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  • A la “prima” se le arrima y más

    A la “prima” se le arrima y más

    Era un jueves al mediodía y me encontraba sola en casa, ya que en ese tiempo mis padres trabajaban,  yo también pero ese día descansé, por lo cual me dispuse a vestir de niña ya que mis padres trabajaban hasta tarde, me puse una mini falda, zapatos, blusa de tirantes y un bóxer cachetero, me lo había regalado un “amigo”, en fin, me veía muy bien, ya que soy delgada, de 1.68, tes blanca, estaba almorzando y sonó el timbre de la casa, les grité que ya iba, la puerta de la casa tiene una ventana así que no pude ocultarme ya que para ir a mi cuarto a cambiarme tendría que pasar por ahí de todos modos, sin más que hacer, pues me dirigí a abrir, era mi primo unos años más grande que yo, él tenía en ese momento 36 años y yo 24 (nací en el año de 1983), le abrí y lo hice pasar, me miró y me sonrió, empezamos a platicar.

    Primo: ¿Y eso primo, porque andas así, te gusta o que, eres gay?

    Yo: La verdad sí, desde hace tiempo me visto pero solo era lencería, esto apenas me lo acaban de dar, aunque gay del todo no soy, si me gustan las mujeres.

    Primo: Pues te ves muy bien, vestido así, ¿Cómo te llamas o que onda?

    Yo: Carly, dime Carly.

    Primo: okey, Carly hermosa, yo venía a algo pero ya se me olvidó, me sorprendiste, aunque de buena manera, te ves muy linda, entonces, supongo que ya has estado con varios como una puta, digo, por tu forma de vestir también.

    Yo: Si, así es, con varios, desde mis 22 años…

    Estuvimos platicando así un rato, de todo un poco en lo sexual sobre mí, de pronto sus manos ya estaban en mis piernas y sus caricias eran muy leves, pero se sentía muy bien, entonces me puse de pie y me di una vuelta para él y me chiflo y me apeno, me acerque y me acaricio las piernas de arriba a abajo hasta mis muslos, me excité mucho, entonces él se puso de pie y se bajó el pantalón y el bóxer que traía puesto, luego la camisa, quedo desnudo, tenía una verga, pene o como le digan en cada país muy grueso y largo, como los que me gustan, más bien, como me encantan, así que no perdí el tiempo y lo lleve a mi boca, primero lamiendo el tronco hasta los huevos (testículos), luego lo metí un poco a mi boca, lo quería meter despacio y de a poco, pero él me empujo y yo casi me atraganto, no lo aguantaba mucho pero después de unos momentos ya lo soporte un poco más, así me fui acostumbrando, entonces comenzó a embestirme, con un mete y saca tremendo y cada vez más rápido, duramos como 20 minutos así y se vino un par de veces y trague y limpié todo, me puse de pie y me desnude, me puse en cuatro y él se ponía saliva en sus manos y me la pasaba por el ano, aprovechaba y metía dedos hasta que según él yo ya estaba lista para que me penetre, puso la punta de su verga en mi entrada anal, lo fue metiendo ahora sí de a poco, yo gritaba, pues era una verga enorme, pero él seguía con lo suyo hasta que sentí sus huevos en mis nalgas, se quedó quieto unos cinco minutos, entonces empezó a embestirme, entraba y salía una y otra vez, cada vez más rápido, luego de unos 40 minutos quizá por cansancio terminó acostado en mi espalda, sentí que su verga ya no estaba erecta, la saco unos minutos después y me pidió mamársela, así que se quitó el condón, yo se la mame hasta que se le volvió a poner muy dura y casi no me entraba a la boca, se vino de nuevo, entonces puse mis pies en sus hombros y volvió a ensartar su verga en mi culo, sin condón está vez, de un empujón lo metió todo, entraba y salía por unos 30 minutos, hasta que sentí su caliente leche en mí, muy rico todo, me dio un beso y yo también en esa posición tuve mi venida, por mi posición, acabe en mi cara mí mismo semen, abrí mi boca y me lo trague, eso le excito más a él, no sé porque, hasta dura se le volvió a poner, aún lo tenía dentro de mí, así que me volvió a hacer el mete y saca hasta cansarse, así terminamos, exhaustos, pero tuve una de mis mejores experiencias, nos vestimos y él se fue, nunca supe a que fue en realidad, pero ese gran momento que me hizo pasar fue increíble y muy rico.

    Si quieren contactarme les dejo mi correo: [email protected]

    Ahí y aquí en la página espero sus comentarios, gracias.

  • El esposo de mi amiga me cogió en su fiesta de cumpleaños

    El esposo de mi amiga me cogió en su fiesta de cumpleaños

    Adriana es una buena amiga mía. Estudiamos juntas todo el colegio. Luego nos distanciamos, pues se fue a estudiar a Argentina. Cuando volvió retomamos la amistad y ya estando ambas casadas, seguimos manteniendo contacto e invitándonos a algunas de las reuniones que organizábamos.

    A pesar de sus estudios en Argentina, nunca pudo conseguir un buen empleo. Se casó con un ingeniero (como mi esposo) pero él tampoco tuvo mucha suerte y ambos tenían empleos medios, y siempre, la veces que nos reuníamos, se quejaban de lo económico. Yo dejé de trabajar permanentemente a los pocos años de casarme y apoyaba como consultora proyectos que me resultaban interesantes. Con esos trabajos como consultora, que podían durar en total 3 o 4 meses al año, ganaba bastante más que ella en todo el año. Mi esposo ni que decir, le iba súper bien en su empleo.

    Cuando el esposo de Adriana cumplió 35 años, organizaron una fiesta en un club en el barrio donde vivían. Un sitio algo peligroso. Pero era un almuerzo y decidimos ir con mi esposo. Fuimos en taxi pues mi esposo se sentía inseguro de dejar el auto en la calle o en una cochera de esa zona. Desde que llegamos la pasamos bien. Mateo, el esposo de Adriana es rockero (como mi esposo) y la fiesta era temática. Todo decorado con posters de grupos de rock y la música casi solo rock.

    Todos los hombres estaban felices. Las mujeres no lo estábamos tanto. Pero ellos, en su onda de rockear y beber. Mi esposo que suele ser moderado al tomar, ya estaba ebrio en pocas horas, como casi todos. Mateo, estaba muy mareado, pero no llegaba a estar ebrio.

    Bailé varias canciones con Mateo. Me decía. desde la primera canción que bailamos, que estaba muy linda, muy sexy, que era muy bella. Conforme pasaban las horas y él se mareaba más, me decía ya cosas más subidas que tono hasta terminar diciéndome que me deseaba, que era una mujer muy sexy y provocadora y que me deseaba mucho.

    Yo trababa de ponerle freno y distancia. Era esposo de mi amiga y no era un tipo que me gustara mucho. No era feo, pero tampoco del tipo de hombre que me pone loca.

    Bailamos una balada rock y me pegó a su cuerpo. Sentí en ese momento el tamaño de su miembro. Mis reticencias se fueron y me llené de deseo. Él se dio cuenta. Fue directo y me dijo ¿lo quieres? No le respondí nada. Terminó la canción y volví al grupo donde bebía mi esposo.

    Unas dos o tres canciones después, Mateo me volvió a sacar a bailar. Estaba ya loco de deseo y al volver a tenerlo cerca me sentí también con ganas de hacer una travesura allí mismo. Me propuso encontrarnos en el baño. Me daba vergüenza y miedo, pero eso acrecentaba mi morbo y mi deseo. Con tanta gente en la reunión sería algo riesgoso, pero sabía que sería algo muy excitante. Acepté.

    Al rato, él fue al baño desde su grupo. Yo un par de minutos después desde el mío. La zona de baños tenía un acceso muy privado, luego de un pasadizo largo. Sólo estaba él en el pasadizo. Nos metimos a uno de los baños para hombres, que felizmente eran individuales, y cerramos la puerta. Sabíamos que no teníamos mucho tiempo y mientras nos besábamos yo le desabrochaba el pantalón y él me manoseaba debajo del vestido. Sentir sus manos sobre mis nalgas me puso ya dispuesta a ser cogida en ese instante. Sólo tenía una muy pequeña tanga, muy fina, muy cara, que me había regalado mi esposo y estrenaba esa tarde.

    Cuando le saqué la verga del pantalón y el bóxer, ya la tenía casi erecta. La cogí con ambas manos y sentí como se ponía muy tiesa. Si era grande, como me gustan. Quería mamársela, pero era imposible. No me iba a arrodillar en ese piso tan sucio de baño. Sólo lo masturbé un poco y disfruté sentirla gruesa y dura en mis manos.

    Me dio vuelta. Me inclinó sobre el lavabo. Me levantó el vestido y me quedó mirando.

    -Que puta tanga tienes. Debe ser muy cara.

    -Me la compró mi esposo

    -¿el cornudo?

    -Si, el cornudo

    -Y eso haces siempre, ¿coges con lo que él te compra?

    -Sí, me excita hacerlo con lo que él me compra

    -Pues te cogeré con la tanga comprada por el cornudo

    Con sus piernas separó las mías. Con sus manos puso la tanga sólo de costado. Me empujo más sobre el lavabo y me quedé muy inclinada hacia adelante.

    Me siguió mirando por un instante y me dijo, “pero que rica pituca eres. Con esa tanga cara te voy a coger. Te voy a mandar con mi leche donde el cornudo fino de tu esposo”.

    Me excitó más escucharlo decir eso. Sentí que envidiaba a mi esposo. Y sentí que cogerme era una forma de resarcirse del no tener el éxito que mi esposo tenía en el trabajo. Sólo quería ser cogida en ese momento. Sentirme un instrumento o un juguete, me hacía sentir más sucia y, por cierto, más caliente.

    Con sus dedos puso saliva en mi coño. Y en una sola empujada me la metió toda. Sentí como avanzaba cada centímetro de su pene grueso y largo en mi coño jugoso. Fue delicioso ser poseída en ese baño. En ese momento, justo en ese instante, tocaron la puerta del baño. Él respondió calmado “estoy cagando”.

    La tocada de puerta y su respuesta, su pene moviéndose, entrando y saliendo, me hicieron llegar en dos o tres minutos. Él lo disfrutó mucho “así me gustan las perras, muy calientes”. Siguió moviéndose muy rápidamente, cada vez más acelerado y repitiendo “pero que puta pituca que eres”. Volví a acelerarme. Lo quería atrás. Lo quería tener dentro de mi culo. Me incliné más para que mi culo le quede disponible. Pero no se dio cuenta de lo que yo quería. Siguió y siguió y cuando sentí su leche dentro de mí, volví a llegar.

    Cogió papel higiénico y se limpió. Me dio un poco. Me limpié. Era mucho semen y chorreaba. Decidí limpiarme muy bien. Lo hice con más papel y unos paños húmedos que tenía en la cartera.

    Cuando estuvimos listos, se puso a escuchar que pasaba afuera. No había nadie. Abrió la puerta y miró a ambos lados. Sin moros en la costa. Salí raudamente. Él se quedó y salió unos minutos después. Como para que nadie sospeche que habíamos estado juntos.

  • ¿Puedes atenderme?

    ¿Puedes atenderme?

    El domingo en la mañana, cuando me disponía ir a desayunar, sonó mi teléfono móvil, la llamada era de Stella, la exesposa de mi amigo Cornelio. Ya les he platicado de ellos en algunos relatos.

    –¡Hola Stella! ¿buenos días!

    –Sí, soy yo, buenos días –contestó con una voz un poco triste–. ¿Estás en tu casa?

    –Sí, dime –contesté pensando que requería algo.

    –¡Qué bueno! Estoy afuera de tu casa, ¿no te inoportuno si te veo? –preguntó y me apresuré para abrir la puerta.

    –A tus órdenes, le contesté cuando la vi frente a mí.

    Ella sonrió y me dio un beso en los labios y con su mano buscó mi miembro sobre mis ropas. De inmediato reaccioné y se me paró la verga, la cual apretó y me metió la lengua en la boca. “Pasa”, le dije al apagar mi celular, y ella hizo lo mismo con el suyo.

    –¡Qué buenos reflejos tienes! –contestó volviéndome a apretar el pene y yo me turbé por su arrojo– ¿Qué tienes que hacer ahorita? –Preguntó.

    –Iba a salir para desayunar algo. ¿Tú ya desayunaste? –dije y me arrepentí de inmediato pues si ella quería coger conmigo, tal vez no tendría tiempo más que para un “rapidito”–. Pero no importa, eso puede esperar –corregí mi metida de pata.

    –Ya tomé algo hace como dos horas, antes de salir de casa –contestó y me pareció mucho tiempo el trayecto de su casa a la mía, sobre todo temprano y en domingo–, pero te acompaño, hay tiempo para todo, ¿o no…? –dijo, dándome a entender que ella no tenía qué hacer y yo escogiera a qué hora me la cogiera.

    Fuimos a desayunar al mercado de Coyoacán y en lo que nos servían ella comenzó a llorar. Sacó su pañuelo para enjugarse las lágrimas y yo la abracé, aproveché para besarle la mejilla y chuparle el óvulo de la oreja.

    –¡Hey, detente, me estás calentando! De por sí ya me había puesto “jairosa”, pero aquí no me provoques. Al rato habrá tiempo para todo –dijo y me separé.

    –Perdón, quise reconfortarte, pero tu olor me golpeó el sistema límbico –me justifiqué

    –Y tu lengua ya mero desborda al mío, sólo se quedó una gota en la tanga –cuando escuché eso me dieron ganas de decir “A ver” y meter mi mano bajo su falda, pero obviamente me contuve.

    –¿Por qué lloraste? –pregunté regresando mi mente a su problema.

    Stella me contó que se levantó temprano, aún con los recuerdos gratos de la ensoñación inmediata y, sin pensarlo más, decidió ir a buscar a Cornelio, quien vive en la planta baja de un edificio de interés social y, justamente al pasar por la ventana del baño escuchó el ruido de la ducha y decidió esperar a que Cornelio ya no estuviera bañándose, pero de inmediato escuchó a su exmarido gritar “Ya está lista el agua, Tere”, y otro grito que contestaba en la recámara adjunta “Ya voy papucho, ya me encueré”.

    –Eso me dejó claro que Cornelio ya tiene pareja y yo no lo sabía –explicó Stella y volvió al llanto.

    Volví a abrazarla y se calmó. Nos trajeron los platos de birria que habíamos pedido y los tepaches. Cuando se fue el mesero, la solté y la conminé a comenzar a desayunar. Tomó un poco de alimento y siguió contándome.

    –Me retiré de allí resentida y llorando. Fui al estacionamiento por mi carro y al pasar cerca de su auto busqué una piedra para romperle un cristal, pero como no hallé, sólo le di una patada a la puerta y la alarma comenzó a sonar. Me subí a mi carro y salí pronto de ese lugar.

    –A ver si entendí –dije–: Estabas caliente y querías coger con él porque lo soñaste; al saber que no podías decidiste buscarme, pensando “aunque sea ese que tiene el pito muy parecido” –dije extrapolando con lo que conozco del trío que hicimos y de la noche que antes había pasado con ella.

    –¡Ja, ja, ja, ja, no te azotes! Sí, me gusta contigo porque se parecen mucho, pero no fue así –dijo divertida, volviendo a la seriedad cuando se dio cuenta que los comensales habían volteado a verla–. No supe qué hacer, además, ya no estaba caliente. Vagué sin rumbo y me detuve en un jardín a pensar un poco. Yo sabía que mi marido andaba de pito suelto cuando me negué a dejar a mis amantes y que luego, al divorciarnos, él seguía cogiendo con otras, además de mí. Temí el día en que Cornelio volviera a tener pareja…, no como las tengo yo, que duramos varios meses y los alejo cuando ellos se empiezan a poner celosos. No, él es muy hogareño y no faltará quien lo atrape.

    –Bien, si ya sabías eso, ¿de qué te sorprendes? –pregunté sin entenderla.

    –¡Sentí muchos celos! Sí, seguramente cómo él los sintió cuando me pedía que “no anduviera de puta” –contestó con rabia, que después cambió por una conmiseración al entender el daño que le hizo a su marido.

    Me contó lo ruin que ella se sintió al recordar cada uno de los momentos de pelea en su matrimonio causados por sus puterías.

    –Seguí pensando en la pérdida que tuve y en que difícilmente lo podría recuperar, pero me quedó claro que no podría mantenerme fiel a él, ni a ningún otro. Lo que yo no aceptaba era que no me avisara que ya tenía pareja. ¿Desde cuándo está esa Tere con él? –me preguntó a bocajarro– Por eso vine a preguntarte.

    –Yo no sabía que ella estaba con él, supongo que es una de las putas que se consigue de vez en cuando para dormir calientito el fin de semana –dije ocultando que ellos sí se querían, pero que Tere era tan puta como Stella y que no aceptaba una relación firme.

    Me puse a pensar que Cornelio, a pesar de terminar con Stella por esas razones, inconscientemente eligió a otra mujer de similares conductas. ¿Será que Cornelio busca putas para pareja? Tere es un espejo de Stella, incluso al parecerse tanto físicamente y eso es lo que le atrajo de ella.

    –Pues su diálogo y el tono en que lo hacían parecía el de marido y mujer.

    –Pues no sé que la tenga pareja.

    –¡Ah, la conoces! –reclamó.

    –No sé si la conozca, algunas veces vamos a tomar a los tugurios y nos atienden las putas como compañía, será alguna de esas –dije a medias verdades–. Olvida el asunto, él, como tú, hace su vida y se divierte como le parece, ¿en qué te afecta a ti?

    –Tienes razón, no debería afectarme, pero ¡lo amo! –exclamó y volvió a los lloriqueos y yo volví a abrazarla y masajear sus chiches.

    –¡Eres un aprovechado! –me reclamó quitando mi mano de sus copas–, al rato te dejo hacerme lo que quieras, puto…

    Seguimos comiendo, platicando de otros asuntos. Yo me había calentado al sobarle el pecho y cambiaba la plática hacia las novedades sexuales que podría haber adquirido o a las variedades de las características de los más recientes hombres que ella se había tirado.

    –No hay mucho, las relaciones se dan sin que uno piense cómo va a coger. En mi caso, veo a alguien y, si me gusta, empiezo a coquetearle hasta que cae, las tetas ayudan… –me dijo pegando su hermoso tetamen en mi brazo.

    –Pues vayamos a verificarlo –le dije antes de pedir la cuenta y ella me lanzó una mirada de aprobación acompañada de su divina sonrisa pícara.

    Regresamos a mi casa

    –¿Quieres tomar algo para reposar el desayuno?, no es bueno el ejercicio inmediatamente después de comer –dije en alusión a que cogeríamos con enjundia.

    –¡Ja, ja, ja! Claro que reposaremos antes, no nos vaya a dar una indigestión. ¿Te imaginas, quedarnos tiesos los dos en pleno clinch? –me dijo jocosamente.

    –Te confieso que hace años no pensaba en eso como impedimento, si acaso no meterme al agua, pero nunca lo pensé para zambullirme en una vagina, ahora sí lo pensaría. –dije, pero ella ya se había bajado la pantaleta antes de sentarse en el sofá.

    –Ni por una tan rica como ésta… –dijo al subirse la falda y abrir las piernas.

    ¡Se veía hermosa!: pelos negros alborotados sirviendo de marco a unos labios exteriores sumamente hinchados y al abrir los morenos labios interiores con los dedos aparecía una oquedad roja, incitante, pero lo verdaderamente irresistible era el aroma a puta… Me acosté en el sofá y acerqué la cara para aspirar mejor el perfume de mujer en celo.

    –También puedes catar el sabor con la lengua, ya lo conoces, sin añadidos, como está ahorita –precisó al acercar más su panocha a mi cara.

    Saqué la lengua y lamí a discreción, mientras ella acariciaba mi cabello y presionaba mi cara en su vulva. Quitándose la blusa me dijo “Vamos a la cama, que yo también quiero postre. Me gusta chupar paleta”, así que dejé de lamer panocha y me senté para quitarme la camisa, dejándola sobre las dos prendas que se había quitado y me encaminé a la recámara donde terminamos de desvestirnos y, aún de pie nos dimos un dulcísimo beso apretándonos en un abrazo que también enredó los vellos de nuestros sexos. Prácticamente me tumbó en la cama y sonrió al verme yacer horizontal con la verga completamente vertical.

    Se colocó sobre mí, haciendo el 69, y después de lamer un poco el glande, jalando el tronco para que saliera bien el presemen y sorberlo, se metió mi falo hasta la campanilla y más allá, Stella me demostró que sabía hacer la felación con “garganta profunda”. Yo disfrutaba la cogida que le daba en la boca y abrevaba sus líquidos.

    Mi boca era poca para succionar sus grandes labios y el derredor del clítoris muy erecto. Lamí el periné varias veces presionando la base pélvica antes de llegar al ano para ensartarle la lengua, al tiempo que con dos dedos hurgaba el interior de su pucha. Ante esta acometida movió la cabeza rápidamente para que mi eyaculación coincidiera con sus orgasmos. Me vine sin poder contenerme y ella dio un fuerte grito apretándome los dedos y la lengua con sus músculos vaginales y esfínter. Quedamos reposando empapados del sudor conjunto en las zonas de contacto de nuestros cuerpos y ambos con la cara llena de excreciones.

    A los pocos segundos se enderezó para girar 180 grados y darme un beso blanco. Al levantar un poco la cara nuestras bocas estaban unidos por un hilo de mi lefa que chupamos para lamernos los rostros y saborear el producto de nuestras venidas.

    –¡Que se coja Cornelio a Tere lo que quiera!, aquí tengo un macho de verdad –exclamó y me besó la cara varias veces–. ¿Dónde tienes cigarros?, o mejor si me echo un “churro” para descansar –expresó y se levantó para ir por su bolso.

    Regresó con un porro de mariguana encendido echándose a mi lado. Le dio un par de profundas fumadas y me lo quiso pasar “Ten, date unos toques”, me dijo. “No, gracias, no le hago a eso”, contesté.

    –¡Eres igual de puto y mamón que mi marido! “No, yo no fumo eso” –me recriminó esto último con voz chillona–. Hasta en eso se parecen Cornelio y tú, ¡los han de haber parido en el mismo momento!

    Le dio otra fumada, dejo la bacha en el cenicero y me apretó la nariz para que yo abriera la boca. Me resistí, pero me insufló una buena cantidad de humo. Tosí mucho, me incorporé como pude y fui a abrir la ventana. “Te van a ver encuerado”, me dijo en tono burlón. “No me importa”, contesté molesto.

    –¡Ja, ja, ja, hasta saliste exhibicionista como mi exmarido! –dijo empezando a arrastrar las palabras y riéndose exageradamente, la droga comenzaba a hacer efecto…

    –No sabía que Cornelio era exhibicionista. Sí soy muy puto: me gusta mucho coger. También soy mamón, sobre todo cuando hay unas chiches hermosas como las tuyas… –dije y me prendí de su pecho.

    Ella se dejó hacer, mientras seguía fumando. “Así, mamón, así, como bebé…” decía y mesaba mi cabello. De pronto empezó a carcajearse y luego soltó el llanto a gritos. “¿Qué te pasa?”, pregunté temiendo que estuviese bien “pacheca”.

    –¡Pinche Cornelio! Siempre está dando “cinito” –gritó y luego se mantuvo quieta y con los ojos cerrados.

    –¿Por qué dices eso? –pregunté, quitándole la colilla.

    –Pera… ¡otra más…! –dijo arrebatándome la bacha, y varias pavesas cayeron sobre la cama.

    Me apresuré a apagar los rescoldos de las cenizas. Stella sonreía al ver mi apuración y le daba un último jalón a la hierba. Casi quemándome, le quité la colilla y la puse en el cenicero, ella seguía riendo…

    –Porque coge… abiertas –dijo y no entendí.

    –Claro que para coger, las mujeres deben tener las piernas abiertas –dije pensando en que quería que me la cogiera otra vez, pero Stella mantenía las piernas cruzadas y traté de abrírselas.

    –No…, las cortinas –dijo y miró hacia la ventana, que, aunque estaba abierta, las cortinas estaban cerradas.

    –¡Ja, ja, ja, qué pendejo eres! Yo hablo de Cornelio –me reclamó y yo, como no entendí, me quedé quieto esperando que el embotamiento se le pasara.

    –¡Ja, ja, ja, ya te enojaste!, fúmate uno se siente bien estar así, y también se coge mejor –dijo y se me encimó tratando de meterse mi pene flácido.

    Conforme cabalgaba, apachurrando verga y huevos, mi falo comenzó a reaccionar y pudo metérselo. Con los ojos cerrados siguió saltando y a mí se me ponía más duro viendo el bamboleo de sus tetas.

    –¡Ja, ja, ja, me hubiera quedado para ver cómo cogían!, siempre coge con las cortinas abiertas. decía con alegría, pero, sin dejar de moverse, cambió a un tono lúgubre –: ¡No, no lo hubiera soportado yo! exclamó y rompió en llanto.

    Sólo entonces detuvo el movimiento y se dejó caer a la cama, donde lloró desconsoladamente. ¡Esa verga debe ser sólo mía! dijo y extendió su mano para jalarme con gran fuerza el miembro. Su borrachera era impredecible. La abracé y la besé en la frente, en la cara, el cuello los hombros y el pecho, al tiempo que la acariciaba para calmar la furia de los demonios que navegaban en su cerebro. Lo logré y se quedó dormida. Tomé mi teléfono y fotografié su hermoso cuerpo. La moví como si fuese una marioneta de trapo y la acomodé de varias formas, lo único que no pude hace fue ponerla en pose de vaca para que le colgaran las ubres. A la hora comenzó a despertar, yo ya había hecho café y lo tomaba disfrutando la vista y las caricias que le hacía en la piel.

    –Huele rico, ¿es café? –preguntó y le ofrecí mi taza – ¡Guácatelas, está dulce! –gritó devolviéndome la taza.

    Tomé la taza y le dije que le traería uno “pero con piquete”, señaló. Así que al de ella le puse ron.

    –¿Ya se te pasó? –pregunté.

    –¿Se me pasó qué? –preguntó extrañada.

    –Las carcajadas y el llanto alternados, gritando sobre unas cortinas abiertas cómo coge tu exmarido– expliqué y su cara se puso triste, pero en la boca había una mueca de querer sonreír.

    –No, no se me ha pasado. ¿Sabías que Cornelio no acostumbra cerrar las cortinas no cuando hace el amor?

    –No. ¿Te ha tocado verlo así? –pregunté después de mentir, pues ya nos lo había contado Cornelio y lo relaté en “Los vecinos del 104” y en “¡Vámonos de putas!”

    –Verlo: no. Pero sí me ha tocado acostarme con él y le pedí que cerrara las cortinas. Me contestó “Nadie nos verá” y comenzamos a coger. Varias veces me pareció ver una silueta tras las cortinas de un departamento frente al de él, pero un piso más arriba.

    –Pudo haber sido el viento lo que movió esas cortinas que dices –dije restando importancia al asunto–. Si es así, ¿por qué no te quedaste para verlo cogerse a la tal Tere?

    –No creo soportarlo. Además, una cosa es estar de mirón y otra que te inviten a participar –afirmó.

    –Tengo entendido que a él le han tocado ambas cosas contigo, una donde yo fui el invitado y todos lo gozamos enormemente –le recordé.

    –Sí, a ver cuándo me los vuelvo a encamar juntos. Pero él también se ha recreado como mirón, ¡y sin mi autorización! Pero yo no soportaría ver cómo ama a otra, diciéndole palabras dulces.

    Stella se acabó su café, le pregunté si quería que le sirviera otro igual y me dijo “Ahora sírveme el ron sin café, y pon música para que bailemos encuerados”. Nos fuimos a la sala, le serví un vaso de ron y bailamos. Nos besamos al bailar, me agarró la verga y sin soltarla, seguimos bailando. Cuando descansamos se puso en cuatro en el sofá, viendo hacia mí.

    –¿Cuánto te gusto? –me preguntó meciendo las tetas que le colgaban muy bien.

    –¡Mucho y así, más! –le dije acordándome de las fotos que le tomé y me faltó una así– ¿Me dejas tomarte una foto, así como estás?

    –No, a nadie le dejo que me tome fotos desnuda. Además, ¿para qué la quieres? –preguntó.

    –Para masturbarme recordando tu belleza –le contesté acariciándole el pecho.

    –Mejor me hablas y vengo, o vas, para hacerte la ordeña…

    –Gracias, pero no siempre se puede. ¿Nadie te ha tomado fotos así? –insistí.

    –Solo Cornelio, a él si se lo permito y sé que no van a andar por la red circulando, ni siquiera te las enseñará a ti.

    –Yo también soy todo un caballero, en eso también nos parecemos.

    –Sí, sé que lo eres, pero no –concluyó, dando por terminado el asunto.

    –¿Nos vestimos para ir al restaurante, o pedimos que traigan algo? –le dije porque ya era la hora de comer.

    – Mejor pedimos algo, quiero seguir así contigo hasta mañana –contestó desenfadada.

    –¿Y tus hijos? Si no estaban con Cornelio, ¿los dejaste solos?

    –¡Qué te pasa, no soy así! Están en Cuautla, de vacaciones con su tío. Yo amanecí con muchas ganas de coger y, si Cornelio estaba ocupado, espero que tú lo suplas, se parecen tanto… –contestó y se puso a mamarme los testículos y el pene–. En todo, completó suspendiendo las lamidas para enfatizar sus palabras.

    Pedimos de comer. Nos acabamos dos botellas de vino y seguimos bailando. Ya en la noche, se sirvió tequila y cuando ya estaba muy borracha, me pidió que pusiera en el karaoke canciones “tiranas”. Era obvio que le dolía no estar con su amado y que éste estuviese dándole amor a otra. Cantamos todas las que pidió que le pusiera.

    –¡No sabes cuánto te amo papacito! –gritó mirándome– A lo mejor volvemos si me aceptas puta, necesito muchas vergas, dime que sí –deliraba de borracha, confundiéndome con su exmarido, así que le seguí la corriente y la senté sobre mí, pero de frente para mamarle ese par de delicias que nos vuelven locos a todos los que nos la cogemos.

    –¿Has hecho el amor con alguien de verga grande? –le pregunté cuando se metió la mía en el culo.

    –Las he tenido de muchos tamaños, pero las que son muy largas me incomodan en casi todas las posiciones y lugares –precisó dándose unos ricos saltos que me apachurraban los huevos–. También he disfrutado, esa es la palabra, un par de falos pequeños, pero de grosor normal o un poco mayor. El chiste es cómo te penetran y lo mueven, además de que pertenecían a sendos caballeros que sí saben cómo se trata a una mujer con la boca y las manos… Con la boca incluyo las palabras, no sólo mover la lengua y chupar todo.

    Cuando ella decía lo anterior, yo mamaba deliciosamente y mis manos acariciaban su espalda y nalgas. “¡Así…!”, gritó manifestando el placer de un orgasmo que me dejó literalmente bañado el pubis y los huevos. Me acostó y se montó en mi cara friccionando su vagina en mi rostro, viniéndose otra vez.

    Cuando volvió de su letargo, se sirvió más alcohol y prendió otro porro de mariguana. Aproveché para preguntarle sobre las virtudes de sus primeros amantes y qué me dijera cómo había sucumbido a ellos haciendo un lado a su marido, particularmente, “Qué tiene cada uno de ellos que no tuviese Cornelio”.

    –Carlos es más alto que tú –me dijo, pero en realidad se lo decía a su exesposo–. Toca y canta muy bien. Entre palo y palo, me dice poesía o me canta románticamente.

    Describió, más que diferencias físicas, los contrastes de carácter. “¡Me hace sentir que soy más que una mujer!”, concluyó, para describir después, en las últimas fumadas, y entre palabras incoherentes a Guillermo.

    –La verga de Guillermo es un poco más grande que la tuya –dijo dándome unos jalones en el miembro–, en ella probé por primera vez el semen mientras hacíamos un 69 que, muy caliente, le exigí al estarme viniendo con sus chupadas–. Quedé atada a ese falo y él a mi vagina que chorrea cuando escucho su voz susurrarme en el oído lo que le gusta de esta mujer, tan suya, y lo complementa entre besos y caricias.

    Se carcajeó al decir “¡Pero es un pendejo, no me quiso estrenar por el culo cuando se lo pedí!”, luego cambió su actitud y me dio una cachetada poniéndose a llorar al terminar de decir “¡Ni tú tampoco ese día!”

    –¿Por qué querías que yo te cogiera así? –pregunté en mi papel de Cornelio.

    –¡Porque yo quería sentir eso y Guillermo no lo hizo!, pero tú sí me metiste la lengua en el ano cuando en un 69 me limpiaste los restos del semen de Guillermo que yo traía en la panocha y sus alrededores. Te amo, mi amor… –dijo y se quedó dormida con su cara en mi regazo.

    Más tarde, cuando ya se había despertado, me dijo que tanto Carlos y Guillermo, como los demás, no la sedujeron, ella fue quien los sedujo “con esto”, me dijo, levantando entre sus manos las chiches que le colgaban y se las mamé. Nos fuimos a la cama porque ya era tarde. Mientras yo destendía las colchas para meternos entre las sábanas ella entró al baño y, sin cerrar la puerta, orinó una gran cantidad de líquido.

    –Voy a caer como regla en la cama –me advirtió mientras se secaba la raja con papel higiénico–, pero puedes hacerme lo que quieras, si te dan ganas…

    Efectivamente, quedó catatónica al acostarse. Yo me puse a acariciarle y lamerle todo el cuerpo, incluso la rodaba para que mi boca pasara por todos sus pliegues, montes y valles. Más noche, desperté con la verga muy tiesa y al acomodarla para penetrarla vi su boca, abierta y oferente, no hubo más que poner el glande en sus labios y, dormida, comenzó a mamar como bebé. En la madrugada la penetré mientras le mamaba sus tetas y me vine. Quedé rendido.

    En la mañana, antes de sonar la alarma, ella ya estaba tomando su biberón. “¡Buenos días!”, dijo cuando se tragó mi eyaculación después de saborearla. “¡Buenos días!”, respondí dándole un beso para probar mi lefa.

  • Unas vacaciones con mi madre (7): La mejor de las putas

    Unas vacaciones con mi madre (7): La mejor de las putas

    Cuando Estela volvió a casa ya estaban su madre y Luis tomando una cerveza en el salón.

    —Que tal hija, te ha pasado Roberto los apuntes? Preguntó con sonrisa irónica.

    —Todos! Menudo trabajo me ha quitado! Y vosotros, que tal? Preguntó también Estela con ironía.

    —Fenomenal! Esa sola palabra lo define todo! Contestó Amanda riéndose más descaradamente.

    —Tú también lo defines así, Luis?

    Luis se había puesto colorado y no sabía que responder.

    —Si, si! Lo hemos pasado bien!

    Estela lo miró con ojos algo diabólicos.

    —Yo también lo he pasado… como has dicho mamá! Ah, si, “fenomenal” con Roberto y su padre!

    —Ah, también te ha ayudado su padre? Volvió a ser irónica Amanda.

    —Se presta rápido a ayudar en lo que haga falta, tú lo sabes bien, mamá!

    Aquello parecía una batalla dialéctica entre madre e hija y Luis quiso escapar de ella.

    —Bueno, yo me tengo que ir! Quiero ver cómo anda mi madre!

    —No te preocupes, mi marido la estará cuidando bien! Siguió Amanda irónica.

    —Vale, pero me voy! Contestó Luis a la vez que se levantaba y se marchaba.

    Cuando se fue las dos rieron ampliamente.

    —Diosss, como folla ese muchacho! Dijo la madre dando un sorbo al whisky espatarrada en el sofá.

    —Sabia que te iba a gustar! Le contestó Estela poniéndose otro whisky.

    —Me la ha metido por todos lados! Y con qué energía, diosss! Creo que solo le quedan fuerzas para irse a la cama! Jajaja!

    Rieron las dos a la vez dando buena cuenta del whisky.

    Cuando Luis llegó a casa Carlos ya se había ido y Elena estaba preparando un café.

    —Que tal mamá? Como ha ido el paseo?

    —Muy bien! He conocido mejor a Carlos y es un tío estupendo!

    Luis torció un poco el morro pensando en lo que significaba esa palabra, seguro que se había follado bien a su madre.

    —Me alegro de que te guste, pero como bien sabes, está casado!

    —Jajaja, eso no me importa, tampoco quiero casarme con él!

    —Pero a lo mejor si que le importa a su mujer vuestra relación!

    Elena le miró intrigada, notaba a su hijo algo molesto.

    —Que te pasa hijo? Te noto como enfadado!

    —Bueno, es que no me gusta Carlos!

    —Creo que estás celoso, hijo!

    —No, no es eso!

    —Si cielo, es eso. Pero tienes que entender que mi vida continúa y no estoy dispuesta a meterme en casa como una monja! Le dijo con cariño acariciándole la mejilla. Además, tu para mí eres lo primero!

    Acabó diciéndole a la vez que le besaba tiernamente en los labios. Vino un segundo beso más largo donde las lentes encontraron. Se rodearon el uno al otro con los brazos y el tercer beso fue profundo y lascivo saboreando el interior de sus húmedas bocas.

    Se separaron al sonar la cafetera.

    —Quieres un café?

    —Si, gracias! Contestó Luis.

    —Tengo que contarte algo! Dijo su madre poniendo los cafés sobre la mesa baja del salón.

    Luis ya estaba sentado en el sofá, con los bóxer de baño y una camiseta. Elena todavía llevaba el bikini, pero cubierta por una bata veraniega. Se sentó pegada a él y le miró a los ojos.

    —Tú mismo dijiste que habíamos venido a pasarlo bien!

    —Es verdad mamá. No tengo derecho a controlar tu vida!

    —Me alegro que lo reconozcas. No obstante, he venido contigo y estaré contigo todo el tiempo que desees. Para mí eres prioritario a cualquier otra cosa!

    —Gracias mamá, eres más comprensiva que yo. Creo que he sido bastante egoísta en mis comentarios!

    —Ahora hablemos claro! Dijo Elena tragando saliva.

    —Si me apetece follar con algún hombre no tienes por qué ponerte celoso. Yo estoy encantada de que lo pases bien con cualquier chica… o mujer!

    Luis la miró cuando dijo “mujer”, y no tardó en comprobar a quien se refería.

    —Si Luis, se que te has follado a Amanda, o a lo mejor ha sido ella a ti , y seguro que te lo has pasado muy bien! Sonrió Elena.

    Luis agachó la cabeza confirmando su culpabilidad.

    —Te apetece contármelo? Dijo acariciándole la pierna.

    Luis se dejó llevar por el entusiasmo al pensar como había follado con Amanda.

    —Joder mamá, esa mujer es la ostia! Ha conseguido que la follé por todos lados!

    —Ah si? Por todos lados? Le inquirió Elena para que siguiera hablando.

    —Por todos! La boca, el coño, el culo! Parecía saber cuando me iba a correr y paraba para que yo durara más!

    —A si que es toda una maestra!

    —Ufff, no lo sabes bien!

    Luis se dio cuenta que estaba volviendo a ser egoísta y cambio el tema.

    —Y tú con Luis? También quiero que me lo cuentes.

    —Pues ha sido genial! Me ha llevado a las mil maravillas! Incluso me ha dicho que si me apetecía podía verle follar con su mujer para ver si me gustaba!

    —Vaya, eso no me lo esperaba! Contestó Luis algo confuso.

    —Elena se dio cuenta y quiso dejar de hablar de los nuevos amigos para hablar de ellos mismos, madre e hijo.

    —Pero sabes una cosa… a quien más deseo es a ti!

    Acercó los labios a los de su hijo y le beso con ternura. Luis alargó una mano y la puso sobre uno de sus pechos, las tetas de su madre siempre habían sido su obsesión. Metió la mano entre la tela y tocó la suave carne mientras bajaba la lengua hasta su cuello y lo lamía con lascivia.

    —Cada día te deseo más mamá! Susurró entre lamidas.

    —Espera hijo! Tengo una sorpresa para ti que estoy segura que te va a gustar! Dame un par de minutos! Dijo levantándose para ir a su habitación.

    A los dos minutos salió de la habitación, pero muy diferente. Se había subido en unos altos tacones de aguja seguidos de una medias de cristal sujetas por un liguero que hacían más atrayentes sus muslos. No llevaba bragas, dejando ver los carnosos labios de su coño con la pequeña mata de pelo sobre ellos que no se había depilado. El sujetador era realmente pequeño, tan solo servía para levantar más sus tetas dejando los grandes pezones fuera.

    A Luis se le abrió la boca tanto que casi se le desencaja la mandíbula. Los ojos desprendieron un brillo de lujuria que podían iluminar la habitación y no pudo evitar pasar la mano sobre los bóxer para sentir como se le endurecía la polla.

    —Diosss, mamá, estás… estás…

    —No digas nada!

    Dijo Elena bajando la persiana para disminuir la luz. Puso música en su teléfono y comenzó a bailar de forma erótica haciendo que todas las curvas de su cuerpo se mostrarán más exuberantes. Luis se levantó del sofá con los bóxer ya abultados y su madre se puso a bailar a su alrededor rozándole con su cuerpo. Primero se puso de frente y le quitó la camiseta para rozarse con las tetas contra su pecho. Después tiró de los bóxer hacia abajo y apareció la polla de Luis totalmente erecta. El capullo estaba hinchado y la sangre que albergaba le daba un tono sonrosado. Elena se agachó bailando para rozarlo con sus tetas, llegando a darle algún lengüetazo. Luis fue a reaccionar con sus manos, pero ella le paró.

    —Quieto, mi niño guapo! De momento solo mira y disfruta!

    Elena continuó lamiendo su vientre y su torso. Giró rodeando el cuerpo de Luis hasta alcanzar su espalda. La acarició con las manos, la beso y la lamió. Se fue agachando lentamente haciendo que las tetas se restregaran por su espalda. Bajó hasta el culo y las aplastó contra él. Podía oír los largos suspiros que daba su hijo cuando le abrió los glúteos con las manos y dio un largo lengüetazo de abajo a arriba para acabar en el amarronado agujero. Sintió un leve temblor en el cuerpo de Luis y agarró una de sus tetas y comenzó a presionar con el pezón en el centro del agujero. Retiró la teta y aplastó su boca contra el culo mientras le rodeaba con los brazos para agarrar la polla por delante. Comenzó a pajearle lentamente a la vez que metía la punta de su lengua en el esfínter.

    La cabeza de Luis había sido cubierta por una nube de placer que se extendía por todo su cuerpo.

    —Ufff, mamá! No se dónde has aprendido esto, pero es exquisitamente delicioso.

    —Vaya lenguaje más fino! Dijo Elena dejando de lamerle el culo.

    —Prefieres otro más directo?

    Elena se incorporó y se puso frente a él mirándole a los ojos con la boca a escasos centímetros de la de él.

    —No quiero ser tu señorita de compañía! Quiero ser tu zorra! La puta más guarra que desees! No te gusta eso más?

    Le dijo casi metiéndole las palabras por la boca, para después besarle con una lujuria que inundó el salón. Luis se quedó pasmado, nunca pensó que su madre podría decirle algo así. Ni siquiera el podría haberle dictado unas palabras que provocarán más su deseo. Elena le agarró la polla y la restregaba contra su coño mientras el beso se hacía largo y lascivo. Colocó el capullo en el centro de su raja y con una suave presión penetró en la vagina. Luis bajo las manos y agarró el culo de su madre con fuerza. Movió su pelvis lentamente y el tronco, duro y venoso, penetró al completo. Elena, al sentir como su fuerte hijo la sujetaba del culo elevó las piernas para rodearle la cintura con ella quedándose en el aire. Luis comenzó a balancearla y la polla empezó a entrar y salir lentamente.

    —Como me gusta tu polla hijo! Me encanta sentirla dentro! Susurró a su oído agarrada del cuello.

    Luis dio unos pasos hasta que la espalda de su madre chocó contra la pared. Esa posición era más cómoda que mantenerla en el aire y comenzó a embestir con más fuerza.

    —Ahhh, diosss! Como la siento! Dame más fuerte!

    Luis estaba cada vez más excitado y su mente era un mar de lujuria. Embistió con más ganas haciendo que el cuerpo de su madre se aplastara contra la pared en cada embestida. Luis recordó la noche anterior, cuando se follaba a Estela de la misma forma y comprobó que follarse a su madre era más morboso y excitante.

    Elena empezó a jadear sonoramente y al momento su coño se inundaba de jugos. Bajó las piernas para quedarse de pies.

    —Ahhh, diosss! Que guarra me pones! Has hecho que me corra en un momento!

    —Pues todavía te quedan una cuantas! La agarró de la mano y la condujo hasta la mesa alta del salón. Elena ya sabía lo que quería y se inclinó sobre la mesa hasta aplastar las tetas contra la madera. Apenas lo había hecho sintió la lengua de su hijo lamer su coño. La lengua lo rodeaba recogiendo el flujo desbordado para luego entrar y saborear el interior. Subió hasta el culo y comenzó a meter la lengua en el amarronado agujero haciendo que el esfínter se abriera.

    Elena sabía lo que iba a pasar, nunca le habían metido una polla en el culo y ese momento había llegado. Se relajó disfrutando de esa caricia húmeda y carnosa dejando que se lo abriera bien. El liguero y las medias hacían más atractiva la postura y Luis disfrutó de esa visión.

    —Joder mamá, que buena estás por delante y por detrás! Como me gusta tu culo!

    —Pues lo vas a estrenar! Todo para ti!

    Elena se lo ofrecía con todo el amor de una madre, pero por el dolor que la pudiera provocar. Luis pareció percibirlo.

    —Tranquila mamá, te lo abriré muy despacio!

    Luis pasó dos dedos por el coño de su madre hasta que los sintió bien empapados. Después los puso sobre el agujero que acababa de llenar de saliva y comenzó a meter la punta del índice. Mientras lo hacía volvió a meter la polla en el coño de su madre con movimientos lentos. Elena todavía mantenía la excitación de la corrida que acababa de tener, y dio un suspiro largo al sentir la penetración. Luis continuó horadando con el dedo y ese bonito culo que tanto deseaba comenzó a abrirse. Los suaves bombeos de su polla lograron aumentar la excitación de su madre haciendo más fácil abrirla el culo. Logró meterle un dedo hasta los nudillos y la excitación de Luis comenzaba a sobrepasarle. Ya no podía esperar más, sacó el dedo y agarró su polla para poner el capullo en el centro del palpitante agujero. Apretó con delicadeza pero el agujero no había dilatado lo suficiente.

    Cuando el inhiesto capullo penetró Elena emitió un leve quejido.

    —Ahhhg! Despacio cielo!

    Luis sentía cómo el esfínter ahogaba su capullo pero ya no podía parar. Presionó con suma lentitud sintiendo como arrastraba la carne del interior.

    —Ahhhg! Diosss! Se quejó de nuevo Elena.

    —Ya casi está mamá!

    Elena comenzó a resoplar hasta que sintió toda la dura carne dentro. Se mordió el labio para ahogar un nuevo quejido, la dura polla de su hijo había llenado su recto y no había podido evitar que todo su cuerpo se tensara. Luis sentía la presión sobre su polla, y sabía que a su madre la estaba doliendo, pero el morbo y el egoísmo se habían apoderado de su mente.

    La sacó despacio, y volvió a penetrar intentando reprimir sus impulsos animales.

    —Ahggg! Hijooo! Gritó de nuevo Elena.

    Luis apretó los dientes y volvió a penetrar por tercera vez desoyendo los quejidos de su madre. Lentamente el culo de Elena se fue abriendo y sentía entrar la dura estaca con más suavidad. Instintivamente llevó una mano a su coño y comenzó a meterse dos dedos. Los jugos corrían por él y los dedos entraban profundamente. Podía sentir como la polla de su hijo los rozaba a través de la fina pared.

    —Te va gustando mamá? Preguntó con morbo y lujuria.

    —Si, hijo, si! Balbuceó entre gemidos.

    No se atrevía a decirle el daño que le había hecho. Pero la polla ya penetraba con suavidad y se sentía feliz oyendo a su hijo disfrutar. Luis seguía follándola con lentitud, quería disfrutar de cada penetración, y jadeaba cuando llegaba hasta el fondo.

    El culo se le había abierto ampliamente, y ahora sentía un suave frote, que junto a la penetración que mantenía con los dedos en el coño aumentó su excitación.

    Sintió como un fuerte calor recorría su cuerpo y se atrevió a animar a Luis.

    —Vamos hijo! Dame fuerte!

    Luis empezó a embestir con más ganas y su polla entraba como un tren de mercancías.

    —Ahhh! Diosss! Que ganas tenía de reventártelo! Gritó como un poseso.

    Elena quería excitarme más para que disfrutara todo lo posible.

    —Vamos cabron! Reviéntame el culo a tu puta! Se atrevió a decirle.

    Elena ya estaba en plena excitación, a punto de correrse, y quería que el lo hiciera a la vez. Sentía como se abría su culo cada vez más y aquello ya era otra cosa, ahora disfrutaba del placer que le estaba dando a su hijo.

    —Ah! Diosss! Ahhh!

    Gritó Luis al sentir como reventaba su polla. Elena sintió la leche y se metió tres de sus dedos en el coño hasta los nudillos.

    —Diosss! Ahhh!

    Gritó al sentir que también corría.

    El líquido comenzó a resbalar entre sus muslos cuando sintió un gran vacío en su culo. Luis acababa de sacarle la polla y un borbotón de semen salió como si lo impulsaran. Juntándose con el flujo que chorreaba entre las piernas.

    Luis se derrumbó sobre el sofá con la polla chorreando. Elena se dio la vuelta y se fue hasta él, se arrodilló y comenzó a chuparle la polla con esquinita delicadeza. Cuando acabó y la sacó completamente limpia sonrió con felicidad pensando que sería la mejor puta que podría tener su hijo.

  • Ajustando cuentas (lll)

    Ajustando cuentas (lll)

    Estoy llamando a su puerta sin querer entrar ¡Adelante perrito!  entro y cierro la puerta detrás de mí, rápidamente me desnudo y me planto a su lado situando las manos detrás a mi espalda, como las noches anteriores Clara está sentada en el único sillón de la habitación leyendo un libro a la luz de la lampara.

    Ella me mira con una expresión de satisfacción ¡aprendes rápido perrito! Extiende su brazo asta mi entrepierna y masajea mi verga suavemente, se me escapa un gemido de placer y me odio a mi mismo porque no puedo escapar de mi propia lujuria, estoy cachondo por mi suegra que piensa en mi como su esclavo ¿Qué puede ser más humillante?

    ¡Se que me deseas!, ¿no creas que no me he dado cuenta como me miras? ¿crees que no siento tu verga dura contra mí culo, cuando te rozas accidentalmente? ¿Que buscas cogerme? ¡Te estoy haciendo una pregunta contesta!

    ¡Si, quería follarte! ¡mantén el respeto no soy tu igual! ¡si quería follármela mi ama! Clara detiene el masajeo, manteniendo la presión a la vez que con su pulgar presiona la punta del glande ¡Aquí estoy, pero tendrás que hacerlo como yo quiera! ¡después de que yo termine con esto, porque no creo que dures mucho así!

    Sin darme tregua su mano aumento el ritmo, voy a estallar de placer y de vergüenza a manos de mi suegra. Como la noche anterior contempla sin perder detalles como brotan largos y espesos chorros de semen de mi polla con cara de satisfacción.

    Sin mediar palabra se desprende de la fina bata dejándome ver una fina tanga negra casi transparente y sus zapatos de tacón alto ¡Arrodíllate, que me vas a comer el culo! Clara se aparta la tira del tanga a un lado y se acerca al brazo del sofá, apoya los codos en él ofreciéndome su culo redondo, los labios del coño se asoman por debajo completamente depilados.

    ¡Todo tuyo perrito! mi boca queda a la altura de su culo con ambas manos cojo las nalgas, la sensación de parparlas es indescriptible, con la lengua recorro todo el culo, lamo, beso vuelvo a lamer con movimientos circulares. Clara baja la mano a su coño y se masturba, mete la lengua le oí decir impaciente.

    Con la punta de mi lengua empujo y la meto dentro, Clara ríe satisfecha, esta exultante, poderosa, con sus largas piernas abiertas, mientras yo con mi lengua penetro su culo como un poseso, Clara contrae sus nalgas y se corre gimiendo discretamente ¡Ooh, Ooh! Se aparta y se saca el tanga, ¡muy bien perrito abre la boca! la abro, Introduce el tanga y las empuja con sus dedos.

    Tengo que hacer un esfuerzo para no atragantarme acercándose a mi oído me dice ¿crees que voy a dejar que me folles? ¡Aun te falta mucho que aprender perrito! ¡Limpia todo esto y mañana ya veremos! Me dice mientras se dirige a la salida serrando la puerta detrás de sí.

  • Maestra exigente (4)

    Maestra exigente (4)

    Esta vez estaba con más confianza, había hecho un gran trabajo el viernes, esa prueba fue bastante dura pero el placer en sus ojos lo decía todo, a fin de cuentas pude volver a tener mi verga adentro de mi maestra y ya estaba comenzando a agarrarle el truco solo era cuestión de tiempo si seguía así tendría a una milf a mi disposición, bueno ella me tendría como su juguete pero no importaba, la verdad es que estar a su servicio era mejor que pasar una noche con alguna compañera de la universidad o cualquier cita en alguna aplicación para follar, estaba tan cerca de tener a una mujer una real a mi alcance que el solo hecho de pensar en su cuerpo, me provocaba una erección, y ese domingo no fue la excepción, ya estaba más cerca pues recibí su correo, este solo tenía tres calificaciones.

    Calificación de entrada 7

    Calificación de desempeño 10

    Promedio 9

    Las cuentas no me daban pero no importaba ya estaba mejorando y seguramente llegaría al 10 en esta semana, no había otra opción, como estaba decidido y ya sabía que esos días estudiaremos su entrada trasera, me prepare bastante igual, leyendo consejos y viendo videos pues era un área complicada y aunque ya había estado dentro tenía que pudiera fallar y lastimarla, así que no tomaba demasiadas precauciones estudiando y repasando sus posiciones favoritas.

    El lunes llegó y yo me presenté en su casa, ella me estaba esperando sentada vestida en un traje bastante apretado, saco, blusa larga y falda entallada, casi como si fuera a una conferencia importante, la saludé y me senté en la alfombra.

    -Levántate, toma asiento en el sillón de ahí.

    -Esta bien

    -Verás la lección de esta semana ya sabes cuál es, ya pasamos por lo más sencillo y déjame decirte que felicidades, eres uno de los pocos que llega hasta aquí, siéntete orgulloso, pero no te entusiasmen demasiado, ni me entusiasmes a mí, la verdad has logrado traspasar mis expectativas, déjame decirte que eres uno con los que más he disfrutado, eso no te lo voy a negar, tienes el toque de obediencia y sumisión ideal, así como también buenos movimientos, dime ¿con cuántas chicas has estado?

    -Solo una, mi exnovia hace más de dos años

    -Ya veo y sus encuentros eran tan apasionados cómo los que hemos estado teniendo.

    -No, nunca, todo lo que he hecho es porque es usted, su cuerpo, su actitud tan dominante me inspira a darlo todo, para mí usted ya es mi ama.

    -Mas despacio jovencito, no creas que con palabras bonitas ganarás puntos, esto ya es la última semana y tus acciones van a hablar por tí.

    -No la defraudaré, haré lo que me ordene.

    -¿Seguro?, Eso han dicho todos los que han llegado y todos me abandonan en el 3er día.

    -Tiene mi palabra

    -Muy bien, comenzaremos por lo primero.

    Entonces se levantó de la silla se puso frente al escritorio, se dio la vuelta y lento, movió su falda hacia arriba, comencé a ver si ropa interior, está ya era más provocativa, era lencería a juego con el color del traje, un azul marino, y ahí estaba delante de mí ese culo grande, redondo a tan solo pocos metros, me hubiera lanzado sobre él, hubiera arrancado esa tanga y lo hubiera lamido por horas, pero todavía no era el momento, no.

    -Miro bien, este es el mejor de mis atributos, he tenido que soportar años de miradas morbosas hacía mí, llevará falda o pantalón, todos se fijaban en este culo, y tú lo tienes a unos metros, pero tienes que saber que es muy caprichoso, tienes que tratarlo como lo que es, una joya, bien mira bien como bajo mi tanga, eso es observa bien.

    En eso con su tanga abajo se comenzó a reclinar en el escritorio, sus tetas ya tocaban la mesa ese culo y esas piernas estaban a mi disposición.

    -Ven aquí, que te quiero morder

    Me acerqué.

    -Abre mis nalgas, no seas tímido, ¿Puedes verlo? ¿Puedes ver mi agujero?

    -Sí, lo veo, es hermoso

    -Así es, ¿Te gusta su color? ¿Te gusta como se abre y cierra?

    -Sí, me encanta

    -Pues bien tienes que saber que primero tienes que hacer un par de cosas antes de poder jugar con él, primero tienes que limpiarlo, siempre que te pida que uses mi culo, tendrás que hacerme una limpieza, no queremos sorpresas ¿O sí? Bueno eso ya lo veremos, de momento con que pases una toallita húmeda será suficiente, están en ese cajón, ve por ellas

    Me dirigí hasta el cajón y saqué un paquete, lo abrí y tomé una toalla, la puse en mi mano y comencé a limpiar su culo, de abajo hacia arriba, ella me dijo cuando parar.

    -Muy bien, ya está limpio, ahora toca consentirlo un poco, vamos es muy delicado pasa tus manos por mis nalgas, masajearlas un rato y de vez en cuando pon tu dedo índice en mi hoyito.

    Así lo hice, un buen rato me dediqué a pasar mi dedo por su culo, a veces intentaba meterlo pero no forzaba mucho porque la podía incomodar.

    -Bien listo ya estoy más relajada, ahora ven acércate a mi culo y dale un buen beso, chúpalo por un rato mete tu lengua, sí eso sería bueno.

    Como buen perro obedecí sus órdenes, y hundí mi cara entre sus nalgas, comencé a besar su culo y sacar mi lengua para mojarlo un poco, comencé a agarrar buen ritmo y ahora con más confianza restregaba mi rostro en ella, paseaba mi lengua y la hundía en su culo hasta lo más profundo, comía con la boca abierta hasta que la mandíbula comenzó a acalambrarse, y mis manos no paraba de sobar esas preciosas y suaves nalgas, sus gemidos se hacían cada vez más fuertes incluso ella puso su mano en mi cabeza y la pegaba más, lo que me dificultó tomar aire pero no importaba yo seguía pegado a esa mujer, a ese culo único que estaba frente a mí, y después de un rato jalo mi cabello hacia atrás.

    -Basta es suficiente, la hora pasó, ahhh mmmm ya vete, vamos sal de aquí, mañana terminaremos.

    Confundido pues todavía faltaba un rato para que la hora llegara, tuve un poco de miedo de haber hecho algo mal pero luego recordé sus palabras mientras iba a casa, mañana terminaremos, eso significa que todavía no había acabado, entonces decidió terminar la clase porque no podía aguantar más placer, eso era bueno, había llegado al punto de que mis actos eran tan buenos como para hacerla terminar con un par de minutos, contento llegué a casa y para mí sorpresa recibí un correo electrónico nuevo, era de mi maestra, era su número de celular, con la indicación, manda un mensaje en cuanto llegues a tu casa.

    Corrí hasta mi habitación, cerré la puerta, y puse el número en mi celular, le mandé mensaje, había estado conectada hace un par de minutos, la espera a recibir respuesta fue eterna, no contestó hasta entrada noche como a las 11.

    -Hola

    -Hola, veo que sí te llegó mi correo jaja

    -Sí en verdad me tomó por sorpresa

    -Bueno es algo que muy pocos han podido conseguir, como te dije casi nadie podía llegar hasta está semana y mucho menos conseguir mi número, de hecho contigo son 3 los que lo tienen.

    -Pero esto es parte de la prueba

    -Sí y no, digamos que es un premio extra, algo así como un seguro, digamos que aunque no consigas ser mi amante tendrás mi número y me podrás escribir de vez en cuando, digamos si necesitas calmar tus ansias, estoy dispuesta a mantener el contacto por aquí, nos podemos enviar mensajes y fotos, no será como tenerme a tu disposición pero es un detalle por tu esfuerzo, que dices ¿Tienes ganas de acabar?

    -Sí, con todo lo que hicimos hoy y como estuve esperando tu respuesta, no he tenido tiempo de terminar.

    -Así que ¿lo haces siempre que terminamos una sesión de estudio?

    -Bueno casi siempre, el viernes pasado solo llegué a dormir jaja

    -Sí, el viernes, esa fue una buena prueba, yo también me cansé.

    -¿Qué hice para ganarme su número? ¿Fue por lo de hoy?

    -¿Me lo dices en serio? Por mucha experiencia que tenga puedo decirte que lo de hoy fue algo diferente

    -Es que se lo dije usted me provoca sensaciones más que especiales

    -Eres un buen chico, en serio no sé si te deseo es lo que de verdad me gusta o como lo haces, en serio hoy sentí que no estaba ahí, pensé que era un sueño, como me comiste el culo, mmmm lo pienso y con solo eso me estoy mojando, ¿Quieres ver?

    -Por favor

    -Esta bien

    Pasaron unos segundos y me llegó una foto, era ella, estaba en el baño sentada en la taza con la tapa abajo, ella estaba abierta de piernas y con su mano abría su vagina.

    -Ya veo lo mojada que está, a mí se me está parando

    -Muéstrame

    Saqué mi verga con una erección bastante fuerte y le tomé una foto y la envié enseguida.

    -Ya veo, esa verga, mmmm desearía que fuera mía, solo mía pero eso va a depender de ti. Por lo mientras, vamos muéstrame cómo te masturbas.

    Prendí la cámara del teléfono y puse mi mano sobre mi verga, grabé un vídeo de unos segundos mostrando cómo bajaba y subía, lo mandé y espere respuesta, pero algo mejor pasó.

    Me estaba llamando, una videollamada, la conteste inmediatamente, y ella me hizo una seña con su dedo, debía guardar silencio, lo entendí, y ahora enfoca mi verga y recibía sus mensajes

    -Vamos tómala, aprieta bien, agárrala fuerte y dale más rápido

    Lo hice y enseguida en su cámara pude ver cómo me mostraba sus tetas, estaban dentro de su sostén y las ponía en la cámara como si exhibiera un par de melones, y luego las sacó de su ropa y comenzó a tocarse los pezones, esto hizo que aumentará el ritmo.

    -Detente, no quiero que termines tan rápido, todavía me tienes que ver el culo.

    Entonces me detuve y esperé a que me dijera cuando continuar

    -Vamos comienza poco a poco, lento, tómalo suavemente, eso es

    Seguí sus instrucciones pero el morbo de la situación hacía que estuviera a punto de terminar, si lo hacía más rápido seguro que no duraría un par de segundos.

    -Bien bien mira lo que tengo para ti.

    La cámara enfocó su vagina, y ella comenzó a masturbarse también, sus jugos ya estaban mojando la tapa del baño y sus dedos se hundían y perdían en su agujero, además de que abría sus labios y se masajeaba el clítoris, era la primera vez que la veía tocándose.

    -Vamos, sube un poco la intensidad ¿Acaso no te gusta lo que ves?

    Yo aumenté un poco pero no demasiado, trataba de controlarme sin perder la erección ni acabar y esto lo notó.

    -Bueno, bueno, creo que la emoción del día ya fue demasiada, ¿Ya quiere acabar mi perrito?, Jajaja, está bien todavía no eres mi amante y esto era un premio así que seré rápida.

    En ese momento se enfocó sus nalgas y las abrió para mí.

    -Vamos termina, termina para mí imagina que estás dentro de este culo, vamos más rápida dámela tu leche me pertenece, vamos

    Tome con fuerza mi verga y subía y bajaba como loco hasta que lo inevitable ocurrió, una gran cantidad y cayó al suelo, con toda la emoción no perdí el momento y la enfoque bien, quería que viera toda la leche acumulada, solo para ella.

    -Que obediente, muy bien, cariño, puedes descansar, hasta mañana.

    Ah ah ah lo hice bien tenía que limpiar pero eso no importaba, no esperaba tener una recompensa así, mañana podía perforar su culo, estaba seguro, tenía que complacerla hasta que enloqueciera y sería su amante, aunque aún me preocupaba el tercer día, no sabía que es lo que iba a pasar pero bueno ya era hora de dormir.

    El día siguiente, algo parecido al anterior solo que mientras le comía el culo, después de habérselo limpiado claro, me pidió que fuera a buscar un bote de crema, el momento de la acción había llegado, la orden de desvestirme llegó y pudo ver mi erección prominente, y ahí con el bote de crema entre las manos me pidió que la empezara a dilatar primero con los dedos.

    -La primera vez que cogimos, fuiste muy duro con mi culito ¿Te acuerdas?

    -Sí, las ansias eran mayores, el tiempo me estaba pisando los talones, perdón.

    -Oh no es necesario que te disculpes, a fin de cuentas era tu premio y lo hiciste como quisiste, sólo me gusta recordar a mis alumnos el trato que me dieron, fuiste salvaje y eso me gusta pero me gusta más que ese salvajismo salga siempre y cuando yo lo permita.

    -Bueno, eso me hace estar más tranquilo

    -Ya, ya, cállate y masajea bien mi ano, quiero que tú verga se deslice con la mayor suavidad posible, en realidad no me gusta mucho el anal, a veces es incómodo, no en el momento, sino después, sobre todo si acaban adentro, por lo que me harás saber siempre si te vas a correr, para que puedas hacerlo afuera.

    -Está bien con tal de que se sienta a gusto, la vez que se la metí por acá me encantó, fue tan estrecho y caliente

    -Calla, no digas más y dale con tu otro dedo porque ya quiero que me la metas

    Entonces seguí masajeando sus entrañas con mis dedos untados en crema, su culo estaba muy caliente y el entrar y salir ya era fácil, además de que todas sus piernas y el suelo ya estaban empapados por su vagina chorreante, ya era hora y me lo hizo saber, así que apunte mi verga a su culo y despacio la fui metiendo, era una sensación increíble pues con tanta crema y calor mi verga encajaba muy bien, era como si ese agujero hubiera sido hecho para mí y ya que estuve totalmente adentro comencé el mete y saca habitual solo que más lento y en cada embestida procuraba llegar más profundo haciendo fuerza y separando sus enormes nalgas para tener mejor acceso.

    -ah ah sí así así me estás matando justo así sí mmmm ah

    -Sí maestra, me encanta cogerme su culo

    -Cállate, solo eres mi juguete, los juguetes no hablan, ah, ay ay mmm sí así

    Sus piernas no dejaban de temblar y mi ritmo iba subiendo, con la experiencia de esas semanas mi aguante había subido y ahora aunque llevábamos ya un buen tiempo así, yo tenía energía para mucho tiempo más, esto apenas comenzaba, y lo iba a disfrutar demasiado.

    Entre embestida y embestida iba pasando mis manos por su cuerpo, primero metí mis dedos en su culo húmedo lo cual fue bien recibido pues gimió cómo loca cuando llegué ahí, después de un rato subí por su abdomen hasta encontrar ese par de tetas las cuales masaje con fuerza, apretaba y jalaba esa carne suave y tersa, ella ya comenzaba a estar más entregada al placer, así que todo lo que hacía solo aumentaba su calentura, tanto fue que en su primer orgasmo intento retirarme pero me mantuve firme y la continúe penetrando, no dejaba que se moviera así que desistió y se dejó llevar, moviéndose y retorciéndose mientras acababa por primera vez, yo seguía y seguía por un buen rato, no tenía intención de terminar pues quería aprovechar lo más que pudiera, después de que se recuperó de esa primera acabada me pidió cambiar de posición, así que nos movimos al sillón mientras yo seguía penetrando por detrás, llegamos y me dijo que me sentara ahora ella me cabalgaría y con eso terminaríamos el día de hoy pues la hora estaba próxima acabar, así con ella de frente sus tetas apoyadas en mi pecho y su cabeza sobre mi hombro derecho comenzó a moverse, pero estos movimientos eran diferentes, eran más atrevidos y más salvajes, era como si su cadera se moviera por si sola, subía y bajaba iba de un lado a otro y de adelante hacia atrás, me estaba revolviendo la verga en su interior, era una sensación increíble era rápida y atrevida, su ritmo me decía que ella tenía el control yo me quedé sin aliento y mis ganas por terminar comenzaron a aparecer.

    -No esperabas algo así ¿Verdad?, Shhh no hables, no quiero respuesta, lo veo en tus ojos, te preocupa terminar bien haremos algo, cuando acabe la cuenta regresiva del 10-1 tú acabarás no un segundo antes no después, yo iré aumentando la velocidad, si no puedes aguantar este será nuestro último encuentro, así que 10… 9… 8… 7… mmm si lo sientes sientes la leche acumulándose bien está en la punta y solo necesita que yo termine de contar 6… 5… Lo haces muy bien ya falta poco aguanta ¿Acaso no quieres tener mi cuerpo a tu disposición? 4… 3… Ya casi sí ya casi mmmm sí, pero ¿sabes qué? mmm olvide en qué número iba no importa empecemos 10… 9… 8… Jaja tu cara ya no aguantas, vamos no me decepciones… 6… 5… La verdad es que desde que me cogiste esa vez supe que tú llegarías lejos… 3… Si pero aunque pases esta prueba te queda la más difícil mañana tienes que venir preparado bueno, 2… 1…. Ahora dámelo ahora.

    -Ah ahhh ahhhh

    Era mi corrida más fuerte hasta la fecha, no sé cómo no me desmayé después de inundar el culo de mi maestra con leche, esos movimientos, ah sí eran de otro mundo, ahora el que estaba temblando era yo, y ella tan fresca como si no hubiera pasado nada, se levantó, me sonrió y comenzó a recolectar el semen de su culo, y esos dedos llenos de leche se los llevó directo a la boca y me sonrió.

    -Muy buena, es de calidad jajaja, vamos es hora de que te vistas, mañana será un día especial, creo que tú serás, sí tal vez lo seas.

    La prueba final mañana, creo que no podía haber nada que me sorprenda, ya no, así que esa noche caí rendido pensando en esa sensación y en esa imagen de mi maestra tan buena, era como un sueño, me la estaba cogiendo, era la mejor oportunidad de mi vida y mañana se decidía todo yo estaba dispuesto a hacer lo que fuera, nada podía echarme para atrás y así fui a su casa al otro día y entre en el cuarto.

    -Bien, has de saber que esta es tu última prueba pero eso no significa que el jueves y el viernes no haremos nada, esos días practicaremos lo que haremos hoy, así que vamos desnúdate, todo completo.

    La obedecí enseguida.

    -Bueno, quiero que sepas que todo dependerá de tu respuesta, procederemos si tú así lo deseas, de lo contrario tomarás tu ropa y te irás, bien, tienes que saber que todos los que llegaron aquí tomaron la decisión de irse, así que no me decepciones. bien ven acá. Quítame los pantalones

    Me acerqué y me hinqué frente a ella y desabroché sus pantalones, llevaba unos de color rojo, algo sueltos, los bajé y ahí estaba el reto, ahora comprendí porque todos habían desistido, ella separó un poco sus piernas y una gran verga de plástico se elevó quedando a un par de centímetros de mi cara, subí la mirada y pude ver su cara, estaba tratando de contener la risa, una risa malvada.

    -Bien, supongo que ya sabes lo que te pediré, ¿Cuál es tu respuesta?

    No tenía opción, la idea no me gustaba y de hecho si lo pensaba se ponía peor, si me convertía en su amante me pediría cosas como está en el futuro, pero era tanta mi excitación y la recompensa era tan grande, hablando de su culo claro, que decidí asentir.

    -No, no tienes que decírmelo, dí, maestra por favor, tome mi culo, penetrame con esa verga gigante, quiero sentirla

    -Maestra… Por favor… Tome mi culo… Penetrame con esa verga gigante… Quiero sentirla

    La emoción en su rostro veía cada palabra que acababa de decir, pero todavía no la tenía asegurada, tenía que dejarme coger por ella.

    -Eres el primero, no lo creo, ¿Enserio, tienes tantas ganas de ser mi amante?

    -No sabe cuántas

    -Sabía que tenías potencial, lo sabía, bien estoy algo nerviosa, pero bueno, no pasa nada la excitación es mayor.

    Después de eso se acercó a mí me tomó en brazos y me dio un beso uno muy largo y apasionado mientras recorría mi cuerpo con sus manos, tocaba cada parte de mí, y después comenzó a bajar sus labios por mi cuello, por mi pecho, mi abdomen, y me dio la vuelta, beso mis nalgas y las separó y hundió su cara en mi culo y lo empezó a chupar mientras me masturbaba lentamente, después de un rato se despegó para recuperar el aliento, luego fue casi corriendo por el bote de crema, unto sus dedos y sin más preguntas comenzó a pasarlos por mi culo, ya que estaba bastante resbaloso metió un dedo, lentamente pues me queje un poco, pero ella parecía no importarle, ahora sí estaba jugando conmigo, estaba disfrutando de su nuevo amante, ya no era su alumno era su juguete, y después de un dedo, metió otro, y otro, pero el dolor apenas comenzaba, pues lo que tenía entre las piernas era un consolador de unos 25 cm y bastante grueso, y por su actitud tenía la intención de meterlo hasta el fondo, así que una vez mi culo estaba ya abierto, me tomo de la mano y me puso a 4 en el piso, agradecí que estuviera la alfombra, y después de pasarme las manos por todo el cuerpo, se dispuso a separar bien mis nalgas y sentí una presión, el momento había llegado y podía sentir como esa enorme verga de plástico me penetraba lentamente, fue eterno, sentía como me abría, y yo gritaba de dolor, las lágrimas corrían por mi rostro.

    Con tremenda verga metiéndose en mí no podía pensar en otra cosa, y cuando menos lo esperé sentí el golpe de su pelvis, ya había terminado de meterla, entonces ella se acercó desde detrás, estaba bien montada en mi, y me susurro.

    -Te entro toda, cariño, ahora vamos a jugar.

    Comenzó a menearse y cada sacudida me producía dolor, pero en ese dolor nació un poco de placer, ya sea por el estímulo de la penetración o porque mi maestra estaba besando mi nuca mientras gemía de placer, tal vez era la combinación de todo lo anterior, como sea esa pequeña sensación de placer ya estaba tomando más forma y sin que me diera cuenta comenzaba a gemir, gemia y le pedía que lo hiciera más rápido más profundo, le rogaba para que me diera verga, era su mascota, era su puta, ese pensamiento me calentó más y comencé a moverme al principio un poco torpe pero pude seguirle el ritmo, ahora ya estaba disfrutando y más fue cuando sus manos tomaron mi verga, estaba más dura de lo que nunca había estado, y con un ritmo frenético empezó a masturbarme, termine en un par de segundos pues la situación me tenía al límite, después de correrme ella aumentó la velocidad, y entendí que no importaba si yo terminaba, mientras ella quisiera seguiría usando mi culo, y así lo hizo por varios minutos más, entre tanto y tanto se tomó la libertad de sujetarme por el pelo, y sostenía mi cabeza con fuerza y después comenzó a darme nalgadas, nalgadas reales, dolían y bastante, y esto la emociono aún más, fue tanto el tiempo que me penetró que mi verga comenzó a ponerse dura y volví a acabar, ahora era yo el que tenía las piernas temblando, y no pude más me desplome boca abajo, pero esto no le importó y más que detenerse consiguió una penetración más profunda era una locura, ya no sentía mi culo, y al final sentí como apretó mis nalgas fuertemente, mientras ella se retorcía encima mío, estaba tan caliente iba tan rápido que mi culo volvió a dolerme y después bajo el ritmo comenzó a tener espasmos y por fin la saco, la saco lentamente de mi culo y sujetaba mi cadera y fin esos 25 cm salieron de mí.

    -Ahhh nunca pensé que esto pasaría, me dejé llevar un poco, pero esto lo había soñado tantas veces, sí, creo que sí eres el bueno, ya no hará falta que te evalúe, te digo desde este momento que serás mi amante, estarás a mi disposición siempre que quiera, ya no haré más ese concurso, solo serás tú, felicidades.

    Ojala hubiera estado en un mejor momento, pues no podía contestar, solo pude moverme un poco, alcance a verla y sonreí aliviado, lo había conseguido, tenía una amante, mi maestra lo era, lo que viniera estaba demás, todavía faltaba mucho por hacer y descubrir, pero eso ya será en el futuro, por el momento tenía que cuidar de mi culo, jaja no importa, todo con tal de tener a semejante MILF y poder servirle, como dije lo que pasó después será para contar más adelante, todos sus fetiches, porque tendrá bastantes, por el momento esto es todo, así que yo me quedo con las atenciones de mi nueva amante.

  • Secuelas de una pandemia (VII): Traspasando fronteras

    Secuelas de una pandemia (VII): Traspasando fronteras

    La política hace su juego, el Estado regula; las instituciones ejercen su poder. Fin de la cuarentena. Sin excesos, con precauciones, pero con más autonomía de acción. Con la excitación de saberse libres, armaron cada uno su bolso para ir a visitar a sus correspondientes familias por un par de días. Se extrañaban los afectos; volver a las raíces era necesario.

    Pato se quedó en casa de sus padres por una semana, Diego, en cambio, regresó al departamento a los cuatro días.

    La soledad no le resultó fácil. Le faltaban esas charlas cotidianas, esa camaradería natural que se había instalado entre ellos, esa complicidad casi infinita que otorga compartir algo que debe permanecer en secreto, fuera de aquellas cuatro paredes.

    Y el sexo.

    Ya durante aquella primera noche, Diego se clavó una paja furiosa con el bóxer negro enlechado, apoyado en la cara. Al día siguiente se chupó los dedos pegoteados de semen. La próxima paja fue con un dedo en el orto. Pero faltaba Pato. Y al séptimo día volvió.

    El abrazo que se dieron hablaba, era un elogio de la elocuencia sin palabras. ¿Cuánto duró? Más de lo habitual; costaba desprenderse. Y al separarse, una frase: “che boludo, cojamos”.

    ***

    Diego arremetió sobre Pato empujándolo contra la pared mientras las bocas se unían en un beso salvaje. Las lenguas se retorcían con vida propia y la saliva empezaba a humedecer la barba, la piel. Las manos recorrían el cuerpo del otro como si buscaran desgarrar las carnes, tironeando de las ropas que solo molestaban, que debían dejar libres los cuerpos cargados de deseo. La respiración era jadeo, quejido, se aceleraba al ritmo de los latidos del corazón que enardecía las pijas hasta ponerlas duras y calientes.

    Semi vestidos, empezaron a caminar hacia la habitación, pero los pantalones a medio bajar hicieron que Pato tropezara sobre el sillón. Diego se tiró encima y volvió a besarlo, a morderle los labios. Torpemente comenzó a sacarle el jean a su amigo, a quitarle el bóxer que había quedado enganchado en la verga endurecida y que saltó como un resorte luego de ser liberada de su encierro de tela. Se miraron con lascivia. Entonces Diego empuño la chota de Pato y sin bajar la mirada se la metió en la boca con hambre. El sabor le golpeó el cerebro, lo obligó a cerrar los ojos, a respirar profundamente.

    –Sí hijo de puta, chupame bien la verga, es toda para vos.

    Esas palabras lo enardecieron; ya no quería seguir chupando, quería comer, tragar, ir más a fondo, hasta el ahogo.

    Pato estaba en éxtasis, fuera de sí no podía dejar de decir guarradas, de insultar y dar órdenes; Diego, por su parte, sentía que debía redoblar la apuesta y trataba de hablar, ahogado en saliva y con los ojos rojos de lágrimas.

    –Dame tu verga, forro –dijo Pato de pronto, y con una fuerza que desconocía arrojó a Diego en el piso para tragarse el miembro de su amigo.

    Lo sorprendió lo caliente que se sentía en la lengua, cómo el grosor le llenaba su boca. Por un momento una frase se le cruzó por la mente, un atisbo de culpa: “¿Estoy chupando una pija?”, pero automáticamente la respuesta no se dejó esperar: “sí, y me encanta porque es la pija de Diego”.

    Con un sonido gutural y espasmódico, la descarga de leche llenó la boca de Pato sin previo aviso. Espesa, como siempre, cubrió la superficie de la lengua y la colmó de un sabor único que se parecía a otros pero que era definitivamente gusto a leche de hombre. Sin soltar la pija que apresaba con su mano derecha, Pato la siguió mamando mientras Diego se retorcía de placer. No dejó una gota; tragó todo con hambre y placer.

    Enseguida empezó a pajearse, necesitaba descargar.

    –Bancá –dijo Diego con un hilo de voz–. Dejame recuperarme y te hago el mejor pete de tu vida.

    Pato se incorporó para besarlo largamente, esperando que su amigo recuperase el aliento, y al cabo de unos segundos allí estaba Diego, arrodillado, con la espalda arqueada, sacando el culo lleno de pelos como una invitación a comerlo. Pato cerró los ojos pero los abrió enseguida: quería ver la cara de su compinche tragándole la verga con devoción, con una habilidad innata sorprendente para ambos. Diego disfrutaba la tersura del glande, el dejo salado del presemen que ya comenzaba a salir en gotas transparentes.

    –Dámela toda –balbuceó con la boca llena de pija, y en segundos las descargas de Pato, como fuegos artificiales, le llenaron la garganta.

    A Diego se le había vuelto a poner dura gracias al sabor de la leche que le había exprimido a su amigo y que aún conservaba en la boca, para devolvérsela, para compartirla en un beso largo y pegajoso, lleno de olores y morbo.

    ***

    Pasaron unos minutos en silencio, acariciándose, tirados en el sillón. Estaban a punto de romper todas las barreras posibles y era hermoso.

    –¿Te animás? –preguntó Diego.

    –No sé a qué, pero sí. Me animo.

    Sin decir más, se levantaron y tomados de la mano, se dirigieron hacia la habitación de Pato.

    Los cuerpos yacían lánguidos uno al lado del otro, rozándose, besándose. La piel de Pato recibía la caricia peluda del pecho de Diego cada vez que lo abrazaba y la respiración de ambos comenzaba a acelerarse.

    –Bueno… dale, cogeme –pidió Diego con un susurro casi inaudible.

    –Yo pensé que…

    –Después.

    –Ok… ¿Cómo querés?

    Diego se acostó de espaldas y levantó las piernas. El hoyo rodeado de pelos pedía a gritos la caricia de una lengua, y Pato, sin dudarlo, hundió su boca entre aquellas nalgas poderosas. No chupaba; devoraba. La cara, en pocos segundos se le había cubierto de saliva y Diego gemía con una voz cada vez más profunda.

    –Voy a buscar un forro –dijo Pato incorporándose.

    –¿Estás en pedo? –respondió Diego. ¿Cuánto hace que no estamos con nadie? ¿De qué nos vamos a contagiar?

    –Bueno… sí… Además -bromeó- no podés quedar embarazado.

    La risa aflojó ese breve momento de tensión, pero la calentura era más fuerte y, en pocos segundos, volvieron a la carga. Pato escupió el ojete ya ensalivado y lentamente metió un dedo, luego otro, y cuando pudo sentir que el esfínter comenzaba a relajarse, hizo el primer intento.

    Lo hizo lentamente pero con firmeza, sin detenerse. Diego respiraba hondo buscando relajarse y de pronto, después un leve empujón, la pija ya estaba adentro. Un grito inevitable salió de su pecho pero lo reprimió con la boca cerrada y los puños apretados. Pato no se movía, dejaba que todo se acomodara y cuando percibió que el cuerpo de Diego volvía a recuperar la calma, empezó a bombear ese culo apretado que le abrazaba la pija en toda su extensión.

    Al cabo de unos minutos, ambos jadeaban; no podían dejar de besarse mientras la verga de Pato penetraba cada vez más profundo el orto de Diego, que se abría lentamente al placer.

    –¿Te doy leche?

    –No, descansá así acabamos juntos. ¿Puedo yo?

    Pato salió del culo baboso que había estado bombeando y se puso en cuatro. Enseguida Diego comenzó a comerle el ojete con dedicación, arrancando gemidos casi femeninos en su compañero. La barba acariciaba los huevos de Pato, que esbozaba temblores intermitentes mezclados con risas espontáneas, producto de las cosquillas. Luego vinieron los dedos. Claramente Pato tenía facilidad para dilatar y en segundos, tenía tres dedos adentro. Ahora era el turno de la pija de Diego.

    Fue un poco brusco; dolió, pero esa sensación desconocida le ganó a la molestia y unos minutos después la verga arremetía contra la carne caliente de ese culo que había dejado de ser virgen por completo.

    Diego sudaba sin parar, la frente cubierta de gotas que caían sobre la espalda de Pato. Tanta hormona estimulada, tanto sudor y fluidos comenzaban a llenar el cuarto de un aroma salvaje, desagradable para quien viniera del exterior pero sumamente excitante para los dos machos que no paraban de coger en ese encuentro empalagoso de sexo y calentura.

    Con una fuerza casi animal, Diego giró a Pato para ponerlo de espaldas y seguir cogiéndolo frente a frente, para mirarlo a los ojos, para disfrutar las expresiones de placer y besarse largamente. De pronto Diego se tensó, abrió los ojos enormes, contuvo la respiración y con un gruñido profundo descargó su leche, su segunda acabada, en el orto de Pato. Pero el orgasmo era tan intenso que no podía dejar de penetrarlo, y a cada embestida, Pato gemía con ese tono agudo, decididamente femenino.

    –Ahora vos –dijo diego en un susurro– y saliendo de su amigo se sentó sobre la verga mojada de Pato para cabalgarlo furiosamente hasta sentir que el culo se le inundaba de leche caliente.

    Agotados como después de una batalla cuerpo a cuerpo, se acostaron lado a lado, sudorosos, apestando a semen, a chivo, a sexo.

    ***

    Lo que siguió es una historia cotidiana que sigue hasta hoy. Que deberá pasar por el filtro de salir al exterior, de manifestarse frente a la sociedad, a los amigos, a la familia.

    Una amistad llena de puntos en común, de complicidad, de aceptación mutua ante los intereses del otro dentro del infierno de la convivencia y de una sexualidad plena y sin límites.

    Una pareja.

  • Desearía

    Desearía

    Desearía…

    Verte rendida a un par de bocas,

    besando, lamiendo, y chupando 

    tus lindos pechos hasta ponerte loca. 

     

    Desearía verte…

    con más de un miembro en tu boca, 

    demostrando tus habilidades orales,

    haciéndonos tuyo por lo que esto provoca. 

     

    Desearía verte…

    perdida en la lujuria,

    y verte cabalgar nos

    con mucha furia. 

     

    … Ver tu cuerpo reaccionar

    a nuestros embates,

    con tus piernas abiertas

    de par en par 

    disfrutando un par de bates.

     

    Ver mucha veces correrte,

    sudada, apasionada, y extasiada 

    de tanto quererte. 

     

    Así desearía sentirte y verte…

  • Carla: con Richard, albañil y dos voluntarios

    Carla: con Richard, albañil y dos voluntarios

    Esta vez corresponde relatarles algo ocurrido el pasado feriado del 25 de agosto, bien reciente; mientras aguardamos hacer la despedida a uno de los embajadores amigos que es trasladado a prestar servicios en otro país, y a la espera de que el tío de Carla pueda venir por tercera vez, ya ha estado con nosotros dos veces, ocurrió que Carla se sintió “con ganas de manos ásperas”.

    Esa expresión, que usamos mucho entre nosotros dos, lleva a hacer algo con algún conocido o desconocido, justamente de manos ásperas… puede ser, y suele ser, algún albañil, otras veces han sido pisteros de estación de servicio, electricista y un carnicero.

    Pero han sudo, de a uno o dos, los albañiles los preferidos. Uno de ellos, Richard, o “el Richard” como lo suelen llamar sus compañeros, ha estado con nosotros dos veces, una de ellas en una obra, delante de varios de sus compañeros, y otra vez, en un apartamento, acompañado, justamente de un carnicero que vivía en la misma pensión que Richard.

    Para los que no conocen el término “pensión”, son casas, en general antiguas y grandes, con varios dormitorios y uno o dos baños compartidos, donde suelen vivir hombres solos, o a veces, parejas, pero en general no hombres solos y parejas en la misma pensión.

    Richard, vive en una de ellas en el Barrio Sur de Montevideo, allí también vivía el carnicero amigo, que se mudó a otra, y ya los habíamos do a buscar allí, con el consiguiente revuelo de algunos otros inquilinos, que preguntaron quien era esa señora tan fina que había ido a buscarlos en SUV (aclaro, SUV alquilado, por razones de privacidad).

    Hablé con Richard, para ver si estaría disponible, y, encantado (es un semi enamorado de Carla, impresionado porque una señora tan fina como Carla, delicada elija a veces salir con él), aceptó de inmediato.

    Arreglé una escapada en día feriado, convinimos para las 16 y para no perder tiempo quedamos de hacerlo en la pensión, aprovechando que ese día feriado, el dueño no va y que varios inquilinos viajaban a sus lugares de origen.

    Planificamos todo con Carla, incluso lucir para impresionarlo mas, algún cambio de outfit, y llevar sábanas nuevas, nunca confiar en las de la pensión ja ja. Por precaución, también alcohol gel y forros, aunque Richard está autorizado “sin” pues yo periódicamente le pago sus análisis para que siempre esté a la orden aunque no nos veamos.

    Además Carla ésta vez puso énfasis en que los análisis estuvieran al día pues Richard me comentó, cuando comenzamos a planificar todo, que hace mes y medio no va a su pueblo y no ve a su mujer, con la acumulación láctea de imaginarse.

    Cuando ya llegábamos, nuevamente en vehículo alquilado, a la pensión, llamada de Richard que había salido y demoraría unos 40 o 45 minutos. Cero drama, le dijimos que lo esperábamos enfrente o adentro, si nos dejaban entrar.

    Llegamos y dos inquilinos parados a la entrada, tomando mate. Estacioné y bajamos a preguntar si Richard había llegado, sabiendo de antemano que no. Nos miraron extrañados, nos dijeron que había salido y si precisábamos algo. Dijimos que íbamos de visita, Carla ya abrió su abrigo, con vestido mini debajo y botas largas arriba de la rodilla.

    -Podríamos esperar adentro? Para no exhibirnos afuera…

    —Sí, pasen…

    Pasamos a un patio central de aquellos con claraboya, algunas sillas, una mesa, al cual dan algunas habitaciones y dos baños de uso común, otras habitaciones, a un pasillo lateral.

    Y conversación inevitable luego de rechazar invitación de mate, que realmente no nos gusta.

    —Son amigos de Richard?

    -Lo conocimos en una obra y tuvimos un par de encuentros con él ja ja.

    —Sí? Algún trabajo que les hizo?

    -Digamos que sí, buenos trabajos a satisfacción dijo Carla, y se sonrió.

    —Ahhh y hoy? Vienen por algún presupuesto?

    -No, no, hoy me va a hacer un trabajo dijo Carla… y si me disculpan voy a adelantar trabajo, cual es el cuarto de él? Voy a poner sábanas nuevas…

    Asombrados, le indicaron el cuarto, se fue sacándose el abrigo, y ya luciendo, a distancia, piernas y botas.

    —Pero amigo… como es la cosa? Porque parece que…

    -Sí, es lo que parece, de vez en cuando le gusta variar, y él es buena gente…

    —Ahhh. Que increíble, una mujer preciosa, impresiona, y Ud. la deja? Disculpe la pregunta…

    -Sí, me encanta ver como le dan, lo hacemos muy seguido, a veces con señores de alto nivel, a veces como dice ella con chicos de manos ásperas.

    —Pahh que lo parió, que increíble, en serio?

    -Ya lo van a comprobar.

    —Como?

    -A lo mejor los dejamos mirar…

    Aparece Carla… -Listo, ya venía oyendo que hablaban cosas pícaras, le contaste a los chicos? (son de mas de 40, pero les dice chicos a todos).

    -Sí, les conté, me preguntaron a que veníamos y fui sincero…

    -Bien, tampoco para todos, ja ja ja…

    —Nosotros a la orden!

    -Mmmmm no sé, a lo mejor otro día… pero a lo mejor quieren mirar algo ahora…que te parece Sergio? -Por mi perfecto.

    Saco del bolsillo el frasquito de alcohol gel, me limpio las manos, se los paso a ellos “por si se tocan”…

    Carla se arrima a mi, me paro y pasamos a lo que tanto nos gusta: comienzo, con Carla de espaldas a ellos, a levantarle el vestido, uno de los micro vestidos elastizados, tipo tubo… de tela plateada en este caso, las botas negras arriba de las rodillas, impresionantes.

    Sube y sube el vestido, medio culo al aire, hermoso, redondo, firme. Ellos miran impresionados, en ese momento llega Richard, dice Hola! Y queda mirando. Le digo, es solo un dulce para tus amigos que nos dejaron entrar para no esperar en la calle.

    Se sonríe, sabe que lo mejor va a ser para él.

    Levanto un poco mas el vestido y parece que no hubiera nada de tanga, todo el culo al aire, pero la acerco a ellos y ven una diminuta cinta de silicona color piel que sube entra sus nalgas, y arriba se divide en dos ramas que van a cada cadera. Veo que se han limpiado las manos… -Quieren acariciar? Acariciar dije, nada mas!

    Le acarician la cola, maravillados, “Que suave” “Divina” “te vas a comer esto Richard, suertudo”.

    Le levanto algo mas el vestido y la hago girar, para que esté de frente a ellos. Hay un “Ahhhh” unánime de los tres.

    Lo que ven les encanta, más aún, los enloquece…

    Las dos bandas de silicona que venían de atrás, calzando arriba de cada cadera, sigue siempre en color piel hacia abajo y cerca del pubis se unen a una tela de gasa transparente, en forma de Y, es la parte de tanga que le cubre el sexo (que le cubre es un decir, pues es mínima y de gasa, transparente).

    La parte vertical de la Y vuelve a ser de silicona y es la que pasa por la entrepierna y reaparece atrás.

    Pero el mayor golpe de efecto es que desde hace unos 20 días, a pedido del embajador que será homenajeado, fanático de los pelitos o pendejos, como quieran llamarlos, Carla se ha dejado una tira vertical, muy prolija y ya sedosa, de unos tres cm de ancho, desde la comisura superior de la concha hacia arriba.

    La mayor parte están por encima del límite superior de la tela, aunque algo así como un cm, queda por debajo.

    Miran encantados… les digo: -Pueden rozarlos, vean que suavidad, después serán de Richard…

    Acarician, los rozan se miran, nos miran… —Nunca vimos algo así, que divina es!

    -Les gusto? En serio? Quisieran verme coger? Los autorizamos? Richard y yo asentimos, sin dudar.

    -Me voy a cambiar y los llamo… dos minutitos… Ayyy que hermosos bultos veo! Las voy a querer ver, sí? Y se va.

    En cinco minutos viene… -Decidí venir así me ven mejor…

    Ahora, zapatos negros de taco altísimo, caminata de modelo, y de “ropa” bueno… un collar de perlas fantasía de dos vueltas, que le llega al comienzo del canal entre los senos; las tetas al aire, divinas, apenas medianas, paraditas, pezones ya erguidos y rosados y a la cintura una cadena dorada, de la cual cuelgan por delante, al centro dos cadenitas cortas y una central mas larga que caen sobre el vello púbico hasta la concha.

    Gira, por detrás, de la cadena de la cintura cuelga una sola cadena, al centro, que se pierde en la raja del culo.

    Gira y gira, todo se agita y “vuela”, collar y cadenas.

    -Carla, le digo, vas a estar incómoda con eso, mejor te lo sacan los muchachos no te parece? -Ayyy amor, siempre con buenas ideas… sí, por favor.

    Se les acerca, uno le quita el collar, el otro el cinturón.

    Sugiero: Aprecien bien… uno le pasa suavemente un dedo por la concha, el otro sugiere: —Podemos ver mas?

    Separa las piernas, dobla la cintura… ven a full la concha y el chiquito, rosado, de estrías perfectas, cerradísimo, perfecto.

    Uno de ellos dice: Algún día… tendré algo así.

    Y Carla: -Pórtense bien y me tendrán… algún día.

    No se cansan (no nos cansamos) de mirarla, uno saca la pija…

    —Pides tocarte pero no va a pasar nada mas…

    Y se va al dormitorio, con Richard de la mano. Los seguimos, les digo “si quieren traigan sillas” y lo hacen.

    Richard, desesperado por todo el pre calentamiento, se prendió a besarla, lo cual a ella le encanta, debe ser la mejor besadora de Uruguay y alrededores, ja ja. Lenguas enroscadas, a veces uno le metía la lengua al otro a fondo, se les escurría saliva, Carla le lamía las mejillas y el cuello, lo que le encanta hacer.

    Las manos de él no paraban de ir del culo a las tetas, le acariciaba la concha, cada pasada de las manos por los pelitos decía “que ternura, que delicadeza”. Le besaba las tetas, le pellizcaba suavemente los pezones, se notaban la calentura en ambos.

    Los dos observadores se tocaban el bulto cada vez mas, yo les hice señas y me quedé en boxer. Ellos hicieron lo mismo.

    Se decían “que cuerpo” “fijate el culo” “es re fina, por algo la cogerán los ricos” “le pagarán?” “si pudiéramos cogerla”…

    Ya muy excitados, Carla y Richard se tiraron en la cama, y C empezó a chuparle la verga, dura, babosa, a esa altura. Ella la chupaba con gusto, lamiendo la cabeza, la llevaba hasta la garganta, le lamía las bolas y el tronco. Pero al poco rato dijo: -Me comentó Sergio que estás muy cargado, no quiero que te vengas ahora, quiero toda la leche adentro… Así tus amigos me ven como te vacío…

    Ellos ya se pajeaban despacio y yo me tocaba, el clima era de fuego total.

    Carla se montó, agarró la pija y se la metió apenas, la dejó en posición y comenzó a bajar y subir y bajar metiéndola cada vez mas. La pija se veía brillosa de los jugos de Carla.

    No es muy grande, y le entró fácil… ahí si ella se acostó sobre él a besarlo y quedó unos momentos besándolo, con la pija adentro, se reincorporó y comenzó un sube y baja hermoso no muy rápido, se oía el ruido al pegar sobre él cuando bajaba, plaf plaf plaf… los tipos se pajeaban abierto y yo aceleré, eufórico.

    En pocos minutos, fue evidente por la expresión de su cara que Ricard empezaba a acabar… Carla dijo sííí… mas mas, divino, que tibieza, como acabás…

    Comenzó a escurrir semen por la base de la pija, un lindo chorro blanco escurría de la concha… y nos dijo -Ahora ustedes, en el cuerpo!

    Para qué!

    Aceleramos y empezamos a tirar leche en las tetas, la cara a la espalda. Ya flácido, el miembro de Richard se escurrió fuera de Carla, y un chorro de licor macho cayó de la concha a la sábana.

    -Gracias, sos un divino, le susurró Carla al oído.

    —Gracias a usted señora, le brotó a Richard, nunca podré saber por que me eligió para coger así. Me encanta, es divina, un sueño fuera de mi alcance, y cogemos! perdone Sergio.

    -Nada que perdonar, es verdad. Ni se imaginan de que nivel es su familia, ni a que colegios fue.

    — Pero es bien putita acotó uno.

    -Te parece? Dijo Carla, muerta de risa.

    Carla, sin preocuparse de todo el baño de semen sobre su piel, mas que preocuparse se masajeaba las tetas con él, dijo -Si tienen forro se las chupo un poquito…

    —Yo tengo! Dijo uno.

    Y fueron diez minutos de chuparles las pijas con forro, “debemos cuidarnos” les dijo con un guiño.

    Mientras los chupaba, los dejó acariciarla, y mientras tanto Richard se tocaba para recuperarse.

    Cuando lo vio casi a punto, Carla se separó de ellos, me la limpió sin forro, y ya se me puso dura nueva mente, y dijo, Cogeme Sergio así disfrutamos mas.

    Se la puse en cucharita, para que de frente nos vieran bien como se la metí y le daba. Como siempre, acabé rápido, y le dejé el turno a Richard, para que le diera en cuatro.

    Richard le daba y le daba, el plaf plaf plaf resonaba… y yo viendo el culito al aire, se lo empecé a masajear con el pulgar ensalivado. -Vengan y acarícienme el culo dijo Carla, pero áspero! Sin saliva! y ellos se acercaron encantados a secundarme. Todos se lo acariciamos, ella los miró y les dijo: Algún día ja ja…

    Otra vez acabó Richard y otra vez goteaba y goteaba semen.

    -Richard… te puedo pedir algo? Susurró Carla.

    -Lo que sea amor, respondió él totalmente fuera de sí.

    -Limpiame la concha por favor… acostate…

    Cuando él se acostó boca arriba, ella se le sentó en la cara, y R la chupaba y lamía y tragaba desesperadamente.

    Mientras tanto yo le chupaba las tetas y se las acariciaba. Los dos amigos se pajeaban, hasta me daban lástima, pero no daba para mas.

    Al acabar volvieron a tirarle en la cara y las tetas, le chorreaba hasta la tirita de pelos.

    Y Carla dijo, vamos a la ducha Sergio, y Uds. al otro baño. Se nos hace tarde.

    Duchas, muchos besos entre ella y yo… “Que divino hace mucho no gozaba así, y esos dos van a rendir”…

    Al salir, ellos a medio vestir, nos despedimos con un “hasta cualquier momento”, y yo atesoraba, no se los relaté, cuatro fotos de como le chorreaba licor masculino en el primer polvo.

    Adiós… y por favor No se olviden de nosotros, somos sus humildes admiradores…

    Viéndolos con cara de tristes, preguntó Carla: -Y ahora que pasa?

    —Nos quedamos con ganas!

    -Con ganas de que?

    —De saber como besa!

    -Vengan.

    Los agarró de a uno y les clavaba la lengua hasta la garganta, ellos aprovechando el vestido mini le acariciaban la concha bajo la divina tanga blanca.

    -Listo! No pidan mas! Sergio, anotá los nombres de los chicos para reservarles turno de análisis cuando le tique a Richard, así no pagan. Me gusta sentir todo adentro chicos, pero con orden.

    —En serio? Gracias señora, es una genia!

    Richard nos acompañó a la vereda, y aprovechando que había un par de vecinas en la vereda, Carla se prendió a chuponearlo, las mujeres miraban y no entendían nada ja ja.

    Y confirmado lo que muchas veces hemos experimentado, estos encuentros son de lo mejor, nos fuimos, comentando como se pone Richard. Evidentemente no puede creer lo que le pasa, siente que llega al Paraíso, que es el mas afortunado de todo Montevideo.

    Hasta la próxima amigos.

  • Tibias hojas de eucalipto (parte 1)

    Tibias hojas de eucalipto (parte 1)

    Un domingo durante las vacaciones de verano, desperté con una autentica necesidad de retozar por horas dentro de una cámara de vapor, de disfrutar de esa sensación de sutil ahogo y de inquietante ceguera en un ambiente prácticamente gris y blanco donde la piel se expande y se contrae con cada cambio de temperatura.

    Sauna, baño turco, tenga el nombre que tenga es un lugar que como concepto siempre ha atraído mi atención, un lugar donde vas sudar tensión, dignidad y porque no decirlo, deseo, en lugares como estos conviene siempre entrar en confianza, tener visitas previas y reconocer la calidad del local, esa mañana al ser un domingo, mi sauna habitual no abría sus puertas hasta después del almuerzo así que me vi obligado a buscar otro que estuviese dispuesto a recibir parroquianos que evitan la misa de las 9 de la mañana.

    En mi letargo imaginaba desnudarme y dejarme caer sobre las losetas calientes de la cámara de vapor, pedir algún aperitivo y aventurarme bajo las manos de alguna kinesióloga o kinesiólogo que se tome su profesión de forma más ligera y disfrute tanto como su cliente de unos billetes más.

    Esa mañana de resolana temprana me invito a andar ligero, una camiseta, unos pantalones cortos, zapatos deportivos y mi clásica gorra, ropa de rápido sacar, mi plan de ese día era estar más tiempo desnudo que vestido.

    Encontré un lugar, extrañamente no reconocible para mí y eso que me jacto de ser observador “Adanes sin Evas” Sauna para caballeros, el nombre me sedujo de inmediato, de puertas elegantes muy cosmético y reservado, podrías imaginar estar en la entrada de un consultorio médico o clínica de no ser por las esculturas estilo griego que adornaban cada columna de un lobby circular, en el medio una sonrisa, un amable caballero me dio la bienvenida, registro mis datos, guardo mis pertenencias y me invito a entrar,

    Al pasar las grandes puertas de vaivén me recibió un pequeño hombre, muy correcto, amable y con mucha confianza en si mismo, pese a su corta estatura, estaba muy bien formado, totalmente lampiño, el único pelo que tenía era el de la cabeza, lo sé porque solo utilizaba una zunga que marcaba perfectamente su ingle, dejaba fuera de sospechas los dotes de su virilidad.

    Se apresuró a indicarme mi casillero y a darme una toalla, alzando la voz apresuro a su compañero, otro “pigmeo erótico” que para mi sorpresa era prácticamente igual al primero, serian gemelos, hermanos trabajando en el mismo lugar me imaginé o me lo quise imaginar, me ofrecieron una refrescante agua gasificada con limón y me indicaron donde estaban las cámaras de vapor, las secas y las duchas.

    El lugar era hermoso, caídas de agua en las esquinas, mármol o una buena imitación de este cubría la mayoría del espacio, todo muy limpio y ordenado, me extraño la poca gente que había, un hombre en el jacuzzi, y otro en la cámara seca, era perfecto, el vapor se convertía en cómplice de la discreción ya que las puertas eran de vidrio con enchape de madera, a diferencia de la cámara seca que con una luz tenue hacia brillar el mobiliario de madera del interior, el olor característico del sauna, el eucalipto y la humedad frutal del ambiente eran la cereza del pastel, acompañada de un jazz muy a lo Dorothy Ashby.

    Mientras caminaba por el lugar y curioseaba en sus recovecos no pude evitar notar la mirada lasciva y poco censurada de los empleados, me introduje en la cámara de vapor para iniciar con ese deseo incrustado en mi mente desde que desperté, me senté en los bancos interiores de la pieza y empecé a disfrutar del lugar, a sudar y a sentir, me despoje de la toalla y deje libre mi ser para que se entregue a la cálida bruma que me rodeaba, desde mi posición podía ver hacia el jacuzzi donde ya por varios minutos yacía un hombre maduro, corpulento y velludo, de aspecto relajado cabellos grises y bigote…

    Era más que evidente los intentos de uno de los pequeños empleados por tratar de llamar su atención inclinándose sobre las poltronas en un falso ademan de estar acomodando las colchonetas, estirándose como desperezándose y apretando esas formadas y pequeñas nalgas que se lucían mientras se acomodaba la zunga jalándola desde atrás, con un sutil regocijo y un más que evidente mordisqueo de labios, el hombre desde su posición de rey del pantano lo miraba y se sonreía, alimentando su morbo, el de ellos y el mío, en un audaz movimiento del pequeño este se arrodillo curveándose al máximo poniendo en marquesinas esa cola claramente hambrienta mientras limpiaba uno de los bancos del bar, efusivamente recorría con sus manos las largas patas de madera de este y las “masturbaba” suavemente con una y dos manos, demostrando una desbordante lujuria, el tipo no le sacaba la mirada de encima, yo mismo estaba teniendo una erección con todo ese show, el hombre lo llamo para que se acerque y al hacerlo de entre las burbujas y el vapor del jacuzzi emergió como un misil una enorme y gruesa y dura verga circuncidada invocada por las insinuaciones de ese sexy empleado, las burbujas en el agua se entremezclaban con el vello púbico y dos abultados testículos emergían como islas a cada lado de esa majestuosa montaña.

    El pequeño la miro y su expresión era la de un león frente a una gacela, le paso la voz a su “hermano” y ambos se acercaron a los bordes del jacuzzi mientras la verga gruesa, palpitante y colorada se erguía sobre el agua cual tótem deidad frente a la tribu que lo adora y lo mantiene fuerte.

    El hombre se puso de pie, y lentamente salió del jacuzzi para dirigirse a las duchas, el deseo ya había alcanzado a esos “pigmeos eróticos”, sus apretadas zungas se estiraban a causa de sus para nada despreciables erecciones, sus manos rozaban sus glandes sobre la tela incitando a no desistir de su deseo, ese hombre los había vuelto locos cuando la intención de ellos era todo lo contrario.

    Continuara…