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  • Una paciente muy caliente (parte 2)

    Una paciente muy caliente (parte 2)

    Hola a todos, gracias por los que pudieron leer la historia anterior, fue un momento muy excitante en mi vida, quizá por el momento en que me encontraba me ayudo muchísimo, toparme con una mujer tan sexual me imagino que es el sueño de muchos y me pasó a mi.

    Bueno despues de esa primera visita intercambiamos números de teléfono. Le escribia ocasionalmente para saludar y se creo un poco mas de confianza entre los dos.

    En una ocasión me escribió si conocía algun médico porque tenía una infección vaginal, si claro, le dije en tono de broma y ver su reaccion. ¿como esta su vagina, si esta hinchada la vulva o enrojecida?, me dijo esperame ya te digo, pasaron un par de horas y no me respondió, pero después me llegó una foto de ella. Estaba en una pose con las piernas abiertas y con su otra mano abriendo sus labios, mostrando la entrada de esa vagina que dias antes habia acariciado, que espectáculo, la verdad no pensé que fuera a tomarse una foto asi.

    Fui a preguntar a una doctora que trabaja en el centro, explicándole los sintomas, obviamente sin mostrar las fotos y me recomendó unos ovulos. Días después me dijo que le habían hecho muy bien y estaba agradecida.

    En una de esas conversaciones por whatsapp me comento que mientras se colocaba los óvulos, al introducirlos le daba ganas de culear (entiendase coger) yo me ofreci como caballero a colocarselos pero se rio, no perdia nada con intentarlo.

    Ahi comprendí y ella me lo confirmó le encanta el sexo, cuando esta excitada y no hay la complazca mira porno y se masturba, ella no tiene ese como tabú que tenemos la mayoría, donde me incluyo.

    Y si estan pensando a que se dedica, adivinaron, pues si, ella es una escort. La primera vez que la vi me pareció una mujer muy atractiva, segura, muy culta y educada. No me contó muchos detalles de que como llegó a trabajar de eso, pero me hizo entender que habia trabajo en muchos lados y no podia surgir o duraba poco tiempo. Como el sexo le encanta y se daba cuenta como llamaba la atención de los hombres se dedico a eso. Más que nada es una mujer de personalidad fuerte eso la hace mas atractiva, para mi era como una amiga que hablaba de todo sin tapujos y aunque no lo crean una persona mas auténtica que muchas que conozco.

    En otra oportunidad me envio un video como ella dijo quería verse sexy bailando y cantando en la ducha, que delicia ver esa mujer moviéndose y acariciando esos senos y ese culito hermoso y metiendose los dedos en esa vagina entre que cantaba y gemia. Se trago agua que chistoso y sexy a la vez.

    Vino una ultima vez a terapia, vino vestida con unos leggins asi crei que se llaman de color negro que dibujaban un trasero hermoso, redondito, arriba traia una camiseta o playera como dicen algunos, se desnudo completamente, cosa que no era necesaria y le ayude a recostarse bica abajo. Tenia la primera fila, acaricie ese culito que tanto quería, lo bese, olia a rosas, ke di un pequeño mordisco y pase mis manos por su vagina y ya estaba muy lubricada. Por el espacio y el lugar no pudimos hacer nada mas, empezó a gemir, asi que seguí metiendo mis dedos en du vagina estuvimos asi 5 minutos, se retorcía del placer, ese culito se movia espectacular, hasta que terminó, que increíble, pero lo malo mi verga estaba a reventar, por espacio tan reducido y las otras personas no pudimos hacer nada mas. Los dias previos estaba que me calentaba mas y más y me ofreció el chiquito como decia ella, seguia pendiente. Me dejo grabarla, pero por respeto no he mostrado las fotos y videos a nadie.

    Para no olvidarme la terapia por la que fue, ya vestida se sento en la camilla y le inyecte un medicamento para relajar los músculos del cuello, yo esta frente a ella colocando las inyecciones y ella me baja un poco mi pantalón y saco mi verga estaba a reventar. Al hacer unos de los pinchazos que le dolio como tenía mu pene en sus manos ese momento se lo apretó durisimo fue una sensación entre dolor pero muy agradable. Nos despedimos para una próxima terapia.

    Los siguientes dias seguiamos escribiéndonos, pero vino la pandemia y perdi su número y ella no me contacto más.

    Como dije antes es una mujer hermosa que a cualquier persona se pondría a conversar y del sexo una diosa, no me enamoré de ella como alguien se pueda imaginar, sino que desde el principio sabia las reglas del juego.

    Mi vida tomo otro rumbo y la de ella me imagino igual, a veces la buscaba por internet donde estaba sus anuncios para saber que estaba bien, pero un día, no apareció mas. no vi mas sus anuncios. Recordé que ella me decía que estaba ahorrando para ponerse un negocio y dedicarse a otra cosa. Asi que eso me tranquilizó, sin embargo ocasionalmente veia anuncios buscandola sin éxito.

    Un dia vi un anuncio de una chica, le escribi por curiosidad y adivinen era ella, me mandó un mensaje de audio. No me reconoció y la verdad no se que hacer, dejar todo ahi, o escribirle nuevamente pero en plan de amigos. Por lo menos se que esta bien.

    A raíz de esta experiencia pasaron otras mas con otras pacientes, pero siempre con el profesionalismo. pero no a ese nivel nunca.

    Gracias por leer.

  • Grupo de amigas VIP

    Grupo de amigas VIP

    La fiesta transcurre en el salón privado del dueño de la discoteca, con todos los lujos, pronto hasta su novia se perderá en ese mar estimulante, se respira sexo con cada sentido.

    —Cariño, quiero pedirte un favor —dijo Valentina algo inquieta.

    —¿Qué, linda?

    —Sé que sonará algo raro, pero que sepáis que, ante todo, te amo y me encanta pasar el rato contigo…

    Danib, por esas palabras, ya estaba sospechando que su novia se traía algo nuevo entre manos.

    —Yo te amo más —dijo con la mirada cautelosa.

    —Vale. —Se abraza a él para hablarle al oído—. ¿Te acuerdas de Hernan, mi ex?

    —Ajam… —Danib no se acordaba.

    —Él y yo rompimos porque, digamos, no queríamos privarnos de nuestra libertad. Él es el dueño de esta discoteca, y como dueño es un ligón de campeonato.

    —¿Ligón?, ¿y eso qué significa, que le pegan mucho?

    —No tronco, que las tías se le tiran encima, y los tíos a mí.

    —Ah, con que andaban de picarones por la vida.

    —Bueno, la cosa es que rompimos pero cada tanto nos veíamos aquí y nos dábamos el lote.

    —Mmm… —El novio se apartó un poco y la miró arqueando una ceja, no sabía para dónde iba todo esto.

    —Espera a que te cuente. La cosa es que, cada vez que a nosotras nos apetecía venir aquí, el colega nos hacía pasar a su reservado.

    —El famoso sector VIP…

    —Exacto, y allí tenemos de todo, lo que queráis, y nos tratan tan ricamente.

    —De una, mandale un mensajito al cara de verga ese así vamos, que acá no se puede estar de lo lleno que está, la gente tiene hormigas en el culo parece, no se quedan quietos.

    —Estaría de puta madre, ¿no? El problema es que el tío es un tanto especialito, si le digo que eres mi novio se va a poner en modo gilipollas y no nos va a dejar entrar.

    —¿Y por qué, es celoso o qué? —dijo en broma Danib.

    Valentina le sonríe:

    —Estoy pensando en algo: vamos a montarnos una trola de veinte pares de cojones. Tienes que hacerte pasar por un amigo, te presento así y el tío no se entera de nada, vamos y nos tomamos todo, y bailamos ahí que se está más a gusto.

    —»Más Agustín», ¿vos decís que se cree?, ¿ya hiciste esto antes?

    —No, nunca antes traje a un novio aquí.

    —¿Ah sí? —Danib se sintió algo especial.

    —No, me venía en secreto. Mis ex son… —Valentina acaricia el pecho de Danib y le lanza una mirada seductora—. Digamos que mis ex son un poco capullos, y por ello no compartía mi diversión con ellos, pero ya ves que contigo es distinto.

    —O sea que soy el mejor de todos.

    —Ajam.

    Ella le planta un beso que a Danib le hizo sentir que estaba en el séptimo cielo.

    —¿Y… qué te parece mi idea? —Le dice ella.

    —Re bien.

    —Okey, lo que vamos a hacer es esto: le aviso a las chicas y nos movemos más al centro de la pista, así nos ven. Quédate cerca de Caterina, así no sospecha nada.

    —¿Quién era Caterina, la rubia que se parece a Lagertha?

    —Si esa, Caty. Yo le aviso, no va a tener problemas. No te separes de ella.

    —Dale, de una.

    La pareja fue junto al resto de las chicas, quienes estuvieron todo ese rato en la barra charlando, riendo y coqueteando con el barman. Danib se quedó pensando en Caty, una mujer muy bella; de hecho, todas esas chicas se veían genial con esos ajustados vestidos, jeans cortos, tops, escotes y una producción de espectáculo. Por allí también se encontraba Ximena, la mejor amiga de Valentina. Danib sabía que algo extraño se tramaba su novia, una trampa como ya antes en el pasado había ocurrido. Sin embargo, ella tenía una particular forma de compensarlo. Al fin y al cabo, no sabía bien qué pensar acerca de Valentina, una mujer muy particular, pero lo que Danib no comprendía es que, en los tiempos que corren aquí, había muchas chicas que hacían lo mismo que ella: vivir su sexualidad a pleno, disfrutarla; y si hay cadenas, las rompen.

    El grupo de amigas estaba en su salsa, cuchicheaban y reían, había una predisposición a pasarla bien esa noche. Danib vio a su novia y a Caty hablándose al oído. La chica asentía entre sonrisas. Él deseaba saber qué iba a pasar, estaba ansioso.

    —¡Bueno zorrix, vamos a bailar! —grita Valentina tras tomar un chupito.

    Penetraron en fila entre la gente, hasta encontrar el espacio ideal en la pista. Danib, como habían acordado, estaba junto a Caty. Cuando encontraron el lugar, formaron una ronda y comenzaron a bailar con toda la fiebre de sábado por la noche. Danib oyó que una de las amigas preguntaba a Caty:

    —Hey, ¿no vas a tener problemas con tu chongo?

    —Para nada, él no es celoso —le responde. Miradas cómplices intercambian entre las dos.

    Danib mira a su alrededor, simulando que sabía mantener el ritmo en su cuerpo, y piensa en la situación que está viviendo: él, en el boliche de más alto level de la ciudad, bailando con un lindo grupo. Pensaba en la envidia que le debían de tener los demás muchachos, de seguro pensarán de él que es gay o que está forrado de dinero y drogas, pero no era ni uno ni lo otro.

    Las chicas estaban dando todo un espectáculo bajo la bola de la disco. Valentina vigilaba cada tanto para arriba, en dirección a los reservados. Danib miró en esa misma dirección, había una oficina grande con ventanales tintados, no se trataba de los típicos reservados con sillas, una mesita y un cordón nada más, aquello tenía pinta de ser un salón de fiestas privadas. Un tipo trajeado, tras haberse comunicado con otro, baja por las escaleras. Ella mira al grupo con una sonrisa triunfadora. El hombre trajeado se acerca a la ronda y saluda cordialmente. Enseguida todas se acercan y lo rodean.

    —¿Ha venido Hernan? —pregunta Valentina.

    —Si, por supuesto —le responde el hombre—. Les invita a pasar a su reservado.

    —Pues vale, con gusto vamos.

    —¡Whoo! —Las chicas celebraron como quinceañeras.

    No habían pasado más de quince minutos desde que se habían puesto a bailar en la pista y ya se encontraban en dirección al VIP. Muchas miradas se posaron en ellos, de envidia, de picardía. Subieron por las escaleras iluminadas con neones, la cual parecía la rampa de una nave espacial. En la entrada, dos tipos vestidos elegantemente fueron recibiendo con cordialidad a cada una de las chicas. Uno de ellos saludó con mucho más que formalidad a Caty, quien intercambió con él una sonrisa picaresca.

    —¿Este chico está en tu grupo también? —preguntó uno de los tipos a Valentina, señalando al único varón del grupo.

    —Si, él es amigo mío. —Le hizo un guiño a Danib.

    —¡Ohh, qué suerte que tenés! —Le dijo el hombre, apretándole la mano y con una sonrisa jocosa.

    —Sii, obvio —responde él. El tipo le da unas palmadas en el hombro y le deja pasar.

    Dentro, el lugar era espacioso y con muchos lujos. El piso era de parqué, también había alfombras. En el centro había unos tres sillones grandes y robustos que rodeaban una mesita, con una bola de disco en el techo que lanzaba sus destellos por la estancia. También había muchos aparatos de juegos de luces, los cuales la mayoría de sus patrones iluminaban más el centro y cada tanto los alrededores. El vestido negro con lentejuelas de Valentina era iluminado por esas luces, generando una constelación de destellos en su figura. Al fondo, una para nada modesta barra. El salón se completaba con dos puertas más, de las cuales Danib no sabía de qué clase de habitaciones se trataba, probablemente una sea el baño y la otra una bodega o algo por el estilo.

    Un guapo hombre les estaba esperando cómodamente desde uno de los sillones…

    Se trataba de Hernan, el dueño y el ex. Valentina fue junto a él y los dos se pusieron a charlar. El novio se ubicó en otro sofá más amplio que estaba en perpendicular a ellos. Caty se encontraba flirteando con el hombre de la entrada y las demás chicas hacían lo mismo con los otros varones del lugar, incluso el barman tenía compañía. Algunos estaban fumando canutos, por lo que el olor se había hecho presente en cuestión de segundos. Valentina compartía uno con el ex.

    —¿Tenés fafa? —preguntaba una de las chicas a un tipo de allí.

    —¿Coquiña? Si, ¿querés?

    —Nono, para después. —Le guiña el ojo.

    Danib estaba atento a lo que pasaba con su chica y aquel hombre, no parecía que sólo quisiera aprovecharse de él. Ella estaba con las piernas cruzadas, haciendo lucir su voluptuoso muslo.

    —¿Este chico es amigo tuyo? —Dice Hernan, aprovechando para acercarse más a ella.

    —Evidentemente, por eso está aquí, con nosotros —le responde, haciendo un fugaz guiño a Danib.

    El ex apoya una mano en la pierna de Valentina y le dice al «amigo»:

    —¡Qué suerte que tenés!, estar con un grupo de amigas tan buenas como estas. En más, ¿es el primer amigo que invitas, no? —pregunta a Valentina. Ella asiente.

    El barman se acerca con champagne, copas y les sirve. Estaban muy a gusto. Mientras bebía, Danib buscó con la mirada a Caty. Se encontraba en la barra pidiendo chocolate al barman, siempre acompañado por el mismo colega. Las demás chicas, con bocadillos y bebidas, iban de un lugar a otro. El ambiente cada vez se iba animando más.

    El dueño se levanta y avanza hacia una de las puertas. Momento después, Valentina se pone de pie.

    —¿A dónde vas, amor? —le pregunta Danib

    —Voy un ratito al baño.

    Se queda viendo el bambolear de esas caderas, con todo deleite. Una ofrenda espontánea interrumpió al novio:

    —Chavón, ¿querés un poco? —El tipo de la entrada se apareció con una botella. La entrada permanecía cerrada, la gente de afuera sólo podía imaginarse lo que adentro ocurría.

    —Pero claaro —le responde animado acercandole su copa.

    Se sienta junto a él y le espeta:

    —¿Sos gay, bisexual…?

    —Nono, hetero.

    —¡Uff! Tenés para elegir acá entonces.

    —Nono, la mayoría son amigas de… —Se detuvo.

    —Mejor todavía.

    Una de las chicas se acerca al tipo, le toma de la mano y se lo lleva sin más.

    Danib, sólo en el asiento, vuelve a observar el panorama con detenimiento. Ve a Caty y su acompañante muy abrazaditos, al igual que otras parejas. Habían de chicas también, muy cariñosas. Luego ve al tal Hernan atravesar el salón hasta llegar a unos interruptores. Tras accionarlos, las cálidas luces del lugar se fueron oscureciendo. Ahora el lugar se iluminaba sólo por las tenues luces de neón de la barra y por los juegos de luces, cada tanto se conseguía adivinar lo que pasaba alrededor gracias a ellas. El volumen de la música aumentó y la peña bailaba al son del ritmo pachanguero. Pudo ver en uno de los asientos unas piernas siendo acariciadas por una mano; también vio a Caty devorándose boca a boca con aquel hombre. A las demás no las podía ver porque se encontraban muy en lo oscuro. ¡La cosa se prendió! pensó Danib. El tiempo fue pasando y a los oídos de Danib fueron llegando jadeos, risas, grititos y, cuando se quiso dar cuenta, el salón se inundó con un mar de gemidos de placer; ya hasta llegó a percibir, desde el fondo del lugar, el sonido del «chapoteo» de pieles estrellándose repetidas veces.

    La lujuria subió por su cuerpo dejándole el corazón palpitante y unos excitantes escalofríos. Se había montado una auténtica orgía fiestera a su alrededor y Danib estaba algo nervioso, jamás había vivido algo así, ni siquiera parecido; y ahora, por seguir las locuras de su novia, estaba allí. A él le habían advertido sobre ella, que se anduviera con cuidado, que ella era una zorra, hasta le aconsejaron que debía de contratar un guardaespaldas para que aleje a los pavos. Pero no hacía mucho caso, en parte porque esos comentarios, en su mayoría, venían de tíos que querían ligar con Valentina pero ella los rechazó.

    Valentina se aparece de repente a un costado de su novio, éste se asusta. Acariciaba su pecho con una sonrisa pícara. Le divertía verlo nervioso por la situación.

    —Tranquilo cariño, relajate, no pasa nada. No te metas nada de wiwi, por las dudas, capaz te haga mal.

    —Ujum… —alcanza a decir, su miembro estaba hecho una piedra.

    Valentina se da cuenta del empalme que lleva y le desabrocha los pantalones.

    —Uff, cariño —gimió ella.

    Valentina se lo meneó por unos instantes, hasta que un gritito acaparó la atención de ambos. Observaron de donde provenía y vieron, a un palmo de distancia, a Caty de espaldas, aferrada cual koala con piernas y brazos al colega, quien la aguantaba de pie, ambos completamente desnudos. Podían ver cómo el miembro se introducía con lentitud en el interior, desapareciendo en medio de esas redondeadas nalgas. Danib se quedó viéndolos con asombro. El tío se dió cuenta que él lo observaba y, con una cordial sonrisa, se acercó, sin soltar a la dama, a decirle:

    —¿Querés sumarte? Hay un puesto extra. —Para sorpresa de Danib, el colega acariciaba con el dedo el contorno del ano de ella.

    Caty se gira. Al igual que su compañero, le sonríe cordialmente. Ante semejante proposición, Danib se gira para mirar a su novia pero Valentina había desaparecido. No sabía qué hacer.

    —Ejem, estem… Después —alcanzó a decir.

    —Okey, cuando quieras que acá tenemos para rato —le respondió el colega, miró a su acompañante, se besaron y retomaron su placer.

    El novio se levantó, con los pantalones bajos, a buscar a su chica con la estimulante atmósfera del lugar como telón. Se dirigió hacia la parte más oscura. En la penumbra, siguió el fuerte sonido de un chapoteo de pieles chocando con intensidad. Ya cerca, pudo distinguir dos siluetas al ritmo de un doggystyle de parado, la dama apoyaba las manos por el respaldo de una silla, mientras el de atrás le daba caña. Una luz de color, que se paseaba por allí, iluminó brevemente a la candente pareja. A Danib se le secó la garganta, un nudo se le formó tras la fugaz revelación. Paralizado ante ellos, pudo ver gracias a otra luz de colores que se paseaba por allí, el vestido de ella enrollado en su cintura, dejando esas turgentes nalgas en pompa a la vista, estallando a gusto contra la pelvis del hombre que bufaba de placer. Otra luz iluminó sus senos bamboleándose al compás del varón, junto con su cabello lacio. Danib jamás había visto, en primera fila, a su novia teniendo sexo con otro, ya la había pillado anteriormente pero no de esa manera, y ahora no podia asimilar todo eso que ocurria frente a sus ojos.

    —¡Ah, con que te gusta esa «amiga»! —Era el mismo chico que le había ofrecido una copa, le había hecho salir de su shock. El colega estaba desnudo.

    —Eh, no, ehjj… —Tragó saliva.

    —Tranquilo, no te pongas nervioso. —Apoya una mano en su hombro—. Estás temblando como una lechuga, ¿querés un poco de mari?

    —No… —Carraspea—. Estoy bien.

    —Bueno tranquilo, hoy de seguro se te va a dar, lo único que tenés que hacer es esperar a que Hernan le de un respiro y ahí te metés vos.

    —¿Un qué?, ¿un «respiro»?

    —Sisi, este chabón le da sin parar hasta que acaba, creo que la mina esa es su ex o algo, no sé bien. Sólo esperá que termine y el loco de seguro se va a separar de ella para limpiarse y ahí aprovechá. La mina queda rendida, no te va a decir que no, parece que el orgasmo le deja drogada o algo.

    Danib mira a Valentina, estaba gozando de manera descomunal, su cintura estaba arqueada, parecía una sirena saliendo de aguas peligrosas con los ojos clavados en el cielo.

    —¡Ahí está, preparate! —le dice el colega y le palmea la espalda dándole ánimos.

    Ximena, la mejor amiga de Valentina, se aparece frente a los dos hombres con sus grandes pechos al aire, interrumpiendo la escena.

    —Bueno, ¿vamos a coger o qué? —Le dice ella al chico que estaba con Danib.

    Éste se ríe y le responde:

    —¿Y Rolo?

    —Ya acabó —responde con un mohín.

    —¡Faa! Es que los derrotas muy rápido. —Mira a Danib y levanta las cejas sonriendo.

    —Es cierto —responde Danib y mira a Ximena pero esta lo ignora, casi como si él no existiera.

    Toma de la cintura a la chica y van hacia uno de los sofás. Ella se acomoda en el amplio brazo del sillón y se abre de piernas. No tardan en darse el lote, Danib los observó sólo unos instantes, su atención se volvió a centrar en su novia. Alcanzó a ver justo como el ex eyaculaba, bufando mientras arrojaba los últimos chorros en las nalgas de ella. Se dejaron caer lentamente en el suelo y allí se quedaron abrazados e intentando reponerse. Al cabo de un rato, Hernan le dice algo al oído, ella asiente y luego él se marcha. Valentina se acuesta exhausta en la alfombra. Danib se acerca arrodillado hacia ella, estaba toda sudada con los cabellos cubriendole la cara. Si no fuera por el aire acondicionado, el ambiente sería sofocante.

    —Bebé, ¿qué es esto, me metiste los cuernos en la cara? —le dice Danib, fingiendo un tono de enojo.

    Ella lo mira con sorpresa, se acomoda el cabello y le dice suspirando:

    —Cariño, no seas tonto, ¿no me digas que no fuiste a hacer el trío con Caty y el otro que nunca me acuerdo cómo se llama?

    —No. —se ríe—. Soy un hombre fiel, ¿por qué no me avisaste que íbamos a hacer una orgía, en vez de inventarme toda esa movida con tu ex?

    —Le quitas lo divertido a la vida, ahora anda, ve con aquella chavala y disfrutad, que si me ve el otro coño de madre contigo se pone celoso y nos echa.

    —Aish, pero yo quiero coger con vos —le dice haciéndose el niñato.

    —¡Cariñoo! —Le hace un mohín y luego le habla con tono cachondo —. Conmigo puedes hacerlo cualquier otro día, ve y aprovecha a la Caty que está bien bonita, ¿no?, se parece a la actriz que hace de Lagertha, ¿has visto?

    —Uff, sí que la vi.

    —Mmm, el culo también se le parece, ¿no picarón? —Le sonríe ella, recordando que ambos la habían visto hace unos cuantos minutos con aquel chaval, ambas cruzando una fugaz mirada cómplice. Y es que Valentina lo había planeado desde mucho antes: Caterina se ocuparia de su novio, así ella podría disfrutar del sexo con su ex sin reproches, lo tenía todo fríamente calculado.

    Danib le estaba por decir algo, pero Hernan llega en ese momento.

    —Ah no hermano, consiguete la tuya —le dice con buen rollo a Danib.

    El novio se aparta riendo, Hernan ayuda a Valentina a ponerse de pie.

    —¿Y si nos vamos al cuartito de allá atrás? —le dice a ella, tomándola de la cintura.

    Valentina le responde con cara de vicio:

    —Andas con ganas de más, ¿eh, guarrillo?

    Se marchan. Antes de perderse en la penumbra, ella se gira para mirar a su novio. Danib observaba sus ojos azules, demandantes, seguros e hipnotizadores. Luego notó como aquel chulo le acariciaba una nalga antes de perderse por completo en la oscuridad del fondo.

    Se quita la camisa y el resto de la ropa para volver a perderse en aquella estimulante atmósfera. Va en busca de Caty. La encuentra arrodillada, entre las piernas de aquel muchacho, propinándole un fellatio. Estaban en el mismo sofá donde antes se encontraba Danib viendolos. Se quedó, nuevamente, observandolos, excitandose con la melena rubia de ella enredada por la mano del chaval, su cabeza subiendo y bajando, su sensual espalda y aquellas empinadas pompas. Unos instantes después, Caty se levanta y se pone a horcajadas encima de su acompañante. Danib se quedó embobado con aquellas fuertes sentadas que le daba sin piedad, siguiendo fijamente a su cola botando.

    —¡Ah, ah, bebé… tenemos a un mirón —dice entre gemidos el hombre bajo Caty, quien se había percatado de que Danib se masturbaba intensamente cerca de ellos.

    La dama se gira y lo ve. Él detiene su masturbación iniciada de manera automatizada. Ella, jocosa, lo llama con el dedo. Danib se acerca a ellos.

    —Uff, ¿sigue en pie lo del agujerito? —dice con una mezcla de timidez y lujuria.

    —¡Uy si! —le responde Caty—, es la primera vez que me van a dar por los dos lados.

    —Si, también es la mía en un trío —Danib ya se encontraba acomodándose en aquella retaguardia.

    —Siempre hay una primera vez —aporta el colega.

    Danib trataba de proceder como si supiera lo que estaba haciendo. Caty escupió entre sus dedos y lo llevó a su ano. Se empinó un poco, sumando más excitación al novato, puesto que sus nalgas se veían aún más turgentes. Al novio de Valentina le retumbaba el corazón, su pene estaba muy erguido, no sabía cómo proceder. Ellos estaban quietos esperándolo; en parte Danib agradecía el educado gesto pero también sentía que ello le autoimponía prisa. Apoyó el glande completamente empapado de líquido preseminal en ese bienvenido ano. Por algún extraño motivo, giró en dirección a la penumbra, tratando de adivinar dónde se encontraría Valentina ahora. Introdujo un poco. Cerró los ojos y unas morbosas imágenes de su novia se le vinieron a la mente como flashes. Intentó concentrarse y metió un poco más. Sus sentidos se concentraron de una manera magnífica en un sonido distante. Se trataba de los rechinidos de una cama. Otra oleadas de flashes con Valentina aparecieron en su mente. Había metido más. Abrió los ojos, miró a la guapa Caterina con sus turgentes nalgas devorándole, ya no veía su glande. Completamente extasiado, sostuvo firme esa cintura y entró de lleno en ese mundo.

    FIN

  • Receta para nalgas tersas

    Receta para nalgas tersas

    Jueguitos sexuales, humor picante…

    Con mi sexy novia queríamos hacer un trío, ella primero quería disfrutar de un HMH, pero a mí eso no me importaba, lo que de verdad quería es cumplir el sueño de todo tío: estar con dos buenas mujeres todas para mí solito, ya tenía a una, me faltaba la otra.

    Ya decididos, fuimos a una discoteca a encontrarnos con un candidato, un tío que mi novia conocía y no tendría problemas en aceptar. Tras verlo en el local al colega, rubio de ojos verdes, nos prometió discreción y diversión para la dama. Estaba un poco emocionado, no por el trío en sí, sino por ver a mi sensual novia haciendo el zorrón con los dos, calentando pollas. Lucía coqueta y deseosa esa noche, nos hablaba con un tono meloso y se la notaba muy excitada.

    Fuimos a un lindo motel, ella se subió a la cama ya sin prendas inferiores y nos exhibe su espectacular cola, llamándonos con sus provocadores movimientos, frenéticos por momentos. Me estaba poniendo a tiro para ella pero el colega se me adelantó, se subió a la cama y comenzó a acariciar nalgas y chucha.

    —¡Mmm, bombona, qué hermosa cola que tenés! —le dice el colega.

    —Ay si, viste bebé —le responde empinando más las pompas.

    —Hay que mantener esto así, bombón. No hay que descuidarlo.

    El examinaba las nalgas de mi novia como si estuviera jugando a ser un profesional o algo.

    —¿Ah sí?

    —Ajam, si. Esta cola necesita de nutrientes que mantengan la piel tersa y reluciente… Necesita de mucha leche.

    —Pero mi novio me la da.

    —No es suficiente, necesita de mucha más y de distintos hombres.

    —Uy, ¿de verdad, doctor?

    —Sí bebota, por hoy te la voy a dar yo. Mañana me llamás y vengo con un colega a darte la dosis necesaria.

    —Bueno doctor, gracias.

    El colega flipado procede a penetrarla con su dura polla en el mojadito coño de ella.

    —Ay doctor, ¿qué hace? —”protesta” ella—, ¿no era que me tenía que dar leche?

    —Si, yo te la doy, pero tenés que prepararla vos. Así, mira… —Le introduce su pedazo venoso de carne.

    —Mmm… Bueno —gime.

    Se dan allí, de perrito, y un festival de gemidos estalla por ambas partes, acumulación de la tensión sexual que se fue acrecentando hasta la erupción. Eran como jadeos de alivio y satisfacción de, por fin, poder estar dándose caña. Se veía tan hermosa y vivaz con esa cara completamente sumida en el placer. El colega alucinaba con esas turgentes nalgas explotando en su pelvis, no se las perdía de vista ni por un segundo.

    El colega saca su polla y pega su hinchado glande en la nalga derecha. Al instante surgen borbotones de lefa que se deslizan por esas suaves curvas de piel, luego redirecciona hacia la nalga izquierda y le deja los últimos lefazos. Veía a mi novia jadeante, moviendo lentamente su trasero con las gotas de semen escurriéndose, esa hermosa cola de fina tez, con la marca del tanga post bronceado que hacía de mis delicias.

    Esa noche lo cambió todo, porque mi novia me dijo para dejar de ser pareja y continuar como follamigos, o plantear la posibilidad de abrir la relación. Estaba confundido, por qué quería terminar conmigo. Ella me explica que quiere seguir con el consejo del “doctor” y quiere aplicarse más leche de otros tipos, no sólo de la mía.

    Ya no era el hombre de su vida, no siempre estaba conmigo como antes, cuando le preguntaba que iba a hacer para poder estar juntos ella me respondía que ya tenía planes para la noche. Yo por morbo le pedía más detalles y me contestaba que había quedado con un chico y que “iba a ver” si le daba suficiente leche. Cuando por fin podía quedar conmigo, ella me sentaba en la cama y me exhibía su hermoso culo, pavoneándose de lo bien que lucía. Yo miraba esa cola revoloteando por mi cara y me excitaba inmensamente, pero era extraño porque era inevitable pensar en cuanta leche le habría caído antes de venir conmigo. Ya hasta medio me arrepiento de lo del trío…

    FIN

  • El viejo supervisor me rompe el culo

    El viejo supervisor me rompe el culo

    Hola, esta historia pasó durante el verano después de graduarme de la prepa.

    Me llamo Eduardo y soy mexicano, pero vivo en Texas. Tengo un buen cuerpo, pero si estoy algo chaparro, nomás mido 1.62 metros. Mi mejor atributo es mi culo que es herencia de mi madre. Casi todas las mujeres de familia de mi mamá son nalgonas. Estaba en el equipo de gimnasia de la escuela y pues lo que se trabaja mas son las piernas en el entrenamiento. Ya era naturalmente nalgón, pero por esto tenía un culo grande y paradito. Soy lampiño y el poco pelo que me crece en el cuerpo me lo rasuro.

    Estaba de vacaciones de verano y pues necesitaba encontrar un trabajo ya que iba a empezar la universidad. Trate de buscar, pero como no tenía mucha experiencia casi no había interés. Mi padre se le ocurrió que podría ir a trabajar para el en una compañía de construcción. Mi papá es gerente de construcción y yo iba a trabajar en el grupo de él.

    Al principio el trabajo se me hacía muy pesado, pero de rato me fui acostumbrando. También me sentía algo raro ya que estaba usando ropa vieja de mi papá. La ropa me quedaba algo grande. Ya unas semanas en el trabajo empecé hacer amigos. Unos de ellos se llama Jimmy.

    Jimmy era otro gerente de construcción, pero nomas estaba en nuestro grupo porque el inglés de mi papá no es tan bueno. Jimmy es un señor de unos 55 años y es gringo. Era alto y tenía una barriga cervecera. También era muy vulgar y pervertido. Siempre cuando pasaban mujeres por nuestro trabajo les gritaba que culo tenían u otro comentario vulgar.

    El viejo empezó a agarrar confianza conmigo y pasaba mas tiempo hablando conmigo. Una vez me enseño una foto en su celular de dos mujeres.

    – ¿Y esas quien son? Le pregunte.

    – Las conocí en un par el viernes pasado dijo Jimmy.

    – Son madre y hija y me las cogí continuo Jimmy.

    – Nombre, a ti ni se te a de parar le dije.

    – Si vieras como gozaron esas putas dijo Jimmy.

    – ¿Y por que no tienes video de eso? Le pregunte.

    – Se me olvido y tenia las manos ocupadas dijo Jimmy.

    Me reí y seguí trabajando.

    Un día se nos olvido agarra el almuerzo que nos había preparado mi mamá y ella tuvo que llevarlo. Mi papá le presento mi madre a Jimmy ya que era la primera vez que se conocían. Desde ese día Jimmy empezó hacer comentarios de mi mamá.

    Me decía que mi madre estaba muy buena y que se la quería coger.

    La otra semana Jimmy nos invito a su casa para una fiesta a unos trabajadores, a mi padre y yo. Casi todos habían dicho que sí.

    La semana casi paso volando. El vienes Jimmy se me acerco.

    – ¿Vas a venir a mi fiesta? Me pregunto Jimmy.

    – No sé le dije.

    – Tú papa si va a venir y va a llevar a tu madre dijo Jimmy.

    – Si, ya sé, pero no sé si vaya a ser mi estilo ya que todos son mayores que yo le dije.

    – Pues bueno me voy a tener que divertirme con tu madre dijo Jimmy.

    – Ni te va a hacer caso le dije.

    Jimmy se rio.

    – Esta vez si voy a tomar video para que veas como me cojo a tu madre dijo Jimmy.

    Yo mejor empecé a trabajar y a ignorarlo.

    Llego el sábado y decidí que era mejor que si fuera a la fiesta de Jimmy. Al ultimo mi madre no pudo ir pues mi hermana iba tener unas de sus amigas en casa y mi papá dijo que se quedara con ellas. Me puse unos jeans algo ajustados y una camiseta de Metallica.

    Llegamos a la fiesta y Jimmy nos saludó. Nos enseño donde estaba la cerveza y el licor. Mi papá agarro una cerveza y se fue a donde estaban los compañeros de trabajo.

    – ¿Quieres ver el resto de la casa? Me pregunto Jimmy.

    – Si le conteste.

    Jimmy me fue enseñando su casa, pero empecé a notar que me dejaba caminar enfrente de él. Pasamos por un espejo y pude per como el tenia la mirada clavada en mi culo. Me dio un poco de vergüenza, pero también me prendió. Me llevo a su recamara y me enseño un disfraz.

    – Ira esto se iba a poner tu mamá si viera venido me dijo el.

    – Si, que lastima le dije con una sonrisa burlona.

    Siguió enseñándome la casa. Me llevo para el patio donde había una piscina y un jacuzzi.

    – ¿Trajiste traje de baño? Me pregunto.

    – No, no sabía que tenías piscina le dije.

    – Pues si te animas tengo un traje de baño que puedes usar me dijo.

    – Con este calor si se antoja le dije.

    – Pero creo que mi papá no se va a querer quedar tanto tiempo le dije.

    Nos fuimos a donde estaban todos. Empezaron a tomar todos y yo empecé con un refresco. Después de una hora Jimmy convenció a mi papá a que me dejara tomar cerveza. Al principio no me gustaba mucho y hacia unos gestos cuando le daba un trago.

    Ya pasaron las horas y a Jimmy se le ocurrió la idea de que nos fuéramos a meter a la piscina. Mi padre no le gusto mucho la idea y mejor dijo que nos fuéramos.

    – Espera mejor deja al muchacho dijo Jimmy.

    – Pero no tiene traje de baño le dijo mi padre.

    – Yo tengo uno que él se puede poner le dijo Jimmy.

    Mi papá me volteo a ver.

    – Bueno se puede quedar dijo mi papá.

    – Al rato paso por ti me dijo mi padre.

    Casi todos se fueron menos 3 compañeros de trabajo. Jimmy me dijo donde podría encontrar el traje de baño y fui por él.

    Camine para la recamara de Jimmy. Encontré el ropero y abrí unos de los cajones. Ahí encontré el traje de baño. Lo agarre y note que no era un traje de baño que estaba acostumbrado. Este no era como los shorts de baño que usaba. Era tipo europeo mas como una trusa y era de látex. Empecé a buscar en los otros cajones, pero no encontraba otro traje de baño. No me gustaba mucho la idea de ponerme ese traje de baño, pero no me quedaba de otra.

    Me puse el traje de baño y lo sentía apretado especialmente de las nalgas. Me fui a ver a un espejo y pude ver como mis enormes nalgas se estaban tragando el traje de baño. Parecía mas como una tanga que traje de baño. Dudaba en salir así con este traje de baño tan revelador. Al fin me decidí ir a la piscina así. Me puse una toalla cubriendo el traje de baño.

    Ya casi llegando a la piscina pude ver que Jimmy y los demás estaban hablando en voz baja. Cuando me vieron se quedaron callados y miraba que Jimmy no me quitaba la mirada. Me empezó a dar pena, pero creo que con las cervezas que me había tomado me anime. Me dirigí a una silla a dejar mis cosas. La silla era de unas esas que son para tomar el sol. Me quite la toalla y me empine para poner mis cosas en ella. Al hacer esto escuche unos silbidos.

    – ¡Ay mamita! Tenías ese culo bien escondido grito Jimmy.

    Yo me sonroje al escuchar el comentario de Jimmy.

    – ¿Que? le pregunte tímidamente a Jimmy.

    – Que tienes un culo de mujer, siempre usas ropa que lo esconde dijo Jimmy.

    Me quede callado. Jimmy tenía razón. Si alguien me mirara de la cintura para abajo diría que era cuerpo de mujer. Yo me metí a la piscina para que no me siguiera viendo el culo.

    De rato Jimmy se me acerco a darme una cerveza.

    El tiempo paso y ya me había tomado como unas 4 cervezas. Los compañeros de trabajo ya se habían ido y nomas quedaba Jimmy y yo. Yo me sentía algo borracho y mejor estaba diciendo que era tiempo que me fuera.

    – Oye Jimmy creo que le voy a hablar a mi papá que venga por mi le dije.

    – Espera tengo un buen tequila que te va a gustar dijo Jimmy.

    – Ya es algo tarde Jimmy, es mejor que me vaya le dije.

    – Quédate otro rato, no dejes este viejo solo me dijo Jimmy.

    – Bueno nomas un ratito mas le dije.

    Jimmy se fue por la botella mientras yo me quede en la piscina. Yo estaba al borde de la piscina de espaldas mirando al vacío. Jimmy regreso y me trajo un trago de la tequila. Al acercarse unas de sus manos roso con mis nalgas. Sentí un escalofrío, pero no dije nada por que pudo ser un accidente.

    Seguimos tomando y a Jimmy se le ocurrió mejor jugar a los dardos. Nos fuimos a la sala de juego. Yo ya estaba borracho que ni se me ocurrió mejor cambiarme y me quede en el traje de baño. También me empezó a gustar la idea de que Jimmy se calentaba nomas mirándome.

    Llegamos a la sala de juego y empezamos la partida.

    – Tú vas primero me dijo Jimmy.

    – Pero no he jugado a este juego le dije.

    – Es fácil, nomas se trata de aventar los dardos dijo Jimmy.

    – Te dejo agarrar un ronda de practica dijo Jimmy.

    Avente los dardos uno por uno, pero todos se cayeron. Me empiné a recoger los dardos y pude alcanzar que Jimmy se estaba acomodando la verga. Le fui a entregar los dardos a Jimmy.

    – Date otra ronda de practica me dijo Jimmy.

    – Yo te ayudo continuo Jimmy.

    Me acomode para aventar cuando Jimmy se me acerco. Me agarro la mano con la que iba aventar y su otra mano la puso en mi espalda baja. Se me repego mucho que podía sentir su verga dura en mis nalgas. Lance los dardos y esta vez me fue mejor.

    – No sabes cuantos putitos me eh comido con esta lengua dijo Jimmy mientras me enseñaba su grande lengua.

    – Ni se te a de parar viejito le dije.

    Cuando volteé a verlo Jimmy se había bajado su shorts. Tenia verga gorda y larga. Yo me le quede mirando por un buen largo tiempo. Jimmy noto que no podía quitarle la mirada.

    – Si yo gano la partida tú me haces un baile sexy me dijo Jimmy.

    – Bueno va, pero si yo gano tú me consigues un aumento en el trabajo le dije.

    – Bueno acepto dijo Jimmy.

    Jugamos la partida y paso lo obvio, perdí. Jimmy puso música y se fue a sentarse. No se como le hice, pero tomé valor. Empecé algo retirado de Jimmy.

    – Mueve esas nalgas mami me dijo Jimmy.

    Moví mis caderas para hacer mover mis nalgas, así como tipo perreo. De ratito me puse en cuatro y gateé hacia él. Le abrí las piernas y me puse de pie muy sexy repegado a su cuerpo. Me volteé y me empiné enfrente de él. Moví las nalgas y Jimmy me empezó a tocar las nalgas.

    – Que culo tienes putita, esta mas mejor que el culo de tu madre me dijo Jimmy.

    Yo me hice el sordo y continue bailándole. Me senté en él y movía mi culo. De ratito me empezó a entrar un miedo porque Jimmy estaba bien duro.

    – Espera dijo Jimmy.

    Se bajo sus shorts y me hizo que me sentara en él. Ya mis nalgas nomas sentían la verga dura Jimmy. Me empecé a calentar al imaginar que Jimmy me iba a coger.

    – Hora si te voy a comer ese culo dijo Jimmy.

    Jimmy me cargo y me llego a una mesa. Me hizo que me pusiera en cuatro y me bajo el traje de baño. Jimmy empezó a besarme las nalgas y me daba una que otra mordida.

    – Cabron sabes cuantas mujeres matarían por tener un culo como el tuyo dijo Jimmy.

    Jimmy me separo las nalgas y me soltó un lengüetazo. Empecé a sentir una sensación que nunca había sentido. Empuje mi culo contra su cara para que me siguiera comiendo. No quería que parara. De rato solté unos gemidos que hizo que Jimmy continuara más rápido.

    – Esos gemidos son de vieja dijo Jimmy.

    – Tienes el culo muy sensible como de mujer dijo Jimmy.

    Estaba a punto de venirme cuando Jimmy paro.

    – ¿Quieres que continue? Me pregunto Jimmy.

    – Si le dije.

    – Bueno, pero primero hazme una mamada dijo Jimmy.

    – Pero no se como le dije.

    Jimmy me volvió a levantar y me puso en mis rodillas. Tenia su verga en mi cara. Me tenia hipnotizado. Jimmy me fue acercando su verga más. La agarre y acerque mi cara. Me la lleve a la boca. Al principio me supo algo salada, pero me gustaba. Continue con la mamada y ya cuando Jimmy miro que me estaba acostumbrando.

    – Relaja la garganta me dijo Jimmy.

    Luego me agarro la cabeza y empezó a cogerme por la boca. Sentía como que me iba ahogar. Casi sentía como si me iba a desmayar. Jimmy continuo.

    – Ya mero me vengo dijo Jimmy.

    – Quiero que te los tragues dijo Jimmy.

    Jimmy se empezó a correr en mi boca. Era un sabor que no había probado. Me tomo mucho en no escupirlos. Ya cuando me los comí empecé a toser y tratar de respirar.

    – Hora sigue tu recompensa dijo Jimmy.

    Me levanto del suelo y me volvió a poner en cuatro. Me bajo los hombros y mi culo quedo mas en el aire. Jimmy siguió a comerme el culo, pero esta vez me empezó a meter un dedo. Al principió ardía, pero luego empecé a sentir placer. Jimmy viendo que ya podía tomar su dedo me empezó a meter otro. Siguió con lo mismo y ya viendo que estaba dilatado.

    – Hora si putita, te voy a romper el culo dijo Jimmy.

    Yo estaba perdido en el placer que ni le conteste. Jimmy acerco su verga y nomas la sentía en mis nalgas. Jimmy empezó a tratar de metérmela, pero no podía.

    – Ese culo está bien apretadito dijo Jimmy.

    – Creo que voy a necesitar ayuda dijo Jimmy.

    Jimmy se fue a buscar algo dejándome con el culo al aire. Regreso con una vaselina y me empezó a ponérmelo en el culo. También se lo puso en la verga. Trato de nuevo y esta vez sí empezó a entrar. Me empezó a doler y trate de zafarme, pero Jimmy me agarro de los hombros.

    – Sácala Jimmy, duele mucho le dije.

    – Ya mamita, horita vas a sentir mejor me dijo Jimmy.

    – Aguanta, vas a ver que después me a vas a pedir que te coja todo el tiempo dijo Jimmy.

    Jimmy siguió clavándome la verga. De rato podía sentir sus huevos con mis nalgas. No lo podía creer, mi culo pudo comerse esa larga verga. Jimmy dejo su verga un tiempo adentro de mi por un ratito. Mirando que ya mí culo se estaba acostumbrando Jimmy empezó a sacar su verga. Luego me la fue clavando otra vez despacio. Era una sensación rara, cuando la tenía adentro sentía como si tuviera que ser del baño. Jimmy empezó a bombear un poco más rápido. Empecé a sentir placer y Jimmy lo noto.

    – Ya ves mamita te dije que te iba a gustar dijo Jimmy.

    Jimmy subió el pace. Ya el cuarto se llenó de los ruidos de como los huevos de Jimmy chocaban contra mis nalgas. Se me empezaron a salir unos gemidos.

    – Me encantan esos gemidos de putita que se te salen dijo Jimmy.

    – Cuando te mire ese culo sabia que estaba echo para mi verga dijo Jimmy.

    – Ese culo esta muy hambriento, se esta cogiendo solo dijo Jimmy.

    No me había dado cuenta, pero Jimmy había parado y yo era el que estaba moviendo el culo.

    – No que no se me paraba me pregunto Jimmy.

    Yo me quede callado. Jimmy saco su verga esperando a que le contestara. Sentía un vacío en mi culo. No me gustaba, lo quería lleno.

    – Perdón, si se te para le dije.

    – Pídeme que te coja me dijo Jimmy.

    – Papi dame verga, este culo esta echo para tu verga, lléname le dije a Jimmy.

    Jimmy me la clavo otra vez y empezó a bombearme. Fue aumentando el pace. Me empecé a perder otra vez en el placer. De rato me vine por la follada que me estaban dando y cuando sintió esto Jimmy no se pudo aguantar y me empezó a llenar el culo. Jimmy se colapso en mi espalda y así nos quedamos por unos momentos.

    De ratito mi papá me hablo y no se como pero mi celular estaba cercas. Tome la llamada mientras Jimmy todavía estaba adentro de mí.

    – Hola pa le conteste.

    – Ya te tardaste mijo me dijo mi papá.

    – Si pa, ya estoy listo le dije.

    – ¿Estas bien? Te escuchas muy agitado me dijo mi papá.

    – Si estoy bien, estábamos jugando a los dardos y pues la partida estaba muy reñida le dije.

    Me despide y al colgar Jimmy me cargo. Me llevo a su regadera y nos empezamos a bañar. Jimmy me empezó a enjabonar el culo. Se tomo mucho tiempo en él. Nos vestimos.

    – Te vienes la semana que viene para que modeles el disfraz que le había comprado a tú mamá me dijo Jimmy.

    – Lo que digas papi le dije.

    De rato paso mi papá por mí y me pregunto por qué caminaba curioso. Le dije que me resbale en la piscina y me lastime un poco, pero nada grave.

  • En proponer no se pierde nada

    En proponer no se pierde nada

    A mis 50 años y separado me encontré en la disyuntiva de que estaba en una etapa limite, crecí en una época donde hablar de sexo era tabú, situación diametralmente opuesta a la libertad que tiene la juventud de hoy.

    Una definición de un amigo me hizo ver la realidad.

    La suerte tuya, tienes buena presencia, trabajo estable y de nuevo soltero, disfrute la vida.

    Mi fantasía sexual fue siempre un trio hmh y esta se fue acentuando con mi ex ya que si bien, nunca se concretó, lo más cercano fue el integrar a nuestra intimidad un consolador de látex.

    Pasado unos meses de regreso del trabajo, me saludo una mujer rubia de bonita figura, su sonrisa hacia resaltar su carita de niña inocente. El encuentro fue al momento 3n qu3 ella subía al carro del metro (tren subterráneo) en una de las estaciones de Santiago centro.

    -¿Tan cambiada estoy que no me reconoces?

    La multitud que de la hora pick en un carro lleno de gente la hizo apoyarse sobre mi pecho. -Soy Joanna…

    Una novia de juventud que no veía hacía unos 30 años.

    -¿Qué tal, como estas? Disculpa, pero no te había visto entre tanta gente. Bendita multitud, sentí sus senos apoyarse en mi pecho y la reacción que sentí fue natural. Ella noto mi erección y se sonrió. Entre el movimiento del carro, los permisos de la gente que bajaba, ella no se apartaba cuando ese apoyo se transformó en un roce que ninguno de los dos evitaba.

    Intercambio de celular, llamadas de saludos iniciales que pasaron al recuerdo. Y finalmente concretamos juntarnos a charlar unos tragos en un pub de la zona del barrio bellavista.

    Resumiendo, las primeras citas, le comenté de mi soltería a la vez que ella me dijo que, si bien estaba casada, lo hacía por sus hijos pero que, vida marital e intimidad no tenía ya hacia un par de años. Hasta ahí todo normal con el resultado lógico que fue ir a un lugar más íntimo para estar solos.

    Toda mujer sobre los 40 que solo ha tenido sexo de forma mecánica donde el esposo la penetra hasta correrse, se siente objeto de uso, no valorada y su autoestima es una flor que se empieza a marchitar… me confió después de una tarde de sexo donde hubo una previa de seducción, propuestas que ella despertaba producto de su belleza y la llave que abrió esa cárcel donde estaba oculta una hembra que no conocía el orgasmo, la lujuria ni el placer sexual, fue una simple propuesta.

    -Sabes que has despertado el sentimiento que tuvimos cuando éramos jóvenes, soy un hombre maduro que no quiere dañarte ni hacer nada que te haga sentirte mal. Si mi lado oculto de macho dominante te molesta, solo dímelo.

    Como comenté al principio, la sociedad y uno cambia.

    Además de la atracción física hacia Joanna, volvió a renacer ese sentimiento con la intensidad de un ahora donde se vive la edad de la verdad.

    Me la jugué al todo o nada antes de la primera cita, le comenté que tenía una fantasía sexual que era un trio hmh y que, llegado el momento del final de mi camino, no quería arrepentirme por no haber hecho lo que estaba en mi hacer.

    Si bien era una fantasía, había un sentido valórico íntimo, que para esa mujer también fuese algo soñado.

    Me miró con su carita de niña inocente diciéndome…

    -Soy una mujer que nunca se ha sentido hembra. El respeto que me tienes sé que es parte de ese amor que revivió.

    Soy una mujer madura y se lo que sentimos. Quiero vivir, descubrir lo que es el placer sexual y sentirme una hembra deseada por primera vez

    Tome mi corbata y ate sus manos al soporte de la tv, con su pañuelo de seda le vende la vista, su piel blanca y cuerpo desnudo se estilizaba al estar parada sobre sus zapatos de tacones que dejaban su culito y vagina a nivel mío.

    En la carta de productos del motel compre un pene de látex, un látigo con unas correas delgadas y un lubricante.

    Sus pezones rosados estaban duros y al morderlos sus gemidos de dolor me excitaban, al sentir el dolor suave como una caricia intensa de las correas de los primeros latigazos en sus senos, doblo su espalda formando una S con su cabeza doblada entre sus brazos y levantado su culo.

    Con esa misma suavidad dirigí los golpes a sus muslos de forma que su vagina y vientre recibieran ese suave dolor.

    -¿Te duele amor?

    -Es un dolor que me calienta.

    -¿Puedo seguir?

    -Has lo que quieras, nunca me había sentido así, ….

    La gire de modo que su rostro quedo apoyado a la pared, besando su cuello y el lóbulo de uno de sus oídos le pregunte.

    -Quiero hacerte sentir y liberar a esa puta sumisa que esta dormida en ti, una hembra transforma el dolor en placer… los gemidos fueron más intensos al sentir en su espalda, nalgas y piernas las correas del látigo.

    Apoye mi pene entre sus nalgas, mis manos acariciaron sus pezones duros, al poner mi mano entre sus piernas, apoyo su culo contra mi pene y al rozar su clítoris sentí correr sus jugos vaginales por mis dedos.

    -Tómame, soy tuya, soy tu puta sumisa.

    ¿Qué me has hecho? Nunca había tenido un orgasmo… mis dedos sintieron como sus labios vaginales estaban separados y su vulva húmeda e hinchada dejaban su punto G expuesto a las caricias de mis dedos.

    -Quiero abusar de ti, le decía al oído mientras que con una mano en mi pene lo movía entre sus nalgas y con la otra acariciaba su clítoris que estaba durito, como un pene minúsculo pero sensible al roce.

    No quiero que la lujuria de verte gozar por primera como hembra, que mi descontrol te haga sentirte un objeto de placer. Quiero violarte y sabes cual es mi fantasía.

    Todo hombre respetar y valorar como persona a una mujer.

    Toda mujer se transforma en hembra cuando la mente descubre que eso que tiene para entregar a un solo hombre, es descubrir que todo su cuerpo y entrañas es una fuente placer sexual.

    -No te controles, quiero que me hagas sentir tu puta. Tómame, gózame, viólame, estoy caliente como nunca…

    Lubrique mi pene tomando de la mesita de arrimo una crema, al sentir que buscaba su culito se inclinó tensado las amarras, se quedó inmóvil cuando sintió que mi glande se apoyaba en su botón anal. Con ambas manos en sus caderas la sostuve impidiendo que se apartara al oír su gemido de dolor en su primera experiencia anal.

    Despacito que me duele, la sostuve con más fuerzas para impedir que se apartara, que sensación más intensa fue dejarla tomar la iniciativa, movía sus caderas para saborear mi sadismo de sus gemidos de dolor al percibir la dilatación de su culito y en la medida que se abría sus entrañas anales abrazan el grosor de mi pene, hasta que sus gemidos fueron de placer. Su culo dilatado descubrió el placer del orgasmo anal al entregarse al placer de sentir mi pene explorar y abrir las paredes de ese culo que entrego por deseo propio.

    Teniéndola penetrada le quite la venda.

    -Mírame, le dije en tono dominante.

    Voy a abusar de ti, voy a violarte. Quiero que experimentes lo que es mi fantasía sexual. Tú sabes cual es.

    Puedo, pero no quiero pagar por placer sexual.

    Mi pene duro lo mantenía enterrado entero en su culo y con un brazo cruzaba su cintura manteniéndola ensartada e inmóvil.

    Tome el pene de látex y lo puse frente a sus ojos abiertos, sabes que te violare, ¿verdad? Si me respondió.

    Al ponerlo en sus labios empezó a mamarlo, así lubrícalo con tu saliva.

    Lo retire de su boca y al sentirlo rozar sus labios vaginales abrió sus piernas, cerrando sus ojos un quejido de placer la hizo descontrolarse.

    Que rico, así más fuerte, me suplico al sentir como en cada clavada anal mi pene rozaba ese otro pene de látex que al contacto de cada penetración dilataban ese musculo que separaba sus entrañas anales y vaginales.

    -Dámelo gimió…. sus jugos vaginales bañaron la mano con la cual enterraba el consolador al sentir mi semen llenaba su culo.

    Conversamos de todo lo que disfrutamos, fue algo nuestro.

    Y ya estábamos preparados para hacer realidad nuestra fantasía sexual como pareja.

    Un trio hmh donde ella determinara al varón que le sea atractivo, que sepa seducirla.

    Quien sepa ver lo que ella busca, será ese amigo íntimo que buscamos para gozar los placeres de una doble penetración.

  • Me excita calentar a mi papi

    Me excita calentar a mi papi

    Mi nombre es Estefany, actualmente tengo 38 años, esto que les voy a contar es 100 % real y ocurrió cuando tenía 30 años, en ese momento vivía con mi familia (Mi papá, mi mamá, mi hermana y su hija).

    Me gustaría empezar describiéndome un poco, soy un poco llenita, pero muy guapa (eso es lo que me han dicho) soy chaparrita, mi papá dice que estoy llenita pero buena, tengo buenas caderas y senos grandes, el color de mis pezones son claros (café claro), a veces me depilo mi conchita y a veces no, en esa ocasión estaba depilada, el color de mis labios vaginales son un poco oscuros y mi interior es rosita, en cuanto a mi papá (No es muy alto pero si más alto que yo, su pene es grande y grueso de color café y no está circuncidado).

    En cuanto a mi personalidad me considero una chica de mente abierta, me gusta vestir con ropa casual, aunque si, de vez en cuando con algo sexy (principalmente leggins, blusas con escote y uno que otro vestido), a la moda, pero con ropa que realce mi cuerpo, tanto la exterior como la íntima, disfruto mi sexualidad de manera moderada, en ese momento me encontraba soltera (tenía ya tiempo de haber terminado una relación), por lo que mi vida sexual había disminuido para ese momento de mi vida.

    Esto que les voy a contar pasó sin darme cuenta y lo relataré como si nos encontráramos en ese momento.

    Mi vida transcurría de lo más normal hasta que un día en que estábamos en casa descubrí que mi papá se comportaba de manera rara, al principio no le prestaba mucha atención a la situación pero me empecé a dar cuenta que el me espiaba cuando me bañaba e intentaba ver mis piernas y hasta algunas veces llegaban a desaparecer mi ropa interior del cesto, a veces cuando usaba vestidos cortos los cuales uso normalmente en casa cuando hago cosas como lavar y limpiar, el no apartaba la vista de mí y cuando me sentaba él siempre tomaba alguna postura para poder observarme. También me di cuenta de que también me espiaba cuando me cambiaba de ropa, normalmente cuando estoy en casa usaba vestidos y cuando me llegaba a sentar debido a lo corto de los mismos quedaban al descubierto la mayor parte de mis muslos y seguramente se me veían las pantys, en esas ocasiones me sentía observada por él, con esa mirada tan morbosa que sentía como si me observara un pervertido desnudándome con la mirada, actitud que me molestaba demasiado, pero de momento no me animaba a reclamarle.

    Comencé a ser más observadora con algunas y una vez que estaba por lavar mi ropa interior me di cuenta de que algunas prendas estaban manchadas y sospeche que mi papa se masturbaba con mi ropa interior, esto empezó a generar en mí una excitación un sensación tan caliente que sentía como una corriente eléctrica recorría mi cuerpo y me sentía tan caliente, que despertó una curiosidad en mí.

    Quería saber si mi papa era quien en verdad se masturbaba con mis pantys sucias (algo que era muy obvio, ya que él era el único hombre en la casa, pero no sabía cómo aceptar la situación), así que un miércoles en que estábamos solos mi papá y yo, decidí poner en marcha un plan para saber si era mi padre quien tomaba mi ropa y se masturbaba, así que cuando me bañe, deje la puerta un poco entre abierta a sabiendas que sería observada por mi padre, al desvestirme deje mi ropa sobre el cesto de la ropa sucia de esta manera sabría de inmediato si mi papá era quien las tomaba o no.

    Transcurrió el día de manera normal y a la mañana siguiente, cuando me dispuse a revisar y constatar lo que ya sospechaba, tenía la adrenalina a mil ya que mi ropa estaban de manera distinta a como las había dejado, pude comprobar que si las había tomado, pero no solo eso, estaban manchadas y cuando las olí pude constatar ese delicios olor a semen, ese semen que prendía algo en mí, por lo que sin duda se había masturbado con ellas frotándolas en su miembro que ya saboreaba sin darme cuenta y que me empezaba a humedecer.

    La molestia que al principio tenía al sentirme observada de manera libidinosa y morbosa por mi padre desapareció, y comencé a sentir esa humedad que me indicaba lo excitada que me encontraba, sin embargo, tuve que continuar con mi día con esa deliciosa sensación de excitación.

    Por la noche al dormir me sentía extraña, pero decidí ignorarlo, a la mañana siguiente al despertarme recordaba cada detalle de lo que había soñado, fueron sueños húmedos en los que aparecía mi padre besándome cada parte del cuerpo desde suavemente hasta con esas mordidas deliciosas que hacían que me volviera loca y después de los besos el me cogía en todas las formas imaginables (formas en las que ni siquiera había experimentado), ese día amanecí con las pantys totalmente mojadas y el colchón mojado, me di cuenta que había despertado en mi ese deseo sexual que ahora ambos compartíamos.

    Al levantarme de la cama y dirigirme a la ducha al primero que me encontré (tal vez esperando a que me metiera a bañar para observarme fue a mi papá), enseguida volvieron a mi mente las imágenes del sueño que había tenido donde el disfrutaba de mi cuerpo, inconscientemente mi caminar delante de él se tornó más sensual, sin premeditarlo me estaba prácticamente exhibiendo, aun cuando llevaba puesto un pants, aunque deportivo y ajustado pero ya con mis pantys tipo bikini bien mojadas sentía como un escalofrió recorría mi ser, la temperatura empezaba a subir (me sentía caliente de la cabeza), vi a mis papa a los ojos y sentía como me desnudaba y eso me ponía más caliente.

    Me metí a bañar y pude constatar, por la sombra que se veía en movimiento por debajo de la puerta, que mi padre me estaba espiando como acostumbraba a hacerlo, animada por la excitación que en ese momento dominaba mi cuerpo me fui despojando lentamente de la ropa esta vez con movimientos sexys y cachondos, hasta quedar completamente desnuda y me di tiempo para quedarme así unos minutos teniendo plena conciencia de que mi papá me estaba observaba en “secreto”, lo que me excitaba aún más.

    Durante la ducha me estuve exhibiendo de forma descarada, tocaba mis senos suavemente y jugaba con mi clítoris soltando pequeños gemidos que él podía escuchar, al percatarme de esa mirada de mi padre que se encontraba perdido en sí mismo, para aumentar nuestra excitación me tarde el doble del tiempo que usualmente empleo en bañarme, no quedó nada que no le mostrara, mi vagina depilada, mi trasero, mis senos.

    A partir de ese día no dejaba de exhibirme dejándolo ver mis piernas y pantys en cada oportunidad que nos brindaba la vida en familia, me excitaba sobre manera saberme deseada por él, se empezó a ser cotidiano el que saliera de mi cuarto con solo una blusa y en pantys o con vestidos cortos fingiendo que era una situación casual y supuestamente que ignoraba su presencia, comencé a moverme de manera más sexy y sensual contorneando mi cuerpo en forma provocativa y sin tratar siquiera de disimular, lo que seguramente él disfrutaba, ya que enseguida se le notaba el abultamiento de ese delicioso pene bajo de su pantalón y sentía como me devoraba con su mirada lo que me ponía aún más cachonda de lo que de por si estaba.

    Pero la excitación que me producía exhibirme no era suficiente, mi cuerpo me pedía llegar a más, por lo que un día se me ocurrió hacer lo posible por atraparlo cuando él se estuviera masturbando con mis pantys, así que estuve esperando el momento exacto de cuando lo hiciera. Un día me encontraba lavando mi ropa y tenía puesto un vestido corto, por lo que cada vez que subía a tender mi ropa el salía o pasaba por el patio, dirigiéndose a su cuarto el cual tiene una ventana por la cual podía espiarlo, logré mi propósito al poder ver como mi padre se frotaba mis pantys contra su deliciosa verga jugosa y no solo eso también las olía y las llenaba de su deliciosa leche, la cual moría por probar.

    A partir de ese día comencé a dejar diariamente mi ropa sobre la cesta de la ropa sucia para incitarlo a tomarla, y comencé a masturbarme oliendo mis pantys llenas de su delicioso semen, mientras el ayudaba con ese propósito de mantenerme excitada ya que él lo hacía diariamente dejando muchas de mis pantys llenas de su leche (lo primero que el hacía era tomar mis pantys y extenderlas para mirarlas, después las llevaba a su nariz oliendo esa zona, la zona donde se marcaba la humedad donde yo gustosamente ponía mi vaginita, acto seguido él se las llevaba a su verga la cual siempre estaba en total erección mostrando su gran tamaño y grosor la cual deseaba llevar a mi boca, mientras que el tamaño de sus testículos es sorprendente los cuales imaginaba como me cogían rebotaban contra mi clítoris, mientras que deseaba sentir ese glande brilloso y carnoso en mi boquita.

    De inmediato me empecé a sentir excitada y caliente, empapando mis pantys en segundos, mi padre sostenía con una de sus grandes manos una de mis pantys que había usado justo un día antes, a la vez yo observaba como el aspiraba el aroma de mi sexo, lamiéndolas, mientras con la otra se masturbaba su delicioso pene, instintivamente yo comencé a masturbarme también frotando mi clítoris, enseguida mi papa envolvió mi panty y la puso alrededor de su hermosa verga frotándola con fuerza y un ritmo constante

    Aquella excitante escena se prolongó por varios minutos hasta que empezaron a brotar chorros de blanca leche en abundante cantidad que vertía sobre mis pantys y se limpiaba con ellas, para después salir y dejar mi ropa sucia manchada sobre el cesto, de inmediato me apresuré a esconderme con mis pantys totalmente empapadas, por lo que enseguida tuve la necesidad de masturbarme imaginando la ricura de polla que tiene mi papi.

    Esto continúo por varios días, él se masturbaba con mi ropa interior varias veces a la semana y cada día me excitaba más despertando en mí el deseo irrefrenable de poder besar, lamer y mamar ese delicioso miembro hasta que el eyaculara en mi boca sumado al anhelo de tener su verga dentro de mi vagina y sentir toda esa leche llenándola, sintiendo sus manos y su boca recorriendo todo mi cuerpo.

    Por lo que se volvió cotidiano que cuando me masturbaba cerraba los ojos y me imaginaba a mi papá fallándome, así mismo imagino que le chupo la verga lo que me hace tener orgasmos más placenteros. El hecho de que sea algo cotidiano no impidió que la situación sea menos cachonda, sino cada vez más agradable y aumentando el deseo, debido a esto cada día mis exhibiciones con mi papi se volvieron cada vez más descaradas y de su parte ya no intenta disimular el bulto de su excitación cuando me está viendo las piernas y las pantaletas.

    Estoy segura de que es cuestión de tiempo para que yo y mi papá consumemos el incesto.

    Los invito a seguir esta serie de relatos.

  • Dos días (1): Encuentro

    Dos días (1): Encuentro

    Estoy en la parte sombreada de la terraza del bar.

    A mis pies un cachorro adormilado, cinco meses cumplió ayer.

    La campana de la iglesia inicia el aviso de las 11 de la mañana.

    Aparca un coche de color azul a 20 metros, sale una mujer.

    Puntualidad inglesa. Me gusta.

    Aproximadamente 10 minutos antes ha pasado por delante el mismo vehículo.

    Hay dos bares mas, ella quería asegurarse del sitio.

    Me agrada. Yo hubiera hecho lo mismo.

    Se aproxima despacio, más despacio de lo normal, es como si reprimiera la cadencia de su paso habitual.

    Es un poco más baja de como se describió. 160 cm. calculo.

    Pelo castaño con un mechón rojo muy llamativo. Media melena. Gafas de sol.

    Viste falda larga, blusa y sandalias. Algún kilo de más, como todos.

    No saca bolso o mochila del coche. Las llaves en la mano. No parece llevar teléfono.

    Está a 20 metros, con el sol de cara no observo más.

    El cachorro levanta las orejas al percibir que alguien que se acerca.

    Me levanto. Ella me encara.

    – Soy Ana

    Por supuesto que es Ana.

    Llevamos hablando por chat y por teléfono casi un mes. Nos conocemos por fotos, hemos tenido conversaciones largas y profundas sobre temas muy variados, literatura, política, cocina, deportes, sobre la vida en general y sobre nuestros gustos en particular. Todo ha sido acordado y pactado.

    No contesto, simplemente aparto una silla.

    El mensaje es claro.

    – Acompáñame.

    Se sienta en el borde de la silla dejando las gafas y las llaves sobre la mesa, no cruza las piernas.

    Una aptitud correcta.

    Tengo a mi lado una mujer de 50 años, manos de trabajadora, uñas sin pintar pero cuidadas, ojos marrones muy vivos, arrugas en los ojos y boca.

    Ningún pendiente, collar o colgante que se vea, tatuaje de una rosa negra en el interior de la muñeca izquierda. Labios pintados con un color claro. Sin maquillaje.

    La falda larga y vaporosa color amarillo pálido, la llega a los tobillos.

    Blusa blanca de manga corta sin bolsos, botones nácar, se transparenta un poco.

    Emana sensualidad sin ser descarada.

    Omar, el propietario y camarero del bar sale y pregunta si desea tomar algo.

    Ella duda.

    Tensa espera.

    Pasan los segundos lentamente, lo resuelve mirándome a los ojos.

    Interpreto su mirada asintiendo con la cabeza, pide una pinta de cerveza.

    Encantador el timbre de su voz, el teléfono no le hace justicia.

    Omar regresa con la cerveza.

    Bebe. Un trago largo.

    Seguro que tiene sed. Ha tenido que madrugar para llegar a la hora. Se ha desplazado casi 200 km.

    El cachorro se despertó, seguramente por ese aroma a ropa recién planchada que desprende Ana.

    Un olor muy agradable.

    – Si lo tienes claro pronuncia la frase, en caso contrario no pasa nada, te invito a almorzar y listo.

    Esas son mis primeras palabras.

    Sorprendentemente no la noto dudar, pero si está nerviosa.

    Otro trago largo. El vaso queda vacío.

    – Hoy me entrego a ti, mi Señor. Me entrego libremente en las condiciones acordadas.

    Según pronuncia la frase veo que ha cumplido una de las normas pactadas. Debajo de la blusa se han marcado unos pezones erectos. Sin duda esta excitada por la situación.

    – Palabra de seguridad ¿?

    – Verde

    Al hablar casi cruza las piernas, se ha dado cuenta rápidamente y regresa a la anterior posición.

    Como yo es amante del protocolo, según me explico hace días, además está bien educada.

    – Acepto tu entrega Ana y tomo nota de las condiciones.

    Es mi contestación.

    Ella parece relajarse un poco.

    La indico como cruzar desde el bar al patio interior de la casa, apenas hay 10 metros.

    La entrego la correa del cachorro y la pido que me espere en la puerta de la casa.

    Al levantarse, me mira para después bajar la cabeza.

    Se va caminando con el cachorro. El contoneo de ambos es similar.

    Esa falda esconde un culo redondo y denso, un culo rotundo que anima a ser explorado.

    – Omar, otro café por favor.

    Creo que ya la hice esperar suficiente.

    Han pasado 20 minutos desde que se fueron.

    Me levanto, pago y cruzo el portal hasta el patio interior.

    Ana se encuentra de pie en el otro extremo, en la puerta de casa, con el cachorro sentado a su lado, no ha soltado la correa ni ha entrado. Tiene que estar sudando, el sol cae fuerte.

    Suelto al perro que inmediatamente busca su sombra habitual, ahora no son horas de perseguir gatos.

    Cogiendo delicadamente a Ana de la mano pasamos al interior, se nota el frescor.

    Se la escapa un suspiro fuerte. Se me antoja pensar que ahora huele a hembra, seguramente es el sudor.

    Sin soltarla subimos la escalera de piedra hasta la planta superior entrando en una de las habitaciones.

    Es rectangular, de tres por cuatro metros, con ventana a la parte posterior de la casa.

    Una cama pequeña, pegada a la pared, una mesita y una silla antigua pero muy resistente son los únicos muebles. Como lámpara una bombilla desnuda.

    Una jarapa blanca está colocada en el centro.

    Situando a Ana sobre la jarapa me siento en la silla.

    La observo.

    No levanta la barbilla, las manos en los costados con las palmas al interior, piernas ligeramente abiertas.

    Su anterior Amo la enseño bien.

    – Desnúdate.

    Lo digo despacio, sin alzar la voz, vocalizando.

    Es la primera instrucción que la doy y quiero que la entienda sin dudas, sin interpretaciones.

    Aproximándose a la cama se sienta y comienza a descalzarse.

    Al quitarse la segunda sandalia un tintineo me llama la atención. Lleva una esclava en el tobillo, me mira con ojos suplicantes.

    – No te la quites, me gusta.

    Una tímida sonrisa y una mirada brillante son su forma de agradecimiento.

    Se quita la falda mostrando una braga blanca de algodón, una braga de niña que tiene escrito “sábado”. Hoy es miércoles.

    La blusa después, mostrando unos pechos medianos algo caídos, las aureolas muy rosadas, los pezones están erguidos y son grandes.

    Termina quitándose las bragas y doblando toda la ropa sobre la cama.

    Una estrecha línea de pelo corto y rizado sale desde su sexo subiendo unos 5 cm. en busca de su ombligo… Parece la cresta de un indio apache, llamando la atención sobre un monte Venus muy blanco.

    Una pequeña barriga enmarca una fina y antigua cicatriz que hace de linde entre un liguero bronceado y la piel blanca de un biquini tradicional.

    Colocándose sobre la jarapa se limita a esperar.

    Solamente con su postura está diciéndome “soy así y me gusta como soy”.

    Noto un pequeño temblor en sus rodillas.

    Me atrae esta mujer.

    Me levanto cogiendo una vara de avellano que estaba dormida en la pared y me aproximo a ella.

    Se muerde ligeramente el labio inferior. No dice nada.

    Baja más la mirada y continúa su espera.

    Un toque suave con la vara en una mano y las coloca correctamente.

    Un toque suave entre los muslos y abre un poco más las piernas.

    Voy girando despacio a su alrededor, quiero que se sienta observada, que cada centímetro de su piel note mis ojos, con la mano libre la acaricio, ahora la nuca, ahora la espalda.

    Me entretengo en sus pechos, recortando levemente toda su curvatura, aquí el blanco esta difuminado.

    Me entretengo presionando con dos dedos sus largos pezones.

    Estos me desafían endureciéndose aún más.

    Acaricio la línea apache sin llegar a tocar su sexo.

    Ella emite un breve jadeo.

    Un cachete sonoro en la nalga la hace volver a la realidad. Mis dedos han quedado marcados en su culo.

    Ciertamente tiene un culo poderoso. Culo de horas de sentadillas y gimnasio. Culo para hacer grandes pecados.

    – Gracias mi Señor

    Es su respuesta.

    La habitación empieza a oler a sudor, a sexo.

    Tengo que centrarme, estoy excitado y no tengo que perder mi objetivo.

    Mi objetivo es ella. Ella y su placer. Ella y su entrega. Ella y su satisfacción a través de mí.

    Realmente me gusta su aptitud como sumisa.

    – Ve a ducharte, la primera puerta a la derecha según bajas las escaleras, he dejado dos toallas limpias y eres libre de usar el gel o la pastilla de jabón que quieras.

    Noto sorpresa pero no dice nada.

    Sale desnuda y descalza de la habitación hacia el baño, un leve tintineo la acompaña al bajar la escalera.

    Aprovecho para cambiarme de ropa, un pantalón corto de chándal y una camiseta sin mangas serán suficientes.

    Bajo y entro en el baño.

    Escucho el agua caer detrás de la cortina, la abro.

    La encuentro de cara a mí, sorprendida de nuevo.

    – A cuatro patas puta.

    Asume la posición cerrando antes el agua.

    Su mirada al frente.

    Orinando sobre su espalda, recorro desde los omoplatos hasta la raja de su culo, una meada larga y caudalosa.

    Veo resbalar el líquido por su espalda hasta sus pechos, sus muslos se tensan.

    Como un rio, se desliza entre por su culo, humedeciendo su ano y chorreando desde su sexo. Parece que esta orinando ella.

    Ha abierto un poco más las piernas al sentir el calor.

    Entreabre la boca, como cogiendo mas aire.

    – Gracias mi Señor.

    Dice entrecortada.

    Esta vez su voz ha sonado a total entrega, sin un ápice de orgullo.

    Al finalizar no se da la vuelta.

    Continúa esperando en la misma posición.

    Está esperando que la tome, que la penetre en este momento, que la folle la boca o cualquier orificio,

    No creo equivocarme, su excitación es llamativa.

    Los labios de su coño están entreabiertos, su ano parece palpitar, su respiración es profunda.

    – Termina de ducharte y regresa a la habitación. Ahora si podemos empezar la sesión.

  • El mecánico me lubricó el culo

    El mecánico me lubricó el culo

    Hace aproximadamente tres semanas comencé a trabajar en las oficinas de una empresa de publicidad, en una zona residencial donde no entran los microbuses, por lo que al salir de trabajar debo caminar algunas cuadras hasta llegar a la parada del microbús en una avenida principal. Después de dos semanas de caminar por el mismo rumbo decidí romper la rutina y tomar otras calles, donde hay algunas casas separadas por terrenos baldíos con yerbas, una tienda en la esquina y más adelante un taller mecánico.

    Cuando pasé por el taller vi a un hombre de tez blanca y fornido de unos 45 años, que vestía pantalón de mezclilla, una playera negra y tenis. Estaba recargado en la barda a la entrada del taller fumándose un cigarro y con una lata de cerveza en la mano. Cuando pasé por ahí yo vestía una blusa negra descubierta de los hombros, con un escote amplio que permitía ver entre mis senos, unos jeans blancos muy ajustados que me levantaban tanto el culo, que me apretaba la vagina dejando un huequito en la entrepierna, llevaba unos tacones negros altos de correas.

    Continué caminando aproximadamente unos tres metros, dejando atrás el taller mecánico, cuando de pronto escuché que me hablaron vulgarmente.

    —¡Ay zorrita! Qué que culo tan rico tienes. —Me dijo el mecánico, con un tono muy morboso.

    Me sentí ofendida y puse gesto de desagrado así que no volteé, pero a los cuantos segundos comencé a sentirme cachonda y me reí por dentro. Pues yo estaba en mis días fértiles y tenía tiempo sin coger.

    Esa noche dormí recordando lo cachonda que me sentí cuando el mecánico me dijo esos piropos vulgares. Al amanecer desperté con las hormonas muy agitadas, tenía mi vagina muy lubricada y un deseo irrefrenable de tener sexo. Busqué entre los cajones de mi cuarto hasta que encontré mi enema para limpieza anal y un lubricante íntimo. Me hice los lavados anales hasta quedar completamente limpia, me bañé frotando muy sensualmente todo mi cuerpo, recordando lo que el mecánico me había dicho. Me puse muy cachonda sintiendo el agua caliente cayendo sobre mi piel, me depilé completamente, ya que siempre me gusta tener mi piel muy suave. Acaricié mis senos y estimulé mis pezones durante algunos minutos, hasta dejarlos muy sensibles. Bajé una mano para continuar tocando mi clítoris y me masturbé pensando en ese hombre. El mecánico había despertado en mi un fuerte morbo, quería sentirme cogida por él, ya que tenía meses sin tener sexo, debido a que me divorcié de mi exesposo porque era alcohólico y además infiel.

    Sali de bañarme, totalmente excitada, deseosa de que ese mecánico me cogiera, quería vengarme de la infidelidad de mi exesposo, así que me puse una tanguita y brasier negros muy eróticos, me maquillé ligeramente y puse labial rojo, me puse mis arracadas grandes de plata y me planche el cabello. Para vestirme elegí unos jeans que me quedaban demasiado ajustados y tenían un diseño atrevido con algunas rasgaduras al frente para mostrar la piel de las piernas, también elegí una blusa blanca con tirantes muy escotada, pues quería que contrastara con mi brasier negro. Acostumbro usar bolsos grandes así que tome esa ropa y la guarde en él para ponérmela cuando saliera de trabajar. Entre tanto me iría vestida a mi trabajo con ropa casual y discreta y unos tacones negros altos de correas.

    Llegué a mi trabajo y el día se me hizo eterno ya quería salir para ir a provocar a ese hombre, me la pasé imaginando como sucedería, hasta que por fin fue la hora de salida aproximadamente las 6 de la tarde, entonces me esperé unos minutos más hasta que ya la mayoría se había retirado, pasé al baño que estaba cerca de la puerta de salida para cambiarme de ropa, me puse los jeans que traía en mi bolso, que me quedaron muy ajustados, me encanta ponérmelos porque levantan mis nalgas y aprietan mi zona íntima dejando formar un huequito en mi entrepierna que me va apretando a cada paso que doy, y con las rasgaduras que tiene al frente se ve mí piel suave y siempre arrebata miradas lascivas de los hombres. También me puse la blusa blanca escotada y mi perfume favorito, que era muy costoso y me lo había regalado mi exesposo hace un año, el cual obviamente ya había usado para hacer el amor con él, por lo que traerlo puesto era parte de mi venganza.

    Fui caminando desde mi trabajo unas 4 cuadras sintiéndome muy nerviosa y cachonda por lo entallada que iba, era como si la mezclilla de mis jeans fuera mi piel, mi vagina estaba muy apretada y se marcaba en la tela. Mientras más me aproximaba a ese lugar más excitada me sentía ¡me ofrecería a ese hombre! Antes de llegar miré a los lados para que no me viera nadie, bajé el escote de mi blusa y metí la mano en mi brasier para sacar la mitad de mis pezones a la vista, estaban muy duritos y excitados me ruboricé y sentí como mi vagina comenzó a lubricar, caminé media cuadra más hasta llegar al taller mecánico.

    El hombre estaba parado a la entrada del taller, yo caminé con la mirada abajo no podía verlo de frente me dio mucha pena pues él me vería los senos con mis pezones casi saliéndose del brasier, así que caminé muy femeninamente y muy lento mientras simulaba que buscaba algo en mi bolso, cuando ya estaba pasando frente a él, pude escuchar que le saque un suspiro.

    —¡Ay chiquita que bonitas tetas tienes que ganas de tocártelas! —Me puse tan nerviosa que preferí seguir caminando sin voltear.

    —¡Ay zorrita que culo tan rico tienes! —Me dijo al ver mi culo levantadito y ajustado.

    Cuando escuché eso ultimo me sonrojé mucho y con el abdomen estremecido volteé toda nerviosa.

    —¿Es enserio? Ayer también escuché que me dijo cosas al pasar. —El hombre se quedó callado, pensó que estaba reclamándole.

    —No se preocupe ¡Está bien! Lo tomaré como un cumplido, pero por qué mejor no me invita algo de tomar adentro en su taller. —Le dije sonriendo y coqueteándole con mi cabello.

    —Ah, pues con mucho gusto mi reina. Si gustas pasar —Me contestó mientras miraba mis pezones duros casi saliéndose de mi brasier—. Tú dime ¿Qué te gustaría tomar preciosa?

    —Qué le parece un six y nos lo tomamos entre los dos. —Le sugerí con mi voz cachonda.

    —Ah, como que si se antoja verdad.

    —Sí, se me antoja mucho, es que me siento muy caliente, bueno más bien muy acalorada ¡Jajaja! —Me le insinué descaradamente, yo ya estaba muy cachonda, sabia a lo que iba.

    —Sí, verdad. Con este clima se siente mucho calor, yo ando igual preciosa. Déjame voy rápido a la tienda.

    El mecánico salió y fue a la tienda para comprar las cervezas, tardó unos 5 minutos en regresar, en ese tiempo estuve contemplando el taller. La fachada del taller era muy sucia y con grafitis, no la habían pintado en muchos años, tenía un portón oxidado muy grande, había dos vehículos dentro que el mecánico estaba reparando, el suelo era de tierra, tenía una tina donde había un poco de gasolina y una brocha, tal parecía que estaba lavando piezas de los coches. También vi algunas cubetas de grasa, botes de aceite para coche, cuatro llantas grandes como de camioneta amontonadas en una esquina y una mesa de fierro como de herrería en el centro del taller donde tenía unas piezas de vehículos y herramientas. Había un baño sucio al fondo, que les puedo decir soy una mujer muy observadora…

    El mecánico trajo las cervezas, destapó una para cada quien.

    —A ver hermosa aquí tienes tu cerveza. —Me la entregó en la mano de forma caballerosa.

    —¡Que lindo gracias! —Le di un par de tragos a la cerveza, me urgía alcoholizarme, para desinhibirme.

    A mí la cerveza se me sube muy rápido, permanecimos de pie y nos recargamos en la mesa de metal como si fuera nuestra barra ya que todo estaba muy sucio de grasa y no tenía sillas.

    —Me llamo Alexandra, pero me puedes decir Alexa ¿Nos podemos tutear verdad? Digo, para sentirnos más en confianza.

    —Sí, tu háblame con toda confianza. Tienes un nombre muy bonito, yo me llamo José.

    —Ay que bien, yo tuve un novio que se llamaba así.

    —Lástima que no fui yo. —Me dijo muy sugerente.

    Platicamos algunos minutos sobre sus trabajos en el taller y mi rutina de trabajo en la oficina que era la razón por la que yo pasaba por esa calle. Después le di un trago más a mi cerveza hasta terminármela le pedí que por favor me diera otra, él se volteó para agarrar la cerveza y destapármela, en lo que el hacia eso, yo bajé los tirantes de mi blusa para descubrirme un poco más y quedara a la vista mi brasier.

    El mecánico al voltear y entregarme la cerveza, pudo ver mis senos con los pezones casi saliéndose del brasier, yo estaba que se me contraía el abdomen de los nervios y mi vagina comenzó a lubricar más, esta vez sentí que mojé la mezclilla me mis jeans. Yo quería seguir calentando a ese señor.

    —¿Eres casado?

    —Sí, ya tengo muchos años de casado y tengo tres hijos ya grandes ¿Y tú eres casada?

    —No, yo me acabo de divorciar, hace unos meses. Porque mi exesposo era alcohólico y además me fue infiel. Por suerte no tuve hijos con él.

    —Que pendejo fue. Como pudo serte infiel si estás bien hermosa. Otros quisiéramos una oportunidad y él desaprovechándote.

    —¡Ay que lindo! ¡Gracias!

    En ese momento yo ya estaba sintiendo el efecto del alcohol y me sentía muy excitada y desinhibida.

    —Sí, de hecho, hace ya casi 4 meses que no tengo sexo con ningún hombre. —Le dije cachondamente, mientras acomodaba mi cabello de manera coqueta hacia atrás y levantando mis senos como montañas a su vista.

    El mecánico se puso nervioso y tragó saliva, ya se moría de ganas por cogerme.

    —¿De que edad me veo?

    —Como de unos 18. —Me dijo vacilándome para no desacertar.

    —No, ya en serio.

    —Como de unos 26 —Yo me reí muy coqueta.

    —Tengo 27 —Le dije sonriendo.

    —Pues estas muy joven y hermosa. —Me halagó mirándome muy lujuriosamente.

    —¡Ay! ¡Muchas gracias! —Le contesté sonrojada.

    Como estoy muy chaparrita, delgada y mi carita es afilada aparento menos edad de la que realmente tengo, eso me hizo sentir halagada. Me terminé rápido la cerveza pues quería que se me subiera el alcohol, yo sé que la cerveza me pone cachonda, y le pedí que me destapara la tercera, me la dio amablemente y le di un buen trago.

    Me sentí alcoholizada y desinhibida, la cara se me puso roja y adormecida por la cerveza.

    —Quiero mostrarte algo, pero necesito que cierres el portón del taller. —Aunque me excitaba la idea de que alguien me viera, no quería correr el riesgo de que nos viera alguien de mi trabajo.

    Cerró el portón y regreso junto a mí.

    —A ver hermosa y que es eso que me quieres mostrar. —El me miró con mucha lujuria pues sabía que yo estaba tramando algo con él a solas.

    Entonces nuevamente le di un trago a la cerveza y me quité la blusa muy lentamente sintiéndome muy excitada y nerviosa, me temblaba el cuerpo. El hombre puso una cara de lujuria, como una bestia viendo mis tetas, solo en brasier con los pezones de fuera.

    —¿Te gusta lo que ves? —Yo sentía mis pezones muy excitados y una tremenda lujuria de estar exhibiéndome ante un desconocido.

    —Sí mamacita, estás bien hermosa, que ganas de comerte las tetas.

    Le di otro trago a mi bebida hasta terminármela, sentí como me estaba mareando por tomar tan rápido, me sentía caliente de la cara por el alcohol y muy excitada.

    —¿Te gusta como huele mi perfume? Ven acércate más para que lo puedas oler mejor. —Le dije señalándole mi cuello con mi dedo índice.

    —Hueles muy bien, me dan ganas de cogerte. —Me dijo acercándose a mi oído. Pude sentir su respiración en mi cuello.

    Cuando me dijo eso sentí que mi vagina quería que ese hombre me penetrara, pero quise ir más despacio.

    —¿Te gustaría ver más? —Yo sentía mariposas en el estómago, estaba muy nerviosa y los pezones se me endurecían más, un escalofrió recorría mi cuerpo.

    —Sí mamacita déjame verte bien las tetas.

    Me quité el brasier muy lentamente, dejando mis senos expuestos ante ese hombre rudo y sucio de grasa, me sentí muy excitada, mis manos me temblaban de los nervios y mi respiración se agitaba. En ese momento él se lanzó como una bestia sobre mis senos y comenzó a lamerlos, me succionaba los pezones y me daba mordidas que me dolían un poco, se estaba comiendo mis pezones duros y sensibles, se colocó detrás de mí y agarro mis senos con sus manos sucias, manchándolos de grasa y aceite, me pellizcó los pezones muy duro hasta que solté un quejido, me sentí tremendamente excitada, en ese taller que olía a grasa, aceite, gasolina y neumáticos. Estaba sola entregándole mi cuerpo a ese desconocido, mientras yo pensaba que me estaba vengando de mi exesposo, eso me puso muy húmeda, más estando en días fértiles.

    En ese momento me sentí tan vulnerable, con ese hombre devorándose mis senos, encerrados en ese taller, tan solo a unos 6 o 7 metros había gente caminando por la banqueta, escuchaba como pasaban afuera los vehículos, y lo único que impedía que nos vieran era ese portón oxidado. Mi vagina me pedía ser penetrada, la sentía muy lubricada, caliente y sensible.

    Me arrodillé ante ese hombre desnuda de la cintura a la cabeza y le desabroche la hebilla el cinturón, tomé sus pantalones junto con sus bóxer y los comencé a bajar lentamente, pude ver su cara de morbosidad, le urgía que su verga saliera frente a mí pero yo estaba calentándolo más, quería esa verga reventando de gorda, bajé sus pantalones sucios de grasa comencé a ver su vello púbico, continue bajando hasta que se descubrió su larga y gruesa verga, apuntando ligeramente hacia arriba, con la punta completamente descubierta, se me hizo agua la boca….

    Al ver esa verga tan deliciosa, la tomé con mis manos con mucha sutileza, acariciándole los testículos con mis uñas para excitarlo aún más, comencé a pasar mi lengua desde la base de su verga hasta la punta, mientras lo miraba a los ojos con mi cara cachonda. Abrí mi boca y comencé a mamar esa gruesa verga con mis labios rojos, se me hacía agua la boca, estaba salivando como una perra en celo, ahora era yo la que se estaba devorando su verga a lengüetadas, entraba y salía de mi boca rápida y profundamente. De pronto sentí como me tomó del cabello y empujó mi cabeza contra su verga para metérmela hasta la garganta, me la tragué toda, mis labios quedaron pegados hasta la base de su verga, me estaba atragantando y se me dificultaba respirar, pero él me tenía bien pegada a su verga, sentí como se me salían lagrimas por el atragantamiento y me encantó ver a ese hombre disfrutando tanto, la mamada que le estaba dando. Después de unos segundos me soltó y pude recuperar el aliento.

    Después de mamársela me levanté.

    —Ya estoy lista para que me penetres, me siento muy cachonda.

    —Yo ya tengo la verga bien dura zorrita, la mamas muy bien.

    —Sí la tienes enorme, esta muy rica tu verga, ya la quiero adentro. —Le dije a tono de ruego.

    —Te la voy a meter natural hermosa porque no tengo condón.

    —Esta bien así, me gusta más. Además, tengo un dispositivo intrauterino que mi ginecólogo de cabecera me coloco hace medio año.

    —Que bien mamacita así te voy a disfrutar mucho mejor.

    Me retiré momentáneamente los tacones, y me quité los jeans despacio frente a ese hombre que se moría de ganas por cogerme, yo estaba muy excitada, sabía que ese hombre me iba a meter la verga brutalmente pues lo había estado calentando muchísimo, terminé de retirarme los jeans y de nuevo me puse mis tacones negros. Caminé hacia el para que viera mi cuerpo desnudo, el hombre me tomó de la cintura y lamió mis tetas de nuevo, mis pezones estaban durísimos como montañas, siguió lamiéndome hasta el cuello, sentí como se me erizaba la piel cada que pasaba su lengua cerca de mi oído.

    Huele muy rico tu perfume, eres una zorrita muy fina. Eso me causó más excitación, era como si mi exesposo estuviera ahí viéndonos y yo entregándome a un desconocido frente a él.

    El mecánico me soltó por un momento y retiró las cosas que tenía sobre la mesa metálica, se acercó a mí de frente y me tomó de las nalgas, las abrió y me cargó, yo lo abracé mientras el caminaba para llevarme a la mesa, me sentó ahí sobre las manchas de grasa y aceite de coche mis nalgas y mi vagina se mancharon y eso me hizo sentir muy cachonda. Me recosté boca arriba y el me jaló de las piernas para llevar mi culo hasta la orilla de la mesa, y de un tirón me quitó mi tanguita que era lo único que me hacía sentir protegida en ese momento, me sentí completamente desnuda, vulnerable, y tremendamente excitada, ese hombre estaba tomando el control después de haberlo estado provocando y calentando tanto.

    Permanecí recostada sobre la mesa boca arriba y con mi culo hasta la orilla, el mecánico abrió mis piernas y se lanzó sobre mi vagina introduciendo su lengua, muy adentro, sentía como la movía dentro de mis paredes vaginales era delicioso sentir su lengua devorándome por dentro, me lamía los labios internos y externos como un experto, de pronto una sensación estremecedora me hizo comenzar a gemir, el mecánico estaba pasando su lengua deliciosamente por mi clítoris, yo por mi cuenta me acariciaba los senos y frotaba mis pezones, comencé a llorar, fue un sentimiento muy lindo, me sentí querida por ese hombre. Recordaba cuando hacia el amor con mi exesposo y ahora estaba vengándome de su maltrato, fueron sentimientos encontrados que me arrebataban gemidos y me estremecían el abdomen.

    El mecánico se detuvo y supe que estaba por venir lo mejor, esa verga estaría dentro de mí. Yo seguía recostada sobre la mesa boca arriba, el mecánico estaba de pie a la orilla y levantó mis piernas y las puso sobre sus hombros, les confieso que sentí mucho temor pues tenía una verga muy gruesa y larga, más que la de mi exesposo. Y esa posición con las piernas al hombro permite una penetración muy profunda, sentí como acercó la punta de su verga y la coloco justo a la entrada de mi vagina lubricada. Y con sus manos sucias de grasa, me tomó de las piernas, eso me confirmó que me iba a jalar hacia el para ensartarme de un empujón. El mecánico me miró a los ojos de manera morbosa y con un deseo de cogerme violentamente, yo sabía que era el resultado de mi seducción, estuve provocándolo mucho, así que simplemente le respondí viéndole a los ojos.

    —¡Cójame!

    Apenas pronuncié esa palabra el mecánico me jaló fuertemente hacia él, al mismo tiempo que de un fuerte empujón me penetró hasta el fondo, sentí como su verga gruesa y larga, se abrió paso entre mis paredes vaginales, hasta que topó en el fondo de mi vientre, fue una ensartada tan deliciosa y violenta, que me arrebató un fuerte gemido.

    —¡Aaah!

    Estoy segura que se escuchó hasta la calle. Yo lo miré con mis ojos llorosos, tremendamente excitada, y el sacó su verga por completo, para volver a penetrarme fuertemente hasta el fondo en repetidas ocasiones.

    —¡Aaaahhh!

    Yo solo podía escuchar el rechinido de las patas de la mesa que se movía cada que me penetraba, lo hacía con mucha fuerza, se escuchaba el impacto de su cuerpo contra mis nalgas, era una penetración frenética, se sentía tan delicioso cada que entraba y salía de mi interior, comencé a sentir un calor en mi vientre que me causaba un sentimiento de debilidad, de indefensión ante esa bestia que estaba matándome en cada embestida. Era como un animal, sentía que su verga iba a mover el dispositivo intrauterino que llevaba dentro. El hombre jadeaba de deseo, me sentí tan plena de ver a ese hombre desahogando sus ganas conmigo, estaba satisfaciéndose totalmente sin importarle si me lastimaba, él solo quería cogerme, yo comencé a acariciar mi cuerpo, sentía mi piel muy sensible, recorrí mi abdomen suavemente hasta llegar a mis senos y los acaricié, queriéndome a mí misma mientras ese hombre me cogía, sentí mis pezones sensibilizarse aún más, se pusieron duros, mis senos eran unas montañas a la vista de aquel hombre.

    —¡Aaahhh! ¡Que ricooo! ¡Más rápido! ¡Aaahhh! ¡Cógeme más fuerte! ¡Cógeme!

    Él aceleró el ritmo y me empujaba con más fuerza, yo comencé a gemir sin parar pues estaba sintiendo que me iba a venir, el abdomen se me contrajo y mis piernas comenzaron a temblar sobre sus hombros, sentí erizarse mi piel y mis pezones, sabía que ya me estaba viniendo cuando un calor delicioso en mi vagina me hiso entrar en llanto, era un fuerte sentimiento, me sentí plena entregándole mi cuerpo a ese hombre. Él continuaba embistiéndome brutalmente, cada que me penetraba sentía como topaba en mi interior y mi cuerpo se estremecía.

    —¡Aaahhh! ¡Así papi!

    —¿Te gusta preciosa?

    —¡Aaahhh! ¡Sí me encanta! ¡Ay que rico! ¡Que rico!

    De pronto sentí como la punta de su verga, me disparaba chorros de semen caliente por dentro, el dejó su verga hasta el fondo de mi vientre durante algunos segundos.

    —¡Ah! ¡Ah! —El mecánico jadeaba fuertemente de placer y yo sufría contracciones vaginales acariciando su verga en mi interior.

    —¡Tienes perrito en tu vagina preciosa! —Me dijo muy sorprendido y excitado.

    —¡Sííí! ¡Aaah! ¿Le gusta, siente rico como aprieto?

    —Sí, preciosa. Te la comes bien rico.

    Después retiró su gruesa verga y pude sentir como el semen se derramaba entre mis labios vaginales. El hombre terminó satisfecho y cansado, yo por mi parte totalmente complacida, secándome las lágrimas producto del placer que sentí en ese orgasmo y con mi culo adolorido.

    Yo que seguía recostada en la mesa, me senté a la orilla y el tomándome de la cintura me bajó con cuidado pues yo estaba aún entumecida. Lo abracé con mi cuerpo desnudo y le di un beso de lengüita, pues estaba muy feliz, me hizo sentir mujer, lo hizo fuerte, con ganas, me cogió como nadie me lo había hecho.

    El seguía disfrutando de mi cuerpo, estando yo de pie me lamia desde los pies a la cabeza, me besaba y chupeteaba el culo, sentí como me abrazo de frente llevando sus manos por atrás para abrirme las nalgas, comenzó a dedearme el ano, yo lo miré morbosamente.

    —¿Te gustaría meterme la verga por el culo? —Le pregunté sensualmente, aunque con un poco de temor a que él fuese a pensar que yo era una enferma pervertida.

    —Sí mamacita, desde que te vi pasar la primera vez, me dieron ganas de meterte la verga bien duro por el culo.

    Cuando me dijo eso, me sentí muy excitada. Saber que ese hombre me quería complacer analmente avivó la lujuria en mí. Enseguida tomé mi bolso y saqué el lubricante anal para aplicármelo y quedar muy lubricada, después me fui caminando hacia uno de los vehículos que estaban adentro del taller, me incliné extendiendo mis brazos y dejando mis senos bien pegados sobre el cofre del vehículo, dejé mi espalda arqueada hacia abajo y levanté las nalgas para quedar empinada abriendo mis piernas que lucían preciosas manchadas con grasa y aceite, modelando con mis tacones negros altos de correas, cual si fuera poster de taller mecánico. Yo estaba invitando a ese hombre rudo a penetrarme por el ano.

    El mecánico agarró una botella de aceite automotriz y se lubricó los dedos, se acercó y me lamió el ano de una forma deliciosa, para después lubricarme el culo con sus dedos aceitados, se me contraía el abdomen de la sensación tan excitante que me provocaba. El mecánico se acomodó detrás de mí y colocó la punta de su verga en la entrada de mi ano.

    —¡Soy toda tuya papi, méteme la verga por el culo!

    Entonces él me tomó de la cintura muy fuerte y me jaló hacia atrás contra su verga, a la vez que de un solo empujón me penetró analmente hasta el fondo aventándome contra el cofre, pude sentir la sensación de que una verga entrara por mi culo abriéndose paso en mi interior violentamente. Sentí una fuerte punzada, ese dolor desgarrador característico del sexo anal sin dilatación previa, cuando su verga topó en mi interior sentí que me rompía, fue tan excitante y doloroso a la vez. El mecánico siguió penetrándome analmente muy duro, cada que me la metía sentía como topaba hasta el fondo, empujándome contra el cofre yo estaba llorando y gritando sin parar, mi llanto se hizo presente, no pude evitarlo estaba derramando lagrimas saladas con mi rímel escurriendo, gritaba tan fuerte y de forma desgarradora, con mi llanto entrecortado, la gente que pasaba por la calle debió escuchar los gritos e irse de paso, mi corazón latía muy fuerte y sentía reventado el culo, me ardía mucho. Hasta que perdí las fuerzas, sentía que me desmayaba, mis piernas estaban entumidas no podía seguir de pie, estaba rendida con mis senos sobre el cofre.

    —¿Estas bien hermosa? —Él mecánico se detuvo por un instante.

    —Sí, me duele mucho, pero es normal. Soy masoquista y disfruto que me duela mucho.

    Él continuó ensartándome su verga sin piedad, mientras yo le gritaba cachondamente.

    —¡Ay que rico papi! ¡Sí, méteme la verga bien duro! ¡Así, papi, así! ¡Más rápido! ¡Rómpeme mi culo! ¡Se siente rico papi! ¡Que rico! ¡Ay! ¡Así! ¡Aaayyy!

    Él lo hacía brutalmente me causaba dolor y yo lo gozaba, era un objeto de placer para él, con el que estaba satisfaciéndose como un animal. Sentí que me ardía el culo como si tuviera cortadas, sabía que ya estaba teniendo mi sangrado anal que había deseado tanto, pues me da una sensación de dolor y placer ya que la sangre me genera fricción y me arde, lo que me excitó más y le grité mientras gemía.

    —¡Ay papi que rico! ¡Así, me duele mucho! ¡Que rica verga mi cielo! ¡Desgárrame el culo! ¡Que rico me sangra el culo! ¡Sí! ¡Así! ¡Cógeme más profundo papi!

    Ese hombre aguantaba mucho con la verga erecta, después de media hora por fin escuché los jadeos del mecánico y sentí como sacó su verga ensangrentada para darme un último empujón hasta el fondo, el mecánico disparaba chorros de semen caliente dentro de mí, apretándome fuerte contra él durante unos diez segundos, lo que me lastimó mucho por dentro, pues el seguía moviéndose restregándome su verga y abriéndome las nalgas muy fuertemente como si quisiera llegar más adentro para lastimarme. Me sentía violentada con la punta de su verga topándome.

    —¡Que rica estás zorrita! —Me dijo muy excitado.

    Me abrazó y apretó mis senos con fuerza lastimándome y pellizcando mis pezones, me beso el cuello, en ese momento comencé a llorar entre dolor y de sentimiento femenino, sentía mucho calor en mi vientre y mi piel erizada y sensible pues ese hombre duro mucho penetrándome y me sentí muy vulnerada eso fue algo que estúpidamente me hizo sentir querida, ese hombre había gozado de mi culo, me había cogido con todas sus fuerzas desquitando sus ganas conmigo. En ese momento un calor arrobador envolvió mi cuerpo, me sentí plena.

    Cuando el mecánico saco su verga manchada de sangre y aun erecta de mi culo, sentí como se escurrió su semen mezclado con mi sangre anal entre mis piernas.

    —Ay zorrita que rico se te ve ese agujero bien abierto.

    —Sí, así se me queda abierto cuando me penetran analmente.

    —Hasta me dan ganas de chupártelo. —Me ruboricé al escuchar tal halago.

    Él se acercó a mi ano dilatado, y metió su lengua dándome una caricia profunda dentro del ano, fue algo tan hermoso lo que sentí, me daban ganas de llorar de lo lindo que se sentía su lengua lamiéndome por dentro del ano. Él se levantó y me dio un delicioso beso de lengüita.

    —Gracias mamacita que rico es coger contigo. —Me dijo muy apasionado.

    —Gracias a ti amor, que buena cogida me diste.

    —Cuando gustes, ya sabes que aquí estoy a tus ordenes preciosa.

    —Vas a ver que un día de estos, te visito de sorpresa. —Le dije mirándolo con mis ojos brillosos de satisfacción.

    Comencé a vestirme, pero ahora con la ropa que llevaba en la mañana, ya que no podía llegar a mi casa tan provocativa, así que el me miró y sonrió pues supo me había vestido provocativa solo para él. Después me despedí y quedé de visitarle pronto. Continué mi camino rumbo a la parada del microbús, lo abordé y llegué a mi casa.

    Esa noche fui a la cama sin bañarme, me acosté desnuda y disfruté acariciando mi cuerpo entre las sábanas, me sentía plena, ese hombre me hizo sentir mujer, me quedé dormida gozando del semen que el mecánico eyaculó en mi interior, así como del olor que las manchas de grasa y aceite de motor habían dejado en mi cuerpo.

    Alexandra Love.

  • El dulce sabor virginal de mi sobrino Dany (II)

    El dulce sabor virginal de mi sobrino Dany (II)

    Mi sobrino aún respiraba agitado.  Su vientre sudado cambiaba de tamaño una y otra vez con rapidez. Su grueso miembro decrecía en tamaño hasta que su glande se escondió debajo de la suave piel de su joven prepucio, aun con restos de su dulce semen adornando sus suaves testículos. El sabor de su exquisita leche virginal estaba aún extasiando mis papilas gustativas, mi lengua parecía aferrarse a aquel escaso elixir. Las ultimas gotas remanentes en la comisura de mis labios las recogí lentamente con la punta de mi lengua. Mi pecho lustroso por la combinación de sudor y lubricante, tenía hipnotizado a mi sobrino. Mis majestuosas glándulas mamarias, imponentes como grandes montañas, acaparaban por completo su atención. Nunca había sentido nada igual, tía July -dijo mi sobrino Dany mientras se sentaba en la cama aun recobrando el aliento-. Yo frotaba pasionalmente mis senos, el deseo solo se había acrecentado dentro de mí. Dany parecía comerme con los ojos, sus pupilas estaban llenas de deseo y añoranza.

    – ¿Te gustan mi amor? -dije mientras sostenía mis senos levantándolos desde abajo con fuerza, mordiendo mis labios imaginándome los posibles escenarios junto a mi joven sobrino.

    -Tus pechos son muy grandes y hermosos tía, desde muy joven lo he pensado, siempre había tenido fantasías con ellos.

    Al escuchar eso mi vagina se estremeció y humedeció de inmediato. La sola idea de mi sobrinito fantaseando con mi cuerpo, tocando su falo tan joven y amándome en su mente me había convertido en una diabla llena de lujuria, una demonio que solo tenía sed de él.

    -Un verdadero hombre nunca dice lo que quiere mi amor, un verdadero hombre lo toma -dije mientras tomaba su mano y la posaba en uno de mis senos.

    -Ay tía, son muy suaves -dijo mientras su palma inexperta apretaba con torpeza mi seno derecho.

    Lo tome suavemente de la nuca, acaricie con ternura su cabello y lo acerque lentamente a mi pezón, que estaba erecto y muy duro, un pezón que ansiaba ser succionado por sus jóvenes labios. El de manera instintiva succiono mi pezón con fuerza como un infante hambriento. La humedad de sus labios me erizaba por completo la piel. Una corriente recorría cada centímetro de mi cuerpo mientras el cómo un niño comía de mi pecho. Lo único malo de ese momento es que él no podría obtener esa dulce recompensa que años atrás salía de mis pezones, mi leche materna. Mis gemidos se escapaban de mis labios involuntariamente, ante aquel frenético ataque de sus jóvenes labios. Su inexperiencia la compensaba con ímpetu y fuerza. Yo respiraba agitada y acariciaba su cabello. No pares mi amor, come de los pechos de tu tía mi cielo -dije mientras lo acercaba aún más a mis senos-. Mi mano se deslizo traviesa a su parte intima. De nuevo estaba vigorosa y podía sentir su temperatura cálida en mi mano. Su grosor que no me permitía rodearla con mis dedos, sus venas que sobresalían haciéndola aún más imponente y digna de respeto. Su prepucio solo cubría la mitad de su glande, rosado y reluciente. Llene de saliva la palma de mi mano y la lleve directamente a su incorrupto y delicado prepucio. De golpe y de manera traviesa lo baje con fuerza, él se estremeció, pero no dejo de chupar, incluso pude sentir una pequeña mordida que me puso aún más caliente.

    -Recuerda que debo probar mas de tu lechita mi amor, tengo que verificar que tu pene no este infectado.

    -Es verdad tía, pero ¿qué tal si ya no me sale más?

    -No te preocupes corazón, estoy muy segura que este par tiene suficiente lechita almacenada -dije mientras palpaba con mi mano sus suaves testículos libres de vello púbico y calientes al tacto.

    – ¿Tía, tú puedes chuparlo como lo hacen las mujeres de las páginas porno?

    – ¿Daniel, tú quieres que te chupe el pene así nada más, pues quien crees que soy? -pregunté levantando la voz.

    -Perdón tía, no quise ofenderte, es solo que …

    -No me dejaste terminar mi amor, te iba a decir que primero tienes que darle un besito a tu tía si le vas a pedir algo así -dije sonriendo de manera muy picara.

    -Si es verdad -dijo algo nervioso.

    Mi sobrinito se acerco poco a poco a mí. Su pecho desnudo se unió al mío. Mis pezones rozaron con suavidad su pecho que se había convertido en un pecho varonil, mis senos cambiaron de forma apretados al estar tan cerca, pude sentir el calor de su piel en la mía. Giro un poco su cabeza y al final poso sus dulces labios sobre mi mejilla y después de un segundo se retiró. No mi amor, si eso es tu idea de un beso, entonces no puedo darte lo que me pides, debe ser algo mas atrevido, mas pasional -dije esperando despertar su lado primitivo-. El se hizo hacia adelante y yo tome un poco la iniciativa, bese lentamente sus labios, poco a poco los fundí a los míos. Húmeda, mi lengua se deslizo como una serpiente dentro de la cueva de su boca. Llegaba hasta lo más profundo y danzaba el baile prohibido junto a su inexperta lengua. Nuestra saliva se mezclaba y se convertía en el más sublime elixir, algo que era indescriptible, una sensación única e inenarrable. Nuestra respiración se sincronizo, ambos bufábamos como animales en época de apareamiento, perros en celo desesperados por fornicar. Lo recosté en la cama sin dejar de besarlo, mis labios guiaban a mi cuerpo, bese su cuello con mi lengua, baje lentamente por su pecho acariciando cada centímetro de su tersa piel con mis manos. Sentí en mis labios el ombligo y metí mi lengua en él, su cuerpo respondió a mi caricia al estremecerse.

    En un segundo ya lo tenia de frente. Mi aliento caliente resoplaba sobre él. Casi podía escuchar como fluía la sangre dentro de aquellas venas que hacían acto de presencia remarcando la fortaleza y juventud de su magnifico falo. Su olor me llamaba encarecidamente a probar su sabor. Ya no podía mas con aquella tentación, los más bajos deseos se habían apoderado de mi mente. Justo en ese momento una gota de pre eyaculación cayo desde la punta hasta la base de su pene, parecía llorar clamando por ser succionado por mis labios. Detrás de esa misma gota venia otra y otra. Me acerque y el pudo sentir la calidez de mi aliento. Con mucho cariño y mi lengua húmeda limpie cada una de las gotas de su pene. El gimió y luego me tomo de la cabeza de manera instintiva con ambas manos. Yo metí en mi boca su reluciente glande junto con la mitad de su obesa verga. Tosi con la verga aun dentro de mi garganta haciéndome llenarla de salivaciones pegajosas y abundantes. La cantidad de saliva que la cubría era impresionante. Los hilos de saliva de un transparente brillante unían mi boca a su verga. Empecé a follarlo con mi garganta, era violenta, casi podía sentir como le succionaba el alma a través de su uretra hasta que lo inevitable paso. Por mas sorprendente que pudiera parecer su vera se engroso aún más, las venas podía sentirlas palpitar en mi boca y grandes oleadas de ese liquido caliente y blanquecino explotaron en lo mas profundo de mi garganta. Los ríos de semen caían sobre su pelvis, yo tosía ahogada por tan abundante corrida.

    Mi sobrino me pregunto que si me encontraba bien. Yo le respondí que si después de recobrar el aliento. Mi barbilla estaba llena de su leche juvenil. Su sabor era el mejor afrodisiaco, me había puesto a mil. No pensé, no estaba en mis cabales. Aun con su verga parada, me senté sobre él, lo metí dentro de mi vagina y comencé a montar.

    Continuará…

  • El joven y el pescador (parte II)

    El joven y el pescador (parte II)

    A través del parlante sonaba: Do you really want to hurt me, do you really want to make cry, a un volumen moderado. Samuel está acostado de lado desnudo y nervioso en la pequeña cama, a su espalda está Pedro, el pescador. Este con una lanza entre las piernas, intenta entrar en aquella pequeña puerta, da estocadas suaves en vaivenes cortos mientras pasa su lengua y apega su barba en el cuello del joven Samuel. El joven está dispuesto, pero los gestos de su cuerpo son contradictorios, genera una resistencia natural y también levanta su inmaculada cola, quiere recibir a aquel soldado armado y darle refugio en sus paredes contraídas y expectantes.

    Samuel es virgen y a Pedro no se le hace fácil penetrar, además, no es de los que lubrican, es un animal que quiere entrar en su cueva. Samuel arquea su cuerpo, transpira, recorre con una mano el cuerpo de Pedro, lo lame como un animal herido, le reanima el pene jugando con sus bolas, va hacía el glande hinchado y lo llena de sus babas a más no poder. Con la otra mano toma un poco de crema que tienen el velador, se unta mucha en las nalgas y el ano, siente un cosquilleo, se sube arriba de Pedro y se sienta en el filón de carne que le brota del cuerpo. Desciende de a poco, siente enormes ganas de ir al baño, pero controla el dolor. Está muy excitado. Ambos quedan en esa posición. Pedro acostado apuntando su falo al cielo y Samuel clavando en él lentamente, como la pintura de la academia.

    Samuel no decide a comerse de un solo tirón toda esa carne y Pedro, el pescador, se impacienta y toma la iniciativa. Embiste al joven Samuel, como un patrón a su criado. Sin embargo aún no es tiempo, aún hay que educar al joven cuerpo. A Samuel le duele y rechaza al invitado que intenta conquistarlo por dentro. El pescador lo toma con fuerza, lo pone de espalda en la cama, le levanta sus piernas como si fuera una muñeca de goma, se unta el pene en la crema y lo pone en la entrada del cerrado ano de Samuel, este levanta un poco la cara, justo en el momento y ve como dentro de él desaparece toda la pichula del pescador y siente un dolor enorme y placentero. Pero sin darle tiempo Pedro se deja caer sin considerar la inexperiencia de Samuel, como una tormenta, como un convicto; y lo perforo tan fuerte que lo hizo llorar. En el mismo instante en que Pedro le dejó caer todo el rigor de su pasión, Samuel se corrió y perdió el conocimiento. A Pedro no le importó y lo rellenó de fluidos. Samuel despertó y se quedó en silencio, Pedro se acostó y se quedó dormido en unos minutos. Samuel lo abrazó y se quedó pensando mientras le acariciaba la polla.