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  • La mejor en la cama: La tía Ana

    La mejor en la cama: La tía Ana

    «Escupí su orto y nuevamente fui metiendo un dedo. Ella bufaba de placer, mientras yo la cogía y le metía un dedo en el orto. Nunca la había visto tan caliente. Estuve algunos minutos y le dije:

    -¿Queres probar?»

    Estábamos disfrutando de unas vacaciones increíbles en Fort Lauderdale, Florida. Nuestras primeras vacaciones después de nuestra reconciliación. Con Gabriela estuvimos separados por dos años porque según ella estaba segura que le era infiel con Patricia, una amiga de ella. Gabriela tenía cuarenta años, una mujer extremadamente sensual, bella, con un cuerpo cuidado por el gimnasio, spa, esteticistas, etc. Yo con 45 años en hombre normal, sin grandes atributos, físico normal, elegante, educado y con gran apetito de sexo. La realidad era que efectivamente le había sido infiel, pero no con Patricia.

    Aquella mañana disfrutábamos de un brunch en Las Olas Boulevard, disfrutando el sol y haciendo planes para la tarde, cuando de repente, veo venir a la persona que menos esperaba ver en Fort Lauderdale. La tía Ana de Gabi. Ana, de 49, sí había sido mi amante cuando Gabriela suponía que era Patricia. Ella había emigrado a EEUU, a poner un negocio de ropa interior.

    -Esta sí que es una sorpresa, no esperaba encontrarlos, y menos juntos. Hola. Dijo Ana.

    -Hola… sí que sorpresa. Sentate. Dijo Gabi.

    -Hola Ana, ¿Cómo estás?

    -Muy bien Willy, por suerte. El local funciona bárbaro, llevo una muy buena vida, disfrutando. Dijo Ana.

    -¿Estás sola, en pareja? Pregunto Gabi.

    -Sola, aunque no aburrida. ¿Uds. se reconciliaron?

    -Sí. Dije yo si mirarla.

    -Sí… Aunque Willy me sigue jurando que no me fue infiel con Patricia. Pero… lo perdoné.

    -No te fue infiel con Patricia. Eso te lo aseguro.

    -¿Vos como lo sabes?

    -Lo sé. ¿Qué te duele más, que te haya sido infiel, o que fuera con Patricia?

    -Eh… bueno… Lo que pasa es que Patricia es mi amiga y…

    -¿Cuántas veces tenes sexo con Willy, por semana?

    -Ana, que pregunta…

    -Ninguna, respondida.

    -Bueno, a veces una…

    -Bien, ¿y que sexo tenes con tu marido, brutal, increíble, lo haces mierda o solo te abrís de gambas?

    -Ana, por favor, estamos en público…

    -Esto no es Miami, aquí casi nadie habla castellano. Te abrís de gambas, listo.

    -No… también perrito… aunque son las menos.

    -Gabi, te lo pongo en números. De los 365 días del año, con tu marido con suerte tenes sexo unas 40 veces en el año. ¿Te parece lógico? Mirate, ¿para que te cuidas tanto?

    -Para agradar, para seducir…

    -Y luego ¿Qué?

    ¿O vos le metes los cuernos a él? porque bien podría pensar eso él. ¿Para que se cuida, se arregla esta mina? ¿Para otro? ¿Willy no lo pensaste?

    -Y… da para pensarlo por supuesto. Dije mirando a mi mujer.

    -No amor, te aseguro que nunca, yo nunca he estado con otro hombre, ni en los dos años que estuvimos separados.

    -¿Y con una mujer? Preguntó Ana.

    -Ana, por favor, como me preguntas eso…

    -Sos una aburrida total. Dejate de joder… Vos no sabes el marido que tenes, te lo aseguro. Un animal…

    -¿Y vos como sabes eso?

    Yo cerré los ojos esperando que Ana no diga nada pero…

    -Porque era yo la amante de tu marido boluda. ¿Sabes por qué te lo digo? Porque me da mucha bronca que sea tan buen tipo, y que te soporte todas tus estupideces porque te ama. Pero en la cama es un infeliz total. Ni una pizca de placer le das. Te digo más, me vine a Florida porque me estaba enamorando de él, se lo dije y me dijo que solo te amaba a vos.

    -Willy, por favor, decime que está mintiendo, que es una fabuladora.

    -Willy, no te mientas a vos mismo. Dijo Ana.

    -Es cierto Gabriela. Era ella, no Patricia.

    -¿Cómo? ¿Me engañabas con mi tía?

    -No… te engañaba con una mujer tremenda. Dije.

    -¿Saben qué? No les creo nada. No pueden haber sido tan cerdos, vos Ana, hermana de mi madre, de acostarse con mi marido y vos, mi marido, de acostarse con mi tía.

    -Que mina estúpida por favor. Le decís la verdad y no la cree. Prefiere no creerla. Dijo Ana.

    -No entiendo porque haces esto tía, ¿Por qué mentís de esa forma?

    -Gabi, dejate de joder con lo de tía. Y no miento… Te lo digo porque quiero que Willy sea feliz, ya que te ama, que sea feliz.

    -Claro, porque vos a tu edad sos capaz de hacerlo feliz en la cama, no me hagas reír por favor.

    -Que idiota e ignorante que sos por favor… Sí, te aseguro que puedo hacerlo feliz, darle placer y gozarlo. ¿Qué res verlo? Preguntó Ana y me quede helado.

    Gabriela me miró sorprendida sin saber que responder. La miro a Ana y cerró los ojos.

    -No puedo creer lo que escucho… En serio. Willy por favor, esta mujer está loca… Decile que vos no harías eso, que no te acostarías con ella, que deje de fabular.

    Y fue cuando me puse a pensar en las palabras de Ana, no eran mentira… La relación, mis sentimientos hacia Gabi claramente no eran los mismos que antes que nos separáramos. Yo había esperado un cambio en ella, pero no se había dado, al contrario, cada vez teníamos menos sexo. Y eso me molestaba mucho. ¿Y si la escuchaba a Ana? ¿Y si daba un golpe de timón a mi vida, y jugaba al límite? Fue lo que decidí hacer.

    -Te vuelvo a decir, no miente. Fue mi amante. Te cuento que extraño esas tardes de placer con Ana, su entrega, su búsqueda del placer mutuo. Y sí, claro que volvería a acostarme con ella. Desde que dejamos de vernos, que no disfruto en la cama.

    -O en la cocina, o en el balcón… ¿Te acordás Willy?

    -Como olvidarlo. Dije sonriendo.

    -Dios, bueno, a ver, quiero ver si sos capaz de estar con ella frente a mí.

    -Gabriela… estás yendo demasiado lejos. Mejor que te detengas. Dije.

    -Ves, hablas, hablas, pero si digo que quiero verlos, arrugas. Dijo Gabi.

    -¿Dónde vamos? Le pregunte a Ana.

    -Mi departamento está a dos cuadras.

    Llame a la camarera, pagué, la mire a Gabriela y le dije:

    -Nosotros nos vamos. ¿Venís?

    Ella se quedó sin poder reaccionar. Nos miró levantarnos y empezar a caminar. De pronto reaccionó y apuro el paso para alcanzarnos. En el camino por mi mente empezaron a surgir vivamente los recuerdos de nuestros encuentros y mi pija fue tomando fuerza y tamaño. Cuando llegamos al departamento ya me dolía del aprisionamiento dentro del bóxer.

    Ni bien entramos, Ana cerró la puerta, se paró delante de mí, me dio un tremendo beso y llevo su mano a mi pija.

    -Hijo de puta… parece que estas muy caliente… ¿Me extrañaste?

    -Preguntale a mi pija.

    Ana me tomó de la mano y fuimos a su dormitorio, Gabriela habría los ojos sin poder creer nada de lo que pasaba. Los dos nos desvestimos tirando la ropa al suelo y Ana me hizo acostar en el medio de la cama. Se puso a chupar mi pija con todas las ganas que tenía acumuladas. Yo la miraba y acariciaba su cabeza, aunque por momentos la guiaba en el ritmo de metérsela en su boca. Mire a Gabi y estaba parada, cerca de la puerta, miraba sin decir ni hacer nada.

    -Amo esta pija, realmente la amo. Dijo Ana en un alto de la chupada.

    -Y ella te ama a vos. Quiero chuparte Ana. Le contesté.

    Hicimos un 69 y como siempre había sido, su concha estaba empapada por completo. Me puse a chuparla, meterle la lengua, mordisquear su clítoris. Era una delicia, y ella por momentos dejaba de chuparme para disfrutar.

    -Dios, como te extrañe Willy.

    -Date vuelta y siéntate en mi boca.

    -Desgraciado…

    Ella se levantó, se dio vuelta y se sentó en mi boca separando sus labios vaginales por completo. Yo disfrutaba escuchando sus gemidos y sintiendo como empezaban sus orgasmos.

    -¿Se la chupas? Me preguntó Ana.

    -No le gusta, dice que es asqueroso. Dije y seguí chupando.

    -Idiota.

    Estuve un rato, ella separaba los labios con una mano y con la otra se apretaba las tetas. Tuvo un nuevo orgasmo y se levantó. Se puso en cuatro patas, de forma que Gabriela viera lo que me dijo que haga.

    -Willy, vamos a horrorizarla. Chupame el orto.

    -Mmm… que placer por favor.

    Me puse de forma de no tapa la visión de Gabi y con mi lengua comencé a jugar con el orto de Ana, mientras metía dos dedos en su concha.

    -Maldito, dije el orto…. Esos dedos… Agg…

    No le conteste y seguí. Mi lengua se hacía un festín, su orto se fue lubricando y abriendo cuando yo trataba de meterle la lengua. No pude resistir la tentación, y aunque nunca me había dejado, intenté meterle un dedo en el culo. Cuando lo sintió sobre su orto, gimió aún más fuerte de lo que lo venía haciendo y no dijo nada. Lentamente lo fui metiendo y ella arqueaba su espalda.

    -Hijo de puta… eso no te pedí…

    -Por el reencuentro… Le dije y ella sola se hizo hacia atrás con cuidado haciendo que le entre todo.

    Lo fui moviendo lentamente y volví a chupar su concha. Ana gritaba de placer y se movía para que mi dedo la penetre y salga de su orto. Mire a Gabriela y seguía con la misma cara de sorpresa-horror que cuando empezamos, y seguía sin moverse.

    -No pares desgraciado, no pares. Gritó y tuvo un orgasmo único.

    -Basta, es mi turno.

    -Como quieras.

    -Acostate, quiero mostrarle como te cojo yo a vos y gozo como loca.

    Me acosté y ella me montó. Se metió la pija en su concha y fue haciendo círculos sobre ella, frotándose contra mi pelvis, hasta que me clavo las uñas en el pecho y dio un grito y un nuevo orgasmo la hizo temblar. Se recuperó y empezó a subir y a bajar sobre mi pija como loca, se apretaba los pechos, me arañaba el pecho, se frotaba el clítoris y gozaba como loca.

    Tuvo un orgasmo y se quedó quieta sobre mí.

    -Ves Gabi, tu marido es un tremendo amante en la cama… Amo hacerlo gozar, y como me hace gozar.

    Gabi asintió con la cabeza sin decir nada.

    -Lléname la concha con tu leche mi amor… Dijo Ana y se puso en cuatro patas.

    -Va a ser un placer, te lo aseguro.

    -Cerdo.

    Le metí la pija y la tome de la cintura con fuerza. Mi pija entraba y salía de su concha con velocidad y fuerza, ella gritaba de placer. Me miraba por sobre el hombro su cara era de placer total.

    -Willy, me gustó desgraciado… méteme un dedo.

    -Como gustes, no me puedo negar a eso.

    Escupí su orto y nuevamente fui metiendo un dedo. Ella bufaba de placer, mientras yo la cogía y le metía un dedo en el orto. Nunca la había visto tan caliente. Estuve algunos minutos y le dije:

    -¿Queres probar?

    -Me tienta… ¿Vas a ser suave?

    -No. Te la voy a enterrar hasta el fondo.

    -Entonces sí. Cojeme el culo bien cogido. Que su primera vez sea bestial… Dijo Ana y Gabi abrió con todo los ojos.

    Apoye mi pija en su orto y empujé. Entro toda, abriéndolo a su paso. Ana mordió la almohada y grito ahogando su grito con ella. Me volví loco por completo y tomándola de la cintura bombeaba como enajenado. Ella comenzó a gritar de placer mirándola a Gabi, que por la cara de Ana, sabía que no fingía. Estuve un par de minutos y acabe en su culo, llenándolo de mi leche. Ana me acompaño en el grito de placer por un orgasmo compartido. Se dejó caer en la cama y mi pija salió de su orto. Me miro, se levantó y tomándome la cara con ambas manos me dio un tremendo beso, para después, limpiar mi pija con su boca.

    Se acostó a mi lado, con la cabeza en mi pecho. Los dos la mirábamos a Gabriela.

    -Este es el hombre que te estás perdiendo. Un tremendo hombre, que te ama, o te amaba, y soportaba tener a una boluda que no disfrutaba el sexo con él. No tenes muchos caminos Gabi. Piensa bien lo que vas a hacer. Dijo Ana.

    Gabriela nos miró por última vez y se fue del departamento sin decir nada. Nosotros no hablamos del tema otra vez, y un rato después, nos volvimos a dar placer.

    Al atardecer volví al hotel y ella estaba sentada en la cama, llorando, con la vista baja.

    -¿Podemos hablar? Me pregunto.

    -Por supuesto…

    Prolongamos la estadía una semana más…

  • Sodomizado en el hotel

    Sodomizado en el hotel

    Me decidí a viajar solo. Nunca lo había hecho antes, pero quería descansar y me fui a un hotel resort en Canarias. Los primeros días los pasé tranquilamente. A la cuarta noche entablé conversación con una chica, Alicia. Después de hablar un buen rato se presentó una amiga suya, de nombre María. Estuvimos tomando unas copas y yo, me empecé a encontrar mal.

    -Vamos a subirle a nuestra habitación -dijo Alicia.

    Entramos y yo me sentía cada vez peor y me quedé dormido.

    Un rato más tarde me desperté y María avisó a Alicia.

    Bien- dijo Alicia. -Amordázale la boca y desnúdale.

    Yo no entendía nada pero me taparon la boca para que no gritara y, a continuación, María empezó a desnudarme: primero me quitó las zapatillas, después la camiseta, me desabrochó el pantalón y me lo bajó. Solo estaba en ropa interior pero no me duró mucho más tiempo puesta. Me dejó descalzo al quitarme los calcetines y, por último, me quitó los calzoncillos.

    Me encontraba débil de fuerzas y no me podía defender. Me debieron echar algo en la bebida sin que me diera cuenta.

    Me colocaron en cuatro y con varias cuerdas me dejaron completamente inmóvil y, poco a poco, ya me sentía más consciente pero sin poder defenderme…

    Analicé la situación: Me encontraba completamente desnudo e indefenso y atado ante dos desconocidas y con mi culo totalmente expuesto y ofrecido y, además, bien abierto. Evidentemente habían preparado toda esa situación con un solo fin, y ese fin era violarme.

    Ya está listo- dijo María.

    -Bien, caliéntale el culo mientras me termino de preparar.

    Agarró María una fusta y me empezó a golpear en el culo. Primero poco a poco y después más fuerte y rápido. No me podía quejar, solo gemía. Otra cosa no podía hacer.

    Llegó Alicia y le dijo a María que parara. Que era suficiente. El culo me ardía. Lo debía de tener completamente rojo.

    Entonces Alicia empezó a hablarme: -Te hemos traído hasta aquí porque te vamos a violar. Lo que voy a hacerte siempre es una fantasía que he querido cumplir y tú has sido el afortunado.

    Iba vestida con un sujetador y un tanga de color negro y estaba descalza y María llevaba puesto tan solo el sujetador. De cintura para abajo estaba desnuda.

    Entonces Alicia se colocó en su cintura un arnés con un consolador incorporado.

    – Lubrícale, María.

    María obedeció y me untó con un gel la entrada del ano. He de reconocer que me gustó y me excitó que hiciera eso. Después me susurró al oído: – Pórtate bien y pasarás un buen rato- me dijo mientras acariciaba mi culo colorado.

    Yo estaba muy confuso y nervioso.

    Alicia se acercó a mi y paseó su consolador cerca de mi agujero hasta que finalmente me penetró y sodomizó. Al principio sentí dolor y no entraba bien pero luego poco a poco conseguí relajar el esfínter para que entrara más suave.

    Pero la realidad era que estaba siendo violado y no podía hacer absolutamente nada para tratar de impedirlo… pero ¿realmente lo quería impedir? La situación no era tan mala si no iba a más. Cada vez me estaba sintiendo más excitado. La erección era más que evidente y María avisó a Alicia de esa situación.

    – Vaya, vaya. Parece que te está gustando…

    Sí, me estaba gustando estar sometido a esas dos chicas.

    – Tienes el ano muy dilatado. Ya ni notarás dolor.

    Efectivamente solo notaba placer. La erección ya estaba siendo exagerada.

    Me cambiaron de postura. Ahora me encontraba mirando hacia el techo y con las piernas muy abiertas y con los pies atados mientras seguía siendo penetrado.

    -Tiene el pene muy rojo y gotea semen. ¡Parece que va a estallar!

    María se empezó a masturbar. -¡No aguanto más!

    Alicia se tocaba sus pechos a la vez que me seguía penetrando y ya llegó un momento en el que empecé a gemir y eyaculé por fin. Me salió el semen como jamás me había salido. Fue como un volcán en erupción.

    -¿Te ha gustado? Preguntó Alicia después de quitarme lo que me impedía hablar.

    -Sí, sí. Ha sido increíble.

    -Tienes el culo muy rojo. Deberías echarte cremita- dijo María

    Cuando llegué a mi habitación y pensar en todo lo que había pasado recordé que en tan solo 2 días, nada más terminar el viaje, tenía programada mi primera revisión urológica con la doctora y sonreí al pensar cómo se iba a encontrar mi culo. Tanto por fuera como por dentro…

  • Fui desvirgada brutalmente por un albañil

    Fui desvirgada brutalmente por un albañil

    Mi nombre es Alexandra, tengo 27 años, mido 1.68 m. Soy de piel clara, tengo el cabello castaño claro y largo, me llega hasta la mitad de la espalda, soy delgada, tengo una cara bonita afilada y ojos color café claro. Me gusta maquillarme, usar labiales rojos y uñas postizas del mismo tono. También me encanta usar arracadas de plata, ya que se me ven muy lindas al acomodar mi cabello de forma coqueta.

    En esta ocasión les quiero relatar como fui desvirgada por un rudo y fuerte albañil cuando tenía 18 años recién cumplidos, aunque siempre he aparentado menos edad de la que realmente tengo. Desde chica me ha gustado hacer ejercicio solo para tonificar mis piernas y glúteos, así que ya tenía una hermosa figura, mis senos medianitos y redondos, mis pezones son rositas y como montañitas. La cintura definida, el abdomen plano y un culito muy bien formado. Cuando uso jeans se me marcan muy bien las nalgas levantaditas y al juntar mis piernas se me forma un huequito en mi zona íntima. Tengo piernas estilizadas que me gusta mostrar cuando uso minifaldas pues tengo la piel muy suave. Me gusta ser muy femenina, seductora y vestir provocativa, aunque siempre procurando mantener una buena imagen ante las personas que me conocen.

    Como se podrán imaginar a mis 18 años de edad yo todavía era una escuincla virgen e inocente. Me la pasaba en mi cuarto escuchando música pop y platicando durante horas por teléfono con mis amigas jugando con el cable del teléfono, fantaseaba con tener un novio guapo y que me tratara como princesa. Disfrutaba coquetearles a mis amigos en la escuela y por su puesto me daba cuenta que los hombres adultos ya me veían con morbosidad el culo y los senos cuando caminaba por la calle, lo que me daba miedo en especial cuando iba sola y de noche, aunque debo admitir que eso era algo que me excitaba mucho. La idea de que un hombre rudo me desvirgara en un lugar abandonado, alguna construcción o un baldío, cogiéndome muy fuertemente hasta saciarse, constantemente se me venía a la mente. Era una chica muy sensual y cachonda, con unas tremendas ganas de perder la virginidad y sentir una verga grande, venosa y gruesa dentro de mí.

    En aquel entonces yo había egresado de la preparatoria. Mis padres ya estaban divorciados y yo pasaba la mayor parte del tiempo en casa de mi mamá en Zapopan, Jalisco. Mi mamá trabajaba como enfermera en una clínica y tenía un horario muy extenso, incluso rolaba turnos por lo que en ocasiones me quedaba sola durante la noche.

    Un día miércoles una de mis amigas de nombre Paola, me llamó por teléfono para invitarme a su casa a festejar su cumpleaños, ya que también estaba cumpliendo 18 años y quería nos reuniéramos solamente sus amigas. Quedamos de vernos en su casa ya que festejaríamos ahí mismo en el patio trasero, ya que su mamá le había dado permiso y prefería que estuviésemos en su casa para que no corriéramos peligro.

    Cuando colgué el teléfono fui de inmediato a pedirle permiso a mi mamá, bajé las escaleras como loca corriendo hasta la cocina, ella estaba preparando la comida. Me dio permiso de ir ya que mi amiga vivía muy cerca en una colonia junto a la nuestra, pero con la condición de que mi mamá me llevaría hasta la casa de mi amiga y yo regresaría a mi casa antes de las 9 pm. Le di un beso en la mejilla, comimos juntas y subí a mi habitación para bañarme.

    Como les he platicado yo era muy vanidosa y mis amigas no se quedaban atrás, siempre competíamos para ver quien se veía más sexy, aunque no nos lo decíamos. Así que me depilé completamente, incluso mi zona íntima. Sali de bañarme y me puse mi crema favorita olía a vainilla y me dejaba la piel deliciosamente suave. Me puse una tanguita y un brasier push up de encaje rojos, de mi marca favorita victoria´s. Para vestirme elegí unos jeans de mezclilla azul muy ajustados de la entrepierna que levantaban mi culo y marcaban mi vagina, tenían rasgaduras al frente que dejaban ver mi piel queriéndose salir del pantalón. Me puse una blusa blanca descubierta de los hombros y escotada con cordones entre los senos, que dejaban ver un poquito mi brasier rojo. Combiné mi look con unos tacones color beige y un bolso del mismo tono. Me planché el cabello, maquillé ligeramente y puse labial rojo, también me puse un perfume dulce muy costoso y unas arracadas grandes de plata 925. Quede muy hermosa, sexy y fresca. Me miré al espejo y posaba sexy para tomarme selfies, sin saber que esa noche iba a ser brutalmente desvirgada.

    Mas tarde mi mamá me llevó en su coche a un centro comercial para comprarle un bolso a mi amiga, como regalo de cumpleaños, después me llevó hasta su casa, toqué el timbre y salió mi amiga. La felicité dándole un abrazo y le entregué su regalo, mi mamá también la felicitó y se fue a trabajar porque le tocaba hacer horario nocturno en el hospital desde las 6 pm hasta las 6 am. Entramos a la casa y mis demás amigas ya estaban en el patio trasero, encargamos unas pizzas y fuimos a la tienda a comprar una botella de tequila, refresco de toronja y cigarros, ya que por fin teníamos identificaciones oficiales, pues éramos mayores de edad. Estuvimos durante algunas horas escuchando música mientras nos terminábamos la botella, platicando de nuestras artistas favoritas, los chicos que nos gustaban, etc.

    Estaba pasándola muy bien con mis amigas, los efectos del alcohol se hacían notar pues caminábamos un poco mareadas y bailábamos desinhibidas entre nosotras, ya que no había invitado hombres pues su mamá no la dejó. El tiempo paso muy rápido y algunas de mis amigas comenzaron a irse, yo fui la última, eran aproximadamente las 11:30 pm desobedeciendo a mi mamá. Entonces me despedí de mi amiga y ella me dijo que el clima se veía como si fuese a llover y si quería le podía llamar a un taxi, pero yo le dije que no era necesario ya que vivía cerca y en unos minutos llegaría a mi casa. Así que imprudentemente me fui caminando con rumbo a mi casa yo sola.

    Cuando estaba caminando por la calle sentí como el efecto del alcohol se hacía mayor, y encendí un cigarro para seguir disfrutando de mi libertad de ser una chica mayor de edad. Era una escuincla inocente que no medía el peligro, ni si quiera sabia fumar bien, tocía cada que daba una fumada al cigarrillo. Continué caminando entre edificios de interés social con parques y jardineras comunes en los que había columpios oxidados y la mayoría de las paredes tenían grafitis. El tequila me había puesto muy cachonda y me excitaba andar sola en la noche vestida tan provocativa. Las calles estaban muy oscuras ya que como suele pasar el alumbrado público era muy deficiente, eran pocos los focos que funcionaban. De pronto comencé a sentir gotas de lluvia y escuché algunos truenos, cada vez llovía con más fuerza, me estaba mojando, así que caminé un poco más rápido. Cuando salí de esa colonia tenía que pasar por otra calle muy larga que conectaba con mi colonia, era una calle que aún no estaba pavimentada, el camino era de tierra y estaba irregular, con hiervas y eran muy pocas las casas construidas, la mayor parte eran terrenos baldíos. Así que para caminar mejor con mis tacones me fui por la orilla pegada a las casas ya que no había banqueta.

    Estaba haciendo algo de frio y yo solamente llevaba puesta mi blusa blanca escotada que descubría mis hombros, mis jeans azules tan ajustados y delgados que definían mi figura metiéndose entre mis nalgas, levantándome el culo, marcando mi vagina y dejando un huequito en mi zona íntima. Me sentía tan femenina y desprotegida en esa calle, sentí miedo y caminé más de prisa. Unos metros adelante vi que había una construcción en obra gris con vigas de madera por dentro, levantadas como deteniendo el techo, había montañas de arena y grava afuera de la construcción que estaba entre dos grandes terrenos baldíos. La calle completamente oscura y sola ahí no servía el alumbrado público. Fue entonces que al pasar pude ver a un hombre de tez blanca, como de 40 años, con barba larga, de 1.80 m de estatura aproximadamente, que vestía una playera negra de heavy metal, pantalón de mezclilla y botas negras de trabajo. Era un albañil de aspecto rudo, empolvado de arena y cemento, tenía una mirada muy morbosa con la que me veía como si quisiera cogerme. Estaba recargado en la barda a la entrada de la construcción, en ese momento yo estaba muy mojada de la ropa ya que llovía muy fuerte. Sentía como mí ropa se me pegaba mucho más al cuerpo, evidenciando mi hermosa figura. Hacia tanto frio que sentía mis pezones durísimos debajo del brasier. Me arrepentí de ponerme esos jeans con rasgaduras, estaban tan ajustados que mostraba mi culo como un corazón con mis labios vaginales marcados. Aquel hombre podía verme completamente mojada y entallada, lo que me excitó muchísimo. Caminé más de prisa junto a la construcción con mis taconcitos encajándose en la arena que se metía entre mis dedos. Solo quería salir de esa calle cuanto antes y llegar a mi casa. Justo cuando iba pasando junto a él, escuché:

    —¡Ay mamacita que rico culo tienes! —Me sentí ofendida, me dio mucho miedo ya que iba sola en aquella calle, pero a la vez muy excitada, de escucharlo decir tal piropo vulgar, digno de un albañil que se respete.

    Mi abdomen se estremecía de los nervios, sentí como mi vagina lubricaba y me pedía ser penetrada, algo en mi inexplicablemente me decía que ya era momento de perder mi virginidad, las circunstancias se prestaban para vivir esa experiencia, estando alcoholizada, mojada por la lluvia y sola con ese hombre rudo y morboso. La fantasía que rondaba por mi mente desde hace meses, se podría cumplir, todo dependía de mí. Cuando ya estaba dejando atrás la construcción, el deseo sexual que sentí, hizo que inevitablemente volteara hacia atrás y mirara al albañil, quien no dejaba de mirar fijamente mi culo, me hizo sentir como si me desnudara con la mirada. Un fuerte deseo de ser cogida esa noche me hizo caminar hacia él muy sensualmente, me contoneaba con la lluvia cayendo sobre mi cuerpo cuya silueta se exhibía a la perfección, alimentando la morbosidad de ese sucio albañil. Me acerqué de frente a él, hasta juntar nuestros cuerpos y con mi mano derecha froté su verga sobre el pantalón muy suavemente mientras lo veía con mi cara de escuincla tierna y cachonda, era la primera vez en mi vida que tocaba una verga, pude notar como el albañil comenzó a tener una fuerte erección, sentí como se ensanchaba al frotarla con mi mano, él no podía hablar solo se escuchaba su respiración jadeante de lujuria.

    Yo sentí tanta excitación que no pude resistir las ganas de apretar fuerte su verga y preguntarle:

    —¿Le parezco bonita? —Le dije muy tiernamente.

    —Sí mamacita estás bien guapa —Me dijo con tono morboso.

    Entonces yo como gatita en celo me giré de espalda y froté mi culo contra su verga muy cachondamente.

    —¡Mmm! ¡aaahhh! ¡aahh! —Yo gemía para excitarlo más.

    —Que rica verga, la tiene bien dura —Tomé sus manos y las puse sobre mis senos, él comenzó a apretarlos.

    —Estás bien sabrosa mamacita, te voy a meter bien duro la verga. ¿Sí quieres que te meta la verga?

    —Sí, quiero que me coja, tengo la fantasía de ser cogida en una construcción como esta. —Le dije con voz temblorosa.

    —Ven, pásate para cogerte como quieres.

    Yo solté el cigarrillo mojado que traía en mi mano, para tomar al fuerte albañil de su brazo, ya que me era difícil caminar con los tacones a oscuras. El albañil me llevo de su brazo hasta el fondo de la construcción aproximadamente 15 metros entre vigas de madera, costales de cemento, grava, arena, varillas metálicas, etc. Hasta que llegamos junto a un colchón con cobijas sucias que estaban en el suelo. En ese momento me puse muy nerviosa, el abdomen se me contraía de miedo, excitación y angustia, ya que sería la primera vez que tendría relaciones sexuales con un hombre, y justamente en una construcción como yo lo deseaba.

    —No tengas miedo preciosa, te va a gustar. —Yo estaba temblando.

    —Es que tengo la fantasía de ser desvirgada en un lugar como este, que me cojan muy fuertemente, pero me da miedo.

    El albañil se lanzó sobre mí y comenzó a besarme, me lamía el cuello y tocaba mi culo muy rico, me abría las nalgas con fuerza. Me giró de espaldas para abrazarme y tocarme los senos, yo me derretía en sus brazos, estaba sintiendo mucha excitación, ya comenzaba a lubricar. Me sentía muy deseada y quería ceder a su deseo, pero el miedo no me dejaba, ya que era mi primera vez. De pronto un sentimiento me recorría por dentro, me sentía tan vulnerable e indefensa, tenía sentimientos encontrados, por un lado, quería ser cogida por ese hombre y perder mi virginidad y por el otro quería salir corriendo y llegar a mi casa. La lujuria que me provocaba estar dentro de esa construcción a solas con aquel rudo albañil, me hizo lubricar mucho, sentí mi vagina muy caliente y sensible.

    —Quiero que me haga suya, que me coja muy fuerte. Quiero sentir que me penetra con todas sus fuerzas. —Le dije con voz de escuincla sumisa.

    —Pero eso te va a doler mucho preciosa ¿Estás segura que quieres que te coja fuerte? —Era mi primera vez, yo sentía una fuerte morbosidad y deseo de ser cogida brutalmente por un albañil.

    —Lo que pasa es que sí quiero, pero me da miedo. —Los nervios me traicionaban y comencé a llorar.

    —No te preocupes hermosa es normal, solo disfrútalo ¿Entonces estás segura que quieres que te coja con todas mis fuerzas? —Preguntó lujuriosamente.

    —Sí, me quiero quedar, quiero que me coja fuerte —Se escuchaba mi llanto entrecortado.

    Era una escuincla inocente que lloraba desconsolada de miedo, pero en el fondo sentía una gran excitación y quería que sucediera. El albañil me jaló del cabello para lamer mi cara, lo que me dolió, pero también me excitó mucho, me sentí tratada cual si fuese su zorra y me aventó sobre el colchón mugroso, se lanzó sobre mí abriéndome las piernas y con sus manos me quitó la blusa a tirones lastimándome, escuchaba como la tela se rasgaba. Quede con mi brasier rojo a la vista y el albañil que jadeaba de lujuria agarró mi brasier de la parte de enfrente y con sus dos manos lo estiró fuertemente lastimando mi piel hasta reventarlo, en consecuencia, mis senos quedaron completamente expuestos frente a ese animal hambriento, que al verlos comenzó a lamerlos deliciosamente como si quisiera tragárselos, me causaba una gran excitación sentir una lengua en mis senos por primera vez, estaba haciéndome chupetones, yo no dejaba de llorar entrecortadamente y agitada como escuincla. El albañil ahora estaba lamiendo y succionando mis pezones rositas, me estaba atormentando de placer, sentí como me los pellizcaba y se hacían como montañitas y muy duros, mi cara no podía evitar expresar placer, yo lo miraba muy cachonda con mi rostro bañado en lágrimas de miedo y excitación.

    Después me lamió el cuello y lo chupeteaba mientras me decía en el oído:

    —Que bien hueles putita, te quiero comer mamacita ¿Eres virgen? —Yo permanecí callada porque me daba mucha pena decir que todavía era una chica virgen.

    —Te pregunté que si eres virgen mamacita —Insistió ansioso

    —Sí, soy virgen — Yo trataba de controlar mi llanto entrecortado para poder hablar.

    —Así es como me gustan mamacita, te voy a quitar tu virginidad ¿Quieres que sea el primero que te coja?

    —Sí, quiero perder mi virginidad con usted. Quiero que me coja muy fuerte, solo que tengo miedo —Le contesté mirándolo a los ojos, con mi voz dulce e inocente de escuincla.

    —Pues si es lo que tú quieres entonces, te voy a complacer mamacita —Me dijo mientras frotaba con su mano mi vagina, algo que ningún hombre me había hecho.

    Cuando me dijo eso mi abdomen se me contraía, tenía espasmos de miedo, no paraba de llorar de sentimiento, mi vagina estaba lubricando mucho, sentí una calidez y sensibilidad únicas, ¡quería ser penetrada y terminar con esa maldita virginidad, para convertirme en una chica sexualmente activa y conocedora del sexo!

    En aquel momento estaba decidida a dejar que ese albañil maduro fuera el primer hombre en penetrarme, el hombre llevado por la lujuria que yo deliberadamente le había provocado, al no poder desabrochar mis tacones, arrebatadamente me las quitó a jalones rompiendo las correas, y las aventó a un lado, sentí mucho sentimiento porque eran un regalo que mi mamá me dio en mi cumpleaños, y más porque me iban a desvirgar y yo estaba desobedeciéndola regresando tarde a casa, mientras ella estaba trabajando en el hospital. El albañil continuó apresuradamente y desabotonó mis jeans para bajármelos de un jalón con sus dos manos y quitármelos por completo dejándome solamente con mi tanguita roja, me sentí humillada al ser desnudada por ese barbaján. Yo estaba boca arriba con ese hombre entre mis piernas, y él con su mano derecha agarró mi tanguita y me la arrancó de un jalón lastimando mucho mi zona íntima, aquel sujeto estaba impaciente por cogerme, yo era una chica muy dulce, tierna y fresca. Mi vagina rosita y depilada quedo expuesta ante él. Yo observé cachonda y recostada sobre el sucio colchón como él se restregó mi tanguita en su nariz y la olía como una bestia. El albañil me agarró de las piernas y las abrió completamente, me sentí tan ultrajada y expuesta, mis sentimientos femeninos estaban completamente vulnerados, me sentía tan ofendida y violentada, la indefensión que sentí al estar sola con ese hombre en una construcción, lloviendo y relampagueando, me hizo romper de nuevo en llanto. El albañil se lanzó sobre mi vagina y me lamió como animal sediento, metiendo su lengua en mi vagina virgen.

    —Ay, chiquita sí eres virgen. Te voy a hacer disfrutar mucho mamacita ya lo veras, la vamos a pasar muy bien. Te voy a hacer mujer —Decía depravadamente.

    En ese instante, yo me preguntaba cuantas mujeres habrían estado ya con ese barbaján. El albañil se excitó mucho y comenzó a lamer insaciablemente mi vagina, lo que me provocaba contracciones en el abdomen y un fuerte sentimiento. El continuó lamiendo y de pronto sentí como succionaba y lamia mis labios vaginales.

    —¡Aaayyy! ¡mmmm! ¡aaahhh! ¡mmmjjjj! —Yo soltaba fuertes gemidos.

    Me dio miedo que alguien pasara y me escuchara, así que guardé silencio y me ahogué en mi llanto entrecortado de placer, mientras movía mi cabeza de un lado a otro retorciéndome de placer, el albañil me miraba morboso disfrutando de mi excitación.

    El barbaján se levantó y se quitó la playera apresuradamente, así como los pantalones y las botas de trabajo hasta quedar completamente desnudo. En ese momento pude ver la verga de ese hombre, era la primera verga que yo veía completamente erecta, parecía reventar de gorda y larga, tenía una ligera curvatura hacia la izquierda y apuntaba hacia arriba con la punta totalmente descubierta, le colgaban unos testículos muy grandes, el vello púbico era abundante. Yo sabía que iba a ser brutalmente desvirgada por ese albañil, ya que era un tipo rudo, fuerte y muy morboso, a quien yo había provocado, incluso le pedí me desvirgara, era algo que yo deseaba y ahora estaba a su merced. Pensaba en mis amigas con las que había estado festejando ese día, que seguramente ya estaban en sus casas, pensé en mi mamá que estaba trabajando y seguramente creía que yo ya estaba en mi habitación viendo la televisión, pero en realidad estaba a punto de ser brutalmente cogida y gozada por ese sucio albañil que me iba a penetrar por primera vez en mi vida, arrebatándome la inocencia.

    El albañil me tomó del cabello y me arrodilló, llevándome contra su verga, yo solo giraba la cabeza y cerraba la boca para que no entrara esa verga sucia, olía a orines y me daba mucho asco.

    —Abre la boca putita —Me ordenó el muy depravado.

    Así que yo abrí mis labios carnosos con labial rojo, él me jaló contra su verga metiéndomela hasta el fondo de mi garganta, sentí ganas de vomitar y me atragantaba, mis labios pegaban hasta la base de su verga y algunos vellos púbicos entraban en mi boca.

    —No uses los dientes mamacita, solo los labios y la lengua, mueve tu lengua adentro —Me indicaba como si yo fuese su perrita.

    Yo le obedecí, pero me costaba trabajo estaba muy gruesa apenas cabía en mi boca, no sabía cómo hacerlo pues nunca había dado sexo oral a un hombre y así que lo hice lo mejor que pude. Me faltaba el aire y mis ojos derramaban lágrimas de atragantamiento que escurrían el rímel de mis pestañas mientras lo miraba a los ojos con un deseo que me desbordaba, estaba ya muy cachonda y quería ser suya. Aquel hombre me estaba disfrutando tanto que jadeaba de placer al tener su verga adentro de mi boca, yo me sentí feliz de hacer sentir a ese hombre tanta excitación, él me jalaba del cabello, metía y sacaba su verga de mi garganta frenéticamente impactando mis labios rojos hasta la base de su verga.

    Después de algunos minutos me volvió a aventar boca arriba sobre el colchón y él se acercó apresuradamente jadeando y diciendo vulgaridades.

    —Ahora si te voy a meter la verga mamacita, vas a sentir lo que es tener una verga bien adentro.

    El albañil abrió mis piernas muy fácilmente pude sentir que era un hombre muy fuerte, yo volví a llorar entrecortadamente como escuincla, tenía mucho sentimiento y no podía controlarme, los nervios se apoderaban de mí nuevamente. El albañil acercó su rostro morboso a mi zona íntima y escuché como sacó un gargajo y me escupió en la vagina para lubricarme. Yo estaba aterrada viendo como aquel hombre restregaba la punta de su verga en mis labios vaginales, esparciendo el gargajo que me había escupido, preparando mi vagina para desvirgarme. Entonces con una de sus manos sostenía mi pierna derecha y con la otra mano acomodó su verga a la entrada de mi vagina, sentí como mis labios vaginales estaban tan sensibles por las lamidas que me había dado, el barbaján metió un poco la punta de su verga y sentí como mi vagina se abría por primera vez para recibir un sucio miembro viril, me dio mucho miedo pues me iba a romper el himen con su verga al natural, quien sabe que enfermedades podía transmitirme o dejarme embarazada. El albañil dejó la punta de su verga colocada a la entrada de mi vagina rosita y depilada, levantó mis piernas acomodándolas sobre sus hombros.

    —¿Estás segura que quieres que te coja con todas mis fuerzas? —Insistió advirtiéndome de lo que me haría sufrir.

    —¡Sí, por favor, ya cójame, hágalo! —Le grité ardiendo de excitación.

    El albañil mirándome lascivamente me tomó de las piernas mirando morbosamente mi vagina y de un violento empujón me penetró desgarrándome el himen. Sentí como su verga entro hasta el fondo de mi vientre destrozándome por dentro, fue un ardor insoportable que me arrebató la virginidad, yo solté un fuerte grito que rasgaba mi garganta.

    —¡Aaahh! ¡aaah! ¡aaayyy! —Sentí que me desgarró la vagina.

    —¿Estás bien hermosa? ¿Quieres que continúe? —Me preguntó muy excitado.

    —Sí, estoy bien, cójame fuerte, no se detenga —Mi cara estaba bañada en lágrimas.

    —Pero no grites tan fuerte hermosa, porque vayan a escucharte y pueden pensar que te estoy haciendo algo que no quieres, no quiero que me metas en problemas.

    Entonces él agarró mi tanguita roja que estaba aún lado en el colchón, y me la puso en la boca para callarme.

    Él seguía hundiendo con fuerza su verga en mi interior, mi abdomen sufría fuertes espasmos y mis piernas estaban acalambradas, solo me retorcía de dolor. Él saco su verga completamente su verga ensangrentada.

    —Sí eras virgen mamacita mira cómo me manchaste de sangre la verga. Te voy a disfrutar mucho. Te voy a hacer mi mujer.

    Entonces el volvió a colocar su verga y me la ensartó de un fuerte empujón, mi vagina estaba lubricada por mi sangre de mujer escarlata, sentía como me ardía cada que la sacaba y me penetraba de nuevo. Él me estaba penetrando violentamente, como un animal, sentía todo su peso caer sobre mi vagina enterrándome la verga hasta topar, cada que lo hacía yo quería gritar, pero el aire me faltaba hasta que escupí la tanguita fuera de mi boca y grité del dolor en repetidas ocasiones. Entonces el metió sus dedos en mi boca callándome aterrada, yo seguí llorando entrecortadamente como escuincla pues tenía un fuerte sentimiento de ser desvirgada.

    Continuó cogiéndome brutalmente de forma frenética, la penetración era muy rápida y el albañil estaba muy agitado, sentía sus gotas de sudor caer sobre mi piel, entonces él se lanzó sobre mis senos para lamerlos, eso me hizo sentir un poco de alivio pues era como una caricia que me relajaba, después comenzó a succionarlos y apretarlos muy fuertemente con sus manos, pellizcaba y jalaba mis pezones rositas provocándome un dolor insoportable, sentía como si me los fuera a arrancar. Me estaba atormentando con una mezcla de dolor y placer que me arrebataban fuertes gemidos:

    —¡aah! ¡aau! ¡mmm! ¡aahh! ¡sí! —Él disfrutaba mucho hacerme sentir placer y causándome dolor a la vez, cada que me quejaba podía ver su cara de morbosidad.

    Después de ser desvirgada brutalmente por él, durante media hora quizá, escuché el timbre de mi celular sonando, provenía de mi bolsa que estaba tirada a unos metros de distancia, era mi mamá, llamando para preguntarme si ya estaba en casa. Me sentí tan sucia al tener esa enorme verga dentro de mí, desbordándome de placer. Sentí como el albañil al escuchar mi celular aceleró el ritmo y me comenzó a embestir como un animal, me lastimaba mucho el fuerte impacto de su cuerpo en mi zona femenina, me destrozaba por dentro violentamente con esa verga enorme, pude ver como cambió el gesto de su cara, se veía como un animal desbordando de lujuria. Yo me sentí tan indefensa y femenina al estar siendo penetrada de forma tan vigorosa, que un calor fue alimentándose en el fondo de mi vientre, era como una llama que ardía de placer en mi interior, sentí una sensibilidad y excitación única en mi vagina, mi piel se erizaba levantándome los pezones y dejándolos duros como montañas, las piernas se me entumían, y mis ojos se me desviaban hacia arriba del placer que me provocaba esa tremenda verga, mi abdomen se contraía y mis piernas comenzaron a temblar a la vez que mi vagina se convertía en un rio de agua dulce, estaba teniendo un fuerte orgasmo, el primero de mi vida, había dejado de ser una chiquilla.

    —Ay chiquita, te viniste bien rico, que buena estás mamacita, eres una putita —Yo solo podía escuchar el sonido húmedo de nuestros cuerpos al chocar piel con piel.

    De pronto el albañil comenzó a jadear muy fuerte hasta que de un empujón me enterró la verga hasta topar, sentí que me rompió por dentro con esa última embestida y como un chorro de semen caliente me inundó el vientre provocándome espasmos, el albañil permaneció dentro de mí dejando caer todo su peso, estaba muy agitado y cansado, me mojó de sudor. Yo sentía mi vagina mojada de sangre escarlata y de semen escurriendo, mientras ese hombre sucio iba perdiendo la erección, me había usado a su antojo, saciando su lujuria, tal como yo quería.

    El sufrimiento que estaba sintiendo no había terminado, él continuaba disfrutando de mi cuerpo, me lamía el cuello tragándose mi perfume y me besaba metiendo su lengua muy adentro de mi boca, me lamía dentro del oído y las lágrimas saladas de mi cara.

    —Ya ves mamacita, para que me pedias que te cogiera con todas mis fuerzas. Me provocaste tanto que mira cómo te cogí de duro morrita, hueles bien rico putita, ¿Ya conseguiste lo que buscabas? Quien diría que a una morrita le gustaría tanto la verga.

    Yo me sentía muy cachonda y desnuda en esa construcción, nadie se podría imaginar que yo estuviese ahí, me excitaba oler el aroma a tabaco y sudor de ese hombre, del cemento y tierra de la construcción, así como la mugre del colchón viejo en el que perdí mi virginidad.

    Pasaron unos minutos y creí ya todo había terminado, pero de pronto sentí como la verga de ese hombre estaba teniendo de nuevo una fuerte erección, era muy dura y grande, estaba sobre mi zona íntima y pensé que me volvería a penetrar. Me puse muy cachonda y comencé a lubricar de nuevo, él volteó a verme como si me quisiera comer.

    —Ay mamacita, estas tan sabrosa que ya me pusiste bien dura la verga de nuevo —Me dijo mientras me miraba el culo—. Voltéate mamacita.

    —¿Cómo? —Pregunté un poco confundida.

    —Ponte boca abajo mamacita. —Insistió de forma muy depravada.

    El albañil me tomó de las piernas y bruscamente me giró boca abajo, yo volví a entrar en pánico, de inmediato supe que ese hombre quería penetrarme por el ano. Yo en aquel entonces ni si quiera imaginaba la posibilidad de llegar a tener sexo anal con alguien, me parecía sucio e impensable.

    El albañil me abrió las piernas con fuerza, escuché como sacó un gargajo y se acercó a mi culo para escupirme y lubricar mi ano. Después se acomodó colocando la punta de su verga enorme en la entrada de mi culo, me quede inmóvil del miedo, estaba aterrada.

    —No por favor, eso no, por ahí no —Le grité muy asustada, pero a la vez excitada de sentir esa verga a la entrada de mi ano.

    —Tu déjate llevar mamacita, solo relájate. Te va a doler mucho, pero después lo vas a disfrutar más.

    —Ya verás que te va a gustar sentir mi verga en tu culo ¿Sí me dejas cogerte fuerte por el culo preciosa? —Él albañil me persuadía con su lujuria.

    —Sí, está bien, quiero saber que se siente, hágalo muy fuerte también —Le contesté invadida por el morbo, quería saberme desvirgada de mi ano también.

    —Te va a doler mucho, si en algún momento no lo soportas, me dices y lo dejaré de hacer —Estúpidamente cuando me dijo eso me sentí querida y más segura.

    El albañil restregó varias veces la punta de su verga en mi ano ensalivado, lo que me provocó mucha sensibilidad y excitación. En ese momento me puse muy cachonda, quería sentir esa verga entrando por mi ano. El hombre colocó su verga presionando un poco mi esfínter anal, y cuando estaba sintiendo como mi ano se abría un poco para recibir tremenda verga, él albañil dejo caer el peso de su cuerpo sobre de mí ensartándome su verga bestialmente de un empujón. La verga de aquel hombre se abrió paso entre mi ano, desgarrándolo brutalmente hasta topar y destrozándome por dentro. Sentí una punzada insoportable en mi esfínter anal, el dolor me recorrió todo el cuerpo, mi corazón se aceleró y la vista se me encandilaba, sentía que me iba a desmayar. El ardor fue horrible, yo me retorcía, pataleaba y manoteaba de dolor, rechinando mis dientes quería sacar esa verga de mi culo, pero cada que me movía solo conseguía que su verga entrara más profundamente, no podía levantarme ya que él estaba sobre mi espalda y pesaba mucho, me sentía vulnerable al no poder moverme. Estuve a punto de pedirle que se detuviera, pero mi morbosidad pudo más, el saber que me acababan de desvirgar el ano me hizo sentir muy sucia y excitada, así que lo dejé continuar sodomizándome. Mis senos excitadísimos por las chupeteadas que me había dado antes, rosaban en el colchón mugroso, me sentí tan cachonda, en ese momento yo creía que me iba a desmayar, ya no tenía fuerzas, estaba completamente rendida, adolorida, pero la lujuria que la verga de ese hombre despertó en mi al penetrarme por el culo me hacían soportar aquel tormento. Mis ojos cafés claros hermosos me ardían de tanto llorar, las lágrimas saladas resecaban mi rostro escurriendo el rímel de mis pestañas. El albañil saco lentamente su verga y me sentí un poco aliviada, pero solamente lo hizo para penetrarme de nuevo con más fuerza, reventándome el culo de una forma más dolorosa. Me estaba cogiendo brutalmente, la penetración era muy rápida y profunda, sentía como si quisiera desgarrarme con cada impacto de su miembro viril contra mi culo. Él abría mis nalgas para enterrarme la verga más profundamente, yo sentía mucho ardor dentro y fuera de mi ano, cada que sacaba su verga para ensartarla de nuevo, sentía como mi ano se abría de forma desgarradora.

    —Ya estás sangrando perrita, así te va a entrar más rico —Al escucharle decir eso sentí mucho miedo y me dio mucho sentimiento.

    —¡aaahhh! ¡aaayyy! —Me resultaba inevitable gemir de dolor y placer.

    El sentirme tan vulnerada por ese sucio albañil, me provocaba una sensación de plenitud, de entrega total hacia el primer hombre que estaba disponiendo de mi cuerpo para satisfacerse y yo solamente quería sentirme cogida y disfrutada por él. Cuando de nuevo escuché el timbre de mi celular sonando, era mi mamá llamándome por segunda ocasión, en ese instante yo ya no quería contestar, lo último que quería era que alguien supiera lo que estaba haciendo, pues sabía que mi mamá se avergonzaría de mi al saber que fui una zorra que buscó a ese sucio hombre para que me desvirgara, no quería causarle tal pena. Así que el teléfono siguió sonando hasta que se calló, mientras yo sentía el ir y venir de esa verga enorme dentro de mi culo lubricado por mi sangre escarlata y completamente adormecido por los fuertes golpes que el cuerpo de ese albañil, daba contra mis nalgas en cada embestida.

    El albañil siguió cogiéndome durante mucho tiempo, tal parecía que estaba durando más que la primera vez. Se acercaba a mi cuello mientras me penetraba y me olía, me sentí tan feliz de usar ese perfume costoso, pues él se deleitaba oliéndome el cuello y eso le excitaba más, le ponía mucho más dura la verga, cada que él respiraba mi perfume yo podía sentir su verga palpitar dentro de mi culo.

    —Ponte de perrita, para cogerte más fuerte preciosa —Me decía sin sacar su enorme verga de mi culo

    —¿Así verdad? —Le pregunté mientras me ponía en posición de cuatro, con mis senos completamente pegados al colchón y con la espalda arqueada hacia abajo, dejando mi culito empinado como un corazón. —Ah que puta me saliste, si bien qué sabes cómo.

    Él me comenzó a penetrar de una forma mucho más violenta pues ahora me tomaba con fuerza de la cintura y me jalaba contra él, al mismo tiempo que empujaba su verga ensartándola brutalmente en mi culo. El dolor era desgarrador, sentía como la punta de su verga me destrozaba por dentro, pero la excitación y lujuria de sentirme tan poseída y penetrada por ese hombre de una forma tan arrobadora, me hacían pedir más con mis gemidos.

    —¡Aaaahhh! ¡Sí, cójame!, ¡aaahhh!, ¡me duele!, ¡aaahhhaaa!, ¡mmm!… —Cada que ese hombre sacaba su verga de mi culo, yo sentía una fuerte necesidad de que me la ensartara de nuevo.

    Mi culo pedía verga, era como si ese miembro viril me complementara. Sentía el ano totalmente desgarrado y húmedo por la sangre, sentía como se quedaba abierto cada que él retiraba su verga y la ensartaba de nuevo brutalmente de manera incesante. Él estaba gozándome, tal parecía que cada que yo soltaba un gemido de dolor al llorar entrecortadamente y rasguñando el colchón él estaba disfrutándolo. Entonces él se detuvo por un momento, pero sin soltarme, mientras volteaba hacia la entrada de la construcción para ver que no hubiera nadie, pude notar que estaba nervioso de que alguien nos viera, después de unos segundos continuó más rápidamente. Yo tenía las piernas entumidas y los brazos cansados de estar en posición de cuatro, me sentía muy adolorida y tremendamente extasiada. El albañil siguió cogiéndome, jalando violentamente mi culo contra su verga, escuché un escupitajo y pasó su mano derecha por enfrente de mi vagina y empezó a dedearme, introdujo sus dedos en mi vagina causándome un delicioso gemido.

    —¡Aaaah! —Me ruboricé, ese gemido fue una clara muestra de entrega.

    Pues yo estaba muy sensible de esa zona recién desvirgada. Cuando estaba dedeando mi vagina sentí que su verga se le ponía más dura y se ensanchaba dentro de mi ano, mientras él me embestía salvajemente. Lo hacía de forma violenta a un ritmo muy acelerado, mirando hacia la entrada de la construcción. Él estaba muy nervioso, tal parecía que deseaba terminar pronto para irse de ahí. Su comportamiento cambio y fue más violento. El me cogía con gran ímpetu.

    —Me tienes bien caliente mamacita, tu culo está bien apretadito mi reina, ¿te gusta que te coja por el culo?, ya ves de lo que te ibas a perder.

    —Me duele mucho, pero se siente rico. Sí, me gusta mucho.

    —Me pones bien caliente hermosa, se siente bien rico estar adentro de ti —Decía él mientras seguía destrozándome el culo.

    Yo saboreaba mis lagrimas sintiéndome tan lastimada y vulnerable a merced de ese albañil. Le entregaba mi culo adormecido aventando mis nalgas contra él para complacerlo, ya que escucharlo jadear de placer me causaba un gran gozo. Jamás en mis fantasías de chica adolescente me había imaginado el dolor y la excitación que sentiría en mi primera vez, lo que estaba experimentando era algo completamente morboso, sucio y de la más baja moral. Seduje a un hombre de la construcción para que me cogiera y desvirgara. Estaba siendo gozada por ese barbaján como su objeto de placer, yo me sentía muy femenina y halagada al sentir como ese hombre me estaba cogiendo con tanto frenesí.

    Por tercera vez el timbre de mi celular estaba sonando dentro de mi bolso, él se disgustó mucho pues no quería soltarme para apagar el celular, pero tuvo que hacerlo, pues noté que se puso nervioso ya que alguien podría escuchar el sonido de mi celular dentro de la construcción, quizá como aparento menos edad de la que tengo, al ser una dulce escuincla él creía que era menor de edad y podrían denunciarlo, lo que yo no pensaba hacer ya que tenía 18 años cumplidos y era algo consensuado que yo misma había buscado. Me soltó y buscó el celular dentro de mi bolso para dármelo.

    —Ya apaga tu celular —Me dijo impaciente, tal parecía que lo desconcentraba.

    Al ver mi celular, me di cuenta que efectivamente era mi mamá llamándome por tercera ocasión, me dio sentimiento porque yo sabía que mi mamá, no habría querido para mí una experiencia así, al perder mi virginidad, por el contrario, ella siempre me decía que debía reservarme para el matrimonio y con alguien a quien yo amara. Tal idea a mí me resultaba algo anticuada y santurrona. La sensación morbosa que me daba el estar siendo brutalmente cogida en esa construcción superaba por mucho cualquier expectativa que alguna vez hubiese tenido en mente. Entonces yo apagué el celular y lo dejé aun lado del colchón.

    —Listo, ya lo apagué para que nadie nos interrumpa.

    —¿Te gusta que te dé por el culo verdad putita?

    —Sí, se siente muy rico, me gusta que me coja por el culo, siento muy calientito y rico. —Le contesté poseída por la lujuria que recorría cada centímetro de mi cuerpo

    Entonces, él me jaló del cabello hacia atrás contra su verga para ensartarme. Yo estaba en posición de cuatro pero las piernas ya no me respondían y mis brazos adormecidos, no podía mantener la posición, entonces sentí como el albañil, me jalo de las piernas haciéndome caer boca abajo contra el colchón y el cayó sobre mi espalda con su verga dentro de mi culo, provocándome un fuerte dolor por dentro.

    Mis rodillas, brazos y senos frotaban contra el colchón mugroso. Quedé rendida boca abajo y pude ver delante de mí en el suelo la playera negra de heavy metal del albañil, tenía un estampado de un grupo de rock y unas palabras que decían “Aleister Crowley” era lo único que yo podía ver en ese momento y el concentrar mi atención en el estampado de la playera, era lo único que me hacía soportar el dolor que sentía, inexplicablemente encontré en las palabras “Aleister Crowley” un refugio y consuelo. Recordé que cuando me enfermaba, mi mamá que es enfermera me distraía para que no me dolieran tanto las inyecciones que me aplicaba, entonces para distraer mi atención del dolor comencé a pronunciar en mi mente las palabras “Aleister Crowley”. El albañil, de nuevo se subió sobre mi culo, me abrió las nalgas estirando la piel de mi ano muy fuerte y dejo caer todo su peso contra mí, ensartándome la verga violentamente y arrebatándome un grito desgarrador, lo escuchaba jadear ansioso por eyacular. El sucio albañil me estaba cogiendo brutalmente contra el colchón con todo su peso sobre mi espalda embistiendo mi culo y en consecuencia la piel de mis piernas abdomen y senos restregándose en aquel colchón rasposo y sucio, sentía que mis pezones rosaban contra la tela áspera del colchón cual si fuera una lija, estaba siendo destrozada, gemía fuertemente, el placer ahora superaba por mucho el dolor causado.

    —¡aahh! ¡aaah! ¡ah! ¡mmmjj! ¡aauuu! ¡Que rico, me gusta, siento calientito! ¡Cójame! ¡Sí! ¡Así! ¡mmmjjjj! —Yo no dejaba de llorar, pero el placer era tanto que pedía más.

    —¡Sí! ¡Así! ¡Cójame más duro! ¡Quiero que me coja más fuerte! ¡Que rico se siente! ¡Cójame! ¡aaah! ¡aaay! ¡Sí! ¡Que rico! ¡aaaah! ¡Me duele mucho! ¡aaayyy!

    Entonces él se excito mucho más, me jalo del cabello, el albañil comenzó a cogerme más fuerte, de una forma muy agresiva durante un par de minutos, me sentía desvanecida sobre el colchón, mi cuerpo completamente entregado y relajado, hasta que lo escuché jadear como animal, y sentí como su verga disparaba chorros de semen dentro de mi culo, fue una sensación cálida, fue tan hermoso lo que sentí, tan delicioso saber que ese hombre se satisfizo junto conmigo. Me sentí muy sucia y morbosa, ese albañil depravado había eyaculado su semen ensuciándome por dentro. Me dio mucho sentimiento y lloré de placer, me sentí tan plena al saber que en unas horas mi vida había cambiado para siempre, ya no sería más aquella escuincla inocente, ahora me sentía mujer, y no solo eso que ya era mucho, sino que me sentía capas de complacer a cualquier hombre, ahora sería una zorra que había terminado con su virginidad de una forma impensable.

    El albañil, se quedó dentro de mí durante unos segundos restregándome la verga como si quisiera seguir destruyéndome por dentro, mientras me hablaba al oído estando tremendamente excitado.

    —Mamacita, que rico hueles, eres una putita muy fina. Que rico se siente estar dentro de ti mi reina.

    —Soy suya cójame, siento muy rico.

    —No le vayas a decir a nadie, tú sabes que esto fue porque tu quisiste ¿Verdad? ¿Te gustó mi reina?

    —Sí, no se preocupe, no lo meteré en problemas. Me dolió mucho, pero estuvo muy rico, esto es lo que yo quería. —Yo sentía el culo muy sensible y mi ano latía desgarrado.

    El albañil retiro su verga manchada de mi sangre de mujer escarlata y se vistió apresuradamente, mientras yo permanecía tirada en el colchón, con la vagina y el ano desvirgados, manchados de sangre y mi rostro con él rímel de mis pestañas escurrido por mis lagrimas saladas. El albañil recogió unas cosas que tenía cerca del colchón, salió corriendo de la construcción mientras miraba a los lados para verificar que no le viera nadie.

    Cuando vi que se había ido, me levanté adolorida con el semen y sangre escurriendo por mi entrepierna. Me puse mi tanguita roja que había quedado floja por los tirones, me vestí con mis jeans manchándolos de sangre por dentro, estaban tan ajustados que hacían fricción en mi zona íntima y me dolía mucho así que les dejé desabotonados y con el zíper abajo para que no me lastimaran tanto, recogí mi brasier rojo rasgado y lo metí en mi bolso. Me puse mi blusa blanca que estaba muy rasgada por los tirones, dejándole algunas manchas con la sangre que traía en mis manos por haber tocado mi entrepierna.

    Mis tacones tenían las correas rotas, ya que el albañil me los había quitado a tirones, me los puse, pero no podía caminar bien con ellos, pues me podía torcer los tobillos. Entonces tomé mi celular del suelo, lo guardé en mi bolso y salí de la construcción caminando muy despacio entre la grava, cemento y arena que había en el suelo. El camino estaba muy oscuro, miré a los lados y no había nadie, solo un par de coches estacionados en unas casas como a 30 metros de distancia. Me sentía muy avergonzada y humillada, no quería me fueran a ver desgreñada, con la piel mugrosa, la ropa sucia y rasgada. Mi rostro, aunque no podía verlo sabía estaba manchado por el rímel que escurrieron mis lágrimas y del labial de mis labios. Así que caminé y me fui hasta llegar a la entrada de mi colonia, escondiéndome entre las casas y los vehículos estacionados. Evitando con la mirada hacia abajo a las pocas personas que había en la calle, con mi mano derecha iba sosteniendo mi blusa ya que los senos se me descubrían, pues la blusa había quedado muy floja por los bruscos tirones de ese albañil, que se dejó llevar por la fuerte lujuria que desperté en él. Caminaba un poco mareada por el alcohol que había tomado en casa de mis amigas, mis tacones estaban muy flojos pues tenían rotas las correas y los tobillos se me torcían. Cuando iba a llegar a mi casa vi que uno de mis vecinos estaba afuera, así que esperé sentada entre unos coches hasta que se metió a su casa y yo pude entrar a la mía sin ser vista.

    Al entrar a mi casa, aseguré la puerta con todas las cerraduras, me quité los tacones y con ellos en la mano, subí por las escaleras corriendo hasta mi habitación y dejé mi bolso sobre el mueble junto con mis tacones, me tiré rendida sobre la cama soltando una sonrisa y mirada de satisfacción, gozo y plenitud. No podía creer lo que había hecho, me sentía muy extraña al ver mis juguetes de cuando era más chica, mis osos de peluche, mis barbies, etc. Yo había dejado de ser virgen, y me costaba creerlo, abracé uno de mis peluches y me puse a llorar de sentimiento acostada en la cama durante una hora aproximadamente, pensando en todo lo que había pasado. Cuando ya estaba más tranquila, bajé a la cocina para tomar un poco de jugo de arándano que había en el refrigerador. Tomé el teléfono de la sala y me senté en el sofá, para llamarle a mi mamá, no sin antes pensar en que decirle y tratar de controlar mi voz para escucharme tranquila. Así que le llamé a su celular y le dije que me disculpara por no contestarle debido a que el volumen de la música era muy alto y no escuche timbrar el celular. También le dije que se nos fue muy rápido el tiempo y que lamentablemente habíamos tenido una discusión en casa de mi amiga con una chica que ella había invitado y que terminamos peleándonos, pero que ya estaba en casa y todo estaba bien. Entonces mi mamá me regañó y me dijo que platicaríamos cuando llegara al día siguiente de trabajar.

    Subí a mi habitación para revisarme pues estaba muy adolorida, así que me desnudé y al verme en el espejo grande de mi habitación observé mi cabello maltratado, mis labios estaban manchados de labial tal como yo me imaginaba, mi cara con el rímel escurrido y reseca por las lágrimas saladas. Tenía dos chupetones muy grandes y evidentes en el cuello. Mis senos estaban raspados por el colchón mugroso y chupeteados, mis pezones rositas estaban muy irritados y sensibles todavía. Mi abdomen, piernas y rodillas igualmente raspados por el colchón y con algunos chupetones. Me giré para verme en el espejo y abrí mis nalgas ensangrentadas con cuidado para revisarme, tenía el ano muy irritado y enrojecido, me ardía mucho. Me senté en la cama, abrí las piernas y observé que tenía chupetones en mi zona íntima, estaba manchada de sangre escarlata y semen que escurrían de mi interior, mis labios vaginales muy sensibles. Literalmente la bestia había pasado sobre de mí, y yo con mi sonrisa de plenitud mirándome al espejo, toda excitada y feliz de la experiencia tan dolorosa, pero deliciosa que acababa de vivir.

    Tomé toda la ropa que había usado ese día y la metí en una bolsa de plástico que escondí y tiraría a la basura al día siguiente. Guardé mis tacones que después de tiempo mandaría a reparar de las correas. Quería deshacerme de cualquier evidencia, no podía ni imaginarme contándole a alguien sobre lo que sucedió, nadie podía saberlo o quedaría etiquetada como “la zorra de la colonia” no quería que mi familia pasara por eso, ni ser la burla y la pena de la sociedad. Así que me bañé y me acaricié mientras imaginaba que mis manos eran las de aquel hombre, cuidando de no lastimar más mis partes íntimas que me ardían con el shampoo y el agua. Al salir fui al cuarto de mi mamá quien como es enfermera tiene un amplio botiquín, entonces tomé algunas pastillas tranquilizantes, otras para el dolor y la inflamación, unos antibióticos para tratar de prevenir alguna infección. Me apliqué algunas cremas para los raspones y otras para evitar infecciones en mis partes íntimas. Me maquillé lo mejor que pude en las zonas donde tenía raspones, moretones y chupetones, curé mis labios con alcohol y un labial hidratante. Me puse pijama y bajé a tomar leche y cereal. Subí a mi habitación a ver caricaturas para distraerme, tardé un par de horas hasta quedarme dormida.

    Al amanecer escuché que ya había llegado mi mamá, me puse muy nerviosa, sabía que me iba a regañar por haberla desobedecido. Le platiqué sobre la supuesta pelea en casa de mi amiga mientras desayunábamos juntas, me costaba trabajo mirarla a la cara y platicar, me sentía muy avergonzada pues no podía compartirle a mi propia madre que había sido una zorra en celo la noche anterior. Yo solo decía que tenía jaqueca por haber tomado tequila y que la resaca me tenía mal. Más tarde tomé la bolsa de plástico con la ropa que había escondido, salí para tirarla en un contenedor para basura y fui a la farmacia para comprar una pastilla anticonceptiva de emergencia. Así pasaron algunos días, yo casi no salía de la casa, sentía mucho miedo de llegar a encontrarme con ese albañil, pensar que él podía platicarles a sus amigos y afectar mi reputación. Dejé de visitar a mi amiga en su casa durante meses prefería que nos viéramos en algún café o bar. Después de medio año, pasé por esa calle de nuevo junto con mi mamá en el coche y pude ver que la construcción donde fui desvirgada por ese hombre había sido terminada y ahora era una casa de dos pisos donde vivía una familia. Cada que paso por esa calle, volteo a ver la casa donde perdí mi virginidad. Esa excitante experiencia fue el parteaguas de mi vida sexual, ya que morí en mi virginidad para nacer a la promiscuidad.

    Alexandra Love.

  • Mi harem familiar (3)

    Mi harem familiar (3)

    Una tarde de sábado, iba a salir a pasear en la moto, solo y cuando la prendí en el garaje, salió corriendo Ana y me preguntó que para donde iba. Le dije que a pasear y me preguntó si podía ir conmigo, acompañarme.

    – Claro, Anestesia, sí. Ve a ponerte tu bluejean más ajustado, tus botas y chaqueta, que yo te busco el casco, las antiparras y los guantes. Te pones provocativa, porque mira que no salgo con feas.

    Enseguida bajó embutida en sus mejores bluejean, con sus botas vaqueras y su chaqueta de cuero. Pero me fijé que llevaba una blusa blanca transparente y no se le notaba sostén. Mi madre, se veía rompedora. De cojones, digo. Se colocó el casco, la mascarilla, las antiparras y los guantes y salimos a rodar.

    Ella me abrazaba muy sutilmente, para sostenerse, pero iba hurgando en mi pecho, bajando el cierre de la chaqueta y metiendo su traviesa mano derecha por dentro de mi camisa.

    Así, de ese tenor, continuamos rodando sin rumbo, ella me llevaba embobado, cuando de pronto y sin haberlo pensado antes me encontré con la salida de la autopista para el Hospital Pérez Carreño. Tomé la salida y enfilé hacia la carretera de El Junquito. Por esa ruta llegamos a la entrada de un famoso motel de enamorados, me paré un poco más arriba y volteé a mirarla. Se levantó las antiparras y se bajó la mascarilla. Sus ojos eran un poema, una mirada incitadora y se mordía el labio inferior con ese gesto que me derretía de siempre en ella. Le dije:

    – ¿Estás segura?

    – Si.

    – Pero tienes que hacer algo antes, es necesario.

    – Si, lo sé. Quiero ser tuya. Va una vez. Deseo que me hagas tuya. Van dos. Me muero por ser tu mujer. Van tres. ¿Satisfecho?

    – Esto es algo que hemos pospuesto demasiadas veces, pero creo que ya va siendo hora. – le respondí.

    Le di vuelta a la moto y entramos en el motel. Pedimos una cabaña, entramos, dejando la moto en la puerta, encadenadas las ruedas y nos quedamos parados uno delante del otro, mirándonos, midiéndonos. En un momento dado, atiné a decirle que debíamos quitarnos toda la perolera motociclística. Ella se rio y empezamos a quitarnos cascos, antiparras, mascarillas, guantes y chaquetas. Ana se detuvo, mientras ya yo me estaba quitando las botas. Entonces la miré de pies a cabeza. Ya sin la chaqueta, pude disfrutar de la visión de su cuerpo con esa blusa transparente que mostraba sus perfectos senos, turgentes y deliciosos, esperando a que yo los atacara. Su trasero, embutido en ese bluejean me aceleró el pulso. Entonces, ya desbocado, la tomé por la cintura, la acerqué a mi cuerpo y la besé en los labios. Pude degustar la dulzura de esa boca, luego su lengua. En el pasado, luego de bailar en alguna fiesta y bajo los efectos de algunos tragos, ya nos habíamos besado varias veces en la boca, brevemente, antes de imponer tranquilidad. Yo fui quien la enseñó a besar, cuando teníamos ella 12 y yo 14. Pero ahora, allí, no habría nada de eso, de tranquilidad. Ahora sería mía. Lo habíamos pospuesto ya demasiado tiempo. Ella me deseaba y yo a ella, intensamente. Era algo que ya no podríamos detener.

    Esa tarde hicimos el amor como dos enamorados. Ella gemía y suspiraba con tanta dulzura que me derretía. Acabó cuatro veces antes de yo derramarme, porque no sé debido a que y por cual razón, yo logré prolongar el momento más que nunca antes. ¿Sería algún sortilegio que mi bella hermana me había lanzado? Porque yo sabía que Sugey debía ser bruja, porque se enteraba de todo y su hija, por tanto, no sería menos. Calculo que pasé de la media hora. Ella no se quejaba, al contrario me demostraba que lo estaba disfrutando, con sus gemidos, suspiros y sollozos. En un momento dado la miré a la cara, justo después de eyacular copiosamente y le vi el rostro lleno de lágrimas y me asusté. Entonces ella me besó y me dijo:

    – No te asustes, mi amor, estoy llorando, pero de alegría. Me has hecho muy feliz, eres un amante muy tierno y gentil. Y esa maravilla que me metiste, no te atrevas a sacarla de dentro de mí, porque te pego. Eso es mío, ahora.

    – Creí que te había lastimado, me asusté.

    – No, mi cielito, tú no serías capaz de hacerme daño. Sé muy bien cuanto me amas. Claro, tu animal es muy poderoso, no sé cómo logré aceptarlo, pero tú lo hiciste con paciencia y cariño. Da gusto, no como mis anteriores experiencias. Aquellos idiotas me cogieron, tú me hiciste el amor. Eres muy lindo, te amo.

    – Y yo a ti, mi amor. Creo que éste es el mejor momento de toda mi vida sexual. He hecho el amor con una de las dos personas más importantes de mi vida, mi hermanita bella. Si solo Sugey me aceptara, yo sería el ser humano más feliz de la tierra, de la historia, hasta del espacio sideral. Porque ustedes dos son mi vida. – me confesé con ella.

    – Y tú eres la nuestra, eso te lo aseguro porque Sugey te ama con locura, con furia. Desde que tú la estas enamorando no para de sonreír. ¿No has notado su cambio? Y yo, pues ya sabes, serás mi hermano, pero te amo tanto que más bien te considero mi novio y desde ahora mi amante, porque ya eres mío ¿Cierto? Definitivamente somos unos pervertidos. Bueno, yo creo que ya debemos ir bajando, porque no me gustaría que nos agarrara la lluvia que vimos que venía. – me dijo muy risueña…

    – Pero… yo pensaba que podíamos dar una segunda ronda, ya sabes… – le solté.

    – No, mi amor. Estuvo delicioso, pero esa cosa tuya, esa culebra es demasiado poderosa y no estoy acostumbrada a tanta carne. Creo que deberemos ir poco a poco. Yo solo he estado con pichas cortas, como dices tú.

    – Está bien, te entiendo, pero tenemos que repetir.

    – Si, pero así como hoy, fuera de casa, porque no quiero que mamá lo sepa aún. Yo te avisaré cuando, porque no estoy preparada para enfrentarla. Recuerda que soy tuya, pero con tranquilidad, sin cometer tonterías. Sugey no nos perdonaría. Recuerda que tú eres de ella, le perteneces.

    – ¿Cómo así? ¿Por qué dices que le pertenezco? Oye, ella dijo que era asunto nuestro y que ella no iba a intervenir, así me dijo esa noche, en su cama, allá en Macuto.

    – Si, lo sé, pero no estoy preparada, cosas de mujeres, ya sabes, o no sabes, no importa. Compláceme, por favor. Y si aún no sabes que le perteneces, entonces olvídalo. Vives en las nubes, mi amor.

    – De acuerdo, pero tarde o temprano se lo diremos. Sin secretos entre nosotros tres. Y quiero que me expliques esa vaina…

    Al regresar a casa, nos encontramos con mamá, sentada en la terraza, disfrutando de una copa de vino y un cigarrillo. La saludamos con cariño y subimos a ducharnos y cambiarnos, para cenar.

    Apenas bajé, me senté a su lado y la abracé cariñosamente, como siempre, pero ella se revolvió y me lanzó a la cara:

    – Olías a sexo, inconfundiblemente. ¿Dónde andaban ustedes y que estaban haciendo? No me mientas, sabes que siempre te descubro.

    – No se a que te refieres, deben ser los aromas del camino que te hacen creer que son olores sexuales… estábamos paseando por Caracas, estuvimos recorriendo avenidas y autopista, de este a oeste, eso es todo.

    – Si, claro y yo me chupo el dedo, ¿verdad? Yo sé reconocer el olor a sexo, para mí es algo que no se puede disfrazar con nada, solo se elimina con agua y jabón. Ahora que te bañaste, ya no hueles. Solo a limpio, pero cuando llegaron, los dos olían a totona y a semen. Mírame a la cara y no me mientas. – me arrinconó.

    – No te puedo decir nada más. Es la verdad y si no me crees, allá tú. Y sí te miro a la cara, porque sabes que soy un caballero y que nunca te diría algo que comprometiera el honor y la tranquilidad de una dama. Y Ana, para mí, es toda una dama. Además, es mi hermana y la adoro, casi tanto como a ti. Y te dejo, porque a veces te pones insoportable, celosa.

    Cuando Ana bajó, mamá la interrogó de igual manera y obtuvo lo mismo, una rotunda negativa. Le dijo que cuando eso ocurriera, porque seguro que ocurriría algún día, se lo diríamos de frente. Pero que por ahora, dejara de molestar con el tema.

    Continuará…

  • Le quito la virginidad del culo a mi madre

    Le quito la virginidad del culo a mi madre

    Después de aquella noche tan espectacular con mi madre, pasó el fin de semana y regresamos a Mazatlán, a nuestra casa, ya nuestra relación había cambiado. La verdad que disfrute ese fin de semana como nunca, pasó de ser relación madre e hijo, y fue como si fuéramos novios o unas personas recién juntadas, durante el camino a casa. Mi madre tocó ese tema.

    L: a ver Juan, de lo qué pasó este fin de semana crees que esté bien?

    Y: mira mamá lo qué pasó la verdad fue algo que los dos estuvimos de acuerdo y quisimos, yo me la pase de maravilla contigo

    L: yo también me la pase de muy bien, pero crees que debemos seguir?

    Y: yo si quiero seguir, la verdad me encantas y me fascino tenerte como mujer

    En eso mientras manejaba y decía esas cosas mi pene empezó a tomar grandeza.

    Y: ve hasta de acordarme de lo qué pasó me lo pusiste duro

    L: ayyy ahora yo tengo la culpa, tendré que hacer algo para poner quieto a ese animalote

    Y: pues te estas tardando mamá

    L: no me digas mamá, que si vamos a estar juntos dime Lupita o amor.

    Y: muy bien amor por qué no, haces algo para bajarme esta calentura

    Y así fue mientras yo manejaba, me baje un poco mí short y mi bóxer y mi pene de 20cm quedó al aire, mi madre solamente se acomodó y bajo su cabeza para introducirlo a su boca y comenzar a mamarme mi pene y disfrutar de el.

    Y: ya casi termino, no vayas a manchar el asiento

    L: anda termina qué me tragaré toda tu leche

    Y después de unos minutos eyacule en su boca y ella tragó cada gota de mi semen.

    Llegamos a nuestra casa, me dirigí a mi cuarto acomodar mis cosas

    L: no, no, no bebé si vamos estar juntos tienes que dormir conmigo y tus cosas pasarlas a nuestro cuarto

    Y: okey, ahorita las llevo

    Me instale en la que es nuestra recámara, pase mis cosas y ahí estuvimos hasta que le dije que venía cansado que ocupaba un masaje para relajarme.

    L: ven cariño acuéstate que te haré un masaje muy relajante con final feliz.

    Y: uff me está gustando la idea

    Me fui a la cama, me desvestí y quede solamente en bóxer y me acosté boca abajo, Lupita saco unas cremas y me empezó a frotar con ellas en la espalda, en mis piernas bueno en todo mi cuerpo, quede muy relajado que me quede dormido como por una hora, me levante y estaba Lupita en un calzón negro, y su brasier

    L: te quedaste dormido cariño y no vas a dejar a tu mujer así?

    Y: así como?

    L: así de caliente en nuestra primera noche en nuestra casa.

    Y se tocaba sus hermosas piernas, provocándome.

    Me reí y comencé el jugueteo con ella, tocándola aquí, tocándola allá, besándola en todas partes, mientras le besaba su cuello y su boca, con mi mano fui metiendo dos dedos en su vagina y comencé a hacerle movimientos de penetración con ellos, ella jadeaba y gemía, seguía besándola y ella se comenzó a mojar, lo pude notar por qué mis dedos ya estaban mojados, le quite el brasier y comencé a chuparle y mamarle sus tetas, no paraba de gemir, y desesperada busco quitarme el bóxer y comenzó a masturbarme.

    L: yaa yaaa estoy caliente ahh ahh, metemela

    Y: tranquila que hoy te lo haré a mi modo

    L: ahhh ahhhh yaaa no aguantó.

    Terminó en un orgasmo, le baje el calzón y le dije que se montara en mi, como una loca desesperada se acomodó mi pene en la entrada de su vagina y se dio un gran senton que se le fue casi toda y se fundió en un grito y gemido de placer.

    L: vaya qué la tienes grande, me duele y me gusta

    Y: dejare que agarres tu ritmo

    Y así fue comenzó a brincar, un ritmo moderado hasta que fue aumentando para después quedarse quieta cuando terminó.

    Y: ahora ponte de perrito, quiero darte por ese culito.

    L: comooo???

    Y: así es quiero darte por atrás

    L: es por el único lugar que soy virgen

    Y: mejor aún voy hacer el que te quite la virginidad entonces.

    Se colocó de perrito, comencé a chuparle su culo rosadito

    L: despacio cuando vayas a metérmela, por favor

    Y: tranquila que te va gustar

    Ya bien lubricado su culo puse la punta de mi pené en la entrada de su agujero rosadito y fui introduciéndolo poco a poco, mi madre iba gritando mientras lo introducía pero nunca me dijo que parara, cuando estaba casi todo metido empecé con el mete y saca, era una experiencia maravillosa, una mujer de 52 años en posición de perrito y yo dándole por su culo virgen, apretaba mi pene que era demasiada la satisfacción que me daba cada que entraba y salía mi pene, mientras le daba por su culo, le tenia el pelo agarrado con una mano y con la otra le daba nalgadas, mi madre solo gritaba y gemía, yo no paraba, después de darle tremenda cogida por el culo, se lo llene de leche, después que me vacíe fui sacando mi pene de su culito, y veía cómo mi pene salía manchado de leche, sangre y un olor que sabía a victoria, a qué le había quitado lo virgen.

    Solamente me pare me fui al baño a limpiar y ahí me alcanzo mi madre que me dijo que le dolía su culo pero qué fue una experiencia buena y que quería repetirla, y así emos pasado nuestra relación, si quieren que les cuente más sobre mi madre coméntenme y la foto de perfil es del culo de ella, díganme qué les parece ese culito.

  • El sereno (partes 1 y 2)

    El sereno (partes 1 y 2)

    Mi marido era recepcionista en un hotel y cada tanto debía trabajar por las noches. Eso lo sabía Sergio el veterano que ejercía de sereno en la obra frente a casa. Esto fue en el año 2003 lo recuerdo bien porque mi sobrina festejó sus 15 en diciembre del año anterior. Sergio siempre estaba atento y era muy amable, saludaba con gentileza y siempre estaba a la orden. Una noche de verano como a las once salí a pitar un cigarrillo y el estaba ahí. Nos saludamos me convido con el mate, nos quejamos del calor porqué había que quejarse de algo y cómo supongo sucede en estos casos le dì palo a mi esposo que desde un tiempo a esta parte siempre estaba agotado. A lo que de inmediato aprovechó para tirarle un camión de escombros.

    -Si yo tuviera una hembra como vos no te dejo dormir. Sentenció el veterano canoso. Que fácilmente duplicaba mi edad yo tenía 28 recién cumplidos y nunca había estado con otro hombre que no fuese mi marido al cual conocía desde la adolescencia. No sé si fue la sofocante calor, la situación o el desgano de Marcelo (mi esposo), pero ese comentario y la forma en que lo dijo me calentó de una manera inenarrable., le sostube la mirada y percibí el deseo plasmado en sus grises ojos y una leve mordida a sus labios inferiores que todavía recuerdo, le apetecía poseerme. Y quedé como una idiota perpleja ante tamaña insinuación. Tartamudeee para retirarme con afán argumentando que necesitaba poner una pastilla para los mosquitos.

    -Si, esta lleno de mosquitos y aquí dentro hay uno grande que pica fuerte. Así que cualquier cosa que necesite me dice… Recalcó con interés. Sonreí nerviosamente y regrese turbada. Me temblaban la piernas al cruzar la calle, unos 12 metros que separaban la puerta de mi casa del aguijón que no dejé de pensar esa noche y la otra…

    Obviamente oculté aquél provocador lance que en el fondo me agradó. Me sentí deseada, es cierto que por alguien más viejo pero no por eso menos interesante, entre la duda y la curiosidad asomaba el morbo y a la tercera noche luego de una larga deliberación decidí averiguar que tan lejos podría llegar más allá de los doce metros. Shorts de yeans apretados y una leve musculosa amarilla sirvieron de casual para un encuentro perfectamente craneado.

    -Sigue el calor, eh? Rompí el hielo.

    -Es un infierno, Laura. Contestó.

    Y conversamos de manera trivial sentados en unos tablones que oficiaban de banca. En ningún momento se desubico ni apeló al doble sentido. Unos momentos antes de la media noche acomodé mis gafas y consulte el reloj…

    -Bueno ya es hora… Dije mientras me levantaba.

    -Si querés te puedo enseñar mi habitación. Y no será fácil de olvidar. Agregó. Mi media sonrisa avaló su propuesta y la exitación creció aún más al trancar la puerta.

    Entre la penumbra de aquellos senderos inacabados llegamos a cuarto de ladrillos desnudo y polvoriento. Un colchon arrojado en el suelo, unas almohadas encima y un ventilador ronroneando fueron la decoración perfecta de aquella infidelidad. Mi metro sesenta estaba siendo intimidado por la sombra masculina que se despojó de la remera a los pies del colchón, fue deliciosamente delicado el primer beso tembloroso. Mi cuerpo se aferró con desesperación a él, ese cuerpo de macho peludo y ancho que destinguí mejor antes de que cayeran mis lentes y desprovista de la musculosa me agache a recogerlos para encontrar a medio camino aquel mástil erecto y puntiagudo aún asfixiado en su jogging del cual liberé para darme cuenta de la magnitud del problema.

    -Dios, mío! Exclamó el hombre desde arriba en una mezcla de dolor y satisfacción.

    -Chupalo por favor. Rogó susurrando roncamente. Y juro que jamás había probado algo tan duro como inmenso.

    Me llené la boca de carne, le lamí a lo largo y lo ancho hasta que ya no soportó aquel delirante martirio y su gran cuerpo se desplomó de placer. El viejo cayó y se desnudo por completo y yo me subí a él sin las bragas que flameba en su puño como un trofeo de guerra. Apoyé el glande en la cueva empapada y grité… y grité… Y grité…

    Posesa de aquel miembro venoso cabalgue en la madrugada como una loca delirante. El viejo cojudo me estaba dando una clase magistral en aquel desierto polvorirento. Nunca me sentí tan mujer, sintiéndome su hembra toda la madrugada. Sergio se vino tres veces yo muchas más. Mi marido nunca se enteró, casi 2 años después nos separamos. Sergio trabajó de sereno hasta el final de la obra unos dos o tres meses. Y les puedo asegurar que mis noches más infelices era cuando mi esposo no trabajaba en ese turno.

    Parte 2

    Laura vivía frente a la casa en construcción que me tocaba costudiar cuando caía el sol. Esto ocurrió antes del 2005 pero no logro ubicarlo bien en el calendario, sé que fue en verano. Ella Tendría unos treinta años y yo deambulaba los 60. Siempre tuvimos un diálogo escueto pero respetuoso, me gustaba. A quien no? Una mujer linda de facciones delicadas, cabello corto rubia, ojos azules enfundados en gafas de marco rojo. Piernas bien torneadas, colita redonda, pechos pequeños y firmes a juzgar por sus deliciosos saltitos al caminar. En invierno casi no se veía pero en verano era imposible que pasara desapercibida. El esposo era un desabrido, un cara de piedra de su edad un tal Mateo o algo así. Trabajaba en una hostería y muchas veces lo hacía durante la noche. Lo sabía porque le veía salir 21 y 10.

    La esposa lo despedía con un pico y varias veces hablábamos después de su partida. Era una vecina bien y en aquel verano en particular comencé a percatarme que algo no andaba bien entre ellos. Estaba apagada, no sé, la note desconforme por ciertas palabras que dejó caer en más de una ocasión. Los muchachos de la obra habían desarmado un andamio y parte del mismo yacía en el patio y yo lo utizaba para sentarme a tomar mate.

    Una noche como tantas calurosa la vi fumando un cigarrillo afuera y me adelante a ofrecerle unos mates desde mi asiento. No fue sorpresa que se sentará junto a mi y sin disimular soltó que el marido la tenía desatendida. Al menos eso entendí yo, que ni lento ni perezoso le dije.

    -Si vos fueras mi esposa no te dejaría dormir ni dos horas. O algo por el estilo. La mujer menor que mi hija me clavo los dos puñales azules y cristalinos. Se apoderó de mi una exitacion que intenté disimular con el termo. Se puso nerviosa y de pie e improviso una escusa para huir. Esa noche fue eterna y no sólo para mí, pude ver la luz detrás de cortina de su cuarto encender y apagarse muchas veces. Los días sucesivos fueron pasando y solo intercambiamos miradas cómplices con silencios incómodos. Pero unos días después me sorprendió justo a mi lado, jovial, risueña. Como si nada hubiera sucedido y es que realidad nada había pasado. Compartimos el mate hasta que se acabó el agua, no dejé de pensar en cómo me gustaría penetarla ni un instante y creo que ella pensó lo mismo. Sino por que estaba allí? A que vino? La mujer estaba caliente y no se iba a ir sin el alimento.

    -Ya es tarde, me tengo que ir. Se disculpó.

    -Segura? Porque mejor no pasas y te muestro la casa. Le sugerí agachando la mirada. Se río, nos reímos… Entró tres pasos antes que yo que no podía dejar de mirar ese culito perfecto que el shorts realzaba. Caminamos un breve laverinto que nos depósito en el aposento deslucido, la bombilla de luz dejaba ver el colchón sepultado en el suelo y ventilador rumoreando. Nos besamos de pie y tuve que inclinarme para vever de esa boca deseosa, sin palabras me quite la sudadera y le mostre mi pecho donde el crucifijo nadaba entre los bellos. Deslice su musculosa hacia arriba y me ayudó levantando los brazos, como quien pela una fruta deliciosa.

    Mi pene estába reventando el sleep y ella lo noto, se arrodilló bajó mi jogging y descubrió en el matorral la anaconda cabezona y torcida. Abrió sus ojos más de la cuenta para certificar el tamaño del brutal falo que la iba a atravesar. Me acarició la bolas con énfasis hasta que le implore que succione mi pija. Y así estuvo largo rato en una sinfonía de gozos auténtica. La desvesti con máxima cautela, la última muralla en caer fue la braga de encaje blanco no sin antes correrla y dedearla con la punta del pulgar que se percato de su humedad. Laura tenía en sus manos el material que vino a buscar y sabía muy bien dónde encastraba. Apuntó el cañon insegura justo en la gruta lubricada y se dejó caer después de varios titubeos.

    Gritó, gritó y gritó más aún. Parecía virgen y yo la cogí con extrema fiereza, acaso hay otra forma?… Esa noche su marido fue cornudo y no sería la única noche que lo fue se los puedo asegurar, hicimos todo menos el anal que por un tema de angostura no fue posible. Al poco tiempo se me terminó en trabajo ahí y ya no la volví a ver pero de seguro Laura no lo olvida y tampoco yo.

  • Viernes con mi esposa Adriana Betsy

    Viernes con mi esposa Adriana Betsy

    Durante el jueves, un día después de lo ocurrido con Sergio, estuve conversando en el celular con Mari, al parecer aún no había enfrentado a Sergio, solo me comentó que esperaría al viernes para hablar con él, por lo que me pidió que ese día me hiciera cargo de Betsy, no quería que estuviese presente, por lo que le dije que con gusto me haría cargo de ella. Así transcurrió el jueves, llegado el viernes estuve mensajeando con Betsy, le propuse pasar por ella después del trabajo e ir al cine, a ella le pareció bien la propuesta.

    Llegó la hora de la salida del trabajo, me dispuse a recoger mis cosas y salí volando de la oficina. Se me ocurrió pasar a una florería y comprar algo para Betsy, era algo que no se me había ocurrido darle, así que escogí un ramo de flores esperando que fuese del agrado de ella, pero lo que tuve que dejar guardado en la cajuela, quería que fuera sorpresa y sobre todo que no lo viera Mari.

    Arribé a casa de Mari, donde después de ser recibido por ella hizo acto de presencia Betsy, su atuendo era estupendo, llevaba puesto una blusa blanca, una chamarra de mezclilla, una falda de color vino con tablones y unos tenis blancos, su cabello lo llevaba suelto, con un maquillaje perfecto para la ocasión. También llevaba consigo una pequeña maleta, con la que la ayudé a cargarla para guardarla en la cajuela, nos despedimos de Mari y partimos al cine.

    Durante el trayecto platicamos de varias cosas, sin tocar el tema de sus padres, me sentía soñado al tener a mi lado a una jovencita hermosa como ella, por lo que el recorrido se hizo ameno, hasta que llegamos al estacionamiento, aparqué el vehículo y me dispuse a abrirle la puerta, ayudándola a salir del auto para después encaminarnos al cine, avanzamos pocos metros hasta que, de manera espontánea, se me hizo fácil tomar de la mano a Betsy, ella giró su rostro hacia mí con gesto de sorpresa, para después esbozar una sonrisa, sonrojándose. A mi no me importaba si algún conocido nos veía, al fin de cuentas bastaría con decir que se trataba de mi sobrina.

    Llegamos al área de venta, pedimos nuestras palomitas y bebidas para después ingresa a la sala, había comprado las entradas por internet, escogiendo los asientos de hasta arriba, en la última fila, para poder disfrutar de la pantalla completa. Nos acomodamos en nuestros asientos, esperando a que iniciara la película, eran pocas las personas que estaban en la sala, se podía notar los espacios disponibles en varias filas y en la nuestra solo éramos nosotros dos y otra pareja más hasta el otro extremo, así que no habría problemas con algún tipo de bullicio.

    La sala se puso oscura, señal de que daría inicio la película, así que nos acomodamos consumiendo nuestras palomitas y bebidas, el tiempo había avanzado casi una hora, percatándome que Betsy se frotaba constantemente las manos, por lo que me acerqué a su oído y le pregunte si le pasaba algo, a lo que me contestó que tenía frío, por lo que la tomé de las manos y, en efecto, estaban frías, para después ella decirme que sentía más frío en sus piernas, entonces le pedí que se quitara su chamarra y se la colocara en sus piernas, que yo me encargaría de abrazarla para que no tuviera más frío, y como buena niña así lo hizo, mientras que yo despejé el área quitando las charolas de las palomitas y bebidas para tener más espacio para nosotros.

    Seguimos viendo la película, podía sentir la calidez de los brazos de Betsy, sin embargo llegado un momento mi sobrina se acomodó de tal modo que su cuerpo quedó recargado por un costado de mi pecho, por lo que coloqué mi brazo por detrás de su espalda para así poder tomarla de la cintura, pero mi mano no se quedaría quieta, poco a poco fui metiéndola por debajo de su blusa, para después subir percatándome que no llevaba sostén, por lo que con mis dedos me hice de su su pezón derecho, estaba totalmente erecto, así que lo apreté, dando Betsy un pequeño brinquito, seguí con mi labor hasta que sentí cómo Betsy apoyaba su mano izquierda, en mi pene, por encima del pantalón, atreviéndose a bajar el cierre e intentar sacar mi verga, pero la posición no se lo permitía así que le ayudé hasta tenerla de fuera.

    Betsy no tardó en apoderarse de mi verga con su mano, para después comenzar a masturbarme, me estaba calentando mucho la situación, deseaba que la sala estuviera vacía para poder cogerla pero no era posible, aún teníamos a la pareja en el otro extremo de la fila, lo que imposibilitaba llegar al siguiente nivel.

    – ¿Te encanta lo que estamos haciendo, tío? –

    – Cómo no tienes idea corazón, de no ser porque hay personas en este mismo momento te cogería

    – Ni modo tío, tendrás que conformarte con mi mano amiga

    Betsy jugaba con la punta de mi verga, esparciendo el líquido seminal, sin embargo no era lo suficiente así que de vez en cuando se lamía su mano para después volverla a poner en mi verga, así siguió hasta poder tenerla completamente mojada, me estaba llevando al cielo con solo su mano, pero no podía hacer más ya que sería muy notorio y no quería verme involucrado en problemas, pero tal parecía que la suerte estaba de mi parte, la pareja en el otro extremo se paró y comenzó a bajar las escaleras para salir de la sala, así que sin pensarlo le agarré la mano e hice que se parara de espaldas a mi, para solo levantarle la falda y hacer a un lado su tanga, y después sentarla en mi verga, la humedad de su vagina me permitió poder meterle mi verga, para después comenzar Betsy a moverse

    – Rápido tío… alguien puede vernos

    La tomaba de la cintura y dirigía los movimientos, tratando de hacer el menor ruido posible, pero la suerte no duraría por mucho tiempo, a lo lejos pude ver que, la pareja que se encontraba en nuestra fila, regresaba para continuar viendo la película así que detuve los movimientos de cintura de Betsy e hice que volviera a su asiento.

    – Es una pena que no pudiéramos continuar, tío – me dijo Betsy al oído

    Se acomodó su ropa, al igual que yo, y continuamos mirando la película, haciendo como si no hubiera pasado nada. Al término de la película, salimos de la sala y cada quien pasó al sanitario, eso de quedarse a medio palo no era nada bueno para ambos. Ya en el estacionamiento le propuse llevarla a cenar a un restaurante, y ella bien emocionada aceptó, así que arranqué el auto en dirección a nuestro siguiente destino.

    – Tío, estabas bien duro en el cine, tal parece que te gustó hacerlo teniendo personas ahí presentes

    – La verdad es que me tenías con unas ganas

    – Pero que pena, no pudimos terminar lo que empezamos, de no ser por esa otra pareja a lo mejor me hubieras llenado de lechita

    – Ni que lo digas corazón

    – Pero no te preocupes tío, tenemos toda la noche para nosotros

    Llegamos al restaurante y nos dispusimos a cenar, nos encontrábamos en una mesa apartada de los demás así que podíamos platicar tranquilamente, saliendo a flote el tema de Betsy y Adriana, había escuchado la versión de Mari, pero me intrigaba lo que tenía por decirme Betsy, así que le pregunté por lo sucedido.

    – Y a todo esto Betsy, ¿qué fue lo que pasó entre tu tía y tú?

    – Oh, vaya… eso… pues… supongo que mi mamá ya te puso al tanto de lo sucedido, ¿verdad?

    – Sí, ya me contó lo que con sus propios ojos vio

    – Le tocó un buen espectáculo

    – La verdad es que sí, pero dime, ¿cómo fue que te atreviste a hacer algo como eso?

    – Pues la situación se dio, en un principio mi sincera intención era darle confort a mi tía, nunca la había visto así, por lo que quise estar con ella para que sintiera que tenía mi apoyo, pero después vino a mi mente mis aventuras con mi prima y mi mamá, y pues comencé a calentarme

    – Pero lo que hiciste fue muy atrevido, ¿no crees?

    – Si, aunque no te negaré que al principio tenía pavor de que todo saliera mal, pero aun así no quise quedarme con las ganas y me dije: ¡Más vale pedir perdón, que pedir permiso!, y fue así como me poco a poco fui tentando el camino hasta darme cuenta que mi cabeza estaba en medio de las piernas de mi tía, fue ahí que me entró el remordimiento pero viendo hasta dónde había llegado no quise detenerme, al final llegué más lejos de lo pensado, pero mi tía creo que si le afectó, por lo que ya no tuve la oportunidad de hablar con ella

    – Pues no sabría decirte cómo es que lo tomó tu tía, no he tenido mucha comunicación con ella ahora que está en su curso, pero ya tendré tiempo de averiguarlo

    – Por favor tío, no la culpes ni te enojes con ella, quien inició todo fui yo, así que de haber un culpable, esa sería yo

    – No te preocupes corazón, te prometo que no me enojaré con ella, ni contigo, aunque es algo que no sabía que sería capaz de hacer Adriana, pero me alegro que haya sido contigo. Anda, terminemos de cenar, por cierto, ¿quieres que vayamos a otro lugar terminando la cena o nos vamos a mi casa?

    – Pues, aún es temprano, ¿por qué no vamos a un antro?, tengo ganas de bailar un poco ¿cómo ves?

    – Ok, está bien

    Seguimos consumiendo nuestros alimentos, donde una vez terminado, nos dirigimos al antro donde bailamos y disfrutamos de unas bebidas, nuestros cuerpos se tallaban de forma caliente con cada baile, eso y en combinación con el alcohol solo provocó que nos pusiéramos más cachondos, hasta que me decidí decírselo a Betsy

    – Ya no aguanto mi amor, vayamos a casa que tengo muchas ganas de cogerte

    – Está bien tío

    Y sin pensarlo dos veces, salimos del antro, pero Betsy creo que estaba más ansiosa de coger porque en vez de dirigirnos al sitio donde estaba aparcado el auto, me tomó de la mano, siguiendo un camino distinto

    – Oye, el auto está del otro lado

    – Lo siento, pero no creo poder aguantarme hasta llegar a tu casa, así que ven

    Llegamos a un sitio solitario y oscuro, donde solo bastó que Betsy se quitara su tanga para después bajar el cierre de mi pantalón y sacar mi verga, y así de frente solo se puso de puntas para después encaminar mi verga a su vagina, entrando de un solo movimiento

    – Cógeme – dijo ella con desesperación, por lo que la tomé de ambas piernas, cargándola y comenzando la faena, mientras que Betsy no se contuvo con sus gemidos, los cuales fácil podían llamar la atención de quien pasara por el lugar, pero eso no nos importó, ambos traíamos unas ganas que pensar en eso era lo de menos.

    Mi calentura no me permitiría aguantar mucho, así que bastaron pocos minutos para comenzar a venirme dentro de Betsy, sentía cómo su panochita aprisionaba mi verga tratando de exprimirla por completo.

    – ¡Qué rico, tío!

    Por la entrepierna de Betsy comenzaba a escurrir mi semen, el cual ella limpió con su tanga para después comenzar a limpiar mi verga, dejándola completamente sin rastro alguno de lo sucedido.

    – Bueno tío, creo que ahora si ya podemos ir a tu casa

    Llegando a mi casa, Betsy pidió ser la primera en bañarse, por lo que le di las llaves para que abriera en lo que yo me encargaba de bajar nuestras cosas y el ramo de flores que le había comprado. Al entrar Betsy ya estaba en la ducha, así que acomodé las cosas y esperé a que saliera del baño para darle su sorpresa.

    – Betsy, ahorita que salgas del baño podrías cerrar los ojos de favor, te tengo una sorpresa

    – ¿Una sorpresa? ¿en serio?

    – Sí

    – Perfecto, ya salgo entonces

    Y así como se lo había pedido, salió del baño con los ojos cerrados, mientras que yo estaba al frente de ella

    – Ya los puedes abrir – momento en que le extendía mi mano con el ramo de flores. Los ojos de Betsy se llenaron de brillo, su entusiasmo no pudo ser escondido por su rostro, para después lanzarme a mi dándome besos en la boca

    – Gracias tío, son hermosas, no me esperaba algo así… muchas gracias

    – Que bueno que te haya gustado tu obsequio

    – No tienes idea, tío… pero anda, es tu turno de darte un baño, yo te espero en tu habitación

    – Ok, por cierto, en la cocina puedes encontrar un recipiente para poner las flores

    Me metí a la ducha, tomándome mi tiempo, no había prisa por salir, total la noche sería larga. Al terminar, me fui a mi habitación, llevaba solo una toalla cubriendo mi cintura hacia abajo, el entrar ahí estaba Betsy, desnuda, sentada en el taburete que mi esposa ocupaba para maquillarse, podía ver cómo revisaba las cosas, que en realidad eran muchas ya que si algo tenía Adriana era que le gustaba mantener su cuerpo bien, ya ni se diga el maquillaje

    – Vaya, sí que mi tía tiene muchas cosas, muchas cremas, muchas pinturas de uñas, varias paletas de maquillaje, por eso está así de hermosa

    – Y eso que no has visto su clóset

    – Wuao – dijo ella al ver el set de ropa de su tía – prácticamente es un clóset para ella – comenzando a revisar la ropa ahí colgada, también comenzó a abrir los cajones en los que se encontraba la ropa interior de Adriana – mi tía se ve que es bien coqueta, mira su lencería, está muy bonita, el gusto que te ha de dar tío verla en ropa interior

    – Ni que lo digas

    – Mmm, se me ocurre algo – dijo Betsy

    – ¿algo?, ¿Como qué?

    – Necesito que vayas a la sala y esperes unos minutos ahí en lo que preparo mi idea

    – Ok, solo espero que no sea algo descabellado

    – No te preocupes, te aseguro que te encantará, yo te digo cuando ya puedas entrar

    Decidido a ello, me fui a la sala, encendí la TV en lo que esperaba la señal de Betsy, fácil había pasado media hora hasta que escuché su grito que indicaba que era el momento de entrar para darme una gran sorpresa. Parada, junto a la cama se encontraba Betsy, su vestimenta se me hacía conocida, se trataba de un vestido color blanco con tirantes que le llegaba a media pierna, abierto por sus lados desde la cintura, de la parte de atrás estaba totalmente escotado pudiéndose ver por completo la espalda de Betsy, en sus pies se había puesto unas zapatillas plateadas que, junto con su maquillaje y labial rojo, la hacían ver perfecta, todo esto me impresionaba hasta que recordé dónde haber visto ese vestido, se trataba de un conjunto de mi esposa y que en el cuerpo de Betsy le quedaba a la perfección de su figura, completita era una delicia

    – Betsy, ¿acaso es un vestido de tu tía?

    – Así es, hasta las zapatillas, pensé que no que me quedarían pero veo que somos del mismo número de calzado

    – Pues te ves fabulosa

    – ¿En serio?, gracias, lo que si me quedó un poco justo fue la tanguita, como mi tía tiene un poco más de cadera y nalga que yo, me ajusta más su lencería

    – ¿Cómo?, ¿hasta su ropa interior estás usando?

    – Si, ¿por qué? ¿te molesta?

    – No, es que recuerda que ella llega el domingo

    – Ah, por eso, no hay de qué preocuparse, mañana me encargo de lavar todo, pero bueno, dejémonos de tanta charla y mejor pongámonos en acción

    Terminando de decir eso, Betsy se acercó a mí, su andar era de lo más sensual, se vea divina, hasta que se puso frente a mí para decirme:

    – Esta noche no seré Betsy, ni tu sobrina, ni la nena. Esta noche seré tu esposa Adriana, así que más vale que me trates como tratarías a tu esposa, quien después de una semana de un curso intensivo, quiere des estresarse

    – Si así lo quieres

    Dicho eso, comencé a besar a Adriana para después decirle que se hincara, quitándome la toalla y darle mi verga para que empezara a mamarla. Con el tiempo había mejorado su técnica, sabía mover su lengua, jugar con su boca, lamer y chupar mis huevos, era una delicia haciendo eso. Después de un rato de gozo, hice que se parara de espaldas a mí, para después hacerle a un lado su tanga y comenzar a cogerla.

    – Mmm, Adriana, que rica vagina tienes, se siente diferente, ¿acaso estás excitada por cómo te cojo?

    – Si, mi amor, estoy bien caliente, así me pones después de varios días de no cogerme

    – Con este vestido te ves bien puta… me encantas

    – Si, mi cielo, es que me gusta ser bien puta contigo… soy tu putiesposa… mmm, así, así… cógeme fuerte… métemela bien adentro…

    Adriana me estaba llevando al cielo, su vagina se sentía exquisita, tantos jugos me estaban provocando querer eyacular, hasta que no pude más y comencé a venirme, podía sentir lo caliente de mi semen combinado con lo caliente de la vagina de mi amada esposa.

    – Que rico mi vida… mira cuanta leche me escurre por mis piernas… anda, vamos al baño a limpiarnos

    Llegando al baño, mi esposa se quitó su vestido y su tanga, para después sentarse en la taza del baño, mientras que yo pretendía meterme a la ducha pero ella me detuvo

    – Hey, espera, a donde vas, ven aquí que quiero comerte esa verga

    Me puse frente a ella y me agarró la verga para después comenzar a limpiarla con su lene. Mi pene estaba semiflácido y aún con rastros de semen y fluidos de la vagina de Adriana, por lo que ella se encargó de no dejar rastro alguno, atreviéndose a mamármela aun cuando no estaba siquiera erecta, haciéndose tener esa sensación que solo uno como hombre siente cuando te la maman recién que has eyaculado, por más que intentaba apartar mi verga ella más se aferraba, tanto que tuvo que agarrarme del trasero con tal de que no le quitara mi verga, podía sentir su lengua y boca succionando mi miembro, hasta que logró hacerme venir, sentí que mis piernas se me doblaban del placer, algo que no había experimentado con anterioridad. Adriana se bebió hasta la última gota y solo así sacó mi verga de su boca, esbozando una sonrisa de niña traviesa.

    – Qué rica leche, no pensé que te pudieras venir sin que tuvieras una erección

    – Adriana… pero… uff… acabas de hacer volar mi cabeza…

    – Anda, ya puedes irte a bañar, te espero en la habitación

    Ocupé la ducha para reponerme, la verdad es que lo hecho por Adriana era algo nuevo y atrevido de su parte, pocas veces había sido así y la verdad me había gustado.

    Salí del baño y me dirigí a la habitación, no sin antes mirar la hora, estaba a punto de dar las 2 de la mañana, y nosotros seguíamos ahí, cogiendo, tomándonos en serio lo de disfrutar toda la noche. Al entrar a la habitación Adriana estaba recostada en la cama, ahora llevaba puesto un baby doll, medias con liguero y una tanga, todas de color negro, abría y cerraba las piernas, estaba tentándome a arrojarme entre sus piernas y lamerle su conchita, logrando su cometido.

    Le hice a un lado su tanga, comenzando a lamer su conchita mientras que a la vez jugaba con su clítoris y metía un dedo con tal de darle placer a mi querida esposa. Ella, se retorcía por lo que le estaba haciendo, sus gemidos se iban intensificando más y más, mientras yo bebía todo su néctar.

    Decidí meterle mi verga, así que tomé sus piernas y las coloqué una en cada lado de mi cuello, para después perfilar mi pene en su vagina, poco a poco la fui metiendo hasta tenerla toda dentro y así comencé a moverme, Adriana se masajeaba sus tetas, pellizcaba sus pezones y metía un dedo en su boca, la imagen de mi esposa era una delicia, su cara totalmente roja delataban su placer, así que continué con mi acometido, ahora las piernas de Adriana las había doblado hacia su pecho, la sensación de la penetración era totalmente sabrosa, podía sentir cómo las paredes de su vagina aprisionaban mi verga.

    Cambié de posición, coloqué a mi esposa en posición de perrito y de nueva cuenta metí mi verga, seguía y seguía dándole con todo a Adriana.

    – Así, así papi… así… cógeme como a una perra… ah, ah, ah…

    – ¿Eres mi perrita?

    – Sí, tu puta perra esposa…

    Comencé a darle de nalgadas a Adriana, con una y con otra mano, tanto que su culo estaba poniéndose colorado, y con cada nalgada ella se quejaba

    – No… mmm… duele… ah, ah… no, papi, no… me duele

    – ¿En serio te duele?

    – Si papi… ya no… ya no me nalguees…

    – Pero mira lo mojada que estás… tu cuerpo dice otra cosa

    – No… ya no…

    – ¡Cállate perra!

    Dicho eso último, empujé a Adriana sobre la cama, cayendo ambos al mismo tiempo y sin sacarle mi verga, pegando ella un grito fuerte ya que por el movimiento llegó más profundo mi verga, pero no me importó, estaba realmente excitado por lo que tomé del pelo a Adriana y jalándola hacia mi, hice que su espalda se arqueara, logrando apoderarme de su boca por un momento para después continuar con mis metidas, mientras Adriana tenía su rostro en una almohada, en la cual ahogaba sus gemidos, pero yo seguía con lo mío sin tomar importancia si le dolía o no a mi esposa, tanto que ahora la aplastaba de su espalda contra la cama hasta que comencé a venirme, donde una vez terminado saqué mi verga de su vagina, recostándome a un lado de ella. Adriana no decía nada, mantenía su rostro escondido en la almohada.

    – Adriana, ¿estás bien?, hey, contéstame

    – Ya puedes dejar de jugar a que soy tu esposa, por favor – diciéndolo sin mostrar su rostro

    – Betsy, ¿qué te sucede?

    – ¡Eres un tonto! – al decirlo, Betsy me mostró su cara, sus ojos estaban rojos a punto de soltar las lágrimas

    – Betsy, perdón, creo que me pasé de la raya… perdóname en serio, no creí que fuera a dolerte tanto, me dejé llevar por mis instintos – Betsy no dijo nada, solo se me quedó mirando para después espetar

    – Sí, me dolió, como no tienes idea, pero… aunque me cueste decirlo, también me gustó

    – Uff… no sabes qué alivio siento al escuchar eso de ti, entonces ¿me perdonas?

    – Si, por supuesto que sí

    La atraje hacia mí, la abracé y así abrazados nos quedamos dormidos, ya tendríamos toda la mañana para arreglar nuestro desastre.

  • Conociendo a la putita del barrio

    Conociendo a la putita del barrio

    Esto pasó en un día lluvioso, de esos en los que odias la vida pues todo juega en tu contra, vas empapado hasta tu auto porque olvidaste el paraguas, vas tarde a una reunión familiar por el tráfico, y para acabar la situación el coche cae en un bache en una de las peores calles del centro, verán mi auto no es algo que se pueda decir discreto, es un Mercedes del año, además yo iba vestido para una cena familiar, con mis padres, tíos y demás pues los negocios tenían que atenderse, así que mi atuendo pedía a gritos que alguien me asaltara, por suerte pude estacionar el auto y hablé rápidamente a mi seguro, y la mala suerte seguía porque mi teléfono estaba empapado y no prendía, bueno qué más da, a mojarme de nuevo pues sabía que en dos calles había una tiendita y ahí tal vez podrías pedir un teléfono.

    Tenía miedo de dejar el coche solo pero más miedo quedarme ahí y que no solo se lo llevaran si no que me llevarán a mi también, así que tomé mis preocupaciones y baje de mi auto, y corrí hasta la tienda, más mojado no podía estar, y ahí estaba un tipo mal encarado que al verme soltó una carcajada.

    -Disculpe podría usar su teléfono?

    -jajaja

    -En serio eh vera mi auto se descompuso y necesito una grúa

    -jajaja

    -Buenos noches

    Salí de la tienda bastante molesto, y para colmo comencé a oír silbidos, estos eran de unos tipos que venían corriendo en la lluvia y se dirigían a la tienda, me topé con uno y me empujó con fuerza, ellos se metieron y yo volví a mi auto, esperando que pudiera encender mi celular, en eso estos tipos salieron de la tienda con unas cuantas botellas de cerveza y se fueron a refugiar de la lluvia en la entrada de un edificio bastante viejo, ahí había una luz encendida y estos se pusieron a beber. Intenté pasar desapercibido pero mi aspecto me delataba bastante, tan solo se rieron de mí y no le di importancia.

    Llegue a mi auto entré y me puse a secar mi teléfono, en eso oí de nuevo los chiflidos, me preocupe porque esa eran las clases de cosas que hacían las pandillas antes de cometer algún robo, así que permanecí atento, hasta que pude ver el porqué de los chiflidos, de ese edificio salía una joven, tenía un paraguas y una chamarra, esta chica paso entre la pandilla, estos aprovecharon para intentar cerrarle el paso incluso el tipo que me había empujado le pasó la mano por el culo, está se volteó y le dio una cachetada, jaja buena esa, los tipos enseguida se marcharon y se refugiaron en la tienda de nuevo, ya más tranquilo seguía en mi misión de secar mi teléfono hasta que vi pasar una sombra y luego tocaron el cristal de la ventana, me asusté y di un brinco, al fijarme bien era la misma chica de hace un rato, entonces baje la ventana y pude verla bien, era una jovencita, a lo mucho tendría 19, era alta, delgada, el cabello hacia atrás, era bonita, tenía una boca grande con gruesos labios y su voz era algo aguda.

    -Perdón pero escuché que necesitas un teléfono, estaba saliendo en la tienda oí como ese cabrón de Juan solo se reía.

    -Así que se llama Juan, si necesito un teléfono.

    -Ven a mi casa, estás empapado ahí puedes marcar.

    -¿En serio? Vaya la primera cosa buena que me pasa hoy

    -Sí ven

    Baje del auto y seguí a la chica, ella sostenía el paraguas y me llevó hasta adentro, la pandilla se nos quedó viendo y le hacían burla al que era su líder, el mismo que le había tocado el culo.

    -Ven pasa

    -Gracias ehhh…

    -Sofi

    -Gracias Sofi, espero no molestar.

    En cuanto dije esto una voz inundó la habitación.

    -Sofia, ¡carajo contigo ya te dije que no estés trayendo hombres a la casa! O por lo menos ten la decencia de traerlos cuando no esté… y… Oye ¿Quién es?

    Una señora de unos treinta y tantos apareció frente a nosotros, era muy parecida a Sofi solo que con unos kilos de más y un vestido que dejaba poco a la imaginación.

    -Buenas noches señora… Perdone la interrupción pero es que Sofi, bueno me ofreció su teléfono es que caí en un bache y necesito hablar a mi seguro.

    -Ah, mira Sofi, qué diferencia hasta que le vas a echar el diente a uno trajeado, no que puro malandro metes a la casa.

    -Ay mamá lo vi en la tienda y Juan se estaba riendo de él porque estaba todo empapado, y yo le ofrecí nuestro teléfono es todo…

    -Sí ajá lo que digas pero nada más no hagan mucho escándalo que quiero ver la novela y ya si gusta se puede quedar a cenar.

    -¡Mamá!

    -¿Qué? Pues este si tiene varo, se le nota no como al que te andas echando ese pinche vago te va a dejar panzona y luego ¿Qué hacemos?, No hija mira este joven, así de traje, guapo, alto, ¡te va a traer en coche! Yo que tú mira aflojaba hasta el…

    -Señora disculpe pero en serio necesito su teléfono.

    -¡Mamá!

    -Chinga Sofi déjame en paz que yo sé lo que te conviene. Ehhh ¿Cómo se llama?

    -Marcos, soy Marcos

    -Mire Marcos, no sé preocupe ahorita mi hija le presta el teléfono, pero no se puede quedar así, Sofi ayúdalo a que se seque y le pasas el teléfono, órale apúrate.

    -Eso iba a hacer antes de que interrumpieras. Ven Marcos ahorita te traigo el teléfono.

    Después de esa incómoda charla seguí a Sofi hasta lo que era su cuarto, era pequeño, pintado de rosa, una cama con las sábanas revueltas, un espejo frente a la cama y unos cajones.

    -Ay mi mamá, siempre con lo mismo

    -No te preocupes

    -Mira aquí está el teléfono

    -Gracias

    Marqué al seguro, estos dijeron que tardarían unas 2 horas en llegar, resignado hablé con mi familia y les avisé, les dije que no se preocuparan ya no llegaría a la cena pero me pondría al corriente, insistieron en que tomará un taxi o que me pasarían a buscar pero dije que tenía que esperar a la grúa y que el tráfico y la lluvia eran peligrosos, después de un rato hablando salí hasta la sala.

    -Muchas gracias por prestarme su teléfono

    -Ay, no es nada joven es lo menos que… ¡Chamaca!, Que no te dije que ayudarás al joven a secarse mira se va a enfermar, que no fuera ese vago porque hasta le llevas la comida a la cama. Perdone a mi hija joven pero es que desde que sale con ese tipo, la trae en malos pasos, ya de por sí Sofi era medio… Coqueta con los chicos de la colonia pero esos vagos…

    -¡Ya mamá! Ya te dije que ya no ando con ese imbécil.

    -Ay si a cada rato está aquí dandole y dandole…

    -¡Mamá!

    -Pues es que no obedeces ándale ayúdale al joven Marcos

    -Señora, no insista estaré bien además ya viene la grúa la esperaré en mi auto no se preocupe.

    -No, eso no te quedas aquí, allá afuera hace frío y esas pandillas si te agarran te van a chingar, quédate aquí

    -Ven Marcos te voy a dar una toalla, mi mamá tiene razón quédate un rato.

    Razón no les faltaba ya empezaba a temblar por el frío y no quería enfermarme, además si salía con esos tipos pensarían que me estaba metiendo con Sofi y no quería tener problemas con nadie.

    -Esta bien, muchas gracias

    -No hay de qué joven, le voy a hacer un café para que no se nos enferme

    -Ven a mi cuarto te quitas la ropa y me la pasas para que la planche

    -Gracias, no sé cómo pagarles lo que están haciendo por mí.

    Seguí de nuevo a Sofi a su cuarto, pasé y ella entró después de mí, cerró la puerta, ella se puso a buscar las toallas y una cobija.

    -¿No te vas a quitar la ropa? Apúrate o mi mamá nos va a regañar

    -Es que…

    -Ah, es que estoy aquí, jaja no soy una niña, ya tengo 19 y… no eres el primero que se desnuda en este cuarto, órale la ropa, ¿O qué? No te habías desnudado frente a otra chica

    -No es eso, claro que lo he hecho pero hay diferencia, estábamos en una relación…

    -Ay no seas mamón órale que no te estoy diciendo que te saques la verga, te vas a quedar en calzones, no es para tanto.

    Accedí de mala manera, pero bueno me estaban ayudando y no podía quejarme.

    -Oye, esto si no lo veo seguido jaja, no pues si tiene razón mi mamá si hay diferencia, a ver esos brazos, mmm, no te preocupes por pagarnos jaja ya me estoy cobrando aunque… A lo mejor necesito algo extra jaja… Mira sécate y espérame aquí me apuro con tu ropa y te la traigo.

    -Gracias Sofi

    Ella se fue y cerró la puerta, me había quedado solo en su cuarto, me seque con la toalla aunque tarde un rato Sofi no venía con mi ropa, por lo que me puse a dar de vueltas, el cuarto estaba muy desordenado, demasiado, comencé a curiosear por ahí, mi inspección me llevo a dar con un cajón abierto donde a primera vista parecía haber un montón de pequeños trapos de colores, con intriga tomé uno y se desdobló, era la tanga más diminuta que había visto en mi vida, era de color azul fuerte, tan solo un pequeño triángulo en frente y lo demás hilos, y así todo el cajón, eran tangas, cacheteros, algunas medias de red pero no dejaban nada a la imaginación, en mi incredulidad me llevó a ignorar lo que pasaba a mi alrededor pues la puerta se había abierto y Sofi me observaba desde afuera.

    -Ah que calenturiento saliste, una los deja solos un rato y ya hasta saben el color de los calzones, mira que bien

    -¡Ah! Perdón, no tenía idea…

    -No me vengas con esos cuentos jajaja, no te preocupes está bien aunque me lo hubieras dicho desde el principio, no ves que una tiene hambre y le enseñan el bistec jajaja

    -No Sofi no te digo que estaba viendo solamente.

    -mmm jajaja y te gusta lo que ves, a ver dame eso que tienes en la mano, ah mira está me gusta mucho, me queda bien entallada mira.

    Sofi dejó en la cama mi ropa ya seca, y comenzó a bajar el cierre de su chamarra, tenía una blusa sin mangas de color amarillo y un par de pechos se asomaron discretamente, después la blusa voló y quedó solo con su sostén rosa, este no tardó en volar también y ahí estaba ella con el torso descubierto, sus pechos se balanceaban mientras se acercaba a mí, me tomó en sus brazos.

    -Mira yo ya no tengo nada arriba, déjame quitarte esto.

    Me quitó mi playera y mi torso marcado y con vello se podía ver, enseguida se recargó contra mí y comenzó a besarme iba y subía por mi abdomen, y sus manos no se quitaban de mis brazos.

    -mmmm que sabroso

    -Ah Sofi… Hmmm

    -Ay no me digas que no te gusta, ve si te estoy saboreando hmmm déjame disfrutar jajaja

    -No es eso lo que te iba a decir… Que tú mamá dijo que cerramos la puerta.

    -Ah es eso, no te preocupes, en peores situaciones me ha visto, además ha de estar viendo su novela ni nos va a hacer caso.

    -Bueno si es así… Vamos ponte esa tanga.

    -Ves como si querías, jaja no por nada soy bien conocida en estas calles

    Sofi se quitó el cachetero, se abrió un poco las piernas para que pudiera ver, la tenía peluda, mucho, parecía que nunca se había rasurado, eso más que molestarme me puso todavía más excitado y más cuando se subió la tanga azul y los pelos se le salían por los costados, modeló un poco, daba unas vueltas mientras meneaba su trasero, se inclinaba y se pegaba a mí, yo no hacía otra cosa más que disfrutar el espectáculo de esa putita, ya en más confianza la tomé por la cintura y la puse a restregarse en mi verga, que ya estaba tomando su forma.

    -Ah mira que guardadito te lo tenías, uy, eso que sentí ya me gustó más, vamos a ver qué si me sorprendes.

    Bajó mis boxers y mi verga salió.

    -Ah cabrón, no pues si me sorprendiste, oye, a ver si se te va descomponiendo el carro más seguido eh.

    -Eso que ni siquiera la has probado, vamos, date el gusto

    -No pues sí, a ver, ahm ahm ahm

    -Vamos un poquito más, sé que te cabe

    -Agh Agh

    -No vas ni la mitad y ya te llenaste…

    -Hmm hmm aghh

    -Te vas a tener que ir acostumbrando vamos abre bien la boca

    -Ah ahhh

    -Eso mmmm sí bien putita

    No le cabían todos mis 25 cm pero estaba haciendo su esfuerzo, así estuvo un buen rato intentando respirar y lamer mi verga, cuando sentí que ya iba a terminar la saqué de su boca.

    -Ay ah ahhh qué cabrón… Ay ni podía respirar, pero ahorita vas a ver.

    Entonces me tomó de la mano y me llevó hasta su cama, me empujó con todas sus fuerzas yo caí tendido, sin darme tiempo a reaccionar se subió en mí, estaba de frente, me tomó de las manos, me inmovilizó, eso me gustó y me dejé llevar, se hizo a un lado la tanga, y de un tirón se sentó en mi verga, la penetre hasta el fondo, su vagina estaba tan húmeda que mi verga no tuvo problemas en entrar, al sentir todo su peso en mí me quedé sin palabras pues me estaba cogiendo, no pude hacer otra cosa más que gemir.

    -Ah ahhh

    -No cabrón, que vas a hacer ruido, mira entretente con esto.

    Puso una de sus tetas en mi boca la cual chupé y mordí un poco. Ella sintió mis dientes y me dio una cachetada con todas sus fuerzas.

    -¡Quieto! Si me vuelves a morder te rompo la boca

    Yo asentí y en eso comenzó a bajar y subir, mi verga desaparecía por completo en cada salto, sentía el cielo pues nunca antes había sentido una penetración tan profunda, a lo mucho una de mis exnovias había podido con la mitad de mi verga, y esta chica con 18 años ya tenía la experiencia de toda una puta, pues la forma en la que se movía hacia que mi verga se exprimiera, se movía de adelante a atrás y entre cada sentada daba un meneo de caderas.

    -Ay ay ahhh sí mmmm que rica verga si que rica ahhh

    -Hmmm hmmm

    -Sí ya sentí que quieres acabar, vamos hazlo, no hay problema, quiero sentir tus mequitos adentro de mí, vamos dámelos, chupame las tetas, hmmm sí yo también voy a acabar, sigue, hasta el fondo, así así, ahhh sí

    Los sentones eran cada vez más fuertes y rápidos, no aguanté mucho y la terminé llenando con mi semen, y ella se mojó completa, de su vagina salía mi corrida espesa y sus jugos se deslizaban por sus piernas y mi vientre, me dio otra cachetada y un beso, se levantó y se comenzó a vestir.

    -Que rica cogida, ahhh sí, me llenaste como pavo jaja, órale vístete que si no llega la grúa y aquí te va a dejar.

    -¿Qué?

    -La grúa baboso

    -Ah sí

    -Jaja ya hasta se te había olvidado, es que una que sabe complacer a los machos, órale apúrate y vístete.

    Me vestí y ambos salimos de la habitación, llegamos a la sala y su madre nos miró sonriendo.

    -Ya ven, si una sabe cuando está chamaca trae ganas.

    -Pues sí mamá pero no quería que me lo espantaras, si me di mi buen atasque, muy decente el joven pero tremendo rifle que se carga.

    -Sí la oí hija, pero ¿a poco está más grande que el del vago ese? Si el tipo tiene fama de vivir lejos jaja

    -Ya quisiera ese inútil tener la herramienta de Marquitos jaja

    -Bueno joven no se lo tome a mal pero aquí es bienvenido cuando guste y digo a ver si a una también se le hace el conocerlo mejor…

    -Ya nos estaremos viendo señora, que si así estuvo la hija, quisiera saber si esos talentos los heredó.

    -No pues cuando guste le enseño que esas mañas son de familia y hasta se va a poner celosa la Sofi si le quito al galán.

    -Jajaja no sé preocupen que las visitaré a las dos.

    -Ay que cabrón eres jaja

    -Bueno, me voy porque ya oí la grúa, gracias por todo y nos estaremos viendo.

    -Claro joven cuando guste lo recibo con su cafecito preparado y una dona de chocolate jajaja.

    -Pues sí me gustaría probar esa dona jaja, hasta luego buenas noches

    -Salí de la casa, por suerte ya no llovía tanto así que tan sólo esperé a los trámites y me pude marchar, desde la tienda había unos ojos muy atentos en mí, pues mi sonrisa les decía lo que había pasado, hubo unas cuantas burlas al que era el jefe, no le dí importancia y me marché a mi cena, esa fue una experiencia inesperada, cuando todo iba mal, llegó una putita y me abrió las piernas digo las puertas de su hogar jajaja, espero pronto visitarlas yo creo que iré la semana que viene a ver si ahora conozco a la mamá de la putita del barrio.

  • Una sesión inesperada

    Una sesión inesperada

    Este relato comienza en un día en el trabajo, los datos que les compartiré es que soy hombre, y que manejo la hipnosis, recién llegando ese día al trabajo, tenia un rato libre antes de ir a dar clases, y para mi buena fortuna llegó temprano una compañera de trabajo, ella como de costumbre se acercó para saludarme, y en cuanto ella tomó asiento decidí tomar la iniciativa para charlar con ella:

    -Compañera, en sus palabras, ¿Que es para usted una mujer empoderada?

    -¿Y por qué la pregunta?

    -Bueno, lo que pasa, es que tengo una amiga que se me está ayudando a poner en practica nuevas tecnicas de inducción de hipnosis

    -¿En serio? yo me ofrezco como conejillo de indias si quiere (confieso que no me esperaba esa respuesta, pero de no ser por el cubrebocas, se hubiera notado mi sonrisa de oreja a oreja por oir eso)

    -Gracias, y pues a pesar de que puedo buscar la definición en un diccionario o por internet, me sirve mucho más la perspectiva personal

    Despues de escuchar su concepto y explicarle que mi forma de trabajo con mi amiga era mediante a audios que le mandaba, pues se comenzo a interesar mucho más por el tema, así que le comencé a hablar un poco de los resultados que habia estado teniendo con ella a pesar de no poder hacerlo presencial por la gran distancia que habia, y despues de un rato más de charla habiamos quedado que para el fin de semana la visitara en su casa para una sesión.

    Llegando el fin de semana, al llegar a su casa, ella se notaba muy ansiosa por que comenzara la sesión, podía notarlo en su mirada, apenas me sente en el mueble ella ya me estaba diciendo que qué era lo que debia de hacer, primero le dije que se relajara, que esto era de tener paciencia porque de lo contrario no iba a funcionar, seguido de ello le pregunte que si iba a estar dispuesta a seguir mis indicaciones al pie de la letra, ella me respondó con un rotundo sí, así que para comprobar que realmente me iba a hacer caso comence a darle ligeras indicaciones sobre el donde y como debia sentarse, y haciendole preguntas en donde su respuesta sólo fueran «Si», despues de ello comence con la inducción hipnotica.

    En un comienzo la maestra no presentaba ningun cambio en su postura al sentarse, pero poco a poco comence a notar como sus brazos de dejaban caer a los lados por la misma inercia del peso, su cabeza comenzaba a hacerse para atras, y a esas alturas sabia perfectamente que ya estaba dentro del trance, antes de trabajar con ella en lo que me habia pedido, habia decidido jugar un poco con ella, primero comence a sensibilizar toda su piel, a tal grado que la más mínima carica que tuviera en ese instante, la comenzaria a excitar, y que mientras más tiempo durara esa caricia, más y más se iria excitando, asi que primero comence pasando uno de mis dedos por uno de sus brazos, al principio no estaba muy claro si realmente respondía a lo que le habia dicho, pero segui con esa minima caricia hasta que comence a notar cómo su respiración se iba haciendo cada vez más y más fuerte, seguía con lo mismo hasta que notaba como empezaba a soltar pequeños gemidos, luego de eso, decidi acariciar directamente sus piernas, ella como instinto reflejo las separo y comenzo a gemir más fuerte, notaba como se mordia sus labios y les pasaba la lengua con deseo y lujuria, seguia acariciandola y su cuerpo comenzaba a reaccionar a todo el placer que sentia, sus caderas comenzaban a moverse, sus manos apretaban fuertemente el mueble, se mordía los labios con mucha fuerza como queriendo evitar a toda costa que salieran los gemidos de placer que tenia, a esas alturas, mis manos recorrian completamente su cuerpo, así que quise ir un poco más lejos con la hipnosis y le habia ordenado que cada vez que sintiera un azote en sus senos, esto le provocaria un intenso orgasmo, asi que no haciéndome esperar, comenzaba a darles de manazos a su senos y sólo veía cómo todo su cuerpo se estremecía mientras gemía por el orgasmo que estaba experimentando, los acariciaba y apretaba con fuerza para escuchar cómo su excitación se hacia más grande, y los volvia a azotar para ver cómo todo su cuerpo volvia a temblar por el orgasmo, así estuve por algo de rato, hasta que llegó el momento de hacerla descansar y trabajar en lo que me habia pedido.

    Cuando desperto despues del trance, me dijo que no recordaba nada de lo que habia pasado, sólo sabia que se sentía muy bien y muy relajada, despues de eso le dije que pues la hipnosis a pesar de demostrar resultados eficaces, pues que lo recomendable era tener sesiones continuas para mejorar los resultados, así que acordamos en que pronto nos veriamos de nuevo para otra sesión, el único recuerdo que le deje programado en su mente, es que cada vez que nos saludamos de manos, ella siente un leve estremecimiento de placer al tocarme.

    Y dependiendo del excito de este escrito, despues les compartire lo que ocurra en las siguientes sesiones o las respuestas de quienes tienen hipnosis a distancia.

  • Penetrado mientras mi padre no estaba en casa

    Penetrado mientras mi padre no estaba en casa

    No soy gay, ni bisexual, ni heterosexual. La verdad me carga que haya que catalogarse. Simplemente me gusta tener sexo con hombres, de vez en cuando, y sin necesidad de buscar algo más que placer.

    Esta es la primera historia, que comienza en verano de 2013 en Santiago de Chile, no había tenido clases en la universidad, así que me tocó quedarme solo en casa mientras mi padre fue a trabajar. Tenía demasiadas ganas de que un hombre me follara. Por las noches me tocaba y fantaseaba, hasta que me decidí a publicar mis pervertidas intensiones en diversos portales donde la gente buscaba sexo.

    Al corto tiempo una serie de chicos me contactaron, y con la mayoría intercambiábamos fotografías por correo electrónico, al tiempo en que yo miraba y disfrutaba esas vergas duras que recibía en mi email. Naturalmente yo disfrutaba sacarme fotografías desnudo, con mi culo en cuatro u otra posición que sabía, disfrutaría quien fuese que la observara desde el otro lado de la pantalla. Me encantaba imaginar esa parte.

    Algunos estaban dispuestos a ir a mi apartamento para tener sexo, pero no eran de mi agrado, y prefería no concretar nada. Hasta que un muchacho me gustó. Era ardiente, delgado, y le gustó lo que vio de mi. Todo fue a través de mi hotmail, aunque con otros hablaba por Skype.

    Finalmente coordinamos nuestro encuentro. Acordamos un día en que yo no tenía clases en la universidad, y él, saliendo de sus clases pasaría por mi apartamento. Por fortuna mi papá no llegaba a casa hasta bien entrada la tarde, así que no habría problema. Mi personalidad es bien reservada, así que nadie sospecharía en portería de mis exquisitos anhelos de ese día.

    Yo pondría los condones y el lubricante, mientras que el chico solo debía llegar a la dirección acordada a las 14 horas. No faltaba mucho para que se cumpliera el plazo, y los nervios ya me comían en la casa.

    Vestía un pantalón de buzo, sin ropa interior, y una polera de dormir, mientras que solo estaba caminando con calcetas. Lo unico que deseaba era ser desnudado y penetrado pronto.

    De pronto llaman al citofono…

    Contesto y el portero da las indicaciones que me dejaban en claro que mi visita ardiente había llegado… esos segundos se hicieron eternos. Tocan al timbre; abro la puerta, y frente a mi estaba él. 1.75 de estatura, delgado, blanco. Era perfecto.

    Comenzamos a hablar de cosas que a nadie le importa hasta que lo besé en su boca. De ahí todo se fue dando rápidamente. Estaba deseoso de saborear todo su cuerpo… le quité su polera, yo la mía, y así hasta que quedamos completamente desnudos. Su verga era velluda, no grande, pero perfecta para ser la primera vez en que me penetrarían.

    La sentí dura. La tomé con mi mano derecha y mientras él estaba recostado en la cama, me llevé su duro pene a mi boca, y sutilmente la comencé a babosear, de arriba a abajo. Fue un instante delicioso.

    Pasaron los minutos y le pregunté si deseaba metérmela, a lo cual accedió. Puse un condón en su pene, me lubriqué, me puso en cuatro, y lo que vino después fue una lluvia de placer recorriendo cada poro de mi ser. Luego me monté sobre él, y así en varias posiciones, mientras yo gemía, disfrutando cada uno de sus movimientos.

    La cama se movía al son de sus curvas, mientras yo me mordía los labios pidiendo al universo que este placer fuera eterno. Pasaron los minutos y los dos terminamos acabando sobre las sábanas blancas de aquella cama.

    Terminaba así una danza eufórica de erotismo, que comenzó con una tímida conversación. Ambos nos vestimos, nos despedimos y nunca más nos volvimos a ver.

    Las historias que vinieron después, fueron sumando cada gota de placer en mi alma aventurera. Esta historia que se teje desde la oscuridad, recién comienza.