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  • Mi única infidelidad, y fue genial….

    Mi única infidelidad, y fue genial….

    Estoy parada en la puerta de su casa y me tiemblan las piernas como nunca en mi vida me han temblado. Nervios, ansiedad, recuerdos maravillosos, deseos irrefrenables, miedos… Todo junto al mismo tiempo. Quiero tocar el timbre pero tengo miedo de lo que ocurra cuando se abra la puerta. ¿Me reconocerá? ¿Se alegrará al verme?

    Esta parte de la historia empezó hace un par de días, en una reunión luego de que terminé de firmar los contratos para una nueva campaña publicitaria, justamente en la agencia de publicidad. Se hizo un brindis y cuando vi a una jovencita, me quedé congelada: Los ojos, la mirada, algo me sorprendió y me hizo estremecer. Era la misma mirada del hombre que diez años atrás, en las playas del sur de Mar del Plata me había hecho mujer, me había enseñado de forma maravillosa lo que es hacer el amor.

    No podía quitarle los ojos de encima, y en un momento me acerque y la salude.

    – Hola, un gusto conocerte. Le dije.

    – Hola. Me dijo sorprendida por mi saludo.

    – Perdoname, pero creo que te conozco o conozco de quien heredaste esos hermosos ojos, esa mirada brillante. ¿Sos Camila?

    – Si… Soy yo. ¿Cómo…?

    – Entonces sos la hija de Fernando…

    – Exacto… Perdone pero no entiendo nada.

    – Cami, tutéame, soy Caro. De vuelta, un gusto enorme conocerte. Conozco a tu padre.

    – Ah… ni me imaginaba, nunca me comento que…

    – Supongo que no. Contame, ¿Cómo está?

    – Bien por suerte, trabajando, como siempre.

    – Claro. ¿Tu mamá?

    – Eh… mi mamá vive en Brasil, después que se separaron, ella se fue con el novio a Brasil. Yo me quedé con el viejo.

    – Uhhh… Si te invito a tomar un café, ¿aceptas? Tengo muchas ganas que me cuentes de tu padre.

    – Sí claro, no hay problema.

    En ese momento le hice una seña al dueño de la Agencia y se acercó.

    – Pedro, me he llevado una hermosa sorpresa. No sabía que Camila trabajaba con vos. Es la hija de una persona muy querida. Por favor cuídala. Ah, nos vamos a tomar un café solas. Llámeme.

    – Sí Caro, por supuesto. Vayan. No sabía que la conocías…

    – Gracias. Vamos Cami. Le dije, la tomé del brazo, junto sus cosas y partimos las dos a un bar justo en frente de la agencia.

    No sé cuál de las dos estaba más nerviosa. A mí me temblaban las manos, y ella o dejaba de acomodarse el cabello. Pedimos dos cafés y comenzamos a charlar.

    – Contame de vos Cami. Le dije.

    – No hay mucho, termine el secundario hace dos años, un amigo de papá me hizo entrar en la agencia, y trabajo y estudio.

    – ¿Novio?

    – No por ahora, corte hace poco tiempo con un flaco, nada serio.

    – Entiendo. Sos hermosa, tenes una sonrisa fresca y esos ojos…

    – ¿Cuándo, cómo lo conociste a papá?

    – Hace varios años ya. ¿Hace mucho que se separaron tus padres?

    – Doce años.

    – Que chiquita que eras, tenías ocho años. Dije y ella abrió los ojos con todo.

    – Si… Perdoname, pero cada vez entiendo menos. ¿Cómo sabes mi edad?

    – Eh… Lo sé, no preguntes mucho…

    – Marcela, vos sos Marcela. Con mi viejo hablamos mucho, sigo viviendo con él. Y somos bastante amigos, muy amigos. Algunos sábados a la noche, nos sentamos en el piso del living, él pone música que le gusta, que me enseña a desfrutar, como un también un whisky importado que toma, y charlamos.

    En una de esas charlas le pregunte porque se habían separado. Me contó que mi mamá le pidió tiempo para pensar porque no sabía si seguir con la relación, y como yo era chica, mi viejo se fue una semana a la costa. Cuando volvió, fue él quien quiso separarse. No me explicó más.

    En otra charla, le pregunté porque nunca había vuelto a formar pareja, o tener una novia, o una “amiga”. Entonces me dijo que estaba enamorado de Marcela, una mujer bellísima e inalcanzable, que no podía pensar en otra mujer que no fuera ella. Que era una mujer famosa, que era imposible que se acuerde de él.

    Vos sos Marcela.

    Se me llenaron los ojos de lágrimas, las manos me temblaban mucho más que antes.

    – Mi nombre completo es Marcela Carolina Quesada. Dije.

    – Wow… Y yo que pensé que me lo había dicho para sacarse el tema de encima.

    – No te imaginas lo que busque a tu padre. Nunca me dijo su apellido, solo su nombre. Que tonto, como me voy a olvidar de él, imposible olvidarlo. Como ves, no me es indiferente para nada lo que contas.

    – Ya veo… ¿Me podes contar su historia?

    – Cuando viajó a la costa, yo empezaba mi carrera de modelo. Un viernes a la noche, fui a bailar y él estaba solo, sentado en la barra, tomando whisky y mirando todo, yo con amigas en un sillón. Cruzamos miradas, y el empezó a caminar hacia mí, me levante y nos pusimos a bailar. Fue un solo tema. Fuimos a la barra, tomados de la mano, nos presentamos, y nos fuimos del boliche sin hablar.

    Subimos a su auto, y fuimos aun un bar frente al mar. Charlamos toda la noche, cuando amanecía, pasamos por los hoteles a buscar las mallas, y fuimos a la playa. Me contó de los problemas con tu madre, me mostro fotos tuyas, lo que te amaba, lo que le dolería perderte en la diaria si se separaban.

    Pasamos todo el día en la playa. Al anochecer, me dejo en mi hotel, al rato me pasó a buscar y fuimos a cenar. Cuando le dije que tenía 18 años, casi sale corriendo. Lo tuve que parar. Él pensó que tenía 25, por mi cuerpo, mi ropa, no era una típica chica de 18 por cierto. Otra vez, toda la noche juntos, sin dormir, recién ahí nos tomamos de las manos, y nos dimos los primeros besos. Otra vez a buscar las mallas, y otra vez a la playa. Llegamos muy temprano, y salimos a caminar, abrazados, hablando. De pronto, estábamos en un médano, haciendo el amor. Fue mi primera vez. Y te aseguro que fue maravilloso. Lo dulce, cuidadoso, tierno que fue es increíble. A la tarde, volvimos a hacer el amor, y te aseguro que nunca, nunca goce tanto como esa vez. Que hombre, por favor. Perdoname si soy muy explícita… es que…

    – No te hagas drama… que hermoso que fue todo. Ahora entiendo porque no quiso seguir con mi madre, además que ella era la que no quería seguir, claro. ¿Y que paso? ¿Por qué no se vieron más?

    – Desapareció. Nunca más lo ví. Fui a su hotel al día siguiente, y se había ido. Me dejó una carta diciendo que… que no era nadie… que yo tenía un futuro increíble y él era un simple laburante, que nuestra diferencia de edad iba a ser un problema en mi carrera, que…

    Me largué a llorar, no me pude contener. Nunca en mi vida me había podido olvidar de él. Claro que lo amaba. Los dos novios que había tenido, ni le llegaban a los tobillos, ni dentro ni fuera de la cama. Cami me miraba con una sonrisa super dulce, sin decir nada.

    – Así es como se de vos Cami. Espero que no te enoje nuestra historia, y sobre todo, te pido que no le cuentes que yo te conté.

    – ¿Enojarme? Ni loca Caro. Pero te aseguro que es fuerte escuchar que mi viejo dejó una huella tan grande en una mujer como vos.

    – ¿Cómo yo? Soy una mujer, y punto. Que sea modelo, actriz, es otra cosa. Soy una mujer Cami, una mujer que nunca pudo olvidar a ese hombre. No te das idea lo que fue hacer el amor con él, porque hicimos el amor, no cogimos, no tuvimos sexo. Fue maravilloso, lo más maravilloso que me ha pasado. Te aseguro que no tenes idea lo maravilloso que es tu padre.

    – ¿Lo amas todavía?

    – Pasaron doce años, y sigo amando al hombre que conocí, con el que compartí dos días increíbles. De eso estoy segura.

    – Está con algún kilito de más, y algunos pelos se fueron pero… mi viejo, ese que me abrazo y me contuvo cuando mi madre se fue, te aseguro que sigue siendo el mismo.

    – Me puedo imaginar el padrazo que habrá sido.

    – Increíble. Escuchame, y te voy a llamar Marcela en este momento, te invito a cenar a casa el viernes, yo cocino, no le voy a decir nada que vas. Creo que se merecen encontrarse nuevamente, y ver…

    – ¿Te parece Cami? Pasaron doce años.

    – Marcela, de vos, me hablo hace un mes… Dale, anímate.

    Nos quedamos charlando, y quedamos en que iba a ir.

    Ahora, estoy tocando el timbre, la puerta se abre y es Camila, con una sonrisa increíble.

    – Hola Caro, que bueno que viniste.

    – Hola Cami… estoy temblando… ¿Está?

    – Sí… pasa. Viejo, te presento a Caro. Es modelo, va a trabajar en una campaña de la agencia. ¿La ubicas de las revistas y la tele?

    Fernando se quedó duro, mirándome. Yo apenas puedo respirar. Como autómata, entro a la casa y Camila cierra la puerta tras de mí.

    – Hey, viejo, es linda, pero tampoco para que te quedes duro. Saluda.

    – Claro, perdón, pero me quede sorprendido. Un gusto.

    – El gusto es mío, te aseguro. Dije.

    – Bueno, chicos, yo estoy de más. Los dejo charlando o …

    – Pero, no entiendo, la cena… Dijo Fernando.

    – Viejo, en la heladera está el imán del delibery, pedí pizza, no jodas. Marcela, en la heladera hay champagne, y en el frezzer helado.

    – Camila, te voy a matar. Dije.

    – No jodas. Ah, Marcela, en el botiquín del baño, hay pastillas del día después, y viejo, en tu mesa de luz, puse preservativos. Chau.

    Camila toma su campera y se va. Nos quedamos solos, mirándonos como dos tontos.

    – Es mi hija, no la puedo matar… Me dijo y vi la misma hermosa mirada que tanto recordaba, la misma sonrisa que tantas noches soñaba.

    – No… Te juro que yo…

    No pude decir más nada, porque me tomo en sus brazos y me dio un beso tremendo, que me hizo estremecer por completo. Dejo caer mi cartera, y lo abrazo con todas mis fuerzas. El beso que dura varios minutos, mi cuerpo explota de felicidad, siento como mis pezones se ponen duros, mi vagina se humedece por completo en forma instantánea. Yo le quito la ropa y el a mí, todo sin dejar de besarnos. Casi desnudos, solo con la tanga y su bóxer, abrazados vamos a su dormitorio, y nos dejamos caer en la cama.

    Su boca comienza a besar mi cara, mi cuello mientras sus manos acarician mis pechos con una suavidad tremenda, me escucho a gemir suavemente, y él va bajando hasta comenzar a besar y succionar mis pechos, jugar con su lengua en mis pezones y con sus manos, a hacer desaparecer mi tanga. No puedo decir el tiempo que estuvo en mis pechos, solo que fue glorioso.

    Los abandona y su boca se dirige a mi pelvis, a besar mi clítoris, haciéndome gritar de placer, tirar sus cabellos, apretar las sabanas de la cama y gozar, gozar como nunca he gozado. Me siento feliz, plena, amada, cuidada. De pronto, su boca baja, y empieza a separar los labios vaginales, meter su lengua en mi concha, y me estremezco con el primer orgasmo, fuerte, placentero.

    No se detiene, sigue, y sin brusquedades, me hace sentar en su boca, puedo adivinar su sonrisa en sus ojos cuando comienza a chuparme nuevamente. Yo me aprieto los pechos con una mano, mientras la otra acaricia su cabeza.

    – Mi amor, me estas volviendo loca, te amo.

    Su lengua entraba y salía de mi concha sin parar, hasta que me hace estallar en un nuevo orgasmo mucho más fuerte que el anterior.

    – Ahora es mi turno, doce años, doce, soñando este momento. Le dijo mientras me levanto, me corro, y tomando su pija, la conduzco a mi concha.

    No me sorprende que sienta que llena mi concha por completo, es lo que recuerdo de aquella primera vez. Comienzo a moverme, arriba y abajo, mientras acaricio su pecho, lo miro a los ojos y el acaricia mis piernas. La excitación va en aumento constantemente, haciendo que mis movimientos se aceleren, clavo mis uñas en su pecho, grito de placer. No puede ser posible tanto placer, tanto gozo.

    Tercer orgasmo, terrible, mi cuerpo tiembla mi rostro se crispa, pero no me detengo, al contrario, estoy loca, totalmente loca de placer, y quiero hacer que acabe dentro mío. Me toma de la cintura y él también se comienza a mover, enterrando su pija bien adentro de mí. Pasan los minutos y pierdo la cuenta de los orgasmos, o es uno solo eterno.

    De pronto siento que arquea con todo su cintura enterrándome su pija y llenando mi concha con su leche. Grito, grito como loca de placer y mi cuerpo tiembla como una hoja. Así, temblando, me dejo caer sobre su pecho y nos besamos con toda nuestra fuerza.

    – Te amo, Marce, te amo. Me dice al oído y de mis ojos brotan las lágrimas.

    – Y yo a vos Fer, doce años amándote sin saber dónde mierda estabas.

    Me levanté para acosarme a su lado. Nos abrazamos y nos seguimos besando por un rato.

    – Marcela, yo quiero expli…

    – Fer, nada de explicaciones, no las necesito. Lo que me importa es que estamos juntos, lo que siempre desee, lo que soñaba cada noche.

    – Pero…

    – Nada… A menos que no quieras estar conmigo.

    – Ni loco, claro que quiero estar con vos, pero…

    – Nada. Solo tengo un temita, que ya mismo soluciono. ¿Vamos a buscar dos whisky`s? Dije.

    Bajamos y mientras él sirve yo busco mi celular.

    – Hola Sergio. Dije poniendo el altavoz.

    – Hola hermosa.

    – Sergio, terminamos, hasta aquí llegamos. Cuidate.

    – Pero…

    – Chau. Dije y corto.

    – ¿Sergio? ¿Fuiste infiel? Pregunta sonriendo Fernando.

    – Por primera y última vez. Y una tiene que practicar para cuando como ahora, por fin, encuentre al hombre que amo. Hace doce años era una pendeja totalmente inexperta, ahora algo, no mucho, de practica he ganado.

    – Ya ví…

    – ¿Te molesta?

    – No, para nada.

    Nos vamos nuevamente a la cama, charlamos, nos besamos, nos mimamos y por fin, por primera vez, nos dormimos abrazados.

    – Buen día, Que sorpresa encontrarlos juntos… Dijo Camila parada en la puerta del dormitorio con una bandeja con el desayuno.

    – Cami, buen día hija. ¿Te das cuenta que puedo estar en bolas debajo de la sabana?

    – No espero otra cosa, con semejante mina que tenes al lado. Hola Marce.

    – Hola Cami, te amo. Gracias.

    – Boluda, ni pienses que te voy a llamar mamá. Repongan energía.

    – Cami, te amo hija. Yo también te doy las gracias.

    – Que lindo verte feliz viejo. Les dejo así desayunan, antes o después del mañanero. Tienen mucho tiempo que recuperar.

  • Fiesta de Halloween, en casa de mi hermano (capítulo 3)

    Fiesta de Halloween, en casa de mi hermano (capítulo 3)

    Iremos por etapas por varias categorías de la página espero sea de su agrado, y en espera de sus comentarios, te sugiero leer las secciones anteriores para que sea más disfrutable.

    Me tomó al menos cinco minutos y siete fajos de papel higiénico limpiarme la cara. Mi lápiz labial se había ido por completo en ese punto y podía oler el fuerte aroma de esperma a través de mis orificios nasales, pero visiblemente, no vi gotas de blanco cremoso semen en mi máscara o el cuerpo del disfraz.

    Todavía estaba un poco borracha y mi mente estaba nublada por la necesidad sexual que sacudía mi cuerpo. Pensé para mis adentros, ‘solo hazlo, mastúrbate y vete’. Pero, las palabras seguían zumbando de mí. Cinco cargas más de semen me llevarían a la ‘pinche docena’ que Sara suele establecer como meta. Quería eso antes de venirme. Quería explotar cuando sucediera.

    Llamé a mi novio de nuevo. Si pudiera venir aquí, le exprimiría hasta sesos en este momento.

    Pato: «Hola Eeeeleeeny» con una voz claramente intoxicado.

    Yo: «Hola. Te necesito. Por favor, consigue un coche y ven aquí».

    Pato: «¿Me Extrañas?» Él rio. «Estoy en medio de un juego».

    Podía escuchar las voces de una docena o más de personas hablando y gritando demasiado fuerte. Estaba claramente en tiempos extras de alcohol.

    Yo: «Por favor, ven aquí. Te quiero AHORA».

    Supliqué con una voz muy necesitada y ronca. Me sorprendí con el hambre sexual en mi garganta viva y ardiente.

    Pato: «Eleny…» se quejó.

    Él no vendría. Suspiré antes de que dijera otra palabra.

    Pato: «Estamos en una racha. Te llamaré tan pronto como pueda. ¿Cómo va la fiesta de tu hermano?»

    Yo: «Está bien. Me estoy divirtiendo, pero estoy muy caliente. Por favor, ven. Quiero que me cojas. Te necesito».

    Escuche risas de fondo, aunque estaba claro que estaba sosteniendo su mano sobre el teléfono para tratar de bloquear su voz.

    Pato: «Ella quiere mi verguita, realmente debería irme».

    Seguido por.

    Amigos de pato: «No seas azotado por el culito». «Látigo” “Iré contigo, amigo». “Dile que venga aquí”. Y otras protestas de la multitud.

    Quitando la mano del micrófono.

    Pato: «Ven aquí, cariño.»

    Yo: «No puedo, Pato. Por favor, cariño, realmente te necesito». rogué.

    Pato: «Chingaoo, quiero, de verdad que quiero. Pero me necesitan aquí. No parece una fiesta muy buena allí, ¿por qué no te vienes para acá?»

    Suspiré.

    Yo: «No puedo, Pero da igual, no te preocupes por eso. Si llegas aquí, abra sexo. Si no, pues mejor ni llegues». con un toque de maldad. «Te llamo en un momento».

    Colgué.

    Me di otra mirada en el espejo. Y Sí, definitivamente había salpicaduras de semen en mi disfraz, pero no parecían obvios. Solo podía esperar que no oliera como la zorra chupadora de semen en la que me había convertido durante las últimas horas. Revisé el botiquín detrás del espejo. Sara tenía una botella de ambientador de lavanda, pasta de dientes y enjuague bucal. No perfume, pero mejor que oler a semen. Me lo rocié por todas partes. Me cepillé los dientes, la lengua y la boca con un dedo y pasta de dientes e hice gárgaras con el enjuague bucal dos veces para quitarme el sabor y el hedor a semen de mi aliento.

    Salí por la puerta trasera y me di cuenta de la pequeña reunión en el fondo del patio. Había alrededor de seis de ellos paseándose alrededor de ellos un pequeño punto de color rojo. Me vendría bien un golpe, así que decidí dirigirme al fondo, ignorando los fuertes sonidos de la música y platica desde la casa.

    Había dos chicas y cuatro chicos y sonreí mientras me acercaba.

    Pizzaman: «¿Qué pasa gatita?».

    Yo: «Se ve bueno ese porro que estás sosteniendo».

    Mi voz todavía sonaba un poco sensual y diferente

    Yo: «¿Puedo tener una probadita?»

    Pizzaman: «Claro, pero te costará». riéndose.

    Entré en su círculo. Había un Pirata, Thor, Cenicienta, un hombre de las cavernas y una mujer de las cavernas que supongo que vinieron juntos, y el tipo que me hablaba no vestía nada más que unas cuantas cajas de pizza. Tenía un pecho y un abdomen muy cincelados y sentí un ligero chorro en mi catsuit.

    Yo: «¿Cuánto cuesta?» acercándome a él y alcanzando el porro.

    Lo apartó burlonamente.

    Pizzaman: «Tienes que besar a Cenicienta». Se rio y todos, excepto Cenicienta, se rieron con él.

    Cenicienta: «Javi. Solo dale un toque». protestó.

    Pizzaman: «No hasta que ella te bese» se rio.

    Puse los ojos en blanco y me incliné para darle a Cenicienta un rápido beso en los labios. Supuse que, si nos tocábamos los labios y hacíamos un sonido de chasquido, los muchachos se emocionarían tontamente y yo podría conseguir un toque. Pero, a pesar de la protesta de Cenicienta, me agarró cuando me acerque y con una mano detrás de mi cabeza y otra en mi trasero, me jaló con fuerza y presionó su lengua contra mis labios. Inmediatamente traté de alejarme, pero Thor se movió detrás de mí, presionando su cuerpo contra mi espalda. Di un chillido de protesta, pero fue en vano ya que mi boca aceptó la lengua.

    Entonces, de repente, todo cambió. La excitación contra la que había estado luchando, volvió con toda su fuerza y comencé a devolver el beso. Con el movimiento de mi lengua debajo de la suya en su boca, Cenicienta agarró mis nalgas con más fuerza y acercó nuestros cuerpos uno al otro. Era más alta, así que tuvo que inclinarse un poco. Sentí a Thor apretado contra mi cola. Su verga estaba dura y comprimida en el surco de mis nalgas. gemí.

    Cenicienta le dio un golpecito a Thor sobre mi hombro y lentamente retiró el beso, dejándome jadeando mientras me palmaba suavemente el trasero.

    Pizzaman: «Que tal?, ¿estuvo bueno?.» sonrió y me entregó el porro.

    Yo: «Sí.» Jadeé por aire mientras Cenicienta se reía. Tomé una calada larga y pasé la hierba mientras la retenía en mis pulmones.

    Pirata: «¿Te diviertes gatita?»

    Asentí con la cabeza, incapaz de hablar mientras aguantaba la profunda bocanada de delicioso humo.

    El porro se abrió paso alrededor del círculo mientras volvían a hablar, tratando de incluirme en la conversación, pero claramente estas cinco personas trabajaban con Jorge por las cosas que decían.

    Pizzaman: «¿Cómo conoces a Jorge y Sara?”.

    No estaba segura de querer decirles que yo era su hermanita pequeña. Jorge sabía que fumaba marihuana, pero se suponía que no debía fumar aquí esta noche. Decidí inventar una mentira en el acto.

    Yo: «Voy a la universidad con la hermana de Jorge».

    Lo suficientemente cerca de la verdad, supongo.

    Pizzaman: «Ok, universitaria, ¿quieres otro toque?»

    Asentí con la cabeza de nuevo con una sonrisa. Me incliné hacia Cenicienta y la besé. Pensé que ese era el pago para mí, así que debería hacerlo de nuevo. Cenicienta se rio y le devolvió el beso con fuerza. Agarró mi cabeza de nuevo y comenzó de inmediato a apretar mi nalga. Thor se acercó y agarró mi otra nalga y comenzó a apretarla. El beso fue con la boca abierta y las lenguas moviéndose de un lado a otro, con las manos apretando mi trasero con tanta fuerza que temía que me hiciera correrme por la fricción que causaba en mi entrepierna.

    Le agarré el trasero, o lo intenté. No era exactamente accesible con el vestido abullonado de Cenicienta. En cambio, me conformé con una mano en su mejilla y otra en su hombro. El beso pareció durar una eternidad y supe que, si alguien tocaba mi coño sobre mi ropa, me correría, gritando en la boca de Cenicienta.

    Pero no lo hicieron. Me dejaron con los dedos de los pies doblados y sin aliento. Tuve que respirar profundamente para recuperar el aliento lo suficiente como para tomar mi turno para mi siguiente toque. Todos emitieron sonidos de reconocimiento y risitas durante y después del beso.

    Contuve el humo en mis pulmones tanto como pude antes de exhalar para tomar una bocanada de aire fresco. Me golpeó muy fuerte esa vez y tenía una sonrisa tonta en mis labios. Me reí y sentí esa maravillosa sensación cálida en todo mi cuerpo.

    Cenicienta: «¿Quieres otro beso, gatita?» se rio.

    Yo: «Será mejor que no. Necesito vino en cartón y chupar cinco vergas más».

    Todos se rieron.

    Pizzaman: «¿Qué?» con incredulidad.

    Me sonrojé, recordando que se suponía que esto era un secreto. Me reí, tratando de calmar la situación, aunque mi mente estaba bastante confusa.

    Yo: «¿Dije eso en voz alta?» Me reí. «Lo siento… Solo necesito otro vino».

    La Cavernícola: «Traeré vino en cartón para ti, gatita, ¿dónde están? También necesito un trago, ¿alguien más?»

    Le dije que estaban escondidos en el refrigerador y se llevó al Pirata con ella para juntar las bebidas para todos en el grupo, ya que todos necesitaban un trago y de repente no estaban interesados en volver a la fiesta.

    Thor: «Necesito orinar.» y caminó detrás del grupo hacia la cerca.

    Caminé con él entre las risas de todos, incluyéndome a mí.

    Yo: «¿Puedo ver?» Me reí.

    Thor saltó un poco cuando le pregunté. Ya tenía la pija afuera y estaba regando la cerca.

    Thor: «Demasiado tarde para preguntar».

    No estaba segura de por qué lo hice. Me inspiré al ver a un chico orinar afuera. Tal vez estaba celosa de la capacidad de hacerlo. Observé la forma en que sostenía su verga suavemente y apuntaba a la valla, luego parecía estar dibujando círculos con el chorro de orina. No pude evitar reírme.

    Un par de manos en mis nalgas y un aliento caliente en mi oreja me sacudieron de mi fascinación con el tipo que orinaba.

    Cenicienta: «¿Quieres chuparlo cuando haya terminado?» susurró.

    Volví a mirarla, con los ojos muy abiertos y un poco molesta de que me preguntara tal cosa y luego mi calentura se apoderó de mí. Casi imperceptiblemente asentí con la cabeza. Cenicienta sonrió y me empujó hacia atrás un par de pasos para que no estuviera demasiado cerca del olor a orina en la cerca.

    Cenicienta: «Aprovecha Gatita te quiere dar pequeño regalo” se rio.

    Empezó a chupar el lóbulo de mi oreja, lo que me volvió completamente loca, luego sus manos dejaron mi trasero y agarraron mis senos y pellizcaron mis pezones a través de la apretada tela del disfraz. Gemí.

    Cenicienta: «Gatita, eres una cosa cachonda, ¿no es así? ¿Quieres que te cojan?» susurró.

    Negué con la cabeza. Ya había chupado tantas vergas que ya no podría decir que le era fiel a Pato, pero coger era otro paso que no quería dar.

    Yo: «Tengo novio.» Susurré.

    Cenicienta: «¿A él no le importa que chupes vergas?»

    Me sonrojé, aunque en la oscuridad, ella no podría haberlo visto.

    Yo: «debería irme.» Suspiré.

    Ella tenía razón, por supuesto, a él le importaría mucho que yo estuviera chupando vergas. Probablemente me dejaría en un segundo si supiera cuántas ya había chupado esta noche.

    Cenicienta: «Está bien, gatita. Ni siquiera sabemos quién eres. Ciertamente no le vamos a decir a tu novio. Y claramente quieres hacer esto. Me quedaré aquí contigo si quieres. Adelante, de rodillas y a atender a Max».

    Tiró de mis pezones, sosteniéndolos firmemente entre el índice y el pulgar. Me dolió un poco, luego mucho cuando no doblé las rodillas, luego nada cuando ella puso mis rodillas en el suelo. Sollocé en algún lugar entre la vergüenza y la emoción cuando Thor se volvió hacia mí y vi que su verga pasaba del estado flácido en el que estaba cuando orinaba a la pequeña gordura que comenzaba a crecer.

    Los dedos de Cenicienta jugaron suavemente con mis pezones. Nos susurró a los dos, estaba arrodillada justo detrás de mí al igual que la amiga del trabajo de Sara lo había hecho en el sótano.

    Cenicienta: «Está bien Max, ella está lista para ti».

    Luego, me chupó el lóbulo de la oreja y gemí.

    Cenicienta: «Max tiene una verga realmente sabrosa, adelante y pruébala».

    Inhalé profundamente por la nariz, torturándome con el fuerte olor a verga, con un ligero tinte de orina. Abrí la boca cuando la cálida punta de su glande se presionó contra mis labios. No era apremiante, pero se acercó un poco más y cerré los ojos en un momento de placer erótico cuando la cabeza caliente y bulbosa de su verga obligó a mis labios a abrirse más. Me encogí un poco al pensar que probablemente había un sabor a orina en mi lengua mientras lamía la mitad de su cabeza de verga que residía dentro de mi boca.

    Es una sensación rara e interesante, y en mi experiencia limitada, sentir que una verga se endurece después de que entra en tu boca. Al principio, no es más cálido que un dedo y suave, como un gusano de goma gigante. Luego comienza a crecer, más largo, más grueso, más duro y más caliente dentro de la boca. La sensación de que mi boca se estira para acomodar el órgano en crecimiento es emocionante. Me pregunto, ¿qué tan difícil será? ¿Cuánto crecerá? ¿Me ahogará? ¿Qué tan grueso crecerá? ¿Lo suficiente como para lastimarme la mandíbula mientras trato de mantener mis dientes libres de su carne?

    Y mientras todo eso pasaba por mi mente, Cenicienta jugaba con mis pezones y estaba mojada. La verga de Max era, como ella dijo, realmente sabrosa. No era tan grande como para lastimarme la mandíbula, pero era lo suficientemente largo como para permitirme jugar con mi reflejo nauseoso, un reflejo que me estaba divirtiendo mucho empujar. Cuando estuvo completamente erecto en mi boca, él mismo comenzó a jugar con mi garganta, tomando la parte de atrás de mi cabeza con su mano y jodiéndome mientras engullía su verga. Y así arrodillada, mis pezones fueron pellizcados suavemente y torcidos ligeramente mientras mi garganta era culeada, cuando la cavernícola regresó con las bebidas.

    Me avergoncé cuando la escuché reírse y los chicos se unieron para mirarnos y hablar sobre la mamada que estaba dando. Pero no estaba lo suficientemente avergonzada como para detenerme o cambiar mi enfoque, de hecho, cuanto más susurraban, más me excitaba y más duro trabajaba en la verga de Thor. Hay un poco de desconexión de ‘dar’ una mamada cuando un chico te agarra la cabeza y te folla la boca y la garganta en lugar de dejarte hacer el trabajo. Pero, fueron mis espesos ríos de saliva goteando de su eje y bajando por sus bolas y mi barbilla, lo que pareció llamar mucho la atención. Era mi incomodidad lo que sufría, manteniendo la boca abierta y mirándolo mientras perforaba mi garganta. Entonces, todavía era yo dándole la mamada, por así decirlo.

    Desafortunadamente, dado que le había dado a Max autoridad implícita para follarme la garganta, continuó haciéndolo cuando se reunió una audiencia. Estaba simultáneamente asqueada y erotizada por el sonido de mi garganta aplastando la gruesa cabeza de su verga cada vez que entraba y salía. Junto con la línea de baba que parecía fluir desde mi barbilla a sus testículos y después al suelo, no puedo imaginar que nuestros espectadores pensaran mucho en mí en ese momento. Y, aun así, Cenicienta nunca dejó de jugar con mis pezones a través del material elástico de mi traje de gato.

    El resultado fue un gemido ahogado, que emanaba de mi garganta, que debe haber sonado terriblemente sexy o grotescamente vulgar para el pequeño grupo, que ahora estaba dejando de fingir que todavía estaban fumando marihuana y bebiendo y se habían reunido foro alrededor del espectáculo que Cenicienta, Thor y yo estábamos montando para ellos.

    Cenicienta «Todos te están mirando, gatita». susurró,

    En caso de que no lo hubiera notado por mi visión periférica.

    Cenicienta: «¿Vas a dejar que todos los chicos tengan un turno con tu boquita de zorra? ¿Quieres puta? Apuesto a que incluso Miranda dejaría que su marido tuviera su turno, están prácticamente locos de lujuria mirándote».

    Quería tanto mirarlos, pero sabía que, si lo hacía, me desmoronaría y huiría. Renové mi atención en la cálida carne entre mis labios, incluso cuando las palabras de Cenicienta y su manipulación me acercaron más y más a un orgasmo que ahora me estaba concentrando mucho para negar. No sé por qué me torturé así, solo sentí que, si Sara haría esto sin correrse, yo también debería hacerlo. No hay pensamiento racional allí, solo un desafío personal y sin fundamento para mí misma.

    Supongo que la emoción de ser observado también fue excitante para Max, porque no mucho después de que Cenicienta susurrara que teníamos una audiencia, me agarró la cabeza, empujó su verga en mi garganta y se corrió con fuerza. Cenicienta lo vio meterse en mi garganta y jadeó en mi oído mientras me pellizcaba los pezones y apretaba su cuerpo contra mi espalda.

    Cenicienta: «Sí, trágatelo todo, gatita, trágate tu lechita». demasiado alto para mi comodidad.

    En el lado negativo, no pude probar nada del semen de Thor ya que se mantuvo en mi garganta durante todo su clímax. Cuando se retiró, una gota o dos que quedaban en la punta de su verga no fueron suficientes para crear un sabor distintivo.

    Thor: «Puta madre, eres buena».

    Me felicitó, mientras volvía a poner su verga en su disfraz. Estaba tosiendo lo más silenciosamente posible. No tuve arcadas fuertes, pero cuando una verga está en tu garganta tanto tiempo, al menos para mí, provoca un breve ataque de tos cuando sale. La Cavernícola, que ahora sabía que era Miranda, me entregó mi vino y bebí un sorbo suavemente, tratando de calmar mi garganta.

    Cuando logré controlar mi tos, Cenicienta tomó mi vino y se lo devolvió a Miranda.

    Cenicienta: «¿Vas a dejar que Edgar tenga un turno?»

    Como si yo no tuviera nada que decir en el asunto.

    La Cavernícola: «Solo vamos a mirar». se rio. «Adelante muchachos, quien sea el próximo».

    Me volví, alarmada hacia Cenicienta. A menos que fuera muy buena para leer los ojos, habría tenido que adivinar por la expresión de horror en mi rostro que estaban tomando mi deseo de chupar la verga de Max como una invitación abierta para que cualquiera me follara la boca.

    Yo: «¿Por favor?» Supliqué, claramente en mi cabeza queriendo decir por favor detente.

    Cenicienta se inclinó para susurrar para que solo yo pudiera escuchar. Estaba tan cerca que el calor de su aliento me hacía cosquillas en la oreja.

    Cenicienta: «Quieres ser una buena gatita, lo sé. Hagamos una más. Luego veremos, ¿de acuerdo?».

    Siguió jugando en mis pezones, acariciándolos suavemente, luego retorciéndolos, no con fuerza, pellizcando, un poco fuerte. Jadeé y gemí, variando según lo que ella estaba haciendo con mis pobres y torturados pezones.

    El Pirata caminó hacia mí y comenzó a sacarse la verga de los pantalones. Levanté la vista con una mezcla de desesperanza y deseo. Moví mi trasero contra Cenicienta y ella se rio.

    Cenicienta: «Ojalá pudiera excitarme tanto chupando vergas, no me faltarían novios. Eres una gatita increíble. Chupa esa verga y consigue tu lechita». Puntualizó su demanda con un pellizco de mis pezones.

    Antes me había dado cuenta de que se trataba de personas del trabajo de mi hermano, no del de Sara. Me preguntaba cómo reaccionarían si supieran que yo era la pequeña hermana de Jorge. Me reí a pesar de mí mismo. Al menos sabían que yo no era Sara.

    Cualquier reflexión futura fue expulsada temporalmente de mi mente cuando la verga del Pirata entró en mi boca. Era un poco más largo que el de Thor, pero más delgado. Esa noche fue mi educación en la amplia gama de tamaños y formas de vergas. Siempre supe que venían en tamaños, pero esto era como, no hay dos vergas iguales.

    Pirata no empezó a follarme la cara, en realidad me dejó hacerle una mamada. Eso fue otra cosa. Los chicos eran muy diferentes en cuanto a cómo reaccionaban a una mamada. Casi parecía que algunos tipos, como Thor, no podían correrse sin tomar el control de la mamada, mientras que otros, como Pirata, disfrutaban dejándome hacer el trabajo. Lo bueno de tomar el control, lo estaba disfrutando y me permitió experimentar más con mis manos, labios y lengua.

    Y el día de suerte para Pirata, llegó a ser el primer pollón en el que descubrí el movimiento el poder de mi lengua. Mientras chupaba y sorbía la verga del Pirata, empujé mi lengua hacia afuera y hacia abajo y fue lo suficientemente largo en la succión para mover mi lengua hacia adelante y hacia atrás. Solo pensé que se sentía divertido, pero al parecer a Pirata le encantó.

    Pirata: «Sigue haciendo eso gatita, eso es increíble».

    Cenicienta: «¿Qué está haciendo?» lo suficientemente alto para que nuestra pequeña audiencia lo escuchara.

    Pirata: «Está sacudiendo su lengua mientras me hace una garganta profunda. Nunca nadie había hecho eso antes».

    Cenicienta «Gatita es una pequeña zorra muy especial». se rio.

    Luego bajó la voz para que fuera más para mí otra vez.

    Cenicienta: «Eres una gatita en celo. Sigue chupando esa verga. Atragántate con esa lechita, pequeña puta asquerosa».

    Empezó a jugar con mis pezones de nuevo y yo gemía y engullía vorazmente, cogiendo su verga con mi garganta.

    Seguí haciéndolo, lanzándome hacia adelante, sintiendo el suave chasquido de la delgada cabeza de su verga mientras estiraba mi garganta al entrar, luego golpeaba sus bolas con mi lengua, luego tiraba hacia atrás, mientras enroscaba mi lengua alrededor de la parte inferior de su eje hasta que solo la cabeza permaneció dentro de mi boca. No era como si hubiera un cronómetro funcionando o alguna forma de saber cuánto tiempo había pasado, así que realmente no tenía idea de cuánto tiempo Cenicienta había estado susurrando sus provocativas palabras de aliento.

    Me encantó todo. Amaba sus dedos jugando con mis pezones. Me encantó la verga en mi boca. Me encantaban los insultos sexuales que me habrían llevado a la ira si hubieran sido entregados en un lugar y tiempo diferente. Literalmente podía sentir los jugos goteando de mi coño hacia la entrepierna y las piernas de mi disfraz.

    Cualesquiera que fueran los minutos que habían pasado desde que el Pirata introdujo su verga en mi boca, escuché su jadeo cada vez más fuerte y más rápido y supe que estaba a punto de correrse. Agarrando sus bolas con mi mano derecha, las apreté un poco fuerte y fui recompensado al sentir contraerse en mis manos. Mantuve mis labios apretados alrededor de su verga, pero mantuve la cabeza en mi boca, no en mi garganta, para poder sentir y saborear el semen. Y se vino, Él se vino duro. Él se vino mucho.

    El primer chorro de semen golpeó mi garganta con tanta fuerza que casi me atraganto. Rápidamente cerré mi garganta y dejé que mis mejillas se hincharan para sostener el volumen. Luego otro, casi igual, y otro. Pronto mis mejillas se hincharon y tuve que empezar a tragar o perdería el contenido a través de mis labios. Seguí masajeando sus bolas como si su verga fuera una especie de pistola de agua pervertida y apretándolas para que expulsara el semen, hacia arriba de su verga y dentro de mi boca.

    Cuando su octavo, ¡sí, octavo!, tiro de semen goteó en mi boca, tragué lo que quedaba allí y me reí cuando el Pirata, aparentemente abrumado por su orgasmo, aparentemente se desmayó. Todos nos reímos. El tipo estaba seriamente inconsciente. Cenicienta lo reviso. Por supuesto. todavía respiraba, podíamos ver su pecho subiendo y bajando, pero se había corrido tan fuerte que se desmayó. Estaba lleno de una abrumadora sensación de logro.

    Cenicienta me ayudó a ponerme de pie y nos reímos del pirata dormido mientras sorbíamos nuestras bebidas. Pizzaman nos pasó otro vaso y nadie exigió un beso o algún tipo de recompensa esta vez. La energía de nuestro pequeño grupo era alta. era sexual Probablemente era un poco peligroso. Pero estaba demasiada embriagada con la marihuana, el vino y la excitación sexual para darme cuenta.

    Pizzaman: «¿Mi turno?» esperanzado, después de que le di una profunda calada al vaso.

    Tosí, su pregunta me sorprendió. Pensé que había terminado. Miré a Cenicienta. Ella solo sonrió, sin dar ninguna indicación de lo que pensaba que debería hacer. De repente me sentí… usada. Había sido dominada por una carga sexual hasta ahora. Tal vez fue por la forma en que preguntó cortésmente. Tal vez fue porque nadie me estaba presionando para hacerlo. O tal vez mi psique estaba empezando a reaccionar a la humillación de eso. En cualquier caso, me sentí incómoda de repente.

    Yo: «Me gustaría un descansar por el momento. Lo siento».

    Pensé en lo raro que era que me estuviera disculpando por no chuparle la verga. No era mi trabajo.

    Parecía un poco molesto, pero forzó una sonrisa.

    Pizzaman: «No hay problema, gatita, después de ver a Enrique desmayarse, bueno, ya sabes».

    Yo: «Sí, eso realmente paso ¿verdad?»

    Cenicienta: «Me pregunto si fue lo mejor que le ha pasado en su perra vida». intervino.

    Todos nos reímos. Un porro dio la vuelta y vino a mí una vez más antes de que se consumiera por completo.

    Yo: «Mejor me voy». Suspiré. «Mis amigas probablemente se están volviendo locas buscándome en este momento».

    Cenicienta sacó un envase de Tic Tacs de su pequeño bolso azul y me los ofreció.

    Cenicienta: «Probablemente sea mejor no ir a verlos con aliento a verga».

    Ella rio. Me reí con ella y con gratitud tomé las mentas ofrecidas.

    Salí de las sombras hacia la casa. Había algunas personas de pie en el acceso fumando cigarrillos, dos chicos y una chica. Estaban riendo y hablando entre ellos. No los reconocí, pero un tipo vestido como Aladín me sonrió, así que creo que me vieron en las sombras del patio trasero. Me sonrojé ante la idea, pero los ignoré mientras pasaba por la puerta.

    Sonreí mientras entraba. La fiesta seguía en su apogeo, aunque puede haber sido una multitud un poco más escasa que cuando llegamos. Miré a mi alrededor en busca de mis amigas, pero no las vi en el área de la cocina o en la gran sala abierta que estaba a mi izquierda. Lo que vi me tenía el corazón en la garganta. Sara estaba bebiendo y hablando con una chica vestida como una bruja sexy. No pude verla muy bien, pero lo más probable era que fuera la chica del sótano. Todavía no me habían visto y me moví hacia la derecha.

    En la sala delantera, donde se desarrollaba la mayor parte del baile, encontré a mis amigas. Caminé tomando un sorbo de mi vino y observé dónde podían verme. Estaban bailando con el resto de la multitud. Gaby parecía estar realmente restregándose con un sacerdote. Las otras estaban bailando en un pequeño grupo con un par más chicas. Los observé durante un rato antes de que se dieran cuenta de mí y me hicieran señas para que me acercara. Me reí y me uní a ellas.

    El baile era exactamente lo que necesitaba. Necesitaba refrescarme. para no explotar espontáneamente en el orgasmo, manteniendo la actividad física y el coqueteo del baile. Me froté a propósito contra varios chicos mientras me abría paso entre la multitud hacia mis amigas.

    Claudia: «¿Dónde has estado?» se rio cuando estuve lo suficientemente cerca.

    Me reí, sonrojándome un poco.

    Yo: «Encontré unos con un porro».

    Claudia: «¡Perra egoísta! ¿Y no pensaste en tus amigas?»

    Yo: «Lugar correcto, momento correcto. Poca mercancía».

    Claudia: «Gaby para variar puteando. Su especialidad hombres casados».

    Revisé el dedo anular del chico que bailaba con Gaby y me reí. Había un anillo de oro brillante en él. Me preguntaba dónde estaba su esposa. Entonces, como un puñetazo en la cabeza, sentí vergüenza. ¿Cuántos de los hombres que chupé esta noche tenían esposas o novias? Negué con la cabeza ante el pensamiento, momentáneamente disgustada conmigo mismo. Miré al suelo, me sentí culpable de repente.

    Entonces, tuve esa sensación. Ese sentimiento irracional que tienes cuando sientes que alguien te mira. Miré hacia arriba y allí, en el comedor adyacente a la sala, vi a Sara y su amiga, la bruja sexy. Estaban tomando sus bebidas, inclinándose para hablar y mirándome directamente. Mis ojos se agrandaron. ¡Ellas sabían! Ambas me miraron con una sonrisa y dejaron de hablar, simplemente me miraron a los ojos con esa mirada condescendiente en sus rostros y cuando comencé a temblar, comenzaron a reírse. Nunca quitando sus ojos de mí. La bruja sexy se inclinó y le susurró al oído a Sara y ella se rio aún más fuerte.

    De repente me sentí totalmente humillada. Había sido una experiencia muy sexy y divertida antes de ahora. Pero, la forma en que Sara y su amiga despojaron mi anonimato de mis acciones con esa mirada de repente solo quería irme. No estaba segura de cómo volvería a mirar a Sara a los ojos. Pero había algo más. Además del calor que enrojecía mi cara y la parte superior de mi cuerpo, había excitación.

  • Mi harem familiar (11)

    Mi harem familiar (11)

    El 28 de diciembre, día de los inocentes, Andrea se me acercó temprano en la mañana, con cierta sonrisita sospechosa en su linda carita.

    -Hermanito bello, tengo un problemita y tal vez tú podrías ayudarme…

    -¿Si? ¿cuál problema? Mira que sé que hoy es el día de los inocentes.

    -No, mi amor, nada de bromas ni nada que ver con esa fecha. No, es que esta noche se casa una compañera de la Universidad, la más pana y quiero ir a su boda, pero no tengo pareja, no tengo con quien ir.

    -¿Seguro? Yo creo que sí tienes con quien ir… conmigo, boba. Yo te llevo, con una condición: que ésta noche soy tu pareja, no me vas a dejar botado por cualquier tipo que se te presente.

    -Yo a ti jamás te haría algo así. Si voy contigo, contigo muero. ¿Me llevas entonces, mi amorcitico?

    -Si, claro que sí. Ojalá no sea una broma del día de los inocentes, mira que me ilusiono con tu petición y luego sufro una decepción. Caramba, me salió en verso.

    -No, te lo juro. Te pones un buen flux, el negro que te queda tan bien, con camisa blanca de yuntas y una corbata gris de rayitas que te he visto. Y el reloj que te regaló Sugey, que te queda bello. A las 6 salimos de aquí, que quiero ir a la iglesia. ¿De acuerdo, mi amor?

    -Si. – le respondí.

    A las 6 en punto estaba yo como un clavel esperando a Andrea en la planta baja de la casa. De pronto, mi damita apareció más bella que nunca, con un vestido gris perla entallado, a media pierna, con escote en la espalda y el frente cerrado, sin mangas. Medias oscuras y zapatos de tacón alto. Vestida para enamorar. Su cabellera recogida en un sensual moño flojo con mechones caídos y maquillada de infarto. Su boca era una invitación a besarla. Nunca, en tantos años la había visto tan bella como esa noche. Habíamos ido a muchas fiestas juntos, pero esta noche estaba matadora. Sugey, Miriam y Ana la aplaudieron y nos despidieron, deseándonos una feliz noche. Subimos al carro y nos fuimos.

    Llegamos a la iglesia de Los Palos Grandes, presenciamos todo el acto, largo y tedioso, felicitamos a los novios y nos fuimos a la recepción, en una sala de fiestas en Los Chorros. Ya en la sala de fiestas, nos sentamos en una mesa donde se hallaban dos parejas de compañeros de clases. Ella me presentó como su primo, honradamente, aunque yo les decía que era su novio y que la próxima boda sería la nuestra. Eran personas sencillas, agradables, pasamos la velada echando bromas, comiendo y bebiendo con alegría. Bailamos bastante, yo con ella y una que otra vez con alguna de las otras dos chicas, muy lindas y agradables, solo que nada que ver con Andrea. Mi querida prima era la sensación de la noche, además de la novia, que era realmente linda. Pero Andrea estaba más buena, pensaba yo.

    Estábamos bailando abrazados, muy pegados y Andrea empezó a decirme que me comportara, que allí sabían que éramos primos, no novios. Pero me era realmente difícil comportarme “correctamente” porque esa niña estaba arrolladora, hermosa, sensual. Poco después de medianoche me dijo que estaba cansada y que quería regresar a casa. Nos despedimos y nos fuimos. Al llegar a casa y bajar del carro ya no me pude aguantar más y la besé en la boca, con ansias locas. Ella se entregó a ese beso con ternura, con pasión. Durante un rato largo, nos besamos con ganas, esas ganas que se habían acumulado desde la época en que las enseñé a besar a ella y a Ana. Subimos la escalera de caracol para mi habitación, ya ella sabía lo que eso significaba. Entramos, se metió al baño a orinar y mientras, yo coloqué un casete de música suave, romántica, de los 70’. Al salir del baño, la tomé entre mis brazos y le dije:

    -Ahora sí, podemos bailar abrazadísimos, como a mí me gusta. Me has tenido loco toda la noche, estas más bella que nunca.

    -Si, mi amor, aquí sí podemos hacer lo que tú quieras. Todavía la noche es joven.

    -¿Tendrás algo que decirme, acaso?

    -¿Yo? No sé… ah, sí, claro, si… quiero ser tuya, va una primera vez…

    -Calla, no tienes que decírmelo otra vez. Te amo y sé que tú a mí. Esta noche vas a ser mía, como Dios manda, porque ese señor que está allá arriba me las puso a las cuatro aquí para mí. Solo me faltabas tú y lo que más tarda en conseguirse, más se desea y se disfruta…

    -Si, mi amor, estaba deseando que esta noche llegara, aunque todavía no me has hablado de Paris, vagabundo…

    -Es cierto, te lo debo. Algún día tendré con qué y te llevaré. Lo prometo.

    A partir de ese momento se acabaron las palabras. Así como a Ana le gustaba conversar durante la cópula, a Andrea le gustaba el silencio. Solo suspiraba. Eran suspiros deliciosos, como toda ella. Esa niña sabía a gloria, como su madre. Sus jugos vaginales me supieron mejor que nada. Hasta su sudor era como licor de ambrosía. Me la comí por completo, creo que esa noche no quedó un centímetro cuadrado de su piel que yo no degustara, no lamiera, no mordiera. No sé qué me pasaba esa noche, pero me sentía enamorado de esa dulce niña. Hicimos el amor literalmente, solo eso, amor, nada de brusquedades, de folleteo, no. Solo amor y del bueno. Probé sus labios, superiores e inferiores y no supe con cuales quedarme. Lo mismo me pasó con sus pezones, no lograba decidirme, si el izquierdo o el derecho. Lo que sí me resultó inmediato, sin tener que pensar, fue su clítoris. Me enamoré de ese pedacito de carne maravillosa de esa vulva tan especial. Y ella respondía de maravillas ante mis requerimientos. Lo único que me fue negado fue su trastienda, que traté de penetrarla cariñosamente con un dedo y me fue prohibido el acceso. Por pudor, por temor, no lo sé, pero quedaba como materia pendiente. No era necesario insistir, el tiempo jugaba a mi favor.

    Ella me comentó, ya poco antes de quedarse dormida recostada sobre mi pecho, que estaba pensando en las caras de las otras chicas, Sugey, Miriam y Ana, cuando nos vieran al día siguiente al bajar a comer.

    Por la mañana, como a las 10, bajamos ya bañados y vestidos, con nuestras caras de felicidad y atentos a las bromas que nos esperaban. Saludamos como acostumbrábamos, yo abracé a Miriam “equivocadamente”, la besé en los labios y me disculpé, luego abracé a Sugey, le di una nalgada en sus suculentas posaderas y un tremendo beso en su deliciosa boquita y luego estrujé a Ana. Me senté y observaba, pero nada aconteció. Todo normal. Andrea me miraba, desconcertada. Desayunamos los dos y justo al terminar, Ana empezó con la rochela.

    -No crean que se van a salvar, solo los dejamos comer en paz. Caras de felicidad, me parecen conocidas. ¿Qué habrá pasado anoche en esa fiesta, boda o lo que sea? ¿Cómo habrá terminado todo? Me da la impresión que anoche subieron por la escalera de caracol… jajajaja…

    Andrea se ruborizó como nunca, tuve que acudir en su auxilio para protegerla de las bromas de Ana. La abracé por detrás, ella seguía sentada en la silla alta del mesón y le acaricié la mejilla. Finalmente, Sugey dijo:

    -Entonces, Andrea ¿ya estás en la nómina? – y las otras dos soltaron las carcajadas.

    -Tranquila, Andrea, tómatelo con soda, que todas han pasado por lo mismo por mi culpa. A cada cochino le llega su sábado, aunque hoy sea domingo.

    -Por cierto, Andrea ¿y que hubo con lo de París? ¿Te engañó, acaso? – le soltó Sugey.

    -No, él me prometió que algún día, cuando tenga con qué, me llevará. Y yo le creo, porque me lo prometió.

    -¿Y tú confías en su palabra, hija? – le preguntó su madre.

    -Yo confío en él, no solo en su palabra. Y aunque nunca me lleve a Paris, lo de anoche fue muy lindo. En la boda me hizo sentir que yo era la mujer más bella y más deseada de la noche y después aquí, en su cuarto, me hizo ver las estrellas y los planetas. Y todas ustedes saben de lo que les estoy hablando, no se hagan las mensas.

    Eso resultó determinante para que nuestro hogar se declarara desde entonces en mi harem personal. Mis cuatro mujeres. Pero lo que me esperaba era desconocido para mí. Tendría que estar muy pendiente de cualquier detalle.

    Por supuesto, esa noche repetimos en mi habitación, para seguir acoplándonos. Una vez más intenté lo del dedo por la retaguardia y fui rechazado:

    -No, mi amor, por ahí me da miedo. Una vez lo hice, pero me dolió mucho. Y con esa cosota tuya seguro que sería un desastre. Me da mucho miedo.

    -No tengas miedo de mí, yo jamás te haría algo que te lastimara. Tengo mucha habilidad para lograrlo y te aseguro que te lo trabajo bien, lo dilatamos correctamente y al final, te haré gozar de lo lindo. Recuerda que con paciencia y salivita…

    -Si, el elefante se lo metió a la hormiguita, pero a mí me da mucho miedo.

    -¿Quién fue el que te maltrató? ¿Lo tenía muy grande?

    -Fue Álvaro, ese desgraciado que siempre quería follar a lo bruto.

    -Cuando lo vea le voy a dar su tatequieto, por bestia. ¿Y lo tiene grande?

    -No sé, mucho menos que el tuyo, normalito, diría yo, pero muy bruto. Hasta por delante me dolía con él.

    -Bueno, confía en mí y déjame hacer mi magia, verás que te va a gustar y no te arrepentirás. ¿Me permites?

    -Bueno, ya va… confío en ti, siempre. Pero despacito, por favor y si te digo que pares, paras. ¿Si? ¿Me lo prometes?

    -Seguro, te lo prometo.

    Y así derrumbé el temor de Andrea y la penetré satisfactoriamente, luego de más de media hora de preparación. Le eché un polvo maravilloso por su maravilloso culito, que ella disfrutó de lo lindo con cuatro orgasmos anales. Al final, después de eyacular copiosamente dentro de su recto -claro, en el condón-le vi unas lágrimas correr por su mejilla. Me asusté y le pregunté:

    -Mi amor, ¿te hice daño? ¿Por qué esas lágrimas? No entiendo, todo iba tan bien.

    -No te preocupes, no estoy llorando de dolor, sino de placer. Me encantó lo que me hiciste, eres un amor de verdad, verdad, fue la cosa más rica que me han hecho. Me encantó tanto que quiero que siempre me lo hagas por allí. Fue una sensación desconocida para mí, me hiciste acabar cuatro veces, pero fue algo diferente…

    -La verdad, me asustaste. Ese culito tuyo es una verdadera delicatese. Con gusto te lo haré por allí cada vez que tú quieras, mi vida. ¿Sabes una cosa? La primera vez que Ana y yo lo hicimos, ella también lloró. Fue vaginal, pero apenas terminamos, la vi llorando y me asusté. Pero me dijo lo mismo que tú, que era de alegría. Ustedes se parecen mucho. A veces pienso que son hermanas y no primas.

    -Si tu supieras…

    -¿Qué?

    -Nada, nada. Tonterías de mujer.

    La noche de fin de año fue otro momento memorable. Mis chicas vestidas de manera excepcional, como para conquistar a cualquiera, una cena deliciosa, igual a la de navidad, con los mismos componentes y las doce uvas pendientes de las campanadas. A la hora cero, los abrazos de año nuevo, empezando, por supuesto, por Sugey, luego Miriam, Ana y Andrea. Ya ese era el orden establecido y cada una se ubicaba sin problemas, parecíame. El abrazo de Sugey fue maravilloso, como todos los de ella, siempre. Lo complementó con un beso apoteósico. Luego Miriam, quien además del abrazo me dio una cepillada de pronóstico, quizás invitándome a más. Ana se comportó bastante efusiva conmigo, me abrazó y besó con ganas y por último Andrea, más recatada, pero muy cariñosa.

    Luego empezaron a aparecer vecinos y amigos para abrazar y besar a mis chicas y se las llevaron a todas, salvo Miriam, que fue quien esta vez adujo malestar por la bebida, al igual que yo, para quedarme con ella.

    Cuando todos se fueron, Miriam y yo subimos a mi habitación, ella fue al baño y regresó en lencería de gala, especial para mis ojos mientras yo había puesto un poco de música suave. La abracé, bailamos un poco, mientras la besaba con cariño, con ganas, con mucho amor. Me resultaba tan fácil amar a esa mujer, no tanto por su extraordinario parecido con mamá, como por su ternura y carisma. Poco a poco ella me fue desnudando y una vez listo, me tumbó en la cama y me dijo:

    -Quiero que esta noche me dejes hacer a mí. Quiero llevarte al cielo, como tú me llevas a mí, pero a mi manera.

    -Como tú quieras, mi amor. Soy todo tuyo.

    -Entonces déjate hacer…

    Y comenzó a lamer mi cuerpo por todas partes, lengüetazos por aquí y por allá, chupones leves, hasta que llegó a mis pelotas, las que pretendía meterse en la boca. No le cabían, pero lo intentaba con mucho cuidado de no hacerme daño, con decisión.

    -Mi vida ¿nunca has pensado en afeitarte todos estos vellos del pene y los testículos? Sería delicioso poder lamerte sin que se cuelen entre los dientes esos vellos descarriados.

    -Si quieres, aféitame tu misma. Nunca se me ha ocurrido, pero yo por ti me dejo hacer lo que quieras.

    -Tan bello, te amo. Mañana te lo hago, seguro.

    Y continuó con sus andanzas por mi piel. No hubo una parte de mi cuerpo que no visitara y saboreara. Hasta las axilas me lamió. Cuando llegó a mi agujero negro la detuve.

    -Por ahí, no. Sin protección, nada. Eso es peligroso, podrías coger una bacteria y te joderías la vida. Tengo una idea, yo la he utilizado antes. Te voy a poner un condón en la lengua.

    Dicho y hecho, se lo puse. Con eso me dio un masaje lingual tan sabroso y tan prolongado en el culo, mientras me pajeaba sutilmente, que me hizo acabar. Me dejó para el recuerdo. Estuve tirado en la cama, con ella a mi lado por un buen rato antes de recuperar capacidad para continuar. Entonces me dio una breve mamada, para que mi pene terminara de ponerse duro y en ese momento me montó, ella encima pero de espaldas a mí. Se lo clavó de una sola vez, hasta los corvejones y comenzó a mover su espectacular trasero, adelante y atrás, a un lado y al otro, luego arriba y abajo. Y seguía. Y seguía, incansable. Ella tuvo dos escandalosos orgasmos, hasta que me hizo estallar con solo su movimiento vaginal, de apretar y soltar, apretar y soltar mi verga tiesa y prisionera de sus entrañas. La señora me dio una clase magistral de sexo que yo califiqué de 11 en escala del 1 al 10.

    Pero no contenta con haberme hecho acabar dos veces en tan solo menos de una hora de pasión, me ofrendó su culito. Ahora si se sentía preparada, ya capacitada para esa prueba. Pero tendría que ser a su manera, en posición dominante. Yo abajo, boca arriba, como había estado todo el tiempo y ella sobre mí, cabalgándome. De frente a mí, se lo insertó suavemente, previa preparación con mis dedos y buena lubricación. Y le entró poco a poco, pero completo. Fue increíble observar su cara de vicio mientras ella misma se penetraba, bajando lentamente, pero sin pausa, hasta que llegó a fondo. Una vez aclimatada, empezó su vaivén, delicioso. Su culo, una pieza maestra de la naturaleza, semejante, obvio, al de Sugey. Y me hizo gozar de lo lindo. Le pregunté si no necesitaba que yo contribuyera y me dijo que no, que era su noche y sería en sus términos. Que lo que ella deseaba era mi placer. Y me lo dio a manos llenas. Bueno, a lengua, cuca y culo llenos, porque sus manos casi no participaron. Después de su orgasmo, se volteó para ensartarse de nuevo, dándome la espalda, de manera que yo podía visualizar esas maravillosas nalgas pistoneando mientras ella me culeaba. Apretaba sus nalgas con mis manos, pasaba a sus turgentes tetas, volvía a sus nalgas. Una cosa que extrañé de esa larga y deliciosa sesión de sexo maravilloso con esa hembra fue que en ningún momento me permitió besar su cuello y chupar sus tetas, dos zonas super erógenas de esa fantástica hembra. Pero el placer que me proporcionó me permitió no extrañarlo en demasía.

    Luego dormimos abrazados totalmente, hasta el medio día siguiente. Fue delicioso.

    Una vez despierto, la besé y me fui al baño. Me cepillé y se me apareció de repente, mientras preparaba la ducha. Entró conmigo y nos enjabonamos mutuamente, cosa por demás agradable. Al terminar, cuando iba a cerrar el agua, me pidió que la enculara allí mismo, bajo la regadera. Se inclinó contra la pared y yo busqué condón y el aceite, lubriqué su agujerito y mi pene y se lo metí despacio, pero sin detenerme. Una vez adentro todo, la dejé acostumbrarse un ratico y luego empecé a bombear, pero ella me pidió que le permitiera. Entonces me dio una culeada de esas que te dejan seco en un instante. Movió ese trasero como protagonista de película porno. Ella acabó dos veces en el interín y al culminar su segunda, yo exploté dentro de sus intestinos, bueno, dentro del condón, copiosamente. ¡Qué culeada! Ni siquiera su hermana me lo había hecho así. Ni Carmencita, que era toda una maestra en la materia y además mulata de sangre ardiente. Miriam se declaraba como una hembra excepcional. Una mujer que había estado mucho tiempo reprimida sexualmente, pero que se estaba soltando el moño y de qué manera.

    Antes de bajar a almorzar, me confesó que cuando ambas hermanas deleitaban juntas a mi padre, la diferencia más notoria entre una y otra era que mientras Sugey le daba unas mamadas de película porno, las culeadas especiales le correspondían a ella, Miriam. Y parece que papá se decantó por las mamadas, que lo volvían loco y que se podían hacer a diario, mientras que las culeadas, con semejante aparato que tenía él, no todos los días. Vaya usted a saber si eso era rigurosamente cierto. Pero yo, ahora, podía disfrutar de ambos panoramas.

    -Quiero comentarte algo, no sé si son cosas mías, pero antenoche le estrené el culito a Andrea, fue algo realmente delicioso. Al final, justo después que eyaculé, la vi llorando y me asusté. Le pregunté y me dijo que era de felicidad porque le había gustado mucho, realmente. Entonces le comenté que la primera vez que hice el amor con Ana, después de eyacular también lloró y me dijo lo mismo, que era de felicidad, de placer, nada que ver con dolor. Entonces le dije a Andrea que Ana y ella parecían más hermanas que primas, porque tenían muchísimas cosas en común. Ella me respondió: si supieras. Le pregunté qué cosa trataba de decirme y me dijo: nada, nada, cosas de mujer. No entiendo, sé que allí hay un mensaje. ¿Puedes explicarme?

    -Tu hermana Anastasia dice que tú vives en una nube y creo que es verdad. ¿Nunca has sospechado nada? Andrea es tu hermanastra, hija mía y de… tu padre. Vicente parecía ser infértil, incapaz de preñar a nadie, pero no quería tratarse, por aquello del machismo. Lo intentamos durante un año, todos los días y nada. Yo quería ser madre, lo deseaba con el corazón. Veía a Sugey realizada como madre y esposa y quería eso para mí también, aunque mi esposo fuese un tipo anodino. Una noche de un fin de semana en que él estaba de viaje de pesca con sus amigotes, me fui a casa de tus padres a quedarme esos dos días con ellos. Yo estaba ovulando y esa noche tu papá me preñó. Lo hicimos con premeditación, de acuerdo los tres desde hacían ya tres meses. Tu papá me amaba de verdad, desde el principio, solo que amaba más a Sugey. Ana nació en mayo y Andrea en junio, con 15 días de diferencia. Tu hermana Ana lo intuyó todo hace muchos años, tenían solo 14 y poco después Andrea me lo preguntó y no tuve cara para mentirle. Le dije la verdad y allí quedó todo. Vicente jamás ha sabido la verdad, al menos de mi parte, aunque creo que si lo sabe pero no ha tenido valor para hablarlo conmigo. Mi matrimonio con él siempre fue un fiasco. Andrea, desde muy pequeña, lo sentía en el alma y siempre se ha sentido más hermana que prima de ustedes. Y ustedes así la han tratado, de corazón, hasta sin saber la verdad. Ana lo supo porque ella es bruja, como Sugey y yo, pero tú, siempre en tu nube…

    Uno de los argumentos que utilizó Sugey para convencernos a mi hija y a mí de venirnos a vivir a esta casa fue que era la casa de su padre biológico y que ella tenía todo el derecho de usufructuarlo. Así de simple.

    Después de tantas sorpresas, que me dejaron con un revoltillo en la cabeza, Miriam y yo bajamos a verle las caras al resto de la familia y recibir nuestro bautizo. Durante el almuerzo, las correspondientes bromas sobre los malestares de nosotros dos y la pronta y mágica recuperación, caras de felicidad incluidas. Y si, fue algo mágico, les dije. Si supieran…

    Ya para el dos de enero, les pregunté a las chicas si querían bajar a la playa por unos días. Ana y Andrea enseguida dijeron que sí y las mayores preferían quedarse, porque así aprovechaban para conversar muchas cosas que tenían pendientes. Eso me preocupó, pero una mirada cargada de cariño de cada una de ellas, me tranquilizó. De manera que emprendí camino con las dos jovencitas, que suponía harían mis delicias por los próximos días.

    La primera noche que pasamos en la playa, empezamos a tratar de definir a quien le tocaba primero y a quien después. Como no se ponían de acuerdo, cada una quería ser primero, les propuse:

    -¿Y qué tal si nos montamos un trio?

    Las dos me miraron como si desearan matarme por tal ocurrencia, pero de pronto se miraron entre ellas y aceptaron.

    -¿Y tú crees que podrás con las dos juntas? – me preguntaron al unísono.

    -Yo creo que sí. Ustedes son unas fieras, pero yo tengo aguante y capacidad. Probemos. Pero yo dirijo.

    -Como quieras, pero prepárate. Si mañana no vales medio, será por tu culpa. Después no te quejes.

    Una vez de acuerdo, comencé por besarlas a ambas, un ratico a una, luego a la otra y repetía; mientras, acariciaba sus cuerpos con mucho cariño. Sería un dulce trio, nada de salvajadas y folladas duras, porque a ellas eso no les iba.

    Poco a poco las fui calentando, yo ya estaba a millón con semejante par de diosas para mí solo. No me lo podía creer, me sentía un elegido.

    Cuando juzgué que el plato estaba servido, las recosté boca arriba en la cama, una al lado de la otra y empecé a lamer y besar sus cuerpos, el cuello, las tetas, sus pancitas, sus caderas, hasta llegar a la zona del poder. Alternaba entre una y otra, semejante cantidad de tiempo y mimos y caricias para cada una. Una vez que comencé el cunnilingus de mi vida, determiné cuál de ellas estaba más lista que la otra. Y me decidí por Andrea. Me puse el condón y la penetré con cariño, sin pausa, pero despacito. Sus gemidos y suspiros eran música celestial para mis oídos. Ella lo hacía lindo. Cuando la sentí ya caliente, se lo saqué y penetré a Ana de una vez, también con cariño, sin pausa, pero despacito. Y la llevé al mismo lugar donde había dejado a Andrea. Entonces volví a cambiar. En eso estuve más de media hora, de una cuchara a la otra, ida y vuelta y en ese lapso, Andrea acabó dos veces y Ana tres. Creo que Ana estaba mucho más acelerada que Andrea, se desesperaba más. Entonces eyaculé dentro de Ana. Pronto se lo saqué, me quité el condón y mi pene se lo llevé a la boca a Andrea, quien se encargó de dejármelo limpio y suave. Fue ese el momento de acostarme entre ellas dos para descansar y reponernos. Al poco tiempo, Ana se encontraba con mi pene en su boquita, tratando de levantarlo. Hacía un juego con su lengua, como queriendo doblarme el pene a la mitad, que resultaba harto agradable, me gustaba un montón. Le pedí a Andrea que hiciera lo mismo y entonces empezaron una competencia a ver quién me lo mamaba con mayor maña, hasta que estuvo tan duro que ya no era gracioso lo que trataban de hacer. Ese fue el momento para ponerlas en cuatro, una al lado de la otra y empecé con Andrea. Me coloqué nuevo condón, la penetré de certera estocada y le di suavemente al principio, aumentando poco a poco, hasta que la sentí preparada. Me salí de ella y fui por Ana, a la que penetré mucho más fácilmente porque estaba mucho más ¿¿¿excitada??? Apliqué lo mismo, un ratico a una, otro a la otra, una que acaba una vez y me cambio, la otra que acaba una vez y regreso a la primera. Después de dos orgasmos de cada una, me tocó el turno de acabar y entonces se lo saqué a Ana, me quité el condón y se lo metí en la boca. Al poco rato, eyaculé en su deliciosa boquita, de manera tal que ambas habían quedado servidas con algo de mi semen.

    Para relajarme se me ocurrió:

    -Bueno, ahora es el turno de ustedes. Denme un buen show.

    -¿De qué hablas? – me increpó Andrea.

    -De un espectáculo en el cual ustedes dos son las protagonistas y yo su público. Esto es un trio. Ustedes deben darme algo que me guste. Yo les acabo de regalar mi semen.

    -Tú eres un coñoemadre. Lo que quieres es un espectáculo lesbiano entre nosotras dos, ¿no es cierto? – me interrogó Ana, con cara de pocos amigos.

    -Yo no he dicho eso, específicamente. Eso lo dejo a la imaginación de ustedes. Podrían bailar para mí, eróticamente y eso me agradaría. Un show no tiene por qué ser únicamente lesbiano. Yo seré un coñoemadre, pero tú tienes la mente un poco sucia, hermanita querida.

    -¿Tú te atreverías a besarte conmigo, Andrea? – le preguntó a boca de jarro a la prima.

    -No lo sé, Ana, es muy fuerte, nunca lo he ni siquiera pensado. Yo te quiero mucho, pero no sé si me atrevería. No lo creo. – respondió azorada la chica.

    -Ahí tienes, coñito. Ni ella ni yo somos lesbianas ni pensamos serlo. Nos gusta un hombre, específicamente tú y desgraciadamente tenemos que compartirte, pero ni sueñes que nos vamos a despelotar de esa manera. Es más, chico, creo que fue un error esto de montarnos el trio. Tú pareces ya no tener más fuelle y al menos yo, ahora es que quiero que me des acción. Nada de suavecito, ahora lo quiero duro.

    -De acuerdo. Entonces vamos a darte leña, como tú quieres. Andrea, si quieres te quedas o si prefieres te vas, que voy a atender a mi hermanita bella. Luego voy contigo, porque si tengo fuelle. Ya verás.

    Andrea se retiró a la otra habitación y entonces monté a Ana, con la intención de follármela en forma. Le di leña por esa cuquita deliciosa, hasta que la hice acabar tres veces. Entonces me fui yo. La niña gritó, jadeó y gimió como una perra en celo, como nunca conmigo. Esa noche entendí que si le gustaba el sexo fuerte, como a su madre. Quedé agotado, pero tenía un pendiente con Andrea. Me acosté a descansar y me quedé dormido abrazado de Ana, más bien entorchado con ella. Desperté una hora después y me levanté a buscar a Andrea en la otra habitación. Estaba dormida, pero con caricias y maña, la desperté y la preparé. Me iba a poner otro condón cuando me dijo que no era necesario, que en tres o cuatro días le bajaría la regla. Entonces sería a pelo, como más me gustaba. La penetré y le di suave, porque a ella le gustaba hacer el amor, no follar. Estuvimos más de media hora, calculo yo, cogiendo en diferentes posiciones. Acabó tres veces y en la última la acompañé. Fue sensacional acabar juntos. Esa chica era una verdadera delicia. Del tiro se quedó dormida, abrazada a mí. Yo ya estaba para el retiro, agotado y sin más cartuchos.

    Nos despertamos a media mañana, nos duchamos juntos los tres, fue un relajo y lo disfruté como un mono. Luego nos vestimos, desayunamos y bajamos a caminar por el boulevard. Una a cada lado de mí, cogidas de mis brazos. Ya se iba haciendo costumbre que yo presumiera de mis hermosas mujeres por ese paseo, cada tanto. Unas veces con Sugey y Ana, otras con Sugey y Miriam, ahora con Ana y Andrea. Tendría que venir con Miriam y Andrea alguna vez, aunque para los admiradores la diferencia entre las dos hermanas sería inexistente. Recuerdo que caminando con Sugey y Miriam, un paisano dijo que estaba viendo doble, que ya esos lentes como que no le servían.

    Esa tarde Simona me preguntó si podíamos darnos un gustito y tuve que decirle que no podía porque me habían dado una patada en los testículos jugando futbol y me dolía mucho todavía cuando me movía. Evidentemente no podía decirle que tenía la cartuchera vacía.

    Esa noche hubo función de nuevo. Empecé con Ana y me cambié de cuarto para Andrea, luego regresé con Ana y terminé con Andrea totalmente exhausto. Pero delicioso todo. Creo que no era buena idea esto de atenderlas por pares. Mejor, una a la vez. Después de todo, se trataba de hembras muy especiales.

    Continuará…

  • Violado en el Torito, ¿o no?

    Violado en el Torito, ¿o no?

    Mi nombre es Luis, Huicho para mis amigos, tengo 19 años, recién cumplidos y en primer semestre de la carrera de Arquitectura. Vivo en la Delegación Azcapotzalco, en la Ciudad de México, tez blanca y pelo negro, ojos cafés, de un cuerpo delgado y un poco nalgón, con novia, aunque debo reconocer que en ocasiones sentía curiosidad en ver cuerpos masculinos desnudos.

    Esta historia sucedió el año pasado, en los primeros días de diciembre, era miércoles y se celebra el cumpleaños de uno de mis amigos de la escuela. Quedamos todos en ir a cenar y celebrar en un restaurante Hooters, mis padres habían salido de viaje y tuve el atrevimiento tomar el coche de mi padre sin su consentimiento para ir al festejo.

    Entre risas y bromas se nos pasan las horas, es la 1 de la mañana hora de cerrar y pedimos la cuenta, habíamos tomado algunas cervezas, hamburguesas, alitas y algunas otras botanas, pagamos y me despido de mis amigos.

    Voy por Marina Nacional a la altura de las oficinas de Pemex, cuando de pronto se detiene el tráfico y veo el parpadeo de algunas patrullas.

    No puede ser- digo en mi mente, había olvidado que en diciembre el operativo del alcoholímetro es todos los días, avanzo despacio con un poco de temor, no me sentía borracho, pero sí había tomado algunas cervezas y no estaba seguro de librar la prueba, se acerca un oficial y se presenta.

    – Buenas noches, soy el policía bla, bla, bla, – y me hace soplar en un aparato, el oficial hace la lectura y me informa lo que temía:

    – Es positivo, tendrá que apagar su motor y descender para una segunda revisión.

    Nos dirigimos a una especie de oficina portátil donde me recibe un médico, otro oficial y una mujer que dice ser mi abogada. Me dicen que van a realizar una segunda prueba para saber cuánto alcohol tiene mi organismo, antes me hacen una serie de preguntas, donde vivo, cuanto alcohol ingerí, a donde me dirigía etc.

    Me dan una boquilla que debo soplar, soplo y me pide que espere 10 minutos para revisar los resultados.

    La espera se me hace eterna, hasta que por fin me llaman.

    – Tiene una lectura de 0.35, joven, no ha pasado la prueba y se le tendrá que aplicar una sanción, cualquier objeción o duda tendrá que expresarlo a través de su abogada – expresó el oficial.

    Según los resultados se ha hecho acreedor a 18 horas de arresto, sin derecho a fianza- agregó el oficial.

    Me siento aturdido, nunca en mi vida había sido detenido, no sabía que hacer, siento miedo, y me quedo congelado, hasta que la voz de otro oficial me pide que lo siga, al salir el oficial me pide que ponga las manos detrás y siento el frío de las esposas en mis muñecas, me suben a una camioneta y me dicen que me llevarían al Torito, aquel mítico lugar del que había oído hablar tantas veces, todos conocemos el famoso “el primo de un amigo cayó en el Torito”, pero jamás pensé que me tocaría ser el primo de un amigo, del susto, se me quitó al instante cualquier rastro que había bebido, pronto llegamos al famoso Torito, ya que queda cerca.

    Me piden mi credencial de elector y me hacen firmar algunos papeles, me quitan cartera, celular y cinturón, hay un abogado que tramita “amparos” para salir, pero piden cinco mil pesos y además es necesario regresar al Torito a cumplir el arresto por lo que no es alternativa, ya que no tengo el dinero y además de todos modos es necesario cumplir la condena, me llevan por un pasillo con ocho celdas numeradas, me meten en la celda siete, es una celda minúscula con 4 camas de piedra empotradas en la pared, 2 a cada lado a modo de litera, con una colchoneta encima de cada cama y un viejo cobertor.

    Son como las 2:30 de la mañana, en la celda hay un hombre como de 30 años en un estado más visible de ebriedad, tan pronto entro, me saluda:

    – Hola chavo, mi nombre es Marco, creo que vamos a ser compas unas horas señaló, ja ja,

    Le extiendo la mano y me la aprieta con firmeza,

    – Hola mi nombre es Luis, me dicen Huicho, le respondo, mucho gusto.

    – Estás muy pollito, amigo y no te ves ebrio, pinches policías.

    Le conté que había tomado un par de cervezas, de pronto se levanta y se pone a orinar en una taza que está en la esquina a un lado de su cama, lo hace sin ningún pudor y sin proponérmelo alcanzo a notar una larga verga, aún en estado flácido, creo estaba medio morcillona, por lo pequeño de la celda y el silencio que hay alrededor escucho claramente el ruido, es un chorro potente y abundante, incluso me llega un ligero aroma a orín, se la sacude al terminar y se voltea mientras se va guardando el largo miembro en su pantalón, no puedo evitar mirar y me ruborizo un poco, bajo la vista un poco apenado.

    – Pues yo andaba de noche de putas con un amigo, ya habíamos ligado un par de putas, la que había ligado era una ternurita, bien rica, con unas tetas divinas, delgadita y un culito divino, una pollita, así como tú, tiernita, una preciosidad, ya íbamos para el motel cuando nos agarró el retén, y mi pinche amigo todavía se burló de mí, me dijo lástima compa, me tendré que echar dos culitos, que pinche amigo, dos viejas para el solito, el muy cabrón.

    Eso explicaba porque tenía la verga medio parada, me quedé sin habla, no supe que responder, sentí raro el que haya dicho que era una ternurita, me causó cierta incomodidad, no sé si se refería a mi edad o me estaba comparando con la chica

    – Esa criatura me dejó muy caliente, a mi me encantan tiernitas y esa ricura tendría unos 18 o 19 años máximo, un culito chiquito pero bien formadito, redondo y respingón, solo de imaginarme que el muy cabrón de mi compa se va a chingar ese culito y además el de la otra vieja y yo sin poder descargar me pone muy bestia, mira como tenga la verga, no se me baja.- agregó al tiempo que se tocaba el bulto por encima de su pantalón.

    La situación se había puesto un tanto incómoda, me sentí nervioso y decidí terminar la conversación.

    – Qué pena amigo, pero sabe, tengo mucho sueño, es muy tarde y necesito descansar, me voy a dormir, hasta mañana

    Me levanté y tomé el viejo cobertor de una de las camas vacías a fin de usarlo como almohada y tratar de conciliar el sueño, me acosté y pensando que tal vez mi compañero de celda iba a masturbarse me di vuelta mirando la pared a fin de darle mayor libertad.

    No fue fácil conciliar el sueño, la cama era dura y el cobertor que usaba como almohada tenía un olor a viejo, a polvo y alcohol, cerré los ojos y poco a poco me fui quedando dormido.

    Entre sueños, tuve una pesadilla, me faltaba el aire y sentía una opresión en mi espalda, intentaba dar vuelta sin éxito, tardé en darme cuenta de que no estoy soñando, no podía respirar porque el brazo de Marco me sujetaba el cuello y era su cuerpo el que me aplastaba y no me permitía voltearme boca arriba, apenas podía respirar y su cuerpo me inmovilizaba, uno de mis brazos es doblado sobre mi espalda, obligándome a quedar quieto.

    Siento sus labios en mi oído que me susurra:

    – Tranquilo, Quédate quietito, no te resistas, mientras más te resistas más daño te voy a hacer, no te me escapas- exclamó al tiempo que me doblaba más al brazo causándome más dolor cada que hacía un esfuerzo por resistirme.

    – Suéltame- exclamé asustado

    – No tengas miedo bebé, no quiero hacerte daño, estoy muy caliente y necesito un culito para descargar, tienes un culito hermoso y lo quiero, te prometo que te lo voy a hacer despacito, te va doler un poquito, pero después vas a gozar.

    – No puedo, no soy puto, suéltame- reclamé.

    – Ya te dije que no te voy a soltar, tampoco quiero hacerte daño, no te resistas o saldrás lastimado.

    Su cuerpo pesaba y me dominaba con facilidad, empezó a moverse sobre la ropa como si me cogiera, su gran bulto recorría mis nalgas y se sentía duro y grueso, sentía el calor quemante de ese trozo de carne a través de la ropa, soltó la mano que me doblaba el brazo sin dejar escapar mi brazo oprimido por su cuerpo contra el mío y con firmeza bajó mi pantalón junto con mi bóxer, quedando mis nalgas desnudas, las empezó a manosear, las apretaba a su antojo, me susurró al oído.

    – No me equivoqué, tienes un culito suave y hermoso, va a ser un placer desvirgarlo.

    Intentaba meter sus dedos en mi raja, pero no se lo permitía, apretaba las nalgas lo más que podía, besaba mi cuello y lo lamía con lujuria, no se había afeitado y el roce de su barbilla contra mi piel me causaba un poco de ardor.

    – Te relajas y te será más fácil o te resistes y te reviento el culo, tú decides, de todas formas, te voy a coger.

    No tenía alternativa y empecé a llorar de impotencia, nada podía hacer, mis esfuerzos eran inútiles,

    Acercó la mano a su cara y escupió en su mano groseramente empapando sus dedos con saliva, mismos que regresaron a mis nalgas y con fuerza se metieron en mi raja, apretaba mis nalgas lo más que podía, mordió el lóbulo de mi oreja al tiempo que me decía:

    – Afloja, aflójate, suelta las nalgas, no me hagas lastimarte. si no te lubrico el culo te voy a reventar cuando te la meta, y vas a sufrir mucho.

    El dolor en mi oreja y sus palabras hicieron que aflojara las nalgas y sus dedos se colaron a la entrada de mi culo. No pude evitar dar un respingo y lanzar un pequeño grito.

    – Tranquilo, no grites, si haces ruido van a venir los guardias y van a querer cogerte también.

    Mi cara hizo una mueca de horror, había escuchado mil historias de violaciones en cárceles donde los vigilantes participan me dio un miedo atroz y mordí mis labios para no hacer ruido.

    Al notar que obedecía y trataba de no hacer ruido me dijo al oído.

    – Muy bien, así, si colaboras prometo no hacerte daño y te lo haré tan rico que gozarás, ya verás, no eres el primer culito que desvirgo, que suave culito, ni un pelito, tienes un culito de hembra, cabrón, voy a gozar y te voy a hacer gozar mucho.

    Sus dedos regresaron a mi raja con más saliva, lubricando la entrada de mi arrugado ojete y presionó con su dedo índice, sentí como vencía la resistencia de mi esfínter y se abría, deslizando la punta de su dedo, un ligero ardor, lo movía en forma circular y lo volvía a sacar, aplicó más saliva y sentí el dedo índice hundirse hasta el fondo de una forma que me hizo estremecer y dar un largo aaah, sentía mi colita contraerse buscando cerrarse pero su dedo lo impedía, cerré los ojos e intenté relajarme, después de un rato la sensación de incomodidad cesó y sentí un calor muy intenso al tiempo que su dedo frotaba mis paredes internas, todo mi cuerpo se aflojó, al sentir que su dedo entraba y salía con facilidad me penetró con dos dedos, sentí que mis pliegues se estiraban más, pero no sentí dolor, al contrario el roce de sus dedos frotándome por dentro me causaba placer.

    – Ves corazón, ya tienes dos dedos dentro y estoy seguro que estás disfrutando, te dije que si no oponías resistencia te iba a gustar, ¿lo ves?, tu colita dilata muy bien, creo que ya estás lista.

    Sacó sus dedos de mi interior y sentí un vacío, tomó los dos cobertores y los puso bajo mi vientre, terminó de quitarme mi pantalón y bóxer, quedando solo con mi playera y calcetines puestos, él también se quitó toda la ropa, quedando completamente desnudo.

    Me sentía tan expuesto, me dio miedo que de pronto algún vigilante se apareciera y nos encontrara así.

    Abrió mis piernas y empujó mi espalda, mi culo quedó levantado y expuesto, pronto sentí la cabeza de su verga recorriendo el surco entre mis nalgas, me dio miedo y las apreté inconscientemente, al tiempo que besaba mi cuello y mordiendo mi oreja me dijo:

    – Ya te dije que no aprietes, no entiendes, no te quiero lastimar, afloja las nalgas.

    Me dio una nalgada que me sorprendió y al mismo tiempo me ayudó a relajarme, era difícil, respirando profundo traté de hacerlo, su verga recorría el surco una y otra vez desde el inicio de mis nalgas hasta rozar mis testículos, sentía la cabeza caliente y palpitante, chorreaba precum de la punta, dejando una estela viscosa y resbaladiza, me tomó de las caderas y empezó a presionar en la entrada de mi culo, la cabezota de su verga intentando profanar mi virgen agujero, sentí que vencía la resistencia de mi esfínter, se abría y se colaba dentro de mi ser, dolía mucho, pero no tenía escapatoria, estaba fuertemente sujeto, el enorme hongo hacía una presión bestial, de pronto sentí como se forzaban al máximo mis pliegues y entró toda la cabeza, fue el dolor más grande que haya sentido jamás, como si una estaca de hierro al rojo vivo me rasgara las entrañas, mi vista se nubló y tuve que morder la colchoneta para ahogar mi grito, mis lágrimas corrían por mis mejillas, todo mi cuerpo se tensó, me retorcí y traté de zafarme, sin éxito, me empujó la cabeza contra la colchoneta que casi me asfixia y dobló mi otro brazo, era imposible zafarse, sus brazos me sujetaban con firmeza y el peso de su cuerpo me mantenían inmóvil, se inclinó pegando su pecho en mi espalda para susurrarme al oído.

    ,- Tranquila bebita, quietecita, relájate, ya pasó lo peor, tienes toda la cabeza dentro, no aprietes, o te voy a romper el culo, aflójate, aguanta, relájate y disminuirá el dolor, no voy a seguir metiéndola, esperaré a que tu culito se acostumbre al diámetro de mi verga, confía en mí.

    El dolor era inmenso, pero decidí confiar, no podía hacer otra cosa, así que aflojé las nalgas con la esperanza de que el dolor disminuyera, lo notó y expresó:

    – Bien nena, así, ponte flojita y relájate, pronto calmará el dolor y sentirás placer, cree en mí.

    Sentía su verga abotonada dentro de mí, palpitaba, besaba mi cuello y espalda, metió su lengua en mi oído y una corriente de electricidad recorrió todo mi cuerpo, mi cuerpo se relajó aún más y el dolor cedió un poco.

    – Ya te duele menos- preguntó

    No respondí, pero moví mi cabeza en señal afirmativa.

    – Lo estás haciendo muy bien nena, pronto estarás gimiendo de placer.

    Empezó un vaivén muy lento, la sacaba un milímetro y avanzaba dos, sentía como mis pliegues internos se iban abriendo, dolía, pero era soportable, me fui acostumbrando al lento vaivén, aunque ardía, empecé a sentir un calor interno, y el roce de la cabeza de su verga en mis paredes internas era cada vez más agradable, poco a poco empecé a sentir placer.

    – Ya te empalé hasta la mitad, falta poco nena.

    Hasta la mitad, pensé, si me sentía completamente lleno, no había forma de que me entrara más.

    – Tranquila, prometí que no te iba a lastimar, muévete tú y entiérratela hasta donde puedas.

    Así lo hice, empecé a moverme, movía mi culo lentamente en forma circular y hacía adelante y hacía atrás, cada vez entrando más profundo, seguía doliendo, pero cada vez era mayor el placer, llegó un momento donde ya no podía meterla más, sentía que topaba con algo en mi interior, así que hasta allí llegué, entraba y salía lentamente y empecé a gemir, estaba disfrutando la cogida.

    Entonces me tomó de la cintura con ambas manos y dio un golpe de cadera hundiendo toda su verga en mi culo, no pude evitar dar un grito de dolor, todo mi cuerpo se retorció, mis ojos se humedecieron y lágrimas resbalaron por mis mejillas.

    – Perdona nena, prometí no lastimarte, pero era la única forma que entrara toda, tu culito es muy apretado y no había de otra, aguanta, ya te estaba gustando, sé que te duele, pero pronto pasará y gozarás más con toda mi verga dentro.

    Se quedó un rato quieto y efectivamente el dolor cedió, su verga palpitaba en mi interior, sentía incluso el contorno y ancho de cada vena del tronco, sus huevos pegados a mi culo, el placer regresó, la sensación de estar empalado hasta lo más profundo era indescriptible, jamás había sentido nada igual.

    Nuevamente me relajé en señal de que el dolor había cedido y empezó a embestirme lento y suave, la sacaba hasta dejar solo la cabeza dentro y sentía un vacío que inmediatamente era llenado por su verga, empalándome hasta lo más profundo, sentía que me estiraba por dentro, pero al mismo tiempo me hacía gemir de placer, estaba disfrutando como hembra, empiné más la colita para que me entrara más profundo, mi verga estaba durísima.

    – Lo ves, te está gustando nena, sabía que ibas a gozar con mi verga, que rico culito, me encanta como aprieta mi verga y es tan suave y tibio por dentro.

    Aceleró sus embestidas, su pelvis chocaba con fuerza en mis nalgas, en cada embiste la cabeza de su verga rozaba mi próstata y me causaba gemidos de placer, a pesar de ser una noche un tanto fría, empezamos a sudar, su sudor caía sobre mi cuerpo, su respiración era agitada al igual que la mía, todo mi cuerpo se estremecía, mis piernas me temblaban y sin poderlo evitar mi verga se expandió y exploté sobre la colchoneta, todo mi cuerpo empezó a convulsionar y mis espasmos apretaban su verga.

    – Te estás corriendo como hembra, nena, tu primer orgasmo como mujer.

    Fue un orgasmo larguísimo, chorros y chorros de leche salieron de mi verga, hasta que me derrumbé sobre la colchoneta, agotado, tratando de recuperar la respiración, sin embargo, la verga de Marco seguía dura, taladrándome el culo, con su cuerpo sudoroso me besó el cuello y me susurró en el oído.

    – Date vuelta nena, quiero cogerte de frente, me sacó su verga hinchada de mi interior y aunque tenía el culo escocido obedecí sin chistar…

    Marco tomó una de mis piernas y la fue besando hasta que la alzó y la puso sobre uno de sus hombros, lo mismo hizo con la otra, mi cadera quedó sobre el cobertor y de esta forma quedaba mi culo totalmente a su merced, se agachó poniendo sus codos sobre la colchoneta, me tomó de los hombros y me obligó a arquear la espalda y levantar más el culo, su verga recorría el surco entre mis nalgas y mi piel se erizaba, me miraba fijamente a los ojos y no pude evitar desviar la mirada, pero me dijo.

    – Mírame, quiero ver tu cara mientras te cojo- susurró, mientras restregaba su verga contra el canal de mis nalgas en forma deliciosa.

    Me le quedé viendo, su mirada era muy intimidante y penetrante.

    Posicionó la cabezota de su verga en la entrada de mi culo y empezó a presionar,

    – Ahhhg, – gemí cuando su verga abrió mis carnes y empezaba a colarse dentro, no pude evitar desviar la mirada.

    Me tomó de la cara con una de sus manos y me la hizo voltear nuevamente a su cara.

    – Dije que me mires, sostén la mirada, quiero ver como gozas con mi verga.

    Volví a mirarlo y sonreía maliciosamente, mirándome directamente a los ojos me ensartó su verga hasta el fondo, mordí mis labios para no gemir, pero las muecas de mi cara reflejaban el placer que sentía, la sacó hasta dejar solo la cabeza dentro y me la enterró nuevamente hasta el fondo, siempre mirándome y sonriendo, alternaba las penetraciones unas más lentas, otras más fuertes, en ocasiones me la clavaba y movía su verga en forma circular, procurando restregarme su verga contra mis paredes internas, observando las muecas que hacía en cada clavada, y repitiendo aquellas embestidas que me hacían gemir más fuerte o hacer más muecas, tal parecía que quería matarme de placer.

    – ¿Te gusta?, ¿Sientes cómo te entra?, Disfruta mi verga nena, que yo también estoy gozando al máximo, me encanta tu culito tan estrecho, suave y caliente, estoy seguro de que ni con la putita que me iba a coger hoy iba a gozar tanto.

    – Si, me gusta, sigue, aghhh, me encanta como me coges-respondí.

    De pronto, acercó su boca a la mía y sin previo aviso me dio un beso cachondo, me tomó por sorpresa, sus labios ardientes sobre los míos, su lengua perforó mi boca, después de la sorpresa inicial correspondí a su beso, mis brazos rodearon su cuello y lo besé con pasión, así estuvimos un buen rato unidos en un solo ser, hasta que anunció:

    – Me voy a correr, aggghh, ya viene mi leche.

    Fue acelerando sus embestidas poco a poco, hasta que literalmente me taladraba el culo, su pelvis chocaba contra mis nalgas a una velocidad endemoniada que me hacía estremecer y retorcerme de placer, ya no pude más y empecé a convulsionar, volvía a tener un intenso orgasmo, y para mi sorpresa mi verga no estaba erecta, mi semen salió disparado entre nuestros cuerpos, al tiempo que Marco me dio una embestida final y sentí que me llenaba de su néctar, bien profundo, sus huevos se apretaban contra mis nalgas y sentía como se encogían y se estiraban al tiempo que lanzaba cada chorro de semen, muy caliente, me dio un nuevo beso y se quedó encima de mí, abrazado, hasta que su polla fue perdiendo rigidez y salió de mi culo, cerré las piernas y apreté las nalgas para que su caliente esperma no escapara de mi interior, no podía dejar que escapara y manchar más de semen la colchoneta y los cobertores.

    – No recuerdo haber gozado tanto como hoy, nena, me encantó desvirgar tu culito, definitivamente tenemos que repetir.

    Se separó de mí y me ayudó a levantarme, mis piernas no me respondían, me temblaban, me tuve que apoyar en mi desvirgador para no caer, apretando las nalgas llegamos al retrete y expulsé la leche contenida en mi interior, me limpié con papel higiénico y limpié los restos de mi propio semen que había quedado en mi vientre y Marco me ayudó limpiando mi semen embarrado sobre la colchoneta.

    Todo me daba vueltas, sentía mucha vergüenza y una sensación de culpa me invadió, me habían cogido y me había gustado, y aunque acepté su ayuda no podía verlo a la cara.

    – Tranquilo, se que te sientes mal, pero sé que lo disfrutaste, vamos, no es para tanto, solamente te enseñé el placer que puedes llegar a sentir, piénsalo, no te volverás gay, seguirás con tu novia, pero ahora también sabes que puedes disfrutar con otra parte de tu cuerpo- Dijo al verme tan serio.

    Se puso su ropa y me ayudó a ponerme la mía, al tiempo que me decía.

    – Me gustaría repetir, la siguiente vez ya no dolerá tanto y gozarás más.

    No respondí, no podía hacerlo, tenía tanto que pensar, con dificultad me metí a la colchoneta y Mario me cubrió antes de regresar a la cama, me quedé profundamente dormido.

    A la mañana siguiente los guardias nos despertaron y salimos al patio, en total fuimos 17 los detenidos esa noche, una cifra que nos dijeron era baja, ya que los fines de semana podía haber entre 70 y 100 detenidos, había algunas mesas y sillas, mi culo me ardía horrores y caminaba con dificultad, sentía que todos se me quedan viendo, no podía ni levantar la vista, los guardias nos señalaron los baños por si deseamos darnos un regaderazo o simplemente lavarnos la cara o las manos. Decliné la oferta, había escuchado tantas historias negras de abuso, violencia y violación en los baños que me dio pavor entrar, estaba seguro que nuestros grititos y gemidos se habían escuchado en las otras celdas, Marco pasa a mi lado y me invita a bañarme, pero nuevamente declino su oferta, me interroga sobre el motivo por el cual no entraba y le cuento mis temores, sonriendo dice:

    – ja ja, no es una cárcel, es un centro de detención y son sólo unas horas, no te preocupes, puedes ir a bañarte, acompáñame.

    Otra vez me niego, si bien, necesitaba un baño, ya que me sentía sucio, y todavía tenía su aroma impregnado en mí, además de que me había inyectado su semen tan profundo, que no alcancé a descargar todo su semen y ocasionalmente sentía un flujo que escapaba de mi culo, me dolía todo el cuerpo y seguía con mis dudas.

    Llega la hora del desayuno, nos dan una pequeña pieza de pollo insípida con una ración de frijoles y puré de papa, no tengo hambre y sólo como un poco, además pienso que así puedo evitar ir al baño, no podía controlar mis miedos.

    Terminando de desayunar nos ponen a ver videos de concientización, de choques y heridos seguido de un orador que nos platica como el alcohol acabó con su vida, todo muy deprimente y triste y no me ayuda a mejorar mi estado de ánimo.

    Posteriormente nos hacen ver un video sobre los peligros del alcoholismo y otro de choques de personas en estado de ebriedad, muy fuerte.

    Nos dan un rato para actividades recreativas, había una pequeña biblioteca con libros y juegos de mesa, yo escojo un libro para entretenerme e intentar distraerme, posteriormente viene el lunch, igual de pobre que el desayuno y terminando nos mandan a las celdas a terminar las últimas horas de detención, sin embargo ahora las puertas están abiertas y los detenidos pueden moverse entre ellas, así que por precaución me quedé en el pasillo central fuera de las celdas, solamente estaba cerrado el portón principal de acceso a todas las celdas.

    Marco se acerca y me interroga:

    – Te veo triste, pensativo, supéralo, dime con franqueza, ¿Te gustó?, ¿Disfrutaste?

    No podía mentir, había disfrutado y mucho, pero era hombre y no era correcto, había gozado como una hembra, mil pensamientos pasaban por mi mente, estaba muy confundido.

    Me limito a decir:

    – Sí, la verdad si sentí placer, pero también me dolió mucho y no se puede repetir, no está bien, soy hombre.

    – No dejarás de ser hombre, despreocúpate, y es cierto duele la primera vez, pero después sólo sentirás placer, si has tenido el placer de desvirgar una hembra, sabrás que siempre duele la primera vez, pero después gozan, con los hombres es igual y la verdad me gustaría repetirlo, verás que la siguiente vez que te coja sólo sentirás placer.

    No respondo, todo lo que me dice me hace pensar, pero no puedo dar una respuesta ahora.

    Llega el atardecer y con él la hora de la salida, primero le hablan a Marco por cumplir sus 18 horas de arresto antes que yo.

    Pocos minutos después escucho mi nombre, firmo unos papeles y me regresan mis pertenencias, salgo con paso lento rumbo a la libertad,

    Al salir estoy buscando un taxi, ya que mi auto se encuentra en el corralón, escucho un pitido, es Marco y viene acompañado de alguien, su auto se acerca y me invita a subirme.

    – Vamos amigo, te damos un aventón, sube.

    Algo indeciso subo y me presenta a su amigo.

    – Este es mi compadre, el cabrón con el que andaba cuando me agarró el retén del alcoholímetro.

    – Mucho gusto soy Jaime me saluda.

    – Y compadre, que pena que lo hayan metido al Torito, no sabes cómo gocé culeando a dos hembras hermosas para mi solito- Se ríe Jaime burlándose.

    – Lo sé pinche compadre, pero que se le va a hacer, a la próxima le toca manejar, ja ja, pero le cuento que, gracias a Huicho, no la pasé tan mal, ja ja.

    Ambos rieron, desconozco si algo le haya contado Marco a su compadre.

    Me preguntan mi domicilio y se los doy, pronto llegamos, al llegar me bajo y me dice Marco al bajar.

    – Adiós Huicho, espero no sea la última vez que nos veamos, dame tu celular, esperaré tu llamada, si me llamas vendré rápidamente, ya sé dónde vives.

    Me dice:

    – Anota mi celular.

    Sin pensarlo anoto el número en mi celular, dudando si algún día lo llamaré, terminando de guardar su número, en un descuido me lo arrebata y marca su número.

    – Listo Huicho, ahora yo también tengo tu número.

    Me regresa el celular y lo veo alejarse junto a su amigo y compadre, estoy seguro que no será la última vez que me los encuentre.

    Si les gustó el relato agradecería sus comentarios a: [email protected].

  • Mi primer placer voyerista

    Mi primer placer voyerista

    Hoy desperté recordando una de mis primeras veces.  Stefan y yo nos encontramos con unos viejos amigos y decidimos invitarles a cenar. Hannah y Adriano son una picante y muy sensual pajera, sabía que en el reencuentro nos divertiríamos, pero no al punto de tener mi primer encuentro voyerista. Les cuento un poco sobre cómo nos la pasamos. Este ese maravilloso recuerdo también forma parte de uno de los capítulos de mi historia.

    — ¿Qué preparas? –—pregunta Stefan abrazándome por la espalda mientras planta un beso en mi hombro.

    —Voy a hacer Strogonoff con papas al vapor. —le digo mientras corto el pimentón.

    — ¡Qué delicia! —dice soltándose. —Es bueno saber que estas dejando el delivery. —bromea.

    —Ja, ja, ja. — digo golpeándolo con la cadera. — Aún espero tu receta de lasaña.

    —Eso lo veo lejos. —dice riendo. —Jamás he compartido esa receta.

    —Siempre hay una primera vez. —le digo mientras salteo los champiñones.

    —No. Con mi receta no. — dice negando

    —Pareces una abuelita. —me burlo de él. — ¿Qué hora es? –— pregunto apagando la cocina. 

    —Son las 6:55 pm. —dice observando su reloj. — ¿Preparaste algún tentempié?

    —Sí, hay Berenjena con rodajas de tomates selladas con queso gratinado, también brócoli asado. De entrada una crema de apio, para la cena el Strogonoff de Pollo con papás al vapor. En la nevera hay una tabla de quesos: hay azul, semi curado, suizo y mozzarella, tiene aceitunas verdes, palitos de queso, palitos de pan y de zanahoria, jamón de pavo, prosciutto y frutos secos. También hice guacamoles y compré nachos, le encantan a Hannah.

    Stefan me observa sorprendido.

    — ¿Cómo lo hiciste? —pregunta aun en Shock.

    —Mi secreto: pedí todo al delivery. —confieso giñando el ojo. —¿A qué hora llegan?

    —A las 7:30 ¿Te parece si pongo la mesa mientras te alistas? —se ofrece Stefan.

    —Excelente. —planto un beso en sus labios y voy directo al baño.

    Salgo de la ducha 20 minutos después, tras hacerme mantenimiento completo.

    Maquillaje sencillo, una delgada cadena de oro blanco a juego con mis zarcillos y pulsera, tacones negros y un muy sensual vestido de seda y encaje negro, con suerte llega a la mitad de mis muslos. Decido dejar mi cabello suelto y liso. Me encanta mi reflejo al espejo. Una mujer suficientemente confiada como para lucir sensual y atrevida sin perder la elegancia.

    Escucho el timbre sonar cuando me empiezo a aplicar el perfume. Me apresuro a salir percibiendo una extraña sensación en mi interior.

    Sonrió al acercarme. Como siempre, Hannah lleva un vestido súper corto y ajustado, con un gran escote y de color naranja. Adriano viste camisa blanca de vestir, igual que Stefan, solo que el primero lleva pantalón beige, mientras que el del último es negro.

    —Que sensual, Margot. —dice Adriano al notar que llego a ellos y besa mi mejilla.

    —Gracias. —digo al soltarlo para abrazar a Hannah.

    —Me encanta verte de nuevo. —dice apretándome con fuerza, ambas reímos.

    —Igualmente, Hannah. —le digo sonriendo.

    Noto que Adriano le entrega una botella de vino a Stefan y este nos guía hasta la sala de estar.

    —Margot, te ves espectacular. — alaga Hannah.

    —Para comerte, Bella. —dice Adriano de manera lasciva.

    —Tienes que ponerle correa al perro. —le digo a Hannah riendo.

    —Oh. No, Nena. A mí también me encantaría comerte. — dice mirándome de arriba abajo.

    No puedo evitar sonrojarme y reír.

    —Ustedes están locos. — digo caminando hacia la cocina.

    Tomo la tabla de quesos que resulta ser bastante pesada.

    —Yo tomare eso. —dice Stefan quitándome la tabla y dejándola en la encimera. — Te ves preciosa.

    —Gracias. — le sonrió cuando me toma por la cintura para atraerme a él y plantar un beso en mis labios. 

    No resulta un beso corto, es fogoso.

    —Eh, que el postre es lo último a disgustar. —molesta Adriano haciéndonos separar.

    Stefan lo ignora. Me entrega las copas y ambos regresamos a la sala.

    Conversamos y muy rápidamente pasamos a la segunda botella de vino antes de cenar. Me alegra saber que a Hannah le va muy bien en el mundo de la moda, más cuando me dice que en unos días publican la revista Playboy y ella estará en la portada. Adriano, además de ser su representante, es también el Gerente Publicitario de una reconocida empresa. Están viviendo juntos desde hace dos años.

    Me sorprende lo fácil que es perderles la pista a las personas que apreciamos. Nos concentramos tanto en nosotros mismos, que, en algunas ocasiones, ignoramos que quieres suelen frecuentar nuestro entorno se alejan poco a poco. Incluso somos tan egoístas que ignoramos que les extrañamos hasta que el tiempo pasa y nos encontramos. 

    Decido que es momento de cenar cuando ya me siento bastante achispada.

    —Cocino Margot, sin duda. — ríe Adriano.

    — ¿Cómo lo sabes? — se sorprende Stefan.

    —Margot solo hace unos cinco platos. Este es uno de ellos. —le contesta Hannah.

    — Puedo preparar 13 platos. —la corrijo. —No soy Chef, pero lo poco que preparo queda delicioso.

    —Es que toda tú te ves deliciosa. —dice Hannah.

    — ¿Y es que tú ahora eres lesbiana o qué coño? —pregunto con curiosidad, eso los hace reír a todos. 

    —Soy bisexual. —responde con naturalidad al darle un sorbo a su copa.

    — ¿Qué, desde cuándo? —pregunto sorprendida. 

    —Desde siempre. —responde Adriano.

    —Y si te lo preguntas… —dice mirándome con ¿deseo? —me encantaba verte desnuda, especialmente tu abdomen y ese coñito rosado que tienes.

    Creo que pasa al menos un minuto en que la observo atónita y sonrojada, verdaderamente avergonzada. Recuerdo que a ella le encanta eso. Siempre amó sentir poder sobre los demás y jugar a intimidar.

    Está bien, dos pueden jugar este juego.

    —Pues salud por eso. —digo guiñándole el ojo mientras bebo de manera sensual de mi copa.

    Eso sin duda los sorprende a todos. Especialmente a Stefan, quien tiene las cejas tan levantadas que resulta gracioso. Al terminar de cenar regresamos a la sala. Paso frente a Stefan para sentarme a su lado, pero esta toma mis caderas y me sienta en su regazo. Las aprieta las caderas con fuerza para que no intente huir. Rió al advertir que realmente no me va a soltar y noto que no quiero que lo haga.

    Volteo mi rostro para besarlo… ¡Y que beso! A un ritmo lento y pausado nos unimos. Nuestras lenguas se abrazan con deseo. Me hace suspirar entre ellos y por un momento olvido que tenemos invitados. Un carraspeo hace que deje libre su experta boca y volteo a nuestros invitados.

    Estoy tan relajada que ni siquiera me sonrojo porque me vieran devorar la boca de Stefan.

    —Envidiosos. —les digo achicando los ojos.

    Stefan planta cortos pero húmedos besos de mi hombro hasta el cuello logrando que algún jadeo brote por mis labios.

    —No quieras competir por quien da el más sensual de los besos. —dice Hannah con suficiencia.

    —Amiga, no juegues con fuego. —bromeo.

    —Yo me quemaría si eres tú lo que obtengo. —responde Adriano.

    —Pues adelante. —digo sonriendo.

    Adriano voltea hacia Hannah y tomándola por la nuca, une sus labios a los de ella. De inmediato hay lengua. Entre su beso tan candente y los que Stefan sigue dejando en mi cuello, empiezo a sentirme excitada. Y más cuando al moverme un poco siento a su ya erecto pene. Volteo un poco hacia él, quien observa fijamente la escena que brindan nuestros invitados. Mordisquea mi hombro y me dirige su mirada. No puedo evitar morderme el labio al observar mi deseo reflejado en sus ojos.

    Regreso la vista al frente justo cuando la candente pareja se separa observándonos. 

    —Entonces… es tu turno. —me recuerda Hannah.

    —Sera un placer. —susurra Stefan volteándome hacia él. 

    Cuando nuestros labios están por unirse me alejo y eso parece desconcertarlo. Sintiéndome valiente, caliente y sensual por la ingesta de alcohol, me siento hasta quedar a horcajadas sobre él. Eso lo sorprende.

    —En esa posición no vemos. —explica Adriano.

    Tomo los hombros de Stefan y lo volteo un poco para hacerlo caer acostado en el sofá. El ríe y nos mueve un poco más arriba, para así subir sus pies al sofá.

    — ¿Así ven bien? —pregunto totalmente achispada. 

    —Perfecto. —indica Adriano.

    Llevo mi mano derecha a la mejilla de Stefan mientras la izquierda sostiene mi peso.

    Bajo mi boca a la suya y esta vez no le permito tomar el control del beso. Esta vez lo dirijo yo, y me encanta. Inicia siendo lento e intenso, mi lengua masajea la suya con ímpetu. Siento sus manos abandonar mi cintura para bajar a mi trasero. Mientras hago del beso más pasional y candente, noto que Stefan aprieta mis nalgas, haciendo que el corto vestido quede sobre estas.

    Aun sabiendo que les estoy dando un buen vistazo de mi trasero, no quiero terminar este delicioso beso. Solo me alejo por microsegundos para respirar y vuelvo al ataque. Lamo, beso y succiono sus labios. Un sonido casi gutural abandona su garganta cuando halo de su cabello y muevo mis caderas sobre su miembro.

    Amo la batalla que nuestras inician. Luchando por poder; por deseo. Gimo cuando aprieta con fuerza mis nalgas y sus dedos rozan mi ropa interior.

    Decido que es momento de detenerme. Así que muerdo su labio inferior al alejarme. Nuestras respiraciones agitadas y nuestras manos con ganas de seguir explorando.

    Lo observo y juro que me derrite la intensidad de su indescifrable mirada. Noto deseo, excitación, sorpresa y algo más que lo logro entender. Volteo a observar a Adriano y Hannah, quienes lucen bastante sorprendidos y excitados. Sin mencionar que la mano de Hannah se encuentra acariciando la entrepierna de Adriano sobre el pantalón. 

    — ¿Viste lo suficiente, Cariño? —pregunto dirigiendo la mirada hasta Adriano.

    —Y sin duda podría ver más. — dice mirándome con deseo.

    Bajo mi vestido y me levanto de Stefan. Quien se sienta sin dejar de observarme con una sonrisa ladeada.

    —Amor. —le dice Adriano a Hannah dejando un casto beso en sus labios. — Chúpamela. —pide.

    No puedo evitar reír a todo pulmón por las locuras de Adriano.

    —Iré por nuestra cuarta botella de vino. —informo sin dejar de reír mientras me dirijo a la cocina.

    Tomo una de las botellas del refrigerador, la destapo con la ayuda del sacacorchos y la dejo en el mesón.

    —Eres sorprendente. —dice Stefan haciéndome sobresaltar.

    — ¿Te parece? —le sonrió.

    Stefan toma mi cintura y me pega a él. Me hace dar unos pasos hacia atrás, hasta sentir la encimera contra mi espalda.

    —Vas a volverme loco, Margot Stacy. Y estoy seguro de que disfrutaras hacerlo. —susurra mirando mis labios.

    —Te aseguro que sí.

    Stefan lleva una mano a la parte trasera de mi cuello y une nuestros labios. Me consume este beso desesperado. Nuestros labios se mueven tan rápido, abarcando tanto en tan poco que gimo en su boca. Deja mi boca para besar mi cuello con fuerza y desenfreno. Su mano abandona mi cintura para bajar hasta la pierna y subirla hasta casi rodear su cadera. Esto le da acceso a mi entrepierna. Gimo con fuerza cuando, sin dejar de besar mi cuello, sus dedos expertos hacen contacto con el encaje de mi ropa interior.

    —Stefan, para. —le suplico con la poca cordura que me queda. —Tenemos invitados.

    —Nena. —dice dejando de besarme para sonreírme con ternura. —Nuestros invitados están muy entretenidos.

    No comprendo que quiere decir, así que lo alejo un poco para voltearme.

    ¡Oh, Dios! Jadeo ante lo que veo.

    Adriano tiene el pantalón y bóxer en sus rodillas, mientras Hannah atiende su pene como si una paleta de limón se tratase. Siento un hormigueo recorrer mi cuerpo, mi corazón palpita con fuerza. El rubor por la vergüenza cubre mi rostro y mi pecho. Se siente como ver algo muy personal, pero no puedo voltearme, no puedo dejar de ver.

    Adriano, quien hasta ahora tenía los ojos cerrados y los abre y me observa. Mi cuerpo tiembla sintiendo un helado y punzante frío. Mi respiración se vuelve cada vez más agitada. Él sonríe sin quitar los ojos de mí. Toma a Hannah por el cabello haciéndola detenerse. La besa sin dejar de mirarme y le susurra algo al oído.

    Hannah sonriendo se levanta y voltea quedando frente a nosotros pero a metros de diferencia. Sus manos toman el inicio de su vestido y de un solo movimiento se lo saca por encima. Un jadeo brota de mí por la sorpresa. No lleva ropa interior de ningún tipo. No puedo evitar mirar su cuerpo. Sus senos y caderas gigantes y lo que parece ser una vagina pequeña.

    Ambos, Hannah y Adriano me observan fijamente. Este último se levanta del sofá aún con los pantalones en sus rodillas, no puedo evitar mirar su miembro erecto y viril. Es grande, grueso y muy venoso. Hannah se posiciona sobre sus manos y rodillas en el sofá, totalmente frente a nosotros. Adriano camina hasta quedar justo detrás de ella.

    Trato de voltearme, de dejar de observarlos pero mi cuerpo no responde.

    Hannah se muerde el labio inferior sin dejar de mirarme. Mi pecho sube y baja cada vez más fuerte.

    —Ábrete más. —le pide Adriano y ella cumple de inmediato.

    Los observo a ambos sintiendo un extraño cosquilleo en mi cuerpo. Noto como guía su pene a la entrada de Hannah. La penetra con fuerza, de una sola estocada entra en ella. Gimo y lo hago al mismo tiempo que Hannah. Aquí nada es lento y despacio. Adriano la penetra con fuerza y rápido.

    Me sobresalto cuando Stefan me empuja totalmente a la encimera. Siento todo su cuerpo pegado a mi espalda. Su pene presiona en el centro de mi trasero. Sus labios devoran mi cuello y sus manos juegan con mis senos sobre la ropa. Aún con las atenciones de Stefan, no puedo dejar de ver la escena que mis amigos representan frente a nosotros.

    Respiración agitada, cosquilleo recorriendo mi cuerpo y una deliciosa presión en mi vientre. Así me siento.

    —¿Qué me dices, Nena? ¿Jugamos? —susurra Stefan antes de morder el lóbulo de mi oreja.

    ¡Por Dios! No puedo dejar de jadear. No puedo moverme. Supongo que la cordura tiene un límite y yo la rebase hace un tiempo.

    —Nena. —dice Stefan jugando con el bode de mi panti. —dime si quieres jugar.

    —Stefan. —apenas logro susurrar.

    La pareja frente a mí nos observa con concupiscencia y eso hace que mi cuerpo tiemble en cada punto que Stefan toca.

    —Juguemos. Me detendré si lo pides, Bonita. —dice subiendo mi vestido hasta la cintura.

    Sus manos van a un costado de mi ropa interior, la toma de ambos lados y tira con fuerza hasta romperla.

    —No. No es…

    —Es correcto. —me interrumpe dejando besos en mí hombro. —algo que se siente tan bien no puede ser incorrecto, no cuando lo deseas. Abre las piernas. —ordena.

    Mi cuerpo reacciona a su orden sin pensar en consecuencia. Stefan baja hasta quedar frente a mi trasero, volteo a verlo.

    —Ve hacia al frente, Nena. —pide y nuevamente obedezco.

    Hannah y Adriano me dedican una sonrisa al notar que acabo de hacerlo: Entre al juego. 

    Stefan se ubica entre mis piernas y sin previo aviso lame mi entrada. Me sobresalto y sin desearlo grito por la sorpresa.

    —Estas tan mojada como me encanta. —dice Stefan sonriendo.

    Su lengua vuelve a atacar. Juega con mi clítoris sin piedad alguna, tantea sobre este haciéndome gemir. 

    Mientras Stefan lame, besa y succiona mi vagina, no dejo de ver las expresiones de placer de Hannah y Adriano.

    —Stefan. —gimo sintiéndome hechizada cuando introduce un dedo en mí.

    Noto como inconscientemente mis caderas se mueven al ritmo de su mano. Su boca regresa a jugar con mi botón de placer y no soporto mucho más. Mis piernas amenazan con dejar de sostenerme tras el monumental orgasmo. Noto a Stefan levantarse y tomar mis caderas.

    —Inclínate, Nena. —pide tomando mis caderas. —pero no dejes de observarlos.

    Me ayuda a hacerlo, pues ese orgasmo resulto tan arrollador que me dejo atontada y sin fuerza.

    Observo como Hannah acaba con una expresión de paz y placer esplendida dibujada en su rostro. Adriano sale de ella y se quita los zapatos y el pantalón. Se sienta en el sofá con las piernas tendidas, Hannah sube sobre él, dándole la espalda. Nuevamente estamos de frente.

    Siento el pene de Stefan segundo antes de que entre en mí. Grito su nombre mientras observo a Adriano, no puedo negar lo mucho que me excita la manera en la que me observa. Me penetra con fiereza y profundidad por la posición, me obligo a mantenerme de puntillas. Stefan se inclina hacia mí.

    —¿Lo sientes? Todo lo que te he dicho. —me susurra hablando de manera entrecortada. – todo se trata de placer.

    Entra y sale de mí con tanta fuerza. En algún momento me toma por el cabello y deja un par de azotes en mis nalgas que no hacen más que orillarme hasta lograr otro orgasmo.

    —Vamos, Bella, vente para mí. —me pide Adriano en el momento que el clímax me hace gritar por el inigualable placer.

    Observo como Hannah y Adriano se vienen por segunda vez justo en ese momento. Stefan continua su ritmo constante por al menos un minuto más. Lo noto tensarse y temblar mientras se viene dentro de mí, gimiendo mi nombre. 

    Bajo el rostro recostándolo sobre la encimera y es cuando noto las lágrimas en este.

    Stefan sale de mí y un minuto después baja mi vestido. Toma mis caderas y me gira hasta él.

    No hay manera de describir como me siento ahora, como se siente mi cuerpo y mi mente.

    Delicioso. 

    Este recuerdo aún tiene el poder de mojarme completita.

  • Descubriendo nuevos gustos (capítulo 1)

    Descubriendo nuevos gustos (capítulo 1)

    Aún recuerdo esa sensación que me causaron las miradas de los hombres al pasar por el restaurante, cuando no llevaba sostén, fue excitante y muy emocionante sentir ese control y poder que me causó, así como la reacción y humedad entre mis piernas.

    Estuvo rondando por mi cabeza la idea de exhibirme vi algunos videos de voyeristas y mi mente voló aún más al grado de animarme a hacer algo, tenía varias ideas en mi cabeza, durante la semana me decidí a hacerlo el fin de semana que estaba sola, me describo tengo 47 años pero muy bien conservada por el ejercicio, bajita 1.54 m con pechos grandes, son copa C y caderas anchas con respingado culo que hace a más de uno voltear después de lo que experimenté (en el relato “La aventura continúa”).

    El viernes en la noche ya en casa después de una semana pesada y un viernes de locos me dispuse a descansar estaba viendo tele cuando me ataco el pensamiento del fin de semana, fui al vestidor a escoger el atuendo, escogí una falda larga negra de algodón con licra y un top también negro, esa falda la usaba poco porque se estira y transparenta pero para la ocasión era perfecta.

    Por la mañana despierto y lo primero un café, casi no pude dormir por la excitación, regreso a la recamara después de tomar mi café, entro a la ducha para prepárame. Es una ducha larga y tengo un extraño sentimiento no sé si es miedo o excitación, extraño pero placentero, salgo de la ducha y comienzo a prepárame tomo la falda me la pongo y me miro al espejo me agacho y me pongo a contra luz, puedo ver que se llega a notar algo, voy al cajón de la lencería y saco una diminuta tanga negra de gasa es de hilo y tapa lo mínimo mi conchita depilada, me pongo un straples de encaje y el top, nuevamente me paro frente al espejo me pongo unos zapatos de tacón que resaltan aún más mis nalgas, me quedo por un instante viendo al espejo y puedo notar que la falda al estirarse se nota un poco más el triangulito de la tanga y eso me excita, el bra se marca un poco y no me acaba de convencer pero lo dejo, me apresuro tomo un suéter ligero mi bolso y salgo a la aventura.

    Me dirijo a un centro comercial que esta hasta el otro lado de la ciudad con la finalidad de sentirme libre, de camino al centro comercial paso al supermercado es temprano no hay tanta gente y tengo cosas que comprar, estaciono y bajo del auto me dirijo a la entrada y por un momento me olvido de cómo voy vestida, entro al súper mercado y la mirada de uno de los chicos de la tienda me hace recordar, sus ojos parecían que iban a saltar, me sonrío y sigo mi camino, eso me hace sentir excitada y mis movimientos son más exagerados, me voy directo al área de cosméticos para ver que me encuentro, hay dos mujeres que me ven y se dicen algo en secreto creo que les impresiono, me rio y se me ocurre ir al pasillo de autos, seguro encuentro algún hombre en esa sección, camino y noto que el chico de la entrada me sigue, llegando veo que hay dos personas, entro al pasillo e inmediata mente se me quedan viendo esa sensación me pone un poco nerviosa paso y me siguen con la mirada yo muy segura como si supiera lo que busco, uno de ellos se aproxima y me ofrece ayuda si busco algún producto en especial, le doy las gracias y sigo en mi búsqueda siento como su mirada me recorre es excitante, siento como mi pequeña tanga se humedece y mis pezones se ponen un poco mas duros, veo algunos productos que están en la parte más baja de los anaqueles, me aproximo y me inclino si doblar las rodillas solo de pensar que al estirase la tela de la falda tienen una vista perfecta de mi trasero y no hay nada que lo impida ya que la tanga es como si no existiera, me quedo así unos instantes y volteo, los tres están paralizados incluso uno de ellos con la boca abierta, me incorporo les guiño un ojo y camino, se quedaron helados y yo excitadísima esa sensación de poder y de provocarlos me puso al 100, todo mi cuerpo reacciona y mi piel esta súper sensible y caliente, sigo mi camino hasta llegar a mi auto me subo y no puedo creer lo que hice y lo excitante que fue, mi tanga se humedeció, hufff que delicia mis pezones durísimos, arranco y al pasar por la puerta se cruza uno de los que me vio y su expresión aun es de incredulidad.

    Camino al centro comercial, mi excitación es en aumento nunca pensé que fuera tan excitante, el simple roce de la diminuta tanga contra mi conchita, me hace tener reacciones ya en el estacionamiento busco un lugar que quede cerca de un acceso me estaciono y me preparo a bajar me miro y el bra no me acaba de convencer ya con la excitación me lo quito y acomodo el top me bajo solo con mi bolsa y comienzo la aventura. Entro al centro comercial y camino sin rumbo simplemente observo pero atenta a la reacción de los hombres con los que me cruzo, entro a una tienda de zapatos e inmediatamente atraigo la mirada de un cliente y un vendedor se aproxima para ofrecerme sus servicios, sus miradas me recorren de arriba abajo y eso me excita, intencionalmente me alejo para dejarlos verme mejor y eso hace que mi tanga se moje aún más, me siento caliente y muy atrevida doy la vuelta y sin decir más salgo de la tienda, camino y las miradas de hombres y mujeres se posan sobre mi, eso me tiene al 100, paso por una tienda y mi reflejo me detiene lo sexy y revelador que se ve mi figura me encanta y me hace sentir mas segura y atrevida, sigo mi camino y entro a una tienda departamental, voy a la sección de caballeros finjo buscar un obsequio y hay muchos hombres es el lugar perfecto, me paseo por los exhibidores y las miradas me siguen de repente veo a un hombre ya de unos 60 años que llama mi atención me atrae, el me observa y yo me aproximo, tomo una camisa y le pido su opinión el me mira y me comenta que es muy clásica y le agrada, me mira a los ojos y me dice que soy una mujer muy bella y de reojo ve mi pecho, sigue su camino y cuando se quita quedo frente a un espejo y me puedo ver de cuerpo entero, por las luces de la tienda, la falda es casi transparente se marca el triángulo de mi tanga y mis pezones están completamente marcados, mi top el cual se ha deslizado un poco dejando ver un poco mas de mis senos, sencillamente sexy y muy cachondo solo verme me causo más excitación, camino y paso por la ropa interior y veo al señor que está escogiendo algo, paso cerca de él y tienen en las manos unos boxers, me acerco más y le digo los de la derecha me gustan más, sigo mi camino y paso al baño antes de salir de la tienda, en el baño puedo constatar que mi tanga esta completamente mojada, el recuerdo de como se transparentaba la falda me exita y me quito la tanga, acomodo la falda y el top y salgo, antes de salir paso por un espejo y me veo, va a ser muy afortunado el que tenga esa visión es divina, voy a la zona de comida rápida me apetece un café frio, mi cabeza esta que estalla por la excitación, busco un café y hago la fila, las miradas se posan en mi y eso me encanta me tiene loca, tomo mi café y voy a una mesa. Mi vista se pierde entre la gente y cuando volteo está el señor parado a un lado de la mesa y me solicita permiso para sentarse, es algo raro pero acepto, se sienta y ya trae en la mano un café, comenzamos la plática el se llama José y tiene 60 años pero está muy bien conservado, es un señor no guapo pero con mucha personalidad, yo me presento como Laura, hay una diferencia de 20 años, él es un ingeniero retirado, que su afición por la fotografía lo llevo a poner un local de fotografía y un pequeño estudio en esa plaza, la plática es muy fluida y sin pensarlo ya toma un sentido picaro, el me pregunta que si siempre voy con ese atuendo, me rio y solo le comento que estoy experimentando nuevas sensaciones, él se rie y comenta que es afortunado de estar en ese momento, mete la mano a una bolsa y me muestra que compro la ropa interior que yo le sugerí, me pregunta que si me gustaría experimentar algo más, a lo que le pregunto qué seria, me propone que hagamos una sesión de fotografía. Me quedo pensando y no se me hace mala idea, le digo que si y quedamos para vernos el siguiente sábado, yo creo por la excitación mi cuerpo ha transpirado y mi top ha resbalado y mi excitación esta al cien, tengo el deseo que sea el quien ve mi figura solo con la falda sin la tanga, observo el lugar y la iluminación y escojo el ángulo perfecto, me levanto, me excuso y camino hacia un local cualquiera eso es lo de menos, veo que no me quita la vista de encima, comienzo mi regreso con un caminar algo más sensual me detengo antes de llegar a la mesa, justo delante de él, su mirada es como si me traspasara y se pierde en todo mi cuerpo, me siento y un silencio yo estoy más que excitada su mirada se clava en mi pecho y hecho una mirada, el top ha resbalado un poco más que antes y se puede advertir un poco la aureola de mi pezón me siento caliente, si no es por mis pezones que están durísimos el top se hubiera resbalado por completo.

    Me da su tarjeta y no puede articular palabra, la tomo mi bolsa y me levanto, camino hacia el estacionamiento, esa camita es como si fuera flotando mis movimientos son sensuales los hombres me miran y eso me hace sentir bien, al salir hacia el estacionamiento mi reflejo en la puerta me advierte que la aureola es ya visible y mis pezones están por saltar, es algo que no me importa es como si quisiera que lo hicieran si de la salida a mi auto hay algún afortunado no importa, no me cruzo con nadie al subir salen disparados es una sensación deliciosa sentirlos liberados, acomodo el top y salgo, camino a casa no puedo dejar de tocarme mis dedos se resbalan fácilmente por la lubricación, juego con mi clítoris y de pronto un orgasmo no puedo detenerlo es delicioso, toda esa excitación explotando es un orgasmo tras otro al menos son 3 y duran casi todo el regreso lego a cas tomo una ducha y me quedo dormida estoy exhausta.

    Continuará…

  • Perdido en el campo (2)

    Perdido en el campo (2)

    Después del primer episodio, solo mantuve unas pocas charlas por celular con Enrique, que así se llama el tipo que me cogió por primera vez. Y las últimas llamadas y mensajes no me los contestó. Me sorprendió porque él parecía muy entusiasmado en verme de nuevo. Yo estaba en un estado de ansiedad permanente. Quería repetir esos momentos pasados a su lado. Pensé en visitarlo por sorpresa, pero no estaba seguro de cómo podía él recibir mi atrevimiento. Y además podía ser que no lo encontrara solo. Entonces ideé un plan que podía resultar… y resultó… ¡terrorífico!

    La idea era llegar hasta la entrada de su campo y, sin ingresar al mismo, tratar de ser visto por Enrique. Y un sábado fui a la quinta y me preparé. Tal eran las ganas de verlo, que en una hora ya estaba listo para salir. Un poco de delineador, lápiz de labios, y una peluca rubia, hacían que mi rostro se viera bastante femenino. No era una hermosura, pero era al menos pasable. Me puse ropa interior negra, medias transparentes al tono, y los tacos altos rojos que tanto le habían gustado. Luego una camisita blanca de mangas abullonadas, y una pollera a media pierna de lycra de color gris. Completé mi atavió con un sacón negro de piel sintética. Me dirigí hacia mi auto y partí rumbo al campo de Enrique.

    Llegué al lugar sin ningún contratiempo y estacioné frente a la tranquera de entrada. Esperé largo rato, pero no se veía movimiento alguno. Toque un par de veces la bocina, y nada. Intenté comunicarme con él por celu, pero no obtenía respuesta alguna. Con la frustración a cuesta, decidí regresar. Pero esta vez no podía dar la vuelta en su entrada. Había un volquete que ocupaba casi todo el ancho. Decidí buscar más adelante un lugar donde poder girar. A unos metros el camino estaba algo barroso, como me había advertido Enrique la vez anterior. Comencé a sentir temor de quedarme en el barro de nuevo. Por lo tanto, debía tener sumo cuidado.

    A unos cincuenta metros de la primera tranquera, y cuando las ruedas habían empezado a patinar bastante, encontré otra entrada. Con cierto alivio comencé a maniobrar para entrar suavemente en ese caminito. Pero el destino estaba a favor del barro y en contra mío. Al patinar en el suelo barroso, la rueda delantera izquierda se metió en la zanja. Desesperado puse el auto en reversa y aceleré a full. En lugar de salir, se siguió deslizando y la rueda derecha también cayó en la zanja. No era muy profunda, pero tenía barro blando y no podía salir. Me quería morir. ¡No podía ser que de nuevo estuviera encajado!

    Tembloroso y asustado bajé a ver. Las ruedas estaban enterradas casi hasta la mitad. No podía creer como me había encajado así. Sin ayuda era imposible poder mover el coche. Era digno de una película de terror, y lo que sucedió después, lo confirmó. Lo único que podía hacer era tratar de encontrar a Enrique. Hasta pensé que si lo veía él pensara que lo hice a propósito y se enojara, pero era la única opción que tenía. Fui hasta la tranquera y comencé a golpear las manos y gritar su nombre. Lo estuve haciendo por varios minutos, pero no se veía ningún movimiento, ni se escuchaba ruido alguno. Y en ese instante todo empeoró considerablemente.

    A unos 50 o 60 metros pasando el lugar donde estaba mi auto en la zanja, divisé a tres tipos que venían caminando por la calle. Tenía que ocultarme, e instintivamente me dirigí hacia el auto. Ese fue mi segundo error. Ellos y yo estábamos a la misma distancia del vehículo. Yo me quise apurar, pero no era nada fácil lograrlo. Yo estaba con tacos altos. Obviamente, cuando ellos se encontraban a la altura del auto, a mi me faltaban varios metros para llegar. Estaba perdido.

    Al principio creyeron que yo era una mujer, aunque eso podía resultar bueno o malo, según las circunstancias. Uno de ellos me preguntó amablemente:

    -¿Que le pasó, rubia?

    -Me quedé encajada y no lo puedo sacar. -contesté yo, tratando de impostar la voz.

    -Nosotros la vamos a ayudar, señorita.

    Hasta ahí parecía ir todo bien, pero uno de ellos venía con signos de estar ebrio. Se acercó a mi y me abrazó. Yo me quedé helado, sin decir palabra. El que había hablado primero le dijo que me dejara en paz, pero el sujeto no le hizo caso alguno. Y el abrazo inicial se transformo en manoseos. Obviamente me resistí, pero ese día estaba predestinado a sufrir. En el forcejeo, el tipo me tomó del pelo y se quedó con mi peluca en la mano. Todos quedamos estupefactos. Yo por el pánico que sentí, y ellos por descubrir que yo era hombre. A partir de ahí todo se convirtió en un verdadero desastre.

    El buen trato se fue a la mierda y todos comenzaron a empujarme, maltratarme e insultarme. No recuerdo todos los insultos, pero me trataron de «puto de mierda», «mariquita boba», «puto asqueroso y chupapijas», «marica culo roto», y cosas por el estilo. Yo caí de rodillas al piso y me largué a llorar como un chico. Eso los detuvo por unos instantes. Yo de reojo veía que hablaban entre ellos. Y después me hicieron una propuesta. Ellos me ayudaban a sacar el auto de la zanja y yo tenía que dejarme coger. La otra opción era que dejaban el auto como estaba y se iban a sentar a un costado para ver como me las arreglaba y me seguirían insultando y «divirtiéndose». Obviamente que debía optar por lo primero. Porque la segunda opción no me asegurara que cuando ellos quisieran no me cogieran por la fuerza.

    Yo pensé que cuando liberaran el auto podía tener una oportunidad para huir, pero no eran estúpidos. No me dejaron subir al vehículo. Uno de ellos tomó el volante y los dos restantes metieron un tronco debajo del tren delantero y comenzaron a hacer palanca. En el tercer intentó pudieron sacarlo. Obviamente se dirigieron a mí. Y nada de organizarnos. Me quitaron la camisa bruscamente y de un tirón me sacaron la pollera. El que estaba borracho sacó un cuchillo y me cortó la tirita de la tanga. De casualidad no me cortó a mi.

    Enseguida me encontré nuevamente de rodillas y con una verga frente a mi cara. Antes de que yo intentara comenzar a chuparla, prácticamente me cogió la boca. La metía con fuerza y creí que me ahogaba. Y si de coger hablamos, el que estaba bebido, se posicionó detrás mío y me metió la pija de un empellón. No era demasiado grande, pero sin lubricación adecuada, me hizo ver estrellas. Ahí estaba yo, ensartado por la boca y el culo, y sin poder escapar. Pero esa imposibilidad de huir se transformó en aceptación y entrega. Aunque me parecía algo anormal, yo comenzaba a disfrutar el momento. Y rápidamente me inundó el placer. Bueno, a decir verdad, también me inundó el semen de los dos tipos.

    El que me acabó en la boca se retiró, pero su lugar lo ocupó el que me había cogido. Quería que le limpiara la pija con los labios. Mientras eso hacía, pude ver de reojo que el tercero dejó caer su boxer y peló tremenda pija. Comencé a experimentar un ligero temblor. Esa pija me iba a partir en dos. Pero este tipo resultó un poco más «amable» que sus compañeros. Me llenó el culo de saliva y la fue metiendo de a poco. Y me decía que iba a detenerse cuando me fuera doliendo. Además me trataba distinto. Me decía cosas como «putita linda», «mi amor». En cambio el primero me decía «puto marica» o «mujercito». Y el borracho directamente me trataba de «puto tragaleche». En definitiva con el último gocé más, aunque su pija me hizo doler bastante. Después de ser cogido por los tres, cumplieron su palabra y se fueron. Pero antes me hicieron la última maldad. Me dejaron la llave del auto colgada de una rama, como a cien metros de donde yo estaba.

    No me quedó más remedio que ir a buscarla. Y así tuve que andar por el camino. En pollera medias de nylon y tacos altos. Para colmo la peluca había ido a parar a la zanja y no servía más. A la camisa le faltaban los tres botones superiores, por lo que quedaba el corpiño a la vista. Y no tenía bombacha. Cuando volví al auto me miré en el espejo y tenía el delineador corrido por el llanto. Y a eso debía sumarle que las medias tenían manchas de barro en la parte de las rodillas. En una palabra, estaba hecho una porquería. Solo pude sacar agua del bidón que llevo en el auto, y lavarme un poco la cara, las manos y los brazos. Juré que a partir de ese momento siempre llevaría ropa y calzado masculino en el auto.

    Y de Enrique, ni noticias. Por lo tanto, ya un poco más tranquilo, y con la expectativa sexual colmada, decidí volver a mi quinta. Pero lamentablemente el destino siguió jodiendome la existencia. Cuando llegué a la ruta principal me di cuenta que me estaba quedando sin combustible. Y debía parar si o si a cargar. No me podía arriesgar a tener que seguir a pie en las condiciones que yo estaba. El asunto ahora era como presentarme en la estación de servicio. ¿Que iba a pensar el despachador al verme bajar del auto? Pero eso lo dejo para un próximo relato Espero que disfruten leyendo este como con el anterior. Saludos a todos.

  • Ligando en un cine X

    Ligando en un cine X

    Ya hace unos años de esto. Cuando las salas de cine x estaban en auge y el video era una innovación y aún no se sabía si se venderían más vhs o beta. Gays y chicos salidos frecuentaban esos cines en busca de sexo fácil y sin complicaciones. Sin tener que invitar a nadie a cenar y a bailar antes de poder echar un polvo. ¿Cuantos de los que me leen han pasado por algo así?

    Se proyectaba una película x de temática lésbica. Desde los altavoces sonaba:

    – ¡Jamona, esta jamona! está cojonuda, tiene un culo que parece un sueño.

    Se las oía y no resultaba muy verosímil, al menos estaba doblada. No entendería nada si… Ni es que hubiera mucho que entender. Pero tampoco era necesario que lo fuera, al fin y al cabo era una peli porno. Dos mujeres enumerando los encantos de una tercera con esas palabras. Absurdo pero había comprado la entrada sin fijarme siquiera en el cartel. La película era lo de menos, no iba allí a ver buen cine precisamente.

    Luego pensé que en este mundo ha de haber de todo. Pero a mí la verdad donde esté una buena tranca entre las piernas que se quite casi todo lo demás. Así es que era gay o eso me consideraba entonces. Luego he descubierto que nada es blanco o negro y que existen muchos matices de gris sin necesidad de que haya sombras de por medio.

    Esperaba ligar en la sala de aquel cine cutre. Sentado en la ultima fila, en la oscuridad esperaba con paciencia la llegada de alguien que me gustara. De pronto por la penumbra entró un muchacho muy joven y guapo. No lograba distinguir los detalles en la semioscuridad de la sala iluminada solo por la luz reflejada en la pantalla. Pero esa fue mi primera impresión. Se sentó en mi fila y yo me desplacé unos pocos asientos hasta quedar a su lado.

    Las tres tías de antes ya estaban en pelotas y sobándose cuando puse la mano en mi rodilla y acerqué esta a la suya. De mi muslo pasó al suyo y él todavía no había dicho nada, ni hecho ningún gesto de rechazo. Iba a lo mismo que yo, asi que continué la exploración iniciando un suave masaje por su pierna. Muslo arriba, no tardé mucho en llegar a su bragueta, estaba excitado, su pene erecto era muy grande. Eso me parecía por lo que podía notar mientras lo acariciaba por encima del vaquero.

    No me miró ni una sola vez, sus bonitos ojos clavados en la pantalla. Nunca supe si le interesaba la película o solo se hacia el despistado. Entonces él fue directamente hasta la cremallera de mi pantalón, que bajó y metió la mano en busca de mi polla. Un chico decidido. Me bajó el slip por debajo de los huevos y comenzó a acariciarme. Yo estaba al rojo e imité cada una de sus maniobras. Me lancé ne busca de su pene , grande caliente, hermoso.

    No había gente alrededor. Aproveché para sacarle la polla fuera de los pantalones y comencé a mover la mano de arriba abajo en una lenta masturbación. No teníamos prisa, a la cinta le quedaba mas de una hora de comidas de coño. Al poco me recliné sobre él y me metí el hermoso miembro en la boca. En realidad solo fue el glande, nunca he sido un gran traga sables y su tamaño era en verdad respetable. Chupándolo, mordiéndolo suavemente, no pretendía hacerle daño, y recorriéndolo con la lengua. Los solté y comencé a darle besos por el tronco y a lamerlo con la lengua hasta los testículos que me metí en la boca. Entonces aún no se llevaba la depilación masculina y las tías solo se pelaban las piernas y las axilas, la que lo hacía. Pero a nadie nos importaba llenarnos la boca de pelos en una situación así. Terminé con mas de uno de sus vellos entre los dientes.

    Él continuaba acariciándome los genitales dentro del pantalón. Sentí los espasmos que anuncian el orgasmo cuando volvía a tener su glande dentro de la boca. Apreté los músculos del perineo para intentar aguantar un momento más. Se corrió en mi boca dándome a tragar todo su rico y espeso semen.

    -Ahora me toca a mí.

    Me dijo cuando me erguí en el sillón y deslizó su lengua por la comisura de mis labios para catar su propia leche. Se metió mi rabo en la boca exprimiéndolo con fuerza con los labios y lengua contra el paladar. No me faltaba mucho. Hasta que con un leve suspiro, no quería que me oyeran los que estaban en juegos parecidos un par de filas mas adelante, tuve un maravilloso orgasmo. El dejó mi lefa en su boca y nos besamos con pasión, yo tuve mi sabor de su lengua mientras esta recorría mi boca.

    Para entonces decidimos que merecía la pena un mas íntimo conocimiento. Salimos a una calurosa tarde de verano en una calle casi vacía, nadie paseaba cerca de un cine de esos si podía evitarlo. Necesitábamos más el uno del otro. Y por fin nos presentamos, Marco se llama. Él me dijo que podía llevarme a su casa, pues en la mía estaban mis padres. Con mas luz descubrí un muchacho como de mi edad, guapo a rabiar y con un cuerpazo de modelo, delgado y bien proporcionado bajo una camiseta y unos vaqueros bastante ajustados.

    Me advirtió que aunque sus padres habían salido de viaje allí estaría su hermana, Merche. Pero que ella no se metía en su vida amorosa y que podíamos encerrarnos en su habitación. Para mi las chicas no significan nada, por aquel entonces o por lo menos asi pensaba. Hasta que ella se dio la vuelta y me mostró su delicioso rostro, casi idéntico al de su bello hermano. ¡Parecían gemelos! Eran gemelos.

    Mostraba buena parte de sus hermosos y bien formados pechos por el amplio escote de una blusa con pocos botones abrochados. En ese primer momento sus tetas no me impresionaron mucho ni sus caderas anchas y muslos bien torneados dentro de unos ajustados vaqueros.

    Me miró y se dio cuenta de mi estupefacción. Si el hermano era guapo ella era una delicia de criatura. eso si que podía apreciarlo y yo no debí caerle mal del todo. Por lo menos en una primera impresión.

    -Los amigos de mi hermano son mis amigos.

    Me dijo al saludarme parafraseando una canción de la época. Desde luego no le importaba que los amantes de él fueran chicos. Todo fue como muy natural, con las presentaciones y en el rato que estuvimos charlando. Incluso nos zumbamos tres botellines de cerveza sentados en el salón.

    Él nos indicó que nos fuéramos a su dormitorio y de pronto ella nos pidió:

    -¿podría ver lo que vais a hacer? Me excitaría veros hacer el amor.

    Parecía una decisión repentina. A mi no me importaba, siempre he sido algo exhibicionista. A día de hoy me gusta besar y meter mano a los chicos… y chicas, delante de todo el mundo, por la calle o en los bares. Cuando comenzamos a desnudarnos el uno al otro entre besos en la boca y caricias ella se sacó los vaqueros y se puso en un rincón para no estorbar. Sus leves braguitas tipo bikini no tapaban casi nada de su pubis peludo. Cuando nos desnudamos del todo yo confirmé la favorable impresión que tenía de Marco. De su cuerpo fibroso cubierto de un fino vello tan rubio que padecía albino.

    Ella terminó de sacarse las braguitas mostrándome solo un segundo la pelambrera dorada que cubría su pubis. Luego la cubrió con su mano como con prisa. El rubor de sus mejillas delataba lo cachonda que estaba. Y él ya estaba excitado de nuevo. Su polla apuntaba directa hacia mí siguiendo todos mis movimientos. Se ve que yo no era el único exhibicionista. Me arrodillé y lancé a chupar su pene tieso lubricándolo con mi propia saliva. Estaba rico, volví a chupar sus huevos llenándome la boca de pelos rubios.

    Le pedí que me penetrara, quería tenerlo ya mismo bien duro dentro de mí. Me puse a cuatro patas en el borde su cama y se colocó detrás de mí, de pie, entre mis pantorrillas. Se inclinó un momento para pasar la lengua por toda la raja haciéndome ver las estrellas. No estábamos para innovaciones. Colocó su glande a la entrada de mi ano sobre el que había escupido para lubricarme. Me agarró del hombro y cogiéndose la polla con la mano empujó lentamente hasta que logró entrar en mí.

    Mi ano acostumbrado a ese trato cedió con facilidad y le dejó entrar. Suavemente comenzó a moverse dándome todo el placer y el dolor del amor. Ya se que suena muy ñoño pero cuando tengo un rabo en el culo, en ese momento, amo al chico que me folla. Se inclinó sobre mí para besarme en el hombro, acariciarme la espalda y el pecho con sus manos. Procurando reservar mi polla que por cierto se balanceaba bajo mi vientre, volvía a estar bien erecta. Entraba y salía de mi culo con un ritmo pausado haciéndome gemir.

    Como estábamos de costado al rincón donde Merche no perdía detalle le estábamos dando un buen espectáculo. Su hermana se masturbaba viéndonos follar y yo de vez en cuando curioso la miraba. Y lo que veía me gustaba. Era bonito y hasta ese día, con ella, no me había dado cuenta de lo sensual que es el cuerpo de una mujer. Los dedos de una de sus manos acariciaban los labios de la vulva y el clítoris. Mientras tenía la otra dentro de su blusa que aun no se había quitado acariciándose un pecho que había sacado de la copa del sujetador.

    Le pedí:

    – ven aquí y únete a nosotros. Creo que a él no le importará.

    Se quitó la blusa y el suje desnudando por fin sus bonitos pechos y se acercó a nosotros… a mí. Tímidamente, despacio. Dio la vuelta a la cama para entrar frente mí. Yo sentía tanto pudor como parecía que ella tenía. De no ser porque estaba empalado por la polla de su hermano y tan caliente como un horno nunca lo hubiera hecho. Pero la besé en la boca como había besado a su hermano y me supo a la misma miel que había sentido en sus labios. Le acaricié las tetas ofrecidas. Con suavidad apreciando el tacto suave y el peso de su masa. Rozando sus pezones con mis dedos.

    Ella se metió reptando por debajo de mí hasta que alcanzó mi polla que su hermano le estaba reservando. Con sus labios la besaba y comenzó a chupármela. Dejando su coñito al alcance de mis inexpertos labios en esos menesteres y de mi lengua cada vez mas curiosa. Me lancé sobre su vulva procurando hacerla gozar como ella y su hermano me estaban haciendo disfrutar a mí.

    Abrí su coño con dos dedos apartando la melena rubia, rizada y densa que me lo ocultaba. Con qué sorpresa descubrí el pequeño pene de su clítoris, el olor salado de su vagina. Mi lengua recorrió todos sus rincones. Para ser la primera vez que comía un xoxito no debía hacerlo mal pues notaba como sus labios y lengua rodeaban mi tronco con lamidas salvajes o como me chupaba la huevos. En algunos momentos dejaba de sentirla y sabía que se estiraba un poco más para hacer lo mismo con los testículos de Marco. Rodeaba mi cuerpo con los brazos para sujetar las nalgas de su hermano, tirando de ellas para que me follara a fondo. Eso hacía que mi polla entrara aún más en su boca.

    No quería correrme todavía pero con todo lo que estaba sintiendo fue inevitable y le llené la boca de lefa. Ella lo guardó en la boca mezclándolo con su saliva para compartirla con nosotros al besarnos. Así que salió como pudo de debajo de mí para buscar con sus labios la boca de su hermano que aguantaba bombeando mi culo. Se apoyó en mi espalda para besarlo en una caricia. Sus lenguas jugaban y yo volviendo la cabeza los veía.

    -¡guardadme algo!

    Y ella se inclinó a besarme a mí. Correspondí a ese beso sin dudas ni vacilaciones compartiendo salivas y lo que quedaba de mi semen. A punto de correrse su hermano le sobaba los pechos y ella me acariciaba a mí.

    Por fin me llenó el recto de lefa y sin cortarse un pelo se inclinó a comérmelo. En ese beso negro se llevó lo que salía de mi ano, el semen que ya no cabía dentro de mi cuerpo. Yo solo podía gemir al notar su lengua rozando mi ano. Aquellos dos estaban volviendo del revés todos mis esquemas.

    Cuando él se incorporó pude ver como su hermana se metía su ahora flácida polla en la boca para dejarla limpita y reluciente. Yo me derrumbé sobre la cama mientras los veía juntos a mi lado. Pero no se habían olvidado de mi. Cayeron uno a cada lado con las cabezas apoyadas en mis brazos. Yo podía alcanzar así un pezón de cada uno. Me besaban por turnos o incorporándose un poco se besaban entre ellos. Y seguían acariciando mi piel, parecían incansables.

    Después de dos corridas cada uno muestras pollas tardarían un rato en recuperarse. Suponía que ella no quería quedarse sin su parte de la diversión aunque me pareció que se había corrido antes con mi inexperta lengua. No me atrevía a preguntarle. Con los tíos era mucho mas fácil.

    Con tanto toqueteo notaba que por allí abajo algo volvía a la vida. Y no sólo la mía, la suya también empezaba a hacerse notar contra mi cadera. Así que con mas ganas de guerra fue ella la que lo decidió todo. Pasando sobre mi cuerpo se sentó sobre la cadera de su hermano y apoyando las tetas en su pecho se abrió el culo con las dos manos para ofrecérmelo. Yo mismo le agarré la polla a Marco y separando con dos dedos los húmedos labios guiarla al interior del coño.

    Entonces me tocaba a mí. Y eso era terreno conocido. Aunque fuera el culo de una chica. Usando el lubricante que llevábamos utilizando toda la tarde usé mi saliva para el ano. Le pedí que escupiera en mi mano para ponerlo en mi polla y que no le doliera. Pronto empecé a penetrarla. Mi glande se abría paso por el anillo de músculo. No nos costó mucho sincronizarnos al principio. Lo que mas costaba era mantener el ritmo para que ninguno se perdiera. De hecho tuvimos que volver a meter los rabos un par de veces.

    Pero no importaba, simplemente estábamos disfrutando, follando. Yo besaba su nuca y hombros mientras me sujetaba a sus tetas, pellizcando sus pezones o los de su hermano. Ya no podíamos parar ni queríamos. Solo él tuvo la suficiente cordura como para sacar la polla y correrse sobre mis huevos en vez de dentro de su hermana. Pero por sus gemidos y por como había apretado mi polla con el ano unos momentos antes me pareció que se había corrido. Yo lo hice unos segundos mas tarde llenando su culito con mi semen. Ella cayó sobre el pecho de su hermano y yo sobre su espalda por como él nos abrazaba a los dos no parecía que le pesáramos mucho.

    Yo estaba hecho un lio. Tenía que plantearme cosas sobre las que nunca había dudado y que en ese momento con el cuerpo de una chica y de un chico entre mis brazos me parecían tonterías. Me vestí, me despedí de ellos con un jugoso beso a cada uno y marché para mi casa con la cabeza revuelta.

    Nunca me han contado si antes de conocerme ya habían experimentado juntos y a mi me tendieron esa celada. O si esa fue la primera vez y fui yo quien les animé. Pero una vez rotas las barreras de las primeras caricias: La mía con una chica y la suya entre hermanos, nos dejamos llevar por el placer.

    Ahora soy bisexual, aquella experiencia me marcó, me hizo abrir mi mente. Y sigo haciéndole el amor a los dos hermanos y a quien me gusta y yo le gusto sin distinción alguna de género.

  • Discretamente explícita (final)

    Discretamente explícita (final)

    Salimos del bar abrazados como una pareja feliz y tomándolo de la mano lo llevé a la farmacia que había ahí dentro y sin dejar de abrazarlo de nuevo pedí unos condones besándolo de nuevo, me excitaba tanto que los demás me vieran a punto de ser cogida por alguien!

    La dependienta tuvo que esperar un momento mientras nos besábamos y sentí las manos de César apretarme las nalgas mientras nos observaban en la farmacia.

    Nos separamos un momento y antes de que él sacara su cartera me adelanté divertida y le dije:

    Yo pago amor, es lo menos que puedo hacer, besándolo de nuevo.

    Llegamos al auto y tuve que hacer un esfuerzo para no hincarme y mamarle ahí mismo a mi macho nuevo.

    Estaba muy caliente! viendo a mi marido que se acercaba me adelanté hacia él y le dije:

    Ten las llaves del coche, síguenos! Me voy con él.

    Regresé con César y le dije: vámonos en tu coche, mi marido nos seguirá.

    Cesar volteo hacia mi marido y le agradeció con la mano mientras caminamos hacia su auto.

    Camino al motel sonó de nuevo mi teléfono, era mi niñera de nuevo diciéndome que ya habían cenado mis hijos y los iba a acostar ya.

    Terminé la llamada y viendo la cara de curiosidad de César busqué una foto de mis hijos y se la mostré.

    Una foto tipo familiar donde estaba en el jardín con ellos.

    César tomó el teléfono para verla mejor y guardó silencio por un momento.

    Qué???

    Dije carcajeándome, ¿por qué te quedas callado?

    Cesar volteó de nuevo a verme y pude entender su mirada de interrogación…

    Sí, mi bebé más pequeño es de color…

    Dije cachondamente, tengo un amante de planta negro y el me fecundo a solicitud mía.

    Los ojos de César se abrieron como plato, – una cosa era acostarse con otros hombres estando casada, pero otra era dejarse embarazar por alguno de ellos- pude leer en su mirada.

    Pues sí, soy una mujer muy intensa y me pone muy caliente que los demás sepan que otro hombre – un negro muy vergudo, me penetró y me dejó su semen bien adentro, embarazadome mientras sigo casada con mi marido…

    Tomado su mano y poniéndola entre mis piernas debajo de mi falda le pregunté.

    Y tú qué me cuentas de ti? ¿Eres casado? ¿Tienes novia?

    Soy divorciado, dijo él, tengo novia pero me gusta el sexo mucho también, y no pierdo oportunidad de tenerlo con mujeres calientes como tú.

    Si mano empezó a masajear mi vagina velluda haciendo a un lado mi tanga mientras manejaba con la otra.

    Ah pues igual yo, solo que tú sí estoy casada dije sonriendo en complicidad con él.

    Si quieres algún día me coges frente a tu novia… ¿te gustaría?

    Dije acariciando su verga ya erecta debajo de sus pantalones.

    Pues sería muy caliente, tenemos la fantasía de hacer un trio, pero con otro hombre, no hemos platicado la posibilidad de hacerlo con otra mujer.

    Pues si se deciden, yo apuntada!

    En el camino decidí cambiar de destino y dirigirnos a un hotel y no motel para que nos vieran llegar a los tres al lobby y sabrían que me iban a coger dos hombres…

    Llegamos al hotel y entramos los tres a la recepción del hotel, mi marido se adelantó para pagar la habitación y los demás empleados entendieron que me llevaba a ofrecerme a ese hombre del que iba abrazada.

    Entramos a la habitación y mientras mi esposo pedía servicio de bar, cesar y yo nos dirigimos al sofá y nos sentamos.

    Empezamos de inmediato a acariciarnos como adolescentes calientes y mi esposo se unió sentándose frente a nosotros.

    Antes de empezar a desnudarnos, saqué mi teléfono de nuevo y se lo entregué a mi marido diciéndole:

    Haz lo tuyo, dale seleccionar al azar para saber a quién enviaremos hoy las fotos.

    Regresando a sentarme junto a César, lo tomé de la mano mientras mi marido hacía el proceso en el teléfono.

    Levantó la vista y me enseñó el teléfono desde su lugar diciendo:

    Listo!

    Dime! Quién será? Le pregunté excitada…

    Se quedó callado y ser levantó caminando hacia mi.

    Me enseñó el teléfono y me di cuenta que era de sus contactos.

    …su jefe

    Seguro? Pregunté algo nerviosa, casi nadie de sus amigos sabían de nuestras locuras, y su jefe menos, para el eramos una pareja tranquila.

    Sí…se va a sorprender, alguna vez ya me mencionó que le pareces una muñequita muy guapa con un cuerpazo, le gustan tus piernotas!…

    Jajajaja reí de buena gana, pues ni hablar, habrá que darle un buen show!

    Normalmente mandamos solo una foto como precaución sabiendo que la excusa sería si llegara a pasar algo era que se había ido la foto por accidente…

    Pero ya que su jefe me vería por primera vez así decidí que debíamos enviarle más de una foto.

    Me senté y le pedí a César nos tomara algunas como pareja.

    Mi esposo y yo salimos abrazados como en una reunión normal y luego me senté entre los dos para tomarnos varias selfies.

    Juntándose ellos a mi cara, nos retratamos varias veces así, puse el teléfono en la mesa de enfrente en un ángulo que se vieran los cuerpos completos sentados y le pedí a mi marido lo programara para tomarnos varias fotos con temporizador para que saliéramos los tres.

    Les pedí me abrazaran mientras yo divertida estaba sentada entre los dos con las piernas cruzadas dejando ver mis muslos.

    Siguieron otras dónde descruce las piernas dejando ver entre ellas mi raja velluda apenas cubierta con la tanga mientras besaba primero a mi marido y luego a César, le pedí entonces a mi marido se parara para que saliéramos solo César y yo mientras él tomaba las fotos siguientes.

    Me puse de pie y empecé a bailarle cachondamente a César mientras me desnudaba y mi esposo me retrataba así.

    Me senté de nuevo completamente desnuda junto a César y le pedí a mi marido me tomaré más fotos así con el vestido y yo totalmente desnuda.

    Cesar recorría mi desnudo cuerpo con mirada lujuriosa fijando su atención en mi velluda vagina.

    Deje que César se desnudara y le pedí se parara frente a mi ofreciéndose a mi boca con su verga erecta y empecé a mamarlo con lujuria.

    Mi marido no dejaba de tomarme fotos de cerca, en close up a mi cara mandando esa verga deliciosa y cuando sentí que se ponía más duro decidí dejarlo venirse en mi cara para ser fotografiada con su semen en mi rostro.

    César empezó a venirse con fuerza y sus chisguetes calientes de semen me cubrieron la cara.

    ¡Le salió mucho semen!

    Mmmmm …! ¡Delicioso!

    Con mis dedos fui juntando su semen de mi cara y lo tomé, ¡me pone tan cachonda oler y tomar semen!

    Pusimos de nuevo el teléfono con temporizador para tomar fotos de los tres de nuevo, nosotros desnudos y mi esposo junto a mi.

    Escogí varias fotos de toda la secuencia y las envié a su jefe…

    Terminado ese pendiente, volteé a ver de nuevo a mi macho vergon y me ofrecí a su lujuria de nuevo, empezamos a coger olvidándonos de que mi esposo estaba ahí.

    Me puso boca arriba y me penetró inmediatamente la raja velluda, sentí su verga penetrarme fuertemente hasta adentro mientras nos besamos con mucha pasión.

    Ahhh sí, metemela toda, todaaa!, gemía sintiéndolo bombearme durísimo mientras mi marido se fue a sentar frente a nosotros.

    Se desnudo y empezó a masturbarse viéndonos coger delicioso.

    El seguía tomándome fotos cogiendo con César y lo llamé para que me diera su verga en la boca mientras me cogía mi macho.

    Cuando se acercó a ponermela en la boca, llegó un mensaje de su jefe y antes de que pudiera ver qué decía, prendió el vídeo y empezó a transmitir en vivo.

    ¡Le estaba dejando verme coger en vivo a su jefe!

    Dile que estás haciendo… me pidió mi esposo

    Me están cogiendo, me están metiendo la vergaaa…dije gimiendo viendo cachondamente al teléfono.

    ahhh muévete!, muévete! Le pedí a César sintiendo mi orgasmo llegarme.

    Al sentir su semen explotar dentro de mi raja empecé a venirme como loca y entre gemidos fijé mi mirada cachonda en el teléfono de nuevo…

    Seguro el jefe de mi esposo buscaría la oportunidad de cogerme también, y yo iba a dejarlo hacerlo con la condición de que fuera frente a mi marido.

    Mi esposo me acercó el teléfono y vi a su jefe en la videollamada atento a lo que acababa de pasar.

    «Que sorpresa verlos así tan desinhibidos».

    Dijo, tenemos que vernos, quiero hacerte lo mismo que te acaban de hacer! Me dijo su jefe y solo atiné a responderle:

    Pero claro! Te gustó? Pregunté curiosa.

    Te lo demostraré ahora que vengan a la casa dijo su jefe a manera de despedida.

    Ok, lo que quieras te hago y dejo que me hagas…, dije terminando la videollamada.

    Terminó el vídeo y le dí mi ano a César para que me penetrara nuevamente, está vez, le pedí a mi marido saliera al vestíbulo de la habitación para dejarnos solos a mi macho y a mi coger como pareja.

    Me cogió 3 veces más: dos por el ano y una por la raja de nuevo, me dejó llena de semen espeso y caliente!

    Me tomo varias fotos desnuda y algunas más juntos, me éxito mucho saber que las tendría en su teléfono a la vista de todos…

    Me gustó mucho esta experiencia y decidí seguir haciéndolo frecuentemente con hombres de la aplicación de contactos del teléfono…

    Aunque por el momento, mi atención estaba en complacer al jefe de mi esposo cuando nos invitara a su casa después de ver a la inocente esposita de su empleado coger como ninfómana.

  • Tímida y recatada, pero como se movía en la cama

    Tímida y recatada, pero como se movía en la cama

    Cuando comenzaron a construir la casa de vacaciones en Cancún, por ese tiempo iba muy seguido para aprobar los adelantos y hacer algunas alteraciones. Desde entonces conocí a la familia que vivía enfrente, pues ellos llegaron a indagar que es lo que se construía en ese lugar baldío. Don Eduardo, mejor conocido como don Lalo, vivía con su esposa y dos hijas, pues una se le acababa de casar y otra por esa época estaba a punto también de casarse. Irónicamente la que todavía se quedaría viviendo en casa era la hija mayor de nombre Leticia, quien por esa época acababa de terminar su carrera de arquitecta.

    Leticia era una chica muy recatada y quizá un tanto tímida a mi percepción. No parecía ser en nada maliciosa, decía no más de lo necesario para conllevar la vida y por esos días que la conocí llevaba esos típicos frenos que la verdad no le sentaban en nada bien opacando su sonrisa. Siempre con esos vestidos largos que le hacían lucir mucho mayor que sus 27 años y creo que se había hecho de una plaza en una constructora pues su padre es ingeniero civil y con muchas influencias en el ámbito. Por ese tiempo y cuando nuestra casa estuvo terminada dimos una fiesta para conocer a los vecinos y Leticia llegó junto a sus padres y sus dos hermanas ya casadas. No podría decir que Leticia era la más fea, pero sí la que menos intentaba resaltar. Para ser honesto era quizá la de mejor cuerpo, pues era más alta que sus hermanas y sus bustos eran más notables al igual que su trasero a pesar de esas pálidas vestimentas que usaba. No era una chica de rostro espectacular o llamativo, pero no era en si fea… creo que no le ponía color a su rostro y bueno, con esos frenos pues por esos días en una escala del uno al diez le daba cinco.

    Supe que le caía bien y desde que corroboró que Kashira no era mi esposa sino que mi hermana, sentí que ella tuvo un tímido acercamiento conmigo. Yo por esa época casi le doblaba la edad, pero ella según pláticas posteriores me calculaba unos 35. Compartimos algunas fiestas cuando pasaba algunos días de vacaciones y obviamente eran muchos los lapsos de tiempo en que no la veía. Una vez sentí más que un acercamiento, pues la invité a que me llevara a conocer la ciudad e ir por ahí por algunos tragos y bailar. Su padre no se oponía, pues parecía que yo le caía bien como yerno, pero la verdad que yo no estaba para ese tipo de tratos, yo me mantenía disfrutando el ser soltero y casarme no estaba y todavía no está en mis planes. Como pude y evitar lastimar a Leticia, de alguna manera se lo insinué. Quizá bien hubiese aprovechado la situación, pero Leticia me parecía una chica buena y la verdad siendo honesto, no tanto me atraía como mujer.

    Regularmente por los meses de enero y febrero los paso en esta casa de Cancún. Un buen día la veo salir de un motel del área con un acompañante quien parecía un tanto mayor que ella. Ese día no la vi con sus vestidos pálidos, ese día llevaba una minifalda y se le miraban unas buenas piernas que, se me fue difícil creer de que se trataba de la misma Leticia. La seguí con mi vista desde la terraza de mi habitación y este tipo de despedida le dio un beso y le metió mano que de seguro la sobó la panocha. Obviamente ninguno de ellos me vio.

    Días después veo desde la terraza de mi casa como este otro tipo la llega a dejar, se despide con un beso en la boca y aunque en esta ocasión no lleva minifalda, el tipo se hace para llegar a su panocha. No lo podía creer… dos tipos diferentes en esa misma semana. Me despertó la curiosidad y me sorprendía que la tímida y recatada Leticia hubiese cambiado de la noche a la mañana. Ya por estos días le habían quitado los frenos y debo decir que la escala a mis gustos personales había subido a un siete. La verdad que Leticia no era tan fea. Ya maquillada y con vestimenta diferente despertaba lujuria.

    Por esos días cumplía sus 30 años y su padre me invitó a su fiesta y para mi sorpresa Leticia me presentaba a su novio y no era ninguno de los dos que días antes la estaban cueveando. Esta vez llevaba un vestido blanco con falda a la rodilla, nada de escote y parecía dar esa misma percepción de ser la chica recatada que la mayoría conocía. Ese día decidí que me la iba a coger, pues la chica inocente realmente no existía y quería conocer a esa chica salvaje y promiscua que verdaderamente era Leticia.

    El siguiente día de esa fiesta llegaría mi oportunidad. Es tradición de esta gente de por aquí que después de una fiesta se haga lo que le llaman “el recalentado”. Es una manera de continuar la fiesta. Como cada vez que vengo por aquí en mis vacaciones me hago de un celular nuevo, pues ellos no tenían mi número reciente y Leticia llegaba a mi casa para hacerme la invitación personalmente. Estaba en mis típicos pantalones cortos pues por esta zona es bastante caliente. Parecía que lo quería hacer breve pero yo la hice entrar y le ofrecí algo de tomar. Me aceptó una cerveza y hacíamos conversación de la noche anterior. Y me hablaba de lo cansada que se sentía y que a su padre se le había ocurrido llamar a los familiares para el tal “recalentado”. Fue cuando se me ocurrió:

    – Acuéstate en ese sillón, te voy a dar un masaje para que te relajes. -le dije.

    – ¡Usted me va dar a mí un masaje!

    – Si… te aseguro que te hará sentir muy bien.

    – ¡No lo dudo! Pero eso que usted me toque como que me pone muy nerviosa.

    – Tú… ¿nerviosa?

    – Si… usted sabe como me pone y el que no ha querido nada conmigo ha sido usted.

    – Bueno, podría ser un masaje más profundo.

    – ¡Por favor no me hable así! Usted no sabe cómo me pone.

    – ¿Y cómo te pongo Leticia?

    – Pues tóqueme la mano… mire que frías las tengo.

    – ¿Y eso es de miedo o de qué?

    – Usted de por si siempre me ha puesto nerviosa y ahora que menciona un masaje profundo… como que me da miedo.

    – Solamente déjate llevar y veras que la pasamos bien por un buen rato.

    – No tengo mucho tiempo, mi papá no tardará en llamarme.

    Me acerqué a Leticia y le puse mi mano es sus piernas por sobre la falda. Podía mirar una mezcla de miedo y morbo en sus ojos. No lo pensé dos veces y pongo mis dos manos en sus piernas y se la comienzo a masajear sobre esa falda y se le escapa un ligero gemido. Al minuto le digo que se acueste sobre sus pechos y que disfrute del masaje. Le quito los zapatos y comienzo por sus pies los cuales veo que cuida muy bien. Subo a sus pantorrillas y pronto subo a sus piernas por debajo de su falda hasta prácticamente tocar sus calzones. Ella me dice:

    – Tony… ¿qué es lo que me quiere hacer?

    – Tú sabes perfectamente lo que te quiero hacer.

    – Entonces hágamelo, que mi papá no tardará en llamar.

    – Date vuelta y dímelo de enfrente. -y se dio vuelta.

    – Si lo que quiere es cogerme… aquí estoy.

    – ¿Tú no lo quieres?

    – No he corrido y no he gritado… por lo menos no por el momento. Cójame. – dijo mirándome a los ojos.

    Levanto una tanto sus caderas y ligeramente le quité su falda y de una sola vez el calzón, el cual era un bikini negro. Ya lo había humedecido y fue cuando ella también vio mi erección comprimida en mis pantalones cortos. También a las ligeras le quite su blusa y brasier y me quedaron unas tetas de medio tamaño, de unas areolas rojizas cafesosas y unos pezones redondos de medio tamaño. Se los comencé a chupar mientras los dedos de mi mano jugaban con su clítoris. La panocha de Leticia era de medio tamaño con labios interiores y exteriores pequeños que prácticamente eran una raya bien depilada. No sé porque temblaba tanto, pero no recuerdo chica alguna que le temblara así el cuerpo y más que todo las piernas durante el coito. Pensando que don Lalo pudiese llamar y ponernos presión en el tiempo, bajé a esa panocha saladita y con un olor natural y me di a la faena de darle una buena mamada. Mi lengua se paseó de arriba abajo y dedicaba cierta rutina a solo chupar su clítoris mientras mis dedos apretaban sus pezones. Solo escucha a Leticia gemir y decir en ocasiones: – Oh Dios… que rico la chupa usted. – bajaba hasta su perineo amenazando llegar a su culito el cual se miraba con un ojete bien arrugadito y apretado.

    Leticia hacia ese vaivén como buscando la presión de mi lengua a su vulva y podía sentir como de su vagina emanaba ese río saladito que tanto me encanta. No podía durar tanto pues sus gemidos eróticos me indicaban que tocaba el cielo y ella comenzó a decirme: – Méteme la verga… que me vengo… Tony méteme la verga que me vengo. – Me fui por sobre ella y le dejé ir toda mi verga la cual se deslizó hasta que mis bolas pegaron en su perineo y Leticia se sacudía y me abrazaba fuertemente sin poder gemir o decir nada. Parecía que se quedaba inconsciente y solo podía sentir en mis piernas ese tic nervioso que le hacia temblar las piernas a Leticia. La seguí pompeando hasta le salió un gemido y me dijo: – Casi me matas con esta corrida… por Dios que corrida más rica.

    Leticia sabía que no me había corrido, pues una mujer sabe cuando uno se corre la mayoría de las veces. Le dije que no me había corrido porque no sabía si se cuidaba a lo que ella me dijo que estaba próximo a tener su regla, que había pocas probabilidades de un embarazo. Fui directo con ella a sabiendas que no era la chica tímida y recatada que siempre me había proyectado. Y se lo dije así de crudo:

    – ¡Quiero que me des el culo!

    – ¿Qué? Eso nunca me entraría por ahí. Sí por enfrente me dolió… por ahí… no, ni pensarlo.

    – ¿A poco no se lo has dado a tu novio o a ese chico que te vi saliendo hace poco del motel?

    – ¿Qué? ¿A poco usted me ha estado espiando?

    – No Leticia… nada de eso. Da la casualidad de que yo estaba en el mismo motel cuando te vi salir… y hace poco te vi como te fajabas con este otro chico que te vino a dejar a casa la otra noche. Me pregunto: ¿si todos son tus novios y que ninguno de ellos no te haya dado por el culo? Mira que tienes un culo apetecible.

    – Increíble… ¡No sabía que me estuviera observando! En todo caso lo que ellos tienen es normal… y lo que usted tiene… sé que no podría con tremendo paquete.

    – Ven… yo me lo quiero coger y tu papá puede llamar en cualquier momento. No me tardo mucho y especialmente si esta apretadito me harás acabar rápidamente.

    Casi obligándola y poniéndola de perrito me acerqué a ella. Por la conversación mi verga se estaba poniendo flácida y para entrar de nuevo en armonía al ambiente comencé a chuparle el ojete. Se retorcía del placer pero consciente del tiempo ella me recordó de nuevo a su papá. Le asomé el glande a la entrada y le sobaba el ojete con él. Empecé a empujarlo y realmente tenía un culo bien cerrado. De tanto insistir comenzó a dilatarse y ese anillo cedió no sin antes escuchar un gemido de dolor de Leticia. Me dijo que parara pero yo se la dejé ir y unos cuantos centímetros de mi verga se hundieron en su culo y Leticia solo exclamó: ¡Con cuidado cabrón que eso duele! – La tenía apercollada de la cintura que no se podía mover y buena parte de mi verga estaba adentro y podía sentir lo caliente y apretado de ese culo. Leticia solo se quejaba del dolor y fue más por eso que me apresuré y obviamente ese culo tan apretado le daba un buen masaje a mi verga que exploté. Le llené el culo de una buena corrida y me di cuenta de que le había sangrado el orto a Leticia. En eso estábamos cuando tocaron la puerta. Sin limpiarme me puse solo el pantalón corto y vi como Leticia tomó su ropa y se fue al baño, pero no me había dado cuenta de que había dejado sus zapatos. Abrí la puerta.

    – Antonio ¿ha venido Leticia por acá?

    – Si… vino hace una media hora a convidarme para el recalentado.

    – Ah… que bien. ¿Para donde se habrá ido esta muchacha? – y vi como su vista se fue para donde estaba ese sillón otomán y justo frente estaba sus zapatos.

    – ¿Ya intentó en llamarla? -le pregunté.

    – Ese es mi problema. Mi mujer se llevó mi coche y creo que ahí he dejado mi celular.

    – Si gusta puede usar el mío.

    – No me sirve… usted sabe que hoy en día nadie memoriza teléfonos. Bueno… lo esperamos más tarde.

    Se despidió con esa certeza que Leticia se encontraba en mi casa pues estoy seguro de que vio sus zapatos. Yo no sé si olía al culo de su hija pero ese olor del sexo no pasa tan desapercibido y un viejo como don Lalo, estoy seguro de que intuyó que me estaba quebrando a su hija. Leticia salió del baño un poco intrigada y se puso sus zapatos y salía sin antes decirme:

    – ¿Y esto cómo queda?

    – Como antes… aquí no ha pasado nada.

    – Me rompiste el culo, creo que es lo que usted buscaba.

    – Tienes razón… tienes un culito delicioso y se me antojaba.

    – ¿Va a llegar más tarde?

    – Si… ahí estaré. Leticia, me gustaría volverme a comer tu culito uno de estos días.

    – Ya veremos… por el momento me lo ha dejado muy adolorido que lo dudo pase uno de estos días.

    Leticia por el momento sigue soltera y ahora tiene 40 años. Siempre que voy a Cancún es un palo seguro, el cual asimila plenamente la penetración de mi falo en su orificio pequeño. Don Lalo se volvió un tanto distanciado porque sabe que me quiebro a su hija cuando estoy por la zona y que nunca se la he pedido en matrimonio. Lo que quizá no sabe don Lalo, que su hija recatada y tímida ante el resto de la familia, se la pasa probando palos porque siempre ha sido promiscua y es por eso por lo que nunca se ha casado, creo que se aburriría follar con la misma… con la misma verga.

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