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  • Mi primer anal fue con mi mejor amigo

    Mi primer anal fue con mi mejor amigo

    La historia empieza con el grupo de amigos quedando para ver una película. Era una tarde-noche normal, no teníamos planes ni nada mejor que hacer. Quedamos un grupo de 7 personas para ver una película en casa de mi mejor amigo que tenía la casa sola.

    Ambos nos conocíamos del instituto, y la mayoría del grupo también. Teníamos en ese momento 22 años y hacia un par de años que había una tensión extraña entre mi mejor amigo y yo. Todo empezó después de jugar a la botella y un beso que dejó huella. Nunca se habló del tema ni de la tensión posterior. Quedó en un recuerdo morboso para ambos que no compartíamos ni entre nosotros, aunque ambos lo notaramos.

    El día que al fin libramos esa tensión, estábamos en su salón. Había dos sillones a un lado con dos amigos y un sillón al otro con otro amigo. Nosotros y dos amigas más estábamos en un sofá en forma de L. Las dos amigas estaban en la parte más larga, tumbadas de lado mirando la televisión. Nosotros, estábamos en la parte más corta, de frente al televisor. El sentado medio tumbado con las piernas abiertas y yo justo delante. Lo sé, postura rara para dos amigos. Pero hasta ese momento, eso era normal entre nosotros.

    Empezó la película y, la verdad, era una de esas películas que prefieres ver en pareja o en solitario por la cantidad de escenas de sexo que tiene y lo incómodo que es esa en un grupo tan grande. La cosa se empezó a calentar, al menos entre nosotros dos.

    Él se empezó a… Incomodar (supongo que porque notaba que algo se despertaba y yo lo notaría estando pegada a el). Acabó de lado con la cara pegando a los pies de nuestras amigas. Yo note que eso lo hacía para que no notara el bulto pero, es que yo también me había empezado a calentar y me podía el morbo. Me acomode para quedarme de vuelta pegada a el delante pero ahora ambos de lado en el sofá.

    Ahí el no disimuló más, acomodó su miembro para que lo notara y me susurró al oído:

    – ¿Está bien?

    A lo que yo respondí acercando mi culo más y rozandolo. El, empezó a besarme el cuello desde atrás y eso me ponía a mil. Ambos éramos conscientes de las 5 personas que nos rodeaban y el cogió una manta para echarla por encima.

    No había nada más claro que lo que ahí iba a pasar. Una vez bien tapados, el, metió su mano bajo mi vestido mientras lo subía y llegó a mis pechos. Yo estaba a mil mientras notaba caricias, apretones, pellizcos, besos en el cuello… Todo ello mientras no parábamos de rozarnos. El bajó su mano y notó que yo iba con un tanguita fino. Empezó a tocarme y a meterme los dedos. Entonces susurró:

    – Te quiero follar.

    Ahí yo bajé su pantalón (era deportivo y fácil de apartar por suerte) agarré su miembro y cuando estaba dispuesta a masturbarlo, el no me dejó. Me lo quito de las manos. Con el, buscó hueco en mí y empezó a follarme muy despacito.

    Ambos estábamos muy calientes pero no podíamos movernos mucho para que no fuese tan descarado. Así que, a mí se me ocurrió algo para no quedarnos a medias y poder terminar. Cogí su mano, la lleve a mi culito y le metí un dedo. El lo entendió perfectamente y empezó a abrirme bien y a lubricar. Estaba tan mojada que no hizo falta mucho y enseguida pudo meter su polla despacito por detrás. Supongo que vio mi cara de dolor y me preguntó muy despacito:

    – ¿Es la primera vez? Afirmé con la cabeza.

    – ¿Paro?

    Ahí no respondí, cogí su mano de nuevo para llevarla de vuelta a mi clítoris y el empezó a moverla mientras seguía metiendo su pene en mi culito… Fue todo tan raro y caliente que creo que sí nuestros amigos se hubiesen dado cuenta a mi me habría dado igual. Solo quería follarmelo como loca.

    Seguimos haciéndolo despacio e intentado que no se notara hasta que acabamos los 2 a la vez. Nos quedamos exhaustos y sin decir nada.

    Cuando terminó la película, nosotros ni nos movimos de bajo la manta. 3 de nuestros amigos se tenían que ir. En principio 2 se quedaban pero el que estaba justo a nuestro lado en 1 sillón sólo, le dijo al otro:

    – Mejor vámonos también.

    En ese momento no entendimos nada pero agradecimos que se fuesen todos porque al levantar la manta vimos que eso era imposible disimularlo.

    Unos días después, el amigo al que el otro le dijo que se fuesen mejor, nos contó que cuando se fueron, el otro le contó que lo había visto todo porque no estábamos bien tapados por detrás.

  • Mi fantasía era tener sexo con mi padre y la cumplí

    Mi fantasía era tener sexo con mi padre y la cumplí

    Hola mi nombre es Samantha, pero me pueden decir Samy, tengo 20 años, soy una chica de piel morena, cabello rizado y grandes tetas, una cintura marcada y un buen culo que sigo trabajando y les vengo a contar la primera vez que mi padre y yo tuvimos sexo, así es mi propio padre me metió su verga.

    Eso paso aproximadamente de 2 a 3 meses mi padre también es moreno alto y cuida bastante bien su figura tiene pecho marcado y brazos fuertes y una verga que uff me hace ver el cielo, el siempre me veía como su linda nena hasta ese día, ahora sin más vamos a la historia.

    Era un fin de semana tranquilo ya en la tarde había ido al gym y se suponía que me juntaría con mis amigas para comer algo y por eso regresaría más tarde a casa pero de último momento cancelaron y al no tener nada más que hacer regrese a casa llena y por correr llegaría a casa empapada de sudor pensando en tomar una ducha pero antes necesitaría ropa de mi armario y mientras más me acercaba a mi cuarto escucharía gemidos a un volumen alto.

    Al llegar a la puerta estaría semi abierta y al asomar mis ojos no podía creer lo que estaba viendo era mi padre desnudo en mi cama viendo porno en mi TV rodeado de rompa interior mía masturbandose con la misma.

    Siendo sincera ya había tenido fantasías con mi padre unas cuantas veces y por lo mismo me daba pena verlo a los ojos. Pero está vez hice lo primero que pensé y entre al cuarto cerrando la puerta con seguro detrás de mi, llevaba un top y leggins morados que marcaban muy bien mi cuerpo y la situación fue así:

    Papi: Mierda! Samy!? Que haces aquí!?

    Yo: más bien que haces tu aquí? en mi cuarto y con mi ropa interior?

    P: pues…

    Yo: shh no digas nada papi veo que te gusto y mucho

    Mientras le decía eso me subí a la cama con el y tomaba su pene para mover mi mano masturbandolo el estaba nervioso en especial por la mirada que yo tenía hacia su pene mientras me mordía los labios y dijo:

    P: nena pero eres mi hija y…

    Yo: te estabas masturbando con mi ropa y pensando en mi

    Después de decir eso me levanté de la cama y me quite toda la ropa frente a en mostrandole mi cuerpo desnudo y lubricado por mi propio sudor. Cuando me vio así me tomo del brazo y me pego a el dándome un rico beso mientras sus manos me tocaban cada parte de mi cuerpo y separando nuestros labios me empujaria suavemente hasta estar de rodillas frente a el y su pene duro y dijo:

    P: amor si no estas segura puedes decirme y… Oooh

    Sus palabras fueron interrumpidos al sentir su pene dentro de mi boca y mi lengua lamiendo cada parte de el mientras lo miraba a los ojos sonrojada con y el apoyaba su mano en mi cabeza metiendo sus dedos entre mi cabello mientras yo pensaba:

    Yo: «le estoy chupando la verga a mi padre y me encanta! Estoy muy mojada por el»

    Mientras pensaba eso el soltaba pequeños gemidos y decía cosas calientes sobre de mi como:

    P: oh puta, chupa mi verga, tragala toda

    Y el con ambas manos me empujaria metiendo lo más posible de su verga en mi boca y garganta, ya había practicado el garganta profunda, pero como lo hizo fue bastante rico lubricando toda su verga y sacándola de mi boca para sentarse en la cama.

    Yo: mmm, aaah que rico.

    P: sii y oye…

    Yo: si?

    P: quiero una rusa nena tienes unas tetas deliciosas

    Y sin decir más me acerque a el y metí tu verga dura entre mis tetas comenzando a moverlas mientras sacaba mi lengua para lamer la punta y ver cómo disfrutaba y vaya que lo hacía su verga se calentaba más entre mis tetas, senti que estaba a punto de correrse y el se separó de mis tetas y me dijo:

    P: bueno es mi turno de darte amor hermosa

    Yo: si papi

    P: ven sientate en mi rostro

    Emocionada me subí a la cama y me senté en su rostro el apretó con fuerza mis nalgas mientras pasaba su lengua por mi coño yo feliz movía mis caderas en su boca mientras su lengua pasaba por todo mi coño, en un momento metio su lengua a mi coño y yo me empecé a mover montandola y el me veía sorprendido mientras me excitaba y decía:

    P: uff ya se cómo quiero que te metas mi verga

    Yo con una mirada pervertida me levanté de su rostro y baje a su verga donde me empecé a frotar con mi coño húmedo, tome un condón de mi cajón pero al intentar ponérselo puf! Se rompió y no tenía más así que solo quedaba hacerlo al natural igual llevaba poco de terminar mi periodo así que no había riesgos.

    Entonces tome su verga dura y el se sentó estando frente a frente mientras el aprestaba mis nalgas comencé a bajar despacio en su verga mi reacción al sentirla dentro fue inmediata un rico gemido junto mi rostro caliente, apenas estaba procesando cuando sentí su rica boca rodeando mi pezón y chupando mis tetas.

    Yo: aaah! Papi!

    P: sii!, Que rica estas amor!

    Me encanta la penetración y los cariñitos así que mientras más entraba su verga más me gustaba y la deseaba así mismo como me daba cuenta de lo grande que estaba ya por la mitad estaba tomando un descanso pero el queria sentirme toda y con sus manos en mis nalgas me bajo hasta estar sentada totalmente en el.

    Yo: mierda! Papi hijo de puta!

    P: aquí la única puta eres tú amor!

    El emocionado sin dejar mis nalgas me abrazaría y comenzaría a moverse penetrando con fuerza mi coño mientras mis tetas se presionaban en el.

    Ya en un momento tome fuerzas y lo empuje para acostarlo en la cama y moverme a mi ritmo para disfrutar más tiempo su verga el acariciaba mis nalgas y jugaba con mis tetas mientras mis manos apretaban su pecho para mantenerlo acostado.

    Eso era fantastico para mí, estaba cumpliendo mi fantasía y la suya también el estaba muy duro y caliente, en un momento me empecé a mover de forma rápida y salvaje gimiendo muy fuerte hasta que en un momento quedarme quieta y tener un delicioso orgasmo y un squirt sobre de el.

    Yo: papiii!

    Y mientras disfrutaba mi orgasmo sentiría el semen subir por su verga hasta salir disparado dentro de mi coño y me seguía moviendo mientras ambos teníamos nuestros orgasmos poco tiempo después dejaría de correrme y de moverme igual y bajaría para besarlo

    Yo: mmmua, gracias papi

    P: mmmua, gracias a ti nena

    Y como dije el es más alto que yo por lo cual me recostaría en su pecho y el me haría cariñitos sin sacar su pene aún después de correrse dentro de mi, nos besamos y mientras me acariciaba mis ojos se empezaron a cerrar hasta quedarme dormida.

    Ya de ahí me desperté en la mañana con una nueva vida teniendo una relación con mi padre.

    Bueno si les gusto mi historia díganme en los comentarios me encantaría leerlos y saber si quieren que les cuente más historia con mi padre u otros chicos o incluso chicas, espero leerlos pronto chao.

  • Remedio para dormir

    Remedio para dormir

    Amy es una joven con mucho que ofrecer a su marido, tan cansada de hacer siempre los mismos quehaceres de la casa y ahora que la cuarentena sigue azotando a su ciudad, ni siquiera puede divertirse con sus amigas. Su esposo a quien debe tratar con respeto ya que es quien la mantiene para no tener que buscar trabajo le ha dicho que por favor se mantenga activa para evitar el mal sueño. Amy no puede, está acostumbrada a ser alguien a la que no pueden torcerle el brazo, pero eso tuvo que cambiar con urgencia.

    La otra noche, estaba Amy aprendiendo como siempre en su teléfono a cocinar cuando su marido llega y dice:

    -Estas con estrés? te veo cansada.

    -Si, la otra noche nos rezagamos un poco.

    -Ya conseguiste trabajo?

    -Me ofrecieron uno en el área de limpieza, pero lo rechace. No quiero tener que levantarme a las 7 de la madrugada amor, prefiero estar contigo que necesitas relajarte conmigo.

    En ese momento, el marido la mira en silencio por unos segundos y decide levantarse de su silla para llevarla por buen camino.

    -Que tal si empiezas a cocinar que estoy con hambre?

    Ella asiente y empieza por hervir el agua, entonces su amor viene por detrás a darle mimos pero en cuanto ella le quiere dar un beso, levanta la cabeza y dice:

    -No eso es muy cochino.

    -Pero de que hablas amo… -Mirando con deseo sus labios suaves.

    -No digas mas, prefiero admirarte mientras cocinas -Interrumpe mientras que le desabrocha el jean apretado que llevaba puesto.

    Con un dedo le rota nuevamente su cabeza al frente para terminar con la tarea, bajando sus jeans un poco por debajo de la rodilla.

    -Ahora no te dejare mover de tu cocina amor.

    -Pero también quiero ver…

    -Pero es que nada, te gusta hacerte la viva. -Le dice al cuello mientras le acaricia los abductores.

    -¿Que diferencia habria si no llevara nada puesto?

    Ella se quedo sin palabras con la boca semi-abierta, así que no le queda mas remedio que continuar con su pasta. Le faltaba picar un poco de cebolla pero por suerte para ella, tenia todo al alcance de su mano. Comienza a cortar e inmediatamente como era de esperar, sus ojos se llenan de liquido tibio mientras que su amo espera impaciente sentado a distancia con sus piernas abiertas por la hermosa vista que tenia de su esposa, que estaba en posición de cabizbaja, piernas juntitas depiladas como siempre y lagrimeando. Tal vez le ayudaba a disimular alguna angustia, o probablemente no.

    Luego de disfrutar por unos minutos, termina de… cocinar ella obviamente y le pregunta:

    -Ya puedo levantarme los jeans otra vez?

    Su amo se los levanta sin responder hasta pegarlos a los glúteos + una palmada por buena para que pueda movilizarse y traer los platos a la mesa, eso si, cuando se sentó en la silla le hizo bajárselos de vuelta hasta abajo. Parecía que Amy se lo tomaba con bastante normalidad, pero la realidad es que las chicas vivas suelen ser zorras aunque muchas veces lo intentan reprimir, estaba recibiendo un favor. Antes de comer, su amo hizo su sermón:

    -Ahora si te doy el beso.

    Se lo da y ella se queda algo impresionada por unos segundos con sus ojos apuntando a su comida con su sonrisa nerviosa que lo caracteriza. Luego de terminar, ella va al baño a ducharse y hacer sus cosas de siempre. Mientras se ducha, su amo entra desnudo para compartir y darle algunos mimos. Cuando termina, le dice al cuello con el ruido del agua:

    -Esta noche tendrás ganas de dormir.

    Ella le intenta dar un beso para ser buena pero su amo se lo esquiva y se lo da en la cabeza, una palmada suave y se va afuera a secar para esperarla solo con una remera. Amy sale toda mojada y cuando se estaba por secar, su amo le quita la toalla bruscamente, ella le ve el miembro todo erecto y algo grueso para su cuerpo de asiática.

    -No necesitaras la toalla esta vez, tenemos que dormir.

    -Me dejas que me ponga un camisón?

    -No amor, tienes que estar preparada todas las noches para tu amo.

    Van juntos al colchón y la pone de 4 patas, ella pensando que le iba a entregar su miembro resulta que le estaba jugando sobre su centro con el enchufe que se había comprado el mes pasado.

    -Amor hoy no estoy preparada.

    -Nena hoy sentirás algo mejor.

    -Mmmm hay no seee, estoy indecisa -Le dice con resignación.

    -No tienes opción, puedes lubricarlo o si no ya sabes que -Mostrándole el enchufe delante de sus narices.

    Ella intenta pensar su decisión pero enseguida se lanza a hacerle al enchufe el sexo oral al mas rápido y mejor que jamás ha visto. Hace una semana que su amo no le entregaba su miembro, estaba con tantas ganas que no pudo resistir así que se tuvo que conformar con hacerlo con un frio juguete pero a los pocos segundos ya lo calentó a la temperatura corporal aunque la sentía como el infierno.

    -Suficiente!!! estas muy puta con el enchufe y a mi no me das ese nivel de gusto?!!! -le dice luego de darle un azote en el trasero.

    -Afof ef que mo me defas.

    -No me hables con la boca llena, ya mira para adelante que me has denigrado.

    Le deja el enchufe en su boca y ella obedece como buena ama de casa pero estaba intentando olvidarse de su ano dilatado por su dosis diaria de amor de hace ya varios días. Amy empieza a sentir como su amo le moja el centro de su esbelto cuerpo con mucha saliva y facilidad lo que la hace gemir por cada dedo que coloca y que se escape saliva por sus labios lubricando bien el enchufe anal de esta zorra. Ella es delgada con unos senos bien duros pero que no llaman su atención, lo que hace que su suave traserito debe hacer el doble de trabajo y eso hace que sienta que su cuerpo le pertenece a su amor. Esta por sacarle el chupete pero ella exclama:

    -mmm nooo déjame chupar!!!

    -Hoy te has portado como una inmadura, déjame ese chupete para terminar.

    Ella se resiste pero cuando parece que empieza a lloriquear, le da una palmada de sorpresa en el glúteo izquierdo lo que hace que suelte el enchufe para el sitio que le correspondía.

    -Ten, aquí tienes tu premio -Intercambiando lugares.

    Le ofrece su miembro bien caliente para que sus latidos bajen de nuevo. Con ese enchufe bien lubricado y trasero levantado, su amo tenia una buena vista para tapar el agujerito. Comienza insertando la punta y Amy gime con el pollón bloqueando sus cuerdas vocales, continua:

    -Todo, todo, todo un poco mas… Estuvo bien.

    Ella hace un gemido silencioso con sus 2 orificios apretando los chupetes. Todo iba bien pero luego, le retira el placer de su boca para darle unas palmadas mas. Le hace acostarse como si fueran a dormir, porque precisamente es lo que su amo planeaba. De cucharita, tenia el miembro entre sus aductores pero no llegaba a la vagina, ella protesta y se lo agarra pero entonces:

    -Nada de tus manos, si quieres placer te lo daré a mi modo.

    Le toca el pussy con los dedos para mantenerla en sintonía hasta cuando estaban cerca desiste y dice:

    -Así dormirás conmigo, mi polla hará guardia por si intentas expulsarlo como una tramposa.

    -Noo quiero, no puedo dormir así! -Le dice con nervios.

    -Mmm no puedes? mira, voy a darte una oportunidad, te sacare esa incomodidad por unos minutos, si aguantas mi dosis de amor sin chistar dormirás como gustes.

    -Quiero que me lo saques.

    Su amo procede y le retira lentamente el plug anal lo que hace que suspire por unos segundos para ser reemplazado por algo de mayor grosor, entra con algo de resistencia pero sin lesiones. Amy, con la vagina mojada hasta los muslos, empieza a aguantar apretando los dientes lo que le deja una bonita sonrisa mas grande que sus gemidos para liberar algo de su ser. Su amo, dispuesto a no dejársela tan fácil, empieza a aumentar la profundidad hasta que llega a darle embestidas gozando por tener a una chica tan puta. Luego de unas embestidas Amy ya no pudo aguantar así que casi sin remedio lanzo unos gemidos de bajo volumen por convertir la sonrisa en un grito.

    Su amo lo nota, asi que detiene sus embestidas para acabar en sus muslos una leche bien calentita, le vuelve a colocar el chupete a esta inmadura y una bombacha apretada.

    -Amor, no podre dormir con esto, me lo sacare

    -No bebe, no lo harás, estas esposas harán que lo relajes.

    Al ponerle las esposas, ella ya sentía que no podría quitárselo, lo que hacia que su cuerpo natural se resigne a continuar con ese sentido de incomodidad. El le da un beso mimoso en el cuello y le dice:

    -Amor hoy no has cumplido pero dormirás con el confortable plug por la noche y veras como curaras tus hábitos de sueño.

  • Mi novia Lena (3): Unos días en la playa con…

    Mi novia Lena (3): Unos días en la playa con…

    —Mire, señorita Lena: aparte de otras virtudes, usted es una muy buena arquitecta y además me ha demostrado lealtad y sé que puedo confiar en usted. 

    —Sí, señor K., usted sabe que sí.

    —Mire, se ha ganado unos días de vacaciones extras. Y además, le he alquilado un apartamento en la playa para que disfrute de unos días en el mar.

    —Oh, pero usted es muy amable, de verdad!

    —Sí, sí, ya lo sé. Usted se va al apartamento este mismo lunes y se quedará allí hasta el jueves. Ah, y todo pagado, no se preocupe por nada.

    —Oh, señor K, pero… es que mi novio trabaja esos días. Y yo… sola… no… no sé. Porque… usted no… no podría… no vendría conmigo, verdad?

    —No, no, Lena, yo debo trabajar esos días. Aparte que yo soy un hombre casado.

    —Sí, ya sé, pero… bueno… yo…

    —Venga, verá que usted estará ahí la mar de bien, verá que no se aburrirá y volverá contenta y relajada. Usted se lo merece por lo bien que se portó conmigo. Y por lo bien que trabaja… en todos los sentidos. – y le guiña un ojo.

    —Eh… yo… —se ruboriza—bueno, pues gracias. Sí, unos días de descanso y además en la playa siempre vienen bien.

    Esta es la conversación que tuvo mi novia con su jefe, el señor K, hace un par de días. A mí me extrañó que le diera vacaciones pero ella me explicó que él está muy agradecido por su trabajo. Así que hoy ella llega al apartamento que le alquiló el señor K y se sorprende de lo lujoso que es. Lo primero que hace es darse una ducha y luego come algo de la nevera que su jefe hizo llenar para ella. Decide echarse una siesta antes de ir a la playa a media tarde. Hace mucho, mucho calor y ella se desnuda completamente y se tumba en la cama. Tanto detalle y lujo le hace pensar que el señor K por fin le reconoce su valía y nota que eso la excita. Decide masturbarse antes de dormir y se acaricia el clítoris. Se levanta para buscar algo que la ayude a llegar al orgasmo y agarra un calabacín de la cocina. Se tumba en la cama y se mete la punta del calabacín en la vagina, ya muy húmeda y abierta. Empieza a gemir y a suspirar. En eso que oye abrir la puerta del apartamento.

    —Eh, mira, la chica ya ha llegado! – dice un hombre elegante en el umbral de la puerta de la habitación.

    —Eh? Pero… —ella se levanta de golpe, se tapa con un brazo los pechos y con la mano el sexo, aún con el calabacín insertado. – Quién eres? Qué haces aquí?

    —Soy Sandro, guapa! Ya hemos llegado!

    —Quién? Pero…

    —Somos unos socios del señor K. Y tú eres Lena. Él nos ha hablado maravillas de ti. Y por lo que veo, no ha exagerado! – exclama Sandro admirando el cuerpo de mi novia y fijándose especialmente en el calabacín mojado y en el flujo que resbala por sus muslos. Ella, al darse cuenta de que él mira el calabacín se lo arranca de golpe y eso provoca descubrir su vagina abierta y emitir gran cantidad de flujo.

    —Oh, qué coño! – se admira Jonás, que abre los ojos como platos.

    —Pero que chica más caliente! – exclama Félix.

    —Eres la bomba, Lena! – dice Ramiro.

    —Ay… oh… perdonen, oh, dejen que me vista, aquí hay un malentendido!

    —No hace falta que te vistas. Por nosotros estás bien así, verdad? Vaya pivón!

    —Sí, sí! – asienten todos.

    —Por favor, salgan de la habitación!

    —A ver, niña! – exclama Sandro tomando el brazo de mi novia de manera que descubre su pecho – Oh, qué tetas!

    —Tienes unos pechos muy bonitos, Lena!

    —Ay, déjeme, señor! – aparta su brazo y vuelve a tapar como puede sus senos y se aleja de Sandro hacia el otro lado de la cama.

    —Oh, qué culo!

    —Ya nos dijo el señor K que tenías un cuerpo magnífico, pero no creía que fuera así de perfecto!

    —Y sensual!

    —Dejen que me vista y aclaramos lo que está pasando!

    —Lena, mujer, no hay nada que aclarar. El señor K nos lo ha explicado todo. Nos ha montado estos días contigo aquí en la playa. Es un premio para ti, por tus servicios de los cuales él está muy contento y agradecido.

    —Oh, eso os ha dicho?

    —Sí, dice que eres una gran arquitecta y muy… bueno… que te mereces unos días de vacaciones aquí en la playa.

    —Bueno, sí, eso me dijo.

    —Y que, como eres una chica muy, muy caliente, nosotros pasáramos estos días contigo y cubriéramos todos tus deseos y necesidades.

    —Sí, y ya hemos visto que… bueno… —Ramiro mira el calabacín empapado del flujo de mi novia.

    —Yo… estaba sola… y…

    —No te excuses, es muy natural… viste que tardábamos y… —sin dejar de mirar el cuerpo desnudo de mi novia.

    —No, no… yo no sabía… ustedes… el señor K no me dijo…

    —El señor K está muy agradecido con nuestro trabajo como socios y nos premia a nosotros con estos días contigo. Al principio no entendíamos porque sólo habría una chica con los cuatro y no más mujeres, como otras veces, pero él nos dijo que tú eras muy caliente y que te merecías este regalo, estar con los cuatro, que con uno sólo no estarías satisfecha. Y que nosotros seríamos tu regalo.

    —Oh… eso dijo?

    —Sí, y también nos contó que no nos preocupáramos, que veríamos que eres un pibón y que nos contentarías a todos.

    —No, yo… tengo novio… no… nunca le sería infiel.

    —Eso no es lo que nos contó el señor K!

    —Sí, dijo que… que tú…

    —Bueno, que te gusta estar con hombres y poner los cuernos a tu novio…

    —Que eras muy puta, vaya! —ríe Félix.

    —Oh, qué vergüenza! Eso no… no es cierto! Es solo que… el señor K… yo… él…

    —Va, mira como estamos! Al verte así desnuda y tan excitada… —Sandro señala un gran bulto en su pantalón.

    —Mira como la tengo! – ríe Ramiro, el mayor de todos bajándose el pantalón y mostrando sus calzoncillos húmedos cubriendo su pene que parece enorme.

    —Oh, tápese señor!

    —Va, niña, disfrutemos de los regalos. Nosotros de ti y tú de nosotros cuatro.

    —Pero, no! Qué se han creído?

    —A ver, va, menos charlas. Lena, mira, toma el calabacín y mételo por el culo!

    —Ja, ja, ja! Qué bruto que eres, Félix!

    —Tu jefe nos ha explicado que lo tienes muy caliente y que te gusta que te den porculo!

    —Oh, eso ha dicho? Me disgusta que piense eso de mí! Yo pensaba que el señor K…

    —Te valora mucho! Ya te digo! Sólo habla maravillas de ti.

    —Va, ven… —Félix agarra a mi novia, la voltea y le introduce la punta del calabacín en el culo. —Métetelo hasta la mitad, Lena. Va, que quiero tu culo abierto para mí!

    —No, no! Por favor! Déjeme!

    —A ver, Félix, si la chica no quiere…

    —No! no quiero!

    —Pero Ramiro, no ves cómo se excita? Mira como les resbala el flujo por los muslos…

    —Estás jugando un poco, verdad, niña? Te mueres de deseo de que te demos un buen meneo, a que sí!

    —No, no… y menos los cuatro!

    —Por eso no te preocupes. Estaremos varios días aquí. Si lo prefieres, estás sólo conmigo hoy. Y mañana veremos.

    —Y por qué contigo, Sandro? Primero conmigo!

    —A ver, quizá el señor K se explicó mal y la chica es una señorita.

    —Sí, claro que sí. Y tengo novio! Yo nunca…

    —Ya se ve que es una señorita educada y elegante. Es lógico que no quiera estar con los cuatro.

    —Pero, bueno, el señor K nos dijo que era muy… muy putita!

    —Sí, una guarrita y una cochina!

    —Debe ser un malentendido y ya está. Ella es una señorita y no una fresca. – Sandro guiña un ojo a sus amigos. – Estarás sólo conmigo y no con todos si es lo que deseas.

    —Bueno, no, yo… ay por favor… no… no sé.

    —A ver, niña, escoge con el que quieres estar.

    —No, yo… con ninguno… yo no… bueno, no sé, si acaso con… él… con Jonás… pero sólo para hablar… no para…

    —Ja, ja, ja! – ríe Jonás, el más joven y guapo con diferencia – Ya habéis oído a la señorita. Salid todos de la habitación!

    —Sí, sí, por favor! Si acaso, quédate tú, Jonás. – dice Lena notando que está muy caliente y que se ruboriza al oírse decir eso. —Sólo para charlar, sólo eso.

    Jonás y Lena se quedan solos. Él se acerca a mi novia, aparta su brazo de los pechos. Ella está muy excitada y se deja hacer. Jonás la abraza mientras le introduce algo más el calabacín en el culo ante lo que ella suspira y gime y se deja besar en los labios. Ella, que se excitó mucho al estar desnuda ante los cuatro caballeros, también besa a Jonás que le introduce la lengua hasta el paladar y ella le abraza pero enseguida dice…

    —Ya, ya está. No… basta por favor! – se aparta y se tapa los senos y el sexo.

    —Es que no te gusto?

    —Sí, eres guapo, la verdad, mucho. Pero yo, no sé, no te conozco.

    —Mira cómo estás de excitada! No diremos nada a mis socios, les contaremos que sólo charlamos.

    —De verdad? No querría que pensaran que yo…

    —No te preocupes! Has dejado claro que eres una señorita.

    —Sí, eso sí.

    —Va, chúpamela un poco y yo te voy penetrando el culo con el calabacín. – se saca la verga y ella, al ver una tranca tan parada y apetecible, se admira y se pone de cuclillas y se la lame y besa y mama y él mete y saca el calabacín del ano de mi novia, cada vez más adentro.

    —Ay, hmmm!

    —Te hago daño, Lena?

    —No, no, ay, puedes metérmelo más adentro… el calabacín… hmmm – dice aunque no se la entienda muy bien con el pene de Jonás en la boca.

    —Sí, sí, más adentro? Así… uau, que bien la chupas!

    —Ay… gracias… tu polla sabe muy bien, la verdad!

    —Te voy a dar porculo! Te voy a dar porculo!

    —Ay, no… mueve el calabacín… ay… hmmm.

    —Te voy a dar porculo, tía buena!

    —Ay… oh… bueno, va, ay… sí, sí, mira, estoy abierta y empapada para ti! —se da la vuelta, se inclina y le expone el culo.

    Jonás saca el calabacín, se admira al ver el agujero enorme y encula a mi novia hasta el fondo y le mete el calabacín en la boca y ella gime y lo besa y chupa.

    —Más, más adentro! Quiero notar tus huevos en mis nalgas! Hasta el fondo!

    —La tengo toda entera en tu culo!

    —Más adentro! Lléname de tu leche, va! Ay, me muero, oh!

    —Espera, espera, Lena, que estoy muy bien en tu culo!

    —Oh, por favor, hmmm, dios! Me corro, me corro! Córrete, dame toda tu lefa!

    Sandro, Félix y Ramiro escuchan tras la puerta y oyen los gritos y gemidos de Lena y no resisten la tentación de entrar en la habitación. Ella está embriagada de sexo y placer y agradece la llegada de los otros tres hombres que le agarran los pechos, le besan el cuello, le meten y sacan el calabacín de la boca y ella grita de placer y se vuelve a correr y más cuando siente la eyaculación de Jonás en sus entrañas.

    —Oh, tu leche está ardiendo!

    —Como tu culo, ay, hmmm! Oh!

    Al cabo de unos minutos de bombear el ano de mi novia, Jonás le penetra la boca y le manda:

    —Venga, limpia mi polla de tu culo, Lena!

    —Oh, sí, sabe muy bien! Hmmm!

    —Es tu culo mezclado con mi semen!

    —Muy sabroso!

    —Ahora es mi turno! – exclama Félix, que se pone detrás de mi novia, mientras ella lame y chupa la verga de Jonás y es acariciada por Sandro y Ramiro le mama los pechos! – Oh, pero serás guarra! Tienes el culo lleno de la leche de Jonás! Toma, toma, puta!

    Félix encula salvajemente a Lena mientras la insulta i le pega cachetes en las nalgas que a la fuerza enrojecen vivamente.

    —Ay, métela hasta el fondo, Félix! – suplica mi novia.

    —Oh, pero serás guarra? Si la tengo toda dentro! Toma, puerca! – le da unos cachetes en las nalgas que enrojecen más todavía.

    —Ay, hmmm! Más, más adentro, Félix!

    —A ver, Jonás, aparta, déjame follarle la boca a este pivón! – pide Sandro.

    —Sí, sí, por favor, Sandro! Y tú, Félix, más al fondo!

    —No puede estar más metida, cochina!

    —Oh, que rica está tu tranca, Sandro!

    —Oye, Félix, termina ya, que quiero encular a la chica!

    —Ven, ven, ya me aparto un momento, Ramiro. Perfórale el culo!

    —Oh, pero si está completamente abierto! Nunca había visto un culo como este!

    —Gracias, es usted muy amable, Ramiro.

    —No me trates de usted, niña, que te estoy enculando, oh, hmmm! Pero qué bueno!

    —Déjame, déjame a mí, aparta, aparta! – exclama Félix.

    Los dos se van turnando en el culo de mi novia y ella sigue mamando el miembro de Sandro, que de tan erguido no cabe en la boca de mi chica que no cesa de tener orgasmos. En esas, que suena el móvil de Lena.

    —Oh, es Juan, mi novio!

    —Ah, el cornudo! – ríe Félix.

    —No lo cojas, ya le llamarás luego.

    —No, no, debo contestarle, si no, se preocupará! Juan, hola, amor! Eh? No, nada, es que estoy comiendo! – habla con la verga de Sandro en la boca – Sí, sí, el viaje, sí, todo bien! Ah!

    —Va, cuelga ya! – le ordena Félix sin cesar de bombear su culo.

    —Ay! No… ay! Es que… me ha picado un mosquito! Ah! No me entiendes? Ya te digo, es que.. tengo la boca llena!

    —En eso no le mientes, ja, ja, ja! – susurra Sandro – Y el culo!

    —Esas voces? Es la televisión. La televisión! No me entiendes? Sí, cuelga, amor, cuelga. luego te llamo!

    —Ah, me corro, me corro! – exclama mi novia.

    —Te gusta, eh, cerda? Qué puerca eres!

    —No digas eso a la niña, Félix, que es una señorita educada! – corrige Ramiro mientras se la mete hasta el fondo del ano.

    —Ay, ay, aparta, aparta, Ramiro, que ya estoy, ah, deja que le llene el culo a esta guarra! Ay, hmmm, ohhh! Ya… ya… oh! – Félix eyacula en el ano y las nalgas de Lena.

    —Sí, sí, oh! Tu leche hierve, Félix! Qué rica!

    —Espera, espera, déjame a mí, oh! – grita Ramiro apartando a Félix y penetrando el culo a Lena y corriéndose en él – Oh, hmmm, uau, bestial!

    El semen de los dos hombres ya no cabe en el ano de mi novia y resbala por sus muslos.

    —Espera, Lena, quiero follarte el culo! – dice Sandro sacando su pene de la boca de la chica y corriendo a penetrar su culo lleno de semen – Oh, quemaa! Oh, no puedo aguantar, ah! Ah! Me voy, me voy!

    —Ah, Sandro, que bien me llenas el culo con tu polla y tu leche hirviente! Ah! Ah!

    Al cabo de un rato, los cinco están en la mesa. Ella se ha duchado, perfumado, maquillado y se ha puesto sólo el sostén y las braguitas.

    —Bueno, ha estado muy bien, la verdad. Pero, por favor, no digáis nada al señor K. Bien, sí, decidle que al ver que entrabais los cuatro en la casa yo os dije que había un malentendido y que no hicimos nada. No querría que él pensara que…

    —Pero Lena, él nos quiere premiar contigo y, al mismo tiempo, nosotros somos también tu regalo. Es que no te ha gustado?

    —Ya habéis visto que sí, que… ay, qué vergüenza! Pero no debe saberlo nadie, no. Por favor! Quiero que el señor K me respete. Soy una buena arquitecta y creo que me merezco su reconocimiento.

    —Bueno, ya has visto que te tiene en alta estima.

    —Sí, mira. Cuatro hombres sólo para ti! Y durante cuatro días!

    —No, no! Ay, no sé. Yo mañana me voy. Habéis sido muy… amables y cariñosos conmigo… pero no puedo… yo… estar aquí… me sentiría…

    —Bueno, va, no te preocupes. Mira, ahora nos vamos a descansar y maña tú decides… de acuerdo?

    —Ya está decidido. Mañana me voy a primera hora.

    —Vale, eres libre. Tú escoges.

    —Sí, sí, me marcho. Y que nadie sepa nada de lo que pasó hoy aquí.

    —Por eso no te preocupes, no diremos nada a nadie.

    —Vaya, nos quedamos sin regalo!

    —Bueno, al menos lo disfrutamos hoy!

    —Sí, buenas noches! – mi novia se despide con un par de besos en las mejillas de los cuatro que admiran el cuerpo de la chica cuando se da la vuelta hacia la habitación, caminando sensualmente, sólo con las braguitas y el sostén. Antes de meterse en la cama, se lava los dientes y me llama para darme las buenas noches. Me dice que me echa en falta y que lástima que no pueda estar con ella.

    —Vaya, pues sí que… —dice Félix a sus socios.

    —No te preocupes, Félix! Tranquilos. Un regalo es un regalo, verdad? Y lo que se da no se quita. – dice Sandro.

    —Ya, pero, también lo entiendo, ella es una señorita y es normal que no quiera…

    —A ver, Ramiro, no digas tonterías! Una señorita? Ella lo que es es una fresca! Pero si ha estado con los cuatro! Todos le hemos llenado el culo y le ha encantado. Y ahora, al ir a dormir, no has visto cómo se contorneaba? Y casi desnuda!

    —Mirad, tranquilos, mirad que traigo. Era para juegos sexuales, pero nos va a ir muy bien mañana.

    Los primeros rayos de sol despiertan a Lena y se sorprende al ver que ya no lleva el pijama, que ésta completamente desnuda, de rodillas boca abajo y atada al cabezal de la cama con unas bonitas y suaves esposas de color rosa. Y ve que tiene un consolador en el sexo y un tapón anal en el culo.

    —Oh, serán…! Eh, Sandro! Señor Ramiro, por favor! Me debo ir!

    —Mirad, nuestro regalo ya se despertó! – ríe Sandro cuando entra en el cuarto.

    —Venga, guapa, que antes de desayunar te vamos a dar lo tuyo!

    —No, no, esto es ilegal! Un secuestro!

    —A ver, no seas dramática! Tú viniste voluntariamente aquí, a estar con nosotros cuatro. Y ayer disfrutaste con locura!

    —Lo de las esposas es sólo para jugar.

    —Ay, por favor, desatadme y… debo… debo… ir a orinar, no aguanto más.

    —A ver, tranquila, no te vamos a sacar las esposas… pero espera… un momento, toma, puedes mear aquí… en esta cazuela.

    —Pero no… y menos delante de todos!

    —Tú misma, venga, va, mira, te coloco aquí la cazuela… venga, niña!

    —Pero si tengo insertado el consolador en el… chichi… y eso en el culo… ay… sí, sí, oh, ya sale, oh, qué vergüenza! – mi novia casi llena la cazuela con su orina.

    —Muy buena chica, muy bien. Mira, te limpio con esta toallita.

    —Ay, por favor, no, hmmm, oh!

    —Mira, la chica ya se está excitando!

    Los cuatro hombres se abalanzan sobre mi novia y la empiezan a acariciar y a besar y ella al principio se niega pero enseguida les devuelve los besos y les lame. Le suben más el culo, nota que le arrancan el plug y aprovechando su ano abierto, oye como ella grita “´sí” y Sandro la empieza a encular mientras Ramiro agarra el consolador y lo introduce más en su sexo y lo gira y lo mueve y oye un zumbido y es del vibrador que trae Félix para acariciarle el clítoris mientras Jonás se enamora del sabor y textura de sus pechos y pezones. Al cabo de unas horas de juegos, todos acaban en el culo de mi novia, después que ella ha gozado de gran cantidad de multiorgasmos.

    Cuando por fin ella se ha podido duchar, perfumar y maquillar y se ha puesto un sostén y un tanga minúsculo y transparente, todos comen algo en la mesa, Sandro le propone un trato:

    —Mira, Lena. Está claro que tú eres el mejor regalo y que ninguno de nosotros quiere prescindir de ti. Y ya ves que tú disfrutas también de tu regalo, que somos nosotros.

    —Nuestras pollas!

    —Félix, no seas bruto! Mira, no diremos nada al señor K. Si accedes a quedarte todos estos días, le diremos que no hicimos nada. Así él pensará que eres una señorita educada y fina.

    —Es que es lo que soy!

    —Ya, por eso. Lo pasamos bien los cinco estos días y no decimos a nadie que hemos estado juntos!

    —Bueno, no sé.

    —Y te aseguro que vas a disfrutar!

    —No, si eso, ya…

    —Pues va, no lo hablemos más. Nos quedamos y todos contentos.

    —Si no decís nada a mi novio ni al señor K… de acuerdo.

    —Y no hará falta que te atemos, verdad?

    —No, no… bueno… si queréis… como un juego…

    —Hmmm, ja, ja, ja! Te ha gustado estar esposada y expuesta ante todos, eh?

    —Me da morbo! – tímida, se sonroja y sonríe.

    —Venga, pues va, hoy ya descansamos y recuperamos fuerzas y mañana… a por tus regalos! – ríe Ramiro.

    —Sí, mañana tendrás más polla!

    —Oh! Sí? Ya lo dejamos hasta mañana? – pregunta decepcionada mi novia.

    —Estamos agotados, niña.

    —Ya, sí, sí… me parece bien – contesta Lena algo triste porque se imaginaba otra tarde de sexo con los socios del señor K. – Bueno, voy a descansar un rato, me echaré una siesta.

    —Sí, sí, nosotros también. Venga, nos vemos a la hora de la cena.

    Mi novia se va andando sensualmente a su habitación, esperando que todos le admiren su cuerpo casi desnudo y cambien de idea. Pero no. Oye las puertas de las otras habitaciones y como cada uno se va a dormir. Decide llamarme y decirme cuánto me quiere. Y que lo pasa bien en la playa. Que ya me enviará fotos. Cuelga y, al cabo de un momento, se siente sola y echa en falta a sus nuevos amigos, a su regalo. Piensa que ya es martes y que le sabe mal desaprovechar este tiempo. Pero también entiende que ellos deban descansar. Aparte de que nota que el ano le escuece. Es una mezcla de dolor y placer. Y deseo. Tiene la vagina empapada de su flujo. Si al menos le hubieran dejado el consolador en la habitación… Pero no va a pedir que se lo dejen, qué vergüenza! Se tumba en la cama, pero no puede dormir, sólo piensa en estar con ellos. Y tiene una idea. Toma un rotulador de esos gruesos de su bolso, se quita las braguitas y, mirándose de espaldas al espejo escribe en sus nalgas: “POR FAVOR, DADME POR EL CULO” y “ESTOY CALIENTE Y ABIERTA PARA VOSOTROS”, aparte de una flecha que apunta a su agujerito trasero. Se pone de rodillas en la cama, se ata las muñecas al cabezal con la sabana y empieza a gritar:

    —Por favor, por favor, venid, venid, mirad qué me pasa! Ay, socorro! Salvadme, salvadme! Help!

    Los cuatro corren a la habitación de mi novia y se sorprenden al verla sólo con sostén, con las bragas en la boca, expuesta en pompa y con esos mensajes en su culo.

    —Pero niña!

    —Serás guarra!?

    —Pues a mí ya se me ha vuelto a empinar!

    —Venga, va, portémonos como unos caballeros!

    —Sí, la chica quiere polla, pues polla tendrá!

    —Ay, sí, sí, gracias! Oh, hmmm! – nota que Jonás ya la encula y la empieza a bombear mientras le agarra los pechos.

    Se van turnando en el culo de Lena y ella se siente muy amada. Nunca había tenido tanto sexo y durante tantas horas. Cuando todos le van llenando el ano con su semen y ella se ha corrido cantidad de veces, pide que la desaten. Se da cuenta que lo que escribió en las nalgas está muy borroso, casi borrado y escribe: GRACIAS, CABALLEROS y se vuelve a poner en pompa mostrando el mensaje y su culo que rezuma leche, que va tomando con su mano y se la lleva en a boca, la saborea mirando pícaramente a sus amantes y se la traga con expresión de satisfacción.

    El miércoles Lena se despierta temprano y se pone el bikini para ir a la playa. Decide que va a dejar descansar a los socios del señor K ya que comprende que estén exhaustos. Toma un buen desayuno en una terraza de bar y aprovecha para tomar algunas fotos que me envía con palabras amables y cariñosas. Ya en la playa se tumba a tomar el sol y se baña. Sabe que los hombres que están en la playa la devoran con los ojos. Se sabe guapa y deseada. Eso la excita. Se tumba boca abaja y acerca su mano a su sexo, bajo las braguitas del bikini.

    —Señorita, perdón, puedo ayudarla?

    —Eh, cómo? Qué?

    —Es que hace rato que la observo y…

    —No, no, simplemente estoy tomando el sol.

    —Ah, ya, yo… si lo desea, puedo acompañarla a su apartamento y…

    —No, es que ni le conozco! – aunque que es muy guapo y por un momento piensa que si estuviera sola en el apartamento, quizás… – Déjeme tomar el sol tranquila, por favor.

    —Sí, sí, perdone.

    Al cabo de un rato:

    —Hola, creo que te conozco!

    —Eh? – mi novia alza la vista y ve a un joven alto que le habla – Cómo dices?

    —Sí, no te acuerdas de mí?

    —Yo… no… no te he visto en mi vida! – no puede evitar darse cuenta del enorme paquete que muestra el bañador.

    —Bueno, pero podemos conocernos, verdad? – acariciando el bulto.

    —No, no, yo… no estoy sola… estoy… bueno…

    —Ah, con tu novio? Perdona!

    —Sí, bueno, algo así. No pasa nada. Adiós! – y el joven alto vuelve con sus amigos.

    Ella piensa que si hubiera estado sola … la verdad es que el joven es muy apetecible… Está excitada y se decide dar un baño. Todos la miran cuando se levanta y se quita la parte de arriba del sostén y camina ruborizada, sudada y muy sexy hacia el agua. Allí se ve rodeada de mirones que la admiran con poco disimulo. Está deseosa de volver al apartamento y saciar su calentura con los socios del señor K. Espera que ya hayan recuperado su vitalidad.

    Cuando vuelve, todos la reciben con abrazos y besos y le confiesan que por un momento pensaron que les había abandonado, pero que se tranquilizaron al ver que tenía su maleta y sus cosas en la habitación. Ella les cuenta que ha estado muy bien en la playa, pero que vuelve muy sofocada por el calor.

    —Es normal, hija. —dice Ramiro.

    —Mira, te hemos preparado una comida exquisita, pero antes, ven, ven. Te quitamos la ropa y así no tienes calor. – Sandro le baja las braguitas del bikini y las huele – Hmmm, huelen de maravilla! Esto no es sólo sudor! Que ricas!

    —Hmmm, gracias! – Jonás le saca la parte de arriba.

    —Así estarás fresquita mientras comemos. —y le besa ambos pezones que se erizan al instante.

    —Hmmm, no sé, bueno… va.

    Durante la espléndida comida, los cuatro hombres no pueden dejar de admirar el cuerpo de mi novia y se van excitando cada vez más.

    Después de comer, Sandro dice:

    —Ahora, túmbate, te vamos a poner crema para después del sol y así estarás mejor.

    —Oh, gracias! Qué amables!

    Los cuatro hombres se esmeran con la crema en el cuerpo de Lena, especialmente en los pechos, el culo, el pubis y el sexo.

    —Pero si ahí no me ha tocado el sol! Ay, hmmm! – sonríe y suspira mi novia.

    —Je, je, es mejor prevenir que curar. – ríen todos.

    —Y ahora, túmbate en la cama, así, de espaldas, muy bien, ábrete de piernas, oh, hmmm, que coño más sonrosado, mira, Félix, ata su tobillo derecho al cabezal y tú, Ramiro, el tobillo izquierdo al otro extremo. A ver… no llega? Ábrete más, Lena!

    —Ay, no puedo, ay!

    —Sí que puedes, hija! Mira, así, ves? Lo que pasa es que te da corte…

    —Y morbo, ay! – se sonroja mi novia y no puede evitar rezumar flujo y mojar su vulva, su culo y la sábana.

    —Bien, bien, y ahora te atamos también las muñecas al lado de los tobillos… oh, así, así, totalmente expuesta ante nosotros!

    —Y con el coño y el culo empapado! Yo no puedo esperar más a follarla! – exclama Félix.

    —Sí, sí, por favor! – suplica Lena.

    —Esperad un momento!

    —No, no! – grita la chica y lanza un chorro de squirt que empapa la cama. – Me muero! Ah!

    —Pero si ya te estás corriendo, cerda! – la insulta Félix.

    Sandro le mete las braguitas del bikini en la boca y le venda los ojos.

    —A ver si adivinas quién te la mete cada vez, Lena!

    —Oh, sí! Qué morbo! – dice excitada mi novia. Va, va, venga!

    Félix es el primero en encular a mi novia.

    —Es Félix. Félix! – acierta a gritar aún con las bragas en la boca. —ay, me corro, me corro! Ah, hmmm! Y ahora es… Ramiro? Ramiro! Sí, sí! Es el que la tiene más gruesa! Oh, ay, me muero, más, más! Ah!

    —Sandro! Eres tú, Sandro? Sí! A que sí? Me llega hasta el fondo! Uau! Me matas! Más, más! Oh!

    —Jonás! Querido Jonás! Hmmm! Venga, va, correros en mi culo! Ah! Hmmm! – va lanzando squirt como una fuente.

    —Oh, llaman a la puerta. Quién será?

    —No abráis, no, por favor. Seguid, seguid dándome porculo! – exclama mi novia con las bragas en la boca. Todabía no me habeis dado vuestra leche riquísima!

    —Espera, tranquila, ya voy yo. Un momento, no pasa nada, seguid dándola porculo pero no hagáis ruido, me pongo la bata y miro quien es. – y Sandro abandona la habitación y cierra la puerta tras él. Mientras, los otros tres socios del jefe de Lena se van turnando en su ano. Ella no puede evitar gemir y suspirar.

    Cuando vuelve Sandro, susurra unas palabras al oído de Ramiro:

    —Dice que son unos amigos que hizo Lena en la playa esta mañana. Que les dijo que estaba con su novio, pero que la siguieron y vieron donde estaba su apartamento y que por la ventana han visto que de novio, nada. Y que a ver si pueden entrar a mirar.

    —No sé —contesta en voz baja Ramiro – Quizás a la chica le dará apuro.

    —No tiene por qué enterarse. Además, seguro que le daría morbo tener espectadores. No ves lo guarra que es?

    —Bueno, la niña es que es muy caliente! Muy deseosa de sexo.

    —Una cerda, ya te digo. – y va a buscar a los jóvenes que esperan fuera de la habitación

    —Que cuánto cobra? No, nada, si la chica tiene un magnífico sueldo, es arquitecta. Ella está con nosotros por placer! Es que es muy caliente! Entrad, entrad, pero no digáis nada. Sólo mirar, eh? Cuántos sois? Siete? A ver, va, no hagáis ruido. Me toca a mí! – y Sandro se la endiña hasta el fondo.

    El squirt que va lanzando Lena rocía a todos los hombres en la habitación. Los que se enamoraron de mi novia en la playa, alucinan con lo que ven y se sacan el miembro viril y se empiezan a masturbar. Los cuatro socios del señor K ya no resisten más tanto placer y van terminando en el culo de Lena. Su ano rebosa semen y se esparce bajo ella en la sabana, juntándose con su abundante squirt. Hmmm, gracias, gracias! – agradece la chica.

    —Oh! Pero… otra vez ya? ¡Qué dura! Todavía? Hmmm!

    Uno de los recién llegados, el chico joven alto de la playa, no resistió la tentación y está penetrando el culo de Lena mientrás le agarra los pechos y empieza un mete y saca frenético. Enseguida, otro de los nuevos amigos aparta al primero y la encula con fuerza.

    —Ahora no adivino de quien es la polla! – confiesa Lena. – A ver, métela más al fondo!

    —Aparta, aparta, Sergio! – dice uno muy moreno que al instante perfora el culo de mi novia – Que no aguanto más!

    —Ramón, yo también se la quiero meter! Quítate!

    —Pero… quién? Esas voces? Quién es? Quién son?

    —A ver, Lena, no te asustes. Mira! – Sandro aparta la venda de los ojos de la chica.

    —Oh, pero… si son los jóvenes de la playa! Oh, y uno me está dando por culo! – intenta decir con el bikini en la boca.

    —Y te gusta, verdad? – dice Sandro!

    —No, desatadme! Fuera, fuera!

    —No se te entiende, cerdita! Con las braguitas sucias en la boca! Dices que quieres que te la metan todos, verdad!

    —Digo que no soy una guarra! Que fuera!

    —Que eres una guarra y que venga! Ya la habéis oído, venga!

    —Aparta, Ramón! Me toca a mí! – ordena Guzmán.

    —No, yo! – exclama Jordi. —No puedo esperar!

    —A ver, tranquilos! Os dije que sólo mirar! Pero bueno, la niña merece que todos la folléis. Mirad, tiene el culo muy abierto y empapado. Seguro que le caben dos pollas a la vez. Va, venga, metédsela los dos!

    —Oh, por favor! No, no, no soy una cochina!

    —Veis? La chica dice que por favor, que es una cochina!

    Guzmán penetra a la chica hasta la mitad y Jordi junta su pene en el culo y los dos, primero suavemente y después con fuerza, van entrando más y más adentro. Ella se siente morir de gusto y de vergüenza, pero no cesa de lanzar squirt a todos y más cuando siente que los dos hombres le llenan las entrañas de lefa. Enseguida los demás amigos de la playa siguen el ejemplo y la van enculando de dos en dos, hasta que le toca el turno al joven alto, Alberto, que tiene un pene largo aunque no muy grueso, que le amasa los pechos y los mama con deleite. – me enamoraron tus tetas en la playa, guapa! —mientras entierra su miembro en el culo enormemente abierto de la chica con un mete y saca muy placentero para los dos, pero Félix ya vuelve a estar empalmado y quiere probar de metérsela de nuevo, esta vez junto al de Alberto. Cuando Alberto y Félix terminan, es el turno de Sandro y Jonás. Todos vuelven a estar excitados y van enculando de dos en dos a mi novia, atada y totalmente abierta y a merced de sus amantes en una tarde que no acaba hasta les doce de la noche.

    —Amor, sí, tienes razón, me sabe mal no haberte llamado hasta ahora. Sí, ya sé que tú mañana trabajas. Me despisté, sí, bueno, no, fui a cenar y… sola sí, claro, qué te has pensado? Juan, ya sabes que te quiero. Sí, mañana vuelvo, sí. – y al oír eso siente una sensación de tristeza y se da cuenta que estos días está siendo realmente feliz, se siente amada, deseada, admirada, como una princesa, saciada, y decide que el jueves tiene que aprovecharlo al máximo. – Bueno, tarde, por la noche, sí, aprovecharé el día en la playa. Buenas noches, Juan!

    Se despierta muy pronto por la mañana. No puede dormir. Aunque tiene el culo muy enrojecido, sensible y delicado, se muere por volver a estar con los socios de su jefe. Ve que está muy mojada y decide no esperar más. Se quita las braguitas empapadas y se pone un sostén y sale de la habitación hacia la de Sandro:

    —Sandro, por favor, puedo entrar?

    —Eh, oh! Pero si es muy pronto, Lena!

    —Es que ya quiero mis regalos! Es el último día! Oh, qué bien, estás desnudo! Oh, pero si tu pene… je, je, je, está totalmente flácido y pequeño!

    —Bueno, yo… todavía estoy agotado de ayer.

    —Mira, espera, eso lo arreglo yo, me meto en la cama contigo.

    Lena se tumba sobre Sandro, le lame los labios hasta que los abre y le mete la lengua hasta el fondo, se baja el sostén y entre sus pechos empieza un masaje al pene del socio del señor K y le va chupando la punta hasta que va creciendo y comienza a humedecerse.

    —Jonás, Ramiro, Félix! Venid, venid! A la habitación de Sandro! Qué rica está tu polla, hmmm!

    —Oh, eres insaciable, Lena! – se admira Ramiro al entrar en la habitación y ver a mi novia haciendo una cubana a su socio.

    —Venga, señores! Métanmela por el culo mientras hago una cubana a vuestro amigo! Que me arde!

    —Yo no puedo, hija! Nunca me había corrido tanto, ni de joven! – admite Ramiro.

    —Pues tú, querido Jonás!

    —Espera, espera, la verdad es que creo que no se me empinará hasta dentro de tres o cuatro días.

    —Venga, Félix, métemela tú! Aprovecha!

    —No, Lena, ya no se me pone dura.

    —Pues vaya regalo! A ver…

    Lena deja de mamar el pene de Sandro y se da la vuelta hacia los otros tres hombres. Les enseña el pecho empapado de los líquidos de su socio y acerca sus tetas a la boca y las chupa y lame, luego les hace una señal para que se acerquen, les baja el pantalón del pijama, agarra el miembro de Jonás y le hace una cubana mientras agarra las otras dos y las masturba.

    —Venga, Sandro, tú que ya la tienes dura, métemela hasta el fondo!

    Sandro no se hace de rogar y encula de golpe a mi novia y le arranca un ay de placer y de dolor mientras va moviendo el culo para dar más gusto a su amante y a si misma.

    —Va, Jonás, que ya está dura y rica, junta tu polla a la otra en mi ano! Eso de tener dos penes en mi culo me encantó! Y le hago la cubana a usted, Ramiro, que no hay manera que le crezca!

    —Eres muy amable, hija! Pero no creo que…

    —Ya verá como sí! Ve, ya empieza a estar algo morcillona aquí entre mis tetas mojadas! Hmmm, que rico, ya tiene gotitas en la punta, hmmm! Pronto me podrá dar porculo! – dice contenta mientras sigue masturbando a Félix y Sandro y Jonás le penetran el ano.

    —Ay, hija, ya me crece, ya me crece!

    —Sí, sí! Venga, junte la polla a las otras dos en mi culo!

    —Cómo?

    —Serás guarra? – exclama Félix.

    —No, guarra, no. Pero quiero tener la polla del señor Ramiro en el culo. Pruebe, a ver.

    Y sí, Ramiro puede meter algo su miembro en el ano de mi novia, junto a las otras dos y ella se siente morir de gusto mientras hace la cubana a Félix que no para de insultarla.

    —Va, Félix, métemela también tú!

    —Es imposible, Lena. – dice Sandro sin parar de penetrarla.

    —Me abro toda para vosotros! Va, Félix, fóllame el culo!

    Félix se acerca con la polla empinada en la mano pero realmente no ve la manera pero intenta penetrarle el ano.

    —Oh, eso no es el culo! – exclama ella—Me gusta, me gusta! Sí, sí, fóllame, fóllame!

    —Tu coño arde, puerca!

    —Es todo para ti, Félix! Ah, ah, me corro, me corro, no paréis, no, por favor! Ah, hmmm!

    Los cuatro hombres ya no pueden resistir más y sacan sus penes de la chica y lanzan todo su esperma a la cara y pechos mientras ella les corresponde con más y más squirt.

    —Oh, qué rica vuestra leche, caballeros! Hmmm! Me la tragaré toda! Oh! Me estáis inundando! Gracias! Tomad mi jugo también! Ah!

    Después de desayunar:

    —Yo me voy a la playa.

    —Quizá que vengamos también nosotros.

    —No, no. Sería muy raro verme con cuatro hombres. No.

    —Bueno, pues nos quedamos a descansar. Y creo que ya pronto nos vamos a ir.

    —Oh, ya? Pero, podríamos aprovechar la tarde, no? Yo le dije a mi novio que lo llegaría hasta la noche.

    —Lo que es yo, hija… ya no sirvo para nada.

    —Igual que yo,

    —Ha estado muy bien, Lena. Pero estamos agotados.

    —Es que tú eres muy caliente y te podrías estar corriendo todo el día!

    —La verdad es que sí. Nunca lo habría pensado. Pero es que sois tan amables conmigo…

    —Porque eres un cielo.

    —Estás muy buena!

    —Y eres una guarra!

    —Félix, no seas maleducado.

    —Pero si le he estado follando el coño mientras los tres la estabais dando porculo!

    Lena se va a la playa algo decepcionada y triste al ver que su regalo ya terminó. Decide tomar el sol con sólo la parte de abajo del bikini. Sabe que todos la miran y admiran. Y le gusta sentirse guapa y deseada. Hace posturitas, camina muy sensual cuando se va a dar un baño. Hace saltitos al meterse en el agua sabiendo que los pechos se balancean ante todos. Emite grititos y gemidos cuando se ducha. Se inclina ante todos para que vean bien su culo y sus pechos. Entonces tiene una sorpresa al ver al joven alto y guapo de ayer, Alberto cree que se llama. Ve que la está mirando y ella le saluda a lo lejos. Pero él no le devuelve el saludo. Ve que está con una chica. Será por eso. Debe de ser su novia o su mujer. Vaya, qué maleducado! Y eso que ayer bien que… Ve que se acercan otras parejas a Alberto y cree reconocer a algunos. Sabe que la miran disimuladamente, pero ninguno la saluda. Le pasa algo por la cabeza, pero… no… sería… pero y si…? Sí, debe intentarlo, vale la pena. Se levanta y anda muy sensualmente hasta el grupo. Todos disimulan hasta que empieza a hablar:

    —Hola, chicos! Os acordais de mí? Sí, verdad? Lena! – se acerca a cada uno y le da un par de besos hasta que llega el turno a Alberto y le clava sus pechos al cuerpo y le susurra – Alberto, no diré nada de ayer delante de tu chica, pero hoy es mi último día aquí y os invito a ti y a tus amigos a mi apartamento, dentro de un par de horas, venid todos, ya sabes a qué. Mi culo os desea y mis tetas también.

    —Quién eres? – pregunta una de las mujeres.

    —Esto… ella es…

    —Lena! Sí, nos conocimos en la universidad, estudiamos algunas asignaturas juntos!

    —En la universidad? Tu Jordi no fuiste a la universidad!

    —Eh, no, ya… pero al ser amiga de… Alberto y eso…

    —Bueno, encantada de haberos visto, chicos! Hasta luego! – guiña un ojo a Alberto y se aleja contorneándose muy coqueta.

    Sabía que Alberto y los demás no iban a resistir la tentación y al cabo de dos horas ya llaman a la puerta. Sandro les abre y se sorprende al ver que vienen más hombres que ayer. Les hace pasar a la habitación de mi novia. Ella se admira al ver a tantos invitados y se relame. Les recibe sin braguitas con el sostén bajo los pechos y se pone a cuatro patas y les saca la lengua como una perrita deseosa. Alberto y sus amigos van pasando uno a uno y ella les chupa y lame el miembro y de allí pasan a su culo parado.

    —Sois muchos! Y me muero de ganas que me deis todos porculo. Si acaso, probad de dos en dos y, si puede ser, de tres en tres. Y dos más que me chupen las tetas! Y mientras, otro que me vaya acariciando el clítoris, sí, sí, así, te cabe? Sí, sí, aprieta, hmmm! Venga, dadme más fuerte! No te cabe, pues prueba en el coño! Ah, hmmm! Que bien que follas! A ver, dos pollas para la boca! Hmmm!

    Mi novia se estuvo corriendo toda la tarde como una loca. Todos disfrutaron de ella. Y ella fue quien mejor se lo pasó. También los socios del señor K, que aunque cansados, no resistieron la tentación de volverla a encular y juntar su semen al de los otros amantes.

    Lena volvió estuvo muy cariñosa conmigo en los días siguientes. Ella casi no pudo sentarse durante toda la semana al tener el culo muy escocido, delicado y sensible, aunque yo nunca pude imaginar por qué.

    Aunque los cuatro caballeros no faltarían a su promesa de no explicar nada a su socio, eso no quiere decir que no le entregaran todo lo que se había ido grabando con varias cámaras que el propio señor K había repartido por toda la habitación de mi novia. Y cabe decir que le encantó lo que vio.

  • La contadora madura pero muy caliente

    La contadora madura pero muy caliente

    Me tocó hacer mi servicio social en una tienda del Seguro Social. La contadora encargada era una mujer que a pesar de tener unos 55 años se veía muy bien conservada. Delgada, alta, de pechos pequeños, las zapatillas que usaba le ayudaban a levantar sus nalgas que aunque pequeñas, se notaban firmes. Usaba maquillaje discreto, pero pintaba sus labios con un labial rojo muy intenso, tenía unos ojos hermosos de color miel los cuales cubría con unos lentes que la hacían ver muy interesante. Vestía siempre con vestidos sin mucho escote, largos, abajo de la rodilla y un poco holgados. Muy guapa, se llamaba Nicolasa, todos le decíamos la contadora Nico.

    Yo hacía mi trabajo en su oficina, le ayudaba con el almacén. Aunque me atraía su personalidad yo la respetaba, me conformaba sólo con mirarla. Hasta que un día me conquistó con su lencería. Ella recogía algo del piso mientras me daba la espalda, se inclinó sin flexionar las rodillas, el vestido se le subió y pude apreciar la orilla de sus medias sujetadas por un liguero, me excitó mucho esa imagen, cuando ella se levantó volteó a ver mi reacción, yo me hice el disimulado, pero ya se me había metido en la cabeza la idea de tener algo con la contadora.

    Se lo conté a mi novia Yesica y aunque no le pareció muy buena la idea de coger a una señora mayor, me dio permiso de intentar algo con ella. En ese tiempo Yesica todavía no se había cogido al maestro Mario, por eso no le agradaba la idea de coger con personas mayores.

    Ya con el permiso de mi novia empecé a hacerle más plática a la contadora, cosas de nuestra vida personal y familiar, de la escuela y del trabajo. Y en poco tiempo hicimos confianza, comenzamos a hablar de cosas personales. Todos los días le decía lo guapa que se veía, ella se sonrojaba y me agradecía los cumplidos. Comencé a provocar roces entre nuestros cuerpos, a ella no parecía molestarle, aunque no le acercaba mi verga, pensando en no molestarla. Hasta que un día por alguna razón que no recuerdo, llegué tarde a mi servicio y al entrar a su oficina me llevé una gran sorpresa. Recargada sobre su escritorio estaba la contadora Nico y tras ella, un hombre gordo la estaba penetrando. El hombre se separó de ella y me gritó que si no sabía tocar la puerta antes de entrar, yo cerré la puerta casi al instante y me fui al almacén, hasta como una hora después que regresé a la oficina de la contadora, toqué y la contadora contestó que pasara.

    No sabía qué decir, así que tomé mis libros de almacén y me puse a hacer como que anotaba algo. Trabajamos el resto del día. Por la noche cuando cerraron la tienda y los empleados se fueron yendo, ella se acercó a mí y me dijo que la persona con la que la había visto era su supervisor, que así es como se hacían las cosas en las tiendas para que los encargados mantuvieran sus puestos y que la disculpara por la reacción del tipo gordo. Yo le contesté que no había ningún problema, que sería discreto y que haríamos como que nada había pasado. Pero a partir de ese día nos hicimos más allegados, bromeábamos y nos teníamos mas confianza. Poco a poco se dio que empezamos a cachondear a la hora de cerrar, nos besábamos y su aliento era en verdad muy cálido, exhalaba calentura.

    Hasta que llegó el día en que cogimos. Ella fue invitada a un evento en Cuernavaca por parte del trabajo y me preguntó si podía acompañarla, acepté y nos fuimos en su coche. El evento estuvo aburrido, así que ella propuso regresar después de que dieran la comida. Y así lo hicimos, nos salimos discretamente, aunque a nadie le interesaba la presencia de unos y otros en ese evento. De regreso en su auto, me preguntó si hacíamos el amor en un motel, no dudé en contestar que sí y ella se dirigió a un motel que nos quedaba de camino.

    Ambos estábamos muy calientes, apenas y entramos al cuarto y ya nos estábamos besando. Nos quitábamos la ropa uno al otro, aunque yo sólo tuve que bajar el cierre de su vestido para tenerla como me gusta. Usaba un corset con ligas que sujetaban sus medias y unas zapatillas que la hacían ver más alta y levantaban sus nalgas. Hasta ese día ella vio por primera vez mi verga, pues en la oficina nunca pasamos de besos y cachondeos sobre la ropa. Ya desnudo, ella me recostó sobre la cama boca arriba, se montó sobre mí y nos comíamos a besos. Su aliento era muy caliente. Frotaba su vagina sobre mi tronco, sin quitarse la pantaleta y así estuvo hasta que tuve que preguntarle si no me iba a mamar la verga. Me contestó que no le gustaba, que ni a su marido se la chupaba. Le pregunté si me dejaría a mí hacerle sexo oral, se sobresaltó un poco y sonrojada contestó que tampoco le llamaba la atención hacerlo así, le insistí que me permitiera hacerlo y terminó por aceptar por tan insistente que estaba, mientras nos besábamos y ella seguía montada en mi verga.

    La recosté boca arriba, retiré su pantaleta y al abrirla de piernas me encontré con una muy abundante mata de pelos negros y una que otra cana. Sus labios estaban ocultos por tanto vello púbico y sobre dicho pelo se notaba su humedad, ella se veía nerviosa y hasta un poco incómoda, así que me incliné y metí mis labios y lengua entre sus piernas, apenas y me sintió se estremeció y de sus labios escapó un gemido. Tomé sus piernas con mis manos y así la atraje más hacia mi boca, era una delicia beber de esa panocha de algún modo virgen en el sexo oral, yo usaba mi lengua y labios para estimularla, ella se reía nerviosa pero al mismo tiempo lo disfrutaba, pues movía sus caderas buscando abrirse más para mí e indicándome dónde hacerla sentir más placer, no tardó mucho en tener un orgasmo mientras se aferraba con sus manos a mi cabeza, gemía intensamente y su cuerpo temblaba. Yo estaba más que estimulado acariciando sus piernas y el encaje de su lencería. El sabor de su orgasmo era dulce y yo seguía con deseo de probarla más tiempo y con la idea de que ella también me la chupara, la paré sobre la cama, me acosté boca arriba y me coloqué entre sus piernas, bajo su panocha, la atraje hacia mi boca y metí mi lengua en ella, se movía rico sobre mi boca mientras mi verga estaba a su disposición para cuando quisiera probarla, lo cual terminó por hacer entre tanta calentura y así, en poco tiempo ya hacíamos un rico 69. No era muy buena mamadora, pero el calor de su boca y su aliento me hacían sentir muy excitado, con la verga a punto de explotar, conteniendo mi venida pues no sabía si a ella le iba a gustar tener mi semen en la boca, opté por aguantar mi orgasmo, poniendo atención en su disfrute, pues ella seguía extasiada con las mamadas de panocha que yo le daba, gemía y gemía, moviendo sus nalgas frente a mi cara y yo disfrutando ver su pequeño ano adornado con unos cuantos pelos alrededor. Se volvió a venir intensamente, presionando su panocha sobre mi boca, bebí hasta la ultima gota de su orgasmo.

    La tuve sobre mí un rato mientras se recuperaba, luego la recosté boca arriba, nos besábamos. Me dolía la verga, la sentía hinchada así que me incorporé para ponerme un condón, ella abrió sus piernas y me extendió sus brazos. Coloqué mis manos a sus costados y fue ella quien tomó mi tronco y colocó la punta de mi verga entre sus labios vaginales, yo presioné y me costó trabajo entrar pues se sentía muy estrecha, ella se quejaba un poco de dolor pero con sus manos en mi espalda me atraía para entrar más mientras yo trataba de suavizar sus gemidos besándola, en verdad estaba muy apretada. Por fin pude estar todo dentro de ella. Comenzamos a movernos al mismo tiempo, yo trataba de estimularla penetrándola despacio mientras con mis manos acariciaba su cuerpo y su lencería que me tenían a mil. Ella también había pasado de sus gemidos de dolor a los de placer, movía sus caderas y levantaba sus piernas buscando más placer. Y así entre besos, caricias y metidas de verga ella alcanzó su orgasmo de nuevo y yo de verla tan caliente también me apresuré a llenar el condón dentro de su caliente panocha, gemimos fuerte con nuestros orgasmos.

    Descansamos un rato estando mi verga dentro de ella, mientras recuperábamos el aliento, ambos lo disfrutamos mucho. Su mirada y ojos color miel tenían un efecto especial, encontrar nuestras miradas nos hizo sentir deseo de nuevo, nos volvimos a besar y a ponernos calientes. Yo seguía dentro de ella con el condón casi escurriendo y la verga se volvía a poner dura, me levanté para cambiarme el condón. Ella se colocó de perrito sobre la cama, se veía hermosa con su lencería, así que una vez puesto el nuevo condón me coloqué en su espalda y la fui penetrando despacio, ambos disfrutamos cada centímetro recorrido. Nos movíamos en direcciones opuestas, ella echaba el culo para atras y yo hacia adelante, el sonido era muy excitante combinado a nuestros gemidos. Acariciaba sus nalgas y espalda sobre el corset y de igual forma tomaba las ligas que sostenían sus medias como si fueran unas correas para atraerla hacia mí. La estuve montando como perrita mucho tiempo, ella se vino algunas veces y yo no me cansaba de acariciarla y disfrutar la estrechez de su panocha. Y luego de muchas metidas me volví a vaciar en el condón dentro de ella. Para luego dejarnos caer sobre la cama, recuperándonos.

    Platicamos. Quería saber qué me atraía de ella y por qué estar con una mujer que hasta podría ser mi abuela. Le contesté con la verdad, dije que no aparentaba tener la edad que decía, que era muy guapa y se arreglaba muy bien. Que tenía un muy buen cuerpo y que me encantaba cómo lucía la lencería que usaba, que sus medias y ligueros me excitaban mucho. Y que en verdad era un placer enorme disfrutarla y hacerla disfrutar. Ella me decía que estaba un poco loco, pero me agradecía lo que habíamos hecho. Aclaramos que sólo era calentura lo que sentíamos, pues yo amaba a mi novia y ella tenía a su familia, además que eso era sólo temporal, pues ya casi estaba por terminar mi servicio social.

    Esa tarde cogimos en la cama, frente a los espejos del motel, en el baño y sobre unos escalones que estaban alfombrados. No sabía si se iba a repetir esa experiencia, así que disfruté lo mas que podía. Chupé sus ricos pezones que adornaban unos pechos pequeños. Lamía su panocha antes de penetrarla en cada posición que lo hicimos, aproveché cada momento para estar dentro de ella y sé que lo disfrutó tanto como yo.

    Se estaba haciendo de noche, nos bañamos juntos y nos vestimos para regresar a nuestras casas. Antes de salir le pregunté si podría venirme en su boca y contestó que sí, pero sin que la obligara a tomarse mi esperma. Me senté en la orilla de la cama y sacó mi verga del pantalón, ella se arrodilló entre mis piernas y comenzó una mamada sólo con la boca. Le pedí que usara sus manos en mi tronco y así me estimuló más. Se esmeró en el oral que me hacía. La calentura de su boca y su aliento aumentaron mi excitación al grado que en poco rato me estaba vaciando sobre los labios de la contadora y veía cómo escurría mi leche por su cuello pues en ningún momento abrió la boca para saborear mi esperma. Yo me sentí satisfecho, ambos nos limpiamos y salimos en su auto hacia nuestra ciudad.

    Pasó a dejarme donde rentaba y al llegar ya estaba ahí mi novia. Le conté del evento y también lo que había hecho con la contadora. Yesica no me creía que una mujer madurita podía disfrutar como lo hicimos ese día con la contadora. Hasta que le tocó disfrutar con hombres mayores y también con alguna que otra mujer madura que encontramos en nuestras vidas más adelante. Sobra decir que esa noche disfruté haciéndole el amor a mi novia y recordando a esa mujer tan caliente que hacía unas horas había tenido abierta de piernas, penetrándola toda la tarde. Yesica me exprimió lo último de leche ese día y ella también tuvo sus orgasmos. Yo feliz de terminar cada día a lado del amor de mi vida, amándonos siempre. Así nos quedamos dormidos.

    En el servicio con la contadora Nico todo siguió normal, haciendo nuestro trabajo. Cachondeábamos de vez en cuando a la hora de cerrar y el sexo lo repetimos una o dos veces más en que hubo modo de escaparse al motel cerca de Cuernavaca, pues ella quería ser muy discreta. Terminé mi servicio social, ella me entregó mi liberación y esa fue la última vez que nos vimos, ella siguió con su trabajo y yo con el amor de mi vida.

  • Como la coge rico

    Como la coge rico

    Llevábamos días dedicados a nuestras actividades cotidianas, hogar y trabajo. Pasaba el tiempo y las aventuras sexuales parecía que habían quedado atrás. Aunque, de surgir el deseo, arreglar una cita no había sido inconveniente, el tiempo iba pasando y concentrábamos nuestra atención en otras prioridades. Y, dada es rutina, no habíamos conversado ni habíamos contemplado volver a las andanzas.

    Un día, sin embargo, el diablo tocó a mi puerta. Wilson, el corneador habitual, me contactó por whatsapp. Patrón, me dijo, porque tan perdidos. Tengo ganas de verlos nuevamente. Hola, Wilson, contesté. La verdad, hemos estado tan ocupados en otras cosas, que no hemos considerado siquiera la posibilidad. Tengo la herramienta que se estalla, patrón, volvió a insistir, y solo espero su orden para ver si le hacemos un mantenimiento a la patrona… ¿Le parece? En ese instante volvieron a mi mente recuerdos de encuentros pasados y cómo mi esposa había disfrutado a placer de aquel hombre, pero, en las actuales circunstancias, yo la veía muy desinteresada del asunto.

    Pues, respondí, no hemos conversado del tema y no quisiera yo forzar situaciones. Además, usted, sabe, finalmente es ella quien dispone si hay n no tal posibilidad. Dependemos de que esté dispuesta y con ganas. Y, siendo sinceros, hoy, por ejemplo, no la veo con esa disposición. Y ¿qué propone? Preguntó él. Yo hago lo que ustedes me digan. Es que no se imagina usted las ganas que tengo de volver a estar con su señora. Esa manifestación de intención, así, tan franca y espontánea, me excitó. ¿Por qué no? Me cuestioné a mí mismo. Déjeme ver y yo le toco el tema ella, a ver qué me dice, pero no prometo nada. Usted ya sabe cómo es ella.

    Sí, yo lo sé. Ella se hace de rogar, pero una vez que da su consentimiento se entrega como ella solo sabe hacerlo. Y por eso quiero volver a pegarle una probadita. ¿No se molesta por decirle eso? Para nada, respondí. Con solo hablar de esto ya se me despertó la calentura y estoy imaginándome cómo volver su deseo una realidad. El asunto, Wilson, es que tenemos que hacer que la iniciativa salga de ella. Si acaso percibe que es por darnos satisfacción, o por complacernos, cualquier cosa que pretendamos hacer no va a funcionar. Sí, yo lo sé, contestó. Pero, hagamos algo. Okey, respondí. Déjeme ver qué me invento.

    Por esos días habíamos hablado con ella sobre qué nos motivaba a experimentar sexualmente fuera del matrimonio y, en el caso de mi esposa, estaba claro que había varias razones en su catálogo de justificaciones. El experimentar placer físico estaba a la cabeza de sus justificaciones. Ella no tenía dudas en que la posibilidad de un buen orgasmo era más que suficiente para procurar decir sí al hombre adecuado. Además, reconocía abiertamente que un hombre atractivo era el elemento básico a la hora de despertar su interés por liberar esa energía sexual y estar con él. Eso ya lo había vivido yo y no era tema de discusión.

    También se consideraba como el estado de excitación influía para que ella se mostrara o no dispuesta para aventurarse sexualmente con una pareja diferente a su marido. Y recordaba yo como el tamaño y dureza del miembro de Wilson había sido decisivo a la hora de decidirse a la cama con él en la primera cita. Pero también era evidente sus ganas de demostrar su capacidad de seducción, sintiéndose de esa manera segura y bien consigo misma, lo cual tenía que ver con la galantería y piropos que despertaba en los hombres cuando interactuaba con ellos.

    Era un hecho, en el caso de mi esposa, que le llaman poderosamente la atención los hombres inteligentes, varoniles, decididos, de buena conversación y finos modales, estimulándose y excitándose de manera adecuada a través del proceso de seducción que viene involucrado cuando los machos están decididos a llevar a la cama a una mujer. Wilson, sin embargo, era un tipo bueno para tener sexo, y nada más. Si mi mujer no tenia ganas de echarse una despabilada sexual, poco interés despertaría el que yo le propusiera un encuentro con él. Si no era de su interés, ¿A cuenta de qué? preguntaría ella.

    Estaba claro para mí que los quehaceres de la vida cotidiana pueden bombardear nuestro deseo sexual, la reunión que nos tiene preocupados, el compaginar la vida laboral con la vida personal, estar desempleado o el asumir responsabilidades de terceros como propias pueden hacer que esa energía y deseo disminuya. Pero, ¿cuándo, entonces, se podría volver a la normalidad y despertar esa chispa para que surgiera espontáneamente la intención y el deseo por la aventura?

    La propuesta de Wilson me tenía cabezón de tanto pensar. No quería ser directo con mi esposa y hacerle ver que era más una cosa mía que de ella, pero no sabía cómo proceder. Y, en ese transcurrir de ideas, se me ocurrió propiciar un encuentro espontáneo y casual con el corneador. En teoría, nada “premeditado”. La película, obviamente, tenía que ser sugerente, excitante y despertar la energía sexual. En la cinemateca, algo cultural, estaban proyectando una serie de cine erótico. La película en cartelera para esa semana era “Belle de Jour” con Catherine Deneuve. La propuesta, pensaba yo, no tenía nada de raro y, como estábamos sumergidos en temas de sexología pro aquello días, como parte de nuestros estudios de psicología, aquello caía como anillo al dedo.

    El tema era hacer coincidir a Wilson en escena para que un potencial encuentro surgiera de manera espontánea y casual. Al principio no sabía cómo hacer, peo poco a poco las cosas parecieron ir encajando. Hola, Wilson, le escribí en el whatapp. Me tiene que ayudar si quiere que la cosa funcione y pueda utilizar su herramienta. Lo que usted mande, patrón, contestó. Vamos a asistir a una película. Saldremos del cine a eso de las 7:30 pm. Mi idea es ir a comer sobre el restaurante que queda sobre la carrera séptima entre calles 22 y 23. Espero acomodarme al lado de los ventanales para tener vista a la calle.

    ¿Y cuál es el plan? Preguntó él. Pues que, más o menos a las 8 pm, usted se ubique en el paradero de bus que queda allí y, haciéndose el desentendido, mire hacia los ventanales y nos ubique, nos reconozca y se sorprenda de habernos visto. Yo, pretendiendo hacer lo mismo, lo saludaré y le haré señas para que venga y nos acompañe. Y después, vaya a saber qué va a pasar. Eso sí, necesito que vista elegante, vaya bien arreglado y perfumado. Y ¿por qué patrón? Me pregunta este joven. Pues para impresionar gratamente a la dama y que desee su compañía. Pero otras veces no ha habido necesidad de eso, me replicó. Bueno, pero esta vez sí, repuse enérgico.

    Ah… Y otra cosa. Procure no insinuar nada sobre lo sexual cuando estemos conversando. Haláguela, como siempre, pero no vaya a forzar las cosas. Mejor dicho, dije, mientras más calladito, mejor. Deje que ella dirija y controle la conversación, que pregunte, sugiera y disponga, si es que se le despiertan las ganas de estar con usted. Espero que el tema de la película le despierte la calentura y, si así es, veo alguna posibilidad. Pero si no, nada que hacer. Comemos algo, charlamos y nos vamos. ¿Le parece? No, contestó él, yo creo que la convenzo. Déjeme a mí. Sí, respondí, yo sé de qué manera la convence, pero tenga en cuenta que supuestamente andamos en otro asunto y ella no va dispuesta a eso, a menos que se provoque. Sea delicado, considerado, muéstrese respetuoso y deje que ella vaya definiendo lo que quiere.

    Acordamos que estuviera pendiente de su “whatsapp” para irle informándole de nuestros movimientos, de manera que él se pudiera ir ajustando sus desplazamientos. El sábado, tan pronto salimos de nuestra casa le escribí: “Vamos en camino”. A ver cómo nos va. En respuesta me envió una fotografía de él y su indumentaria. ¿Así está bien, patrón? Sí, le respondí. La verdad se había esmerado en arreglarse. Vestía de chaqueta y zapatos color tabaco, pantalón beige claro y camisa color rosada. Lucía bien. Bueno, le respondí con una foto de mi esposa, tomada discretamente, fíjese cómo está vestida, para que la identifique y la reconozca. Esta muy linda, respondió. Como siempre, repliqué…

    Más tarde le escribí de nuevo. Ya estamos en el cine. Dentro de poco inicia la película. Calculo hora y media para estar saliendo. ¿Dónde va a estar? Yo trabajo cerca, estoy de turno, pero ya estoy saliendo. Me da tiempo para llegar allá cuando usted me diga. Son apenas cuatro cuadras. Espero aquí hasta que me cuente que ya están en “Palos de Leña”, que así se llamaba el restaurante. Bueno, dije, son más o menos cuatro cuadras desde el teatro hasta ese lugar. Yo le voy contando. Pendiente pues…

    Al salir de la película le dije a mi esposa que aprovecháramos que estábamos por ahí y comiéramos algo antes de regresar a casa. Y, sin mostrar mucho ánimo, estuvo de acuerdo. Nos fuimos caminando, aprovechando para distraernos viendo la gente caminar, las vitrinas de los almacenes y la actividad del sector, que es bastante concurrido. Al llegar, volví a escribir. Ya estamos aquí. Póngase en marcha. Voy, fue su respuesta.

    Como lo había contemplado, nos acomodamos en una mesa, al lado de las ventanas que daban a la calle, de modo que teníamos una visión completa del exterior, especialmente del paradero del bus, que era el sitio donde mi cómplice de aventura debía llegar. Mientras pedíamos la comida, de reojo yo miraba hacia afuera, atento a la llegada de él. Pero fue ella quien lo vio primero. ¡Oye! me dijo, ¿aquel no es Wilson? ¿Quién? Pregunté haciéndome el despistado. Allí, en el paradero. Parece ¿no? Repuse. Sí es él, dije, está muy elegante. De pronto va para algún evento, comenté.

    Wilson hacía muy bien su papel. Miraba hacia la calle, como si estuviera esperando el transporte, miraba su reloj y caminaba de un lado a otro. De pronto miró hacia el restaurante y fue inevitable que nuestras miradas se cruzaran. Mi esposa, agitó su mano para saludarlo desde donde estábamos. Y él, haciendo un ademán de sorpresa, devolvió el gesto. Fui yo, entonces, quien le hizo señas para que se acercara y mi esposa no se opuso, ni hizo comentario alguno al respecto. Así que el hombre entró al restaurante y llegó a nuestra mesa. Vaya, vaya, comentó cuando llegó, ¡que sorpresa! Si no es así, de pronto no nos volvemos a ver, dijo mirando a mi mujer. Sí, respondió ella, hace rato que no nos veíamos. Es verdad.

    Bueno, ¿tiene algún compromiso? Pregunté yo. No, respondió. Entonces, si tiene tiempo, insistí, siéntese y nos acompaña un rato. Sí, dijo. Salía del trabajo e iba para la casa y no tengo nada qué hacer, así que dispongo de tiempo. No hay problema. Nosotros vamos a comer y ya pedimos algo. ¿Nos acompaña? Bueno, respondió. Pida lo que quiera, entonces, y nos entretenemos en eso. Está bien, dijo, y procedió a ordenar.

    ¿Y que los trajo por aquí? Yo le conté que nos había llamado la atención ver una película que proyectaban en la cinemateca. ¿Y que tal estuvo? Preguntó. Y fue ahí cuando mi esposa tomó la batuta para responder y entablar la conversación. Ella hizo un resumen de la trama de la película y sus impresiones. Mencionó que era una cinta bastante erótica. Interesante, comentó nuestro recién invitado. ¿Conoces este sector? Pregunto mi mujer. Más o menos, respondió él. ¿Por qué? Simple curiosidad. ¿Qué hay para hacer por aquí? Continuó ella. Bueno, dijo él, hay sitios para ir a escuchar música, tomar cerveza, bailaderos, discotecas y reservados. Usted sabe que, al lado de los rumbeaderos, siempre hay moteles disponibles. Podríamos ir a escuchar música un ratico, dijo ella, mirándome a mí. Pues, dije, si tienes ánimos, ¡vamos!

    Al rato, después de terminar nuestra cena y pagar la cuenta, nos dispusimos a salir a algún lado en plan de ir a escuchar música, según mi mujer. Hay un sitio muy bueno cerca de aquí, comentó Wilson, donde se escucha toda clase de música. Eso sí, advirtió, es como oscurito, a media luz, pero eso es lo que hace el ambiente. Bueno, dijo mi mujer, vamos y conocemos. Así que emprendimos la caminata hacia el lugar. Y allá llegamos. Aron calle 13 se llamaba. No era nada espectacular, pero tampoco era un antro. Estaba bien. Nos acomodamos, pedimos unos cocteles y nos quedamos charlando, con la excusa de escuchar música.

    La música se escuchaba bien y había un buen ambiente en el lugar, que disponía de una pequeña pista de baile y, de manera inevitable, después de haber bebido unos dos o tres cocteles, nuestro amigo, quizá ansioso en hacerle la vuelta a mi mujer, la invitó a bailar. Ella no lo rechazó. Por el contrario, se mostró muy entusiasmada con el ofrecimiento y bastante animada salió a bailar con él. Sonaba música bailable, de manera que aquellos, mi mujer y su parejo, salieron a azotar baldosa, como se dice en mi país, con mucha energía.

    Tanta energía estaban derrochando que, después de tres o cuatro tandas, regresaron a la mesa agitados y sudorosos. Mi esposa, cosa rara, no mas sentarse, apuró la bebida que encontró a la mano, sin reparar en qué clase de trago era. Yo había pedido ron blanco y sus acompañamientos, de modo que eso fue lo que llegó a beber. Ella estaba, por decirlo de algún modo, estimulada con el ambiente y con el parejo, pero nada de eso se había previsto. Todo surgía en el momento y dependía de todos lo que fuera a suceder; de ella, principalmente, de su parejo, haciendo de todo para excitarla y de mí, para colaborar con mi consentimiento para que la aventura continuara.

    Voy un momentico al baño, dijo ella, y, tomando su cartera se levantó a buscar su ubicación. El señalo en una dirección y le dijo, los baños que dan por allá. Y nos quedamos ambos viendo cómo ella avanzaba hasta llegar a su destino. Patrón, yo ya estoy que me como a su mujer, me dijo. ¿Le parece si le propongo? Ella ya se dio cuenta cómo está mi herramienta. No, respondí. Esperemos que ella sea quien lo proponga. Por lo visto esta bien motivada y no dudo, incluso, que cuando regrese nos diga que vayamos a otro sitio. Pero si no es así, y salen a bailar otra vez, trátela con cariño, acaricie sus senos con delicadeza y esperemos a ver qué pasa. Si quiere que esto continúe, tiene que ir con calma. Bueno, patrón, me respondió.

    Ella llego renovada, peinada y maquillada. Se sentó nuevamente y, pasados unos segundos, le dijo a nuestro invitado, tienes ganas de bailar otro ratico. Claro que sí, respondió él y, levantándose, la tomó de la mano y se dirigieron hacia la pista de baile. El hombre me guiñó el ojo cuando se alejaban. ¡Yo veré! le dije. Tranquilo, no lo voy a defraudar, me contestó. Y segundos después ya estaban bailando de nuevo, alborotados a cuál más, pues la música bailable, merengue, daba para eso. Y allí estuvieron entretenidos casi una hora más. Llegué a pensar, incluso, que la situación no iba a pasar de ahí. Y, paciente, esperé.

    Cuando regresaron de nuevo, se acomodaron en la mesa. Esta buena la música ¿no? Apuntó mi mujer. Si, respondió él. ¿Quiere seguir bailando? No, dijo ella. Ya es algo tarde, apuntó, mirándome. Y, acercándose a mi oído, en voz baja, me preguntó ¿te molesta si estoy un rato con él? No, contesté moviendo mi cabeza de lado a lado. Wilson estaba atento y cuando nuestras miradas se cruzaron, le guiñe el ojo. Ella, entonces, tomó la iniciativa y pregunto ¿tienes algo que hacer? No, respondió, como les había dicho antes, no tengo nada programado. ¿Te gustaría que estuviéramos juntos un ratico? ¡Cómo no! Respondió él. ¿Conoces algún lugar por aquí donde podamos estar? Si, dijo, pero nos toca caminar unas cuadras.

    Emprendimos el camino. De seguro había más gente en el mismo plan, porque todo el trayecto estuvimos acompañados por varias parejas que, al parecer, iban en la misma dirección que nosotros. Mi esposa y su parejo, de gancho, al parecer estaban conversando animadamente. Yo, detrás de ellos, solo podía ver cómo aquel atrevido le acariciaba con descaro los pompis a mu mujer, sin recato alguno y a la vista de todos. Ella, inmutable, parecía no darle importancia. Y, ciertamente, cuando llegamos al lugar, vi mucha congestión. Va a estar difícil la cosa, comenté. Tranquilo, yo conozco a la dueña, apuntó él. Déjeme ver qué consigo. Y se adentró dentro del edificio.

    Está muy agitado esto, le comenté a mi esposa. Si se complica, pues nos vamos a un hotel y pagamos la noche. ¡Qué más! Esperemos, dijo ella. Al poco rato, asomado en la puerta de la edificación, el hombre nos hizo señas para que nos acercáramos. Patrón, me dijo en voz baja, solo estaba disponible la suite. ¿Algún problema? No, para nada, contesté. Bueno, le dijo a mi mujer, ¿subimos? Vamos, respondió ella. Y empezamos a subir las escaleras, acompañados por otras parejas que, conforme íbamos ascendiendo, se distribuían en los diferentes pisos.

    Cuando llegamos a la habitación, él se dirigió hacia el baño diciendo, denme unos segundos y me alisto. Nosotros nos quedamos afuera, esperando. Mi mujer acomodó su bolso en una silla y se quitó la chaqueta. Yo, encendí el televisor, dejándolo sin sonido, solo con las imágenes de una película porno que estaban exhibiendo en los canales de sexo que normalmente tiene ahí. Y seleccioné música suave en una de las emisoras que sintonicé en el equipo de sonido, preparando el escenario. Momentos después la puerta del baño se abrió y Wilson salió desnudo. ¿Qué pasó? Preguntó. Pensé que ambos teníamos ganas. Sí, dijo mi mujer, pero vamos despacio… Bueno, dijo él, yo espero. Y se sentó en un sillón.

    Mi mujer se fue para donde él estaba. Se puso de rodillas frente a él y dirigió su boca directamente a su pene, que ya estaba tieso y erguido. Y, como muchas veces lo había visto, empezó a chupar ese miembro con esmero, como si su sabor le deleitara. Sus manos, por otra parte, no dejaban de masajear el tronco de aquella deliciosa verga. Hace rato que quería hacer esto ¿verdad? Pregunto él, pero no tuvo respuesta porque ella estaba engullendo su pene hasta lo profundo de la garganta y se excitaba con el tamaño y dureza que le generaban a aquel sus atenciones.

    Oye, decía él, esa herramienta ya está a mil. Mi esposa, entonces, decidió levantarse y, frente a él, se quitó sus bragas, nada más. Y procedió a sentarse sobre ese inmenso pene, descargando el peso de su cuerpo sobre él hasta quedar totalmente penetrada. Sus manos se apoyaban en los hombros de aquel y así, apoyados sus pies en el piso, empezó a mover su cuerpo a voluntad, arriba y abajo, adelante y atrás, moviendo su cadera en círculos, concentrada totalmente en experimentar cuanta sensación le pudieran generar aquellas maniobras. Wilson le decía, de verdad, veo que esto le estaba haciendo falta, pero ella no respondía. Cerrados sus ojos, solo las congestiones de su cuerpo daban indicio de la excitación del momento.

    El hombre, sentado como estaba, solo presenciaba en silencio las maniobras de mi mujer. Y mañas se dio para retirarle la blusa y el brasier, teniendo acceso para acariciar y masajear insistentemente sus senos mientras ella se entretenía cabalgando a placer sobre su verga. Poco a poco, ella misma, sin ninguna maniobra por parte de aquel, empezó a gruñir, a emitir sonidos y a lanzar sonoros e intempestivos gemidos. Hasta que, pasado el tiempo, pareció alcanzar el máximo de sensaciones y, emitiendo un sonoro ¡que rico!, se dejó caer sobre el pecho de aquel.

    Wilson no pronunció palabra. Y esperó pacientemente a que ella se repusiera del esfuerzo. Casi que, adormilada, permaneció ahí, recostada sobre él, tal vez unos 30 minutos. Y, quizá un tanto incómoda en la posición en que estaba, se fue incorporando de a poco. Se levantó y se dirigió a la cama, donde se recostó boca abajo para seguir dormitando un poco más. Su macho llegó hasta allí y, considerado, solo se limitó a acariciar sus piernas y sus nalgas. Y así pasó, otra media hora. Mientras, el hombre se puso a charlar conmigo. Patrón, me dijo, se ve que ella tenía ganas reprimidas, porque se la metió toda. Vamos a ver si más luego le damos otra manita.

    Y ese más luego finalmente llegó. Ella, abrió sus ojos y, al vernos, dijo: parece que me cogió el sueño. Pierda cuidado, dijo Wilson. La estamos esperando, manifestó, poniendo una de las manos de ella en su miembro. Mi mujer, entonces, como por reflejo, empezó a masajearlo de nuevo. Y nuestro hombre, animándose, empezó a acariciar todo su cuerpo y, ahora sí, a despojarla de la única prenda que la vestía aparte de sus zapatos y medias; la falda. Quedó ella casi que totalmente desnuda. Ya su miembro empezaba a tomar forma de nuevo. Bueno, dijo, ahora me toca a mí. ¿Puedo? En respuesta, ella solo se limitó a colocarse de espaldas y abrir sus piernas.

    Y, entonces, como tantas otras veces, el muchacho se acomodó entre sus piernas, acomodando su verga a la entrada de la vagina de mi somnolienta y ansiosa mujer. Esta vez, sin embargo, procuró que la penetración fuera lenta, delicada y pausada. Lo hizo sin afanes. Mientras lo hacía, tendido sobre ella, besaba sus pechos, hombros y cuello, con una sutileza enorme, como si ella fuera de porcelana. Poquito a poquito empezó a mover su cuerpo sobre el de ella, a la par que le decía que hacía tiempo que deseaba ese momento y quizá muchas otras cosas, porque ella empezó a responder a los movimientos masculinos.

    Cada embestida del macho era respondida por ella. Estaban sintonizados; golpe va, golpe viene. Cómo la coge de rico era lo que yo pensaba viéndolos retozar tan armonizados. Wilson había seguido los consejos y ella estaba totalmente entregada a él y la experiencia de sentir su verga haciendo maravillas dentro de su sexo. Él se esmeraba por dejar que el tiempo pasara para ver cómo iba reaccionando su hembra, que ya, para ese momento, estaba que gozaba de lo lindo y quería sentirse todavía más llena por el hombre que la cubría con su cuerpo.

    Y creo que, después de tantos minutos penetrándola suavemente, él, finalmente decidió que era su momento y empezó a penetrarla con más vigor. El rostro de ella se contorsionó, no sé si de dolor por que sus penetraciones iban muy profundas, o porque definitivamente aquellas embestidas la estaban haciendo tocar el cielo. Sus piernas rodeaban el torso masculino con fuerza, igual que sus manos se aferraban a las nalgas del macho, sugiriendo que siguieran en la faena y continuara así hasta el final. Y a fe que lo hizo, porque la cabalgo como quiso hasta que ella, resollando de placer, estiro sus brazos por encima de la cabeza y dejó que las sensaciones la inundaran.

    Me gusta observar cuando llega ese momento, porque ella, literalmente, se descompone, pierde las formas y se desata toda una serie de gestos y movimientos, descontrolados y desconocidos para mí. Me gusta esa disposición de puta entregada a su macho que, sin importar lo adecuado, expresa abiertamente lo que está sintiendo. Y debería estar sintiéndose muy, pero muy bien, porque le suplicaba a su corneador que no parara, que la estaba pasando super y que no quería que aquello parara. Las sábanas debajo de sus nalgas pronto se humedecieron, profusamente. El tipo había conseguido que ella se viniera con todo.

    Descansaron un rato. Ella, entre encantada y totalmente excitada, pareciera que quería aún más. Qué incansable es ella llegué a pensar, por una parte. O qué tan reprimida ha estado que está aprovechando hasta la más mínima opción. Me dieron ganas de salir de aquella habitación para reclutar los hombres deseosos de culearse a mi mujer. Pero solo fue un pensamiento. Nuestro hombre, por supuesto, no quería perder la oportunidad y esperó a que ella volviera a recuperar fuerzas, no sin antes preguntar. ¿Quieres que lo hagamos otra vez? Sí, fue la respuesta de mi esposa. Vaya, qué tragona está hoy la dama.

    Esta vez, Wilson, sin preguntas ni formas elegantes, le pidió que se volteara. Te quiero culear por detrás ¿me dejas? Sí, dijo ella, sin reparo. El me miró, me hizo señas para que me acercara y, al hacerlo, me dijo: Patrón, ¿tiene una botellita de aceite? Quiero quebrarle el culo a su mujer. Me tomó por sorpresa el requerimiento, pero sí, tenía una botellita de aceite lubricante, que el vació en sus nalgas, masajeando con sus dedos no solo su ano sino también su vagina. Ese aceite se sentía calientico me confesaría ella después. Y, después de varias maniobras con sus dedos, el hombre apunto su miembro recto al culo de mi mujer. Al principio ella pareció resistirse, pero, tan excitada estaría, pronto se fue relajando, permitiendo que el miembro de aquel fuera dentro de su cuidado orificio.

    No creía lo que estaba viendo. Era la primera vez que ella lo permitía y, contrario a lo que yo pensaba, parecía no sufrir ningún apuro en que así fuera. Nuestro hombre la taladró insistentemente, sacándole sonoros gemidos. Ella tenía su cara totalmente roja, congestionada, y mantenía sus nalgas erguidas, dispuestas a seguir sintiendo esa inundación de placer dentro de su cuerpo. El siguió un rato más y, de repente, retirándose, dijo, ya está bueno por ahí. Voy de nuevo por donde a usted le gusta.

    Ella se volteó de inmediato y abrió generosa sus piernas para recibirle. El no perdió el tiempo y la montó de inmediato. Su miembro fue dentro de ella fácilmente, porque su vagina ya estaba expandida, lubricada y bien dispuesta para tenerle dentro una vez más. Wilson empezó a atacarla con mucho ritmo y vigor. El, a mi entender, ya estaba tratando de procurarse su propio placer, de manera que la taladraba desde diferentes ángulos, buscando ver su reacción, que bien pronto fue evidente. Ella gesticulaba, movía sus piernas arriba y abajo, y colocaba sus brazos como si la estuvieran sacrificando. Y no precisamente, aquel se la estaba culeando a su antojo y ella, también para mi gusto, lo disfrutaba.

    La faena terminó cuando vi al macho presionar su cuerpo contra el de mi mujer y quedar se inmóvil un rato, descargando todo su semen dentro de ella. Mi esposa seguía empujando su cuerpo contra el de él y agitando sus piernas. Wilson se retiró y vi como el sexo de mi mujer palpitaba. Todavía disfrutaba de placenteras sensaciones aun cuando el macho ya se había retirado. Ambos, él y yo, contemplábamos como ella seguía contorsionando su cuerpo hasta que, con el paso de los segundos, la intensidad disminuyó quedando tendida sobre la cama, agotada.

    Pasado el tiempo no se dijo más. Los eventos de aquella noche, inesperados, cumplieron el propósito. Nuevamente vi como la inmensa verga de aquel macho penetraba el cuerpo de mi excitada mujer. Tengo claro que, si él aparece, ella no va a negarse la oportunidad de experimentar las placenteras sensaciones que Wilson le proporciona. Nos despedimos. Quedamos de vernos nuevamente, no lo dudo. No sé cuándo, pero de seguro él, como me lo dijo, cuando salió, la volverá a coronar.

  • Mi harem familiar (4)

    Mi harem familiar (4)

    Un domingo por la tarde, regresaba a casa y me encontré en el porche, saliendo de ella a Vicente, el esposo de mi tía Miriam, la gemela de mamá. Trataba de besar a mamá, como descuidadamente, cerca de la boca y ella no se lo permitió. Eso me molestó mucho y se lo reclamé:

    -¿Qué te pasa, quieres besarla en la boca, descarado? ¿No respetas?

    -¿Qué te pasa a ti, carajito? ¡Vamos respetando, que soy tu tío, carajo!

    -¡Este carajito te va a dar tus coñazos si no le quitas las manos de encima a mi madre! Y lárgate de aquí, chulo de mierda, que sé muy bien porque estás aquí. Mamá no te va a prestar más dinero, sinvergüenza. ¡Fuera de aquí y no regreses nunca!

    Mamá se zafó de la mano de Vicente en su cintura y trató de tranquilizarme. Vicente se quedó desubicado y optó por salir de allí. Ana le abrió el portón y luego se lo tiró casi en la espalda para que no se devolviera.

    Ya más tranquilos, Sugey nos contó que el descarado había venido a pedirle prestados Bs. 250.000,00 para un negocio redondo, donde se ganaría el doble y le devolvería los reales en dos meses. No se recordó, convenientemente para él, que ya mamá le había prestado Bs. 50.000,00, luego Bs. 20.000,00 y por último Bs. 80.000,00 en los tres o cuatro meses anteriores y no había regresado de ellos ni medio. La excusa fue que esos negocios todavía no daban el retorno, pero que el nuevo, en dos meses cubriría todo.

    Pocos días después y quizás debido al encontronazo de mi casa, mi tía Miriam por fin se decidió y puso al imbécil de su marido de patitas en la calle. Ella y mi prima Andrea, dos personas muy caras para nosotros, quedaban libres de semejante fardo, pero el asunto traería cola. Dos meses después de echarlo de casa, la administradora ejecutó un desahucio por falta de pago de los alquileres, de más de 12 mensualidades. El asunto había pasado a legal y se decidió echarlas.

    Inmediatamente mamá se enteró y le dijo a su hermana que no se preocupara, que en nuestra casa les tenía listas sus habitaciones, esperándolas de inmediato. Mamá enseguida nos planteó el asunto durante la cena y al unísono nuestra respuesta fue la que ella esperaba. Se vendrían a vivir con nosotros, ésta ahora sería su casa, con todos los derechos incluidos, porque ella era su hermana gemela y nada más que hablar.

    Y nuestra tía y nuestra prima, para los efectos de Ana y míos, nuestra otra hermana, se mudaron. Vendieron todo lo que no necesitaban, mamá extendió un cheque por los pagos demandados y nueva vida, con nosotros, sin Vicente. Por cierto, poco después supimos que el tipo se fue del país, con urgencias. Excelente noticia.

    De esa manera, Ana, la chica del gran corazón, ese que no le cabía en el pecho, le cedió pero casi tuvo que obligar a Miriam a aceptarlo, su habitación principal, con vestier y baño incluido y se fue a una de las dos habitaciones sencillas. Andrea ocupó la que había sido mía antes de construir la nueva y, por cierto, le dije a Andrea que allí quedaba por las noches mi otro yo, mi alter ego dicen, para su disfrute. Ella siempre reía mis chistes, aunque fueran tan malos.

    Tuve que desarmar el juego de cuarto de mi hermana y mudarlo, luego tuve que fajarme con los juegos de cuarto de Miriam y Andrea, pero lo hice con gusto, ayudado por mis hermosas parientas.

    Ahora tenía a dos mujeres exactamente iguales, Sugey y su gemela Miriam, hermosas y deliciosas y a mi hermana adorada, Ana y a la no menos hermosa y adorada Andrea. Dios me seguía rodeando de maravillas. Tenía que ser un mensaje que me enviaba. Algo subliminal, digo yo.

    Nuestra convivencia se hizo, poco a poco, más y más agradable. Miriam era exactamente igual a mamá, tanto que solo Andrea y yo podíamos reconocerlas de espalda, porque de frente si lo hacía Ana. Nadie más podía.

    Por su parte, Ana y Andrea, que desde niñas eran muy buenas amigas, se encompincharon más aún y me incluyeron de inmediato en todas sus ocurrencias. Total que el ambiente familiar en casa era de lo mejor, como nunca antes. Vivía con cuatro mujeres realmente especiales, hermosas y divertidas. Miriam cambió radicalmente, dejó atrás su tristeza y mamá también, al tener a su gemela cerca.

    A veces me hacía el equivocado y la abrazaba de súbito, a Miriam, en cualquier lugar donde me la encontrara, le colocaba descaradamente mi miembro entre sus jugosas nalgas y la besaba por el cuello, haciéndole ver que la creía Sugey. Ella se reía, se dejaba hacer y luego me aclaraba:

    -Yo sé que tú sabes que soy Miriam, no tu Sugey, pero no importa, mi amor, es muy rico ser tratada con tanto cariño. Por mí, te puedes “equivocar” todos los días. Mi hermana se lo perdería, pero yo no… te amo… tú eres un aprovechador, porque si alguien nos sabe distinguir a mi hermana y a mí, ese eres tú. Pero no hay problemas, mi cielo…

    -Tú debes ser bruja, como tu hermana, que siempre me descubren las intenciones, por más cara de pendejo que ponga. Pero bueno, que vivan las equivocaciones, ahora que sé que no te molesta. Estás de un bueno que no sé cómo controlarme… jajaja. Yo también te amo y no solo eso, es que te tengo unas ganas que ya te digo… Cualquier día de éstos te rapto y abuso de ti.

    Ella sonreía pícaramente, algo semejante a su hermana. Sus miradas me elevaban la temperatura de manera abrupta. Llegué a pensar que lograría conquistar a Miriam antes que a Sugey.

    Yo continuaba con mi cortejo a Sugey, diariamente, sin cortarme por la presencia de Miriam y Andrea. También me encontraba de vez en cuando con Ana en algún sitio de la casa y sin que nos vieran, nos besábamos. Aprovechábamos cualquier oportunidad para hacer el amor en casa, cuando las demás no estuvieran o durmieran. A Miriam la tenía sometida a mis “equivocaciones” y disfrutaba de abrazar ese cuerpo delicioso. Solo a Andrea no la había incorporado a mis “ataques” porque deseaba ir despacio y a lo seguro con ella. Prefería primero definir mi situación con Sugey sin abrir nuevos frentes de batalla.

    Un sábado por la mañana me encontraba en mi habitación culminando mis ejercicios, sudando a chorros, cuando de pronto entró Ana totalmente desnuda y me agarró de las manos.

    -Mi amor, Miriam y Andrea salieron a visitar a alguien y Sugey fue al automercado. Ella siempre se tarda más de una hora, así que tenemos tiempo para bañarnos juntos y ya sabes… para qué… – y me miraba con su carita de niña mala, mordiéndose el labio inferior y cada tanto mirando hacia mi entrepierna.

    -¿Estás segura? Mira que tú no quieres que Sugey lo sepa y nos puede capturar in fraganti… a mí no me importa, pero no quiero que pases un mal rato…

    -No te preocupes, lo tengo todo controlado.

    Enseguida procedió a llevarme al baño, me quitó el short y los interiores y nos metimos a la ducha. Nos mojamos y comencé a enjabonar su bello cuerpo, hasta sus más recónditos rincones, todos fueron atendidos por mí y el jabón, para su placer. Luego fue su turno de atenderme ídem. Para culminar, la puse contra la pared de la grifería, de frente y le levanté una pierna, para poder penetrarla desde atrás. Ella estaba realmente excitada, ronroneaba como si fuese una cachorrita… la penetré fácilmente, con mi pene embadurnado de aceite para bebés y empezamos un mete saca delicioso, lento pero profundo. Después de un primer orgasmo, ella decidió voltearse para seguir de frente, porque deseaba lengua. Entonces le dije que me tomara del cuello y enroscara sus piernas, como un candado, alrededor de mi cintura. La elevé y la penetré de una certera estocada y continuamos con nuestra deliciosa labor. Le daba con cariño, pero la hacía sentir profundamente y ella me lo manifestaba con sus jadeos y gemidos, intercalados con besos y chupadas de lengua. Y también de conversación, porque le gustaba hablar mientras cogíamos:

    -Mi amor… que rico… nunca lo habíamos hecho así, de frente en la ducha… Hummm, que rico… siento que me va a salir por la boca… ayyy, que sabroso está esto… coño, por qué no lo habíamos intentado antes… hummm, sigue así, mi cielo… te amooo… dame más, papi, así, suaveciiiitooo, con cariñooo… que verga tan grande y tan sabrosaaa. Me matas… ¿No te peso mucho, mi amor?

    -Si, estás tan gorda que ya no puedo contigo, pero sigue gozando, anda, que todavía falta bastante…

    -Sugey no sabe… de lo que se está… perdiendo… ayyy, que rico… si supiera… estaríamos peleándonos por ti… mi vidaaa… que duro lo tienes, papi… que rico… cógeme así, rico, como tú sabes… así…

    De repente, sin aviso y sin protesto, apareció en la puerta del baño… Sugey…

    -¿Qué no sé de lo que me estoy perdiendo? Si, me lo imagino, pero sabes que no puedo, hija, ya te lo he dicho. – nos sorprendió Sugey con las manos en la masa, totalmente.

    Del susto, mi pene se descompensó y se salió de la vagina de Ana, casi que de inmediato. Mamá nos acababa de cortar la nota y de qué manera. Yo me sentía avergonzado, no sabía que decir, hasta que la misma Ana le dijo:

    -Tú dijiste que era asunto nuestro, mamá y como pensé que ibas al supermercado y siempre te tardas bastante, pues quisimos aprovechar, porque nunca lo habíamos hecho en casa por respeto a ti. Pero bueno, tarde o temprano lo ibas a saber. Y el bobo este que no cerró la puerta.

    -Yo no trataba de espiarlos ni nada parecido, solo fui a comprar una salsa que necesitaba y no podía destaparla, por lo que vine a buscarlo a él para que me la abriera, toqué y no me oía, así que abrí, escuché la ducha y los oí. Pero no se preocupen por mí, sigan con su perversión, lamento haberlos cortado. Yo sabía que ustedes andaban enrollados y me lo negaron, me mintieron. – y dio la espalda y se retiró, medio ofuscada.

    Ya no pudimos continuar, de modo que me vestí y bajé a enfrentarla, para ver en qué estado de abatimiento se encontraba. Estaba en la cocina tratando abrir el frasco de la salsa, esos que tienen una tapa al vacío. Se lo quité de la mano y lo destapé y luego la abracé y la besé en la frente y:

    -Mami, lo lamento. Sabías que esto iba a pasar. No sé porque ella no se atrevía a decirte nada, yo quería pero ella decía no estar preparada aún y me pidió tiempo. No me gusta ocultarte nada, lo siento, debí decirte. Es mi culpa.

    -Tranquilo, mi amor. Ustedes ya son mayores y sabrán lo que hacen. No pienso impedirlo. Como dije antes, es asunto de ustedes, pero me mintieron descaradamente.

    -Si, mami, es cierto y me disculpo. No podía decírtelo porque ella me pidió tiempo para hacerlo, me decía que no estaba preparada para hacerlo, por algo entre ustedes, no sé, algo así como celos de mujeres…

    -Si, mi amor, es cierto. Entre ella y yo existe un cierto conflicto de celos de mujeres, por ti, ¿sabes? Cada una te considera de ella y no quiere ceder terreno… pero no importa. Solo les pido que sean prudentes, que nadie lo sepa, ni siquiera Miriam y Andrea. Y cuidado con un embarazo.

    -No, mami, no te preocupes, seremos más cuidadosos ahora que nos descubriste. Y del embarazo no te preocupes, que ella toma la píldora y además lo hacemos siempre, siempre con condón. Sin eso, no lo hacemos, porque nos da terror. Preferimos ser doblemente preventivos que cometer un error como ese. Lamentablemente nuestro amor es proscrito y nunca podremos tener la felicidad que un hijo nos podría dar.

    Realmente ella lo asimiló con entereza y el tema no salió a relucir más. A partir de ese momento, Ana y yo lo hacíamos en mi habitación insonorizada, muy de noche, cuando todos dormían. Al menos una vez a la semana, para no abusar. A veces, salíamos a algún motel de paso, pero preferíamos en casa. Hasta donde supe, ni Miriam ni Andrea se enteraron, pero como decía Ana, yo andaba en la luna, siempre.

    Poco después de haber sido atrapados in fraganti, invité a Sugey a cenar y luego bailar un viernes por la noche, aprovechando que se habían suspendido las clases ese día. La doña me aceptó la invitación a cenar, pero no a bailar, aduciendo que no era muy normal que una madre saliera a bailar con su hijo. Ni modo, salimos a cenar. Pero la señora se vistió de una manera especial, un vestido muy sexy que permitía insinuar sus variadas exquisiteces. Buen escote frontal, con tirantes por los hombros, corto a media pierna y con una abertura solapada al lado izquierdo, que permitía verle sus magníficas piernas al sentarse. Sin sostén y con pocos adornos. Vaya, que el mejor adorno era su belleza. El cabello recogido en un moño casual y los labios con labial rosado suave, su preferido (y el de mi padre, según supe después). Al verla bajar de su habitación, de esa guisa, me atraganté con el humo del cigarrillo y me sobrevino un ataque de tos. Estaba preciosa. Miriam, Ana y Andrea la alabaron y le gastaban bromas por mi ataque de tos, al punto que ambos nos ruborizamos. Por fin salimos, le abrí la puerta de mi carro y al sentarse, mostró sus piernas hasta la marca de las medias de nylon. ¡Llevaba liguero! Medias a medio muslo y un liguero casi imperceptible. Me iba dando una vaina.

    Llegamos al restaurante, escogido por ella, por supuesto, nos sentamos en una mesa muy céntrica y enseguida se sintió blanco de las miradas. Los comensales nos observaban con diversas posiciones. Algunos simplemente admiraban su belleza, pero otros tal vez se preguntaban qué hacía semejante mujer madura y hermosa, en su plenitud, con un joven como yo. Otros pensarían que buscaba ese joven en semejante mujer. En fin, dimos que hablar esa noche. Ella se sentía en cierto modo incómoda, pero la convencí de disfrutar del momento y vivirlo sin vergüenza, ya que no le debía comportamiento ni explicaciones a nadie. A partir de entonces, la señora comenzó a coquetear conmigo, de manera ciertamente disimulada, pero evidente para los buenos observadores. El mesonero que nos atendía se mostraba realmente atraído por su belleza y donaire y hasta le temblaban las manos cuando nos servía el vino o el agua, al punto que derramó un poco de esta última sobre mis pantalones, por estar viéndola mientras me servía.

    Fue una noche mágica, disfruté de una excelente cena, pero especialmente de la belleza de mi madre, de sus mohínes, de sus sonrisas, de sus miradas. De vez en cuando me lanzaba un besito soplado, con disimulo. Por mi parte, en un momento dado y notando que los manteles llegaban bastante abajo, me quité uno de los mocasines y comencé a tantear sus piernas por debajo de la mesa. Ella reaccionó casi que con un susto, pero al ver mi cara, se dio cuenta de lo que se trataba y sonrió pícaramente.

    Al regresar a casa, por primera vez en todos estos meses de cortejo, justo en el comienzo de las escaleras la tomé de la cintura, la giré hacia mí y la besé en los labios, primero suavemente, cosa que aceptó sin reparos y luego le metí la lengua en su boca y trató de rechazarme, pero no se lo permití. La abracé más fuertemente y la besé con más pasión, con más ardor. Ella correspondió a mis besos con nerviosismo primero y luego ya con más calma, pero al terminar de besarnos, o mejor dicho, al parar para respirar, me dio una bofetada suavemente y me dijo con cara de niña traviesa:

    -¡Bandido! ¡Que soy tu madre! Así no se besa a una madre, aunque haya bebido de más. Sinvergüenza, aprovechador.

    Me le quedé mirando, como desconcertado, pero enseguida insistí y la besé más apasionadamente aún, cosa que ella no rechazó sino con un leve golpecito sobre mi hombro izquierdo, como si tratara de golpearme para mantener las apariencias. La apretaba contra mi cuerpo, con firmeza, para evitar que huyera.

    -¿Vas a seguir? ¿No te basta ya con haberme besado de esa manera tan audaz, sino que quieres continuar? ¿No te das cuenta que soy tu madre, no una de tus amiguitas?

    -Bueno, la verdad es que yo soy un sinvergüenza, un pervertido, lo que tú quieras, pero besas de maravilla. ¡Qué rico! Nunca había sentido algo tan sabroso al besar a una chica. Ni siquiera con Ana, que ya es bastante decir.

    -Yo no soy una chica, soy tu madre.

    -Si, pero besas rico, no lo puedes negar. Ahora si es verdad que estoy enamorado de ti como un loco. Si no te empatas conmigo, me iré a Siberia, al Polo Norte, a la Antártida, no sé adónde, pero no creo que pueda vivir sin tus besos.

    -¡Payaso! ¡Pervertido! Eres un loco… pero la verdad es que también besas divino, mi amor; ahora entiendo las caritas de mi hija, cuando la acabas de besar… mira que me he dado cuenta ya varias veces, la besas antes de aparecer por la cocina para desayunar… los he pillado varias veces…

    La señora se dio media vuelta, subió las escaleras y se metió en su habitación, tras lo cual cerró la puerta con botón por dentro, preventivamente. Según me dijo al día siguiente, temía que yo entrara e hiciera una locura.

    **********

    Y así pasaron los meses y se acercaba Navidad, vacaciones de la Universidad y del trabajo. Desde hacía un mes venía maquinando algo, junto con mi hermanita. Le iba a proponer a Sugey, mi adorado tormento, que nos fuéramos en la moto para Margarita, desde el sábado 14 hasta el 22 o 23 de diciembre. Ella y yo, como noviecitos, una aventura en forma. Partir de Caracas el sábado 14, como ya dije, pernoctar en Boca de Uchire en un motel de carretera que había visitado recientemente y que me dio buena espina, limpio, tranquilo, sencillo pero conveniente. La idea de pernoctar era porque un viaje de 5 horas de Caracas a Puerto La Cruz para Sugey, en moto, podía ser cansón, agotador. Boca de Uchire se encuentra exactamente a medio camino. Esa noche podríamos cenar en el pueblo y dormir en el motel y seguir camino al día siguiente, sin apuros. Llegar a Puerto La Cruz a un hotel de mejor categoría, para levantarnos a las 3 am para ir a hacer la cola del ferry. Llegar a Margarita, coger camino a Porlamar, para el apartamento de Ana Marisax, mi jefa, un lindo y acogedor apartamento, pequeñito, dos habitaciones y un baño, sala comedor cocina en un solo ambiente, un balcón cerrado con vidrios oscuros y todo muy bien decorado y dotado. A/A total, equipo de sonido, televisor en la sala y en la habitación de Ana, mini lavadora, mini secadora y la cocina totalmente equipada, hasta con abrelatas eléctrico, pues. Y un estacionamiento techado, con rejas para cada puesto. Excelente, encerraría la moto por las noches. Un sitio más que apropiado para vivir un idilio con una bella dama como Sugey. Ana me lo había prestado, sin ningún tipo de inconvenientes ni peros. Y sabía que iba con mamá, en moto, pero hasta allí. No sabía de mis intenciones. Le dije que mi madre quería correr una aventura y quien mejor que su hijo para acompañarla.

    Allá en la isla, playas, restaurantes, discotecas, compras. Antes de salir de Caracas, enviaríamos por Aerocav una maleta con todo lo necesario. Una vez en el apartamento, tomaríamos un taxi para retirarla de Aerocav. Para el regreso lo mismo, a la inversa. Lo enviaríamos a nuestra casa, antes de partir en el ferry. Y para el camino, lo que lleváramos puesto y una mochila amarrada al paral trasero de la moto, con lo indispensable. Artículos de higiene personal, toallas, una muda de ropa.

    El proyecto de aventura en moto por la isla de Margarita, parecía excelente, Ana, mi hermana, estaba emocionada. Pero faltaba un pequeño detalle: Presentárselo a Sugey. Ana me decía que si mamá no aceptaba ir, ella se iría conmigo, porque estaba muy emocionada con la idea y que si mamá aceptaba ir, para el año próximo sería su turno.

    No sabíamos si hacerlo en reunión familiar, los cinco o solo mamá, Ana y yo. Al final, Ana me dijo que sin secretos, que Miriam y Andrea eran de nuestro núcleo familiar y sin rodeos, por lo que, una vez convencido –¿Qué raro que Ana me convenciera de algo?– me decidí a planteárselo luego de un desayuno familiar, un domingo.

    -Sugey, querida mía, tengo un proyecto en mente. El viernes 13 de diciembre saldré de vacaciones de la Universidad y del trabajo. Entonces se me ocurrió algo muy especial, algo que me interesa muchísimo. Un viaje en moto para Margarita, para llegar al apartamento de Ana Marisax en Porlamar, para regresar el 22 o 23 y poder pasar la Navidad aquí en familia los cinco. ¿Qué te parece?

    -Fantástico, que bueno, con lo que a ti te gusta andar en esa moto. ¿Y con quien vas, con Ana, me refiero a la Marisax?

    -No, mi querida Sugey, con mi novia.

    -¿Ah, sí, ya tienes otra novia? ¿Y quién es, la conozco? ¿Será Sarah, o Stefanía? ¡No me habías dicho nada, bichito!

    -No… ninguna de ellas… se trata de ti… tú…

    -¿Cómo? ¿Yo qué? ¿Yo soy tu novia?

    -Si, claro, tengo ya seis meses cortejándote. Aunque no me hayas dado el sí, ya te considero mi novia… acuérdate de los papelitos, de tu admirador secreto. Ese soy yo. Y me dijiste que… bueno…

    -¿Así que tú eres mi admirador secreto? Bandido. ¿Y quieres que me vaya contigo en la moto para Margarita?

    -Si, de noviecitos… ¿Qué tal?

    -Guao, no sé si de noviecitos, mira que tú eres muy peligroso y loco, pero dame detalles, porque me gusta la idea, en principio. No te estoy diciendo que sí, pero explícamelo todo y ya veremos.

    Asombrado, me le quedé mirando, luego vi a Ana, que estaba sonreída y me decidí a comentarle con lujo de detalles lo que tenía planeado. Ella preguntaba, le daba las vueltas, rezongaba pero aceptaba todas mis explicaciones. Miriam y Andrea también opinaban, favorablemente a mí. Y entonces:

    -Bueno, mi amor, me encanta la idea de irme de aventura con mi hijo adorado. Más aun sabiendo ahora como sé que eres mi admirador secreto. – me hizo un guiño como para dejar claro que ya lo sabía, pero que fingía.

    -Siempre lo has sabido ¿quién más te podría haber dejado esos papelitos en tu bolso? Y, además ¿quién es el hombre que más te ama en esta vida y además el más cursi? Solo yo. Entonces ¿aceptas?

    -Si, mi amor, acepto de mil amores, te adoro. Y no eres cursi, solo eres un romántico empedernido.

    Continuará…

  • Mi madre me da la mejor chupada del mundo

    Mi madre me da la mejor chupada del mundo

    Ese día me levanté un poco más tarde de lo habitual, al salir de mi habitación escuché la voz de mi madre que dijo: No voltees no traigo ropa, mi instinto fue voltear y pude ver su figura desnuda corriendo hacia su recámara, mi miembro estaba duro y mi pijama poco lo disimulaba, mi madre volteo y sonrió.

    Yo apenas estaba despertando, pero esa imagen era sumamente atractiva, lo único que dije fue perdón y me dirigí al baño a orinar, bajé un poco mi pantalón, la saqué y comencé, cerré los ojos y de pronto sentí como una mano tomó mi miembro por na el tallo, de inmediato abrí los ojos y pude ver que era mi madre vestida en ropa interior…

    Mira nada más… ¿esto fue por mi culpa? pregunto.

    En parte era cierto, pero la verdad era porque me acababa de levantar, yo solo asentí.

    Tan pronto terminé de orinar mi madre comenzó a jugármela un poco y mi pene lejos de bajar su firmeza se mantuvo como a un principio…

    ¡Ay hijito! Que buena la tienes, es una pena que te gusten los hombres, porque con esto, mientras la apretaba aún poco, harías a cualquier mujer muy feliz, yo sonreí y le di un beso en la frente.

    Ella me miró a los ojos y sin más me beso en los labios, yo respondí el beso y así tomado de la verga me llevó hasta la sala, me sentó en el sillón, se quitó el sostén y dejo sus senos al aire…

    Mi corazón latía a mil, ahí estaba yo con mi madre con el torso desnudo y mi miembro apuntando al cielo, ella tomó mis manos y la puso en los costados de sus pantaletas, bájalas me dijo… yo obedientemente lo hice y ante mis ojos vi el monte de venus más hermoso que hubiera visto en toda mi vida adornado por un diminuto triángulo de vello muy bien recortado.

    Ella se acercó, puso una pierna sobre el brazo del sillón y me dijo…

    Anda chúpamela…

    Jamás había chupado una, pero la naturaleza me ayudó y la punta de mi lengua comenzó a recorrer sus labios hasta que su clitoris comenzó a sobre salir…

    Ella respiraba cada vez más rápido y sin decir más dio un paso atrás…

    Tomó un cojín del sillón, lo puso sobre el piso frente a mi, me abrió las piernas y sin dejar de mirarme se arrodilló, abrió su boca y lentamente fue metiéndose mi verga en la boca hasta hacerla desaparecer por completo…

    Yo pude sentir como la cabeza de mi pene choco con su garganta y comenzó a chuparla, la recorría toda con sus labios, mientras con la lengua hacia círculos en torno a ella… Mónica era una experta pues la topar sus labios con la aureola de mi glande ella lo apretaba aún poco más y volvía a metérsela toda, su lengua jugaba con el frenillo y mi cuerpo poco podía resistirse…

    Por instinto la tomé por la cabeza para retirarla, pero ella aprovechó para seguir chupándola una y otra y otra vez…

    era imposible negarse al placer de sentir como me la chupaba y así sin pensar que era mi propia madre cedí y comencé a guiar sus movimientos, cada vez lo hacía más fuerte y al parecer eso la calentaba pues lejos de resistirse se dejaba manipular, mis testículos se estrellaban en su barba, mi monte lo hacía con su nariz, en eso pude sentir como mi una gota brotó de mi interior avisando que me vendría…

    Mamá me voy a venir…

    Al decir esto ella me sonrió con la mirada, tomó mis manos y las llevó hasta sus tetas, puso mis dedos aprisionando sus pezones y me hizo jalarlos como si la comenzara a ordeñar, entre más jalaba ella más me la chupaba, yo seguí y de pronto…

    Un zumbido se agolpó en mis oídos…

    Sentí como una lefa salió de golpe, ella cerró los ojos y pegó sus labios hasta mi monte, una segunda salió, una tercera… y ella no dejó de mirarme…

    Cuanto mi miembro comenzó a debilitarse ella lo tomó por la base y como si lo exprimiera lo fue recorriendo acompañada de sus labios hasta llegar a la cabeza.

    Al sacarlo una gota de semen se asomó en la punta, ella tragó los restos de mi leche los paladeó saco la lengua y con la punta tomó la gota para después introducir su lengua en mi boca…

    Mi semen era delicioso, más dulce que salino…

    Mónica me guiñó el ojo, se vistió lentamente con su coordinado, se acomodó el cabello, resopló y dijo…

    Anda Dinnie que ya vas tarde, ¡Ándale hijito! Yo me levante me dirigí a la regadera abrí la llave y cuando estuvo caliente el agua me metí por mi cabeza pasaban todo tipo de pensamientos, en el fondo era yo quien deseaba chupar una buena verga, pero… en eso entró ella ya arreglada para salir corrió la cortina del baño, me dio un beso de despedida en los labios y dijo…

    Como fuera, no creo llegar a tiempo para comer juntos, yo asentí, se dio la vuelta y contoneando sus hermosas nalgas se retiró, antes de salir volteó y dijo:

    Gracias por mi proteína, me guiñó el ojo y cerró…

  • Silvia (parte 3)

    Silvia (parte 3)

    ¿Me ocurre a mi sola o nos pasa a todas? Me refiero a que por muy cercana que seas a una persona, por muchas batallas que hayáis vivido juntas, hay veces que para compartir algo con ella necesitas de la presencia de una tercera persona que actúe como catalizador, que evite el tener que mirarse frente a frente. Quiero decir que una conversación entre tres siempre es más fácil, al menos a mí me pasa, me atrevo a decirle a la otra persona cosas que, a solas, quizás no sería capaz o me costaría mucho. En cualquier caso, ese día me quedó muy claro que no soy la única.

    Domingo, a eso de las once.

    Quiero a mi hermana con locura, pero lo que no soporto de ella son esos circunloquios en los que se mete siempre, me llamó asustada porque el tiempo no hacía más que empeorar, estaba sola en casa y se lamentaba por no haberse autoinvitado a pasar el fin de semana con nosotras, me decía que estaríamos las tres tan bien juntas, pero al mismo tiempo me advertía que ir a buscarla sería una locura en medio de aquel temporal. Así varias veces hasta que Silvia se cansó, agarro el teléfono y zanjo el tema.

    -S (Silvia). Tía, prepárate que en cuarenta minutos estamos ahí. Chao.

    -M (Maribel). Silvia, ¿estas seguras de conducir con este tiempo?

    -S. No te preocupes, papa me ha dejado conducir el todoterreno por sitios mucho peores. ¿Te parece mal? ¿Preferías que estuviésemos nosotras solas?

    -M. ¿Has colgado bien el teléfono?

    -S. Si, tranquila. Jo mama, por la noche a ella no le va a extrañar que durmamos juntas y podemos follar toda la noche.

    -M. Silvia no hables así por favor.

    -S. (con su inconfundible sonrisa de haberse portado mal) Vale, perdona, es que estoy tan cachonda… Mami, te prometo que no va a pasar nada, no te preocupes por lo de que ella me atrae, hace casi tres meses que no la veo, y con todo lo que me has contado, seguro que la he idealizado y en cuanto la vea se me baja el suflé.

    -M. Te voy a dar suflé yo a ti… Silvia, con lo que acaba de pasar la pobre, por favor te lo pido…

    -S. (sonrisa burlona) Creo que estás celosa…

    -M. Silvia, no seas tonta.

    -S. Que no mami, perdona, que estoy de broma, en serio, no te preocupes, no va a pasar nada, con lo cortada que soy yo, estate tranquila que no he cambiado tanto en un par de días.

    -M. Si ya lo sé, si en el fondo todo esto lo he empezado yo, y ahora te pido cordura a ti, pero es que en este momento ella solo me tiene a mí y he estado tan preocupada todos estos meses.

    -S. Pues no te preocupes más mamá, vamos a pasárnoslo bien y punto, sin tonterías, pero dormir… dormimos juntas.

    -M. Que si tonta, que sí.

    Dejamos la mesa del desayuno sin recoger y nos vestimos y bajamos en ascensor hasta el garaje. Con un coche normal ni siquiera hubiésemos conseguido subir la rampa hasta la calle y en cuanto dejamos la zona urbana y fuimos yendo hacia las afueras nos dimos cuenta de lo atrevidas que habíamos sido al salir a la carretera. La temperatura bajo cero era lo de menos y el viento, que sacudía el coche en algunas zonas, casi que también, lo peor era lo difícil que resultaba adivinar por donde continuaba la carretera cuando todo estaba completamente lleno de nieve.

    -S. Menudo tiempo, yo no recuerdo nada igual. No me atrevo a pasar de treinta por hora, tengo miedo de meterme en la cuneta. Menos mal que he hecho este camino cientos de veces.

    -M. Tú no te preocupes, le envió un mensaje a tu tía de que vamos a tardar algo más.

    -S. Da igual, ya le he dicho que tardaríamos cuarenta minutos contando que iríamos muy despacio. ¿Y cómo es que está sola, no me habías dicho que Javi y su nueva novia estaban con ella este finde?

    -M. Lo supuse. Javi iba a ir a visitar a su padre para conocer a su nuevo hermano y presentarle a la novia esta nueva que tiene, pero con este tiempo pensé que lo cancelaría.

    -S. Pero creo que, si iban, que no era seguro, iban en tren. Supongo que no habrán tenido problema para llegar.

    -M. ¿Y tú como lo sabes?

    -S. Porque Javi le trajo el coche a Pedro al taller el jueves por la tarde para hacerle no sé qué y me lo dijo, aunque no lo tenía decidido del todo.

    -M. Pobre Javi, menudo plan también, ir a conocer a su hermanito, aunque el peor trago, desde luego, fue para su madre.

    -S. Venga, déjalo ya, no es para tanto.

    -M. ¿Qué no es para tanto? ¿Enterarte que tu marido tiene otra familia y que has vivido engañada diez años de tu vida?

    -S. ¿Diez años? No serán tantos…

    -M. ¡Si el niño ya va al colegio! Quiero decir que tiene ya seis o siete años.

    -S. ¿Tantos? Caray, creí que era más pequeño. Pues sí, sí que es para tanto.

    -M. Hija, me acuerdo mucho del abuelo, pero desde que pasó todo esto con tu tía y tu tío, no se me va de la cabeza lo que le decía siempre a Carmen: no te cases con un viajante, no te cases con un viajante… él nunca le decía comercial o vendedor, le decía viajante, como en sentido despectivo, y mira si tenía razón.

    -S. Tranquila mamá, que te va a dar algo. Si tienes razón, una cosa es tener amante y otra muy distinta amante, niño, piso…

    -M. Y perro, hasta tienen perro.

    -S. Madre mía, desde luego el tío Javier… ya le vale, ¿y cómo podía mantener dos familias?

    -M. La otra trabaja.

    -S. No le llames la otra, pobre mujer, también habrá pasado lo suyo.

    -M. Si tienes razón, al final hago yo lo que le pido siempre a Carmen que no haga ella.

    -S. Rencor.

    -M. Claro, es que no conduce a nada. Lo que tiene que hacer es tirar para adelante, tiene cincuenta y cuatro, pero no los aparenta y los hombres se dan la vuelta por la calle para admirarla, que eso lo sé yo.

    -S. Tampoco necesita un hombre para ser feliz, mama, no seas anticuada.

    -M. Eso es cierto, es que la veo tan apagada, y ya ha pasado casi un año. En fin… te estoy dando demasiada conversación y tienes que concentrarte en conducir.

    Lentamente avanzábamos hacia el pequeño chalet de mi hermana a unos kilómetros de la ciudad, por mucho que lo intentásemos evitar, nuestra conversación siempre acababa en el mismo tema.

    -S. Jo mama, no te enfades, te juro que jamás le contaría a nadie lo nuestro, pero ¿qué crees que pensaría tu hermana si lo supiese? Me refiero a lo nuestro de este finde.

    -M. Menudas preguntas me haces…

    -S. Seguiría queriéndote igual, lo entendería, estoy segura. Es que yo la vi siempre una mujer muy… caliente, muy sexual. ¿Qué opina del lesbianismo?

    -M. Hija, yo qué sé, nunca se lo he preguntado. No hablamos de esas cosas.

    -S. ¿Crees que habrá probado?

    -M. Lo dudo, joder Silvia eres el diablo, me estas poniendo cachonda de nuevo, te quiero y te odio.

    Nos reímos mucho, casi a carcajadas, a pesar del acongoje que teníamos, sobre todo yo, por la tormenta que no hacía más que ir a peor.

    -M. Dios, es media mañana y parece todavía de noche. No, no creo, lo dudo, supongo que me lo habría contado, no sé. Yo apostaría a que no, pero es algo muy personal.

    -S. (mirándome con su sonrisa pícara y arqueando sus cejas) Pero apetecerle seguro que sí, ¿no eres tú la que dices que una mujer apetitosa nos pone a todas?

    -M. Me siento el cazador cazado. Pues eso creo que sí. Pero mira hacia delante que nos la vamos a pegar. Hace unos cinco años los vecinos de al lado contrataron a una chica para la casa.

    -S. ¿Qué vecinos, los suyos?

    -M. Si, los de tu tía, el chalet de al lado de ellos, pues era una chica del este, polaca me parece, pero hablaba muy bien español, de unos treinta, guapísima, rubísima, altísima…

    -S. Bueniiiisima…

    -M. Pues sí, pero no en plan jamona, tenía un cuerpazo de modelo, pero no de esas tísicas, no, tenía un muy buen par y un culo muy bien hecho, no grande, como los nuestros, pero muy bien hecho y sobre todo era muy guapa.

    -S. ¿Rubia?

    -M. Si, con una melena ondulada… parecía un ángel…bueno y un demonio también. Pues nosotras nos fijábamos mucho en ella, pero en plan, a ver cuánto tarda el vecino en tirarse a por la asistenta y la cosa acaba en divorcio con su mujer. Lo digo porque los vecinos son un matrimonio de maestros.

    -S. Pero, ¿y cuando la veíais?

    -M. La veíamos por la calle, o en el super que hay en la urbanización, pero un día la vimos en el jardín, ayudándole a la señora a plantar o cuidar unos geranios, o lo que fuese, y llevaba solo una bata, de esas como de señora de la limpieza. El caso era que la bata debía tener muchos lavados y la tela ya casi transparentaba y además era rosa clarito, casi blanca, ¿sabes cómo te digo? Llamé a tu tía y le dije algo para que la mirase, como dándole a entender que a mí no me desagradaba ver una mujer en esa postura.

    -S. Pero, ¿cómo estaba?

    -M. Pues imagínate, solo llevaba un tanga y sujetador debajo y se le transparentaba todo, además la bata era bastante por encima de la rodilla y a veces la veíamos por detrás y al inclinarse hacia adelante se le veían todas las piernas hasta un poco del culo, y el coño por detrás cubierto por un tanga blanco.

    -S. Joder, ¿y estaba muy lejos?

    -M. Pues a unos cuatro o cinco metros, nosotras estábamos en el columpio del jardín, y ellas al otro lado de la valla. Pero vamos, que no estuvimos en plan mironas, estuvimos charlando con la vecina y todo… lo que pasa es que la chica tenía un cuerpo de escándalo. Cuando se ponía en cuclillas, también se le marcaba todo el tanga por detrás, uno de esos sin apenas tela y tenía unos muslos muy muy ricos.

    -S. ¿Llevaba sujetador?

    -M. Pues sí. No llevarlo ya hubiese sido la guinda del pastel.

    -S. ¿Y la tía Carmen cómo reaccionó?

    -M. Un poco roja al principio, yo ya estaba en el jardín cuando ellas llegaron y claro enseguida vi lo que había y llamé a tu tía. Bueno, a decir verdad, yo también enseñaba lo mío, llevaba un vestido de esos largos de verano, pero lo tenía completamente recogido en la cintura para tomar el sol en las piernas. Pues tu tía reacciono mirando, ¿cómo no íbamos a mirar?, pero ninguna decía nada, hasta que yo ya me lancé y reconocí que yo estaba mirando descaradamente. Yo creo que, de la vergüenza, en principio todos nos ruborizamos un poco en una situación así, pero luego, te calmas y ya lo disfrutas más, y ella creo que también…

    -S. ¿Por qué te ríes así?

    -M. Pues porque, bueno, estuvimos, así como media hora, yo en bajito hablaba con tu tía y hacia comentarios, tú ya me entiendes, yo a tu tía siempre le he dejado caer que me hubiese gustado estar con otra mujer, ya sabes, medio en broma, medio en serio, pero desde luego ese día, si tenía alguna duda se las despejé todas. Y…

    -S. ¡Mama, eres una loba! Ahora entiendo porque siempre estas dándole palmadas en el culo, y levantándole la falda a la pobre.

    -M. Bueno, eso lo he hecho siempre, cuando esta tu padre delante sé que eso lo pone a cien, y supongo que a tu tío también le ponía. ¡Y qué coño! Si a ella no le gustase ya me lo hubiese dicho. ¡Que bruta soy!

    -S. ¿Y qué pasó con la polaquita?

    -M. Pues que tu tía dijo que tenía que ir al baño. Por eso me rio así.

    -S. ¡La cerradura! La seguiste y te pusiste a espiarla por la cerradura.

    Ya sabía yo que lo mío era genético.

    -M. ¡Que no! Bueno, sí, la seguí, pero esas malditas puertas modernas…, solo pude escuchar. La cerradura no es de esas que puedes mirar.

    -S. ¿Y qué escuchaste?

    -M. ¿Tú que crees?

    -S. ¿Paja? ¿Seguro?

    -M. (Asintiendo) El sonido lo conocemos todas y los gemidos también.

    -S. Joder mami, que cachonda me pones, esta noche me lo cuentas con más detalle, sabe dios la de cosas que podrías contarme.

    -M. No hay mucho que contar, me puse a cien escuchándola gemir, sobre todo cuando se corría, tuve mi eterna tentación de llamar a la puerta, pero no me atreví, volví al jardín y en cuanto ella regresó me fui yo para el baño a hacerme una yo también. Pero si te apetece no te preocupes que te lo cuento esta noche, pero prométeme que puedo estar tranquila.

    -S. (haciéndose la despistada) ¿A qué te refieres?

    -M. Me entiendes perfectamente. Silvia, una cosa es que, como a mí, a tu tía, aunque sea una mujer casada y con hijos le excite ver a una chica guapa e incluso que se acostase con ella, y otra muy distinta es con su sobrina…

    -S. (poniéndose seria por primera vez) Mama, tranquila, te aseguro que no. Siento haber dicho lo de que me excitaba y todo eso… Olvídalo por favor, entiendo lo que quieres decir, si intentas algo con una desconocida y la cosa va mal, ya está, no vuelves a verla y punto, pero con mi tía…

    Soy incorregible, ya tenía a Silvia medio tranquila y sinceramente convencida de que algunas fantasías deben quedarse solo en fantasías cuando por fin aparcamos frente a la casa de mi hermana.

    -M. Mira esta es la famosa casa, la de la izquierda. Ahora los dueños ni se hablan con tu tía.

    -S. ¿Por qué?

    -M. Se pasó seis meses intentando contratar ella a la chavalita polaca y hasta tuvieron que subirle el sueldo para que no se fuera.

    -S. La madre que te pario mama, ya me habías convencido y me sueltas esto.

    Silvia tenía toda la razón, y yo sé que lo que hago no está bien, pero me gusta tanto.

    No se puede estar más guapa, en una mañana así, de lo que lo estaba Carmen ese día. A pesar del frio y del doble invierno en el que vivía, en el climatológico y en el que la traición de mi cuñado la había sumido. Lucía sus mallas azul cielo, las más ajustadas que yo le conocía, de esas que yo solo me atrevo a ponerme en casa, de esas que ni te imaginas que una mujer de su edad pueda llevar, ciñéndose al milímetro a su silueta, marcando sus jugosos gemelos y unas rodillas deliciosas de las que arrancaban unos largos muslos que se ensanchaban poco a poco hasta fundirse con el mejor culo del mundo, como yo le decía siempre que quería halagarla, grande, con muchas más de tres dimensiones, yo lo había observado horas y horas de mi vida, sobre todo en la playa y la piscina, lo había visto crecer, cambiar de color en verano, pero no hacía más que mejorar y mejorar, tenía algo de celulitis, pero no más que veinte años atrás, a mí me gustaba así, nunca me cansaría de mirarlo. Cuando me sentía culpable de haberme enamorado del culo de mi hermana desde que éramos adolescentes, solía engañarme a mí misma diciéndome que me gustaba tanto porque lo tenía muy “a mano”, era cuestión de invitar a Carmen a casa, o a la piscina para disfrutarlo, pero lo cierto es que pocos como el suyo se me han cruzado delante a lo largo de mi vida y eso que tengo el vicio de que cuando una mujer con un buen culo se me pone delante, en el super, por ejemplo, la sigo un buen rato para recrearme. Mas de una ha acabado descubriéndome y mirándome orgullosa.

    Silvia no pudo evitar un: “caray con la tía, con el frio que hace” cuando la vio. Ella, aunque hiciese frio, siempre adornaba la calle, o ensenaba por arriba o ensenaba por abajo. Hoy había tocado abajo y aunque subió rápidamente al coche yo sabía que aquellas mallas a Silvia le llamarían mucho la atención, eran de un azul tan claro que por detrás podías saber si la piel de sus muslos todavía conservaba el precioso tono miel que tenían al final del verano. No con esas, pero con unas muy parecidas, vino una vez a visitarme, la vi de espaldas preparando unos cafés y pude notar a través de la licra la huella blanca del bikini que había llevado el verano anterior. Tuve que ir al baño a masturbarme y me corrí casi llorando de la frustración que me producía tener aquella maravilla en mi salón y no poder más que ver y no tocar, como en los museos. Me imaginé poder cortar con unas tijeras el tanga que yo soñaba empapado del jugo de su coño y metérselo en su boca mientras yo abría sus nalgas con mis dos manos y me morreaba como una adolescente con el agujero de su culo hasta que ella me suplicase que la follase por detrás con mi dedo corazón. Conocía muy bien esa zona, las dos nos ayudábamos a depilarnos, ¡que placer y a la ve que suplicio! desde que a los cuarenta nos había empezado a salir algún pelillo gris íbamos siempre completamente rasuradas, conocía su olor, podía imaginármelo perfectamente pero aun así me corrí pensando en aquellas mallas envolviendo el mejor regalo que mi hermana podía haberme hecho nunca, con el que llevaba toda mi vida fantaseando.

    En esto ocupaba mi cerebro mientras Silvia ayudaba a su tía a cargar todas las bolsas que traía en el maletero y subían de nuevo al coche.

    Sin tiempo para besos ni abrazos comenzamos el regreso y Silvia comenzó a charlar con su tía, a la que desde que se había casado veía muy ocasionalmente. Yo seguía a lo mío, estaba muy caliente por todo lo que había vivido desde el viernes, y ahora Carmen, mi hermana, de la que estaba enamorada desde que éramos adolescentes, mi hermana mayor, la chica más guapa del barrio, la más atrevida, al menos hasta que se casó, la más deseada, hasta por mí, y cada vez más. Los años le han ido quitando algunas cosas, pero le han ido dando otras muchas a cambio. Sus tetas me gustan cada vez más, claro que se han caído un poco, como no se van a caer, gasta una talla más que mi Silvia, que ya tiene un buen par, pero a mí me gustan así, y lo que me vuelve loca es el tono tan distinto que tienen sus areolas con respecto al resto de su piel. Cuando su marido no estaba con nosotras y podía hacer topless, bromeábamos con que sus tetas se veían a kilómetros por lo oscuros que tiene los pezones y las areolas con respecto al resto de sus pechos. Y tampoco me explico porque las tiene cada vez más juntas, más apretadas la una contra la otra, es que sin sujetador ni nada e incluso le hacen canalillo, hay como un mágico magnetismo que las mantiene juntas y apretadas la una contra la otra como si los pezones fuesen dos imanes de hierro que se atraen mutuamente. Lo más obsceno de mi hermana es sin duda su boca, una vez hace muchos años, me confesó, casi llorando tras romper con un novio, que todos los hombres con los que había estado tenían más interés en su boca que en su coño. Carmen es guapa, guapísima, pero entiendo que su boca invite al vicio, la tiene muy pequeña, muy pequeña y con unos labios muy carnosos, siempre pintados de rojo, algo que le recomendé en vano que cambiase. Pero vamos, que no me extraña que todos sus novios, que fueron unos cuantos, quisiesen acabar con una buena mamada y si llevaba su preciosa melena, siempre perfectamente rubia, recogida, mucho mejor.

    Lo complicado que se estaba poniendo el viaje de vuelta me sacó de mis ensoñaciones. Lo pasamos realmente mal y tardamos bastante más de una hora para un trayecto que normalmente son veinte minutos. Ni siquiera pudimos entrar al garaje, adivinamos que se había ido la luz porque no abría. Aparcamos en la calle y subimos por las escaleras, Silvia cedió el paso a su tía para subir tras ella. Carmen llevaba un plumas, pero solo hasta la cintura, seguían charlando, pero yo, que iba ultima, veía como mi hija clavaba sus ojos sobre aquellas mallas azules. En uno de los descansillos, miró hacia atrás y no me mostró la sonrisa traviesa que yo esperaba, estaba seria, sus ojos me dijeron que aquello era demasiado para ella y yo me di cuenta que si mi hija había estado atrapada años atrás por la belleza y el cuerpo de la madre de su amiga Rosaura, ¿por qué no iba a sentirse atraída ahora por mi hermana?, que no tenía nada que envidiarle a Milagros. Mentiría si dijese que yo estaba agobiada o preocupada, estaba, digamos, inquieta por lo que pudiese pasar, pero, en el fondo sabía que estaba viviendo las horas más excitantes de mi vida y no creía que nada pudiese estropearlo.

    -C. (Carmen) Uf, que alivio entrar en casa, si llega a pasarnos algo no me lo perdonaría en la vida. Lo he pasado fatal.

    -S. (Silvia) Ya está tita, ya está, tampoco ha sido para tanto. Ven a echar un vistazo desde la galería, ya verás que paisaje.

    -C. No, si desde aquí se ve todo precioso, pero abajo …

    -M (Maribel) (abrazando a Carmen) Ya está, me alegro de haber ido. ¿Qué es la vida sin un poco de riesgo?

    -S. Bueno, y sin luz, ¿qué vamos a hacer?

    -M. Pues no lo sé, espero que vuelva pronto porque ni siquiera podemos hacernos un café, todo es eléctrico.

    -C. La calefacción funciona, quiero decir, se está bien, no hace nada de frio.

    -M. Si, durante unas horas calefacción y agua caliente tenemos, el problema es para comer.

    La luz volvió en apenas diez minutos, calenté rápidamente parte de la cena del día anterior, había sobrado más que suficiente para tres mujeres hambrientas. Hice bien porque mientras comíamos se fue de nuevo y nos quedamos en penumbra a pesar de que todavía era mediodía y teníamos la ventana del techo de la cocina sobre nosotras. Eso no nos impidió pasárnoslo muy bien y recuerdo que hicimos una larga sobremesa, charlamos de todo, pusimos de vuelta y media, como solíamos hacer, a buena parte de nuestros respectivos conocidos y algún que otro familiar. Al final, inevitablemente, salió el tema del divorcio de Carmen y dejamos que se desahogara un rato, lloro sin parar veinte minutos. Nosotras simplemente la escuchamos, no intentamos animarla con palabras vacías ni nada por el estilo. Lo cierto es que confesó sentirse mejor tras la llorera y mientras se fue un rato al baño, Silvia se apresuró a decirme que teníamos que ayudarla.

    -S. Jo mami, que pena me da, la verdad es que todo este año ni siquiera la he llamado y ahora me siento culpable.

    -M. No seas tonta, ¿culpable de qué?, yo siempre le doy un beso de tu parte y ella sabe que tú tienes tu vida.

    -S. Ya, pero es que no pensé que lo estuviese pasando tan mal. ¿Porque no intentamos animarla?

    -M. ¿Y cómo?

    -S. No sé, una buena cena, unas copas…

    -M. Pero si acabamos de comer y estamos llenas, no vamos a tener hambre, unas copas sí que nos podemos tomar.

    La voz de Carmen sonó desde el pasillo, ya más animada.

    -C. Maribel, cariño, está anocheciendo y la luz no vuelve. Nos vamos a quedar a oscuras.

    -M. Vamos a esperar media hora más y si no vuelve busco unas velas decorativas que hay por algún lado. Por cierto, tengo que ver como has estado de ánimo esta semana, un trato es un trato.

    -C. Bien, no seas tonta, estoy mejor. Silvia se va a creer que estamos mal de la cabeza.

    -S. ¿De qué habláis?

    -C. Pues que según de bien depiladas que estén mis piernas tu madre se queda más tranquila, sabe que si estoy depre no me las depilo.

    -S. Madre de dios, estáis muy mal las dos.

    -M. Silvia, todas nos descuidamos cuando lo estamos pasando mal.

    Mientras yo y mi hermana nos reíamos, Silvia se puso completamente roja, yo estaba en el lavavajillas al fondo de la cocina y ella y su tía juntas al lado del sofá que había en el otro extremo. Carmen se llevó ambas manos a la cintura y comenzó a contonear sus nalgas ligeramente para ayudarse a bajar las mallas. Silvia no tuvo valor para mirar directamente al melocotón que antes si había admirado furtivamente mientras subíamos las escaleras, Carmen se sentó en el sofá, y quitándose las mallas del todo reclamo la atención de Silvia para que actuase como testigo. Silvia parecía un tomate y su cara una bombilla roja como las de la feria.

    -C. Toca, cariño, toca. Suaves como la seda.

    -S. Perfectas tita, perfectas, mama, ¡eres una desconfiada!

    -C. (Apartando ligeramente el tanga hacia un lado para mostrar parte de su vulva) Y mira, mi juguetito, también perfectamente al día, me lo repasé yo sola anteayer.

    -M. Estas ruborizando a tu sobrina.

    -C. (fijándose en su rostro) Perdona amor, si casi te he puesto el culo en la boca y comprendo que no es agradable verme así, a mis años.

    -M. No pasa nada, de que años hablas tita, si estas de miedo, ya me gustaría a mí estar así, no te digo ya a los cincuenta sino a los cuarenta.

    -C. ¿Entonces?

    -M. Pues eso, que me gusta verte y me pongo roja porque, al fin y al cabo. eres mi tía.

    Se hizo el silencio, un silencio que no llegaría a los dos segundos, pero se nos hizo eterno. La culpa desde luego fue mía, como siempre, Silvia no pudo controlar su rubor, Carmen la sorprendió al bajarse la licra y ante la pregunta directa de su tía no se le ocurrió decir más que la verdad. Mi hermana no es ninguna beata puritana, me miró sorprendida, con cara de poquer y con una sonrisa en la boca, pero su cara también había cambiado de color. Tuve que rescatar a Silvia porque creí que iba a romper a llorar, y ya se sabe que nunca lloramos por un único motivo, me temía que lo nuestro le empezase a pasar factura.

    -M. Tranquila hija, nos pasa a todas, un bonito cuerpo es un bonito cuerpo, independientemente de a quien pertenezca.

    -S. (muerta de vergüenza) Lo siento, no he podido disimular, me ha cogido por sorpresa.

    -C. (Abrazándola y comiéndosela a besos) Y haces bien tesoro, pero tienes que estar riéndote de tu tía, porque si lo dices de verdad me has arreglado el día, ¡qué digo el día!, todo el mes.

    -M. Que va a decirlo de broma, ella nunca se reiría de ti, ¿a qué no cariño?, si te lo digo siempre Carmen, lo que pasa es que tu hace años que no te valoras, pero eres una belleza.

    Carmen se puso un poco nerviosa, quería preguntarle a Silvia si le gustaban las mujeres, pero no encontraba las palabras. Yo me alivie al ver que Silvia recuperaba la iniciativa y le ahorraba a su tía el mal trago de hacer la pregunta.

    -S. Jo tía, a ti supongo que te gustan los hombres, ¿o no?

    -C. Bueno, cada vez menos, tú ya me entiendes…

    -S. Vale, olvida ahora lo del tío Javier, te gustan los hombres, pero, ¿no te gusta ver el cuerpo de una mujer también? No todas quizás, tampoco te gustan todos los hombres, pero alguna mujer alguna vez te habrá llamado la atención…

    -C. Bueno… pues sí, tienes razón cariño, a veces pasa, solo que, al revés, es decir, ser yo la mujer admirada es algo que nunca me podría imaginar.

    Nuevo silencio y de nuevo tuve que intervenir. Por suerte la conversación se iba relajando y el tono era de sorpresa más que de malestar o cualquier otro sentimiento negativo. Mi hermana y mi hija continuaban abrazadas y Carmen, que se había subido las mallas jugaba con el pelo de Silvia.

    -M. A ti lo que te descoloca es que sea tu sobrina. Te da no sé qué. A mí me paso más de una vez con Raúl, en la piscina no podía evitar mirarle el paquete, y me sentía culpable, pero cuanto más culpable me sentía más me gustaba y más miraba.

    Carmen y Silvia se partieron de risa durante unos minutos, en parte por mis palabras, pero sobre todo por algo que había sucedido tiempo atrás y ahora no viene al caso explicar.

    -C. Jo, ahora que sale el tema, hace unos años parecía cosa del demonio, pero ahora parece que si no lo has probado es que no has vivido la vida. Está tan de moda.

    -M. ¿El que? Lo del lesbianismo.

    -C. Si, hoy en día todas las chicas lo hacen, es la cosa más normal del mundo…

    -S. Tita, aun estas a tiempo. ¿Pero nunca has hecho alguna tontería con alguna amiga?

    Intervine porque me parecía una pregunta demasiado directa, yo, que soy la que había ido liándolo todo iba ahora de apagafuegos. Lo hice, de todos modos, sin reprender a Silvia.

    -M. Eh, que nosotras somos hetero hetero, no como las de ahora que probáis de todo.

    -S. (levantando los brazos y la voz haciéndose la víctima, pero con su preciosa sonrisa) Perdón…, perdón, ni que hubiese matado a alguien, es simple curiosidad…

    Me quede de piedra, nos quedamos de piedra, al ver en la cara de Carmen que la respuesta no tenía que ser necesariamente negativa. La interrogamos, sobre todo yo, con nuestra mueca de sorpresa y nuestras bocas abiertas.

    -C. No me miréis así, por dios. Alguna tontería sí que he hecho. (mirando a Silvia). Tu madre me va a matar por no habérselo contado nunca. Nosotras nos contamos todo.

    -S. (divertidísima, mirándome y sintiéndose vencedora) Mama nunca se enfadaría contigo, tita, te quiere con locura.

    -M. Haber, no me enfado, pero me duele que no me lo hayas contado.

    -C. Ves, es que, si te lo contase, entenderías que no te lo contase.

    Risas otra vez y más risas.

    -C. No os riais, que parezco tonta, es que no es nada fácil, lo de la tontería con la otra chica es lo de menos, lo peor es todo lo que sucedió alrededor. Me moriría de vergüenza.

    -S. ¿Alrededor? Quieres decir que era una orgia.

    -C. (contestando al instante) No, no una orgia no… bueno, no sé, no estoy segura…

    -M. Madre de dios, has estado en una orgia. ¿Pero de mujeres?

    -C. No, coño, que no, no era una orgia.

    -S. ¿Entonces que era?

    Cualquier otra persona en su lugar se hubiese agobiado, Carmen simplemente respiro profundamente.

    -C. Supongo que debería habértelo contado Maribel, pero bueno, no he sido capaz en más de veinte años, lo que no sé es si debo hacerlo ahora con esta renacuaja delante.

    -M. Tita, que tengo casi treinta. ¿Tan fuerte es?

    Carmen estaba ahora sentada en el sofá, Silvia estaba a su lado y yo simplemente me había acercado a ellas, pero continuaba de pie. Yo me preguntaba qué demonios ocurría en aquella casa aquel fin de semana, como irremediablemente todo conducía a acabar con mi coño repleto de jugo. Me hubiese bajado los vaqueros allí mismo y me hubiese hecho una paja mientras las veía juntas en el sofá, lo hubiese pasado muy bien solo con eso.

    Carmen preguntó si podía darse una ducha y ponerse cómoda, y prometió contárnoslo todo con ayuda de un par de copas más tarde. Nos duchamos las tres, por separado, ya con la ayuda de unas velas. Silvia tenía miedo a quedarse a solas conmigo mientras su tía se duchaba. La tranquilicé diciéndole que no había hecho ni dicho nada incorrecto y nos morreamos durante unos minutos asegurándonos de no ser sorprendidas. Me pidió ropa lo más sexy posible para ponerse, quería estar muy atractiva para mí por la noche, y me pregunto qué iba a dejarle a Carmen para ponerse. A mí me encantan los vestidos de punto, tengo varios iguales en colores variados, no ensenan gran cosa, no tienen escote y llegan casi hasta la rodilla, pero se ciñen tan bien al cuerpo, sobre todo si van un poco justos de talla que solo verme dentro me erotiza, me encanta mirarme en el espejo con ellos y a mi marido le encantan. Le di el amarillo a Carmen, el rojo a Silvia y yo me quedé con uno blanco. Parecíamos tres fichas de parchís, pero que fichas.

    Silvia y yo nos moríamos de curiosidad por saber que diantres nos iba a contar mi hermana. Que podía haberse callado durante más de veinte años. Silvia me hablaba con su mirada y me decía que se lo estaba pasando como nunca. Nos dimos un rato, ya con un gin-tonic en la mano para que Silvia llamase a Canarias y despedirse hasta el día siguiente de su pequeño y de su marido. Yo intercambie algunos mensajes con mi marido.

    Nos acomodamos las tres en la cocina cuando la luz volvió, ya teníamos media casa llena de velas. Silvia lo lamento.

    -S. Oh, no me lo puedo creer, con lo bien que estábamos sin luz. Lo bien que nos lo estamos pasando, con luz hubiésemos estado aburridas viendo la tele.

    -C. Si ese es el problema deja las velas y apaga la lampara.

    -S. ¿Te parece bien Mami? Se esta tan bien con las velas.

    -M. Por mí…

    Si que se estaba bien, solo el olor al mismo gel que desprendíamos las tres y nuestras pieles tan suaves bajo los ajustados vestidos resultaba muy excitante y poco a poco iría siendo superado por el olor a hembra que salía de entre nuestras piernas.

    Silvia me dejo sin sitio en el sofá grande, se recostó a lo largo y puso sus pies sobre las piernas de su tía sentada en el otro extremo. Yo arrastré una butaca desde el salón y me acomodé frente a ellas después de servir otra ronda de bebidas. La calefacción por acumuladores no había dejado de calentar la casa a pesar del apagón, se estaba muy bien allí sabiendo del día terrible de nieve y viento que hacía fuera. Para estar más cómodas tanto Carmen como Silvia se habían subido algo el vestido y el espectáculo de piernas que tenía ante mí me ponía un nudo en la garganta. Yo no llevaba nada debajo del vestido y me había apresurado, nada más volver al salón a comprobar si ellas habían hecho lo mismo, Silvia iba como yo, sin nada debajo y mi hermana si marcaba tanga claramente y un enorme sujetador sostenía como un andamio su talla XXL.

    -C. Caray, no me miréis así que me agobias.

    -S. Es que nos morimos de curiosidad tita.

    -C. (muy seria) Una cosa os digo, si os violenta algo me lo decís y lo dejamos y por dios os pido que esto no salga de aquí.

    -M. ¿Pero para tanto es?

    -C. Yo que se Maribel, hoy quizás no, pero yo, bueno nosotras, nuestra educación no es la de ahora, ahora con internet ya sabes, se ve de todo…

    -S. Jo tita, si quieres déjalo, tampoco es cuestión de que lo pases mal o, si quieres, me voy a la cama y os dejo a vosotras a solas.

    -M. Conociéndote te quedarías a escuchar tras la puerta.

    -S. Eso es verdad, pero así lo haría más interesante y todo.

    -C. Si no hace falta, si le estoy dando tanto misterio que luego vais a pensar que soy tonta, pero a mí en su momento me dejó en shock como se dice ahora.

    -M. ¿Y cuándo fue exactamente?

    -C. Pues fue en el verano del noventa y nueve, un día tremendo de esos de calor. Vosotros ya estabais en la playa y teníais a Javi con vosotros. Yo y el cabrón de mi marido…

    -M. ¡Caaarmen!

    -C. ¡Peeerdón!, yo y Javier nos quedamos porque lo invitaron a una presentación de ordenadores. Él quería meterse en el tema de la informática porque lo de los electrodomésticos empezaba ya a estar muy complicado, entraba ya mucha lavadora y frigorífico de Asia, de Corea, sobre todo, y encima los hipermercados le iban ganando terreno a las tiendas y el cada vez vendía menos. Total, para nada, porque al final no quiso ponerse a estudiar y vender un producto que no conoces es muy difícil, pero bueno, en aquel momento decía que estaba cansado de vender lavadoras. Me acuerdo que me quede en casa aburrida todo el día y a las once o así me llamo para que me arreglara porque nos habían invitado a una fiesta en un chalet. El caso es que, nada, me puse guapa me vino a recoger y nos fuimos, a mí no me apetecía nada ya sabéis que no soy mucho de juntarme con desconocidos, pero lo veía tan agobiado porque las ventas iban bajándole mes a mes que tuve que hacer el esfuerzo.

    -S. ¿Y qué te pusiste?

    -C. ¿Que qué me puse? Pues no debería recordarlo, pero me acuerdo perfectamente, me puse un vestido de ganchillo blanco precioso que tenía.

    -M. Caray, tendrías que haber visto el vestido aquel.

    -S. ¿Sexy?

    -M. Hija, ¡más que sexy! A veces se lo ponía solo con un tanga y un sujetador y quemaba la calle con él.

    -C. (Llena de orgullo y con falsa modestia). ¡Quemaba la calle! No era para tanto exagerada. Lo que pasa es que era muy perforado y si no llevaba nada debajo…

    -S. ¿Y ese día?

    -C. No, ya os digo que ese día hacia muchísimo calor, no llevaba nada más que ropa interior. Bueno, ¿sigo o qué?

    -M. Sigue mientras te preparo otra copa.

    -C. ¿Otra? Bueno, pero solo si es una para cada una, a ver si voy a acabar piripi. De todos modos, cuando llegamos al sitio yo debía ser de las más modositas vistiendo, creerme, además no era un chalet, era una casaza con un jardín enorme en medio, la casa hacia como un cuadrado alrededor del jardín, tenía hasta una piscina pequeña. Luego me enteré de que no nos habían invitado, había que pagar por ir a la dichosa fiesta y al final, nada más llegar, yo ya me di cuenta de que allí no se iba a hacer ningún negocio. Pero bueno, por no hacer el ridículo y largarme.

    -S. ¿Pero por qué ibas a hacer el ridículo?

    -C. Pues porque enseguida vimos el ambiente que había allí. Tenían hasta un pequeño escenario montado en el jardín rodeado de sofás, haciendo como un semicírculo. Yo pensé que sería para un striptease o algún rollo erótico… pero que va…

    -M. ¿Y que era?

    -C. Vicio para ricos, era vicio para ricos. Apareció una chica de unos treinta o treinta y cinco en el escenario, muy guapa, yo me tranquilice porque iba vestida normal, con una faldita por encima de la rodilla, una camiseta de tirantes, normal, como si viniese de hacer la compra. Se presento, recuerdo que se llamaba Margarita, o eso dijo, dijo también que era peluquera y debía ser cierto porque iba muy bien peinada, una melena lisa, teñida de rubio, todo muy bien, yo pensé que iba a cantar o algo así pero cuando dijo que había traído a diez amiguitos con ella para que todos nos lo pasásemos muy bien, casi me muero.

    -S. Entonces era porno.

    -C. Silvia, los amiguitos tenían todos cuatro patas. Eran perros.

    -S. ¡Caray con Margarita!

    -M. Virgen santa. Si me pasa a mí me muero…

    -C. Es que a mi aun me dura la vergüenza. Silvia, tú te ríes, pero si estuvieses allí…

    -S. Jo tía, es que me hace gracia como lo cuentas. Tampoco sería para tanto.

    -C. Yo, lo único que agradecía en ese momento era que nos tocó, por casualidad en un sofá al final de todo, lejos de los conocidos de mi marido, a uno de los lados. Ah, y que ya era de noche y aunque el escenario estaba muy iluminado, nosotros estábamos medio en penumbra.

    -M. ¿Pero cuantos erais allí?

    -C. Pues seriamos unos veinte o veinticinco.

    -S. (partiéndose de risa) ¿Pero contando a Margarita y sus amigos o solo los invitados?

    -C. Tu hija se lo toma a cachondeo.

    -M. Silvia, no bebas más que te va a sentar mal.

    -C. Déjala, si ya te digo yo que somos generaciones tan distintas.

    -S. Perdona tita, sigue contando, aquello tuvo que ser tremendo. Pero el tío, ¿no te llevaría sabiendo a lo que ibais?

    -C. No, no creo, él estaba tan avergonzado como yo, pero lo que no queríamos era dar el cante y quedar como paletos.

    -S. Y la chica no tenía miedo a que la grabasen, menudo plan, porque la follaban los perros, ¿o no?

    -C. Claro que la… follaban, como dices tu…

    -M. Eran otros tiempos cariño, no llevaba todo el mundo una cámara en el bolsillo, por poder, podían grabarla, sobre todo los dueños de la casa, pero no había internet o si lo había no estaba…

    -C. Ojo, que allí se habló de que el espectáculo no bajaba de trescientas mil pesetas.

    -S. ¿Cuánto era eso?

    -M. Pues era el doble de lo que ganaba un trabajador normal en un mes.

    -S. Caray, eso lo cambia todo. ¿Y la chica que hacía?

    -C. No, por dios, eso no me lo preguntes.

    -S. Venga tita, que no es para tanto… tomate otro gin-tonic.

    -C. No que ya me he tomado tres. Pues, ¿Qué iba a hacer Silvia?

    Tenía un chico que la ayudaba, le iba trayendo los perros uno a uno, los animales ya sabían a lo que iban.

    -S. Y Margarita, ¿se desnudó?

    -C. Margarita no tenía ni un pelo de tonta, en el primer perro simplemente se subió la faldita, y poco a poco iba quitándose cosas, el público al principio se mataba a aplaudir, los perros al correrse se quedaban un rato montados sobre ella y mientras ella hablaba con la gente, ya al principio dijo que si alguna quería probar había perros de sobra para todas, es que ella repetía todo el tiempo que el placer que sentía ella con sus perros no lo sentía con ningún hombre y además insistió varias veces en que los perros estaban constantemente supervisados por un veterinario, yo que se, es que era toda una profesional, y lo tenía todo muy bien montado, nunca mejor dicho.

    -S. ¿Y entonces por qué decías que el público dejo de aplaudir?

    -C. Hija, porque al rato de empezar aquello, yo miraba hacia el resto de la gente y poco a poco vi que las otras parejas empezaban a subirse la mujer sobre el hombre o a ponerse de rodillas y ya me entiendes.

    Poco a poco yo fui dejando de intervenir, lo de la zoofilia me parecía una broma comparada con lo mío, aquel fin de semana cada escena que vivía creía que era lo más, que nunca iba a haber nada igual, pero es que me equivocaba y lo que venía siempre era mejor todavía. Por eso digo que para depravación lo mío, con mi hija y mi hermana en el sofá frente a mí, los pies de Silvia continuaban sobre el regazo de Carmen y esta se los acariciaba y masajeaba, casi inconscientemente, yo sabía que a Silvia esto le estaba encantando. A mí las piernas estiradas de Silvia me calentaban cada vez más y las rodillas y los muslos de Carmen no paraban de moverse llamando mi atención. No sabía ni a donde mirar y cada vez me importaba menos que de vez en cuando, al girar su mirada hacia mi Carmen me sorprendiese mirando sus piernas y las de mi hija, la verdad es que me apetecía cada vez más abrir las mías y hacerme una paja frente a ellas.

    -S. Y tú y el tío, ¿no hicisteis nada?

    -C. Claro que hicimos, lo contrario hubiese sido dar el cante.

    -S. Jo tita, cuenta algún detalle, no te excita recordar todo aquello. A mí me encanta escucharte.

    -C. (mirándome a mi sin saber que decir) Claro que me excita, ¿qué quieres que te cuente? Pues por vergüenza, me quité como pude el tanga y me subi sobre tu tío… y, la madre que lo pario, si quieres detalles te los voy a contar, tenía la polla como de hierro, en mi vida se la había visto así.

    -S. (más divertida ya que en el cine viendo una comedia) El efecto Margarita.

    -C. Y tanto cariño, no lo puedo culpar, porque yo estaba… vamos, tenia … quiero decir…

    -S. Que tenías el coño empapado.

    -C. Gracias, es que, si no me hubiese destrozado, me deje caer sobre el con los nervios y me entro como un hierro caliente en la mantequilla, y lo más curioso es que, me moví apenas dos o tres veces arriba y abajo y note que ya se corría, ¡un chorro a presión! dentro de mí, me lleno toda de leche por dentro y el muy cabrón, por primera y última vez en su vida, siguió igual, no se le ablando apenas, en cinco minutos empecé a moverme y la tenía dura de nuevo.

    -S. Entonces a ti el show también te ponía.

    -C. (desinhibiéndose cada vez más) Silvia, por un lado, no quería mirar, porque me daba un poco de asco, y por el otro quería, por el morbo y la curiosidad. Es que además miraba hacia los lados y cada dos por tres veía alguna polla reventar a borbotones y llenarle la cara de leche a alguna de las mujeres, en la mayoría de las parejas la mujer estaba de rodillas en el suelo haciéndole una mamada al marido o novio o lo que fuese.

    -S. ¿Que eran todos de tu edad?

    -C. No, mayores, sobre cuarenta o quizás más, debían estar todos forrados por los coches que vimos al llegar, es que no pintábamos nada allí.

    -S. Jo tía, cuéntanos algún detalle más. Mami, apaga alguna vela.

    -M. ¿Para qué?

    -S. Jo, mami, tu apágalas, deja solo la del fondo.

    -M. (obedeciendo) Ya está, a ver si no me la pego para volver al sofá.

    Me lo temía, en cuanto me senté, Silvia, como había hecho la noche del viernes nos dejó de piedra, sobre todo a su tía, al pedir permiso para hacerse una paja.

    Se hizo el silencio, con la poca luz que llegaba del otro lado de la cocina vi la mirada de mi hermana interrogándome sobre qué hacer. Yo intente quitarle importancia e incluso bromear, claro que por mi podía hacérsela, yo también me Moria de ganas.

    -M. ¡Mira para qué era lo de las velas! ¿Hija mía, tan necesitada estas? Tienes que solucionar lo vuestro.

    -C. ¿Qué pasa?

    -M. La pobre, que su marido ni la mira, y claro…

    -C. ¡Tan jóvenes!

    -S (aparentando no querer dar pena) No es el momento, ya hablaremos del tema en otro día. ¿Puedo o no?

    -C. Pues claro que puedes. ¿Te traigo algo para taparte?

    -S. No, con vosotras no tengo vergüenza.

    A partir de ahí, mi hermana se sintió definitivamente la reina de la fiesta, por primera vez en mucho tiempo, disfrutaba del sexo, aunque fuese sentada en un sofá casi a oscuras con su hermana y su sobrina, sin tener a un hombre entre sus piernas o una polla en su boquita. Tras el momento de duda y sorpresa, por el infinito atrevimiento de su sobrina se sintió útil y necesaria como hacía tiempo que no se sentía. Si tenía que poner cachonda a Silvia para que tuviese un buen orgasmo la pondría. Poco a poco nuestras pupilas fueron adaptándose a la escasa luz y vi como Silvia se había subido el vestido hasta la cintura y flexionado una de sus piernas, la otra seguía recibiendo las caricias de su tía que ahora llegaban hasta el gemelo y ocasionalmente la rodilla, estoy segura de que Carmen ni se daba cuenta de que la estaba poniendo a cien con la palma de su mano. Que mi hermana estuviese disfrutando no significa que no estuviese nerviosa, la veía casi tiesa en su lado del sofá, y ni se atrevía a mirar hacia su izquierda donde tenía a su sobrina haciéndose una sonora paja.

    -C. Supongo que lo de los perros es lo que más morbo te da.

    -S. Todo tita, todo. Me da morbo todo.

    -C. Yo reconozco que acabe mirando, aunque fuese de reojo, es que la chica lo hacía tan bien. Al cuarto o quinto perro lo presento como un desastre de amante, porque no era capaz de follarla, y el pobrecito apareció en el escenario todo despistado, mirando al público, medio asustado. Los otros nada más entrar en el escenario se iban derechos a por ella, pero este se paseaba medio perdido hasta que la chica le pregunto si una pajilla si quería que le hiciese, el animalito estaba entrenado y se puso al momento tumbado boca arriba en el escenario.

    -S. Ostras, ¿y le hizo la paja?

    -C. Pues claro, se puso de rodillas y comenzó a masajeársela, era un perro mediano, no paro hasta que el pobre perrito le lleno la boca.

    -S. (suspirando) Y por qué decías antes lo de haber tropezado en el tema de las chicas?

    -C. Bueno, es que eso es lo que no me atrevía a contar sin dar detalles sobre el sitio y las circunstancias en que ocurrió. Ahora lo vais a entender. A mitad de la noche llego una pareja nueva, un chico negro de unos cuarenta, creo que era un militar americano, no hablaba nada de español, la mujer sí que era de aquí, nos saludaron y se pusieron a nuestro lado porque no había otro sitio. El chico no es que nos mirase en plan, ya sabéis, en plan mirón, pero sonreía todo el tiempo, a mi sobre todo que estaba subida a tu tío. Creo que, al no hablar nuestro idioma, pues simplemente sonreía para no parecer maleducado. Al poco tiempo pues, se sacó la polla, como todo el mundo.

    -S. ¿Y es verdad lo que dicen de los negros?

    -C. Es, es, por lo menos en este. Pobre chica, la mujer era rubita, debía ser andaluza por el acento, no pesaría ni cuarenta kilos la pobre, delgadita. Me acuerdo que yo pensé, pobrecita, como se meta eso en el coño la va a matar. El caso es que se puso de rodillas en el suelo y empezó a hacerle una mamada, a mi claro que me excito, no hace falta que me preguntéis, se la agarraba con las dos manos allí, a un metro de mí, yo no sabía ni hacia donde mirar, el escenario lo tenía no detrás de mí, pero sí que tenía que girarme un poco para ver bien y el negro y la rubita a mi lado.

    -S. (mientras su almeja sonaba cada vez más llena de jugo) ¿Y no te corriste?

    -C. Hija, perdí la cuenta, no sé ni cuantas veces me corrí, tu tío volvió a descargarme dentro a los quince minutos o así, pero aun así siguió con ella dentro. El chico negro se corrió enseguida también, es que lo de Margarita era una pasada, la rubita se lo trago todo, apenas vi que corría un poquito polla abajo, pero ella le dio un lametazo y se la dejo limpita. como si nada, ni morcillona ni nada, como una piedra, a la chica debían dolerle las rodillas y se subió al sofá para ver mejor el escenario y seguir mamándosela al novio o marido y entonces, ahí quería llegar yo, se quedó con el culo en pompa a mi lado, llevaba un pareo sin nada debajo y el chico, que ya digo, no paraba de mirarnos y sonreír me hizo señas como para que le diese una palmada a ella en el culo.

    -S. Joder, ¿y se la diste?

    -C. Pues al principio no, porque ¿quién soy yo para darle una palmada a nadie?, pero luego, de tanto sonreírme e insistir, pues le di un azotito en el culo y ella gimió como si le gustase. Y entonces el chico sonreía todavía más, y me hacía gestos para que le levantase el pareo y le diese directamente en las nalgas… y se lo levanté y cuantas más palmadas más gemidos y el cabronazo del americano empezó a hacerme el gesto de que le metiese un dedo a la chica.

    -M. ¡Ostias! Sigue tía, sigue, dime que se lo metiste.

    -C. Hija, después de aquella noche tu tío y yo estuvimos follando como locos todas las noches, a veces se hacía trescientos kilómetros para venir a dormir a casa, daba igual que yo tuviese la regla o que estuviésemos cansados…

    -M. Al grano, tita, vete al grano porfa, que estoy a punto.

    -C. Pues… que sí, un dedo directamente no se lo metí, que las mujeres no somos así de brutas, ella estaba de rodillas sobre el sofá, con el culito aquel hacia mí, se lo acaricié bien mientras reunía el valor para ir a más, y luego fui tocándole el coño con cuidado, acariciando la entrada con las yemas de mis dedos, estaba empapado. ¡Que sensación! No tiene nada que ver con tocarse una misma, la chica estaba tan excitada también que sin hacer yo gran cosa tenía el coño ya abierto, cuando le metí el índice entro sin ningún problema, simplemente iba ensanchando un poco el camino que ya estaba abierto. La chica se desentendió de la polla y recostó los hombros y la cabeza sobre el americano y yo, no sé cómo, porque tenía a mi marido y al suyo más pendientes de mí que del escenario, fui dándole a la chica, lo mejor que pude, lo que pasa es que menuda loba… no había manera de que se corriese. Yo, me sentía como obligada a que se corriese, ¡mira tú que tontería!, pero a la muy loba no le bastaba como a mí con rozar un poco el clítoris, se lo toque y toque con la yema del dedo, pero nada, le encantaba, eso sí, pero…

    -S. (meneando las caderas en el sofá y a punto de correrse) ¿Y a ti, te gustaba tita?

    -C. (reconociendo rápidamente) Pues claro que me gustaba, me está gustando solo el recordarlo, lo que no me gustaba era la falta de intimidad, pero… la andaluza tenía un culo precioso, y al estar tan delgadita el coño por detrás parecía enorme, lo tenía depilado de todo. Tuve que empezar a meterle los dedos, primero dos, luego tres, le di y le di hasta que ya me dolía el brazo. ¡Dios, que vergüenza! La chica estaba tan caliente que yo giraba mis dedos dentro de ella para intentar darle más gusto y cuando los sacaba salían empapados. (Carmen comenzó a reírse) Menos mal que di con la solución. Me cansé y le metí el índice por el ojete, me costó, porque la chica se asustó al principio, pero en cuanto lo tuve dentro, empecé a hacer círculos con la yema del dedo, ya sabéis a lo que me refiero, no muy lejos de la entrada, a mí me encantaba cuando me lo hacían, en realidad el placer lo sientes en la vagina, aunque entres en ella por la puerta de atrás. Joder, al negro le faltó tiempo para meterle la polla por el coño en cuanto se dio cuenta de que yo le había metido el dedo por el culo. Imaginaros la escena.

    -S. Joder tita, yo me muero.

    -C. Silvia, morir me muero yo de vergüenza, ahora y aquel día. Pero me encanto, sentí en mi dedo como la polla entraba por delante y se hacía sitio dentro de la rubita, la chica se relajó muchísimo, estuvimos dándole un rato hasta que se corrió se dejó caer y yo me quedé allí, como una tonta con mi dedo dentro de su culo.

    Mientras yo estaba a punto de entrar en combustión espontanea, frente a mí, en el sofá, Silvia se corrió, gimiendo en relativo silencio. Carmen por fin se atrevió a girar levemente su cuerpo una vez que su sobrina había cerrado las piernas. Yo no sabía ni que hacer ni que decir. Me sentía rarísima, mi hermana es de esas mujeres. ¿cómo podría explicarlo? de esas mujeres que cuando se sientan, aunque lleve un vestido que le llegue a los tobillos, siempre se lo recogerá para enseñar los muslos con toda naturalidad, sin inmutarse y dando la sensación de hacerlo inconscientemente. Una mujer caliente podría decir, amiga de comentarios picantes, de dar palmadas en el culo a todas sus personas cercanas… pero oírla contar aquella experiencia, me resultaba extraño, o quizás debo aceptar que me producía envidia y también cierta decepción que nunca me lo hubiese contado.

    -S. Gracias tita, lo necesitaba, estoy cansada de ver pelis porno, son todas iguales. Me ha encantado escucharte. Además, con esa voz que tienes.

    -C. Vaya, te has perdido lo mejor, lo que ocurrió al final de la fiesta, porque yo me enrollo como una persiana… Joder, con perdón, reconozco que ahora me lo estoy pasando bien compartiéndolo con vosotras.

    -S. Da igual, tu cuéntalo, además mama también está escuchando, que luego seguro que… ya me entiendes.

    -C. Pues la peluquera, al final ya del show, presento la traca final. Había una especie de camilla muy estrecha en el centro del escenario, estaba inclinada, unos… no sé, treinta grados, hasta ese momento todos los perros la habían penetrado poniéndose ella a cuatro patas, vamos, estilo perro, pero Margarita pidió toda la atención del público para ver algo único, parecía un numero de circo. Ella se colocó boca arriba en la camilla e iba explicando que por la forma del pene de los perros conseguir follar con uno de frente era lo máximo. El placer que iba a sentir en cuanto su compañero soltase al último amiguito era algo que toda mujer debería experimentar. Por lo visto, al follarla el perro, además de penetrarla, le masajea el clítoris de una manera ideal porque aseguro que cada vez que hacía aquel número tenía un orgasmo bestial, nunca mejor dicho. Yo es la cosa más rara que he visto en mi vida, os lo juro, cuando vi salir aquel mastín e irse hacia ella… era más alto que la chica, era un perro enorme, ella tenía las piernas cerradas, mientras el perro se colocaba como ella quería y así que estuvo en posición, abrazo al animal por detrás de las patas delanteras, por las costillas, abrió las piernas y el chucho que ya entro en el escenario con todo aquello colgando…

    -S. Se la metió el perro sin ayuda ni nada.

    -C. Tal cual, a lo mejor no a la primera o a la segunda, pero no tardó mucho en acertar y metérsela toda, la polla de aquel perro era más grande que la polla más grande de hombre que yo haya visto, vamos, con mucha diferencia, es que era rarísimo, aquel animal y la chica abrazada a él…

    -S. ¿Y cuánto duraron?

    -C. El perro, por lo que aprendí aquella noche, no se entretiene demasiado. La follo… ¡iba a decir como un animal! La follo como medio minuto, pero vamos, medio minuto follando así equivale a media hora follando con algunos hombres.

    -S. ¿Y la chica se corrió realmente?

    -C. Claro que se corrió, el mastín, en cuanto descargo dentro de ella se tranquilizó y se quedó un rato sobre ella, pero a la chica le temblaban las piernas y todo, además se calló por primera vez en toda la noche.

    -S. ¿El perro se quedó sobre ella?

    -C. Si, por lo visto actúan así, se corren y dejan un rato la polla dentro. ¿Qué quieres que te diga? Con este último perro se quedó todo el mundo en silencio, era… raro, te atraía y te repelía al mismo tiempo, pero no podías dejar de mirar, de lo que si estoy segura es de que Margarita se corrió y muy bien. Cuando el perro fue sacándosela de dentro, empezó a caer semen, lo puso todo perdido, ella volvió a hablar con el público y explico que había tenido suerte porque se estaba corriendo justo en el momento en que le había llegado ese chorro caliente a presión dentro de ella. Dijo que era la guinda del pastel.

    Carmen dio por concluido su relato, miraba una y otra vez hacia mí, todavía preocupa por no haber compartido su experiencia conmigo durante más de veinte años. Yo le enviaba una sonrisa para que estuviese tranquila. Su sobrina disfrutaba todavía a su lado de la paja que acababa de hacerse y eso tenía lo suyo también. Ninguna decía nada, tuvo que ser Silvia la que rompiese el hielo. Confieso que aquella noche me sentí más orgullosa de ella que nunca, mi hija no ha destacado precisamente por tener una personalidad fuerte en su vida, pero aquel día…

    -S. Lo siento, pero no podía aguantarme, menudo momento habréis pasado conmigo aquí dándole. No, no digáis nada porfa, dejémoslo en que mi marido ni me mira y en que la tía me ha puesto a cien y en que ya estoy cansada de aguantarme las ganas, a partir de ahora mi coño no va a pasar hambre ni un solo día.

    -M. (Carcajada de felicidad) Pareces Escarlata O’Hara en Lo que el viento se llevó. No te preocupes has hecho muy bien.

    -C. Claro que si mi amor, la culpa es mía por sacar el temita de la dichosa fiesta.

    -S. No tía no, aquí no hay culpables, me apetecía y punto, no quería quedarme con las ganas, como os vais a quedar vosotras, que os vais a ir a dormir con el calentón.

    Yo y mi hermana nos miramos incrédulas por el tono burlón del último comentario de Silvia. Lo peor es que tenía razón. Yo agarré un cojin grande y tapándome con él decidí que iba a aceptar el reto. Me subí un poco más mi vestido de punto y comencé a jugar con mi coño, Silvia comenzó a aplaudir y a reírse, aunque estábamos en penumbra podían verme perfectamente. Carmen se reía también y hacía el gesto de taparse los ojos para evitar ruborizarse más.

    -S. Ay tía, la que habéis liado tu y Margarita.

    -C. Dios mío, Maribel, tú te has excitado también.

    Yo contesté con un: ¿tú que crees?, y a partir de ahí apenas dije una palabra en un buen rato, jugaba con mi rajita, pero no tenía prisa alguna. Me interesaba mucho más lo que sucedía frente a mí. Silvia se incorporó y se sentó al lado de su tía, entrelazo su mano con la suya y apoyó su cabeza en el hombro de Carmen.

    -S. (hablando bajito) Jo tía, que orgullosa estoy de ti, menuda experiencia, yo siempre te he visto como una mujer fuera de lo normal, por sexy y por guapa, cuando era pequeña me parecía que podrías ser actriz o cantante, no te veía como a mama, te veía como muy moderna. Ya sé que es de mala educación preguntarlo, pero, después de ese día, ¿volviste a estar con otra mujer?

    -C. Madre del amor hermoso, eres mucho mejor que todos los psicólogos de España juntos, pero no cariño, ahí se quedó la cosa…

    -S. Pero te gustó, al menos por como lo cuentas.

    -C. Pues sí, para que voy a negarlo, solo que la vergüenza que pasé no me dejó disfrutarlo, pero reconozco que sí, e incluso reconozco que cambié bastante a partir de ese día. Perdí cierto romanticismo y me volví más morbosa en cuestión de sexo. Empezamos a comprar revistas, cosa que nunca habíamos hecho, algún juguete erótico, ya me entiendes.

    -S. Jo, mira mamá, no dice ni mu, que entretenida está con su cojín, ¿que estará pasando ahí detrás?

    -C. Pobrecita, déjala que disfrute, ojalá pudiese yo.

    -S. Te da vergüenza, puedes ir al baño tita, y esto además no va a salir de aquí.

    -C. Si ya lo sé cariño, además a mí ya me da todo igual, pero ya ni me atrevo a tocarme, hace… ni me acuerdo de la última vez que disfruté haciéndomelo.

    -S. Pero ¿no llegas?

    -C. A veces me bloqueo y lo dejo, y otras llego, pero vamos, como si no llegase, ¡hija que vergüenza hablar con vosotras de esto!

    -S. No seas tonta, ¿con quién vas a hablar? Has probado con Internet, viendo vídeos y tal…

    -C. Por supuesto, y ya te digo que además soy muy morbosa, pero ni así…

    Si alguien ha estado alguna vez en el museo de cera sabrá el aspecto que tenía mi hermana en el momento en que Silvia comenzó a acariciarle el cuello con sus labios, petrificada miraba Carmen hacia mí y yo le pedía, le rogaba con la mirada que no la rechazará. Tardó varios minutos en empezar a relajar alguno de los músculos de su cuerpo, su respiración era atropellada, pero Silvia le besaba el cuello con tanta dulzura y tan despacio que consiguió que poco a poco se tranquilizase. Fue cuando empezó a susurrar en su oído, lo hacía con el volumen justo para que yo pudiese escucharla.

    -S. ¿Ves muchos vídeos de zoofilia?

    -C. (tragando saliva antes de contestar) Alguno.

    -S. ¿Y sado?

    -C. A veces.

    -S. ¿Qué vídeos te gustan más?

    -C. Me da vergüenza.

    -S. ¿Te gusta cómo te beso el cuello?

    -C. (mirando hacia mi como buscando mi aprobación) Si, claro que me gusta.

    -S. Por qué no te acaricias mientras yo te beso el cuello. A mí me encantaría que lo hicieses.

    Las dos al unísono tiraron del vestido de Carmen hasta que quedó remangado en su cintura. Yo, estaba tan absorta por lo que ocurría frente a mí que creo que hasta dejé mi coño en paz por un rato. Carmen llevaba uno de sus minúsculos tangas, naranja, lo recuerdo perfectamente, Silvia sin cortarse ni un pelo introdujo su pulgar entre el tanga y la cadera de su tía para quitárselo y tras otra mirada hacia mí la mano derecha de Carmen colaboró tirando del tanga por el otro lado. Silvia lo desenredó de entre los tobillos y se lo llevó a la nariz.

    Dicen que el placer que una mujer puede dar a otra no tiene nada que ver con el de un hombre. Desde luego un hombre en el sitio de Silvia ya se habría corrido en la boca de mi hermana después de follarla como un poseso durante diez minutos. Pero Silvia supo tener toda la paciencia del mundo.

    -S. Tita, se obediente y acaríciate esos muslos maravillosos que tienes. Son preciosos, abre un poco las piernas, pero no te toques el coño, primero tienes que perder la vergüenza, sino te va a pasar como en la fiesta, no podrás disfrutar…

    -C. Estoy bien, estoy bien, solo que, bueno, esto no… no sé, no sé qué decir, me ha encantado cuando olías el tanga… dios mío, debo estar soñando.

    Silvia volvió a coger el tanga y se lo introdujo poco a poco en su coño.

    -S. ¿Puedo quedármelo?

    -C. Por supuesto.

    -S. Me encanta tu orejita, no quiero hacerte cosquillas.

    -C. A mí me gusta sentir tu voz y tus labios junto a ella.

    -S. A ver si adivino entonces que videos morbosos buscas en Internet. ¿Orgias?

    -C. Frio.

    -S. ¿Jovencitas?

    -C. No necesariamente.

    -S. Caray tita, ya lo sé, ya sé lo que buscas, lo que pasa es que lo buscas, pero no lo encuentras.

    Quizás Silvia estuviese muy tranquila, lo parecía desde luego, pero mi corazón y el de Carmen se podían oír golpeando en nuestros pechos. Mi hija se puso en pie, rodeó tranquilamente el sofá que habían compartido y por su espalda ayudó a su tía a quitarse el vestido como si fuese un jersey, besando su espalda liberó los tres corchetes que cerraban el sujetador y la fuerza de la gravedad hizo el resto dejando dos maravillas que reposando a la altura de su ombligo.

    Carmen se quedó completamente desnuda frente a mí, con sus curvas, con sus virtudes, con sus defectos, en ella hasta los defectos excitaban, su poquita celulitis la hacía todavía más apetecible, sus kilitos de más… su pudor intentando aparentar normalidad cuando aquello de normal no tenía nada. Silvia simplemente nos volvió locas y a partir de ese momento yo perdí totalmente el sentido del tiempo.

    Mi hija, no regreso al sofá con Carmen, mi butaca, aunque individual era muy holgada. Tiemblo mientras escribo estos párrafos.

    -S. Jo tita, en Internet buscas lo que buscamos todas, lo que pasa es que todo lo que hay es falso. Pero nosotras te vamos a regalar algo que muy poca gente habrá visto, esto es de verdad y además nosotras somos de carne y hueso.

    Silvia se sentó en mi coló con cuidado de no lastimarme y comenzó a besarme. Conmigo no iba tan despacio… me metía la lengua hasta la garganta, yo me quedé petrificada al punto de que mi hermana creyó que aquel era nuestro primer beso. Silvia solo dejaba mi boca para dirigirse a mi hermana, que tenía las piernas abiertas y toda la palma de la mano frotando su coño arriba y abajo.

    -S. ¿A qué no me equivoco tita? No digas nada, ya veo que no. Ya verás como llegas y llegas bien, yo voy a seguir disfrutando de la boquita de mamá que cuanto más disfrute yo aquí más disfrutaré tu ahí.

    Como sonaba la voz de Silvia no puedo describirlo, lo que sí puedo decir es el efecto que producía, era como narcotizante, nos tenía dominadas a las dos, su tono tenía un punto burlón, cierto aire de superioridad hacia nosotras, no sé, hubiésemos hecho lo que nos hubiese pedido.

    -S. Mami gírate un poco para que la tía nos vea bien y nosotras a ella. Tía, tienes un cuerpazo, me encanta verte ahí pajeándote, me pones a cien, disfruta por favor, esto es para ti, esto es incesto verdadero y no lo que ves en Internet.

    Carmen seguía frotando, toda la palma de su mano contra su vagina, por ayudarla a depilarse yo sabía que sus labios internos son enormes, oscuros y carnosos, y me di cuenta que disfrutaba mucho restregándolos contra la entrada de su coño, pero cuando Silvia dejó un momento mi boca, vi que ya estaba trabajando su clítoris con la yema de su índice. Por si ver a madre e hija morreándose frente a ella no era suficiente Silvia la animaba y la ponía más cachonda todavía.

    -S. Pide lo que quieras tita, hoy es tu día, pide lo que quieras… ¿quieres que desnude a mamá?

    Carmen asintió con la cabeza entre gemidos y Silvia me quitó el vestido como antes se lo había quitado a ella. Entonces Silvia comenzó un ir y venir de mi sofá al de Carmen, nos besaba y se llevaba saliva de la una para dejarla caer en la boca de la otra. Luego nos regalaba su lengua húmeda y caliente, suave, que hundía hasta nuestras gargantas. Que sensación besar unos labios de mujer, es tan diferente a besar los de un hombre, tienen una suavidad, una dulzura. Con la lengua de su sobrina en la boca y casi llorando se corrió mi hermana delante de mí. Me fascina la manera como se masturba y ahora la imito a veces, dejó el clítoris y se corrió frotando de nuevo sus labios con la palma de la mano, me alegro por ella, hay que estar muy caliente y muy bien lubricada para correrse así, pero el espectáculo que acababa de presenciar no era para menos.

    Silvia se la comió a besos, besos de sobrina.

    -S. ¿Te ha gustado? ¿Te has corrido bien?

    -C. (tapándose la cara con las manos) ¿Como no iba a gustarme? Que dios me perdone, soy una depravada, como me conoces cariño, pero no hacía falta, o si, no lo sé, que vergüenza…

    Creímos que iba a llorar y fui a abrazarla junto con Silvia.

    -S. (acentuando más el matiz imperativo de sus palabras) Tita, no pierdas el tiempo con lloriqueos, tienes el resto de tu vida para lamentarte. ¿Y sabes lo que te digo? Pues que vas a tener mucho más de que lamentarte.

    Silvia salió en dirección al pasillo sin avisar y yo casi me muero, no quería ni podía quedarme a solas con mi hermana, no ese día, quizás al día siguiente o más tarde, pero en ese momento no sabía que decir, creo que ella sentía exactamente lo mismo y salimos disparadas tras Silvia, además nos estábamos meando.

    Silvia nos pidió que esperáramos, había entrado en mi habitación, Carmen y yo entramos al baño y debió transcurrir un eterno minuto en silencio. Por fin Silvia entró con un cinturón de cuero azul cielo, largo y estrecho que era de un abrigo mío, sonriendo me lo colocó en el cuello, sin prisa suavemente, yo no me había corrido en la cocina y mi chocho tenía una capa de nata como un pastel de boda, ahora además latía, los golpes que daba mi corazón, retumbaban al instante en él.

    -S. Ponte a cuatro patas mami y entra en la bañera.

    La bañera del baño de mi habitación es grande y redonda.

    Silvia se quitó el vestido y por primera vez Carmen pudo verla desnuda. No disimulo lo más mínimo y la miró de arriba a abajo. Ahora estábamos las tres desnudas y yo dentro de la bañera a cuatro patas. Carmen alucinaba, pero yo, viendo sus ojos y su cara, perdí ya el miedo a que aquello pudiese acabar mal.

    -S. Vamos tita, entra en la bañera y mea sobre ella, le va a encantar, voy a recogerle el pelo y la riegas toda que te has tomado varios gin-tonics y debes tener ganas.

    Vi los pies de mi hermana y noté que Silvia tiraba hacía atrás del moño que acababa de hacerme. Levanté mi cara y al momento tuve que cerrar los ojos. Que morbo.

    -S. (aplaudiendo) Si, perfecto tita, así le gusta a la perra de tu hermana, rocíala toda, mira como abre la boca, dime que te gusta.

    -C. (empezando a desinhibirse por primera vez) Me gusta, me gusta, con vosotras me gusta todo, pero no la llames perra pobrecita.

    -S. Ya verás como tú también acabas haciéndolo. Seguro que a Margarita algunos de los perros también le lamian el coño, ¿a que sí? Pues siéntate y abre las piernas que esta perrita te lo va a hacer a ti.

    Carmen no lo dudó un momento y se sentó al borde de la bañera sobre unas láminas de madera. Silvia tiró de la correa y acercó mi cara al coño abierto de mi hermana, la oí gritar al sentir mis labios sobre los de su coño, estaba salado todavía, muy rojo, pero por la entrada bajaba un torrente de flujo como probablemente hacía años que no fluía. A pesar de la diferencia de edad el coño de mi hermana estaba tan bien lubricado y tan sabroso como el de mi hija, mientras yo me lo comía ellas seguían hablando como si nada. Carmen alucinaba y contestaba entre suspiros y sollozos mientras mi lengua y la punta de mi nariz la mataban de placer.

    -S. Te veo muy bien tita, es increíble este cuerpo que tienes, luego me lo tienes que dejar para mi sólita…

    -C. Lo que quieras, puedes hacer conmigo lo que quieras, bueno, las dos, Maribel también, ¡qué noche me estáis dando!

    -S. Voy a mearme sobre tus tetas, me apetece muchísimo.

    -C. Hazlo en mi cara por favor, en la cara…

    Temí por un momento que Silvia resbalase y se hiciese daño, miré hacia arriba y vi que estaba de pie, meando como un hombre sobre la cara de su tía, abriéndose el coño con dos dedos para que la uretra pudiese acertar en la boca de su tía. Enseguida la orina de Silvia fue bajando hasta pasar entre las piernas abiertas de Carmen y calentita mojar todo el chocho mientras yo, con mi cabeza y mi cara empapada por la meada de mi hermana disfrutaba de aquel extra de placer, me comía el coño de mi hermana mojado por la meada de mi hija. ¡Que descontrol!

    -C. Tenías razón…

    -S. ¿En qué?

    -C. En qué yo también acabaría llamándole perra a tu madre, y que poco he tardado… es que me lo está haciendo tan bien la muy perra, claro, como es mujer sabe hacer que no me corra, dios, me va a matar, joder, me da vergüenza preguntarlo, pero me muero de curiosidad

    -S. Si tita, no hace falta que lo preguntes, nosotras follamos, el vicio que te está dando hoy a ti me lo dio ayer a mí, y varias veces.

    -C. Madre del amor hermoso…

    -S. Pero desde hoy a ti no te va a faltar un buen polvo siempre que lo necesites.

    -C. (sonriente) Joder, pero mira que yo cuando me pongo soy insaciable.

    -S. Vamos a la cama, secaros un poco.

    Silvia nos dejó solas y nosotras nos tumbamos sobre mí cama de matrimonio. Esta vez cuando regresó no nos encontró en silencio, estábamos abrazadas besándonos y Carmen trataba ya con su mano derecha de correrse de una vez… Eso sí, teníamos los ojos cerrados, al menos yo, aunque parezca mentira nos moríamos de vergüenza.

    -S. Alto, esa mano, aquí mando yo, por lo menos de momento.

    Oímos un sonido que solo podían ser los botellines de tónica que nos habíamos tomado.

    -S. Poneros boca abajo, como si estuvieseis en la playa tomando el sol… madre mía, que culazos, me gustan los dos, os voy a dar un masaje en el ojete, Mami, quítate el collar ya si quieres, relajaros, voy a poneros un poco de crema.

    Como si lo hubiera hecho cientos de veces Silvia se arrodilló sobre la cama, entre nosotras dos, sentí un chorro helado de crema hidratante caer entre mis nalgas abiertas y el dedo de mi hija empezando a trabajar mi ojete, a mi lado Carmen recibía el mismo premio y por increíble que parezca consiguió calmarnos y relajar nuestro esfínter en cuestión de segundos. Me apetecía muchísimo mirar a mi izquierda y ver a mi hermana disfrutar con el dedo de Silvia metido en el culo, me daba tanta vergüenza, sin embargo…

    -S. Tita, súbete sobre mamá, y la besas como si fuese tu novia, ponte sobre ella como si fueses a follarla y comete su boca.

    A Carmen le faltó tiempo para colocarse sobre mí y apartar mi pelo para acariciar un momento mis mejillas y darme un beso como probablemente no daba hacia décadas, las dos sentimos, casi al unísono como los botellines vacíos se hundían en nuestro ojete, que sensación, la boca deliciosa de mi hermana fundida con la mía y el suave cristal manejado con maestría por Silvia que entraba y salía de nosotras. El sonido aquel se me ha quedado grabado para siempre, nuestros culos llenos de crema y Silvia clavando y desclavando sin miedo las botellas.

    -S. Vale, ahora voy una por una, que con las dos no puedo, vosotras seguid comiéndoos las bocas, te toca a ti primero tita, te voy a dar para que te corras.

    -C. Llegas tarde cariño, ya me he corrido varias veces, pero tu dale que si me matáis de gusto me muero feliz…

    -S. Caray tita, tú y yo tenemos que hablar, creo que puedo aprender mucho de ti, desde ahora voy a visitarte mucho, te lo prometo. Joder tienes todo el botellín dentro, tendrías que verlo.

    Porque Carmen no era capaz de besarme me di cuenta de lo generosa que Silvia estaba siendo con el improvisado falo de cristal, no era capaz ya de besarme y saborear mi lengua con su boquita, la necesitaba para tomar aire y no ahogarse, respiraba atropelladamente, bueno, las dos lo hacían, porque mi hija jadeaba y susurraba algún insulto inocente. Me di cuenta de que Carmen se estaba llevando lo suyo y lo de Milagros, sin verlo porque tenía a Carmen sobre mí, sentí que la manera en que la destrozaba el culo denotaba algo de rabia, de revancha absurda con el pasado. En cualquier caso, yo me sentí aliviada cuando me di cuenta de que mi hermana estaba teniendo el orgasmo de su vida, dejó caer todo su peso sobre mí y noté su cuerpo temblar y suplicarle a Silvia que parase ya. Con Carmen empleando lo poco que le quedaba de energía para erguirse y dejar caer sus pechos sobre mí cara, siguiendo las órdenes de Silvia, noté el vidrio recién salido de su culo entrando en el mío, estaba caliente, todo lo contrario que la crema que Silvia me había puesto. Creo que a mí me penetro con algo más de suavidad, me encanta todo lo que sea sexo por detrás, y si encima puedo jugar con los melones de mi hermana eso ya es el paraíso. Silvia se dio cuenta y me dio mi tiempo para disfrutar de esas dos maravillas. Que infantil me sentía jugando con ellas, golpeando una con la otra, aplastándolas para acercar los dos pezones, chupándolos para que aumentasen su tamaño. La tregua de Silvia se acabó y comenzó a follarme con fuerza.

    -S. Jo, Mami, agárrate al culo de la tía, imagínate que es ella la que te penetra, joder, tenemos que comprar un chisme de esos con cinturón para follarnos, así, agárrate a sus nalgas y verás lo bien que te lo pasas.

    Y tanto, me lo pasé muy bien, mi hija decidió alternar coño y culo, me metía todo el vidrio hasta el fondo por delante y luego por detrás, así, si más, sin frotar ni nada, a mí nunca se me habría ocurrido, no sabría decir por donde me gustaba más, entraba tan fácil, yo estaba tan relajada, Carmen reunió fuerzas para volver a besarme, me di cuenta que aun queriendo mucho a mi marido y adorando a mi hija, llevaba toda mi vida enamorada de mi hermana, aquel orgasmo que Silvia me provocó con el botellín de tónica mejor aprovechado de la historia fue distinto a ningún otro, durante años me engañe pensando que mi atracción por Carmen era solo vicio y lujuria, aquel día corriéndome a gritos, abrazada a ella, quedó claro que no, que había mucho más. Recuerdo la cara de Silvia esbozando una sonrisa y mirándome fijamente, mientras yo me comía a besos a Carmen, mi hija no es tonta, sabía que aquel orgasmo no había sido como los que tuve con ella, no estaba celosa, era una sonrisa como de sorpresa, la misma que me había dado yo a mí misma a mis cincuenta. Estaba loca de amor por mi hermana, no era solo vicio y sexo. Por suerte la única que no se había dado cuenta era Carmen, no quería que lo supiese. Creo, no estoy segura, que nos dimos un momento de tregua.

    Lo que sí recuerdo fueron las palabras de Carmen tapándose su cara con las manos mientras las tres tomábamos aliento tumbadas desnudas sobre la cama.

    -C. Por dios, no voy a ser capaz de miraros a la cara el resto de mi vida… mira que me lo he pasado bien, bueno, me lo estoy pasando muy bien, pero mañana me voy a morir de vergüenza.

    Silvia nos preguntó nuestros respectivos pesos y junto con el suyo sumábamos 192 kilos.

    -S. Ciento noventa y dos kilos de hembra hambrienta para que disfrutes todo lo que quieras tita. Acaso, ¿te has acordado en toda la tarde de tu separación?

    -C. No cariño, me lo he pasado mejor que nunca…

    -S. Entonces, ¿cuál es el problema?

    Carmen no contestó, yo sé que de las tres ella es la única con cierto sentimiento religioso y que lo que para nosotras no era fácil para ella sería mucho más difícil, sin embargo, giró algo su cuerpo y acercó su cara al coño de Silvia, comenzó a pasarle la lengua y a besarlo.

    -C. Nunca pensé que comerse un chochito fuese algo tan rico.

    -S. Que te ayude mamá.

    Me uní a mi hermana y nos fuimos alternando, repartiéndonos muslos y coño e incluso a veces lo lamiamos las dos al unísono, desprendía un olor maravilloso, limpiamos todo el flujo incluido todo el que se había secado sobre el poco pelo que lo adornaba. Brillaba como si fuese de cristal pulido y tanto sus labios internos como el clítoris estaban inyectados de sangre, se veían rojos e hinchados, Silvia repetía que entre las dos íbamos a matarla. De vez en cuando parábamos para besarnos Carmen y yo. Vi que Carmen se quitaba un anillo de su mano derecha y comenzaba a masajear con su dedo corazón el ojete de Silvia que abrió sus piernas todo lo que pudo. No hacía falta masaje, Carmen metió todo el dedo sin ningún esfuerzo hasta el fondo, yo hice lo mismo con mi índice por el coño y note como el dedo de Carmen movía el mío al girar haciendo círculos dentro del culo.

    -S. ¡Qué putas! ¡Qué putas! Como me gusta Mami, como me gusta, no he estado tan cachonda en mi vida.

    Silvia se reía y abría las piernas como nunca más he visto abrir unas piernas, se las sujetaba con sus manos por detrás de las rodillas y pedía más y más.

    Sacamos un momento nuestros dedos y tanto el coño como el culo de Silvia continuaron abiertos de par en par. Recuerdo que apenas hablé en toda la tarde noche, pero recuerdo que dije…

    -M. Hija que suerte tienes de que sumamos muchos años de experiencia entre las dos, tú solo avísanos si nos pasamos.

    Fuimos llenando de saliva su coño y el agujero del culo. Carmen volvió a meterle todo el dedo en el culo y Silvia gritaba de placer y así horas y horas y horas.

    Apuramos el largo puente hasta el último minuto, hicimos de todo. El martes era el último día, Silvia, que no tiene un pelo de tonta, nos despertó con un morreo a cada una, sabía que no sería fácil enfrentarnos a todo lo que había ocurrido allí el día anterior. Desayunamos las tres en silencio, Carmen estaba roja como un tomate, pero fue ella la que se refirió primero a todo lo que había pasado. De vez en cuando se nos escapaba alguna sonrisita nerviosa. Nos agradeció ser sinceras y haberle confesado que Silvia y yo ya nos habíamos liado antes de su aclamada historia con Margarita, si ella hubiese sido la causa de semejante embrollo le hubiese sido mucho más difícil.

    Acabamos liándonos de nuevo varias horas hasta que Silvia tuvo que irse hacia el aeropuerto. Carmen se fue con ella, no quería quedarse a solas conmigo. Estuve bastante preocupada durante unos días, me daba tanto miedo volver a vernos…

    Supe por Silvia que ellas se habían visto ya al día siguiente, según ella estuvo bien, pero me habían echado de menos. Quería creer que era cierto y no un cumplido, pero tuvo que ser Carmen la que rompiese el hielo y viniese a visitarme unos días más tarde.

    Coincidió con Silvia en que sin mí no se lo pasaban tan bien y sacó del bolso un folleto de una casa rural perdida en medio de la nada y el diario local abierto por la página del tiempo anunciando lluvia y viento para el fin de semana.

  • Mi cliente de $2500

    Mi cliente de $2500

    ¡Hola!  Soy Señorita Sedienta y a veces hago servicios sexuales, solo orales claro, porque desde que me separé de Martín mi ex en 2017, no tuve penetración nunca más (de pija) porque me dedique a salir con chicas.

    En cuestión tengo un facebook que uso para hablar con gente algunos son amables y otros son asquerosas e irrespetuosos. Entre tanta charla me encuentro con Mari y Edi, intercambiamos mensajes una tarde donde ella me expresaba su morbo de que su esposo salga con otra mujer. Pasaron tres findes y concretamos por un oral solamente. Le expliqué por qué, le dije que hacía mucho tiempo no estaba con hombres y además era un arreglo que yo tenía con Blanca, no habría penetración.

    Ah! Olvidé contarles; si, Blanca es mi novia llevamos 3 años juntas y sabe todo de mí. Coordinamos, me pasó a buscar por casa, le indique dónde encontrar un telo y allá fuimos. Cuando nos bajamos pude observar que Edi era alto, esbelto, con un buen porte. Tenía unos ojos azules increíbles, rubio y olía delicioso. Yo me saque el calzado, él paso por el baño y pagó en la ventanilla. Lo espere en la cama y el se recostó conmigo. Me acerqué a él y comencé a besarlo. Edi empezó a besarme rápido, cómo nervioso. Y después de unos minutos le digo «tranquilo». Y el se relajó. Los dos en la cama a los besos fuimos sacando poco a poco nuestra ropa. Ya su forma de besarme había cambiado, se disfrutaba más tenía una lengua digna del deseo de ser sentida entre mis piernas. No les puedo explicar lo duro que estaba. Y él me decía «que rica estás». Me acariciaba las tetas, la cola, comenzó a masturbarme y ya comencé a sentir que mi cuerpo tenía reacción, una reacción que no había tenido hace tiempo. Quería sentirlo pero dentro mío. Apenas apoye mi boca en su pija él empezó a gemir tan rico. Me decía cosas excitantes, acariciaba mi nuca de una manera muy suave haciendo un masaje lento e intenso a la vez.

    Edi estaba muy excitado, su rigidez no le permitía ocultarlo y yo le estaba dando la chupada de su vida, estaba prendida como un bebé. Ahí fue donde él me dijo que ya sabía que era solo oral, pero que quería cogerme. Y yo le dije, tengo un poco de miedo, no quiero que me duela hace muchos años no tengo sexo con un hombre. El prometió ser suave y se subió encima de mi. Me abrió las piernas, me beso tan rico que caí. Caí, me deje llevar por su mirada deseosa, apoyo la punta de su verga y de a poquito fue introduciendola. Y él se dio cuenta que empecé a gemir de a poco, cada vez crecía más y más el gemido… Lo agarré del pelo. Ese pelo rubio y suave que me encantaba. Edi no podía parar de decirme que rico, se siente tan apretadito (y si, estaba como virgen desde 2017 que no cogía, ya vieron en que año estamos). Me transportó al placer, me enloquecí, sentía como se verga dura y caliente entraba cada vez más. Cómo me mojaba con cada empujón. Empezamos a gemir juntos, mientras compartíamos la saliva con nuestras lenguas desesperadas.

    El me preguntaba si me gustaba y yo le decía que si. Y también le pedía más mientras él mordisqueaba mis pezones, se comía por completos mis tetas grandes que a Edi parecían encantarle. Yo desde abajo me movía suave y él como tal caballero que es, halagaba mis movimientos. Y así me cogió, rico, suave y profundo. Me acabe una y otra vez. Depsues de estar un rato así me preguntó dónde quería que me diera la leche, le dije «dónde quieras» y el repitió «dónde quieras vos». Te gusta en la boca? Le pregunté. Si, respondió. Y la sacó de mi concha toda empapada para darme toda la lechita en la boca. Me la lleno completamente. Nos recostamos y nos pusimos a charlar. Volvimos a repetir, doblemente delicioso. Me preguntó cuánto era, solo habíamos arreglado $2500 por un sexo oral. Le cobre $3000, no sentía empatía por el gasto, pero si era honesta con mi cuerpo… Me pagó. Me dejó en casa y volvió a su ciudad. Claro, el había viajado 50km para verme. Su mujer me mandó mensaje para decirme que Edi la había pasado bárbaro. Yo súper feliz, lo que ella no sabe es que su marido me la hizo pasar como un gladiador.