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  • Su infidelidad

    Su infidelidad

    Perdí mi esposa ya hace 2 años, pero por trabajo e hija, la vida social pasó a ultimo termino.  Salía, sí, pero con nulas intenciones de conocer gente o volver “al juego”; por eso, fue fortuito cuando llegué a ese bar un jueves por la noche y me encontré con Rebeca.

    Desde que salí de la oficina, donde nos conocimos, no la había vuelto a ver. Estaba en mis redes sociales, pero no hacíamos ningún intercambio digno a mencionar.

    Esa noche, se veía muy guapa. Llevaba un vestido coctel purpura con estampado de flores, un escote amplio que presumía sus grandes senos y tan corto y pegado que le dejaba ver sus bien trabajadas piernas, porque, de acuerdo con su perfil en FB, seguía entrenando en el gym aun después de haberse separado de su anterior esposo, quien lo había conocido ahí mismo. También, por ese medio, me había enterado que ahora vivía con otro muchacho.

    Me acerqué a su mesa sin intención de nada mas que solo saludar por cortesía. Ella estaba con su mamá y 2 chicas más. Me presentó como un “antiguo jefe” y yo solo asentí. Regresé a la barra del bar y seguí viendo un juego de hockey, aunque nunca he sido fanático de ese deporte.

    Habrían pasado 40 minutos cuando Rebeca se sentó a mi lado y me preguntó si quería acompañarlas a bailar a un nightclub cerca de ahí. Francamente me sorprendió siquiera el que se me hubiera acercado. No teníamos mucho tema de platica, nada en común, ni siquiera había mostrado interés en mas interacción que el “buenas noches – ¿cómo estás? – bien gracias” de rigor de estos encuentros. Sin embargo, pensando que mi hija pasaría la noche en casa de su abuela, sentí un poco de curiosidad en saber hasta donde podría llevar esto y nos fuimos todos a bailar.

    Mientras nos dirigíamos al nuevo lugar, hablábamos de trivialidades de la oficina, de mi nuevo empleo, de mi situación de viudo, de su matrimonio fallido y de su nuevo novio, me enteré que ya le había pedido matrimonio, pero sin profundizar en temas personales porque ambos sabíamos que era innecesario llegar a ese punto, no éramos grandes amigos.

    Bailamos un poco, bebimos un poco más y llegó el momento de despedirnos. Su mamá, ya muy alcoholizada, insistía en quedarse un poco más. Rebeca y sus compañeras terminaron por convencerla y finalmente accedió.

    Me ofrecí en llevarlas en mi carro para que no pidieran taxi, pero sus amigas dijeron que compartirían uno. Rebeca y yo seguimos caminando y llegamos a mi carro. Mi corazón empezó a palpitar y empecé a sudar. Me di cuenta que esa era la primera vez en dos años desde que una mujer me acompañaba solo. “¿Va pasar lo que dentro de mi quiero que pase?” pensaba. “Qué diablos, que así sea”.

    En efecto, ya dentro del auto empezó el foreplaying. Nos besamos mientras mi mano se metía debajo de su vestido hasta tocar su pequeño calzón, aparté un poco y pude sentir sus labios vaginales que iban poco a poco mojándose. Sentí su respiración aumentar y sentí como su mano jugaba con mi bragueta torpemente.

    “aquí no, espera” – Dije y manejé a un motel en las afueras de la ciudad.

    Al pasar por el lobby, compramos un par de cervezas, un poco de agua embotellada y después subimos a nuestra habitación. No había ninguna novedad o cambio en los últimos 20 años que habían pasado desde que había entrado a una habitación de motel con mi esposa, salvo el baño que además de la regadera, tenía una tina de agua que no usaríamos en este encuentro.

    Tomamos turno para entrar a bañarnos, pero ella no quiso prender las luces. Nos secamos mutuamente y nos sentamos en la cama, abrimos las cervezas bebimos unos tragos. Platicamos un poco y mientras estábamos parados frente la cama, ella me dio la espalda, empecé a besarle el cuello. Noté que había un espejo que estaba estratégicamente colocado en un rincón de la habitación que me permitía observar sus pechos. Bajé mi lengua por su columna y ella empezó a temblar, diciendo que tenía cosquillas. La voltee y empezamos a besarnos con más pasión y una de mis manos le sostenía desde la nuca mientras la otra le acariciaba bajando hasta llegar a sus nalgas. Las apreté contra mi y ella soltó un leve gemido al sentir como mi mano pasó de sus nalgas a jugar con su clítoris y pude sentir que estaba ya bastante mojado por sus jugos vaginales. La recosté en la cama y pedí que se volteara. Seguí con besos, subiendo por sus piernas hasta que mi cara estuvo frente a su trasero. Sus nalgas eran grandes y se antojaban. Me entretuve un momento dando pequeñas mordidas hasta que con ambas manos las separé y pasé mi lengua de arriba abajo, entre sus nalgas hasta llegar a su ano. No sé en qué momento pasó, pero me di cuenta que ella estaba en cuatro, ofreciendo su culo, el culo que de seguro su novio disfrutaba por las noches, a mí, quien hace apenas unas horas nos habíamos encontrado.

    -Te gusta así? – Pregunté.

    -Sí… así… – Solo escuchaba.

    -tienes una cola preciosa, lo sabes? ¿Qué pensaría tu novio si vieras que me la estas ofreciendo de esta forma?

    -que soy una puta…

    -Si, que buena puta eres y tienes un sabroso culo. ¿Tu novio te come así?

    -no, a él no le gustaaa… cada intercambio terminaba con éxtasis, alargando las “aaah” y los “oooh” en cada palabra.

    -No sabe lo que se pierde…. Yo podría seguir así toda la noche. Comiéndote.

    -sigue así… ricooo.

    -Ven – le dije. Me acosté sobre la cama y ella se dirigió a mi verga, que ya estaba bastante hinchada. “No, espera. Todavía no termino…” le dije y bajé a su clítoris. Desde el espejo podía vernos, la senté sobre mi cara mientras yo comía su rica pepita, mis manos ocupadas acariciando sus pechos y su rostro, hasta que ya no pudo más y sentí como su cuerpo empezó a temblar por un largo orgasmo en mi cara. Mis brazos la sujetaron por la cintura y la obligué a seguir en esa posición hasta que terminó de venirse y una vez mas empecé a jugar con lengua su clítoris, también pasando por su ano.

    -ya te puedo chupar? – preguntó, pidiendo permiso.

    -quieres comer? Hazlo.

    No pienso presumir un miembro imponente. Es francamente mediano, de 12 cm o 5 pulgadas cuando está totalmente erecto y con un grosor normal. Me levanté y ella, arqueada en cuatro, se metió mi verga poco a poco en su boca, primero saboreando la punta y después introduciéndola totalmente a su boca. Yo la sacaba y la metía. Sentí sus dientes rozando mi glande, pero la estaba disfrutando tanto.

    -¿por qué estás aquí conmigo? -pregunté.

    -No se. Me gustabas desde antes, pero nunca te lo dije. – era divertido escucharla tratar de hablar mientras tenía mi miembro en su boca.

    -haces esto muy seguido? ¿Ponerle los cuernos a tu novio?

    -El me gusta y tenemos buen sexo, pero a veces es muy simple. – seguía metiendo mi verga en su boca y a veces la sacaba y la tomaba en su mano para masturbarme mientras hablaba. Luego volvía a introducirla en su boca, como una paleta.

    -me gustaría seguir viéndote – Le dije. ¿Crees que podamos hacerlo?

    -Ser amantes? – Sonrió con mi verga en su boca y continuó – Me gustaría, pero casi no podríamos vernos. Él es muy celoso y podría encontrarnos.

    -y no le gustaría ver a su mujercita ser cogida por alguien? – bromee mientras la separaba y la acostaba frente a mi -puede que aprenda algo nuevo.

    -jaja. Yo creo.

    Levanté sus piernas en V y las flexioné sobre mis hombros. Coloqué mi miembro en su mojada pepita y la fui penetrando poco a poco. Estuve empujando así un momento y después la volteé para volver a comer su culo en cuatro. Dios, como me gustaba pasar mi lengua entre sus nalgas. Puse mi verga en su pepita y volví a empujar y empujar. Mi pulgar empezó a jugar con su ano aprovechando todos los jugos vaginales que tenía derramada en su cola.

    -Tu novio te ha dado por aquí? – pregunté.

    -Una vez lo intentó, pero dolió mucho y ya no volvimos a hacerlo.

    -ya ves, si nos ve, puede aprender una o dos cosas – Repetí, jugando.

    -quieres hacerlo? – preguntó.

    -claro. Este culo ya es mío. “culo comido, culo perdido” -dije estúpidamente.

    -despacio para que no me duela.

    -Claro – nos acostamos de y ella me dio la espalda. Levanté su pierna, ella tomó mi pene y lo puso en la entrada de su ano.

    -despacio… – dijo y despacio fui metiendo mi verga. Se quedó quieta y por el espejo podía ver su rostro cambiando su mueca de dolor a una cara de éxtasis mientras yo empujaba y empujaba. Mis brazos la apretaron mientras ella gemía y hablaba palabras que no alcanzaba a entender. Terminé bombeando chorros de semen dentro de su culo. Nos quedamos tirados, abrazados por unos momentos y nos fuimos a bañar.

    -que le dirás a tu novio? ¿En dónde estabas?

    -que me fui de puta – bromeó – No sé, ya se me ocurrirá algo.

    Nos vestimos, tomamos un poco de agua y la llevé a su casa.

    -me puedes dejar unos metros atrás? Para que él no vea quien me deja.

    -no crees que será mas sospechoso así? Mejor pasa a la parte de atrás y fingimos que soy tu chofer de Uber.

    Así lo hicimos. Nos intercambiamos teléfonos y antes de bajarse, volteó y se despidió.

    -No olvides que esta colita ya es tuya. – se dio una palmada en el trasero – Márcame y planeamos como podemos vernos de nuevo.

  • Se fue la luz y mi vecino me invitó a su casa

    Se fue la luz y mi vecino me invitó a su casa

    Esta historia ocurrió hace 2 años. Yo, con 27 años, me acababa de mudar. Apartamento nuevo y todo lleno de cajas. La verdad, la idea de que se fuera la luz era horrible en esa situación. No tenía velas ni linterna y, por lo tanto, esa situación pintaba conmigo enganchada al móvil alumbrando como podía hasta la hora de dormir.

    El día anterior había «conocido» al vecino. 35 años, moreno, con barba y, con la ropa puesta, parecía tener buen cuerpo aunque como era invierno, se apreció mucho mejor sin ella.

    Nuestra relación se limitaba a 1 simple saludo antes de subir juntos al ascensor y el camino dentro de él que duraría escasos segundos. No os voy a engañar, a mi me bastaba para imaginar… Aunque en esa idea de mi cabeza no estaba la sorpresa que me esperaba.

    Llegó el día siguiente. Eran como las 8 pm. Mi idea esa noche era cenar temprano y acostarme para madrugar al día siguiente y desempaquetar todo. Aún no tenía ni la televisión fuera de 1 caja por lo que pocos planes podía hacer a parte de ese. No imaginaba, claro, que la noche se iba a complicar.

    De la nada hubo un corte de luz. Este duró igual unos 5 minutos. Yo, como dije, no tenía ni velas ni linterna por lo que mi primera idea fue salir de casa y llamar al apartamento de enfrente. En este nadie había o, nadie respondía pero, entonces, apareció el morenazo de mi vecino… El llegaba en ese momento a casa. Subía las escaleras cargado con bolsas de la compra y, como podía, aguantaba con una mano el móvil con la linterna para ver las escaleras.

    Cuando apareció por mi planta, mi primer instinto fue ayudarlo. Se lo dije y él me dejó ayudarlo con 1 bolsa para poder aguantar mejor el móvil. Ambos subimos 1 planta más y al llegar a su puerta descubrí que lo tenía justo encima. Al llegar, mientras entraba en su casa y yo le daba la bolsa, me preguntó que hacía a oscuras en el pasillo a lo que yo le respondí contándole que me acababa de mudar e iba a preguntar a la vecina si me dejaba una vela o algo. En ese momento llegó de nuevo la luz. El me dijo que me podía ayudar con eso y entró a su casa por 1 linterna. Me la dio y me dijo que si se volvía a ir la luz y necesitaba algo que ya sabía dónde lo podía encontrar. Ahí ya hubo miraditas de esas que a mí me gustan tanto…

    Volví a mi apartamento, empecé a hacer la cena pensando que podía irse la luz de nuevo y yo seguía pensando que esa noche me iba a la cama temprano para madrugar. Mientras hacia la cena se fue la luz de nuevo. Yo no estaba haciendo nada al fuego, no necesitaba la luz para nada.

    Cené rápido, me desnudé, me metí en la cama y… ¡Sorpresa! En mi mente sólo estaba el vecino justo en el apartamento de arriba a oscuras. No había quien durmiera así. No sin correrme esa noche, sola o acompañada…

    Empecé a tocarme lentamente. Con una mano acariciaba mis pechos despacio, mientras con la otra bajaba por mi abdomen hasta llegar al clítoris. Me abrí completamente de piernas y, sin dar muchos rodeos, metí 1 dedo dentro de mi. No podía dejar de pensar en el morenazo de arriba y, como por arte de magia, llamaron a la puerta. Yo me estremecí en ese momento, no quería parar ahí. Solo pensaba en seguir pero volvieron a llamar. Me puse una camiseta grande que tapaba lo justo. Fui hacia la puerta y ahí estaba. Era mi vecino quien llamó, venía a decirme que había hecho cena de más pensando que yo no tenía nada por la mudanza. Le seguí el juego aunque yo ya había cenado. Me preguntó si quería subir o prefiráis que me bajara la cena y le dije que subía con la excusa de que ni sillas aún tenía.

    Subimos a su casa. Al entrar yo pasé delante y él se quedó cerrando la puerta. Estaba todo a oscuras porque la linterna solo la llevaba el y la tenía apuntando hacia la puerta. Mis opciones ahí estaban claras. No sólo me había pillado cachonda y con ganas de correrme pensando en el mismo. Además, yo ya había cenado. Me quité la camiseta y la tire al suelo a su lado. Yo, completamente desnuda, vi como el apuntaba con la linterna al suelo y seguía con la luz el camino hacia mi. A partir de ahí, nadie dijo nada más. No hacía falta nada más.

    Apagó la linterna y la única luz que había era la de 2 velas que tenía en una mesita en la sala de estar. Vino hacia mi, me llevo con fuerza hacia el sofá y me lanzó a el. Yo quedé con una pierna fuera del sofá. Justo para que mis piernas quedarán abiertas. La luz de las velas que estaba ahí mismo hacía que la escena no tuviese ningún desperdicio… Se desnudó, se puso de rodillas a los pies del sofá y fue besando y lamiendo desde mis pies hasta mi clítoris.

    Yo estaba muy caliente, casi en éxtasis por aquella situación. Daba igual si él lo hacía bien o mal, yo lo recuerdo como un 10 por lo caliente que estaba. Una simple caricia en aquel momento me hacía estremecer. El dejó de lamerme. Hizo el intento de subir pero yo no lo dejé. Agarré su cabeza y le dije:

    – Se bueno y sigue lamiendo.

    En aquel momento soltó un:

    – Oblígame.

    Me puse de pie, lo agarré de los pelos con fuerza y subí su cabeza al sofá. Quedó tumbado mientras hacia ruiditos de dolor y yo sin soltarlo me senté en su cara. Le dije:

    – ¿Te vas a portar ahora mejor?

    El sacó la lengua. Empezó a lamer de nuevo y de vez en cuando introducía su lengua en mi. En una de esas, deje caer todo mi peso encima de él. Su lengua quedó dentro de mi y notaba como la sacaba y metía mientras respiraba con dificultad. Esa situación me puso a mil. Me eché hacia atrás dejando libre su nariz para que no tuviese que parar y me dejé llevar. El metió 1 dedo en mi culito y cuando empezó a moverlo yo no aguanté más. Exploté sobre su cara.

    Entonces me levantó. De un empujón bastante agresivo que me volvió a poner a mil, me puso a 4 sobre la alfombra. Y cuando yo ya estaba lista para recibirlo, me volvió a sorprender. Sin preguntar ni preparar y con todas sus fuerzas, me la metió por detrás. Yo di un grito que se tuvo que escuchar en todo el vecindario. Le dije que me dolía pero cuando me preguntó si quería parar yo no estaba dispuesta a ello. Le dije que siguiese y entonces agarró mis manos por detrás como esposadas para poder darme más fuerte sin que yo lo impidiese. Entre mis gritos yo escuchaba sus gemidos y eso me encantaba. A mi me estaba doliendo pero me excitaba tanto ver cómo disfrutaba que cada vez me gustaba más sentir sus embestidas.

    El me iba cambiando de posición y cada una de ellas hacia que el pudiese dar más fuerte. Yo lo dejé hacerme lo que quisiera y eso hizo que al cabo de unos minutos se corriese dentro de mi culito…

    Quedé tumbada en la alfombra sin poder moverme pero él quería hacerme feliz y volvió a lamerme para que yo me corriese de nuevo también. Cuando terminé nos quedamos tumbados en la alfombra y nos quedamos dormidos. Unas horas después, volvió la luz y eso nos despertó.

    No sé si alguna vez olvidaré la imagen de su cuerpo tumbado a mi lado en la alfombra cuando desperté al volver la luz.

    Puedes escribirme a [email protected] me encanta saber qué haces mientras me lees.

  • Nuestro cumpleaños BDSM (tercera y última parte)

    Nuestro cumpleaños BDSM (tercera y última parte)

    Conviene leerse los dos relatos anteriores de esta serie, para entender lo que hago con mi sumiso durante un fin de semana completo.

    Desde la habitación, y como si estuviera en una pelea con mi cuerpo por conseguir despertar, escuchaba los pájaros, mientras un rayo de sol parecía gritarme que ya era el momento de salir de la cama. Pero estaba muy cansado. Sentía mi cuerpo muy pesado y no era capaz de incorporarme, atrapado por un colchón demasiado blando para mi espalda.

    Estuve un buen rato luchando conmigo mismo, y entonces escuché tu voz en mi oído:

    – “Hola, cariño… Son ya las once de la mañana y sigues en la cama. Creo que has batido tu propio récord. ¿Me acompañas a desayunar?”.

    Mientras decías esas palabras, te metiste en la cama vestida con unos pantalones negros ajustados y una sudadera gris. Te abrazaste a mí. Nos besamos despacio, y mientras mis músculos y mis sentidos trataban de salir de su letargo, me dijiste:

    – “Pedro, estuviste increíble ayer. Disfruté mucho cada momento de la noche con tu entrega, tu sumisión y con tu obediencia. Me haces muy feliz, cariño. Te quiero”.

    Te miré y volví a abrazarte fuerte. Eres el refugio de todos mis miedos, el cobijo de todas mis tormentas, y el resguardo de todas las imágenes que recorrían mi cabeza desde que me metí en la cama la noche anterior. Me dijiste que Rubén y María se habían levantado pronto y que se habían vuelto a Madrid, y que habías hablado con el dueño de la casa para decirle que nos quedaríamos todo el domingo, y que el lunes por la mañana, bajaríamos pronto a Madrid para volver a nuestras obligaciones laborales. Me pareció una gran idea poder remolonear un poco más en la cama sin tener que salir de allí precipitadamente. Además, me permitía disfrutar de ti durante horas.

    Después de ponerme unos vaqueros y una camiseta, y feliz de la vida, bajamos las escaleras y nos dirigimos a la planta baja. Hacía un día precioso y me propusiste desayunar en el jardín de la casa, lo que me pareció perfecto. Me encanta aprovechar los rayos de sol de una mañana fresca, sobre todo si estoy contigo charlando. Preparamos café, tostadas, un par de aguacates con sal y aceite e incluso hiciste un par de zumos de naranja.

    – “Toca reponer fuerzas, mi amor. Ayer fue un día bastante intenso y tenemos todo el domingo por delante”.

    Tus bonitos ojos verdes iluminaban el jardín de la casa, y me dejaban a las claras que pensabas exprimir el domingo al máximo. Me encantan tus ganas de más. Tu intensidad y tu hambre de mí, pero estaba disfrutando del desayuno y de tu compañía y, a pesar de que me hubiera arrodillado ante ti si así lo hubieras ordenado, decidiste que teníamos tiempo para todo. A ti también te encanta pasar horas con un buen desayuno y una buena charla, así que nos quedamos en el jardín prácticamente hasta la hora de la comida, entre charlas, risas y besos.

    Serían la una y media o las dos de la tarde cuando, con una mirada completamente distinta, me dijiste:

    – “Vete dentro y trae tu collar, bonita. Vuelve al jardín desnuda y caminando a cuatro patas. No conozco muchas perras que lleven vaqueros y caminen erguidos como lo estás haciendo esta mañana”.

    Con un hilo de voz grave que apenas me salía del cuerpo, contesté un breve “Sí, Ama”, y me metí en la casa para buscar el collar y la correa. Al buscarlo, me percaté de que habías recogido el salón, y también que habías dejado varios juguetes al lado de la maleta del terror. No pude hacer otra cosa que sonreír mientras me quitaba la ropa. Estaba feliz, y estaba excitado, y una potente erección asomaba debajo de los bóxer.

    Entré en el jardín con el collar en la boca, desnudo y caminando a cuatro patas. Me acerqué a tu lado y acariciándome el pelo, me dijiste:

    – “Buena perra. Bien hecho”.

    Me colocaste el collar y te descalzaste. No hizo falta nada más para que agachara mi cabeza y comenzara a lamer tus pies. Con mucha calma y con mucho amor los recorrí con mi lengua. Dedo a dedo, los envolvía con ella mientras mi ansiedad y excitación iban en aumento. Poco a poco fui notando como te ibas excitando. Tu respiración agitada es el mejor termómetro para medir tu grado de excitación. Además, empujabas tus pies dentro de mi boca con ansia, y a mí (que me gustan los retos, y lo sabes) eso me parecía un reto para meterme el pie entero hasta la campanilla, aunque eso me provocara sonoras arcadas.

    En un momento dado, me diste un tortazo y me dijiste “Te quiero”, a lo que yo contesté que yo también a ti. Pero en vez de sonreír, cambiaste el rictus y dijiste:

    “Mira tú. Una perra que habla. Qué curioso. Vamos a ver si también entiendes lo que te digo. Vete al salón y saca tu bol de perra, las cuerdas, la mordaza, las pinzas, el film y el strap grande. Y como buena perra que eres, no se te ocurra volver a emitir un sonido que no sea propio de dicho animal, o te arrepentirás”.

    Mirando al suelo ladré una vez. Ambos tenemos definidos los códigos de mis ladridos. Cuando ladro una vez, estoy afirmando. Cuando lo hago dos veces, estoy negando… cuando gruño es porque estoy enfadado y cuando respiro agitadamente como lo hace un chucho, es que estoy ansioso.

    Así que después de ladrar, entré al salón y de uno en uno, fui metiendo todo lo que me ordenaste, transportándolo con la boca, claro… ya que los perros no tienen la capacidad de coger cosas con sus patas. Al verlo, te reíste y me dijiste:

    “Buena perrita. Me has complacido. Acércame el bol con tu hocico, que te has ganado un premio”.

    Lo hice, empujando el bol con la nariz y la boca, y al dejarlo cerca de tus pies, te quitaste los pantalones, te agachaste sobre el bol y measte dentro. Después me agarraste la cabeza y me la acercaste hasta rozar el pis con la nariz. Escupiste dos o tres veces y me dijiste:

    “Aquí tienes tu premio, preciosa. No irás a rechazarlo, ¿verdad?”.

    Ladré una vez y comencé a beber como lo hacen los perros, dándole lametazos al pis que llenaba mi bol, mientras te escuchaba reír y llamarme zorra. Te sentía feliz, y yo estaba feliz de estar a tus órdenes una vez más.

    Al rato me dijiste que ya estaba bien… que me iba a empozar bebiendo tanto, y me pediste que colocara la cabeza sobre tus piernas. Con agua y jabón me limpiaste la boca con poca delicadeza y, al terminar, me dijiste que haciendo una excepción me pusiera erguido, sobre mis patas traseras.

    Lo hice sonriendo, pero no te pareció una buena idea, porque me diste una sonora bofetada y me escupiste en los ojos.

    “¿Qué te hace gracia, perra?”.

    Bajé la cabeza y me dijiste que no me moviera. Comenzaste a envolverme en film con ese aparato industrial que nunca sé cómo se llama. Ibas rodeándome y ejerciendo presión sobre mí. Los brazos a ambos lados de mi cuerpo, bien pegados a mis caderas. Las piernas juntas, y la espalda erguida.

    Después de un buen rato, estaba completamente inmóvil. No podía mover ni un músculo. No sabía si también ibas a envolver mi cabeza en film como haces frecuentemente. Y creo que fue algo que cruzó tu mente. Pero me dejaste allí y entraste al salón, para salir con la máscara de perro de color rosa que habíamos comprado y que -por supuesto- era lo apropiado para ese momento.

    Antes de ponerme la máscara, me colocaste una mordaza roja de bola con agujeritos, cogiste mi teléfono móvil y sacaste del bolsillo de mis vaqueros los auriculares inalámbricos. Los colocaste en mis orejas y abriendo una canción cualquiera en Spotify te aseguraste de que estuvieran conectados. Yo contesté con un ladrido cuando preguntaste, y tú sonreíste con fuego en la mirada.

    Con los auriculares en mis oídos, colocaste la máscara de perro, de la que previamente habías cerrado la cremallera de los ojos y de la boca, con lo que de pronto dejé de ver, y solo escuchaba una canción de Eric Clapton. Pero al rato escuché el tono de llamada de mi móvil y tu sensual voz en mis oídos diciéndome:

    “Hola mi amor. Espero que estés cómoda con tu máscara de perra y enfundada en film para mí. Desde aquí fuera te ves muy guapa. Creo que sabes lo que toca ahora, ¿verdad? Ups… si no puedes contestar. Se me había olvidado que te había puesto la mordaza. Qué lástima… estarás tan guapa babeando para mí…”.

    Yo estaba muy excitado y a tu completa disposición. Perder cualquier contacto con la realidad salvo el puente que tiende tu voz, es como cuando le pides a alguien tirarse sin mirar por una ventana. Exige una confianza ciega en la otra persona. Y eso es exactamente lo que yo siento cada día, pero especialmente cuando te encargas de que te entregue mi cuerpo y mi mente, para que hagas conmigo lo que quieras.

    “Cariño, cuando te dé dos golpes en la espalda te vas a dejar caer hacia atrás poco a poco. Yo voy a sujetarte, pero no te preocupes porque por nada del mundo te voy a dejar caer, pero tienes que entender que así como estás, de pie, no me sirves de mucho. Afirma con la cabeza si lo has entendido, zorra”.

    Afirmé moviendo la cabeza y, al sentir los dos golpecitos en la espalda, me fui dejando caer. Sentía cómo tus manos me agarraban (no sin esfuerzo), y en un momento dado me dejaste caer suavemente sobre algo blando. Imaginé que sería un colchón, pero quizás fuera la hierba del jardín. Tampoco sabía a qué distancia me habías dejado caer, pero estaba tumbado boca arriba y completamente inmóvil “gracias” al film que envolvía mi cuerpo.

    Al dejar la llamada conectada pude escuchar tu respiración y tus gestos de esfuerzo al dejarme caer, y no pude sino sonreír imaginando tu cuerpecito tratando de sostener el mío… pero mi sonrisa se evaporó cuando sentí que estabas haciendo algo con el film a la altura de mis genitales.

    Sentí cierta liberación en la zona, y supe instantáneamente que habías usado unas tijeras para liberar mi pollita y mis huevos. Sentí peso sobre mi cara y te imaginé sentada sobre mí. Y efectivamente debía ser así, porque empezaste a masajear mi polla hasta conseguir una erección casi inmediata. Estaba muy excitado por no poder tener ningún tipo de control de lo que estaba sucediendo o de lo que iba a suceder… y tan solo me concentraba en lo que me hacías sentir, ya que no podía ver nada.

    Por los auriculares iba escuchando tus palabras. Tu voz rasgada, señal inequívoca de que estás excitada… y un segundo después pude escuchar y sentir como tu lengua y tu boca se dedicaban a mis huevos y mi polla, mientras me recordabas lo pequeña que era mi polla, y lo mucho que te hacía disfrutar con ella.

    Imagino que en un momento dado, te sentiste bien con la dureza alcanzada, porque sentí que cambiabas de posición, e inmediatamente un calor reconocible inundó todos mis sentidos. Estaba dentro de ti y te sentía apretar los músculos de tu coño sobre mi pollita para recordarme que si quisieras, podrías hacer que me corriera sin moverte… como habías hecho tantas otras veces.

    Cuando dejaste de apretar y mientras me decías por teléfono lo puta que soy, las ganas que tenías de follarme y lo buena perra que había sido la noche anterior ofreciéndole mi culo a Rubén en vez de los latigazos, subías y bajabas. Me cabalgabas y escuchaba tus gemidos. Esos gemidos que son como cantos de sirena para mis oídos, y que tantas veces me habían hecho naufragar en tu orilla. Lo habíamos hablado muchas veces, y me permitiste comprobarlo otras tantas. Eras capaz de hacer que me corriera sin mover un centímetro tu cuerpo y simplemente gimiendo de placer… pero me dijiste que hoy querías disfrutarme como es debido, y que me había merecido disfrutar de ti.

    Sentir tus gemidos es como estar en el cielo… pero notar la presión de tu coño en mi polla es como la muerte en vida, y sin poder pedir permiso ni nada por el estilo, me corrí dentro de ti. Fue una corrida increíble. Mi cuerpo decidió hacer la guerra por su cuenta, y comenzó a temblar, fruto de la intensidad del orgasmo… y entonces, sentí y escuché que te corrías conmigo, con esos gemidos que solo unos pocos elegidos han podido escuchar, y que ahora me pertenecen a mí.

    Después de correrte, y sin moverte, me decías que estabas muy orgullosa de mí, que te hacía muy feliz y que te encantaría que nos fuéramos a pasear por la montaña… pero que por alguna razón, estabas muy excitada y te morías de ganas de follarme el culo, así que te levantaste, me diste la vuelta como si se tratara de una alfombra enrollada y sentí que estabas enredando en la parte de atrás. Obviamente estabas repitiendo la operación.

    Notaba que el film dejaba un agujero en mi culo y cómo colocabas unos almohadones en mi cadera, para que pudiera elevar mi culo de zorra y ofrecértelo. La gran diferencia es que esta vez no podía colocar mis manos a ambos lados y abrirlo para ti, ofreciéndotelo… pero me dijiste que no me preocupara por tu despiste, que podías arreglártelas tú solita.

    Y así fue. Cuando sentí que mis caderas se elevaban reposando sobre algo, noté algo líquido recorrer mi culo y después una presión en el mismo… abriéndose paso dentro de mí. Al hacerlo me dijiste que era una maravilla ver cómo era tan puta, cómo tenía un culito tan tragón, y cómo mi propio semen había servido de lubricante para follarme y deslizar tu strap dentro de mí hasta el último centímetro.

    Empiezo a sentir que tu ritmo aumenta, que mi cuerpo pierde control, y que soy una especie de marioneta que apenas puedo mantenerme quieto. Estás detrás de mí, apoyada sobre mi cuerpo y sodomizándome con el arnés grande… y en un momento dado, siento que ya no quedan más centímetros… puedo notar tu cuerpo pegado al mío y te escucho decirme:

    “Pedro, eres una puta increíble. Agárrate fuerte, porque te voy a follar como nadie lo ha hecho jamás”.

    Y entonces siento un auténtico terremoto entrar y salir de mí. Con fuerza, con violencia, con intensidad y a una velocidad endiablada, siento que me estás follando con el alma, y me entrego a ti. Me entrego desde una sumisión absoluta, y desde un amor infinito. Ninguno de los dos sabemos hacer las cosas a medias, así que me concentro en disfrutar de esa maravillosa mezcla de dolor y placer, y pienso en todos los meses que tuvimos que esperar para disfrutar de nosotros, y las ganas imperiosas que tenemos los dos de recuperar el tiempo perdido.

    Y entonces, te escucho correrte. Mientras me follas como si quisieras abrirme en dos… y poco a poco vas decelerando y recuperando tu respiración, aún agitada. Por algún motivo, me relajo pensando que saldrás de mí, pero no. Vuelves a cabalgarme con fuerza y escucho en mis auriculares tu voz diciéndome:

    “Te recuerdo que, cuando quieres que pare, has de cruzar los dedos de tu mano. Pero no te recomiendo que me hagas parar, preciosa… estoy muy cachonda y muy a gusto follándote ese culo de zorra viciosa que tienes”.

    Ni que decir tiene que ni me moví. Me siento violado. Sin poder moverme, con la respiración comprometida, las babas empapando la máscara de perro que llevo puesta, sin poder ver y tan solo escuchando tus gemidos y tu respiración. Noto que mi cuerpo se separa de mí, y te lo entrego. En mi mente solo están las ganas de complacerte, y aunque noto que mi culo está ardiendo por la forma en que me estás follando con tu strap más grande, no quiero parar.

    Y entonces me doy cuenta de que tú tampoco vas a hacerlo. Pasan los minutos y sigues follándome. A ratos bajas la intensidad, pero enseguida te recuperas y siento que mi cuerpo se está arrastrando en la hierba del jardín, al resbalar el film fruto de tus embestidas. Por momentos siento que vas a romperme en dos, pero mi orgullo está luchando con la humillación y el dolor que siento por momentos. No voy a rendirme.

    Te das cuenta de que hace tiempo que debo estar superado y me hablas con tu voz ronca, y tratando de mantener un punto de calma dentro de lo excitada que estás.

    “Cariño, me conoces bien. No voy a parar, aunque tenga que estar dos horas follándote el culo. Así que guárdate ese orgullito y esa actitud de chulito, porque te la voy a quitar a pollazos”.

    Y al terminar la frase, siento que tu strap sale de mí, para volver a entrar rápida y profundamente, desde el primero hasta el último de los 25 cm de largo. Repites la operación una y otra vez. A veces me dejas uno o dos segundos tranquilo, y otras tus embestidas se repiten con una intensidad demoníaca durante dos o tres segundos. Y vuelves a parar… y me das unos segundos… pero otra vez vuelves a follarme.

    Siento que no puedo más, pero no quiero rendirme, aunque hace tiempo que siento que mi cuerpo ya no me pertenece… que soy una especie de muñeco de trapo. Y entonces vuelvo a escucharte entre gemidos:

    “Eres un kamikaze cariño. Voy a parar porque tú no sabes hacerlo, y yo estoy aquí para cuidar de ti, y para cuidarte de ti mismo. Zorra, que eres una zorra. Pero esto no termina aquí. Que lo sepas”.

    Siento alivio y sonrió. Creo que he ganado la batalla, y no puedo estar más equivocado. Me das la vuelta como un fardo. Primero retiras la máscara y luego desatas la mordaza. Tengo la barbilla, la nariz y los ojos llenos de mis propias babas y la respiración agitada. Aspiro aire como si fuera a salir volando. El poco aire por la máscara y la mordaza me han mareado, y aprovecho ese momento para recuperarme físicamente.

    Pero cuando pienso que vas a quitarme el film, te acercas a mí, completamente inmovilizado y te sientas encima de mi cara. Aprietas las piernas muy fuerte y aprovecho para comerte el coño mientras soy consciente de que no podré aguantar mucho más sin oxígeno.

    Empiezo a mover todo el cuerpo, tratando de hacerte señales de que estoy al límite de mis fuerzas, pero en vez de separarte para permitir el paso del aire, te frotas con fuerza sobre mi nariz y mi boca, y siento tus gemidos aumentar mientras tu ritmo no hace sino intensificarse hasta pensar que vas a romperme la nariz. No puedo más y comienzo a moverme como una angula, de lado a lado, mientras intento mover la cara para buscar un ápice de aire.

    Entonces te separas unos centímetros y aspiro todo el aire que puedo. Después de dos o tres bocanadas, vuelves a sentarte sobre mi cara y a frotarte contra ella. No pasa ni un minuto y siento que te estás corriendo sobre mí… pero no paras. Sigues frotándote fuerte e impidiéndome respirar. Vuelvo a tener problemas y siento que me estoy mareando. Me muevo todo lo que puedo, pero no haces caso a mis señales y sigues apretando fuerte tus piernas, presionando mis orejas tanto que, siento que van a romperse.

    Y entonces, vuelves a separarte unos centímetros, mientras puedo ver y saborear tu humedad. Y vuelves a repetir la operación una y otra vez. Pierdo la noción del tiempo y del número de veces que he sentido tus orgasmos… pero minutos después, siento que te separas y te sientas en mi pecho. Te doy las gracias. Estás sudando y agotada.

    Te acercas a mí y cuando pienso que vas a besarme, me escupes a la cara y comienzas a darme bofetadas con una mano y con la contraria, durante un buen rato. Quizás me des veinte con cada mano. Quizás más. Siento el fuego en tu mirada y efectivamente me doy cuenta que estás muy cachonda cuando noto que dejas de pegarme y te masturbas a escasos centímetros de mí, dedicándome un squirt antológico que me esfuerzo por tragar, aunque la posición no es la mejor.

    Vuelvo a darte las gracias, pero ya no sé si soy una persona o un animal. Estoy desposeído de cualquier atisbo de voluntad. Me siento un objeto en tus manos. Tu puta, tu zorra, tu consolador…

    Me dejas en el jardín y te metes en casa. No sé el tiempo que paso así. Envuelto en film y con el culo ardiendo, la cara llena de todo tipo de fluidos y un cansancio que me supera y hace que me quede dormido.

    No sé el tiempo que ha pasado, pero de pronto siento que me estás liberando del film. Estoy sucio, pero me siento feliz. Noto el orgullo en tu mirada y vuelves a insistir.

    “Cariño, un día vamos a tener un disgusto como sigas siendo así de kamikaze. Menos mal que estoy yo para cuidarte… pero tienes que entender que a veces el placer y el deseo me superan… así que tienes que cuidarte un poco más, ¿vale?”.

    Te contesto que sí y comienzo a desentumecer mis músculos cuando siento que has retirado todo el film. Pero apenas puedo moverme. Me incorporo y noto sangre en mi entrepierna. Era evidente que estaría pasando algo así, pero no era capaz de parar… Aunque arrastraré las consecuencias algunos días más, estoy feliz de ello.

    Finalmente me levanto y cuando voy a besarte, me dices que ni se me ocurra besarte así ahora que estás recién duchada. Que vaya a la ducha y que me vista con los vaqueros y la camiseta que has dejado encima de la cama, y baje de nuevo al jardín.

    Y eso hago… subo las escaleras pausadamente. Cada paso es un esfuerzo, pero el agua de la ducha me calma por dentro, y me siento renacer para ti. Intento recordar cada minuto de lo que acaba de ocurrir, pero me doy cuenta de que he perdido la noción del tiempo y del espacio… que mi nivel de entrega ha sido tan grande que no me he dado cuenta de nada. Y soy feliz.

    Me visto, bajo al salón y te encuentro tomándote una cerveza en el jardín. Te levantas y vienes hacia mí. Te subes de un salto y me besas. Es un beso tierno. Un beso de amor. Un beso infinito y curativo que me hace sentirme el hombre más especial del planeta. Te doy las gracias, te digo que te quiero… y nos abrazamos como dos personas que se necesitan.

    Entonces me dices:

    “¿Cocinamos algo, mi amor? Un poco de música, unas cervecitas, una comida y una siesta. Creo que nos lo hemos ganado, ¿no?”

  • Roger el colombianito que me cambió todo (última parte)

    Roger el colombianito que me cambió todo (última parte)

    Yo: ¿Por qué decís que no le ves mucha vida a esto?

    Roger: La cena de anoche, tu actitud, tus amigos, tu familia… Nada quiere que yo sea parte de tu vida. Incluso yo me siento raro, como que algo cambio. Que yo cambié que tu cambiaste.

    Yo: No, no, no, no digas eso. Yo hago todo por tenerte al lado mío. Que a los demás no les guste, no me importa, yo te quiero al lado mío.

    Le di un beso, un abrazo. Y terminamos de desayunar. Parte en silencio, parte hablando de pavadas y cosas sin sentido. Luego de eso se fue a su casa.

    Tomé el teléfono y empecé a llamar a todos los que estuvieron presentes en la cena. Me iban a escuchar. Brotaba furia por cada poro.

    A los primeros en llamar fue a Eduardo y Matias, la pareja gay que cenó con nosotros.

    Eduardo: Hola Juani, que decís?

    Yo: me podes explicar porque le contaste anoche a Roger que nosotros 3 habíamos hecho un trío y que lo tenías filmado? Explicame porque?

    Eduardo: Ayyy loca, porque si, además vos sos una tarada, no te acordas de nada. Esa noche estabas re puesto y en pedo. Te enfiestaste con los dos y lo filmamos. Nunca te dijimos nada porque sabíamos que sobrío estas cosas no te gustan. O si?

    Yo: Ah, pero sos una mierda de persona. Los consideraba amigos a los dos. Te exijo que borres ese video, no hagas copias y jamas lo distribuyas a nadie poque te prometo que nos vamos a ver en la justicia.

    Eduardo: que mierda te pasa querida? Porque no te calmas? Tan fuerte te la chupo el colombiano muerto de hambre ese que ahora te haces la santa ama de casa?? Desde cuando estas loca por un pendejo así? Te quiere sacar guita, no te das cuenta? Pero porque no te calmas y te ubicas? Venir a amenazar un domingo a la mañana…

    Yo: en la semana te llega una cédula de notificación. Corte el llamado.

    Siguiente a llamar, Christian y Romina, llamó al celular de él y claro, atiende ella.

    Romina: Hola Juani, como andas?

    Yo: poneme en altavoz así escucha tu novio.

    Romina: (de fondo se lo escucha a Christian. Quien es? Pregunta, ella: Juan ignacio, parece enojado, para que pongo el altavoz)

    Yo: Ok, me escuchan los dos?

    Romina: Si, que pasó? Estas bien? – Christian: Que onda Bro?

    Yo: los dos son de lo peor que me crucé en la vida. No puedo creer como despreciaron anoche a Roger. Se sintió incomodo toda la cena. No quiere saber nada con volver a verlos.

    Christian: a ver Juani, sos mi amigo, te conozco hace muchos años, te hice el aguante con muchas cosas, somos tus amigos y te queremos, pero no me podes decir que querés de novio a un pibito así pa! Dale. El Juani amigo mío hasta hace 8 meses atrás, despreciaba y humillaba a gente así, que te pasó?

    Romina: Juani, entendemos si es una calentura del momento, está bien, te entendemos, te queremos pero dale, en serio pensas que un chiquito así cabe en este mundo?

    Yo: (totalmente enfurecido pero con cierta calma). Un pibe así! Como Uds. Le llaman, nunca va a poder ser parte de ese mundo si no se lo deja entrar. Yo lo dejé entrar, a mi mundo, a mi casa, a mi cama, y a todo, porque me enamoré, me gusta y me calienta. Y Uds. No son nadie para despreciarlo o maltratarlo.

    Ellos: Juani, tranqui man. Christian: bro, escuchá, pensá, sos un pibe inteligente que te estas dejando dominar por una calentura. Te queremos, sos nuestro amigo, y nos guste o no, te vamos a apoyar en la decisión que tomes. Lamentablemente no te das cuenta de muchas cosas que pasan debajo nuestro, pero pasan, porque nosotros estamos arriba y ellos debajo. En cualquier momento te va a hablar de la familia que tiene en Colombia y que necesita ayuda para traerlos a todos. Y vos como un boludo, le vas a ofrecer esa ayuda. Ellos se van a instalar acá y no solo vas a mantener tu casa sin que también vas a terminar manteniendolos a ellos.

    Romina: Le pasó a mucha gente, es verdad. Para ellos meterse con un rubio de ojos claros con plata es un ascenso social. Las familias se envidian, y compiten a ver quien conquista a un rubio.

    Yo: no puedo creer lo que estoy escuchando, ya con esto que me dicen, no los quiero volver a ver nunca más en la vida. Corte el llamado.

    Me largue a llorar porque me sentía sólo. Sólo por amar a alguien. Tenía que llamar a mi hermano pero no podía. En eso me cae un mensaje de whatsapp de Christian: Bro, yo sé que estás enojado pero te conozco mucho y hace tiempo, esto ya se te va a pasar y aunque no te guste acá vamos a estar para vos.

    No le respondí, todo me hizo pensar mucho. Llamé a mi hermano.

    Leandro: Hermanito, que contas?

    Yo: (entre lágrimas, voz entrecortada)… Quería saber porque despreciaste anoche a Roger?

    Leandro: ah ah, me imaginé que llamarías por eso, me escribieron los chicos para contarme que los llamaste y lo que les dijiste. Mira, no te voy a dar mucha vuelta. Vos sabes como nos criamos, rodeados de quien nos criamos, y con que valores. Ese pibe está fuera de todo eso. Incluso por mas de que nosotros hayamos sido amorosos. Ustedes mismos en algún momento van a chocar porque son dos mundos que no se pueden mezclar. Siempre salen problemas. En tu caso, no podemos esperar hijos por suerte, pero algún quilombo de guita va a haber. Ahora te corto yo porque voy a sentarme a almorzar. Que estés bien!

    Yo: pero escuchame (cortó la comunicación)

    No podía creer las cosas que me dijeron y que me rodeaba de gente así. Me fui al baño, llené la bañera, me meti dentro y busqué relajarme, respirar, y pensar.

    Hice memoria, reflexioné. En parte tenían razón. No recuerdo para nada lo que pasó con Eduardo y Matias, nada. Realmente. Si es verdad, que en nuestros viajes por Europa, las noches de fiesta eran descontroladas, alcohol, alguna que otra pasti, y sexo. Ellos me desafiaban siempre a cogerme a los mas feos o niñatos que perseguían extranjeros con dinero, para conquistarlos, sacarles algo. O que cuando te despertabas, totalmente quebrado, ellos ya no estaban, tampoco tu billetera, y reloj. Así perdí varias cosas. Eramos 3 veinteañeros, con dinero, energía, juventud, inescrupulosos, y hemos tenido sexo sin protección varias veces. Puedo asegurar que he tenido un Dios aparte y solo me agarré ladilla una vez, pero nada más. Todos los años me hago mis controles y tomo prep. Normalmente cuando es sexo express uso forro, pero cuando me tocan casos como el de Roger, me enceguezco, no pienso, solo busco sentirlo, estar dentro de él. Sentir como explota de leche mi pija dentro de él. No soy un hombre, soy un bestia.

    Ese domingo casi al atardecer y pensando en todo lo que había ocurrido, se me ocurre pedirle un turno a mi psicologa. Me reserva para el martes de esa semana. Incluso no quería ver a Roger hasta no hablar con ella.

    Ese martes tenía turno 19 h, yo 18.50 estaba ahi, esperando impaciente. Hacía dos meses que no la veía.

    Ella: Juan Ignacio, como estas? Que gusto verte. Tanto tiempo… Pasa acomodate. Querés algo de beber?

    Yo: no, estoy bien.

    Ella: Bueno, contame que te trae por acá?

    Yo: empecé a relatar todo lo que me había sucedido con Roger. Todo lo que ocurrió en esa cena, y los llamados posteriores. Como por primera vez, no sabía muy bien que hacer, quería su opinión profesional.

    Ella: Por un lado me da tristeza que te rodee gente con esas opiniones. Lamentablemente el racismo aún está muy arraigado en algunas personas. Te puedo asegurar que lo veo seguido, no sólo con tu caso.

    Por otro lado, yo quisiera que puedas separar cosas que hemos hablado anteriormente. Sos excesivamente pasional con algunas cosas, pero se tiene que hacer todo como a vos te gusta, según tu criterio y tiene que salir perfecto. Te puede ser de ayuda en el trabajo, en un proyecto, pero no tiene que ser necesariamente así la pareja. Ahora yo te pregunto, y quiero sinceridad. Alguna vez vos percibiste a Roger como algo menor? Como algo que se podía manejar? Controlar? Sinceramente, mira adentro tuyo y respondeme:

    Yo: la verdad que si. Incluso en el sexo necesito tener el control, dominarlo, manejarlo a mi antojo, que él no pueda ni pensar prácticamente.

    Ella: Ok, bien, vamos desenredandolo. Esto viene por algo del sexo, la dominación, el control. Pasa el fetiche, vos lo extrapolaste a alguien que puede servirte. De hecho me decis que le pagas por hacer los quehaceres diarios.

    Yo: Si, es verdad.

    Ella: Bueno, esto es algo que te tiene que encender las alarmas para determinar que es lo que realmente querés. Una persona que te sirva, controles, domines, manejes? No solo en la cama, digo, en el día a día. Mi propuesta para que vos vayas sacandote dudas, es que le propongas conocer a su familia y se vean todos, a ver vos como te sentis a partir de eso. Y en base a eso, digas si estas cómodo o no. Normalmente conocer a la familia nos ayuda a ver al otro desde otro perfil que no conocemos. Si? Tarea para el hogar. Y espero poder verte la próxima semana y me cuentes como va todo.

    Yo: Muchas gracias Dra.

    Le pagué a la secretaria, y me fui. Le mandé un mensaje a Roger y le dije que me gustaría verlo.

    Llegando a mi edificio me responde que si. Yo le escribo: te paso a buscar?

    Él: dale, me termino de duchar y te veo.

    Ok, di marcha atrás y me fui a Balvanera, a donde él se quedaba. Nunca me había dicho exactamente cual era su edificio, ni departamento, pero como tenía en mi celular, el escaneo de su alta en afip que le hice para poder pagarle, saqué el dato y puse balizas y esperé en la puerta. Le escribo: Estoy en la puerta!

    Él: en la puerta? De mi edficio?

    Yo: si.

    Él: ya voy.

    Pasaron unos 10 min, y veo que salé del edificio apuradisimo. El frente y aspecto de ese edificio realmente era algo lúgubre, triste, un edificio muy de los 70. Que se quedó detenido en el tiempo. Cuando lo veo salir salgo del auto, pongo una sonrisa y él se abalanza sobre mi, me da un beso y medio nervioso me responde: como supiste exactamente donde vivo?

    Yo: tengo tu alta de AFIP, aún soy tu empleador. No me vas a invitar a pasar? Puedo conocer a tu papá?

    Él: es que ya se acostó. Vino cansado y la casa es un desorden.

    Yo: pero me gustaría conocerlo. Vos conociste a los míos, ahora quiero conocer a los tuyos.

    Él: no, no te preocupes. Prometo que algo voy a organizar y los vas a conocer.

    En eso pasan dos chicas trans por delante nuestro, entrando al edificio, mirandonos y riendosé, y dicen: miren al Ro Ro, que bombón se consiguió. Presenta a tu macho Rogi!

    Él: nos vamos?

    Yo: Hola chicas! Como va?

    Ellas: ayyy mi amor!! Veni con nosotras. Prestalo Rogi.

    Él: serio, y con cara de pocos amigos, abrió la puerta del auto y se metió.

    Yo di la vuelta, me metí en el auto, y me empecé a reír de la situación.

    Roger: cogiste alguna vez con chicas trans?

    Yo: mmmm. Vos sabes que no me acuerdo? Creo que fue en Francia, si, creo que si.

    Él: me estas jodiendo?

    Yo: no, para nada. Vos me preguntaste, yo te respondí. Queres que cenemos en el restaurante que está a 5 cuadras de mi casa, el que está en la esquina?

    Él: no, quiero que cenemos tranqui en el depto. La próxima.

    Yo: Ok, pero paramos a comprar ahí porque tengo ganas de unas Ribs. Vos que querés?

    Él: no, yo con una tarta de verdura estoy bien.

    Yo: estas bien? Te noto incómodo.

    Él: no me gustó que cayerás asi de sorpresa en la puerta de mi edificio si yo no te pedí que estés ahí, siempre me esperas en la esquina, y no me gustó el showcito que pasó con estas travas…

    Yo: ehh, no les digas así, son chicas trans. Y porque no puedo conocer donde vivís?

    Llegamos al restaurant, me conocen hace años, y me dieron prioridad para mi pedido. Le dije a Roger: vení, sentemonos en la barra hasta que lo preparan. A él se lo notaba muy incomodo y serio.

    Yo: me decís que te pasa?

    Él: no me gusta estar acá, siento que todo el mundo me ve raro.

    Yo: quien te mira raro? Nadie nos está mirando. Creo que estas bastante susceptible aún después de lo que pasó el sábado a la noche. El mundo no está en tu contra, no te están juzgando y lo estás tomando mal.

    Él: ahí viene el pedido.

    Pagué y nos fuimos para mi casa. Al subir al ascensor él se pone extrañamente cachondo y me empieza a besar. A acariciar. Llegamos a mi piso, entramos al departamento, dejó la comida en la cocina y lo cargué en mis hombros cuál bolsa, y lo tiré en el sillón. Nos empezamos a besar apasionadamente, mucha lengua por todo su cuellito, le saqué la ropa a la bruto, despeinandoló, él me desabrocha el cinto, me baja el pantalón y el boxer y se mete mi pija dura en su boquita. Él sentado en el sofá y yo parado delante de él. La imagen de verlo esforzandosé por que le entre entera en su boquita me causaba morbo y ternura. Lo tomé de la cabeza y empecé a empujar. Dió algunas arcadas y paré. Lo dejé respirar y nuevamente. Lo tenía agarrado de sus orejitas. Tres mamadas profundas y sacaba la pija para que respirara. Caia baba de su boquita, y lagrimas de sus ojitos. Lo levanté le bajé el pantalón, le puse las piernas sobre mis hombros, mientras estaba alzado a mi, lo apoyé contra la pared, y empecé a cogermelo de parado. Su pantalon medio que me tapaba su carita, así que para que no pasé lo de la otra vez, se lo saque sin sacar mi pija de su cola, y retomé las embestidas. Él gemía de dolor y me pedía que le chupara la cola. Lo besé, lo bajé, como quien baja un cuadro de la pared, lo di vuelta y lo cogi con mi lengua como a él le gustaba… Una vez que lo dilate con mi lengua y lo lubriqué, lo puse en 4 contra el sofá y se la metí, él me rogó que mas despacio. Yo no escuchaba. Simplemente lo poseía. Él, mas despacito por favor, frené y le dije: vení, me siento y vos cabalgame a tu ritmo.

    Se sentó de a poco sobre mi pija, pero con expresión de dolor. Le dije: quedaté acá. Fui a buscar el gel lubricante que tenía en el baño, me lo puse en la mano y se lo empecé a pasar en su colita, y le introduje dos dedos para dilatarlo y lubricarlo. Él ponía cara de dolor. Te la vas a aguantar ahora?

    Si me responde: Lo volví a poner en 4 y volví a cogerlo… Toda, bien adentro. Él con cara de sufrimiento y pidiendomé que vaya mas despacio. Yo no oía, seguía, seguí seguí y segui moviendomé, mi pija se sentía bien y se veía bien como entraba y salía de su colita estrechita y chiquita. En un momento me quede quieto. Lo escucho respirar y sollozar, y le digo medio riendome: estas bien?

    No, me duele. Y te lo estoy diciendo, me duele!

    Yo: uhh bebé disculpame. Pero no sacaba la pija porque estaba a nada de acabar. Termino de decir eso, pego dos embestidas más, y le acabé adentro como era ya costumbre, lo llenaba. Apenas terminé de acabar, él se incorpora, y se va al baño, chorreandole leche por sus piernitas. Escucho que abre la ducha, yo acomodé un poco las cosas, y dispuse la comida sobre la mesa del comedor.

    Lo veo salir del baño, enojado, se viste con cierta violencia. Y le digo: no no, basta! Se acabó, decime porque te enojaste ahora!?

    Él: no, yo no quiero que esto siga. No puedo más.

    Yo: ponete serio, sé maduro y decime porque no mas?

    Él: mi novio viene con mi familia la semana que viene a Argentina. Quise mantener lo tuyo lo mas tapado y discreto posible porque pensé que sólo eramos eso, una relación sexual de amigos con derechos pero nada más, y me sentía bien así. Lo llevaste a cualquier punto. No estuve cómodo con vos desde la cena, no lo estoy ahora, no quiero seguir esto. Además mi novio se entera, me mata a mi, a vos, y a mi familia. Es un tipo violento y allá en Colombia anda en la pesada, mi mamá lo quiere porque siempre llevó plata a la familia, pero seguro vienen para acá escapando de algo.

    Yo: porque estas con un tipo así?

    Él: porque él es del mundo donde yo vengo, él es como yo, como los míos, hablamos un mismo idioma, y nos sentamos en la vereda a tomar cerveza. Yo no soy esto que me ofreces. Es genial esta vida, es cómoda, vos sos el tipo mas lindo, inteligente y que con quien mejor sexo tuve en toda mi vida, pero yo no soy esto. Me gustas, me gusta esto, pero no estoy enamorado de vos. Me gustaba sentirme parte de esto para decir: yo también tuve, fui parte. Y me mostró su celular, abre su Instagram, y se pone a mostrarme decenas de foto que publicó en mi departamento en diferentes momentos en los que yo no estaba, o que estaba duchandome. Mostrandole a los demás como que ésta era su vida ahora en Argentina.

    Me incorporé. Cerré el paquete de comida, le dije: te lo queres llevar?

    Él: dale, gracias.

    Yo: te agradezco a vos la sinceridad de haberme contado todo esto. En el fondo ahora me van cerrando muchas cosas que me dijeron. Pero no es tu culpa. Gracias por haberme hecho sentir que yo era mas que lo que hicieron que sea. Lamentablemente tengo que decirte adios, de acá de mi casa, ya no vas a poder a volver más, y en la limpieza de oficinas, te pido que no te acerques mas a mi oficina. Limpia las demás, la mía no.

    Él: cabizbajo y con lágrimas en los ojos, me responde: Ok! Gracias a ti por todo lo que me hiciste vivir, desde que llegué a Argentina nunca pensé que iría a vivir todo esto.

    Yo: no hay problema. Ahora vas a tener que explicarle a tu novio y a tu familia que esto en realidad no existe y no es tu vida. Pero será creatividad tuya. A mi no me incluyas.

    Por favor, te pido que te vayas asi no prolongamos más esto.

    Él: Ok, chau! Me abren abajo.

    Finalmente, el ascensor lo llevó a PB y esa fue la última vez que lo vi. Me duché, llené la bañera y me metí. Me recosté adentro, que el agua llegara hasta mi nariz. Me puse a llorar, pero recordé todos los momentos vividos con él. Recordar el sexo que tuvimos, la pasión que sentí, reflexionar en todo lo que me dijeron, sentí… El agua se enfrió, me duché y salí. Me acosté y al día siguiente a la oficina.

    Los días volvieron a ser los mismos de antes. En este caso tuve un nuevo ascenso y me pasaron a otra oficina, en otro piso, con otro equipo de trabajo. Estuve varias semanas sin querer conocer a nadie, de casa al trabajo, del trabajo a casa, al gimnasio, retomé la habitualidad con la terapeuta, recompuse las cosas con mis amigos y familia y les pedí jamás volver a tocar el tema.

    El tiempo pasó. Siempre seguí acordandomé de Roger. Ver chicos parecidos en algún boliche o en la calle, me venía a la mente, los besos, el apretar esa colita que me ponía loco, el sexo bestial y dominante sobre él. Pajas, dedicandoselas a su cuerpo. Me costó querer volver a conocer a alguien.

    Meses después en una cena de fin de año de la empresa, conozco a Martín. Si, era como los que les gustaba a mi familia y amigos, profesional abogado, con un doctorado, de 32 años, con guita, alto, iba a la misma cadena de gimnasios que la mía, vivía en el barrio de Nuñez, en su propio departamento con vista al Río. No, no era ni parecido a Roger. Entendí que Roger fue una parte necesaria en mi vida para entender cosas de mi que no entendía. Y entender que hay mundos que no se tienen que mezclar cuando son tan opuestos. La misma atracción de los opuestos los lleva a chocar, hasta que uno se rompe.

    Martin está muy out de muchas pavadas, su mente me erotiza, su cuerpo me excita, y su actitud era algo que mi alma necesita. Me siento en paz con él. Me siento cómodo…él levantó varios pedazos rotos, los unió, los curó y llenó aquellos espacios donde algo faltaba.

    Ya casi un año y medio de conocernos, estamos viviendo juntos en su departamento. Termino de escribir esta historia, feliz por lo que vivo, por lo que viví, mirando allá a lo lejos, la luz de un barco, el viento sopla fuerte. Es tiempo de decir FIN.

  • Esposa prepago: Cliente 1

    Esposa prepago: Cliente 1

    Este relato nace de un encuentro casual con una compañera de mi época de universidad, con ella además de asignaturas compartí cama, fue una de las amantes que tuve en ese periodo, estábamos con mi esposa en uno de los centros comerciales comprando un obsequio para una invitación a la que asistiríamos esa noche y nos encontramos a Diana, me saludó efusivamente, ella se ha realizado varias cirugías estéticas y la verdad se ve muy bien, Diana al ver a mi esposa se sorprendió y la misma cara de sorpresa hizo mi esposa, se dijeron un frio hola, nos despedimos y al entrar a uno de los almacenes mi esposa me pregunto:

    Esposa: ¿De dónde conoces a Diana?

    Yo: De la universidad, vimos juntos algunas asignaturas

    Esposa: ¿Y son muy amigos?

    Yo: Lo normal, salimos en muchas ocasiones con mis demás compañeros.

    Esposa: ¿Y que más sabes de ella?

    Yo: ¿por qué tanto interés?

    Esposa: No por nada, es que no sabía de esa amistad.

    Yo: Ella es cuñada de una mis primas, pero no sé nada fuera de lo normal.

    Yo: más bien tú dime de donde la conoces, Diana es vida alegre.

    Esposa: pues es una historia oscura

    Yo: no me digas que salían juntas

    Compramos el detalle y salimos rumba a nuestra casa para arreglarnos para asistir a la invitación.

    Esposa: ¿qué es vida alegre para ti?

    Yo: a ella le gustaba la rumba y salía con varios hombres, corría el rumor de que en algún tiempo fue prepago, pero la verdad nunca se comprobó.

    Mi esposa se estaba preparando para darse una ducha solo tenía puesta una tanga, yo estaba acostado en la cama viendo televisión, ella se acercó y se sentó en la cama y me dijo:

    Esposa: pues amor, es que nunca pensé que me iba a encontrar con esta realidad

    Yo: no te entiendo, ¿me explicas?

    Esposa: yo conocí a tu amiga Diana cuando ella y yo trabajamos como prepagos.

    Quedé helado, no supe que decir.

    Esposa: cuando me terminaron el contrato en el colegio nocturno, quedé con unas deudas muy grandes y no tuve más opción que recurrir a esa actividad.

    Yo: pues no sé qué decirte, tu sabes que yo respeto tu pasado no puedo juzgarte por tus actos.

    Esposa: me apena haber tenido que hacer eso, pero la verdad no tuve más alternativas, me urgía el dinero y esa fue la única salida.

    Ella exploto en llanto y yo la abrace para tranquilizarla, pero la verdad me había entrado el morbo por los detalles, la empecé a besar y acariciar, la acosté en la cama y poco a poco ella se relajó, le quite la tanga, la penetre y cuando empezó a gemir aproveche para sacarle detalles.

    Yo: ¿Cuánto tiempo trabajaste amor?

    Esposa: poco, solo para reunir para pagar las deudas, solo tuve 3 clientes

    Yo: ¿Cómo hiciste para entrar a eso?

    Esposa: la prima de una amiga trabajaba en una de esas páginas y ella me ayudo con los contactos, ella fue la que me colaboro con todo.

    Yo: ¿te gusto?

    Esposa: la verdad mis clientes fueron unos caballeros, me trataron muy bien, puedo decir que me entregue a ellos con mucho placer.

    Yo: ¿Qué te dejaste hacer?

    Esposa: todo amor, me dieron por todo lado, la verdad por la necesidad tuve que ofrecer los servicios completos.

    Yo: ¿y te mostraban en la página?

    Esposa: si amor, salían 5 fotos mías, con el nombre de nena

    Yo: que rico amor, ¿y quién te tomo las fotos?

    Esposa: la prima de mi amiga, me tomo 5, 1 de la vagina, 1 de las tetas, 1 de mi culo y 1 de frente y otra de espaldas.

    Yo: ¿y tienes esas fotos mi vida?

    Esposa: no amor, se subieron a la página y cuando yo me retire las quitaron.

    Yo: ¿y tú brava de que tomaran fotos?

    Esposa: jajajaja amor pues la verdad posé lo mejor que pude, necesitaba ese dinero

    Yo: que rico mi vida, me hubiera gustado verte en esa página

    Esposa: me imagino que sí, solo esas no tienes

    Yo: amor cuéntame cómo fueron esos encuentros, detalle a detalle, que tanto te hicieron

    Esposa: no amor, me da pena, tu pensarías mal de mi

    Yo: nunca mi vida, además siempre me has contado tus aventuras

    Esposa: pero es diferente, me da pena que sepas que fui una puta

    Yo: no amor como dices eso, cuéntame con confianza

    Esposa: el primero fue un hombre alto, algo delgado, el pidió 2 horas y los tres servicios (vaginal, oral y anal), también pedía que fuera vestida con vestido corto, me fui con un vestido blanco, de espalda destapada, que me daba muy arriba de la mitad de los muslos, sin brasier, una tanga hilo dental y zapatos de plataforma altos, me veía muy puta, llegue a su casa, él me recibió muy bien, me ofreció vino, lo recibí de inmediato para los nervios, él me beso, metió sus manos en por todas partes, zafó mi vestido dejando mis tetas al aire, de inmediato se pegó de ellas a chuparlas y morderlas, me quito el vestido y me dejo solo en la tanga y los tacones, me ofreció mas vino, me tome toda la copa de un solo trago, se sacó la verga y me hizo señas de que se lo mamara, tenía una verga de tamaño normal pero gruesa, me la metí de a pocos hasta que me la trague toda, él me empezó a metérmela más rápido y yo lo seguía, me la saco de la boca, me dio más vino, se colocó un condón, me puso contra la pared, me corrió la tanga y empezó a penetrarme despacio hasta que la tuvo toda dentro de mí y después duro, como era tan alto me hacía empinar con sus metidas, empecé a gemir y él me decía te gusta puta, yo le decía que sí, te doy más duro me preguntaba y yo le respondí si papi, dame duro, me lo metió tan rico que me hizo venir, se sentó en un sofá y me pidió que lo cabalgara, ese hombre en esa posición disfruto mis tetas al máximo, y también me metió un dedo en el culo, en esa pose tuve mi segundo orgasmo, él me pidió no parar para venirse, yo lo monte rápido y profundo y sentí como su pene se contraía dentro de mi vagina, me apretó fuerte con sus brazos y yo lo bese para que viera que me había gustado, pasamos a su habitación, me paso una toalla y me limpie el sudor, nos acostamos en la cama y el empezó a juagar con mi clítoris, yo me tocaba las tetas sin dejar de mirarlo, me fue metiendo sus dedos 1 por 1, hasta que sus 5 dedos entraban y salían de mi panocha, se puso otro condón y en posición de misionero me penetro un largo rato, se cogía de la baranda de la cama para darme fuerte penetradas, nos besábamos y el juagaba con mis pezones, me hizo cerrar las piernas para tener más roce y así llego tercer orgasmo, me dijo que quería mi culo, como quieres que me ponga papi le dije, boca abajo me dijo, me voltee y le pare las nalgas, ya había tomado varias copas más ósea que estaba relajada, sabía que me iba a doler por lo gruesa pero no me importo, me pidió que lo mirara, que él quería ver mi cara cuando me lo metiera, entonces me acomode y empezamos a jugar con las lenguas mientras él lo metía poco a poco, yo empecé a pujar a medida que entraba sin dejar de mirarlo y poner cara de puta, sentí su pelvis contra mis nalgas lo que significaba que ya estaba toda su verga en mi ano, duro papi duro le dije, el empezó a sacar y meter delicioso, y mis gemidos eran muy sonoros y yo le pedía más y más verga, me puso en cuatro y así me lo metía más rápido y profundo, con su mano derecha acariciaba mi clítoris y con la izquierda me halaba el cabello, me tenía en el éxtasis, me voy venir le dije y el me dio más rápido, quede tirada en la cama de lo delicioso de mi orgasmo, él me dijo que también se iba a venir, yo abrí mis nalgas con mis manos y su verga entraba muy fácil, estaba muy dilatado mi ano, me quiero venir en tus tetas me dijo, me arrodille a toda velocidad y él me puso la verga a la altura de la cara, a los pocos segundos su semen me cayó en la cara y las tetas, Me metí al baño a asearme y a los pocos minutos sonó mi teléfono, era el conductor de la página que iba por mí, me despedí de mi cliente no sin antes tomarme la última copa de vino, el conductor me dio mi porcentaje del pago y me dejo cerca al centro de la ciudad donde debía ir a pagar una de las deudas.

    Yo: que mal la pasaste amor, pobrecita tú, no te complacieron en nada

    Esposa: no te burles amor, fue algo raro, pero como te digo fue porque mis clientes me trataron de la mejor manera.

    Nos arreglamos y salimos rumbo a la fiesta, ese día le saque más información detallada de esa etapa oscura de su vida.

  • Me baño con mi hijo

    Me baño con mi hijo

    Les vengo a contar la historia de una madre, que me cuenta su experiencia con su hijo.

    Me envía el siguiente correo:

    “Hola, he visto que tu sueles contar historias y experiencias, y la forma en que lo relatas me gusta mucho. Te puedo compartir mi historia, ya que necesito sacar esto de mí, y quiero saber que piensas sobre lo que está pasando.”

    Le contesto que no hay problema, ella me envía su historia, y ahora se las cuento yo a ustedes:

    Hola, te cuento mi historia. Mi nombre es Laura tengo 58 años, soy de estatura baja, cabello castaño. Estoy separada de mi esposo desde hace 2 años y vivo con mi hijo de 28 y mi hija de 24. Mi hijo es deportista, hace mucho ejercicio en el gimnasio y juega mucho al futbol. Todo comenzó el día que, en un partido de futbol el se fracturo su clavícula, en un golpe que tuvo durante el juego. Por lo difícil que era para el hacer todo, debido a los inmovilizadoras que el tenia yo lo ayudaba en muchas cosas, pues él tenía poca movilidad. Nosotros como familia no nos preocupa mucho vernos en ropa interior, mis hijos pueden estar en calzones dentro de la casa, al igual que yo, puedo estar en calzones y sin bra, pero siempre con blusa, el detalle es que se logran ver los pezones y siempre hemos tenido confianza.

    Como dije, yo lo ayudaba en muchas cosas, y una de ellas era a bañarse. Yo ayudaba a ponerle jabón, a limpiar el lado contrario del lugar de a fractura, también ayudaba a secarlo y algunas veces a cambiarlo. Yo cuando lo ayudaba, le veía su verga y a la semana de estar ayudándolo, decidí lavarle su verga, lleve la barra de jabón, lo llene de espuma y le lave toda su verga y sus testículos. Al principio el se exalto un poco, pero nunca dijo nada y dejo que lo hiera. Lo confieso, yo tenia todo mojado, mi vagina esta goteando y yo super caliente. Al otro día, hice lo mismo, pero ahora tuve la sorpresa que tuvo una pequeña erección. Me encanto y lo disfrute tanto, que, a terminar de bañarlo y secarlo, tuve que ir a mi cuarto a masturbarme, no podía creer que mi hijo causara ese efecto en mí. Pasaron 5 o 6 días, desde que decidí lavarle su verga. yo seguía haciéndolo y el no se quejaba, se notaba que le gustaba.

    Como te dije, podía estar en casa en calzones y solo con una blusa larga, pero sin bra em casa y no había problema, y normalmente cuando ayudaba a bañarlo así lo hacía, porque siempre terminaba mojada por el agua que saltaba durante el baño. Ese día decidí hacerlo distinto y me quité mi ropa interior y solo estaba con la blusa. Estaba ayudándolo, y cuando llegue a su verga decidí, limpiarlo pero a la vez con la espuma y el jabón, como esta resbaloso empecé a masturbarlo, de una forma muy leve y sucedió, tuvo una erección, su verga esta a tope y casi me quedaba a nivel del rostro, no podía evitarlo, hasta que un movimiento hizo que el agua me salpicara sobre la blusa y me mojo bastante, el me pidió disculpas, y solo le dije que no había problema, tome valor, me la quite y quede totalmente desnuda y entre a la ducha con él, el no dejaba de verme, yo estaba mojada, literal de mi vagina y por el agua, y termine de lavarle su verga y todo el, decidí seguir masturbándolo y el se dejo hasta que termino encima de mí, fue una delicia, me encanto y le dije que ahora era mi turno y empecé a masturbarme frente a él, el me ayuda con su mano no fracturada pero mas eran mis manos. Ayudé a secarlo y ya me quedé yo en la ducha, para terminar de bañarme.

    Al día siguiente, antes de empezar el baño me pregunto si lo iba acompañar otra vez, mientras el me ayudaba a quitarme la ropa. Así que entre con él y se repitió la historia, fue increíble. Yo esperaba que llegara la hora de bañarlo. Luego sano su fractura y ya podía el hacer todas sus cosas solo. Una semana después de quitarle sus inmovilizadores, el llego y me dijo que quería seguir compartiendo la ducha conmigo, así que cada vez que nos quedamos solos los dos en casa, nos bañamos juntos y nos masturbamos entre los dos, esto ha hecho que nuestros lazos sean mas cercanos, nos llevamos muy bien y la confianza que nos tenemos es increíble, además, que disfruto tanto masturbarlo y masturbarme frente a él, es lo mejor que puedo hacer a su lado.

    Esta es la historia de Laura, gracias a ella por compartirle conmigo y espero que ha ustedes os motiven a seguir buscando este amor entre madre e hijo.

    Si quieren contarme alguno de los relatosexoticos pueden escribirme [email protected] y con gusto los ayudare a conseguir estos sueños y a contar su relato con todo el anonimato del mundo. Saludos mis queridos lectores.

  • Un trío diferente

    Un trío diferente

    Una noche de entretención en uno de esos clubes nocturnos para parejas, un hombre maduro y bien parecido ingresó a curiosear a una de las salas de juego donde puedes hacerlo estando solo, ya que las demás siempre son en pareja. En esta sala había una pareja haciendo el amor en sofá cama, él sobre de ella, su vistoso culo blanco bombeando sobre la mujer quien estaba tomada a los hombros de su hombre mientras sus piernas abiertas en “V” invitaban a acercarse para verlos y escucharlos.

    Al entrar este hombre al salón se acercar pero nota que no estaban solos, había un hombre sentado en un sillón cercano desde donde los observaba. Llegó a su lado, miró a este voyerista a quien saludó con un ademán, le respondió de la misma manera aprobando lo que veía. Le indicó con un gesto que iba a participar y fue aprobado de manera similar.

    Parado ahí pegadito a ellos, trató de no ser invasivo, acarició la pierna de la mujer, quién trata de verlo sin lograrlo, supongo porque no logra ver sus ojos, pero ella le toma la mano en señal de aprobación. Él trata de acariciar su cadera y subir hasta su pecho, pero su pareja la cubre demasiado, aunque él no da señales de desaprobación, tampoco deja espacio para tocarla y participar.

    Ella de algún modo logra ver este nuevo participante, mientras él la acaricia, ella no suelta su mano, lo acompaña con la suya en el movimiento mostrando lo que parece ser una invitación. El hombre moja sus dedos y baja acariciando su pierna hasta la nalga, ella sigue tomada de su mano hasta donde alcanza, no le impide llegar donde quiere, así que llega hasta su ano, lo acaricia, se huele los dedos y le dice con voz suave y clara, “suave y hueles rico”. Masajea lentamente haciendo círculos y va abriéndose paso lentamente, sin apuro, mientras su hombre no para de bombear y bombear dentro de ella a ritmo constante.

    Lo acepta, es su invitado y ella acaricia la mano libre que ha tomado su pantorrilla, no lo suelta, él logra introducir su dedo mientras le dice “siento tu tibieza interior y ese pene que presiona desde la vagina”… esto la calienta, se mueve y comparte sus movimientos para sus 2 hombres, su pareja entra y sale de ella dándole duras embestidas. “Me gustas” le dice, ella le sigue permitiendo, “pero quiero ver tu cara” mientras recorre su cadera hasta el pecho, sin soltar su ano, su pierna sobre el hombro del invitado, mientras va y vuelve recorriendo su piel, dando suaves pellizcos y apretones, hasta que logro tomar su pecho derecho, esta vez su hombre lo deja pasar, lo acaricia con suavidad, da pequeños pellizcos a ese pezón durito y parado, tiene buen tamaño, se siente firme.

    Retira el dedo de su ano, su hombre apura y baja la intensidad jugando con ella, mientras, su invitado la toma de los pies, aun lleva unos calcetines negros, retira su calcetín derecho y luego el izquierdo, tomo de sus dos piernas por los tobillos, estira y levanto sus piernas, ella lo sigue y las pone firmes, le gusta lo que ocurre, mientras su hombre no se detiene de bombear. Sus pies están suaves y bien cuidados, es un gusto acariciarlos, besarlos y lamerlos. Esto le gusta a ella y estira su mano quiere tomarlo, sentirlo más cerca, juega con su lengua entre sus dedos, acomoda su pierna izquierda a modo de abrazar a su hombre, ella lo sigue, su otro pie en la boca la hace gemir muy rico. Una vez más baja y lleva los dedos en su ano, está más mojadito y dilatado que antes, mete un dedo y entra fácil, siente el pene duro pasando por su dedo, solo los separa la delgada tela del esfínter, ella gime y se agita más a cada momento, todo está muy rico.

    Aquel voyerista del inicio se acomoda más cerca, busca un mejor ángulo, se excita con lo que ve, pero no participa, aunque se toma y tira su miembro, se ha puesto duro también.

    El invitado saca su dedo, ella tira suavemente de él, como reclamando que no lo saque. Vuelve sobre su ingle, pero esta vez con dos dedos busca su clítoris, se acerca y lo encuentra rápidamente, esta durito y rígido, también siente la pelvis del hombre presionar sobre su mano, como así su miembro que resbala y queda en su mano al salirse, esta duro y en el siguiente ataque, vuelve a entrar, se escucha los fluidos en exceso, mientras siente entre sus dedos el clítoris que han capturado, lo toma y tironeo suavemente sacando jadeos y agitaciones. Su invitado la motiva mientras él dice, “exquisito tu botón y le gusta sentirme”, “dame más miel corazón”, ella levanta su pelvis, se agita y empuja a sus hombres, mientras el pene de su pareja no deja de penetrarla, puede sentirlo entrar y salir, ella esta fascinada, gime suave y rico pero él, retira su mano, no le resulta cómodo la pasada de pene por sus dedos. Pero no abandona, consigue llegar con la mano hasta su boca, acaricia sus labios, ella captura sus dedos y los moja entendiendo el mensaje, él vuelve a su dilatado y muy húmedo ano e ingresa suavemente. Puedo sentir como se queja, su dolor está ahí en la punta de sus dedos pero ella no suelta su mano libre, él empuja suavemente con movimientos rotatorios mientras le dice, … “¡suave, relaja y déjame pasar putita hermosa!”, exclama su invitado, hasta que consigue pasar el anillo del esfínter, sus dedos ingresan completos hasta el fondo, los testículos del hombre tocan su mano, el dolor al penetrarla ya es grito de satisfacción profundo desde su interior. Solo algunas penetradas profundas y siente que se aprieta su canal entorno a los dedos, ella se aferra a su mano libre mientras él le dice “vamos, regálame tu orgasmo cariño”, mientras la penetración de ese grueso pene pasa entre sus dedos y siente la cabeza al masajear su interior, ella está muy agitada y suelta un grito de goce… ¡haaa, haa snif, haa sniff, sniff, haaa!, está acabando, una gran contracción que la hace levantar su pelvis y atrapa sus dedos mientras libera un gemido de puro e intenso goce. Él baja el ritmo de las penetraciones, casi hasta detener esos dedos mágicos, él quiere sentirla. Mientras, su hombre no para de bombear, entonces él continúa moviendo sus dedos suavemente, mientras su pie aún en la boca se relaja, pierde tensión su pierna y solo se sostiene por la succión que hace en su dedo gordo mientras descansa apoyado al pecho de su invitado.

    Su hombre sigue bombeando, ya casi esta, se puede notar en su agitada respiración y en la tensión con la empuja, pero el invitado se retira, va sacando lentamente sus dedos y acaricia por última vez su ano… ella trata de retenerlo de la mano, se le escurre entre los dedos mientras menciona un ¡NO¡ busca mirarlo entre el brazo de su hombre, pero no puede hacer nada, esta aplastada por ese toro que la llenará de leche en cualquier momento. Él se retira, mientras ve sus ojos brillantes observarlo, de paso voltea a mirar a nuestro voyerista quien aún tiene su pene duro, agitándolo rápidamente, le hace un ademán de absoluta aprobación, cuando al llegar a la puerta escucha bramar al toro que la montaba, gime derramando toda la leche en su vientre, mientras nuestro voyerista gime extasiado y hace lo mismo sobre sus pantalones.

    Una última mirada y ella lo sigue con sus ojos como diciendo porqué te vas. Sigue caminando hacia la zona de baile, sigue la noche, sigue bailando…

    Pero mientras regreso a mi puesto encuentro a aquel invitado bailando con mi pareja. No me interpongo, lo dejo, lo observo que a ritmo de la musica huele sus dedos una y otra vez… me acerco lentamente y le digo “como huelen?”, “como estuvo?”. Sorprendido me mira y ríe mientras me dice “olor suave, perfumado, muy rico, con ganas de saborear más de sus partes exploradas”, me deja en su puesto de baile y se retira suavemente para desvanecer su imagen entre la gente.

    Entonces recuerdo que bien se dice que “mujer que cuida sus pies con esmero y dedicación puedes comer y beber de ella con toda tranquilidad y perversión”.

    FIN.

  • Rechacé su petición, pero me comí su panochón

    Rechacé su petición, pero me comí su panochón

    Creo que, las mujeres al igual que los hombres somos muy parecidos o, como dice una de mis amigas: Para cada hombre hay una mujer como él. Digo esto porque creo que a todos nos gusta lo prohibido, todos fantaseamos; unos tomamos los riesgos y nos lanzamos, aunque muchos se abstienen, pero en sí, las mujeres al igual que los hombres desnudamos a esa persona que nos gusta en la calle y la mayoría de las veces les hacemos el amor o como decimos en términos mundanos: le damos una buena follada. Muchas veces antes de haber cruzado una palabra con esa persona. La mente es fantástica y muchos solo se quedan con la imaginación, pero Giselle Angélica al igual que yo, somos de esos que usan cualquier recurso para que no solo se quede en una fantasía y esa cogida que pensamos, se vuelva una realidad.

    Estaba vacacionando en Cancún México, donde tengo una casa a unos cuantos kilómetros de la zona hotelera. Regularmente me quedo los meses de enero y febrero, evadiendo en algo ese frío de invierno donde resido oficialmente. A unas pocas cuadras me queda un centro comercial donde hay uno de esos café de renombre mundial y de vez en cuando voy por las mañanas, pues una persona como yo siempre está al acecho de alguna bonita chica. Me siento a esperar mi café y esta mañana no está muy conglomerado como otros días, pero si veo algunos cuantos prospectos de rostros bonitos y curvas de mucho cuidado. Estaba concentrado en una chica en particular, la cual llevaba un vestido rojo, de cabello rubio y de muy linda sonrisa. Mostraba en algo sus bonitas piernas alargadas y no sé si me pilló disfrutando de su belleza, pues me miró y me dio una sonrisa y justo estaba empezando en removerle ese vestido en mi imaginación cuando de repente del otro lado de mi mesa se acerca esta otra chica a quien había también contemplado segundos antes, pero me había atrapado la chica del vestido rojo. Volteo y me dice:

    – ¡Hola! ¿Cómo se llama?

    – Antonio. -le dije.

    – Mi nombre es Giselle Angélica, mucho gusto de conocerlo. Mire, le voy a dejar mi tarjeta de presentación, y cuando tenga un tiempito para mi… llámeme.

    No dijo más en ese momento y salió dejándome un perfume rico y una vista de unas bonitas caderas que se movían sensualmente en un vestido azul marino y cuya falda es muy corta que te dejaba ver unas bonitas y alargadas piernas. Tenía un rostro agradable y un cuerpo con un poquito más de carne comparado a la rubia que ya había empezado a desvestir en mi imaginación. Obvio… mi imaginación se fue detrás de Giselle Angélica, pues de la manera que me abordó y cómo se presentó, lo primero que pensé que se trataba de una puta de la alta clase, pero viendo su tarjeta vi que tenía un título de gerencia en una constructora. Se subió a un carro alemán de lujo y me hizo una señal de adiós y otra con la que me decía que la llamara.

    En México y especialmente en Cancún con mucho turismo, pues uno no debe de fiarse de nadie. En cualquier momento uno puede ser sorprendido y aquí como en cualquier ciudad grande pues hay bandas delincuenciales. Pero las feromonas de esta mujer me despertaron la curiosidad y ese vaivén de sus caderas me lanzaban a arriesgarme. Regularmente cuando estoy en México compro de esos teléfonos temporales, aunque tengo servicio internacional, pero eso es para que los míos no tengan impedimento en comunicarse conmigo. Estos números telefónicos los desecho cada vez que vengo cada invierno y si algún inconveniente pasaba por llamar a esta chica, pues me hacía de otro. Le llamé en 15 minutos.

    – ¿Eres Antonio? -preguntó.

    – ¿Y tú… eres psíquica? -y río.

    – Pensé que no me llamarías… tardaste mucho.

    – Y dime Giselle Angélica… ¿de qué se trata esto?

    – ¿Le puedo textear?

    – ¿No puedes hablar en el momento?

    – No de donde estoy en el momento… ¿puedo textearle?

    Pasaron unos cinco minutos que me dieron la pauta para tener en la imaginación y volver a sentir ese perfume que dejó y regresar a ver ese bailar de sus caderas con ese vestido de falda corta. Su rostro era de piel clara, con cabello largo y oscuros, con unos ojos también negros y achinados. Bonita sonrisa, bien maquillada y con unas cuantas cadenas de oro, aretes en sus orejas y un reloj que parecía muy fino. A primera vista le calculé entre 28 a 33 años. Nunca supe su edad pues nunca le preguntamos eso a las mujeres. Me llegó un texto:

    – Esto se trata de que tú y yo la pasemos bien. ¿Se te antoja?

    – Es obvio que se me antoja… ¿Me estás invitando a coger? -le contesté.

    – Me gustan los hombres como tú. No te vas por las ramas. – y me ponía una de esas caritas sonriendo.

    – ¿Te gustan los hombre viejos?

    – Me gustan los hombres de experiencia y sexis como tú. ¿Quieres coger conmigo?

    – Depende.

    – ¡Depende! ¿Depende de qué?

    – Depende de lo que tú estás dispuesta.

    – Contigo en una cama, estoy dispuesta a que tú hagas conmigo todo lo que tú te puedas imaginar.

    – ¿Tienes tiempo esta mañana?

    – ¿Dónde nos vemos?

    – Cerca del café hay un motel que se mira bastante bien.

    – Si… sé de cual me hablas. Te veo en el estacionamiento en media hora.

    Exactamente en media hora estaba llegando al estacionamiento del motel y con una naturalidad y como si tuviéramos tiempo de conocernos me dio un beso y me tomó de la mano. Caminamos hacia la recepción como si se tratara de una pareja y luego de pagar por la habitación nos fuimos comiendo a besos hasta llegar a la puerta. Me llegaba un poco arriba de mis hombros y le calculé una medida del metro setenta con esos zapatos de tacón alto. Olía muy rico y la verdad me sorprendía que sin mucho esfuerzo o nada de esfuerzo me estaba llevando a esta linda chica a la cama.

    Le besaba el cuello y los lóbulos mientras mis manos se posesionaban de sus nalgas sobre su vestido. Ella me tocaba el falo por sobre el pantalón y me dijo:

    – Tienes buen armamento… esto no es una pistolita, esto es un cañón. -me dijo riendo.

    – Y creo que esto que estoy tocando es un teatro de guerra que estoy seguro de que aguanta algunos cañonazos.

    – Ni lo dudes… yo te aguanto y mucho más… créeme que me siento toda una puta en la cama.

    – Hablando de putas… pensé que eras una de esas chicas que se venden cuando me disté tu tarjeta de presentación. La verdad que eso fue lo primero que se me vino a la cabeza. – y Gisselle Angélica sonreía.

    – La verdad que soy una puta, pero solo soy puta cuando verdaderamente me gusta un hombre. Lo bueno mi querido señor Antonio es que no le voy a cobrar. Soy una puta gratis para usted.

    – Si eres mi puta dejaras que mi verga entre en este culito… ¿verdad?

    – Ni lo dude… Usted se lo puede coger como usted quiera. Y, Antonio… le voy a dar una gran sorpresa cuando usted haya hecho conmigo lo que usted sé que tiene en mente. Le voy a dar esa sorpresa si usted me adivina ¿qué color de calzones llevo?

    Por un momento me desconcertó, pues lo primero que se me vino a la mente era que esta chica fuese realmente uno de esos chicos arreglados. Le había tocado sus glúteos y sus pechos que no eran tan grandes, pero llegaban a esa copa C. Realmente en ese momento los besos me supieron a hiel y casi me retiraba por ese mal pensamiento y para no parecer enojado o inoportuno le contesté:

    – ¡No llevas calzones!

    – Creo que usted es el psíquico… ¿quiere comprobarlo?

    – Si… me gustaría ver esa rica panocha. -le dije con cierta ansiedad.

    Giselle Angélica se fue a la cama y se puso con sus piernas abiertas. Pude ver una panocha indescifrable por la poca luz, pero definitivamente cuando me acerqué era un panochón para saciar cualquier ansias. Llevaba un calzón transparente, de esos color piel y lo mojado de su panocha prácticamente se miraba como si no tuviera calzones. Ese olor con el perfume que llevaba me enloqueció y fui directo a chupársela.

    – ¡Ah que rico! Usted es de esos hombres que saben lo que nos gusta a las mujeres.

    – ¡Tienes una panocha que me encanta!

    – Usted haga lo que quiera con esa panocha… cómesela que es toda suya. ¡Qué rico la chupa usted!

    Entonces fue que me di cuenta de que llevaba uno de esos calzoncitos pequeños de una tela como de medias y era por eso por lo que parecía que no llevaba nada. Una panocha de labios gruesos y un clítoris de buen tamaño y le olía a aroma de coco y le sabía un tanto dulzón como la fruta misma.

    – ¡Me gusta el coco! – le dije.

    – Entonces… siga comiéndose ese coquito. -me decía con un gemido ahogado.

    Después de unos minutos hicimos una pausa pues Gisselle Angélica no quería mojar el vestido y le ayudé a removérselo. Era solo una pieza con un cierre sobre la espalda. Llevaba un brasier blanco y tenía unas de esas tetas alargadas con una areola y unos pezones pequeños… todo lo contrario a su panocha. Tenía un cuerpo bien proporcionado a su altura y unas nalgas que quizá eran lo que más le sobresalía de su cuerpo. Llevaba unos tatuajes en su espalda baja con jeroglíficos chinos y unos caballitos de mar por debajo de sus tetas. Su panocha bien afeitada cuando le removí ese diminuto y transparente calzoncito y luego ella pasó a desnudarme para según como decía Gisselle, estuviéramos en las mismas condiciones. Me vio el falo ya bien parado y afeitado y me dijo:

    – ¡Me gusta… me gusta lo que veo! ¡Nunca había visto una verga así de afeitada! Como me gustaría que fuese una costumbre del hombre mexicano.

    – ¿Nunca habías visto una afeitada?

    – ¡No nunca! ¡Que rica se le ve! Creo que me voy a dar gusto el día de hoy mamando.

    – ¿Te encanta mamar?

    – ¡Esa cosota me la voy a tragar toda! -me dijo.

    Se sentó a la orilla de la cama y comenzó a chuparme la verga. El primer minuto fue algo delicado y luego lo hacía como desesperada a comérsela como si alguien le iba a quitar el postre. Cuando me dijo que se la iba a tragar toda Giselle Angélica no mentía pues esta chica es de esas de garganta profunda y hasta los ojos se le ponían rojizos por el bloqueo de oxigeno a sus pulmones. Ella seguía chupándomela y una y otra vez miraba como sus labios llegaban al tronco de mi verga y eso es algo que muy pocas chicas logran hacerlo. Literalmente mi verga estaba en su esófago y como para mostrármelo ella se acostó boca arriba y me pidió la verga para seguir tragándosela y ella me pedía que se la empujara y se la sostuviera. Podía ver como su garganta se abultaba cuando mi verga entraba una y otra vez. La verdad que esta chica me sorprendía pues realmente no sé si eso es excitante para ella, pero para mí más parecía una tortura. Con los minutos la primera posición que me dijo que le encantaba era la del perrito y quería que la hiciera acabar así.

    Las nalgas de esta mujer se sentían duras y en esa posición pude ver como su panocha parecía un río de jugos vaginales. Le asomé mi glande y lentamente le he metido cada uno de mis 22 centímetros. Jadeó con la invasión diciendo: – ¡Oh… Dios mío… que rica se siente tu verga! – A esta mujer le gusta el sexo rudo, le gusta que la traten como una verdadera puta. Me pedía que la tomara de su cabello negro, que la halara de sus brazos como sometiéndola y le encantaba sentir nalgueadas fuertes. Todo aquello como que la encendía y luego hacía una pausa para chuparme la verga por unos cuantos segundos. Aquellas pausas las hicimos un par de veces y luego sentí que se encaminaba a un buen orgasmo cuando me decía: – Pégame fuerte cabrón, méteme esa verga hasta que salga por mi boca… dale, dale verga a mi panocha que me estoy corriendo. -Aquello era un escandalo de gemidos y gritos de placer que no dudo que hasta los de la recepción escucharon la corrida de esta mujer. Aquello me excitó tanto que al minuto le acompañaba en la corrida.

    No paré de pompearle la panocha hasta que vacié lo que traía en mis huevos y luego esta chica se volteó y la volvió a mamar hasta sacarme la última gota en el canal de mi verga. Tenía un rostro sudado y excitado y con una sonrisa me decía: – ¡Qué rico estuvo eso… que vergueada me has dado! – La verdad que había sido una corrida bastante agitada y aguanté a llevarla al orgasmo pues el día anterior le había echado tres polvos a una chica de la colonia. Pasamos al baño a ducharnos y Gisselle Angelica me hacía plática:

    – ¿Le gustó?

    – Ha sido una corrida fenomenal… Y tú, ¿te corriste rico?

    – Casi me haces acabar una segunda vez… estuvo delicioso. – me decía mientras me chupaba las tetillas y me tomaba de la verga.

    – ¿Cómo quieres que te abra ese culo?

    – ¡Como tú quieras! Te dije: Soy tu puta. Puedes cogértelo como tú quieras.

    – ¿Te gusta que te den por el culo?

    – ¿Tú qué crees? ¡Me encanta! – me dijo.

    – Hay chicas que le tienen pánico ser penetradas por atrás… veo que tú pareces que lo gozas.

    – La primera vez que tuve sexo solo me corrí cuando me dieron por atrás. La panocha me dolió y me ardía… mientras que por atrás me hizo sentir placer.

    – ¿Con tu novio?

    – No… Con un amigo de mi papá.

    – ¿Era mayor que tú?

    – Si… mucho mayor. Yo tenia 17 años y él creo tenía sus 45.

    – ¿Así que te gustan los hombres mayores?

    – Bueno… no todos. Tienen que ser joviales, atléticos y guapos como tú.

    – Así que tu primera experiencia fue con un hombre que casi te triplicaba en edad. ¿Y cómo sucedió eso?

    – Bueno… yo tenía mi novio y de hecho mi novio era el sobrino de él. En ese tiempo mi exnovio había tenido una accidente y lo iba a visitar al hospital. Una noche me encontré con su tío y en vez de llamar a mi mamá a que fuera por mí, Rafa se ofreció en llevarme, pues vivíamos en la misma zona. Yo iba en minifalda y de repente Rafa me puso las manos en las piernas y luego se disculpó diciendo que estaba acostumbrado en ponerle la mano a su esposa, quien siempre iba en ese asiento. La verdad que me sorprendió que me tocara, pero sentí un cosquilleo entre mis piernas que me había gustado. Mi ex nunca se había propasado, aunque yo lo hubiera dejado. Ya para ese entonces yo sabía que esperar, pero nunca pasaba nada. Aquí estaba este hombre queriéndome manosear y en vez de molestarme me había gustado. La verdad que Rafa era un hombre muy guapo, siempre bien vestido y perfumado. Luego me sorprendió lo que don Rafa como yo le llamaba en ese entonces me preguntó: ¿Te lo hace bien mi sobrino? – Yo sabía a que se refería y me quedé helada… sabía para dónde iba. Quizá vio mi inseguridad en mi rostro y de nuevo puso su mano sobre mis piernas y en esta ocasión recorría sus dedos en mi entrepierna. La verdad que sentía miedo, pero también me gustaba, especialmente pensando que este hombre tenía a una esposa muy guapa y que me estaba echando lo perros a mí. Nunca había fantaseado nada con don Rafa, eso estaba más allá de mi imaginación y sentí cómo sus dedos intentaban llegar a mi panochita. Yo en vez de rechazarlo o bloquearlo me acomodé para que se le fuera más fácil su exploración. Cuando la encontró me dijo: – La tienes muy calientita y mojadita… ¡Que rico sería meterle la lengüita! – La verdad que desde el primer intento me comencé a mojar y por ese tiempo ya comenzaba a tocarme y explorar mi sexo, pero nunca había llegado al orgasmo. Sentir los dedos de otra persona en mi panocha me tenían encendida y aunque con mucho miedo estaba dispuesta a dar ese paso. Vi que don Rafa estacionó su camioneta en una zona antes de llegar a casa donde hay muchos árboles y arbustos, una zona oscura y callada regularmente y me dijo: – Creo que esta panochita quiere probar lo que es una buena lengüeteada. – Se bajó de la camioneta, se fue al lado de mi puerta y la abrió. Yo estaba congelada del miedo y don Rafa llegó y me metió las manos para quitarme los calzones y vi como primero los olio. Me dio unos besos en mis entrepiernas y llegó con su lengua a mi sexo. Sentí que estaba en la gloria. Luego acomodó el asiento y vi como sacó su verga entre los pantalones y por primera vez siento esa penetración. Me dolió, pero obviamente me gustó. Don Rafa no tiene una verga grande, pero si sabe como usarla. Me penetró por unos cinco minutos y yo no decía nada, solo gozaba de aquella invasión tan sorpresiva. Luego me dijo: – Ponte con el culo para arriba… te lo voy a echar en el culo, no quiero que vayas a quedar embarazada. Me echó un par de escupidas en el culo, me metió algunos de sus dedos primero y pasó a darme una enculada que hasta el día de hoy que lo recuerdo se me enchina la piel. Ese hombre a metido toda su verga en mi trasero y sentía sus bolas pegando en mi panochita. Me dio así un embate constante de unos cinco o siete minutos y sentí ese temblor en mis piernas, esa corriente atravesando por mi espalda y se concentraba un placer tan rico que me hacía perder la razón. Me había hecho llegar a mi primer orgasmo y fue tan fuerte que quedé agotada. Luego sentí ese calor de su corrida cuando don Rafa se corrió. Hasta entonces entendía lo que algunas amigas me habían contado. Eso era el sexo y para mi don Rafa, pasó a ser solo Rafa y en esos días era como mi Dios. Quería que siempre me lo hiciera y buscaba excusas para que me lo volviera a hacer.

    – ¿Y… tu novio?

    – Bueno… con él terminamos con los meses. Tuve sexo con él, pero no se podía comparar el tío con el sobrino. Mi ex daba lástima en la cama pues con esto te lo digo todo: ¡Nunca me sacó un orgasmo!

    – ¿Te volviste amante de don Rafa?

    – Por un tiempo… hasta que su mujer comenzó a sospechar. No creo que pensara nada algo de mí, pero si mucho de Rafa, pues no le dejaba nada de energía para que le cumpliera a ella.

    Salimos del baño y mi verga estaba ya erecta y dispuesta para otra batalla. Gisselle Angélica comenzó de nuevo con otra felación de garganta profunda y cuando hacía pausas era solo para decirme que se la cogiera, pues creo que lo que le excita es ver a su macho pompeándole la garganta mientras ella parece ahogarse. Realmente para los gustos los colores y sabores, pero esto a mí me parecía una tortura, aunque para este tipo de mujeres, ellas se excitan pues esta mujer se mojaba tanto haciéndome aquello. Después de unos minutos se subió sobre mí, pues la felación me la daba cuando yo estaba acostado de espaldas. Se puso frente a mi y tomando mi falo llenó de su saliva se lo puso a la entrada del ano y se lo comenzó a sobar con mi glande. En esa posición se le miraba el panochón derritiéndose y ella me preguntó:

    – ¿Te gusta ver cómo tu verga se entierra en mi culo… verdad?

    – ¡Me encanta! -le dije.

    – A mi me gusta sentirla y… esta verga se siente tan rica que me harás gritar del placer.

    – Tienes un culo precioso y es una delicia estarlo rompiendo.

    Mientras Gisselle Angélica me hablaba de esa manera mi verga desapareció en su ano y podía sentir el calor de ese canal y cómo esta mujer me lo apretaba con ese apretado anillo. Con uno de mis dedos comencé a sobar su clítoris o intentaba chocar las yemas de mis dedos con él, pues esta mujer comenzó a mover su pelvis como doblando mi verga a los lados y hundiéndosela a la vez. Tenía buen vigor pues a los diez minutos de esa montada ya sudaba y comenzó a jadear y a decirme: ¡Pégame con esa verga! Méteme hasta los huevos Antonio… Dame, dame, dame que me vas a hacer correr. – Comenzó a jadear ruidosamente que cualquiera pasando por la puerta de nuestra habitación se podría dar cuenta que detrás de aquella puerta había alguien a quien se estaban cogiendo. Movía las caderas desesperadamente y se escuchaba ese nalgueó de un mete y saca frenético hasta que la vi cerrar sus ojos, fruncir sus labios y decirme gritando: – Así, así, dame así… Dios mío me vengo, me vengo… que rico, dame… no pares, méteme esa verga.

    Esa corrida no sé cuánto tiempo le duró, pero esta mujer terminó bañada en sudor y aquellos gemidos y cómo lo movía hizo que con los minutos le echara una segunda corrida por el culo. No se la saqué hasta que esta se volvió pasiva y perdió grosor y tamaño. Fue una buena corrida, que creo fue mejor que la primera. Minutos después la sodomicé en posición de perrito y es como más vulnerable se siente y es como más fácil se corre esta mujer, pues me decía que montando ella tiene el control. Tenia razón, de perrito se estaba corriendo a los minutos. Luego ella me preguntó:

    – ¿Hay algo que quisieras que yo te haga? ¡Recuerda que soy tu puta!

    – ¿Sabes lo que es un rimming?

    – ¿Quieres que te lo haga?

    – ¿Quieres?

    – Antonio… yo soy su puta.

    Me pidió que me acostara sobre mi estómago y comenzó a besarme los glúteos y con los segundos esa lengua se deslizaba por el canal de mis nalgas. Ella intentaba masajear mi ojete con sus yemas cuidadosamente pues tenía uñas largas. Sentí cuando su lengua invadió mi ojete y es algo tan delicioso y difícil de describir, pero a mí me envía choques eléctricos por todo mi cuerpo. Me pidió que me acostara de espaldas con las nalgas a la orilla, elevo mis piernas y me dio una mamada en los huevos con un rimming tan rico y me la pajeaba a la vez. Casi me hacía correr y fue cuando le pedí que intercambiáramos posiciones… era ahora yo comiéndole el culo. Esta mujer bufaba de placer, ese culo que minutos antes le había abierto, se le podía meter buena parte de mi lengua. Terminamos haciendo un 69 para corrernos, pues Gisselle Angélica estaba al borde de otro orgasmo y en esta ocasión yo terminé por sobre ella y se corrió primero que yo. Creo que sus gemidos activaron esa excitación y es que oír cómo tu pareja se corre es el mejor incentivo para una buena corrida. Me chupó cada gota de mi tercera corrida. Nos fuimos a bañar de nuevo donde ella me hacía plática y me hablaba de esa sorpresa.

    – ¿Recuerdas que te hablé de una sorpresa?

    – Si… algo así dijiste. – y me volvía a sentir intrigado.

    – Tú debes tener corta la memoria o simplemente te pasé desapercibida. Nosotros fuimos los que construyeron tu casa. ¿Recuerdas al ingeniero (y me había dado su apellido)? Él es mi esposo y junto a él he llegado a inspeccionar la que ahora es tu casa. Al principio pensé que su hermana era su esposa pero ella se ha encargado en aclararme que eras un hombre soltero.

    – Ahora si te recuerdo… Lo que pasa es que ahora vienes en vestido y bien maquillada. Aquella ocasión llevabas pantalones vaqueros y usabas lentes de sol… si me recuerdo de ti.

    – Bueno, desde entonces pensé que algún día cogeríamos. Hoy te vi y me dije: ahora es mi oportunidad. Te quería coger con ganas.

    – ¡Esta que si es una sorpresa!

    – Bueno don Antonio… esa no es mi sorpresa. La sorpresa es la que le voy a proponer.

    – Dime… ahora si me tienes intrigado.

    – Esta es una fantasía mía y de mi esposo.

    – Ah… ¡eres casada!

    – Si… pero no capada. (Eso no lo entendí hasta después).

    – ¿Cuál es tu propuesta Gisselle?

    – ¿Usted sabe lo que es un cuckold?

    – Si. -le dije.

    – Mi marido quiere verme coger con otro y quería saber si usted está dispuesto.

    – ¿Tu marido sabe de todo esto?

    – No de usted, pero tengo su permiso de que sea yo quien escoja a esa pareja.

    – ¿Él sabe que has cogido con otros mientras han estado casados?

    – Supongo que lo ha de sospechar, así como yo sospecho de él.

    – Te voy a decepcionar, pero eso que me vea alguien cogiendo, especialmente si se trata de su mujer, como que no va conmigo.

    – Esta bien… sabía que no era para todos… pero asumo que podríamos repetir esta cogida.

    – Gisselle, por mi no hay problemas. Tú me haces saber cuándo tengas tiempo.

    – Quedemos para la otra semana… aquí a la misma hora. ¿Le parece?

    – Aquí te espero la próxima semana.

    – Recuerde que soy su puta y yo no le cobro. – y se puso a reír mientras nos vestíamos.

    La verdad que hombres y mujeres somos iguales, los hay de todo. Con Gisselle Angélica todavía cogemos de vez en cuando y siempre me pregunta cuando me llenaré de valor para cogérmela de la manera que me la cojo y que su marido mire la verga que se traga y cómo le rompo el culo. Creo que nunca haría algo así… con eso no se identifica Antonio Zena.

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  • Tres vergas en un año (capítulo 2)

    Tres vergas en un año (capítulo 2)

    Comenzaba ya el segundo semestre y eso quería decir nuevas materias, nuevos amigos y nuevos profesores,  había muchas caras nuevas pero claro unas pocas más importante que las demás. En anatomía del sistema reproductor conocí a David, a diferencia de mi el se llevaba muy bien con la mayoría de los compañeros, yo introvertida y el extrovertido, un día llegamos ambos más temprano que de costumbre estaba sentado justo a mi lado, nos saludamos con un hola y seguí mirando mis apuntes, al rato me habló.

    David; oye el otro día te vi, estabas esperando autobús

    Yo; aahh si y porque no me saludaste

    David: no es que pase en carro, que hacía por ahí

    Yo: por ahí vivo

    David: en serio? Que casualidad justo vivo a unas 4 cuadras de ahi

    Yo: en serio?

    En eso llegó nuestro profe y tuvimos que cortar la charla. Al terminar la clase, vino de nuevo hacia a mi.

    David: oye si quieres te doy un aventón, también vienen un par de amigos más

    Yo: no gracias, debo hacer unas cosas (la verdad es que me sentía desconfiada)

    David: aahh ok mejor otro dia

    Pasaron varios días, fui tomando más confianza con David en la universidad y por fin decidí ir con el en su auto. Con sus amigos no me lleve muy bien, no hacían otra cosa que hablar de fiestas y chicas, pero todo cambiaba cuando se bajaban y quedábamos solo David y yo, hablábamos de todo, animes, películas, series, de las clases, política, música y todo lo que pasará por nuestra mente, luego me dejaba en mi casa y seguía hasta la suya.

    Las salidas con Esme comenzaron a ser menos frecuentes, es que si bien el era un buen chico no tenía mucho que ofrecerme en cuanto pasar el tiempo, últimamente los días que nos veíamos no hacíamos más que ir a su casa y tener sexo y no me quejo, cada vez era más rico pero a veces se necesita algo mas.

    Comencé a juntarme más con David, éramos el dúo perfecto en cuanto estudio, fui a su casa, conocí a sus padres y me trataron muy bien, eran muy agradables pero no pasaban mucho tiempo en casa pues tenían su propio negocio que tenían que administrar. Creo que David no solía llevar muchas chicas a su casa y por eso me trataban tan bien y yo la verdad me sentía muy a gusto con todos. Creo que de un momento a otro comencé a gustarle a David y el también comenzó a despertar ciertos sentimientos en mi, cada rato quería estar con el teniendo conversaciones de cualquier tontería, además de que era bien detallista, un día entre a su cuarto y descubrí que era amante de la fotografía, tenía su propia cámara profesional.

    Yo: no me habías contado que te gusta las fotografía

    David: ah si es un hobbie que tengo, más que todo cuando voy de viaje con mi familia la uso, de resto no tengo a quien tomarle foto.

    Yo: ahora me tienes a mí jaja porque no me tomas fotos?

    David: bueno si quieres, te parece si vamos a algún lugar mejor

    Yo: vamos

    Y así fue que nos fuimos por el centro buscando sitios bonitos para tomarme fotografías, repetimos esto una y otra vez.

    Cada día me gustaba más David, no sé si el era consciente de eso pero me encantaba que no fuera un chico lanzado así como los demás, en una de esas tantas vueltas de la uni me fue a dejar en mi casa, al despedirnos puse mi mejilla para que me diera un beso como siempre pero el intento ir hacia mi boca, yo le termine de poner mi mejilla, me dio el beso y me rei.

    Yo: no creas que no se lo querías hacer

    Diego: que cosa?

    Yo: ven

    Vino hacia a mi de nuevo pero está vez nos besamos, estuvimos un rato hasta que me baje del carro y ah no podía dejar de pensar en eso, me daba vueltas la cabeza y hasta me sentí excitada, por fin había ocurrido.

    Por la noche hablamos de lo que paso y ambos estábamos emocionados creo, la siguiente vez que fui a si casa ya era algo más incómodo después del beso, David era muy tímido y decidí que yo debía tomar la iniciativa. Me acosté en su cama y estábamos hablando, de un momento a otro hubo un silencio y ahí aproveche y lo bese, luego de un agarre su mano izquierda y la puse en mi nalga, yo llevaba un vestido así que no fue problema levantarlo para que pudiera sentir mi carne, sentía como temblaba no entendía porque estaba tan nervioso, termine de sacarme el vestido y quedé solo en mis pantys de encaje y mis medias, le dije que chuparas mi tetas y el vino hacia mi como un bebé, estuvo un largo rato, hasta que me baje hacia su verga que ya estaba durísima, no pude evitar hacer comparaciones en mi mente, era un poco más grande que la de Esme, en fin, se la comencé chupar, el solo estaba ahí mirándome y para mí sorpresa no tardo en venirse, se vacío sobre su abdomen, yo solo lo mire y me acosté a su lado, luego de un rato de estar abrazados me comentó que en realidad era virgen y que por eso estaba tan nervioso y no se atrevia a nada, para mí todo cobro sentido después de eso, solo le dije que estaba bien que con el tiempo aprendería. Más tarde me llevo a mi casa pero yo me había quedado con ganas, le mande una fotito hot a Esme y el no tardo en responder, me mandó un taxi y fui hasta su casa.

    En el fondo me sentía culpable, jamás había Sido tan puta como para estar con dos personas al mismo tiempo, no queria herir los sentimientos de David más que todo, yo no tenía amigas y no tenía con quien hablar sobre todo esto.

    Hace ya más de un año que no tenía una relación de noviazgo pues la última termino muy mal y no quería sufrir de nuevo, pero ya David de mostraba como un candidato para ser mi pareja.

    Nos veíamos como siempre, solo que comenzamos a cambiar las charlas, estudios y los días de fotografías por sexo, idas a hoteles y sexo en su casa, por otro lado estaba Esme, ya casi no lo veía y me enteré por uno de sus estados de WhatsApp que estaba saliendo con una chica, no pude evitar sentir celos pues en el fondo el seguía gustandome, pero no podía reclamar pues el y yo no éramos nada más sino amantes.

  • Belén

    Belén

    Llamarlo poesía 
    seria pretencioso 
    Pero es un ripio
    Curioso.

    Era un día
    de verano que llovía
    del cine sola salía 
    cuando una frase oía 
    a mi vera.

     Al girarme veía 
    quien dicho había 
    tal barbaridad
    con sinceridad
    crucé la vista
    con un chico guapo.

    De hecho
    la camiseta mojada
    se le pegaba al pecho
     amplio y sus sandalias
     chasqueaban en los charcos
     caminando a mi paso.

    Sus ojos divertidos sonreían 
     y sus blancos dientes asomando
     entre los labios gruesos y sensuales.

     Pero giré la cabeza negando
    como si hubiera
     adivinado lo que estaba pensando.

    Y se fijaba en un pobre loco
     escondido en un portal,
    junto al que acababa de pasar.

     Me dijo:
    – nos vamos a calar.
     ¿Por qué no entramos en un bar?
    para podernos calentar.

    Yo era morena y delgada
    y saborear
     quería su piel salada.

    Allí nos pusimos a charlar
    de banalidades, dejé pasar
    una hora al contemplar
    ropas sobre su cuerpo secar.

    Los finos dedos de sus pies jugaban
    dentro de sus sandalias
    y sus ojos azules me miraban.

    Me sentía con gran comodidad.
    Su interesante conversar
    podía lograr
    el tiempo discurrir
    casi sin sentir.

    Cuando le pregunté
     si novia tenía 
    me relató
     que nadie había 
    su corazón
     conquistado
    lo que a mi me permitía 
    una oportunidad 
    para podérmelo ligar.

    Un botón de mi blusa
    comencé a soltar
    para dejar mis pechos
    por su vista acariciar.