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  • Una tarde triste en el cine Venus (final)

    Una tarde triste en el cine Venus (final)

    Así, estando penetrada y dominada por esas manos fuertes que abrían los cachetes de mis nalgas para quedar a merced de todo macho que quisiera cogerme, me sentía extasiada, llena y completamente mujer…

    ¿Te gusta putita? Me decía mi macho mirando mi carita llena de lujuria y placer, una mezcla de dolor y excitación al sentir un macho dentro de mi y escuchar a otro ofrecerme a todos los que faltaban. De pronto mi macho le dijo al que me penetraba «ya amigo que faltan muchos» ¡uff yo me sentí divina! Aquel que me penetraba me dió una leve palmadita en mi nalga agradeciendo mi entrega diciendo «estás deliciosa putita» mi macho lo invitó a pasar adelante, justo frente a mi cara y le dijo que terminara en mis labios mientras me tomaba por la barbilla y me decía «abre tu boquita mi amor, te van a dar leche» sin más abrí mi boca para dar paso a esa rica verga que hace un momento se abría paso por mis adentros, un fuerte sabor a mi culo se percibía, cosa que me puso a mil y comencé a meterla hasta mi garganta para después sacarla y meterla de nuevo de golpe… Momentos después sentí una explosión hermosa de aquel elixir que me encanta, si leche inundaba mi boca, mi lengua percibía aquel sabor a hombre, a macho en celo que me fascina, jugué un poco con el para después trágalo todo, hasta la última gota y limpiar esa hermosa verga…

    Mi macho decía a los demás: «¿quién sigue?»

    Al escuchar sus palabras ya no podía más, tan solo quería que me penetrara el siguiente ya, muy fuerte, estaba desesperada, era una perra en celo dejando entrar a todo aquel que quisiera cogerme. Así, siguieron varios más, guiados por mi macho que se encargaba de abrir mis nalgas para que me destrozaran de placer, todo esto por turnos, nunca dejó que terminaran en mi ano, siempre les daba paso a mi boca para que descargaran su semen espeso y caliente sobre mi lengua, yo gustosa devoraba y saboreaba la leche de todos esos machos calientes que ya me habían cogido uno a uno y gustosos depositaban mi alimento en mi boca, para ese entonces ya muy llena y escurriendo por las comisuras de mis labios, pero insaciable… Siempre pidiendo más.

    Recordé entonces que estaba esperando a mi macho, al que había conocido aquí, en esta página de relatos y que había logrado con palabras sacar a Tania, la más puta, que en ese momento era disfrutada por todos, la que estaba llena de leche por todo su cuerpo, su boca, su garganta, su estómago… La que vestía solo un liguero, medias negras y zapatillas altas para deleite de los caballeros, la puta de todos los que la desearan y ya no me importó encontrarme con él (dicho de paso nunca llegó)

    Así pasó la película en la pantalla y en las butacas estaba yo, plena, satisfecha y llena de semen de no sé cuántos machos que me habían usado esa tarde, me estaba cambiando de nuevo, el macho dominante, el que me ofreció y entregó a todos los demás me pidió que le regalara mi tanga y mis medias, lo hice gustosa, aquellas prendas iban impregnadas de mis olores, mis sabores… Los sabores de Tania, que aún con sus años encima pudo ser de nuevo joven, ardiente y seductora como antes… Muy puta como siempre. Le di mis ropitas a mi macho acompañadas de un largo beso de agradecimiento y se marchó guardándolas en un portafolio que cargaba. Lo vi retirarse, agradeciendo mucho lo que hizo por mí.

    Momentos después de salir del cine recibí un menaje, era él… El mensaje decía: «Estuve afuera esperando salir unas grandes nalgas, pero solo salieron puras nalgas feas… Entre mi pensé no esperaba que saliera a la calle en medias y zapatillas verdad? Así que la decepción fue mayúscula, pero lo vivido cubrió por completo la mala experiencia con este macho, aquel que con palabras revivió a Tania, tan solo para que la disfrutaran otros…

    Caminé por las calles del centro, cansada y un poco adolorida, pero feliz, feliz de haber sido de nuevo Tania… La puta de todos.

    FIN

    Aquí acaba este relato muy reciente caballeros lindos, espero les haya gustado, todas son vivencias reales y me gusta contárselas esperando sus comentarios.

    Les dejo como siempre mi correo esperando sus mensajes [email protected] no olviden que necesito sus mensajes para mantenerme cachonda.

    Besos donde más les guste.

    Tania.

  • El chico nuevo

    El chico nuevo

    Durante mucho tiempo viví enamorada del hermano de mi mejor amiga,  era mayor que yo solamente 3 años, pero él siempre me había visto como una hermana más, el día que me dijo eso sentí como todas mis ilusiones se iban, así que decidí seguir y empezar a disfrutar de la atención que me ponían los demás, cierto día venía de la escuela, honestamente no se porque estudié Ingeniería si no me gustaba, tal vez era porque se me daban bien y había muchos hombres a mi alrededor, no lo pensé muy bien en su momento pero me trataban como a uno más y me protegían cómo si fuera la única en todo el mundo, eso me gustaba.

    Cuando ya iba llegando a mi casa me llegó un mensaje de un número desconocido, pregunté que quién era y resultó ser el chico nuevo que estaba en el otro salón, la verdad no lo ubicaba bien, solo lo ví de lejos en la mañana cuando se le cayeron los libros, fue algo gracioso pero sin importancia, me preguntó que si yo era quien daba la asesoría en diseño de vialidades y pues si, esa mera era yo, se me daba demasiado bien esa clase y pues si podía cobrar por ello pues mejor para mí, me preguntó que si podía darle una asesoría esa misma tarde porque el viernes tenía examen, así que revise mi agenda y era poca mi tarea, así que accedí, las clases las daba en mi casa, era foránea y tenía un buen espacio para trabajar, le mandé la dirección y le dije que lo esperaba a las 7.

    Cuando dieron las 6:50 sonó el timbre del departamento, al abrir la puerta me encontré a un hombre de mediana estatura, pelo negro y desordenado, no era musculoso, estaba más bien medio flaco pero tenía culo, se presentó como Javier «el nuevo», entro a mi departamento y al pasar a mi lado dejo un aroma demasiado perfumado, diablos que bien olía, nos sentamos a trabajar un rato y al ver dónde estaban sus dudas intenté explicarle de forma sencilla, no me había dado cuenta de la forma de sus labios y lo obscuros que eran sus ojos, en cierto momento no me di cuenta de que lo veía demasiado embobada hasta que él me preguntó si tenía algo en la boca, no supe de que forma le conteste que si, que la tenía buena para besar y morder, en cuanto las palabras salieron de mi boca me disculpe y le dije que ya estaba cansada, que no sabía lo que decía, al parecer le hizo gracia porque me dijo que si no quería comprobar si yo tenía razón o no, me quedé con los ojos abiertos y me le acerque hasta poner mis manos en su pecho, él me abrazo por la cintura y con su boca bajo por mi cuello dando pequeños besos, beso mi cien y bajo a mis labios.

    Si, sus labios eran suaves y besaba muy bien, las manos que él había puesto en mi cintura ya estaban bajando a mis nalgas, me las apretó y me acerco a su verga, deje escapar un gemido que él tomo como invitación ya que me jalo al sillón y me sentí arriba de él, mientras nos besábamos metió las manos en mi espalda y desabrochó mi sostén, con sus dedos acariciaba mi espalda, el cabrón sabía lo que hacía con esos dedos, por mis mente paso si sabría usarlos bien en mi clítoris y me reí por estar pensando en eso, a él le pareció extraña mi risa y me preguntó el motivo.

    Honestamente me sentía sin pena así que se lo dije, su respuesta me puso caliente en cuestión de segundo, «puedo usar mi lengua y mis dedos de forma que terminarías en menos de lo que te imaginas» me dio risa y le dije que nadie era tan hábil, debió de tomarlo como reto ya que me hizo levantarme, me bajo el pantalón con todo y bragas, se acostó en el sillón y me hizo sentarme sobre su cara, le dio un poco de risa que ya estuviera un poco mojada, me ah diablos, el chico sabía cómo mover la lengua, y al estar metiendo dos dedos en mi vagina sentí que tendría un orgasmo muy pronto, él debió de notarlo ya que empezó a bajar la intensidad.

    Me enoje un poco por eso, así que me retire un poco y le dije que porqué había parado, «decidí prolongar el sabor» cuando dijo prolongar recordé que había sentido ya su verga dura cuando me abrazo, me estire un poco hacia atrás para rozar por encima de su pantalón, y si, estaba duro y gritando que abriera el pantalón, me di la vuelta ofreciéndole de nuevo mi vagina ya mojada, abrí el cierre de su pantalón y al mover su boxer salió, ay, como me gustaban, con la punta ya mojadita, ni muy grande ni muy chica, era el tamaño perfecto para mi boca, me incline sobre su cuerpo para acercar mi boca a su verga, se sentía ya el sabor salado en su punta, empecé a hacer un poco de círculos con mi lengua, sentí que le gustaba porque apretó mis nalgas y succionó un poco más.

    Esto me tenía demasiado caliente ya, lo que no imaginaba que pasaría era que mientras estábamos en esta posición entraría Daniel, mi mejor amigo, ese amigo al cual le tenía tanta confianza que le había dado llaves del departamento por cualquier emergencia, estaba a punto de pararme y taparme cuando Daniel me dijo «no, así quédate, me gusta la vista y hasta dan ganas de participar» no supe si eso me hizo sentirme asustada o más caliente, lo que se es que le extendí la mano para que se acercará, Javier había dejado un poco de comerme pero siguió después de escucharlo, mientras Daniel se iba acercando fue desabrochando el pantalón que llevaba, al llegar a mi lado ya iba con la verga de fuera, y ya estaba duro, ¿cómo demonios se había puesto tan duro en tan poco tiempo?

    No pensé más en eso y lo metí en boca, la verga de Daniel era más gruesa y más grande, honestamente quería tener ambas vergas en mi vagina y en mi culo, sentía que no iba a durar mucho tiempo más, le hice la seña a Javier que me soltará, cuando me baje y los dejé a los dos ahí al parecer creyeron que me había arrepentido, pero les hice seña que ahí se quedarán, corri a mi cuarto y fui por dos condones y un lubricante, al regresar le di uno a cada uno mientras yo me había empezado a poner lubricante en el culo, mi vagina no lo necesitaba, hice que Javier se levantará y que Daniel se acostará, me monte arriba de Javier y le hice señas a Daniel que a él le tocaba mi culo, obviamente son chicos listos porque ambos lo entendieron porque no tardaron nada en acomodarse.

    Primero sentí una verga grande en mi vagina, y después sentí como Daniel se iba metiendo despacito en mi culo, era una sensación diferente pero muy rica, me empecé a mover con la ayuda de las manos que tenía en las caderas, honestamente no se de quien eran, además estaban presionando mis pezones y sentí como el orgasmo me iba llegando, les pedí que me dieran más fuerte y con tantos empujes mi orgasmo llegó de forma abundante mojandonos a los 3, al parecer eso les gustó ya que después llegó el orgasmo de Daniel y luego el de Javier, me recosté en su pecho y Daniel en mi espalda, el cansancio y la satisfacción llegaron a mi, sentí como mi respiración se iba haciendo más calmada, Daniel mordió mi oreja y pregunto si tenía agua caliente, cuando le conteste que si salió de mi y me hizo salir de Javier, me cargo en brazos y le pregunto a Javier que si no le gustaban las duchas compartidas y pues al parecer si ya que camino detrás de mi.

    Durante el camino al baño Daniel fue tocándome por todo el cuerpo, sus manos eran realmente grandes y tenía una leve aspereza en las palmas, al rozar mi piel sentía esa dureza contra mi suavidad y me gustaba, volteé para atrás a ver si Javier nos seguía, me encontré con sus ojos viéndome fijamente y podía ver el deseo en ellos, eso me hizo sentir la humedad entre mis piernas de nuevo, nunca había estado con dos hombres a la vez, pero al recordar como se sentía el tenerlos a los dos al mismo tiempo dentro de mi, mi mente pensaba que bien podría seguir así toda la vida, y no me refería a la verga de ellos dos, si no solamente a dos vergas, antes de entrar a la ducha Daniel cambio de parecer y empezó a llenar la tina y agrego un poco de sales aromáticas al agua.

    Regrese a la habitación por uno de mis juguetes a prueba de agua, amaba jugar con el, me servía en los momentos en donde necesitaba un desahogo rápido y no había nadie a quien pudiera recurrir, al entrar al baño estaban los dos a un lado de la tina esperándome, Daniel se metió primero y quedándose se pie tomo mi mano para ayudarme a entrar, Javier entro después y se coloco del otro lado, la tina no era muy grande así que ellos quedaban un poco justos, yo quedé sentada arriba de Daniel y podía sentir su miembro duro, creí que seguiríamos cogiendo pero Daniel decidió tomar mi esponja, ponerle un poco de gel de baño y empezar a frotar mis pechos, así que estuvo un buen rato dándoles una limpieza muy profunda a ambos, mis tetas no eran muy grandes pero bien les gustaban, además podía usar blusas con escote y se veían lindas, note como Javier que estaba frente a mi chupaba sus labios al ver el masaje en mis pechos, los tomé entre mis manos y se los ofrecí, sin dudarlo Daniel me tomo de la cintura y me hizo levantarme para que quedara montada sobre Javier, al estar en esa posición mis tetas quedaban cerca de su cara y mi vagina quedaba cerca de su verga, muy cerca.

    Creí que aprovecharía que estábamos así para penetrarme de un empujón, pero no, decidió darles una atención especial a mis dos pechos, me encantaba que me hicieran eso, me empecé a frotar sobre su verga con la esperanza de que con el movimiento «accidentalmente» me la metiera, pero no sucedió, él estaba disfrutando como me retorcía arriba de él, sus manos fueron a mis nalgas, y en un rápido movimiento las abrió y me penetró, la sensación tan abrupta fue algo que no esperaba y un gemido salió de mi garganta, él controlaba mis movimientos ya que me tenía sujeta de forma que me sentía a su disposición, sentí como el agua se movía y al voltear un poco vi a Daniel acercarse por detrás, puso una mano en mi espalda y con la otra empezó a estimular mi culo, debido al episodio en mi sofá mi culo ya estaba preparado así que su dedo solo vino a darme más sensaciones, el movimiento de Javier, su boca en mis tetas, el dedo en mi ano, fue demasiado y con unos pocos empujes más llegue al orgasmo, mientras gritaba y gemía Javier me dio un beso en los labios, me dio pena porque creí que lo había hecho para que no se escucharán mis gritos, tape mi boca con mi mano y me sonroje, les pedí disculpas porque no era mi intención ser así de gritona, ambos rieron y Daniel que estaba detrás de mi saco su dedo y se acercó a besar mi cuello y mi oreja.

    Me dijo que mis gritos eran musica para sus oídos, Javier me tomo de la cintura y me regreso así de espaldas a Daniel, no se si sentirme ofendida o excitada de que me tratarán de esa forma, me sentía una muñeca con la cual podían hacer lo que quisieran, Daniel me acomodo para penetrarme por el culo poco a poco, creí que dolería o sentiría incomodidad pero no, en verdad estaba lista para recibirlos en cualquier lado, no me fijé en que momento había agarrado mi vibrador, pero lo puso en mi clítoris mientras él me penetraba por detrás, sentía cada embestida que me daba y sentía como el vibrar del juguete empezaban a provocar otro orgasmo en mi.

    Daniel apretó mis caderas y lo sentí como se puso tenso cuando tuvo su orgasmo, a mí me faltaba poco para llegar, solo un poco, Javier le pidió a Daniel que me levantará de las caderas, fue un movimiento tan rápido que en el mismo instante que me levanto empecé a sentir como iban teniendo ese dulce orgasmo que venía surgiendo, Javier me tomo por debajo de las nalgas y pego su cara a mi clítoris, así que todos mis jugos fueron a dar a su boca, esa imagen fue muy excitante, en verdad me puso demasiado caliente ver como chupaba esa parte de mi, después de recuperar un poco el aire me senté un poco y me incline para darle un beso a cada uno, hice que Javier se subiera y se quedará sentado a la parte que parecía un escalón donde estaba recargada la tina me hinque frente a él y volteé a ver a Daniel, acaricie mis nalgas y le hice la invitación a cogerme.

    Él se puso detrás de mi y sentí como fue tomando poco a poco mi vagina, yo me acerque a Javier y empecé a chupar su verga, usando mi lengua en su punta, notaba mi sabor un poco y empecé a comerlo y usar mis manos, una lo sostenía y la otra jugaba con sus bolas, al parecer le gustaba porque tenía sus manos en mi cabello y me presionaba para entrar más a fondo en mi garganta, lo hacia así durante un tiempo y después lo sacaba para usar mi lengua de arriba a abajo en cada parte de su rico pene, en cierto momento estábamos conectados los tres, Daniel cogiéndome por detrás, y yo con la verga de Javier en mi boca, sentí que estaba por terminar porque empezó a presionar más mi cabeza y a respirar más agitadamente, también Daniel estaba cerca ya que sus movimientos eran más rápidos, con una mano tome mi juguete y lo puse en mi clítoris, note como los primeros espasmos empezaban a llegar, estaba tan sensible que otra vez termine yo primero, después sentí como los jugos calientes de Javier me llenaban la boca y como Daniel salía de mi para echar los suyos en mi espalda, los tres respirabamos muy rápido y yo me recargue un poco en las piernas de Javier para tomar aire.

    Daniel tomo la esponja y empezó a limpiar mi espalda, quito el tapón de la bañera y los tres nos pusimos de pie para terminar de darnos un leve baño, la verdad estaba cansada pero quería continuar, así que salí y me envolvi en una toalla y me dirigí a mi cuarto sin decir nada, pero al salir del baño les grite «se van a quedar ahí como idiotas o vamos a continuar?» Me dio un poco de risa escuchar los pasos de ambos correr detrás de mi.

  • Haciendo dedo a la playa

    Haciendo dedo a la playa

    Normalmente no me atrevía a coger autoestopistas, pero algo en ellos me parecía diferente. Me lo pidieron de una forma tan educada en una gasolinera. El calor apretaba, eran muy jóvenes, de unos diez y ocho diría yo. Estaban sentados en el bordillo con la espalda apoyada en sus mochilas junto a la caseta.

    La minifalda vaquera que ella gastaba apenas tapaba un culito que parecía duro y firme y el short de él era tan corto como la falda. Ambos lucían unas piernas preciosas y unas camisetas blancas recortadas que enseñaban sus vientres. Los pies pequeñitos en unas finas sandalias.

    Ella levantó su precioso culito del bordillo y se acercó a mí mientras repostaba. Supongo que pensaría que ella era menos amenazadora.

    -¿Nos lleva?

    Ya me había fijado en ellos. Algo tan bonito merecía algo más que un vistazo.

    – Claro, vamos.

    Puse las mochilas en el maletero. Ella se subió atrás y él conmigo.

    – Yo soy Mario y ella es Sonia.

    – Encantada. Me llamo Sara. Como es que dos chicos tan jóvenes están haciendo autostop por aquí en medio de ninguna parte.

    – Queremos llegar a la playa. Pasar unos días divirtiéndonos. Solo usar los bañadores y nada de ropa.

    – Yo también voy a la playa, os llevaré hasta allí. Pues os sentarán de maravilla con vuestros cuerpos tan bonitos. ¿Llevarás bikini?

    – Pues claro, y si puedo haré top less.

    – Yo suelo hacerlo, me encanta llevar las tetas al aire.

    – Si pero las mías son más pequeñas que las tuyas. Tienes una talla estupenda.

    Al verme frotar mis muslos uno contra otro, sabían que me habían puesto caliente. Toda esa conversión sobre tetas era francamente excitante. Además de tenerlos al lado con tan poca ropa. Bajo mi minifalda apenas mas larga que la de ella el tanguita se humedecía a pasos agigantados.

    Conducía relajada. Por el espejo retrovisor podía ver sus bonitos muslos y muy poca falda. Había separado las piernas. Tras una mirada picara directa a mis ojos, abrió más los muslos y pude ver un muy pequeño tanguita blanco lo que hizo humedecer más el mío.

    Él me pidió permiso para quitarse la camiseta. Por supuesto se lo di encantada pudiendo ver así su torso bien definido y sin vello.

    – Hace mucho calor. ¿Le pasa algo al aire acondicionado?

    – No va muy bien.

    En realidad no llegué a ponerlo a tope pensando que un poco de calor nos vendría bien a los tres. Para poner las cosas más interesantes.

    – ¿Puedo quitarme la camiseta?

    – Y todo lo quieras. Con ese cuerpo podrías estar como te de la gana.

    Me contaron que eran hermanos pero entre ellos había una complicidad que iba mas allá de lo fraternal. Al menos así lo juzgué al ver las miradas que echaban al cuerpo del otro. Ella se inclinó sobre los asientos de adelante y muy cerca de mi oído me dijo:

    – Así que te parece que mi hermano está muy bueno.

    – Los dos lo estáis. Sois muy guapos. Pero ahora me entero de que sois hermanos. Pensaba que erais novios.

    – Mellizos para más datos. Yo soy mayor que ella diez minutos.

    No pude más que darle la razón, aprovechando para decirle que ella también. Palabras que recibió con una bella sonrisa.

    – Tenemos mucha confianza, es verdad. Siempre hemos estado muy juntos y casi solos. Me gustaría ponerme el suje del bikini. ¿Puedo?

    – Pues claro.

    Se notaban sus pezones duros bajo el algodón de la ligera prenda demostrando que no llevaba nada debajo. Yo tampoco me había puesto sujetador así que estábamos en las mismas condiciones.

    Sin más vergüenza que la que habían demostrado hasta ese momento se sacó la camiseta sin prisas. No llevaba nada más que sus tetitas bajo esa prenda.

    Tenía la intención de ponerse el sujetador de un bikini que apenas merecía ese nombre, pues solo cubría sus pequeños pezones oscuros. Sus medias naranjas apenas despuntaban pero eran preciosas en su cuerpo delgado.

    Traté de no perder detalle de la maniobra por el espejo retrovisor sin pegárnosla. Momento que él como en un descuido aprovechó para poner su mano en mi rodilla con suavidad y descaro.

    Creo que era la conductora más lenta de la carretera. Menos mal que no había mucho tráfico. Él, como yo, había estado mirando con lascivia las tetas de su hermana girando el cuerpo en el asiento.

    Les pregunté donde pensaban quedarse y al decirme que iban a la aventura les ofrecí quedarse conmigo en el hotel, propuesta que les alegró.

    – ¿Tenéis un sitio donde dormir?

    – Pensábamos quedarnos en la playa. O donde nos pareciera.

    – Eso no parece muy seguro. ¿No tenéis dinero?

    – No mucho. Lo justo para comer algo y las copas.

    – Mi habitación del hotel es grande y hay dos camas. Podríais quedaros conmigo.

    – Eso es muy amable por tu parte. No sé si nos lo merecemos.

    Notaba las caricias del chico en mi muslo llegando ya bajo mi falda. Los suaves roces de la mano de ella inclinada entre los asientos, en mi hombro desnudo por mi ligero top, en mi oreja y cuello.

    – Claro que sí. Estaréis mucho más cómodos conmigo.

    Soplaba con suavidad sobre mi piel, erizando mi vello. Deseaba llegar al hotel. Necesitaba verlos desnudos del todo.

    En recepción apenas me pusieron problemas al decir que llegaba con dos sobrinos. Nos quedaríamos en la misma habitación de la reserva. Se limitaron a cobrar un suplemento.

    La cama era enorme y pensaba disfrutarla. Había una supletoria que no usaríamos para nada. Ni nos planteamos bajar a la playa. Todos teníamos ganas de disfrutarnos.

    – Poneos cómodos. Creo que estaremos bien aquí.

    – ¿Bajamos a la playa?

    – Por mí nos quedamos.

    El chico se lanzó a besarme en el momento de cerrar la puerta y yo misma le arranqué la camiseta que se había vuelto a poner para entrar en el hotel.

    – Joder, ¡Que bueno estás!

    Ella detrás de mí dejó caer mi falda al suelo arrodillándose para mordisquear y lamer mis nalgas sin apenas el estorbo del mínimo tanga.

    – Tú también estás buenísima.

    Me dijo ella. Casi me corro al notar sus manos abriendo mis nalgas y pasear su lengua por toda mi raja. Apartó la gomita del tanga. Llegando a clavar la sin hueso en mi ano y removerla allí como si me follara con ella.

    – Y tú eres una guarrilla. ¿Quién te ha enseñado eso?

    – ¿Qué importa? ¿No te gusta?

    – Me encanta.

    Y lo decía entre gemidos.

    Mi mano ya se perdía dentro del short del hermano para agarrar la durísima polla que comprobé estaba pelada y suave. Mientras entre los dos hacían volar mi top y sujetador.

    Estaba claro que no gastaban mucho en lencería. A Mario solo le quedaba el short bajo el que no llevaba nada más que su bonita polla. Así que pude rodear el cilindro de dura carne con mis dedos sin otro estorbo.

    Mario se deshizo de mi top sacándolo por mi cabeza. Se inclinó a lamer las sudadas axilas, comerme las tetas y pasar la lengua por mis pezones sorbiéndolos con sus gruesos y sensuales labios. Sus dedos finos se deslizaban por dentro de mi tanguita acariciando los depilados labios de mi vulva que hacía rato chorreaban.

    – ¿Como son sus tetas? Hermanito.

    – Deliciosas, espera a probarlas.

    Entre tanto Sonia había bajado mi tanga hasta los pies. Yo no podía ni hablar recibiendo las caricias de los hermanos, solo gemir y jadear.

    Ni siquiera nos habíamos movido de la puerta. El short cayó al suelo revelando que no gastaba mucho en ropa interior. Así descubrí a mi vista a la cálida luz del atardecer su bonita dura y depilada polla.

    Y ella pegaba sus ya desnudas y firmes tetas a mi espalda. Lamía mi cuello y hombros y pasaba su juguetona lengua por mi oreja. Estaba encerrada entre sus calientes cuerpos. Me tenían bien apretada haciéndome notar sus suaves pieles por todas partes.

    – Estamos sudados y sucios del viaje.

    – Es verdad, podemos seguir jugando en la ducha.

    De la mano los arrastré a la ducha. Un amplio suelo plano con un desagüe y chorros de hidromasaje. Allí entrabamos los tres cómodamente para librarnos del sudor del camino. Y poder saborear aquellos bellos cuerpos limpios en todos sus rincones.

    Aprovechando el agua y el gel para que las manos se deslizaran con lascivia y sensualidad por las pieles de los demás. Jugando nos lamimos acariciamos, frotamos.

    Nos juntábamos frotando nuestras pieles y cuerpos enjabonados sin saber que parte de ellos estaba rozándome en cada momento. Mis manos los acariciaban por todas partes procurando dejarlos bien limpios.

    Hasta metí los dedos en sus anos asegurándome de dejarlos brillantes por dentro y por fuera. Pretendía lamer toda su piel, de los dedos de los pies a la nuca incluidos todos los orificios.

    Las dos disfrutamos del bonito rabo depilado que él lucía. Con el agua cayendo sobre nuestras cabezas nos arrodillamos las dos chicas. Nos morreamos cambiando saliva de boca en boca y sacando las lenguas para excitarlo más. No podía separar las manos de sus tetitas.

    Yo empecé metiéndome los huevos duros y no es una metáfora en ese caso, en la boca. Su hermana recorría el tronco de tan bonita polla hacia arriba buscando el glande. Como buenas amigas la compartíamos. Me dejaba el rabo para ocuparse de los huevos.

    Pasé la mano entre sus muslos para meter un dedo en el ano de Mario. Me gustaba jugar con ese culito de durísimas nalgas. Toda la excitación hizo que se corriera. La mayor cantidad cayó en la boca y lengua de su hermana.

    Pero como ya éramos buenas amigas lo compartió conmigo en un lascivo beso blanco con cruce de lenguas incluido.

    – ¡Chicas! Déjame algo.

    Mario se arrodilló junto a nosotras y metió su lengua en nuestras bocas buscando la parte de su semen que quedaba por allí.

    Nos aclaramos el gel que nos quedaba encima. Y nos secamos los unos a los otros con los toallones que el hotel ponía a disposición de los huéspedes. Como no podía ser menos renovamos las caricias entre todos.

    – Deberíamos bajar a cenar. He visto un Burger a la vuelta de la esquina.

    – Si, tendremos que renovar fuerzas.

    Nos vestimos, al menos yo. Una minifalda con algo de vuelo y una blusa blanca sin mangas sin suje me dejaba ir muy sexi.

    A Sonia pude dejarla un vestido que le quedaba un poco amplio pero muy sexi. Como es algo más alta que yo la falda le quedaba más corta y enseñaba más pierna. El escote no lo rellenaba tanto así que cuando se inclinaba le veíamos los pezones.

    Mario tuvo que conformarse con sus shorts y su camiseta. Estaba claro que les invitaría y la verdad es que comían como limas. Se metieron al buche dos hamburguesas cada uno. Sabía que la gente alrededor nos miraba. Éramos un trío muy sexi.

    En un pub abarrotado donde se podían respirar las hormonas y las feromonas de la gente buscando sexo. A nuestro alrededor todo el mundo se acariciaba, se besaba y faltaba el pelo de un calvo para que se pusieran a follar en medio de la pista de baile.

    Nosotros bailábamos muy juntos. Admito que en algún momento nos pasamos un poco. Yo acariciaba la polla de Mario por encima del vaquero recortado. O deslizaba la mano por debajo del vestido prestado para alcanzar el culito de Sonia.

    Los dos también buscaban mi tanga bajo la minifalda hasta conseguir meter algún dedo en mi vulva, junto a la barra o en medio de la pista. Incluso más de una vez una de mis tetas quedaba al aire por completo cuando jugaban con la fina tela de mi blusa.

    Rodeados por gente que estaba haciendo lo mismo que nosotros no nos importaba lo más mínimo. En un momento en que estaba bailando con Sonia a nuestro lado un chico le había sacado las tetas por el escote de su camiseta a su amiga y le estaba comiendo los pezones con verdadera ansia.

    Claro que yo tenía un muslo entre los de mi amiga tan arriba que notaba en mi piel la humedad y el calor de su coñito. Mario se acercaba mirándonos con su bonita sonrisa y las nuevas copas en las manos. Estaba para comérselo.

    – Volvamos al hotel. Quiero que tu hermano me folle.

    Ni me respondió. Se limitó a meterme la lengua hasta la garganta al oír mi frase.

    – Vas a ver lo bien que lo hace.

    Me dijo después de un beso completamente lascivo. Creo que todo el mundo a nuestro alrededor pensaba que éramos lesbianas hasta que Mario se unió al beso.

    – Nos vamos.

    Le dijo su hermana. Por la calle camino del hotel no dejamos de meternos mano. Yo llegué a la habitación sin el tanga que Mario llevaba en su bolsillo desde dos esquinas atrás. Y el vestido de Sonia no estaba en mucha mejor condición.

    Menos mal que en la recepción del hotel la encargada estaba distraída con su móvil y no nos prestó atención.

    Nuestro chico perdió la camiseta en el ascensor y yo me la colgué de la cinturilla de la falda. Aprovechamos para lamer sus axilas y pezones, cada una el de su lado. Y lamer la suave piel de su cuello.

    No esperé a cerrar la puerta de la habitación y ya tenía los shorts por los tobillos. Le di un suave azote en el culete para mandarlo a la cama. Tumbado boca arriba nos miraba a las dos que le dedicábamos un sensual y lento striptease.

    Sonia empezó a levantar el vestido subiéndolo por la cadera, el vientre, los pechos hasta sacarlo por encima de la cabeza. Aproveché para lamer sus axilas y chupar sus pezones.

    Yo dejé que ella abriera mi blusa y se hiciera con mis tetas mientras seguíamos bailando lento y sensual. Dejé caer la falda al suelo y la aparté de una patada.

    Miré con mi mejor cara de lujuria a Mario que tumbado en la cama boca arriba y con la polla apuntando al techo no perdía detalle. Despacio moviéndome felina me dirigí hacia allí seguida por su hermana.

    Estaba más que cachonda. Me subí sobre su cadera y su nabo se deslizó en mi húmedo interior sin la menor resistencia. Él no tenía que hacer nada ya me encargaba yo de subir y bajar. Una de sus manos me alcanzaba el clítoris y me volvía loca acariciándolo. Sonia en cambio se subió sobre su carita de no haber roto nunca un plato.

    Apoyada en el pecho del chico pellizcando sus pezones con suavidad, podía ver como la lengua de este se desplazaba por la vulva de su hermana hasta acariciar el clítoris. O se perdía hacia atrás en busca del ano de la chica.

    Ella y yo frente a frente no perdimos la ocasión de volver a besarnos o de que ella acariciara mis tetas. Pero ninguno de los tres estaba muy coherente en ese momento. Nos dejábamos llevar por el placer jadeando y suspirando al ritmo del movimiento de las caderas.

    Se corrió dentro de mí por supuesto. Ya tomaba precauciones para esos momentos. Pero antes yo había tenido dos orgasmos Que ella se había ocupado de silenciar con su lengua en mi boca. Ella también había tenido lo suyo con la juguetona lengua de su hermano. El chico la movía muy bien.

    Nos derrumbamos en el colchón todos mezclados sin saber que brazo o pierna teníamos clavados en las costillas pero muy satisfechos. Dormimos abrazados a los otros. Para ir al baño tuve que apartar el brazo de Sonia y pasar por encima de Mario.

    A la mañana siguiente Bajamos a la playa donde renovamos nuestros juegos. En el mar nos abrazaban, besábamos y acariciábamos. En la arena con la excusa del bronceador nos metíamos mano.

    Así pasaron las vacaciones. Playa por la mañana, siesta con sexo por la tarde, copas por la noche y al volver a la habitación más sexo. Y no parar de besarnos y acariciarnos todo el rato.

    Cuando pasaron los días los dejé a la puerta de sus padres aunque no tenían ninguna gana de volver a casa. Por supuesto que mantenemos el contacto. Y los he vuelto a ver.

  • La mamá de mi amiga

    La mamá de mi amiga

    Era el tercer trabajo que nos dejaban en la universidad y una vez más, hice equipo con Daniela y Maricela, nos llevábamos bien y eran aplicadas.

    El entusiasmo no tardó en llegar, normalmente Maricela proponía hacer los trabajos en su casa, misma dónde a veces rondaba su madre, una señora de unos 40 y tantos, bien conservada, me era imposible no verla de reojo cuando estaba por ahí. Rubia, alta, esbelta y tenía un culo de infarto aparte de las grandes tetas que se le marcaban sobre las playeras, siempre que la venía me era imposible sentir una punzada en la vagina.

    Llegó el día de ir a hacer el trabajo y al llegar a tocar la puerta, ella me abrió. No pude evitar verla de pies a cabeza, traía un vestido ajustado que le daba la perfecta definición a sus tetas y sus pezones, se me antojaron tanto y al darme la espalda se veía su culo grande y redondo mientras lo movía de un lado a otro, sentí el calor y la humedad en mi vagina. Ella sabía que la veía pues me regalaba sonrisas coquetas e incluso jugaba con su ropa cuando nadie más que yo la veía.

    Esa noche me masturbe una vez más con el recuerdo de su vestido ajustado, imaginaba como sería chupar esa vagina y tener su delicioso culo en mi cara.

    Al día siguiente no teníamos que reunirnos y decidí saltarme dos clases para ir a «buscar a Maricela» con la excusa de haber olvidado algo en su casa. Realmente iba preparada para lo que fuera, llevaba una tanga blanca con el coño depilado y un sujetador a juego.

    Toqué el timbre nerviosa y tras unos segundos abrieron la puerta.

    —¿Peach? Que sorpresa, pasa — tragué saliva al verla, traía puesta solamente una bata dónde se le marcaban los pezones. Cerro la puerta y le expliqué que venía a buscar un cuaderno que había dejado dónde Maricela, me dejó subir a buscarlo, me dijo que ella estaría ocupada, que lo tomara y podía salir. Estaba tan caliente y nerviosa que al salir camine despacio hacia su habitación que se encontraba en el fondo del pasillo.

    Escuche un ligero gemido y trate de ver por la raja de la puerta, entonces la vi sentada en la cama acariciando sus pechos, no pude evitar abrir la puerta. Al verme solo sonrió y como puta caliente me acerqué y me senté encima de ella, comenzamos a besarnos mientras sentía lo mojado que estaba mi coño. En cuánto pude me fui a chupar esos pezones que tanto había soñado, eran cafés claros y quería quedarme ahí, mi mano bajo descaradamente a sus bragas y sentí lo mojada que estaba así que las moví un poco y dejé que mis dedos sintieran sus fluidos para después llevármelos a la boca.

    —Sabes deliciosa — chupe hasta el último fluido de mis dedos y luego la bese de nuevo, me sentía como una puta y me encantaba.

    —Ven aquí— me acerco y fue quitando mi vestido, hasta dejarme en ropa interior —que rica estas— se mordió el labio y comenzó a quitarme el sujetador mientras chupaba cada pezón con salvajismo haciendo que me mojara aún más.

    —¿te gusta, zorra?— mordió uno de mis pezones y di un brinco, solté un gemido de placer.

    Me alejo un poco se sentó en la orilla de la cama y se abrió se piernas para mí, tenía el coño depilado y tan jugoso que no necesite que me lo pidiera, corrí a lamerlo. Pase mi lengua por toda su deliciosa vagina mientras saboreaba su sabor y escuchaba como gemía, pero quería más. Me pare y me acoste —Sientate en mi cara, quiero que te vengas aquí — sonrió y lo hizo, vi como ese culo se poso en mi cara, con las manos abrí sus nalgas para poder comerme su coñito, se empezó a mover como una loca en mi cara mientras sentía su fluidos por mi boca y cara, me imaginaba como rebotaban sus tetas con los movimientos que hacía, se estaba moviendo como puta en mi cara y sus gemidos cada vez eran más fuertes, entonces ella también se recostó en mi y sentí su lengua en mi coño jugoso, estábamos haciendo un 69.

    Sentir su lengua experta me estaba haciendo tocar el cielo, entonces paro y volvió a sentarse en mi cara para hacer movimientos intensos y bruscos que me daban a entender que llegaría a su orgasmo así que chupe más rápido más fuerte, mi lengua entraba a su coño y luego iba a su clítoris, me fui más atrás y le metí un dedo al culo mientras succionaba su clítoris, su grito y sus fluidos me dijeron que había llegado al orgasmo, sentí todo sobre mi boca y no dude de limpiar con mi lengua hasta el último fluido tan rico que dejó.

    Se bajó de mi cara y me jaló hacia la esquina de la cama dejándome abierta y bajo a chuparmela, lo hacía tan rico que me aferre a su cabello y empecé a mover mi caldera muy rápido hasta que explote y llegué a mi orgasmo, igual no dejo nada lamió hasta la última gota de fluido.

    —Espero que se te olviden cosas más seguido — Me dio una nalgada y comenzamos otra vez…

  • Mi esposa rompe las reglas

    Mi esposa rompe las reglas

    Mi amigo Andrés llevaba unos seis meses de relación con Camila. No podría decir la razón pero Andrés le resultaba atractivo a todas las mujeres que lo conocían, incluyendo a mi esposa. Siempre que nos juntábamos ella posaba su mirada en él de manera analítica y profunda y cuando yo le preguntaba al respecto lo negaba todo. “Estas imaginando cosas, como se te ocurre que me va a gustar Andrés, nada que ver”.

    La esposa de Andrés, Camila, era una morena delgada con pechos medianos y un culito parado. Era una chica muy amable. De conocer a Andrés tiempo atrás, sabía que Camila debía ser abierta a múltiples cosas a la hora del sexo porque Andrés priorizaba ese aspecto de la relación a la hora de escoger pareja. Yo los visitaba, arrojaba algunas miradas sobre el culo perfecto de ella, tomábamos unos tragos para charlar y me iba para mi casa a verme con Ceci, mi esposa.

    Tras varios meses de rutina sexual la cosa se estaba apagando entre Ceci y yo. Era delicioso, no lo niego, pero uno termina aburriendose de hacer las mismas cosas, en el mismo lugar, con la misma persona.

    Un día llegué a casa, Ceci me recibió con un disfraz de mucama. Respondía a todo “Si señor” y aquello me encendía. Cerré la puerta y Ceci se puso a limpiar las paredes con un trapo. Se inclinaba y dejaba a la vista su par de nalgotas redondas adornadas por un hilo negro. Tomó una escoba y empezó a barrer, estaba completamente metida en el papel.

    Señorita, la señora de la casa aún demora en llegar – le dije siguiendo el juego.

    Ay señor, tengo mucho por limpiar- Respondió.

    Me acerqué por detrás y estrujé mi falo sobre sus nalgas.

    ¿Señor que hace? – dijo.

    Será nuestro secreto – respondí.

    Me puse de rodillas frente a sus nalgas, las separé y empecé a mamarle el culo. Pronto el personaje quedó atrás. Subimos a nuestra habitación, inhalamos unas líneas de coca y empezamos a tirar como locos. Me encantaba poner a Ceci en cuatro y golpear mi cuerpo contra sus nalgas, mi esposa tenía un culo de concurso y en cuatro era un espectáculo memorable. Tiramos por un par de horas.

    No me vine, ella se vino varias veces. Nos tendimos en la casa. Aún con la excitación a flor de piel le empecé a hablar de hacer cosas diferentes para saber su opinión. Yo quería hacer un trío con otra chica o tirar frente a otra pareja, sonaban como cosas muy excitantes. Ella decía que le gustaba la idea pero ya en muchas ocasiones habíamos hablado de cosas que nunca terminaban ocurriendo. En el fragor de la calentura se dicen de todo.

    Qué te parece hacer un intercambio con Andrés y Camila – le dije.

    UY nooo, jamás! – me dijo.

    Yo sabía cómo ella miraba a Andrés y Camila era una chica bastante atractiva, parecía un intercambio muy provechoso para todos. No me di por vencido tras la negativa de Ceci, seguí con mi plan.

    Un jueves estaba en la casa de Andrés. Tomábamos unos whiskys y charlabamos de todo. Ya un poco entrado en tragos me decidí a preguntarle.

    Oye, ¿qué tal hacer un intercambio? Ceci por Camila – Dije tajante.

    Andrés se quedó serio mirándome y duró unos segundos pensando. Después sonrió.

    ¿Me estás hablando en serio? – me dijo.

    Sí! He estado buscando nuevas cosas que hacer con Ceci y un intercambio me parece algo genial. No solo realizar mi fantasia de ver como otro hombre penetra a mi esposa sino que además logro tirar con otra mujer. Por supuesto que habrían reglas. Nada de compartir telefonos de manera independiente, nada de encuentros después y las mujeres son las que deciden que quieren hacer y que no – le dije.

    En la cara de mi amigo había un dejo de duda pero también un dejo de emoción. Me pidió unos días para hablar con Camila del tema.

    Era jueves, como a las 8 pm cuando recibí un mensaje de Andrés.

    Camila dice que sí – decía.

    Ceci se negó rotundamente al principio, pero después mientras le hundía mi falo con sus piernas arriba me dijo que lo haría por mi, me dijo que haría todo por mi.

    Me daba celos pensar que detrás de su negativa en realidad mi esposa escondiera un deseo de estar con aquel hombre al que miraba tanto cuando estaba presente. Pero yo había sido el ingeniero de todo aquello así que debía mantener la mente fría, era un paso importante, algo que nunca habíamos hecho, una prueba de confianza, todo un reto. Siempre me había resultado excitante pensar que a Ceci la penetrara alguien más, pero no sabía si estaba preparado para verlo en vivo y en directo, también era una prueba para mi.

    Definimos que sería un sábado. Iríamos al apartamento de Andrés y Camila. Compré una botella de buen whisky y otra de vino para ellas. Subí a la habitación principal a ver como iba Ceci en su preparación. Se estaba echando perfume. Llevaba un vestido negro con cuello de tortuga ceñido al cuerpo resaltando sus cualidades latinas, anchas caderas, culo voluptuoso, tacones altos. Me acerqué y la besé. No pude evitarlo, mi verga se endureció de pensar en toda aquella situación. Tomé la falda de Ceci y la levanté para encontrarme con su culo pelado sin ropa interior, la llevé a una pared y la penetré allí mismo.

    Yo me iba emocionando y aceleraba.

    Espera, calma, no quiero estar allá oliendo a semen…

    Me retiré, me guardé la verga, tomé su mano y salimos de allí. El transcurso hasta donde Andrés y Camila fue raro, había una energía de emoción y expectativa pero también algo de miedo por caminar caminos desconocidos, ¿cómo iba a resultar todo? ¿Seríamos capaces de sobrellevar las consecuencias de aquella locura? Ceci no hablaba, solo miraba por la ventana del taxi.

    Al llegar Camila nos abrió la puerta. Su energía positiva contagió a Ceci y las tensiones se disiparon. Había que subir cuatro pisos de escaleras. Camila iba primera, Ceci después y yo de último. Mis ojos se posaban sobre la falda blanca de Camila, le llegaba hasta la mitad de unos duros muslos morenos y se dibujaban con total claridad un par de nalgas paraditas. Estaba hipnotizado.

    Al llegar a la puerta del apartamento Camila se detuvo para darle paso a Ceci. Mis ojos aún sobre los muslos de aquella belleza morena no se dieron cuenta que Camila me miraba a la cara. Al subir la vista me encontré una sonrisa, me miró y se mordió el labio inferior. Entramos.

    Ceci no disimuló, desde que llegamos desbordó toda su atención en Andrés, reía de sus chistes malos, respondía a cada comentario y movía coquetamente su pelo rubio. Me daban celos pero se me quitaban cuando miraba a Camila que me recibía con la misma sonrisa y el excitante mordisco al labio inferior.

    Bebimos, charlamos. Pasadas un par de horas y ya con buen alcohol en la cabeza tomé la decisión de empezar por lo que estábamos allí.

    Amigos ha sido una noche muy agradable pero es hora del plato fuerte, si todos están de acuerdo – Dije.

    Me levanté y caminé en línea recta hacia Camila. Tomé sus manos, la puse de pie y me abalancé sobre sus labios gruesos. La actitud de todos era más de sorpresa que otra cosa, nadie estaba preparado para hacer el primer movimiento. Lo siguiente fue que puse mi mano debajo de la falda de Camila y apreté su coño. Despidió un suspiro y así empezó aquello.

    Ceci miró por un momento mi movimiento sobre Camila y pronto tomó acción. Se dio media vuelta y fue directo hacia Andrés que estaba de pie sirviendo un Whisky. Se arrodilló y rápidamente desató correa, botón y cierre. Extrajo una verga flácida y se la tragó de un tirón. La verga de Andrés no tardó en endurecerse y pude ver como mi esposa ensalivaba con los ojos cerrados y lanzando gemidos un falo grueso y venoso. La muy puta disfrutaba la verga de amigo con ambas manos a pesar de todas las veces que negó desearlo.

    Los celos se incrementaron en mi, pero decidí enfocarme en lo positivo. En frente mío estaba esa morena esbelta y jugosa. Metí mis manos dentro de su falda y tomé una delgada tanga roja que lancé hacia Andrés. La prenda aterrizó en su cara pero apenas si dio para retirar la mirada de la cabeza de mi esposa que se balanceaba hacia todos lados haciendo un masaje con la boca sobre su glande.

    Llevé a Camila hacia un sofá, le indiqué que se pusiera en cuatro, subí su falda para descubrir ese par de nalgas preciosas. Eran mejor de lo que me había imaginado, duras, brillantes, de tamaño perfecto. Me arrodillé para mamarle el culo. Camila empezó a gemir. Cuando levantaba la mirada podía ver como Camila miraba fijamente a Ceci y la tremenda mamada que le estaba dando a su novio. Me puse de pie, agarré mi verga y la posé suavemente sobre los labios vaginales de Camila. Me recibió un chocho húmedo y suave que se abrió de par en par ante el primer empujón. Hundí todo mi pedazo en el chocho de Camila y un sonoro grito se esparció por la sala de aquel apartamento.

    El grito hizo que Ceci y Andres voltearan a ver. Cuando sus miradas estuvieron fijas en mí empecé a taladrar duro a Camila. Un dejo de incomodidad surgió de la cara de Andrés que tomó a Ceci bruscamente por el pelo y la ubicó justo al lado de Camila en la misma posición. A manera de venganza empezó a penetrar a mi esposa con sevicia. Ambas chicas, aún con sus elegantes vestidos subidos hasta la cintura dejando al aire un par de culos de película gemían y gritaban. Camila, siempre muy amable, tomó la mano de Ceci y empezó a acariciarla. Se acercó a ella y sus labios se juntaron en un apasionado beso.

    Hicimos una pausa. Andrés y yo fuimos a la cocina a servir un trago. Al volver, ambas chicas estaban desnudas, acostadas boca arriba en el sofá, una le acariciaba el coño a la otra mientras se fundían en un beso. Sin perder tiempo levantamos en el aire las piernas de la esposa del otro e introdujimos nuestras vergas en sus coños.

    Uff que rico papi, dame así, mira como me clava bebé – dijo Ceci.

    Que delicia ver como te culean mi amor – le respondí.

    ¿Te gusta esto lindo? ¿dime que quieres que me hagan?- le dijo Camila a Andrés.

    Sin dejar de metérsela a mi esposa, Andrés miró a Camila, después me miró a mi.

    Quiero que te rompan el culo – dijo.

    Camila se levantó como quien ha recibido una orden, fue a un cuarto y volvió con un tarro de crema lubricante. Se acostó en el sofá pero esta vez de lado, agarró la nalga que asomaba hacia arriba, la levantó y esparció abundante lubricante sobre su ano. A mi me pareció una invitación y posé mi glande sobre su ano observando cuidadosamente. Empujé y sin mucho complique mi verga encajó hasta la mitad en el culito moreno de Camila. Aquello me indicó que el sexo anal era practica recurrente entre ellos y no demoré en hundir mi verga hasta la base.

    Yo también quiero culo – le dijo Andrés a Ceci.

    A diferencia de nuestros amigos, el sexo anal para nosotros era algo que ocurria esporadicamente. Pude ver algo de susto en la cara de mi esposa, pero sabía que no iba a negarse porque no querría ser menos que Camila. Tomó el tarro de lubricante y se lo untó entre las nalgas. Rápidamente se metió un dedo también con la esperanza de dilatar su ano. No funcionó. Ceci gritaba de dolor ante cada intento de Andrés por introducir su falo.

    Finalmente Ceci se levantó, tomó a Andrés de la mano y se lo llevó a un cuarto. Decidí olvidar los celos, ya me estaba dando un banquete VIP con esa hermosa jovencita. Cuando saqué mi verga algo de mierda se alojaba en mi glande. Camila vio aquello y me llevó de la mano a un baño. Camino a allí pude ver a Ceci sobre una cama en cuatro con su cara sobre el colchón mientras Andrés le mamaba el culo.

    Me quité la ropa que llevaba encima y entré a la ducha con Camila. Me lavó la verga y mientras tanto pude detallar todo su cuerpo desnudo por primera vez. Su cuello delgado al final adornado por un par de tetas medianas con unos pezones café oscuro pequeños y puntiagudos, una cintura pequeña y unas caderas menudas, un coño depilado y unas piernas duras. Se dio la vuelta para mojarse en la ducha y dejó ante mí su par de divinas nalgas. Me arrodillé y las separé para chuparle el culo. Follamos un rato en la ducha hasta que unos gritos provenientes del cuarto nos llamaron la atención y salimos.

    Era la garganta de mi esposa estallando en alaridos. Estaba con las piernas arriba a todo dar y Andrés azotaba su culo. Nunca me había dejado hacer eso así de fuerte. Volteé a ver a Camila, su cara reflejaba enojo, me tomó de la mano. Nos vestimos y salimos de aquel apartamento. Caminamos un par de cuadras besándonos hasta llegar a un club nocturno. Entramos, pedimos unas cervezas y empezamos a bailar.

    Me gustas mucho, quiero que esta noche pienses que yo soy tu esposa – Me dijo Camila mientras bailábamos pegados.

    Nos embriagamos. A eso de las 12 de la noche tomamos un taxi con dirección a un motel cercano. Pedimos la suite presidencial. El lugar contaba con dos camas, un jacuzzi, múltiples sillones, espejos y un arnés que colgaba del techo. Camila se desnudó y recorrió todo el lugar con distinguida elegancia. Yo solo la observé. Por un momento pensé en mi esposa, en qué estaría haciendo en ese momento, por cual orificio la estaría Andrés ultrajando. Sentí celos. Tomé mi celular.

    Espero que te estés divirtiendo – le escribí. No hubo respuesta.

    Fui hasta Camila, la monté en el arnés y sus nalgas quedaron abiertas y a disposición. Se la metí por el culo. Después fuimos a la cama y tras el necesario lavado de verga me acosté boca arriba con el palo apuntando al cielo. Camila se acercó a gatas y de rodillas con su culo arriba empezó a mamarmelo. No lo había hecho en toda la noche y fue una grata sorpresa, técnica impecable y delicada, una delicia. Cuando sentí que me venía apreté mi cuerpo y ella lo notó.

    Espera, ven echamelo en la cara – me dijo apurada.

    Se puso de rodillas y me invitó a acercarme. Despaché todo mi cargamento sobre ella. Algo cayó en su cara, algo en sus tetas, algo en el suelo del cuarto. Se levantó y fue directo a donde estaba su ropa. Sacó su celular y empezó a tomarse selfies con la cara toda chorreada. Se las estaba mandando a Andrés.

    ¿Quieres dormir conmigo esta noche? – Me preguntó Camila.

    Por supuesto, eres mi esposa – Le dije y sonrió.

    Dormimos un rato en cucharita pero pronto mi falo se activó ante el roce delicado de esas nalgas. La puse boca abajo y me subí sobre ella para penetrarla por la vagina esta vez. Vimos el amanecer en aquella posición con la sinfonía de sus gemidos. Cuando tuve ganas de venirme me pidió que se lo echara sobre el culo, y así lo hice. Nuevamente se tomó fotos y se las envió a su esposo.

    Pedimos un taxi y llegamos hasta el apartamento de Andrés. Mi amigo estaba dormido en la misma cama en la que había visto como le reventaba el culo a mi esposa pero Ceci no estaba ahí. Saqué mi celular y encontré un mensaje de las 3 am.

    Estoy en casa – era Ceci.

    Tomé otro taxi para llegar a mi casa. Entré.

    ¿Dónde estabas? – Me preguntó. Aún llevaba su vestido negro, se veía cansada.

    En un motel tirando con Camila. ¿Te gustó esto? – Le dije.

    Estuvo bien – Respondió acercándose.

    Agarró mi verga por sobre el pantalón. Se arrodilló, me bajó todo y empezó a mamarmela.

    ¿Ella te lo chupó mejor que yo? – Preguntó.

    Lo chupa bien, pero no mejor que tú – le mentí.

    ¿Qué fue lo que más te gustó de ella?

    Sus nalgas son muy bonitas

    ¿Son mejores que las mías?

    Son distintas, me gustan más las tuyas. ¿Qué fue lo que más te gustó a ti?

    Tú estabas en el baño, él me había chupado el culo un rato para abrirlo, me dijo que me lo iba a meter como se lo metía a su esposa, fue muy brusco, eso me gustó

    A mi me dieron celos ¿Te gusta más su verga que la mía?

    No, me gusta más la tuya. ¿Te acostarías de nuevo con Camila?

    Si tú me dejas y Andrés y Camila están de acuerdo, sí. ¿Te acostarías de nuevo con él?

    Sí, me gustó

    Ahora reconoces que él te gusta

    Sí, me gusta, y a ti te gusta Camila. No solo su cuerpo, vi como la mirabas

    Sí, me gusta Camila

    ¿Saldrías con ella?

    ¿Cómo, cenar o ir al cine o algo así?

    No sé, no tuvimos mucho tiempo para hablar, casi siempre mi lengua estaba en su culo

    Imbécil

    Nunca me has dejado darte por el culo así de duro y lo dejaste a él

    No sé, me sentía presionada a satisfacerlo, Camila lo hizo muy bien contigo. Él me pidió mi número

    Eso no se podía

    Lo sé, pero se lo di ¿Ella te dio su número?

    ¿Te verás con ella?

    ¿Cuándo?

    Aún no sé. ¿Cuándo te verás con él?

    Mañana. ¿Está bien?

    Al día siguiente le escribí a Camila.

    Andrés y Ceci se van a ver mañana

    ¡¿ah?!

    ¿Él no te dijo?

    No. ¿Sabes dónde se van a encontrar?

    No lo sé pero puedo averiguarlo

    Le pregunté a mi esposa y muy descomplicada me dijo el nombre del motel en el que se encontraría con mi amigo y la hora de la cita. Le di la información a Camila y me dijo que quería ver qué hacían.

    Recogí a Camila media hora antes de la hora acordada por nuestras parejas. Estacionamos en un punto donde podíamos ver la puerta del motel y además estábamos adecuadamente ocultos. Vimos llegar el auto de Andrés. Le dimos el tiempo justo para seguirlos sin que nos vieran. Pudimos ver como se cerraba la puerta de un parqueadero en el que habían entrado. Pedimos la habitación de al lado.

    Entramos y nos pegamos a la pared que daba a la habitación donde estaban Andrés y Ceci, siéndonos infieles, rompiendo las reglas. Las paredes eran delgadas, se oía todo.

    Extrañé mucho tu culo estos días – le dijo Andrés a Ceci.

    ¿De verdad? ¿Por qué?

    Porque es grande, me gusta como se mueve cuando te doy en cuatro

    A tu amigo le gusta mucho el culo de tu esposa

    Él tuyo es mejor

    Volteé a ver a Camila y vi como el enojo se apoderaba de ella.

    Me encantó como me partiste el culo el otro día, ¿me lo vas a partir hoy también?

    Uff claro que sí mami… ¿de quien es ese culo?

    Es tuyo Andrés, solo tuyo

    Ahora el enojado era yo. Por un momento hubo silencio, supongo que Ceci le estaba chupando la verga a Andres. Después los gemidos empezaron a llenar el ambiente.

    ¿Te gusta mi culo mi amor? – Le dijo Ceci.

    Me encanta tu culo, siempre me ha gustado

    ¿Te gusta más que el de tu esposa?

    Sí, mucho más

    ¿Quién tira más rico, ella o yo?

    Tú mi amor

    Camila empezó a llorar.

    ¿Él sabe que estás aquí? – Dijo Andrés.

    Sí, sabe que estoy acá en este momento y sabe lo que estoy haciendo

    Que idiota, te está regalando

    No importa, lo que importa es que estamos acá, dame duro

    ¿Nos vamos a seguir viendo?

    Siempre que quieras mi amor, soy tuya

    Camila lloraba sentada en la cama. Yo estaba un poco contrariado, yo había accedido a aquel encuentro, pero presenciar la situación no me gustaba para nada, mucho menos lo que ella decía.

    Para hacer más raro todo, tenía la verga dura de oír gemir a mi esposa. Me acerqué a Camila, la abracé y la besé. Me correspondió. Nos acostamos en la cama oyendo los gritos del otro cuarto. Empecé a tocarla hasta que su coño se humedeció. La penetré despacio primero, estaba vulnerable, tenía que ir cambiando el mood de a poco. La puse en cuatro, me puse a chuparle el culo… mientras en el otro cuarto…

    Me encanta tu verga Andres

    ¿Más que la de tu marido?

    ¡Mucho más! Metemela duro por el culo como el otro día, llenamelo de leche para acordarme de ti toda la semana, que me duela amor

    Ellos terminaron y se fueron. Nosotros nos quedamos allí tirando. Recibí una llamada de Ceci.

    Hola mi amor ¿cómo estás?

    Bien ¿y tú, cómo te fue con Andrés?

    Bien, normal, nada espectacular

    ¿Lo seguirás viendo?

    Depronto, no lo sé ¿Qué haces tú?

    Quiero que vuelvas al motel en el que estabas con él, pero pide entrar a la habitación 10

    ¿Por qué?

    Solo hazlo

    La puerta se abrió después de un rato. Ceci entró. Yo me encontraba acostado boca arriba y Camila trabajaba sobre mi verga magistralmente.

    ¿Qué es esto? – Dijo Ceci.

    Esto, mi amor, es la mejor mamada que me han dado en la vida

    Tomé la cabeza de Camila para ayudarla con el movimiento. Camila miró a Ceci.

    Sientate perra y aprende como se chupa una verga – Le dijo Camila a Ceci.

    No se sentó pero se quedó congelada allí.

    Oí todo, que su verga te gusta más que la mía, que tu culo es de él – le dije a Ceci.

    Me puse de pie y Camila se acomodó en cuatro en la cama. Se la metí por el culo.

    Esto sí es sexo anal mi amor, no como la quejadera tuya siempre – le dije a Ceci.

    Camila se movía frenéticamente en círculos.

    Camila mi amor, me encanta el color de tu piel, me encanta tu cintura pequeña, me encantan tus nalgas paraditas y duras, podría chuparlas por días sin parar, me encanta como gimes cuando la chupas y por dios! Me encanta como la chupas, la chupas mucho mejor que mi esposa.

    Para entonces Ceci se había sentado y estaba en silencio viendo como Camila y yo nos echabamos un polvo épico.

    Me voy a venir – dije.

    Camila tomó mi verga con una mano y cubrió mi glande con su boca. Descargué toda mi leche en ella, la guardó, se levantó, caminó hacia mi esposa y le escupió toda mi leche en la cara.

    Puta atrevida – le dijo y le dio una cachetada que resonó en todo el cuarto.

    Camila se vistió, se acercó a mí y me dio un beso tierno en los labios.

    Adiós cariño, tiras muy rico – me dijo y salió de allí.

    Ceci me miraba con su cara llena de leche y saliva, en completo silencio.

    No lo vas a volver a ver ¿Está claro?- le dije.

    Sí amor

    Dices amor con mucha ligereza, perra. Quítate la ropa, ponte en cuatro. Te voy a dar por el culo como nunca te han dado

    Escupí su culo, escupí mi verga. Posé la punta de mi falo en su ano que aún estaba abierto por la faena que había tenido minutos antes con Andrés en el otro cuarto y se la hundí toda hasta las bolas. Gritó de dolor y trató de quitarse. La sujeté con fuerza.

    ¡Para por favor! Te prometo que no lo vuelvo a ver – Decía llorando.

    Eso ya lo sé, pero tienes que pagar por lo que hiciste

    Como me acababa de venir con Camila duré mucho. Ultrajé a mi esposa por el ano sin piedad.

    ¡Ya para por favor! ¡no lo vuelvo a hacer!

    ¡Con que este culo es de Andrés!

    ¡No mi amor perdoname! ¡Es tuyo, tú eres el único que quiero!

    ¡Eso no era lo que decías hace un rato!

    ¡Perdón! ¡aaah!

    Le solté dentro del culo lo que me dejó Camila. Ceci cayó tendida en la cama y un hilo de semen enrojecido con sangre corría por una de sus nalgas. Tomé una foto y se la mandé a Camila.

    Venganza cumplida bebé – Le escribí.

    Me alegra… pero no es suficiente, ¿qué tal si nos vemos mañana y me das un poco más de esa leche? Aún tengo el sabor en la lengua.

    Dale, claro que sí.

    Camila dejó a Andrés. Ceci y yo seguimos juntos a pesar de todo, aprendimos de mala manera las consecuencias de jugar con fuego. Aún me veo con Andrés y hablamos de aquello, las cosas han quedado claras. Camila es mi amante, nos vemos una vez por semana.

  • Qué delicia cuando cierra los ojos, abre la boca y se clava

    Qué delicia cuando cierra los ojos, abre la boca y se clava

    Cosa poco frecuente, ese día almorzamos juntos mi esposa Juana y yo charlando de temas cotidianos, mientras nuestros hijos, niño de seis y nena de cuatro estaban en la escuela de jornada completa, cuando explotó la bomba.

    – “Estoy teniendo relaciones con otro hombre”

    La sorpresa me congeló, y el tenedor, que llevaba una porción de carne a mi boca, quedó a medio camino entre el plato y los labios. Cuando pude reaccionar apoyé los cubiertos en la vajilla y me levanté de la mesa. Tuve suerte, pues el piloto automático me llevó al baño donde, abrazado al inodoro, descargué algo de sólido y mucho líquido. El organismo, sabiamente diseñado, al tener una sobrecarga de ácidos digestivos que podrían deteriorar la mucosa estomacal, activó el mecanismo del vómito. Después de lavarme cara y enjuagar boca fui a la cocina donde tomé una botella de buen vino que destapé, saqué hielos del freezer y regresé a la mesa. En esos cortos minutos había logrado superar sorpresa, bronca y el dolor iniciales.

    Tiempo atrás, en una reunión de amigos, alguien a modo de juego, largó la pregunta: <Qué harías si te enterás que sos cornudo?>. Varios contestaron antes que yo, lo cual me dio tiempo a pensar qué haría realmente. Y esa elaboración fue la base de mi actual proceder que consistía, básicamente, en no mostrar cuánto me sentía afectado. En otras palabras no permitirle verme hecho mierda. Pensar la venganza era cosa de mente fría o sea algo a realizar más adelante.

    – “No será una buena noticia, pero sí contundente. Vamos a brindar por mi recién conocida condición de cornudo. Si bien sé lo esencial, me convendría conocer cuatro aspectos complementarios antes de tomar una decisión. El primero es cuánto llevas en esto?”

    – “Cuatro meses”.

    – “El segundo es si estimás que me cabe alguna responsabilidad en tu conducta”.

    – “Quizás has sido poco demostrativo y algo rutinario”.

    – “Y eso te llevó a buscar fuera de casa algo distinto”.

    – “No”.

    – “Último tema. Qué pensás hacer?”

    – “Quiero seguir con él”.

    – “Entendí, dame dos días que saco mis cosas y te dejo libre”.

    – “¿No querés saber algo más?”

    – “No”.

    – “O sea que no te intereso”.

    – “No”.

    – “¿Acaso ya no me querés?”

    – “Evidentemente no”.

    Dando por terminado ese corto diálogo fui nuevamente al baño, esta vez con la ilusión de obtener alivio mediante una ducha, algo que por supuesto no logré, pues el agua no se lleva los cuernos. Intentando evitar cualquier contacto cené después que lo hizo ella y como la habitación de huéspedes, que yo iba a ocupar, no tiene televisor, me quedé en el living mirando un partido. Al trato llegó y se sentó a mi lado.

    – “Hay que resolver el problema de los chicos”.

    – “Explicate algo, porque no entiendo cual es el problema”.

    – “El tema es que hay que llevarlos a la escuela, ver sus tareas, y a veces acostarlos cuando yo trabajo hasta tarde. Además pensamos irnos por algunos días y no hay quien los cuide”.

    – “Es verdad, pero seguro que encontrarás alguna solución”.

    – “La solución es que estén con vos”.

    – “Imposible, nada quiero a mi lado que me recuerde a vos”

    – “¡Pero son tus hijos!”.

    – “Es verdad, son los hijos que tuve con vos. Pero hay soluciones alternativas, contratar niñeras, dejarlos en un orfanato, abandonarlos, vendelos a algún traficante de órganos, etc.”.

    – “No puedo creer lo que acabás de decir. Ellos necesitan al padre”.

    – “Totalmente de acuerdo, espero que el caballero que te satisface en la cama también sea bueno en ese papel”.

    – “Solo alguien fuera de sus cabales es capaz de imaginar que un amante pueda ejercer de padre. Me voy a dormir”.

    Naturalmente, nada de lo dicho referido a mis hijos era verdad aunque lo dijera con cara seria. Era una jugada peligrosa pero el premio valía la pena.

    Al día siguiente, mal dormido pero más frío, retomé mi propósito en la esperanza que mi desapego filial, junto a la negativa de cuidarlos, hubieran minado su ánimo.

    – “He pensado otra posible solución para darte en el gusto. Los niños se vienen conmigo junto con tu cesión de la patria potestad y una mensualidad para contratar personal que me ayude en esas tareas. Pensá si te conviene y me avisás”.

    El pedido no era algo exagerado, por el contrario tenía una cierta base en sus costumbres, pues con frecuencia ella contrataba niñeras cuando yo no estaba para hacerme cargo de la tarea, ya que esa labor le resultaba muy incómoda aunque, sin duda, los amara. Eso, unido a su solvencia monetaria de origen familiar, era una buena convergencia para sortear el problema.

    – “Mañana te contesto”.

    Mantuve el rostro inexpresivo a pesar de la alegría interior. Que no se hubiera negado de plano significaba una posibilidad de aceptación, entonces había que presionar más.

    – “Como me das asco voy a poner distancia, hasta que resuelvas me voy a un hotel”.

    Lo primero que hice fue hablar con mi madre para que me recibiera hasta tanto se desocupara mi departamento que lo tenía en alquiler. Por supuesto su respuesta fue que encantada me esperaba con los niños.

    Y sucedió lo previsible. Lidiar con buscar los hijos a media tarde, ver sus necesidades para el día siguiente, asearlos, darles la cena y acostarlos, pensando que a la mañana se agregaba levantarlos, preparar para la escuela y llevarlos, surtió algo de efecto, aunque estimo que lo definitorio debe haber sido pensar qué hacer con ellos cuando quisiera escaparse con el amante. No era ilógica la suposición, ella había elegido por encima de cualquier otra consideración, seguir disfrutando con él. Al día siguiente me llamó a media mañana.

    – “Joaquín podrás venir para que hablemos?”

    – “Cuando termine, al mediodía, voy”.

    Al salir del trabajo fui y toqué el timbre.

    – “Qué hiciste con tu llave?”

    – “Ayer la dejé, ésta ya no es mi casa”.

    – “Aunque me parece excesivo voy a aceptar tu propuesta, con la única condición que pueda estar con ellos cuando quiera”.

    – “Con una limitación, que sea fuera del tiempo dedicado al estudio y sin contrariar la voluntad de ellos”.

    – “Acepto”.

    – “Como vos no sos de fiar, quiero dentro de treinta días, depositado en mi cuenta, el importe del primer año de gastos”.

    – “Realmente sos una mierda, menos mal que te dejo con unos buenos cuernos”.

    – “Tenés razón, espero lucirlos bien ante mis amistades”.

    Lo primero fue consultar con un abogado amigo sobre la manera de darle validez legal al acuerdo hasta tanto quedara reflejado en la sentencia de divorcio. Firmado el documento ante escribano público ese mismo día lo dediqué a la mudanza. Lo urgente era salir de lo que había sido nuestro hogar, pues acomodarme en la nueva casa no era de apuro. Mamá vivía con una empleada que realizaba las tareas más pesadas, ya que unos meses atrás mi hermana Lucía había decidido alquilar con una amiga buscando algo de independencia.

    La adaptación a esta nueva convivencia fue rápida y satisfactoria para todos. Mi mamá se sentía más acompañada, entre ella y la empleada me ayudaban con los niños, yo las liberaba de la cocina los fines de semana y feriados, y parte del sostenimiento de la casa era asumido por mí, incluyendo un generoso incremento para quien había sido sostén y compañía de mi madre.

    Casi todas las semanas, sea sábado o domingo nos reuníamos en comida familiar, generalmente asado hecho por mí, al que asistía mi hermana, algunas veces con su amiga Carla, compañera de trabajo. Cuando la conocí me impactó por varias razones; a pesar de sus veintitrés parecía de dieciséis, muy delgada por lo que sus pechos medianos resaltaban, de cara preciosa y su voz dulce era reflejo de una delicada expresión facial. No era la yegua que uno desea tener en la cama sino una tierna muñequita para besar, lamer, saborear y luego acunarla entre los brazos. Lógicamente no di señales de ese impacto pues, no quería arruinar el encuentro y más teniendo en cuenta los doce años que nos separaban.

    En los almuerzos familiares semanales fuimos encontrando puntos en común y gustos que compartíamos. Algunos meses habían pasado cuando mi madre y Lucía viajaron a una ciudad termal por todo el fin de semana, así que en lugar del asado habitual decidí salir con los chicos a media mañana, entretenerlos en un parque de diversiones y luego comer afuera. Recordando que Carla quedaría sola le pregunté si deseaba sumarse a ese programa, contestándome afirmativamente. Me animé a la invitación porque ella tenía con mis hijos una relación cercana y afectuosa. Ya en el parque me sonó el teléfono, era Juana.

    – “Recién te vi con una mujer y los chicos en el auto. Espero que no sea una cualquiera la que está cerca de mis hijos”.

    Por supuesto que era verdad, y como en ese momento Carla estaba con los niños comprándole golosinas aproveché la oportunidad de seguir el hostigamiento.

    – “Raro, un domingo a esta hora, encontrarte fuera de casa, a menos que recién estés regresando. De todos modos te convendría ser precavida con lo que estás consumiendo, verme en el auto, mientras tomo el desayuno en mi comedor es ciertamente extraño”.

    – “Dame con alguno de los chicos”.

    – “Ni loco hacer que cualquiera de ellos pase por la espantosa experiencia de hablar con alguien desorientada en espacio y tiempo, chau”.

    Tiempo después de esa charla caí en cuenta que el correr del tiempo había espaciado mucho el contacto entre la madre y los hijos. Y no porque de este lado alguien lo dificultara, sino porque ella no lograba compaginar su vida. Ante eso busqué una fotografía donde estuvieran juntos, para hacerla imprimir y, en un portarretrato, colocarla en el dormitorio de ellos.

    Ya había pasado un año desde nuestra separación de hecho cuando Carla, acompañando a mis hijos, entró al dormitorio y vio esa imagen. Como la relación se desarrollaba en un clima de respeto, confianza y sinceridad, salió para preguntarme.

    – “Quién es la de la foto?”

    – “Mi ex y madre de los chicos. La conocés?”

    – “Sí, salía con mi hermano y me la presentó hace unos meses”.

    – “Lo que son las casualidades, por esa relación cortamos. Ya no siguen?”

    – “No, duraron menos de un año”.

    – “Quién hubiera pensado que por eso fuera capaz de dejar la familia”.

    – “Sabés algo de ella?”

    – “Prácticamente nada, la veo solo cuando viene a buscar o dejar las criaturas, y ni la saludo”.

    – “Perdoná la crudeza, pero son palabras de mi hermano, <Es una puta de cuidado y ha entrado en una espiral descendente de la cual nadie sabe el estado en que saldrá, si es que sale. Ya empezó a consumir drogas>”.

    Hay un espectáculo que suelo mirar en la red porque me resulta muy agradable, y es un coro de castañuelas catalán que ese sábado se presentaba en la ciudad. Pensando que a mi hermana y su amiga podrían gustarle las consulté; mi hermana tenía programa pero Carla aceptó así que la invité al evento y luego a cenar. Disfrutamos ambas cosas y luego a llevé hasta su casa parando el motor.

    – “Te agradezco la invitación, la pasé muy bien”.

    – “Yo soy el agradecido pues, no solo disfrute cena y concierto, sino también de tu compañía”.

    Para despedirme tomé su mano y le di un beso en el dorso. Ella me miró extrañada y reaccionó acercándose para darme un beso en la mejilla y luego bajar.

    Era broma frecuente entre nosotros que aludiendo a su aspecto, yo la tratara como si fuera una niña y ella, para no quedarse atrás, se refiriera a mí como a una persona de avanzada edad.

    Un miércoles, recién llegado del trabajo suena mi teléfono, era Carla.

    – “Qué gusto escucharla jovencita, necesita ayuda en las tareas escolares?”

    – “No venerable anciano, quería sacarlo de sus costumbres antiquísimas e invitarlo este sábado a cenar y luego tomar algo en otro lado”.

    – “Encantado, solo te recuerdo llevar a mano el documento de identidad por si pedís alguna bebida con alcohol”.

    – “No creo que lo necesite, sobre todo cuando diga que soy acompañante terapéutica de un abuelo centenario. Y elegí bien ya que en la propaganda de la discoteca hay un aviso que dice: <Recibimos gerontes>”.

    – “Perfecto, el sábado, a la hora que me digas voy a buscarte, iremos en taxi para emborracharnos tranquilos”.

    Y así fue, después de comer y beber moderadamente, pues la noche recién empezaba fuimos al lugar elegido. Ambiente agradable, música variada, lo mismo que la concurrencia, me hicieron sentir a gusto después de un buen tiempo de no frecuentar esos lugares. Eso, unido a la deliciosa compañía, presagiaban momentos muy placenteros. El salón era cómodo y daba para todos los gustos, quienes querían movimiento estaban más cerca de la pista y aquellos que preferían intimidad se replegaban hacia donde la luz era bastante tenue y los sillones más amplios. Cuando nosotros llegamos, este era el único sector con comodidades libres. Después servirnos en la barra, salimos a la pista.

    Bailábamos tranquilos y disfrutando cuando escucho la voz de mi ex.

    – “Qué hacés aquí?”

    – “Mil disculpas, me olvidé de pedirte permiso. Tenés autorización de los padres para salir con este joven?”

    – “Hacete dar por el culo, hijo de puta”.

    – “Voy a aceptar tu sugerencia, vos hijo tené cuidado, no te vaya a pegar alguna venérea. Que se diviertan”

    Nos desentendimos de esa presencia indeseable, pero Carla me preguntó.

    – “Si te sentís incómodo tranquilamente podemos irnos a otro lado”.

    – “No preciosa, te pido disculpas por mi contestación grosera pero no me pude contener, en un minuto se me pasa la incomodidad, ella no es tan importante como para arruinarnos la noche. Dejame aprovechar que tengo entre los brazos a alguien totalmente opuesta”.

    Un rato más seguimos en la pista y regresamos a la mesa a tomar algo.

    – “Joaquín, creo que nos tenemos suficiente confianza como para preguntarte algo íntimo”.

    – “La introducción ya no me está gustando, es raro que usés mi nombre, pero escucho y estoy dispuesto a responder”.

    – “Es una simple curiosidad sin ánimo de molestar, hace dos meses que compartimos buenos momentos, salidas al cine, al teatro, a cenar, a tomar una copa y bailar, y sin embargo nunca tuviste un avance mayor. No has intentado besarme, al dejarme en casa lo hiciste en la puerta sin pretender entrar sabiendo que estaba sola, la máxima cercanía fue algún beso en la mejilla con abrazo a la altura de los hombros. ¿No te atraigo?”

    – “Qué pedazo de interrogante. La respuesta veraz quizá me perjudique, pero no te voy a mentir. Estoy loco por vos, y sos la responsable de que mi vida, como hombre, nuevamente valga la pena. Últimamente solo merecía ser vivida por la presencia de mis hijos, pero le tengo terror al rechazo, imaginar esa vergüenza me produce pánico, pensar que al atraerte bailando pongas el codo en mi pecho me pone al borde del infarto”.

    – “No te veo mariquita”.

    – “En otras cosas no, en esto sí. Soy bastante más grande que vos, tengo dos hijos y un fracaso matrimonial a cuestas. Todo eso, frente a tu juventud, belleza y pasado limpio. No sería ilógico que, ante un avance mío, puedas pensar <Este pretende mucho y ofrece poco>, aunque por delicadeza no me lo digas”.

    – “Como ayudante terapéutica de una persona mayor debo tener autoridad sobre el paciente, me la reconocés?”

    – “Por supuesto”.

    – “Entonces, sin poner pegas, vas a hacer lo que te diga. Sentate más al borde del asiento y, mientras me ubico, debés permanecer quieto y callado. Aceptado?”

    – “Desde luego, estoy en tus manos”.

    Mirándome fijamente, con la seriedad de quien hace algo importante, levantó su vestido hasta el comienzo de los muslos y se arrodilló a caballo de mi pelvis. Pasó los brazos detrás de mi cabeza e inclinándose puso su boca en mi oído.

    – “Te adoro viejito mío, sos el único anciano que amo con amor de mujer, sos el geronte de mi vida, ahora te voy a comer la boca, y ante la mínima resistencia te ahorco con mi bombacha que la tengo en el bolsillo”.

    Lo que pasó fue más que maravilloso, mucho más que delicioso, pero sobre todo infinitamente amoroso. Nuestras lenguas danzaron como si hubieran tenido ensayos previos, saboreándose mutuamente con la ternura que indicaba la preeminencia del afecto sobre el instinto.

    – “Voy a hacer algo que es serio, por lo menos para mí. Me voy a entregar a vos y me encantaría que me hagas tuya. Compartís ese deseo?”

    – “Es mi sueño, querida”.

    – “Bien, te recuerdo que seguís a mis órdenes. Me voy a sentar de costado sobre tus piernas pero corriendo el vestido para que no se interponga y quede libre mi piel. Con mi mejilla apoyada en el hueco de tu hombro vamos a dar la impresión que estamos en el tierno abrazo de dos personas que se aman. Mientras, de manera disimulada, vas a sacar tu miembro para ubicarlo entre mis labios; ni se ocurra penetrarme pues una persona mayor no hace eso con una niña, pero la niña sí se lo puede coger hasta el desfallecimiento”

    Y así sucedió, con una delicadeza que casi me lleva al orgasmo, produjo el contacto, cerró los ojos, abrió la boca, tiró la cabeza hacia atrás y se clavó. Luego volvió a la posición anterior, haciendo imperceptibles movimientos de frotación de los sexos, para susurrarme al oído.

    – “Ahora preñame mi amor”

    – “Estás llorando”.

    – “Es la manera seria que tiene mi corazón de exteriorizar la alegría que me inunda”

    Ha pasado un año, y me he visto en la necesidad de renovar cama y colchón por algo bastante más grande. Mis dos primeros hijos duermen abrazados a Carla mientras yo, al costado, me deleito sintiendo en el pecho los latidos del corazón de Florencia, que con solo dos meses, ha revolucionado nuestro hogar.

    Párrafo para mis amables lectores que también fueron comentadores.

    En los últimos relatos publicados los comentarios han ido disminuyendo paulatinamente hasta su desaparición. Que mi producción haya bajado de calidad, o no agrade son motivos más que suficientes para que eso suceda, y lo acepto de buen grado, aunque con tristeza. Esos mensajes, cortos, pero con palabras cargadas de sentido, eran una caricia para mi espíritu y por eso los extraño. Reciban mi saludo con afecto.

  • No me quedé con las ganas

    No me quedé con las ganas

    Sigo con mi esfuerzo para publicar en cada una de las categorías de la página, pensé mucho en que personaje de ficción y evitar personajes cliché, espero sea de su agrado y como siempre espero me motiven con sus comentarios.

    Tomó algo de tiempo y mucha paciencia, pero finalmente lo logramos. Atlantis estaba trabajando en un nuevo prototipo experimental de un barco de combate híbrido mar-aire, debimos imaginar que Black Manta querría tenerlo en sus manos. Aunque la mayor parte de la tecnología de Atlantis se basaba en el agua, todavía había una necesidad ocasional de aeronaves para volar sobre el agua, principalmente alrededor de los océanos que controlábamos, pero siempre estábamos trabajando para mejorarlas.

    La información se había filtrado a Manta, la nave híbrida en la que estábamos trabajando podría rivalizar con el armamento de los principales gobiernos del mundo. No solo sería el mejor submarino de la flota atlante, sino que también se convertiría en un avión de combate que podría alcanzar un gran territorio a velocidades increíbles. Y como remate, la nave fue diseñada para transportar lo último en armamento atlante.

    Era obvio que Manta querría el híbrido para sí mismo para replicarlo para su propio ejército. Llegó con algunos de sus mejores secuaces con trajes de combate para aguas profundas que él mismo diseñó, superó la seguridad de Atlantis, mató a varios guardias, obligó a un científico a desbloquear los códigos de seguridad del barco antes de matarlo también. Y logró tomar el barco.

    Lo hizo todo, gracias a información filtrada, sabía que Aquaman estaba en el otro lado del mundo ayudando a la Liga de la Justicia en otra misión, por lo que fue el momento perfecto. Por mucho que le hubiera gustado pelear contra Aquaman nuevamente, en ausencia del Rey de Atlantis sería más fácil conseguir esa nave.

    El barco era enorme y mucho más impresionante de lo que habría esperado cualquiera. Encendió los motores y puso rumbo a la superficie. Allí, navegaría la nave hasta su base secreta. Mientras escapaban de la base militar submarina, los secuaces de Manta celebraron una misión exitosa. Celebración que duró poco ya que escucharon explosiones a su alrededor, sacudiendo la nave. Fueron descubiertos tomando el barco y ahora estaban bajo el ataque de Atlantis.

    Manta ordenó a sus hombres que ocuparan sus puestos y se prepararan para la batalla. Se las arreglaron para destruir varios cazas atlantes, pero ellos mismos sufrieron graves daños. Después de una inmensa batalla, Manta llevó la nave a la superficie, la convirtió en un avión de combate y partió hacia el cielo.

    Los secuaces celebraron de nuevo, pero nuevamente eso duró poco ya que varios guardias atlantes invadieron la cabina. Frente a ellos, de pie con mi tridente apuntando hacia Manta, estaba Yo, Mera, la reina de la Atlántida y esposa de Aquaman.

    Manta: «Hola, Mera, Qué bueno verte de nuevo.»

    Yo: «Dile a tus hombres que se rindan», ordene.

    Manta: «Sabes, no puedo hacer eso, ¡ATAQUEN!»

    Una feroz batalla tuvo lugar en la cabina cuando me enfrente a Manta mientras mis guardias luchaban contra sus secuaces. Seguramente Manta querría usar la explosión de energía que podía disparar desde su gran casco, pero podría causar daño grave a la nave híbrida, por lo que se vio obligado a luchar cuerpo a cuerpo. Su armadura siempre resistió bien contra Aquaman, muy probablemente asumió que podría hacerlo mucho mejor contra una mujer. Aunque no era tan fuerte como mi esposo, le demostré que no debía subestimarme.

    Los guardias derrotaron rápidamente a los secuaces y con destreza sometí a Manta. Seguramente se sintió inmensamente avergonzado de haber sido derrotado por una mujer. Y en contra de su buen juicio, me disparó su ráfaga de energía en su máxima intensidad directamente. Lo vio venir y me aparte, dejando que la explosión golpeara la pared detrás, causando mucho daño a los sistemas de la nave.

    La nave comenzó a dar vueltas sin control; todos los secuaces y guardias cayeron por el gran agujero causado por Manta al océano. Sabía que mis hombres, por supuesto, estarían a salvo cayendo al océano; los secuaces, sin embargo, no tendrían tanta suerte.

    La nave se estaba saliendo de control cuando Manta intentó tomar el control de los sistemas.

    Yo: «¡Pendejo, Lo estás haciendo todo mal!» grite.

    Manta: «Cállate, perra, ya lo tengo bajo control”

    Manta obviamente no sabía lo que estaba haciendo, lo empuje fuera del camino para tratar de estabilizar la nave. Manta se ofendió y luchó por los controles, causando más daños a los sistemas.

    No sabía cómo, pero la nave comenzó a volar a velocidades increíbles y muy alto en el cielo, a kilómetros de distancia del océano. Ninguno de los dos teníamos idea de hacia dónde se dirigía. Todo lo que podíamos hacer ahora era aferrarnos a algo mientras la nave estaba fuera de control.

    La nave dejó de volar y comenzó a descender. La computadora alertó que estábamos a punto de estrellarnos.

    Manta: «Esto es tu culpa» gritó.

    Yo: «Es mejor que este accidente te mate antes que yo», le grite.

    Nos aferramos con fuerza cuando el barco se estrelló. No se detuvo de inmediato, sino que siguió saltando por la tierra, disminuyendo la velocidad antes de que finalmente golpeara algo en el exterior y se detuviera. Tanto Manta como yo volamos alrededor de la cabina, golpeando nuestros cuerpos contra las paredes con mucha fuerza.

    Estuve inconsciente por un tiempo, al abrir los ojos, me sorprendí al ver a Manta sin su armadura, solo con camiseta y bóxer, de pie sobre mí. Vi que sostenía un trozo de tubería rota con borde afilado e irregular en su extremo que bajaba hacia mi cuerpo, sin más protección que mi uniforme verde que abrazaba firmemente cada curva, en un instante, usé mis habilidades hidrocinéticas para usar el agua que me rodeaba y formar un escudo de sobre escote. El escudo impidió que la tubería me atravesara.

    Manta trató de sacar el tubo del escudo, pero no fue lo suficientemente fuerte. Mientras estaba distraído, estaba en una buena posición para patear directamente en la ingle de Manta, haciéndolo caer de dolor. Me levante del suelo. Justo cuando Manta se levantó para enfrentarme, use mis habilidades nuevamente para con el agua del escudo contener Manta, dejando solo su cabeza libre.

    Manta: «¡Déjame ir, perra!»

    Yo: «No, creo no».

    Mires alrededor pude ver la armadura dañada de Manta, agarré la misma tubería que Manta intentó usar para matarme. Lo golpeó con mucha fuerza contra su cabeza con el extremo desafilado de la tubería, noqueando a Manta al instante.

    Tenía que actuar con inteligencia y no desgastar mis energías, busque con que atarlo para que no fuera un peligro, mientras lo hacía no pude evitar reconocer su buena masa muscular era un buen espécimen de macho humano, palpar su tonificado cuerpo, estimulo mi lívido, si tan solo Aquaman pasara más tiempo en Atlantis que en sus misiones, no era momento para pensar en ese tipo de necesidades, después, revise el sistema de comunicaciones, y para no variar nuestra suerte estaba averiado.

    Cuando Manta se despertó algún tiempo después, se encontró incapaz de moverse. Estaba atado con varios de cables eléctricos que puedo cortar del barco. Encontrándome haciendo todo lo posible para arreglar el sistema de comunicación.

    Manta: «¡Déjame ir!» gritó.

    Me levante, me acerque a Manta y le di un fuerte puñetazo en la cara.

    Manta: «¿Y eso, por qué?».

    Yo: «Trataste de matarme, pendejo».

    Lo golpe con fuerza en la cara nuevamente antes de regresar al sistema de comunicación.

    Manta: «¿Dónde estamos?»

    Yo: «En medio del desierto de Mongolia».

    Manta: «¿En serio?».

    Yo: «Eso es lo que pasa cuando dañas el sistema de navegación».

    Manta: «Al menos no estamos cerca del agua, Eres débil aquí».

    En ese momento, gotas de agua comenzaron a volar a su alrededor. Le estaba demostrando el uso de mis habilidades hidrocinéticas; el poder me dio control total sobre el agua y la capacidad de usarla de la forma que quisiera. Convertí parte del agua en un gran pico de hielo y lo apunte directamente a la yugular de Manta.

    Yo: «Creo que ese golpe en tu cabeza te hizo olvidar cómo te derroté antes de noquearte, Todavía queda mucha agua del océano embarrada por todo el barco y el motor, así que no empieces a pensar que estoy tan indefensa».

    Manta vio cuánto estaba esforzándome para que el comunicador funcionara; arregle algo, pero no sabía mucho sobre tecnología para que funcionara perfectamente.

    Manta: «Déjame arreglar eso, ya sé qué hacer».

    Yo: «No».

    Manta: «Soy un experto en tecnología atlante. Y tu solo sabes cómo ordenarle a la gente que lo arregle, Puedo arreglarlo mucho más rápido si me sueltas».

    Yo: «Ni en tus sueños, te soltaría».

    Manta: «¿Porque no?» Exigió saber.

    Yo: «¿En serio? A lo largo de los años, has intentado matarme a mí o a Aquaman cientos de veces, incluso hoy. ¿Por qué chingados confiaría en que no los vuelvas a intentar si te desato?»

    En ese momento, Manta se dio cuenta de que no estaba llegando a ninguna parte y dejó el tema, al menos por el momento.

    Dos días después, era obvio que Atlantis, la Liga de la Justicia o cualquier otra persona no tenía idea de dónde estábamos. Durante ese tiempo, intente y falle innumerables veces arreglar el comunicador. Me las arregle para obtener un sonido proveniente de él, pero no tenía forma de llamar a nadie para pedir ayuda.

    Manta no ofreció su ayuda esos dos días; quería esperar para ver si le pedía ayuda. Lo desate por breves momentos para dejarlo comer o ir al baño, siempre tenía una serie de grandes carámbanos apuntando a varias partes de su cuerpo listos para apuñalarlo.

    Sabía que a estas alturas habría pensado en cómo escapar y matarme, pero sin su armadura Manta, no había forma de que pudiera lograrlo. Era un hombre en muy buena forma física, que podía dominar a una mujer humana de tamaño regular, pero Yo era atlante y no solo más fuerte que la mujer humana promedio, sino también más fuerte que la mayoría de los hombres humanos.

    Al tercer día, mientras comíamos, Manta finalmente decidió decir algo.

    Manta: «Déjame ayudarte a arreglar el comunicador, y tienes mi palabra de que no intentaré matarte», dijo Manta.

    Yo: «No».

    Manta: «Escúchame, tenemos que trabajar juntos, sé que traté de matarte, pero ya llevamos aquí tres días. Obviamente, Aquaman no sabe dónde estamos ni cómo encontrarnos.

    Yo: «No, solo intentarás matarme de nuevo»

    Manta: «Lo siento, pero no podemos seguir así para siempre, ¿Cuánto tiempo más podemos sobrevivir aquí con raciones militares?».

    Lo pensé por un momento y consideré si era sincero o no. Era difícil saberlo con los supervillanos; eran expertos mentirosos.

    Yo: «Necesito preguntarte algo que siempre quise saber. Si alguna vez logras destruir a Aquaman y Atlantis, ¿entonces qué? ¿Qué pasará después?».

    Manta: “No lo sé, Realmente nunca pensé en lo que debería hacer a continuación. Todo lo que puedo pensar es en vengarme de Aquaman por dejar morir a mi padre, sin importarle».

    Hice una pausa incómoda cuando dijo esa última parte. Trate de ocultarlo al seguir comiendo, pero Manta lo vio.

    Manta: «¿Qué? ¿Qué fue eso? Mencioné cómo dejó morir a mi padre, y me disté esa mirada rara».

    Yo: «No es nada, Es solo algo que mi esposo me dijo hace mucho tiempo, pero no es nada.»

    Manta: «¿Qué? ¿Qué te dijo sobre mi padre?»

    Tratando de pensar en qué decir.

    Yo: “Aquaman me dijo que lamentaba haber dejado morir a tu padre, Ese momento tuvo un efecto en él. No de inmediato, pero con el tiempo, se dio cuenta de lo equivocado que estaba y deseó haber hecho más para ayudarlo».

    Manta quedó atónito ante esa revelación; seguramente siempre pensó que a Aquaman nunca le importó dejar morir a su padre, pero ahora acababa de escuchar cómo lo lamentaba. Pude notar en su mirada una especie de liberación.

    Al cuarto día, seguí fallando en arreglar el comunicador. Manta trató de ofrecer consejos sobre cómo solucionarlo; pensó que, si no podía arreglarlo él mismo, entonces tal vez podría decirme qué hacer. Pero decirle a alguien cómo arreglar una pieza sofisticada de tecnología fue mucho más difícil de lo que imaginaba. Conseguí que funcionara un poco con su ayuda, pero aun así no fue suficiente.

    Manta: «Escúchame, tienes que dejarme poner mis manos en esa máquina, Sé que no confías en mí y no te culpo, pero no podemos seguir así».

    Ya a estar alturas, mi desesperación hormonal, no solo deseaba que pusiera sus manos sobre la máquina para volver a estar con mi esposo, ya me hacía desear un remedio más cercano para encontrar alivio a mi fogosidad.

    Yo: «Lo pensaré».

    Vi su cara de satisfacción al decir eso porque era mucho mejor que escucharme decir que solo un No.

    Me tome un descanso, para comer. Tuvimos suerte de que el barco estuviera lleno de raciones militares; la comida era terrible, pero aun así era comida.

    Manta logró sacar una pequeña charla, incluso haciéndome reír un poco. Conseguí que Manta hablara un poco más sobre sí mismo y vi un cambio en su personalidad. En lugar del hombre loco con el que estaba peleando días antes, podía ver que en el fondo era un tipo normal.

    Al día siguiente, cuando Manta no estaba tratando de convencerme de que lo dejara arreglar el comunicador, hablamos un poco más. Le conté algunas anécdotas divertidas sobre la Liga de la Justicia que le hicieron reír.

    Lo intentamos una vez más, con Manta diciendo qué hacer para arreglar la máquina, pero se estaba volviendo cada vez más frustrante. Con las raciones de comida y agua agotándose, mis hormonas cada vez más iracundas y sin esperanza de ser rescatada, finalmente decidí DARLE una oportunidad… de ayudar a calmar la tensión.

    Yo: «Está bien, dejaré que intentes arreglarlo».

    Manta puso cara de satisfacción al escucharme decir eso.

    Manta: «Gracias, No te decepcionaré».

    Yo: «Será mejor que no, si sabes lo que es bueno para ti».

    Manta: «No te preocupes, sé lo que pasará si lo hago, Puedes mantener tus estacas de agua flotantes sobre mí todo el tiempo que quieras».

    Yo: «Espero que eso no sea necesario».

    Lo desate y él se levantó de la silla en la que estaba siendo retenido y estiro su cuerpo. Mientras lo hacía, lo GRANDE que eran TODOS sus músculos, disfrute del serpenteo de su cuerpo y quedé impresionada con lo bien tonificado que estaba. Manta era un hombre afrodescendiente alto con rasgos atractivos, y no pude evitar pensar en lo sexy que se veía; cuando no estaba tratando de matarme.

    Manta comenzó a trabajar en el comunicador, y lo estaba haciendo mucho más rápido de lo que esperaba. Observe y pudo ver cómo él estaba trabajando en los diversos componentes de la máquina, dándome cuenta de las cosas que había hecho mal cuando yo misma lo intente.

    Me preguntaba para que más eran hábiles esas manos grandes y callosas.

    Después de unas horas, Manta terminó de trabajar y probamos la máquina. Envíe una señal a Atlantis con un código de comunicación secreto; Manta accedió a mirar hacia otro lado mientras lo usaba. Envíe un mensaje para que mi gente supiera que estaba viva y que necesitaba ayuda.

    Tomó algún tiempo, pero finalmente conseguimos señal.

    Vulko: Mera, ¿eres tú?

    Yo: «Sí, soy yo, ¿Quién eres?»

    Vulko: «Soy Vulko, Te hemos estado buscando por todas partes”

    Estaba encantada de escuchar que era Vulko, uno de los principales asesores y confidente más cercano de Aquaman.

    Yo: «¿Pueden localizarme?»

    Vulko: «Sí, ahora que tenemos señal de la ATLANTIS-05”

    Manta: «Espera, ¿ATLANTIS-05? ¿tienes más de estas naves?»

    Yo: «Algunas, pero en realidad son versiones menores de esta»

    Vulko: «Le haré saber a Aquaman dónde estás, Deberíamos estar allí en unas pocas horas».

    Apagaron el comunicador y celebramos con un fuerte abrazo. Sin que Manta supiera, disfrute de la sensación de su tonificado Y DURO cuerpo mientras nos abrazábamos, su cercanía me dejo sentir su fuerte olor, de MACHO humano.

    Yo: «Espera, tengo algo para nosotros».

    Fui a la parte trasera de la cabina, abrí un armario y saqué una botella de vino atlante de 200 años.

    Yo: «Uno de los guardias debe haberlo colado en este barco, Ahora es nuestro”.

    Encontré dos tazas y serví el vino para ambos. Entrechocamos nuestras tazas e hicimos un brindis por finalmente ser rescatados. Manta no sabía qué iba a pasar con él cuando llegara Aquaman; con su armadura severamente dañada, no pudo luchar para escapar y de todos modos no tenía adónde ir en ese desierto de Mongolia. Su mejor opción era rendirse cuando llegara Aquaman y la guardia atlante. No había pena de muerte en Atlantis, por lo que podía esperar su tiempo mientras estaba en prisión para escapar.

    Bebimos más de ese vino, con Manta pidiendo más y más. Le di la botella, diciéndole que podía tomar el resto de la botella, y comenzó a beber directamente de ella.

    Manta: «Esto está muy bueno el vino».

    Yo: «¿Te imaginas si algún día logras destruir la Atlántida? Entonces no habría más de este vino en ninguna parte».

    Manta: «Tengo que reconsiderar seriamente mis prioridades cuando se trata de Atlantis» bebió un poco más.

    Manta comenzó a verse mareado y necesitaba sentarse.

    Yo: «Aww, ¿no puedes manejar nuestro vino? Tal vez pueda encontrarte un poco de leche para bebés, eso sería más adecuado a tu resistencia».

    Manta: «Puedo manejar mi alcohol, señora, He sido capaz de beber más que todos en la Legión del Mal. Especialmente Bane».

    Ambos bebimos un poco más y pasamos un buen rato riendo y contando historias sobre las aventuras que habíamos vivido por el mundo. Quede impresionada con la cantidad de vino que pudo beber durante el buen tiempo que pasamos juntos.

    Yo: «Tengo que disculparme. Supongo que puedes manejar el vino atlante», con sarcasmo.

    Manta: «Se lo dije, señora, puedo con cualquier cosa Atlante», dijo.

    Yo: «¿Con cualquier cosa ATLANTE?» con una sonrisa maliciosa en mi rostro. «¿Podrás conmigo?»

    Manta: «¿Qué quieres decir con eso?»

    Empuje a Manta al suelo, lo cual fue muy fácil teniendo en cuenta lo fuerte que era. Me puse justo encima de él, a horcajadas sobre su área pélvica. Seguramente, Manta pensó que esto era una trampa, que finalmente lo iba a matar. Estaba a punto de luchar contra mí, cuando se dio cuenta de que me había bajado la parte superior del escote de mi verde uniforme entallado.

    Manta: «¿Qué estás haciendo?»

    Yo: «Conseguir algo, que he estado deseando durante días»

    Le quite la camisa y quede impresionada con su amplio pecho y hombros; no tan grandes como los de mi esposo, pero aun así era lo suficientemente bueno para excitarme. Comencé a besarlo, lo que lo tomó por sorpresa; para cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo, nos estábamos abrazando con fuerza mientras comenzábamos a rodar por el suelo, besándonos. Manta agarró mis senos, amasándolos suavemente entre sus manos, llevándolos a su boca mordisqueándolos suavemente; nunca antes había tocado los senos de una mujer atlante; seguramente se sentían mucho mejor que los de una mujer humana.

    Deslizo mi cuerpo fuera del resto de mi uniforme e hice lo propio con su bóxer, ambos estábamos desnudos por completo y quedé impresionada con el tamaño de su erección. Me había hecho una buena idea de lo grande que era por el contorno de sus calzoncillos, durante su cautiverio, pero no pensé que sería tan grande cuando se pusiera erecto.

    Yo: «Wow, los rumores sobre los humanos afrodescendientes son ciertos»,

    Manta puso su cara de felicidad al escuchar eso.

    Tome su venosa verga y lo acaricie, mientras embarraba mi cuerpo contra el suyo, mis senos se aplastaban contra su torso, mi entrepierna subía y bajaba por su musculoso muslo, podía ver en su rostro y gesticulaciones que lo estaba volviendo loco de placer. Sabía lo que les gustaba a los hombres humanos o atlantes, todos eran iguales. La sensación de piel contra piel, me humedecía satisfactoriamente, pensé en chuparle la verga, pero no quería ir tan lejos; ya era bastante malo que fuera a engañar a su marido con su archienemigo; lo menos que podía hacer era evitar poner su verga en la boca que el resto de su vida besaría.

    Manta me puso sobre mi espalda. Abrí las piernas para él con anticipación, mi cuquita estaba lista y ansiosa por engullirlo y devorarlo, él hundió su polla directa y suavemente en mis lubricados interiores. Estaba caliente y mis músculos internos abrazaron con gusto al oscuro invitado; la cara de Manta reflejaba su sorpresa de lo apretado que podía ser el coñito atlante, pero estaba segura de que le era placentero. Grite de regodeo cuando él me penetro profundamente, amaba cómo se sentía dentro de mi cuquita.

    Me culeo tan fuerte como pudo, mientras gemía fuertemente en su oído. Manta fue implacable; quería tanto goce como pudiera.

    Después de un rato, giramos y estaba encima de él. Rebotaba rítmicamente engullendo su verga apretándola entre mis labios vaginales, estaba en mi modo más brutal. Mis senos se movían enloquecidas en cada impulso, mi cabello volaba salvaje. Manta seguramente al ser un hombre dominante, no era un fanático de la posición de vaquera. Pero sus manos recorriendo una y otra vez el camino entre mis nalgas a mis senos tomándome de la cintura, me indicaban que ahora disfrutaba tenerme encima de él.

    De repente me tomo de la cintura y me bajo, acomodándome en cuatro patas. Él se puso detrás, empuño su verga más profundamente dentro, agarró firmemente mis caderas y procedió a darme el mejor sexo al estilo perrito de la vida. Siempre disfrute de esta posición, pero la forma en que él lo estaba haciendo me hizo disfrutar más que nunca, mucho más que con mi esposo.

    Yo: «¡SÍ! ¡Cogemee, cogeeeme, asíii!» grite.

    Manta: «¿Te gusta que te cojan así, perra atlante?» gritó.

    Yo: «¡SÍ!» grite.

    Me azoto fuertemente con su mano mis nalgas mientras me llamaba por una variedad de apelativos ofensivos. Estaba sorprendida por las cosas que le permitía decirme y me excitaba. Manta me agarró del cabello y lo jaló hacia atrás con fuerza, haciéndome gritar. Empezó a cogerme aún más rudo mientras me tiraba del pelo. Sentía la sangre en mi rostro que en esos momentos seguramente lucía un color rojo brillante mientras gritaba en éxtasis.

    Después de un tiempo, Manta comenzó a disminuir la velocidad mientras me daba algunos buenos empujones finales en mi coñito y finalmente eyaculó, vertiendo hasta la última gota. Se las arregló para follarme lentamente durante unos minutos más antes de que su polla se ablandara y tuviera que salir de mi.

    Yo: «Eso fue fenomenal».

    Manta: «Estuviste asombrosa».

    Ambos nos pusimos de pie y nos vestimos.

    Manta: «En la madre, olvidé que tu esposo viene a recogernos, ¿Que hacemos ahora?»

    Yo: «¿A qué te refieres?».

    Manta: «Acabamos de tener sexo, Esto va a hacer las cosas incómodas».

    Yo: «Para ti, tal vez, Especialmente con lo que tengo que hacer».

    Manta: «¿Qué quieres decir?».

    En un instante, golpe con mi rodilla la polla de Manta tan fuerte como pude. Se dobló con un dolor inmenso, incapaz de respirar o pensar con claridad por el repentino impacto en sus testículos. Le agarre por cabello y, con la misma rodilla, golpee su cara con todas mis fuerzas y salió volando hacia atrás. Quedo noqueado en el suelo.

    Antes de que llegara Aquaman, había atado a Manta nuevamente. Decidí ser amable y curar su nariz lo mejor que pude. Busque en botiquín de la nave, un sedante que solo se puede encontrar en Atlantis y tiene efectos secundarios inusuales en humanos.

    Aquaman llegó con Vulko a su lado. Cuando los vi, corrí hacia él y lo besé con fuerza.

    Yo: «Te extrañé mucho».

    Aquaman: «Yo también te extrañé, nena, Estaba tan preocupado por no saber de ti en días».

    Yo: «Lamento haberte preocupado. Traté de arreglar el comunicador por mi cuenta, pero eventualmente tuve que confiar lo suficiente en Manta para arreglarlo y poder contactarte».

    Los lleve a ambos al interior de la nave híbrida dañada para recoger a Manta, que estaba atado e inconsciente en el suelo.

    Aquaman: «¿Es alcohol lo que huelo?”.

    Yo: «Sí, por arreglar el comunicador y mostrar su mejor comportamiento, pensé en RECOMPENSARLO. Fue una buena manera de ganarme su confianza y no intentara nada estúpido antes de que llegaran».

    Aquaman «Por lo que estoy viendo, es seguramente él intentó algo, ¿no?»

    Yo: «Me ATACO CON TODO y tuve que romperle la nariz y noquearlo»

    Manta comenzó a despertarse y trató de levantarse antes de darse cuenta de que estaba amarrado. Tenía una inmensa cantidad de dolor, no solo por su dolor de cabeza sino también por su nariz rota.

    Manta: «¿Qué sucedió? ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí?»

    Miró hacia arriba y vio a Aquaman parado frente a él y comenzó a gritarle obscenidades. Aquaman lo pateó en la cabeza y lo noqueó nuevamente.

    Vulko: «¿Él no parece recordar por qué está aquí? «Parece un poco aturdido. ¿Lo drogaste, Mera?»

    Yo: «No quería más problemas con él en caso de que se despertara antes de que ambos llegaran, así que fui a la enfermería y tome algo de sedante atlante para dárselo.

    Vulko: «¿Sedante atlante?» con una cara de sorpresa. «Mi señora, eso puede ser suave para los atlantes, pero para los humanos tiene algunos efectos secundarios graves».

    Aquaman: «¿Qué tipo de efectos?».

    Vulko: «Para empezar, hay vértigo, diarrea, una sensación de ardor al orinar y algunos meses de impotencia, Pero lo más común, como puede ver, es una pérdida grave de la memoria».

    Yo: «¿Pérdida de memoria, dices?» tratando de contener una sonrisa. «No sabía eso.»

    Aquaman: «¿Cuánto de su memoria crees que ha perdido? Vulko”.

    Vulko: «Como mínimo, varias semanas. Y nunca la recuperará»

    Yo: «Eso es muy malo”

    Tratando de disimular lo más posible. No quería darles una pista de que me delatara.

    Aquaman: «¿Por qué es tan malo?».

    Yo: «Es que… Mmm… no sabremos cómo se enteró del barco”, justificándome.

    Vulko: «Creo que sé la respuesta a eso, fue Plastic Man” mientras sacaba su versión atlante de un teléfono inteligente. «Lo sigo en Twitter y de hecho mencionó el barco en un tweet. Varias veces, en realidad. Y puedo ver en su lista de seguidores que Manta es uno de ellos».

    Aquaman: «Ese cabron, Vino la semana pasada para un juego de póquer de la Liga de la Justicia y vio el barco. No pensé que sería tan pendejo como para twittear algo al respecto».

    Yo: «sí, él, es un pendejo de lo peor», con fingida indignación.

    Me sentí aliviada de que no habría sospechas sobre la verdadera razón por la que drogue a Manta. Una de mis fantasías sexuales más salvajes era culear con un supervillano; me gustaba la depravación de eso para alguien en mi posición. Pero ninguna de mis fantasías involucraba estar con Manta.

    Tener sexo con Manta no era mi intención. No me gustaba la idea de follar con el archienemigo de mi marido, así como con el hombre que intentó matarme varios días antes. Pero en los últimos días, mi sangre atlante le avivo esa fantasía en mi mente, y pensé que era mi única oportunidad de no quedarme con las ganas. Por supuesto, tuve que idear una manera de salirme con la mía, afortunadamente, ya estaba al tanto de los efectos adversos del sedante atlante en los humanos.

    Aquaman recogió a Manta por los pies atados y lo arrastró de vuelta al barco en el que vino a rescatarme. Manta se despertó y comenzó a gritar que nos iba a matar a todos y destruir la Atlántida. Vulko lo volvió a desmayar con un sedante para humanos para que no molestara en el camino de regreso a Atlantis.

    Aquaman dejó que Vulko pilotara la nave de regreso y le pidió que se tomara su tiempo para regresar a Atlantis. Sabía bien de mi temperamento fogoso y que necesitaba de la atención de un macho después de tantos días sin mi buena ración de sexo, Por tanto, me COMPENSO por la espera en nuestros aposentos antes de volver a casa.

    Fin

  • Mi hijo me cambió la vida (8)

    Mi hijo me cambió la vida (8)

    Hola a todos nuevamente, soy Lorena la mami incestuosa, hoy voy a contar mi última aventura con mi hijo Lucas y nuestros amigos Romina y Adrián, los que hayan mis relatos anteriores saben a quiénes me refiero, si no lo han hecho les recomiendo leerlos y también los relatos «Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también». Nuevamente agradezco muchísimo poder contar mis experiencias y muchísimas gracias por todos los comentarios y mensajes, son muy valiosos para mi, sin más demora empiezo.

    Un día cualquiera de la semana termine temprano mi trabajo y pude retirarme unas horas antes, en eso me llega un mensaje de Adrián el chico que sale con mi amiga Romina y con quienes hemos hecho repetidos encuentros, me decía que andaba cerca de mi trabajo y justo yo salía temprano, le dije que me pasara a buscar y tomábamos algo juntos, así lo hizo fuimos a un lindo lugar cerca a tomar algo fresco.

    Me pregunto cómo andaban mis cosas, como estaba Lucas y de todo un poco, nos tomamos una rica cerveza cosa que me encanta hacer, me dice si estaba con prisa le contestó que no, entonces me invita un rato a su casa, yo acepto imaginando lo que podía resultar ir a su morada.

    Llegamos me dice que me ponga cómoda y en cuanto me di cuenta nos estábamos comiendo la boca, Adrián me manoseaba toda quitando mi ropa, me decía que deseaba tenerme para él solo, hasta ese momento habíamos cogido pero en grupo con Lucas y Romina pero nunca los 2 solos, ya sin ropa hicimos un 69 divino, después nos dimos una muy buena cogida en el sofá, la experiencia a solas con Adrián fue más que buena.

    Después de acabar nos tomamos otra cerveza fría desnudos en el sofá, nos pusimos a charlar de todo y allí me hizo una confesión, Adrián es bisexual, me contento que tiene una hija de 10 años y que se había separado de la madre de la niña cuando él decidió contarle su orientación, me dijo que había estado con varios hombres de manera activa y pasiva, que antes de estar con Romina había salido con chico de 20 años y que mi amiga también sabía de sus gustos, me sorprendió un poco lo que me contó pero obviamente no lo juzgue en lo absoluto, pero si me dejo sin palabras cuando me comento que le gustaría probar la verga de Lucas, su nueva confesión me dejo muda pero a la vez un morbo me invadió, imaginar a mi nene dándole verga a Adrián hizo que me excitara, Adrián me pregunto que opinaba, si le molestaba no volvería a mencionar el tema e incluso si era necesario no nos veríamos más, le respondí que no me molestó en lo absoluto, que es más la idea me había puesto caliente pero no sabría como tomaría Lucas.

    Él me dijo que con poder chuparsela estaría más que satisfecho, le dije que intentaría hablar con mi hijo y ver como lo tomaría, antes de irme nos dimos una ducha juntos donde me volvió a coger rico, mientras me clavaba bajo el agua yo me imaginaba toda la situación y eso me puso muy caliente, Adrián me volvió a llenar de leche, me vestí y me despedí de él para irme a casa.

    Pasaron unos días y mi cabeza era una revolución pensando en lo que Adrián me había dicho, esa revolución se trasladaba a mi Conchita que se humedecia cada vez que la idea me volvía a la mente, quería hablar con Lucas pero no sabia como, hasta que una noche me decidí.

    Estábamos en la cama con Lucas viendo TV y nos pusimos cariños, nos estábamos comiendo la boca cosa me encanta y que en ocasiones hacemos por largo rato como 2 adolescentes, en eso le pregunto que opinaba de Adrián, él me dice que es un buen muchacho, yo le digo que dirías si supieras que él es bisexual?? Lucas me responde que eso a él no debe importarle, que cada uno es libre de ser lo que quiera, y entonces procedo a preguntarle que diría si Adrián quisiera chuparle la verga a él??

    Lucas se río, yo lo mire seria, él me dice «Enserio me estas hablando??», yo le respondo que si que Adrián es bi y que estaría gustoso de probar su verga, Lucas se puso serio, crei que se había enojado, pero me dijo que solamente estaba sorprendido, me pregunto si Adrián me había confesado y le dije que si, también le dije que no estaba obligado aa hacer nada que no quisiera, Lucas me dijo que nos diéramos una ducha juntos ya que hacía un poco de calor, ya en la ducha juntos Lucas me empezó a tocar y besar, en cuanto estuvo con la verga dura me colocó de espaldas a él y comenzó con una buena cogida de las que sabe darme, bombeaba con más intensidad de lo normal, se lo notaba muy caliente y yo agradecida recibía sus embestidas, en el momento de máxima calentura me dice al oído «Querés verme coger a Adrián no?? Eso te calienta verdad?? » Yo con mi concha echa una braza al borde de explotar gritaba que siii, «Sos una puta morbosa mami, eso me vuelve loco de vos, voy a darte el gusto mi vida» y me lleno la concha de leche mientras me decía eso.

    Se había dado el paso, Lucas estaba dispuesto, ahora solo quedaba coordinar el encuentro, pero Adrián vendría en plan de o saber nada aunque yo se lo había dicho.

    Viernes tarde noche llegan Romina y Adrian a casa, yo preparando una Rica comida mientras Lucas venía en camino a casa, Adrián y Romi me saludan con un besito en la boca.

    Ordenábamos la mesa cuando llega mi niño, los saluda a ellos y me guiña un ojo, mi raja ya se humedecia, cenamos e hicimos una sobremesa con risas y comentarios graciosos.

    Yo fui a la habitación a ponerme cómoda, me dirigí al living con un camisón diminuto y ropa interior solamente y cuando llego al sofá Lucas y Adrián ya le daban de mamar a Romina que estaba sentada mientras ellos de pie con sus vergas duras se iban quitando sus remeras, «Malos empezaron sin mi», «Veni Lore que para vos también hay» me responde Adrián, me siento como Romina y empiezo a recibir la verga de Adrián mientras Lucas abastecía de carne la boca de Romi.

    Fue un buen rato de mamadas, Adrián me colocó en 4 y empezó a cogerme mientras Lucas abrio de piernas a Romi para clavarle su verga en la concha, los chicos estaban hechos unos toros dándonos una buena cogida, Lucas me Mirón me volvió a guiar el ojo después de mirar hacia a Adrián, lo tome como la señal de que lo que habíamos hablado se iba a dar, Adrián se salió de mi y yo les dije a todos que vayamos a mi habitación para estar con más espacio, los 4 nos dirigimos allí, Adrián me puso de costado y me volvió a meter la verga en la concha, me agarraba las tetas mientras me la metia profundo, Lucas me daba de mamar alternando entre mi boca y la de Romina, hasta que en un momento veo que saca su verga y la dirige hacia Adrián dejándola a su alcance y este la atrapo con su boca, se consumaba al fin y mi nene se la metía entera a nuestro amigo, el morbo de la situación me tenía volando de calentura y encima Romi se ponía sobre mi cara para que yo chupara su concha, los 4 disfrutabamos a la vez, Adrián me colocó en 4 con mi cabeza hacia abajo y mi culo súper empinado, me la metió en el culo y Lucas en la concha, Romi con sus piernas abiertas me ofrecía nuevamente su concha que no perdí tiempo en chupar, Lucas lubrico bien su verga con los jugos de mi raja y la dirigió al culo de Adrián, se la metió, Adrián me cogia el culo y al mismo tiempo Lucas se lo cogi a él mientras yo me empachapaba con la concha de mi amiga.

    Era un bacanal fuera de este mundo, los 4 gimiendo y gozando de diferentes formas, fueron varios minutos así hasta Adrián que gemia como burro explotó en mi concha mientras Lucas aún aguantaba su descarga «Donde querés la leche Adri??» Le dijo mi hijo, Adrián pidió tenerla adentro y así fue, que locura acabábamos de hacer, ambos sacaron sus vergas goteando leche, yo me puse a limpiar ambas, sabían deliciosas, las chupe tanto que su dureza no cedía y entre los dos se fueron hacia Romi, Adrián acostado con ella sentada en su pija metida en la concha y Lucas perforando su culo, la hicieron gemir como la puta que es hasta llenarle sus hoyos de leche, sacaron otra vez sus mangueras escurriendo leche que entre ambas limpiamos.

    Aún era temprano y después de un descanso volvimos a la acción, Adrián mamo la verga de Lucas nuevamente mientras Romina y yo nos repartimos la pija de su chico, luego romina y yo nos dábamos un delicioso 69 mientras mi Luquitas le cogia el culo a Adrián, luego vinieron los chicos a atendernos a las 2, Lucas con Romina y Adrián conmigo, más tarde recibí la doble yo también, la noche fue increíble, cerca de las 4a.m. nos habremos dormido, a la mañana siguiente me duche junto a Romi mientras los chicos nos hacían el desayuno, por la mañana se fueron dejándonos con ganas de repetir esta alucinante noche.

    Espero les haya gustado este nuevo relato, yo disfrute mucho escribiendolo, espero sus comentarios y mensajes, reitero mi correo electrónico [email protected], muchísimas gracias a todos por leerlos, es muy importante para mi, les envió un beso enorme a todos.

  • La hija de mi clienta

    La hija de mi clienta

    Que tal, quiero iniciar una de tantas historias que he tenido en mi oficio de carpintería. Este relato que contaré fue el inicio de tantas aventuras que eh tenido con más clientas y comienza así.

    Una tarde me recomendaron a una señora la cual le urgía un mueble y me solicitaba ir a medir a su casa, cuando acudí me percate que en la sala, al parecer acababan de meter la ropa de lavar, había muchas tangas y por un momento sentía morbo por pensar que eran de la señora, estaba a punto de robarme una cuando fui interrumpido por la señora, para explicarme las especificaciones del mueble y un adelanto.

    Debo aclarar que hasta este punto, sabía que tenía una hija de 20 años la cual era muy candente, y de chismes que de anduvo con el novio y el cuñado al mismo tiempo.

    Total el día de la entrega, por fin conocía a su hija personalmente y no podía evitar mirarla, está buenísima. Al final después de la entrega ofrecía mi contacto para futuros trabajos e inmediatamente la hija me lo aceptaba

    Pasaron días, hasta que una tarde de sorpresa recibí su mensaje pidiéndome acudir para un mueble, al llegar la hija me recibía con un pequeño y sensual vestido negro, con unos tacones, mientras la acompañaba no podía evitar ver el meneo de sus caderas, y me platicaba que le habían cancelado sus amistades y que estaba sola.

    Mientras me explicaba, se empinaba y me percataba que traía la tanga que anterior mente pensaba robarme y por más que trataba de disimular no podía, ya moría por tocarla. Cuando termine de medir, me preguntaba que si se lo podía dejar en pagos, ya que no contaba con mucho efectivo, pero tampoco quería que se enterará su madre, se lo acepte.

    Y mientras regresaba con el dinero inmediatamente me tumbo a la cama diciendo «te daré un buen adelanto para que me lo hagas bonito» y debo aclarar que desde que entré me levanto la verga, y en el momento que sentí su boca y lengua era tocar el cielo, empezamos ambos con darnos oral, y antes de que se montará le comentaba que no llevaba condones y recibí de respuesta… «a mí me encanta al natural» se montó y se movía muy rico y con una lujuria que parecía que llevaba meses sin una verga.

    Pasamos a la de misionero mientras sus tacones rozaban mi espalda y eso me excitaba más y ella gritaba pidiendo más y más, pasamos a perrito pero se curveo tanto que parecía una gatita en celo y por último la cargaba sus ricas piernas en mis brazos estábamos ya a punto de venirnos que le decía que ya estaba yo listo, y lo mejor fue cuando me susurro… «vente dentro, quiero leche, vente dentro» no aguante y le vacíe mi carga, al final me limpio con su boca.

    Lo mejor de todo es que me pagó en efectivo y con su rico cuerpo, el cual hoy en día aparte de otras clientas sigo disfrutando, a veces no hay tiempo y solo me deslecha con una mamada. Pero lo mejor es que las veces que se puede, me encanta que lo pida al natural y que termine dentro de ella.

  • Trío con mi novia y amigo

    Trío con mi novia y amigo

    Era junio y hacia frio un amigo mío y de mi novia nos llamó para ir a su casa y charlar cuando hace 5 meses no nos vemos y teníamos tiempo libre para vernos así que fuimos a su apartamento y llevamos comida y algo para tomar. Pasamos toda la tarde hablando de nosotros y lo que hacíamos hace 10 años y seguimos hablando hasta que vimos que era de noche ya eran las 23 h dijimos para irnos y el no permitía que nos fuéramos.

    Nos dice de quedarnos a dormir que tenía un sofá cama donde estabamos sentados nosotros decíamos que no, pero el insistía, al final aceptamos quedarnos a dormir, nos acostamos aca uno en su lugar, con mi novia hablabamos en voz baja diciéndonos cosas pervertidas, besándonos, tocandonos sin hacer mucho ruido para no despertar a mi amigo, ella con su mano toca mi pene y lo saca para masturbarme bajo las sabanas y yo no desaproveche el momento y metí mis dedos en su vagina mojada y peludita también meti dedos en su culo para que goce mas, después de tanto juego previo la di vuelta y le meti mi pene en su culo y la empece a penetrar y agarrar su pelo y empezaba a gemir bajo para no despertarlo y evitar problema le empece a dar duro y bien adentro para poder llenarle el culo de semen, después de varios minutos no aguante y le llene adentro de semen, ella me ve y me dice todavía excitada.

    -Me gustaría otra pija para chupar mientras me cogen la cola.

    Yo respondo.

    -Que puta que eres, me gusta eso de ti.

    Después pensé y le dije.

    -Anda al cuarto de el ponete bajo sus sabanas y le chupas la pija después yo entro y te lo meto por el culo o si no funciona pone encima de el y que te coja ¿Aceptas?

    Ella dudando me responde que si, asi que va directo va su cuarto despacio y abre la puerta y estaba justo boca arriba mi novia con cuidado se mete debajo de las sabanas y le empieza a manosear le saca la pija se lo pasa por la cara y empieza a besarla y pasar la lengua hasta meterlo en la boca para empezar a chupar, después de varios minutos mi amigo se despierta prende la luz de la mesita que tiene y ve a mi novia chupandosela, mi amigo asustado sin saber que hacer intenta sacarla ella, pero ella se abalanza encima de el, el culo de mi novia queda en la pija de mi amigo el sin darse cuenta se le pone mas duro mientras toca su culo y su vagina húmeda y sin previo aviso el le empieza a chupar las tetas a mi novia y ella con su mano toca el pene para que lo frote en su ano, después no pudo aguantar ella se levanto un poco y se lo metió en la concha para poder coger a gusto, via como le entraba con ganas a mi novia su culo rebotaba de cada embestida, al rato entro yo de sorpresa y mi amigo queda cortado al verme y yo lo veo y le digo.

    -Te gusta como te coges a mi novia?

    No me respondió nada y yo le digo.

    -Bueno me uno para cubrir el otro agujero y gozar de este trío.

    Mi amigo me vio a mi y a ella y le dijimos que estaba planeado.

    No respondió yo me puse en la cama y le empece a dar por el culo y le dimos doble penetración a mi puta, ella sentia como le entraba las 2 al mismo tiempo y empezo a gemir y decirnos cosas.

    «Háganme su puta, cojanme duro quiero sentirlas bien adentro mío» cambiamos de posición el le empezo a dar por el culo y yo por la boca la cojimos varios minutos así que al final le digo a mi amigo.

    -Vamos a darle por el culo y se lo llenamos adentro los 2.

    Acepta el trato, después de varios minutos cogiéndola ella dice «llenenme el orto de su semen y que se me salga de adentro del culo» mi amigo fue el primero de llenarla le dio tanto por el culo que su culo rebotaba de cada garchada mi novia dice «mas adentro que quiero que me rompan el culo y llenamelo toda» no aguanto mucho y se lo lleno todo bien adentro hasta salia un poco cuando se la saco, después fui yo, ya estaba toda abierta y facil de meter le di cada vez mas fuerte por el culo que ella gozaba de las pijas que no disimulaba al final me dice «que rico es ser llenada de semen bien adentro de mi culo» al rato no aguante y la llene también y bastante que se lo saque y ella para no desperdiciar metio sus dedos en su culo y chupo su dedo para probar el semen, diciendo «que rica mezcla de semen de los 2» que al final pasamos cogiendola toda la noche y llenando su orto de puro semen.

    Fin