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  • Haciéndole el culo a mi prima delante del esposo

    Haciéndole el culo a mi prima delante del esposo

    «Mientras yo entraba y salía del culo de Ana, ella lo movía en círculos, lo estaba disfrutando realmente. La tome firme de la cintura y aumente mi velocidad e intensidad con que lo penetraba, ella empezó a dar gritos de placer mientras chupaba a Sofía.»

    El sábado pasado, luego de nuestro viaje a España por nuestras vacaciones, recibimos para cenar en casa a mi prima Ana y a Jorge, su marido. Ana tiene 35 años, mide 1,60 m y es bastante linda, con un cuerpo normal, ni demasiado ni poco. Jorge tiene 40 años, no sale del estándar de los hombres a su edad, semi calvo, con algo de panza.

    Por nuestro lado, Sofía mi mujer, mide un 1,70, 27 años, con muy buenas tetas y un culo que me vuelve loco. Yo tengo 28 años, mido 1,75, y estoy en un muy buen estado físico.

    La cena fue tranquila, aunque me sorprendió la cantidad de vino que tomo Ana. Les contamos del viaje, algunas peripecias que pasamos, y los paseos que hicimos. Luego de la cena, nos sentamos en el living, a tomar un café y whisky, para seguir charlando. Mi mujer tiene mucha confianza con Ana, por eso no me sorprendió un comentario que hizo.

    – Ana, no sabes como se puso Marce cuando fuimos a la playa nudista, por suerte no pasamos vergüenza porque no tuvo ningún “levantamiento”, pero se le iban los ojos.

    – ¿Uds. estaban desnudos? Preguntó Jorge.

    – Si, por supuesto. Y te digo que me sentí re bien, sobre todo porque varios tipos me miraban… Dijo Sofi.

    – Guacha… que envidia… A mí ni mi marido me mira. Dijo Ana y nos dejó helados a los dos.

    – Ana, no jodas, tenes un buen cuerpo. Te aseguro que su hubieras estado, te hubieran mirado. Sigo, al rato nos fuimos a caminar, y pasamos unos riscos, donde Marce no pudo contenerse y me hizo chuparle la pija. Por suerte estábamos casi solos.

    – ¿Casi solos? Pregunto Ana.

    – Si… había una chica, que no la vimos. ¿Podes creer que este desgraciado le hizo señas? Y la chica se acercó con una sonrisa, se puso de rodillas y las dos le chupamos la pija. Nos acabó en la cara a las dos el desgraciado.

    – Ah… pensé que las había cogido a la dos. Dijo Ana.

    – Eh… a la noche… no sabes que noche de locos que pasamos. Una gallega super caliente, fuego era la piba.

    – ¿Hicieron un trio? Dijo sorprendida Ana.

    – Sí, no sabes la locura que fue. Y al día siguiente, ella vino con Emilio, su novio. Eso fue de locos. Yo de pronto estaba en cuatro patas, Marce en mi concha, Emilio en mi boca, y Marcia chupándome las tetas… Mierda me hicieron.

    – Mmm… guacha te diste todos los gustos parece.

    – Algunos… y te digo que tengo ganas de repetirlo… Verlo a Marce hacerle el orto a Marcia, me puso a mil te juro. Tenes que probarlo, es de locos en serio.

    – ¿Con quién? Jorge ya casi no me toca. Dijo con bronca mirándolo.

    – Uff. Voy a servir otro whisky y un café. ¿Alguien quiere?

    Yo quise y las dos se fueron a la cocina. Nos quedamos solos con Jorge, que no hablaba y miraba las fotos de la repisa. Ellas volvieron, y Sofía me dijo al oído.

    – ¿Tenes ganas de darnos a las dos? ¿Hacernos el culo a las dos?

    La miré sorprendido, no me esperaba esas preguntas. Por supuesto que le dije que sí.

    – Ayudame Ana. Dijo Sofía.

    Me hicieron parar, y entre las dos me quitaron los pantalones y el bóxer. Jorge miraba sin poder creer.

    – Ana… Llego a decir Jorge.

    – No me jodas, vos no me coges, pues alguien me va a coger bien cogida. Dijo ella.

    Las dos se pusieron a chuparme la pija, las bolas. Sofía se metía toda mi pija en la boca y se provocaba arcadas, Ana se volvía loca lamiéndola. En un momento sus bocas quedaron muy cerca y tomando sus cabezas hice que se besaran. Lo hicieron, pero con mucha vergüenza al principio. Un par de minutos después, las dos se besaban como si siempre lo hubieran hecho. Y Sofía, le empezó a tocar el culo a Ana, jugando con sus dedos en la raya, cerca del orto. Lo mire a Jorge y estaba quieto, mirando con los ojos bien abiertos.

    Sofía la dejó sola a Ana chupando, le separó los cachetes, y se puso a chuparle el culo. Ana la miró y gimió de placer.

    – Guacha, que caliente que estás… vas a ver cuando te la meta en el orto, te va a hacer volar de placer. Dio Sofía y le empezó a meter dedos en el orto.

    Ana empezó a chupar con desesperación, como si fuera la última pija que pudiese chupar. Cada tanto se detenía a ver como Sofía le metía dedos en el culo y gemía.

    – Contale a Jorge como te estoy metiendo dedos en el orto, preparándotelo para la pija de Marce.

    – La guacha tiene dos dedos en mi orto Jorge, ahora me mete un tercero… Marce, cojeme el culo por favor… Dio Ana.

    Sofía se sentó en el sillón y abrió bien las piernas para meterse un par de dedos en la concha, yo puse a Ana mirándola y lentamente fui metiendo mi pija en su culo. Ana gemía de placer. Sofía la tomo de los cabellos he hizo que se pegara bien contra su concha, y le levanto la cabeza para mirarla.

    – Como te gusta primita, y a mí me encanta ver como te coge ese culo.

    – Hijo de puta, me estas volviendo loca, no pares por favor. Dijo Ana.

    Sofía la tomo nuevamente de los cabellos y le puso a chuparle la concha.

    – Jorgito, pelotudo, mira como Marce le hace el culo a tu mujer, que me está dando una chupada Aggg… de concha genial…

    Mientras yo entraba y salía del culo de Ana, ella lo movía en círculos, lo estaba disfrutando realmente. La tome firme de la cintura y aumente mi velocidad e intensidad con que lo penetraba, ella empezó a dar gritos de placer mientras chupaba a Sofía.

    – Así mi amor, dale con todo, que tenga un orgasmo gigante. Dijo Sofía y se bajó del sillón para ponerse de rodillas, y mientras con una mano jugaba con el clítoris de Ana, con la otra se masturbaba con todo.

    – Desgraciados, me están haciendo volar en serio. No paren… Dijo Ana.

    – Vamos las dos juntas Anita.

    Escucharlas gemir de placer a las dos fue el detonante final. Embestí con todo el culo de Ana, y le llené el culo con mi leche. Ella dio un grito genial y con su esfínter anal, me apretaba la pija durante el orgasmo. Sofía tuvo su orgasmo y las dos me limpiaron la pija, mientras se besaban.

    Me senté en el sillón y ellas a mi lado.

    – Esto es lo que necesito en mi vida. Un hombre que me coja bien cogida. Quiero el divorcio. Dijo Ana.

    Jorge se levantó y sin decir nada se fue de casa. Los tres fuimos a nuestro cuarto y ellas se empezaron a besar, acariciar y chupar con todo. Mi pija se volvió a poner dura, y fue el turno de Sofía…

  • Con el otaku de México

    Con el otaku de México

    ¡Hola a todos! Esto pasó antes de salir de vacaciones. Teníamos que realizar infinidad de trabajos, pero algunos maestros tuvieron consideración con el grupo así que algunas asignaturas tuvimos que realizarlas con otro compañero que nos fueran asignando. Mi salón es amplio además de mis amigas (qué a veces cambiamos de grupos) habían de todo tipo de personas, para mi mala suerte (o buena para el) me tocó con un chico de esos que parecen otakus, medio gordo, cabello largo y de estatura mediana aunque debo de reconocer que era un genio en los números y podría ayudarme demasiado en los trabajos que nos impusieran.

    El chico de nombre Alan sabía poco de mi ya que generalmente no suelo hablar con personas así, en fin, al finalizar las clases nos pusimos de acuerdo para las tres materias en que íbamos a trabajar juntos, en realidad eran tres trabajos para cada materia de modo que compartiríamos mucho tiempo juntos en la universidad. En una ocasión por ingenua me topé con un maestro y comencé a coquetearle un poco y aunque este ya me había invitado a salir le inventaba cualquier pretexto porque no quería verme tan puta sabiendo que ya he estado con otros maestros de la uni (supongo que para ese entonces ya sabía que algún maestro le habría dicho de lo que hacía por pasar alguna materia cosa que es muy común en la universidad) así que me acerque mucho a él mientras hablábamos pero para eso noté a mi compañero Alan debajo de las escaleras, mi nerviosismo fue tal que me despedí del profesor y con algo de nerviosismo le pregunté si pasaba algo a lo cual me dijo que si en donde terminaríamos el primer trabajo lo cual ya estaba avanzado. “Que tonto…” pensé, solo para eso me buscaste le pregunté a lo cual me dijo que si, bajamos las escaleras y al llegar a los pasillos para llegar al estacionamiento le dije que nos viéramos en la biblioteca al día siguiente ya que tenía cosas que hacer, se retiro y me fui a mi coche pensando si había visto lo que hacía con el profesor…

    Al día siguiente al terminar las clases me dirigí a la biblioteca para terminar el trabajo con el teto de mi compañero, al entrar lo vi hasta el final, no sentamos y comenzamos a darle algunos retoques al trabajo que teníamos que entregar. La verdad el fue de mucha ayuda ya que para ser el primer trabajo no nos fue mal así que ahora quedaban realizar dos asignaturas más, en una de las tantas idas a la biblioteca comenzamos a abrirnos más y a tocar ciertas conversaciones que me incomodaban por el simple hecho de ser el. En una ocasión un profesor me hablo para hablar en privado lo cual le pedí que me esperara un rato ya que el profe estaba como a dos mesas de nosotros, me levante de donde estaba con Alan y me dirigí con el maestro, de reojo noté como me veía Alan y para ese rato se acercó otro profesor de grados más avanzados lo cual me presento el profesor con el que estaba, me dirigí a la mesa de mi compañero Alan y seguimos conversando acerca del trabajo y ya a punto de terminar me dijo algo que me saco de onda:

    “Denisse, se que eres de las inalcanzables y que esto no es lo tuyo hablo acerca del trabajo, eres buena pero para hacerla en equipo te limitas mucho así que me gustaría proponerte algo…”

    Yo quería saber de qué iba la propuesta y lo único que se me ocurrió pensar fue en dinero pero no, el prosiguió hablando…

    “Mira, se poco de ti, ojalá no te enojes porque se que estamos siendo honestos con el trabajo pero mira, de las horas que estamos haciendo esto tú puedes ir a tu casa a descansar y yo hacer los trabajos pendientes pero mira, en una ocasión fui a una fiesta y te vi con otro sujeto mayor que nosotros creo que de séptimo semestre y los vi entrando a un cuarto, lo que hiciste me lo imaginé varias veces en mi cuarto y la verdad te propongo estar contigo solo 10 minutos y te olvidas de los trabajos…”

    Jajaja, comencé a reírme, tanto que algunos quedaron viendo y hasta hacer seña de la voz baja, el tipo estaba feito pero el trabajo me consumía y me quitaba horas de mi sagrado sueño así que le dije que no se preocupara, la propuesta no se la aceptaba pero si quería algo conmigo que tratara de convencerme así que no tardo en ofrecerme 5 mil pesos, me pareció tentador pero hacerlo con el no me latía para nada así que se me ocurrió hacerle esta propuesta:

    “Te seré sincera, el trabajo me consume y estás horas de estos pendientes también así que mira, no puedo hacer algo que no me nazca me caes bien (se lo dije en buen plan) pero podemos mejorar la propuesta para que ambos estemos convencidos…”

    Para esto ya estábamos entrando en confianza así que me preguntó: “¿Porque esos profesores te quedan viendo mucho?” Refiriéndose a aquellos que estaban a dos mesas de nosotros, coquetamente le dije “Porque uno de ellos me invitó a salir y el otro me lo presentó, supongo que en semestres más adelante no dará clase”, ni se inmutó el chico y me preguntó “¿Cogeras con ellos?” A lo cual le dije: “Posiblemente…”, Su rostro dibujo una sonrisa muy obscena y me dijo: “Te propongo esto, no te puedo obligar a hacer algo conmigo pero si me dejas ver como lo haces con ellos te olvidas de los trabajos…” Lo veía algo justo ya que el chico iba a sacrificar demasiadas horas en nuestro dos últimos proyectos y yo iba a descansar y solo enfocarme en mi trabajo que para ese entonces ya nos tenían un poco apresurado así que le pedí que me volviera a hacer la propuesta mientras intentaba grabar lo que el decía en mi teléfono de modo que si alguien más supiera lo que haria el se vería afectado por lo que me decía además de que me encargaría que todos los profesores fueran en contra de él, se asustó un poco pero luego de afinar detalles en las propuestas acordamos que el iría en mi coche el día en que me vería con el profesor y se escondería debajo de la cama del hotel además me encargaría que no llevara nada para grabar o esas cosas, el feliz acepto la propuesta y termine yendo a mi casa.

    A los tres días me topé al maestro con el que me había encontrado en la biblioteca, casualmente iba con Alan, me hizo seña de hablar conmigo, me acerque a él y comenzó a decirme si podíamos salir, de reojo vi a mi compañero y le dije que si pero que fuéramos directos, yo lo vería en el hotel y por msj le diría en que habitación estaría, al profesor le encantó la idea así que el viernes por la tarde sería el encuentro. Se lo conté a mi compañero y pareció gustarle demasiado tanto que me dijo que el segundo proyecto ya estaba por terminar, le dije que yo pasaría por el y nos iríamos al hotel para poner todo en orden. El viernes llegó y se pasó rápido tanto que a las 2pm ya estábamos saliendo, me dirigí al estacionamiento con mi amigo para luego escuchar la llamada del maestro. “Si quieres escuchar no hagas ruido…”le dije a mi compañero, respondí a la llamada y me dijo el profesor que sería después de las 6pm, le dije que estaba perfecto, le dije en que hotel nos veríamos y para eso escuché que estaba con alguien más, le pregunté con quien estaba y me dijo que con el maestro que me presento aquella vez en la biblioteca, me dijo si no había problema en qué fuera a lo cual le dije que no, al parecer tomó el teléfono y comenzó hablar conmigo, le dije si a todo lo que me decían y les finalice la llamada diciéndole que a las 6pm los vería. Mi compañero estaba rojo y al parecer lo sentí con frió le pregunté si estaba bien y me dijo que si solo que muy excitado, solo comencé a reírme…

    Les di instrucciones específicas a mi amigo, a las 4pm saldría y nos veríamos por mi casa y para evitar el tráfico nos iríamos un poco rápido así que si no estaba en el lugar me iría sin el. Llegó la hora establecida y en una esquina vi a mi compañero ya esperándome, lo subí rápido y de volada me dirigí al hotel, para suerte mía no había tanto tráfico como otros días así que me dirigí al hotel y al llegar les dije que la persona que entrara a mi habitación pagaría, ingrese mi coche y como pude metí a mi amigo debajo de la cama. Le marque al profesor y me respondió que ya estaba a 5 minutos del lugar, le recordé que tenía que pagar y le di el número de la habitación. Me quite el pantalón y la blusa para quedar con mis calcetas y mi bra blanco y un calzón del mismo color. Escuché tocar la puerta y me dirigí a ella y efectivamente eran los dos profesores, ingresaron al cuarto y comenzamos a hablar. “Mira ya esta lista…” dijo uno de ellos, yo les sonreí y les dije “bueno aquí me tienen, pueden tomarme” mientras ponía mis manos detrás de mi espalda. Uno de ellos comenzó a besarme y el otro comenzó a quitarse la ropa, me movían de un lado a otro hasta que ambos estaban desnudos. No me mentirán qué hay profesores que andan con alumnas incluso lo viernes en el estacionamiento veía a algunos profesores subiendo a alumnas a su coche aún cuando estas tenían novios. La necesidad de una buena calificación o la calentura de estar con un maestro excita demasiado ¿O me equivoco?, como sea, en ese instante tenía a los dos maestros para mi sola así que hice que la atmósfera fuera más excitante para mi compañero que estaba debajo de la cama.

    A ambos los senté y comencé a hacerles sexo oral, de tan húmedo que dejaba sus miembros comenzaba a escucharse el “aggg” así que comencé a hacérselo demasiado rápido. Uno de ellos lo estaba disfrutando demasiado que comenzó a quejarse (el más viejo) así que me enfoqué en el para que terminara, trataba de pasar mi lengua en su glande, lo llenaba de saliva y pasaba mi fina lengua por su glande. Cómo el hotel tenía demasiados espejos notaban como mi cabello largo se movía de arriba y abajo, pronto comencé a succionarlos hasta mi garganta y trataba de dejarlo adentro de mi boca para satisfacerlos pero inmediatamente cambiaba de miembro. Después de un rato de rodillas el mas joven me pidió acostarme en la cama así que como niña buena obedecí, comenzó a darme mientras el maestro mas viejo un poco incómodo trato de acercar su miembro a mi cabeza para que continuara disfrutando. Del silencio de la habitación pasó a escucharse pequeños aplausos y el “aggg” que hacía mi boca con el miembro de uno de los profesores. Al parecer el más joven sabía cómo satisfacer a una alumna, “Estás alumnas de hoy resultaron ser las más zorras…” dijo el maestro más joven mientras los tres reíamos de ese comentario. Después de un rato decidieron cambiar de posición, me tocaba meterme el miembro del profesor más joven mientras el más viejo comenzaba ya a embestirme, “Tu estás más apretada que tú otra amiga…” me dijo, no podía responderle ya que tenía el miembro del otro profesor así que decidí sacármelo de la boca y ya bien caliente pregunté por quien a lo cual me dijo que ya debía saber, evidentemente sabía quien pero decidí disfrutando.

    Me olvidé de mi compañero que a estas alturas me imaginaba que estaba disfrutando más que yo. Después de unos minutos se escucha una llamada del teléfono del profesor más viejo, decidió contestar no sin antes pedirnos que guardáramos silencio, para esto ya frotaba con mis manos el miembro del profesor joven. “Carajo es mi esposa, tendré que irme…” dijo, no sin antes decirme si podía hacerlo terminar en 10 minutos a lo cual le dije que trataría. Le pedí que se acostara mientras el otro profesor veía, me subí encima de el y comencé a metérmelo, una vez adentro comencé a darme sentones hasta que decidí moverme muy rápido. “dios” “dame más” decía, así que decidí hacerlo más rápido hasta que me tomó de sus brazos y me pego hacia su pecho tanto que logré sentir como el condon se llenaba de su esperma. Ya cansada me recosté a un lado suyo mientras le daba un beso y en un rato se cambió para luego despedirse de nosotros. “Bueno ya te tengo para mi sola” dijo el profesor más joven, “Si profe, pero que sepa que cuando me de clases no asistiré mucho por mi trabajo” le dije, “Tú nada más cúmpleme con esto y estás del otro lado” sentenció.

    Me puso en 4 y comenzó a embestirme, al parecer ya tenía mucha práctica y mientras me estaba cogiendo decidí preguntarle “Ha cogido con alumnas” y me afirmó que si. “Tu tienes que ser mía ok” me dijo, para lo cual le respondí “Salgo muy caro profesor pero ya lo veremos…” continuo metiéndolo hasta que me acosto, me levanto mis piernas y comenzó a embestirme. “ahhh” “ahhh” comenzaba ya a quejarme, después de darme un buen rato así se despegó, quito el condon y lanzo demasiado esperma en mi abdomen. Ya feliz los dos comenzamos hablar hasta que se metió al baño me asomé debajo de la cama y le hice señas a mi compañero que aún guardara silencio. Al salir el profesor se vistió y se despidió de mi, una vez cerrada la puerta me puse mi bra y mi calzón que estaban en el piso, le pedí a Alan que saliera y para eso vi una mancha húmeda en su entrepierna, solo decidí reírme y le pedí que me esperara en el coche, me di una ducha rápida y baje, en el trayecto no me decía nada Alan pero era obvio que estaba muy muy excitado, lo baje en donde habíamos quedado y le dije que el lunes nos veríamos en la biblioteca, nos despedimos muy equis y de nuevo a esperar la rutina del lunes.

    En el camino a mi casa sentía cómo me volvía a excitar el hecho de que un compañero de clases me viera o en este caso me escuchara coger con dos maestros de la facultad, sabía que tenía que repetirse pero eso se lo dejaba a él. El lunes entrando al salón me abordó Alan y me dijo que el último proyecto ya estaba finalizado y que ya no tenia nada de que preocuparme. “Que alivio” le dije, seguimos con nuestras clases normalmente hasta que el jueves me preguntó cuando podría repetirse, la verdad sentía cómo me excitaba el solo pensar el riesgo mío y de mi compañero al saber que una persona me ve cogiendo mientras la adrenalina sentía el riesgo que el corría si era descubierto. Le dije que tenía que recuperarme y a lo mejor ya a finales vería que pasaba. Estábamos a menos de dos semanas de terminar cuando una compañera de nombre Sandy me pidió ayuda sobre uno de sus trabajos, intente ayudarla pero le dije que en los números no era buena así que le dije a mi compañero Alan si podía ayudarla a lo cual no se negó y en menos de 20 minutos ya tenía listo su trabajo. ¡Bien hecho! Le dije, para después irse con sus amigos otakus, Sandy era una compañera muy inteligente pero al saturarnos de trabajo el estrés hacía de las suyas, le pregunté cómo había estado ya que tenía demasiado que no hablábamos como amigas bien.

    Me dijo que todo estaba bien pero que para esos días estaba indecisa en que regalarle a su novio. Ella tenía alrededor de dos años con el a pesar de estudiar en una universidad de prestigio y ser mayor a nosotras el tenia ya su futuro asegurado. Me confesó que, en una fiesta ambos se pasaron de copas y terminaron en un motel y en pleno acto el le ofreció un trío con alguna chica pero su inocencia no pudo asimilar tal situación. Sandy es bonita, de piel blanca y cabello lacio igual al mío, no sabía si ser directa con ella pero me arriesgue:

    ¿Te agrada la idea de hacer un trío con tu novio? Le pregunté…

    “Si, pero no se a quien decirle, el me dijo que escogería a la chica, le excita pensar que yo esté con alguien por eso me lo propuso…”

    Sin más rodeos le dije: “Mira, nos conocemos si gustas puedo ayudarte en ese sentido…”, su carita se puso roja y no sabía que decir. “Mira, solo dile que ya tienes a la chica y dile que el sábado porque solo ese día puedo si te pregunta quien es mándale mi cuenta de Instagram….

    Logró asimilarlo después de un rato, el mensaje no tardo en llegar así que el accedió con la única condición que le diría en que Hotel y habitación estaría y juntos aceptaron. Ya tenía otro encuentro ahora solo faltaba decirle a mi compañero, no mentiré que para ese rato estaba algo excitada, sentía cosquillas en la parte baja. Le comenté y me dijo que se perdería una convención así que le di un “bye” a lo cual luego me dijo que si iría con tal de ver tal escena. El sábado llegó, recuerdo haber llevado un short de mezclilla, mi tenis blanco y una blusa verde casual, pase por mi compañero y nos dirigimos a otro Motel. Una vez entrando le pedí a Alan que acomodara la cama un poco a la esquina para que lograra ver un poco, le mande mensaje a mi amiga y una vez que me dijeron que iban en camino Alan decidió esconderse. Tardaron alrededor de 30 minutos tanto que me aburrí esperándolos. Una vez que entraron a la habitación Sandy me presento a su novio, alto, guapo y de cuerpo atlético. Sandy venia con un short y una blusa muy equis, ella no sabía cómo iniciar y eso me lo hacía difícil así que le pregunté a su novio que quería hacer primero…

    “Quítense la ropa…” nos dijo mientras tomaba asiento. Ambas comenzamos a desabrochar nuestros shores y a quitarnos las blusas, de reojo vi a Sandy cómo estaba con una tanga de dibujitos que hacía juego con su bra y ella levantó la mirada para verme con una tanga rosa y un bra negro. “Bésense…”, nos miramos así que la tome de los hombros mientras la abrazaba y comencé a besarla, sabía muy delicioso Sandy, continuamos un rato hasta que escuchamos cómo su novio iba quitándose parte de su ropa. Captamos la indirecta así que decidimos hincarnos. Me daba cierto morbo saber cómo una chica inteligente como ella succionaba los miembros así que le pedí que iniciara ella, note cierto nerviosismo que lo hacía despacio tanto que su novio parecía disfrutarlo, yo solo me limitaba a acariciar parte de sus testiculos. “Me toca” le dije, comencé un poco lento hasta que agilice mis movimientos, me tomo de la cabeza e intentó metérmela hasta el fondo de mi garganta cosa que pudo hacer. Yo solo lo tomaba de sus rodillas y me alejaba porque parecia hacerlo muy brusco conmigo.

    Continuamos compartiendo un buen rato ese miembro hasta que nos pidió que siguiéramos nosotras. Al parecer un poco ya calientes nos levantamos y nos acostamos en la cama. Continuamos besándonos hasta que ví que el novio de mi amiga bajaba mi tanga para meter su cara entre mis nalgas. Yo continué en lo mío con Sandy, tanto que ya comenzaba a meterle mano a ella, la sentía húmeda y sus lamentos comenzaron a escucharse. Le pedí que se subiera encima de mi y que ambas nos diéramos sexo oral, obedeció y continuamos besando nuestro pussy, ella ya estaba muy húmeda y yo ya iba para ese rumbo. Le pedí que se moviera un poco y cruzamos nuestras piernas mientras ella estaba debajo mío y me movía para sentir nuestros coños ya húmedos deslizándose entre sí. “mmmmm” escuchaba a Sandy quejarse mientras veía a su novio ya masturbandose. Nuestra respiración se escuchaba en todo el cuarto hasta que su novio acercó su miembro a la cabeza de Sandy y comenzó a succionarlo, yo continué moviéndome demasiado rápido para hacer que terminara Sandy y en un lapso de unos minutos sentí como parte de la sabana de la cama estaba húmeda, para asegurarme me despegue de ella y comencé a introducir mis dedos en ella de modo que ella me los apartaba. “Terminé…” dijo Sandy, su novio un poco molesto comenzó a darle pequeños golpes con su miembro en la cara, ambas nos miramos a los ojos y yo un poco más caliente le pregunté:

    “¿Me dejas disfrutar a tu novio?”, ella me dijo que adelante, aparte a Sandy y comencé a chupar el miembro de su novio, el muy tosco metía su miembro hasta mi garganta y no había forma de despegarme ya que mantenía sus manos en mi cabeza, sacaba demasiada saliva así que me levanto y me dio una nalgada, me puso en 4 y comenzó a embestirme. “que rico” comencé a gritar mientras la intención de el era dejar mis nalguitas todas rojas de los azotes que me daba. “¿Te gusta como te estoy cogiendo?” Me decía en cada embestida. Me puso en misionero y mientras me daba me pregunto si no había problema en qué me llamara Sandy (Asi cómo su novia), no me negué así que comenzó a darme cachetadas y a tomarme del cuello mientras las embestidas eran más fuertes. “ahhh” “ahhh” comenzaba a gemir de lo rico que me lo hacía mientras mi amiga veía todo a un lado nuestro. “¿Me das el ano?” Me preguntó mientras le dije “No se” me dio una cachetada para luego decir “Ya es hora que me des el ano por los años que llevamos” (Al parecer Sandy mi amiga no le había dado entrada a eso así que accedí) “métela toda…” le dije, me acomodo y sentí como parte de su glande fue entrando, solo me agarré de las sabanas mientras me penetraba, me sentía demasiado caliente entre el placer y el dolor pero lo disfrutaba, Sandy se acercó a besarme así que continuamos los tres hasta que su novio se despegó, se quitó el condón y nos pidió juntar nuestros rostros. “ahhhh”, escuchamos mientras el semen caía entre nosotras. El semen cayó más en mi boca así que le hice señas a Sandy que abriera la suya para pasarle un poco y accedió, ambas quitábamos el semen de nuestras caras y procedíamos a comerlos hasta que su novio se acostó en la cama y en cada lado nosotras.

    Descansamos un buen hasta que ellos decidieron bañarse juntos y despedirse de mi, le dije a mi amiga y compañera que ya nos veríamos en clases, una vez que se marcharon me puse mi ropa interior y le pedí a Alan que saliera, al salir lo vi todo mojado de los brazos al parecer había eyaculado (Y quien no) con lo que había vivido. Nuevamente le pedí que me esperara en mi coche para irnos mientras tomaba un baño, al salir me cambié y baje por el. En el camino hablábamos que ya se había hecho el trato además de que en esa semana (Que ya era la última) entregaríamos el proyecto, estuvo de acuerdo así que lo dejé en donde había pasado por el y disfrute de eso días sin pendientes. En nuestro trabajo estuvo de lo mejor y hasta ahora me ha ido súper genial…

    ¡Saludos!

  • Una entrañable amistad con Carmen

    Una entrañable amistad con Carmen

    Conozco a Carmen desde hace 4 años, trabajamos juntos durante mucho tiempo, en una empresa de venta de insumos para la imprenta gráfica, desde mi llegada a esta oficina, fue algo especial conocer aquella mujer, Carmen es una mujer de piel canela, labios gruesos y cabellos rizados, son las facciones que más me atrajeron de ella. A los meses de estar trabajando juntos, la amistad, la confianza, el cariño, fueron en aumento, conversábamos siempre sobre temas personales, nuestras relaciones familiares, sentimentales, aspiraciones en la vida y muchos sueños que compartíamos. Casi sin conocernos teníamos muchas cosas en común.

    En aquel momento, ambos sin pareja, ella estaba divorciada ya hace un par de años, y aunque tenía un hijo de 15 años con el que vivía en su departamento, no era impedimento para salir de fiesta con toda la gente de la oficina. Yo en aquel momento pasaba por una relación algo toxica, una relación sin sentido, era una relación un tanto insana sentimentalmente, mientras más nos alejábamos, más nos extrañábamos, una relación que ambos detestábamos, pero que sin embargo, por algún motivo nos gustaba estar en esa situación un tanto perjudicial. Esas cositas me eran imposibles no hablarlas con Carmen.

    Sin darnos cuenta pasaron unos 2 años en aquella empresa, siempre consiguiendo buenos resultados en las ventas, clientes muy asegurados a nuestra cartera comercial, nuestros incentivos mensuales, superaban nuestras expectativas. Cada fin de mes organizábamos un almuerzo, para afianzar nuestros vínculos laborales, relajarnos un poco del estrés que supone trabajar más de 10 horas diarias en la oficina. Los incentivos, por los cuales trabajábamos duro, merecían el esfuerzo, un grupo de personas de entre 30 años, sin hijos de por medio, también ayudaba mucho a salir de fiestas, cenas o almuerzos.

    Carmen siempre viste con ropa muy ceñida al cuerpo, sobre todo pantalones jeans, colores azules y negros eran los que más usaba, los que hacían que le marcase un culo hermoso, redondo, nalgas muy apretadas a la hora de caminar. Era la fantasía de todos en la oficina, muchas veces he tenido que avisarle desde mi escritorio, que se le veían las bragas al agacharse a recoger cosas de los armarios. Siempre me he puesto algo caliente cuando veía que asomaba la cuerda del tanga, ya sea de color rojo, negro, celeste, madre mía, es que llevaba colores variados, casi siempre tangas, pocas veces había logrado mirarle alguna braga más grande. Eran algo cotidianos aquellos despistes por su parte, más de uno lo agradecía creo yo.

    Ella y yo habíamos alcanzado una amistad casi insoluble, ya me había puesto en zona, caí sin darme cuenta, cuando reaccione ya no había marcha atrás, estaba en la primera posición. Pero claro que también tenía sus ventajas, siempre salíamos a comer juntos, muchas veces fuimos al cine, sabia muchas cosas de ella, todo se convirtió en una amistad muy sólida. Siempre atentos el uno del otro, los detalles eran normales entre nosotros, chocolates, bebidas, besos en la mejilla siempre, abrazos, guiños. Hasta me quedaba observando cuando le sobresalía la tanga por encima del pantalón, me quedaba ahí sentado desde mi escritorio, hasta que ella se daba cuenta que la miraba, ya me había cansado de avisarle que le sobresalían siempre. Hasta bromeaba que traía el mismo color del día anterior.

    Por intereses de la empresa, me cambiaron de oficina, fui trasladado a una que estaba fuera de la ciudad, debía permanecer 6 meses, para tener participación en aquella zona, era un proyecto de expansión. Claro está que no me lo pensé 2 veces, los incentivos como siempre eran muy alentadores, nadie se enteró de esto, hasta el día lunes que me llamo Carmen para saber qué había pasado conmigo, se había preocupado, le explique el motivo y la verdad se enfadó mucho. No me gustan las despedidas, le explique, mas aun sabiendo que no tenía claro el tiempo que estaría por ese lugar, no quise especular con mi regreso, dos semanas sin hablarnos, sin mensajes, sin oír su voz, fue insufrible, y me quede un año por esa zona.

    Ya a mi vuelta, a la sede central, había muchos cambios, ella escalo de posición, fue enviada a otra oficina, tenía más responsabilidades, ya no jugábamos a vender cosas, ya teníamos sobre nuestros hombros cosas mayores, el destino de la empresa dependía de aquel grupo que fue fortaleciendo sus habilidades. Las oficinas se descentralizaron, nuevas caras, la empresa tomaba nuevos rumbos y eso era muy alentador, eso nos ponía muy excitados laboralmente, teníamos poder a la hora de tomar decisiones, mucha seguridad en cuestión laboral. Se podían sentir los ingresos en nuestros bolsillos, nuevas adquisiciones materiales, muchos de nosotros estábamos contentos con los cambios, con todo lo logrado en estos 3 años. Decidimos reunirnos, ya que estábamos todos en la ciudad, y que mejor motivo, que el cumpleaños de Carmen.

    Me sentí muy nervioso de camino a su casa, había ido muchas veces, pero en casi un año era la primera vez que volvía a su barrio, durante este tiempo, solo cursábamos mails, video llamadas laborales, uno que otro whatsapp, pero nuestra amistad la sentía casi nula, -casi que mejor- aunque no sé porque lo digo. Pero al llegar al timbre de su departamento, lo pensé, pensé un instante en no entrar, quizá llamarla antes de subir y conversar un poco, pero ya me habían abierto la puerta y no había marcha atrás, nuestro encuentro fue tan ansiado, nuestro abrazo se detuvo en el tiempo, los relojes dejaron de marcar los segundos, nuestros cuerpos sentían esa falta de calor entre ambos. Fue algo maravilloso para ambos volver a vernos y estar cerca.

    Había poca gente en aquel momento, lo que motivo un largo y extendido abrazo, no fue necesario pronunciar palabra alguna, un beso en cada mejilla, como solíamos hacerlo cuando dejábamos de vernos por más de 1 semana. Era lo único que nos hizo sentir que todo estaba bien, que nuestra amistad se mantenía, que nuestro alejamiento se había hecho sentir, sabíamos que todo estaba como siempre. Los pocos compañeros que había en la sala, sabían que estábamos distanciados y que nos merecíamos aquel tiempo a solas, para poder reconectar nuestra amistad. Nadie dijo nada, era como si estuviéramos solos, en el medio de la nada, nuestras vibraciones se volvían a encontrar y formaban una sola onda. Fue tan maravilloso aquel encuentro en su casa, que hasta el día de hoy lo recuerdo.

    Luego de unas horas de risas, comidas y tragos, la gente poco a poco se iba retirando, pero todos estábamos contentos y muy motivados a seguir en aquel camino. Cuando ya casi no quedaba nadie, también pase a despedirme, aunque no tenía intenciones de abandonar aquella casa, y más aun sabiendo, que no se por cuánto tiempo dejaría de ver a Carmen. Ella lucia tan hermosa, tan radiante con aquel vestido color rojo que llevaba puesto, los amigos se estaban retirando, ya solo quedábamos ella y yo, Carmen me invito a tomar una copa más, le habían sucedido tantas cosas, que me pidió que me quedara un poco más, como le dices que no a una mujer tan hermosa. Fue a ponerse algo de ropa mas cómoda, ya que entre nosotros había mucha confianza y no era necesario que siga encima de aquellos tacones que le estaban machacando los pies, se soltó el cabello y lo tenía recogido hacia un lado de su hombro.

    No recuerdo el tiempo que demoro en salir de su habitación, yo miraba algunas fotos que tenía en su álbum, y vi una que nos tomaron en la oficina, la había conservado hasta ahora, nos veíamos tan felices, yo como siempre a su lado. Nos acomodamos en el sofá, copa en mano y hablando de las cosas que le habían sucedido durante todo este tiempo, en más de una ocasión nuestros ojos se llenaron de lágrimas, al escuchar la falta que nos hicimos, nuestras manos se rosaban tímidamente ante cualquier sensación de recuerdo, intentando calmar aquella ansiedad de haber estado solos en aquellos momentos. No sé si terminamos de contarnos todo lo que habíamos pasado, todo lo que habíamos dejado de contarnos durante este largo tiempo, lo que si tenía claro era que estábamos juntos nuevamente, y eso era lo que necesitábamos.

    Al ver la hora, que ya era casi de día, caímos en cuenta que debía partir, yo debía regresar, ella debía descansar, nuestros cuerpos debían separarse, una vez más. Pero nuestra angustia por saber cuándo nos volveríamos a encontrar era muy grande, era muy palpable en aquella atmosfera casi madrugadora. Nosotros en aquella habitación sentíamos que no debíamos separarnos. Nos besamos en los labios, nos dejamos llevar por el calor de nuestros cuerpos, era la primera vez que sentía sus labios, su aliento dentro del mío. ¿Fue algo planeado? la verdad que no, pero no importaba. Estábamos fundidos en un eterno beso, mis manos tímidamente abrazaron su cintura delgada, su espalda recta y vigorosa, sus caderas anchas y contorneadas, la tome entre mis manos como si fuera una delicada mariposa, se dejó llevar, dejo que la fuerza de mis brazos tomaran el control sobre su cuerpo. Lo bien que olía su delgado cuello, el aroma llegaba hasta los lóbulos de sus orejas, era muy erótico besar esa parte de su cuerpo, le estaba gustando mucho. Arañaba mi espalda, se pegaba más a mi cuerpo, se levantaba en puntillas para que nuestros besos fueran eternos, no era necesario decir palabra alguna.

    En mi mente no dejaba de escuchar voces, que sí, que no, cosas así, pero ambos teníamos más ganas de seguir, ambos teníamos la pasión en nuestros cuerpos, las ganas de seguir juntos, las ganas de no dejar pasar este precioso momento, -este beso me hizo recordar mucho los besos de colegio- pero eso no importaba ahora. Nuestras lenguas jugaban rítmicamente, la suya lamia mis labios de una manera tan delicada, una manera tan dulce de pasar su lengua por mis labios. La mía buscaba la suya en su propia boca, nuestras piernas intentaban no desmayar ante tanto placer, las respiraciones de ambos cesaban, tomábamos aire y seguíamos besándonos, con más fuerza, más pasión, más deseo, mis manos acariciaban con ganas aquellas nalgas.

    Al entrar en su habitación, con las luces de la mesita de noche encendidas, el ambiente se volvió muy erótico, nuestros cuerpos reflejaban unas siluetas casi difuminadas, solo se podían oír los sonidos de nuestros labios besándose, la saliva de nuestras bocas, la agitación de nuestros pechos. Siento que demoramos mucho en llegar a su cama, al caer yo encima de ella, al engancharse uno de mis pies con un tacón suelto que ella había dejado tirado por el suelo, no importaba el dolor, habíamos llegado hasta su cama y en casi ningún momento nuestros labios se habían despegado, aun tendidos en su cama, nuestras ganas de no querer separarnos se mantenían, mis manos buscaban por dentro de sus ropas, mi nariz olía su fragancia.

    Nos habíamos desprendido de nuestras ropas, yo contemplaba su delicado rostro, la pequeña luz de aquella lamparilla era perfecta para admirarla, para contemplar su hermosa figura, para esperar alguna señal que me permita seguir recorriendo su detallado cuerpo. Las gloriosas montañas ante mi eran una invitación a seguir recorriendo aquel monumental cuerpo, había visto muchas veces el canalillo de sus pechos, pero siempre con ropa, ahora estaba a 5 centímetros de mis labios. Deje que unos de mis dedos recorriese aquel maravilloso lugar, que se perdiese dentro de aquel sujetador color negro. Ella tímidamente cerro los ojos y acerco mi cara a sus labios, para luego dejarla caer sobre sus pechos.

    Mis dedos ya habían sobrepasado por encima de aquel sujetador color negro, estábamos ya completamente desnudos sobre su cama, yo encima de ella, conteniendo la respiración. Besando sus labios a la vez que saboreaba aquellos pezones rosados en punta, sus pechos blancos y carnosos, apetecibles, muy suaves al tacto y deliciosos para mamar, más de un lunar por besar. Estaban deseosos de que mis afilados dientes, dejaran una huella en tanta carne delante de mí. Mis deseos de morder no cesaban, mis ganas de acariciar sin parar sus senos iban en aumento, la pasión que teníamos en aquella posición era maravillosa, se podía sentir la fluidez de nuestros miembros íntimos, en cada rose intencional, en cada frotamiento por encima. Dejaba más en claro la angustiante espera, la inquietante desesperación por estar dentro, la jugosa pasión de empezar una nueva forma de sentirnos más unidos.

    El tiempo lo tenía planeado todo para nosotros, el día, el momento y el lugar, todo había encajado en aquel encuentro, todo se resumía a estar juntos aquella madrugada de primavera. Los primeros ruidos de los autos, el trinar de algunos pajarillos, nos indicaban que ya era una nueva mañana, pero que para nosotros era una nueva manera de sentirnos juntos, estar unidos, el sentir que ahora nos fundíamos en una sola carne. La sensación de estar dentro, la angustiante espera había llegado a su fin, no había más que esperar, estábamos juntos, de una manera que solo ambos podíamos sentir. Nuestros cuerpos no podían estar más unidos, nuestras mentes dejaron de pensar, nuestras pasiones mantenían viva aquella chispa de romance, deseo y sexualidad, la manera que seguíamos el frenético ritmo de nuestros cuerpos rosando, saboreando y gozando, no la podíamos detener, nuestro encuentro en aquella cama, fue lo más unido que se podría haber llegado a alcanzar.

  • Mi harem familiar (2)

    Mi harem familiar (2)

    Sugey y yo regresamos al apartamento, sumidos en un silencio que presagiaba tormenta; ella seguía agarrada de mi brazo, pero venía triste. Ya Ana se había levantado y desayunaba. Mamá la saludó y le dijo que tenían que hablar. Luego me pidió que las dejara solas, así que bajé a la piscina. Allí me encontré con Simona, pero la saludé con tan poco entusiasmo que me miró pasar sin más. Me lancé al agua a dar unos largos, para relajarme, porque me sentía totalmente estresado. Luego, ya más tranquilo, me senté en una de las sillas de la mesa que tenía ocupada. Al lado, Simona me observaba, hasta que me preguntó:

    – ¿Te pasa algo, cariño? Hoy estás raro, como apagado.

    – Si, Simona, estoy mal, no dormí para nada.

    – ¿Y eso?

    – Insomnio, supongo. Toda la noche dando vueltas. – y no era mentira.

    – Estas estresado, tal vez un masaje te vendría bien…

    – ¿Me lo darías tú?

    – Me da miedo, con la anaconda, ya sabes. Pero si me prometes que no me va a picar, bueno… subimos. Que conste que te quiero mucho, pero te tengo miedo.

    – Te prometo que no te va a picar, porque ella no pica, te dije ya. Pero sí muerde, agarra duro y después enrolla y aprieta y al final, te engulle.

    – ¿Pero me prometes que te portarás bien?

    – Siempre me porto bien, pero como estás asustada, te diré que nunca te haría algo que tú no desees. Eso te lo prometo. Tú dictas la pauta.

    – Vamos, yo subo y tú vas en cinco minutos, como quien no quiere la cosa. Me importa mi reputación. ¿Entiendes?

    – Perfectamente.

    10 minutos después estaba entrando sigilosamente al apartamento de Simona. Ella me esperaba ansiosa, al menos eso me parecía. De inmediato pasamos a la habitación y me pidió que me quitara la franela y me acostara boca abajo en la cama, sobre una gran toalla que ella había dispuesto al pie de la misma. Después de sacarme la franela, me quité la bermuda y ella se sobresaltó al ver mis intenciones. Pero le dije que no se asustara. Debajo tenía una trusa de natación. Parecía un interior, pero era en toda propiedad un traje de baño. Ella se quedó admirando mi paquete, con cara de susto, pero también de mucha curiosidad. Por fin, me acosté y después de espabilarse, Simona procedió a masajear mis hombros y espalda. Suavemente al principio, incrementando la presión levemente, hasta llegar a un fuerte masaje con toda propiedad.

    – Estás muy estresado, tienes nudos por toda la espalda, te los voy a ir deshaciendo poco a poco, si te duele, quéjate. Tiene que ser duro, para que te relajes.

    – ¿Dónde aprendiste a dar masajes? Porque pareces una profesional.

    – Yo trabajaba en una casa de citas muy famosa en Italia, daba masajes eróticos por 100 dólares cada uno.

    – ¿Cómo es la vaina? ¿Tú trabajabas en un burdel?

    – Si, cariño, jajaja. Si vieras la cara que pusiste, jajaja. ¿Te imaginas, yo tan cagona, de puta, dando masajes? Me hubieran echado al día siguiente, jejeje.

    – Con ese cuerpazo tuyo, yo te hubiera soportado, hasta si eras cagona. Estás buenísima. En serio te lo digo. Nunca he conocido a una mujer que a la edad que dices tener esté tan buena. Esas tetas tuyas son de concurso y tu trasero, pues no digo…

    – Caramba, vaya declaración. ¿Y de cuantos años hablamos? No recuerdo que edad te dije tener…

    – Pues, recuerdo me dijiste, delante de Sugey y Ana, que tenías 51.

    – Ay, mi amor, te dije la verdad, que broma… debí haberte dicho que tenía 60 y me lo hubieras creído.

    – Si, como no, cuando me dijiste 51, le dije después a mamá que tal vez solo serían 41.

    – Gracias, mi amor, eres tan gentil. ¿Cómo te vas sintiendo?

    – De maravillas.

    – Bueno, ahora voy con las piernas. Sigue así, comportándote bien.

    – Eso es lo que tú crees… jajaja.

    – ¿A qué te refieres?

    – A que la anaconda ya se despertó y trata de salirse de la jaula. ¿Quieres verificar? – y me volteé para que pudiera notar que más de la mitad de mi pene se encontraba ya fuera de la trusa y totalmente parada, rígida, lista para la pelea.

    – Dios mío santísimo, Tito. ¿Qué es eso, por favor?

    – Bueno, tus maravillosas manos y tu cercanía han logrado que el animal se despertara. ¡No sé qué vas a hacer ahora, es tu problema! ¡Tú responsabilidad!

    – Tito, eso que tienes ahí no es normal. ¿Por qué es tan grande?

    – Porque cuando era niño me picó una avispa en la cabecita y se me hinchó… y así se quedó, jajaja.

    – Tú si inventas… Y dime ¿Esa cosota entra bien en… tú sabes dónde?

    – A menos que seas una estrecha de esas que nunca se han metido nada, te entraría perfectamente. Te lo digo por experiencia. Mi vida con mi anaconda no ha sido fácil. Esas expresiones de asombro como la tuya son ya costumbre para mí, el pan nuestro de cada día. Las chicas jóvenes se asustan, por falta de experiencia y salen corriendo y me dejan con las ganas, pero las mujeres maduras, como tú y con experiencia, se alegran y me consienten mucho. Y nunca he tenido quejas. Es más, hace poco me encontré con una compañera de bachillerato que fue de las que se asustó y salió corriendo. Ahora está casada y me la encontré y de una me llevó para su apartamento, porque el marido estaba de viaje y bueno… que te cuento. Después me decía que había sido muy tonta y que teníamos que vernos de vez en cuando para ponerse al día. Simona, te confieso que te tengo unas ganas del tamaño del Ávila, si tan solo dejaras el miedo, te demostraría lo bueno que podemos pasarla. Me gustas mucho, estas buenísima y yo perdiéndome toda esa hermosura, no puede ser, eso es pecado…

    – ¿Seguro que no me harías daño? Yo soy muy miedosa y eso es tan grande que me asusta… ¿Me prometes que no me va a doler? ¿Vas a ser cuidadoso conmigo? Si me haces daño, no te lo voy a perdonar.

    – Te prometo que te voy a hacer muy feliz. Eso es lo que te prometo. Tienes mi palabra. Después de hoy vas a amar a la anaconda.

    De una vez nos desnudamos y comenzamos la labor. Simona tenía unas tetas prodigiosas, perfectas en tamaño, forma, peso. Unas areolas redondas y grandes, rosaditas y unos pezones grandes, como la falange de mi dedo meñique –tengo manos grandes– producto de haber amamantado a sus dos hijas. Sus nalgas, por otra parte –la parte de atrás, claro– eran suculentas. Sugey y Ana tenían todo eso mejor que ella, por supuesto, pero para una mujer oriunda de Italia, sin sangre latinoamericana en sus venas y con 51 años, estaba del carajo. Que buena hembra resultó la Simona. Mi ojo clínico no se había equivocado. Le eché dos suculentos polvos que le voltearon los ojos y quedó derrotada. Y como yo venía de una conversación muy álgida con mi Sugey, pues, Simona “pagó” los platos rotos. Y antes de retirarme de su apartamento, le dije:

    – Simo, mi amor, te pregunto: ¿Te dolió? ¿Abusé de ti? ¿Te hice daño?

    – No, mi amor, eres un sol. Me dejas agotada por lo intenso que eres, pero todo muy sabroso, cero dolor, puro placer. Eres un amor y esa anaconda tuya es una maravilla. Me quedo enamorada. Desde mi divorcio no había probado nada parecido, puros candidatos para el asilo. Me gustas, mi amor, me encantas. ¿Cuándo repetimos?

    – Pronto, nos pondremos de acuerdo para que yo baje a la playa solo, sin mis damas y pueda dedicarme a ti. Entonces, para una próxima vez, ya veremos cuando, te voy a trabajar ese lindo culito, para que quedes completa. Entonces, solo entonces, te vas a convertir en adicta a la anaconda. Ya verás… chao, mi amor y gracias, eres una hembra maravillosa, pero mis chicas esperan…

    – Para eso si vas a tener que convencerme, porque por allá atrás, nada de nada. Soy virgen. Solo lo uso para lo que Dios me lo dio.

    – Te convenceré, ya verás de lo que te estas perdiendo. Confía en mí, que no te voy a defraudar.

    Regresé al apartamento y me fui directo al baño a ducharme y ponerme otra trusa y cambiarme de bermuda. Mamá y Ana seguían conversando, aunque no parecía haber mal ambiente. Hasta de vez en cuando se escuchaba una risotada de Ana y unas risitas más discretas de Sugey. Eso era un buen síntoma.

    Al mediodía salimos a almorzar a una terraza techada a la orilla de la playa, donde servían pescado frito. Unos parguitos Catalufa deliciosos, con papas al vapor y unas cervecitas, Polar, por supuesto.

    Regresamos y mamá me preguntó si quería acompañarla a una siesta en su cama. Por supuesto, le dije que sí y me acosté raudo y veloz a su lado. Ella se semi subió sobre mi lado izquierdo, con una pierna sobre mí y con sus uñas rascándome el pecho y me dijo, muy coqueta:

    – He tenido una conversación muy larga, amplia y enriquecedora con tu hermanita menor. He podido conocer un poco más lo que hay en esa cabecita tan bella y tan revoltosa. Al final, hemos compartido algunos puntos de vista, pero otros siguen siendo insalvables. Por ejemplo, ella cree que nosotras dos debemos aprovechar lo que Dios nos ha concedido, específicamente a ti y convertirte en nuestro amante, porque ella no tiene suerte con sus novios y siempre queda a medio trapo, si no menos y yo, pues no tengo ni siquiera eso que ella sufre, porque no se puede decir que disfrute. Palabras de ella, casi que textualmente. Porque supuestamente tú eres una maravilla hecha hombre, macho, según diversos testimonios que tenemos. Yo sostengo que los testimonios pueden ser todo lo ciertos que consideremos, pero que ese gran macho del que nos hablan, no puede ser para nosotras. Corrección, si puede, pero no debe, a causa de los benditos principios morales y religiosos. No es que eso me importe mucho, pero no podemos convertirnos en unos degenerados. Yo no estoy dispuesta para eso. Pero ella sí. Entonces, ese es su problema, de ustedes dos, porque ya están grandecitos y no voy a interferir. Si ustedes se desean, adelante, no pienso estorbar. Solo les ruego que no vaya a salir preñada y que no salga de ustedes dos. Un secreto entre dos deja de ser secreto por antonomasia y en este caso será de tres. Ustedes dos y yo, porque si sucede, lo sabré. No olvides que soy bruja. Pero si se lo cuentan a su mejor amigo o amiga, incluso a Andrea, podemos jodernos todos. Iremos al infierno, pero en vida. ¿Lo tienes claro?

    – Si, lo tengo claro, aunque no esté de acuerdo totalmente. Yo conservo las esperanzas que algún día aceptes ser mi novia. Cuando uno está enamorado, no debe perder las esperanzas, es lo único que me queda.

    – Ay, chico, deja de joder con eso.

    – No, no puedo, yo seguiré insistiendo, te voy a cortejar como ni siquiera papá lo hizo, como nadie te haya cortejado jamás. Algún día vas a caer rendida a mis pies, aunque te parezca cursi lo que te estoy diciendo y creas que son bromas mías. Estoy hablando muy en serio, Sugey, mi amor. Si alguna vez en mi vida he hablado en serio, ha sido esta mañana y ahora. Fin de mi conversación. No teniendo nada más que agregar, si quieres te sigo escuchando o dormimos un poco.

    – Dormimos…

    Nos callamos y cada uno quedó ensimismado en sus propios pensamientos. Yo, por lo pronto, cerré los ojos y muy levemente empecé a acariciar su pancita, los alrededores de su ombligo, que tanto me gustaba. Era hermoso, como todo en ella, pero además era un hoyito muy peculiar, delicioso. Yo introducía la punta de mi dedo mayor derecho y lo revolvía y ella ronroneaba. Delicioso. Poco a poco ella se fue durmiendo y entonces pasé a sobar su cadera izquierda, la que montaba sobre mi cuerpo. Bajaba por su pierna hasta la rodilla y regresaba por el mismo camino. Ella suspiraba como una bebita, dulcemente. Los suspiros de Sugey eran tan hermosos, tan dulces que me embriagaban el alma. Eso me enamoraba más…

    **********

    A partir de ese momento me convertí en el eterno y sempiterno pretendiente de Sugey. Cada vez que bajaba en las mañanas a desayunar, la abrazaba por detrás de su cuerpo, haciendo énfasis en apoyarme en sus maravillosas nalgas, recostando mi pieza de artillería en ellas y le besaba el cuello. Sabía bien que eso la derretía. Al principio rechazaba que me le recostara de las nalgas y me empujaba dándome un fuerte culazo, pero poco a poco fue aceptándolo sin más. Ana lo observaba todo y sonreía. Al oído, le susurraba que la amaba, que era mi novia, que era la chica más linda del mundo, que anoche había soñado con ella. Y en las mañanas en que despertaba a su lado, porque me hubiera convocado para dormir con ella, pues le decía que había dormido con una princesa y que todavía estaba encaramado en la nube donde ella me había dejado.

    Otra cosa que sucedía muy a menudo es que como parte de unos jueguitos de seducción entre ambos, no pautados, que surgieron espontáneamente, muy seguido ella me pedía que la ayudara con el cierre del vestido y luego quedaba en paños menores delante de mí, o pasaba por el pasillo de los cuartos en pantaletas y sostén, como buscando algo que no se le había perdido, para que yo la viera. Yo, por mi parte, empecé a dejarme ver más seguido en interiores y algunas veces con la anaconda morcillosa, marcando el paquete. Indistintamente me dejaba ver por Sugey o por Ana. Mi hermanita se relamía ostensiblemente para molestar a mamá.

    Y a la hora en que me invitaba a dormir con ella, prácticamente una o dos veces por semana, yo, descaradamente me iba de mi cuarto al de ella en interiores. Entonces ella comenzó a utilizar unos baibydoll y algo que ella nombró como neglillé, que le permitían exhibirse ante mí en todo su esplendor. Los camisones usuales quedaron desterrados.

    A veces, los fines de semana, pasaba el rato con ellas dos en interiores y entonces un buen día Ana empezó a sacarme espinillas de la espalda. Me pedía que me sentara en una de las sillas altas de la cocina y se colocaba por detrás de mí, para jorungar y pellizcar mi espalda. Al poco tiempo mamá se sumó a la práctica y entonces hasta se disputaban el derecho sobre mi espalda. Afortunadamente para mí, porque mira que me agradaba la cosa, mi espalda producía muchos puntos negros y espinillas, de modo que cada sábado o domingo, si estábamos en casa, era delicioso permitirles acribillarme.

    En mis galanteos con ella, un día le llevaba una rosa roja de nuestro rosal, de la planta que llevaba su nombre, otro día me presentaba con una caja de bombones o con un regalito consistente en algo que hubiera visto en una vidriera y me pareciera apropiado como para una novia. La acompañaba a casi cualquier parte a la que quisiera ir, incluso al médico por chequeos de rutina. Frecuentemente la invitaba al cine o autocine o la convidaba a cenar un sábado por la noche. Incluso logré que me aceptara una invitación a bailar, la primera vez en un Piano Bar y la segunda en una discoteca. Fue algo glorioso. Diariamente le dejaba caer en su bolso un papelito de un taco de 10×8 con manuscritos simples como: “te amo”, “bonita”, “eres la chica más linda del mundo”, “me pierdo en tus ojos”, “parece que se escapó un ángel del cielo”, “mis ojitos lindos”, “labios de coral”, “eres un dulce”, “mi pedacito de chocolate” y tantas cosas cursis, pero lindas que se me antojaba escribir de solo pensar en ella. Cuando estás enamorado, la poesía y la cursilería van de la mano. Un buen día me sorprendió diciéndome que ya tenía una colección de más de 100 papelitos anónimos con palabras o frases muy lindas, tiernas, que un admirador secreto le colocaba a diario en su cartera o bolso. Que ya estaba acostumbrada a dejar el bolso siempre en el mismo lugar, para recibir el nuevo papelito cada día y que lo esperaba con ansia.

    – Mamá, eso debe ser un loco que se colea por la ventana y te pone esos papelitos. Bótalos, es algo muy cursi. ¿Para qué guardas eso?

    – No seas tú tan pendejo. Esos papelitos significan mucho para mí. Siempre traen algo escrito que sé que sale del corazón de mi admirador secreto y va directo al mío. Eso es un tesoro para mí, jamás los botaré. ¡Qué riñones tienes tú! – y me lanzó uno de sus besos soplados, que se estampó en mi alma, de una.

    Continuará…

  • Los cinco sentidos (cuarto capítulo)

    Los cinco sentidos (cuarto capítulo)

    Por la mañana al despertarse escuchó que estaba lloviendo. El calor intenso de los días anteriores había provocado un día de verano de tormentas. Se preguntó si su vecino saldría a caminar a pesar de la lluvia, a ella no le importaba. Las mañanas eran los momentos del día mas emocionantes para ella, nunca sabía como iban a terminar, aunque si sabía que le gustaba terminarlas en casa de Braulio.

    A las ocho lo vio allí esperándola bajo un fuerte aguacero. Al acercarse a él no le gustó la manera de mirarla. Estaría así de serio por el mal día que hacía? Estaría enfadado con ella por algo?

    -Buenos días joven.

    -Buenos días, que tal está? No sabía si querría caminar con este día.

    -Por mi si. Tu quieres?

    -Claro!!

    Comenzaron a caminar y él estaba serio. No le decía nada. Después de un buen rato, Braulio rompió el silencio.

    -Tania ayer no estuvo bien lo que hiciste.

    -Que hice? -intentó recordar todo lo que había echo. A que se refería?

    -En el jardín, cuando tu marido dormía.

    -No le gustó? Pensé que le había gustado?

    -Claro que me gustó -le hablaba con seriedad -Pero no te das cuenta que fue una temeridad?

    -Usted me dijo que siempre hiciera lo que quisiera. Yo sentía ganas de que usted me mirara -Tania se sentía desconsolada casi a punto de llorar por sentirlo así enojado con ella. -Siempre me dice que me sienta libre.

    -Por supuesto que si Tania, pero yo quiero que tu marido y tu sigáis así de felices y que nada pueda estropear vuestro amor. Por eso te ofrecí mi casa para que en ella te sientas libre. Cuando estés con tu marido debes vivir la sexualidad en común con él. Tu sexualidad personal debes ponerla a un lado y debes disfrutarla cuando estés sola o conmigo. Lo comprendes?

    -No se enfade conmigo por favor.

    -Nunca me enfadaría contigo, solo intento ayudarte. Me gustaría que comprendieras esto.

    -No volveré a hacerlo, vale?

    -Si por favor. No pongas en peligro tu amor.

    Siguieron caminando un rato. Ella estaba mas tranquila de sentir que no estaba enfadado. Cada vez llovía mas fuerte.

    -Volvemos?

    -Volvamos Tania.

    Esa mañana al llegar a sus casas no dijeron nada cuando él abrió la puerta de su jardín. Ella lo siguió en silencio y entró con él en casa. Braulio fue al baño y le trajo una toalla.

    -Sécate por favor. Vengo ahora que voy a cambiarme.

    -Braulio! -lo llamó antes que desapareciera por la puerta del baño.

    -Dime!

    -Hágalo aquí por favor.

    -Quieres que me cambie delante de ti?

    -Me gustaría mucho.

    Tania miró como se quitaba la camiseta y se quedó mirando el torso desnudo de su vecino. Nunca lo había visto así de cerca. Era un pecho normal y corriente de señor mayor pero le gustaba mirarlo así con descaro.

    -Quieres que me cambie de todo?

    -Si por favor -sus mejillas se enrojecieron de pedirle eso

    Braulio se descalzó y se quitó los calcetines de deporte, se bajó el pantalón y deslizó su slip por las piernas quedando totalmente desnudo delante de aquella joven. Ella lo miraba directamente al pene. Era un poco mas pequeño que el de su marido, se fijó en sus testículos que estos si que eran bastante mas grandes que los de Rodrigo. Tania se fijó que llevaba muy poquito vello y que como en su pecho eran blancos. Era como excitante mirar desnudo a aquel señor y sintió un hormigueo bastante intenso entre sus piernas cuando vio que aquel pene estaba hinchándose un poco. Tania se sacó la camiseta y el sujetador sin apartar la vista de aquel sexo varonil, deseaba ver lo que su cuerpo provocaba en él. Y suspiró al darse cuenta que aquella polla se puso dura al momento cuando su vecino miró sus tetas.

    Braulio se mantenía quieto, desnudo, con la polla dura. Miraba las tetas desnudas de aquella mujer con atención. Ella se bajó el pantalón y las bragas y vio como aquella polla se tensaba por completo a pesar de la edad de su dueño.

    -Le gusta ver mi cuerpo desnudo?

    -Muchísimo Tania.

    -A mi me gusta ver su polla – ambos gimieron al decir eso -está durísima Braulio.

    -Tu haces que se ponga así de dura. Tu tienes el coño mojado, lo puedo ver desde aquí.

    -Usted hace que se ponga así de mojado siempre. – decir esas cosas tan intimas la excitaba aun mas

    Siempre me pongo cachonda.

    -Cuando te pones cachonda?

    -Cuando me mira, cuando me habla -la excitación era mas fuerte que la vergüenza

    -Libérate Tania -Braulio se daba cuenta que a esa joven le excitaba decir todo lo que sentía – Dilo todo, se libre.

    -Me pongo cachonda cuando estoy con usted – necesitaba decirlo todo – cuando caminamos me siento mojada y deseo venir a su casa.

    -Sigue, no reprimas nada.

    -Deseo venir a su casa para mostrarle mi coño, para masturbarme delante suyo – Tania no apartaba la vista de la polla de Braulio – y me masturbo pensando en su polla.

    -Mira mi pene Tania, mira como está por ti.

    -Me gusta su polla Braulio – ella llevó su mano a su coño y se lo empezó a frotar con ansia y gimió al ver como ese hombre agarraba su excitado miembro y se comenzaba a masturbar. – pienso como será tocarla.

    -Piénsalo Tania, algún día serás tu la que me masturbe.

    -Siempre lo pienso. Y usted me tocará el coño cuando quiera.

    -Si. Tocaré tu coño algún día. -se masturbaban uno delante del otro cada vez mas rápido.

    -Y yo su polla y si me lo pide follaremos – al decir eso comenzó a temblar y sentir un orgasmo muy intenso.

    Se estaba corriendo y veía como el glande de Braulio expulsaba tres potentes chorros de semen. Braulio la sujetó por temor de que se cayera pues sus piernas temblaban muchísimo. Se habían corrido juntos, mirándose. Ella se apoyó en él, le fallaban las piernas. Braulio la llevó en brazos hasta su cama y la dejó tendida en ella. Estuvo un rato recuperándose de aquel orgasmo, él mientras la calmaba acariciando su cabello.

    -Braulio esa caricia en mi pelo forma parte del sentido del tacto? – ella ya estaba algo mas tranquila.

    -En el sentido del tacto entran todo tipo de caricias, desde suaves hasta algo mas intensas.

    -Pensará que estoy loca pero deseo conocer todos los sentidos con usted.

    -No estás loca. Probaremos el sentido del tacto cuando estés preparada.

    -Cuando estés totalmente segura y tengas claro que nada afectará en tu matrimonio.

    -Lo que pasa en esta casa es todo fuera de mi matrimonio. Yo amo a Rodrigo y lo amaré siempre.

    -Entonces conocerás el sentido del tacto conmigo. Pero debes saber una cosa y no sé si tendrás la suficiente paciencia para esperar.

    -Que debo saber? – sentía mucha curiosidad

    -El sentido del tacto es el mas usado por la gente en la sexualidad y ese debe ser el último que conozcas.

    -Los que faltan cuales son – intentó recordar cuales había descubierto con él. – el primero fue la vista…

    -Faltan el gusto y el olfato Tania. El oído lo has podido descubrir ayer y hoy.

    -Si – se ruborizó al recordarlo.

    -Y esos como serían?

    -Seria oler y saborear el cuerpo. Te ves capaz de realizarlos? Si no te ves capaz lo entenderé y no pasa nada Tania. Nada cambiará, este seguirá siendo tu sitio de libertad.

    -No se si seré capaz – la idea de realizar aquellas cosas con Braulio le daba mucho reparo.

    -Entiendo que no es fácil, no te preocupes. Si alguna vez deseas descubrirlos me lo dices. De acuerdo? Y sobre todo recuerda que eres libre de aceptarlo o no. Quiero que te sientas cómoda.

    -Gracias Braulio

    -Una pregunta, solo contesta si quieres.

    -Dime

    -Es verdad que cuando caminas conmigo sientes tu vagina mojada?

    -Tonto!!! -Tania le dio un manotazo en el brazo a modo de reproche por haberle hecho esa pregunta y se puso muy colorada -Pues si, es verdad. – se levantó de la cama para evitar mas preguntas comprometidas en ese momento.

    Durante todo ese día se sentía distraída y nerviosa. Intentó estudiar pero constantemente recordaba lo ocurrido por la mañana. La imagen de su vecino desnudo acudía a su mente. Recordaba su sexo y como se había hinchado totalmente al verla desnuda. La voz de Braulio martilleaba sus oídos con aquellas frases tan morbosas. Se ponía colorada cuando pensaba en las cosas que le había dicho. En serio se dejaría follar por ese señor? Tanto le excitaba su polla que hasta le había dicho que deseaba ser ella quien lo masturbara? Varias veces metió la mano por dentro de sus bragas y se masturbó con aquellos pensamientos y se corría al visualizar en su mente aquella polla eyaculando.

    Por primera vez aquella mañana sintió como algo de miedo al salir de casa. Cuando vio a su vecino esperándola estuvo a punto de girar y meterse en casa. Toda la noche había pensado en lo que habían hablado el día anterior y se había excitado mucho. Se había masturbado con Rodrigo durmiendo a su lado. Por primera vez se había dado cuenta que ese señor la excitaba demasiado y siempre terminaba haciendo cosas que nunca se imaginaría hacer. Deseaba ir a casa de ese hombre pero solo la idea de hacer una locura la torturaba. Había dormido apenas dos horas en toda la noche.

    -Buenos días joven.

    -Buenos días, que tal está?

    -Bien y tu? Traes mala cara Tania. Ocurre algo?

    -Solo he dormido dos horas.

    -Pero como has venido? Deberías haberte quedado a dormir.

    -Es que tenia ganas de estar con usted.

    Braulio en vez de caminar hacia donde siempre se dirigían, giró y fue hacia la puerta de su jardín. La abrió y con un gesto que no admitía un no por respuesta le indicó que entrara. Entraron en la casa y ella lo siguió hasta la habitación. Ella no sabía que era lo que Braulio quería hacer cuando lo vio abrir un cajón. Había cogido una camiseta y la apoyó en la cama. Se sorprendió cuando Braulio se puso frente a ella y arrodillándose la descalzó con cuidado, una vez descalza se puso de pie y le sacó la camiseta y el sujetador. Lo hacía con mucho cuidado y ella se dejaba hacer. Él vio por un pequeño instante sus pechos que se habían erizado por la situación y a continuación se volvió a arrodillar y le bajó el pantalón y las bragas. Enseguida su coño se mojó al sentir la cara de ese señor tan cerca. Braulio otra vez frente a ella cogió la camiseta de la cama y se la puso.

    -Debes dormir un rato jovencita – estaba retirando la ropa de la cama – descansa y te despertaré yo.

    Tania no dijo nada, simplemente obedeció y se metió en la cama.

    -Gracias – estaba agotada y en seguida se durmió pensando en lo mucho que se había excitado al sentir que ese hombre la desnudaba. Antes de dormirse olió la camiseta y olía a Braulio.

    Se despertó al escuchar unos ruidos, se sentía desconcertada, en donde estaba? Abrió los ojos y vio a Braulio abriendo unos cajones. Enseguida recordó que estaba en la cama de su vecino. Que hora sería? Los días que había estado allí se fijó que había un reloj-despertador en la mesilla de noche y sus ojos lo buscaron viendo que eran las once de la mañana, había dormido tres horas. Se quedó observando a ese hombre. Le gustaba mirarlo, ese señor le hacía sentir tranquila, le daba confianza, seguridad. Era como una figura paternal que siempre te da los mejores consejos y te hace sentir protegida.

    Lo observó en silencio. Miró su espalda, en esos momentos hacia calor, durante el sueño había apartado inconscientemente la ropa de la cama y estaba caída a un lado, él estaba solo con un slip puesto que se ceñía a sus nalgas de señor mayor aunque al ser un hombre que hacía ejercicio a diario se veían firmes. Gracias a él había descubierto que se podía disfrutar mucho mirando el cuerpo de un hombre , había comprobado que ser observada podía ser muy excitante, más que muchas caricias. Seria igual de excitante sentir la mirada de un desconocido? Lo que más le tenía desconcertada era que el cuerpo de Braulio era totalmente normal y en cambio le atraía mirarlo. Recordó cuando estaba comiendo con Rodrigo en el jardín y ella no podía evitar mirar disimuladamente el torso desnudo de su vecino.

    Le gustaba mirarlo haciendo sus cosas cotidianas, ahora estaba ordenando los cajones, lo hacía en silencio, concentrado en lo que hacía y sintió nacer la excitación entre sus piernas. Cuando abrió el segundo cajón y lo vio con su diminuto pantalón en las manos sintió como sus pezones se endurecían en un segundo. Braulio desdobló la escasa tela de ese pantaloncito y extendió los brazos para mirarlo detenidamente y ella sintió un pinchazo de placer en su vagina. Deseaba no respirar para que nada molestara ni interrumpiera ese momento. Absorta vio como Braulio ponía del revés el pantalón y miraba concentrado justo esa zona de la tela que había estado en contacto con su vagina. Sabia que el día que lo había puesto lo habían guardado sin lavar. Cuando Braulio acercó aquella prenda a la cara y lo vio oliéndola se puso cachonda. En silencio flexionó las piernas y cada rodilla se dirigió a un lado de la cama quedando totalmente abierta, agradecía sus años de hacer deporte pues tenia mucha flexibilidad y le encantaba poder apoyar las rodillas en el colchón y sentirse totalmente abierta y notar sus flujos resbalando por su piel.

    Se sentía libre, él le había recalcado que su casa sería su refugio para sentirse libre, y así se sentía. Y en silencio para no estropear ese momento se subió la camiseta y aprovechando que su vecino estaba tan concentrado oliendo su pantalón se la quitó. Estaría excitado de oler donde había estado su vagina apretada? Recordó que aquel pantalón al ser tan pequeño la tela se le metía un poco en el coño. Su respiración cada vez era mas agitada. Tendría la polla dura como el día anterior? Silvia rozó sus pezones y no pudo evitar gemir. Él sorprendido la miró y Tania se sintió feliz de que él se girara sin dejar de oler su prenda. Aunque la vio despierta mirándolo, él siguió haciéndolo . La miraba totalmente abierta, excitada de saber que le gustaba su olor. Braulio se acercó a la cama sin apartar el pantaloncito de su nariz. Ella miró su slip totalmente abultado y se sintió feliz de saber que su aroma intimo podía provocar eso en un hombre. Tania estaba empapada y la mancha en el slip de él le hacía ver que ese hombre también lo estaba.

    Braulio se agachó y cogió la braga que llevaba esa mañana puesta. Ella lo miraba expectante, deseosa de que hiciera lo que estaba imaginando. Y Braulio lo hizo, la braguita reemplazó el lugar del pantalón y ahora estaba oliendo. Tania gimió al verlo, recordó que esa mañana estaba excitada, sabía que esa prenda tendría muy reciente el olor de sus flujos. La mirada de ella volaba desde el rostro embriagado de él hasta su slip mojado. Deseó ver de nuevo la polla de aquel hombre. Siéntete libre, en esta casa cumple tus deseos, él se lo había dicho muchas veces. Estaba totalmente excitada y acercó sus manos al slip y se lo bajó. Ambos gimieron con ese gesto, los dos estaban muy cachondos. Tener aquella prenda intima de Braulio en su mano la hizo estremecer, podía sentir la humedad que aquella polla había dejado en la tela. Se miraban, se escuchaban gemir. Vista y oído, dos sentidos unidos. Braulio olía sus bragas, vista, oído y olfato, ella lo miraba disfrutar de esos tres sentidos a la vez. Ella también deseó vivir eso y lo hizo. Braulio vio como las manos de ella ponían del revés el slip y muy excitada acercaba su slip a su pequeña nariz y olió, olió con deseo y desesperación. Tania gimió al estar oliendo la excitación de ese hombre en la tela. Braulio gimió al oler los flujos de ella. Siéntete libre, haz lo que desees siempre Tania. Y lo hizo, Tania acercó su cara, acercó su cara a aquella polla y olió directamente de ella. Y ese olor la embriagó de deseo. Se comenzó a masturbar ansiosa. Respiraba de aquella polla y se frotaba el coño empapado. Braulio acercó su cara entre las piernas de ella y pudo olerla directamente. Sentir que ese hombre le estaba oliendo el coño la hizo estallar de placer, él con su mano agarrando su polla se masturbaba con la nariz de ella a escasos centímetros y al oler el orgasmo de esa joven se corrió con cuidado de no mancharla. Tania olió el orgasmo de él y se sintió fascinada con aquel aroma.

    Braulio la dejó sola un rato, ella con los ojos cerrados pensaba en todo lo que estaba viviendo con ese señor. Estaba descubriendo cosas que le gustaban mucho, que la excitaban demasiado, el placer que sentía en los momentos que estaba con su vecino era totalmente diferente al placer que sentía con su marido, y eso la inquietaba porque con su marido disfrutaba muchísimo. Es tu sexualidad, recordaba las palabras que ese señor siempre le recalcaba. Y recordando todas aquellas sensaciones separó sus piernas y comenzó a masturbarse. En aquella casa era libre de hacer lo que deseara y su deseo era masturbarse en aquella cama.

    Gemía de placer al mover sus dedos dentro de su vagina. La sentía empapada, caliente. Con los dedos indicé y pulgar de la otra mano se daba pellizcos en su endurecido clítoris y aquel placer la volvía loca. Abrió los ojos y vio a su vecino en la puerta mirándola.

    -Has descansado? -él le hablaba sin dejar de mirar como ella se daba placer y como si lo sucedido hacía unos minutos no hubiera pasado.

    -Descansé muy bien -Tania no dejó de tocarse mientras le respondió y esa sensación le gustó -Gracias por permitirme descansar en su cama.

    -Ya caminaremos mañana si lo deseas – él no dejaba de mirar su coño siendo masturbado por su pequeña mano -Te gusta mucho masturbarte y que te mire?

    -Si, es que no se explicarlo.

    -Es tu sexualidad, siéntete libre, estás en mi casa, recuérdalo.

    -Es que me excita como mira mi coño – la voz entrecortada de ella delataba el placer que estaba sintiendo.

    -Me gusta mucho tu coño y que me permitas mirarlo -Braulio se sentó en la cama a la altura de las piernas de ella y en ningún momento apartó la mirada de aquella vagina.

    -Mírelo, estoy cachonda Braulio. Me deja ver su polla?

    -Por supuesto -se bajó el pantalón corto y dejó a la vista su miembro totalmente erecto.

    -Me excita mirarlo así -Tania comenzó a mover su mano muy rápido frotándose con deseo la vagina – Me corro…

    -Si, estoy mirando como te corres -se sintió fascinado al ver como ella comenzó a temblar mientras se provocaba un intenso orgasmo.

    -Me encanta esto que siento cuando estamos juntos.

    -Estás descubriendo tu verdadera sexualidad, una sexualidad muy fuerte que con tu marido es muy complicado. Pero recuerda que debes amarlo mas que nunca y no reprocharle nada. Me lo prometes?

    -Si, nunca le reprocharé nada y mi otra sexualidad la viviré aquí en su casa. Se lo prometo.

    -Así tiene que ser Tania, sino todo se estropeará, recuérdalo siempre.

    Tania se levantó de la cama y se quitó la camiseta que Braulio le había dejado para dormir. Él la observaba con atención y ella al saberse observada se movía por el cuarto con picardía, se agachaba con la excusa de coger sus bragas del suelo y así mostrarle sus nalgas. Braulio se sintió fascinado de percibir como aquella muchacha le permitía la visión de una zona tan íntima como su ano en esa postura. Lo miró sonrojada y una risa pícara le hizo entender que aquella situación le gustaba.

    -Puedo ducharme aquí?

    -Esta casa es tuya joven. Recuérdalo siempre.

    -Gracias Braulio.

    Al ir hacia el baño Tania movía sus caderas de una manera muy sensual y al verla fue él quien sonrió al sentirse feliz de que esa joven estuviera disfrutando de aquella sexualidad diferente.

    Escuchó el agua cuando Tania abrió la ducha y se acercó a la puerta. Estaba enjabonando sus preciosos pechos cuando se asomó al interior del baño. Ella lo miró y Braulio comprendió que estaba excitada por como sus pezones habían crecido y su color rosa era ahora mas oscuro.

    -Puedo mirar como te duchas?

    -Claro, por favor. -una de las manos de ella bajo hasta su vagina y la comenzó a enjabonar despacio -Me gusta que me mire ducharme.

    Se quedó quieto apoyado en el marco de la puerta imaginando como sería ser él mismo quien estuviera enjabonando aquellos pechos jóvenes, deseó estar lavando en ese momento aquella vagina. La cara de Tania era de una excitación sublime al sentirse de nuevo observada. Ella se giró y él vio como se enjabonaba la espalda, las piernas. Solo quedaban por enjabonar sus nalgas y las manos se dirigieron a ellas comenzando a llenarlas de espuma gracias a como las frotaba. Vio los dedos pequeños de esa joven perderse entre ellas y vio como se estaba enjabonando su pequeño y precioso ano. Braulio deseó romper todas las reglas y abrir la transparente mampara y poner sus gruesos dedos sobre aquel delicado orificio pero tenía que ser sensato, tenía que ser paciente y esa era una de sus virtudes.

    Cuando Tania se giró aquella imagen la hizo estremecerse. Vio a su vecino desnudo, totalmente excitado y se masturbaba mirándola. Sentir como aquel hombre se ponía solo con mirarla la hizo excitar muchísimo. Le gustaba ver aquella polla totalmente dura por su culpa. De nuevo se estaban masturbando juntos, gemían excitados. Braulio observó como Tania salió de la ducha sin pararse a cerrar el grifo, se acercó a él sin ni siquiera secarse. La vio arrodillarse frente a él y como acercaba su rostro a sus muslos. Olió su polla, sus testículos. La mano de ella se movía desesperada entre sus piernas mientras buscaba el aroma de hombre excitado. La escuchó gemir, jadear de placer, aquella joven se estaba corriendo de nuevo mientras olía su polla y él sentía su polla apunto de estallar de placer. Ella se puso de pie y lo miró, estaba totalmente colorada. Braulio se estremeció cuando ella le mostró la palma de su mano y ésta estaba totalmente mojada por el orgasmo que acababa de sentir. Braulio gimió cuando ella acercó esa mano a su cara y se la ofreció para que oliera su corrida. Braulio se corrió, se corrió abundantemente al oler la mano empapada de Tania y ésta miraba fascinada como aquellos chorros de semen salían disparados por su aroma.

    -Braulio tanto le gusta mi olor? -sentía curiosidad por todo lo que provocaba en aquel hombre.

    -Me gusta muchísimo Tania, es embriagador y excitante

    -A mi… -A pesar de todo algunas veces le daba timidez decir algunas cosas estando así relajada, excitada era distinto -A mi me gusta su olor y me provoca excitación olerla -ella miró la polla de él haciéndole saber a que se refería.

    -A partir de hoy podrás olerla cuando lo desees.

    -Usted también podrá oler mi coño cuando desee.

    -Gracias. Si tengo tu permiso así lo haré.

    -Ahora tengo que irme. Hoy mi marido no vendrá a comer pero quedé con unas amigas para hacerlo con ellas.

    -Claro, no tienes que darme explicaciones joven. Aquí estaré para cuando lo necesites.

    (Continuará)

  • Un rapidito en la cocina

    Un rapidito en la cocina

    Somos un matrimonio de 40 años ella y yo 50 años de la ciudad de México y la siguiente experiencia es real me la platico mi esposa y ocurrió unos días antes de conocernos y es que la verdad me calienta mucho saber la vida sexual de mi mujer e imaginar cómo se la cogieron otros hombres.

    Esto comienza así ella estudia la universidad y este amigo de nombre Oscar la iba a esperar a la salida de la escuela y posteriormente la llevaba hasta la puerta de su casa no sin antes estar un buen rato caldeando; como se dice en México es decir entre besos y algunas caricias y aprovechando la hora de la noche según me dice ella serían como 11 de la noche aproximadamente y después de mucho calentarse Oscar le propuso quererla coger y ella acepto para entonces ella vivía sola con su mamá pero ella ya se había metido a dormir a su recamara, entonces ella abrió la puerta de la casa y le dijo que pasará a la cocina e inmediatamente así lo hizo pegándole a la esquina y rápidamente mi esposa le bajó el pantalón a Óscar y le mamo su verga por un rato posteriormente ella solamente se bajó el pantalón y se puso en 4 sobre una silla del comedor y el de inmediato la penetró y así la estuvo cogiendo un buen rato asta venirse en su panochita caliente de mi mujer.

    Debido al temor de ser descubiertos el termino y ella lo acompaño a la puerta no sin antes prometer ir a un hotel en otro momento y cogerla como se debe, aunque esto ya no se dio porque unos días después nos conocimos y ya no pudo ir.

    Mi esposa y yo tenemos buena comunicación y confianza por eso yo le pude decir que me gusta saber de su pasado sexual y lejos de molestarme me agrada saber que a mi esposa la hicieron felices con su verga otros hombres antes que yo.

    Después que ella me lo platicó fuimos a su casa y con todo detalle me enseñó el lugar y como fue la cogida que le dio Oscar.

    En mi próximo relato les platicaré cómo salía muy temprano de casa para hacer deporte, pero realmente iba con Juan a otro lugar Juan es un amigo que según ella era un tipo realmente vergudo.

    Espero les guste este relato, [email protected].

  • Perdido en el campo (1)

    Perdido en el campo (1)

    A mí me excita manejar mi auto vestido de mujer. Con frecuencia lo hago por caminos rurales, poco transitados, donde me cruzo con muy pocos vehículos. Generalmente salgo con una falda corta o unos leggings, medias de nylon, y tacos aguja bien altos. Cuando conduzco me encanta mirar mis pies maniobrando los pedales con tacos altos de mujer. Yo soy crossdresser y hasta hace unos años mi cola era virgen, pero…

    Estaba paseando con mi auto por el campo. Iba con una mini de jean, un suéter color salmón, medias negras bien transparentes, y unos zapatos clásicos con altísimos tacos aguja. Había lugares con algunos parches de barro y yo aproveché para hacer algo que me encanta. Hacía patinar mis ruedas traseras en algún lugar con algo de barro, simulando estar con el auto encajado. Ver mi pie acelerando nerviosamente con mi zapatito de taco alto, me excitaba terriblemente. Además esa sensación de ser una damita en apuros, me ponía a tope.

    Esa tarde paré mi coche en un lugar con algo de barro, pensando en hacer lo que me gusta. Ya lo había hecho dos veces en esa tarde, pero mi excitación seguía pidiéndome acción. Hice girar mis ruedas un par de veces, pero me detuve. No me había percatado que estaba frente a la entrada a una propiedad, por lo que podía ser divisado por alguna persona. Por las dudas, decidí seguir mí camino. Pero lamentablemente no pude. Las ruedas traseras giraban en el barro, y el auto no se movía. Rápidamente me percate de lo que estaba sucediendo. ¡Estaba realmente encajado!

    Tenía que tratar de salir. Con el ruido del motor acelerando, seguramente escucharía alguien. Y podrían verme. Probé nuevamente y nada. Bajé del auto para estudiar la situación. Estaba encajado, y las ruedas estaban bastante hundidas. Si les ponía algunas piedras o ramas debajo, quizás pudiera salir. Estaba buscando unos ladrillos y de pronto quedé petrificado. A un par de metros de donde yo estaba, se encontraba parado un hombre alto y con ropa de campo. Me saludó y yo respondí en forma balbuceante. Estaba aterrorizado. El tipo me dice:

    – ¿Qué le pasó?

    – Me… me encajé. -conteste yo

    – Si, ya veo que está encajado… ¿o debo decir encajada?

    – Señor… yo… yo… le puedo…

    – No tiene nada que explicar No se haga problema. Vivo en el campo, pero soy de mentalidad abierta y no discrimino. Puede vestirse como se le ocurra. Además, le queda bastante bien.

    – Gra… gracias. -dije yo todavía con voz temblorosa.

    – Bueno, voy a buscar la chata así sacamos ese auto del barro. – dijo, marchándose hacia un gran cobertizo.

    Yo subí al auto y estaba desconcertado. Un ligero temblor recorría mi cuerpo. No sabía si me encontraba en peligro o no. Esa incertidumbre me asustaba, pero no tenía ninguna opción, ya que por mis propios medios iba resultar imposible salir de ese atasco. Él volvió con un tractor y en unos minutos desencajamos mi auto. Me dijo que me convenía volver por donde había llegado, porque mas adelante el camino era mucho más barroso. Como el camino era angosto, me dijo que diera la vuelta dentro de su propiedad. Después de hacerlo y cuando estaba agradeciendo su ayuda, me invitó a tomar algo en la casona. Antes que yo dijera algo, me comentó que vivía solo, lo que me aseguraba no ser visto por nadie más. Me pareció un tipo amable, y además me había sacado de un gran problema, por lo que accedí a la invitación. Ambos decidimos que lo mejor serían unos buenos mates.

    Mientras charlábamos, me preguntó si quería ponerme más «cómoda» o cambiarme el calzado. Yo solo me saqué el suéter, quedando con una blusa amarillita con volados. En cuanto al calzado le comenté que me siento re cómodo con tacos. Y que me gustaría aprovechar al máximo toda la tarde para estar de tacos altos. Asintió con un gesto, y hasta me pareció que le gustaba la idea. Mientras él preparaba los mates, yo fui hasta el auto a buscar otro par de zapatos, porque los que tenía puesto tenían algo de barro, y no quería ensuciar el piso del lugar. Eran idénticos a los otros, pero de color rojo. Después de tomar el primer mate le comenté:

    – Me cambié los zapatos para no dejar barro dentro de la casa.

    – Sos «considerada», gracias. -respondió el hombre.

    – Es lo que corresponde. Usted fue muy amable conmigo.

    – Y te digo que estos me gustan más. Ese color rojo…son más excitantes creo. ¿Te puedo pedir que camines? Con el problema del auto no presté mucha atención a tus movimientos, y me gustaría ver cómo te movés sobre esos tacos. Si no lo tomás a mal, claro.

    Le respondí que no tenía problema en hacerlo y comencé a moverme por la amplia sala. Mientras caminaba mi mente estaba a mil. Me di cuenta que alguna insinuación me iba a hacer, porque su trato había cambiado. Me tuteaba y solo se refería a mí en femenino. Además mientras yo «desfilaba» ante él, no quitaba la vista de mis piernas y mi cola. Y confirmando mis sospechas me dijo:

    – Te digo que tus piernas son realmente hermosas, y te movés mejor que una mina sobre esos tacos. Y veo que te gusta usarlos. ¿Cómo hacés para caminar tan bien?

    – Es la práctica de mucho tiempo. Y sí, me encanta usar tacos altos. Me hace sentir bien mujer.

    Al decir eso, me di cuenta que inconscientemente le estaba siguiendo el juego, y que quizás no tuviera vuelta atrás. Y me gustaba tanto esa situación que comencé a actuar de una forma que un rato antes me hubiera parecido imposible. Me movía mas sensualmente y hasta intenté algunas poses. Después, poniéndome de espaldas a él, le pregunté si le gustaba lo que veía. El hombre se incorporó y me tomó por la cintura, haciéndome sentir su bulto apoyado en mi cola. Me hizo girar sobre mis tacos y me estampó un beso en la boca que casi me deja sin aliento. Yo comencé a desabotonar mi blusa y él lo vio como un gesto de aprobación. No tardó mucho en quitarse la bombacha de gaucho, y el bóxer. Me ayudó a quitarme la blusa y prácticamente me arrancó la minifada de un tirón. Yo quedé en bombachita y corpiño, y con las medias y los tacos puestos.

    En ese momento saqué la «puta» que me había imaginado ser en muchas masturbaciones anteriores. Me puse en cuclillas y tomando su verga con una mano me la llevé a los labios. Aunque era mas bien pequeña, con la rápida erección que experimentaba, se volvió de un tamaño considerable. Después de lamer con gusto su glande, me la metí toda en la boca. Mientras yo le mamaba la verga escuchaba que decía «ah, sí, así», «qué bien que lo hacés, mi vida», «tragatela toda, putita», y finalmente «¡cómo te voy a coger!», «te la voy a poner hasta las tripas».

    Yo pensé en preparar con algún lubricante, pero no me dio tiempo de nada. Me tiró sobre el sillón y después de ensalivar mi agujerito, me apoyo la cabeza de la verga y empezó a empujar. Al principio yo gemía de dolor, y hasta creo que grité, pero no sé si por la calentura que tenía o porque su verga no era muy grande, el dolor dio paso al placer. El hombre embestía con fuerza y yo sentía ese pedazo de carne adueñándose de mis entrañas. Comencé a moverme al compás de sus arremetidas y el placer era indescriptible. Era la primera vez que un macho me cogía y yo era feliz. En ese momento me sentí re mujer. Y re puta. Lamentablemente acabó rápido, inundándome el culito de leche. Cuando la sacó, le confesé que era la primera vez. Que él me había hecho mujer. Terminamos abrazados por largo rato. Yo tenía lágrimas de felicidad en los ojos, y me pareció que él también. Nos vestimos y terminamos la mateada.

    Nome quise quedar más tiempo porque estaba oscureciendo y tenía miedo de no poder bien el camino. No quería encajarme de nuevo con el auto. Pero le prometí que volvería. Nos dimos los números de celu para seguir en contacto y me marché, no sin antes despedirnos con un apasionado beso.

    Si les gustó el relato, prometo escribir los encuentros que tuvimos en ese lugar. Gracias por leer.

  • Sergio, esposo de Maribel, al descubierto

    Sergio, esposo de Maribel, al descubierto

    Después de lo sucedido en la cabaña, tanto con mi esposa como con mis otras mujeres, el día lunes y martes fueron normales, con mi esposa no había tenido comunicación, ni uno ni otro habíamos hecho el intento de hablar de lo sucedido entre nosotros, al menos de mi parte quería darle su tiempo para que se concentrara en su curso. En cambio, con Mari había estado teniendo conversaciones a través del teléfono y llamadas telefónicas, sin embargo, era miércoles y Mari me envió un mensaje pidiendo que pasara a verla ese día una vez que saliera del trabajo y como tal así lo hice.

    Una vez concluida mi jornada laboral del miércoles me fui directo a casa de Mari, se me hacía raro que quisiera verme en su casa, tomando en cuenta que lo más probables es que estaría su esposo y más raro porque no me dio señal alguna del asunto que quería platicar.

    Llegando a su casa ahí se encontraba ella, sentada en un sillón esperándome, por lo que al verme bajar del auto, se dirigió a abrirme.

    – ¡Hola guapo!

    – ¡Hola hermosa!, vine lo más rápido que pude

    – Gracias, me gusta escuchar que me das la debida importancia, anda, pasa y ponte cómodo

    Entramos a su casa y tomé asiento en uno de los muebles, mientras que Mari regresaba de la cocina con un vaso con agua. Le di unos tragos, dejando un poco en la mesa de centro, preparándome a escuchar lo que tenía que decirme Mari.

    – ¿Y la nena? -pregunté

    – No está, salió al centro a comprar unas cosas para su escuela

    – Que bien, pero dime, para qué soy bueno

    – Eres bueno para muchas cosas, pero lo que hoy necesito de ti es que me escuches y me des tu opinión

    – Ok, soy todo oídos

    – Mira, se trata de Sergio, ya tiene varios días que he notado algunas cosas extrañas en él, como verás en donde trabaja se lleva bien con su patrón, un ingeniero, tanto así que le presta los vehículos de la compañía y hasta de su mismo jefe, pero eso no es lo que me preocupa, ya que prácticamente así ha sido desde que entró en esa compañía, pero lo que si he notado últimamente es que llega tarde, recibe mensajes en su teléfono a los cuales él oculta o contesta tratando de esconder lo que dice, llamadas que contesta en otro lado de la casa y a veces se va de la casa repentinamente con la excusa de que es algo del trabajo o de su patrón, ya lo viste tú ese día en la cabaña.

    Tanto me causó extrañeza que decidí revisar su celular, afortunadamente me sé su contraseña y pues no es muy dado a la tecnología así que no me fue muy difícil abrir las conversaciones y darme cuenta que el muy cabrón anda con otra. Sé que no soy la persona correcta en darme golpes de pecho, por todo lo que ha sucedido entre nosotros, pero pues una como mujer también tiene su orgullo y como para que otra vieja se esté quedando con el dinero que bien puede destinar a nosotras, su familia, es algo que no puedo tolerar, le puedo soportar que se la coja y todo lo que quiera pero no que se desviva por ella y a nosotras nos deje sin nada. Y todas esas conversaciones en su celular me permitieron darme cuenta de muchas cosas, así que preparé un plan para de una vez hacerle ver a esos dos quien tiene más valor para afrontar las cosas. Por la última conversación que revisé, planean hoy verse saliendo del trabajo, así que quiero que me acompañes para ver quién es esa mujer, ¿puedes?

    En mi mente llegaba el recuerdo de aquel mensaje que vi en el celular de Sergio el día que estuvo en la cabaña, por lo que Mari decía estaba en lo correcto y no sería necesario que yo se lo confirmara con lo que había visto, así que solo acepté la propuesta de Mari y decidí acompañarla. Mari no tardó en cambiarse, se puso un pantalón de mezclilla pegado, que permitía resaltar en todo su esplendor ese culo suyo, una blusa de tirantes color rojo y unos zapatos de plataforma que la hacía ver más alta, se hizo en el pelo una cola y salimos directo a la compañía de Sergio.

    Por lo que tenía entendido, Sergio debía salir puntual de su trabajo, así que esperamos en el vehículo tratando de ser lo más discreto posible, y fue así cuando alcanzamos a observar que salía una camioneta de la compañía, sin embargo no era conducida por Sergio, sino por el ingeniero, para después hacerse ver Sergio por el portón de la entrada y después subirse al vehículo, incorporándose a la avenida, por lo que procedimos a seguirlos, donde después de cinco cuadras hicieron una parada, bajándose Sergio y entrando a un domicilio, pasando pocos minutos cuando de dicha casa salió Sergio acompañado de una dama, la cual, debo de admitir, se veía estupenda con su piel blanca y más con ese vestido rosa entallado a su figura, con una cabellera pelirroja, suelta, y unas zapatillas color negro, lo cual le hacía resaltar sus tetas y ni que decir de su culo.

    – Lo que me faltaba – dijo Mari sacándome de mi transe – también tú estás que babeas por esa vieja

    No dije nada al respecto, la verdad Mari tenía toda la razón, es que esa mujer se veía perfecta y sabrosa. Continuamos en nuestro puesto, hasta que la camioneta continuó con su recorrido, haciendo ellos una parada en un Oxxo donde al salir llevaban consigo cerveza, para después tomar su rumbo.

    – ¿A dónde es que irán esos? – preguntó Mari

    – Ni idea

    – ¿Es que irán a la casa del ingeniero? – justo cuando Mari terminaba de decir esto, los ocupantes de la camioneta doblaban en una esquina para después ingresar a un motel

    – Oye Mari, no creo que esa sea la casa del ingeniero

    – No es necesario que me lo digas

    – Y entonces, ¿qué hacemos? ¿esperamos hasta que salgan?

    – Ni loca, vamos a entrar

    – Pero Mari, cómo es que vamos a entrar, no nos van a dejar pasar a menos que también pidamos una habitación

    – Pues lo que sea necesario, anda, apúrate, necesitamos ver en qué habitación se meten

    Y sin pensarlo, aceleré la marcha para ingresar al motel, logrando a penas observar la parte trasera de la camioneta dentro de la persiana de la habitación en la que se hospedarían. A nuestro auto se acercó un joven, el cual nos indicó la habitación que nos tocaba, la cual quedaba a dos habitaciones contiguas a la que se encontraba su marido.

    Mari se notaba desesperada, no podía mantenerse quieta en un solo lugar de la habitación, además de que no sabía qué pretendía al estar nosotros ahí esperando, no quedándome remedio más que preguntarle.

    – Mari, ya estamos aquí, y ahora, ¿qué es lo que sigue?

    – Todavía me lo preguntas, ¿acaso no es obvio?

    – ¿Pretendes ir a la habitación en la que están?

    – Por supuesto

    – Pero, no crees que eso ya sería demasiado

    – No, necesito que Sergio se dé cuenta de que ya sé lo que anda haciendo

    – Ok, entonces esperemos media hora

    – ¿estás loco?, eso es mucho tiempo

    – Pero si acabamos de llegar, al menos deja que se tomen un poco de su tiempo

    – Está bien, solo espero que tengas razón

    Los minutos pasaban y Mari continuaba desesperada, se paraba, se sentaba, miraba su celular, no podía mantenerse quieta, mientras que yo me entretenía por momentos con la TV, pero al verla en esa situación me acerqué a ella y me la llevé a la cama, me acomodé por detrás y la abracé de su cintura, y comencé a besarle al cuello, le decía palabras que tal vez podrían tranquilizarla, aunque no podía negar que mis intenciones eran otras, digo, aprovechando el lugar en el que nos encontrábamos existía la posibilidad de que pudiera tener sexo con Mari, pero no me encontraba muy seguro de ello y Mari así me lo confirmó.

    – Espera Samuel, no tengo ánimos para coger ahorita

    – Tranquila, solo intento que te relajes un poco – bajándole los tirantes de su blusa y comenzar a masajear sus senos, sin embargo no causó el efecto que yo quería

    – Entiende Samuel, que no quiero esto ahorita

    – Ok, ok, ya entendí, ven, acuéstate conmigo – al menos a eso no me dijo que no y ahí estábamos los dos, acostados de lado mientras que yo la abrazaba por detrás, poco a poco me fui pegando a ella para colocar mi verga en su culo

    – En serio Samuel, no sé cómo puedes estar así de duro con esta situación. No aguanto más, iré a esa habitación de una vez

    – Mari, espera…

    No pude detenerla, tan rápido abrió la puerta y salió directo a buscar a Sergio, intenté alcanzarla y así lo hice pero ya era tarde, ya se encontraba frente a la puerta de los otros inquilinos, sin embargo solo se quedó ahí parada, al parecer su mente estaba buscando la forma de hacer frente a la situación, mientras que dentro de la habitación se escuchaba mucho ruido

    – Espera Mari, ¿pretendes entrar? – hablándole en voz baja

    – Si

    – ¿Y si la puerta tiene seguro? ¿qué vas a hacer?

    – Pues comenzar a gritar, no pienso quedarme con los brazos cruzados – para esto Mari hizo el intento de abrir la puerta, sin embargo la sujeté y le pedí encargarme yo, a lo que lentamente, tratando de no hacer ruido, giré la perilla de la puerta y oh sorpresa los muy tontos no le habían puesto el seguro a la puerta, así que muy despacio giré por completo y pude abrir, la puerta no hizo ningún ruido y fue así que Mari entró, con pasos lentos, nos adentramos al cuarto y en la cama se encontraban Sergio y sus cómplices, de mi parte al menos ya me había imaginado la escena que encontraríamos pero habría de ser muy, pero muy diferente a lo imaginado.

    En primer plano teníamos de espaldas a la dama de vestido rosa, quien se encontraba parada al pie de la litera, con el vestido enrollado a su cintura, mientras que arriba de la cama estaba, en posición de perrito, totalmente desnudo, ni más ni menos que Sergio y en último plano se encontraba el ingeniero a quien Sergio le estaba devorando su verga, pero la cereza del pastel fue ver cómo la “dama” se movía de atrás hacia adelante en el culo de Sergio, cuestión que se confirmó al momento en que Mari profirió sus primeras palabras

    – Eres un desgraciado

    El trío de personas rápidamente voltearon a ver quién era la que hablaba, la “dama” no era una dama cualquiera, semejante verga la que se cargaba consigo y no se trataba de una de plástico, era de carne, más gruesa que la mía y un tanto más grande, ella intentó cubrir su verga con el vestido pero la erección no se lo permitió, resaltándose más con el vestido entallado, por su parte el ingeniero solo logró taparse con una sábana mientras que Sergio parecía un fantasma, totalmente pálido al verse sorprendido en la maroma por su esposa, no podía hilar palabra alguna, balbuceaba en su intento de decir algo, sin embargo Mari se encargó de sacar todos sus sentimientos, diciéndole hasta de lo que se iba a morir para después comenzar a llorar

    – Nunca me imaginé pasar por esto Sergio, y menos darme cuenta que te gusta que te den verga

    Esas fueron las últimas palabras de Mari, quedándose Sergio ahí parado sin decir ni hacer nada, mientras que Mari y yo salíamos de la habitación para dirigirnos al auto y salir de ahí. Durante el trayecto de regreso a su casa Mari iba con la mirada perdida, no quisiera imaginar lo que por su mente pasaba en ese momento, hasta que decidí romper el hielo.

    – Mari, sé que a lo mejor no te esperabas ver lo que vimos y sobre todo que tu matrimonio se vea afectado, pero quiero que sepas que pase lo que pase puedes contar conmigo

    Mari comenzó a llorar, mi intención no era provocarle ese sentimiento, pero por una parte estaba bien que, al menos, se desahogara de esa manera, tantos sentimientos contenidos como para no sacarlos.

    – Gracias Samuel, no sabes lo bien que me hace escuchar tus palabras, no me queda más que agradecerte el que tú estés aquí conmigo, porque no sabría que hubiera hecho sin tu ayuda

    Por fin llegamos a casa de Mari, ya la esperaba su hija, quien al ver nuestros rostros serios no tardó en preguntar qué era lo que nos pasaba a lo que Mari solo le dijo que no se preocupara, pero que más tarde lo platicaría con ella, mientras que de mi parte solo le dije que confiara en lo que decía su madre, para después despedirme de ambas y dirigirme a mi casa.

    Me encontraba disfrutando de una buena película cuando comenzó a sonar mi celular, por un momento pensé que se trataba de Mari pero no fue así, era una llamada de mi esposa, la verdad no esperaba hablar con ella hasta que regresara de su viaje, así que contesté.

    – Dime

    – Hola

    – Hola

    – Eh, pues te llamaba para decirte que me encuentro bien, ha sido un poco pesado el curso pero de ahí en fuera todo está bien, y tú ¿cómo has estado?

    – Bien, todo normal por acá… bueno en parte

    – ¿Y eso? ¿te pasó algo?

    – No, a mí no, pero a tu hermana sí, nada grave, más bien una situación matrimonial

    – Pero ¿qué paso?

    Le expliqué a grandes rasgos lo sucedido con Sergio, ya su hermana le daría todos los detalles, Adriana no podía creer lo ocurrido, sin embargo se tranquilizó al saber que Mari no se había puesto tan mal.

    – Aprovechando la llamada, quería decirte que estuve pensando en lo ocurrido con nosotros y que lamento mis actitudes, tal vez me dejé llevar por ideas sin fundamento lo que pudo haberme afectado, en fin, lo que quiero decirte es que te amo y que espero perdones mis malos pensamientos, te conozco y sé el tipo de esposo que eres y que yo fui la tonta que puso en duda tu amor.

    – Tranquila amor, ya tendremos tiempo para platicarlo, y también quiero que sepas que te amo con todo mi corazón

    – Gracias Samuel, realmente necesitaba escuchar eso de ti

    – Y a todo esto, ¿cuándo regresas?

    – Si, es cierto, no te lo había dicho, el sábado es la clausura oficial del curso y tienen previsto hacer una comida al final, aunque no es obligatorio que acudamos

    – Descuida, quédate a disfrutar la clausura, vale la pena un poco de diversión después de tanto trabajo

    – Si, eso es cierto, entonces estaría de vuelta el día domingo, ¿te parece?

    – Si, no te preocupes, yo aquí estaré esperándote

    – Gracias mi amor, te dejo descansar, supongo que tampoco hoy no fue un día fácil para ti

    – Ni que lo digas

    – Ok, entonces después te llamo

    – Si, amor, igual descansa, nos vemos

    Y así concluyó mi día, al menos para mí fue con un final feliz, no tanto para Mari, sin embargo no podía esconder un poco de satisfacción, la imagen de Sergio había quedado por los suelos, aquél hombre rudo, orgulloso y celoso había quedado expuesto al verse ensartado por una verga y con otra en la boca, nunca esperé esos gustos por parte de Sergio.

  • Trío con el esposo de mi doméstica y un amigo

    Trío con el esposo de mi doméstica y un amigo

    Luego que Martín, el esposo de mi empleada doméstica me cogiera en el departamento, me quedé con muchas ganas de seguir entregándome a él. Me daba mucho morbo que el esposo de mi doméstica me cogiera. Serle infiel a mi esposo y serle desleal a mi doméstica me hacía sentir muy puta. Tres o cuatro veces más, Martín vino al departamento para cogerme. Le hacía un pedido de verduras y aprovechaba el delivery para nuestros encuentros. Todas esas veces las pasamos muy bien.

    La última vez. Tras más de una hora de orgasmos continuos. Quedé exhausta sobre la cama. De pronto Martín empezó a hablarme con el respeto que me tenía, incluso cuando cogíamos. Me dijo “señora Marta, tengo una idea, pero no deseo que usted se incomode”. Escucharlo decir eso me hizo saber que era alguna fantasía sexual, seguro subida de tono, y que la tenía muy pensada pero que se había guardado para decírmela.

    Le dije que hablara nomás. Que lo escuchaba. Me dijo directamente “mi amigo el Juan, sabe que yo me acuesto con usted. Le he dicho que sería rico hacerlo los tres”.

    Me quede en silencio por varios segundos. Él también. Se me ocurrió preguntarle si hacía eso con su esposa. Me respondió, algo molesto, “como cree que voy a hacer esas cosas con mi esposa. Nosotros no somos así señora Marta”.

    Ella no era así. Era su santa esposa. Pero yo si lo era. Le pregunté como era su amigo Juan y me respondió “es así como yo señora Marta”. No lo pensé mucho y acepté. Le dije que la siguiente vez que viniera a dejar las verduras, lo trajera.

    Había tenido algunos tríos siendo soltera, pero nunca de casada. Me excitaba imaginar uno en casa, con el esposo de mi doméstica, que vendía verduras en el mercado y un amigo de él, que supuse también trabajaba en el mercado.

    Llegó el día. No quise mucho preámbulo. Ya estaba demasiado caliente desde que desperté. Esperé a Martín y su amigo Juan sólo en un coqueto baby doll.

    Cuando finalmente tocaron la puerta yo ya me estaba tocando, muriendo de ganas. Abrí y vi a los dos amigos. Martín no me había mentido, Juan era muy pero muy parecido a él. El mismo color piel muy cobrizo, la misma textura cuadrada. Ambos casi del mismo tamaño, sólo un par de centímetros más altos que yo, lo que definitivamente los hacía hombres bajos. Pero lo más sorprendente, ambos, nunca supe si coordinado o porque la moda era similar para ellos, con el mismo estilo de jean y el polo del mismo color. Los hice pasar.

    Martín dejó las verduras en la cocina, que al final, esa era la excusa para sus visitas. A pesar de mi calentura los tres estábamos nerviosos y nada fluía. Tras unos instantes de un frustrante silencio les dije “¿vienen al cuarto conmigo?”

    Me siguieron ambos. Me di cuenta que era la primera vez que ambos hacían algo así. Había supuesto era algo que solían hacer, pero claramente encontraron en mi a la patrona dispuesta a todo. Y si lo estaba.

    Me excitó poder controlar la situación. Tenía experiencia, ya algo lejana en el tiempo, pero la tenía. Era un punto a mi favor. Al llegar a la habitación les dije “sáquense la ropa”.

    Se miraron algo perturbados y finalmente Martín se empezó a sacar la ropa. Juan lo siguió. Se quedaron sólo en calzoncillos. Por los nervios me di cuenta que ninguno estaba erecto. Eso me excito. Sentirme la “señora” la “patrona” la que decidía, me gustaba. Complementé mi instrucción “sáquense todo”.

    Ya completamente desnudos me di cuenta que ambos tenían hasta una dotación similar. Eso me excitó pues la verga de Martín me llenaba de placer, imaginar dos iguales, me ponía loca. Sin más que pensar, me arrodillé y comencé a chupársela a Juan. Fui educada, primero la visita. Martín me miraba y se tocaba. Luego pasé a la suya y estuve así, alternando unos minutos hasta que ambas estaban bien duras y húmedas. Ellos, ya erectos, se soltaron y comenzaron a decirme “que rico la chupa señora”. O “que bien la mama patrona”.

    Me puse en 4 patas al borde de la cama y les pregunté quien quería empezar. Juan respondió “yo señora”. Se puso detrás de mí y comenzó a penetrarme en forma bruta. Martin supo que hacer y se puso sobre la cama para que se la chupe mientras Juan me cogía.

    La fiereza con la que Juan me cogía diciendo “blanquita la señora, blanquita la patrona” me hacía sentirme muy puta y llegué en pocos minutos. Juan seguía cogiéndome hasta que Martín le dijo “yo quiero coger a la señora ahora”. Cambiaron de lugar y sentí que Martín ponía saliva en mi culito. Él sabía lo loca que me pone coger por el culo. Y la metió con el salvajismo de Juan. Me estremecí toda, pero la calentura hizo que pronto ya este sólo gozando por mi culo. Volví a llegar.

    Les dije “los quiero a los dos juntos”. Ellos se quedaron en silencio y tuve que decirle a Juan que se acueste. Lo hizo me puse sobre él y le entregué mi coño. Tras unos minutos cabalgando y un nuevo orgasmo, mientras Martín solo me manoseaba, me acosté sobre Juan y le dije a Martín “mi cola es tuya”.

    Entendió y, en mi cama matrimonial, fue la hembra de dos hombres del mercado. Volver a tener dos vergas dentro a la vez me llevó a un nuevo nivel. Les pedí que me escupieran. Que me insulten. Juan me escupía en el rostro, Martín en la cabeza y la espalda. Tras varios orgasmos míos, Juan llegó y me llenó la concha de leche. Martín seguía muy duro. Yo estaba exhausta. Le dije que quería su leche en la boca. La sacó, se levantó y se puso a mi costado. Con el fuerte olor a mi culo me la metí en la boca, ese momento detonó a Martín y me llenó la boca de leche.

    Cuando Martín terminó me dijo “señora, podemos vestirnos e irnos. Debemos volver al mercado”. Les dije que sí. Me quedé dormida en la cama ni cuenta me di del cómo se vistieron y salieron.

  • Mi cita con la madre de mi cita

    Mi cita con la madre de mi cita

    Nunca he tenido suerte con las mujeres, tengo que ser honesto, soy algo así como demasiado ingenuo, y al parecer he dejado escapar varias oportunidades pues no sabía captar indirectas además de que desesperaba a las chicas con las que llegaba a salir. Harto de todo esto pues ya tengo 25 años y aunque tengo un buen trabajo y algunos amigos con los que salgo a divertirme la ausencia de afecto femenino me ha estado afectando últimamente así decidí abrir una cuenta en un sitio de buscar pareja pues esto sentaría las bases de que estoy buscando una relación por lo que si una chica me habla seré directo con lo que busco, así les ahorraré incomodidades.

    Cree mi perfil, puse unas cuantas fotos que me hacían lucir bien y esperé, los mensajes llegaban de vez en cuando, no eran muchos pero los suficientes como para mantenerme entretenido un rato, así un día me llegó un mensaje, era de una chica que se llamaba Martina, no recordaba haber visto su perfil pues tenía 18 años, no me gustan menores que yo pues creo que la ingenuidad chocaría bastante, era muy linda eso sí, cara sonriente, ojos cafés y grandes, llevaba el pelo corto y pintado de color azul, no se veía más pero me resultó interesante hablarle.

    -Hola

    -Hola ¿Qué tal?

    El perfil se puso en línea y enseguida contestó.

    -Bien gracias, han sido unos días difíciles, pero bien.

    -¿En serio? ¿Puedo saber qué pasó?

    -Bueno, mi papá murió hace 3 años y en estas fechas mi mamá y yo nos deprimimos bastante.

    -Oh cuánto lo siento, si necesitas hablar con alguien puedes confiar en mí.

    -Muchas gracias, significa mucho, de hecho sí quisiera saber si tienes planes para mañana en la noche, es que mi mamá es muy especial para mí y creo que la compañía le vendría bien ¿Por qué no vienes a mi casa? vas a pasar un buen rato.

    -¿Segura? Me refiero a que sí está bien que vaya a tu casa en estos momentos.

    -Sí claro esa es mi intención, te digo que mi mamá está bastante triste y una visita la alegraría, mira para que te animes a venir está es ella.

    Me envió una foto de su mamá, no sé parecían mucho pero igual era muy bonita, tenía ese aire de madre amorosa y tierna, a decir verdad me sentí muy mal por ella pues imaginaba que estaría sufriendo mucho por la tristeza.

    -Claro sería un placer visitarlas.

    -Bien muchas gracias, te mando la dirección y la hora, por cierto, mi mamá se llama Beatriz.

    -Que lindo nombre

    -Sí, lo sé es muy bella y creo que estará más que encantada de conocerte ya verás que se podrán conocer bien.

    Me mandó la dirección y estuve puntual en la hora, toqué el timbre, era un departamento en una buena zona, enseguida me abrió Martina, cuando la vi en persona me sorprendió, era más baja de lo que imaginé, apenas si media 1.50, nunca me he fijado mucho en la estatura, pero me pareció aún más linda pues si cuerpo era acorde a su estatura, delgada, con piernas pequeñas, un pecho casi plano pero un culo bastante redondo y firme. Pero la sorpresa aún no terminaba porque detrás de ella venía su mamá, y la foto no le hacía justicia, era todavía más hermosa en persona, unos labios gruesos, mirada atrapante, pelo hasta la cintura, bien arreglada en un vestido fino, pero la realidad era que aquella mujer me pasaba de estatura, casi unos 15 cm pues si mis cálculos no fallaban media al menos 1.90.

    Me invitaron a pasar y después de las formalidades comenzamos a platicar en la sala, hablamos de nuestras vidas, del trabajo, siempre midiendo hasta dónde podía hablar sin entrar en el tema del marido, pero algo no encajaba, a mí me había invitado Martina pero ella iba y venía ofreciéndome algún trago o bocadillos y vigilando la cena, así que con la que terminé hablando fue con Beatriz, era una bella persona y fácilmente congeniamos, ella se portaba bastante atenta y cercana pues entre más minutos pasaban más se acercaba a mí. Creo que era por el sentimiento de melancolía que quería tener a las personas cerca, nuestra plática fue interrumpida por Martina que nos dijo que la cena estaba lista, pasamos a la mesa, pero en eso un celular sonó, lo que llevó a Martina a qué fuera a contestar, después de unos minutos ella se disculpó y dijo que tenía que atender unos asuntos.

    -Te quedas en buena compañía, no tardó, pero no esperen a cenar que se va a enfriar.

    -Está bien hija tómate tu tiempo, espero que llegues a tiempo para el postre.

    -Sí mamá yo también espero eso.

    -¿Segura que no quieres que te esperemos?

    -Segura, ustedes coman, disfruten jaja yo ya vuelvo.

    Martina se fue y Beatriz y yo comenzamos a comer.

    -Ay mi hija que linda espero la disculpes.

    -¿Por qué?, Bueno esperaba que comiera con nosotros pero creo que lo que tenía que atender era urgente.

    -No hablo de eso si no en ya sabes…

    -No dígame ¿Qué pasa?

    -Bueno, sus intentos de hacerme feliz digo ve que traerte con mentiras

    -¿Mentiras? No claro que no, Martina fue muy clara quería que pasáramos un buen rato, digo por lo de su esposo, y pienso que es una buena persona al intentar hacerla feliz, digo para eso vine ¿No? Claro a menos que usted me diga que está incómoda.

    -No para nada, de hecho me la he pasado muy bien estas horas, ¿Entonces te contó lo de mi esposo?

    -Sí, cuánto lo siento, no imagino lo sola que se siente después de eso.

    -Sí ya han pasado tres años y últimamente Martina ha estado muy insistente, necesitas a alguien mamá, me dice, y saber que estás aquí para eso, verás ha sido muy difícil, por mi estatura jaja intimido muy fácil.

    -No para nada, pienso que es usted muy hermosa.

    -Me hace tan feliz que alguien me diga eso, y bueno sabiendo que estás dispuesto a que pasemos un buen rato… ¿Qué te parece… sí… me acompañas un rato?

    -Pero la cena se va a enfriar.

    -Ay que cosas dices jajaja, que tierno, ven conmigo.

    -Sí claro, si insiste.

    Ella se levantó de la mesa y me tomó de la mano, me levanté y la seguí, pasamos a una habitación y cuando encendió la luz me di cuenta que estábamos en su habitación.

    -Ven pasa, ponte cómodo.

    -¿Disculpe?

    -Sí siéntate en la cama, ponte cómodo ya sabes, déjate llevar

    Me senté en la cama pero seguía sin entender lo que tenía que hacer.

    -¿Estás nervioso? No te preocupes no tienes que hacer nada entonces déjame que yo me encargue amor.

    Se sentó al lado mío, su peso hundió mucho el colchón, tanto que me incliné hacia ella y enseguida pasó su mano por detrás de mi cabeza y sin pensarlo mucho me besó, fue un beso muy dulce, pero apasionado sentía su aliento y su respiración, y luego se acercó más a mí, tanto que sentía sus pechos restregándose en mis brazos.

    -No hacía esto en mucho tiempo, perdón fue demasiado.

    -Creo que sí, un poco jaja.

    -Pero es que lo necesito desde hace mucho tiempo, perdón pero ya no aguanto esto.

    En ese momento se descubrió los pechos, dos senos enormes saltaron a mi vista, se me ofrecían como fruta madura y jugosa, ella tomó mi cabeza y la guío hasta ellos, me abrazo mientras mi cara se hundía en ella, hasta ese momento entendí las intenciones de su hija jajaja de verdad que soy estúpido.

    -Eso deja que mami se ocupe, tu disfruta amor mmm.

    Salí a respirar un tiempo, pues sentía que me ahogaba, pero no quería estar mucho tiempo lejos de esos pechos maternales, grandes y con un aroma a perfume fino mezclado con un poco de sudor, pues la temperatura estaba elevándose.

    -Veo que te gustan mis pechos, amor puedes disfrutarlos después, ahora en serio, necesito que hagas algo por mí, tan sólo acuéstate.

    Obedecí su orden aunque dentro de mí quería seguir chupando y comiendo esos pechos, mordiendo sus pezones, y frotando mi cara contra ella como si mi vida dependiera de eso. Una vez acostado ella se subió a la cama, me vió de frente tomó mis pantalones con sus manos y los tiró hacia abajo, mi pene apareció ante sus ojos, no es gran cosa pero en ese momento la erección estaba lista. Me miró sonriendo y como si fuera lo más valioso que hubiera visto lo tomó entre sus manos y lo comenzó a acariciar.

    -No sabes cuánto tiempo he estado esperando esto.

    En ese momento se comenzó a girar, seguía sin soltar mi pene y lo fue acercando lentamente a su boca, mientras tanto pasaba sus enormes piernas por mi cuerpo y su enorme trasero apareció ante mis ojos, su vestido se comenzaba a enrollar dejando ver sus muslos y el calor que emanaba desde ahí me estaba excitando aún más.

    -Veo que tú también estás emocionado, pero adelante no seas tímido puedes tocarme

    Llevé mis manos a sus piernas y las comencé a apretar un poco, era la piel más suave que nunca había tocado, y mientras más subía más suave se hacía, así hasta que tenía mis manos dentro de su vestido ¡Mis dos manos no cubrían una de sus nalgas! Y me sorprendió más pues intentaba buscar algo de tela adentro, pero no encontré nada, por lo que me atreví a alzar su vestido poco a poco se descubrían esos cachetes y el paraíso apareció ante mí, separé la carne para ver más a detalle, el agujero de atrás, su culo, era tan rosado como una flor, cerrado que parecía que nunca se había abierto, y su coño, de un color similar un aroma embriagador y con algún rastro de vellos.

    -Siente lo mojada que estoy, vamos pasa tu mano por mi rajita.

    Era cierto, apenas abrí un poco los labios un espeso líquido apareció e instintivamente fui metiendo mis dedos en su interior, lentamente mientras tenía su boca en mi pene y sus jugos resbalaban por mi mano.

    -Ahhh sí ahhh sí, ya necesitaba eso, mmm que bien lo haces, vamos mete un poco más tus dedos, ay si tienes las manos tan suaves, cariño penétrame bien hmmm. ¿Te gusta como mami te come tu pene?

    -Hmmm sí, sí señora me encanta.

    -Dime Betty amor, soy Betty para ti, así siento que puedo pedirte las cosas con confianza jaja.

    -Está bien Betty, mmm ahhh sí mi pene se siente tan bien dentro de tu boca.

    -Amor, ¿Te molestaría si me acerco más a ti? Ya sabes hacer un rico 69

    -Claro Betty, ven acércate.

    -Está bien amor lo haré con cuidado.

    Ella lo decía pues fácilmente me podría haber dejado sin respirar si me acercaba esos enormes cachetes a mi cara, lo cual no me hubiera molestado, pero aun así quiso ir despacio, y lentamente saque mi lengua y la posé en sus labios, su sabor era único, sus jugos resbalaban por la comisura de mi boca intentaba no perder ni una gota, pero eran tantos que apenas podía beberlos todos, mi nariz se encontró con su culo, y cuando empecé a olfatear ella movió sus caderas de un lado para otro y mi nariz iba tras ella, mientras mis manos se ocupaban de dar unas cuantas palmadas así trasero pues el rebote de esos cachetes en mi cara era espectacular estaba tan centrado en comer y disfrutar de ese manjar que olvidé por completo que tenía mi pene en su boca, tanta fue mi concentración que ni siquiera pude avisarle que iba a acabar pues 3 chorros de semen salieron disparados, en lugar de enojarse era como si eso estuviera esperando, pues tan sólo abrió más la boca y comenzó a succionar, parecía que no me había corrido pues mi penes queso limpio, todo se lo acababa de tomar.

    -Amor, eso era lo que más quería, una corrida en mi boca, hmmm que deliciosa, jaja, veo que ni pudiste avisarme no te preocupes mami no está enfadada al contrario me gusta que me hayas tomado por sorpresa, ese es mi macho jaja, lo hiciste tan bien que te daré una recompensa, es un método para que te recuperes pronto y puedas poner esa hermosa herramienta entre mis piernas.

    Enseguida se levantó la cama, de mi boca seguía escurriendo sus jugos, pero no tuve tiempo de reclamar, pues me arrastró de las piernas al borde de la cama, las alzó y las separó, por un momento pensé que me iba a penetrar, pero no, en cambio bajó su cabeza, una mano la puso en mis testículos, y los empezó a masajear, la otra mano tan solo busco mi trasero, separó mis nalgas y hundió su cara en mí, su nariz chocaba con mis testículos también pero su boca estaba centrada en lamer mi ano, nunca había sentido algo así, era tan excitante que comencé a moverme de arriba a abajo, restregando mi culo en su cara, además de que empecé a gemir.

    -Ahhh sí mami, mami por favor no pares, tu lengua… Ahhh….ahhh nunca había sentido esto.

    -Deja que mami se ocupe de ti, solo yo sé cómo complacer a mi macho, deja que me coma tu culito.

    Esa sensación fue demasiado pues no tardé en recuperar la erección, y esto lo notó enseguida, pues su mano buscó mi pene.

    -Ay que lindo amor, tienes tanta energía que ya estás listo, si quieres luego podré comerme tu culito, pero ahora enserio te necesito dentro de mí, dentro de mí cuevita jaja, ven.

    Ella se recostó al lado mío, me pidió que me levantará lo cual hice, era tan alta que los pies salían de la cama, aún tenía el vestido, pero sus senos estaban totalmente descubiertos, y ese vestido solo alcanzaba a cubrir una parte de su vientre, alzó un poco la pierna derecha, dándome indirectamente la señal para que la penetrara, sería de misionero, está vez yo tome un poco más la iniciativa, así que separé un poco más su pierna me acerque a su cuerpo, le di un beso en la boca mientras me acomodaba para comenzar, la diferencia de alturas era evidente pero logré hacer que funcionara, pues baje un poco por su cuello, besándola, hasta llegar a sus senos, y ahí pasé mi atención a sus pezones, ya estaban duros y bien parásitos, pasé mi lengua por ellos y abrí bien la boca para tratar de abarcar lo más posible de ese enorme pecho, y al hacerlo al fin pude sentir sus labios de abajo abriéndose ante el paso de mi pene, el calor de su entrepierna era mayor y su humedad también había aumentado, ya había llegado al final de mi pene pues mis testículos se toparon con sus labios, y ahí me empecé a mover, con cada embestida hacía que sus senos rebotasen, y mientras más lo hacían más aumentaba la velocidad, el sonido era como una sinfonía de placer, pues con cada embestida sus jugos chorreaban más y estos empapaban mis testículos.

    -Ah sí amor, dale más verga a mami, relléname bien, vamos más rápido, así, así, me encanta como tus huevos chocan contra mí, no dejes de chuparme las tetas si amor dale más.

    -Ahh Betty, que bien se siente, ahhh sí, que rico, hmmm.

    -No pares, no pares no pares, si te vienes que sea adentro, no se te ocurra sacármela por ningún motivo, ya estoy cerca por favor sigue así, sí, ya ya casi ya

    -Hmmm, quiero acabar también, ahhh ahhh sí.

    -Terminamos juntos amor ahhh hmmm sí sí dios, me vengo, ah sí hmmm.

    -Ay mami sí mamita ah hmmm ahhh

    Ambos nos retorcíamos de placer, mientras me descargaba en su interior.

    -Al fin, después de tantos años, amor, gracias, gracias por todo, ahhh eres maravilloso.

    -Betty hmmm ahhh, que hermosa mujer, que suerte tengo de conocerte.

    -Ven a mí amor no te vayas no lo saques todavía ven acuéstate en mí, vamos, abrázame, estoy muy cansada amor, quiero dormir.

    -Yo también.

    -Ven cariño, pon tu cabeza aquí en mis tetas.

    Despertamos hasta el día siguiente, pasamos toda la noche en la misma posición, de hecho fue ella la que me despertó, lo hizo con un beso, ambos nos vestimos y salimos ahí estaba su hija.

    -Hola buenos días mamita que tal se la pasaron jaja, yo había llegado a tiempo para el postre pero los vi tan lindos durmiendo que no quise interrumpir.

    -¿Nos viste? Ay hija pero, ya era suficiente con que me consiguieras citas, y te lo agradezco pero verme así en esa situación, hay no que vergüenza.

    -No te preocupes mami, me alegra que al fin pudieras hacerlo con alguien, se ve que estás muy feliz.

    -Sí pero todo gracias a ti, y a este hombre tan hermoso, que me hizo sentir viva otra vez.

    -Y bueno sé que es pronto pero, ¿Se va a quedar?

    -¡Hija!

    -Bueno es para saber

    -No te preocupes Betty, Martina tiene derecho a saberlo, y si me lo permites, no quiero irme de tu lado, anoche fue maravilloso y creo que ambos lo sentimos así que por mí encantado.

    -¿Lo dices en serio?

    -Claro, me gustaría estar siempre contigo.

    Todos reímos y nos alegramos, desde ese momento pasé a formar parte de la familia de Betty y Martina, los tres salíamos juntos de paseo y a comer, como una familia, la mayoría de gente pensaba que yo era pareja de Martina, nunca los sacamos de su error para evitar preguntas y miradas. Pero fingir que éramos pareja despertó un sentimiento entre nosotros, sentimiento el cuál dejamos dar rienda suelta más adelante y nos sirvió para entablar una relación más cercana y pasional entre nosotros tres, pero eso es otra historia.