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  • ¿Quién cuidó a quién?

    ¿Quién cuidó a quién?

    Desde hace ya algún tiempo cuido por las tardes a un viejo amigo de mi papá, es un señor de edad adulta que no puede quedarse solo debido a su enfermedad que lo mantiene en casa, y dado que estudié enfermería, a mí me pagan por realizar esa actividad. Lo cuido algunas horas, hasta que regresa su familia del trabajo, probablemente entre 8 y 9 de la noche, todos los días.

    Ellos tienen a un chico, nieto de él, tiene 18 años y está desarrollado ya. Es alto, probablemente mida 1.80 m, su voz es varonil, es de piernas gruesas y no es tan delgado, pero eso me pone aún más.

    Una de las tantas tardes que llego a cuidar a su abuelo, hubo algo que especialmente me llamó la atención. Ese día permaneció callado, no me hablaba y no se encerró en su cuarto como de costumbre, se quedó en la sala jugando en el celular y entre ratos me miraba. Hasta comencé a pensar que lo hacía para vigilarme o algo así. Añado que ya en ocasiones varias me ha tocado escucharlo en su cuarto haciéndose unas buenas «puñetas», lo hace cuando sube el volumen de la música, la tv o el celular, pero me he mantenido alejado de la situación como debe ser.

    Ese día después de asear al abuelo, bajé nuevamente a la sala a ver la tv, pues el señor tiene un timbre que utiliza cada que necesita algo. Entonces me senté con él y platicamos de la universidad, pues tiene ya una semana de haber empezado el curso y todo es nuevo para él. Me platicaba que ya habían dos que tres chicas que le llamaban la atención pero que no se acerca a ellas aún. Igualmente le platiqué mi experiencia en la universidad, mis amigos, y que ahí fue donde descubrí que me gustaban los hombres por un maestro que me llamaba muchísimo la atención.

    Me dijo que también se había fijado en una maestra joven que llamó su atención pero que tiene un genio del carajo, aunque ya lo aceptó en Facebook (como me hubiese gustado ser maestro). A medida que la plática iba avanzando él se agarraba la verga, aunque no la tenía parada, o eso parecía. Cuando se paró por agua fue que pude notar que él ya se estaba excitando con la plática.

    Seguimos platicando y me dijo que si «a los cuantos y con quién había perdido la virginidad», a lo que pregunté si aún era virgen y dijo que no (aunque creo que sí). Le dije que había sido con uno de noveno semestre cuando entré apenas a la universidad. Le dije que me había gustado mucho aunque el muchacho después descubrió que su pasión eran las mujeres. -¿Y por qué la pregunta? dije, y me contestó, que era mera curiosidad (al tiempo que nuevamente se agarró los huevos). Le dije que de todas maneras en esta vida había que probar de todo para ver que podría gustarnos.

    Entre muchas risas y plática le dije que si él necesitaba un día una mamada, que con confianza me dijera, jajaja no es verdad, estoy jugando – le dije.

    Me dijo que si la oferta seguía en pie él sí le entraba porque quería probar aunque sabía que le gustaban mucho las mujeres, pero que una chupadita no se le niega a nadie -Pero yo no te voy a chupar nada, me dijo. Yo no tengo problema, yo con gusto te la chupo pero arriba está tu abuelo y me da mucho pesar que se vaya a enterar – le dije. Yo no le voy a decir, pero como quieras, ya mejor me voy a mi cuarto -me contestó.

    Después de un rato, porque claro que me hice del rogar, subí y toqué la puerta y sin esperar que me permitiera pasar, abrí despacio. No te vaya a encontrar haciéndote una chaqueta, chamaco -le dije. Me invitó a pasar y me dijo que se iría a jugar futbol en un momento más. Se comenzó a cambiar de ropa, se quitó la playera, y me dejó ver su cuerpo sin un vello, el pecho redondeado, levemente una pancita que me invitaba a besarla, con apenas 2 o 3 vellitos abajo del ombligo, y luego se quitó el short. Definitivamente era todo lo que necesitaba ese día para olvidarme de un día malo.

    Me dijo -De verdad no dices nada? –No, respondí.

    Se bajó el boxer y se acercó a mí, yo estaba sentado al borde de la cama, con mi mano comencé a tocarle desde la rodilla, lento, suave, arriba y abajo, subía hasta llegar al borde de su pene, pero siempre en la pierna, y notaba como se le iba poniendo dura. -No la hagas de emoción porque no tengo tiempo, me dijo. Subí la mirada, y así la mantuve hasta que tomé su verga semidura y me la acerqué lentamente a la boca, sin dejar de mirarlo. Su verga era gruesa, no la más gruesa que haya visto, debo admitir, pero es de esas vergas que no se sienten tan ligeras en la mano. Tenía prepucio, uno bastante pronunciado, era morena clara y un olor que invitaba a probarla. Sé perfecto que la lavó antes y eso me dio más morbo porque él sabía que pasaría.

    Comencé a chuparla, suave, despacio, como aquel que disfruta de una paleta de caramelo que no quiere que se acabe pronto. El suspiraba y llevaba sus manos a mi cabeza, eso me daba la impresión de que tenía ya nociones de películas porno. Saqué su verga de la boca y me la pasé por la cara, por toda la cara, pasando por mi mentón, mis mejillas, subiendo a los párpados y dando ligeros golpes en la frente y la nariz. No podía dejar de chupar el prepucio, me excitaba sólo de pensar lo que me estaba comiendo.

    -Vamos a la cama, me dijo. Accedí y se recostó. -Ya me tengo que ir, apúrate; exclamó. No podía dejar de pensar que hacía ya tiempo que soñaba con ese momento. Él de iniciativa propia comenzó a jalársela y con su mano me bajó a sus testículos peludos, con mucho pelo, negro y largo, pegados al tronco de su verga provocado por la excitación. Le quité la mano y tomé el control, lo agarré por la cintura y chupé su verga lo más rápido que pude, arriba, abajo, por un tiempo. -Me voy a venir, dijo. La dejé de mamar y me pidió no parar, pero ahí nuevamente tomé el control. -Dónde me la quieres echar? pregunté. -En la boca, me dijo.

    Tomé su verga con mis manos y la jalé tan duro que luego de unos segundos soltó la leche, adentro de mi boca. Yo no daba crédito a lo que estaba pasando. Algo que deseé meses atrás al fin se había hecho realidad. Mientras se venía, sentía esa sensación dentro de la boca, los chorros, era mucho y no sabía que hacer. Pensé rápido lo que pensaría si me la comía. Así que la mantuve en la boca y la enseñé, me dijo que sería un regalo que me la comiera porque sería el primero en hacerlo, y lo complací. La disfruté tanto que después de tragármela, le enseñé que había quedado limpio. Su pene lucía cansado, sobre su vientre, complacido, servido, saciado.

    Se metió al baño y desde adentro me dijo que gracias por todo, entendí que debía salir, se bañó, se vistió, bajó como si nada y semanas después ya tenía novia. Nunca volvimos a hablar de lo ocurrido, yo ya no trabajo en su casa, pero estoy por agregarle al Facebook. ¿Debo hacerlo?

    Hasta luego.

  • Cuando tú no estás

    Cuando tú no estás

    En la distancia y en soledad

    extraño como nos amábamos

    con intensidad y mucha morbosidad. 

     

    En las sabanas de mi cama

    tu olor aún puedo sentir,

    te imagino acá conmigo

    y algo en mi se comienza a erguir. 

     

    Mis manos en tus manos se transforman,

    acariciando cada parte de mi 

    hasta las sombras. 

     

    Cierro los ojos y siento en mi piel

    el calor viniendo del flexo

    y tu boca tomando mi sexo,

    sin antes untar sin pretexto,

    en él un poco de miel. 

     

    Un calor invade mi falo,

    te imagino diciéndome 

    que me tienes un regalo. 

     

    Con delicadeza mis testículos frotando

    mientras mi miembro sigues ordeñando, 

    siento el fuego del clímax con ricura,

    y tu succionas mi leche con sabrosura,

    lo cual para ti sería toda una locura. 

     

    Abro mis ojos y te busco a mi lado

    y vuelvo a sentirme, por tu ausencia, desolado.

  • Los cinco sentidos (segundo capítulo)

    Los cinco sentidos (segundo capítulo)

    Como cada mañana Tania se despidió de su marido y se fue a duchar. Ese día iba a estrenar ropa y se fue a su cuarto a elegir lo que se pondría. Sacó de la bolsa los tres pantalones y el primero que decidió probarse era el mas pequeño. Cuando se lo probó se ruborizó porque era demasiado pequeño. Si el pantalón del día anterior le marcaba exageradamente la vagina al sentarse con las piernas abiertas en el banco, éste se la marcaba simplemente estando de pie. Se dio cuenta que no podría ponérselo, no porque la mirara Braulio ya que él la comprendía, sino porque cualquier otra persona la podría ver y una mujer casada no podía ir con aquel diminuto pantalón. Se giró un poco y vio que la mitad de sus nalgas asomaban fuera de la tela. Se lo quitó fastidiada, si lo había comprado era para su vecino pudiera verla con él puesto. Se puso el pantalón que se había probado en la tienda, ese le quedaba ajustado pero perfecto.

    Braulio la esperaba impaciente en la puerta del jardín. Cuando salió pudo ver como ese hombre la miraba de esa manera descarada que tanto le había gustado el día anterior, aunque pudo ver en la expresión de su cara cierta decepción al comprobar que no llevaba puestos los pantalones de ayer.

    -Buenos días joven

    -Buenos días Braulio – no le gustaba aquella mirada entristecida – Está bien?

    -No traes los pantalones de ayer. – su tono era de reproche aunque intentaba disimularlo.

    -Estos son nuevos, le gustan?

    -Tienes un hermoso cuerpo que todo te queda bien Tania, pero los de ayer te quedaban mejor.

    -Ayer me compré uno pequeño pero no lo podía probar en la tienda delante de mi marido. Hoy me lo iba a poner pero es demasiado pequeño.

    -Por qué lo compraste pequeño? Deseabas que te viera con él puesto?

    -Si, lo de ayer fue muy extraño pero me gustó sentir su mirada.

    -Si deseabas que te viera con el puesto, por qué no lo has traído?

    -No lo hice por usted, si no me lo puse es porque me queda demasiado pequeño y una mujer casada no puede ir así por la calle.

    -Te gustaría que te viera con él?

    -Si – Tania recordó la imagen de sus nalgas que la tela de aquel pantalón no podía ocultar – Bueno, no sé si seria capaz.

    -Si quieres que te mire con él solo tienes que decírmelo, podrías mostrármelo en la intimidad de mi casa. Allí nadie te verá con el puesto, solo yo. Si estás dispuesta, hoy podríamos caminar menos y así regresamos antes.

    -Vale, déjeme pensarlo.

    Caminaron un rato conversando de diferentes temas. Tania le contó sobre la tarde anterior con su marido, le habló de la película que habían ido a ver al cine.

    -Por cierto gracias por su mirada cuando salí de casa.

    -Sentiste mi mirada en tus piernas?

    -Si, claro que la sentí. Estaba un poco decepcionada con mi marido porque él al verme con el vestido apenas miró mis piernas.

    -No debes reprocharle eso Tania, recuerda que cada persona es un mundo y él quizá valore otras cosas y no le de importancia a los sentidos. Tu le amas como es y es lo importante.

    -Ya, le entiendo, pero me gustaría que mi marido me mirara como usted. Lo de ayer fue inexplicable, aún no entiendo como fui capaz de bajar de aquella manera el pantalón y mostrarle mi monte de venus.

    -Te gustó hacerlo?

    -Si. Uff que vergüenza!!

    Aún no llevaban ni la mitad del recorrido que habitualmente hacían andado cuando Tania se detuvo y mirando a su vecino se atrevió a decirlo.

    -Volvemos?

    -Si – los dos sabían lo que significaba dar media vuelta en ese momento – Volvamos.

    El camino de vuelta siguieron hablando con normalidad, en realidad, sobre todo era Braulio el que hablaba y ella lo escuchaba ensimismada. Aquel hombre conseguía, que a pesar de lo nerviosa que estaba, ella por momentos se olvidara y distrajera su mente de lo que a pasar al llegar a sus casas.

    Cuando llegaron el le dio las instrucciones a seguir.

    -Ahora vete a casa y ponte la ropa con la quieres que te mire. Cuando estés lista vente a mi casa, dejaré la puerta del jardín y de casa abiertas.

    -Me dará mucha vergüenza salir con ese pantalón a la calle.

    -No te preocupes, coge la ropa y te cambiarás en la mía. Vale?

    -Si, así mejor.

    -Te esperaré dentro, recuerda que no hace falta que llames.

    Se separaron para ir cada uno a sus respectivas casas. Tania fue a su habitación y nerviosa cogió el pantalón. Cogió una de las camisetas que hacia tiempo que no se ponía y salió hacia la casa de Braulio. Antes de entrar en el jardín de su vecino miró a ambos lados para cerciorarse que nadie la veía entrar y una vez comprobó que la calle estaba solitaria entró. Apuró el paso para alcanzar la puerta de la casa y una vez dentro se sintió a salvo, terriblemente nerviosa pero a salvo de miradas indiscretas. La única mirada que deseaba era la de Braulio.

    Ese señor estaba sentado en el sofá esperándola. Ella al verlo le sonrió nerviosa.

    -Ya estoy aquí.

    -Aquí estaremos tranquilos – vio en sus manos las prendas de ropa – esa puerta es la del baño. Quieres cambiarte allí o prefieres hacerlo aquí delante de mí?

    -Cambiarme aquí? – solo la idea de que ese hombre la viera desnuda la hizo ponerse muy colorada y nerviosa – Mejor en el baño. A usted no le importa?

    -Por supuesto que no joven. Las sensaciones son tuyas y tu debes gestionarlas como prefieras.

    -Gracias, vengo ahora.

    Tania entró en el baño y se desnudó por completo. Recordó las palabras de ese hombre cuando le dijo que fuera a por la ropa con la que deseaba que él la viera. Se puso el diminuto pantalón sin braguita ninguna por debajo. Cogió la camiseta y se la puso sin sujetador. Se miró en el espejo y se quedó dubitativa de si salir así. Estaba casada y prácticamente estaba desnuda. Dudó si ponerse el sujetador pues aquella camiseta blanca ajustada a sus pechos transparentaba sus pezones. Una voz interior la empujó a abrir la puerta así como estaba.

    Al salir no vio a su vecino en el sofá sentado.

    -Braulio?

    -Tania estoy en la cocina – Braulio le hablaba desde la distancia – Pasa a la habitación de la derecha y siéntate en la cama, allí estaremos mas cómodos.

    A la derecha había una puerta cerrada y se fue hacia ella. Al abrirla vio una habitación muy ordenada y limpia. La cama era enorme y se sentó en ella con las piernas cruzadas. Su corazón latía desbocado e intentó respirar despacio.

    -Ya estoy aquí. Quería darte un tiempo para que te sintieras cómoda.

    -Gracias – instintivamente llevó las manos a los pechos para taparlos.

    -Por qué los ocultas? – Braulio se sentó frente a ella también con las piernas cruzadas – te da vergüenza?

    -Es que no llevo sujetador y mi camiseta transparenta.

    -Por qué no te has puesto sujetador?

    -No lo sé la verdad.

    -A veces inconscientemente deseamos cosas. Nuestro cuerpo desea cosas y nuestra mente las bloquea por tabúes o prejuicios. Crees que inconscientemente deseas que te vea los pechos pero algo te dice que no puede ser?

    -Estoy casada y yo creo que es eso – Tania escuchaba fascinada lo que ese hombre le decía y le gustaba liberarse contestándole.

    -Tania ante todo quiero que sepas que solo miraré lo que tu desees que mire. No te voy a ser hipócrita y te digo que me excita verte pero ahora mismo esto es por y para ti. Son tus sensaciones.

    -Gracias Braulio.

    -Entonces deseas que mire como te queda el pantalón?

    -Si. Ayer cuando lo compré lo hice pensando como me miraría con él puesto y como le dije antes no sabía que me quedaba tan pequeño.

    -Deseas separar las piernas y que vea lo pequeño que te queda?

    -Si – se sentía muy agitada, nerviosa.

    -Abre las piernas y te miraré como te gusta.

    Tania estiró sus piernas y las abrió. La tela de aquel pantalón se adhería totalmente a su abultada vulva. Sentía la mirada de aquel hombre entre sus piernas y aquello la excitaba muchísimo. Aquella mirada y sentir la tela presionando le daba placer y se mordía el labio inferior. Su cuerpo temblaba por aquellos deseos que estaba sintiendo.

    -Le gusta mirarme?

    -Eres muy hermosa y observarte es un placer indescriptible. El pantalón es muy pequeño y prácticamente es como estar viendo tu vulva abultada y sin vellos. Ayer cuando vi tu monte de venus desnudo me excité mucho y creo que tu también estabas muy excitada por mostrármelo.

    -Si, me excitó mucho mostrárselo. Nadie sin ser mi marido me viera ahí.

    -Y cuando lo ve no le presta atención. Es eso verdad?

    -No debes reprochárselo. Nunca lo olvides. Yo estoy aquí para mirar lo que desees mostrar.

    Tania miró disimuladamente a Braulio y lo veía hablarle sin apartar la vista de entre sus piernas. Era como si se sintiera verdaderamente fascinado por su cuerpo, y efectivamente así era.

    -Mi marido jamás me miro así.

    -Tu lo amas y el te ama a ti. Tu corazón es de él.

    -Si, mi corazón le pertenece.

    -Tu corazón le pertenece pero tu cuerpo es tuyo. Tu sexualidad es tuya y te estás dando cuenta de ello a través de mi. Verdad?

    -Si, mi cuerpo es mío.

    -Por eso te muestras a mi Tania, porque tu cuerpo te lo pide.

    Aquella sensación de excitación con solo la mirada de aquel hombre era inexplicable. Braulio tenía razón y su cuerpo le estaba pidiendo cosas que le costaba negarle. Bajó las manos de sus pechos y agarrando la goma de su pantalón lo bajó un poco. Deseaba mostrarle de nuevo su prominente monte de venus y lo descubrió para sentir la mirada de aquel señor en él. Se sintió agradecida que Braulio no aprovechara ese momento para mirar sus pechos transparentados bajo la camiseta. Ese hombre sabía respetarla y cumplía sus promesas. Solo veré lo que tu desees, le había dicho.

    -Eres una joven muy hermosa Tania, es maravilloso poder contemplar lo que tu me muestres.

    Aquella fuerza interior que le empujó a abrir la puerta del baño minutos antes la hizo girarse sobre si misma y tumbarse boca abajo. Sabía que su pequeño pantalón dejaba la mitad de sus nalgas desnudos y se excitó de sentir que Braulio en ese momento las estaría mirando.

    -Eso es Tania, siéntete libre de mostrarme lo que desees. Te estoy mirando tus nalgas, el pantalón deja al descubierto parte de ellas.

    -Le gusta mirarlas?

    -Son preciosas. Te gusta que las mire?

    -Si, mucho. – sus manos buscaron la tela del pantalón y lo subió dejando aquellos hermosos glúteos redondos y muy blancos totalmente desnudos para que Braulio los mirara.

    Tania sentía su coño totalmente mojado. Era inexplicable aquella excitación simplemente con sentirse observada. Con su marido se excitaba muchísimo pero nunca a ese grado como ahora.

    -Por favor no piense nada raro de mi.

    -Eso ni lo dudes Tania, solo estás descubriendo una sexualidad diferente. Tu disfrutas de mi mirada y yo mirándote.

    -Es que necesito hacer algo.

    -Hazlo. En esta casa eres libre.

    Tania se bajó el pantalón y se lo quitó. Separó sus piernas y gimió de placer al sentir que ese hombre estaba mirando su coño desnudo.

    -Estoy mirando tu vagina. Es hermosa y está totalmente mojada.

    Tania se giró y abrió sus piernas totalmente. Agradeció que ese hombre no mirara su cara sonrojada por la vergüenza y la excitación que estaba sintiendo. Ni siquiera su marido la había visto así sus partes íntimas, con tanta devoción y con tanto deseo. Se quitó la camiseta, deseaba estar desnuda delante de Braulio pero el cumplía su palabra y no apartó la vista de su coño.

    -Mire mis tetas.

    -Deseas que las mire?

    -Si por favor.

    Y Braulio levantó la vista y vio aquellos hermosos pechos. Pechos firmes con los pezones rosados y totalmente duros apuntando al horizonte. Tania gimió de nuevo al sentir la caricia de la mirada de ese señor en ellos. Y aquella joven esposa recién casada se lo pidió.

    -Quiere tocarme el cuerpo? – Tania había tapado su cara avergonzada con la almohada.

    -Seria feliz tocando tu cuerpo Tania.

    -Hágalo por favor. Lo necesito.

    -Seria faltar a mi palabra Tania. Mastúrbate si lo necesitas.

    -Estoy muy excitada Braulio.

    -Tócate. Mastúrbate delante de mi. Es un paso mas en el sentido de la vista.

    Y Tania desesperada se masturbó delante de Braulio, se frotó el coño con ansia, se metió los dedos mirando como ese hombre observaba lo que hacía. Perdió la cuenta de las veces que se había corrido hasta que desfallecida y totalmente exhausta su coño expulsó un enorme orgasmo que dejó la colcha empapada.

    Braulio salió de la habitación y regresó con un vaso de agua.

    -No se que me ha pasado. Perdóneme Braulio.

    -Por que debo perdonarte? Me ha parecido muy intenso todo y me ha gustado.

    -Por todo lo que hice -Tania intentaba taparse con sus ropas -Es que no pude evitarlo. Nunca me había sentido así.

    -Para mi es un orgullo que lo hayamos disfrutado tanto.

    -Usted también lo disfrutó?

    -Muchísimo Tania, te lo aseguro.

    -Por qué no ha querido tocarme? -que ese hombre no la hubiera tocado le había sorprendido mucho, cualquier otro se hubiera aprovechado de la situación y lo hubiera hecho.

    -Tania como te he dicho, tu has confiado en mi para venir a mi casa por un motivo concreto que era que te mirara. Hubiera sido muy fácil aprovecharme de lo excitada que estabas pero yo no quiero eso. Quiero que confíes en mi y como te he dicho que veas esta casa como un sitio donde puedas sentirte libre. No pienses que no te he tocado porque no lo deseaba eh!! Mira -Braulio con un gesto de su cabeza señaló hacia su entrepierna y tenia una erección -Me excitó muchísimo verte.

    -Gracias por hacer que confíe en usted. – al ver la erección de Braulio sintió curiosidad -cuando me vaya se va a masturbar?

    -Creo que no podré evitarlo.

    -Y en que pensará cuando lo haga? – nunca se había imaginado que podría hacer esas preguntas a un hombre pero después de lo ocurrido minutos antes eso era lo de menos.

    -En tu cuerpo.

    Cuando Tania se fue Braulio se masturbó pensando en Tania, en como seria el tacto de aquel cuerpo tan hermoso, en como sería su sabor, su olor. Vio la colcha mojada por las corridas de aquella joven y al olerla se corrió abundantemente.

    Tania cuando llegó a casa se fue a la ducha. Sentía su vagina totalmente sensible. Había perdido la cuenta de las veces que se había corrido en la cama de su vecino. No se podía creer que se hubiera podido excitar tanto con alguien que ni la había tocado ni besado. Se volvió a masturbar recordando cada instante de todo lo ocurrido. Que hubiera pasado si ese señor hubiera accedido a tocarla? Se ruborizó de pensar que creía que si Braulio cuando le mostró su erección, le hubiera pedido que lo masturbara lo hubiera hecho.

    Su marido llegó a la hora de siempre para comer. Ella temía ese momento de encontrarse con él y en como se sentiría al verlo. Se daría cuenta que su mujer había dejado que otro hombre la viera desnuda? Notaría que había estado en casa de su vecino y se había masturbado en su cama? Cuando lo vio se sintió tranquila y le gustó como Braulio había insistido que debía amar a su marido y no reprocharle nada. Y así lo iba a hacer, lo iba a amar mas que nunca.

    Lo único malo fue por la noche que cuando hicieron el amor, Tania sentía que le faltaba esa excitación que había sentido por la mañana. Rodrigo la hizo correrse tres veces, nunca eran dos ni cuatro, y se durmió enseguida. Y Tania deseó que llegara la hora de ir a caminar.

    (Continuará)

  • Ayudando a una amiga (3)

    Ayudando a una amiga (3)

    Después de que tuve mi encuentro con Becca los ratos que pasaba con ella eran más agradables, nos teníamos más confianza, hacíamos bromas de doble sentido que al estar en convivencia con mis papás y hermanos comiendo solo ella y yo entendíamos.

    Un día cuando tuve que encargarme de la tienda, ya que mi hermano tenía que atender cosas de las cuales mi papá por enfermedad no podía realizar.

    Solamente fue un rato el estar en la tienda ya que mi mamá me relevó pronto.

    Un día antes mi mamá me había comentado todos los deberes que había que hacer como, arreglar el boiler del cuarto de Becca, darle de comer a los conejos, sacar a los animales y amarrarlos en un lugar donde pudieran comer, etc…

    Ese día Becca no salió a trabajar pero ella aunque no lo hiciera siempre vestía super bien. Eso me gustaba de ella.

    Cuando me fui a la tienda aproximadamente a las 7:30 am pude ver que Becca ya estaba despierta, vestía un short ligero como pijama, una bolsa de tirantes y por como colgaban sus tetas no llevaba sostén, noté que observaba a mi hermano que estaba en los corrales jalando a los animalitos para llevarlos a comer, me fui alejando y la perdí de vista.

    Paso aproximadamente 1 hora y mi mamá llegó con cosas para desayunar. Mientras desayunabamos me preguntaba cosas x de la vida y entre esas salió el tema de Becca, me decía que era una chava muy tranquila y trabajadora y también me preguntaba que si era mi novia la cuidara mucho ya que no estaba cerca de su familia. Aproveche para decirle que la iba a ver y poder desayunar algo con ella y que le encargaba la tienda hasta que llegara mi hermano. No hubo problema con eso y me fui.

    Por mi mente viajaban pensamientos de como me iba a coger a Becca mientras teníamos la casa sola pero vaya sorpresa que lleve al llegar a su cuarto.

    Tengo que aclarar la tienda esta como a 500 metros de mi casa pero hay que caminar 250 metros de bajada y otros 250 hacia la izquierda. En línea recta, entre esa línea recta hay una casa muy grande, una compuerta de agua, la casa de otra persona y la casa de uno de mis tíos.

    Cuando iba llegando a mi casa mi tía (la vecina) salió corriendo y me dijo que me apurara porque había escuchado que la inquilina había gritado muy fuerte y que mi hermano corrió a ver que pasaba.

    Apresure mi paso y llegando a casa vi todo en orden, nada fuera de lo común.

    Subiendo al cuarto de Becca pude observar la puerta cerrada y escuche el ruido del radio que salía su cuarto y también se escuchaba que hacían esfuerzos como si alguien estuviera empujando algo.

    Como espia me acerque sin hacer ruido y tratando de no pisar ramas y hojas secas y vi que mi hermano estaba pegado al refri con su cara asustada y nerviosa.

    Me acerque un poco más y vi que Becca esta hincada mamandole la verga.

    Solo podía ver como mi hermano trataba se zafarse y Becca con sus manos agarrandole las nalgas lo volvía a jalar haciendo que el refri se moviera de lugar.

    Becca: mmmhjjj… Mmmhjjj… Mmmhhaa…

    Yo no podía ver bien el tamaño de lo que se estaba comiendo la muy golosa pero veía que lo disfrutaba con ganas, se escuchaba muy ensalivada, como aguantaba la respiración y de vez en cuando, cuando mi hermano no se oponía a la mamada se masajeaba la vagina con mucho entusiasmo.

    Lo único que hacía mi hermano era estar pegado entre la pared y el refri, podía ver su cara de placer y de nervios. Al parecer estaba a punto de correrse.

    Becca: mmmhhjjj… Mmmhhhjjj… Mmmjjj…

    Mi hermano sacó volando a Becca de su verga y se salió corriendo subiéndose los pantalones.

    Becca grito, Nooo!!!

    Parecía que mi hermano se había hecho pipí.

    Me escondí para que mi hermano no me viera al momento de salir. Pasaron unos minutos y me acerque a la puerta del cuarto

    Yo: Becca estás por acá? Estoy buscando a mi hermano no lo has visto?

    Becca: – desde su dormitorio- Hola, sí, lo vi hace rato con los animalitos.

    Yo: Voy a entrar.

    Becca: esperame en el sillón ya salgo.

    No le hice caso y entre a su dormitorio, abrace por su espalda para agarrarle sus tetas y cuando las agarré me llene de algo viscoso y espeso.

    Becca se espanto y rápidamente volteó a verme y reclamarme porque no había esperado.

    Yo: pero que te paso!!!

    Becca: -nerviosa- como hoy no trabaje aproveche para hacer mi tratamiento facial pero se me derramó toda la crema.

    No desperdicie la oportunidad, yo sabía que eso no era crema y no me importo. Me acerque a besarla embarrandole toda la leche en sus labios. La empuje a la cama, ella instintivamente levantó las piernas y solo haciendo a un lado su short y calzón que tenía de pijama le empecé a mamar la panocha, tenía muy pocos pelos casi totalmente rasurada, blanca y labios carnosos sin salirse. Después de mamarsela un rato, me levante y con una mano le empecé a meter todo el semen que aun tenía regado en el pecho y cara mientras que con la otra le metí tres dedo para empezá a masturbarla.

    Yo: te gusta Becca, te gusta que te unte bien la crema en tu cara… Porqué se te regó la crema en todo el cuerpo…

    Le metía y le sacaba los dedos con un ritmo que ella sólita empezó a mover la cadera y a respirar muy agitada.

    Con la mano agarraba semen que estaba en sus tetas y se lo ponía en la boca. Era mucho semen, me sorprendía la cantidad que tenía regada más lo que había tirado afuera y aún lado del refri.

    Becca: ayy… que me haces… ayy… la verdad esta crema… ay… ah! ah! me… vo… y ahh…

    Cuando estuvo a punto de venirse le saque los dedos ya que estaba muy empapada y veía como su vagina comenzaba a palpitaba y cuando estuvo a punto de tener su orgasmo le di una cachetada bien fuerte que se le quedó marcada en la cara y le corto el orgasmo

    Becca: porque haces eso!!!

    Yo: no creas que no vi lo que estabas haciéndole a mi hermano. Creí que teníamos algo (no quería algo con ella solo se lo dije para hacerme víctima)

    Becca: No tenemos nada, es solo que tu hermano… – Ya sentada en el costado de la cama sobandose el cachete y medio terminando de arreglarse…

    Yo: mi hermano que!!

    Becca: No se como decirte… Pero… – se soltó a llorar.

    Salió mi lado humano y la abrace para reconfortarla.

    Yo: tranquila, puedes decirme prometo no enojarme.

    Becca: es que tu hermano tiene una verga bien grande que desde la primera vez que la vi me dieron ganas de mamarsela.

    Yo: entonces dices que te gustó la verga de mi hermano?? Y la mía?

    Becca: también me gusta y me gustas tu, pero… No sé… Cuando lo veo me imagino que me se la estoy mamando y quiero tomarme todo su semen. No es la primera persona con la que me pasa eso.

    Yo: pero dime que tiene de diferente su verga a la mía?

    Mientras le pregunta a eso caminamos a la mesita, preparamos un café y me empezó a contar todo.

    Becca: Una vez que ustedes no estaban me fui a bañar al baño que e ustedes usan porque yo no tenia agua caliente. Entre al baño y no vi que estuviera prendida la luz, entre y vi que tu hermano estaba sentado haciendo sus necesidades y muy enojado se levantó y me sacó, me agarro del brazo bien fuerte y me empujó. Como yo tenía la cabeza hacia abajo solo pude ver que algo le colgaba, algo grande como del tamaño un pepino. Se balanceaba de un lado a otro y cuando se acercó a mí venía escurriendo de la punta, me salpico un poco de ese líquido y cuando ya estaba afuera lo que hice fue recoger con un dedo y comerlo. Sabía agrio y salado.

    Ya cuando caminaba para acá – su cuarto – no podía sacarme de la cabeza la sensación del empujón y el sabor de lo que me comí, no se si era pipí o semen pero por mi mente paso la idea de que quería más de eso.

    Yo: entonces entrando al baño le viste la verga a mi hermano, el te sacó a empujones y aparte te salpico algo que no sabes si era semen o pipí?

    Becca: si, eso me excito y no pude sacarlo de mi mente hasta que busque la oportunidad de tener mi tan deseada leche.

    No podía creer que Becca fuera tan caliente y que tal vez tuviera una adicción o fetiche por el semen.

    No cabe duda de que mi «amiga» era una mujer activa sexualmente y no la blanca palomita que conocí antes. Más adelante les cuento como fue que terminó mamándole la verga a mi hermano pero con mi aprobación. También cómo terminó prácticamente obligando a mi hermano a que fuera su lechero personal.

  • La cabaña (Día 2 – parte 3): El final con una noche de sexo

    La cabaña (Día 2 – parte 3): El final con una noche de sexo

    Las tres mujeres a mi disposición acordaron verme dentro de una hora en mi habitación, sin embargo Mari espero a que se fuera su hija y sobrina.

    – Bien, ahora que ya se fueron las mujercitas, quiero que te tomes esto – Mari sacó de entre su blusa una bolsita plástica con una especie de pastilla en su interior.

    – ¿Qué es esto, Mari?

    – Pues es una pastillita milagrosa, que te ayudará a soportar toda esta noche.

    – ¿Pastilla milagrosa? ¿cómo?

    – No te espantes, corazón. Es viagra

    – ¿Qué cosa?

    – Tranquilo cariño, es para que puedas aguantarnos a las tres toda esta noche, ¿o es que confías mucho en tu vigorosidad?

    – Pero, no tendrá efectos secundarios

    – Por supuesto que sí, el efecto de darnos verga por mucho tiempo, anda, tómatela, te veremos aquí en tu habitación en una hora.

    La verdad desconfiaba el tomar esa pastilla, no quería tener problemas derivado de su consumo, sin embargo Mari tenía razón, tal vez no aguantaría demasiados rounds con ellas tres, así que lo mejor era poder satisfacerlas al menos por esa noche, por lo que me la tomé.

    Transcurrido el tiempo, las tres damas se hicieron presentes, las tres se quedaron en la puerta de la habitación, para después ingresar primero Mari quien llevaba puesta una blusa verde de tirantes, una falda blanca de tablones super corta de esas que ocupan las jugadoras de tenis, unas calcetas color verde y su cabello suelto. La segunda en entrar fue Betsy, quien se había puesto un vestido amarillo ultra corto el cual dejaba al descubierto parte de su espalda y hombros y su pelo ondulado. La última en entrar fue Itzel con un vestido cuya parte de arriba era de encaje color blanco que permitía ver sus pezones el cual se agarraba solo del cuello, mientras que en la parte de abajo era de color rojo asimilándose ser una falda pero era parte del vestido, con unas mallas negras transparentes que se ajustaban perfectamente a sus piernas.

    En definitiva las tres estaban exuberantes, pero la cosa no terminaba ahí. Mari me pidió que me quitara toda la ropa, y así lo hice, quedándome totalmente desnudo, para después indicarme que me sentara al centro de la cama, para después ellas tres darme una vista de algo que compartían en común dentro de sus accesorios. Las tres al mismo tiempo se dieron la vuelta, quedándose de espaldas, para después Itzel y Betsy subirse un poco su vestido y al unísono las tres se inclinaron hacia al frente, dejando ver sus respectivas tangas de hilo que combinaban con el color de sus vestimentas, sin embargo había algo más llamativo, las tres llevaban un plug anal en forma de corazón, provocando la excitación de mi pene el cual comenzaba a tomar su forma erecta. Pero la escena solo duró unos segundos, ya que después de eso las tres se dieron la vuelta, pero lo bueno estaba por comenzar. Itzel me pidió que me recostara en la cama, para después ella y Mari irse cada una por un costado, mientras que Betsy se lanzó a saborear mi verga. En eso, Mari se subió a la cama, colocando su culo en mi cara por lo que solo le hice a un lado su tanga para así comenzar a comerle su rica vagina, mientras Itzel recorría mi cuerpo con sus manos y, de vez en cuando, se besaba con su tía.

    La lengua de Betsy recorría todo lo largo y ancho de mi verga, la saboreaba a gusto, se la metía en la boca y me la succionaba bien rico. Después se le unió Itzel, quien ahora se encargaba de darle placer a mi verga mientras que Betsy se encargada de comerme las bolas, sentir dos bocas en mi parte baja era una delicia y aún más comiéndome bien rico la conchita de Mari, podía escucharla cómo emitía sus gemidos, estaba totalmente mojada.

    Mari me pidió que me detuviera, mientras que Betzy e Itzel también paraban sus labores, entre ellas se miraban, parecía que mentalmente se comunicaban ya que Itzel se acomodó bien en la cama para después colocarse mi verga en la entrada de su vagina y poco a poco se la fue metiendo hasta tenerla toda dentro.

    En cambio Mari y su hija, se acomodaron en la cama, Betsy encima de Mari, para después comenzar a darse amor, dándose unos ricos besos a lado mío. Podía ver cómo se entrelazaban sus lenguas, sin ningún pudor ni remordimiento de ser madre e hija. Ahora Betsy le había quitado la blusa a su mamá, para comenzar a comerse sus tetas, tenía sus pezones bien erectos y mientras con su boca se comía uno, con su mano pellizcaba el otro, produciendo gemidos en su adorable madre. Poco a poco Betsy fue bajando por el cuerpo de su madre, hasta llegar a su falda, la cual alzó para después meter su cara entre sus piernas, comenzando a comerle su conchita.

    Itzel seguía en lo suyo, era tantas sus ganas que se metía mi verga de forma intensa, escuchándose fuerte cómo mi pelvis golpeaba con su vagina.

    – Umm, señor, cómo me gusta su verga, así de grandota y gordota, se nota que la pastillita está surtiendo efecto…

    – Es toda tuya, mami.

    – ¿Y mía también? – preguntó Mari

    – También tuya

    – ¿Y yo, tío? – refirió Betsy

    – Por supuesto que también

    Mari aprovechó el momento para acercarse a mí y darme un beso, nuestras lenguas se saboreaban una a otra, me gustaba cómo Mari chupaba mi lengua, diciéndome después al oído.

    – Quiero tu verga, dile a Itzel que ya… – Mari no logró terminar su oración ya que su hija se encargó de interrumpirla

    – ¿A dónde crees que vas, madre? – Betsy jaló de la cintura a su mamá, colocándola en 4 para empezar a comerle su vagina.

    Podía ver cómo le abría las nalgas a su madre y perder su cara en medio de ese culo. Mari en cambio, solo gemía y gemía, por lo que Betsy aprovechó para meter un dedo en la conchita de su madre, después otro y por último un tercer dedo.

    – Así nena, así, métele los dedos a tu madre… mira cómo me tienes… estoy que escurro… cógeme con tus dedos…

    Betsy estaba decidida a darle el mayor placer posible a su madre, por lo que comenzó a meter y sacar el plug anal, esto fue el plus que Mari necesitaba, ya que al sentir esa combinación sus gemidos aumentaron. Mientras tanto Itzel se sacó mi verga y por un momento pensé que se la cedería a Mari, pero no fue así, ya que solo lo hizo para cambiar de posición, colocándose de espaldas a mí, dejándome ver ese culo suyo que con ese vestido era más espectacular, y así ella sola se volvió a ensartar en mi verga haciéndose solo a un lado su tanga, por lo que podía ver a su plenitud el plug de Itzel, así que no me quise quedar atrás, por lo que comencé a meter y sacar el plug al mismo ritmo que Itzel se movía sobre mi verga.

    Por un momento quise meterle la verga a Itzel por su ano, pero ella me interrumpió diciendo – Aún no, ya tendrás tu oportunidad – para después meterse el plug y seguir cabalgándome. A mi lado, Mari estaba que llegaba a su orgasmo, no podía aguantar más el buen trabajo que su hija le hacía, y así como lo vi, Mari se tendió en la cama, mientras que Betsy se bebía todos sus jugos, quedándose Mari boca bajo tratando de recuperarse.

    Mientras que Mari se recuperaba, Betsy se colocó encima de mí en posición de 69, para después empujar a Itzel y arrebatándole mi verga, metiéndosela en la boca.

    – Hey, espera – espetó Itzel – es mía, aún no te toca a ti

    – Lo… siento… prima… estoy muy caliente… quiero la verga de mi tío

    – ¡Ya te dije que no! – en ese mismo instante Itzel se volteó y se hizo de mi verga, metiéndosela rápidamente – tú ya te lo has cogido más veces que yo

    – Pero qué te pasa – le contestó Betsy

    La situación se estaba volviendo tensa, jamás en mi vida me había tocado que dos mujeres se pelearan por mi verga, pero había que hacer algo al respecto, así que jalé de la cintura a Betsy y comencé a comerle su conchita, estaba que escurría de jugos, pero Betsy se resistía, tal parece que quería a fuerza tener mi verga

    – Espera, tío…

    – Ya cálmate Betsy – le dijo su madre – deja que Itzel disfrute, a cada quién nos tocara ser cogidas por tu tío, además de que ya habíamos acordado nuestro orden

    – Pero, mamá…

    – ¡Cállate perra loca! – vociferó Itzel

    Al escuchar eso de la boca de Itzel, todos los demás nos quedamos sorprendidos, aunque la más sorprendida en definitiva era Betsy, quien solo se quedó con la boca abierta, por lo que creo yo Itzel, para suavizar lo dicho, comenzó a besarla, pero Betsy se hacía la fuerte.

    – En serio te vas aponer así Betsy, ¿eh?, acaso vas a negarte a que te coma esa boquita tuya. Anda, no te hagas la que no quiere – para ello Itzel ya estaba besándole el cuello y por último sus tetas, para después comenzar a chuparle sus pezones, por lo que para terminar de convencer a Betsy, la senté sobre mi cara y hacerla gozar, solo así Betsy se doblegó.

    – Anda primita chula, disfruta de lo sabroso que te come tu tío, no te pongas celosa, mira que de nosotras tres, tu tío considera que has sido la mejor con la que ha cogido… hasta ahorita.

    Terminando de decir eso, Itzel comenzó a moverse con más intensidad inclinándose hacia enfrente e invitando a Betsy a hacer lo mismo, y así estando las dos de frente, se comieron sus bocas, mientras que yo hacía lo imposible por no eyacular, pero tanto movimiento de cintura de Itzel y la deliciosa conchita de Betsy, me estaban llevando al clímax.

    – Así… tío… que rico me comes ahí abajo… así, así… – Betsy se vino bien sabroso, mi boca no se daba abasto para acaparar todos esos jugos, pero logré beberme lo más que pude, pero estaba que no podía más, así que dejé de resistirme y comencé a eyacular dentro de Itzel, quien solo se quedó quieta, esperando hasta el último chorro de semen.

    – Mmm, que rica cogida me ha dado usted, señor, puedo sentir lo llena que está mi vagina de tanta lechita suya, ¿quieres una poca, prima? – Betsy solo dijo que sí con un movimiento de cabeza, ya que se encontraba recostada en mi cuerpo tratando de recuperarse– mmm, pues ven.

    Itzel se bajó de la cama cubriendo su vagina para no desperdiciar ni una sola gota, mientras que Betsy hacia lo mismo, y tal cual la escena de aquella vez de madre e hija compartiendo mi leche, así lo mismo entre las primas, ya que Betsy se encargó de beber todo lo que salía de la vagina de su prima, pero con el plus de que Betsy metía y sacaba el plug de Itzel, todo esto hasta que Betsy bebió la última gota.

    – Uff, que rico todo esto – dijo Itzel – pero bueno, es momento de prepararnos para el segundo round, ¿me acompañas tía?- Mari asintió con la cabeza y ambas se fueron a la habitación.

    Por un momento pensé que Betsy se había quedado dormida, así que hice por levantarme de la cama para ir al baño, pero fui detenido por una mano.

    – ¿A dónde vas, tío?

    – Oh, pensé que estabas dormida

    – Aún no, ahora es mi turno, quiero que me cojas… por mi culito

    Betsy se puso de rodillas sobre la cama, se quitó su vestido, dejándose solo la tanga, para después pedirme que me recostara y así comenzar a comerme mi verga, poco a poco fue quitando los restos dejados por Itzel, podía sentir cómo su caliente boca engullía mi verga y aún cuando apenas habían pasado solo unos minutos, mi verga comenzó a ponerse dura, definitivamente esa pastilla estaba dando resultados.

    Una vez que Betsy se aseguró de tener bien erecta mi verga, se quitó la tanga, se colocó a la altura de mis piernas, dándome la espalda, para después sacarse el plug, volteando a verme.

    – Ahora si tío, este huequito es todo tuyo, otra vez.

    Ni tarde, ni perezoso, enfilé mi verga a ese hoyito, el plug había dejado el espacio suficiente para no batallar con mi verga, por lo que poco a poco lo fui metiendo, donde una vez completamente ensartada, la atraje hacia mí, tomándola de la cintura y llevando el ritmo de mis metidas, que gracias al plug no se me estaba dificultando la cosa. Así continué unos minutos más, para después recargar a Betsy sobre mi pecho y así tener a mi alcance su vagina y tetas.

    – Mmm, tío… que rico me culeas… tu verga me tiene bien abierta… dame más duro… más… más…

    Ya bien abierta, me encargué de darle placer a su clítoris, estaba realmente duro y sus labios vaginales estaban hinchados, sus jugos escurrían sin cesar. En eso estaba, y sin siquiera avisar, Betsy se vino, bañando mi verga con sus jugos, así como también mojando la cama.

    – Con que ya te viniste, y sin a visar – le dije

    – Perdón, tío, no fue mi intención pero no pude aguantarme más.

    – Entonces deberé darte tu merecido

    – Ay, tío, no me diga eso…

    Y así, sin decirle agua va, la acomodé de lado, me coloqué detrás de ella, alcé un poco su pierna derecha y comencé a meterle mi verga por su ano, le daba duro, quería que sintiera la intensidad de mis metidas, en esa posición podía seguir jugando con su panochita y clítoris, que junto con mi verga estaban llevando a la gloria a mi hermosa sobrina, tanto que nuevamente Betsy tuvo otro orgasmo de igual de intenso que el primero.

    – ¿Otra vez portándote mal?

    – Tío, ya… no me regañe

    – Te mereces otro castigo

    – No, tío, ya no…

    La puse de perrito y nuevamente le ensarte mi verga en su culo, entraba y salía con facilidad, manejaba a mi antojo a mi sobrina, desde su cintura la manipulaba, mientras que ella solo gemía.

    – Ayyy… tío… mmm… ah, ah…

    La tomaba del cabello, de sus hombros, de sus brazos, el chiste era darle con todo, sin embargo ya estaba yo a punto de venirme.

    – Betsy, demuéstrame por qué eres la mejor de las tres cogiendo – por lo que me recosté en la cama, mientras que Betsy se subió en mi verga y sin más se ensartó de nuevo – sácame la leche que tengo para ti

    – ¿Sí, tío?… toda para mí…

    – Sí mi amor, es toda para ti…

    – En serio soy la mejor cogiendo… en serio soy la más putita

    – Eres la reina, mi cielo, ni tu madre me ha cogido como tú

    – Ay, tío… es que con esta verga que tiene, hace que una saque la putita que lleva adentro

    Betsy se abrió bien de piernas, y con su mano izquierda se masturbaba su conchita, yo solo la ayudaba agarrándola de la cintura, porque ella sola se encargaba de llevar el ritmo de sus metidas, me llevaba al punto justo para eyacular, y así se lo hice saber.

    – Betsy… me vengo…

    – Mmm, tío… lléname el culo con tu leche… dame toda la que tengas…

    Me vine bien rico… podía sentir cómo el esfínter de Betsy me apretaba la verga, succionándola a más no poder. Fue tanto semen que vertí en el ano de Betsy que, al momento en que saqué mi verga, salió a borbotones mi semen, tanto que se hizo un desastre en la cama combinado con las eyaculaciones de Betsy.

    – Betsy, creo que hemos manchado la cama

    – Sí lo creo… pero no tengo muchas fuerzas ahorita… mejor ve al baño y aséate, yo me quedaré un momento aquí y ya después me encargo de cambiar las sábanas.

    Le hice caso a mi sobrina, me dirigí al baño, me di una ducha y después me dirigí a la habitación de Mari, entre abrí la puerta pero no había nadie, así que me fui a la otra habitación y ahí estaban Mari e Itzel. Ambas ya tenían puesto otro atuendo, Mari por su parte vestía una blusa blanca de manga larga, una falda negra con medias negras hasta el muslo, por su parte Itzel llevaba unas coletas, lentes negros, una blusa blanca escotada y amarrada al frente, con una falda a cuadros tipo colegiala.

    – Hola Sam, que te trae por acá – dijo Mari

    – Pues quise ver donde andaban.

    – No quisimos interrumpirlos – dijo Itzel – por cierto ¿dónde dejó a la prima?

    – Oh. Ella se quedó en la habitación, está recargando baterías.

    – ¿Tan mal la dejaste, cuñadito?

    – Digamos que nos dejamos llevar por nuestros instintos.

    – Pues hablando de instintos, déjese llevar por los suyos y cójase a su cuñada, ¿a poco no se ve comible?

    – Por supuesto que sí.

    – Pues ande, dele la respectiva ración de verga

    Sin pensarlo, me acerqué a Mari, a quien comencé a besar y agasajarme con su cuerpo, sin embargo Mari quería tener el control de la situación, ya que me empujó sobre la cama y rápido se lanzó a mamar mi verga, la puso bien dura y ensalivada, se subió a la cama, se alzó su falda negra, se puso de espaldas y se sacó el plug que llevaba, su orificio anal estaba bien abierto y sin más, Mari se sentó en mi verga, ensartándosela bien adentro, podía sentir cómo lo apretaba, se fue moviendo a su ritmo, para después comenzarse a masturbar su vagina, sus gemidos eran incesantes.

    – Mmm, cuñadito… que verga te cargas… se siente más grande y gruesa… se nota que te gusta… coger a tus mujeres… por el culo… me tienes bien ensartada…

    Mari sabía moverse, me hacía disfrutar a lo máximo, tanto así que no me había percatado que Itzel no estaba en la habitación y justo cuando pensaba en ella se hizo presente, junto con Betsy, de una forma muy peculiar.

    Se trataba de Betsy, vistiendo un conjunto color rojo totalmente transparente, con los senos descubiertos y en la zona de su vagina estaba abierto, pero lo que más llamó la atención fue que, precisamente en su conchita, llevaba ensartado un dildo de color morado con forma de pene, su tamaño y grosor era comparado al mío, mientras que Itzel iba pegada detrás de ella.

    – ¿Qué tal?, ¿les gusta lo que ven? – dijo Itzel, mientras que Mari dejó de moverse para poner atención a Itzel al igual que yo

    – Qué hermosa te ves mi amor – refiriéndose a Betsy

    – ¿Verdad que sí, tía? – para después de un solo movimiento sacarle el dildo a Betsy, dejando salir un chorro de jugos vaginales – mmm, prima, se ve que te gusta traer ensartado esto – para lo cual Itzel mostró en todo su esplendor el dildo, el cual de un extremo tenía la forma de un pene pero el otro extremo era más pequeño pero ancho y que por lo visto era lo que permitía mantener en su lugar el juguetito, después de ese show Itzel tomo la parte pequeña, la metió a su boca y nuevamente lo ensartó en la panochita de Betsy, quien solo dio un pequeño grito.

    – Tranquila, prima, que aún falta mostrarles algo más – para ello Itzel se separó de su prima mostrándose a nosotros. Sin duda no podíamos esperar más de las travesuras de Itzel, quien se veía estupenda con ese aditamento en su cintura, se trataba de nada más ni nada menos de un dildo de color negro que iba sujetado a su cintura con un arnés, el cual iba ensartado en el culito de su prima.

    Una vez disfrutado de ese show, Itzel volvió a ensartarle el dildo a Betsy, para después mostrar una especie de control remoto donde una vez activado, hizo que el pene de Betsy comenzara a vibrar, consecuentemente provocando que la nena empezara a retorcerse de placer, poco a poco Itzel fue subiendo la intensidad de la vibración al grado de que a Betsy comenzaban a doblársele las piernas, sin embargo su prima se apiadó de ella ya que apagó el dispositivo para así comenzar a moverse dentro del culo de Betsy.

    Betsy jadeaba a más no poder, tanto así que Mari, sin siquiera avisar, se fue directamente a mamarle el pene a su hija, por lo que aprovechando a que estaba inclinada le ensarté mi verga a Mari, y así los cuatro estábamos gozando, madre e hija estaban que explotaban de placer, ambas empaladas con vergas en sus culos, con la única diferencia de que el mío si era de verdad, el cual nuevamente estaba a punto de eyacular, por lo que no pude resistirme más y me vine en Mari, llenándola de mucho semen.

    – Mmm, cariño… que rica leche me has dado… estuvo rico… anda, ve al baño a limpiarte y regresa con nosotras.

    Me fui rápido al baño, me duché y al regresar no podía ser mejor lo que estaba viendo, Itzel cogiendo a su prima y Betsy cogiendo a su madre, ambas con sus respectivos penes, por lo que no podía quedarme atrás, comencé a masturbarme para estar listo de nuevo para la acción, donde una vez erecta mi verga poco a poco se la fui metiendo a Itzel, y así los cuatros estábamos cogiendo a nuestro modo, por momentos Itzel era la que se movía, en otros era Betsy quien se encargaba y en otros ratos yo, toda esta cogedera fue extenuante ya que cuando nos dimos cuenta eran ya las 5 de la mañana, podría describir la infinidad de posiciones, juegos, juguetes y demás que usamos toda esa noche, pero sería demasiado extenso, más de lo que ya es, este relato.

    Al día siguiente, domingo, ya no cogimos, solo nos encargamos de ordenar las cosas en la cabaña y regresar a nuestras casas, la verdad la noche anterior nos había dejado exhaustos y con nuestros genitales sin ganas de un round más.

    Procedí a dejar en su casa a mi cuñada y sobrina, después hice lo mismo con Itzel, para lo último llegar a mi casa, necesitaba descansar, al día siguiente tendría que regresar al trabajo y así estaba dispuesto cuando recibí un mensaje de Adriana, donde me avisaba que ya estaba instalada en el hotel y que todo estaba bien, pero yo en ese momento no me encontraba con ánimos, por lo que solo le contesté con un OK, ya tendría tiempo de pensar en cómo solucionar las cosas con mi esposa.

  • Le robé la mujer a mi hermano (parte 1)

    Le robé la mujer a mi hermano (parte 1)

    Desde niños mi hermano Luis y yo (Andrés), habíamos sido polos opuestos, mi hermano era perezoso, no le gustaba estudiar, y no cuidaba bien su higiene a veces pasaba una semana si bañarse, mientras que yo me preocupaba por mis estudios, salía a correr cada mañana, y me gustaba hacer deporte, y obviamente cuidaba mi higiene.

    Sin embargo, había dos cosas que mi hermano tenía y yo no, era el favorito de mis padres y a pesar que no cuidaba bien su aspecto siempre las chicas más sexys y hermosas se interesaban por él.

    Paso el tiempo y yo me gradué de la universidad, mientras que mi hermano hasta apenas había podido terminar la secundaria.

    Yo me fui a vivir a otro sitio, funde mi propia empresa de desarrollo de software, me estaba yendo estupendo, ganaba millones de dólares al año, vivía en un barrio acomodado de la ciudad, en una casa muy moderna y bonita. Lo último que supe de mi hermano es que se había casado hace cuatro años, yo no fui a la boda estaba muy ocupado dirigiendo a mi empresa.

    Llego el mes de junio, y me decidí tomarme un mes de vacaciones, no había preocupación por la empresa, iba por buen camino.

    No iba a viajar a ningún lado, pasaría las vacaciones en mi casa en total paz y armonía como a mí me gustaba, sin embargo una noche estando acostado revisando mi teléfono, la curiosidad me gano y me puse a revisar el perfil de mi hermano para ver que era de él y su esposa y lo que vi me dejo impactado.

    Diooos, la mujer de mi hermano estaba más buena, estaba para follarla día y noche sin descanso, La esposa de mi hermano se llamaba Valentina era una rubia con un rostro muy bello pero eso no era lo mejor, lo mejor era ese par de tetas que tenía uff, dos tetas de tamaño justo, dos melones para descargar toda mi leche, en la foto se veía que tiene también un buen trasero.

    Ya sabía dónde iba a pasar mi mes de vacaciones, Inmediatamente empaque mis cosas personales, no me fue difícil encontrar donde vivía mi hermano, ya que él nunca se independizo, aún seguía viviendo en la casa de nuestros padres, padres que por cierto ya habían muerto hace 5 años.

    Tome mi auto y me dirigí a mi destino la casa de mis padres, era un viernes por la tarde así que lo más seguro es que llegara el sábado en la mañana, arranque mi auto con tan solo un objetivo en mente: Follarme a la mujer de mi hermano, hacerla gemir del placer, y llenarla toda con mi semen.

    Llegue el sábado en la mañana, estacione mi auto al frente de la casa, saque mis cosas y me dirigí hacia la puerta, toque el timbre.

    Después de aproximadamente un minuto, abrieron la puerta.

    Luis: ¡¡HERMANO!! – Grito Luis con mucha emoción, se notaba que estaba muy alegre por verme, lástima que no sabía cuál era el verdadero motivo de mi visita.

    Andres: Mucho tiempo sin verte Luis, como has estado – Le respondí con una sonrisa en la cara.

    Luis: Dios mío Andres, hasta que por fin visitas a tu hermano mayor.

    Luis y yo nos dimos un abrazo de bienvenida, siendo sincero cuando me acerque y lo abrase, tenía un aroma un poco desagradable se notaba que tenía dos o tres días sin darse un baño.

    Después del abrazo Luis me invito a pasar, me dijo que su mujer estaba en su cuarto y que iba a llamarla para que me conociera.

    Mientras que Luis iba a llamar a su mujer, me senté en uno de los sillones de la sala, y pude contemplar el estado de la casa, estaba algo deteriorada sin embargo aún seguía siendo una casa decente para vivir, en el pasado había tenido planes de remodelar la casa pero lo cancele al final.

    Luis: Andres te presento a mi esposa, se llama Valentina -exclamo Luis con orgullo, sabia el tremendo mujeron que tenía como esposa.

    Y ahí la vi, tan solo me basto verla para que el pene se me pusiera a mil, Dios esa mujer estaba más buena, esas tetas se veían estupendas, un trasero de campeonato también.

    Valentina tenia puesto una camisa que hasta apenas podían aguantar el tamaño de esas tetas, y un short que le llegaba un poquito más debajo de sus apetecibles nalgas.

    Valentina: Así que tú eres mi cuñado jeje, bienvenido Andres.

    Los dos nos saludamos con un beso en el cachete.

    Andres: Guao hermano no sabía que mi cuñada era una mujer muy bella, has tenido suerte campeón.

    Luis se hecho a reír un poco, mientras que Valentina se había sonrojado un poco por mi comentario, pero también me sonreía de manera coqueta, era obvio que le había parecido atractivo.

    Después de eso le explique a mi hermano que tenía pensado pasar un mes de vacaciones en la casa y que si no había ningún problema, mi hermano claramente me dijo que no había problema en quedarme, que podía instalarme en mi antiguo cuarto, Luis estaba muy feliz que lo hubiera venido a visitar y que hubiera tomado la decisión de pasar vacaciones con él y su esposa.

    Subir a mi cuarto y me instale, organice mis cosas, limpie el cuarto, se notaba que nadie había usado mi antiguo cuarto durante unos años, puse a cargar mi teléfono.

    Después de todo eso, baje al primer piso y me encontré con Luis viendo televisión mientras que Valentina hacia el almuerzo.

    Luis: ¿Ya te acomodaste? -me pregunto Luis con una sonrisa

    Andres: Si, el cuarto estaba un poco sucio. ¿Nadie lo utilizo después que yo me fui?

    Luis: A si es hermanito, nadie ha usado ese cuarto desde que te independizaste.

    Andres: Ya veo -fue lo único que le respondí.

    Me senté también en el sofá a ver un poco de televisión, pero a los pocos minutos perdí el interés, mire hacia mi izquierda, hacia la cocina y vi a Valentina dándome la espalda, iba de un lado a otro preparando el almuerzo, moviendo su bonito trasero.

    Me levante del sofá, y fui hacia la cocina, Luis se quedó viendo televisión y creo que no se percató que me había levantado, cuando llegue a la cocina Valentina aún seguía dándome la espalda, si no me equivoco estaba picando tomate.

    Me acerque con sigilo y la agarre por la cintura y la atrae hacia mí, ella se asustó un poco y volteo la cabeza para ver quién era y nuestros ojos se encontraron, fueron los 5 segundos más largos de mi vida donde solo nos mirábamos uno al otro. Ella fue la primera en reaccionar.

    Valentina: Me asustaste cuñado -Dijo mientras que se reía un poco, y con una sonrisa en el rostro.

    Andres: Perdón no era mi intención, ¿quieres que te ayude a terminar el almuerzo?, no soy muy bueno cocinando pero prometo dar lo mejor de mi jejeje

    Valentina: Eres muy amable Andres -me respondió con una sonrisa sincera.

    Me la pase cocinando con mi cuñada, y mientras cocinábamos hablábamos de varios temas, ella me dijo que tenía 34 años y que era hija única, su madre había muerto hace dos años. Le había caído bien a mi hermosa y sexy cuñada, teníamos química, ella me sonreía de manera coqueta a veces, y yo disimuladamente me dedicaba a admirar su sexy figura, uff esa mujer estaba divina, me provocaba agarrarla, ponerla contra el piso en posición de perrito, y penetrarla hasta que los dos nos desmayásemos del placer.

    Cuando era casi la 1 de la tarde, termínanos de hacer el almuerzo y nos fuimos los tres a comer en la mesa que estaba en el centro de la sala, Valentina le llevo el plato a Luis, y luego trajo el de ella.

    Mientras almorzábamos, Luis me puso al corriente de su vida, trabajaba en una fábrica donde hasta apenas le pagaban en salario mínimo, casi todo el dinero se iba en comprar la comida y lo que le restaba se lo gastaba en fiestas, se iba de fiestas con sus amigos y llegaba muy tarde.

    Me percaté de que Valentina se molestó cuando Luis me comento eso.

    Valentina en cambio solo se dedicaba a hacer los oficios de la casa, sinceramente me dio mucha pena, Luis no disfrutaba con su mujer, no salían de paseo, no la invitaba a comer, solamente la tenía como una esclava haciendo los deberes de la casa.

    Luis termino de comer y subió a su habitación a echarse una siesta. Valentina y yo quedamos solos en la sala.

    Andres: Lo lamento Valentina –exclame, con un poco de tristeza en mi voz.

    Valentina: ¿Porque te disculpas? -me respondió con una expresión de confusión en su rostro.

    Andres: Por mi hermano, ya me he dado cuenta que no ha sido un buen esposo para ti, te aconsejo que te separes de él, solo te tiene como una esclava.

    Valentina: Ya lo he pensado pero no sé a dónde iría después del divorcio, no tendría donde quedarme, siendo sincera contigo Andres, realmente yo estuve enamorada de tu hermano, pero ese amor poco a poco se fue apagando, no me ayuda en nada, no es tierno conmigo, y te voy a contar un pequeño secreto Andres. Tu hermano es muy malo en la cama, lo máximo que hemos durado haciéndolo ha sido 5 minutos.

    Andres: Guao Valentina no sabía que mi hermano era muy malo en el sexo, sinceramente me sorprende el siempre atraía chicas -le respondí fingiendo sorpresa, la verdad es que se notaba a kilómetros que Luis era muy malo follando.

    Continúe diciendo

    Andres: Por cierto, que te parece si damos una vuelta por la ciudad, y comemos algo por ahí -Dije con una sonrisa sincera en el rostro.

    Valentina: ¿En serio?, acepto déjame arreglarme y salimos -se notaba que estaba un poco emocionada y se fue a vestir con una sonrisa en el rostro.

    Era más que obvio, que tenía mucho tiempo que nadie la invitaba a salir, ni siquiera su propio esposo, mi hermano.

    Espere aproximadamente unos 15 minutos y cuando la vi, la mandíbula se me cayó al suelo, dios mío que pedazo de mujer.

    En la parte de arriba se había puesto una especie de camisa con forma de sostén que hasta apenas podía contener sus pechos, esos pechos que me la ponían dura.

    Y abajo una falda ajusta, que realzaba su hermoso trasero y sus curvas.

    Andres: Dios mío, estas preciosa Valentina. -Exclame con asombro

    Valentina: Gracias Andres -Fue lo único que me alcanzo a responder.

    Valentina se había sonrojado por mis palabras, esa mujer tiene que ser mía a como dé lugar.

    Le ofrecí mi mano, la cual ella acepto, salimos de la casa agarrados de la mano y la lleve hacia mi auto, ella se quedó impresionada, y me pregunto si en verdad ese era mi auto a lo que yo asentí, le abrí la puerta del copiloto como todo un caballero, ella me lo agradeció con una sonrisa.

    Fuimos a un parque cercano, le invite un helado y nos pusimos hablar de muchas cosas, sus gustos, su música favorita, cuál era su sueño, y demás cosas.

    Me comento que siempre había soñado con ser modelo, e ir a los mejores eventos del mundo del modelaje.

    ¿Y tú a que te dedicas? -me pregunto Valentina.

    Le dije todo, que tenía una empresa, que ganaba millones al año, y que la empresa por muy buen camino.

    Ella quedo muy impresionada.

    Tienes toda tu vida organizada cuñado -me respondió ella con una sonrisa que derivó en una pequeña risa.

    Entonces tome la decisión de soltar la bomba.

    Sabes Valentina te voy a confesar algo… Me gustas, eres hermosa, preciosa, quiero hacerte mi mujer, el divorcio no es problema puedes venir y vivir conmigo, créeme que conmigo no serás una esclava de hacer deberes, serás mi mujer y te tratare como tal -Dije

    Acto seguido la bese, y para mi sorpresa mi beso fue correspondido, nos besamos hasta que nos tuvimos que separar por falta de aire.

    Vamos a un motel, seré tu mujer, hazme tu mujer Andres, renuncio a mi marido, de ahora en adelante seré solo tuya, porque tu también me gustas -Me dijo Valentina se notaba que estaba excitada, y que quería que le dieran bien duro por detrás.

    Nos montamos en mi auto y fuimos al motel más cercano, apenas entramos a la habitación nos empezamos a besar con mucha pasión, y en menos de 20 segundos ya estábamos los dos desnudos.

    Ella me hizo sentar sobre borde la cama, ya para ese momento mi pene estaba al máximo, aproximadamente 19 cm.

    Ella se recogió el pelo y vino a mí, con una mirada de perra en celo.

    Se arrodillo y empezó a chupar mi pene de manera magistral, jugando también con mis bolas, yo tenía que aguantar para no venirme tan pronto.

    5 minutos mamándomela, después de eso hicimos un 69, metí mi lengua por toda su concha, mientras ella me chupaba el pene, producto de meter mi lengua en su coño ya estaba mojada, lista para ser penetrada.

    Así que le ordene que se pusiera en cuatro, con su culo en pompa, y la visión era espectacular, todo su culo en su máximo esplendor.

    Vamos métemelo Andres, hazme tuya, entiérrame tu precioso pene en mi vagina -Me dijo Valentina con voz de excitación al máximo.

    Y de un solo se la metí, Valentina gimió/grito, eso se tuvo que haber escuchado por todo el motel, su vagina era estrecha, empecé a bombear poco a poco hasta subir el ritmo, “ohhh sii, sigue asi” me gritaba la Valentina, era una perra en celo se notaba que hacía tiempo que no le daban una buena polla.

    Empecé a embestirla con todas mis fuerzas, lo que hizo que los gemidos de placer de Valentina ahora fueran gritos de placer, me estaba follando con todas mis fuerzas, nuestras carnes chocaban y hacían el efecto del aplauso.

    -Siii papi, métemela toda uff mas mas, quiero más, debí haberme casado contigo desde un principio -Decía la Valentina a gritos de placer.

    -Me corrooo ahhh -Por suerte pude sacar mi pene a tiempo y correrme en su espalda, había salido un monto de leche hacia su espalda.

    Sin embargo estaba tan excitado, con esa mujer tan sexy y caliente, que mi pene aún seguía en pie de guerra.

    -ahh eso ha sido glorioso, no eres como el idiota de mi marido que se corre a los 3 minutos -Me dijo Valentina, volteándose y quedando cara a cara conmigo.

    De inmediato noto que mi amiguito aún seguía en pie de guerra.

    -Vaya al parecer aún tenemos más diversión -dijo con una voz picara, mirando mi pene.

    Me puse las manos y me tumbo en la cama, se montó encima de mí, dirigiendo mi pene con su mano hacia la entrada de su cueva, y de un solo golpe se lo metió.

    -Ufff sii me gusta, me encanta, amo tu rica verga -y empezó a cabalgarme, el placer era infinito, Valentina estaba gimiendo como una loca poseída por el sexo, mientras me cabalgaba con toda sus fuerzas. No pude aguantar más y me corrí dentro de ella, y ella cayó encima de mí, estábamos exhaustos y sudados de tanto placer.

    Había logrado mi objetivo, me había follado a la mujer de mi hermano.

    Después de eso, nos metimos a bañar donde obviamente mi amiguito se reactivó y me la volví a follar.

    Al salir del placer/baño, le dije a Valentina que al llegar a la casa recogiera todas sus cosas, y se me viniera conmigo a mi casa, y que mañana en la mañana mi abogado le haría el favor de mandarle la solicitud de divorcio. Ella me dijo que estaba bien, se me acerco y me dio un besito con una sonrisa coqueta en el rostro.

    Nos empezamos a vestir, nos montamos en mi auto. Al principio Valentina y yo teníamos un poco de miedo de cómo iba a ser la reacción de mi hermano pero nos sorprendimos al entrar a la casa y ver que no había nadie.

    -El idiota ese, se fue con sus amigos a emborracharse -Me comento Valentina.

    Valentina subió al segundo piso, y empezó a recoger sus cosas, mientras tanto yo también empacaba mis cosas de mi antiguo cuarto, al terminar los dos nos montamos en el auto dejando nuestras cosas en la cajuela del auto y en los asientos de atrás del mismo.

    Encendí mi auto y dimos marcha hacia mi casa, en el trayecto íbamos hablando de un montón de cosas le comente que le podía ayudar con su sueño de ser modelo, y que la ayudaría a hacer los deberes del hogar.

    Ella muy emocionada, me respondió con un dulce beso, mientras que me decía que era el único hombre que había conocido que valía la pena.

    Llegamos a mi casa, ella acomodo sus cosas en mi cuarto.

    -Tu casa es preciosa -me dijo Valentina con asombro.

    Después de eso a la mañana siguiente mi abogado, le envió la carta de divorcio a Luis.

    En la tarde de ese mismo día Luis me llamo todo desesperado diciendo que Valentina le había enviado la carta de divorcio, yo le respondí que no y le mentí diciendo que me había tenido que ir de la casa porque la empresa había convocado a una reunión urgente, obviamente el muy tonto se la creyó.

    El proceso de divorcio fue muy rápido, ya que Luis no poseía muchos bienes compartidos en el matrimonio, lo único que tenía era la casa de mis padres que tampoco era suya al 100 por ciento porque yo tenía la mitad de derecho sobre esa casa.

    Después de eso, Valentina y yo nos dedicábamos a tener sexo todo el día, habíamos tenido sexo en todos los rincones de la casa, sus gemidos me excitaban y en más de una ocasión había acabado sobre sus tetas llenándoselas de mi preciosa leche.

    También la ayude en su sueño de modelaje, y ahora es una gran modelo que ha participado en varios eventos importantes.

    Los dos éramos felices, Teniendo sexo, ayudándonos en los deberes de la casa y así poco a poco fueron pasando los meses.

    Fin…

    Por ahora.

    ******************

    Hola, gracias por leer todo mi relato, tengo que decir que soy nuevo escribiendo relatos eróticos, pero espero ir mejorando poco a poco (Principalmente en las escenas de sexo que es donde más me cuesta).

    Sin ya nada más que decir, adiós, cuídense.

  • Uno cortito

    Uno cortito

    Es difícil describir lo que sentí cuando su pie descalzo se deslizó entre mis muslos, mientras concluía con aquel postre de frutas tropicales y yogur. Seguí comiendo sin inmutarme, acostumbrada a sus «bromas», cuando estábamos en sitios públicos y se ponía caliente. Carla era así.

    Desde que la conocí en el colegio, ella siempre me había mostrado que se sentía atraída por mi forma de ver las cosas, a lo que denominaba como: «esa singular inocencia que te caracteriza». Aunque éramos de la misma edad, ella siempre se sentía responsable de mí, como si fuera una hermana mayor a la que le han encargado sus padres que cuide de la niña. No me molestaba, y ella respetaba mis negativas a sus juegos cuando se producían.

    Comenzó a acariciar mi sexo, apartando con su dedo pulgar mi tanga, y llegó a penetrarme con él. Entonces la miré, y le dije que se estuviera quieta, que me estaba poniendo nerviosa. Retiró su pie discretamente y se calzó. Pidió la cuenta. Le dije que tenía que ir al baño, ella se quedó para pagar.

    Tras tirar de la cisterna abrí la puerta del retrete y allí estaba Carla, arreglándose ante el espejo, me miró de reojo y se río como una puta que ha logrado hacer que su cliente se corra sin follarla. Me gustaba su risa, le cogí los pechos por detrás y se dio la vuelta, para meterme su lengua hasta la campanilla, tenía una lengua larga, muy larga. En ese momento una señora mayor entró en el servicio, y rápidamente nos fuimos mientras sentíamos su mirada clavada en nuestras nucas.

    Tenía ganas de que Carla recorriera mi coño con su lengua, y nos dirigimos al despacho, ella estaba también caliente. Se notaba. Tardamos unos diez minutos en estar echadas sobre el sofá de la sala de espera, las secretarias tardarían todavía una hora en llegar, teníamos tiempo suficiente para complacernos, ella cerró la puerta del despacho con llave desde dentro, dejándola cruzada para que no pudieran abrir y no nos molestaran.

    Se tiró sobre mí, me besó, me acarició, se aproximó a mí sexo con ternura y comenzó a lamerme los labios externos muy suave, para luego pasar a los internos, metió su lengua en mi vagina, y yo suspiré, pero luego se instaló en mi clítoris y lo succionó entre sus labios, yo comencé a jadear, y ella entonces aplastó su lengua sobre mi apéndice haciéndola vibrar al mismo tiempo. Me corrí y sentí como chorreaba sobre el sofá en la que quedó una mancha visible y olorosa.

    Ella se dio la vuelta, levantó su falda, deslizó sus bragas y me dijo que la lamiera alrededor del ano, lo hice, aunque me daba un poco de asco, eso le excitaba mucho, tanto que al poco tiempo se corrió, se vistió, me sonrió y me dio un beso. En ese momento sonó el timbre, María, la secretaria de Carla trataba de abrir, ella abrió retirando la llave sin que se percibiera, dejando que la chica entrase, y diciendo con esa voz de vendedora de placeres que había que echar 3 en 1 en la puerta, porque cada vez se atascaba más.

    María se acercó a donde yo estaba sentada, tapando la mancha de mis jugos, mientras pensaba como iba a limpiarla con ella allí, y me dijo: «le ha llamado su marido, y ha dicho que no le espere a cenar», y dirigiéndose a Carla le dijo: «por cierto, el suyo me ha dicho que se ha retrasado su vuelo, pero que procurará coger el siguiente y que llegará tarde también».

    Carla había reaparecido, y le dijo a María que tenía que buscarle el expediente del caso del chico que había atropellado a una señora con su moto, que era muy urgente, la secretaria se fue rápidamente, y Carla me dijo que me levantara, traía un quitamanchas en la mano, pero antes de retirar la prueba de nuestro placer, se arrodilló y lamió aquel líquido que ya se secaba. Se dio la vuelta, y sonriendo me dijo:

    – Que te parece si cenamos juntas esta noche, hay algo que se me ha olvidado decirte, te he comprado un vibrador nuevo, que puedo accionar a distancia -, la idea me resultó sugerente. Le dije que sí.

  • Mi harem familiar (Introducción. Cap. 1)

    Mi harem familiar (Introducción. Cap. 1)

    Introducción.

    Desde siempre hemos sido muy unidos, mamá, mi hermana y yo. Somos compinches y si bien tenemos familiares por ambos lados, con quien más nos relacionamos ha sido con la hermana gemela de mamá, Miriam y su hija Andrea, que es nuestra prima, pero que a los efectos prácticos la consideramos nuestra hermana.

    Papá murió hace varios años y desde entonces mamá ha sido padre y madre. Afortunadamente, al morir el viejo, nos dejó la vida asegurada, con una pequeña fortuna producto de su buen hacer como abogado mercantilista, además de su suerte en los caballos, que le había dotado de una excelente cantidad de dinero. El hombre era afortunado en el juego y en el amor, puesto que además de ganar de seguido con los caballos, su pasión, era muy feliz con mamá, su gran amor, su musa, su diosa.

    Vivíamos en una urbanización del este de Caracas, lado norte del rio, en una casa–quinta muy bien distribuida y agradable, de dos pisos.

    En la planta alta habían dos habitaciones grandes con baño y vestier incluidos y dos más sin dichos incisos, con un baño en pasillo más una salita. Pero poco antes de morir papá, había hecho construir una habitación grande, de techo a dos aguas, con baño y vestidor incluido, sobre el estacionamiento techado, conectada al piso superior de la casa por un pequeño pasillo de dos metros de recorrido y con acceso desde el estacionamiento por una escalera de caracol que remataba en una puerta metálica entamborada con doble cerradura. Había sido su obsequio para mí, su primogénito, por haberlo ayudado con un cuadro del 5 y 6 –juego hípico de Venezuela– al escoger un caballo y convencerlo de colocarlo, un verdadero burro en el argot hípico, que resultó ganador de la última carrera válida y que lo puso a ganar unos dividendos millonarios. Los tres favoritos se habían quedado, evidentemente una carrera amañada, pero que a papá, jugador común y corriente, favoreció especialmente. Imagino que en las jugadas de taquilla del Hipódromo hubo un verdadero negoción… pues bien, mi madre ocupaba una de las dos habitaciones principales, donde había cohabitado con mi padre en vida de él, mi querida hermana la otra habitación principal y yo la nueva sobre el garaje.

    En la planta baja teníamos una sala espaciosa y otra más pequeña, íntima. El comedor espacioso y conectado a una especie de terracita a través de un ventanal corredizo. En esa terracita había una mesa redonda con toldo central y cuatro sillas que a veces, los domingos, utilizábamos para desayunar. Mis padres la solían utilizar para sus cenas románticas, aquellas que realizaban en fines de semana donde los hijos se habían ido a la playa con la tía Miriam, la gemela de mamá.

    La cocina de casa era espectacular. Grande con isla central y dotada con cuanto aparato o mueble se le hubiera ocurrido a mamá. Ella era chef graduada, solo que no ejercía, pero cocinaba como los dioses y en exclusividad para nosotros.

    Luego existía un área de servicio, con una habitación de dimensiones regulares, con baño dentro, para la señora que trabajaba en casa, Carmencita, aunque ella iba y venía diariamente, de lunes a viernes, de 7 a 5. Otras dos chicas venían a casa los martes y los jueves a limpiar, bajo la supervisión de Carmencita, pero lo hacían de 8 a 3.

    Teníamos un espacioso estudio, con un escritorio moderno con sillas para ambos lados y un buen sofá cama, para emergencias. Una buena biblioteca, donde predominaban los libros de Derecho, de leyes, de papá. Dicho estudio tenía un baño completo, adosado a la entrada, de manera que el estudio y su baño podían servir de habitación de huéspedes con total privacidad.

    En la parte de atrás teníamos una terraza techada a todo lo largo de la casa y amueblada para hacerla un lugar de verdadero esparcimiento familiar. Un juego de sofá de tres puestos y dos poltronas, sumamente cómodos, con mesa de centro y dos ratonas auxiliares al sofá. Luego, al otro extremo, una parrillera con mostrador auxiliar, de obra, con lavaplatos y demás y una mesa de picnic, de madera, con seis plazas.

    Un buen jardín, hermoso, lleno de plantas de todo tipo, coronaba la parte trasera de la casa. Un árbol de mango que hacía las delicias de mi madre y mi hermana, no de papá ni mías. Uno de guayabas, que si me gustaban mucho y otras muchas variedades, como granadas, higos y hasta alcachofas.

    En el garaje, cabían tres carros, pero a la derecha del portón de acceso, cabían otros dos más y entre los del garaje y el portón, otros tres.

    A la izquierda, salvando el acceso peatonal desde la puerta del muro de protección hasta el porche de la casa, existía un jardín de pequeñas dimensiones, con grama japonesa y nueve rosales, rosas holandesas que papá y yo habíamos sembrado apenas nos mudamos, que venían en avión, por Viasa, en sobres plásticos. Un tallo con raíz y una flor para determinar el color. Habíamos sembrado roja, blanca, amarilla, rosada, rosada con puntas blancas, anaranjada y otras tonalidades, en total nueve.

    Luego las habíamos injertado, de una a cada una de las otras plantas, de modo que cuando florecían, hacían las delicias de mi bella madre. Ese jardín era el homenaje de mi padre y mío a la belleza de Sugey, nuestro gran amor. Mi querida madre. Hasta su nombre era lindo

    Ella, a la sazón, contaba con 40 años ya cumplidos pero no representados, porque parecía una mujer de 32, si acaso. Era hermosa, blanca, de pelo castaño ondulado, a media espalda, ojos verdes y labios carnosos y deliciosos, nariz recta, un poco respingona, cara de niña traviesa.

    Su cuerpo era una fantasía erótica, senos grandes, voluminosos, que hacían las delicias de quienes teníamos el placer de observarla, una cintura reducida, generosas caderas y un trasero de leyenda, con dos nalgas que hacían suspirar a cualquiera. Cuando Sugey caminaba alrededor de la piscina, en el edificio donde teníamos un apartamento en Macuto, todas las personas por los alrededores suspendían lo que hacían y la observaban. Hombres y mujeres indistintamente, porque la señora paraba el tráfico. Ver aquel par de nalgas moverse al son que ella les imprimía y sus poderosos senos agitarse en su pecho, era algo para deleitarse. Y utilizaba unos bikinis realmente infartantes. Mis amigos me decían, todos, que ella era la gran musa de todas sus pajas… y yo no podía sustraerme tampoco. Me “molestaban” con sus comentarios subidos de tono, pero, o peleaba con ellos, que más de una vez ocurrió o me calaba las mamaderas de gallo. Porque la verdad, mamá se sabía hermosa, buenota y se lo disfrutaba poner a los hombres a altas temperaturas.

    Mi hermanita, ese era otro tema muy especial. Dos años menor que yo, muy parecida a mamá en todo, salvo en los volúmenes. Yo había visto fotos que papá guardaba en un álbum, donde aparecía mamá en bikini, de unos 23 años, ya habiendo parido y amamantado a sus dos vástagos, con un cuerpo muy parecido, idéntico diría yo, al de Ana, Anastasia, mi querida y bella hermanita. Con el paso de los años, Sugey desarrolló carnes, esos volúmenes en tetas y nalgas que la hacían ver tan espectacular. Mi hermana todavía no llegaba allá.

    Yo soy Tito –Ernesto, Ernestito– el que relata esta historia y feliz, muy feliz hijo de Sugey y hermano de Anastasia. Tenía para la fecha 22 años.

    Mi padre, Ernesto, había fallecido cuatro años atrás. Contaba para entonces 42 años y dejó a Sugey sumida en la mayor de las tristezas.

    Capítulo 1:

    – Hola, Tito ¿Cómo estas, mi pana? – me saludó un amigo desde uno de los bancos que se hallaban a la vera del Boulevard por donde transitaba, cogido de la mano con mi hermanita. Era Héctor, un compañero de la universidad que se emocionó mucho al ver la compañía que yo traía.

    – Epa, Héctor, saludos, viejo. ¿Cómo estás tú? ¿En qué andas por aquí? – le respondí el saludo.

    – Bueno, pasando el fin de semana con la familia de mi novia, en ese edificio que está allá atrás, el Noches de Naiguatá. ¿Y esta bella chica es tu novia, sinvergüenza? Qué bien te lo tenías escondido… – me respondió enseguida, mirando a Ana.

    – ¿Mi novia?, no mi pana, yo no tengo tan mal gusto, esta feíta es mi hermana, Anestesia. Hermanita, éste es Héctor, compañero de la carrera… – los presenté…

    – ¿Cómo? Escuché Anestesia ¿Me equivoco, acaso? – respondió extrañado.

    – Es que el bobo éste siempre se está burlando de mi nombre, me llamo Anastasia y me dicen Ana. No le hagas caso, que es muy payaso. – saltó Ana para aclarar la cosa.

    – Pero si es un lindo nombre, como la dueña… tú si eres porquería, mi pana. ¿Y si tanto te molesta, porqué andan por ahí como si fueran novios, agarraditos de las manos? Yo, a mi hermana, ni de lejos, de lo fastidiosa que es… – ripostó Héctor.

    – No, chamo, todo en broma, nada en serio. Yo adoro a esta chica, es mi hermanita, uno de los ojitos de mi cara. Y siempre vamos agarraditos de manos, porque nos gusta, aunque nos echen vaina. Yo le digo Anestesia, solo para verla brava, porque se pone muy linda, pero la verdad es que me encanta su nombre. – le aclaré a mi compañero. – Y deja de estarla piropeando, que tú tienes novia y esta niña no te va a parar ni medio. No gastes pólvora en zamuro.

    – Mira y… ¿Cuál es el otro ojito de tu cara, otra hermana así de bella? – preguntó curioso mi amigo…

    – Su otro ojito es Sugey, nuestra madre. – se adelantó a responder Ana.

    – ¿Y es tan bonita como tú? – repreguntó Héctor.

    – No, mi mamá es más bella que nadie, es la mujer más hermosa del mundo, según este señor. – respondió traviesa Ana, mirándome pícaramente.

    – Guao, me gustaría conocerla, porque si es más bella que tú, mi madre… – dijo mi compañero, ya emocionado.

    – Mira, ve a tomarte un traguito de tenteallá, que no la vas a conocer ni vas a seguir piropeando a esta niña, porque entonces se me va a soltar el animal que llevo dentro y ya sabes… le respondí seriamente, para finalizar el tonteo. – Nosotros seguimos, gusto en verte, mi pana.

    – Hasta el lunes, entonces. Y de verdad, me gustaría conocer a tu mamá. – se despidió.

    Yo traté de volverme para, no sé, para responderle agriamente pero Ana no me soltó. Se aferró a mi brazo con las uñas y no me dejó voltear. Así que continuamos nuestro paseo por el boulevard, agarraditos de las manos, cual dos enamorados.

    Bueno, de pronto había algo de eso, porque de verdad, nuestra relación era poco común, nada que ver con la forma en que se comportaban otros hermanos. Nosotros éramos verdaderos compinches, íbamos juntos a cualquier parte, a veces dormíamos juntos, especialmente cuando ella estaba triste. Hasta nos bañábamos juntos, de vez en cuando, sin que mamá supiera, aunque tenía mis dudas al respecto, porque Sugey debía ser bruja o hada, se daba cuenta de todo, de lo más mínimo que tuviera que ver con nosotros.

    Nuestra relación era tan profunda, tan cierta, que a veces bastaba una mirada para que uno supiera lo que el otro pensaba o quería. Mi relación con mamá también era de esa calidad, de esa cercanía. Siempre que andábamos juntos, también la tomaba de la mano, especialmente desde que papá murió. Compartíamos nuestros pensamientos y sinsabores por igual, siempre sintonizados uno con el otro. Pero entre ellas dos la cosa no era tan intensa. Existía una buena relación, pero no eran tan compinches.

    Una vez le pregunté a Ana, acostados en mi cama en una noche de lluvias tormentosas y mucho frío, ella encucharada por mi espalda, que porqué entre ellas dos no existía ese feeling que sí había entre cada una de ellas conmigo. Su repuesta me dejó frío, pues podría tener muchas interpretaciones:

    – Es asunto de celos de mujeres. Ninguna quiere ceder terreno.

    – ¿Cómo es eso? A ver, explícate… – le indagué.

    – Nada, interpreta lo que tú quieras, no debí decirte nada. Y no me jodas, vamos a dormir, que tengo mucho sueño. – me respondió con ese tonito que denotaba disgusto y no me fastidies más.

    Cuando cualquiera de ellas dos adoptaba esa posición, yo me hacía el Willie Mays y dejaba el asunto, porque la experiencia me había enseñado que esas dos maravillosas y dulces mujeres, cuando lo hacían, se transformaban en unas arpías prestas a devorarme si me ponía cómico. Al final, siempre salía perdiendo y me quedaba sin entender ni jota.

    Al regresar al apartamento de la playa, encontramos a mamá ya dispuesta a bajar a tomar el sol en la piscina. Nuestro paseo post desayuno había sido muy cordial y agradable, pero bajar con ellas dos a la piscina, superaba cualquier otra cosa. Ana entró a su habitación a ponerse su bikini y cuando salió, me encontró poniéndole el aceite bloqueador solar a Sugey por la espalda. Luego las piernas, por todos lados y ella, por sí misma, culminó por sus brazos, hombros y pecho. Enseguida Ana reclamó su turno y me dejó hacerlo, más bien me exigió que lo hiciera y completo, por todo el cuerpo, incluyendo sus nalgas y pecho. Hasta deslicé unos dedos por su raja trasera y luego por debajo de sus maravillosos senos con su aprobación en forma de sonrisa. Sugey, que todo lo captaba, me lanzó una mirada fulminante, que yo repliqué con un beso en sus hermosos labios. Por supuesto, me dio un golpecito de rechazo en el pecho y el clásico ¡Bandido, que soy tu madre!

    Ana se moría de la risa, por su atrevimiento ¿O el mío? No lo sé, pero estaba gozándoselo de lo lindo.

    Listo el proceso del bloqueador solar en ellas, me tomaron en cambote para colocármelo a mí, sin reparos púdicos. Me toquetearon lo que les dio la gana y se reían en mi cara. Por supuesto, me puse malote y eso aumentó las risas. Tuve que hacer unas cuantas flexiones de pecho para recomponerme y poder bajar con ellas de mis brazos.

    Me sentía orgulloso de llegar al área de la piscina, donde se encontraban vecinos y amigos de años, con mis dos beldades tomadas de mis brazos. Se me henchía el pecho, ciertamente. Algunos nos saludaban respetuosamente, otros con verdadero afecto y alguno que otro con un silbido en honor de mis chicas. Nos sentábamos en una mesa con toldo que ya había reservado temprano con la clásica banderita del número de nuestro apartamento, que contaba con cuatro sillitas de playa y dos tumbonas. Ellas, directo a las tumbonas a empezar el tratamiento solar y yo a una de las sillas, para conversar con una de nuestras vecinas, una señora de alrededor de 50 primaveras muy bien llevadas, que me tenía ciertamente colgado. Lamentablemente, yo me colgaba de la brocha y ella siempre me quitaba la escalera. Pero algún día le pondría la mano encima y entonces…

    – Hola, Tito querido, siempre tan bien acompañado. Tus chicas están espléndidas esta mañana. – me saludó.

    – Al igual que tú, Simona querida. Siempre tan bella y… tan esquiva…

    – ¿Esquiva? No, mi amor, yo a ti no te esquivo, huyo descaradamente de ti, porque me han dicho que eres muy peligroso. Parece que tienes algo que muerde o pica, no sé, algo que tiene nombre de animal.

    – ¿Será anaconda?

    – Eso, anaconda. Eso es una culebra venenosa ¿Cierto? Me picas y me muero. – me dijo muy chistosita ella.

    – No, te explico. La anaconda es una culebra muy grande, quizás la más grande del mundo. Es constrictora, no venenosa. Ella te muerde una parte de tu cuerpo, por ejemplo tu culito… ejem, perdón, tu brazo, para tener un punto de apoyo y luego te enrolla con todo su largo y muy grueso cuerpo, de seguidas empieza a apretarte hasta que te hace llegar al clímax, ejem, es decir, te asfixia y luego mueres. Después, para rematar la faena, te traga entera, con bikini y todo y pasa unas cuantas semanas haciendo la digestión. Al final, escupe por la boca tus huesos y el bikini. Es algo sublime, te lo aseguro.

    – Yo mejor me subo a mi apartamento, porque creo que tú eres muy peligroso, jejeje.

    – No te preocupes, hoy la anaconda no tiene hambre, estás a salvo. Pero cualquier otro día, podría ser el día… o la noche…

    – Bueno, entonces vamos al agua, porque ya me acaloré… – y se levantó, dejándome apreciar todo ese pedazo de hembra que se movía rumbo a la piscina.

    Si esa mujer hubiera sabido que el agua era el hábitat preferido de las anacondas, no hubiera entrado conmigo a la piscina. Pero allí cerca estaban presentes mis dos amores, Sugey y Ana y tenía que comportarme. Me metí al agua y di unos cuantos largos antes de acercarme de nuevo a Simona, para conversar amistosamente, ya sin dobles sentidos.

    Luego de asolearse unos minutos por el reverso y otros por el anverso, como si de dos bistecs a la brasa se tratara, mis chicas decidieron entrar al agua a martirizarme. Si, porque eso era lo que hacían y yo sospechaba que con premeditación y alevosía. Llegaron a mí, que seguía con Simona y empezaron los toqueteos, los brazos, la espalda, a mamá le gustaba arañarme el pecho con sus cuidadas y afiladas uñas. A Ana le encantaba subirse a mi espalda y pegarme sus pezones, a mansalva. De toque en toque, me iba poniendo peligroso y ellas lo notaban y les divertía. Simona también disfrutaba, porque con ellas allí, se sentía segura. A salvo de la anaconda.

    Luego de tontear bastante en la piscina y reírnos como niños, salimos los cuatro a jugar una partida de ping–pong. Sugey, mi eterna pareja y yo contra Ana y Simona. Debo aclarar que soy subcampeón de los juegos de mi facultad, la de Ciencias Económicas de la UCV y sin embargo, tanto Simona como Sugey y Ana, no son fáciles presas. Son jugadoras consumadas. Además, mi querida Ana es una tramposa. Gusta de dejarme ver una areola o un pezón, así, descuidadamente, antes de lanzar un mate. Luego se arregla de nuevo el sostén del bikini, hasta el próximo lance, en que lo vuelva a intentar, casi siempre con éxito. Simona, por su parte, se soba mucho las maravillosas ubres que porta, con el mismo fin, distraerme. ¿Y saben qué? Lo logran.

    Después de varios pezones de Ana y mucho sobeteo de tetas de Simona, ganaron por 21 a 18, 21 a 15 y 21 a 17. Y Sugey me juró que para la próxima solicitaría que nuestras contrincantes se colocaran antes una franela, porque jugaban con demasiada ventaja.

    Culminada la competencia, subimos a ducharnos y arreglarnos para salir a almorzar a Las 15 Letras, un tradicional restaurante de Macuto. Invitamos a Simona y nos fuimos los cuatro en mi auto.

    El almuerzo fue placentero y con algunas travesuras que resultaron intrascendentes, así que regresamos tranquilos para tomar una siesta porque el calor era agobiante. Yo le pregunté a Simona si podía tomar la siesta con ella, en su apartamento, pero la muy zángana me dio un toquecito en la anaconda con su dedo índice y me dijo:

    – Ni de vaina.

    Mamá y mi hermanita se sonrieron por mi derrota y subimos a nuestro apartamento. Yo, no más llegar, me lancé a mi chinchorro en medio del salón y Ana se fue al baño. Sugey me miraba con cara de niña traviesa y de pronto me preguntó:

    – ¿Y mi derrotado compañero de juegos no gustaría de tomar la siesta abrazadito con su compañera, en mi cama? Es que me siento muy solita… muy solita… – me dijo, haciendo pucheros…

    Enseguida, como si tuviera un resorte, me levanté y la acompañé a su habitación.

    Una vez acostados en cucharita, se oyó la voz de Ana, a través de la puerta cerrada:

    – Sugey, para variar me hiciste trampa, te aprovechaste que me estaba orinando. No se puede confiar en ti, eres una descarada, siempre juegas con ventajas…

    – ¡Siempre! – contestó la indiciada.

    Al terminar la siesta, muy reparadora por cierto, nos levantamos para ir a caminar por el boulevard, como últimamente solíamos hacer, los tres tomados de las manos. A mi diestra, Ana con sus deditos entrelazados con los míos y a mi siniestra, Sugey agarrada de mi brazo. La brisa estaba agradable, ya no quemaba nuestros rostros. Las frondosas cabelleras de mis damas eran abatidas a un lado y otro de sus lindas caras, a veces se metían en mis ojos, pero era delicioso. Las personas nos veían pasar y más de una vez escuché algo como: “Coño, que buen par de hembras” o “Mira que nalgas tan sabrozotas” o “Carajo ¿Viste las tetas de esas mujeres?”

    Yo escuchaba y para mis adentros, mentalmente, les respondía: “Si, pero es carne que no comerás, imbécil”. Yo tampoco podría, pero estaba seguro que ellos no. Eran hembras muy finas para que cualquiera de esos pobres diablos pudieran aspirar a algo más que verlas pasar.

    – Ana, hermanita querida, ¿ya se te pasó la rabieta con Sugey? – le pregunté con mi mejor cara de conciliación.

    – Ella siempre me juega sucio, se aprovecha de cualquier cosa para quedarse contigo y dejarme por fuera, como la guayabera. Pero algún día le voy a ganar y entonces, ya verá… aventajada… huuuu. – y le sacaba la lengua a nuestra madrecita bella.

    – Yo tengo el derecho divino, porque soy su madre, en cambio tú eres su hermana. Donde manda capitana, no manda marinera. Jejeje.

    – Bueno, mami, yo creo que tienes el derecho divino… cierto, pero el izquierdo también, jajaja. – le dije de manera jocosa, como buscando alegrar la conversa.

    – Bandido, falta de respeto, sinvergüenza, a todo le buscas el lado sexual. – me soltó, sonreída, pero tratando de mostrarse disgustada.

    – Ustedes son mis amores, las adoro a ambas y tengo suficiente para las dos, así que no se peleen por mí. Podemos establecer turnos, un día para una y otro día para la otra. Así todos contentos. – les dije conciliadoramente. – les di un beso a cada una y seguimos nuestro paseo, muy agarrados de manos y brazos.

    Ya de noche, salimos a una pizzería del sector a comernos unas deliciosas pizzas macuteñas. Luego regresamos y nos sentamos en la sala a escuchar música y bebernos unos buenos whiskies. Ya tarde, después de beber, conversar y tontear a más no poder, nos tocaba dormir. Entonces Ana reclamó rápidamente su derecho de dormir conmigo y Sugey no tuvo más remedio que ceder, de modo que me fui con ella a la segunda habitación. Una vez acostados, mi hermanita se quitó la franelita que llevaba puesta y se quedó en tetas, solo con su pantaletica que era tan pequeña que casi no se le notaba que la llevara puesta.

    – Oye ¿ya vas a empezar a ponerme malote? – le solté en son de broma.

    – No, mi amor, es que me molesta. Me gusta dormir desnuda, pero no te preocupes, la pantaleta no me la voy a quitar para que no te asustes. – me respondió con toda “inocencia”.

    – ¡Como si se notara. Es tan pequeña que eso y nada es la misma vaina! – le respondí, también en tono de broma.

    – Si te asustas tan fácilmente, entonces ve a dormir con la fiera. No quiero conmigo a un tipo asustado. Me gustan los hombres que saben enfrentarse a los grandes retos. – me zumbó esa.

    – No, cariño mío, no te tengo miedo. Te salvas porque eres mi hermanita, porque si no, esta noche aquí pasaría algo para la historia. – le respondí.

    – ¿Y… si por una vez nos olvidamos que somos hermanos? A que no te atreves… – me volvió a retar.

    – No juegues con candela que te quemas. Carne de hermana no se come. – le respondí.

    – No sabes de lo que te pierdes… – me dijo, muy seductoramente.

    – No tienes idea de lo que te salvas, jajaja… – le devolví la joda.

    – Si supieras, que por tener una idea clara y muy concisa es que te lo digo. Yo sé que tú conmigo y con mamá te pones malote, significa que te gustamos, que nos deseas. Lo que deberíamos hacer es olvidarnos de tantos prejuicios y montarnos nuestro propio sistema familiar, los tres. Total, lo que en casa suceda, debe quedar en casa. Te apuesto que con dos hembras como nosotras, no te quedaría tiempo para perder con tus amiguitas o las mías o las de mamá. Porque nosotras sabemos a quienes te cepillas y a quienes no, para que te enteres. Y te digo, mamá necesita de atención, encarecidamente. Acaba de cumplir los 40 y parece que le está apareciendo la “crisis de los 40”, porque se la pasa apagada. Claro, cuando tú llegas a casa, ella se avispa, porque tienes ese toque con ella que le alegras la vida, pero cuando no estás, se la pasa triste.

    – ¿Qué me tratas de decir? A ver, seamos más claros, vamos a llamar al pan, pan y al vino, vino. ¿Qué es lo que tienes revoloteando en esa traviesa cabecita?

    – Bueno, hablemos a calzón quitao. Mamá es una mujer que estuvo acostumbrada a que papá la atendiera muy bien, a diario y hasta tenía sus aventuras extramatrimoniales por ahí, de vez en cuando, con su venia. Era, en suma, muy activa sexualmente hablando y también por lo que he podido saber, muy ardiente. Papá, por su parte, era muy cumplidor, vamos, tenía un artefacto parecido a tu animal, quizás no tan grande y grueso, pero ahí, ahí. Entonces ella era feliz. Él la complacía y además le permitía sus aventuritas. Pero papá murió y mamá se quedó en el aparato. No ha podido correr otra válida. Entonces, por el camino que va, su hermosura y juventud se van a esfumar y no es justo. Uno debe vivir la vida, disfrutar, sin hacer daño a nadie, pero gozar. Para luego es tarde.

    – ¿Y cómo es eso que tú dices que mamá tenía aventuritas? Cuéntame, ilústrame…

    – No te voy a contar nada, allá tú que vives en las nubes y no te enteras de nada.

    – Está bien, no te sulfures que te pones fea. ¿Y qué carajo propones? Porque no te entiendo. ¿Sugieres que le busquemos un amante a mamá, un novio o algo así? – le pregunté, curioso ya.

    – Ay, hermanito, a veces eres tan lento o te haces el güevon. Te estoy hablando de que tú eres el que le sube la autoestima, te digo que nos montemos nuestro propio sistema, entonces, a ver ¿Te dibujo un mapita, cariño? Estoy hablando de ti, de Sugey y de mí. Nuestro propio circo. Tú nos coges a las dos, las dos te cogemos a ti y todos tres felices. ¿De verdad crees que después que mamá estuvo tantos años disfrutando de la maravilla que papá le metía, se va a conformar con cualquier piazo’evaina que se encuentre por ahí? Mira a la pobre tía Miriam. Con ese pajúo de marido que tiene, hay que verle la cara de tristeza. Tú tienes los genes de papá, te gastas una enorme verga y además, la usas de maravilla, según mamá y yo tenemos entendido por nuestras amigas, a las que te coges divinamente, porque eso nos cuentan. Eres un garañón de pura raza y aunque nunca te he probado, me apostaría mi cabellera a que lo que me cuentan de ti es verdad.

    – Vaina, Ana, tu debes estar loca, mi niña. ¿Cómo crees tú que yo me las voy a coger a ustedes, por Dios? ¿Me consideras un pervertido, un degenerado? Coño, hermanita ¿Qué te fumaste hoy, una lumpia? Te hizo daño. Me voy a dormir al chinchorro, porque tú estás loca, no sea que a medianoche me ahorques o me violes o algo así.

    – No te atrevas a irte, te estoy hablando en serio. No estoy loca. Estamos en un momento en que, o hacemos algo por mamá o se nos va a pique. Capaz que le reviente la menopausia, de abandonada que se siente. Deja los prejuicios sociales y toda esa mierda que no sirven para nada. Ella te necesita, me consta que la amas, es el amor de tu vida… y tú de la mía, coño Tito, las dos te necesitamos. Yo no pego una con los hombres, me conquistan, me cogen y me dejan. Ya llevo cinco, por si no lo sabías. Y ninguno me ha cogido ni medianamente bien. Cuando Alicia y Roxana me cuentan de los polvos que tú les echas, me rio como una pendeja, pero por dentro me muero de la envidia. Ya ni quiero hablar con ellas, porque siempre es el mismo tema y llego a casa con las pantaletas mojadas y con ganas de hacerme una paja. Y a mamá le pasa lo mismo. Tienes a Carmen, a Olga y a Adriana, señoras cuarentonas como mamá, dos divorciadas y la otra casada con un pajúo que ni se entera de los cuernos que tiene en la cabeza y cada vez que las visitas, llaman a mamá a contarles de las cogidas que les da su hijito tan bello. Ya Sugey está arrecha. Ayer la llamó Adriana, la más puta de las tres y no quiso atenderla. Me pidió que le dijera que estaba en el baño. Y le dije: “Lo siento, Adriana, Sugey está cagando”. Así mismo. La desgraciada se echó a reír a carcajadas. Y yo, por supuesto, quedé como la ordinaria de la familia. Y si quieres te hablo de tus compañeras de la Universidad, que te llaman a diario, loquitas todas porque las atiendas y de tu jefa, mi tocaya, Ana Marisax. Coño, algo muy bueno tienes que tener, carajo, hermanito y nosotras queremos nuestra parte.

    Yo no hallaba que decir. Esta perorata de mi dulce hermanita me dejó descolocado. Y me preguntaba yo ¿Esto era cosa de Ana, unilateralmente, o Sugey compartía el punto de vista? Me asusté. De pronto me di cuenta que me estaba colocando contra la pared con un planteamiento que, moralmente, me quemaba, pero que viéndolo desde el punto de vista meramente humano, más terrenal, me parecía la gloria. Siempre he visto a mamá como a una superhembra y a mi hermana, desde los 14 como su digna sucesora. Sugey, a sus 40, estaba en la plenitud de su hermosura y suponía yo que de sus capacidades amatorias. Y Ana, bueno, por Ana me lanzaría por un barranco, de cabeza, sin preguntar. Pero eran mi madre y mi hermana. Si se tratara de Miriam, la gemela de mamá y de Andrea, su hija, otras dos mujeres de bandera, pues no me parecería tan terrible el asunto. Carne de tía o de prima, pues, se podría probar, no sé, digo yo. Habría que ser medio canalla, coño de madre y pervertido. ¿Y yo lo era? Ana me había sembrado una semilla y yo me preguntaba: ¿Germinaría? Pensé, pensé y decidí que la iba a poner a prueba, a ver hasta donde tenía fuelle esa niña.

    – Ok, Ana, vamos a lo nuestro. ¿Tú quieres follar conmigo? Pues bien, vamos a echarle bolas. Quítate esa pantaletica y vamos a follarte como me follo a tus amiguitas. Tú estás más buena que ellas, así que vamos a pasarla muy bien. ¿Le damos ya? – le dije, a son de reto y traté de agarrar la pantaletica para bajársela.

    – ¿Ya? Saca la mano ¿Qué te pasa? ¿Estás seguro? Bueno, ya va, calma pueblo. ¿Y con mamá aquí al lado? Coño, no sé… No seas tan brusco, coño. ¿Por qué no lo organizamos mejor y lo dejamos para otro día, ya más calmados y en mejor posición que ahora, porque mamá nos va a oír, seguro.

    – Bueno, tú me has insistido en que con las dos. Si nos oye, le decimos que se nos una y listo. Hacemos un trío. ¿Qué tal? Vamos a darle. Si no nos oye, solo tú y yo. Otro día le doy a ella y después sí, nos montamos el trío. Y de ahí en adelante, que viva la pepa. – y la agarré del talle para acercarla a mí y besarla. La loca brincó de la cama y me rogó tranquilidad.

    Esa noche me salí para dormir en el chinchorro. La dejé echa un desastre, con una crisis moral y existencial. Pero ella a mí, también. No podía creerme lo que mi hermanita querida me había planteado.

    El domingo en la mañana me desperté después de una pésima noche y me encontré para desayunar con mi hermosísima madre, más sexy que nunca, con un traje de baño de una pieza con un escote hasta más abajo del ombligo, que me dejó babeando.

    – Bendición, bella mujer. Estas buenísima con ese traje de baño, no te lo había visto. Casi que me quedo tieso al verte.

    – Dios te bendiga, mi amor, me lo estoy estrenando hoy. Y tú no te quedaste tieso… pero tu mejor amigo… no sé… jajaja…

    – Caramba, mamá, perdóname… no me di cuenta, lo siento. No quise faltarte el respeto.

    – Mi amor, eres un hombre joven, con una actividad hormonal bastante notoria. Eso que te pasó, a tu edad, es de lo más normal y a la mía, ver que un joven se excite así por verme, me halaga, aunque ese joven sea mi hijo. Además, tu estas más bueno que comer con los dedos. Me emocioné yo también, al darme cuenta. ¿No notas mis pezones?

    Casi me desmayo. ¿Sería entonces cierto lo que mi hermanita me había planteado anoche? Coño, mamá me acababa de lanzar dos rectas de 95 millas. Una más y estaría ponchado. Y me parecía verla más atractiva que de costumbre. ¿Acaso eso era posible, que la mujer más hermosa del mundo hoy se viera mejor que otras veces?

    Traté de tranquilizarme, haciéndome el Willie Mays y desayunamos, aunque notaba sus miradas, sus mohínes para conmigo, su sensualidad enfocada a mí. ¿O me lo estaba imaginando?

    Al terminar, le dije que me iba a caminar por el boulevard y entonces me dijo que la esperara, que se iba conmigo. Ella quería y necesitaba caminar un poco.

    Salimos, ella con su traje de baño y un coqueto pareo, Dios mío, se veía esplendorosa y yo con mis ya clásicos bermudas y una franela. Por el camino, mamá desató más pasiones que en un desfile de PlayGirls de PlayBoy, al punto que creí que en la ruta terminaría dándome unos carajazos con algún hijo de perra que se pasara con ella.

    Llegamos a la plazoleta del final del boulevard y nos sentamos solos en un banco, mirando hacia el mar. Ella estaba como en una nube, la veía soñadora, alegre, sin ser eufórica, la notaba cómoda conmigo. No soltaba mi brazo, ni siquiera una vez sentados.

    – ¡Qué lindo día hace hoy! ¿Verdad, mi amor? – me comentó apretándome el brazo contra su cuerpo.

    – Si, mami, muy lindo y contigo de mi brazo, mejor… Mamá, este… oye… ¿sabes? quiero hacerte unas preguntas ¿puedo?

    – Claro, mi amor, lo que quieras. A ver, pregunta.

    – Tú… eras una mujer muy activa, sexualmente hablando, con papá, ¿cierto?

    – ¿Qué pregunta es esa, mi amor? ¿A dónde quieres llegar? Soy tu madre, no una de tus carricitas…

    – Quiero tener una conversación de adulto contigo, con la dueña de mis amores y desvelos. La otra dueña está allá, dormida y de esa ya sé bastante. Necesito saber de ti…

    – Bueno… me intrigas. Ejem… Si, mi cielo, yo era muy activa. Tu padre era un amante muy especial, maravilloso. Me atendía de maravillas…

    – ¿Y ahora, como haces? ¿Se acabó y punto? ¿No te hace falta o tienes por allí tu repuesto?

    – Me estas incomodando un poco, mi amor. No te pases.

    – Por favor, mami…

    – Bueno… no hago nada, mi amor, no tengo repuesto. Estoy apagada. Ya no soy la mujer fogosa que era con tu padre, eso se acabó. Se murió mi hombre y sé que como ese que tenía no voy a conseguir otro, ni medianamente parecido… bueno, si, la verdad, sé que existe uno, por ahí, pero no es para mí, así que nanay, nanay.

    – ¿Y quién es?

    – Eso no te lo voy a responder, por favor, no insistas. Me estás incomodando.

    – Discúlpame. El asunto es que te amo, me importas mucho. Solo quiero que seas feliz y si yo pudiera… aportar, hacer algo para que lo fueras, me sentiría muy feliz. Mamá, eres la mujer más hermosa del mundo, no conozco a nadie como tú. Bueno, con excepción de tu doble, Miriam. Pero volvamos al asunto, una mujer como tú, a los 40, está en la plenitud de su vida. No se puede apagar, como dijiste. Ana y yo nos resistimos a ver eso y sin hacer nada.

    – ¿Y qué han hablado tú y esa alocada hija mía? Porque mira que esa niña es una revolucionaria. Si por ella fuese, yo debería tener una cola de amantes que diera la vuelta en la esquina y cambiar uno cada día.

    – Bueno, mamá, te voy a contar una larga y terrible conversación que tuvimos Ana y yo anoche, al acostarnos. Primero, te pido me escuches hasta el final, por favor, sin interrumpirme. Después, si quieres, me pones esa piedra que está allí por la cabeza; Segundo, que no tomes represalias contra ella. Sé que ella a veces está convencida de cosas que solo existen en su mente, pero me dejó marcado anoche con las cosas que me dijo.

    Y procedí a relatarle a mamá toda la conversación, de la manera más cercana a la verdad, sin edulcorantes.

    Al finalizar mi monólogo, mamá tenía las lágrimas afuera. Esperé a que se recompusiera, la abracé con mucho afecto, amor más bien y le dije cosas bonitas al oído, para consentirla. Por fin se tranquilizó un poco, me pidió un cigarrillo y después de fumar, me dijo:

    – Mi amor, tal vez algunas cosas que te dijo la locata esa sean verdades del tamaño de un edificio, pero hay cosas que solo pueden ser producto de su mente calenturienta. La mejor demostración que tienes de que lo que te digo es cierto es que la retaste, le dijiste para hacer el amor y aflojó. No se atrevió. ¿Crees que si me lo pidieras en este momento, tal como hiciste con ella anoche, yo aceptaría? ¿O aflojaría como ella?

    – No lo sé. No es momento de eso. Sigue, por favor.

    – Bien, es cierto que fui una mujer muy activa, caliente, ardiente decía Ernesto. Es cierto que teníamos mucha actividad, casi todas las noches. Éramos cuidadosos, silenciosos, pero no creo que ustedes fueran tontos y no se daban cuenta. Es cierto, también que a mi edad, aún me siento joven y atractiva, vamos, tú acabas de oír los piropos de los hombres, algunos asquerosos, pero otros no tanto. Ayer en la piscina hasta nos silbaron a Ana y a mí, a ambas, estoy consciente de ello. Y sí, me encantaría conocer a un hombre con las características apropiadas para hacerme la vida feliz. Pero no puedo poner un aviso clasificado en la prensa que diga: “Se solicita caballero de aproximadamente 46 años, soltero, viudo o divorciado, absténganse casados; buenmozo, de 1.80 de estatura y 85–90 kilos de peso, rubio, ojos azules, con una herramienta de al menos 18 cm. y con capacidad para hacerme acabar tres veces por polvo, con dos polvos por noche. Ah, y que además sea divertido”. Estamos hablando a calzón quitao, hijo, no me pongas esa cara de asombro. Tú lo pediste. ¿Tú crees que puedo encontrar un ejemplar cómo ese? Porque ese es el que necesito, no me conformaría con menos. Mira a mi hermana Miriam, tan hermosa, casada con ese picha floja que no sirve ni para echarle un polvito medianamente malo a su mujer. Y esa mujer es como yo, ardiente. Pero de siempre ha estado mal atendida.

    Por lo demás, sé que sí existe un hombre con esas características, quizás hasta mejoradas, pero no es para mí. Te voy a decir quién es, porque estamos hablando de frente, dos adultos. Ese hombre eres tú, mi amor, no me cabe duda. Pero eres mi hijo. Punto y aparte. Eso te hace imposible para mí, te descarta automáticamente. Tal vez la locata de mi hija sueñe con acostarse contigo, que tú le calmes sus calenturas. A veces ni sé lo que tiene en la cabeza esa niña. Sé que ustedes tienen una relación más que especial, como ningunos otros hermanos, que yo sepa. Incluso, tienes algo muy parecido con Andrea, tu prima, a la que ustedes califican de hermana. Eso es muy lindo. Pero si algún día se pasan de la raya, no sé qué pueda pasar. Dios quiera que por lo menos, no cometan el desatino, por no decir la barbaridad, de procrear un bebé. Ustedes ya son adultos. Hagan lo que consideren, lo que sus conciencias les dicte. Pero no me metan en sus peos, ya yo tengo bastante con mi tristeza y mi soledad. ¿Quieres que te diga algo, sin que me quede nada por dentro? Te amo más que a nadie en el mundo, al igual que a tu hermana. Eres lo más importante de mi vida. Cuando me abrazas, tiemblo, sudo, me erizo. Tienes la mala costumbre de besarme por el cuello y las piernas se me van y me humedezco por allá abajo, porque mi yo animal no reconoce que eres mi hijo. Y si no lo fueras, me abriría de piernas para ti de inmediato, porque eres buenmozo, bello, lindo, varonil, me vuelves loca, sé por mis amigas que eres todo un semental, pero… eres mi hijo. Eres ese único hombre que sé que reúne todos mis requisitos, salvo lo de la edad, pero prohibido, no eres para mí.

    – ¿Y si dejaras tus prejuicios a un lado?

    – ¿Mis prejuicios? Hijo, se llaman Principios, Valores, Moral, Ética. Vivimos en sociedad, profesamos una religión, tenemos familia y amistades, relacionados.

    – ¿Y de qué te sirven todas esas cosas “Tan Importantes”, si no puedes ser feliz? ¿A quién le harías daño? ¿Quién podría tener el derecho a reclamarte algo? ¿Podrías quedar embarazada y procrear un bebé con taras genéticas? ¿Para cuándo vas a dejar lo de ser feliz? ¿Para tu próxima reencarnación? No me respondas, por favor. Estas preguntas solo te las hago para que las medites. No quiero destrozar de una patada tu entarimado psíquico, solo deseo que seas feliz, porque te amo. Quiero que sepas que siempre he estado enamorado de ti, como hijo y como hombre. Que sueño contigo. Que te deseo más que a ninguna otra mujer en este mundo. Que me harías el más feliz de los hombres si pudieras ser mi pareja. Que casi los mismos sentimientos que te manifiesto, los tengo por la loquita de Ana. Pero te respeto como madre y a ella como hermana. Ustedes me son sagradas. Ese respeto es el que nunca me ha permitido atravesar esa línea roja que separa lo permitido de lo no permitido, la relación normal de madre–hijo del incesto. Y que conste, que para mí el incesto, con alguien como tú que ya no puede procrear, porque eso sí sería un hecho abominable, es solo hipocresía barata. ¿Tienes una idea de cuantas personas, en este mundo, en este momento, están cometiéndolo?

    Resulta que un acto de amor carnal entre una madre y su hijo, a mi modo de ver las cosas, debe ser el acto más hermoso de la naturaleza humana, porque ¿Quién puede amarme más que mi madre? ¿Quién puede amar a mi madre más que yo, su hijo? Ese acto, en mi opinión, sería sublime. De solo pensar en ello, ya soy feliz.

    Pero, siempre hay peros, si no la vida sería aburrida, nunca te voy a faltar el respeto. Para que algo así llegare a suceder, con mi madre o con mi hermana, tendrían que pedírmelo tres veces, porque con una sola no estaría seguro de nada, me daría miedo ser yo el desgraciado que las impulse al pecado. Eso es una promesa. Yo puedo ser un pervertido, porque en efecto lo soy si deseo a mi madre y a mi hermana, pero tengo patrones de conducta sólidos, inculcados por ti. Y por último, no sé cómo interpretar el hecho de que Dios me haya proveído de una madre y una hermana, es más de una madre con gemela idéntica y su hija también, tan hermosas como son ustedes. ¿Será que tenía algo planeado para mí o solo lo hizo para desesperarme? Me da miedo de solo pensarlo. Solo Dios sabe lo que él mismo nos depara.

    Continuará…

  • Lo que los gays amamos y necesitamos con furia

    Lo que los gays amamos y necesitamos con furia

    Me llamo Esteban, tengo 26 años y soy químico farmacéutico. El día que salí del closet fue porque estaba ahí adentro con un chico llamado Luisinho, en ese entonces, de 21 años. Estábamos loquitos bien estrujaditos ahí adentro refregando verga con verga y dándonos pellizconcitos suavecitos en los huevos, unos mimitos que nos hicieron sudar hasta el culo.

    En la planta baja se celebraba el cumpleaños de mi hermana. Luisinho y yo, dándonos gustazos dentro del closet, hasta que el calor y el sudor acumulados ahí adentro, nos hicieron renovar oxígeno. Y así fue como salimos del closet jajaja.

    No vengo aquí a hablar de mujeres, pero me alegro sobremanera de no tener sobre mis hombros la carga de serlo, en el estricto sentido de que yo no me preocupo si me cosifican, si me usan para garchar o follar, si me usan y me tiran, si soy un objeto sexual, si me siento «violado» con sólo ser observado. ¡A otro perro con ese hueso!

    Yo amo ser hombre y gay, y como soy activo y pasivo, también me gusta en la cama jugar a ser tu koalita, tu osita Panda, tu culebrita, o tu panterita putita, o tu ternera tragalechita calentita.

    Y como muchos gays, quiero ser usado y usada, cosificado y cosificada, y comerme todos los ricos machos del Uruguay y fuera de fronteras hasta los alienígenas si están bien follables, y que me degusten bien el culo y ya tengo un pequeño gang-bang en mi historial gay, con cuatro tipos en Playa Hermosa en Maldonado, y la vivimos bien rica y bien bomba, y el rosquete me quedó que me entra el rascacielos más alto de New York ¡y todavía me sobra espacio! Recuerdos amados…

    Si me miró y pensó tal cosa, que quiso decir con tal otra, porqué no me llamó, porqué me llamó, ¿habrá notado que me quiero tirar un pedo y rascar el grano que tengo en el culo? ¿qué me querrá decir? ¿que me va a dejar por un grano en el culo? Así padece la plebe femenina, pero yo ¡libre, libre y más que libre de tanta paparruchada e inseguridades al santo pedo!

    Soy gay, soy feliz, amo mi profesión por un lado y mi culo y mis huevos y mi verga, por el otro, y si por mi fuera andaría todo el día de culo al aire rogando un buen tronco de roble bien adentro hasta que la próstata y la vejiga se me salgan por la boca de tanto taladro made in la naturaleza.

    Y meter y meter la mía, y sacarla y que me sacudan bien el culo rogando que vuelva a meter mi caño grueso rebosante y hacer bastantes cochinadas morbosas y cagarme de la risa hasta de la propia mierda si ésta fuera una persona.

    Muchos gays se depilan, pero yo no. Amo mi verga toda peludota y el chico que me estoy garchando por el culo ahora, se llama Gus, y le da terrible morbo y placer demencial sentarse sobre mi vergota peluda y metersela hasta el infinito del ojete y de la garganta ¡Lo enloquecen mis pelos a la conejita puta de Gus!

    ¡Los quiero a todos bien putos y depravados y vamos todos los putañeros jóvenes y viejos, con la polla contra el ombligo, a darnos bomba a la noche en la playa! ¡Que la vida es una sola y no existe infierno ni paraíso!

    Esteban, alias «Stebi», ¡besitos y lengua en el rosquete!

  • La que se empina (5 y final)

    La que se empina (5 y final)

    Pero en la comunidad de Montepinar no solo era el rancio pescadero quien causaba estragos con sus enormes ganas de vicio y sexo, algo estaba cambiando en el edificio, todos y cada uno de los vecinos comenzaba a sentir una irremediable mezcla de pasión, fuego y deseo desenfrenado, todos con todas, todas con todas.

    El pescadero había expandido sus ganas de follar a todos los vecinos, eso ya era irremediable y Antonio se percató de ello y que hizo? Agudizó su faceta pajillera, se dedicó discreta y meticulosamente a poner cámaras en todas las viviendas, iba a observar el desenfreno in situ, una Sodoma y Gomorra del siglo XXI. Una tarde se compró 16 latas de cerveza y se preparó para ejercitar músculo. Se encerró en su despacho, conectó el ordenador y activó todas sus cámaras. Y no se arrepentiría.

    Empezó por el piso de Araceli, la voyera mística ex de Enrique Pastor no tenía claros sus gustos así que no le ponía pegas a nada. Araceli estaba en la cama frotando su coño como si no hubiera un mañana con alguien, era evidente que era otra mujer pero, quien? El Rancio activó el zoom y la sorpresa fue mayúscula al ver que su compañera de tijera era Carlota, la tetona hija de Amador y la Cuqui. Que desenfreno, cuanta pasión, parecía una violación pues la jovencita no podía casi moverse, Araceli tomaba la iniciativa la lamió toda, diafrutó de la niñata pero también quería saber si había convertido a su joven vecina en una lesbiana deseosa de coños para el resto de su vida y dejó que Carlota actuara. La adolescente se fue directa al pilón de su madura vecina y no dió tregua, estuvo màs de una hora seguida lamiendo, succionando y tragando el peludo coño de La voyera mística, cuanto placer le dió, inmediatamente después decidió dirigirse a las inmensas tetas de la MILF. lamió, chupó, buscando leche que mamar pero su intento fue en vano. Eso si, las dos quedaron complacidas y de buen seguro juraron repetir.

    El cimbrel del pescadero había cogido un tamaño descomunal y las pajas se repetían una tras otra, su idea de hacer de voyeur casi le gustaba más que follárselas a cuatro patas. Cual sería su siguiente espionaje? Se fue al baño donde orinó las latas de birra que se había tragado y pasó a la cámara de la modistilla. Yoli Morcillo no había disimulado nunca el asco que sentía por Fermín el espetero pero muchas noches al ver como la tanqueta, su madre chillaba y gozaba al ser bombeada por Fermín había sentido una necesidad inenarrable de masturbarse. La Tanqueta había ido a pasar un fin de semana con unas amigas en Benidorm, necesitaba catar nuevos miembros y se quedaron solos en casa Yoli, su hermanastro Josito y Fermín y claro, como se suele decir, la ocasión hace al ladrón.

    En esa casa esa noche se notaba la pasión yel olor a sexo a raudales. Esa noche Fermín estaba cansado pero hacia las , 2 de la mañana notó como alguien entraba en su habitación, en el lecho donde se tiraba a la Carrascosa, la madre de Yoli y el decidió hacerse el dormido. Ni en sus mejores sueños hubiera imaginado que su hijastra sería la que completamente desnuda invadiría su cama para follárselo y tragarse su semen tantas veces repudiado. Yoli se puso manos a la obra se montó sobre Fermín y se juró tirárselo y darle tanto placer que el espetero nunca más se follaría a su sra madre sin pensar en cada segundo en su propia hija. El Rancio estaba en su despacho contemplando esa cabalgada y su mano no podíair más rápido para masturbarse, era un sueño hecho realidad, todos y todas sus vecinas estaban dando rienda suelta a sus más oscuros deseos. Cuando Fermín se vió usado por su hijastra decidió ponerse en plan dominator. Vendó los ojos a Yoli y la puso a cuatro patas. Nunca pudo imaginar el cuerpazo que tenía aquella joven, que curvas, que pechitos, que coñito má gustoso y comi nunca había tenido una buena relación con ella y había sido burlado y humillado varias veces por ella sintió que había llegado el momento de culminar la venganza.

    Con Yoli vendada decidió proponerle un juego, «tengo un amigo que te desea» le dijo Fermín, te propongo follártelo para complacerle. Ella asintió, era imposible decirle que no y El Gorrilla actuó, la cogió de las manos y la llevó a la habitación de al lado. Yoli Morcillo estaba tan entregada que ni se planteó con a quien se iba a tirar, siguió las instrucciones de su padrastro y se introdujo en la boca los calzoncillos de su nuevo amante, se notaba un fuerte olor a lefa, como si alguien se hubiera corrido hacía poco pero ella decidió obedecer al espetero sin rechistar. El siguiente paso fue montar al hombre que estaba en la cama. El tbn tenía los ojos vendados, eso si, sus manos estaban libres para tocar y palmear el enorme culo de negra de Yoli. Y allí empezó el espectàculo. La reina del brillo montó a su amante con tanta pasión y deseo que hubiera partido diez camas sin problemas.

    El amante se corriò más de 6 veces y siempre impregnó las entrañas de la modistilla, la fecundó fijo pero les daba igual. Había llegado el momento, la venganza se sirve fría y Fermín le susurró al oido de su hijastra, «t voy a detapar los ojos para que veas quien puede ser a parte de mi el padre de tu hijo» y lo hizo. Quitó las vendas a los dos a la vez, un incesto entre hermananos, era no de sangre pero si de convivencia desde pequeños, era Josito, el pajillero Después del primer momento de sorpresa, los hermanos, que habían disfrutado tanto decidieron continuar con la bacanal. Ahora fue Josito quien insertó la polla en el ano de su hermano, ella no podía dejar de gozar, estaba en plan muy muy muy cerda, en ese momento se hubiera follado cualquier cosa o persona. En su despacho Antonio había acabado su suministro de cleenex para para limpiarse el semen, decidió hacer un kit kat e irse a lavar su cuerpo sudoroso pero la historia y la noche aun era muuuy larga.

    La comunidad de Montepinar había acabado siendo un puterío, las vecinas estaban desbocadas follándose a todo lo que se movía. Los hombres decidieron que las chicas podían elegir su semental y estarían a su disposición siempre que sus amos lo desearan. Raquel decidió ser el chochito del pescadero, no lo comprendía pero tenía pasión por lamer esos huevos peludos, Yoli sucumbió a los encantos de Fermín, se lo folló tantas veces que su chocho olía a espeto, Lola decidió quedarse embarazada de Josito, el vecino pajillero y medio retrasado hermano de Yoli Morcillo, Carlota eligió a Coque, ella sabía bien el aparato que gastaba el conserje e iba a sacarle todo el jugo, de forma literal al mango.

    Pasaron los años y los hombres se cansaron de ellas, decidieron intercanbiarse a las chicas hasta que decidieron echarlas de la comunidad para coger nuevas inquilinas a quien empotrarse pero eso es otra historia.