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  • Descubriendo los placeres de la masturbación (III)

    Descubriendo los placeres de la masturbación (III)

    Hola otra vez queridos lectores, en esta ocasión vengo a contarles la primera vez que tuve un squirt.

    Unos meses después de comprar mi primer vibrador decidí que necesitaba uno nuevo ya que quería uno con succionador de clítoris, además también pedí unos condones y lubricante ya que tenía en mente algo que quería probar. Al igual que la vez anterior compré el vibrador y los condones por Amazon y lo fui a recoger a escondidas.

    Al llegar a casa estaba super emocionada por probar mi nuevo vibrador, pero otra vez mi familia estaba en casa. No podía esperar más. El vibrador era resistente al agua, así que dije que iba a ducharme. Normalmente me ducho poniendo música con el altavoz del baño.

    Puse la música un poco más fuerte de lo normal, saqué el vibrador y lo lavé. Abrí el agua de la ducha, me desnudé y me senté en el wáter. Encendí el vibrador y acerqué el succionador a mi clítoris en el nivel más bajo de vibración y casi veo las estrellas.

    Fue una de las mejores sensaciones que había sentido nunca. Mi orgasmo no tardó en llegar. Al minuto de haber empezado a succionar el vibrador había empezado a correrme muy fuerte.

    Durante algunas semanas nada nuevo sucedió. Yo seguía masturbándome con mis vibradores cuando tenía la ocasión. Por las noches no podía usarlos así que me tenía que conformar con mis dedos.

    Sin embargo, una noche estaba tan caliente que mis dedos no eran suficiente. Ya me había corrido dos veces y seguía con ganas de más. Estaba tumbada en la cama, desnuda acariciando mis tetas, y necesitaba algo que llegara más profundo que mis dedos.

    Decidí usar uno de mis vibradores sin encenderlo para tratar de satisfacerme. Busqué el vibrador con succionador de clítoris y volví a tumbarme en la cama.

    Estaba empapada por las dos corridas anteriores, así que el vibrador entró sin problema. Empecé a meterlo y sacarlo lentamente con una mano mientras que con la otra me acariciaba el clítoris.

    El vibrador tocaba los puntos correctos. Cada vez estaba más mojada. Trataba de mantenerme callada y mi respiración se aceleraba. Me sentía genial, era un placer increíble, pero necesitaba más.

    Probé distintas posiciones, me puse boca abajo y movía las caderas, también cabalgué mi almohada con el vibrador metido. Pero la mejor posición era boca arriba con las piernas abiertas, así que volví a esa posición.

    Necesitaba ir por más, así que aceleré los movimientos del vibrador. Cada vez que rozaba mi punto G veía las estrellas. Sentía como la tensión se iba acumulando en mi vientre, pero esta vez sentía algo diferente a las veces anteriores.

    No podía parar en ese momento, tenía que llegar hasta el final, quería ver hasta dónde era capaz de llegar.

    El vibrador entraba y salía a un ritmo increíble. Sentía las contracciones de mi coño haciendo que necesitara un poco más de fuerza para sacar el vibrador. En una de esas ocasiones se escucha un ruido y siento como un líquido sale expulsado de mi coño cuando es penetrado por el vibrador.

    No lo podía creer, había tenido un squirt. Con el mismo ritmo me di tres estocadas más y salieron más chorros. Estaba encantada, no me creía que hubiera sido capaz de llevarme yo misma al squirt.

    Cuando me levanté de la cama había una gran mancha de líquido y olía un poco a pis. Mis líquidos me llegaban hasta el culo y el vibrador también estaba empapado.

    Esa fue la historia de cómo experimenté mi primer squirt, espero que les haya gustado. En la próxima les cuento para qué usé los condones que compré junto con el vibrador.

    Besos.

  • La pícara durmiente

    La pícara durmiente

    El rey y la reina eran felices, pero por más que lo intentaban, no acababan de tener un hijo. Como tampoco tenían mucho más que hacer, se pasaban el tiempo en el dormitorio real. Hasta la servidumbre llevaba los alimentos a los aposentos.

    —Ay, Arturo.

    —Ay, Sofía. Cualquier día me matas con tus manías. Que nos dijo el curandero, que había que ponerle más esmero, no romperme el cuello.

    Sin conocimiento ninguno de fórmulas y posturas recomendables para conseguir tal propósito, practicaban la común, pero Sofía era muy dada a los imprevistos.

    —No se queje, que soy yo, mi rey, quien todo el día está sin ropa y dispuesta para usted.

    —Y yo encantado, mi señora, de disfrutar su desnudez.

    —Pues disfrute usted estos días, mi señor, porque en breve se irá el calor. Y no estoy dispuesta a coger un resfriado por estar todo el día en este estado.

    —Mi reina, yo creo que antes, tal y como copulamos muchos más días no serán necesarios.

    Varias veces al día, con normalidad después de las comidas principales porque tenían más energía, sacaban las bandejas afuera y así, nadie les interrumpía.

    —Señor, pero déjeme usted hacer reposo, que se queja de que le rompo el cuello y usted está siendo peligroso.

    —Sofía, si a estas horas estás en la cama tendida como te da la gana, soy yo quien tiene que poner el empeño y las ganas.

    —Es que me marea usted con tanto vaivén, y mi estómago no lo lleva bien.

    —Mi señora, yo intento ser comedido, pero ya sabe usted, que después de metido…

    Un día, la reina, cansada de tanta cama, pidió a su marido cambiar de lugar. Acabó sentado en su trono con su mujer delante y con intención de cabalgar. Lo miró y pidió que hiciera de rey, ordenando y mostrando su cetro.

    —Mi señor, déjeme ver el artilugio al que yo le doy refugio, pues usted a mí me pide que exhiba mi cuerpo, pero yo no recibo el tratamiento correcto.

    —Tus deseos, amada esposa, son órdenes para mí, pero ten en cuenta una cosa, después no seré misericordioso, por hacerme ahora sufrir.

    Así lo hizo y ella se arrodilló. Acarició arriba y abajo, y durante minutos, dejó labrado y lustrado su bastón.

    —¿Desea mi señor, que ahora le dé cobijo? ¿Qué intente de ese modo darme un hijo?

    —Esperaba de ti la pregunta, así que por favor, súbete de una vez aquí y disfruta.

    Comenzó a cabalgar como hace con su montura cuando quiere correr por toda la llanura. Las manos del rey amasaban el cuerpo de su reina, nunca en la vida se había comportado así. Y le gusta, mucho, tanto como para desear que no se quede embarazada en tiempo, para disfrute de su cuerpo.

    —Mi reina, estás poseída. Nunca te vi con esta energía. Como sigas con el galope, voy a relinchar a ritmo del trote.

    —Mi rey, usted disfrute y déjeme hacer mi trabajo. No piense en otra cosa, que se le nota aquí debajo.

    La reina clava las uñas en sus hombros, enloquece, aprieta… Y el Rey lo suelta. Extasiados, se abrazan pensando en que quizás sea suficiente por ese día, pues llevan desde mediodía. La reina se levanta y su níveo cuerpo se aleja hacia una palangana con agua.

    ***

    Aproximadamente siete meses después, nació una niña. Hermosa, rubia, con piel blanca y ojos del color de las esmeraldas. El Rey ordenó preparar la mayor fiesta vista en sus dominios e invitó a todos, menos a los niños. Lo malo, que se les había roto uno de los platos de oro, y decidió invitar a doce hadas solo. Se dejó a la que peor le caía, y por qué no decirlo, la que también más fea le parecía.

    Con la fiesta, llegó el jolgorio.

    —Arturo, esto se está desmadrando —previno la reina su corpiño ajustando.

    —Mi reina, ¿no te estarás asustando?

    —Sí, me parece poco decente lo que hace esta gente.

    —No creía que fueras a asombrarte después de lo que hicimos en algunas partes.

    —Mi rey, si bien es cierto que se sabe que usted y yo tenemos una vida jocosa, ninguna más le ha visto esa cosa —alega señalando su entrepierna.

    Anticipándose a los hechos, la sala tenía a lo largo de las paredes varios cómodos sillones, donde ya se veía a caballeros con las piernas tapadas por gruesos faldones.

    —Pues como dices, mi reina —dijo el rey levantándose y pidiéndole la mano a ella—, venga usted a quitarme la pesadez de entre las piernas.

    —Le recuerdo al señor, que tenemos un bebé y que le tengo que dar de comer.

    —Y yo, le recuerdo a la reina, cuál es su deber…

    La Reina y el Rey, viendo que se les hacía caso omiso se retiraron sin siquiera pedir permiso. La pequeña Aurora dormía, cuidada por su nodriza, en una habitación en la lejanía.

    —No sé si habrás, mi reina, comido bastante, pero mira, lo que tienes delante.

    El rey se despojó de sus engalanadas ropas en poco más de un instante.

    —Válgame el señor…

    El rey agarró las ropas de la reina por los hombros y tiró. El corsé saltó.

    —Mi señor, el vestido, era nuevo…

    —Mandaremos que te hagan miles, pero no quería perder el tiempo, quiero ya probar tus mieles.

    —Ay, mi señor —dijo la reina cuando lo tuvo adentro—, recompénseme de los meses de asueto.

    Mientras, el hada número trece llegó de imprevisto y escandalizada se quedó, prefiriendo no haberlo visto. La música cesó tan de repente, como mudas de gemidos y gritos, toda la gente.

    La bruja, más que hada, estaba encolerizada. Chilló que la niña sería embrujada y cuando fuera adolescente y con una rueca se pinchara, se dormiría; hasta que un príncipe, buen amante de verdad, la despertara.

    Nadie se dio por enterado y se marchó peor que había llegado. La venganza sería servida, a ver luego, quién se reía.

    —Ya llegó esta aguafiestas e hizo bajar las ballestas —se quejó el hada número tres.

    —Ya te digo, qué mal tomada solo porque no había sido citada —alegó la número seis.

    ***

    Aurora creció y decenas de pretendientes querían probar sus mieles, tocar sus desniveles, meterse en sus vergeles. Aunque en el reino prohibieron los husos, encontró uno abandonado y en desuso.

    Tras el pinchazo, Aurora cayó al suelo profundamente dormida. Sobre telas y cojines, amortiguada su caída. En kilómetros a la redonda, todos se fueron desvaneciendo, desde los más pobres campesinos, a los más ricos del reino.

    Los rosales crecieron y fueron invadiendo con sus zarzas y aromas, animales y personas. La leyenda se fue extendiendo y muchos hombres perecieron.

    Pero llegó un día, en el que un príncipe recién llegado a la región, quiso investigar y ver a «la tentación».

    —Me dijeron que aquí no me internara, pues es zona embrujada. Pero tengo oído que la moza es bien hermosa.

    Entró al sótano del castillo como pudo, pinchándose y arañándose, dejándose parte del cuero cabelludo. La muchacha, tal y como se había caído así se había quedado, con su vestido arremangado.

    —Las habladurías eran ciertas —dijo él, mirándole las piernas abiertas.

    A sus pies había por lo menos, una docena de caballeros en cueros.

    Todos lo habían intentado, pero por alguna razón, no habían acabado. Se acercó a la muchacha y miró su vestimenta. Imaginó lo que escondía, y sintió entre sus piernas un cúmulo de alegría.

    Estiró las de la muchacha y se bajó sus calzones, se arrodilló entre las zarzas, pinchos y flores. Haciéndose arañazos en las manos, buscó la tierra yerma. Así que se abrió paso y llegó a su entrepierna. Con dedos ágiles de explorador y cazador, fue abriéndose paso entre el escozor.

    Dirigió firme y rápida su arma, lista, preparada y con carga. El cuerpo de Aurora se movía, se deslizaba arriba y abajo bajo su hombría.

    Las zarzas y espinas comenzaron a retirarse; una luz, de afuera, a reflejarse. Los pechos de Aurora comenzaron a subir y a bajar, y el príncipe, dejó de considerar.

    La muchacha abrió la boca y soltó un gemido. ¡Estaba viva, lo había conseguido! Después abrió los ojos, lo miró, y lo dejó sorprendido cuando con sus manos se desató el corpiño haciendo que el príncipe, profesara un alarido. Los hombres de alrededor, se fueron levantando sin pudor. Tropezando, atontados, marchándose avergonzados. Hasta que se quedaron solos y Aurora pidió que por favor, repitiese la operación, puesto que estaba dormida y necesitaba entrar en calor.

  • Fany, la cornuda (capítulo 2)

    Fany, la cornuda (capítulo 2)

    —Mmm yo nomás te digo que tengas cuidado — le decía Rocío a Julián por llamada. 

    —Je… ¿Por qué? Solo los vieron en el cine, mañana se lo diré y le dejaré claro que no quiero que se vea con ese pendejo otra vez — respondía nervioso Julián, el novio de Eliza.

    —¿Y estás seguro que no está en la casa con él ahorita? Dices que ella tiene la casa sola — argumentaba Rocío.

    —Ella jamás haría eso — respondió el joven de mala manera.

    —Te dijo que llegaras más tarde, ¿No? A lo mejor está con él.

    La amiga se ensañaba, Eliza nunca le cayó bien, porque le quitó atención de su mejor amigo.

    —Nah, ella jamás haría eso, en serio, sí te dije que me comentó que saldría con él, no me lo ocultó — argumentaba el joven, más intentando convencerse a sí mismo que a ella — Solo fueron al cine, incluso fue idea de la loca de Fany, algo para quitarse los celos o algo así, Eliza ni siquiera quería — agregó rápidamente.

    —Sí me dijiste, le dijiste que no lo hiciera y ella aún así lo hizo… — insistía la chica — A lo mejor hasta fue idea de Eliza, quien sabe — remató cruelmente la amiga.

    —¿Por qué ella le pediría eso a Fany? Jajaja ¿Por qué ella querría salir con ese idiota? Que pendejada — contraatacaba el chico, ya sabes, una discusión amistosa, pero siempre rozando lo hostil.

    —Porque Mario está buenísimo — dijo Rocío cruelmente, sabía que Julián lo odiaba, igual que varios chicos en la clase, solo por ser el chico más guapo — Quien sabe porqué esté con Fany, él puede tener a quien quiera — finalizó con la misma crueldad.

    —Yo que sé, y no me parece la gran cosa el tipejo ese, tiene cara de idiota — decía Julián furioso — Luis los vio entrando al cine, los tiempos coinciden, ella seguro iba llegando de ahí cuando me dijo que fuera más tarde, a lo mejor quería arreglarse para mí, yo que sé — agregó nervioso.

    —Mira, los hechos son… — dijo comenzando melodramáticamente — Luis los vio en el cine a ellos 2 SOLOS, ella no te dijo que lo verías hoy, luego te dijo que llegaras más tarde y dices que no te contesta las llamadas ni mensajes, yo digo que estaba… O está con él.

    Enumeró fríamente la chica, Julián sabía que tenía sentido, pero se negaba con todas sus fuerzas a creerlo, Eliza jamás le dio razones para pensar nada como esto antes.

    —Nah, la conozco, no me contesta porque está emberrinchada porque le cancelé, siempre hace berrinche así, sé lo que te digo — dijo el joven intentando lucir cool.

    —Ok — respondió en seco la chica.

    La llamada no duró mucho más, Julián estaba algo molesto por la crueldad de su amiga y ella por su obvia estupidez. Y cuando Julián colgó con ella, llamaba nervioso por enésima vez a su novia Eliza, mientras que él no lo sabía, pero ella se limpiaba el espeso semen de Mario de su cara en ese preciso momento y su celular seguía abandonado en su cuarto.

    Cuando Eliza volvió de la parada del bus de acompañar a Mario, solo miró las 35 llamadas perdidas de Julián y los 53 mensajes, todos exigiendo saber que hacía, pidiéndole que contestara, algunos disculpándose, los últimos diciéndole que estaba siendo una perra, ella no contestó, para dejarle claro su punto de que él estaba siendo un idiota y para tranquilizarse, todo había sido tan surreal y estaba tan reciente. La chica tomó un baño, mientras al otro lado de la ciudad, Mario llegaba a casa, nervioso, mintiéndole a sus padres sobre que había estado con Fany, abriendo por fin la conversación con su novia, ni un solo mensaje nuevo de ella, mientras Fany al otro lado se esforzaba por dormir, no sabía que pensar, no quería pensar, ni presionar a Mario o Eliza.

    Al otro día en la escuela, por la mañana Mario intentó saludar con toda la naturalidad del mundo a su chica, la culpa es un inquilino incómodo, Fany tal vez no lo notó, o tal vez no quiso. Eliza no buscó a Julián, prefería fingir que seguía molesta en vez de confrontarlo, y por fortuna ningún profesor faltó, una clase tras otra fluyó con naturalidad impidiéndole a ambas parejas confrontarse… Pero el receso llegó.

    —Tengo que hablar contigo — le dijo Julián seriamente a Eliza abordándola.

    Eliza se acercaba a Fany en ese momento, pero Julián parecía hablar en serio, así que ella lo siguió.

    —¿Qué pasa? — respondió Eliza haciéndose la molesta aún, sin mirarlo y brazos cruzados, Julián resopló sarcásticamente sin poderlo creer — ¡¿Qué?! — preguntó furiosa la linda chica.

    —¿En serio vas a hacerte la enojada? — preguntó mirándola fijamente.

    —Ayer te pusiste súper sangrón, tenemos mi casa sola una o dos veces al mes y lo arruinaste, hasta te tenía una sorpresa — dijo reprochando, intentando ganar terreno, a Julián no le importó una sola palabra.

    —Tú sabes porqué te cancelé.

    Dijo aún mirándola furioso, ella intentó mantener su póker-face aterrada por dentro.

    —Ni idea, hiciste berrinche porque te dije que más tarde — dijo con toda la seguridad que pudo.

    Él se quedó mirándola, ella lo miró, primero dispuesta a confrontarlo igual de furiosa, pero vio como el semblante de él cambió lentamente de furioso a decepcionado. Nuestras parejas pueden vernos de muchas maneras, pero nada destruye más que nos miren decepcionados, ella se derrumbó.

    —¿Qué? ¿Qué pasó amor? — preguntó aterrada, le tembló el labio inferior.

    Julián se levantó y se fue sin mirarla, ella sintió que la sangre se le iba a los pies, ¡Él lo sabía! ¡¡Carajo!! ¿¡Pero como!? ¡Fue a su casa! ¡Sí! Seguro vio a Mario saliendo tarde por la noche de ahí y lo dedujo todo, debía ser eso.

    Eliza corrió sin pensarlo hacía Mario y Fany, los miró a lo lejos, parecían bien, aunque ambos eran un manojo de nervios por dentro, parecían bien por fuera, ambos se negaban a siquiera mencionar nada de Eliza, eran felices en la negación cada segundo un poco más, pero la vieron venir, con los brazos cruzados, mirándolos fijamente y apretando el paso, su feliz negación se derrumbaba con cada paso de ella.

    —Mario… — dijo Eliza nerviosa, miró de reojo a Fany, pero no la saludó — ¿Puedo hablar contigo? — dijo quitándole la mirada de encima a su mejor amiga.

    Mario miró nervioso a Fany, esta asintió de mala manera, su peor temor tomaba forma, había consecuencias, no tenía idea de qué, no quería pensarlo, pero algo sucedía y ella odiaba esa sensación, Mario soltó la mano de su chica y fue con la amiga apenas a 5 pasos de distancia.

    —Julián lo sabe — dijo Eliza mirándolo aterrada, clamando ayuda.

    —¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¿¡Por qué le contaste!? — dijo igual de aterrado.

    —¡Claro que no le conté! — respondió molesta — No sé cómo, pero lo sabe — dijo bajando la voz.

    —¡Carajo! — dijo Mario mirando detrás de Eliza, Julián pasaba de un pasillo a otro y los miraba fijamente sin detenerse.

    —¡¿Qué?! — dijo ella echando la vista atrás y viendo a su novio desviar la mirada en el último segundo — ¡Puta madre! — dijo mirando triste hacía el piso, soltó una lágrima.

    —¿Qué hacemos?

    Preguntó Mario histérico, sentía a Fany detrás de él, como si la presencia de su novia pesara una tonelada, Eliza pensó 2 segundos, Mario esperó.

    —Ok, tranquilo, lo más que puede saber es que estabas en mi casa — dijo Eliza intentando recomponerse.

    —¡¿Sabe eso?! ¡Pensé que solo sabía del cine! — dijo desesperado — Tendré que decirle a Fany toda la verdad — agregó aterrado, el chico lanzaba la mirada por todos lados.

    —¡No! — dijo la chica tomándolo de los hombros para que la mirara — Solo diremos que fuimos a mi casa a ver Netflix, ¿Ok? — le dijo ella mirándolo fijamente, él desviaba la mirada — Mario — insistió sin dejar de mirarlo.

    —Ok — respondió de mala gana sin mirarla.

    —¿Seguro? — insistió, lo miraba, él no — ¡Por favor! ¡Yo amo a Julián! — rogó soltando otra lágrima.

    —Sí, ok, no te preocupes, solo vimos Netflix.

    Dijo él mirándola, sonriéndole, tranquilizándola, Mario era un caballero a la antigua, no había cosa sobre la tierra que lo conmoviera más que una lágrima femenina.

    —¡Gracias!

    Pocas veces había dicho esas palabras más honestamente nunca en su vida Eliza y se fue sin despedirse, no quería confrontar a Fany, ¿Qué decirle? Mario se quedó parado y después de 2 segundos, Fany le tomó el brazo, él dio un salto del susto.

    —Tengo hambre, vayamos a comer ya — dijo la chica sin mirarlo.

    —¿No quieres…? — preguntó temeroso.

    —No quiero saber nada — dijo ella, lo miró fijamente — Más te vale que no me entere de nada.

    Finalizó su novia mirándolo con una expresión que él nunca había visto, tan difícil de leer, seriedad total, determinación, quién sabe de dónde sacaba tanta determinación esa mujercita de 165cm, ella nunca era así, él asintió nervioso.

    La pareja comió, Fany intentando obtener normalidad, preguntando que tal la comida, hablando sobre su madre y sobre esa serie que veía, Mario solo asentía, no sabía que pensar, si molestarse por su extraña actitud, si amarla más por eso o si decirle todo, aunque ella no quisiera escucharlo, en un afán egoísta de liberarse y masoquista por recibir castigo. Mientras Eliza estaba sentada en un retrete, sin querer mirar su celular, llorando un poco, maldiciéndose por haber sido tan idiota. Lanzaba la mirada al techo, respiraba profundamente, tranquilizándose, pensando que Julián estaría furioso, pero no tanto, solo vieron Netflix, ella moriría diciendo eso y jamás se acercaría a Mario de nuevo, tenía que funcionar, ella en serio amaba a Julián, era su vida, “todos tenemos derecho a equivocarnos” se repetía cómo mantra aquella frase que alguna vez leyó en un libro de auto-ayuda. Julián estaba sentado detrás de las gradas, fumando, los prefectos nunca iban ahí.

    Los 4 adolescentes estaban nerviosos, aterrados, confundidos y molestos, Fany vio con terror un mensaje de Julián en su bandeja de spam en Facebook, quién sabe que diría, no lo abrió y fue a bloquear directamente al chico, no quería saber lo que él tuviera que decir, pero Mario sí abrió el mensaje que también recibió de aquel adolescente.

    —Aléjate de mi novia.

    Había escrito el celoso Julián, Mario intentó escribir tranquilamente, porque Fany estaba frente a él en clases y porque no quería joder a Eliza, ni que la mierda lo salpicara.

    —¿Qué onda? — escribió Mario y lo envió, se sentía estúpido — No te preocupes, solo vimos Netflix, ¿Ok? Incluso Fany sabía que iríamos al cine y luego fuimos a su casa solo a ver una película, es todo.

    Escribió Mario, lo releyó 5 veces antes de enviar, quería que sonara amistoso e inofensivo, no encontró mejores palabras, todo era un teléfono descompuesto, ya no sabía que cosa sabía cada quién, dio un salto de fe con ese mensaje.

    —Te veo en el entrenamiento.

    Respondió Julián y de inmediato se desconectó, usó al final un emoji de sonrisa sin mostrar los dientes, todos sabemos que ese emoji es «la sonrisa psicópata», Mario torció la boca preocupado.

    Las clases fluyeron lentamente después del receso, el tiempo es relativo y avanza proporcionalmente inverso al gozo que estás teniendo, ¿Estás pasándola genial? Disfrútalo, porque cada vez que mires tu celular habrá pasado una hora y media, pero ¿Estás esperando algo? ¿Estás nervioso o tienes miedo? Pues mejor ármate de paciencia, cada segundo parecerán 10 minutos. Fany estaba en el segundo tiempo cuántico relativo ya mencionado, cada segundo parecía extenderse hasta límites insospechados, estaba enfadada, furiosa a decir verdad, no sabía que había sucedido y ahora más que nunca, no quería saberlo, no quería el drama, no lo merecía, odiaba buscarle la cara a Eliza y que esta fingiera no verla, cuando intentaba hablar con su novio él estaba distante, era evidente que algo pasaba y sentía que era culpa de ellos, le daba rabia que la quisieran hacer pagar a ella, nunca pensó que esas serían las consecuencias, ahora sus celos parecían tan estúpidos y banales, y detrás de toda esa furia, aguardaba una tristeza inmensa al pensar que pudiera haberse arruinado la relación con sus 2 personas favoritas de golpe por aquella estúpida idea. Idea qué, aunque ella seguía diciendo surgió de Eliza, bien sabía que había sido suya.

    Eliza no sabía que pensar, Julián ni siquiera la miraba, Mario la evitaba como la peste negra y Fany parecía buscarla demasiado, se sentía agobiada, había sido una idiota, todo se sabría, Julián la dejaría, Fany no volvería a hablarle y Mario seguramente ni siquiera recordaría esa tarde dentro de algunos meses, se arruinaría su vida y por nada. Quería llorar.

    Julián no paraba de mirar al idiota de Mario, ¿En serio era tan guapo? era enorme eso sí, su espalda parecía un ropero, su cabeza pasaba el pizarrón cuando se ponía de pie, más blanco que él, con esa insoportable sonrisa que parecía sacada de un anuncio de Colgate. Se sentía acomplejado, él más bien siendo un poco bajito, bastante delgado, demasiado, básicamente igual de delgado que su amada Eliza, en ella eso estaba bien, en él no tanto, ¿El color de piel? Más cerca de que le llamarán «moreno» que blanco… imaginaba a ese enorme hombre besando a su chica, abrazándola quitándole la ropa… Sacudía la cabeza intentando alejar esas imágenes de su mente… Maldita sea, definitivamente el idiota ese sí que era guapo.

    Mario se sentía abrumado. Eliza parecía buscarle con la mirada todo el tiempo, ¡¿Cómo si él pudiera ayudarle con qué?! Que lo deje en paz. Julián no le quitaba la mirada de encima tampoco, pero lo que era una mirada sutil de la chica, era definitivamente una fija mirada de odio de Julián, y en medio de todo, Fany parecía querer que él actuara con completa naturalidad, le exigía sutil, pero firmemente, qué él fuera el de siempre, ¿¡Como se supone que haría eso!? ¡Esto también era su culpa! Fue idea de Eliza, pero Fany presionó a que sucediera, ella también era responsable, odiaba que ella quisiera cargarle todo el muerto a él y encima le exigiera que ella no se enterara de nada.

    Después de esas 3 últimas clases; que parecieron 2 días enteros, llegó la chicharra final, día de entrenamiento de fútbol, los 4 lo sabían bien y los 4 sabían nerviosos que tendrían que pasar por eso. Fany pensó en irse, incluso en no ir al siguiente día, pero fue débil, optó por mantener el status quo y quedarse al entrenamiento, tal vez era lo mejor, que todos fingieran que nada había sucedido hasta que se convencieran de que así era. Por supuesto que cuando vio a Eliza sentada en las gradas no quiso sentarse con ella, pero siempre lo hacía y le aterraba la idea de perder poco a poco a su mejor amiga.

    —Que onda, mensa.

    Dijo Fany aparentando naturalidad, ignoró el semblante histérico de Eliza, odiaba que quisieran obligarla a entrar en el drama.

    —Que onda.

    Respondió Eliza en seco, no se miraban, por primera vez se sentaron ahí a mirar el entrenamiento sin tomarse del brazo.

    El entrenamiento comenzaba, las gradas llenas mayormente de chicas, amigas, novias, enamoradas y hermanas, quienes animaban aplaudiendo a la salida de los chicos. Cuando Mario miró hacía allá, levantó la mano saludando y sonriendo nervioso, ambas levantaron la mano, nunca había sucedido, los 3 lo notaron, los 3 hicieron de cuenta que no, los 3 se sintieron estúpidos.

    Los chicos comenzaban con el calentamiento, los pases cortos, pases largos, correr cortas distancias y por fin los inter-escuadras, normalmente Eliza y Fany estarían charlando, bromeando, incluso tal vez haciendo fotos, poniéndolas de estado en WhatsApp y en Facebook, pero esta vez solo estaban una a lado de la otra viendo el entrenamiento sin inmutarse, incómodas, separadas por una muralla hipotética e invisible sin mirarse.

    —Esta vez, pares con pares, nones con nones.

    Dijo el entrenador en voz alta a los chicos, indicándoles que armarán 2 equipos y los chicos obedecían, se daban rápidamente la banda de capitán en cada escuadra y se reunían al centro para el saque inicial.

    —Sacan los pares.

    Gritó el hombre del silbato, Mario se reunía al centro con la banda de capitán, Julián asentía de mala manera, con la otra banda de capitán del equipo non. Se daba la patada inicial, el juego comenzaba y como cualquier inter-escuadras aleatorio era reñido.

    —¡Vamos, amor!

    Gritó Fany emocionada, olvidando todo de pronto, no sabía porque le emocionaba tanto, ni siquiera le gustaba el fútbol, hormonas.

    Jugadas divididas, algunos postes, una atajada épica de uno de los guardametas y Mario remataba satisfactoriamente a gol el balón que dejaba botando el portero, las gradas gritaban un poco y aplaudían, Mario alzaba los brazos festejando un gol que no significaba nada.

    —Mario siempre ha jugado súper bien — dijo de pronto Eliza tímidamente, le pareció natural, que sería un comentario que haría siempre, ni de broma, Fany solo sonrió sin mostrar los dientes — ¿Estás enfadada? — preguntó Eliza temerosa.

    —Para nada — dijo la chica sin mirarla — ¡Te amo!

    Le gritó Fany a Mario y algunas reían en las gradas, el chico volteaba y sonreía nervioso, Fany nunca hacía eso.

    —¿Entonces que pasa? — preguntó Eliza sin dejar su tono temeroso.

    —Nada, Eliza, no pasa nada… Ni pasó, ¿Ok? — le dijo mirándola molesta.

    —Solo vimos Netflix en mi casa — dijo Eliza bajando la mirada, Fany resopló molesta.

    —¡No quiero saber nada! ¡Se los dije! ¡Ni que fueron a tu casa! — negaba molesta con fastidio.

    —¡Perdón! — dijo la chica rogando — Mírame, estás enojada — dijo Eliza con la boca seca.

    Fany la miró firmemente por un segundo, pero se derrumbó ante el patético semblante de su amiga, territorio virgen, todas las peleas habían sido culpa de Fany, todas las disculpas habían venido de ella, Eliza jamás era quien estaba ahí derrumbada pidiendo clemencia.

    — Te amo, ¿Ok? Siempre será así.

    Le dijo dulcemente Fany, lo que iba a ser un increíble sermón, se convirtió en palabras de amor, un firme abrazo y una tierna mirada.

    —Yo también te amo… — dijo Eliza sonriendo, una lágrima recorrió su mejilla.

    Les gustaba decírselo, a Paulina y hasta a Gabriela les decían que las querían, decirse que se amaban era solo para ellas y sus hombres, se miraron intensamente, Fany abrazó con fuerza a su mejor amiga de nuevo y Eliza derramó otra lágrima en su hombro.

    —Perdón, nunca debimos hacer esa estupidez.

    Dijo Eliza, Fany no quería tocar el tema ni con un palo, se resistió a decirle de nuevo que no lo mencionara, quería darle al menos un poco de consuelo.

    —Ya, no importa, ya ni me acuerdo de quién fue la idea — dijo Fany con culpa, recordando que había su idea, sí que era su culpa.

    Recordaba que había sido su idea y seguía negándolo, se sentía mal de pensar que había dicho tantas veces esa mentira, que seguro ya los había convencido de qué fue idea de Eliza y no de ella, recordar ese simple hecho la hacía pasar de estar a la defensiva a sentirse mal de nuevo, lo odiaba, por primera vez el drama no era su culpa y eso se sentía bien, se negaba a sentirse mal por eso.

    —¿Por qué lloras? No estoy molesta — dijo Fany al mirar los ojos vidriosos de su amiga.

    Quiso preguntarle por Julián, era evidente que estaban peleados, no la había visto sentada en las piernas del chico cómo siempre entre clases, quiso decirle que no importaba lo que hubiera pasado, que los perdonaba, que todo estaría bien, decirlo honestamente, darles un perdón sin siquiera saber que había sucedido, quería normalidad, volver a qué todo fuera como antes, pero decir más le soltaría la lengua a su amiga, fue egoísta.

    —Es que Fany…

    Balbuceó Eliza alzando la vista, Fany sintió que el corazón se le hacía un puño, temía ante la ominosa verdad.

    —No, no quiero saber nada… Por favor — dijo Fany desviando la mirada, semblante histérico.

    Eliza no dijo nada más, Fany no la dejó aliviarse tanto como ella quería, ambas odiaban que la otra fuera tan egoísta, Eliza odiaba que Fany no la dejara tener paz y Fany odiaba que Eliza quisiera liberarse a costa de ella.

    Miraban el partido en silencio, Mario y Julián se negaban a voltear hacia sus chicas, Mario por no causar otro bizarro momento en que las 2 lo saludaran y Julián intentando remarcarle un punto a su novia, se lo pensaba dejar caro a Eliza, la tensión entre los 4 no hacía más que crecer.

    Balón dividido, Rafael y Gonzalo chocaron tapando el remate uno del otro, típico tapón, pero bastante aparatoso, ambos caían al suelo y ambos equipos corrían al centro gritando y empujándose. En medio del barullo, Julián midió y pateó fuertemente a Mario a la altura del muslo, el guapo chico se dolió, pero no le daría el gusto de tirarse al suelo, Mario lo miró fijamente, Julián le sonrió y se perdió entre la multitud de su equipo. El cuarentón del silbato sonaba histérico el aparato en su boca y separaba a los 22 jóvenes como podía, cuando los jóvenes se tranquilizaron, el entrenador sonaba su silbato de nuevo y marcaba balón a tierra.

    Se colocaban Julián y Mario al saque, los 2 capitanes, estaban claramente de lado del campo de Julián, Mario cedió el balón a tierra como dicta el fairplay, no ir por la pelota, intentando con todas sus fuerzas no ser un idiota.

    “Ok, te merecías esa patada, sabes que te la merecías” pensaba Mario, viendo el balón para no ver a Julián.

    Él ni siquiera amagó en ir por el balón, Julián notó que estaba distraído viendo el balón y pateó tan fuerte como pudo la pelota de duro cuero, justo a la linda cara de Mario. Un sonido seco y fuerte, una fuerte exclamación de las gradas y la cabeza de Mario se sacudía fuertemente, Eliza agachaba la mirada avergonzada, Fany miraba todo atentamente, mientras el preparatoriano trastabillaba con su propio pie y caía de nalgas al suelo de cemento. Alzó la cara furioso, Julián lo miraba fijamente con una mueca macabra que casi parecía una sonrisa, mientras corría de espaldas lejos de él. Todo mientras los 2 equipos corrían al centro de nuevo entre empujones y reclamos, pero Mario se levantaba y como buen mártir alzaba los brazos para calmar a todos, usando todas sus fuerzas para no sobarse el rostro, aunque lo llevaba claramente colorado y el cuarentón rápidamente sacaba una tarjeta amarilla a Julián, cosa que terminó de calmar los ánimos.

    —A la siguiente te vas, no creas que no vi la patada de antes — le dijo el cuarentón del silbato en voz baja a Julián, quién solo asintió seriamente con la cara al piso.

    Eliza y Fany en silencio, sintiéndose basura por haber causado un literal “lío de faldas”, pero también ambas pensando que sería bueno, que saquen el veneno, nada mejor para curar el ego herido de un hombre que unos cuantos buenos golpes. El partido se reanudaba, varios encontronazos aquí y allá, una vez que se enciende la mecha, la dinamita va explotando de a poco, así es el fútbol.

    El entrenador anunciaba los últimos 5 minutos, no quería terminar con una pelea campal, las chicas respiraban, Mario cuidaba con la mirada a Julián. Tiro de esquina.

    Rafael proyectaba el balón al centro del área chica, Julián saltaba y conectaba con la cabeza hasta el otro poste del arquero, quien solo pudo ver el balón entrando, el equipo festejaba, mientras Julián tomaba el balón y corría al centro del campo para el saque inicial de nuevo, pero el cuarentón del silbato lo detenía, le quitaba el balón y pitaba dictaminando el final del partido, empate a 1.

    Las gradas aplaudían, algunos comentaban lo emocionante que había sido, más que la final del semestre pasado, ni Mario ni Julián se acercaron a las gradas, solo fueron directo a las regaderas. El cornudo entró primero, echó la vista a los lockers e identificaba el ridículo póster de un videojuego que tenía Mario colgado en su locker.

    —Que nadie entre.

    Le decía Julián rápidamente a Rafael, ¿Ese patético bufón que todo bully tiene? Ese.

    Corrió al casillero de Mario sin tener una idea muy clara de lo que iba a hacer, un grueso candado resguardaba la puertita, torció la boca decepcionado, pero algo se le ocurriría.

    —¿Por qué? Quítate, tengo una cita en 2 horas — le reclamaba Esteban a Rafael en la puerta de los vestidores, detrás Mario mirando todo.

    —No pueden entrar, no aún — decía Rafael manteniéndose firme, encontraba un patético orgullo en nunca fallarle a Julián.

    —Te voy empujar — dijo Esteban mirándole a los ojos, Rafael afianzó sus pies en el suelo y su mirada en los ojos del otro chico, pesaba el doble que él.

    —¿Qué esperan? Nadie se va sin un regaderazo ya saben, apestan, dense prisa, carajo — decía el entrenador llegando al barullo en la puerta.

    Los jóvenes entraban, Rafael corrió primero y miraba a Julián de pie en una banca y dar un salto al piso al verlo.

    —Perdón, el entrena-

    —No importa, siéntate, tienes que ver esto — dijo Julián rápidamente riendo con sorna.

    Los adolescentes entraban, Julián y Rafael esperaban sentados viendo todo, Rafael con curiosidad, Julián conteniendo la risa. Mario llegaba a su casillero, lo abría tranquilamente y notó humedad en la puerta, cuando abrió por completo y miró su cambio de ropa completamente empapado, no comprendía que sucedió. Julián comenzó a reír a carcajadas ante Mario que miraba detenidamente su ropa, y Rafael le siguió solo porque era un idiota.

    —¿Tú hiciste esto? — dijo Mario dándose la vuelta, 2 o 3 chicos se detenían a mirar, Mario sostenía su blusa favorita en mano, empapada, Julián reía más — Gran cosa, mojaste mi ropa — dijo Mario sin comprender la histérica risa de Julián, que solo se multiplicó aún más al escucharlo, más chicos se detenían a cada segundo a mirar — ¿¡Qué!

    Preguntó Mario furioso en voz alta, daba un paso hacía Julián, quién reía tanto que tenía la cara apuntando al suelo y los ojos cerrados, Rafael reía como el idiota que era mirando a Mario, aunque sin siquiera comprender por completo que sucedía, pero entonces Mario miró su playera de cerca, goteaba… Amarillo.

    Mario olió con terror la blusa, todos miraban, retiró la cara por el hedor a orina tan penetrante de la blusa, Julián había orinado por una de las rendijas de su casillero. Mario soltó la blusa por reflejo, cayó pesadamente al piso y el golpe la hizo desbordar el amarillento líquido, 3 chicos miraron de cerca.

    —¿Orinaste su ropa?

    Preguntó Esteban confundido a Julián viendo la blusa en el suelo, con una sonrisa qué no sabía decidirse entre si era jodidamente divertido o si Julián estaba mal de la cabeza. Julián asentía aún riendo como enajenado y varios rieron, otros miraban incrédulos la situación, dos pensaron que eran demasiado maduros para eso y entraban a las regaderas.

    —Puto loco de mierda — le decía Mario a Julián, el imbécil de Julián se limpiaba una lágrima de la risa ignorándolo.

    —Ignóralo, es un niño, enjuaga la ropa en la regadera, la lavas en casa, no es gran cosa — le decía Esteban tomándolo del hombro.

    Mario miraba su blusa en el piso, ojos inyectados en furia, a punto de lanzarse sobre Julián, permitió los golpes, incluso los comprendió, pero esto era demasiado, sobrepasaba el plano físico, esto iba a humillar, a hacer daño, no era un “sano” desquite, era una retorcida treta que fue más allá. Esteban lo notó, apretó su hombro.

    —No — le dijo firmemente y Mario lo miró preguntándole porqué con la mirada — Está celoso, es obvio que serás el 9 del equipo este semestre, no le des el gusto, los echarán a ambos del equipo, dale donde le duele — le dijo Esteban y con la última frase, Mario sonrió.

    —Bueno, supongo que no tengo ropa interior tampoco para el regaderazo — dijo en un tono de voz burlón y con el volumen suficiente para que Julián lo escuchara, él lo hizo y lo miró sonriendo confundido — Me tendré que dar un regaderazo desnudo — dijo Mario y Esteban reía confundido a su lado.

    Mario miraba a Julián, su estúpida sonrisa confundida se fue convirtiendo en un ceño fruncido mientras el joven guapo se quitó la camisa deportiva y luego los shorts sin vergüenza frente a él, Julián resopló confundido y burlón.

    —¿Nos está seduciendo? — dijo Rafael burlón intentando hacer reír a su superior, pero Esteban y Julián miraban igual de confundidos en silencio.

    Mario le sostenía la mirada a Julián, se reincorporó ya solo con unos boxers apretados negros, lo miró por última vez, casi sonriendo, esperando que aquello que planeaba saliera tan bien como lo veía en su mente y no quedara como un idiota, las regaderas ya llenas y los vestidores casi vacíos, excepto por ellos 4.

    Mario tomó los costados de sus boxers dispuesto a bajarlos, recordando las crueles palabras de Eliza sobre que Julián tenía la verga más chica que él, «diminuta junto de ti», rogaba a todos los dioses que la diferencia fuera tan notable cómo para que su movimiento impactara y valiera la pena…

    Y bajó sus boxers frente a él hasta sus pantorrillas, se los quitó por completo ayudándose con los pies, lo confrontó con la mirada fijamente, así que pudo ver con satisfacción como Julián miró por 2 segundos a su magnífica verga flácida, aún estando así, era lo suficientemente larga para destacar, con un grueso bastante decente y las enormes bolas estaban ahí también.

    —¡¿Qué te pasa?! — dijo Julián levantando la mirada, sonriéndole incrédulo, a punto de estallar.

    —Nada, no tengo otro cambio, tendré que darme el regaderazo así — dijo Mario sonriendo con sorna, sabiendo que su disparo había dado en la diana.

    Rafael y Esteban no comprendían, veían todo confundidos y admirados, como si fuera un evento cósmico, ellos ni siquiera se inquietaron por la evidentemente enorme verga de Mario, el que se hubiera desnudado frente a Julián era suficiente. Mario caminó a las regaderas, otro chico por ahí lo notaba desnudo y reía un poco, pero nadie le tomaba demasiada atención, quienes tomaban la ducha completamente desnudos eran atípicos, muchas veces en broma queriendo molestar o gritando histéricos cómo locos después de una gran victoria, era poco común, pero no lo más extraño del mundo entre adolescentes idiotas después de hacer deporte, simplemente le ignoraron un poco, claro, hasta que Julián hizo «grande» el asunto, nunca mejor dicho.

    —¡¿Qué significa esto?! — gritó Julián histérico siguiendo a Mario.

    El celoso novio de Eliza lo confrontó, sabiendo que ambos sabían exactamente que significaba, Mario literalmente se midió la verga contra él, y aunque Julián no se la sacó, quedó claro el ganador por la reacción, en ese momento sí que voltearon todos, incluso vinieron algunos desde la regaderas, silencio total, mirada fija en el espectáculo.

    —Nada, déjame en paz — dijo Mario con desinterés, más por joderlo que por estar realmente tranquilo.

    —¿Qué? ¡¿Eres un maricon?! — le dijo el desesperado joven dándole la vuelta a Mario por el hombro — ¿Buscas parejita aquí o qué? — preguntó intentando hacer daño, despistando su propio ego herido.

    Todos miraban, mayormente emocionados, sería un chisme épico.

    “¿Recuerdas cuando Mario peleó desnudo con Julián? Jajajaja”

    Todos miraban, silencio sepulcral, por eso casi nadie lo notó, solo Esteban y Rafael notaron al entrenador, Rafael casi abre la boca, el cuarentón le dijo que se callara poniéndose un dedo en la boca.

    —¿Buscas un buen culito por aquí? — insistió Julián sonriendo con sorna.

    —Créeme… Tengo suficientes CULOS a mi disposición — dijo el más guapo sonriendo con malicia, la sonrisa de Julián se borró de golpe.

    El dolido joven le escupió en la cara a Mario, un escupitajo enorme y viscoso que le tapó la mitad de la visibilidad haciéndole cerrar un ojo, el entrenador avanzó hacia ellos decididamente, el cuarentón caminó firmemente hacía los 2 tarados adolescentes entre los gritos emocionados de todos, que callaban poco a poco mientras notaban por fin al hombre acercarse a los que peleaban. Mario vio al hombre detrás de Julián acercándose y mirándolo fijamente, amenazándole con la mirada para que no contestara la agresión, pero no le importó, ya había soportado bastante, ya era suficiente… Le dio un firme cabezazo con todas sus fuerzas, usando la espalda y dejando bien trabado el cuello, escuchó como la nariz de Julián crujía y el joven caía al suelo doliéndose con chillidos patéticos, y cuando Julián cayó, el furioso entrenador lo miraba con su compañero a sus pies.

    —Los 2 a mi oficina — dijo el hombre furioso, ni siquiera tuvo que alzar la voz, nadie hacía un solo ruido.

    —¡¡Me Rompió La Na-!! — intentó hablar Julián desde el suelo.

    —¡¡AHORA!! — grito furibundo el hombre, Mario hasta dio un salto del susto.

    Mario entraba (ya vestido con el sudado uniforme) a la oficina del entrenador, el hombre aún furioso lo miraba entrar, tenía los 2 reportes listos sobre el escritorio, sus manos descansando sobre cada uno, Julián estaba sentado en una de las sillas sosteniendo una enorme bola de papel higiénico llenó de sangre sobre su nariz, Mario tomó asiento sin voltear a verlo.

    —Obviamente los 2 están fuera, no sé qué mierda fue eso en los vestidores, pero no lo toleraré aquí — miró a Julián — 3 meses fuera — y le entregó su reporte lleno — Y tú estás 2 meses fuera — le dijo entregándole el suyo a Mario.

    —¿¡Por qué yo 3 meses y él 2!? — preguntó Julián, con un acento patético.

    —Lárgate a la enfermería antes de que sean 5, vi como le provocaste — le dijo el hombre a Julián, el joven lo miró furioso, se levantó y se fue azotando la puerta de la oficina, el hombre barbado esperó 2 segundos, miró a Mario fijamente — No sé que líos tengan ustedes 2, seguramente es por una vieja, a su edad siempre es por eso, créeme, no lo vale, ningún culo lo vale, dejen de ser unos idiotas y ya sabes, mañana quiero eso firmado por tus padres — le dijo el hombre a Mario, él solo escuchó y tomó el reporte de su mesa, el hombre le indicó con una mano que se largara y el chico así lo hizo.

    Salió lentamente de la oficina del entrenador, afuera en la jardinera, su peor miedo ahí sentado, su pequeña Fany, con cara de qué obviamente ya lo sabía todo. Los jóvenes caminaron de la mano en silencio hasta la casa de ella, más por costumbre que por voluntad, no dijeron nada hasta llegar a la casa de ella, tampoco lo hicieron los primeros 15 minutos que estuvieron ahí dentro.

    —A verlo… — le preguntaba Fany pidiéndole el reporte que él aún llevaba en la mano, él se lo entregaba sin mirarla y ella leía — “El joven Mario Mendivil y su compañero de equipo, Julián Jaras, tuvieron una pelea en los vestidores de la escuela, se hicieron de palabras, Julián le escupió en la cara al joven Mario y este contestó con un cabezazo al joven Julián. Aún esperamos el parte médico del joven Julián, aunque parecía estar bien y estaba consciente” — leyó Fany con seriedad y le regresó el papel a su novio que lo tomó con desinterés.

    —Lo siento — dijo Mario mirándola por fin.

    —¿Por qué? Discúlpate con Julián, de por sí tiene la nariz fea… — dijo Fany intentando animar al joven, él no sonreía.

    —Sé que a lo mejor esto te causará problemas con Eliza — dijo él, ella agachó la mirada.

    —¿Qué sucedió ayer Mario?

    Preguntó Fany aterrada, pero todo había llegado a un punto de quiebre, literalmente. Le dio un segundo y alzó la vista para confrontar a su novio con semblante serio.

    —¿Te duele mucho? — le preguntaba Eliza preocupada a Julián.

    El médico de la escuela terminaba de colocarle la férula nasal al joven, cada minuto que pasaba su aspecto empeoraba, el tabique evidentemente desviado, unas sombras moradas intensas; casi negras, debajo de los ojos del joven.

    —2 semanas y viene a revisión, joven — le decía el cincuentón en bata y le extendía una receta médica — Solo en caso de dolor agudo — finalizaba y le sonreía, indicándole pasiva-agresivamente que saliera de ahí.

    La parejita caminaba fuera de la escuela, a medio metro de distancia y todos veían a Julián como si fuera un bicho raro, el joven caminó hasta una esquina algo solitaria, se detuvo y volteó a ver a su chica.

    —¿Me vas a dejar? — preguntó Fany melancólica, él la miró seriamente.

    —No sé… ¿Volverás a verlo? — preguntó sin perder detalle de la cara de ella.

    —No — dijo ella rápidamente.

    Él la tomó dulcemente de las manos, la miró intensamente a los ojos, ella no quería mirarlo, le dolía más que a él todos esos moretones alrededor de su nariz, culpa. Pero lo miró porque él la miraba, ambos sabían que se acercaba el gran momento, ambos sabían que si él preguntaba algo en ese preciso instante ella diría la verdad, toda la verdad, porque todo escaló. Las travesuras se mantienen en secreto y negación cuando son divertidas e inocuas, solo es un estúpido jarrón roto, pero cuando resulta que precisamente ese jarrón era un regalo invaluable de hace 5 generaciones, los tíos empiezan a gritar echándose la culpa unos a otros y confrontan todos juntos al principal sospechoso, el niño travieso se achica, solo la verdad puede salvarlo de esa tortura que parece no tener fin, la culpa y el miedo lo invade, ve todo lo que causó y quiere que paré, sabe que solo la verdad lo hará libre. La niña traviesa se sentía así en ese momento y Julián abrió la boca para preguntar, pero al notar la mirada suplicante de Eliza para que no lo hiciera, él tuvo piedad.

    —Nunca vuelvas a verlo — dijo él teniendo clemencia y ella asintió casi sonriendo, lo abrazó con delicadeza y soltó una lágrima en su hombro.

    —Dijiste que no querías saberlo — dijo Mario nervioso, ella lo miraba.

    —No quiero… Pero probablemente Eliza se lo diga a Julián porque todo se fue a la mierda, necesito saberlo, no quiero, necesito — dijo Fany aún mirándolo, torció la boca sin querer.

    —Fuimos al cine — dijo él con la boca seca, ella asentía — Vimos esa estúpida película de chicas — dijo intentando reír, aligerar, ir despacio, preparar el golpe.

    —¿”Pasión de verano”? — preguntó ella riendo nerviosa, él asintió — ¡Puagh! Menos mal que la viste con ella, ni de broma iré a verla contigo — agregó cómicamente.

    —Solo pedí boletos para la función más próxima y era esa, yo tampoco quería verla — dijo nervioso, reían un poco, uno al lado del otro sentados nerviosos en la cama de ella, silencio de 2 segundos, él miraba sus manos, ella sus pies.

    —¿Después? — preguntó nerviosa.

    —Nos comimos unas de esas enormes hamburguesas de Jhonny’s — dijo sonriendo, Fany las odiaba.

    —Definitivamente aprovechaste para hacer todo lo que odio — dijo ella riendo, pero le siguió un silencio sepulcral, ambos notaron lo ominoso de esa sentencia premonitoria — Están súper grasosas, no entiendo como te gustan — agregó seriamente — ¿Fueron a su casa? Ella me dijo que vieron Netflix — lo soltó, le temblaban las manos, se agarró fuertemente a su cama.

    —Sí… — dijo él nervioso, se negaban con todas sus fuerzas a mirarse — Pero… — comenzaba nervioso.

    —Ok, no me des detalles — dijo ella rápidamente aterrada, quería ser valiente, pero no podía — Solo mmmm… ¿Pasaron cosas? — dijo con el corazón a tope.

    —Sí — dijo él aún sin mirarla.

    —¿Todo? — preguntó aterrada, se le escapaba una lágrima, se odiaba por ser tan débil.

    —Bueno, es que… O sea, ella me- — balbuceaba torpemente.

    —¡Sin detalles, Mario! — dijo furiosa, resopló, vista al frente — ¡Solo dime si pasó todo! TODO, ya sabes… — lo miraba fijamente.

    —No, no, todo no — dijo él sintiéndose al menos un poco aliviado.

    —Ok, con eso basta — dijo quitándole la mirada de encima por fin, se aferraba a ese clavo ardiendo que le daba ese patético alivio de que no pasó “todo”.

    —¿Segura? — preguntó él ahora mirándola.

    —Sí — dijo la chica decidida y se levantó de la cama — ¿Quieres ver algo? — preguntó ella forzando la normalidad otra vez.

    —No — dijo él confundido, miraba a su novia como si fuera una psicópata — Debería irme, debo darle esto a mis papás, mi padre estará furioso — dijo aterrizando en la asquerosa realidad.

    —Por eso, veamos algo, a lo mejor no puedes venir en un tiempo — dijo ella sonriéndole melancólicamente, ya sabes, tragedias adolescentes jajaja.

    Él asintió sonriendo de igual manera. Se acostó sobre la cama mientras ella buscaba el mando de la smarTV y se echaba a lado de él. Ponían cualquier cosa, como siempre, miraban en silencio mientras él la abrazaba cálidamente y ella escuchaba recostada en su pecho su corazón latir. Ella comenzó la ofensiva, levantó la cara y lo besó, se subió encima de él y se sonreían.

    Se quitaban la ropa, reían nerviosos y se besaban, él intentaba no comparar, lo odiaba, una retorcida culpa combinada con decepción y cachondez lo invadía al ahora tener las raras tetas puntiagudas de su novia frente a él y recordar los preciosos pechos perfectamente redondos de Eliza. Se quitaba rápidamente los pantalones y ella le sobaba su enorme verga completamente erecta, benditas erecciones adolescentes, siempre listas. Ella misma se quitaba la falda y las bragas blancas de abuela, se acostaba de perfil en la cama y bajaba a la altura de la verga de él.

    —¿Te la chupó Eliza? — preguntó ella nerviosa, él abrió los ojos histérico, respondiendo sin responder, ella sintió una puñalada en el corazón y una confusa punzada en el coño — Si ella te la chupó, lo haré yo también — dijo nerviosa, presionando, exigiéndole que acabara de atravesarle el pecho con esa daga.

    —Sí — dijo él sin saber a cual de todos sus confusos pensamientos tomar en cuenta.

    Fany miraba el enorme pedazo de carne en su mano, no se le antojaba ni un poco poner esa deforme vara cerca de su cara, pero ver la cara emocionada de él la hizo cambiar de opinión.

    —Móntame — le decía Julián en voz baja y emocionado a Eliza.

    Intentaban estar en silencio en su cuarto con los padres de él fuera en la sala. Ella llevaba 20 minutos torturándolo acariciándole la verga lentamente con ese lubricante que les dieron en la clase de sexualidad.

    —¿Seguro? — preguntó emocionada y sonriendo la chica.

    —No, seguramente no quiero metértela — decía él sarcásticamente aún en voz baja, ella reía un poco.

    —Pero ya sabes que soy bien ruidosa — dijo ella y lo besaba apasionadamente — Y la nariz… ¿No te dolerá por el movimiento? — preguntó más seriamente.

    —Me aguanto — dijo él sonriendo y ambos reían un poco.

    La chica se puso de pie emocionada, caminó a la puerta del cuarto de su chico y verificó que tuviera el pasador puesto, así era siempre, ella lo hizo mil veces, siempre estaba más temerosa que él de que sus padres entrarán, no importaba, esos comprensivos y modernos padres jamás lo harían, no es como sino supieran que sucedía ahí dentro, pero preferían pensar que era mejor de esa manera, la alternativa era qué su retoño se arriesgara en turbios moteles o lugares públicos, eran buenos padres, bueno, según como lo veas.

    Eliza caminó de regreso a él mientras Julián bajaba sus pantalones hasta sus tobillos, se ponía el condón y ella se sacaba sus lindos cacheteros morados con encaje por debajo de la falda, intentó no mirar su verga, no quería pensar en Mario, así que solo fue a él directamente para montarlo, sin ponerse de rodillas esta vez frente a él. La chica lo miró intensamente como siempre lo miraba mientras se subía en él, tomaba su verga por debajo con la mano y se sentaba en ella, él amaba eso. Julián sentía la deliciosa calidez húmeda de la chica abrazarle la verga y ambos gemían un poco cuando ella se terminaba de sentar sobre sus bolas con la verga bien metida, se miraban intensamente y se besaban igual.

    Él la tomaba de su lindo culo con ambas manos, la subía y bajaba lentamente, ella hacia esa cara histérica de siempre, como si la quemaran con un cigarro y no soportara el dolor, llegaba tan profundamente como podía en ella y la chica lanzaba un suspiro combinado con gemido, él sonreía y ella reía nerviosa por sus propios ruidos. Tomaban un poco de ritmo, unos tenues sonidos húmedos venían de ahí debajo, se besaban apasionadamente, ella movía las caderas con ritmo y él disfrutaba, se miraron, él no soportó el impulso.

    —¿Solo vieron Netflix? — preguntó nervioso, ella paró medio segundo, mirada aterrada, siguió para intentar despistar.

    —¿Qué? — preguntó haciéndose la idiota.

    —Él me dijo que fueron a tu casa — dijo nervioso mirándola.

    —¿Le hablaste? ¿Cuándo te lo dijo? — preguntó a la defensiva, dejó la verga de él dentro y paró de mover las caderas, no sabía si saltar fuera de ahí y confrontarlo, o rogar perdón.

    —No estoy enfadado — dijo él mirándola fijamente, ni él sabía si eso era verdad.

    Julián se acomodó, le tomó el culo y le clavó la verga un poco más de golpe, ella se retorció sin hacer ningún ruido, sin dejar de mirarlo. Él abrió su blusa lentamente, le pasó las manos detrás y le liberó el sujetador, ella lo miraba fijamente intentando averiguar que pensaba él, aterrada, confundida, nerviosa, triste, culpable, pero su coño no la deja concentrarse. Julián comenzó a chuparle los pezones, y ella se retorcía, quería escapar, lo empujaba débilmente por el pecho y gemía tímidamente, él apretó sus preciosas nalgas y se la metió fuertemente 2 veces de golpe. Ella se perdía, demasiada estimulación, la deliciosa boca de su novio iba de un pezón a otro, sus manos apretaban con fuerza sus nalgas y comenzaba a tomar velocidad moviendo la cadera para meterle la verga, demasiado bueno, al menos para sus estándares.

    Porqué Julián no era precisamente el mejor amante, era un buen novio, atento, lindo, caballeroso, no olvidaba una sola fecha y no había pasado un solo día sin que le dijera que se veía hermosa, bueno tal vez ese día con todo ese asunto, pero solo ese día. Él pagaba todo, sabe dios que se esforzaba siempre consiguiendo dinero de aquí y allá, le regalaba flores a veces sin razón y jamás le alzó la voz aunque estuviera furioso. Era algo histérico y celoso, ¿Pero que adolescente no lo es? Lo dicho, un excelente novio.

    Sin embargo en el apartado de amante fallaba un poco. Ella siempre saltaba sobre su verga hasta sacarle el alma, le chupaba la verga como una campeona y jamás se acobardó a follar en silencio en su cuarto. Pero él no le había comido el coño nunca, ni hablar del culo, no era precisamente el chico con más resistencia antes de correrse, no tenía la mejor verga, era demasiado delgado y cuando ella montaba, él solo se dejaba querer, lo que hacía en ese momento la volvía loca en 2 minutos.

    —Espera, espera — dijo ella con los dientes chocándole un poco, él sorbía su pezón derecho y le metía la verga cuan profundo podía al mismo tiempo — ¡Sí! ¡Así! — dijo ella con naturalidad y él la miró con histeria sarcástica porque ella alzó la voz y ambos reían.

    —¿Solo vieron Netflix? — preguntó él y hundía la cara en el delicado cuello de la chica para lamerlo.

    —Solo vimos Netflix, lo juro — mintió desesperada entre sus gimoteos sexuales, él le clavó la verga con fuerza, ella le clavó las uñas en los antebrazos.

    —¿Segura? — le dijo mirándola lujuriosamente, le clavaba la verga 2 veces más y se retorcían — Tienes la oportunidad de decirme la verdad sin castigo ahora mismo, tienes suerte porque estoy súper cachondo — dijo él concienzudamente.

    Le dio tiempo para pensarlo, no quiso presionar, pero tampoco desviar la atención hablando de otra cosa, le hundió la cara en el cuello, le sostenía con una mano una nalga, la penetraba lento, pero profundo y le acariciaba un pecho con la otra mano, él sabía que era demasiado, nunca se había esforzado tanto porque nunca lo sintió necesario, se sentía estúpido al pensarlo en ese momento viendo como se ponía ella.

    —Nos besamos — dijo ella abrazándolo, juntando su mejilla con la de su novio, no quería mirarlo.

    Él sintió exactamente lo mismo que Fany, un disparo en el corazón y que la verga le daba un salto.

    Fany le pasaba la lengua torpemente por encima de la verga a Julián, aún así el chico se retorcía un poco y la miraba emocionado, no hay mamada mala, no importa lo que te digan, no hay mamada mala. Y si ella hubiese visto su cara, se hubiera reído, cualquiera nos hubiéramos reído, una genuina cara de idiota lujurioso, con la sonrisa de pendejo y todo. Fany le pasaba la lengua por sus enormes pelotas y él gemía honestamente, ella alzaba la mirada y al ver qué él levantaba la cara hacia la cabecera de la cama se sintió valiente sin la mirada del chico “encima”.

    —Eliza… ¿Te la chupó mucho? — preguntó nerviosa.

    —¡Sí! — dijo él, ella le pasaba la lengua a todo lo largo y él la miraba sonriendo — Un chingo, como 20 minutos, una mamadota la verdad — dijo sin pensarlo, no estaba seguro de que pasaba, caminaba un territorio minado y tomaba mas confianza con cada paso.

    —¿Te gustó? ¿Tú se lo pediste? — preguntó nerviosa, le tomaba gusto a la deliciosa tortura.

    —Me encantó, la chupa demasiado bien… se la tragaba toda.

    Dijo él lanzándole una pista, ella lo comprendió y por fin dejó de pasarle la lengua por fuera y se metió de una buena vez esa verga a la boca, él se retorcía, la miraba y le acariciaba la cabeza.

    —¿Se manosearon rico? — preguntaba Julián mirando fijamente a Eliza.

    —Sí — dijo ella nerviosa, se miraban fijamente, ojos bien abiertos, era difícil enfocarse — Hasta me metió las manos debajo de la falda y me sostenía el trasero con las 2 manos — remató buscando reacción, sin saber que esperar realmente, todo era demasiado confuso.

    El joven sentía la daga clavarse más en su pecho y que la verga le iba explotar, le comenzó a quitar desesperadamente la blusa a la chica y ella lo permitía, la tiró al suelo, tetas al aire como dios manda sin que nada estorbara y ella le arrancaba la camisa a él, se desesperaban, él salía de ella y se ponían de pie, se terminaban de desnudar mirándose y sonriendo emocionados, nunca habían estado completamente desnudos en el cuarto de él, demasiado peligroso, bueno, eso pensaban ellos.

    Él la puso violentamente en cuatro patas, siempre medio cuerpo sobre la cama, rodillas en la alfombra y culo hacia él. Julián no se cansaba de la vista del hermoso culo de ella así, ningún hombre heterosexual se hartaría, el lindo, pequeño y redondo trasero de Eliza era un espectáculo en esa posición. Le separó una nalga desesperado y le metió la verga de golpe, se acostó sobre su espalda acercando su boca a su oído y lamia la oreja superficialmente, mientras movía delicadamente las caderas penetrándola.

    —Nos estábamos besuqueando en mi sillón de la sala — decía ella, él le besaba el cuello — Nos manoseamos todo… TODO — remarcó lujuriosamente ella.

    —¿Se la viste? — preguntó nervioso y le metió la verga de golpe dándole su recompensa anticipada a la chica.

    —¡Sí! — expresó apenas inteligiblemente entre sus gemidos — Y le ofrecí una mamada — remató con crueldad.

    —¿Tú se lo dijiste?… Puta.

    Dijo él emocionado, ambos sintieron un delicioso escalofrío, siempre es un salto de fe decirle “puta” a tu chica por primera vez, esa fue la primera de ellos.

    —Sí yo le dije, tiene una vergota, se la mamé toda — dijo ella ya con los ojos cerrados, más allá de la razón, aunque hubiera querido, no hubiera podido cerrar su boca.

    Julián recordaba a Mario desnudo en los vestidores, pensaba con furia y cachondez mezclada, lo grande que se veía ese falo… Ella decía la verdad. Le dio la vuelta desesperado, ella cooperó, acostada sobre la cama, levantando las piernas, piernas que él tomó y subió a sus hombros, mientras él seguía de rodillas en la alfombra frente a ella, sacrificó la linda vista de sus preciosas nalgas redondas por mirar su cara.

    —¡Sí! ¡Así! ¡Más! — exigía Mario sosteniendo la cabeza de Fany que intentaba tragar lo más que podía de su verga.

    —Ponte el condón — dijo ella sonriéndole.

    —No, chúpamela más — dijo él con autoridad, ella lo miró confundida, él no era así.

    Mario le tomó la cabeza a su chica y la regresaba a su labor oral, la chica se sometía, de algún modo le gustaba, Mario nunca era así, pero a ella le encantaba. Él le empujaba histérico la verga en la boca hasta hacerla dar arcadas, gemía profundamente y adoraba la vista de su chica con su verga en la boca, ella lo miraba desde abajo.

    —Ella solita me ofreció la mamada, le encantó mi vergota y dijo que la tengo más grande que Julián — dijo él lujuriosamente mirándola a los ojos y ella iba más profundamente, de algún retorcido modo le ponía cachonda que su macho triunfara sobre otro — Se tragó mi corrida — dijo el adolescente y Fany hizo un firme chupón de arriba abajo como recompensa por la deliciosa declaración, una firme chupada ruidosa y húmeda, él se retorció dispuesto a darle más, otro azote — Hasta me pidió que le hiciera fotos y vídeos — dijo emocionado, ella se soltó fuertemente de su agarre, desesperada.

    —¿Los tienes? — preguntó, emocionada, confundida, furiosa, cachonda.

    —No, porque revisas mis cosas, loquita celosa — le dijo y rieron — Los tiene ella, me los pidió — agregó rápidamente.

    —Pídeselos y me los enseñas — dijo sonriendo torpemente — Para reírme, de seguro se ve bien pendeja — agregó rápidamente, riendo falsamente y obviamente mintiendo, ambos lo sabían.

    —Solo si te tragas mi corrida — le dijo él sonriendo con malicia.

    —¿Te gustó chupársela, puta? — dijo Julián con confianza y lujuria, sosteniendo las piernas de su chica y penetrándola de golpe.

    —Me encantó su verga… — dijo ella, se miraron — La tiene mejor que tú — dijo ella sonriendo cruelmente.

    Él devolvió la sonrisa y se dejó caer sobre ella, estirando sus piernas, sosteniéndose con las puntas de los dedos sobre la alfombra, doblando las piernas de ella, dejando las rodillas de la chica cerca de su propia cara y ambos rostros cerca, se besaban apasionadamente.

    —¿Te tragaste su corrida? — preguntó él emocionado.

    —Cómeme el coño — exigió ella de pronto, él la miró confundido — Cómeme el coño y te cuento todo… TODO — agregó rápidamente retándolo con la mirada.

    Mario se ponía de pie tomando de la mano a su chica, ella gateaba, él sentía un subidón de poder al ver eso, se detuvo, le ofreció la verga con la mano y ella la tomó con una mano y comenzó a chupar, él le retiró la mano de un movimiento rápido, tomó las manos de la chica y las puso sobre su firme trasero, sus manos sobre la cabeza de ella y comenzó a follarle la cara, lento y delicado, pero también lo más profundamente que podía.

    Julián salía de Eliza y se ponía de rodillas frente a la chica, ella sonreía con malicia, él arqueaba la espalda para alcanzar con la cara el lindo coño de su novia y comenzaba a comerle desesperado la entrepierna.

    —Le chupé toda la vergota un ratote — decía Eliza disfrutando, abría cuánto podía las piernas, disfrutaba la vista de su chico ahí debajo — Le lamí las bolas — decía, gemía y se retorcía cuando Julián le pasaba la lengua por el clítoris — Le dije que me quería tragar su corrida, yo misma le dije — decía mirando a su hombre satisfacerla, él sorbía su coño con fuerza y ella se retorcía — Le chupé la verga hasta sacarle la corrida — dijo desesperada.

    —¿Te tragaste su corrida? — preguntó Julián desesperado, Eliza sonrió, tomó su cabeza y lo regresó a su coño.

    —Me tragué toda su lefa… Sabía asquerosa, pero igual lo hice — dijo ella mirando a los ojos a su hombre comerle el coño.

    —Le comí el culo y el coño — decía Julián yendo hasta donde sabía que podía ir en la garganta de Fany, ella se separaba violentamente.

    —¿En serio? ¿Te gustó? — preguntó asombrada, mirándolo, él la regresó con fuerza a su verga.

    —Luego me quité las bragas y lo hice comerme el coño… así como tú ahorita — dijo Eliza riendo un poco, Julián sonrió nervioso desde abajo.

    —¿En serio? Entonces te vio toda desnuda — preguntó nervioso Julián, Eliza le tomó gentilmente la nuca y lo hundió en su coño.

    —Se puso en cuatro patas para que le comiera el culo — dijo Mario yendo un poco más allá de dónde estaba permitido, gimió y Fany lanzó una escandalosa arcada, respiraba histéricamente, lo miró, casi dice algo, él le metió la verga en la boca de nuevo.

    —Le puse todo mi lindo trasero en la cara, me lamia bien avorazado entre las nalgas.

    Decía Eliza con los ojos cerrados, solo disfrutando, igual que Mario, ambos gozando la complacencia oral de sus parejas, perdidos, más allá de la razón, el pudor o la gentileza con sus parejas, contando con lujo de detalle lo sucedido, sintiendo que el orgasmo estaba cada vez más cerca, disfrutando torturar a sus parejas y el ser complacidos egoístamente.

    “El wey tenía la cara bien metida entre mis nalgas”

    “Me encantó tener su culo en mi cara, y sabía deliciosa entre las nalgas”

    “Me provocó un orgasmo a puras lamidas”

    “Hasta las piernas le temblaron mientras le lamia el coño”

    “Me llenó la cara de semen al último”

    “Le eché toda mi corrida en la cara a la muy puta al último”

    Contaban y contaban, sus parejas solo escuchaban y se esforzaban en complacerlos, sabiéndose sometidos, disfrutándolo, queriendo escuchar más, sin interrumpir más, en muy poco tiempo aprendieron que ellos responderían a todas sus preguntas sin que las hicieran, siempre y cuando no se detuvieran, sufriendo, disfrutándolo, deseando que nunca hubiera sucedido o que sucediera de nuevo en igualdad de proporciones, disfrutando el limón y sal en la herida, pidiendo más.

    —¿Te folló? Ya dime, no me enojaré — preguntó Julián histérico, regresando de inmediato a lamerla, sin que ella lo regresara ahí, bien adiestrado en apenas unos minutos, pero mirándola detenidamente.

    —No, le dije y no se atrevió — dijo ella riendo un poco, le acariciaba la cabeza a su chico — Creo que si hubiera podido convencerlo, pero no insistí — agregó rápidamente.

    —¿En serio? ¡Por qué no se la metiste! — preguntaba Fany, casi parecía molesta, Mario reía.

    —No sé… por ti, ya era demasiado — dijo Mario.

    —¿Por mí? — preguntaba Julián, Eliza asentía.

    —Sí, me daba culpa, aunque no creas — respondía Eliza retorciéndose y riendo un poco.

    —¿Y si yo no me enojara? — preguntaron los cornudos al unísono, nerviosos, aterrados, emocionados, cachondos, histéricos, desesperados — ¿Lo harías? — insistían a coro.

    Ni Eliza ni Mario podían creer lo que escuchaban, se quedaron en blanco, Mario comenzó a jalarse la verga violentamente frente a Fany con una mano y con otra la sostenía fuertemente del cabello cerca de la frente, Eliza se acariciaba a toda velocidad el clítoris mirando histérica a Julián y sosteniéndole la cabeza tan cerca como podía de su coño.

    —Follatela, te doy permiso, sin enojarme, hazlo, ¿Ok? ¿Mario?

    —Dale tu lindo culo, en serio, no me enojaré, que te la meta, ¿Eliza? Responde.

    —Ok — respondieron a coro, Mario metiéndole su palpitante verga desesperadamente a la boca a Fany y Eliza restregándole el coño en la cara a su novio mientras le temblaban las piernas.

    Disfrutaban su orgasmo en la boca de sus parejas, pensando en las exigencias masoquistas de sus parejas y en sus propias promesas, preguntándose si serían capaces realmente de hacerlo y sus parejas de soportarlo, se sentían los reyes del mundo. Mientras Julián lamiendo histéricamente el lindo y pequeño coño de Eliza y Fany con la verga de Mario dentro de la boca mientras él le daba su espesa y amarga corrida, los 4 confundidos, culpables y jodidamente cachondos, pensando mil cosas en esos escasos y orgásmicos segundos.

    Fany hacía un esfuerzo sobrehumano por tragar. Echó la cara hacia abajo, tragaba con esfuerzo y un frío escalofrío le recorría el cuerpo mientras la espesa corrida de Mario le bajaba por la tráquea, su chico la miraba fijamente y disfrutaba ver como ella sufría, se sentía extraño de disfrutar eso. Julián lamía ese líquido que desbordó del coño de su Eliza, no estaba seguro de si le gustaba.

    Las parejas se recostaban, de pronto se sentían exhaustos, demasiada intensidad de golpe en muy poco tiempo, estaban agotados, golpeados. Julián buscaba a Eliza en la cama y le hacía la cuchara grande, Fany se recostaba pasivamente sobre el pecho de su Mario.

    —Sí me los tragué, le tienes que pedir los videos a Eliza, eh — decía Fany riendo un poco, él la miraba intentando leerla.

    —¿Es en serio todo lo que hablamos? — preguntó él suavemente.

    —Sí quiero ver los videos, igual están graciosos — dijo Fany esquivando.

    —Sabes que no me refiero a eso — preguntó él amablemente — Si no quieres que lo haga, no lo haré — dijo él, tenían que regresar a la aburrida y asquerosa realidad, siempre tenemos que volver.

    —Julián ni siquiera sabe todo lo que pasó, además, ni siquiera follaron como tal y mira lo que pasó — dijo Fany pidiendo un salvavidas desde la alberca demasiado profunda a la que ella misma se lanzó sin saber nadar.

    —Sí… Demasiados problemas — dijo Mario salvándola cortésmente.

    —Exacto, si él estuviera de acuerdo yo no tendría problemas, pero así se armaría un desmadre.

    Dijo Fany sonriendo, intentando sonar elocuente y racionalizando, agradeciéndole al salvavidas por haberla rescatado de esa profunda piscina y besándolo tiernamente.

    —Tú decide, yo no tengo problema, pero no quisiera que tuvieras problemas con Fany, es tu mejor amiga — decía Julián, haciéndose el fuerte, pero rogando por ser salvado igual que Fany, cornudos, siempre con miedos.

    —Sí, la verdad hoy se puso súper mamona cuando quise contarle, mejor no — dijo Eliza tranquilamente rescatando también a su novio.

    Y así las parejas se consolaron, los cornudos fingiendo que era lo mejor, ansiando ser más valientes, pero agradeciendo ser salvados de sí mismos. Mario y Eliza comprendiendo a sus cornudos, todos decimos pendejadas cuando estamos cachondos, además el sexo parecía mejorar a raíz de eso por alguna estúpida razón, una fantasía sin víctimas, el crimen perfecto.

    ————–

    Espero la hayan disfrutado. Si te gustó, por favor comentame y dame una valoración positiva. Saludos.

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  • Los cinco sentidos (noveno capitulo)

    Los cinco sentidos (noveno capitulo)

    A media noche Tania se despertó sudando, se sentía excitada.  Creía que tenía apartado de su mente a ese hombre, pero esa noche soñó con Carlos.  Soñó que de nuevo estaba en aquella terraza y que volvía a separar sus piernas para sentir la mirada de ese hombre entre ellas. En el sueño Carlos la follaba de nuevo de aquella manera que tanto le había gustado. Aquella polla le hacía sentir un placer desmesurado.

    Cuando se despertó sentía su cuerpo totalmente acelerado, caliente. Rodrigo aún dormía a su lado. Intentando no hacer ruido metió su mano entre las piernas y su mano sintió que tenía el coño empapado. Palpó la ropa de cama y estaba mojada. Acaso se había corrido con ese sueño? Masajeó su clítoris para calmarlo, estaba totalmente hinchado. Recordó cada detalle de lo que había soñado. Tuvo que tapar su cara con la almohada, para ahogar sus gemidos cuando se corrió pensando en la gruesa polla de aquel señor. Era la primera vez que había tenido que tocarse en mitad de la noche, con su marido al lado, por culpa de un sueño. Tanto morbo le provocaba aquella polla? Se ruborizó al darse cuenta que si.

    La luz de la mañana la despertó colándose entre las rendijas de la persiana, se sobresaltó al ver tanta claridad, que hora seria? Mierda, faltaban diez minutos para las ocho. Sintió la cama mojada y recordó lo sucedido durante la noche. Que le estaba pasando? El hecho de recordar la hizo excitar de nuevo. Se levantó rápida de la cama y se puso una camiseta larga y unas bragas.

    Cuando salió de casa vio que Braulio la estaba esperando para ir a caminar. Puso cara de desconcierto al ver que su vestimenta no era la apropiada para ese fin.

    -Buenos días joven

    -Buenos días Braulio -lo miro con cara entre avergonzada y de súplica -Lléveme a su casa porfa.

    -Que te pasa?

    -Luego se lo explico -mirando a ambos lados de la calle comprobó que no había nadie y le cogió la mano para arrastrarlo hacia su casa.

    Dentro de casa, Braulio vio como se quitaba la camiseta y las bragas. Desnuda se acercó a él y lo desnudó. Estaba erecto por completo, cada vez que estaba con esa joven lo hacía ponerse así. Tania lo besó con avidez y lo llevó hacia el baño.

    -Folleme en la ducha por favor.

    No hizo falta decirse nada mas. Deseaba cumplir los deseos de esa muchacha, por ella, y porque en ese momento no había nada que deseara más que follarla.

    Tania rodeó su cuello con los brazos y separó sus piernas ofreciéndole su coño para que lo penetrara. Se besaron con pasión y gimieron al sentir que sus sexos se unían. Aquella joven estaba desatada y le pedía que la follara fuerte.

    Lo abrazó con fuerza, cerró los ojos. Cuando sentía que ralentizaba las embestidas ella misma movía sus caderas descontroladamente. Se corrieron juntos sin reprimir sus jadeos y gemidos de placer. Mientras su cuerpo y su vagina iban recuperándose ella mantuvo su cara en el pecho de él. Muchas veces había pensado en Braulio cuando follaba con su marido, pero ahora, que era él quien la estaba follando, había pensado en el señor Carlos y en su polla.

    Tania estaba temblorosa, le fallaban las piernas y la llevó en brazos hasta la cama. Allí la secó con delicadeza, tenia el cuerpo sensible.

    -Aquí xfa -abrió las piernas y su dedo señalaba su vagina, su cara era de picardía -Ah no, eso no agua de la ducha, es por su culpa. -fascinada vio como la polla de ese hombre se estaba poniendo dura de nuevo -Quiere follarme otra vez?

    Braulio se situó entre las piernas de esa joven y metió su polla en aquel coño tan suave y caliente. Cuando sintió las contracciones de aquella estrecha vagina sintiendo un orgasmo se corrió de nuevo dentro de ella.

    Estaban abrazados y Tania le empezó a contar.

    -Braulio estaré enferma?

    -Por qué dices eso? -le sorprendió esa pregunta de ella -Que te pasa?

    -Es que estoy todo el día excitada y solo pienso en sexo todo el día. Creo que el estudio de los cinco sentidos me ha cambiado el cuerpo.

    -Tu cuerpo es el mismo cariño -la mano de él le acariciaba el pelo y la espalda.

    -No sé, mis pezones están mas grandes y mi vagina está como hinchada. Antes no era así.

    -Eso es porque tu vagina y tus pezones están excitados todo el tiempo cielo. No te gusta sentirte así?

    -Me encanta pero me asusta un poco. Anoche tuve un sueño y creo que me corrí sobre la cama durmiendo.

    -Por eso me pediste que te follara en la ducha?

    -Si, es que soñé eso -no quería decirle toda la verdad y confesarle que había soñado con el señor de la terraza. -Y me desperté en mitad de la noche y tuve que masturbarme con mi marido durmiendo al lado.

    -Habíais follado antes de dormir?

    -Si. Lo habíamos hecho, estuvimos dos horas follando -estaba recordando el día anterior y se sorprendía -y eso que acababa de follar con usted. Dice mi marido que voy a acabar con él de tanto sexo.

    -Y conmigo cariño.

    -Con usted también? Pero no le gusta follarme?

    -Me encanta.

    -Pues entonces acabaré con los dos -le encantaba saber que su marido y Braulio se ponían tan excitados con ella.

    A media mañana se fue de casa su vecino pues tenia que hacer unas compras y había quedado con Rodrigo para que así la ayudara a llevar las bolsas en el coche.

    Con su esposo era feliz, muy feliz y de un tiempo a esta parte sentía que su sexualidad juntos había mejorado muchísimo, quizás demasiado. Lo único que echaba en falta con él eran los juegos fuera de su casa y hacer el amor en otros momentos que no fueran solo por la noche. Comprando ropa en su compañía, intentó en varias ocasiones provocarlo, pero como única respuesta recibía un, estás loca, aquí nos pueden ver. Es que su marido no era capaz de darse cuenta que estaba todo el día excitada?

    Comieron juntos y después de dar un paseo y hacer mas compras para Rodrigo y para casa regresaron. La casa de su vecino estaba totalmente cerrada y viendo la hora supuso que su amiga aún estaría alli. Después de desempaquetar todo lo que habían comprado, de nuevo intentó provocar a su esposo y se sintió rechazada cuando éste le dijo que tenía que enviar unos correos electrónicos de trabajo y que ya follarían por la noche. Molesta se fue al jardín a tomar el sol.

    En esos momentos, en la casa de al lado, su amiga Estela estaba totalmente desnuda sobre la cama de Braulio, tenia las piernas totalmente abiertas y ese hombre la estaba masturbando.

    Habían estado hablando mucho tiempo en el sofá. Braulio masajeaba sus pies como hacía a diario y veía como esa joven cerraba los ojos y su cara era de placer. Estela le había dicho que necesitaba ir al baño y al salir ella no había vuelto al sofá. La vio como se desnudaba allí de pie frente a él y una vez desnuda se fue hacia la habitación. Enseguida siguió su mismo camino y la vio sobre la cama.

    -Un segundo, voy a por el aceite.

    -No, tóqueme esta vez sin aceite por favor.

    Acarició su cuerpo con parsimonia, ella respondía a sus caricias con suspiros que se tornaban en gemidos cuando sus manos acariciaban sus tetas y atrapaba sus pezones entre los dedos.

    A Estela le excitaba mucho ver la cara de ese hombre mientras la tocaba. Miraba su cuerpo fascinado, sus tetas, su coño. En esos momentos la estaba mirando entre las piernas y su cara era de auténtico deseo.

    -Le gusta?

    -Es perfecto -los dedos acariciaban con delicadeza aquel sexo suave, lo abría delicadamente -Tu coño incita a muchas cosas.

    -Besarlo es una de esas cosas?

    -Debe ser delicioso besarlo.

    -Hágalo por favor. Bese mi coño.

    Al instante tuvo la cabeza de ese hombre entre sus piernas. No podía evitar gemir cuando la lengua se movía por su vagina de manera magistral. La sentía caliente, húmeda, subiendo y bajando entre sus labios vaginales. Su cuerpo vibraba de placer con aquella boca. Ella misma participaba en aquella fantástica mamada de coño levantando sus caderas y moviéndose de forma descontrolada frotándolo contra la cara y boca de Braulio. Se corrió enseguida con sus manos apretando la cabeza de ese señor contra su coño.

    Estela se quedó feliz, relajada. Aún con la sensación del orgasmo en su vagina se incorporó y abrazo a Braulio. Le dio un beso en los labios y este sorprendido por aquel gesto le correspondió con otro beso.

    -Gracias! Me hace sentir muy valorada y deseada. Y estos orgasmos que me hace tener son maravillosos.

    -Estabas muy bloqueada sexualmente.

    Estuvieron hablando muchísimo tiempo de sus vidas, de su matrimonio y como la trataba Andrés. Cuando se dieron cuenta era mas tarde de lo habitual.

    Tania estaba tumbada en el jardín cuando escuchó la puerta de su vecino abrirse. Se puso muy celosa cuando vio que su amiga salía sonriente y como despedida le daba a su vecino un beso en los labios. Disimuló lo mejor que pudo cuando vio como Braulio le daba una palmada en el culo como despedida. Estela miró hacia donde estaba ella.

    -Hola cariño! -se puso contenta de ver a su amiga en casa, no se lo esperaba.

    -Hola Estela, que tal estás?

    -Genial tía -el placer entre las piernas aún estaba presente al andar hacia donde estaba su amiga -gracias por aconsejarme a que diera el paso de hacer terapia.

    -Te ha vuelto a pegar?

    -No -se puso muy colorada -Otra cosa.

    -Que ha te hecho? -Intentaba que no fueran evidentes sus celos.

    -Me dio un masaje y… -se acercó a ella para decirlo en voz baja, casi un susurro -… me comió el chochete. Uff.

    -Veo que te gustó mucho por lo que me dices -estaba sintiendo celos por no ser ella quien lo había hecho? O los celos eran por miedo a que a su vecino le gustara mas el coño de su amiga que el de ella?.

    -Eh! -Estela sintió a su amiga rara -Me gustó mucho pero tu también lo haces de maravilla.

    -Quedamos mañana y estamos juntas?

    -No se si podré -sabia perfectamente que si quería podía quedar -mañana te digo algo. Vale?

    -Vale, avísame si puedes por favor. Ahora tengo que irme, mi Andrés me va a matar.

    -Chao.

    -Chao cariño.

    Tania la vio alejarse y no podía dejar de mirar el culo de su amiga. Estaba enchochada por ella?

    Cuando vio el coche de Estela alejarse se levantó y entró en casa. Rodrigo estaba en el cuarto que hacia las veces de despacho, lo vio sentado al ordenador, estaba entretenido.

    -Cariño voy un momento a casa del vecino que quiero preguntarle unas cosas de los apuntes.

    -Vale cielo, cuando vuelvas cenamos.

    Cuando Braulio abrió la puerta y la vio se quedó sorprendido. Aquella joven tenía el rostro desencajado y sus ojos brillaban pues estaba a punto de empezar a llorar.

    -Tania que sucede? – entró sin esperar la invitación de que pasase.

    -A usted le gusta mi amiga? -ella se quedó de pie frente a él. Estaba muy alterada, furiosa y le hablaba gritando.

    -A que viene esa pregunta?

    -Hoy vi como se despedían con un beso en la boca y se fue muy tarde de aquí. Estela me confesó que le había comido el coño. -con un gesto de rabia se bajó la braga del biquini -Le gusta mas el suyo que el mío?

    -Por Dios, no pienses eso cariño -Braulio la estrechó entre sus brazos y ella se derrumbó comenzando a llorar -Tranquila, desahógate. Estás conmigo mi niña.

    -Es que no soporto la idea de que usted me deje de lado por mi amiga. Yo entiendo que ella tiene un cuerpo muy llamativo y su coño es precioso pero no quiero perderle ni a usted ni a ella.

    -Eso nunca sucederá cariño. Las dos sois unas muchachas maravillosas y solo deseo veros bien. A ella también la deseas, verdad?

    -Si y es algo que me asusta y me da vergüenza.

    -Es normal cielo. Pero nadie tiene porque saber lo vuestro.

    -Usted lo sabía?

    -Ayer os escuché cuando estabais tomando el sol y entrasteis en casa. -le acariciaba el pelo y era hermoso tener a aquella joven entre sus brazos -Hicisteis bastante escándalo, se nota que estabais disfrutando mucho.

    -Es que no lo podía evitar.

    -Y tu marido aún no ha llegado?

    -Si, está en casa pero necesitaba venir ajunto suyo.

    Tania se sintió feliz de nuevo al ver como ese hombre se arrodillaba delante de ella y la miraba el coño fascinado. Sintió como acercaba su rostro y lo estaba oliendo.

    -Tienes un coño hermoso mi niña.

    -Mas que el de Estela?

    -Son totalmente diferentes cariño. Los dos son preciosos y te aseguro que nunca cambiaré este coño tuyo por ninguno.

    Los dedos de él abrieron su sexo con delicadeza y hundió su boca en él. Se lo besó y chupó como si estuviera comiendo el mejor de los manjares. Ella abría sus piernas y se agarraba a los hombros de él para no caerse pues éstas temblaban como preludio del orgasmo que se estaba adueñando de su cuerpo. Gimió y gritó de placer cuando comenzó a eyacular en su boca.

    Estaba en una nube con el placer que había sentido. Solo podía sentir agradecimiento hacia aquel hombre. Cuando Braulio volvió a ponerse de pie ella se fijó en el bulto que tenía bajo el pantalón. Hacerle aquella comida de coño lo había excitado mucho. Lo acarició sobre el pantalón, su erección era intensa. Tania se quitó la camiseta y el sujetador del biquini y lo desnudó. Lo empezó a masturbar despacio y le encantaba ver la cara de placer que Braulio ponía con sus caricias. Lo agarró de la mano y lo hizo sentarse en el sofá. Esta vez fue ella la que se arrodilló entre las piernas de él, fue ella la que se entretuvo oliendo aquel sexo varonil totalmente y fue su boca la que se dedicó a saborear aquella polla. Le fascinaba sentir aquel glande dentro de su boca y masturbarlo al mismo tiempo con su pequeña mano. Cuando lo sintió totalmente entregado al placer, se subió sobre él. Lo mojada que estaba hizo que aquella polla resbalara perfectamente a su interior. Se miraban a los ojos. Estaba muy cachonda y comenzó a moverse de manera rápida, intensa. Le gustaba follarlo y sentir que aquel señor estaba a su merced. Se corrieron juntos, mirándose. Hasta que sintió que aquel hombre se vaciaba por completo no se levantó.

    Braulio la miraba feliz. La vio desaparecer en el baño y cuando regresó traía en su mano una toalla. Con mucha delicadeza le secó las piernas y el estómago, lo había dejado empapado con su orgasmo.

    Esa noche cuando regresó a casa, Rodrigo le había dejado una nota sobre la mesa del salón diciéndole que se iba para cama que ya era tarde. Miró el reloj y era medianoche. Había estado con su vecino y en ningún momento había pensado en su marido. Cuando se metió en cama después de darse una ducha, lo abrazó pensando que no había podido evitarlo. Esa noche hubiera podido follar con él, pero había preferido hacerlo con su vecino.

    Braulio se despertó sobresaltado al escuchar el timbre. Miró el reloj y eran las dos de la mañana. Quien sería a esas horas? Se asustó al abrir la puerta y ver a Estela en la puerta del jardín con una pequeña bolsa de deportes. Su cara estaba desencajada.

    -Que ha pasado?

    -Perdone que venga a estas horas, pero no sabía adonde ir.

    -Pasa, por favor.

    Estela le contó que había llegado a casa y Andrés, su esposo, estaba como loco. Habían discutido y ella había decidido coger algo de ropa y marcharse.

    -He llamado a Tania pero tenía teléfono apagado y ayer la noté como enfadada conmigo.

    -No te preocupes, puedes quedarte aquí.

    -Cree que hice bien en irme? Estaba asustada, nunca viera a mi Andrés así.

    -Has hecho bien, mañana cuando esté mas tranquilo, podréis hablar como personas adultas que sois.

    -Gracias por dejarme dormir aquí.

    -No pasa nada, dormiré aquí en el sofá, tu vete a mi cama.

    -No por favor, me sentiría aún peor si por mi culpa tiene que dormir aquí. Quiere que durmamos juntos en su cama?

    -Estela eso depende de ti. Quieres que durmamos juntos?

    -Ahora al pensarlo si que quiero.

    Se fueron para la habitación juntos. Él se metió en la cama, normalmente dormía desnudo pero se dejó con la camiseta y el bóxer que se había puesto para abrir la puerta. Vio como ella se desnudaba. Lo miró con cierta timidez cuando se bajó las braguitas quedando totalmente desnuda. Enseguida se metió bajo la sabana y lo abrazó agradecida.

    -Hacia mucho tiempo que no estaba abrazada así con alguien para dormir.

    -A tu esposo no lo abrazas?

    -No, si lo abrazo él enseguida quiere follarme y me siento utilizada.

    -Tranquila, yo no soy como tu esposo.

    -Usted quiere follarme?

    -Eres una mujer hermosa Estela, cualquier hombre desearía hacerlo contigo -sentir los pechos de esa chica apoyados en su torso lo estaban excitando mucho, pero nunca haría nada que pudiera hacerla sentir mal.

    -Hoy me gustó muchísimo lo que me hizo -la mano de Estela acariciaba los vellos del pecho de él. Sentía los latidos del corazón de Braulio muy agitados -Está nervioso?

    -Si te soy sincero si lo estoy. -la mano de ella estaba descendiendo muy despacio por su estómago.

    -Yo también lo estoy. -su mano se introdujo por el elástico de la ropa interior masculina y se encontró con el sexo erecto. Gimió al sentir lo excitado que estaba ese señor con ella -Está muy dura.

    -Me excitas mucho Estela.

    Se besaron con deseo mientras se acariciaban. Para Estela era la primera vez que acariciaba a un hombre mayor como Braulio y le resultaba emocionante y muy excitante. Él le besó los pechos, estaban muy duros y ella mientras sentía esos besos lo masturbaba con cariño. Fue ella quien lo desnudó y la que dio el paso de pedirle que se pusiera sobre ella. Él dio el paso de penetrarla y moverse sobre ella llevándola a alcanzar varios orgasmos. Hacia mucho tiempo que no se corría siendo follada y lo miraba feliz. Los orgasmos de aquella joven eran intensos, su coño se descontrolaba y se contraía internamente de una manera deliciosa. Sentía en su polla cada contracción y lo hizo correrse dentro de ella. Le fascinó estar eyaculando y sentir la mano de ella en sus testículos agarrándolos con cariño.

    Por la mañana se despertó abrazado a ella. Sus manos sobre aquellos pechos que demostraban su excitación por sentirse de nuevo importantes para alguien, su sexo apoyado sobre aquellas nalgas perfectas. Estaba muy excitado de despertar con aquella joven a su lado.

    Estela se estaba despertando y sintió su sexo humedecerse. Se dio cuenta de donde estaba. No era su cama y aquel hombre que la abrazaba con tanto deseo no era su marido. Deseó sentirlo de nuevo dentro de ella y con su mano se lo hizo saber al llevarla hacia atrás y colocarla en su entrada. Él empujó con ternura, una ternura que se volvió ansia y esa ansia se volvió placer. Cada embestida era acompañada de un gemido intenso y escucharla le hacía penetrarla cada vez mas fuerte. Follaron como animales en celo. Estela quedó exhausta después de que ese hombre la hiciera correrse varias veces.

    -Buenos días -ella lo abrazó, estaba sudorosa y su piel morena brillaba -esto si que es empezar el día bien.

    -Buenos días. Que tal has descansado?

    -De maravilla

    Estuvieron hablando y dándose muestras de cariño mucho tiempo. Braulio estaba feliz pero no podía evitar pensar en Tania y como se tomaría que su amiga hubiera pasado la noche en casa, en su sitio donde sentirse libre.

    Al encender el teléfono se asustó tenía cuatro llamadas de Estela y habían sido de madrugada. Al instante le llegaron varios mensajes de WhatsApp, eran de ella, le decía que había discutido con Andrés y se había ido de casa. Donde estaría? Decidió llamarla. No soportaba la idea de pensar que su amiga estaba mal.

    -Acabo de encender el teléfono. Estás bien? Que ha pasado? -un torbellino de preguntas con voz nerviosa delataba su preocupación.

    -Estoy bien cariño, es que te llamé y estaba apagado el teléfono.

    -Donde estás cielo? Vente para aquí por favor.

    -Estoy en casa de Braulio, no sabía a donde ir.

    -De Braulio?

    -Si. Puedes venir? Necesito verte cari.

    -Claro, me pongo algo y voy para ahí.

    Se puso algo rápido y salió de casa y cuando se vieron no pudieron evitar abrazarse. Estela lloraba abrazada a su amiga. Para Tania era una sensación extraña pensar que su amiga había dormido allí, pero lo único que le importaba en ese momento era que Estela estuviera bien.

    Cuando se separaron Tania miró a Braulio y vio su cara de preocupación. No pudo evitar abrazarlo a él también ante la mirada de sorpresa de su amiga. Estela se dio cuenta que aquel abrazo era especial y no un simple abrazo entre vecinos.

    Braulio las hizo sentar en el sofá y les trajo café. Su amiga les contó con detalle todo lo sucedido en casa con Andrés. Su miedo de verlo así, su desesperación por no saber que hacer, su rabia de sentir que su matrimonio podía irse a pique a pesar de quererse tanto.

    Estuvo una hora narrando todo y desahogándose. Cuando terminó miró a su amiga y a Braulio y tenía que decir aquello.

    -No sabía que Braulio y tu estabais juntos. Ahora entiendo que estuvieras celosa conmigo.

    -Estela… -Tania se había puesto muy colorada -No estamos juntos. Es difícil de explicar.

    -Me lo podéis contar? Sabes que puedes confiar en mi.

    -Cuénteselo usted por favor. A mi me da vergüenza.

    Braulio le contó lo de su estudio sobre los sentidos y como había surgido aquella relación tan especial con su amiga.

    -Y también follais? -Estela como siempre tan directa con sus comentarios se lo preguntó a su amiga.

    -Tía que bruta eres!!

    -Eso es un si, verdad? -su amiga solo pudo afirmar con la cabeza -Tonta no te pongas roja, Braulio es un cielo de hombre y es normal.

    -Me vais a sonrojar a mi -Braulio sentía felicidad de ver como aquellas dos amigas podían entenderse hablando las cosas pero a la vez también estaba avergonzado.

    -Pero tu con Rodrigo estás bien, no?

    -Si, estoy en el mejor momento de nuestra vida juntos. Esto no tiene nada que ver con él, como dice Braulio es mi sexualidad y desde que empezó todo, el sexo con Rodrigo es mucho mejor.

    -Que alegría me acabas de dar -emocionada abrazó a su amiga -Pensé que igual estabas mal con tu marido.

    Con la aprobación de los tres decidieron que Estela se quedaría en casa de Braulio una temporada hasta que se arreglara su problema con Andrés. Al principio ella no quería por no interferir en las vidas de su amiga y Braulio pero ellos insistieron.

    -Te prometo que este sitio seguirá siendo el lugar donde sentirte libre y cuando necesites estar a solas con Braulio yo me iré a dar una vuelta. Vale?

    -Vale -escuchar eso la hacía enrojecer -Gracias.

    Aquella mañana la vida de los tres había dado un giro inesperado.

    Tania miraba a Braulio y a Estela. Aquellas dos personas habían cambiado su sexualidad por completo. Habían hecho que su cuerpo estuviera revolucionado todo el día. Los miraba ahora, juntos bajo el mismo techo y era extraño. Se preguntaba si habrían follado esa noche. Estela le habría chupado la polla alguna vez a Braulio? Y si lo había hecho, le gustaría tanto su sabor como a ella? Sentada en el sofá estaba distraída con esos pensamientos que la abrumaban.

    Estela había ido a la habitación a cambiar la cama y Braulio se sentó a su lado en el sofá. Le acaricio la cara con cariño.

    -Que tal estás? -necesitaba saber como se sentía después de todo aquello -Que pensabas tan concentrada?

    -Pensaba en todo esto y por una parte estoy feliz. Después de mi marido sois las personas mas importantes en mi vida.

    -Y por la otra parte?

    -Estoy como avergonzada de que Estela sepa lo nuestro. Y además no se si seré capaz de sentirme libre con ella aquí. Sería una situación muy extraña.

    -Debes intentarlo cariño -la mano de Braulio acariciaba su pierna con delicadeza -Ahora mismo que te gustaría?

    -Ahora mismo?

    -Si

    -Pues… -con su dedo señaló entre sus piernas con timidez.

    -Ya te has olvidado que debes decirme las cosas que desees?

    -Me gustaría… -miró hacia la habitación por si la escuchaba su amiga -Que me lamiera el coño pero está ella por casa.

    -Espera -Braulio se levantó y le escuchó hablar con su amiga y cerró la puerta al terminar. Volvió a su lado enseguida -Así mejor?

    -Si, gracias.

    Braulio se arrodilló frente al sofá y le quitó las bragas. Ella no podía evitar mirar hacia la puerta cerrada mientras separaba sus piernas y las subía al sofá quedando totalmente abierta para recibir aquel placer. Sentir como aquel señor le estaba comiendo el coño con su amiga al otro lado de la puerta era una sensación extraña, le daba morbo pero también reparo. Se tapaba la boca con la mano para que los gemidos no se escucharan mas allá del salón. Se corrió enseguida, aquel hombre le comía el coño como nunca nadie lo había hecho.

    Cuando estuvo relajada Braulio le puso de nuevo las bragas y le besó la boca antes de ir a abrir de nuevo la puerta de la habitación. Estela apareció al poco rato y se acercó a ella.

    -Gracias por no molestarte que me quede aquí cariño -y esta vez el beso en la boca fue de su amiga. -Te quiero mucho.

    -Y yo a ti cielo.

    Ese día Estela recibió muchas llamadas de Andrés pero ella no le contestó. También llamó a Tania, preguntándole por su mujer y rogándole que la convenciera para volver a casa que estaba muy arrepentido. La decisión de Estela estaba tomada y no pensaba volver a su casa tan pronto, aquello le serviría de escarmiento.

    Era muy raro para Tania ver a su amiga en casa de su vecino. Esa tarde la invitaron a merendar y aprovechando que Rodrigo no estaba aceptó. Estela estaba feliz como hacía mucho tiempo que no lo estaba. Se sentía querida, valorada, admirada, tanto por Braulio como por su amiga.

    -Puedo hacer una cosa que llevo años sin hacer? Con vosotros me siento cómoda.

    -Claro. -respondieron a la vez Braulio y Tania y eso les hizo sonreír a los tres.

    -Ahora vengo -desapareció tras la puerta de la habitación.

    Cuando volvió a aparecer vestía solo una camiseta que dejaba claro que no llevaba sujetador, pues transparentaba por completo sus pezones grandes y oscuros, y por debajo estaba con un minúsculo tanguita. Tanto Braulio como Tania la miraron fascinados pues su cuerpo era espectacular.

    -Os gusta? -se giró sobre si misma para mostrarles su cuerpo.

    -Estás preciosa cariño. Verdad que está preciosa Braulio?

    -Si, está preciosa.

    -Que culazo tienes tía!!

    -Me encanta como miráis mi culo. Se siente muy querido por vosotros.

    -A mi me gusta que nos lo dejes ver -Tania se sorprendía de decirle eso y mas con Braulio alli delante.

    -Es tuyo cielo, bueno y de Braulio también si tu quieres.

    -Será de los dos entonces.

    -Y el tuyo? -Estela le dio una pequeña palmada en el culo a su amiga.

    -El mío no es tan bonito como el tuyo.

    -Serás tonta! -se acercó a ella y le levantó la camiseta para mostrárselo a Braulio -verdad que su culo es precioso?

    -Lo es.

    Se creyó morir de vergüenza al sentir que su amiga le estaba acariciando las nalgas delante de él. Sabía como acariciarla y enseguida sintió que estaba excitada. Cuando Estela le agarró las manos y las puso sobre su culo todas sus fuerzas por no caer en la tentación se esfumaron.

    -Tía aquí no por favor -estar haciendo eso con su amiga delante de Braulio le daba reparo.

    -Vamos a la cama -la llevó de la mano hacia la habitación.

    En la habitación se desnudaron con prisa, las dos deseaban estar juntas de nuevo. Estela besó cada centímetro del cuerpo de su amiga haciéndola gemir. Ella hizo lo mismo con su amiga. Besó y chupo sus pechos, sus nalgas, su culo, su coño. Estaban muy cachondas. Cuando Estela le empezó a comer el coño gimió y se dio cuenta que habían dejado la puerta abierta. Se tapó la boca con la mano.

    El placer era indescriptible cuando su amiga entrelazó las piernas con las suyas juntando sus vaginas. Estaban empapadas y resbalaban una sobre la otra. Se iban a correr juntas. No pudo evitar tapar su cara cuando vio que Braulio, desde la puerta, estaba mirando como estallaba de placer gracias a su amiga.

    Estela se dio cuenta de lo que pasaba y también se avergonzó. Estaban temblando y se tumbó sobre su amiga para ocultar su rostro sonrojado.

    -Ha sido hermoso -Braulio se había acercado a la cama y acariciaba sus cabellos -Sois dos amigas que os queréis y os gusta daros cariño. Por hacer eso no debéis sentir vergüenza. Gracias por permitirme ver algo tan bonito.

    -Le ha gustado vernos? – la voz de Braulio las tranquilizaba.

    -Muchísimo. Hay algo mas excitante que ver a dos bellezas como vosotras dándose placer? – estirando el brazo cogió una toallita húmeda de la mesilla de noche y comenzó a limpiar con ella sus coños. Las dos suspiraron al sentir aquel contacto tan tierno.

    -No por favor. Mi coño está muy sensible. -Estela gemía al sentirse limpiada por él.

    -Y el mío -Tania se estremecía cada vez que su coño sentía aquella toallita húmeda.

    -Disfrutar como os merecéis.

    Se quedaron abrazadas sintiendo como las empezaba a masturbar con delicadeza. Sus coños pegados y las caricias de ese hombre las hacia excitar muchísimo. Ellas se besaban y frotaban sus tetas.

    Cuando Estela sintió que Braulio le acariciaba el ano gimió alto y se puso colorada.

    –Que te hizo? -Tania con curiosidad le preguntó al oído a su amiga -Te pusiste colorada.

    -Nada -otro gemido mas intenso se escapó de su garganta cuando sintió que las manos de ese hombre le abrían las nalgas y le besaba entre ellas.

    -Dímelo porfa.

    -Me está besando entre las nalgas tía.

    -Y eso te gusta?

    -Muchísimo, es la primera vez -casi no podía hablar. -Me voy a correr cariño.

    -Córrete cielo -Tania llevo su mano entre las piernas de ambas y comenzó a masturbar a su amiga.

    -Tía me estáis volviendo loca -comenzó a temblar muchísimo. La lengua de Braulio en su ano y la mano de su amiga en el coño la estaban llevando a un placer inigualable.

    Tania sintió como su amiga se estaba corriendo, y tuvo que abrazarla pues temblaba muchísimo. Se asustó un poco al ver los ojos en blanco de Estela pero enseguida supo que era porque estaba sintiendo un orgasmo demasiado intenso. La llenó de besos en la cara y la boca para calmarla.

    -Joder tía -estaba jadeante y sudorosa -Me habéis hecho sentir un orgasmo bestial.

    -Yo también quiero -Tania sintió que ahora la boca de Braulio estaba en su coño -Me está lamiendo.

    -El culo?

    -Nooooo -solo pensarlo le dio vergüenza -El coño.

    -Y no te gustaría en el culo? Te juro que es alucinante.

    -Pero me da vergüenza.

    Siguieron besándose y Tania gemía al sentir la lengua de Braulio por su coño. Estela la hizo girar y ponerse ahora ella debajo de su amiga. La abrazó y mientras la besaba acariciaba sus nalgas. Tania sintió las manos de su amiga abriéndolas.

    -Cariño te voy a matar.

    Al separar sus nalgas tanto, Tania entendió que su amiga le estaba ofreciendo su ano a Braulio y éste entendió el mensaje. Sentir el dedo de ese hombre acariciar su ano la hizo taparse la cara y gimió. Era una sensación extraña pero muy placentera. Gimió cuando sintió un tierno beso en esa parte de su cuerpo que tanta vergüenza le daba. Le estaba pasando la lengua por él y le daba placer. Sus gemidos se hicieron mas intensos.

    -Mírame cariño

    -Es que me da corte tía.

    -Te gusta?

    -Si, mucho.

    Tania se corrió mientras su amiga le apartaba las manos de la cara. Tembló como pocas veces lo había hecho. Aquel señor la había hecho sentir un orgasmo, lamiendo y chupando su ano mientras la masturbaba, como solo él y su amiga sabían hacerlo.

    Quedaron exhaustas, abrazadas, felices de poder compartir aquel placer juntas. Tania pensaba que era extraño, las dos habían gozado muchísimo y había sido con un hombre que no era ninguno de sus maridos.

    Se fue de aquella casa y era tarde. Sintió algo de envidia al despedirse de su amiga y saber que ella iba a dormir con Braulio esa noche y estaba segura que follarian de nuevo. Pensó en Rodrigo. Por lo menos yo voy a dormir con el hombre que amo y Estela no, pensó como consuelo.

    En casa se dio una ducha antes de que llegara su esposo. Necesitaba borrar cualquier vestigio del placer que había sentido en la casa de al lado. Al enjabonarse se dio cuenta que aún tenia el ano muy sensible. Como sería que me hiciera lo mismo Rodrigo? El nunca se lo había lamido y pensar en pedirle que lo hiciera le dio reparo.

    Por la noche, en cama con su esposo, estuvieron follando. No podía evitar pensar en su amiga y en Braulio y eso le hizo tener mas orgasmos de lo normal. Se sentía culpable pero viendo a su esposo feliz, ella también lo era. Abrazada a su esposo ya dormido, una pregunta martilleaba su cabeza. El sexo puede hacer enamorarse de alguien? Puede el sexo dominar la vida de una persona?

  • Rompiendo los códigos de amistad

    Rompiendo los códigos de amistad

    Hola de nuevo. Hacía tiempo no subía una historia, principalmente porque entendía que había podido compartir acá las cosas mas significativas que había experimentado sexualmente en mi vida y el resto de lo que pudiera relatar iban a ser historias similares con otras personas nada mas.

    Pero heme aquí, con algo nuevo que no había hecho antes y que ocurrió hace muy poquito.

    Para poner contexto, se trata de 2 parejas, ellos algo mas jóvenes, yo, para quienes no han leído otros relatos míos, me vuelvo a describir, bajita, delgada, cintura pequeña, buena cola, parada producto del gimnasio, tetas no muy grandes pero de buena forma y un tamaño normal y para nada caídas, tez blanca, ojos oscuros, pero largo castaño en este momento. El marido de mi amiga, alto, pelo castaño, tez blanca, grandote, cuerpo fuerte, no muy marcado pero de buena musculatura, cara muy masculina y boca, sonrisa y mirada muuuy seductoras.

    Mi amiga se mudó hace unos meses con su marido a otro país pero siempre nos hablamos, casi todos los días. Mi novio también es muy amigo de su marido, cuando estábamos viviendo en la misma ciudad salíamos salir juntos y compartimos muchas cosas. Nunca hubo situaciones confusas o de tensión sexual entre ninguno de nosotros, me refiero entre mi novio y mi amiga ni entre su marido y yo, pero yo tenía ciertas fantasías sexuales con él.

    Un mes atrás, fui a visitarlos a su nueva casa y acordamos que me quedaba a dormir ahi los días que pasé en ese lugar. Mi novio no podía viajar por razones de trabajo y esa es la razón por la que fui sola.

    Obviamente durante las 2 semanas que pasé ahi salimos un montón los 3 más otras amistades que hicieron ellos ahí. Con ellos, con ambos, tengo muchísima confianza y hablamos de todo.

    Así fue que cierto día estábamos solos en la casa su marido y yo y nos pusimos a charlar de cierta persona que a mi entender estaba siendo provocativa con otro amigo, él me decía que no le parecía y que en todo caso el no iba a hacer nada porque son amigos y no se iba a excitar con la situación haga lo que ella haga.

    Yo no opino lo mismo y comenzamos a tener el contrapunto, pero me molestaba que fuera tan necio, todo el mundo sabe de historias así, la tentación gana en esos casos, pero él seguía terco con que yo estaba equivocada. Me cansé y me fui sobre él en el sillón y le dije, «si yo vengo, me subo arriba tuyo así y te hablo de cerca así mirándote a la boca, y te pongo la mano acá en la pierna cerca de tu bulto, me vas a decir que no te pasa nada?» el giró la cabeza inmediatamente para el otro lado, pero yo le tomé la cara con las mano y lo obligué a que se quede ahi cerca y mirándome. En ese instante me di cuenta que estaba jugando con fuego, porque yo misma me calenté, lo cual no estaba en mis cálculos. Es el marido de mi amiga y amigo de mi novio!!! he hecho muchas cosas en mi vida, pero no cruzar esa linea rompiendo todos los códigos de amistad.

    Mi corazón se aceleró, un calor empezó a sentirse en conchita y ni hablar cuando sentí en mi pierna su pija pegar un pequeño salto debajo de su pantalón!

    Él, mirando mi boca me dijo «ok ok, si, tenés razón, pero salite porque no me voy a contener, me hiciste calentar boluda y no está bien», pero a la vez que decía eso, su mano me sostenía por la cintura y no me alejaba.

    Son esos instantes en los cuales la duda resulta fatal, yo me quede un instante muda y a continuación, haciéndome la tonta le dije «ya me di cuenta que te calentaste porque puedo sentir como te salta tu amigo ahi abajo» me quise hacer la graciosa, pero se lo dije y mas caliente me puse y para colmo la frase me salió media ahogada producto de la excitación y los nervios, como que me tembló un poco la voz y ninguno de los 2 alejó su cara.

    La respiración de ambos se aceleró, nuestras caras se enrojecieron y 2 segundos después que parecieron eternos nos besamos apasionadamente. Parecíamos 2 animales en celo, nuestras lenguas se entrelazaban y nuestras manos recorrían nuestros cuerpos tanto como podíamos en esa posición.

    El comenzó a besar mi cuello y con su mano izquierda bajo mi top bruscamente y dejó expuestas mis 2 tetas tras lo cual se dispuso a besarlas y chuparlas como desesperado. Jugaba con su lengua y sus dedos en mis pezones, su pija latía debajo de mi culo (yo ya me habia ido corriendo en mi posición) y mi concha se sentía empapada. Yo no podía más de la calentura, necesitaba sentir esa pija. Me bajé y arrodillada le bajé sus yoguins y slip. Su pene salto erecto golpeando mi cara que estaba muy cerca ya. Un olor embriagador a pija caliente inundó mis sentidos, la tomé con mis manos y dejé al descubierto su glande, hinchado, mojado, latiente y le di una hermosa lamida. Un hilo de su liquido preseminal quedo uniéndolo a mi boca y me lo refregué en mi nariz, en mi cara, en mis labios, al tiempo que lo pajeaba. Quería impregnarme de su olor, dejar mi cara pegoteada de su pija. Dandole algo de suspenso, fui acercando mi boca abierta poco a poco hasta introducirla suavemente dentro. Que rico sabor tenía! le estaba chupando la pija al amigo de mi novio y marido de mi amiga, mas morbo sentía cuando lo pensaba.

    El tomo mi cabeza con fuerza y comenzó a cogerme la boca, mi baba caía por las comisuras de mis labios, una de mis manos tocaba su ya desnudo pecho mientras la otra masajeaba sus bolas mientras él me taladraba y me decía lo muy puta chupa pijas que yo era.

    Era demasiada la excitación, me quitó de ahí, me subió al sillón, me desnudó y me penetró salvajemente desde atrás en posición perrito. Yo le pedia que me dé más y más duro, sus manos se incrustaban en mis caderas y su pelvis me golpeaba más y más fuerte.

    En esa posición mi abierto culo se exponía totalmente y él empezó a también penetrarme con sus dedos.

    Lo dije en relatos anteriores, mi ano esta super expandido producto de que me encanta el sexo anal y lo practico habitualmente. Uno, dos, tres, cuatro dedos fueron entrando mientras me seguía dando duro por mi vagina con su pija totalmente dura que yo sentía llegaba hasta lo mas profundo de mi. No pude mas y exploté en un orgasmo contrayendo mi vagina en su pene, lo que aceleró su excitación. Yo sentí que el iba a acabar, quería tomar su leche, me salí y me coloque con mi cara debajo de él abriendo mi boca. El me la refregó en mi cara pajeándose, yo extendía mi lengua, la tome con una mano y me la metí en la boca succionando y haciéndola entrar y salir hasta que fuertes chorros de semen llenaron mi boca. Se la tomé toda, la tragué toda y seguí jugando con mi lengua y pajeándolo muy suavemente. Podía sentir que su erección apenas bajó y ya comenzaba a ponerse bien dura, quería que me haga el culo también, sabía que mi amiga no se lo entregaba nunca y que él se lo pedía.

    Me arrodillé en el borde del sillón y le dije, «todo tuyo, rompémelo todo, hacele el orto a la novia de tu amigo», yo estaba hecha la mas puta de todas, él no había dejado de decirme guarradas todo el tiempo y yo no me quedaba atrás.

    Las ganas con las que me cogió el culo es difícil de describir, me la metió de una hasta el fondo y no dejó de taladrar fuerte y duro durante un buen rato. La hacia salir y volver a entrar toda, que placer sentir esa cabezota salir y volver a entrar hasta lo más profundo!!!

    Ese tronco duro taladrando mi orto y el pensar que era el amigo de mi novio mas morbo me daba, mientras me la daba me confesó que se había masturbado varias veces pensando en mí e imaginando que me la metía por el culo, lo que me generó otro orgasmo inmediatamente. Yo empuje mas hacia atrás acompañando su movimiento y le confesé de mis pajas pensando en él y explotó dentro mío, su semen caliente se sintió hermoso en mis entrañas. aunque había acabado antes en mi boca todavía tenía una buena cantidad de semen que descargó.

    Se inclinó y me besó la espalda, dejando su pene dentro mío por unos instantes hasta que se ablandó y salió.

    Nos recostamos en el sillón con nuestros cuerpos sudados pegados y nos besamos, ambos sabiendo lo mal que estaba lo que habíamos hecho y sabiendo que no iba a ser la última vez.

  • La reunión (1)

    La reunión (1)

    Rafa- El sol se perdía entre los edificios y la interminable reunión mensual de avances de proyectos no parecía llegar al fin. Cifras, promedios, diagramas y palabras sin sentido le daban a la sala de conferencias del sexto piso una pesadez extrema.

    Cómo de costumbre cuando el aburrimiento se apodera de mí, mi mente comienza a volar pensando en versos y párrafos que seguramente no me dejarán dormir por la noche, pidiéndome que los escriba en un documento sin nombre que se perderá en mi computadora.

    Pero entonces mi ensueño es interrumpido por el ritmo de un par de tacones acercándose por el pasillo. La disrupción que provocan en esta oficina llena de hombres de camisa blanca y corbatas desajustadas llama mi atención.

    Ahí es cuando entras al lugar, atraes todas las miradas con la falda que deja ver tus bonitas piernas, la chaqueta desabotonada y una blusa que cubrís con una carpeta que llevas en las manos al sentir todos los ojos posarse sobre ti.

    Sillas se acomodan, varias corbatas se ajustan, nuestro aburrido orador se detiene dejando un silencio sepulcral por tu presencia.

    El asistente que te acompañaba titubea al presentarte, así que decides hacerlo tú sola tomando las cartas en el asunto.

    Ana Laura- Nueva reunión en Madrid, parte de mi trabajo, a veces lo hago con ganas y otras es solo algo más por hacer. Mi vuelo de Argentina se retraso así que estoy algo cansada y debo correr para llegar a la empresa.

    Me reciben y me dirijo hacia el frente de una Sala llena de hombres, al pasar noto que están cansados y se ve que la mayoría ya quiere irse. Al pasar por el centro de la sala se siente como van acomodándose nuevamente en su asiento y siento su mirada penetrante.

    Mi asistente nervioso no puede presentarme y decido tomar las riendas de la reunión.

    Buenas Tardes mi nombre es Ana Laura y voy a tratar de que sea una charla entretenida y llevadera.

    Ya tenía la atención de toda la sala, mientras cada uno se presentaba los miraba fijamente, hasta que llegó su turno.

    Desde que había ingresado a la sala no dejó de mirarme fijamente, empezó a hablar se dirigió hacia mi cordialmente y al escucharlo sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo.

    Rafa- Estoy algo embobado cuando me toca mi turno, así que el coordinador de la oficina habla en mi lugar.

    -Este que está distraído es Rafa. Entre varias de sus tareas se encargará de darte acceso al sistema cuando terminemos la reunión ¿No te molesta quedarte unos minutos más para eso, verdad?

    Otro día más que me dejan tarde en la oficina, por lo menos esta vez tendré buena compañía.

    -No no, claro que no es problema. -respondo al instante -Mucho gusto Ana Laura.

    Antes que nadie más hable el coordinador habla.

    -Mejor comienza con tu presentación, has tenido un largo viaje y nosotros una larga jornada.

    Acomodas tus cosas y te preparas a hablar, tu hermosa cabellera morena es hipnótica, no puedo dejar de verla y mi imaginación empieza a tomar otro camino.

    Ana Laura- Mi respiración mueve mi blusa. Mis pezones se marcan algo (menos mal).

    Charla acerca de relaciones interpersonales Hombre-Mujer. Lo domino. Las palabras salen de mi boca como tantas veces, con soltura y con pasión. Ellos siguen mi conversación y yo lo sigo a ellos.

    El Me sonríe y hace un gesto invitándome a más.

    Miro nerviosa a toda la sala, tengo frío y calor todo a la vez, creo oír un susurro y giro hacia donde pienso que viene.

    Rafa- Mientras hablas no puedo dejar de prestarte atención del mismo modo que el resto del auditorio. No puedo evitar mirarte en ocasiones cómo se balancean tus tetas al expresarte, pero a diferencia del resto por lo menos trato de disimular. Sin embargo lo que más me atrae es la forma en que hablas, esos modismos Argentinos y esa forma en que pronuncias las palabras me empiezan a poner un poco.

    Tu presentación termina y el resto de la gente no pierde el tiempo para escapar de la sala, el coordinador le agradece y finalmente me llama para que la acompañe con los trámites en el sistema antes de fugarse el también. Así nos quedamos solos en la amplia sala de conferencias en un silencio total.

    -Bueno, veo que todos estaban muy apurados por irse. -te digo para romper el incómodo silencio.

    -Voy a necesitar que me acompañes a mi oficina para ingresar tus datos en el ordenador, sólo serán unos minutos. Pero antes quizás te gustaría un café o algo de tomar, la cocina está de camino.

    Te abro la puerta de la sala y te señalo el largo pasillo con luces tenues a esta hora y comenzamos a caminar juntos por el mismo.

    Ana Laura- Caminamos solos por un extenso pasillo con rumbo a tu oficina…

    Tu compañía me pone muy nerviosa, hace mucho no me sentía así, chispas en mi cuerpo cada vez que me miras y sensaciones que humedecen mi cuerpo.

    Intento mantener la calma y seguir la conversación.

    Llegamos a tu oficina, llevas el café y conversamos un poco más mientras encendes tu computadora y pedís que acerque mi silla a tu lado un poco más.

    -No tengas miedo, acércate un poco más que no muerdo.

    Te levantas de la silla para ayudarme y te paras justo detrás de mi siento tu respiración en mi cuello, eso hace que mi piel se erizara, lo notaste, me miras y me haces una sonrisa algo pícara.

    Rafa- Me inclino sobre tu hombro para agarrar el mouse, sólo cómo una excusa para acercarme. En esta proximidad me atrapa tu perfume. Paso mi brazo por el otro lado para ingresar alguna clave con el teclado pero lo cierto es que sólo quiero ver cómo reaccionas.

    Te noto nerviosa, pero no me apartas, dejas que siga con el experimento. Mi imaginación no me da tregua, aparecen imágenes como flashes donde te arranco los botones de la blusa, como en una película tiramos las cosas del escritorio y te hago mía allí mismo. El repicar del teléfono interrumpe mi fantasía, al otro lado del escritorio vuelve a sonar ensordecedor, entonces me estiro por sobre ti para atender, haciéndote un gesto de disculpas.

    -Hola, si.

    El cable no es muy largo, por lo que nuestros rostros están sólo a unos centímetros de distancia, cuando los nervios lo permiten me miras a los ojos, cuando no miras a otro lado y yo bajo la mirada, sólo para ver transparentarse el encaje de tu sujetador en tu escote. Escalofríos por la espalda para mi también, una incontrolable erección que espero no note, sudor en las manos me hacen aferrarme al teléfono.

    Estás tan cerca que puedes escuchar que dicen del otro lado de la llamada. Al parecer tu hotel aún no está disponible y el jefe me pide que te acompañe un par de horas más, que te lleve a cenar o algo y luego llevemos el equipaje que está seguro en la empresa. Por último me pide que te transmita sus disculpas por las malas noticias.

    ¿Malas noticias? Te miro para que me des una señal a ver que tan mal te parecen.

    Ana Laura- Te devuelvo la mirada como dándote a entender que no hay problema, es más me encanta todo lo que esta pasando, están nuestras bocas tan cerca creo que no voy a aguantar contener mucho tiempo las ganas de besarte, te noto nervioso, colgas el teléfono y tratas de tapar con tus manos una linda erección, me muerdo los labios y dejo que te acomodes nuevamente detrás mío para continuar con lo que estábamos haciendo.

    – Podemos dejar todo acá e ir a cenar o si tenes otro compromiso sabré entender.

    Rafa- Tomas las riendas del asunto, eso me provoca mucho.

    -Si, va a ser lo mejor.

    Por dentro pienso, mejor será que vayamos antes que no resista más para comerte la boca.

    -Conozco un buen lugar aquí cerca, podemos dejar el equipaje y luego volver a por el cuando tu hotel esté listo.

    La verdad no tengo hambre, tengo un nudo en el estómago por tenerte tan cerca, pero quiero una excusa para seguir pasando la noche contigo.

    -No te preocupes por la hora, tengo el coche aquí abajo. Luego me encargaré de llevarte al hotel y de momento soy tu asistente personal y llevaré tus maletas hasta tu habitación si hace falta.

    Creo que mi boca habla más de la cuenta, en mi deseo por ti no me contengo a decirte que quiero meterme en tu habitación. Hago una pausa brusca para contemplar tu reacción.

    Ana Laura- Camino al restaurante conversamos y encontramos que coincidimos en muchas cosas…

    Me decís que podes llevar mis maletas hasta mi cuarto pero en realidad me encantaría llevarte hasta mi cuarto…

    Entramos al restaurante, se ve que venís seguido por acá al entrar te dicen Buenas noches Señor Rafa su mesa está lista.

    Nos dirigimos hacia ella, nos entregan la carta y te dejo que me sorprendas y pidas por mi.

    Cenamos y conversamos se nota la tensión entre los dos.

    Rafa -Quiero impresionarte un poco, pido una tapas y algo suave de tomar. La charla es muy amena y el tiempo se pasa volando, tus palabras y tu acentuación me maravillan. De una forma casi milagrosa, el agua se convierte en vino y para cuando la botella encuentra el fondo el resto

    de las mesas están vacías y los camareros nos observan con mala cara.

    -Uf, mira. Se hizo bastante tarde, tu habitación debe estar lista.

    Hago un ademán para pedir la cuenta.

    -Imagino que debes estar agotada y querrás que te lleve a la cama…

    Se me escapan las palabras

    -Eh! Quise decir… que te lleve al hotel

    para irte a la cama.

    Ana Laura – Mmmm claro que si se hizo muy tarde fue un largo día para mi, entre el avión y la reunión estoy agotada, mañana tenemos un largo día también.

    Nos dirigimos al auto para ir al hotel, realizo el check-in y me acompañas hasta la puerta de mi habitación.

    – Bueno Rafa muchas gracias por la compañía y por traerme hasta acá espero que la pasaras tan bien como yo en la cena, nos vemos mañana en la oficina.

    Me acerco a darte un beso de despedida y susurrando en tu oído te digo: Salvo que no quieras que la noche termine acá y quieras acompañarme en la habitación.

    Me miras sorprendido y algo nervioso.

    Rafa – En ese momento ya no hicieron falta más palabras, das un paso atrás y nuestras miradas se encuentran, la puerta de la habitación se cierra a mis espaldas, la distancia entre nosotros se vuelve a acortar y lo que estuvo gestándose desde que nos vimos se hace realidad.

    Nuestros labios se unen por primera vez, la sensación es cómo un rayo que atraviesa todo nuestro cuerpo, te abrazas a mis hombros y yo a tu cintura, las lenguas se cruzan, la pasión incontenible se manifiesta en suaves mordidas. Una de mis manos sube por tu espalda hasta enredarse en tu cabello y te tiro hacia mí tratando de tenerte aún más cerca, la otra baja hasta tus nalgas y presiono nuestras caderas hasta que nuestras piernas se cruzan.

    Ninguno de los dos queremos abandonar ese beso que estuvimos deseando toda la noche, un beso que es cien veces más dulce de lo que habíamos estado fantaseando pero a su vez ambos queremos más… Mucho más.

    Ana Laura – Nuestros cuerpos están tan cerca que se puede sentir que nos quemamos, tantas ganas, tus besos me humedecen por completa me separo un poco e intento sacar mis zapatos, comienzo a desabrochar tu cinturón, lentamente bajo la cremallera, y pufff abajo tu pantalón mmm que rico puedo ver y sentirte me miras como pidiendo más, te miro y sonrió con picardía, juego con mi blusa y con mi mano me acaricio invitándote a seguir el juego.

    Rafa – Desabotonamos nuestras prendas al unísono, cada botón sube un grado la temperatura. Al llegar al último ambas telas caen y se entrelazan como anticipando lo que va a suceder, dejas caer un tirante de tu sujetador por tu hombro con una sensualidad indescriptible, una provocación, una invitación. Te sientas al borde de la cama y me comes con la mirada, primero me miras directo a los ojos, luego hacia abajo y me vuelves a mirar dejándome claro que es lo que quieres.

    Te doy el show que buscas, termino de quitarme los pantalones, luego el boxer y estoy completamente desnudo ante tí.

    – Esto es lo que quieres?

    Ana Laura – Con una sonrisa picara te respondo

    En realidad quiero más, quiero besarte, acariciarte, pasar mi lengua traviesa por todo tu cuerpo, invitarte a que la pasemos muy bien, sin miedo, dejemos volar la imaginación no hay limites esta noche.

    Vos, mmm vos que queres?

    Me levanto de la cama y te llevo hacia ella…

    Te acostas y me acerco a vos gateando por la cama, abris tus piernas como invitándome a más,

    Coloco mis brazos a los lados de una de ellas y comienzo a pasar mi lengua desde tu tobillo y v a medida q voy subiendo mi cabello roza cada parte de tu cuerpo como abriéndome paso , tu respiración se vuelve más fuerte y agitada llego a tu entre pierna y desde ahí te miro esperando lo que esta por venir juego con mi lengua sobre tu verga, círculos en la punta y adentro de toda mi boca puedo sentir que estas a mil, mi cabello roza parte de tu sexo y tu panza y provoca más chispazos, con mi lengua doy pequeños golpes simulando el aleteo de una mariposa y chupo todo todo… siento una de tus manos agarrando mi cabeza y jalando lentamente invitándome a subir a tu boca…

    Rafa – Me dejo llevar por el placer, dejarte sentir en tu boca la dureza que generas. Pongo mi mano sobre tu cabeza para sentir tu cabello entre mis dedos, lo aparto de tu rostro para observar la pericia con la que haces desaparecer mi verga entre tus labios, para que me mires también y veas como disfruto lo que estás haciendo.

    Enredo tu cabello para jalarte en invitarte a subir, me haces disfrutar hasta el último contacto con mi glande y vienes hacia mí. Mi falo vuelve a palpitar cuando lo rozas con tus tetas, sigues acercándote hasta que vuelvo a saborear tus labios esta vez condimentados por los vestigios de mi sexo cuando tu lengua entra al fondo.

    Te traigo para que tu oído esté cerca de mi boca, libero un jadeo de placer al sentir el calor de tu cuerpo sobre el mío, muerdo suavemente el lóbulo de tu oreja jugando con tus aretes entre mis dientes y luego te susurro.

    —Móntame… Móntame ahora mismo.

    Ana Laura – Te sentas y apoyas tu espaldas sobre el respaldo, subo sobre tu verga y empiezo lentamente a moverme, mis tetas quedan justo en frente de tu cara, empezas a lamerlas lentamente y haces círculos con tu lengua sobre mis pezones que se endurecen al sentir tan rico placer

    Sigo cabalgando lentamente y de a poco acelero el ritmo, nos besamos salvajemente me encanta sentirte dentro, te saco lentamente y me doy vueltas paso mis piernas por debajo de las tuyas y vuelvo a sentarme sobre ella tu verga en mi vagina se siente muy rico tus manos me dan unas nalgadas que me hacen gemir…

    Siento tu verga y noto como se ensancha un poco más y tu respiración se acelera, salgo para que aún no termines.

    Rafa – El placer de penetrarte es indescriptible, sentir tu calor y tu humedad, como te dejas caer y me permites llegar hasta lo más profundo.

    Te apartas de encima mío para prolongar el encuentro, yo tampoco quiero que termine aún. Es momento de tomarme un respiro para encargarme de ti.

    Me incorporo para besarte nuevamente, tomándote de la nuca guio tu cuerpo para posicionarlo en uno de los laterales de la cama, yo bajo de ella y me pongo de rodillas, tu sentada sientes cómo juego nuevamente con tus pezones, los saboreo, los pellizco, aprieto tus tetas. Entonces me detengo, te miro un segundo, me miras, apoyo mi mano en tu pecho y de un empujón te obligo a recostarte, cuelgo tus piernas sobre mis hombros y hundo mi cara en tu coño

    Ana Laura -Con tu lengua en mi concha empezas a lamerla, primero recorriendo sus labios vaginales de abajo hacia arriba varias veces y con gran profundidad para finalmente recorrer en pequeños círculos mi clítoris, apenas rozándolo con la punta de tu lengua al principio.

    Incapaz de reprimirlo, solté un fuerte gemido, seguiste usando tu lengua, con un ritmo pausado y continuo, haciendo especial hincapié en los labios internos para pasar directamente por mi clítoris. Veo que lames dos de tus dedos para introducirlos también en mi concha y casi en perfecta sintonía tu lengua y y dedos me hacen sentir pequeños espasmos

    Rafa – Disfruto unos momentos más robarte algunos gemidos, al estimularte con mis dedos observo cómo te retuerces suavemente en la cama y cómo tú quiero que esto dure más y más.

    Quiero provocarte, no sólo quiero meterme en tu cuerpo sino también en tu mente, entonces me incorporo y me dirijo hacia la ventana dándote la espalda, me paro frente a las pesadas cortinas cerradas destinadas a mantener fuera la luz del amanecer, pero el amanecer aún está muy lejos y no son tan necesarias, así que las abro para que podamos ver la noche estrellada.

    La luz de la ciudad entra alumbrando directamente tu cuerpo, de mi solo puedes ver mi silueta desnuda enmarcada por la luz de fondo. Estiro mi mano para invitarte a ponerte de pie y venir hacia mi. En el piso que estamos se que nadie nos verá, menos aún con las luces de la habitación apagadas, pero la idea de que pueda suceder me resulta estimulante.

    Te miro a ver cómo reaccionas, no parece que seas tímida cómo para negarte pero aún no se si eres tan atrevida cómo para que este juego te provoque.

    Ana Laura – Agarro una copa y camino hacia donde estas, dejo a un lado y apoyo mis manos sobre el vidrio, me miras sorprendido… acepto tu desafío

    Empezas a acariciar mi espalda y tus caricias bajan lentamente por todo mi cuerpo, te cedo el control podes hacer lo que deseas.

    Rafa- Disfruto sentir toda tu piel con mi mano hasta tomarte de la cadera y hacerte dar un pequeño paso atrás, aún con las manos sobre el vidrio queda algo inclinada exponiéndome tu sexo para que lo haga mío.

    Sientes mi miembro entre tus nalga cuando te tiro hacia mi, con mi pie empujo el tuyo para separar tus piernas y me posiciono jara que mi glande encuentra tus labios. Entonces vuelvo a penetrarte, esta vez con intensidad. Jalo de tu cadera al ritmo que embisto, recorro tu espalda otra vez hasta llegar a tu cabello, me aferro a él para curvar tu cuerpo y ver en el reflejo del cristal tu rostro de placer apenas dibujado.

    Te follo con fuerza y pasión, quiero escucharte gritar.

    Ana Laura – Sentí como tu verga jugueteaba en la entrada de mi culo, fuiste presionando para penetrarme, al ver que yo movía mi culo hacia atrás, entendiste que podías metérmela más, fuiste muy suave al principio, te tomaste todo tu tiempo para metérmela toda, me empezaste a coger despacio.

    Pasaron unos segundos y empezaste a darme, sentí como mi cuerpo se contraia llevándome al orgasmo, era exquisito mis gemidos se escuchaban muy fuerte y sentí como tu respiración se agitaba más y más, tu verga se ensancho y sentí algo muy caliente recorrer mi interior.

    Rafa- Cuando me empujas hacia adentro tuyo el placer es indescriptible, tus gritos me hacen volar en éxtasis y mientras mi verga se ensancha hasta el punto de explotar puedo sentir como tu culo me la aprieta y me la exprime. Tu último grito casi ahogado me hace correrme descontroladamente en tu interior. Exploto con fuerza liberando toda la carga que estuviste alimentando desde que apareciste frente a mí por la tarde, te empotro aún más contra la ventana controlado por el placer que me provoca liberar mi semen dentro tuyo, te sujeto y no quiero dejarte ir hasta que te haya regalado la última gota de mi.

    Finalmente nuestras piernas se aflojan, mi erección disminuye y es expulsada de tu interior, seguida de la corrida que desciende por tus muslos.

    Te sujeto del brazo y nos tiramos juntos en la cama, te hago caer sobre mí, ambos sucios, sudados, despeinados, con el aliento agitado de tanto placer. Nos besamos lo que nuestros pulmones nos dejan y así nos tomamos unos minutos enredados para recuperar el aire.

    ***********

    Relato escrito en compañía de RR Insomne.

  • Se cumple mi fantasía con mi concuño

    Se cumple mi fantasía con mi concuño

    Hola, mi nombre es victoria tengo 29 años de edad, soy alta, blanca, de caderas anchas y bubis ni grandes ni pequeñas, algo normal, soy como lo que se considera gordibuena.

    La historia que les voy a contar, no es una fantasía es algo real que viví hace dos años.

    Yo me case en el año 2010 y durante ese tiempo convivía muy poco con la familia de mi esposo por qué vivíamos en ciudades lejanas.

    Para el 2013 nos tocó asistir a una fiesta familiar en casa de mi suegra, en dónde también vivía una de mis cuñadas, y ahí es a dónde conocí a su novio, el acababa de llegar de Estados Unidos y aunque yo sabía de su existencia jamás me imaginé que al conocerlo sentiría atracción hacia el.

    La verdad ese día por respeto a la familia solo intercambiamos un par de palabras y nosotros nos tuvimos que regresar temprano a casa, ya que como dije anteriormente vivíamos en otra ciudad.

    Durante dos años las visitas eran de vez en cuando y si me tocaba verlo, la verdad la pasaba muy bien ya que es un chavo buena onda y me hacía reír demasiado. En lo personal nunca me di cuenta que el tuviera algún interés en mi, por lo que la idea de llamarme la intención se hacía una locura por el parentesco que teníamos.

    Mi esposo decidió irse a Estados Unidos y por un tiempo yo me aleje de su familia, hasta que un día mi cuñada hablo conmigo y me invitó a ir a visitarlos a su casa.

    Acepte, y al ver nuevamente a mi concuño después de un par de años el gusto que sentía por el revivió, pero yo seguía sin observar que el tuviera algún interés hacia mi.

    Me fui a vivir a la casa de mi suegra y cuando llegue me enteré que mi concuño estaba remodelando la casa de la suegra. Al pasar los días y tener una convivencia la confianza entre nosotros fue creciendo al grado de poder tomar una cerveza después del trabajo para poder convivir con los demás trabajadores y hacer más ameno el rato.

    Las convivencias se hacían más frecuentes, al yo sentirme sola el era el que siempre se quedaba y me apoyaba en todo lo que le pedía

    Al tener ese gesto conmigo, en mis noches de soledad yo me empezaba a masturbar y la única manera en la que podía venirme era el pensar en mi concuño, empezaba a fantasear en cómo sería su verga y como pondría mis piernas en sus hombros y me metería su verga. Quería regresar a mi realidad, sabía que era algo que no podía suceder, pero la verdad no podía, mi pepita se mojaba bastante.

    Una tarde después del trabajo los muchachos que trabajaban empezaron a decir que si nos tomábamos unas cervezas a lo que ambos aceptamos, sin imaginar que esa noche se haría realidad mi fantasía.

    Después de tomar varias cervezas, los chicos se empezaron a retirar diciendo que regresarían más tarde, entonces mi concuño y yo nos quedamos solos tomando un poco más esperando a que los muchachos regresarán.

    La verdad mi concuño nunca me faltó el respeto, pero algo dentro de mi quería que si lo hiciera.

    Me levanté al baño y cuando regresé ya me sentía mareada note que mi concuño se me quedaba viendo, se levantó de la silla y camino hacia mi, nos abrazamos.

    Pero al abrazarme sus labios quedaron muy cerca de los míos, y ahí fue cuando el me empezó a besar y yo respondí ese beso que era súper apasionado y el no paro de besarme hasta llevarme a mi recamara.

    Estando ahí yo ya sabía que lo que tanto había deseado por las noches por fin se haría realidad. Le desabroché el pantalón y le saque su verga que ya estaba dura y empecé a mamarsela, después de un rato el me pidió que nos quitaramos toda la ropa, me acostó ya desnuda sobre la cama, mi pepita ya estaba súper mojada, me abrió las piernas y acerco su verga sobre mi pepita y sin pensarlo me la metió toda, estaba súper rica, bien dura, me penetro dos o tres veces y su verga ya estaba empapada por mis fluidos de mi puchita.

    Cuando el me estaba cogiendo súper rico me confesó que el también tenía muchas ganas de cogerme desde hace mucho tiempo.

    me saco su rica verga y se bajó a chuparme mi rajita por lo cual yo con mis manos se la abrí para que pudiera disfrutá bien de mis jugos.

    Después, tal como muchas veces me lo imaginé, puso mis piernas sobre sus hombros y me volvió a penetrar, me metía la verga dura súper profundo.

    Me puso de perrito por un buen rato, el también estaba demasiado excitado, me encantaba sentir su verga adentro de mi puchita lo que hacía que me moviera como una perrita caliente lo que hizo que ambos nos vinieramos muy rico, el dejando toda su lechita en la rajita de su concuña .

    Esa noche termino así, el se fue y al poco rato llego mi suegra a preguntar por el. Yo le respondí que tenía rato que el se había ido, sin saber realmente que mi pichita estaba escurriendo de su leche.

    Esa fue la primera sospecha que tuvo la suegra de que su yerno se estaba cogiendo a su nuera.

    Pero eso no nos importó, nosotros seguíamos cogiendo por todas partes de la casa sin que mi suegra confirmara lo que esa noche empezó a sospechar. Cuando ella salía, aprovechamos a cogernos había días en los que podíamos coger por la mañana y a la hora de la comida, tengo un concuño muy caliente que siempre me traía llenita de leche…

  • Adicción a ser vista

    Adicción a ser vista

    Hola, me presento. Me llamo Claudia, si, es mi nombre real, no tengo temor de ser identificada por alguien que me conozca, de hecho, creo que le pone un tinte de riesgo que me agrada.

    Conocí a un hombre en mi trabajo, mi jefe, quien al principio me era totalmente indiferente, hoy tenemos una lista de experiencias juntos que quiero compartir, antes de eso quiero hablar un poco de mí, tengo 31 años, soltera, empleada de oficina, visto decente, elegante, debajo de esa imagen llevo por dentro llevo un calor que solo los hombres muy expertos podrían identificar; en mi mente hay todo tipo de pensamientos, desde los más sanos hasta los más eróticos, me gusta leer, en especial disfruto la novela erótica, imaginar escenas intensas de hombres, mujeres y parejas que viven escenas muy calientes.

    Bueno, regresando a ese hombre que conocí, debo confesar que me ha llevado a realizar actos que no habría imaginado, él es casado, sin embargo, me visita y me lleva a un hotel elegante de mi ciudad, con una ventana especialmente grande que da hacia un jardín y una alberca grande y bonita, los viajeros pasan y pueden ver todo hacia el interior de nuestra habitación especial, en el interior un sala con muebles ricos, perfectos donde hemos tenido sexo de muchas formas, mi gusto ha sido abrir las cortinas, su gusto ha sido ponerme en una posición tal que mis nalgas den hacia la ventana, dando la posibilidad de que quien pase pueda verme completamente abierta de piernas, mostrando mi delgado y bien definido cuerpo, mi concha que a veces, a propósito dejo sin depilar, soy muy velluda y me gusta que lo vean. Pienso que ha habido quien ha disfrutado de esa vista y de la calentura que él y yo tenemos.

    ¿Qué quiero al iniciar estos relatos? Quiero conocer hombres, mujeres y parejas con los mismos gustos, hombres en especial que se sumen a la lista de aventuras y experiencias que vivo con él, lo hemos hablado y nos atrae la idea de jugar con fuego. Veremos qué pasa. Este es mi primera publicación en la red, no hay nada publicado en ninguna otra página y tengo curiosidad por saber qué va a pasar.

    Iré compartiendo más experiencias, espero sean agradables para quienes las lean y nos encontremos aquellos que tenemos gustos y deseos similares.

    Un beso. Claudia.

  • Todas las noches

    Todas las noches

    Pepita, a gruesos trazos, era una mujer gordita provista de grandes y redondas tetas y de un culo hermoso. Era también mi amante, aunque esto era un tanto discutido por nuestros allegados, que nos consideraban pareja, cosa completamente falsa. Lo cierto es que a menudo me visitaba.

    «Uff, qué calor tengo», me decía Pepita tras beberse el café que yo le ponía; «Pues quítate ropa», le decía yo; «Ya, tú lo que quieres es que me coma el tigre»; «Si ese tigre soy yo, sí». Entonces Pepita se quitaba la camiseta y el sujetador, y yo dulcemente empezaba a besarla en los labios, en las mejillas, en el cuello a la misma vez que acariciaba sus tetas. Todo esto en el sofá del saloncito. Luego pasábamos al dormitorio. «Ah, sí, así», suspiraba Pepita cuando yo le metía mis dedos en su rajita. Una vez que estaba húmeda, me montaba sobre ella. Le metía mi polla con suavidad al tiempo que me comía sus pezones. Pepita gemía y me decía: «Venga, dame». Yo, entonces, me entregaba a tope en el acto de bombear. Follaba yo muy a gusto con Pepita, con mi tronco separado del suyo, viendo cenitalmente cómo vibraban sus tetas al compás de mis arremetidas, viendo su rostro sonriente y a la vez contraído en una mueca lujuriosa. «Pepita, uff, me voy a correr», avisé a tiempo; «Espera, que te la chupo», me dijo Pepita. Nos separamos. Ella se arrodilló sobre el colchón y me terminó en su boca. Eyaculé y mi semen goteó por la comisura de sus labios; Pepita se relamió.

    Entonces, un día o una semana, o un mes dejé de ver a Pepita por el barrio. Cosa extraña esta, pues ella solía ir de compras a las mismas tiendas que yo iba. Le pregunté a su amiga Almudena si sabía algo de ella. Me respondió: «Pepita se ha ido a recoger fruta a Murcia». «Vaya», me dije, «se debe estar hinchando de follar allí», y me imaginé a Pepita rodeada por esos robustos africanos y magrebíes, bajo los árboles, chupándoles las pollas, chorreando de semen su boca, o ensartada por esas mismas pollas que le daban por el culo o por el coño o las dos cosas a la vez. «¿Y tú, Almudena, no te vas a Murcia?», pregunté; `¿Yo, para qué?, gano bastante dinero aquí con vosotros mis vecinos salidos», respondió; «¿Cuál es tu tarifa?», inquirí; «Cuarenta el polvo».

    Valoré la posibilidad de follar con Almudena, pero la desestimé porque, la verdad, Almudena, que era alta, delgada, tetona y guapita de cara, olía a sudor siempre. «Adiós, Almudena»; «Adiós».

    Andaba pensando en hacerme una paja. Pienso hacerme una paja. He acariciado el tronco de mi polla y esta se ha puesto dura en cuestión de segundos. He cerrado los ojos. He recordado a Silvia. Lo buena que estaba Silvia. He recordado aquellas tardes de otoño en las que se metía conmigo en la cama, yo encendía la televisión y ella se metía bajo la manta y me mamaba la polla. Humm. Mamaba y mamaba, y gemía, gemía. Yo, muy excitado, metía las manos bajo su cuerpo y le acariciaba las tetas, y ella mamaba como si le fuese en ello la vida, hasta que mi semen brotaba. Me estoy haciendo una paja. «Ding, dong», ha sonado el timbre. «¡Ya voy!». Me pongo el pijama, salgo de mi habitación y abro la puerta. «Hola», me dice. Es Lety. Lety es…, es…, como explicároslo, ella piensa que es mi prima; no lo es, no obstante ella cree que sí, y, como es algo pervertida, le gusta que me la folle. «Pasa, Lety, pasa»; «Esta mañana me he follado a mi padre», me ha soltado. Sé que es mentira, su padre murió. «¡No me digas, Lety!». Sí, vale, está algo loca Lety, sin embargo está tan buena… Lety, en cuanto me he descuidado para ir a buscar un paquete de tabaco, se ha desnudado y tumbado sobre el sofá. «¡Oh, Lety!», suelto cuando la he visto… «¿Qué pasa, primo, no tienes ganas?», me ha soltado ella. Rápidamente, aún empalmado a causa de la paja que me estaba haciendo, me he colocado entre sus piernas y la he penetrado. «Mmm, sí, primo», ha gemido ella. «Uff, uh, oh, oh, oh»; «Mmm, sí, sí, sí»; «Oh, oh, oh, oh, uff»; «Mmm, primo, me gusta-ah, ah»; «Oh, oh, oohhh». Me he corrido.

    Sin dejar de pensar en Pepita, «¿qué será de ella?». Me he dado una vuelta por el barrio. Sí, vale, que ya escribí que Pepita sólo era mi amante, pero, es que, ¡era mi amante de siempre! En fin, que me estoy dando una vuelta por el barrio. Por allí va Almudena, tan alta, con esas tetas, seguida por un viejete que, seguramente, ha debido de tomar Viagra para poder cepillársela. Por allá va Fashion, tan gorda como siempre aunque con unos modelitos que destacan su figura. Por allí, Ginebra. Ginebra es demasiado joven para mí. Por allá va…, ¿quién es esa?, ah, es Amparo, bajita y bien dotada; no es mi tipo. Por allí… «¿Qué haces?». «Ah, hola, Rocío»; «No me he olvidado de ti, ya sabes que me debes una»; «Sí, Rocío, sí»; «¿Cuándo?»; «No sé, ahora estoy algo ocupado»; «Pues, llama»; «Vale, Rocío, adiós». Le debo una invitación a café. Sigo. Regreso a mi casa. Recibo una llamada. «Buenos días, me llamo Inmaculada Fernández, le voy a informar de una oferta en telefonía que a usted seguro le va a interesar». «Informa». Me saco la polla del pantalón y escucho la bonita voz de la teleoperadora. «¿Qué me dice, señor?». «No sé, sigue hablando… a ver». (Oh, oh, oh, oohh). «¿Qué le parece, señor?». «No me interesa, señorita, muchas gracias», (por la paja).

    Todas las noches me acuerdo de Pepita. Todas.

    Toqué las tetas de Marimar bajo su camisa, que suavemente comencé a desabrochar. Salieron sus tetas al aire de la habitación tenuemente iluminada y dulcemente se las besé.

    Ella suspiró.

  • ¿Se pudo tener mejor confinamiento?

    ¿Se pudo tener mejor confinamiento?

    Este podría ser un relato más, una fantasía dentro de un contexto e incluso un buen sueño hilvanado, pero este relato es la experiencia real vivida durante el confinamiento que ahora me atrevo a narrarla.

    Llevo 5 años trabajando en Madrid.

    Debido a mi trabajo y turno, las semanas previas a declararse el estado de alarma, empecé a tener más contacto con mi compañera de piso. Ella tenía su pareja por aquel entonces, actualmente no se si continúan ya que nos perdimos la pista.

    El caso es que yo también notaba mucha más interacción entre ambos cuando coincidíamos en la cocina.

    Un día por la tarde en la que no estaban el resto de inquilinos, entre a mi habitación y escuche baladas heavys que sonaban en su cuarto. Al aproximarme a mi puerta que estaba frente a la de ellos, escuché con total claridad, los gemidos de ella.

    Me sorprendí ya que ellos pensarían que estaban solos y ella jadeaba fuerte.

    En ese momento, pensé en que las baladas heavys no servían para ocultar el gemido tan placentero de ella.

    Pasaron los días y los encuentros en la cocina se iban incrementando.

    Ella tenía la costumbre de ir a la cocina con una camiseta sin sujetador que le marcaba sus pezones. Eso me excitaba mucho y hacia volar mi imaginación.

    Un día coincidí con los dos en casa y me propusieron ir a un famoso local de Alcorcón donde se puede comer y escuchar música en directo. Me pareció una buena idea. Nos fuimos un sábado los tres y la velada estuvo genial. Ese día tras unas cervezas, noté que ella me miraba de una forma distinta.

    En un momento que él fue al baño me dijo que anotará su teléfono por si algún día necesitaba contactar, ya que solo tenía el de él porque en alguna ocasión me había pedido que le recogiese un paquete cuando ellos no estaban en casa.

    Tras ese finde volví a mi tierra en mi semana de descanso. Ella me escribió para ver que tal estaba y decirme que teníamos que repetir lo de volver a ir al garito.

    En esa semana empezamos a escribirnos por WhatsApp contándonos cosas acerca del piso y de la convivencia con el resto de compañeros, también me habló de su relación y me dejó claro que no estaban pasando por un buen momento. Yo ya había notado que él se iba mucho a su tierra y la dejaba sola en casa algunos findes.

    Pasaron algunas semanas y la conexión entre ambos iba tomando cada vez más complicidad. Los encuentros en la cocina o el pasillo eran más frecuentes y provocados por ambos. Ella era consciente del juego en el que nos estábamos llevando.

    Fue un sábado, 2 semanas antes de que se decretara el estado de alarma. Ese día, en casa estaban los dueños del piso. Desde el día anterior estuvimos mandándonos mensajes de WhatsApp que fueron tomando un punto más directo.

    Desde su habitación a la mía es solo cuestión de abrir una puerta, los dueños estaban en el salón. Ella me escribió preguntando si quería que viniese a mi habitación.

    Pese a lo arriesgado, le dije que si y en 10 segundos estaba en mi habitación con una botella de vino y 2 copas.

    Llevaba un vestido corto negro que ya dejaba ver sus muslos. Puse la TV para que nadie nos escuchara hablar y nos sentamos en el sofá cama a charlar y beber.

    La botella duró menos que de costumbre durante la conversación que mantuvimos.

    De repente mi mano se posó en sus muslos y acto seguido ella abrió sus piernas dejando ver su tanga negro.

    Comenzamos a besarnos efusivamente y mis manos empezaron a acariciarla con destino a sus hermosos pechos. No llevaba sujetador y sus pezones delataban su excitación sin yo aún haberlos acariciado. Ella no dudó en meter su mano bajo mi pantalón corto que llevaba y agarró mi miembro que estaba durísimo. Le aparté el tanga y empecé a frotar con las yemas de mis dedos sus labios que estaban empapadísimos haciendo que se deslizaran fácilmente hasta que le introduje un dedo que metí hasta el fondo.

    Sus gemidos subían de intensidad por lo que opte subir más el volumen del televisor para que los caseros, no se percatasen de nada.

    La desnudé por completo y la puse contra el sofá, mientras con una mano la masturbaba, con la otra agarraba uno de sus pechos mientras mi pene se rozaba con sus cachetes.

    Ella se abrió sus cachetes ofreciéndome su coño húmedo. Antes de penetrarla, me arrodillé y empecé a chupar sus labios que estaban muy húmedos, en ese instante se agarraba a la funda del sofá cama retorciéndose de placer. Esa imagen se repitió durante lo que duró nuestro confinamiento.

    Fuimos afortunados de tenernos, de desearnos y de follarnos a diario en cualquier lugar de la casa.

    Usábamos su juguetería, su lencería y hacia qué cada encuentro fuese aún más morboso.

    Solía entrar por las mañanas en su habitación y estando dormida, ya tenía mi polla dentro de su coño que no tardaba en humedecer. Ella a veces venía a mi habitación a altas horas de la noche estando yo dormido y empezaba a chupar mi polla hasta que hacía correrme en su boca, acto seguido tras esa descarga, me daba un beso de buenas noches y se volvía a su habitación, otras veces en vez de chupármela, se montaba encima de mi hasta que alcanzaba su orgasmo. Era intenso en toda su totalidad, nos volvíamos locos practicando ese sexo salvaje y primigenio.

    Un día me propuso que le hiciera una doble penetración con su consolador y con mi polla.

    Me pidió que la penetrase el culo y ella mientras se introducía su dildo en su coño.

    Ese momento fue brutal ya que se corrió varias veces muy seguidas, estábamos inmensamente excitados de estar practicando una doble penetración sin necesidad de una tercera persona.

    Este tipo de sexo fue incrementándose y lo disfrutábamos muchísimo, tanto que queríamos tener esas vivencias registradas, así que nos dio por grabarnos para luego disfrutarnos en nuestra soledad.

    Fueron 3 meses sintiendo un sexo lascivo y lleno de fuego en un juego que a ambos nos atrapó dentro de un confinamiento en el que estuvimos solos los dos en el piso que convivíamos.

    Por ello cuando a día de hoy alguien hace referencia a como llevó el tema del confinamiento, no puedo evitar sonreír en mi interior de una forma pícara y juguetona.