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  • Hice realidad una fantasía. Follar en una playa nudista (2)

    Hice realidad una fantasía. Follar en una playa nudista (2)

    El chico más joven, que en ese momento estaba lamiendo mi clítoris mientras me metía los dedos, se incorporó, intento agarrar un preservativo, pero el señor, no lo dejó ni acercarse. Con voz bastante sería, dejando claro lo que había, tan solo dijo:

    – Espera tu turno.

    A mi me hizo gracia el comentario y, a la vez, me puso bastante cachonda que pensase que era suya. Por su actitud entendí que sabía lo que hacía y que me iba a divertir.

    Me puso a cuatro, casualidad o no, mirando hacia el chico de mi lado que se seguía masturbando. Noté que el señor me había escupido y, antes de darme tiempo ni a pensarlo, me la metió de una embestida. Empecé a gemir mientras él me daba cada vez más fuerte y me agarraba por la cintura. Parecía que no quería que me escapara y, yo tenía muy claro que de ahí no me iba.

    Mientras notaba sus embestidas, empecé a lamer la tremenda joyita que tenía entre las piernas el chico frente a mi. El más joven seguía un poco decepcionado de no poder meterla el primero y se puso a su lado. Me sorprendió ver que ninguno de los dos se quejaba ni hizo algún gesto cuando junté ambos miembros para lamerlos juntos.

    Estuvimos en esa posición un rato hasta que el jovencito no aguantó más y dijo que se iba a correr. En ese momento paré al señor de atrás, me saqué su miembro y me tumbé boca arriba. Quería que el chico se corriese en mis tetas y, así lo hizo. Terminó rápido, se limpió y se fue.

    El señor volvió a meterla. Esta vez me abrió bien de piernas y empezó a follarme como un animal. No era el mejor en el sexo pero me daba unas embestidas que me hacían ver las estrellas y eso me encantaba.

    El chico, metió su miembro otra vez en mi boca. Ahora lo tenía a el encima y podía hacer lo que quería conmigo. Empezó a ahogarme con su miembro, lo notaba en mi garganta, no podía apenas respirar y… me corrí.

    Eso le gustó a el señor que seguía dando embestidas cual animal, me la sacó y empezó a masturbarse. Se corrió por todo mi cuerpo, literalmente. Entre la corrida del chico anterior y la suya tenía la cara, pechos y abdomen, empapados.

    Siguió los pasos del chico, se limpió y se fue.

    Llegó el momento que llevaba rato pensando, quedarme a solas con el chico que, hasta entonces, parecía más tímido pero que tenía la polla más grande que había visto.

    Me dijo que me pusiese de pie. Yo no sabía que quería hacer pero estaba a sus órdenes y, menos mal, porque en ese momento no sabía lo que me esperaba.

    Se puso frente a mi y empezó a besarme apasionadamente. Me lamía la cara, cuello, pechos, abdomen… Estaba lamiendo todo el semen de los anteriores. Se puso de rodillas, me abrió un poco las piernas y empezó a lamer mis muslos que estaban llenos de flujo. Entre risas le dije:

    – Parece que tenías hambre.

    El, se incorporó mientras decía:

    – Quiero que estés limpita para mí.

    Me mordí el labio mientras lo miraba de frente y solo pensaba en que ahora venía lo bueno.

    Puso mis manos alrededor de su cuello, agarró mi culo con fuerza y me levantó en brazos rodeándolo con mis piernas. Me la metió sin pensar, me apoyo en la roca de atrás y empezó a follarme mientras me besaba por todas partes. Notaba su miembro entrar una y otra vez en mi, cada vez más rápido mientras besaba mi boca, cuello, pecho… Me estaba volviendo loca.

    Entonces paró, me dio la vuelta, mirando hacia la roca, apoyo mis manos en ella y empezó a follarme desde atrás. Me tenía como loca, no aguanté más y me corrí de nuevo.

    El volvió a parar, se le notaba exhausto. Estábamos a 40°C en la arena caliente y en ese lado daba el sol en ese momento. Me dijo que no quería acabar pero que se moría de calor mientras miraba hacia el agua. Me dijo que lo siguiese y así hice.

    Nos tumbamos en la orilla, haciendo el misionero. El agua nos rozaba despacito de vez en cuando mientras el en esa postura podía metermela mejor mientras me rozaba el clítoris con su abdomen. Sabía muy bien lo que hacía y a mi me estaba encantando. Entonces él se puso de rodillas mientras seguía metiéndola, vió que se acercaban 2 hombres a mirar y me lo dijo. Yo solo respondí:

    – Si quieren mirar que miren.

    Él sonrió y nos cambió de lugar. Se tumbó en la arena y me dijo que lo cabalgara. Quería que los hombres me viesen y, así hice. Empecé a moverme adelante atrás mientras me rozaba con su abdomen. Los hombres ya estaban a nuestro lado mirando. No aguanté más y me volví a correr. Está vez, estaba tan caliente que tuve un squirt.

    A el le volvió loco eso. Tenía la cara empapada y había llegado incluso a mojar a los hombres que me miraban.

    Uno de ellos le dijo que tenía mucha suerte, pensaron que éramos pareja y yo solo pensaba en que ojalá lo tuviese cada día para mí.

    Me puso a 4, mirando hacia los hombres que estaban sentados a nuestro lado mientras se tocaban. Empezó a follarme fuerte, rápido, mientras lo escuchaba respirar y jadear. Me levantó un poco agarrándome del pelo mmmm me puso a mil. Estábamos de rodillas mientras él me la metia desde atrás. Estuvimos un rato así hasta que me dijo que me tumbara.

    Se puso de rodillas al lado de mi cara y me abrió la boca hasta que se corrió dentro.

    Se tumbó sobre mi, empezó a besarme. Quería su propio semen, empezamos a besarnos, pasando de uno a otro hasta que me susurró al oído que me lo tragara. Se tumbó a mi lado, los hombres se estaban marchando.

    Nos quedamos un rato muy largo ahí, tumbados en la orilla mientras el agua nos rozaba. Al rato me besó, nos incorporamos y me dijo que le diese mi número.

    Lo hice, por supuesto. Seguimos quedando, disfrutando y, para mi sorpresa, cumpliendo más fantasías ya que, después de un tiempo viéndonos me enteré que era policía. Lo «pille» mientras hacían un rodeo por unas fiestas y… en otro relato contaré lo que sigue.

  • Mi hermano me hizo el amor y no se dio cuenta

    Mi hermano me hizo el amor y no se dio cuenta

    Hola, mi nombre es Laura, soy tez blanca, pelo mono, unos senos normales tirando a pequeños, pero mi mayor característica son mis nalgas, tengo unas caderas anchas y unas nalgas redonditas. Era fin de semana y mi hermano nos invitó a mi novio y a mí a ir a una finca de tierra caliente con piscina para celebrar su cumpleaños, a la cual iría con su novia Marcela y con otras dos parejas, lo cual aceptamos para salir un poco de la rutina del día a día, la idea era ir el sábado en la tarde hasta domingo.

    Pero llego el sábado y a mi novio le pidieron un informe en el trabajo que se requería entregar el lunes a primera hora, por lo cual me dijo que fuera yo sola, ya que no quería que me quedará aburrida y ya habíamos dado las cuotas para la comida, el licor y la estadía. Y así fue, termine yendo sola con las otras tres parejas, entre ellas mi hermano y Marcela.

    Al llegar quede sorprendida porque la finca era muy bonita y tenía una gran piscina, y la casa era de tres pisos, con un cuarto y un baño en cada uno de ellos, por lo cual, al acomodarnos, cada pareja quedo con una habitación y a mí me dejaron el sofá-cama que estaba en la sala del primer piso por estar sola. Igual no quería pasar aburrida por estar sola, por lo cual, apenas llegamos nos cambiamos todos y nos pusimos los vestidos de baño y nos fuimos los 7 a la piscina con comida, cervezas y botellas de tequila que habíamos comprado. Y así fue pasando el rato, entre trago de tequila y cerveza nos fuimos emborrachando alegremente todos, estábamos tomando muy seguido por la alegría de estar en la piscina, con buena música y un ambiente muy bueno. La que más estaba tomando era Marcela la novia de mi hermano, la cual generalmente no bebía, por lo que le estaba haciendo más efecto el trago, y entre trago y trago ella y mi hermano se besaban y manoseaban delante de todos, lo cual me provocaba cierta envidia de no estar con mi novio.

    Pasado el rato Marcela ya estaba tan borracha, que no era capaz de sostenerse de pie, por lo cual al ser yo la más sobria de todos me ofrecí a llevarla a su cuarto, la cual estaba en el tercer piso, para dejarla dormida, -yo ahora subo- decía mi hermano también borracho. Pero al irla llevando, Marcela estaba tan borracha que me quedaba imposible subirla, por más que lo intente, estaba totalmente inconsciente, así que lo único que se me ocurrió era dejarla en el sofá cama donde iba a dormir yo y yo subiría a la pieza del tercer piso, y eso hice, la acosté en el sofá cama y subí por el pijama de ella que estaba en su cuarto (ya que estaba con el vestido de baño y este estaba húmedo), cuando baje, le quite el vestido de baño para ponerle la pijama seca. Al verla desnuda, me quedé un minuto contemplándola, me di cuenta que en contextura era muy parecida a mí, senos pequeños y unas piernas gruesas y nalgas también grandes, también vi que se dejaba crecer un pequeño montículo de vello en su vagina al igual que yo, la vestí como pude, le puse la cobija y la deje totalmente dormida.

    Yo ya me sentía muy cansada, por lo cual no quería ir ya a la piscina, entonces mejor subí al cuarto del tercer piso para dormirme, a la pieza que iba a ocupar mi hermano con Marcela, cuando llegue me quite el vestido de baño que estaba todo mojado y me di cuenta que había dejado mi maleta en el primer piso, por lo cual me dio pereza y me acosté desnuda (no es algo que me guste hacer, pero dado el estado de embriaguez que tenía preferí dormir así), apague la luz y me puse la sabana encima, me di cuenta que la pieza quedaba realmente oscura porque la única ventana que había, estaba cubierta por una lámina de madera, entonces la poca luz que se veía era la que entraba del pasillo por debajo de la puerta.

    Mientras me estaba quedando dormida empecé a recordar la manera como Marcela y mi hermano se tocaban y besaban en la piscina, como frotaban y pegaban sus cuerpos y se tocaban dentro de la piscina para que no los viéramos, estos pensamientos, el licor tomado y el roce de la sabana en mi cuerpo desnudo empezaron a poner mis pezones duros y generar un calor en mi vagina, la cual empecé a sentir lubricada. Estaba en esos pensamientos y quedándome somnolienta cuando empecé a sentir un ruido, era alguien que estaba subiendo las escaleras, el ruido se hacía cada vez más fuerte por lo que me di cuenta que venía para la pieza donde yo estaba, gire mi cabeza hacia la puerta y veo q esta se empezó a abrir lentamente y aunque estaba muy oscuro logre ver la silueta de mi hermano entrando a la pieza y cerrando la puerta tras de él, por lo cual quedo nuevamente a oscuras, aunque mis ojos estaba ya un poco acostumbrados a esta oscuridad, veo que él se dirigía con pasos torpes a la cama:

    -Amor, ¿ya estas dormida? – Decía mi hermano con un tono ya un poco borracho, ahí me di cuenta que él pensaba que estaba su novia Marcela donde yo estaba acostada, no le respondí nada, me dio cierta gracia y quise saber en qué momento me reconocería.

    -Es que estoy muy excitado y no quiero acostarme con esta calentura, me dejaste muy caliente en la piscina- Esto me dejo en shock, me quede sin palabras mientras logro ver en la oscuridad que se quitó la pantaloneta de baño y se acostó al lado mío, la verdad no sé si fue el licor o qué, pero lo que dijo me provoco un calor y cosquilleo en mi vagina que me dejaron muda, ya cuando le iba a decir que era yo la que estaba acostada en la cama, el hábilmente me quito la sabana y me empezó a acariciar uno de los senos y el otro me lo empezó a chupar, lo cual provoco en mí, una corriente que me llego directamente a mi vagina, sintiendo como lubricaba.

    -Que rico que estas desnuda- me decía, mientras tenia uno de mis pezones en su boca y el otro lo tenía entre sus dedos, yo solo me limite a dar gemidos ahogados, no sabía qué hacer. De pronto sentí como dejo de acariciar uno de mis senos, y mientras seguía chupando uno de mis pezones, bajo su mano hasta mi vagina, con lo cual apenas sentí sus manos y dada mi excitación mis piernas se empezaron a abrir, lo que le permitió a mi hermano tocarme a su gusto toda mi vagina

    -Vaya, estas súper mojada, veo que no era el único caliente, que bueno que subí- me decía mientras me tocaba el clítoris en círculos, lo que provocaba que mis caderas se empezaran a mover al vaivén de sus caricias, y arrancaba de mis gemidos los cuales trataba de disimular para que no descubriera que no era su novia la que estaba masturbando de esa manera. Mientras seguía con mi pezón en su boca, y acariciándome abajo, empezó a meterme los dedos, lo cual me llevo a la gloria y ese corrientazo hizo que abriera mis piernas del todo, lo cual con mi muslo derecho logre sentir algo, al bajar mi mano y tocar, me di cuenta que era su pene erecto que me rozaba la pierna.

    -Me encanta que me toques-me dijo, lo cual me motivo para agarrar su pene, el cual se sentía de buen grosor, y empezar a masturbarlo, a ese punto yo ya estaba súper excitada, y ahí estábamos los dos, dándonos placer mutuamente. Pasaron así unos minutos, donde me sentía muy cerca del orgasmo, dejo de tocarme y con mi pezón derecho aun en su boca, empezó a acomodarse encima de mí, acomodando sus piernas entre las mías, lo que me obligo a abrir las mías, quedando totalmente a su merced, aunque en ese punto estaba muy excitada, sabía que no permitiría que me penetrara, no quería cruzar esa barrera, y tampoco sabía cómo le iba a explicar que lo había dejado llegar hasta ese punto sin decirle nada.

    Ya me iba a disponer a decirle que parara, que no era su novia a la que se disponía a penetrar, hasta que sentí que saco mi pezón de su boca y con pequeños besos empezó a bajar por mi abdomen, por mi ingle hasta que sentí su respiración en mi clítoris, el cual se metió rápidamente en su boca sin darme tiempo de decirle nada, lo que provoco en mi un corrientazo que me arranco un gemido, el cual no pude ahogar –Mmmm- gemía yo, mientras su lengua hacia círculos y jugaba con mi clítoris de una manera espectacular. Luego de unos minutos, sentí como con sus manos me agarro la parte de atrás de mis muslos y los tiro hacia mi cabeza, levantando mi cadera y dejándome con las piernas totalmente abiertas y con mi vagina totalmente a su disposición, lo cual aprovecho y empezó ya a meter su lengua dentro de mi rajita, mi propio hermano me estaba penetrando con su lengua, provocándome gemidos cada vez que la sentía adentro, y como la dejaba ahí y la movía, podía sentir mis jugos vaginales empapando toda su cara, los cuales lamia con ganas.

    Lo siguiente que sentí fue como empezó a lamer mis nalgas, primero una y luego la otra, se sentía muy rico, hasta que sentí su lengua llegar hasta mi ano, era la primera vez que me hacían eso, por lo cual mi primera reacción fue apretarlo, su lengua hacia círculos en mi ano y sentía como presionaba con la intención de meterla en él. –No le dará asco? – pensaba yo en ese momento, pero ante su insistencia, y creyendo que era algo normal que le hacía a su novia, me relajé y sentí como su lengua entro, y con ella hacia círculos dentro de mi culito, provocándome un calor que me empezó a excitar muchísimo, algo que a ningún novio le había permitido hacer, y ahí estaba mi hermano, comiéndome el culo literalmente.

    -Que rico amor, ese culo te sabe delicioso- Decía mi hermano cada vez que sacaba su lengua de mi ano, luego puso su boca nuevamente en mi clítoris y empezó a jugar con él con su lengua, haciendo círculos, lo que empezó a generarme ese calor que se siente cuando se está cerca del orgasmo, lo cual mi reacción fue coger su cabeza y apretarlo más contra mi vagina, y restregarlo contra esta para que no fuera a parar, en ese momento siento que suelta una de mis piernas y coloco uno de sus dedos en la entrada de mi ano, por más que trate de apretarlo, estaba tan dilatada que empezó a meterlo, apenas sentí que metió todo el dedo en mi culo y con mi clítoris en su boca, sentí llegar el orgasmo- ahhh- gemía mientras empecé a sentir ese maravilloso orgasmo que recorría todo mi cuerpo y me hizo temblar, fue tan fuerte que me toco apartar a mi hermano porque mis piernas empezaron a moverse como si les estuviera pasando corriente, sentía como todo el calor se me concentro en mi parte baja sintiendo como salía liquido de mi vagina, mientras el resto de mi cuerpo comenzó a relajarse y empecé a sentir un estado de éxtasis.

    En ese momento de relajación, y mientras sentía que apenas recuperaba mis sentidos, mi hermano se subió y se colocó encima de mí, y no me logre percatar que empezó a acomodar su pene totalmente erecto en la entrada de mi vagina, cuando estaba dándome cuenta de la realidad empujo y me penetro- ahhh- logre decir, mientras mi vagina totalmente mojada se abría ante su pene, hasta sentir que sus testículos tocaron mis nalgas, trate de decirle algo pero fui callada con sus labios, los cuales se fundieron con los míos en un beso muy apasionado, antes el besar a mi hermano me hubiera generado asco, pero en esa situación me encanto, y mientras me besaba empezó un mete y saca lento y delicioso, sentía como si lo fuera a sacar y empujaba hasta el fondo, y en cada arremetida lograba emitir sonidos mientras me seguía besando, como si estuvieran aplaudiendo, en ese punto ya no me importaba nada, ya sabía que no había vuelta atrás por lo cual decidí disfrutar al máximo. Estuvo en ese bombeo lento y delicioso bastante rato, y en cada embestida iba sintiendo el próximo orgasmo acercarse, y mientras me penetraba besaba mis labios, bajaba por mi cuello, me chupaba los senos, y volvía y subía a mi boca.

    Ya estando muy excitada, mi hermano paro y sentí como saco su pene, y se arrodillo en la cama. –Amor, ponte en cuatro- me dijo, con lo cual me di la vuelta y así arrodillada quedé en posición de perrito, allí sentí como agarro una de mis nalgas con una mano y con la otra dirigió su pene para penetrarme, cuando lo hizo cogió muy fuerte las dos nalgas, una con cada mano, las abrió, y empezó un mete y saca muy rápido y profundo, mientras yo acomodaba mi cara contra la almohada para ahogar mis gemidos en esta, sintiendo como el calor se me empezó a centrar en mi vagina, indicios de que el orgasmo estaba otra vez cerca, hasta que sentí como me empezó a penetrar el ano con uno de sus dedos, mientras seguía penetrándome con su pene mi vagina, sentirme penetrada por los dos orificios al mismo tiempo me hizo explotar nuevamente en un segundo Orgasmo, con lo cual tuve que morder la almohada para contener el gemido que este me provoco, me sentía en la luna, sentía los corrientazos en todo mi cuerpo mientras él seguía penetrándome con su pene mi vagina y con uno de sus dedos mi ano.

    -Ya estoy que termino amor, quiero correrme en tu culo- decía mi hermano, mientras sentí como sacaba su pene y su dedo de mí, creyendo yo que iba a eyacular encima de mis nalgas, cuando siento que acomoda la cabeza del pene en la entrada de mi ano, y dado lo dilatado que lo tenía y lo excitada que estaba con mi recién orgasmo, con una leve presión logro meter gran parte de su pene en mi culo hasta ese momento virgen, sabía que en ese punto no podía decirle nada ni impedírselo, no había forma de yo explicarle como había permitido llevar la situación hasta ese punto, y creyendo yo que el sexo anal era habitual entre él y su novia, me dispuse y prepare a perder mi virginidad anal, luego lo saco un poco y volvió a meterlo ya un poco más, luego lo saco otro poco y después lo metió mas, en cada embestida sentía como su pene se iba abriendo camino en mí, hasta que en una de esas siento el golpe de sus testículos en mi vagina, indicándonos que ya tenía todo su pene dentro de mi culo, apenas sintió eso, empezó un mete y saca lento pero largo.

    -Está muy apretadito tu culo amor- decía mi hermano mientras lo sacaba casi todo y lo metía nuevamente hasta el fondo, lo hacía sin prisa, lo que me permitía acostumbrarme al dolor que sentía, aunque después de unas cuantas embestidas el dolor desapareció y empecé a sentir un placer diferente para mí, lo cual genero el calor del orgasmo otra vez centrándose en mi parte baja, así que dirigí una de mis manos y empecé a estimular mi clítoris para poder acelerar mi orgasmo ya que sabía que mi hermano estaba cerca de terminar.

    -mmmm me vengo, me voy a correr- Decía mi hermano, mientras empezó a acelerar las embestidas a mi culo, y empecé a sentir como me llenaba de su semen caliente, calor que me envío el ultimo corrientazo y me provoco un tercer orgasmo, y nos empezamos a venir los dos al mismo tiempo, mientras mis piernas empezaban a temblar, deje caer todo mi cuerpo a la cama mientras mi hermano quedaba encima de mi espalda aun con su pene dentro de mí, dando sus últimos bombeos. Nos quedamos un par de minutos recobrando el aliento, hasta que siento como saca su pene ya flácido de mi ano, se levanta y siento como me da un beso y una palmadita en cada nalga. –Wow amor, estuvo delicioso, no pensé que me dejarías metértelo por el culo, gracias por dejarme ser el primero, fue el mejor regalo de cumpleaños que me han dado- me decía mientras sentía como con su dedo tocaba por encima mi adolorido ano, ahí me di cuenta que nunca habían tenido sexo anal, lo cual me ocasiono una risita interna. –Voy otra vez a la piscina a terminar unas cervecitas que quedaron, ahorita subo, descansa. Te amo- me dijo, mientras se levantaba, cogía la pantaloneta de baño y salía de la habitación.

    En ese momento caí en la realidad de lo que había pasado, y aunque me generó un sentimiento de culpa, también sabía que me había encantado, ya lo que me preocupaba es que mi hermano no se fuera a dar cuenta de lo que paso, por lo cual sabía que no me podía quedar en el cuarto y que debía subir a Marcela como diera lugar a la cama, así que, a pesar del cansancio, entre al baño, me limpie el semen que aún me salía del ano, me puse el vestido de baño y baje al sofá cama donde estaba ella dormida. –Marce, Marce, despiértate que debo llevarte a la cama- le decía mientras la iba despertando, y aunque estaba muy somnolienta, logro poner de su parte y me facilito un poco el trabajo de colocar su brazo encima de mi hombro, levantarla y así iniciar la subida al tercer piso. Después de un gran trabajo logramos llegar a la pieza del tercer piso y se desplomo nuevamente en la cama, aquella donde su novio, mi hermano, me había hecho suya. Ya estando acostada le quité la pijama para dejarla desnuda tal cual estaba yo, la cubrí con la sabana y me fui para el sofá cama, me puse mi propia pijama y me quede dormida pensando en la noche tan excitante que había pasado.

  • Dejé que un albañil me cogiera por placer

    Dejé que un albañil me cogiera por placer

    Era una tarde en 2016 y me encontraba solo en casa porque mis padres salieron de vacaciones a Puerto Vallarta, entonces, como estaban construyendo un cuarto más en casa del vecino, pues iban y venían los albañiles y el maestro de obra, él era un hombre de unos 45 a 50 años, mientras los albañiles eran de jóvenes a maduros, obvio me atraían más los maduros, pero de los jóvenes me llamó la atención uno de ellos, así que el día de mi descanso me bañe, me arreglé, me puse un mini vestido, una blusa, brasier y tanga, medias, zapatos de tacón, entonces ya que termine de almorzar salí a caminar, pero me regresé como si se me olvidara de algo, en eso escuche que dijeron, “mamacita, si así mueves todo eso has de coger rico”, yo lo mire y le dije que si quería investigar, como nunca he educado mi voz porque soy travesti de clóset, pues obvio se dio cuenta que soy al final hombre, aparte de por otras cosas, que por ser discreto tengo que hacer, el maestro de obras no estaba porque se había ido por unos materiales, era casi medio día como dije antes, el hombre se acercó a mí y platicamos.

    Sebastián: Hola amigo, soy Sebastián pero dime como gustes

    Yo: Hola, soy Carly señor, como le va?

    Sebastián: Bien pero ahora creo que mejor, te ves muy rica eh

    Yo: Gracias, que pena, pase señor

    Entró Sebastián a mi casa y nos sentamos, deje la puerta abierta, por un descuido o porque quería que los demás entraran, no se, en fin, yo cruzada de piernas y él a un lado mío conversamos

    Sebastián: Que rica y que puta te ves eh, si te antojas y aparentas ser mujer, pero mi mujer no es tan hermosa como tú te lo aseguro

    Yo: Que pena, aunque gracias por sus comentarios, es lo que busco cuando visto de mujer, verme como una y ser muy bonita

    Sebastián: Lo lograste

    Él me acaricio las piernas, se acercaba cada vez más y yo como pude me acomodé sentada para que también si lo quería me agarre las nalgas, lo entendió muy bien, me beso, me metía mano, yo tocaba su verga sobre su pantalón, poco a poco se endurecía, se sentía muy bien, nos paramos sin dejar de besarnos y lo tuvimos que dejar de hacer, pues con prisa nos desnudamos y volvió a besarme y me acaricia todo, me abría las nalgas, me daba nalgadas y me decía puta y cosas así, yo solo me dejaba hacer, me puso de espaldas a él, me pasaba su verga bien grande y gruesa por las nalgas y el ano, me encantaba lo que me hacía, de pronto, de un empujón, sin saber como lo hizo, me la metió toda sin dolor, aunque se quedó quieto unos momentos, luego empezó a meter y sacar la verga una y otra vez, así durante como media hora o un poco más mientras yo gemía y le decía, cógeme, hazme tuya, soy tu puta y cosas así, hasta que sentí su leche en mi ano, se vació y yo sentí rico y caliente, luego lo saco, me arrodille y se la mamé, como otra media hora, se volvió a venir, con su rica leche caliente y me lo trague todo, la verga por completo y la leche, no se como la aguante, pero estaba como posesa, me tenía en el cielo, por así decirlo, en fin terminamos exhaustos, abrazados, sus brazos fuertes era tan tierno el momento, pero bueno, todo tiene un final, lamentablemente, aunque intercambiamos números, me lo hizo increíble, fue de lo mejor para mí y espero que para él también.

    Por si quieren platicar y así, les dejo mi correo.

    Mi correo es: [email protected]

  • Después de la pandemia

    Después de la pandemia

    Había pasado cerca de dos años desde que regresé a mi casa,  todo estaba volviendo a la normalidad, la pandemia dejaba una estela de muerte y familias fragmentadas, una de esas víctimas habría sido mi suegro. Escucho una mañana que tocan la puerta de mi hogar, sorpresa mi suegra, estaba rejuvenecida, ese tiempo lo invirtió en hacer dieta y ejercicios, la muerte de su esposo le sentó bien.

    Mi esposa la recibió y le dijo que descansara, mi mujer se alistó para salir para el trabajo, no tardó ni cinco minutos en presentarse mi suegra en bata de dormir, se notaba que no llevaba nada debajo, sin más preámbulos me dijo que había vuelto por lo suyo, tomando mi pene con una mano y acariciarlo con suavidad, sentándose en una silla sacó mi miembro de mi shorts y lo besó y succionó con gran pericia.

    Luego de un buen rato me sentó en la silla, me dijo que le abriera las nalgas y sentándose se empaló hasta el fondo, gimiendo y gozando, haciendo movimientos circulares, cada cierto tiempo subía y bajaba, me decía que era mi perrita, que siempre sería mi putica, quería tener mi pene hasta el fondo, cambiamos de posición y se puso en cuatro, la penetré por su vagina bastante tiempo hasta que alcanzó un orgasmo, cuando iba a acabar me ordenó que le llenara el culo de leche, así mismo hice.

    Después de bombear con fuerza me vacié dentro de sus entrañas, ella gritó de placer, agotados decidimos desayunar, me comentó que su yerna y su hija (mi cuñada) también me extrañaban, que en cualquier momento retomaríamos nuestras aventuras.

  • Mi compañera Laura

    Mi compañera Laura

    —No les vas a decir nada de esto a Lucas?

    —Quédate tranquila que no le voy a decir nada.

    Entonces abrió su boca y me empezó a practicar el mejor sexo oral de toda mi vida, pero quien es ella se estarán preguntando. Ella se llamaba Laura y era una rubia de unos 19 años que me tenía tontísimo debido a su cuerpo. No era una rubia tetona o culona sino todo lo contrario, tenía senos pequeños y un culito como una manzanita. A ella la conocía porque era la novia de mi hijo Lucas y aparte porque trabajaba conmigo.

    Lau como así la llamaba de forma cariñosa era una chica que quería trabajar pero los empleos que conseguía eran un poco mierdas así que la ayude a que ingresara a trabajar en el banco en donde trabajo ya hace un par de años. Obviamente no le conseguí un puesto al nivel del mío, pero por lo menos iba a tener un buen sueldo e iba estar bastante cómoda haciéndolo. El puesto que le conseguí fue como una de las dos chicas que hacen promociones de una tarjeta de crédito en la recepción del banco.

    Entonces como ella empezó a trabajar conmigo tenia que pasarla a recoger todos los días y era un placer hacerlo porque por un lado ella iba feliz siempre a trabajar y eso a mi me encantaba, y por otro lado, el uniforme que debía usar le quedaba infernal. Ella se tenía que vestir toda de rojo con una calza que hacía que se le marcase bien el orto y con una especie de top que tenía una pequeña abertura que dejaba que se le viese el escote. Además debía usar la típica gorrita con el logo de la tarjeta de crédito.

    Como les decía anteriormente ella iba feliz a trabajar ya que le encantaba el puesto que le había conseguido, por lo tanto, estaba muy agradecida conmigo así que me lo agradecía dándome un abrazo y un beso cada vez que se subía a mi auto. Debido a este comportamiento de ella la empecé a querer así que yo también la abrazaba y le daba besos pero no como ella lo hacía sino que a veces la sorprendía por detrás y le colocaba mi brazo alrededor de su cuello para luego darle varios besos en la mejilla. Por todo esto y más nos volvimos muy cariñoso con las semanas, por lo tanto, yo que soy muy confianzudo empecé a agarrarla de la cintura convirtiéndola en mi chica y yo en su hombre.

    Todo el mundo empezó a sospechar que teníamos algo, así que nos consultaban y ambos decíamos lo mismo, que éramos como padre e hija a pesar de que teníamos un comportamiento medio raro. Por un lado ellos nos veían siempre juntos y abrazados y por otro lados veían cuando yo la chuponeaba toda y esto ocurría porque mis besos con las semanas se convirtieron en una especie de chupones que recorrían su cuello y terminaba en su mejilla. Así era nuestra relación, nos queríamos mucho y lo demostrabamos ante todos pero hasta ese momento no llegó a ocurrir nada entre nosotros.

    Una noche luego de salir de trabajar fuimos hasta el estacionamiento (quedaba a unas cuadras y era un edificio de 3 pisos) como todo los días en busca de mi coche, allí en el segundo piso y justo en frente de mi auto ocurrió algo. Yo siempre dejo que ella se me adelante ya que me gusta mirarle el orto, así que esa noche iba detrás de ella mirándola y pasó que ya no pude seguir conteniendome por lo tanto al llegar a mi coche hice algo que no había hecho nunca. Ella que estaba 3 pasos delante mío tomó el camino hasta la puerta del acompañante y yo en vez de doblar e ir hacia mi puerta seguí su camino hasta llegar a ella.

    Entonces yo que estaba loquisimo por ella la agarre fuertemente de la cadera con mis dos manos y empece a chuponearla por todo el cuello como si fuese un vampiro. Ella no dijo absolutamente nada y parecía que le gustaba ya que que después de 2 o 3 segundos inclino un poco su cabeza hacía la derecha para que yo pudiera chuponearle mejor. Esto me condujo a querer tocarla más así que yo deje de sujetarla y empecé a tocarle las tetitas y a decirle cosas que nunca le había dicho.

    —Me volves loco.

    —Estas deliciosa corazón.

    —Tengo ganas chuparte toda.

    Todas estas cosas se las dije cerca del oído y ella me respondía con gemidos con lo cual hizo que le pidiese que me chupase la pija.

    —Chupame la pija corazón.

    Ella se dio vuelta y se arrodillo justo en frente mío, entonces con mi ayuda me abrió el cierre del pantalón y saco mi enorme poronga que se encontraba ya toda pegoteada hacia afuera. Ella que estaba entre la pared y el coche sacó un par de pelos de la punta de mi chota y antes de metersela en la boca me dijo lo siguiente con voz de trola.

    —No les vas a decir nada de esto a Lucas?

    —Quédate tranquila que no le voy a decir nada.

    Entonces ella abrió la boca y se la trago hasta la mitad, luego se la sacó y volvió a metersela nuevamente. Así estuvo metiendo y sacando hasta que yo hice que pasara la mitad ya que la tomé de la cabeza e hice que se la tragara casi por completo por varios segundos. Luego la solté y de su boca cayó saliva que llegó hasta el suelo, después de eso volvió a agarrar mi poronga y me empezó a lamer todo el tronco desde abajo hasta llegar a la punta de mi chota. Allí ella hacía el mejor movimiento que consistía en mover la lengua hacia arriba y hacía abajo como si estuviese pintando la cabezota de mi chota.

    Con los minutos ella se fue excitando más y más hasta que empezó a tocarse las tetas por encima del top, entonces yo que la miraba tocandose quise vérselas así que le subí el top para poder hacerlo. Entonces ella comenzó a apretarse los pezones mientras tenia mi pija metida en la boca y ver eso allí fue algo único y maravilloso. Estaba cumpliendo mi sueño de poder cogermela y como fue la primera vez no aguante demasiado tiempo.

    Cuando sentí que me venía volví a agarrarla nuevamente de la cabeza e hice que se la tragase casi por completo. Entonces dentro de su boca explote y la llene por completo de leche, la cual no le quedó otra que tragarselo. Luego de eso me la saco y le pego varias lamidas con la lengua hasta dejarmela limpita. Después de todo esto ingresamos a mi auto y como hago todos los días la llevé hasta a su casa, luego fui a la mia e hice como si nada hubiera pasado.

  • Mi mejor amigo y yo intercambiamos esposas

    Mi mejor amigo y yo intercambiamos esposas

    Estábamos festejando mi cumpleaños 33. Cuando acabo la fiesta, yo estaba muy borracho. No aguanto bien el alcohol y más o menos a las 3 de la mañana, mi cuerpo empezó a sentirse pesado.

    Lo último que recuerdo es a mi esposa, Verónica, besando los deliciosos labios de Viridiana, la esposa de Caleb, mi mejor amigo. Era un juego de tragos y cartas… y Caleb eligió ese castigo para mi esposa. Caí dormido…

    Entre dormido y despierto, recuerdo haber visto el pene de mi mejor amigo siendo mamado por mi esposa y su mujer al mismo tiempo, el parado de pie sobre el sofá frente al mío, ambas recorriendo con la lengua su verga roja y venosa. Pensé que estaba soñando… Después a Caleb desnudándose completamente mientras Vero y Viri hacían lo mismo…

    Y entonces desperté realmente.

    Me dolía la cabeza y estaba desorientado… y sobre el sofá frente a mí y regada por todo el suelo, la ropa de esos 3. Mi pantalón estaba desabrochado y mi pene de fuera.

    En el piso de arriba… el sonido del sexo.

    Corrí subiendo las escaleras tras abotonarme los pantalones, cada paso sintiéndose como una tortura por el dolor de cabeza. Pero cuando llegué al cuarto en el que dormía con Vero, los vi.

    Mi hermosa esposa completamente desnuda contra la pared, mi mejor amigo de pie detrás de ella, penetrando con su grueso pene la vagina con la que me casé… y Viridiana viendo todo desde la cama, sus piernas abiertas, dedos estimulando su clítoris, una mano estimulando su pecho derecho al mismo tiempo que disfrutaba el espectáculo que su esposo estaba dando con Vero.

    Estuve a punto de lanzarme sobre ellos, pero el alcohol me ganó y caí al suelo.

    Cuando recobré el conocimiento, Caleb, aún con su cuerpo sudoroso, y mi esposa, igual o más sudorosa que él, me estaban llevando hacia la cama, cada uno por debajo de mi hombro. Me aparté y volví a caer, pero esta vez en la cama. Con el habla impedida, hablé.

    «Vayánse a la chingada. ¿Qué putas te pasa, pendejo?»

    «Wey, tranquilo…»

    «No me digas que tranquilo, pinche idiota… te estás cogiendo a mi esposa»

    «Y la mía te mamó la verga, cabrón… si no te hubieras dormido, estarían cogiendo igual de duro».

    Y cuando dijo eso, volvió a ponerse detrás de Vero…

    «No te estés pasando de verga».

    «Amor, amor, fue tu idea, mi vida»

    «Además, dejaste que te mamara la verga», dijo Viridiana, sentándose en el borde opuesto de la cama.

    «Estaba borracho, no mamen».

    «Bueno, pendejo, tú elige: o nos arruinas el momento a todos, o te unes», dijo Verónica.

    Y tras decir eso, mi esposa se empinó para que mi amigo le metiera la verga otra vez más.

    «Wey, no mames, tu esposa te está dando permiso de cogerte a la mía, yo te estoy dando permiso… no lo arruines».

    Caleb lamió su mano y untó saliva en su pene antes de penetrar nuevamente a mi esposa.

    Ver la cara de placer de Vero me hizo enfurecer.

    Estaba a punto de saltar nuevamente cuando mi estado me lo impidió, me eché hacia atrás de vuelta a la cama y me preparaba para intentarlo una vez más… y entonces sentí el cálido y suave cuerpo de Viridiana echándose encima mío.

    Procederé a describirnos a todos, empezando claro por nuestras damas.

    Viridiana tenía apenas 30 años, piel blanca, pero con un delicioso bronceado que la hacía parecer morena. 1.60 de altura, bra 34 e, senos naturales con pezones diminutos, pero areolas marrones amplias. Una cinturita preciosa que coronaba un culo bien formado, casi tan grande como el de mi esposa. Cabello rubio teñido que le caía hasta las caderas, pero recogido en dos moños.

    Vero tenía 34 años, mide 1.70, piel blanca aperlada, bra 36f, operados, sus pezones chiquitos y sus areolas casi invisibles sobre su piel clara. Mi mujer caderona con un culo grande y un cuerpo casi tan esvelto como el de Viri. Cabello negro natural que le cae hasta el abdomen.

    Caleb era un año mayor que yo. Mide 1.70, lo mismo que mi esposa, piel morena oscura, de complexión ancha y muy musculoso. Él, Viri y Vero se conocieron en el mismo gimnasio, donde sus coqueteos empezaron mucho antes de que yo supiera nada de ellos. Su pene mide 15 centímetros de largo y es bastante ancho.

    Yo mido 1.83, soy de piel blanca, en aquel entonces tenía un poco de sobrepeso y me sentía inseguro de mi cuerpo. Mi pene mide 17 centímetros de largo y es más delgado que el de Caleb. Mi cuerpo, además, es muy peludo, otro aspecto mío que me generaba inseguridad.

    Continuando…

    Sentir a Viridiana encima mío me hizo sentir enojado más que excitado al principio.

    «Llevamos horas haciéndolo, Abraham… no quieres tú también cogerte a alguien?», me preguntó a la vez que me metía la mano en el pantalón y agarraba mi pene con firmeza.

    «Quítate a la chingada, Viri…»

    «Lo tienes más largo que mi marido… ¿por qué te preocupas? Si yo fuera tú, le mostraría lo que puedes hacer con algo tan grande»

    Descubrí entonces que me excitaba ser comparado.

    «Viri, de verdad, déjame en paz».

    Ella soltó mi pene en el momento y dejó salir un profundo suspiro.

    «Mira, si quieres de verdad cagarnos a todos el pinche momento, dale. Nada más recuerda que lo cogida nadie se lo va a quitar a tu vieja, y que si te pones en ese plan pendejito después de haber iniciado este desmadre tú mismo, el que va a salir quemado serás tú».

    Se quitó de encima mío y sorprendí al darme cuenta de lo mucho que sus fluidos habían empapado la pierna de mi pantalón. Me enderecé y estaba a punto de pararme… cuando vi esos ojos.

    Caleb estaba follándola muy duro. La tenía agarrada del cuello y con la cabeza hacia atrás… pero eso no evitó que Vero me voltease a ver con ojos de furia. Supe entonces que si paraba esto, lo más probable es que me metería en un problema muy grave con ella.

    «Cógetela, mamón», me dijo Caleb, sin dejar de metérsela a mi mujer, «literal tienes el culito hermoso de mi esposa para que te lo cojas… déjate de mamadas y dale»

    «Caleb… chinga tu madre»

    «Cógetela, Abraham», me dijo Verónica a la que se soltaba el cuello del agarre de Caleb.

    «Somos hermanos, Abraham, me molestaría que cualquier otro wey se cogiera a mi esposa, pero contigo no tengo problemas. Deja de joder y únetenos… Además… mira a Vero», dijo mientras la enderezaba y le pasaba los dedos por su labia expuesta, aún con el pene dentro, «está mojadísima… le encanta que me la coja… ¿no quieres demostrar que puedes satisfacer a mi esposa más que yo? Porque con esa pinche actitud y lo mucho que lo anda gozando… diría que le gusto más a tu esposa que tú»

    Vero sonrió al escuchar esto y sin dudarlo volteó hacia atrás y ella y Caleb compartieron un beso de lengua apasionado.

    Me ignoraron.

    Mi esposa estaba gozando del pene de mi mejor amigo. Él de su vagina. Ambos fingiendo que no estaba ahí, pero viéndome fijamente a la vez que se besaban. Sus ojos parecían los de demonios, burlándose de mí, provocándome.

    Cogerme a Viri… Podía llenarla de mi esperma, podía meterle una vez más el pene en esa boquita con la que besaba a Caleb… Podía hacerlos sentir una fracción de lo que ellos me estaban haciendo sentir.

    Me quité los zapatos a la vez que me quitaba la camisa y después me quité los pantalones y boxers. Aún sentado, desnudo, volteé a ver a Viri, pero ella se adelantó y gateó hasta a mí, acostándose con la cabeza en mis piernas desnudas, abrió mis piernas y se metió mi pene en la boca.

    Su vagina se veía tan… chiquita. Hermosa. Labios rosados, depilada, muy aseada, pero brillosa de tantos fluidos que se escapaban de ella. Me acosté de costado frente a ella mientras mi pene era mamado y gustoso empecé a darle sexo oral. Su olor era fuerte en comparación al de Vero, pero nada me importaba, al contrario, me excitaba. Estaba comiéndome el coño de otra frente a mi esposa, estaba satisfaciéndola frente a su esposo, mi mejor amigo. Qué morbo tan delicioso. Mi lengua era guiada por las contracciones de su cuerpo. Tardé quizá unos 10 minutos, pero la llevé hasta el orgasmo, un violento orgasmo en el que intentó sacar mi cara de entre sus piernas, su clítoris sensible le rogaba un respiro que no le di, ocasionando que se alejara a la fuerza de mí… gateando rápidamente al extremo opuesto de la cama.

    «Qué rico, mi amor, ay, qué rico estuvo», le dijo Viri a Caleb mientras este seguía follando a Vero, pero ahora en el suelo, sobre la alfombra.

    «Aguas, mi vida», le respondió Caleb al verme acercándome a ella por detrás.

    Mi verga estaba sensible, erecta y la mamada me había dejado cerca del orgasmo. Tomé a Viri de los brazos con brusquedad y la arrojé sobre la cama, dejando su espalda contra la cama.

    «No, no, espérate», me pidió, pensando que iba a irme sobre su clítoris nuevamente, pero dejó de resistirse al verme acercando mi mano a mi pene y dirigiéndolo hacia su hermosa vagina. La penetré sin condón, sin consideración alguna inserté mis 17 centímetros hasta el fondo, haciéndola gritar de placer. «Diooos, estás muy grande».

    «¿Muy grande?», preguntó mi esposa a la que Caleb y ella se ponían de pie para unirse a nosotros en la cama, «muy rico, más bien».

    «Sí, Dios, sí, está muy rico»

    Viri claramente lo estaba gozando.

    Ella gemía, gritaba, tenía espasmos. Mi pene le encantaba. No era fingido, podía ver el dolor seguido de placer cada que empujaba mi pene hasta el fondo, sus manos me agarraban con fuerza cuando era brusco y su agarre disminuía conforme le daba más suave, en esos momentos en que necesitaba recuperar la energía sin dejar de darle.

    Mi esposa estaba en una posición parecida. Sobre la cama, a escasos centímetros de mí, sobre ella, Caleb, metiendo su grueso pene, abrazándola, su cara hundida en el cuello de mi esposa. Podía ver su espalda ancha y musculosa, su culo tonificado, sus testículos oscuros meneándose con el movimiento de caderas… lo único que podía ver de mi mujer eran sus manos aferrándose a la espalda de mi amigo, su rostro congestionado de lo duro que él se la estaba cogiendo y sus piernas enrolladas alrededor de su cuerpo. Nunca la había visto así. La estaba satisfaciendo, era claro… de una manera que yo nunca había podido.

    «Sigue así, sigue así, dale, bebé, sígueme cogiendo así», dijo Vero a la que Caleb claramente había encontrado el punto y ritmo adecuado, y él hizo caso, llevando a mi mujer en un par de minutos a un orgasmo tan intenso que la hizo ahogar un grito y perder la fuerza en las extremidades.

    Caleb se salió de mi mujer y la dejó ahí, tirada, los ojos medio cerrados y la respiración agitada. Se levantó de la cama y la jaló de los brazos hacia el borde, donde dejó que la cabeza de Vero cayera un poco antes de meterle el pene erecto. Lo vi claramente por primera vez… entendí el por qué de ese orgasmo. Era muy grueso, muy venoso, impresionante incluso.

    «Le diste un orgasmo a mi Viri, Abraham, lo justo es que Vero tuviera el suyo», me dijo con los hombros caídos y una mirada tan lasciva… era como salido de una fantasía de orgía perfecta. Mi esposa mamando su verga, él con ese porte, Viri rogándome con la mirada que siguiera, el squirt de mi esposa humedeciendo mis rodillas…

    Besé a Viridiana a la que se acercaba mi orgasmo. Iba a correrme dentro. Iba a hacerla mía.

    «Hazlo dentro», me dijo Caleb.

    «Vente dentro», me confirmó Viri.

    «¡Estás enfermo, cabrón!», le grité a Caleb mientras eyaculaba en la vagina de su esposa.

    Me puse de pie, alejándome de ella un momento.

    «¡Puta madre!», grité a la vez que esa primera eyaculación se extendía y soltaba un chorro de semen que salió con todavía más fuerza que el primero y bañaba el erótico y hermoso cuerpo de Viri.

    «Qué rico, amor, qué rico me llenó tu amigo», dijo Viri.

    «¿Estuvo rico?», preguntó Caleb mientras sacaba el pene de mi esposa.

    «Mucho, mucho rico» dijo Viri riéndose.

    «Se escuchó rico», dijo Vero, moviéndose para que Caleb la follara en la misma pose en que acababa de follarme a Viri. «¿Me llenas otra vez, ahora que mi esposo está despierto?»

    «Por supuesto, nalguita», dijo Caleb mientras le agarraba la nalga y una pierna, acercando su pene a la vagina de Vero.

    «¡¿Otra vez?!», grité.

    «Sería la tercera esta noche», dijo Caleb.

    «Qué hija de puta», le respondí.

    «Tranquilo, Abraham… acabas de dejarle tu semen a mi vidita dentro… somos hermanos, cabrón, no me molestaría criar a un pendejito tuyo», metió su pene nuevamente. Y hubiera dicho algo de no ser porque Viri se acercó a mí y se acostó en mis piernas.

    «Se ven hermosos, no crees?», me preguntó en un tono muy calmado, casi antinatural en la situación. No respondí nada, pero ciertamente, se veían hermosos. Caleb era mucho más dulce con ella, la trataba con más respeto y delicadeza de lo que había hecho en esta última hora de sexo que había compartido conmigo y su esposa. «Esto que sientes… eso que tu esposa sentía mientras tu me llenabas… no se puede obtener de ninguna otra forma, además, es su primera vez… disfrútenlo».

    Me dio un beso en la pierna y empezó a acariciar mi barriga y darle besitos, como calmándome mientras Caleb tenía un orgasmo espasmódico y eyaculaba dentro de mi esposa una última vez.

    Fue un momento bellísimo. Es difícil explicarlo, porque hacía una hora, hacía unos momentos, estaba furioso, pero ahora todo era éxtasis. Agradecí que la cama era king size, porque en cuanto Caleb y mi esposa terminaron de besarse y reposar el orgasmo de él, Viri me abandonó y fue a recostarse, con su cuerpo cubierto de mi esperma, con su vagina chorreando mi semilla, encima de Caleb, y Vero se quedó con ellos un rato antes de volver conmigo. Ya había amanecido… y los 4 dormimos juntos. Me sorprendió cómo Caleb abrazó a su esposa sin dudarlo, a pesar de mancharse de mi semen en el proceso. Yo apenas y pude abrazar a Vero sabiendo lo mucho que su cuerpo debía estar cubiertos de fluidos suyos y de Caleb, pero al cabo de unos minutos el sueño me ganó.

    Cuando desperté, Caleb y Viri estaban semidesnudos, vistiéndose, habían tomado una ducha.

    Vero seguía acostada junto a mí, despierta todo este tiempo.

    «Nos vamos, ¿ok?»

    «Con cuidado, sigue dormido»

    «Nos avisas si se pone violento», le dijo Viri.

    «Él no es así, yo hablaré con él».

    Preferí no intervenir. Dejar que se fueran, fingir que no escuché nada.

    Al despertar, le di a mi esposa la cogida más apasionada y deliciosa que hemos tenido en nuestro matrimonio. El día anterior no hubiera tocado siquiera la parte en la que el pene de otro hombre hubiera estado, pero ahí estaba yo. Metiendo mi pene en la vagina que mi mejor amigo eyaculó, besando los labios que habían tocado el miembro de Caleb, gozando de una manera única a mi esposa.

    Claro que lo repetiríamos. Y sería incluso más obsceno, y descubriría incluso más cosas de mi mismo en el proceso.

  • María mi vecina (1)

    María mi vecina (1)

    Era una tarde normal estábamos sentados en el portal de mi casa cuando veo a mi vecina María venir a visitarnos a la casa ya que se había hecho amiga de mi esposa.

    Yo estaba acostumbrado a verla siempre con largas faldas que no permitían ver nada de su cuerpo, era una mujer muy dedicada a sus hijos.

    Pero esa tarde me sorprendí al verla vestida, con un juego deportivo naranja pegado el cual se podía ver lo grande que tenía su vagina y sus nalgas, al ver como caminaba y llegaba más cerca hacia nosotros no lo podía creer lo que estaba viendo, pude comprobar que marcada le quedaba su vagina en ese vestido lo paradita que tenía las nalgas y lo firme de sus tetas.

    Ella saludo y enseguida empezaron ellas a conversar sobre plantas ya que a ambas le gustaba mucho eso, por lo cual se apartaron de mi, y así yo pude aprovechar para ver desde lejos como se movía mi vecina, como movía esas nalgas, como se marcaba su vagina en ese pantalón, después de un tiempo se despidió y se fue, ya caída la noche en mi mente solo estaba la imagen de ese cuerpo divino.

    Al regresar de mi trabajo siempre la encontraba en casa conversando con mi esposa, siempre con un pantaloncito corto el cual siempre le recalcaba sus grandes atributos, y yo siempre imaginando tener todo eso al punto que siempre me calentaba.

    Un fin de semana decidimos tomarnos unas cervezas entre los tres, hubo muchas conversas, música y risas, ella es muy fanática de las baladas románticas el cual yo conocía mucho ya que había sido dj en mis tiempos juveniles, así pasamos parte de la noche comentando ciertos temas musicales lo cual a ella le encantaba, pero hubieron momentos en las que quedábamos a solas y entonces yo aprovechaba para decirle lo bien que le quedaban esos vestidos, ella aceptaba mis halagos con una sonrisa coqueta.

    Un día María llego a casa preguntando por mi esposa por lo cual le dije que no había llegado del trabajo, entonces vi la oportunidad de hablar a solas con ella de decirle lo bien que le quedaban todos esos conjuntos de pantalones de lo bien atractiva que se veía, ellas solo soltaba una risa y una mirada coqueta, me dice “tú también te ves bien, pero lástima que eres casado”, al decirme esto tome la valentía de invitarla a vernos fuera de casa, ella no le gustaba la idea pero después de insistir tanto ella cedió y me dijo mañana a las 9 tengo que dar unas vueltas si quieres me puedes acompañar.

    Al día siguiente en vez de ir a trabajar me fui encontrarme con María, estuve esperando hasta que llegó nos subimos al autobús al estar juntos allí le pude hablar y repetir lo bien que se veía y pude ver que ella se ponía nerviosa que le gustaban mis halagos, le tome la mano mientras viajábamos y conversamos, después de terminar de dar sus vueltas, tomo la valentía de decirle que si podíamos estar juntos a lo cual lo pensó mucho pero al final acepto.

    Nos metimos en un hotel cercano ella la verdad no estaba acostumbrada a estar con otro hombre solo con su marido el cual era una persona bebedora y que no la atendía en nada bien.

    Estando en el hotel la comencé a besar con pasión y el cual ella correspondió, mientras nos besábamos yo movía mis manos por sus nalgas y así poder sentir los dura que las tenia, después de un rato le fui quitando la ropa lo cual me costó un poco por la pena que ella sentía ya que me decía que nunca se había desnudado delante de otro hombre que no fuera su marido, después de un rato pude lograr quitarle el panty y así desnudarla toda, y entonces vi lo que tanto me había imaginado, allí estaba María en la cama sin ropa, por lo cual pude apreciar lo grande que tenía esa vagina, la tenia bien mojada, entonces yo empezó a meter mis dedos en su vagina comencé a tocarla eso hacía que ella le gustara se comenzaba a mover sola para sentir mis dedos, ella comenzó a moverse para sentir mis dedos, unos movimientos que hacían que mis dedos quedaran bien dentro de ella.

    María estaba disfrutando de mis dedos como si estuviera mi pene adentro, para entonces ella tenía la vagina bien mojada, por lo cual me agache y la comencé a mamar, no podía creer que tenía esa vagina en mi boca pasando mi lengua de arriba abajo, jugué con su clítoris un buen rato ya que esto la hacía retorcerse de placer, ya pasado un largo rato de estar mamandosela la acomode en la punta de la cama le abrí las piernas y pude meter todo mi pene, me pedía que me moviera lento que así le gustaba más, yo solo metía mi punta ella me decía que así, que así podía conseguir lo que quisiera, allí estuve buen tiempo metiendo y sacando mi pene de esa vagina mojada, viendo como gemia de placer, oyendo como me pedia que no parara, ya pasado largo tiempo decidi ponerla en cuatro, asi vi esas nalgas grandes y firmes delante mio lo cual comencé a meterlo suave ya para esa hora estaba mas que excitada, lo podía notar por lo floreado que tenia su culito, eso me excitaba cada vez más al ver ese culo floreado, cada vez que yo paraba para admirar esas nalgas firmes o ese culito floreado, me apretaba fuerte y me decía ni se te ocurra sacarlo y así ella misma empezaba a moverse para no dejar de sentirlo.

    Ella quería tener mi pene bien adentro por lo cual me concentre en darle lo que pedía, me decía tu si sabes cogerme no como mi esposo que solo me muevo y ya ha terminado, pero tu si me coges bien sigue así, después de tenerla un rato en cuatro dándole suave me pidió que se lo metiera más rápido, yo empezó a darle con fuerza y podía ver como lo gozaba, me repetía dale fuerte sácame la leche, hazme sentir un verdadero orgasmo y entonces pude sentir lo caliente que tenía esa vagina, y después de un rato fue cuando la escuche decir que se venia que la apretara duro contra mi cuerpo que se iba venir y así lo hizo, fue entonces que observaba el chorro de leche que corrían por sus muslos, ella se dejo caer en la cama de lo rendida que estaba.

    Paso un tiempo tirada en la cama recuperando el aliento, para después decirme que ella nunca la habían cogido así, nunca su marido la había hecho correrse a chorro, se me quedo viendo y me dijo tienes el pene duro eso quiere decir que no te has venido, déjame hacerlo yo ahora, entonces se me trepo encima agarro mi pene y se lo metió, me dijo no te muevas que yo te lo voy hacer y comenzó a moverse encima de mí, a una velocidad suave se podía ver como gozaba cada movimiento, mientras me montaba yo le chupabas sus tetas no quería desperdiciar ningún momento de su cuerpo, al parecer le gustaba que le chupara las tetas, porque pude ver lo excitada que se empezaba a poner, prácticamente me introducía sus pezones en mi boca, eso al parecer la ponía más caliente, al punto que comenzaba cogerme con más velocidad al punto que quedo dándole con tanta fuerza de lo caliente que estaba.

    Se paro y me dijo déjame ponerme en otra pose donde pueda seguir sintiéndote bien adentro, y fue cuando se puso otra vez encima pera esta vez con su cabeza hacia mis pies, volvió a coger mi pene y se lo metió todo, otra vez los movimientos suave que iban subiendo de velocidad a medida que pasaba el tiempo, como golpeaba su vagina contra mi pene al punto que se podía escuchar los impactos del golpe, mi pene estaba a mil y mas al ver esas nalgas como se movían de atrás hacia delante, pasado un rato me volvió a decir apriétame que me vengo, voy a tener otro orgasmo, y fue cuando la agarre por la cintura y la apreté y a la vez le decía que me iba a venir con ella y así mismo fue, soltamos los dos un chorro de leche que solo podía ver cómo le corría por todo sus entrepiernas y así llegar a mojar toda las sábanas de la cama.

    Así acabamos María y yo, rendidos en la cama, prometiéndonos volver a tener otro encuentro.

    Pronto les contaré nuestro próximo encuentro.

  • Mi primera vez fue con Miguel

    Mi primera vez fue con Miguel

    Mi nombre es Francisco, actualmente tengo 59 años y lo que les voy a contar sucedió hace muchos años cuando tenía diecinueve años apenas… una mañana nos pusimos de acuerdo con un mi amigo y compañero de estudio para ir a bañarnos a un rio que pasaba a un par de kilómetros del pueblo.

    Era un día bien soleado, nos juntamos y nos fuimos caminando al rio, al llegar nos desnudamos y nos metimos al agua. Después de unos minutos mi amigo coge un jabón y me dice que le apliqué en toda la espalda hasta las nalgas y así lo hice. Luego el me aplico jabón a mí, y empezó a pasar las manos por toda mi espalda mis nalgas y mis piernas. Y eso nos gustó a ambos, así que seguimos tocándonos todo el cuerpo tanto por detrás como por el frente lo que disfrutamos muchísimo y nuestras vergas se pusieron bien duras y así nos la sobamos mutuamente. Nos quitamos el jabón y él me dice me gusta su cuerpo y yo le conteste y a mí el tuyo, estas bien rico y salimos del agua.

    Tendimos nuestras toallas sobre la gramilla y nos empezamos a tocar todo el cuerpo. Nuestras vergas estaban a punto de estallar luego él me dice quiero besarlo todito y yo a ti le respondí. Empezamos a pasarnos la lengua por el lóbulo de las orejas, el cuello el pecho, el estómago, las piernas mientras que nuestras manos apretaban la verga del otro. Era tan delicioso y exquisito que ambos estábamos a mil y ya no podía más, sentía unos deseos inmensos de tener su verga en mi boca y le dije. Quiero mamarte tu rica verga, él dijo yo también y nos envolvimos en un delicioso 69. Y mientras gozábamos con las vergas en nuestras bocas que entraban y salían deliciosamente, nuestras manos tocaban todos nuestros cuerpos nos apretábamos las nalgas para que las vergas entraran aún más. Después ambos nos pusimos de rodillas y así le mame y chupe la verga a mi amigo, después el hizo lo mismo

    Así estuvimos por varios minutos mamándonos, chupándonos y acariciando nuestros cuerpos desnudos. Después yo me recosté boca arriba con las piernas abiertas la verga super parada y mi amigo me la mamo divinamente que ya no aguante más y explote lanzando chorros de rico semen en mi cuerpo y el de mi amigo. Ahora te toca a ti le dije. Se recostó abrió sus piernas agarre su verga deliciosa y baje mi boca hacia ella y me le metí todita, disfrutando al máximo ese delicioso trozo de carne, el cual lo succionaba con mis labios y toda la boca, después de unos minutos me grito ya no aguanto voy a terminar. Le di un gran chupón me separé para ver como salían esos chorros de deliciosa lechita caliente. Nos besamos y acariciamos todo el cuerpo nos levantamos nos metimos al agua unos minutos donde seguíamos tocándonos las nalgas y las vergas.

    Salimos del agua, nos vestimos y regresamos a nuestros hogares. Felicices y satisfechos de tan rica experiencia que para ambos era la primera vez. No hubo penetración. Pero fue hermoso rico y delicioso. Ese fue mi despertar al mundo bisexual.

  • Necesitaba tener sexo y mi hijo era la mejor opción

    Necesitaba tener sexo y mi hijo era la mejor opción

    Hola, me presento me llamo Lucy, soy una mujer de 45 años, madre de un hijo del que les hablaré más adelante, mido aproximadamente 1.62, soy morena, con piernas y culo bien marcados y tetas grandes, soy trabajadora de oficina así que siempre uso tacones, medias y faldas pegadas.

    Por otro lado está mi hijo de 22 años con un cuerpo bastante bueno por ir seguido al gym con todos los músculos bien marcados y lindo rostro y ya en más detalles con una verga increíble! Ahora les cuento porque.

    Todo comenzó hace unos años que descubrí que mi esposo tenía otra familia y se fue con esa familia dejándonos a mí y mi hijo y de ahí me enfoque en darle una buena vida a mi hijo tanto que descuide la mía en especial en el ámbito sexual.

    Por estar con el deje de ir a citas o a algún club para conocer a alguien en su lugar empecé a comprar juguetes para satisfacer mis deseos sexuales.

    Poco a poco los juguetes se me hacían más comunes y mi cuerpo quería tener sexo de verdad, pero no sabía con quién podría hacerlo hasta que un día (hace aproximadamente 7meses) regresando del trabajo mientras preparaba la comida iría a avisarle a mi hijo que fuera a comer.

    Para mí sorpresa la puerta de su cuarto estaba entre abierta y mire discretamente y lo vi en la cama desnudo masturbándose con mi ropa interior!

    Pensaba entrar y reclamarle, pero me quedé viendo y sentía cosquillas en mi coño y al meter una mano dentro de mis bragas sentiría mi coño húmedo y ya que mi mano estaba ahí empecé a masturbarme mientras lo veía.

    Se veía muy rico y me sentía muy pervertida tocarme al verlo así y murmurar cosas pervertidas mientras movía mis bragas por toda su verga hasta correrse sobre de las mismas dejándolas llenas de semen.

    Se limpio y puso ropa y yo regrese a la cocina simulando que no había visto nada poco después llegó el e incluso me besó la mejilla y todo el día actúe como si nada hubiera pasado.

    Al siguiente día de costumbre él llegaba del gym y se metía a la ducha, yo discretamente lo seguí y vi como de su bolsillo saco otras bragas mías e igual se masturbó (al igual que yo jeje).

    Lo estuve viendo y hacia lo mismo cada día sin falta el me deseaba y después de un mes de verlo así yo también lo hacía y pensaba en tener sexo con él.

    Así que puse un plan en marcha y compré lencería sexi (la cuál no usaba) y para hacerlo más pervertido la usé todo un día en el trabajo para impregnar mi olor.

    Al llegar a casa oculte todas mis bragas para que no tuviera con que masturbarse y el llego de entrenar (me gustaba mucho su olor a sudor por alguna razón).

    Se fue directo «a la ducha» pero en realidad fue a mi cuarto por unas bragas mientras yo me quite el vestido que llevaba en la sala y lo cambie por una bata semi transparente.

    Fui a mi cuarto y vi que está dentro buscando en los cajones y entre haciendo notar el sonido de mis tacones al pisar y decirle.

    Yo: que haces amor?

    El: nada mami buscando algo

    Yo: oh ya ya

    El: sii y…

    En ese momento me volteo a ver con el conjunto de lencería negra completo y de forma sexi frente a él viendo el deslumbre en sus ojos.

    El: mami que llevas puesto?

    Yo: te gusta? Es mi nueva pijama

    El: sii mucho

    Yo: que bien… Me la quieres quitar?

    Se puso rojo de los nervios y yo miraba feliz su erección crecer en su short. Me acerque a él de forma sexi y le quite su playera llena de sudor que se me hacía muy sexi. Ya con su pecho desnudo pegue mis tetas con el sostén a él y el al ver qué era enserio con sus fuertes manos apretaba mis nalgas incluso me dio una nalgada que me gustó mucho.

    Me quite la bata y sin quitarle la mirada me puse de cuclillas y le quite el short y su bóxer soltando un fuerte aroma a sudor y mostrando su gran verga. Me sorprendió su tamaño y forma y al verlo sabía que mi había vuelta atrás así que abrí mi boca y comencé a darle un oral mientras el acariciaba mi cabeza.

    Me sentía muy pervertida y a la vez excitada por chuparle la verga a mi hijo y disfrutarlo tanto estaba salada llena de sudor y eso me gustaba más. Mi hijo me miraba nervioso y sorprendido de ver a su linda y tierna madre hecha una caliente y sucia puta mientras yo lo miraba fijo a los ojos para excitarlo más.

    Lo senté en la cama y metí su verga entre mis tetas presionadas por el sostén y la punta sobre salía así que la lamia con mi lengua y mientras miraba atento mis tetas me quité el sostén para que las viera desnudas.

    Aún después de haber haberlo chupado mucho le puso lubricante a su pene y me quite las bragas quedando con las medias negras de encaje y los tacones sexis mientras me sentaba en sus piernas. Tiempo antes había visto su historial y sabía que le gustaban depiladas así que también me depile para él.

    Pensaba en montarlo, pero el me abrazo y acostó en la posición de misionero (una de mis favoritas) mientras frotaba su verga dura en mi coño y nos miramos excitados y él dijo.

    El: mami no deberíamos hacer esto…

    Yo: shhh solo disfruta amor

    El: estás hermosa mami

    Yo: y muy caliente amor, me ayudas con eso?

    Él dijo que si con la cabeza y empujó su verga dentro de mi no llevaba condón pero no me importo quería sentirlo al natural Y vaya que lo hice sentía cada centímetro de su verga entrar muy excitada no sabía cómo me veía pero a juzgar por su mirada estaba muy sexi.

    Llegó hasta la base de su pene y mi coño abrazaba su verga por completo, se empezó a mover y con cada embestida tomaba más confianza y yo me sentía más pervertida al gemir tanto por la verga de mi hijo y verlo frente a mi.

    El cuarto se llenaba de olor a nosotros y el ruido de sus bolas chocar con mi coño, ya con gran confianza empezó a jugar con mis tetas y tocarme toda mientras me penetraba y yo gemía de forma más sucia con cada embestida.

    El: oh mami!

    Yo: amor!, No pares!, Damela toda!, Aaaah!

    Él se empezó a mover muy fuerte y yo sentía mi mente ponerse en blanco tenía tanto tiempo sin tener sexo que está sensible y su verga era maravillosa y frotabas sus dedos donde está mi clítoris excitándome más.

    Yo soy una amante de la penetración así que sus movimientos eran muy ricos y duros y apretando las sábanas tuve un delicioso orgasmo con la verga de mi hijo, pero el no paro de moverse y eso se sentía increíble. Siguió un buen rato hasta que me dijo.

    El: mami lo quieres en tus tetas o rostro?

    De inmediato supe que se iba a correr y mis piernas se cerraron en el juntos con mis brazos pegándolo a mi con nuestros rostros bien cerca y entre mis gemidos le dije.

    Yo: dentro de mi amor

    Y le di un delicioso beso de lengua y con mis palabras y el beso empecé a sentir su verga palpitar y soltar semen dentro de mi fue muy satisfactorio para mí sentir su semen dentro y más para él no podía creer que había soltado su semen dentro de mi.

    Nos besamos y saco su verga para acostarse a mi lado me veía con una mirada que aún no se creía lo que habíamos hecho. Tomé la sábana y nos la puse y nos quedamos hablando un rato hasta que a ambos nos dio sueño y dormimos juntos.

    Y bueno esa fue mi primera vez con mi hijo y si se lo preguntan no quede embarazada y si seguimos teniendo sexo hasta la actualidad y me hace muy feliz y yo a él. También hemos tenido otras aventuras juntos si quieren que les cuente más díganme en los comentarios, nos vemos.

  • Me estrenaron (2): Andy

    Me estrenaron (2): Andy

    Cada vez que los recuerdos de ese día vuelven a mi mente, soy consciente de que no me sentí avergonzado de lo que ocurrió.  Omar acababa de cogerme y como mi primer macho me marcó grabando en mis recuerdos para siempre esa imagen que al día de hoy me sigue excitando.

    Omar me había taladrado a cuatro patas, con un dominio total sobre mi persona hasta depositar su leche en mi interior y haciendome gemir gustoso. Experimentaba por primera vez algo maravilloso jamás imaginado. Despues con deseo y gratitud, yo le habia chupado la verga hasta exprimirla y beber todos sus jugos sin derramar una sola gota, para luego, como dije antes, mirarlo a los ojos extasiado, orgulloso, amoroso y agradecido, por el placer que me había brindado; por haberme regalado para siempre algo desconocido hasta entonces por mi.

    No había nada de que avergonzarse. Yo seguía arrodillado con las piernas un poco abiertas, mientras un hilo de semen salia de mi hoyito y resbalaba por ellas o goteaba hasta la colchoneta. Mi mejilla recargada en la entrepierna de Andy, percibía la dureza de su tranca y el calor que emanaba de esa zona. Los otros tres: Gabriel, Pancho y Manuel, me miraban atentos mientras cada uno se tocaba su propia entrepierna, con una expresión de excitación en el rostro y, por extraño que parezca, admirando mi cuerpo con deseo.

    Mi lado femenino, se sentía orgulloso. Ahí supe en carne propia lo que siente una mujer cuando la ven con admiración por su cuerpo y su belleza. Y no era para menos, ellos no me miraban como a un hombre, miraban el cuerpo desnudo de una hermosa nena.

    Mi cuerpo era menudito y ya he señalado que en ese momento mi pene era minúsculo pues media menos de 5 centimetros y ni por casualidad estaba endurecido; antes bien, se hundia en mi cuerpo junto a dos casi inexistentes huevitos, por lo que ese bultito mas bien parecia una panochita con su pequeño clítoris resaltado.

    Mi culito, por si mismo respingon, estaba mas hacia fuera por mi posicion y porque yo estaba parando la cola con gracia, de forma inconsciente debido quizás al momento que estaba viviendo. Además, para completar el cuadro, aunque muy pequeños, tenía abultados mis dos pechitos y los pezones duros y paraditos como nunca mas he vuelto a tener, en algo que aun sigo sin comprender, como si algun extraño efecto hormonal me hubiera cambiado momentaneamente.

    Así que lejos de avergonzarme, con el orgullo que sentía, les sonreí mirándolos a los ojos y los dejé admirando mi culito levantado, mis caderas un poco curveadas y mi vientre plano, para concentrarme en Andy que seguia expectante sin moverse de ahí, con mi cara pegada a su cuerpo sobre su ropa. Mientras tanto Omar, se fue a sentar a una butaca cercana, para recuperar sus fuerzas y disfrutar el siguiente show, como espectador de primera fila.

    II – Andy.

    Despegué mi mejilla de la entrepierna de Andy retirándome un poco y notando bajo su ropa una verga gruesa y endurecida. Sin que me lo pidiera, con ambas manos desabroché su pantalón y lo bajé junto con su calzón casi hasta los tobillos. Su enorme pito saltó como resorte golpeando mi cara. Tenía ante mis ojos la verga mas hermosa que he visto en mi vida.

    Era una obra de arte esculpida en su cuerpo, con una cabeza redonda y gruesa como un hongo, como un sombrero… una barra de carne con sus venas asimétricas resaltadas por las que fluía la vida de ese miembro y en la base, dos grandes bolas redondas que parecían pelotas de billar.

    Mirándola hipnotizado, la tomé con ambas manos para rodearla desde la base hasta la cabeza y comencé a besar su punta y a darle leves lametones, chupando y absorbiendo un liquido preseminal no muy espeso, de sabor dulce.

    Si con Omar, el segundo pene que probé, había descubierto que todos son distintos en forma, sabor y olor, con el de Andy lo estaba comprobando y casi podria asegurar que cada verga en el mundo es distinta, como una huella digital. Y la verga de Andy, además de hermosa, olía y sabía deliciosa. Un aroma a manzana y un sabor entre dulce y salado que me motivaba a seguir chupando.

    La dureza de su fierro era absoluta y al parecer yo era el culpable de que Andy estuviera tan excitado, el me miraba desde arriba con los ojos encendidos y era indudable que le gustaba lo que veía. Ya que por si fuera poco, yo mantenía instintivamente la boca entreabierta parando la trompa mientras miraba hacia arriba, como una mujercita que quiere beso de su hombre… como una mascota cuyo único deseo es satisfacer a su dueño.

    Ya sea por instinto o llevado por la práctica, usé mi habilidad de combinar el movimiento de la lengua alrededor de su cabeza, lamiendo como un helado y besuqueándola con mis labios, sin cerrar los ojos y sin dejar de mirar hacia arriba, para provocarlo y motivar esa expresión de macho caliente, disfrutando al complacerlo y llevarlo al extasis. Estaba demostrando que yo era un experto hacienda sexo oral y eso me hacía sentir orgulloso, con el ego hasta arriba al saber que allí, en ese momento, yo tenía todo el poder sobre esa verga.

    Andy acariciaba mi cabeza con suavidad, jugando con mi pelo, respirando agitado, con un leve gemido y sin hablar demasiado.

    – Aaahhh ! Asíiiii… Aaahhh!

    Luego empecé a bajar besando y lamiendo despacio de la cabeza a los huevos. ¡Era una maravilla! Era una verga corrugada y podia sentir sus pliegues en mi lengua y su rugosidad en los labios. Una sensación difícil de describir. Una tarea en la que me entretuve gustoso, usando solo la boca, dejando de tomarla con mis manos las cuales apoyé en sus piernas fuertes y rigidas, lo que incrementó en mi mente el impacto placentero de estar bajo el poder de otro macho.

    Luego empecé a lamer sus huevos y a pasar mi lengua por todas partes, me encantaba ese sabor, pero además, estaba disfrutando el olor que emanaba de sus hermosas pelotas y desde allí seguía pasando mi lengua hasta la punta, embriagándome de ese olor y sabor delicioso de toda su verga.

    Era fabuloso poder saborear ese falo que como dije antes parecía una obra de arte, ancha, larga y con unas venas que remarcaban su dureza. Jugaba a recorrerla usando la lengua desde los huevos hasta la punta una y otra vez y de repente, la metí hasta la mitad en mi boca caliente saboreando sus fluidos, notando como palpitaba en mi boca.

    Me emocioné intentando tragar y tragar lo máximo posible de su verga. Sus gemidos iban en aumento y a mi me gustaba saber que lo estaba haciendo disfrutar.

    -Aaaahh! Asíiiii Juanita… me encanta lo que haces! y te vez hermosa mamando.

    – Creo que eres una putita muy chula!

    – Sigue nena! Sigue! Asíiii!

    -Mmmmm…! Era mi único sonido mientras engullía esa barra caliente

    Yo seguía chupando con muchas ganas su reata, notando como palpitaba y se endurecía. El líquido preseminal emanaba como una fuente y yo lo paladeaba, su sabor me hacia sentir más y más caliente y entregado.

    -Mmmm…!

    Sin embargo, a pesar de lo mucho que estaba disfrutando, hubo un pequeño click en mi cerebro, como un flashazo, en el que tuve conciencia de que lo que estaba haciendo, no eran actividades de un hombre normal. Hasta ese momento yo no había asociado mi actividad de exploración sexual con putería y puesto que a mi me gustaban (y me siguen gustando) las mujeres, empecé a tener pensamientos contradictorios.

    Sin detenerme, sin dejar de mamar y sin dejar de disfrutar placenteramente me preguntaba:

    – Qué estoy haciendo? A mi no me gustan los hombres. Van a pensar que soy maricón.

    – Y si con esto me hago putito, o peor aún “putita” y me tengo que vestir como mujer?

    – Seré Juanita de aquí en adelante? Porqué me excita que me hablen en femenino?

    – Porqué me emociona que me digan nena?

    Porqué siento esas punzadas deliciosas en el culo y porque me encanta tanto mamar esta verga hermosa?

    -Mmmm…! ¡Que verga tan deliciosa!

    Los pensamientos ocurrieron en cuestión de segundos, como también la justificación posterior que me hizo olvidarme pronto del asunto.

    – A lo mejor así es esto de coger y todas las personas sienten lo mismo cuando lo hacen.

    – A lo mejor todos hacen lo mismo pero nadie dice nada para que no los critiquen. Yo creo que es algo que se practica a escondidas y se cuentan en secreto. Por eso todos dicen albures, de “te meto el pito” y todo eso.

    – Creo que debo dejar de preocuparme, todos estan contentos y no veo a ninguno haciendome burla como al afeminado que despacha en la tienda de la esquina o al jotito de la peluquería.

    – A fin de cuentas, estoy descubriendo cosas nuevas y maravillosas que jamás imaginé.

    – ¡Además soy el primero de los seis en sentirlo. Y aún me voy a coger a Omar como acordamos y sabré lo que sintió el, como todo un hombre que por supuesto es lo que soy.

    Así que seguí feliz con mi tarea, inspirado, con la boca llena de verga, lamiéndola desde los huevos hasta la punta, llenándola de saliva, sacándola sin dejar de verlo a los ojos, para después volver a meterla en mi boca y jugando en círculos alrededor de ella.

    Mientras el gemía extasiado, acariciando mi cabello, como se acaricia un perrito, como se soba el lomo o la cabeza de una mascota para hacerle cariñitos, como premio por portarse bien.

    – Ah, que rico mamas Juanita!

    —Ahhh sííí. Así ¡Chupa mi reina! ¡Es toda tuya!

    Y yo tragaba sin poder hablar, aunque en realidad no tenía nada que decir.

    -Mmmm!

    Luego me agarró por la parte de atras de la cabeza con la intencion de enterrarla toda en mi boca. Yo sabía muy bien lo que queria, así que lo agarré de sus nalgas, para dirigir la profundidad con que entraba su verga en mi boca.

    Me maravillé al sentir con mis manos que sus nalgas eran firmes, ásperas y duras; nalgas de macho, nalgas que de algun modo completaban su virilidad, no como mis nalgas blandas de mujercita.

    —Ahhh sííí. Así ¡Chupa nena! ¡así bonita!

    Era excitante sentir esa dureza en mis manos, agarrarme a ellas era como sostenerme de dos barrotes, era sentirme seguro mamando sin preocupaciones; si las rodillas se me doblaran en ese momento, podría aferrarme a el sin caer, sintiendome protegido con su hombría.

    No se cuanto tiempo duré chupando, lamiendo y besando esa rica verga y clavándola hasta el fondo, hasta sentirla en mi garganta. Adentro-afuera, en circulos, arriba-abajo; de pronto me descubri a mi mismo moviendo el culito al mismo ritmo de manera inconsciente, cerrando-abriendo, apretando-aflojando, en circulos rítmicos, seguramente excitando a todos los demás machos ahí presentes.

    De repente me dieron ganas de acelerar mis movimientos de adentro-afuera, combinados con grandes succiones de todo su miembro y y apretones de sus nalgas.

    Luego me sentí forzado a poner mis manos en sus caderas porque ya no era yo quien llevaba el ritmo, era Andy que estaba entrando y saliendo profundamente y cada vez más rápido, hasta que sentí en mi boca como se ponía mucho más dura, demasiado caliente y con pequeñas contracciones, al tiempo que aumentaba sus gemidos apretando mi cabeza muy fuerte para mantener su verga clavada hasta el fondo de mi garganta.

    Y de pronto empezó a soltarme chorros de leche caliente que yo degustaba hambriento.

    —Sí, sí, Señoghfg… ggghf…

    —Ahhh sííí…

    Sentí una explosión hermosa de aquel jugo que sabía a gloria, su leche inundó mi boca en varios lechazos ininterumpidos, mi lengua se bañaba con aquel sabor a hombre, a macho fascinante, un liquido espeso y tibio que yo retenía en mi cavidad bucal para después tragarlo todo, hasta la última gota sin que su verga saliera de allí, para disfrutar y sentir el mayor tiempo posible como poco a poco, se iba desinflando y reduciendo de tamaño.

    Luego me dediqué a limpiar esa hermosa verga, que a pesar de su flaccidez seguía siendo ancha y hermosa.

    Es muy probable que lo mío era un gesto de amor. Por supuesto que mis ojos lo miraban llenos de gratitud, con admiración y sumisión; con un enorme deseo que recorría todo mi cuerpo y que, lejos de disminuir, me tenía totalmente entregado.

    En ese momento hubiera hecho lo que me pidiera: besar sus pies, arrastrarme por el suelo para que me pisoteara, me pateara o me escupiera; en ese momento le hubiera permitido cualquier cosa bizarra que se le ocurriera.

    Pero afortunadamente, ni él, ni mis amigos ni yo, teníamos mucha experiencia en cosas sexuales ni conocíamos aún todos los tipos de perversion que, con los años, fuimos descubriendo.

    En esas circunstancias, la firmeza de sus manos sobre mi nuca tambien disminuyó, y volvió a acariciarme la cabeza y a tratarme como una mascota, lo cual me hacia sentir orgulloso, ya que es muy bonito sentirse querido, aprobado y premiado por el deber cumplido, además de todos los placeres que me acababa de regalar.

    En ese momento, yo estaba en un terrible dilema. No sabía si quería ser tratado como un animalito complaciente o ser mas femenino y que me convirtieran de una vez en una mujercita, porque de tanto llamarme Juanita o nena me había identificado plenamente con ese papel.

    Yo sólo sabía que el culo me punzaba y tenia en mi paladar un sabor a hombre que me mantenia excitado y con ganas de más, pero que cohibido y tímido como era, no me atrevía a manifestar nada de lo que sentía a mis amigos. Si algo quería evitar, eran las burlas que suelen hacerse en esos ambientes a los gays… a los maricones, a los putitos. Yo era hombre, sabía y estaba seguro de que lo era, porque en mi mente sabía que no me gustaban los hombres, que me gustaban las mujeres… en mi mente sabía… ¡Que no sabía lo que quería ser o hacer de ahí en adelante!

    Todos seguían expectantes, sonrientes, mirandome con deseo, pero yo no estaba dispuesto a ser humillado y a que se burlaran de mi. Habíamos acordado ese juego, en el que todos cogeríamos entre todos, yo ya había hecho demasiado, me tocaba cogerme a Omar y así se los manifesté.

    – Omar, ya me toca cogerte – dije con una voz pequeña y temblorosa.

    -Claro que si, yo estoy listo para que me metas tu verguita, respondió con una sonrisa sarcástica mientras miraba mi entrepierna.

    Miré hacia abajo y no supe que decir al no ver mi pitito por ningun lado. Parecía que se había enterrado por completo, detrás de una pequeña pelambre que comenzaba a tener en esa edad.

    – Así es, te toca cogerte a Omar – dijo Manuel.

    – Pero primero se te tiene que parar la verguita. Si quieres mientras te recuperas voy a proponerte algo que pienso que te va a gustar y hasta vas a salir ganando.

    Con curiosidad, de estar arrodillado con las piernas semiabiertas, me senté sobre la colchoneta para escuchar con atención la propuesta de Manuel.