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  • A la mañana siguiente

    A la mañana siguiente

    Estuve esperando ver su reacción al despertar, no sabía qué hacer, intenté menearme un poco para ver si comenzaba a menearse ella también, pero no sucedía nada, también pensé en tomar acción y despertarla con unos cuándo besos y toqueteo de su culo, pero era muy arriesgado pues ya me había dejado claro que me permitiría un par de cosas pero no sabía cuál era el límite, tal vez esa había sido mi única oportunidad, trate de dormir otra vez para tranquilizarme y esperar a que ella despertara y tomara acción. Casi pasó una hora cuando noté movimiento, y esto me decepcionó un poco pues sentí como se levantaba, después oí pasos, se abrió la puerta y caminó por el pasillo, ninguna palabra, a lo mejor no quería despertarme, después de unos segundos escuché como la regadera se abría, se está bañando, ¿Debería ir con ella? Me decidí pues ya habíamos pasado lo más difícil y estaba preparado para recibir cualquier respuesta, así como estaba me levanté y fui hasta el baño.

    -Buenos días mamá, ¿Se puede? -Dije desde la entrada del baño.

    -Buenos días hijo, espera tu turno ya casi salgo.

    -Claro espero.

    Lo sabía, esa fue la única vez que me dejaría hacerlo, pero me había dicho que le gustaban mis coqueteos así que no perdí el tiempo y fui directo a su cajón de ropa interior, lo abrí tome una tanga azul que tenía me senté sobre su cama y comencé a masturbarme con ella, pues con los recuerdos de la noche anterior y la vista de su cuerpo en la ducha, mi verga respondió de inmediato, quería que me viera por lo que iba lento en mis movimientos y tan solo tenía que esperar a que saliera, cuando terminó, fue directo al cuarto me vio sonrió y se comenzó a vestir.

    -Ya te puedes bañar hijo, está bien que es sábado pero una ducha no te caería mal

    -Sí tienes razón ma, ahorita me apuro

    Por más que intentaba ser evidente al parecer ya no tendría más oportunidades, así que me fui al baño después me vestí, el olor a comida me quito los pensamientos de la cabeza, así que entré a la cocina, el desayuno ya estaba servido y nos pusimos a comer

    -¿Qué vas a hacer hoy mamá?

    -Hmmm pensaba en arreglar un poco la casa y después salir a comer, ¿Y tú?

    -Hoy es mi día de descanso, pensaba en ayudarte

    -Ay que lindo mi hijo, te acepto la ayuda, muchas gracias.

    -Es lo menos que puedo hacer por tí después de dejarme hacer…

    -Ni lo menciones, te dije que me lo pasé bien

    -¿En serio? ¿Entonces?

    -No amor, sólo quise hacerlo para que se te quitara la idea

    -Pero…

    -No nada de peros

    -Solo me quedé con más ganas, es como tener una fruta jugosa y no poder comerla.

    -Ay que cosas dices jaja, sabía que había ese riesgo, pero mira si de verdad lo necesitas, puedes traer a alguna amiguita aquí el día que quieras.

    -Pero es que yo no quiero amiguitas

    -Ay amor, es lo mejor, mira, yo, ya no estoy para eso y tú apenas vas iniciando, es normal que solo pienses en lo de ayer pero tienes que intentar nuevas cosas.

    -Lo sé pero es más que una fantasía, cuando lo hicimos ayer, fue algo especial, y además fue muy rápido.

    -Creo que tienes razón en eso, pero de todas formas no podemos seguir haciéndolo, somos madre e hijo.

    -Mamá es que no entiendes mira… yo…

    -Te diré que vamos a hacer, puedes «aliviar» tus ganas las veces que quieras y dónde quieras pero lo tienes que hacer tú, puedes usar mi ropa interior, puedes pedirme que me desnude, puedes hacerlo junto a mí sin importar dónde esté, claro mientras no sea en un lugar público ni esté alguien de visita.

    -¿Puedo terminar dónde yo quiera?

    -Siempre y cuando tú limpies después, ¿Entendido?

    -Esta bien mamá, ¿A partir de cuándo?

    -Cuando quieras

    No perdí tiempo pues la tarea de hace un rato no había terminado, y con las palabras de mi mamá mi verga comenzó a crecer, así que aún sentados en la mesa, saqué mi verga y me comencé a masturbar frenéticamente, la piel bajaba y subía, la cabeza estaba roja por la presión, sentí que explotaría por lo que me acerqué a ella, hizo un gesto donde cerraba los ojos y se intentaba apartar un poco pero yo no estaba apuntando a su hermosa cara, descargué en un lugar más especial, de un momento a otro su taza de café ahora tenía una nata blanca encima, cuando abrió los ojos pues nada pasaba empezó a buscar la escena del crimen hasta que levantó su taza y la acercó para observar mejor.

    -Oye, eso es hacer trampa, además sabes que no me gusta el café con leche, hay hijo, pero bueno, una trata de ser comprensiva si eso quieres está bien

    Había poco menos de media taza de café y ya estaba algo fría, por lo que mi mamá revolvió un poco, la puso en sus labios y comenzó a sorber, luego la empinó más y con dos o tres tragos dejó la taza vacía.

    Me miró con cara acusativa pero después de un rato me estaba sonriendo, con esa mamá un hijo haría cualquier tarea de casa por lo que toda la mañana nos la pasamos muy ocupados, de vez en cuando aprovechaba que se agachaba para recoger algo y le daba una nalgada o un pellizco, ella reaccionaba con un salto y se reía, terminamos antes de lo previsto por lo que teníamos tiempo para decidir que íbamos a comer, por lo que nos sentamos cada uno en un sillón y comenzamos a alegar, después de unos momentos ya habíamos pedido la comida y ahora solo teníamos que esperar, y qué mejor manera que aprovechar ese momento para ver el espectacular cuerpo de mi mamá.

    -Mamá, otra vez tengo ganas

    -¿Tienes ganas? Pero si estuvimos toda la mañana haciendo tareas

    -Lo sé pero es que la edad

    -Claro, claro no te preocupes dime ¿Que quieres que haga?, O vas a ir por una de mis tangas

    -En realidad quisiera verte un poco

    -Sí amor está bien, ¿Que te muestro?

    -Toda mamá, quiero verte toda

    -Está bien hijo, pero si llega el repartidor tu abres eh

    -Sí mami no te preocupes

    Así como estaba sentada se quitó la blusa sin mangas que tenía, su brassier era blanco muy discreto, también lo desabrochó y sus senos saltaron a mi vista.

    -¿Así hijo?

    -Sí mami tan solo muéstrame tus tetas

    -No les digas así, que me siento vulgar

    -¿Cómo les digo mami?

    -Pechos o senos cómo gustes

    -Esta bien, muéstrame tus senos mami

    Pero este solo era un pretexto pues lo que yo quería era acercarme a ella entonces cuando se levantó para quitarse los shorts aproveché para ir con ella, la abracé desde detrás sintiendo su culo empinado, sus carnes presionaban mi verga, no me la podía coger pero esto era mucho más morboso pues podía aprovecha todo el cuerpo de mi mami cuando yo quisiera, le ayudé a bajar sus pantalones, entonces esas nalgas salieron a mi vista, y mejor aún llevaba la tanga azul con la que me había masturbado en la mañana.

    -Mamá, ¿Qué haces con eso?

    -Ay hijo pues ya la habías sacado ni modo de no usarla, pero no la quites que así como eres de tramposo aprovechas y me la metes.

    -Ay mami pero es que quiero sentir tu trasero

    -Si pero no me quites mi tanga

    -Bueno tengo una idea, ven acá

    La llevé al sillón y me senté primero, ella se sentó en la orilla de modo que mi verga quedaba justamente en medio de esos cachetes, pasé mis manos por sus tetas y comencé a sobar

    -Mamá me encantan tus tetas

    -¿Otra vez?

    -Perdón pero es que con la calentura se me salen las palabras, perdón mami, hmm tus senos son tan perfectos, suaves y con los pezones bien paraditos, además se sienten tan bien hmm

    -Ay hijo, ahhh hmm, besame el cuello por favor, me estás calentando mucho

    -Sí, lo que mami ordene

    Besé su cuello por un tiempo mientras seguía tocando sus pechos, pasaba mi mano por sus pezones y los estiraba un poco pues cada vez que hacía esto gemía, mientras movía mi verga entre esos cachetes calientes, la sensación era maravillosa y ahora sí me iba a correr bien pues era casi como si me la estuviera cogiendo así que aceleré el ritmo y bajé una de mis manos buscando sus piernas, pero en cuanto llegue a su tanga ell cerro las piernas dándome una indirecta, así que tampoco podía hundir mis dedos, no importa, la mano libre buscó su cadera y la hice que se pegará más contra mí, giré su cabeza y besé a mi madre, un beso largo, con lengua, sentía su aliento y su respiración y eso fue suficiente para hacerme acabar, la pegué más a mi cuerpo y después de unos espasmos mi semen comenzó a brotar, salían grandes chorros que se iban directamente a la espalda de mi mamá y luego se escurrían hasta llegar a sus cachetes, la tanga se mojaba a su paso y quedamos tendidos en el sillón, yo aún seguía abrazándola y besándola, pero ese momento no podía ser eterno, tenía que limpiar a mi mami pues le había hecho una promesa, así que ambos nos separamos, fui al baño por una toalla llegué, le quité la tanga pues escurría semen, comencé a limpiar las nalgas de mami y aproveché que su tanga ya no la iba a usar para limpiar mi pene que aún escurría unas gotas de leche.

    -Mami, eres maravillosa, te amo

    -Yo también te amo hijo, aunque seamos madre e hijo debo admitir que todo esto me está gustando

    -¿Si mami? ¿Lo hago bien?

    -Sí amor, lo haces con mucha pasión

    Nos volvimos a besar profundamente y esto sólo se cortó pues el timbre sonó, la comida había llegado, le pedí a mi mamá que se quedara así desnuda, y ella me complació, y se recostó en el sillón con las piernas una encima de otra, yo me vestí y fui por la comida, ambos comimos esa tarde viendo una película, ese día no pasó nada más pues no quería abusar de la paciencia de mi mamá además si le había gustado todavía tenía la oportunidad de convencerla y ganarmela por lo que decidí ir con cuidado, eso no significa que no aprovechara cualquier oportunidad para descargar mi semen, eso sí no podía dormir con ella así que las noches quedaron descartadas, pero no importa pues en cuanto amanecía iba a ver cómo salía de bañarse y se vestía, ese era mi espectáculo favorito, pues siempre tomaba una de sus tangas y me la pasaba por la verga un rato, y esa misma era la que se ponía ese día, salía así a la calle, iba con una tanga que hasta hace poco había estado en el pene de su hijo.

    Como dije los días pasaron y ya casi era una rutina el descargar en ella cada vez que quisiera, la tomaba por atrás cada vez que lavaba los trastes, a veces tan solo me masturbaba mientras veíamos la tele y cuando menos lo esperaba le caía mi semen espeso y caliente en su cara, a veces lo recogía con la lengua, otras me pedía que la limpiara, la rutina no hizo menos morbosa nuestra situación pues me permitía experimentar con cada situación que se presentará, como abrir la puerta del baño y tan solo contemplarla en ese momento íntimo mientras se formaba una erección, o pedirle que me viera tomar una ducha tan solo se paraba en el marco de la puerta mientras me bañaba y masturbaba, ya casi no andábamos con ropa en la casa, tan solo unas batas ligeras, o alguna prenda interior, ella empezó a comprar vestidos y faldas pues facilitaban el mostrarme su culo, esto lo agradecí mucho pues aprovechaba para levantar un poco y ver debajo, a veces le tomaba fotos, otras tan sólo metía mi cabeza adentro, su olor era increíble, como sea ella también disfrutaba pues comenzó a pedirme que eyaculara en su café por las mañanas, sabía que le había gustado la primera vez que lo hice, también ella me provocaba a veces, mostrándome su culo o dejando escapar una teta de vez en cuando, sabía que era cuestión de tiempo, la confianza entre nosotros aumentaba y todo se decidiría el día de las madres pues ya no quedaba mucho para esa fecha.

  • Recuerdos de hermanos

    Recuerdos de hermanos

    Gracias a todos lo que nos hacen el favor de leer y escuchar este relato.

    “Las preferencias sexuales que deseen llevar a cabo, procuren hacerlas en un ambiente de madurez tanto física como mental, sin afectar la voluntad de aquellas personas que estén o no de acuerdo con ustedes y ya sea que quieran o no participar en sus prácticas que por la índole de las mismas deben mantenerse lo más posible en absoluta secrecía” (Un gran consejo de mis amigas Juanita y Olga) “¡Cuán hermoso es nuestro amor, hermana mía, tus labios y tus pechos son cántaros de miel y tu lengua destila leche!” (Frase que se le pegó a mi hermano y que no se acuerda de dónde).

    Mi nombre es Ana Luisa y el de mi hermano es Francisco. Nosotros somos los protagonistas de ésta hermosa historia de amor entre dos hermanos que empiezan a conocer el enamoramiento en el sentido más físico y sensual de lo que se conoce como amor filial o dicho en otras palabras incesto de un amor tan pleno que trasciende los límites de las costumbres sociales.

    Soy cinco años mayor que mi hermano. A mis veintitrés años poco después que él cumpliera los dieciocho años, mi hermano me hizo su mujer, tengo muy presente que fue un 12 de septiembre a eso de las seis de la tarde. Desde niños éramos inseparables. Recuerdo cómo fueron nuestros primeros juegos y cómo se fueron volviendo realidad muchos de ellos. Jugábamos a que yo era la maestra y le daba a mi hermano sus primeras clases. De hecho yo le enseñé cómo debía dar sus primeros besos. También jugábamos a que éramos marido y mujer, algo que también de cierto modo se cumplió más adelante aunque sin la formalidad del matrimonio. Con el transcurso del tiempo nuestra madre quería que mi hermano me acompañara cuando empezaba a salir con mis primeros novios, entonces él era quien me acompañaba a verlos, uno de ellos se llamaba José Luis y mientras mi hermano me esperaba afuera, yo adentro hacía con él el amor en la casa de su tía y recuerdo que con él terminaba frustrada porque me sentía insatisfecha quedándome a medias con mi calentura.

    Por ese entonces yo recién había cumplido veintitrés años y mi hermano estaba por cumplir dieciocho porque yo soy del once de julio y él del treinta. Con él hablaba mucho de sexo y de que mi novio José Luis me dejaba insatisfecha. Yo le contaba a mi hermano con lujo de detalles todo lo que hacíamos y él también fue el confidente íntimo de cuáles eran mis puntos más vulnerables, uno es la palma de mis manos cuando me la besan, o cuando lamen la punta de mis dedos, otro son mis pezones porque cuando me los besan siento que me transportan a las nubes, al igual que si tocan mi clítoris o besan los labios de mi vagina y meten su lengua para acariciar mi clítoris. Mi hermano sabía que yo era muy caliente y cómo ya era maestra le platicaba y le tenía mucha confianza para contarle que una vez había hecho un trabajo sobre el incesto y le explicaba que no era nada del otro mundo pero que la sociedad no lo aceptaba porque era como si él y yo tuviéramos sexo, siendo hermanos y lo anunciáramos al mundo, nuestra sociedad no lo iba a aceptar.

    Como maestra que era de español en una escuela particular en una Colonia de buen nivel económico, teníamos las maestras un saloncito para fumar y tomar café a la hora del recreo de los niños. En ocasiones mi hermano iba por mí a esa hora y yo se los presentaba a mis compañeras con mucho orgullo y sin que se dieran cuenta yo le guiñaba un ojo a mi hermano y le coqueteaba como si fuera su novia, hecho que aún no era para nosotros algo cierto, sino fue hasta poco tiempo después cuando ya presumía para mis adentros la calidad de sentirme su mujer.

    Vivíamos en la Colonia San Alvaro al norte de la Ciudad de México por aquel entonces. Aún recuerdo que mi hermano y yo compartíamos la misma recámara, aunque ambos dormíamos en camas individuales separadas por un buró, la que me tocaba a mí estaba junto a un closet hecho de madera de fresno, muy buen closet por cierto. Al abrirlo contaba con un espacio amplio para colgar mis vestidos y tres cajones amplios donde guardaba mi ropa íntima. Por debajo de la cajonera había un espacio en el que guardaba mi diario íntimo y más adelante guardaría varios papelitos de amor que me escribía mi hermano a escondidas de nuestros progenitores que me ponía por debajo de mi almohada y algunas revistas porno muy ilustrativas con fotografías de mujeres haciendo el amor con hombres y otras de mujeres haciendo el amor con otras mujeres las cuales me atraían mucho y otras más, ilustradas con fotografías y diálogos, además de ciertos ensayos de novelas de incesto de las cuales yo escribía los diálogos, en los que él y yo éramos los principales protagonistas con los argumentos que tanto él como yo hacíamos.

    Frente a mi cama tenía un ropero color rosa con dos espejos grandes en los que podíamos ver nuestras imágenes cuando ambos estábamos en mi cama discutiendo los diálogos de nuestras novelas, los cuales también realizábamos en un escritorio chico a un lado de la cama de mi hermano dónde también hacía mis reportes de la escuela y calificaba los exámenes de mis alumnos a veces con la ayuda de mi hermano Francisco, aunque a veces el aprovechaba que estaba inclinada sobre el escritorio para meter sus manos entre mi blusa para palpar mis pechos, situación que completábamos ambos, besándonos aunque sin llegar a más. Frente a la cama de él contaba con un chifonier labrado con maderas finas con espejo, una puerta grande para colgar su ropa y tres cajones. El hecho de que ambos estuviéramos juntos en la misma recámara provocaba que se disparara nuestro morbo, también existía mucho grado de promiscuidad entre nosotros, ya que tenía que desnudarme enfrente de él, para ponerme mi camisón de dormir, el cual a veces ni me lo ponía porque más bien me gustaba dormir desnuda al igual que él también se quitaba su calzoncillo para dormir, dejándome ver su pene la mayor parte de las veces ya erecto, algo ya muy común en él, tan solo por estar junto a mí y cruzar nuestras miradas, él viendo mis pechos y yo mirando su pene provocándose entre nosotros una risa morbosa.

    Siempre he sido muy coqueta y a mi hermano le encanta mi cuerpo desnudo, soy de pechos grandes, no tanto, uso copa C y estoy bien proporcionada, aunque no soy muy nalgona, pero sí las tengo redonditas y se les antojan tanto a hombres como a mujeres, ya que he tenido la oportunidad de estar con una pareja de lesbianas, una de ellas que ha sido también maestra como yo y otra que es asistente de la directora, también tengo buena pierna, mi cara según dice él y las personas que me conocen, que es muy bonita y que realmente tengo unos ojos muy expresivos y coquetos y que mi rostro es el de una jovencita que no aparenta la edad que tiene, a mi hermano siempre le ha gustado cuando me insinuó con él a través de mi mirada. Pero sucedía y aún sucede que también soy muy romántica. A veces nos poníamos a bailar muy pegaditos, rozándome él con su miembro erecto mi entrepierna y cómo ya le había enseñado a besar, pegábamos nuestras bocas y eso nos calentaba aún más, de tal manera que su dulce hermanita, o sea yo, metía mi mano por entre su pantalón para sentir su pene ya bien erecto entre mis dedos y es que mi hermano siempre que me veía tenía para mí la visión de ver su pene a todo lo que daba. Yo trataba de retirar mi mano y aparentemente no pasaba ya nada, pero luego de retirarla, él me proponía que no la quitara hasta que terminara alguna de las piezas que me gustaban de mis cantantes favoritos, además de algunas piezas instrumentales para bailar. No quitaba ya mi mano como él me proponía y entonces podía sentir como de su pene cogido de su tronco y su glande por entre mis dedos empezaba a salir una babita de la puntita la cual acariciaba haciendo pequeños círculos con el dedo pulgar de mi mano izquierda, al igual que también yo empezaba a sentir cómo mis calzones se mojaban.

    Fue algo hermoso, sentirme transportada por mi hermano a otros lugares mientras nuestras bocas no dejaban de besarse luego de que su lengua penetrara mi boca para juntarse con la mía. Sus manos desabotonaban mi blusa con delicadeza y sus ojos se detenían en mi sugestivo sostén en el que se transparentaban mis pezones para luego desabrocharlo y retirar las copas descubriendo mis pechos que mostraban ya sin ningún recato de mi parte mis pezones endurecidos. Una de mis partes más sensibles como ya lo sabía él, era la de mis pechos, en particular mis pezones, que no dejaba de admirar con mis areolas cubiertas de pequeños montículos como granitos que rodeaban el talle de mis alargados y gruesos pezones, que también les fascinaron a la pareja de lesbianas con las que había hecho trío, hecho del cual aún no me había confesado del todo bien con mi hermano y de todo lo que nos hacíamos como meternos un dildo doble o que ellas usaran un arnés de pene para metérnoslo, jajaja. Ellas decían que mis pezones eran de edición limitada, jajaja. Cuando mi hermano inclinaba su cabeza para abrazarlos entre sus labios, eso me ponía tan caliente que terminábamos desnudándonos y en más de una ocasión terminamos en mi cama, sin que al principio solo sucediera el hecho de masturbarnos mutuamente yo jalando su verga y mi hermano Francisco metiendo sus dedos en mi vagina hasta hacerme venir.

    Pero a los pocos días llegó ese glorioso día doce de septiembre a eso de las cinco de la tarde, en que estábamos desnudos, yo sobre sus piernas y el metiendo su mano izquierda por entre mis nalgas para tocar mi vulva y metiendo uno de sus dedos hurgando mi clítoris dentro de mi vagina para sacarlo mojado, yo estaba tan tremendamente excitada a esas alturas, así que no aguanté ya más y le dije:

    – ¡Quiero ser tuya, hermano, te deseo dentro de mí!, ¡Hazme ya tu mujer!

    El se quedó mudo ante mi propuesta pero no dudo más y me recostó en mi cama y vi y sentí como colocaba su pene en la entrada de mi vagina. Metió su glande entre los labios de mi vulva y yo sentí como la humedad de mis labios se adhería con el líquido que emanaba de su glande confundiéndose como si se tratara de una sola emulsión.

    – ¿Estás segura de que quieras que meta mi pene dentro de ti, hermana?

    – Hazlo ya que quiero sentirte dentro de mí, además no corremos peligro

    – ¿Sí hacemos esto ya sería considerado incesto, hermana mía?

    – No seremos los primeros ni los últimos en cometer incesto, además yo ya podré sentir ser como si fuera tu mujer, que de hecho quiero serlo.

    – ¿Sabes, hermanita? quiero que seas mi novia secreta, aunque tú tengas tus novios y yo mis novias para fingir ante los demás ¿Aceptas que yo sea tu novio también?

    – Me gustas y te acepto como mi novio, Francisco Javier ¿Como si fuera la epístola de un matrimonio hecho en el incesto como el ensayo que escribimos entre los dos?

    – Sí, como una especie de la epístola de Melchor Ocampo pero para nuestra propia unión como hermanos que somos.

    – Yo Ana Luisa te acepto a ti hermano mediante esta cópula del incesto que estamos a punto de realizar como tu mujer y tu novia

    – Yo Francisco Javier te acepto a ti hermana mediante esta cópula del grandioso incesto que estamos a punto de realizar como mi mujer y mi novia

    – ¡Lástima que no tengamos quien pueda atestiguar lo que estamos haciendo!

    Después de sellar con un beso nuestra declaración de amor mi hermano Francisco comenzó a deslizar con calma su verga dentro de mi vagina, abriéndose paso lentamente dentro de mi intimidad, yo sentía como su glande encabezando todo su tronco, me penetraba, deslizándose con ayuda de las paredes lubricadas de mi vagina para luego de haberme penetrado totalmente, realizar juntos el vaivén para permitir la entrada y salida constante de su verga, el sentir todo esto me provocó una corriente que me electrizaba desde los dedos de mis pies hasta la punta de mis cabellos. Por fin ya tenía toda la verga de mi hermano Francisco dentro de mí.

    Luego de esperar tanto tiempo de deseo entre nosotros, tuvimos juntos nuestro primer orgasmo y fue algo único el sentir cómo el semen de mi hermano se disparaba con intermitencia en mi interior al tiempo que yo me estaba viniendo de lo más exquisito que jamás había tenido la oportunidad de sentir con cualquiera de mis novios o incluso con el trío lésbico que había tenido la oportunidad de experimentar y que me hicieron conocer otras formas de amar.

    Ya por fin me estaba convirtiendo en la mujer de mi hermano ¿La hora? Las seis de la tarde. Pero aún no sabíamos todo lo que después vendría porque obviamente ya no nos conformaríamos con vernos como dos hermanitos tomados de la mano. Qué por cierto los vecinos siempre que nos veían, a mí tomada de su brazo o los dos tomados de la mano, ensalzaban el cariño que siempre nos demostrábamos y que nos teníamos como hermanos. ¡Sí hubieran sabido o pudieran haber visto todas las cosas que nos demostrábamos en la intimidad!

    Esa misma tarde que estábamos solos y que no estaban nuestros padres, luego de comer juntos y lanzarnos miradas de amor, me fui a lavar los trastes, mi hermano me siguió, me acariciaba los hombros y me besaba en el cuello haciéndome voltear para besar nuestras bocas, en tanto yo terminaba de lavar nuestros platos, en eso sonó el teléfono y mi ya marido Francisco corrió a contestarlo.

    – Es Juanita la que te habla

    – Hola mi querida amiga Juanita, ¿qué hay amiga? ¿Qué pasó con aquella mamá que te fue a ver? –Juanita había sido una de mis parejas lésbicas junto con Olga la asistente de la directora de la escuela con la que juntas armamos un trío de locura. Ya por fin había tenido la oportunidad en otra ocasión de confesárselo con lujo de detalles al que es ahora mí marido.

    Cómo ya sabía mi hermano que nos tardaríamos platicando ella y yo, comenzó a arrimarme su verga bajándome los calzones para poder penetrarme. Yo movía mis nalgas para que pudiera quitármelos bien. Ya no cabía en mí la duda que todo cambiaría a partir del momento en que ambos nos pertenecimos. Era casi como estar teniendo una breve Luna de Miel de una especie de matrimonio de una innegable calidad incestuosa entre hermano y hermana. Mientras mi amiga Juanita y yo platicábamos, mi hermano se desnudaba a la vez que me despojaba de toda mi ropa dejándome desnuda al igual que él. Se apresuró a tomar mis pechos entre sus manos, deslizando el glande de su pene por entre mis nalgas, deteniéndolo sobre mi culo y mojándolo con su líquido preseminal para luego de hurgonear un rato en mi hoyito, deslizarlo más abajo para volver a penetrar mi vagina. Yo le hice señas de que no lo hiciera porque íbamos a hacer mucho ruido y mi amiga podría darse cuenta de que estaba haciendo algo raro. Entonces mi hermano Francisco trajo una silla y se sentó volteándome hacia él, sentándome en sus piernas con mis pechos hacía su pecho y ensartando su verga dentro de mi vagina, sin hacer ningún otro movimiento más que para sentir nuestros sexos unidos en una sola carne.

    Me tarde más de media hora hablando con ella, haciendo tan solo ligeros movimientos para sentir el movimiento de nuestros genitales tocándose, a la vez que nos dábamos breves besos de boca mi ahora marido Francisco y yo.

    Al terminar de hablar con ella comenzamos a disfrutar nuestra nueva realidad ahora como esposos, confidentes, hermanos que continuaremos siéndolo, novios, y verdaderos amantes.

    – Te amo, hermano, me gustas mucho, me gustan tus manos, tu pene, tu boca, todo tú…

    – ¡Hermana! que linda eres, que hermosos pechos tienes para tu hermano, deja que te los acaricie y llene de besos esos pezones tan hermosos que tienes para mí.

    – Son todos tuyos, hermano.

    – Aunque ya sé que también lo fueron de tu amiga Juanita y de Olga, así como también disfrutaron de tu vagina, pero sé que se gozaron entre las tres.

    – Me enseñaron otras facetas muy hermosas como mujeres que saben disfrutar de la sensualidad y del sexo con otras mujeres.

    Me pareció curioso que nos siguiéramos hablando como hermanos y no como amantes o novios, pero el hecho de hablarnos de esa manera nos hacía más conscientes del cuidado que debíamos tener al continuar considerándonos como hermanos ante la gente, según me decía Francisco

    – Mira hermana, Yo siento que además lo que más nos está haciendo disfrutar es el saber que como hermanos que realmente somos estamos unidos en un incesto pleno y es lo que nos hace sentir más el morbo al momento de estar cogiendo entre nosotros. ¿No lo crees así Ana Luisa M H? (M y H Son las iníciales de nuestros apellidos paterno y materno)

    – Así es hermano Francisco Javier M H, ¡jajaja!, como me haces reír, por eso también me gusta estar todo el tiempo contigo.

    Mi incestuoso hermano, lamía mis pezones jugando con ellos entre su lengua y mordisqueándolos suavemente. Si mi amiga Juanita, hubiera podido ver lo que estábamos haciendo mientras hablaba con ella, dudo mucho que se hubiera infartado, si ella misma me había prestado un libro del Márques de Sade en el cual narraba cómo hacían cosas verdaderamente aberrantes, que no se comparar con eso de tener sexo tan hermoso como lo es el incesto. Además yo ya había cogido junto con Juanita y Olga –no son sus nombres reales- y no creo que se hubieran espantado por haber hecho el amor con una integrante que gusta del incesto.

    En otra ocasión luego de pensar en cómo decírselos para ver si podía contar con una opinión más, lo hice, no sin sentirme algo rara al hacerlo y cómo saben que más bien soy bisexual, ni siquiera se espantaron, sino que lo tomaron con verdadera filosofía, haciéndome sentir más tranquila y comprendida. Ellas ya conocían bien a mi hermano, cuando iba por mí a la escuela. Luego de comunicarle a Francisco lo que ellas pensaban respecto del incesto, que es el pensamiento que puse al principio de éste relato, nos besamos muchas veces más en la boca, jugando con nuestras lenguas, creo que había nacido un verdadero y limpio enamoramiento entre nosotros. La cadencia de su verga entrando y saliendo de mi vagina, provocaba nuevas sensaciones en mí.

    Al eyacular Francisco dentro de mí, me daba cuenta de que mis orgasmos eran más continuos, yo era lo que se conoce como una mujer multiorgásmica. Mis músculos interiores parecían con un movimiento abrazar la verga de él o como me decía mi hermano que le gustaba sentir como le estaba lengüeteando la cabeza de su verga con la parte interna de mi vagina.

    Luego de terminar, pasamos a bañarnos juntos, sin dejar de acariciar nuestros cuerpos y besar nuestras bocas y todos nuestros rincones, era todo un amor mi hermano y yo también como su mujer, lo amaba y cada vez sentía que me enamoraba más de él así como él de mí. Mientras nos vestíamos en ese momento llegaban nuestros padres luego de haberse ido todo el día de visita con las tías Carmela y Carolina, y comer con ellas e invitarlas al cine. ¡Qué a tiempo terminamos!

    Así terminaba ese gloriosos doce de septiembre. Así pasaron varios días y semanas, haciéndonos el amor tan frecuentemente como podíamos, en secreto, pero consolidando nuestro amor de hermanos y de pareja. En lo futuro necesitaríamos conocer nuevos lugares para poder seguir teniendo intimidad entre nosotros cómo hacen los matrimonios, conocer otros lugares como hoteles, moteles o baños de vapor y hasta salir tal vez a Cuautla o Cuernavaca.

    Mi hermano que había convivido en un viaje con otro grupo de amigos a Acapulco, donde conoció a los hermanos Luis y Carmen, a Francisco le pareció por los comentarios de Carmen acerca de su hermano que al igual que nosotros también había algo más entre ellos que una relación de hermanos, además lo intuyó por la forma en que se abrazaban cuando no los veían, así fue que procuró que se iniciara una amistad más estrecha entre nosotros cuatro. Empezamos a salir con ellos con cierta frecuencia al cine y al café, parecía como que ambas parejas adivinábamos por la forma en que nos conducíamos, más acerca de nuestros gustos en la intimidad.

    Como nos confesarían también con el paso del tiempo, ellos también eran asiduos practicantes del incesto, Luis y Carmen, ambos de nuestras edades. Ellos visitaban continuamente Acapulco y se hospedaban por lo general en el mismo Hotel al que fuimos en grupo o incluso en una casa de huéspedes como si fueran esposos. La diferencia con nosotros era que sus tíos, hermanos de la madre de ellos con quienes vivían, sabían y aceptaban de buen modo que hubieran formalizado su situación cómo pareja y todo lo que ellos hacían según nos platicaron más adelante a mi hermano y a mí. Sería entonces una forma de escapar del bullicio de la ciudad y podríamos fingir ser yo la novia de Luis y su hermana Carmen la novia de Francisco, a fin de evitar sospechas. ¡Qué bello es el incesto!

    Mi hermano Francisco sabía todo de mí, incluso de la relación de sexo que había tenido con Juanita Y Olga y con mis novios. Ahora que además de hermanos éramos también, amantes y yo su mujer ¿Qué más nos podría deparar ahora el destino?

    Continuará…

  • Gastón

    Gastón

    Por la ventana de la sala de estar, enmarcada en los bordes blancos, la imagen de Julia entrando a la piscina parecía una obra de arte.  De tantas veces que se había metido, la piel húmeda le brillaba con la luz del sol. Estaba tostada de tantos días en la playa. Con todo, mantenía un aspecto saludable, liso, se veía suave. El hilo blanco de la tanga se le incrustaba entre las nalgas. Cada vez que se movía, le rebotaban un poco los músculos del culo y la parte superior de las piernas. Para probar la temperatura del agua, se arrodillaba. Entonces, se hacía visible una casi imperceptible protuberancia que no se escapaban a mi observación. La tela del bikini era tan fina y estaba tan mojada por el agua de la pileta que los labios de la concha se imprimían con una precisión pornográfica a plena luz del día.

    Mi suegro dormía al otro lado de la piscina, recostado en la silla como un hipopótamo, con las carnes a cada lado. Mi suegra se pasaba una crema solar al lado de su marido, pero de espaldas a mí. Laura me había animado a meterme al agua, aunque sea un rato. Yo me negué. Me duele mucho la panza, dije. Pero en realidad me daba terror pensar que estar cerca de Julia podría generarme una erección tan evidente, que mi novia se enojaría. Yo estaba, después de todo, en la sala de estar, mirando por la ventana el culo de su mejor amiga.

    Julia amenazaba con meterse, pero no se mojaba. Parecía buscar que el sol la secara primero. De vez en cuando, retorcía su cuello para acomodarse el pelo. Cuando lo hacía, los cabellos negros y gruesos se movían al unísono en su espalda. Al girarse para buscar algo en su bolso, la piel elástica que la cubría no se le arrugaba ni en la cintura. Y el movimiento era tan delicado, tan suave, que parecía que bailaba. Julia tenía más tetas que Laura, pero menos tela en el bikini. Sus pezones se marcaban como timbres.

    Por el marco izquierdo de la ventana, apareció Laura corriendo al lado de sus padres. Les dijo algo, y su madre asintió. Luego trotó por el borde de la pileta hasta llegar al lado de Julia. No pude escuchar qué le decía. Pero Julia también asintió. Por miedo a que me descubriera mirando a su amiga, me paré y me fui a la cocina que estaba detrás de la sala de estar.

    —¡Amor! ¡Amor! —la escuché llamarme.

    —¡En la cocina! —le señalé.

    Apareció sobresaltada. El bretel izquierdo del vestido floreado que llevaba puesto se le había caído.

    —¡Me llamaron para un trabajo! ¡Un trabajo de verdad!

    —¿Me estás hablando en serio, negrita? —le dije, genuinamente contento por la noticia —. No te puedo creer. ¿La aseguradora esa?

    —No. No. La firma, boludo. La firma de abogados.

    Laura y yo estudiábamos abogacía. Hacía un año que yo, gracias a mi padre, había conseguido un trabajo en el Estado, mientras que ella estaba preocupada porque no conseguía nada. Teníamos veinte años y comenzábamos nuestras vidas laborales en ámbitos profesionales. Todo comenzaba a encajar como las piezas de un rompecabezas y eso nos tenía muy aliviados. La abracé y la besé de la emoción.

    —¡Me tengo que ir a una entrevista ya!

    —¿Ahora, ahora?

    —Ahora, ahora, ya.

    —Andá, boluda. No te lo pierdas.

    —Sí. ¡Sí! —dijo excitada.

    Subió las escaleras haciendo un estruendo con cada pisada. Se escuchaban en toda la casa los sonidos de los placares y de los cajones de madera. Luego de un momento, la vi salir por el portón mientras gritaba sus adioses. Se subió al auto y desapareció detrás del portón.

    Yo volví a la sala de estar a continuar con mis miradas. Julia ya no estaba. La busqué con los ojos, pero no había forma de encontrarla. Las únicas figuras que podía ver eran las de mi suegro y mi suegra. Por otro lado, no muy agradables que digamos. Salí hacia la pileta por mera curiosidad. Mis suegros dormían debajo de las sombrillas. El silencio de la casa de campo era estremecedor. Una briza recorría el borde de la pileta y me enfriaba los pies descalzos a la sombra del tejado. Sentí que tenía que acercarme más. El calor del sol me quemó las plantillas de los pies. Pero no me moví, porque justo en ese momento la vi.

    Debajo del agua, como detrás de un cristal ondulante, Julia nadaba. El blanco de su bikini humedecido en combinación con la luz del sol daba la ilusión de que estaba desnuda. Los cabellos se le movían como una horda de peces diminutos. Los músculos de su culo temblaban como gelatina con cada patada en cámara lenta que daba debajo del agua. Creo que me vio, porque se detuvo justo en frente a mí y salió del agua.

    —¿Andás de mirón? —me preguntó con una sonrisa.

    El pelo se le había pegado en los hombros. Se secó la cara con las manos, y sus ojos miel me miraron. Sonreí porque no sabía qué más hacer.

    —¿Me ayudás a salir? —me dijo, extendiendo la mano.

    —Sí. Disculpá.

    Pero, al pegar el salto, quedó tan cerca de mí que sentí el calor de su cuerpo peligrosamente cerca. Suspiré nervioso y clavé la mirada en mis suegros. Al notar que seguían durmiendo, volví a mirarla. Pero ya era demasiado tarde. Mis nervios me habían jugado una mala pasada. Julia se resbaló y terminó golpeándose la rodilla con el marco de la pileta. Escuché un gemido de dolor.

    —¡Uy, Juli! ¿Estás bien?

    Ambos miramos a la vez su rodilla. Estaba sangrando.

    —Soy una pelotuda —se culpó.

    —No. Fui yo de distraído. Vení. Sentémonos adentro, a ver si encontramos algo para ayudar.

    La senté en el sillón desde el cual antes la había estado mirando. La lastimadura no parecía demasiado profunda. Pero un rayo de luz me iluminó la cabeza. Y decidí jugar por más riesgoso que fuera.

    —En el tabuco hay unas vendas y Pervinox —dije, viendo cómo reaccionaba—. Voy a buscarlos. Esperá acá.

    —No, boludo —dijo —. Voy con vos. A ver si mancho de sangre algo y después me cagan a pedos.

    Me quedé mirándola un segundo. Era una forma de comunicarnos, como en el instante.

    —Vamos. ¿Podés caminar?

    —Sí.

    El tabuco estaba en el patio trasero de la casa. Era el lugar en el que mi novia me había mostrado que guardaban las herramientas de su padre y las cosas que habían sobrado de la última refacción de la casa. También me había dicho que había un botiquín de primeros auxilios, en caso de que necesitase algo en algún momento. Caminé con Julia cojeando a mi lado. No podía hablar. Me sudaban las manos como un adolescente virginal. Estaba seguro de lo que iba a pasar y sabía que Julia también.

    Cuando llegamos al tabuco, la hice sentarse en una mesa de madera mientras buscaba la caja. Julia se arregló el pelo y se recostó hacia atrás sosteniéndose con las palmas de la mano. Sus piernas bailaban en el aire porque no llegaban al suelo, la mesa era bastante alta. Al girarme con la gaza y el Pervinox, noté que, en la posición en la que estaba, su cadera quedaba justo frente a mi pelvis. Me turbé un segundo con la vista. Pero volví en mí lo más rápido que pude. Me arrodillé y mojé la gaza con el líquido. Comencé a desinfectar la herida.

    No hablábamos. Ella concentraba sus ojos hacia el costado, y yo concentraba los míos en la herida. De a ratos nos mirábamos por el rabillo del ojo, serios, como si actuáramos con decoro. El doctor y la paciente. No pude evitar que mis ojos le recorrieran el cuerpo. El cuello alargado, las tetas infladas, la cintura delicada, el abdomen marcado, las caderas. Finalmente, miré entre sus piernas. Un poco de la humedad de la pileta todavía quedaba en la tela blanca de la tanga. Los labios de su sexo se imprimían en el algodón con tanta precisión que me dio escalofríos. Una parte de tela quedaba atrapada en el hueco. Miré de nuevo hacia arriba y la vi mirándome. Me puse muy colorado, pero ella reprimió una sonrisa. Fingí que sonreía, pero estaba completamente rojo de la vergüenza.

    Intenté volver a mi trabajo, pero sentí que sus manos se movían. No quise ver, pero no pude evitarlo. Se había corrido la tela de la tanga hacia un costado, como quien abre una puerta corrediza. Un hormigueo oprobioso me recorrió la espalda y me acarició el cuello. Comencé a temblar. Los labios de su concha estaban desnudos frente a mí. Eran algo gordos, como hinchados, pero delicados y bien acomodados, lampiños. No tenía ni un solo pliegue de más, sólo los necesarios al final del camino donde se encontraba el agujero. La miré de nuevo como si buscara confirmar algo. Julia se mordía los labios. Devolví mi mirada a la zona y lancé mi cara para estrellar mi nariz contra su pelvis. La escuché gemir y empecé mi trabajo.

    Comencé a lamerle los bordes superiores y los costados. Era cosquillosa, así que se retorcía en la mesa. Para sostenerla, llevé mis manos a sus nalgas y la contuve. Paseé mi lengua por su clítoris que se endurecía con cada lengüetazo, y, de tanto en tanto, bajaba hasta el agujero para intentar meterme en su hueco. Pero era inútil. Cada vez que lo hacía, Julia se excitaba tanto que sus piernas se cerraban en mi cuello y me imposibilitaban la entrada.

    La agarré con fuerza de las nalgas y la apreté contra mi cara. La escuché gemir y cuando vi que abrió las piernas, metí mi lengua adentro de su agujero. Esta vez, sus piernas no lograron detenerme. Llevé mis manos hacia la parte interna de sus muslos y las mantuve abiertas. Julia comenzaba a dejar sus fluidos por toda mi cara, se retorcía como una loca. Con una mano se apretaba uno de sus pechos; con la otra, me sostenía la parte de atrás de la cabeza.

    Llevé uno de mis dedos al aguajero de su vagina y lo metí mientras sostenía su clítoris entre mis labios. Los jugos de Julia ahora me chorreaban por la mano. No paré hasta dejar los labios de su concha del color del salmón. Y fue entonces que me apartó de ella. Quedé parado viéndola algo confundido. Julia se giró sobre su propio eje arriba de la mesa. Y yo entendí todo.

    Me apuré a bajarme el pantalón y sacarme la remera. Mi verga salió de un solo salto, recta, apuntando a su cara. Puse mis rodillas arriba de la mesa y comenzamos un sesenta y nueve. Sentir los labios de Julia rodeando mi pija hizo que me distrajera varias veces. De a ratos, arriba de la mesa que temblequeaba, tenía que frenar la chupada de concha que le estaba pegando, porque Julia se metía mi verga hasta los huevos. Me recostaba gimiendo como un tonto sobre su pelvis, y luego volvía a mi labor. La sentía chuparme la pija como una desesperada, con movimientos algo erráticos. Me apretaba las nalgas con ambas manos como buscando meterse en la boca más verga de la que había. Comenzó a señalarme cómo moverme con la palma de sus manos. Quería que le cogiera la boca. Y eso fue lo que hice. Me volvía loco de sólo imaginarla con mis huevos golpeándole la nariz.

    Salir de esa posición fue incómodo. Me dolían las rodillas, y a Julia le costó reincorporarse. En el ajetreo, se me había dormido un poco la pija. Nos miramos entre los dos y nos reímos como dos niños traviesos. Julia se sacó el bikini y me mostró las tetas. No quise admitírselo en el momento, pero tenía un cuerpo más delicioso que el de mi novia. Me quedé mirándola mientras se acariciaba.

    Desde el día que la había conocido, hacía dos años atrás en la facultad, me había hecho incansables pajas imaginando que la tenía desnuda. Nunca se lo admití, pero varias veces me había cogido a Laura pensando en ella. Me encandilaba lo hermosa que era. La miraba durante las clases, durante las salidas, cuando Laura y ella hablaban de cosas de mujeres. Me encantaba los gestos delicados que hacía con las manos. La imagen que más guardo de ella es cuando ayudó a mi novia a hacerse unas trenzas. Las manos de Julia, finas y atentas, agarraban los mechones de pelo de Laura que se escurrían entre sus dedos. Yo la miraba hacer su trabajo con la mayor desenvoltura. Un movimiento, otro, otro, y la trenza se formaba de manera casi natural. Me volvía loco la idea de que me hiciera una paja con esas mismas manos.

    Ahora, Julia estaba desnuda frente a mí. Entre sus piernas, una combinación de sus fluidos y mi saliva le humedecían la piel. Se masajeaba las tetas como dos mazas. Sin darme cuenta, mi verga había vuelto a endurecerse. Al notarlo, Julia se arrodilló, me agarró el tronco con las dos manos, como rezando, y se metió de lleno la cabeza en la boca. Ahora la podía ver, no como antes. Cerraba los ojos para concentrarse. Mientras se metía la cabeza en la boca, trabajaba el palo con las manos. Al principio, fue algo incómodo, porque la saliva que ella había dejado antes se había secado. Pero pronto recuperó la lubricidad y, soltando el tronco, se metió toda la pija entera en la boca.

    Intentaba mirarla sin cara de estúpido, pero me era imposible. Cada vez que sentía la lengua de Julia en la base de mi pija y el roce de su paladar en la cabeza, la sensación era tan intensa que me hacía revolear los ojos como un desquiciado. La saliva comenzó a chorrear por mis huevos. Para no desperdiciar nada, Julia tomó el tronco de mi verga y lo llevó hacia arriba. Con su lengua, me lamió las bolas mientras me pajeaba la verga lubricada.

    —Juli… voy a…

    Fue todo lo que atiné a decirle. Sentí que mis huevos se contraían. Que la pija se me endurecía más de lo normal. Vi que la cabeza de mi pene se engrandecía. Julia, sabiendo que estaba por acabar, se volvió a atragantar con mi verga y me miró a los ojos sin moverse, con mi tronco atravesándole la garganta y chorreando lo que se sintió como litros de leche.

    Se quitó el palo de la boca y me miró sonriente mientras lamía las gotas que quedaban en la uretra.

    —Perdón —le dije, como si hubiera hecho algo malo.

    Se paró para enfrentarme.

    —¿Perdón por qué?

    —Porque soy un precoz de mierda —le dije mientras la abrazada.

    —A mí me dijo un pajarito que aguantás más de una.

    —Pero, boluda, mirá si nos encuentran —le respondí, genuinamente asustado.

    —No va a pasar. Tu novia va a volver tarde. Y tus suegros duermen.

    Mientras lo decía, masajeaba con una mano mi verga y con la otra mis huevos. Yo seguía duro como una piedra. Laura le había contado que yo acababa más de una vez. Gajes de la juventud que ahora perdí. Pero en esa época yo no era más que un adolescente calentón.

    —Vení —me dijo.

    Se colocó de nuevo en la mesa. En la misma posición en la que comenzamos todo. Abrió sus piernas.

    —Cogeme… Quiero sentir tu pija dentro mío.

    Escucharla hablar así me calentó más. Julia no solía usar esas palabras obscenas. Al menos, yo nunca la había escuchado. Sentí que había descubierto un nuevo lado de su personalidad que me estaba vedado. En esa casucha, a punto de cogerme a la mejor amiga de mi novia. La situación era demasiado morbosa como para negarme. Después de todo, soy sólo un hombre.

    Me acerqué a ella con la pija todavía dura. Agarró el tronco con la mano y acomodó la cabeza dentro suyo.

    —Pará, boluda… Usemos un forrito —le dije.

    Pero mis reclamos fueron inútiles. Porque tan pronto como sentí el roce de su concha con la punta de mi pija, me desesperé. La agarré de la cintura y se la metí hasta los huevos. Julia se quejó, gimió. Pero se recuperó rápido.

    —¿Qué decías? —se burló de mi con una sonrisa.

    —Nada, nada… Nada —le murmuré mientras sentía mi verga entera atrapada entre las paredes de su sexo y mis huevos apoyándose en el agujero de su culo—. Nada…

    Después de que ambos nos recuperáramos de el primer envión, Julia acomodó sus caderas y yo comencé a cogérmela. Sus piernas se abrían a mis costados. Con cada empujón, las tetas se le movían como globos. Desde la punta de mi verga, se disparó un sentimiento eléctrico que me recorrió todo el cuerpo. Me estoy cogiendo a la mejor amiga de mi novia; la mejor amiga de mi novia está gimiendo mientras me la cojo; la voy a llenar de leche; la preño; la preño, me repetía una voz en mi interior. Me sentí el gil más afortunado del mundo.

    —¡Ay, puta! —se me escapó de la boca mientras ensoñaba.

    Me frené.

    —Perdón —le dije, avergonzado.

    Julia se rio. Agarró con ambas manos mis nalgas y me apretó, metiendo mi verga aún más adentro suyo.

    —¡Así! —dijo, una vez que volvió a sentir mis huevos contra sus nalgas—. Cogeme como a una puta.

    Casi me agarró un infarto. Pero me desinhibí. Con sus manos apoyadas en mis nalgas y sus piernas abrazándome, comencé a pegarle una buena embestida, a lo bestia.

    —¿Así? ¿Así? —le pregunté gritando — ¿Así te gusta que te cojan, pedazo de puta?

    —¡Ay! ¡Sí! ¡Así, así!

    Comprendí de repente que los dos habíamos cruzado un límite. Que, así como yo estaba metiéndole los cuernos a mi novia, ella estaba traicionando a su mejor amiga. Y no nos importaba. Sudábamos uno encima del otro. Ella gemía, yo gruñía. Los dos nos agarrábamos por todos lados mientras yo sentía cómo mi verga se abría camino en el agujero de su concha.

    Mientras la embestía, llevó su cabeza hacia atrás para sacarse el pelo de la cara. Y yo, tomando mi oportunidad, comencé a chuparle las tetas como un loco. Sin dejar de atacar su agujero, la escuché gemir como una desquiciada mientras le lamía y le mordía los pezones. Se tapó la boca como si tuviera miedo a que nos descubran. Me erguí frente a ella y la vi recostada en la mesa de madera. Me parecía una ilusión, una fantasía. Julia detrás de un cristal. No creí que fuera real.

    Comencé a cogérmela con fuerza mientras el cuerpo de Julia se retorcía. Sus tetas bailoteaban de arriba abajo. Me aferré a ellas con ambas manos.

    —¡Gastón! —me gritó.

    Sentí que me habían nombrado por primera vez después de mucho tiempo.

    —¡Gastón! ¡Llename de leche, por favor!

    Bastó que dijera eso para que el frenesí de nuestros movimientos llegara al clímax. Chorros y chorros de leche se dispararon de mi pija, llenándola por dentro, mientras Julia se retorcía y gemía con unos gritos agudos y enternecedores.

    Se quedó temblando. Los jugos de su concha me habían inundado los pelos de la pija. Un silencio similar al de la piscina volvió a tomar posesión del lugar. La briza volvía a acariciarme los pies.

    Nos miramos después de unos segundos y nos reímos de lo que habíamos hecho. No quise decirle nada, pero me había dado un poco de miedo haberle acabado adentro. Me miró de reojo, como si adivinara mi turbación.

    —No puedo tener hijos yo, Gasti —me confesó mientras nos vestíamos.

    —¿Qué? —le dije fingiendo tan bien que no la entendía que terminé no entendiéndola de verdad.

    —Que soy infértil, tonto.

    No sabía si entristecerme o no. En el fondo, a decir verdad, fue un alivio.

    —No hace falta que te pongas nervioso ni triste. Lo sé desde chica. Ya lo superé… —lo dijo lo suficientemente resuelta como para que me lo creyera. Ignoré la mirada triste que hizo por comodidad, en principio, pero también porque no quería deprimirla—. Vamos, nos deben estar buscando, boludo —dijo, sonriendo de nuevo.

    Julia me agarró de la mano y me llevó de nuevo adentro. Al meternos en la casa nos separamos. Mi suegro me interceptó de camino al cuarto para preguntarme por Laura. Mi respuesta fue interrumpida por su mujer que gritó desde la cocina.

    —Pero si te dije, te dije que Laurita se había ido a la entrevista de trabajo —se acercó a la escalera—. Dios mío, este hombre. Siempre se olvida de las cosas importantes.

    Mi suegra se dirigió a mí.

    —Acaba de llamar —me dijo con una sonrisa—. Salió todo bien. Dice que intentó llamarte, pero que no le contestabas. Le dije que probablemente te habías dormido.

    —La llamo ya mismo, Nuria. Muchísimas gracias.

    Corrí a la habitación. Busqué mi celular. Un Motorola RAZR V3, de la época. La llamé y me habló gritando de la alegría. Me senté en la cama a felicitarla. Por el marco de la puerta de nuestra habitación, se veía en perpendicular la habitación de Julia. Se acercó para felicitar a su amiga.

    —Bueno… ¿Y cómo fue? —le dije entusiasmado mientras Julia me acariciaba la pierna.

    Mis suegros hacían ruido en la cocina, lo cual me tranquilizaba que no iban a subir. Laura me contaba con lujo de detalle cómo había ido la entrevista. Y, mientras tanto, su amiga sacaba mi verga, otra vez dura, del pantalón y comenzaba a chupármela como sólo ella sabe hacerlo.

    —Me encanta —dije mirando a Julia con la boca llena.

    —¡A mí también! —respondió Laura.

    Sonreí. Todo me pareció un sueño.

  • Mi nueva familia y mi prima tímida (11): La pelea

    Mi nueva familia y mi prima tímida (11): La pelea

    Hola a todos, ya más despejado de tiempo sigo con el relato de mis primas.

    Me había quedado unos minutos sentado tratando de asimilar lo que acababa de ocurrir, todo me parecía muy surrealista, sacude mi cabeza de un lado a otro tomé mis shorts y bóxer y me dirigí al baño, tomé un rápido baño, me cambié y fui a buscar a Romina a la habitación de Glenda.

    Baje por las escaleras y llegando al descanso del segundo piso oí llegar el auto de mi tía y claro junto con ella a Milagros y Glenda, me regrese casi corriendo a mi habitación y recogiendo mi billetera y una mochila con varias de mis cosas cotidianas me dispuse a salir a dar una caminata, lo que en realidad quería era salir un rato se esa casa, al salir me encontré con mi tía y Glenda.

    – Hola hijo, buenos días.

    – Buenos días, tía.

    – Pensé que tenías trabajo hoy.

    – No tía, el café sigue cerrado y recién trabajaré mañana, tengo doble turno y me dieron el puesto de Encargado por el momento.

    – Felicitaciones primo. – Me contestó Glenda con una tímida sonrisa.

    – Gracias Glendita, pensé que se demorarían más, voy a salir a dar una vuelta. – les pregunté mirando a las dos.

    – Si teníamos cita en la manicurista, pero…

    – Pero nos canceló estando allá por ir a atender a una novia. – terminó de comentar Milagros que salía de la cocina. – Buenos días, Luis y felicitaciones por tu ascenso.

    – Gracias Milagros. – le dije sonriendo. – Bueno yo voy saliendo, nos vemos más tarde.

    – Hijo avísame si vienes a almorzar para que nos acompañes. – Me dijo mi tía.

    – ¿Te puedo acompañar? – Preguntó Glenda.

    – déjalo seguro que se va a ver con su novia. – Contestó Milagros con una sonrisa media burlona.

    – Luis no tiene novia. – Le respondió Glenda algo seria.

    – Ayy Glendita, a veces olvido que aun eres una niña jajaja. – Le respondió Milagros tomándole la cabeza.

    – Jajaja nos vemos. – Me despedí con la mano alzada y salí por la puerta antes de que milagros diga algo más y me meta en problemas.

    Salí de la casa, aún era media mañana y tenía todo el día por delante, y claro en la noche mi primera cita oficial con Ximena, pero por el momento tenía todo el día para hacer lo que quisiera, que era básicamente nada, no tenía ningún plan.

    – Ya se me ocurrirá algo

    Me dije para mí mismo mientras me ponía mis audífonos y caminaba rumbo al parque que estaba ahí cerca, en época de clases este parque era concurrido por varios chicos de la universidad para estudiar, tomar o simplemente pasar el rato entre clases, claro siendo verano estaba prácticamente vacío, fui a sentarme en una banca del centro y saqué de mi mochila un libro de fantasía que tenía ya varios meses leyendo y por estudios y todo lo que le pasó a mi familia no había terminado de leer.

    Me perdí en mi libro durante varios minutos, yo diría que incluso una hora o dos, me levanté de mi posición y me estire para relajar mi cuerpo y retomar mi lectura, tomé un cigarro de mi mochila y lo prendí, no iba ni a la mitad de mi cigarro cuando escuche un murmullo familiar, me quite los audífonos y levanté la mirada.

    – Oye, ¿no me oyes?, te dije que este es un parque, algunos venimos a hacer deporte y tomar aire fresco, no lo estés contaminado con tu asqueroso humo… Disculpa Luis, no te reconocí.

    – Tranquila, tienes toda la razón de molestarte. – le respondí a Karla mientras apagaba mi cigarro.

    – La verdad este parque me encanta, pero siempre está lleno de universitarios idiotas que no me dejan correr en paz.

    – Si claro, la mayoría de los universitarios son bastante idiotas. – Le dije con una sonrisa en el rostro.

    – Jajaja, no lo decía por ti tonto. Y dime qué haces aquí, ¿no deberías estar en el café?

    – Si claro, pero está cerrado aun hasta mañana por la falla eléctrica del otro día, ¿tú que haces por aquí?

    – Estaba corriendo un poco, ¿que no es obvio? – Me respondió poniendo sus manos en su cintura y casi jadeando por su esfuerzo.

    Karla tenía razón, era bastante obvio, tenía puesto un short pegado de color negro y un top del mismo color e igual de pegado, su perfectamente definido cuerpo se podía ver brillar por la capa de sudor que tenía encima y su cabello amarrado con un moño tratando de controlar sus rebeldes rizos negros.

    – Jaja si claro, olvidé que eres maniática con el ejercicio. Le respondí guiñándole un ojo.

    – Ahhh oyeee, no me digas eso que por lo que se a ti también te encanta el cardio, y no exactamente del que haces en un parque, jajaja. – Me respondió la puntada mientras se sentaba a mi lado y tocaba con su mano mi hombro.

    – jajaja ok ok, estamos a mano entonces.

    – Oye y ¿Cuándo regresa Flavia? – Creo que ya sé por dónde iba la pregunta de Karla, era claro que tenía intenciones de ir a buscar a Glenda, si estuviera en su posición yo también lo haría la verdad.

    – Llega mañana o bueno en la madrugada de hoy, no sé muy bien los horarios de su vuelo, pero creo que igual no podrás ver a Glenda, llegaron sus parientes y está pasando «tiempo» con ellos.

    – Oye, yo no lo decía por eso, Glenda es mi amiga también eh, que no se te olvide.

    – Si claro, las mejores amigas jajaja.

    – Oye ya deja de reírte de mí jajaja. – Me dijo Karla mientras me agarraba por los hombros jalándome hacia ella y abrazaba mi torso con sus piernas.

    – jajaja ¡Hey suéltame! – Le reclamé entre risas por su accionar, claro que no quería que me suelte.

    – ¡Que tienes Idiota suéltalo!

    Escuché un grito detrás de nosotros, de pronto sentí como Karla me soltaba y al voltear vi a Ximena que la tomaba por sus cabellos jalándola y arrojándola fuera de banca.

    Me quedé helado unos segundos sin saber que hacer mientras Ximena le soltaba manotazos a Karla que aun trataba de levantarse.

    – ¿Que tienes estúpida? – Le gritaba Karla entre sollozos.

    – ¿Ximena qué haces? suelta la! – Le grité más preocupado por la reacción de Karla que como ya había comentado era casi de mi tamaño, cuando se ponga de pie Ximena la va a pasar muy mal.

    Me levanté como un resorte y trate de separarlas lo más rápido posible, Ximena no paraba de lanzar insultos y manotazos contra Karla, tome a Ximena de la cintura y la levanté del suelo haciendo que suelte a Karla no sin antes arrancarle algo de su rizado cabello. solté a Ximena y me puse entre ambas ya que Karla se había levantado y esperaba la peor reacción de ella, pero paso todo lo contrario, en lugar de atacar a Ximena se tapó la cara con las manos y empezó a llorar, volteé iracundo hacia Ximena y le dije.

    – ¿Se puede saber que mierda te pasa? – Le reclame casi gritándole a Ximena.

    – Eso debería decirte a ti, quien es esta perra y por qué te estaba abrazando así. – La cara de Ximena estaba totalmente desdibujada, ella era una chica alegre, delicada y siempre sonriente, nunca pensé que tuviera este tipo de ataques de furia. – ¿Acaso no sabes que tienes novia?

    – Karla no es ninguna perra, es mi amiga y solo estamos jugando, ah y en lo que a mí concierne ya no tengo novia, así que mejor vete antes de que venga serenazgo o la policía por el escándalo que acabas de ocasionar. – La poca gente que había en el parque estaba atenta a lo que sucedía con nosotros, y claro siempre están los vecinos chismosos que llamaban a la policía al menor escándalo.

    – ¿Me estás hablando en serio?, ¿vas a preferir a esta? – Me respondió Ximena con una mirada iracunda.

    – Por favor vete. – Le respondí serio y con un tono más calmado, mientras tomaba por los hombros a Karla y la trataba de consolar.

    Me gire para tratar de calmar a Karla que seguía llorando desconsoladamente, escuche como Ximena se giró y se fue casi trotando lanzando maldiciones hacia mí, llegaron un par de curiosos a preguntar que paso, y les respondió de la forma más amable que podía en ese momento.

    – Disculpen, pero no les importa.

    Con Karla un poco más calmada nos paramos de aquella banca del parque y comenzamos a caminar con rumbo a su casa.

    – Si que sabes escogerlas he! – Me reclamo Karla que ya había parado su llanto, pero se tomaba la cabeza por donde Ximena le quitó un mechón de cabello.

    – Discúlpame, es algo reciente y no sabía que se pondría así, tampoco sabía que estaría por aquí. – De hecho, no tenía ni idea que estaba haciendo Ximena por ese parque. – No sé qué le pasó, de verdad discúlpame.

    – Tranquilo, no es tu culpa, no tienes porqué disculparte por su reacción, pero si te advierto ten cuidado porque se nota que esa chica está enamorada de ti, y algunas mujeres no saben cómo controlar sus emociones, sobre todo con el desamor.

    Karla se veía legítimamente preocupada, tal vez esta situación le recordó algo del pasado. Llegamos a la puerta de su casa y me invitó a pasar, mire al frente, a la casa de mis tíos, no había señal de que nadie me estuviera viendo, después de lo ocurrido en el parque no quiero más líos, no por el día de hoy.

    Entramos por la puerta directo a esa sala que me parecía increíble, hasta el día de hoy sigo con la ilusión de poder tener una casa así algún día, Karla me había dejado en la sala mientras ella fue a su cocina por algo de agua, volvió con dos vasos altos, estiró su brazo para darme uno y vi un raspón en su codo.

    – Hay que limpiarte esa herida. – Le dije tomando el vaso con agua.

    – No lo había notado, he tenido lesiones peores. – Me respondió con una tibia sonrisa. – Pero tienes razón, no quiero que se infecte.

    – ¿Tienes algún botiquín de primeros auxilios o algo de alcohol?

    – Tengo uno en el baño de mi habitación, ¿me acompañas?

    – Preferiría esperar aquí, tu mamá nos puede ver y no quiero que piense mal.

    – Tranquilo, ella está encerrada en su estudio y nunca entra a mi habitación sin tocar la puerta.

    – Pero y sí.

    – Tranquilo. – Me interrumpió. – Nadie nos va a ver, además no haremos nada. – Me dijo con una sonrisa. – Estoy en mis días.

    – Ok está bien, te sigo. – Le respondí tomando mi mochila que dejé en uno de los sofás.

    Subimos hasta el segundo piso, y todo el tiempo estuve admirando el hermoso culo de Karla, quería con todas mis fuerzas rasgar esa licra y devorar a mordiscos sus nalgas, pero trate de controlarme y disimulando lo mejor que podía mi erección la seguí por un pasillo hasta la segunda puerta, Entramos y cerró la puerta con seguro una vez que yo ingrese.

    – Por si acaso. – Me dijo Karla, que fue hacia su ventana y las cerró junto a su cortina.

    – Oye no nos vamos a cocinar por el calor? – Le dije en voz baja dejando mi mochila a un lado de su escritorio.

    – Tranquilo, voy a prender el Ac. – Increíble, su cuarto tenía su propio aire acondicionado.

    Era obvio que Karla era de una familia con Dinero, incluso más que mis tíos, su cama era de 2 plazas con una cabecera grande cubierta con una piel como de peluche de color blanco, su escritorio de madera color marfil y de un tamaño bastante más grande que el mío, sobre él una Mac de última generación también de color blanco con todos los accesorios originales, obviamente, en una pared tenía un televisor de 50″ con una play station 4, algo que me sorprendió, pero luego ella me confesaría que lo utilizaba más que nada para ver Netflix, Las paredes eran de un beige claro y del lado de su tocador había unos diseños en vinilo negro con unos árboles y plantas, un closet enorme empotrado al lado del tocador y al lado de este la puerta al baño, todo sobre una alfombra de color marrón claro, absolutamente todo en esa habitación demostraba una holgada solvencia económica.

    – Voy por el botiquín, ¿porfa te puedes quitar los zapatos?

    – Si claro. – Le respondí mientras me sentaba al filo de su cama y me empecé a quitar mis zapatillas.

    El deje a un lado mientras terminaba de ver los detalles de su habitación.

    – Listo aquí está el alcohol, ¿me ayudas a limpiar la herida? – Me dijo con cara de engreída.

    – Sí claro.

    Tome el alcohol y un poco de algodón que también trajo mientras ella se sentaba a mi lado en la cama. Tome su brazo y con pequeños toques limpie el raspón de su codo.

    – ahh. – Se quejó por el ardor.

    Traté de no reírme de la situación y continué curando su herida.

    – Ya está. – Le dije soltando su brazo.

    Karla se acercó y me dio un suave beso en los labios,

    – Gracias. – Luego se levantó y tomo unas toallas. – Me voy a bañar rápido y te invito a almorzar sí?

    – Si claro, no me lo merezco, pero muchas gracias.

    – Puedes jugar con el play si gustas. – Me dijo antes de cerrar la puerta del baño.

    – Preferiría jugar contigo. – Susurre para mí mismo.

    Pero al final hice caso a su invitación y me puse a jugar GTA un buen rato, es más hasta perdí la noción del tiempo por unos instantes. hasta que se abrió la puerta del baño y oí a Karla llamarme.

    – Luis ayúdame por favor.

    Solté el mando y fui casi corriendo a ver qué había pasado. Entre al baño y vi a Karla totalmente desnuda con una loción en sus manos, era una de esas lociones que se usan para hidratar y tonificar la piel, con razón la piel morena de Karla siempre parecía brillar.

    – podrías ayudarme, me duele el brazo y no alcanzo a mi espalda y piernas. – Me dijo con una sonrisa, parecía que estaba a punto de estallar en risa, y si lo hizo. – Jajaja lo siento, sé que suena a película porno, pero de verdad no alcanzó y siempre me hecho esta loción.

    – jajaja ok ok, te ayudo, dame eso. – Le respondió con una risa y con una muy clara erección que ni me molesté en disimular esta vez.

    Me puse un poco de la loción en mi mano y empecé a frotar primero sus hombros a modo de masaje, luego su espada, poniendo mucha atención sobre todo en su espalda baja, pero sin tocar su hermoso culo aun, la tomé por los hombros nuevamente y la voltee quedando cara a cara con ella, nuevamente me puse la loción en las manos y continué recorriendo su cuerpo, acaricie su cuello y sus brazos tratando de no tocar el raspón en él y claro, no demores mucho en deslizar mis manos por sus pequeños senos, jugué un poco con mis dedos en sus pezones haciendo que se pusieran más duros de lo que ya estaban.

    – Oye, te dije que estaba en mis días. – Me reclamo con la respiración algo agitada.

    – Tranquila solo estaba jugando. – Le respondí con una sonrisa.

    Continue mis caricias por su definido vientre pasando por su monte de venus y claro está por sus muslos y nalgas, son las piernas y el culo más firmes que he tocado en mi vida, recuerdo que en ese momento agradecí a dios por el voleibol. Mis manos recorrían sus piernas de arriba para abajo.

    – Voltéate. – Le dije mientras ya estaba arrodillado sobre la alfombrilla de su baño.

    Giró su bello cuerpo sin decir palabra alguna y su culo quedó directamente a la altura de mi rostro, tome sus piernas y las abrí un poco haciendo que Karla se incline hacia adelante apoyándose con sus brazos en el lavado.

    – Ufff. – La oí resoplar por el placer que mis caricias le estaban dando.

    Tome un poco más de loción y echando una generosa cantidad en mi mano empecé a jugar con sus nalgas nuevamente, las abría y cerraba apretándolas suave, pero con firmeza, no me podía resistir mucho mese cada uno de esos hermosos cachetitos, antes de hundir mi cara en ellos.

    – Luis no por favor ahhh- Se interrumpió su reclamo al sentir mi lengua pasar por su anito.

    Lo lamí, besé y mordí juguetonamente mientras que Karla inconscientemente abría más las piernas para sentir más a gusto mis atenciones. Yo seguía devorando ese culo como si fuera el más delicioso manjar, y sí que lo era.

    – Mmmm ahh. – Karla empezaba a retorcerse mientras una de sus manos me tomaba por el cabello haciendo que me entierre más entre sus nalgas. – Que rico mi amor.

    Al oír sus gemidos cada vez más fuerte me aventure a penetrar su anito con mi lengua, despacio y con suavidad, por todas mis atenciones empezó a entrar sin ningún problema, luego reemplace mi lengua por un dedo, luego dos, los metía y sacaba primero solo lubricando con mi propia saliva, luego recordé la loción que tenía a la mano y la empecé a usar. Mis dedos se resbalaban dentro de su culo sin ningún problema, y cada vez aumentaba más mi velocidad. Me puse de pie bajándome mi short y boxers de un solo tirón.

    – Ven vamos a la habitación. – Me dijo quitándome la camisa y jalándome por la verga fuera del baño.

    – Hey con cuidado. – Le reclame.

    Karla volteo a verme y sus ojos verdes parecían fuera de sí, era como si estuviera en un trance, me llevó hasta su escritorio y apoyándose en el dejo su culo a mi merced nuevamente, como pidiendo que comience de una vez. Tomé mi verga y ya estaba brillando por el líquido preseminal, la tenía durísima como pocas veces la he tenido, abrí sus nalgas con mis manos y le enterré la cabeza de mi verga de un solo empujón.

    – Ahhh mmm.- Ahogó un grito entre sus labios.

    – Perdón no me aguante más. – Le respondí mientras me estiraba y le daba un suave beso en los labios.

    Mientras la besaba iba metiendo mi verga cada vez más y más, muy lentamente, tenía el culo muy apretado, era obvio que nadie había estado ahí antes.

    -Ahh sii. – Gimió nuevamente al sentir mis muslos chocar contra sus nalgas.

    Su culo se había comido toda mi verdad y ahora comenzaba lo bueno. Me separé de nuestro beso y empecé a sacar lentamente mi verga, una vez fuera me puse un poco de loción y cuando volví a penetrarla sentí como mi verga se fue sola.

    – Tienes el mejor culo del mundo. – Le susurre en su oído al tenerla taponeada hasta el fondo.

    – ¿Mejor que el de Ximena? – Me pregunto

    – Infinitamente mejor.

    Comencé un mete y saca durísimo y el sonido de sexo no se demoró en oírse en su habitación. Sus nalgas rebotaban en mis muslos mientras yo marcaba mis manos en sus caderas por la fuerza con la que la estaba tomando.

    – Ahhh mmm que rico sigue sigue. – Karla gemía sin preocuparse por el ruido que hacíamos en lo más mínimo.

    Le di dos fuertes nalgadas saliendo de su culo y la jale hacia la cama, se arrodillo en ella y empezó a mover su culo de un lado al otro como si de una gatita se tratara, le di otra nalgada más y apuntando mi verga en su anito la volví a entrar completa, esta vez ella es la que empezó a moverse de adelante hacia atrás cada vez más y más rápido, en un momento pego su culo contra mi frotándose con fuerza, no me había dado cuenta, Karla había estado tocándose su panochita todo este tiempo y tenerla así en cuatro fue suficiente para hacerla explotar, La tome por el cabello jalándola hacia mí.

    – ¿Te gusta que te tomen como perrita verdad?

    – Si mi amor, ¿puedo ser tu perrita? – Hizo una pausa con la respiración entre cortada. -¿Tu única perrita?

    – Sabes que no puedo prometer eso, lo que sí prometo es que no le daré a nadie más por el culo, solo a ti. – Le di un beso lascivo metiendo mi lengua dentro de su boca, haciendo que ella misma se saboree, de esta manera cerraba mi promesa con Karla. – Ahora ven que aún no termino.

    Me eche en su cama mojando sus sábanas con mi sudor, no importaba lo fuerte que estaba el AC los dos estábamos bañados en sudor. Karla se paró en la cama dejando un pie a cada lado mío, era una vista imponente, definitivamente la morena más hermosa que he visto en mi vida, le hice una señal con mi mano para que se dé la vuelta, y sonriendo acató mi orden, se puso como si fuera a hacer sentadillas, algo que hacía regularmente, y tomando mi verga con su mano izquierda se enterró mi verga hasta el fondo nuevamente, puso su torso hacia atrás apoyándose en sus manos y empezó a moverse sin que le dijera nada.

    Veía mi verga desaparecer entre ese par de hermosas nalgas y sentía su sudor caer sobre mí, el sonido a aplauso se oyó de nuevo entre las paredes de su habitación, y más excitado que nunca empecé a recorrer su cuerpo con mis manos, acariciaba sus tetitas con mis dedos, Karla se apoyó sólo en su mano izquierda buscando acariciar su clítoris nuevamente.

    – Mmmm, más fuerte por favor.

    Me pidió entre gemidos Karla, y claro no me iba a hacer de rogar, la tomé por sus caderas y jalándola hacia mí empecé a empujar lo más fuerte que podía, sentía su anito apretarse alrededor de mi verga y sin poder aguantarme más, me empecé a venir dentro de su culo.

    – Ahhh si Dámela mmmm siiii. – Grito Karla al sentir los chorros de mi leche inundándola, haciéndola correrse nuevamente.

    Terminé de dejar mi semilla dentro suyo mientras sentía que aún frotaba su culo contra mí tratando de extender lo más que podía su placer.

    – Ahh Luis, tenemos que hacer esto de nuevo por favor. – Me dijo Karla mientras se recostaba sobre mí.

    – Dalo por hecho Karla. – Le respondí mientras la abrazaba por su cintura.

    – Bueno tengo que bañarme de nuevo, y tú también necesitas un baño. – Me dijo poniéndose de pie y sacando mi verga de dentro de su culo.

    – Yo creo que sí. – Le respondí mientras me paraba.

    Se dio media vuelta mientras me sonreía dejando ver nuevamente ese hermoso culo, les juro que sentí como de mi verga salió una gota más de leche luego de ver ese par de perfectas nalgas. La seguí al baño y entramos en la ducha donde nos bañamos y claro no perdí nada de tiempo en acariciar su hermoso cuerpo todo lo que pude, ella por su parte lavo mi cuerpo amorosamente prestando especial atención a mi verga.

    – Hay que salir antes de que nos arruguemos. – Me dijo cerrando la llave de agua.

    – Claro, te sigo.

    Salimos del baño, nos secamos, me puse mi ropa y vi como ella se ponía un vestido corto, muy de verano, tomó el frasco con la loción que había dejado sobre su escritorio y me dijo.

    – En serio?, casi te lo acabas, esta loción no es nada barata.

    – Lo siento, pero tampoco me dijiste nada. – Le respondí encogiendo los hombros.

    – No hay problema, ya compraré otra «Loción» más adecuada la próxima vez que vengas aquí. – Su sonrisa lo decía todo, le había encantado. – Se que te dije que te invitaba a almorzar, pero había olvidado que tengo practica y se me está haciendo tarde.

    – Si claro no te preocupes, más bien ahora me siento culpable por que no comiste nada.

    – Tranquilo Luis, yo de camino me como algo. – Me dijo abriendo la puerta de su habitación como invitándome a salir. – Porfa sal con cuidado y cierra bien la puerta, me tengo que terminar de alistar.

    – Dale, nadie me va a ver tranquilo. – Le dije mientras me ponía de pie.

    Tomé mi mochila con mis cosas y al pasar por su lado le di un suave beso en la mejilla despidiéndome de Karla.

    Baje en silencio las escaleras y salí por la puerta principal sin que nadie sepa que estuve ahí, cerré la puerta de tras mío y cruce la pista antes de entrar a la casa de mis tíos. Al entrar en la sala no vi a nadie, solo escuché ruido en la cocina.

    – Tía ya estoy en casa! – Grite saludando.

    – Hola Luis, tu tía salió, te dejo algo de comer en tu microondas.

    – Hola Milagros. – Le respondí sin muchas ganas, aún estaba un poco molesto con ella. – Gracias.

    Subí por las escaleras y pasando por el segundo piso escuché ruido de un televisor, Glenda y Romina estaban viendo una película, o por lo menos eso sospechaba, Flavia estaba a horas de regresar y ahora Glenda y ella debían de compartir habitación.

    – Vaya, será divertido de ver.

    Me dije para mí mismo, mientras continuaba mi subida a mi habitación, tiré mi mochila en el sofá y fui directo al refri tome una botella de agua y la bebí toda casi de un solo sorbo, revise el microondas, y puse a calentar la comida que me dejó mi tía, ya no necesitaba un baño, pero si se me antojaba como nunca un cigarro, tome uno de mi mochila y salí a fumar al balcón mientras esperaba que se calentara mi comida. Revise mi celular, tenía algunos mensajes de mi grupo de estudios, Ximena se había salido de todos en los que estábamos juntos sin dar mayor explicación, luego vi un mensaje super largo de su parte, en el que básicamente primero me insultaba y luego me pedía perdón, bloquee su contacto sin siquiera responder. A la que sí respondí fue a Flavia que me estuvo escribiendo y mandando foto de algunas cosas que me había comprado en su viaje, le agradecí y le dije que la extrañaba mucho, que de hecho si la extrañaba, siento que, si ella hubiera estado aquí, no había forma de que pasara lo que paso con Ximena. Comí mi almuerzo en la barra de la kitchenette y luego que fue a echar a descansar, mientras veía videos en YouTube me fui quedando dormido.

    Me desperté y eran casi las 10:30 pm, me dormí como 6 horas, era evidente que mi cansancio estaba más que acumulado. Traté de seguir durmiendo, pero mis ganas de ir al baño y de tomar algo me obligaron a levantarme. Luego de mi visita a baño salí a la salita tome un vaso de agua y revise mi celular nuevamente, Glenda me había escrito diciéndome que me estaban llamando para cenar, pero como no respondí, subieron a buscarme y estaba rendido, que ni llamándome fuerte respondí.

    – Wow sí que estaba cansado.

    Tomé un cigarro y salí a fumar al balcón.

    – Hasta que por fin despiertas

    – ¿Glenda qué haces aquí? – Le reclame.

    – Este es mi lugar ¿recuerdas? – Tenía razón.

    – Pero pensé que estarías con Romina.

    – Romina está durmiendo con mi tía, como mi papá y Flavia regresan en la madrugada, ella ya está en el cuarto de Flavia con mi tía.

    – Bueno, tiene sentido, ¿estás entusiasmada por convivir con tu hermanita?

    – Ni un poco, jajaja, pero bueno Romina y mi Tía Milagros lo valen.

    Recordé en mi mente los sucesos de la mañana con Romina, supuse de inmediato que no le había dicho nada a Glenda. Estuvimos hablando entre susurros un rato más mientras terminaba mi cigarro.

    – ¿Y bueno, vamos a tu cuarto?

    – Si quieres pasa, pero sin hacer ruido. – En realidad no buscaba tener nada con ella, pero cada vez que lo intento no lo logró, con Glenda es imposible resistirse, creí más fácil simplemente hacerlo de una vez y ya.

    Pasamos a mi cuarto y cerré bien la puerta del balcón y no deje ni un solo espacio entre las cortinas de mi ventana, cerré la puerta de mi habitación mientras Glenda me esperaba sentada en el filo de la cama.

    – ¿Bueno qué quieres hacer? – Le pregunté.

    – Jajaja. – Me respondió con su risa de niña.

    tomo mi short con sus manos y lo bajo todo junto con mis boxers, mi Verga semierecta salto chocando con su barbilla, y sin usar sus manos se la engullo totalmente, Las mamadas de Glenda eran deliciosas, y siempre recuerdo cómo se trataba de contener, pero siempre terminaba teniendo arcadas, llenando de babas mi verga y saliendo lágrimas de sus ojos.

    – Que rico me la mamas Glendita. – Le dije en voz susurrante.

    Glenda me respondió mamando con más empeño que nunca mi verga, pero algo se sentía raro, no sé si era por que todo se estaba dando muy bien, o porque esta vez no hubo sermón de mi parte, sentía algo raro en la situación. Traté de relajarme y concentrarme en la felación de mi primita, cuando de pronto sentí que alguien más me estaba viendo, volteé hacia mi armario, el cual siempre dejaba bien cerrado y vi desde las sombras como Romina nos estaba mirando escondida detrás de varias casacas.

    – Acaso están locas. – Les grite en voz baja mientras retrocedía sacando mi verga de la garganta de Glenda.

    – Lo siento Glenda me dijo que no te darías cuenta. – Me dijo Romina casi al borde del llanto saliendo del armario.

    Volteé a mirar a Glenda con ojos de furia real y la vi quitándose la ropa hasta quedar solo en braguitas rosadas.

    – Luis, cuando vas a entender que los sermones solo nos hacen perder tiempo. – Me dijo mientras se arrodillaba delante mío y tomando firmemente mi verga se la volvió a tragar completa.

    Intenté retroceder más, pero la mamada de Glenda era demasiado deliciosa, respiré profundo tragándome mi molestia y tomando un puñado del cabello de mi primita empecé a cogerme su boca, haciendo que sus arcadas sean cada vez más sonoras. Miré a Romina y estaba parada al lado de la cama con cara de niña regañada y sus shorts de licra claramente mojados por lo que estaba viendo, la llamé con una mano y se acercó tímidamente a mí.

    – Le contaste todo a Glenda verdad? – Le pregunté mientras no paraba de cogerme la boca de mi primita.

    – Sí. – Me respondió algo asustada.

    – Tranquila no pasa nada. – Le dije mientras tomaba su mano jalándola hacia mí.

    La tomé por la cintura haciendo que se ponga en la punta de sus pies y le di un largo beso, el beso que me negó esta mañana. Sentí como la jalaban, era Glenda que tiraba de su mano haciendo que se agache con ella en el suelo, libere la cabeza de mi primita y apenas tomando una bocanada de aire volteo y empezó a devorar la boca de Romina. Aproveche para quitarme la camisa y ayudé a ambas niñas a levantarse del suelo sin separar el lascivo beso que se estaban dando, Las lleve hacia la cama y puse a Glenda en cuatro.

    – Mira Romina, si te portas bien luego te toca a ti.

    Hundí mi cara en el culo de Glenda lamiendo y saboreando su humedad sobre sus braguitas, no demore mucho y se las arranque rompiéndose con ambas manos.

    – ¡Hey eran mis favoritas! – Se quejó Glenda.

    Fui hacia mi velador y tomando uno de los varios condones que compré me puse uno y enfilé a la rajita de mi primita. Sin decir nada Glenda levantó su culo lo más que pudo y tomando la mano de Romina se puso a sentir cada centímetro de mi verga penetrando su rosada conchita. Romina miraba en primera fila como mi carne entraba dentro de mi primita y mordiéndose los labios empezó a quitarse la ropa, la vi quitarse primero su playerita sin mangas liberando su plano busto y sus pequeños pezones negros, la dejo a un lado de la cama y echándose a un lado de Glenda puse sus dedos al lado de sus shorts quitándoselos y dejando a la vista sus mojadas braguitas, eran celestes pero estaban de un color más cercano al azul por algunas zonas que ya imaginaran, dejo su short al lado de su playerita y abriendo tímidamente sus piernas empezó a tocarse.

    – Mmm si aasiii. – Escuche gemir a Glenda.

    Inconsciente de mis actos, había empezado a acelerar mis movimientos haciendo que mi primita se apoyara en sus brazos y me volteara a ver con una cara de total lujuria. La tome por el cabello y sin ser muy agresivo hice que volteara hacia el otro lado, donde se encontraba Romina, frotándose ya sin ninguna pizca de timidez sus pantis.

    – Mmmm no primita así no se hace.

    Glenda se acercó a ella aun en cuatro y sus manos deslizo los pantis de Romina hasta quitarlas por completo, luego me las ofreció con una mano y con gusto recibí esa ofrenda con mis dientes. Romina se puso nerviosa nuevamente y se tapó con una mano su panochita, como temiendo que alguien más pudiera verla.

    – Tranquila esto te va a encantar. – Le dijo Glenda mientras sacaba mi verga de dentro suyo.

    Glenda nuevamente me miro con su típica sonrisa de niña traviesa antes de ponerse entre las piernas de Romina haciendo que su monte de venus rosara la panochita de esta última, yo hacía todo mi esfuerzo para poder verla, pero por la posición de Glenda y la timidez de Romina no lo lograba hacer.

    Glenda empezó a besar a Romina nuevamente que, a diferencia de la última vez, empezó a devolver su beso abrazando a Glenda por el cuello.

    -Mmmm.

    – Si te gusta verdad?, no es nada malo. – Le susurraba Glenda entre besos.

    Yo con mi verga erecta y prácticamente inhalando las braguitas de romina no podía parar de hacer una paja con aquel espectáculo, y siento que iba a explotar varias veces, no sé cómo pude ser capaz de controlarme. Glenda besaba las orejas el cuello y fue bajando lentamente, se entretuvo jugando con el ombligo de Romina hasta que llego a su monte de venus, a este punto Romina ya no ponía ningún tipo de resistencia y abrió sus piernas a las caricias de mi primita.

    Glenda al llegar le dio un beso y dos fuertes lamidas antes de apartar su cuello y dejarme ver, la conchita de Romina era rosada y fina, como la de Glenda la diferencia era que esta no tenía ni un solo rastro de bello alguno, era una maravilla de rajita, tire la braga Romina y me arrodille a un lado de Glenda apartándola un poco más brusco de lo que quería.

    – Oye con cuidado! – Me reclamo Glenda.

    Romina bajo su mirada para verme en lugar de su prima, lo que hizo ponerse nerviosa nuevamente, intento cerrar sus piernas, pero yo fui más rápido, pegué mi boca a su panochita y la empecé a devorar.

    – No mmm.- oí quejarse a Romina y luego ahogar su gemido en los labios de Glenda.

    empecé a lamer fuerte desde el principio, y para ser sinceros no tuve casi delicadeza alguna, estaba demasiado excitado y apenas me podía controlar.

    – Yo también quiero probar. – Me dijo Glenda al oído, antes de darme una lamida que me estremeció.

    Me hice a un lado y ahora era Glenda quien se devoraba a Romina con total pasión, ella era claramente más delicada que yo, era mi turno de callar a Romina ya que no era capaz de contener sus gemidos.

    – Ahhh mmmm.

    – Shhh. – Le dije poniendo un dedo en mis labios.

    Me acerque a Romina y tomando con ambas manos su bello rostro la empecé a besar dulcemente, nuestras lenguas se retorcía y era fácil notar su inexperiencia, con mis manos acariciaba sus pezones mientras yo no me separaba de su boca, me despegue por un momento de sus labios y vi como Romina había tomado la cabeza de Glenda apretándola contra su panochita con una mano y con los ojos cerrados buscaba algo con la que tenía libre, los abrió y tomo firmemente mi verga tratando de hacerme una paja, me acerque más a ella quedando arrodillado a la altura de su rostro, disfrutando de esa algo torpe paja pero no menos placentera.

    -Mmmm que ricoo. – oí decir a Romina. – Ahhh

    preocupado por que vaya a hacer más ruido me acerque más a ella y quitándome el condón que aún tenía puesto puse mi verga en sus labios, no tuve que decirle nada, como pudo se tragó la cabeza de mi verga mientras empezaba a mover su pelvis rápidamente, se estaba corriendo.

    -Mmm! Mmmm. – Se escuchaban los gemidos ahogados de Romina en mi verga.

    Cuando por fin se terminó su corrida se sacó mi verga de la boca.

    – Glenda ya no más por favor. – Le dijo a mi primita mientras ponía una mano sobre su panochita.

    – Estas muy rica primita. – Le respondió Glenda sacando su rostro totalmente mojado de entre las piernas de romina.

    Glenda se levantó y arrodillo a mi lado.

    – No me olvide de ti. – Me dijo

    – Ni yo de ti. – Le respondí jalándola de la cintura y besándola recorriendo con mi lengua toda su boca, hasta llegué a lamer sus mejillas tratando de saborear toda la esencia de Romina que quedaba un en ella.

    Mientras nos besamos Glenda tomo mi verga y empezó una rápida paja, quería tenerme adentro y no iba a esperar más para hacerlo.

    – Me la tienes que dar solo a mi si, mmm en mi boca toda sí. – Me decía mi primita mientras yo ya besaba su cuello y pechos.

    – Lo que quieras primita. – Le dije mientras me recostaba en mi cama a un lado de Romina, y jalaba a Glenda sobre mí. Mi primita entendió mis intenciones y se subió encima mío cabalgándome.

    – Mira Romina, a si se hace de verdad. – Le dijo mientras la miraba, haciendo una clara alusión a mi encuentro con Romina esa mañana.

    tomo mi verga con su mano y se fue sentando lentamente en ella hasta que la tuvo toda adentro, la tome por la cintura y acompañe sus movimientos, Glenda estaba rebotando sobre mí y yo estaba fascinado viendo como mi verga desaparecida dentro suyo, subí mis manos y acaricie sus pequeños senos haciendo que soltara gemidos cada vez más sonoros.

    – Glenda sin tanto ruido. – Le susurre mientras le pellizqué uno de sus pezones.

    -Mmm ahhh mmmm.

    Glenda empezó a gemir más fuerte mientras acelera sus movimientos, y antes de que pudiera callarla Romina salto tomándola por el rostro y besándola para callar sus gemidos.

    – Mmmm. – Terminó de correrse Glenda mientras abrazaba a Romina por el cuello.

    Cayeron agotadas sobre mí, las abrace a ambas, nuestro sudor y esencia se mezcló en una sola, y mirando a los ojos de Glenda le di un beso, pero de amor esta vez, Romina me empezó a besar el cuello como siempre por esa fascinación que tenía con mi aroma, Glenda noto esto y con una mano hizo que levantara su rostro para que se una a nuestro beso, nuestras lenguas se rozaban y hacían formas imposibles mi verga aún estaba a mil.

    – Bueno Romina, como te has portado tan bien te has ganado un premio. – Comentó Glenda dejando solos a mí y a Romina en el beso. – Que pena separarlos, pero vengan.

    Se levantó y tomando mi mano hizo que me ponga de pie en la cama, hizo lo mismo con Romina, pero a ella la hizo arrodillarse a su lado. Tomó mi verga con sus dos manos y empezó a hacerme la mejor de las pajas.

    – Ufff Glenda. – Le dije.

    Tire mi cabeza hacia atrás y me relaje por completo, Glenda se metió la cabeza de mi verga nuevamente en su boca y mientras con una mano me hacía una paja con la otra empezó a frotar mis huevos haciendo que mi corrida sea inminente.

    Glenda al verme apunto de correrme despegó su boca de mi verga la abrió delante mío sacando su lengua ofreciéndome su boca y cara como recipiente para mi corrida, quité sus manos para terminar yo mismo el trabajo, y me empecé a correr a chorros, el primero directo a su boca llegó hasta su garganta el segundo entre sus labios y nariz y los dos últimas en su barbilla. Mi primita llena de vicio lamió hasta la última gota antes de voltear y darle un largo beso a Romina, esta vez Romina se tragó todo lo que le dio Glenda, hasta la última gota de mi semilla, incluso lamiendo el rostro de Glenda como yo lo había hecho hace unos instantes. Romina volteo con la intención de lamer mi verga y tomar lo que quedaba de esta, pero Glenda la frenó.

    – El solo se corre en mí, ¿entendido? – Le dijo Glenda totalmente seria. – ¿Si quieres algo de Él siempre es por mí, está claro?

    Romina solo asentía con la cabeza.

    – ¿Está claro? – preguntó Glenda con su voz de niña una vez más.

    – Si prima. – Le respondió por fin Romina con cara de regaño.

    De pronto Glenda le soltó una cachetada que me tomó por sorpresa, no fue muy fuerte pero tampoco en modo de juego.

    – Él es solo para mí, y puedes estar con él porque yo lo permito.

    – Oye Glenda tranquila, esto no es necesario. – Le dije tratando de calmar la situación.

    – Si es necesario. – Me dijo mi primita antes de voltear y besar nuevamente a Romina en los labios, la cual me sorprendió, pero le devolvió el beso.

    – Esta bien chicas, que les parece si paramos porque mañana tengo que levantarme super temprano. – Les dije, toda esa situación la verdad me prendió un poco más.

    – Si claro, tienes que descansar. – Me rijo Romina mientras se separaba del beso de Glenda.

    – Nosotras limpiamos abajo si quieres?

    – De ninguna manera alguien las puede ver así. – Le respondió a Glenda.

    – Nuevamente con los sermones? – Me pregunto sonriente mientras se ponía su ropa y hacía que Romina se ponga la suya.

    – Jajaja ok, hagan como quieran, pero que nadie las vea.

    – ¿Si tranquilo, como crees que me metí a tu cuarto? – Me respondió Romina con una sonrisa en su rostro.

    – Ok ok, buenas noches y nos vemos mañana. – Les dije dándoles un fuerte beso a cada una en los labios, claro a Glenda el ultimo tomándola por la cintura y jalándola hacia mí, todo esto que estaba viviendo era gracias a ella, y estaría por siempre agradecido con mi primita.

    Salieron esta vez por la puerta de la kitchenette y desaparecieron en la oscuridad del pasillo.

    Cerré la puerta de mi habitación y me di una ducha rápida antes de volver a dormir, al salir de mi baño vi a un lado de mi cama, las braguitas rotas de Glenda las levante con cariño y las escondí dentro de la funda de mi almohada, puse mi cabeza sobre esta y me quedé profundamente dormido.

    Muchas gracias por leer hasta el final, sé que no estoy sacando los capítulos tan rápido como prometí, pero estoy esforzándome por terminarlos lo más rápido posible. como siempre me pueden escribir a mi correo [email protected] para cualquier comentario o crítica los leo por allá.

    Saludos.

  • Mi harem familiar (9)

    Mi harem familiar (9)

    Regresamos de Margarita de la misma forma, Ferry hasta Puerto La Cruz,  viaje lento y sin prisas hasta el Motel de Boca de Uchire, noche apacible y plena de amor y al siguiente día desde allí hasta Caracas.

    Al llegar a casa el lunes 23, el recibimiento fue apoteósico. Tres mujeres hermosas y ansiosas esperándonos. Sugey se ruborizó fuertemente apenas se quitó el casco, por las tonterías de Ana.

    -Bienvenidos a los novios, espero que la hayan pasado divinamente, su Luna de Miel, digo. – nos dijo, eufórica.

    -¿Qué dices, muchacha loca? ¿Qué Luna de Miel ni que nada? Fue un viaje de vacaciones con mi hijo. Deja de decir insensateces, que ya estás bastante grandecita para la gracia.

    -Si, como no… será como tú dices, pero esa cara de felicidad y ese rubor, ummm, no sé cómo se come eso…

    -Hola, hermanita querida, hola sobrino… espero que la hayan pasado muy bien. – dijo enseguida Miriam, para quitar el acento sobre lo dicho por Ana.

    -Bendición, tía y hola, hermanito. – nos saludó, a su vez, Andrea, con una linda sonrisa en su hermosísima cara.

    Entramos a casa y nos sentamos a tomar un vaso de agua y empezar a contar. Por supuesto, Sugey relató hasta con detalles todo lo acontecido que ella no considerara censurado, como por ejemplo nuestras aventuras sexuales. Hasta contó de Lucía y Joaquín, de las cenas y noches de baile que compartimos, de lo atractivo que era el tipo y lo hermosa que era la tipa, pero hasta allí. Inmediatamente colocaba el cartelito de Censurado y listo.

    -¿Y tú, hermanito, que cuentas? – me preguntó Andrea, sin malicia.

    -Bueno, poco que agregar al extenso relato de mi madrecita, solo que estuvimos en una playa solitaria, Las Dunas, que se prestaba para el nudismo y la doña, bueno, pues… hizo topless. ¿Qué tal? Me dejó anonadado, como dicen en las comiquitas. Si le vieras la belleza de senos que tiene y lo quemados que los trae. – dije con picardía. Mamá me fulminó con la mirada y se puso roja de inmediato.

    -¿Y después de atreverse a hacer topless delante de ti, no se atrevió al siguiente paso, el desnudo total? – preguntó ansiosa Ana.

    -No, ni querida Ana, no. Desnudo total en la playa y delante de él, no. Pero en el apartamento, en el balcón y mientras él dormía una siesta, varias veces lo hice, pero en privado. Si, estoy totalmente quemada, integralmente. Es delicioso. – mintió descaradamente Sugey, arrobada como estaba, para justificar su cuerpo totalmente dorado al sol.

    -Si, como no, vamos a creerte, sí, claro, mamá. Yo que tú me hubiera despelotado totalmente. Es más, el año próximo me voy con él al mismo viaje, Margarita en moto y me voy a soltar el moño como nunca, desnuda todo el tiempo que pueda en esas playitas alejadas. – replicó Ana.

    -Deja las loqueras. Bueno, hasta aquí la conversa, estoy cansada, el viaje en moto no es lo mismo que en carro. Me voy a dar una ducha, un baño de crema y a acostarme hasta que el mundo se despierte. Con permiso. – remató mamá.

    -Yo también estoy cansado. Con permiso.

    Una vez bañado, Ana se presentó en mi cuarto para fustigarme.

    -Mi amor, mamá si es tonta, mira que contarnos una película de Walt Disney. Debió contarnos el “Último Tango en Paris”, ¿no crees?

    -Déjala en paz, no seas ladilla. La pasamos de lo mejor, nos divertimos, estaba radiante todo el tiempo y no quería regresar. Yo tampoco, pero necesitábamos pasar la Navidad con ustedes. No se la amargues. Y ponme Nívea por todo el cuerpo, que también estoy muy quemado. – le respondí en tono de hermano mayor.

    -Con mucho gusto, mi amor. Déjame cerrar la puerta para que no nos molesten, porque te voy a violar. – y cerró la puerta, se quitó la ropa y totalmente en pelotas se dedicó a masajearme todo el cuerpo con la Body Milk de Nívea que tenía en la cómoda.

    Nos dimos un lenguazo en forma, de esos que manifiestan claramente las intenciones y siguió con su masaje. Era delicioso sentir sus manos acariciándome por todas partes, por todas. Y sus besos me sabían mejor que nunca. Realmente era un privilegio tener una hermana como ella, hermosa, deliciosa, gentil y sin embargo, coñoemadre como ella sola.

    Al finalizar su masaje, que fue extenso y recuperador, se montó de una vez sobre mi verga enhiesta desde hacía rato, previamente me colocó un condón con suma habilidad y se la enchufó de una, hasta el fondo, para comenzar su cabalgata, suavemente al principio, pero incrementando la velocidad poco a poco. Luego de tres orgasmos deliciosos, me hizo acabar con una maniobra que me dejó asombrado. Apretó sus piernas con fuerza contra mi cuerpo, se clavó lo más profundo que pudo y exprimió mi güevo como si se tratara de limones, hasta dejarme seco. Con decirles que hasta grité de la impresión. Pensé que iba a machacarme el glande y lo iba a dejar espaturrado. ¡Qué fuerza desplegó con sus músculos vaginales!

    Cuando me desmontó, luego de un buen rato para recuperarse en el cual estuvo recostada de mi pecho con sus deliciosas tetas clavadas en mí, me senté para observar detenidamente mi capullo, la cabeza de la anaconda, porque me estaba latiendo como lo hacen en las comiquitas cuando alguien se golpea el dedo con un martillo. Afortunadamente, no pasó nada, pero me asusté. No le conocía tal ferocidad. Ana estaba resultando una mujer asombrosa, ya no tanto por sus maravillas físicas, sino por sus actitudes y aptitudes. No dejaba de impresionarme.

    Más tarde la corrí de mi habitación y subrepticiamente me fui a la de mamá, cerré la puerta y la desnudé para darle su baño de Body Milk, que tanto necesitaba. Una vez que terminé, le di una mamada de cuca que la dejó tirada, al punto que me decía que estaba rota, destruida. Me lavé la boca y la cara en su baño integrado y me fui a vestir para bajar a la planta baja, a reunirme con las otras maravillas de mi casa.

    Encontré a Miriam sentada en el saloncito privado, leyendo una novela muy interesante, “Por quien tocan las campanas” de Ernest Hemingway, sentada de medio lado en el sofá, con las piernas recogidas sobre el cojín, sin zapatos. Se veía preciosa en esa pose. Me senté a su lado y le pregunté:

    -¿Puedo acompañarte, o te interrumpo?

    -Mi amor, tú nunca me interrumpes. Es más, he estado extrañando tus “abrazos confundidos”. No sabes la falta que me han hecho, estos días. – me respondió con una hermosa sonrisa, que me mostraba su maravillosa dentadura, en pleno.

    -Bueno, si te hacían falta te doy uno de inmediato, para empezar y muchos más de seguidas, hasta que te pongas al día… jejeje.

    -Vamos a la cocina a servirnos un café y mientras, como quien no quiere la cosa, me los das. Que sean varios, por favor.

    -Vamos… de una vez…

    Fuimos a la cocina y mientras ella ponía la cafetera a calentar un poco, la abracé desde atrás, como solía hacer con ella y con mamá. Pegué mi pelvis a sus magníficas nalgas, con toda la intención que sintiera mi paquete y pasé mis brazos por debajo de sus tetas, hasta agarrarme las manos sobre su pancita. Puse mi boca sobre su cuello y degusté el maravilloso aroma de mujer, esa fragancia de la piel de Miriam y de Sugey, que nunca encontraría en otra mujer, ni siquiera en sus hijas. Era aroma de mujer bonita, de mujer hermosa, sabrosa. Luego empecé a darle sutiles besitos en su cuello y la señora empezó a temblar entre mis brazos. Como me gustaba tanto, arrecié con los besos hasta que Miriam me dijo:

    -Mi amor, si sigues haciendo eso no respondo de mí, las piernas me tiemblan. No sé si lo sabes, pero causas un efecto en mí que me pone loca. No respondo, no respondo…

    -Y con lo mal intencionado que soy yo, que lo hago a propósito, tampoco respondo. ¿Te acuerdas de la vieja aquella del tic nervioso? Era hermosa, aunque no sabía que era tan tonta.

    -¡Ayyy sí! ¡Qué bandido que eres! Esa pobre mujer no aguantaría un round en tus brazos. De solo verte la mirada de pervertido que le dabas, se asustó.

    -¿Y tú aguantarías un round conmigo? – le pregunté.

    -Yo, contigo aguantaría todos los rounds que tu quisieras… No sé si tú lo sabías, pero a tu padre lo conocimos juntas, Sugey y yo y estuvimos en trío permanente durante dos años, hasta que yo me di por vencida porque el muy muérgano se casó con tu mamá y no conmigo. Pero con él supe lo que era un hombre de verdad, no como el infeliz de mi marido, que en vez de mejorar con los años, se devaluó totalmente. Y si tú eres su hijo, quisiera probar, para ver si es verdad lo que me han contado. Mira que yo estoy muy necesitada… de cariño… de atención varonil. No estoy en plan de buscarme un hombre a éstas alturas de mi vida sentimental, pero en cuanto a mi inexistente vida sexual, eso es otra cosa. Pero primero y antes que demos un paso adelante, debo tratar el asunto con mi hermana. Sin eso, nada.

    -¿Y eso? ¿Le vas a pedir permiso, acaso?

    -Siiii. Tú eres su hijo, pero más que eso, le perteneces. No a mí. Sin su permiso, de nuestros abrazos no pasamos, porque esos si me los ha permitido ella.

    -¿Cómo es eso que le pertenezco?

    -Se me salió, pero olvídalo. De eso no vamos a hablar. Tú eres su hijo y cualquier perversión entre tú y yo deberá contar con su aprobación. Es mi hermana y la respeto, como también a ti. No puedo llegar aquí a su casa, donde nos ha recibido con los brazos abiertos y de pronto sacudirle los cimientos a su vida hogareña. Yo no hago esas cosa, así que mejor dejamos el jueguito para más luego, cuando ya haya hablado con ella.

    La besé en el cuello una vez más, se erizó y la solté. Quedábamos pendientes. Nos tomamos el café y me fui en busca de Andrea, que estaba en la terraza, escuchando música. Me senté a su lado y le di un cariñoso beso en el cachete, para demostrarle mi cariño, como siempre.

    **********

    Este segmento lo narra Sugey, el martes 24 de diciembre:

    -Buenos días, hermanita ¿Cómo amaneces? – le dije a Miriam, apenas entré a la cocina, temprano en la mañana del domingo.

    -Bien, gracias ¿Y tú, qué tal? – me respondió amablemente, como de costumbre.

    -Pues bien, triste porque se acabó esa aventura en moto con mi querido hijo, pero feliz de estar de nuevo en casa, con las personas que amo. – le manifesté, ya sentándome en la banqueta del mesón, lista para servirme un cafecito.

    -Estamos solas, los jóvenes están durmiendo todavía, así que voy a aprovechar para conversar contigo, hermanita. Es algo muy personal, íntimo, diría yo, pero sé que tengo que decírtelo y que tú no te vas a molestar conmigo. Verás… desde que Andrea y yo nos vinimos a vivir a esta casa me he sentido otra persona, más libre, más independiente, feliz de haberme quitado ese peso tan grande que era mi matrimonio. Vivir aquí contigo y tus hijos ha sido un bálsamo que curó todas mis heridas. Y Andrea piensa lo mismo que yo. – hizo una pausa…

    -Si, ya me lo ha conversado ella, justo antes de irnos para Margarita. – le respondí cordialmente.

    -Bien, sigo entonces. Resulta que desde que llegamos, cierto caballero que tú aprecias mucho se ha dado a la tarea de hacerme muy divertida y hasta agradable la estancia. A cada rato me abraza por detrás, muy cariñosamente y me dice cosas deliciosas al oído, además de recostarse de mi trasero, con toda su hombría. Él siempre dice luego ique: “Ay, perdón Miriam, me confundí, creí que eras mamá” pero yo sé que si hay alguien que jamás se confunde con nosotras es éste caballero. Es un bandido, lo hace a propósito. Me da besitos muy dulces en el cuello y te juro hermana que se me doblan las piernas, tiemblo… ese muchacho ya me tiene la empalizada en el suelo. No sé –ni quiero– como evitarlo. Cada vez que ese carrizo me “ataca”, me vienen a la memoria aquellos momentos tan especiales que vivíamos con Ernesto, tú y yo con él. Aunque éste muchacho es mucho más cariñoso que su padre. Es un zángano, me tiene loca y creo que en cualquier momento va a pasar algo y no quiero ofenderte ni faltarte el respeto con tu hijo y en tu casa; necesito tu ayuda, que me digas que puedo hacer…

    -Bueno, Miriam, ni modo. Yo sabía que algo así iba a pasar, tarde o temprano te iba a empezar a acosar. Eres igualita a mí y eso para él es un imán. Te voy a confesar algunas cosas, a ti que eres mi hermana y mi persona de confianza, con quien he compartido tantas cosas importantes en mi vida.

    Primero: ese sinvergüenza me tiene loca, desde que se desarrolló y creció me tiene hipnotizada. No por parecerse tanto a su padre, no. Es que es más hermoso, más varonil que su padre, a mi parecer. Cuando él me hace esas cosas que te hace a ti, se me caen las medias. He llegado a mojarme las pantaletas, te lo juro. Es mi hijo, pero me tiene loquita desde hace más de tres años.

    Segundo: desde hace unos meses, más de seis, creo, me tiene sometida a un permanente cortejo, trata de seducirme, de enamorarme, me dice las cosas más bellas que te puedas imaginar, tan agradables. Me trae flores, me invita al cine, me lleva a cenar, hasta hemos ido a bailar dos veces en discotecas, en fin, es un ataque constante, me dice que quiere que sea su novia. Me acompaña a todas partes donde yo quiera ir. Me escribe unos papelitos de lo más lindos. Frases cortas o palabras simples, pero bellas: te quiero, bonita, te amo, eres la más bella mujer y así. Tengo más de 100 papelitos así, que me deja diariamente dentro de mi cartera o bolso. Definitivamente, trata de enamorarme. Es un romántico empedernido, hasta cursi, a veces. Me dice las cosas más lindas que nadie jamás me haya dicho.

    Tercero: este viaje en moto para Margarita fue inventado y preparado por él y encompinchado con su hermana, porque ellos sienten que yo estaba cayendo en un pozo sin fondo por estar sola, sin marido, sin hombre. Entonces planeó esto y me convencieron ambos de ir. Me fui con él y pasaron cosas que nunca creí que pasarían, pero ese bandido me venció. Me conquistó, ya te contaré detalles más adelante, porque necesito hablarlo con alguien y ese alguien solo puedes ser tú, nadie más. Como te digo, me conquistó y me entregué a él. Ahora somos amantes o novios, como dice él. Soy su mujer. Pasé por encima de todos mis prejuicios, principios y valores y ahora soy una pecadora, iré al infierno por cometer incesto… pero me siento feliz. Ese muchacho, mejor dicho, ese hombre, porque ya lo es, me tiene más contenta que niña en piñata. Me adora, me tiene satisfecha como mujer. Nunca jamás, con ningún hombre, ni siquiera con nuestro adorado Ernesto, me había sentido tan mujer, tan satisfecha, tan plena. Miriam, ese hombre tiene un pene que él llama “anaconda”, que es una maravilla, hermana. Mucho más grande que el de su padre. Mide 22 cm de largo y grueso como él solo. Cuando me penetra, me transporta a otro mundo, siento que voy a morir, pero de gusto, de placer. Me hace acabar dos y tres veces en un polvo. La última noche en Margarita fueron cuatro veces. Me dejó para la chivera, inservible. ¿Sabes lo que es “Le Petit Mort”? Bueno, en una semana con él lo he sentido tres veces. Solo con Ernesto había sentido eso, pero no tan intenso ni tan seguido.

    Cuarto: también ya se ha cepillado a su hermana. Fue antes que a mí, ya llevan unos seis meses. Se aman, se adoran. Están conscientes que no tienen futuro, pero son felices a su manera. Yo me opuse fuertemente, al principio, pero luego los dejé tranquilos, porque confío en ellos y en su cordura, aunque a veces pienso que Anastasia está loca de atar. Desde entonces son amantes, pero según él, yo tengo la prioridad.

    Quinto: con tu llegada a ésta casa y con tu hija, por supuesto, te aseguro que él ya estará apostando a hacer crecer su harem particular. Creo que te tiene en la mira, al menos eso me parece y no sé si seas capaz de salvarte de eso. Si lo que deseas, si el motivo de ésta conversación es que necesitas mi permiso para tirártelo, lo tienes. Es todo tuyo. Su habitación es privada, con baño interno y está insonorizada. Lo que allí dentro pase, será cosa de ustedes.

    Sexto y último: Andrea estará también en su mira, supongo. Debes advertirla, para que no la agarre de sorpresa y pueda anticipar su comportamiento, aunque si los conozco, pienso que ya debe ser de él o lo será muy pronto, porque Tito la adora, tanto como a Ana. Definitivamente, yo soy el amor de su vida, según él y tú eres igualita a mí. Ana es su otro gran amor y Andrea no se escapa de esa visión. En resumen, creo que Tito quiere tener a sus cuatro mujeres dentro de éstas cuatro paredes. Ahí te dejo eso, hermanita. Te he abierto mi alma como nunca. Amo a ese hijo mío, a ese hombre mío como nunca había amado a ningún otro hombre, incluyendo a su padre. Me vuelve loca, soy suya y no lo puedo evitar.

    -Guao, hermana, no sé qué decirte. Lo que me has desglosado es algo muy grande, muy fuerte. ¿Ana sabe lo que pasó entre ustedes? ¿Se lo has contado o todavía no? Yo, por lo pronto, si cuento con tu autorización, quiero conversar con mi hija sobre mi situación con Tito y sobre las posibilidades de ella en ese orden de ideas. Ya estoy que no me aguanto, hermana, estoy desesperada de tener un hombre de verdad. Y ese hijo tuyo a mí también me vuelve loca, quiero tenerlo entre mis piernas.

    Fin del relato por parte de Sugey

    **********

    Continuará…

  • Carla: Orgía en la pensión y donación de semen a Mica

    Carla: Orgía en la pensión y donación de semen a Mica

    Nota: 100% veraz. Desde luego que hemos cambiado los nombres.

    El domingo pasado, a la mañana, se realizó la segunda parte de la ayuda a la fertilización de Mica. Si bien no deseamos dar demasiados datos, les contamos que tanto los tres donantes del sábado, Luis, el vecino del edificio, y yo cumplimos a satisfacción, con una eyaculación cada uno, con descanso de mas o menos una hora entre uno y otro para no forzar el organismo de Mica.

    Si bien habíamos convenido de no hacer grandes juegos previos, ella a Luis y a mi, consintió en besarnos y acariciarnos, con algo de oral antes de penetrarla.

    Linda de por sí, delgadita, de tetas mínimas pero hermosos pezones bien puntiagudos y duros cuando se excita, es un placer penetrarla. Luis y yo ya lo hemos hecho reiteradamente en reuniones privadas con Carla y el marido de ella.

    Sin embargo, cuando vio a H, que vive en el edificio, caminando hacia la cama, con la verga gruesa y de cabeza tapada, sacudiéndose, le encantó. Lo atrajo hacia sí e hicieron un juego previo completo, sin que ella se incorporara para que no se le corriera hacia afuera el semen que le habíamos depositado.

    Pero el la lamió toda, le gustó su cuerpito, se besaron largamente, le chupó los pezones a mas no poder y finalmente, se dispuso a penetrarla.

    La puso patitas al hombro, “para que te entre a fondo” y se la fue metiendo despacio, hasta rozar la concha de ella con sus huevos. Y entonces, con ritmo y sin apuro, le dio y le dio hasta acabar. Pero no se salió de ella hasta un rato después, para que le quedara todo adentro.

    Mica fascinada con ese polvo, le dijo que lo invita a repetir si es necesario y si no, a ser fijo para cogerla durante el embarazo. Tanto le gustó que le limpió la verga con la lengua.

    El día siguiente, domingo 25 de septiembre, los sorprendimos con tres donantes jóvenes. Dos hermanos, de 19 y 24, hijos de un gerente bancario que son, los tres, fijos de Carla.

    El mas chico solamente vino una vez con su papá y el hermano. El padre y el hijo menor comparten una característica, tienen los huevos mas grandes de todos nuestros amigos uruguayos (pero los supera un chileno amigo y socio de Luis).

    Y como tercer donante, vino Gonzalo, hijo y hermano de Marife y Sofi, y novio de ambas (algún día les contaré…).

    Gonzalo tiene 27 años, economista, y le tocó en suerte una herramienta sexual enorme, unida a un aguante tremendo, normalmente no se le baja entre el primer y segundo polvos.

    Los tres fueron quienes atendieron a Mica el domingo de mañana, y si fuera por lo que ella sintió, debería ser una atención exitosa,” me llenaron, sentía tremendos chorros dentro de mi”.

    Los dos hermanos cumplieron re bien siempre bajo la mirada de B, el esposo de Mica.

    Y Gonza, hizo honor a su fama, fama que Mica desconocía, pues él, la hermana y la madre casi no se comparten, salvo con Carla y conmigo. Fue muy delicado al ponérsela, ayudado por las tres eyaculaciones que tenía dentro Mica (una de cada uno de los hermanos y una del mañanero de B)

    Ver ese tremendo miembro entrando en un cuerpito tan delicado, era increíble (estábamos presentes, obviamente) pero ella lo soportó y pasados algunos instantes de reacomodo, lo disfrutó sin dudas.

    Una vez que hubo acabado, Gonza siguió como si nada, hasta el segundo, y allí se giraron y quedaron enganchados un ratito besándose y sin que Gonza se saliera de ella.

    Charlamos con Mica y B deseándoles lo mejor, que ojalá se les dé desde ya y si no en un mes aproximadamente, habrá una segunda ronda. Obviamente los tres chicos se fueron encantados con Mica.

    Terminado el” favor” a Mica y B, nos fuimos todos, y ya a mediodía con Carla almorzamos liviano y ambos super calientes por lo visto en la mañana, pasamos por el apartamento de Carla a buscar bastante vestuario, ella se vistió sencilla, llevando un bolso grande, con ropa de recambio y nos fuimos a ver como estaba el ambiente en la pensión donde vive Richard, por supuesto, se preparó por si se daba sexo anal, que aunque no es su preferido, si se excita mucho hasta llega a pedir que se lo hagan.

    Habíamos estado un mes antes, cuando Richard cogió con Carla, y ella se mostró y les hizo oral con forro a otros dos hombres que también viven allí.

    En ese mes, tal como les relaté en un relato anterior, Richard y sus dos amigos pasaron a hacerse análisis de HIV, VDRL y hepatitis. Estando todo en orden, nos preguntaban, desesperados, cuando íbamos, y les habíamos dicho que en cualquier momento, de sorpresa.

    Y por cierto, era inevitable, las conversaciones iban y venían en la pensión, y el dueño se enteró. Protestó, dijo que allí era pensión y no prostíbulo etc. etc… hasta que obtuvo lo que quería… Richard, (autorizado por mí) le dijo que si estaba cuando fuéramos, que sería de sorpresa, podría disfrutar de alguna atención. El hombre poco menos que estaba de sol a sol! Y obvio, con análisis que él mismo se pagó.

    A esta altura, ya es vox populi en el barrio que una Sra. joven y fina había ido a que la cogieran ja ja. Les avisamos que llegaríamos con una hora de tiempo, para que tuvieran tiempo de ducharse y preparar todo, con énfasis en que pusieran sillas en el patio Central, como para desfile.

    Al llegar nos esperaban con expectativa ((nosotros super, calientes después de dos días mirando como (ojalá) embarazaban a Mica)).

    Llegamos caminando unos metros por la vereda para deleite de las vecinas que miraban desde las ventanas. Carla con abrigo desabotonado y minifalda con botas arriba de las rodillas, arriba, un top luciendo el underboobs.

    Llegamos, saludo general, vemos que a la” tribuna” se suman un par de inquilinos más, ademas del dueño.

    Preguntamos cual sería la habitación destinada a la diversión, fuimos derecho a ella, Carla colocó sábanas nuevas a la cama, dejó toda su ropa y accesorios para recambio a mano y salimos, con ella adelante, para saludar individualmente a los conocidos y al dueño. Los chicos desconocidos recibieron un hola y un beso en la mejilla.

    Para el resto besos de lengua o chupones al cuello, y les entregaba un papelito doblado, en el cual había número para sortear en que orden estarían con ella.

    Increíblemente y para quedar bien, hubo acuerdo en que el primero fuera el dueño, y sorteados los otros dos (digamos P y F) y Richard, resultó el orden P, Richard, y por último, F.

    Eufórico, el dueño se paró y dijo: -Vamos? -No Sr.! Me voy a cambiar y lo vengo a buscar, como Ud. se merece, ya que tuvo la gentileza de dejarnos repetir aquí en su pensión. Una vueltita al ruedo y se va, con el ambiente ya caldeado y acotaciones varias.

    En menos de cinco minutos, regresa, zapatos de tacón, medias negras con puño elástico de silicona, y el conjunto que lució con nuestro vecino y que finalmente no usó en la despedida del embajador: micro falda tubo elastizada, cerrada por delante, y solamente tiritas por detrás con casi todo el culo a la vista. Y arriba,” blazer” blanco, con escote generoso, muy corto tipo torera mostrando generosamente eso que se ha puesto de moda, el” underboobs” y con un solo botón dorado de gran tamaño.

    Por supuesto pasó dos veces entre las dos filas de sillas, desfilando, y tomó de la mano al dueño de la pensión para llevárselo, llamémoslo D para abreviar.

    Al irse, todos admiraban (me incluyo, admirábamos, pues no me canso de verla) una vez mas su culo hermoso. Los nuevos, no invitados a participar pero a los que dejamos ver, no se lo creían… ”que buena está! que orto! que puta es! se nota que es de clase!

    Por supuesto, tengo derecho y fui a ver que hacían. D, un poco pasado de peso, se había desnudado y la estaba acariciando, mas bien manoseando toda, desde las piernas a las tetas.

    Y si bien se tomó su tiempo en eso, también le sacó el blazer y cuanto estuvo solamente con la falda, la puso de espaldas, para contemplar ese culo divino, apenas disimulado por las tiritas horizontales que hacían de parte trasera de la minifalda.

    Cuando la tuvo desnuda, se mostró como un gran chupaconcha, comenzó arrodillado frente a ella, lamiendo, chupando y metiendo la lengua en los labios de la conchita, cosa que encanta a Carla, además D se deleitaba acariciando la tirita de pelos, que gusta a todos!

    Pasaron a 69, que ambos practicaron a conciencia y luego sesión de besos de lengua, que nadie se pierde. Finalmente, la clavó en cuatro, y mostró su entusiasmo por el culo de Carla, con suaves caricias a los glúteos y mas que entusiasta” digitalización” del siempre preciado orificio… a lo cual Carla me miró, le hice un guiño, y le dijo” -ahora no, quizás después” a lo cual D respondió” -cuando sea, pero algún día me lo darás” y siguió dándole hasta que su cara se puso colorada, aceleró y acabó con un ah ahhh aaah…

    Se salió, Carla le hizo otro poco de oral para limpiarle el instrumento y le dijo… -Por hoy está bien, tengo a tres mas… y se pasaba y chupaba los dedos para no desaprovechar lo poco que había escurrido entre sus piernas. Al salir deciles que me visto y voy a buscar a P.

    -Te vas a vestir? -Obvio! Así disfrutan el desfile, espero no les moleste verme ir y venir cada vez.

    Se fue D en boxer, y así se quedó quizás con esperanzas de algo mas.

    Carla se pasó una toallita en la entrepierna, y se puso un concherito blanco, y un” vestido” negro, variante de la falda anterior, en este caso todo el vestido son tiras elastizadas horizontales, separadas unos dos centímetros, con lo cual ésta vez quedaba mucho mas visible todo su cuerpo, la espalda y cola visibles a full, los pezones escapando entre las tiritas frontales, al igual que se escapaban los pelitos entre las tiras y el concherito blanco (mini conchero digamos) era un faro entre las tiras y los pelos negros.

    Cuando se acercó, brotaron aplausos y silbidos de admiración. Seguían los comentarios subidos de tono, ella sonreía a todos y tal como indicó el sorteo se llevó a P, caminando lentamente para que la apreciaran.

    Los nuevos me preguntaron, luego de agradecerme dejarlos mirar que como la había conocido, si no me sentía mal por verla (al contrario, me encanta y la idea original fue mía y a ella le encantó). Me fui a la habitación y ya los encontré desnudos, con P refregándole la pija sobre el coño y besándose a full.

    Cuando llego P me pregunta… -vieron los análisis? En serio puedo acabarle adentro?

    -Sí, obvio, le encanta.

    -Me enojo si no me acabas adentro…

    Decir eso y que empezara a metérsela fue todo uno. Pero viendo que estaba desesperado y se iba a acabar demasiado rápido, Carla le pidió para montarlo ella.

    Lo hicieron y Carla reguló el ritmo, llevándolo despacio. Con eso lo hizo durara unos siete u ocho minutos hasta que llegó el” Acabooo” de P y se vino, según Carla en forma abundante… hacía mas de tres semanas que se guardaban para ella.

    Carla se salió, se recostó a chuparlo un poco y le preguntó si le había gustado cogerla y si le gustaba ella.

    -Ayyy Carla imaginate! Un sueño para nosotros tener aunque sea una vez una mujer como vos, nunca ni en sueños! Además sabes calentarnos… quien sabe si podremos repetir…

    -Mmmm que lindo eso que decís, me encanta satisfacerlos…ya veremos…

    P salió, Carla repite el ritual de la toallita para limpiarse lo que se escapa, aunque trata de retener lo mas posible. Y mientras se viste, vamos planificando un gran final para cuando llegue el momento…

    Salgo, y me siento con la concurrencia, será el turno de Richard. Alguno me pregunta si Carla trabaja, obvio que sí respondo, es traductora de dos idiomas, trabaja en una embajada y en una oficina internacional.

    -Pero yo preguntaba si” trabaja” ja ja, sin ofender obvio, en confianza me dice D.

    -Aahhh, trabajar lo que se dice trabajar en ese sentido no, pero… algunas veces han ofrecido, y si ofrecen algo muy importante, no rechaza…

    – Y ha sido mucho? Y cuando le respondo en voz baja, casi muere de la sorpresa! Ja ja.

    -Que increíble! Pero bueno, yo lo haría si pudiera…

    Aparece Carla, super tacos y nada menos que el camisón que había usado con el embajador, negro bastante transparente, largo al piso y formando incluso una pequeña cola como vestido de novia. El escote hasta la cintura, las tetas casi casi afuera, todo ribeteado de puntillas y sobre los senos una flor bordada en cada uno.

    Mini tanga hilo negra, casi perfectamente visible a través del camisón. Se luce, de verdad, les pasa cerca, se inclina para mostrar un poco de tetas.

    -Vamos Richard? Sos el que mas conozco.

    Richard la toma de la cintura desde un lado y yo desde el otro, pero en el primer y segundo pasos le levanto el camisón hasta que se vea un poco el culo al natural, hay un aplauso espontáneo!

    Dejo caer el camisón y nos vamos al dormitorio.

    Al llegar, la desnudo para Richard, y le digo, -Aquí la tienes, por cuarta vez en tu vida, te sigue gustando?

    -Cada vez mas!!! No sabe a veces sueño con Carla! Ahí Carla le da tremendo beso, se separa y desde la mesita toma algo que lleva a su boca…un caramelo de mentol extra fuerte.

    Parados y desnudos se refregan los cuerpos, Richard delira con ella desde el primer día que la vio en una obra en construcción.

    Se tiran en la cama y Carla comienza a hacerle oral. El efecto del caramelo de mentol es espectacular e instantáneo, se siente una sensación de hielo en el miembro y luego se da paso a la tibieza de la boca, Carla se luce y Richard toca el cielo con las manos…y también le toca todo el cuerpo, le chupa las tetas…

    Encantado con el landing strip de pelitos, le chupa concha y culo largo rato y también Carlita le hace beso negro.

    Richard le pregunta… -Algún día podré disfrutarte mas tiempo? -Ahhh vaya uno a saber, si se da se da.

    Se acuesta boca arriba, levanta las piernas y las sujeta con sus manos, luce la concha a pleno, húmeda de saliva y semen, -Cogeme ya ! Le pide.

    Se la mete a fondo, el espectáculo de ver como le entra con ella sosteniendo sus piernas levantadas es magnífico, verlo entrar y salir, mejor aún.

    Logra aguantar bastante y Carla llega a un orgasmo, algo no muy común, y luego él acaba y prácticamente cae al lado de ella y se prenden a besarse y tocarse. Por supuesto, se cumple el ritual de limpiarle el miembro.

    Mas besos y besos y caricias, a Carla le encanta como se emociona Richard al tenerla.

    Salimos Richard y yo, en boxer para ir dando el ejemplo a los que no se han puesto así, y Carla se prepara para el último de la lista, quien hemos llamado F.

    -Disculpe Sergio, podremos tenerla algún día? Me preguntan los nuevos.

    -No pierdan las esperanzas, nunca se sabe!

    Y allí viene Carla en busca de F. Alguno exclama Bestia! Otro se descontrola y le dice Yegua!

    No es para menos… zapatos dorados de 10 u 11 centímetros, cadena dorada a la cintura, de la cual penden dos hilos que a la altura de su sexo sostienen un mínimo triangulo de tela dorada metalizada, nada mas, y arriba, de un hilo dorado alrededor de su cuello, cuelga un rectángulo de tela dorada metalizada que como mínima cortina apenas tapa y destapa los senos. El triangulito frontal sobre su sexo, no se prolonga hacia atrás, su culo totalmente al aire, firme y de perfecto tamaño.

    Ahora lo pueden admirar sin transparencias ni hilos.

    Esta vez los provoca, toma la mano de alguno y se la pasa por la cola, levanta la tela del pecho y les muestra un momento las tetas.

    Se lleva a F entre susurros de admiración. Esta vez no voy a verlos, me quedo a organizar el gran final, que nadie espera.

    Y disfruto los comentarios… -Es divina! – Que putita es! -Se le nota la clase en como camina. -Como se entrega a tipos como nosotros? Tiene aspecto de ser rica!

    Les contesté a esta duda: -Le encanta sentir a veces manos ásperas y que la posean hombres que la ven como inaccesible, que a lo mejor nunca estuvieron con una mujer así. Nunca había hecho algo como hoy de desfilarles y mostrar toda su clase. Cuando termine F quieren algo mas?

    -Todo es poco ! ja ja…

    -Traigan un colchón chico…

    Uno de ellos fue a su habitación y trajo de inmediato colchón chico y una sábana para cubrirlo.

    Según me contó Carla, F resultó el de mejor desempeño sexual, en todo. Excelente besando (y viniendo de Carla esa calificación vale mucho), gran chupaconchas o mejor dicho gran lamedor de clítoris, y muy bueno para ponerla en cuatro.” Por la acabada se ve que es el que tiene mejor producción de semen, no terminaba de inundarme, como cuatro o cinco chorros”.

    Salen, Carla desnuda llevando su bolso de vestuario dice -Me doy una ducha para limpiarme y refrescarme, y vuelvo para charlar antes de irnos… pero para que es ese colchón?

    Y yo: -Amor, les dije a los muchachos de traerlo por si querías darles un regalo mas…

    -Y… bueno… si lo dijiste… hagamos algo. (Todo esto lo habíamos planificado).

    -Los pobres chicos que se agregaron no han recibido nada! Trajiste forros Sergio?

    -Sí amor, nunca se sabe.

    Les entregué uno a cada uno, se desnudaron rápidamente, mientras el resto manoseaba el cuerpo de Carla, los muslos mojados de semen que escurría de su concha, algunos le dieron a chupar sus dedos, otros le masajeaban el culo con las manos con semen…

    Cuando los dos nuevos estuvieron desnudos, Carla, para marcar diferencias, dijo: ”Se las chupo pero con forro, y el resto nos mira”, así se sacan las ganas de verme desnuda todos…”.

    Y la respuesta unánime: ”Sííí”.

    Una cosa era que se las chupara, y otra la posición que adoptó. Los hizo poner uno al lado del otro, sentados sobre el colchón. Ella puso su cabeza entre los dos, y alternaba chupando a uno y otro. Uno de ellos tiene un miembro muy normal, el otro un poquito mas largo y casi se puede decir que con forma cónica, comienza de poco diámetro, pero al acercarse al cuerpo es cada vez mas grueso hasta terminar siendo realmente muy muy grueso…” Divino para chuparlo” Y le dijo: si alguna vez volvemos a vernos, me la vas a poner a fondo”… -Sí Sra., con gusto.

    Mientras los chupaba sin apuro, tal como acordamos previamente, fue levantando el culo y abriendo las piernas, el panorama ya era indescriptible, con la concha y culo visibles a pleno y ella tragando miembro, todos miraban encantados, el culo redondo, la piel reluciente, el agujerito perfecto y los labios de la concha suaves, rosados, jugosos, con restos de semen y saliva de casi todos.

    Me acerqué y suavemente la penetré, giró la cara un momento y me dijo: Ayyy sí, que lindo, cariño.

    Mientras les hacía oral, yo disfrutaba esa conchita super llena y lubricada… hasta que al final, estando por venirme, la saqué y descargué mi amor en la raya del culo, que quedó inundado.

    Siempre de acuerdo a lo planeado, miré alrededor y le dije al dueño… -Vos querías no?

    Y se tiró de cabeza, poronga en mano apuntó a esa maravilla de abertura, parecido a un sol, todas las arrugas igualitas, cerrado, rosado, cubierto de semen.

    Comenzó a empujar y entraba muy despacio, Carla interrumpía el oral y pedía” suave suave, no pares, suave” cuando la tuvo toda adentro retomó los orales a los nuevos, mientras yo me masturbaba, y el resto seguía mi ejemplo.

    Carla les pidió a los nuevos que le avisaran cuando estuvieran por venirse y así lo hicieron.

    Sacaron los forros y ella los iba masturbando suavemente y le dijo a D: Acabame afuera, quiero todo encima, un par de minutos después D la sacó suavemente, (que bien y que rápido se le cierra el agugerito)…

    Carla se acostó boca arriba, y uno a uno le fuimos terminando encima, le dimos lo que nos quedaba ja ja… tetas, cara, vientre todos fueron regados, con preferencia de mas de uno por tirárselo en el landing strip.

    -Ahora sí a la ducha! Hasta luego chicos! Y se fue a bañar.

    Aprovechamos para limpiarnos y vestirnos.

    Aparece con su bolso y un vestido en la mano, el de alta costura que en su primera salida le había regalado uno de los embajadores.

    Pero sin nada mas que un ‘corpiño marco” de los que no tienen nada de copa sino simplemente el contorno y dejan todas las tetas al aire. Sin tanga pero con un hermosísimo falso portaligas, cintura elastizada y de puntilla, cuatro tirantes que llegan al muslo y dos ligas sin ningún tipo de media, también lo llamaríamos” portaligas marco” todo en color negro, y zapatos al tono.

    -Richard,de alguna manera te debemos a vos esta hermosa tarde, me ayudás a ponerme el vestido?

    Richard, en el cielo, se acercó mirándola como hipnotizado…la besó en los labios y ella respondió, le acarició las tetas, le besó la concha y ella se giró y le ofreció el culo para que lo besase…

    -Fin. Dijo Carla, gracias a todos! Richard la ayudó a ponerse el hermoso vestido largo de fiesta.

    -Gracias a todos, dije yo, ha sido hermosa fiesta y quien sabe…algún día se repita o algo parecido.

    -Sr. Sergio dijo uno de los” nuevos” nos quedamos con ganas de cogerla, no se ofenda si soy sincero, y nos gustaría. Somos trabajadores muy sencillos, nunca podríamos acercarnos a una mujer así! Me entiende?

    -Está claro, ya veremos.

    Y entonces Carla dijo :” ustedes dos ni me tocaron, solamente los chupé con protección”. Se levantó el vestido, dejó que le acariciaran todo, les guió la cabeza a que le besaran la tirita de pelos, lo cual les encantó, y los besó bien profundo.

    -Estaremos en contacto a través de Richard si alguna vez queremos volver o surge alguna idea ; y si gustan, nos cuesta poco que se sigan analizando, Richard les avisa así si pasa algo están listos. Les gustan las chicas o damas de sociedad?

    Dejamos la pregunta en el aire y nos fuimos a disfrutar entre nosotros dos. Fue genial vernos salir a la vereda, con ella vestida de fiesta y todos los de la pensión atrás a despedirnos!

  • Orgía con mi suegro a la mitad de una fiesta (parte 2)

    Orgía con mi suegro a la mitad de una fiesta (parte 2)

    Hola, soy Sofía con la siguiente parte de la orgia con mi suegro en la fiesta de su amigo si no hay visto la primera les dejo el enlace al final de este relato y sin más que decir continuemos.

    Sorprendida por aquel bukake que me habían hecho (que por cierto era el primero en mi vida) me baje del cumpleañero y me senté en el sofá a tomar un respiro y le daba un buen trago a la botella de vino sobre la mesa y veía como los hombres aún tenían erecciones y tenían sexo con las demás chicas.

    Con la joven recibiendo una doble penetracion levantada en el aire, la rubia y la morena en forma de sándwich con una verga en sus coños y otra en sus bocas y la asiática en 4 mientras le daban duro yo curiosa me bajaría del sofá y me sentaría a ver cómo gemia la asiática con la verga de mi suegro. Y en un descuido dejaría de cuidar mi coño y en un segundo sentiría una verga penetrarme con fuerza y era el hombre que antes estaba con las 2 chicas en su boca, me abrazo la cintura y me dio muy duro que de inmediato cedí a su verga.

    Estando en 4 frente a la asiática ella en un movimiento rápido me besaría en la boca muy caliente me sorprendió bastante ya que era mi primer beso con una mujer y entre su sexi beso y la gran verga que me estaba follando tendria otro orgasmo al igual que el que lo haría dentro de mi coño al parecer están usando Viagra porque seguían excitados y mi suegro al ver cómo me llenaban de semen haría lo mismo con la chica.

    Sin duda la más enérgica de todos era la jovencita que descargo varias cargas de semen de las bolas de los hombres, la morena era la favorita por su piel chocolate deliciosa, la rubia era una experta en el sexo lo hacía de todas formas, la asiática era muy sexi y tierna que hacía que dieran ganas de darle mas duro y yo era la nueva milf de tetas y culo grandes bien caliente.

    Despues de hacerlo por bastante tiempo ya todos estaríamos exhausto y nos quedaríamos dormidos en la sala juntos pero hey esto no acaba aquí.

    En la mañana al despertar vería que 2 hombres con la rubia y la jovencita seguirían dormidos mientras los demás no estaban, usaría una manta para descubrirme y me encontraria a la morena.

    Yo: hola, sabes dónde está el baño?

    Morena: buenos días hermosa está al fondo.

    Yo: gracias

    Ya entrando al baño me quitaría la manta mis medias y tacones entrando a la ducha porque apestaba a sudor usaría su jabón y tendria la puerta abierta.

    Y mientras pensaba en lo que había pasado la noche anterior mis pensamientos se verían interrumpidos al ver a uno de los hombres entrar a la ducha conmigo con una erección mientras le daba la espalda y el al verme metería su verga entre mis nalgas mientras apretaba mis tetas.

    Hombre: y tú quien eres hermosa?

    Yo: Sofi guapo

    Hombre: sii la milf soy uno de los que masturbaste anoche

    Yo: uff que rico

    Hombre: me alegra encontrarte aquí ya quería hacerte esto

    Y sin más aviso que ese metería su verga en mi coño empezando a tener sexo en la ducha apoye mis manos en la pared y empine mi culo mientras gemia con fuerza me sentía genial al poder gemir así. El me daría fuertes embestidas junto a ricas nalgadas mientras sus manos también jugaban con mis tetas y a pesar de tener sexo han seguido seguia apretada.

    En un momento sacaría su verga y me cargo pegando mi espalda a la pared mientras entraba de nuevo estando frente a frente, era un hombre muy sexi y bien formado lo tome para besarnos mientras mis piernas lo abrazaban y su verga era lubricada por mis jugos y el semen de los demás.

    Después de un rato me bajaría delicadamente a la tina de la regadera y con un rico movimiento me haría tener otro orgasmo mientras el soltaba su carga de semen dentro de mi, pensando en ese momento que ya los 5 hombres de la fiesta se habían corrido dentro de mi, y mientras tenía su orgasmo rápido lo saco y se masturbo en mi rostro mientras yo abría la boca tomando su semen rico.

    Ya después nos daríamos un beso y nos ayudariamos a ducharnos siendo muy lindo después de sexo. Ya saldríamos e iría a vestirse bajando al comedor guiada por el al entrar estarán todos desayunando y platicando lo de la noche anterior me senté al lado de mi suegro y ya después de un buen rato de hablar nos despedimos y nos fuimos de la casa.

    En el camino estaríamos hablando de lo que pasó y todo lo demás emocionados hasta llegar a casa de mi suegro donde pensaba solo tomar mi otra ropa e irme pero mi suegro tenía otros planes.

    Al entrar como dijo la noche anterior quería follarme con ese vestido así que sin esperar un segundo me cargaría hasta su cama y sacando tu verga dura y quitando el hilo que llevaba la metería hasta el fondo gimiendo bastante mientras miraba mis tetas rebotar y a el excitado estuvimos así como 20 minutos y tuve un rico orgasmo durante ese tiempo hasta que sentí como su verga palpitaba y soltaba más semen dentro de mi.

    Al acabar el se quedaría acostado mientras yo me daba una ducha rápida y al salir desnuda lo vería y pensaría que mi esposo estaba en el trabajo así que en lugar de Irme a casa me quedé acostada con el para dormir juntos.

    Y esa fue está gran y magnífica historia aún con su edad mi suegro es un amante del sexo y vaya que lo hace bien desde que lo hacemos hemos cumplido muchos de sus fetiches. Bueno si quieren saber más díganme en los comentarios. Hasta luego, los amo.

    **************

    “Orgía con mi suegro a la mitad de una fiesta (parte 1)”

  • Amantes de Universidad

    Amantes de Universidad

    Mi dulce compañera Ivett, una mujer joven, caderona, un busto delicioso, unos labios grandes que al besarlos se siente la suavidad que te envuelve la boca. Había conocido a esta chica a principios de enero, todo empezó por una red social, empezamos a hablar poco a poco de nuestro día e intereses, afortunadamente estudiábamos en cierta forma lo mismo, pero en diferentes escuelas. Un par de veces la llegué a ver, con esas piernotas que felizmente podría morir ahorcado… pero jamás me atreví a hablarle en persona, todo era por chat, todo empezó bien, pero conforme se fueron dando los mensajes todo cambio a un plan mas caliente, ¿y como no? Si en cada foto se miraba mas y mas deliciosa que la anterior.

    Lo bueno empieza un día que le pedí ayuda para unas planeaciones didácticas para una clase, ella acepto ofrecerme su ayuda, pero como ambos teníamos cosas que hacer y el único horario que ambos podíamos era por la tarde-noche, nos pusimos de acuerdo, ofrecí mi casa para trabajar y una noche antes ansiaba que fuera ya de tarde para conocerla, miraba sus fotos en traje de baño imaginándome quitando poco a poco la parte superior, quedando al aire sus ricas tetas… lo caliente que ponía pensar en mi amiga, mi falo me punzaba, yo solo jugaba con el tocándome la cabeza mi miembro, sintiendo como se humedecía, mis ganas eran tantas que en el bóxer quedo húmedo por el borde del donde se sobresalía un poco mi miembro. Quería y necesitaba sentir la humedad de su rica conchita caliente, empecé a imaginarla arriba de mí, saltando y moviendo sus ricos pechos, con esa carita tan perversa que tiene, tome mi pene y empecé a subirlo y bajarlo, sintiendo placer cada vez que acariciaba mi glande, subí la intensidad hasta que broto mis fluidos quedando embarrados en mi abdomen, creí que así podría dormir un poco, así que me di un baño, con la verga un poco flácida pero no del todo, tocaba mis testículos hasta empezar a notar la firmeza de mi falo para volver a masturbarme ¡Eran tantas mis ganas por Ivette!

    Llego la mañana, tome mis cosas y me fui a la universidad, pensando y deseando que ya pasaran las horas… por un momento olvide el trabajo con el que me ayudaría y solo me enfocaba en las 100 formas de satisfacer a esa rica mujer.

    A las 5 pm sonó mi celular, era un mensaje de ella, donde decía:

    -Ivett: Hola, ¿te veo hoy a las 8?

    -Claro, muchas gracias por ayudarme, ¿paso por ti?

    -Ivett: Si quieres nos vemos en un punto medio

    -Claro, solo avísame donde y yo paso, ¿va?

    -Ivett: Me parece muy bien, ¿ya comiste?

    -No, de hecho, quería preguntarte que quieres comer para pasar a comprar, es lo mínimo que puedo hacer por ayudarme.

    -Ivett: Mejor llegamos a tu casa y pedimos algo

    -Perfecto. – Le conteste

    Estaba ansiando verla, hasta que por fin llegó la hora, quedamos de acuerdo en una plaza cerca de la casa de ambos, llegue 15 minutos antes para tratar de calmar sin nervios… hasta que por fin apareció, con pantalón y una camisa super pegada, dejando ver por entre los botones un poco de sus pechos, controle mi mirada hacia sus ojos, que debo de confesar que tiene una mirada penetrante y perversa, hacen el juego perfecto con sus deliciosos labios.

    La vi caminando hacia mí, moviendo su cadera como si fuese una pasarela, era una mujer tan bella y ardiente, te hacia pecar inconscientemente.

    -Ivett: ¡Hola!, ¿estas espantado?

    -No, no, no… es que jaja me perdí viéndote. Le conteste un poco apenado mirando hacia otro lado.

    -Ivett: ¿Por qué, tan fea estoy?

    -¡No! Todo lo contrario, de cerca te ves mucho mejor, no me hago responsable de lo que pase en mi casa, he. – Le conteste riéndome

    Ella se sonrojo y se carcajeo, creo que pensó que era broma, si supiera que anoche en mi mente me corrí en sus tetas y en su espalda.

    Llegamos a mi casa y en el camino me iba diciendo que estaba cansada, me platico su día y lo estresante que había sido, yo le propuse que pidamos algo de comer en lo que ella se daba un baño para que no se sintiera tan tensa, ella no se negó, así que en cuanto llegamos, fuimos a mi habitación, le di una toalla y yo baje a esperar la comida, mi idea era subir ya cuando ella saliera del baño pero para mi bendita fortuna, la comida llego antes y subí, lento, tratando de no hacer ruido para de cierta forma llegar desapercibido para por lo menos mirarla en toalla, esa era mi verdadera intención, pero para mi desgracia aun no salía, solo se escuchaba la regadera, así que lo único que me quedaba era esperar, me acosté en la cama que quedaba exactamente al lado de la puerta del baño, y por un pequeño borde de la puerta con la pared se podría ver un poco hacia el baño, pero solo veía un silueta secándose su rico cuerpo, miraba como pasaba la toalla por debajo de sus pechos, dándose un pequeño masaje… con eso fue suficiente para ponerme caliente, tenía mi miembro duro, sentía como me punzaba, tenía la cara caliente y eso que solamente fue un poco.

    Ella salió del baño, ya con ropa, ya con el baño se veía un poco menos tensa, empezamos a comer y a platicar de la universidad. Me dijo que compro unos aceites para masajes ya que ella sufría de la espalda, yo nada tonto le propuse que yo le podía dar un masaje y ella me respondió:

    -Ivett: Probablemente si te lo acepte, pero después de terminar el trabajo.

    -Yo fascinado, pero es mi masaje y son mis reglas.

    -Ivett: Ah que listo, ¿y me podrías decir cuáles son esas reglas?

    -Como es la espalda debes de quitarte toda la parte de arriba. – Le conteste riéndome y cerrándole un ojo.

    -Ivett: ¿Ósea que si me duelen las piernas me vas a querer desnuda de la parte de abajo?

    -Así es, aprendes rápido jaja.

    -Ivett: Jaja, lo voy a pensar si te portas bien…

    Los nervios me inundaron hasta y solamente me reí y le insiste que se acostara para el masaje.

    -Ivett: Ah, ¿era en serio?

    -Claro, jamás desaprovecharía esa oportunidad.

    -Ivett: ¿La oportunidad de verme los pechos?

    – aja, no pensaba verte los pechos, pero no niego que me volverías loco

    -Ivett: ¿Por qué? ¿Qué harías? -Me pregunto mirándome a los ojos mientras levantaba la ceja.

    -Jaja no me tientes, mejor me volteo en lo que te quitas la parte de arriba y te acuestas.

    -Ivett: Esta bien, solo no te sorprendas, aquí está el aceite. -Lo saco de su mochila y me lo dio.

    Me volteé, en lo que ella se quitaba su blusa y su brasier, bueno eso pensé, pero en realidad se quitó todo, dándome esa rica sorpresa, todo excepto sus ricas bragas negras.

    Al darme la vuelta, la vi… Acostada boca abajo, no sabía a donde mirar, recorrí con mi mirada sus pies, pasando por sus piernas, demostrando el rico culo parado que se le notaba, una espalda desnuda con pequeñas marcas del brasier de todo el día.

    -Ivett: ¿Te arrepentiste?

    -No… Solo que me sorprendiste, ahora solo te voy a pedir dos cosas… Primera, te voy a tapar los ojos con esto, (era un antifaz para dormir) y segundo, no me pidas que pare.

    Comencé a ponerle aceite en la espalda media, me puse un poco en las manos y empecé a distribuirlo por toda la espalda, hasta su coxis.

    Masajeando toda la espalda, y el cuello, tomé más aceite y empecé a ponerlo en sus muslos hasta llegar a su trasero, con mis manos los tomaba y los apretaba suave, separándolos poco para tratar de ver su coño.

    -Ivett: Quítalo si te llega a molestar.

    No tomo ni un segundo cuando yo estaba bajándole las bragas, agarre con firmeza su culo y empecé a masajearlo, frotando de arriba hacia abajo, mis dedos entraban a sus labios mayores, y aquí fue donde empezó a lubricar poco a poco, dando pequeños suspiros de placer, intentaba ir lento, que sintiera la desesperación de sentir mis manos tocando su coño, deslice un dedo a la entrada de su vagina para jugar y hacer círculos en la entrada de su coño, mi intención era que me lo mojada poco a poco para empezar a introducirlo.

    Lo empecé a meter poco a poco jugando con mis dedos dentro de ella, ella solo suspiraba fuerte al mismo tiempo que yo aumentaba la intensidad, mis dedos estaban totalmente mojados de sus fluidos algo que hacía más fácil el meterlos y sacarlos, jugar un poco con su clítoris y volver a meter mis dedos, así estuvimos 10 minutos, quería tenerla sensible para que me pidiera mi verga.

    -Voltéate. – Le dije y al mismo tiempo me sobaba la verga.

    -Ivett: Ven comete esto y me harás muy feliz. – Me lo dijo y al mismo tiempo jugándose el clítoris.

    La tome por atrás de sus piernas abiertas, primero le bese las pernas hasta llegar a sus labios mayores, con mi lengua recorría alrededor de su concha, subí hasta su clítoris, comencé lamiéndolo, suave, que mi lengua húmeda se empapara de sus fluidos, recorría mi lengua desde la entrada de su vagina hasta la punta de su clítoris, me detenía un poco, para succionarlo y al mismo tiempo dentro de mi boca, pasarle la lengua de lado a lado.

    Ella con sus manos solo me tomaba del cabello y me empujaba mas hacia su concha, yo disfrutaba como se volvía loca con mi lengua, mi barbilla estaba húmeda, mojada por sus ricos fluidos, después empecé a meterle los dedos, chupando su clítoris y mis dedos dentro de ella, la follaba con mis dedos, se los movía dentro de ella, y al mismo tiempo disfrutaba comerme su clítoris.

    Pare hasta que sentí como sus piernas se tensaban, y sentía como entre mis dedos escurría más y más, la lubricación era tanta que masturbarla era fácil, sonaba cada vez que le metía y sacaba los dedos con fuerza.

    Con una mano me empecé a quitar el short y al mismo tiempo seguía mamando su concha, mi verga salía por el bóxer, con la cabeza húmeda y deseoso de penetrarla.

    Me levante, ella seguía con los ojos tapados.

    -Ahora vas a sentir como me tienes desde hace meses

    -Ivett: Quiero sentirte… ven papi.

    Tome sus piernas las puse en mis hombros, tome mi falo y empecé a frotárselo en el clítoris, rápidamente con sus fluidos se miraba brillosa.

    Comencé a meterlo, lento, sentía como su concha abrazaba mi verga, tan caliente que estaba y húmeda, lo sacaba lento, metía solo la cabeza mi miembro y la sacaba, empecé a embestirla con mas fuerza, tomándola del cuello, que sintiera como mis manos recorrían sus senos hasta su cuello, sentía como mis huevos topaban cuando lo metía todo con fuerza, nuestra excitación era tanta que sentía como poco a poco sus fluidos me iban dejando mas y mas sus fluidos en todo mi falo.

    -Ivett: Me gusta sentir esta verga- Me dijo mientras con sus piernas me abrazaba y me tobaba del cabello.

    -Te gusta sentir como me pones, te deseaba tanto, ansiaba escucharte gemir.

    -Ivett: Sigue dándome y comete mis tetas.

    -¿Eso quieres mami?

    -Ivett: No pares amor, viene un orgasmo… ¡AHH!

    -Vamos termina, ¡moja más mi verga!

    -Ivett: No quiero gritar papi, pero es tan rico sentir como me coges.

    Su orgasmo llegó, le temblaban las piernas, pero no me detuve, solo aminoré un poco el ritmo, permitiéndole que lo disfrutara.

    Me salí poco a poco de ella, tirándome a la cama, ella estaba exhausta, y yo también, pero mi cuerpo necesitaba más de ella, así que la levante sin decirle nada.

    -Ivett: Dame un minuto por favor…

    -Yo mando esta vez….

    La puse recargada en una cajonera, dándome la espalda, le abrí su rico culo y me lo empecé a comer, sentí como apretaba mi cara sus grandes muslos, me pare y empecé a embestirla, una y otra vez, comencé agarrándole la cadera, solo miraba como su coño se comía mi falo, y en cada embestida sonaban nuestros cuerpos, tomándola con más fuerza, sentía como me quería vaciar, sentía mis huevos inflamados de la leche que tenía que salir.

    -Me voy a correr mami…

    -Ivett: ¡Termina en mi espalda!

    -Que rico… dios que mujer tan rica eres, mira mi verga esta dura aun

    -Ivett: ¿Quieres que me la coma? Véndame los ojos y me lo voy a devorar como una desesperada.

    -¡Cómetelo! Quiero que te entre todo en la boca y me lo dejes lleno de saliva.

    Tome mi polla y se lo puse en la frente, dejando que se coma mis huevos, fue una mamada tan rica, como su lengua recorría desde la base de mi pene hasta la punta del glande y al llegar a la punta abría su boca para comérselo todo, primero solo la punta, después se comía todo, pegaba su frente hasta mi pelvis y con la lengua jugaba con mis huevos.

  • Me dejé llevar

    Me dejé llevar

    Era una noche cálida de verano en la que decidí salir con unos amigos de fiesta a bailar un poco, ya que no veía a mi novia desde hacía 2 semanas porque estaba visitando a sus padres que vivían en el extranjero. Llegamos al lugar y ya la fiesta estaba que explotaba; bebida en el suelo y gente besándose por doquier. Me prometí que solo saldría para acompañar a mis amigos quienes estaban solteros y buscaban un rapidito con alguna chica. Es entonces que mi mejor amigo, Raúl, me dice:

    -Hey, voy a la barra a ver si hay charla con alguna amiguita, ¿vienes?

    -Claro, a ver si puedo tomar unos chupitos que ando seco.

    Nos separamos del resto del grupo (que se quedó bailando) y llegamos a la barra. Había algunos asientos libres y decidimos esperar ahí a ver que tal. A mi lado tenía una mujer con un culo que no cabía en el asiento que estaba tomando un gin-tonic junto a su novio. El novio era bastante idiota, a decir verdad. No paraba de alardear que era un jugador de futbol excelente y que teníamos que tratarlo como tal. Entonces dice:

    -Amor me voy al baño a descargarme y vamos a la pista

    A lo que la novia responde:

    -Dale Hernán, pero tomáte tu tiempo, no vaya a ser como la última vez que te hiciste encima por andar apurado

    Observé que el hombre (Hernán) era español mientras que ella era argentina. El hecho de que fuera argentina me excitaba un poco, he de decir. Yo solía vivir en Argentina hasta mis 10 años, cuando me mudé a México, y desde ese momento que no veía una mujer argentina, y qué mujer. En ese momento mi acento volvió desde aquella época, y cuando Hernán se fue, le dije:

    -¡Por fin una argentina! Desde hace más de una década que no veía una, exceptuando mi mamá

    -¡Haay sos argentino! Acá en México vi un par nada más, y eso que llegué desde hace un mes. Me llamo Micaela, pero me dicen Mica

    -Hola Mica, soy Julio, pero me suelen decir Juli que queda más fachero jajaja

    -¡Me alegra conocerte Juli! ¿Desde hace cuánto vivís acá?

    Y comenzó a despegar la charla. Mientras, Raúl se fue a la pista de baile decepcionado porque no pudo hablar con nadie. Pasaron unos 5 minutos de charla y aún Hernán no volvía. Es entonces que Mica me dice:

    -Che y, ¿tenes novia o esposa?

    -Si tengo, pero desde hace un tiempito que no la veo porque estuvo de viaje viste

    -Ahh, ¿y le estás siendo fiel?

    -Y, eso intento jajaja, pero se hace complicado porque a mi me gusta la fiesta y la acción

    -Ajá, bueno, si te arrepentís siempre estoy yo eh *me dijo mientras miraba hacia el baño*

    -Pero vos tenés novio Mica

    -¿Quién, Hernán? Naaah Jajaja, ese boludo se puede tomar el palo si quiere, me tiene harto. Se vive mandando cagadas y desde que lo conozco pude llegar al «momento feliz» la enorme cantidad de 0 veces

    -¿¡0 veces!? Me compadezco de vos jajaja

    -¿Tu novia y vos llegan al «momento» con facilidad?

    -Yo tardo un poco pero mi novia, Ema, entre la previa y la acción, llega siempre jajaja

    -¿Y no querés intentar conmigo? -me dijo mientras se mordía un poco el labio.

    -Ni hablar, yo soy un hombre fiel Mica, aparte me estoy guardando para darle a Ema cuando vuelva, que lo va a necesitar

    -Pero ayudame un poquito nomás, hace semanas no tengo momento feliz, no la estarías engañando, sería solo para pasar el rato mientras ella vuelve

    A decir verdad, dudé un poco. Se me comenzó a parar algo y cada vez se hacía mas difícil ignorar sus tetas, como si me estuvieran mirando. Hacía muchos días que no acababa y yo estaba necesitando descargar lo acumulado. Mientras pensaba, me dice:

    -No me gusta ser muy atrevida pero… Se nota que se te está formando el bulto, ¿estás dudando no?

    Me reí algo nervioso y le dije:

    -Si jajaja, es que hace mucho que no acabo porque yo no me la hago sin Ema. Pero no es que esté dudando, es normal porque te vi un poco las tetas

    -Ah, ¿estas? -agarra mi mano y la coloca en su teta.

    -Heey pará, de verdad te digo, no quiero quilombos con Hernán

    -Bueno, entonces vení

    Micaela comienza a caminar hacia la salida sola, mientras me debatía entre seguirla o no. Finalmente, me convencí de que esto no era engañar a Ema, y fui con ella. Salimos del lugar y le digo:

    -Vení, tengo acá mi auto

    -Mmm, encima con auto, jajaja

    Nos subimos al auto y me pongo a manejar rumbo a un motel para pasar la noche, ya que no quería hacerlo en mi casa por si Ema llegaba de sorpresa. Es entonces que suena su celular, era Hernán. Ella rechaza la llamada y apaga el celular. Inmediatamente, se saca la chaqueta de cuero (que le llegaba hasta la cintura) y me dice:

    -Uff que calor, pero no prendas el aire, así me encanta

    Y entonces se me paró aún más, ese comentario me destruyó por dentro. Llegamos al Motel y le dije:

    -Perdón, ¿Podrías reservar vos? Tomá la plata, mientras yo estaciono el auto

    -Dale, te espero afuera de recepción, ni se te ocurra huir eh *se baja mientras se le levanta un poco la pollera y agarra su chaqueta*

    -No jaja, ya llegué hasta acá, no hay marcha atrás

    Estaciono el auto y me dirijo a recepción, ella estaba afuera. Me mostró la llave con el número 6 mientras me señala que haga silencio con el dedo. Entramos a la habitación, y lo primero que hice fue dirigirme al baño para buscar condones. Pero no encontré. Salgo del baño para decírselo y me agarra desde la esquina y me comienza a besar. Le agarro el culo con mis dos manos para luego bajar hasta el muslo y levantarla del suelo. Ella entendió y rodeo sus piernas alrededor de mi cuerpo. La llevo hasta la cama y la suelto.

    Comienzo a sacarme el short deportivo mientras ella se desnuda al completo exceptuando las medias y su corpiño. Entonces se recoge el pelo y me baja el bóxer, para comenzar a chuparme la pija. Lo hacía tan ruidoso que lo volvía aún más excitante, a la par que me acariciaba el pecho. Se saca mi pija de la boca para decirme:

    -Es una bestia esto, menos mal que te convencí para que vengas. Encima mirá como tenes los huevos, es verdad que hace un montón no acabas.

    -Si, de eso te quería hablar, en el baño no había condones así que hagámoslo oral nada más -le dije mientras esperaba que dijera que no había problema.

    -En mis planes iniciales ya no había condón, Juli. Quiero toda esa leche acumulada para mi, al pedo tirarla en un condón

    Eso me excito aún mas, lo que hizo que le agarrara las manos y se las llevara por su espalda. La acuesto en la almohada y le comienzo a chupar la concha. Madre mía, que concha. Sentía que estaba en un todo terreno conduciendo a través de una meseta, fue increíble. Primero le introduzco un dedo acompañado de una chupada de clítoris para caldear el ambiente, y así estoy un buen rato. Luego, cuando menos se lo esperaba, paro repentinamente unos segundos. Antes de que pudiera preguntarme que pasó, le introduzco 3 dedos de golpe acompañado de una fuerte chupada, a lo que largó un fuerte gemido

    -Dios sos un hijo de puta, lo hacés re bien, dale seguí así no pares

    Continué cada vez mas rápido hasta que se comenzó a agitar y finalmente acabó. Mientras aún se recuperaba, agarre mi verga que estaba por explotar, y comencé a penetrarla. Mientras lo hacía, le agarré las dos tetas enormes y le retorcí los pezones.

    -Aaay dios me encanta no lo dejes de hacer, dame todo lo que tenés la concha de tu madre

    Sus insultos me excitaron aún mas, pero ya me estaba cansando, por lo que me acosté a su lado, la levanté desde la espalda y, entendiendo mi pedido, comenzó a cabalgarme. Se notaba que quería mi verga pues no paraba de saltar mientras gemía mas y más fuerte. Cada vez aumentaba mas el ritmo mientras los golpes de su pelvis con la mía sonaba mas y más fuerte. Llegó un momento que no pudo aumentar mas la velocidad, por lo que, aprovechando que era más alta que yo, se saco mi verga de adentro suyo, se acostó encima mío boca abajo apoyando sus tetas contra mi pecho, y mientras se volvía a colocar mi verga en su concha me susurró al oído:

    -Sería una pena que acabes ahora, porque voy a pegarte la mayor cogida de tu vida

    Y comenzó a cogerme a una velocidad que jamás había visto. Su cadera estaba realmente muy entrenada, y su culo igual. Viendo semejante movimiento comencé a besarla mientras agarraba su culo para notar el movimiento. Luego de unos segundos le dije:

    -Estoy por acabar, salite así te acabo en la boca

    -¿Quien habló de bocas? -dijo mientras apartó su cara de la mía y me miró traviesamente.

    Aumentó aún más la velocidad y se agarró fuertemente a mí para que no pueda salir. Le dije que era peligroso acabar dentro pero no escuchó, y la verdad, yo también quería. Comencé a gemir y entonces lo solté todo. Sentí como bañaba mi propia verga de mi leche y como todos sus recovecos se impregnaban de mi leche. Disminuyó rápidamente el ritmo pero no se sacó la verga de adentro suyo. Nos besamos un tiempo y luego se salió de la pose. Comenzó a gotear su concha de semen, y me dijo

    -Mirá todo lo que acabaste hijo de mil, jamás vi semejante lecheada. Lo mejor de todo es que seguro tenés mas, y te lo voy a sacar, pero pará que llamo a una amiga.

    Continuará…

  • El aroma

    El aroma

    En el instante en que ella entró a la sala pude notar el aroma que esa mujer desprendía. Un perfume familiar que todo hombre debería saber reconocer, el olor de una presa a cazar, de una yegua a domar, de una perra sumisa a dominar.

    Aun no la había visto y aun así ya sabía la profunda naturaleza de su ser y cuando entró en mi rango de visión solo certifiqué mis primeros instintos.

    Pequeña, pálida, de complexión frágil, con el pelo negro, ojos café y leves curvas sabía vestir con sencilles y elegancia. Su expresión de niña buena no alcanzaba a esconder su necesidad de ser usada a placer por un amo.

    Semejante evaluación por mi parte no pasó inadvertida para ella, es normal que su instinto de presa le avise cuando un depredador la acecha, así como el mío me advirtió de su presencia.

    Cuando nuestros ojos se encontraron supo que ya era tarde, que había caído en mis garras y que era en vano luchar contra el instinto.

    Una sola seña con los ojos hacia el sanitario más cercano fue todo lo que hizo falta para entendiera como seguiría la sucesión de eventos.

    Una vez dentro la tomé del cuello con una mano, e introduje la otra por debajo del vestido para romper su tanga de un tirón y posteriormente guardarla en mi bolsillo como un trofeo, al mismo tiempo en ella se confundía un gemido de placer con un grito ahogado.

    Le dije al oído que la usaría como la puta que sabía que era, la giré sobre su propio eje, la tomé del pelo, levanté su falda y azoté con la fuerza y la técnica propias de la experiencia.

    Cuando decidí que la pálida piel había adoptado el tono adecuado la penetré de una estocada y con rudeza, como sospechaba la sesión de azotes había humedecido a la hembra por dentro, por lo que entre suave y hasta el fondo.

    Bombeé durante largo rato y podía sentir como mi nueva putita tenía orgasmos de manera reiterada mientras la humillaba con palabras denigrantes al oído.

    Cuando sentí que estaba por llegar volví a girar a mi presa y la invité con un gesto a arrodillarse. En seguida la perra se dio cuenta de lo que se pretendía de ella y abrió la boca bien dispuesta, para que pueda darle de beber mi semilla. Ella no desperdiciaría una gota del elixir de su amo.

    Guardé mi miembro, me acomodé frente al espejo y me fui sin siquiera mirarla.

    Ella con mi sabor aun en la boca y el rímel corrido se dispuso a arreglarse lo mejor posible. Al acercarse al espejo encontró su tarjeta con mi nombre y mi número.

    Su aroma había cambiado, ahora la perra tenía un amo.