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  • El abuelo de mi amiga no paraba de mirarme

    El abuelo de mi amiga no paraba de mirarme

    ¡Hola! Me presento; soy Lía, tengo 29 años, morena, pelo largo, pechos grandes y redonditos, culo grande… Con curvas, vaya… Estoy acostumbrada a ver miradas lascivas y, no os voy a engañar, me pone bastante. De hecho, estoy muy acostumbrada a tocarme pensando en esos momentos y, por lo tanto, estoy acostumbrada a hacer cosas para excitar a quien me mira… En alguna ocasión se han acabado acercando a saludar y acabó bien la cosa.

    Esta historia que voy a contar, va un poco por ahí. Noté miradas muy cerditas y jugué con fuego. Pero esta vez, había algo diferente… El morbo de follar con alguien mayor.

    Todo empezó hace unos 2 años y medio, con 26. Esta amiga y yo empezamos a juntarnos más seguido y acabamos siendo muy amigas. Tanto, que la acompañaba a todas partes, incluyendo la casa de su abuelo. El abuelo, tenía 72 años, muy alto y con buena forma física (no dejaba de ser un abuelo, pero no estaba gordito ni nada) pelo completamente blanco y no estaba calvo. Vaya, que aunque fuese el abuelo de mi amiga no dejaba de ser un maduro bastante interesante, ejem…

    Él estaba viudo hace años y ella, mi amiga, iba a diario a llevarle la comida. Cuando empecé a ir con ella, noté enseguida las miradas. No siempre íbamos solo a eso, a veces, nos quedábamos un rato porque ella quería hacerle compañía. Ahí empezaron mis fantasías y cada vez notaba más sus miradas. Un día me puse una faldita, completamente a posta para que me mirara. En un momento, mi amiga subió a la planta de arriba a recoger algo y yo aproveché para pasar delante de él con la faldita medio subida, disimulando por su puesto. Ahí, empezó a crearse una fantasía en mi cabeza que necesitaba hacer realidad.

    Algunos días después, se alinearon los astros para que todo fuese extrañamente acertado para que yo pudiese cumplir esa fantasía. Cuando llegamos a casa de su abuelo, mi amiga había olvidado la llave, nos tuvo que abrir su abuelo, dejamos la comida en la cocina y nos sentamos en el sofá mientras él estaba en un sillón, para hablar un rato. Ahí fue cuando mi amiga recordó que su madre había hecho algo más para llevarle a su abuelo y entonces ella dijo que tenía que ir a recogerlo de vuelta a casa de su madre, yo me inventé que estaba cansada y que la esperaba ahí. Todo eso mientras no quitaba de mi cabeza que mi amiga no tenía llaves porque donde iba era a casa de su madre y las llaves estaban en la suya y pensé que era entonces o nunca ya que ella cuando llegara no podría entrar.

    Mi amiga se fue, el empezó a preguntarme algo (no recuerdo ni qué porque yo tenía otra cosa en la cabeza) ahí, noté que me estaba mirando otra vez de esa forma que tanto me ponía. No me lo pensé 2 veces, me puse de pie y le pregunté:

    -¿Te gusta mirarme?

    Él se quedó en shock y se empezó a poner completamente rojo. A mi eso me dio ternura y me puso bastante cerdita… Me quité la camiseta y le pregunté:

    -¿y ahora? ¿Te gusta mirarme así mejor?

    El seguía en shock, sin decir ni palabra pero tampoco apartaba la mirada de mí. Me puse justo frente a él en su sillón, me bajé los pantalones lentamente y mientras me daba una vuelta para que me viese bien le dije: -me encanta como me miras… Ahí noté que algo se le había empezado a despertar al abuelo y con una mano se estaba rozando. Quité mi sujetador y le pregunté:

    -¿Quieres tocar y no sólo mirar?

    El seguía sin decir palabra, pero levantó una mano, yo me acerqué y el empezó a masajear mis pechos. Me tenía a mil, no aguantaba mucho más sin saber cómo sería follarme al abuelo de mi amiga. Le dije que podía lamer si quería y no se lo pensó…

    Ahí empezó el mejor polvo de mi vida. El empezó a lamer mis pechos mientras yo los pegada cada vez más a su cara y me sentaba sobre el en el sillón de rodillas. Me tenía tan caliente esa situación que incluso me entraba algo hasta con el sin quitarse el pantalón. Empecé a rozarme mientras gemía, me estaba poniendo a mil como lamía mis pechos y me tenía completamente empapada notar su polla entrando en mi bajo su pantalón. La agarré con fuerza, el hizo un gemido que dejaba muy claro los años que hacía que no le tocaban ahí. Yo cada vez estaba más excitada, no parábamos de gemir y su pantalón estaba mojado por mi. Me puse de pie, me quité las braguitas y le dije:

    -ella llegará en un rato pero no tiene llave. Vamos a tu cama y déjame follarte como no te han follado jamás. Ahí, habló por primera vez en mucho tiempo:

    -hazme lo que quieras pequeña.

    Yo, sonreí estando más caliente que en toda mi vida y noté como caía por mi pierna flujo. Eso me excito más, me fui a su habitación, él llegó detrás, se empezó a desnudar mientras yo lo miraba y noté lo mucho que le gustaba que mirara. Se tumbó en la cama y solo dijo:

    -lo que quieras he dicho, pequeña.

    Yo no aguantaba más, me puse de rodillas en la cama y empecé a lamer su polla. Que por cierto, vaya polla tenía el viejito… Se me hace agua la boca de recordarlo. Empecé suave pero él no necesitaba mucho, la tenía muy dura y no paraba de gemir. Me moví para quedarme de rodillas con el coñito a la altura de su mano y me la saqué de la boca para decirle que me tocara. Me agarraba la cabeza para que me la tragara toda y con la otra tenía como 3 dedos dentro de mí no había estado así jamás y no aguanté más, me corrí como nunca. Recuerdo con ternura como el paró y me preguntó si quería darme una ducha…

    -¿Una ducha? ¿Crees que hemos acabado?

    Él sonrió como con nerviosismo, yo me acomodé, me puse de rodillas encima de él, me la metí lentamente y cuando ya la tenía toda dentro apreté mientras los 2 jadeábamos de placer. Empecé a cabalgar sin parar, me balanceaba de adelante atrás sin parar mientras lo miraba. Veía como no paraba de gemir, de sudar, estaba rojo y se agarraba con fuerza al edredón. Le solté las manos de ahí, las puse sobre mis tetas y él me dijo que le encantaban así que, le dije que se sentara apoyado en el cabecero.

    Me senté sobre el agachada y abrazada a su cuello, seguí cabalgando ahora de arriba abajo mientras metía mi tetas en su boca, el no paraba de gemir y lamer. En uno de esos gemidos, no pudo controlar y dio un bocado, el paro asustado y yo le dije que siguiera. Eso le encantó… Ahí, ocurrió, llamaron al timbre. No teníamos miedo más allá del «¿Por qué no abren?» Ya que su habitación estaba al fondo de toda la planta de abajo y era imposible que nos escuchara desde la entrada.

    El no hizo ni un gesto, le dio complemente igual que su nieta estuviese llamando a la puerta y, a mi, me puso aún más caliente… Me empecé a mover sin parar, el no aguantaba más y se corrió dentro de mi. No olvidaré nunca como caía de dentro de mi tal cantidad de leche… Ahí le dije que se tumbara, que no me podía dejar así y me senté en su cara. No os hacéis una idea de cómo lamía el abuelito… No faltó mucho más, me corrí de nuevo sobre su cara.

    Nos incorporamos como pudimos, a mi me temblaban hasta las piernas, fui corriendo a la sala a recoger mi ropa del suelo, me encerré en una habitación y le dije que dijese a su nieta que me había tenido que ir. No sé qué cara tendría el abuelo cuando le abrió la puerta después de tremendo polvo pero supongo que no muy buena, se la quitó de encima rápido, entró a la habitación a avisarme y esperé un ratito antes de irme. Nos despedimos con un beso, casualmente el primer beso que nos dábamos y él, en ese momento, dejó la timidez de lado para decirme que ya sabía dónde vivía…

    Repetimos y esa vez nos pilló mi amiga, pero eso quizá lo cuente en otro relato.

    Pensar que estuve sentada en su cara mientras el lamía su propio semen y me hacía correrme, mientras su nieta llamaba a la puerta, me vuelve loca.

  • Sexo anal y todos sus complementos

    Sexo anal y todos sus complementos

    Bueno paso a contarles hace unos 9 meses empecé una relación de solo placer con él.  El primer día fue lo que desencadenó todo lo que viene.

    Ese día me práctico el sexo oral de mi vida me llevo hasta la cima. Algo que en mis 36 años no había vivido. Al principio solo quería verlo para saciar de todo eso que me producía él.

    Con el tiempo esa pasión fue ascendiendo y cada momento que estaba con el 1 o 2 veces a la semana quería me tomara y me dieron todo eso que solo él puede hacerme sentir ahí descubrí que el placer está en el deseo del otro en querer que te someta a los más bajos instintos del placer.

    Y cada vez fuimos despertando deseos de cosas distintas y solo quería sentir a ese hombre que me hacía mojarme como jamás me pasó el sexo oral de él es perfecto mi humedad y así fui deseando que me tomé haga mi cola me penetre al principio me dolía pero sentía esa sensación de dolor y placer que solo él puede hacerme sentir y cada vez teníamos sexo más frecuente y cada vez el deseo el placer era mayor empecé a fantasear con la idea de que el sintiera lo mismo que yo al comerme la cola dicho sea de paso.

    El cual ya no lubrica nada lo hace sin pedir permiso es perfecto para mí y deseo me lo haga cada vez el sexo anal de el hacía mi es algo más de lo que practicamos. Entonces empecé a fantasear con hacérselo a él me costó tiempo es un poco cerrado pero es muy curioso.

    No era el mejor en el sexo sé que el deseo y el placer nos fue llevando y hoy cada momento intento hacerlo empezamos con los dedos y a besar y compramos un arnés y aún no me di el gusto de penetrarlo cómo deseo.

    Pero llegará a su momento. Lo que si descubrí por primera vez que el sexo es tan lindo tan amplió y que se puede disfrutar mucho de él.

    Hoy vivimos juntos y disfruto más seguido de ese arte que es coger ojalá todos lleguen alguna vez a eso que es mágico a mi me llevo 36 años vivirlo disfrutarlo y lo mejor cada día quiero ir por más.

  • Carla: Con el vecino veterano

    Carla: Con el vecino veterano

    Almorzamos en un restaurante de Punta Carretas a donde vamos mucho, y a Carla y a mi nos pareció reconocer a un señor muy mayor, que vive en el edificio frente al Golf donde vamos a veces con nuestros amigos high level digamos ja ja. Pero cero problemas, nada malo dos señores y una chica almorzando. Él también nos miró como reconociéndonos.

    En fin, nada malo si Carla no hubiera hecho lo que después nos contó. “Un par de veces me abrí de piernas un poquito, no mucho, no se si habrá vislumbrado algo, igual no mucho, si es que se dio cuenta.”

    Esto de arriba se los conté en el relato anterior, el de la tercera visita y cogida del tío de Carla.

    Resulta que sí, el señor era vecino del edificio mencionado, y haciendo memoria lo ubicamos plenamente.

    “Lo veo bien, un bien maduro muy interesante, le tengo fe, dijo Carla… más que suficiente …

    El asunto era atraerlo de a poco, para lograr éxito total, en mas de cinco años, solamente fracasamos una vez, con un oftalmólogo; y otra vez debimos descartar al tipo en cuestión después del primer encuentro por demasiado impulsivo.

    No hubo ninguna necesidad de ir a buscarlo. El señor vio perfectamente lo que Carla mostró deliberadamente al sentarse en el restaurant.

    Debíamos llevar al apartamento cosas para la despedida del embajador (se realizó desde el miércoles de tarde al jueves de tarde) y hubiera sido el próximo relato si no surgía esto antes. Lo alquilamos desde dos días antes para poder preparar todo, con la ventaja de pagar un día menos pues Luis nos hizo ese descuento al enterarse de que era invitado.

    Llegamos al edificio el pasado lunes 5 temprano en la mañana, y el portero extiende un sobre a Carla; “para Ud. señora, me lo dio el señor del 502 para que se lo entregara cuando vinieran al apartamento“.

    Dentro del sobre una nota muy escueta: “Señora, disculpe mi atrevimiento, pero la duda no me abandona desde hace una semana. Era blanca con algún detalle negro?

    Los saluda muy atentamente:

    Su vecino H.”

    Y Carla le escribió de inmediato y le dejó la nota para que se la entregaran al salir: “ No se a que se refiere, y si le contesto es simplemente porque el Portero me confirma que Ud. vive en el edificio, y me dijo que parece ser una buena persona. Por otra parte, si algo desea saber por que no lo preguntó personalmente? Me hubiera podido ubicar en el edificio cuando venimos, sabrá que alquilamos a veces con mi pareja, o de lo contrario en el shopping, donde voy a tomar te o café casi todas las tardes.

    Su (a veces) vecina.

    Carla.”

    Le escribió en tiempo pasado, como si ni hubiera posibilidad alguna, pero le dio datos de como ubicarla, y por otra parte, no negó lo de estar usando tanga blanca en aquel almuerzo, pero le dijo simplemente no saber a que se refería él.

    La línea de anzuelo afilado y con buena carnada estaba lanzada, la caña puesta en el soporte clavado en la arena, y la alarma del reel, lista y probada. Era cuestión de esperar.

    Y si el pez es curioso o está hambriento  suele picar enseguida. Y picó.

    A la tarde del propio lunes estaba Carla en el shopping, como casi siempre con su café y croissant, y aparece el señor H.

    —Buenas tardes, me reconoce? Soy H y nos hemos cruzado alguna vez. El edificio donde vivo, y hace mas o menos una semana en… (restaurante).

    No quise molestarla con mi nota, al contrario fue para respetar su tiempo y tratar de quitarme esa duda que me atormenta, de algo que creí ver…

    -Dijo blanca con algún detalle negro? No llevaba ni camisa ni pollera de eso colores. Pero siéntese, acompáñeme con un café ya que vino…

    —Ninguna de esas prendas… hubiera sido muy evidente si fuera camisa o pollera…

    -No me diga que…!!! Que horrible, que descuido! Pero no había dibujos negros, aunque sí era blanca como casi siempre que uso… ja ja ja… lo negro es otra cosa.

    —Que suerte comprobar que aún veo bien… gracias por la confirmación.

    -Y entre nosotros, eso que importa? Fue un descuido, pero nada mas, yo estaba con mi pareja y mi tío.

    —Bueno, es que se sumó el hecho de haberlos visto alguna vez entrando y saliendo del edificio.

    -Es que cada vez que podemos nos tomamos dos o tres días para nosotros, él es casado, y los apartamentos nos encantan, con esa vista al Golf. Por suerte ahora al de piso 6 sumaron el del 9, recién acondicionado, precioso.

    Somos muy de invitar algún amigo, mas de uno a veces, para cenas o picadas. Justamente ahora ya alquilamos para preparar la despedida de un amigo del exterior que estuvo años aquí y ahora lo trasladan de vuelta .

    Y de paso aprovechamos que la señora de mi pareja se va quince días al sur argentino con tres amigas con las que viaja siempre.

    —Entiendo, aprovechan cuando pueden, y se divierten y pasan juntos.

    -Y nos reunimos con amigos.

    —Que habilidad tiene para generarme dudas, ahora que pienso… dijo “como casi siempre que uso”, deduzco que a veces no…

    -Deduzca a gusto ja ja…

    Pero ya que a veces coincidimos en el mismo edificio, y nosotros vamos a estar hasta el jueves, por la despedida a nuestro amigo, que tal si mañana viene al apartamento y conoce a Sergio, mi pareja? Van a simpatizar, deben andar por edades similares…

    -Encantado! Yo 62 y él?

    —Sergio tiene 68. Lo esperamos entonces? Y no le de injerencia ninguna al portero, mejor mañana intercambiamos teléfonos. Puede a eso de las 17?

    —Claro que puedo! Da la casualidad que mi señora y nuestra hija se fueron a Buenos Aires ya se sabe, los precios nos favorecen muchísimo.

    -Hecho! Y debo dejarlo, me vuelvo al apartamento.

    —El café lo invito yo con mucho gusto, me quedo un rato mas. Hasta mañana.

    -Hasta mañana.

    Llegó el día martes, y ya teníamos todo preparado para la fiesta del miércoles al jueves con el Embajador, y también nos preparamos para recibir a H esa tarde.

    Convinimos que yo llegaría un poquito mas tarde para que Carla fuera divirtiéndose a solas con H, haciendo pre calentamiento.

    Puntualmente a las cinco de la tarde, llega H y es recibido por Carla, envuelta en bata negra, opaca… Ayyy H me sorprendió, o mejor, puedo decir me sorprendiste? Terminando de vestirme, quiero probarme la ropa para la reunión de despedida del embajador, mañana… me das cinco minutos?

    —Todo lo necesario! Tranquila!

    -Sergio debe estar al llegar, le dejo la puerta sin llave, igual, no hay problemas en este edificio!

    Me dijo que se fue, y a eso de diez minutos vuelve, pero previamente me mandó mensaje para que yo demorara y le diera tiempo a avanzar…

    Vuelve preparadísima, con el equipo que se pondría para la despedida del embajador amigo …

    Tacazos negros, medias negras con elastizado de silicona… micro falda tipo tubo negra… lisa por delante… el resto ya lo sabrán. Arriba, una especie de blazer, blanquísimo, pero muy corto tipo torera, no cruzado sino recto, de solapas angostas, muy muy abiertas, y cerrado con un espectacular botón dorado, con forma de flor y de gran tamaño.

    Yo la había visto probarse ese outfit y la verdad todo el conjunto es impresionante, casi casi deja salir las tetas, lo cual se evita con dos trocitos de cinta doble faz (que invento ja ja).

    Pero lo mejor estaba por verse.

    Como les decía, según me contara Carla, H se impresionó!

    —Pero Carla… vas a ir así a una despedida de un embajador?

    -Sí, claro por que no? Es una despedida de amigos muy muy cercanos, no es algo serio ni mucho menos protocolar.

    Te gusta?

    —Divino, sexy pero muy atrevido!

    -Lo decís por el escote? No se salen viste? Y si hago “la vueltita”?

    Y hace un par de giros.

    H no lo puede creer, los ojos muestran asombro!

    —Pero Carla! Así?

    Lo que vio fue la parte trasera de la pollera (o falda como quieran). Son ocho tiras elásticas, forradas en la misma tela de la pollera, horizontales, separadas cada una de otra por unos cuatro o cinco centímetros. Moraleja: todo su bello culo al aire!

    -No te gusta?

    —Pero se ve todo!

    -Y? Es reunión de amigos íntimos! Te molesta verme así?

    —Ehhh no sé, es como que no lo imaginaba, que culo! Si puedo decirlo así.

    -Ya te damos por amigo, podés decir todo lo que quieras. Te cuento algo?

    —Contame lo que sea y girá de nuevo.

    Gira lentamente, lo sacude un poquito.

    -Te cuento, somos super compinches con mi modista, que lo hizo todo, sabés que me dijo? “Te van a coger sin sacarte la falda, pobres elásticos”… ja jaaa

    —Mmmm y yo creo que sí. Tan amigos van a ser los de la fiesta?

    -Sí, íntimos íííntimos!

    —Que felices ellos!

    -Pensás eso?

    —Sí, obvio, desde que vi lo que vi en el almuerzo en el restaurante.

    -Mmmm a ver… Y se le sienta de frente encima de él en el sofá, calculando que yo debía de estar por llegar.

    Carla quedó cara a cara con H, le sonreía a diez centímetros de su cara, las tetas, casi afuera, al lado del pecho de él.

    Las rodillas apoyadas en el sofá y sus piernas por fuera de las de él.

    H no soportó aquella inesperada bonanza y se prendió a ambas nalgas las acariciaba por encima y por debajo de los elásticos. Y en ese momento entro yo.

    Veo ese hermoso espectáculo, hermoso de verdad.

    Ese hermoso culo manoseado por alguien casi desconocido.

    -Hola! Veo que se divierten!

    -Hola amor, él es H nuestro vecino de aquí, y le estoy mostrando la ropita para la reunión del jueves en despedida de nuestro amigo.

    —Disculpe Sergio, ella se me subió, no se que decir.

    -La conozco, no diga nada! Todo bien. Y entre nosotros no es una belleza? Y me arrimo a acariciarle el culo. Lo acaricio, lo acaricio, ella parada de manera que él vea todo.

    -Cuando le escribió esa nota a Carla, supimos que la deseaba!

    -Amor, voy a guardar esta ropa, no sea que se arruine antes de la reunión.

    -Sí, sí, ponete algo lindo, te esperamos.

    En cinco minutos vuelve, concherito mínimo de raso blanco, por encima sobresale la hermosa tirita de pelos que se ha dejado, tacos altos, y nada mas!

    —Increíble! Atinó a decir H.

    -Pensabas que te ibas a salvar de mi?

    —Lo decís en serio?

    -Nunca me perdería a un vecino caliente y cuya esposa se fue de paseo a Bs As, y que seguramente no ha tenido sexo quien sabe en cuanto tiempo.

    —Y…sí.

    -Por que no la imitamos? Sugerí yo.

    Me empecé a desnudar y H aceptó la sugerencia.

    Desnudos, Carla dijo: -Pero que hermosa sorpresa!

    Una verga todavía blanda, de razonable largo pero gruesa, bien cubierta de piel hasta por delante de la cabeza. – Es de las que me gustan para chupar dijo Carla.

    Se agachó, le dio dos o tres lamidas y chupó unos segundos, puso especial dedicación a correrle la piel hacia atrás, solamente con los labios, sin usar las manos; y en vista de que empezaba a erguirse, lo llevó al dormitorio.

    Con H acostado, se paró Carla al lado de la cama, me acerqué y le mostraba a H las tetas acariciándoselas, le acariciaba y “peinaba” los pelitos, le acaricié los labios de la concha abriéndoselos apenas, nos besábamos…

    La Pija de H ya dura, volvió a ser envuelta por el terciopelo de la boca de Carla.

    -No te acabes que ya te cojo…

    —Me matas… no lo puedo creer. . . Esto es un sueño.

    Nos miramos con Carla y sin hablar estuvimos de acuerdo, es de confiar, a disfrutarlo sin límites.

    Primero le dio una breve ensalivada al glande, después lo montó y posicionó la pija, comenzando a bajar para que le entrara. Su carita de placer fue tremenda… ”Que delicia, bien gruesa”. Y si ella disfrutaba sentirla, yo disfrutaba ver como su concha parecía de goma, estirándose para abrazar aquella hermosa verga.

    Lógicamente, H, super caliente y con prolongada abstinencia, duró muy poco, oero el premio para Carla fue tremendo… “Sí, sí, dale dale, llename, que divino ahhh”.

    Algunos enviones mas y H. Se salió de ella, que dejó caer chorritos de semen a las sábanas. -Ayyyy divino! Que manera de acabar, y que gruesa la sentí… y se lanzó a limpiársela y a tragar alguna gota que quedaba en el glande.

    Al terminar, le dijo “Ves? Ya somos amigos, y lo mejor te va a venir ahora”… y me dijo a mi… “Sergio, ahora después te voy a pedir algo especial”.

    Lo hizo arrimarse al borde de la cama , con las piernas colgando… le pidió que levantara las piernas y apoyara los pies en la cama, y sin decirle nada le comenzó a hacer un hermoso beso negro, una especialidad de Carla, lengua, punta, lengua, punta… algo de dedo… H se retorcía de placer… cuando pensó que era suficiente Carla le abrió un poco las piernas y le dio algunas chupadas al miembro todavía blando de H, y me dijo, es tu turno… solamente una vez, en un amanecer, me lo había pedido, con un gran amigo en el día que él cumplía años.

    Se sentía bien esa poronga, todavía blanda, gruesa, de cabeza tapada. Mientras yo se la comenzaba a chupar lo mejor que podía (y creo que bien pues los hombres sabemos como se debería chupar) Carla le dio a chupar sus tetas, alternando con besos de lengua. H asombrado aceptaba todo.

    Al poco tiempo, mi boca estuvo llena de una pija dura como piedra y Carla dijo ahora es mía!

    Se puso en cucharita, y me imaginé. H se la puso en la conchita desde atrás y Carla le dijo… no te preocupes H ahora también vamos a probar si entra la de Sergio.

    Me situé de frente a Carla, y… nada imposible entrarle en la doble vaginal. Pero Carla se inspiró y dijo, “Sacámela H” ahí se la puse yo y con mucho trabajo, fue entrando, ahora sí, la del vecino!

    Lo siguiente fue indescriptible, gozo de los tres, con C sintiendo las dos dentro suyo y la concha estirada a mas no poder, y H y yo, sintiendo aquella vagina super apretada y rozando uno contra el otro.

    Durante un rato fuimos todo jadeos y respiración entrecortada, hasta que Carla acabó y nuestros miembros entraron a deslizarse maravillosamente con sus fluidos, hasta nuestro turno de acabar, ambos con desesperación casi, esperma caliente y abundante.

    Nos salimos de ella, nos las limpió y le hicimos sesión de masajes con lo que iba escurriendo de su conchita. Muchos besos de lengua y una gloriosa ducha de a tres.

    Al final, Carla le preguntó a H: -Y vecino? Le gustó la invitación?

    —Que si me gustó? Me enloquecieron los dos, que excitación que morbo… como me alegro de haberte escrito esa nota! Ya tengo ganas de nuevo!

    -En serio? Me recibirías a dormir? Porque mañana de tarde comenzamos la despedida del embajador? Vis podés Sergio?

    Sí, claro, amor y tengo ganas!

    -Si el señor quiere dormimos los tres juntos.

    —Claro que sí, los espero a las 22 o las 23, para que ya el edificio esté tranquilo. Pero aclarame Carla, lo hacen porque les gusta? Sin ofender… debo regalarte algo? Todo ha sido maravilloso!

    -H, amigo, jamás pido, jamás rechazo… te soy sincera, algunos amigos han hecho propuestas irresistibles, y no lo he rechazado, otros, de vez en cuando se muestran gentiles, y cuando elijo alguno de manos ásperas, albañil, pistero, electricista, corremos con todos los gastos.

    Un par de veces, señores recomendados por “la tejedora” me han puesto por el cielo, a nivel cuantitativo insospechado. Oltería temporal”

    Esa es la verdad.

    Nos vemos de noche a disfrutar, ya iremos habiendo cenado livianito ja ja.

    Así lo hicimos, yo disfrutando de mi “soltería temporal”. A las 23 llegamos al apartamento de H, que nos esperaba con champagne.

    Carla fue solamente con lencería bajo un jean y camisa.

    Para mantener una cierta tradición que tenemos con Carla, se puso el juego de lencería “tipo novia” que usa siempre en alguno de los primeros encuentros con un nuevo amigo.

    Blanca de punta a punta, zapatos y medias, portaligas a la cintura, mini tanga hilo, y corpiño de media copa, que ya deja entrever los pezones, increíblemente, hacía unas tres horas habíamos estado cogiendo con H, y ya teníamos esa hermosa mezcla de ganas, excitación y morbo de vernos con otro. Particularmente, no me canso de ver os o grupos etc. etc. como la penetran o de verla jugando o chupando.

    Y allá fuimos, H nos esperó con champagne, como ya dije, simplemente vestido con una bata de casa, supusimos correctamente que no tendría nada debajo.

    Bebimos, charlamos, nos contamos confidencias, H quería saber todo de nuestra relación, nuestros amigos, como comenzamos en esto de estar con terceros etc. etc.

    Se divirtió enormemente cuando le contamos como Carla había participado (y salido segunda) en un concurso de culos de Florianópolis (algún día se los contaré), le costó creer como Carla aceptó un cierto desafío de Pedro en nuestra visita a la estancia. Pasado el rato, Carla se paró y se quitó el jean y la camisa mientras decía: -H, es tradición que los nuevos amigos me vean así con esta lencería.

    —Que linda! Parece de novia!

    -Esa es la idea, que cuando nos encontremos seamos una especie de novios ja ja… soy una novia muy putita!

    —Y hermosa!

    -Gracias!

    Y se sentó el el sofá a su lado, le desató el cinturón de la bata y le dijo… – A ver, hoy temprano estábamos muy acelerados, ahora quiero ver todo lentamente…

    Le sacó la bata y yo me desnudé.

    A la vista la verga de H, caída, gruesa, diríamos que con piel sobrante pero le quedaba muy bien tapando el glande. Los huevos grandes, sin ser comparables a los de dos o tres amigos.

    Carla comenzó a besarlo de lengua, suavemente, y le acariciaba el miembro, trenzaban las lenguas, y yo comencé a acariciar y lamer la los pelitos de Carla. Los pelitos han crecido a su justo punto, sedosos, suaves, una tira de unos tres centímetros de ancho desde la comisura de la concha hacia arriba, sobresaliendo de la tanga. Las manos de H abarcaban el culo de Carla, acariciaban los hermosos cachetes y de vez en cuando jugaba con el chiquito, insinuando la punta de un dedo.

    En cierto momento, Carla se puso en pie y comenzó un pequeño striptease, quedando al final solamente con el portaligas suelto. -Me lo saco o duermo con él?

    -Sacárelo, te queremos con cada trozo de piel bien accesible, verdad H?

    —Síí… bien desnuda. Y así lo hizo.

    Volvimos al sofá, H ya lucía la verga semi dura, “Viste Sergio? Apenas Gonzalo y el negro la tienen mas grande” me dijo Carla después.

    Ella al centro, nos turnábamos a besarla, acariciar sus tetas acariciar su concha, mientras ella se deleitaba acariciando sin llegar a masturbar nuestros miembros.

    -Te gustó la doble de hoy H? Le preguntó.

    —Me enloquecieron los dos con eso, sensaciones que nunca experimenté, tan apretados allí adentro, y eso de sentirnos el uno al otro con Sergio y el acabar ufff…

    Nos fuimos a la cama, ella adelante y nosotros admirándola. Se dio vuelta un momento y dijo -Que lindo como te cuelga y se sacude H! La quiero dura!

    Llegamos a la cama y ella se tiró boca arriba, piernas separadas, rajita abierta.

    Se la chupé y ella chupaba a H. Hasta que cambiamos posiciones y H se puso casi en misionero a pasarle la pija ya dura por los pelitos y por los labios de la concha, cada vez mas húmeda, es una imagen tremenda ver como a cada pasada, le iba abriendo un poquito mas los labios.

    De ahí a metérsela era un paso que H dio gozosamente. Entró lento, con la pija bien ensalivada, una hermosura, y que decir cuando se entró a mover.

    Carla estaba de boca semi abierta, ojos cerrados y me pajeaba suavemente mientras yo le acariciaba las tetas. Hasta que H dijo… Otra doble? Aceptamos encantados, pero cambiamos yo se la puse desde atrás en la concha y él se la metió después desde adelante, gozando ademas de sus besos y tetas.

    Ya con poco reto, nos costó acabar, para mayor goce de Carlita, en éxtasis total hasta que le largamos dentro lo que nos quedaba.

    Nos salimos y fue un festival de caricias, le pasábamos los dedos por la concha y se los dábamos a chupar, le untamos las tetas, la besábamos aún con leche en la boca.

    Y desnudos los tres nos dormimos así como estábamos.

    Allá por las cinco de la mañana, un beso me despierta… ”amor, amor, el señor me chupa la concha” … y yo “que lindo!”

    Nos besamos nos acariciamos, H estaba con su cara sumergida entre las piernas de ella, la lamía, le metía la lengua, y de vez en cuando decía ahhhh o que delicia!

    Por supuesto al rato Carla comenzó a chuparnos a los dos, que aunque agotados, respondimos con una semi dureza, y disfrutamos de sus labios y su arte.

    Finalmente una ducha de a tres nos reanimó, desayunamos, y terminamos haciendo planes de futuro, todos habíamos disfrutado mucho.

    Esa tarde y noche Carla despediría individualmente al embajador, y al otro día, sería la despedida en grupo.

  • Tuve sexo con mi suegro mientras mi esposo estaba ebrio

    Tuve sexo con mi suegro mientras mi esposo estaba ebrio

    Bueno esto pasó hace un par de meses, estábamos celebrando mi cumpleaños, me llamo Sofía, soy una mujer madura de 42 años, mi esposo y ahora mi suegro me dicen que soy una sexi mujer, tengo pechos grandes al igual que mis caderas y culo.

    Había tenido una fiesta por mi cumpleaños y ya era tarde aproximadamente las 12 de la noche y la fiesta había terminado mi esposo ya estaba bastante ebrio casi no podía estar de pie y mi suegro me ayudó a llevarlo a la cama, estaba bastante decepcionada porque mi esposo y yo no teníamos sexo por estar ocupados.

    Mi suegro por mientras no dejaba de mirarme en especial porque en la fiesta use un vestido que el me regaló y siempre me dice que le recuerdo a su esposa.

    Bueno ya estando en el cuarto con mi esposo tirado en la cama pensaba en tomar una ducha e ir a la cama el vestido era pegado y el cierre pequeño así que le pedí ayuda a mi suegro el cual lo bajo alcanzando a ver toda mi espalda descubierta ya que no llevaba sostén me voltee y le agradecí sosteniendo el vestido para que no se fuera a caer el dio media vuelta y yo entre al baño del cuarto.

    Me quite la ropa y entre a la regadera, nunca le pongo seguro al baño ya que solo somos mi esposo y yo, mientras me lavaba el cabello escuché unos pasos cerca pensando que era mi esposo.

    Yo: amor? Eres tú?

    Abrí la cortina para ver pero de la nada sentí una mano en mi boca y asustada voltee y vi a mi suegro tapandome a la boca y me calme mientras quitaba su mano.

    Yo: suegro que hace aquí? Y desnudo?

    Suegro: vi tu mirada Sofi esperabas tener sexo con mi hijo hoy pero el está ebrio así que pensé en que podríamos hacerlo para que no te quedes así.

    Cuando me dijo eso me sonroje de inmediato viendo a mi suegro desnudo y con una erección frente a mi en la ducha, nunca había visto a mi suegro de esa forma es un hombre muy maduro de casi 60 años y bastante caliente no tardó en tocarme de nuevo llevo sus manos directo a mis nalgas y las apretó mientras se acercaba a mi con mis tetas presionadas en su pecho y su erección tocandome yo estaba sin palabras ante tal escena con mi suegro queriendo tener sexo conmigo a pocos metros de la cama donde su hijo estaba dormido.

    Tomo mi rostro de forma delicada y me beso, ese fue beso fue el que me hizo tomar la decisión y mientras llevaba mi mano a su pene el me empujaba suave para ponerme de rodillas mientras decía.

    Suegro: tienes una sexi boca Sofi… Ya quiero ver cómo la usas para mí verga.

    Mi cuerpo estaba entre la pared y el, miento acariciaba mi cabeza me acercaba a su verga y me la metía en la boca moviéndome yo ya estaba bastante caliente y movía mi lengua en su verga mientras el tomaba mi cabeza con ambas manos y movía sus caderas y penetraba mi garganta mientras yo lo veía de forma sexi y sorprendida por el tamaño de su verga media aproximadamente 17 a 19 cm y el me hacía un garganta profunda sin que pudiera tragarlo todo después de darle un buen oral dejaría mi boca y viéndome de forma pervertida me diría

    Suegro: abre tus piernas puta te voy a dar lo que mi hijo no puede.

    Nerviosa dije que si con mi cabeza y sentada en la bañera abri mis piernas frente a el mientras el se ponía de rodillas y frotaba su verga dura con mis labios vaginales y me dijo.

    Suegro: oye no tengo condones.

    Yo: no te preocupes estoy en mis días seguros.

    Lo dije de una forma muy sexi y caliente para el que en ese mismo momento empujó su verga dentro de mi y no pude evitar soltar un gemido.

    Yo: aaaah!.

    Suegro: te gusta puta?

    Yo: sii mucho.

    El empezaba a moverse metiendo más su verga en mi y yo estaba llena de placer me sentía muy bien de tener un a verga dentro y sin condón el me veía y tocaba sin parar mientras yo aun algo tímida tocaba su maduro cuerpo mientras trataba de aguantar mis gemidos. El lo estaba haciendo muy fuerte y me costaba mantenerme en silencio mientras me follaba me decía cosas pervertidas.

    Suegro: te gusta puta? Es mejor que la de mi hijo verdad? Gime para mi puta.

    Yo: oooh! Papi! Dame duro!

    Ya en un momento me olvide de mi esposo disfrute como mi suegro me estaba follando gimiendo y el aprovechando eso me levanto y llevo a la misma cama donde dormida mi esposo sin dejar de gemir por su verga por suerte mi esposo no reaccionó y todo lo que estaba pasando me resultó tan excitante que tuve un orgasmo y mi suegro al ver esto con más embestidas igualito tendría un orgasmo dentro de mi soltando su semen en mi coño mientras me besaba fue un orgasmo muy rico de los dos y ya que termino de soltar semen saco su verga de mi y con un tierno beso me dijo.

    Suegro: feliz cumpleaños hermosa.

    Mientras tomaba sus cosas y salía del cuarto y yo en la cama al ver a mi esposo dormido me levantaría e iría al cuarto donde estaba mi suegro.

    Bueno espero que les guste esta gran experiencia y que no fue la única hasta la fecha mi suegro y yo hemos tenido sexo a espaldas de mi esposo si tienen curiosidad de que más hemos hecho dígame en los comentarios espero volver a escribir para ustedes besos.

  • Con mi consentimiento

    Con mi consentimiento

    Este relato no es diferente de muchos otros, pero el contexto en el que se dio la experiencia es lo que lo hace atractivo y especial para recordar. Trabajaba en una oficina gubernamental del sector defensa donde todo, claro, es reglamentado, acartonado, protocolario y formal. Uno creería que esas inmaculadas oficinas solo son escenario de actividades laborales, reuniones de trabajo y las actividades propias de una oficina, papeleo y demás.

    Siempre cargo conmigo mi computador personal y, algún día, durante la hora de almuerzo, cedí a la tentación de activar mi equipo y ponerme a repasar las fotografías que tenía sobre nuestras aventuras “cuckold”. Para ese momento, la verdad, mi esposa y yo nos habíamos involucrado en ese tipo de actividades, más por satisfacer la curiosidad que por otra cosa, pero, pasadas las experiencias, poco a poco le habíamos cogido el gusto por explorar nuevas situaciones, conocer otra gente y disfrutar del momento.

    En algún momento decidí entrar al baño, que estaba ahí mismo, dejando mi PC prendido, activo y a la vista sobre la mesa, pues era cuestión de un momento mi ausencia. Mi oficina era privada, de modo que el ingreso de gente allí estaba restringido, pero, con el paso del tiempo, había alguna flexibilidad con los colaboradores cercanos para que tuvieran acceso cuando fuese menester. Y ese fue el caso de Rodolfo, el encargado de la correspondencia, quien, viendo que la puerta estaba entreabierta, no tuvo inconveniente en entrar sin hacerse anunciar.

    No me vio al entrar y tampoco sospechó que quizá estuviera en el baño, pero si le llamó la atención fisgonear mi computador. Y, claro, las fotografías que pudo ver, donde una mujer, mi esposa, retozaba con un hombre de color llamaron su atención. En ese instante yo salí del baño. Y muy seguramente, supongo yo, al escuchar es ruido que hice al accionar la manija de la puerta, se distanció del escritorio. Yo, al salir, lo que pude percibir era que él recién llegaba. ¡Hola, Rodolfo! Le saludé cuando lo vi. ¿Qué tanto traes hoy? Hola, jefe, respondió. Lo de siempre, mucha correspondencia. Bueno, dije, yo, ¿dónde te firmo? ¡Siéntate!

    Me pasó la panilla de entrega y, verificando documento por documento, fui firmando el papel, como lo establecía el protocolo. Jamás imaginé que él había visto lo que aparecía en la pantalla de mi PC, por lo cual seguimos conversando, centrados en la tarea del manejo documental, pero nada más. Y, terminado el chequeo y las firmas, Rodolfo me dio las gracias y se retiró. Hasta ahí, nada había pasado. Cabe anotar que Rodolfo era un muchacho mulato, bastante agraciado y muy jovial.

    Pasados los días, Rodolfo procuraba aparecerse cuando yo estaba en la oficina y entablar algún tipo de conversación. Nada especial. Algún comentario sobre la actividad cotidiana, solo, quizá, con el interés de establecer algún tipo de vínculo y relación de confianza. Y, tratándose de un colaborador habitual, pues, yo no tenía algún tipo de prevención hacia él.

    Algún día, sin embargo, entre la correspondencia que me estaba entregando, aparecieron unas fotos de él, desnudo, exhibiendo su muy notoria virilidad. ¡Uuuppss! dije yo al verlas, haciéndome el sorprendido, ¿no me diga que también trabaja de Stripper en sus ratos libres? Uuuyyy ¡que pena! jefe, dijo él, pienso yo, hoy en día, simulando hacerse el arrepentido por el suceso. Pierda cuidado, le respondí. Cuide eso, no vaya y me alebreste a las muchachas, comenté haciendo referencia a las secretarias que trabajaban en el lugar.

    No, jefe, para nada, contestó. Y, despidiéndose cortésmente, se retiró de mi oficina. Me quedé organizando la documentación que me había entregado y, en alguno de los documentos, entre sus hojas, había otra de las mencionadas fotografías. Se le había quedado ahí, llegué a pensar, pero no reflexioné sobre qué hacía aquel mezclando con la correspondencia aquellas fotografías autopromociónales. No le di importancia al suceso y, para no dejar evidencia en la oficina, eché la fotografía en mi maletín.

    En otra ocasión, Rodolfo, muy conversador, aprovechando que departíamos con el personal de la oficina, aprovechó la ocasión para averiguar algo de mis gustos. Alguna de las muchachas comentaba que ella, los domingos, salía con su familia a almorzar en algún restaurante preferido, a lo que otra comentaba sus preferencias, y así, todos iban manifestando sus gustos. Hasta que, alguno de ellos, preguntó: Jefe, ¿y usted a dónde va? Bueno, comenté, no muy seguido, pero me gusta ir a un restaurante que queda sobre la “Park way”, “Mi bella Suiza”. Por ahí cada dos o tres semanas me pego la pasadita, generalmente los domingos.

    Un día mi esposa llegó a mi oficina, a medio día. Habíamos quedado de encontrarnos ahí para salir luego a un compromiso, también de tipo laboral, en un lugar cercano a dónde nos encontrábamos, de modo que se facilitaba encontramos con otros convocados y proceder todos hacia allí, en grupo, movilizándonos en el transporte que la organización había dispuesto para ello. Rodolfo, como acostumbraba de un tiempo para acá, apareció para entregar oportunamente la correspondencia. Jefe, me saludó, papelería, como siempre, dijo mostrándome un cartapacio de documentos. Hola, Rodolfo, le saludé. Mire, dije, conózcase con mi esposa.

    Hola, dijo él, extendiendo la mano muy amable para saludar a mi mujer. Rodolfo Salazar Barón, para servirle. Mucho gusto, contestó ella; Laura. Me ocupé realizando el protocolo de la recepción d ellos documentos y firma de la planilla, ero, mientras lo hacía, pude detallar que el hombre inspeccionaba con detalle a mi esposa. ¿No siente calor, señora? Preguntó. Como esta edificación es tan cerrada, el calor se concentra en las oficinas y el ambiente se vuelve un tanto pesado. Sí, le había respondido ella, pareciera que no hubiera buena ventilación y que el aire no circulara. Sí, es cierto, comentaba Rodolfo, porque en algunas oficinas han montado aires acondicionados para tratar de tener un ambiente un poco más frío, sobre todo a esta hora, que es cuando más calienta.

    Bueno, joven, dije entregándole la planilla a Rodolfo, misión cumplida. Bueno, jefe, perdone la pregunta; ¿Van para algún evento? Sí, contesté, un seminario en la Escuela de Ingenieros, por acá cerca. O sea que ya no vuelven por acá, comentó. Tengo que volver, dije, porque dejamos nuestro vehículo en el parqueadero. Lo que no sabemos con certeza es a qué hora volveremos. El, acto seguido, se despidió de mí y muy atentamente de mi mujer. Y ya. Cada cual por su lado.

    Días después de aquello, mi mujer me sorprendió preguntándome, ¿Qué haces tu con las fotos de un muchacho en tu maletín? ¿Qué fotos? Pregunté, la verdad, un poco sorprendido con la pregunta. Un muchacho moreno, continuó ella, creo que es el mismo que te entregó la correspondencia en la oficina el otro día. Ummm, no sé, no me acuerdo… ¿por qué? Pues, dijo ella, eso quisiera yo saber, ¿por qué tienes unas fotos de él estando desnudo? Y, mirándola, recordé el episodió en la oficina y se lo comenté. De modo que, relaté, rematando la historia, para no tener ese material por ahí, en la oficina, puse la foto en el maletín. ¡Yo ya me había olvidado de eso!

    Me parece que eso no debería estar en ese maletín, me dijo, entregándome la foto. ¿No sería mejor devolvérsela al muchacho? Pues, sí, comente, pero hace tanto tiempo que pasó aquello, que me parece inadecuado volver sobre el tema. Bótala si quieres. Yo, la verdad, no le había puesto atención a eso. Me parece, dijo ella, que se la deberías devolver. Bueno, dije yo, no me veo en ese plan, pero puede ser que eso sea lo mejor. Démela, pues…!!!

    Pasó el tiempo, hasta que, un día, en su acostumbrada visita para entrega de correspondencia, me envalentoné, y mostrándole la foto a Rodolfo, se la devolví diciéndole que la había encontrado en el escritorio y que quizá a él le estaba haciendo falta. Y, tomándola de vuelta dijo, Uuyyy, que pena, gracias. Y no se dijo nada más. Así que se despidió y se retiró, como siempre.

    Poco después, en algún momento, necesité hacerle llegar a mi mujer la copia de un trabajo que me había encargado imprimir, aprovechando que disponíamos en la oficina de una impresora láser, y no se me ocurrió otra idea que pedirle el favor a Rodolfo para hacérsela llegar. Vivíamos cerca, así que aquello parecía ser un encargo menor. Y él, claro, no se negó.

    Llegado a casa, ese mismo día, mi mujer comentó que le había parecido muy educado y amable el muchacho con el que había enviado el trabajo. Bueno, ¿y acaso no lo reconociste vestido? Pregunté. ¡Bobo! Respondió ella, pues claro. El muchacho que entrega la correspondencia ¿no? Sí, respondí. Era él. Era la única persona disponible y con la cual podía mandar esos papeles. Es un muchacho muy amable, comentó.

    Otro día, Rodolfo llegó a mi oficina, como siempre, y, de repente, mientras le recibía la correspondencia, me disparó la pregunta. Jefe, ¿a su esposa le gustan los negros? Sí, respondí, un tanto sorprendido con aquello. Y para no dejarme amilanar ante la intervención, continué. Ella congenia con todo el mundo, sin distingo alguno. ¿Por qué pregunta? Me pareció que ella tenía alguna predilección por los hombres de color. ¿Y eso? ¿E qué sentido? ¿Qué te hace pensar eso? Perdone jefe, cosas de cada uno, contestó. El otro día que estuvo por acá, me pareció que me veía, como de manera especial, dijo. Mmmm… ¿te pareció? Pregunté. Este, jefe… sí…perdone… cosas de muchachos, respondió.

    Nunca supe que, después de su visita a mi casa aquel día que fue a entregar el trabajo, ella y él conversaban regularmente. En aquella ocasión él se había ofrecido a asistirla a ella por si necesitaba algún favor, así que regularmente la llamaba, sin falta, todos los lunes, para ponerse a la orden si algo llegara a necesitar durante la semana. Ella, mi esposa, nunca me lo comentó.

    Así que me pareció extraño que llegara a mi oficina un día, ya próximos a salir del trabajo. No había caído en cuenta que el 7 de mayo, al día siguiente, era su cumpleaños, de modo que, no me sorprendió cuando sacó botella de vino blanco y copas, supuestamente para celebrar. Bueno, dije, pero lugar inadecuado este para anticipar la celebración de los cumpleaños ¿no te parece? No, contestó ella. Es algo fuera de lo común. Bueno, pensé yo, brindemos entonces, sin discusión.

    Y nos quedamos ahí, bebiendo vino y charlando de todo un poco. Me dijo, viendo que tenía mi PC sobre el escritorio, que quería ver nuestras fotos picantes, así que ubiqué los archivos y empezamos a repasar varias de las fotos que se habían tomado en el pasado. Y, en esa actividad, y bebiendo vino, se fue pasando el tiempo. Ella, pensé yo después, tenía todo preparado, porque una vez acabamos la botella de vino, no tuvo reparos en sacar una nueva botella. ¿Cuántas botellas trajiste? Pregunté. Cuatro, respondió. No son muchas, continué. No… apenas. Apenas, ¿para qué? Me pregunté a mi mismo…

    Estábamos solos en mi oficina, siendo las nueve de la noche, y estando el edificio casi vacío, cuando, de repente, alguien golpeó a la puerta. Yo abrí. Era Rodolfo. Hola, jefe, dijo. Vi luz en su oficina y quería comprobar si era que se habían ido sin apagarla. No, contesté… Estamos aquí. Hola, dijo mi esposa, viéndolo en la entrada. ¿Te tomas un vinito? Se apresuró a convidar al muchacho. Bueno, no sé, jefe… dijo, mirándome… Pasé, dije, y cerré la puerta tras él. Ella cumpleaños mañana y estamos anticipándola celebración. Ah, bueno, ¡qué pena!

    Mi esposa sacó otra copa y le sirvió vino al recién llegado. Entonces, pensé, esto como que no es casualidad. Rodolfo, tomó la copa y se sentó al lado de mi esposa, quedando ambos frente a mí, que me senté en mi puesto, detrás del escritorio. Y, apurando el vino, ella empezó a preguntarle a Rodolfo cosas de su vida, obra y milagros. Y él, sorbo tras sorbo, se iba sintiendo más en confianza y empezaba a hablar y a comportarse con más soltura y confianza.

    Ya íbamos por la tercera botella de vino, cuando mi mujer, muy desparpajada, empezó a acariciar la pierna izquierda de Rodolfo, quien estaba sentado a su lado derecho, preguntándole sobre sus amigas, sus conquistas, sus novias, con lo cual el nivel de la conversación y la tensión sexual que se percibía en el ambiente aumentaba. El muchacho le seguía la corriente a mi mujer y aprovechaba para coquetearla, no sin dejar de mirarme como pidiendo mi permiso para hacerlo. Yo simplemente le guiñaba el ojo, como enterándole que la dejara hacer a ella su santa voluntad.

    Las manos de mi mujer, inquietas, pronto pasaron de acariciar la pierna del muchacho a frotar su miembro por encima del pantalón. Era notoria la erección que la situación y las caricias de mi mujer estaban provocando en él. Y en esa dinámica, así, de repente, mi mujer me dice, oye, amor, ¿me permites un regalito? ¿Qué será? devolví la pregunta. Y ella, masajeando con intensidad el miembro de Rodolfo, contestó, un pedazo de carne que me tiene provocada. Este… dije yo… no sé… ¿Qué pensará este muchacho? Pero en mi condición de cornudo consentidor, ya sabía lo que iba a suceder y que aquello no tenía reversa.

    Entonces ella, audaz, y muy oportuna, dirigiendo la mirada al muchacho, le preguntó, directo y sin rodeo alguno, ¿te gustaría que te lo mamara? El joven me miró y dijo, yo no tengo inconveniente, señora, si usted gusta, yo se lo permito. ¿Ya ves? Me dijo ella, como dándome a entender que aquello era posible. Bueno, le dice ella al muchacho, facilítame las cosas. Entonces, él, levantándose de su puesto, se coloca frente a ella y se baja los pantalones, dejando a la vista su gran miembro que, para ese momento, no estaba del todo erecto.

    Mi mujer lo toma entre sus manos, lo masajea de arriba abajo y, mirándome nuevamente, me dice, este va a ser mi regalo de cumpleaños. ¿Estás de acuerdo? Solo atiné a fruncir mis hombros, dando a entender que no me importaba aquello. Así que ella, sin oposición de mi parte, procedió a llevarse a la boca el pene de aquel hombre y empezar a chuparlo con mucha dedicación. Con una mano acariciaba sus bolas mientras que con la otra masajeaba el tronco del miembro masculino que, entre chupada y chupada, bien pronto empezó a crecer y endurecerse.

    Ella fascinada con la sensación de sentir como ese miembro se endurecía, lo masajeaba con mayor intensidad. El muchacho estaba, al parecer, dichoso con el tema y evitaba mirarme, cerrando sus ojos. Señora, decía, lo mamas muy rico, con lo cual mi esposa se animaba a continuar su tarea, concentrando su lengua en lamer circularmente el glande de aquel hombre, que disfrutaba a placer las maniobras de ella, quien, de cuando en cuando, volvía a tomar un sorbo de su copa de vino para continuar con su labor. El, en contraprestación, solo se limitaba a acariciar su cabeza, guiándola de a poco para que sus mamadas fueran más y más profundas.

    Pasado un largo rato, ella se detuvo. Y, mirándole sonriente le preguntó, ¿te apetece penetrarme? Claro que sí, respondió él. Bueno, ahora sí, haz lo que sabes hacer, dijo ella quitándose sus bragas. Se levantó de su puesto, apoyó sus brazos en el escritorio, quedando frente a mí para darle las espaldas a él y levantando sus nalgas, dijo, soy toda tuya. No te tardes.

    Para qué dijo eso. Rodolfo levantó las faldas de mi mujer para apreciar y acariciar sus nalgas en primer lugar, se puso de cuclillas detrás de ella para besarlas y pasar su lengua por el sexo de mi mujer que ya, para ese momento debería estar humedecido, y, ahí sí, después de haberla estimulado un poco con los dedos de su mano, procedió a apuntar su verga y empujar su miembro dentro de la vagina de mi mujer.

    El gemido de placer que ella emitió cuando esto pasó, no se hizo esperar. El muchacho tenía una verga muy grande y era de esperar que el contacto de sus sexos generara alguna reacción en mi esposa que, dejando caer su pecho sobre el escritorio, y sin dejar de mirarme, empezaba a sentir el placer que las embestidas de aquel hombre le estaban produciendo. Ella se veía pequeña y vulnerable ante las embestidas de aquel, pero ella lo estaba disfrutando. Gemía y gemía con cada movimiento de ese macho y la estaba pasando bien.

    No pares, decía ella, no pares. Y ante esto, el muchacho arreciaba sus embestidas. Su miembro no entraba del todo en el cuerpo de mi mujer y ella apretaba sus caderas para acoger con firmeza el sexo que entraba y salía de su cuerpo con mucho vigor. Ella movía sus caderas a un lado y otro, a la par que el muchacho, empujaba y empujaba con ritmo e intensidad. Tenía cogida a mi mujer de las caderas, apretándola para atraerla hacia sí al ritmo de sus embestidas, tal vez tratando de apresurar el final de la faena.

    Para ella, encantada como estaba, el tiempo no pasaba y lo que hacía aquel no era de importancia, pues disfrutaba a plenitud de su regalo. Era yo, quien, observando lo que pasaba, me confundía en pensamientos y suposiciones. El tipo se está aprovechando y le está dando duro, sin compasión ni delicadeza, pero ella estaba inmersa en sus sensaciones y totalmente fascinada con la experiencia. ¡Dale! ¡dale! decía, una y otra vez. El volumen de sus gemidos dictaba la intensidad de sus sensaciones y, pasados los minutos, la conclusión del acto finalmente llegó.

    El muchacho se aferró a las caderas de mi mujer y apretó su cuerpo contra el de ella, concentrando su vigor en la descarga de semen que la inundó en sus entrañas. Ella movía sus caderas a un lado y otro hasta que, pasado el tiempo, aquello cesó. El joven se retiró con su miembro ya flácido y aquello terminó. El, casi de inmediato, se subió los pantalones, como quien acaba de cometer una pilatuna y quiere ponerse a salvo. Y ella, con toda naturalidad, bajó su falda y volvió a sentarse en su puesto.

    Acabó esto… ¡Acabemos este vino! Dijo. Y así, como si fuera lo más natural del mundo, volvió a servir las copas y la charla continuó como si aquello no hubiera pasado. Rodolfo, tus novias deben vivir encantadas contigo. Te mueves muy rico y tu miembro se siente bien estando allá adentro. Gracias, respondió él. Su cuca, decía él, apretaba mi pene con fuerza. Yo lo sentía muy rico. Es que tu pene es muy grande, respondía ella, apenas cabía en mi sexo. Eso era lo que lo hacía mas delicioso. ¡Brindemos…! y que se repita, dijo.

    Y ciertamente, aquello se repitió. En otro escenario, en otra situación y en otras circunstancias. Aquella foto en mi maletín sirvió de afrodisiaco para que mi esposa llegara al colmo de atreverse a ir a mi oficina para tener un encuentro con aquel muchacho. Y debo admitir que no dejé de sentir algo de vergüenza por lo sucedido, porque se trataba de alguien conocido, un empleado, pero hombre, al fin y al cabo, y del gusto de mi mujer. Fuera como haya sido, aquello pasó y, afortunadamente, tanto para ella como para él, la aventura fue satisfactoria y dio pie para otros encuentros.

    La oficina, quien lo creyera, sirvió de escenario para promover un encuentro sexual entre la esposa del jefe y uno de sus empleados. Quien lo creyera. Con mi consentimiento, claro está. Aquello no trascendió, menos mal. Ella, por sugerencia mía, no volvió a aparecer por allá. Nadie supo que Rodolfo se había follado a la esposa del jefe en aquella oficina y que aun, todavía con mi consentimiento, la seguía follando cuando había oportunidad.

  • Mujer de chocolate

    Mujer de chocolate

    Mujer de piel oscura,

    me vuelvo loco

    al admirar la belleza

    de tu figura. 

     

    Mujer de chocolate,

    que me hipnotizas con tus

    caderas de 40 quilates. 

     

    Mujer de canela,

    me encantaría acariciarte

    para prenderte como candela. 

     

    Mujer azúcar morena,

    quiero saborearte toda

    porque estás bien buena. 

     

    Y con esta me despido 

    esperando verte de nuevo 

    en ese sexy vestido.

  • Los cinco sentidos (quinto capítulo)

    Los cinco sentidos (quinto capítulo)

    Salió de su casa y como vio que era temprano, decidió ir caminando y así daría un paseo. Estaba contenta pues había quedado con Laura y Estela, sus dos mejores amigas a las que no había visto desde el día de su boda y hacía ya tres meses. Ella a pesar de la oposición tenia tiempo para quedar pero ellas por sus trabajos y por sus ocupaciones familiares les era mas complicado encontrar el momento de reunirse. Durante el trayecto se cruzó con varios hombres que no dudaron en mirarla al acercarse a ella e incluso alguno había sido bastante descarado mirando sus piernas sin disimular lo mas mínimo. Que la miraran así era algo que siempre le había resultado bastante violento por su timidez e inseguridad y en cambio ahora le gustaba sentir que la miraban. Pensó en Braulio y era gracias a él que ahora era distinta, se sentía mas segura de si misma y había comprobado que podía resultar muy atractiva para el sexo opuesto.

    Cuando llegó al centro comercial donde habían quedado aún era pronto y decidió esperar a sus amigas tomando un café. Había poca gente en aquella terraza, apenas una pareja que no dejaban de besarse y un señor que leía el periódico entretenido. Mandó un mensaje a su marido avisándole que ya había llegado, le encantaba como se preocupaba por ella, y les escribió a ellas para decirles que cuando llegaran la avisaran que estaba en una cafetería haciendo tiempo.

    Una sensación extraña le recorrió el cuerpo cuando al apoyar el teléfono en la mesa sintió que el señor del periódico le estaba mirando las piernas, lo hacía disimuladamente y cuando temía ser descubierto su mirada volvía a las hojas desplegadas sobre la mesa. Tania se puso sus gafas de sol, así podría ocultar hacia donde miraba. De nuevo ese señor tenía su mirada en sus piernas y la sensación le gustaba. En otra época de su vida se hubiera levantado y sin ni siquiera haber tomado el café se hubiera levantado y marchado, pero ahora era distinto y le gustaba sentir que ese señor mostraba interés en lo que veía bajo la mesa. Ella lo miraba de reojo y ese admirador sintiéndose libre de la mirada de nadie ya no disimulaba su interés por sus piernas. De nuevo se acordó de su vecino, ese admirador también estaría excitado como Braulio cuando la miraba? No creo, pensó, solo está mirando mis piernas. Deseó ofrecerle a aquel hombre una imagen algo mas atrevida de sus piernas y pensó en Rodrigo pero al instante recordaba las palabras de su vecino, es tu sexualidad Tania, son tus sensaciones.

    Cruzó las piernas y su vestido se subió bastante dejando sus muslos desnudos. Podía sentir los nervios de aquel caballero cuando la vio cruzar las piernas y sus hermosos muslos aparecieron ante él. Se dio cuenta que definitivamente le gustaba sentirse observada, admirada. Descruzó las piernas y no hizo nada por bajar su vestido. Se sentía excitada, sentía morbo. El sentido de la vista, pensó. Desde su posición ese señor estaría viendo sus bragas? Pensó nerviosa. Tenia los pies juntos y sus rodillas comenzaron a separarse una de la otra. Ahora si estaba segura que aquel admirador anónimo podía verle sus bonitas y ahora mojadas bragas azules. De reojo miró como aquellos ojos estaban posados entre sus piernas y sintió lo mismo como cuando su vecino la miró por primera vez sentados en el banco. Se sintió muy mojada al darse cuenta que estaba permitiendo que un desconocido le viera así. Se levantó de la silla y fue al baño. Se avergonzó al comprobar que su ropa interior estaba totalmente mojada y se masturbó. Necesitaba calmar aquella excitación como fuera. No tardó en correrse pues aquel desconocido la había puesto cachonda con su manera de mirar sus bragas.

    Cuando salió a la terraza aquel hombre ya no estaba. Lo vio aparecer al cabo de un rato, habría ido él también a masturbarse al baño? Lo vio que llamaba al camarero y mientras le decía algo la miraban. Al terminar de hablar lo vio alejarse y el camarero se acercó a ella.

    -Disculpe señorita. Aquel caballero la ha invitado al café y me ha dicho que le entregue esto. -le dio un papel bien doblado.

    -Ah gracias pero yo no le conozco de nada. Usted sabe quien es? -Tania cogió el papel sorprendida.

    -No se quien es, solo que es cliente de aquí y se llama Carlos.

    -Vale, gracias.

    -A usted señorita. Buenas tardes.

    Se levantó de la silla y se alejó de aquella cafetería. No pudo aguantar mucho más sin desdoblar aquel papel y ver de que se trataba.

    “ Disculpa el atrevimiento pero gracias por los instantes que me has hecho vivir esta mañana. Mañana a la misma hora para revivirlos de nuevo? Sus bragas azules son muy sexys, tendrás unas blancas? Saludos Carlos “

    Las mejillas de Tania se pusieron rojas al instante al leer aquello. Quien era aquel hombre que era capaz de dejarle una nota así? Rompió el papel en muchos trozos pequeños deseando eliminar cualquier rastro.

    Vio a Estela y Laura desde lejos y se puso muy contenta, se abrazaron cuando llegó a junto de ellas.

    -Que guapa estás!!

    -Vosotras que me veis con buenos ojos -se daban besos, estaban realmente felices de estar de nuevo juntas.

    -Nooo, tonta. Pensábamos que el matrimonio te iba se sentar mal pero estás preciosa. -Estela, la mas bromista de las tres no cambiaba -Seguro que Rodrigo te da mucha caña en la cama, eso se nota. Mírame a mi, que mi Andrés me tiene a dos velas. – se reían ante las ocurrencias de ella.

    -Pues no se yo eh!! Porque estáis las dos muy guapas también. -cuando Estela hizo ese comentario Tania no pudo evitar pensar en Braulio, quizás él fuera el culpable de que estuviera guapa.

    -Dicen que tres orgasmos diarios es lo ideal para estar muy guapas siempre. Yo como no sea masturbándome estoy perdida.

    -Tres orgasmos al día? -era el mediodía y Tania ya había perdido la cuenta de cuantos llevaba -Solo?

    -Serás bicha!! Claro como tu estás recién casada así cualquiera. Espera unos años y ya verás como cambia la cosa.

    Se fueron a comer y estuvieron poniéndose al día de sus vidas, de sus trabajos y sobre los estudios de Tania. Entre bromas, anécdotas y confesiones, supieron que Estela no estaba pasando un buen momento con su matrimonio. Se sinceró con ellas comentándoles que la monotonía se había adueñado de sus noches y apenas hacía el amor con Andrés, su marido, y eso le hacía sentirse frustrada y afectaba a su relación.

    -La verdad es que Andrés siempre quiere pero yo no disfruto. Me siento una muñeca hinchable que solo me busca para satisfacerse él y me niego a eso. Hasta he pensado en ir a una terapeuta sexual, o como se llamen.

    -Igual eso os ayudará Estela -de nuevo el pensamiento de Braulio acudió a su cabeza.

    -Bueno da igual, háblanos de ti. Que tal en la casa nueva? Como son tus vecinos? Muy cotillas?

    -Genial, me costó un poco adaptarme pero ahora muy bien. Los vecinos bien, bueno solo conozco a uno que es el que vive pegado a nosotros.

    -Está bueno? Cuenta, cuenta…

    -Estela!! No está bueno, si tiene unos setenta años -le costaba hablar de Braulio con ellas y que pudieran notar algo de lo que vivía con él -Lo guay es que fue catedrático de psicología en Santiago, es una casualidad.

    -Pues si, que guay. Y os lleváis bien con él?

    -Si, claro. Bueno Rodrigo no habla mucho con él porque coinciden pocas veces pero yo al estar siempre en casa si que coincidimos mucho y nos llevamos bien. Por las mañanas siempre vamos a caminar juntos.

    A media tarde se despidieron con la promesa de verse mas a menudo. Tania volvió en autobús y durante el trayecto pensó en Estela y lo que les había confesado, pensó en el señor de la cafetería y lo que había hecho. Necesitaba llegar a casa y poder contarle todo aquello a Braulio.

    Cuando bajó del autobús vio la hora en su teléfono, eran las seis de la tarde, Rodrigo le había dicho que llegaría tarde pero no le había concretado ninguna hora. Al pasar por delante de la casa de su vecino estuvo a punto de llamar a la puerta pero primero tenía que pasar por casa. Entró y vio que su marido aún no estaba y cogiendo unos apuntes cualquiera de la oposición volvió a salir. Braulio no estaba en el jardín y enseguida le abrió la puerta cuando llamó al timbre.

    -Hola joven -estaba sorprendido de verla a esas horas -Todo bien? -se fijó en las hojas que llevaba en la mano.

    -Si, todo bien Braulio. Es que necesitaba hablar con usted. Puedo pasar?

    -No está tu marido en casa?

    -No, el no vendrá hasta la noche -le señaló los apuntes – Y traje esto por si acaso llega, le diré que vine a consultarle algunas dudas.

    -Pasa, por favor.

    A los dos le resultaba extraño estar juntos a esas horas de la tarde pero ambos estaban contentos de que así fuera. Él la invitó a sentarse en el sofá y ella como un torbellino comenzó a contarle lo que le pasaba a su amiga Estela. Braulio la escuchaba con atención sin interrumpirla.

    -… cuando me dijo que hasta había pensado en ir a un terapeuta sexual pensé en usted -ella seguía hablando con entusiasmo.

    -Y por qué pensaste en mi? Yo no soy ningún terapeuta sexual.

    -Ya lo se, pero da igual, a mi me está ayudando mucho y estoy descubriendo cosas con usted que han cambiado mi sexualidad.

    -Tu le hablaste de mi a tu amiga?

    -No. Bueno solo le dije que me llevaba bien con usted, que caminamos todos los días juntos y le dije que había sido catedrático de psicología en Santiago.

    -Tania yo admiro tu interés por querer ayudar a tu amiga…

    -Es que la quiero mucho y hoy la vi triste, y eso que siempre está bromeando pero la conozco bien y sé que está mal.

    -Pero es muy peligroso que tu amiga pueda llegar a desconfiar de lo que vives conmigo.

    -Ella nunca lo sabrá -Tania con su mirada le rogaba que ayudara a su amiga.

    -Aunque sea tu mejor amiga, si descubre algo, tu matrimonio correría peligro. Eres consciente de ello?

    -Si, se que seria peligroso.

    -Y ni tu ni yo queremos que eso pase.

    -Claro que no. Yo amo a mi marido sobre todo lo demás. Con usted y lo que vivimos es mi sexualidad y mi matrimonio está por encima de mi sexualidad.

    -Tampoco se trata de eso Tania, tu sexualidad es muy importante para que tu matrimonio funcione. Es algo complementario. El sexo alimenta el vínculo matrimonial, une a las dos personas que se aman.

    -Por eso le pido por favor que ayude a mi amiga.

    -Y ella estaría dispuesta a dejarse ayudar?

    -Claro, la conozco desde que éramos niñas y sé que haría lo que fuera por salvar su relación con su esposo.

    -Tania si la ayudo me tienes que prometer que nunca me preguntarás nada sobre la terapia. Lo que ocurra en las sesiones debe quedarse entre tu amiga y yo. Eso lo comprendes? Podrás soportar tu curiosidad?

    -Creo que si. Lo intentaré.

    -Lo intentarás? Tienes que estar segura. Si acepto lo que me pides es por ti y por nada del mundo quiero que eso afecte a la relación tan especial que tenemos tu y yo. Confías en mi?

    -Si, por supuesto que confío en usted.

    -Entonces?

    -Nunca le preguntaré nada sobre las sesiones, se lo prometo.

    -Está bien, si es así acepto lo que me pides.

    -Gracias!! -en un gesto instintivo ella se abalanzó sobre su vecino y lo abrazó, era la primera vez que se abrazaba a él. -Perdón -se separó de él avergonzada, no quería hacer nada que pudiera hacerlo sentir mal.

    -No me pidas perdón, en esta casa recuerda que eres libre.

    -Pero eso forma parte del tacto.

    -Anda, ven aquí.

    Tania se estremeció cuando ese hombre le ofreció sus brazos abiertos para que lo abrazara y ella se volvió a abalanzar sobre él. Aquel hombre tenía la capacidad de hacerla vibrar con cada pequeño gesto, con cada frase. Se quedó abrazada a Braulio en silencio percibiendo como aquellos brazos varoniles la estrechaban contra él. Podía sentir como su vagina se humedecía y sus pezones se ponían duros al tener su cara pegada al cuello de su vecino. Le gustaba el olor de ese señor.

    -Quería contarte una cosa que me pasó hoy -al sentirse excitada recordó lo sucedido en la terraza de aquella cafetería y necesitaba contárselo -Hoy dejé que un señor me viera las bragas.

    -Cuéntame Tania, te escucho.

    Le contó con detalle todo lo que había pasado, le hablaba sin dejar de abrazarlo, casi en susurros al oído. Le dijo que se había puesto cachonda y había tenido que ir al baño a masturbarse. Le contó lo de esa nota que ese señor le había mandado a través del camarero y que le decía de volver al día siguiente.

    -Y vas a volver?

    -Es que me da vergüenza. Que pensará de mi si vuelvo?

    -Es tu sexualidad Tania, ese hombre que piense lo que quiera. Tu deseas ir?

    -Creo que si, es que fue tan morbosa la situación… -el hecho de estar hablándole al cuello, de sentir su abrazo y recordar a aquel desconocido la hacía estar muy excitada. Llevó una de sus manos bajo su vestido y se quitó las bragas. Estaban empapadas.

    -Si vuelves tienes que estar segura, nunca hagas nada de lo que no estés convencida.

    -Quiero volver -reconocerle eso la puso aún mas cachonda -Quiero que vea mis bragas blancas.

    -Te vas a poner unas bragas blancas como a ese señor le gustan?

    -Si -Tania llevó su mano entre las piernas y comenzó a masturbarse – Llevaré unas braguitas blancas y dejaré que ese desconocido me las mire. -Braulio mire mi coño por favor.

    -Muéstramelo cariño.

    -Me excita mucho que mire mi vagina mojada -abrió totalmente sus piernas -que me la oliera esta mañana me volvió loca. – dirigió su mano mojada por los flujos a la nariz de él y éste la olió excitado – le gusta mi olor?

    -Me encanta su olor.

    Tania se puso de pie y se subió al sofá. Sus piernas abiertas le ofrecían una visión inmejorable de su coño y él lo miraba absorto, ella lo acercaba a su cara y su aroma íntimo embriagaba de placer a aquel hombre. Aquella hermosa vagina casi rozaba su cara, estaban viviendo un momento especialmente intimo que les excitaba mucho. Ella se movía hacia adelante y atrás mirando como ese señor admiraba su coño, sintiendo como olía sus mas íntimos efluvios vaginales. Aquella excitación no le permitía controlar bien la distancia y cuando empujó hacia delante sus caderas sintió el roce de los labios de él sobre su coño. Gimió, gimió mucho al sentir aquel roce y echó sus caderas avergonzada hacia atrás.

    -Perdón, fue sin querer.

    -Eres libre cariño, recuérdalo.

    Y Tania volvió a adelantar sus caderas y volvió a sentir el roce de los labios de Braulio en su coño y se apartaba y volvía a acercarlo. Ambos deseaban que sucediera y cuando ella acercó por enésima vez su coño a la cara de él para sentir el roce de sus labios se estremeció al sentir que esta vez no fueron sus labios los que la rozaban sino que era la lengua. Gimió al notar como esa lengua cálida y húmeda esperaba ansiosa por aquel contacto y volvió a adelantar sus caderas, pero esta vez no solo no se apartó sino que se quedó quieta. Y se volvió loca de estar sintiendo como su vecino le estaba lamiendo el coño. Braulio, su vecino al que tanto admiraba le estaba saboreando la vagina y ella lo miraba. Lo veía saborear como si fuera la mas dulce de las tartas, una tarta de fresa, rosada como su coño. El sentido del gusto. Aquella lengua le daba un placer inexplicable, un placer que la hacía gemir, gemir muy alto. Un placer que le hacía acariciar la cabeza de ese hombre y empujarlo contra ella. En ese momento deseó tener aquella boca entre sus piernas durante el resto de su vida. Tenia un orgasmo tras otro, encadenados, y la vergüenza de sentir como su vagina expulsaba pequeños chorros se disipaba al ver como ese hombre los recibía con gusto pues gemía cada vez que salían. Braulio se estaba masturbando mientras le comía el coño. Porque aquello ya no era lamer, era lamer, besar, morder, chupar. Y Tania jamás había sentido eso y un estallido de placer que le nubló la vista se apoderó de su cuerpo y Braulio la tuvo que sostener para que no se cayera. La tuvo que coger en brazos y llevarla a la cama. Y la tuvo que volver a comer el coño de nuevo, y él era feliz de hacerlo, ante las súplicas de aquella joven de que se lo volviera a hacer.

    Esta vez si se abrazaron cuando Tania sintió un nuevo orgasmo. Cuando estuvo recuperada y dejó de temblar decidieron que sería mejor que se fuera a casa, ya era tarde.

    -Mañana no quiero ir a caminar.

    -No quieres? -A Braulio le sorprendió eso que le había dicho -Estás bien?

    -Claro tonto, estoy muy bien.

    -Entonces?

    -Quiero venir directamente a su casa. Puedo?

    -Me habías asustado pero si no quisieras quedar lo entendería. -se quedó aliviado de saber que Tania quería volver a su casa.

    -Si que quiero, me ha gustado descubrir el sentido del gusto con usted – se ruborizó al decirlo -y mañana podíamos seguir. Quiere?

    -Tu eres la que decides. Para mi será un placer.

    -Mañana… -la vergüenza le hizo acercarse al oído de él para decirlo -Mañana si quiere desayunará coño.

    -Me encantará desayunar ese manjar tan dulce.

    Cuando llegó a casa vio que Rodrigo ya había llegado, al entrar en casa él se fijó que llevaba los apuntes en la mano.

    -Hola cielo -le mostró los apuntes -He ido a casa de nuestro vecino. Había una cosa que no entendía y me acordé lo que me dijiste de pedirle ayuda y fui a preguntarle.

    -Y que tal? -se acercó a ella para besarla como siempre hacia al llegar a casa -Te sirvió de ayuda?

    -Si amor. Ha sido muy amable y me ayudó mucho. Y tu que tal el día?

    -Hoy ha sido agotador. Te iba a decir si no te importa que me acueste ya.

    -Claro que no cielo. Yo me daré una ducha y veré la tele un rato.

    La verdad que esa noche agradecía que su marido estuviese cansado. Aun tenía la sensación de la boca de su vecino en su coño y deseaba mantenerla el máximo tiempo posible.

    Estuvo viendo la televisión un rato aunque apenas podía concentrarse en lo que había en la pantalla pues su cabeza estaba en lo sucedido detrás de esa pared donde estaba la televisión. En su casa era una vida perfecta, amor como nunca se había imaginado, sexo con su marido que los dos disfrutaban mucho, era muy feliz. Detrás de esa pared, la casa en la que se sentía libre para vivir su sexualidad, quizás en ese momento su vecino también estaba viendo la televisión. Miró su sofá, allí era su lugar donde tranquilos se abrazaban Rodrigo y ella y veían películas juntos. Detrás de esa pared, el sofá de Braulio, allí donde se había masturbado, donde sentada le había mostrado su vagina desnuda a ese señor, en ese sofá lo había abrazado por primera vez. Se sonrojó al recordar que hacia escasamente una hora, en aquel sofá, su vecino le había comido el coño y lo había disfrutado muchísimo.

    Se acostó aún con la sensación de la lengua de Braulio lamiendo cada pliegue de su vagina. Se durmió excitada deseando que fuera ya la mañana siguiente.

  • Un castigo ejemplar

    Un castigo ejemplar

    Era un viernes normal. Un viernes cualquiera de primavera. Pero estábamos llegando al fin de semana, y ese en concreto lo teníamos para nosotros. Sin planes ni interrupciones por delante, la vibración de mi smartwatch acudió puntual a su cita a las 6:30 de la mañana.

    Hice lo que Ella me ordenó hace meses, y que hace que cada día sea maravilloso desde que comienza. Silenciosamente salí por mi lado de la cama, y medio dormido fui al baño. Hice pis sentado (otra de las rutinas que Ella estableció casi al principio), me lavé la cara y las manos, y cuidadosamente deshice la cama por los pies, para poder meterme bajo las sábanas y lamer sus bonitos pies.

    Estuve un buen rato, como cada mañana desde que vivimos juntos, dedicándome con esmero a sus pies. Dedo a dedo pasaba mi lengua por ellos, los lamía, los chupaba y a medida que irremediablemente iba excitándome iba metiendo su pie entero en mi boca, metiéndolos hasta la campanilla.

    Después de diez minutos, fui subiendo por sus piernas, y en ese momento cambiaste tu postura y te pusiste boca arriba. Lo identifiqué como una señal de que podía dedicarme a tu coño, pero como siempre hago, comencé a lamer tu culote de encaje. Notaba mi lengua rozándose contra el tejido de encaje y estaba deseando alguna señal, pero después de cinco minutos sin parar de lamer y notar tu humedad y tu sabor en mi lengua, nada ocurría.

    Y de pronto, tú misma retiraste la tela del culote, y con ambas manos apretaste mi cabeza contra ti. Mi lengua luchaba por seguir lamiendo y dándote placer, a la vez que mi cerebro buscaba la forma de conseguir oxígeno para poder respirar. Pero el deseo le pudo a la razón, y haciendo un esfuerzo, seguí lamiendo como si se fuera a acabar el mundo, pero cuanto más disfrutabas, más fuerte apretabas tus piernas alrededor de mi cuello (y más me costaba respirar).

    Empezaste a mover tus caderas y a follarte contra mi lengua y mi nariz con movimientos rápidos e intensos, pero eso me dio opción a respirar para seguir con más intensidad por mi parte. Entonces te escuché decir que querías mi lengua muy dentro de ti, y busqué dentro de tu coño con avidez, mientras con mis manos se echaban a un lado, para agarrarte firmemente las caderas y empujar con fuerza dentro de ti.

    Fue así como sentí tu orgasmo. No solo por tus gemidos, que iban subiendo de volumen y de frecuencia. Tampoco fue por la forma que te follabas contra mí, o la fuerza de tus piernas sobre mi cuello. Lo sé porque de pronto sentí que mi cara recibía todo tu placer mientras tu cuerpo se contorneaba y se ponía rígido de placer, disfrutando de ese orgasmo mañanero con el que te despierto cada día desde que vivimos juntos.

    Después comenzó otra de mis rutinas. Cada vez que se corre, he de limpiar bien su coño, sus piernas, las sábanas… todo lo que manche, he de limpiarlo con la lengua dándole las gracias por permitirme hacerlo. Cuando quedó todo limpio, me agarró del pelo y me dio un bofetón mientras me decía:

    “Vete a preparar el desayuno, puta. Y recuerda que sigo enfadada contigo, y este fin de semana tendrás el castigo que llevo una semana pensando”.

    Bajé la mirada y sentí el peso de las consecuencias de mis actos. Unas semanas atrás, hablando de cómo darle placer, cometí el error de decirle que seguro que otros hombres mejor dotados que yo le darían más placer, porque era un tema físico. Inmediatamente después de que saliera la última palabra de mi boca, me arrepentí… pero sentí de golpe que era demasiado tarde. Me miraste y me dijiste:

    “Pedro, te he dicho mil veces que te quiero a ti, y que disfruto contigo y con tu pollita. No valoro el tamaño tanto como crees, pero ya que tú sí, recibirás un castigo que no olvidarás fácilmente”.

    Pensaba que se te había olvidado, o que quizás me habías levantado el castigo, porque estuve muy pendiente durante las siguientes semanas, pero después de tanto tiempo, debería saber que nunca se te olvidan las cosas. Simplemente las dejas reposar, y aparecen cuando menos lo espero.

    Preparé el desayuno apesadumbrado, porque no tenía ni idea del castigo. No soy un sumiso que busque ser castigado. Odio decepcionarla, y aquel día sentí la decepción en su mirada y en su ánimo… y ahora vendrían las consecuencias. La llamé para que bajara a desayunar. Me senté a su lado tratando de darle normalidad al día, pero pronto me dejaste ver que no sería un día normal.

    “Al suelo, puta. Hoy no vas a desayunar a mi lado, sino a mis pies”.

    Arrojaste mi café en un bol de perro con mi nombre, rompiste la tostada de pan en pedacitos que también metiste en el bol, y después de atarme las manos a la espalda con una brida, metiste tus pies en el bol y me dijiste que podía empezar a desayunar cuando quisiera. Bebía el café como las perras, con la lengua… y tenía que meter media cara en el café para poder coger los trozos de pan. Tú te encargabas de apoyar tu pie sobre mi cabeza para hundírmela más en el bol cada dos por tres, mientras te reías de lo patética que estaba y de lo sucio que estaba dejando el suelo.

    “Cuanto más manches el suelo, más vas a tener que limpiar con la lengua y más vas a tardar en ponerte a trabajar, perra”.

    Después de un buen rato, conseguí ducharme, y al ir a elegir la ropa, vi que la habías elegido por mí, como muchos días. Al ser un viernes, sabes que trabajo en casa, y habías aprovechado la oportunidad para seguir apretando un poco más.

    Tienes acceso a mi agenda laboral, y habías visto que tenía por delante un viernes sin reuniones, con lo que inmediatamente entendí lo que vi encima de la cama. Un vestido verde suelto, un tanga negro de encaje, medias con liguero también negras y un sujetador a juego. Y mis zapatos negros de tacón (talla 46). Me quedé mirando la ropa y emití un suspiro en el mismo instante en el que entrabas en la habitación.

    “¿No te gusta la ropa que he preparado para ti, mi amor?

    “Sí, Ama. Claro que me gusta… estaba pensando en la casualidad de que me vistas de mujer justo el día que no tengo reuniones”.

    Mirándome fijamente, y sonriendo me dijiste:

    “Será una serendipia. Procura tener cuidado hoy y no usar nuestra palabra de seguridad salvo que sea estrictamente necesario, o las cosas se pondrán peor para ti”.

    Contesté con un hondo: “Sí, Ama”, mientras notaba como un torrente de calor inundaba mi cuerpo. Lo tenías todo pensado. El tono de tu voz y la intensidad de tu mirada, reflejaban en mi mente la señal de peligro, así que me vestí con la ropa elegida y me puse a trabajar. O mejor dicho, me senté en la silla a intentar trabajar, porque estaba excitado y no dejaba de pensar qué sería lo que habías preparado para ese día en el que recibiría el castigo por mi constante inseguridad.

    La mañana se me hizo eterna. Además, el hecho de que Ella teletrabajara, no me lo ponía fácil. Sentí que levantabas entre los dos un muro de silencio y de frialdad muy poco común en nuestro día a día, lleno de sonrisa, complicidad y bromas. Pero estabas sembrando las semillas del castigo, y por la intensidad que sentí en todo lo que sucedió esa mañana, notaba que no tardaría mucho en descubrir de lo que se trataba.

    A la hora de comer, te acercaste a mi escritorio para comprobar que estaba guardando el portátil y el cuaderno electrónico en la mochila, con lo que de algún modo, daba por terminada la semana laboral. Te miré y me acerqué subido en mis tacones, con el vestido verde y demás vestimenta. Quería darte un beso, pero retiraste la cara y en vez de un beso me llevé una sonora bofetada que no esperaba.

    Te miré sorprendido, y sin solución de continuidad, me escupiste en la cara para volver a darme otra bofetada aún más fuerte que la anterior, y me dijiste con cierta solemnidad:

    “Hoy no te vas a divertir, Pedro. Quiero que te quede claro desde ahora, porque necesito que estés preparado para lo que viene. Necesito que te quites de la cabeza esa ridícula idea de que tu pollita no es capaz de satisfacerme como deseo. ¿Lo entiendes? ¿Estás listo?”.

    Contesté que sí lo estaba, y bajé la mirada. Sentí fuego subir desde mi estómago hasta mi cabeza. Un punto de vergüenza, de humillación… y cierta excitación que empujaba mi pequeña polla por fuera del tanga y que se hacía sentir en la silueta de mi vestido. Al darte cuenta, no pudiste evitar sonreír y decirme:

    “Pero qué puta eres, cariño”.

    Solo esa frase, rebajó la tensión y frialdad por un segundo, pero inmediatamente después me dijiste que fuera a la cocina a preparar la comida y que te la sirviera en el salón. También me dijiste que habías dejado pan y agua en mi bol preparada, así que ya habías cumplido, y con cierto tono de sorna, comentaste:

    ¿Ves qué bonito, mi amor? Yo te preparo la comida, y tú me la preparas a mí”.

    Bajando la mirada, me dirigí a la cocina y tras 45 minutos, te preparé la comida y la llevé al salón, donde encontré el bol con el agua y el pan justo a tus pies. Mientras comías, me arrodillé y comí del bol. La segunda vez del día, pensé…

    Cuando terminaste te levantaste de la mesa y fuiste directo al sofá mientras yo recogía la cocina y el salón. Al terminar me acerqué a ti y te pregunté si necesitabas algo, a lo que respondiste que necesitabas que no cometa más errores y que esperabas que la lección de hoy me ayudara a no volver a dudar de mí.

    Sin saber qué hacer, y empujado por tu indiferencia, me senté en el suelo, cerca de ti, con la esperanza de algún gesto o caricia que nunca llegó. Cambiaba el canal de la televisión sin poder concentrarme en nada, mientras escuchaba tus dedos deslizarse rápido por el teclado. Imaginaba que estarías hablando con alguno de los juguetes con los que a veces disfrutábamos juntos, pero preferí no preguntar y tragarme mis dudas, no sin esfuerzo.

    Entre el cansancio de la semana y tu indiferencia, me entró sueño y me quedé dormido en la alfombra del sofá. Debió ser una siesta de media hora, pero al despertar, tú no estabas allí. Eran las siete de la tarde, y en tu sitio, había un papel escrito de tu puño y letra que decía lo siguiente:

    Pedro, me he ido de compras y volveré a las 9. Quiero que recojas la casa en cuanto leas esta nota. Después te duchas y te pones la ropa interior roja de encaje que compramos en Málaga (está encima de la cama) y los zapatos de tacón rojos. También quiero que te metas a Pepe (el nombre que le habíamos dado al plug grande) y que estés pendiente del timbre de casa. A las 8 llegarán Javier, Olibert, Pulevi y Miguel. A algunos ya les conoces bien porque hemos jugado con ellos, así que les abres vestido únicamente con la ropa interior y los tacones, les das algo de beber y les explicas lo que verás la nota que está en la habitación, junto a tu ropa interior y que podrás leer cuando te hayas duchado y vestido”.

    No pude evitar una mezcla de humillación y excitación. ¿Para qué había juntado a cuatro juguetes en casa? Siempre me ha dicho que no le gusta jugar más que con uno, porque es un estrés, y porque la humillación y el dolor que me puede provocar con uno puede ser igual o mayor que la de dos o más… pero, ¿para qué había convocado a los cuatro el mismo día y a la misma hora? Imaginé que quizás no era cierto lo de que estabas de compras, y que vendrías con algunas conocidas Amas… pero mi ansiedad hizo que dejara de lado lo de arreglar la casa y me dirigí a nuestra habitación.

    Nada más ser captado por la cámara que tenemos allí, sonó mi móvil. Eras tú, que con voz bastante seca me dijiste:

    “Veo que ya te has despertado de la siesta, pero en la cámara del salón también veo que hay cosas desordenadas. ¿Acaso ibas a ducharte ya, bonita? ¿O no has podido resistirte a leer lo que te dejé en la segunda nota? Sabes que controlo tus movimientos con las cámaras, así que no estropees más la cosas y hazlo todo tal y como te he indicado. Tómate esta llamada como mi último aviso cordial del día, y obedece como sabes hacer, por favor”.

    Soy idiota, pensé. Sé de sobra que eres una obsesa del control y que toda la casa está llena de cámaras y sensores de presencia conectados a tu móvil, pero me ha podido la ansiedad. No he visto la nota y además no he cumplido las órdenes que me has dado, en un día que pinta difícil.

    Me concentré en seguir tus instrucciones al pie de la letra. Arreglé toda la casa dejándola perfecta. Incluso encendí el incienso olor a lavanda que tanto te gusta, y cuando lo tuve todo listo, entonces me dirigí a la habitación y me metí en la ducha sin leer la nota.

    Al salir de la ducha, me puse las braguitas rojas, el sujetador rojo y los tacones de 11 cm (igual que mi pollita, sueles decir). Busqué a Pepe en el baúl de los juguetes y con ayuda de algo de lubricante, lo deslicé dentro de mi culo. Solo entonces me senté en la cama para leer la nota, que decía lo siguiente:

    Hola otra vez, bonita. Imagino que estarás limpita, vestida con la ropa interior roja y los tacones a juego y con el plug dentro de ti. Lee con atención esto, y recuerda que te quiero muchísimo, y que eres lo más importante de mi vida. Pero también recuerda que lo cortés, no quita lo valiente… y que hace unos días me has decepcionado en algo en lo que llevamos trabajando meses, así que me toca hacértelo entender de otro modo.

    Hoy me voy a follar a los cuatro juguetes. Uno tras otro. Dices que no eres capaz de hacerme disfrutar con tu pollita, ¿no? Bien. Pues hoy vas a sentir lo que disfruto con cuatro pollas de verdad. Y digo sentir porque no vas a ver nada. Cuando entre en casa, lo primero que haré es bloquear el acceso de tus ojos de la máscara de cuero que has de ponerte antes de abrirles la puerta, como haces siempre que tenemos invitados.

    También quiero que sepas que no será un día de juegos como otros que hemos tenido, ya que no vas a participar más que para dos cosas:

    Tú serás quién prepares las pollas de mis juguetes. Primero con la mano y después con la boca. Tú serás quién les ponga el condón y les dirija sus pollas a mí. Y cuando lo hayas hecho con el primero, que será Javier, quiero que te coloques cerca de mí, con la cabeza en el suelo para escuchar como gimo, como chocan sus huevos contra mí, y como se corren mientras tú no podrás levantar la frente del suelo. Harás lo mismo con los demás, cuando te lo indique y en el orden que te vaya diciendo.

    Te avisaré cuando me haya corrido cada vez para que vengas a limpiarlo todo, o le pediré a algún juguete que te guíe mientras te diriges de rodillas a limpiar mi coño, mis piernas… todo lo que haya mojado con cada una de mis corridas (sabes cómo funciona porque lo haces cada día).

    Cuando yo decida que todo ha terminado, liberaré el acceso a tus ojos de la máscara, acompañarás a nuestros juguetes a la puerta y vienes a mi lado. Eso es todo, mi amor.

    Te quiero muchísimo,

    Lai.

    Después de leer la nota solo puedo apretar la mandíbula. Me siento mareado, pero sé que de nada sirven mis lamentos, y después de mirar el reloj, decido aprovechar los veinte minutos que me quedan para prepararme mentalmente, y también para colocar la máscara de cuero negro con compartimentos, cerca de la entrada, para recibir adecuadamente a tus invitados.

    Miro mi pollita y descubro que estoy dura. Pienso lo puta que soy, y lo difícil que van a ser las próximas horas. Voy al salón vestido como estoy, y cuando me quiero dar cuenta, suena el telefonillo del portal. Respiro profundo, me pongo la máscara y pregunto quién es. Somos nosotros, dice uno de ellos a quién no conozco (imagino que Miguel o Pulevi, porque con Olibert y Javier ya nos hemos visto algunas veces).

    Les abro el portal y espero en la puerta a sentirles en el descansillo. Les abro la puerta y pasan. Nos damos la mano y siento su sorpresa al verme vestido así. Escucho que alguien dice:

    “Este se va a cagar hoy. Pronto empieza”.

    Les acompaño al sofá y les pregunto qué quieren. Risas otra vez. Y Olibert, que es el más mordaz de todos, contesta:

    “Lo que queremos hoy creo que lo sabes bien, ¿no? jajajaja. Yo quiero agua, que quiero estar a tope, sobre todo después de que tu Ama nos haya exigido estar cuatro días sin corrernos”.

    Les pregunto a los demás y les sirvo lo que me han pedido. Me siento a su lado y les pido que por favor te traten con respeto y cuidado. Una cosa es que desee humillarme con vosotros y otra muy distinta es que cualquiera de vosotros vaya a faltarle al respeto, les digo. También les indico cómo te gusta que te follen, cómo te gusta que te acaricien, y algunas reglas básicas que siempre hablamos con los juguetes. No habrá besos, mi pollita no la toca nadie que no sea mi Ama, y por supuesto, siempre con condón (mientras les señalo una pecera pequeña llena de condones).

    Apenas he terminado de hablar, cuando siento que se abre la puerta. Suspiro al verte llegar. Leggins de látex, zapatos de tacón fino negros y un top que destaca tu figura. Vienes perfectamente pintada y vestida, y sin mediar palabra, y antes de saludar a nadie, te acercas a mí y cierras la cremallera que la máscara tiene a la altura de mis ojos, con lo que desde ese instante, estoy sumido en una completa oscuridad. Me das un azote en el culo y me dices que estoy preciosa, mientras le preguntas a tus juguetes qué les parece a ellos.

    Algunos comentarios jocosos sobre el tamaño de mi polla, sobre lo bien que combinan los pelos de mis piernas con el rojo de la lencería y poco más. Sigo de pie y escucho cómo Javier te dice lo guapa que estás, y las ganas que tiene de follarte, y por primera vez, siento como aprieto la mandíbula mientras pienso: “Mejor relájate, porque esto se va a hacer largo”.

    Siento ruidos que no consigo identificar, pero mi imaginación me está jugando malas pasadas. Imagino que están todos desnudándose, pero me calmo un poco cuando te escucho decir:

    “Chicos, no quiero más que una polla cada vez, salvo que lo indique de otro modo. Os lo dije por separado en Skype, pero os lo digo ahora. No soy una actriz porno. Quiero humillar a Pedro follando con vosotros, y quiero acabar agotada, así que no tengáis prisa. Las reglas son sencillas. Cuando esté con cualquiera de vosotros, el resto se queda en el sofá. Ni me toca a mí, ni toca a mi puta. Hoy no habrá ninguna interacción con él. Cuando yo le diga os preparará con mano y boca, aunque también lo haré yo si me apetece. Os pondrá el condón y se quedará con la frente en el suelo muy cerca de nosotros escuchando cómo disfruto y me corro las veces que quiera. Cada vez que me corra os apartáis y le indicáis dónde están mis piernas, para que lo limpie todo con la lengua. Si no os habéis corrido y me apetece seguir, seguiremos follando hasta que os corráis. Cuando termine uno, yo pasaré a por el siguiente mientras Pedro se queda aquí quietecito. ¿Está claro?”.

    Todos contestan que sí y de pronto noto que colocas la correa alrededor de mi cuello y me dices:

    “¿Nos acompañas a Javier y a mí a la habitación, preciosa?

    Camino a cuatro patas con la ropa interior y los tacones, mientras en el salón escucho risitas y siento cómo te diriges a nuestra habitación, decidida al sentir la firmeza de tus tacones golpeando el parqué.

    Al llegar allí me indicas que ayude a desnudarse a Javier, y lo hago sin rechistar, aunque algo torpe por no ver absolutamente nada. El cuerpo de Javier es fibrado y musculoso, y tiene una polla enorme que sé que en unos minutos estará dentro de ti, lo que hace que un calambre de calor recorra mi cuerpo.

    Una vez desnudo empiezo a escuchar ruiditos, gemidos, comentarios por tu parte del tipo:

    “¿Tenías ganas de verme, no?” o un “Mira lo mojada que estoy… llevo pensando en esta tarde desde que me desperté”

    Escucho tus gemidos y los de Javier. Estoy convencido de que te está comiendo el coño pero lo confirmo cuando te escucho decir:

    “Javier, si sigues así voy a correrme… pero no pares, quiero hacerlo antes de sentir tu polla dentro de mí”.

    Estoy duro. Noto como mi pollita lucha por salir del tanga, y siento mi humedad mientras siento cómo gimes, cada vez más alto, cada vez más intenso y cada vez con más frecuencia. Y me doy cuenta perfectamente de que estás a punto de correrte cuando siento tu orgasmo… es intenso y violento. Me doy cuenta de que esto no ha hecho sino comenzar y, mientras pienso en eso, noto un tirón en la correa que me dirige a tu coño. Limpio concienzudamente sin acariciar. Me lo has dejado muy claro. Limpiar es limpiar. Cuando termino, me dices que le ponga el condón a Javier con la mano. Tiene una polla tan grande que me cuesta ponerle el condón con la boca, y lo sé porque la primera vez que lo intenté no pude hacerlo. Después de ponerle el condón y sentir semejante pollón, escucho que le dices a Javier que se tumbe, que quieres cabalgarle.

    Escucho tu gemido al sentarte sobre la polla de Javier y coloco mi cabeza frente en el suelo, cerca de ti. Todos son gemidos, y a los cinco minutos, vuelve a ser todo tan intenso que creo que os vais a correr ambos. Pero no. Eres tú la que te corres, y al rato vuelvo a sentir la tensión del collar tirando de mí. Repito el ejercicio y te limpio con la lengua de forma escrupulosa, y suavemente me apartan para, acto seguido, volver a sentir las embestidas de Javier sobre ti.

    Más gemidos, más placer mientras el olor a sexo se instala en mi cabeza.

    Pasa un tiempo indeterminado y siento que otra vez estás cerca de correrte. Recuerdo esa mañana de un mes de enero en la que te corriste 26 veces en menos de 4 horas y pienso que me espera una tarde/noche larga. Efectivamente identifico el ritmo de tus gemidos y la intensidad de los mismos y pienso que otro orgasmo está muy cerca. Y apenas ha cruzado ese pensamiento en mi cabeza, oigo que le dices a Javier que se corra contigo. Escucho sus embestidas claramente a un ritmo frenético e imagino que habréis cambiado de postura, y de pronto dice:

    Me voy a correr. Eres increíble… ohhh”.

    Y sus gemidos y gritos guturales son ahogados por tu orgasmo. Súper intenso… gritas muchísimo y pienso que lo haces para darme una lección. Y de pronto. Silencio. Pausa. Respiración agitada por vuestro lado y los latidos de mi corazón y el sonido de mis mandíbulas apretando mis dientes, cuando vuelvo a sentir tensión en la correa, y sé qué tengo que hacer. Torpemente subo a la cama y, siguiendo la dirección de la correa, llego a tu coño, para volver a limpiarlo, pero en un momento dado noto que Javier me aparta la cabeza y mete algo en mi boca. Es el condón con el que acaba de follarte, con un nudo para impedir que su leche inunde mi boca. Inmediatamente después de que lo haya dejado ahí, sigo lamiendo con esmero hasta que noto que te apartas un poco y me dices que vuelva a mi posición.

    Noto que vas con Javier al salón, que hablas con el resto y comentan entre risas el polvazo que habéis echado, por el volumen de los gemidos… y al cabo de un buen rato (lo sé porque me duelen las rodillas) siento que vuelves a la habitación con otro juguete.

    No hay instrucción ninguna. Pero al rato siento ruido de ropa caer al suelo y la voz de Pulevi (creo). Comentas algo de su polla y de pronto noto un gemido de hombre y una voz sorda diciendo:

    “Joder… cómo la chupas… me estás poniendo a 100 incluso con el condón puesto”.

    Me quedo en mi posición y escucho tus palabras, comentando cómo pasas tu lengua por su glande, lo buena polla que tiene… y de pronto escucho esos sonidos de arcadas tan propios de una buena mamada. No pasa ni un minuto cuando vuelvo a notar la tensión de la correa, y casi sin darme cuenta noto que una mano empuja mi cabeza hacia una polla, que se cuela hasta lo más profundo de mi garganta. Comienzo a comer la polla como a ti te gusta que haga. Siempre me dices que no te haga quedar mal, así que me esmero en dedicarle a tu juguete una mamada antológica.

    Me duele que no me hayas dedicado la palabra todavía. Siento tu indiferencia hacia mí mezclándose con el placer que te provocan tus juguetes y cuando estoy pensando en eso, escucho a Pulevi decir:

    “Joder, qué puta es tu sumiso. La chupa mejor que muchas tías. Si sigue así, voy a correrme”.

    Y escucho cómo te ríes. Esa risa pura y auténtica que tan bien conozco y que me hace romperme de dolor al escuchar:

    “¿No prefieres follarme a mí, guapo”?

    Y alguien me pone la mano en su polla, para dirigirla hacia tu coño, tan solo siguiendo la dirección de la correa y cuando siento tu gemido, noto que empiezas a follártelo y me retiro al lado de la cama, pegando la frente al suelo.

    Se repite el proceso. Sé que lo estás haciendo a posta, porque sé que puedes controlar tus orgasmos perfectamente. Puedes decidir tener dos seguidos, tener cinco orgasmos en cinco minutos o uno en veinte. Pero sé que hoy va a ser un día en el que te vas a correr muchas veces por el placer que eso te da y el incentivo de mi humillación por no poder verte y encima por limpiar “lo que otros han provocado”, como dices muchas veces.

    Efectivamente te corres en cinco minutos y vuelvo a sentir la correa tirar de mí y repito la operación, pero cuando estoy limpiando con mi lengua tu clítoris, tu culo, tus piernas… siento que me agarran por la cintura y después de quitarme el plug, siento que una polla empuja contra mi culo. Recordando tu orden inicial, intento apartarme, pero recibo un buen tortazo en la cara, sin una sola palabra. En ese momento sé que las instrucciones han cambiado, y recuerdo que Pulevi declaró ser bisexual, así que sigo limpiando tu coño mientras siento cómo su polla entra en mí y comienza a follarme.

    Mientras Pulevi me folla, noto que tu mano me aparta la cara de tu entrepierna, e instantáneamente me doy cuenta de que te estás masturbando a escasos centímetros de mi cara. Tus manos se mueven cada vez más rápido, y escucho la humedad de tu coño responder al movimiento de tus dedos. Noto como entran y salen de ti, mientras la polla de tu juguete hace lo mismo en mi culo… hasta que vuelves a correrte casi a la vez que noto que él aumenta sus embestidas y se corre, apoyándose en mi espalda agotado.

    “Has estado genial Pulevi… gracias por la iniciativa”, dices.

    Él te contesta que le ha puesto muy cachondo follarte, pero que al ver mi culo expuesto, no ha podido evitarlo, a lo que tú contestaste con un:

    “Es mi puta, y mi puta está para atenderme a mí y a mis amigos, ¿no?”.

    Y otra vez risas. Te imagino coqueteando con ellos y me duele. Os oigo salir de la habitación, y vuelvo a mi posición.

    Pasa mucho rato y escucho que estáis en el salón charlando. No sé si estás desnuda o vestida, pero me corroe imaginarlo. Es ridículo, porque dos de ellos acaban de follar contigo, y otros dos lo harán en cualquier momento… pero no me gusta imaginarte desnuda mientras ellos disfrutan de ese cuerpo tan bonito y yo, estoy con ropa interior y la cabeza pegada al suelo de nuestra habitación.

    Al rato entra alguien y me deja un bol de agua para beber. O eso creía, pero al meter mi lengua dentro, me doy cuenta de que es pis. Tu pis, claro… pero igualmente bebo ávidamente la mitad de su contenido. Tiras de la argolla del collar fuerte hacia arriba y por primera vez en las horas que llevas en casa, decides hablarme para decirme:

    “Abre la boca, bonita”.

    Acto seguido, me escupes y me das una bofetada con cada mano. Me empujas contra el suelo y tiras fuerte de la correa, de modo que apenas puedo seguirte a cuatro patas. Por los sonidos, imagino que estamos en el salón. Oigo a los demás reírse al verme andar a cuatro patas a toda velocidad detrás de ti. Empujas mi espalda contra el suelo y me coloco boca abajo, como si fuera una piel de oso, pero me dan la vuelta para que quede boca arriba y expuesto.

    Inmediatamente después, siento presión sobre mi pecho. Conozco perfectamente ese peso, y sé que eres tú. Intento acariciarte el pecho con mis manos, pero entonces, violentamente cambias de posición y me das un bofetón que no espero en absoluto. Me agarras las dos manos y las colocas estiradas por encima de mi cabeza. Noto que me las atas con una brida, con lo que además de no ver, apenas puedo moverme. Pero sí noto que tú lo estás haciendo, y creo intuir lo que vendrá ahora.

    Te colocas de rodillas en el mismo espacio que ocupo yo. Noto tus pies y manos moverte y no sé muy bien qué está pasando… hasta que escucho tu gemido a la altura de mis pies, y el sonido de una polla entrando y saliendo de ti, muy cerca de mi cara. Vale, ya lo entiendo. Quieres que sienta de cerca cómo otro te folla… mientras tú, ni siquiera me tocas… pero estoy escuchando tus gemidos y también los golpes de los huevos de uno de los juguetes, golpeando en tus nalgas, mientras estás a cuatro patas.

    Al rato noto que me aprietas los huevos. O imagino que eres tú, porque soy consciente de que te quedan muy a mano. Poco después siento que el movimiento de vuestros dos cuerpos se intensifica y vuelves a correrte. Y esta vez, el servicio de limpieza es “self-service”, ya que noto como tu coño se coloca en mi cara, así que, sin moverme de posición, me dedico a lamerte, a lamer tus piernas, tu coño y tu culo.

    Siento que te mueves y me quedo así. Entonces, te escucho decir.

    “Ven Miguel… quiero que me folles el culo, que mi puta me lo acaba de dejar perfecto” ¿Quieres?

    Obviamente, tu juguete responde con un escueto: “Sí, Señora, me encantará”.

    Y entonces, sin darme cuenta y de forma impulsiva, digo:

    “Despacio al principio, por favor”

    Y escucho tu carcajada, pero siento tu indiferencia (aunque sé que te ha gustado mi reacción) cuando le dices a Miguel… fóllame como quieras, pero hazlo ya, que me muero de ganas. Pero cuando siento que se está moviendo hacia ti, te oigo decir:

    “Olibert, ven aquí. Siéntate en el sofá y haz que Pedro te prepare, te ponga el condón y te mantenga duro para mí”.

    Noto que tiran de mi correa y que colocan mis manos al lado de unas piernas de hombre. Sin dudar, busco su polla y noto que está ya bastante empalmado. Mientras le masturbo, escucho que Miguel está disfrutando de tu culo. Oigo las embestidas, pero sobre todo escucho tus gemidos y en un momento dado, te oigo decir:

    “Olibert, que te ponga el condón con la boca. Cuando lo haya hecho dímelo. Quiero follarte sentándome encima de ti mientras Miguel me folla el culo. Quiero dos buenas pollas dentro de mí, y las quiero ya”.

    Me ponen un condón en la mano. Lo abro y lo coloco en la polla de Olibert, mientras con la boca voy bajando hasta dejarlo bien sujeto a la base. Comienzo a comerle la polla, pero me separan rápido de allí y empujan mi cabeza contra el suelo. Entonces noto ruido y risas. Estoy seguro que te estás sentando encima de Olibert porque siento tus gemidos y los suyos, y escucho a Miguel decir que si no paráis es imposible.

    Entonces dejo de sentir ruidos para escuchar un:

    “Joooder, ahhh… sí” Folladme fuerte, juguetitos… quiero un buen fin de fiesta”.

    Los gemidos se intensificaron. Tus gritos son evidentes. Al principio creo que es dolor, pero no. Es placer. Placer verdadero, mezclándose con el placer mental que te da la humillación a la que me estás sometiendo. Escucho gemir a Miguel y a Olibert, pero también estoy escuchando gemir a mi derecha, e imagino que Javier y Pulevi estarán masturbándose con la escena… y no me extraña.

    Cinco minutos después, siento que tu placer no deja de aumentar. Tus gemidos suben de tono, y tu respiración es más intensa… hasta que te corres con un grito que no había escuchado nunca. Creo que uno de ellos se ha corrido también, pero no lo sé con certeza. Lo único que siento es que el collar vuelve a tensarse, y sé que tengo que hacer mi trabajo y volver a limpiar tu corrida. Lo hago encantado mientras escucho que les dices:

    “Por hoy es suficiente, chicos. Vestiros y marcharos. Son las 3 de la mañana y quiero dormir. Ya hablaremos”.

    Te levantas y les acompañas a la puerta. Escucho que se cierra y que te acercas a mí. Retiras la máscara y me besas. Un beso largo, lento, intenso. Un beso que está diciendo que me quieres. Que soy lo más importante de tu vida.

    Entonces, rompo a llorar como un niño pequeño y te pido perdón. Tú me abrazas y me dices:

    “No hay nada que perdonar, mi amor. Pero no quiero que vuelvas a dudar de ti. No quiero tener que hacer esto otra vez. Nunca más. Disfruto contigo, mi amor. Disfruto de ti. Y es a ti a quién quiero. Eres tú el hombre de mi vida. Grábatelo en la cabeciña, por favor”.

    Abrazándote más fuerte, te digo que te quiero, y que me gustaría dormir, pero me dices que no. Antes de nada quieres que te duche despacio y con mimo. Te sientes sucia después de haberte follado a los cuatro juguetes, y quieres acostarte a mi lado habiéndonos duchado los dos. Así que nos metemos en la ducha y te enjabono con mimo mientras te abrazo, te beso y te digo que te quiero, y que he aprendido la lección.

    Salimos de la ducha, te seco suavemente y te acerco la ropa de dormir. Cuando me voy a poner la mía, me dices que no, que yo dormiré desnudo porque quieres disfrutar de la piel de tu hombre pegada a ti.

    Nada más tumbarnos en la cama, nos abrazamos y nos quedamos dormidos casi al instante. Cada uno por una cosa. Tú por estar agotada físicamente, y yo por estar roto mentalmente, pero feliz por ser tuyo. Por estar a tu lado y estar a tus pies. Por saber que pase quién pase por allí, soy yo quien estará siempre a tu lado.

    “Gracias, mi amor”… consigo decir antes de quedarme profundamente dormido.

  • Contrato de trabajo

    Contrato de trabajo

    Contrato individual de trabajo que celebran de una parte Don José A. R., a quien en lo sucesivo se denominará El Amo, y de otra parte Doña Susana G. R., a quien en adelante se denominará La Sumisa, al tenor de las siguientes:

    Declaraciones:

    a) Declara La Sumisa:

    1) Que es mayor de edad, en pleno uso de sus facultades mentales.

    2) Que está dispuesta a ceder, libre y voluntariamente, el uso y disfrute de su cuerpo a la voluntad de El Amo.

    b) Declara El Amo:

    1) Que es mayor de edad, en pleno uso de sus facultades mentales.

    2) Que dispone de un patrimonio suficiente para satisfacer todas las necesidades que pudiera requerir la manutención de La Sumisa.

    3) Que necesita trabajadoras que se ocupen del mantenimiento de su mansión.

    4) Que desea acceso carnal a toda mujer que trabaje en el mantenimiento de su mansión.

    Cláusulas:

    Primera: Este contrato se celebra por tiempo indefinido, pudiendo no obstante ser disuelto en cualquier momento siempre y cuando El Amo considerara unilateralmente que La Sumisa no estuviera satisfaciendo sus obligaciones.

    Segunda: La Sumisa se obliga a mantener una adecuada higiene corporal y a cuidar con diligencia su aspecto físico.

    Tercera: La Sumisa dispondrá de todas las comodidades en sus propias dependencias dentro de la mansión, que incluirán dormitorio, vestidor y cuarto de baño. No obstante, El Amo podrá pernoctar en las dependencias de La Sumisa siempre que lo estime necesario. También podrá en cualquier ocasión requerir que La Sumisa pase la noche en el dormitorio de El Amo

    Cuarta: La Sumisa realizará tareas de limpieza tanto en sus dependencias como en el resto de la mansión.

    Quinta: El Amo tendrá pleno derecho a acariciar, palpar, tocar, pellizcar, lamer y azotar cualquier parte del cuerpo de La Sumisa, en cualquier momento y sin perjuicio de las tareas que en ese momento La Sumisa estuviere realizando. Así mismo, El Amo podrá utilizar cualquier parte de su cuerpo para penetrar a La Sumisa por vía vaginal, oral o anal siempre que lo considere oportuno y durante el tiempo necesario para satisfacer totalmente las necesidades sexuales de El Amo, quien podrá verter su semen sin previo aviso en cualquier parte del cuerpo de La Sumisa.

    Sexta: La Sumisa deberá, siempre que El Amo se lo ordene, realizar todos los actos de naturaleza erótica y/o sexual que le sean requeridos, ya sea con El Amo o con otras trabajadoras del mantenimiento de la mansión, obedeciendo siempre cualquier indicación que reciba aunque le produzca sentimientos de miedo, vergüenza, rechazo o humillación.

    Séptima: La Sumisa renuncia a sus derechos de imagen, pudiendo El Amo por tanto tomar fotos y videos de La Sumisa y lucrarse con la venta de los mismos.

    Octava: El Amo se obliga a proporcionar a La Sumisa toda la ropa necesaria para el desempeño de sus funciones, pero se reserva el derecho a elegir la ropa que deberá llevar La Sumisa en cada momento. La Sumisa dispondrá de un uniforme de criada estándar, pudiendo este uniforme ser sustituido, rebajado o incluso suprimido siempre que El Amo lo considere oportuno.

    Novena: El Amo se obliga a procurar una dieta saludable para La Sumisa, a respetar su integridad física y a costear cualquier gasto sanitario que La Sumisa pudiera generar.

    Décima: La jornada laboral será de lunes a domingo, de 00:00 horas a 24:00 horas.

    ¿Y bien? ¿Firmas?

  • Mi primo me hizo sentir mujer (1)

    Mi primo me hizo sentir mujer (1)

    Este relato es real sucedió cuando tenía 18 años, ahora tengo casi cincuenta años fue en un verano yo había terminado la secundaria, en esos tiempos era un chico inocente en lo sexual no tenía conocimiento de nada en cuestión de sexo, tenía amigos y amigas, pero nunca despertó en mi tener enamorada, había un compañero de clases que siempre buscaba la oportunidad de agarrar mi culo, tienes rico culo, pero yo normal no le hacía caso era el único que me molestó, creo que fue el único que me veía femenina.

    Ese verano llegó de visita del norte de Lima mi primo de 25 años a tramitar unos documentos se quedaría en casa unos días, soy el menor de cinco hermanos y mis papás me dijeron que comparta mi dormitorio con Javier así se llama mi primo, llegó la primera noche yo me acosté primero Javier yo acostumbrado a dormir solamente en trusa por el calor me quedé dormido Javier se quedó conversando con mis hermanos y mis papás, casi a la media noche siento que se mueve la cama Javier se estaba acostando igual que yo sólo en trusa, yo de costado dándole la espalda me dijo duerme no te preocupes y me volví a quedar dormido pero al poco rato siento su cuerpo pegado a mi y su mano agarrando mis nalgas yo sólo abrí mis ojos no me moví un brazo pasó por debajo de mi cabeza abrazándome y su otro brazo acariciando mis nalgas ya me había bajado mi trusa y trataba de meter su dedo en mi culo virgen y me puse boca arriba el me sujeto fuerte y se subió en mi encima.

    Para no decirle nada me besó en la boca metía su lengua dentro de la mía jugaba con mi lengua al principio lo empujaba haciendo resistencia pero el siendo más fuerte que yo me agarró de mis brazos y dejó de besarme me dijo que por favor no iba pasar nada malo yo le creí lo miré y me volvió a besar apasionadamente ese fue el momento que me di cuenta que me estaba gustando lo que me hacía comencé a mover mi lengua me dijo que lo abrace, era algo que nunca había sentido nunca había besado a nadie más aún tocado a alguien, al contrario mi compañero de clases siempre me tocaba mi culo. Vuelvo al relato, le acariciaba su espalda el con su lengua pasaba por mi cuello mis orejas me daban escalofríos mi piel de gallina me trataba como mujercita se sacó la trusa se volvió a echar en mi encima colocando su verga por debajo de mis huevos.

    Sentí su verga enorme llegaba cerca de mi huequito lo hacía rozar su verga ya estaba mojada, con una mano agarraba mi culo y cómo estaba mojado quería meter su dedo pero me dolía mucho yo no me dejaba meter me preguntaba al oído si me gustaba y le decía que si que estaba rico me chupaba mis tetitas yo por dentro imaginaba que era mujer. Me puso de costado y el insistía en meter su dedo le echó saliva y nada de entrar el dedo me puso boca abajo y me puso su lengua en mi culo ahí empezó mi perdición fue lo más rico que había sentido en mi culo metía su lengua lo más que podía, de tanto placer comencé a sentir su dedo cómo se iba deslizando por dentro de mi culo era dolor lo ajusté mi culo porque me dolía mucho después de un ratito empezó a mover lo metía y sacaba al rato sentí que entraban dos dedos le echaba saliva para que no me duela estando dentro sus dedos los giraba para ambos lados que me provocaba dolor y placer.

    La hora había pasado tan rápido que mis hermanos ya se levantaron para ir al trabajo habíamos perdido la noción del tiempo, me puse de costado y él a mi espalda me abrazaba me dio un beso bien apasionado y nos quedamos dormidos bien abrazados. A la mañana antes de levantarnos me acarició y me besó ¡Me gustas este secreto es de los dos me prometes! me dijo… yo lo besé y le prometí ese secreto. Nos levantamos desayunamos me dijo que lo acompañe al centro de Lima lo acompañé ya de regreso me invitó helado me preguntó si le había gustado que le diga la verdad, le conté que nunca había besado a nadie y lo que me había hecho era lo más rico que me había pasado, también le conté que un compañero de clases siempre me agarraba mi culo y que yo no le daba motivos pero él lo hacía, y Javier me dijo seguro lo hacía porque te ha visto que tienes un culo bien rico ¿Quieres ser mi novia? Me preguntó le dije que si me agarró mi mano la acarició me dio vergüenza porque estábamos en un restaurant le dije ¡Ya regreso voy al baño! dentro del baño al orinar me di cuenta que mi pene estaba mojado.

    Me estaba lavando y me agarra mi culo me voltea y me besa apasionadamente yo lo abracé y nos perdimos en un beso bien rico y grande, salimos caminamos por momentos me abrazaba era algo nuevo rico y excitante para mí en el bus de regreso cómo había poca gente de improviso me besaba, regresamos a casa y llegó la noche fuimos juntos a dormir entramos al dormitorio el cerró la puerta me abrazó por detrás besando mi cuello me agarraba mis tetitas sentía su bulto en mis nalgas, se desnudó igual yo, lo abracé lo besaba me hizo bajar hasta su verga la puso en mi boca fue la primera vez que veía una verga de otro hombre era grande y gruesa comencé a lamer la puntita me dijo que abra la boca comenzó a meterla era bien gruesa se me hacía difícil chuparla pero tenía a un maestro que me decía cómo debo hacerlo a los pocos minutos ya entraba hasta la mitad y la disfrutaba chupándola el me agarraba de mi cabeza y me cogia que me hacía dar arcadas de vómito.

    Luego me puso de rodillas al filo de la cama me dijo cómo debo parar mi culo mi cara pegada a la cama y mi culo quedó a su disposición me dijo ¡te voy hacer el beso negro mi amor! Sentí su lengua dentro de mi culo metía sus dedos el dolor era mínimo mi pene botaba un líquido transparente, levantó mi cabeza me besó fuertemente y me dijo ¡Ya no serás mi novia ahora serás mi mujer y yo tu marido! le dije que si pero despacito!!! Volví a parar el culo colocó su enorme en la entrada de mi culito comenzó a empujar me dolía bastante mis piernas comenzaron a temblar cuando sentía la verga en mi culo Javier me hablaba tranquila amor!!! me decía cuando entró la cabeza sentía mi culo bien roto le echó más saliva yo ajustaba y aflojaba ni culo no sabía que hacer Javier me decía que no ajuste y sentí cómo se deslizaba rompiendo mis entrañas parecía que iba a reventar mi culo le decía que ahí nomás.

    Tienes que ser mi mujer por eso tienes que aguantar mi amor!!! y así luego de sentir todo ese dolor llegó el placer cuando comenzó a meter y sacar suavemente agarró mi cabeza para besarme y se dio cuenta que yo estaba llorando me hizo unas caricias que me hizo quedar tranquila ya me sentía mujer luego de un buen rato bombeando mi culo me hizo la pose «cucharita” el me decía el nombre de las poses en cada empujada me hacía parar mi culo la sacó y se la chupé un buen rato y me agarró piernas al hombro en esa pose también me hizo doler por que entra todita la sacaba toda y la volvía a meter sus huevos golpeaban mis nalgas me hacía gemir tenía que gemir despacio ¡Gimes cómo mujercita por eso me gustas más!!! me decía me la clavaba todita yo gemía y el me besaba.

    Me bombeaba mi culo ya era su mujer ahora te vas a sentir una mujercita en todos los sentidos empujó rápido se agitó y sentí su verga que se hinchaba latía fuerte y sentía unos chorros de semen parecía que mi culo iba a explotar los últimos chorros empujaba más fuerte se quedó quieto y su verga comenzó a salir de mi culo cuando salió la cabeza sonó ¡¡plop!!! Me dolió el ya estaba preparado me puso un poco de papel higiénico en mi culo me miró y nos besamos profundamente yo agarré mi pene mojado comenzó a jalármelo me acariciaba chupaba mis tetitas me excitó muchísimo que por primera vez salía leche de mi verga le dije que me sentía la mujer más feliz nos volvimos a besar nos quedamos dormidos, ak levantarnos en la mañana fui al baño me dolía mi culo y salió bastante leche con sangre me había roto mi culo para siempre.

    Estuvo cuatro días más hasta que salieron los documentos que vino hacer, esas cuatro noches fueron de lujuria y placer que me enseñó mi marido, la última noche antes de irse me dejó rendida tres veces me llenó mi culo con su leche pero antes también ya me había hecho tomar su leche Javier me enseñó a conocer el deseo, placer y ser mujer sumisa para mi marido.

    Espero les haya gustado mi historia es real, ahora soy travesti de closet madura y les tengo muchas más historias que relatar luego la segunda parte con Javier.

    Me enamoré de Javier.