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  • Que pequeño es el mundo (2)

    Que pequeño es el mundo (2)

    En el relato anterior, en el regreso presencial a clases me presenté como parte de la plantilla de personal docente, el padre de uno de los alumnos me reconoció, me invitó a tomar un café y a mucha insistencia acepté, resultó que también son un matrimonio abierto y me propuso un intercambio, lo platiqué con Roberto y le pareció interesante decidimos aceptar, les pedimos hacernos un examen ETS para poder interactuar.

    Unos días después nos entregaron los resultados saliendo negativos para ambas parejas,

    Porfirio nos invitó al siguiente sábado a su casa, el junto con su esposa hicieron los preparativos para el encuentro.

    No hay fecha que no llegue así que llegando el sábado nos preparamos Roberto me pidió vestir muy sugestiva así que me puse un vestido rojo de tirantes, muy corto tapándome apenas la nalga, y un escote pronunciado, pantimedias negras con abertura en la entrepierna con una tanga también, zapatillas rojas de tacón alto, me maquillé para la ocasión y me depile, Roberto se vistió muy casual, pantalón de mezclilla y camisa blanca y antes de salir se tomó su pastilla azul y yo puse el lubricante en el bolso por cualquier cosa, fuimos casi a una cita a ciegas, ellos nos conocían solo de vista y Roberto no, los únicos que nos conocíamos aunque no del todo éramos Porfirio y yo, Roberto lo dispuso así para hacer más excitante la cita.

    Llegamos a casa de Porfirio y Meliza como a las 5 de la tarde quienes nos dieron la bienvenida, Meliza una mujer llenita con unos kilitos de más, de cara bonita, muy alegre y dicharachera vestía un vestido blanco semitransparente de tirantes también, con un coordinado de brasier y bikini en color negro que se notaban a través de la tela del vestido, liguero negro y medias de color natural, zapatillas blancas, Porfirio con un pantalón casual color beige y una camisa blanca, nos invitaron a pasar, primero a la sala al sentarnos una pareja frente a la otra ninguna pudo evitar que nos vieran las piernas tanga y bikini, pues abrieron los ojos cada uno desde su posición y nosotras a propósito abrimos las piernas para que disfrutaran más el espectáculo.

    Nos comentaron que a su hijo Francisco lo llevaron a casa de los papás de Meliza que no nos preocuparamos si haciamos ruido.

    La mesa ya estaba puesta, Meliza me pidió que le ayudará a servir la comida, una crema de espinacas, y una arrachera con verduras a la mantequilla que había guisado ella, acompañado de vino tinto, estuvimos platicando un buen rato de nuestras actividades y vaciamos otra botella de vino, la plática se desvío a la parte que más nos interesaba, saber nuestras experiencias sexuales, Meliiza hacía pronunciamientos muy jocosos cómo que toda la semana estuvo excitada pensando en cómo cogería con Roberto, su tamaño y su desempeño, Roberto también estuvo así pensando cómo sería Meliza, se relataron alguno de nuestros intercambios, Porfirio nos preguntó de la aventura que tuvimos con el single quiso que le diera más detalles, la forma en que nos distribuimos en la mesa fue intercalados Roberto y Meliza en un lado de la mesa y Porfirio y yo frente a ellos, hubo algunos roces y tocamientos por debajo de la mesa, Meliza acuso a Roberto con su esposo de que le agarró la pierna y le estaba subiendo hacia su coño, Porfirio le dijo yo también haré lo mismo con Fanny para igualar las circunstancias, reímos y Meliza dijo, pues yo no me quedo así, y puso su mano en la verga de Roberto para sobarla comentando, órale si que traes ganas mira como la tienes, yo bese a Porfirio y el sobó mis pechos mientras yo le hacia un tocamiento de pito, lo sentí de tamaño muy similar al de Roberto, las manos no paraban y nos encendíamos más, pedí permiso para pasar al baño, me acompaño Meliza su baño es muy amplio, aproveché para lavar la boca diciéndole que nos gusta mucho el sexo oral y más valía evitar una infección, ella hizo lo mismo, llegando de nuevo a la mesa invitamos a Roberto y a Porfirio para que también se asearan la boca, con este preparativo prácticamente estábamos indicando que debíamos empezar.

    Pasamos a la sala y Porfirio puso música romántica, me pidió si bailabamos, me levanté pero pedí a Roberto que el sacará tambien a Meliza, los manoseos no sé hicieron esperar, ambas tomamos a la pareja en turno con los brazos al cuello y ellos nos tomaron de las caderas, el ritmo de la melodía era lento y hacía más candente el moviendo, Porfirio me dio un beso muy efusivo, introduciendo su lengua en mi boca con fuerza, pude notar su excitación en mi vientre pues el es un poco más alto que yo, su miembro estaba durísimo así que baje una mano para darle placer sobandolo, el bajo sus manos para tocar mis nalgas, Roberto no perdía el tiempo tampoco, le daba besos en la boca, cuello y nuca, haciendo que se retorciera de placer, bajó sus manos para acariciar sus nalgas como cargandola, bailamos varias melodías, los despojamos de la camisa para tocar el pecho y besarlo, Roberto es muy lampiño y Porfirio tiene algo de bello, cada vez eran mayor y más profundas las caricias al grado que ya les habíamos bajado el cierre y sacado la verga, acariciando de arriba a abajo, haciéndoles una paja lenta, ellos ya nos habían bajado los tirantes del vestidos y brasier para sacar nuestros pechos que sobaban con gran placer, subieron nuestros vestidos y nos acariciaron las nalgas y la vagina y haciendo a un lado tanga y bikini, nos masturbaron metiendo sus dedos, se oían los chasquidos que hacían nuestros jugos y sus dedos, se escuchaban, gemidos de placer por toda la sala, seguimos con las caricias un buen rato los cuatro estabamos disfrutando sin prisa cada caricia.

    Meliza sugirió subir a la recámara para estar más cómodos, Meliza y Roberto subieron adelante y después yo con Porfirio, en ese orden, Meliza sl igual que yo llevábamos el vestido enrollado casi en la cintura, dejando expuestos los pechos y las nalgas que ellos sobaban deliciosamente, ellos con la verga de fuera bien parada, llegando a la cama nos sentamos frente a ellos, terminamos de abrir el cinturón y boxer para sacarles la verga y darles una buena mamada, ellos expresaban su placer diciendonos, eso zorra mamamelo todo, así te quería perra, saca todo lo puta que eres, Porfirio me levanto para acostarme en la cama quitarme la tanga y darme una buena mamada, Roberto también levanto a Meliza para hacer un rico 69, después Porfirio me puso en cuatro para dejarme ir cada cm. de su verga fue lento lo cual hizo más placentera la ensartada, después hizo el mete y saca, no aguante empecé a estremecerme con mi primer y muy merecido orgasmo, Roberto puso a Meliza de patitas al hombro haciéndola gozar también, al igual que yo tampoco pudo aguantar mucho y escandalosa gritó de placer al tener su orgasmo, ellos siguieron moviéndose hasta eyacular dentro de nosotras, con un placer enorme en sus caras, nos recostamos para tomar un poco de aire y que los hombres se repusieran.

    Volvimos a la carga ahora nosotras tomamos el control montadolos, fue delicioso sentir como nos metían la verga, los gritos de placer de Meliza mezclados con mis quejidos, está vez nosotras les gritabanos, así querían tenernos cabrones, soy una puta, mira como me cogen, como me la meten, que verga tan rica, y otras más, haciendo el ambiente más morboso, logré tener un orgasmo multiple, Meliza también llegó al orgasmo bajamos un poco el ritmo para disfrutarlo, una vez pasado seguimos moviéndonos, ellos nos estrujaban los pechos después bajaron las manos para agarrarnos la nalga, los hicimos bufar de placer e inevitablemente volvieron a venirse dentro.

    Por la intensidad del placer ya no tuvimos ganas de más, a ellos ya no se les paro y por lo menos yo me sentí satisfecha.

    Descansamos abrazando a la pareja en turno, y nos dio sueño así que dormimos un rato, despertamos y nos vestimos para regresar a casa, nos despedimos de nuestros anfitriones Porfirio muy cariñoso me besó en la boca y todavía me dio un agarrón de culo, Roberto también se despidió de Meliza besándola y diciéndole que bun culo tienes y que bien sabes moverlo, se sonrojó y le agradeció el piropo.

    Llegamos a casa y sin bañar s nos metimos a la cama para descansar.

    Aún no termina está aventura, falta contarles, la amabilidad no siempre es lo que parece ni te debes confiar.

    Nos vemos en el siguiente relato.

  • Travesura a mi amante

    Travesura a mi amante

    Regreso de estar con Bernabé, mi amante y, antes de que se me olvide, empiezo a escribir mi experiencia con la travesura que hice. Desde hace un mes había estado pensando darle a mi amante un beso con mi boca llena del semen de Ramón, mi marido, pero la única manera en la que creo que pudiera lograrlo es poniéndole un condón a mi esposo en la mañana, cuando generalmente me tomo un biberón muy rico, y llevármelo a la casa de mi amante para tragarlo allí, frente a él. El problema es que no usamos condón y mi esposo protestaría, si no es que sospecharía algo. Comenté esto con un par de amigos del foro y pregunté: “¿Qué se te ocurre que debo hacer para ponerle el condón sin que lo vea extraño?”

    ¡Achis, creo que está temblando! Ya pasó… Pensé que el mareo era por una baja de azúcar o algo así, producto de tanto movimiento que acabo de tener. Regreso después, voy a ver qué pasó.

    Sí, efectivamente, lo de ayer fue un temblor en Michoacán. Los memes estuvieron prolijos entre los de la CDMX (tres sismos fuertes en la misma fecha: 1985, 2017 y 2022, aunque con epicentros en lugares diferentes). Hoy martes, después del susto de ayer, porque donde vivo no tiembla, vuelvo a escribir para contarles de mi travesura, pero hoy ya contaré que fue una travesura doble, ya verán porqué.

    Kama Luxuria me dio la gran idea: “venden unas fundas para el pene texturadas, que funcionan igual que un preservativo, son de silicona, pero la gracia es que son texturadas, valga la redundancia, donde el pene queda como un cactus, lleno de puntas o pelotitas que rasparan tu clítoris, sentirás una sensación única, de gran placer, porque aumentará la estimulación en tu clítoris y paredes vaginales sensitivas. Cuando estés follando con tu marido y él te esté penetrando pídele que compre esa funda, que la viste en Internet y que quieres sentir esa sensación, quieres que te encule sintiendo esas texturas, dile que eres suya y que imaginas su verga llena de puntas y quieres montarla.». Además, me puso unas direcciones de Internet donde se anunciaban los artilugios.

    Vi los anuncios y sus imágenes. Así que esa noche, al estar cogiendo, le conté a mi marido lo que vi en Internet, le recordé que ya habíamos visto un video donde una madura se lo ponía a un joven y por eso lo busqué en la red, y le dije: “Voy a averiguar dónde los venden y te digo para que me compres unos”.

    Al día siguiente, fui a comprar una carne que le gusta a mi marido porque recordaba que, junto, hay una tienda de juguetes sexuales, sólo se ve el anuncio “Venus Sexshop“, pintada de amarillo y no se ve bien hacia adentro. Así que, sin titubear, me metí. Me atendió una joven y de inmediato le pregunté por lo que deseaba. Me mostró de varios tipos y texturas (sólo en fotos del catálogo). Me dejó claro que no todos los tenían allí, pero que podía hacer un pedido. Afortunadamente, el que me interesó sí estaba en la tienda y compré un paquete de tres.

    El domingo de la semana pasada se los enseñé a mi marido y usamos uno varias veces. Sí, ¡yo sentía delicioso!, pero a Ramón no le convencía. Se lo quité y se lo puse al revés, con la textura hacia su pene y se vino facilito.

    –¡Ah, sí sentí distinto! –exclamó y se lo quité, pero se había roto.

    –Uh, parece que no se debe usar así –dije tomándome el contenido a través de la rotura y le di un beso muy cargado de semen.

    –¡Eres muy puta, mamita! –gritó al terminar el beso, después de que le revolví su leche con mi lengua trenzada en la suya.

    –Me gustó cómo pusiste la cara de caliente al cogerme así, papito, por eso te compartí algo de lo que me gusta tomar…

    –Yo creo que se rompió porque los condones sólo se deben usar una vez –me dijo Ramón.

    –La dependiente me dijo que “podía usarlos más de una vez, si se trataba de la pareja con la que no usaba condón, de lo contrario úselo sólo una vez, como uno común”.

    –Saaabe, entonces ¿por qué se rompió? –preguntó mi marido.

    –Es que no viste la cara de puto que tenías y el meneo que me dabas con la verga, ¡estabas poseído! –le contesté.

    El sábado siguiente usamos tres veces el mismo condón. Practiqué otra vez el vaciado en mi boca y me aceptó mi marido el beso, otra vez más, volteado con la textura hacia el falo soltó leche como vaca, me vacié lo del condón en el pecho y lo tallé hasta que se puso espumoso. “¿Quieres tetas con crema?”, le pregunté. “¡Puta!”, me contestó. La última vez se lo puse de manera normal y le pedí que me enculara.

    –¡Así sí se sienten bien las bolitas y espinas con tu culito apretadito mamacita! –gritó Ramón moviéndose con rapidez y se vino abundantemente.

    Al descansar, se lo quité y lo vacié sobre mis pies, los cuales friccioné como si de una loción se tratara. El resto lo distribuí en mis axilas. Ramón dormitaba, el condón también se había roto, al parecer, la enjundia era peligrosa para la vida del condón. El domingo cogimos normalmente, hicimos el 69 dos veces y, en ambas, me vine en su boca, que no dejaba de chuparme y sorberme al sentir mi calentura. Durmió como un bendito, con la dicha de un ángel. Al amanecer, me quiso dar el biberón matutino como despedida, antes de salir a trabajar.

    –Mámame, mami… –dijo, y yo abrí la boca.

    Calculé que ya estaba lo suficiente caliente y le puse el condón. “Mejor cógeme papasito, quiero sentir esto otra vez” dije y lo obligué a cogerme de misionero. Yo me sentía muy arrecha porque me imaginaba que al rato le daría esa leche a Bernabé con un beso. Mi marido se vino, le quité el condón con mucho cuidado y él se metió a bañar.

    En la cocina, mientras estaba el café, puse el condón en un pequeño vaso tequilero para evitar que se volteara. Al terminar de preparar el desayuno entró mi marido y desayunamos. Se dio cuenta que el condón estaba en el vaso.

    –¿Y eso? –preguntó.

    –Al rato me lo voy a tomar. ¿Tú también quieres tu café con leche? –dije haciendo el ademán de verterlo a su taza.

    –¡No! –gritó quitando su taza–. Tú tómatelo como quieras –sentenció.

    –Eso voy a hacer… –dije, y él entendió no sé qué, pero seguramente no era lo que yo había concebido.

    Al irse mi marido, tomé una liga y cerré bien el condón. Lo volví a meter en el pequeño vaso y, verticalmente, lo coloqué en el compartimento del cierre de mi bolso. Me vestí y fui directamente al departamento donde Bernabé me esperaba.

    Al entrar, dejé mi bolso y ayudé a mi amante a desvestirme. Él ya estaba desnudo y pronto quedé igual.

    –¿Quieres tetas con crema? –pregunté, ofreciéndole el pecho, aún escamoso en algunos sitios por el semen seco.

    –¡Claro que sí mami! –exclamó y se puso a mamarme.

    –También tengo patitas con leche –le dije antes de que pasara a lamerme las axilas.

    Tomé mi bolso y, moviendo mis nalgas con la exageración de una puta que camina modelando, me fui rumbo a la recámara.

    –¡Qué ricas nalgas! –profirió y me dio una fuerte nalgada.

    Bernabé se puso a besarme y lamer mis pies, hasta dejarlos limpios, luego, la lengua siguió por mis piernas y llegó a mi panocha.

    –¡Hueles rico: a puta muy cogida! –expresó después de olerme la panocha y se puso a abrevar la leche fermentada que mi marido me soltó el domingo. Bernabé me hizo venir con esa boquita que me enganchó a él desde hace catorce años.

    Descansamos un poco y luego me monté en él. “Te traje un postre” dije y me extendí para tomar mi bolso. extraje el vaso y de él saqué el condón texturado que contenía el esperma de mi marido. Al parecer, él no conocía estos juguetitos, llenos de minúsculas bolas y espinas, pues lo miraba con curiosidad. Deslicé la liga con mucho cuidado y le dije “Es dulce de leche de buey, ordeñada en la mañana” y vacié el contenido en la boca. Le mostré la lengua con el esperma y le di un beso.

    Aunque estaba asombrado, al sentir el sabor me correspondió el beso haciendo gala de su lengua en mi boca. Como yo estaba ensartada, sentí que su pene creció más de lo normal, lo que me hizo que pensara mejor el asunto: me separé de él y le puse el condón “Con esto siento más rico, mi amor” le dije al ponerle el gorrito de látex, que resbaló fácilmente pues aún estaba húmedo con el semen de mi esposo, y me volví a meter la verga para cabalgar hasta venirme.

    Mi amante se vino mucho y quedó agotado. Lo besé mientras descansaba y le quité el condón conservando su leche. Puse la liga otra vez y acomodé el preservativo en el vaso que había dejado sobre el buró.

    Le mamé la verga para limpiarlo y nos metimos a la ducha, donde me enculó. él ya no eyaculó, pero yo sí grité con el grandioso orgasmo que me provocó. “Toma, puta mancornadora”, me gritaba golpeándome con su pubis y huevos, y me daba verga sujetándome con fuerza de los brazos, mientras el agua tibia resbalaba por nuestros cuerpos.

    Salí de la ducha casi arrastrando los pies. Tendimos las toallas sobre la cama y nos acostamos sobre ellas para dormitar un poco. Al despertar, y antes de cambiarnos, volví a meter el vasito con cuidado en mi bolso.

    Salimos de su departamento viéndonos con ojos de becerro a medio morir, como dos adolescentes enamorados. En su auto me llevó muy cerca de mi casa, aunque él insistía en dejarme frente a la puerta de la privada ya que me veía muy cansada. Pero lo convencí de no hacerlo pues nos podría ver algún vecino.

    Llegué a la casa, llevé el vaso a mi recámara y lo coloqué en el peinador, junto con los frascos y botes de afeites para disimularlo. A la media hora, me dispuse a escribir lo que había pasado y me sentí mareada (era el sismo y ya conté esa parte). Le dije a mi hija que fuera a la cocina económica y comprara lo que viera rico, porque no pensaba yo hacer de comer.

    Una hora después, mientras veía las noticias por Internet, llegó Ramón, mi marido, quien me dijo que suspendieron las actividades pues uno de los muros que estaban levantando parecía que se caía con el sismo. Nos sentamos a ver la televisión y nos acariciamos calentándonos.

    –Veo que te acabas de bañar, vieja cochina, ya hueles a dama. Desde el viernes que no lo hacías.

    –¿Qué puede haber mejor que estar cogiendo? –le pregunté dándole apachurrones en la verga que le creció más con las caricias, mientras lo besaba amorosamente.

    –¿Qué tal estuvo tu café? –me preguntó en alusión al esperma que le dije que me tomaría.

    –¡Oh, se me olvidó! Era para después de bañarme… –exclamé poniendo cara de sorprendida y haciendo ademanes de haber cometido un olvido–, pero ahorita me lo trago.

    Lo tomé de la mano y lo llevé a la recámara. Cerré la puerta y lo comencé a desvestir. “Encuérate mientras me lavo las manos y la cara”, me dijo metiéndose en pelotas al baño. Aproveché para quitarle la liga al condón y colocarlo ciñéndolo a la boca del vaso, tal como él lo había visto en la mañana.

    Al salir del baño, se puso de pie al lado de la cama y me hinqué para chuparle el falo. El presemen comenzó a brotar con las primeras lengüetadas y jalones del tronco que le daba con una mano y con la otra acariciaba sus huevos.

    –Acuéstate, que quiero usar el condón otra vez –le ordené y tomé el vaso. Hice lo mismo que con Bernabé, a horcajadas me ensarté en su verga. Me tomé el semen, pero dejé una buena cantidad en la boca para darle un beso.

    –¡Qué esposa más puta tengo! –dijo, pero, en lugar de negarse abrió la boca para saborear la mía llena de leche que él creía era suya. ¡Fue un beso riquísimo! pues con su lengua recorrió mis encías–. ¡Qué sabroso beso!, parece que ya reposado sabe mejor que antes –dijo y metió la lengua al vaso donde estaba el condón. ¡Yo estaba asombrada con esa actitud! Después me sacó la verga de la panocha y la metió al vaso para colocarse él el condón–. Ahora sí, putita, cabálgame –dijo al acostarse, poniendo los brazos en cruz.

    Nos vinimos y me quedé sobre él casi desmayada. Dormimos más de una hora. Al despertar, Ramón tomó el vaso y metió la verga en él para quitarse el condón, dejándolo como lo había tomado.

    –Al rato lo volveremos a usar. Después de comer, te lo meteré por el culo –me advirtió al dármelo. Yo tomé el esperma y me sorprendí aún más cuando me dijo –¿Me das otro beso, mamacita?

  • Retomando. (Tributo a Sofia)

    Retomando. (Tributo a Sofia)

    Escribir acá es un acto de placer. Que alguien anónimo, dedique su tiempo a leerte, que ponga atención a tus palabras y lograr hacer nacer en esa persona la excitación, la calentura, la fantasía o simplemente el deseo… Es un acto de satisfacción auto obsequiado, una paja intelectual dicho mal y pronto.

    Por mi parte, he compartido algunos relatos que para mí sorpresa, han cosechado reacciones de lo más positivas, como valoraciones, comentarios e incluso mensajes. Pero desde la última vez que compartí, pasaron años. No fue falta de sexo (gracias a Dios), ni de infidelidad (gracias al Diablo)… Pero las historias que me gusta contar, tienen como denominador común el morbo… Eso es lo que me estuvo faltando. No estoy diciendo que ese vicio tórrido se haya ausentado de mi vida, sino que no me inspiraba lo suficiente para escribir.

    Pero nunca dejé de leer, y así, conocí a Sofia, una autora exquisita, una pluma impúdica que me fascinó desde que me encontré su obra. Aun cuando el «género» sobre el que escribe no es de mis predilectos, me arranco varios lechazos y no pude evitar el intentar ponerme en contacto con ella.

    Su primer respuesta vino acompañada de una hermosa foto de su orto carnoso comiéndose una tanga gloriosa. Ella en 4 ofreciendo ese culo espectacular que pedía urgente unas buenas nalgadas y comerse una buena verga. Pero ese fue solamente el comienzo de lo que sería para mí una espiral descendente de placer, paja, leche y si, al fin, mucho morbo.

    Los mails van y vienen de forma constante, y con los mails las fotos y videos… La vi ser penetrada, comerse otra concha, vi esas gomas deliciosas y varios conjuntitos muy calientes. Todo eso hace que mi calentura por este monumento de mujer, aumente más y más… Pero sin duda… Lo que me vuelve loco de Sofia, es Sofia. Su actitud, su experiencia, su devoción por la verga, lo puta que es…

    Jugar con ella me hace fantasear cómo hace mucho no lo hacía, sabe complacer, es una perra infernal, una yegua tremenda, y sobre todo una trola calienta verga que en dos líneas me pone la pija como un garrote…

    Hace un tiempo tomo una linda costumbre, mandarme una foto a la mañana, «lista para el trabajo». Me muestra como se va a trabajar… Bien vestida, elegante, fina… Una mujer bien en toda regla… Esas fotos, me disparan las más grandes fantasías.

    Me la imagino, caminando por la calle, pienso que la cruzo… La encaro y la meto en mi auto y derecho al telo. La manoseo por encima de la ropa que tanto me calienta, así vestida la hago arrodillarse y saco la verga para refregársela por esa cara de perra caliente que tiene… sé que me haría un pete de antología… Que me lamería las bolas pesadas de leche, como le gusta decirle, y le garcharía la boca mientras le digo lo trola que es… Después la haría desnudarse y abrirse bien de piernas para comerle la argolla mojada, me llenaría la boca de esa concha jugosa y se la lamería hasta que pida verga por favor… Al fin me cogería a ese monumento de mujer como a una puta barata… Sería una sinfonía hermosa escucharla gemir y decir las cosas que dice esa puta boca sucia mientras le taladro el orto a vergazos… Coronando toda esa cogida rociando de leche esas gomas que son un espectáculo en si mismo.

    Sofia, te pienso mientras escribo esto y tengo la pija está a punto de reventar, como siempre logras conmigo, sé que pronto estas fantasías dejarán de ser fantasías. Espero ansioso y al palo ese momento.

    Se que tal vez este relato solo me interese a mí, pero es mi tributo a esta diosa de la lujuria y el morbo. A esta puta virtual, que es una musa real, y me devolvió las ganas de escribir.

    Prontamente, habrá nuevos relatos como los que subía, pero esta vuelta la quería dedicar a Sofia, como tantas pajas ya le he dedicado.

    Gracias a quien haya leído, [email protected] mi mail por si quisieran contactarme y quién sabe… De todo puede ocurrir.

  • Roger el colombianito que me cambió todo

    Roger el colombianito que me cambió todo

    Quiero poder contextualizar y contar tal cual sucedió todo, por lo que espero no se enojen por lo largo de la intro.

    Mi nombre es Juan Ignacio, tengo 34 años, soy de Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Fui nacido y criado en una familia conservadora, religiosa, ex militares, de educación en un colegio muy caro de la zona norte de la Provincia de Buenos Aires. En la vida tuve todo, vacaciones, comodidades, ropa de marca, siempre me moví en los mismos ámbitos de relaciones personales. En mi familia las juntas con «negritos, judíos y gays» estaban prohibidas. Mi viejo siempre motivo a mis hermanos y a mi a hace deporte. Desde chicos empezamos en el equipo de rugby del colegio, y luego pasamos al club de rugby del barrio. Mis hermanos eran mas rebeldes y obedecían poco. Yo siempre consciente o inconscientemente busqué ser el hijo ejemplar. Siempre tuve cuerpo grande, espalda grande, pectorales grandes, y piernas gruesas, el rugby terminó de formarme la contextura y luego el gimnasio me definió. Soy rubio oscuro, de ojos celestes, 1.84 m de altura, mi papá igual, 1.85. Somos todos altos en mi familia. Según mis ex novias siempre estuvieron contentas, satisfechas, nunca me la medí pero me han dicho que unos 19 cm tengo. Me dijeron que era gruesa y de unos 19 cm aproximadamente, nunca me la medí. Siempre resaltó debajo de la ropa por lo gruesa mas que por lo larga. Incluso tuve novias que mucho no se la aguantaban. Muchas veces acababa pajeándome o me masturbaban.

    Novias lindas, de buena familia, conocidas de mis viejos. Sacar buenas notas en el colegio, ser bueno en deportes, etc. Mis hermanos no. No les preocupaba.

    Desde chico sabía que algo en mi era diferente, salía con mujeres pero sentía algo extraño por mis amigos mas cercanos. Éramos amigos, pero uno de ellos me atraía. Claramente nunca se lo dije, pero era con quien mejor vínculo tenía. De hecho las noches que se quedaba mi amigo en mi casa, y dormíamos en mi habitación, me quedaba mirandolo y muchas veces me masturbé debajo de las sábanas imaginandomelo desnudo, encima mío, besandome.

    Terminando el secundario, había que elegir carrera, había que decidir a que Universidad iría. Sentí mucho peso de pronto en mis hombros. Quería cumplir las expectativas de mis padres. La que era mi novia se fue a estudiar al exterior lo que me generó un gran alivio, ya que no sabía como cortar con ella. Mi plan era que la universidad haría que nos vieramos menos y terminar la relación. Por un lado, sentía que al estar en un ámbito mas independiente iba a poder hacer la mía y empezar a explorar el mundo de los hombres.

    Bueno, resulta que me costó, mi viejo me pagaba la universidad, mi vieja pendiente de que novia llevaba a casa, ya que esperaba verme casado y que le diera nietos. En fin. Gracias a mis notas participé por un programa de intercambio universitario en España. Y aproveché y me fui. Estuve un año estudiando afuera y explorando el ambiente gay en Barcelona, en Madrid, en las playas del Sur de España… Fue un antes y un después en mi vida. En Europa, en el ambiente gay y con mis proporciones físicas realmente y no es de soberbio, me cansé de coger. Cogía mucho y varias veces y con los hombres no tuve problemas con el tamaño de mi verga. Siempre se la bancaban toda, hasta el final. El mejor sexo lo tuve desde ese momento. Con mujeres siempre estaba insatisfecho.

    Volví a Buenos Aires, terminé la facultad, carrera de Abogacía con un promedio de 9 y entré a laburar en una multinacional, para la que había estado brindando asesoramientos en el intercambio estudiantil en España. Me contrata la sede en Buenos Aires primero como pasante, y luego me hicieron abogado semisenior. Por mi rápido ascenso, mi padre me compró un departamento en el barrio de Cañitas en la Ciudad de Buenos Aires. Me había comprado el coche. Una noche de felicidad porque realmente veía que materialmente estaba todo bien en mi vida, decido confesarle a mis padres y hermanos que me gustaban los hombres. Fue el peor golpe que pude haberle dado a mi familia.

    Estuvieron varios meses sin hablarme, de hecho, fue la primer Navidad que la pasé con amigos pero no con familia. En el mientras tanto conocía chicos pero nadie que me volviese loco. Sentía y veía que era todo lo mismo, todo el mismo ambiente. Gente bonita, de buena posición económica, metida en todo tipo de drogas. Estaba bastante cansado de ese ambiente, de esos pibes. Quería algo mas…

    Entre el trabajo, la especialización en derecho empresario, mi vida personal, siempre traté de meter 6 veces por semana de gimnasio y casi 2 horas de entrenamiento. Siempre fui vistoso, llamaba la atención por mi altura, mi cuerpo, no me considero lindo pero hasta compañeros de trabajo heteros me dijeron que soy fachero. Muchos decían, no puedo creer que seas gay, podrías estar con las mejores mujeres de la Compañía. Bueno, no!

    A mis 30 años me hicieron abogado Sr y jefe de litigios con pequeñas empresas. Tenía que ganar experiencia pero ese ascenso logró que tenga mi equipo de trabajo, me convierta en jefe y me asignen una oficina. Nos mudamos a otro piso del edificio ya que había mas trabajo.

    Un jueves de lluvia, llegué a la oficina mas temprano que todo mi equipo. Entro al piso y veo a unos metros que mi oficina tenía la puerta abierta y se notaba a través del vidrio esmerilado que una persona estaba adentro. Ingreso rápido ya que había dejado algunos documentos importantes a la vista y era un chico jovencito, que no llegaba a los 24 años, de tez morena, pelo oscuro, ojos negros, 1.60 de altura, delgadito, con ambo o uniforme de ser personal de limpieza. Le pregunto con cara seria: Buen día, Ud. Quien es? Quien lo dejó ingresar?

    Roger: Buen día Señor. Mi nombre es Roger. Claudia, la jefa de limpieza del piso me abrió las puertas para que pasé la aspiradora. Ya me retiro. (Conocía a Claudia desde que entré a trabajar a la compañía, sabía que era de confianza).

    Yo: Ok, no hay problema. Por favor, no toques nada de lo que hay en el escritorio que es importante. Voy a buscar un café al comedor y vuelvo.

    Roger: Si señor, termino de pasar la aspiradora y me voy. No lo voy a molestar.

    Me fui mirándolo de reojo. Me había llamado mucho la atención. Fui al comedor, pedí mi café. Volví a la oficina. Y estaba él, agachado pasando la aspiradora debajo del escritorio. Me quedo esperando del lado de afuera de la oficina con la puerta abierta. Presto atención y a Roger se le asomaba una tanga blanca y un culo redondito, chiquito pero redondito. El pantalon de su uniforme tipo ambo se le bajaba o le quedaba corto. Me obnubiló esa escena. Había visto pibes con lomos impresionantes en suspensor o tanga, pero en él, algo me generó. Mi pija empezó a ponerse algo inquieta debajo de mi pantalón de gabardina, lo que hizo que mire para otro lado y me acomodé rápido antes de que me vea. Además ya había empezado a ingresar gente al piso. Cuando me doy vuelta, Roger me dice: ya terminé señor. Ya puede entrar. Perdone la demora pero la aspiradora no funciona bien.

    Yo: no te hagas problema. Hace cuanto que trabajas acá?

    Roger: En este edificio, hace dos meses señor. Pero en este piso empecé esta semana.

    Yo: Ok, y de donde sos orginario?

    Roger: Soy de Colombia. Estoy en Argentina hace dos años, vine con mi papá por trabajo.

    Yo: Ah, bueno, Bienvenido entonces. Espero estés cómodo, si te puedo ayudar en algo, avísame. Soy el Dr. Juan Ignacio.

    Roger: Ok, Doctor, un gusto.

    Se alejó a limpiar otros sectores. No lo volví a cruzar. A las 2 horas, necesité ir al baño y masturbarme pensando en esa escena que había presenciado. Me excitó como hacia tiempo no me excitaba nadie antes. Su imagen sumisa, de joven vulnerable, aniñado y de rasgos algo femeninos, tierno, pero por lo visto algo erotizante me ponía a mil. Además pensaba, que lo llevaría a usar esa clase de ropa interior?

    Beatriz, la señora que ayudó por años en la casa de mis padres con la limpieza y los quehaceres y luego, cuando yo me mudé al departamento que me compró mi viejo, se jubilaba y nos dijo que ya no trabajaría mas. Nos recomendó una conocida de ella que causó mas problemas y decepciones que ayudarnos en sí. La nueva mujer no quería limpiar dos casas, o limpiaba mi departamento o limpiaba y ayudaba en la casa de mis padres. Le dije que se quedará con mis padres que la nacesitaban más. Yo buscaría alguien para que me ayudara con el orden y limpieza de mi depto. Pasaron un par de semanas y las personas que enviaba la agencia, dejaban mucho que desear, limpiaban mal, había partes que no limpiaban, no planchaban o lo hacían mal y en un par de ocasiones desaparecieron cosas del departamento. Decidí ocuparme yo de mi casa. Igual era ridiculo, tenía muy poco tiempo y ganas de hacerlo.

    Unas semanas después, cae un litigio importante del cual ocuparnos. Nos estaba llevando un tiempo importante, recursos, energía. Teniamos que ganarlo ya que era uno de nuestros principales clientes y no podíamos quedar mal. Un sábado a la mañana estando en casa, revisando los papeles para adelantar tiempos y tener avances para el lunes, me doy cuenta que necesitaba unas carpetas que había dejado en la oficina. Necesitaba tenerlo conmigo para darle un avance. Llamo a seguridad del edificio para avisarles que iba a abrir el piso y mi oficina para sacar unos documentos. Me responden: Si, venga tranquilo, solo está personal de mantenimiento haciendo reparaciones y arreglos.

    Me subí al coche, vestido bastante informal, pantalon deportivo, zapatillas, buzo y una gorrita. Llegué al edificio, estacioné y subí al piso 9 donde trabajo. Llego al piso y estaba la puerta principal de ingreso, abierta. Pensé en el personal de mantenimiento.

    Llego a mi oficina, abro la puerta, y me pongo a revisar los papeles sobre mi escritorio para buscar lo que necesitaba. En eso escucho de lejos: Hey Doctor! Que hace aquí? Era Roger.

    Yo: Hola Roger, como estas?

    Roger: Que sorpresa verlo aquí en sábado.

    Yo: Si, vine a buscar unas carpetas, estoy trabajando pero desde casa. No me digas que te hicieron trabajar un sábado?

    Roger: Si señor, siempre trabajo los sábados como hasta las 14 h. Este sábado nos tocó aquí, sino siempre estoy en los otros pisos.

    Yo: bueno, y está todo tranquilo?

    Roger: Si, estoy yo sólo. No lo molesto, haga tranquilo. Avíseme si necesita algo.

    Cuando uso pantalon deportivo o de jogging, la realidad es que use boxer o slip, el bulto siempre se me marca, mas menos, siempre se me marca. Mas que nada por lo gruesa. Cuando Roger me dice que seguía con su trabajo, su vista se desvió a mi bulto. Lo que me hizo sospechar que era del bando. Tan solo pensarlo, hizo que la verga se empiece a hinchar. Me di vuelta e hice el movimiento de buscar las carpetas. Me senté en mi silla, me acaricié y acomodé la verga, y veía como el cuerpito de Roger se alejaba a los otros escritorios.

    El piso estaba vacío, salvo por él y yo, Encontré lo que necesitaba para llevarme a casa, pero quería ver si podía tener algo mas de Roger. Por lo que en un momento, me levante el pantalón, a propósito, aún con mi verga medio gomosa, me la acomodé de costado, de manera que al pararme se notara. Sabia igual que se pondria tiesa si Roger se acercaba por lo que decidí en principio quedarme sentado.

    Yo: Roger, puede venir?

    Roger. Si Dr. ya voy.

    Yo: mira, estos papeles por favor, tiralos que no sirven y fijate que debajo de ese mueble ayer había pedacitos de papel, creo.

    Se da vuelta y se agacha y vi ese culito hermoso, y ese ambo color celeste que le quedaba hermoso y le retocaba esa cola que moría por saber si era lampiño natural, o había algo de pelo.

    Roger: no veo nada Dr., pero igual ahora paso la aspiradora.

    Yo: dale, gracias. Contame, que hace un chico de tu edad un sábado a la noche? Sale? Se queda en casa?

    Roger: No, no creo que salga Dr., me quedaré en casa con mi padre, cenando y mirando televisión. Aún no nos pagan y no hay mucho dinero.

    Me paro, me siento sobre el borde del escritorio hacía el lado que él se encontraba y le digo: Uhhh que mal. Cobras los primeros días del mes?

    Roger: si me responde, a veces el quinto día hábil.

    Mira hacia la pared, y mira hacía donde estoy yo, y lleva disimuladamente la vista a mi bulto.

    Yo: agarré una de las carpetas, la abrí me hice el que leía algo, y con la otra mano me acomodé el bulto que estaba mas hinchado, veo que él no quitaba la vista. Elevó su mirada hacía la mía, pero yo la bajé hacía la carpeta. Listo, Era la señal que necesitaba.

    Yo: Conoces a alguien que haga limpieza en casas? La empleada que tenía se jubiló y estoy buscando alguien de suma confianza o muy recomendada que no me fallé, que sepa limpiar, y planchar.

    Roger: Dr., si Ud. quiere, y no le molesta, yo podría hacer ese trabajo. El dinero me vendría muy bien y puedo hacerlo durante la tarde cuando salgo de aquí.

    Yo: en serio me decis? No te quitaría tiempo libre? O de estar haciendo otras cosas?

    Roger: de verás que no Dr., para mi sería un placer ayudarlo y me es de mucha confianza, ya lo conozco y le repito, el dinero nos vendría muy bien.

    Yo: Ok, te parece el lunes por la tarde? Cuando salis de acá me venís a ver y te doy la llave, por ahora no tengo copia. Voy a hacer una en la semana.

    Roger: Dr., un placer ayudarlo.

    Yo: bueno, me voy que tengo que seguir con todo esto. Cuidate y buen fin de semana. Lo saludé con un beso. Y me fui rapido. De pensar de verlo en mi casa, hizo que la pija se me pare. Antes de salir del edificio, fui a uno de los baños de PB y decidí masturbarme para aliviar la tensión. Solté un cantidad de leche que manchó medio inodoro y la pared de azulejos. Pasé un papel, y me fui. El domingo estuve todo el día en que sea lunes, el caso había quedado a un lado, no podía concentrarme.

    Lunes por la mañana, reunión con los directivos, otros gerentes. No estaban contentos con el rumbo que estaba tomando el litigio. Esperaban resultados positivos rápido, el tribunal podía fallarnos en contra y multarnos. Una abogada parte de mi equipo, con gran experiencia en mediaciones, le delegué varias responsabilidades de manera que me ayude un poco a llevar esto adelante. Fue un día largo. No había almorzado. Tocan a la puerta de mi oficina. Era Roger.

    Hola Roger, como estas? Pasa. Mi cara cambió por completo, sonreí. Después de horas de seriedad y preocupación.

    Roger: Como le va Dr.? No lo vi hoy temprano,

    Yo: No, fue una mañana dificil. Tomá. Acá tengo la llave de mi casa. Ya le avisé al personal de seguridad que irías, te van a pedir DNI. Pero anda tranquilo. Yo voy a estar llegando después de las 18 h. Te dejo mi tarjeta, ahí está el telefono de acá el fijo, y mi celular. Cualquier cosa me llamas.

    Le indiqué donde se guardaban las cosas de limpieza. Y se fue.

    Llegué a mi casa a las 19hs, mas tarde de lo habitual. El guardia de seguridad me dice: El chico que vino a hacer la limpieza, muy educado, me dejó su llave. Entré al departamento y olía excelente, vi que todo estaba ordenado. Fui a la habitación y mis pantalones de vestir, y camisas, todas planchadas y colgadas. Una maravilla. Llamé a Roger a su celular.

    Hola Roger? Juan Ignacio habla.

    Hola Dr., buenas noches.

    Encontré la casa impecable, te felicito, muchas gracias. Por favor, mañana anda a verme a la oficina que arreglamos tu pago. Dos veces por semana te voy a necesitar.

    Como no Dr. Mañana lo veo. Que descanse.

    Me hizo sonreír. Me cambié y me fui al gimnasio.

    Al día siguiente, las tensiones y las idas y vueltas por el caso seguían. Entro al baño a lavarme la cara, refrescarme y voy a los mingitorios a orinar. En plena meada, escucho que se abre la puerta y el carrito del de limpieza. Permiso, hay alguien? Era Roger, que llega a donde estoy yo, me saluda y baja la vista a mi verga.

    Yo: tragué saliva por la sorpresa de verlo ahí, y como pude disimulé y le dije: Hola Roger, como estas?

    Él: Perdóneme Dr., pensé que estaba vacío, tengo que hacer una limpieza rápida, del baño.

    Yo: me puse a sacudir mi pija algo erecta y veo que vuelve a mirar y no sacaba la mirada. Me la metí como pude dentro del boxer. No dejaba de marcarse. Me acomodé el pantalon me subí el cierre, y él se da vuelta y se pone a limpiar. Lo noté que se puso algo nervioso.

    Estas bien?

    Él: Si Dr., después paso por su oficina.

    Me lavé las manos y me fui rapido a la oficina.

    Algo en mi se salía de control cada vez que lo veía. Si, no solo mi verga, algo más.

    A la hora y media, tocan a la puerta.

    Él: Permiso Dr.

    Yo, Si Roger, mirá. Este es un cheque para que deposites en tu cuenta, te voy a pagar el mes adelantado, si te parece, así dispones de dinero por cualquier cosa. El mes que viene, ya hago los trámites para que directamente se te transfiera el importe a tu cuenta, y necesito que vengas dos veces por semana.

    Él: mira el cheque y me dice, pero Dr., esto es mas de lo que estoy ganando por mes acá en la empresa. Es mucho y son solo dos veces por semana. No puedo aceptarlo.

    Yo: Roger mirá, confío en vos, necesito que me ayudes con mi casa. Yo estoy con muchas cosas acá. Necesito gente que sea de ayuda. Aceptalo porque es lo que corresponde al pago por hora de personal de limpieza para casas particulares. Además, si necesitas tomar algo, comer algo, ducharte antes de irte, podes usar lo que necesites de mi casa sin ningún problema y con total confianza. Demostraste respeto, confianza, y ser eficiente. Dejame que te recompense. Si podes cambiar el horario y venir los sábados a la mañana, mejor aún. Te doy la llave para que entres y salgas tranquilo.

    Él: Dr., estoy muy agradecido por su confianza y por este dinero porque realmente nos viene muy bien. No lo voy a defraudar.

    Contento se va de la oficina, y yo feliz de verlo feliz. Me mejoró el día.

    Viernes, despues de una semana imposible, logramos dar varios avances en el caso del litigio, y despues de una buena noticia por parte de la mediación, salimos con el equipo de trabajo a brindar a la salida de la oficina. No soy muy habitué del alcohol por lo que esa noche terminé muy quebrado. Solo sé que uno de mis colaboradores me dejó en la puerta de mi edificio y le pidió a uno de los guardias que me asegure que entre al departamento.

    Sábado a eso de las 11 h, me despiertan unos ruidos. Me asusté, me levanté rápido a ver que pasaba, solo estaba en miniboxer. Salgo del cuarto medio mareado y lo veo a Roger planchando.

    Él: Dr., buen día, que susto. Perdoneme, no lo quise despertar. Me dijo el guardia que llegó algo borracho y al verlo dormido, le cerré la puerta del cuarto y me puse a trabajar. Disculpeme que lo desperté con el ruido. (Su vista se posicionó en mi bulto, en mi pecho y en mi vista entrecerrada.

    Yo: No te preocupes, ni me acordé que venías, seguí en lo tuyo.

    Me fui a la cocina, a tomar mucha agua. Me doy vuelta y Roger mientras planchaba no me quitaba la vista de encima.

    Yo: No me vayas a quemar las camisas, por favor jaja

    Él: jajaja Dr., nunca vi de cerca un cuerpo como el suyo, tiene mucho gimnasio encima. Se lo ve impecable. Ahora entiendo las cosas que hablan de Ud. las mujeres de la oficina.

    Yo: jajaj shhh habla bajito que me duele todo. Me voy a duchar. Pasé por adelante de él, me estiré, a propósito, lo miré, y vi que no me quitaba la vista de encima del boxer.

    Entré al baño, cerré la puerta y abri la ducha fría. Que me baje todo o iba a cometer una locura. Después de unos minutos, puse el tapon en la bañera, y la llené con agua caliente, y me metí, me senté y me recosté hacía atrás. Apoyé mis brazos en los bordes y me super relajé. Me adormecí y un rato despues escucho que golpean a la puerta del baño. Me despabilo y digo: Si!!! Que pasó?

    Roger: Dr., ya estoy terminando, quiere que limpie su cuarto? O lo dejo así como está?

    Yo: Acomoda un poco y listo. Me voy a volver a acostar seguro. Acá tenes que limpiar?

    Él: no, el baño ya lo limpié, necesita que le alcance algo?

    Sus ojos no se apartaban del agua que reflejaba mi cuerpo. Mi pija adomecida y echada hacía un costado.

    Yo: Alcanzame el toallón ese y dejalo acá cerca por favor.

    Él obediente, acerca el toallon a la cabecera de la bañera.

    Se agacha para secar el piso por fuera de la bañera que estaba mojado. Acercando su cara hacía adentro de la bañera para mirarme de cerca. Yo con los ojos entre cerrados observando sus movimientos y actitudes. Algo me frenaba para no tirarme encima de él, besarlo y practicamente violarlo.

    Él. Bueno, voy a acomodar su cuarto.

    Yo. Ok.

    Me levanté, comencé a secarme, vacié la bañera, y me di cuenta que no tenia ropa interior para ponerme. Me cubro con la toalla, Voy al cuarto y lo veo a Roger con mi boxer usado en sus manos.

    Yo: mira que es el que tenía puesto, vine a buscar uno limpio. Me saqué el toallon tirandolo al piso y quedando completamente desnudo frente a él, y con la pija medio gomosa. Él se puso nervioso, comenzó a meter ropa dentro de un canasto y mientras y yo buscaba en el cajon de los calzoncillos cuál ponerme, Él en tono nervioso y sonrojado me dice: Ese toallon que tiene a sus pies lo pongo para lavar también?

    Yo: Si por favor.

    El se acerca casi temblando, se agacha despacio mirandome la pija. Yo seguía en mi búsqueda serena de que ponerme y me amasaba la pija que se ponía cada vez mas dura con la cara de Roger a centímetros y petrificado tratando de levantar la toalla.

    Yo: Si te gusta lo que ves, es tuyo.

    Él. Me miró entre asustado y sorprendido. Yo con cara de: es en serio y con la pija recta y dura como piedra. El abrió la boca y se la metió casi completa. Yo empecé casi a temblar de placer. Él con una devoción que no vi antes, me chupaba la verga de una forma como si fuera un premio que le había costado mucho obtener. Yo no podía creer la situación de verlo así arrodilladito, laburando con esa boca, tratando de que le entre toda en la boca.

    Mis piernas se debilitaban del placer y me siento en la cama. Él no despega su boca de mi verga. Utilicé el mayor autocontrol que tuve en mi vida para no ahogarlo con leche. Lo levanté y empecé a besarlo desesperadamente, apasionadamente, pasando toda mi lengua por su boca, cuello, por su cuerpito delgadito, casi femenino. Gemiamos ambos de placer pero él se retorcía practicamente. Sus manitos acariciaban mi cuerpo. Tocaba mis pectorales, me apretaba los brazos. Nos devoramos a besos y volvió a bajar a mi pija. Me tiré hacía atras en la cama volviendome loco de la manera en que la chupaba.

    Me incorporé, lo levanté, practicamente le arranque la ropa y baje a su cola, Se la chupé como si fuera el mejor caramelo que había comido en la vida. Roger apretaba fuerte las sábanas y gemía. Lo violé con mi lengua. Mi pija estallaba. Me tire encima de él, lo abracé lo levanté. Nos besamos y practicamente forcé que se siente en mi pija.

    Empezó a gemir de dolor y me dijo, no Dr., no estoy preparado, es muy grande, me duele. Yo: tranquilo, relajate, despacito. Shhh

    Él: no Dr., espere, me duele. No puedo. Con una carita de dolor que me dió ternura.

    Afloje y seguí besándolo.

    Él se agachó y volvió a chuparmela, le dije: voy a acabar, voy a acabar, chupó con una energía única. Acabé como hacía años no lo hacía adentro de su boca. Le sujeté la cabeza y se la mandé hasta el fondo.

    Se le salían las lágrimas, los mocos, daba arcadas, le brotaba leche de la boca. Estaba colorado y soportando una presión que creo que nunca aguantó en la vida. Lo solté se salió. Se limpio la cara con las sabanas, y me siguió chupando hasta dejarla limpita.

    Yo estaba en el sumun del extasis. Se me había ido la resaca. Todo. Caimos los dos desmayados en la cama. Lo abracé y me quedé pegado a él hasta casi conciliar un sueño tranquilo.

    En un momento me dice: Dr., disculpe pero me tengo que ir. Y dejé cosas sin hacer.

    Yo: no te preocupes, pero quiero volver a verte, pero quiero hacerte el amor. Me traes loco hace tiempo y necesito hacerte mío. Mira, se me puso dura de nuevo.

    Él, sonriendo, sonrojado, me dice. Le parece esta noche?

    Yo, dale, te espero. Antes de irse, se volvió a agachar para chuparmela, y le volví a preñar la boca.

    Se fue y me quedé desmayado practicamente. Me desperté cerca de las 18 h, con hambre, sed. Comi y tome algo, ordené algunas cosas, y pedí comida a mi delivery favorito. A las 22 h recibo un whatsapp de Roger: Estoy abajo, puedo subir?

    Yo, subí!

    Apenas entró me lo comí a besos, lo alcé y lo llevé al cuarto. No lo dejaba ni respirar de los besos que le daba. Le apretaba esas nalgas hermosas que si, son laminas naturales. Lo lindo de las pieles caribeñas.

    Él con sus bracitos y manitos me acariciaba todo mi cuerpo, me chupaba las tetas, me ponía loco. Yo lo apretaba, acariciaba, por fin estaba con este pendejo que me tenía fuera de mi mismo. Mi pija ante su presencia, era roca. Lo di vueltas boca abajo, le pasé la lengua desde el cuello, sus orejitas, empecé a bajar por su espalda, y llegué a ese regalo preciado que era su colita chiquita, redondita, lampiña, un sueño para mi. Le pase la lengua como si fuera un helado, en una tarde calurosa de verano. Lo cogía con mi lengua. Gemía de placer. Lo sujeté de la cintura y lo puse en cuatro, metí primero un dedo, y mi lengua para que se vaya dilatando. Metí dos dedos y mi lengua, para que se siga dilatando. Roger gemia de placer y algo de dolor. Ya con 3 dedos, sumé el lubricante. Me puse también en la verga, lo levanté, lo volví a besar y lo empecé a apoyar de a poquito sobre mi verga para que vaya entrando. Su carita se fruncía de dolor, y de placer. Yo Shhh shhh despacito bebé. Shhh…. Entró primero la cabeza, y de a poquito empecé a hacer fuerza para que mis huevos lleguen a su cola. Y así fue. Me quedé quietito mientras lo besaba. De a poco me empecé a mover mientras él con sus bracitos rodeaba mi cuello, yo lo sujetaba de sus nalgas, y lo subia y bajaba despacio. Su carita de dolor de a poco se transformó en placer. Ya se había adaptado a mi tamaño.

    Empecé a acelerar las embestidas. Él me pedía que mas despacio, me costaba contenerme. Me acariciaba los pechos, los brazos. Me sujetaba de la cintura, como para que no me desprenda. No quería hacerlo. Empecé a acelerar. Me pidió parar. Lo puse boca arriba, puse sus piernas sobre mis hombros y enterré mi pija de una. Dio un grito de dolor, le pedí disculpas y empecé a moverme, despacio y cuando vi que se relajaba, aceleraba. Nos besabamos, nos acariciabamos, pero mi pija no la sacaba de su orto. En un momento cuando sentí que estaba por acabar, me posesioné, lo sujeté fuerte y en 6 embestidas, practicamente lo embaracé. Él acabó sin tocarse. Estabamos sudados, agitados, mi pija seguía sin salir de su cola, lo sujeté fuerte y lo senté arriba mio para que sacara la pija. En un momento seguí cogiendomelo porque mi pija no bajaba, y la leche hizo de lubricación. Lo cual generó que él se relaje y no le duela tanto. Lo puse contra el placard y lo cogí de parado, él gritaba, gemía me pedía que sea mas suave, por momentos que vaya mas rápido, yo ebedecía pero no me desprendía. Ver mi pija en esa colita, sacaba lo mas morboso y calenton de mi. Giramos y lo puse en 4 sobre la cama, lo empecé a coger mas rápido, gritaba, gemía y le dije: te acabo, y en una exhalación, empece a acabar de una manera explosiva. No paraba de sacar leche. Me tiré sobre él, muy agitado y él también cae en la cama porque sus bracitos no aguantaban mi peso. Nos quedamos así un rato hasta calmarnos. Mi pija seguía hinchada pero ya no piedra. Dos preñadas en menos de 2hs me dejaron calmadisimo.

    Le dije: duchemonos y comamos algo, querés?

    Me dijo que si, en la ducha nos matamos a besos y caricias, y volvimos a coger bajó el agua. Me pidió que pare en un momento ya que sentía su colita irritada y cansada. Me pajee y le acabé en la boca. Ya no me salía leche, era precum o algo parecido a la leche.

    Cenamos mirando televisión, tirados en el sofá. Al rato, se quedó dormido, lo alcé y nos fuimos a la cama. Dormimos hasta entrada la mañana del domingo.

    Nos levantamos, desayunamos. Su cola seguía algo dolorida e irritada, así que se la chupe con dulzura, ya que mi barba algo le raspaba. Él me la chupó con el cariño con el que estaba acostumbrado pero con devoción. Le acabé nuevamente en la boca pero esta vez hizo lo posible por tragarse casi toda la leche. Se le salió bastante por los costados. Nos volvimos a duchar pero esta vez charlando y riendonos.

    Esa fue la primera vez de muchas y el inicio de una relación que duró 4 años.

    Continuará…

  • Mi harem familiar (5)

    Mi harem familiar (5)

    El sábado 14 a las 8 am, salíamos de casa en la moto, rumbo a Boca de Uchire. Ya habíamos despachado una gran maleta por Aerocav, para retirarla allá cuando arribáramos a Porlamar. En ella habíamos enviado parte del dinero que gastaríamos. Otra parte la llevábamos encima, repartida entre ella y yo. En casa quedaban Miriam, Ana y Andrea, a la expectativa de una llamada telefónica para anunciarles que habíamos llegado a Porlamar, al apartamento de Ana Marisax.

    La ruta la hicimos sin apuros, nos parábamos por los pueblos de Barlovento, a Sugey le provocaba orinar cada tanto. ¿Sería de vejiga pequeña o nerviosa? Como a las 12 del mediodía llegamos al motel en Boca de Uchire y nos registramos. Descansamos, nos pusimos los trajes de baño, algo recatada ella, por si acaso y nos fuimos a almorzar a un pequeño comedero en la carretera, después de pasar la entrada al pueblo. Pescado frito.

    Para relajarnos un poco, bajamos hasta la playa y nos buscamos una sombrita bajo una Uva de Playa frondosa. Así pasamos la tarde, conversando y yo sin perder oportunidad de cortejarla. Porque de todas, todas, en este viaje sería mía o me volvería loco. Ya casi de noche, fuimos a una panadería y compramos lo necesario para unos sándwiches de jamón y queso y bebidas para cenar y nos fuimos al motel. Metí la moto en la habitación, por previsión de un robo y nos duchamos, primero ella y después yo. No quise forzar la barra de bañarnos juntos, porque el viaje apenas comenzaba. Ya habría tiempo y mejor lugar para ello. Dormimos abrazados, como ya teníamos por costumbre y al despertar nos higienizamos, vestimos y sacamos la moto. Recogimos y partimos hacia Puerto La Cruz.

    Por el camino desayunamos y seguíamos con la historia de parar en todas partes. Ya en Puerto La Cruz, llegamos a un hotel más digno, dejamos la moto a buen resguardo y subimos a ducharnos y cambiarnos con la muda que llevábamos en el morral. Luego fuimos a almorzar a un restaurante pequeño cerca del hotel y regresamos a la habitación. Dormimos la siesta abrazados, para variar y ya todo me empezaba a sonar muy musical. Me sentía feliz en compañía de tan especial mujer.

    Me autoanalizaba. ¿Realmente la amo, como mujer o solo es un espejismo? ¡Claro que sí! ¿Podremos llegar a algo ella y yo, siendo madre e hijo? Solo si ella se atreviese a dar el paso adelante, porque yo estaba absolutamente decidido. ¿Y qué pasaría si ella no se decidía? Me hundiría en una gran tristeza. ¿Acaso no me podría ser suficiente mi hermana Ana? Ya era mía. Y según Ana, mi tía Miriam y mi prima Andrea podrían caer en mis manos, fácilmente, rapidito. Ambas eran mujeres hermosas y maravillosas que carecían de afecto masculino. Miriam, de más de 20 años de un matrimonio triste y desolador y Andrea, al igual que Ana, de una serie de desencantos más sexuales que románticos. No tenían suerte, les tocaban unos memos que daban miedo.

    Al anochecer, salimos a comernos unas hamburguesas y regresamos a la habitación, para dormir temprano hasta las 3 am en que deberíamos ir a hacer la cola para abordar el Ferry.

    Lo cierto es que después de hacer la cola y abordar y luego de una travesía muy tranquila de poco más de 4 horas por viento en contra, arribamos a Porlamar. Como habíamos entrado de primeros, nos tocó salir de últimos, pero solo fueron 15 o 20 minutos. Y llegamos al apartamento, entramos, revisamos, abrimos el agua, pusimos los breakers, el gas y decidimos ir a Aerocav a buscar nuestra maleta. Para ello, tomamos un taxi, porque la maleta era muy grande para que Sugey la llevara con seguridad en la moto. Habíamos dejado la moto a buen resguardo en el puesto de estacionamiento techado y enrejado. Cada puesto tenía sus propias rejas y candado.

    En Aerocav no encontraban la maleta. Eso nos puso nerviosos. Pero de pronto apareció un muchacho más pilas y la encontró casi delante de sus narices. Solo tenía la etiqueta volteada y el idiota anterior no la identificaba. La retiramos, al fin y nos regresamos al apartamento. Eran las 02:30 pm y teníamos hambre. Llegamos, nos duchamos, nos vestimos y salimos a almorzar, en la moto.

    Un restaurante muy agradable, italiano, con unas pastas y unas pizzas cocidas a la leña, diferentes a lo que se consideraba comida rápida. Dio gusto. Luego de almorzar, nos fuimos a pasear hacia el Valle del Espíritu Santo, porque mami quería visitar la iglesia de Nuestra Señora del Valle, de la que era devota, muy a su manera. De lejitos, pero creía en ella. En casa no éramos practicantes de la religión, ni siquiera íbamos a misa, porque compartíamos el adagio aquel que dice que las religiones son el opio de los pueblos. Pero creíamos en Dios, Jesucristo y en la Virgen María. Por la noche, luego de cenar y pasear un rato a la luz de la luna por la playa cercana al apartamento, agarraditos de las manos, me confesó que le había pedido algo muy especial a la virgen, a Vallita, como le dicen sus devotos.

    – ¿Y que fue eso tan especial que pediste? Seguro que la Virgen te lo concede, porque tú eres una buena persona, debes haber pedido algo muy fácil de conceder… conociéndote, a lo mejor pediste salud y prosperidad para nosotros cinco.

    – Le pedí a la Virgencita que me ilumine para seguir mi camino y encontrar la verdadera felicidad. Que me permita vivir conmigo misma, sin arrepentimientos.

    – Es algo muy digno de ti. Debí imaginármelo.

    – Gracias, mi amor, te amo con toda mi alma.

    Esa noche dormimos abrazados y me sentía feliz de tenerla en mis brazos. Cada día que pasaba con ella, era un día lleno de sensaciones maravillosas. Respirar el aire que ella respiraba ya era una bendición por sí sola. Sentir el calor de su piel y el aroma que desprendía, era un regalo de Dios. Si a eso le agregaba esas caricias que la doña me otorgaba cuando pasaba sus uñas por mis pectorales, mesando mis vellos y a veces jalándolos suavemente, pues, imagínense. Y mis dedos acariciaban sus redondeces, suavemente, casi sin tocar y mis labios besaban su cabello y su rostro. ¿Ustedes, lectores, saben lo que es estar enamorado de una persona realmente especial? Los que puedan responder que sí, entenderán fácilmente lo que yo sentía.

    La señora no me había concedido el sí, ese tan ansiado permiso para amarla como mujer, pero me tenía en la gloria.

    Por la mañana nos levantamos de un maravilloso humor, sol y brisa nos esperaban. Nos duchamos, nos pusimos los trajes de baño, ella un bikini de infarto y yo mis clásicos bermudas y con franelas y pantalones cortos, zapatos Adidas y toallas, nos dispusimos a ir a desayunar por el camino, rumbo a una playa del norte de la isla, que yo había conocido antes.

    Y llegamos a Playa Caribe. Allí el mar, el sol y la tranquilidad, son uno solo. Ninguno está jamás sin los otros. Desayunamos en un kiosquito y nos fuimos al final de la playa, cerca de las rocas. Allí paramos la moto, le puse su camuflaje por encima para protegerla del sol y nos quitamos la ropa para quedar en trajes de baño.

    Sugey me pidió que le pusiera bronceador por la espalda y las piernas y se tumbó boca abajo para facilitarme la tarea. Yo me sentía el rey del mundo acariciando a semejante mujer, provocativa y sensual. El bikini a duras penas ocultaba sus areolas y su vello vaginal y púbico. Era de esperar que con un movimiento brusco, por ejemplo una batuqueada de una ola, todo se despelotara. Pero ya enfrentaríamos esa situación cuando llegase el momento. Por lo pronto, su belleza llenaba mis pupilas y de qué manera. Y mi anaconda se despertó.

    – ¡Muchacho! ¿Has visto cómo está “tu mejor amigo”? ¡Mete miedo! Creo que deberías meterte al agua a ver si te calmas… jjijiji…

    – Eso es culpa tuya, eres tú quien lo pone de esa manera. Él es muy tranquilo, pero si le buscan la vuelta, se alebresta.

    – No, mi amor, yo no he hecho nada, ni siquiera lo había mirado y de pronto me asustó. Aunque te digo que me siento halagada, porque por aquí no se ve a más nadie. No sabía que producía en él esos alebrestes… jijiji…

    – Vamos al agua, acompáñame, por favor. – le solicité.

    – ¿Y si me muerde? Me da miedo, parece muy salvaje, no sé, digo yo. ¿Cómo es que tú lo llamas? Jajaja.

    – Yo no, fue Ana que lo bautizó Anaconda.

    – ¿Ana? ¿Mi hija Ana o Marisax?

    – Tu hija Ana. Ella vio una en el Parque del Este, hace años, un día que fuimos juntos y dijo: “Ay, hermanito, se parece a tu cosa” allí, delante de todo el mundo. Las loqueras de ella. Desde entonces, lo llama así.

    – Y ¿entonces ella ya te lo había visto? – me preguntó, realmente interesada.

    – Mamá, de siempre. Cuando éramos pequeños nos bañábamos juntos y a veces jugábamos y nos quitábamos la ropa. Siempre me lo agarraba porque decía que parecía un gusanito. Después, ya crecidos un poco, a veces iba a mi cuarto por las mañanas y me encontraba con la cosa parada y entonces empezó a decir que el gusanito ya no era ni siquiera gusano, sino gusanote y hasta trataba de agarrarlo para jalármelo, pero ya yo no la dejaba, estábamos más grandes. Hasta ese día de la culebra, que lo bautizó Anaconda. Y sí, me lo ha visto muchas veces, creo que más que tú.

    – Es cierto, mi amor y una vez me dijo que le gustaba mucho. Le dije que eso no estaba bien, pero me respondió que tú estabas mejor que todos los muchachos que ella conocía. Y que tu cosa era preciosa. Esa hermana tuya tiene un cable pelado, no sé, un cortocircuito. Por cierto, ustedes me dejaron boquiabierta con su rollo – me dijo de sorpresa.

    Yo nunca he podido mentirle, porque me descubre enseguida, así que le respondí con la verdad:

    – Si, mamá, ya llevamos 5 meses. En ese momento que nos descubriste ya teníamos dos. Yo creí que ella te lo había dicho. Me pidió que no te dijera, que lo haría ella, pero que necesitaba tiempo. Le pregunté que para qué y me respondió: Cosas de mujeres. Creo que debí decirte antes, para que no sintieras que teníamos algo escondido de ti.

    – ¿Y cómo es que yo no me había dado cuenta antes? ¿En qué momento lo hacían? Dios mío, estoy perdiendo facultades… Ah, claro, en tu cuarto insonorizado. ¿Qué me ha pasado? ¿Por qué ustedes me hacen esto?

    – No lo hacíamos en casa, tú no estás perdiendo facultades, nada te pasa, es que somos muy discretos, eso es todo y te recuerdo que dijiste que era asunto nuestro. Así que de esa manera lo manejamos, es asunto nuestro y de nadie más.

    – Pero yo pensé que había confianza. Me siento como apartada. Ustedes ya no confían en mí. Estoy mal. – y se puso a llorar.

    – No llores, bonita, nadie te ha apartado, tu sentaste las pautas, no te quejes ahora. Y por qué razón ella no te lo habrá contado, lo desconozco. Tal vez porque no quiere que sientas celos. No sé.

    – Snifff ¿Celos? ¿Y porque voy a sentir celos?

    – Porque yo soy tu preferido, tu gran amor, según ella. Ana piensa que tú me ves cómo alguien de tu exclusiva propiedad. Que te pertenezco.

    – Necesito tener una conversación muy seria con mi hija.

    – Y me vas a poner a mí como un chismoso. Muy lindo. Ahora Ana se va a arrechar conmigo, por haberme ido de la lengua. Me jodí.

    – No, mi amor, yo no te haría eso.

    – Pero si le dices lo que hemos conversado, estoy jodido. Y si pierdo su confianza, me va a costar Dios y su ayuda recuperarla. Y ella es muy importante para mí. Por favor, no lo hagas. No quiero perderla.

    – ¿Tanto así te importa?

    – Más, mucho más. La amo casi tanto como a ti, con toda mi alma.

    – ¿Y a mí me quieres cómo?

    – A ti te amo como madre y como mujer, te lo he dicho montones de veces. Estoy enamorado y me la paso detrás de ti, te ataco, te cortejo, trato de seducirte, te enamoro, pero tú nada, no me das ni pizca de esperanza.

    – Pero bueno, mi amor, soy tu madre, por Dios…

    – Pero también eres una mujer, la más hermosa del mundo, para mí. Yo, por ti me dejaría matar, iría al infierno. ¿No lo entiendes? Te deseo, quiero que seas mía. Quiero ser tu hombre. ¿No lo comprendes? Nunca en mi vida he hablado más en serio con nadie. Si tu definitivamente me rechazas, me iré de aquí, al África, a perderme en la selva. Me meteré en la Legión Extranjera. No sé…

    En ese momento, ya sin poderme controlar, la tomé de la cintura y la atraje hacia mí y la besé en los labios. En unos segundos que pudieron ser minutos, ella permitió que mi lengua entrara en su boca y entonces nos besamos con amor, con verdadero amor. Un beso de mi Sugey era un cúmulo de sensaciones que me transportaban a otros lugares jamás vistos ni explorados por nadie, al mundo de la contemplación de mi ser más querido.

    – Guao, eso fue intenso… besas rico… – me dijo, ya tratando de recuperar el aliento.

    – Tu besas mucho más rico. Nunca me había sentido así como ahora. Fue el mejor beso de mi vida.

    – ¿Y los besos de tu hermanita querida no son así de buenos?

    – Son maravillosos, ella es muy apasionada, pero nada te puede igualar a ti.

    – Bueno, mira, ya hay bastante gente en la playa y mira el estado en que estás. Si no controlas a tu culebrota, nos van a botar de la playa. Métete al agua, que te tape y si quieres, alíviate. Yo te acompaño, como quien no quiere la cosa, para que nadie se dé cuenta. Pero no puedes seguir así.

    En el estado en que me encontraba, no podía ni pensar por mí mismo, así que entramos al agua, me bajé un poco el bermuda y la trusa que llevaba debajo y empecé a menearme la cosa, poco a poco, después un poco más rápido, hasta que tomé mi ritmo y después de muchos minutos de estar en estado de casi levitación, acabé eyaculando como un preso. Hasta los testículos me dolieron un poco de la intensidad de mi eyaculación. Ella a mi lado, observaba mi cara y notaba los cambios que en ella se producían y creo que pudo notar lo brutal del momento. Luego, ya calmado y recobradas mi respiración y pulsaciones, salimos del agua y nos sentamos en las toallas, mirándonos como tortolitos.

    – Tienes la mirada más dulce que te haya visto en mucho tiempo, mami. Te agradezco que hayas estado a mi lado. Aunque hubiera sido un momento más memorable si me hubieras ayudado.

    – ¿Yooo? ¿Te refieres a que yo te hubiera masturbado?

    – Exactamente. Hubiera sido grandioso y me hubieras hecho muy feliz. Además, era tu responsabilidad, después de todo. Jejeje.

    – Yo no tengo la culpa de que tú te pongas así conmigo. Pienso que tienes que hacer algo al respecto, porque entonces, cada vez que vengamos a la playa y te pida que me pongas el bronceador, te vas a poner burrote. No puede ser. Y se supone que eso va a ser todos los días. Tu papá sabía controlarse. Inténtalo.

    – Tal vez si yo pudiera recibir el tratamiento y los favores que él recibía de ti, entonces…

    – Si, cómo no, ya vamos para allá… – me respondió graciosamente.

    Ya más controlado, nos fuimos a caminar un poco por la playa, agarrados de la mano. Me sentía feliz de caminar con semejante hembra por esa playa, donde todos la miraban con deseo y admiración. Afortunadamente, nadie por esos lares nos conocía ni sabían que éramos madre e hijo.

    – Mi amor ¿te fijas como la gente nos mira? Me da la impresión que piensan que soy una vieja verde, una asalta cunas, empatada con un chamo buenote.

    – Tal vez otros pensaran que soy un chulo que se levantó a una madurita para sacarle plata. Pero te apuesto a que muy pocos pensarán lo que somos en verdad. Dos enamorados.

    – ¿Estás seguro de eso?

    – ¿De qué?

    – De eso, de que seamos dos enamorados.

    – Si. Siii… jajajaja. Te amo.

    – Bandido. Yo también te amo.

    Después del mediodía nos fuimos a almorzar en un kiosquito de la zona, que ofrecía unos parguitos y filetes de mero inigualables. Mami comió con ganas y se le notaba feliz. Esta aventura en moto con ella se mostraba sobre rieles. Todo iba saliendo mejor de lo esperado. Tal vez la próxima vez, ella me masturbaría. Tal vez.

    Al terminar, quise mostrarle unas playas de mayor salvajismo natural. Unas dunas varios kilómetros más al norte, donde las olas eran ciertamente más fuertes. Nos subimos a la moto y llegamos en pocos minutos. Nos detuvimos a la sombra de un gran cují negro, tapé la moto con su camuflaje y nos dedicamos a caminar y observar el panorama. No se veía un alma en kilómetros a la redonda.

    – Me encanta esta playa, es como más natural, sin indicios humanos… está increíble y sin un alma. – me dijo, contenta por lo que estaba viendo.

    – Por eso te traje, para que vieras una playa libre de gente, natural, casi virgen. – le expliqué.

    – Mi amor, en esta playa hasta se podría hacer nudismo, porque no se ve un alma. – me confió mamá, ilusionada con lo que veía.

    – Si, mi amorcitico. El punto es ¿te atreverías?

    – No sé, mi cielo, tal vez. ¿A ti te gustaría hacerlo?

    – Me encantaría.

    – Pensándolo… La verdad es que contigo, me atrevería. Nunca lo hice antes, aunque sé que a papá le hubiera gustado, pero es que en público yo no podría. Pero sola contigo, sí creo. Vamos a probar haciendo topless en este momento. – y procedió a quitarse el top del bikini, dejándome ver aquellas dos maravillosas protuberancias que una vez me alimentaron.

    Dios, las tetas más hermosas, perfectas, que existían. Yo nunca me cansaría de admirarlas. Mejores, ciertamente, que las de Simona, que ya eran espectaculares.

    – Parece que te gustan mis teticas, si no cierras la boca te puede entrar una mosca, digo yo, no sé… jajaja.

    – Me encantan, son las más hermosas que he visto. Supongo que las de Miriam deben ser iguales, pero ya, nadie más las debe tener así.

    – ¿Y las de Ana? – me preguntó.

    – Hermosas, pero no a este nivel.

    – ¿Y las de Simona?

    – Lo mismo.

    – Me halagas… te adoro, sabes bien mantener a una chica con el ego arriba. Con razón que tienes tanto éxito con las mujeres.

    – Contigo espero coronarme…

    Al decirle eso, ella se mordió el labio inferior y me miró de un modo realmente seductor, como alguna vez la vi mirar a papá. Sentí ganas de tumbarla en la arena y hacerla mía. Me tenía a millón. De pronto:

    – Amor, tu anaconda de nuevo… vas a tener que hacer algo al respecto. Aquí no la ve nadie pero ¿y cuando estemos en playas concurridas? Tienes que domesticar a esa fiera. Concéntrate, por favor. Y ponme bronceador en mis teticas, que se me van a quemar.

    Casi me caigo de la impresión. Pero como el Boy Scout que alguna vez fui, “Siempre Listo”, que era nuestro lema, tomé el pote de crema y se lo unté deliciosamente en la piel de sus hermosas tetas. Me recreé en ellas hasta que la dueña me llamó al botón y me dijo:

    – Mi amor, si sigues así me las vas a gastar, jejeje.

    – ¿No será que te estás excitando? – le respondí.

    Me miró dulcemente y mordiendo su labio inferior, una vez más, se alejó de mí hacia el agua, moviendo su anatomía en una clara incitación. Sus nalgas eran prodigiosas, hasta más tentadoras que sus tetas, al caminar. Aquello era una sinfonía de placer, verla caminar por la arena. La verdad, no sabía que iba a hacer yo con mi pene. No podía seguir así. La alcancé en el agua y la tomé de la cintura, mientras las olas reventaban sobre nuestras espaldas y tratábamos de mantenernos en pie. Luego de varias batuqueadas, salimos del agua, nos tomamos de la mano y caminamos por la playa. Entonces ella me dijo:

    – Cielito, te voy a confesar algo, desde que tu papá murió yo he estado muy triste, perdida, me he sentido abandonada, he pensado que mi vida ya no tiene sentido porque me quedé sin marido, sin el hombre al que tanto amé, pero últimamente, desde que empezaste con tus locuras y ataques para conmigo, las cosas han cambiado un poco, mejor dicho, bastante. Sentirme cortejada por ti me ha hecho replantearme la vida un poco, darme cuenta que si bien mi esposo ya no está, aun los tengo a ustedes dos, Ana y tú. Más aún, con la llegada de Miriam y Andrea a nuestra casa, ahora el panorama para mí ha mejorado mucho, pero la verdad, el gran responsable de mi cambio eres tú. A diario me haces sentir bonita, querida, deseada. Yo creía que ya no podría sentirme así nunca más, porque el amor de mi vida se fue. Pero tú y las ideas locas de Anastasia me han repotenciado. Hace solo un año, ni siquiera hubiera pensado en venir a Margarita en moto contigo. Simplemente te hubiera dicho que no, que estabas loco. Pero henos aquí, tú y yo como un par de loquitos, inventando y disfrutando. No me lo puedo creer y te lo debo a ti, a mi hijo querido, a mi hombresote. No quisiera despertar mañana y darme cuenta que todo fue solo un sueño y que nada es verdad.

    – Pues eso no va a pasar, porque esto es real, verdadero. Estamos aquí tú y yo, para disfrutar de la vida, de los placeres más sencillos. De ahora en adelante, no más tristeza, somos cinco personas que nos queremos y que tenemos la vida por delante, para disfrutarla y ser felices. – y le di un pellizco en una nalga, para que viera que no era un sueño.

    Pasamos una tarde realmente maravillosa y llena de erotismo en esa playa. Tanto que me dijo al oído, de una forma muy sensual, que quería volver en la mañana, para hacer nudismo, los dos.

    Esa noche fuimos a cenar y luego a bailar a una disco que estaba en la parte de atrás del restaurante. Ella iba con un vestidito corto, blanco, sin mangas, muy descotado y sin sostén. Creí habérselo visto alguna vez a Ana. Pero le quedaba de fábula. Solo llevaba una tanguita del mismo color del vestido. Pero los pezones estaban encendidos, yo temía que perforaran la tela del vestido y se escaparan. Su cabellera suelta, ondulada y alborotada le daba una apariencia de mujer de unos 30 años. Estaba arrebatadora, tanto que al salir del restaurante por poco tengo que darme unas trompadas con un tipo que casi se la come al pasar al lado de ella. Le reclamé su comportamiento, pero el tipo solo se relamía y ella me haló por un brazo para evitar males mayores. Ya sentados en la disco, me dijo:

    – Mi amor, tengo que confesarte algo, pero por favor no me lo tomes a mal. Yo sé que estoy buenaza y tú me ensalzas a cada rato. Esta noche me puse este vestidito sin sostén porque me gusta provocar a los hombres. Es parte de mi lado oscuro. Pero no quiero que vayas a pelear por mi culpa. Yo me lo busqué, lo reconozco. Realmente solo trataba de darte gusto a ti, por tantos piropos que me das a diario. Me tienes muy mal acostumbrada, creo que ni tu papá me trataba así. Por cierto, este modelito no es mío, me lo prestó tu hermanita, con la recomendación que me lo pusiera para darte gusto. Tal vez a ella, con menos carnes que yo, se le vea un tanto menos provocador, pero a mí, sé que ésta noche estoy rompedora, pero quiero que sepas que es solo para ti. Te amo.

    Aquella confesión me dejó de una pieza. La tomé de la mano y la saqué a bailar una canción muy romántica, Carpenters – There’s a kind of hush, que se prestaba para enamorar a la más pintada. La estreché contra mí y sentí su cálida respuesta. Yo estaba en la gloria. Traté de besarla pero me pidió calma, porque no le gustaba dar espectáculo. Que en casa podríamos más tarde. Pero le hice sentir mi hombría en su entrepierna.

    Al salir de la discoteca, nuevamente otro imbécil se propasó con ella, en clara referencia a sus pezones y a sus nalgas. Le di un coñazo en el plexo solar que cayó como una barajita, sin decir ni pío. Ella me haló por él brazo y nos subimos rápidamente a un taxi, para alejarnos del sitio y de un eventual problema. Llegamos al apartamento y yo seguía ofuscado y ella preocupada. Me dijo:

    – Creo que ha sido un error vestirme así, lo hice para ti, pero hay demasiadas bestias sueltas por la calle. No quiero que vayas a pelear por mí, me asusta mucho. No me perdonaría que algo te pase por mi culpa. No volveré a buscar problemas. No más provocar a los hombres, te lo prometo.

    – Nada de eso, te vistes como tú quieras, porque ese es mi deseo, al igual que tuyo y los imbéciles que vean que hacen. Te prometo que voy a contenerme un poco, pero tú te vistes cómo te dé la real gana. Una mujer como tú tiene todo el derecho del mundo a sentirse hermosa y expresarlo en su vestir. Los hombres tienen que aprender a respetar.

    – En este país de sangre tan mezclada eso es muy difícil. Latinos mezclados con caribeños y africanos, un coctel muy explosivo, sangre caliente. Si fuésemos solo indios o solo europeos, tal vez.

    Esa noche dormimos tranquilos. La señora se puso una batica muy seriecita para dormir. Y de alguna manera me dejó entrever que la noche había terminado, antes que yo empezara a buscar la manera de besarla.

    Continuará…

  • Se avecinan nuevos tiempos

    Se avecinan nuevos tiempos

    Estoy terminando de prepararle la cena a Ella. Yo comeré en la cocina, más tarde.

    De pronto escucho chasquidos de dedos. En cuatro patas, voy presuroso hasta el comedor donde Ella se encuentra. Permanezco de rodillas, con las manos detrás y la cabeza gacha. Ella está con las piernas cruzadas, balancea su pie derecho y es lo único que puedo ver. Creo que está mirando su celular. Espero su orden, pero pasa el tiempo y no me dirige la palabra. Estoy desnudo y empiezan a dolerme las rodillas y a perder de a poco el equilibrio.

    Hasta que oigo que prende un cigarrillo. Suspira y gira en la silla hasta quedar frente a mi. Se que no puedo moverme.

    -Bueno- dice al fin. Noto un cierto cansancio en su voz. Ya no sé que hacer con vos- da golpecitos al cigarrillo y la ceniza cae sobre mi cabeza- ¿Cuándo vas a aprender a obedecerme?

    Comienzo a temblar. Intento buscar en mi mente qué error cometí. Pero soy incapaz.

    -Se que te cuesta, sé que tu mente está cada vez más vacía- mientras habla me da unos golpecitos en la cabeza con sus nudillos- Pero intentá… tal vez puedas.

    Pero por más que haga esfuerzos, no logró dilucidar a que se refiere. Creo haber hecho todo correctamente, aunque si Ella lo dice, seguro que no es así.

    – Me vas a hacer enojar- Se para- Podés mirarme.

    Elevo mis ojos y la veo. Tiemblo aún más por la visión: me observa desde allá arriba con las manos en su cintura, como si yo fuera un insecto: una diosa soberbia, que se sabe superior y que puede hacer de mi lo que quiere.

    -¿No se te ocurre nada? ¿Tanto he vaciado tu psiquis? -sonrie- Mirá como estas temblando… si estas a punto de llorar… -hace una pausa- Entonces… ni tenes idea del error que cometiste? Podés hablar.

    -No- le contestó con un hilo de voz

    -Mmm estas en problemas. Doble castigo: por no acordarte y por el error. – La veo alejarse. Voy gateando detrás de ella tal como me enseñó. Recoge de encima de un sillón el látigo corto- ¿Cuántos azotes crees que te mereces?

    -Los que Ud. considere justos.

    -“Los que Ud. considere justos”. Repite burlándose- No me gusta esa respuesta.- Pasa la lonja de cuero sobre mi lomo. ¿Y si intentas pedirme perdón?

    Desesperado comienzo a besarle los pies y después continuo con sus piernas, su estómago. Ella me deja hacer; se da vuelta y permite que adore su trasero y su espalda, siempre con las manos detrás, hace años que no me deja siquiera acariciarla.

    -Basta – ordena de pronto. Vuelvo a ponerme en cuatro con la mirada en el suelo.

    Ella se aleja unos pasos. Ahora no gateo tras Ella sino que me arrastro, en un intento de demostrar mi devoción. Hasta que se detiene y sin consideración pone su pie derecho sobre mi cabeza- Ya nada de lo que haces me conmueve… ni para eso servís. Ponete en cuatro patas de nuevo.

    Obedezco. Vuelvo a sentir el cuero deslizándose por mi espalda. Se coloca detrás de mi y siento como la punta de su pie palpa mis testículos y mi pene.

    – Esto te excita no? La proximidad del castigo, la tortura… Hice un buen trabajo- Se aleja nuevamente de mi para ir a sentarse. La oigo prender un cigarrillo

    – Estaba pensando- dice al cabo de un rato- si los errores no los cometes a propósito. Para buscar esto: que te castigue hasta hacerte sangrar. Porque ese es tu placer, a eso te acostumbré. No hace falta que me respondas, se que te cuesta seguir el hilo de mis pensamientos. Acá la importante soy yo. No vos

    Hace silencio. Veni acá, podes pararte.

    Siempre con las manos detrás y la cabeza gacha, me coloco a su lado. Mira su celular. De pronto, son su mano izquierda comienza a masajear mi pene lentamente, como solo Ella sabe hacerlo. Pasan minutos interminables. Se contenerme.

    -Las cosas van a cambiar a partir de ahora. No mas castigos corporales, te vas a tener que acostumbrar a otro tipo de castigos- a continuación suelta mi pene que se agita enloquecido y toma el látigo- Abrí la boca- ordena- Me coloca la empuñadora entre los dientes- Esta noche vas a dormir con el látigo al lado tuyo. Y vas a cocinar así. Y será mejor que no se te caiga. Anda nomás.

    Mientras regreso a la cocina, escucho que dice:

    -Ah me olvidaba decirte que no habías cometido ningún error.

  • Ansiosa por nuestro primer encuentro

    Ansiosa por nuestro primer encuentro

    Quería verte otra vez para que tus labios carnudos volvieran a besarme cómo ese día, me encantó como tus lindos ojos me desvestían con tu mirada y tus manos tocaban mis senos encima de mí ropa y después la bajabas hasta mí vagina y me la frotabas, luego metías tus dedos lentamente podías sentir que estaba húmeda mientras me besabas.

    Cuando me acerqué y me pediste que lo hiciera, me pose encima tuyo y cogí tu delicioso miembro y lo metí dentro de mí y empezaste a mirarme mientras me tocabas, luego me pusiste abajo tuyo y con mis piernas encima de tus hombros lo metías y los sacabas mientas respirabas agitadamente, ya sintiendo que te venías…

    Si hubiera podido darme el tiempo me hubiera gustado que luego te hubieras quedado encima mío mientras tu pene palpitaba dentro de mí después de tu orgasmo y que al oído me hubieras dicho lo delicioso que era follarme, luego me hubiera gustado que me hubieras puesto boca abajo y me hubieras introducido nuevamente mientras me besabas la espalda y me decías cosas sucias en mí oído, me imagino la sensación de poder sentir tus pelotas rosando mis nalgas y así nuevamente comenzar hasta que los dos lográramos el orgasmo…

  • Preñada en Las Vegas por mi esposo ¿o mi suegro?

    Preñada en Las Vegas por mi esposo ¿o mi suegro?

    Relato anterior «Hasta en vacaciones hago cornudo a mi marido», dejo el enlace al final del relato.

    Llevaba cuatro años de casada, mi marido tuvo un ascenso y nos estaba yendo bien económicamente, habíamos pagado las deudas, la mayor parte de la hipoteca de la casa y teníamos dinero para algunos lujos, en la familia de mi esposo y en la mía ya nos insinuaban sobre el momento de encargar un bebé, lo cual sabía que a mi esposo haría muy feliz, pero me cuidaba por la situación que estaba viviendo con mi inquilino y mi suegro, no podía arriesgarme.

    Mi esposo se entera que su hermano y su esposa iban de viaje a Las Vegas y que los acompañarían mis suegros y me pregunta si los acompañamos, inmediatamente dije que sí, me emocioné mucho y le di un beso feliz y contenta, si bien ir a las Vegas nunca ha sido mi sueño, no conocía esa ciudad y me encantaba la idea de ver todo lo que había visto sólo en películas, las luces, el lujo, el glamour, los espectáculos, compras, en fin, todo.

    Preparamos todo para el viaje, pasaportes, visas, hotel, vuelos, etc, y muy poca ropa, ya que la idea era ir de compras desde el segundo día y comprar mucha ropa y algunas otras cosas, a consejo de la esposa de mi cuñado que me dio algunos tips.

    Llegó el día y mi esposo y yo viajamos a la ciudad de México, allí pasaríamos la noche, al día siguiente nos encontramos a mi cuñado y suegro con sus esposas, los hijos de mi cuñado se quedaron con mi otro cuñado que no viajaría, llegamos tarde y nos fuimos a dormir cansados a un hotel cerca del aeropuerto. Antes de dormir busqué mis píldoras anticonceptivas y me di cuenta de que por la emoción del viaje las había olvidado, no me alarmé demasiado, ya las compraría el día siguiente.

    Una vez reunidos todos fuimos a desayunar y a documentar el equipaje, el vuelo tenía un retraso de alrededor de una hora, abordamos y llegamos a Las Vegas alrededor de las 3 de la tarde, pasamos migración y ahí en el aeropuerto fuimos a comer, ya teníamos hambre, desde que aterrizamos me sorprendió la ciudad, en el mismo aeropuerto había decenas de máquinas de juego, nos alojamos en el hotel París, tal vez no el más lujoso hotel de las Vegas, pero muy romántico y con una ubicación envidiable, todo el hotel está ambientado en la ciudad luz y tiene inclusive una réplica del arco del triunfo y otra de la torre Eiffel, nos dieron una habitación a la calle y desde la ventana se podía ver el Strip, así como la réplica de la torre Eiffel, el hotel Bellagio estaba enfrente y se podía admirar desde la habitación el increíble espectáculo de fuentes danzantes, una vista inmejorable que me enamoró.

    Desempacamos, nos dimos un baño, dimos un breve paseo por el hotel y casino y fuimos a cenar en un restaurante que estaba dentro de la réplica de la torre Eiffel, muy lujoso, romántico y con una vista maravillosa, todo parecía un sueño. Había sido un largo día, así que nos fuimos a nuestras habitaciones a descansar.

    Nos dimos un baño antes de dormir, al salir me puse una bata de baño y fuí al enorme ventanal para ver la panorámica de noche, no me cansaba de ver el Strip, con sus miles de luces, estaba iniciando el show de las fuentes del Bellagio, tenía una vista envidiable y me quedé embobada, en eso siento que mi esposo se sitúa a mi espalda, me desata la bata y cae al suelo, siento su verga recorrer mis nalgas, sus manos en mi cintura, me tengo que recargar en los ventanales para buscar apoyo, sus manos acarician mis pechos y mis pezones se endurecen al instante, su aliento en mi cuello me estremece, succiona el lóbulo de mi oreja, arrancándome mi primer gemido de la noche, mi marido ya no era aquel joven inocente e inexperto que se casó conmigo, al contrario, con el paso del tiempo y tal vez con un poco de mi ayuda, cada vez era un mejor amante, me hacía vibrar con sus caricias, un temblor recorrió mi cuerpo, estaba desnuda frente al enorme ventanal, con mi marido repegado a mí, su dura y gruesa verga recorriendo mi rajita que empezaba a lubricar, contuve la respiración y abrí más mis piernas, se agachó y separando mis nalgas sentí su lengua tibia y húmeda recorrer mi rajita, desde mi ano a mi clítoris, acariciaba mis muslos, apretaba mis nalgas y metió un par de dedos dentro de mi vagina, mordió mis nalgas con suavidad y me nalgueó, fue muy excitante, me quedé quieta disfrutando el placer de sus caricias, así estuvo un rato, ignoro cuantos minutos pasaron, el tiempo se había detenido, entonces se levantó y apoyó sus manos en mi cintura, su lengua lamía mi cuello con pasión y sentí su verga nuevamente recorrer mi rajita, desde mi culo a mi clítoris, se sentía dura, babosa, empezó a jugar conmigo, sabía cómo excitarme, la ponía en la entrada de mi culo, presionaba y dejaba de presionar, masajeando mi entrada y cuando parecía que iba a entrar seguía de largo jugando ahora con mi vagina, sus hábiles dedos encontraron mi clítoris y lo masajeaba tan rico que estaba a punto de correrme, estaba ardiendo, sentía toda mi rajita bien resbaladiza, llena de precum y mis propios flujos, sentía un calor tremendo y ya no aguantaba, necesitaba su verga en mis entrañas, así que le supliqué:

    – Cógeme ya, por favor, métemela, estoy muy caliente, la quiero dentro.

    – ¿La quieres nena?, Pídemelo.

    – Sí no aguanto más, necesito tu verga, dámelaaaaahhhh

    Mi última palabra se convirtió en un gemido, centímetro a centímetro sentí como entraba por mi vagina, me empaló hasta el fondo, di un gemido agudo, su pecho quedó pegado a mi espalda y empezó a succionar el lóbulo de mi oreja, mientras se movía siguiendo la música, era de lo más delicioso, contemplaba el famoso show de las fuentes del Bellagio siendo empalada por mi esposo, con el morbo de estar desnuda frente a un ventanal a la vista de cualquier curioso y su verga entrando y saliendo de mi vagina al compás de la música, su pelvis chocando contra mis nalgas en un caluroso aplauso de nuestros cuerpos, gritaba de placer y empecé a moverme también apoyándome de la ventana, como una puta con experiencia, a cada embestida yo movía mi colita en círculos, me empezó a nalguear, cada nalgada me excitaba más, y empujaba y movía más mi colita, lo escuché gemir, exclamó:

    – Aghhh, que rico, eres increíble amor, que rico me aprietas la verga, me vas a hacer correr, agghhh- y yo más empujaba mi cadera.

    El Show de las Fuentes del Bellagio llegaba a su clímax, los chorros de agua llegaban a una altura asombrosa, quería sentir también sus chorros de semen ardiente en mi cuerpo y cerré las piernas, apretando todavía más su verga, ahorcándola, sentía como su verga frotaba mi interior con más presión, costaba avanzar, pero no desistió me la clavó hasta el fondo y siguió embistiendo, gruñía y gemía, me empujó más contra el ventanal y gritó:

    – Toma, tomaaaa, toma verga, aggghhh, te gusta nena, te gusta tu trozo de carne en las Vegas.

    – Si, sigue, agghhh, me voy a correr papi, sigueee, aggghh, me encantaaa, sigue, no pares.

    Tomándome de la cintura empezó a darme con toda su pasión, literalmente me estaba taladrando, se retorció y sentí sus trallazos de semen ardiente inundando mi coño, vaya que tenía los huevos cargados, justo con los últimos chorros de las fuentes, se recostó sobre mi espalda y nos besamos interminablemente, una vez que recuperamos el aliento nos fuimos a la cama donde puso su cabeza sobre mis pechos y lo acariciaba con ternura, dormimos abrazados y agotados, pero con la felicidad que te da una buena cogida, en la madrugada me desperté para darme un baño y volví con mi hombre.

    Mi primer día en las Vegas no podía haber terminado mejor, ser cogida admirando un espectáculo extraordinario.

    El siguiente día nos separamos en dos grupos las mujeres nos iríamos de compras y los hombres se quedarían en el hotel jugando en el casino y disfrutando el hotel. Después de un agotador día de compras nos reunimos en el hotel para la cena. Terminando la cena los hombres de la familia querían seguir apostando, mi suegra y mi nuera estaban cansadas y se retiraron a sus habitaciones, yo me quedé un rato más con mi marido y fuimos todos al casino, estuve un rato jugando con una máquina, cuando llega mi suegro y me dice:

    – Que rico culo se te ve, nena, ufff, me pones cachondo.

    – Shhhh, suegro, calle, lo va a oír su hijo, mi esposo.

    – Perdona, es que estás para cogerte con ese vestidito, estás espectacular, me enloquece tu hermoso cuerpo.

    – Pues tendrá que desquitarse con mi suegra, ande, suba al cuarto y desquite su calentura.

    Mi suegro se retiró un poco molesto por mi desplante y yo seguí otro rato jugando, no mucho, estaba cansada, fui con mi esposo y él si quería continuar jugando, estaba feliz, traía una racha ganadora, así que me despedí y me fui a la habitación.

    Me di un rápido baño y me dispuse a estrenar un conjuntito de lencería muy sexy de Victoria’s Secret que acababa de comprar, de tanga y sostén negro de satín semitransparente, medias de malla negra y portaligas del mismo color, me vi al espejo y me gustó lo que vi, muy sexy y provocador. Me recosté en la cama y me estaba quedando dormida cuando escucho que tocan la puerta, pensé que sería mi marido que olvidó su llave y poniéndome una bata semitransparente me levanté a abrirle, abrí solamente un poco para cerciorarme y observé la figura de mi suegro.

    – Abre putita, apúrate- dijo.

    Abrí la puerta, un poco indecisa, pensé que no era buena idea, el entró con ansia, me tomó de la cintura y me dio un beso cachondo al tiempo que cerraba la puerta con un portazo, intenté detenerlo empujándolo con mis brazos al tiempo que le decía:

    – ¿Qué le pasa suegro?, Mi esposo puede venir en cualquier momento

    No te preocupes putita, les acabo de dar a mis hijos un par de boletos para un espectáculo de bailarinas nudistas, tardarán un par de horas en regresar.

    Seguí forcejeando, mientras le reclamaba:

    – ¿Qué dices?, ¿sonsacando a mi marido?,

    Siguió besando mi cuello, sus manos fueron a mis tetas, pellizcaba suavemente mis pezones.

    – No te preocupes, es solo ver, no va a coger, ja, ja, aquí lo únicos que vamos a coger somos tú y yo.

    Mi batita semitransparente cayó, lamía mis orejas y cuello y fue bajando poco a poco, encontró mis tetas y las fue lamiendo al tiempo que desabrochaba mi sostén, era insaciable, no me dejaba tiempo ni de pensar, aunque pensaba que era arriesgado me dejé llevar por sus caricias, me dio media vuelta y me llevó a la cama sin dejar de besar mi cuello y espalda, me recostó en la cama boca abajo y se fue desnudando, en ese momento me dijo.

    – Mira nena lo que encontré en una de las tiendas del centro comercial del hotel.

    Hasta entonces me fijé que traía una bolsa y fue sacando un paquete que tenía varias bolitas de diferente diámetro unidas por un cordón de látex y un gran anillo al final.

    – ¿Qué es? – pregunté, no entendía el propósito de ese objeto.

    Es un regalo para tu culito divino que tanto me excita.

    Me hizo recostar boca abajo y puso una almohada que quedó bajo mis caderas, mi colita quedó levantada y expuesta, empezó a lamer mis nalgas, a chuparlas y mordisquearlas y sentí que me volvía loca,

    Me fue quitando lentamente mi tanguita sin dejar de chupar y lamer mis nalgas, gemí de placer, al tiempo que decía:

    – Que hermosa cola tienes putita, suave, redonda y firme, sueño con ella siempre, me vuelves loco de solo verla.

    Abrió mis nalgas y sentí su lengua húmeda recorrer mi orificio, un calambre recorrió todo mi cuerpo, mis piernas se aflojaron y lancé un fuerte gemido, mi suegro era un experto para comerme el culo.

    Comenzó a meterme la puntita de su lengua y sentí que me desmayaba de placer, me estaba cogiendo con su lengua.

    – Ayyy, putita que cerradito lo tienes, me encanta, a pesar de que ya te cogido el culo tantas veces sigue apretado, parece que cada vez que te la meto por el culo fuera la primera vez, uffff

    Uno de sus dedos se aventuró y masajeó la entrada de mi agujero, mi agujero se contrajo al contacto y di un respingo involuntario, volvió a masajear la entrada de mi culito, pero sentí su dedo con una sustancia viscosa, que le permitía resbalar mejor, masajeaba en círculos el arrugado orificio, como si quisiera borrar las arrugas e hizo un poco de presión, logrando introducir la punta de su dedo, siguió con su avance, movía su dedo en forma circular y lo sacó, lo siguiente que sentí fue el contacto de la primera bola en mi ano, el contacto era muy suave, aunque algo frío, me hizo separar más las piernas y abrió con la otra mano mis nalgas al tiempo que empujaba el dedo y la primera de las bolitas se colaba en mi interior, sentí un calor intenso y mi vagina se humedeció al instante,

    – Mmmm, putita, me encantó ver cómo te comiste la bolita con tu colita, como se abrió y cerro tu culito, ufff, me excita tanto, ahí va la siguiente, es un poquito más grande.

    Sentí su dedo empujar y la bolita abrió mis pliegues hasta que se coló dentro, costó un poco más pero no demasiado, mi culito estaba bien lubricado, una vez dentro sentí que empujaba a la que ya estaba en mi interior, y está última me entró más profundo y así siguió con las demás, hasta que me entró la quinta y última, y la más grande de todas, la sensación que me causaban era indescriptible, sentía como se deslizaban y acariciaban las paredes internas de mi ano, de pronto tiró del anillo que quedaba por fuera y di un gemido muy intenso, una corriente de electricidad recorrió mi cuerpo al tiempo que la bola más grande salía de mi culo, nuevamente tiro del anillo y salió la segunda bola, acompañada de otro calambre, una de sus manos fue a mi clítoris y lo empezó a acariciar con suavidad, mientras que con la otra tiro del anillo y salieron las tres bolitas restantes, causándome que mi cuerpo se retorciera y gritara de placer,

    – Veo que te encantó mi regalito, putita.

    – Siii, ayyyy, casi me corroooo, ufff

    Me volvió a abrir las nalgas y uno de sus dedos comenzó a hacer círculos alrededor de mi ano y lo fue empujando lentamente hasta que metió la mitad de su dedo, al tiempo que su lengua recorría mi rajita, y ya no pude más, estallé en un orgasmo larguísimo gimiendo y gritando de placer, todo mi cuerpo se retorcía de placer, al tiempo que mi suegro lamía los fluidos que brotaban de mi coñito, mi suegro realmente sabía volverme loca de placer.

    Una vez que terminó mi orgasmo, volvió a meter cada una de las bolitas en mi culo, una por una, desde la más pequeña a la más grande, me dio una nalgada y me dio vuelta, abrió mis piernas y se acomodó en medio de ellas, su verga frotaba la entrada de mi vagina sin llegar a meterla, me tenía en el éxtasis, gemía como una perra, esperaba la estocada y nada, le tuve que rogar:

    – Anda papi, métela, estoy que ardo, ya no aguanto, no me castigues.

    – ¿La quieres zorrita?, Pídela más fuerte, que todos escuchen.

    – Pero papi, mi suegra y mi cuñada están en este piso, nos escucharán,

    – Me vale verga, pide que te ensarte, pide verga si la quieres dentro nena.

    – Dame verga papiiii, Méteeela- Grité sin importarme nada.

    – Muy bien zorrita, te lo has ganado por ser tan buena putita.

    Apuntó el capullo en la entrada de mi vagina y empezó a empujar, sentí como iba entrando poco a poco, amoldando mi conducto al grosor de su verga, el tener el culo lleno con las bolitas anales provocaba que mi vagina estuviera más estrecha, asimismo sentí que las bolitas anales frotaban la verga de mi suegro a través de los pliegues que separan la vagina del culo, la sensación era increíble, las bolitas acentuaban el roce de su verga en mi interior. el también disfrutaba porque lo anunció.

    – Que rico, que apretadita estás, nena y que rico siento como me masajean las bolas en tu culito el tronco de mi verga, agghhhhh, eres fantástica nena.

    Me sentía en el paraíso, a pesar de que mi suegro me había cogido muchas veces, la experiencia de las bolas en mi culo, mientras era penetrada por mi coñito me provocaba una sensación diferente, más intensa, me embestía lento pero profundo, la sacaba hasta dejar solamente la cabeza dentro y me embestía hasta el fondo, estirando mi coñito al máximo, haciendo presión en lo más profundo de mi ser.

    – ¿Te gusta puta?

    – Siiiii, agghhh, si papi, sigue, reviéntameeee.

    – Aggghhh, si nena, te voy a reventar a vergazos, siente como te recorre mi verga por dentro.

    Me estuve cogiendo lento como unos 20 minutos, haciéndome gemir y gritar todo el tiempo.

    Empecé a mover mis caderas, involuntariamente apretaba más el culo y la sensación de las bolas en mi culo se incrementaba, estaba en otro mundo, le pedí que me cogiera más rápido.

    – Vamos papi, dame más duro, rómpeme bien el coño, ábreme bien, soy tu puta.

    Lo que dije le voló la cabeza, empezó a cogerme a un ritmo infernal, una y otra vez me embestía, haciéndome retorcer y gritar de placer, ya no me importó que mi suegra y mi cuñada estaban en el mismo piso y podrían oírme, o que mi esposo pudiera llegar en cualquier momento, todo mi cuerpo empezó a convulsionar, mis ojos se pusieron en blanco, mientras gritaba,

    – Más, más, más, ahhh, más, reviéntameeee, soy tu putaaaa.

    Me tomó de la cadera y me embestía con todas sus fuerzas, mi cuerpo rebotaba en su pelvis, abrí la boca lo más que pude en un gemido interminable, en un último embiste profundo que casi me metía las bolas en el coño sentí sus chorros de leche ardiente llenarme por completo, al instante me corrí también, mis espasmos apretaban su verga y las bolas dentro de mi culo haciéndome delirar de placer, sentí que desfallecía de placer.

    – Toma, toma mi leche, gritaba mi suegro- gritaba mi suegro,

    Se corrió como un adolescente, chorros y chorros de espeso y ardiente semen salieron disparados dentro de mi coño, llenándome de su esencia.

    Una vez que terminó se desplomó sobre mi cuerpo y me besaba una y otra vez, abrazados y disfrutando los últimos embistes de su verga que poco a poco iba perdiendo rigidez.

    Se levantó y viendo que todavía tenía las bolas anales dentro de mi culo, jaló el arillo y una nueva ola de placer recorrió mi cuerpo al tiempo que salían las bolitas de mi culo.

    Me ayudó a levantar, nos metimos a bañar presurosos, habían pasado casi dos horas desde que llegó mi suegro y no tardaría en llegar mi marido.

    Me dio un último beso de despedida y salió de prisa, me dijo que iría un rato al casino para no llegar recién bañado a su habitación.

    Una vez que salió tomé las bolitas anales, las envolví en papel higiénico y las deposité en el cesto de basura, no podía encontrarlas mi esposo y me dio miedo de que en la revisión de equipaje de regreso a México pudieran abrir el equipaje y encontrarlas el agente de migración, que, si bien no era algo prohibido, hubiera tenido que dar alguna explicación a mi esposo.

    Los siguientes días los dedicamos a visitar los diferentes hoteles, jugar en sus casinos ver los diferentes espectáculos gratuitos y dos shows: LOVE del Cirque Du Soleil en el Hotel Mirage y Le Reve en el Hotel Wynn, ambos altamente recomendables, mi esposo me dio un par de cogidas adicionales en esos días, y sí están en lo correcto, fue una semana muy ajetreada en dónde ya no me acordé de comprar mis pastillas anticonceptivas.

    Se terminó el viaje a Las Vegas y regresamos a nuestra ciudad, mi esposo fue a laborar en su etapa de trabajo y pasó lo que temía, sufrí un retraso en mi siguiente período menstrual, por lo que compré una prueba de embarazo que confirmó mis sospechas, estaba embarazada, fui con mi ginecólogo quien me realizó un análisis de sangre y confirmó mi embarazo.

    Esperé a que llegara mi esposo para darle la noticia, el cual se puso extremadamente feliz, e inmediatamente se lo comunicó a sus padres y hermanos, orgulloso y contento, ya no quiso que me quedara sola mientras él se encontraba laborando y contratamos a una empleada doméstica a fin de que estuviera siempre acompañada.

    Dicen que un hijo te cambia la vida y decidí hacer un cambio radical en mi vida, ya no podía seguir con la vida que llevaba, no podía seguir siendo la misma puta e infiel, así que le dije a mi esposo que nos estaba yendo bien económicamente, ya no necesitábamos rentar el cuarto trasero y además necesitábamos un cuarto para la empleada doméstica, así que le pedimos a Don Fernando que desocupara el cuarto, hablé con él y le hice ver que la situación había cambiado y ya no podíamos seguir cogiendo, comprendió mi situación y pidió en su trabajo un cambio de adscripción, se mudó a una ciudad del Centro del país, lo cual pienso fue lo mejor, lo mismo hice con mi suegro, quien también entendió la situación, había un bebé de por medio, sería abuelo (o padre) y no podíamos seguir arriesgando la estabilidad familiar.

    Así que por fin pude dar un respiro, nuevamente era sólo para mi marido y esperamos juntos la llegada del bebé, al poco tiempo tuve un hijo varón, hermoso, con las facciones de la familia de mi esposo.

    Mis amistades dicen que es igualito a mi esposo, pero mis padres, mi suegra y mis cuñadas dicen que se parece más a mi suegro, mi suegro siempre me mira a los ojos cuando mencionan ese parecido, buscando alguna reacción en mi cara, creo que él debe tener la misma duda.

    Me gustaría saber si mi bebé es hijo de mi esposo o tal vez su hermano, mi suegro no me lo ha planteado y ni loca le digo a mi esposo que se realice una prueba de ADN, además he investigado un poco sobre pruebas de ADN, y no sería suficiente realizar la prueba solamente a mi suegro, se necesitaría hacer la prueba a ambos y comparar con el bebé, con quien de los dos tiene mayor compatibilidad genética y aun así, debido a la cercanía sanguínea entre mi suegro y mi esposo, hay un margen de error.

    Y así dejé mi vida de puta para convertirme en una madre ejemplar, dedicada a la crianza de mi bebé, pero no por mucho tiempo, no es que no ame a mi esposo, lo amo y mucho, pero una vez que has probado la chispa de la infidelidad, es difícil no caer nuevamente, tal vez sea simple deseo sexual, la emoción de una aventura, salir de la monotonía, la excitación o tentación de lo prohibido o simplemente es que tengo un alma de puta, no lo sé.

    Doy gracias a todos los que han hecho algún comentario o me han escrito, y como siempre les dejo mi correo para hacerme saber si les gustó el relato: [email protected].

    Relato anterior:

    “Hasta en vacaciones hago cornudo a mi marido»

  • No importa el lugar (en la calle) Laura

    No importa el lugar (en la calle) Laura

    Llevaba tiempo de músico y estaba cansado de la vida de cantante así que decidí darme un break para conseguir a una novia fija. Ella tenía unas caderas hermosas y pronunciadas, con un trasero espectacular, sus pechos no eran tan grandes como su trasero, pero tampoco era plana. Cabello chino y una elasticidad impresionante.

    Laura tenía una voz muy sensual y amaba que me dijera ¡Me enamoro! mientras hacíamos el amor. La primera vez teníamos que ir a un lugar juntos, pero nos desviamos para terminar en mi recamara. No entrabamos por completo a la misma y nos íbamos despojando de la roma. Usaba pantalones pegados y me encantaba porque podía presumir su enorme trasero. Le quité la blusa y ella se quitó el bra cuando me fui encima a sus pechos, eran redondos y su pezón café se puso duro al tacto de mi lengua. Se recostó y me mentí dentro de ella mientras ella tomaba mi rostro con las manos y me besaba. Estaba húmeda y yo muy caliente. Me empujó para ponerse encima y comenzó a cogerme, iba y venía mientras yo chupaba sus pechos y la nalgueaba. Se movía tan delicioso que me hizo precoz. Tuve que salirme porque estaba a punto de venirme para ponerla en 4 lamí su vagina y también su ano para mojarlo con mi saliva y se la metí.

    Poco a poco entro mi pene por su ano mientras ella gemía y yo me la cogia. No tardé mucho para decirle que estaba a punto de venirme.

    -Te quieres venir dentro o en mi boca.

    -En tu boca! -Le contesté.

    Entonces ella se movió para que me saliera y se recargó en la pared mientras yo me masturbaba para venirme, abrió su boca y yo me vine. Disparé en su cara, en su cabello y su boca. Ella me quitó la mano y comenzó a mamar.

    Terminamos y nos limpiamos. Esa misma tarde íbamos de regreso a su casa y volvimos a calentarnos en el camino. En el transporte tocaba mi pene y se recargaba para que no nos vieran. Llegamos a su casa, pero ya estaba su familia allí así que salimos a la cancha que estaba detrás de su casa.

    Era una cancha de futbol y el piso era áspero. Ella se bajó el pantalón y yo también, sentado en el piso ella se montó en mí y comenzamos a coger, los vecinos pasaban, pero no nos decían nada. Laura y yo nos besábamos y cogíamos hasta que sentí como se venía así que me moví más rápido y terminé junto con ella.

    Llegamos a su casa y sus papas nos comentaron que ya nos habían visto en la calle hacer el amor. Apenados, decidimos no volver a hacerlo. Pero eso duró muy poco.

    Dos días después estábamos en unas asesorías Íbamos juntos y al terminar pasando por uno de los pasillos había un salón vacío. Yo miré a ambos lados para ver que no hubiera nadie y me metí con ella. Cerré la puerta mientras ella me decía:

    -Que estás haciendo? ¿Por qué?

    No deje que terminara la frase cuando comencé a besarla y a desvestirme mientras la besaba. Ella intentaba detenerme con las manos, pero yo ya tenía el pantalón en el piso y los zapatos fuera. Solo me quedaba el bóxer, pero comencé a desabrochar su pantalón. Ella me quito la playera y después la de ella. Yo la acerqué al escritorio y la senté ella no terminada de quitarse el pantalón lo tenía en los pies mientras yo ya estaba con mi lengua lamiendo su vagina.

    -Espera, mi pantalón. Espera Ah!

    Me puse de pie para besarla y mientras la besaba me quité el bóxer y ella se colocó en la orilla para que le metiera mi pene. Comencé a arremeter contra ella mientras la besaba, su humedad bajaba hasta sus glúteos mientras me mordía en los labios y después en el hombro.

    -Me enamoro!

    Me salí de su vagina y la puse de espaldas, ella se inclinó hacia el frente

    -La mesa está fría!

    Sus pechos rozaban con la meza yo escupí su ano y metí mi verga, a ella le encantaba y mi pene entraba tan fácil. comencé a cogérmela mientras ella se aguantaba para gemir. Afuera se escuchaban personas, pero no quise parar. Sentí como apretaba sus nalgas y como se chorreaba por las piernas. Estaba tan excitado que metí mi pene hasta el fondo. Levanté mi rostro hacia el techo y comencé a venirme. Salió uno y después otro disparo. Ella gimió, pero no pudo expresar mucho placer. Aún seguía mi pene dentro cuando comencé a bajar el rostro poco a poco y miré en la esquina una cámara.

    No supe que hacer ni cómo reaccionar así que bajé mi rostro hasta su espalda y susurrarle que había una cámara en el salón.

    -No mames!

    Fue su respuesta y nos movimos rápidamente para vestirnos. Una vez vestidos y arreglados me acerqué a la puerta y me asomé. No había nadie así que la saqué rápido y comenzamos a caminar. No llevábamos dos pasos cuando los guardias del lugar venían a nosotros. Se escuchaba una comunicación por radio

    -Están en el salón de presentación, siguen allí.

    Ella se agachó y yo me hice de lado para dejarlos pasar. El par de guardias entraron al primer salón y por radio les decían:

    -No! ¡Ese no, el que sigue!

    Dimos la vuelta en para tomar la escalera y comenzamos a correr.

    Salimos del lugar y nos fuimos directo a su casa.

    Estábamos sumamente excitados así que fuimos hasta su recamara. Nos desvestimos para hacer de nuevo el amor. Terminamos y nos dormimos juntos un rato. Entre hoteles y distintos lugares, a todas horas y aunque todo terminó seguimos siendo buenos amigos.

  • Sábado de gloria con papá

    Sábado de gloria con papá

    Mi nombre es Alexandra, tengo 27 años, mido 1.68 m. Soy de piel clara, tengo el cabello castaño claro, me gusta traerlo largo, me llega hasta la mitad de la espalda, soy delgada, tengo una cara bonita y ojos color café claro me gusta maquillarme y usar labiales rojos. En esta ocasión les quiero relatar una excitante experiencia que tuve con mi papá, cuando era una chica de tan solo 18 años. Como se podrán imaginar a esa edad yo estaba en plena flor, tenía bonita figura ya que desde chica me ha gustado hacer ejercicio solo para tonificar mis piernas y glúteos, mis senos medianitos y redondos, mis pezones son rositas y como montañitas. La cintura definida, el abdomen plano y un culito muy bien formado sobre todo cuando uso jeans se me marcan muy bien mis nalgas levantaditas y al juntar las piernas se me forma un huequito apretando mi zona íntima, tengo piernas estilizadas que me gusta mostrar cuando uso minifaldas pues tengo la piel muy suave. Me gusta ser muy femenina, seductora y vestir provocativa, aunque siempre procurando mantener una buena imagen ante las personas que me conocen.

    En aquel entonces habían transcurrido aproximadamente 7 meses desde que perdí mi virginidad en manos de un albañil que vigilaba una construcción solitaria, lo que ya les conté en el relato titulado “fui desvirgada brutalmente por un albañil”. Desde aquella experiencia sentí el deseo de explorar más en mi sexualidad, así que cada que tenía oportunidad compraba juguetes, y lubricantes en una sex shop, me gustaba usar un plug anal con adorno de corazón, había investigado en internet como practicar el sexo anal de manera limpia, por ello compré un enema para lavados anales; que aprendí a utilizar con la práctica. Me encontraba cursando el primer semestre de la licenciatura en administración, aunque en esos días estaba de vacaciones por motivo de la semana santa y me la pasaba todo el día en casa. Mis padres estaban divorciados y yo pasaba la mayor parte del tiempo en casa de mi mamá en Zapopan, Jalisco. Ya que ahí se encontraba la escuela donde estudiaba. Mi mamá trabajaba como enfermera en una clínica, y tenía un horario muy extenso, se iba desde las 7 de la mañana y regresaba aproximadamente a las 8 de la noche.

    Un día por la noche al bajar las escaleras escuché a mi mamá hablando por teléfono en la sala con Eduardo (mi papá). Estaban discutiendo algunas cosas sobre mí, ya que mi mamá le reprochaba que él no se hacía cargo de sus obligaciones como padre, y prácticamente no convivía conmigo, habiendo transcurrido dos años desde la última vez que nos vimos. El único contacto que teníamos era por teléfono y muy esporádicamente. Le comentó que yo había entrado a la universidad, pero estaba de vacaciones y que en lugar de que me quedara todo el día en casa, sería mejor que aprovecháramos el fin de semana santa para que conviviéramos. Él se encontraba viviendo en Morelia, Michoacán. Tenía una bodega de aguacate en una central de abastos y no quería descuidar su negocio, así que le dijo a mi mamá que me mandara en autobús y el me recogería en la terminal de autobuses. Cuando mi mamá terminó de hablar por teléfono regresé a mi habitación y fingí no haber escuchado nada. A la mañana siguiente cuando mi mamá regresó de trabajar me comentó sobre la plática que tuvo con mi papá. Me preguntó si me gustaría pasar el fin de semana con él, y yo le contesté que sí, me parecía divertido ir a Morelia y pasar el fin de semana con mi papá.

    El día viernes santo, me levanté muy temprano por la mañana, me bañé con un shampoo con aroma de coco y depilé todo mi cuerpo, al salir me puse una tanguita y un brasier negros de encaje, un short de mezclilla azul muy cortito y ajustado que dejaba descubiertas mis deliciosas piernas de jovencita, me levantaba mi culito bien formado dejando un huequito en mi zona íntima. Me puse una blusa ombliguera de tirantes color negra, que me quedaba muy escotada y permitía ver entre mis senos. Me alacié el cabello, maquillé ligeramente, puse labial rojo y mis arracadas de plata 925. También me puse un perfume muy fino y dulce. Me miré al espejo y me sentí muy fresca y hermosa, así que me tomé algunas selfies.

    Tomé mi maleta que ya había preparado la noche anterior, incluí un lubricante íntimo, el plug y enema anal, ya que pensaba que tal vez podría aprovechar mi salida y tener alguna experiencia en Morelia sin que nadie se enterase. Mi mamá me llevo hasta la terminal de autobuses, se esperó hasta que me vio abordar el autobús con destino a Morelia, Michoacán. Tomé asiento en el lugar que me correspondía junto a la ventana, después de un minuto un hombre de unos 50 años se sentó junto a mí, por lo que sería mi acompañante durante todo el trayecto. Él sujeto no dejó de mirarme los senos y las piernas durante todo el viaje, y constantemente fingía que se quedaba dormido para ir acercando su mano y dejarla pegada a mi pierna, poco a poco iba acariciándome hasta dejar su mano por completo sobre mi suave piel. Eso fue algo que me excitó increíblemente, sabía que era solo un hombre que iba de paso y jamás volvería a ver, así que no le dije nada y disfruté que me fuera acariciando durante el largo trayecto. Bajé uno de los tirantes de mi blusa y dejé mi pezón excitado saliéndose del brasier para que él lo viera. El hombre comenzó a frotar su verga sobre el pantalón, después de un rato se levantó y fue al baño, tardo unos minutos, me imaginé que fue a masturbarse pues noté que al regresar a su asiento estaba algo agitado y suspiraba de relajación.

    Después de algunas horas, ya estaba a punto de llegar a mi destino, así que le llamé por teléfono a mi papá para avisarle. Él me contestó con su voz varonil, y me dijo que ya iba en camino a la terminal y estaría esperándome al bajar del autobús. Yo estaba muy excitada por lo ocurrido durante el viaje, sentí mi vagina muy lubricada y mi cara ruborizada. Tenía dos años sin ver a mi papá, durante ese tiempo muchas cosas en mi vida habían cambiado, la más importante para mí era que había sido desvirgada, ahora mi forma de ver a los hombres era muy distinta, irradiaba una sensualidad y lujuria que inquietaba a cuanto hombre me veía pasar, me gustaba coquetearles y ponerles nerviosos con la mirada cachonda que se me daba de forma natural. El vínculo que yo tenía con mi papá era más como de un familiar lejano, le tenía mucho cariño, pero no sentía el apego que una hija puede sentir para con su padre con naturalidad, era algo más distante y quizá por ello cada que lo veía me sentía nerviosa, con un fuerte anhelo por abrazarle y convivir con él. Al bajar del autobús, mientras me entregaban mi maleta, pude ver a un hombre de 44 años, tez clara, aproximadamente de 1.78 m. de estatura, muy fornido, peinado hacia el frente con un copete estilizado que le daba un toque de juventud y con barba de tres días. Vestía una playera negra casual de manga larga, la que llevaba ligeramente arremangada y los tres botones del pecho los llevaba sueltos, también vestía pantalón de mezclilla azul oscuro y botas cafés casuales. Él hombre que se me quedó viendo directo a mi culo bien formado, sentí como si quisiera meter su mano por el huequito que se me forma en la entrepierna, recorría mi cuerpo con una mirada lasciva, desde mis tacones altos y negros, pasando por mis deliciosas piernas, mirándome el culo como si me penetrase con la mirada, observó mi abdomen plano y mi ombligo descubiertos, los senos casi se salían de mi blusa, sentí mis pezones rositas muy duros y excitados, mi cabello un poco alborotado por el viaje y mis labios carnosos con labial rojo. Sí, ese hombre que me estaba viendo con unas tremendas ganas de meterme la verga era mi papi. Me puse muy nerviosa y con mi voz dulce y sensual me acerqué y lo saludé.

    —¡Hola papá! —Él se me quedó viendo un poco extrañado, como si le costara trabajo reconocerme, quizá por lo provocativa y maquillada que me veía.

    —¡Hola princesa! ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo sin verte hija! —Me dijo mientras nos dábamos un cálido abrazo y un beso en la mejilla, manchándolo con mi labial rojo.

    —Deja te ayudo con la maleta.

    —Sí, gracias papá, vengo un poco cansada del viaje y tengo hambre.

    Entonces él me propuso que fuéramos a un restaurante de comida china, ya que me gusta mucho y quería consentirme.

    Llegamos a la camioneta de mi papá, y me abrió la puerta muy cortésmente. Nos dirigimos al restaurante, pude notar que él no dejaba de mirarme las piernas y los senos, cada que yo apartaba la vista para admirar la ciudad por la ventana de la camioneta, él aprovechaba y se deleitaba viendo mi hermoso cuerpo de jovencita en plena flor, en más de cuatro ocasiones lo atrapé mirándome y él se sonrojaba y se ponía nervioso.

    —Has cambiado mucho papá, me costó trabajo reconocerte cuando bajé del autobús, ya hay que vernos más seguido. —Quise dar lugar a que él dijera algo sobre mi apariencia.

    —Sí, la verdad que yo tampoco te reconocía, has cambiado mucho. —Me dijo mirándome a los senos.

    —¿Por qué lo dices papá? ¿Tan fea me puse que, ya no quieres que sea tu hija? —Él no podía resistir su lujuria y volteaba a verme los senos constantemente.

    —Nada de eso hija, al contrario, te has puesto muy guapa, estás muy hermosa. Te pareces mucho a tu mamá cuando tenía tu edad.

    Yo me sentí muy apenada y nerviosa pues noté que él se estaba comiendo mis senos con la mirada. Yo no podía creer que mi padre estuviera deseándome, estaba confundida y me sentía excitada, pues a decir verdad él es un hombre muy varonil y atractivo.

    Llegamos al restaurante, se estacionó y se bajó de la camioneta para abrirme la puerta.

    —Llegamos hermosa, espero que te guste el lugar.

    —Sí, se ve que es un buen restaurante, desde aquí puedo oler la comida.

    —Sí, ya he venido antes princesa, está muy rica la comida.

    —¿Y con quien has venido antes eh? —Mi papá sonrió.

    —Con unas amigas.

    —O sea que has traído a otras chicas en lugar de a mí. —Le dije seriamente.

    —No te enojes hija, de ahora en adelante solo vendré contigo.

    —Eso espero eh, porque me pongo celosa. —Le dije mirándolo muy cachondamente.

    Entramos al restaurante, el mesero tomó nuestra orden y mientras nos servían, le dije que tenía que ir al baño retocar mí maquillaje. Me levanté y caminé muy sensualmente contoneándome, ya que sabía que mi padre deseaba cogerme, pues me veía como si yo fuese mi madre de joven y no su hija. Así que quise comenzar a seducirlo para calentarle la verga, ya que a pesar de que era mi padre y le tenía mucho cariño, yo había crecido y me había sido arrebatada la virginidad de una forma violenta y a la vez deliciosamente excitante, hace algunos meses, lo que desató en mí una fuerte lujuria y atracción por los hombres maduros. Estando en el baño me ajusté más el short que traía puesto, lo levanté un poquito más para ajustar mi entrepierna y que se marcaran mis labios vaginales, mis piernas quedaron más expuestas y mis nalgas comenzaban a descubrirse un poquito, me retiré el brasier y bajé uno de los tirantes de mi blusa, descubriendo un poquito más mis senos, me rocié una loción con aroma a frutas exóticas de mi marca favorita victoria´s, y arregle mi cabello castaño claro y largo para verme muy, muy, muy provocativa, lo suficiente para levantarle la verga a cualquier hombre. Cuando Sali del baño y camine hacia la mesa, mi papá se me quedó viendo como si quisiera lanzarse sobre de mi para cogerme sobre una de las mesas, puso una cara morbosa y se levantó para acomodarme la silla de manera cortés, pero con un trasfondo de lujuria.

    El mesero sirvió nuestros platillos, la gente no dejaba de vernos, los hombres de las otras mesas me veían morbosamente y sus esposas les reprendían, yo moría de risa por dentro, pues disfrutaba ser traviesa. Comenzamos a comer mientras platicábamos sobre nuestras vidas y en especial sobre el hecho de que mi mamá y él se divorciaron desde que yo era muy pequeña, y en su momento decidieron que lo mejor era que mi custodia quedara en favor de mi mamá, ya que mi padre como es evidente era un irresponsable. Después de tal fracaso marital, decidieron no volver a casarse por lo que vivían solos y eventualmente salían con algunas personas sin que formaran alguna relación formal. Me preguntó si yo tenía novio y le dije que aún no, que ciertamente había algunos chicos que me pretendían, pero ninguno se atrevía a declarárseme, le aseveré que seguramente me tenían miedo.

    —y cómo quieres que no tengan miedo, te ves muy guapa —Me dijo el muy lujurioso—. Yo tardé mucho tiempo en decírselo a tu mamá.

    ¿Es enserio te parezco guapa, o solo lo dices para hacerme sentir bien porque soy tu hija? —Le pregunté mirándolo muy coquetamente.

    —Es enserio, te has puesto muy hermosa hija.

    —A ver y según tú ¿Qué es lo más bonito de mí? —El no pudo evitar mirar mis senos de nuevo—. Ah ya me di cuenta que es lo que te gusta de mí papi.

    Él se puso rojo de la cara y me cambió de tema, para platicar sobre cómo me iba en la escuela. Terminamos de comer y salimos del restaurante para subir a la camioneta, nuevamente disfrutando de su manera tan caballerosa de tratarme. Al paso de unos minutos escuché el timbre de mi celular, era mi mamá.

    —Hola mami ¿Cómo estás?

    —Hola hija, me tienes con pendiente ¿Por qué no me habías hablado, para decirme que ya llegaste?

    —Ay perdón mami, se me olvidó, pero estoy bien. Ya hace un rato que llegue. Mi papá me llevó a comer comida china, estaba muy rica.

    —Y ahorita ¿En donde están? —Me preguntó curiosa.

    —Vamos en la camioneta mami.

    —Ah ¿Ya van para la casa de tu papá?

    —Papi me pregunta mi mama que ¿para dónde vamos?

    —Tu dile que ya vamos para la casa que no se preocupe y que le mando saludos. —Dijo mi papá en voz baja, un poco misterioso.

    —Dice mi papá que ya vamos para la casa mami, tu no tengas pendiente.

    —Ah bueno hija, cuídate mucho y me llamas más tarde. ¡Te quiero! Salúdame a Eduardo.

    —Papi, te manda saludar mi mamá.

    —Salúdamela también hija. —Me dijo mi papá muy risueño.

    —Dice mi papá que también te manda saludos mami.

    —Bueno hija cuídate mucho.

    —Sí mami, ¡Te quiero! ¡Bye!

    —Bye —Dijo mi mami terminando la llamada.

    Cuando íbamos sobre una avenida, vi que se cambió de carril para entrar a un centro comercial,

    —¿Qué no íbamos para tu casa papi? —Le pregunté intrigada.

    —No princesa, primero vamos a un centro comercial porque quiero consentirte, ahí hay unas tiendas de ropa muy buenas y quiero comprarte lo que tú quieras, para que te veas bien guapa como te gusta.

    Yo me sentí muy extraña por que él había sido muy irresponsable, es decir, sí le mandaba dinero a mi mamá, pero nunca me había llevado de compras cuando era chica, y ahora resultaba ser un hombre preocupado por su hija y quería vestirme. Obviamente supe que lo que él quería era verme esa ropita puesta.

    Llegamos al centro comercial y al caminar por los pasillos la gente se nos quedaba viendo, las mujeres murmuraban y los hombres me miraban lascivamente, pude notar que mi papá lo disfrutaba mucho, pues el de 44 años y yo de 19 añitos, era la fantasía de cualquier hombre. Así anduvimos visitando algunas tiendas.

    —Escoge lo que quieras princesa.

    —Pero ¿Como de que precios papi?

    —Tú no te fijes princesa, yo me encargo de eso.

    Yo sabía que él ganaba mucho dinero. Así que elegí lo que me gustaba, jeans y shorts muy ajustados y con rasgaduras, blusas escotadas, tacones altos y de correas, minifaldas, vestidos ajustados, estábamos en primavera y yo quería ropa que me dejara muy descubierta. Cada que me probaba algo salía para modelarle muy cachondamente, sobre todo cuando eran minifaldas, descubría poquito mis nalgas para que me viera y se le ponía roja la cara, él me miraba con mucha morbosidad y yo lo abrazaba y le daba besos en la mejilla, a veces, al besarlo me acercaba a sus labios de manera accidental, el llevaba puesto un perfume cítrico muy varonil que me derretía. Estábamos metidos en un juego de seducción muy peligroso, nos estaba llevando a un callejón sin salida, donde no habría marcha atrás. Y lo peor de todo es que lo estábamos disfrutando mucho, comenzamos a tomarnos más confianza, caminábamos abrazados, como si fuésemos novios, tal parecía que él fuese mi sugar daddy. Al caminar por el centro comercial pude ver una de mis tiendas favoritas de victoria´s, así que le pedí que entráramos, aunque a él le dio un poco de pena, porque era pura lencería. Yo estaba muy excitada y quería portarme traviesa con él, y ser muy descarada, entonces comencé a ver lencería muy erótica, unas tanguitas y brasieres lindísimos, y yo con mi voz sensual y dulce le pregunté cual creía que se me vería más lindo dándole algunas opciones a mi papi, él se sonrojaba y elegia los más eróticos. Yo lo abrazaba y cuando fuimos a pagar al conversar con la chica que atendía en caja, ella de forma imprudente comentó sobre una promoción en cremas y lociones.

    —¿Le gustaría comprar algo más para su novia señor? — Mi papá se puso rojo de la cara.

    —No es mi novia, es mi hija. —La chica no sabía dónde meter la cara.

    —Qué lástima que es mi papá verdad, está bien guapo, si no fuera su hija sí sería su novia. —Dije empeorando la situación. La chica sonrió muy ruborizada.

    —Sí, me gustarían unas lociones y cremas si mi papá-novio me da permiso. —Dije mientras abrazaba a mi papá con ternura.

    —Sí, elige las que quieras. —Me dijo acariciándome del hombro.

    La chica nos cobró y salimos riéndonos de la tienda, mi papá apenas podía con las bolsas. Subimos a la camioneta y nos fuimos a casa, ambos estábamos muy nerviosos y nos sentíamos extraños por lo que estábamos haciendo, lo que sentíamos no era amor de padre e hija, era más bien una fuerte atracción entre una jovencita y un hombre maduro.

    Cuando llegamos a casa, noté que mi papá tenía su casa muy ordenada, los muebles eran rústicos, típicos de la región de Michoacán, por lo que la casa tenía un aroma amaderado, la sala era muy cómoda, tenía un tapete grande en el centró y una televisión enorme. En la esquita había una cantina con botellas de vino tinto, tequila, vodka, whisky, etc. La casa era de dos pisos, así que subimos y llegamos a una habitación, para mi sorpresa era la suya, me comentó que como él vive solo, la única habitación amueblada es la suya, así que yo podría instalarme ahí ese fin de semana y él se quedaría a dormir en el sofá de la sala. La cama era muy cómoda y la habitación olía a su perfume, lo que me hacía sentir abrazada por él, me sentí ridícula, pero era lindo estar en la habitación de papá y saber que dormiría en su cama. Entonces yo de manera juguetona y cachonda me subí a la cama, me recosté con mi cabello largo esparcido en el colchón y le dije con voz dulce y riéndome:

    —Que rica esta tu cama papi, de seguro aquí traes a tus novias verdad, para hacerles travesuras ¡Jajaja! —Dije esto mientras abría mis piernas para excitarlo.

    —A veces. —Me contestó riéndose el muy cínico, mientras me miraba lascivamente la zona íntima.

    —Lo bueno es que yo no soy tu novia, como dijo la chica de la tienda de lencería ¡Jajaja!

    —Que ni se entere tu mamá, que te dejé comprar ese tipo de lencería, está muy provocativa, se vaya a enojar conmigo, y menos de lo que dijo la cajera, sobre que eras mi novia, por que tu mamá me mata, que quede entre nosotros ¿ok?

    —Sí, no te preocupes, eres muy lindo conmigo no te voy a meter en problemas —Le dije sonriendo muy sensualmente.

    Aunque por dentro yo estaba pensando cuanto me gustaría que mi papá me cogiera y como iba a hacer que eso sucediera, me sentía muy cachonda. Le comenté a mi papá que estaba algo cansada por el viaje, y que me gustaría descansar un rato, él me dijo que le parecía muy bien y que me dejaría sola una hora aproximadamente porque tenía que ir a la bodega para verificar que todo estuviera bien con los empleados y hacer el cierre del día.

    Al quedarme sola comencé a desempacar y me dio curiosidad por saber que cosas tenía mi papá en su habitación así que traviesamente hurgué en sus cajones y encontré algunas cosas personales y algo que me llamó mucho la atención, había condones y tabletas de viagra, junto con revistas y películas pornográficas. Al ver eso me puse muy excitada, de inmediato vinieron a mi mente pensamientos lujuriosos, me imaginaba a mi papá cogiéndome en las posiciones que veía en las revistas. Así que comencé a idear un plan para que eso ocurriera, tomé la tableta de viagra y la puse en un vaso con jugo de naranja que había en el refrigerador, subí a la habitación de nuevo y dejé el vaso en el mueble con la tableta remojando. Tomé mi plug anal y el enema para limpiezas anales que tenía en mi maleta, me desnudé y entre al baño para aplicarme los enemas hasta quedar muy limpia, me bañé de prisa con mi shampoo favorito, yo seguía depilada, así que salte ese paso, me salí de la ducha y apliqué en todo mi cuerpo una de las cremas victoria´s que me compro Eduardo (mi papá) elegí la de aroma a vainilla, me dejó la piel deliciosa, como si yo fuese un dulce de vainilla. Después me rocié un poco de loción de vainilla también. Tomé el lubricante íntimo de mi maleta y me lo apliqué vaginal y analmente, después con mucho cuidado y estimulándome coloqué el plug en mi ano, se me veía lindísimo. Me puse una tanguita y un brasier negros muy eróticos que mi papá había elegido para mí en la tienda. Me alacié el cabello y maquillé con tonos cálidos, usé labial rojo, me puse de nuevo mis arracadas de plata 925 que me son inseparables. Para vestirme quise estrenar una minifalda negra muy ajustada, que me quedaba muy cortita justo debajo de las nalgas, también estrené una blusa ombliguera blanca de tirantes, ajustada que se transparentaba un poco mostrando mi brasier. Me puse unos tacones nuevos color rojo y me miré en el espejo, me veía preciosa, estaba segura que a mi papá se le pondría durísima la verga en cuanto me viera, aun así, le daría una ayudadita con una tableta de viagra, ya que estaba decidida a entregarme a mi papi durante horas, quería que me gozara mucho ya que había sido muy lindo conmigo. Así que ya con la tableta remojada en el jugo sería más fácil disolverla en la licuadora, ya se, soy muy traviesa. Cuando vi que se disolvió muy bien todo, lo dejé en el refrigerador de nuevo.

    Después de una hora y media aproximadamente, escuché que mi papá llegó, así que decidí crear una situación excitante pero que pareciera accidental, para provocarlo más y comenzar a formar un ambiente erótico. Así que dejé abierta la puerta de la habitación y esperé a que el subiera. Rápidamente me quité la blusa de nuevo, y simulé que me estaba abrochando el brasier, y cuando él llegó y se asomó a la habitación, descubrí por completo uno de mis senos mientras acomodaba el brasier, tenía mis pezones rositas durísimos por la excitación de que por vez primera mi papá me mirara desnuda siendo una jovencita muy atractiva, en ese instante volteé a la puerta y lo vi a los ojos, su mirada morbosa se hizo presente, él estaba mirando fijamente mi pezón excitado yo solté un pequeño.

    —¡Aayyy! ¡Ah! Me espantaste papá,

    —Perdón princesa, no sabía que te estabas cambiando.

    —No te preocupes papi, que bueno que llegaste ¿Me puedes ayudar a abrocharme es que no puedo?

    Entonces él se acercó a mi espalda y abrocho mi brasier mientras yo lo miraba por el espejo levantando mi cabello, fue un momento tan excitante que mi vagina comenzó a lubricar, sentí como mojé mi tanguita, me giré frente a él y tomé mi blusa para vestirme.

    —¿Cómo te fue en la bodega papi?

    —Muy bien princesa, fue un buen día, regresé con hambre ¿te gusta la pizza?

    —Sí, me encanta.

    Así que me dio la libertad de elegir los ingredientes y que ordenara a domicilio, mientras él se daba una ducha, pero antes de que entrara al baño le pregunté:

    —¿Papi, puedo tomar poquito jugo de naranja que tienes en el refrigerador?

    —Claro hija, todo lo mío es tuyo.

    —Gracias papi, que lindo eres, te voy a servir juguito también a ti.

    Fue entonces que le llevé el jugo hasta la habitación y como me daba pena que fuera a sospechar algo al ver mi cara de escuincla traviesa, solamente le dije:

    —Te lo dejó aquí en el mueble papi, voy a pedir la pizza.

    Bajé para ordenar la pizza y cuando escuché que mi papá estaba bañándose fui a revisar si se había tomado el jugo y afortunadamente para ambos, se lo tomó todo jajaja. Yo me quede recostada en el sofá de la sala viendo televisión, de pronto escuche que mi papá salió del baño, entonces quise ir a provocarlo. Me bajé un poco más el escote de mi blusa blanca dejando mi brasier negro al descubierto, casi mostrando mis pezones rositas. La minifalda negra estaba muy delgada y se ajustaba perfectamente a la forma de mi culo, las piernas me lucían increíbles con mis tacones rojos. Subí a su habitación y vi a mi papá cubierto con su toalla, que le cubría de la cintura hacia abajo, era evidente que hacía ejercicio pues estaba musculoso y se veía muy sexy para su edad. Su voz masculina y barba de tres días me tenían muy pendeja, entonces me acerqué a él.

    —Papi tengo ganas de darte un abrazo ¿Puedo? —Le dije con mi voz de escuincla cachonda

    —Claro hija, para eso no me pidas permiso, tu puedes abrazarme cuando quieras hermosa.

    Entonces me acerqué y le di un abrazo restregándole mis senos que casi se salían del brasier, y lo rematé con un beso en su pecho que se le quedó marcado por mi labial. Lo miré, le sonreí muy coquetamente y le pregunté:

    —Te gusta cómo se me ve la ropa que me compraste. —Mientras le modelaba dándome una vuelta.

    —Claro princesa se te ve muy bonita. —Él me miraba libidinosamente el culo y los senos.

    —¿Qué es lo que más te gusta de mí? Ya dime o me enojo, no le diré a mi mamá, lo prometo, ya dime papi. —Le insistí caprichosamente.

    —Todo hermosa, no hay nada que no me guste, me gusta todo de ti. —Mientras recorría mi cuerpo con su mirada lujuriosa, lo que me hizo sentirme muy querida y halagada.

    Me acerqué a él y le di otro abrazo y un beso en la mejilla, solo que esta vez al restregarle mi cuerpo pude sentir como su verga estaba poniéndose erecta bajo la toalla, supe que estaba consiguiendo lo que deseaba. Me aparté y le dije que estaría abajo en la sala esperando la pizza, también le pedí permiso para meter al refrigerador unas botellas de vino tinto ya que mi mamá no me dejaba tomar y quería aprovechar la oportunidad, a lo que el accedió con mucho gusto.

    Al poco tiempo escuché el timbre de la puerta, era el repartidor de pizza, mi papá aún estaba en su habitación. Entonces subí y le dije que si quería yo podía recibir la pizza, así que él me dio dinero para pagarle al repartidor. Yo me encontraba muy cachonda, y quise cumplir una de mis fantasías producto de tanto porno que había visto en mi computadora, desde hace meses. Entonces bajé los dos tirantes de mi blusa y el brasier para dejar descubiertos mis pezones rositas y como montañitas, abrí la puerta y el repartidor me entregó la pizza, le quise entregar el billete, pero él no me hacía caso, tenía la mirada clavada en mis pezones rositas, yo estaba lubricando mucho, hasta que el repartidor tomó el billete y me dio el cambio muy torpemente. Yo apenas pude tomar el dinero, me temblaban las manos y el abdomen se me estremecían en ese instante.

    —Gracias por traer la pizza tan rápido, me gustaría agradecértelo. —Así que yo bajé mi brasier para dejar completamente descubiertos mis senos ante ese joven repartidor.

    —¿Te gusta lo que ves? ¿Te gustaría tocarlos? —Me le ofrecí moviendo mis senos al aire libre, completamente expuesta a que alguien pasara por la calle y me viera.

    Entonces el repartidor se quitó el casco y pude ver a un joven con el cabello sudado y despeinado, de piel morena, que se lanzó con sus manos sucias a tocar mis deliciosos senos de jovencita y no siéndole suficiente comenzó a lamerlos como si tragárselos quisiera, traté de hacerme para atrás pero el seguía pegado a mis senos y succionaba mis pezones. Yo tenía la pizza en las manos y no sabía que hacer, ya que si entraba corriendo a la casa mi papá se daría cuenta al verme los senos de fuera.

    —¡Espera ya! ¡Aahh! ¡Detente! ¡Aahh! ¡Mi papá se va a dar cuenta! ¡Aahh! ¡Ya por favor! ¡Nos va a escuchar! —Le decía mientras me reía de nervios y excitación.

    Como él no se despegaba, lo empujé con la caja de la pizza, él se apartó y me dijo:

    —Gracias por la propina mamacita, tienes unas tetas bien sabrosas. —Tuve que cerrar la puerta por que no se iba.

    Me dio miedo se diera cuenta mi papá, así que rápidamente acomodé mi brasier y la blusa. Fui a dejar la pizza en la cocina. Esos dos minutos con el repartidor fueron tremendamente excitantes, fue algo que hice sin pensar, solo me dejé llevar, consecuencia de ver tanto video porno en internet.

    —Papá ya está la pizza, baja por que se va a enfriar. —Le dije sintiéndome muy excitada por lo que acababa de suceder.

    Entonces mi papi bajo con una playera negra, unos boxer para dormir y sus pantuflas. Me dijo que podíamos servirnos y comer en la sala viendo la televisión, él puso un canal de deportes para ver futbol. Recordé que había dejado las botellas de vino tinto en el refrigerador, así que fui por el vino, unas copas y por un descorchador, como yo no pude descorcharla mi papá se encargó de eso como un experto, sirvió dos copas, cenamos y bebimos hasta terminarnos la botella. Yo comencé a sentirme alcoholizada, y con la cara muy ruborizada por el vino, me sentí muy desinhibida y cachonda. Pude notar que mi papá también estaba rojo de la cara. Yo estaba muy deseosa de sentirme amada por mi padre, era el primer día que lo veía después de dos años, ahora yo era una mujer desvirgada y estaba junto a un hombre que me ponía muy estúpida. Estábamos a solas en su casa, sin nadie que pudiera ser testigo de lo que ahí ocurriera, era la ocasión perfecta para cometer incesto con mi progenitor. Estaba muy mojada de mi zona íntima, me sentía muy nerviosa y temerosa de insinuarme a mi papá, ya que no sabía cómo reaccionaría. En ese instante pasó por mi mente la idea de mostrarle más de mí, pero sin ofrecerme directamente, así que me levanté y fui al baño para revisarme el plug anal, lo retiré por un momento de mi ano, sentí un ardor delicioso, estaba muy dilatada, apliqué un poco más de lubricante en el plug y me lo coloqué nuevamente en el ano. Retoqué mi maquillaje y me alboroté un poco el cabello, refrescándolo con mi loción de vainilla. Bajé un tirante de mi blusa dejando visible mi brasier, y con mis manos acomodé mis senos para levantarlos más y que las areolas de mis pezones rositas alargados y excitados como montañitas, quedaran saliéndose del brasier. En cuanto a la minifalda la jalé un poco más arriba, era muy elástica y no dejaba arrugas o pliegues evidentes, así que la pude levantar casi a la mitad de mis nalgas sin que se viera demasiado forzada. Sali del baño temblando y con el estómago hecho nudo de los nervios, mi corazón estaba latiendo de prisa, me iba a exhibir ante mi papá, su princesa hermosa iba caminando por la sala cual si fuese una puta buscando cliente.

    Caminé muy sensualmente, hasta llegar a la sala, permanecí de pie para servir vino en mi copa, volteé a ver a mi padre quien observaba fijamente mi suave y hermoso culito bien formado con la minifalda a media nalga.

    —Gustas que te sirva más vino. —Le ofrecí dulcemente.

    —Sí, por favor princesa. —Yo sabía que él estaba mirándome el culo, con ganas de tocarme.

    Me giré un poco dándole la espalda para tomar su copa y darle una mejor vista de mis piernas y culo ardientes. Acto seguido, le entregué su copa inclinándome un poco, sentí como uno de mis pezones rositas duro como montañita salto fuera del brasier, invitando a mi padre a chuparlo, me ruboricé mucho y de inmediato me senté de nuevo en mi lugar cruzando las piernas de forma sensual, la falda quedo tan cortita que se veía mi zona íntima, mostrando mi linda tanguita negra de encaje. Estaba esperando una reacción de su parte, antes de dar el siguiente paso, o me mandaba de nuevo a casa, o me cogía esa noche, yo deseaba fervorosamente esto último. Entonces noté que mi papá me volteaba a ver constantemente los senos. Esa fue la señal determinante, por tanto, me cerqué para sentarme pegada junto a él.

    —Papi siento ganas de que me des un besito en la mejilla. —Le dije muy tiernamente.

    Él se aproximo y me dio un besito muy cariñoso.

    —Papi ven acércate a mi cuello, para que huelas la loción de victoria´s que me compraste, tiene aroma de vainilla. —Él se acercó y me olió el cuello durante algunos segundos, yo me estremecí y mis pezones se me pusieron más duritos.

    —Huele muy bien preciosa, tienes muy buen gusto.

    —¿Me das otro besito? —Le pedí nuevamente fuera cariñoso conmigo.

    —Claro que sí preciosa, te doy todos los besos que quieras. —Él se acercó y me dio muchos besitos para consentirme.

    —Dame otro, pero ahora en el cuello —Le señale con mi dedo, ofreciéndole mi cuello perfumado.

    Él titubeó un poco, por el morbo que le causó ver mi pezón rosita, alargado y duro fuera del brasier, se acercó lentamente y me dio un beso en el cuello, lo que me hizo lubricar mi zona intima.

    —¡Ay, que rico papi! —Yo lo tomé de la mano.

    —Me gustan tus manos, las tienes muy grandes y toscas, tus brazos fuertes te hacen ver muy varonil. —Él me sonrió y yo le pedí tocara mis manos.

    —¿Verdad que tengo mis manos muy suavecitas? Mira, tócalas. —Él acarició mis manos a la vez que desviaba su mirada para ver mis piernas.

    —Sí princesa, tienes unas manos muy suavecitas. —Acto seguido coloqué su mano en mi pierna.

    —¿Te gustan mis piernas papi? ¿Verdad que están muy frescas y suavecitas? ¿Verdad que la crema que me compraste me dejó la piel oliendo muy rico a vainilla? —Mi papá tenía la cara roja de lujuria, me miraba los senos y las piernas con un fuerte deseo de cogerme, pero se resistía, entonces él comenzó a acariciar mi pierna.

    —Sí princesa, tienes una piel muy suave y hueles muy rico.

    Cuando me dijo eso tomé su mano y la coloqué en mi zona íntima mientras cruzaba mis piernas dejando su mano aprisionada en mí huequito, pude ver como su verga levantó la tela del boxer, era un bulto enorme, recuerdo que mi mamá se había divorciado de él por infiel ya que muchas mujeres lo seguían, ahora entendí por qué Eduardo (mi progenitor) era tan buscado por las mujeres. Tremenda verga la que tenía, y con la tableta de viagra que le di a tomar, había conseguido una máxima erección.

    Podía ver como su verga latía levantando cada vez más la tela del bóxer hasta dejarla tensa, era como si su verga quisiera crecer más, pero estuviera siendo reprimida por el boxer. Yo no pude resistirme y empecé a frotar con mi mano su enorme verga sobre la tela del boxer, la empuñé fuertemente, estaba tan gruesa que no podía cerrar mi mano al agarrarla, su verga latía en mi mano y se movía como una cobra erecta. Mi vagina comenzó a lubricar más y se me hizo agua la boca. Mi papá comenzó a frotar mi zona íntima con su mano.

    —¡Sí papi, me gusta, se siente muy rico! ¡Mmjjj! ¡Te quiero mucho papi, bésame y hazme el amor! ¡Aaahh! ¡Estoy aquí para ti papi, hazme tu mujer! ¡Aahhh! ¡Quiero ser tuya!

    —Sí princesa, también yo te quiero mucho hermosa. Sé que eres mi hija, pero me gustas mucho. Desde que te vi bajar del autobús me gustaste, te pusiste bien buena hija. Me pusiste bien dura la verga princesa ¿Segura que es lo que quieres? ¿No le vas a decir nada a nadie, mucho menos a tu mamá? Esto tiene que quedar entre nosotros hermosa.

    —¡No papi, te prometo que no le diré a nadie! ¡Aaahhh! ¡Será nuestro secreto! ¡Mmm! ¡Yo solo quiero ser tuya papi, porque sé que me vas a hacer el amor con cariño, porque me quieres y yo a ti! —Le sugerí de forma muy cachonda.

    Una vez que dejamos claro que nos deseábamos y que nuestra relación incestuosa, quedaría para siempre en secreto, tomé el control de la televisión y la apagué. Me puse de pie frente a mi papá y me quité la blusa blanca muy lenta y sensualmente para él, continué bajándome la minifalda negra por completo, permanecí solamente con mi lencería negra y mis tacones rojos altos, tenía el cabello alborotado y mis labios rojos carnosos combinaban con mis tacones, me sentí como la lujuria hecha carne.

    —¿Te gusta lo que ves papi? —Le pregunté muy excitada.

    —Me encanta hija estás guapísima.

    —Hazme tuya papi, quiero que me hagas el amor. —Le supliqué.

    Entonces me senté de frente sobre mi papá, pude sentir su enorme verga frotando mi vagina, lo único que impedía que nuestras pieles se tocaran era mi delgada tanguita y la tela de su bóxer, estaba sentada sobre esa verga deliciosa, comencé a moverme para restregarle mi vagina en su verga y calentarlo más, mientras nos besábamos de lengüita apasionadamente, jugueteábamos con nuestras lenguas y mordíamos nuestros labios. Después mi papá comenzó a besarme el cuello y a decirme en el oído:

    —Que bien hueles princesa, tienes muy buen gusto. —Su respiración sobre mi piel me erizaba.

    —Me excitas mucho papi. Haces que se me pongan duritos mis pezones.

    —Estás buenísima hija. La verdad es que eres más bonita que tu mamá. —Eso me hizo sentir muy halagada, aunque respeto mucho a mi mamá. Saber eso me causo mucha excitación pues ahora estaba siendo disfrutada por mi padre biológico.

    La excitación que estaba sintiendo era tan fuerte que mis pezones rositas duros rosaban con el encaje de mi brasier, así que le pedí a mi papá que desabrochara mi sostén. Él puso una cara muy morbosa y pasó sus manos por detrás de mi espalda y desabrochó el brasier, mientras yo bajaba los tirantes, de inmediato mi brasier cayó dejando mis senos completamente expuestos ante mi padre. Yo sentí un fuerte sentimiento femenino, una especie de vergüenza por mí desnudez. Mis pezones rositas estaban fuertemente excitados, alargaditos como montañas, mi piel se erizó y mi vagina lubricaba mucho. Me dieron ganas de llorar, me sentía muy querida y disfrutada por papá, así que tomé sus manos y las puse en mis senos para que los tocara, mientras yo seguía sentada sobre de él.

    —¿Te gustan mis senos papi? —Le pregunté con mi voz dulce de escuincla.

    —Me gustan mucho hermosa, los tienes bien sabrosos. Eres una mujer muy bella. —Me expresaba con lujuria mientras acariciaba y pellizcaba deliciosamente mis pezones rositas.

    Acto seguido mi papá comenzó a lamer mis senos, lo hacía muy rico, provocándome un placer exquisito, a la vez que acariciaba mis nalgas y las piernas, en consecuencia, yo solté varios gemidos.

    —¡Aaahhhh! ¡Que rico papi! ¡Mmm! ¡Me gusta mucho! ¡Aahh! ¡Mmjjj! ¡Ay que rico! ¡Aaahhhh! —Me succionaba los pezones y me daba pequeños chupetones muy suavemente, con cuidado de no dejarme marcas, pues no queríamos evidencias.

    Recorrió completamente mis senos con su lengua desde el exterior hasta la punta de mis pezones rositas, era un experto, me tenía toda estúpida. El ambiente erótico que podía percibirse en aquella sala, y la lujuria que emanaba de nuestros cuerpos nos pedía ir más de prisa, entonces sentí como me tomó de las nalgas y me cargó para recostarme en el sofá, agarró mi tanguita con sus manos, mi abdomen se me contraía de la excitación al saber que mi papá estaba a punto de desnudarme por completo, en ese momento jaló mi tanguita y me la retiró dejando completamente descubierta mi zona íntima depilada, mi papi volteo a verme morbosamente.

    —Princesa, que vagina tan hermosa tienes. Estás muy mojada chiquita, puedo ver que traes un plug en el ano ¿Eso quiere decir que has tenido sexo con alguien más? ¿Ya no eres virgen? —Me preguntó con mucha morbosidad.

    —No papi, ya no soy virgen ¿Estás enojado? —Le pregunté temerosa.

    —No princesa, nada de eso, solo que estoy sorprendido. No creía que tú ya hubieras tenido sexo con alguien, pero está bien amor, eso quiere decir que ya eres una mujer y lo vas a disfrutar más.

    —Sí, ya tuve sexo con otro hombre, esta es mi segunda vez.

    —Puedo ver que eres una chica muy cachonda y coqueta, pero un plug anal, eso no me lo esperaba, y si me lo permites me gustaría hacerlo por ahí, eso era algo que siempre quise hacer con tu mamá y ella no se dejaba, por ese tipo de diferencias las cosas no iban bien en la cama, pero contigo veo que la podemos pasar muy bien cariño.

    —Sí papi, yo te quiero complacer con eso, es algo que a mí sí me gusta hacer, aunque la primera vez me dolió mucho.

    —Me encantas hija, en verdad me gustas mucho, eres una chica muy hermosa y cariñosa, vas a ver que lo vamos a disfrutar bastante.

    Estando completamente desnuda, con la cara morbosa de mi papá entre mis piernas, yo me acariciaba los senos y estimulaba mis pezones rositas, mientras que mi papi lamía mi entrepierna muy suavemente y aproximándose cada vez más a mis labios mayores, lo que me provocaba contracciones en el abdomen, tremenda excitación la que me causaba mi papá, continuó hasta llegar a mis labios mayores, los lamía muy suavemente y por fin se acercó a mis labios menores rositas, lamiéndolos deliciosamente y chupeteándolos, me los succionaba muy rico era un experto, se ensalivo los dedos y me frotó el clítoris mientras introducía su lengua en mi vagina.

    —¡Aaahhhhh! ¡Aaayyyyy! ¡Síííí! ¡Aaahhaaa! ¡Ayy que rico! ¡Sí papi, así, que bien lo haces! —Me arrebató fuertes gemidos. Eduardo (mi papi) sabía muy bien cómo hacerme gozar.

    —Que vagina tan deliciosa tienes princesa, estas riquísima. —Yo estaba tremendamente excitada por el cunnilingus delicioso que me daba mi padre.

    —Papi, quiero sentir tu verga en mi boca, déjame mamártela. —Le dije a ruegos.

    Yo me arrodillé frente a él, entonces mi papá se puso de pie y se quitó la playera dejando ver su cuerpo musculoso y marcado, me dejaba estúpida al verlo, sin demorarme tomé su boxer con mis manos y se lo bajé por completo, decir que puse cara de pendeja es poco, estoy segura que parecía perra en celo, con mi cara cachonda de escuincla, no podía creer lo que veía, era la enorme verga de Eduardo, la verga con la que él había embarazado a mi mamá, estaba a punto de mamar la verga con la que fui procreada. Eso me causo mucho sentimiento y cariño hacia esa gruesa y hermosa verga, era evidente que mi padre tenía una vida sexual muy activa, ya que tenía muy bien rasurado el vello púbico como si fuese de tres días, parecía la verga de un actor porno, tenía el glande completamente descubierto y unos grandes testículos muy bien afeitados colgando de la base de su verga. Se me hizo agua la boca al ver semejante miembro viril, parecía mi dildo con forma de verga venosa, que tenía en el cajón de mi habitación en Zapopan.

    Teniendo a mi papi con la verga de fuera, recordando todo lo que había practicado con mi dildo y visto en películas porno, lo agarré con mis manos y comencé a masturbarlo suavemente, me sentía muy emocionada de tener en mis manos tremenda verga, después fui lamiéndolo desde la base hasta la punta, deteniéndome a estimular su frenillo con mi lengua. Chupé sus testículos y los metí en mi boca mientras levantaba su verga con mi mano, tenía sus testículos adentro de mi boca y los estimulaba con mi lengua, mientras los succionaba sacándole algunos jadeos a mi padre. Después llegó el momento de meter esa verga en mi boca, lo que fui haciendo muy lentamente, apenas cabía entre mis labios carnosos con labial rojo, recordaba aquella primera experiencia con el albañil que me desvirgó, así que traté de no usar los dientes, ya que deseaba mi papi disfrutara mucho. Entonces fui metiendo toda esa verga por mi boca deslizándola sobre mi lengua hasta la garganta, la saqué un poco por que no podía respirar, así que tomé aliento y le pedí a mi papá que me tomara del cabello y empujara mi boca contra su verga, al hacer esto su verga entró hasta mi garganta, me la tragué toda, mis labios quedaron pegados hasta la base de su verga enorme, me dejó así unos segundos para después sacármela, derramé lágrimas de atragantamiento y felicidad. Le sonreí y continue mamándosela lo más delicioso que pude, metiendo y sacando su verga de mi boca una y otra vez, incesantemente. Podía sentir como su verga latía adentro de mi boca, estaba muy erecta por el efecto del viagra.

    —Espera princesa, tienes una boca deliciosa mi amor.

    —¿Te gusta como lo hago? —Le pregunte con mis ojos brillosos y muy tierna.

    —Ya casi haces que me venga. No me imaginaba fueras tan buena a tan corta edad, eres increíble hija. —Me sentí muy emocionada al saber que estaba haciendo sentir tal placer a mi papi.

    —Esperemos un momento hija, no quiero venirme aún. —Yo me saque su verga de mi boca, como si me quitaran una paleta de dulce

    Así que dejé de mamársela, continuamos besándonos y profiriéndonos caricias mutuas, era algo muy lindo, pues lo hacíamos con mucho cariño, nos dábamos besitos y lamíamos nuestros cuellos.

    Entonces mi papá me dijo, que lo mejor sería subir a la habitación para que yo estuviera más cómoda, así que nos dirigimos a las escaleras y mientras íbamos subiendo, como yo iba por delante, él me detuvo para lamerme las piernas, él culo y la espalda durante unos segundos, lo que me pareció muy excitante pues no pudo esperarse hasta llegar a la habitación, lo que me hacía ver sus tremendas ganas de cogerme. Continuamos caminando hasta llegar a su habitación, yo me subí a la cama caminando como gatita y me acomodé boca arriba abriendo mis piernas para recibir a mi progenitor. Él desbordaba de lujuria, se acomodó entre mis piernas y se acercó a mi oído para decirme:

    —Te quiero mucho princesa, jamás imaginé que un día estaríamos tú y yo haciendo esto. Tengo muchas ganas de hacerte el amor, estás guapísima, eres una modelo hija.

    —¿Enserio te gusto tanto? —Le pregunté muy tiernamente.

    —Sí hermosa, tienes una piel muy suave y riquísima, es un placer tenerte en mi cama.

    Al escuchar esos halagos, mis ganas de ser penetrada por mi papá se hicieron más fuertes, mi vagina estaba hecha un rio y me pedía a gritos ser penetrada.

    —Te quiero mucho papi, quiero ser tu mujercita, por favor, hazme el amor, quiero sentirme tuya papi, ámame, hazme sentir querida.

    Entonces él acomodó la punta de su enorme verga venosa a la entrada de mi vagina y se puso en posición de misionero, ambos estábamos mirándonos a los ojos, pude sentir como su verga se iba abriendo paso entre mis paredes vaginales, muy lentamente para no lastimarme, la verga de Eduardo (mi padre) es la más grande que alguna vez haya sentido adentro de mí, sentí un ligero ardor pues era muy gruesa, apenas había entrado su glande.

    —¿Así está bien princesa? ¿te está gustando así? —Me preguntó al oído.

    —Sí papi, me gusta, siento muy lindo. —Él continuó penetrándome muy lentamente, mientras me besaba y me lamía el cuello.

    —¡Aaaahhhh! ¡Aaahhh! ¡Mmm! ¡Aaahhaaa! —Yo solté fuertes gemidos.

    Él empujaba más a fondo, yo sentía como mi vagina se expandía por dentro, toda esa verga estaba atravesándome lo que me hacía sentir tan suya, era una sensación de pertenencia hacia mi padre, fue tan lindo sentir como la punta de su verga estaba topando en mi interior, sin causarme ningún daño pues él en verdad me estaba amando. Acto seguido el comenzó a retirar su verga lentamente, para volver a meterla un poco más rápido, ahora su verga se deslizaba por mi interior de una forma deliciosa, era puro placer lo que estaba sintiendo, nuevamente la retiró para dar comienzo a un ir y venir constante, la fricción que su verga producía en mis paredes vaginales era exquisita, la verga con la que fui procreada.

    —¡Aaahhh! ¡Mmm! ¡Aaahhh! ¡Aaahhhaa! ¡Aaahhh! — Me estaba causando el placer más grande de mi vida. Yo no dejaba de gemir.

    Intercambiábamos miradas apasionadas, y besos de lujuria, jugábamos con nuestras lenguas, me daba besos en la mejilla y me decía al oído que me quería y cuanto me deseaba, me sentí tan protegida y querida entre sus brazos. Cuando ya mi vagina estaba muy dilatada y sentí que podía resistir una penetración más fuerte.

    —¡Ay que rico papi! ¡Aaahhaaa! ¡Me encanta como me penetras papi! ¡Mmmm! ¡Ay que rico! ¡No te detengas! ¡Aaahhh! ¡Sigue así papi! ¡Cógeme Eduardo, hazme tuya! ¡Házmelo fuerte, papi! ¡te quiero! —Le suplicaba para que me diera mas verga.

    Mi papá se excitó mucho al escucharme decirle eso, su mirada me decía tantas cosas, él estaba haciéndole el amor a su hija, me deseaba con todas sus fuerzas, yo sentía mi ano muy dilatado pues todavía llevaba puesto el plug, eso me excitaba mucho. Mi papá comenzó a penetrarme más fuerte, de forma incesante, mi vagina estaba muy mojada y podía escucharse el impacto de nuestros cuerpos húmedos al chocar piel con piel. Él me estaba embistiendo muy fuerte, mi cuerpo se restregaba contra el colchón, me sentí tan cogida y amada por mi papá que me dieron ganas de llorar, un sentimiento muy fuerte me invadía, pero me estaba controlando.

    —¡Papi cógeme más fuerte! ¡Te necesito más adentro! ¡Quiero sentirte más adentro de mí! ¡Te necesito, ámame! ¡No te detengas! ¡Siento que voy a venirme! ¡Hazme el amor más fuerte!

    Mi papá, deseoso de complacerme, dio inicio a una penetración frenética, embistiéndome brutalmente. Sacaba su verga casi por completo para volver a ensartármela de golpe, de forma vigorosa, a una velocidad vertiginosa. Era una máquina de coger, cual si fuese un rotomartillo destrozando el concreto, sentí su cuerpo impactando con fuerza en mi zona íntima. La punta de su verga topaba en mi interior, causándome un dolor delicioso y generando un calor producto de la fricción de su tremenda verga deslizándose por mis paredes vaginales, de pronto sentí un fuerte calor en mi interior, mi abdomen se contraía de forma involuntaria, mis piernas se entumieron y estaban temblando, la piel se me erizaba y mis pezones rositas se alargaron y endurecieron como montañas, y yo comencé a gemir muy fuerte.

    —¡Aaaaahhhhh! ¡Aaaaahhhh! ¡Aahhaaa! ¡Ay que rico! ¡Ay, papi me voy a venir! —Mi papá acelero un poco más y también comenzó a jadear junto conmigo.

    —¡Aahh! ¡Que buena estás mamacita! ¡Estás buenísima hija! ¡Que cuerpo tan rico tienes! ¡Te entra toda mi verga! —Me decía mientras aceleraba más la penetración y me daba fuertes empujones golpeando mi interior con la punta de su gruesa verga.

    Yo sentí como de mi vagina salió un chorro de fluidos vaginales. Estaba teniendo un fuerte orgasmo acompañado de un squirt delicioso que mojó nuestros cuerpos, al mismo tiempo que sentí como mi papá me disparaba chorros de semen caliente en mi vientre, fue un orgasmo simultaneo, algo tremendamente delicioso, me sentí tan plena y desvanecida con mi padre sobre mi jadeando de placer y diciéndome al oído:

    —¡Aahh! ¡Aahh! Que rico se siente venirme dentro de ti mi amor, ¡Aahh! ¡Me encantas hija! ¡Que sabroso es coger contigo mi princesa, aprietas delicioso hermosa! ¡Eres una diosa en la cama mi amor! ¡Que rico te viniste mamacita, me mojaste bien sabroso! —Yo estaba extasiada por el orgasmo delicioso que, me causo la verga de mi progenitor.

    Permanecimos abrazados en la cama, mientras mi papi me daba besitos en la mejilla y acariciaba mi cuerpo, eso me hacía sentir muy querida y segura, ya que no me sentí usada, sino amada por mi padre. Después de 15 minutos quizá, bajó para destapar otra botella de vino y la subió junto con las copas que habíamos dejado en la sala, sirvió vino para los dos y tomamos juntos mientras seguíamos abrazados. Yo tenía mi cabeza sobre su hombro y lo acariciaba con mis uñas postizas jugando en su pecho.

    —A ver princesa platícame, entonces ¿Cómo fue que perdiste la virginidad? ¿Cuándo fue que comenzaste a usar ese plug en el ano? —Me preguntó de manera morbosa.

    —Pues es que, fue algo que me sucedió hace aproximadamente 7 meses, cuando regresaba de la casa de una amiga en la noche ¡Mmm! ¿Como te lo digo? Es que no le he dicho a nadie de esto ¡Mmm! Mejor cambiemos de tema papi.

    —A ver princesa aparte de que soy tu papá, ahora tú y yo tenemos algo muy especial hermosa, confía en mí y dime que te pasó. —Él insistió preguntando y el sentimiento me invadió, lo que me hizo comenzar a llorar.

    —Es que me da vergüenza decirte lo que hice, mejor no.

    —Que pasa hermosa, dime, tenme confianza. ¿Qué hiciste?

    —Es que tenía mucha curiosidad, de saber lo que se sentía tener sexo, y esa noche en la casa de mi amiga, festejamos su cumpleaños y tomamos tequila. Entonces pues me sentí muy desinhibida y me regresé caminando a mi casa. Después empezó a llover, me mojé toda y por el alcohol me sentía muy caliente. Entonces cuando pasé junto una construcción, un albañil que estaba afuera recargado, me dijo cosas que me excitaron mucho y pues me acerqué a platicar con él, para seducirlo y ver si el quería tener sexo conmigo. Entonces él me dijo que entráramos a la construcción y ….

    —¿Y qué pasó hija dime? —Él insistió con tono más serio— ¿Y? Dime princesa ¿Qué pasó?

    —Pues tuvimos sexo ¡Me desvirgó! —Le dije con mi llanto entrecortado.

    Mi papá se disgustó mucho, estaba fúrico contra aquel albañil, me preguntaba que donde lo podía encontrar que, si todavía estaba trabajando en esa construcción, y si no, podía ir e investigar con los dueños del inmueble y encontrarlo para golpearlo. Yo me preguntaba si acaso estaba furioso porque no le tocó a él desvirgarme, tal parecía que estaba celoso.

    —No papi, no vayas a hacer eso. Ya terminaron la construcción y ahora vive una familia en esa casa. No quisiera sepan que yo me metí ahí, para que me hicieran eso ¡Que vergüenza! Además, fue algo que yo quise me sucediera y ya tenía 18 años, los acababa de cumplir.

    —¿O sea que te gustó? —Me preguntó muy lujurioso e inevitablemente se veía celoso.

    —Pues la verdad sí, me dolió mucho especialmente cuando me lo hizo por atrás, pero sí, sentí muy rico y me gusto perder mi virginidad. Es solo que me da mucha vergüenza decírtelo. De hecho, mi mamá no sabe nada de esto, no le vayas a decir por favor.

    —¡¿También te lo hizo por atrás?! No preciosa, como crees. Lo que me acabas de contar no se lo diré a nadie. Quedará entre nosotros. —Me dio un beso en la mejilla que, me hizo sentir muy reconfortada y amada.

    —Oye hermosa y a mí ¿Me vas a dejar hacértelo anal también? —Me preguntó el muy lujurioso y sinvergüenza de mi papi, se notaba caliente de saber cómo perdí mi virginidad.

    —Sí papi, pero yo te voy a decir como por que tu la tienes mas grande que ese albañil y me puedes lastimar, así que yo te voy a ir diciendo. —Lo miré muy cachonda y nerviosa, al saber que pronto mi papi me ensartaría esa enorme verga por el ano.

    —Ese Albañil me cogió y maltrató mucho papi, pero tú eres el primer hombre que me hace el amor, me tratas con mucho cariño y eso me hace sentir amada. Gracias por ser el primer hombre que me ha hecho sentir una mujer de verdad. —Mi papi me besó y abrazó con mucho cariño.

    Después de hacerle saber a mi papá todo lo que sufrí durante mi primera vez, lo que ya les compartí a mis lectores en mi relato “Fui desvirgada brutalmente por un albañil”. Le comenté también que, a pesar de haber sido una fuerte y dolorosa experiencia, eso me hizo despertar el deseo de explorar más afondo mi sexualidad, entender más sobre las relaciones sexuales y las formas de penetración, también le dije que me gustaba comprar juguetes en la sex shop para autocomplacerme, y por eso es que tenía puesto el plug anal, ya que me ayudaba a dilatarme y era muy excitante salir a la calle con el plug puesto.

    Mientras yo le platicaba a mi papá sobre mi mentalidad abierta sobre el sexo, pude ver como su verga se comenzaba a poner erecta de nuevo, así que coloqué mi cabeza en su hombro y puse mi pierna derecha sobre de él, frotándole la verga, era una sensación muy tierna el estar reposada sobre mi padre completamente desnudos y percibiendo el aroma a sexo que nos cobijaba. Cuando ya tenía su verga completamente erecta, me giré y acomodé sobre él de tal forma que nos encontramos en maravillosa posición del 69, Eduardo (mi papi) comenzó a darme un delicioso cunnilingus, estaba devorando mi vagina a lengüetadas, me lamía y daba pequeñitas mordidas, frotaba con sus dedos y succionaba mis labios vaginales rositas y el clítoris. La experticia de mi padre, me hacía sentir una escuincla pendeja, inexperta que, hacia lo posible por complacer a su progenitor, yo intenté dar la mejor mamada de mi vida, y me dejé guiar por lo que él me hacía, cada que el me lamía yo lo hacía, de igual manera cada que me succionaba o me daba mordiditas yo hacía lo mismo con su glande y el me entendía. Había una química tremenda entre nosotros, cuando uno quería algo el otro lo sabía, pronto comenzamos a sensibilizarnos. Yo lamía los testículos afeitados de mi padre y los succionaba sacándole quejidos que para mí eran como premios, y mi mayor trofeo sería el hacerle venir con mi boca, seguí mamando su glande y al pasar mi lengua por su frenillo sentía como la verga de mi papá, latía dentro de mi boca, cada que se endurecía para mí era una señal de que lo estaba haciendo bien. Lo hice más rápido metiendo y sacando su verga que se deslizaba entre mis labios rojos, a la vez, que mi lengua le acariciaba el glande. Lo escuché quejarse de placer y su verga se ensanchó dentro de mi boca, ipso facto, sentí como disparó un fuerte chorro de semen que me llenó la boca, me sentí tan feliz, escuchando los quejidos de mi padre, le había ganado la batalla, lo hice venirse antes que yo y me sentí muy cachonda por eso, la plenitud y excitación de tener su semen en la boca, me desbordaban de lujuria, estaba saboreando el semen con el que fui procreada, me sentía agradecida con ese hombre por haberme dado la dicha de existir y hacerme suya. Él jadeaba mientras yo seguía mamando su glande, lo succionaba y me tragaba su verga hasta el fondo de mi garganta, ahora sin su ayuda, había aprendido a mamar verga, ya me sentía una experta, disfrutaba derramar lágrimas saladas de atragantamiento, me gustaba que se escurriera mi rímel por mi rostro.

    Yo seguía en posición de 69 encima de él, así que me volteé para mostrarle mi lengua como perrita, me chupé los labios.

    —Estaban muy ricos papi, muy dulces. —Él permaneció acostado y tremendamente excitado, su verga se movía a cada latido que daba, en consecuencia, de tan fuerte eyaculación.

    —Ven princesa, esto te va a gustar. Siéntate sobre mi cara. —Entonces yo le obedecí y acomodé mi vagina sobre su boca.

    Sentí como la lengua de mi papi entró en mi vagina, me lamía por dentro de una forma exquisita, mientras él con sus manos me llevaba de atrás hacia adelante y después en círculos. Entendí que debía moverme para restregarle mi vagina en su boca, tremendo cunnilingus me dio mi padre, haciéndome soltar fuertes gemidos.

    —¡Aaaahhhh! ¡Que rico papi! ¡Mmm! ¡Sí, siento muy rico, así bebe! ¡Aaahhaaa!

    Súbitamente sentí como estaba teniendo un fuerte orgasmo nuevamente, mis pezones rositas se endurecieron y alargaron, la piel se me erizó en un instante, ipso facto, chorro de fluidos vaginales embriagaron la boca de mi papá, él estaba lamiendo mi vagina con frenesí, bebiendo mis licores vaginales y arrebatándome gemidos mientras lloraba del placer que mi padre estaba provocándome, era una sensación tan fuerte que quise retirarme de esa posición.

    —Recuéstate boca arriba hermosa. —Yo le obedecí llorando de placer. Él se ensalivo tres dedos y me los metió en la vagina provocándome fuertes gemidos.

    —¡Aaaahhhh! ¡Aaaahhh! ¡Mmmm! ¡Aaaahhhh!

    Él comenzó a dedearme fuerte e incesantemente con su mano izquierda, mientras que con la derecha me frotaba con sus dedos muy rápidamente los labios vaginales y el clítoris. Yo comencé a salpicar chorros de mis licores vaginales, explotando en un delicioso orgasmo acompañado de un tremendo squirt.

    —¡Aaahhhhh! ¡Aaayyyyy! ¡Síííí! ¡Aaahhaaa! ¡Ay que rico!

    Mi padre se acercaba a mi vagina que estaba hecha un cálido rio dulce, bebía de ella para alimentar la sed de su lujuria. Insistía atormentándome de placer, yo rompí de nuevo en llanto, los ojos se me extraviaban hacia arriba y mi cuerpo se entumía, sufría fuertes contracciones en mi abdomen, que me provocaban retorcerme entre las sábanas hasta que él se detuvo y se lanzó a mis senos para lamerlos y deleitarse con el aroma a vainilla de mi piel. Yo no dejaba de llorar, consecuencia de ese hermoso sentimiento femenino de estar siendo amada por mi padre biológico.

    Envuelta en el aroma a sexo que emanaba de nuestros cuerpos y llevada por el ambiente erótico producto de aquella relación incestuosa, que alimentaba mi lujuria, me acomodé en posición de cuatro sobre la húmeda cama, que ahora era cómplice de nuestro prohibido amor filial. Le pedí a mi papá que me retirara el plug anal, que aun llevaba puesto. El sujetó el plug anal y jaló del adorno de corazón, yo sentí un ardor muy placentero y como mi ano se expandía para dejar salir por completo el grueso plug que llevaba dentro de mi ano, derramando un poco de lubricante con sabor y aroma a freza.

    —Mi princesa hermosa, tienes el ano muy dilatado ¿Te gusta mucho el sexo anal?

    —Me encanta papi, en casa me penetro con un dildo muy grande, con forma de pene venoso, quiero que me penetres por mi ano ¿Te gustaría papi? —Él me miró fijamente el culo, de una forma muy morbosa.

    —Claro que me gustaría hermosa, tu mamá nunca me dejó hacerlo por ahí. De hecho, muy pocas mujeres me han dejado las penetre analmente. La verdad tu eres la mujer más cachonda con la que he estado y me gustaría mucho cogerte por atrás.

    —Sí papi y contigo me pongo más cachonda, es muy lindo sentir que me coges. Quiero me disfrutes por ahí papi. Yo creo que lo caliente lo saqué de ti.

    —¡Seguro que sí princesa!

    A mi morboso padre le fascinaba calentarme con sus deliciosos preliminares orales, así que, estando yo en posición de perrita, me lamió las piernas.

    —Tienes unas piernas preciosas hija, una piel tan suave y perfumada que me dan ganas de morderte.

    —Puedes hacerlo papi, muérdeme, disfrútame.

    Él me dio suaves mordidas, sentí como me lamió alternando con suaves mordidas subiendo por mis piernas hasta llegar a mis nalgas, que sufrieron unas deliciosas mordidas de mi papi, me sentí devorada por él, cuando de pronto sentí su lengua lamiendo alrededor de mi ano.

    —¡Aahhh! ¡Mmjjj! ¡Que rico papi! ¡Aahh! ¡Aayy! —El placer fue tan grande que solté gemidos.

    Él introdujo su lengua en mi ano dilatado, fuer una hermosa sensación, me sentí tan amada por él, literalmente me estaba dando un beso de lengua en el ano, es una de las cosas más deliciosas que he experimentado, yo estaba tan limpia y segura de mi zona anal que sin reserva alguna le restregué mi culo en su cara, él metía su rostro entre mis nalgas y su lengua entraba deliciosamente dentro de mi ano.

    —¡Aaaahhhh! ¡Ay papi que rico! ¡Aaahhh! ¡Sí mi amor! ¡Mmjjj! ¡Lámeme el culo papi! ¡Aaahhh! ¡Me encanta!

    Él continuó unos segundos para después darme unas ligeras nalgadas que me ardían un poquito pero provocaban un placer de ser sometida por mi progenitor, sabía que eran un alimento para su morbosidad.

    En honor a la lujuria que nos embriagaba, le pedí a mi padre me acercara la copa de vino para terminármela por completo, enseguida mi papi me pidió que me acomodara en posición de cuatro casi al filo de la cama, yo para darle una vista más excitante me coloqué empinándome completamente, extendiendo mis brazos en la cama y dejando mis senos pegados a las sábanas, mi espalda quedó arqueada hacia abajo y mi culo muy levantado, me estaba entregando cachondamente a mi papá, cual si fuese una de las actrices porno que vi en las revistas que mi papi tenía en su cajón. Mi ano lubricado y caliente estaba deseoso de ser penetrado por la enorme verga de mi padre. Él se bajó de la cama y permaneciendo de pie se aproximó a mi quedando justo detrás de mi culo ardiente. Sentí como colocó la punta de su enorme y jugosa verga a la entrada de mi culo, yo estaba temblando de miedo pues la vez que aquel albañil me desvirgó, me lastimó mucho, mi padre estando consciente de ello, de una forma protectora y paterna me dijo, tranquila hija yo no te voy a lastimar, yo te quiero mucho y lo que más deseo es que lo disfrutemos juntos, así que te voy a penetrar con cuidado amor, sí en algún momento quieres que me detenga tú me dices, princesa. Escucharlo decir eso me hizo sentir tan amada y protegida, me dio sentimiento y mis ojos se humectaron con lágrimas, estaba con un hombre de verdad, que me quería hacer gozar y lo más hermoso de todo, es que era mi papá.

    Yo estaba muy cachonda y sensualmente empinada al filo de la cama. El lubricante que tenía aplicado en el ano emanaba un exquisito olor a fresa, mi piel deliciosamente suave con aroma a vainilla por la crema y la loción que me regaló mi papá. Podía verme en el espejo grande del cuarto de mi padre, estaba hermosa, era una princesa con el culo empinado en forma de corazón, mis senos pegados a la cama y mis arracadas luciéndome divinas, mi cabello largo reposando sobre las sábanas. Estaba lista para ser penetrada analmente, el espejo me permitía ver la verga de mi padre reventando de gruesa, asistida por el viagra que traviesamente le había hecho tomar, disuelto en el jugo de naranja. Una verga jugosa que se movía por los latidos de su fuerte vitalidad, con las venas marcadas por la lujuria que la ensanchaba. Mi papá se aproximó a mi culo, colocó el glande caliente de su verga en la entrada de mi ano, yo sentí mariposas en el estómago, mi progenitor me agarró de las caderas y me fue jalando contra él muy lentamente a la vez que empujaba su verga abriendo mi ano muy suavemente, yo sentí mi ano estirándose para dejar entrar el glande de mi padre, fue un delicioso ardor el que sentí, acompañado de una punzada alrededor de mi esfínter anal.

    —¡Me duele papi, detente tantito! ¡Aayyy! ¡Aaahhh! ¡Es que está muy gruesa y siento mi ano muy estirado! ¡Aaahhhh!

    Mi papá continúo empujando su verga, pero más suavemente, abriéndose paso en mi interior. Era una sensación cálida y placentera, la que me producía esa enorme verga que me estaba desgarrando tan suave y deliciosamente que, en lugar de dolerme, me hacía desear llegara más adentro. Mi progenitor me estaba dando una caricia profunda con su verga venosa, continuó penetrándome muy lentamente mientras yo sentía como su enorme verga se deslizaba dentro de mí. Hasta que sentí como llegó al fondo, fue como si la punta de su verga me diera un besito muy tierno al topar dentro de mí, le pedí que la dejara adentro uno cuantos segundos, después él la retiró suavemente de nuevo hasta sacarla por completo, para luego repetir el proceso estando yo más dilatada.

    Mi papi penetro de nuevo mi ano y cuando sentí su glande dentro de mí no me pude resistir y yo misma avente mis nalgas contra él, ensartándome su verga hasta el fondo. Sentí como topó dentro de mi impactando y arrebatándome un fuerte gemido de placer puro.

    —¡Aaaaaaaaahhhhhhhhh! —Me dejó completamente sin aliento ruborizándome, y sacándome unas lágrimas por el dolor placentero.

    Me sentí tan avergonzada en ese momento, mi papá debió pensar que era una verdadera zorra en celo, que no se pudo resistir a la verga de su padre y se ensartó la verga ella sola. No podría culparle por pensar eso, ya que en verdad lo era, tenía la verga de mi padre completamente dentro de mi culo, no dejé nada afuera, sentía su pubis y testículos pegados a mis nalgas.

    —¡¿Cómo te sientes princesa?! ¡¿Te dolió?! —Me preguntó admirado por lo que hice.

    —Un poco papi, sentí muy rico, es que la tienes muy grande, más que el albañil que me desvirgó.

    —¡Te ensartaste toda mi verga princesa! ¡Se te abrió mucho el ano! ¡Se siente muy caliente por dentro!

    —Me gustas mucho y no pude aguantarme las ganas. Te quiero papi. —Le declaré con mi voz de escuincla cachonda.

    —Tu también me gustas mucho preciosa, tienes un culo bien rico.

    —Quise sentir que me penetraras fuerte, porque ya estoy más dilatada y así ya no me duele tanto. —Le insinué que podía comenzar a cogerme a su antojo.

    —¿O sea que quieres que te lo haga fuerte? —Pregunto el muy libidinoso.

    —Sí papi, cógeme duro. —Le dije muy excitada.

    Así que él, me volvió a tomar de las caderas y comenzó a penetrarme con más confianza, haciéndolo más rápido y profundamente.

    —¡Aaahhh! ¡Aahhaa! ¡Que rico papi! ¡Ay, sí, así! ¡Más fuerte papi! —Él impactaba con fuerza contra mis nalgas, metiendo su verga hasta el fondo.

    —¡Aaaahhhh! ¡Aaahhh! ¡Aaaahhhh! ¡Que rico se siente papá! ¡Ay que rico papi! ¡Soy tuya! ¡Cógeme mucho! —No podía dejar de gemir, sentía muy rico, como esa verga entraba y salía de mi ano.

    No podía creer que estaba diciéndole esas cosas a mi padre, pero mi moral y pudor eran como un castillo de princesa hecho con arena de mar, que había sido destruido por un huracán desde que fui desvirgada. Ahora solo había un deseo insaciable en mí de sentirme penetrada y sometida.

    —¡Cógeme muy duro papi, dame más fuerte, castígame! ¡Quiero que me duela! ¡Méteme tu verga muy duro! ¡Házmelo como si fuera una puta! ¡Cómo si yo no fuera tu hija! —Le gritaba poseída por una fuerte lujuria, mientras lo miraba en el espejo.

    Mi padre tenía la verga muy dura y ensanchada por el efecto del viagra. Ambos estábamos embriagados por el vino tinto. Los brazos fuertes y marcados de mi padre tenían las venas sobresaltadas, tal cual su verga. Yo sentía el fuerte impacto de su cuerpo de toro embistiéndome, cuando de pronto sacó su verga por completo. Pensé que se había arrepentido de coger a su hija por el culo, no podía culparlo; pues era comprensible.

    Mi padre estaba tremendamente excitado, yo era una zorra cachonda empinada en la cama deseosa de ser penetrada brutalmente por mi progenitor. Lo que yo pensé sobre su arrepentimiento por haberme penetrado analmente, estaba muy distante de lo que él iba a hacerme en realidad. Solamente se había tomado unos segundos de descanso, le dio un trago a la botella de vino, se aproximó de nuevo a mi culo, colocó la punta de su verga a la entrada de mi ano, metiendo solamente el glande para centrarme y me tomó de las caderas con sus dos manos toscas.

    —¿Estás lista mi princesa hermosa? —Me preguntó advirtiéndome.

    —¿Para qué papi? —Le respondí con mi voz dulce y cachonda de escuincla incestuosa.

    —Te quiero coger bien duro hasta venirme princesa, si no aguantas me dices.

    —Sí papi hazlo, cógeme muy duro, sin detenerte hasta que termines. —Le dije muy emocionada y cachonda de saber que mi papi usaría mi cuerpo para satisfacerse.

    Ipso facto, mi papá jaló violentamente de mis caderas al mismo tiempo que me embestía brutalmente con su verga, sentí como se abrió paso por mi interior intempestivamente, un fuerte calor me recorrió el culo, la punta de su verga me golpeó muy adentro lastimándome mucho y provocándome un placer indescriptible a la vez, mi cuerpo tembló completamente por la durísima ensartada, cual si fuese una construcción siendo demolida por el martillo hidráulico de una excavadora. El sentirme tan fuertemente lastimada por mi padre biológico, causó en mi un sentimiento femenino que atravesó mi ser, me sentí destrozada y agredida, pero al mismo tiempo amada, deseada, y gozada por mi padre. Inevitablemente rompí en llanto, teniendo la verga de papá hasta el fondo de mi culo. Lágrimas negras y saladas escurrían mi rímel por mis suaves mejillas de jovencita, escuché el fuerte sonido del impacto, su pubis y testículos chocaron contra mi provocándome un delicioso dolor en las nalgas, mi vagina recibía también el estímulo del impacto de nuestros cuerpos húmedos.

    —¡Sí, así, papi! ¡Que rico lo sentí! ¡Cógeme así, muy duro! —Le decía temblando.

    Mi padre volvió a sacar su verga por completo de mi ano, que ahora se quedaba completamente abierto por la dilatación. Podía sentir como perdí la fuerza en el esfínter anal, estaba dilatada y adormecida de esa zona. Mi padre volvió a ensartar su verga con fuerza, mi cuerpo se cimbraba con cada embestida, endureciendo y alargando mis pezones rositas. Lo hizo repetidamente, de forma frenética e incesante, ahora lo sacaba casi por completo, pero dejaba el glande adentro para poder ensartar más rápido.

    —¡Aaaaaaahhhhh! ¡Aaaaaahhhh! ¡Aaaaaahhhh! ¡Me dueleee! ¡Aaaahhhhh! ¡Sigue así papi! ¡Más duro papi! ¡Aaauuu! ¡Aaayyyyy! ¡Ahhhaaaaa! ¡Mmmmm! ¡Aaaahhh!

    —¡Qué rico culo tienes preciosa! ¡¿Te gusta que te meta la verga bien duro?! ¡¿la quieres más fuerte?! —El rímel de mis pestañas se escurría, lágrimas negras y saladas rodaban por mis mejillas.

    —¡Me encantas papi, te amo! ¡Me gustas mucho! ¡Cógeme! ¡Hazme tuya! ¡Méteme la verga! ¡Has que me duela mucho! —Le incitaba a destrozarme, yo sentía el ano desgarrado.

    Entonces mi progenitor, cuya mirada lasciva podía ver por el espejo de aquella habitación, que servía de cómplice a nuestra relación incestuosa. Continuó penetrándome por el culo, pero ahora con todas sus fuerzas, sin ninguna reserva, solo buscando complacerme, causándome un sentimiento de vulnerabilidad, me cogía de forma despiadada como si fuese su objeto de placer. Pude sentir de 4 a 5 penetraciones por segundo. Fue algo hermoso sentirme tan gozada por mi padre, una sensación de vulnerabilidad indescriptible. Me jalaba tan violentamente de las caderas, para ensartarme su verga venosa, que yo solo sentía mi cuerpo yendo y viniendo. Me sentí tan utilizada, a mí solo me quedaba disfrutar como entraba y salía brutalmente de mi ano esa verga deliciosa. Mis senos rebotaban y mis pezones se endurecían y sensibilizaban cada que sentía la punta de su verga chocando en mi vientre. Ser sometida por mi papi era como recibir el amor que me debía después de tantos años de descuido, le estaba cobrando todos los besos, abrazos y caricias que no me dio de chica, solo que ahora los estaba recibiendo como su mujer, su zorra, su puta y sobre todo su princesa.

    La penetración se volvió más fuerte y bestial a cada segundo que pasaba, las gotas de sudor de mi padre caían sobre mi culo lubricándome, Eduardo jadeaba de placer y cansancio, yo gemía llorando y gritando.

    —¡Aaahhh! ¡Así, papá! ¡Cógeme fuerte! ¡Aaahhhh! ¡Me duele mucho! ¡Aaauuuu! ¡Me lastimas mucho! ¡Aaahhhaaaa! ¡Así, me gusta papi! ¡Aayyy! ¡Me arde! —Yo sabía que ya estaba sangrando porque me ardía mucho, como la vez que fui desvirgada, lo que solo me excitó e hizo pedirle más verga a mi papi.

    —¡Cógeme más papi! ¡Te amo papi, que rico me coges! ¡Aaaahhhh! ¡Sí, hazme tu zorra! ¡Destrózame el culo Eduardo! ¡Aayyyy, me duele mucho! ¡Me arde! ¡Aaahhhh! ¡Más rápido amor! ¡Más fuerte papi!

    Yo sentía un placer insaciable, era delicioso sentir su verga entrar y salir bestialmente de mi culo ardiéndome, de pronto escuché jadear a mi padre muy fuerte.

    —¡Aahh! ¡Aahh! ¡Aahh! —Jadeaba Eduardo, mientras un fuerte chorro de semen caliente me inundaba por dentro.

    Yo me sentí plena, llena de dicha, estaba gozando al saber que mi padre se satisfizo conmigo, que dispuso de mi cuerpo para saciarse y que me había dejado con el culo destrozado. Ese dolor que yo sentía se sumaba al placer que mi padre me había dado. Le había perdonado tanto tiempo de abandono, sentir dentro de mi culo el semen con el que fui procreada, fue algo que me dejó estúpidamente enamorada de mi padre por el resto de mi vida. Él dejó su verga ensartada dentro de mi durante algunos segundos restregándomela y palpitando hasta el fondo, sentía como su glande me acariciaba profundamente, mientras yo gemía de gozo y descanso.

    —¡Aaahhh! ¡Que rico papi! ¡Gracias amor! ¡Siento tu semen calientito adentro! ¡Me siento muy cogida! ¡Gracias papá! ¡Gracias bebe!

    Me sentí conectada, él era yo y yo era él, nos convertimos en uno solo, realizando mi más glorioso encuentro sexual.

    Habiéndose descargado completamente dentro de mí, eyaculando hasta la última gota de semen que le quedaba. Mi papá retiró su verga de mi ano que se quedó totalmente abierto. Me sonrojé al sentir como escurría por mi culo semen y sangre endulzados con el sabor y aroma a fresa de mi lubricante, que se derramó sobre las sábanas de la cama, me sentí muy apenada, quería que mi ano se cerrara, pero como tenía meses practicando con mi dildo en casa y usando el plug anal frecuentemente, mi ano ya estaba acostumbrado a quedarse dilatado, así que tardo algunos segundos en cerrarse. Se me hiso eterno me sentía una zorra que no encontraba saciedad. Entonces volteé y vi la verga de mi papá que aún conservaba la erección, estaba manchada de semen con sangre, me sentía tan cachonda y puta que no me resistí a probar de nuevo su verga, me acerqué caminando como gatita y le mamé la verga hasta dejársela limpia, mi papi me miraba muy excitado, su rostro era el de un hombre maduro muy lujurioso, mirando a su princesa convertida en una zorra depravada.

    Me bajé de la cama y me puse de pie con mis tacones rojos aun puestos y lo abracé. Él me rodeo con sus brazos fuertes y cálidos, comencé a llorar pues soy muy sensible y estaba tan llena de felicidad, me sentía tan complacida y plena en sus brazos, pero a la vez muy apenada por todo lo que había hecho. Después de haber dado rienda suelta a mi lujuria entregándole a mi padre cada parte de mi cuerpo, nos acostamos abrazados en la cama entregándonos caricias mutuas. Habiendo transcurrido algunos minutos, cuando ya había saciado mi lujuria y comenzaba a reestablecerse mi química hormonal, me sentí muy extraña, ahora me invadía un fuerte remordimiento, pues sabía acabábamos de cometer incesto de una forma sucia y depravada.

    —Papi me siento mal por lo que acabo de hacer. Me siento angustiada. Si mi mamá supiera se sentiría muy mal. —Le dije llorando entrecortadamente como escuincla.

    —Tranquila mi princesa hermosa, no te sientas así. —Me consoló con su voz varonil y cautivadora, dándome un beso en la frente.

    —Es que me siento confundida, es algo muy extraño. Me siento culpable, traicioné a mi mamá.

    —Todo está bien hermosa, no pasa nada. Te quiero mucho princesa. Además, tu mamá y yo estamos divorciados y no nos queremos como pareja. Así que no te sientas mal por ella. Es cierto que lo que acabamos de hacer para muchas personas es algo incorrecto, pero tu y yo lo disfrutamos mucho y ahora tenemos una relación muy especial, y nadie tiene porque enterarse.

    —Pero, ahora ya no me vas a querer como tu hija. —Me sentía muy confundida.

    —Como crees, no digas eso, claro que te quiero como mi hija. Aunque la verdad ahora siento algo más por ti preciosa, pues acabamos de tener sexo. Y eso fue por que nos gustamos y sentimos algo que va más allá de una relación de padre e hija. ¿Te gustó tener sexo conmigo? ¿Lo disfrutaste?

    —¡Sí papi! ¡Me gustó mucho! ¡Estuvo increíble!

    —Ya ves, entonces no te sientas mal, al contrario, se trata de disfrutarlo. No hay nada de que arrepentirse —Me dijo sonriendo el muy sinvergüenza—. Te quiero mucho mi princesita hermosa.

    —¿Y entonces como se le puede llamar a esta relación especial, porque es incesto verdad? —Le pregunté mortificada.

    —Sí hija lo es, pero ¿Qué te parece si mejor lo llamamos de otra forma? ¿Te gustaría ser mi novia? —Me dijo sonriendo el muy travieso—. Después de todo, vivimos en ciudades diferentes y aquí nadie sabe que tengo una hija. Así cada que nos veamos seremos novios, como dijo la chica de la tienda de lencería ¿Recuerdas? ¡Jejeje! ¿Entonces que me dices, aceptarías ser mi novia?

    —¡Sí papi acepto! —Le dije con mi voz dulce y cachonda de escuincla, para después darle un apasionado beso de lengüita.

    —Te quiero mucho princesa.

    —También yo te quiero mucho papi. —Lo abracé y quedé recostada con mi cabeza sobre su pecho.

    Ya eran las tres y media de la madrugada en sábado de gloria, tremenda noche de sexo la que tuvimos, apagamos las luces y dormimos entrelazados.

    A la mañana siguiente me levanté antes que él, sin hacer ruido me bañé y me vestí hermosa solo que ahora con un vestido blanco, ajustado, floral de rosas y de hombros descubiertos. Tenía un pronunciado escote que mostraba mis senos deliciosos y tan cortito que me quedaba a tres dedos bajo las nalgas haciendo lucir mis preciosas piernas de jovencita. Tomé las llaves de mi papá y fui al super de la colonia para comprar lo necesario para preparar unos hot cakes, pasé a una farmacia para comprar una pastilla anticonceptiva de emergencia, regresé a casa y después de tomar la pastilla, preparé café en la cafetera eléctrica, así también con mucho cariño preparé los hot cakes. Los endulcé con leche condensada, rebanadas de fresa y plátano. Servi café en unas tasas y le llevé el desayuno hasta la cama a mi novio dormilón para darle los buenos días, como toda una novia atenta y cariñosa, feliz por todas las endorfinas que me habían producido su dulce semen en mi interior. Después de desayunar, mi novio se levantó y tomó una ducha. Me dijo que había dado instrucciones a sus empleados para que se encargaran de la bodega de aguacate, en la central de abastos. Así que tendríamos el fin de semana libre para nosotros. Mas tarde le pedí que fuéramos de visita al zoológico, ya que me fascina ver a los animales. Caminamos abrazados como novios, robándoles miradas a las personas que nos veían pasar, una hermosa jovencita con cuerpo de diosa, vestida provocativa y besándose con su novio maduro.

    —¡¿Será su papá?! —Se les escuchaba murmurar…

    Alexandra Love.