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  • La aventura continúa

    La aventura continúa

    En mi relato anterior “Una venta diferente”, relato como conocí a Guillermo y la primera aventura.

    Han pasado varios meses de esa venta y que conocí a Gerardo y su socio, aún sigo recordando esos momentos fueron mágicos, aun me hace reaccionar solo el recuerdo, hace un par de días recibí un mensaje en el cual Andrea me preguntaba como lo había pasado en la cena de celebración por la compra de la casa, me quede helada y solo dije bien la disfrute, ella me respondió, estamos planeado ir este próximo fin de semana estas disponible, le respondí que si, le mande mensaje confirmándole y me dice que nuevamente ella no podrá venir que solo estará Gerardo le pregunto por Luis y me responde que está de viaje.

    No sé qué voy a vestir, mi mente está dando vueltas, porque descubrí que la sensación de ser observada y captar la mirada de los hombres es algo que me encanta, me gusta provocarlos y tener su atención. Llego a casa y voy al vestidor reviso opciones y un vestido pudiera ser pero no lo sé, doy con una blusa gris que es transparente busco una falda de algodón negra muy ceñida al cuerpo, solo me falta decidir la lencería que voy a usar, los zapatos ya están decididos, es delicioso como mi excitación por estar a solas con Gerardo crece y me pone cachonda.

    Al día siguiente a la hora de la comida voy al centro comercial a buscar la lencería no sé exactamente lo que quiero pero tengo una idea, entro a la tienda y, encuentro la tanga, es diminuta y transparente de gasa color negra, el bra es negro de gasa completamente transparente lo pido en color gris o nude me lo traen nude, entro al probador, me lo pongo y la sensación es deliciosa inmediatamente mis pezones reaccionan al rose se siente delicioso sin pensar me lo quito y voy a pagarlo, mi atuendo está completo.

    Los días transcurrieron y llegado el dia, mi excitación fuera en aumento por la mañana hago mis labores ya llegada la tarde me dirijo a la habitación, tengo tiempo suficiente para arreglarme, antes que otra cosa paso por la cocina para servirme una copa de vino para calmar los nervios y relajarme un poco, ya en la habitación me dispongo a entrar en la ducha esta ves quiero que sea diferente pongo la ropa en la cama y no en el vestidor, tomo un sorbo y entro a la ducha, humm creo que estoy más excitada que la ves anterior tal vez porque ya se lo que va a suceder y me encanta, termino mi baño tomo una toalla y me dirijo a la recamara mientras me seco, ya en la recamara me pongo frente al espejo y comienzo mi ritual, unto crema en mi cuerpo y la sensación de mis manos recorriéndolo, desencadenan todo tipo de sensaciones que me llevan a una excitación total, mi respiración se entrecorta y mis pezones se endurecen, volviendo de ese estado tomo la tanga y me la pongo es tan diminuta y transparente que pudiera decir que tapa lo mínimo y se pierde en mi trasero me hace estremecer, tomo el bra y me lo pongo siento como si no trajera nada la tela se pega a mis senos y resalta mis pezones que están súper erectos tengo que controlarme, tomo las medias y me las pongo, me tomo unos minutos para mirarme al espejo en verdad me veo sexy y me hace sentir cachondisima si me comienzo a mojar la tanga no va a ser suficiente me voy a literalmente chorrea hummm me excito mas solo de pensarlo. Tomo la blusa me la pongo y la falda, voy por mis zapatos al vestidor, ya de regreso conforme me acerco al espejo me sorprende lo sexy que me veo humm mis grandes nalgas se resaltan y por la tela que es delgada y se estira, se transparenta un poco y la blusa que es de licra se estira y pega al cuerpo, uff es algo de infarto, suena un mensaje tomo el teléfono y es Gerardo que me envía la ubicación del restaurante y me confirma la hora, me da tiempo suficiente para llegar.

    Tomo mi bolsa y termino mi copa, a la aventura, antes de bajar tomo la bolsa y entro al restaurant, veo a Gerardo que está del otro lado del restaurante y me mira, me enfilo a la mesa, paso por todo el salón y puedo sentir como me siguen las miradas, ya en la mesa me dice que si voy a pedir vino como la vez pasada, lo que él no sabe es que hoy vengo atrevida y dispuesta a todo, no mejor quiero un vodka, él sonríe, puedo ver que me observa atento y me comenta que me veo muy bien, no le doy mucha importancia sigo con la plática y traen los alimentos, terminamos y las miradas lo dicen todo. Me sugiere ir al bar y acepto, le comento que paso al tocador y lo alcanzo, camino de forma cadenciosa y exagerando un poco los movimientos de cadera aunque no lo veo pero sé que él me está mirando y lo está disfrutando al igual que todos los que me cruzo a mí paso, llego al tocador, entro a un baño, cierro y me quito el bra, arreglo la blusa y es una sensación diferente deliciosa, también me quito la tanga, está la llevo en la mano, salgo y frente al espejo noto que mi excitación aumento, se marcaron aún más mis pezones hummm, voy a dar un buen espectáculo en mi camino, la sensación de ir sin nada debajo y las miradas hacen que mi excitación sea más que notoria, mis pezones perfectamente marcados y mi conchita más que mojada.

    Al paso por el restaurante fue glorioso esas miradas que traspasaban la tela y recorrían mi cuerpo me hace sentir mas segura y poderosa, esas reacciones puedo olerlas puedo ver como sus cabezas giran a mi paso, humm me pusieron al 100, entro al bar y me dirijo a la mesa su mirada me acompaña, antes de sentarme hago una pausa para que pueda verme perfectamente, me siento, toma su copa y su mirada lo dicen todo, mi vodka está servido brindamos y seguimos la plática y no puede dejar de mirarme me sonroja, me hace halagos, me mira fijamente y me dice que quiere volverme a ver de pie, el solo hecho de pensarlo me hace vibrar, le comento que hay gente a lo que me responde hay algún problema, eso fue un reto, hecho una mirada y veo la barra tomo un trago dejo el vaso y me levanto lo miro fijamente y le susurro esto es para ti al mismo tiempo que dejo caer la tanga en sus piernas, camino lenta y cadenciosamente sé que me mira y todos los que están en el lugar.

    Pude notar que soy la única mujer llego a la barra me recargo y paro el culo para que pueda o puedan deleitarse, al hacerlo la tela se estira y la transparencia es mayor, sé que me están mirando le pido al cantinero un vaso de agua me lo da, doy la vuelta y regreso a la mesa camino y siento como sin el bra mis senos se mueven y eso me excita de más siento como mis pezones se ponen duros, llego a la mesa me siento y tomo mi copa, el ríe y toma su copa, me cometa sensacional seguimos la plática me doy cuenta que su mirada está perdida en mis senos, hecho una mirada y veo que nadie me mira, volteo mi cuerpo un poco y llevo discretamente mi mano al seno derecho lo acaricio y aprieto ligeramente mi pezón, eso hace que reaccione inmediata mente y lo noto en cómo se mueve en el sillón, me comenta que ya no puede más da un trago largo y pide la cuenta, me pide la llave para el auto, busco en mi bolso y tomo la llave y se la doy, me paro camino lento y cadencioso delante de él.

    Sé que su mirada me acompaña clavada en mi trasero mientras las miradas de los demás me hacen excitar me encanta, llego a la entrada, subimos a la camioneta y seguimos platicando yo no dejo de provocarlo, él se ve que lo disfruta, llegando a un semáforo, me toma de la pierna y me transmite su excitación, tomo la iniciativa y pongo mi mano sobre su pene y comienzo a tocarlo, el hecha un poco para atrás el asiento para hacer lugar y entiendo el mensaje, bajo su cierre, meto mi mano Y tomo su pene, el ayuda zafando el cinturón y desabrocha su pantalón, tomo su pene y comienzo a masturbarlo me inclino y comienzo a hacerle sexo oral, puedo sentir su excitación y como crece su pene y se pone más duro, al principio solo juego con mi lengua en la punta y lo lamo por completo, poco a poco lo meto en mi boca y casi de inmediato ya tengo más de la mitad adentro, humm, siento como su mano recorre mis senos y toma mis pezones eso me prende y me hace seguir en mi labor, después de unos momentos me incorporo y él toma aire lo dejo relajarse, me vuelve a tomar de la pierna y trata de subir la falda, pero estamos por llegar se recompone y cierra el pantalón, estacionamos y entramos al departamento, lo primero fue un beso tan sensual tan profundo que termina por derretirme, mientras me toca siento sus manos como recorren todo mi cuerpo y eso me enciende, nos separamos y él se para a servir unas copas y poner música, yo me quito la blusa y la falda y me quedo solo con las medias y los zapatos, me siento en la sala a esperarlo, se sienta a mi lado está que explota, nos besamos sus manos recorren mis senos y los besa mordisqueando deliciosamente mis pezones, lo separo y hago que se levante se desnuda y queda frente a mi tomo su pene.

    Y empiezo a mamarlo desde la raíz hasta la punta y después de una forma profunda, solo siento como reacciona y me toma por la cabeza, está casi a punto de estallar, lo meto todo a mi boca y me safo, se deja caer en el sillón y yo tomo mi copa y de un trago casi tomo la mitad me paro frente a él, toma un respiro y su copa el casi la termina de un trago, sube una de mis piernas a la mesa de centro, se arrodilla y me hace sexo oral, si estaba mojada ya estoy chorreando, no puedo aguantar más y tengo un orgasmo mi cuerpo se tensa, lo empujo al sillón y me subo a él tomo su pene y lo pongo en mi concha, me lo deslizo poco a poco en él y comienzo a cabalgar, tanta es mi excitación que de inmediato nuevamente tengo un orgasmo y mi cuerpo tiembla, pero él no para la sensación se incrementa, subo y bajo, no se detiene me toma por los senos y comienza a besarlos, mordisquea mis pezones, eso me pone aún más cachonda y es como si el orgasmo se extendiera, me abrazo a él y siente como vibra mi cuerpo me abraza y me pone de rodillas en el sillón me recargo en el respaldo y siento como se aproxima a mí me penetra y comienza el mete y saca rítmico despacio, al unísono toma mis senos y comienza a masajearlos.

    Se retira un poco sin bajar el ritmo, toma mi culo y lo abre ligeramente y vierte un poco de lubricante, con un dedo comienza masajear mi ano, es una sensación extraña pero a la vez placentera, por un momento dudo y al sentir Gerardo que le iba a quitar la mano, acelero el ritmo lo incrementa y me hace gritar por un momento olvido el dedo que intenta entrar en mi ano, recobro un poco el aliento y siento como ese dedo se introduce lentamente, me provoca dolor pero es soportable y a la vez resulta placentero.

    Escucho una voz que dice te gusto, no puedo hablar solo afirmo con la cabeza y sigo sumida en mi delirio, es fenomenal siento como su cuerpo choca con el mío, mi excitación es más y más estoy a punto de otro orgasmo, la sensación de su pene y su dedo me ha puesto muy cachonda no lo puedo evitar y tengo otro orgasmo, mi cuerpo se sacude, el saca su dedo yo me trato de incorporar y el me ayuda, me endereza y me besa el cuello es increíble se detiene, me voltea y antes que me penetre me incorporo y meto su pene en mi boca, se tira al sillón yo me arrodillo y lamo sus testículos, su pene en toda su extensión esta durísimo y excitadísimo me detiene y me pone boca arriba en el sillón se aproxima y me penetra es algo delicioso ambos estamos súper excitados lo puedo sentir ambos estamos que estallamos yo aún no dejo de estremecerme por el orgasmo, comienza suave pero incrementa paulatinamente el ritmo se vuelve frenético ya no puede parar y o no quiero que lo haga me pide venirse dentro lo tomo con las piernas y explota dentro de mí al mismo tiempo que yo también tengo otro orgasmo ambos terminamos y queda enzima de mi, nos incorporamos lentamente, voy al baño, mis piernas tiemblan.

    Ya en el baño me recupero regreso y voy recuperando mis cosas me visto y el sigue en el sofá me aproximo nos damos un rico beso apasionado y me dirijo a la puerta al salir volteo y ambos solo decimos, hasta la próxima.

  • Madre e hija amantes del mismo hombre

    Madre e hija amantes del mismo hombre

    Me llamo Carmen, tengo 48 años, soy secretaria en una empresa de mensajería, vivo en Madrid, soy casada con Efraín de 62 años quien trabaja de vigilante en un colegio y un hijo llamado Martin que trabaja como cajero en un banco.

    Esta historia se remonta hace muchos años atrás cuando yo estaba en la universidad estudiando. Un buen día salí temprano de la universidad y llame a mi madre Sofía para decirle que iba a hacer un trabajo con unos amigos al colgar la voz de mi madre la encontré un poco agitada le pregunte que le pasaba y me dijo que estaba haciendo el aseo del baño, al terminar de hacer el trabajo en la casa de uno de los amigos y comer una pizza.

    De regreso al entrar a casa escuche unos gemidos que provenían de la cocina así que camine lentamente y al mirar lo que descubrí me desconcertó, mi madre sin ropa, totalmente desnuda apoyada en el lavaplatos y un tipo por detrás con el pantalón y el bóxer abajo la empujaba con su cuerpo rítmicamente, empujaba una y otra vez, adelanta, atrás, adelante, atrás y así sucesivamente, ella se quejaba gimiendo cada vez más, Asiii Antonio… Asii… Ahhh… Uhh… me encantaa, luego le dijo Antonio que iba a terminar y termino lanzándole unos chorros de semen en las nalgas, luego mi madre le dijo a Antonio que la acompañara a darse una ducha así que los seguí y vi entrar a ambos en la ducha mi madre abrió la ducha y al rato salieron, luego mi madre lo llevo a su habitación, de lo confiados y desesperados que estaban olvidaron cerrar la puerta.

    La beso un rato y seguido mi madre se arrodilló frente a él bajando sus pantalones junto con su bóxer dejando al descubierto un pene flácido pero de buen tamaño y un par de testículos colgando con un poco de vello… Mi madre comenzó a chupar lentamente su miembro, succionando y estirándolo poco a poco mientras él acariciaba su pelo y suspiraba viendo cómo se comía su verga: »Ohhh… Ayyy Sofía… Me encanta como me la mamas. Luego Antonio le dijo a mi madre que se acostara en la orilla de la cama mi madre lo hizo y el de pie coloco sus piernas en sus hombros y comenzó a penetrar lentamente a mi madre quien suelta un gemido al sentir ese miembro dentro: »Ahhh… Ahhh… Ayyy que rico Antonio…» él comienza a moverse más y más rápido aumentando también la fuerza al penetrar: »Ohhh, te gusta Sofía?… Te gusta cómo te doy vergaa? mmmm ayy Sofia mmmm apenas viene lo bueno…»

    Dicho eso comenzó a penetrarla más duro, sólo se oían sus gritos de placer y dolor al son de sus huevos pegando contra las nalgas de mi madre con cada embestida que le daba… »Ahhh!!!… Despaciooo! Despaciooo!! Ah!!! No seas tan brusco Antonio Ahhh Ahhh!!!…”

    Él continuaba su mete y saca brutal contra mi madre ignorando sus gritos… »Aguanta Sofía aguantaaa, uhhhh, ya voy a terminar Sofía, ahh aghh…» Despues de unos 20 minutos de intensa penetración, sacó su verga y le dijo: »Ponte en 4 , que voy a montarte como tu semental…» mi madre lo hizo y entre gemidos le decia: »Mmmm siii Antonio móntame. El se puso detrás de ella y de 2 a 3 metidas leves, comenzó a penetrarla más y más fuerte…»Ahhhh!! Ahhh!! Ayyy siii Antonio asiii!!! Ahhh!!! Damee! Dameee!!…» Él le daba nalgadas mientras jalaba su pelo y besaba y mordía su espalda sin parar de embestirla una y otra vez, sus senos se movían de un lado a otro sin parar. Yo estaba muy excitada al ver y oír como la cogía como un toro y al escuchar los gemidos/gritos de mi madre combinados con el ruido de sus nalgas chocando contra su pelvis de aquel tipo.

    Te gusta Sofía? Te gusta que te haga mi puta y te monte asii de ricoo? Ufff, ayy Sofía que rico culo tienes…» Tras un buen rato, le pegó 3 embestidas lentas pero duras que hicieron que mi madre cayera boca abajo con él encima de ella mientras gemía de placer al estallar en un orgasmo de placer. »Ahhh!!!! Ayyy que ricooo!! Que ricooo! Ahhh!!!» él se pajeaba mientras mi madre se venía…

    Luego se subió en mi madre aún boca abajo y colocó su verga entre sus nalgas y poco a poco fue penetrándola hasta tenerla toda dentro de su ano… »Auchh!! Despacio Antionio!! Ahhh me dueleee!! Ahhh!!!…» él se movía duro y lento encima de mi madre, tallando su vientre y sus huevos contra sus nalgas mientras su verga abria camino en su culo… »Ufff ya Sofía ya casi termino que ricoo aprietan estas nalgas mi hembra!! mmmmh!! Disfruta como te ensarta tu macho mmmm…» De pronto comienza a bombearla con más intensidad… Ella mordiendo y apretando las sabanas mientras soporta la verga de ese animal entrando y saliendo sin piedad de su ano… »Yaaa por faavorr Antonio!! Aaaahh!! Yaaa!!!»…

    Al cabo de unos 20 minutos por fin le pega las embestidas finales, sus huevos golpeando las nalgas de mi madre ya rojas de tanto penetrarla… Bramando como toro se queda pegado en su culo mientras descarga todo su semen en ella… »Ohhh!!! Ten Sofía!! Aghh!!! Tomaaa mi semen ahhh ahh que ricooo!!!» Finalmente, cae encima de ella y comienza a besar su espalda mientras frota su verga entre las nalgas de mi madre llenándolas de semen restante hasta que su miembro se encoge…

    Se tumba al lado suyo y comienzan a besarse apasionadamente mientras ella acaricia sus testículos vacíos y el masajea sus nalgas con su semen entre ellas… Después de estar así unos minutos, él se levanta y comienza a cambiarse despidiéndose de mi madre no si antes decirle que la volverá a llamar cuando su esposo no este. Esa relación siguió durante varios años.

    Vamos a lo más reciente. Un buen día mi madre me llamo y me dijo que fuera a una entrevista que había conseguido con Antonio un hombre de 60 años que era un conocido lo que no sabía mi madre era que yo sabía que Antonio había sido su amante, así que llegue a la entrevista y al siguiente día me ubicaron en el puesto de secretaria me entrenaron durante una semana y hasta el día de hoy sigo ahí.

    La primera vez que Antonio me hizo suya fue en un viaje cuando fui a colaborar en un asunto de la empresa. Al llegar fui a la habitación del hotel a darme una ducha y llamar a mi esposo. Más tarde Antonio me invito a cenar y luego de unos tragos una cosa llevo a la otra y Antonio me llevo a mi habitación me empezó a besar el, bajo una mano, la metió por mi tanga metiéndome los dedos, nos quedamos así por unos minutos, Antonio me masturbaba y yo gemía de placer. Luego bajo a mi vagina, y me la chupo descomunalmente, y grite de placer.

    -Asi Antonio, no pares, ahh, ahhh.

    Tuvo un primer orgasmo, y Antonio tomó su verga y me la empezó a meter, ya con su verga dentro de mí, su verga entraba y salía. Luego me puso en cuatro y empezó a metérmela lentamente, esa enorme verga estaba entrando por mi culo, yo gemía más y más. Me penetro de una manera salvaje y termo al rato.

    Antonio y yo fuimos amantes durante un año.

  • Por culpa de una tanga

    Por culpa de una tanga

    Mi nombre lo dejaré como «Tania» y les contaré algunas historias que me han sucedido, todas son ciertas nada de alteraciones a las historias más que cambiar los nombres de los personajes.

    Aquí en esta página me sirve de mucho en mi vida para desahogarme ya que nunca le he contado a nadie en persona nada de lo que aquí escribo espero y les guste mi primer relato.

    Esto sucedió cuando recién cumplía la mayoría de edad y terminaba la preparatoria.

    Tenía un cuerpo delgado, media 1,60 de altura, pesaba cómo 56 kg en ese entonces, piel blanca, mis pechos (bubis) eran pequeños, cintura algo ancha y nalgas normales. La verdad que mi cuerpo estaba apetecible ya que muchos me decían que era muy bonita y guapa y dos o tres me envidiaban, la verdad no estaba tan mal, siempre fui de las populares, también tuve muchos pretendientes y fue así hasta que tuve mi primer novio formal con el que hasta ahora me encuentro casada se llamara «Juan».

    En la preparatoria siempre me gustaba ponerme la falda del uniforme más por arriba de las rodillas y la blusa fajada, el prefecto de la prepa siempre me estaba regañando, reclamando que me pusiera la falda por de bajó de las rodillas ya que según el parecía minifalda y que se me veían los calzones jajaja siempre me ponía una licra tipo shorts y no dejaba ver nada de mi ropa interior, la verdad que usaba prendas normales calzones, boxers normal pero siempre bien tapada por de bajó de mi uniforme.

    Un día fui a la casa de una de mis hermanas la mayor, ella estaba casada desde algunos años, tenía un niño pequeño y pues me pidió que cuidara de el un sábado por la noche ya que ellos salieron a una fiesta del trabajo de mi cuñado, acepté y me fui como a las 6 de la tarde para su casa y ahi dormir ya que ellos llegarían por la madrugada, llegue y mi sobrino ya estaba a punto de dormir y pues decidí bañarme y ponerme ropa cómoda para descansar y como siempre comparto ropa con mis hermanas pues no me importo ponerme algo de esa casa que fuera de mi hermana, me puse a buscar algo en las ropas de mi hermana y ver qué me podía quedar para estar más cómoda y buscando entre sus cosas de mi hermana wuuuau sorpresa encontré en un cajón con mucha ropa interior de mujer prendas sexis de todo tipo: tangas de varias formas y colores, babydol de muchos, ligueros, encajes de diminutas tangas en fin mucha ropa interior muy sexy.

    Ese día me dio mucha curiosidad yo nunca me había puesto algo así y me dio por saber que se sentía traer algo así en mi cuerpo ya que a esa edad no se me hace muy normal. Me bañé y me puse una tanga blanca fue la que más me llamo la atención para dormir con ella puesta y saber que se sentía, en cuanto me la puse uuuf me calentó tanto, esa sensación de traer esa prenda tan diminuta entre mis nalgas y rosar mis labios vaginales que me moje en seguida estaba tan caliente en la cama sintiendo mi cuerpo semidesnudo rozándome las sábanas que me empecé a tocar mi cuerpo, mis pechos, mi vagina con mis dedos, sentía mis fluidos tan calientes eso ya no era normal eso ya eran algo de orgasmos no soporte más y decidí marcarle a mi novio Juan que hasta ahora es mi marido, el llegó después de mi llamada como 20 minutos después a la casa de mi hermana yo estaba súper caliente con esa prenda, que solo salí a recibirlo en cuanto tocó el timbre de la casa solo salí con una sábana cubriendo mi cuerpo semidesnudo sin sostén solo la diminuta tanga blanca q traía puesta yo ya estaba a punto de la calentura que solo lo pase a la casa lo empecé a besar y en cuanto el me miró con esa tanga uuuf al igual que yo empezó como loco y empezó un faje que terminó en un cojidon de infarto.

    Lo lleve a mi habitación donde estaba acostada, el no dejaba de tocarme, nalguearme, besarme mi cuerpo y yo solo tratando de quitarle su ropa, en cuanto le empiezo a bajar el pantalón y el boxer wuau ya tenía la verga tan dura y larga que solo quería ser clavada en mi cuerpo y así fue en ese momento no hubo tiempo de sexo oral solo penetraciones de urgencia y besos por todos lados jejeje el me tiro en la cama boca arriba me abrió las piernas hizo a un lado el hilo de la tanga, me apunto su pene en mi coño con unos simples roses y puuun de un solo golpe la clavo toda en mi interior ya no hacía falta lubricar más y empezó con embestidas brutales y rapidas yo solo gemía de placer me retorcía una y otra vez eso es lo que quería, sentía dolor pero me gustaba el seguía y seguía no pararía hasta terminar sin leche en sus huevos, el colchón ya estaba tan mojado de nuestro sudor y de mis orgasmos que perdí la cuenta, así estuvimos como 20 minutos dándole duro que cuando quise quitarlo de encima ya no pude el se aferró tanto que terminó en mi interior dejando una gran cantidad de semen que desbordaba por mi vagina y mis piernas era bastante y muy caliente. El se tumbó sobre la cama al igual que yo cansados de una lucha excitante me abrazo y me da un beso y nos dormimos juntos unos minutos.

    Después me levanté me limpie todo el semen en el baño me lave la cara y regrese a despertar a Juan que ya era hora de irse porque pronto llegaría mi hermana y mi cuñado, el se cambió y nos dimos los últimos besos y se marchó para su casa algo agotado después de una buena cogida.

    Después de ahí seguimos cogiendo hasta que termine embarazada poco después de ese cogidon que nos dimos y todo por culpa de una tanga jejeje…

    Este es mi primer relato de muchos espero y les haya gustado hasta pronto…

  • La mamá de la putita del barrio

    La mamá de la putita del barrio

    Como continuación a mi experiencia anterior seguiré relatando lo que sucedió la siguiente semana a mi encuentro con Sofi, está me había dejado sorprendido pues su experiencia era mucho mayor que la que uno se imaginaría y yo como todo un caballero me dispuse a cumplir mi promesa con la señora de la casa, es decir la mamá de Sofi, por lo que salí temprano del trabajo y recorrí las calles del centro hasta aquel viejo edificio, me atreví a bajar y tocar la puerta porque sabía que sería bien recibido en aquel departamento.

    Toc toc toc*

    -Buenos tardes, ¿Hay alguien en casa?

    Pasaron unos minutos y ya me comenzaba a decepcionar pues parecía que nadie iba a abrir, en eso escuché desde dentro que venían unos pasos, y en cuanto se abrió la puerta pude ver que había hecho bien en ir.

    -Buenos tardes, disculpe me estaba dando un regaderazo y… ¡Ay Marcos! ¡Qué sorpresa!, Pásale hijo pásale.

    -Buenos tardes señora no se preocupe y gracias.

    La mamá de Sofi me recibió con la bata de baño y nada más, así que el escenario estaba puesto, entré a su casa y me senté en el sillón.

    -¡Ay joven! No me dijo que venía, te hubiera preparado algo, y aparte no está Sofi, ahorita le marco que se venga de volada a atenderlo.

    -No se preocupe señora no es necesario, de hecho no vine a ver a Sofi.

    -Ahhh ahora caigo, ya veo que sí cumple sus promesas.

    -Claro señora soy todo un caballero, a propósito, nunca me dijo su nombre.

    -Soy Judit

    -Mucho gusto

    -No pues si el gusto es mío, que un joven tan guapo llegue a su casa, y más cuando estoy así, no que pena.

    -No se preocupe, está bien que esté cómoda.

    -Ay joven que cosas dices, pero háblame de tú, que para eso hay confianza, ay yo ya estoy aquí platicando y no le he ofrecido nada, jaja ¿Que se toma? ¿Un café, un refresquito? O ¿Quiere algo de comer? Ahorita le preparo algo.

    En ese momento se levantó y se dirigía a la cocina cuando la tomé del brazo, y le pedí que se sentara.

    -No te preocupes por eso, yo aquí ya estoy viendo lo que voy a comer.

    -Una quiere hacerse la difícil pero ya veo que viene directo a la carne, está bien que para algo una es coqueta, pero con el tiempo se desacostumbra.

    -Jajaja no sé preocupe.

    Se levantó del sillón y se quitó la bata de baño, tenía las tetas más grandes que las de Sofi, algo caídas obviamente, algunas llantitas que adornaban su figura pero que no se comparaban con su curva más importante, su culo era algo monumental, además con cada movimiento que daba temblaba y de frente tenía unos labios apenas visibles por la mata de pelos que me recordó a los de su hija, de piernas estaba muy bien pues eran gruesas, una señora en pocas palabras, y se veía que su calentura era su mejor atributo pues enseguida se arrodilló ante mí y comenzó a quitarme los pantalones, yo ya iba listo para la situación así que le ahorre el usar boxers, por lo que mi verga salió a saludar apenas bajo mi cremallera.

    -¡Santa madre! Oiga no Marcos esto ya es pasarse, mi hija me contó pero ya tenerla en mi mano

    -Y eso que no está despierta

    -¿Cómo?

    -Sí mira salúdala cómo se debe y vas a ver

    La señora Judit abrió la boca tanto como pudo, comenzó a mamar lo que hizo que mi verga comenzara a endurecerse y entre más lo hacía, ella la sacaba poco a poco.

    -¿A poco no puedes?

    -Es que una no está acostumbrada y aparte ya perdí práctica

    -No me digas que no tienes a nadie para que te atienda

    -No, desde hace mucho dejé de dar las nalgas, por mi hija ya no tenía tiempo y ve resultó igual de puta que yo

    -Bueno es que eso se hereda, pero me sorprende ha de haber alguno por aquí que más de una vez le haya visto el culo

    -Pues los hombres de ahora solo quieren chamaquitas, a una la ven así con sus lonjas y le hacen el feo

    -Pues eso se acabó porque para eso estoy aquí para darle su tratamiento especial.

    -Que buen muchacho eso se merece un premio.

    Por segunda vez intentó mamarme la verga, fue lento subía y bajaba su lengua, la tomaba entre sus dos manos, me masturbaba mientras me agarraba los huevos, mi verga escurría en saliva y la cabeza estaba muy roja e hinchada, cuando la metió en su boca comenzó a bajar lentamente así logró engullir la mitad, comenzó a toser y dar arcadas y las lágrimas comenzaron a caer de sus mejillas, pero eso no la detuvo, podía sentir su garganta abrirse, y entre más lo hacía más profundo llegaba, iba por buen camino, hasta que su nariz tocó un poco abajo de mi ombligo, le quedaban poco menos de 5 cm para tragarsela completa, pero eso ya era demasiado para su boca y garganta, tan sólo estuvo así un par de segundos, sentía su lengua intentar quitarse mi verga, y la saliva escurría por mis huevos, hasta que se apartó de mí tomó aire y empezó a toser, la dejé recuperarse pues yo también tenía que bajar mis ánimos un poco pues casi me vaciaba en su boca.

    -Ahhh, ya vi que si tiene experiencia, hmmm, que buena mamadora eres.

    Agh Agh cof cof

    -Es que no todos los días se tiene tan buena carne, hay que aprovechar cuando se puede.

    Se levantó y me tomó la verga

    -Ven Marquitos ven a mi recamara hay que estar cómodos cuando me partas la pantufla.

    -Jajaja que cosas dices

    Me llevó así hasta su recámara, estaba desordenada, agarró un montón de ropa que había en la cama y lo puso en una silla de junto, cuando la cama estuvo libre se subió y se puso en 4

    -Con confianza o prefieres estar abajo?

    -No, así está bien, la vista me gusta

    Sus enormes nalgas bloqueaban el acceso a su vagina por lo que me acerque y las separé con mis manos, ya que estaba ahí no iba a dejar pasar la oportunidad de comérsela, por lo que acerqué mi cara abrí mi boca y repasé mi lengua contra su raja, como esperaba está estaba muy mojada y sabía muy rico

    -Ay, ay Marcos, hmm ahhh, ay dios, come bien, chúpala, hmm ahh, si sigue, sigue, mamame la panocha hmm, que rico me metes la lengua, hmm ahh, ya metemela por favor, déjamela caer, parteme la raja.

    Después de lamer y chupar me dispuse a penetrarla, por lo que me levanté le di un par de nalgadas y puse mi verga en su entrada, como estaba muy mojada le entró fácil y mientras más la metía más separaba sus nalgas, no quería que se quedará afuera ni un centímetro de mi verga, sus gritos de placer se podían escuchar por todo el edificio

    -Ahhh sí Marquitos, si parteme, más, más méteme la verga, sí ahhh ahhh ahhh dios ahhh dámela quiero tu verga ahhh dásela a esta puta, hmmm hmmm

    -Ah ah ah sí puta hmmm que rico ¿Te gusta? Hmm sí eres mi zorra hmm toma mi verga ahhh

    -Sí papi la quiero, dámela ahhh sí me encanta hmmm hmm

    Me la cogía como loco, nunca había hecho algo así antes, mis huevos chocaban con sus nalgas muy rápido y en cada embestida sus jugos chorreaban más y más, agarraba sus carnes desde atrás y además le daba nalgadas, la estaba sometiendo, la estaba haciendo mi puta, la metía lo más profundo que podía y ella la recibía con gemidos de placer, la agarre del pelo y la tiraba hacia atrás, agarraba sus tetas y las masajeaba eso hacía que chillara como una cerda pues con uno de esos chillidos, tuvo un orgasmo, se retorcía en mi enorme verga y la llenaba con sus jugos, hasta que se la saqué completamente, la voltee, le separé las piernas tome un poco de saliva, se la unté en el culo, ella dio un brinco.

    -No seas cabrón, no me va a caber, no, ve lento papi por favor ve ahhh ahhh ahhh

    Se la metí por el culo sentí como se abría y trataba de expulsar mi verga pero ese ano no esperaba mi fuerza ni mis embestidas pues terminó cediendo a mi paso, la cabeza ya había entrado y la cara de dolor se convirtió en placer

    -Ah ah ah qué cabrón eres Marquitos, ahora no la saques, métela bien, órale parteme el culo también ahhh ahhh hmm

    -Eres una puta ahhh ahhh no querías que te la metiera y ahora me dices que no lo saqué ahhh hmm

    Me costó más trabajo penetrarla por su culo, pero con paciencia logré encajarla toda, y una vez adentro me dí gusto pues se sentía tan apretado, caliente y húmedo que mi locura volvió y el ritmo de la cogida fue frenético, sus gritos eran tan fuertes que parecía que la estaban matando, y hasta cierto punto si la mataba pero de placer, tenía sus piernas bien agarradas y podía ver como sus tetas rebotaban, ya no aguantaba más tenía que terminar, era un logro no haberme corrido con esa mamada y ahora que estaba en su culo era el lugar ideal para hacerlo, así que fui aún más rápido en mis empujes y esto lo notó

    -Sí papi lléname el culo, déjame tu lechita dentro vamos termina hmmm ahhh sí vacíate aquí, si papi ahhh hmmm

    -Hmmm ahhh si ¿Quieres que te los de? ¿Quieres mi leche en tu culo?

    -Sí sí dámela por favor déjala ahí dentro que me llene hasta el fondo ahhh

    -Ahí te va puta, hmmm ahhh sí sí ahhh ahhh

    Sentí que solté más de un litro de leche jajaja, era mucha y la presión en su culo empujaba a mi verga que comenzaba a salir lento de ese agujero, cuando la saqué completa también salió un río de semen que rápido cayó por sus nalgas y manchó las sábanas, ella estaba inmóvil con las piernas abiertas y jadeando cómo perra, rápido me acerque hasta su cara y con mi verga aún escurriendo la puse cerca de su boca, ella la abrió encantada y comenzó a lamer los restos de semen, me dejó la verga limpiecita, y yo como el caballero que soy, intenté buscar una toalla pero lo mejor que encontré fueron unos de sus calzones, no lo dude y los usé para limpiarla, a ella pareció no importarle y una vez recolecte la mayor cantidad de leche ella los tomó y los empezó a lamer.

    -Ay Marcos, es que está leche es de calidad, no podía dejar que se desperdiciara.

    -No te preocupes siempre que quieras te daré una buena ración.

    -Gracias, pero a la que tienes que alimentar mejor es a mi hija.

    -No si de ella no te preocupes, alcanza para las dos jajaja

    -Que bueno, pero ven con confianza, acuéstate conmigo o ¿apoco ya te vas?, ¿No vas a esperar a mi hija?

    -La verdad es que no lo había pensado, te digo que solo venía a verte a ti pero ya que estoy acá pues la espero aquí contigo, así puedo darle unas manoseadas a ese culo.

    -Ya ves, vente para acá agarrame las nalgas y vamos a dormir un rato que quedé cansada.

    -Tiene razón

    Nos acostamos ambos desnudos ella boca abajo del lado izquierdo, yo boca arriba del lado derecho, ella con su mano en mi verga, yo con mi mano entre sus nalgas, que separaba y agarraba con fuerza y después de un rato nos quedamos dormidos hasta que una voz algo aguda nos despertó.

  • Pídemelo

    Pídemelo

    La ropa arrugada en el suelo, las mantas medio arrancadas y nuestros cuerpos desnudos enredados sobre el colchón. La excitación ha tomado el control, la temperatura aumenta y el sudor aparece entre nuestra piel, el sabor de nuestras lenguas, los suspiros que escapan, mis manos acariciando tus pechos y nuestros sexos rozándose aún sin llegar a más.

    Me acomodo sobre ti, escabulléndome entre tus piernas en busca del calor de tu vulva, pero tú tienes algo distinto en mente. Me empujas suavemente para alejarme un poco, me miras fijamente a los ojos con tu rostro sonrojado y una expresión lasciva, tomas aire y sin dudarlo te diriges a mí de forma imperativa, me das una orden segura de lo que quieres, de tus labios salen tajantes las siguientes palabras.

    —Cómeme el coño.

    Esa forma en que me lo dices, ese modo tan directo me provoca una excitación diferente, un deseo incontrolable de darte placer, de hacer lo que me pidas y dedicarme por completo a ti.

    Beso tu vientre de camino a mi destino, recorro tus muslos suavemente con mis dedos. Me coloco en tu entrepierna y mis labios hallan tu vulva, te miro fijamente a los ojos hasta que mi lengua encuentra tu clítoris y dejas caer tu cabeza hacia atrás acompañada de un suspiro.

    Saboreo cada rincón de tu sexo, exploro con intensidad buscando los puntos que te hacen estremecer las piernas, liberar un suspiro o un gemido para provocarte aún más excitación. Te envuelvo con toda mi boca para recibir tu humedad en todas mis fauces y sientes la succión que la fuerza a derramarse en mí.

    Tu ansia de más se apodera de ti, enredas tus dedos en mi cabello para empujar mi rostro más adentro de tu entrepierna. Mi lengua de plano te presiona con la misma intensidad y ritmo que marcan tus suspiros. Te penetro con mi dedo medio para estimular tu interior, las contracciones de tu coño me indican cuando hago bien mi trabajo.

    —¡No pares!

    Tus jadeos toman más fuerza, tus dedos se aferran a mi cabello para que no piense en interrumpir el momento. Entre potentes exhalaciones me exiges más, me comandas cómo tu marioneta para obtener exactamente lo que deseas y yo me lleno de lujuria proveyéndotelo.

    Tu cuerpo toma la ruta al clímax, te veo y siento cómo la exaltación se apodera por completo de ti. Te aferras con fuerza a la sábana casi rasgándola con tus uñas, mueves tu cadera controlada por tu deseo para que llegue más a fondo.

    —¡Méteme más dedos!

    Obedezco con gusto deslizando un segundo dedo sin hallar resistencia entre los húmedos labios de tu sexo, curvándolos hacia arriba para estimular directamente tu punto G.

    —Mmmm…. siiii…

    Mi miembro erecto gotea sobre tus pies por la calentura que me provoca de sólo verte así. Aumento la potencia para llevarte directo al orgasmo.

    —Ahhhh… ¡Me corro!

    Meto y saco mis dedos con fuerza al ritmo que mi lengua continúa estimulando tu clítoris para hacerte explotar de una vez.

    —Hmm… Hmm… Hmmmm…

    Tu último gemido se ahoga al mismo momento que te derramas en mí. Disfruto tu flujo que me inunda cómo un gran premio a mi labor y mientras te retuerces de placer sobre la cama, con tus piernas enredándome, no me detengo hasta que escapa de ti el último signo de éxtasis.

    Siempre que desees algo ya sabes, sólo pídemelo.

  • Los dotados morenos

    Los dotados morenos

    Me guardo esta experiencia como una de las más atrevidas y morbosas de las que puedo tener. Me llamo Paula, estoy transitando mis cuatro décadas y esta última es la que más cargada de sexo logre vivir y disfrutar.

    Hace un par de semanas, en el gimnasio al que asisto cada mañana para hacer mi rutina diaria de entrenamiento para poder mantener y mejorar mis curvas, note que un muchacho de unos 30 años aproximadamente de cuerpo atlético no dejaba de mirarme, cada vez que giraba lo tenía ahí con los ojos clavados en mi culo, no es que tenga gran culo, pero en base a ejercicios logre tener una buena forma y las piernas trabajadas. Por momentos me sentía incómoda, pero a la vez me lo imaginaba en el vestuario dándole una buena mamada para bajarle la ansiedad. Pero no le seguí la mirada. Quizás solo era cosa mía y el moreno me atraia solo por curiosidad. No voy a negar que pensé mucho entregarme a él.

    Fue este sábado que salimos a tomar algunos tragos con mi pareja, mi esposo es mi mejor aliado para todas mis locuras. Entramos al bar y pedimos algo para tomar, estaba tranquilo el ambiente hasta que veo entrar al muchacho del gimnasio acompañado por un amigo, también moreno y más alto que él, bien robusto. Apenas entro nos miramos y cuando paso por la mesa donde estábamos me saludó y me llamo por mi nombre. Me quedé sorprendida por que no sabía ni como se llamaba, entre ellos hicieron un comentario pero no alcance a oír bien. Pero algo de mis tetas dijo el amigo, ya que mi blusa era bastante escotada y llevaba media teta al aire. Mi esposo me miró y me pregunto si ya me lo había llevado a la cama al morenito. A lo que solté una carcajada y respondí ¡ojalá!

    Para mí sorpresa mi pareja se levanta y va hasta donde estaban ellos, y veo que vuelve con los dos, los invita a sentarse en la misma mesa y pide más tragos, nos saludamos mas formalmente y supe que se llamaba Juan, y el amigo David, ambos de 30 años. Pasamos una noche de tragos y muchas charlas, conociendo un poco más de cada uno. Lo cierto es que en un momento tuve que ir al baño y al volver mi esposo me dijo que nos íbamos, no me quería ir, pero me dijo nos vamos los cuatro. Se ve que cuando fui al baño mi pareja ya había organizado todo lo que podía imaginar.

    Nos marchamos del bar, y subimos al auto y él les pidió que nos siguieran ellos andaban en otro auto. En el camino traté de preguntar y mi pareja solo me respondo que esta noche coronamos como pareja. Así que ya estaba caliente de solo imaginarme estar entre esos cuerpos y el de mi pareja. Llegamos a casa, les pedimos que se sintieran cómodos. Mi marido abrió una botella de vino, sirvió 4 copas, y puso música, no se si estaba todo tan planeado pero en un momento Juan se levanta y me pide de pasar al baño, lo que hago es acompañarlo porque esta en la planta alta de casa y cuando voy subiendo la escalera delante de el siento que mete la mano por debajo de mi pollera que era súper corta, y me toca las nalgas, me las aprieta, solo eso fue suficiente para que me mojara integra, me calentó de tal manera que mi cuerpo entro en modo perra, mientras que el estaba en el baño mi cabeza volaba. Apenas salió no dije ni una palabra y me ante él, desabroche el pantalón y bajé el boxer, para mamarselo, a medida que me lo metía en la boca ese miembro crecía más, no se cuanto media, pero si que era grande y grueso. No podía parar de saborearlo, el gemía y me empujaba la cabeza para que me lo meta mas adentro. Mi esposo había quedado abajo con David, pero se ve que debió presentir que ya había empezado la faena sola, y subió junto con David, para verme ahí, arrodillada y mamando como perra que sabe que soy. Mi pareja se acercó y sacó su miembro para que se lo mame, estaba mamando dos y se suma David, ¡tres! Tres miembros para mi, no lo podía creer, esperaba ansiosa que me penetrarán los tres, mientras se los mamaba, como pude me fui sacando la ropa para quedar solo en tanga, que estaba mojada al extremo.

    Mi pareja sugirió ir a la habitación que era más cómodo, y ya en la cama me quedé desnuda a la espera de los tres, me puse en posición perrito, y el primero en entrar en mi conchita fue Juan, el placer que daba ese pedazo de carne morena es algo descomunal, mi esposo y David se quedaron mirando como gozaba, mi esposo se posicionó de lado para besarme en la boca y quedo casi en la misma posición que estaba yo, y mientras me besaba, pude observar aie David se ponía detrás de él y que humedecia con saliva su glande, pensé que venía una doble penetración, pero no fue así, lo agarró de al cintura a mi pareja, y le fue metiendo poco a poco hasta hacer tope, se estaba culeando a mi pareja, nos estaban penetrando a ambos en la misma cama, una locura, no podía aguantar más y empecé a sentir los espasmos de mis orgasmos, uno y otro y después otro.

    Mi esposo gozaba y podía notarlo en como curvaba la espalda, Juan la sacó de la conchita y me la metió por el culo, dolió un poco pero ya era tanto la locura que me generaba estar así con mí esposo que ni me importaba el dolor de culo. Solo le tomé la mano a mi pareja y dejamos que el placer de ser penetrados nos llevara al éxtasis. Juan eyaculó y siguió empujando un poco más hasta que ya no pudo más, en cambio David en el momento de eyacular la sacó y me pidió que se la mame, para eyacular dentro de mi boca. No hace falta que diga que me la tome toda, era bastante y espesa la lechita de David. Mi esposo ya había acabado mediante la penetración, pero agarró a Juan y se la empezó a mamar hasta ponérsela dura otra vez, para que este lo penetrará… toda esa escena me puso más caliente, y mientras que Juan de lo metía a mi esposo, yo me acomodé de tal manera que se lo mamaba, y David como buen comedor me lamía la conchita para penetrarme, en un mete saca brutal.

    Cuando acabamos casi los cuatro al mismo tiempo entendí porque mi esposo me dijo que ese día coronabamos como pareja…

    Una vez que terminamos de hacer sexo del sexo, mi esposo los acompaño hasta la planta baja, y los despido, subió y nos metimos a la ducha, donde aproveché para agradecerle por la noche más loca de nuestra pareja.

    Ojalá se repita.

  • El premio

    El premio

    Sigo con mi esfuerzo para publicar en cada una de las categorías de la página,  para quien han leído mis anteriores narraciones, saben que siempre incluyo algo de subordinación en las mismas, pensé que el siguiente relato encaja en esta categoría (dominación), pero de no ser así, agradeceré sus comentarios al respecto.

    Pato se estaba volviendo fastidioso. Se suponía que iba ser su premio, de celebración por su aumento de sueldo, y quería darle un regalo usando su atuendo favorito: un minivestido con brillos que mostraba mis piernas y un mi par de tacones caros, pero ¿y qué?, una necesita darse un capricho a veces. Él amaba mis piernas, decía era una de las razones por las que empezó a salir conmigo, por lo que debería haber estado disfrutando de la vista, y tal vez incluso apoyando una mano en mi rodilla debajo de la mesa. En cambio, estaba mirando con desprecio a cualquier hombre en el bar que mirara en mi dirección. Pudimos ir algún restaurante, Pero el señorito quería venir a este antro populachero a recomendación de sus colaboradores del trabajo, que al tiempo supimos que era un sarcasmo no apreciado por Pato, pues así estábamos pasando el tiempo, él poniendo más atención a los tipos en un estado de defensión, en lugar que a mí.

    No me malinterpreten, Era un gran novio, pero a veces sus celos y su afán de encajar en todos lados lo volvían un fastidio. Había estado deseando pasar una noche divertida, y luego volver a su casa donde pudiera quitarme el vestido y ser suya, y se le ocurre traerme a este bar poco frecuentado donde el común denominador eran jornaleros y obreros.

    Y, claro, no voy a negarlo, también había estado esperando las miradas que sabía que recibiría de otros hombres. ¡No hay nada de malo en disfrutar un poco de atención lasciva, antes de ir a casa y saciar esa lujuria con el novio! Pero en lugar de eso, aquí estábamos en un lugar donde no encajábamos, tratando de terminar mi bebida lo más rápido que pude para poder salir de allí, y que él dejara de mirar con desdén a todos los tipos en el bar. Estaba demasiado ocupado mirando retadoramente para beber su bebida, así que no importaba lo rápido que bebiera la mía, íbamos a estar allí por un tiempo.

    La mayoría en el lugar comenzaron a darse cuenta de lo que estaba pasando y simplemente desviaron la mirada. Puede ser divertido mirar un buen par de piernas, pero no si va a causar drama con un novio celoso.

    Como anticipé, varias veces terminé mi bebida, mucho antes de que él terminara la suya, en algún momento perdí de vista al mesero por lo cual decidí ir directamente a la barra para volver a llenarla. Probablemente no fue una idea muy inteligente, ¡ahora las piernas estarían en movimiento! – pero yo estaba demasiado enojada con él a estas alturas como para preocuparme. Podía gruñir todo lo que quisiera, pero si iba a aguantar sus tonterías de macho, ¡necesitaba alcohol en mi sistema!

    Solo estuve en la barra el tiempo suficiente para ordenar mi trago y volver de regreso a la mesa. Me sentía un poco mareada, debido al hecho de que estaba bebiendo más rápido de lo normal, pero en general estaba bien.

    Escuché la voz detrás de mí:

    Hombre: «¡Ay mamacita! ¡Tan buenas como las piernas, como las nalgas!»

    Aparentemente, alguien en el bar le valía madre, “el novio celoso”. Cuando volví a la mesa estaba sonrojada de vergüenza.

    Pato se puso inmediatamente de pie.

    Pato: «¿Quién fue el pendejo, que dijo eso?» ladró.

    Yo: «No hagas caso», mientras tomaba asiento. «Terminemos nuestras bebidas y larguémonos de aquí».

    Pato: «No, ¡Quiero saber quién fue el pendejo que te dijo eso a mi vieja!»

    Yo: «‘Ahora soy “Tu vieja””—murmuré molesta

    Hombre: «¿Por qué no te calmas y te callas, niño, antes de que te parta la madre?»

    Era la misma voz que había elogiado mis nalgas hace unos segundos, y cuando lo miré me sentí mucho menos halagada por su «cumplido». El tipo era un naco. No, no naco; ¿Cómo podría definirse a los tipos vulgares, sucios, que desean aparenta ser o tener más de lo que realmente, pero no es más que un jornalero del montón? ¿Alucín? Bueno digámosle así, Él era uno de esos.

    Era alto, corpulento, con un ligero sobre peso que se notaba en su vientre ligeramente abultado, llevaba un par de jeans sucios, una camiseta blanca, botas puntiagudas retorcidas, cadenas y anillos dorados muy ostentosos. Definitivamente, no me gustaba la idea de que me comiera con los ojos como si fuese un pedazo de carne disponible y sus dientes amarillos y retorcidos formando sonrisa lasciva me provocaban escalofríos.

    A pesar de la advertencia, Pato no medio las circunstancias.

    Pato: «¡Vamos afuera, y veamos si tus puños funcionan tan bien como tu bocota!»

    Fue su brillante respuesta. Hice un intento más de calmar las cosas poniendo una mano en su brazo, pero cuando la sacudió dejé de preocuparme por lo que le pasó. Si salía y lo golpeaban, fue su piche culpa. Claro, terminaría escuchando sobre eso por el resto de la noche, probablemente incluso atendiendo sus moretones, pero tal vez aprendería a dejar de ser un imbécil cuando saliéramos juntos. Si vas a tener una novia sexy, deberías disfrutarlo, no pasar cada minuto en público ventilando tu falta de confianza en ti mismo para que el mundo lo vea.

    Para mi sorpresa, “Alucín” decidió que sí, que le gustaría salir y darle una lección a Pato, y Pato fue lo suficientemente estúpido como para seguir adelante. Quiero decir, estaba en muy buena forma, pero ¿había estado alguna vez en una pelea? ¿Y dos hombres realmente iban a salir y pelear, en esta época, porque uno había «mirado a la novia del otro»? Suspiré, tomé un último trago de mi bebida y los seguí.

    Ya se estaba reuniendo un grupo de personas a ver el espectáculo gratuito, y, para mi sorpresa, no parecía que nadie se molestara en llamar a la policía. Tuve la tentación de preguntar a alguien y confirmar que todavía estábamos en a finales del siglo XX, pero en su lugar traté de averiguar cómo se suponía que debía manejar esta situación. Después de todo, estaban peleando por mí, o al menos por el derecho a mirarme, así que ¿debería haber estado apoyando a “mi hombre”? ¿O jugando con indiferencia, como si esto sucediera todo el tiempo? («¡Por supuesto que dos hombres se están peleando por mí! ¡Es jueves!»)

    El único que en realidad parecía indiferente era el Alucín que había estado mirando mi cola. Al mirarlo, no habrías asumido que estaba a punto de pelearse a puñetazos en la vía pública; estaba tranquilo, fresco y sereno, con solo una pizca de sonrisa irónica en su rostro. Y tampoco ayudaba que estuviera incitando a Pato.

    Alucín: «Así que no te gusta que miren a tu vieja, ¿eh? ¿Qué sucede si gano? ¿Me la quedo? ¿O simplemente me la tomo prestada por una noche y te la devuelvo mañana?»

    Pato: «Sigue hablando, pendejo, porque estás a punto de recibir una lección de modales».

    Yo: «Suficiente, Déjalo en paz, y entremos».

    Tenía la esperanza de que esto le daría una excusa para dejar de tonterías; tal vez podría alejarse si estaba claro que solo lo estaba haciendo porque «su vieja» lo estaba obligando. (Cuanto más lo pensaba, más me molestaba la frase «mi vieja»).

    No funcionó.

    Pato: «Cállate, Yo sé lo que hago».

    En nuestros años juntos nunca me había dicho que me callara. Mi irritación estalló en ira en toda regla.

    Yo: «Bueno, será mejor, porque si te parte la madre, como parece que lo hará, ¡tal vez me vaya a casa con él esta noche, en lugar de contigo!» molesta

    Una amenaza vacía, por supuesto, no había forma de que me fuera con este pendejo, pero quería decir algo que molestara a Pato. No es que funcionara; él sabía tan bien como yo que, no iba a hacer tal cosa. Además, ahora estaba en pleno modo de lucha.

    Desafortunadamente, no duró mucho.

    Pato lanzo su primer golpe, pero antes de que pudiera conectar con algo, el Alucín le dio uno, justo en el centro de su cara, y Pato cayó con fuerza al suelo. La segunda «mitad» de la pelea se desarrolló como en una película: Pato se levantó y el Alucín le advirtió que se quedara abajo; Pato no escuchó, y mientras se ponía de pie tambaleándose, recibió otro bombazo en la cara. La segunda vez que cayó, lo hizo para siempre: estaba inconsciente.

    Alucín: «Bueno mamacita, ¿Lista para venirte a mi casa y quitarte ese vestidito?»

    Escuché risas de la pequeña multitud que se había reunido. No vivíamos en la edad de piedra; claramente no me iba a ir a casa con alguien que me había «ganado» en una pelea. Sin embargo, estaba furiosa por el comportamiento de Pato, y pensé que no estaría de más darle una lección.

    Yo: «Vamos»

    Encontraría una manera de liberarme de él más tarde, pero por ahora, quería una multitud de espectadores ansiosos por decirle a Pato (cuando se despertará) lo que más temía: «su vieja» se había ido con el Alucín que le partió la madre.

    Hombre: «Mi carro está por aquí» me condujo por un callejón.

    Mientras caminábamos hacia el callejón, ya lejos de la vista de la multitud, casualmente deslizó su brazo alrededor de mí, dejando que su mano descansara sobre mi nalga.

    Yo: «Tranquilo, Quiero darle una lección, pero no te hagas ideas sobre lo que NO va a pasar».

    Hombre: «¿no?, ¿Crees que no veo lo excitada que estás con todo esto? ¡Apuesto a que estás empapando tus calzones!»

    Para mi sorpresa, bajo el manto de la oscuridad, me apoyó contra la pared, justo al lado de un montón de basura, y metió una mano por debajo de mi falda.

    Alucín: «¡A huevo, que sí!»

    Con su mano deslizándose en torno a de mis bragas mojadas.

    Alucín: «Apuesto a que el pendejin de tu novio, no te ha excitado tanto nunca «.

    Voltea la cara a un lado, avergonzada por el hecho de que tenía razón: realmente estaba empapada. No sé cuándo empezaron a fluir mis jugos; ¿cuándo me puso la mano en el culo? ¿Cuándo le partió la madre a Pato? ¿cuándo dijo que tengo un buen culo?!? En algún momento me excité, y este neandertal podía leerlo en mí como si estuviera escrito en mi frente.

    No solo estaba manoseando mis bragas y haciendo alarde. Me estaba tocando deliciosamente. era bueno en eso. Como resueltamente mantuve mi rostro hacia otro lado, comenzó a estimular mi clítoris como alguien que sabe para qué sirve; No solo estaba lubricada en este punto, también me estaba calentando. No estaba convencida de que este tipo fuera capaz de leer el menú de McDonald’s sin llamar a un amigo, pero tenía un doctorado en estimular a una mujer.

    Deslizo la tela de mi tanga a un lado y empujo un dedo en mi coñito. Gemí, mostrando cuánto control había perdido de mi propio cuerpo. Otro dedo siguió al primero, mientras él continuaba usando su pulgar para trabajar mi clítoris.

    No me tomó mucho tiempo correrme en su mano. MI razonamiento no encontraba razón para que esta situación me excitaba: ni el Alucín cuyos dedos estaban dentro de mí; ni la idea de ser tocada en un callejón oscuro; Ni siquiera engañar a mi novio. Nada de estaba bien. Pero, sumando todo, no podía negar que estaba teniendo uno de los mejores orgasmos de mi vida, y gimoteaba de placer.

    Me dejó bajar de mi clímax, todavía estimulándome suavemente con sus dedos, antes de finalmente sacarlos, sintiéndome vacía. Pero no tuve la oportunidad de recuperar el aliento antes de que él me levantara, con un brazo debajo de cada pierna, y luego me volviera a bajar, empalándome en su dura verga. Jadeé cuando lo sentí entrar en mí; ¿¡¿Cómo?? ¿Cuándo?? ¿Por qué no me di cuenta??? la había sacado de sus jeans ahora estaba dentro de mí.

    No era tan grande como Pato, pero era más firme y con una textura venosa, y eso es lo que necesitaba mi coñito en este momento: necesitaba algo para reemplazar esos dedos. Gemí, mientras presionaba mi espalda contra la pared y comenzaba a culearme. Mis pies ni siquiera estaban en el suelo, solo me sostuvo por las piernas y me tomó.

    En todo caso, fue la irrealidad de la situación lo que me permitió actuar de manera tan inusual. Ni siquiera pensaría en besar a este Alucín, ¡Asco! – Sin embargo, menos de 10 minutos después de conocerlo, ahora me estaba cogiendo en un callejón como un animal, y movía mis caderas tanto como podía para tomarlo profundamente dentro de mí. Solo tomó un par de minutos antes de que sintiera venir otro orgasmo, y me di cuenta de que iba a eclipsar al primero. Lo agarré y mordí el cuello de su camisa, tratando de apagar mi grito de placer.

    Él estaba sincronizado conmigo. Justo cuando estaba empezando a bajar de mi orgasmo, lo escuché/sentí gruñir, y luego sentí que su semen me inundaba. Siguió culeándome, al ritmo de los chorros de semen, de modo que plantó cada chorro tan profundo en mí como pudo. No creo que lo estuviera planeando; fueron solo miles de años de puro instinto. La mayoría de los hombres habían evolucionado más allá de eso; este tipo era más primitivo que ellos.

    En los oscuros rincones de mi mente, estaba pensando que probablemente tendría que conseguir una pastilla del día siguiente, ¡y que Dios me ayude si el pendejo este tenía una ETS! – pero ese pensamiento fue se fue a segundo plano distante, por el orgasmo adicional que estaba atormentando mi cuerpo, mientras me excitaba la sensación, el conocimiento, de su semen llenándome.

    Cuando terminó, bajó mis piernas al suelo, en ese momento me di cuenta de que estaban temblando. Tuve que apoyarme contra la pared solo para mantenerme erguida. Él, por otro lado, simplemente se subió la cremallera dentro de sus pantalones e hizo ademán de irse.

    Alucín: «Ven»

    Yo: «Solo un segundo,» insegura de mi habilidad para caminar.

    Alucín: «Chingada madre», murmuró,

    luego completó la imagen de Neanderthal echándome sobre su hombro, para llevarme al vehículo.

    Alucín: «Y será mejor que lo aprietes bien putita y no dejes que se te escurran los mecos de la panocha, Me gusta esta camisa, y no quiero que la manches». mientras me cargaba.

    La única palabra que se me quedó grabada en la cabeza de ese discurso fue la palabra «putita». Realmente era una puta en este momento. Este era solo el cuarto hombre que había tenido dentro de mí en mi vida, pero anhelaba su verga como nunca había anhelado ninguna otra; mañana era mañana, pero iba a dedicar el resto de esta noche a repetir nuestra actuación en el callejón. Y con suerte, tal vez estaríamos en una cama la próxima vez…

    Por supuesto que conducía un Pick Up vieja. Por supuesto que lo hizo. ¿Qué otro tipo de vehículo conduciría un tipo como este? Me dejó del lado del pasajero y partimos.

    No fue un largo viaje antes de que se estacionara. Había algunos edificios alrededor de una pequeña área abierta cubierta de hierba y, dado que era una noche agradable, había gente alrededor, sentada en bancos y disfrutando del cálido aire de verano. Hice ademán de salir, pero me detuvo.

    Alucín: «Todavía no, estoy listo para la segunda ronda».

    Se desabrochó los vaqueros y sacó su polla, ya dura y lista.

    Yo: «¿¡¿Aquí?!?»

    Mirando alrededor a todas las personas. Estaba oscuro afuera, pero había luces en la calle, ¡y tenían una vista clara para cualquiera que mirara podría ver lo sucediera dentro del vehículo!

    Alucín: «Traigo a putitas como tú todo el tiempo, no es la primera vez que ven “La Troca” balancearse. Ahora ponte trucha; cuanto antes me corra, antes podremos entrar».

    Era la segunda vez esa noche que me llamaba puta, y definitivamente me sentía como una puta. Por la forma en que mi cuerpo había reaccionado en el callejón, no podía negar el placer que me había dado. Pero una cosa era hacerlo en un callejón, ¿realmente podría hacerlo con otras personas literalmente mirando?

    Como respuesta parcial a mi propia pregunta, me coloqué sobre él, me subí la falda de mi vestido, aparté a un lado la tela de mi tanga y descendí sobre su verga. Sin embargo, como una respuesta más completa a mi pregunta, no estaba sintiendo ningún placer esta vez: solo quería terminar de una vez, hacer que se corriera rápidamente y entrar, fuera de la vista de estas personas. Esperaba que el reflejo de las farolas en las ventanas impidiera que los espectadores nos vieran.

    Inmediatamente comencé a deslizarme arriba y abajo sobre él, construyendo un ritmo. Al principio estaba tratando de tener cuidado, follándolo lo más fuerte que pude sin hacer que la Pick Up se balanceara y llamara la atención innecesariamente, pero luego lo miré a la cara y vi la diversión escrita allí. Así que fui más duro; la camioneta danzaba, seguramente, pero aceleraría las cosas. En un momento miré a mi alrededor y me di cuenta de que nadie nos estaba prestando especial atención. Un anciano miró hacia nosotros y nos inclinó su cerveza a modo de saludo, y luego volvió a su conversación con los otros tipos.

    Alucín: «Te lo dije, están acostumbrados a ver putas. ¿Ahora vas a hacer que me corra, o vamos a pasar toda la noche aquí?»

    No solo redoblé mis esfuerzos, sino que también saqué mis senos y los metí en su boca. (Afortunadamente no había usado sostén.) A los hombres les gustan las tetas, así que pensé que permitirle jugar con las mías lo ayudaría a apresurarse. Más importante aún, no quería que me comparara constantemente con las zorras que normalmente traía a casa, así que quería mantener su boca ocupada.

    Estuve tentado de tratar de hablarle sucio, pero no estaba segura de poder lograrlo, habría sonado demasiado forzado, así que, en lugar de eso, gemí un poco, fingiendo placer. En un momento, mordió mi pezón, con fuerza, y envió un hormigueo directamente a mi clítoris; tal vez estaba disfrutando esto más de lo que creía.

    Finalmente comenzó a gruñir, y luego sentí que su venosa verga comenzaba a temblar cuando se corrió dentro de mí. No había tenido mi propio orgasmo, pero tenía un absurdo sentimiento de orgullo por tomarme su segunda ronda de la noche.

    Antes de que pudiera pensar en acomodarme mi mini vestido para lucir más presentable, abrió la puerta y me empujó afuera del vehículo, antes de salir él mismo. Me las arreglé para recuperar el equilibrio, para no caerme al pavimento, pero estaba de pie al aire libre, exponiendo mis senos y mi vestido levantado exponiendo mi recién cogido mi coñito. Solo me tomó un momento recobrar el sentido y ajustar mi ropa, pero se sintió como una eternidad, mientras dudaba sobre si debería cubrir mis tetas o mi coño primero. Sonrojándome, me acomodé mi tanga sobre mi cuca y me bajé la falda del vestido antes de volver a aguardar mis tetas en él.

    Anciano: «Cuidadito, ¡no vayas a manchar de mecos la calle! ¡No limpiamos todos los días!»

    Algunos de los que lo rodeaban se rieron. Fue el momento más vergonzoso de toda mi vida, y también el momento en que me di cuenta: probablemente no era mejor que las zorras habituales que traía a casa. ¿Cuántas otras mujeres habían hecho lo que yo acababa de hacer, en este mismo lugar, pensando que eran mejores que todas las demás? De pie aquí en este espacio público, finalmente cubriendo mi desnudez (y sintiendo su semen comenzar a acumularse en mi tanga), ¿qué derecho tenía de juzgar a alguien más?

    Alucín: «Ven” mientras cerraba su auto. «Entra.»

    Y me dio un ligero golpecito en la nalga para guiarme en la dirección correcta.

    Subimos unas escaleras frente a nosotros subía una señora de mediana edad a paso lento. Mientras lo hacíamos, sentí su mano ahuecando mi culo. Después de la forma en que me había estado usando hasta ahora, este acto parecía casi tierno en comparación. Luego la movió debajo del vestido y la deslizó entre mi hilo, lo cual aún era agradable, teniendo ese contacto piel con piel. Pero luego me sorprendió, literalmente, al deslizar un dedo en mi ano.

    Con toda la fuerza de voluntad a

    Mi disposición me impidió jadear en voz alta ante la intrusión, pero toda la fuerza de voluntad del mundo no pudo evitar que me tensara. ¡Si fuera una caricatura, mis ojos habrían estado saltando fuera de mi cabeza! No era la primera vez que introducían algo en mi culito, pero no era algo a lo que me hubiera acostumbrado aun, y que me metieran un dedo allí de repente sin previo aviso era más que sorprendente.

    No me jodió el culo con el dedo ni nada, simplemente lo dejó descansando allí. En mi ano.

    Cuando llegamos a su piso, caminamos detrás de la señora por el pasillo, todavía con su mano mi cola, su dedo en mi esfínter. Hice lo mejor que pude para caminar naturalmente, pero estoy segura de que no funcionó. Su puerta estaba primero, y pasamos a un lado de ella.

    Mujer: «Trata de no ser demasiado ruidoso esta noche, ¿de acuerdo? Tengo que levantarme temprano mañana. Se ve que quieres aprovechar ese culito, pero parece que no está acostumbrada a tener algo allí adentro, así que por favor que sus gritos me dejen dormir, ¿de acuerdo?»

    No pensé que todavía tendría la capacidad de sonrojarme, después de todo lo que ya me había hecho, pero lo hice de todos modos.

    ¿Con qué frecuencia este tipo traía mujeres a casa que era una rutina para todos sus vecinos? «Otro día, otra puta» parecía ser su lema.

    Entramos al apartamento de al lado, no es de extrañar que ella estuviera preocupada por el ruido, y tan pronto como entramos, tenía mi pecho contra la pared. Supongo que decidió no seguir el consejo de su vecina: quitó el dedo lo suficiente como para terminar de subirme la falda, bajarme la tanga hasta las rodillas (limpiándose el dedo en ella en el proceso) y liberar su polla antes de hundirse. en mi más sensible de mis agujeros.

    Como digo, ya había experimentado con el juego anal antes, pero esto era completamente diferente. Sin lubricante, sin calentamiento, sin nada, solo sexo anal inmediato y duro. Apreté los dientes, hice todo lo posible por no gritar y simplemente… lo tomé.

    Desafortunadamente, esta era la tercera vez que me follaba en el lapso de una hora, así que no iba a ser rápido. Golpeó mi trasero durante mucho, mucho tiempo. Mis senos comenzaban a dolerme por estar presionados contra el muro, y estoy seguro de que mi mejilla estaba teniendo el patrón del texturizado de la pared.

    Afortunadamente, el dolor comenzó a disminuir después de un tiempo, sintiéndome tan… llena. Era diferente a tener su verga en mi coñito; me estaba llenando mis entrañas con su dura y venosa verga. Por lo que sentía estar rellena más de lo que lo había sentido antes, cuando probé esto la primera vez. Por supuesto, fue «solo la punta», y pasó muy rápido por la presión de mi apretado ojete sobre la verga. De ninguna manera este tipo se iba a terminar rápido y solo la puntita, estaba más que acostumbrado a follar por el culo.

    Una vez más, me encontré preguntándome cuántas otras mujeres se habían encontrado presionadas contra esta pared, con el culo lleno de la verga de este hombre. Yo era solo una de muchas, y era deprimente lo bajo que había caído y extrañamente liberador poder hacer lo que quisiera con este hombre, sin tener que enfrentarla nuevamente al día siguiente.

    Cuando comenzó a acercarse a su desahogo, demostró una vez más su conocimiento experto de al pasar una mano bajo mi vientre y tocar mi clítoris. El placer fue inmediato – Debo haber estado disfrutando mi sexo anal más de lo que me di cuenta – y gemí contra la pared; mi orgasmo llegó al mismo tiempo que el suyo, y la sensación de su polla palpitando, su dedo en mi clítoris y mis jugos soltándose, todo se mezcló a la vez en mi cabeza. Casi sentí que me estaba corriendo en mi propio culo.

    Me dio un minuto para bajar de mi orgasmo, y luego se retiró y me dio una palmada en el trasero.

    Alucín: «Ve a limpiarte, El baño está allí».

    Pasé por la cocina, de camino, y al pasar por la basura aproveché para quitarme mi maltrecha y olorosa tanga, y tirarla.

    Me di una ducha rápida para limpiarme y volví a la sala, envuelta solo en una decolorada y ruyida toalla. Pude ver mejor su apartamento, ahora, y vi que era una unidad de soltero: todo en una habitación, aparte del baño. en realidad, ni siquiera la había amueblado completamente; con una colchoneta y un televisor en medio de la habitación, donde obviamente dormía. Y, por lo que parecía, tampoco lavaba las sábanas muy a menudo.

    Estaba sentado, vestido solo con sus sucios jeans, viendo la televisión y bebiendo una cerveza, y yo me recosté en la colchoneta cerca de él, de manera pausada, cuidadosamente evitando pensar en cuántas chicas se había cogido en este mismo lugar. Me estaba volviendo loca, pensando en el hecho de que yo era sólo una entre un gran número de sus «putas», queriendo creer que era mejor que ellos, a pesar de todas las pruebas en contra. No era solo una zorra al azar, buscando una verga. Estaba segura de ello.

    Alucín: «Sigues aquí? ¿No llenas?»

    Yo: «Pensé… que… Que tal vez podríamos hablar un poco».

    Él solo sonrió y ni siquiera apartó los ojos de la televisión.

    Alucín: «¿En serio? ¿De qué hablaríamos? ¿De cuánto disfrutaste que te metiera la verga? Si crees que eres una buena niña, hija de papi, deberías irte ahora, antes de que te vuelvas a ser una perra en celo de nuevo, hambrienta de verga».

    Yo: «No soy como las otras que has traído aquí, No soy una puta cualquiera».

    Alucín: «Abre las piernas, puta»

    Instintivamente, como si tuvieran vida por sí mismas, mis piernas hicieron lo que me pedía. La toalla se abrió fácilmente, mientras le mostraba mi desnudo coñito, tan expuesta como una mujer puede estar ante un hombre.

    Alucín: «Es posible que no hayas sido una puta hoy por la tarde, y claro, puede que no lo seas mañana, pero ahora mismo todo lo que quieres es una verga».

    Una vez más, me estaba sonrojando intensamente por la vergüenza y el deseo. Por la forma en que había obedecido instintivamente su orden, abriéndome a él sin pensarlo dos veces, y porque tenía razón. Quería que me culeara, aquí y ahora, en este sucio colchón. Para mi disgusto, ni siquiera había movido los ojos de la televisión. Cualquier otro hombre habría tenido sus ojos atraídos hacia mí como un imán; para él, era solo una putica más: no tenía nada de especial, era una en un millón.

    Cuando no mostró signos de moverse, o incluso de quitar su atención de la televisión, retire totalmente la toalla, exponiendo el resto de mí.

    Yo: «¿Por favor?» en voz baja, demostrando sin lugar a dudas que tenía razón.

    Todavía no apagó la televisión, pero se levantó, se desabrochó y bajo los pantalones para unirse a mí en el apestoso colchón. Mi último pensamiento coherente, antes de ceder al placer cuando entró en mí, fue esperar que se hubiera limpiado la polla después de follarme el culo.

    No sé a qué hora salí de su apartamento, pero de madrugada. El conductor del coche de alquiler parecía un poco nervioso por estar en este vecindario y se relajó visiblemente una vez que estuvimos a unas cuadras de distancia.

    Ni siquiera me molesté en ducharme cuando llegué a casa, solo me quité la ropa y me desnudé en la cama. Tendría que lavar las sábanas mañana, todavía estaba cubierta de su semen y sudor, sin mencionar mis propios jugos secándose en el interior de mis muslos, pero eso me preocuparía más tarde. Por el momento, todo lo que quería era dormir.

    Al día siguiente, tomé el día libre del trabajo. Lavé la ropa, vi televisión, me senté a la mesa a tomar café y, en general, evitaba pensar en nada. Alrededor de las 10 Pato llamó, queriendo saber qué me había pasado la noche anterior. Pasó la mayor parte de la conversación alternando entre disgusto por sus acciones de la noche y querer acusarme de engañarlo. Cuando despertó, la gente obviamente le había dicho que me había ido con el otro tipo; por un lado, me conocía lo suficientemente bien como para suponer que nunca lo engañaría, independientemente de lo que le hubieran dicho, pero, por otro lado, ¿cómo no iba a preocuparse por eso?

    Finalmente se decidió a hacer la pregunta cuya respuesta no estaba seguro de querer saber:

    Pato: «¿Hiciste… hiciste algo con él wey ese, anoche?»

    Yo. «¿Tu qué crees?»

    Podía escucharlo exhalar un suspiro de alivio; por supuesto, su novia no saldría y se haría algo con un extraño que acababa de conocer. Solo se fue con él para darle una lección.

    Pato parecía haber aprendido la lección. Nunca volvió a actuar como un imbécil, incluso cuando me vestí para impresionar.

    Y nunca se le ocurrió, ni por un momento, que en realidad no había respondido a su pregunta.

  • Los cinco sentidos (sexto capítulo)

    Los cinco sentidos (sexto capítulo)

    Ya se había marchado Rodrigo cuando se levantó. Se dio una ducha y mientras se secaba vio su imagen en el espejo, le gustaba mirarse e imaginar que sentirían los hombres al ver su desnudez. Le gustaba su cuerpo, su piel pálida, sus pezones y vagina con aquel color rosado. Se puso el vestido corto que había llevado aquella tarde al ir de compras con su marido y que tanto había gustado a Braulio. No se había puesto sujetador, sus pechos firmes le permitían no tener que usarlo. Se notarán mucho mis pezones si me excito? Sonrió con picardía de sentir que le atraía esa idea. Abrió el cajón donde tenía su ropa interior y sintió nervios y vergüenza al coger las bragas blancas mas bonitas que tenía. Se las puso y levantando el vestido se miró en el espejo del armario y pudo darse cuenta que transparentaban un poco. Sentándose en la cama frente al espejo separó las piernas, se veía sexy, atractiva. Bajo la tela de su ropa interior podía verse su vagina. Sintió muchas ganas de llegar a casa de su vecino y decidió no demorar mas aquel momento.

    Braulio tardó un poco en abrirle pues aún estaba dormido, eran las siete y media. Cuando Tania lo vio le gustó su aspecto adormilado, despeinado. Solo llevaba puesto un flojo pantalón de pijama corto.

    – Disculpa, aún estaba en cama – la miró de arriba a abajo – estas preciosa joven.

    – Pensé que a estas horas era cuando desayunabas. Métete en cama por favor.

    – Quieres que me meta en cama? – recordó todo lo ocurrido la tarde anterior y no pudo evitar excitarse y su pijama abultado era la evidencia.

    – Si. No quieres desayunar? – se sorprendía de decir aquellas cosas, los dos sabían lo que significaba aquello, pero con aquel hombre se sentía libre y su sexualidad era diferente a todo lo que conocía.

    – Me encantaría, siento mucho apetito.

    Tania lo vio caminar hacia su habitación, ella cerró la puerta y al llegar al salón se descalzó, se quitó el vestido, se bajó las bragas. Estaba muy excitada solo con pensar en lo que iba a pasar. Una vez desnuda se encaminó hacia el cuarto de ese hombre. Lo vio tumbado en la cama, esperándola. No se dijeron nada, Tania apagó la luz dejando solo en penumbra el cuarto gracias a la luz que provenía del salón. Se subió a la cama y llevó su mano al rostro de su vecino, le acarició la cara con cariño.

    – Entonces tiene apetito?

    – Mucho. – en la penumbra de la habitación miraba a aquella joven.

    Tania levantó su pierna derecha y abriéndola la pasó por encima del cuerpo de Braulio quedando sobre él. Respiró profundamente cuando sintió el calor que emanaba aquella vulva en su pecho, casi en su cuello. Sintió como ella se movía buscando la mejor posición. El agradable aroma de aquella vagina inundó sus fosas nasales y sintió un profundo arrebato de apetito, cuando entre las sombras, vio las manos pequeñas de ella abriendo su coño y posándolo sobre su boca le decía.

    – Es su desayuno Braulio, si tiene apetito cómalo.

    Estuvo desayunando durante un buen rato, mientras lo hacía no se dijeron nada mas. Él por tener la boca ocupada en saborear aquel exquisito manjar y ella porque solo podía gemir. Eran gemidos tímidos que cada poco tiempo aumentaban de intensidad y él sabia que cuando eso sucedía aquella vagina se descontrolaba y un nuevo chorrito de placer se derramaría sobre su boca. Cuando los gemidos de ella se incrementaban, era como estar chupando un delicioso bombón de chocolate y disfrutar ese momento que el dulce licor de su interior se derrama en la boca, pero aquella vagina era mas deliciosa que el mejor de los bombones. La lengua de aquel hombre lamia cada milímetro de su sexo, se introducía en él y Tania se moría de placer. Sentir los labios varoniles chupar sus labios vaginales le hacían temblar, cuando rodeaban su clítoris y lo absorbía tenía que tapar su boca para que sus jadeos no traspasaran las paredes de aquella casa, estaba segura que si alguien pasara por la acera de la urbanización podría escuchar como estaba gozando.

    La cuenta de los orgasmos que había tenido la había perdido a partir del quinto. Estaba sorprendida de las veces que se había corrido en la boca de aquel hombre. Y ahora era ella la que sentía apetito, era ella la que deseaba desayunar, y Braulio se quedó quieto, expectante, cuando sintió que ella separó su vagina de su boca y comenzó a bajarle el pantalón del pijama.

    Lo hizo despacio, estaba nerviosa, sus manos suaves bajaron el pijama. Se sentía como cuando quitas el envoltorio de algún alimento delicado, no quería ser torpe o brusca con los movimientos. Braulio se estremeció al sentir como Tania estaba entre sus piernas y él las abrió para facilitarle la labor. Pudo sentir que ella estaba oliendo su sexo excitado y por sus suspiros entendió que le estaba gustando. Tuvo que reprimir un gemido cuando la cálida lengua de su joven vecina rozó su glande levemente. Supo que aquel roce era para probar su sabor y que ese sabor le había gustado pues volvió a pasar su lengua con mayor presión. Y supo que le había gustado mucho, cuando sintió los labios femeninos rodearlo y como comenzó a chuparlo. Gimió al sentir como succionaba solo la punta de su polla. Lo hacía despacio disfrutando de su sabor. Durante un buen rato se dedicó únicamente a mamar de su capullo hinchado, caliente. El único contacto entre ellos era ese, capullo y boca, una comunión sexual que a los dos les daba placer. Tania descubrió que le daba placer hacerlo, que la excitaba sentir aquella parte del cuerpo de Braulio dentro de su boca. Le provocaba gemir sentir la suavidad de aquel glande en su lengua. Comunión perfecta, capullo, labios y lengua.

    Cuando le hacia una mamada a su marido le gustaba mover su cabeza como si estuvieran follando pero ahora era distinto. Ahora solo deseaba chupar aquel capullo tan hinchado, deseaba saborear cada gota que de él manaba y que recogía con su lengua como un premio que ese hombre le obsequiaba. Le gustaba aquel sabor entre dulce y salado. Si su coño era una tarta de fresa, para ella aquel glande era como chocolate. Sin dejar en ningún momento que aquel capullo saliese de su boca deseó mover su lengua mas rápido, y supo que aquella polla disfrutaba con eso y ella sentía placer. Su boca y lengua parecían estar conectados con su coño pues sentía placer entre sus piernas. Escuchó a Braulio gemir de placer cuando succionó mas fuerte y las pocas dudas que tenía sobre si llegar hasta el final se disiparon en ese momento, y succionó mas profundo, mas rápido. Se sintió como un bebé mamando de los pechos de una madre, pero no era un bebé, si no una mujer, y no mamaba un pecho, sino el glande de un hombre, un hombre que no era su marido. Y no era leche materna lo que deseaba sino la leche de ese señor. Y chupó, chupó con deseo de sentir como Braulio explotara en su boca. Aquel hombre gimió fuerte cuando de su polla salió aquel primer chorro de semen hacia la garganta de su joven vecina, ésta sintió tres chorros mas y sintió un pequeño orgasmo en su coño cuando dejó que aquel cálido líquido se perdiera en su garganta hacia su interior. Su lengua acarició aquella carne palpitante, eliminó cualquier resto de semen que hubiera en ella y saboreó y sorprendida de sentir que le gustaba mucho sonrió.

    Vista, oído, olfato y gusto. Cuatro sentidos, todos diferentes y cada cual excitante.

    Sin pedir permiso se acurrucó a su lado, lo abrazó y aquel silencio le gustó mucho. Estaba feliz, sorprendida, sentía su vagina inflamada por lo que la boca de aquel hombre le había hecho. Sintió deseo y se comenzó a tocar de nuevo.

    – Braulio…- acercó su boca al oído de él.

    – Dime cariño.

    – Me lo vuelves a chupar?

    – Claro cielo – Tania se quedó tumbada y flexionando sus piernas las abrió mucho y él puso su cara entre ellas – Me encanta tu tarta de fresa.

    Eran las doce de la mañana cuando se levantó de la cama de su vecino. En aquellas horas juntos habían hablado, se habían abrazado y sobre todo habían sentido placer, mucho placer. Tania fue al salón y volvió a la habitación con su ropa en la mano. Se vistió mientras él la contemplaba tumbado en la cama.

    – Esas bragas blancas son muy bonitas.

    – Le gustan? – se ruborizó al comprender que él se había dado cuenta de por qué se las había puesto.

    – Te quedan muy bien. A ese señor le encantará verlas. – Braulio estaba contento de sentir que esa joven estaba siendo capaz de vivir su sexualidad plenamente aunque sintió un inevitable atisbo de celos, él ya no tendría el privilegio de ser el único, sin ser Rodrigo, de ver las bragas de aquella mujer.

    – Gracias, eso espero. – separó sus piernas y se puso frente a él – Transparentan mucho?

    – Un poco pero así estás mucho mas sexy – el color rosado de aquel coño, mas vivo producto del placer que había sentido, destacaba bajo la tela blanca – Ya me contarás que tal ha ido. Vale?

    – Claro. Me gusta contarle todo – se puso el vestido – Hoy quedaré con Estela para decirle que usted está dispuesto a ayudarla.

    – A intentar ayudarla – le corrigió él – Ayudarla o no dependerá de ella.

    – Ojalá todo salga bien.

    – Yo también espero que salga bien, se nota que la quieres mucho.

    – Si – se entristeció de recordar por el mal momento que estaba pasando su amiga. – La quiero mucho. Bueno ahora tengo que irme.

    – Vuelve cuando lo desees y me cuentas que te dijo tu amiga.

    – Vale – se acercó a la cama y le dio un beso en la mejilla, cuando se iba a separar de él acercó su boca al oído de su vecino – Me gustó mucho darle el desayuno.

    – A mi también darte de desayunar a ti. Cuando quieras repetimos.

    – Esta bien saberlo, gracias. – salió de aquel cuarto y una sonrisa de felicidad inundaba su hermoso rostro aniñado.

    Decidió ir caminando hasta la cafetería del día anterior. Durante el trayecto le envió un mensaje a Estela para quedar con ella cuando saliera de trabajar.

    Su amiga trabajaba en una oficina como administrativa desde hacia cinco años, con veintitrés años acababa de terminar su carrera y aquel había sido su primer trabajo serio pues en ocasiones había trabajado como dependienta en periodos estivales. Ahora con veintiocho años tenía cierta estabilidad laboral pero su matrimonio se tambaleaba. Andrés y ella se habían casado hacía tres años después de cuatro de novios. Eran una pareja envidiada por todos, eran guapos y con sus respectivos trabajos, los dos eran alegres, extrovertidos y con muchas amistades. En el sexo eran iguales pues a los dos les gustaba mucho, aunque últimamente Estela sentía que ya no era lo mismo. Sentía que Andrés se mostraba egoísta en la cama y lo único que le importaba era su propio placer. Aquella actitud la estaba haciendo cambiar, ahora lo rehuía, inventaba excusas para no tener que irse a la cama con él, pues siempre la dejaba a medias. Prefería masturbarse a solas aunque los orgasmos que se provocaba a si misma no era lo mismo. Y masturbándose no podía sentir lo que es que alguien te lama y chupe el coño, cosa que Andrés últimamente no hacía nunca y si lo hacía era porque ella se lo pedía. Y en sus sesiones de sexo a solas cuando se daba aquellos azotes en sus nalgas sentía que no era lo mismo a que te los de otra persona, pero eso era algo que ni siquiera se lo pedía a Andrés, pues ciertas cosas aunque fuera extrovertida y echada para adelante no se atrevía a pedirlas por vergüenza.

    Le daba mucha rabia que por ser una mujer físicamente envidiada por muchas mujeres y admirada por muchos hombres, casi todos, todo el mundo creyera que su vida sexual tenía que ser perfecta. Y no lo era, se sentía insatisfecha, frustrada. Recordaba antes de empezar su relación con Andrés que había tenido varios novios antes, unos mas normales, otros mas guapos, serios, alocados. Siempre había tenido facilidad para conseguir a los hombres que había querido. Su carácter, su alegría en todo momento del día, su hermoso rostro de rasgos felinos habían ayudado a ello. Alli donde estaba llamaba la atención. Era alta, guapa y su cuerpo era el deseo de todo hombre. Cualquier hombre que se cruzaba por la calle giraba la cara por su bello rostro pero enseguida las miradas iban a su culo. Aquellas nalgas redondas y firmes eran deseadas por todo el mundo y por momentos odiaba a su Andrés por no saber disfrutar de su cuerpo, un cuerpo que la mayoría daría lo que fuera por tenerlo.

    Tania se puso contenta al recibir la contestación de su amiga y saber que podrían quedar para comer. Tenía una hora para ella sola. Sintió nervios cuando estaba llegando a la cafetería, también algo de vergüenza.

    Lo vio allí sentado, en la misma mesa que el día anterior, con su periódico en la mano. Al verla movió la cabeza a modo de saludó pero ella no fue capaz de devolver el saludo. La mesa donde ella se había sentado la mañana anterior estaba libre y se sentó en ella, en la misma silla, la misma posición. Pidió un café con leche y como un ritual cruzó sus piernas. Y sintió aquella mirada de nuevo en ellas y de nuevo se puso las gafas de sol pues deseaba ver el rostro de ese hombre mientras la miraba.

    Tania se fijó que era un hombre elegante, calculó que tendría la edad de Braulio. Acaso los señores mayores tienen fijación por mi cuerpo? Pensó con cierta vergüenza. Es que los chicos jóvenes no saben mirar? Muchos chicos la miraban por la calle pero nunca habían provocado en ella lo que su vecino y ahora este señor, Carlos, recordó que su nombre era Carlos, le provocaban con unas miradas. Y es que esos señores conseguían excitarla con esas miradas. Tania sentía que esta vez la mirada era mas descarada, sin disimulos. Pensó que era normal que así fuera, en el momento que llegó a esa terraza los dos sabían a lo que habían ido. Uno a mirar y ella a enseñar. Había aceptado aquel juego, un juego excitante, morboso que hacía sentir como su vagina se mojaba.

    Descruzó las piernas. Su vestido se había subido y le estaba mostrando sus muslos desnudos. Esta vez lo miró directamente aunque a través de sus gafas de sol. Quería ver la cara de ese señor cuando abriera sus piernas, cuando ese desconocido viera que se había puesto unas bragas blancas para él, para que disfrutara de mirarle las bragas a una joven casada desconocida. Pies juntos, rodillas separándose para aquel desconocido. El rostro de aquel hombre era imposible describirlo, era una cara de deseo, de placer, se mordía el labio. Estaba viéndole las bragas, bragas blancas como él le había pedido. Recordó que transparentaban y estaba segura que estaba mirando su coño. Éste escurría flujos y tuvo que morderse el labio también ella cuando se fijó en el gran bulto que ese hombre mostraba bajo su pantalón del traje. Tania se sentía en una nube, aquella excitación era dueña de su cuerpo. Necesitaba masturbarse o se volvería loca. Vio como ese señor se levantaba de su silla, se levantaría para ir al baño a masturbarse? Se puso nerviosa cuando se acercó a su mesa.

    – Hola, puedo? – por el gesto de su mano supo que le estaba pidiendo permiso para sentarse.

    – Lo siento es que estoy casada. Preferiría que no.

    – Comprendo. Quieres que hablemos en un sitio discreto?

    – No se porque he venido. – Debería haberse marchado en ese momento pero algo se lo impedía – He quedado con una amiga dentro de cuarenta y cinco minutos.

    – Será solo un momento – sacó un papel de su bolsillo y anotó algo en él. – Te espero allí.

    No le dio opción a despedirse o decir nada. Se alejó de la terraza y lo vio desaparecer. Leyó el papel y en él había una dirección. El camarero cuando fue a pagar le dijo que de nuevo estaba invitada.

    La dirección era alli cerca, se sentía muy excitada, nerviosa. Aquello era una locura, no sabía cuales eran las intenciones de aquel desconocido. Una parte de ella le decía que fuera, que se dejara llevar, la otra parte le decía que estaba loca, que era peligroso, que tenia que hablar con Braulio antes de hacer nada de lo que pudiera arrepentirse. Se fue deprisa, casi corriendo temiendo caer en la tentación de ir a aquella dirección donde estaría ese señor, Carlos, esperándola excitado.

    Al llegar al centro comercial se fue al baño, se tuvo que masturbar para calmar aquella excitación. Lo hizo recordando aquella mirada sobre su braga transparente, lo hizo imaginándose en el piso de ese desconocido. Se corrió enseguida, estaba muy cachonda.

    Estaba lavándose las manos cuando Estela la llamó para decirle que ya había llegado. Subió a la planta de restauración y alli estaba esperándola. Temía que su amiga pudiera notar su agitación pues hacía apenas unos minutos que había tenido aquel orgasmo tan necesitado.

    – Hola mi niña!! – se dieron un abrazo muy fuerte – Pero si vienes preciosa!! – cogiendo sus manos se separó de ella para mirar su vestido que tan bien le quedaba.

    – Anda que tu!! – Estela llevaba unos leguins negros que se ceñían a sus nalgas como una segunda piel y una blusa blanca que le quedaba muy bien. – Pues para estar trabajando estas preciosa cariño.

    – Tu que me ves con buenos ojos. Vamos al sitio que te comenté el otro día?

    – Ah vale, perfecto.

    Cuando entraron al restaurante las dos pudieron comprobar que estaban preciosas porque todos las miraban.

    – Joder tía, que vergüenza!! – Estela estaba algo ruborizada de sentir como las habían mirado de arriba abajo.

    – A mi antes me daba mas corte, ahora creo que me gusta y todo – sonrieron con picardía.

    – Yo antes era mas descarada. Desde que me casé hace tres años cambié un montón. Supongo que por mi Andrés.

    – Pues muy mal, tú eres tu y no tienes que cambiar. Una cosa es el matrimonio y otra eres tu – recordaba las palabras de Braulio, cada consejo suyo.

    – Ahora nos saliste filósofa o algo así? – Estela escuchaba a su amiga con atención – Creo que tienes razón.

    – Es que sabes el señor este que te comenté ayer vecino mío?

    – El que fue catedrático, ese?

    – Si. Como te dije ayer vamos a caminar siempre juntos y es que me hace ver cosas que antes no. Se nota que es psicólogo. Me gustan mucho sus conversaciones.

    – Parece que da resultado Tania, porque nunca te escuchara hablar así.

    – Es que creo que deberías conocerlo. No querías ir a un terapeuta sexual?

    – Si, pero me da vergüenza ir. Como será eso de un terapeuta sexual? – Estela hablaba con interés, se notaba que lo único que deseaba era arreglar su matrimonio y su vida sexual. – Y ese vecino tuyo es terapeuta?

    – Creo que no, pero por ir no pierdes nada, no?

    – Y el estaría dispuesto?

    – Claro, ayer hablando de ti le comenté y está dispuesto a conocerte y ayudarte.

    – Le hablaste de mi? Que le dijiste?

    – Solo un poco por encima, le dije que una amiga mía, mi mejor amiga, que conste, estaba pasando un bache en su matrimonio y surgió lo de pedirle que te intentara ayudar.

    – Cobra mucho? Ya sabes que últimamente como me bajaron el sueldo… Y no quiero que Andrés sepa que voy a ese sitio.

    – Estela! No te va a cobrar nada. Se nota que no lo conoces.

    – Eres un cielo Tania, gracias! – Habían decidido que en cuanto hablara con su vecino le mandaría un mensaje para saber cuando podrían quedar. – Yo ahora cojo vacaciones y tendré mas tiempo. Andrés está todo el día liado con su trabajo.

    – Ah genial! Cuando las coges?

    – Me queda esta tarde y ya mañana las empiezo.

    – Por qué no vienes mañana a comer a casa? Seria guay!! Rodrigo también estos días hasta la noche no llega a casa.

    – Siii. Te echaba mucho de menos Tania. Necesitaba estos momentos.

    – Y yo! Pues ya está, mañana comemos en mi casa y pasamos la tarde juntas.

    Estela se tuvo que ir a seguir la jornada en la oficina y Tania se fue para casa. Al pasar por delante de la casa de su vecino lo vio entretenido escribiendo en su libreta. Pensó si estaría escribiendo sobre ella y le gustó la idea de pensar que podía estar ayudándole a realizar su estudio de los sentidos.

    -Hola! – lo saludó desde la puerta metálica que daba a la acera.

    – Hola joven. Que tal ha ido? – durante su ausencia había pensado mucho en aquella muchacha y como habría ido con ese desconocido.

    – Puedo pasar? – la mirada de él le hizo entender que esa pregunta sobraba. Ella accedió al jardín.

    – La puerta del jardín solo la cierro por las noches. Ven – se levantó de la silla y cerró el cuaderno – Quiero enseñarte una cosa. – ella lo siguió hasta un lateral de la casa y allí había unas plantas muy bien cuidadas. Levantó una de las macetas y bajo un paño de cocina Tania vio que había una llave – Esta llave está siempre aquí, si algún día quieres entrar en casa ya sabes. A través de tu jardín puedes acceder al mío si la puerta de fuera estuviese cerrada.

    – Gracias. Es usted muy bueno conmigo – sin pensarlo lo abrazó apoyando la cara en su pecho y se mantuvo alli. Era agradable estar así.

    – Tu también lo eres conmigo cariño. – le gustaba mucho acariciar su suave cabello, sentir su olor.

    – Hoy estuve a punto de hacer una locura Braulio.

    – Que ha pasado? Quieres contarme?

    Entraron en casa y Tania le contó con pelos y señales todo. Desde cada gesto a cada sensación vivida. Le contó que fue hasta el portal de la dirección anotada en el papel por Carlos pero que se había asustado y se había ido casi corriendo.

    – Por que crees que huiste corriendo?

    – Estaba asustada

    – Porque deseaba ir a aquel piso y a la vez tenía miedo. Estaba muy excitada y me tuve que masturbar en el baño del centro comercial.

    – Te gusta ese hombre?

    – Nooo. A mi solo me gusta mi marido, bueno y usted un poco. – decir aquello le sorprendió – Físicamente solo mi marido, pero usted me gusta como me trata y me hace sentir y ya sabe…

    – Que! Debes expresar lo que sientas y nunca dar por supuesto nada.

    – Es que con Rodrigo siento orgasmos pero no son tan fuertes como con usted.

    – Es normal cariño, cuando estás aquí te sientes libre, libre de vivir únicamente tu placer y eso me gusta porque llegará el momento de que con tu marido sentirás algo parecido y disfrutarás tu sexualidad de pareja con más intensidad.

    – Hoy hablé con mi amiga. Mañana vendrá a comer a casa. Así podrá conocerle.

    – Quiere mi ayuda?

    – Si. Quiere su ayuda – Braulio vio como se levantaba el vestido y le mostraba sus bragas – Y yo también quiero su ayuda ahora.

    – Que deseas?

    – Tengo que decirlo?

    – Siempre debes expresar tus deseos, recuérdalo!!

    – Quiero que me chupe la vagina.

    Se levantó del sofá y se arrodilló delante de ella. Le quitó las bragas y hundió su boca en aquel coño que tanto le gustaba saborear. Se lo comió de mil maneras distintas y aquella joven se corrió en multitud de ocasiones. Orgasmos suaves, algunos mas fuertes, alguno incluso devastador que la dejaban temblando durante varios minutos.

    Cuando llegó a su casa, Rodrigo aún no estaba y aprovechó para ducharse y distraerse un poco. Quería follar con su marido esa noche y demostrarle que cada día lo amaba mas y para eso necesitaba olvidar, aunque fuera por unas horas, todo lo vivido durante ese día.

    Aquella noche fue especialmente intensa con Rodrigo, quizás por lo sensible que le había dejado la vagina su vecino, había tenido mas orgasmos de lo normal. Cinco? Seis? No sabia cuantos había tenido pero le había encantado. Se estaba convirtiendo en una adicta al sexo? Seria eso que llamaban en revistas de chicas una ninfómana? Se avergonzó con aquella idea, pero si así era, le gustaba lo que sentía. Se durmió feliz apretando sus muslos, en su vagina sentía placer al hacerlo. La tenia extremadamente sensible gracias a su marido y a Braulio y también había puesto su granito de arena Carlos, el señor de la cafetería, su admirador secreto.

    Por la mañana, al salir de casa, estaba decidida a ir a casa de su vecino pero al salir lo vio en la acera esperándola. Estaba con ropa de deporte señal que la esperaba para caminar.

    – Buenos días joven

    – Buenos días Braulio

    – Vayamos a caminar, hace dos días que no vamos.

    – Vale – un gesto de decepción se reflejó en su rostro y él se dio cuenta.

    – Cuando algo se convierte en costumbre pierde su interés tarde o temprano. – Tania se dio cuenta que echaba de menos caminar al lado de aquel hombre y escuchar sus pensamientos – La emoción de lo inesperado es altamente gratificante.

    – Si, tiene razón.

    Caminaron un largo rato, Braulio le había dicho que quería enseñarle un sitio que seguramente no conocía ya que llevaba poco tiempo viviendo en esa zona. Era un sitio de muy difícil acceso y atravesaron por campos y caminos estrechos de tierra. Estaba segura que si tuviera que volver sola se perdería. Hubo un momento que solo se escuchaba el sonido de los pájaros y a lo lejos se podía percibir el ruido de agua de algún rio cercano. Aquel sitio era precioso, transmitía calma, paz. Cuando traspasaron aquel muro de altos árboles Tania se quedó boquiabierta de lo que estaba viendo. Vio el río del que provenía el ruido del agua, esa agua caía hacia donde estaban ellos y formaba un precioso embalse natural en el que el agua estaba en calma. Había unas ruinas de lo que debía haber sido un molino fluvial. Solo se escuchaba el agua, los pájaros y sus pasos que se dirigían hacia aquella construcción abandonada.

    Braulio le ofreció su mano y ella se agarró a él. La llevó con cuidado y le advertía de cualquier pequeño obstáculo que aparecía para que no se tropezara. Cuando accedieron dentro de las ruinas él le explicó como funcionaban aquellos molinos, le habló de su niñez y ella lo escuchaba fascinada.

    Se quedaron quietos mirando alrededor y sorprendida sintió como aquel hombre la agarraba por la cintura y sin ninguna dificultad la levantó y la sentó sobre el hueco de lo que había sido una ventana. Se quedó quieta cuando Braulio le bajó despacio hasta los tobillos el pantalón corto y sintió como su coño se mojaba de inmediato cuando con delicadeza le bajó las bragas.

    – Disfruta de estos sonidos cariño. – y aquel hombre comenzó a comerle el coño mientras escuchaba el trinar de algún pájaro, el ruido de aquel agua. Y su coño se hizo agua cuando se corrió en la boca de ese hombre.

    Se abrazó a él después de correrse. Aquella inesperada situación le había encantado y se lo quiso agradecer de una manera que ella también iba disfrutarla. Miró a Braulio con picardía y le bajó el pantalón y la ropa interior. Aquel miembro estaba totalmente duro y se alegró de saber que a ese hombre le excitaba lamer su vagina. Se arrodilló delante de él y muy lentamente lamió desde la base hasta el glande. Braulio se estremeció cuando sintió su pene dentro de aquella tierna boca. Se la estaba chupando de nuevo y el rostro de ella era de felicidad y placer. Al contrario que esa mañana, esta vez ella comenzó a mover su cabeza en un vaivén delicioso y pronto le hizo entender que se iba a correr, pero ella no se detuvo sino que aumentó la velocidad de su mamada. Se corrió por segunda vez en la boca de Tania y ver como saboreaba su semen lo embriagó de felicidad.

    Volvieron hacia casa al ver la hora. Estela llegaría al cabo de dos horas y quería ducharse y terminar de preparar la comida. De regreso conversaron un poco sobre su amiga, Braulio quería saber algo mas sobre esa chica a la que intentaría ayudar.

    Quedaron de verse en casa de Braulio a las cuatro. Ella estaría con ellos y si Estela aceptaba quería hablar con ella a solas y que Tania los esperara en casa. A Tania le pareció buena idea y le dijo que se lo comentaría a su amiga durante la comida. Se despidieron con un tierno beso

    La comida con Estela fue divertida, con ella era imposible aburrirse. Estaba contenta de estar de vacaciones aunque por momentos se notaba su nerviosismo por la idea de conocer a ese señor del que Tania le había hablado. Hablaron de él, de como era y Tania le comentó lo de ir a su casa a las cuatro.

    – Y lo de quedarme a solas con él como lo ves?

    – No tengas miedo, es de fiar, ya verás. Y él me dijo que solo os quedaríais a solas si tu quieres.

    – Vale, si me siento mal no me dejes sola eh!!

    – Tranquila!! Ya verás como es un buen hombre.

    A las cuatro se fueron para casa de Braulio. Tania le presentó a su amiga y estuvieron en el salón hablando de todo un poco. Estela al ver que era un hombre cercano, educado y agradable, se fue sintiendo mas cómoda y se sentía relajada. Tania tenía razón y era muy interesante la conversación con aquel señor. Había pasado una hora mas o menos, el tiempo pasaba muy rápido en compañía de aquel hombre.

    – Estela te comentó Tania que me gustaría hablar contigo a solas?

    – Si me lo dijo.

    – Aquí lo importante es que tu te sientas cómoda. Si una persona está a la defensiva automáticamente se bloquea emocionalmente. Si no te sientes cómoda lo podemos posponer para otro momento. No te sientas obligada a nada, de acuerdo?

    – Vale, gracias.

    – Quieres quedarte con Braulio? – Tania agarró la mano de su amiga – Yo estaré en el jardín de casa estudiando.

    – Vale, me quedo. Después paso por tu casa.

    Las dos amigas se despidieron con un beso. Braulio le ofreció otro café o si quería algo y ella aceptó. Aquel señor tenía la cualidad de hacerla sentir cómoda, transmitía confianza y se lo agradecía.

    Hablaron sobre ellos, de sus profesiones, de sus aficiones. Braulio quería que aquella joven, ante todo se sintiera con la confianza suficiente de tratar temas mas personales.

    – Estela te ves preparada para hablarme de tu matrimonio?

    – Lo intentaré. Solo he hablado de mis problemas de pareja con mis amigas mas cercanas.

    – Es lógico, tu solo tienes que decirme lo que te veas preparada. No te preocupes.

    Y poco a poco Estela le habló de su marido, de su matrimonio. Le habló de sus anteriores relaciones y se sintió sorprendida de estar contándole a ese hombre que acababa de conocer, cosas mas personales, íntimas incluso. Le confesó que se sentía frustrada sexualmente y eso hasta estaba afectando a su carácter. Y se sentía bien desahogándose. Cuando se dio cuenta estaba en el sofá de ese hombre descalza y mientras ella se desahogaba ese señor le estaba dando un tierno masaje en los pies. Y no le molestaba ni se sentía incómoda, sino todo lo contrario, en ese inocente masaje sentía la atención que su marido llevaba tiempo sin darle hacía tiempo. Y su desatendido cuerpo estaba comenzando a reaccionar y se avergonzó que le pasara eso.

    – Creo que tendría que marcharme.

    – Te sientes incómoda?

    – Todo lo contrario, pero no estoy acostumbrada a esto.

    – A que te refieres? – Braulio quería que aquella mujer fuera capaz de expresar sus emociones.

    – Lo que le dije antes. Mi marido apenas me presta atención y jamás me había dado un masaje y mucho menos en los pies. Y es inevitable sentir cosas.

    – Un masaje es una forma de transmitir y liberar energía. Quieres decirme que sientes?

    – Es vergonzoso para mi decirlo.

    – Relájate, intenta expresar tus emociones. Estás muy bloqueada. – las manos de Braulio se desplazaban por sus pies, los movimientos suaves, la presión justa.

    – Me gusta su masaje.

    – Y que es lo que te da vergüenza decir o sentir?

    – Me da vergüenza decir… – Estela echó su cabeza hacia atrás apoyándola en el mullido sofá y cerró los ojos -… Que siento que mi cuerpo reacciona.

    – No te avergüences, eso es lo mas normal del mundo. Todos los cuerpos necesitan ser atendidos y el tuyo está falto de atención y ante la mas mínima caricia reacciona. Te sientes mal porque tu cuerpo reaccione?

    – Es vergüenza. La sensación me gusta.

    – Te ves preparada para que te de un masaje?

    – Un masaje?

    – Si.

    – Nunca me dieron un masaje.

    – Quieres que hoy sea esa primera vez?

    – Si me gustaría pero tendría que estar desnuda?

    – Claro que no mujer. Por comodidad si que sería preferible que estés en ropa interior.

    Estela se cambió en el baño. Estaba nerviosa pero deseaba sentir un masaje de aquel hombre pues era delicado y muy respetuoso. Se quitó su camiseta y el pantalón, dejándose únicamente puesta la ropa interior. Enrolló sobre su cuerpo la toalla que le había dicho Braulio y salió. Él estaba en la habitación esperándola. Lo miró ruborizada y sonrió nerviosamente cuando desató la toalla. Braulio cogió la toalla y la extendió sobre la cama.

    – Túmbate sobre ella – le mostró un bote de aceite – Huele. Te gusta?

    – Huele muy rico – se tumbó sobre la toalla extendida – Braulio…

    – Dime

    – Tania sabrá que me ha dado un masaje?

    – Solo sabrá lo que tu le cuentes. De mi no saldrá nada, se lo advertido antes de aceptar intentar ayudarte.

    – Gracias. Creo que me daría vergüenza contárselo.

    Las manos de Braulio masajearon el cuello de aquella mujer, masajeó sus hombros, sus brazos. Ella sentía que aquello le gustaba mucho, hacía tiempo que su marido no la acariciaba y aquello aunque fuera un masaje y no caricias propiamente dichas, era parecido. Cerró los ojos y disfrutaba de aquel contacto. Sintió las manos resbalando por sus hombros. No dijo nada cuando aquel señor deslizó las tiras del sujetador para dejar sus hombros desnudos.

    – Puedo? – sintió que los dedos de Braulio estaban sobre el cierre del sujetador – Así no lo mancharé con el aceite.

    – Ella solo pudo afirmar con la cabeza y percibió la liberación en su piel cuando se lo desabrochó. Tenía la piel erizada y aquella presión de las manos recorriendo toda su espalda era deliciosa. Su cuerpo de nuevo estaba reaccionando pero se sentía cómoda. Por un momento dejó de sentir aquel contacto y se sintió mal al pensar que quizás el masaje había terminado. Enseguida sus pies sintieron de nuevo ser masajeados aunque esta vez con aceite que permitía que resbalaran en una sensación deliciosa. Le estaba masajeando las piernas, las rodillas, los muslos. Y cada vez su cuerpo reaccionaba mas. Se estremeció cuando sintió aquellas manos sobre sus nalgas, las mantuvo quietas sobre ellas como si esperara de ella un gesto que le indicara si seguir o no. Ella no hizo nada dándole a entender que deseaba que ese masaje no terminara nunca. Estela estaba muy sorprendida por todo lo que sentía. Aquel hombre casi desconocido estaba masajeando la mitad de sus nalgas, la otra mitad estaban tapadas por sus bragas, y ella lo disfrutaba muchísimo y lo que mas le sorprendía era la capacidad de aquel señor para no hacerla sentir avergonzada.

    – Puedo? – sintió los dedos de Braulio que agarraban la goma elástica de su ropa interior. Ella de nuevo solo afirmó con la cabeza.

    Sintió como le bajó las bragas con mucho cuidado y tuvo que reprimir un suspiro cuando con suma delicadeza le separó las piernas. Masajeó sus nalgas con la presión exacta y ella sentía su vagina cada vez mas mojada. Nadie sabía que sus nalgas eran su punto débil. Quizás ese hombre se había dado cuenta? Los dedos magistrales le agarraban las nalgas de una manera que la hacía suspirar. Rozaban su ano y estaba segura que estaba mojando la toalla. Cuando sintió que aquellas manos masajeaban sus ingles gimió, no pudo evitarlo, pero no sintió vergüenza por ello, aquel señor tenía experiencia y era comprensivo y debía entender perfectamente lo que le pasaba. Sintió como las manos al masajear esa zona le abrían la vulva y sintió placer, mucho placer. Los dedos masajeando sus ingles y su vulva abierta.

    – Haga No bloquees tus sensaciones, tenías el cuerpo cerrado a los estímulos. Deja que suceda- Escuchar aquello la hizo dejarse llevar y sintió un placer intenso entre sus piernas y alucinada sintió como un potente chorro salió despedido de su vagina, dos más aunque de menor intensidad. Luego llegó la calma, se sintió como flotando en una nube. Braulio acariciaba su espalda con ternura – Voy a salir de la habitación, quédate aquí, tómate tu tiempo. Mastúrbate si lo necesitas. Vale?

    Cuando salió de la habitación Estela se quedó pensativa. Lo que acaba de sentir había sido maravilloso. Llevó su mano a su vagina y estaba empapada. Se masturbó recordando el masaje y se corrió dos veces en apenas unos minutos.

    Cuando salió de la habitación lo vio en el sofá sentado, tranquilo, relajado. Había enrollado la toalla a la espalda. Llevaba su sujetador y las bragas en la mano. Lo miró con algo de vergüenza pero le sonrió en gesto de agradecimiento.

    – Date una ducha Estela. Te dejé ahí unas toallas.

    – Gracias

    Quedaron en verse al día siguiente. Habían acordado que ya que estaba de vacaciones podía aprovechar esos días para hacer la terapia. Iría todos los días a las cuatro.

    Cuando salió de la casa se sentía contenta, vio a su amiga en su jardín estudiando.

    – Estela!! Que tal ha ido? Estás bien? – recordó que Braulio le había insistido que aquellas sesiones eran algo íntimo y que solo Estela podría contarle lo que quisiera sin sentirse presionada. – Ah perdona tía, no pude evitarlo.

    – No pasa nada tonta – cuando llegó a su lado la abrazó agradecida – Pero muy bien, gracias por presentarme a ese señor.

    – Puedes quedarte, no? Pensé que cuando terminaras podíamos tomar el sol un rato. Quieres?

    – No traje biquini.

    – Te dejo uno mío.

    – Tania!! Me quedará enano, no crees? – Estela era mas alta que ella y sobre todo tenía mucho mas pecho y culo.

    – Y que mas da!! Aquí nadie nos ve, bueno solo Braulio pero es de confianza. Rodrigo hasta las diez no llegará.

    Se fueron de la mano adentro de la casa. Las dos echaban de menos aquellos momentos juntas. Estela se probó algunos biquinis y se decantó por el que menos enseñaba de su anatomía.

    – Uf tía, casi se me ve todo. Que va. Me da corte. – la parte de arriba apenas tapaba sus pechos y la de abajo le apretaba bastante.

    – Pero si te queda mejor que a mi!! – al verla no pudo evitar recordar su diminuto pantalón que estaba en el cajón de su vecino.

    – Y a ti no te da corte que tu vecino te vea en biquini?

    – Bueno al principio un poco, pero ahora ya no. Hay confianza y es como una sensación rara.

    – Tania!! Eso es que te gusta que te mire?

    – Creo que si. Es muy respetuoso y educado y eso ayuda.

    – Como se entere Rodrigo te mata. Eres la leche.

    Salieron riendo, felices. Estuvieron diciendo tonterías, hablando cosas serias, merendaron algo. Estaban boca abajo con las cabezas en sentido opuesto al jardín de su vecino cuando escucharon su saludo.

    – Buenas tardes señoritas – llevaba su cuaderno en la mano y se estaba sentando en su silla habitual.

    – Buenas tardes!! – las dos saludaron al unísono.

    – Veo que estáis aprovechando el buen día que hace. Muy bien! El sol es muy bueno para el cuerpo.

    – Ella ya está casi negra. Es una capulla! – Tania era muy blanca de piel, todo lo contrario que su amiga.

    – Creo que mis padres me debieron adoptar, siempre les digo que debo ser hija de africanos.

    – Pues puede ser, porque tienes culo de negra así tan respingón – aquel comentario acompañado de una palmada en el culo la hizo avergonzarse, por unos momentos se había olvidado que aquel minúsculo biquini dejaba sus nalgas totalmente al descubierto. – A que tiene un culo bonito? Ella siempre dice que es demasiado llamativo y eso no le gusta.

    – Tania, tía!! – le estaba sacando los colores con aquellos comentarios.

    – Está bien, ya paro.

    – Bueno os dejo con lo que estabais. Voy a escribir un poco.

    – Vale.

    Volvieron a mirar para adelante y Estela la miró con cierto reproche.

    – Me hiciste sonrojar, eres una cabrona.

    – Te fijaste cuando lo dije como te miró el culo?

    – Claro que me di cuenta, fue un poco descarado, no?

    – Un poco, pero no te gustó sentir su mirada?

    – Calla que me da vergüenza.

    – No somos amigas?

    – Ya pero…

    – Entonces te gustó?

    – Si tía, no se explicarlo. Pero tu no eres la mas indicada eh!! Que antes me dijiste que a ti te gustaba que te mirara

    – Es que mira diferente que los chicos, verdad?

    – Si, es verdad.

    Se quedaron calladas y apoyaron sus cabezas en las toallas. Las dos sentían que ese señor les estaba mirando sus culos y ambas sentían un agradable cosquilleo entre sus piernas.

    – A ti se te ve mas que a mi, eso es trampa – Tania llevó sus manos hacia su braguita del biquini y la metió entre las nalgas – Así estamos iguales.

    – Estás loca tía, que pensará de nosotras?

    – Que va a pensar!? Que nos gusta que nos vea el culo. Nosotras pensamos mal de él porque le guste mirarnos? Yo no por lo menos

    – Yo tampoco

    Estaban excitadas con aquella situación, las dos respiraban agitadamente. Estela deseaba masturbarse porque aquel cosquilleo entre las piernas era demasiado agradable . Deseó llegar a casa y poder hacerlo, como cada noche, mientras su Andrés dormía.

    Braulio las miraba, se preguntaba si aquella joven que había conocido ese mismo día también se excitaría al ser observada como le pasaba a su amiga. La imagen que tenía ante él era excitante, sensual, era una imagen digna de los mas distinguidos museos al que acuden miles de personas para deleitarse con la contemplación de hermosas escenas. Le llamaba la atención el contraste de aquellas pieles. Tania con sus nalgas blancas, mas pequeñas pero increíblemente bonitas. Estela con sus nalgas muy morenas, redondas y salientes. No pudo evitar pensar que a ambas muchachas les había visto el coño, a una, su vecina incluso se lo había olido y saboreado, a la otra solo se lo había visto. Era un coño oscuro como su piel, cerrado como el de Tania. Contraste de colores, al separarlo con sus dedos pudo ver que el de Estela era de un rosa mucho mas oscuro, casi rojo, que el de Tania de un rosa mas claro.

    Se excitó, aún mas si es que era posible, cuando vio que su vecina metía la braguita del biquini entre las nalgas. Le estaba diciendo claramente que deseaba que la mirara y él lo hizo. Sus deseos eran para él casi órdenes siempre y cuando esos deseos no pusieran en peligro su matrimonio. Estaba seguro que si estuviera sola, en esos momentos tendría la braga bajada para dejarle ver su hermosa vagina y probablemente entraría en su casa para que le lamiera. Había comprobado que a ese chica le gustaba mucho sentir su boca entre sus piernas y siempre que lo hacía se corría enseguida.

    Eran las nueve cuando vio que se levantaban de sus toallas y comenzaban a recoger todo. Al poco tiempo las vio aparecer ya vestidas.

    – Hasta mañana Braulio – Estela se estaba despidiendo de él – Quedamos a las cuatro entonces?

    – Si, a las cuatro aquí. Hasta mañana Estela.

    Vio como Tania se acercó hasta la puerta del jardín y las amigas se despidieron con un fuerte abrazo. Cuando regresó se acercó al pequeño muro que separaba sus jardines.

    – Braulio mañana vamos a caminar?

    – Haremos lo que desees. Quieres ir a caminar?

    – Si pero podíamos desayunar antes – sus mejillas se pusieron algo coloradas. – Tomar el sol me da apetito.

    – A mi también.

    Se miraron y sin decir nada sabían lo que deseaban en ese momento. Tania miró vio la hora y aún faltaba media hora para que llegara Rodrigo.

    – Me ayuda? – pasó su mano por encima del muro y él la ayudó a superar su altura.

    Tania se dirigió a la casa y él la siguió. En cuanto estuvieron dentro ella cerró la puerta y se arrodilló. Le bajó la ropa deprisa. Cuando Braulio se dio cuenta, tenia lo polla totalmente dura dentro de la boca de esa joven. Lo hizo correrse enseguida. Era ella la que dirigía la situación. En ese casa era libre y así se sentía. Cuando eyaculó en su boca ella se levantó y se bajó sus pantalones y las bragas, con un gesto lo hizo arrodillarse y fue ella misma la que puso su sabroso coño en la boca de él. Apenas tardó en correrse en la boca de él. Cuando se corrió se vistió deprisa y se despidió de su vecino con un beso en la cara.

    – Gracias, lo necesitaba. – se fue sonriendo, necesitaba calmar su excitación y él lo había conseguido.

    Cuando Estela llegó a casa aún no estaba Andrés, se dio una ducha y se puso cómoda. Sentada en el sofá recordaba lo que había pasado en casa del vecino de Tania. Era inexplicable lo que había sucedido. Recordó todo lo que habían hablado, como se había sentido con aquel hombre, era diferente a todo lo que había vivido. Aún estaba alucinada de haber aceptado que le diera un masaje y mucho mas de haber accedido que aquel señor que le bajara las bragas y pudiese mirarla de esa manera. Se ruborizó de recordar como la había tocado, hacia años, que nadie le tocaba así las nalgas. Aquel hombre había conseguido hacer que su vagina eyaculara sin tocarla.

    Aquella noche cuando Andrés le pidió ir a la cama ella lo rechazó, no estaba dispuesta a que su marido la hiciera sentir un trozo de carne nunca más, su marido tenía que aprender a valorarla como mujer y si él tenía necesidades ella también. Al sentirse rechazado se fue para cama, solo, y evidentemente molesto.

  • Hice realidad una fantasía. Follar en una playa nudista

    Hice realidad una fantasía. Follar en una playa nudista

    Hacía años que la idea de tener sexo en una playa rondaba mi cabeza. Ya lo había hecho alguna vez dentro del agua, pero no era lo mismo. Yo necesitaba cumplir eso que tantas veces me había imaginado. Darnos igual todo y follar sobre la arena…

    Estuve cerca de cumplirlo con un chico, pero nunca se atrevió a más que alguna mano loca. Eso no satisfacía para nada mi fantasía y, lo tuve claro, si él no se atrevía, lo haría yo sola.

    Supe lo fácil que sería la primera vez que me lancé y decidí ir sola a una playa nudista. Noté como te miran cuando una chica está sola ahí. No te quitan la mirada de encima y a mi las miradas… Me matan.

    Esa primera vez, fue bastante fácil acercarme a cumplirla. Había 2 chicos muy cerca, al principio pensé que eran pareja pero en uno de mis paseos hasta el agua y vuelta a la toalla, noté como miraban y que uno de ellos se estaba tocando. No pude evitar sonreír y calentarme pensando en cómo 2 amigos se ponían de acuerdo para ir a playas nudistas a mirar chicas y tocarse juntos. No vi que ellos estuvieran dispuestos más allá de solo mirarme y tocarse y, la verdad, no me importó. Era la primera vez que me atrevía a ir sola y jugar con fuego. Que solo nos miramos en la distancia ya era más de lo que pensé que haría. Me puse en posición hacía ellos con las piernas abiertas y cuando vi que ellos eran conscientes de que quería jugar y me seguían el juego mirando hacia a mi mientras se tocaban… Nos masturbamos los 3 mientras nos mirábamos a escasos metros de distancia. Algún mirón observaba de lejos sin acercarse y poco más.

    Me fui bastante satisfecha a casa. Pero no paraba de imaginarme dando 1 paso más.

    1 mes después por fin tuve la oportunidad de ir sola. Esta vez, era otra playa, una en la que las calas son más cerradas y no hay apenas gente. Mientras iba de camino pensaba que igual era un error y no me encontraría más que 1 pareja que solo me pondría más cachonda a mí y me dejaría con las ganas. Nada más lejos de la realidad, la vida me sonreía ese día…

    Cuando llegué había 3 chicos, los 3 en solitario y apartados 1 del otro. 2 de ellos jóvenes y el otro de unos 50 años.

    El de 50 años estaba en el agua cuando llegué y cuando vio que una chica se acercaba, salió un poco del agua dejando el miembro a la vista. No sé si lo hizo con intención o no, pero a mí me bastó como indirecta.

    Me puse en medio de donde ellos estaban y empecé a desnudarme. El del agua no se lo pensó y empezó a tocarse. Bastante descarado, pero yo iba a eso así que, estaba lejos de molestarme. 1 de los chicos, el que estaba más cerca de mi, se dio cuenta y me sonrió mientras decía algo. No entendí que dijo en ese momento pero por su actitud se notó que hacía un comentario sobre el del agua.

    Hice bien en mirar hacia ese chico cuando al terminar de desnudarme, me tumbé en la toalla y abrí mis piernas mientras me acariciaba. Digo que hice bien, porque ahí confirmé que si me hizo un comentario sobre el del agua. Al ver que esa era mi actitud, el chico se giró hacia mi, mientras decía:

    – Y yo pensando que te estaba molestando.

    Le sonreí, seguí acariciándome y le dije:

    – En esta vida hay que disfrutar…

    Ahí le cambió la cara, es como si justo en ese momento se hubiese planteado por primera vez en su vida tener sexo en una playa y ya le diese igual todo. Vi 2 segundos como llevaba su mano hacia su miembro cuando… ¡Sorpresa! El otro chico sin tan siquiera saludar, se había acercado a mi por el otro lado y había puesto su toalla junto a mi.

    Sorprendentemente este era el más joven (de unos 20 años), pero también el más desvergonzado. Yo lo mire y tan solo le dije:

    – Buenas tardes al menos, ¿no?

    Él sonrió y tan descarado como ya había dejado claro que era dijo:

    – ¿Me dejas tocar?

    Yo había ido a eso, decir que no sería perder la oportunidad de mi vida…

    – Claro. Puedes tocar lo que quieras.

    Y a por todas que fue. Se puso frente a mi de rodillas y empezó a acariciar mi clítoris. Yo ahí dejé la mente en blanco, por fin iba a cumplir esa fantasía que tanto deseaba. Me acomodé tumbada del todo en la toalla, abrí mis piernas más y con mis manos empecé a acariciar mis pechos.

    El, al ver que estaba dispuesta a todo, bajo su cabeza y empezó a darme suaves besitos por los muslos mientras me seguía tocando. Yo, bastante excitada, giré la cabeza hacia el otro chico y vi el tremendo miembro que tenía entre las manos… Duro, gordito, grande… Mmmmm.

    Lo miré con cara de deseo y él se acercó para que lo viese mejor. Os podéis imaginar en la nube que estaba en ese momento. Una cala medio privada, tumbada en la toalla, abierta de piernas, un chico tocándome mientras empezaba a lamerme, otro con una polla enorme tocándose a mi lado mientras me miraba y… ¿Donde estaba el hombre del agua? Recuerdo pensarlo durante unos segundos cuando el mismo decidió responder. Apareció por el otro lado, venía tocándose y entonces, al llegar donde estábamos, solo dijo:

    – ¿Me dejas mirar?

    Yo estaba completamente caliente, ni la cabeza no me daba ya para pensar en nada. Sin pensarlo, tan solo me salió responder:

    – Tu has empezado esto, lo que debes hacer es follarme.

    Se le abrieron los ojos de par en par. Preguntó si alguien tenía preservativos y, menos mal que yo sabía a lo que iba.

    Me acomodé, busque en mi mochila y saqué un puñado.

    El chico que se estaba masturbando a mi lado no pudo evitar reírse. El fue quien entendió que ese era el mejor día de mi vida.

  • La culona del gimnasio

    La culona del gimnasio

    Desde el encuentro con la mamá de mi compañera de clases creció en mi un gusto sexual por las mujeres con grandes tetas y llamativas, no fue la excepción la morena del gimnasio.

    Para que entiendan mejor, soy joven tengo 25 años, de los cuales 4 he experimentado con varias mujeres, mido 1.70 tengo piernas largas pero bien dotadas, mis tetas son un manjar con pezones parados, soy delgada pero con curvas, pelinegra con pelo lacio y siempre adorna un piercing mi obligo. Me ha gustado mantenerme en forma desde mis 23 años y eso ha rendido frutos.

    Un día normal llegué a entrenar, normalmente estaba lleno de hombres semidesnudos apestando a sudor y una que otra chica. Comencé mi rutina cuando por el espejo vi pasar a una morena alta de pelo negro con un cuerpo de infarto, con top y leggins que se ajustaban a sus curvas, inmediatamente quedé embobada pero del culo que cargaba, sus tetas eran de un tamaño pequeño pero se compensaba completamente con el culo tan precioso y grande que tenía.

    Se llevaba toda la atención de los hombres pero siempre les daba corton y eso me daba esperanza de comerme ese culo. Sabía perfectamente lo que tenía porque lo meneaba al pasar como una Diosa con una sonrisa burlona en la cara, entonces empecé a ir a la misma hora que ella y cuando terminaba y se iba a loa vestidores inmediatamente iba a cambiarme también aún que desafortunadamente solo se ponía una sudadera y se iba.

    Un día llegué y no estaba, así que hice de mala gana mi rutina y me fui a los vestidores, mi sorpresa fue verla llegar con un traje oficinista que hizo que inmediatamente me palpitara el coño, estaba hablando por teléfono mientras se empezaba a desvestir para ponerse su ropa para entrenar.

    Hice como si estuviera cambiándome, cuando toda mi atención la tenía ella. Primero se quitó el blazer para quedar en camisa y desabrochar unos cuantos botones para después dejar ver su sujetador de encaje que contrastaba con su piel morena. Sin ningún pudor se sacó el sujetador dejando sus tetas al aire, juro que salive, necesitaba chupar sus pezones parados y cafés obscuros. Parecía tan absorta en la discusión que tenía por teléfono que estaba segura, no había notado mi presencia, entonces sin mucho cuidado de una saco su falda de tubo quedando en tanga, una diminuta tanga que se perdía en su enorme culo, estaba tan mojada.

    Rápidamente se puso el leggins y colgó la llamada, yo seguía embobada, termino de cambiarse y guardo sus cosas pero antes de salir paro en la puerta, me volteo a ver y me guiño un ojo para luego salir.

    Estaba que me moría y ella sabía que estaba colgada de ella, así que salí de nuevo a «correr un poco más». En algún momento de su rutina se acomodo adelante de mí y empezó a hacer sentadillas, mi coño estaba tan mojado, el leggin se transparentaba y me daba una vista perfecta de su tanguita y los labios de su coño, quería probarlo ya.

    Ni siquiera llevaba media hora de rutina cuando vi que caminó hacia el vestidor, claramente la seguí y al entrar estaba recargada en el lavamanos viéndome.

    —¿Crees que no me doy cuenta de cómo me miras el culo?— Me dijo con una sonrisa de lado, empezó a caminar hacia mi —¿se te antoja?— sentí un palpitar en el coño. Así que rompí distancia, me acerque a su oído y le susurre —Me lo comería completo— Lamí suavemente su lóbulo de la oreja, escuché un pequeño gemido.

    En menos de un segundo nos estábamos besando, mejor dicho tragando, sentí sus manos por todo mi cuerpo mientras yo hacía lo mismo, empezamos a irnos hacía el cubículo más alejado y nos metimos mientras nos seguimos besando y quitando la ropa frenéticamente, cerré el cubículo con seguro y la pegue contra la pared mientras lamía su cuello y bajaba poco a poco, hasta llegar a sus tetas.

    Chupe sus pezones y los mordía mientras sentía jalones en el cabello, con una mano masajeaba una teta y con la otra comencé a masturbarla encima de la tanga, trataba de callar sus gemidos con mano, entonces la voltee bruscamente mientras me ponía a cuclillas.

    Su culo era perfecto, comencé a masajearlo mientras lamía poco a poco sus nalgas, para luego abrirlas y encontrarme con sus labios hinchados y mojados y su ojete dilatado. Sin pensarlo hundí mi cara en ese culo gigante, sabía riquísimo, empecé por los labios succionado todos los jugos que había dejado, con mi lengua le daba masajes rápidos mientras que un dedo comenzó a masajear su ano, sus gemidos ya eran más fuertes y me prendía más escucharla, deje de lamerle el coño para lamerle el culo y meterle dos dedos a un ritmo impresionante. Empezó a susurrar cientos de cosas —Si, así que rico — me motivaba a lamerla más, le pedí que se diera la vuelta y subiera un pie en el retrete para poder apreciar su delicioso coño que seguí devorando como una puta hambrienta, mis tres dedos entraban en su vagina y otro más en su culo, comenzó a dar brincos y a hacer movimientos pélvicos intenso hasta que sentí como me mojo toda la boca, se había venido en mi puta boca, estaba toda mojada, inmediatamente se agacho a besarme y quitarme con su boca el resto de sus fluidos, me paró y me dijo —ahora voy yo — y la vi hincarse a comerse mi coño.