Blog

  • Mónica, la puta renacida

    Mónica, la puta renacida

    El enamoramiento, enaltece. De quién nos enamoramos es «la mejor, la más linda, la más simpática, más inteligente…» Lleva un tiempo darse cuenta que esa persona no es así… Y no tiene por qué serlo.

    La otra cara de esta moneda, es el deseo. Así como el enamoramiento idealiza… El deseo degrada. Pensemos nomás en las expresiones que usamos para referirnos a quienes deseamos… «Es una yegua, una perra, una zorra»… Esa persona se degrada a un animal. Quienes sean «fierreros» dirán … «Es un camión» la cuestión es que la mujer deseada, pierde su status de ser humano. Ustedes, mujeres, no están exceptuadas de esto… Más de una vez habrán dicho » potro, chongo, toro, etc…»

    ¿Por qué? ¿Por qué lo que deseamos lo tiramos a menos? Porque el deseo siempre, es deseo de placer. Y el placer es barro, y nos encanta estar embarrados, enchastrados, embadurnados de ese placer que nos ensucia y deleita.

    Nos encanta degradar, y que nos degraden… Solo eso puede explicar cómo Mónica, una mujer de lo más respetable, a quien cualquier alusión a la promiscuidad horrorizaría y hasta ofendería… Cabalgaba mi verga pidiéndome que le diga puta.

    Todo esto empezó hace unos meses, cuando empecé a ir a correr a un campo lindero a un colegio cerca de mi casa. La costumbre la agarre para despejarme un poco a la mañana, y tratar de conocer gente con buena onda. Estaba pasando por una etapa de bastante tedio.

    Se sabe que los grupos de «runners» siempre tienen buena onda, y me interesó intentar algo así. Se sabe también, que toda regla tiene su excepción, y el grupo que allí se reúne, resultó ser una flagrante excepción. Lo defino como un rejunte de gente tan frustrada como pedante. Un par de tipos que no tienen otro tema de conversación que el precio de las zapatillas que sacan en cuotas aunque no lo reconozcan, con un concepto propio muy sobrevalorado, al punto que parecen haber olvidado que no están en un circuito olímpico, sino en un descampado perdido en el conurbano bonaerense.

    A este grupo patético, lo decoran algunas pendejas que se pasan boludeando (tomando por tonto, para quienes no compartan jerga) a estos tipos, que si bien no se si las cogen, se nota que son el único motivo real por el que ellos están ahí. En honor a la verdad, por básicas que sean, esos culitos apretados en esas calzas (leggins) enterradas son un espectáculo digno de ver, y volver a ver.

    Por si alguna duda queda, detesto a las personas que viven de aparentar. Pero para mi fortuna, este grupo nada estimulante (con la mencionada excepción de los culos de las chicas, que estimulan y mucho), no son los únicos que hacen uso del campo en cuestión. También hay algunos corredores solitarios, o gente que solo va a caminar y que no forma parte del grupo, como mi caso, y el de Mónica.

    Mónica es una mujer madura, cincuentona, con semblante amable, de castaña cabellera y ojos miel. Es la típica señora de barrio, que podemos encontrar en el almacén, en misa, o claramente, caminando en una plaza o campito por las mañanas. Solía vestir pantalones tipo jogging bastante anchos y buzos o camperas igual de amplias. Se mantenía alejada del resto, pero nos cruzábamos generalmente cuando nos retirábamos porque nuestros caminos coincidían.

    Así comenzaron los saludos, los comentarios, y un arduo trabajo de hormiga para concretar cierta confianza. Al comienzo me di cuenta de que hacía mucho tiempo que alguien menor no la trataba con complicidad. Jamás la trate de «usted» y le hice notar siempre que disfrutaba su compañía, cosa que era cierta, mantener una buena conversación con ella hacía que pasara por alto los ya destacados culos que corrían por ahí en más de una ocasión, y una mujer nota eso.

    Con el correr de las semanas mis comentarios se volvieron halagos sin miramientos que no tardaron en subir de tono, temperatura y picor. Por su parte, solía reír y desechar lo que le decía, tomándolo como broma, aunque yo le aclarase que no era así… Y que si se descuidaba un día íbamos a terminar en la misma cama.

    «Cállate nene, sos casado y yo también» repetía entre risas. Pero yo sabía que mis palabras hacían mella, pues su vestimenta cambio por calzas ajustadas, camperitas al cuerpo y más coquetería de la necesaria para ir a correr o caminar, lo que provocaba más comentarios de mi parte… Supe así, que los disfrutaba.

    El terreno estaba allanado, y mi fijación por saborear entera a esa mujer era insoportable.

    Yo corría o trotaba, ella solo caminaba, la convencí de que trotemos y ahí llegó mi oportunidad.

    – Pará un poco por favor!

    -¿Que pare? ¿Me convences de trotar y querés que pare? ¡Que poco aguante nene! ¿Ya te cansaste?

    – No, eso no. Es hermoso escucharte así agitada… ¡Pero me estás matando! Los ratones viste…

    -¡Que raro vos! ¡Siempre lo mismo! Deja que me agite tranquila que es lo único que me agita hoy por hoy…

    -¿Y eso? ¿No está habiendo acción en casa?

    -¡Años! Jaja mi marido ya se dio de baja, al menos conmigo, no sé que hara por ahí… Pero yo si no me agito acá, no me agito querido.

    – Y bueno, él se lo pierde… Y vos ¿No te diste de baja no? ¿Cuando vas a dejar que te agite yo?

    Ahí se paró en seco, yo me detuve unos pasos más allá…

    -Yo me di de baja a la fuerza, o lo había hecho, pero me estoy dando la oportunidad de redescubrirme y disfrutar cosas que quiero y que antes no me había permitido… Así que tené cuidado con lo que decís, puede que tengas que demostrarlo sino.

    Me acerque hasta quedar frente a frente con ella, la mire fijamente mientras sonreía y hablé sin desviar la mirada…

    -¿Cuando y donde?

    – Ahora, en mi casa- dijo desafiante.

    -Ok, vamos…

    -Vamos!

    Y fuimos. Pienso que si bien ella quería, lo dijo solo para desafiarme, y medir hasta qué punto pensaba llegar. Muy mal. Eso era exactamente lo que yo quería y la verga ya me estaba palpitando mientras caminábamos a su domicilio. Me sorprendió que me diga que vayamos a su casa, si bien sabía que el marido pasa todo el día en su negocio, y su hija ya no vive con ella, las vecinas indiscretas siempre comentan… Pero parecía no importarle, y a mi por supuesto, mucho menos.

    El trayecto fue tan breve como silencioso, quizá ella creía ingenuamente que iba a arrepentirme, aunque imagino que deseaba que no me retracte. Llegamos sin demora, y cuando cerró la puerta tras de si, fue como si todas las dudas y planteos morales la apabullaran y aturdieran al unisono. Se quedó parada con la vista clavada al suelo, completamente inmóvil, entendí entonces que si no daba el paso yo, todo se arruinaría.

    Permanecía parada dándome la espalda en el centro del living, me acerque silencioso por detrás tomándola por la cintura, y apoye mi bulto en su cola… Apenas rozándola, un contacto sutil, pero lo suficientemente cercano para que sienta el latir de mi verga atrapada entre mis ropas, a modo de invitación.

    La invitación, fue respondida. La sutileza, la elegancia y recato de una mujer que se mueve y actúa con gracia… brillaron totalmente por su ausencia. Tiro su culo hacia atrás y lo movió frotando mi pija con fuerza, como si quisiera ser ensartada a través de las ropas. Yo comencé a lamer su cuello y metí la mano en su calza buscando su concha, mis dedos se abrieron paso sorteando su ropa interior, y al fin se congraciaron con un tacto exquisito. Una caliente humedad recibía a mis falanges inquietas, como un comité de bienvenida a un sexo suave, depilado y hambriento. Yo la pajee con ganas, la masturbaba llenando mi mano de esos labios húmedos y de ese clítoris deseante, y los hundía en ese interior tan caliente como apretado. Ella gemía, esos gemidos parecían sonar a reencuentro, reencuentro con el placer, con el sexo, con la trola que llevaba durmiendo en ella hacía años… Seguía amasando con su orto mi verga, mientras la paja que le hacía no cesaba, tome sus tetas sobre la ropa también y fue como accionar un botón de encendido. Su orgasmo inundó mi mano, y empujó su culo mucho más atrás… Su grito no fue seguido de silencio… Al contrario, pareciera que su lengua encontró rienda suelta en todo sentido…

    – Ay nene… Ni me bañé… ¿Que cochina no? Mostrame cómo quedaron esos dedos…

    Mmm ¿A ver? ¿Los puedo probar?

    Metí mis dedos en su boca y sintieron como su lengua los recorría saboreando su propia acabada… Mónica los succionaba mirándome fijo… y supe que esa mujer iba a devorarme…

    -Yo tampoco me bañé… ¿Te importa eso?

    – Mmm no… Quiero saborearte así, ponete cómodo en el sillón que te voy a devolver el favor… Hace meses que quiero tragarme tu verga.

    Me senté, y empezó el show. Se desvistio para mí, muy lentamente, mientras se acariciaba, y me mostraba por primera vez su desnudez, su blanca piel, sus curvas marcadas aunque no firmes, sus tetas de rosados pezones y su pubis depilado como una nena…

    Se acercó y tiro de mi short y boxer al mismo tiempo, dejando al fin libre mi poronga que se estiró en toda su longitud y se mostraba a ella con vigor y dureza…

    -Cuantas veces la veía marcada en esos pantalones que usas y me moría por tenerla así… mmmm

    Y se la metió en la boca sin más preámbulo, empezó a petear con brusquedad, casi atropelladamente. Babeaba la verga de forma increíble, se atragantaba y hundía mi poronga en su garganta mientras su saliva plastificada mi falo. Se la sacaba y la pajeaba intensamente mientras la contemplaba, y después lamía y chupaba mis bolas… Su mamada fue una oda a la intensidad, al morbo y al hambre de pija que tenía…

    – ¡Que rica nene! ¡Que verga dura! Me encanta… Dame de tomar tu leche… ¡Dame leche hijo de puta!

    No pude resistir mucho ese pedido, me calentaba demasiado ver a esa mujer en ese rol tan sórdido… Agarre su cabeza y hundí mi chota en lo profundo de su garganta y dejé salir la leche que tanto pedía… La recibió, la saboreo, se le salió de la boca y la juntaba para volver a tragarla… Después volvió a chupar, para no desperdiciar una sola gota.

    Se paró, y agarrándome la poronga me pidió que la siga… La seguí… Ella me guiaba, llevándome agarrado de la verga hasta su habitación, cuando pasamos la puerta, soltó mi pene y se dirigió a la cama… Se acostó boca arriba y se abrió bien de piernas…

    -Veni nene… Coge a tu puta…

    Pocas cosas me excitan más que una trola boca sucia, cuando hablan guarro mi verga reacciona con voluntad propia, y ahí estaba al palo de nuevo…

    Me sentí tentado a chupar esa concha, pero en los pocos pasos que me llevo llegar hasta la cama, las ganas de penetrar a esa hembra caliente se adueñaron de mi razón.

    Me tumbe sobre ella y la embuti sin esfuerzo alguno, mi verga babeada y su concha inundada eran el equipo perfecto… Empecé a bombear sin tregua, y la hija de puta gemía y gritaba pidiendo más… subí sus piernas a mis hombros y me enderecé para disfrutar más la vista mientras seguía cogiéndola sin tregua.

    La puteaba, la insultaba, la escupía y apretaba su cuello mientras seguía castigando su argolla caliente a pijazos…

    Estuvimos así unos largos minutos, hasta que quiso montarme… se subió a mi pija y empezó a cabalgarla enloquecida…

    -Decime Puta! Dale decime puta!

    – Puta de mierda! Mira como estás de mojada trola barata… Tantas ganas de poronga tenías?

    -Si! De la tuya tenía ganas! Sabes cómo me pajeaba pensando en esta verga que me estoy comiendo… Porque hace rato quería ser tu puta! Decime puta dale!!

    La cabalgata culminó en dos acabadas simultáneas que nos dejó rendidos…

    Nos recostamos abrazados mientras ella con un dedo recorria mi verga en reposo… Y de su concha escapaba toda la leche que le dejé adentro…

    Después de hablar y reír nos levantamos, en bolas aún, yo no podía bañarme ya que no tendría excusa para llegar asi a mi casa, y me dispuse a ir a buscar mi ropa que había quedado en el living para irme… Me vestía y me ofreció desde la cocina algo de tomar, acepte y fui a buscarla al verla en bolas aún… Supe que mi egreso de esa casa iba a demorarse, esta vez la avasallé yo, la besaba y amasaba sus nalgas con fuerza, la di vuelta con brusquedad, y la hice

    Apoyarse en la mesa… Y ahí volví a cogerla. En la mesa donde le da de comer a su marido, se comía mi poronga caliente mientras me decía que la rompa toda…

    Acabó, pero yo no cesaba mis embestidas, y las mantuve unos minutos más…

    -En las tetas nene… Dejame bien sucia de tu guasca… Enlechame las tetas forro dale!!!

    Acabe rociando mi última acabada en esas gomas blancas… Termine de cambiarme y me fui sin que me acompañe, dejándola ahí, regodeandose en mi leche, en el deseo, en el placer, en el barro.

    Este fue nuestro primer encuentro, y pronto contaré lo que pasó al poco tiempo de esta mañana tan particular y caliente…

    Gracias por leer! Cualquier comentario o mensaje es bienvenido!

    [email protected].

  • Una noche inesperada

    Una noche inesperada

    Una noche inesperada
    mi esposa por follar 
    se sentía desesperada.
    Las niñas en casa 
    de mi suegra dejamos,
    manejando a casa, en el auto,
    muy rico nos tocamos. 

    Justo cuando a casa 
    llegabamos para solos 
    podernos amar,
    el vecino nos invitaba
    a su casa pasar.
    Un poco ecepticos, decidimos entrar,
    pero nuestros deseos no eran allí estar. 

    El vecino y su esposa, 
    una pareja muy hermosa,
    un aniversario mas de boda,
    junto a otra pareja, celebraban.
    Dos chicas enmascaradas
    muy sensual danzaban, 
    el vecino y el otro invitado 
    desde unos sillones las observaban.
    Para nuetra sorpresa!
    Era la vecina y su invitada;
    al rítmo de reggaeton
    un show de striptease nos daban. 

    La noche se hacía más candente.
    La vecina y su invitada,
    se besaban, tocaban,
    teniendo sobre sus cuerpos nada,
    con juguetes sexuales 
    se masturbaban intensamente.
    La vista era para todos, 
    algo muy sorprendente. 

    Esto era algo inesperado,
    mi esposa sintió q estaba 
    parado, y ella confesó 
    tener su pussy muy mojado. 

    De repente…La vecina y su invitada 
    se acercaron a mi amada,
    ella me miró y yo asintí, 
    y ella accedió finalizando su chelada. 

    Ambas, a mi amada,
    en un sofá tumbaron,
    de su ropa despojaron, 
    su boca y su cuerpo devoraron,
    sus ricos pechos mamaron,
    mientras su pussy masturbaron,
    y un rico squirt le sacaron.
    Era un show más que sorprendente,
    teniendo a tres hombres 
    con sus falos de fuera bien parados 
    por lo que tenían de frente. 

    Cada chica a su hombre fue.
    mi amada se acercaba 
    me besaba y acariciaba,
    mientras mirábamos 
    a los vecinos y su pareja de invitados
    en una orgía, los cuatro, concentrados y extaciados. 

    Mi esposa una rica mamada me daba,
    la vecina de manera sutil se cercaba,
    se basaban, mi esposa puso mi miembro
    en su boca y ambas lo devoraban. 

    El vecino se nos unía.
    La vecina y mi amada
    de rodillas se ponían 
    para darnos una sabrosa 
    y sensual mamada. 

    La vecina sobre mi boca se subía 
    para su vulva devorar
    en un 69 con sabiduría,
    mi esposa de perrito se ponía, 
    mientras ambas me chupaban y mamaban,
    el vecino a mi esposa su verga le metía. 

    Qué experiencia más excitante
    fue sentir a la vecina y a mi esposa 
    venirse a cada instante; 
    sentir la mirada lujuriosa 
    de la pareja de invitados 
    viendo como se venian 
    por el show que le habiamos dados. 
    Y fue aún más sorprendente, 
    cuando de manera inminente,
    la vecina y mi amada, como dos locas,
    nuestras leches compartían
    en sus pechos y en sus bocas. 

    Sin duda fue… una noche inesperada.

  • Sexo en vivo

    Sexo en vivo

    Locktober

    Estuve a punto de correrme con todo y la jaula y sin ninguna estimulación a mi verga más que sus ruidos y gestos, sus gemidos eran sublimes. La manera en que disfruto fue tan placentera que me llevó al éxtasis…

    La tarde era calurosa, era un domingo atípico por lo regular a estas alturas del año ya se sentía el aire frío, mi señora y yo habíamos salido de casa luego de una pequeña siesta (ella en cama y yo a sus pies en el suelo) después de comer.

    Decidió que caminaríamos. Cualquier persona solo podría observar a una pareja cerca de los 40 años caminando por la calle. Ella, una sutil pelirroja de 1.65 metros vestida de forma discreta, pero coqueta: un escote que dejaba a la imaginación su generoso busto y un pantalón que se ajustaba a su trasero como guante. Yo, un hombre de 1.80 de complexión media vestido con ropa negra del cuello a los pies.

    Eran las 6:15 de la tarde cuando llegamos a pie al centro histórico de la ciudad, caminamos directo a la nevera y esperamos nuestro turno detrás de una pareja con seis niños pequeños incontrolables mi señora los fulmino con la mirada. Cuando llegó nuestro turno pedimos un par de nieves de yogurt con chocolate y coco tostado y nos fuimos a buscar un lugar tranquilo donde comer nuestros respectivos helados.

    El templo estaba lleno pues había misa de 6 así que nos acomodamos en una de las bancas laterales, entre la casa de la cultura, el edificio del ayuntamiento y las casas viejas del municipio.

    Yo iba vestido como un caballero, pero por debajo de la ropa usaba bragas de dama y el candado de castidad que tenían bien sujetas mi polla y testículos, estaba sumamente excitado, por una parte ya tenía quince días en castidad y con la jaula puesta, nunca antes la había llevado tanto tiempo seguido, pero es octubre y este es el primer año que participamos del locktober un mes donde los sumisos permanecemos en castidad, así que el morbo es tremendo y mis ansias de libertad son enormes, pero lo mejor de todo es tener a mi señora que es toda una diosa junto a mí con su olor embriagador.

    La promesa de tal vez un poco de humillarme ahí en la plaza principal cosa que antes no hemos hecho y la posibilidad de poder lamer la suela de sus zapatos ya en la privacidad de nuestro hogar.

    Estamos conversando como una pareja normal, planeando actividades para semana, el pago de los servicios de casa, algún susurro ocasional de ella sobre cómo podría humillarme en pleno centro histórico.

    Una pareja joven llegando a los 20 años se plantó en una de las bancas frente a nosotros, la chica venía por la calle desde la presidencia y el chico desde el punto contrario. El encuentro fue intenso besos y abrazos apasionados, de inmediato atrajeron las miradas de más de una persona de las que estábamos por la zona, pero a ellos no les importó, se sentaron en una banca frente a nosotros y comenzaron su romántica velada en medio de todos, no hacían falta las palabras entre ellos.

    Besos y caricias por doquier.

    Algunos parroquianos se fueron asustados de la zona, pero mi señora me ordenó no perder detalle.

    —Disfruta el show mira cómo él puede gozar de una hembra mientras que tú solo sueñas con eso.

    Casi creo que si ella lo hubiera planeado no le habría salido tan bien.

    La chica que iba de falda abría y cerraba sus piernas a causa de la excitación sin ningún pudor y dejándome ver cada vez que las abria su sexo totalmente depilado y expuesto, o le mostraba su escote y él metía mano por debajo de su blusa como si nadie los mirara.

    Mi cuerpo reaccionó ante los estímulos visuales y la mano que mi señora tenía en mi muslo cerca de mi polla, enseguida note como el metal limitaba mi erección causando un dolor placentero en mis ya llenos testículos.

    Las caricias y besos fueron insuficientes luego de unos minutos por lo que la chica se sentó encima de él, acomodó su falda tratando de ocultar lo que ahí pasaba. Rítmicamente subía y bajaba por la polla del chico mientras ella se aferraba al cuello de él, dos minutos después él se aferró a la cintura de su amada y echó la cabeza atrás, luego la calma los alcanzó y se quedaron quietos en un abrazo brutal mientras la gente que estaba en el templo comenzaba a salir a la calle justo a un lado de ellos.

    El helado ya era historia y tanto mi señora como yo queríamos ir a casa y dar rienda suelta a nuestras perversiones así que ante una orden con su mirada me puse de pie y le ofrecí la mano para ayudarla a levantarse.

    Mi señora también estaba excitada con el show que habíamos presenciado. Algo rápido, improvisado y crudo pero al fin y al cabo sin querer fuimos testigos de una función de sexo en vivo.

    Así que caminamos a paso rápido, lo más rápido que el candado me permitía mover los pies sin causar un dolor por la erección continua y los testículos apretados. Mi señora se divertía tratando de llevarme a prisa y la forma en que yo tenía que caminar cuando mis bolas quedaban muy justas al metal obligándome a dar pasos cortos como si estuviera recién parido.

    No era ni el día ni el momento de hablarle a Braulio el bull con el cual por lo regular mi esposa y señora se quita las ganas.

    Él los domingos simplemente no está disponible, por eso el domingo es mi día favorito de la semana ella es solo para mí, así que tenía muchas posibilidades de que si quería Laura jugar me dejara tocarla, aunque también había la posibilidad de que ella sola se diera placer y me dejara solo ver como ella se desahoga dejándome de nuevo con las ganas de deslechar.

    Apenas entramos en la casa me ordenó desnudarme así que en un dos por tres quedé ante ella solo con la jaula puesta.

    Me mostró la llave que lleva en una pulsera y con una sonrisa sádica me dijo:

    —Apuesto el resto de los días que te quedan en castidad a que deseas que te quite esa jaula en este instante.

    Pues claro que lo deseaba, aunque ya era mucho el tiempo que yo no podía penetrarla si me dejaba desahogarme una o dos veces por semana. Incluso ella lo hacía por mí y me regala orgasmos Intensos y espectaculares solo con su mano y la forma en que se mete en mi mente.

    Fuimos hasta la habitación. Se desnudo ante mí y se recostó en la cama.

    Yo permanecí de rodillas frente a ella observando como la ropa desaparecía y su hermoso cuerpo quedaba al natural frente a mi vista.

    Su piel blanca

    Su pelo contrastando con la piel

    Su sonrisa traviesa

    Su cuello suave

    Ese par de tetas hermosas y sus pezones rosados

    Su abdomen bien conservado

    La curva de sus caderas

    La delicia de su sexo

    Sus piernas

    Y esos pies que tanto adoro.

    —Abre la boca.

    La obedecí sin pensarlo, escupió en mi boca y luego dejó sus bragas impregnadas de su olor y humedad como una mordaza.

    —Hoy estás de suerte perro. Te voy a dejar tocarme con los dedos hasta llegar al orgasmo, luego vas a usar el micrófono negro hasta que me dejes completamente satisfecha.

    Moví la cabeza de forma afirmativa mientras un sí ahogado por sus bragas intentaba salir de mi boca.

    —Jajaja eres patético.

    Se recostó, encogió sus piernas y las abrazo con sus manos, bien abiertas la vista desde mi ángulo fue espectacular, su vulva expuesta, sus piernas levantadas y ofreciendo placer, el deseo escapando entre sus pliegues.

    Me indicó subir a la cama junto a ella y me regaló el permiso de comenzar a tocarla. Lo hice suave al principio gozando cada pliegue de su vagina, disfrutando tocarla, sentirla olerla, mi mano derecha fue a sus senos los reconocí una vez más la suavidad de la piel junto a los pezones contrastando contra la dureza de ellos, la otra entre sus piernas mojados, resbaladizos palpando cada palmo de su sexo subiendo y bajando por la hendidura sin poder entrar en ella pero sintiendo el calor que sale, poco a poco la intensidad fue en aumento, una mano tocando y acariciando sus pezones duros y la otra resbalando en la humedad de su vulva y clítoris.

    Su orgasmo fue intenso al igual que sus gemidos. Mi verga estaba que reventaba, el goteo que salía por ella se había transformado en un hilo permanente de mi excitación.

    —Mete tus dedos y siente.

    Su sexo estaba caliente, mojado y palpitante, ese orgasmo solo era el comienzo ahora ella quería más, mucho más. Sentí las enormes ganas de poseerla otra vez. Quería comerle el coño, penetrarla con furia hasta que gritara mi nombre como tantas veces lo había hecho, pero ahora yo solo soy su juguete y eso es casi imposible.

    Con una orden de ella me levanté y fui por el juguete que me había pedido.

    Encendí el juguete mientras mi verga renegaba dentro de la jaula, goteaba, no eso ya no era un goteo mi deseo había formado un enorme hilo transparente que salía de mi verga y ahora llegaba al suelo.

    Lubrique un poco el juguete con mis residuos y los de ella, luego cerró los ojos y se dejó llevar al cielo por las vibraciones de ese potente dildo en forma de micrófono.

    Estuve a punto de correrme con todo y la jaula y sin ninguna estimulación a mi verga más que sus ruidos y gestos, sus gemidos eran sublimes. La manera en que disfruto fue tan placentera que me llevó al éxtasis.

    Mi señora estaba tan caliente que después que me pidiera parar con el juguete se levantó dejándome en cama, fue por el arnés y me lo dio para que lo ajustará a mi cintura y luego me ordenó follarla con el.

    Ahí estaba yo, de nuevo penetrandola ahora con una verga de plástico mientras la verdadera sufría dentro de la jaula, pero gozando de placer por verla disfrutar.

    Me detuve cansado y jadeante cuando ella estuvo satisfecha. Nos recostamos uno junto al otro en silencio, ella estaba complacida, pero yo aún quería eyacular y ella lo noto.

    Me pidió que me quitara el arnés y me sentará en el borde de la cama. Cuando estuve en posición comenzó a acercar sus nalgas, se sentó encima de mí y frotó su culo contra la jaula, podía sentir sus jugos vaginales y el calor que emanaba, apenas estaba descansando del castigo cuando la erección volvió a surgir.

    —Sabes, leí que hay una forma de ordeñar a un sumiso sin tocar su polla.

    ¿Quieres probar?

    —Sí

    Conteste muy rápido y ella se río de la urgencia que corría por mi cuerpo.

    —Perfecto.

    Tenía una sonrisa sádica mientras se ajustaba a la cintura el arnés que unos minutos antes dejé sobre el colchón.

    —Abre la boca.

    La obedecí, subió una pierna a mi rodilla y llevó el dildo directo a mi boca sentí el olor de sus orgasmos aún frescos en su entrepierna.

    —Chupa y déjalo bien lubricado porque lo vas a necesitar.

    Me asfixió un poco y jugó unos minutos metiendo y sacándolo de mi boca antes de ir por lubricante.

    Después pasó algo que nunca habíamos hecho, me ordenó ponerme en pie, le cedí mi lugar en el colchón. Se sentó y abrió las piernas mostrándome el falo, lo agarró entre sus preciosas manos y con la polla postiza bien sujeta me ordenó sentarme sobre ella.

    Abrí los ojos ante su petición pero me arrimé a ella de espaldas y medí el dildo. Pronto la cabeza hacia presión sobre mi ano, estaba bien lubricado, yo muy caliente y ella empujaba sus caderas hacia arriba, la gravedad hizo el resto…

    Abrí aún más los ojos cuando empezó a entrar, sentí el desgarre y cómo ardía un dolor humillantemente placentero, poco a poco me fui sentando sobre ella hasta sentirme totalmente dilatado, invadido y lleno. Mis nalgas chocaron en sus caderas y me quedé un poco quieto un poco de tiempo, estaba entre asustado y sorprendido de haberme tragado los 20 centímetros del juguete tan pronto.

    —Muévete puta busca tu placer.

    No sabía muy bien que hacer pero comencé a imitar a la chica que por la tarde nos dio show. Subía y bajaba rítmicamente sobre la polla de plástico de mi señora.

    No dije nada, solo me deje llevar, entraba y salía de mí y tuve que cerrar los ojos y tomar aire, pero luego disfruté como una puta mientras ella me pedía que aumentará la velocidad y profundidad.

    Luego de unos minutos así me ordenó parar y ponerme en 4 sobre la cama, me levanté poco a poco dejando una rara sensación en mi cuerpo, algo faltaba ya no estaba lleno ni completo, un vacío invadía el espacio. Cambiamos de posición y ella estaba detrás de mí. De nuevo sentí la presión del dildo contra mi culo, pero esta vez fue más fácil y pronto sentí sus caderas chocando contra mi culo, una y otra vez el dolor inicial se había ido por completo ahora el placer ocupaba su lugar, desde lo más profundo de mis entrañas se comenzó a gestar algo y pronto estaba ahí.

    Mi orgasmo fue brutal, sentí que se me iba la vida mientras los chorros blancos escapaban de mi cuerpo mojando mis piernas, sus piernas, las sábanas y el suelo.

    Nos quedamos quietos, sorprendidos y felices. Me tumbé boca abajo sobre el colchón mientras sentía ese pequeño ardor regresar.

    Mi señora se tumbó sobre mi espalda y me dijo muy contenta

    «Te cogí»

    Sonreímos y nos quedamos así por mucho, mucho rato.

  • Los hermanos divorciados, la transexual

    Los hermanos divorciados, la transexual

    Pablo es un joven, mejor dicho era joven, ha madurado, que vivía en nuestro bloque. Lo he visto crecer desde niño. Viendo sus formas cada vez mas amaneradas, mas femeninas, era delgado y muy muy guapo, pronto le dio por lo emo y se dejó el pelo largo lo que le hacía más sexi. De ahí a iniciar su transformación fue solo un paso.

    Mientras todo eso pasaba yo había vuelto a vivir con mi hermana en el viejo piso de nuestros padres. La había perdido de vista unos años mientras vivía con mi ex esposa. Pero al volver al piso me la encontré más bella que nunca.

    Ella seguía vistiendo tan putita o más que cuando era una jovencita de diez y seis años. Sólo que ahora ya era toda una preciosa mujer.

    O yo andaba muy cachondo o me parecía que incluso más sexi, más mujer, que sus pantalones y faldas eran cada año mas cortos. Y o le habían crecido las tetas o sus escotes las lucían aún mejor. Las hormonas le estaban haciendo un efecto fantástico.

    Le gustaba exhibirse y la ropa que tenía era toda una declaración de principios, los de una mujer sexi con confianza en ella misma. De lejos cuando la veía por el barrio me había llamado la atención.

    Así estaba la situación, yo tenía mis ligues, amigas con derecho a roce e incluso algún chico había caído en mis brazos y nos habíamos divertido mucho juntos.

    Por cierto mi hermana al igual que yo tampoco hacía mucha discriminación en sus parejas y más de una vez había visto salir de su habitación por las mañanas alguna joven guapa con cara de haber pasado una noche divertida.

    En ese agosto se derretían hasta los bordillos de la calle. Mi hermana había salido de fin de semana a la costa con su último ligue, un chico de buen ver bastante más joven que ella. A juzgar por el tamaño de los bikinis que se había llevado pensaba pasar el mayor tiempo posible desnuda.

    Volvamos a la joven y sexi vecinita, entrabamos juntos al portal. Yo volvía de la piscina de hacer unos largos a ver si me refrescaba. Llegaba con el pelo mojado pero suponía que no era el agua de la piscina sino sudor del paseo de vuelta. Un pantalón de deporte muy reducido y una camiseta de tirantes.

    Ella llevaba un ligero vestido veraniego de tirantes. Le quedaba como un guante. Un escote precioso y la falda lo suficientemente corta como para lucir sus bonitos muslos casi hasta las pétreas nalgas.

    Le eché un buen vistazo y ella no se asustó porque mis ojos recorrieran su anatomía. Debía estar acostumbrada a las miradas de admiración. La saludé amablemente y ella me respondió como siempre había sido simpática.

    – ¡Hola! ¿subes?

    – Si gracias.

    – Hacia mucho que no te veía.

    – Tanto que pensaba que no vivías aquí. ¿No estabas casado?

    – Divorciado, por eso he vuelto. Es más barato vivir en casa de los padres.

    – Por eso yo no me voy. Mi madre me cuida mucho.

    La pregunté por sus padres interesándome por su estado y me contó que también estaban de viaje huyendo del calor de la ciudad. Son cariñosos y muy buenas personas, siempre me habían caído muy bien. Al comentarle que yo también estaba solo le ofrecí a que se pasara y que podíamos pedir unas pizzas y comer juntos.

    – ¿Que tal tus padres?

    – De vacaciones en la costa.

    – ¿Y tú te has quedado estudiando?

    – Tampoco es que me gustara ir con ellos. Eso no sería muy divertido. Así que esta era otra opción.

    – Lógico, para una chica joven y guapa. Por cierto las últimas veces que hablamos todavía ibas de chico. ¿Como te llamas ahora?

    – Gracias por eso. Sonia, encantada. ¿Entonces estás solo?

    – Un placer Sonia. Encantado de conocerte. Vivo con mi hermana, que también ha vuelto, pero como tus padres está de viaje. Vente a comer conmigo. Podemos pedir pizza y ponernos al día.

    – Vale. No voy a hacer nada esta tarde. Y siempre está bien que un caballero le invite a una a comer.

    Aún no había colgado el teléfono con la pizzería cuando la vecina llamó a la puerta con una ligera camiseta de tirantes. Un corto pantalón de deporte de lycra, muy ajustado marcando sus nalguitas respingonas y su bonita melena suelta. Yo me había quedado solo con las bermudas y descalzo.

    – He traído las Colas.

    – Genial, pasa. Deja las latas en la mesa y ponte cómoda. No tardará en llegar la comida.

    Yo también me había puesto cómodo. Solo tenía puestas unas bermudas y bastante pequeñas además. Enfrente del sofá donde nos tomábamos los refrescos sobre un sillón estaba la última lavadora que habíamos puesto.

    Mis ropas estaban mezcladas con la lencería y vestidos de mi hermana. A mi hermana le gusta vestir lo más zorrón que puede.

    Nos fuimos poniendo al día. Desde que había vuelto a vivir en ese piso tras mi divorcio apenas me había cruzado con ella. Siempre me había caído bien tan educada y calladita, bueno, en esa época calladito.

    Y además ahora me parecía muy guapa y sexi con esa camiseta que dejaba sus finos hombros y brazos al aire. Y donde sus pequeñas tetitas y duros pezones se marcaban.

    Se quedó mirando un momento un body con liguero que estaba encima del montón de ropa. Yo se lo había visto puesto y sabía que era una prenda de encaje con muy poco encaje, que además era muy trasparente.

    Dejaba la espalda de la portadora completamente desnuda incluido el culo, pues en esa parte era como un tanga. Por delante el escote bajaba entre los pechos hasta casi el pubis descubriendo el ombligo.

    Me contó sobre sus estudios y algo sobre sus amigos pero no se explayó mucho en ese tema. Yo le hablé sobre mi divorcio aunque en ese momento no le dije que la verdadera razón de la separación había sido que mi ex me había pillado con un chico entre mis muslos comiéndome la polla en nuestro sofá.

    Sus ojos volvían una y otra vez a la lencería de mi hermana. El body, un liguero, un par de tangas, miraba todo lo que podía desde su posición en el sofá.

    Por fin llegaron las pizzas y no me preocupé de ponerme una camiseta para abrir la puerta al repartidor. Por cierto un chico casi tan guapo como mi invitada. Con ciertos celos pensé en ese momento que harían buena pareja.

    No sé que imaginaria el chico de nosotros al vernos casi desnudos, un maduro con una joven transexual, mientras me entregaba la comida y le pagaba. Si eso de piensa mal y acertarás le daba una pista igual era por ahí hacia donde íbamos.

    Mientras comíamos empezamos a mirarnos con deseo, yo había empezado antes a mirarla con lascivia. Una sensual gota de sudor resbalaba desde su fino cuello hasta perderse entre sus pechos. Estaba deseando dejarla desnuda y en ese momento apostaría a que esa idea no le desagradaba.

    – Te has vuelto una chica muy interesante en estos años. Estás preciosa. Apenas te he reconocido abajo en el portal.

    – He hecho lo posible y pienso seguir mejorando, aún me falta mucho camino. Me gustaría ponerme tetas. La talla de tu hermana me encanta por cierto.

    – Para mí gusto estás sensacional así, muy sexi. Aunque a mí siempre han gustado los pechos no muy grandes. Pero es tu cuerpo y tú decides. Bueno mi hermana tiene una figura preciosa pero tú no tienes nada que envidiarle.

    – Y por lo que veo ahí encima le gusta ir sexi y provocativa.

    – Como a ti. Me encanta la ropa con la que te he visto estos días. Te queda genial.

    – Eres demasiado amable. Aunque yo no tengo lencería como esa y me encanta. O igual es que quieres algo de mí.

    Su sonrisa me decía que era posible que no le desagradara la idea. Además podía marcharse en cualquier momento, pero allí estaba sentada a mi lado con sus duras tetitas marcadas en la fina camiseta.

    – ¿Yo? ¡Que va! ¿No soy demasiado mayor para ti?

    Intenté bromear.

    – Eso debería decidirlo yo. ¿No te parece?

    Despacio nuestros rostros se fueron aproximando. Ella me besó. Lo deseaba pero quería que fuera ella la que diera ese paso.

    – Siempre me has tratado muy bien, toda vuestra familia, a tus padres y tu hermana nunca os ha importado mi forma de ser.

    – Tu forma de ser es maravillosa. No tenía que importarnos nada.

    Seguimos besándonos, las pizzas olvidadas en la mesa. Mi lengua buscaba la suya y ella me la dio junto con su saliva. La cogí de la cintura y la subí a caballito sobre mis muslos. Frente a mí su cabeza quedaba algo más alta que la mía.

    Me clavaba la sin hueso hasta la garganta, sus babas entraban en mi boca. Tenía cogidas sus preciosas nalgas en mis manos solo tapadas por la lycra de sus mallas cortas.

    Gemía en mi boca. El beso se hacía más y más lascivo. Las lenguas jugaban fuera de las bocas dejando que la saliva cayera sobre mi pecho desnudo.

    – ¡Como besas!

    – Contigo es fácil dejarme llevar.

    No podía apartar las manos de su cuerpo acariciando cada centímetro de su exótica anatomía. Y empecé a desnudarla sin prisa descubriendo la piel que pensaba besar y lamer. La camiseta salió por encima de su cabeza sin problema.

    Me incliné a besar sus pechitos y lamer sus pezones. Pasé la lengua por sus depiladas y suaves axilas sin notar ningún sabor a sudor. Pero haciendole algunas cosquillas.

    Los dos jadeábamos de deseo. Ella tampoco paraba quieta y sus manitas sobaban mi torso y pellizcaba mis pezones. Pasó a lamer mi cuello y mi hombro. Metía la puntita de la lengua en mi oído, juguetona.

    – ¿Crees que tu hermana me dejaría algo de su lencería? Ese body por ejemplo. ¿Crees que me sentaría bien?

    – Te quedaría genial y no creo que le importara. Lo único que me reprocharía sería el no habértelo dejado ella y verte con sus prendas puestas. Seguro que eso le encantaría. Y algo más.

    – Otro día puedo hacerlo con ella, o con los dos. Ese algo más.

    Si que había salido juguetona la niña.

    – Así que le das a los dos palos. Esta vez le he ganado por la mano.

    – Muy seguro estás de eso. ¿No podíamos haber jugado ya juntas?

    – Conociendo a mi hermana no me extrañaría. Pero eso no me lo imaginaba de ti.

    – ¿Y los dos? ¿Quieres que mi hermana y yo follemos?

    – ¿No me digas que teniendo a ese pibón en casa no has tenido tentaciones?

    Por más morbo que me diera el querer contarle todo, lo de mis aventuras con chicos y el «dormir» con mi hermana de forma habitual cuando no teníamos otros ligues. No era el momento para explayarme. Así que lo dejé ahí.

    – Pues claro que he tenido tentaciones.

    Para entonces ya le había quitado la camiseta acariciando los costados de su torso según la iba subiendo. Sus tetitas quedaron a mi vista y al alcance de mi lengua. Gemía y suspiraba. Yo deseaba ver más.

    Más de lo que notaba pétreo apoyado contra mi duro nabo. Movía la cadera con suavidad incrementando el roce.

    No dejaba de lamer mi cuello, mis orejas y yo pude deslizar las manos dentro de su pantaloncito. Agarré sus duras nalgas con fuerza, amasándolas.

    – ¡quítamelo!

    – Recuérdame que no me vaya sin haberme probado el body.

    – Cielo, yo mismo te buscaré las medias para verte con eso puesto. Y si me dejas hasta te haré fotos.

    Se puso de pie frente a mí y bajé la escasa prenda por sus largos muslos. La polla dura, no muy grande, recta y bonita saltó frente a mí rostro. Una de las más bonitas que había visto hasta la fecha.

    Así que aproveché para inclinarme un poco y besar el glande. Retiré el pellejo que la cubría y pasé la lengua por todo el nabo, bajé por el tronco hasta los huevos. Los chupé y lamí, hasta los metí en la boca.

    – Yo tampoco sabía que se te diera tan bien jugar a dos bandas. Si sigues así me correré.

    – ¿Y eso sería un problema? Dámelo todo en la lengua. Y por cierto ya te lo contaré todo de mis aventuras.

    – ¡Me corro!

    Así que seguí chupando y lamiendo la bonita polla hasta que dejó su semen en mi lengua. Estaba claro que le gustaba el morbo. Así que aún de pie delante de mí se inclinó a besarme y a compartir su jugo en un nuevo beso más lascivo que los anteriores.

    Más lengua, saliva y su lefa cambiando de boca y resbalando por mi barbilla hasta mi torso. Abrió mis pantalones cortos y tiró de ellos con fuerza. Como no llevaba nada por debajo mi pene saltó apuntando al techo como el mástil de un drakkar.

    – ¡Bonita polla!

    – No tanto como la tuya y esta noche toda para ti.

    – ¿Solo esta noche? ¡Ah! Si claro, que tu hermana también tiene derechos sobre ella.

    – Si te portas bien con este vejete lo podrás comprobar.

    – De vejete nada con lo que estoy viendo.

    Se le quedó mirando unos segundos con una increíble expresión de lujuria que nunca había visto en sus bonitos rasgos. Para pasar a rodearlo con sus finos dedos en una suave caricia.

    Estaba tan excitado y duro que no hacía falta nada más. Nada aparte de lubricante que aún sin saber si podía pasar algo con esa belleza había escondido un frasco entre los cojines del sofá. Hombre previsor vale por dos.

    Sonrió con malicia al ver el pequeño bote en mi mano. Se giró y me ofreció su precioso culito.

    – Ya que estás tan preparado, pónmelo tú.

    Aquello era una verdadera tentación. Así que me incliné más para acariciarlo, mejor dicho adorarlo. Separar sus nalgas con las manos y pasar la lengua por todo el canal de las delicias.

    Estaba claro que se había preparado en su casa antes de bajar. No estaba limpio, estaba prístino. Se hubiera podido comer sobre ese ano. Y eso fue lo que hice, clavar la húmeda en tan lindo agujero.

    Ya no abría la boca más que para gemir y jadear. No necesitaba más para saber que lo estaba haciendo bien.

    Recogió el lubricante del sofá y pasando una mano entre sus largos muslos dejó caer una buena cantidad en mi glande. La extendió por el tronco y hasta resbaló parte por los testículos.

    – Toma.

    Le cogí el frasco de la mano rozando sus dedos. Le puse una generosa cantidad en el ano extendiéndolo y clavando índice y medio para empezar a dilatarla. Durante un rato estuve jugando con el ano alternando lengua y dedos. Por algo era lubricante comestible.

    Su jadeo y su sonrisa lasciva me indicaron que estaba preparada, pero yo quería ver su linda carita mientras me cabalgaba. La giré y tiré de su cadera hasta que volvió a subir sobre mis muslos.

    – Quiero verte.

    De inmediato nuestras manos fueron directas a los pechos del otro pellizcando los pezones. Mi rabo estaba tan duro que una vez enfocado al agujero no hizo falta más que ella fuera bajando la cadera despacio.

    – Me encanta. Es perfecta para mi culo.

    – Se ve que no soy el primero.

    – Pero uno de los mejores. ¿No tendrás celos?

    – Puede que un poco. ¿Quién no querría esta perfección entre los brazos?

    Soltó una carcajada ante mi descarado alago.

    Entraba suave pero firme y sin parar. Hasta que sus huevos se apoyaron en mi pubis. Soltó un suspiro en ese momento y paró unos segundos para notarla dentro. Y yo notarla apretada en su interior. Aquello era un horno.

    – Espera, siéntela. No hay prisa.

    Teniéndola ensartada volví a besarla antes de que se moviera. Me encantaba la forma en que su lengua juguetona buscaba hasta la última gota de saliva en mi boca.

    Poco tardó en empezar a subir y bajar, despacio, sin prisa. Notando cada penetración en su interior. Sus duras nalgas se apoyaban en mis muslos y ante mí tenía su polla y huevos que acariciaba aunque no estaba tiesa.

    Me llevé una de sus manos a la boca y lamí sus largos y finos dedos. Lascivo pasé la lengua entre ellos, por la palma y hasta la muñeca.

    – ¿Quieres que te folle?

    – Quiero que hagas todo lo que quieras. No te pienso negar nada. Pero mientras voy a saborear todo lo que pueda de tu piel.

    Tal y como se movía sobre mi cadera no tardaría mucho en correrme y llenar ese adorable culito de lefa.

    – Me corro. Cielo.

    – Dale cariño. Préñame. Lléname de semen.

    Y ya no pude controlarme más. Con gemidos de ambos llenando la habitación me derramé en su ano. No me conformé con eso, claro. Tiré de su cadera hasta ponerla sobre mi cara. Y volví a lamer sus huevos, su culo al completo, aderezado esta vez con mis jugos.

    Tenía que hacerla gozar lo más posible, mostrarme el amante más caliente y morboso que había tenido hasta ese día. Y aun así pensaba que mi hermana podía haberme ganado hasta en eso, conociéndola.

    Pero lo estaba disfrutando. Los dos estábamos gozando y es era la idea. ¿No? Su polla se había vuelto a poner firme con ese tratamiento. Y aunque deseaba tenerla dentro, en mi culo o boca decidí reservarla para más adelante.

    Quería ver como quedaba ese pene firme dentro de la fina lencería de mi hermana. Me miró con cierta cara de desilusión cuando le alcance el body.

    – Juguemos. Quiero ver tu polla dura en esta tela tan suave.

    – Te seguiré el juego.

    Me dijo sonriendo. Se lo puso lentamente, sensual, exhibiéndose. Le quedaba sensacional, es verdad que no rellenaba el escote tanto como las tetas de mi hermana. El rabo lo colocamos hacia arriba marcándose en el encaje de la prenda. Si lo hubiéramos puesto de lado, se hubiera salido.

    Estaba preciosa. Le busqué unas medias para completar el atuendo. Sus largos muslos y torneadas pantorrillas, las piernas llegaban al suelo solo porque este estaba allí para pararlas.

    – ¿Me dejas hacerte unas fotos?

    – Claro, solo si me las pasas.

    – Por supuesto. Me tendrás que dar tu número.

    Saqué el móvil y ella posó para mí. Como era natural en ella se movía con sensualidad y las fotos parecían de modelo profesional. Se las pasé a su móvil según las hacía.

    Los tangas y sujetadores trasparentes de mi hermana le quedaban tan bien como el body. Aunque hubo que rellenar las copas con algo.

    Incluso un corsé que estilizaba su figura y reducía algo su cintura me permitió hacerle unas fotos preciosas con la polla al aire o sujeta por un reducido tanga. Y aquello no se bajaba.

    Supongo que la excitación del juego y probarse aquellas prendas además de las caricias que le daba de vez en cuando a mi polla o mí cuerpo la mantenían dura.

    – Veo que aún quieres follarme.

    – Llevo mirándote el culito toda la tarde. Tengo muchas ganas de abrírtelo.

    – No creas que vas a ser la primera.

    – Lo imagino.

    Yo también tenía muchas ganas, así que me puse a cuatro patas sobre el sofá y le alcancé el lubricante. Normalmente prefiero vernos las caras follando, pero estaba tan caliente que le ofrecí mi grupa. Ella aún llevaba puesto el corsé y el tanga. Se limitó a apartar este a un lado.

    Desde luego se inclinó detrás de mí y enseguida noté su lengua clavada en mi culo. Me había preparado y estaba tan limpio por dentro y por fuera como ella. Se me escapó un gran suspiro.

    – ¿Estás listo?

    – Desde luego. ¡Fóllame!

    – Lo estoy deseando.

    Despacio fue entrando en mí. Clavándome su dura polla, follándome despacio pero firme. Jadeaba en cada embestida. Recibía oleadas de placer directamente en el cerebelo. Hasta que se corrió dentro de mí.

    Como había hecho yo, se inclinó a hacerme un beso negro que me hizo ver las estrellas. Recogió el semen que rezumaba de mi ano en su lengua y se vino a buscar la mía en un nuevo beso lascivo y profundo.

    Después de ese ajetreo descansamos un rato y nos dormimos. Fue una buena siesta con ella entre mis brazos con su duro culito pegado a mi pubis. Volvimos a follar al despertar y al fin se quedó a dormir conmigo esa noche.

    Hemos repetido muchas veces. Es muy cómodo tener una belleza tan sexi y morbosa como esa en el mismo edificio. También hemos hecho tríos con mi hermana y sé que ellas dos también han follado juntas.

  • Nuestro cumpleaños BDSM (segunda parte)

    Nuestro cumpleaños BDSM (segunda parte)

    La noche fue larga. Creo que nos fuimos a la cama pasadas las 6, porque se vislumbraba la salida de los primeros rayos de sol del sábado, casi como una forma de darle los buenos días a la mayoría de la gente… pero recordándonos a nosotros dos que el día estaba empezando cuando apenas acabábamos de despedir un intenso viernes.

    Al acostarnos me dejaste claro que querías que te despertara a las 11 de la mañana. Sabía lo que significaba esa sencilla orden, así que cuando unas horas después sentí mi reloj vibrar en la muñeca, llevé a cabo mi rutina-despertador. Fui al baño a lavarme los dientes y las manos, me desnudé y volví a la habitación para retirar la parte de abajo de las sábanas. Me puse de rodillas a los pies de la cama para adorar tus bonitos pies.

    Después de dedicar un buen rato a tus pies, fui subiendo poco a poco a tu entrepierna. Fue entonces cuando te colocaste boca arriba y pusiste un dedo sobre el culote, apuntando a tu coño. No tardé ni un segundo en lamer ávidamente tu culote y en menos de 5 minutos, sentí como tu humedad lo estaba empapando, así que procedí a echarlo a un lado y a esmerarme en comerte el coño como a ti te gusta, hasta que te corriste de una forma suave y pausada. Te di las gracias por tu orgasmo, e inmediatamente después me puse a limpiar con la lengua tus piernas, las sábanas, tu coño y tu culo… hasta que me dijiste:

    “Me ha encantado, bonita. Ven aquí y dame un beso”.

    Me subí a la cama desnudo como estaba, goteando por mi colita y no pudiste evitar sonreír mirándome, mientras me recordabas lo puta que soy. Nos besamos un buen rato, lo que me encendió más de la cuenta y, cuando buscaba con mis manos tu cuerpo, te separaste de mí y me dijiste:

    “Vete a la cocina, preciosa. Tenemos cosas que hacer hoy, y no quiero entretenerme. Prepara el desayuno y avísame cuando esté listo. Voy a ducharme”.

    Con un halo de decepción en la mirada, y excitado como estaba, me dirigí a la cocina y -completamente desnudo- preparé el desayuno y te avisé cuando estuvo todo listo.

    Era una soleada mañana de sábado. Las ventanas abiertas dejaban entrar el aire fresco del final del invierno y, cuando estaba pensando el día tan bonito que hacía para salir a tomar unas cañas, te acercaste sonriendo, con el pelo mojado y brillo en tu mirada. Eres una mujer increíble. Divertida, sexy, positiva y risueña… pero ese día identifiqué algo diferente en tu forma de mirarme y de darme un beso subiéndote encima de mí.

    “Gracias por prepararlo todo, princesa. Tengo muchísima hambre… la paliza de sexo de ayer y el orgasmo de esta mañana no me dejan pensar hasta que coma algo”.

    Feliz de verte sonreír, me senté a tu lado para desayunar, sin tener la certeza de si aquel sería uno de los días que desayunaríamos juntos charlando o si, por el contrario, arrojarías el desayuno a mi bol de perro para hacerme comer de rodillas a tus pies. No dijiste nada, así que empezamos a desayunar y a charlar animadamente mientras dábamos buena cuenta del café y tostadas con aceite y tomate que había preparado.

    Te comenté que hacía una temperatura perfecta para irnos a La Latina a tomar cañas de terraza en terraza, pero me convenciste para subir a la sierra a dar un paseo y comer algo. Incluso comentaste que si nos liábamos después tomando cañas, podríamos alquilar esa casa rural tan chula que hay justo antes de entrar en Guadarrama y a la que habíamos ido varias veces.

    Me pareció buen plan, aunque pensaba que íbamos realmente tarde para caminar por la montaña, así que terminamos decidiendo que el paseo lo podríamos dar el domingo por la mañana, para lo que tendríamos que madrugar algo (no mucho, porque odias madrugar), y cambiaríamos las cañas en La Latina por unas cerves por Guadarrama y una noche en la casa rural.

    Me dijiste que fuera a ducharme y vestirme. Tú te encargarías de las maletas. No me pareció raro, ya que desde que vivimos juntos, te encargas de elegir mi ropa con mucha frecuencia. Después de ducharme, encontré sobre la cama unos boxer azules, unos vaqueros negros y mi camiseta de los Rolling Stones.

    Me sorprendió ver el tamaño de la maleta que habías preparado, pero no le di demasiada importancia, así que cargamos todo en el coche y, con buena música y sin parar de cantar, nos dirigimos a la sierra. De camino, llamaste a la casa rural y la reservaste para todo el fin de semana. Metiste las coordenadas GPS en el navegador y continuamos hablando y cantando como si fuéramos dos adolescentes.

    Al llegar a la casa, dejamos el coche en el jardín y al bajarme y abrir el maletero encontré tu maleta del terror. Así llamamos a la maleta donde guardas gran parte de tu arsenal de juguetes. Al verla te miré y sonreíste con mirada traviesa y me dijiste:

    “¿No pensarías que hemos venido hasta aquí para tomar cañas y dar un paseo por la montaña, verdad?”.

    Te miré desconcertado. Sé que eso te encanta. Hacerme creer una cosa y luego que ocurra cualquier otra… pero seguía intuyendo algo distinto en tu forma de hablarme y en la manera en que te mordías los labios que me tenía completamente loco. ¿Qué tenías en mente? No me dejaste pensar demasiado, ya que enseguida me dijiste que sacara todo del maletero, deshiciera nuestra maleta, la colocara en el dormitorio principal y que dejara la maleta del terror en el salón de la casa.

    Después de cumplir tus órdenes, bajé al salón y te encontré en el sofá, vestida con un tanga negro de encaje y el sujetador push up a juego. Te miré sorprendido y bromeando te dije:

    “¿Tienes calor, cariño?”.

    Te reíste y me ordenaste encender la chimenea, y cuando estaba a punto de hacerlo, comentaste:

    “¿Vas a encender la chimenea con tanta ropa? ¿No crees que te sobra todo y que te falta el collar, bonita?

    Identifiqué perfectamente tu tono de voz y la intensidad de tu mirada, así que inmediatamente me desnudé para ti, doblando la ropa y dejándola ordenada, mientras me mirabas con ojos de deseo. Después abrí la maleta del terror, saqué mi collar rojo y, con los dientes y a cuatro patas, me acerqué a tus pies para entregártelo.

    Ese momento es maravilloso. Mi cuerpo es sacudido por un escalofrío, y noto que me cambia el semblante, que una especie de capa de superhéroe me cubre. Y es que cuando estoy a tus pies, siento que soy capaz de cualquier cosa que desees, porque mi entrega es verdadera y absoluta. Noto que mi pequeña polla reacciona excitándose por lo que estamos simbolizando en ese preciso instante. Mi pertenencia y sumisión a ti, a la mujer más maravillosa que conozco.

    Cuando colocas el collar sobre mi cuello, me das una patadita alejándome de tus pies para que me dirija a la chimenea y termine con lo que había empezado. Mientras voy colocando los troncos, escucho tu bonita voz que, entre sonrisas, me dice que a ese culo de perra le falta un rabito, y que cuando deje el fuego encendido, te acerque el plug con cola de zorra que tanto te gusta.

    Termino con mis labores pirotécnicas, encuentro el plug y te lo acerco a cuatro patas. Me haces escupir sobre él, pero inmediatamente te das cuenta de que por mi colita se descuelga un hilo de líquido preseminal y decides aprovechar hasta la última gota para mojar el plug y utilizarlo como lubricante.

    Enseguida el plug se pierde en mi culo y me haces pasear a cuatro patas por el salón, orgullosa del resultado, y excitándote al verme dar círculos con el collar y la cola de zorra asomando por mi culo. Incluso me haces ladrar un buen rato.

    Me ordenas que me acerque y que bese tus pies, cosa que hago inmediatamente. Adoro sentir como se pasan los minutos besándolos y lamiéndolos ávidamente. Estaría horas haciéndolo, pero al rato me dices que estás muy excitada y que me siente en el sofá, que vas a follarte conmigo.

    Me siento en el sofá y noto la cola de zorra entrar en mí. Estoy duro para ti, y comenzamos a besarnos hasta que, casi de un salto, te sientas sobre mi pollita y comienzas a presionar tu coño haciéndome sentir que podrías devorarme simplemente con presionarlo sobre mí.

    Los besos cada vez son más apasionados. Más violentos. Mordiscos, gemidos, manos aquí y allí… Siento que tu bonito cuerpo sube y baja sobre mi polla de forma pausada… rítmica. Estás manteniendo el control. Te encanta hacerlo. Decidir cuándo hacemos el amor y cuando follamos como animales. Y de pronto, te acercas a mi oreja y, mordiéndola, me dices susurrando:

    “Hazme disfrutar, mi amor. Quiero correrme contigo dentro. ¿Lo harás, bonita?”.

    “Sí Ama, haré lo que desees”, contesté.

    A lo que tú, sonriendo y entre gemidos, contestaste:

    “Más te vale que lo disfrutes y que me hagas disfrutar, preciosa… porque esta será la única vez que follemos hoy. De camino le mandé las coordenadas GPS a mi amigo Rubén, que vendrá con su sumisa nueva. ¿Te apetece, preciosa?”.

    Te contesto con un breve “Sí, Ama”.

    Pero es que has aumentado el ritmo, tus gemidos son más intensos y tu respiración más agitada. Te excita follarme y descolocar los planes que tenía en mi cabeza. Te excita saber que en ese momento, en mitad del polvo, te diría que sí a cualquier cosa que quisieras. Eres muy consciente de tu poder sobre mi cuerpo y sobre mi voluntad… y cuando quiero darme cuenta, me escupes en la cara y me dices:

    “Ahora, zorra… córrete conmigo. 3, 2, 1… yaaa”

    Y tu cuerpo se tensa como un arco antes de disparar su flecha. Te agarras a mi cuello apretándolo, para cortarme la respiración y mueves tus caderas sobre mi pollita, que está descargando dentro de ti, mientras gimo como la puta que soy.

    Cuando dejo de convulsionar, fruto de un orgasmo increíble y después de darte las gracias por correrme para ti y por regalarme tu orgasmo, me das una bofetada tras otra y después un beso increíble.

    “Te quiero muchísimo Pedro, eres increíble. Pero ahora tienes que limpiarme bien. Tenemos que prepararnos para la cena que tendremos con Rubén y su sumisa… y no tenemos tiempo que perder. Quiero que se vayan mañana muy contentos y satisfechos. No me vas a fallar, ¿verdad preciosa?”.

    Te contesto que no, que voy a hacer todo lo que desees para que disfrutes de mi sumisión y obediencia, y que me esforzaré al máximo para que Rubén y su sumisa disfruten también. Que vas a estar orgullosa de mi comportamiento y de mi actitud. Voy diciéndote todo esto mientras, con mi lengua, limpio tu coño, tus piernas… todo lo que se ha visto afectado por tu increíble corrida.

    Al terminar, miras el reloj y te das cuenta de que son casi las dos de la tarde.

    “Tengo hambre, mi amor. Vamos a vestirnos y nos bajamos al pueblo a comer en una terraza, ¿vale? Quiero dormir algo y luego tenemos que comprar los ingredientes de la cena, poner la mesa y preparar algunas cosas “.

    Me parece un planazo así que entre besos y abrazos subimos a la habitación como dos adolescentes. Me ordenas quitarme el plug y limpiarlo. Cuando termino de limpiar el plug estás en el baño sentada haciendo pis y sin decir una palabra, te miras la entrepierna. Sé perfectamente lo que debo hacer, y sin que pase un segundo me pongo a cuatro patas y meto mi cabeza entre tus piernas para limpiar tu coño con mi lengua hasta que creo que está perfecto.

    Cuando termino, acaricias mi pelo y me quitas el collar. Volvemos a la habitación y te veo revolotear en el armario para elegir tu ropa. Estás desnuda y, dándote cuenta de que me he quedado mirándote, te giras y me dices:

    “Bueno, ¿qué? ¿Te pones la ropa y me vistes o nos quedamos así todo el día”?

    Suelto una carcajada. Me había quedado embobado observando tu cuerpo y tu cara. Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida, y siento que me parece estar atrapado en un sueño del que no quiero despertarme jamás. Con un gesto, levanto los hombros, subo las palmas de las manos como diciendo que es imposible no quedarse paralizado observando esa cara y ese cuerpo, y comienzo a vestirme.

    Cuando termino de vestirme me indicas la ropa que quieres ponerte. Eliges unos vaqueros negros, una camiseta amarilla y las zapatillas Nike blancas, pero antes… te pongo unas bragas de encaje negras con sujetador a juego. Te visto y te calzo. Es otro de los momentos que me regala la vida desde que estamos juntos y que disfruto siempre como si fuera la primera vez.

    Recogemos un poco la habitación y nos vamos al centro del pueblo. Nos sentamos en una terraza, pedimos un par de cañas y algo de picar, y nos pasamos un par de horas deliciosas. Risas, charla y complicidad. Es el resumen de nuestra vida. Una comunicación sin fisuras y confianza ciega entre los dos, risas y un deseo increíble desde el primer día. Nos sentimos invencibles y bromeamos con ello durante la comida.

    Después compramos las cosas para la cena, un par de botellas de vino, y nos fuimos para la casa rural. Al llegar nos tumbamos en el sofá con algo de música y dormimos una siesta. Yo dormí algo más de 30 minutos, pero tú estuviste durmiendo hasta las 7 de la tarde.

    Te preparé un baño de espuma con velas y música relajante, y cuando lo tuve todo listo, bajé al salón a despertarte, pero ya estabas despierta. De hecho estabas delante de la maleta del terror eligiendo algunas cosas. A tu lado había tres dildos, dos straps, cuerdas, dos mordazas diferentes, pinzas para los pezones y alguna cosa más que no me dio tiempo a ver, porque al darte cuenta de que estaba detrás de ti, me dijiste que me diera la vuelta.

    Te comenté que te había preparado un baño y me diste un beso.

    “Eres mi puta perfecta, Pedro. Me encanta que te anticipes a mis necesidades”

    Subimos las escaleras y al entrar en la habitación me pides que me dé la vuelta y al rato siento un pañuelo que tapa mis ojos.

    “Me apetece que me bañes sin poder mirarme. Tienes que memorizar cada centímetro de mi cuerpo. Tienes suerte que soy pequeñita, pero quiero que tus manos aprendan memorizar mi piel”

    Te apoyaste en mi mano para entrar en la bañera, y poniéndome de rodillas, te pedí que me dijeras dónde estaba el jabón y la esponja, para cuando quisieras que te enjabonara. Me dijiste en qué lugar estaba todo y me diste la instrucción de comenzar a bañarte, pues apenas quedaba una hora para que llegaran nuestros invitados. Sin poder verte, comienzo a enjabonarte los pies, las piernas, el estómago, el pecho… imagino ese cuerpo que he visto tantas veces, y no puedo evitar empalmarme. Imagino que te has dado cuenta, porque me pides que te acerque el mango de la ducha y poco después escucho perfectamente cómo tu respiración es cada vez más agitada. Además me hablas con la voz rasgada que se te pone siempre que estás excitada, para decirme:

    “Tengo ganas de follarme a Rubén. Folla muy bien, ¿sabes cariño? Lo único malo es que con ese rol dominante que tiene, se viene un poco arriba a veces. ¿Cuidarás de que no se venga muy arriba, verdad mi amor?”.

    Te contesto que por supuesto. Que estaré pendiente de todo, y de que te trate como es debido, pero casi entre gemidos, me dices:

    “No te alarmes si ves que me da la vuelta agresivamente y me pone en cuatro para follarme el culo, cariño. Como buen dominante es algo que le encanta, y hoy tengo ganas de disfrutar a tope, así que no vayas a cortarme el rollo, princesa”.

    Te digo que no te preocupes, que estaré pendiente, pero que en todo caso, buscaré tu aprobación antes de nada… y siento que ni siquiera contestas, concentrada en tu placer. Un instante después, y con la voz entrecortada, me dices:

    “Pedro, recuerda que tu polla es mía y nadie más puede tocarla jamás. Rubén es bisexual y tiende a hacer lo que le sale de los cojones, así que es tu responsabilidad que no te toque esa colita que tienes. Si quiere tocártela, si ordena a su sumisa que te coma la polla o cualquier cosa, has de retirarte… y si tienes problemas, hacérmelo saber”

    No me da tiempo a decir “Sí, Ama”, cuando siento tu orgasmo llegar. Noto que el agua se mueve como si estuviéramos en la playa, pero no tiene nada que ver con la marea y las olas… son tus piernas y tus manos moviéndose de forma descontrolada en un orgasmo largo e intenso, que me excita todavía más no poder ver.

    Me ordenas que termine de bañarte y te alcanzo la toalla. Te seco con mimo mientras intento besarte por todo el cuerpo. Al secar tus pies, me pongo de rodillas y no puedo evitar lamerlos, dándote las gracias por correrte para mí.

    “Venga cariño. Vamos a espabilar, que van a llegar y estamos aún a medio preparar. Me excitas tanto que no he podido evitar masturbarme. Quítate el pañuelo de los ojos y ayúdame a vestirme”

    Me lo quito y me quedo paralizado al verte desnuda y con el pelo mojado. Eres preciosa y hueles genial. Pero me das un azote en el culo y me dices que baje al salón a por la ropa que has dejado al lado de la maleta del terror. Te subo unos leggins de latex que te sientan increíbles y un top negro. Te ayudo a ponerte un tanga negro, pero no quieres ponerte el sujetador. Cuando tienes los leggins puestos me dan ganas de lamerlos, y al darte cuenta de la forma en que te estoy mirando, me dices:

    “Ponme los zapatos negros de tacón de aguja, mi amor. Los que tanto te gustan”

    Estoy duro y desnudo… y llevo un buen rato goteando. Calzarte no ayuda a calmar mi excitación. Me encanta hacerlo, y cuando estás subida en esos tacones de 12 cm, te ayudo con el top, te acerco la colonia y me quedo a tu lado comprobando como te maquillas.

    Es increíble lo bonita que eres. Cualquier hombre mataría por estar a tu lado… pero yo tengo ese privilegio. Aspiro tanto aire que creo que mis pulmones van a explotar o que voy a salir volando como un globo de feria. Soy feliz de pertenecerte.

    Debes darte cuenta del momento que estoy viviendo, porque me dices:

    “Cariño. Recuerda que todos mis orgasmos son para ti. Todo mi placer es tuyo. Te quiero a ti y a nadie más que a ti. Por mucho que folle con otros hombres o mujeres, tú eres mi prioridad. Por mucho que te humille, es a ti a quien deseo. Por muy bajo que te haga caer y por mucho que te haga llorar… eres tú quien se quedará a mi lado toda la vida. No vayas a olvidarlo por mucho que aprietes la mandíbula, ¿vale?”

    Te contesto que sí, pero un escalofrío recorre mi espalda y una nube pasajera cruza por encima de mí. Te das cuenta y te giras. Me das un beso muy tierno, y luego te quedas un minuto abrazada a mí.

    “No lo olvides nunca, mi amor. Veas lo que veas. Sientas lo que sientas. Y ahora, quiero que te pongas tu vestidito verde suelto, con el tanga negro, las medias de encaje negras, el sujetador negro y tus zapatos de tacón negros. Cuando estés vestida vuelve al baño, que quiero echarte mi perfume y pintarte los labios”.

    Obedezco inmediatamente y al rato vuelvo a tu lado. Me pintas los labios de “rojo putón” y te ríes. Nos reímos juntos, y parece que la tensión de hace unos minutos se ha disipado por completo. Estás preciosa. Espectacular. Impresionante. Qué mujer… madre mía!

    Bajamos al salón y apenas pasados 5 minutos, llaman a la puerta y me dices que vaya a abrir. Te miro con ojos que suplican que me acompañes, pero me dices que estarás a unos metros de mí, y que obedezca, cosa que hago inmediatamente.

    Me acerco a la puerta y veo a Rubén, que me presenta a su sumisa:

    “Hola Pedro, esta zorra se llama María. Laila te ha vestido muy elegante hoy, ¿no? Estás muy guapa… jajaja. Me va a gustar follarte el culo subiéndote ese vestidito verde tan mono”

    Me has hablado alguna vez de Rubén, pero he de confesar que le imaginaba diferente. Tendrá poco más de 40 años, no es muy alto, y tiene un cuerpo poco trabajado, pero me has dicho varias veces que es un “auténtico hijo de puta” con sus sumisas. Un sádico de manual. Un adicto al sexo y un tipo muy divertido.

    Para empezar, una auténtica declaración de intenciones. Agacho la mirada en señal de asentimiento, pero no me sale ninguna palabra. En ese momento apareces ocupando toda la escena. Te acercas pisando fuerte sobre tus tacones y con una sonrisa en la mirada le dices a modo de saludo:

    “¡Oye tú! Tranquilo, ¿no? Por lo que veo, tenías ganas de conocer a mi sumiso. ¿Ya no te gusto?”.

    A lo que Rubén responde mientras te da un abrazo y un par de sonoros besos:

    “Me has hablado tan bien de él que… pero ahora que te veo, creo que prefiero follarte a ti… si me das permiso, claro. Estás preciosa, Laila”.

    Los dos rompéis a reír. Me habías contado varias veces que cuando os juntáis Rubén y tú en una habitación, hay un choque de trenes garantizado. Dos personas muy dominantes que no quieren ceder su posición. Una lucha de poder que -hasta ahora- siempre ganaste, porque una mujer como tú siempre tiene ventaja en términos sexuales… pero efectivamente se masca la tensión sexual entre los dos, y -aunque sea en broma- el inmovilismo por ver quién se folla a quién.

    Me pides que acompañe a María a la cocina y que preparemos la cena, pero antes quieres que descorchemos la botella de vino y os sirvamos unas copas, así que es lo que hacemos. Os dejo charlando en el sofá y me llevo a María a la cocina.

    Lo primero que me pregunta es si mi Ama suele vestirme de mujer. Le respondo que no siempre, pero que a veces lo hace, y que casi siempre que tenemos invitados lo hace para humillarme un poco más.

    Me dice que estoy muy guapo incluso vestido de mujer, y me sorprende el halago. Le devuelvo el piropo y le digo que ella también está muy guapa, y es cierto. Es alta, rubia, con poco pecho y un buen culo, y viene vestida con una falda de rayas rojas y negras, una camisa blanca y unas botas de tacón hasta las rodillas.

    Preparamos la cena mientras charlamos a ratos. Pero no hay química. Es normal. Yo no tengo ninguna intención de conectar con nadie que no sea mi Dueña, y a ella se la nota incómoda, pero igualmente confiesa que es la primera vez que su Amo va a compartirla con más gente, que está nerviosa y que no sabe si lo hará bien… si estará a la altura. Intento tranquilizarla y le digo que seguro que todo va bien, y que en todo caso, lo que tenemos que hacer es procurar complacer a nuestros Amos y disfrutar del placer que nos provoca entregarnos a ellos.

    Preparamos todo, ponemos la mesa y con tono de mayordomo, me acerco al salón para anunciar que la cena está lista, y que los señores pueden pasar al comedor. Nada más acercaros a la mesa, os percatáis que hemos puesto dos platos en la mesa y dos en el suelo. Inmediatamente me miras y me dices:

    “¿Y esto, bonita? ¿Acaso te he pedido que prepares una mesa para dos?”.

    Respondo que no, pero que a María y a mí nos gustaría comer en el suelo, a vuestros pies, y cuando ibas a hablar, Rubén se adelanta y dice:

    “Muy bien, pero os vais a cambiar de platos. Pedro comerá a mis pies y María a los tuyos. ¿Te parece, Lai?”.

    Te ríes y contestas que te parece muy buena idea, pero que quieres que lo hagamos con el culo lleno. “Una buena puta ha de estar siempre lista para cualquier imprevisto”, dices. Y volvéis a reír a carcajadas.

    Me acerco a por varios plugs de tu maleta del terror, y María hace lo mismo con una especie de baúl pequeño que trajo el propio Rubén. Entre risas, decidís que -ya puestos- Rubén elegirá y me pondrá el plug que quiera, y que tú harás lo mismo entre los juguetes de tu amigo, para colocárselo a María.

    Rubén me pregunta qué plug quiero. En tu maleta hay cuatro o cinco, y elijo el anteúltimo en tamaño. Se ríe y mirándote, dice:

    “Pensaba que esta putita era más valiente… se deja un tamaño para después… pero vale, como tú quieras. Ponte a cuatro patas y ofréceme tu culo”

    Sin dudar me pongo a cuatro patas, me subo el vestido y bajo el tanga para ofrecerle a Rubén mi culo. Cuando me bajo el tanga… un chorretón de líquido preseminal cae al suelo e inmediatamente se ríe y dice:

    “Joooder… Tenías razón, tía. Menuda guarra. Jajaja… está chorreando y aún no hemos empezado. Pero mira, tenías razón con eso de que con un sumiso así, nunca te falta lubricante”.

    Después de embadurnar el plug con mi propio líquido preseminal, lo introduce en mi culo sin ningún miramiento. Pego un grito ahogado y le doy las gracias. Me dice que vuelva a colocar el tanga y a ponerme bien el vestido. Lo hago y me levanto justo para ver cómo estás haciendo que María se coma el plug y -entre arcadas- terminas pasándolo de su boca a su coño, de nuevo a su boca, otra vez a su coño, y cuando la notas excitada… se lo metes en el culo poco a poco hasta que, igual que tu amigo, le dices que se ponga de pie y se vista adecuadamente.

    Nos ordenáis que sirvamos la cena, y es lo que hacemos. Es todo comida de picoteo, así que se simplifica mucho el hecho de andar yendo y viniendo del salón a la cocina y viceversa. Una vez hemos dejado todo en la mesa, y os hemos servido el vino, nos indicáis que nos pongamos en el suelo a cuatro patas. Yo a los pies de Rubén y María a tus pies.

    Te levantas pausadamente y te acercas a la maleta del terror para coger dos bridas. Sé perfectamente lo que viene ahora. Le das una a Rubén y te acercas a María para atar sus manos a su espalda mientras tu amigo hace lo mismo conmigo.

    “Mucho mejor, ¿no crees? No he visto muchas perras que coman con las manos, la verdad”.

    Volvéis a reír y empezáis a cenar. De vez en cuando Rubén me tira algo de comida al suelo. Unas veces cae dentro del bol y otras directamente al suelo, pero apenas me mira. Estáis charlando y pasando un buen rato, mientras nosotros nos afanamos en comer y beber algo metiendo nuestras caras en sendos bols y luchando para mantener el equilibrio y no caer de bruces al suelo.

    Una de las veces que estoy tratando de comer una croqueta que Rubén tiró al suelo, veo que te has quitado los zapatos de tacón y que tu pie está en la entrepierna de tu amigo, al que escucho claramente decirte:

    “Laila, como sigas así te voy a follar encima de la mesa sin llegar al postre. Me estás poniendo muy cachondo”.

    Te ríes y me dices:

    “Pedro, parece que mi amigo se está poniendo cachondo porque he apoyado inocentemente los pies en su entrepierna. Te importaría acercarte y lamer sus pies para ver si sigue excitándose un poco más?”

    Contesto un breve, “Sí, Ama”, y como puedo, con las manos a la espalda, me arrastro por el suelo hasta llegar a los pies de Rubén. Tiene puestas unas botas militares que, al ver que no hace ademán de quitarse, y ante la imposibilidad de quitárselas por tener mis manos atadas a la espalda, comienzo a lamer con la lengua.

    Rubén le da la misma orden a su sumisa, pero tú estás descalza y le ofreces un pie sin quitar el otro de la polla de tu amigo. Entonces te escucho decir:

    “Mmmm… qué delicia. Adoro cenar mientras me lamen los pies. Está muy bien enseñada, por cierto. Enhorabuena”

    Os reís y al rato siento que Rubén me aparta la cabeza y se descalza. Se quita los calcetines y me dice que abra la boca. Lo hago y mete uno de ellos en mi boca. Al acercarme para ello, veo perfectamente una potente erección bajo sus pantalones y recuerdo que me dijiste que tenía una buena polla, pero que sobre todo era un gran follador… así que aprieto la mandíbula anticipando lo que vendrá poco después.

    Eres tú quien rompe las hostilidades. Le dices a María que te quite los leggins mientras sigues comiendo, y veo que tiene grandes dificultades para quitártelos con la boca. Después de un rato consigue colocártelos por los muslos, y tú misma terminas el trabajo, quitándotelos por completo y quedándote tan solo con el tanga negro que te regalé hace poco.

    Deslizas tu cuerpo al extremo de la silla para dejar tu precioso coño expuesto para María y, cogiéndola del pelo, acercas su cabeza a tu entrepierna. Escucho tus gemidos suaves mientras María se afana en darte placer con su lengua y mantener el equilibrio. Cuando estoy mirando cómo tu tanga empieza a mojarse, Rubén me agarra del collar y me acerca a él. No me he dado cuenta de en qué momento se ha quitado el pantalón, pero veo una polla mojada y dura apuntando hacia el techo, y sé qué es lo que quiere.

    Dudo, porque siempre me has dicho que no me comeré pollas ajenas sin condón, y cuando Rubén se da cuenta de mi duda, saca un condón del bolsillo de su pantalón, se lo coloca y me dice:

    “Perdona Pedro, olvidé que me dijo Laila que una puta refinada como tú no comía pollas sin condón… así que ahora te vas a poner fino. Venga, empieza”

    Me acerco de rodillas hasta estar enfrente de su silla, mojo mis labios con la lengua y comienzo a comerle la polla. Es muy ancha y me cuesta bastante, pero lo hago lo mejor posible. Recuerdo las veces que me has dicho que no te sienta bien que te deje mal ante tus amigos, así que me espero para dedicarle una buena mamada. Rubén no es delicado precisamente, y constantemente empuja mi cabeza hasta hacer llegar su polla al fondo de mi garganta. Varias veces me agarra fuerte cuando está bien dentro y hace pequeños movimientos con las caderas, follándose mi boca y provocándome grandes arcadas que casi me hacen vomitar.

    Una de esas veces me dice:

    “No te conviene vomitar, ni tampoco hacer que me corra. Conozco a tu Ama, y puedes creerme que no te gustará si ocurre cualquiera de las dos cosas, así que come bien… pero no seas ansioso”.

    Sigo comiéndole la polla y haciendo verdaderos esfuerzos para no vomitar, y entonces escucho como te corres en la boca de María. Tanto Rubén y yo te conocemos bien, y ambos sabemos que ese primer orgasmo no significa nada más que el primero de muchos, pero se ve que no quiere dejar pasar mucho tiempo y te dice:

    “Laila, ¿y si vienes y te sientas encima de mí? Mira cómo me ha puesto tu sumiso, y creo recordar que te gustaba follarte encima de mí, ¿no es así?

    No dices nada. Te quedas quieta, y entonces me doy cuenta de que te has corrido. Estaba tan concentrado en no vomitar y en comerle la polla a Rubén que acabo de darme cuenta de tu orgasmo… así que, procurando no caerme, me acerco a tu coño y comienzo a limpiarte. Me lo has dicho cientos de veces. Cuando estamos con más gente, limpiar es limpiar. Sin adornos, sin buscar otra cosa que dejarte limpia… ya te excita el mero hecho de verme hacerlo”

    “Muy bien, mi amor… te has dado cuenta tú solita. Estoy muy orgullosa de ti, y muy contenta de la mamada que le has hecho a mi amigo. Ahora que me has dejado muy limpia, voy a follármelo para ti, ¿vale, preciosa?”.

    Te contesto con un “Vale mi amor. Gracias por correrte y dejar que te limpie”, y tras hacerme una caricia en el pelo, te levantas para subirte encima de Rubén y follártelo. Él quiere que te sientes encima mirándole, pero a ti te encanta que sea al revés para poder mirarme a mí mientras subes y bajas en esa buena polla, humillándome y a la vez permitiendo que disfrute de tu placer.

    Y efectivamente, ganas la batalla de la postura y, con las manos en sus rodillas, comienzas a follártelo. El te sujeta a ratos por las caderas y otras veces poniendo las manos en tu culo. Enseguida noto que estás muy cerca del orgasmo y me acerco a tu coño abriendo la boca.

    “Mmmmm… joder Rubén… ¡Cómo me gusta! Aprende, puta… así es como me gusta que me follen”.

    Viendo que estoy con la boca abierta, metes tu dedo índice por debajo del collar y tiras hacia ti. Me escupes varias veces y, cuando estoy dándote las gracias, me sueltas un sonoro bofetón. Te doy las gracias e inmediatamente después, me contestas con otro más fuerte que el anterior.

    Tus gemidos son ya gritos de placer, y escucho que Rubén te pide bajar el ritmo… pero sucede justo al contrario. Subes y bajas cada vez más fuerte, cada vez más rápido… hasta que te corres. Es un orgasmo súper intenso. Completamente despeinada y con fuego en tus ojos, me miras y me sonríes. Me tiras un beso y me dices que me quieres.

    Rubén te retira suavemente y quitándose el condón, le dice a su sumisa que termine lo que tú empezaste. Ella sigue con las bridas a la espalda, y es manejada como si de una muñeca se tratara. Rubén la agarra de las caderas y la folla a su antojo. Cada vez más fuerte. Cada vez más rápido, hasta que se corre. Siento su frustración. Quería correrse contigo, pero no le has dejado hacerlo, en una clara demostración de quién manda sobre el otro.

    Después de correrse, me dices que te da pena María. Me liberas las bridas y me dices que le enseñe a Rubén cómo se come un coño. María está en el suelo. Rubén la apartó de un empujón nada más correrse, y yo estoy acercándome a su coño con calma, buscando algún signo de aprobación por su parte. Pero tengo una orden, y te debo obediencia a ti, así que agarrándola por las caderas, meto mi cabeza en su entrepierna y comienzo a lamer.

    Te escucho darme otra orden. No quieres que se corra todavía. Tengo que hacer que se corra a tu orden, así que me concentro en darle placer, pero sin provocar su orgasmo, aunque pienso que no soy el único responsable de dicha coordinación. Cuando estoy pensando en eso, que también dependo de que María me ayude y aguante sin correrse, noto que me quitas el plug. Pego un ligero respingo cuando lo noto salir de mí, pero enseguida noto tu fusta sobre mi culo. Primero fustazos puntuales, pero poco a poco aumentas la intensidad de los mismos.

    A la vez, Rubén juega con los pezones de María. Le coloca dos pinzas que parecen bastante potentes a juzgar por sus gritos, y le pone una mordaza en la boca. También juega con un flogger en su vientre y en sus tetas. María emite gemidos ahogados por la mordaza a la vez que siento que su respiración se agita cada vez más. Tengo miedo de que se corra, y bajo un poco el ritmo, pero te das cuenta y me dices que siga comiéndolo sin parar un segundo.

    Lo hago, y cuando estoy concentrado en su clítoris, siento que tu strap está colándose dentro de mí. Noto tu primera embestida y casi me caigo encima de María. Es increíble cómo una mujer de 1,60 puede tener tanta fuerza con las caderas. Comienzas a cabalgarme sin ningún tipo de miramiento. Me estás follando duro. Sé que te encanta, y a mí también me gusta demostrarte que puedes hacer conmigo lo que quieras, así que, en un momento dado, empujo mi culo contra tu strap, a la vez que sigo comiéndole el coño a María.

    “Eres una puta increíble. Tienes diez segundos para hacer que se corra, Pedro. Por cada segundo que pase de ese tiempo, recibirás un latigazo de Rubén. Y puedo asegurarte que con el látigo es mucho más duro de lo que lo soy yo”.

    Me esmero en hacer que se corra, pero pasan los diez segundos y no lo hace. Rubén está apretando las pinzas, e imagino que le costará concentrarse en su placer con esas dosis de dolor. Aumento el ritmo de mi lengua y tres dedos entran y salen de María a toda velocidad. Finalmente, cuando escucho el número dieciocho, siento su orgasmo en mi boca, y escucho sus gemidos de placer.

    Pero apenas puedo disfrutar del orgasmo de María, porque noto que tus embestidas no hacen sino aumentar… en una de ellas pierdo el equilibrio y me caigo al suelo boca abajo. Pero no estás contenta por no haber conseguido que María se corra en el número diez de tu cuenta atrás, y sin dejar que me levante ni que vuelva a ponerme a cuatro patas, siento tu strap haciendo fuerza en mi culo. Abro las piernas, levanto un poco las caderas y vuelvo a ofrecerte mi culo, abriéndolo con mis manos. Vuelves a entrar violentamente en mí. Siento que no me quedan fuerzas y relajo mi cuerpo contra el suelo. Mientras, con tu mano empujas mi cabeza contra el suelo mientras dices:

    “¿Es tan difícil obedecer una orden, zorra? ¿Tanto te cuesta hacer que una sumisa se corra cuando yo quiero? Muy bien… voy a follarte hasta que me aburra o hasta que escuche la palabra de seguridad. Estoy cabreada contigo. Me has dejado mal ante mi amigo”.

    Emito un imperceptible “lo siento, Ama”, pero no me escuchas. Sigues follándome sin parar. Sigues empujando más y más dentro… y entonces, ocurre lo peor. Sin poder controlar mi cuerpo, y quizás por el hecho de rozarme contra el suelo o tal vez por la intensidad de tus embestidas, me corro sin poder controlarlo, y sin pedirte permiso. Lo único que pude decir, y demasiado tarde, fue:

    “Ama, por favor… me corrooo”.

    Y cuando me estabas diciendo un claro “No se te ocurrirá”, me corrí sobre el suelo. Pero tú seguías follándome. Sentía tu enfado perfectamente con cada embestida, pero no podía más, así que, tragándome mi orgullo, levanté mi mano izquierda cruzando los dedos. Es nuestro gesto de seguridad.

    Al verlo, emitiste un suspiro (incluso un bufido), pero paraste. Yo me quedé en el suelo. Frustrado, agotado, dolorido… y casi sin darme cuenta… comencé a sollozar. Eran unas lágrimas que brotaban desde lo más profundo de mi alma. Sabía que te había decepcionado, y no hay nada peor que sentir esa decepción.

    La tensión se mascaba en el ambiente. Te levantaste y te serviste una copa de vino y me dijiste que fuera al baño a lavarme bien. Me levanté sin poder mirarte a los ojos y me dirigí al baño. De pronto sentía como si me hubiera pasado un camión por encima. Estaba física y psicológicamente agotado. Pero sobre todo, estaba frustrado por haberte fallado.

    Me senté en el suelo y dejé que el agua cayera sobre mí a la vez que pensaba en lo que acababa de ocurrir. Estaba enfadado conmigo mismo, y molesto por haberte dejado mal ante Rubén.

    Después de ducharme, volví al salón. Estabais los tres desnudos. María lamiendo tus pies, y Rubén masturbándote. Me quedé en mitad del salón observando la escena y buscando algún gesto por tu parte. Entonces, me dijiste entre gemidos de placer:

    “Ven aquí, mi amor. Dame un beso”.

    Y lo volviste a hacer. De un plumazo, toda mi frustración y todo mi agobio desaparecieron. Me quedé a tu lado besándote mientras me decías que había estado muy bien. Que no querías que me agobiara… y que te había hecho disfrutar mucho a pesar de haberme corrido sin permiso.

    Mientras nos besamos, siento que tu respiración vuelve a estar “comprometida” y enseguida me percato de que María está comiéndote el coño mientras Rubén te está masturbando con dos dedos, entrando y saliendo a toda velocidad. Mordiendo mis labios, vuelves a correrte. Un orgasmo larguísimo, que me demuestra que efectivamente estabas muy excitada a pesar de mi error.

    Nada más terminar, le pido a María que se aparte y vuelvo a limpiarte con mi lengua. Mientras lo hago escucho tu pregunta:

    “Pedro. mi amor. ¿Qué prefieres, ocho latigazos de Rubén o que te folle con esa herramienta que tiene entre las piernas?”.

    Sabes que no soy masoquista. Que no me gusta el dolor, y que te lo entrego a ti como muestra de sumisión… pero a Rubén no le debo dicha sumisión (si bien sé que sería por ti por quién lo haría). Pero también sé que tú disfrutarás mucho más viendo cómo me folla, así que contesto que prefiero que Rubén me folle el culo.

    Sin hacerse esperar y mientras seguía lamiendo tu coño y tus piernas para limpiarlos de la corrida que te habían proporcionado Rubén y María, siento la polla de Rubén entrar en mí. Inmediatamente, colocas tus pies sobre mi cabeza, y la empujas contra el suelo, mientras te escucho decir:

    “Eres una puta increíble. Siempre tan dispuesta a complacerme”.

    Rubén me estaba abriendo al medio. Sentía su polla abrirse dentro de mí, y sus huevos chocar contra mi culo, cada vez más intensamente. Nada que ver con tus embestidas, pero a un ritmo considerable. Entonces noto que liberas la presión de mi cabeza, pero me ordenas que deje la frente pegada al suelo. Noto perfectamente como colocas un pie a cada lado de mi cabeza e inmediatamente después siento que algo está mojando mi cabeza. Reconozco el olor de tu pis, y me doy cuenta de que me estás meando encima. Rubén está gimiendo de placer y, con la respiración agitada le escucho decir:

    “María haz lo mismo que ha hecho Laila. Colócate en la cabeza de Pedro. Quiero que también te mees sobre su cuello y cabeza. Una puta así no merece otra cosa”.

    Sin tiempo para nada, siento que otra meada cae sobre mí. El suelo de loseta está completamente encharcado, y mi frente sigue pegada al suelo y ahora empapada. Me dices que saque la lengua y que, sin levantar la frente, empiece a limpiar el suelo, cosa que hago sin dudar un instante.

    Cuando estoy haciéndolo siento que un calor inunda mi culo. Siento que Rubén se está corriendo y que el condón que lleva puesto está dejando toda su leche en el extremo. Después de descargar, me da un par de azotes y le oigo exclamar:

    “Menuda puta que te has buscado esta vez, Laila. Vaya culo que tiene el cabrón. Cómo traga”.

    Os reís mientras yo no puedo ni moverme. Entonces, me agarras del collar y me obligas a levantarme. Mirándome a los ojos me dices que me vaya a la ducha, mientras Rubén le indica a María dónde está la fregona con la que ha de limpiar el suelo.

    Me ducho. Una ducha larga y reparadora. El agua caliente cae sobre mi cabeza y me froto concienzudamente por todo el cuerpo. Me siento sucio. Me siento lo que soy. Tu puta. Y de pronto, siento un orgullo que me hace sonreír. Y en ese momento te veo entrar en la ducha. Me acerco a ti y te doy un abrazo. El agua cae sobre los dos. Me abrazo fuerte y te digo que te quiero. Te doy las gracias por humillarme y cuidarme de esa forma, y te digo lo que ambos sabemos desde hace mucho.

    “Gracias. Soy tuyo, mi amor. Te quiero y te voy a querer toda mi vida. Haz conmigo lo que quieras”

    Sonríes y me abrazas más fuerte. Nos besamos sin separar nuestros cuerpos ni un centímetro. Te enjabono, te aclaro y te seco… y cuando he terminado y te pregunto dónde está tu ropa, me dices que por hoy ya está bien. Que dormirás con mi camiseta azul de dormir y unos culotes, y que yo dormiré desnudo a tu lado.

    “No hace falta que bajes a darles las buenas noches, cariño. María ha recogido el salón y se han ido a la habitación que hay en la planta baja a dormir. Túmbate a mi lado y no dejes de abrazarme hasta que me quede dormida. Te quiero, bonita. Has estado increíble”.

    (Continuará)

  • Los cinco sentidos (octavo capítulo)

    Los cinco sentidos (octavo capítulo)

    En cuanto escuchó que su marido se marchaba a trabajar se levantó y se dio una ducha. Con sigilo para no ser vista por ningún vecino y que Braulio no la escuchara, se acercó al lateral donde estaba escondida la llave y la cogió. Sintió que se excitó al tener esa llave en la mano. Entró en la casa, estaba todo a oscuras y solo se escuchaba la respiración de su vecino que aún dormía. Se desnudó en el salón. Al acercarse a la habitación, gracias a la penumbra, vio a Braulio y sintió que se alegraba mucho de poder volver a estar a solas con él. Su cuerpo también estaba contento de verlo pues sintió como sus pezones se endurecían mucho y su vagina la notaba empapada. Se metió en la cama despacio. Tumbado boca abajo, su vecino dormía plácidamente, estaba totalmente desnudo. Le gustaba mirarlo, aunque hubiera preferido que entrara mas claridad por la persiana apenas abierta. Acostada de lado lo miraba y acercó su mano y acaricio muy levemente sus hombros, su espalda. Le acarició las nalgas, y sintió que Braulio movía su cabeza un momento pero siguió durmiendo. Tania introdujo la mano entre los muslos de él y muy suavemente abarcó sus testículos y cerró la mano. Le excitaba tener los testículos de ese hombre en su mano.

    Braulio dormía y sintió una agradable sensación entre sus muslos. Soñaba que le estaban masajeando los huevos y sentía placer. En su sueño no podía ver la cara de la masajista pero su mano era suave y pequeña. Se puso muy cachondo cuando esa masajista le estaba besando las nalgas y los genitales. Pasaba su lengua por ellos. Aquella sensación tan placentera era muy real. Abrió los ojos sorprendido y comprendió que su sueño no era tal sino que sus testículos estaban siendo lamidos de verdad. Su polla se puso dura por completo. Gimió cuando aquella mano agarro su sexo y lo movió lentamente.

    -Buenos días dormilón -su lengua seguía lamiendo entre palabra y palabra.

    -Buenos días joven -su voz grave delataba su excitación.

    -Me desperté y pensé que me apetecía desayunar esto.

    -Me vas a matar cariño

    -Si pero de placer. No quiere? -con un gesto lo obligó a girarse y quedar boca arriba. Se metió la polla en la boca y la chupó con deseo -Es que está tan rica su polla.

    -Me alegra que te gusta cielo.

    -Muchísimo. Porfa encienda la luz, quiero verla. -satisfaciendo su deseo, estiró el brazo y encendió la luz. Ella miraba su polla y sus testículos -Me excita mucho mirarle la polla así dura.

    -Tu haces que se ponga así siempre.

    -Siempre? -Tania se sentó sobre su estómago. Con su mano abrió su vagina para mostrarle como estaba -Mi vagina está empapada siempre por su culpa.

    -Si, siempre se me pone dura contigo.

    -Cuando caminamos también? -se movía sobre su cuerpo frotándose contra su barriga. -Cuando vamos a caminar va excitado?

    -Si, cada vez que te veo, sea la situación que sea, me empalmo.

    -Y le gusta que le pase eso? -se dejó ir hacia atrás un poco y ahora se frotaba contra la polla. Estaba muy excitada.

    -Si, aunque a veces me da reparo que me pase eso.

    -Cuando le da reparo empalmarse por mi culpa?

    -Por ejemplo cuando está tu marido delante.

    -Cuando está Rodrigo conmigo también se pone dura?

    -Si, ya te he dicho que siempre que te veo me empalmo.

    -A mi me gusta que se le ponga dura siempre por mi culpa. Y sabe? A veces cuando estoy con mi marido en el jardín también me mojo al mirarle a usted. Se que no le gusta que mezcle el amor por mi esposo con usted y no debería decirle estas cosas.

    -Debes decirme todo. Lo que sientas, lo que desees, aquí eres libre cariño.

    -Todo?

    -Si. Todo.

    -Entonces lo diré todo -se dejó caer sobre el pecho de él y acercó su boca al oído -Quiero que me folle señor Braulio -dándole un beso en la mejilla se echó a un lado y abrió sus piernas mucho -Porfa métame la polla.

    -Quieres que te folle? -el de rodillas entre las piernas de ella acariciaba su coño con su polla, estaba empapada.

    -Si por favor. Deseo que me folle.

    -Estás empapada cariño -su glande resbaló y lo dejó dentro.

    -Mas, métala mas -lo miraba con cara suplicante, cara de placer y de desesperación.

    -Quieres un poco mas de mi polla dentro de ti?

    -Si por favor.

    -Cuanto mas quieres que la meta? Debes decírmelo todo.

    -Toda, la quiero toda dentro -al escuchar decirle eso, se la metió toda de golpe arrancando un gemido fuerte de ella -Siii. Gracias por follarme.

    Comenzó a follarla fuerte, los dos gemían excitados. El placer era intenso. Las manos de ella abrazaban su cuello y lo atraía. Lo besó con pasión gimiendo en su boca con cada embestida. Su coño se deshacía de gusto. Braulio besó su boca, su cuello, sus pechos. Chupó sus pezones que estaban grandes y duros.

    -Me gusta como me folla. Lo deseaba.

    -Deseabas que te follara? -el seguía follándola fuerte, profundo

    -Siii. Deseaba que me follara -se sorprendía de decirle esas cosas tan abiertamente -Lo deseaba mucho.

    -Desde cuando deseabas que te follara?

    -Es que me da reparo.

    -Debes decirlo todo joven. Nunca lo olvides.

    -Desde el día que le mostré mi monte de venus en el banco sentados -gimió al sentir como aquella polla la follaba fuerte -al ver su erección bajo el pantalón desee que me follara algún día.

    -Eso fue el segundo día de caminar juntos.

    -Lo sé, por eso me daba vergüenza decirlo. – el cuerpo de Tania volvía a temblar en un nuevo orgasmo -Me corro otra vez Braulio.

    -Córrete Tania

    -Acérquese a mi -cuando la abrazó sintió como la vagina de esa joven comenzó a expulsar chorritos, se estaba corriendo, temblando, abrazada a él -A veces cuando follo con mi marido pienso en usted.

    -Vas a hacer que me corra con lo que me dices Tania.

    -Es la verdad. Mi marido me folla y cierro los ojos y pienso que es usted quien lo hace – al escucharla él se ponía cachondo y se movía rápido. Los dos gemían por el placer tan grande que sentían.

    -Sigue, dilo todo.

    -Y cuando pienso que es usted tengo los orgasmos mas intensos. – estaban a punto de correrse -Me gusta mas su polla que la de mi marido. -confesar eso la puso muy cachonda -Me corro otra vez. Me encanta su polla.

    Ambos comenzaron a temblar y se abrazaron fuerte. Se besaron muy profundo, mezclando sus salivas. El orgasmo los alcanzó cuando literalmente se comían uno la boca del otro. Tania pudo sentir perfectamente, en su coño sensible, como ese hombre se vaciaba dentro de ella.

    Se quedaron abrazados mucho tiempo. Tania le contó que había quedado con Estela para comer pero que vendría temprano, por lo que decidieron que esa mañana no iría a caminar.

    -Como encuentras a tu amiga desde que viene a la terapia?

    -Está mucho mas contenta -al hablar de su amiga recordó las marcas que Braulio le había dejado en las nalgas -Se que usted me hizo prometerle que no le preguntaría cosas sobre la terapia pero que Estela podría contarme lo que ella quisiera.

    -Así es, ella si quiere puede contarte lo que quiera. Yo no te contaré nada por respeto a ella y su privacidad, como tampoco jamás contaría nada de lo que hacemos tu y yo.

    -Gracias, es usted muy bueno conmigo -ella estaba apoyada en el pecho de él y este le acariciaba el pelo y la espalda -Ayer Estela me contó lo de su culete, nos íbamos a cambiar y vi las marcas en sus nalgas. Pensé que fuera Andrés quien le había pegado y le pregunté y me contó que fue usted.

    -Si Tania, fui yo.

    -Pero le pegó muy fuerte, tenia el culo colorado.

    -Le pegué con la fuerza que ella necesitaba, comprendo que es difícil de entender para ti.

    -Pero no le dolía?

    -Claro que le dolía pero hay mujeres que ese dolor las excita y llega un momento que el dolor desaparece y se convierte en placer.

    -Eso me dijo ella, que se excitaba al pegarse. -aquello le daba curiosidad -Si alguna vez se lo pido, usted me pegaría?

    -Todo lo que desees lo haré cariño, aunque te confieso que me resultará difícil al principio.

    -Gracias -le dio un beso en el pecho – ahora tendré que irme. No quiero que mi amiga me vea salir de su casa.

    -Si, será mejor.

    -Ah! Estela me dijo que le había dicho que las sesiones serían mas cortas – se estaba vistiendo y el la miraba fascinado -Gracias! -se acercó a la cama y le dio un beso en la boca. Lo inesperado de ese beso lo hizo excitar y ella vio como el miembro viril se puso duro enseguida. Con su mano lo agarró y lo comenzó a masturbar -Me encanta su polla y como se pone.

    Deseó sentirla en su boca y sin decir, ni preguntar nada, se acercó a ella y la chupó con deseo. Se sintió feliz cuando aquel hombre eyaculó en su boca.

    -No pude evitarlo -su cara de niña traviesa le encantó -ahora si que me voy.

    -Regresa cuando quieras cielo.

    -Claro, este es mi sitio donde me siento libre -se fue y él la miró caminar moviendo sus caderas exageradamente -No me mire así que sino me dan ganas de quedarme.

    Devolvió la llave a su escondite, cualquiera que pudiera verla en ese momento, vería que estaba feliz, sonriendo, por fin ese hombre la había follado y le había encantado como lo había hecho.

    Ya en casa se dio una ducha y recogió un poco el salón y la cocina. Cada poco tiempo miraba el reloj, estaba deseando que llegara su amiga y no le daba pasado el tiempo.

    Cuando llegó se dieron un abrazo, las dos estaban nerviosas y algo avergonzadas por lo que estaban sintiendo.

    -No pude venir antes cari. Que tal estás?

    -Bien, bueno un poco nerviosa -se apartó de ella un poco para verla como iba vestida -Tía estás guapísima -llevaba unos leguins negros que se ajustaban totalmente a sus piernas y sus nalgas. Por arriba llevaba una camiseta blanca que realzaba su pecho con un ligero escote.

    -Tengo que superar mi trauma con la ropa y pensé que te gustaría. Tu también estás muy guapa.-Tania se había puesto solo una camiseta larga que llegaba a medio muslo y una braguita azul de encajes.

    -Claro. Me encanta -agarrando la mano de su amiga la hizo girar – Tienes un culo perfecto cabrona. -sin darse cuenta le dio una palmada en las nalgas.

    -Ay!! -se apartó pues aún tenia el culo dolorido.

    -Perdón, perdón. No me di cuenta -la abrazó y su boca buscó la de su amiga fundiéndose en un beso húmedo -Te duelen mucho?

    -Un poco.

    -Ven, vamos a la habitación. Quieres?

    -Pensé que no me lo ibas a decir nunca.

    -Tonta, es que me daba corte decírtelo.

    Se fueron de la mano juntas a la habitación. Se quedaron de pie abrazadas y besándose cada vez con mas pasión. Sus respiraciones agitadas delataban lo que estaban sintiendo. Tania no tardó en poner sus manos sobre las nalgas de su amiga, era extraño pero el culo de su amiga le gustaba mucho.

    -Me encanta tu culo tía.

    -Es tuyo siempre que lo trates bien.

    -Es mío?

    -Si.

    -Entonces fuera esto -se agachó detrás de ella y la descalzó, le quitó el pantalón. Tener aquel culo que tanto le gustaba delante de su cara la hizo excitar. Vio que aún tenia marcas de los dedos de Braulio y acercando sus labios besó sobre éstas. Estela se estremeció cuando la lengua de su amiga lamió sus glúteos-Saben muy rico tus nalgas.

    -Te gusta su sabor? -Estela se sentía avergonzada al notar que aquello la estaba haciendo mojar mucho su coño.

    -Mucho – pasó la lengua por cada nalga desde donde terminan hasta la espalda. Cuando le quitó la braga sintió sus mejillas encenderse al ver de cerca el coño y el ano de su amiga y sentir que deseaba pasar la lengua por ellos. -Puedo?

    -Haz lo que quieras tía. Me gusta como me haces sentir.

    Tania agarró las nalgas y las separó. Estela gimió cuando sintió la lengua de su amiga pasar entre sus nalgas y sentir que le lamía el ano.

    -Que vergüenza cari!!

    -Te gusta sentir mi lengua ahí?

    -Si, mucho. Y a ti hacerlo?

    -Me encanta -y hundió su cara entre las nalgas para lamer y chupar aquel agujerito que tanto le gustaba.

    Estela casi pierde el equilibrio cuando sintió que su amiga le estaba lamiendo el coño. Tuvo que apoyarse en la cama y no podía aguantar sin gemir de manera escandalosa. Su amiga le estaba comiendo el coño y lo hacía de manera muy apasionada.

    -Dios! Me vas a hacer correrme cariño.

    Escuchar eso hizo que Tania siguiera haciéndolo con mas deseo, estaba muy excitada dándole placer a su amiga. Gimió de excitación cuando sintió que ese primer coño que lamia comenzó a eyacular y ella intentaba tragarse todo aquel delicioso liquido que expulsaba en pequeños chorros.

    Cuando se recuperó del intenso orgasmo se giró y ayudó a levantarse a su amiga. Se miraron con las mejillas coloradas. Tania tenía la barbilla mojada por su corrida y ella la limpió con agradecimiento.

    -Te he mojado cariño. Dios que placer me has dado mi niña. – la besaba y buscó el borde de la camiseta para quitársela. Tania estaba ahora solo con las bragas -Es que mira que eres bonita, eh! – con mucha delicadeza le acarició los pechos y sus dedos rozaban sus pezones que estaban totalmente duros.

    -Te gustan mis tetas?

    -Si me gustan? -acercó su boca a los pechos y los besó con curiosidad, con deseo -Me encantan cielo.

    -A mi me gustan las tuyas -deseó ver las tetas de su amiga y de manera rápida le quitó la camiseta y el sujetador para tocárselas -Me dejarás tocártelas siempre?

    -Siempre que quieras podrás tocármelas. Tía me pones mucho.

    -Y tu a mi.

    Se alternaban para besarse las tetas y chuparse los pezones. Estela le quitó las bragas y la hizo tumbarse en la cama. Tania se moría de placer cuando sintió como su amiga le acarició el coño a la vez que le daba pequeños mordiscos en los pezones.

    -Puedo lamerte yo el chochito?

    -Haz lo que desees. Es tuyo.

    -Espero hacerlo bien cariño, nunca hice esto -Estela besó y lamió entre sus piernas -Te gusta?

    -Sii, sigue por favor.

    Su amiga lamió su coño y lo chupó con maestría, la hacía retorcerse de placer. Le gustaba acariciar el pelo de Estela mientras le comía el sexo por completo.

    -Entonces te gustan mis tetas?

    -Me encantan cariño.

    -Entonces siéntelas cariño -puso una de sus tetas contra la vagina y comenzó a moverla, el pezón duro se restregaba por su clítoris.

    -Me corro cielo. Que sensación, me vuelve loca. -Su cuerpo comenzó a temblar y se corrió contra aquella teta tan suave.

    -Mira -se puso a su altura y le mostró el pecho totalmente mojado -Lo quieres?

    -Si por favor -Tania lamió y chupó, aquella teta sabía a su coño, a su placer.

    -Que bien la chupas cielo.

    Tuvieron varios orgasmos mas lamiéndose, frotando sus coños entre si, metiéndose los dedos.

    -Esto es increíble mi niña -estaban abrazadas, desnudas -Nos estaremos volviendo lesbianas?

    -Como mucho bisexuales aunque no creo. A mi no me gustan las mujeres, solo tu Estela.

    -A mi tampoco me gustan las mujeres, pero tu me pones muy cachonda tía.

    -Y tu a mi. Nunca pensé que me pasaría esto.

    -Ni yo lo había imaginado nunca.

    Cuando llegó la hora de comer lo hicieron desnudas. Les gustaba mirarse y de vez en cuando se besaban o daban caricias llenas de cariño.

    -Me ha gustado mucho todo contigo hoy -Estela estaba vistiéndose pues eran las cuatro menos cuarto -Cuando volvemos a quedar?

    -Cuando quieras sabes que normalmente estoy en casa, bueno por las mañanas voy a caminar.

    -Sigues yendo a caminar con Braulio?

    -Si, casi todos los días. -Tania tenía miedo o vergüenza de que su amiga notara algo.

    -Te pusiste colorada. Tenías razón cuando me decías que ese señor es diferente.

    -Si lo es. Te gusta Braulio?

    -Gustarme? Nooo. Podría ser casi nuestro abuelo pero tiene algo que fascina, no se explicarlo. Verdad?

    -Si, es eso que dices tú.

    -Anda que si Rodrigo o mi Andrés nos escucharan…

    -Calla, calla. Nos matarían.

    -Pues si. Cuando salga de la sesión te gustaría volver a tomar el sol como el otro día?

    -Como el otro día?

    -Si, cuando dejamos que tu vecino nos viera juntas en biquini. Me dijiste que te gustaba la sensación de que te viera. A mi me gustó hacerlo.

    -Si me gusta esa sensación.

    -Entonces quedamos después?

    -Vale.

    -Entonces luego nos vemos. Chao cariño, voy a llegar tarde.

    -Chao cielo.

    Cuando Braulio le abrió la puerta la vio risueña, feliz. Se apartó invitándola a pasar y no pasó desapercibido para él que esa tarde llevaba esos pantalones que tanta vergüenza le daba ponerse. Se dio cuenta que tenía razón y su culo llamaba la atención con ellos puestos.

    -Que tal estás? Como ha ido la comida con tu amiga?

    -Muy bien, es que Tania es adorable. La quiero muchísimo. Luego al terminar quedé en volver a su casa para tomar el sol juntas -quería que él lo supiera para que así saliera a verlas.

    -Veo que te has atrevido a ponerte leguins.

    -Si, otras veces los ponía pero con camisetas mas largas para tapar. Ya sabe.

    -Lo se, para tapar el culo.

    -Si -le gustaba que ese hombre hablara con claridad, sin tapujos, cosa que a ella aún le costaba algo -Gracias a usted estoy superando esa vergüenza.

    -Me alegra que sea así Estela. Te sientes feliz de estar superando esa vergüenza?

    -Si, es como estar descubriendo una persona diferente que llevaba dentro.

    -Es que en eso consiste, muchas veces bloqueamos nuestro verdadero yo por inseguridades y es necesario superar esos bloqueos.

    Como en todas las sesiones, Estela se descalzó y se tumbó en el sofá con los pies sobre los muslos de Braulio. Conversaron bastante rato sobre sus miedos, sus vergüenzas. Ella echaba en falta sentir las manos de ese señor masajeando sus pies. Ya no le gustaría hacerlo? Pensaba decepcionada.

    -Hoy no me da masaje en los pies? -con vergüenza se atrevió a preguntárselo.

    -Quieres?

    -Es que me gusta mucho cuando me da masaje. A usted le gusta?

    -Claro que me gusta.

    -Y por qué no lo hace?

    -Quiero que seas capaz de superar tu vergüenza y que tengas la confianza de pedirme lo que desees, es parte de la terapia.

    -Me da un masaje en los pies?

    -Por supuesto.

    Se sintió feliz de volver a sentir aquellas manos en sus pies, se dio cuenta que era una sensación de necesidad el notar el contacto de piel sobre piel. Lo ocurrido apenas hacía unas horas con su amiga la había dejado muy sensible y comenzó a excitarse con el masaje. Estuvieron en silencio. Estela con los ojos cerrados disfrutando con aquellos dedos que resbalaban entre los suyos de los pies. Braulio la miraba, aquella mujer era hermosa y extremadamente sensible. Se fijó en sus rasgos exóticos, en sus pechos que debido a la respiración agitada subían y bajaban.

    -Braulio… -la tierna voz de Estela era nerviosa.

    -Dime.

    -Quiere darme un masaje en la cama?

    -Claro! Será un premio por atreverte a pedírmelo.

    -Gracias.

    -Ya sabes donde está el baño, ponte cómoda.

    Le dio un tiempo para cambiarse mientras él se fue a la cocina. Cuando entró en la habitación lo que vio lo dejó fascinado. Aquella joven estaba tumbada boca arriba en la cama totalmente desnuda, tenía los ojos cerrados. No pudo evitar mirar su cuerpo. Tenía los pechos grandes, morenos, coronados por unos pezones oscuros que se notaba perfectamente que estaban duros, su vientre plano estaba adornado por un piercing en el ombligo, vio su pubis sin ningún vello, sus piernas eran largas.

    Estela se estremeció cuando sintió el aceite derramarse por su cuerpo. Masajeó sus brazos, su cuello, su estómago. Aquellas manos evitaban entrar en contacto con sus tetas y ella en ese momento era lo que mas deseaba pues sus pezones casi le dolían de lo duros que estaban. Él la notaba inquieta.

    –Que te sucede?

    –Es que me duelen.

    –Que es lo que te duele?

    –Los pezones.

    –Están totalmente duros Estela.

    –Si por favor, deme masaje en las tetas.

    Cuando las manos de Braulio se apoyaron en sus pechos gimió, sintió alivio en sus pezones cuando se los masajeó despacio. Estaba recibiendo su premio por ser capaz de pedírselo. Aquel hombre rodeaba con dos dedos cada uno de sus pezones y los estiraba de una manera que la volvía loca. Sentía que podría llegar a correrse solo con ese contacto en los pechos. Las manos abandonaron sus pechos y se sintió triste, ahora estaban por sus piernas. Masajeaban sus gemelos, rodillas, muslos. Se estremeció cuando sintió que le abría las piernas mucho, nunca había estado tan abierta. Sus abductores estaban tensos debido a esa postura. Gimió de placer cuando aquellas manos comenzaron a masajear sus ingles aliviándola. Estaba totalmente abierta delante de un hombre que no era su esposo. Le daba igual, estaba demasiado excitada en esos momentos. Sentía su vagina abrirse cuando las manos masajeaban hacia fuera, se cerraba cuando hacía el movimiento hacia dentro. Estela solo deseaba que ese hombre masajeara su coño pero ese hombre no lo hacia y se desesperaba.

    -Por favor hágalo

    -Que quieres que haga?

    -Deme masaje en la vagina. Lo necesito.

    Estela se retorció de placer cuando ese hombre masajeó su coño, estaba recibiendo el mejor de los premios por ser capaz de decírselo. Tenía el coño empapado pero le daba igual que ese señor notara lo cachonda que le ponían sus masajes. Empezó a temblar cuando aquellos dedos acariciaban cada fibra nerviosa de su coño. Un potente chorro salió despedido desde su coño, se estaba corriendo. Se tapó la cara con las manos al sentir que estaba eyaculando. Dos chorros, tres, un cuarto mas débil. La caricia se hizo mas suave, mas delicada, ese hombre estaba relajando su coño después de aquel orgasmo tan brutal. Le estaba cerrando las piernas, su vagina palpitaba. Estela miró entre sus dedos, pues seguía con las manos sobre su cara y vio los pantalones de aquel hombre empapados.

    -Perdone, le he puesto perdido.

    -Ha sido delicioso verte disfrutar de mi masaje.

    -Me encantan sus masajes

    Tania se despertó y vio que eran las seis de la tarde. Cuando su amiga se fue decidió echar una siesta, estaba cansada después del día que llevaba, primero follando con su vecino y después con Estela. Aún sentía en su vagina pequeñas punzadas de placer y sus pezones seguían erectos. Se dio cuenta que durante los últimos días estaba todo el tiempo excitada y eso la avergonzó un poco pero la verdad es que le gustaba esa sensación. Pensó en Rodrigo, cada día sentía que lo amaba más y el sexo con él era cada vez mas intenso. Era distinto a hacerlo con su vecino e incluso con el señor Carlos, con ellos era un sexo mas salvaje, mas morboso, los orgasmos eran mas fuertes pero pensó que era normal porque con ellos era una sensación de estar haciendo algo prohibido. No pudo evitar recordar como aquel hombre la había follado en la ducha de su casa, recordó su polla y le llamaba la atención lo grueso que tenía el glande. Las pollas de Braulio y su marido eran mas parecidas entre ellas, quitando el tamaño de los testículos, que los de su vecino eran bastante mas grandes. También pensó en Estela y en como le estaba atrayendo el cuerpo de su amiga. Sería bisexual como decía su amiga? Lo descartó enseguida porque no le atraía ninguna otra mujer, Estela si le atraía y mucho. Rememoró con reparo como le había gustado pasar su lengua por las partes mas íntimas de ella, la sensación de rodear aquellos pezones con los labios y chuparlos despacio. Estaría horas con su pezón en la boca, pensó sonriente. Se estaba excitando con todos esos pensamientos y decidió levantarse.

    Se dio una ducha y se puso un biquini. Pronto llegaría su amiga y le había propuesto lo de tomar el sol juntas. La idea le gustaba aunque era arriesgada, siempre temía que Estela pudiese notar lo que Braulio provocaba en su cuerpo.

    Hoy también le pegaría en las nalgas como el día anterior? La curiosidad por saber que pasaría detrás de la pared del salón era muy grande. Ojalá su amiga quisiera contarle algo.

    Sonó el timbre de la puerta y Tania le abrió enseguida. Cuando Estela vio a su amiga no pudo evitar sentir algo de corte. Recordar que Braulio la había masturbado y que horas antes habían tenido sexo juntas provocaba en ella esa sensación. Se abrazaron y se dieron un beso en los labios.

    -Que tal estás cariño? Te estaba esperando.

    -Ya veo -se fijó que solo estaba con el biquini puesto -Pero que guapa estás cielo.

    -Ven, ya te preparé un biquini. -cogió de la mano a su amiga y se la llevó a la habitación.

    -Tía estás loca? -aquel biquini era pequeño, Estela levantaba la braga de éste para ver su tamaño – Con esto se me verá hasta el chochete. Acaso quieres que tu vecino me vea lo vea?

    -Ya te vio el culete y hasta te pegó en él. -de nuevo su curiosidad le embargaba -nunca te vio el resto?

    -No seas bicha -sus mejillas se pusieron de todos los colores.

    -Uy te has puesto muy roja. Te lo vio, a que si?

    -Luego te cuento.

    -Venga porfa ponte este biquini -la abrazo y le dio muchos besos en ambas mejillas para convencerla.

    -Me lo pongo con una condición.

    -Que condición?

    -Que tu también te pongas uno que te quede pequeño. Sino no.

    -Eres una bruja!! -se abrazaron riendo, eran como dos niñas preparando una diablura.

    Cuando salieron al jardín vieron que Braulio estaba sentado fuera de su casa. Lo saludaron con la mano. Ambas pensaban que ese señor les había hecho sentir mucho placer ese día.

    Se tumbaron en una misma toalla que era extra grande, las dos entraban en ella perfectamente.

    -Tía siento como el biquini se me mete por el chochete -el biquini de Estela le quedaba muy pequeño y sus nalgas quedaban totalmente al aire -estamos locas.

    -El mío también se me mete -Tania se había puesto un biquini de hacía muchos años, lo tenía guardado por si alguna vez hacia falta a alguna sobrina de Rodrigo. Cuando Estela lo vio en el cajón había insistido que tenia que ponerse ese o ella no se pondría el suyo – Me tienes que contar algo. Recuerdas?

    -Uy tengo poca memoria -se volvió a ruborizar – Que tengo que contarte?

    -Braulio te vio el chochete?

    -Si… -se tapó la cara con las manos -Estoy loca cariño.

    -Cuéntame porfa.

    -Es que hoy me dio un masaje -solo recordarlo su cara subía de temperatura.

    -Desnuda?

    -Si

    -De todo?

    -De todo.

    -Y te gustó?

    -Mucho. Por favor no seas mala y no me hagas recordarlo. -al recordarlo sentía que se estaba excitando.

    -Eso es porque te gustó mucho y te excitas al recordarlo. Verdad? Te conozco muy bien cielo.

    -Es inevitable. Y este biquini que se me mete no me ayuda nada eh!!

    -Abre las piernas un poco -Tania también se sentía excitada y deseaba jugar un poco.

    -Nooo. Me verá Braulio y me da cosa.

    -Venga, no seas mala conmigo. Si en total ya te vio.

    -Ya, pero no sé.

    -Si las separas un poco después te doy compenso.

    -Ah si? Y como lo harás?

    -Antes de que te vayas -acercó su boca al oído de su amiga -te como otra vez el coño. Quieres?

    -Eso no puedo perdérmelo -Tania vio como su amiga separaba las piernas.

    -No las cierres eh! -Tania se incorporó un poco y giro su cara hacia el jardín de su vecino, él estaba leyendo -Braulio!

    -Dime Tania -al ver hacia ellas vio a Estela con las piernas abiertas, la braga del biquini apenas se veía pues estaba dentro de aquel coño tan bonito.

    -Te voy a matar -Estela le hablaba en bajo mientras escuchaba a Braulio hablar con su amiga.

    -Cuando tendrá un momento para explicarme una cosa de las oposiciones? -estaba inventando una excusa para llamar su atención y que viera a su amiga así.

    -Cuando quieras te acercas por casa e intentaré ayudarte.

    -Ah vale, genial. Gracias! Bueno no le molesto mas.

    -Nunca molestáis Tania.

    -Ya. Te ha gustado? -Tania volvía a hablarle a su amiga.

    -Eres la leche cariño. Menuda vergüenza me has hecho pasar.

    -Aquel día me dijiste que te gustó la experiencia de que mirara tus nalgas.

    -Pues ahora tú. – Estela quería que su amiga también viviera esa sensación.

    -Yo? Lo que?

    -Separa las piernas tu también.

    -Estás loca? Se me verá todo.

    -Tu me dijiste que la sensación de que tu vecino te viera las nalgas te gustaba.

    -Las nalgas si pero el coño es otra cosa. -pensar que Braulio podría mirar su vagina la excitaba pero que lo hiciera delante de su amiga le ponía nerviosa.

    -Si lo haces, te como yo a ti tu coño después.

    -Eres una bicha. Está bien, lo haré.

    Tania separó sus piernas. Con el paso de los días sabía perfectamente cuando la mirada de su vecino estaba sobre ella y ese era uno de esos momentos. Estela giró su cara para ver si era verdad que las había separado y se excitó de comprobar que así era. Su amiga también le estaba mostrando su vagina a ese señor y se sintió mojada con la sensación de estar así, las dos juntas, enseñándole sus coños.

    -Te gusta que te lo esté mirando? -Estela sentía curiosidad por lo que estaría sintiendo su amiga.

    -Me da vergüenza pero es una sensación muy fuerte.

    -A mi también me gusta cariño. Siento que estoy empapada. Tu no?

    -Sii. Creo que estamos mojando la toalla. Yo por lo menos.

    -Si estuviéramos solas te comía el chochete aquí mismo.

    -Estás loca.

    -Es que me muero de ganas por hacértelo. Vamos a dentro?

    -Quieres?

    -Si quiero? Es lo único que deseo en estos momentos.

    -Vamos?

    Se levantaron y se fueron hacia la casa. Nada mas traspasar la puerta Estela la abrazó y le bajó la braguita. Vio que estaba totalmente mojada. Se agachó y comenzó a besarle el coño. Lo lamia con desesperación y deseo. Tania le acarició el pelo mientras se lo hacía.

    -No pares cariño, me vas a hacer correrme – gemía muy excitada, aquella boca le daba muchísimo placer -Me encanta! -empezó a temblar y sintió como su amiga recibía en la boca su orgasmo. -Uff como me pones tía. -ayudó a ponerla de pie y fue ella la que ahora le bajó la braga -Gírate porfa.

    Estela sonrió al darse cuenta que a su amiga le gustaba su culo. Feliz se giró y le ofreció sus nalgas.

    –Es que me gusta demasiado -gimió al sentir como Tania besaba sus glúteos, los lamia, chupaba, los acariciaba con las dos manos. Sintió como los separaba y aquella boca se perdía entre ellos para besar y lamer su coño y su ano. -Estás empapada cielo.

    -Tu me pones así cariño -cada vez gemía mas fuerte, se movía para pasar su culo por la cara de su amiga -Me voy a correr cielo -sus piernas temblaban, llevó sus manos hacia atrás para apretar la cara contra ella y empezó a correrse. -Dios que bien lo haces tía.

    Se fundieron en un abrazo fuerte y se besaron saboreando sus orgasmos.

    Cuando salieron al jardín, Braulio las miró feliz. Ellas no se habían dado cuenta pero había escuchado los gemidos que provenían de detrás de la puerta y le encantaba verlas así.

    Se volvieron a tumbar en la toalla y se miraban con complicidad. Tania se dio cuenta que su amiga estaba con las piernas separadas sin habérselo pedido, ahora estaba mostrándole el coño a su vecino por voluntad propia. Se sintió algo celosa de pensar que a su amiga le podía gustar Braulio. Y a Braulio le podría estar gustando su amiga? Ella también separó las piernas sin decírselo a Estela.

    -Estela y que tal te va con Andrés? -quería saber si su matrimonio estaba mejorando con la terapia -Nunca te pregunto y quizás necesites hablar sobre eso.

    -Mi matrimonio mal cielo -su amiga se puso algo triste al hablar de ese tema -Mira que quiero a mi Andrés eh!!, pero es un tonto. Se que me quiere pero no me valora como mujer. En estos dos días me siento mas valorada como mujer, gracias a ti y a Braulio, que en los últimos años con mi marido.

    -Pero no te desea? No follais?

    -Llevamos semanas sin follar cariño. Mi Andrés me busca, no te vayas a pensar que no, pero soy yo la que no quiero.

    -No te pone tu marido?

    -Si que me pone y en la cama es un toro desbocado, pero no me gusta sentirme un trozo de carne. Ya sabes, me gustaría que me acariciara y estuviera mas pendiente de mi. -la miro con picardía-como haces tu por ejemplo cielo.

    -Un toro desbocado -esa expresión le hizo gracia -estás loca cariño.

    -Es que es la verdad. Hace años me ponía mucho eso. Todo el tiempo quería follarme y mira que recuperaba pronto el cabronazo. Me dejaba escocida. -recordando aquellos tiempos la tristeza era evidente en su rostro.

    -Que bruta eres cariño -al ver su tristeza la abrazo -ojala os arregléis cielo.

    -Ojalá cariño pero si no cambia lo veo complicado, al no tener sexo, todos los días estamos discutiendo y eso me destroza, no soporto discutir con mi Andrés. Gracias por preguntarme.

    -Y en una cosa tienes razón.

    -En cual?

    -Que es un tonto porque estás muy buena.

    -Hay mi niña, tu si que estás buena.

    Se sonrojaron al darse cuenta de las cosas que se estaban diciendo después de tantos años siendo amigas.

    Eran las nueve de la noche cuando Estela se fue para casa, Tania se despidió de ella y al cerrar la puerta del jardín vio que su vecino aún seguía sentado donde antes las observaba. Ella entró en casa y se puso una camiseta larga y cogió unos apuntes pues no sabía a que hora llegaría Rodrigo.

    No dijo nada cuando entró en el jardín de su vecino y pasó por delante de él. El la miraba caminar hacia su casa y vio como movía su culo. Desapareció tras el umbral de la puerta y no pudo aguantar, mas que unos segundos, en levantarse de su silla y seguirla. Estaba excitado ante la idea de poder estar con su joven vecina de nuevo. Cuando cerró la puerta vio que ella lo esperaba en el salón sentada en el sofá.

    Al verlo se dio cuenta que estaba excitado, su bañador estaba muy abultado y eso la hizo sentirse aún mas mojada. Se levantó yendo hacia él y lo abrazó y comenzó a besarlo buscando su boca y gimió excitada cuando ese hombre unió su lengua con la suya. Lo desnudó con prisa, con deseo. Al ver su erecto sexo se lo acarició. En ese momento sintió ganas de tener aquella polla en su boca pero necesitaba otra cosa con mas urgencia. Lo empujó hacia el sofá y cayó sentado sobre éste. Se miraron con deseo, los dos estaban muy cachondos.

    Braulio la contemplaba expectante, observó como se quitaba la camiseta, como se quitaba el sujetador del biquini y se bajaba las bragas. Enseguida se acercó a él y abriendo sus piernas se subió sobre sus piernas. Ella misma agarro su duro sexo y lo dirigió hacia la abertura húmeda de su vagina. Se dejó caer sobre él y gimieron de placer al sentir como aquel miembro penetraba por completo el coño empapado. Tania se movía sobre él desesperada. Lo miraba a los ojos sin dejar de balancearse sobre él. Ella dirigía aquel acto sexual tan salvaje. Sus manos pequeñas buscaron las de él y las puso sobre sus tetas. Cada vez aquel movimiento de caderas era mas rápido. No tardó en hacerlo correrse dentro de ella. Sintió su semen regando su interior y ella comenzó a correrse sobre él. Estómago y muslos mojados por el liquido que aquel coño expulsaba con un orgasmo rápido pero igual de intenso que ese hombre siempre conseguía hacerla alcanzar.

    Tania lo abrazó y volvió a besarlo para acto seguido levantarse y comenzar a ponerse el biquini. Lo miró sonriente.

    -Desde esta mañana deseaba volver a follar con usted.

    -Y yo contigo cariño, gracias por escaparte este ratito.

    -Tengo que irme, no se a que hora llegará mi marido.

    -Vete cielo, no te arriesgues.

    -Hasta mañana Braulio -salió de su casa con los apuntes en la mano.

    -Hasta mañana -habían pasado quince minutos desde que entraran en casa y le había hecho tener un orgasmo increíble en tan breve tiempo.

    (Continuará)

  • Con la polla en la mano

    Con la polla en la mano

    Ese día finalmente tendría el departamento para mi solo, había escuchado a mi hija muy temprano irse a la universidad, su madre tenía un desayuno con su ex amor platónico de la prepa y yo había cancelado mi junta de la mañana por lo que tenía todo el departamento para mi solo por al menos 4 horas.

    Era como estar soltero nuevamente así que tomé una ducha, me puse una bata, me dirigí a la cocina, puse la cafetera, abrí mi computadora y entré al sitio de relatos.

    Entré a Amor filial y comencé a mi búsqueda del día, la cafetera sonó, me serví mi expreso, encendí un cigarrillo y a disfrutar, hay algo especial en esta categoría, el simple hecho de imaginarte como el protagonista de los relatos me genera un morbo delicioso por lo que al encontrar uno sobre una hija que desea a su padre cautivó mi atención, la descripción de cómo esa golfíta se le insinuaba a su propio padre de forma discreta me hizo reacción y de pronto me encontré ¡Como tren! Con el miembro duro como roca

    El que la protagonista fuera follada por su padre y mientras ella le dijera “¡Ay papi me encanta tu verga!, tienes una verga hermosa, vamos metérmela, anda méteme la verga papi, sí, así, sí ¡Ay que buena la tienes!”.

    No lo puedo negar me hacia pensar en mi propia hija y mientras leía cada párrafo me excitaba aún más, sin darme cuenta comencé a disfrutarme y entré más leía mi cuerpo reaccionaba más, cuando una gota de presenten brotó yo sabía que no había marcha atrás, deseaba venirme pensando en mi hija, si tan solo mi nena fuera así de golfa y se me insinuara pensaba.

    Cerré los ojos para disfrutarla y cuando escuché un ruido cerca de mi inmediatamente los abrí y cual sería mi sorpresa…

    Frente a mi estaba mi niña vestida con una pijama sumamente delgada y a través de la tela se dibujaban sus pezones…

    -¡Hija! ¿Qué haces aquí?

    Su mirada iba de mi rostro a mi miembro, con incredulidad y asombro…

    -Me cancelaron el examen de hoy, lo reprogramaron para mañana.

    Yo en ese momento tenía dos opciones o dejar de tocarme o continuar como si nada con la ilusión de que ella sintiera quizás excitación…

    -Bueno… ¿Quieres un café?

    -Sí, gracias.

    -te lo sirvo.

    Me levanté como si nada con la verga firme y así caminé hasta la cocina, le serví su café y al regresar la vi leyendo el relato.

    Su cara se transformaba mientras leía, toma nena, tu café, como si fuera lo más normal yo continué tocándome y su mirada cambió por completo, volteó a verme y dijo…

    -No sabía que yo… ¿Esa es tu fantasía?

    -Exacto… Esa es mi fantasía…

    Mi niña sonrió…

    -No lo sabía y… bueno… me ¿halaga?

    Tomó la taza de mi mano, le dio un trago, me miró fijamente a los ojos, se acercó hasta que su monte de Venus chocó con mi Miembro, me dio un beso en la comisura de los labios, se dio la vuelta, contoneó sus caderas un poco más y antes de desaparecer en el pasillo me miró sobre el hombro y dijo…

    -No suena mal… me gusta la idea… y… además me gusta mucho lo que veo… tienes una verga… hermosa papito…

  • Mi esposa me permite verla coger

    Mi esposa me permite verla coger

    Saludos a todos y agradeciendo su tiempo dedicado a estas líneas.

    Como es costumbre para nosotros, nuestros hijos nos dan la oportunidad que los fines de semana los tenemos libres para disfrutar nuestro matrimonio, por lo cual solemos ir a cenar o algún bar y en ocasiones algún baile de boda, 15 años o fiestas en general, y pues el fin de semana pasado dando un paseo por el centro de la ciudad a eso de las 9 de la noche, mi esposa recibe un whatsapp de un amiguito suyo, preguntándole que si tenía planes para ese sábado, para lo cual ella inmediatamente con una sonrisa pícara me voltea a ver y me pregunta si le doy permiso de ir a visitarlo, y pues como no me rogo tanto jeje, pues le dije que con mucho gusto la dejaba ir, para esto me pide que nos regresemos a nuestro hogar para prepararse para la cita, durante el camino ella iba poniéndose de acuerdo con él para donde poder verse y que planes tenía para ella.

    Llegamos a nuestro hogar y sube a darse un baño para refrescarse un poco y mientras tanto yo le ayude a elegir su atuendo para el encuentro, agarre un vestido casual por encima de la rodilla, de tirantes y con poco escote, de ropa interior le escogí una lencería de encaje negra y unos zapatos de tacón. Para su salida de la regadera ya tenía todo sobre nuestra cama y rápidamente empieza a vestirse, yo a la distancia le decía lo guapa que se veía, y ella me correspondía con besos y agradeciéndome mis palabras, arreglo su pelo y su cara, para esperar que vinieran a buscarla a casa.

    Cuando entra Daniel nos saludamos como amigos, nos hemos visto pocas veces, pero siempre cordiales y sabiendo la posición que tenemos para ella, en eso ella baja para saludarlo y se dan un morreo genial, muy cachondo, y para esto les digo no sean malos ustedes se van y me van a dejar con ganas, y en eso se voltean y es él quien me invita a irnos los tres de fiesta, cosa que a ella con mucho gusto acepto y me animo a que me uniera. Me di un baño rápido y me arreglé para salir de nuestro hogar.

    No teníamos plan definido así que volvimos a pasear por el centro de la ciudad mientras que decidíamos que hacer, al poco tiempo elegimos un driveinn para comprar algo de tomar, la plática con él siempre es muy amena y divertida, como si fuéramos amigos de mucho tiempo, de vez en vez, ellos se morreaban o en veces conmigo. Después de unos tragos salimos del lugar y nos dirigimos a un motel, cuando Daniel se baja a pedir una habitación, mi esposa me pide que el primer encuentro lo quiere tener solo con él, y que para el resto de la noche entre los dos podríamos hacer con ella lo que quisiéramos. Vuelve con la llave de la habitación y nos encaminamos hacia ella.

    Ya dentro y sin más empieza la aventura, ella se va sobre el cuello de el con sus brazos para fundirse en besos llenos de pasión, y las manos de este directamente a tocarle todo su cuerpo, pechos, nalgas. Después de un tiempo se empiezan a desvestir, sale volando el vestido quedando en ropa interior, y él se quitó la camisa y zapatos y cuando se iba a desabrochar el pantalón ella lo intercepta y es ella quien lo hace y cuando lo baja se pone de rodillas frente a él para de su bóxer sacar ese miembro que tanto deseaba, comienza a pasar su lengua desde sus testículos hasta la cabeza del pene sin metérselo en la boca varias veces lo hizo hasta que desapareció completamente en su boca, el sexo oral es algo que me encanta de ella, porque siempre está dispuesta a hacerlo y siempre intenta hacer la garganta profunda, bastante tiempo duro practicándole el sexo oral, y cuando el sintió que estaba por eyacular, es este quien le pide se levante para tenderla sobre la cama, en esta se llenaron de besos de nuevo y las manos de este jugando por cada centímetro del cuerpo de ella.

    Empieza a masturbarla con su ropa interior puesta todavía, pero yo desde mi lugar podía ver como la ropa interior de ella no me permitía ver la mano de él, la masturbo durante un rato hasta que ella en un grito desesperado le pidió que se la metiera, que la cogiera, que la hiciera suya, le rogaba por sentir su carne dentro de ella, y Daniel se levantó para quitarle su calzón y subir desde sus pies hasta su boca con besos. Y cuando estaba por metérsela le pregunta que sí que quiere, y ella con voz más cachonda le pide que se la meta sin compasión, con la mano se agarra el pene y lo frota en su empapada panocha y sin más se la mete, entrando en un frenesí que ambos disfrutaron, lo digo por el tipo de gemidos que ambos emitían, ella le pedía más y este como todo maestro le cambiaba de posiciones de rato en rato, pero la que más ella disfruta es de perrito, le gusta le den nalgadas y la fuercen a mantener su cara sobre la almohada, duraron cerca de una hora y media cogiendo, pero siempre que ella tenía oportunidad volteaba a verme y siempre decirme gracias por permitirle tener a otros hombres y sobre todo volver a ver a Daniel.

    Después de esa primera cogida, descansaron un poco y tomamos bebidas que habíamos llevado para los descansos, y ahora fui yo quien empezó a besarla y a meterle mano, ella con gusto me acepto y Daniel solo observaba, después de un tiempo algo que nos pone muy cachondos es que mientras yo la beso alguien más le esté agarrando las nalgas y/o jugando con su pene queriendo metérselo, así que se voltea a donde esta y lo invita a jugar con nosotros, y así empezamos un rico trio, cogiéndola yo y ella le mamaba el pene, o intercambiábamos y hasta doble penetración pudimos hacerle. Estuvimos casi hasta el amanecer cogiéndola, en ratos los dos en ratos yo o él, cuando sentíamos que estábamos por estallar nos quitábamos para darle paso a el otro y retrasar un poco nuestra eyaculación. 

    Ya de mañana y descansados un poco nos despedimos de él y le agradecimos la noche esperando repetirla en un futuro no tan lejano. El placer que nos da el invitar a alguien más a coger con ella, es algo que disfrutamos ambos y esperamos seguir haciéndolo. Saludos a todos y agradecemos el tiempo de lectura que nos dedicaron.

  • Mi mejor amigo (3)

    Mi mejor amigo (3)

    Mi mejor amigo Lautaro, había dejado pasar cierto tiempo hasta que un día me volar y fue más directo sobre lo que quería hacer. Fuimos a jugar un partido de fútbol y regresando me pregunta si me gustaría tomar algo en su casa porque era viernes y sus familiares no iban a estar porque iban a ir a un Casamiento al que él no tenía ganas de ir.

    Sin dudarlo acepte la propuesta y quedamos en que a las 11 de la noche Iba a ir a su casa a tomar unas cervezas y posiblemente a quedarme a dormir. Llegué a mi casa, me bañé y me preparé para ir a la casa de Lautaro en la noche. Cuando llegue a las 11 a su casa, me abrió traía unos pantalones cortos de fútbol esos en los que se marca mucho el bulto y de inmediato lo miré de arriba a abajo sin disimular cosa que a él evidentemente le gustó porque me saludó con un beso en la mejilla (él nunca hacía eso)

    Tomamos un es cervezas mientras miramos un partido de fútbol y luego nos pusimos a jugar a la playstation. Habíamos jugado 2 partidos y ya eran dos victorias mías. No era el mejor pero me defendía. Luego de otra cerveza Y a empezar a emborracharnos un poco mi amigo decidió ponerle un poco de picante al juego. Jugamos otros 2 partidos y fueron victorias de él y necesitamos desempatar. Lautaro siempre fue muy orgulloso y no se Iba a permitir perder. me dijo que en el partido de desempate el que perdiera iba a tener que hacer todo lo que el ganador dijera. Rápidamente entendí sus intenciones y no me negué. Si, verdaderamente jugué con intenciones de ganar pero no lo logré.

  • Malas experiencias

    Malas experiencias

    Me llamo Ana tengo 22 años vivo en Granada (España) con mi madre Sofía de 49 años y su nueva pareja Efraín de 48 años. Esta historia ocurrió hace tiempo atrás cuando mi padre estuvo preso porque alguien lo acuso de un robo en la empresa pero más adelante se detendría al culpable pero salió libre según la justicia por falta de pruebas. A los 2 años de estar ahí mi padre murió o según dicen alguien lo mandaron a matar. Bueno vamos al grano.

    Al morir mi padre nos había dejado muchas deudas e íbamos a perder el chalet que teníamos. Tiempo después mi madre se casó con un hombre llamado Efraín quien se encargó de pagar nuestra deuda. En el primer año todo iba excelente hasta que perdió su trabajo empezó a tomar y no hacer nada. Vive del trabajo de mi madre quien trabaja en casas haciendo limpiezas y de lo que aporto yo cuando trabajo los fines de semana. Para ajustar mi universidad, Es un hombre violento ya que tiene a mi madre dominada ya que mi madre es muy sumisa, y yo le tengo algo de miedo también.

    Un buen llegue con un amigo a hacer unos trabajos en el computador de pronto vi a mi madre que había llegado ante de tiempo a prepararle la cena a Efraín me dijo que me apurara en terminar que si nos veía a los dos Efraín no sé qué podría hacer. Una hora después llego Efraín con una botella de champaña dijo que íbamos a celebrar ya que le habían pagado una plata que había prestado, esa noche después de celebrar mi madre se fue a su cuarto con Efraín, antes de irme a mi cuarto podía escuchar los gemidos de mi madre Oh oh oh

    -Te gusta Sofía, te gusta cómo te chupo la vagina. Cállate y solo sigue por favor.

    Los sonidos que producían sus labios de ese infeliz en la vulva de mi madre, se escuchaban como si reventasen globos.

    -Tu concha me gusta mucho Sofía, no entiendo como el difunto de tu marido no supo aprovechar a comerse algo tan rico, mi marido, nunca me comió la concha como me la comes tú Efraín. Quieres chuparla, Sofía

    -Si, si quiero chuparla

    -Venga, empieza a chupármela de una vez.

    Sentí que mi madre se ponía de pie, porque se escuchaba como se movía la cama y pronto el sonido de que si algo se chupara con mucha lascivia, no hacía falta pensar que ella le obedeció al instante.

    -Oh Sofía, sigue sigue

    Los sonidos de que algo se estaba chupando, continuaron, hasta que se escuchó que él le decía

    -Estás lista

    -Si por favor métemela, ya

    De pronto se escuchó como unos sonidos bastante fuertes, ahhh

    -Te gusta cómo te la meto

    -Sí por favor, sigue

    -Dime quien te la hace mejor él o yo

    -Tú, solo tú Efraín

    A cada embestida mi madre gemía de placer, mientras Efraín seguía penetrándola al parecer se empezaba a escuchar como mordiscos, chupetones de piel.

    -Qué cuerpo tienes Sofía

    -Y es todo tuyo Efraín repítelo

    -Es todo tuyo

    Los sonidos de cuerpo, así como el de las penetraciones continuaban, hasta que de pronto ambos dieron un grito de animales. Al parecer habían terminado.

    -Ohhh Sofía estoy cansado

    -Yo también.

    Al rato pude escuchar la llave del baño abierta así que baje y al asomarme era mi madre que ese estaba ducha.

    Un fin de semana llego Efraín borracho eran como las 3 de la tarde yo estaba escuchando un poco de música en mi cuarto cuando mi madre y Efraín cerraron la puerta del cuarto, les oí hablar.

    -Venga Sofía, desnúdate que tengo ganas de fiesta esta ahora

    -¿ahora? Es muy temprano y mi hija nos puede oír.

    -No me jodas Sofía, a ver si vamos a tener que echar a tu hija para poder echar un polvo.

    -No es eso, pero…

    -Ni pero ni ostias. Te he dicho que me apetece echar un polvo y punto.

    -Ya lo sé Efraín, pero es que no me apetece, estoy cansada de hacer mucho oficio

    -Que te calles de una puta vez y que te desnudes.

    Después de eso se quedaron en silencio y en los cinco minutos siguientes, solo oí un par de fuertes suspiros de Efraín. Pero pasado ese tiempo, oí como mi madre empezaba a gemir… Pero enseguida oí a Efraín decirle.

    .Venga puta, muévete.

    Mi madre no decía nada, solo gemía mientras Efraín seguía insultándola, llamándola puta y zorra innumerables veces, hasta que por fin le oí bramar que se corría. Después vino el silencio y no volví a escuchar nada más.

    Un buen día volvió a en la noche llegar un poco tomado y esta vez con un amigo llamado Alberto y le dijo a mi madre que les sirviera unas copas en la mesa del comedor mi madre así lo hizo y le hizo beber a mi madre una copa luego, Entonces Efraín la rodeo con los brazos y la empezó a manosear las tetas por encima del vestido, mientras le seguía susurrando al oído ante la atenta mirada de Alberto.

    .Venga Sofía, imagínate tener dos pollas para ti sola, dispuestas para hacer todo lo que tú las pidas.

    Mi madre estaba con los ojos cerrados y con la cabeza ligeramente para atrás. Entonces Efraín empezó a besarla por el cuello mientras le metía las manos por dentro del vestido y muy lentamente le saco las tetas fuera. Mi madre no opuso ninguna resistencia y se dejó besar el cuello y que le manosease las tetas unos segundos, hasta que Efraín miro a Alberto y le dijo.

    -Que tío, ¿has visto unas tetas como estas alguna vez? Pues venga, no te cortes y cómeselas, que no veas como la pone eso.

    Alberto no se lo pensó dos veces y se abalanzo a chupárselas, mientras mi madre, lejos de resistirse, luego Alberto se bajó los pantalones y el bóxer y saco la polla, que la tenía totalmente empalmada, siendo una polla bastante normalita. Entonces sin preámbulo ninguno, mi madre se la metió en la boca. Alberto puso cara de gozo y cerró los ojos a la vez que apoyaba los brazos en la mesa.

    -¿Qué Alberto? ¿la chupa bien?

    Entonces el muy cabron miro hacia mi mientras mi madre seguía chupándole la polla con el esmero

    -Tu zorra la chupa de puta madre.

    En ese momento, mientras tanto Efraín y Alberto se empezaron a reír, me dieron unas ganas terribles de bajar y partirles la cara, pero pensé que sería peor el remedio que la enfermedad, ya que no sabría explicarle a mi madre él porque estaba yo allí. Así que me quede donde estaba,

    Cuando Efraín dejo de reírse, se bajó los pantalones y empezó a pajearse despacio mientras les miraba atentamente. Les dejo dos o tres minutos, en los que animo a mi madre a que se esmerase en hacerle la mejor mamada del mundo a su amigo, bueno Sofía, túmbate en la mesa que yo también quiero participar.

    Mi madre miro a Efraín y sin decir nada, se bajó los tirantes del vestido hasta la cintura y se subió a la mesa, tumbándose boca arriba. Después, se subió la parte de abajo del vestido y se quitó las bragas, venga Alberto, métele la polla hasta que te parezca que te van a entrar los huevos.

    Dicho y hecho, Alberto se metió entre las piernas de mi madre, encaro su polla con el coño y se la metió suavemente. Al sentirlo, mi madre soltó un leve gemido.

    Entonces Efraín se la metió suavemente en la boca mientras Alberto empezó a follarla. Las tetas de mi madre se movían al ritmo de las sacudidas mientras veía como el canalillo empezaba a estar brillante por el sudor. En los siguientes tres o cuatro minutos, nadie dijo nada, con los gemidos de mi madre amortiguados y tapados por la polla de Efraín, que se la metía despacio pero hasta el fondo. Entonces Alberto agarro las tetas de mi madre y antes de que empezase a chupárselas, le dijo.

    -Que buena que estas Sofía, me voy a correr dentro de poco.

    -No te corras dentro Alberto, – le dijo Efraín. – córrete donde quieras menos dentro de ella.

    Alberto no contesto, ya que estaba muy ocupado comiéndole las tetas, pero después de un minuto, saco la polla del coño., empezó a pajearse sobre los pelos del coño de mi madre y salió disparado un chorro de semen que cayó en el canalillo, para terminar soltando unas gotas sin fuerza que cayeron en su tripa. En ese momento, cuando ella se fue a darse un baño, Efraín subió donde estaba yo y me dijo.

    -¿Has visto como hago lo que quiero con tu madre?

    Yo le respondí Eres un hijo de puta.

    Nuevamente me dieron ganas de partirle la boca, pero me fui corriendo para evitar que mi madre me pillase.