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  • Mi exprofesora (1): Jugando con mi exprofesora

    Mi exprofesora (1): Jugando con mi exprofesora

    Yo era el típico adolescente perfil bajo que andaba viendo ver qué se cogía por pervertido, pero siempre hay filtros, como buscar a las más tetonas, culonas y esas típicas estupideces, pero siempre había que admirar un par de tetas, como buen pervertido. Resulta que tuve una profesora nueva de inglés, está era como la típica profe que se ve buena persona y una santa, que jamás haría algo indebido, es decir, alguien que no era atrevida en ningún sentido. Se veía de unos 38 en ese momento. Media 1.60 aproximadamente y era gordita sobre todo de piernas y caderas, tenía unas nalgas muy grandes por esa misma razón y si tenía panza. Además tenía tetas grandes y era castaña. Era super buena gente y muchos la querían. Pero como decía, era una monja y su forma de vestir era como de señora cincuentona y era imposible tan siquiera llegar a verle la raya en medio de las tetas. Ninguno de todos los pervertidos se fijaría en ella por eso, porque no era muy atractiva que digamos.

    Luego ella quedó embarazada, parió, y un día cuando fue con su hijo la vi de lejos, pero lo que más se notaba era que sus tetas ya grandes se pusieron aún más grandes y ahí fue donde se me fue la vista a ella porque si hay algo que me encante son las mujeres tetonas. Cuando volvió a clases después de sus meses de maternidad sus tetas seguían grandes por obvias razones, Pero sus pezones estaban diferentes, se le habían hinchado y se resaltaban mucho a través de la ropa. Todos los días en clases se me iban los ojos en esas tetotas. El tiempo pasó y terminé el colegio.

    Una tarde, años después, como 3, metido en Instagram vi que me apareció ella en la lista de personas sugeridas y le di seguir y ya, seguí con mi día sin darle ninguna importancia tonta. Al día siguiente veo que me acepta y me sigue de vuelta, y no pasa nada. Pues viendo un día sus historias y fotos que subía me doy cuenta de que estaba bastante cambiada. Había adelgazado bastante, aún se veía medio gordita pero no tanto como antes, bueno, de lo que se podía ver porque seguía vistiendo medio feo y toda tapada. Pero si se notaba diferente y fue ahí cuando me empezó a dar otra vez ese tipo morbo por fantasear con ella. Yo en ese momento tenía 21 años.

    Los días seguían y de vez en cuando subía fotos y eso. Un día subió una foto de una caminata que hizo con unas amigas de ella que también fueron profesoras mías y ahí ya se dejaba ver más, en las fotos salía con un short y blusa de tirantes. Nunca le había visto ni siquiera las piernas, era bastante blanca, y si se confirmaba lo que había notado de que había adelgazado y en ese momento si se me hizo atractiva. Me metía a sus redes sociales a ver sus fotos y fue cuando me di cuenta de algo importante, se había separado de su esposo y resulta que tenía 34 recién cumplidos, no era tan vieja. Entonces empecé a imaginarme como sería estar con ella, obviamente no en una relación seria, pero si como encuentros casuales. Empecé a idear planes para llegar a mi objetivo, o sea la profe, aunque la verdad sabía que sería sumamente difícil, básicamente imposible que eso pasara, pero igual no tenía nada que perder. Como había notado que usaba bastante Instagram para estar poniendo fotos entonces empecé a comentarle fotos de manera privada, por ejemplo si subía cualquier estupidez como un pedazo de pastel o algún post medio filosófico, yo le hacía un comentario, como para iniciar un tema de conversación y empezar a hablar para llegar al típico «ponernos al día» de todo el tiempo que había pasado (la fase aburrida), no quería verme intenso ni que andaba necesitado de sexo, lo cual era cierto, pero no quería que ella sintiera una vibra rara de mi.

    Hablando le dije que estaba estudiando en la universidad, que había sacado ya algunos títulos y ella me contaba de lo suyo, que seguía en el mismo cole y otras cosas, pero no cosas personales. Manteníamos una conversación nada continua y de temas normales. Pero yo quería empezar a meter fuego a la cosa.

    Estaba esperando el momento en el que subiera una foto para hacerle un comentario sobre la misma, pero mientras, siguió la conversación normal durante un par de días hasta que por fin subió la foto en la que por cierto se veía muy bien y le comenté sobre la foto diciéndole que se veía muy bien y se veía cambiada. Era una foto que supongo se había vestido para una boda. Tenía un vestido verde jade y su maquillaje también lo era. El vestido era un poco pegado al torso lo que dejaba resaltar su escote, se veía increíble aunque no era nada provocativo, tapaba todo. Ella me agradeció con algunos emojis para complementar y de vuelta a la conversación normal. Me caía muy bien, ella siempre fue la típica profe que le habla cariñosamente a los estudiantes y aunque no era su estudiante me hablaba en esa forma, básicamente era su forma de hablar con los demás.

    Hablábamos bastante y ya estábamos entrando a los temas un poco más personales que son los típicos de planes, gustos, problemas rutinarios y eso. Íbamos hablando a paso lento puesto que los dos estábamos ocupados y yo seguía implementando la técnica de halagar sus publicaciones que a veces eran sin sentido y de vez en cuando le hacía un comentario sobre las fotos de ella que subía, sin que fuera intenso y siempre correspondía a los halagos y comentarios, no se porque pero ella mantenía interés en la conversación, seguro por ser buena gente y amistosa, estoy seguro que no había descubierto mi intenciones cuáles eran evidentes porque ¿para que más iba alguien hablar íntimamente con alguien 10 años mayor si no era para coger? Porque para amistad no y una relación seria mucho menos. Además, yo sabía que a pesar de su edad era muy inocente para saber cuál era la verdadera intención de todo porque sabía que no tenía mucho colmillo para indirectas y para las relaciones, estaba 100% seguro y resulta que al final sí fue así. Yo ya me estaba aburriendo demasiado por las conversaciones que teníamos y estaba a punto de decirle que si quería coger y ya y ver si decía no o sí y sabía que diría que no, pero no lo hacía porque ella mostraba interés en la conversación y tampoco iba a ser tan imbécil de hacer eso, había sido muy respetuosa conmigo y sabía que era buena persona, jamás podría hacer eso.

    Fue entonces dónde lo bueno empezó, subió otra foto que estaba en vestido donde se veía hermosa y le hice un halago un poco más intenso y atrevido diciéndole que se veía guapísima y le quedaba perfecto el vestido. Ella como siempre me agradeció y correspondió el halago y decía que esa era su vestido favorito. Veía más sus fotos y le hacía comentarios de las mismas un poco más seguido, pero no le reaccionaba a todo para no ser intenso y ahora solo le reaccionaba a sus fotos, y no a lo demás de las publicaciones tontas de insta. El tiempo seguía y llegaban las fechas de mini vacaciones, y ella se fue para la playa, de hecho me había dicho que tenía planes de ir, que se quedaría varios días. Estando allá se había tomado varias fotos y las puso en su historia, pero una me voló la mente y es que se había tomado una foto con un bikini que le quedaba bien tallado y medio pequeño, en la parte de abajo no le quedaba muy bien pero arriba se le veía delicioso porque se veía como sus grandes tetas se le querían salir de ese pequeño bikini. Eso es lo más que había podido ver de sus tetas hasta ese momento y quedé enamorado, sobre todo de ese par de gemelas blancas. Claramente le hice un comentario sobre la foto y está vez menos formal, de hecho ya era un poco más morboso el comentario. Le dije algo como, «ufff se me van los ojos, que ardiente» y complementando con varios emojis sexosos.

    Ella me correspondió siguiendome la onda y me dijo que jamás, que estaba avergonzada porque ese bikini era vulgar y que se lo puso porque no había encontrado otro. Yo le dije que nada que ver, si le quedaba bien y que me gustaba. Ella me preguntó qué era lo que más le gustaba de él y fue ahí donde decidí decirle de una vez por todas. Le dije que lo que más me gustaba era la parte superior, que dejaba ver ese hermoso y buen escote.

    Y lo que pasó es que me dejó en visto por el resto del día. Ahí me di cuenta de que la había cagado pero resulta que en la noche veo que me escribe y me dice que fijo la estaba molestando y bromeando con ella. Le dije que no, que era cierto lo que pensaba. Me dijo que le sorprendía saber que alguien de mi edad pensará eso de ella y que si le daba pena mostrar su cuerpo. Yo le dije que tenía un hermoso cuerpo y que debería mostrarlo más y sobre todo a mí dije bromeando y ella me dijo «me parece jaja» bromeando también.

    A la mañana siguiente temprano me mandó una foto en bikini por el chat y me preguntó «¿Y este que tal?»

    Era un bikini que le quedaba mejor y no mostraba tanto como el del día pasado pero igual se hacía notar sus atributos. Le dije que le quedaba perfecto y ese también dejaba relucir su escote.

    No me respondió hasta en la tarde pues obviamente disfrutaba su día. Me dijo que parecía que me fijaba mucho en su escote. Y le dije que así era. Hasta en la noche me volvió a responder y ya tuvimos una plática más fluida y era algo parecido a esto:

    -¿Así que mi escote ehh ? ¿Por Qué te fijas tanto en él?

    -Pues la verdad es que me gusta, siempre me ha atraído los pechos grandes y nunca olvidó como los tenías en el colegio.

    -¿Así que desde hace tiempo que te fijas en el mío?

    -si, recuerdo cuando tuviste tu embarazo como se te ponían las tetas y se te marcaban los pezones

    -hay que pena me daba eso. Sabía que se me veían mucho los pezones. Que vergüenza.

    -no debería darte, es natural y está bien. Así también lo disfrutaba jeje

    – pues eso parece. ¿Te da placer verme el escote?

    -la verdad si lo disfruto. Se te notan unos pechos muy buenos.

    -pues entonces creo que podría mostrarte mi escote de vez en cuando para complacerte, nada cuesta jaja.

    -ufff yo encantado jaja. Se agradece el gesto y mucho.

    -bueno pero vamos despacio.

    -no hay prisa

    -bueno dale, buenas noches.

    Pasaron dos días hasta que llegó a su casa, no hablamos en esos días. Hasta que veo que me puso un mensaje un poco largo, lo leo y decía:

    «Hey hola, creo que te debo una disculpa. Lo que hablamos la última vez no estuvo correcto. Creo que me dejé llevar y estuvo mal decirte que te mostraría fotos mías. No es correcto que hablemos así, aunque debo decir que me empezaba a gustar pero debemos parar.»

    Yo le dije, «no debes disculparte no hiciste nada incorrecto, yo fui el atrevido en ciertos momentos, pero la verdad es que si nos gustó no deberíamos disculparnos, no nos estamos haciendo ningún daño ni a nadie más. Además qué importa, nos podemos «portar mal». Pero si te falté el respeto en algún momento y te provoqué una situación incómoda, por favor disculpame y por supuesto si quieres terminar esto está bien. Eres una buena persona y mereces todo el respeto».

    Ella me contestó, «tienes razón, siempre me he portado bien y he tratado de ser niña buena, es hora de hacer lo que quiero y con quién quiera»

    Esa noche me había mandado un par de fotos. Una con lencería (que era la ropa interior más provocativa que tenía, que la verdad no lo era mucho) y la otra acostada en la cama boca abajo sin bra dejando caer sus tetas en la cama y mostrandome nada más el contorno de las mismas.

    Se había revelado, jamás pensé que me enviaría algo así y jamás pensé que funcionara mi plan de sacarle la diabla interior. Le dije que se le veían bien ricas y que deseaba estar ahí. Ella me preguntó que para qué y le dije que deseaba besarla mientras le tocaba las tetas y luego chuparselas.

    Pero ella me dijo que no estaba lista todavía para un encuentro y yo no la quería forzar ni ser intenso. Pero si me dijo que le gustaría llegar a hacer eso.

    Ahora ya nos enviábamos fotos mutuamente. Yo le enviaba fotos de cómo mi paquete se marcaba en el boxer y de mi cuerpo y ella me enviaba fotos semi desnuda pero aún no nos enviábamos fotos totalmente desnudos hasta que yo di el primer paso y le envié mi pene.

    Reaccionó bastante bien a eso. Diciendo que la tenía rica y que ya la quería ver desde hace días. Me respondió enviándome una foto ya de sus tetas al aire. Las tenía deliciosas. Sus pezones se habían transformado totalmente. Ahora eran pequeños y se veían duros además su piel era muy blanca pero se le veían los pezones café oscuro.

    Nunca llegó a enviarme fotos de su concha o culo pero seguíamos con las fotos y el morbo.

    Y por fin llegó el momento de encontrarnos. Hasta el momento, hemos tenido 6 encuentros hasta el momento que estoy escribiendo esto, estos encuentros los voy a detallar en forma de capítulos después de este.

    Este primer encuentro fue un viernes en la noche. Ese día ella me dijo que su hijo se iría a quedar a dormir a la casa de su papá todo el fin de semana y volvía domingo en la noche. Entonces que si quería podía ir a su casa y ver que pasaba.

    De inmediato le dije que sí y me alisté. Llegué como a las 7 de la noche y estaba en sus pijamas, no esperaba verla así pero no me importó. Andaba una camiseta que le quedaba muy grande y un pantalón de pijama muy flojo. Nos saludamos y olía delicioso, a perfume de coco. Comimos algo liviano y hablamos un rato y después empezó la acción. Ella empezó a recoger los platos y yo le ayudé, ella me insistió en que estaba bien que ella lo hacía, pero siempre me gusta ayudar, además de que ya me quería empezar a acercar a ella. Llegué por detrás, puse lo que traía y entonces me hice el loco y pasé mi mano por su nalga. Obvio se dio cuenta y me dijo, «así que ya quieres empezar a manosearme».

    Yo le dije que claramente quería, todas las fotos que me mandaba me tenían alborotado. Ella simplemente dijo, «entonces ven y tocame toda».

    No había terminado de decir eso cuando ya tenía mis manos en sus nalgas grandes y haciendo fuerza para juntar nuestros cuerpos. Empezamos a besarnos y yo seguía tocando sus nalgas por encima de su pijama y ella había puesto sus manos en mi pecho y sentía que en cualquier momento se iba a separar de mi pero al contrario, movió sus manos y cruzó los brazos por mi cuello lo que nos junto aún más, con una de mis manos fui subiendo por su espalda para acariciarla y ahí sentí que no andaba bra. Empecé a mover mi mano por debajo de su blusa para llegar a esas tetotas, no tardé en empezar a agarrar esas tetas, eran un tanto más grandes de lo que había pensado, mi mano no era suficiente para poder sujetarlas bien, empecé a jugar con ellas y a pellizcarle los pezones. Ella gemía levemente pero me decía que despacio y suave porque nunca le habían agarrado las tetas y los pezones como yo lo estaba haciendo. Le hice caso porque aunque quería cogermela con urgencia la quería tratar bien.

    Con mi otra mano libre le seguí manoseando las nalgas pero ya con la mano dentro del pijama y tampoco andaba ropa interior. Pasaba mi mano de una nalga a la otra y tenía unas ganas tremendas de meter mi mano en su raja y dedearle el ano pero sabía que no estaba lista para eso. Saque mi mano de su trasero un momento y agarre la de ella y se la puse un mi pantalon para que empezara a sacarme la verga. Ahí me di cuenta que era un poco torpe y poco entrenada en el sexo, porque me bajó el pantalón y no tenía ni idea de cómo masturbarme, tenía la verga super dura y me masturbaba solo con tres dedos, no con la mano completa, como si tuviera miedo de agarrarme el pene y solo me masajeaba el tronco del pene no el glande.

    La fui llevando poco a poco al sofá y nos sentamos, le dije que la dejaría entretenerse un rato con mi pene y ella empezó a tener más confianza y ya por lo menos me agarraba bien el pene. Le dije que se quitará la blusa para poder tocarle un rato las tetas mientras jugaba con mi pene. Pasó un par de minutos y le pregunté si alguna vez había hecho sexo oral y me dijo que no. Le pregunté si quería hacérmelo pero como era de esperar no estaba lista para eso y me dijo que siempre le había dado asco. Pensé que iba a ser bien difícil hacer cosas diferentes con ella porque no quería solo metersela y ya.

    Le dije que se desnudara completamente se acostara en el sofá. Lo hizo sin cuestionar y solo le dije que se dejará llevar y que la iba a tratar bien. Le abrí las piernas y por fin le vi la concha. Si la tenía gorda, con bastante pelo y sus labios eran oscuros como sus pezones. La empecé a masajear con la mano en su clítoris mientras le ponía la punta de dos dedos en la entrada de su vagina para poco a poco ir metiendole los dedos.

    Ella me decía que le gustaba pero estaba con miedo, y le dije que solo se relajara, que no iba a hacer nada raro, aunque si tenía unas ganas tremendas se chuparle el culo, lo cual me encanta hacer, pero me contuve.

    Empecé a chupar ligeramente el clítoris una vez que ya se había resaltado por la estimulación. Ahí fue cuando empezó a gemir de más y aproveché su excitación para ir metiendo mis dedos en su gorda concha. Al par de minutos de estar provocandole placer empecé a ver cómo su concha se empezaba a lubricar cada vez más y es que casi chorreaba, nunca había visto una mujer lubricar tanto. Era delicioso ver cómo le salía ese líquido espeso y translúcido. No me quedé con las ganas y baje a chupar aquel jugo espeso sin dejar de estimular el clítoris. Me pegué una buena tragada de fluido y cuando volví para lamer su clítoris a los pocos segundos después tuvo su orgasmo retorciéndose y gimiendo mucho.

    Paré y me limpié la cara y las manos de sus fluidos vaginales y fui a besarla aun estando acostada. Me empezó a decir lo increíble que fue sentir eso, nadie nunca le había hecho sentir eso, ni ella misma puesto que ella no se masturbaba, solo lo había hecho de adolescente y un par de veces nada más.

    Yo le dije que me alegraba dejarla satisfecha y que todavía quería hacer muchas cosas con ella, que le quería enseñar puesto que ella no tenía mucha experiencia en las relaciones sexuales.

    Le pregunté si quería que cogieramos, pero me dijo que aún era muy pronto. Le dije que sí se animaba a hacerme un oral y muy dudosa me dijo que tal vez, pero no sabía cómo hacerlo.

    Le dije que yo la iba a guiar y entonces aceptó. Me acosté en el sofá y ella se puso de rodillas en el sofá también. Le dije que primero empezara a besar normal el glande y poco a poco fuera masturbándome para que agarrara el ritmo. Ella obediente lo hizo y se acostumbró rápido, cuando me di cuenta ya estaba pasando la lengua por el glande y le dije que lo empezara a chupar como si fuera un helado y rápido lo hizo y empezó bien aunque ya me estaba jalando mucho el pene para abajo con la mano así que la controlé un poco y ya después agarró otra vez ritmo.

    A los pocos minutos ya estaba chupando la verga de buena forma como me gustaba y hasta empezaba a succionarla un poco. La detuve y le dije que estaba por eyacular. Me dijo que no se lo echará en la boca porque no quería hacerlo.

    Le dije que solo me masturbara pero que lo hiciera un poco más arriba y escupidera en mi pene para que lo lubricara más. Lo hizo y en un minuto ya estaba eyaculando, aunque pasó algo gracioso y es que mi pene estaba apuntando a su cara y cuando yo eyaculo el semen se me sale disparado con fuerza entonces un par de chorros le cayó en la cara cerca del ojo y la nariz. Se empezó a reír sin dejar de masturbarme para acabar. Le limpié la cara y le dije que se me había olvidado avisarle que me pasaba eso. Me dijo que no importaba, que le había gustado porque nunca había visto una eyaculación así, refiriendose a que saliera disparada. Nos limpiamos, nos vestimos y hablamos un rato más y le pregunté cuando repetiamos y me dijo que en una semana, a la misma hora y mismo día porque su hijo siempre se iba a casa de su papá los fines de semana y entonces quedamos en eso, me despedí con un beso de lengua y una buena nalgada para que se fuera acostumbrando. Durante la semana seguíamos hablando, morboseando, mandándonos fotos, le. Mandé una foto mientras me bañaba con la verga jabonosa y le dije bromeando, «ocupo ayuda». Entonces se nos ocurrió que podríamos bañarnos juntos la próxima vez. Me dijo que se pondría al tanto para no estar muy perdida y que aprendería algunas técnicas para estar mejor.

    Ahora solo quedaba esperar al viernes y ver que pasaba.

  • Mi novia me pone los cuernos y quiere dejarme

    Mi novia me pone los cuernos y quiere dejarme

    Llámenme Andrés, de 23 años al igual que mi novia, Ángela.

    Ella es una chica muy hermosa, con nalgas firmes y grandes, y de pechos de tamaño mediano e igual de firmes que su culo, además de tener unos ojos hermosos de color café y no es alta en absoluto, ella es de piel clara y es delgada, en resumen, el deseo de muchos hombres.

    Nos conocimos hace tiempo, al entrar a la universidad, pero nos saldríamos ambos tiempo después por problemáticas diferentes, yo por problemas familiares, y ella por problemas económicos, así que ambos estando fuera de la universidad tuvimos que dedicarnos a trabajar, el problema fue más tarde, cuando mi novia me dejó de hablar tan seguido como antes.

    Un amigo que tenemos en común, aunque por suerte (O no tanto) era más amigo mío, así que un día de repente me llamó, diciéndome que mi novia seguía yendo a la universidad a visitar a «Amigos» según lo que ella decía, así que yo como buen novio decidí pedirle que me dijera algo si le parecía sospechoso, pero que no me creía que estuviera haciendo algo malo.

    Pasó el tiempo y no hubo noticias, Ángela y yo seguíamos hablando cuando ella tenía tiempo, de vez en cuando se iba repentinamente, pero no me parecía nada sospechoso, hasta que nuestro amigo me volvió a llamar, y me dijo que se enteró de que mi novia estaba saliendo en secreto con otro amigo que llamamos Eddy. Eduardo es un chico bastante alto, de cuerpo fornido y que se ejercita muy seguido, y desde ahora digo que tiene un pene realmente grande, muy grande.

    En ese momento sentía como si me fuera a morir, pensar en que me estaba engañando fue una sensación horrible, además de que también me llamó a la semana siguiente y simplemente me dijo que deberíamos hablar, únicamente diciéndome «Ya no me siento muy a gusto contigo». Todo esto fue un duro golpe para mí, pero lo asimilé como pude. Al día siguiente de lo ocurrido me dirigí a su casa, no estaba cuando llegué y simplemente me metí, pues ambos tenemos las llaves de la casa del otro (Por cuestiones de seguridad). No supe si debía quedarme o no, pero me dediqué a pasearme por su casa, no llegaba y yo me desesperé con el tiempo.

    Cuando menos lo esperaba, mi novia llegó, pero no solo ella, desde su habitación escuchaba risas e incluso besos, se le olvidó que me había dicho que tenía que ir, o quizá no haya sido así. Me metí al clóset de mi novia para evitar que me vieran. Ellos entraron a su habitación, besándose, acariciándose y sobre todo, tocándose de una manera que nunca pude hacerlo con ella.

    Sentía como el aire se me iba, quería salir y armarles el drama más grande de todos, pero no tuve la fuerza, así que simplemente los dejé, entre lágrimas me dediqué a ignorarlos hasta que acabaran, pero no pude ignorarlos, simplemente miré por donde pude y seguían besándose, hasta que se acostaron en su cama y comenzaron a quitarse la ropa, ahí fue donde le vi la verga a Eduardo, medía como 22 centímetros, me sentía inferior porque apenas llego a los 16 centímetros, en ese momento entendí el porqué me quería dejar.

    Seguí mirándolos, después de que se desnudaran, él se acostó para dejar que mi novia se puso a darle una mamada. Me sorprendió mucho, ella no me dejaba hacerle nada más que besarla, y solo me dejaba hacerlo a ratos, pero a él se la chupa como si lo hubiera hecho antes, duró un buen rato, me sorprendía que él no hubiera eyaculado para ese momento, pero finalmente mi novia dejó de chupársela, él se levantó y la puso en cuatro sobre la cama, se besaron otra vez y Eduardo se la metió toda, haciéndola gemir muy fuerte como puta, yo dejé de llorar, pues estaba muy excitado por toda la situación, en especial porque las únicas palabras que dijeron fueron sobre mi:

    Ángela: ¡Así, métemela toda!

    Eduardo: ¿Te gusta puta? ¿Y tu novio?

    Ángela: ¡Ya no me gusta, la tiene chica y es un idiota, yo solo te amo a ti!

    Esas palabras hicieron que el corazón me quisiera explotar en el pecho, pero no por miedo ni tampoco enojo, sino porque en serio comenzaba a gustarme, me la saqué en ese mismo instante y comencé a masturbarme, era tan rico que me vine realmente rápido, mientras que ellos seguían cogiendo, se veían tan bien, como una pareja perfecta, ya ni siquiera estaba molesto o triste, simplemente estaba esperando un poco más para volver a masturbarme.

    Después de un buen rato él terminó, se tardaron como 1 hora cogiendo, mi novia se quedó acostada y él se fue, en ese momento me armé de valor y salí de allí, miré a mi novia con una tristeza y enojo, pero no le dije nada, ella solo se disculpó y lo único que me dijo, casi como si quisiera humillarme fue:

    «Perdóname amor, pero me encantó su verga y no quiero dejarlo, así que tengo que dejarte a ti»

    Escribiré otro relato más tarde. Espero que les agrade mi primer relato y espero sus comentarios.

    Muchas gracias por su atención.

  • El debut de Rosalie cortesía de su prima Kate y yo

    El debut de Rosalie cortesía de su prima Kate y yo

    Dicen que el saber bailar suele ser bueno para ligar; que el baile es un tipo ritual previo al sexo donde demuestras qué tal te sabes mover y eso a las mujeres podría comenzar a excitarlas. Eso dicen, claro, obviamente no siempre es necesario, pero alguna vez me sirvió (o eso creo) para uno de los mejores regalos que la vida me ha dado: desvirgar a una exalumna con ayuda de su prima que también iba en el mismo salón.

    Resulta ser que además de las clases que les impartía también daba un pequeño taller de canto, teatro y baile. Un día Kate y Rosalie me invitaron a la casa de la primera porque querían que les diera clases particulares de baile ya que se acercaba la boda de una de sus primas y, cito, “no querían hacer el ridículo en la pista”. Dijeron que ya habían pedido permiso a sus papás y que no tuvieron problemas en aceptar, así que obviamente mucho menos yo.

    No sé si haya sido el destino o un plan maquiavélico de las dos, pero el tiempo que duró la lección la casa solamente contó con la presencia de nosotros tres. Creo que como sus papás ya me conocían de la escuela y en general tenía una buena imagen no vieron problema en dejarme solo con ellas. Y se agradece.

    Durante la clase no pasó nada digno de sobresalir; realmente les estaba ayudando a mejor su baile (cumbia y salsa), aunque no perdí oportunidad de juntar las veces que fuera posible sus cuerpos con el mío, tanto de espaldas como de frente. No dudo de que lo hayan notado, pero nunca sentí ningún tipo de resistencia, así que continué nuestro pequeño juego… sin imaginar que lo mejor estaría apenas por llegar.

    Estábamos descansando un poco; Kate había preparado sandwichs para los tres y los comíamos. Sonaba un poco de música romántica, cuando de pronto el género pasó a reggae. Kate me preguntó si también sabía perrear, le respondí que sí y comenzó una pequeña demostración de habilidades para mover el cuerpo.

    Rosalie no pudo aguantar mucho tiempo observando el espectáculo, así que le pidió a Kate que se hiciera un lado para “enseñarme a perrear”, asegurando que era mil veces mejor que su prima. Kate le dio chance unos momentos, pero tampoco pudo esperar tanto para pedir pista de nuevo, y así se estuvieron turnando varias veces.

    La pequeña batalla por ver quién perreaba mejor provocó que cada vez los movimientos fueran más sexuales, algo que aproveché para aumentar mis manoseos.

    Kate: ¿Así perreas siempre? ¿O sólo cuando estás caliente?

    Rosalie: Suena a un poco de envidia de que bailo mejor que tú.

    Kate: ¿Envidia? Jamás; pero ya casi le pides al profe que te quite lo virgen.

    Los tres nos sorprendimos. El silencio fue acompañado de expresiones que contaban historias distintas: la de Kate sorprendida por haber contado ese secreto de su prima, el de Rosalie con la pena de ser expuesta, y la mía de “sorpresa” que solamente ocultaba la excitación que me provocó el comentario. Kate comenzaba a disculparse cuando Rosalie decidió intentar contraatacar.

    Rosalie: A ti porque te encanta andar abriendo las piernas.

    Kate: Pues yo no tengo la culpa de que le guste tanto a los hombres, no como tú.

    Rosalie: ¿Ahora así se le dice a la putería?

    No, no era una pelea; ellas reían un poco, como si se estuvieran poniendo de acuerdo para provocarme o algo así. Y lo estaban logrando.

    Rosalie: ¿Quién de las dos está más bonita, profe?

    Las dos me miraron con mirada entre coqueta y desafiante, como retándome a que eligiera a una.

    Calu: Las dos son igualmente hermosas. No podría elegir a una.

    Kate: Y si le dieran a elegir… ¿con quién cogería?

    Rosalie se sorprendió. Kate seguía sonriendo coquetamente. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo, y sabía perfectamente que necesitaría más para darse el placer de verme rendido a sus pies.

    Calu: No lo sé, con quien cogiera mejor.

    Kate: Entonces soy yo, porque ésta aún no sabe qué hacer en una cogida.

    Calu: Eso no significa que coja mal, sólo que no ha tenido la oportunidad de demostrar sus capacidades.

    Rosalie sonrió, como si la defensa la estuviera enamorando.

    Kate: Pero no creo que pueda hacerlo mejor que yo.

    Calu: ¿Por qué en vez de hacerla menos le enseñas cómo coger?

    Se sorprendieron, como si no supieran que era un juego que jamás me ganarían.

    Kate: ¿Yo? ¿Enseñarle a ésta? Nel, a mí no me gusta batear para ese lado.

    Calu: ¿Por qué no?

    Kate quedó pensativa.

    Kate: Bueno, es que… es mi prima.

    Calu: ¿Y?

    Ya el único que seguía sonriendo era yo. Ellas estaban sonrojadas.

    Rosalie: ¿Cómo así, profe?

    Calu: ¿Qué tiene?

    Kate: ¿Cómo quiere que le enseñe a coger? Soy una mujer.

    Calu: Yo no dije que te la cogieras, dije que le enseñaras a coger.

    Sus caras entre confusión y excitación me estaban prendiendo más.

    Rosalie: No entiendo.

    Calu: Tu prima podría conseguir un hombre, cogérselo mientras ves el espectáculo y vas tomando notas de lo que te vaya explicando.

    Se miraron unos instantes.

    Kate: ¿Y de dónde sacaría un hombre que quisiera coger conmigo mientras Rosalie nos ve para ir aprendiendo?

    Calu: Tal vez podrías pedirle el favor a alguien que esté acostumbrado a enseñar.

    Sonreí. Sonrieron. Sonreímos.

    Calu: Yo me sacrificaría con tal de que Rosalie se convierta en una experta cogiendo.

    Rieron. Aceptaron. Kate comentó que fuéramos a su recámara para estar más cómodos y no terminó de decirlo cuando ya nos estábamos dirigiendo para allá. Cerraron con llave y candado el portón y la puerta de la casa. Ya en la recámara le ordenamos a Rosalie que se sentara en una silla a unos pasos de la cama, Kate se quedó de pie al borde de la cama mientras yo me senté en la orilla, al lado de ella.

    Kate: Lo primero que debes hacer es…

    Guardó silencio unos momentos. Rosalie y yo la miramos. Kate volteó a verme con una pícara sonrisa.

    Kate: Usted es el maestro, ¿por qué no mejor dirige la clase? Sirve y yo también aprendo algo además de pasos de baile.

    Miré sus sonrisas. Era imposible negarme. Senté a Kate en mis piernas. Comencé a jugar un poco con su cabello. Bajé lentamente mi mano hasta llegar a sus piernas que recorrí unos momentos. Nos miramos unos segundos y fuimos acercando nuestros labios hasta conectar en un beso que, coincidimos, deseábamos desde hace tiempo.

    Poco a poco mis manos fueron subiendo para recorrer más su cuerpo sin dejar de besarnos. Me detuve un poco en sus pechos, acariciándolos por encima de su playera. Rozaba con mis dedos encima de sus pezones que iban poniéndose más duros hasta lograr marcarse sobre su blusa. Rosalie sólo veía, cada vez poniéndose más cómoda en su silla.

    Lentamente empecé a levantar la blusa de Kate hasta poder ver su bra. Pasé mis manos por ahí apretando por instantes sus bubis, arrancando así sus primeros gemidos aunque fueran leves. Le quité su blusa. Ella ayudó levantando sus brazos. Mi boca se dirigió a su cuello e inicié el recorrido en esa zona mientras continuaba acariciando sus pechos. Mis labios, mi lengua, jugaron por su cuello, aceleraron su respiración que pude sentir al estar tan cerca de mis oídos.

    Mis labios bajaron a sus hombros, a los tirantes de su bra, que bajé con delicadeza usando los mismos labios que habían jugado en su cuello momentos atrás. Al mismo tiempo que iban cayendo los tirantes mi boca acompañaba la caída. Sentir sus pezones en mis labios detonó un placer mutuo que aumentó la intensidad de sus gemidos. Los lamía, los chupaba, los mordía, mientras mi mano entraba debajo de su falda para sentir sobre su calzón que estaba mojado por la humedad que en su vagina iba creciendo.

    Después de estar así un rato volteamos a ver a Rosalie y descubrimos que llevaba un tiempo acariciándose. Ya no tenía su blusa ni su short, su bra estaba levantado y su calzón casi a la altura de sus tobillos. Una de sus manos apretaba sus pechos mientras la otra acariciaba su vagina. Ni Kate ni yo nos habíamos dado cuenta por lo entretenidos que estábamos, pero sin duda mirarla así aumentó mucho más nuestra excitación.

    Kate se levantó para acercarse a Rosalie, pero yo la detuve tomándola del brazo. Con la cabeza le dije que no mientras le sonreía, ella aceptó y regresó conmigo. Terminé de desnudarla y la acosté boca arriba sobre la cama. Me puse sobre ella y continuamos besándonos. Bajé mis labios por su cuello, sus pechos que continué besando al mismo tiempo que una mano la masturbaba, introduciéndole mis dedos. Seguí el recorrido hasta llevar mi boca a su vagina. Le di sexo oral unos minutos. Besaba, lamía, chupaba, succionaba. Ella tomaba mi cabello y lo apretaba mientras yo hacía lo mismo con sus tetas. Rosalie ya estaba totalmente desnuda en la silla. Kate no paraba de gemir, cada vez le valía y lo hacía con más fuerza.

    Me levanté para quitarme el pants pero Kate no permitió que alguien que no fuera ella lo hiciera. Al hacerlo también me acostaba poca arriba, miró a su prima que no paraba de masturbarse y comenzó a darme una muy buena mamada durante unos minutos. Después se levantó y solita se acomodó para insertar mi verga en su vagina montándome.

    Primero fueron movimientos lentos, de arriba abajo, de atrás para adelante. Poco a poco fue aumentando de velocidad. Yo con una mano acariciaba su vagina y con la otra le apretaba sus pechos, sus pezones, y por momentos me levantaba para pasarles mi lengua y para besarla. Ella se movía muy bien. Después de un rato así decidimos que era momento de agregar a Rosalie a nuestro juego.

    Me levanté por ella. La besé mientras la acercaba a la cama. La tumbé boca arriba, pero no iba a ser yo quien le diera placer primero. Jalé suavemente hacia nosotros a Kate, quien entendió las instrucciones sin negarse. Se acostó sobre su prima y se fundieron en un gran beso acompañado de caricias y manoseos que me mantenían al mil. Kate fue bajando lentamente sus labios y le hizo a su prima lo mismo que yo le hice a ella. Rosalie no tardó en quitarse la pena y mostraba con sus gemidos el gran placer que sentía.

    Luego de unos minutos Rosalie provocó que su prima y ella cambiaran de lugares. Ahora Kate estaba boca arriba y Rosalie encima de ella. Al contrario de nosotros, Rosalie comenzó de abajo para arriba. A pesar de ser “nueva” el sexo oral que le dio a su prima, por el placer que expresaba Kate con sus gemidos, era muy bueno. Poco a poco fue subiendo hasta regresar al beso con las caricias. Ahí regresé a la acción.

    Acerqué mi verga a sus bocas. Rosalie fue la primera que no dudó en meterla a su boca. Besaba, lamía, chupaba, de una manera en que demostraba que aprendía rápido a pesar de sólo haber visto a su prima hacerlo. Kate también mamaba. De pronto sus bocas chocaban y un beso entre ellas detenía unos instantes la mamada. Así estuvieron un rato.

    El momento esperado llegó: la primera penetración a Rosalie, la pérdida de su virginidad, la bienvenida oficial al tan placentero mundo del sexo.

    En esa misma posición en la que estaban me levanté y me puse detrás de Rosalie. Mientras continuaban besándose yo hice lo mismo con su espalda, besándola de arriba hacia abajo hasta llegar a sus pompis. Jugué con ellas unos momentos y terminé de bajar mi boca hasta sus labios vaginales, y ahora yo le di sexo oral. De pronto pasaba también a los labios de Kate, aunque la principal era Rosalie. Las dos estaban mojadísimas.

    Con mucho cuidado fui acomodando mi verga a la entrada de la vagina de Rosalie. Las dos pararon unos momentos. Comencé a penetrarla suavemente para no lastimarla. Ella sentía un poco de dolor, pero en cuanto estaba por quejarse, Kate volvió a besarla para hacer menos dolorosa su primera penetración.

    Rosalie no tardó mucho en olvidar el dolor y empezar a disfrutar. Sus gemidos cada vez eran más constantes y fuertes. Ya con confianza la penetré más fuerte, le daba nalgadas, acariciaba su espalda, le apretaba sus pechos. Obviamente también aproveché que la vagina de Rosalie estaba a unos centímetros e igual la penetraba a ella.

    Kate decidió cambiar de posición y puso a su prima boca arriba, pero ahora ella se colocó en posición de 69 con ella, quedando la vagina de Rosalie y la boca de Kate cerca de mi verga. Unos momentos penetraba a Rosalie y unos momentos recibía una mamada de Kate. Después me fui al otro lado de la cama y ahora penetraba a Kate y recibía mamadas de Rosalie. Así estuvimos unos minutos.

    Las chicas se levantaron y juntas me acostaron boca arriba. Las dos se bajaron y juntas me dieron unos minutos de placer con tremendas mamadas que me regalaron. Rosalie decidió ahora ser ella quien me montara y rápidamente colocó mi verga dentro de su vagina y realizó los mismos movimientos que su prima había hecho minutos antes. Pero Kate no se quedó sólo mirando como Rosalie; colocó sus labios vaginales en mi boca quedando frente a frente a su prima.

    Mientras Rosalie saltaba sobre mi verga se besaba con Kate acompañadas de apretones en sus chichis con chupadas de pezones incluidas, al mismo tiempo que yo jugaba con mi lengua y mis labios en los de Kate. Cambiaron lugares y ahora era Kate quien montaba mi verga y Rosalie la que recibía el sexo oral. Así pasaron varios minutos.

    Sin duda ni siendo tan positivo llegué a imaginar lo que pasaría en esas clases.

    Las dos se pusieron en cuatro, una al lado de otra. Mientras penetraba a Rosalie a Kate la masturbaba metiéndole los dedos. Cuando le tocaba a Kate ser penetrada Rosalie era la masturbada. Así fue que se vaciaron. No se vinieron juntas porque decidieron que fuera siendo penetradas y obvio no se podía a las dos al mismo tiempo. Mi venida fue teniéndolas a las dos con sus bocas cerca de mi verga para recibir ahí todo el semen que terminé sacando después de tremenda sesión de sexo que nos habíamos aventado.

    Ya fatigados nos acostamos en la cama boca arriba. Me puse en medio, ellas al lado mío acostadas sobre mí. Rosalie nos platicó sobre lo que aprendió viendo a su prima, confesando que desde hace tiempo tenía ganas de perder la virginidad conmigo pero que jamás se imaginó que fuera de esta forma y con su prima, lo cual volvió mucho mejor su primera vez.

    Después me contaron que ese mismo día les habían enseñado a sus padres los pasos que aprendieron en la clase de baile que sí les di para mostrar que la clase sí les estaba sirviendo y seguir teniendo permiso de repetirla…

    Y sí, las dos “clases” se repitieron algunas veces, y cada vez se pusieron mejor…

    Mis medios de contacto están en mi perfil, por si alguien desea compartirme sus opiniones o comentarios. Saludos.

  • Mi putita cuñada

    Mi putita cuñada

    Antes que nada, aclaro que esta historia es real, en la cual se darán cuenta los inicios de una relación puramente sexual que mantengo hasta el momento con mi cuñada siempre a escondidas desde hace ya varios años y que nos han llevado a vivir experiencias realmente calientes para nosotros, lo que les contare de principio hasta el momento.

    Me describo como un tipo completamente normal 1.75 cm de altura, tez morena clara y complexión regular en resumen ni gordo ni flaco, en el tiempo en que empezó esta historia, estaba soltero con unos 20 años de edad y aún vivía en la casa familiar, un rasgo a destacar de mi anatomía y con el cual empezó a darse esta historia es que tengo un pito de aproximadamente 17 centímetros nada fuera de lo normal pero tiene un cabeza grande, gruesa y como no estoy circuncidado luce como una verga algo más grande cuando se pela de lo cual estoy orgulloso y en mi mente desde luego me hizo considerarlo mi carta de presentación.

    Por otro lado mi hermano mayor de 27 años se casó con una mujer más o menos de la misma edad es decir unos 6 o 7 años más grande que yo, bonita de piel clara de complexión gordibuena de nalgas pronunciadas y unas tetas bastante desarrolladas con un carácter muy alegre (y como pude comprobar después muy putita) con la que al principio tuve poco contacto, limitado a las reuniones y fiestas familiares, reconociendo que era una mujer atractiva pero sin pensar en ese momento las cosas que se avecinaban.

    En ese tiempo sucedió una de las primeras travesuras con ella que me hizo verla como una mujer despertando mi calentura y ganas de cogérmela, el primer evento un tanto inocente sucedió en una reunión familiar ya pasadas las 11 de la noche cuando nos encontrábamos tomando unas cervezas en la sala con unos amigos y primos, yo estaba distraído con unos mensajes en mi celular por lo que no prestaba atención a la charla, por lo que mi cuñada de repente se levanta y me quito el teléfono de mis manos corriendo por toda la casa para que yo se lo quitara hasta que llego a la puerta que da a la calle y que quedaba un poco oculta de donde estaban los demás, lugar de donde ya no pudo escapar y donde yo aproveche entre risas para arrinconarla sin pensarlo, ella aun siguiendo con la broma puso las manos y el celular atrás de su espalda retando a que se lo quitara en ese momento sin querer la abrace buscando el celular, manoteamos algunos segundos mientras la aprisionaba junto a la puerta y también sin querer mi cara quedo pegada a sus tetas y mis manos sin querer rozando sus nalgas, en ese forcejeo de repente y sin pensarlo mi verga se puso super dura mientras me repegaba a ella, y sin más soltó el celular y todavía riendo regresamos a la reunión.

    Esta situación me dejo super caliente y esa noche me masturbe sobre una foto de ella que mi hermano tenía en nuestro cuarto en un portarretrato, recordando los segundos que pase pegado a sus tetas derramando una buena cantidad de leche sobre dicha foto con su carita sonriente.

    Pasadas unas semanas mi hermano me comento que mandaría a mi cuñada al día siguiente a buscar unos discos que había dejado en el cuarto que compartíamos ya que el trabajaba, por lo que le comente que mejor viniera él a buscarlos, afortunadamente no me hizo caso y efectivamente al día siguiente por la mañana estando acostado viendo un poco de porno en mi tableta como buen chaquetero, escuche que la puerta de la casa se abría por lo que de inmediato me asome por la ventana corriendo solo un poco la cortina pude ver que mi cuñada que sola entraba a la casa ya que tenia llave de inmediato me entro una excitación al saber que subiría al cuarto haciendo que mi verga se me pusiera dura y se me ocurrió quitarme el bóxer, quitar el seguro de la puerta y acostarme en la litera, haciéndome el dormido tapándome solo parcialmente dejando ver entre las sabanas mi verga y glande completamente inflamado, mi cuñada llamo a la puerta de mi cuarto diciendo que si tenia los discos, por lo que fingiendo una voz adormilada le dije que pasara y los buscara lo que efectivamente hizo tratando de hacerme platica diciéndome -que flojo eres-, pero yo en mi actuación y con vos de fastidio le comente que los buscara y cerré los ojos como si tuviera mucho sueño y no me importara que estuviera ella, tapándome un poco la cara con la sabana pero asegurándome que mi verga quedara a la vista entre los pliegues como si de un descuido se tratara por si había problemas argumentar que no era mi intención.

    En eso note que mi cuñada paso a la lado de mi cama, corrió un poco la cortina para que entrara más luz para buscar los discos, situación que fue muy afortunada ya que solo balbuce que me molestaba el sol y me tape completamente la cara con la almohada dejando un huequito donde observaba los movimientos de mi cuñada y aprovechando para quedar completamente derecho sobre la cama y con mi verga apuntando al cielo para ofrecerle un panorama completo, notando que a pesar que el estante estaba enfrente y que mi cuñada quedaba de espaldas supuestamente buscando, esta solo hacia ruido de estar revolviendo los discos, porque su cuello estaba totalmente volteado y su mirada clavada en mi pito pensando seguramente que no la veía, pero lo que paso a continuación hizo que supiera que no había lugar a dudas de que me la cogería en la próxima oportunidad, y fue el observar que discretamente tomo su teléfono celular y empezó a tomar un video de mi verga teniendo el atrevimiento de estirar su brazo para tomar en primer plano esa parte de mi anatomía, en ese momento dado la excitación, sentí que me venía por lo que de inmediato hice movimientos dando a entender que me despertaría cubriéndome totalmente el pene pero derramando una buena cantidad de leche que disimule bajo las sábanas mientras le preguntaba si había encontrado lo que buscaba, ella un poco ruborizada me dijo que se iba a llevar lo que había agarrado, rematando con cuñadito ¿no te da frio dormir sin pijama? Se inclino sobre mí y me dio un beso en la mejilla dejándome ver dentro de su escote por unos segundos esas tetas que ya había sentido anteriormente y poniendo las manos sobre las sabanas donde ya se notaba la mancha de semen que había derramado retirándose con la risa habitual de su carácter, no obstante estos acontecimientos acrecentaron las masturbadas en su nombre y mis ganas de propinarle una buena cogida.

    A raíz de este “encuentro” las pláticas por mensajes se empezaron a volver comunes bajo cualquier pretexto de mi parte, siendo mi intención en generar más confianza con ella, siempre tratando que la plática tocara algún tema sexual o de doble sentido siempre en tono de broma cuidando de no ser tan evidente, mientras me masturbaba con sus respuestas, ahora sé que ese juego a ella también la prendía puesto que me daba ideas de como ir avanzado, confesándome un día que a mi hermano le gustaba que usara ropa interior sexy y chiquita y que a ella le encantaba porque de esa manera no se cansaba tanto en lavarlas, por lo que siguiendo el tema le pedí que me mostrara que decía la verdad después de mucho insistir a manera de juego, conseguí más que una foto de una tanguita que estaba secándose al sol y que a manera de prueba me la envió, diciéndome –“solo tu hermanito tiene derecho a vérmela puesta”.

    Desde luego no encontraba la oportunidad de quedar a solas con ella y tirar mis últimos dados, el caso es que un buen día me queje con ella que tenia que hacer el aseo de toda la casa y me encontraba solo ya que mis papás habían salido invitándola a que me ayudara lo que acepto solo porque le caía bien y estaba aburrida, llego a mi casa rápidamente ya que vivía relativamente cerca, venia con un vestido amplio y corto de colores y sandalias, nada fuera de lo normal pero que cuando se le pegaba se le marcaban las nalgotas, imaginaba ese hilo que me había mostrado encajado entre sus piernas, en fin nos saludamos con un medio abrazo, pero mi mente no dejaba de dar vueltas de como pudiera ser el acercamiento.

    Tiempo después me confesaría que me tarde demasiado, que hubiera bastado un “quiero cogerte” para que me diera las nalgas, pasamos un par de horas limpiando la casa y tomando cerveza casi al terminar le dije que subiría a darme un baño y en broma que, si no gustaba tallarme la espalda, me contesto con una carcajada y que si no quería que también me bañara completito.

    En fin subí al baño de arriba a ducharme pensando que tal vez no pasaría nada dejando la puerta cerrada pero sin seguro, es el caso que pasados unos minutos toco a la puerta diciendo si me faltaba mucho porque le urgía hacer pis por la cerveza que había tomado y el baño de abajo lo había dejado con cloro, le dije en tono de broma pasa al cabo en la regadera había un cancel oscuro y no la vería, quedándose callada por unos un segundos, por lo que pensé dentro de mí la había regado, sin embargo momentos después pero me dijo que le prometiera que no la espiaría, por lo que le di ánimos contestándole que no lo haría.

    Abrió la puerta del baño se levantó el vestido dando la espalda al cancel que yo ya había abierto solo un poco, poniéndose de espaldas e inclinándose un poco hacia adelante por lo que pude observar una tupida mata de pelos y esas ricas nalgas que se comían una rica tanga blanca y unos labios carnosos que sobresalían y que en mi mente pedían a gritos verga, era la autorización que esperaba, así que sin pensarlo abrí el cancel y totalmente desnudo con la verga super parada, me le dije si me alcanzaba la toalla, ella que estaba sentada en el wáter, y con total naturalidad me paso la toalla que estaba sobre el lavabo, en lugar de cubrirme me empecé a secar el cabello mi caminando unos pasos y me pare exactamente frente a ella quedando mi verga quedo a la altura de sus ojos, ella solo me miro y me dijo riendo:

    Cuñadito ¿te gusta mucho exhibirte? no creas que la tienes muy grande he visto mejores, Por respuesta acerque más mi verga a su cara y me pele un poco el glande, muy cerca de sus labios, sin que ella hiciera el intento de quitarse, contestándole, ¿tú crees? Ella solo contesto, bueno pues, si la tienes más gruesa que la de tu hermano, ya estas contento, ya me la enseñaste y casi quieres que te la chupe, anda ya vístete que soy tu cuñada.

    Haciendo el intento de pararse yo la sujete levemente por los hombros para mantenerla sentada, ya mi pene buscaba la manera de meterse en su boca, cuyos labios estaban entre abiertos, ella cerrando los ojos solo decía, no está bien, mientras yo paseaba mi pene por sus labios, recuerdo su que su respiración estaba muy agitada, y supe que no había vuelta atrás, acto seguido me sujeto las piernas y abrió totalmente la boca, empuje mi pito de inmediato viendo como entraba y salía de esa boquita prohibida, no pasaron ni 30 segundos y mi leche hirviendo salió disparada en esa lengüita pero ella seguía mamando y succionando, mientras ella decía, ¿eso querías cabrón que te la mamara tu cuñada? Le conteste, -no solo eso, también quiero metertela- aproveche para quitarle el vestido y salimos desnudos besándonos a mi cuarto, mientras me decía, ni se te ocurra contar esto jamás, y cuanto entramos a mi habitación me dijo ¿me vas a coger en la misma cama donde me cogía tu hermano mientras estudiabas?, esto me calentó a un más pensando las veces que estuvo con las piernas abiertas en mi cama, sin que yo lo supiera, a ella le sorprendió que no me bajara la erección después de semejante escupida de mecos en su boca, la bese y chupe cada una de sus tetotas, ella solo gemía y decía que me pusiera un condón, porque se estaban cuidando para no tener familia y desde hace meses mi hermano no le había metido el pito sin forro, obviamente no me iba a detener a buscar un condon por lo que no le hice caso y tampoco se resistió mucho. A pesar de que como dije el tronco pero sobre todo la cabeza de mi verga es bastante ancha, entro con facilidad dado lo mojada que estaba pero aun así sentí que su raja estaba bastante abierta para su edad, nada que ver con las vaginas que me había cogido antes, la estuve bombeando por cerca de 10 minutos, viendo como sus tetas rebotaban sobre su cuerpo hasta que no pude mas y respetando su decisión saque mi verga descargando mi leche espesa, sobre su mata de pelos, ella solo se quedó recostada esparciendo mi semen por sus labios vaginales, repitiendo que ya le faltaba un buen rapidin.

    Cabe decir que me quede con su tanga a manera de trofeo, (que aun conservo) guardándola en un cajón hasta arriba junto a otras tanguitas y recuerdos sexuales de mis viejas, sabiendo que mi hermano cuando me visitaba le gustaba revisar mis cosas preguntándome los detalles de esas cogidas y que tan buenas estaban las viejas que me había echado, fantaseando contarle que esa prenda había albergado una raja bastante dilatada de una putita casada.

    Desde ese día los encuentros con mi cuñada eran más a menudo y en situaciones realmente excitantes, resaltando como la ves que invitaron a mi hermano y su esposa a una boda en otra ciudad, pidiendo de favor que acompañara a mi cuñada en su representación ya que él no podía asistir por trabajo, dándome dinero para los boletos de autobús y 2 habitaciones de hotel, que como imaginaran no ocupamos.

    Elevando nuestra calentura al tener tácitamente permiso para una revolcada de toda una noche con los gastos pagados por el marido, en ese viaje se cumplieron varias fantasías que todo hombre tiene, ya que desde el inicio del viaje con el pretexto de ahorrarnos una noche de hotel, convencimos a mi hermano y viajamos de noche, con la suerte de que el camión no iba muy lleno, compre los dos boletos hasta la parte más trasera del autobús, previamente le había pedido a mi cuñada que no se pusiera ropa interior y que viajara lo más ligera posible, ambos llegamos a la terminal con pants y con playera, ni bien arrancaba el bus y ya tenia los dedos dentro de su vagina por dentro de su pantalón deportivo y ella jalándome la verga mientras que con la mano libre ambos, nos despedíamos por la ventanilla de mi hermano que no imaginaba el charco que había en esos momentos en la raja de su esposa y la cantidad de leche que le esperaba recibir en esos dos días.

    En minutos ya tenia mi pants hasta abajo y la boca de mi cuñada sobre mi pito, en esa posición recuerdo que le pedí por comodidad se colocara de rodillas frente a mí entre el espacio que dejaba el asiento de adelante, sujetando su pelo para controlar el ritmo de la mamada, con los vaivenes del autobús sus dientes raspaban de manera placentera la cabeza de mi verga y cuando sentí que me iba a venir, la sujete con fuerza contra mi cuerpo haciendo que toda mi leche entrara directamente en su boca sin derramar una gota, nos besamos rico, percibiendo ese saborcito que deja el semen recién ordeñado.

    Durante el trayecto no pude penetrarla pero le estuve metiendo los dedos mientras ella mantenía las piernas lo mas abiertas posibles, hasta que se vino en varias ocasiones, aunque ahogamos los gemidos notamos que el olorcito de sus jugos se esparció dentro del ambiente cerrado del autobús que probablemente hayan percibido los demás pasajeros.

    Como comprenderán éramos muy parecidos en cuanto a la calentura que nos ocasionaba esas situaciones, deseo que se avivaba al mantener el secreto con todos para que nadie sospechara y que nuestros encuentros fueran super calientes, ella con la confianza de no ser su marido y con la seguridad que no la delataría me fue confesando como amigos, cada uno de sus secretos y experiencias previas, como que había tenido más de ocho novios antes que mi hermano al que le había mentido diciéndole que solo había sido uno con el que había perdido su virginidad y con el que esperaba casarse.

    Mientras que a mí me confeso que trataba de ocultar su calentura pero le gustaba desde el principio que se la cogieran en lugares semipúblicos y que se la caldearan en sus coches, o como el ultimo de sus novios que no tenía auto pero que invariablemente la llevaba todas las noches atrás de los salones más retirados de su universidad en donde le metía dedo y la ponía a mamar su verga, él cual incluso la busco y se la cogió en un motel, días antes de su boda con mi hermano.

    A todo esto ya imaginaba la razón de su raja super abierta, que sentí desde el principio, dada la cantidad de trancas que había albergado, en fin no podía creer la suerte que había tenido al tener a ese pedazo de puta a mi lado sin ningún tipo de compromiso.

    Pero continuando con la historia me saltare hasta el momento de estar en el hotel de la ciudad a la que íbamos, como les comente solo alquilamos una habitación y por el cansancio dormimos hasta el momento de arreglarnos para ir a la fiesta que empezaba a las 5 de la tarde, llegamos al salón pero al ser conocidos de ambos, me presento como su cuñadito que había venido a cuidarla y nos comportamos super bien, incluso evite bailar con ella, dejando que varios amigos de mi hermano la sacaran a bailar los cuales notaba que la miraban con ojos de querer cogérsela, ya que las fotos y videos que tomaban de la fiesta sabía que iban dirigidos a esa gordibuena con ese par de nalgas y tetas que tenían enfrente.

    Sin embargo mi cuñada siempre mostro un comportamiento alegre, pero serio en cuanto a cualquier coqueteo que le hacían, pasadas las 11 de la noche nos despedimos sabiendo que la verdadera fiesta a la que habíamos ido, apenas iba a empezar, llegamos al cuarto y cachondeamos un poco, pero ahora sé que en nuestras mentes solo esperábamos la consabida llamada de mi hermano para realmente prender motores y efectivamente, en cuanto sonó el teléfono, sin ponernos de acuerdo ella puso el altavoz y empezó a desnudarse completamente, recostándose en la cama frente a mí, masturbándose con las piernas completamente abiertas, mientras que yo sobaba mi verga, durante la llamada me puse encima de ella en posición de 69, abriendo completamente el hueco de su raja y metiendo hasta lo más profundo que podía mi lengua, mientras ella con su boca abierta se tragaba mi tranca entera en lo que mi hermano le preguntaba los pormenores de la fiesta, me sorprendió que con total compostura le platicaba todo lo que le preguntaba, haciendo inferencias a lo que sucedía en ese momento con total naturalidad con frases que no hacían más que calentarme, tales como, – Que se sentía llena y que quería tomarse un jarabe en ese momento, a lo que mi hermano le respondió la frase mas épica, -que preguntara en el hotel por un frasco de leche de magnesia- a lo que mi cuñada le contesto que tenía razón definitivamente le haría mejor esa leche porque ya anteriormente le había hecho bien, en ese momento con esa palabra le solté la primer descarga en su garganta, que hizo que mi cuñada se atragantara pues empezó a toser dándose cuenta mi hermano, quien le pregunto que le pasaba, contestando mi cuñada que se había ahogado con su saliva pero que estaba bien, hasta ahí colgaron.

    Y fiel a mi costumbre el segundo palo se lo estaba dando alegremente en su conchita que como ya había comprobado con todas las confesiones, el uso que le habían dado a esa hembra, mucho más abierta de lo normal.

    En eso estaba y como imagine, la próxima llamada la recibí en los minutos siguientes pidiéndome mi hermano que fuera a ver a su esposa y ver que estaba bien, contestándole que me diera 5 minutos en lo que subía al cuarto, dejando el teléfono en mute a lado de la cama en la que me cogía a su vieja, fueron los 5 minutos más calientes puesto que nos dedicamos a gemir y a besarnos apasionadamente con el teléfono a lado y al terminar mientras me vaciaba de nueva cuenta en su boca, active la llamada diciéndole que mi cuñada ya se sentía bien que ya le habían subido una “leche” de magnesia que había pedido y colgamos, sobra decir que nos dormimos, pero de nueva cuenta nos despertamos en la madrugada, sabiendo que no teníamos otra oportunidad en puerta próximamente y cogimos de nueva cuenta, ya en el camino de regreso mucho más relajados nos esperamos, hasta casi media hora de llegar para repetir la misma posición de ida, cuide de depositar todo mi semen en su boca, mismo que trago antes de bajar del autobús, nos despedimos de la manera más normal en frente de mi hermano y no volvimos a vernos hasta unas semanas después.

    Antes de continuar contando las aventuras que estoy viviendo con mi cuñada, quiero hacer algunas aclaraciones, sobre si me siento mal sobre cornear a mi propio hermano, en términos generales les diré que sí, porque definitivamente no es algo normal tener de putita de planta a tu propia cuñada, sin embargo, en mi defensa les diré que conociendo como ahora conozco a mi cuñada, para mí, es mejor ser el macho que le da verga de vez en vez a que se la esté cogiendo cualquier pendejo como sé que pasaría en cualquier caso, siendo un ganar ganar, ya que yo le complazco esa parte que como mujer necesita, evitando que ande por ahí, escondiéndose, arriesgándose a cualquier tipo de problemas como los que tendría si estos hechos hubieran sucedido con otra persona fuera de mi protección.

    Aunque confieso que al no ser realmente mi esposa hemos realizado a través de los años, algunas fantasías, que ella no pudiera podido cumplir con mi hermano.

    Aclarado el punto y en orden cronológico, como les comente han ocurrido situaciones verdaderamente complicadas y unas de las más fuertes que sucedieron y que hasta el momento nos mantiene más amarrados que nunca, fue justamente su embarazo, si mi historia es de su agrado les seguiré contado como se fueron dando los demás acontecimientos.

  • Mi segunda trans y la experiencia más caliente de mi vida

    Mi segunda trans y la experiencia más caliente de mi vida

    En un relato anterior conté mi primera experiencia con una chica trans para mi al ser bisexual con preferencia por el cuerpo femenino las trans tienen el cuerpo perfecto para mi gusto asi que a los pocos dias de la primera vez volvi a salir a buscar a la misma chica o otra y en mi pais cuba la mayoria de las chicas trans las conoces haciendo la calle y pues nada despues de dar varias vueltas en mi auto por las tres calles donde estaban ya casi estaba seguro que ese no era el dia porque no habia visto nada que me guste en mitad de la calle me adelanta otro carro y casi sin parar abre la puerta y se bajo una bellisima rubia con pelo rizado a media espalda ademas de tener lo que parecia un par de tetas bien buenas que para mi solo con eso ni me interesa lo bonita yo pare mi auto baje la ventana y le dije a ella aun de espaldas quieres ir a algun lado bella.

    Cuando se volvio tenia un rostro joven que a pesar de los labios gruesos dejaba saber que era chico ojos grises y la nariz llena de pecas.

    Me miro y me dice con una voz que mas que femenina o varonil me confirmo que no tenia mas 20 o 21 años me dice de querer quiero irme de vacaciones con todo pago pero si no puedes en una cama cualquiera te llevo al cielo yo le dije monta y hablamos es posible que tengas las vacaciones.

    Al montarse tuvimos el tipico cuanto quieres y lo que yo te propongo me dijo cuanto por hora y le dije que lo unico que queria saber era si las tetas eran de verdad respondio enseñandome una diciendo que claro me las pago un viejo extranjero en Colombia entonces le dije que lo que queria era todo el fin de semana en mi casa ella y yo con su pago y todo lo demas va por mi.

    Acepto y nos fuimos ella era una diosa el cuerpo perfecto ademas de ser muy caliente en la cama asi que el lunes al irse quedamos en repetir y despues de otras veces resulto ser tambien muy morbosa y abierta a todo y una vez le dije que me encantaria estar con dos trans al mismo tiempo me miro y me dijo si estas seguro yo puedo darte ese gusto.

    Le dije claro que si quiero entonces tomo el telefono y llamo a alguien le dijo que el hombre con el que estaba teniendo sexo regular queria hacer un trio y la invito la otra acepto le dio la direccion de mi casa y me dijo en 1 hora llega una amiga y estoy segura que te va a encantar y claro que me volvio loco cuando al llegar era una negra de casi dos metros de altura con el pelo corto bellisima con un par de tetas de pelicula toda una hembra que ademas cuando mi amiga la empezo a desnudar al bajar la ropa intima aparecio un pingon de 20 cm de largo que sin pensarlo me meti en la boca.

    A partir de ahi hicimos de todo lo imaginable entre los tres pero lo que yo tenia en mi mente lo deje para el final y era ponerme bocarriba en la cama para irle haciendo garganta profunda a una mientras la otra me penetraba por atras pero que cuando tuviera las dos pingas bien dentro por los dos lados ellas empezaran a moverse al mismo tiempo asi hasta que se vinieran las dos.

    Aquello fue tan pero tan caliente que yo nada mas que se empezaron a mover me vine como dos veces seguidas y ellas les gusto tanto que se cambiaron de posicion tres veces antes de llenarme de leche.

    Para mi esa ha sido la experiencia mas fuerte a nivel sexual de mi vida al punto de repetirla cada vez que puedo porque no puedo describir lo que siento estando clavado por la boca y el ano al mismo tiempo ufff.

  • Todo esto

    Todo esto

    Se quitó los zuecos y el vestido, se quedó desnuda. Se sentó en el centro de la cama. Yo, también desnudo en la cama, me puse de rodillas a su lado sobre las sábanas para que viera lo empalmado que estaba. Mi polla oscilaba a la altura de sus hombros. Me miró. Miró mi polla. Se tumbó de costado, de cara a mí, se abrió de piernas y se acarició el coño con dos dedos de su mano izquierda; luego, con la mano derecha empuñó mi polla y se la metió en la boca. Sí, me hacía una mamada tumbada cómodamente mientras se masturbaba; tan solo mantenía su cabeza erguida y su torso levemente. Gemía. Gemía. Chupaba mi polla como una deliciosa paleta helada. Ah, cómo me gustaba. Desde arriba, contemplaba sus deditos en su coño, sus tetas aplanadas, su cabeza. Llevé una mano hasta detrás de su nuca para ayudar a que pudiera mamar con menor esfuerzo: yo atraía hacia mí su cabecita a cada arremetida que ella daba. Creo que estaba a punto de obtener un orgasmo, pues su respiración cada vez era más ruidosa, al igual que sus gemidos. Escupió mi polla y me pidió en voz baja: «Córrete, anda». Volvió a chupar y me dejé ir. Moví mis caderas adelante y atrás con el fin de follar su boca y correrme en ella. «Oohh, Betsi, me corro», avisé. Ella dio unos enérgicos cabeceos e hizo que mi semen saliera a borbotones. «Mmm», suspiró satisfecha.

    Conocí a Betsi una mañana de un día de verano. Ella estaba bebiendo una cerveza fría en vaso de caña frente a la barra de un bar que servía, a través de una amplia ventana, al exterior. Digamos pues que Betsi bebía en la calle. Pasé por su lado y me detuve. Me llamaron la atención, como no podía ser menos por mi condición de macho, sus tetas y su culo, que se ajustaban a la tela de su vestido largo de tirantes. «Hola», la saludé. Betsi se giró sorprendida y me miró de arriba a abajo. «Hola», dijo, «¿te conozco?»; «No», respondí. Entonces me presenté. Le hice saber que era vecino del barrio, para que se confiara. Betsi me informó de que ella se había mudado hacía pocas semanas al barrio. Nos intercambiamos los teléfonos. ¿Quién sabe si algún día podíamos necesitar algo uno del otro? Nos despedimos. Yo aproveché ese momento de despedida, el de darnos un beso en cada mejilla, para acercar mi torso al suyo y probar el tacto de sus tetas sobre mi cuerpo. Fue una sensación agradabilísima pensar lo confortable que podría llegar a ser subir sobre el cuerpo de Betsi.

    Betsi era de tamaño grande. Quiero decir: Betsi era más bien obesa y medía más de 1’80; quiero decir: ahí había mujer para hartarme. Por eso, el día que me llamó por teléfono para que le prestara mis herramientas no tuve más remedio que, antes de salir de casa, hacerme una paja imaginando lo que podía pasar. Es decir: me imaginé a Betsi completamente desnuda sobre la cama, a mi entera disposición; es decir: me imaginé a mí mismo follándomela viva y me tuve que masturbar. Y, fíjate, que no fue eso lo que ocurrió, porque, como relaté anteriormente, Betsi, ese día, me hizo una mamada.

    En nuestra cama de matrimonio, ambos en ropa interior, todo esto se lo estoy contando, a modo de buen narrador, a mi esposa mientras estoy acariciando sus tetitas. Ella está muy atenta a mis palabras y, a veces, cierra los ojos pensativa. En su cara morena se esboza una sonrisa ante los detalles íntimos. Le gusta oírme hablar; yo diría más bien que la excita: he metido una mano por debajo de sus braguitas y he notado la humedad de su coño. Paro de hablar. Stop. Me arrodillo sobre el colchón, tomo posición entre las piernas de mi esposa y, después de quitarle las braguitas, meto mi lengua en su rajita. Busco con ahínco su clítoris. Busco. Siento su dureza y, metiendo un dedo, lo masajeo. Dedo y lengua juntos consiguen que mi esposa jadee al principio, más tarde gima y finalmente grite de placer. Entonces me subo en su cuerpo. Mi éxtasis llega automáticamente en cuanto mi polla penetra en su coño. «Hu, oh», grito al eyacular. Me desplomo sobre mi esposa. Ella, entretanto acaricia mi espalda, me susurra al oído: «Ah, cariño, qué feliz soy».

  • El esposo de Lucía

    El esposo de Lucía

    Mi esposa trabajaba en una institución de salud, donde compartía cotidianamente con médicos. Yo conocía sus amistades y, al parecer, las relaciones no pasaban de lo estrictamente laboral. Muchas veces salimos y compartimos momentos de esparcimiento y diversión, pero nunca se llegó a relaciones íntimas y contactos sexuales. Por decirlo de alguna manera, manteníamos las distancias.

    En cierta ocasión mi esposa me presentó a una señora, Lucía, muy simpática y de buen ambiente, que, según dijo, era la esposa de uno de los visitadores médicos. Un señor elegante, muy inteligente y asiduo visitante de la institución donde mi esposa laboraba.

    Tiempo después, en algún momento, aquella institución fue invitada a un congreso para promocionar nuevos medicamentos y familiarizar a los asistentes con técnicas de avanzada para el tratamiento de niños con problemas de aprendizaje. El evento se realizaba en otra ciudad, así que tuvimos que desplazarnos desde nuestro lugar de residencia al sitio de encuentro, una ciudad ubicada a 150 km de distancia.

    Llegada la fecha, nos dirigimos a cumplir la actividad viajando en nuestro automóvil. Toda la logística estaba dispuesta, de manera que llegamos al hotel donde se realizaría el evento, nos registramos y nos acomodamos. En la noche fuimos citados a un coctel de bienvenida, donde se daría a conocer la programación y dinámica de las actividades previstas.

    Llegamos al lugar, muy puntuales, a las 8 pm. El comité de recepción nos dio una cordial bienvenida y, poco a poco, los asistentes fueron llegando. A las 08:30 el salón ya estaba bastante concurrido y los anfitriones interrumpieron para iniciar formalmente la inducción al evento. Pasada la formalidad, los asistentes quedaron libres para continuar disfrutando del evento, así que unos tantos se quedaron el sitio y otros tantos abandonaron el lugar.

    Nosotros nos quedamos y empezamos a presentarnos y departir con las personas que allí permanecían, muchas de las cuales conocidas. Entre ellas Lucía y su marido, que hasta ese momento lo llegué a conocer. Era un hombre muy elegante, de buena presencia y modales, varonilmente apuesto y gran conversador. Lucía y él nos acogieron en su círculo de amistades. Richard, el esposo de Lucía, era un excelente moderador y sabía mantenernos entretenidos y entusiasmados, tanto, que muy pronto se hizo tarde y fue Lucía, quien advirtió a su marido que ya era tiempo de retirarse, pensando en las actividades del día siguiente.

    Las actividades iniciaban a las 08:30 am, de manera que coincidimos con Lucía y su marido en el desayuno. El y mi esposa asistirían a las actividades programadas, mientras que Lucía y yo quedábamos libres y desprogramados. Próxima al inicio del evento, ellos dos se despidieron dejándonos solos en el comedor, así que, sin tener nada en mente, seguimos conversando. Le pregunté a Lucía si conocía aquella ciudad y me contestó que era su primera vez allí. Bueno, si te parece, puedo averiguar qué atracciones se ofrecen y pudiéramos irnos de turismo. ¿Te animas? Sí, contestó.

    Lo tradicional es averiguar si se dispone de algún recorrido para conocer la ciudad, como efectivamente lo había, así que, sin pensarlo, me apunté para el recorrido, que iniciaba a las 9 am. El bus nos recogía allí mismo, en la puerta del hotel, de modo que fuimos a arreglarnos a nuestras respectivas habitaciones, quedando de encontrarnos antes de las 9 am en la recepción del Hotel.

    Lucía se vistió de manera muy casual para el recorrido, pero se le notaba muy entusiasmada y alegre. Llegado el transporte lo abordamos y emprendimos así un recorrido que tardaría poco más de cuatro (4) horas. La actividad, por la novedad de conocer nuevas cosas, estuvo bastante entretenida. Hubo cata de vinos, visita al mirador de la ciudad y diferentes sitios de interés, iglesias, teatros centros comerciales, museos. Muchas cosas en poco tiempo, pero el recorrido nos permitió ver sitios que llamaron nuestra atención. Uno de ellos, un restaurante ubicado en un sitio de construcción colonial española, muy bonito y con una vista espectacular, que quise visitar de inmediato.

    No volvimos de regreso al hotel sino que bajamos del transporte en el centro de la ciudad y nos dirigimos al “Capricho Español”, que así se llamaba el restaurante. Llegamos allí pasadas las 2 pm, con bastante hambre y procedimos a almorzar y cambiar impresiones sobre lo que habíamos visto aquel día. Ciertamente nos llamó la atención visitar el museo de historia, el jardín botánico y playa del Carmen. Entre charla y charla nos dieron allí las cinco de la tarde, de manera que ya era hora de regresar al hotel. Lucía, sin embargo, me advirtió que el evento de aquel día remataba con una cena a la que estaban invitados tan solo los asistentes, dándome a entender que no había prisa.

    En consecuencia, le propuse que hiciéramos una caminata por el centro de la ciudad y que, luego, si ella quería, podíamos cenar en algún lugar antes de volver al hotel. Y así lo hicimos. Estuvimos deambulando por allí, mirando aquí y allá, antes de volver. Llegaríamos a eso de las 8 pm, algo extenuados, encontrando que mi esposa y Richard estaban esperándonos en la recepción, según dijeron, para que nos tomáramos algo antes de irnos a dormir.

    Nos acomodamos en una mesa, en el bar del hotel. Pedimos unos cóteles y charlamos sobre sus impresiones del día. Algo tedioso, dijo Richard, después de años de asistir a estos eventos, todo se hace predecible, comentó. Es la gente la que le da ambiente a estos eventos, porque de otro modo será muy aburrido. Siempre se escucha lo mismo, así que la parte social es la que establece la diferencia. Y ustedes, ¿qué hicieron? Preguntó. Lucía le hizo un recuento de las actividades y mencionó algunos sitios que consideró debían visitar al término del congreso, antes de regresar.

    Richard y mi esposa estaban, sin embargo, bastante compenetrados con lo visto ese día en el congreso y la calidad de los expositores, según mencionaron, por lo cual, aunque estábamos juntos, parecía que hubiera dos grupos diferenciados; Richard y mi mujer, con su conversación sobre lo que les había traído el evento y sus actividades, y Lucía y yo, hablando de cosas menos importantes. Y ambas parejas parecíamos estar cómodas en el momento, cada una en su cuento.

    Al rato decidimos que ya era hora de finalizar el día y descansar un rato. Al otro día ellos volvían a tener una agenda apretada y nosotros, claro está, tendríamos que buscar algo para hacer y disfrutar del sol, de la ciudad y de las atracciones que nos pudieran ofrecer. Richard, sin embargo, insistió en pasar un rato más juntos y propuso que nos tomáramos algo en la discoteca, antes de subir a las habitaciones. Mi mujer no puso objeción, Lucía pareció estar conforme, y yo, sin afán alguno, no pude menos que estar de acuerdo. Al fin y al cabo, de trasnochar, eran ellos quienes tenían compromisos.

    Estuvimos allí un corto rato, sin embargo, lo justo para que aprovecháramos el ambiente, la música y bailáramos un rato. Richard, caballeroso, como siempre, y al parecer sin importarle mi presencia, tomó la iniciativa e invitó a mi mujer a la pista de baile. Yo, en contraprestación, no muy entusiasmado, hice lo mismo con Lucía. Así que juntos, los cuatro, salimos a la pista de baile a demostrar nuestras habilidades durante el tiempo que duró una tanda musical. Volvimos a nuestra mesa, apuramos unos tragos de ron, y decidimos de común acuerdo que ya era tiempo de descansar. Por lo que nos despedimos y procedimos hacia nuestras habitaciones.

    Al día siguiente volvimos a coincidir con ellos en el desayuno. Era el último día de congreso y el evento remataba con una fiesta, así que la jornada presagiaba ser bastante larga y agitada. Le pregunté a Lucía si quería salir a turistear a algún lugar, pero me dijo preferir quedarse descansando en el hotel. ¿Quisieras hacer algo especial en particular? Nada especial, dijo. Me gustaría tomar el sol en la piscina, tal vez. Me parece bien, respondí. ¿Te puedo hacer compañía? ¡Claro! Comentó. Si no te molesta. Para nada, contesté. Voy a cambiarme, entonces, y nos vemos aquí abajo en un rato. ¿Te parece? ¿En media hora está bien? De acuerdo, dijo.

    Tardamos más de media hora en reunirnos en la piscina, pero todo anduvo bien. Nos acomodamos en las sillas para asolearse dispuestas alrededor, pedimos bebidas y nos recostamos a tomar el sol y charlar. ¿Me imagino que estos viajes hacen parte de tu rutina de vida? Pregunté. Digamos que sí. No son muy frecuentes. Comparto con él cuando podemos, como en esta ocasión. Esta vez los hijos se quedaron en casa de los abuelos y pudimos disponer de un respiro. No siempre es fácil. Lo entiendo, respondí.

    ¿Richard lleva tiempo haciendo esto? Continué. Tal vez más de veinte años, contestó. Siempre ha sido así desde que lo conocí. Es la naturaleza de su trabajo, las relaciones, las visitas, los viajes, todo lo cual se traduce en ventas, utilidades y comisiones. No le va mal y de eso vivimos, al fin y al cabo. ¿No lo dices muy entusiasmada? Es que al principio una ve y solo aprecia las comodidades que el dinero puede comprar, pero después se valora otras cosas, la compañía, el trabajo en equipo para sacar adelante la familia, el apoyo para resolver dificultades. No todo lo que se valora es lo económico. Entiendo, respondí.

    Pero, me atrevo a preguntarte, ¿tu relación es estable en todos los sentidos? Sí. No me puedo quejar. Al menos sé a qué atenerme en todos los casos. ¿Cómo así? Me perdí. Explícame. ¿Cómo es eso? A veces es complicado mantener una convivencia a distancia. Yo me he sentido sola y desprotegida muchas veces y hemos tenido nuestras crisis por ese motivo. He creído que él se fija en otras personas y que no le importo, y me costó trabajo aceptar que las relaciones sociales son parte esencial de su trabajo y que gracias a ello ha obtenido el éxito y reconocimiento que tiene en su trabajo. Y, por otra parte, que, estando separados, cada uno tenga la posibilidad de solventar sus necesidades físicas sin que ello afecte el vínculo con la pareja.

    Otra vez me perdí, comenté. ¡Explícame! Bueno, dijo riendo, es un tanto complicado de explicar. Él es hombre y tiene sus necesidades. Yo soy mujer y tengo las mías. Y estando juntos resolvemos tales necesidades teniéndonos el uno al otro. Pero si no estamos juntos, cada quien tiene que resolver sus necesidades por su cuenta. ¿Estamos hablando de sexo? Pregunté. Sí, dijo. Creería entender, entonces, que han llegado al acuerdo de llevar una relación matrimonial abierta, no limitada sexualmente a la compañía que el otro miembro de la pareja le pueda proporcionar. ¿Es eso? Sí. Mas o menos. ¿Te parece extraño? No, respondí. Hoy en día eso parecer ser algo muy común. ¿No?

    Y, ¿cómo empezó todo? Al principio, cuando regresaba de sus viajes, todo era pasión en el reencuentro, pero, pasado el tiempo, las cosas ya no eran lo mismo. Tuve la impresión de que ya no le gustaba y que no le entusiasmaba mi compañía lo mismo que antes. Me sentí afectada por un tiempo, hice pataletas, reclamos, escenas de celos, todo lo cual, al final, agravó más las cosas, porque él parecía querer quedarse eternamente en sus viajes y no volver a casa. La verdad, la cosa estuvo un tanto complicada. Acudí al apoyo de un terapeuta, quien me recomendó considerar las cosas desde diferentes ópticas y valorar los pros y contras de las decisiones que pasaban por mi cabeza en esos momentos.

    El me propuso contemplar tres opciones para salvar la relación, si es que de verdad había voluntad de nuestra parte para hacerlo: La primera, tomar un respiro en la convivencia, darnos la libertad de experimentar lo que cada cual considerara conveniente y, después de un tiempo, seis meses a un año, retomar la relación, si es que esa era la opción. La segunda, compartir en pareja las experiencias que ayudaran a satisfacer las necesidades de uno y otro, y fortalecer la mutua confianza y el compromiso matrimonial. Y la tercera, si las dos anteriores no eran opciones, optar por la ruptura y la separación definitiva. Al final, si no hay propósito común, esto era lo mejor.

    También me comentó que en una relación matrimonial debería existir un perfecto equilibrio para que las personas no se sintieran restringidas por el otro, por lo cual debería existir la presencia de las amistades de él, las amistades de ella y las amistades de ambos. Y también comentó que, hablando de amistades, incluso del vínculo en la relación formal, había personas con las que éramos compatibles para determinadas actividades; había compañeros perfectos para compartir pasatiempos, otros para divertirse, otros para trabajar, otros para formar un hogar y otros para tener sexo, y que muy difícilmente podríamos encontrar todo en uno, de allí la gran capacidad de adaptación que nos debería caracterizar.

    Después de aquello, y no sin pasar dificultades, porque a veces es difícil hablar de esto en la pareja, estuvimos contemplando varias posibilidades para continuar como pareja y resolverlas dificultades. Para mí, el tema era entender que Richard pudiera tener sexo con otra mujer durante sus viajes, si el deseo le aparecía, y que ello no necesariamente significaba que me estuviera siendo infiel. Era, sin embargo, una manera de ver las cosas. Y, por otra parte, Richard debería entender que, si yo aceptaba tener sexo con un hombre, para satisfacer mis necesidades físicas, no era porque necesariamente estuviera comprometida con él y lo fuese a abandonar.

    Llegar a un acuerdo no fue fácil. Estuvimos experimentando varias cosas para identificar qué nos gustaba y qué no, pero es que no todo en la vida es sexo. Lo cierto es que Richard, o ustedes los hombres, manejan eso mucho mejor. Hacen lo que tienen que hacer, pero no se comprometen. Nosotras, por el contrario, armamos toda una película en nuestra cabeza y nos comprometemos. No es fácil asumir que vamos a estar con un hombre por un rato y que aquello no va a pasar de ahí. Y esto resulta más fácil cuando la aventura es consentida en pareja. Al menos lo ha sido para mí. Me siento más segura de lo que hago y no siento que le esté faltando a nadie.

    Y ¿qué has descubierto de esas experiencias? Pregunté. Me gusta ver, contestó. No entiendo, repliqué. Soy voyerista. Me gusta observar a Richard, o a otras personas, mientras tienen sexo con sus parejas. Es mi debilidad. ¿Has oído hablar de las “Hotwifes”? Sí, contesté. Es la esposa cuyo marido está de acuerdo en que ella tenga relaciones sexuales con varios hombres. Pudiera ser que él participe o no, directamente. Sí, así es, contestó. Pero en nuestro caso es al revés. Soy yo la que estoy de acuerdo en que él tenga relaciones con varias mujeres, solo con una condición. ¿Cuál? Pregunté curioso. Que lo haga en mi presencia. Yo quiero ver con quien lo hace. Quizá es una forma de controlarlo, comentó sonriendo pícaramente.

    O sea, insistí preguntando, ¿él no puede hacer nada a tus espaldas? Exacto. Y ¿cómo hace cuando él está solo en sus viajes y tú no estás presente? Debe tener mi consentimiento y me cuenta en detalle lo que pasó. Generalmente me comparte sus conversaciones por whats up, me envía fotos o videos y hablamos de ello cuando nos comunicamos diariamente. No hay secretos. Y ¿tú no haces lo mismo? Pregunté. ¡No! Todas mis aventuras se han dado cuando estamos juntos. Algunas veces, no muchas, cuando lo noto sin ganas o algo distante, le digo que tengo urgencia para satisfacer mis necesidades y él, sin drama alguno, se ofrece a acompañarme para calmar mis calenturas. Entonces me lleva a algún lugar, me busca el candidato y yo procuro complacerme si el hombre es de mi gusto. Generalmente acierta. Me conoce bastante.

    Vaya, vaya, manifesté sorprendido, si no me lo cuentas, no lo hubiese creído. Y, ¿te puedo preguntar algo más? Sí claro. ¿Por qué has compartido conmigo algo tan íntimo y personal de tu vida? Es que Richard quiere tener sexo con tu esposa y no me parece ético contigo que eso se de a tus espaldas. Vaya que me sorprendes de nuevo, comenté. Y ¿por qué no lo hicieron ustedes de manera reservada, como siempre lo han hecho? Me disculpo si fui imprudente, dijo, pero no quisiera sentir que te estamos engañando. Bueno, comenté, pero eso, de darse, sería un tema entre mi esposa y yo. O ¿no? Sí, tal vez, pero tendríamos que excluirte, buscar excusas y propiciar el espacio para estar solos y dar curso a la aventura. Y estamos tú y yo de por medio. Y, por otro lado, quería ver tu reacción.

    Qué te digo, respondí. No sé. Mi esposa y yo hemos pasado por situaciones parecidas a las que me has comentado y por eso no ha sonado extraño lo que me has dicho. Ella tiene la libertad de elegir si desea hacer o no algo con la pareja de sus anhelos, y más aún si de temas sexuales se trata. Y yo, la mayoría de las veces, acolito sus caprichos. Encuentro que Richard es un hombre físicamente atractivo, de fino comportamiento y muy caballeroso en su trato con las mujeres. No dudo para nada que mi esposa lo haya considerado en su mente como una posible pareja sexual, pero no sé si en el contexto actual, en un vínculo laboral, estén dadas las condiciones para que eso se materialice. Ella no me ha mencionado nada al respecto.

    ¿Anoche, en la discoteca, no viste nada extraño, acaso? Me preguntó. Pues, no, la verdad no. Ella y él bailaron muy pegaditos, dijo Lucía. ¿Te pareció normal? Ella, siempre baila así con sus parejos. No descarto que el acercamiento haya sido para determinar si el contacto le generaba estímulo y excitación, porque eso es parte de juego sexual, y no sé qué tanto para palpar la masculinidad de tu marido. Pudiera ser, ¿por qué no? Pero he estado tan a acostumbrado a ver eso, que tal vez no reparo en esos detalles. Es ella quien vive y disfruta de sus momentos y experiencias. Pero me coges fuera de base al contarme esto, simplemente porque ella no lo ha mencionado.

    Lucía me pasó su celular. Mira lo que escribe Richard. Tomé el teléfono y miré la conversación:

    Lucía: Hola, amor, ¿cómo va el congreso?

    Richard: Va bien. La gente ya quisiera que terminara y no prestan tanta atención a las exposiciones.

    Lucía: Y ¿qué tienes pensado para la noche?

    Richard: Muñequita, tengo un caprichito entre manos.

    Lucía: ¿Travesuras de las que me gustan?

    Richard: Sí. ¿Qué comes que adivinas?

    Lucía: Anoche me pareció ver algo y lo supuse…

    Richard: jejeje… ¿Y qué viste?

    Lucía: Se te estaban yendo las manos más allá de lo debido.

    Richard: ¿De verdad? ¿Se notó mucho?

    Lucía: Me imagino que esa es tu conquista…

    Richard: Bueno, sí… Esa es la idea.

    Lucía: Y ¿cómo sabes que ella si está interesada?

    Richard: Intuición. Pura intuición. No hemos acordado nada.

    Lucía: Y ¿en qué momento lo van a acordar?

    Richard: No sé. Ya llegará el momento…

    Lucía: Ok. Me cuentas en que van tus andanzas.

    Richard: Te voy contando. Chao amor.

    Le devolví el teléfono a Lucía y, mirándola, le pregunté. Y ¿qué crees que va a suceder? Que Richard va a hacer hasta lo imposible por salirse con la suya. ¿Y tú qué quieres? Replique. Mirar, contestó, solo mirar. Me gusta tu mujer y tengo la curiosidad de ver cómo se comporta en la cama. Bueno, dije yo, sonriendo, ¿y no te parece que ambos se pudieran cohibir sintiéndose observados? Richard está costumbrado, contestó. Es más, pareciera que sentirse observado lo motiva para desempeñarse mejor. Al menos en frente de mí. Y sentirse orgulloso de mostrarme que otras mujeres se sienten complacidas por él. Bueno, válido, respondí, no lo había visto de esa manera.

    Siempre he estado presente en las aventuras de mi esposa. Siempre he percibido que, si ella ha estado dispuesta y lo disfruta, se olvida completamente del entorno y prácticamente, aunque yo esté presente, pareciera que no existo. No repara para nada en mí. Pero esto superaría las expectativas. Una cosa es que yo esté presente, al fin y al cabo, soy su pareja, pero no sé cómo reaccionaría viéndose observada por la esposa de su pareja sexual. No lo hemos hecho antes. Siempre hemos estado ella, yo y su amante, hombre o mujer. La verdad, no sé si esto funcionaría. Pensaría que, si Richard hace bien su trabajo, ella podría estar dispuesta. Pero ella tendría que estar segura de que tú no te molestarías si él se muestra atrevido con ella. No sé. Tan solo hago suposiciones.

    Pero, preguntó ella, ¿tu estarías de acuerdo? Por mí no hay inconveniente, respondí. Dejemos que todo fluya y vemos cómo se van dando las cosas. Yo no tengo inconveniente. Tal vez, pensaría yo, en algún momento tendrías que conversar con ella y darle a entender que no va a haber rollos ni malos entendidos. Mi mujer piensa más en ser la protagonista que en ser la espectadora, así que no sé cómo lo tome. De pronto llegaría a pensar que pudiera haber algo entre nosotros dos, tú y yo, y se muestre prevenida. Qué se yo. Generalmente las aventuras han sido para ella solamente. Como te dije, yo siempre quedo excluido.

    Voy a chatear con Richard, a ver cómo se ven las cosas en este momento. ¿Te parece? Y acaso, ¿cómo crees tú que deberían ir? Pensando en lograr el objetivo, dijo ella, algo se le estará ocurriendo a estas alturas. Y quiero saber qué ha pensado. Ya te cuento. Así que estuvo concentrada en su teléfono por unos minutos. Finalmente, pasándome de nuevo el aparato, para que yo observara, comentó, ¿Qué te parece?

    Lucía: Amor, ¿ya casi acaban las exposiciones?

    Richard: Ya acabaron hace un rato.

    Lucía: Bueno. ¿Y en que van tu travesura?

    Richard: Nada aún.

    Lucía: ¿Qué has pensado?

    Richard: Le dije a Laura que se arreglara bien bonita para esta noche. Dijo que iba a tomar una ducha y luego bajaría al salón de belleza a peinarse, maquillarse y prepararse para el evento.

    Lucía: ¿Solo eso?

    Richard: Pasamos por las vitrinas de uno de los almacenes de ropa interior femenina que hay en el hotel y le dije que me la imaginaba usando ese tipo de ropa. Y me contestó que ella generalmente la usaba. Me gustaría vértela puesta. Y contestó: ¿por qué no?

    Lucía: ¿Es un avance?

    Richard: Creo que sí. ¿Dónde estás?

    Lucía: En la piscina. ¿Vienes?

    Richard: Sí. Ya voy para allá. Espérame…

    Bueno, dije yo, creo que me voy y los dejo solos. Seguramente nos veremos más tarde, conforme se vayan dando las cosas. De pronto nos encontramos para cenar mientras ellos están en su evento de cierre. ¿Te parece? Sí respondió ella. Encontrémonos en el restaurante a las 8 pm. De acuerdo, contestó.

    Mi esposa, como de costumbre, se esmeró en el arreglo y se dispuso elegantemente para su evento. ¿A qué horas crees que te desocupas? Yo creo que a media noche, contestó. ¿Por qué? Me preguntó. Nada especial. Para saber qué hacer. Pensé que podíamos hacer algo, pero a esa hora ya me da pereza. ¿Hacer algo? inquirió ella. ¿Cómo qué? Pues, la verdad, no sé. Dije eso sin pensar, porque, viendo la hora y después de tu actividad, lo mejor sería irnos a dormir y descansar. Voy a darme una vuelta por ahí y, si no aparece nada que hacer, pues me vengo para la habitación. Bueno, dio ella, pues aquí nos vemos.

    Al rato salió para su evento y yo, como me había comprometido, baje al restaurante. Lucía estaba allí, esperándome. Hola, la saludé, ¿cómo va todo? Bien, me respondió. ¿Vas a comer algo? Puede ser, dije, pero algo ligero. Tal vez una sopa, una cremita de cebolla o algo así. Bueno, contestó, ordenemos. Y, conversando de todo y de nada, se nos fue pasando el tiempo. Después de comer, ordenamos unos cocteles y no quedamos allí, conversando.

    Serían como las diez de la noche cuando recibí un mensaje en mi “whats up”. Esto está muy aburrido, comentaba mi esposa. ¿Y? le contesté. Pensé que podíamos hacer algo, respondió. ¿Cómo qué? Repliqué. No sé, respondió, después te cuento. Bueno, quedo atento. Yo estoy aquí, en el hotel. No he salido del restaurante. Ok… Y mostrándole a Lucía la conversación, pregunté. ¿Qué has sabido del Doctor Richard y sus caprichos? Nada, respondió sonriente.

    Un rato después volví a recibir un mensaje en mi celular. Richard me invita a su habitación. ¿Qué dices? Preguntó. ¿Y cuál es la idea? Respondí. Estar allá con él y compartir un rato, contestó. Contesté con un emoticón…

  • Mi primera sexualidad (6)

    Mi primera sexualidad (6)

    Y entre resistirme y ellos dos gozar con eso fueron rompiendo mi ropa.  Uno de ellos sacó una cuchilla mientras el otro me agarraba y me ponía sobre él para que el otro fuera cortándome la ropa con la cuchilla.

    Primero empezó diciendo: no te resistas putica que nosotros sabemos que esto te gusta. Ya te conocemos y sabemos lo que has sido capaz.

    Y yo dentro de mis nervios, pensé, más gente lo sabe.

    Y me dijo: no te muevas que no quiero cortarte. Y me quede inmóvil solo viendo lo que hacía.

    Comenzó a cortar de arriba hacia abajo los botones de mi blusa. Luego que estaba abierta el que me sostenía me saco la manga izquierda y luego el otro halo la manga derecha.

    Quede solo con mis brasseries en la parte de encima, total para nada, en pocos segundos ya los cortaba a la mitad quedando depuestas mis dos senos.

    El puso la cuchilla en el piso del auto. Y comenzó a manosear mis senos. Los sobaba de arriba abajo y luego se detenía en mis pezones. Los estiraba fuerte, yo gritaba.

    En su cara se veía cómo disfruta de causarme dolor. Lo más insoportable era cuando retorcía mis pezones. Era una bestia. Debió durar más de 20 minutos arrancándome mis senos o tratando de hacerlo para causarme dolor. El otro me agarraba fuerte para que no me moviera.

    Estaba encima de un hombre en el asiento trasero que me tenía inmóvil y el otro desnudándome lentamente y abusando de cada parte de mi cuerpo que desnudaba.

    Cuando ya no podía hacer más daño a mis senos decidió cortar mi falda. Y tomo su cuchilla y fue cortándola medio a medio a mi parte íntima. La falda callo a cada lado encima del que me tenia agarrada. El se detuvo para admirar mi parte íntima solo tapada por mi panty. El agarro mi panty y lo halo haciendo que el mismo se entrara en rajita. Comenzó a hablarlo hacia arriba levantando a mi. De esta manera lograba hacer presión en mis labios y en toda esa parte de mi parte íntima.

    Me causaba un fuerte dolor. Yo chillaba cada vez que hacía fuerzas sobre el panty. No pasó mucho tiempo cuando comenzó a cortar las dos tiritas de mi panty y de un tirón sacarlo.

    Ahora si estaba completamente desnuda e indefensa. No podría creer que de esta forma tan brutal y cruel iba a perder mi virginidad.

    El de la cuchilla, le dijo a Chano: oye tío pero no imaginé que está puta estaba tan buena. Hay que cogerla de una vez.

    Chano le respondió: no se te ocurra hacer eso. Esa virginidad es para mi. No la toques por ahí.

    Y el tipo obedeció. Y dijo pues déjame comérmela entonces. Y abrió mis piernas y comenzó a a chupármelo, parlase su lengua por toda mi vagina. Mordía mi clitolis luego lo masajeaba con su lengua.

    El otro con sus manos maltrata mis senos. Estaba atrapada con esos dos tipos. Comentaron cambiar de posición y entonces el de la cuchilla se acosto boca arriba en el asiento y me pusieron a mi sobre su cara. El continúa con su boca dentro de mi vagina. El otro se hincó enfrente, y sacó su pene. Agarro mi cabeza y hundió su pene dentro de mi boca. Tenía total control del movimiento pues sujetaba mi cabeza por mis cabellos. Así desplazaba mi cabeza sobre su pene. Lo entraba total y me sujetaba fuerte para ahogarme. Luego me soltaba.

    El eyaculo dentro de mi boca. Y nuevamente me obligaban a tragarlo. El otro seguía comiéndome y logró hacerme correrme. Se paró y me acostó a mi boca arriba. El se subió sobre mi como si fuera a hacer un 69 pero solo para penetrarme por la boca. De nuevo tenía que luchar contra las ganas de vomitar, de no ahogarme y de beber mucho más semen de hombres que desconozco.

    Continuará.

  • Practicando para mi primer beso

    Practicando para mi primer beso

    Aquella noche, después de cenar, Laura y yo nos quedamos charlando en el sofá. Hablamos de todo un poco, saltando con naturalidad de un tema a otro hasta que ella me preguntó si tenía novio.

    –No. –Respondí –Bueno, No exactamente… Hay un chico con el que me llevo muy bien pero no nos hemos besado ni nada.

    –¿Y eso por qué? –Preguntó Laura.

    –Es que… Me da un poco de miedo… Nunca he besado a nadie. No sé cómo hacerlo. ¿Y si lo hago mal?

    –¡Pero si eso no se puede hacer mal! Mira, si os gustáis, os va a encantar a los dos aunque seáis más torpes que un pato con botas.

    –Si, pero…

    –¿Y por qué no practicas conmigo?

    –¿Eh? ¿A qué te refieres?

    –Puedes practicar conmigo hasta que te vuelvas realmente buena besando. Así podrás estar segura de que cuando le beses se va a volver loco por ti.

    –Pero yo quiero que mi primer beso sea con él…

    –Y lo será. Tú y yo somos chicas así que no cuenta. Esto es como los actores de teatro, antes de estrenar una obra tienen que ensayar un montón para que salga todo perfecto.

    Sin esperar mi respuesta me acarició la frente. Pasó la mano por debajo de un mechón de mi pelo y sin dejar de acariciarme lo colocó detrás de mi oreja. Acto seguido deslizó su dedo pulgar por mis labios, primero el de arriba y luego el de abajo. Aquellos ojos tan hermosos, color miel con destellos casi verdes, me miraban fijamente mientras Laura acercaba su rostro al mío. Los cerró justo antes de que nuestros labios se juntaran. Este primer contacto duró solo un instante. El segundo duró un poco más. Para el tercero yo también cerré mis ojos y en el cuarto noté la calidez y la humedad de su lengua recorriendo mis labios aún cerrados.

    De repente, y sin que me diera cuenta de cómo, nuestras lenguas se juntaron. Un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo por dentro. Sabía a fresa. Una sensación cálida y agradable me embriagaba cada vez más profundamente. Su lengua se movía alrededor de la mía dando vueltas en un sentido y en otro. Luego sus labios se cerraban en torno a mi lengua y se movían adelante y atrás de modo que mi lengua entraba y salía de su boca. Después su lengua acarició mis dientes, deteniéndose brevemente en cada una de mis encías. Una extraña sensación de humedad que nunca había sentido antes empezó a crecer en mi entrepierna.

    La mano con la que Laura me había acariciado, que seguía unida a mi rostro, se deslizaba ahora por mi cuello, acariciándome únicamente con las yemas de los dedos. Bajó hacia el pecho, deteniéndose un momento para pellizcarme un pezón. Siguió hasta mi cadera donde me agarró con las dos manos y me levantó hasta sentarme a horcajadas encima de Laura. Al notar en mi húmeda entrepierna el contacto con su cuerpo, mis caderas comenzaron a moverse solas. El roce me producía una sensación increíble. Notaba como mis braguitas se iban poniendo cada vez mojadas y resbaladizas mientras yo me frotaba cada vez más fuerte. Laura agarró mis nalgas para dar aún más ímpetu a mis movimientos de cadera.

    De pronto un espasmo sacudió mi cuerpo, luego otro y finalmente un tercero. No pude contener un gemido. Mis fuerzas me abandonaron súbitamente y me tuve que abrazar a Laura para no caerme. Ella también me abrazó a mi. Mis caderas seguían moviéndose, pero cada vez más despacio y con menos fuerza hasta que finalmente se pararon. Abrí los ojos. Laura me dedicaba la sonrisa más dulce que jamás he visto. Mis piernas temblaban.

    –¿Estás bien? –Preguntó.

    –No se… Creo que si, pero… No sé que me ha pasado…

    –Tranquila, lo que te ha pasado se llama orgasmo. Nos pasa a todas cuando nos excitamos mucho. ¿Te ha gustado?

    –Pues… Si, creo que… Si, me ha gustado mucho.

    –Pues prepárate porque esto ha sido solo el principio. Verás, cuando nos besan, a los chicos les gusta tocarlo todo. ¿Sabes a lo que me refiero? Es normal que sientan curiosidad, después de todo, ellos no tienen unos pechos tan bonitos y abultados como los nuestros… Para que tu primer beso fluya y vaya todo bien debes dejar que tu chico explore tu cuerpo. Es normal estar tensa y nerviosa la primera vez que un chico te toca, así que vamos a practicar esto también.

    Mientras Laura volvía a besarme sus manos se dirigieron a mis pequeños pechos. Primero los agarró como para calcular su tamaño. Luego los masajeó apretándolos con las palmas de sus manos y haciéndolos girar en círculos. Sentí como mis pezones se endurecían y agrandaban, volviéndose cada vez más sensibles. Entonces empezó a jugar con ellos, dándoles suaves golpecitos con los dedos al principio, pellizcándolos y retorciéndolos después. Cada uno de estos movimientos me provocaba como chispazos que recorrían todo mi cuerpo por dentro.

    De pronto Laura dejó de besarme para quitarme la camiseta. Sentí un aguijonazo de vergüenza y me tapé los pechos con las manos, pero ella se limitó a besarme el cuello y me volví a relajar. Entonces ella continuó besándome el cuello, pero cada vez más abajo, recorriendo mi pecho hasta encontrarse un pezón. Me estrujó la teta antes de meterse el pezón en la boca. Su lengua dibujaba círculos alrededor de mi pezón con tanta suavidad que volví a excitarme.

    Mis caderas se movían de nuevo. Laura tenía la cara en uno de mis pechos, una mano en el otro y la otra mano la llevó a mi trasero. Primero palpó mis nalgas por encima del pantalón. Luego la metió entre el pantalón y las braguitas. Finalmente apartó las braguitas para acariciar directamente mi piel. Al principio su mano iba de una nalga a la otra pero después se entretuvo en medio, rozando mi agujero de atrás. Su mano se movía de arriba a abajo, llegando cada vez mas abajo hasta rozar la humedad de mi entrepierna, pero estaba claro que en esa postura no podía llegar más allá. Yo quería que llegara más allá.

    Me bajé de su regazo, sentándome a su lado en el sofá, con una pierna encima de la suya. Ella soltó mi pecho y recorrió mi vientre con una suave caricia hasta que su mano llegó a mi cintura. Pasó por debajo del pantalón y de las braguitas rozándome el pubis. Su dedo corazón recorría de arriba a abajo la longitud de mis labios vaginales, impregnándose en cada pasada con mis fluidos. Cuando estuvo bien mojado se deslizó hacia mi interior, despacio, con suavidad. Dejé escapar un suspiro que Laura ahogó con un beso. Su lengua en mi boca y su dedo en mi vulva me estaban volviendo loca. Instintivamente, mis manos buscaron sus pechos. Esquivando su camiseta intenté torpemente desabrocharle el sujetador pero no supe hacerlo. Me sentí un poco tonta cuando Laura se interrumpió para desabrochárselo ella misma, pero se me pasó enseguida, cuando palpé aquellos enormes pechos perfectos. Eran grandes, redondos, blanditos y muy, muy suaves.

    Laura volvió a la carga, esta vez con dos dedos. Sus movimientos ya no eran suaves, sino vigorosos, y yo jadeaba mientras hundía mi cara en sus pechos y pellizcaba sus pezones. De pronto eran tres los dedos que tenía dentro. Se movían hacia adentro y hacia afuera, o hacia arriba y hacia abajo, después a izquierda y a derecha. Pronto sentí como que estallaba de placer. Un nuevo espasmo, mas fuerte que los anteriores, me hizo sacudir violentamente la cadera, al tiempo que un chorrito de pis se me escapaba empapando mis braguitas y mis pantalones.

    Laura lamió con entusiasmo sus dedos mojados. Luego se arrodilló en el suelo ante mi. De un movimiento brusco me quitó los pantalones junto con las braguitas, dejándome completamente desnuda. Separó dulcemente mis piernas y hundió su cara entre ellas. Primero olfateó mi entrepierna, luego besó mis muslos. Después de dos orgasmos mi vulva estaba tan sensible que hasta el más leve roce de su lengua hacía que me estremeciera. Su lengua entraba y salía de mi, y de vez en cuando daba se una vuelta por mis labios vaginales. Entonces se centró en lamerme y succionarme el clítoris. Perdí el control de mis caderas, que se sacudían de placer. Mis piernas se cerraron en torno a su cuello, apretando su cabeza contra mi chochito. Mis gemidos se volvieron gritos. No se si estaba teniendo un orgasmo tras otro o un orgasmo increíblemente largo, solo sé que acabé exhausta. Laura se sentó otra vez a mi lado y con un abrazo volvimos a besarnos durante un buen rato en la boca. Ya no sabía a fresa, ahora tenía otro sabor, menos dulce pero más excitante.

    –Besas muy bien. ¿Te sientes ya preparada para besar a tu chico?

    –No –Respondí. –Creo que necesito practicar más. Mucho más.

  • Nada es igual

    Nada es igual

    Hoy me di cuenta que es malo amar demasiado y confiar en quién crees te ama.

    Robin ese moreno que me derretía, hace unos días está extraño, recuerdo que una vez me confesó que si alguien no le interesaba solo dejaba de escribir y ya… Por su actitud pienso que puede ser que alguien más este llamando su atención, me molesta su cobardía para no enfrentar la realidad y decirme ya no te quiero o deseo, ya me aburrí no se.

    Hoy después de siete años de relación, sexo seguro y apasionado descubrí que lo estoy comenzando a odiar, odio que feo sentimiento si yo lo amaba que me pasó? El lo mato? No se pero ya no sé qué pensar.

    Díganme algo ustedes lectores. Que se hace si alguien ya no escribe, te llamaba solo para saciar sus ganas, tenía palabras bonitas, me siento usada, sucia y peor decepcionada.

    Disculpen mi desahogo pero es mi manera de sacar lo que llevo dentro desde hace algunos meses.

    Espero sus comentarios…