y: por supuesto, no sabes cuánto te deseaba así Ana.

    Bajó y empezó a chuparme los huevos como una maldita loca, me encantaba, era toda una perra la carismática Ana, ella lo hacía sin calma ya, y lo hacía demasiado bien, a diferencia de ella yo sí iba rasurado totalmente de los huevos y el pene en general, esa sensación de su lengua en mis testículos era brutal, realmente me estaba llevando a un lugar donde nunca había estado.

    Ana procedió a chuparme el pito, movía la lengua rozando mi glande de una forma espectacular, mis piernas se me doblaban del placer ella lo notaba, iba de fuera hasta dentro sin atragantarse, era una experta, una autentica puta. Seguía y seguía

    -Y: Te encanta la verga entonces eh. – le dije mientras nos mirábamos a los ojos y ella tenía todo mi pene en la boca.

    -A: Un poquito. – se puso a reír sarcásticamente.

    Lo hacía tan bien que sentí que pronto me iba a venir por lo que le dije que se levantara y que cambiáramos de posición en lo que descansaba un poco de esta perra.

    Recargué mis nalgas sobre el escritorio y la jalé de su cadera hacia mí.

    -A: Métela con cuidado papi, poco a poco eh.

    Y: Claro que sí mi amor, me encantas, me pones pendejisimo, soy tu puto juguete, úsame, destrózame.

    Metí mi verga con cuidado como Ana dijo, aun así y estando perfectamente lubricado todo ese lugar, sentí un pequeño estallido dentro de ella y soltó un pequeño suspiro.

    Empecé a cogerla poco a poco, iba sintiendo como toda su esencia estaba empapándose sobre mi verga, la sensación de sus labios era celestial presionando mi pene, gemía y yo también lo hacía.

    -A: Delicioso, dame más, dame más, no pares cabrón.

    -Y: Qué hembra, me estás volviendo loco Ana.

    Mi pecho pegaba con su espalda, intensifiqué mis movimientos para penetrarla y ella comenzó a gemir un poco más, agarré sus pechos y los apretaba y frotaba, ella arqueando su brazo y cabeza hacia atrás me tomó el pelo y lo jalaba para acercar mi cabeza y besarme.

    -Y: Me encantan tus pinches tetas mami, las adoro más que a mi puta vida, te imaginé así tantas veces. Haciéndome tuyo.

    -A: Yo también te imaginé así metiéndome la verga como un animal papi.

    -Y: eres una perra Ana, amo todo lo que me haces sentir.

    -A: ponme de perrito imbécil, me encanta así, quiero sentir tu leche dentro de mí.

    Ya estaba oscuro de repente, y aunque podíamos encender la luz porque los cristales no permitían que de fuera se viera Ana sólo encendió una lámpara que iluminaba lo suficiente para ver nuestros cuerpos hirviendo de placer.

    Ana se colocó de perrito apoyando sus codos sobre la ventana, lubriqué mi pene y esta vez lo metí en su vagina sin tanto cuidado, ella gritó y suspiro.

    -A: Hijo de puta, con cuidado. –dijo seria por lo que me salió instintivamente un “perdón”. Se río y dijo:

    -A: No pidas perdón tarado, cógeme ya, hazme toda tuya, soy tu maldita hembra, dame tu lechita.

    La cogía con firmeza y a un ritmo increíble, se notaba que le gustaba así, gemía más que antes y lo hacía más fuerte, esos gritos me ponían al mil, su cabeza se iba hacia abajo por el placer, la tomé del cabello y la jalé hacia atrás con cierta fuerza. Con una mano le sostenía el cabello y con la otra comencé a nalguearla, sentí que la excitaba y rápidamente sus nalgas se pusieron rojas al tener su piel blanca.

    -Y: ¿Te gusta pinche putita? Eres una diosa Ana, me tienes a tus pies.

    -A: me encanta y me encanta que me hables así, eres un pinche enfermo también. No pares, así, así, hasta adentro métemela.

    En ese momento levanté mi cabeza para respirar profundo y tratar de aguantar un poco más y vi su reflejo y el mío en la ventana siendo uno mismo en ese instante, entregándonos en cuerpo y alma el uno al otro, absolutamente poseídos, también hasta abajo en la carretera la vida parecía seguir su ritmo de siempre aunque era como si nosotros en ese momento viviéramos sólo para nosotros, la luces alumbrando la ciudad, los autos, el tráfico, la gente caminando o trabajando en el edificio del frente, el mundo entero era testigo y seguro con algo de envidia miraba lo que Ana y yo teníamos en ese momento, era mágico, romántico y salvaje.

    De repente me dijo que se iba a venir, y yo también quería terminar dentro de ella, empecé a moverme con mayor vigor, los dos estábamos cerca de ese momento. Gemíamos ambos y la ventana comenzaba a empañarse un poco.

    -A: Dámelo todo papi, préñame, préñame.

    Eso me excitó aún más y finalmente le dije que me iba a venir sentí también como su vagina se contrajo y ella me decía que también estaba cerca, al fin eyaculé los dos dimos un suspiro casi al mismo tiempo y nos tumbamos en la silla, ella se sentó sobre mí y nos besamos. Sentía caer mi semen y los fluidos vaginales en mi entrepierna.

    -A: Qué rica lechita, estaba calientita, ¿te gustó?

    -Y: me encanto, me encantas pero no hemos terminado.

    -A: ¿ah no? – preguntó ella sorprendida.

    Yo quería volver a cogerme a ese mujerón. Aunque honestamente estaba rendido y mi pene lo demostraba. Le dije que me diera unos minutos, que realmente quería hacerlo otra vez y ella me dijo.

    -A: no tenemos ninguna prisa.

    -Y: ¿Quieres ir al sofá de la sala y nos acostamos?

    -A: Claro, vamos.

    Salimos de su oficina y fuimos a la sala, ya ella ahí se quitó los tacones, también me dijo que se había cansado. Fuimos tomados de la mano y desnudos recorriendo el pasillo por el que todo el tiempo pasamos, ahora hacerlo así se sentía tan excitante. Pusimos una sábana para no manchar el sofá y nos acurrucamos, Ana me tocaba suavemente el pene y lo masajeaba, rápidamente se me volvió a parar, pero decidimos quedarnos así por un rato, nos acariciamos y nos dábamos besos tiernos, por alguna razón eso me empezó también a excitar mucho, imaginar que Ana en ese momento era mi mujer y que eso se sentía estar al lado de una mujer empoderada y exitosa.

    Un rato después sonó su celular y me dijo que uno de sus hijos necesitaba que fuera a casa porque tenía algo de temperatura, pero me dijo que antes teníamos que acabar aunque fuera rápido, me sorprendí que en ese momento me pusiera por encima de uno de sus hijos.

    -A: iré a llevar al doctor a mi hijo pero antes vuélveme a coger papi, aunque sea rápido, perfora mi coñito otra vez, pero esta vez acaba en mi boca ¿sí?

    -Y: Claro, me encantaría eso amor.

    Ana me montó, yo estaba acostado y ella sentada sobre mi verga, agarró mi pene y lo introdujo en su vagina, aún estaba húmeda, se movía con más intensidad, realmente quería estar ahí pero tenía que irse.

    -A: Déjame llevar el control bebé, tú disfruta, yo te voy a acabar, ahora tú eres mi perrita.

    -Y: Amo serlo, vamos acábame, acaba conmigo mi amor.

    Ana tomó mis manos y las puso en sus tetas, verlas rebotar y escucharla gemir me indicaba que iba a terminar en pocos minutos y que bueno que era así porque esta puta me estaba matando.

    De nuevo sentí las contracciones de su vagina y le dije que también iba a venirme, gemíamos los dos como la primera vez, nuestra respiración era agitada y nuestros cuerpos estaban calientes, saqué rápido mi verga y ella se puso de rodillas y sacó la lengua para que ahí terminara.

    -A: ya casi mi amor, ya casi, vamos dámela, es mía, me pertenece y la quiero.

    Mientras con sus manos sobaba mis testículos para hacer más placentero el momento.

    Me vine al fin y ella la saboreo y vi que algo del semen lo comió, me besó y me dio las gracias por esa velada. Entendí que tenía que irse y dije:

    -Y: veté, ve con tu hijo yo limpio todo y cierro la oficina, no te preocupes.

    Mientras se ponía su ropa sonrió, fue hacia mí y dijo.

    -A: Muchas gracias. La pasé increíble, hace mucho que no disfrutaba tanto, y gracias por demostrarme que aún hay caballeros, eres una persona muy linda.

    -Y: Gracias a ti por darme la mejor noche de toda mi vida.

    Ella se fue y me quedé un rato en la silla de su oficina desnudo y masturbándome un poco más pensando en la noche que habíamos tenido.

    Al fin, mi fantasía era una realidad.

  • Una chica nueva en el piso (1/4)

    Una chica nueva en el piso (1/4)

    Mi novia y yo no vivimos solos por cosas de la vida —y la economía—, sino que nos vemos obligados a vivir con una tercera persona. Siempre hemos tenido una convivencia correcta con los distintos compañeros de piso que hemos tenido. Procuramos que todos sean jóvenes como nosotros, y tener un ambiente sano dentro de que cada uno hace su vida en su espacio. No había ocurrido nada especial. Por suerte, Sandra, mi pareja, y yo, que me llamo Alberto, nos ponemos suficientemente cachondos. Se podría decir que nuestra vida sexual es plena. Sí que yo le había dejado caer alguna vez a Sandra la fantasía de hacer un trío, aunque a ella no le hacía especial ilusión. La cosa quedaba ahí y no iba a mayores. A ella liarse con una mujer nunca le generó el más mínimo interés.

    Como he dicho, la cosa solía quedar ahí. Sandra, con su metro sesenta y cinco, su culo pequeño pero bien prieto y su talla grande de pecho, me quitaba la necesidad de querer acostarme con otras mujeres. Pero hace unos seis meses todo cambió. La persona que estaba ocupando la otra habitación del piso, con la que habíamos tenido una convivencia excelente, se marchó. Después de hacer varias entrevistas por videollamada, nos decidimos a meter a una chica muy joven, de solo veinte años —nosotros tenemos veinticinco—. No la conocíamos físicamente, así que la sorpresa fue mayúscula.

    El día que Francesca —era italiana— vino a vivir a casa, Sandra había quedado con unas amigas. Cuando sonó el timbre abrí la puerta, saludé educadamente, ella entró con dos maletas gigantes y la cosa no pasó de ahí. Apenas me fijé. Mientras colocaba las cosas en su cuarto, yo desde el sofá le iba sacando tema de conversación. Era muy deportista. Jugaba al fútbol, hacía natación y corría.

    —Aunque mi deporte favorito es el sexo, jajaja —dijo ella, descojonándose a gritos. Tenía una risa graciosa.

    —Ya sé cómo dices, jajaja —respondí.

    En un esfuerzo por ser buen anfitrión, levanté el culo del sofá y le llevé un vaso de agua. Debía estar agotada después de pasear los maletones por la ciudad. Cuando llegué a la habitación casi se me cae al suelo. Estaba de espaldas a mí. Llevaba unas mallas muy apretadas, que marcaban a la perfección su enorme y firme culo. La cintura le hacía una curva perfecta con los hombros, empotrarla debía ser sensacional. No pude apartar la mirada de su culo, era hipnótico. Tanto que cuando se giró se dio cuenta, por más que hice por disimular.

    —Te… te traigo un vaso de agua —dije.

    Ella sonrió. No era tan guapa como Sandra, pero su sonrisa era muy bonita con esos labios carnosos —esos sí eran igualitos a los de mi novia—.

    —Qué amable eres —contestó sin desdibujar la sonrisa.

    Se inclinó sobre mí para darme un beso en la mejilla y cogió el vaso. Su pecho era un poco pequeño, pero a través del top se intuía bonito. No parecía tener ningún defecto esta chica. Me quedé ahí de pie, hablando de la vida con ella. Mientras, la repasaba de arriba a abajo una y otra vez. Hablamos de los estudios, de la familia, de Italia, de España… Hasta que hice una pregunta que jamás debería haber hecho.

    —¿Y tienes novio, novia o algo por el estilo?

    Volvió a sonreír clavándome la mirada.

    —¡Ni hablar! —soltó de repente—. Solo tengo veinte años, quiero vivir la vida. Necesito probar muchas cosas antes de quedarme fija al lado de alguien.

    —¿Y qué son esas cosas que quieres probar?

    Se mordió el labio inferior y me miró fijamente el paquete. No me había dado cuenta de que a través del pantalón deportivo se notaba que se estaba poniendo morcillona.

    —Si te lo dijera tendría que matarte.

    Se me iba a poner dura de verdad. Decidí huir a tiempo. Me reí nerviosamente y salí del cuarto de Francesca. Fui a la cocina, donde esta vez el vaso de agua bien fría me lo bebí yo. Tuve que respirar lentamente, apoyando las manos sobre la encimera, para dejar de pensar en el cuerpo atlético de la chica italiana. Al poco, escuché sus pasos acercándose.

    «No te empalmes, no te empalmes, no te empalmes», me repetí.

    Ella me abordó por detrás. Acarició mi pene sobre el pantalón, buscando la erección que tardó tres segundos en llegar. Me besó lentamente el cuello, empezando casi por el hombro y terminando con sus dientes en el lóbulo de la oreja.

    —Ser «la otra» es una de mis mayores fantasías —susurró, con ese acento italiano que me ponía tan cachondo.

    No era capaz de pensar nada en ese momento. Me giré, la miré a los ojos y me besó lentamente. Primero solo labios, luego añadió una lengua por la que, si soy sincero, volvería a ser infiel mil veces. No soy capaz de recordar si el beso duró treinta segundos o diez minutos. Perdí la noción de todo. Cuando nos separamos, Francesca no me dio opción a decir palabra. Se puso de rodillas, me bajó los pantalones y empezó a chuparme la polla. Lo hacía muy suavemente, recorriendo con su lengua cada centímetro de mi miembro. Acariciaba mis testículos con cuidado, y de vez en cuando me masturbaba con fuerza. Cada vez que volvía a introducirse mi pene en la boca aumentaba la velocidad.

    Cuando estaba a punto de correrme, sujeté su cabeza para que no la sacara de su boca. Ella lo aceptó de buen grado. Empezó a chuparme con furia la punta, forzándome a eyacular con fuerza. Siguió mamándola hasta hacerme soltar la última gota. Cuando terminó, me acarició los testículos unos segundos más.

    En ese intervalo se abrió la puerta de casa. Era Sandra. Francesca me subió rápidamente los pantalones y se quedó frente a mí, mirándome a los ojos.

    —¡Hola, cariño! —gritó Sandra desde la entrada.

    —¡Hola! ¡Adivina quién ha llegado a casa!

    Francesca abrió la boca sin apartar la mirada. Estaba llena de semen. Cuando los pasos de Sandra estuvieron suficientemente cerca, sin llegar a entrar en la cocina, la chica nueva cerró la boca, tragó y la volvió a abrir. Ya no había nada. Se giró para recibir a mi novia.

    —Yo soy Francesca, encantada —espetó sonriendo, como si nada.

    —Encantada Francesca, yo soy Sandra.

    Las dos se abrazaron para saludarse.

    —Bueno, os dejo a vuestras cosas de pareja. Yo me voy a echar un rato que estoy molida con la mudanza.

    Sandra vino a saludarme con un beso y un abrazo. Mientras Francesca se iba, se giró para repasar de arriba a abajo con la mirada a mi novia. Me miró y volvió a morderse el labio. Este fue el comienzo de la historia sexual más loca de mi vida.

  • El novio de Rafaela (parte 2)

    El novio de Rafaela (parte 2)

    La mañana fue larga. Rafaela había elegido varios arreglos para decorar la sala y solo le faltaba aprobar las muestras que le había preparado la florista, pero al ver los ramos que le presentaba, se descompuso literalmente. Según ella, no tenían nada que ver con las fotos del catálogo. Tuve que pasar dos buenas horas sonriendo y contestando a las angustias de mi amiga (que obviamente había querido elegir otros arreglos) acerca de si los lirios quedarían bien con los girasoles, si las rosas rojas no eran demasiado rojas y otras cosas así por el estilo. Cuando regresamos a la casa, Lionel nos esperaba para el almuerzo.

    Nos sentamos en la mesita de la terraza, yo estaba frente a Lionel y Rafaela estaba a su lado. Le contó la dolorosa epopeya floral de la mañana y nos explicó lo que teníamos que hacer en la tarde durante su ausencia. Su novio le había regalado un masaje en un salón de belleza para que se relaje antes de la boda y que descanse. Nos dijo que tocaba revisar la disposición de los asientos para estar seguro de que no se iba a despertar de nuevo cualquier rencor familiar en alguna mesa. También teníamos que recoger el vino que habían pedido en la bodega del pueblo vecino. Yo iba a pasar la tarde a solas con Lionel y el solo hecho de pensarlo me volvía totalmente febril.

    Terminamos el almuerzo y, apenas se escuchó el carro de Rafaela alejarse, que Lionel se prendió un cigarro y me miró con malicia:

    —¿Te parece si cambiamos la tarea de revisión de los asientos por una hora de piscina? Ya lo vi con ella mil veces, está todo bien, se estresa por las huevas… ¡Nosotros también necesitamos relajarnos!

    —¡Cómo no! Nunca me bañé en su piscina y ya hace tiempo que no me faltan las ganas —le contesté con entusiasmo.

    —Me imagino que tienes ganas, sí… Llevas días ayudando para los preparativos sin que Rafaela te dejara tiempo para poder probar lo rico de tener eso en casa…

    Me miraba a los ojos, enrojecí y no supe qué contestarle. Me estaba derritiendo por adentro. Fui a mi cuarto para poner mi bikini y buscar una toalla. El cepillo estaba todavía en la cama y, mientras me quitaba mi calzón, volví a pensar en mi sesión de masturbación de la mañana. Estaba todavía con ganas y creo que había empezado a mojarme desde que Rafaela había cerrado la puerta de su carro. Ajusté los triángulos que cubrían mis tetas y pese a mis esfuerzos para disimularlos, la tela fina revelaba mis pezones duros. Cuando regresé a la terraza, Lionel ya estaba en la piscina nadando. Entré lentamente e hice un par de brazas bajo el agua, era verdad que era muy rica. Se instaló en una colchoneta inflable con sus lentes de sol, mirando hacia el cielo con una gran sonrisa satisfecha.

    —Eso, Sandra… Eso es la vida…

    —Qué rico, gracias por el cambio de programa —le contesté, subiéndome a la segunda colchoneta para imitarlo.

    Nos quedamos en silencio un rato, flotando el uno al lado del otro. A veces nuestros pies se rozaban. En medio de esta aparente escena ocio de verano, mi corazón latía fuerte en mi pecho. Me moría de ganas y, a la vez, a pesar de lo que había pasado en la noche anterior, temía haberme inventado una atracción compartida, viendo signos donde no había. Hubiera podido ponerme en la peor de las situaciones si hubiera dado una señal desapropiada. La zorra que trata de seducir al novio fiel e ingenuo de su mejor amiga, un par de días antes de su boda, qué fea traición… Pero la tensión que experimentaba era demasiado fuerte, intenté algo sin abrir los ojos.

    —Lionel, ¿puedo preguntarte una cosa íntima?

    —Dime.

    —¿Nunca has tenido una historia con otra mujer que Rafaela?

    —Así es, nunca con otra…

    Marcó una pausa. Nuestras colchonetas casi se pegaban, agarró mi mano que colgaba en el agua.

    —Pero no significa que no tenga ganas.

    Miré a mi lado. Su short estaba desformado por una erección. Ya era claro, eran ganas compartidas. Sin embargo, no significaba que él quería que pasara algo. Había que tomar precauciones todavía. Me quedé callada y siguió.

    —Y si estamos hablando de intimidad, te contaré que a menudo me masturbo pensando en otras mujeres. Creo que todos lo hacemos ¿no?

    —Sí creo… Por lo menos yo también, no pienso siempre en mi novio cuando lo hago —le contesté.

    —Mira, ahora mismo estoy pensando en otra mujer.

    Estaba amasando lentamente su entrepierna, sus lentes seguían fijando al cielo. Tomé su gesto como una invitación y empecé a pasar suavemente mi mano sobre la tela que apretaba mi sexo. Me electrizaba, tenía ganas de meterme un par de dedos sin esperar más, pero el juego se anunciaba divertido. Quise provocarlo:

    —¿Ah sí? Y ¿qué hace esta mujer?

    —Como yo, se está tocando. Es algo que le gusta, lo sé. La imaginé masturbarse muchas veces. Me gusta cómo se pone cuando está a solas, es una morbosa. Esta mañana la imaginé de rodillas, con las piernas abiertas, sobándose sobre las sábanas de su cama. En mi fantasía, estaba con tantas ansias de una verga que se metió el mango de su cepillo para el cabello en la concha…

    Lionel había sacado su verga de su short y se estaba masturbando mientras me contaba sus fantasías que, obviamente, me confirmaron que yo no estaba tanto a solas en la mañana. Metí mi mano en mi bikini y empecé también a masturbarme. Estaba tan mojada que se escuchaba este delicioso ruido viscoso provocado por el movimiento de mis dedos empapados. Lionel respiraba hondo.

    —Esta mujer es una hembra en celos… —le dije, fingiendo una indignación poco creíble —¿Qué más hacía?

    —Alucinas que no le alcanzó el cepillo que ya le llenaba la concha hasta el fondo. La muy puta quería más y se metió un dedo en el culo…

    Se cortó con un suspiro de placer, vi que se la corría fuerte y rápidamente, no le iba a faltar mucho para venirse y me excitaba como nunca. Me había puesto tres dedos en la concha y con mi otra mano me estaba ocupando de mi clítoris, para mantenerme al borde del orgasmo. No me faltaba nada, pero quería venirme con Lionel. Seguí jugando un poco, era definitivamente tan vicioso como yo.

    —Creo que ella se estaba imaginando que le cachabas el culo —le dije —, estoy segura de que lo tiene bien apretadito, pero acogedor, y que no necesita lubricante porque se moja tanto que le chorrea hasta su ano de zorra.

    —Uy… qué rico… Me gustaría escupirle en su huequito mientras la cacho en cuatro. Le abriría el culo con mis dedos. Metiéndolos ahí uno por uno. A ver, uno…

    —Dos… —contesté, siguiendo lentamente el obsceno contaje.

    —Tres…

    Soltó la cifra en un suspiro, sentí que le costaba contenerse. Los dos estábamos jadeando, masturbándonos uno al lado del otro sin mirarnos. Decidí dar el golpe de gracia, describiéndole en presente una escena que su mente arrecha no iba a aguantar:

    —Ahora, vas a sacar tus dedos y retirarte para pajearte encima de su culo. Ella se viene gritando con un par de fricciones suyas en su clítoris, mientras tu leche cae en su culo y chorrea dentro su ano entreabierto…

    Escuché un gemido largo a mi costado. Pellizqué mi clítoris y me dejé invadir por el orgasmo.

    Cuando volví a girar la cabeza para ver a mi lado, Lionel había levantado sus lentes y me estaba mirando. Tenía semen en la barriga y en el pecho, su eyaculación había sido intensa. Sonreía, satisfecho y vicioso. Íbamos a ir más lejos, era inevitable.

    Nos fuimos a cambiar cada uno de su lado, era hora de ir a recoger la encomienda de vinos. Bajé mi bikini todavía brillante de mi goce, me enjuagué rápidamente y puse mi vestido negro de verano, corto y ligero, mi favorito. Busqué un calzón limpio en mi maleta desordenada. Encontré una tanga negra, como casi toda mi ropa interior. Me la puse y me detuve mientras iba a abrir la puerta del cuarto para salir. Una chispa de morbo acababa de estallar en mi mente. Sonreí solita, me quité la tanga, salí y alcancé a Lionel que ya me esperaba en su carro.

    Me senté a su lado, arreglando mi vestido debajo de mis nalgas desnudas para que no estén en contacto con el asiento de cuero sintético. Siempre me había excitado salir sin ropa interior, llevando una falda o un vestido. Sentir el aire correr contra mi culo y mi sexo vulnerables me volvía loca, tanto como el peligro de que un movimiento mío o una corriente de viento hubiera bastado para revelar mi intimidad a cualquier persona. A mi novio le encantaba que saliera así cuando íbamos a cenar en un restaurante o que íbamos a un bar con amigos y, más aún en invierno, porque llevaba medias. Antes de salir, se sentaba en la cama de nuestro cuarto, ya listo, con camisa planchadita y pantalón formal, y me miraba poner mis atuendos de putita. Era nuestro ritual. Dándole la espalda, sin tanga ni calzón, tomaba mi tiempo para poner mis medias y ajustar mi liguero, agachándome hacía adelante, abriendo las piernas, poniendo un pie en la cama para estar cómoda, mientras él se masturbaba suavemente mirando mi culo desnudo. Me gustaba exhibirme frente a él, más aún llevando liguero, siempre me empezaba a mojar mientras me vestía. Terminaba por poner un vestido de niña buena para esconder nuestro secreto y un par de tacos. Me ponía frente a él, levantaba mi vestido y lo dejaba deleitarse de mi excitación con un par de lenguazos. Salíamos, sabiendo que íbamos a cachar rico regresando a casa, y probablemente empezar en las escaleras del edificio donde vivíamos. Aquellas noches, mi novio no se perdía una ocasión de tocarme discretamente, lo que me calentaba mucho. Me acuerdo que una vez, en una discoteca, mientras estábamos apoyados de espalda en la barra mirando la sala llena, había pasado su mano discretamente debajo de mi falda por atrás y había acariciado mi sexo. No le había sorprendido encontrarlo húmedo y, sin dejar de mirar a la gente que bailaba, fingiendo un aire distraído, había chupado sus dedos, como si acabara de agarrar un pastel lleno de miel…

    Volviendo a pensar en esta escena, les dejo imaginar que, al subir en el carro de Lionel, estaba exageradamente excitada.

    Manejó hasta el pueblo vecino que quedaba a unos quince minutos. En el camino, conversamos tranquilamente de la calidad de los vinos de la región y de nuestros gustos respectivos. La tensión sexual entre nosotros no se había atenuado para nada con nuestra masturbación simultánea en las colchonetas. Al contrario, nos teníamos unas ganas tremendas que escondíamos debajo de un falso debate sobre el Cabernet. Volví a pensar en un viaje en carro que se había convertido en una mamada memorable con uno de mis amantes. Ahora que había visto a Lionel masturbarse furiosamente y que había descubierto su verga, me moría por tenerla en la boca. Si hubiera agachado mi cabeza hacia su entrepierna, estoy segura de que la hubiera encontrado perfectamente parada. Mi vestido se había apenas levantado debajo de mi culo y sentía que mis labios íntimos tocaban el asiento. No pude resistir a la tentación de hacer un par de movimientos de caderas discretos para sobarme, lo que lamenté apenas llegamos. Me levanté para salir del carro y Lionel miró mi asiento en lo cual había dejado una marca brillante y viscosa. No tuve tiempo para sentirme incómoda cuando me di cuenta de que un bulto consecuente desformaba su pantalón.

    —Nunca vi a alguien apasionarse tanto por defender un tipo de cepa… —me dijo, burlón.

    —Yo tampoco —le contesté, sonriendo.

    El vendedor de la bodega nos entregó una carretilla con una cantidad desproporcionada de cajas de vino. Lionel reía, Rafaela era definitivamente loca. Su encomienda no era para las cien personas invitadas, no, había por lo menos para el triple. Cargamos las cajas en el carro, tratando de ordenarlas lo mejor posible para que entraran todas. En este Tetris tamaño humano, felizmente fuimos buenos. Agarrando las últimas cajas, me agachaba bastante, aprovechando la excusa de lo bajo que era la carretilla para dejar a Lionel adivinar la curva de la parte baja mis nalgas, descubierta por mi vestido. Sabía que me veía y me gustaba dejarle la duda de si llevaba ropa interior o no.

    Cuando volvimos a sentarnos en el carro, se puso serio y me dijo:

    —Sandra, me gustó lo que pasó en la piscina… Pero me voy a casar en un par de días y no quiero que vuelva a pasar.

    De la nada, se arrepentía. Me hizo en efecto de una ducha helada. Estaba confusa. Crucé las piernas, incómoda y avergonzada, contestándole que lo sentía, que claro no iba a volver a pasar, que habíamos tenido un desliz culpable, que lo lamentaba y que… Me cortó.

    —No quiero que vuelva a pasar así —repitió. —Sandra, la próxima vez, te la voy a meter.

    Continuará…

  • Sometida y feminizada (tercera parte)

    Sometida y feminizada (tercera parte)

    Ella me llevó jalándome la correa de perrita hasta la cocina en donde me ordeno que sirviera un par de tragos mientras iba al baño, yo la obedecí y luego de que regresara fui a la vez al baño en donde me limpie un poquito y siguiendo sus órdenes me senté en la tasa a hacer chichi, ya libre de eso volví a la cocina y después de terminar un par de tragos juntas comimos unas cuantas galletas, mientras ella me explicaba cosas de mujer, me indicaba como sentarme como tomar las cosas, caminar y moverme de la forma más femenina, como era tarde, y después de hacerme jurar que me había encantado todo lo que me había hecho hasta el momento, me pregunto si quería dormir, yo conteste de inmediato que si con la voz más femenina que tenía y mientras movía mi cabecita asintiendo seguí dándole las gracias por dejarme quedar y prometiendo que iba a ser muy obediente pues me encantaba ser feminizada y sometida.

    Entonces ella me dijo que era hora de ponerme la pijama pues me iba a enseñar a dormir como una sumisa, fuimos caminando hacia otra de las habitaciones en donde me indico que iba a dormir, era una habitación femenina, con una cama sencilla de metal, me mostro la puerta de la habitación principal que estaba al lado y me dijo que ella estaría ahí por lo que podía estar tranquila, pues iba a dormir atada a esa cama, entonces me ofreció una pastilla, me dijo que era un tranquilizante que me iba a ayudar a dormir mucho mejor y más fácil, además me pondría mucho más obediente, yo lo tome confiada y en menos de dos minutos ya estaba completamente embotada, me sentía muy suave y somnolienta, completamente dispuesta a hacer todo aquello que ella me dijera, lo primero que hizo fue quitarme el vestido, luego la ropa interior dejándome solo con las medias de liguero.

    Mientras lo hacía me dijo que estaba muy mojada y como no quería que mojara la cama me iba a poner un pañal, como era de mujer era rosado y encima me coloco unas pantis blancas muy suaves, luego me puso un sostén blanco con relleno y pantimedias blancas, yo obedecía su voz y sus indicaciones encantada de sentirme tan femenina, me encanto un momento en donde puso mucha crema humectante entre mis piernas y en mis nalguitas mientras me decía que me quería muy suavecita en la mañana, también cuando me coloco unos guantes largos y una faja blanca muy suavecita, pero lo que más me encanto fue la pijama, era una bata rosada con adornos de encaje, cuando me la coloco me sentí vestida por una nube, me sentía súper femenina, muy suave y delicada.

    Así vestida me llevo a la cama en donde me ato de forma que quedara bien acostada, puso mis manos entre mis piernas y me ato los pies juntos, y mientras sentía como me arreglaba la pijamita se puso encima de mi colocando mi cabecita entre sus piernas, así me comenzó a pasar sus pantis por mi boquita mientras yo sacaba la lengua excitada, luego corrió sus pantis y metió su verga en mi boquita para que la chupara, como ya no podía mover mis manitos lo único que pude hacer fue tocarme mientras ella me miraba y me decía que era una putica muy caliente, luego sentí como se bajó y me puso boca abajo, levanto mi pijamita y con mucha habilidad metió un vibrador en mi culito, entonces se arrimó al lado de la cama y mientras se tocaba junto a mi carita comenzó a jugar con el vibrador y sus velocidades, luego me dio vuelta nuevamente, se colocó de forma que su verga apenas tocaba mi boquita y comenzó a masturbarse delante de mi carita, se tocó toda mientras yo intentaba meter su verga en mi boquita y le pasaba mi lengüita, así se vino toda en mi carita y me puso a limpiarla con mi boquita, luego se quitó las pantis y las puso encima de mi carita indicándome que ya era mi hora de dormir, yo todavía muy excitada me sentía súper mojada y seguía obedeciéndola, así que me dispuse como estaba a dormir, lo cual logre de forma sorprendentemente rápida pues lo siguiente que recuerdo fue abrir mis ojos en la mañana y estar en la misma posición en la que estaba, todavía con sus pantis en mi carita y así amarradita.

    Mire como pude y note en una pared un espejo que no había visto, estaba ubicado de forma que veía como ella dormía en la otra habitación, yo tenía ganas de hacer chichi y entonces recordé que estaba usando un pañal, así que después de mucho intentarlo logre descargarme en él, volví a dormir otro rato y me desperté nuevamente la escuchar su voz, primero la sentí a mi lado y abrí mis ojos justo cuando sentí que quitaba las pantis sucias de mi carita, primero me tomo un par de fotos mientras me preguntaba si quería ir al baño, yo le respondí de forma mimada y femenina que sí, que también estaba toda sucia pues me había hecho chichi en la camita, ella me libero de mis manos y piernas, aunque luego tomo mis manos y las ato a mi correa de perrita, así tomando la correa me llevo al baño, allí me comenzó a bajar las pantimedias mientras me decía que estaba muy sucia, que había vuelto nada mi ropita por lo que me debía castigar, yo asentía excitada y respondía a cada una de sus preguntas, así me sentó en la tasa y mientras hacía mis necesidades me conto que todavía estaba bajo el efecto de la pastilla del día anterior, que si bien ya había pasado el sueño el efecto de una de las sustancias que traía simulaba a los estrógenos, así que era normal que me sintiera muy femenina, yo la escuchaba interesada y sintiendo que lo que decía era cierto, pues me sentía muy femenina, muy como una chica sentada en la tasa, dominada y muy excitada, cuando termine ella me soltó mis manitos para que me limpiara, luego me quito la pijama y el resto de la ropa interior femenina y me dijo que entrara a la ducha y la esperara ahí. Yo obedecí sumisa y entre a la ducha aun con mi correa y mis pulseras.

    Alcance a lavarme bien entre las piernas con el primer jabón que encontré y ya ella estaba entrando al baño nuevamente con un vestido de baño de una pieza, un juguete erótico y una bolsa negra, me indico que me enjabonara bien, entonces se quitó su bata y entro a la ducha en ropita interior, primero ato mis manos al collar de mi cuello, luego saco de la bolsa negra una manguera, terminada en una punta curvada y con una bolsa de agua, me puso de espaldas contra la ducha y mientras me introducía la manguera por mi culito me fue explicando que era para limpiarme por dentro, que me iba a llena de agüita y que luego tenía que ir al sanitario y regresar, así me hizo ir al baño tres veces y cuando regrese vi que cambiaba la bolsa de agua por una más pequeña de crema, yo volví a mi posición y mientras me metía el tubo nuevamente por el culito me dijo que me iba a poner una crema especial, pues tenía una alta carga de una sustancia que simulaba los estrógenos, además era lubricante y tenía un efecto caliente por lo que iba a sentir la colita muy caliente durante el resto del día, yo le agradecí y mientras paraba mi colita sentí la crema dentro de mi culito, era diferente al agua pues sentí que se iba más adentro y entonces comencé a sentir mi culito súper caliente, cuando termino me saco la manguera y me coloco el vestido de baño así como estaba pues se ataba a mi cuello.

    Ya así vestida me puso un jabón en las manos y me ordeno que lavara sus pantis mientras las tenía puestas, yo de inmediato me puse de rodillas y como pude comencé a pasar mis manos por sus pantis, tocando su rica verga, luego se dio vuelta y lave bien su colita y su culito, entonces se dio vuelta nuevamente y quitándome el jabón bajo sus pantis y metió su rica verga en mi boquita, me comenzó a comer por ella tomándome de la cabeza, me halo y me puso en cuatro como una perrita para comerme toda, luego me dio vuelta y la metió por mi culito para montarme duro y rápido así con las nalguitas paradas, yo gemía y pedía más, me sentís súper excitada así montada y comida en vestido de baño, mojada y sometida, entonces comencé a sentir como ella lo metía mas adentro, más profundo y entonces sentí como se vino toda en mi culito, como lo lleno de lechita, se sentía delicioso y hacia que mi colita estuviera mucho más caliente y yo me sentía toda llena y femenina, ella lo saco y tomando el juguete erótico, lo metió en mi culito, como era un tapón no se salió mientras ella ordenaba mi ropita y me ayudaba a poner de pie, pues otra vez mis piernas temblaban de la excitación.

  • 100 pesos bien invertidos (parte 3)

    100 pesos bien invertidos (parte 3)

    No volví a ver a Morena en la calle. El último encuentro había terminado con un beso candente y su teléfono anotado en un papel. Eran tiempos previos a Whatsapp, cuando todavía la gente hablaba por teléfono. Dejé pasar unos días para marcarle, mal disimulando mi interés. Una noche marqué su número y me contestó como si fuera yo un cliente más hasta que le aclaré que era su “vecino”. Su tono cambió de inmediato, pero me pidió que le llamara al día siguiente, más temprano, pues estaba trabajando. Que si pudiera lo hiciera antes de las 6 pm.

    No me lo tomé a mal y, siendo mi día de descanso, no tuve problema con marcarle después de la comida. Platicamos un poco y me propuso vernos. No quise verme, de nuevo, desesperado, y solo agregué que sí, que también me gustaría y que nos viéramos un día de estos. La conversación fue por otros temas, aunque siempre orbitando lo sexual. En algún momento salió el tema de los fetiches y le comenté que me encantaban los uniformes escolares. Me respondió que era una fantasía muy común, la colegiala. Pero mi fantasía tenía un elemento, quizás, un poco perverso. No me gustaban los trajes de bailarina exótica de faldas cortísimas, blusas transparentes, medias y tacones. Mi fetiche era más realista: me gustaba la apariencia genuina de estudiante, el uniforme de una institución específica, las calcetas largas, los lentes, el cabello recogido. Me dijo que era un perverso y que no tenía ese uniforme, pero, si yo lo llevaba, con gusto se lo pondría para mí.

    Ni siquiera tuve que pensarlo. La erección que tuve al pensarla vestida así y a mi merced eran la única confirmación que necesitaba. Quedamos en mi siguiente día de descanso a las 2 de la tarde.

    Por fortuna, el ciclo escolar estaba por comenzar, así que había muchísimas tiendas vendiendo uniformes. Vi una donde la dependiente tenía un cuerpo similar a Morena. Le mentí diciendo que el uniforme era para una prima y que si le quedaba a ella, seguro le quedaría también a mi prima. Compré todo lo necesario y le confirmé que iba para allá.

    ***

    Me recibió vestida en jeans y con una camiseta de holgada, el cabello envuelto en una toalla y el rostro totalmente desmaquillado.

    Morena vivía en una zona residencial. Sin entrar en mucho detalle, un familiar le rentaba la casa a precio módico. Cuesta un poco de trabajo imaginarlo, pero hace 15 años una mujer, transexual o no, podía ejercer la prostitución con relativa seguridad en su casa, siendo independiente. Ese era su caso y le estaba yendo bien, me dijo. Pasamos una salita sencilla y alcancé a ver un cuarto. Tenía luces rojizas, un espejo en la pared paralelo a la cama matrimonial y una televisión apagada.

    Me gustó el gesto. No me invitó a ese cuarto. Sentí ternura cuando me llevó de la mano a su dormitorio: una cama individual, un sofá de dos plazas, una televisión más grande que en la otra habitación y un librero con una cantidad modesta de libros y adornos.

    —¿Trajiste el uniforme? —me dijo, secándose el cabello todavía. Le extendí la bolsa y me dijo que le diera unos 15 minutos, que podía ver la televisión si quería. Me entretuve todo el rato curioseando en los títulos de sus libros.

    ***

    Decir lo siguiente es un lugar común, pero fue exacto: verla me cortó el aliento. Llevaba el uniforme completo, con sus calcetas altas, su falda, unos zapatos negros, sus lentes, el cabello recogido en una coleta. Agradecí que la dependiente de la tienda fuera tan poco sincera: la blusa polo con el logo de la escuela le quedaba un tanto ajustada. Los pechos de Morena estaban perfectamente delineados. Sus anchas caderas destacaban también con la falda de tonos rojizos. Sus muslos morenos contrastaban con la blancura de las calcetas.

    —¿Me va a ayudar con la calificación, profe? — dijo, jugando con su cabello.

    Nos sentamos en el sofá, muslo con muslo, siguiendo el juego. Ella fingía, con un libro, mostrarme algo. Hacía que mi brazo rosara sus pechos por encima de la blusa, palmeaba mi pierna demasiado cerca de mi ya evidente erección. Decía que hacía calor, abría su blusa un poco, dejando ver su escote, y se abanicaba con la falda. Puse ver su ropa interior, unos cacheteros que nada ocultaban su propia erección. Cerró de golpe el libro y tomó mi mano.

    —Profe, ayúdeme, si repruebo me corren. Mire, estoy asustada. —Y ponía mi mano en su seno izquierdo. —¿Ve cómo me late el corazón?

    Comencé a masajear su pecho y pellizcar suavemente su pezón, mirándola a los ojos a través de sus lentes. Repetía “Profe” en varios tonos. De recriminación, de enojo fingido, hasta decirlo gimiendo. Y comenzamos a besarnos.

    Su lengua era algo vivo. Toda su pasión la comunicaba a través de ella, empujando, rozando, latigueando y penetrando mi boca, mis labios. Jugaba con mi propia lengua. Y me llevaba a donde quería. Solo dejaba de besarme para atraerme a su cuello, a explorar el escote de su blusa. La abría lo suficiente para que asomara la carne tibia de sus pechos.

    Levantó su blusa haciendo el ademán de quitársela pero se lo impedí. Me sonrió traviesa y se limitó a subirla y sacar sus senos del sostén. Se recostó sobre el sofá y me dejó lamerlos a placer. Me di a la tarea inclinado sobre ella. Sus pezones estaban durísimos.

    —Profe, tengo un secreto — tomó mi cabello y me empujó con suavidad. — Aquí está.

    Morena abrió sus piernas. El cachetero que usaba estaba ajustado, revelando el bulto de su pene. Le seguí el juego, fingiendo desconocimiento. Comencé a rozarlo por encima de su ropa y ella se estremecía. Sin liberarlo, comencé a lamer la tela de su ropa interior, humedeciéndola y viendo cómo aumentaba su erección. La punta se liberó sola. Asomó por una de las mangas de la prenda y no era mi saliva de lo que ya estaba mojada. Pude, ya sin la presión ni la sorpresa de la última vez, saborear la excitación de Morena.

    Muchas veces quienes sentimos curiosidad por las mujeres transexuales bromeamos al respecto: al final, el clítoris es un pequeño pene, así que no hay diferencia. Pero hay algo que me resulta excitante de estar con este tipo de mujeres: siento una seguridad de mi capacidad para complacerlas porque su cuerpo me es más comprensible.

    Morena confirmaba mis pensamientos con sus gemidos y la urgencia con la que empujaba mi cabeza entre sus piernas. Liberé su pene por completo, apartando su cachetero. Recorrí con curiosidad y placer cada elemento de sus genitales: la base, sus testículos recién depilados, todo desde la punta húmeda y dura hasta el perineo.

    —Profe, ¿cuánto me pone por una mamada?

    —Depende, bromee. ¿Va a ser una mamada de seis o de diez?

    Morena sonrió e intercambiamos posiciones. Yo estaba ahora sentado con las piernas abiertas en el sofá y ella, de rodillas, me miraba entre las piernas. Se dejó de sutilezas. Me quitó los zapatos, bajó mis pantalones junto con la ropa interior y, de una, engulló mi pene completamente. Me miraba retadora a través de los lentes. Sus ojos lagrimeaban un poco, pero ella no se apartaba. A pesar de escuchar un leve sonido de arcadas, su lengua repasaba mi pene con habilidad. Al final se apartó e hilos de saliva unían mi pene con sus labios. Los rompió con su mano y, lubricada con ellos, comenzó a masturbarme. Uno por mis testículos fueron entrando por turnos a su boca. Sentía una succión casi dolorosa, pero infinitamente más placentera. Alternó por un par de minutos su mano, su boca y su garganta.

    Justo en el momento que presintió mi eyaculación, se llevó la punta de mi pene a sus pechos y dejó que mi semen escurriera entre ellos.

    —Ay, no, profe… Me va a dejar con ganas… — dijo, acariciando mi pene que comenzaba a ponerse un poco flácido. Fingiendo contrariedad se levantó, se cruzó de brazos y se arrojó boca arriba sobre la cama.

    Siguiéndole el juego a su berrinche, me acerqué despacio y comencé a acariciar sus pantorrillas a través de la tela de sus calcetas. Las besé también, ascendiendo por sus muslos y apartando la falda. Fui bajando poco a poco sus cacheteros para dejar al descubierto sus nalgas. Me apliqué sobre su ano. Ella inclinaba juguetonamente sus caderas, rozando su pene contra las sábanas. Cuando quedó inclinado bajo su cuerpo lo aprisioné y dejé que sus movimientos lo sacaran y metieran de mi mano, sin dejar de pasar y repasar mi lengua sobre su ano.

    —Me gusta mucho, profe — No supe si se refería a lo que le hacía o a mí mismo, pero ambas posibilidades me iban devolviendo la erección. Hice una rápida comprobación y confirmé que ya estaba listo mi pene para continuar.

    —No te vas a quedar con las ganas, Morena. —Le dije, al tiempo que acariciaba la entrada de su ano con la punta de mi pene.

    —Ponte condón primero.

    La obedecí, pues lo había dicho en otro tono, como si de golpe se hubiera salido de la fantasía. Siempre es un momento incómodo, cuando hay que pausar el placer y la entrega por algo que parece lo contrario: la precaución.

    Una vez enfundado en el anticonceptivo volví a explorar la entrada de su ano. Morena gimió, devolviéndome con ese sonido la erección que podría hacer perdido en la pausa.

    —Despacio, profe. Es la primera vez. ¿No me va a doler? —Sentí mi pene latir de deseo… Entré despacio, al ritmo de sus gemidos. Tengo el glande un poco grande, hay que decirlo. Sentí cómo batallaba para entrar. Sentía la carne caliente de su ano envolver la punta y, casi como si me hubiera succionado, el resto de mi pene entró dentro de ella con un gemido ahogado.

    A horcajas sobre ella, usando sus nalgas como asidero, comencé a penetrarla con buen ritmo. La única ventaja de ser un tanto precoz es que mi segunda vez dura por las dos. Durante varios minutos la hice gozar, penetrándola con suavidad o dureza, rápida o lentamente, según me lo indicara.

    Ninguno de los dos terminaba, pero me había cansado un poco de la posición y me salí de su ano. Ella, liberada de mi peso y de mi pene, se recostó boca arriba.

    —Qué cabrón, profe. Me lo dejó todo rojo —dijo riéndose.

    Yo me puse a acariciar su ano y sus testículos. Me subí sobre ella, quedando con los cuerpos invertidos, en un 69 involuntario. Me fui inclinando para besarle lentamente su ano…

    —Profe, me gusta mucho que me consienta así. Le voy a devolver el favor…

    Dicho eso, sentí su lengua enseñándome una caricia que me era del todo desconocida. Confieso que me perdí en la novedad de ese placer. Y ella se dio cuenta pues fue cambiando su posición de tal modo que me tenía a merced de su boca y de sus manos. Comenzó a ordeñarme al tiempo que aplicaba su lengua. A veces suavemente dibujaba círculos. A veces endurecía su lengua como si quisiera penetrarme.

    Yo tenía su pene entre mis manos y comencé a masturbarla.

    Sentía cómo su saliva inundaba mi escroto al bajar por el perineo. Y luego, sin dejar de lamer y besar, deslizó su dedo pulgar y lo introdujo, totalmente lubricado. No sé si fue el placer por sí mismo, o solo coincidió, pero en ese momento eyaculé. Su dedo siguió ahí y, primero por su gemido y luego por lo que sentí en mis manos, me di cuenta que ella también había terminado.

    —Profe, voy a tener que cambiar las sábanas… — dijo, acomodándose las gafas.

    ***

    Diez minutos después estábamos en la regadera. Nos besamos bajo el chorro, enjabonándonos mutuamente. A pesar del cansancio y el placer saciado, seguíamos buscando nuestros cuerpos, besando y acariciando. Era evidente, por ambas erecciones que rozábamos la una con la otra, que la tarde de sexo estaba lejos de terminar. El pene de ella se deslizaba debajo del mío, empujando mis testículos. Y, de pronto, con cierta brusquedad se arrodilló e hizo que me girara. Continuó con su lengua sobre mi ano. Yo, de pie, tomé las llaves de la regadera y me incliné, abriendo ligeramente las piernas. Disfrutaba de su lengua y del agua tibia sobre mi rostro.

    Tras una pausa que apenas noté y sin previo aviso, sentí la punta de su pene acariciando mi ano en lugar de su lengua.

    —Sí, sí, ya sé que nunca lo has hecho. Voy a ser cariñosa — me dijo, lamiendo mi oreja.

    Sentí su pene, por suerte delgado, entrar dentro de mí. Honestamente, disfruté más de su placer que del mío. Es decir, no es una sensación desagradable, pero prefería su lengua a su penetración. Y desde luego prefería penetrarla yo a ella. Sin embargo, es como el sexo oral a una mujer: no es que lo disfrutemos por nosotros, sino por el placer que le proporciona a nuestra pareja. Además, mientras me penetraba, me masturbaba, gimiendo. No estaba nada mal.

    Estuvo un par de minutos así. Salió de mí y me tomó de la mano. Nos secamos apresuradamente con las toallas y nos sentamos en el sofá. Para mi tranquilidad, vi que se había puesto un condón antes de penetrarme. Y sacó otro para ponérmelo.

    Es un poco complicado describir la posición. Yo me recosté contra el apoyabrazos del sofá con mis piernas sobre el otro apoyabrazos. Ella se montó en mí de tal manera que, apoyada en sus piernas y recostada sobre las mías, se ensartó con fuerza. Me encantó esa otra faceta de Morena, ya desnuda, sin juegos, entregada a su propio placer. Se masturbaba al tiempo que subía y bajaba. El mismo movimiento y ritmo iba acercando nuestros cuerpos… De pronto, sin dejar de penetrarla, había quedado frente a su pene. No perdí oportunidad. Comencé a besar y lamer la punta de su pene, a engullirla. Con su mano izquierda tomó mi cabeza, empujándome hacia a ella. Y eyaculó muchísimo. Con suavidad pero con firmeza mantuvo su pene dentro de mi boca mientras terminaba.

    Antes de que pudiera escupir o tragar, ella se levantó y se subió sobre mí. Me besó de lengua, como queriendo robarme cada mililitro de su semen. Pero una vez dentro de su boca volvía a derramarlo en la mía con un beso. Sentí sus hábiles manos haciéndome eyacular.

    —Ahora sí, profe. ¿Le gustó mi leche? Ya la probó como se debe…

    Parpadeé como si estuviera despertando de un sueño y sentí cómo me derramaba entre sus dedos. Creo que esa fue suficiente respuesta.

    ***

    No volví a ver a Morena, a pesar de mi insistencia y de la amistad telefónica que mantuvimos meses después. Lo último que supe fue que se iría a Monterrey a hacerse más operaciones y bailar en un sitio. Espero que donde quiera que esté, le esté yendo muy bien.

  • ¡Dos más, por favor!

    ¡Dos más, por favor!

    —Holaaa

    —Hola, vaya, me da gusto verte, pasa, pasa

    Era mi amiga quien venía de visita después de un intercambio en el extranjero, me sorprendió pues yo esperaba que viniera dos días más tarde, pero quiso darme la sorpresa de que ya estaba aquí. Esa tarde estaba descansando, no tenía nada que hacer incluso había pensado en salir a dar una vuelta, ir a beber tal vez, aunque la esperanza era que encontrara alguna mujer para pasar la noche, como sea la idea no terminó de formarse y decidí quedarme a ver algunas series hasta que el timbre sonó, mi amiga Caro, estaba ahí en la puerta, al principio no sabía que estaba pasando hasta que me saludo con gran energía, así era ella, eufórica a más no poder y a mí me agradaba eso, en realidad era de esas personas que con solo su presencia pueden poner felices a cualquiera, nuestra relación era de pura amistad nada más ni nada menos, de hecho ambos nos habíamos presentado a nuestras respectivas exparejas, cona suerte de que alguno de nosotros por fin lograra establecerse con alguien, la verdad es que éramos muy novieros y con esa confianza de años que nos teníamos podíamos contarnos lo que fuera cosa que pasó esa tarde, pues después de su viaje a estados unidos por un año habían cientos de historias de las que no paraba de hablar, hasta que la inevitable pregunta llegó.

    —Y dime ¿Ahí si tuviste suerte?

    —¿Te refieres a eso?

    —Vaya, ya te he dicho que es estúpido contestar a una pregunta con otra

    —Ay, perdón o sea una que viene aquí con toda la emoción y vienes tú a preguntar esas cosas, sabes la vida no sólo es sexo.

    —Vamos no tu te la crees

    —Jajaja, bueno si me la creí pero no tenías que matar el chiste tan rápido, eres un aburrido

    —Sí, sí el más aburrido del mundo pero no has respondido mi pregunta

    —Lo quieres saber todo, no eres mi hermano mayor

    —Claro que no, si lo fuera tendrías un poco de vergüenza y no me contarías todas tus aventuras, que por cierto son muchas y bastante cerdas, y por eso te pregunto que hiciste por allá.

    —Tú tampoco te quedas atrás en ser un cerdo jaja

    —Bueno en eso tienes razón pero el que interroga aquí soy yo y ya basta que estoy empezando a pensar que hiciste algo muy grave.

    —No para nada de hecho lo contrario

    —No te creo

    —De verdad, bueno tuvo algunos asuntos con algún gringo, pero nada en especial, solo fueron cosas de una noche y bastante comunes, nada para recordar

    —No te creo, tuvo que haber algo interesante, pasaste un año entero

    —Bueno, si ahora que lo mencionas hubo algo interesante, pero no pasó a más

    —Sabía que había algo, te conozco tan bien, ahora cuéntame

    —Ok ok, verás, hice algunas amigas y…

    —No te creo, ¿al fin te animaste a probar unas buenas tetas?

    —Cállate y deja terminar, conocí algunas chicas, y salíamos a divertirnos y a conocer la ciudad y bueno esto fue hace tres meses, una de ellas vino y nos dijo que había encontrado un lugar muy interesante, entonces nos pidió que la acompañarnos que nos íbamos a divertir mucho, las demás dijeron que no, pero como yo era la nueva en el grupo caí en su trampa, después de ese día las demás me comentaron que ella era una loca, y que cuando salía con que había encontrado algún lugar de diversión siempre se refería a algo sexual, y pues bueno me lo dijeron muy tarde porque en efecto, fuimos a un lugar… swinger

    —Nooo ¿En serio?

    —Así es

    —Pero he sabido de buena mano que esos lugares solo dejan entrar parejas.

    —No, para nada, pueden ir solteros y lo más cotizado son las solteras…

    —Vaya, vaya, quién diría que la pequeña Caro iba a tener su primer trío.

    —Pues no fue trío

    —¿Orgía?

    —No tampoco

    —¿Entonces?

    —Ah, me da vergüenza decirlo pero no hice nada

    ¿Qué? ¿Enserio?

    —Sí, cuando llegamos la verdad me tomó desprevenida, pero parecía que a ella ya la estaban esperando, me dijo que había un evento esa noche, era un grupo como de 10 tipos y nos estaban esperando, bueno en realidad estaba esperando a que llegaran más y de lo que parecía un 10 vs 5 terminó siendo un 10 vs 2, pero al ver la fila que nos esperaba la verdad asusté, sí admito que no soy la más santa pero por lo menos me gusta tomar un par de tragos antes revolcarme con alguien y en realidad el hecho de que unos completos extraños mirasen y literalmente hicieran una fila para cogernos, pues me dio miedo, no sabía nada de esos tipos y mi «amiga» ni siquiera me había advertido, así que aunque ya estábamos en el cuarto, hice como si no existiera y salí de la habitación, salí corriendo y fui directo al departamento, supongo que eso terminó en un 10 vs 1

    —Ya veo, pues que mal en realidad, dicen que uno se arrepiente más de las cosas que no hizo de las que sí.

    —Ya, ahí está el problema, después de un tiempo comencé a recordar esa escena, ese cuarto y esos tipos mirándonos cómo si fuéramos putas, y mientras más lo pensaba más fuerte se iba haciendo, a tal punto de que le pregunté a esa chica como había estado esa noche, me contó que se enojó al principio por no siquiera despedirme pero que luego se le olvidó con tanto que hacer, yo ya no quise sacar el tema, porque lo único que me hacía dudar era eso que yo no los conocía, que no sabía si eran sus amigos o solo eran tipos que se habían enterado que una joven latina estaría en ese lugar lista para complacerlos.

    —Como sea, no hiciste nada

    —No, nada y eres la única persona que le he contado esto

    —No le contaste a tus amigas a dónde te llevó

    —No eso sí, lo que no les conté es que me quedé pensando y dándole vueltas a la situación, a tal punto de que no puedo dejar de pensar en eso.

    —¿Lo dices en serio?

    —Sí, ¿Por qué?

    —Porque toda esa historia me puso a pensar, me imagino, a 10 chicas esperando a entrar a una habitación y yo, el único semental dispuesto a complacerlas, a hacerlas gritar de placer y…

    —Basta, lo que te digo es un tema serio

    —Bien, bien pues si te digo la verdad también pensé en tí

    —En mí ¿en esa fila? Estás loco

    —No, no, no, en una forma para ayudarte

    —¿Ah sí?

    —Sip, mira tú dijiste que la situación te gustaba, te daba morbo, y bueno lo único que te detenía era que no podías saber quiénes eran los que te iban a coger, de modo que hay una solución.

    —No lo dices en serio

    —Sí, muy en serio, te ayudaré a cumplir tu fantasía, solo si prometes cumplir la mía, básicamente, yo conseguiré a varios hombres que estén dispuestos a complacer a una joven dama, te los mostraré y tú escogerías a cuáles quieres, y luego de tu pequeña fiesta, me tendrás que conseguir a unas buenas chicas que estén necesitadas de amor.

    —Estás loco

    —No más que tu amiga

    —Supongamos que acepto ¿De dónde vas a sacar a varios hombres para cogerme?

    —¿Te preocupa de dónde voy a sacar a hombres dispuestos a tener sexo gratis con una hermosa chica de 23 años? con un culo tan firme que podría aplastar cocos, con unas tetas tan perfectas que harían envidiar a una miss universo, con unos labios tan…

    —Ya entendí, ya entendí, no eran necesarios los cumplidos.

    —¿Entonces es un sí?

    —Supongo que sí, pero si esto se sale de control nos olvidamos y seguimos con nuestras vidas.

    —Entendido, por cierto, aunque tú te retractes tienes que conseguir a las 10 chicas.

    Eso no es justo, lo tuyo sí está difícil

    —Ouch, eso dolió.

    —Fui sincera

    —No seré tan exigente, por mí sí tienen donde meterse las ya es suficiente.

    —Agh eres asqueroso!!!

    —Pero facilitaré tu trabajo, lo importante aquí es conseguir a tus príncipes azules

    —Ya empezaste, cállate

    —No te preocupes vamos a ponernos manos a la obra.

    Lo que quedaba del día nos la pasamos investigando y recabando información, al principio fue difícil pues en algo tenía razón, no se podía confiar tan fácil en tipos de internet, no podía poner un anuncio tal cual: «Ven al Gang Bang de Caro, los condones corren por nuestra cuenta», así que lo mejor fue ir persona por persona, así consultamos varios grupos en redes sociales, íbamos de perfil en perfil, y Caro iba dando su aprobación, no tenía un patrón concreto, escogía por pura apariencia, a veces por los comentarios que hacían, así pudimos sacar una lista como de 20 posibles candidatos, lo difícil era comenzar una conversación, pues caíamos en el mismo problema de anunciar a todo pulmón el evento, también teníamos otro problema, no teníamos ni fecha ni lugar, todo iba de mal en peor y mientras pensábamos en una forma para organizarnos bien, el día terminó y nos despedimos y se fue a su casa, pero más que la emoción de conseguir a mi orgía con varias chicas, pensaba en que le había hecho una promesa a mi amiga, entonces me dedique toda la noche a encontrar una solución, y está llegó, pensé que nosotros no teníamos experiencia en eso, por lo que la mejor idea sería contactar con alguien que supiera del mundo, así es como comencé a revisar los perfiles de los candidatos, esperando que alguno tuviera algo relacionado con orgías o intercambios o algo parecido, y así es como llegué al perfil del Señor V, este tenía algo interesante en su biografía, anunciaba que tenía una pareja y era una relación libre, entonces busque a su novia, Señora T, y ahí supe que era la indicada, pues todo su perfil estaba relacionado con el sexo, todo, clubes, cines xxx y encuentros, éramos de la misma ciudad, así que me atreví a hablarle, y le conté mi situación, ya cansado, me retire a dormir esperando su respuesta, la cual llegó en la tarde del día siguiente.

    —Hola, leí tu historia ¿Todo es cierto? ¿Quién es tu amiga?

    —Gracias por responder, sí todo es cierto, y bueno ella no sabe que la contacte por lo que quisiera llamarla y ahí se la podría presentar, ¿Tiene tiempo hoy?

    —Claro, me podrías llamar a eso de las 8, siempre y cuando tu amiga este presente.

    —Sí, no sé preocupe, le marcó después, gracias.

    —No hay de qué

    Enseguida le marque a Caro y le conté lo que había encontrado, ella se alegró y me dijo que llegaría a mi casa a eso de las 7:30, y así lo hizo, minutos antes de la llamada estaba muy nerviosa por lo que pasaría, yo traté de tranquilizarla hasta que marqué a la Señora T, ella colgó y dijo que quería una videollamada, le dije que estaba bien pues Caro ya me había dicho que sí, por lo que la volví a llamar y prendí la cámara de la computadora, si bien tenía varias fotos de ella en su perfil siempre censuraba la cara, por lo que era la primera vez que la veía en realidad, era una mujer como de 30 años bastante guapa, morena, con el pelo corto.

    —Hola, hola tu debes ser Caro

    —Hola sí, usted es la señora T

    —Puedes llamarme Teresa, ya veo que lo que me contó tu amigo es real, eres muy guapa Caro.

    —Gracias por el cumplido, usted es muy hermosa.

    —Jaja muchas gracias.

    —¿No hay cumplidos para mí?

    —Claro, claro, eres muy guapo y muy considerado, casi nadie tendría tanta confianza con sus amigos como para organizar algo así.

    —Bueno es que siempre he sido así.

    —Que bien, y bueno querían hacerme algunas preguntas ¿Cierto?

    —Sí cómo le dije somos nuevos en esto y queremos que las personas que asistan sean de mucha confianza y discreción, además no sabemos dónde hacerlo y en fin solo tenemos la idea pero no sabemos cómo llevarla a cabo

    —Ok entiendo, puedo preguntar ¿Por qué me contactaron a mí?

    —Bueno, eso pasó porque comenzamos a ver perfiles y Caro había contemplado el de su novio Señor V.

    —Ya veo, jaja puedo decirte que tienes buen gusto querida, entonces es por eso, mira vamos a hacer algo, los voy a ayudar, es más dejen todo en mis manos, revisaré mis contactos y te mandaré los mejores que tenga y tú elegirás a los que más te gusten, la fecha sí la tienes que poner tú, no sé cómo vayas de tiempo libre y en cuanto al lugar, lo haremos en un motel, es uno grande y que se especializa en recibir a grupos numerosos, es algo caro pero créeme que valdrá pena en cuanto al Señor V, estará encantado de asistir, de hecho me ayudará a realizar este evento.

    —Muchas gracias, enserio, no sé cómo agradecerle.

    —Créeme que a veces entrar a este mundo es complicado si no tienes conocidos, así que véanlo como un favor para unos amigos, estaremos en contacto, pásame tu número para que pueda darte los perfiles y me digas para ponernos de acuerdo en las fechas.

    —Está bien, si se lo haré llegar

    —Eso es todo pues nos mantenemos en contacto, buenas noches.

    La llamada terminó y en cuanto la pantalla se apagó Caro me abrazó con todas sus fuerzas agradeciendo todo lo que estaba haciendo por ella, yo le dije que no había problema, ya luego me pagaría jaja.

    Los días pasaron y yo ya me había desentendido un poco del asunto porque Caro estaba organizando y escogiendo a los participantes con ayuda de Teresa, pero de vez en cuando me mandaba mensajes con los nombres y perfiles de aquellos que estaban entre sus prospectos, la verdad esto era algo incómodo pues mi teléfono sonaba en los momentos más inapropiados y ¡Oh sorpresa un tipo desnudo en la pantalla de mi celular!, Ahora sé lo que sienten las chicas cuando sólo por existir les mandan fotos que no piden, pero bueno, no sabía si Caro estaba jugando conmigo, o estaba en serio pidiendo mi opinión sobre los tipos que mandaba

    —Yo qué se elige al que la tenga más grande supongo

    —Ah, qué simple eres, no es tan fácil

    —Bueno y si no quieres mi consejo porque tengo la galería con alrededor de 50 tipos desnudos

    —¿Los guardas?, A lo mejor quieres experimentar ese día, no lo había pensado

    —Claro que no, solo era una expresión.

    —Si cambias de opinión tienes un buen número de contactos de los que elegir

    —Sí, sí que graciosa

    —Pero dime, ¡ayúdame a elegir!

    —Ya te dije, no sé lo que quieras, no hay nada en común entre todos los que me has mandado

    —Lo sé, es que cada uno tiene algo que me gusta

    —Pues llama a todos

    —Ya lo había pensado, pero no quiero que se haga algo imposible de controlar

    —Pues entonces pídele ayuda a Teresa, que te recomiende a los mejores, digo ella sabe lo que hace

    —Pues sí, y los que te envié son los finalistas

    —¿Tantos?

    —Sí ya sé, es difícil

    —¿Sabes que?, Mira pon sus nombres en una ruleta, de ahí saca 10 nombres y serán los afortunados, déjalo a la suerte

    —Bien pensando, eso es lo que haré ves que si podías ayudarme, solo te haces el interesante

    —Todo con tal de que ya no me mandes más tipos desnudos

    —Ya, ya lo siento

    —Oye por cierto, ¿Cuándo y dónde va a ser?

    —Ah sí, no te lo había dicho, será la próxima semana, el viernes a eso de las 8 comenzarán a llegar, esperamos que sean puntuales, a eso de las 9 pensamos en que ya estemos todos y podamos iniciar, y el Motel se llama «Pasión»

    —Vaya nombre, bueno todavía hay tiempo, espero y me cuentes todo después de que puedas recobrar la conciencia

    —¿Qué?, ¿No vas a venir?

    —¿Qué? ¿Esperabas que fuera?

    —Obvio, tú me ayudaste en todo, es lo menos que esperaba, además yo pensaba estar presente cuando tengas a una fila de chicas frente a tu cama

    —¿O sea que si me vas a ayudar con eso?

    —Sí bueno, Teresa insistió en que era lo menos que podía hacer, y entre tu y yo, te cuento que ya te puso el ojo encima

    —¿Enserio?

    —Sí, va a estar ese día esperando por ti

    —De locos, en serio no me lo esperaba, y en cuanto a lo que me dijiste ¿Enserio quieres que esté ahí?

    —Sí, será divertido, y podrás ayudar a Teresa, bueno, si no quieres verme no te culparía, pero sí me gustaría que vigilaras que nada se salga de control ese día.

    —Sería muy raro si me quedo a ver pero sí, tienes razón no quisiera que les pasara nada

    —Ya ves, todo está planeado, así que nos vemos, hasta el viernes de la semana que viene.

    —Claro nos vemos

    La semana pasó sin más ya no hice preguntas ni nada hasta el viernes, acordamos vernos una hora antes en el motel, en la entrada, ahí estaba puntual, me mandó un mensaje donde decía que ellas ya habían pasado al cuarto, y que ya sabían que iba a pasar, me dirigí al último piso del Motel, literalmente era todo para esa ocasión, toque la puerta y me recibió Teresa, ella se veía más hermosa en persona, era muy bajita, eso sí, llevaba un vestido negro no muy corto, más bien elegante pues la ocasión era para Caro no para ella, y teníamos que estar más pendientes de la organización, Teresa me indicó que Caro estaba en el baño, se estaba cambiando y arreglando, que no tardaba en salir, seguimos adentro de la habitación y más que un cuarto parecía un salón de fiestas, era gigantesco, tenía varias camas, un tubo, varios sillones, un bar, y piscina

    —Madre santa, pensaba que esto solo era algo de las pelis porno

    —Hace tiempo sí, ahora es algo más normal

    —Oye ¿Cuánto costó esto?

    —Tsss, no te preocupes por eso, todo por hacer realidad una fantasía.

    —Supongo que sí, pero de una vez te advierto, lo mío no será así, quiero una habitación simple y que todas estén ahí.

    —Esta bien, pero no te preocupes, yo lo pagaré.

    —Oh no, no, muchas gracias no quise decir eso

    —No enserio ya lo había hablado con Caro, lo hago con gusto, me ha ido bien en la vida, y no todos los días se puede cumplir una fantasía sobre todo de un chico tan guapo.

    —Gracias por el cumplido, sobre todo viniendo de una mujer tan hermosa

    —Lo sé, a propósito, Caro me pidió que no te lo dijera, pero enserio necesito que lo sepas y quiero una respuesta honesta

    —Dime ¿Que pasó?

    —Bueno verás en mis múltiples pláticas con ella surgió mucho tu nombre, no lo dijo con todas las palabras pero ¿No te gustaría participar?

    —¿Qué? No, no por supuesto que no

    —No me digas que no te fijas en Caro, harían muy bonita pareja

    —Hemos oído eso cientos de veces y la respuesta es no

    —No me salgas que son como hermanos, estás aquí esperando que un montón de tipos vengan a cogerla.

    —Ya, solo es que nunca se ha dado algo más, y después de tanto tiempo no sé, no creo

    —Bueno, te diré que solo tendrás una oportunidad, en un momento casi al final me pidió que le vendara los ojos, así que esa será tu señal, solo tu y ella, si lo quieres tendrás a tu «Amiga» en bandeja de plata, así que tú decides.

    Lo que me dijo me hizo pensar, al principio cuando conocí a Caro no pude evitar sentirme atraído hacia ella, pero la situación nunca se dio, no tuve tanto tiempo para reflexionar, pues Caro había salido del baño, y lo que vi quitó todas las dudas en mi cabeza, estaba ahí de pie hermosa, la ropa la había escogido Teresa, era un conjunto de lencería roja, y una falda que apenas si le cubría la mitad de las nalgas, llevaba unas botas altas a juego y venía con un peinado de coleta, me sorprendió tanto que no conteste su pregunta por un par de segundos

    —Hola, Hola ¿Cómo me veo?, Hola

    —Perdón, perdón, eh bueno, sí, sí muy… Bien

    —Jajaja tu cara me lo dice todo, no importa, ¿Qué hora es?

    —Ya son casi las 8

    —Entonces no tardarán en llegar, Teresa podríamos repasar el plan

    —Ah sí se me olvidaba, primero recibiremos a los invitados, pero Caro estará esperando en aquella cama, la más grande, entonces los organizaremos cómo vayan llegando, para seguridad no ofreceremos alcohol ni ninguna sustancia de dudosa procedencia, habrá agua y aperitivos, pondremos música y ellos esperarán aquí, ya cuando estén todos, Caro nos irá indicando cuántos van a pasar, repetiremos hasta que ella nos diga que es suficiente, o nos quedemos sin sementales, por cierto ¿En qué momento quieres que te ponga la venda?

    —Ah eso, sí, cuando solo quedamos unos 5 en total

    —Ok ok, entonces, planeas que se vayan yendo.

    —Sí, vengo con energía, jajaja

    —Oigan perdón por interrumpir, pero ¿Cuántos fueron en total? ¿Si llegaron a los 10?

    —Sobre eso, verás llegamos a los 10, pero Caro se sentía mal por dejar a muchos fuera, así que en total, vienen 28

    —¿Qué? ¿Estás bien? Ya dudaba que pudieran recuperarse para el lunes con esos 10 ahora, ¿Cuánto piensas faltar al trabajo?

    —Lo que haga falta y no me harás cambiar de opinión.

    —Bueno estaremos aquí un buen rato

    —Así es, sirve que pueden planear bien tu evento

    —Caro tiene razón tenemos mucho que hacer

    —Esta bien

    Mientras seguíamos la conversación, el timbre sonó, todos nos pusimos en nuestros puestos, habían llegado los primeros tres, así como quedamos los enumeramos, y les ofrecimos bocadillos, ellos aceptaron y se pusieron cómodos, les explicamos que no empezaríamos hasta que estuvieran todos, y así pasamos una hora, abríamos la puerta, los hacíamos pasar, y ellos aguardaban pacientemente, insisto en qué había de todo, no tenían nada en común, salvó por la edad, todos tenían unos treinta y tantos, cuando se junto un buen número, Teresa les pidió que se comenzaran a desnudar pues tenían que estar listos, ahí esperé ver algo más en común pero cuando todos ya estaban desvestidos y comenzaron a despertarse seguía sin identificar algún criterio, pues todos la tenían de diferente tamaño, había algunas bastante grandes y la mayoría estaban en el promedio, y buenos los últimos 5 llegaron y fue hora de presentar a la principal, les pedimos que se trasladarán hasta la cama donde estaba Caro, se había envuelto en una sábana y al ver a la multitud llegar, ella la empezó a retirar dejando ver poco a poco su cuerpo envuelto en esas finas ropas, al tirar las sábanas todos comenzaron a lanzar piropos y a aplaudir lo que hizo que se pusiera roja como un tomate, y la acción iba a comenzar, así les pedimos que se alinearán y esperaran a qué los llamará.

    —¿Lista Caro?

    —Sí, dejen pasar a 2

    Los primeros se veían muy entusiasmados pues les tocaría la mejor parte, desenvolver el regalo, así pues ví como los dos tipos de acercaban y comenzaban a tocarla y besarla uno se apresuró y le intentó desabrochar el brasier, ella agarró su mano fuertemente y la apartó, se acercó y le dijo algo que no logré escuchar, así desistió y fue directo a agarrar sus nalgas, estaba ella entre esos dos tipos cuyas vergas apuntaban al cielo, entonces ella se hinco y agarró ambas cada una en una mano y las empezó a masturbar.

    —Dos más por favor

    Teresa y yo nos quedamos viendo por un rato, habíamos oído bien, pero eso no era lo que pensábamos que iba a ser, así le dimos paso a otros dos que rápido se incorporaron a la acción, ella les pidió que se acercarán y les dijo algo que seguía sin saber que era, enseguida los dos primeros que estaban siendo masturbados se colocaron detrás de ella, levantaron la pequeña falda, hicieron la tanga a un lado, y uno comenzó a lamer y otro le metía los dedos, los dos que llegaron después, pusieron sus vergas en cada mano para que las comenzara a masturbar, otro rato paso y los gemidos de mi amiga ya comenzaban a sonar bien fuerte y entre esos gemidos oímos

    —Dos más por favor

    Ya había seis tipos con Caro y la mecánica era que los nuevos ocuparían el lugar de los anteriores ¿Y ahora qué hacían los primeros? Pues bueno ya se habían acomodado para que su vagina y su culo fueran de fácil acceso, todavía seguía vestida completamente pero ya la estaban penetrando, uno por adelante y otro por detrás pero al mismo tiempo uno le lamía la vagina y otro le metía un dedo por el culo mientras ella seguía masturbando a los nuevos

    —Dos más por favor

    Ahora eran 8 y ninguno había acabado ya llevábamos una hora y esto parecía que iba a tardar toda la noche

    —Dos más por favor

    Está era la última vez que la oímos con claridad pues los dos primeros le habían metido las vergas en la boca, y así se completaba el circulo, dos en las manos, dos en la vagina, dos en el culo, dos dándole sexo oral cada uno en un lado, y dos en la boca. Nunca había imaginado ver esa situación, y eso que apenas comenzaba, así las primeras corridas llegaron, fueron a parar directamente en su boca, ella las tragó de inmediato, y aquellos tipos se retiraron de ahí, se fueron a sentar cansados en la sala de espera dónde comenzaron a hablar con los demás.

    —He estado en varios tríos pero esa chica está en otro nivel

    —No entiendo cómo puede tener tanta energía

    —Deja la energía, la están rompiendo en dos y sigue gimiendo, toda la cama está empapada

    —Teresa ¿Podemos repetir?

    —Claro, mientras tengan energía se pueden formar las veces que quieran

    —Genial, gracias, oye y tú no vas a ayudar a tu amiga

    —Hoy no, estoy guardando energía para luego

    —¿Va a haber otra de estas?

    —Sí pero va a ser algo diferente

    —¿Cómo?

    —Ah, es que estoy organizando algo para este chico de aquí, va a ser algo parecido pero en vez de vergas habrá muchas tetas

    —Ah ya veo, ¿oye ya tienes a las participantes?

    —No todavía ¿Por qué?

    —Pensaba decirle a mi esposa a ella le gustan los jovencitos jajaja

    —Sí sería buena idea.

    —Oye chico ¿Tu vas a participar hoy?

    —Oh, no sabe todavía, en realidad la chica que está ahí es su amiga, él lo hizo por ella

    —¿Enserio?, Oye pero ¿No son pareja?

    —Basta, que está pensando en muchas cosas no lo pongan nervioso

    —Ya veo, lo siento, pero si no les importa me voy a formar de nuevo

    Mientras esos dos platicaban otros más ya habían acabado, y ya había mandado a otros a sus puestos, no todos terminaban en su boca, al parecer no había problema en dónde lo hicieran, algunos derramaban su leche adentro ya sea de su culo o de su vagina, otros le apuntaban a sus tetas y alguno que otro más distraído la regaba en la cama o en su pelo, en fin después de un par de horas Caro ya estaba repleta de semen y su ropa seguía estando presente igual empapada de ese líquido blanco, pero eso no importaba de vez en cuando entre gemido y gemido se oía

    —Dos más por favor

    La fila ya había pasado y Teresa ya se había encontrado con su novio, este la saludó y la tomó de la mano, la acerco bien hasta Caro para que lo viera en acción, Caro se dio cuenta y comenzó a coquetear con Teresa hasta tal punto que se besaron por un momento, su novio duró un buen rato, más que la mayoría, de hecho casi aguanto en su boca una ronda entera, hasta que pasado un rato se vacío completamente en su garganta obligándola a tragar todo, eso sí después de terminar tomo a Teresa y la puso de rodillas, le pidió que le limpiará la verga con su lengua, lo cual encantada hizo, y eso solo provocó que la mayoría de los participantes ya cansados recobraron las fuerzas para ponerse en la fila otra vez.

    Esto era un no parar, aunque más de la mitad ya se había ido todavía quedaban algunos que seguían en la faena, y ya con más libertad se acomodaban en las poses que ellos quisieran, se notaba a Caro ya cansada y adolorida pero eso no importaba, ellos tan solo la acomodaban y seguían rellenándola, la cargaban entre varios, le pasaban las manos por todo su cuerpo la besaban, la penetraban y le comían su culo, no dejaban ninguna parte sin disfrutar, la mayoría decidía aprovechar y acabar adentro, los más morbosos preferían llenarle la cara y ver cómo su semen escurría y le impedía abrir los ojos, la cama estaba tan húmeda que las sábanas se pegaban entre ellas tanto fue que decidieron moverse de cama, era una más pequeña pero seguía sirviendo, veía como rebotaba de hombre a hombre, como vergas de todos los tamaños se metían y salían con violencia, también su cara que aunque tenía una gran capa de semen de vez en cuando podía hacer alguna expresión, y así varios más se fueron, agradeciendo la oportunidad y esperando que se les invitara en otra ocasión, algunos se enteraron de que planeaba hacer y no dudaron en pasarme algunos contactos, entre amigas, novias y esposas junte casi a unas 15 chicas, Teresa me veía con una cara de alegría y se acercó a mi

    —Ya casi se van todos, con mi novio seríamos los 5 que pidió antes de colocar la venda

    No me había dado cuenta pero ya estaba todo planeado, en verdad quería que lo hiciéramos, Caro mi amiga quería que me la cogiera

    —Está bien, en cuanto se vaya el último ponle la venda y yo entraré

    —Bien dicho, bueno, haré algo por ti, la cambiare al sillón de ahí

    —Gracias creo que es una buena decisión

    Así el último que quedaba terminó, escogió su boca pues ya había dejado su leche en varias partes más, y entonces Teresa se acercó y le puso la venda, la ayudó a levantarse y al ver que no podía le dijo a su novio que la ayudara a cargarla, entonces, Teresa y él se retiraron, iban a coger pues se veía que todavía tenía ganas, así que se encerraron en el baño, por un momento lo dudé, pensé que no era real, pero ahí estaba, ella, aún con sus escasas ropas, con una capa de semen en varias partes y con la respiración agitada, estaba boca arriba con las piernas abiertas, entonces me acerqué, la toque, puse mis manos sobre sus piernas, ella busco mi cabeza con sus manos, me acerco hasta ella y me susurro

    —Tú si me puedes quitar la ropa

    Entonces lentamente le fui quitando el brassier, sus tetas saltaron no perdí la oportunidad y me lance a ellas, tocaba y lamía sus pezones pasaba mi cara entre ellas y me tomé un buen tiempo acariciándolas, sus gemidos me decían que hacía lo correcto, hasta que decidí quitarle esa falda, la arroje a la otra cama, baje mi cabeza, y descubrí su entrepierna, su tanga también la aventé, está vez cayó al piso, y ahí estaba, hace poco había sido penetrada repetidas veces y por más de 20 tipos, pero no me importó, pues puse mi cara a fin de cuentas su cuerpo seguía siendo un manjar, lamí, chupé como loco, me perdí en su culo también y al fin me incorpore y puse mi verga erecta en la entrada y la penetre con fuerza, tal vez eran todos esos años de amistad y cercanía los que hablaban, porque me la estaba cogiendo como loco, metía mi verga como si nunca hubiera cogido, y como si esa fuera la última vez que lo iba a hacer, no la cambie de posición, seguía con las piernas abiertas boca arriba, mis huevos chocaban contra sus nalgas con gran fuerza, y sus gemidos inundaban todo el piso, gritaba como hace rato no lo hacía, pues hasta ese momento estaba cansada, y así duramos un rato, yo me acerqué y mis labios buscaron los suyos, estábamos cogiendo con una pasión sin igual, se podía ver que ambos disfrutábamos de ese acto, que nuestras vidas dependían de ello, porque ambos sabíamos a quien nos estábamos cogiendo, al fin, la sensación de corrida invadió mi cuerpo, ella lo notó enseguida y me susurró:

    —Por favor deja que te la chupe

    No conteste nada, tan solo puse mi verga en su boca que ya estaba abierta y con la lengua afuera, ella la recibió como si fuera el mejor dulce que se le podía ofrecer, su lengua era increíble, enserio quería mi semen eso era lo único que le importaba, y con gran excitación, me corrí en su boca.

    —Ahhh Sí Caro, sí mmmm

    Enseguida me di cuenta de lo que había hecho, y ella también reconoció mi voz, pudo haberse quitado la venda, pero se la dejo, enseguida apareció Teresa y su novio, nos vieron con cara de complicidad y ternura, lo siguiente fue que me separé de ella, e hizo como si no hubiera escuchado nada pues le pidió a Teresa que la ayudara a pararse, quería ir a tomar un baño, le dijo que si la podía ayudar, Teresa encantada fue en su ayuda y su novio me dijo que fuéramos a tomar algo, Teresa se encargaría de todo, y así terminó esa noche pero la historia continua en mi evento con más de 10 chicas.

  • Me convertí en la amante de mi jefe

    Me convertí en la amante de mi jefe

    Me llamo Clara vivo en Madrid, pero soy de Ecuador tengo 54 años soy casada, pero a mi esposo y mi hijo los dejé atrás porque vine a buscar un futuro mejor y más adelante traerlos, al menos esa era mi idea al principio hasta que conocí a Manuel mi jefe quien tiene 42 años. Vamos al grano.

    Trabajo hace cinco años como secretaria del gerente en una constructora, esta historia comenzó a suceder a los dos años de empezar a trabajar ahí antes tenía un jefe se llamaba Carlos era muy amable conmigo inclusive me dio una semana para que fuera a mi país y visitara a mi esposo y a mi hijo y en general la familia, un buen día renunció Carlos por motivos personales según me contó quería pasar más tiempo con su familia, así que me tocó trabajar con otra persona que llegó temporalmente durante un mes mientras llegaba el nuevo gerente llamado Manuel. El mes pasó y llegó Manuel con nuevas ideas cambió parte del personal y a mí me dio licencia durante una semana, a la semana regresé a trabajar.

    Al mes ya teníamos confianza Manuel y yo tuvimos una conversación donde le pedía ayuda ya que se me estaba agotando el dinero entre pagar la habitación donde vivía, comer y enviarle algo a mi familia, así que me ofreció irme a vivir al chalet que tenía claro está que guardáramos la distancia me sentí incomoda ya que tenía que vivir así fuera temporal con otro hombre que no era mi esposo, pero acepté.

    A los dos meses de estar conviviendo bajo techo Manuel me invito a cenar luego del trabajo a un restaurante afueras de la ciudad así que ese día cenamos, luego compramos algunas cosas para tener la nevera llena y luego me llevo en su auto al chalet donde al llegar Manuel se puso a revisar unos papeles ya que tenía una reunión al día siguiente mientras yo me duchaba y luego organizaba lo que habíamos acabado de comprar en la nevera para después acostarme.

    Un buen fin de semana organice una comida y Manuel llevo una botella de un vino bastante caro luego de comer conversamos un rato y Manual luego empezó a besarme el cuello y a masajearme los pechos por encima del vestido. Me sentí completamente indefensa frente a este hombre. Dejé escapar un débil gemido. Desabroché sus pantalones y bajé la cremallera. Tenía que tener en mi boca aquella verga que había estado tentándome toda la noche. Agarré su tranca de más de 20 centímetros entre mis labios. Manuel la tenía al menos ocho centímetros más grande que mi esposo, y de hecho era la verga más grande que yo había visto. Empecé a mamársela con verdadera ansia mientras él se dedicaba a magrearme el coño. Succioné la cabezota rosada de su polla mientras que al mismo tiempo le pajeaba el tronco con ambas manos, hasta que él no aguantó más. Me llevo a su habitación arrancó el vestido y me arrojó de espaldas a la cama. Llegó con su lengua a mi entrepierna y me quitó las bragas, y me hizo el mejor oral de mi vida. Se regodeó disfrutando de cada centímetro de mi vulva, sin olvidar mi clítoris que erecto y liberado de su piel, pedía a gritos caricias que me ocasionaran descargas nerviosas que me hacían temblar.

    Mi coño ya era una fuente descontrolada manando sin cesar jugos que él lamía y que ensalzaba como el néctar maravilloso que jamás había probado, yo estaba tan excitada que no le pedí que se pusiera preservativo, cogí su verga y la guie hacia mi coño mojado. Fui clavándome con lentitud, sintiendo esos centímetros extra llegar hasta el fondo de mi agujero. Manuel también la tenía muy gorda y podía sentir que su polla me abría el coño como nunca. Cogió mis caderas y empezó a clavar una y otra vez su tranca en mi apretada concha. Me estaba volviendo loca. Al poco tiempo, estaba cabalgándole, gritando y gimiendo de placer. Manuel me dijo que tenía el coño muy estrecho y apretado y yo le dije que su verga era enorme y que iba a partirme a la mitad.

    Estaba a punto de conseguir un orgasmo cuando sentí en su cuerpo la tensión previa al clímax. Continué cabalgándolo hasta sentir un orgasmo explosivo al tiempo que ambos gritábamos de placer, me pidió que cambiáramos me puso de tal manera que él estaba atrás mío, simulando la posición de perrito, volvió a introducir en mí y comenzó a penetrarme más, entraba y salía con violencia, yo encantada estaba teniendo las cosquillosas previas al orgasmos, cuando por fin llegó el momento mágico y tuve un delicioso orgasmo, lo curioso es que continuaba penetrando, después de terminar me duele que me penetren, pero el continuaba, su largo pene dejo de ser agradable, después de un largo rato le dije que me dolía me dijo que lo dejara terminar, las embestidas era continuas, entraba y salía y me movía a su ritmo, después de varios minutos el no dejaba de penetrarme, de pronto se detuvo.

    Me quede en su habitación y me folló toda la noche. A la mañana siguiente al levantarme me tomo la mano pero estaba cansada así que me fui a duchar y luego desayunamos para reponer energías. Ese día salimos en su auto a un restaurante en otra ciudad Me cogió la mano durante la conversación que tuvimos en el restaurante y me besó en la boca en dos ocasiones correspondiéndole al salir de ahí fuimos a hacer algunas compras por ahí mismo le envié un giro a mi esposo y luego entre a una iglesia ya que Manuel era reacio a esas cosas y me espero afuera de ahí.

    Una noche estaba cabalgando a Manuel en su cuarto cuando suena mi celular era mi hijo le decía a Manuel que parara un momento pero él me metía la verga más duro así que intentaba hablar con mi hijo tratando de no gemir me decía que querían venir a visitarme pero yo le decía que no era posible, luego colgué el teléfono entre gemidos, luego Manuel me abrió las piernas y me la metió de una al principio me dolió pero yo le decía que siguiera que me hacía muy feliz, ni cuando estaba con mi esposo me sentía así y tenía que ayudar a calmar la excitación con que él me dejaba masturbándome a solas o ir a bañarme con agua fría.

    En el camino a casa siempre pienso en el riesgo de aquella relación nueva, apasionada, adúltera, excitante, que podría cambiar mi vida para bien o para mal. Pensé en lo mejor que podía pasar y en disfrutar de las ventajas que podría reportarme aquella aventura. Desde entonces soy su amante. En la empresa él es mi jefe en casa soy su mujer.

  • El país de mi esposa

    El país de mi esposa

    Para mí novia, esposa, y amante.

    para esa mujer a la que he decidido

    amar a cada instante.

     

    Quiero irme de viaje, pero para visitarte

    y en la intimidad poder amarte.

    Recorrer tus peligrosas curvas,

    posar en tus colinas, y acampar en tus parajes,

    visitar tus túneles y paisajes.

     

    Visitar cada valle y montaña

    hasta que nos de la luz de la mañana.

    En fin, todo tu país poder recorrer

    sin miedo en qué recoveco me vaya a perder.