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  • Viernes de encuentros

    Viernes de encuentros

    Viernes de encuentros. Los dos agotados después de una jornada larga de trabajo.

    Viernes de agosto sin frío.

    La charla comenzó compartiendo unos tragos.

    En el comedor silencioso de mi casa solo se escuchaban nuestras voces. Temas nunca faltan, desde política, familia, nostalgias, anécdotas y de fondo música de los 80′.

    Un cruce de miradas lujuriosas dio el pie pasa comenzar a besarnos desenfrenadamente, nuestras manos recorrían el cuerpo del otro, descubriendo tu erección y la humedad entre mis piernas.

    Besándonos llegamos a la cama, donde sin respiro nos liberamos de la ropa.

    Dimos rienda suelta al deseo, instante exquisito, besos caricias y sentir el calor compartido por ambos cuerpos sedientos de placer.

    Miradas cómplices, mordiscos en el lugar preciso, mi boca instintivamente lamio y saboreo tu pene.

    Mis gemidos se escuchaban en toda la habitación mientras tu lengua pasaba por cada lugar de mi cuerpo.

    Termine encima tuyo cabalgando a un ritmo desenfrenado…

    En ese preciso momento cuando ya el placer no podía ser más, tu semen lleno mi sexo y mi orgasmo lo acompaño…

    Casi sin aire… tratando de regresar a la calma y deseando más de lo mismo nos dirigimos a la ducha para continuar con lo que más nos gusta…

  • Relato 16 (parte 2): Putas, pero sin cobrar

    Relato 16 (parte 2): Putas, pero sin cobrar

    Las dos acabamos una y otra vez, y tocan el timbre.

    Me levanto y le digo a ella que prepare unos tragos, camino hacia la puerta y me siguen temblando las piernas del orgasmo que tuve con mi dulce amiguita, miro por la ventana y estaban Enrique y mi otro compañero, ya de solo pensar que en minutos estaríamos cogiendo todos, me hacia calentar abro y el primero que pasa es Juan, ese día este estaba distinto, como si Enrique le hubiera dicho algo en relación a lo que seguramente estaba por pasar.

    Juan se dirige a la cocina, ella estaba allí con sus dos tetas recién chupadas y los pezones que sobresalían de la trama del vestido, yo le recomendé que no se ponga las bragas, así su aroma a conchita recién cogida se notaria mas.

    Entra Enrique y ese bulto hermoso que tiene, lo saludo y apoyo mi mano en su verga, así de una, y le digo en el oído- que ganas tenia de que vinieras así, duro como siempre te vas- ni llegue a cerrar la puerta y el me pone contra la pared y me apoya la pija en la concha, mete la mano por debajo del vestido, introduce sus dedos y me besa, cierra la puerta y seguimos besándonos muy intensamente, le abro el pantalón, saco la pija y lo masturbo, me abre el vestido y comienza a chupar mis tetas, Juan y mi amiga estaban en la cocina y ni se percataban de lo que ya había comenzado en el comedor.

    Mientras tanto ella sabia que yo estaba cogiendo le dice a juan, que mire al comedor y le diga que es el ruido que ella escuchaba, Juan nos mira y sonríe casi ingenuamente, vuelve a la cocina y le dice que yo cogía con Enrique mientras ella ya estaba desnuda sobre la mesa, Juan se acerca la besa y le abre las piernas, se la empieza a chupar y Enrique y yo escuchamos como mi amiga grita de placer, gime, y me dice- vamos a mirar – nos dirigimos a la cocina y nos sumamos a la cogida me acerco a Juan y entre los dos le chupamos la concha y yo le beso el culo.

    Enrique le mete la pija en la boca y Juan me empieza a tocar toda, ella me mira, se que quiere que Juan me haga el culo, Juan como si supiera, me empieza a meter la lengua en la conchita y los dedos en el culo, me lo empieza a coger y yo sigo provocándole acabadas a ella con la lengua y dedos, Enrique tiene una verga enorme, ella se entretiene con sus huevos y el le masajea las tetas, se las escupe, yo sostengo sus pezones y el hace un 69 y le chupa la conchita; yo subo la pierna a la mesa, Juan sigue haciéndome el culo, y acerco la conchita a la conchita de ella, el chupa y juega con las dos, mi amiga le pide a Enrique que me coja la concha, y entre Juan y Enrique me cogen duro, ella nos toca, nos mira, se toma un vino y se apoya en la mesada, ellos están a full conmigo.

    Enrique esta acostado boca arriba sobre la mesa, yo cabalgo y juan me sigue haciendo el culo, siento la leche de juan corriendo en mi concha y en el culo de Enrique, me mira y me dice – esto querías-,- si le contesto-… a Juan no se le baja! se dirige a la pileta y se lava, se acerca ella y le chupa el culo y las bolas a Enrique, me masturba la concha con esas uñas largas que me enloquecen, el me agarra las tetas y las muerde, Juan se acerca y le chupo la pija, le pido leche a los dos, ellos me la dan, tengo los pezones con mucha mucha leche.

    Enrique se corre y termina también sobre mis tetas, ellos se sientan y ella se acerca, nos besamos, me dice -gracias-, y seguimos cogiendo las dos mientras ellos toman vino y nos miran, se tocan las pijas para seguir en un rato…

  • Los cinco sentidos (séptimo capítulo)

    Los cinco sentidos (séptimo capítulo)

    Estaba amaneciendo cuando Tania se despertó, no sabía que hora era pero escuchó a Rodrigo en la cocina. Se levantó y después de lavarse la cara se dirigió hacia donde su marido.

    -Buenos días amor -se acercó adonde estaba sentado y lo abrazó por detrás y se besaron.

    -Buenos días cariño -la miró con cariño, estaba hermosa así recién levantada. Inevitablemente se acordó de la extraordinaria sesión de sexo que habían pasado juntos hacía escasas horas. Desde que se habían casado sentía que aquella época era la mas intensa sexualmente y los dos disfrutaban de sus encuentros íntimos mas que nunca. -Has descansado?

    -Si cariño, me dejaste muy relajada -le sonrió recordando que esa noche de nuevo había tenido bastantes orgasmos en los brazos de su esposo -Te amo cielo.

    -Yo también te amo mi vida.

    Cuando Rodrigo se fue, se dispuso a ducharse. Definitivamente creo que estoy convirtiéndome en una adicta al sexo, pensó mientras se ponía su ropa de deporte. Aún era temprano y pensó en Braulio.

    Le fue fácil superar el muro para encontrarse en el jardín de su vecino y acto seguido ir al lateral de la casa. Levantó la maceta que Braulio le había dicho y bajo el paño de cocina alli estaba la llave. Entró en la casa con cuidado de no hacer ruido y de puntillas fue hasta el salón. Se desnudo totalmente. Escuchó la respiración de Braulio, señal de que dormía profundamente y eso le gustó. Se sintió inmediatamente excitada cuando al meterse en la cama y abrazarlo comprobó que también estaba totalmente desnudo. El cuerpo de ese hombre estaba caliente. Braulio se movió al sentir su abrazo y ella sintió un irrefrenable deseo de tocar su cuerpo. Sentido del tacto. Siéntete libre en esta casa.

    Llevó su pequeña mano al pecho de ese hombre y lo acarició. Le gustó la sensación de acariciar aquellos suaves vellos. Acarició los pezones varoniles y escuchó como su vecino suspiraba. Le acarició el cabello, estaba despierto, en silencio, dejándola hacer. El cuerpo de Braulio se estremeció cuando su mano bajó por su estómago. Ella apoyó la mano sobre su pene y éste se endureció al momento. Se lo acarició, acarició su glande muy suavemente, pasó los dedos por toda la longitud de aquel miembro. Cuando abarcó con su mano los testículos de su vecino estos rebosaban por los lados. Mano pequeña, testículos grandes, era imposible acogerlos por completo. Estaba excitada descubriendo con su mano el cuerpo de aquel señor. Esta vez fue ella la que se estremeció al sentir la mano de su vecino acariciar su espalda, él también deseaba descubrir su cuerpo y ella se movió para facilitarle el trabajo. Suspiros, esta vez femeninos cuando aquella mano abarcó su pecho. Mano grande, pecho mediano. Sintió su teta totalmente dentro de la mano de ese señor. Ella presionaba los testículos, él su teta. Oscuridad total, solo disfrutar del tacto, sin verse. Tania flexionó una de sus piernas, si aquel hombre deseaba descubrir su cuerpo ella se lo iba a facilitar, acarició con su dedo el pene. Sintió la mano bajando y esta vez fue el dedo de él el que acarició su coño. Estaba empapado. Le gustaba aquel juego, era excitante, placentero. Tania agarró su polla y sintió aquella mano sobre su vagina. Si ella acariciaba el gordo glande, él le acariciaba el clítoris. Si lo masturbaba, él movía su mano sobre su coño masturbándola a ella. Gemidos cada vez mas intensos. Sexos mojados, calientes. Tania se retorcía de placer, él temblaba de gusto. Necesitaba correrse en la mano de aquel hombre. Sabía lo que tenía que hacer para conseguirlo. Agarró con deseo su polla y la comenzó a mover rápido, le estaba haciendo una paja y ella quería lo mismo. Y ese hombre metió sus dedos en ella volviéndola loca de placer. Se corrieron juntos mojándose las manos, mojando el colchón.

    Se fueron a caminar como cada mañana, le comentó que esa tarde volvería a tener una nueva sesión con Estela. Sería a la misma hora.

    -Le gusta el culo de mi amiga? Ayer se lo miraba mucho, me di cuenta eh!!

    -Tiene un culo bonito, las dos tenéis culos hermosos.

    -Pero el de Estela es, como dice ella, llamativo, siempre le dio vergüenza eso. -se moría de ganas por preguntarle que habían hablado la tarde anterior pero sabía que no podía, se lo había prometido.

    -Le da vergüenza su culo? -recordó como aquella joven se estremecía cuando le masajeó las nalgas.

    -Si, desde muy jóvenes lo decía. -Tania siempre había pensado que le gustaría tenerlo como ella.

    -Y a ti te avergüenza el tuyo?

    -No es tan llamativo.

    -Te gustaría que te lo tocara yo? -había sentido que Tania envidiaba esa parte de la anatomía de su amiga.

    -Si me gustaría mucho.

    -Cuando caminas delante de mí mueves tus caderas exageradamente, creo que inconscientemente me estás diciendo que te lo acaricie.

    -Si lo hago no es a propósito. No sabia que lo movía así -sintió reparo de saber que caminaba así -Que vergüenza!!

    -Vergüenza ninguna joven. El cuerpo emite señales que ni siquiera nosotros mismos somos conscientes de ello.

    -Ya, pero no sé.

    -Tienes un culo precioso.

    -Gracias!!

    Cuando llegaron a casa se despidieron con un beso, Tania le dijo que le diera un beso de su parte a su amiga. Esa tarde tenia que hacer unos recados y no sabía si coincidiría con ella.

    Estela llegó a casa de Braulio cinco minutos antes de la hora a la que habían quedado. Estaba haciendo café cuando sonó el timbre de la puerta. Le abrió enseguida.

    -Pasa Estela. Estaba haciendo café, quieres uno? -se hizo a un lado para dejarla pasar.

    -Si por favor, con un poco de leche. Puede ser?-se quedó de pie delante frente a él y se dio cuenta que la miraba detenidamente. -Todo bien?

    -Si, todo bien. Te queda muy bien ese vestido -llevaba un vestido veraniego blanco que hacía destacar su piel morena, era discreto, por debajo de las rodillas y sin nada de escote.

    -No sabia si ponérmelo, soy muy indecisa con la ropa que ponerme.

    -Siéntate, hablemos sobre eso -cuando volvió de la cocina la vio sentada donde el día anterior -Ten tu café

    -Gracias.

    -Quieres hablarme sobre porque te sientes indecisa con tu vestuario? -Braulio se sentó en el otro lado del sofá.

    -Es que nunca se que ponerme. Si me pongo vaqueros o legins mi pompis destaca mucho, creo que demasiado y me da rabia.

    -Por que te da rabia?

    -Porque ya sabe, los hombres parece que solo les interesa eso. No soy un trozo de carne. Y mi marido muchas veces me hace sentir así. Ayer cuando me dio el masaje sentía que hacía mucho tiempo que nadie me acariciaba por el hecho de hacerme sentir bien a mi.

    -Te avergüenza tu pompis como le llamas tú?

    -No se si es vergüenza, quizás si -nunca se había atrevido a decirle a nadie que sus nalgas eran su punto débil y que le encantaba darse palmadas en ellas -Es una parte de mi cuerpo especial para mi y si me lo miran, como esos chicos hacen cuando llevo ropa ajustada, me fastidia.

    -Ayer sabes que cuando estabas tomando el sol pude mirar tu culo, era una situación que podría pasar en una playa. En la playa cuando te lo miran, te da rabia?

    -Si, mucha. Y no sabe la cantidad de groserías que me dicen.

    -Y cuando yo te lo miraba sentías rabia?

    -No porque era distinto, usted lo miraba de una manera diferente.

    -Antes dijiste que era una parte de tu cuerpo especial para ti. Por que lo dijiste?

    -No se explicarlo…

    -Adoras tu culo Estela y creo que lo que te da rabia es que esos chicos lo vean como algo más, sin darle la debida importancia.

    -Cree que es eso?

    -Estoy convencido de ello. Tu marido te acaricia el culo?

    -Nunca lo hace, es un tonto.

    -Creo que inconscientemente te molesta mucho eso y por eso se lo reprochas.

    -Es que me gustaría que mi Andrés me lo acariciara, que lo agarrara, no sé.

    -Ayer cuando yo miraba tu culo. Que sentías?

    -Sentía su mirada y me gustaba mucho.

    -Quieres continuar la conversación tumbada boca abajo?

    Estela se quedó pensativa recordando el día anterior y lo que había sentido. Se giró despacio, acercándole un cojín, se lo ofreció para que apoyara su cabeza en él. Ella así lo hizo.

    -Muchas veces pecamos de dar por hecho que nuestras parejas tienen que saber nuestros deseos. – Braulio le hablaba con calma y eso la relajaba -Alguna vez le has pedido que te acariciara el culo?

    -No, nunca lo hice por vergüenza. Él ni siquiera sabe que es la zona de mi cuerpo mas especial para mi.

    -Debes aprender a pedirle lo que desees. La comunicación es fundamental en el sexo de una pareja. Si no expresamos nuestros deseos surge la frustración. -sus manos la descalzaron despacio y comenzó a masajear sus pies. -Por que te avergüenza pedírselo?

    -No lo sé. -al sentir el contacto de aquellas manos se sintió excitada y su voz era entrecortada.

    -Si lo sabes pero bloqueas tu mente.

    -Es que me da vergüenza que mi marido se entere que mis nalgas son demasiado sensibles, que son mi punto débil. -era una liberación estar diciendo aquello -Yo soy una mujer normal y no quiero que mi Andrés piense que soy una bicha rara.

    -Claro que eres una mujer normal y tu marido no tiene que pensar mal de ti por lo que sientes o deseas. Nadie pensará mal de ti porque desees cosas diferentes.

    -Usted no piensa mal de mi porque me pase esto?

    -Jamás pensaría mal de ti y conmigo quiero que te sientas tranquila de decir lo que sientas, debes expresarte con libertad para quitarte de encima esa carga que te oprime durante años. Creo que tu culo es un tabú para ti.

    -Nunca había hablado de mis pompis con nadie así.

    -Pompis no, di la palabra con naturalidad.

    -Bueno, de mi culo.

    -Eso es, con naturalidad. Háblame de tu culo.

    -No se que decir de él.

    -Todo, dime todo sobre tu culo.

    -Mi culo es demasiado sensible, cuando de joven mis novietes me lo tocaban yo sentía que me gustaba muchísimo y tenia que masturbarme al llegar a casa. Me sentaba en el suelo del baño y sentir las baldosas frías en mis nalgas me hacía estremecer y me tocaba allí, en el suelo. -por primera vez confesaba aquellas cosas -mis novios me tocaban la vagina, las tetas, a mi eso me encantaba pero también deseaba que me agarraran las nalgas pero no lo hacían casi nunca.

    -Ayer cuando te las masajeé que sentías?

    -No se explicarlo. Liberación de que sentir que me las masajeaba, podía sentir que las miraba de una manera distinta.

    -Era admiración Estela.

    -Admiración?

    -Si – escuchar que aquel señor admiraba sus nalgas la hizo estremecer. -Tienes un culo digno de admirar.

    -Tanto le gusta?

    -Si, solo verlo uno puede percibir cuan sensible es.

    -Puedo? -Estela llevó sus manos hacia el borde del vestido.

    -Si, puedes.

    -Gracias -subió el vestido hasta la cintura dejando su imponente culo desnudo.

    -Espera -Braulio se levantó y volvió con dos almohadones que colocó bajo el cuerpo de aquella joven, quedando su culo levantado. Se sentó de nuevo y comprobó que en esa postura ni siquiera podía ver la cara de ella, solo su culo. -Estás cómoda?

    -Si -se sentía muy excitada con esa posición. Sentía que sus nalgas eran las únicas protagonistas en aquel momento. Lentamente deslizó su braguita hasta la mitad de sus muslos.

    -Así podré admirar tu culo como se merece.

    -Gracias!!

    Siguieron hablando durante un tiempo. El mirando aquellas nalgas, ella expectante por si ese hombre pondría sus manos sobre ellas, pero ese momento no llegaba y ella era lo que mas deseaba en esos instantes.

    -Quiere tocarlas? -desesperada por su sensación de ser tocada se decidió a preguntárselo.

    -Me gustaría mucho

    -Hágalo por favor.

    Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando sintió aquel dedo rozar sus glúteos, ese señor estaba pasando la yema de su dedo por ellos, despacio, muy despacio ,como dibujándolos. Desde donde termina la espalda hasta el comienzo de su pierna, primero un glúteo y después el otro. Acariciaba por fuera, por la zona interior casi rozando su ano.

    Braulio sentía una sensación indescriptible, aquella piel era suave. No podía apartar la vista de aquel culo. Después de varios minutos pasando su dedo suavemente por ambas nalgas, decidió dar un paso más y apoyó ambas manos en ellas. Las agarró con fuerza, una fuerza precisa que hizo que esa joven gimiera. Pudo comprobar que lo que le había confesado era cierto, aquel culo era muy sensible. Al contrario que la tarde anterior, en ese momento no era un masaje, eran caricias.

    Estela estaba muy excitada, aquel señor le acariciaba las nalgas de una manera que nadie había hecho. Sentía como aquellas manos grandes las agarraban, sentía aquellos dedos hundirse en sus carnes como si de un alfarero moldeando barro se tratara. Sintió como ese hombre separaba sus nalgas y sintió vergüenza de sentirlas abiertas y saber que podía ver su ano pues nadie se lo viera nunca.

    -Braulio eso no por favor.

    -Te desagrada que separe tus nalgas y que mire entre ellas?

    -Me da muchísimo reparo.

    -No te preguntado si te daba reparo. Te desagrada?

    -No, pero nadie me lo había mirado antes.

    -Solo lo he visto yo? -ella afirmó con la cabeza, la excitación le impedía hablar mucho. -Tienes un ano hermoso. Todo el conjunto es digno de admirar.

    Gimió de nuevo cuando sintió la yema del dedo rozar en ese punto tan íntimo. Se sintió inmensamente feliz al sentir como alguien podía tratar con tanta ternura a su tan ignorado ano. Ignorado por todos hasta ese día. Aquel señor se lo acarició despacio, con cariño. Su agujerito se abría y cerraba como agradecido por aquella muestra de ternura. Ella gemía excitada, estaba segura que aquellos almohadones donde tenia apoyada su vagina estarían mojados por los flujos que esta derramaba. Necesitaba frotarse contra ellos y comenzó a moverse. Primero despacio para, poco a poco, ir aumentando los movimientos de sus caderas. Su excitación la hizo moverse muy deprisa, fuerte. Aquel dedo masajeando su ano y aquellos almohadones eran la fuente de un placer intenso y se corrió. Se corrió entre espasmos de placer. Braulio la acarició para tranquilizarla, aquella joven estaba muy falta de cariño.

    Tania terminó de hacer los recados, eran las seis de la tarde. Había aprovechado para hacer unas compras. Caminaba distraída cuando escuchó que alguien la saludaba. Casi se muere de la vergüenza cuando vio que el hombre que la saludaba era Carlos, el señor de la cafetería.

    -Hola! Que sorpresa verte por aquí. Pensé que no te vería mas después de lo de la ultima vez.

    -Hola señor Carlos -se puso nerviosa al tenerlo frente a ella. -Estaba haciendo unos recados.

    -Vas muy cargada -llevaba varias bolsas en sus manos -permíteme que te ayude por favor.

    -Fui a comprar algunas cosas y algunos regalos -sin darse ni cuenta aquel hombre le cogió las bolsas para ayudarla.

    -Puedo saber que has comprado?

    -Un libro para mi marido, un reloj para mi madre y ropa. Quería pedirle perdón por lo del otro día, como le dije estoy casada y me asusté.

    -No te preocupes, lo entendí. – aquel hombre aceptó sus disculpas -Ropa para ti?

    -Si, la ropa es para mi.

    -Y que te has comprado? Puedo saberlo?

    -Unos pantalones, camisetas y un biquini.

    -Me encantaría ver como te queda ese biquini. Quieres venir a casa y vemos como te queda?

    -Es que me da miedo, no le conozco y además estoy casada.

    -Aunque estés casada a ti te gusta que te mire, a mi me gusta mirarte. Que mejor ocasión que esta para que volvamos a disfrutar de eso?

    -Pero no sucederá mas que eso?

    -Te doy mi palabra que no te pondré una mano encima. Vamos! -Carlos comenzó a caminar y ella lo siguió sin decir nada.

    El piso de ese señor quedaba cerca, subieron en silencio. Tania se sentía nerviosa recordando como aquel hombre la había mirado aquellas veces en la terraza de la cafetería. Una vez en su casa Carlos apoyó las bolsas sobre una silla. Ella se quedó de pie frente a él sin saber que hacer.

    -Coge el biquini. Puedes ponértelo en el baño, es esa puerta.

    -Estoy muy nerviosa. -se acercó a las bolsas y sacó el biquini.

    Cuando salió del baño vio a Carlos sentado. La miraba de arriba abajo, ella se acercó y él le ofreció una taza de café con leche.

    –Siéntate como si estuviéramos en esa terraza.

    -Tania se sentó frente a él y dio un sorbo a su café. La mirada de aquel hombre era descarada hacia sus piernas, hacia sus muslos. Sintió como la miraba entre las piernas y comenzó a sentirse excitada. Pies juntos y fue separando sus rodillas. Él la miraba entre las piernas y ella miró entre las piernas de él. En esta ocasión no iba de traje sino con un pantalón corto y vio como el bulto que se había formado entre las piernas de ese hombre era evidente. Imitando su gesto ese señor también separó sus rodillas.

    -El otro día tus bragas blancas me permitían ver tu coño.

    -Lo sé, transparentaban.

    -El biquini te queda muy bien, pero me gustaba ver lo de debajo. -la mano de ese hombre estaba sobre su bulto, se lo acariciaba.

    Estaba muy excitada y recordó la sensación de estar en aquella terraza mostrando su coño a aquel desconocido. Giró su cara hacia el otro lado de la sala y acercando su mano al biquini lo apartó. Estaba mostrando su coño a su admirador y lo escuchó suspirar.

    -No deseas mirarme?

    -Me da vergüenza.

    -Mírame

    Despacio volvió a mirar hacia ese hombre y lo que vio la dejó impactada. Se había bajado el pantalón y se estaba masturbando. Aquel pene estaba totalmente duro, era grueso, mas grueso de lo que ella había conocido en su marido y Braulio. Aquella imagen hizo que se vagina se empapara. Cuando vio como ese hombre agarraba su polla y comenzaba a pajearse gimió. Estaba excitadísimo viendo su coño y eso la excitaba a ella. Estaba cachonda. Aquel señor gimió cuando vio como la mano de ella se apoyaba en su coño y comenzaba a masturbarse. Ella lo hizo mirando aquella polla totalmente dura, él lo hizo mirando aquel coño joven totalmente mojado. Gimieron juntos, cada vez mas fuerte. Ambas manos se movían cada vez mas rápido. Se corrieron juntos, ambos eyacularon sobre la alfombra.

    Tania se vistió deprisa, a pesar de la vergüenza le había encantado aquello. Cogió sus bolsas y se fue, sin decir nada. Sobraban las palabras.

    De camino a casa decidió que tenia que contarle aquello a Braulio pues se sentía confusa, lo que había hecho en casa de aquel desconocido le había gustado mucho, había sido muy excitante, pero quizás había no era lo correcto. Necesitaba la comprensión de su vecino y volverle a escuchar que era su sexualidad y que debía vivirla plenamente.

    Cuando llegó a la urbanización eran las nueve de la noche y seguramente Rodrigo aún no había llegado de trabajar. Entró al jardín de su vecino aprovechando que la puerta estaba aún abierta y llamó al timbre. Braulio tardó un poco en abrir.

    -Hola joven, que sorpresa!

    -Necesito hablar con usted -Tania iba a pasar sin esperar que su vecino la invitara a hacerlo pero el la frenó con cariño agarrando su brazo.

    -Ahora no es buen momento, Tania.

    -Braulio yo tengo que irme…. -Estela apareció desde el salón y se sorprendió de ver a su amiga en la puerta -Hola cariño, yo ya me iba a marchar.

    -Hola Estela -Tania se sorprendió que su amiga aún estuviera alli, habían pasado cinco horas desde que había llegado -Venia un momento a preguntarle a Braulio una cosa de la oposición pero ya vengo mañana.

    -Espera Tania -Braulio intentó retenerla pero ya se había dado la vuelta y se iba caminando para su casa.

    Llegó a casa y se fue a su habitación. Su amiga había estado toda la tarde con su vecino. Que habían hablado tanto tiempo? Acaso su amiga estaba robándole su protagonismo en la casa de su vecino? Por primera vez sintió celos, celos de su amiga.

    Esa noche con su marido hicieron el amor, follaron. Mientras lo hacían Tania no podía dejar de pensar en Braulio, en Carlos, en su esposo. Hombres diferentes, cuerpos diferentes, incluso pollas diferentes pero que cada uno y de maneras diversas la excitaban mucho.

    -Cariño mañana no tengo que ir a la oficina, así no madrugaré y podremos estar toda la mañana juntos -Rodrigo la abrazaba después de un último orgasmo.

    -Y eso? -tenía pensado ir a caminar con su vecino y así hablar con él, sería en otra ocasión.

    -Vienen a cambiar el mobiliario y así será mas rápido si no estamos por el medio.

    -Así puedes descansar. Y por la tarde tienes que ir?

    -Si cielo, por la tarde si.

    Se durmieron abrazados. Tania pensando que podría hablar por la tarde con su vecino aunque enseguida recordó que estaría Estela allí. En otra ocasión será, pensó fastidiada.

    Eran las ocho de la mañana y Braulio salió de casa. El día anterior, cuando Tania había ido a su casa, ésta se había marchado de manera precipitada. Pensando si se había molestado al ver a su amiga allí, pues su rostro al verla asomar desde el salón había cambiado, durmió inquieto. Esperó impaciente hasta las ocho y media, supo que su joven acompañante de caminatas no iba a salir esa mañana pues ella nunca se retrasaba tanto.

    Emprendió el camino él sólo. Sus pensamientos eran para su vecina y en todo lo que estaba viviendo con esa joven. Si para ella todo aquel mundo de los sentidos estaba siendo un descubrimiento increíble, para él, a pesar de sus años de experiencia también lo estaba siendo.

    Y pensó en Estela. Aquella muchacha era un ser lleno de misterio, inseguridades. Era una hermosa mujer que podía sentir que estaba falta de cariño, que lo único que necesitaba era alguien que la supiera valorar. Por sus conversaciones pudo comprender que ella estaba realmente molesta porque su marido no sabía darle ese afecto que tanto necesitaba y no sabía apreciar su hermoso cuerpo, cosa que si hacían el resto de los hombres. Pensó en el culo de esa chica y se sintió algo avergonzado de sentir que al recordarlo estaba teniendo una erección.

    Cuando regresó de caminar vio a Tania con su marido sentados en la mesa del jardín, estaban felices, sonriendo y dándose abrazos. Cuando la vio, creyó adivinar en su rostro que se puso seria al verlo. Había echado mucho de menos su compañía esa mañana y desconocía si a ella le pasaba lo mismo. Por que había ido la tarde anterior a su casa? Necesitaría sexo y no había podido atenderla? Esa tarde tenía que hablar con Estela y decirle que las sesiones de terapia no podían prolongarse tanto tiempo.

    Decidió comer en el jardín como sus vecinos. Mientras lo hacía era inevitable mirarla disimuladamente. Varias veces se miraron y no le gustó nada el gesto triste en el rostro de ella. En un par de ocasiones la miró caminando cuando entraba en la casa a buscar algo y quizás fuese imaginación suya pero le pareció ver que movía sus caderas de manera provocativa.

    La vio salir en biquini, con una toalla de playa en la mano que extendió sobre el césped. Rodrigo con el móvil en la mano no era consciente de aquella situación. Tania se tumbó con la cabeza hacia él y el culo hacia su vecino. Braulio miraba aquellas nalgas con miedo de ser descubierto y ella sentía su mirada en ellas. Se sintió excitada de recordar que a su vecino le gustaba su culo.

    -Hola cariño -era Estela que la saludaba desde la calle -Que tal estás?

    -Hola Estela -no pudo evitar saludarla con cierta frialdad. Que le estaba pasando? Era su mejor amiga -Bien, son ya las cuatro?

    -Si, bueno son menos diez. Vas a estar después en casa?

    -No lo sé, voy a ir hasta el centro. Estarás hoy también hasta tarde?

    -No lo sé. Cuando salga paso por aquí para ver si estás. Vale?

    -Vale.

    Vio a su amiga entrar en el jardín de su vecino y como se saludaban. Los vio entrar en la casa, en su sitio donde sentirse libre y una punzada de celos se adueñó de ella.

    -Cariño yo me voy a marchar -era Rodrigo que salía de dentro de casa.

    -Me esperas un momento y me acercas hasta el centro?

    -Claro cielo. Vas de compras?

    -Si.

    Le hubiera gustado darse una ducha antes de salir pero su marido la estaba esperando. La dejó en el centro y él se fue, avisándola que esa noche llegaría bastante tarde pues quería recuperar la mañana perdida en el trabajo.

    Tania estaba insegura de hacer aquello que tenia en mente. Su malestar con Braulio y su amiga fueron determinantes para decidirse. Le había parecido que su vecino, miraba el culo de su amiga, cuando entró detrás de ella en casa?. Primero decidió ir a tomar un café y lo hizo en la cafetería adonde iba siempre. La mesa donde ella acostumbraba a sentarse estaba libre y pidió su consumición desde ella. Frente a ella, la mesa donde siempre se sentaba su admirador, también estaba libre. No era la hora habitual a la que se habían encontrado las dos ocasiones anteriores, quizás por las tardes ese señor no iba nunca allí. Echó de menos aquella sensación de sentirse observada por él.

    Estaba con el dinero en la mano para pagar cuando lo vio aparecer. Iba vestido de manera informal con unas bermudas azules y un polo blanco, a pesar de su indumentaria veraniega estaba elegante. Sintió sus mejillas acalorarse al recordar lo sucedido la tarde anterior. En su retina se volvió a aparecer aquel hombre masturbándose delante de ella, recordó su polla totalmente dura al ver su vagina desnuda.

    Al ver que se iba a levantar se acercó a ella. Caminaba con esa seguridad que solo dan los años y la experiencia.

    -Hola señorita, que tal estás? Que agradable sorpresa encontrarte aquí.

    -Hola señor Carlos. Bien y usted? -todo lo contrario que él, en Tania se percibía su vergüenza e inseguridad fruto de su juventud.

    -Bien, contento de verte por aquí -se fijó en la ropa que llevaba puesta y en lo bien que le quedaba ese corto vestido. Miró hacia la mesa, hacia su mesa, y estaba vacía. -Ya te ibas a ir? Quieres que me siente en la mesa de enfrente?

    -Ya iba a marchar – la idea de volver a verlo sentado frente a ella y mostrarse a ese señor era una idea muy tentadora.

    -Adonde tienes que ir?

    -No lo sé. Tengo la tarde libre. Si quiere tomar algo me quedo un rato.

    -Me gustaría tomar algo y que te quedaras. Te puedo invitar a mi casa después de irnos de aquí?

    -No se si es buena idea. Por ahora me quedaré aquí, vale? Iré un momento al baño, ahora vuelvo.

    Entró en el baño y se bajó las bragas, metiendo su mano entre las piernas comprobó que tenia su vagina totalmente mojada. Decidió quedarse sin bragas pues deseaba sentir la mirada de ese señor directamente sobre su coño.

    Cuando volvió a la terraza Carlos estaba sentado esperándola, ella se fue hacia su mesa. Esta vez no hubo periódico ni gafas de sol. Se miraron directamente. Se tuvo que morder los labios cuando separó las piernas y vio el bulto que se formó bajo las bermudas de ese hombre al ver que no llevaba bragas. Le excitaba mostrar su coño.

    Cuando Carlos se levantó la miró, era una mirada de deseo, de súplica porque lo acompañara, era una invitación a vivir unos momentos de morbo de nuevo en su casa y ella se levantó aceptando aquella invitación . Caminó detrás de él hasta llegar al portal.

    Ya en casa de ese señor ella le pidió si podía darse una ducha que había salido de casa apresurada.

    -Siéntete como en tu casa por favor.

    -Gracias

    -Ven te enseñaré donde están las toallas

    En el baño le explicó como funcionaba aquella moderna ducha. Una vez terminadas las explicaciones, puso unas toallas a su disposición. Se quedaron mirando unos segundos en silencio después de los cuales ella comenzó a desnudarse. Se desabrochó la blusa despacio, se la quitó y se deshizo del sujetador enseguida. Tenía los pezones durísimos, oscurecidos por lo que estaba sintiendo. Se bajó el vestido quedando totalmente desnuda delante de él. La miraba fascinado.

    -Eres muy hermosa -le acarició la cara con dulzura y eso a Tania le gustó mucho.

    -Gracias, es muy dulce conmigo.

    Tania se giró y entró a la ducha. Se comenzó a enjabonar y le llamaba la atención el enorme bulto que tenía bajo las bermudas ese señor. Le gustaba mucho lo que sentía que provocaba su desnudez en los hombres.

    -Me permites ayudarte?

    -Vale.

    Carlos desabrochó sus bermudas y éstas cayeron a sus pies, se quitó el polo que llevaba. Por primera vez lo vio desnudo. Era un hombre fuerte, su pecho poblado de numerosos vellos blancos delataban su edad. Al entrar en la ducha quedaron sus cuerpos muy próximos. Tania se estremeció de placer cuando sintió aquellas manos enjabonar sus pechos, lo hacía delicadamente. Era un tacto totalmente diferente a todo lo conocido hasta ese momento, aquellas manos eran de un hombre muy mayor, pudo sentir cada arruga de esas manos acariciando sus tetas. Enjabonó sus nalgas, sus piernas, tuvo que agarrarse a sus brazos cuando sintió que enjabonaba su coño. Buscó el bote de gel. Deseaba enjabonar el cuerpo de ese señor y lo hizo despacio. Gimieron ambos cuando comenzó a enjabonar los testículos y acto seguido la polla. Con la excusa de enjabonarse se estaban masturbando uno al otro.

    Estaba totalmente mojada entre las piernas y no era por el agua precisamente. Carlos la abrazó con deseo, un deseo que ella percibió en toda su plenitud cuando el grueso pene rozó su coño. Primero fue un roce que enseguida se convirtió en frotamiento. No pudo evitar abrir sus piernas y se abrazó fuerte a ese hombre cuando comenzó a sentir que aquel gordo y caliente glande, con una ligera presión estaba abriendo su íntima flor sexual. Apoyó su cara en el pecho velludo y gimió contra él cuando se sintió penetrada por completo. Carlos se movía de una manera que inundaba de placer su cuerpo. Tania no quería pensar en nada ni en nadie, solo quería que aquel hombre no detuviera sus movimientos dentro de su vagina, pero inevitablemente pensaba en Braulio. Hubiera deseado que fuera su vecino quien la estuviera haciendo gozar de esa forma, que fuera Braulio el hombre que la llevara a cometer ese pecado de dejarse follar por otro hombre que no fuera Rodrigo. Los movimientos eran cada vez mas intensos, profundos, rápidos. Ahora gemían juntos y supo que estaban alcanzando el clímax. Sus uñas se clavaron en la espalda varonil, se estaba corriendo y sintió como ese señor comenzó a eyacular dentro de ella. Se estaba vaciando en su coño y aquella sensación provocó que su orgasmo se prolongara.

    -Ha sido increíble Tania -la besó en la boca y ella aceptó ese beso como agradecimiento por el placer que le había hecho sentir.

    -Nunca había sido infiel a mi marido – lo miraba avergonzada -Mi vagina nunca había sido penetrada por otro que no fuera mi esposo.

    -Y te ha gustado?

    -Si pero esto no puede volver a pasar. Espero que lo comprenda.

    En ese mismo instante que Tania salía de casa de Carlos, Estela estaba en el baño de Braulio mirándose en el espejo. Giró sus piernas para poder ver sus nalgas.

    Como los días anteriores, cuando entró en casa de Braulio, éste le ofreció algún refresco, café o infusión. Ella aceptó y le pidió una infusión. Se sentaron en el mismo sofá, uno en cada extremo y se miraron recordando lo ocurrido la tarde anterior.

    -Que tal estás Estela? -como siempre, era él el que manejaba la situación.

    -Bien, gracias. -se sentía avergonzada por lo sucedido y sus mejillas la delataban.

    -Cuéntame, que has hecho hoy?

    Estela le contó que había limpiado en casa, ido a hacer la compra y que poca cosa más.

    -Andrés no te acompañó a hacer la compra?

    -Mi marido tenia que trabajar. A partir de mañana, se ha cogido una semana de vacaciones que le pertenecen y los pidió en la empresa. Aunque casi prefiero ir sola.

    -Y por que prefieres ir sola?

    -Es que siempre está pendiente de si otros hombres me miran y si viene conmigo me siento en tensión. Un día casi llega a las manos con un chico.

    -Vaya! Esa actitud demuestra su inseguridad.

    -Cuando vas con tu marido usas la misma ropa que yendo sola?

    -No, la misma no. Prefiero evitar problemas. Yo aunque vaya sola no voy con ropa provocativa pero me gusta ir guapa.

    -Que consideras ropa provocativa?

    -Ya sabe -hizo un gesto con la mano señalando sus pechos -Mis pechos son algo grandes e intento no llevar escotes. Y pantalones que no se ajusten mucho a mi pompis -recordó que ese hombre le había dicho que lo llamara sin pudor por su nombre -Perdón… a mi culo.

    -Te gustaría poder usar pantalones ajustados?

    -Siiii… Solo los pongo muy pocas veces. Me da rabia que me pase esto.

    -Te gustaría que tu culo fuera diferente?

    -Es que es difícil de entender esto. A mi me gusta mucho mi culo y que sea tan sensible, pero me da rabia no poder sentirme capaz de usar la ropa que me encanta por culpa de tenerlo así.

    -Creo que sientes una relación de amor odio por tu culo. Me equivoco?

    -Creo que tiene razón. No se como decir esto. -sus mejillas volvieron a ruborizarse.

    -Quieres ponerte cómoda y continuar?

    -Vale -Estela se levantó y descalzándose se tumbó boca abajo con los pies sobre los muslos de él. Él pudo observar que el pantalón que llevaba era flojo.

    -Continua.

    -Pues eso, creo que tiene razón. Cuando era adolescente recuerdo un día que por la rabia que sentía me pegué en las nalgas. Lo odiaba en ese momento. Me había comprado una minifalda para salir la noche anterior pero no pude por la vergüenza y lo hice. Me pegué y lo extraño es que sentí que me gustaba. Nunca he contado esto a nadie.

    -Te avergüenza recordar que sentiste que te gustaba pegarte y por eso no lo has contado nunca?

    -Claro, quien iba a comprender que me pase eso?

    -Te sigue pasando?

    -Si. A veces aún lo hago.

    -Te sigues pegando? Te excita sexualmente?

    -Si, lo hago a veces y siento que me duele y excita mucho.

    -Te masturbas cuando lo haces?

    -Si.

    -Que piensas cuando lo haces?

    -Que es mi Andrés quien me pega.

    -Te gustaría que tu marido te diera esos azotes?

    -Si.

    -Disculpa un momento – el teléfono de Braulio estaba sonando desde la habitación – Ahora regreso.

    Se levantó del sofá y se dirigió a contestar la llamada. Ella se quedó tumbada pensando en todo lo que estaba siendo capaz de confesar a ese hombre. Vio, sobre el sillón individual que había a su lado, los almohadones del día anterior. Tenían fundas diferentes y recordó como se había corrido sobre ellos, había dejado las anteriores fundas empapadas. La voz de Braulio llegaba desde el interior de la habitación.

    Cuando terminó de hablar salió del cuarto y lo que vio le provocó una erección inmediata. La joven se había quitado el pantalón y su ropa interior. Estaba tumbada en el sofá con el culo totalmente levantado, pues había colocado los almohadones bajo su cuerpo. Se sentó de nuevo y no podía apartar la mirada de aquellas nalgas.

    -No debes odiar tu culo -llevó su mano hacia él y se lo acarició recorriendo cada milímetro de aquellos redondos glúteos -Debes amarlo como se merece. Por qué lo has desnudado ahora?

    -Deseaba poder enseñarlo y sentirlo desnudo después de hablar esas cosas. Sentía como si mi culo me pidiera que lo hiciera.

    -Y al sentir mi mano sobre él, que te pide en estos momentos?

    -Me pide que le deje hacer con él lo que usted desee. -la voz de aquella joven sonaba agitada, le costaba hablar.

    -Tu culo te pide ser azotado?

    -Si. No puedo evitarlo. – sintió una suave palmada en su nalga que la hizo estremecer -Azótelo por favor.

    -Jamás te lo azotaré desde el odio o desde la rabia -la otra nalga sintió la mano caer sobre ella – Debes entender que si lo hago será desde el cariño que tu culo se merece y únicamente será para el placer que siente.

    -Si, hágalo desde el cariño. -la voz era de placer que esas palmadas le estaban provocando.

    -Y cuando tu te pegues será por placer, nunca desde la rabia.

    -Eso es, siempre desde el cariño -los gemidos eran cada vez mas nítidos, Braulio pensó que aquella joven se estaba masturbando pero vio que sus manos estaban sobre su cara intentando ocultar su vergüenza por lo que sentía -Tu culo siente placer con mis palmadas?

    -Muchísimo, no entiendo por que me pasa esto.

    -No busques explicaciones, simplemente disfruta.

    Las palmadas eran cada vez mas seguidas, mas intensas de fuerza. Los gemidos cada vez mas altos. Braulio a pesar del tono oscuro de aquella piel pudo ver cierto tono rojizo sobre ellas y pensó en parar aquello. Disminuyó la fuerza y el tiempo entre cada azote.

    -No por favor. Siga dándole mucho cariño a mi culo, cariño con fuerza.

    -Estás segura?

    -Se lo está pidiendo mi culo.

    Una palmada mas fuerte que todas las anteriores la hizo estremecer. La siguieron otras, fuertes, seguidas. Braulio estaba fascinado de sentir como aquella joven gemía con aquellos golpes. Se retorcía de placer. Con una mano abrió las nalgas, quería ver entre ellas la reacción de sus palmadas. Se sintió maravillado al observar que cada vez que su mano caía sobre las nalgas, el ano de aquella muchacha se contraía muy fuerte. Se puso cachondo contemplando como aquel ano parecía un corazón latiendo cuando los azotes fueron muy seguidos. Un grito de placer inundó la casa y Estela comenzó a temblar.

    Tardó en recuperarse varios minutos. Había sido una sensación muy extraña alcanzar un orgasmo tan intenso sin tocarse, ni frotarse contra los almohadones, solo con aquella mano golpeando sus nalgas. Después de correrse sintió las manos de ese hombre acariciarlas con infinito cariño. Se ruborizó al sentir el almohadón empapado debajo de ella.

    -Recuerda tu promesa, nunca mas debes sentir rabia hacia tu culo.

    -No, nunca mas. Solo cariño.

    -Si, mucho cariño. Ahora date una ducha -vio el reloj y eran las siete de la tarde, ya había hablado con Estela que las sesiones no debían prolongarse mucho mas de aquella hora.

    -Es verdad, ya es tarde -al levantarse los dos se quedaron mirando el almohadón totalmente mojado -Que vergüenza me da Braulio.

    -Vergüenza ninguna. Es solo la evidencia de que te ha gustado mucho.

    -Muchísimo, gracias!! -ante la sorpresa de él, aquella muchacha le dio un beso en los labios y se fue hacia el baño.

    Estela abrió el grifo de la ducha y se miró en el espejo. Tenía las nalgas coloradas y las marcas de los dedos de ese señor se mantenían sobre su piel. Se sintió feliz y después de muchos años por primera vez no sintió rabia hacia su culo. Cariño y adoración por esa parte de su cuerpo fue lo que sentía.

    Al llegar a casa, Tania intentó estudiar pero le era imposible concentrarse. No podía quitarse de la cabeza lo que había hecho. Se sentía mal, culpable. Desde que su sexualidad había cambiado gracias a su vecino, algunas veces había pensado que si algún día era infiel a Rodrigo, sería con él, que solo se dejaría follar por Braulio y al final lo había hecho con otro.

    Decidió dejar de estudiar y salió al jardín a tomar el sol. No podía quitarse de la cabeza lo que había sentido con Carlos, como se habían masturbado uno al otro. Se sintió excitada al rememorar como la polla de aquel señor la había penetrado, como se movía dentro de ella hasta hacerla correrse. Necesitaba ver a su vecino pero no quería sentirse como la tarde anterior si aún estaba su amiga alli. Tenía que esperar.

    -Chochito mío, que tal estás? -era Estela que salía de casa -Poniendo el culete moreno?

    -Hola Estela -se sentía mal por no poder evitar estar seria con su amiga -Bien y tu que tal estás?

    -Estoy feliz cariño. Espera que voy para ahí. -cuando entró al jardín se acercó a ella y se tumbó a su lado para abrazarla. -Gracias por ser tan buena conmigo.

    -Para, tonta -su amiga la daba abrazos y muchos besos -Que te pasa?

    -Nada, que estoy contenta y hacía mucho tiempo que no me sentía así. Y todo te lo debo a ti.

    -Yo también estoy contenta de verte bien -la verdad que le gustaba mucho ver a su amiga feliz pero no podía evitar sentir esos celos al pensar en lo que su amiga y su vecino harían dentro de la casa. -Hoy saliste antes.

    -Si, me dijo Braulio que las sesiones serian mas cortas. Creo que ayer le dio rabia no poder ayudarte con lo de la oposición.

    -Bueno, ya le preguntaré en otro momento -se sintió feliz de saber que Braulio le había dicho eso del horario mas corto a Estela, en ese momento deseó abrazarlo. -Quieres tomar el sol conmigo?

    -Vale pero tienes que dejarme tu biquini.

    Entraron en casa cogidas de la mano, cuando estaban juntas eran felices.

    -Entonces te está ayudando mi vecino con la terapia?

    -Si. Tenías razón y es un hombre que sabe escuchar y comprender -en ese momento se estaba quitando las bragas y al moverse para poner el biquini Tania le vio las nalgas.

    -Estela!! Que te ha pasado? Tienes el culete todo marcado!! Te ha pegado tu marido?

    -No -había olvidado que tenía marcadas las nalgas y se puso de mil colores al sentirse descubierta -Tranquila que Andrés no ha sido.

    -Entonces? -una sensación de celos muy fuertes se apoderaron de ella -Fue Braulio?

    -Si. Joder tía, que vergüenza!!!

    -Te ha pegado?

    -Ya te lo contaré en otro momento.

    -No tía -intentaba que su amiga no se diera cuenta lo que estaba sintiendo -Cuéntame por favor.

    -Es que me da muchísimo corte. Haber te lo cuento pero no pienses que estoy loca, vale?

    Se tumbaron en la cama y Estela le contó un poco lo que desde hacía años le pasaba con su culo. Tania la escuchaba atenta, con curiosidad, no sabía que eso le podía pasar a alguien.

    -Y te masturbabas dándote palmadas en el culete?

    -Si, bueno, yo me las daba por rabia pero sentía que al final me excitaba y tenía que tocarme.

    -Y no te dolió mucho que Braulio te pegara? -Tania no podía dejar de mirar aquellas marcas -Tienes los dedos marcados -no pudo evitar el recorrer con la yema de su dedo esas marcas.

    -Para, tía!! -sentía sus nalgas demasiado sensibles.

    -Te duelen? -era una sensación extraña ver aquellas marcas y tocarlas.

    -Un poco, es que están muy sensibles.

    Tania se levantó y volvió con un bote de pomada para los golpes. Cuando apretó el tubo y salió la crema fría su amiga dio un respingo.

    -Que haces loca?

    -Déjame echarte pomada porfa.

    -Es que están muy sensibles y no se si es buena idea. Por qué quieres echarme pomada?

    -No lo sé. Al verlas así me dieron ganas de cuidarlas.

    -Eres muy buena conmigo pero me da vergüenza por lo que te conté de mi secreto.

    -Me dejas? -la mano de Tania comenzó a deslizarse por una de las nalgas.

    -Si, claro que te dejo.

    La vergüenza se adueñó de ellas. Eran amigas desde niñas, jamás habían tenido pensamientos con otras mujeres, pues como siempre decían, eran muy heteros y les encantaban los hombres, pero en ese momento, una sentía vergüenza de sentir que le gustaba acariciarle las nalgas a su amiga y la otra sentía que le encantaba sentir aquella mano suave y pequeña extendiendo la pomada por su piel sensible.

    -Tus nalgas son súper suaves.

    -Y tu mano también

    -Te gusta sentir mi mano?

    -Si. Y a ti te gusta sentir mis nalgas?

    -Mucho.

    -Estamos locas tía. Eres mi amiga de toda la vida. -su voz sonaba tierna, sensual.

    -Si fueras otra no sería capaz de hacer esto. Estás excitada?

    -Claro y tu?

    -También. Puedo quitarte la braga?

    -Si, pero si te la quitas tu también.-Tania le quitó la prenda íntima a su amiga y Estela levantó la cara para mirar como hacía lo mismo con la suya -Quítate el sujetador también. Quieres?

    -Vale -se quitó el sujetador y se quedó desnuda frente a su amiga, ésta miraba sus tetas y su coño -te gusta mirarme así?

    -Si. – Estela se sentó sobre la cama y se quitó el sujetador. -Y a ti te gusta verme desnuda?

    -Si -Tania miraba las tetas de su amiga -Tus tetas son mas grandes que las mías. – extendiendo el brazo le acarició uno de los pechos.

    -Somos totalmente diferentes. Tu coño es rosadito y mas pequeño. -Estela extendiendo su brazo le rozó con el dedo entre las piernas

    -Si – se sentaron una frente a la otra. Tania miraba el coño de Estela -El tuyo es mas grande -su mano buscó entre los muslos de su compañera y lo acarició. -Me gusta tocártelo, está muy mojado.

    -El tuyo también está muy mojado.

    Se miraban a la cara, las dos con las mejillas coloradas por la excitación y la vergüenza. Se masturbaron una a la otra y gemían excitadas. Ninguna sabría decir quien de ellas fue la que buscó la boca de la otra, quizás lo hicieron a la vez. Se besaron con deseo, con ansia. Se abrazaron con fuerza aplastando sus pechos. Sin dejar de besarse con las bocas muy abiertas, entrelazaron sus piernas. Las dos deseaban sentir el coño ajeno sobre el suyo. Cada una puso sus manos sobre las nalgas de la otra y se las acariciaban, hacían fuerza para que sus coños se juntaran. Dos coños totalmente diferentes pero igual de mojados, igual de deseosos por explotar de placer. Gemían sin pudor, la excitación era mas fuerte que la vergüenza. Sus coños resbalaban perfectamente uno sobre el otro.

    -Estela me voy a correr.

    -Y yo, Tania

    Se movieron muy rápido, pegando sus cuerpos, sus coños, sus tetas, sus bocas. Sus coños eyacularon juntos, uno sobre el otro. Temblando juntas, Estela sintiendo aquellos chorritos de su amiga que golpeaban su clítoris y Tania sintiendo los de Estela sobre el suyo. No dejaron de besarse mientras el orgasmo alcanzó sus cuerpos. Se miraron sorprendidas, felices, exhaustas. Con cierta vergüenza después de lo que habían sentido miraron sus piernas mojadas, sus estómagos.

    -Joder mira como hemos mojado todo.

    -Ya. Me has hecho correrme mucho tía. -Estela miraba su coño totalmente mojado.

    -Anda que tu a mi -Tania besó de nuevo a su amiga -Vamos a la ducha.

    Se ducharon juntas y a ambas les fascinó enjabonar el cuerpo de la otra. Se secaron una a la otra y se tocaban como niñas que descubren un juguete nuevo. Se miraban con complicidad. Se sentían excitadas por lo que estaban descubriendo juntas.

    -Tu coñito es súper bonito -se lo acarició con delicadeza con la yema del dedo.

    -Pues a mi me parece muy bonito el tuyo así morenito -Tania hacía lo mismo con el de su amiga. Aquella caricia en su vagina la estaba poniendo cachonda -Para por favor, estará a punto de llegar Rodrigo y me está gustando mucho tu caricia.

    -Perdón, no había visto la hora.-cogió su vestido y le dio un beso en los labios a su amiga -Vamos a vestirnos.

    -Si y voy a echar a lavar esto -la ropa de la cama estaba en el suelo -Eres una meona.

    -Tania!! Eso no es pis -estaba sonrojada de nuevo -Y además tu también echaste mucho, me dejaste perdida.

    -Se que no es pis tonta -la abrazó por la espalda -Y si eché mucho fue por tu culpa.

    Tania se fue con la ropa y Estela se quedó pensando en la locura que acababan de hacer juntas. Pensó en lo mucho que había mojado la cama, su amiga había ayudado a dejar esa ropa empapada, y recordó el almohadón de Braulio. Sonrió pensando que era algo nuevo para ella, pues con Andrés mojaba algo pero no tanto, que era algo que le estaba gustando demasiado.

    -Mañana quieres venir a comer? -su amiga la había abrazado de nuevo por detrás.

    -Quieres que venga?

    -Claro, sino no te lo diría tonta. No vengas muy tarde porfa

    -Vale -se giró y se abrazaron ahora de frente agarrándose por las cinturas -Y por qué quieres que venga pronto? -se miraban con picardía.

    -No se, así podemos estar juntas mas tiempo -las pequeñas manos de Tania le acariciaban las nalgas a su amiga -Si quieres claro.

    -Claro que quiero -ella hizo lo mismo y acariciaba las nalgas de Tania -Estamos locas, que nos está pasando?

    -Creo que estamos salidas -se fundieron en un morreo intenso, se comían las bocas con deseo.

    -Yo también lo creo. Mi Andrés me tiene a dos velas y pasa lo que pasa.

    -El se lo pierde.

    Escucharon la puerta de la calle abrirse y se separaron de golpe. Se rieron por la reacción.

    -Cariño, estás? -Rodrigo la llamaba.

    -Estamos aquí amor -salieron de la habitación de la mano, era algo normal entre ellas – le estaba enseñando a Estela mi nuevo biquini.

    -Hola Estela, que tal estás?

    -Bien y tu que tal estás Rodrigo?

    -Bien, estos días están siendo un poco duros de trabajo pero no hay queja.

    -Me alegra que estés bien. Bueno, yo ya me iba que es tarde.

    -Acuérdate, mañana comemos juntas.

    -Si, tranquila que no me olvido. Chao Rodrigo. -Estela salió de la casa y estaba muy contenta, había sido una tarde llena de acontecimientos imprevisibles que le habían encantado.

    -Mañana la invité a comer cielo. Tu estarás? -ella sabía perfectamente que su marido comería fuera.

    -No, ya te dije que esta semana comeré fuera. Lo recuerdas?

    -Si, es verdad -Tania lo abrazó y aún sentía en su cuerpo los efectos que los besos y las caricias en las nalgas de su amiga, le habían provocado -Estás muy cansado?

    -Depende de para que -sentir a su mujer tan deseosa le gustaba mucho, últimamente la sentía mas excitada de lo habitual y eso a él le ponía cachondo -Por qué lo preguntas?

    -Me apetece follar cariño -cogió la mano de su esposo y la puso sobre su braga, estaba empapada-Ves como estoy?

    -A mi también me apetece follar mi vida.

    Estuvieron un par de horas en las que disfrutaron intensamente. Cuando Rodrigo se quedó dormido, ella se quedó abrazada a él pensando. Recordó lo sucedido durante el día y se inquietó por los derroteros que estaba viviendo y la incertidumbre de su futuras vivencias sexuales.

  • Segunda sesión con mi compañera de trabajo

    Segunda sesión con mi compañera de trabajo

    Hola, bueno, en mi primer relato, les conte de cómo mi compañera de trabajo, quien se ofreció voluntariamente a ser mi sujeto de pruebas, termino con varios orgasmos y una divertida secuencia post hipnotica. Bien, a lo largo de la semana yo procuraba mantener cierta distancia con ella cuando estabamos en publico, ya que no queria levantar sospechas de sus reacciones cada vez que ella me tocaba, por lo que decidí sólo limitarme a mensajear con ella por whatsapp, y bien, habiamos acordado que la vería en su casa el fin de semana para una segunda sesión.

    El día habia llegado, y para ser honesto, no me esperaba que la programación siguiera surtiendo efecto, ya que por una semana estuve a distancia de ella cómo para comprobar su reacción, cuando ella abrió la puerta, veía como vestia una falda algo holgada floreada, hombros al descubierto, y lo unico que pasaba por mi mente es que si ésta sesión era igual a la anterior, tendría un mejor espectaculo, asi que me dispuse a saludarla estrechando su mano, y el efecto fue inevitable, ella al momento de sentir mi mano, pude notar tanto en su mirada así como en el ligero temblor por sus piernas que la inducción previa seguia haciendo efecto, le pregunte que si se sentía bien, a lo que ella respondío que si, ya una vez dentro ella se puso comoda en el sofa mientras que yo le daba las indicaciones previas para proseguir con la sesión, y al igual que la vez pasada, sólo podía ver como su cuerpo sucumbia a mis indicaciones, su cuerpo se relajaba más y más, hasta que vi cómo todo su cuerpo se encontraba en un sueño muy profundo, en ésta ocasión, habia decidido hacer unos ligeros cambios con ella, ahora cada vez que yo la tocara, ella comenzaría a gemir de placer de manera inconsciente, y que cada vez que yo tronara los dedos, ella automaticamente comenzaría a excitarse.

    Despues de un breve rato de dejarle bien grabada las indicaciones, procedí a despertarla, diciendole que se iba a sentir de muy buen humor y que absolutamente nada de lo que pudiera pasar en el día sería razon suficiente como para que se molestara, que todo lo iba a ver como un simple juego, ya una vez despierta, procedimos a hablar y charlar un poco de nuestras vidas, nada relevante, sólo el simple hecho de platicar, hasta que llego un momento en que me hacia el que no recordaba algo, y cuando lo recordaba tronaba mis dedos para ver su reacción, en un principio, ella sólo dio un pequeño salto, pero siguio cómo si nada, seguiamos charlando, hasta que volvi a tronar los dedos,, en ese instane ella se mordio los labios y puso una de sus manos entre sus piernas, podía notar cómo las apretaba fuertemente, le pregunte que si se sentia bien, a lo que ella rapidamente respondió que sí, que estaba bien, podía notar su respiración agitada, y cómo hacia esfuerzo por querer disimular su excitación, y ya en ese momento seguia platicando con ella, haciendo cómo que no notaba nada, pero ahora empezaba a tronar los dedos de manera más constante, sus piernas se abrieron de golpe haciendo lucir una linda tanga en color negro, y notaba como su pelvis comenzaba a moverse como si sintiera algo dentro, mientras me acercaba a ella, le pregunté si se encontraba bien, ella sólo alcanzo a decir que si agitando la cabeza, su mirada expresaba deseo, y sus manos pasaban por sus piernas y sus muslos tratando de mantener su falda abajo, empece a sonreir mientras dirigia mi mano a su frente añadiendo que si no estará enferma, y cuando ella sintio mi mano en su frente, fue inevitable el que comenzara a gemir de placer, mientras que con mi otra mano seguia tronando los dedos, ella más y más gemia de place mientras más la seguia tocando, su expresión era tan lasciva, que sin pensarlo dos veces le decia que guardara silencio mientras le metía el pulgar a su boca, y como si estuviera poseida, lo chupaba y succionaba con mucha desesperación mientras que ella comenzaba a frotar sus senos y su vagina con sus manos, a pesar de tener su boca ocupada con mi dedo, sus gemidos eran cada vez más fuertes, y cada vez que tronaba los dedos con la otra mano ella con más frenesí comenzaba a acariciarse y masturbarse, ya no era mi pulgar el que tenia en su boca, ahora eran mis dedos medio e indice los que estaba chupando y lamiendo, mientras que con mi otra mano se la estaba pasando por todo el cuerpo, estaba tan excitada, que cuando decidí meterle los dedos a su vagina, ella comenzo a tener un orgasmo muy intenso, sus caderas y sus piernas no dejaban de temblar, y ella no paraba de gemir por toda la excitación que sentía, hasta que llegó el momento de hacerla dormir profundamente, y ya que ella nuevamente estaba tranquila, decidí hacer que olvidara el previo juego sexual que tuvimos, como si nunca hubiera pasado, y tambien cambie su reacción cada que nos saludaramos de mano.

    Cuando desperto, dijo que sintió que durmio mucho, que sólo recordaba que le estaba empezando a decir las indicaciones y se perdió en el sueño, pero que se sentía bien. Al día siguiente cuando la vi en el trabajo, espere un poco a que estuviera sola, me acerque a saludarla de mano, y en cuanto ella sintio mi mano, involuntariamente su mirada bajo a ver directamente a ver hacia mi pene mientras que se mordía sus labios, y antes de que lograra reaccionar a lo que estaba haciendo, le pregunte que si nos veiamos la siguiente semana para una sesión, a lo que ella respondío que sí, que con mucho gusto.

  • Mi harem familiar (7)

    Mi harem familiar (7)

    Después de un día y su noche pleno de emociones y satisfacciones como ningún otro en mi vida, decidimos continuar con nuestras vacaciones en Margarita, vale decir, decidimos ir al Boulevard Guevara de compras. Fuimos a desayunar a una panadería muy simpática y luego comenzamos a pasear por las tiendas. Ella decidió comprarse un bikini y un traje de baño de una pieza, para variar sus ya viejitos compañeros de piscina. Yo le escogí un bikini azul turquesa muy lindo, se lo di para que se lo midiera y le pareció demasiado breve para su cuerpo, pero viendo la lujuria en mi mirada, decidió probárselo. Me mostró el resultado dentro del vestidor y aceptó llevarlo, con mucha picardía. Luego se midió uno de una pieza, muy lindo, que le dejaba ver una figura de ensueño. Y decidió que yo debía llevar una trusa de nadador que me quedaba ajustado. Solo para sus ojos, me dijo.

    Compramos algunas otras cosas y unos perfumes para los regalos navideños. A saber, un Dior para Miriam, un Yves Saint Loran para Andrea, un Opium para Ana y un Channel #3 para ella, todo de mi parte. Yo llevaba anotados los nombres para no equivocarme. Pagamos con su tarjeta Dinners y yo luego le reembolsaría cuando llegáramos a casa.

    Después de almorzar en un restaurante a orilla de playa, sencillo y humilde, pero agradable y de excelente sazón, nos regresamos al apartamento, para…

    Al llegar, guardamos la moto y fuimos a buscar el ascensor. En el lobby nos encontramos a una pareja que habíamos visto ya dos veces en el edificio y visto que ya era la tercera vez que nos cruzábamos, nos presentamos mientras esperábamos el ascensor. Una pareja de Barquisimeto, cuarentones y muy simpáticos. Lucía y Joaquín. Estaban como nosotros, en un apartamento que habían alquilado por una semana y les quedaban cuatro días antes de irse. Resultaron tan agradables que acordamos salir a cenar esa noche juntos.

    Al entrar en el apartamento, Sugey me dijo que les habían caído muy bien, que Joaquín se veía “divino” y que le había parecido que Lucía se había quedado encantada conmigo.

    -Joaquín parece un hombre muy agradable, me encanta ese aire de macho seductor que tiene, se parece un poco a cierta persona que yo conozco… – me dijo con picardía, señalándome con un movimiento de labios muy sensual. – y la Lucía se ve que es una mujer muy atractiva y sensual, me pareció que se quedó prendada de esa cierta persona que ya conozco… no sé… jajajaja. Así que esta noche saldremos a divertirnos con ellos, sanamente…

    -Si, me di cuenta que Joaquín se quedó prendado de una cierta señora dueña de mis desvelos, se le salía la baba de tanta hermosura que veía frente a él. Y la Lucía, nada mal, se le pueden jugar unos quinticos, es más, todo el billete. Está como le da la gana, claro, sin mejorar lo presente, jejeje… de pronto, hasta terminamos haciendo un intercambio de pareja… ¿Te atreverías?

    -¿Estás loco? Tú eres mi pareja y no voy a intercambiarte con nadie…

    -¿Me vas a decir que no te gustó el tipo? Yo si te confieso que Lucía me gustó y que estaría dispuesto a divertirme con ella. Pero claro, solo si tú te atreves, por supuesto. Sin presiones…

    -Déjate de esas cosas, vamos a salir a cenar y ya, cada quien con su pareja. Por cierto, no le dijimos que somos madre e hijo ¿verdad? ¿Qué les vamos a decir?

    -Pues será la verdad ¿cuál es el problema? No les vamos a dejar ver que seamos pareja como tal, porque eso es muy íntimo nuestro y ya, pero somos una madre y su hijo de vacaciones, sin complejos. – le dije con mucha convicción.

    -Bueno, ya veremos.

    Por la noche, ya vestidos y arreglados, bajamos a encontrarnos con nuestros nuevos amigos. Sugey iba con un vestidito veraniego a media pierna y escotado por delante y por detrás y unos zapatos de tacón bajo. Su cabellera suelta y alborotada. Estaba preciosa.

    Aparecieron Lucía y Joaquín, ella bellísima, con un vestido un poco ajustado a su escultural cuerpo y él, al igual que yo, con pantalón y camisa playeras. Nos subimos a su auto y partimos hacia un restaurante muy agradable, en Porlamar.

    Luego de cenar y conversar para conocernos mejor, Lucía dijo que tenía ganas de ir a bailar a un Piano Bar cercano, con música suave, romántica. Todos aceptamos de buen agrado, aunque Joaquín preguntó si a mí, por mi juventud, me agradaría ese ambiente.

    -El ambiente importante somos nosotros cuatro y por lo que veo en estas dos preciosas damas, inmejorable. Vayamos y bailemos hasta el amanecer…

    -Muy bien, así me gusta, Tito. Mejor respuesta que esa, ninguna. Y muy cierto, estas dos bellas señoras son lo mejor de la noche margariteña. Vamos a bailar.

    Así, de muy buen agrado, nos fuimos al Piano Bar. Una vez allí, Joaquín me pidió permiso para bailar con Sugey.

    -Tito, compañero ¿me permitirías bailar con tu chica?

    -Claro que sí, siempre y cuando tú me permitas bailar con la tuya. – le respondí.

    Así salimos a bailar los cuatro, emparejados cruzados. Lucía era una mujer deliciosa, un cuerpo de fábula, un poco más alta que Sugey, aunque no tan hermosa como ella. Se pegaba a mi cuerpo con estilo, sin ser arrolladora, al principio, pero dejando claro que estaba dispuesta. Por su parte, Joaquín trataba a Sugey con respeto pero con decisión. Pasamos una noche muy agradable, donde muy pocas veces cada uno bailó con su pareja original. Ya a las 3 am, decidimos irnos a casa, a dormir. En el camino, quedamos en salir a desayunar y luego ir a la playa juntos, al día siguiente.

    Luego de despedirnos cariñosamente, entramos cada quien a su apartamento y Sugey fue como una bala al baño. Se estaba orinando. Le dejé su espacio y al salir me dijo que había sudado mucho, que se iba a dar una ducha y… que si quería acompañarla.

    -Por supuesto, será un honor y un placer bañarme con tan bella dama, especialmente después de verla convertir a un hombre en su esclavo, esta noche. Ese pobre Joaquín ya nunca más recuperará la tranquilidad, jajaja…

    -Si, como no. ¿Y qué me dices de esa pobre mujer que esta noche parecía una quinceañera enamorada de un galán de película? Esa pobre mujer no sabe lo que le espera, después que cierta persona le dé tratamiento y luego ella deba volver a su vida rutinaria. Va a quedar en el limbo… jajaja…

    -De acuerdo, los dos la pasamos bien. Me gusta Lucía, no más que tú, pero me gusta y me divertí mucho con ella y a ti te gusta Joaquín y la pasaste muy bien, según pude observar. ¿Qué sigue? Joaquín me habló de algo, cuando ustedes se fueron al baño, que me confirmó lo que te dije antes. Me preguntó si tendríamos problemas en intercambiar parejas, es decir, él quiere pasar la noche contigo y ella conmigo. ¿Qué tal?

    -¿Y qué le respondiste?

    -Que todo dependería de ti, si tú aceptabas, por mí encantado, pero si tú no querías, nada pasaría. Y punto.

    -Ya él sabe que somos madre e hijo. Y Lucía me explicó lo mismo que Joaquín a ti, cuando fuimos al baño. Yo le dije que tendría que hablar contigo, porque me parecía muy fuerte eso de pasar la noche con su esposo, porque no sabía cómo te lo tomarías…

    -Claro que sabías, yo estoy dispuesto, pero solo si tú lo deseas. Nada de aceptarlo solo para complacerme a mí. Se trata de ti, si tú lo deseas, yo también. Si tú no te atreves o no quieres, no pasa nada.

    -Bien, mañana les damos nuestra respuesta y listo. A ellos les quedan dos noches en Margarita, tienen que irse al tercer día, en la mañana, por avión. Así que aprovecharan estos dos días y sus noches… yo quiero, tú quieres, ellos quieren… esto es lo que se llama ganar–ganar. – me confirmó Sugey.

    A la mañana siguiente, bajamos al apartamento de Joaquín y Lucía y salimos en su carro a desayunar y luego a la playa. Fuimos a Las Dunas ¿Qué extraño, verdad? Y una vez en el sitio, se me ocurrió ponerle condimento a la salsa, de una vez.

    -Hace dos días estuvimos aquí Sugey y yo y en vista que no había nadie por los alrededores, como hoy, decidimos hacer nudismo. Así que nos dejamos de tonterías, nos quitamos todo y nos embadurnamos de bronceador y la pasamos de lo mejor. La verdad es que no hay nada como estar desnudos. – terminando de hablar y alcancé a ver a Sugey que se había puesto como un tomate de roja. Joaquín la vio y se acercó a decirle algo en el oído que Lucía y yo no escuchamos, pero que a ella le arrancó una sonrisa.

    -Bueno, si así es la cosa, podemos hacer lo mismo hoy. La verdad es que yo nunca he hecho nudismo, porque en este país no se puede, pero en vista que aquí no hay más nadie que nosotros y estamos en confianza, allá voy… – dijo Lucía y empezó a quitarse el bikini de una vez.

    Los otros tres la imitamos y en cuestión de segundos todos cuatro estábamos en pelotas. Yo, para seguir dictando la pauta, le pedí a Lucía su bronceador para ponérselo. Joaquín, ni corto ni perezoso, tomó el de Sugey de su mano y empezó la labor. Poco después solo se escuchaban gemidos muy quedos, de parte de nuestras dos hembras, mientras los caballeros les poníamos suficiente cantidad de protector solar por todos sus más recónditos rincones de piel. Sin omisiones. Luego correspondió el turno a las féminas y nos deleitaron con sus toques sensuales y cariñosos.

    Realmente, ver a Lucía desnuda, en todo su esplendor, resultó un verdadero espectáculo. Era una mujer de 1.70 de estatura, unos 60 kg de peso, con un trasero proverbial, unas tetas de infarto y toda su piel era tersa y hermosa. Tenía un poquito de barriga, casi imperceptible, que la avergonzaba un poco, pero que a mí me resultaba sensual y provocativa. Tanto que me dije a mí mismo que los primeros chupetones y lengüetazos que le daría, serían allí, en su linda barriguita. ¡Cómo me gustaba!

    Pero obviamente que enfrente estaba la mujer de mis sueños y ahora mis realidades: Sugey. Verla desnuda era un poema de alta factura, digno del mejor poeta. A su lado, esa belleza de mujer que era Lucía, pasaba desapercibida. Y cuando Lucía pudo observar mi pene, se quedó muda. No articulaba palabras, solo veía. A su vez, Sugey miraba la cosa de Joaquín y en un momento dado, sin que ellos se dieran cuenta, me hizo un guiño, como de aceptación. Le pareció bueno y suficiente, deduje. La verdad, el tipo se gastaba una buena herramienta, que después Sugey me dijo que era de unos 18 cm.

    A partir de ese momento, éramos dos parejas cada una a lo suyo, sin importar para nada la otra. Nos acariciábamos, nos besábamos sin ningún tapujo, sin cortes. Hubo un momento en que Lucía me pidió que se lo metiera, que ya no aguantaba las ganas, pero estábamos en el mar, con el agua un poco más arriba de mi cintura y el agua salada no facilitaba la penetración. Lo intentamos pero era doloroso para ambos, nos maltratábamos con la insistencia. Por lo tanto, desistimos. Supuse que a ellos les pasaba igual, porque en un momento dado los observé distraídamente y noté que no se podían acoplar. Entonces Joaquín sacó del auto un galón de agua de chorro y lo utilizó para lavarle la vagina a Sugey y el propio pene suyo. Entonces le pedí a él el galón y nos movimos Lucía y yo hacía el cují contiguo, con nuestras toallas, le lavé bien la vagina y mi pene y sacamos un frasquito de aceite para bebés, lubricamos y listo. Logré meterle más de media verga del primer envión, dada la desesperación de la señora. Al poco rato, la tenía toda dentro y estábamos gozando de lo lindo. Quedamente se escuchaba a Sugey gemir, lo que significaba para mí que la estaba pasando bien. Pero Lucía no se contenía, no se cortaba. Gemía como un cerdo en el matadero. Gozaba de lo lindo, con furia, sin freno. En un momento dado, mientras ella me cabalgaba desaforadamente y el pene se le salía cada tanto, le pedí que bajara un poco las revoluciones, que nadie nos estaba esperando. Fue entonces que empezamos a disfrutar de verdad de un buen polvo. Largo y delicioso. Cuando terminamos de acabar ambos, ya no se escuchaba a Sugey ni a Joaquín. Minutos después él se nos acercó con dos Polarcitas para refrescarnos y miró a su esposa como queriendo saber, con una mirada, que tal iban las cosas. Muy discreto él. Pero ella, alborotada como estaba todavía, le dijo que había sido un polvazo, pero que todavía tenía fuelle para seguir. Lucía era un torbellino de pasiones, definitivamente. No más se dio cuenta que mi verga estaba lista de nuevo, se encaramó sobre ella y empezó de nuevo a cabalgarme. En esa posición, pero ya con más mesura y ganas de disfrutar de verdad, estuvimos hasta que ella acabó cuatros veces y yo eyaculé copiosamente. Fue muy rico, de verdad. Esa mujer era dinamita, no me arrepentía para nada de estar con ella, aunque por dentro sentía que con quien debía estar era con mi Sugey. ¿Estaba sintiendo celos? No lo sé, quizás nunca lo sabré, pero eso fue lo que creí sentir en ese momento.

    Esa noche salimos a comer algo liviano cerca del edificio y regresamos. Cada uno de los hombres recogimos un bolso con nuestros enseres importantes, cepillo dental, interiores limpios, etc. y nos fuimos al apartamento del otro, porque la noche apenas empezaba, pero sería larga.

    Al siguiente día, salimos los cuatro a desayunar y luego a una playa cercana, muy concurrida, pero necesitábamos pasar un día menos sexual. Nos bañamos y disfrutamos de un día ameno, en compañía de nuestros nuevos amigos, personas por demás muy agradables. Tanto Sugey como yo nos sentíamos bien con ellos. Y a Joaquín se le notaba enamorado de mamá y a Lucía, bueno, esa mujer era un caso. Me quería para ella sola, me dijo esa tarde que era capaz de llegar a un trato con su marido, porque no quería separarse de mi verga. Así, en dos platos. Esa noche, después de cenar, volvimos a las andadas, otra larga sesión de sexo desaforado. Y Sugey con Joaquín, bien, muy bien, de acuerdo a las miradas que me dio al siguiente día.

    Pero llegó el momento, la despedida, para lo que Lucía decía no estar preparada. Me pedía que la visitara en Barquisimeto, apenas pudiera. Que ella vería como escaparse, con el consabido permiso de Joaquín, para pasársela bien conmigo en un motel.

    Joaquín le dijo a Sugey que para el próximo Carnaval, ellos estarían en un apartamento similar a estos donde estábamos ahora, en Chichiriviche, Falcón, desde el viernes en la tarde, que esperaba contar con nosotros para reencontrarnos y pasarla bien. Y se despidieron de nosotros porque su vuelo salía a primera hora de la mañana.

    Continuará…

  • Derechos de madre (1)

    Derechos de madre (1)

    La historia que escribo aquí es producto de dos entrevistas que tuve con la mama de un joven, que acudió a mi consultorio porque decía que la culpa no la dejaba vivir. Al terminar, tuve que recomendar otro psicólogo, más experimentado que yo en temas de incesto. Con el paso del tiempo y pacientes, olvide la historia hasta que, regreso a mí en una mudanza que hizo aparecer estas notas. Transcribo aquí, las palabras de “una madre con derechos” como ella misma gustaba de llamar a la peculiar relación que tenía con su hijo.

    Para comodidad del lector organice la entrevista en un relato del cual quite mis preguntas. Para mantener el anonimato, llamo con las iniciales de la relación parental a uno y otro. Ella será M y el H. Advierto al lector que por momentos, la primera y la tercera persona se confunden como si contara cosas que pasaron y que siguen pasando…

    Primero doctor quiero que me asegure que lo que diga acá usted no se lo va a contar a nadie…

    Me da mucha vergüenza decir esto y me parece espantoso pero estoy casada con mi hijo. Si, legalmente. Viajamos apenas cumplió sus 21 años a un país de Europa del Este y allí, en un lugar apartado, nos casamos.

    Como empezó todo?? Esa es la pregunta más difícil y me la hago desde la primera vez que estuvimos juntos. Como empezó, como llegue hasta acá, como me deje estar tanto.

    Lo primero que me acuerdo… quería que alguien me sacara de casa y por eso me case con el papa de H. Era joven y todavía era virgen pero sabía que mientras me abriera de piernas mi marido no iba a quejarse mucho. Él era un médico muy respetado de la zona, un señor, y aunque me parecía horrible, que me eligiera tenía algo de Cenicienta.

    Al poco nació H. Él era chiquito, yo me quedaba en casa, cuidándolo, jugando con él, mirándolo crecer. Algunos fines de semana mi marido nos sacaba al centro a tomar un helado o pasear por la feria de la plaza.

    La vida era una rutina porque uno se acostumbra a todo. Él bebe crecía y con el mis obligaciones y preocupaciones mientras que su padre, se ocupaba de poner la comida en el plato como repetía una y otra vez cuando algo le molestaba.

    El tema del sexo no parecía interesarle. Todas mis amigas casadas contaban historias de terror sobre la noche de bodas y la convivencia con hombres más grandes que ellas. Decían que eran degenerados, que bajaban a chuparte entre las piernas o a sentirte el olor de la cola. Mi marido apenas si cogió conmigo dos o tres veces, y de la manera más normal, y luego se olvido o dejó de importarle.

    Nos hicimos más grandes, H se volvió rebelde y peleaba mucho con mi esposo. Me veía arrastrada a esas peleas y todo terminaba en la acusación de ponerme siempre de su lado, que éramos tal para cual y las amenazas lanzadas al cielo de que por tenerlo bajo mis polleras el chico iba a salir puto, afeminado, maricon.

    Luego vino la pandemia del coronavirus y ahí la vida, se nos dio vuelta.

    De pronto, de un día para el otro, estaba sola, encerrada con mi hijo y sin esposo, porque al estar considerado esencial, tenía que salir a trabajar y por eso prefirió, alquilar algo y así no exponernos al contagio.

    En principio la vida con H tenía sus choques y peleas pero pudimos ajustarnos y con el tiempo nuestra nueva convivencia se volvió agradable, divertida y cariñosa. Nunca habíamos pasado tantos tiempos solos, sin su padre.

    Aquí doctor comienza la parte más repugnante de mi relato, aquella por la que seguro me vea arrastrada al infierno.

    Una noche, el tiempo en pandemia es difícil porque dormíamos y despertábamos muy tarde, estaba poniéndome el piyama para después, regresar al sillón donde teníamos nuestras maratones de series, y descubrí que H espiaba como me desnudaba.

    Primero fue una sombra, un movimiento reflejado en la esquina del espejo que lejos de asustarme hizo que creyera que estaba por entrar o por cruzar el pasillo. Además todavía tenía puesta parte de la ropa. Se de gente que en pandemia vivió en pijama, pero con H nos impusimos vestirnos cada día como si fuéramos a salir, el a la escuela yo a ningún lado, y lo que empezó como un conjuro contra la depresión se transformaría en un juego.

    La sombra seguía allí. No sabía bien que pensar y decidí probar una teoría. Sin mirar, baje la bombacha hasta mis pies y la arroje al cesto de la ropa sucia. Como conservaba puesta la camisola azul la sombra no había podido ver nada pero si saber que abajo no tenía nada.

    Tengo grabado en el recuerdo hasta el capítulo que teníamos pausado ese día. Así que regrese, una camisa que me llegaba hasta debajo de la cola desnuda y propuse hacer unos pochoclos antes de seguir y le pedí ayuda. Acudió como un perrito.

    Le di la espalda para cocinar. Podía sentir como me miraba la cola, la parte del cuerpo que menos me gusta y aun así, sentía como atraía la atención de mi hijo. El maíz explotaba contra la tapa de la sartén y regresaba hecho pochoclo así que con un gesto de la mano le pedí que buscara un bol donde poner todo.

    Lo sorprendió que me sentara en una banqueta a comer algunos en la cocina. Estiraba mis piernas y comía distraída los pochoclos fingiendo estar interesada en el techo y de reojo podía ver como miraba el borde de la camisola esperando ver más allá. Me miraba. A partir de ahí podría hacer una lista de las pruebas que le puse.

    Me espiaba cuando despertaba y cuando me iba a dormir. Espiaba cuando me bañaba. La idea de vestirme se transformó en un show para él. Salía de la cama desnuda y a pesar de que no me gustaba mi cuerpo sentía que era una mujer muy sensual la que se demoraba en poner el corpiño y la tanga para que su hijo la mirara. Empecé a usar polleras de jean con bombachitas abajo. Usaba corpiños, es obligación cuando se te caen las tetas, pero vestía camisolas transparentes que mostraban todo. Me puse calzas y elastizados que me levantaban el culo y hacían ver mis piernas más lindas.

    El no despegaba los ojos, donde fuera mi cuerpo su vista me seguía como cuando era un bebe y creía que, si no me veía, podía ser que no estuviera más.

    Fue un proceso lento con los días confundidos de la cuarentena.

    No, el nunca quiso tocarme o hacer nada conmigo. Se portaba con timidez y espiaba en silencio, además estaba más dulce, más obediente.

    Me da mucha vergüenza decirlo pero me sentía linda, que podía excitar a un joven que sí, claro, era mi hijo, pero aunque estuviera mal eso era lo que pasaba. Veía las publicidades, las dos hijas de la vecina, las pendejas del pueblo, y sentía que mi cuerpo no entraba con el modelo de mujer. Desnuda, mis tetas ya no se podían sostener solas y caían, separándose un poco una de la otra. No eran feas, el pezón era arrugado y se veían sexys a pero igual las levantaba con las manos pensando ojala fueran así, más firmes, más altas. Pensaba por suerte no estoy gorda. Las presiones en las mujeres son muy fuertes. No estas gorda pero estas redonda y miraba los rollos suaves a mis costados y un ligero babero que empezaba a insinuarse debajo del ombligo. Podía verlo. Y faltaba lo más feo de mi cuerpo, los muslos y la cola. Sentía la carne caída, percibía la celulitis, las estrías… y a esa horrible mujer, un joven le devolvía el reflejo de una mujer hermosa??… la caída era inevitable.

    Un resumen la pandemia comenzaría así: Comimos hamburguesas, dulces y nos agotamos de ver series. Jugamos a las cartas y a los dados, a la escondida en la casa y a las preguntas y respuestas. Además, cada vez que las tetas o la cola de mama quedaban al desnudo, los ojos de H estaban allí, espiando. En el momento en que la mano probaba el agua para bañarse, en la cerradura, estaba el, deseando el cuerpo desnudo de su mama. Cuando la bombacha subía por la rodilla y todavía podía verse la cola blanca, el pubis y los labios gruesos de la concha de mama, cuando se secaba lento o cuando no se secaban y se ponía así, desnuda y llena de gotitas a revolver los cajones del baño. Cada vez estaba el. Lo sentía respirar, sentía su calor a través de las puertas. Una mama sabe esas cosas.

    Como me satisfacía doctor no se lo voy a decir, pero tiene que saber que nunca me vio haciéndolo y yo tampoco. Esa es una de las cosas que lo hacían parecer inocente frente a mis ojos, una tontería del encierro que le servía para alimentar sus pajas, con la única mujer cerca.

    Con el fin de las disposiciones de aislamiento, se flexibilizaron las salidas y los chicos tuvieron que regresar a clases. También estaba planteado que mi esposo, su padre, regresara. Eso nos ponía incomodos como si amenazara con pinchar la burbuja de la felicidad. Pero mi marido no parecía demasiado apurado en regresar, la pandemia seguía, y los días se alargaban en esa incertidumbre.

    Una mañana H falto al colegio porque se sentía mal y con el correr del día comenzó a levantar temperatura. Me asuste. Me daba rabia pensar que justo a la salida de la pandemia mi hijo fuera a contagiarse y rece, no me avergüenza decirlo aunque mi lugar sea el averno, pidiendo que no fuera nada. Acostado en su cama, monte en su cuarto mi campamento de enfermera. La fiebre subía y a pesar que intentaba bajarla con paños fríos, su cuerpo hirviente los secaba. Con esfuerzo, tiene tres veces mi tamaño a pesar de tener 18 años, lo puse de pie y lo lleve al baño. Con miedo a dejarlo caer lo senté y abrí el agua fría. Usaba de pijama un pantalón deportivo. Nada más. Me acuerdo porque después, mojado, fue muy difícil sacárselo y eso, provoco que yo también me mojara la ropa en el intento.

    A pesar del baño la fiebre seguía alta y apenas si reacciono para volver a acostarse. Porque no le puse la ropa?? No lo sé, su cuerpo hervía y las sabanas empapadas lo hacían parecer una mala idea. Porque me quite ahí mismo la ropa mojada pudiendo hacerlo en el baño tampoco puedo explicarlo. Eran una bombacha común y un corpiño liso que me sostenía las tetas. En ese momento pensaba solo en él, y es una verdad en mi corazón y ante los ojos del supremo que va a condenarme.

    También es cierto que le mire mucho la pija. Para alguien que tanto espiaba había algo gracioso ahora en el hecho de ser mirado. En el baño con los esfuerzos para desnudarlo, envolverlo en el toallon y regresarlo a la cama casi no había visto nada. Ahora tenía para mis ojos de amor maternal el cuerpo desnudo de mi hijo.

    Fue la primera vez que sentí, paralelo al amor de madre, deseo de mujer por el cuerpo de un hombre.

    Sus piernas eran largas y musculosas. Allí donde se unían, en el centro, arriba de una bolsa oscura y arrugada, se levantaba una torre de carne ligeramente más oscura que la piel del resto del cuerpo. Estaba surcada de venas, algunas finitas que solo se veían luego de un rato y otras que sobresalían hinchadas, llenas de sangre. La piel parecía finita, sensible, y no era chica, aun dormida parecía grande. Y gorda. Podía ver que era gruesa. La cabeza estaba cubierta por un borde de piel y apenas si asomaba una piel rosada como si dentro guardara un cariñoso animal de un solo ojo.

    La tarde siguió como una cadena de preocupaciones. La fiebre se mantenía constante como si fuera una tormenta y recorrí una y otra vez el camino al baño para humedecer un trapo o renovar las toallas empapadas con las que secaba su transpiración.

    Con la caída del sol empezó a subir la fiebre, rozando los 40 grados a delirar. Hablaba solo, palabras sueltas, y cuando lo abrace y sostuve contra mi pecho vestido solo con el corpiño, dijo mama como si fuera un niño y respirando contra mí, se durmió al influjo de las caricias que hacía en su pelo acunándolo. Luego lo recosté, cuando se durmió y parecía bajar la fiebre.

    Desperté minutos antes de la medianoche, la voz de mi hijo gritando: mama, mama, y su cuerpo ardiendo. Esta vez sus delirios parecían concentrados en mí.

    Mama te amo- decía- siempre te amé mama y extendía sus manos para aferrarme.

    Por supuesto que me acerque y me deje agarrar, conteste que también lo amaba y no me importo que su cuerpo desnudo se abrazara a mí, porque lo sentía arder y quería consolarlo.

    Lo vi dormitar, revolverse inquieto en fragmentos de sueños. En un momento comenzó a murmurar mi nombre y a dibujar, con sus manos, la forma de un cuerpo sentado sobre su pija. Podía ver, por la fuerza de sus caderas, la sabana moverse como si fuera un cuerpo real.

    Mi hijo soñaba que me estaba cogiendo. No pude resistirlo y aparte las sabanas a un costado para mirar. La pija se levantaba como si en la columna durmiera un rascacielo que se levantara ahora en todo su tamaño. La cabeza del animal aparecía entera, brillante, el ojo como una boca que respirara temblorosa, o un bastón agitado en el aire, la carne gorda, un poco más oscura, del tronco de su pija, empujándola adentro del cuerpo soñado de su madre.

    Empezó a decir mama, ma, mami, varias veces mami y decía te amo y decía tu cola mami y la agarraba en sueños y soñaba que me cogía así agarrado.

    Es una confesión, pueden creerla o no. Lo cierto es que toque su frente. Volaba. Me senté al borde de la cama, de espaldas a esa pija que hasta ayer no sabía que se había puesto tan hermosa y gorda y seque el pecho desnudo, las axilas. Tocaba su piel con la toalla y en mis oídos retumbaban sus palabras: mami te amo, te amo mami, y era como sentir el aroma de un perfume que me mareaba.

    Deje de pensar y seguí secando, recogí el sudor de su ombligo y después en su pubis. Pronto muy pronto me choque la pija y la empecé a acariciar, de arriba abajo, y aunque todo comenzó como una preocupación de madre en algún momento cruce el puente de estar haciéndole una paja.

    La mano izquierda apoyada en su muslo, la derecha subiendo muy suave a la cabeza y bajando, recorriendo la pija y apretando, deslizando la piel y frotándola en el círculo de la mano. Arriba y abajo porque no llego a cubrirla toda. Pruebo con las dos y tampoco. Me siento orgullosa de la pija de mi hijo y me rio. Me digo que soy una mama muy puta y me rio aunque acelero la paja. Agarro los huevos, los acaricio, los aprieto suave, como si fueran míos, se los estiro apenas. Siento que va a acabar. Una mama sabe esas cosas.

    Me paro y lo envuelvo con la toalla. Agarro con la mano la pija que ahora parece una carpa y acaricio su pecho mientras recupero el ritmo de la paja. En ese momento en la habitación son su pija y el sonido de su voz, las palabras mami te amo mami te amo.

    Acaba. Su cuerpo se dobla y después se estira hacia arriba como si su pija fuera una espada del amor y el la clavara hasta el puño. Grita mi nombre, me llama mama y de a poco se relaja.

    No tengo pensamientos reales, solo recuerdo soltarlo, caminar de espaldas hasta la silla, sentarme con las piernas levantadas al borde y corriendo mi bombacha con la mano izquierda tocarme la concha. Y acabar. Acabar mucho.

    De que siento vergüenza, de verdad lo pregunta?? Siento vergüenza de decirle acá tenes a tu mama para usarla como puta, de pedirle que me coja como a una perra, de decirle soy mama vaca mama cerda, tu esclava puta. Vergüenza de decirle te amo pero decirlo como mujer y no como madre mientras me hacia esa paja…

    Pero más vergüenza me da todo lo que paso después…

  • Los albañiles me rompieron el culo en casa

    Los albañiles me rompieron el culo en casa

    Mi nombre es Alexandra, tengo 27 años, mido 1.68 m. Soy de piel clara, tengo el cabello castaño claro, me gusta traerlo largo, me llega hasta la mitad de la espalda, soy delgada, tengo una cara bonita y ojos color café claro me gusta maquillarme y usar labiales rojos. En esta ocasión les quiero relatar una fuerte experiencia que tuve con unos albañiles cuando era una chica universitaria de 21 años.

    Como se podrán imaginar a esa edad yo estaba en plena flor, tenía bonita figura ya que desde chica me ha gustado hacer ejercicio solo para tonificar mis piernas y glúteos, mis senos medianitos y redondos, mis pezones son rositas y como montañitas. La cintura definida, el abdomen plano y un culito muy bien formado sobre todo cuando uso jeans, se me marcan muy bien mis nalgas levantaditas y al juntar mis piernas se me forma un huequito apretando mi zona intima, tengo piernas estilizadas que me gusta mostrar cuando uso minifaldas pues tengo la piel muy suave. Me gusta ser muy femenina, seductora y vestir provocativa, aunque siempre procurando mantener una buena imagen ante las personas que me conocen.

    En aquel entonces yo estudiaba en la universidad la licenciatura en administración, y el semestre había terminado por lo que yo estaba de vacaciones y me la pasaba todo el día en casa. Mis padres estaban divorciados y yo pasaba la mayor parte del tiempo en casa de mi mamá en Zapopan, Jalisco ya que ahí se encontraba la escuela donde estudiaba. Mi mamá trabajaba como enfermera en una clínica, y tenía un horario muy extenso, se iba desde las 7 de la mañana y regresaba aproximadamente a las 8 de la noche.

    Un día escuché que mi mamá estaba hablando con un señor, se trataba de un maestro albañil que le habían recomendado para hacer una remodelación en nuestra casa. Mi mamá le dijo que si podía ir al día siguiente por la mañana ya que era sábado y ella descansaría, por lo que podría recibirlo para que le hiciera el presupuesto. Como yo siempre he sido muy vanidosa, al saber que iba a llegar gente a la casa, me levante temprano, me bañe y me peine aplicando una crema para el cabello que me lo deja fresco y con aroma a coco, me vestí muy coqueta con una blusa amarilla de tirantes que me quedaba arriba del ombligo, decidí no ponerme brasier porque quería se notaran mis pezones en la blusa, un short blanco muy pequeño que resaltaba mis nalgas y me puse mis tenis blancos. Por lo que me veía como una jovencita atractiva y fresca.

    De pronto escuche que tocaron el timbre y mi mamá me pidió que abriera la puerta. Así que fui a ver quién era y al abrir la puerta vi al Maestro albañil.

    —Hola, buenos días, soy Don Felipe. —Me dijo recorriendo mi cuerpo con su mirada.

    —Hola buenos días soy Alexa, la hija de la señora que lo llamó. —Le contesté muy dulcemente.

    Él era un hombre rudo y fuerte, moreno claro, con barba, de aproximadamente 40 años. Venía acompañado de sus 6 ayudantes, todos ellos de aproximadamente 35 a 38 años, también morenos claros, rudos, algunos tenían tatuajes en los brazos y se podía ver que sus cuerpos estaban curtidos por el trabajo duro. Pude notar que se me quedaron viendo directamente a los senos de forma lasciva, pues mis pezones estaban levantados ya que me acababa de bañar y con el frio se me ponen duritos y muy lindos.

    —¿Está tu mamá? —Me preguntó mientras me miraba mis pezones duritos.

    —¡Sí, pasen por favor! —Respondí con mi voz de escuincla cachonda.

    Los fui guiando hasta la sala mientras caminaba muy femenina contoneando mi trasero pues yo sabía lo que tenía, mi culito se veía hermoso, muy bien formadito. Subí a la habitación de mi mamá.

    —Mami ya llegaron los albañiles, los dejé pasar y están esperándote en la sala.

    —Ah, está bien hija. Diles que ahorita bajo que, me esperen tantito por favor.

    —Dice mi mamá que ahorita baja que, la esperen tantito por favor. —Les dije de forma dulce y coqueta.

    —Sí está bien niña, aquí la esperamos. —Todos ellos me estaban cogiendo con la mirada, me puse muy nerviosa y mis pezones se me alargaron levantando la tela de la blusa.

    —Hola, buenos días. —Dijo mi mamá bajando las escaleras.

    —Hola, buenos días. Soy Don Felipe y ellos son mis chalanes.

    —Mucho gusto, yo soy la señora Rocío. —Les dijo mi mamá a los albañiles.

    —Usted me comentó que quiere le hagamos una remodelación ¿Verdad? Si gusta decirme que tipo de trabajo necesita que le hagamos, para hacerle el presupuesto. —Les cuestionó Don Felipe.

    —Sí, por favor, acompáñenme al patio trasero. —Todos salimos al patio trasero para que mi mamá les explicase mejor.

    —Debido a la delincuencia que se está dando en esta zona, me da miedo que alguien pueda saltarse por las bardas del patio. Entonces me gustaría que levanten la barda un metro más y que le pongan alambre de púas. También quisiera que la barda quedara con un acabado igual al que ya tiene, para que no se vaya a ver fea, y que la pinten del mismo color.

    —Ah, muy bien señora. Entonces déjeme tomar unas medidas.

    El maestro albañil junto con sus chalanes, comenzaron a tomar medidas con una cinta métrica. Al terminar hizo algunas llamadas desde su celular preguntando por precios de materiales. Después de unos minutos le hizo el presupuesto a mi mamá.

    —Este tipo de trabajo lo podemos terminar muy rápido, aproximadamente en 4 días y quedaría muy bien. Podríamos comenzar a trabajar el día lunes. —Le propuso Don Felipe a mi mamá.

    —Me parece muy bien, entonces aquí los esperamos eh.

    Los acompañamos hasta la puerta, yo me fui caminando por delante de ellos disfrutando de sentirme mirada por esos hombres fuertes. Nos despedimos y les dije que los esperábamos el lunes.

    Todo el fin de semana me la pasé teniendo pensamientos morbosos sobre las cosas que podría hacer con esos hombres para estarlos provocando durante esos 4 días. Yo había perdido la virginidad desde muy chica y disfrutaba mucho de masturbarme y tener pensamientos eróticos, pues por mis atributos físicos toda mi vida había sido asediada por los hombres y aprendí a disfrutarlo.

    Mi mamá me pidió que de favor a partir del lunes estuviera al pendiente de la casa, por si se les ofrecía algo a los albañiles, me reí por dentro ya que yo era quien se les iba a ofrecer. Me comentó que ella dejaría algo de comida para que les ofreciera y dinero por si necesitaba comprar algo.

    El día lunes, me levanté muy temprano por la mañana para arreglarme. Quería verme muy sexy, así que me peiné y maquillé. Para vestir elegí unos jeans blancos con rasgaduras al frente y una ligera rasgadura debajo de la nalga derecha, una blusa negra de tirantes escotada y unos tacones negros y altos. Estaba muy nerviosa y ansiosa por que llegaran, para que me vieran así de linda, arreglada para ellos. De pronto escuché el timbre y abrí la puerta, ahí estaban todos ellos, mis hombre fuertes y rudos a los que había elegido para seducir y sentirme muy deseada, estaba en mi casa y nadie lo sabría. Ellos se me quedaron viendo con mucho morbo, eran miradas sucias, las que recibí directo a mi culito esta vez, pues los jeans blancos y ajustados marcaban mi figura a la perfección y se podía ver mi vagina con sus labios apretados por la tela, las rasgaduras que dejaban ver la piel de mis piernas invitaban a que me tocaran, aunque aún no era momento.

    Así que entraron a la casa cargando sus herramientas y yo los guie para que me fueran comiendo el culo con su mirada, pues la tela estaba tan ajustada que me separaba ligeramente las nalgas y las levantaba, llegamos al patio trasero dejaron sus herramientas y comenzaron a descargar de una camioneta algunos bultos de cemento, tabiques, arena y demás material para construcción. Yo me fui a sentar en el sofá de la sala muy sexy, bajé los tirantes de mi blusa, para mostrar un poquito mi brasier y ellos pudieran verme cada que pasaran.

    Los albañiles, continuaron con sus labores y más tarde cuando ya iba a ser la hora de la comida, subí a mi habitación para retocarme el maquillaje y peinarme. Estaba muy nerviosa y excitada pues quería seducirlos mostrándoles un poco más de mi cuerpo, me miré en un espejo grande y comencé a tocar mis senos y estimulé mis pezones, frotaba mi vagina pasando mi mano sobre el pantalón ajustado, sentí como lubriqué y mojé mis jeans dejando una pequeña macha de humedad, después metí las manos en mi brasier para levantar más mis senos y que mis pezones quedaran ligeramente visibles, solamente dejé abajo un tirante para que la blusa cayera un poco y se viera mi brasier negro, era una lencería de mi marca favorita victoria´s, bajé y salí al patio para invitarles a pasar al comedor, se sentaron y comencé a servirles en sus platos. Cada que me acercaba a uno de ellos para servirles de comer, me sentía su zorra, les arrimaba mis nalgas hasta sentir mi pantalón rosando con sus brazos, un par de veces deje caer cubiertos al suelo para recogerlos, era el pretexto perfecto para inclinarme y mostrarles mi culito que ya estaba bien mojado, así como mis senos que casi se salían del brasier al inclinarme. Los albañiles no paraban de voltear a verme con miradas morbosas, como si quisieran meter su lengua en mi vagina y comérsela a lengüetadas. Miraban mis senos lascivamente, sentía como mis pezones se endurecían cada que los volteaban a ver.

    Esa misma rutina estuve siguiendo los primeros 3 días, cambiando mis looks y siempre ofreciéndoles mi cuerpo en cada oportunidad. Los albañiles ya iban avanzados en su trabajo, los escuché decir que al día siguiente en la tarde terminarían. La casa es de dos pisos y mi habitación esta arriba, así que como estaba un poco aburrida me subí a descansar. En mi habitación hay una ventana en dirección al patio trasero, pude ver a los albañiles sentados platicando y escuche decían cosas muy morbosas sobre mí.

    —¡Esa morrita está bien buena!

    —¡Sí, dan ganas de meterle la verga bien duro!

    —¿Si le viste las tetas güey?

    —Sí, no mames me daban ganas de agarrárselas y mordérselas.

    —Yo cuando me estaba sirviendo de comer el otro día, quería meterle la mano entre las nalgas.

    —A mí me dan ganas de romperle su culito.

    —Sí, yo se la metería bien duro por atrás.

    Al escuchar esos comentarios, sentí miedo pues estaba sola en mi casa y ellos eran 7 hombres adultos, fuertes que estaban deseosos de cogerme, y peor aún ya estaban hablando de cogerme analmente, pues querían romperme mi culito, y en ese momento yo no estaba preparada.

    Me puse muy nerviosa pero también muy excitada y comencé a tocarme los senos, mis pezones estaban muy sensibles y mi vagina muy lubricada, me ruboricé mucho y me masturbé mientras los miraba a escondidas por la ventana y seguía escuchando todo lo que les gustaría hacerme. En ese momento decidí que quería ser suya, me surgió un fuerte deseo morboso de ser penetrada por todos ellos y que saciaran sus ganas conmigo, deseaba sentirme sumisa y vulnerada.

    Esa noche antes de que mi mamá regresara de trabajar, fui a comprar unas cervezas para ofrecérselas a los albañiles al día siguiente y las guardé en mi habitación, después fui a la habitación de mi mamá y busque dentro de los cajones de su recamara, ya que como es enfermera tiene acceso a medicamentos para la impotencia que se trae de la clínica para dárselos a su actual pareja. Después de hurgar en su cajón, encontré unas cajas con tabletas azules, ¡Viagra! Entonces saque 7 tabletas una para cada uno de los albañiles.

    Como ya les había comentado soy una chica que ha explorado en su sexualidad muy rápidamente, por tanto, ya me había convertido en una experta practicado el sexo anal con mi novio Eduardo. Así que fui a mi recamara y busqué mi enema para limpieza anal y un plug anal con adorno de corazón que había comprado desde hace unos años. Entre a bañarme y me apliqué varias veces el enema hasta quedar limpia y me puse en el ano un lubricante intimo que siempre traigo en mi bolso, comencé a introducirme el plug en el ano muy suavemente, sentí una punzada, pero fue pasando. Me dormí desnuda con el plug anal dentro de mi ano toda la noche, para estar muy dilatada por la mañana.

    Desperté muy cachonda, con las hormonas al máximo pues estaba en mis días fértiles y lubricaba mucho, cada rosé de las sábanas con mi piel era una delicia, me sentía mujer, muy femenina y tan dilatada que ya no sentía el plug en mi ano, pues me había acostumbrado a su grosor. Así que me levanté y me aplique el enema nuevamente para asegurarme de estar limpia, me depile completamente pues soy una mujer muy vanidosa, y me bañe con agua caliente enjabonándome el cuerpo muy sensualmente, me di mucho cariño, me sentía muy excitada. Me puse lubricante en el ano y coloqué de nuevo el plug.

    Me puse una crema con aroma a coco que dejo mi piel deliciosamente suave, me puse una tanguita muy erótica color negra de mi marca favorita y decidí no usar brasier ya que me gustaba mucho la forma natural de mis seños, pues estaban muy firmes. Elegí un vestido blanco de tirantes delgados, estaba muy cortito me quedaba a tres dedos debajo de mis nalgas, era de una tela muy delgada y me quedaba muy ajustado mostrando mi figura perfectamente, mis pezones quedaban marcados levantando la tela, hacia lucir mi culito hermoso, y tenía un escote muy pronunciado que dejaba ver en medio de mis senos. Me puse tacones plateados y altos que tenían unos retoques de brillantes. Alacié mi cabello castaño claro y largo. Me maquillé y puse labial rojo, pestañas postizas, mis arracadas de plata 925 y además me puse un perfume muy fino, que solo usaba en fiestas. Quede hecha una princesa, lista para que esos hombres me cogieran brutalmente, pues es lo que buscaba.

    Estaba tan nerviosa que no tenía ganas de desayunar, absurdamente sentía mariposas en el estómago, me temblaban las manos pues, esos albañiles me verían como los perros ven un pedazo de carne. Fui a la habitación de mi mamá y tomé una botella de vodka que tenía en su cajón. Le di un buen trago con el estómago vacío. Después de unos minutos sentí como mi cara se ponía caliente por el efecto del alcohol, me sentí muy cachonda, mi vagina lubricaba mucho. Sentía un delicioso calor y sensibilidad en mi ano con el plug anal puesto. Unos minutos después escuché el timbre, tomé las cervezas que escondí en mi cuarto y bajé con ellas para meterlas en el refrigerador, después caminé hacia la puerta dejando el aroma de mi perfume por toda la casa. Miré por la ventana y pude ver que eran los albañiles, me estremecí y sentí mucho temor, así que no abrí, fue hasta que tocaron el timbre de nuevo que tomé valor y les abrí. Al verme se quedaron callados, sentí que me estaban devorando con sus miradas morbosas, mis senos se pusieron firmes y sentí como se erizaba mi piel levantando mis pezones tras la tela del ajustado vestido, mi vagina estaba hecha un rio, casi podía sentir sus vergas atravesándome. Les pedí que pasaran y los acompañé de nuevo al patio para que fuesen detrás de mi comiéndome el culo con sus miradas. Llegamos al patio y les comenté que me gustaba mucho el trabajo que estaban haciendo y les pregunté que si ese mismo día terminarían y me dijeron que sí. Se quedarían hasta las 8 de la noche que llegara mi mamá, para entregarle la obra que hicieron y retirarse. Sali del patio para que ellos continuaran con su trabajo y me senté en el sofá de la sala a ver televisión.

    Cuando vi que comenzaba a hacer un poco de calor, fui a mi habitación por las tabletas de viagra, yo quería provocar más a esos albañiles, y con esas pastillas sabía que sus vergas se pondrían mucho más duras y mantendrían la erección mucho más tiempo, que les puedo decir era una chica muy cachonda y quería ser cogida durante horas sin parar. Preparé una limonada y la vacié junto con las 7 pastillas en la licuadora, dejé remojar unos minutos para después encender la licuadora y disolverlas perfectamente. Subí mi vestido un poquito más, justamente donde comenzaban mis nalgas y bajé uno de los tirantes del vestido para descubrir un poco mis senos sin que llegaran a verse mis pezones. Servi siete vasos y se los fui llevando a cada uno de los albañiles diciéndoles que se los preparaba con mucho cariño, mientras ellos miraban mis suaves y hermosos senos. Me dieron las gracias y me retiré a mi habitación durante una hora en lo que hacían efecto las pastillas.

    Cuando llegó el momento fui a la habitación de mi mamá que está al lado del mío y me llevé la botella de vodka a mi habitación, me serví en un vaso de cristal hasta la mitad, sabía que era demasiado alcohol, y que si lo tomaba se me iba a subir muy rápido ya que no había desayunado, pero yo quería alcoholizarme completamente para no poner resistencia a nada, quería que me cogieran brutalmente e hicieran con mi cuerpo cuanto quisieran esos albañiles sucios y rudos. Así que me tomé el vodka de un trago, a los 5 minutos sentí como se me adormeció la cara y me comencé a sentir muy cachonda y desinhibida, tanto que comencé a tocar mis senos y frotar mis pezones frente al espejo de mi habitación quedaron muy levantados y duros. Baje mis manos para introducir tres dedos en mi vagina lo que me hizo soltar algunos gemidos. Ya era el momento de ofrecerme completamente a esos albañiles, estaba sola en mi casa y mi mamá llegaría hasta las 8 de la noche, me sentí, desprotegida, vulnerable, a merced de esos hombres.

    Saqué del refrigerador los dos six de cerveza muy fríos y los deje en mi habitación. Volteé a verme en el espejo y me levanté el vestido descubriendo la mitad de mis nalgas, para ofrecerles una hermosa vista de mi culito bien caliente y lubricado, así como de mis deliciosas piernas de jovencita universitaria. Enseguida con suavidad retiré el plug de mi ano, sentí muy rico cuando salió y vi escurrir lubricante entre mis nalgas, en ese momento creí que mi ano ya estaba listo para ser penetrado violentamente por esas vergas que estarían reventando de gruesas. Me bajé los dos tirantes del vestido, jalé la tela un poco hacia abajo para dejar mis pezones rositas completamente descubiertos, estaban muy duros y sensibles.

    Saqué el lubricante vaginal de mi bolsa y lo dejé en la cama. Bajé las escaleras sintiéndome muy alcoholizada y con la vagina mojada. Salí al patio trasero con el corazón latiendo rápido, el abdomen se me contraía de los nervios, estaba frente a los albañiles, podían verme los pezones de fuera y el vestido mostrando la mitad de mi culito.

    —Hola chicos ¿Les gustaría descansar tantito para tomarnos unas cervezas? — Les dije con mi voz nerviosa, dulce y cachonda de escuincla, sintiendo mis pezones excitados y descubiertos ante ellos.

    —¡Sí, está bien! —Los albañiles no podían dejar de verme los pezones.

    —Nada más que, me gustaría que nos las tomáramos allá arriba en mi habitación, es que ahí me voy a sentir más cómoda. —Cuando les dije eso me sentí muy sensible y femenina, estaba invitando a esos albañiles a mi habitación, era mi lugar especial, donde me sentiría cómoda para entregarme completamente a ellos.

    —¡Ah! ¡Sí está bien! —Me dijeron recorriendo mi cuerpo con sus miradas.

    —¡Si gustan venir, ya tengo las cervezas en mi habitación! —Mi vagina estaba muy caliente y lubricada, podía sentir mi tanguita mojada.

    Me di la vuelta y comencé a caminar muy femenina con mi vestido mostrándoles la mitad de mi culito, cuando ya íbamos subiendo las escaleras fui levantando el vestido con mis manos hasta dejar completamente descubiertas mis nalgas. Casi sentía sus lenguas lamiéndome el culo. Llegamos a mi habitación y les di una cerveza a cada quien, la destaparon y comenzaron a tomar. Ya que tenía a esos hombres con su cerveza en mano, me moría de ganas por desnudarme ante ellos, así que me quité el vestido muy lentamente, quedando mis senos completamente expuestos ante ellos, mis pezones nunca los había sentido tan excitados. Me dejé puestos los tacones, me recosté en la cama boca arriba y abrí mis piernas para mostrarles mi zona íntima a esos albañiles vulgares y morbosos. Lo único que me hacía sentir protegida en ese momento era mi tanguita negra que ya estaba completamente mojada.

    Entonces Don Felipe, se acercó a mí y se lanzó sobre mis senos, comenzó a lamerlos delicioso, podía sentir su lengua pasando sobre mis pezones duros, me los estaba comiendo a lengüetadas, succionaba mis pezones como si me los quisiera arrancar. Los otros seis albañiles me rodearon y comenzaron a tocar mi cuerpo, podía sentirme acariciada de pies a cabeza, no había una parte de mi cuerpo que no estuviera siendo tocada. Don Felipe terminó de lamer mis senos y sin perder tiempo tomó mi tanguita y me la quitó de un jalón, eso causó un fuerte sentimiento en mi abdomen, me sentí desprotegida, muy vulnerable y cachonda.

    Entonces Don Felipe les dijo a los demás albañiles que me abrieran las piernas. Ellos disfrutaban acariciándolas y lamiéndolas desde la entrepierna hasta las pantorrillas. Otros de ellos se lanzaron sobre mis senos y comenzaron a comérselos, mientras el Maestro albañil se comía mi vagina como una bestia, metía su lengua muy rico, podía sentirla moviéndose deliciosamente en mi interior arrebatándome fuertes gemidos. Sentí como lamía y succionaba mis labios internos y externos, mientras estimulaba mi clítoris con sus dedos sucios de cemento.

    —¡Cójanme! ¡Quiero que me cojan muy fuerte hasta cansarse! ¡Pueden hacer conmigo lo que quieran! No se preocupen no le diré nada a mi mamá. Esto es lo que yo quería, que me cogieran entre todos. ¡Quiero que me duela mucho…! —Yo estaba tremendamente excitada, jamás había estado con tantos hombres a la vez.

    Cuando los albañiles escucharon lo que les dije, me levantaron de la cama para llevarme al suelo y me hicieron arrodillarme, se quitaron las playeras y pude ver sus cuerpos fornidos y tatuados, comenzaron a desabrochar las hebillas de sus cinturones, ese sonido del metal de sus hebillas, me hacía saber que iban a sacarse sus vergas para que se las mamara, entonces ellos se bajaron los pantalones y se los quitaron por completo, pude ver como sus vergas estaban muy ensanchadas, reventaban de gordas, yo sabía que era por las pastillas de Viagra que les disolví en la limonada, tenía frente a mi 7 vergas algunas muy gruesas, otras más largas, todas capaces de hacerme sentir mucho placer o dolor según como ellos quisieran.

    Se pusieron a mi alrededor y me tomaron de mi cabello largo y castaño, de una forma muy tosca, me lastimaban al jalarlo, pues me empujaban contra sus vergas haciendo que me las tragara hasta la garganta, lo que me atragantaba y me causaba ganas de volver el estómago, pero lo soporté, me sacaban lágrimas, me sentía utilizada, y comencé a disgustarme porque me estaban tratando de una forma muy agresiva, no terminaba de mamársela a uno cuando otro ya me estaba jalando del cabello para atragantarme con su verga que entraba hasta el fondo de mi garganta, dejando mis labios rojos pegados hasta la base de su verga, así estuvieron peleándose por meter sus vergas en mi boca durante unos 15 minutos. Pude verme en el espejo y tenía el rímel escurrido por mis lágrimas de atragantamiento.

    Uno de ellos me levantó jalándome del cabello y me dio una bofetada no muy fuerte, pero me dejo ardiendo la mejilla, supe que solo lo hizo para castigarme, pues yo les pedí que me causaran mucho dolor, así que me aventó a la cama.

    —¡Estás bien buena mamacita! ¡Tienes un culo bien rico! ¡Empínate para metértela por el culo! —Obedecí para que no me fuera a golpear otra vez. Me excitó mucho sentirme sumisa.

    Me incliné extendiendo mis brazos y dejando pegados los senos sobre el colchón, curveando mi espalda hacia abajo, dejando completamente empinado mi hermoso y suave culito con forma de corazón, mi ano rosita y lubricado estaba siendo entregado a ese albañil sucio para que me embistiera brutalmente, sentí mucho miedo porque él era quien tenía la verga más larga y gruesa de todos, estaba mucho más gruesa que el plug anal, así que mi ano nunca había recibido una verga tan grande y no estaba preparado todavía, sentí como con sus manos toscas y sucias me abrió las nalgas y coloco la punta de su verga en mi ano, me tomo muy fuerte de la cintura.

    —¿Quieres que te la meta toda de golpe?

    —Sí, me gusta mucho sentir que me la meten muy fuerte, ustedes cójanme, aunque me duela mucho.

    —Ya métele toda la verga. Sí, ya métesela, se ve que es bien puta la morrita. —Dijeron los demás albañiles, ansiosos de ver cómo me rompían el culo.

    —¡Sí, ya cógeme! ¡Cógeme! —Le rogaba por que me rompiera el culo, le arrimaba mis nalgas empinadas.

    El albañil me dio un fuerte jalón contra su cuerpo al mismo tiempo que empujo su verga embistiéndome salvajemente, sentí como mi ano se abrió desgarradoramente, me provocó un tremendo ardor y una punzada horrible en mi ano, esa verga se abrió paso en mi interior brutalmente, sentí como topó a fondo en mi interior, dejando a su paso un ardor insoportable.

    —¡Aaaaaaahhhhhhhhh! ¡Aaaaaaaahhhhhhh! ¡Aaaaaaaaahhhhhhhhh! —Grité muy fuertemente, estoy segura que se escucho hasta la calle.

    Mi ano estaba punzando, fue una sensación muy dolorosa, como si tuviese fuego por dentro. Rompí en llanto del que no te deja hablar, tenía mucho sentimiento y contrastantemente el saberme tan lastimada me causo un placer que superaba por mucho el dolor causado. Aquella sensación de estar siendo vulnerada y lastimada tan fuertemente me causó un placer delicioso digno de una masoquista.

    —¡¿Te duele mucho morrita?! —Me preguntó morbosamente el albañil, mientras me restregaba su verga hasta el fondo, como si quisiera llegar más adentro.

    —¡Sí, me duele! —Le dije con mi llanto entrecortado, haciéndole señas con la mano para que continuara—. ¡No te detengas! ¡Sigue!

    El albañil sacó su verga por completo, para ensartarla nuevamente de forma muy violenta, hasta el fondo de mi culo. Sentí como mi ano se abrió de forma intempestiva provocándome un fuerte ardor y la punzada se volvió más dolorosa, pues mi culo estaba siendo penetrado brutalmente. Pude escuchar el sonido del impacto de su cuerpo contra mis nalgas.

    —¡Aaaaaaahhhhhhhhh! ¡Aaaaaaaahhhhhhh! —Yo estaba sufriendo mucho, pero el placer por el dolor era una delicia.

    El hombre continuó sacando su verga por completo y ensartándola profunda y violentamente. Mi ano estaba siendo forzado a recibir esa verga que entraba a empujones, desgarrando mi ano con cada embestida que me daba. Así transcurrieron aproximadamente 5 minutos de tormento. Paulatinamente el dolor fue despidiéndose, para dar llegada al placer absoluto.

    —¡Ayyy! ¡Que ricooo! ¡Cógeme! ¡Más rápido! ¡Más duro! —Yo estaba gozando muchísimo—. ¡Aaaahhhh! ¡Aaaahhhh! ¡Mmmmjjj! ¡Aaaayyy! ¡Aaaahhh!

    Sentía un calor delicioso en mi ano, era ya una necesidad de sentir su verga entrando hasta el fondo y saliendo de mi interior, cada que la sacaba deseaba mucho que me la volviera a ensartar.

    —¡Aaaahhh! ¡Que rica verga tienes! ¡Aaaayyyy! ¡Me lastimaste! ¡Aaaahhh! —El albañil me lastimaba al impactar dentro de mi culo con la punta de su verga.

    —Pero bien que te gusta putita, se ve que disfrutas mucho que te la meta bien duro. — Yo le apretaba la verga con mi esfínter anal, como si se la mordiera con el ano.

    —¡Cógeme más duro! ¡Aaaayyy! ¡Que ricoooo! ¡Así, más rápido! ¡Se siente bien rico! ¡Ay que rico! ¡Me arde muy rico! ¡Fuck me! ¡Fuck me! —Yo aventaba mis nalgas contra el albañil, quería que me la ensartara más adentro, sentía delicioso.

    Dicho esto, el albañil me tomó de la cintura muy fuerte y me jaló contra su verga violentamente, comenzó una penetración frenética. Sentía mi culo adolorido y cansado, podía escuchar el sonido del impacto de nuestros cuerpos al estar piel con piel. Me jalaba del cabello hacia atrás y me dolía, así que yo aventaba mis nalgas contra su verga para atenuar el dolor. Continuó penetrándome analmente aproximadamente 15 minutos hasta que escuché los jadeos del albañil que se estaba corriendo, unos chorros de semen caliente, estaban llenándome por dentro, me sentí muy excitada, pues ese hombre acababa de eyacular en mi interior, haciéndome su zorra.

    Entonces saco su verga de mi ano y sentí como su semen salía de mi ano y se derramaba en las sábanas.

    —¡Ay güey, se le quedó abierto el ano! ¡Se puede ver adentro de su culo! ¡No mames, le abriste el culo! —Dijeron los demás albañiles, al ver mi ano dilatado.

    —Sí, esta morrita está bien buena, se siente bien chingón meterle la verga. Tiene el culo bien caliente por dentro, aprieta bien rico y esta bien limpia, se ve que ya se la habían cogido por atrás.

    Entonces introduje los dedos en mi ano y pude sentir que estaba totalmente abierto, perdí la fuerza en el esfínter anal y quedó dilatado listo para seguir recibiendo más vergas, al mirar mis dedos mojados de semen pude ver que también había sangre y eso me excitó mucho pues fue el resultado de una penetración anal violenta, que me hizo sentir mucho dolor y ser vulnerada por ese hombre. Los otros 6 albañiles continuaron turnándose para penetrarme analmente hasta eyacular todos en mi interior. Mientras esperaban su turno para penetrarme, me tocaban los senos y me atragantaban con sus vergas. Así lo hicimos aproximadamente durante una hora.

    Tomé la botella de vodka y le di un buen trago, que me dejó rendida, y mi entrega hacia esos hombres se volvió mayor.

    —Me gustaría que me penetren anal y vaginalmente al mismo tiempo. —Les propuse muy ebria y cachonda, con mi voz de escuincla ninfómana.

    —Te cogemos como quieras mamacita. Quien se iba a imaginar que, fueras tan puta, se ve que te encanta la verga ¿Verdad?

    —Sí, me gusta mucho que me cojan, se siente muy rico. Quiero que me sigan cogiendo muy fuerte.

    —Esta morrita me pone bien dura la verga. A mi ya se me puso bien dura otra vez. También a mí, ya la tengo bien pinche dura otra vez. —Se comentaban sorprendidos entre ellos.

    Yo sabía que el viagra estaba haciendo efecto y que en consecuencia me iban a seguir disfrutando mucho. Entonces uno de ellos se acostó en la cama boca arriba con su verga bien ensanchada, erecta, descubierta y babosa de semen. Me monté sobre aquel hombre puse la punta de su deliciosa y jugosa verga en mi vagina y simplemente, me dejé caer rendida ensartándome ese miembro viril venoso. Yo no tenía fuerzas en mis piernas, su verga se abrió paso en mi interior, a través de mis paredes vaginales, sentía como mi cuerpo se complementaba era como si mi vagina hubiese estado esperando desde hace tiempo una verga gorda y larga que la llenara, el albañil me tomó de las nalgas y me llevaba hacia arriba y hacia abajo cogiéndome a su antojo, puso sus manos en mis senos, los frotaba y pellizcaba mis pezones, me excitaba mucho, tenía los pezones muy duros y me castigaba pellizcándolos muy fuerte y jalándolos, cuando de pronto sentí otro hombre detrás de mí que se colocó pegado a mis espaldas y me inclino, sentí como coloco su verga gruesa en la entrada de mi ano y me lo fue ensartando hasta el fondo, en ese momento ya tenía dos vergas dentro de mí, era delicioso sentir una verga en la vagina y otra en el ano, podía sentir como esas dos vergas entraban hasta el fondo topando en mi interior muy fuertemente. Cada verga iba a su ritmo, mi vientre se sentía muy cálido, constantemente sentía contracciones en mi abdomen, mis senos estaban muy sensibles y excitados ya que el albañil que estaba atrás de mi penetrándome analmente, me abrazaba y acariciaba los senos mientras me lamía el cuello.

    —¡Ay que rico! ¡Aaahhhhh! ¡Aaayyyyy! ¡Sí! ¡Aaahhaaa! ¡Aaayyy, que rico! ¡Sí! ¡Cójanme ricooo! ¡Más fuerte! ¡Más! ¡Más! ¡No se detengan! ¡Aaayyy, que ricooo! —Me estaba sintiendo muy querida y gozada por esos hombres.

    Súbitamente un sentimiento de vulnerabilidad me invadió y me erizó la piel. No tenía fuerza en las piernas, las sentía entumidas, un calor en mi vagina me estaba avisando que venía un orgasmo que, sería fuerte pues estaba experimentando una doble penetración.

    —¡Aaaahhh! ¡Aaaahhhh! ¡Me voy a venir! ¡Aaayyy que ricooo! ¡Que ricooo! ¡Aaahhh! —Mis pezones rositas se me endurecieron mas y se me alargaron como montañitas.

    Mis hombres comenzaron a trabajar más fuerte para mí, sentí que yo era suya y ellos míos, tanto haberles calentado la verga había valido la pena. Todo el dolor que sentí estaba siendo compensado con placer, de pronto sentí un calor delicioso en mi vientre, estaba teniendo un tremendo orgasmo; quedé rendida.

    —¡Aaaaahhhh! ¡Aaaahhhh! ¡Aaaahhhh! ¡Aaahhhaaa! ¡Mmmmjjjj! ¡Aaaahhh! —El hombre que estaba debajo de mí penetrándome vaginalmente, me acariciaba los senos y pellizcaba los pezones. Y el albañil que estaba detrás de mi penetrándome analmente me abrazaba y metía su lengua en mi oído.

    Yo estaba en clímax, mientras ellos continuaban cogiéndome muy duro hasta que sentí como comenzaron a dispararme chorros de semen caliente en mí vagina y en el ano, fue algo delicioso. Cuando sacaron sus vergas de mi interior sentí como si me faltara algo, tal como si me hubiesen quitado una golosina. Yo necesitaba que otras vergas me cogieran, quería volver a sentir esos chorros de semen dentro. Mi ninfomanía me pedía más, tan solo tenía 21 años, me veía tan hermosa y cachonda pidiéndoles más a esos albañiles. Ellos se turnaron para satisfacerme durante horas, cambiándome de posiciones en la cama, llevándome contra el espejo grande que había en mi habitación para cogerme de pie, me hicieron cuanto quisieron, eyacularon en mi boca varios de ellos y yo me tragué hasta la última gota de su semen.

    Cuando ya se habían cansado de penetrarme, habiéndome usado a su antojo, quise experimentar algo más que, ni si quiera con mi papá había intentado, ya que me daba un poco de vergüenza pedírselo aún. Estaba tan ebria que dejé salir por completo lo putita que soy, al fin que jamás volvería a ver a esos hombres. Así que tomé el lubricante femenino que había dejado en la cama.

    —Don Felipe hay algo que tengo curiosidad de hacer, pero, me da vergüenza —Le dije con voz cachonda.

    —¿Por qué preciosa? ¿Qué es lo que quieres hacer? —Me preguntó mientras miraba mi cuerpo muy morbosamente.

    —Es que he visto videos porno en internet y hay algo que se llama “fisting”, se trata de que usted meta su mano dentro de mí, y me gustaría que me haga eso en el ano pero, si no quiere pues no —Le dije nerviosa y muriendo de vergüenza por lo puta y enferma que me sentí al pedir eso.

    —¡Sí! ¡Sí te lo hago! Ya lo he visto también y me han dado muchas ganas de hacerle eso a una mujer, pero pues no he tenido a una mujer con quien pueda hacer eso. Y si tu quieres pues lo intentamos. —Me contestó muy emocionado y con la cara roja de lujuria.

    —Sí, hágalo por favor —Le contesté muy excitada—. Acérquese para ponerle lubricante en su mano

    —A ver preciosa. —Él extendió su mano derecha y le apliqué lubricante en toda la mano que, por cierto, estaba sucia de cemento, lo que me excitó más.

    —Tiene que estar muy lubricada para que no me lastime tanto y entre más fácil. —Le dije muy nerviosa y temerosa mientras observaba sus dedos toscos y gruesos.

    —No te preocupes preciosa, lo voy a hacer con cuidado. Te voy a ir dedeando hasta que veamos que ya entra completamente y tú me vas diciendo.

    Me incliné en la cama con mis senos bien pegados al colchón y la espalda curveada hacia abajo, dejando muy bien empinado mi culo y le pedí que metiera toda su mano hasta la muñeca dentro de mi ano. Entonces él comenzó a dedearme.

    —A ver preciosa, te voy a meter tres dedos por que veo que ya los aguantas ¿verdad? —Me dijo mientras introducía sus tres dedos en mi ano—. Sí, preciosa te entran bien rico ¿verdad?

    —Sí, ¡Aaaahhh! ¡Aaaahhh! Se siente bien rico, a ver métame cuatro. —Fue algo muy lindo sentir los dedos de un hombre dentro de mi ano.

    —Ya te están entrando, tienes mis cuatro dedos adentro ¿Como te sientes?

    —Se siente muy rico, me duele un poquito ¡Aaaahhh! ¡Aaaayyy! Ya métame la mano completa, suavecito, con mucho cuidado.

    —Ya está entrando mi mano, pero te siento muy apretada, tu me dices si te duele. —Yo sentí como mi ano se estaba desgarrando, jamás lo había sometido a tal estiramiento, sentía mucho ardor, como si se me fuera a reventar y me dio miedo, pero la excitación me rebasaba.

    —¡Aaayyyyy! ¡Aaaahhh! ¡Me duele mucho! ¡Aaaayy! ¡Aaaayyy! ¡Ya hagalo! ¡Más Fuerte! —Mi ano se estaba estirando, estaba abriéndose más y más. Me ardía alrededor del ano, pero era placentero.

    —Te la voy a meter un poquito más fuerte. —Cuando dijo eso me sentí muy excitada y el deseo de sentir esa gruesa, sucia y tosca mano dentro de mí. Me hizo aventar mis nalgas, entregándoselas para que su mano entrara completamente hasta la muñeca.

    —¡Aaaaaaahhhhhhhh! ¡Aaaaahhhh! ¡Aaaaayyyy! ¡Me duele muchísimo! ¡Aaaaahhhhh! ¡Me dueleee! ¡Aaaayyyy! —Sentí mi ano desgarrado y el culo muy abierto. Ya no pude contenerme y rompí en llanto, lagrimas negras y saladas escurrían el rímel de mis pestañas, rodando por mis mejillas.

    —Ya te entró preciosa, tengo toda mi mano adentro de tu culito, se siente muy rico, está muy caliente. ¿Te duele mucho verdad? ¿Quieres que te la saque? —La mano de aquel hombre me tenia destrozada, sentí como mi ano intentaba contraerse y apretaba la mano del albañil.

    —No, no me la saque, déjela un rato ahí adentro. Quiero disfrutarla, siento mucho dolor, pero es muy lindo, siento bonito.

    —Está bien preciosa, entonces te la dejo adentro un rato. —Así la dejó durante 5 minutos.

    Yo me sentía desbordando de lujuria y excitación, esa mezcla de dolor y placer, me hacía sentir plena. El saber que un hombre tenía su mano adentro de mi causándome tal sufrimiento, fue el alimento perfecto para mi masoquismo.

    —A ver ahora intente cerrar su puño adentro de mí —Le pedí sabiendo que eso me dolería más—. ¡Aaaahhh! ¡Aaaahhh! ¡Me duele mucho! ¡Aaaahhhh! ¡Me gusta! Ahora, saque su mano con mucho cuidado por favor, muy suavemente.

    Cuando Don Felipe, sacó su mano de mi culito por completo, todos pudieron ver como mi ano quedo abierto, mostrándoles a todos el interior de mi culito, como si pidiera más, eso me hizo sentir mucha vergüenza, ya que perdí la fuerza en el esfínter y se me quedó abierto durante algunos segundos. Le pedí a Don Felipe, que la volviera a meter, así lo hizo y comenzó a meter y sacar toda su mano con facilidad. Después le pedí que sacara su mano y me penetrara con el puño cerrado en repetidas ocasiones. Cuando lo hizo sentí como mi ano se abría más por dentro provocándome un poco de dolor, pero era muy excitante saber que tenía esa mano tosca adentro de mí. Los demás albañiles al ver eso, se excitaron mucho y se peleaban por meter su mano también. Al verlos tan excitados y deseosos de meter su mano en mi culo, los fui llamando para ponerles lubricante y dejar que me hicieran “fisting”, así lo hicieron con el puño cerrado entrando y saliendo de mi ano durante media hora aproximadamente.

    Después de haber recibido ese “fisting” delicioso, y teniendo los albañiles sus vergas muy erectas nuevamente por el efecto del viagra. Me recosté en la cama y les pedí que eyacularan sobre todo mi cuerpo, así que se masturbaron y me bañaron con chorros de semen. Me quedé rendida en la cama, no habíamos visto el reloj, ya era muy tarde casi las 7 de la noche, faltaba poco para que llegara mi mamá, así que los albañiles se bajaron para terminar de enjarrar la barda con cemento. Recogieron sus cosas justo cuando mi mamá iba llegando, le entregaron la obra bien hecha y se retiraron. Entre tanto, yo me bañé y me vestí con mi pijama. Cambie las sábanas pues estaban mojadas y olían a fluidos sexuales.

    Cuando sentí que se me bajo un poco el efecto del alcohol, bajé a la cocina por algo de cenar, pues no había comido nada. Mis piernas estaban temblorosas, mi vagina sensible y mis ojos brillosos por el placer recibido. Saludé a mi mamá y me senté junto con ella, a ver la televisión con mi culo completamente roto.

    Alexandra Love.

  • Me calientas con tus mensajes y exploto sobre mi esposa

    Me calientas con tus mensajes y exploto sobre mi esposa

    Comenzaste a escribirme inocentemente, o quizás no tanto. Algo de lo que escribo parece haberte gustado, tocado alguna fibra especial y pensaste «Que demonios!? Le escribiré».

    Hacía tiempo nada aparecía en mi bandeja de entrada y no hubiera imaginado las consecuencias que tendría responderte. Los primeros cruces fueron algo inocentes, apenas picantes, pero pronto notamos que teníamos varios gustos en común, aumentó la frecuencia de nuestros intercambios al mismo ritmo que la temperatura, unas primeras fotografías sutiles pero muy sugerentes aparecieron, luego conocimos nuestras voces con audios que enviamos a escondidas de las parejas que aún no habíamos confesado que tenemos.

    No tardamos mucho en compartir nuestras más pervertidas fantasías y pronto estábamos masturbándonos mientras relatábamos los detalles a través del chat. La calentura era un camino sólo de ida y decidimos tomarlo a máxima velocidad.

    Fue entonces que llegó esa tarde en particular, ambos estuvimos bastante libres y gracias a afortunadas coincidencias pudimos escribirnos durante toda la tarde. Yo no te di muchos detalles, pero estuve tocándome mientras te leía sin llegar a correrme, cargándome cada vez más y más. En un momento me dejaste entender que estabas sola en casa, recostada sobre la cama, que querías jugar un poco más intenso, saber que haríamos si yo estuviera allí. Te propuse darte cada detalle, pero no sería gratis, debías seguir mi narración con tus dedos. Me devolviste un silencio prolongado en el que pensé que te habías arrepentido pero pronto vi el indicador que estabas escribiendo. El parpadeo de los pequeños puntos suspensivos se hizo eterno, pero pronto apareció tu mensaje en la pantalla aceptando la invitación, más aún, aclarando que con los dedos no alcanzaría por lo que habías ido a buscar uno de tus juguetes.

    Fui cuidadoso en cada detalle, quería darte el placer que no podía darte en carne y hueso. Comencé por quitarte la ropa muy lentamente para meterte en la escena, describí al milímetro como probaría cada región de tu cuerpo, tú me respondías con oraciones cortas para que vea lo que realmente estabas haciendo, para confirmarme que mis palabras estaban teniendo el efecto deseado. Comencé a precisar cómo mi boca se encontraba con tu sexo, cómo complacería cada rincón disfrutando de tu sabor. Tus respuestas comenzaron a ser más esporádicas, sólo formadas por onomatopeyas con vocales estiradas, alguna letra mal puesta que me indicaba que te habías dejado llevar por completo por la historia, entonces te pedí que dejes de escribir, que sólo leas y sigas mis indicaciones, entonces aumenté la intensidad en base a la excitación que yo mismo estaba sintiendo, narraba que hacía con mis dedos para que lo hagas con los tuyos, cada tanto te pedía que cierres los ojos unos minutos sólo para tomarme un tiempo para estimular mi falo erecto que salía entre la cremallera de mis pantalones.

    Continué con el cuento navegando el borde del orgasmo, rogando porque tu estés en el mismo lugar que yo. Sudaba por completo haciendo mi mejor esfuerzo para no romper la escena, hasta que por fin me escribiste unas palabras mucho mejores de las que esperaba.

    -Acabé hace tres oraciones atrás. Pero necesito recuperar el aire.

    Mi miembro goteaba de sólo leerte, las gotas traslucidas de la corrida previa se aventurabas entre mis dedos. Ahora sin mucho detalle te dije que me tenías muy caliente, que estaba sudando y te dejaría recuperar el aliento mientras me duchaba, una vil excusa para evitar correrme sobre el teclado. Me descargué bajo el agua caliente, dejé salir todo el semen que tu habías provocado, pero aun así no estaba del todo satisfecho, quería aún más, quería aún sentir el sabor de un clítoris en la lengua hasta que los fluidos se derramen en mi boca.

    Nos escribimos un poco más hasta la noche, con ganas de hacer realidad las fantasías. Nos despedimos cariñosamente.

    ________________

    Nunca te confesé al día siguiente que pasó esa noche, pero me atrevo a escribir este relato deseando que lo leas.

    Me fui a la cama con mi esposa como cada noche, la invité a sentarse en la cama y me coloqué detrás de ella, aparté su cabello, besé su cuello y coloqué una venda sobre sus ojos. Por un lado, quería complacerla y que se enfoque en las sensaciones, por quería evitar que me mire a los ojos mientras pensaba en lo que habíamos hecho por la tarde.

    Le quité la ropa de la misma forma que a ti, saboreé su cuello, sus pechos, su vientre igual que lo narré contigo, me comí su coño tal cual nuestra historia de más temprano, buscando el sabor de su orgasmo. Agregamos un nuevo capítulo donde subí para besarla, donde me pidió que la penetre y lo hice con toda intensidad. Creéme que disfrutó la erección que tú habías forjado, y debido a mi descarga previa fue más fácil soportar las contracciones que me estrangulaban cuando ella se vino primero.

    Nos recostamos boca arriba uno junto al otro por unos instantes. Cómo de costumbre ella se tomó un minuto para ir al baño y al volver mi erección no había menguado. Desnuda como estaba se recostó nuevamente junto a mi, me dejó que la abrace con mi brazo mientras ella lo hizo con su pierna, acarició mi pecho y bajó hasta sujetar mi polla, la que empezó a estimular con delicadeza. Luego comenzó a acariciar mis testículos y mi perineo, ella conoce todos mis rincones, dejó que yo estimulara mi falo con mi mano mientras me excitaba lamiendo mi cuello.

    En ese momento mientras me aproximaba al éxtasis cerré los ojos y me imaginé nuestras historias, imaginé que estaba contigo, que la que me tocaba era tu mano, que los que me besaban eran tus labios y en esa sensación de culpa y engaño no pude resistir la explosión. Me corrí con fuerza sobre los cuerpos de ambos, el primer chorro cayó en mi vientre, pero los subsiguientes fueron cada vez más lejos, mancharon repetidas veces sus tetas, mis hombros, su cuello y mentón y alguno más se perdió en la almohada. A mí me sorprendió la potencia al igual que a ella, pero yo solo pude dejarme llevar y excitarme aún más con cada golpe. Sin decir palabra se movió para limpiarse mientras yo volvía a respirar, luego me besó inocentemente sin saber que el premio no era de ella, sino que esa explosión había sido para ti.

  • Mi primer masaje erótico

    Mi primer masaje erótico

    Bueno antes que nada voy explicar cómo es que llegué a dar masajes (no soy un profesional), antes de la pandemia pasaba por un mal momento psicológicamente, y decidí meterme a un curso de masajes pues quería algo nuevo y tomarme un descanso para refrescar mi mente.

    Estuve solo 1 mes cuando empezó la pandemia, ese curso valió poco o nada porque cerró el lugar donde daban los cursos y ya no pude retomar el curso, durante la pandemia como no salía hice amistad mediante algunas aplicaciones donde de ahí salieron varias conocidas pero precisamente Martha (no es su nombre real), en sus fotos no se veía como tal su cuerpo sólo su cara pero lo que llamo mi atención fue su descripción donde decía que quería amistad sin importar la edad por eso atreví a mandarle mensaje y a partir de ese momento platicamos todos los días.

    Ella es una mujer atractiva (a mi gusto) es madura tiene 48 años casada y con 2 hijos ya casados, ella es de piel morenita, pechos medianos (pezones color café) son hermosos, buena pierna, y su mayor atributo sin duda es su trasero, puesto que es muy redondo y amplio por sus caderas anchas si bien no es tan paradito a mi gusto es hermoso a pesar de tener estrías, ella tiene pancita algo pronunciada y maltratada por la edad, de cara es muy guapa con labios carnosos muy lindos, ojos café oscuro, pero en general en pocas palabras una madura gordibuena.

    Durante el tiempo de pandemia que escribimos vía virtual generamos confianza al tal punto de hablar de cualquier tema, tiempo después de la pandemia salió el tema del curso que había tomado antes puesto que no tenía empleo y me pregunto qué sabía hacer, fue donde ella me dijo que diera masajes a lo que no lo hacía porque no me sentía seguro porque fue poco tiempo de curso, era difícil que me aceptaran en algún lugar para trabajar de eso, pero total salió de ella que fuera a su casa a poner en práctica lo aprendido en el curso y que me daría una pequeña ayuda económica.

    Yo le di vueltas pues no tenía experiencia y lo que más me ponía nervioso e inseguro es que nunca nos habíamos visto en persona, total me convenció y llego aquel día donde quedamos de vernos, ella reside en CDMX y nos quedamos de ver en metro hospital general para conocernos y estar seguros los 2 (por cómo están las cosas hoy en día). Recuerdo que ese día iba súper nervioso pero quería conocer a esa mujer porque por vía virtual siempre había de que hablar, me acuerdo que llegue a la estación un poco más temprano y la vi desde que bajo del vagón donde van exclusivamente las mujeres.

    Ella vestía un pantalón de mezclilla holgado, unos tenis y una camisa color guinda y no traía casi nada de maquillaje nada del otro mundo fue ahí donde nos saludamos y escuché por primera vez su voz, ahí empezamos a platicar donde yo no era el único que estaba nervioso y con miedo, pero al platicarlo y reír un poco se nos fue esa inseguridad, calculo que platicamos como por media hora en la estación del metro y otro rato más afuera, ella era sencilla, honesta, de buen sentido del humor que hizo sentirme en confianza hasta llegar al tema del masaje platicamos sobre eso y de ahí caminamos hacia su casa donde hubo algunos momentos de silencio pues íbamos con ese miedo yo por mi parte pensando si era algún plan con maña para algún tipo de delito y lo mismo pensó ella.

    Para no hacer más largo esto me acuerdo que llegamos a su casa (no daré detalles por privacidad), estuvimos ahí hasta que llegó la hora del masaje y mis nervios aparecieron pues sería la primera vez que daba un masaje a alguien que nunca había visto y más por el poco tiempo de curso, Martha se quitó su blusa y se puso boca abajo en el sillón que tenía y se desabrochó el sostén para dejar libre su espalda, algo que me hizo sentir un poco más seguro fueron sus palabras “tú has lo que puedas que no pasa nada” y yo empecé con lo mío le apliqué aceite y comencé a masajearle la espalda todo fue muy bien y casi todo normal excepto cuando masajee la espalda baja pues al pasar mis manos en esa zona Martha dijo “ay si ahí” pero al escuchar así su voz en ese tono de placer (no sexual obviamente si no del momento cuando te sientes a gusto con algo), no pude contener con darle cuerda a mi lado perverso.

    Y empecé a poner atención a su trasero al centrarme en el pude ver que debajo de ese pantalón de mezclilla se le asomaba un calzón negro, y al hacer un movimiento de arriba hacia abajo y viceversa es esa parte de su espalda baja se podía ver muy poquito el inicio de la raya que divide su trasero y eso me puso caliente pero mi moral me hizo regresar a la normalidad, terminé con el masaje y de nuevo charlamos un buen rato del masaje y otras cosas y me despedí, quedamos en repetir de nuevo en 3 días realmente no sé si fue porque le agrado el masaje o la compañía o todo en conjunto.

    Y así pasaron los días cada que la visitabas platicábamos le daba su masaje y listo, cabe destacar que durante esos días platicamos ya más acerca de su relación que tenía, a pesar de ser una mujer guapa y exitosa (pues no vivía mal y no necesitaba trabajar todos los días pues tenía un negocio) se sentía menos, tenía la autoestima muy baja, y ánimos por los suelos casi siempre se la pasaba deprimida por su relación, pues no era buena en ningún sentido, su esposo casi ya no se la pasaba en casa y la había dejado en segundo plano y en cuanto al sexo ya tenían tiempo sin que pasara nada (todos los días platicábamos pues tenía el tiempo y era una forma de distraerse).

    Yo honestamente nunca pensé en querer ligarla o echármela al plato como se dice puesto que he tenido otras amistades con casos similares y siempre he hecho lo mismo de mostrarles mi apoyo y ayudarlas en cuanto a subir su autoestima (a veces siento que debería ser psicológico puesto que no hay persona que no conozca y que terminen por desahogarse conmigo por sus problemas personales, pero es algo que me agrada) con la diferencia de que con ella la tenía de frente y con ninguna anterior conocida la había visto en persona solo por chat, tampoco es que sea un pan de Dios como se dice, ni la persona más pura o santa que exista no para nada claro que con las mayorías de mis conocidas o si no es que con todas he imaginado cosas sexuales (por las pláticas que tenemos y lo que me cuentan) la diferencia está entre tener solo eso en tu mente y querer hacerlo realidad cosa que siento que también pasó aquí.

    Cuando hablábamos del tema sexual era inevitable no imaginarme cosas con Martha pues ella era muy abierta en el tema y muy explícita más de una vez pensé en decirle “si quieres también te ayudo ahí” pero jamás me anime por miedo a que lo tomara a mal y se perdiera la amistad y cambiase lo que hasta ahora teníamos que me gustaba y sobre todo también me ayudaba y yo a ella, poco a poco veía con otra actitud a Martha, quizá solo quería que alguien le diera esa aprobación o alentarla a hacer nuevas cosas y una de ellas fue el sexo, Martha lo decía tal cual qué necesitaba a alguien para hacerlo y aquí es donde siento gran parte de culpa por inspirarla a buscar sexo con alguien más, si bien al inicio le decía que arreglara las cosas con su esposo para tener una mejor relación sentimental y sobre todo sexual que a ella era algo que le gustaba mucho pero era casi imposible que volvieran a tener una buena relación, donde metí la pata primero fue la ropa yo siempre le decía que se vería bien con ciertas prendas (licras ajustadas, tangas debajo etc.) Por la confianza que teníamos y era algo que ella quería hacer desde antes pero no se atrevía.

    Total que fui su cómplice para elegir ciertas prendas, en alguna ocasión si me mostraba cómo se veía al ponerse algún vestido o licras pero no más, cabe mencionar que le gustaba que la piropeaba de una manera educada no vulgar, y tomo el gusto de provocar a cualquier hombre pues en nuestras pláticas eso le agrada sentir las miradas de los hombres con todo esto vino lo segundo de lo cual me siento culpable de ir al gimnasio digo eso no es lo malo si no al decirle que buscara alguien que le atrajera del gimnasio para tener sexo y así lo hizo.

    Martha al poco tiempo tuvo relaciones con un conocido del gimnasio, al principio ella se veía más feliz y me contaba todo, hasta que le dio la cruda moral por haber engañado a su pareja, y de las cosas que hacía se sentía mal de qué pensarían de ella y al ver sus lamentos la verdad me sentí parte de eso y le mencioné mi sentir me dijo que no tenía yo la culpa pero en el fondo sé que si pues yo fui quien le dio ese empujón, no digo que sea totalmente mi culpa pero era parte quizá en algún porcentaje bajo pero era párate de eso, para no hacerlo más largo, ella se inscribió a otro gimnasio y dejo atrás sus encuentros con aquellos chicos del gimnasio (aunque su forma de vestir no cambió).

    Así pasaron los días mientras yo la seguía viendo, algo que creo no he dicho es que en todo ese transcurso el masaje ya había cambiado también un poco puesto que ahora no solo le masajeaba la espalda si no las piernas por ambos lados y también la pancita (por el ejercicio y dieta ya tenía menos) casi todo el cuerpo excepto los pechos, el trasero y su parte íntima puesto que realmente ya teníamos una confianza increíble ella de perder el miedo de mostrar más su cuerpo y yo al masajearla, hasta que un día que llegue a su casa.

    Martha ya había hecho la costumbre de estar con ropa cómoda cuando yo llegaba, pero ese día fue distinto porque ella traía un vestido holgado bastante bonito de flores con tacones me dijo dame un momento me lo voy a quitar pensé que iría a su cuarto a cambiarse, pero se sentó alado mío en el sillón y primero se quitó los tacones, y al pararse sin mediar palabra se quitó el vestido dejándolo caer de sus hombros y no traía nada abajo del vestido claro que me quede en shock pues jamás la había visto totalmente desnuda, si bien en alguna ocasión llegue a ver un poco de sus pechos o su inicio de su trasero y sus piernas pero no completamente, no sé cuánto abre tardado en reaccionar porque me dijo “no te vas a mover de ahí” y yo solo atiné a pararme del sillón para que ella pudiera acostarse, pude evitar un poco el voltear a ver aquel espectáculo que tenía enfrente por mi moral pero vamos soy humano y ella de espaldas pues pensé no haré nada indebido como quien dice un taco de ojo y vaya taco de ojo, y así fue podía ver la redondez de cada glúteo fue espectacular ese momento aún lo recuerdo perfectamente sobre todo el color de su piel un poco menos morena con las marcas de las estrías muy tenues que se alcanzaban a notar yo me quedé fascinado al verla así al punto que ella fue quien me dijo que empezara el masaje.

    Casi siempre empezaba por la espalda y después las piernas, pero Martha fue quien me dijo “empieza por los pies” al terminar de masajear sus pies (algo de lo que apenas me doy cuenta escribiendo es que a ella no le gustaba que pasara mis manos por sus platas de los pies ni talón por las cosquillas pero ese día no dijo nada, creo que andaba realmente caliente y pensando en otras cosas hasta la fecha no sé realmente lo que pasaba por su cabeza y quizá nunca lo sepa) y pase a las pantorrillas y subí a la parte trasera de las piernas aquí es donde me puse caliente me dio una especie de adrenalina como cuando se te sube la sangre a la cabeza, pues al subir por una pierna Martha abrió la otra pierna sé que lo hizo de manera natural pues siempre la había hecho (cuando traía short) pero al no traer nada puesto como otras veces se le vio parte de su intimidad podía ver sus labios pues estaba depilada, pero cuando me dijo masajéame también las nalgas, tuve ahí un pequeño intercambio de palabras con ella pero para no hacerla larga y desviarme del tema me acuerdo del primer contacto de mis 2 manos subiendo a sus glúteos desde las piernas de la parte de atrás al inicio de sus glúteos fue increíble y más aún cuando iba subiendo mis manos y al empujarlas por el movimiento se abrieron dejando ver su ano.

    Lo que más me excitó en esos momentos fue escuchar sus pequeños gemidos, quizá no me detuve o quizá no lo recuerdo bien porque de verdad que no lo creía en donde estaba, lo que estaba viendo y más lo que escuchaba y tocaba era indescriptible ese momento pero seguí con el masaje aunque cada que pasaba mis manos por su trasero disfrutaba como loco de sus pequeños gemidos, del tacto y la vista no sé si el masaje duro más o menos de lo normal hasta que se volteó y lo primero que hizo fue ver mi cara, yo me la comía con la mirada pues podía ver esos pechos hermosos con los pezones saltados, y ver sus labios cafés en verdad era un espectáculo y me sentía como soñando, ella cerró los ojos y me puse a hacer lo mío empezando de nuevo por sus pies (por sus dedos y empeine), honestamente no recuerdo bien en qué momento ponía y donde aceite pues estaba concentrado en otras partes ni siquiera recuerdo si el masaje lo estaba dando bien pues me deja llevar por admirar su cuerpo.

    Los dedos de sus pies con unas uñas color verde turquesa eran unos pies bien cuidados o quizá así los veía por el momento, subía mis manos por las espinillas hasta llegar a las rodillas, la verdad es que en esos momentos en vez de dar un masaje estaba acariciando cada parte de su cuerpo pues al masajear los muslos y al llegar cerca de su parte íntima por finalizar los muslos mi mano llegó a la ingle y ahí es donde por la calentura, adrenalina, y nervios sin mediar palabra mis dedos pulgares de cada mano subieron por su ingle y roce sus labios fue cuando Martha comenzó a realmente a gemir quizá sus anteriores gemidos no eran gemidos de placer sexual pero estos sin duda que lo eran pues podía ver cómo su pancita se inflaba y desinflaba por su cambio de respiración.

    Me acuerdo que por un momento pensé en bajar mi cara y pasar mi lengua por ambos labios pero solo atine a pasar más cerca mis dedos pulgares de sus labios acercándome más a su entrada de su vagina y ella solo me dijo “masajéamela toda” pero con una voz agitada pues no me dijo más para que mi dedo medio empezara a pasarlo por entre sus labios y podía sentir como poco a poco en cada va y ven de mi dedo se empezaba a mojar y sus gemidos eran aún más intensos y su respiración era mayor a tal punto que tomo mi mano con la que estaba pasando mi dedo medio y la empujó hacia su vagina me dijo “mételo”.

    Y así lo hice metí mi dedo y empecé a subir la intensidad de la entrada y salida de mi dedo donde lo hacía cada vez más rápido hasta que en vez de 1 dedo ya eran 2, mi dedo medio y anular estaban dentro y le daba tan rápido con ambos dedos que gemía demasiado rico al cansarme un poco de mi mano (no tengo idea cuánto tiempo estuve así para cansar mi mano) pare un poco la velocidad pero por dentro empecé a subir mis dedos hacia arriba como queriendo tocar su ombligo subía y bajaba los dedos pero al subirlos ligeramente acariciaba con la yema de los dedos la pared de arriba donde mis dedos llegaban a chocar y así lo hacía de manera más rápida e intensa cosa que Martha lo empezó a disfrutar mucho más, se tapaba la cara con sus manos y yo disfrutaba tanto o más que ella, puse mi otra mano en sus pechos se los acariciaba y tocaba los pezones podía sentir lo duro que los tenía jamás había visto a una mujer con los pezones tan duros como ese día.

    Así estuvimos hasta que se vino sacando unos cuantos chorros pude sentir cómo su vagina se contraía con mis dedos dentro parecía que ella era quien me los acariciaba ahora, al pasar algunos segundos saque mis dedos y ella quito las manos de su cara me volteo a ver y me dijo “así quiero que sean mis masajes siempre”, claro que yo me quede con ganas de más pero también soy consciente de que el hombre llega hasta donde la mujer quiere y me gusta respetar esa parte, hemos platicado de esto pues ya van alrededor de 3 veces que el masaje es de esa manera y es riquísimo verla disfrutar y yo también disfruto pero solo hemos quedado en que así serán los masajes, no sé si Martha espera que sea más lanzado, he pensado en sacármela mientras le hago el mansaje o decirle algo más (he imaginado muchas cosas por hacer y cómo las haría) pero algo que es lo que me incomoda y es por lo que escribí esto, es que es casada y que quizá estoy metiendo la pata como anteriormente lo dije y no quisiera meterla más y eso me detiene a veces si me siento un poco mal puesto que me pongo en la posición del esposo si bien su relación no es buena aún están casados y es un compromiso que aún tienen que respetar y mientras sea así no me gustaría entrometerme más de lo que ya lo hice, a veces no me siento del todo bien con esto pero también sé que mi lado perverso quiere más y lo disfruta.

    Por último hasta la fecha que publicó esto que es 26 de septiembre de 2022 ya no he visto a Martha desde hace 10 días pues le dio la cruda moral que temía seguimos hablando por mensaje pero quizá sea mejor dar por terminado esto pues si bien claro que tengo ganas de más y he trabajado en mi moral y ahora que estoy decidió a ir más allá con Martha debo esperar y respetar lo que dije antes “el hombre llega hasta donde la mujer quiere” y mientras no la vea nada podrá ocurrir es por eso que a veces me pregunto qué es lo mejor cuando tienes una oportunidad como la que tuve con ella, hubiera sido lo mejor dejarme guiar por el deseo y calentura del momento o hice lo correcto, a veces es lo más ronda por mi cabeza. Saludos y buen día o noche según sea la hora que me lean, buenas vibras a todos.

  • Examen oral para ellas

    Examen oral para ellas

    Tendremos un examen oral

    y el primer requisito es 

    dejar de un lado cualquier moral,

    y el segundo requisito es

    relajarnos para portarnos mal. 

     

    Comenzaremos por sus bocas,

    las que besaré lenta 

    y sensualmente

    para con mis labios 

    masturbar sus mentes 

    y ponerlas locas. 

     

    Mi lengua, sus cuellos recorrerán, 

    de arriba abajo, lentamente se moverá;

    mis labios en sus pechos se detendrán, 

    cada tetita mamada y chupada serán. 

    Mis labios sus areolas prensarán 

    mientras mi lengua en sus 

    pezones danzarán. 

     

    Mis besos por sus espaldas y piernas viajarán, 

    sus camanances mi lengua visitarán, 

    mi boca sus deliciosas nalgas morderán

    y mi lengua, sus ricos culos, lamerán. 

     

    Sus vulvas bien mojadas

    la excepción no serán,

    pues una mamada

    como nunca recibirán. 

    Cada rincón recorrido será.

    Mi boca, sus labios

    acá escondidos besará.

    Sus clítoris con mi lengua vibrar haré,

    los lameré, mamaré, morderé, y chupare

    hasta sentir de ustedes la lluvia, 

    sus espasmos, y gemidos,

    los que me permitirán sentir 

    lo rico que en mi boca ambas se han venido.