Blog

  • ¡Proceda usted!

    ¡Proceda usted!

    Mi edad más cercana a los cuarenta que a los treinta. Físico el normal de un casi cuarentón. Imaginen, con presbicia, con pronunciadas entradas y por si fuera poco, el esfuerzo por dejar el tabaco terminó en un aumento de peso. En cuanto al sexo siempre mantuve la teoría que estaba sobrevalorado a su importancia en la vida real. Soy alto sin exagerar, acostumbró a llevar barba de una semana. Por la naturaleza fui bien correspondido en cuanto a medidas de lo que viene siendo la chorra. Soltero, burlón, socarrón, de tomar vinos diariamente, como homenaje a la vida, y con amplio sentido del humor ácido e irónico.

    Tengo una inmobiliaria con una chica en nómina, me ayuda media jornada para poder desplazarme a enseñar los pisos o lonjas. Ella es guapa, resultona, casada y con dos hijos. Se cuida, hace deporte, me aguanta desde hace mas de diez años.

    Tengo delante de mi mesa de trabajo un amplio ventanal que da a la calle porticada, una de las principales de la ciudad. Es como inmenso escaparate y por mi sentido de la observación dedico muchas horas a observar, escudriñar gente, dejar volar mi imaginación que es fluida, muy propensa al ensueño de situaciones eróticas y calientes.

    Todas las mañanas veía pasar a una chica sobre los veinticinco años. Pelo rizado en melena suelta; siempre que el tiempo permite, con camisetas de vivos colores sin llegar a ser estridente. Pantalones ceñidos que le sientan perfectamente bien, es de pierna larga, culo respingón bien puesto, divinamente proporcionado. Morena de ojos oscuros de misterio, dientes perfectos con una sonrisa cautivadora con cierto mohín pícaro que enamora. Camina con paso largo y decidido, haciendo sonar sus tacones ruidosamente contra el pavimento. La veo venir todas las mañanas de frente a mi observatorio, bamboleándose con un movimiento de contoneo rabiosamente erótico y sensual, la cadencia que marca el suave vaivén de sus pechos, me hace pensar que sus sostenes son delicados, con lisura, sin demasiadas costuras ni alambres, llamándome poderosamente la atención como le marca en el pantalón graciosamente la braga.

    Cierto día abrió la puerta entrando a la oficina, pidiéndome por favor, poder utilizar el servicio.

    – Hola, buenos días, ¿me dejas utilizar el servicio? es que están todas las cafeterías a estas horas cerradas y no me aguanto.

    – Naturalmente, le respondí, pasa por aquí.

    Acompañándola hasta el servicio, entrando con ella para comprobar si estaba todo en orden, verificando que había toallas y papel, una inspección que se dice. Allí la dejé volviendo a mi despacho.

    Trascurrido cierto tiempo y sin tener noticias de ella volví a recorrer el pasillo llegando hasta la puerta y golpeando con los nudillos pregunté:

    -¿Estas bien?, ¿Te pasa algo?…

    No obtuve contestación, volví a golpear la puerta de madera, todo fue silencio y me inquiete. Moví el picaporte entrando con cierta preocupación.

    Estaba allí delante con los vaqueros por las rodillas, destacando el color blanco de sus impolutas bragas y su blanca camiseta. Mis ojos fueron rápidamente a su entrepierna, era un perfecto triangulo. Tenía el pubis poblado, negro zaino, vello corto y rizado, diría que elegante, destacando en el contraste con la blancura de su vestimenta, dando en el sobresalto como una especie de hipido que me sonó a disculpa celestial.

    – He perdido la lentilla al intentar subirme los pantalones, no la encuentro, no veo bien con una, ayúdame por favor, tengo una reunión muy importante.

    Si la situación me ocurre hace unos años me hubiera puesto rojo exagerado, provocándome una erección gloriosa para el eterno recuerdo y sufrimiento de la cremallera.

    – No te muevas, no sea que la pises o se pierda entre los pliegues de la ropa. Estate quieta tal estatua.

    Me puse de rodillas y mi vista no es precisamente de águila, pero la vi encima de una doblez del pantalón bajado. Casualidad.

    – Hay suerte, aquí está, por cierto, ¿Como te llamas? No ha habido presentación formal -comenzando a reírme con cierta guasa.

    – Me llamo Ruth -contesto con cierta sonrisa pícara, al mismo tiempo las manos sujetaban sus pantalones.

    – Me llamo Arturo, respondí

    Con delicadeza y sumo cuidado pude hacerme con la lentilla, mientras ella se acomodaba la ropa con decisión y rapidez.

    -¿Qué hago con ella?

    -Espera un momento, me dijo, tengo que coger del bolso el líquido para limpiarla.

    Terminó de recomponerse empezando el rito de la limpieza de su traviesa lentilla, mientras volví a mi mesa de trabajo. Al rato apareció en el despacho con una sonrisa cautivadora, y un cierto arrebol en el rostro.

    -Menudo espectáculo he dado, estoy avergonzada. Bueno… ¡no es cierto!, estoy divertida por como ha ocurrido todo.

    Siguió con su mirada alegre transmitiendo picardía. Dando una vuelta gloriosa por todo el despacho, mirando por todos los lados, se acercó agachándose y dándome un beso cariñoso en la mejilla.

    – Juro que volveré -una risotada inundó la estancia.

    Desde la puerta, girando, me lanzó un beso y desapareció tras pronunciar la frase que sonaba como amenaza.

    – Volveremos a vernos pronto.

    Era viernes, noche cerrada cubierta de negros nubarrones que presagiaban tormenta. No tenía todas las luces encendidas, pero tampoco era una penumbra. En un momento apareció ella, Ruth, perfectamente maquillada, una blusa vaporosa en negro de tenue transparencia que fijándose era fácil adivinar sus pezones. Pantalón amplio de seda blanco ligero y sutil, dando la sensación de ir flotando en el ambiente. Estaba desconcertado, miró a izquierda y derecha acercándose con decisión al cuadro de luces, bajó con decisión el interruptor general y todo oscureció.

    – Cierra la puerta me dijo – obedecí al instante caminando con prudencia para no darme con algún cajón abierto en la espinilla.

    Ruth situándose detrás de la mesa, sin decir ni una palabra se bajó los pantalones y a continuación el culote blanco de delicados encajes. Apartó bruscamente papeles y carpetas cayendo al suelo. Apoyó los codos encima de la mesa, dejando expuestos y libres sus rincones íntimos. Enfrente de sus ojos, el inmenso ventanal a la calle con el transito habitual a esas horas.

    – He quedado a cenar, tengo algo de prisa, empecemos.

    Me puse detrás, me quité los pantalones, calzoncillos y calcetines. No hay nada más antiestético y cutre que follar con los calcetines puestos. Entre sus manos tenía el bolso, que abrió y del mismo sacó un condón dándomelo por encima de su hombro.

    – Toma ponte esto, he pensado que en la oficina no dispondrías de algo básico y elemental para la seguridad laboral. Por la oscuridad y postura no pude fijarme en su rostro, imaginé su gesto desenfadado y la vez lleno de lujuria.

    Acercó sus dedos a sus sugerentes y provocativos labios pringándolos de saliva que llevó directamente a su coño, recuperando nuevamente la postura segura sobre sus codos. Con una gran risotada dijo de forma resuelta y decidida.

    – ¡Proceda usted!

    Poniendo mi pecho sobre su espalda, apoyé mi peso sobre una mano, mientras con la otra guiaba mi polla hasta su hendidura que emanaba un perfume agradable de hembra excitada. La cosa fue rápida. Agarre fuerte sus mullidas tetas comenzando un baile frenético de mete y saca, ella murmuraba alientos y jadeos contenidos hasta que estalló de placer chorreando sobre mi pubis, al poco tiempo grité un viva España, y terminamos. En la misma postura rebuscó en el bolso sacando con elegancia un clínex para su raja.

    Subiéndose la ropa interior y el pantalón, recompuso la ropa y el pelo, acercándose hasta mi persona. Continuaba desnudo de cintura para abajo, agarrándome con fuerza el desvaído y morcillón cipote, mientras acercaba sugerentemente su boca a mi oído dijo:

    – La próxima vez te lo voy a comer.

    Dando media vuelta marchó marcando campaneo que interprete como mensaje que había ganado el primer combate.

  • Mi harem familiar (10)

    Mi harem familiar (10)

    Al despertar ese día 24 de diciembre, después de ejercitarme un poco en mi habitación y ducharme y asearme, bajé a la cocina a desayunar. Encontré a Sugey y a Miriam conversando animadamente, sentadas al mesón, bebiendo café. Apenas entré, Miriam se levantó y me dio la espalda, provocando que yo la abrazara como en otras oportunidades. Entonces procedí en consecuencia, delante de mi madre.

    -Buenos días, mi hermosa Sugey, hoy estás más bella que nunca. – le dije a Miriam al oído, mientras la acariciaba y besaba su cuello.

    -Buenos días, mi amor, gracias por lo de bella, pero Sugey es ella, allí sentada, yo soy Miriam.

    -Ay, qué broma, me volví a equivocar. – entonces le di una nalgada y la solté para ir a abrazar a mi madrecita.

    -Mi querida Sugey, mi bella madre, buenos días, ¿cómo amaneces? – le dije, mientras abrazada por detrás le daba un besito en el cuello y le recostaba todo mi paquete, obscenamente, en sus florecientes nalgas.

    -Bien, mi amor, muy bien. Estábamos hablando de ti, aquí, las dos, frente a un buen café. – me dijo y entonces, de repente, se volteó y me dio un beso apasionado, con lengua, delante de Miriam.

    Al terminar de besarnos, ya tratando de coger aire:

    -Guao, mi amor, que rico besas. – me dijo. – Hermana, ¿no has probado un beso de este caballero? Deberías…

    -No, hermanita, no he tenido la oportunidad, pero me encantaría, si tú me lo permites…

    -Vengase para acá, ya no importa si me confundo, ¿verdad? – y la abracé de frente, muy ajustada a mi cuerpo y la besé. Primero los labios, me recreé en ellos, deliciosos, luego le metí la lengua, despacio, saboreando su exquisita boca. Sabía a café, pero también a mujer divina.

    Entonces Miriam, una vez que ya pudo respirar, me dijo:

    -Me encanta como besas, si así va a ser lo demás… ya tengo permiso de tu dueña, para tú sabes qué… hemos conversado y me dijo que no tiene problemas en compartirte conmigo… así que cuando quieras, cariño…

    Volteé a ver a Sugey y me confirmó todo con una mirada. Le lancé un beso y me senté para desayunar, porque estaba hambriento y así no podía empezar la batalla. Ellas dos me sirvieron unos huevos revueltos –cuatro– con tomate, pimentón y cebollas picaditos, algo así como un “perico” criollo, con pan tostado, mantequilla, mermelada, queso amarillo rayado, un batido de lechoza recién hecho y un café con leche.

    Luego de tal colación, salí a caminar con Miriam por la urbanización, durante una hora, a fin de bajar la comida. Íbamos tomados de la mano, como novios. Por el camino nos encontrábamos con algunos conocidos que la saludaban confundiéndola con Sugey y yo les explicaba que no era ella, que era su hermana gemela Miriam y que ahora era “mi novia”. Que por eso la llevaba de la mano. Ella se reía y así seguíamos caminando. Los vecinos se lo tomaban a broma, porque según ellos, para mí todas las mujeres hermosas eran mis novias, empezando por mi madre y mi hermana y las hijas y esposas y hermanas de muchos de ellos. Le decían a Miriam que yo era un sempiterno enamorado, que no podía ver un palo de escoba vestido de mujer porque me enamoraba.

    Luego de una hora, aproximadamente, regresamos a casa y subimos por la escalera de caracol del garaje hasta mi habitación. Nos encerramos y empezamos la fiesta. Allí le dije:

    -Me hubiera encantado llevarte a cenar y a bailar antes de acometer cualquier locura contigo, pero a estas horas del día es muy temprano.

    -No te preocupes, mi amor, ya habrá tiempo para eso. Ahora, vamos a lo nuestro, que me tienes loca ya.

    Y nos dimos con todo, con mucho amor, con pasión, con alegría. Miriam era una copia de Sugey, no solo físicamente, sino que se comportaba sexualmente de forma muy parecida a su hermana. Genial, porque ambas eran unas verdaderas fieras en la cama. Lo único que no hicimos esa mañana fue sexo anal, porque me dijo que no estaba preparada para ello, pero que ya vendría, porque era algo que realmente deseaba. Una de las pocas diferencias que encontré en su comportamiento fue que hacía más ruido que Sugey, gemía más alto, suspiraba en estéreo. Tal vez porque ya sabía de antemano de la insonorización de mi habitación, tal vez porque era menos silenciosa que su hermana, ya veríamos. Pero lo hacía con clase, super sensual la señora, toda una dama, de alta cuna y de baja cama.

    Al mediodía, cuando nos reintegramos a la vida hogareña, no podíamos ocultar las caras de satisfacción y por supuesto, la descarada de Ana nos atacó.

    -Caramba, que caras de satisfacción. ¿Qué estarían haciendo estos dos? Se parecen al niño que se robó el tarro de mermelada, tienen la boca toda llena de dulce.

    -Si, esa sonrisa la he visto antes en ésta casa, en una persona que mira la paja en el ojo ajeno y no ve la vigueta en el propio, no sé… – dijo muy divertida Andrea, haciendo clara referencia a la misma Ana, después de algún polvo conmigo.

    -Y bueno, que viva la felicidad. Creo que es propicio el momento para descubrirnos las caras, hoy 24 de diciembre. Les cuento que durante nuestra aventura en moto por Margarita, este caballero tan sonreído y yo, Sugey, su madre, comenzamos una relación que nos va a llevar de cabeza al infierno, pero que nos hace muy felices sobre la tierra. Somos pareja, novios, como él prefiere. También sé y quizás alguna de ustedes ya sepa o intuya, que ese caballero mantiene una relación con cierta damita que le es muy cercana, desde ya hace unos seis meses. Y que desde esta mañana, acaba de comenzar otra relación incestuosa también con su querida tía. Por eso las caritas de satisfacción. Solo queda por fuera una chica, a menos que yo sea la que no lo sabe aún. Me perdonan, pero la mejor manera de convivir en ésta maravillosa familia deberá ser, a mi parecer, en completa confianza, sin secretos. Así hemos vivido Ana, Tito y yo desde hace mucho y Miriam y yo, también. Y sé que entre Ana, Andrea y Tito existe esa confianza y camaradería. Por eso, quitémonos la careta. Andrea, ¿nos ilustras? ¿Tú también estás en la nómina de éste singular caballero? – reveló muy sonreída mi querida madre, como un baño de agua para todos nosotros.

    -Yo sabía lo de Ana y Tito, sospechaba de mi mamá, por los abrazos que él le daba a cada rato, pero ni idea que tú, tía, hubieras caído en las redes de este galán. Tú siempre te resistías. Me desayuno. Y no, no estoy en su nómina, de verdad. – dijo Andrea, ruborizada como un camarón en su salsa.

    -Bueno, me parece genial que nos hayamos desenmascarado todos. Soy un hombre feliz, tengo el privilegio de amar a cuatro maravillosas mujeres, las más hermosas del mundo. Gracias por hacerme tan feliz. – les dije, sin ambages.

    -Un momento, estás contando a cuatro y ya dije que yo no estoy en esa lista. ¿Qué te pasa, calabaza? – me soltó, medio irritada, Andrea.

    -Yo no dije que estabas en mi nómina, solo dije que amaba a cuatro mujeres y es cierto. Aunque jamás te he tocado, sin embargo te amo con toda mi alma y no te me vas a escapar así no más. Pregúntale a Sugey. Donde pongo el ojo pongo la bala, jejeje. Ella me rechazaba y me rechazaba, durante más de seis meses, pero ¿adivina quién salió ganando? Si quieres, te invito a Margarita, en moto, después de año nuevo… jajajaja.

    -Eres un bicho, no te la voy a poner tan fácil. Llévame a Paris y hablamos, jajajaja… – me dijo, muy divertida ella.

    Todas se echaron a reír con la ocurrencia de Andrea y hasta Sugey se sintió salpicada, porque ripostó:

    -La verdad es que yo me rendí muy barato, le he debido pedir que me llevara a Montecarlo, por lo menos y no en una moto a Margarita y me metiera en un motel de carretera, donde pernoctan camioneros… para la próxima tendré que ponerme más pilas, como dicen ustedes. Pero no me arrepiento, la pasé divino. Valió la pena. – acotó definitivamente Sugey.

    Así, de ésta forma divertida y alegre, culminó la sobremesa esa tarde. Andrea me miraba pícaramente, Ana se notaba descargada de un peso, porque yo suponía que eso la autorizaba a ir a mi habitación descaradamente. Sugey y Miriam se sonreían entre ellas, tendrían su trompo enrollado entre las dos. Y yo pensaba que tendría que ponerles turnos, porque ya la lista en casa era de tres y creciendo. Hasta de cuatro, porque habíamos obviado a Carmencita… pero yo no la olvidaba. Era mucha hembra para caer en el olvido. Barajando la mano que tenía, se trataba de cuatro ases seguros en mi mano, con opción de levantar la última carta y me saliera un comodín, Andrea. Sería repoker. Ya veríamos.

    Esa noche, para celebrar la Navidad, las chicas se vistieron más que apropiadamente, se arreglaron como para conquistar. Una por una fueron saliendo de sus habitaciones y bajando a la sala, para apabullarme con su belleza. La primera fue Andrea, con un vestido corto a media pierna y ceñido, sin escotes, sin mangas, de un color celeste acorde a sus hermosos ojos, con su cabellera suelta, como una leona. Medias de nylon oscuras y unos zapatos de tacón medio que le resaltaban agradablemente sus largas y maravillosas piernas. Se acercó a mí y me estampó un besito en los labios que me trastornó.

    Le siguió Sugey, majestuosa, como era de esperarse de ella. Un vestido negro con escotes delantero y trasero, falda levemente ceñida y biselada, más larga de un lado y más corta del otro, sin sostén y me atrevía a apostar que sin pantaletas también, porque no se le notaban las costuras. Su hermoso cabello recogido en un moño desprolijo, que dejaba caer por los lados mechones juguetones. Medias de nylon normales y zapatos de tacón alto. Esplendida, simplemente. También se acercó a mí y me besó en la boca, pero completo.

    Seguidamente bajaron juntas Miriam y Ana, solo que ésta última se devolvió a su habitación por algo que había olvidado. Miriam estaba preciosa con unos pantalones negros ceñidos –que le marcaban un trasero perfecto, de diseño– hasta las rodillas, donde se abrían unas campanas de regular vuelo, con una blusa plateada que dibujaba perfectamente sus magníficos senos y dejaba al descubierto sus deliciosos hombros. Se me acercó y me dio un toque en la nariz, con su dedo índice, cargado de lujuria. Pero no me besó. Y reapareció Ana, con una caja de regalo en las manos, que dejó al pie del arbolito y luego se acercó a mí, me abrazó y me besó a su antojo. Llevaba un vestido semitransparente, color indefinido, que dejaba imaginar todo lo que debajo habría. Se veía deliciosa, la más provocativa de las cuatro mujeres de mi casa. Portaba unos tacones que me dieron la impresión que si se pasaba de tragos en la noche, se caería de ellos.

    Cenamos las clásicas hallacas navideñas hechas por Miriam, Andrea y Ana, con la valiosa colaboración de Carmencita, durante nuestra ausencia. Acompañando las hallacas, un pernil del que se encargó temprano Sugey y una ensalada de papas, zanahorias y remolacha, con mayonesa y mostaza, más el toque mágico de Sugey. Pan de jamón y vino rosé de La Rioja, especialmente seleccionado por Sugey para la ocasión.

    Después de cenar y degustando unas copas del sabroso vino, procedimos a la apertura de los regalos. Hubo de todo, pero básicamente quiero resaltar lo que les di a cada una y sus reacciones. A Sugey, un perfume Channel # 3 que me costó un ojo de la cara, pero para ella, lo mejor. Lo valía. No estaba seguro que se hubiera dado cuenta cuando lo agregué a la compra en Margarita y si se dio cuenta, lo disimuló. Se alegró mucho al destapar el regalo y descubrir el perfume que tanto le gustaba. Me tomó de la cara y delante de las demás me dio el beso de la noche. Me dejó en pausa.

    Luego tocó el de Miriam, un perfume Dior. Sin palabras, aquella hermosa mujer me miró con sus bellos ojos verdes vidriosos y me besó apasionadamente. Seguí en pausa.

    Tocó el turno a mi querida Ana, abrió su regalo y descubrió el Opium, perfume–droga que anhelaba tener. Me dio un jamón que me descolocó. Casi soy yo el que pierde el equilibrio y no ella con sus altísimos tacones.

    Y por último y no por eso la menos, Andrea destapó su Yves Saint Laurean y me lo agradeció con otro beso tan espectacular como el que me había dado su madre. Yo quedé más satisfecho de lo que me había imaginado. Mis cuatro chicas me habían demostrado lo felices que estaban con mis obsequios.

    Y luego, para continuar en el mismo orden de ideas, recibí sus obsequios para mí. De Sugey un reloj pulsera Tissot, cuadrado con correa de lagarto negro. Algo que yo deseaba y que ella había captado. Su tarjeta decía: “Feliz Navidad para mi maravilloso hijo. Solo Dios sabe cuánto te amo, porque yo no encuentro las palabras correctas para expresártelo.” La besé con amor.

    Ana, mi diablita, me entregó dos regalos, a saber: Uno, un libro bien empastado, A Sangre y Fuego de Enrique Sienkiewicz, premio Nóbel de Literatura 1.905. Dos, la caja que había bajado de su habitación, que contenía 50 condones de talla XL. Graciosa la niña, con una tarjeta que decía: “Feliz Navidad para el hombre de mi vida, esto es para que no vaya a preñar a sus amores.” Nos dimos un beso delicioso.

    Para continuar, Andrea me obsequió un disco de Los Beatles, original británico, Let It Be. Con una tarjeta que decía textualmente: “Feliz Navidad, mi príncipe. Te amo.”

    Y llegó el turno de Miriam: Un cinturón y una cartera de piel marrón de excelentísima calidad. Una belleza. Su tarjeta decía: “Feliz navidad para el sobrino más buenmozo del mundo, el que me pone nerviosa a diario.”

    Esa Navidad fue memorable, disfruté de la compañía de las personas más importantes de mi vida. Si tan solo mi padre hubiera estado presente… después de las doce, algunos amigos se aparecieron por casa, evidentemente para ver y disfrutar del abanico de beldades que allí habitaban. Abrazos y besos, felicitaciones a granel y las clásicas invitaciones para ir a algunas fiestas o reuniones cercanas. Ana, Andrea y hasta Miriam se anotaron y se fueron con unos amigos nuestros, gente por demás responsables y respetuosos. Pero Sugey y yo preferimos quedarnos, ella aduciendo un dolor de cabeza muy fuerte y yo que me quedaría a acompañarla, por si acaso. Una vez que cerramos la puerta de la casa, subimos a su habitación a colmarnos de amor. Fue una noche magistral. Esa noche, por aquello de las sensibilidades propias de la fecha, recordé mucho a mi padre y pude apreciar lo privilegiado que fue ese hombre por haber tenido la mujer que tuvo. No cualquier hombre logra tener el amor de una mujer como Sugey. Ni como Miriam, su gemela, en todo sentido.

    En la conversación post coito, hablamos de ello y en un momento dado, no recuerdo porque ni cómo, ella mencionó sus aventuras extra matrimoniales, permitidas por aquel hombre tan especial.

    -¿Y cómo fue eso, si me permites la curiosidad? – le pregunté.

    -¡Curioso! ¿Qué quieres saber? – me respondió con picardía.

    -Todo, todo lo que te atrevas a contarme. Entre tú y yo no debieran haber penas ni vergüenzas a estas alturas de la relación, ¿no crees?

    -Cierto, mi amor, no debiera, pero las hay. ¿Qué pensarías tú de mí si te cuento mis andanzas?

    -Pues posiblemente que eres una mujer maravillosa, tan especial que su hombre se atrevió a permitirle aventuras. No creo que sea algo vergonzoso, más bien algo picante en la vida de una bella mujer.

    -Eres un bandido, sabes conducirme por tu camino… Te contaré: yo siempre he sido una mujer ardiente, fogosa, como decía tu padre y me gusta provocar las miradas de los hombres, notar la lujuria en sus miradas. Y existen hombres, así como tú, que provocan sentimientos inmediatos, calenturas. Yo te he observado como miras a algunas mujeres que después se te entregan fácilmente, como mis queridas amigas. Bueno, algunas veces me tropecé con hombres así y me provocaban calores que tu padre notaba y eso a él lo encendía también, ver que su mujer llamaba la atención así de esa manera. Total que una noche como ésta, en una conversación como ésta que estamos manteniendo tú y yo, hablamos sin tapujos. Yo le expuse que había cierto tipo de hombres que hacían que me humedeciera, por decirlo de alguna forma y que yo notaba la lujuria de sus miradas, el deseo por tenerme. Que también pasaba con él y otras mujeres, ya que tu padre era un hombre muy bien parecido y muy varonil. Así llegamos al punto de plantearnos algún intercambio con alguna pareja conocida. Escogimos a un amigo de él de toda la vida que me chiflaba y que tenía una esposa un tanto calenturienta también. Nos pusimos de acuerdo con ellos, alquilamos una casita de playa en Caraballeda, por un fin de semana y nos fuimos. Fue un éxito, tanto que lo repetimos varias veces. Tomamos ciertas precauciones, elementales, dejamos los niños al cuidado de los abuelos, en fin, fue algo muy agradable. Y nos dimos cuenta que los celos ni aparecieron por allí. Eso nos dio alas y ampliamos nuestro ámbito. Nuevas parejas y nuevas experiencias. En total fueron cinco o seis, no más, pero llegamos al punto que si yo deseaba verme una tarde con alguno de ellos, lo hablaba con Ernesto y él me lo permitía. Y como lo que es igual no es trampa, él hacía lo mismo, pasaba una noche con alguna de ellas, con el consabido permiso de su cónyuge. Genial. Eso le daba una flexibilidad a nuestra relación que la fortaleció mucho, porque tengo que decirte que, aunque eran buenos varones, hermosos y cumplidores, ninguno aventajaba a tu padre en nada. Y según él, a mí no me ganaba ninguna de ellas. Era divertido, una cana al aire, pero el lomito, en casa.

    -¿Y nunca lo hiciste con otra persona, digamos, que no fuera de esas parejas de intercambio? Un chance fortuito, algo así… – pregunté, intrigado por el nivel de la conversación.

    -Si, una vez estaba en un curso de dos semanas sobre cocina española y uno de los instructores era un chef madrileño que estaba de lo mejor, el hombre más hermoso que te puedas imaginar. Alto, musculoso sin ser exagerado, así como tú, peludo, con una barba y bigotes muy cuidados, moreno de sol y con una picardía en los ojos que me mataba. Un poco más bajo que tú, pero todo un ejemplar masculino. El hombre se dio cuenta que me había gustado y el último día, ya brindando por el final del curso se me lanzó. Me dijo que antes de irse del país, quería llevarse un bello recuerdo de ésta hermosa tierra y qué mejor que salir a tomarnos unos tragos él y yo. Me sentía excitadísima, tomé un teléfono y llamé a Ernesto y se lo planteé directo, sin tonterías. Le dije que ese tipo me tenía mojada y que no me aguantaba más. Él se rio y me dio permiso. Era viernes por la tarde noche. Me fui con el tipo, ya ni recuerdo su verdadero nombre, Xavier o Xavi, pero si todo su cuerpo. De los tragos nos fuimos al hotel y regresé a casa el domingo al mediodía. Casi no me podía mover, ese hombre me había dado hasta con el tobo, se gastaba un pene semejante al de tu padre y sabía usarlo. Durante más de 40 horas cogimos como animales. No hacíamos el amor, nada de eso, fornicábamos como macacos. Nos besábamos, nos comíamos, nos mordíamos y me daba leña a granel. Nunca había follado con un hombre así, hasta encontrarme contigo. Ni tu padre me había dado tanta leña.

    Al llegar a casa me encontré con la cara más larga que le hubiera visto a tu padre. Me quería matar, pero le pedí que me dejara darme un baño y dormir por lo menos 6 horas, antes de asesinarme.

    Al despertar, lo enfrenté. Estaba molesto, me había dado permiso por una noche, no un fin de semana. Le conté y le dije que tenía toda la razón, que tenía derecho a decirme y hacerme lo que quisiera, pero que no me podía arrepentir de lo que había hecho, porque… me había gustado muchiiiisimo. Pensé que ese hombre me iba a poner el divorcio, pero no. Se me quedó mirando, desnuda como estaba y no hizo nada mejor que desnudarse y montarme. Esa noche echamos el polvo más delicioso que pueda recordar. Tanto que ya ni volví a pensar en el español. Mi marido era el mejor. El más grande, el hombre más maravilloso que hubiera conocido.

    -¿Y hubo otras aventuras como esa?

    -Si, dos o tres más, pero solo de una noche, nada reprochable por parte de tu padre. Yo había pensado que a él ya no le quedaban ganas de permitirme mis salidas, pero ocurrió que fuimos a cenar a un restaurante muy agradable, en Las Mercedes y en la mesa de enfrente de él estaba una mujer sola, hermosa y abandonada. Parecía que la habían embarcado. Y empezaron con el intercambio de miradas y miradas, hasta que le dije, a modo de desagravio: ¿Por qué no te vas con ella? Dale un poco de cariño, que se ve que buena falta le hace. Yo me voy a casa y mañana hablamos… él se creyó que yo lo estaba jodiendo y se lo aclaré: Mi amor, te debo una muy grande, lo del español. Anda, ve con confianza. Dile que yo era un incordio para ti, que te desembarazaste de mí y listo. Llévatela. Esa mujer se ve muy necesitada. Te pego un gritico, me largo de aquí en un taxi y listo. ¿Te parece? Y así hicimos. Él se la llevó y regresó a casa al día siguiente, al mediodía. La pasó muy bien y todos felices. Eso dio pie a continuar con nuestras andanzas. Tienes que tener muy en cuenta que nuestra relación siempre estuvo signada por el amor, el respeto y la confianza. Sin eso, hubiera sido un desastre. Te lo digo no como tu amante, sino como tu madre. Quiero que nunca lo olvides, Amor, Respeto y Confianza. Fundamentales en cualquier relación de pareja.

    -Bueno, no necesito seguir indagando en tu vida amorosa. Suficiente para mí. Creo que eres una mujer muy especial y me has reforzado la admiración por papá. ¡Qué hombre! de verdad. Entiendo porque lo extrañas tanto.

    -¿Y tú no piensas contarme algo de ti, de tus andanzas, algo que yo no sepa? Por ejemplo, sobre la Marisax…

    -Bueno, con ella la cosa no ha sido fácil. Cuando empecé a trabajar en la firma, la encontré como mi jefa. La verdad es que la mujer es hermosa e imponente, por lo que yo me hacía el pendejo con ella, solo trato laboral, nada de miradas indiscretas ni nada que ver con sexo ni seducción. Yo pensaba que a esa mujer que carajos le iba a interesar un pendejo de solo 19 años empezando a trabajar en la firma donde ella ya era la Directora. Ella, por su parte, tiene un carácter de cuidado. A veces se la llevan los diablos. Tiene muchos conflictos con sus demonios. Ha tenido, me enteré por unos compañeros, cuatro parejas, nunca se ha casado, pero ha corrido de su casa y de su vida a cuatro infelices. Arrecha. Y a mí me miraba con aires de suficiencia. Hasta el día en que la encontré con un caucho espichado, en plena avenida Francisco de Miranda, un viernes a las 10 de la noche. Estaba temblando. Me detuve, la saludé y le cambié el caucho. Es más, la acompañé hasta su casa para cerciorarme que llegaba a salvo, por si se le espichaba otro caucho ya sin repuesto o la seguía algún malandro. Me comporté muy distante, respetuoso, cordial pero sin pretensiones.

    El lunes, aquella mujer me veía con otros ojos. Pasé a ser, del pobre nuevo en la oficina a ¡Santo donde te pondré! A partir de entonces me fui convirtiendo en la persona de confianza de la jefa. Para todo me llamaba, hasta que un buen día me dijo, de sopetón: Tengo que irme a Margarita mañana en el primer vuelo. Tenemos un problema grave y necesito que te vengas conmigo, por si se me espicha otro caucho. Aquello me agarró de sorpresa, pero me hizo reír, tenía gracia lo del caucho. Me fui con ella miércoles, jueves y viernes y regresamos a Caracas el domingo en la tarde. Cuando llegamos a Porlamar yo creía que iríamos a algún hotel. Cual sería mi sorpresa que llegamos a su apartamento, ese que ya conociste. Ella en su habitación y yo en la otra, pensé. Ni la pisé. Esa noche, del trabajo fuimos a cenar, luego me dijo que quería tomarse unas copas y nos fuimos a un bar de hotel y de allí al apartamento. Al entrar, esa mujer se transformó en una fiera exótica, me desnudó, se desnudó ella también y el primer polvo lo echamos en el sofá. Así pasamos los dos días restantes y luego el sábado y el domingo. Yo creo que ella es ninfómana, porque no sabía de preliminares ni de coqueterías, ni nada de eso. Llegar al apartamento y dale que te pego. Y aquí en Caracas es igual. No salimos a cenar ni a bailar, ni siquiera al cine o a tomarnos unos tragos, no. Me cita en su apartamento y desde que entro hasta que logro escaparme, es sexo puro, duro, fornicar como salvajes. Esa es Ana Marisax. Te digo que a veces me asusta. Desde entonces, en la oficina la gente me mira de otra manera. Yo creo que se sabe algo.

    -Caramba, mi amor, que de cosas, ¿no? Yo pensaba que Ana era otro tipo de persona, muy ejecutiva, seria, distante. Que te tenía aprecio, pero no ganas. Sorpresas que te da la vida. ¿Y no tienes nada más por allí que yo no sepa?

    -No, yo contigo siempre he sido muy abierto. Tú sabes con quien ando y con quien vengo. Tal vez sin detalles, pero no creo que los necesites. Mi primera experiencia, Carmencita, mi maestra sexual. Tus amigas, Carmen, Olga y Adriana y sus cuatro amigas casadas y desatendidas. Las amigas de Ana y Andrea, Alicia y Roxana. De la playa y eso es muy reciente, Simona y de la Universidad, Sarah y Stefanía. Del liceo, Paola, pero eso fue ya más reciente, ya casada. Y Ana Marisax. Ahhhh, se me olvidaba, Lucía, en Margarita y… una vecina de por aquí, que tal vez nunca te he dicho. Es la madre de una amiga, prefiero no hablar de ella, por respeto a la amistad.

    -¿María Eugenia, por casualidad?

    -Si, ¿cómo sabes?

    -Ah, yo que soy bruja… jajajaja…

    -No, en serio ¿cómo sabes?

    -Pues ella misma me lo dijo, indirectamente. Un día en el automercado te vio mientras hablábamos y su mirada me lo dijo todo. Se quedó como degustando un postre que no había terminado de comerse. Te miró la entrepierna, se pasó la lengua por los labios y además me dijo que estabas bellísimo, que ella habría dado cualquier cosa porque te hubieras enamorado de su hija, pero nada, así es la vida. ¿Cuántas veces estuviste con ella?

    -A ver, cómo unas 8 o 10 veces, pero ya nos dejamos de eso.

    -¿Y por qué, si se puede saber?

    -Por su marido. Regresó y yo no quise seguir, porque el señor me cae bien, me agrada. Debe ser terrible estar en esa situación de marido cornudo. A mí no me gustaría ese papel.

    -Entiendo. Tú eres un hombre de principios, aunque seas un incestuoso de m…

    -¿De qué?

    -Olvídalo, olvídalo.

    -Ok, ahora yo quiero saber algo: Una vez le pregunté a Ana que porqué entre ustedes dos no existía esa relación tan maravillosa que sí cada una de ustedes tenía conmigo. La loca me respondió que sería por celos de mujer y que ninguna quería ceder terreno. Le pregunté qué porqué celos y de quien. Me respondió que lo dejara así, que no lo entendería. Se arrechó y me callé la boca.

    -Lo mejor y más inteligente que pudiste hacer. Si, efectivamente, desde hace mucho han existido ciertos celos de mujer entre ella y yo.

    -Pero, ¿por qué?

    -Por ti, mi cielo. Ella te considera de ella, su hermano, pero también su gran amor y yo te considero mío. Y definitivamente eres de ambos mundos…

    Continuará…

  • Fiesta de Halloween, en casa de mi hermano (capítulo 2)

    Fiesta de Halloween, en casa de mi hermano (capítulo 2)

    Para continuar esta lectura deberás leer el anterior capítulo, iremos por etapas por varias categorías de la página espero sea de su agrado, y en espera de sus comentarios.

    Busqué a Flash o al Diablo, pero no los vi. Observé a Gaby coquetear intensamente con un leñador y pensé, ‘¿en serio? ¿Un leñador fue lo mejor que se te ocurrió? Pero supongo que era lindo y bueno para Gaby, que se reía mucho de todo lo que decía. Creo que Sara me vio, mientras miraba en mi dirección, pero rápidamente volvió a su conversación animada y me estremecí de emoción por lo que estaba a punto de hacer.

    Y entonces, hice la cosa estúpida.

    Supuestamente, Sara no tenía idea de que la estaban esperando abajo. Esperando en el sótano, por una mamada. Temblé casi con violencia cuando mi mano tocó el pomo de la puerta que conducía a la planta baja. Quería masturbarme allí mismo, pero sentí que posiblemente podría llevar toda esta increíble sensación a otro nivel. Estuve cerca de hiperventilar.

    Los dos primeros habían sido un error. Podría explicarlos. Los chicos me sorprendieron. No sabía que vendría. Estuvo muy cerca de una violación si no hubiera estado tan dispuesta cuando olí ese hedor de macho. Ese olor único a verga.

    Escuché a algunos hablar abajo mientras bajaba lentamente los escalones. Ambos sexos estaban allí abajo. Podía escuchar a hombres y mujeres, charlando, discutiendo sobre el trabajo, contando chistes, coqueteando. Pero, era demasiado brillante. Verían que yo no era Sara. Tuve que hacer algo. Entonces, me deslicé por la parte trasera de las escaleras, donde estaba el calentador de agua y abrí la pequeña puerta del panel eléctrico. Encontré el interruptor de iluminación del sótano y lo apagué.

    «¡Vaya!» «¿Qué sucedió?» «¿Alguien pulsó un interruptor?» «Vamos arriba.» Seguido de murmullos generales de desaprobación y pasos que se dirigían hacia las escaleras.

    ‘En la madre’ pensé, ¿y si mis vergas también subieran las escaleras? Decidí dejarme ver en la oscuridad y caminé hacia las sombras, dejando que la luz suficiente de la puerta abierta del piso de arriba me atrapara para identificarme como una mujer gato. Me reí para mis adentros cuando todos se detuvieron.

    Chica: «¿en serio Sara?» suspirando exasperada.

    Chico: «¿Qué?”.

    Chica: «Nada. Solo ve arriba. Tenemos algunas travesuras de la fiesta de Halloween de las qué ocuparnos». Se rio.

    Cuando la chica dijo ‘tenemos’ me estremecí.

    Chica: «Adelante voy asegurar la puerta por dentro, nosotros saldremos por los escalones de atrás».

    Le indico a los pasos que se alejaban.

    Chica: «No quiero que nadie tropiece con los escalones antes de que encontremos el problema con las luces».

    Cuando la puerta se cerró y el sonido de la cerradura hizo clic en su lugar, nos sumergimos en la oscuridad nuevamente. Solo la luz suficiente que se arrastra desde el exterior y a través de la parte inferior de la puerta en la parte superior de las escaleras para ver objetos grandes.

    Chica: «Eres increíble Sara. ¿En tu propia casa?»

    Se rio con un sonido de desdén.

    Chica: «Bueno, adelante puta. Haz tu trabajo».

    Realmente no entendí de qué estaba hablando, pero cuando caí de rodillas, pude ver las sombras de más de tres figuras que venían hacia mí. Entré un poco en pánico, pero pensé que uno de ellos tenía que ser la chica. Solo tenía que esperar que no me obligara a hablar. Extendí la mano a ciegas y encontré a un hombre frente a mí. No sabía qué disfraces llevaban en la oscuridad. No es que a nadie aquí le importaran los disfraces.

    Cuando tuve problemas para descifrar los pantalones, se frustró y simplemente sacó su verga y lo empujó contra mi cara. Gemí suavemente y abrí la boca, tomando el eje en mi mano y guiando la cabeza dentro de mi boca. Lo escuché gemir y me concentré en hacer lo que le había hecho a Flash, follando su verga con mi garganta y haciendo sonidos de arcadas.

    Chico 1: «Al igual que practicamos en el trabajo, Sara. Sé que es difícil de recordar para una zorra como tú, pero tienes que mantener felices a todas tus vergas o se irán. No quieres eso, ¿verdad?»

    Negué con la cabeza con una verga en la boca, pero mantuve mis labios apretados alrededor de la verga.

    Sentí que alguien se movía detrás de mí y luego se acomodaba, arrodillándose justo detrás de mí.

    Chica: «Pinche Sara. ¿Qué diría Jorge si te viera aquí abajo, chupándosela a tus compañeros de trabajo como lo haces en la oficina todos los días?» susurró.

    Esto fue tan excitante. Gemí al pensar en mi dulce cuñada haciendo esto en el trabajo todos los días.

    Chica: «Deberías de ceder y ser la infiel que ambas sabemos quieres ser Sara. Levanta las manos, zorra, toma una verga en cada mano para que puedas obtener el semen que deseas. Tienes que aprender a trabajar múltiples vergas mucho más rápido si vas a aumentar la productividad. Lo juro, a veces es como enseñarle a un niño retrasado contigo. ¿No acabamos de pasar por esto?”

    Levanté mis manos hacia arriba y hacia los lados en la oscuridad frente a mí y encontré una verga para cada mano. Empecé a acariciarlos mientras chupaba con fuerza el del medio.

    Chica: «Está bien, chicos, la estúpida zorra no puede verlos. Supongo que ese es su problema. Solo giren de izquierda a derecha cada minuto y alimente a la dulce esposita, chupavergas». Dijo un poco más fuerte.

    Y luego comenzó. Tal como la chica instruyó, cada minuto tenía una verga mojada en mis manos, que acababa de salir de mi boca. Tenía otra verga en la boca, la que había estado acariciando con la mano derecha, y otra verga en la mano derecha, de un tipo que había entrado en la fila de tres al frente. En unos diez minutos, calculé la rotación a partir del tamaño. Por supuesto, no podía ponerles un nombre o una cara a las vergas, pero podía describirlas por tacto y sabor.

    Había cinco vergas. Lo supe porque a los diez minutos, tenía cada uno de ellos en mi boca dos veces. La primera verga fue, supongo, promedio. Me recordó mucho a la de Pato. Era sólida, con solo la cabeza sobresaliendo de mi mano.

    La segunda verga era un poco más larga y un poco más delgada que la primera. El tercero, sentí un poco de pena por el dueño. Era pequeño, pero en el lado positivo, podía tomarlo fácilmente dentro de mi boca sin atragantarme. El cuarto era casi del tamaño del Diablo. Grande y grueso, una gran diferencia con el pequeñín. Y el último era más grande que el primero, pero más pequeño que el cuarto y más grueso que cualquiera de los otros.

    Diez minutos de chupar. Diez minutos de mi garganta siendo penetrada una y otra vez, excepto por el pequeñín número tres. Diez minutos de mi coñito padeciendo. Diez minutos de cuchicheos sobre lo zorra que es Sara. Diez minutos de burlas susurradas por parte de los chicos parados frente a mí, con sus vergas en mi boca.

    Estaba tan excitada que el toque más ligero me habría hecho estallar. Estaba tan lista para correrme. Lo juro, sentí que podía tener un orgasmo con solo mover mis caderas un poco para forzar la fricción de mi disfraz. Pero no aún no. No quería correrme todavía por alguna razón. Quería saber cómo se sentía ser mi cuñada. Ella hizo esto, de acuerdo con los susurros en este sótano, todos los días. Era como si toda la oficina lo supiera aparentemente.

    Chica: «Creo que el Sr. Hernández está allá arriba hablando con Jorge en este momento». Susurró en mi oído. «¿Cuántos tipos están vaciando sus huevos en tu garganta y luego se ríen con tu marido como si fueran amigos? El pobre Jorge no conoce la puta con la que se casó».

    No sabía si estar enojada porque estaban degradando a mi hermano o …

    No, definitivamente me estaba haciendo gotear como un río. Me odiaba a mí misma por eso. Él es mi hermano después de todo. Sin embargo, no pude sofocar un gemido alrededor de la verga en mi garganta.

    Chico: «Pinche Sara, desearía que nos dejaras culearte».

    Se oyó un gemido cuando el dueño de la voz metió y sacó su verga de mi boca.

    Otro Chico: «¿Qué pasa si no te corres mientras te follamos? Entonces no sería hacer infidelidad, ¿verdad?»

    Todos se rieron de su ‘broma’ y gemí cuando el sonido de la gruesa cabeza de la verga en mi boca, chapoteando dentro y fuera de mi garganta, resonó en la habitación en los raros momentos de silencio. Y eran raros. Bien podría haber sido un objeto cualquiera por la forma en que mantuvieron una conversación mientras usaban mi boca para su placer.

    Chica: «¿Qué tal Sara?»

    La suave voz susurró en mi oído, tan cerca que podía sentir no solo el calor, sino también la humedad de su aliento. Estaba susurrando intencionalmente lo suficientemente alto para que los chicos la escucharan por encima de los sórdidos sonidos de gruñidos y arcadas.

    Chica: «¿Esta noche es la noche? Sabes que es solo cuestión de tiempo antes de que abras esa pinche panocha a alguien además de Jorge. Tal vez deberíamos llevarte a escondidas a tu habitación, tener tu primer acto de engaño justo en la cama que compartes con tu marido. ¿No sería eso absolutamente lo mejor?”

    Gemí y gemí alrededor de la próxima verga que estaba frente a mi cara.

    Chica: «Oh, sí, vamos a desnudarte y a follarte ahora mismo».

    Su dedo jugueteó con la cremallera de mi disfraz, la bajó una pulgada y solté mi mano derecha para alejar la suya. Ella soltó una risita y cedió, inclinándose lo suficiente para susurrar en voz baja, para que los chicos que follaban mi boca probablemente no escucharan.

    Chica: «Solo estoy tratando de que terminen más rápido, sabes que puedes confiar en mí».

    Gemí muy fuerte ante esto. ¿En qué clase de mierda estaba metida mi cuñada? ¡Esto fue una locura! ¿Tenía una amiga en el trabajo que la ayudó a “relajar” a sus compañeros de trabajo masculinos?

    Algún Chico: «Vamos, Sara, será mucho más rápido si tomas dos a la vez». Sugirió.

    Negué con la cabeza y la chica se rio.

    Chica: «Está bien, zorra, pero será mejor que te esfuerces un poco más antes de que tu esposo te extrañe».

    Todavía tenía arcadas y balbuceaba, pero no tan duro como con la verga del Diablo, así que, con el paso del tiempo, cada vez era más fácil. Aun así, me dolía la garganta, pero había una emoción innegable en mi sexo. Lo juro, sentí como si me hubiera mojado hasta las rodillas. También estaba el problema de la mucosidad espesa que rezumaba por mi barbilla para caer al suelo. Se sentía tan repugnante, tan grotesco, tan erótico.

    Chica: «Está bien, chicos, tienen que apurarse. No podemos alargar esto como la hora del almuerzo en la oficina. Jorge la extrañará y no queremos que se entere o tendrán que volver a “las mamadas una vez al año”. De sus esposas. Cójanse la boca de la zorra y metan su semen en su estómago donde pertenece».

    Supongo que eso fue suficiente para ellos, porque en la siguiente verga en mi boca, el tipo me agarró la cabeza y me folló la garganta fuerte y rápido, pasó un minuto, pero se estaba corriendo pronto y yo gemía cuando sentía el caliente jugo de testículo disparado directamente a mi garganta. Gemí de éxtasis y tuve que agarrar las dos vergas en mis manos con fuerza para evitar frotarme. Esto provocó que los chicos en mis manos gimieran.

    Chico Izquierda: «Pendeja, Sara, no aprietes así, me vas a hacer …»

    Se interrumpió, lo que fuera que iba a decir, sentí un cálido chapoteo contra el lado izquierdo de lo que estaba expuesto de mi cara Era repugnante, me acababa de disparar su semen en la cara. Estaba tan excitada que podría correrme con un toque en mi clítoris.

    Otro Chico: «Muévete.»

    Susurró y la verga en mi boca se liberó y tragué ruidosamente la espesa gota piscacha de semen que quedaba en mi boca antes de que otro tubo de carne duro y cálido se envolviera de golpe por mis labios. Al igual que el tipo anterior, me agarró la cabeza y me folló la garganta con fuerza, sin detenerse hasta que entró en mi garganta. Mientras tanto, las otras dos vergas que no habían llegado al clímax fueron puestas en mis manos por sus dueños.

    El sonido de una cremallera sobre el sonido de mi garganta alrededor de la cabeza de la verga que me estaba penetrando, luego pasos. Realmente no me concentré en esos sonidos, solo sirvieron como fondo de luz para mis manos y mi garganta trabajando en los vergas frente a mí. Luego, el sonido de la música inundó el sótano, más fuerte de lo que había sido a través de las puertas cerradas. El hombre desconocido había abierto la puerta del sótano que daba al patio trasero y la música se hizo más fuerte por un momento, antes de cerrarla detrás de él.

    Mientras tragaba las gruesas cuerdas de semen en mi boca, el dueño gruñía.

    Chico: «Saboréalo todo, zorra». Él susurró.

    Lo chupé con fuerza y lo drené antes de que se retirara con un chasquido de mis labios.

    Otra verga lo reemplazó rápidamente cuando se retiró y una vez más, mi garganta fue jodida con fuerza. Ahora tenía una mano libre y tenía que agarrar mi seno derecho con la mano izquierda para evitar que se deslizara entre mis piernas y me hiciera correrme. Yo lo quería. Oh, cómo lo quería. Pero de alguna manera sabía que sería mucho más asombroso si aguantaba un poco más. Pensé que tendría que limpiarme después de que llegaran estos dos últimos de todos modos, así que me atendería en el baño.

    Aproximadamente un minuto después de atragantarme, la verga más larga de las cinco se estaba corriendo por mi garganta y luego se retiró lo suficiente como para dejarme probar las últimas tres erupciones de semen antes de tragarlos.

    Chica «Una más, puta».

    La chica se burló cuando una verga salió de mi boca para ser reemplazada por otra. Lo mismo sucedió de nuevo, mi garganta estaba jodida en carne viva y en un minuto o dos, se corrió con fuerza por mi garganta, tirando hacia atrás lo suficiente como para obtener un bocado de semen que pude saborear antes de tragar y limpiar su verga.

    Cada vez que un chico terminaba, podía escuchar la puerta corrediza de vidrio abrirse para anunciar su salida al patio trasero. Sucedió por última vez y estaba solo con la compañera de trabajo de Sara.

    Chica: «¿Ya conseguiste la pinche docena, Sara?» se rio.

    Negué con la cabeza. No lo sabía con seguridad, pero estaba bastante seguro de que eso significaba doce mamadas y yo tenía siete.

    Chica: «¿Quieres que reúna algunos más para ti? ¿A quién no has tenido?» susurró.

    Me encogí de hombros y sentí el incómodo silencio. No pude responder. No había manera de que ella no reconociera la voz de Sara. Ella apretó mis hombros y se rio.

    Chica: «Debes estar borracha de nuevo. Límpiate y tómate un descanso. Necesitas calmarte antes de que te vea Jorge y su gente de nuevo. Te cubriré por un tiempo. Te veré más tarde, zorra».

    Luego hizo lo que me provocó un pánico total. Se agachó y pellizcó mis pezones erectos. Si hubiera ido inmediatamente a los pezones erectos presionando a través de mi disfraz y los hubiera pellizcado, no estaría demasiado preocupada, pero sus manos en realidad apretaron mis senos. Los pechos que eran más pequeños que los de Sara. Gemí ante el toque porque elevaba mi necesidad sexual, pero no había manera de que ella no pudiera decir que no era Sara.

    Afortunadamente, ella no dijo nada, aunque la escuché jadear. Salió por la puerta del sótano hacia el patio trasero y vi que estaba vestida como una bruja sexy a la luz del patio trasero. Se detuvo en la puerta abierta, miró mi silueta en la penumbra y luego la cerró detrás de ella y desapareció en la oscuridad. Corrí al baño de abajo. Encendí la luz y cerré la puerta y me quedé sin aliento ante la vista en el espejo sobre el lavabo. Tenía semen salpicado en el lado izquierdo de mi cara y un globo, no menos, cinco globos de semen en mi barbilla.

    Continuará.

  • Su profesor particular (capítulo V): La llegada

    Su profesor particular (capítulo V): La llegada

    Por fin llegó el viernes, el gran día en el que Tomás iba a comenzar una nueva vida. Una vida en la que llevar a cabo las fantasías que había tenido desde niño. Estaba nervioso por el cambio que iba a suponer en todos los aspectos. Una cosa es fantasear con ser dominado por una bella mujer y otra muy distinta vivir esa experiencia veinticuatro horas al día. Con el nerviosismo y la excitación, apenas había podido dormir en toda la noche.

    Se levantó, se arregló y fue a la Facultad. Cuando tuvo clase con el grupo de Elena, estuvo nervioso, apenas se atrevía a mirarla a los ojos. Se cruzó varias veces con su mirada. Ella sonría con superioridad.

    Cuando terminaron las clases, Elena fue a su residencia y empezó a recoger sus cosas, esperando la llegada de la empresa de mudanzas para trasladarse a la que iba a ser su lujosa casa para el resto del curso. Una vivienda con un servicio muy personal incluido.

    Por su parte, Tomás volvió a su casa en cuanto pudo. Se ocupó en tenerlo todo listo. Ya había sacado sus cosas de su habitación, para cedérsela a Elena, tal y como le había ordenado. También había hecho limpiar a conciencia la casa, para que estuviese al gusto de Elena cuando llegara. Había contratado, también siguiendo las órdenes de Elena, una nueva asistenta (ni joven ni atractiva, siguiendo sus instrucciones) cuyas habilidades en la cocina ya había podido comprobar. No quería que Elena tuviese ni el más mínimo reproche que hacerle. Quería, de verdad, con todo su corazón, servirla hasta en el más mínimo detalle. Asumía su compromiso y quería satisfacerla y hacerle su estancia en su casa lo más confortable posible.

    Después de revisar la casa y encontrarlo todo listo y en orden para la llegada de su ama, salió a comprar algunas cosas para la cena y la comida del fin de semana, pues el fin de semana, tal y como ordenó Elena, no habría servicio doméstico y sería él el encargado de cocinar. Esa noche quería sorprenderla con una cena especial.

    Eran poco después de las cinco de la tarde y acababa de terminar su compra, cuando recibió un mensaje de Elena: “Ya están aquí los de la mudanza. Cojo un taxi y voy hacia tu casa para esperarlos allí. Tus fantasías están a punto de hacerse realidad, querido profesor.”

    Tomás no pudo evitar sentir un estremecimiento. Estaba tan nervioso por poder hacer realidad su sueño… Fue corriendo a por su coche para llegar antes que Elena y no hacerla esperar. Aunque ella ya tenía llave de la casa, no quería que llegase antes que él y no estar allí para recibirla a su llegada el primer día.

    Subió las compras a la casa. Las dejó en la entrada y bajó corriendo para esperar a Elena en la puerta de la urbanización. Enseguida vio pararse un taxi. De él salió Elena, que se acercó a la puerta de entrada. “Está usted preciosa, señora”, acertó a titubear Tomás, a pesar de que ella no iba arreglada. Llevaba una camiseta azul de tirantes, unos vaqueros y unas zapatillas de deportes. Su precioso pelo estaba recogido en una cola. Sin embargo, Tomás la encontró bellísima y con un halo de superioridad que hacía que estuviese deseoso de cumplir cada orden suya sin rechistar, de agradarla en todo lo posible y, por supuesto, deseando adorar todo su cuerpo; especialmente, sus pies, que imaginó sudorosos con esas zapatillas de deporte y el calor que hacía. ¡Como deseaba aliviar el cansancio y sudor de esos pies con un buen masaje dado con sus manos… y con su lengua!

    Elena interrumpió sus pensamientos “No te quedes ahí como un pasmarote y ve a pagarle al taxista”.

    “Sí, señora”. “Perdóneme, señora”.

    Tomás pagó al taxista y volvió con Elena. Le abrió la puerta de entrada a la urbanización y se dirigieron al piso de Tomás. Cuando llegaron, él abrió la puerta e invitó a Elena a pasar. Elena no entró: “Creo recordar que te di instrucciones precisas sobre mi entrada en la casa, ¿no?”

    “¿Perdone?”. Dijo Tomás un poco confuso.

    “No soporto tanta torpeza”, le espetó Elena, con una mirada impaciente. “¿Dónde quieres que limpie las suelas de mis zapatos antes de entrar? No veo ninguna alfombrilla”. Es verdad que Elena le había dado órdenes precisas sobre como recibirla siempre que él estuviera en casa pero, con los nervios y la emoción del momento, no había caído.

    “Perdóneme, señora. Estoy un poco nervioso”. Tomás entró y se tumbó justo detrás de la puerta, para que Elena pudiera usarlo de felpudo.

    Entonces Elena entró, subiéndose a la espalda de Tomás, que iba vestido con unos pantalones y una camisa elegantes; eran de marca y le habían costado bastante caros. Era el día que tenía que dar la bienvenida a Elena a su nuevo hogar y la ocasión merecía ir elegantemente vestido. Sin embargo, a Elena no pareció importarle. Agarrándose, para no perder el equilibrio, a un perchero que se había colocado en la entrada, usó a Tomás de alfombrilla, limpiándose las suelas de sus zapatos en la camisa de Tomás.

    Elena quiso sentarse en la silla que Tomás, siguiendo sus instrucciones, había comprado y colocado en la entrada, pero se encontró que Tomás había dejado sobre ella las bolsas de la compra.

    Todavía de pie sobre la espalda de Tomás, Elena dijo: “Creo que las instrucciones que te di sobre el procedimiento de recibirme cuando llegara a casa eran bastante claras: que me recibieras de rodillas, te tumbaras para ser usado de alfombrilla, lo cual no has hecho y tras eso, yo me sentaría en esa silla, para que tú me descalzaras, lo cual tampoco puedo hacer porque, con tu torpeza y falta de atención, has colocado esas bolsas en la silla y no me puedo sentar”.

    “Perdón, señora. Si me permite…”

    Elena bajó de la espalda de Tomás y este retiró rápidamente las bolsas de la silla para que ella se pudiera sentar. Elena se sentó y cruzó sus piernas, comenzando a balancear un pie, en lo que parecía una invitación a Tomás para retirar su calzado.

    Tomás se aprestó a descalzar a Elena con avidez. Pensó que por fin había llegado el tan deseado momento de disfrutar de sus pies, pues todavía no le había permitido hacerlo y no podía resistir más tenerlos tan cerca y no lanzarse a adorarlos como él deseaba y ella se merecía.

    Cuando Elena vio a Tomás dirigirse a sus pies le dijo: “¡No, no seas tonto! No me descalces ahora. Los de la mudanza no tardarán mucho. Ya habrá tiempo después para que me demuestres cuanto te gustan mis pies y para que me hagas sentirme como la diosa que soy. He tenido el detalle de salir a correr estos días y he estado usando los mismos calcetines. Me los he dejado hoy para ti, así que podrás apreciar mi aroma en toda su plenitud, jejeje. Sin embargo, me temo que, de momento, vas a tener que esperar. Eso sí, tengo que castigarte por tu mal recibimiento. ¿Compraste la fusta que te dije?”

    “Sí, señora”, dijo Tomás, notando un cosquilleo en la barriga ante el pensamiento de ser castigado por esa preciosa mujer. “Pedí por internet los artículos que me indicó. La fusta llegó ayer precisamente”.

    “Bien. Ve a por ella”. “¡No! ¡Andando no! Ve a por ella a cuatro patas y me la traes en la boca, como un buen perrito”.

    Andando a cuatro patas, como un perro, Tomás fue a por la fusta. En seguida llegó con ella en la boca y se acercó hasta la silla donde estaba sentada Elena, que golpeaba el suelo con uno de sus pies con impaciencia.

    Elena cogió la fusta de la boca de Tomás. “Muy bien, profesor. Bájate los pantalones y los calzoncillos, y ponte cara a la pared”.

    “Señora, le ruego que me perdone. No volverá a pasar. Comprenda que su llegada a mi casa es un gran acontecimiento para mí y estoy nervioso. Me he esforzado para que todo esté a su gusto…”

    “Basta de escusas y obedece”. “No me gusta el castigo físico, como ya te dije, pero en los primeros tiempos de una relación una debe marcar su territorio y dejar clara su posición, así que no tengo más remedio que enseñarte”.

    Tomás obedeció y se puso cara a la pared, con su culo expuesto. Entonces Elena se levantó y se acercó a él, que temblaba con una mezcla de miedo y excitación.

    “Te has ganado cinco golpes por hacerme pedirte que pagaras al taxista y no acercarte tú por propia iniciativa”.

    “Zas, zas, zas, zas, zas”. Cinco golpes suaves cayeron sobre el culo de Tomás.

    “Otros cinco por no arrodillarte ante mí a mi llegada ni tumbarte para que te pudiera usar de alfombrilla”. Cayeron otros cinco golpes con más fuerza que antes. Los primeros habían sido suaves, pero, Elena iba perdiendo el miedo a hacer daño a Tomás y se iba excitando con el castigo, empleando más fuerza cada vez. Tomás dejó escapar un grito de dolor con cada uno de los últimos golpes.

    “Otros cinco por no tener la silla despejada para que me pudiera sentar al entrar”. Cinco nuevos golpes, dados con fuerza, cayeron sobre Tomás, que no pudo evitar volver a quejarse de dolor.

    “Cinco golpes más por poner excusas y protestar ante el castigo. Y como vuelvas a quejarte de dolor, te daré cinco más de propina. Quiero que comprendas que cuando te castigue es porque, como tu ama que soy, considero que has hecho algo mal y necesitas el castigo para aprender. Así que no seas nenaza y aguanta. Ten en cuenta que eres como un cachorrito al que hay que educar y es mi responsabilidad que estés bien educado”.

    Cayeron cinco golpes más. Elena, realmente excitada, acabó empleando toda su fuerza y Tomás tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no quejarse de dolor, aunque consiguió satisfacer a su ama. Elena propinó dos golpes extras más.

    “Bien hecho. Has aguantado dos golpes extras y no te has quejado. Parece que vas comprendiendo que el castigo es por tu bien”. “A ver ese culito, profesor” “¡Vaya! Lo tienes totalmente rojo. Jajaja. Bueno, la letra con sangre entra, ¿no se solía decir eso?”

    Elena se sentó en la silla. Estaba sudando un poco del esfuerzo hecho con los golpes que había dado a Tomás.

    “Ven aquí. Arrodíllate ante mí y besa mis pies en agradecimiento al castigo que te he dado para enseñarte. Bueno, mejor besa mi mano, que ha sido la parte de mi cuerpo que he usado para castigarte. Además, conociéndote, si te dejo besar mis pies sería un premio para ti, ¿verdad? Jajaja”. “Cada vez que tenga que golpearte, cuando termine, te arrodillarás ante mí, me darás las gracias y besarás mi mano”.

    “Sí, señora”. Tomás se subió los pantalones, se arrodilló ante Elena y, dándole las gracias, besó su mano.

    “Muy bien. Cuando quieres sabes comportarte. Toma, coge la fusta con la boca y ponte a cuatro patas, que vas a llevarme a mi habitación”.

    Elena se sentó sobre la espalda de su profesor. El castigo y la sensación de dominio absoluto sobre el respetado profesor al que admiraba tanto intelectualmente, había hecho que se mojara. Deseó que los de la empresa de mudanzas no estuviesen a punto de llegar para poder usar a Tomás para satisfacerla y aliviar su excitación. Sin embargo, no dijo nada a Tomás, ni perdió su compostura. Ya habría tiempo luego para eso. Quedaba un largo curso por delante y una situación privilegiada de la que poder sacar partido en todos los sentidos.

    Por su parte, Tomás, se excitó al sentir el peso de Elena sobre él. Al mismo tiempo, lo llenaba un sentimiento de satisfacción por poder servir a su dueña. Estaba deseando que se marcharan los de la empresa de mudanzas y por fin poder recrearse en la adoración de sus pies y de todo su cuerpo. Esas fantasías tantas veces recreadas en su cabeza, en las que servía a hermosas mujeres, como sin duda era Elena, por fin se estaba haciendo realidad; y quedaba todo el curso por delante para vivir esa experiencia…

  • El día que disfruté de las cabinas CDMX

    El día que disfruté de las cabinas CDMX

    Esta es mi historia, soy un chico de la CDMX, 31 años moreno piernudo nalgoncito, era un viernes, deseando después de una semana estresada mucho placer. Primero me dirigí a comprar dos paquetes de condones de 3 cada uno, me gusta mucho ir a las cabinas que se encuentran por el Metrobús Chilpancingo, creo que ahí hay muchos activos aparte que los oficinistas me prenden, verlos con ese pantalón formal y cuando se les quita el cinturón, aparte creo que ahí los activos están deseosos de sacar todo el estrés jiji.

    En el ambiente empecé como activo, pero poco a poco fui descubriendo que me encanta ser el pasivo así que pocas veces voy en plan de activo, ese día llegué a esas cabinas, pague la entrada y luego en la entrada había un hombre de unos 45 años solo me vio como agarraba un poco de papel higiénico, total a mi en lo personal me gusta meterme a una cabina y si es amplia mucho mejor, me desnudo todo solo dejando mi trusa, y mi cadena de plata, dejo las cosas a un lado y solo dejo unas Halls negras y los condones, el primero que entró fue un señor muy mayor unos 65 años, deje que me hiciera un beso negro, me dijo que me quería penetrar pero le dije que si que solo se pusiera el condón y no quiso, total después de que me dejara el ano limpio con su lengua se despidió de mi, enseguida entro un chavo como de 35 años me dijo si era activo a lo que le dije que no, solo me dijo «me encantaste» puedes chuparme los pezones a lo cual accedi y enseguida se vino, tal vez había probado Poppers.

    Después llegó otro chico de 35 años igual me vio, le agarre ese bulto que se veía delicioso me hinque y empecé a hacerle un delicioso oral, después del oral me dijo que quería cogerme.

    Me empine mostrando mi culo solo sentí sus dedos ensalivando mi ano para después sentir su delicioso trozo de carne, debo admitir que soy una persona que gimo mucho y esa vez gemi delicioso de empezar a sentir su verga, me empezó a coger delicioso, me empezó a nalguear después de cansarse de dije que no se preocupara que ahora me tocaba a mi y empecé a mover mi culo en círculos, para después quitarse y decirme que no se quería venir por qué acababa de llegar.

    Se despidió de mí y enseguida entro otro, tal vez escucho mis gemidos jejeje me sonrió y me dijo hola lo cual lo vi como si fuera una puta coqueta y solo le dije

    -quieres lo mismo que le di a el?

    – si respondio.

    Se bajó el pantalón y aun teniendo el boxer abrí mi boca para sentirlo.

    Debo admitir que era un pene pequeño pero muy grueso y eso me calentó, después de unos minutos de darle un delicioso oral le dije.

    -cogeme quiero sentirte dentro

    – si puta, volteate

    -oye puedes hacerme lo que quieras, de verdad todo lo que quieras házmelo

    -de verdad? Puedo nalguearte fuerte

    -si papi soy tu puta

    Perfecto… Me encantó tu culo.

    Me empezó a nalguear para después meterme su grueso pene, me agarró de la cintura, me nalgueo hasta dejarme rojas las pompis, me metió los dedos en la boca, hasta que dijo que se iba a venir le dije que no se detuviera que quería sentir como su pene bombeaba y empecé a sentir como sus movimientos fueron cada vez más lentos.

    Solo le dije «espera no te muevas» le quite el condón y empecé a chuparle ese rico miel, aún estaba sacando los cuál los agarre con la boca, y solo vio como me los trague a lo cual se sorprendió y me dijo, «wow, si que eres caliente»

    -claro papi hay que ser una puta al 100, me pidió mi número y se fue.

    En ese momento estaba alguien esperando afuera, por eso se los explicaré en otra ocasión por qué ya se extendió el relato.

    Dime qué te parece mi relato.

  • Dos noches con Eli

    Dos noches con Eli

    Siguiendo con mis primeras experiencias les voy a contar la siguiente, después de aquel trio con mi marido y Ernesto vinieron noches de mucho sexo y de mucha pasión con mi marido y nuestros juguetes sexuales, pero además comenzamos a hablar de lo nos gustaría hacer y ambos coincidimos que aquel trio había sido mucho más que hacer una de nuestras fantasías realidad, fue romper con lo sociablemente aceptado y el primer paso hacia un cambio de vida, esa experiencia nos unió y nos hizo cómplices, nuestra relación mejoró muchísimo por lo que quedamos en investigar cada uno por su lado como contactar parejas o gente en general con mente abierta sexualmente.

    Cada uno estuvo buscando en internet, por supuesto que le conté a Eli lo sucedido, ella quedó feliz de que yo me liberase sexualmente y que lo hiciera acompañada de mi marido mejor aún, así que quedamos que nos íbamos a juntar para hablar de eso pues me contaría su experiencia que era de hacía muchos años.

    Esos días mientras investigaba todo lo referente al mundo swinger desde lugares de encuentros, clubes, contactos etc., mi mente no dejaba de pensar e imaginar una noche entera con Eli, además de ser una hermosa mujer yo sentía algo especial por ella así que la llamé para ver si el próximo fin de semana tenía planes o estaba libre, allí mismo coordinamos para encontrarnos en Buenos Aires el viernes.

    Sin perder el tiempo saqué pasaje y le comenté a mi marido que el fin de semana lo iba a pasar con Eli en Buenos Aires, enseguida el sospechó que algo me estaba tramando por lo que me lo preguntó directamente y le dije que sí, que era una sorpresa que ya se iba a enterar pues yo ya lo tenía todo planeado.

    El viernes al mediodía nos encontramos con Eli en un restaurante en Puerto Madero, almorzamos juntas charlamos de todo un poco y mencionamos por encima lo sucedido con mi marido y Ernesto, quedamos en charlar de todo eso profundamente en la noche así que me dio las llaves de su apartamento y cada una se fue por su lado, ella seguía trabajando y yo me fui a su apto, dejé la maleta y salí a ver vidrieras y tiendas de ropa, como buena diseñadora tenia que ver lo que las casas mas importantes de moda estaban ofreciendo.

    La tarde se me pasó volando, ya estaba oscureciendo por lo que me fui a esperar a Eli a su casa, ella recién había llegado y estaba en la ducha, la cuestión fue que hicimos una pequeña merienda y nos pusimos a conversar de nuestras experiencias.

    A medida que conversábamos y me contaba de sus experiencias yo iba quedando cada vez mas sorprendida pues si bien la conocía desde hacía muchos años en Venezuela no sabía que era tan liberal y de mente tan abierta aunque por lo que sucedió en navidad no me sorprendió, mi curiosidad iba en aumento al igual que mi temperatura interna, estaba cada vez mas y mas excitada, cuento va cuento viene se hicieron cerca de las 22 h, yo no había llamado aún a mi esposo así que lo hice, a el también se le había pasado el tiempo investigando pero me comentó que había hecho contacto con el dueño de un club swinger que tenía local en Montevideo y en Punta del Este.

    Cuando termino la conversación telefónica con mi esposo pedimos delivery para comer porque ya era tarde para salir y mientras esperamos tomamos una copa de vino, entre la conversación con Eli y lo que me contó mi esposo por teléfono yo estaba realmente excitada, brindamos y seguimos de charla hasta que llegó la cena, cuando terminamos de comer y beber una botella entera de vino levantamos la mesa y fuimos a la cocina a lavar la vajilla, una lavaba la otra ordenaba, pasábamos de un lado al otro de la pequeña cocina del apto por lo que esos roces me terminaron de excitar y en una de esas pasadas quedamos enfrentadas y sin dudar ninguna de las 2 nos besamos, ambas estábamos excitadas y allí mismo hubiésemos seguido de no ser porque yo la frené para comentarle lo que pasaba por mi mente a ver si ella me seguía, por supuesto y como yo pensaba no dudó ni un instante y dijo que si a mi plan.

    Me fui a duchar mientras Eli preparaba todo en el dormitorio, me llevé al baño lencería que había llevado en mi maleta para la ocasión, un corset con portaligas negro, medias haciendo juego y un deshabillé negro trasparente muy sexy, ella también se había maquillado y puesto medias blancas 7/8, una tanga tipo hilo dental y una bata de seda blanca.

    Estaba todo preparado, la notebook ya estaba en la cómoda orientada hacia la cama así que llamé a mi esposo y le pedí que prendiera su notebook y nos comunicamos por video llamada.

    Después del saludo con mi cara casi pegada a la cámara de la compu le digo que aquí esta su sorpresa, me alejo y voy al encuentro de Eli que estaba sentada en la cama, nos besamos y le digo al oído que nos olvidemos de la cámara y disfrutemos como si nadie estuviera mirando a lo que me contesta tranquila hermosa lo vamos a disfrutar…

    Yo ya estaba totalmente encendida y mas aún cuando ella comienza a tocarme mientras me besa apasionadamente, su mano me recorre mi cuerpo, espalda, cadera, glúteos hasta que en un movimiento rápido se coloca por detrás y comienza a besarme el cuello mientras sus manos me tocan mis pezones que ya estaban durísimos, mete la mano por debajo del corset me deja las tetas por fuera, luego baja y me toca la vagina primero por encima de la tanga y luego mete la mano y comienza a tocarme toda, los labios, el clítoris, inclusive mete un poco uno de sus dedos y lo saca, me masajea toda la zona con una mano, con la otra toca mi tetas y me besa el cuello, yo estaba ya a punto del orgasmo, tiro la cabeza para atrás y nos besamos mientras yo gemía de placer ella seguía masajeando toda mi vagina metiendo su lengua en mi boca y allí mismo llegó el primer orgasmo.

    Tome coraje y me di vuelta la seguí besando y nos recostamos lentamente encima de la cama de tal manera que yo quedo encima entonces comienzo a bajar con mi boca por su cuello, la sigo besando, su perfume me encanta y me excita mas aun, sigo hasta sus hermosas tetas, las beso por encima del corpiño pero ella enseguida se lo desprende y yo termino de sacárselo jugando con sus pezones, entre manos, labio, besos mordisqueos que parece gustarle y excitarla, para mi era la primera vez que jugueteaba con las tetas de una mujer así que dispuesta a seguir experimentando comencé a bajar con mi boca hasta llegar a su tanga blanca medio transparente que dejaba traslucir sus pelos prolijamente recortados en forma rectangular, al principio la beso por encima de la tanga, beso su cavado, estoy muy pero muy excitada al igual que Eli, le saco la tanga y me como toda su hermosa vagina, beso sus labios, meto la lengua entre ellos buscando el clítoris, sabe deliciosa, ella comienza a gemir y a mover las caderas cada vez mas y mas, me agarra la cabeza con sus 2 manos y refriega sus vagina por toda mi boca gimiendo mas y mas hasta que llega al orgasmo.

    Ambas estamos muy pero muy excitadas y seguimos besándonos, ahora es su turno así que me saca la tanga y comienza a jugar con mi triangulo de pelos recortados a la perfección, luego me toca con sus dedos y comienza besarme toda mi vagina la recorre de arriba abajo inclusive llegando a pasarse hasta el punto que un par de veces llega a tocarme el ano, luego se queda con mi clítoris y mientras pasa su lengua me introduce un dedo, luego 2 con la otra mano me toca uno de mis pezones, sentí un placer increíble al punto que al cabo de un ratito tuve mi segundo orgasmo pero como ella seguía tuve un tercero, ella si que sabia como tratar a una mujer!!

    Acto seguido sube y nos besamos quedando las piernas entrelazadas, el roce de mis piernas en su vagina la enciende y a mi también así que seguimos moviéndonos hasta que ella sube mas y me abre bien las piernas y me pone casi de costado, ahora su vagina queda pegada a la mía, nos movemos mientras ella sostiene mi pierna, llegamos juntas al orgasmo, nos recostamos y nos miramos, sonreímos, nos besamos con ternura y allí recuerdo que esta mi marido viéndonos así que me levanto y me siento en el borde de la cama a preguntarle que le había parecido, si le había gustado la sorpresa, Eli desde atrás pone su cabeza al lado de la mía sobre mi hombro y también le dice que le pareció y que podemos estar los 3 la próxima.

    Mi marido al otro día me confesaría que le encantó vernos y que se masturbo mientras miraba acabando 2 veces.

    El show había terminado pero la noche entre nosotras no, cuando apagamos la compu fui a la cocina por agua y cuando regreso Eli había sacado un arsenal de juguetes así que comenzamos a probarlos y experimentar con cada uno de ellos, la parte que mas me enloqueció fue cuando yo me puse en posición de perro y me pasaba un vibrador por mi vagina, Eli fue por detrás y me paso toda su lengua por mi culo, incluso la metió lo que pudo adentro y cuando estuvo bien mojado introdujo un vibrador anal metálico, el que se llama bala, guau estuvo delicioso, ella me masturbaba el culo mientras yo me masturbaba la vagina, que placer!!

    Así pasamos casi toda esa noche y la siguiente, dándonos placer y experimentando con juguetes con nuestros cuerpos ardientes pero además durmiendo juntas abrazadas, mimándonos y conversando de mil cosas.

    El domingo regresé feliz por haber cumplido otra fantasía además de haber consolidado mi amistad o mas bien a esa altura mas que amistad con Eli y compartirla con mi esposo.

  • Mi esposa cogida por otro hombre (2)

    Mi esposa cogida por otro hombre (2)

    Hola a todos, los saluda su amigo Daniel, está es la continuación del primer relato «Mi esposa cogida por otro hombre». Actualmente mi esposa tiene 43 años, yo 44, tenemos dos hijos. Esto nos sucedió hace 6 años atrás donde por fin conocimos un corneador nato, dominante el tipo de hombre que vuelve loca a mi esposa, alto 1.85 m 90 kg, blanco de presencia, de esos que imponen, con voz grave con experiencia, pero sobre todo dominante.

    Somos una pareja con ya 20 años de casados radicamos en la ciudad de Querétaro, México.

    Mi esposa Ana 1.58 m 58 kg de piel blanca pechos medianos, unas nalguitas paraditas y redonditas un par de piernas preciosas con unos pies divinos, cachonda sí mucho pero tímida, educada en casa con los valores pertinentes dónde una mujer no debe abrir las piernas a otro que no sea su hombre y no debe mostrar deseo sexual porque es mal visto.

    Yo, Daniel 1.70 m 64 kg moreno claro, un tipo normal.

    Después de aquella noche donde Rober como le dice mi esposa, se la cogió por primera vez desperté antes que ella y la mire se veía tan bella miraba sus ojos cerrados sus largas pestañas la miraba relajada totalmente dormida aún se veía su rostro hermoso su piel mirarla ahí a mi lado, mi esposa por fin había sido infiel, claro era una infidelidad consentida pero infidelidad al fin.

    Me entraron un sinfín de sentimientos encontrados por un lado estaba la razón.

    ¿Que has hecho Daniel? Decía para mis adentros, dejaste que otro hombre se cogiera a tu esposa, fallaste como hombre tu mismo se la entregaste, dónde está tu honor? Dónde está tu dignidad? Mírala anoche fue usada para la diversión de otro, que dirian nuestras familias si se llegan a enterar? Nuestros hijos, fallaste como hombre, como esposo, como padre, sin duda empezaron duros los remordimientos realmente me comencé a sentir mal.

    Por otro lado hablaba el instinto, mi ser cornudo: mira a tu esposa ves lo hermosa que es? Ayer se la cogió otro hombre y ya no hay vuelta atrás ese hombre se divirtió en grande entre las piernas de tu esposa, con su boca con su lengua, no dejo pasar la oportunidad y te cumplio la promesa de hacerla andar sin calzones a su lado no le importo que los vieran total para el es solo una puta como el lo dice pero es tu esposa, la manoseo toda no dejo un solo rincón sin explorar hoy tu mujer no es la misma de antes tu mujer es la puta de Rober.

    En esos pensamientos encontrados estaba cuando despertó mi mujer y me abrazo muy melosamente, -buenos días amor – me comentó buenos días hermosa como estas?- sonríe -bien muy bien diría yo y tu? – bien gracias que te pareció lo de anoche?- ella suspira -estuvo muy rico te gustó lo que viste?- yo -ho si me encantó te cogió muy rico verdad? – si no lo niego sabe coger y tiene una buena verga la verdad si me gustó mucho – yo – sabes que me di cuenta que forman una bonita pareja, se ven bien juntos asta parece que estaban destinados a conocerse- dije un tanto sofocado de celos que creo eran normales -de verdad lo crees?- si fueras su esposa formarian una linda pareja- jajaja que cosas dices amor mira que si me gustó y mucho además me pidió que fuera su novia – en seriooo? En qué momento?- mientras me hacía el amor cuando la tenía toda adentro me lo pidió – y que respondiste?- le dije que si- hooo ya veo entonces ahora tienes novio?- eso querías no? Que tuviera un amante de planta pues ya lo conseguiste tu esposa tiene un amante – te amo fue lo único que atiné a decir.

    Eso me volvió loco de placer por fin un amante para mí esposa y no cualquier amante un corneador dominante que a partir de ese día tendría acceso al cuerpo de mi esposa cuando quisiera obviamente ya en frío me daba cierto reparo nos levantamos he hicimos las tareas del hogar los niños y fuimos de visita con los familiares, no podía dejar de pensar en lo sucedido anoche la miraba platicar sonreír y todo lo que comúnmente se hace cuando vas de visita con los suegros cuando volvimos a casa no aguante mucho y le envié un whatsapp a Rober.

    -hola Rober como estas?- demoro su respuesta pero por fin llegó -hola cornudo como estás?- me dió cierto reparo el que me llamara cornudo aunque ya lo era así en frío era diferente, -bien gracias y tú? Que tal la pasaste a noche? – bien cornudo muy bien le metí la verga a la esposa de otro en sus propias narices como crees que estoy?- creo que entonces genial para ti verdad? -claro que estoy genial no todos los días convierte uno a una mujer casada en una puta como ayer hice con tu linda esposita – te gustó mi esposa? – claro que me gustó es una hembra caliente pero sexualmente la tienes muy descuidada me di cuenta de eso- porque lo dices?- mira ella es mucha hembra para ti cornudo y no le das lo que necesita ella necesita verga mucha verga pero no te preocupes para eso estoy yo- ok Rober lo acepto si le quedó a deber en la cama- lo sé cornudo no eres suficiente hombre para una mujer de su calibre, no estás a la altura pero conmigo tendrá lo que anda buscando un buen macho que la rellene de verga por todos lados, sabes que tu esposa es mi novia verdad?- si me comentó algo en la mañana- bueno debes saber que siendo mi novia tu pasas a segundo plano estás de acuerdo?- como a segundo plano a qué te refieres? – que ahora las cosas serán como ella y yo queramos tu no cuentas ni tu opinión ni sugerencias nada eres un cero a la izquierda las decisiones que tomemos nos competen solo a ella y a mi tu no cuentas te lo vuelvo a preguntar estás de acuerdo?- si supongo que si.

    En ese momento sentí un nudo en el estómago pero también estaba excitado mucho, mi verga respondía a sus palabras sin duda estaba poniendome a prueba y sin saberlo comenzaba a manipularme para conseguir su objetivo.

    -dime cornudo y dime la verdad se sincero conmigo -dime Rober con toda confianza respondí, -amas a tu esposa?- con todo el corazón es el amor de mi vida claro que amo a mi esposa – perfecto eso es lo que quería escuchar -a que te refieres? Pregunté – quiero que me entregues de verdad a tu mujer -pero si ya te la cogiste no?- no me refiero a eso quiero que me la entregues de verdad, quiero hacer con ella lo que me plazca sin que tú intervengas en nada, quiero que me la entregues de forma real quiero llenarla de mi leche- pero Rober quedamos en el uso del condón y-eso a ti no te incumbe nada me gustaría más que llenar de mi leche el coñito de la mujer que amas, mira cornudo si vas a ser cornudo vas a serlo bien y mi leche debe estar dentro de la puchita de tu esposa no te estoy pidiendo un favor te estoy exigiendo como tú corneador que me entregues a tu esposa para llenarla de leche, nada me gustaría más que cumplir mi fantasía y consiste en usar a la esposa de otro hombre para hacer con ella lo que me plazca llenar su puchita de mis mecos y encima debe ser en tu propia casa tu casa de cornudo entendido? Me da morbo usar tu casa como mi motel particular y a tu esposa como mi puta personal.

    Esto se me estaba saliendo de las manos estaba frente a un verdadero corneador dominante y estaba jugando sus mejores cartas sin rodeos era simple las cosas se harían como el quisiera o ya no habría más.

    -pero no sé si mi esposa quiera que te la cojas sin condón, además las enfermedades tu sabes que es un riesgo y no se Rober no sé si ella quiera- mira cornudo debes saber que ella es mi puta no es si quiere, ella lo desea lo sé, no voy a pedirle permiso es mía y voy a cogermela cómo se me de la gana tu no cuentas esto es entre ella y yo mi leche no va en un condón mi leche va dentro de tu esposa, dentro de mi puta ya sea en su boca o su coño tu leche de cornudo de perdedor esa va en el condón, en un papel de baño en la basura ese es su lugar pero mi leche no, esa va dentro del cuerpo de tu esposa, y que mejor que sea en tu propia casa quiero hacerte cornudo de verdad aceptas si o no? Se claro y no me hagas perder el tiempo – si claro será como tú quieras -dije titubeante y no muy convencido pero terriblemente excitado, -muy bien cornudo verás lo que llegaré a hacer de tu esposa, ella será mi depósito de semen le daré tanta leche que sudara mi leche olera a mi leche ya lo verás, pon mucha atención en 15 días tomaré posesión de tu esposa como mi puta en estos 15 días no puedes tocarla para nada no quiero que tenga rastros de ti la quiero limpiar completamente limpia para mí disfrute el sábado la quiero vestida de putita la ropita lo dejo a tu elección pero la quiero putona como lo que es, está claro cornudo?- si Rober verás que no te decepcionare -eso espero cornudo iremos afinando los detalles mientras tanto no la toques lo tienes prohibido no toques a mi novia – va acepto el reto-.

    Así transcurrieron los días y me sentía totalmente exitado por lo que pasaría por un lado donde dejaría a los niños? Nunca los habíamos dejado a cargo de nadie, por otro lado se acercaba el día y aún que mi esposa me pidió un poco de atención sexual me negué alegando cansancio por el trabajo «que demonios estoy haciendo? Estoy cumpliendo con las órdenes que me dio el amante de mi esposa? Por que? Que me pasa? Cómo es posible que tenga tanto poder ya sobre mi? Pasará lo mismo con ella? No es posible este hombre comienza a dominar realmente la situación de alguna manera manipula mi mente y con ello de alguna forma a mi esposa, por su parte el chateaba con mi mujer pues habían intercambiado número de celular y ve tu ha saber de qué platicaban, yo nunca he tomado su celular de mi esposa para espiar nada ni ella el mío pero la situación me tenía en un máximo estado de excitación.

    -amor maña es el dia- dije entre celoso nervioso y sumamente excitado a mi esposa -si amor maña veremos a Rober- contesto ella – estás nerviosa? Vas a ver a tu novio irenlaaa – dije entre risas rompiendo el nerviosismo, ella se sonrió y dijo -siiii voy a ver a mi novio no te enojas para nada verdad amor?- no hermosa para nada al contrario tu disfruta lo más que puedas- conste amor luego no quiero reproches – no hermosa para nada tu déjate coger como el quiera total para eso es tu hombre no?- tu eres mi hombre amor pero el es mi macho- dijo con una mirada pícara y una mirada de lujuria que muy pocas veces le he visto, ese día nos acostamos excitados nuevamente me pidió guerra pero yo debía cumplir con la orden de mi corneador, tenía prohibido tocar a su novia, el me había prohibido cogerme a mi propia esposa eso me tenía más caliente -amor guardate para el – con los dos puedo- dijo mi esposa entre besos y arrumacos -mmm no amor no quiero tocarte hoy no asta después que el te halla cogido guardate para el solo está noche por favor – algo desilusionada dejo de pedirme sexo incluso un poco molesta pero era lo mejor para los dos además así lo había decidido mi corneador y novio de mi mujer -esta bien si no quieres entonces esperaré a ver a mi novio para que me haga lo que tú no puedes- dijo mientras me daba la espalda, por mi parte la abracé por detrás y le dije -solo está noche amor quiero guardarte para el, quiero que te encuentre en tu mejor forma no te enojes solo es esta noche – se volvió y me dio un beso -no te entiendo pero si eso quieres entonces así será buenas noches – muy frustrado dormí esa noche estoy seguro que ella también pero es parte de ser cornudo creo.

    Llegó el día, no había podido conseguir dónde dejar a los niños y sinceramente en frío ese juego me daba ciertas dudas pero ya estábamos demasiado metidos como para desistir -amor que vamos a hacer con los niños? – preguntaba mi esposa, -no se amor se me ocurre dejarlos dormidos y salir con Rober tomar un par de cervezas y venir aquí a la casa, – ella abrió los ojos como platos -perdonnn? Pero que dices aquí??? -no se me ocurre otra cosa amor – pero y dónde vamos a- la interrumpí -en el local amor ahí convivimos -pero estás seguro?- mira Rober ha demostrado ser un hombre de confianza no nos a molestado en nada creo que después de todo si es tu novio entonces puede conocer nuestro hogar – un tanto sorprendida acepto, nerviosos dio la hora -que me pongo amor?- hermosa recuerdas ese vestidito que compramos en un local cuando íbamos pasando lo vimos y te gustó?- nooo es un poco atrevido – amor consciente a tu hombre ya sabes que el quiere verte bien putita- pero es un poco atrevido – bueno amor para algo lo compramos y está es la ocasión – mira que no respondo es muy atrevido y si me deja sin calzones no podré andar es muy corto – anda amor se que le gustará mucho – bueno si es tu deseo que me vean así entonces luego no te quejes – creeme amor es lo que más deseo que te veas muy putita para él- ok entonces me lo pondré pero no me pidas que use tanga así no me atrevería – amor tu decide que ponerte abajo pero lleva el vestido y por favor ya métete a bañar que vamos tarde.

    Cuando salió de bañarse se encerró en su cuarto y yo me metí a bañar había dejado mi ropa afuera para darle tiempo a su arreglo y así fue, aproveche para mandarle un mensaje a Rover diciéndole que casi estábamos listos -cornudo quiero que me la traigas bien putita entendido?- si Rober de eso no tengas duda solo un favor está ves no la hagas andar sin calzones el vestuario es un poco atrevido – eso no lo decides tú cornudo, lo decido yo y si la quiero traer enseñando las nalgas así va a ser entendido?- pero Rober – shhh silencio no olvides que tu opinión no cuenta ella es mi puta y puedo hacer con tu mujer lo que me dé la gana una vez que me la entregues es mía solo mía entendido?- si Rober será como tú digas- así me gusta cornudo nos vemos en un rato y prepárate hoy vas a perder a tu mujer y será mía cuando le llene de leche ese coñito de mujer casada muero de ganas de vaciar mi leche en sus entrañas –

    Esas palabras del novio de mi esposa surtían un efecto en mi, como una urgencia por llevársela, salió mi esposa del cuarto wow que hermosa se veía tan bella tan radiante un vestidito blanco con flores pegadito a su cuerpo de arriba dejaba los hombros al descubierto, los tirantes quedaban a mitad de los antebrazos eso dejaba un generoso escote sus senos aunque medianos se veían riquísimos el vestido era entallado dejando ver su culito paradito redondito muy bonita la falda era corta de atrás y de adelante sin duda tendría problemas al sentarse para rematar a los costados del ya de por si corto vestido tenían aberturas en forma de u invertida dejando al descubierto al máximo sus largas y preciosas piernas que lucian radiantes, se puso unos zapatos de pie descubierto de ese de correa y plataforma donde lucía deliciosamente sus lindos pies sin duda Rober quedaría satisfecho

    -que tal me veo- dijo dándose una vuelta, casi caigo a sus pies de lo radiante y bella que se miraba – te ves hermosa amor -crees que le guste? -le vas a encantar amor- los niños ya están dormidos vamos que nos espera tu novio – salimos de casa yo iba muy excitado pues de alguna forma estaba exhibiendo a mi esposa para otros hombres, llegamos al lugar y entramos aún no llegaba Rober entramos y pedimos una mesa, este lugar es un bar totalmente familiar relativamente cerca de nuestra casa, al ingresar tanto hombres como mujeres veían a mi esposa ellas de forma normal pero en ellos se podía percibir el morbo de ver a una mujer mostrando mucha piel, eso es un afrodisíaco para los dos, pedimos un par de cervezas y en eso llegó Roberto llegó directamente sobre ella la cual se puso de pie para recibirlo estoy seguro que los hombres que estaban al frente pudieron ver en su totalidad las bragas de mi esposa al momento de levantarse y descruzar las piernas ya que no pidieron detalle, Rober fue directamente sobre la boca de mi esposa y la beso tal cual como si fuera su mujer, ella se dejó hacer, ver a mi esposa con Rober mientras la besaba me causo un mar de celos el un hombre alto a su lado ella se veía bajita entonces eso hacia que mi esposa se pusiera de puntitas para recibir el beso se su hombre, esto hizo que su figura resaltará aún más cosa que no pasó desapercibido para los hombres presentes, terminaron de morrearse y Rober sentó a mi esposa yo también me puse de pie, el solo me dió la mano y saludo cordialmente enseguida se sentó a su lado, se veía su superioridad, sabía a lo que iba hacia sentir su presencia y mi esposa respondía a ella de alguna forma sumisa, el no perdió tiempo de nada fue directo sobre ella la abrazaba, la besaba en ocasiones mientras la tenía en sus manos me miraba seguro estoy burlonamente, yo la veía a ella entregada a el totalmente la veía feliz, entre platicas de ellos se reían y se mostraban muy receptores el uno del otro a mi me ignoraban por completo, bueno mi esposa hacia lo posible por meterme a su juego pero estaba claro que Rober solo tenía atención para ella eso me hacía sentir una humillación constante pero consciente que eso era lo que merecía, entre platicas y risas pasaron dos rondas de cervezas más, – Rober está noche iremos a mi casa pero antes hay algo que debes saber y aceptar son tres reglas 1 nunca debes venir a mi casa si no eres invitado ya sea por ella o por mi, 2 este juego se termina si una de las tres partes ya no quiere seguir, 3 no nos causes ningún tipo de problema por favor estás de acuerdo?- no hay problema acepto- contesto, decidimos retirarnos del lugar, antes de salir les pedí poder tomarles una foto para el recuerdo sentados el abrazándola por detrás poniendo su manota en la pierna de mi esposa y levanto su falda mostrando sus calzoncitos clik la foto perfecta, mi esposa no hizo nada por evitar que el levantará su falda el la subió en el momento que quiso y la bajo cuando quiso sin que ni mi esposa ni yo pudiéramos evitarlo simplemente estabamos en sus manos,

    Salimos rumbo a nuestra casa, entramos despacio para no hacer ruido a los niños luego mi esposa se disculpo para ir al baño Rober aprovecho para decirme -por fin será mía tu esposa, te das cuenta que ya me pertenece verdad?- si creo que si -dije un poco acojonado – anímate Daniel ella está encantada, le hace falta un hombre por eso estoy aquí, mira por esta ves te voy a dejar mirar como me cojo a tu vieja espero que lo disfrutes porque la próxima ves seremos solo ella y yo tu ya no nos acompañaras necesito tenerla conmigo a solas ella es mía y es mi derecho pero no te asustes de ves en cuando te invitaremos para que disfrutes viendo cómo poco a poco la voy emputeciendo, porque eso haré con ella, estás de acuerdo?- bueno yo realmente – en ese momento me interrumpió -la verdad no me importa tu opinión después de todo esa es decisión de ella y mía, mira antes de que salga te advierto de una buena ves, no intervengas en nada solo observa y disfruta-si Rober está bien- podía verlo como se sentía superior a mi en su actuar, el como se comportaba debo aceptar que era excitante estar frente a un macho así pero a la ves me sentía tan poca cosa no se cómo explicarlo,

    Salió mi esposa del baño y fue con el se morrearon y me dijo mi mujer-entonces pasamos?- claro dame un minuto me fui al local y tendí una colchoneta los hice pasar como si yo fuera un sirviente bueno así me sentí, me dirijo a ellos -ya está listo pueden pasar, el se levanto y tomo a mi esposa y la dirijo al interior yo pasé con ellos entonces el se transformo completamente, la cachondes cómo la besaba yo miraba a mi esposa sometida a él con los ojos cerrados el la manoseada groseramente los senos las nalgas sin pudor alguno sin duda ya había suficiente confianza entre los dos ella disfrutaba de la situación, recordé que en una de las conversaciones que tuvimos por whatsapp me dio las siguientes instrucciones, – cuando esté a solas con tu esposa quiero que te quites tu cinturón de cornudo se lo pongas al cuello y me entregues la correa ese será el momento donde me entregas completamente a tu mujer – pero como voy a hacer eso?- tu solo hazlo es un juego a ellas les encanta sentirse así dominadas -justo cuando ya solo quedaban los calzones a mi esposa me quite el cinturón y le rodee el cuello mi mujer sorprendida pero acepto el juego, entonces extendí el extremo del cinto y le dije -te entrego a mi esposa toda tuya- el sonrió triunfante y ella también sonrió con el como si intuyera lo que significaba entonces salí del local para darles total privacidad no sin antes de cerrar la puerta mirar que el ponía a cuatro patas a mi esposa mientras sostenía el extremo del cinto como si fuera una correa, apresure y click inmortalicé el momento con una fotografía, estaba caliente esto me superaba completamente, sentía que me ardua la cara, camine a la habitación de los niños para asegurarme que todo estuviera bien y así era no pude soportar mucho tiempo y regrese con ellos, abrí lentamente la puerta para encontrarme a mi esposa hincada frente a el totalmente desnuda mi cinturón aun colgando en su cuello estaba en espera así en esa pose mientras el se quitaba la ropa cuando lo hizo no tuvo miramientos su pene totalmente erecto fue a dar a la garganta de mi esposa ella trato de tomarlo con las manos pero el le dijo -pon las manos atrás putita solo quiero sentir tu boca- mi mujer sonrió ese brillo en sus ojos y esa sonrisa al escuchar aquella orden sin duda la puso a mil, puso sus manos como si las tuviera atadas acercó y abrió su boca así se ofreció a el quien la tomo con un poco de fuerza del pelo, con la otra mano coloco su verga hacia arriba me miró desafiante y le dijo a mi esposa -chupame los huevos puta – mi mujer no lo hizo esperar abrió la vaca al máximo y se pegó a él como si fuera una ventosa, era una escena tan caliente que no dude en tomar mi móvil y comencé a grabar, el triunfante le hizo meterse la verga en la boca de mi esposa hasta lo más que la aguantará, me habría encantado verla desaparecer pero no es de garganta profunda, pero reconozco que hizo su mejor esfuerzo,

    Después que estuvo satisfecho la guío con la correa solo un par de pasos para acomodarse al centro de la colchoneta, a mi me habría encantado que así la llevará por toda la sala, pero algo era algo. Parecía totalmente obsceno ver así a mi esposa como perra paseada por mi corneador, pero incluso sentí que la admiraba y la amaba aún más,

    El se colocó y se pegó a su sexo pasándole la lengua por su totalidad esto volvió loca a mi esposa, estoy seguro que ahí tuvo su primer orgasmo, un minuto después el la intento penetrar pero ella en el último instante de cordura le pidió que se pusiera un condón, pero como el no llevaba entonces mi esposa me dijo Tráele un condón por favor, salí rápidamente del local y fui a mi cuarto regrese lo más pronto que pude y se lo di, la verdad se lo puso de mala gana pero finalmente le introdujo su miembro en la hambrienta puchita de mi mujer sin más la comenzó a coger primero de misionero, luego de ladito después la puso como perrita y ahí si conoció al macho que la follaba

    Finalmente la coloco nuevamente de misionero ahí estaba mi esposa con la verga de otro hombre metida asta la empuñadura mientras se decían algunas palabras que no alcanza muy bien a escuchar solo algunas -que mojada estas- ho siii -decia mi mujer – quiero sentirte – siii, sin condon-mmm siii- tu quieres verdad mami?- mmmmm siii- bueno realmente lo escuché en el vídeo luego el se incorporó y yo salí del cuarto cuando regrese le estaba dando con todo, pero con todo ver el color de sus cuerpos brillantes por el sudor el olor a sexo y los gemidos de mi esposa eran algo realmente alucinante, yo estaba como quién dirá al pie de la colchoneta miraba claramente como este hombre penetraban a mi esposa entonces me acerque un poco más y pregunté, Rober traes condón? Mi esposa que lo abrazaba en posición de misionero ella abajo por supuesto, levanto la mano y gimiendo me hizo el movimiento de que no, auchh era un cabron se estaba follando a mi esposa a pelo lo noté más rígido sus movimientos y gemidos lo delataban estaba por terminar y mi esposa totalmente abierta ofrecida para el recibiendolo todo y con gusto, mi último intento de lucidez fueron solo unas palabras – vente afuera Rober – ni me escucho clavo a fondo en ese momento un quejido entrecortado de mi esposa indicaba que la estocada estaba en su máxima profundidad y el comenzó a derramarse en el interior de mi amada esposa a su ves ella tenía su segundo orgasmo se vinieron juntos, el resoplaba como un toro y ella gemía en cada contracción del pene de mi corneador mire sus nalgas el típico movimiento de los músculos cuando eyaculas asta la última gota, estaba echo lo consiguió lleno de leche a mi esposa y ella encantada recibió todo absolutamente todo, satisfecho se quedó abrazando a mi esposa mientras se recuperaban de tan agotadora faena, desnudos se dedicaron a darse arrumacos, mi mujer se levantó y fue al baño lo único que atiné a decir y se quedó grabado en el vídeo fue, -eres un cabron lo conseguiste te la cogiste a pelo y la llenaste de leche, llenaste de leche a mi esposa – sabías que lo iba a hacer no? Te iba a llenar de leche al amor de tu vida y ahí lo tienes – termine la grabación cuando regreso mi esposa el ya se vestía les deje solos para que pudieran despedirse cuando salieron el satisfecho solo me palmeo el hombro y me dijo -me la cuidas- mi esposa salió a despedirlo a la puerta

    Cuando el se fue yo estaba totalmente excitado por el acontecimiento prácticamente lleve a nuestro dormitorio a mi esposa y ella un poco apenada por lo sucedido me dijo -disculpa no era mi intención – no la deje terminar la bese con pasión la desnude preso de la tremenda excitación no pude más y baje a lamer su coñito rebosante de leche ella quiso intentar detenerme pero en cuanto sintió mis labios hizo lo contrario abrió más las piernas y me dio acceso libre a su puchita incluso me repego más a ella ese día cometí la locura que nunca creí que fuera capaz de hacer limpiar de la concha de mi esposa la leche recién depositada de su amante, luego nos besamos compartiendo así ya no se que cosas y la penetre, no existe mayor placer para un cornudo que meterle la verga a su esposa después de que otro le a depositado su leche es una sensación indescriptible cogerte a tu esposa recién usada por otro, esa noche fue sin duda la noche más loca de nuestras vidas sexualmente hablando, termine eyaculando más leche dentro de su cuerpo ese día mi esposa se convirtió en nuestro deposito de semen, el cansancio nos venció antes de caer en las profundidades del sueño llegó un pensamiento a mi mente esa noche los dos dormíamos con la leche de Roberto dentro de nuestros cuerpos, mi corneador y amante de mi esposa habria logrado su cometido quien triunfante seguramente descansaba en su cama mientras yo dormía con su puta a mi lado.

  • Extasiándome al llegar de la universidad

    Extasiándome al llegar de la universidad

    Un día a eso de las 12 del mediodía, llegué súper mojada ya que me había cogido la lluvia y preferí llegar a casa antes que esperar escampar. Pero al llegar, encontré la casa completamente sola y eso me llevó inmediatamente a hacerme una idea de lo rico que sería darme placer.

    Lo primero que hice fue quitar mi ropa toda mojada y quedar completamente desnuda, para posteriormente mirarme al espejo, ya que me encanta ver cada parte de mi cuerpo y acariciarlo. Esas caricias encendieron esa llama dentro de mi y empecé a acariciar mis tetas que estaban tan duras por causa del frío y el calor que empezaba a sentir por todo mi cuerpo. De esa manera, me pegaba nalgadas ya que me encanta mi trasero y verlo en el espejo me motivaba a darme unas nalgadas fuertes que encendían más mi cuerpo.

    Cuando sentí que empezaba a mojarme, fui a la cocina y tomé unos cubitos de hielo para pasarlos por mi cuerpo, especialmente mis labios mayores. Sin duda era realmente delicioso y cada vez me calentaba más y más. Estaba tan excitada que no resistí y empecé a pasar mis dedos por mi vulva y abrí mis labios mayores para entrar en contacto con mi vagina y mi clítoris, quien ya estaba hinchado y pedia a gritos que lo tocará rico.

    Empece a acariciar de un lado a otro y de adelante hacia atrás toda la zona de labios y rozando mi clítoris. Estaba tan excitada que quería presión sobre mi vulva, así que decidí con la punta de mi cama la cual tenía una parte plana, hacer movimientos arriba y haciendo como si cabalgara encima de un pene. Eso se sentía tan delicioso, que no podía parar y con la humedad que tenía cada movimiento se volvía como si me pasara electricidad en todo el cuerpo.

    Estaba tan fogosa que me metí mis dedos a la boca y mientras los lamía iba moviendome encima de la punta de mi cama, hasta que llegue al primer orgasmo que se sintió demasiado rico. Pero seguía tan caliente así que pase a un peluche que tenía en mi cama, y tome la cabeza de este y del lado de la nariz la puse debajo de mi vulva, al punto de que su nariz entrara en mi vagina. Así que empecé a moverme bien rico y gemía tan duro, aprovechando que estaba sola. Solo me imaginaba un pene dentro de mi bien venoso y erecto dándonos placer. Y bueno esa tarde estaba tan caliente que termine teniendo otro orgasmo con el peluche y luego seguí tocandome con mis dedos hasta que por fin me sacie.

  • Día prometido, día de las madres

    Día prometido, día de las madres

    Estábamos a un par de días para que fuera día de las madres,  nuestra rutina continuaba más morbosa que nunca y en una tarde dejé escapar la idea sobre lo que haríamos para festejar pues siempre lo pasábamos los dos solos, como no queriendo la cosa mi mamá evadió el tema diciendo que «lo de siempre está bien» era básicamente ir de compras y luego a comer pero le insistí en que sería mejor pasar el día en la casa y que tendría un regalo para ella, seguía sin terminar de creer pues apenas pude me acerqué a ella y comencé a sobar sus tetas, como de costumbre me dejó y estuvimos así un buen rato hasta que tuve que sacar mi pene y masturbarme con una mano y con la otra seguía tocándola, terminé en mi mano y un poco cayó sobre su blusa, como cumplía mi promesa se la quite y la puse a lavar, esto no me disgustó pues en lugar de ir por otra blusa se quedó así sin nada.

    Así en unos días ya tenía planeada mi sorpresa así que la puse en práctica en cuanto amaneció, le llevé el desayuno a la cama y yo solo traía puesto mi bóxer, le puse la bandeja y comenzó a comer con una gran sonrisa, yo me quedé de pie junto a la cama a lo que ella me habló:

    -¿No vas a desayunar?, Ven acuéstate y comamos

    -No mami estoy esperando tu orden

    -¿Orden? ¿De qué hablas?

    -Sí, por hoy voy a hacer todo lo que me digas y al final del día te daré tu regalo

    -Ahhh así que es eso, pues te ordenó que vengas a desayunar

    -Esta bien, pero antes de que me acueste ¿no vas a querer el ingrediente secreto de tu café?

    -Oh, yo pensé que ya se lo habías puesto

    -No, pensé que querías agregarlo tú

    -Pues ahora que lo mencionas me gustaría mucho

    Así que se acercó con una risa de complicidad pues ya sabía por dónde iban los tiros y creo que desde ese momento ya me la había ganado pero no quise apurar las cosas. Recorrió la cama a gatas, y llegó hasta mí, yo me acerque más y vio mi evidente erección dentro de mis boxers

    -Hmmm veo que tengo que sacarlo también jaja está bien porque ha de estar muy apretado ahí.

    Bajó mi bóxer y mi pene apareció frente a ella lo tomo con su mano y comenzó a masturbarme, no duré mucho pues desde que estaba preparando el desayuno ya me había comenzado a masturbar, pues no quería que su café se enfriará, al fin después de unos movimientos suaves pero rápidos con su mano logró sacar la leche con la que le encantaba acompañar el café, ella puso su taza y yo tan solo dí unos espasmos y comencé a eyacular, se formó una pequeña capa que se fue disolviendo y al fin se lo tomó.

    -Ahhh este si es un buen café, gracias hijo ahora a desayunar.

    Pusimos la tele y comenzamos a desayunar, después bajé los trastes e hice un poco de tareas domésticas mientras mi mami descansaba en su cuarto. De vez en cuando pasaba y entraba le daba un beso y este era correspondido, no un beso de lujuria sino de amor maternal, después de un largo día le pedí a mi mamá que se diera un baño y se arreglará pues había preparado una cena especial, aunque esté no era el regalo en realidad, ambos no sentamos a la mesa y fuimos cenando mientras conversábamos sobre la escuela y el trabajo al fin terminamos y mi mamá decidió que era hora de ir a dormir, pero le dije que todavía faltaba mi regalo, y como era una sorpresa le pedí que esperara abajo, entonces subí rápido y comencé a preparar todo, saqué mi regalo era una botella de vino especial, su favorito que hacía mucho tiempo que no tomaba pues le recordaba a papá, pero decidí que está era la ocasión perfecta para brindar un poco, pero ahí no acababa el regalo sino que adorne rápidamente la habitación con pétalos de rosa, también saqué una caja de chocolates, pues estos también le gustaban y me cambié a una bata sin nada abajo, y el toque final, había comprado unas luces ambientales para poner el cuerpo de color rojo suave.

    -¡Mamá ya puedes subir!

    -¡Voy!

    Oí sus pasos y mi corazón comenzó a latir muy fuerte, tenía todo listo y por lo que había pasado en la mañana sabía que la noche que nos esperaba iba a ser mágica, al fin abrió la puerta y se sonrojó de inmediato.

    -¡Ay hijo!, ¿Qué es todo esto?

    -¿No te gusta mami?

    -No es eso, es que esto parece más un 14 de febrero jaja, creo que te dejaste llevar un poco

    -No lo suficiente para ti

    -Awww que lindo

    -Todo para ti mami, y ven acércate ábrelo

    -Hmmm veamos… Que será…. Hmmm chocolates, mis favoritos, gracias.

    -Ah pero no es todo

    -Entonces… A ver… ¡Ah! ¡Pero hijo!, ¿Es este?

    -Sí mamita

    -Pero es muy caro amor… Y ya sabes…

    -No importa mami, ya sé que es difícil para ti, pero por eso lo traje, quiero que sepas lo comprometido que estoy en esto

    -Hijo… Lo que pasó esa noche y sabes eso… No quiero que pase más pensé que ya había quedado claro.

    -Lo sé pero quise intentarlo, quería que no quedará en mí la decisión y por eso traje el vino, y aunque no pase nada quiero que brindemos.

    -Hmmm está bien, es mi vino favorito y tiene años que no lo tomo ya sabes porque, pero supongo que te mereces el esfuerzo por conseguirlo y…

    -No digas nada mami, lo sé.

    Abrió el vino y lo sirvió en dos copas que ya estaban preparadas, ambos dimos unos sorbos y mi mamá apenas si aguantaba las lágrimas, por lo que dejé la copa a un lado y me acerqué a abrazarla, ella también dejó la copa y me abrazó muy fuerte, sentí como sus lágrimas bajaban por mi cuello y al fin se soltó de mí.

    -Ya sé que esto es difícil para los dos, y quiero dejar todo atrás, hijo, enserio, ¿Te quedarías a mi lado para siempre?

    -Cuando estaba pensando en tu regalo, se me vino está idea para demostrarte lo comprometido que estaba con nuestra relación desde el principio y no había mejor manera de decírtelo que con una copa de ese vino.

    Ambos cerramos los ojos y nos acercamos el uno al otro, hasta que el calor de nuestros cuerpos nos indicó que era hora de buscar nuestras bocas, y estás se unieron en un beso, y después nuestras lenguas se buscaron, bailaban en el medio, saboreamos el vino, y permanecimos unidos por unos segundos.

    -Hijo te amo

    -Mamá te amo

    -Por favor quédate conmigo

    -Lo haré

    Ella sola se recostó, el vestido que llevaba no era ni corto ni largo, pero en ese momento solo importaba una cosa, ella me pasó las manos por debajo de la bata, la retiró y está cayó en la cama, me acerque a ella pues quería que me besara, posó sus labios sobre mi cuello, y con timidez lo besó, y con esa misma timidez dirigió sus manos hacia mi espalda, y hacía que me acercara todavía más a ella, yo tan solo estaba esperando su siguiente movimiento pues no quería apresurar las cosas.

    -Quitame… el vestido.

    Me susurró

    Se dio la vuelta y así recostada comencé a bajar su cierre, poco a poco iba viendo su brassier, negro y liso, y poco tiempo después pude ver su tanga a juego, la levanté un poco para que quitará el vestido de la cama y así atrás de mi mamá le quité también el brassier aunque no me lo hubiera pedido.

    -Lo siento mamá

    -No importa se que el ansia puede ganar a veces, así que también baja mi tanga, pero espera, quiero verte cuando lo hagas, acuéstame, por favor.

    Así lo hice y pude ver su pecho desnudo, que me llamaba con toda intención de besarlo y morderlo, pero me contuve pues ya me había dado una orden. Subió un poco sus piernas y tomé la fina tela que cubría su intimidad, la deslice con cuidado, la tomé entre mis manos, no pude evitar olerla,

    -Hmmm mamá.

    -Vamos hijo, hazlo

    Abrió sus piernas lentamente y se me ofrecía como una amante, a la vez que era mi mamá, posó su mano en mi mejilla

    -Está bien hijo, quiero sentirte en mí.

    Me acomodé entre sus piernas, esas que me vieron nacer, y que en este momento me sentirían pero con el paso del tiempo las cosas cambian, con la punta de mi pene toqué un poco, su humedad resbaló un poco, me dejé caer lentamente, hasta encontrar sus pechos, y una vez los tenía entre mis labios me dispuse a entrar, su calor me recibió, su interior me acarició en un lento pero amoroso abrazo, y un pequeño gemido salió desde su boca

    -Ah

    No dije nada, pues estaba muy concentrado, sentía como mi pene se perdía en ella, hasta que mi pelvis chocó y supe que eso era todo, así que comencé un movimiento lento, de atrás hacia adelante.

    -Ah hmm así hijo así… Sigue por favor… No pares hijo hmmm… Ahhh sí, más más más más.

    Yo hacía lo que ella mandaba aumentaba el ritmo, conseguía que se mojar y me empapar, abajo de ella se formaba una gran mancha en la sábana pues era fruto de nuestra pasión y ritmo de amor, pues no había nada más en el mundo que quisiera más que estar con mi mamá, con la mujer que más quería y que me había dado la vida, y ahora ella se retorcía de placer, hacía temblar sus piernas con mi pene y ella me hacía sentir un cosquilleo en la espalda, pues poco a poco se acercaba el momento de terminar aquel primer asalto, que no sería el último de la noche por supuesto, cuando estuve a punto de hacerlo ella lo anticipó, pues me enredó entre sus piernas.

    -Hijo no tengas miedo, lo quiero dentro de mí, es en lo único que pienso ahora, quiero sentir como me inundas.

    Esas fueron palabras para mis oídos pues después de unos movimientos más frenéticos comencé a estallar dentro de ella, sentía como su interior se llenaba y las contracciones me intentaban sacar hasta la última gota de semen, cuando todo terminó me quedé recostado sobre mi mamá, ambos nos miramos con deseo y complicidad pues sabíamos que en poco tiempo estaríamos disfrutando, así nos perdimos en un beso profundo, mientras sincronizamos nuestra respiración, y aunque mi erección se perdía poco a poco, comenzaba a moverme lentamente, frotando mi pelvis contra la suya, así me tomó entre brazos y me susurró al oído.

    -Mi amor, me vuelves loca, estoy a punto de tener un orgasmo… Mi amor… ah ahh ahhh si, hijo… Ay mi… amor… ahhhh

    Ese grito de placer era la emoción que necesitaba pues mi pene se puso duro de nuevo, ni siquiera lo saqué de su cuevita, pues estaba tan caliente que hubiera sido un desperdicio desaprovechar su cobijo, pero ahora estaba fijando mi nuevo objetivo, así que se lo pregunté.

    -Mami, ¿Quieres que lo haga?

    -¿El qué, mi amor?

    -Ya sabes.

    Dije mientras con mi mano intentaba buscar su ano, separaba lentamente sus nalgas y hurgaba en ellas.

    -Ay amor, eres muy atrevido

    -Solo si tú quieres.

    -Nunca lo he hecho por ahí

    -Entonces en otra ocasión

    -No, espera nunca dije que no lo quisiera tan solo quería que supieras eso, ¿No te gusta la idea de desvirgar mi culito?

    -Más que nada en el mundo mami

    -Esta bien, amor por favor, quiero disfrutarlo, hazlo suave ¿Si?

    -Claro mami, nunca te lastimaria

    -¿Cómo me pongo? Tu dime

    -Hmmm ven a la orilla de la cama

    -Esta bien

    Así me levanté y ella fue hasta la orilla de la cama.

    -Ponte en 4, y luego baja la cabeza

    -Ah ya entendí quieres que quede mi culito libre

    -Sí

    -Esta bien.

    En ese momento se puso en cuclillas y elevó sus caderas.

    -¿Me debería separar las nalgas, hijo?

    -Sí mami, hazlo pero espera que ahorita vengo

    -Ok amor

    Este era un escenario que había contemplado, así que fui a mi cuarto y saqué una pequeña botella de color rosa, era lubricante anal, puse un poco en mis dedos.

    -Ahora si mami, déjame verte el trasero

    Mi mami separó sus cachetes y no perdí el tiempo pues coloque mis manos en ese culito tan hermoso, y poco a poco fui metiendo los dedos.

    -Dime si te duele mami.

    -No amor, lo estoy disfrutando.

    Pasé un momento jugando con su colita, calentandola, y haciendo que se mojara, ni siquiera había metido mi pene y su segundo orgasmo llegó.

    -Ay ay hijo… Ah… Ah, otra vez… Ay sí, sí sí que rico, ah hmmm ahhh

    Esa fue la señal que estaba esperando, pues cambié de mis dedos a mi pene.

    -Ahhh sí mami que rica es tu colita hmmm

    -Con… cuidado… hijo… ah hmmm

    -Sí mamita, ¿Te gusta que tu hijo te esté estrenando?

    -Sí mi colita es tuya amor sólo tuya, ahhh hmm, métela… más ahhh ahh

    -Sí mami como órdenes

    A petición suya procedí a penetrarla por completo, dio un grito de dolor pero a la par era morboso y lleno de placer, no aguantó y con sus manos se tapó la boca, yo no quería perder la vista así que procedí a separar sus nalgas con mis manos. Sus piernas temblaban, y de repente comenzó a masturbarse, lo que provocó que cediera y se fuera de lado, yo la seguí aún penetrándola, ella alzó su pierna me puso el pie en la cara y sin más lo bese y lamí, esto fue el detonante para su tercer orgasmo que estuvo acompañado de una gran cantidad de jugos, yo ya no podía más, por lo que hice otra pregunta

    -Mami, ¿Te lleno la colita de semen?

    -Sí hijo… hazlo por favor, vacía tu semen en mi colita, quiero que quede llena y salga de mí

    Así con toda mi fuerza embesti a mi mami sus nalgas rebotaban al igual que sus tetas y con mi último movimiento descargue mi semen dentro de su cola, al sacar mi verga está estaba llena de leche y jugo, chorreaba una gran cantidad de líquido, mi mami que ya no podía más tan sólo abrió la boca.

    -Ponla aquí me dijo

    Obedecí y sentí su lengua pasar por mi glande, succionaba cualquier rastro de fluido, y luego por el tronco.

    -Ahhh que delicia amor, jaja que rico sabe mi cola

    -Ahhh ay mami ya no puedo más

    -Yo tampoco hijo, pero no importa ahorita descansamos y mañana tenemos todo el día para hacer cochinadas jaja

    -Sí mamita quiero hacer cochinadas contigo

    -Esta bien entonces ven vamos a dormir hijo

    -Mamá, ¿Hacemos cucharita?

    -Claro amor, ven y abrázame

    Esa noche dormimos como nunca, no importaba que las sábanas estuvieran mojadas y tuvieran un olor fuerte, a fin de cuentas era producto de nuestro amor y pasión y la mañana empezó mejor.

  • Una desconocida me masturbó en el camión

    Una desconocida me masturbó en el camión

    Eran ya las 6.30 am, ya iba retrasado para el trabajo. En la parada del camión ya había mucha gente y pues a esperar que el camión no viniera muy lleno. Falsa esperanza. Jajaja quien viva en la CDMX me entenderá, a esa hora ya todo el transporte público va muy lleno para todos lados.

    Por fin llegó el camión después de una espera de 20 minutos aproximadamente. Logré subirme y quedé en la parte delantera apretujado entre las personas. Cuando me di cuenta, una chica venia justo detrás de mí. Lograba sentir el rose de sus nalgas en las mías y eso me empezó a excitar. Automáticamente busqué de acomodar mi mochila para que mi mano fuera rosando sus nalguitas tan deliciosas. Ella traía unos leggins cafés que permitían ver y sentir un trasero muy delineado y sumamente tentador. Cuando después de varios intentos y rozamientos vi que no había problema, sujeté mi mochila a mi cinturón para tener la mano libre y la acerqué aprovechando el movimiento del camión hasta que quedé tocando ente sus nalgas de manera más fuerte. Podía sentir en calor que emanaba de esa piel tan suave y rica al tacto. Comencé a tener una erección y la verdad, no me importaba mucho que alguien se pudiera dar cuenta.

    Algunas personas empezaron a bajar por la parte de atrás y obviamente nos fuimos recorriendo. Yo buscaba ir quedando siempre detrás de la chica que, al parecer, no le molestaban las caricias que le venía proporcionado. Ella solo me dejaba irla sintiendo.

    De repente se paró una persona y ella se sentó. Justo en ese momento pensé que eso sería todo, pero cual sería mi sorpresa que enfrente de mi venía una señora sentada, de aproximadamente unos 50 años. Vestía con falda negra hasta las rodillas, medias negras y un escote discreto pero que anunciaba unas tetas grandes.

    Me llamó la atención que se le quedaba mirando a mi pene que gritaba por salir del pantalón. No lo dude, discretamente metí las manos a las bolsas del pantalón y bajé mi bóxer por dentro. Dejado mi pene solo cubierto por la tela del pantalón. Ella al darse cuenta de esto puso su mano sobre el pasamanos del asiento. Esta quedaba justo a la altura de mi pelvis.

    La gente se movió un poco hacia atrás y me dio el espacio perfecto para acercar mi cuerpo hacia ese asiento. Cuando en un acelerón del camión nos movimos bruscamente, aproveche para repegar mi miembro sobre su mano. De verdad pensé que solo me dejaría rosar el dorso de su mano, pero mi excitación creció cuando con sus dedos empezó a acariciar discretamente la cabeza de mi pene. En ese momento mi mente se nublo de adrenalina y deseo y comencé a frotarme más efusivamente contra su mano y su brazo. Yo deseaba tanto explotar, pero me contuve, quería seguir disfrutando de esta experiencia que llevaba buscando por mucho tiempo y por fin era real.

    Tuve la fortuna que la señora que iba sentada junto a ella se fuera a bajar y aproveché para sentarme.

    En ese momento puse mi mochila a un costado de mi pierna para dejar espacio suficiente para que la señora siguiera acariciándome. Cuando pudo, fua bajando el cierre y muy diestramente saco mi pene. Yo estaba que no podía creer esto. Llevaba la verga de fuera justo a medio camión lleno de gente. Eso colmó mi cabeza de excitación. Para ese entonces ya estaba sumamente lubricado y el líquido seminal chorreaba y llenaba su mano.

    Ella siguió moviéndola hasta que por fin lancé un chorro de leche hirviendo que impacto en el respaldo del asiento de enfrente, mi pantalón y parte de mi mochila.

    Ella me miraba de reojo y sacó un pedazo de papel para limpiarse la mano.

    Justo en ese momento íbamos llegando al metro. Yo esperé a que se bajara la mayoría de gente para poder guardar mi miembro y medio acomodarme.

    Ha sido de lo más excitante que he vivido en el transporte.

    Les dejo mi mail para poder seguir compartiendo historias.

    [email protected].