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  • Mi vecino la tiene grande. Escena en la cama

    Mi vecino la tiene grande. Escena en la cama

    Alicia observó a su vecino desde la cama, mientras yacía acostada de lado con sus pequeñas tetas al aire. Estaba desnudo, de pie, dándole la espalda. Tenía la espalda ancha, los músculos de los brazos marcados y un culete redondo y firme en el que crecían algunos pelos. Ella tenía 30 y él no llegaba a los 24. Su metro cincuenta y ocho y su cuerpo delgado contrastaban con los de aquel joven atlético de metro ochenta que unos minutos antes, con la palma de sus manos, era capaz de cubrir la totalidad de su trasero.

    Sin embargo, de alguna manera, sus cuerpos habían cabalgado en armonía. El tamaño del pene de aquel tipo la había impresionado y atemorizado a un tiempo. No había manera de que ese prodigio de la naturaleza la penetrase sin hacerla daño.

    Sin embargo, bajo esa presencia poderosa y llena de fuerza, que en otros tiempos bien pudiera haber representado a un temible gladiador, se escondía un maestro de la caricia. Poco a poco, esas manos ásperas y esos labios gruesos habían recorrido con infinita delicadeza cada trozo de su piel. La lengua húmeda había hecho cosquillas en sus oídos. Su boca, había chupado con maestría los pezones haciéndola gritar, sus besos habían besuqueado las pequeñas nalgas y su lengua, en esta ocasión, había explorado la rajita del culo lamiendo el ano para luego ir bajando hasta detenerse a jugar con el punto g.

    Luego llegó el turno de los dedos, deslizándose con facilidad sobre el sexo empapado, llevándola cerca del orgasmo. Orgasmo que llegó poco después, cuando el miembro viril la penetró activando cada terminación nerviosa en su vagina. Cuando creía que no había lugar para más placer, el joven la abrazó, se fundió en un beso con lengua y empujó metiéndola hasta el fondo. Entonces llegó el clímax, la espalda arqueada, las piernas temblando convulsas y el cuerpo fuera de control.

    El joven sacó el pene y se acostó de lado, ella hizo lo propio. El la abrazó por detrás mientras el semen caía sobre las nalgas de Alicia.

    Luego llegó la calma.

    El vecino se agachó y recogió los calzoncillos del suelo y con ellos cubrió su desnudez. Luego dio media vuelta, miró a la mujer y sonrió.

    Ella le devolvió la sonrisa.

  • Papá me rompió el culo en la cocina

    Papá me rompió el culo en la cocina

    Mi nombre es Alexandra, tengo 27 años, mido 1.68 m. Soy de piel clara, tengo el cabello castaño claro, me gusta traerlo largo, me llega hasta la mitad de la espalda, soy delgada, tengo una cara bonita afilada y ojos color café claro me gusta maquillarme ligeramente y usar labiales rojos. Considero que tengo bonita figura ya que me gusta hacer ejercicio solo para tonificar mis piernas y glúteos, mis senos medianos y redondos, mis pezones son rositas y como montañitas. Conservo una cintura definida y un culo muy bien formado, sobre todo cuando uso jeans, se me marcan muy bien mis nalgas levantaditas y al juntar mis piernas se me forma un huequito apretando mi zona íntima, tengo piernas estilizadas que me gusta mostrar cuando uso minifaldas pues tengo la piel muy suave. Me gusta ser muy femenina, seductora y vestir provocativa, aunque siempre procurando mantener una buena imagen ante las personas que me conocen. Soy divorciada, sin hijos y actualmente vivo con mi mamá en Zapopan, Jalisco.

    Como ya les relaté en “sábado de gloria con papá”, desde mis 18 años, comencé una relación incestuosa con mi progenitor quien actualmente tiene 53 años. Desde aquel entonces hemos mantenido lo que nosotros decidimos llamar un “noviazgo”. Convenientemente mi papá ha seguido viviendo en Morelia, Michoacán, lo que nos ha permitido llevar dicha relación sin ningún problema, ya que allá nadie sabe que somos padre e hija, sino que nos conocen como pareja. Debido a que vivo con mi mamá, solamente visito a mi papá una vez por mes, para pasar todo un fin de semana con él.

    Hace tres días renuncié a mi trabajo en Zapopan, debido a que mi patrón era un prepotente y ya no soporté más sus groserías, por lo que decidí mandarlo al carajo haciéndole un buen desplante en la oficina y saliéndome por la puerta grande. Mi mamá actualmente está jubilada, después de haber trabajado como enfermera durante muchos años. Así que le propuse ayudarle a cocinar en una cenaduría que estableció junto con una amiga suya, y también auxiliar a mi papá en Morelia, con la administración de sus bodegas en el mercado de abastos, por lo que tendría una buena razón para visitar a mi papá con mayor frecuencia.

    Le comenté a mi mamá que necesitaba ir a visitar a mi papá en Morelia, para ponerme al corriente con las cuestiones administrativas de sus bodegas en el mercado de abastos, por lo que me ausentaría unos días. En la noche preparé mi maleta con algunas cosas personales, acostumbro viajar ligera, ya que allá tengo todo lo que necesito, literalmente es mi segunda casa.

    A la mañana siguiente, me levanté muy temprano para depilarme completamente, me hice limpiezas anales con mi enema y me bañé con mi shampoo favorito, que me deja el cabello muy sedoso y la piel muy suave. Al salir del baño me apliqué lubricante en el ano y coloqué mi plug anal, para sentirme excitada y dilatada. Apliqué mi crema corporal de marca victoria´s con olor a vainilla, me dejó la piel deliciosa y fresca. Yo sabia que debía ir preparada pues mi papá tenia semanas sin verme y en cuanto me tuviera a su merced me penetraría muy violentamente pues sabe que así me gusta.

    Yo quería verme muy linda y provocativa para Eduardo (mi papá), debía irme vestida de forma que él pudiese hacerme suya, en cuanto me viera, sin que la ropa fuese un contratiempo. Así que, opté por usar un vestido color verde lima, muy ajustado, cortito, de manga larga y cuello alto. Ese vestido me hace ver preciosa, me permite bajarlo a medio muslo o subirlo justo debajo de las nalgas. Además de que fue un regalo suyo y sabía que le fascinaría vérmelo puesto. Me puse unos botines negros muy lindos. Me alacié el cabello y maquillé ligeramente usando tonos cálidos y labial rojo. También me puse unos piercings pequeños en los hélix de mis orejas. Me miré al espejo mientras me rociaba un poco de loción victoria´s de vainilla, me veía hermosa como le gustaba a mi papi. Muy sexy, lista para que me cogiera con todas sus fuerzas, en cuanto me viera. Como se habrán dado cuenta no llevaba puesta ropa íntima, ya que me excita viajar sin llevar nada debajo del vestido.

    Cuando ya estaba lista para partir me despedí de mi mamá.

    —Mami, ya me voy.

    —¿Y por qué vas tan arreglada? —Me preguntó con curiosidad.

    — Ah, es que, no quiero ir toda desaliñada. —Le dije nerviosamente.

    —Pues cuídate mucho hija, no me gusta andes tan provocativa; es peligroso. Me avisas cuando llegues.

    —Sí, mami. No tengas pendiente, yo te llamo en cuanto llegue.

    —Que te vaya bien hija.

    —Gracias mami —Le dije mientras le daba un beso y un abrazo.

    Tomé mi maleta y la puse en la cajuela de la camioneta y partí con destino a Morelia, Michoacán. Durante el trayecto llevé puesto el plug anal y fui escuchando música pop y reggaetón. Después de casi 4 horas de viaje, por fin llegué a casa de mi papá en Morelia, eran aproximadamente las 12 del día. Entré a la casa, que por cierto estaba sola, ya que él se encontraba trabajando en sus bodegas en el mercado de abastos. Así que, subí a nuestra habitación para dejar mi maleta, desempacar y llamarle por teléfono a mi mamá, para avisarle que había llegado con bien.

    Después, fue el momento de llamarle a mi papá, así que marqué su número y me contestó:

    —Princesa, ¿eres tú? —Me preguntó al reconocer mi número de celular.

    —¡Hola papi! buen día. Adivina donde estoy. —Le dije traviesamente.

    —¿estás en la casa? ¿ya llegaste?

    —Sí, ya estoy aquí papi, acabo de llegar.

    —Ah, que bien hermosa. ¿Cómo te fue en la carretera? ¿Todo bien?

    —Sí todo bien, estoy esperando a que llegues. ¡Tengo ganas de verte! Ya sabes a que me refiero.

    —También yo tengo muchas ganas de verte princesa. Les daré instrucciones a los trabajadores y llego a la casa en 20 minutos.

    —Ok papi, te voy a estar esperando en la cocina. ¡Mua! ¡Mua!

    En cuanto colgué, fui directo a retocar mi maquillaje, peiné mi cabello y mirándome al espejo me retiré el plug anal, que tenía 4 horas dentro de mi ano. Al sacar el plug, sentí un ardor delicioso, mi ano estaba muy dilatado y lubricado. Listo para recibir la verga enorme de Eduardo. Me apliqué un poco más de lubricante sabor a cereza, dentro de mi ano, coloqué nuevamente el plug y levanté mi vestido un poco más, para que dejara ver la mitad de mis nalgas levantaditas; dibujándome una linda silueta.

    Faltaban unos minutos para que llegara mi papá, estaba un poco nerviosa porque sabía que llegaría directo a romperme el culo, pues teníamos semanas sin vernos y mi papá es un hombre con una verga enorme y gran apetito sexual. Y hablando de apetito yo tenia un poco de hambre, así que bajé a la cocina, la que por cierto es amplia y tiene una cocina integral de madera, con una barra grande en el centro. Mi papá siempre tiene fruta fresca que, intercambia por aguacate en el mercado con algunos de sus amigos. Agarré una sandía y la llevé a la barra para rebanarla sobre una tabla de madera, la piqué en cubitos y comí algunos de ellos, estaba muy dulce y fresca. Justo en ese momento escuché que mi papi abrió la puerta. Entró hasta la cocina y pude verlo tan guapo como siempre con su barba de tres días, peinado hacia el frente y con un copete estilizado, playera negra desfajada que dejaba ver su cuerpo definido por el ejercicio, pantalón de mezclilla con cinturón de cuero y botas casuales cafés. El aroma de su perfume cítrico tan varonil me hizo lubricar, podía sentir como mis fluidos calentaban mi vagina y el ano me latía pidiéndome ser penetrada.

    Yo me veía preciosa, con ese vestido que me dejaba descubierta hasta la mitad de las nalgas, lista para ser penetrada, ya que no llevaba puesta ropa íntima. Mi papá se acercó a mí y me tomó por la espalda abrazándome, yo agarré un cubito de sandía con mi mano y se lo di en la boca para que lo probara.

    —Está muy rica papi, ¿verdad?

    —Sí, princesa. Esta muy dulce.

    —¿te gusta como se me ve el vestido que me regalaste? —Le pregunté muy cachondamente.

    —Sí, preciosa. Te ves buenísima mi amor.

    —Tengo muchas ganas papi. Quiero que me cojas muy duro.

    —¿Te gusta como se me descubre mi culito? —Le dije con voz dulce.

    —Tócame la verga, mira como me la pusiste de dura, nada más de verte.

    —Ay papi, esta durísima —Le dije mientras le daba un beso de lengüita—. Cógeme ya, hazme tuya. Házmelo fuerte como nos gusta mi amor.

    Eduardo, me abrazó por la espalda de nuevo y comenzó a frotar su verga durísima contra mi culito, me lo restregaba muy rico. Recorrió mi cuello a besos y se acercó a mi oído para meter su lengua, me lamía y succionaba el lóbulo de mi oreja, provocándome gran excitación mientras me apretaba los senos sobre el vestido color verde lima.

    —¡Sí, papi! ¡Me gusta se siente muy rico! ¡Te quiero mucho papi bésame y hazme el amor!¡Estoy aquí para ti papi hazme tu mujer! ¡Quiero ser tuya!  —Se me erizaba la piel.

    —¡Ahhh! —Yo gemía de placer.

    —Me encantas, princesa eres una zorrita muy cachonda. —Me dijo ardiendo de lujuria.

    —Sí, papi. Soy tu zorrita. Me excitas mucho papi.

    Yo estaba contra la barra al centro de la cocina, me incliné en la barra levantando mis nalgas, mientras mi papá se agachaba para lamer mis piernas desde las pantorrillas hasta el culo, deslizando su lengua ardiente sobre mi piel, se acercó a mis nalgas y las lamio y comió a mordidas juguetonas. Se aproximó a mi ano y retiró el plug suavemente. Sentí como el lubricante sabor a cereza se escurrió como miel por mi ano. Mi papá comenzó a lamerme el ano con tal experticia que me estremeció el abdomen y arrebató fuertes gemidos.

    —¡Que rico papi! ¡Aayy!

    De pronto él introdujo su lengua dentro de mi ano, saboreando mi lubricante sabor cereza. La sensación de sentir su lengua entrando y saliendo de mi ano fue algo hermoso, yo no paraba de gemir.

    —¡Ay papi que rico!¡Sí mi amor! ¡Lámeme el culo papi!¡Me encanta!

    De pronto sentí como se acercó a mis labios vaginales, los que comenzó a lamer exquisitamente, alternando entre mis labios mayores y menores, succionando, mordiendo suavecito y lamiendo muy rico. Ensalivó los dedos de su mano derecha para pasarla por enfrente y estimular mi clítoris. Lo que me hizo comenzar a gemir como pendeja.

    —¡Que rico papi! ¡Sí, siento muy rico así bebe! ¡Sííí! ¡Ay! ¡Que rico! ¡Sííí, papi así que bien lo haces! —Le decía yo muy cachondamente.

    Él continuó dándome cunnilingus durante algunos minutos, después se puso de pie y me jaló del cabello haciendo que me arrodillara frente a él, de una forma imponente y sometiéndome como me gusta.

    —Ahora te toca mamarme la verga princesa. Ya sabes como me gusta mi amor.

    —Sí, papi. Quiero tu verga dentro de mi boca. La extraño mucho bebe. —Le dije con mis ojos cristalinos.

    Entonces desabroché la hebilla de su cinturón, desabotoné y bajé su pantalón hasta el suelo. Su verga estaba reventando de gruesa y excitada, tanto que estiraban la tela de su boxer. Yo mirándolo a los ojos con mi cara cachonda, agarré su boxer y lo bajé completamente, ipso facto, su deliciosa verga quedo liberada, pude verla después de semanas, esa verga tan hermosa, limpia y jugosa, con el vello púbico rasurado de tres días, los testículos afeitados y su glande rosa pidiéndome ser mamado. Yo no pude resistir ni un segundo y en cuanto la miré, abrí mis labios rojos y me tragué esa enorme verga, hasta llegar a la base, impactando mis labios hasta su pubis. Sentí como su glande carnoso y tierno, estaba en mi garganta. Saqué su verga por completo y un hilo de saliva se escurrió colgando de su verga. Volví a meterla en mi boca, lamiéndola, besándola y mamándola, cual si fuese una deliciosa paleta. Yo mamaba sin cesar estaba gozándola, mientras le acariciaba sus testículos con mis manos para después metérmelos a la boca y succionárselos. Se que a mi papa le encanta que le mame los testículos.

    —¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! —Mi padre jadeaba de placer.

    En ese momento él me levantó jalándome del cabello, subió mi vestido descubriendo mi culito bien formado y me dio tres nalgadas muy fuertes que me dejaron marcada, continuó quitándome el vestido para dejarme completamente desnuda. Acto seguido, se lanzó contra mis senos lamiéndolos como bestia hambrienta, se los estaba comiendo a lengüetadas, que iban desde la parte externa de mis senos hasta llegar a mi aréola, provocándome una tremenda excitación que me endureció mis pezones rositas, dejándolos alargados como montañitas.

    —¡Que rico papi! ¡Mmm! ¡Me gusta mucho! ¡Ay que rico! —me encanta como se ven mis pezones excitados—. ¡Ay, que rico papi! ¡Chúpame mis pezones amor!

    —Están bien buenas tus tetas princesa, me pones bien caliente hija. Ya tengo la verga bien dura. ¿Cómo quieres que te coja? —Me preguntó ansioso.

    —Quiero que me lo hagas duro papi, muy fuerte. Tengo ganas de sentir mucho dolor y que me pellizques los pezones. Que tal, si esta vez, me penetras analmente de un empujón y después alternas, vaginal y anal hasta que te vengas sin detenerte, aunque llore.

    —Me gusta la idea hermosa, se ve que andas bien cachonda princesa.

    —Sí, papi. ¡Cógeme! ¡Hazme tu puta! —Le dije mientras me inclinaba en la barra de la cocina, abriendo mis piernas y entregándole mi culo.

    Yo solo conservaba mis bonites negros puestos, de pie inclinada contra la barra y con mi papi detrás de mi abrazándome, acariciando mis senos. Él tenia los pantalones hasta el suelo, así que se los quitó y lo mismo hizo con su playera, a bien de estar más cómodo para cogerme con ímpetu. Sin más preámbulos coloco su gruesa verga a la entrada de mi ano, la metió solo un poquito para guiar la penetración. Sentí como su glande abrió mi ano ligeramente, provocándome un ligero ardor al estirar mi esfínter anal. Yo inclinada apoye mis codos en la barra esperando a ser penetrada por detrás. Entonces mi papi, me tomó de las caderas y me jaló violentamente contra su verga, a la vez que de un solo empujón me embistió con su enorme verga, reventándome el ano. Fue un dolor que me quebró por dentro, a pesar de la dilatación previa, siempre que él me penetra lo hace tan fuerte que es inevitable sentir un terrible dolor y más cuando lo provoca deliberadamente. Sentí un ardor insoportable por dentro, mi esfínter se vio obligado a abrirle paso a esa verga caliente y ensanchada que, entró destruyéndome a su paso hasta topar dentro de mí. a sensación de sentirme tan vulnerada y destruida me hizo gritar.

    —¡Aaaah! —Grité fuertemente mientras rompía en llanto.

    —¿Te gustó hermosa? ¿Quieres más? —me preguntó con morbo.

    —¡Aaay! Sí, papi. No te detengas.

    Entonces él, abrió mis nalgas y restregó su verga en mi culo para hacerme sentir mas dolor. Me pellizcó muy fuertemente los pezones estirándolos y apretándome los senos. Yo estaba llorando entrecortadamente. Mi papá sabe que yo disfruto mucho sentir dolor, es algo que me excita sobremanera.

    Él saco su verga y volvió a penetrarme agresivamente, sin tientos. Me embestía muy fuertemente hasta topar, y cada que lo hacía, me mandaba chocando contra la barra. Siguió penetrándome despiadadamente a jalones y empujones que me destrozaban el culo. Yo estaba llorando sin parar, tenía mi cara manchada del rímel de mis pestañas que, escurría por mis lagrimas saladas, las que saboreaba provocándome gran excitación. Me sentí muy cogida y querida por mi padre, que me estaba cogiendo de tal manera para complacer a mi lujuria. Como es normal el dolor comenzó a despedirse, dándome las gracias por haberle invitado ese día a participar en mi encuentro incestuoso. Cuando el dolor se retiró, le di la bienvenida al placer, quien me saludó con un lujurioso abrazo que, recorrió mi cuerpo con un fuego abrazador.

    —¡Que rico papi! ¡Ay sí, así! ¡Más fuerte papi! ¡Que rico se siente amor! ¡Ay que rico papi! ¡Soy tuya! ¡Cógeme mucho!

    —Mi princesa hermosa, estas riquísima mi amor. Eres una puta bien sabrosa. Hueles muy rico, tu frescura me excita mucho, que piel tan suave tienes hija.

    —¡Soy tuya mi amor! ¡Cógeme duro! ¡Ay que rico papi! ¡Sí méteme la verga bien duro! ¡Así papi así! ¡Más rápido! ¡Rómpeme mi culo! ¡se siente rico papi! ¡Que rico! ¡Ay! ¡Así!

    De pronto, sin previo aviso, él saco su verga de mi ano, ipso facto, sentí como ensartó su verga en mi vagina, abriéndose paso súbitamente entre mis paredes vaginales, me lastimó mucho y eso me gustó y causo una gran plenitud al saberme tan violentada. Mi padre jalo de mis caderas y dio inicio a una penetración vaginal frenética, me estaba penetrando de forma incesante. El sonido de nuestros cuerpos húmedos impactando, podía oírse en toda la casa, mis gemidos no se hicieron esperar.

    —¡Aaah! —yo me desvanecía de placer.

    —¡Mamacita que rica estas, mi putita preciosa! —mi padre es un experto en el sexo sabe cómo hacerme sufrir dolor y sentir placer a la vez.

    —Que buen culo tienes princesa, eres una zorra —me decía mientras me jalaba del cabello hacia atrás.

    Continuó cogiéndome vaginalmente durante algunos minutos y después comenzó a penetrarme alternando vaginal y anal, lo que me produjo una serie de sensaciones encontradas, por un lado, la sensibilidad y placer que genera sentir una penetración vaginal, ya que mis terminales nerviosas me llevan a tener un orgasmo. Por otra parte, la penetración anal que se convierte en un dolor placentero, que me resulta como una adicción. Ya que me hace daño y me causa un tremendo placer el sentir mi ano abierto, caliente y sensible. Una vez que me penetran no quiero que dejen de hacerlo. Así que, con tal mezcla de sensaciones, sentí mi vagina como un rio desbordante de excitación y mi ano como un pozo lleno de agua de manantial caliente.

    Mi papi me siguió penetrando cambiando a cada minuto de orificio, mientras me pellizcaba los pezones y me lamía el cuello, me sentí tan amada y vulnerada al mismo tiempo. Eduardo hace que me derrita en sus brazos, soy como un helado de vainilla que se derrite en su boca. Yo aventaba mis nalgas contra su verga y para que la penetración fuera más profunda, dejé apoyados mis senos contra la barra, tome mis nalgas con mis manos y las abrí muy fuertemente hasta sentir mi piel ardiendo por el estiramiento. Mi ano y vagina quedaron completamente expuestos para ser penetrados sin ninguna limitación. Cada que Eduardo sacaba su verga mi ano se quedaba abierto, ya no se podía cerrar, eso es algo que me causa un poco de vergüenza, pues es como si mi ano pidiera más y no puedo hacer nada para cerrarlo, por que él quiere seguir siendo penetrado, me hace quedar en vergüenza mostrando y evidenciando lo puta que soy, al permitir ver el interior rosado y carnoso de mi culo.

    —¡Así papá! ¡Cógeme fuerte! ¡Me duele mucho! ¡Aaau! ¡Me lastimas mucho! ¡Así me gusta papi! ¡Ay! ¡Me arde! ¡Cógeme más papi! ¡Te amo papi que rico me coges! ¡Sí hazme tu zorra! ¡destrózame el culo! ¡Ay! ¡Me duele mucho! ¡Me arde! ¡Más rápido amor! ¡más fuerte mi papi lindo!

    —Estas bien rica hija. Me gustas mucho princesa, que culo tan rico tienes. Estás bien caliente preciosa —Me decía con la respiración agitada y poseído de lujuria—. Te está sangrando el ano princesa. ¿Te gusta?

    —¡Ay papi que rico! ¡Así, me duele mucho! ¡Que rica verga mi cielo! ¡Desgárrame el culo! ¡Que rico me sangra el culo! ¡Sí! ¡Así! ¡Cógeme más profundo papi!

    —Ya me manchaste de sangre la verga preciosa. —Miré al suelo y pude ver gotas de lubricante con sangre que, se escurría entre mis piernas.

    La fuerza vigorosa de Eduardo, es notable. Aun teniendo 53 años él esta en muy buena forma ya que hace mucho ejercicio en el gym, se alimenta y suplementa muy bien. Tiene un físico musculoso y definido, lo amo.

    La verga de mi papi me estaba destruyendo por dentro en cada embestida, el placer que recorría mi cuerpo me colmaba de dicha.

    —¡Ay que rico papi! ¡Me encanta como me penetras papi! ¡Ay que rico! ¡No te detengas! ¡Sigue así papá! ¡cógeme, hazme tuya! ¡Házmelo fuerte papi lindo te quiero! —Le dije, sintiendo mi vagina lubricada, mi ano dilatado y sensibilizado.

    —Puedo ver que lo estas disfrutando mucho princesa.

    —Sí, papi. Siento muy rico, me quiero venir, ya falta poquito.

    —Quiero que tengas un squirt mi amor, para bebérmelo. ¿Crees que puedas?

    —Lo intentare papi, lo voy a hacer por ti. Quiero que me cojas analmente con todas tus fuerzas mientras yo me masturbo.

    —Aquí voy mi princesa.

    Eduardo comenzó a embestirme analmente de una forma brutal, como si fuese un obrero con un martillo hidráulico, me jalaba de las caderas reventándome el culo con su gruesa verga. Me embestía incesantemente, así continuó durante unos minutos mientras yo con mi mano derecha frotaba mis labios vaginales y mi clítoris, pasando por mi uretra, lo hice con mis 4 dedos frotando muy rápido y haciendo fricción según me lo pedía mi zona íntima. Lo que mi cuerpo me pedía yo se lo daba, más suave, rápido, lento o intenso. Hasta llegar al punto de explotar.

    —¡Ay que rico! ¡Ay papi me voy a venir!

    En ese momento Eduardo, sacó su verga ensangrentada de mi ano. Yo me di la vuelta de frente a mi papá y abrí mis piernas que escurrían fluidos sexuales. Y con mi mano izquierda me froté los senos y pellizqué mis pezones, para provocarme más excitación, a la vez que con mi mano derecha comencé a dedear mi vagina para estimular mi “punto G”. Cuando sentí que había llegado el momento y estaba por explotar, froté fuerte y rápidamente mi zona íntima con mis dedos.

    —Ya viene papi, acércate. —Mientras yo seguía estimulándome frenéticamente.

    —Vente princesa, quiero beber de tu fuente. —Me dijo morbosamente y sacando su lengua para beber sediento como bestia.

    —¡Sí! ¡Ay que rico! —yo estaba gimiendo como loca, mientras agarraba a mi papi de su cabello para pegarlo a mi uretra y se bebiera todo mi squirt.

    —Que rico mi amor, que rico esta tu squirt princesa, eres una putita.

    Acto seguido mi papá se levantó y me inclinó bruscamente contra la barra de la cocina de nuevo dejando sobre de ella mis senos túrgidos. Juntó mis piernas y me penetró violentamente por la vagina.

    —Ahora te voy a hacer tener un orgasmo princesa, te va a encantar.

    —Sí, papi. Cógeme lo más fuerte que puedas amor —Se lo pedí muy cachondamente con mi voz dulce y sensual.

    Eduardo, me penetró despiadadamente, como si quisiera lastimarme. Me aventaba contra la barra en cada embestida. Mis senos se restregaban en la superficie, mis pezones rositas y duros frotaban la madera barnizada de aquella barra rustica. Sentí mis piernas cansadas y adormecidas. La piel se me erizó y un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, los pezones se me pusieron mas sensibles. Cada que el me penetraba una llama se avivaba en mi vientre. Una sensación de angustia, cariño, vulnerabilidad y plenitud de sentirme amada me hicieron llorar de placer. Las piernas se me entumieron y quedé rendida sobre la barra.

    —Me estoy viniendo papi. Hazlo más fuerte, no te detengas. —Le pedía llorando entrecortadamente, haciéndole un gesto con la mano indicando que continuara.

    —También yo me estoy viniendo mi amor, quiero que nos vengamos juntos.

    —¡Ay que rico! ¡Ay papi me voy a venir!

    —Aquí voy princesa —Me dijo acelerando el ritmo y destrozándome con unos últimos y potentes empujones que toparon hasta el fondo de mi vientre.

    —¡Ya me vine papi!

    —¡yo también preciosa! ¡Que rico venirme adentro de ti mi amor!

    En ese momento sentí como Eduardo disparó dentro de mi vientre un fuerte chorro de semen, que me inundó por dentro, me sentí muy plena y bendecida por tan deliciosa experiencia de nuevo con mi papi. Él permaneció dentro de mi durante unos segundos y después retiró su verga, que aun estaba erecta, de mi vagina. Yo me arrodillé para mamarle la verga hasta dejársela limpia; mostrándole mi lengua.

    —¡Que rico papi! ¡Gracias amor! ¡siento tu semen calientito adentro de mí! ¡me siento muy complacida! ¡Gracias papi! ¡Gracias bebe! ¡Me encantas! ¡Te amo!

    —¡Gracias a ti mi princesa! Que me complaces tanto cada ves que vienes. ¡Eres muy hermosa! Cada día estas más preciosa mi cielo y te vuelves más cachonda ¡Te amo!

    —Yo te amo más —Le dije.

    —No, yo más —Me replicó y nos reímos.

    Comimos algunos cubitos de sandía, mientras nos abrazábamos y dábamos besos apasionados de lengüita.

    Posteriormente me limpié las piernas y mi zona íntima, con unas toallitas húmedas que tenía en mi bolso y lo mismo hice con mi papi. Como tenía hambre le propuse que saliéramos a comer unas hamburguesas, así como estábamos, ya que me parece muy excitante salir a la calle conservando el olor a sexo y el semen de mi padre dentro de mí, por lo que, solamente retoqué un poco mi maquillaje y arreglé mi cabello. En cuanto al vestido, lo dejé muy cortito casi mostrando mi culito recién penetrado.

    Fuimos a comer hamburguesas y después a tomar un frappé. Caminamos abrazados por la calle y dándonos besos acaramelados.

    Alexandra Love.

  • Discretamente explícita

    Discretamente explícita

    De nuevo por aquí, después de convertirme en mamá de nuevo.

    Por sugerencia de una amiga del trabajo, abrí una cuenta en la aplicación de moda para conocer hombres, le comenté a mi esposo y estuvo de acuerdo como siempre que le platico mis locuras.

    Ideamos una técnica definir si estaba interesada en intimar con los amigos nuevos que iría conociendo.

    Nos citaríamos en el bar de conocida cadena de tiendas que ofrece restaurante y bar, además de artículos diversos.

    Yo estaría ahí esperando al invitado mientras mi esposo merodeaba por la tienda, al llegar el candidato, le enviaría un mensaje a mi marido en el teléfono para que estuviera atento.

    La idea era tener las llaves del auto sobre la mesa siempre al llegar el nuevo amigo.

    Y si se daba la química necesaria, yo tomaría las llaves del auto y las guardaría en mi bolso, le enviaría otro mensaje a mi marido para que se acercara y lo presenta al invitado.

    Él al llegar, vería si las llaves estaban o no en la mesa entendiendo si me atraía el invitado o no y así saber si quería tener relaciones con ellos, si la llaves ya no estaban, era la señal de que si tenía interés.

    De esa manera evitaríamos parecer groseros o herir los sentimientos del otro, no queríamos que se molestaran si no había química.

    En fin, subí un par de fotos a la página para que me conocieran en mi faceta coqueta pero discreta y empezaron a llegar los comentarios casi de inmediato.

    Inicié contacto con algunos de ellos y me cité con uno de ellos que me gustó.

    Quedamos de vernos un viernes por la tarde, le comenté que era casada pero con permiso de mi marido de conocer nuevos «amigos».

    No quería parecer muy descarada para evitar problemas así que me arreglé para la ocasión.

    Y salimos rumbo al lugar de la cita emocionados.

    Era algo diferente porque el hombre con el que me iba a encontrar no sabía nada de mi fama de caliente como lo sabían ya en mi trabajo o familia.

    Me puse un conjunto beige, mini falda y saquito con una blusa blanca semitransparente y zapatillas beige de tacón de alfiler.

    Llegamos al lugar de la cita mi marido y yo un poco antes de la hora, me despedí temporalmente de él y entré al bar a buscar una mesa para sentarme, escogí una que quedaba justo al fondo de frente a la entrada.

    Mi invitado llegó puntual y me ubicó de inmediato, lo saludé de lejos para establecer contacto y se acercó feliz de verme ahí.

    Hola, Mariela?

    Hola, respondí sonriéndole extendiendo mi mano hacia él y acercando mi rostro al suyo para saludarnos de beso mientras él se sentaba junto a mi.

    Noté que su interés de inmediato se dirigió a mis piernas y sonriéndole coquetamente le pregunté:

    ¿Te gustan? Bajando la mirada hacia mis piernas y regresando a verlo pícaramente mientras acariciaba mis muslos.

    ¡Vaya que sí! Contestó César, devorando mis piernas mientras notaba excitación en su voz.

    Pues que bueno que sea así, tu también me pareces muy guapo dije acariciándole su cara.

    Cuando gustes…l e dije acariciando su mano.

    Wow! Eres muy atrevida Mariela! ¡Eso me gusta! Me dijo acariciándome las manos mientras nos veíamos empezando a excitarnos.

    ¡Atrevida y muy intensa soy! Le dije soltando sus manos mientras tomaba mi teléfono celular.

    Cuéntame, qué impresión te di al ver mi info en la app?

    Rápidamente, el sacó también su teléfono y busco la app de citas y me enseñó mi anuncio.

    Ahhh… pues primero me pareciste muy guapa y viendo tus fotos y descripción me interesó mucho conocerte.

    Ah pues que bien, dije sonriéndole.

    Ahí puse un par de fotos solo para que me puedan conocer.

    Ya ni me gustó tu forma de dirigirte a mi y tus fotos.

    Dije dejando la mirada bajar hacia su pene que podía ver ya estaba empezando a crecer.

    Mira, soy una señora casada, mamá también ya y con permiso de mi esposo de conocer amigos nuevos.

    ¿Qué buscas tú en este encuentro?

    Ni amigo recorrió de nuevo mi cuerpo con mirada lujuriosa y me dijo abiertamente:

    Contigo me animé a buscarte precisamente por eso, si eres casada ya seguramente no buscas novio sino sexo cierto?

    Jajaja… cierto, muy cierto respondí mojando mis labios y tomando mi teléfono le dije.

    No podemos desnudarnos aquí mismo pero te puedo enviar foto mía más íntima.

    A ver si te gusta lo que ves, te envío una y me envías una ok?

    ¡Va! Dijo el tomando su teléfono listo a recibir las fotos.

    Le envié una en mi oficina donde se veían mis piernas en primer plano, quién la había tomado obviamente me había visto entre las piernas mientras la tomaba…

    ¡Uy qué sexy Mariela!

    ¿Quién te la tomó?

    Un amigo dije sonriéndole, ¡vas!

    Me envió una dónde estaba sentado en una sala, muy guapo dije.

    Le mandé una en bra y tanga que me tomó mi macho negro.

    Ay! Exclamó inquieto mientras me acariciaba una pierna y me envió una en traje de baño.

    Me gustó mucho su cuerpo!

    Le envié una desnuda acostada en la cama rodeada por mis amigos de aquella reunión que tuve con compañeros del trabajo en un hotel…

    Wow! Dijo mi nuevo amigo tomando mi teléfono para ver a detalle la foto.

    Estaba acostada boca arriba con las piernas abiertas a tope abriéndome la velluda raja mientras mis compañeros de trabajo me tomaban fotos.

    Mariela…! ¡Qué bárbara!

    ¡Qué caliente foto!

    Tu turno dije guiñandole un ojo mientras tomaba mi teléfono y buscaba otras fotos más explícitas.

    El me envió una acostado en la cama de un hotel con una erección tremenda.

    ¡Estaba muy vergon! Tenía circuncisión y se veía delicioso su pene.

    Sonriendo satisfecha de ver lo que me iba a comer me acerqué un poco más a él y le dije en voz baja:

    ¿Me quieres coger?

    Antes de que me respondiera sonó mi teléfono y respondí de inmediato, era mi niñera y quería saber si le había dejado preparado todo para la cena de mis dos hijos.

    -sí, todo está listo solo para calentar, está en el lugar de dormir, ok, adiós, llego temprano…

    ¿Cuántos hijos tienes? Pregunto curioso mi nuevo amigo.

    Dos… soy mamá ya de dos niños.

    El se acercó a mi cara y me susurro al oído mientras acariciaba mis muslos debajo de mi minifalda:

    Y eres una mamá muy caliente?

    Sintiendo sus dedos llegar justo a mi raja le respondí a milímetros de su boca:

    Sí, soy una mamá muy caliente que adora conocer machos nuevos que me cojan! besándolo intensamente, dándole mi lengua y dejando que me siguiera acariciando la vagina debajo de la mini falda.

    Para los demás parroquianos pasamos como una pareja de enamorados demostrando su alegría de estar juntos.

    Tomando las llaves del auto y guardandolas en mi bolso, Time mi teléfono para mandarle un mensaje a mi esposo de que podía unirsenos ya…

    Volviendo a besarlo cachondamente, lo abracé mientras él seguía acariciándome las piernas.

    Estando con nuestras lenguas bien enlazadas en un beso francés intenso sentí la presencia de mi marido y separándome un momento de mi macho nuevo hice las presentaciones de rigor.

    Se sentó al lado mío y quedé entre los dos, recargando mi cabeza en el hombro de mi esposo le dije mientras tomaba de la mano a César y le daba un beso delicado a su mano:

    Pues hicimos excelente química dije a mi marido volteando a besarlo en la boca para sorpresa de los demás presentes en el bar, ya nos presentamos y queremos intimar!

    Pues me parece muy bien, dijo mi esposo dándome un beso en la mejilla, y tú estás dispuesto a cogerla mientras los veo?

    César se acercó más a mi lado y pasándome un brazo por la espalda abrazándome fuerte respondió:

    -sí, quiero meterle la verga frente a ti y que la veas venirse conmigo, dijo tomándome el rostro y volteandome hacia él me besó en la boca de nuevo.

    Terminado de besarlo voltee hacia mi marido y le dije: nos tomas fotos mientras cogemos?

    Sabes bien que me excita mucho dejar un testimonio gráfico de mis relaciones… dándole un beso en la boca.

    Ya sabes cuál es la condición, me dijo mi esposo mientras besaba alternadamente a ambos…

    ¿Cuál es la condición? Preguntó César.

    Volteando a ver a César le comenté: él quiere verme siempre mamar a mi nuevo macho hasta que se venga en mi boca, luego enviamos una foto de eso al azar a algún contacto de mi directorio en el teléfono.

    Dije bajando la vista ruborizada, me excita mucho exhibirme a los demás.

    Desde aquella vez que me descubrió acostándome con uno de sus amigos, me «obligo» a agregar a sus contactos de su trabajo y amigos en mi teléfono, para que si resulta ser alguno de esos contactos el elegido, le envié la foto de su esposa teniendo sexo con alguien más…

    Te molesta que envíemos alguna foto de nuestro encuentro a algún conocido de nosotros?

    Le pregunté tomando de nuevo su mano y llevándola debajo de mi falda hasta mi raja que estaba mojada ya de excitación.

    Nooo… al contrario, dijo él, será un gusto que vean que me estoy cogiendo a tu esposa! Dijo él viendo a mi marido.

    Dile cuál es tu debilidad Mary!

    Volviendo a bajar la vista ruborizada de nuevo le dije a César:

    Me excita mucho mamar, mi felicidad es mamar hasta que se vengan en mi cara o en mi boca!

    Acercándome de nuevo a César le dije al oído: déjame mamarte hasta que me des tu semen en la boca mientras mi marido nos toma fotos…te prometo que te va a encantar! Y si me das tu semen así te dejo por mi ano también si quieres…

    Al terminar de decir esto, no resistí más y le apreté el pene sobre su pantalón a manera de cerrar la propuesta.

    Cesar estaba feliz como niño con juguete nuevo y dijo sí, me encanta la idea dándome de nuevo su lengua mientras nos abrazábamos junto a mi marido.

    Terminé de besarlo y me di cuenta que él podía oler ya mi raja caliente que estaba ya destilando jugos precoitales…

    Poniéndome de pie Tomé de la mano a ambos y les dije: ¿nos vamos?

    Mi marido hizo señas al mesero para la cuenta y nos dijo:

    Adelantense uds mientras pago la cuenta, cesar me abrazó y salimos abrazados del bar felices y excitados mientras mi marido pagaba la cuenta.

    Continuará…

  • Embarazada, conozco a mi nuevo ginecólogo (partes 1, 2 y 3)

    Embarazada, conozco a mi nuevo ginecólogo (partes 1, 2 y 3)

    Transcripción de testimonio recogido en audio en Bogotá, Colombia. Todo lo narrado en este relato es basado en hechos reales.

    Parte 1

    Todo comenzó hace dos meses, para ese entonces estaba entrando al 6to mes de embarazo. Mi matrimonio iba muy bien en ciertos aspectos, mi marido era super pendiente, amoroso, responsable y educado pero la parte sexual nunca fue buena, y ahora menos, él es muy conservador y desde que quedé en embarazo optó por no tocarme un pelo. No me sentía deseada, me sentía cero atractiva, totalmente rechazada. Para rematar desde los 4 meses de embarazo mi libido comenzó a aumentar vertiginosamente. Me la pasaba excitada todo el día pero sin tener ningún contacto sexual… incluso yo intentaba tocarme pero nunca me ha gustado, aun así cualquier roce me hacía estremecer, cada día anhelaba más tener un orgasmo. Veía como crecían sin parar mi panza y mis senos y con ellos también mi deseo sexual. Me excitaba con cualquier roce, con cualquier imagen, acordándome de cualquier bobada o viendo un simple beso en una película, estaba desesperada, sentía permanentemente un calor que me invadía, sentía todo el tiempo mi vulva abultada y humedecida, se volvió una constante terminar el día siempre con mi ropa interior húmeda. Era cierto lo que me habían advertido, posiblemente me iba a excitar más fácilmente, pero estaba siendo insoportable. Por otro lado me sentía fatal, estaba subiendo de peso, mi panza y mis senos crecían cada día más, el gran tamaño de mis tetas siempre fue mi mayor atractivo pero ahora era tan impresionante que era el centro de todas las miradas a donde llegaba y recibía piropos e indirectas en todo lado, y más estando en Santander, que es un departamento tan machista… pero aún así no me sentía atractiva, hasta llegué a justificar a mi marido por no fijarse en mí… Estaba en depresión.

    Volver a Bogotá mejoró un poco mi ánimo, tuve que hacer papeleos de rigor y organizar mi agenda de controles médicos, llegó el día en que tenía que pedir control ginecológico, hice la llamada y programé la cita para la semana siguiente.

    Llegué a la cita, me llamaron al consultorio y me recibió un hombre alto, maduro de contextura gruesa y muy educado, impecablemente vestido con corbata y con una bata blanca que se veía como nueva. Me saludó cortésmente, pero con seriedad, se presentó, me dio la mano y me hizo seguir. Recuerdo que su saludo me dio mucha confianza. Me hizo preguntas de rutina, me pidió que me quitara toda la ropa y que me pusiera la bata. Me pidió que me descubriera la parte de arriba para examinar mis senos. Lo hice con un poco de pena, no me sentía bien, en mi opinión estaban demasiado grandes. Se puso unos guantes y se acercó a mí y me abrió la bata. No olvido su reacción cuando me vio los senos, hizo un gesto frunciendo el ceño, pero no entendí. Comenzó a examinarme. La manera como lo hacía era muy diferente a mi anterior doctora. Realmente me examinó con mucha delicadeza. Primero tomó mis senos por abajo como sintiendo el peso, recuerdo ver que se salían de sus manos, para ese momento ya estaban realmente enormes… los palpó por debajo, luego los apretó ligeramente tratando de abarcarlos con toda su mano y palpando diferentes puntos, luego se concentró en los pezones y los apretó durante un rato suavemente preguntándome si había notado alguna secreción o molestia. Eso fue todo. Y se notaba que lo hacía concentrado en su labor, se veía totalmente serio, concentrado y con la prudencia de un profesional. No se si era mi estado de ánimo o emocional, pero desde el momento en que comenzó a examinarme me sentí cuidada, en confianza, tratada con delicadeza. Pero inevitablemente en mi estado cualquier roce generaba un caos en mí… realmente pasó algo que no esperaba. Cuando se concentró en los pezones debo confesar que sentí placer, mucho… Sé que yo estaba mucho más sensible que de costumbre, que mi libido estaba en las nubes, pero no se qué me pasó, o de qué manera lo hizo… Eso sí, duró más tiempo de lo normal en ello pero fue el tiempo suficiente para que mis pezones se pusieran muy duros, y nada qué hacer…mi vagina se humedeció. Últimamente me mojaba por todo. Me sentí apenada, confundida. No lo podía creer, qué me estaba pasando? Me había gustado. Había sentido placer. Pero cómo? yo era una mujer casada, embarazada, con la panza enorme y él un total desconocido, además era mi médico y simplemente hacía su trabajo. Mi cabeza dio vueltas. Tal vez 6 meses sin contacto sexual alguno, sin tener un orgasmo y ahora con la libido en el techo estaban haciendo efecto inmediato con cualquier estímulo. Pensé “después de 6 meses por primera vez un hombre me está cogiendo las tetas”, esas tetas que ahora todos me miraban con morbo. Pero por qué no podía yo diferenciar de un hombre cualquiera a mi médico en plena consulta? Esto no estaba bien. Me dio mucha pena. Además con el embarazo estaba lubricando mucho más y sentí como me había humedecido. Él se iba a dar cuenta al revisarme. Quería que me tragara la tierra.

    Me pidió entonces que me acostara en la camilla y pusiera las piernas sobre los estribos. Muerta de la pena lo hice y cerré los ojos. Claramente se iba a dar cuenta de cómo estaba. Además siempre estoy totalmente depilada permanentemente. No había manera alguna de disimular.

    Me acosté y abrí totalmente mis piernas apoyándolas sobre los estribos de la camilla. Yo estaba muerta de la pena. No me imagino la escena, la visión que él tenía, mis pezones seguían duros y seguro se marcaban a través de la bata, yo estaba totalmente abierta, depilada y mojada. Se ubicó sentándose frente a mi vagina. Tocó mis labios mayores separándolos un poco y me dijo que los veía un poco inflamados y que veía bastante flujo… yo sentí como me puse de mil colores, creo que estaba totalmente roja de la pena. Me preguntó si había tenido alguna molestia y tímidamente le contesté que no levantando la cabeza, pero mi panza no me permitía verlo… Me dijo que ambas cosas podían ser normales por el embarazo. Comenzó a examinarme muy suavemente, sentí como delicadamente me abrió los labios mayores y sentí como con la otra me introdujo lentamente 2 dedos para hacer el tacto. Era evidente mi humedad. Yo estaba avergonzada. Sus dedos entraban y salían, daban vueltas palpando minuciosamente las paredes de mi vagina. El consultorio estaba en completo silencio y se oía perfectamente mi humedad. Se que era un simple examen, y no duró ni un minuto, pero nada que hacer, definitivamente yo estaba demasiado excitada. Un minuto que fue eterno. Terminó el tacto y me dijo que me podía vestir. Yo no podía ni verlo a los ojos de la pena.

    Después de vestirme me invitó a sentarme pero realmente quería salir corriendo. Me hizo otras preguntas de rutina, alimentación, sueño, Luego me preguntó por mi matrimonio, respondí que todo muy bien y me preguntó si estaba manteniendo relaciones sexuales. Me dio un poco de pena pero le le dije que no, me preguntó hace cuánto y le dije la verdad, 6 meses. No dijo nada, solo añadió que por si quería tenerlo en cuenta, no debía tener temor, que las relaciones sexuales no representaban ningún riesgo ni problema en mi embarazo, y que por el contrario podían fortalecer mi suelo pélvico, también recuerdo que me mencionó hormonas del semen que ayudaban a fortalecer el útero y favorecían las contracciones para el trabajo de parto. Lugo me dijo que había encontrado todo bien, pero que había notado cierta distensión, que me recomendaba una terapia con ejercicios de entrenamiento del suelo pélvico como preparación para el parto. Me preguntó si podía volver la semana siguiente. Un poco preocupada acepté. Agendamos y salí del consultorio. Salí de allí muy apenada.

    Parte 2.

    No paré de pensar en esos días en lo sucedido, me sentía avergonzada pero de cierta manera con mucha curiosidad. A los pocos días tenía la segunda cita. Pensé en cambiar, pedir que me atendiera una mujer o algo así, o simplemente desistir, pero pensé que era sólo mi imaginación que el tipo era un profesional y no debería pensar cosas que no eran. Me metí a internet a buscar sobre suelo pélvico y encontré mucha información y vi que no era algo grave y que los ejercicios eran básicamente de contraer los músculos como para aguantar la orina, no me pareció complicado. Igual, llegué muy nerviosa. Me ponía nerviosa el procedimiento, tenía mucha incertidumbre. Primero me invitó a sentarme y me explicó qué era el suelo pélvico, un conjunto de músculos de la pelvis y me explicó la importancia que tenían en toda la etapa de gestación y más aún en el momento del parto. Me dijo que había sentido cierta distensión al momento de examinarme, que me tranquilizara, que no era nada grave y que primero quería hacerme un examen para determinar cómo estaba. Luego me daría una serie de prácticas que podía hacer en casa. Yo estaba nerviosa pero era una sensación que nunca había sentido, una mezcla de nervios y ansiedad. Me pidió que me desvistiera y que me pusiera la bata. Me la puse con el sostén puesto, no me esperaba que me examinara los senos, pero me sorprendió cuando me pidió que también me quitara el sostén. Lo hice de inmediato y nuevamente comenzó el mismo el examen de la vez pasada en mis senos, los pesó, los palpó los apretó y al final lo mismo, sus dedos llegaron a apretar mis pezones, y nuevamente vino el placer, la misma sensación… tenía que reconocerlo, sentía placer y esta vez no fue diferente, me volví a excitar. Me pidió que me acostara en la camilla y separara las piernas sobre los estribos y otra vez vino el miedo y la pena, se iba a dar cuenta al examinarme. Comenzó, sentí sus dedos separando mis labios mayores. No me hizo ningún comentario pero nuevamente estaba muy mojada. Tenía el corazón a mil. A continuación me dijo que iba a comenzar el examen practicándome unos ejercicios de terapia de suelo pélvico, que me relajara y que me explicaría en qué consistía. Me dijo que iba a introducir dos dedos y yo debía contraer tratando de apretar al máximo sus dedos con mi vagina, debía contraer los músculos vaginales cuando él me dijera. Yo estaba nerviosa, pero intenté relajarme. Me pidió que todo el tiempo mantuviera los ojos cerrados y me concentrara. Sentí como con una mano tomó mi vulva, separó mis labios mayores y con la otra sus dedos entrando en mi vagina suavemente. El procedimiento era simple. Los metía muy lento en mi vagina, profundo, y me pedía que contrajera, luego los sacaba muy lento y me volvía a pedir que contrajera. La terapia era repetir ese procedimiento una y otra vez, pero parecía que nunca iba a acabar… yo con los ojos cerrados y él indicándome cuándo contraer. El tiempo se me hizo eterno y fue difícil aceptarlo pero sin duda me estaba sintiendo cada vez más confundida. Me estaba comenzando a sentir muy extraña, al principio no quise aceptarlo pero la verdad los movimientos de la terapia me hacían sentir literal como si me estuviera estimulando con sus dedos. Al meter y sacar sus dedos pasaba una y otra vez rozando mi punto G, era como una tortura… y para completar la mano que estaba abriendo los labios me estaba generando una presión muy sutil cerca al clítoris… Y yo, embarazada, con la libido al máximo y tras casi 7 meses sin tener relaciones ni ningún estímulo sexual. Fue muy confuso. Puedo jurar que el tiempo se estaba haciendo eterno y cada vez crecía más el vacío en mi estomago, al principio no lo quería aceptar pero fue inevitable, me estaba sintiendo cada vez más mojada, yo trataba de concentrarme y no abrir los ojos pero no exagero, por las características de la terapia se sentía casi como si me estuviera emulando un pene con sus dedos. Era cada vez más insoportable la sensación, eso me dio mucha pena, me sentía terrible, estaba muy mojada. Yo estaba muy muy apenada y tratando de concentrarme en las instrucciones del doctor. Literalmente sentía como si estuviera teniendo sexo muy despacio, estaba siendo insoportable. Yo nunca me masturbo pero por incluso en un momento tuve el impulso de agarrarme las tetas y apretarlas, pero claramente no lo hice ni hubiera sido capaz. No se cuántos minutos habían pasado, pero yo me estaba acercando al orgasmo. Era inminente, y pensé en pedir que parara, pero me dio mucha pena decirlo, no podía ni hablar… él siguió con la terapia, y yo iba a venirme en cualquier momento, además intentaba verlo pero mi panza lo tapaba… me dejé ir casi inconsciente por la excitación y llegó un momento donde con sus dedos en el fondo de mi vagina, me pidió que contrajera y no se si accidentalmente apretó un poco más la mano con la que me abría los labios… o indirectamente rozó mi clítoris… como sea, fue el límite… sentí un placer intenso a punto de explotar… Recuerdo que me agarré de las sabanas de la camilla y apreté la boca para no gemir, pero mi pelvis se elevó, mi vagina comenzó a contraerse una y otra vez, mi cuerpo se retorció de placer y mi respiración se agitó… Traté de no hacer ningún ruido pero inevitablemente mi cuerpo se retorció de placer y claramente mi respiración se agitó. No se podía ocultar, era evidente, innegable, estaba teniendo un orgasmo fuertísimo. Y él lo vio todo.

    Él como ginecólogo experimentado claramente pudo deducir lo que estaba pasando en ese instante. De la pena yo no podía no abrir los ojos. Me llevé la mano a los ojos y no supe qué decir. Él sin decir nada se retiró lo escuché quitarse los guantes y comenzar a escribir en el computador y a lo lejos me dijo que me podía vestir. Yo moría de la vergüenza. Al vestirme me dijo que pasáramos al escritorio. Me senté y lo vi muy serio, no me dijo ni una sola palabra, solamente agendamos para la siguiente semana. No fui capaz de mirarlo a los ojos para despedirme. Mi esposo me recogió, me subí al carro y me sentí terrible, subiéndome al carro de mi esposo acabando de tener un orgasmo con los dedos de otro hombre… y embarazada. Sentí pánico, necesitaba hablar con alguien pero no era capaz de contarle a mi esposo, solo le dije que había pasado una vergüenza durante el día, pero creo que ni me puso atención…

    Ahora mi prioridad era mi embarazo y aunque me confundía mucho la situación, llegué a la casa directo a investigar si existía ese tipo de terapia y vi que de cierta manera era factible excitarse. Estaba consciente que fui a esa terapia como algo necesario para la salud de mi embarazo, sabía que era algo médico, pero no podía negar que me producía placer. Dude en volver a ese consultorio, sentía que si volvía era ir a tener un orgasmo con los dedos de otro hombre y luego esperar a que mi esposo me recogiera. Me estaba sintiendo de cierta manera infiel, pero en el otro lado de la balanza estaba el cumplir el deber de cuidar de mi embarazo.

    Al día siguiente no aguanté y tuve que contarle a mi mejor amiga, ella es terrible y ha vivido mil cosas, ha tenido muchos amantes y es muy liberal, pero al fin y al cabo es mi mejor amiga… no me había desahogado con nadie y tuve que verme con ella y contarle la situación. Sólo se reía y decía que no lo podía creer, pero que le parecía delicioso… yo en cambio no me sentía bien, al doctor siempre lo veía muy serio y profesional, yo era la que me sentía culpable, pero no podía hacer nada, sabía que podía haber excitación sexual. Mi amiga me sembró la duda cuando riéndose me dijo me dijo que tranquila, que no me sintiera culpable, que era normal y que seguramente el doctor también se excitaba… se burló todo el tiempo, me decía que lo que yo hacía era “calentar a ese señor con ese par de tetas”, que si tanto me revisaba las tetas era porque seguro le encantaban, que si seguía así me iba a ganar un polvazo… Ella tiene su sentido del humor particular y detesta a mi esposo… pero la sentía como el diablito de la conciencia… Yo me reía y le decía que nadie se fijaría en una mujer embarazada. Mi amiga en tono de broma me dijo que con esas tetotas cómo no se iba a excitar el tipo, que fijo me tenía ganas y más comentarios así, me dijo que tuviera la seguridad que más de uno que yo conocía se hacía la paja pensándome, yo solo me reía de lo que decía y lo tomaba como una broma pesada… la verdad la conversación con ella no fue de mucha ayuda, solo me llené de preguntas, ¿podría ser eso posible? ¿habría pasado por lo menos una vez en alguna parte del mundo? ¿era posible que un doctor se excitara tanto con una paciente y además embarazada? Alguna vez algún ginecólogo habría terminado penetrando a su paciente en plena consulta? Igual me parecía inverosímil. Un médico siempre debía mantener su ética. Jamás se iban a confundir las cosas. Mi cabeza daba vueltas. Terminé en internet buscando casos de relaciones sexuales entre médico y paciente y obviamente lo primero que me salió fue un montón de porno en donde el actor vestía bata de médico y la actriz era la paciente. Me ganó la curiosidad y en el buscador puse “embarazada y ginecólogo” El primer resultado era nuevamente porno, era un video y la miniatura era la escena de una mujer de 8 o 9 meses de embarazo acostada en la camilla ginecológica con las piernas abiertas y un tipo con bata de médico de pie en frente de ella con los pantalones abajo penetrándola. Mi corazón se puso a mil y no quise abrirlo. Pero no aguanté, quité todo el volumen, me devolví y le di click. Comenzó a andar el video, no tenía preámbulo, simplemente era la escena donde el supuesto ginecólogo estaba penetrando con todas las ganas a su paciente en estado avanzado de embarazo mientras le amasaba las tetas, la mujer se veía delirando de placer… no se cuántos minutos pasaron mientras veía eso pero recuerdo que pensé que sus tetas se parecían a las mías… Cerré el video y borré el historial. Me di una ducha caliente. Al salir de la ducha me vi al espejo. Tal vez yo no estaba tan mal. A mis casi 7 meses de embarazo mi cuerpo era todo voluptuosidad, tenía una panza enorme tan exagerada que parecía de 9 meses… pero mis senos estaban enormes, duros y tersos, los agarré y los pesé, estaban cada vez más pesados y no cabían en mi mano… así a mí no me parecieran muy estéticos por estar excesivamente grandes, tenía que admitir que un par de senos así, naturales y así de enormes eran la fantasía morbosa de cualquier hombre, así que no era tan descabellado… Me volteé y vi mis caderas, estaban amplias. Mi cola había crecido, incluso mis nalgas ahora se veían más redondas. A la larga no era eso lo que le gustaba a los hombres? pensé con resignación. Estaba literal “piernona, culona y super tetona”. Ahora entendía mucho mejor todo, las miradas morbosas y los susurros de los hombres en la calle, en la portería del conjunto, en la tienda… Ahora entendía por qué el peladito domiciliario de esa tienda que no me quitaba la mirada de las tetas solía pedirme el baño cuando subía a traerme los paquetes, claro, sí en ese baño estaba la canasta con mis tangas sucias; ahora entendía la excesiva amabilidad de uno de los vigilantes del conjunto, otro que no me quitaba la mirada de las tetas; ahora entendía lo cariñoso que se había vuelto mi suegro y tanta insistencia porque usara su piscina en Bucaramanga. Se me pasaron mil imágenes por la cabeza y volvieron las palabras de mi amiga a mi mente “de todos los tipos que te conocen más de uno se hacen la paja pensándote” Las imágenes llegaron a mil a mi mente… Y si mi amiga más allá de bromear hablaba desde un visión más desarrollada de la realidad? Tal vez lo que decía mi amiga no era tan descabellado. Tal vez no era momento de no sentirme deseada sino de darle la vuelta a todo y por el contrario aceptar, que prácticamente todos los hombres que me conocían querían follarme en ese momento.

    Parte 3:

    Al día siguiente mi esposo amaneció histérico por haber invitado a mi amiga a la casa, la detesta, sabe que es terrible y la considera mala influencia, pero la adoro. Discutimos muy fuerte y me trató muy mal, insinuando cosas que no eran ciertas, me puse muy mal y me dio mucho mal genio. Salí de la casa histérica y aún no se si la discusión influyó en algo pero ese mismo día decidí continuar con las terapias, ya no quería seguir sintiéndome culpable por cada cosa. Ese mismo día pedí un nuevo control.

    La semana siguiente llegó el día del control, y ese mismo día me llamaron del consultorio a pedirme que fuera al final de la tarde pues el doctor había tenido una urgencia que atender. No tenía nada que hacer así que acepté. Ya las cosas con mi esposo estaban un poco más suaves y no me dijo nada del cambio de horario. Desde que salí de mi casa me sentí diferente, ese día todo me pareció diferente, yo iba con una actitud diferente, ni siquiera iba pensando en lo que había pasado antes ni en la discusión con mi esposo, había pensado mucho en todo lo que me dijo mi amiga y decidí soltar la culpa y dejar de hacer suposiciones.

    Llegué al edificio del consultorio y me anuncié, subí pero por la hora no había nadie, ni en la sala de espera ni en recepción. Él ya me esperaba en la puerta del consultorio. Me recibió y se excusó por el cambio de horario. entré y todo transcurrió normalmente, me dijo que me iba a hacer el chequeo general y esta vez me aclaró que me quitara el sostén. Todo iba normal pero desde que me saludó lo sentí diferente, no se si era solo yo, o el ambiente pero a él lo noté diferente a las veces pasadas. Al examinarme los senos fue diferente, no se exactamente si fue sugestión por lo que me dijo mi amiga o qué cambió, pero se sintió diferente, él seguía palpándome igual que las veces pasadas, pero me pareció que se estaba demorando más de lo normal y no fue brusco, pero ya no era tan sutil como antes, ese día cogía mis senos diferente, como si los apretara mas. En medio del examen se le salió algo que yo no esperaba “tienes unos senos hermosos” me dijo sin sonreír, “han crecido desde la última vez” anotó. Sentí que me puse como un tomate, pero tampoco fui capaz de decir nada.

    No se si era el tiempo que llevaba palpando mis senos, o la forma como lo hacía, o la sugestión por lo que me dijo mi amiga, o los “piropos” que me acaban de decir él, pero ese día me estaba excitando más que siempre… ese día más, no sabía qué hacer pero tampoco era capaz de decir nada.

    Terminó con mis senos y me pidió que me acostara y abriera las piernas. Si las veces pasadas esta mojada, esta vez estaba absolutamente empapada.

    Comenzó revisándome, me abrió los labios mayores con los dedos de una mano, y con la otra me introdujo 2 dedos, y comenzó la terapia de suelo pélvico.

    Yo estaba sugestionada, me di cuenta. Lo que me dijo mi amiga, lo que leí, lo que pensé, la imagen del video porno de la embarazada siendo penetrada por su ginecólogo… todo me daba vueltas en la cabeza, ese día me sentía más excitada que los otros, me sentía más mojada, además ese día todo era diferente insisto, sentía un movimiento muy sutil en la mano que estaba abriendo los labios, una especie de presión muy sutil cerca al clítoris, como siempre, pero ese día pareciera que estuviera haciendo un movimiento suave, eso me puso a mil, estaba incluso peor que los otros días, no llevábamos ni 2 minutos de terapia y sentí que iba a venirme en cualquier momento, estaba demasiado excitada.

    En un momento sentí el orgasmo acercarse, me dejé ir casi inconsciente por la excitación y suspiré en voz baja, reaccioné inmediatamente y me puse roja…esta vez él sí me habló. Me dijo no me preocupara, que él entendía perfectamente mi reacción sobre todo por mi embarazo y la situación en mi matrimonio… y me dijo que lo mejor era que paráramos. Quedé paralizada de pena. No entendía por qué paraba. Me iba a regañar? Sentí mucha vergüenza. Me pidió que me sentara, yo estaba muerta de la pena pero aún muy excitada, no era capaz de pronunciar palabra, me senté apoyada con los brazos atrás pero pues seguía totalmente abierta de piernas con las piernas en los estribos de la camilla, no entendía… él se quitó los guantes, los botó a la caneca y se acercó mucho a mi me dijo que entendía lo que estaba sintiendo y lo que estaba pasando pero que no me preocupara que eso no iba a salir de ese consultorio, me dijo que el era un profesional pero que le parecía muy injusto lo que estaba pasando en mi matrimonio, que le parecía una mujer muy atractiva y muy buena y que no era justo sufrir ese abandono. Todo esto lo decía mientras me acariciaba mi enorme panza (cosa que nunca había hecho). Yo siempre lo había visto muy serio pero en ese momento su mirada era diferente y se alternaba entre mis ojos y mis panza, pero por momentos me miraba los senos… él estaba literal a centimetros de mi y me abrazó, sentí sus manos en mi espalda y su respiración en mi oído, estaba agitado, sus manos acariciaron mi espalda… Se quedó ahí inmovil uno segundos que me parecieron eternos. Yo estaba totalmente desnuda, abierta de piernas y con las tetas al aire y él me estaba abrazando. Era muy extraño todo. Su respiración se hacía más pesada y de pronto su boca fue a mi mejilla en un suave beso, sentí un corrientazo en todo mi cuerpo, no supe qué hacer, se acercó a mi oído y me dijo que le parecía hermosa y me volvió a abrazar, yo estaba paralizada, su boca se posó en mi cuello en un beso que me hizo sentir un corrientazo. Ahí reaccioné y le dije que por favor parara… su boca siguió dándome besos en el cuello y yo intenté separarlo con mis manos, subió y buscó besarme en la boca, traté de separarlo de mi con más fuerza, le dije que parara, pero insistió, una mano me tomó de la nuca buscando que no me separara y su otra mano fue directo a uno de mis senos, su boca no paraba de buscar desesperadamente la mía y con desespero su mano literalmente intentaba abarcar una de mis tetas que se no cabía en su mano. Yo intentaba separarlo de mí con ambas manos pero por la posición era muy difícil… él no paraba de insistir, quitó la mano de mis tetas y la llevó directo a mi vulva… yo estaba empapada, él palpó mi vulva y apoyó un dedo en la entrada de mi vagina y el dedo pulgar directamente en mi clítoris y comenzó a frotarlo, yo intentaba separado cada vez con mas fuerza pero él insistía también cada vez más, me estaba intentando besar a la fuerza, con una mano en mi nuca evitaba que me separara y con la otra me estaba masturbando… era demasiado, sentí que me iba a venir de nuevo en cualquier momento, le decía que parara mientras él me seguía intentando besar con ansias… intenté quitarle la mano de mi vulva y lo logré… quitó su mano pero siguió besándome la cara, el cuello y lo que alcanzaba con desespero y de un momento a otro pasó algo que aún no olvido: en medio de su sus besos desesperados por mi cara y mi cuello escuché el sonido de una cremallera. En ese momento sentí una mezcla de pánico y excitación que nunca en la vida había sentido, inmediatamente intenté separarlo con toda mi fuerza y alcancé a ver hacia abajo. Tenía la cremallera del pantalón abierta y rodeada de una mata de pelo se alzaba una verga enorme, totalmente erecta y con unos testículos enormes y pesados… pero lo que más me impresionó fue la cabeza de su pene, era enorme, redonda y se veía a punto de explotar, estaba brillante y salía una gota de líquido preseminal. El tamaño de los testiculos también me impresionó, se veían repletos. Esa vista me duro un segundo pero fue suficiente. Él se acercó rápidamente y me volvió a abrazar con fuerza, mi enorme panza no me dejaba ver nada pero podía sentir su glande inflado y empapado buscando con desespero la entrada de mi vagina. Sentí una mezcla de pánico y excitación, ambas al máximo y seguía intentando separarlo. Estaba empapada, sabía que en cualquier momento su pene iba a entrara hasta el fondo sin ningún esfuerzo… él me seguía besando con desespero la cara y buscaba mi boca, mientras sus manos trataban de abarcar mis senos en su totalidad, ni él ni yo podíamos ver lo que estaba pasando abajo, mi enorme vientre nos lo impedía, pero la cabeza hinchada de su pene erecto frotaba contra mis nalgas, mis piernas y mis labios mayores, pensé “no puede ser, va a pasar” y solo atiné a decir algo que aún no proceso: “tiene un condón?” Ni yo misma podía dar crédito a lo que acababa de salir de mi boca. Acababa de decretar mi propia sentencia. Con esa pregunta le estaba diciendo que le permitía penetrarme, ya no había marcha atrás, yo estaba totalmente abierta de piernas con las piernas en los estribos y totalmente mojada. El rápidamente se irguió y se terminó de desabrochar el pantalón y se bajó del todo los calzoncillos… y ahí lo pude ver bien, de pie, alto, maduro, grande en todo sentido, vestido impecable, pero con los pantalones abajo y un miembro absolutamente enorme, de lejos mucho más grande y grueso que el de mi esposo. Recuerdo que pensé que jamás me habían metido un pipí tan grande… todo esto duró sólo 1 segundo, él se acercó a mi pero mi enorme panza ya no me daba ver nada, sentí que comenzó a frotar su pene en mi clítoris, yo estaba absolutamente en shock pero a la vez muy excitada, no me salía una palabra pero lo que me estaba haciendo en el clítoris me tenía a punto de venirme de nuevo… hasta que sentí que su enorme glande dejó de jugar con mi clítoris, y se deslizó hacia abajo, abriéndose paso entre mis labios mayores y se ubicó en la entrada de mi vagina… era inminente, me iba a penetrar. Puse inmediatamente una de mis manos en su pecho tratando de detenerlo y sólo atiné a decir “póngase cond…” No alcancé a terminar la frase cuando sentí como su enorme pene entró totalmente en mi vagina, hasta el fondo de un solo empujón, hasta que sentí sus enormes testículos peludos contra mis labios mayores y un gemido morboso salió al tiempo de su garganta. Me había penetrado sin condón. Al ser consciente de ello mi cuerpo se contrajo, no pude evitar apretarme las tetas con ambas manos y exploté en un orgasmo muy intenso, de los más intensos de toda mi vida… terminé de retorcerme de placer y abrí los ojos, ahí estaba él, con su mirada fija en mí y una cara de morbo que no puedo describir… me tenía penetrada hasta el fondo y acaba de verme venirme. El momento más confuso de mi vida, sin duda. El momento de más excitación de toda mi vida, el mejor orgasmo de mi vida, donde con solo metérmelo llegué a uno de los más intensos orgasmos, pero al mismo tiempo me sentí la más infiel, descarada, culpable y desleal… pero ya no había marcha atrás, me rendí. Volví a poner una de mis manos en su pecho tratando de controlarlo mientras con la otra sostenía mi enorme panza… solo pude decirle “suave por favor”… Su pene comenzó a entrar y salir suavemente pero evidentemente con muchas ganas, se sentía muchísimo, este tipo tiene un pene enorme, a pesar de eso entraba y salía sin ningún esfuerzo en mi vagina empapada. Yo seguía con una mano en su pecho tratando de que no se excediera, pero confieso que una parte de mi quería que me follara sin parar. No había vuelta atrás. Me rendí, dejé de detenerlo con mi mano y apoyé los codos en la camilla. Él entendió perfectamente mi lenguaje corporal, entendió mi mensaje que “lo dejaba hacer”. Desesperado se transformó, ahora su expresión se desencajó, su mirada no sabía donde posarse, si en mi cara, en mis tetas en mi panza o en mi vulva… se agarró de mis senos con ambas manos y comenzó a follarme con unas ganas que rozaban con el desespero, sus pesados huevos sonaban chocando una y otra vez contra mi vulva contra y mis nalgas y su mirada ansiosa seguía sin saber en qué parte de mi voluptuoso cuerpo fijarse, mientras me agarraba las tetas desesperado… confieso que nunca me habían amasado las tetas con tantas ganas y desespero como ese hombre…pero también confieso que me encantó… por momentos me agarraba de las nalgas, o me agarraba una y con la otra mano acariciaba mi panza, luego volvía a mis tetas, me cogía la cara, me metía los dedos en la boca… me estaba morboseando a su antojo y lo peor es que tengo que confesar que me encantó, yo estaba en un nivel de placer que no conocía y no era el típico placer, era ese placer al máximo lleno de morbo, ese placer que sobrepasa los límites por un ingrediente: el saber que estás haciendo algo prohibido… susurrando él decía mil cosas sin parar “qué delicia, qué rica estás, qué tetotas, cómo estás de buena, qué delicia darte verga, te entra delicioso, desde que te vi sabía que necesitabas mucha verga, te voy a llenar de leche…” y mil vulgaridades más, hasta que dijo “qué rico por fin metértelo, desde que te vi te quería follar”… yo estaba pérdida en el éxtasis y el placer pero ahí lo supe, desde que me conoció siempre quiso follarme, él lo planeó, por eso me examinaba así, por eso me había citado hoy cuando ya no había gente en los consultorios… mi amiga tenía razón.

    Continuará…

  • Pub de ambiente

    Pub de ambiente

    Verano en la ciudad. Estaba en mi pub favorito una aburrida noche de agosto tomando una copa.

    No había encontrado a ninguno de mis amigos ni de los habituales para conversar o alguna otra cosa. Sobre todo para alguna otra cosa. Así que relajado ante mi cuarenta y tres cola sentado en la barra, bromeando con el guapo camarero y mirando alrededor esperaba algo interesante.

    Eso se presentó al rato en la forma de un cuarentón guapo y cuidado, delgado, rubio y con unos profundos preciosos ojos azules. Solo vestía un vaquero Lewis, una camisa blanca y unos náuticos, un poco pijo para mi gusto habitual. Hacia calor esa noche, mucho calor. Yo en cambio con unas bermudas, una camiseta sin mangas y unas sandalias enseñaba mas piel que él. Mi cuerpo fibrado y moreno de dieciocho años relajado se lucia a la vista de los demás.

    Ni siquiera me había dado cuenta de su presencia al otro lado de la barra hasta que me invito a la siguiente copa. Le sonreí y le hice un gesto con mi vaso. Me devolvió la sonrisa y vino a mi lado. Como habrán deducido se trata de un local de ambiente y no hacia falta mas que la intención para establecer contacto. No pretendía ponérselo muy difícil.

    Su primera frase no fue muy original pero como me adulaba le di pie.

    -¿Que hace un chico tan guapo solo?

    -no han venido mis amigos.

    -¿y puedo ser yo tu nuevo amigo?

    -desde luego si me sigues adulando y me invitas a la siguiente.

    Sonreí y apenas hizo falta más para seguir charlando, intercambiando opiniones, hablando de lo guapo que era este, lo bueno que estaba aquel otro, o lo cariñosos que se estaban poniendo esos dos.

    Al poco tenía su mano en mi rodilla y empezaba a subirla acariciándome el muslo. Mi mano fue sola a su cintura, era fácil hablar con él, seguir intimado y dejar que me acariciara.

    Nos acercábamos el uno al otro cuando me señalaba como dos de mis colegas que acababan de entrar se morreaban junto a una columna del local. Se metían mano de forma salvaje incluso antes de haber pedido unas copas. Teniéndome distraído mirando a mis amigos aprovechó entonces para besar mi cuello girado y pasar la lengua por mi piel hasta alcanzar la oreja. Eso me excitó, un escalofrío de placer me llegó al cerebelo, a la zona más primitiva de mi cerebro, y volví la cabeza buscando su boca. La abrió recibiendo mi lengua y acaricié con ella sus dientes y la suya, puede que hasta mi paladar.

    Mis amigos que habían ido llegando por separado en ese rato, también me habían visto. Pero se habían dado cuenta que ya estaba ocupado y me dejaron tranquilo. Estaban viendo que me lo estaba pasando bien con el madurito interesante.

    Mis manos casi solas agarraron su culo duro atrayéndolo hacia mí. La suya subía por el interior de mi muslo desnudo por las cortas bermudas deslizándose por debajo de la tela lo mas arriba que podía. Casi hasta llegar al mínimo slip que usaba ese día.

    No separábamos los labios intercambiando suaves mordiscos con ellos. Nos dábamos profundas sesiones de lengua con las que intentábamos llegar hasta la garganta del otro, cambiando saliva y pequeños tragos de nuestras copas de una boca a la otra. Ya no nos importaba quien estuviera cerca o nos mirara y comentara lo que estábamos haciendo. Al fin y al cabo quien no hacía lo mismo que nosotros lo estaba buscando.

    En uno de los descansos para recuperar el resuello me invitó a seguir la fiesta en su casa.

    -vámonos, tengo el coche ahí mismo.

    Pero no me dijo que automóvil era. A la vuelta de la esquina estaba aparcado su Audi nuevecito con asientos de suave cuero, sentarme allí con los muslos desnudos ya era en si misma una experiencia sensual. Y eso que nunca fui fetichista del cuero. Durante el trayecto yo me dejaba acariciar el muslo y el paquete en cada semáforo. Incluso me levantaba la camiseta para provocarlo y enseñarle mi tableta.

    Casi no conseguimos llegar, estábamos muy excitados y a punto estuvimos de buscar un rincón discreto donde aparcar y seguir metiéndonos mano. O hacernos una mamadita. El garaje estaba lleno de los vehículos más elegantes y caros. En el ascensor del elegante edificio me subió la camiseta y se agachó a lamer y chupar mis pezones.

    Ya no había tiempo para hablar, solo para gemir y darnos placer el uno al otro.

    Antes de cruzar la puerta yo ya tenía el torso desnudo. Le daba igual que lo vieran sus vecinos. Y le quité la camisa en cuanto llegamos al salón, para entonces mis bermudas estaban por los tobillos y terminé de sacármelas de una patada. Solo con los slips lo empujé a su sofá para seguir metiendo la lengua hasta la garganta y pellizcar y acariciar sus pezones. Lamía su cuello y bajé a sus axilas depiladas y cuidadas que olían a limpio. Todo él parecía depilado con láser. Los mordisquitos en sus pezones parecía que le gustaban. Quería ser todo lujuria y vicio para él.

    Al pasar por el vientre y el ombligo con la lengua le arranqué suspiros y gemidos. Mientras le abría los vaqueros y besaba su polla bien dura por encima de la lycra del tanga. Me pone la lencería y verlo así me excitó más. Lo bajé con los dientes liberando la polla. También llevaba el pubis depilado lo que me facilitó lamer la base del nabo, los huevos y bajar lo que quedaba de su ropa hasta los pies. Sacársela del todo y dejarla a mi lado en el suelo.

    Dejé su polla de momento para que no se corriera pronto y me dediqué a sus cuidados pies. Se debía dejar una pasta en pedicuras. Me daba morbo lamerlos, chupar los dedos uno a uno y su planta haciendo que se retorciera de placer y cosquillas. Me cogió de las manos y tiró de mi para volver a besarme con el sabor de sus pies en la lengua. Era tan vicioso como yo.

    Terminó de desnudarme, no me quedaba mucho, dejando mi slip sobre el resto de su ropa. Cuando quise darme cuenta me tenía de rodillas encima el sofá, de cara a la pared, bajaba lamiendo mi espalda desde el cuello, y me estaba comiendo el culo, los huevos y me estaba llevando al borde del orgasmo casi sin tocarme la polla.

    Desnudos del todo me llevó a su dormitorio, a su enorme cama, con lo que parecían unas sábanas carísimas como ningunas que yo hubiera visto. Buscó el lubricante y los condones en un cajón. Me hizo sentar en cuclillas sobre su lengua para seguir lamiendo mi ojete y huevos a la vez que empezaba a abrirlo y dilatarlo con sus dedos. No sé en que momento se calzó el preservativo pero si noté perfectamente la yemas de sus dedos extendiendo el lubricante por mi ojete.

    Me moví hacia atrás hasta poder poner mi ano sobre su glande e ir dejando caer mi peso despacio empalándome en su duro rabo. Él sujetaba mis muslos para conseguir una penetración controlada y no caer demasiado fuerte. Pude inclinarme y seguir morreándonos mientras yo mismo me follaba despacio. Con mis manos seguía excitando sus duros pezones. Quería sentir su firme polla bien dura en mi interior todo el tiempo que pudiera.

    Mi rabo daba botes sobre su vientre llegando hasta su ombligo. Bien duro, él lo acariciaba con la mano suavemente en una placentera masturbación. Gemía y suspiraba. Con todo lo que sentía en el culo y en la polla me corrí antes que él. Dejando mi lefa en su vientre y pecho llegando hasta sus pezones. Era mi propio semen así que poniendo cara de vicio lo recogía con los dedos y me lo llevaba a la boca. Acariciando su piel y pecho en el proceso. A él también le tocó algo, una pizca, llegó a probarlo y a llevarlo a su lengua con un dedo.

    Sin prisa, como a mí me gusta, el polvo pareció durar horas hasta que se corrió en el condón y su polla empezó a perder consistencia. Me hubiera gustado arrancarle el preservativo y lamer su lefa. Pero como no sabia con quien había follado antes me limité a relajarme tumbado sobre su pecho. Aún húmedo de mi semen, disfrutando de sus caricias en mi espalda y culo y lamiendo su cuello, barbilla y oreja y besando sus pezones.

    Lo normal es que todo hubiera quedado ahí, me habría vestido y salido del piso contento y follado. Aunque a mi también me gusta meterla en caliente lo había pasado bien con él y no me propuse follarlo. Pero no fue así. No me fui a casa y la acción continuó.

    Tan relajados nos quedamos que dormitábamos. No sabía la hora que era cuando me levanté al baño. Él parecía profundamente dormido. No quería despertarlo por una tontería. Como no conseguía orientarme en ese piso tan grande y después de abrir un par de puertas en falso volví hacia el salón donde la tele estaba puesta con una porno a un nivel de sonido muy bajito.

    Sabía que nosotros no habíamos sido, no habíamos puesto la tele. Tanto el tanga como mi slip que habíamos dejado en el suelo sobre las ropas estaban ahora en el respaldo del sofá. Pero allí no había nadie. Por fin me orienté hacia un baño y al abrir la puerta me encontré a un chico de mi edad, mas o menos dieciocho o diecinueve, rubio y delgado. Era una versión joven del que en ese momento creía que era su padre y que acababa de follarme.

    Me llevé un susto de muerte pero su bonita sonrisa me quitó el sobresalto inicial. Con unos ojos azules preciosos, desnudo del todo y con una polla bonita y morcillona, depilada y con fimosis. No podía dejar de mirarlo.

    Nos quedamos paralizados y excitados un momento mirándonos el uno al otro en bolas. Debió notar mi sonrisa lasciva y mi cara de vicio como un espejo de su expresión. Me acerqué al wáter para descargar sin que él me perdiera de vista.

    Me senté en el bidet y le pedí:

    -¿me ayudas a enjabonarme?

    -será todo un placer.

    Se inclinó sobre mí con gel en la mano y empezó por la polla, los huevos, siguiendo por el culo, donde me metió dos dedos puede que para comprobar la faena que había hecho antes su padre. Empezó a follarme con sus dedos con suavidad.

    -parece que mis dedos no es lo primero que ha pasado esta noche por ahí.

    -imagino que no lo dudabas.

    Inclinado sobre mí, mi rostro muy cerca del suyo lo besé. Abrió los labios dejando entrar mi lengua que se enredaba con la suya intercambiando saliva. Mis manos se fueron derechas a su cadera, una a su culo hurgando en su prieto y limpio ano y la otra a su pene ya durísimo a esas alturas. Me incliné un poco más y conseguí meteme el glande en la boca. Como acababa de hacer lo mismo que él me estaba haciendo a mí sabía a limpio y fresco, el mismo olor del gel con el que me había lavado el rabo.

    -mi padre se ha superado hoy contigo. Eres un bombón.

    Parece que a los dos les gustaba halagar mi ego.

    -tú no estas nada mal por cierto. ¿Es él quien te trae los chicos?

    Pregunté con algo de sorna.

    -no hace falta que me los traiga. Me las apaño bien para ligar.

    Y prometo que podía creerlo sin problemas. Él también era toda una ricura.

    – Pero si se da la ocasión nos gusta compartirlos.

    -no hace falta que me lo jures.

    Y en su mano crecía y se endurecía mi polla a pasos agigantados. Abrí el grifo para aclarar la zona y fue él quien cogió la toalla y me secó con ternura volviendo a besarme.

    Volvimos juntos al salón donde la porno en la tele daba una iluminación suave y temblorosa. No había soltado mi polla en todo el camino. El chico tenía ganas de rabo. Se arrodilló en el sofá de cara a la pared tirando de mí. La misma postura en la que yo había estado un rato antes. Un par de horas antes era yo el que había estado en esa posición.

    -¡venga! ¡Vamos! ¡Follame!

    Empecé besando su cuello y nuca, la suave piel de sus hombros y bajando lamiendo su firme espalda. Me incliné sobre su duro y firme culo para lamerlo y comerlo. Clavé la lengua en su ano abriéndolo y dilatándolo con ternura acariciando a su vez los testículos para mantenerlo caliente. No hacía falta nada, estaba ardiendo.

    Usando uno de mis propios condones pues los de su padre habían quedado en el dormitorio arrimé el glande. Lo busqué en el bolsillo de mis bermudas. Separando sus nalgas con las manos lo penetré despacio pero firme, tal como me gusta a mí. Empecé a bombear sin prisa, notando mi polla bien apretada en el estrecho agujero.

    Debíamos estar haciendo mas jaleo del que pensábamos con nuestros jadeos y gemidos pues cuando volví la cabeza vi como su padre nos miraba con cara de morbo, desnudo y con una erección que apuntaba casi al techo.

    -me parece muy mal que no me hayáis invitado a la diversión.

    Nos dijo sonriendo.

    -pues únete.

    Se acercó a mí para morrearme, para meter su lengua hasta mi garganta y sustituir mi mano por la suya sobre el pene de su hijo. La otra mano se deslizaba por mi espalda cada vez mas abajo hasta meter dos dedos en mi ano ayudándome a penetrar con mas profundidad al chico de mi edad.

    Padre e hijo también se besaban con lascivia intercambiando saliva y dándome mas morbo a mí. Supongo que eso del incesto era lo que me daba mas vicio todavía.

    Pensaba que el mayor volvería a follarme a mí pero en cambio se fue colocando poco a poco delante del muchacho que mordisqueando con suavidad los hombros y el cuello de su progenitor empezó a ensartarlo sin desengancharse de mi polla. Así que eso era el famoso trenecito, costó unos momentos sincronizarnos pero al rato ya estábamos moviéndonos sin dejar de recorrer el cuerpo de los demás con la manos. Teníamos que hacerlo con cuidado o alguna de las pollas se salía del correspondiente ano. Pero lo estábamos consiguiendo gimiendo al unísono.

    Era la primera vez que experimentaba algo así, follar con dos chicos incestuosos. Ellos follaban sin condón y el hijo fue el que primero se corrió, con un ronco gemido, liberando su lefa en el culo de su progenitor. Al hacerlo apretaba el ano exprimiendo mi rabo. Yo le seguí al poco en mi condón dentro de su ano.

    El padre se había sentado en el sofá y su pene seguía duro. El chico se arrodilló a sus pies, cogió uno de ellos y lo apoyó en su pubis. Empezó a lamer la polla de abajo arriba empezando por los huevos con glotonería. Tiró de mi mano para que me arrodillara junto a él y lo ayudara en su labor. Se la chupamos juntos, a veces en los huevos, el tronco o el glande, cruzando nuestras lenguas sobre su piel. Mojándolo con nuestras salivas que escurrían por el pene. Dejé de lado mis precauciones si follaban juntos se cuidarían. Compartiendo el semen de su padre en un lascivo beso al que se unió, un beso blanco a tres lenguas.

    La sesión había sido intensa. Aprovechando que estábamos despejados nos acercamos desnudos a la cocina a reponer fuerzas. Tuvieron que indicarme donde estaba. Seguía perdiéndome en ese piso. Y de vez en cuando nos besábamos o acariciábamos. No volví a casa hasta media tarde después de volver a follar con los dos. He regresado muchas veces a ese piso caro y hemos salido juntos por ahí a divertirnos, con el padre, el chico o los dos.

  • Ayuda

    Ayuda

    Mi esposa a quien llamaré Nubia, es bajita de 1.57 cabello castaño, morena clara, pechos 36B muy buenas nalgas de complexión normal, siempre hemos llevado una vida sexual creo que normal, con sus etapas muy buenas y a veces de mucho desinterés por la monotonía, el trabajo etc… Tenemos una hija adolescente que cada vez es más independiente.

    Esta inquietud o fantasía después de visitar varios sitios web y ver videos me ha mostrado que realmente deseo compartirla, es algo que me provoca muchísimo morbo y excitación imaginarla disfrutando a otro hombre y a mi al mismo tiempo, hacerla explotar de placer y hacerle una doble penetración seria la culminación de esa fantasía.

    Ella no es del todo cerrada, pero la verdad es que no sé cómo decírselo a pesar de que hay confianza no quiero que sienta que no la amo y se vaya todo al demonio, quisiera ir a la segura y ahora si que como dicen no quemar ese parque en vano.

    Nos gusta el trago de vez en cuando y se pone muy ardiente cuando tomamos, ya una vez intenté penetrarla por el ano y me dijo que comprara lubricante. Entonces siento que ella también quiere probar cosas nuevas, está aburrida al igual que yo y creo que si se lo propongo de la manera adecuada aceptará gustosa a probar, creo que con mi aprobación y complicidad se abrirá por completo y me dirá sus más oscuras fantasías.

    Quisiera pudieran compartir conmigo ideas y opiniones de como convencieron a sus esposas y que les funcionó.

    ¡¡Muchas gracias!!

  • La hermana de mi madre será mía

    La hermana de mi madre será mía

    Entré al bar, había sido un día algo complicado, por lo que un whiskey doble y una cerveza era la medicina perfecta, me senté en la barra, tomé un trago de cerveza y escuché una risa que me pareció familiar, al voltear mi sorpresa fue mayor.

    Ahí estaba la hermana de mi madre vestida sumamente provocativa, me moví un poco y me di cuenta de que su compañero de quien provocaba su risa no era su esposo si no un tipo bastante regular pero que sin duda tenía la suficiente confianza como para toquetearla por debajo de la mesa.

    Observe un poco más y con una cara de golfa ella se acercó a él, algo le dijo al oído mientras le tocaba el miembro sobre el pantalón y lo tomó de la mano, se dirigieron al baño de caballeros, observaron que nadie los viera y entraron, yo pacientemente espero un poco, calculando que si todo iba como imaginaba ella estaría siendo ensartada por ese semental, cuando el tiempo me pareció correcto me levanté y me dirigí al baño, entre sin hacer mucho ruido, puse el seguro y en uno de los baños podía ver las piernas de el de frente al WC, de ella ni sus luces, pero por momentos se le escapaban algunos quejidos, me acerqué un poco más y escuché…

    -¿Te gusta, puta?

    Me encanta papi…

    -¿Te coge así tu maridito?

    -No… Tu la tienes más rica amor… Ay métemela más.

    El cada vez la follaba con más fuerza y ella solo se limitaba a gozar…

    De pronto él dijo…

    -¡Eres una puta… me voy a venir!

    -¡Sí, vente papi, vente dentro de mi!

    Espere unos segundos y golpee con todas mis fuerzas la puerta.

    -¡Elisa sal de ahí!

    Se hizo un silencio sepulcral…

    -¡Elisa si no quieres que esto acabe en una desgracia sal ahora mismo!

    El tipo susurro -¿Quién es?

    -No lo sé…

    -¡Elisa tu marido está afuera!

    Escuché como se vistieron y ella salió temerosa, del tipejo ni sus luces, cerró la puerta y no hubo poder que lo hiciera dar la cara…

    Al salir Elisa me vio, se veía espectacular…

    -Vámonos, la tomé del brazo y salimos del bar, pedí el auto en total silencio, nos subimos y me dirigí a un hotel, su cara de sorpresa me encantaba…

    -¿A donde vamos?

    Nos abrieron la cochera, apagué el auto, volteé a verla y…

    -Nadie tiene que saber esto… Si tú cooperas seguiremos siendo una familia feliz…

    Ella por un momento dudo… Estás seguro de que…

    Antes de que terminara la frase la besé y ella respondió el beso, bajamos del auto, subimos las escaleras, encendí la luz, ella se sentó en la cama, comenzó a quitarse la blusa, se bajó la falda y ahí en lencería sonreía como una verdadera puta…

    -Así que mi sobrino me desea…

    Yo me acerqué, ella me quitó el cinturón me bajo el pantalón, mi Verga que estaba dura como piedra salto ella la rozo con la punta de sus dedos, me miró a los ojos y sin dejarme de ver se la metió hasta la garganta…

    Sus labios abrazaban mi tallo hasta llegar a la aureola de mi glande sus manos controlaban el movimiento tomada de mis nalgas, se l acomida como una profesional, mi tío tenía una golfa deliciosa en casa… ella me follaba aún ay otra vez con la boca, variaba el ritmo, imposible no darle mi leche a esa putita a mi propia tía, la tomé por ambos lados de la cabeza y ensarte mi pene hasta que su garganta topó con mi glande, si decir más estalle en su boca, una dos, tres, cuatro lefas salieron de mi cargadas de morbo y ella en ningún momento dejó de verme a los ojos, cuando mi miembro comenzó a perder dureza ella con los labios lo exprimió hasta la última gota…

    -Dinnie Tenemos que irnos, tú tío no tarda en llegar a casa, me dijo.

    -Elisa No quiero que vuelvas a ver a ese tipejo.

    -No te preocupes, que no lo necesito, ya encontré con quien cumplir mis fantasías…

    Cuando iba a vestir le quité el sostén, y las bragas y las guarde en saco.

    -Anda vístete quiero que llegues así a tu casa… Tía, y hoy quiero que le des la mejor cogida de su vida a mi tío…

    Me aproximé a ella y le di un beso en los labios, pero al hacerlo pensarás que soy yo…

    Ella sonrió, me tomó de la verga y dijo… -Te lo prometo Dinnie.

  • Tres vergas en un año (capítulo 1)

    Tres vergas en un año (capítulo 1)

    Desde la época del colegio siempre he sido muy estudiosa, cuando ingresé a la universidad eso no cambió, ahora debía ser más aplicada debido a la exigencia que conlleva el estudiar medicina. Uno de los principales retos fue el transporte hacia la facultad, cada día me desgastaba en el aburrido tráfico de la ciudad.

    De vez en cuando tomaba un poco de tiempo para ver a Esme, lo conocí en una cafetería del centro, me trató muy amable, intercambiamos números y de vez en cuando salíamos, no pretendo ser una santa, pero nunca fui una chica fácil y suena contradictorio, pero con el pasaron cosas muy rápido, en nuestra segunda cita fuimos por unos tragos, nos besamos y terminamos la noche en un hotel. Me dejé llevar por la calentura, suelo usar bastantes vestidos y medias panty, eso a él lo volvía loco y no dejaba de mirar mis piernas y luego de besos apasionados y arrimadas mientras estábamos bailando me propuso ir a un lugar más privado, cómo no estaba acostumbrada a tomar me emborrache rápido y era lo mejor ir a un lugar más seguro

    Yo: si ya estamos mareados, mejor vamos a dormir, pero oye no va pasar nada

    Esme: no va pasar nada que no quieras

    Yo: ok vamos

    Llegamos al hotel, pedimos nuestra habitación y entramos. A mis 18 años no había entrado a este tipo de hoteles, solo había una cama, una mesa donde había una toalla, condones y jabón neutro, también tenía su baño privado y espejos por todos lados. Nos acostamos pero luego de un rato el decidió quitarse su camisa, pude ver su torso y espalda bien definidos y con algo de vello, el se acostó a mi lado y yo fui hasta su pecho, lo abrace y me acosté sobre el

    Esme: me puedo quitar el pantalón

    Yo: si quieres

    Esme: solo no me estés mirando

    Yo : jajaja tranquilo

    Esme: vas a dormir así?

    Yo: ni modo que me quite el vestido

    Esme: puedes hacerlo, igual no pasará nada, no te ilusiones

    Yo: jajaja no gracias

    Se terminó de desvestir y se echó a mi lado, quería que me besara y me abrazara para sentir todo su cuerpo y su paquete, pero creo que por respeto hacia a mi él no lo hacía. Me fui al baño por un momento y estuve pensando en lo que iba a pasar después y decidí dejarme llevar, me quité toda mi ropa y salí del baño.

    Él estaba acostado boca arriba y al verme su cara cambio y tuve un gesto de impresión, no tengo gran cuerpo pero no me quejo, soy bajita, tengo unos senos pequeños pero muy ricos, mi caderas con anchas, lo que hace que mi culo se vea paradito y algo grande, yo me saque mis anteojos, los puse en la mesa y fui directo hacia él, le baje su bóxer y agarre su verga que aún estaba dormida, comencé a pajearlo y chupársela, de poco a poco se fue poniendo dura en mi boca, el solo me miraba sin decir nada, luego de un rato paré, el me miró y yo no dije nada, ahora todo mi cuerpo estaba a su merced, podía usarlo como quería, yo estaba acostada boca arriba, vino hacia mi y comenzó a hacerme sexo oral, yo ya estaba muy excitada, más cuando pasaba su lengua por mi culo y mi vagina, ya estabas bien mojadita, así que solo lo tome de los brazos y lo jale.

    Hacia arriba, ahora quedamos boca a boca y nos besamos apasionadamente, yo misma busqué su verga con mi mano y la metí en mi vagina, ambos soltamos un gemido bien rico y comenzó a moverse lento sobre mí, el comenzó a besar mi cuello y mis manos fueron a su espalda, de poco fue aumentando el ritmo, yo no podía evitar gemir pues la estaba pasando muy rico, mi vagina estaba muy mojada.

    Luego de un rato el levanto su torso y mis piernas fueron a sus hombros, ahora me daba embestidas más fuertes, sus manos fueron a mi tetas y las apretaba fuerte, así estuvimos un rato hasta que decidió ponerme de perrito, por un rato volvió a lamer mi culo mientras estaba en esa poción y luego me penetró, me jalo del pelo y estuvimos un buen rato, me daba nalgadas y yo gemía como una zorra, al pasar unos minutos se vino, saco su verga y se vino sobre mi espalda, sentí todo su semen caliente en mi, terminamos fui a limpiarme y terminamos la noche durmiendo abrazaditos los dos.

    Pasaron los días y no seguíamos viendo cada vez que tenía una escapada de la universidad y el montón de tareas, casi siempre terminaba en su casa, a veces solo pasábamos el rato viendo pelis, jugando, comiendo y claro teníamos sexo, no puedo negar que comencé a sentir cosas por él, pero pensaba que una relación quizás dañaría todo y no quería eso, nuestro pacto era que si algunos de los dos conocía a otra persona nos alejaríamos sin hacer dramas y así funcionó por un tiempo.

  • Pierdo mi virginidad por un amigo

    Pierdo mi virginidad por un amigo

    Me llamo Luisa, tenía alrededor de 20 años, tengo unos pechos medianos y unas nalgas bien redondas, vivo en un barrio pequeño y con una universidad buena, siempre intenté evitar saber cosas de sexo, las poses y algunas palabras xxx, etc. porque quería ser una buena persona.

    En ese entonces nos tocó realizar una maqueta grupal (específicamente una chica y un chico) del aparato reproductor femenino y masculino.

    Me tocó con un chico que no tenía muchos amigos y era muy tímido, siempre decían que se masturbaba en su casa (en ese entonces sabía un poco lo que significaba masturbar) ya que sus padres no estaban mucho tiempo con él.

    Me dijo que si se podía quedar en mi casa unos días y yo acepté. Mientras realizamos la maqueta el no paraba de mirar mis senos y mi culo pero no le decía nada y cuando dormimos juntos el me tocaba un poco mi cintura casi tocando su pene erecto con mis nalgas. En uno de esos dias mis padres se fueron de viaje y me quedé sola con mi amigo.

    Esa noche, yo dormí en el cuarto de mis padres y él en mi cuarto. Pero me desperté al escuchar gemidos (yo pensaba que era una chica gritando) y me dirigí hacia su cuarto. La puerta estaba cerrada pero por la ventana logré ver cómo se masturbaba con mi ropa interior y miraba porno.

    Me quedé paralizada, por primera vez, me sentí muy excitada por su enorme verga de aproximadamente 20-15 cm. Mientras me quedaba viendo su verga, él me volteó a ver y se asustó. Nos quedamos viendo a los ojos un rato y luego él se acercó a la puerta y la abrió.

    -Luisa, ¿Que haces aquí? -dijo temblorosamente.

    -Que hacías con mi ropa? -le dije.

    -Nada

    -Que?

    Nos quedamos sin hablar un rato.

    -Y… No te vas a dormir? -dijo

    -Si ya me voy, buenas noches

    -Buenas noches

    Me dirigí al cuarto de mis padres e intenté dormir, pero no pude pensando lo que pasó y luego de un rato (unos 30 minutos) me dormí.

    A la mañana siguiente seguimos haciendo la maqueta y actuamos como si no hubiera pasado nada. Al caer la noche me dormí rápido, estaba cansada de hacer la maqueta y mañana había clases (virtualmente).

    Me desperté en medio de la noche porque escuché la puerta abrirse, estaba muy oscuro, pero logré ver una silueta.

    -No le dirás a nadie, cierto? -me dijo

    -De… de, de que cosa? -le dije temblando- Lo de la noche pasada?

    -No

    -Enton…

    No pude terminar de decir la palabra, se aventó hacia mi y me dolió, sentí como empezaba a desnudarme, el me quito mi sostén y sentí como lamía mis senos.

    -¡Que haces! -decía gimiendo

    -Lo que no le vas a decir a nadie

    Me quedé paralizada, no sabía si disfrutarlo o llamar a la policía. Estaba muy excitada, era mi primera vez.

    -Tienes unas ricas tetas  me dijo

    -¡Déja…

    Sentí como metió uno de sus dedos en mi vagina, no paraba de gemir. Se alejó un poco, se sacó su pantalón y me dijo:

    -Chupa mi verga

    -Nunca en mi vida

    -Entonces lo haré a la fuerza

    Me agarró del cabello, su pene olía muy mal

    -Tranquila, lo disfrutarás, ahora abre la boca

    No sabía si hacerle caso o no, ya que me sentí asustada y excitada a la vez. Cómo perrita abrí mi boca y empecé a lamer su pene por mi propia cuenta.

    -Vaya, nada mal -me dijo

    Pero de pronto lo aceleró y se vino en mi boca, su semen era muy caliente.

    -No duras nada -le dije como una zorra- Hazme tuya -no sabía lo que decía, lo disfrutaba.

    De pronto su verga se volvió erecto otra vez, me asusté y me dijo:

    -Si quieres que dure ponte en 4

    -No… Sí, si quiero -estaba muy caliente y arrepentida de lo que decía.

    Me puse en cuatro y me quito mi tanga, me la metió demasiado fuerte, gemía como una puta zorra, él me estaba destruyendo por dentro. Gritaba pero no pedía ayuda, lo disfrutaba aunque me doliera.

    -Eres virgen? -me dijo

    -Sí -le dije gimiendo

    -Bueno… Ahora lo haré anal

    -Espera… ¿Que?

    Saco su pene y me la metió muy fuerte.

    -¡Ahhh! -grité.

    Me dolió mucho, estaba asustada de lo que podría pasar. Me va dejar embarazada, dije en mi mente.

    Se corrió varias veces, su pene se volvía erecto cada rato, sentí sangre y semen en mi ano.

    Dormimos juntos esa noche, su pene estaba en mi ano cuando dormimos y cuando me desperté y sentí como caía el semen.

    -¿Cuántas veces te corriste en mi ano?

    -Unas 7 veces creo… mientras dormíamos juntos.

    Me empezó a besar mi cuello, mis nalgas y mis senos.

    -Vaya, aún no te limpiaste?

    -De qué? -pregunté

    -Mírate al espejo

    Me mire y se veía mucho semen en mi cuerpo, me dijo que en la noche se despertó y se corrió en mi cara, mis tetas, mi cadera, mis nalgas y dentro de mí.

    Me sorprendí ya que se había corrido varias veces y no le dije a nadie lo que pasó esa noche, dejé de ser virgen por mi amigo y lo disfruté mucho, a los pocos meses nos enamoramos y lo hicimos varias veces más.

    Esta es mi primera historia, eso me pasó a mí. Si tienen alguna crítica comenten.

  • Primeros cuernos a mi novio. Disfruté siendo infiel

    Primeros cuernos a mi novio. Disfruté siendo infiel

    Hola, me llamo Yesica, tengo 41 años y les voy a contar de la primera vez que le puse los cuernos a mi esposo aproximadamente por el año 2000.  Habíamos terminado una carrera técnica y seguíamos con el propósito de seguir ahorrando para comprar nuestra casa. Estábamos muy enamorados, hablamos con mis padres y aceptaron dejarnos vivir juntos en el cuarto que rentábamos y en el que habíamos pasado tantas cosas sexuales con las personas de las que hemos escrito en nuestros relatos.

    Era maravilloso estar juntos, hacíamos el amor a cada rato y Gery me llenaba de pequeños detalles y deliciosos orgasmos. Cuando había oportunidad invitábamos a nuestros amigos y pasábamos ricos momentos, aunque ya era un poco difícil coincidir pues algunos siguieron estudiando y otros cambiaron de escuela.

    Gery aunque trabajaba mucho y se esforzaba, cubría nuestras necesidades básicas pero no sobraba para ahorrar, así que platicamos y acordamos que yo también trabajaría, así tendríamos una segunda entrada de dinero y podríamos ahorrar. Empecé a buscar empleo en algunos lugares en donde pudiera aplicar lo que aprendimos en la carrera de computación. Dejé solicitudes de empleo en varios lugares y algunos días después regresé para saber si me habían aceptado. En ningún lugar me aceptaron por falta de experiencia. No me desanimé, seguí buscando y encontré un café internet que solicitaba a alguien con conocimientos en computación, ese mismo día me dieron el empleo.

    El dueño del cyber era un muchacho de unos 30 años, casado y con una hija pequeña. Su nombre era Adrián. Arreglaba computadoras y daba mantenimiento a los equipos de algunas empresas. Yo atendía a las personas que llegaban a rentar computadoras y hacer impresiones. Él era una persona amable y atenta, no me había pasado por la cabeza tener algo con Adrián, pues con su esposa me llevaba muy bien y ellos se veían muy felices como pareja junto a su hija.

    Muchas de las personas que iban a rentar alguna computadora lo hacían para buscar porno, yo revisaba sus historiales y debía borrarlos, aunque la verdad siempre le daba una mirada a las páginas que la gente veía, sobra decir que yo quedaba muy excitada y mojada de mi vagina. Cada día llegaba tan caliente a coger a mi novio, contándole de ese porno tan rico que las personas veían, nuestros orgasmos eran intensos. Mi novio me llenaba, me encantaba como hasta hoy en día, pero uno nunca sabe que pasará el día de mañana.

    Adrián era muy buena onda, nos teníamos confianza y dentro de esa confianza empezamos a platicar de cosas más personales, de su vida en pareja y de la mía con Gery. Nunca le dije de nuestras experiencias sexuales, ni él las suyas a mí. Lo que tuvimos fué por culpa del porno. Pues él también veía a escondidas de su mujer, al parecer a ella no le llamaba la atención ese material. Él me recomendaba algunas páginas que acostumbraba visitar, pues hace tantos años no había tanto porno como hoy día. Tenía buen gusto, aunque lo que él más veía eran escenas de doble penetración, dos o tres hombres con una sola mujer, algo que para él solo se quedaba en su imaginación pues nunca se lo había propuesto a su mujer, era lo que me platicaba y esa era su fantasía. Cuando él me platicó eso yo me había mojado recordando las veces que había tenido algo parecido con Gery y nuestros amigos, aunque nunca me habían penetrado entre dos personas, yo seguía siendo virgen del ano y así seguiría unos años más.

    De algún modo nos hicimos cómplices en el gusto por el porno. Y esa complicidad no se la había contado a mi novio. Sucedió que un día el negocio estaba lleno, teníamos mucho trabajo y la esposa de Adrián decidió irse con su hija a casa pues parecía que iba a ser un día de mucho ajetreo y así fue. Ya por la tarde el negocio se vació, las computadoras estaban desocupadas y no pasaba mucha gente por la calle. Adrián propuso ver una película porno mientras llegaba la hora de cerrar, su sola propuesta me humedeció la entrepierna, acepté sin pensarlo. Acomodamos dos sillas frente a la computadora principal y atentos de que no nos fuera a ver alguien empezó la escena de baja calidad y muy lenta por el internet de aquellos años. Pero lo principal se veía una escena de doble penetración. Él se acomodaba la verga bajo el pantalón y yo tenía un deseo enorme de tocarme, masturbarme y alcanzar un orgasmo, pero sentía pena. Al tiempo en que pensaba cómo sería la verga de Adrián, también pensaba en mi novio, en qué pasaría si se llegaba a enterar de que veía porno con mi jefe y me sentía nerviosa y ansiosa por probar su verga.

    Puse mi mano sobre su verga, al sentirme volteó a mirarme y me dijo que eso no estaba bien, yo le contesté que nadie debía enterarse. Entendió cómo debían ser las cosas, así entreabrió las piernas y yo pude acariciar su tronco desde la base hasta la punta.

    Estábamos con los nervios de que alguien llegara, así que le propuse que cerrara el negocio, lo dudó un poco pero accedió, bajó las cortinas. Al estar frente a mí lo tomé de ambas manos y lo senté en la silla, así él quedó frente al monitor viendo la escena de una rubia preciosa disfrutando de dos hermosas vergas. Me arrodillé entre sus piernas y como pude bajé su pantalón hasta los tobillos, su verga era gorda, no tan larga, podía abarcarla con mi mano y su cabeza quedaba libre. La sensación de estar tocando una verga nueva y siéndole infiel a mi novio me estaba excitando mucho. No pensé en ponerle un condón, así me llevé esa verga a la boca, él soltó un gemido largo al sentir mis labios chupando su verga, me sentía desesperada por sacarle la leche, así que subía y bajaba mi cabeza chupándosela con fuerza, y en verdad disfrutaba tener la boca llena con un trozo de verga que estaba conociendo. Él trataba de estirar sus pies, pero el pantalón en los tobillos y yo entre sus piernas se lo impedíamos, se aferraba a la silla con sus manos y el sonido de mis mamadas en su verga se combinaba con sus gemidos. No tardó ni un minuto en vaciarse en mi boca, el segundo semen que saboreaba lo sentí un poco ácido, lo contuve un rato en mi boca para luego irlo a escupir al baño.

    Cuando regresé con Adrián, trataba de subirse el pantalón. Yo estaba muy caliente, tenía que venirme. Así que le volví a bajar el pantalón para ahora sí quitarlo por completo. Yo hice lo mismo y tomé lugar en la silla en la que él había estado sentado. Me acomodé de tal forma que expuse toda la abertura de mi vagina rasurada, yo estaba que me quemaba por dentro, nunca me había imaginado abriéndole las piernas a alguien como lo estaba con Adrián, pero en verdad sentía un deseo enorme de sentirme una puta infiel y tan puta fui que yo misma abrí mis labios vaginales para que él metiera su lengua en mí y tan caliente estaba que el sólo hecho de sentir su lengua me hizo venir intensamente, tomé su cabeza con mis manos y lo atraje más hacia mí moviendo mi cadera sobre su boca, incrementando más mi placer, gemí como loca con ese intenso orgasmo, estaba mareada, me sentía cansada, pero lo quería todo de él, deseaba tenerlo dentro de mí, tal como en la escena que veíamos en el monitor.

    Él estaba muy duro de nuevo, de pie se notaba más grande, aunque el vello púbico ocultaba su grosor y tamaño desde la base, le escurría semen del orgasmo que le había provocado. Coloqué mis manos sobre la pared, me incliné dándole la espalda y levanté el hermoso par de nalgas que tengo, él no daba crédito de tenerme así en ese momento. Yo lo quería en ese momento así, sin condón pues ninguno de los dos llevábamos. Me incliné lo más que pude y entre mis piernas pude ver cómo él se acercaba a mi rajita. Acarició y besó mis nalgas y cintura, estoy segura que disfrutó tenerme así, recorrió con sus manos mis piernas y con esas caricias me hacía temblar de deseo, ya lo necesitaba dentro de mí. Coloqué mis manos sobre el piso, a él no le quedó duda que ya debía penetrarme y así lo hizo. Tuve que poner mis manos de nuevo sobre la pared, pues las metidas de verga que me estaba dando eran intensas, se aferraba a mis caderas para embestir con más fuerza, me encantaba estar así empinada para él y no podía evitar mis gemidos. Me cogió muy rico en esa posición, estaba cansada y un poco adolorida de la espalda. Así que le pedí que me dejara recargar en el escritorio. Con el culo de nuevo a su disposición me la volvió a meter en mi rajita y sucedió que quiso meter un dedo en mi ano pero le dije que no lo hiciera, que se concentrara en seguir dándome más placer vaginal y que lo hiciera más fuerte. Aceleró su movimiento mientras yo echaba las nalgas hacia atrás pues lo quería lo más profundo en mí hasta que no aguantó más y se salió de golpe, echándome su esperma sobre la espalda y nalgas, no me había hecho venir y la verdad me frustré un poco pues seguía muy caliente y necesitaba más verga, pero ya no se le paró de nuevo.

    Me metí al baño a limpiarme y vestirme. Cuando salí, él ya había abierto de nuevo el negocio y al poco rato llegaron unos clientes. Seguimos trabajando como si nada hubiera pasado. Por la noche regresó su esposa por él con su hija, cerramos y yo me fui al cuarto que rentábamos con mi amor. Sentía mucha culpa y pensaba en si decirle o no a Gery, pero opté por quedarme callada.

    Yo pensaba meterme a bañar antes de irnos a acostar, pero el muy caliente de mi amor empezó a calentarme con caricias y besos muy ricos, en poco tiempo ya me tenía completamente desnuda y mojada. Me recostó en la orilla de la cama mientras él metía su boca en mi rajita, sentirlo así me transportó de nuevo a esa silla en la que hacía unas horas Adrián me comía con desesperación. El hecho de imaginar que mi amor estaba en el lugar donde recientemente estuvo una verga nueva me ponía más caliente, no tardé mucho en venirme en sus labios mientras atraía su cabeza hacia mi rajita. No pude evitar imaginar a Gery bebiendo la leche de otro hombre desde mi interior, aunque en esa ocasión Adrián no se vino dentro de mí, pero algunos restos debió haber dejado, mi novio estaba encantado con ese orgasmo que me provocó.

    Así como estaba, liberé su cabeza de mi entrepierna y jalándolo del cabello lo subí hasta mi rostro, lo besé succionando su lengua y labios, trataba de saborear mi orgasmo y su saliva mezclados con los rastros de semen de Adrián, no distinguí sabor diferente, necesitaría mas leche dentro de mí. Mientras nos besábamos Gery me la metió de golpe, me encantaba sentirlo y así de caliente como estaba me hizo venir de nuevo con las metidas de verga que me daba. Mi novio llegaba hasta el fondo de mi ser, su tamaño era el ideal para mí, estaba llena y sentir sus huevos chocando en mis nalgas aumentaba mi excitación. Pero había un extra, ese sentimiento de infidelidad aumentaba mi placer, mi deseo. Acomodamos nuestros movimientos de manera que gemíamos los dos tan excitados que al mismo tiempo nos venimos, podía sentir en mi vagina el movimiento de la descarga de semen de mi novio y él sentía como me contraía por dentro, me volvió a marear ese maravilloso orgasmo.

    – Te amo mi amor ¿siempre vas a ser mío verdad? Le pregunté a Gery.

    – Te amo para siempre mi vida.

    Con esa respuesta cada noche me enamoraba más mi amor y me quedaba dormida entre sus brazos. Le había puesto el cuerno por primera vez a sus espaldas, sentía culpa y al mismo tiempo mi ego estaba por las nubes. Podía tener al hombre que yo quisiera a mis pies y tenía al amor de mi vida a mi lado, qué mas podía pedir.

    Aún hay más que contar.