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  • Cumplí mi fantasía con un negro

    Cumplí mi fantasía con un negro

    Tengo cincuenta años y lo temperamental y caliente se me ha incrementado considerablemente, quizá sea por la privación y lo limitado que se ha convertido mi vida sexual en mi matrimonio.

    Mi esposo es muy buen hombre, esposo y padre de nuestro único hijo.

    Pero siento que me asfixio con mis ganas cada vez mayores de tener sexo, de coger todos los días. Me he reprimido mis ganas de estar con mujeres, pero ahora también soñaba con vergas grandes y estar con hombres negros, mamarles sus enormes troncos hasta cansarme. Nunca había estado con un negro, pero la idea cada vez se fue haciendo más apremiante, hasta que la llevé a la práctica y la hice realidad.

    Fue con un negro como la había imaginado; alto, algo musculoso, muuuy bien dotado.

    Mi esposo no imagina que soy una hotwife ardiendo por salir a coger como lo hacía antes de casarme.

    No sabe que todos los días en lo único que pienso es en tener sexo. He planeado como estar todo un fin de semana en una casa sin salir para coger hasta el agotamiento.

    Convencí a mi esposo para ir a una vacación al Caribe y le pareció buena idea, así que planeamos ir a Jamaica. Mi mama una vez comento que había unos negros bien guapotes y que el lugar era muy bonito, así que fuimos los tres, mi esposo mi hijo y yo.

    Y aunque ya tengo cincuenta años aun me conservo delgada y puedo lucir bien.

    Me compre unos trajes de baño escotados de una pieza, de espalda muy baja y por delante de escote muy bajo, me hacían lucir más largas mis piernas.

    Llegamos al hotel y nos recibió el bell boy para llevarnos a la administración y regístranos.

    Le eche el ojo, pero me pareció medio tonto, a la hora de la cena uno de los meseros me miraba como diciéndome “aquí esta lo que buscas”, bastaron sus miradas para que me mojara de solo pensar en su cosota que tendría entre las piernas.

    Me levante a la barra de ensaladas para poder decirle un discreto hola y el me sacudió con su respuesta; que ojos tan cautivadores y llenos de vida, me dijo. Me quede electrizada.

    Dije gracias y me serví. Le insistí a mi hijo para que comiera un postre y poder ir a encontrarme con el de nuevo. Cuando vio que me aproximaría a las mesas de postres él se puso atrás de la mesa donde yo tomaría el pastel. Era alto delgado de pelo muy corto y de agradable sonrisa.

    Yo estaba tan caliente que me tuve que detener para no cometer un error.

    Le pregunte muy casual según yo que si él trabajaba el turno de la tarde o cena y me dijo que los rotaban pero que esa semana él estaba por la tarde y salía a las 22 h.

    Al día siguiente me puse sexi para ir al comedor y verlo. Un vestido blanco de tirantitos sin bra y una tanguita que se alcanzaba a transparentar un poco, una sandalia de tacón medio me peine mi melenita para atrás y un maquillaje ligero, labios rojos carmín.

    Al entrar al salón lo vi y el me busco con la mirada y me sonrió.

    Me acerqué por la ensalada y le dije si podía decir que eran las luces que se veían desde la terraza de la habitación, me pregunto en qué dirección la veía y le dije hacia el sur. Me contesto que desde el jardín me podía decir que si salíamos me decía con gusto. Le dije que le diría a mi esposo que iría al baño y nos veíamos en el jardín.

    Salí al jardín y él ya estaba ahí, yo iba con el corazón palpitando y mi amiguita mojada.

    En realidad, no había nada que preguntar ni nada que ver, le dije que desde ahí no se veía, pero su cercanía y la humedad de mi cosita me animaron a decirle que me parecía muy agradable y que me gustaría platicar con él, me dijo que a el también le gustaría platicar con alguien con esos ojos pero que si mi esposo no se molestaría.

    Le dije que le diría que iba a tomar unas clases para hacer rastas que me habían ofrecido en la mañana y que serían como tres horas, a él le pareció bien y quedamos de vernos al siguiente día por la mañana.

    Le dije que le diría que iba a tomar unas clases para hacer rastas que me habían ofrecido en la mañana y que serían como tres horas, a él le pareció bien y quedamos de vernos al siguiente día por la mañana.

    Yo estaba que ardía y por la noche no pude dormir en pensar en la cogida que me daría ese negro caribeño.

    Le comenté a mi esposo que iría a las clases de rastas y me dijo que, si me quería llevar al niño, le dije que no porque seguramente se aburriría.

    Me puse el mismo vestido sin bar y dejé los tirantes un poco más flojos para que se colgara más el vestido de los lados y dejar ver el nacimiento de mis tetitas.

    Me puse una tanga que al frente tiene una mariposa de encaje que enmarca mi cosita, la mariposa queda arriba y solo dos tiritas a los lados de mi amiguita. El pelo rojo caoba y un triangulito de vello púbico también rojo caoba.

    Unas sandalias de tacón medio color roja que combinaban con las uñas.

    Nos vimos a tres cuadras del hotel, me saludo muy amable y me pregunto a donde quería ir, que si quería tomar un café o un trago. Le conteste que lo que fuera estaba bien que yo solo quería platicar con él, que a donde sugería ir.

    Me dijo que podíamos ir a un bar justo ahí donde nos quedamos de ver o a su casa. Le dije que su casa estaba bien para mí, estaba que ardía pensando en su verga.

    Afloje intencionalmente los tirantes del vestido aún más para que se vieran más mis tetas por los lados y por el frente.

    Entramos a su casa y al cerrar el la puerta detrás nuestro ya no me resistí y me pegué a él lascivamente restregándome todos contra el al tiempo que le plantaba un beso mojadisimo que me respondió con la misma intensidad.

    Me paso sus enormes labios por mi cuello bajándome uno de los tirantes dejando casi al descubierto mi teta derecha.

    Empecé a sentir su verga en mi abdomen, esa verga que ya se estaba poniendo dura y que yo tanto deseaba.

    Sentí sus carnosos labios sobre los míos y los dirigió a mis tetas, bajo los tirantes y mis tetas quedaron dispuestas para que las mamara, lo cual hizo de inmediato.

    ¡Muérdelas!, le grité, si, de lo dije en un grito.

    Con sus enormes manos me acariciaba la espalda mientras me chupaba y mordía mis tetas.

    Yo ya podía sentir su enorme verga queriendo salirse de su pantalón blanco.

    Y tenía mi vestido hasta la cintura cuando me tomo de la mano y me llevo a su cama.

    Me tumbo sobre su cama y yo acostada boca abajo como estaba me baje el vestido, el me lo saco por los pies y yo quede solo con mi tanguita a su disposición.

    Vi cómo se quitó la camisa y pude ver su pecho y abdomen marcados, magros.

    Me paso sus manos por mis piernas y nalgas y yo ya estaba ardiendo deseando con desesperación sentir su cosota sobre mí.

    Me bajo la tanga dejándomela a medio muslo, yo me deslice y caí de rodillas, me voltee y quede justo frente a su bragueta. Le desabroche el pantalón y se lo baje dejándolo en un bikincito color blanco donde se marcaba eso que yo fui a buscar, esa enorme verga negra que quería tenerla dentro de mi cosita ardiente. Le estire el resorte de su bikincito y salió una verga enorme, gruesa y pesada a media erección.

    La vi frente a mis ojos como hipnotizada, la acaricié embelesada de tener en mi mano frente a mi boca una verga tan grande, 8 pulgadas si tenía.

    Yo ya solo tenía las sandalias, me la metí en mi boca y me supo deliciosa, su olor era increíblemente sexual, pensé que quiera me cogiera todos los días que estuviéramos ahí y aun no me cogía.

    Sentí como crecía dentro de mi boca, la sacaba para verla y me maravillaba lo grande gruesa y venosa que se veía, y el olor, ese olor que yo nunca había olido tan sexual.

    Se quitó el pantalón y quedo tan desnudo como yo. Me levanto y me subió a su cintura para meterme la verga más grande que yo hubiera soñado, se abrió paso entre mis labios y me la metió de un golpe hasta adentro lo cual me hizo soltar un grito de placer y un poco de dolor, pero fue maravilloso.

    Yo me abrace a su cuello sintiendo como me hacía suya, como esclavizada por esa cosota dentro mío.

    Me puso en la cama boca abajo y yo levante mis nalgas para recibir semejante regalo por detrás, quería me la metiera por mi culito. Era enorme y bellísima, estaba muy bien depilado y era tan brillosa, los testículos tan lustrosos.

    ¡Por el culo!, le grite, ¡por el culo por favor, dámela por mi culo!

    Me tomo de mis caderas levantándome más y me metió lentamente mientras yo le apremiaba a que me la metiera toda, toda. Me dolía un poco, pero la sensación y el morbo de que me estuvieran metiendo una verga de ese tamaño de calentaba muchísimo.

    Me la metió toda y la sentí hasta mi garganta, me cabalgo mientras me jalaba del pelo lo cual me calentó más. ¡Mas, mas!, me gritaba.

    Tuve dos orgasmos y luego sentí toda su leche como me bañaba por dentro, me volteé para alcanzar a ver y recibir en mi boca algo de lo que me había llenado toda.

    Nos vestimos y quedamos de volver a repetir, yo no sabía cómo, quizá otra clase de rastas.

    Antes de salir de su casa, lo detuve, le bajé el pantalón y le di otra mamada, olía mas rico, lo hice terminar y sus quejidos me llevaron al cielo.

    ¡Quiero esa verga dentro mío otra vez! Le dije.

    Llegué al hotel a la hora de comer pensando en ese negro del que no supe su nombre, pero al que ya quería volver a ver, pensé en el pretexto para la próxima cita.

    Tenía su sabor en mi boca y su olor en todo mi cuerpo, al cerrar mis ojos no podía dejar de ver su enorme verga negra, brillosa y resbalosa. Como entraba y salía de mi puchita mas mojada que nunca respondiendo a ese animalote que me poseía.

    Por la noche al entrar al comedor a cenar, lo busqué con la mirada y ahí lo vi, volteo y se sonrió.

    Nos sentamos a la mesa y de inmediato me dirigí a la mesa de ensaladas. Él estaba ahí esperándome: “buenas noches”, me dijo en voz baja.

    “quiero verte mañana”, le conteste.

    Voy a tu casa a la misma hora, agregue.

    Ahí te espero, contesto.

    ¿Cómo quieres que vaya vestida?, le pregunte.

    Parecido a ayer, pero sin ropa interior, sin nada.

    Ahí nos vemos, agregué y me fui a sentar a la mesa.

    Marcela

    [email protected].

  • Tratando de buscar una salida (cap. 1): William

    Tratando de buscar una salida (cap. 1): William

    William, el primer hombre. No hubo un primer amor, cosa que a veces me da rabia, porque no puedo llamar amor mi primera experiencia simplemente porque no lo fue. Sinceramente fue un paso calculado hasta en los más mínimos detalles y a veces me echo en cara el haber sido tan frío al resolver mi deseo de realizar o materializar ya lo que me consumía por dentro y llenaba mis fantasías nocturnas. Mis inquietudes ya habían tomado por asalto mi ser, que en aquel tiempo me daba bastante dolor de cabeza porque me debatía entre «el ser o no ser», habiendo crecido en un pueblo provincial, mis deseos eran lo prohibido, el tabú, lo despreciado o lo degenerado. Mi tortura duró mucho tiempo antes de poder llegar a romper el pánico a verme descubierto y poder entregarme a alguien. Traté en vano de buscar la persona adecuada que me garantizara al menos un anonimato real y no dejara huella en mi entorno, en aquel pueblo había muchos candidatos que abiertamente demostraban su predilección hacia el mismo sexo, siendo el centro del hazmerreír o del desprecio de todos, ellos no servían ya de inicio.

    William, que en realidad fue quien se llevó el trofeo de mi virginidad, era un vecino que muy aparte de estar casado con hijos, por todos era bien sabido su condición de bujarrón, era el nombre que le daban a aquellos que les gustaba dar por culo a los maricones. Palabras que herían y que una vez que en el pueblo te colgaban ese cartelito pues era un estigma imborrable y que pesaba mucho. William fue quien descubrió en mí todo lo que yo ocultaba, tenía muy buen ojo para detectar la semilla oculta y lograr sacarla a toda costa. Comenzó una verdadera cacería, porque aunque podría llamarlo como un juego del ratón y el gato, en realidad fue una cacería donde él era el cazador y yo la víctima consciente de que cada cual tenía bien claro el papel nuestro. Solo tenía que verme para que con un gesto lascivo se tocara el sexo, mostrando a veces un simple bulto o su erección. El muy cabrón no escatimaba nada para lograr llamar mi atención y lo lograba porque de solo ver aquella pinga que se le marcaba sobre el pantalón y que acariciaba con mucho vicio. Mis ojos se le clavaban y un escalofrío me corría de pies a cabeza.

    Nuestro idilio, digamos que lo fue, duró mucho tiempo, quizá dos años o más porque sólo dar un paso para mí era lo peor, el pánico podía más que yo mismo, más que mi deseo, más que la tentación del sexo mostrado esperando a que me acercara y lo tomara. Era un sufrimiento que se alargaba, ya William había tomado la ofensiva, me perseguía si me veía pasar, me hacía guardia en la esquina de mi casa esperando a que saliera o entrara, allí estaba él con su mirada en mí, mordiendo su labio inferior y una mano agarrando su pinga. Antes de que me entregara a disfrutar del verdadero sexo, tuvimos nuestros encuentros que fracasaron por mi miedo. Una de esas veces, fue que mientras me perseguía pues se fue la luz, cosa frecuente de aquellos apagones, yo perdí mi pánico y lo seguí hasta el puente de Nodarse, él se paró como a mirar el río crecido aunque en realidad no se veía nada solo el sonido del agua correr. Yo me acerqué y puse mi mano en la baranda del puente, él se acercó y pegando su pinga a mi mano, yo la palpé tratando de conocer si era cierto lo que se marcaba siempre.

    —¡Vamos hasta la línea!, me invitó mientras había comenzado a caminar hacía la línea de ferrocarril por el muro del río.

    —Me da miedo ir por ahí, el río está muy crecido.

    Para tan mala suerte vino la luz en ese momento.

    —¡Ve por la calle!

    —Los vecinos me conocen, ¿qué dirán?

    —¡Bah, no te preocupes que ya todos lo comentan!

    Aquel encuentro no terminó en nada, me fui y lo dejé allí. Pasó mucho tiempo, incluso tuve mi primera experiencia con una mujer, casi aquel medio matrimonio me apartó de William, pero me engañaba porque aquella relación lo que me dio fue la confianza de poder entregarme a él. Mi relación de heterosexual fracasó desde sus inicios, primero que al ir a la cama no conseguía penetrar a mi mujer, todo iba bien hasta el momento más importante. La situación se complicó algo cuando mi amante se lo confesó a mi madre que para ayudarme me llevó a una psiquiatra que al menos me dio confianza sin que se supiera que en realidad me gustaban los hombres. Cuando puede hacer el amor con mi mujer, se despertó en mí una fiebre loca de hacer el sexo, de singar día y noche, tenía un deseo incontrolable. Llegué incluso a cogerle el culo a mi mujer y aquello empezó a complicarse, porque desde aquel momento me la singaba pero sólo eyaculaba cuando le cogía el culo. Claro que no todo fue felicidad y aquella unión llegó a su fin tal y como había empezado. Ahora sé que aquella aventura heterosexual había despejado el camino para poder estar con un hombre sin miedos y pánicos. Ya no estaba ese cartelito sobre mi cabeza de “pájaro”, de “maricón”, ya había tenido mujer y todos sabían que me gustaba el chocho, pero se habían equivocado, aquello fue pantalla, un escudo tras el cual me escondía. Ahora tenía que aparecer la oportunidad de poder estar con alguien igual que yo y un buen día apareció, iba yo por la acera y él venía de frente, nos saludamos y como la calle estaba bien vacía, pues me quedé sin huir.

    —¿Quieres entrar aquí?

    Me invitaba a la casa de un amigo donde él vivía o siempre estaba. No me lo pensé y lo seguí, entramos, el amigo que me conocía porque había trabajado con mi padre, se quedó algo sorprendido. Pasamos al dormitorio y nos besamos, el primer beso que le daba a un hombre. Me sentía bien en sus brazos, como me abrazaba y sentir su pinga dura por encima del pantalón. Se la acaricié, él conocía bien mi debilidad.

    —Es tuya, ¿qué esperas?

    Me dijo tentándome a abrir la portañuela. Lo hice y saqué con cierto temblor su pinga grande, era enorme, tal y como me la imaginaba. Pero no tanto, me dio cierto miedo porque me podía desgarrar todo, el color del glande era igual al de sus labios, morado. Me quedé un momento acariciando su miembro, él lo tomó con la mano y con la otra acercó mi cabeza para que empezara a tragarla. Aquel primer contacto me pareció raro, no me había visto yo chupando su pinga, pero tenía un sabor inconfundible, tenía que abrir demasiado la boca para poder tragar hasta la mitad. No me había imaginado allí sentado en la cama delante de él, mamado.

    – ¡Mira en el espejo como mamas!

    Era cierto, allí estaba el espejo de la cómoda donde nos veíamos los dos. Estuvimos un rato mirándonos hasta que William me hizo levantarme y me bajó el pantalón y el calzoncillo, me dio la vuelta y empezó a lamerme el culo. Agarraba mis nalgas y las abría y pasaba su lengua provocando el mejor de los placeres. Empezó a escupir mi culo y me puso la pinga en él, empujó para meterla, me hizo casi gritar. Sentí un dolor terrible que me hizo estremecerme, él me dijo que aguantara un poco, pero no pude soportar, tuvo que sacar su pinga. Entonces nos desnudamos y nos tiramos en la cama, me besaba, me comía la boca, el cuello, sus manos no se apartaban de mis nalgas y mi dolorido ojete. Me decía al oído que tenía un culo muy rico, que había esperado mucho tiempo este encuentro. Me dijo que cogiera una crema que había en la mesa de noche, la cogí y empecé a untar en la pinga, él murmuró.

    —¡Coño!, qué apurado estás por tenerla dentro.

    Después nos volvimos a enfrascar en una lucha de besos y caricias antes de que empezara a meterme su pinga. El primer intento fue doloroso de nuevo, me sentía como me abría todo, intentó meter y sacar su polla, terminó poniendo más crema y esta vez empezó a entrar y aunque me revolqué algo por el dolor, en esta ocasión no la retiró.

    —Mira, mira, solo es la mitad.

    Me decía para que mirara, eso como me calmó algo y lo dejé hacer, siguió besando, acariciando y cada vez metiendo más y más su pinga en mí culo que no se dilataba tan rápido. Nos volvimos y me hizo sentarme en él, y estuvimos así abrazados besándonos, yo con mis piernas alrededor de su cintura y con todo aquella pinga dentro.

    —¡Ya ves, ya la tienes adentro toda! ¡Ahora eres mío!

    Empezó todo un remolino entre ambos, era todo un especialista en dar, propinar placer y al mismo tiempo recibirlo, en una de aquellos giros se salió, me levantó las piernas sobre sus hombros y empezó a lamerme el culo, después metía la pinga toda y volvía a sacarla para terminar metiendo de nuevo. Yo gemía de placer, de goce. Nunca antes había experimentado tal cosa, había leído bastante del tema pero en realidad, en vivo era otra cosa, era tanto el placer, el goce que ninguna palabra podría describir lo que se siente. Todo un remolino de sensaciones, lo que en un principio fue dolor o malestar se había convertido de pronto en algo que me daba gusto y me hacía gemir. William sabía bien qué hacer y cómo lograr que me sintiera en el cielo, no paraba de moverse, de acariciarme, de besarme y de murmurar cosas que iban desde lo más tierno a lo más grosero. Sus manos recorrían mi cuerpo, sostenían mis nalgas, mi cara o tocaba mi culo lleno de su pinga, el muy cabrón sabía el placer que eso provocaba. Me miraba fijamente mientras sus dedos tocaban mi culo y su pinga, se mordía el labio de gusto, su lengua provocaba y me llenaba de besos. Finalmente apuró para venirse, lo hizo suavemente.

    —¡Ya ves, ya tienes mi leche dentro, ya eres míos, ya te he preñado!

    Nos besamos con pasión, yo con alegría. Después me fui al baño, para limpiarme, aunque estaba bien limpio. Me dijo que teníamos que vestirnos que su amigo se tenía que ir. Yo sentado en la cama y viendo su pinga que de verdad era grande, tendiendo mi mano la acaricié.

    —¿Quieres más?

    Sonreí con aprobación, pero teníamos que irnos y por lo tanto esa segunda solo tendría que ser en otra ocasión. Salí, me fui a la casa y directo al baño, mi calzoncillo tenía la mancha de su semen, y sobre todo el olor de su semen. Recuerdo que miré sorprendido la taza del inodoro aquel liquido blanco. Lo reconozco, aquella noche no dormí, estuve medio enfermo, al día siguiente tenía fiebre. Pero estaba contento, había perdido mi virginidad y de una manera agradable. Había empezado así esa doble vida, una a ojos de todos y otra oculta, me había convencido que nadie sabía lo que había hecho, nadie. Eso me animaba, simplemente aquello que pasó no se reflejaba en mi físicamente, supongo que anímicamente sí.

    De mi segundo hombre, fue un médico de Santiago de las Vegas, Roberto se llamaba, nos conocimos en la terminal de guaguas de Santiago de las Vegas. Nada, cosas de esas, nos miramos y todo estaba claro. Me gustó su bigote grande, delgado y que parecía muy interesado en mí. Hablamos algo y rápido me invitó a su casa. Yo no tenía nada que perder al no ser el transporte. Vivía en una cuartería cerca de la iglesia, por suerte que al ser ya muy tarde, había poca gente en aquel pasillo. Me gustaba su tipo de machote, y sobre todo su bigote. Tenía una sola pieza donde estaba todo desde la cama, la mesa y la cocina y al lado estaba construyendo una ducha, la pared del fondo lo ocupaba una estantería repleta de libros. Recuerdo que me acerqué a mirar, él se me pegó a mi espalda, haciéndome sentir su abultado paquete.

    —Vaya, eres la primera persona que invito y se interesa por los libros.

    —Tienes buenos, ya veo.

    —¿Y no te interesa otras cosas?

    Me susurró al oído mientras me abrazaba. A partir de ese momento todo fue un torbellino de besos y caricias, hasta que finalmente quedamos desnudos en la cama. Era mi segunda experiencia que dio su resultado muy rápido porque con solo haberme penetrado yo eyaculé sin tocarme siquiera.

    —Disculpa, le dije abochornado.

    —No pasa nada, eso significa que te gusta. Me dijo mirándome a los ojos, sin soltar mis piernas ni salirse de mí. Me besó, me besó varias veces y empezó a moverse suave. Vio en mi cara que me molestaba algo.

    —No te preocupes, lo haré suave para que no te duela. ¿No me vas a dejar así? Además, nene, ya la tienes adentro toda y otra cosa, a ti te gusta que te den por culo y a mí me gusta dar por culo, en esto no hay problemas.

    No era que me hubiera convencido simplemente que no me había dado otra opción. Me estuvo singando todo el tiempo que quiso. Tenía razón en lo que nos gustaba a ambos y era mejor gozar y disfrutar del momento. Cambiamos de posición tumbados sobre un costado, el sosteniendo una de mis piernas y metiendo y sacando, era la primera vez que me sentía así, la primera vez que sentía una pinga entrando de esa manera. Se vino abrazado a mí, como si se fuera a caer de un precipicio. Nos besamos, cuando sacó su pinga me dijo alzando una de mis piernas:

    —¡Déjame ver ese tesoro chorreando leche! ¡Me gustaría que te quedaras con mi leche adentro!

    En efecto sentía como desde mi culo se escapaba su semen aun caliente, pero él no se detuvo ahí. Era una nueva sensación, porque con William no fue así. Eso que me había hecho me gustó y lo recuerdo con gusto. Lo dijo mientras que con sus dedos recogía el semen y lo volvía a introducir en mi dilatado culo. No oculto que aquello me chocó algo, era la primera vez que alguien me hacía semejante cosa, que me vacilaba y gozaba. Roberto era un buen experto, tenía experiencia. Nos quedamos charlando en la cama desnudos, él abrazado a mí, de vez en cuando me besaba la nuca, las orejas. Me dijo que era médico, que trabajaba en Boyeros, me preguntó igual muchas cosas.

    —¡Quédate a dormir!, además ya es tarde, no va a haber guaguas ahora y bueno, así singamos de nuevo.

    Claro que fue así, dormimos poco esa noche, para mí fue la primera noche tormentosa, hicimos el amor dos veces, al rato de nuevo y al amanecer, antes de que me fuera yo. Esa segunda vez fue muy pasional, no podría decir cuánto duró pero sí tengo que aceptar que me gustó mucho, por la mañana fue algo rápido, me dijo que me quedara quieto boca abajo y me singó así.

    —¡Aprieta bien los muslos y el culo para que me saques rápido la leche!

    Lo sentí meter y sacar, gemir, mugir a mis espaldas, después él mismo me descubrió que singando así, me frotaba mejor la próstata y que por eso me había hecho eyacular en la cama. Después salimos de la casa antes que la gente de la cuartería empezara a salir, me acompañó a la parada y quedamos que pasaría de nuevo por su casa. Pasaron tres días y nos volvimos a encontrar, singamos con la misma pasión del primer día, era incansable y yo le seguía. Me sentía bien y más porque era en un territorio neutral, lejos de donde yo vivía. Aquel día cuando terminamos me propuso algo que antes no había escuchado.

    —¡Oye, vamos a casa de un amigo mío en Boyeros!

    Roberto vio mi sorpresa.

    —Es un buen amigo, hacemos lo que quieras, charlar, beber algo aunque yo te propongo singar. ¡Mira no te asustes, no pongas esa cara! Es una persona muy decente y haremos lo que tú digas. No te invito a hacer un trío, solo si tú quieres sí, sino, pues nada, tu y yo solos.

    Terminamos yendo a casa de su amigo, se llamaba Julio, era un tipo mulato, grande y fuerte. No vivía muy lejos de la parada, tenía un apartamento pequeño para él solo. Parecía simpático y alegre, nos presentó Roberto. Julio sonriente dijo que Roberto hablaba mucho de mí. Al parecer todo había sido tramado con antelación y mi presencia en el lugar era parte del plan. Julio sacó unas cervezas y chicharritas de plátanos, nos sentamos en la sala. Julio dijo que había invitado a no sé quien pero que no iba a venir. Ya con aquella frase supe que estaríamos los tres, solo los tres. No me gustaba mucho la idea, seguía yo con el complejo de que era mejor dos personas que aquel trío que parecía formarse ya. Cuando Roberto que había estado todo el tiempo besándome y acariciándome me dijo que me pusiera cómodo, sinónimo de que me desnudara, fue cuando dije que me iba. Julio se me acercó y me dijo al oído:

    —¡Mira, chico, no pasará nada que no te guste! ¡Te vamos a singar por turno y tú estarás en la gloria!

    Acto seguido se desabotonó los bermudas que llevaba y me blandió casi en las narices un pingón gordo y grande. Me recordó al de William, pero este era más oscuro. Roberto empezó a quitarme la ropa. Julio me agarró la cara, me besó y me dijo:

    —¡Para esta pinga hay cola, hay allá afuera un montón de maricones locos por que se la meta! ¿No me digas que tú no quieres?

    —¡Oye, no lo asustes! ¡Todo va a ir bien!

    Fueron las palabras de Roberto que me llevó al dormitorio mientras hablaba conmigo.

    —¡Mira, no va a pasar nada malo! ¡Vamos a gozar! Ya te lo decía yo el primer día, aquí todo está claro entre nosotros, lo que te gusta a ti y lo que nos gusta a nosotros. Además, si no puedes lo dices y paramos. Así que relájate y vamos a gozar.

    Lo que siguió fue una masa de tres cuerpos unidos, lamiendo, chupando, gimiendo. Fue Roberto quien empezó singándome mientras me comía el trozo de machete que tenía Julio, después se intercambiaron. Se me escapó un quejido cuando me penetró Julio, que muy al contrario de cómo se había comportado al principio, se preocupó porque no me doliera. Estuvo singándome hasta que se vino, enseguida se puso Roberto hasta que eyaculó. Julio trajo un espejo para que viera como me había dejado el culo.

    —¡Cojones qué culo más rico! Se lo dejamos rosado y chorreando.

    En efectivo, tenía el culo dilatado, rosado y el semen blanco salía a por botones pues ambos se habías venido dentro de mí. Yo estaba asombrado, no había visto semejante cosa, era la primera vez que estaba en un trío y que me singaban así. Julio se arrodillo al borde de la cama y agarrando mis piernas empezó a lamer mi culo y a comerse la leche que salía.

    —¡Qué culo más rico!

    Decía y repetía muchas veces. De pronto se levantó y me metió el pingón que ya se le había puesto duro, lo metió despacio, vacilando como entraba.

    —¿Cómo te lo sientes ahora?

    Claro que me sentía bien, ya estaba dilatado. Roberto se sorprendió cuando volvió del baño a donde fue a lavarse. Se fue la luz en ese momento, cosa que aprovechó Roberto que se nos unió a la singueta. Estuve allí a disposición de los dos, éramos un amasijo de sexo donde yo iba recibiendo por turno las pingas de ellos dos o al mismo tiempo uno por delante me daba de mamar y otro me singaba el culo. La primera orgía o trío que estaba y había salido bien, no era cómo pensaba o cómo había escuchado a gente que nada sabía del tema.

    Pasó como dos semanas sin que sintiera la necesidad de tener sexo, después de aquel día loco había quedado algo dolorido aunque eso sí, muy a gusto. Fue cuando vi a William de nuevo, nos saludamos y él disparó como de costumbre.

    —¡Oye! ¿No quieres pinga ya?

    Claro que ya estaba sintiendo el deseo de nuevo, me dijo que pasara por una casa donde él estaba trabajando, trabajaba en la construcción, quedamos que pasaría yo a eso de las siete. Por supuesto que fui a esa hora, en efecto era en las afueras y una cuadra bastante vacía, por lo que no había mucho problema de mirones. William me esperaba en la puerta, cuando me vio entró haciéndome un gesto que le siguiera. Al entrar cerró la puerta y nos abrazamos besándonos una de sus manos se aferró a mis nalgas, después metió la mano por el pantalón hasta llegar a mi culo.

    —¡No te imaginas las ganas que tenía de singar ese huequito de nuevo!

    Nos metimos en una de las habitaciones que al parecer usaban los ellos para descansar, me refiero a ellos, los que trabajaban allí, y empezamos a besarnos, a tocarnos, yo me arrodillé esperando a que él sacara su pinga y me la diera a mamar. Él lo sabía, y como adivinando mi deseo, lo hizo diciéndome que era toda mía. Me hice cargo de su sexo, tratando de tragarlo, de acariciarlo para darle a él placer y gusto sabiendo que él me lo devolvería todo. No me hizo esperar, me desabrochó el pantalón que bajó, me dio la vuelta y hundió su lengua entre mis nalgas, estuvo un buen rato comiendo mi ojete hasta que poniéndose de pie, me agarró por la cintura para meterme su pinga dura untada en saliva. Para mi sorpresa no sufrí como la primera vez que William me tuvo, esta vez toda pasó bien, quizá por lo excitado que yo estaba o por el entrenamiento que ya había tenido con Roberto y Julio. Estuvimos de pie un rato, después me llevó hasta unos sacos de cemento y él se sentó haciéndome que yo me sentara, me ordenó que me moviera, que yo mismo me singara. William era muy vicioso, le encantaba vacilar como su pinga entraba en un culo, en este caso en el mío.

    —¡Quiero que te vengas ahora mientras te doy pinga! ¡Quiero que aprendas a venirte mientras te doy pinga y no después!

    Nos pusimos de pie y él aumentó sus movimientos, mientras me instaba a eyacular, escupía su pinga y mi culo para lubricar bien, me decía mil cosas. Me quitó la mano de mi pinga y empezó a masturbarme mientras se movía, exploté al rato. Después su mano llena de mi semen me la pasó por la boca, metió sus dedos en mi boca con mi propio semen.

    —¡Nene, ahora vas a aprender a sacarle la leche a tu macho!

    Fue él quien me enseñó mi papel en el sexo, que si él me había hecho venirme, yo tenía que hacerlo con él y en esta ocasión muy a pesar de haberme venido, tenía que seguir singando. Aquella primera ocasión me costó mucho, primero que al venirme mis fuerzas se debilitaban y solo un deseo de liberarme me invadía, bueno, aún me invade, pero William sabía explotar ese punto. Me singó fuerte hasta que se vino entre gemidos. Cuando me liberé, me pareció que me caería al suelo. Él me agarró besándome y con su mano en mi ojete dilatado a modo de tapón.

    —¡Quiero que te lleves mi leche dentro, que cuando estés en tu casa te acuerdes de que tienes mi leche dentro!

    Me hizo ponerme el calzoncillo y el pantalón, cogió un poco de papel higiénico y doblándolo a modo de almohadilla me lo puso. Yo ni sabía qué hacer, claro ya Roberto había hecho algo parecido al pedirme que me quedara con su semen dentro.

    —¡Si se te sale mi leche, pues ven a que te llene de nuevo ese culo!

    Me gustó aquella idea, que durante mucho tiempo llevé a cabo con William. Antes de irme estuvimos hablando, le conté lo que había pasado con Roberto, que lo había conocido, cómo y qué habíamos hecho, además de aquella noche loca con Julio y Roberto.

    —¡Ya sabía yo que ese culo ya estaba algo abierto! Te entró como nada.

    Fue su comentario, pero no le molestó, por el contrario me dijo que gozara, que había hecho bien y que repitiera. Yo era la primera vez que contaba aquellas cosas, pero me gustó hacerlo y a William le gustó. Me dijo que se veía que sería un buen maricón.

    —¿Sabes? Si lo deseas, te puedo organizar una buena orgía. Tú dímelo y yo traigo a algunos que te van a dar bastante pinga.

    Recuerdo que no le respondí, pero él vio el brillo de mis ojos y que la idea me atraía y mucho. No sé quizá me daba algo de pena aceptar aquella invitación, quizá el complejo de verme usado como una puta o algo así. Traté de decirle que me iba bien con él, pero agregó.

    —¡Bueno, ya has probado con dos, nos ponemos de acuerdo e invito a dos más, seremos tres para ese culo! ¿Qué crees?

    No sabía que decirle, temía, pero me calmó abrazándome y dándome un beso.

    —No te preocupes, todo va a salir bien. ¿No has singado con negros?

    La pregunta me cogió de sorpresa, pero era cierto, no había singado con negros. Él era algo amulatado pero negro, no. Me dijo que dentro de dos días podíamos reunirnos allí mismo y que traería a dos negros amigos de él. Antes de irme me calmó.

    —¡No te preocupes, nene, que yo no te voy a invitar a algo malo! Son dos amigos chéveres, buenas pingas y buenos singones.

    Así nos despedimos en espera de que pasaran los dos días acordados. Aunque no sabía qué hacer y si lo que me había propuesto era bueno o no. Cierto complejo me entró y estuve debatiendo entre el ir o no a aquella cita, más por los dos negros, pero me atraía aquella idea y por otra parte ya había estado en una orgía y nada malo me había pasado, por el contrario me había gustado. El día anterior vi a William que me recordó que me esperaría donde la vez anterior y que fuera a eso de las ocho. Tenía que vencer mi miedo y mis complejos. Pero terminé por ir, primero porque me gustaba William y sabía que iba a hacer todo lo posible por satisfacerme. A las ocho ya había oscurecido por lo que era mejor para no ser visto, William estaba en la puerta esperando, al cerrar tras de mí, me abrazó agarrando mis nalgas y me besó.

    —¡Hoy te voy a enseñar a ser un buen maricón!

    Bueno, aquella frase algo soez no me molestó, porque en realidad lo era y él fue el primero en adentrarme en ese mundo. En una de nuestras conversaciones me lo dijo, me lo dejó bien claro que el ser maricón no era nada malo, que por el contrario era lo mejor porque siempre iba a encontrar pinga para mi culo. Allí estaban los dos como había dicho, nos presentó. Raúl y Tony, el primero un negro chapapote, que había visto un montón de veces pero que con lo feo que era, pues nunca me había fijado en él, cosas de la vida y allí estaba para singarme. A Tony lo conocía, vivía a unas cuadras de mi casa, tipo casado aunque se comentaba que era bujarrón, un negro claro como decían en el vecindario.

    —¡Coño, mi vecino con las ganas que tenía de darte una buena entra´a de pinga!, dijo Tony dándome la mano.

    —¡Hoy lo vamos a graduar de maricón, aunque tiene cepa de mariconazo!, bromeó William y agregó,- ¡bueno, a ver, vamos a ponernos cómodos!

    Era la contraseña para quitarse la ropa, ya lo sabía. Cuando me quitaba la ropa miré a Raúl, tenía un tremendo trozo de morronga que asustaba, sentí un temblor por el cuerpo porque de solo mirarla así sin que aun estuviera parada y dura, pues asustaba. Tony y William tenía la pinga parecida.

    —¡Coño, soy el único de pinga chiquita!—, bromeé yo mientras palpaba la de Raúl.

    —¡Bah, no te preocupes que tú has venido a que te den pinga y no a dar pinga!- comentó Raúl.

    —¡Pues, claro, lo tuyo es poner el culo y la boca!, dijo Tony.

    Lo que ocurrió después fue un torbellino, yo me puse a chuparle la pinga al negro Raúl, mientras William empezó a mamarme mi culo ensalivando y preparándolo para lo que vendría. William al rato dio paso a Tony que empezó a meterme su pingona grande, William debajo de mí seguía dando lengüetadas y escupiendo mi culo que abría paso a la cabeza de la pinga de Tony. Empujó hasta atrás haciendo que me quejara, me dijo que aguantara, y siguió singándome mientras me parecía que mis mandíbulas se me caerían de tanto mamar la pinga de Raúl. Al rato William ocupó el sitio de Tony en mi culo ya dilatado.

    —¡Oye, no me lo dilaten mucho que quiero que sienta mi pinga!—, dijo Raúl.

    William le dijo a Raúl que era su turno si quería gozar un buen culito estrecho aún, Tony y William me aguantaron diciendo que me relejara, Raúl se puso detrás y metió. Un sudor frío me recorrió el cuerpo, quería gritar y lo hubiera sido por no ser a mano de uno de los dos que me tapó la boca, los pies se me aflojaron, las lágrimas se me salieron. Tal era la sensación de que algo se abría dentro de mí, que me rajaría el culo. Viendo cómo estaba, pues me arrastraron hasta una colchoneta en el suelo y allí quedé clavado por Raúl. William trajo un pomo con vaselina y empezó a untar en el culo, le dijo a Raúl que sacara algo para ponerle la vaselina. Estuvimos un rato así, yo clavado, Raúl dentro y los otros dos sentados mirando. William se acercó, me besó y me dijo que tocara mi culo lleno, que sintiera que todo estaba bien. Así lo hice, me parecía mentira que dentro tuviera aquel trozo de pinga. Al rato empezamos a singar, Raúl comenzó con suavidad, diciendo que nunca había singado un culito tan estrecho. Después Tony y William se turnaron para que mi boca recibiera sus pingas, a partir de aquel momento no podría decir que fue y quien me singó. Lo peor fue cuando ya quería venirse, uno a uno se vino dentro, sentía que por mis muslos el semen me corría. Tony se vistió y se fue rápido, se despidió alabando mi culo y que repetiríamos, William se fue a despedirlo hasta la puerta. Raúl se quedó abrazado a mi espalda.

    —¿Te gustó? —me susurró al oído Raúl.

    —¡Sí, pero me dolió al principio!

    —¡Bah, al principio duele, pero después es la vida misma, así me dicen los pocos que se han metido este pingón! Tú eres uno de esos pocos, además quisiera que te adaptaras a mi pinga.

    William regresó y dijo que saldría a buscar un paquete de cigarro, que me dejaba en buenas manos. Yo en principio no pensé que todo era parte del plan para dejarme solo con Raúl, pero era el plan porque William no regresó y Raúl me singó antes de que me fuera. Pero esta vez fue mejor, con mucha vaselina y caricias, fue una singada larga, yo mismo tenía la impresión de que amanecería de un momento a otro. Pero salí comprendiendo que el sexo era más que el tamaño, era el placer, la satisfacción y el saber hacer las cosas. Raúl me poseyó con pasión, como un verdadero macho, me hizo su objeto, su mujer, su culo, su chocho. William fue quien me singó por primera vez, pero quien me poseyó de verdad fue Raúl, me convertí en adicto a su pinga, al sabor de su leche, de su lengua, de sus manos. No tenía nada que ver su cara que no era agraciada, incluso hubo cierto disgusto con William porque en realidad pasé a pertenecer a Raúl aquella noche y por largo tiempo. Mis amistades me decían que me había puesto la capa del zorro, refiriéndose al color de Raúl, mi familia no lo veía con buenos ojos por ser negro como el chapapote, pero yo era feliz. Le pertenecí por dos años y medio, en que no probé ninguna orgía aunque sí singué con otras personas pero mi marido era Raúl, era mi dueño y yo le pertenecía todo. Los demás comentaban que ya nadie quería singar conmigo porque mi culo estaba desflecado por la pinga del negrón. Era yo el compromiso o la mujer oficial de Raúl, todos lo sabían, todos lo comentaban. Él se sentía orgulloso de mí y yo de él, y la envidia la sentían los otros hacia aquel misterio que habíamos descubierto ambos.

    Un día desapareció Raúl, William me dijo que se había ido para el Norte en una lancha. No quise creerle, pensé que era una de esas mentiras para atraerse mi gracia, me dio un papelito donde había dos reglones. Era cierto, me había dejado. Me sentí mal, usado. Odié a todos, no puedo decir que era amor, pero ¿qué sentía? Fue un duro revés.

    A los dos meses William me dijo que tenía algo para mí, una carta de Raúl, fui a su casa. Una carta larga, llena de pasión donde me explicaba el paso que había dado, que estuvo pensando llevarme pero no había espacio, que no me olvidaría, que me quería y terminaba que deseaba que al menos a mi culo no le faltara pinga, «mi amor, ese culito rico es para singar y tienes que complacerme en eso, quiero que pienses en mí pero sigas singando». William no perdió tiempo, no diré que me violó, porque no me opuse, me hizo acostar, me desnudó y me singó así sin que yo hiciera algo por devolverle el placer que supuestamente me daba. Me singó dos veces, sentí que se venía, sus gemidos, la manera en que apretaba sus manos, dos veces sin salir de mí pero no estaba yo para esa fiesta, me sentía mal y sobre todo por aquella carta. Me quedé así quieto dejando que hiciera lo que le viniera en gana. William se fue a ver la tele, yo me quedé en la cama deseando que me tragara la tierra. Me quedé dormido por un rato o por unas horas, no sé cuánto tiempo. Me desperté cuando William con papel sanitario me limpiaba.

    —¡La leche se te sale, papo!

    Era cierto, las dos veces se había venido dentro por lo que era normal que saliera. Terminó y se acostó a mi lado abrazándome, mientras acariciaba mis nalgas peludas.

    —¿Me dejas singarte de nuevo?, me preguntó.

    —¡Sí, síngame, síngame cuantas veces quieras!, murmuré.

    Así lo hizo William, esta vez poco a poco comencé a sentir de nuevo un poco de placer mientras me singaba. Recuerdo que mucho después William se reía diciendo que era la mejor medicina que tenía para mí. Por eso quizá lo estimo mucho, me ayudó a salir del hueco en que había caído. Claro que salía ganando con mi situación porque volvía a ser yo quien se le entregaba sin protestar y si deseaba que fuera de alguno de sus amigos, yo no protestaba tampoco, me entregaba.

  • Dos días (2): Conocernos

    Dos días (2): Conocernos

    Salgo al patio y me siento en los peldaños de entrada a casa. Me gusta ese sitio.

    Hay que ordenar ideas, centrarse. Un cigarrillo.

    Ramón, el cachorro, esta tumbado debajo de la moto, sopla un poco de viento y hay sombra. Perro listo.

    He conocido a Ana en la Web. Hace un mes publique un anuncio en una comunidad BDSM.

    Claramente especifique que buscaba una sumisa mayor de 45 años. Contestaron 5 personas. Dos eran hombres. Ignore su correo.

    Una mujer casada.

    Lo que necesitaba era que la presten atención. Hable con ella. Se contradecía en cada frase. Era mejor “pasar del tema”. Todo eran problemas mientras hacía punto de cruz.

    Cae agua en la ducha.

    Se está tomando su tiempo, seguro que ella también esta interiorizando lo ocurrido.

    Otra mujer me envía un correo explicándome que quiere que participe en una fantasía consensuada de violación. No podía creerlo. El anuncio era un imán para personas problemáticas.

    Conteste llanamente “NO“.

    Con el tiempo Ana me confesó que fue ella la que me envió ese correo.

    Cada vez que veía un anuncio con posibilidades enviaba un correo para ver la respuesta con un perfil falso. Si el interlocutor aceptaba, ella no continuaba.

    Pocos se negaban a un polvo rápido, aseguraba.

    Ya había olvidado que tenia puesto el anuncio cuando apareció.

    Esta vez el correo era muy sencillo muy claro, muy corto.

    “Sumisa de 50 años. 3 de experiencia. Busco Amo real. Llame 6… si le interesa. Ana”.

    Llevo 7 años sin sumisa, con relaciones vainilla hasta que me decidí a poner el anuncio. Me sorprendí que funcionara.

    De nuevo el deseado tintineo en las escaleras.

    Apago el cigarro despacio y me encamino a la habitación.

    Ana esta de pie en el centro de la habitación. Leve aroma a pastilla de jabón.

    La tensión inicial ha desaparecido tan rápido como el olor a sudor.

    Esta relajada, ya no la incómoda estar desnuda para de mí. Cuando se sienta expuesta y vulnerable cambiara esa pose.

    Me siento, de nuevo, en la silla a la vez que ella baja la cabeza, evitando así mirarme.

    -Conoces la posición de “en espera”?

    -Si, mi Señor

    Contesta rápidamente

    -Colócate.

    De rodillas en el suelo con las piernas abiertas en Angulo de 90 grados, se sienta sobre sus talones, espalda recta, cabeza baja, las manos descansan sobre los muslos con las palmas hacia arriba.

    El mechón rojo se ha soltado de la coleta, la cae sobre la cara, no se atreve a apartarlo.

    -Ana mírame y atiende.

    Leve sobresalto, rápidamente se aparta el pelo de la cara, sus ojos marrones sobre los míos.

    Es preciosa esta mujer.

    -Has venido libremente a mi casa a pasar dos días como mi sumisa, has pronunciado la frase acordada y hemos pactado los limites en días anteriores. Me has informado de tu palabra de seguridad y yo te he confirmado que acepto.

    -Estas son las normas para estos dos días.

    -Puedes estar vestida o desnuda, excepto en las sesiones que estarás siempre desnuda y limpia.

    -Te dirigirás a mí como “mi Señor” y no es necesario que tengas la cabeza baja, puedes mirarme a los ojos cuanto desees.

    -Pediras siempre permiso para tener un orgasmo y no puedes llevar bragas en ningún momento, ni siquiera cuando salgamos.

    Con cada norma Ana asiente con un pequeño movimiento de cabeza.

    Los dos tenemos claro que nos tenemos que evaluar.

    Hay que averiguar si además de esa afinidad mental que tenemos también somos compatibles sexualmente antes de comprometernos.

    Detecto en su mirada una duda pero no dice nada.

    -Preguntas?

    -Si, mi Señor.

    -Habla.

    -Saldremos de casa y estaremos con más gente?

    -Correcto. Es importante que conozcas algo de mi mundo para que puedas decidir si quieres entregarte definitivamente a mi. Esta tarde tenemos una cena en casa de unos amigos.

    -Entiendo.

    -Alguna cosa mas?

    -Si, mi Señor. Me he corrido en la bañera cuando Vd. me meaba. Nunca he practicado la lluvia dorada y es la primera vez que me pasa sin que me toquen.

    Habla en voz baja, esta sonrojada. Tiene vergüenza y verbalizarlo la aumenta.

    -Comenzamos?

    Digo muy serio.

    -Por favor si, mi Señor.

    Al levantarme cojo la vara de la pared.

  • La gran follada

    La gran follada

    Para comenzar, os comentaré que este relato es totalmente verídico y no hay nada de fantasía o imaginación, todo sucedió tal y como os lo relato a continuación.

    Como ya os conté en el relato anterior, le podéis echar un ojo si queréis, se tituló “Convenciendo a mi mujer», ahí os conté como lie a mi mujer a realizar un trio por primera vez y viendo el buen resultado obtenido en ese encuentro, hemos seguido profundizando en el mundo liberal.

    Para los que no habéis leído el relato anterior, os contare que somos un matrimonio de mediana edad.

    Mi mujer es preciosa, no tiene un gramo de grasa y lo que mas resalta de ella son las pedazo tetas que tiene, son grandes, duras y nada caídas a pesar de su edad. Yo soy alto, de complexión normal, pero muy bien dotado. Para continuar con la presentación, os diré que mi mujer se llama María y yo Julio y llevamos juntos prácticamente toda la vida.

    Bueno para empezar la historia os diré que se acercaba el cumpleaños de ella, por lo que tenía pensado hacer algo especial para celebrarlo, así que volví a llamar a Iván (El chico del primer relato) para hacerle a mi mujer una buena fiesta, pero casualmente el chaval por esas fechas no estaba disponible por temas laborales, con lo cual tuve que volver a poner de nuevo otro anuncio en internet para buscar otro candidato para fiesta.

    Como ya os dije, mi mujer esta que se rompe de buena, por lo que, a la media hora de poner el anuncio, ya tenía un montón de mensajes de chicos que querían quedar con nosotros.

    De todos los correos, hubo uno que me llamo mucho la atención, se trataba de dos chicos que se ofrecían para quedar, nosotros solamente buscábamos un chico y estos eran dos, pero la idea me encanto, solo de pensar de ver a mi mujer con tres pollas, bufff, eso tenía que ser brutal, por lo que rápidamente se lo propuse a ella, la cual se negó en rotundo a la propuesta, diciendo que estaba loco, que tres pollas eran mucho para ella, que la íbamos a reventar y excusas similares.

    Así que no volví a insistir, pero empecé a urdir un plan para llevar a cabo mi propósito a sus espaldas.

    Quede con los dos muchachos en cuestión para conocernos, ya que de lo que te cuentan por internet, a la realidad, suele haber un abismo, y no tenia ganas de sorpresas desagradables, por lo que quedamos en un bar céntrico de la ciudad para tomar algo los tres.

    A la hora acordada llegaron, se llamaban Juan y Luis, dos muchachos de más o menos nuestra edad, complexión normal y muy similares ambos, deberían medir 1,75 y 80 k aproximadamente, tenían buen aspecto y eran muy agradables. Me comentaron que ya habían tenido alguna experiencia con parejas y que eran muy cañeros, por lo que la fiesta pintaba bien ya desde un principio.

    Me preguntaron si la chica de las fotos del anuncio era real, a lo que por supuesto les conteste que sí, que no había trampa alguna.

    Después de un buen rato de charla, les comenté que ella solo quería un chico, así que les pedí unos días para que yo pudiese idear un plan para follarnosla los tres, de todas maneras, aún faltaba casi un mes para su cumpleaños y teníamos tiempo suficiente para prepararlo todo.

    Les comenté que como seriamos tres follando, seria una buena idea hacernos las pruebas del VIH y venéreas, para poder follar a pelo y evitar así tener que andar sacando y poniendo condones, con el engorro que ello conlleva. Los muchachos accedieron a mi propuesta, y ahora solo había que convencer a mi mujer para meterle la gran follada que habíamos ideado, algo que no iba a ser nada fácil.

    Estuve varios días dándole vueltas de como hacerlo, ya que mi mujer es bastante cabezona y en menos de un mes no iba a tener tiempo suficiente para convencerla, así que preparé un plan digno del mejor guion de película americana.

    Se me ocurrió la brillante de idea de que, aprovechando la excusa del cumpleaños, le haría una fiesta sorpresa, le propuse que le vendaría los ojos durante el trio, con el fin de darle mas morbo al asunto y que bajo ningún concepto podría destaparlos hasta que yo se lo indicase.

    Ella acepto, así que ya tenia medio camino andado, ya que no iba a ver nada en ningún momento y no sabría quien se la estaría follando, aumentando así más aún el morbo.

    El siguiente punto en cuestión seria como iba a colar a un chico en la habitación sin que ella se enterase. Eso fue sencillo, ya que por motivos laborales tengo una furgoneta cerrada, así que ese problema era de fácil solución, metería a uno de los invitados en la parte trasera y le abriría cuando ya mi mujer estuviese con los ojos vendados.

    Una vez ya con todo el plan preparado, me puse en contacto con Juan, para explicarle paso a paso como teníamos que hacer.

    Lo primordial era que el invitado sorpresa no podía hablar en ningún momento y bajo ningún pretexto durante toda la follada y que siempre tendría que haber uno de nosotros descansando, es decir, ella en todo momento estaría con dos pollas, nunca con tres, para no descubrir así el pastel.

    También les comenté el tema del aseo antes de empezar, ya que para nosotros eso es como un ritual que siempre realizamos antes de un trio.

    Bueno, pues ya estaba todo claro, cada uno ya sabia lo que tenia que hacer para que todo funcionase a la perfección.

    Hablando con los muchachos, Juan me comento que el estaba muy bien dotado, pero su amigo Luis no tanto, que tenia una polla normalita, tirando a pequeña. Fue entonces cuando se me ilumino de nuevo la bombilla, mi mujer tenia el culo virgen, se lo intente follar un par de veces, pero me fue imposible, ya que según le metía la puntita, no aguantaba del dolor, por lo que me era imposible penetrarselo muy a mi pesar, pero con la ayuda de Luis y gracias a tener una polla pequeña, mi suerte podía cambiar.

    Esa semana fui a un sex shop y compré un antifaz de esos que no dejan ver nada y un bote de lubricante, con la intención de romperle el culo de una vez por todas.

    Ya estaba todo listo, el plan era perfecto, solo teníamos que tener cuidado de que no se cayese el antifaz y que el invitado guardase silencio en todo momento.

    Quede con Juan para el sábado a las 9, con el fin de cenar los tres en un conocido restaurante de la zona, mientras Luis tenia que meterse a las 11 en punto, en la parte trasera de la furgoneta, la cual iba a quedar abierta para que pudiese acceder sin problema.

    El día anterior Juan me facilito los análisis de los dos, así que todo estaba preparado, solo había que rezar para que todo saliese bien.

    Por fin llego el día, todo estaba listo, yo estaba un poco nervioso por si algo salía mal, ya que, si hubiese algún error y ella descubriese el asunto, cualquiera la aguantaría durante una buena temporada.

    Eran las 8 de la tarde y mi mujer salió del baño totalmente arreglada, estaba preciosa, llevaba un vestido blanco con un montón de bordados y un escote de infarto, que dejaban ver gran parte de sus enormes y preciosas tetas, a pesar de llevar sujetador, la verdad es que estaba para comérsela allí mismo.

    Salimos de casa rumbo al restaurante donde había quedado con Juan, el cual llego puntual y se presento a mi mujer con un par de besos, ya que ella no lo conocía, solo había visto unas fotos que el chaval me había pasado por correo cuando contesto al anuncio.

    La cena transcurrió tranquila y muy amena, Juan era un muchacho agradable y simpático. Mi mujer se encontraba muy a gusto y todo iba sobre ruedas. El chico no le quito ojo en toda la noche a las tetas de ella, ya que como he dicho son impresionantes y además la muy cabrona lo sabe explotar con maestría con los escotes que se pone.

    Eran casi las 11 y recibo un wasap de Luis, el cual me comunica que ya se encuentra dentro de la furgoneta como habíamos acordado, por lo que rápidamente le pedí la cuenta al camarero y nos fuimos.

    Salimos del restaurante y le dije a Juan que íbamos mejor en la furgoneta para el motel y que dejase su coche ahí, que luego lo recogeríamos, evidentemente accedió, ya que se trataba de parte del plan que habíamos ideado. La furgo tiene tres plazas delanteras, así que fuimos todos un poco apretados, pero no había problema, ya que más apretados íbamos a estar luego y no íbamos a protestar.

    El trayecto era corto, así que no dio tiempo a hablar mucho, cuando nos dimos cuenta ya habíamos llegado al motel, por lo que pedimos la habitación y aparcamos, no sin problemas, ya que las plazas de garaje en los moteles son bastante justas y con la furgo aún se te hacen más estrechas.

    Una vez dentro, mi mujer fue la primera en ir al baño a asearse y mientras tanto Juan fue con sigilo a por Luis a la furgoneta, a su vez yo fui al baño a ponerle el antifaz a mi mujer para que no viese nada de lo que iba a suceder. Cuando acabo de asearse, se volvió a poner el vestido y la acompañe a la habitación para que no tropezase, ya que ella ya no veía absolutamente nada.

    La deje sentada en un pequeño sofá que allí había, mientras nosotros nos íbamos a asear, una vez listos salimos a la habitación, yo primero, para cerciorarme de que no se había quitado el antifaz que le había puesto con anterioridad.

    Al instante llame a Juan, el cual claro esta, vino ya con su amigo Luis, ambos ya totalmente desnudos al igual que yo. Levante a mi mujer y le hice una seña a los muchachos para que se acercasen, yo me hice a un lado para que ellos empezaran, mientras yo comenzaba en el banquillo disfrutando de lo que estaba por suceder.

    Enseguida empezaron a sobarla por todos los lados, mientras Juan se encargaba de sus tetas, Luis le desabrochaba con sutileza el vestido, cayendo este al suelo, quedando mi mujer en ropa interior en medio de la habitación. La acompañaron a la cama con cuidado para que no tropezase con nada y allí la tumbaron boca arriba, Juan se puso a un lado y Luis al otro, este ultimo la giro un poco para desabrocharle el sujetador y poder así liberar las pedazo tetas de María, la cual tenia ya los pezones como garbanzos y ya empezaba a jadear de lo caliente que estaba. Mientras Juan empezaba a comerle los pezones, Luis ya estaba sacándole el mini tanga que ella llevaba, dejando al aire el tremendo coño depilado que tiene. No tardo ni dos segundos en empezar a comerle el coño con dulzura y delicadeza, mientras ella comenzaba ya a disfrutar de los lengüetazos que le estaban propinando, mientras Juan seguía comiéndole las tetas con lujuria, ella a palpas, consiguió alcanzar el pedazo de rabo del chaval y comenzó a pajearlo suavemente, no tardo el muchacho en acercarle la polla a la cara para que se la chupase, cosa que comenzó a hacer con esmero, mientras Luis seguía a lo suyo. María, no tardo ni dos minutos en correrse, fruto de la comida de coño que le estaban pegando, Luis al notarlo acelero el ritmo, saboreando todos los fluidos que ella soltaba. Juan seguía disfrutando de la felación que le estaban propinando, mientras yo estaba con un empalme brutal deseando entrar en acción.

    Fue entonces cuando Juan decidió levantar a María y él se tumbó en la cama, poniéndola a ella encima para que cabalgase, yo en ese momento le pedí el cambio a Luis, el cual paso al banquillo. Mientras Juan se follaba a mi mujer, yo me puse enfrente de ella y le metí la polla en la boca, disfrutando así de una suculenta mamada.

    María no paraba de cabalgar a Juan, el cual estaba hipnotizado con los botes que pegaban las tetas de ella, mientras que con cada embestida que le daba, intentaba clavársela más al fondo. Era un mete saca continuo, con la ventaja de que, si uno se cansaba o se corría, teníamos cambios como en un partido de futbol.

    María estaba como poseída y no paraba de cabalgar al pobre chaval, el cual aguantaba lo que podía para no correrse todavía y disfrutar un poco más del momento. Luis a su vez no perdía detalle de la escena y se pajeaba la polla deseando volver al terreno de juego.

    Cuando Juan no pudo más acelero el ritmo de la cabalgada y se corrió como un poseso dentro del precioso coño de mi mujer, inundándolo por completo con toda su lechada, ella a su vez fruto del acelerón de Juan tuvo otro orgasmo brutal, de esos de los que no te olvidas en tiempo, el chaval exhausto bajo a mi mujer de encima y con una seña le indico a Luis que entrase en acción, el cual nada más llegar puso a mi mujer a cuatro patas y empezó a follarla con mesura, aun con la leche caliente de su amigo dentro, la cual parte de ella le resbalaba por la pierna, yo a su vez le follaba la boca sin descanso. El vaivén de las tetas era impresionante, fruto de la clavada que le estaba pegando Luis, el cual estaba fresco ya que venía de estar en el banquillo, entre estocada y estocada, María se volvió a correr una vez más. Yo aprovechando que mi mujer estaba desbocada, le pase a Luis el bote de lubricante que estaba encima de la mesilla, para ver si de una vez por todas le podíamos romper el culo.

    Empezó metiéndole un dedo perfectamente lubricado con mucha suavidad, a la vez que seguía follándole el coño sin descanso, ella hizo el ademan de quejarse, pero con mi polla en su boca, no le di opciones a hacerlo.

    Luis ya la tenía preparada para la enculada, ya le había conseguido meter dos dedos en su prieto e inexplorado culo, mientras seguía reventándole el coño sin cesar, yo le hice una seña, y no tardo ni un instante en sacársela del coño y apuntar con ella al agujero estrecho que tanta guerra me había dado.

    Empezó metiéndole la puntita y bombeando muy despacio, con el fin de no lastimarla, mientras ella trataba de revolverse, pero al tenerla yo sujeta por la cabeza mientras me la chupaba no fue capaz de liberarse. Poco a poco Luis empezó a aumentar el ritmo y las quejas de mi mujer pronto se cambiaron por gemidos de placer, era increíble, mi mujer disfrutando de su primera penetración anal, algo que yo no había conseguido en treinta años. Esa es la ventaja de tener una polla pequeña, que la puedes meter en todos los lados.

    Luis acelero más el ritmo, y ya estaba follándole el culo a la misma velocidad a la que le había estado follando el coño minutos antes, de repente acelero un poco más y note como empezó a correrse como un animal dentro del culo virgen de mi esposa, la cual víctima de la excitación, obtuvo el primer orgasmo anal de su vida. Después de que Luis se corriera le hizo un gesto a Juan para que tomase el relevo, el cual no dudo ni un instante, y al ver el culo abierto de mi mujer y lleno de leche se la clavo sin muchos miramientos, ella volvió a protestar, ya que la diferencia de pollas era notable, pero a los pocos instantes, mi mujer volvía a disfrutar de otra enculada de película.

    Le hice una señal a Juan para cambiar de postura, cogí y me puse debajo de María, para poder follármela vaginalmente, mientras Juan seguía rompiéndole el culo sin descanso. Esta era la primera vez que mi mujer disfrutaba de una doble penetración, y vaya si lo disfrutaba la muy cabrona, no paraba de correrse, era un no parar, estaba disfrutando de lo lindo, yo no lo podía creer, por fin le habíamos abierto el agujero oscuro y ahora ya no habría vuelta atrás.

    Las pollas chocaban en el interior de ella a un ritmo desenfrenado, lo que provocaba un placer añadido, de repente Juan acelero el ritmo y ante los chillidos de placer de mi mujer, se corrió como un campeón dentro de su culo, volviéndoselo a inundar de leche una vez más, mientras yo aguantaba como podía dentro de su coño, a la vez que le chupaba las tetas sin cesar. Juan ya exhausto por la enculada, con otro gesto le volvió a solicitar el cambio a Luis, el cual ya estaba listo para un nuevo asalto, pero esta vez quería ser yo el que por fin le follase el culo a mi queridísima esposa, así que la volvimos a poner a cuatro patas, pero esta vez con Luis debajo, el cual se agarro como un pulpo a sus tetazas, mientras le empezaba a bombear el coño de nuevo. Yo a su vez, me puse por detrás y pude ver por primera vez en la vida el culo de mi mujer abierto de par en par, en carne viva y rezumando leche a borbotones, fruto de las dos folladas que le acababan de meter. Ni corto ni perezoso, me unte la polla con lubricante y por primera vez, se la clave hasta los huevos en su culo pringoso y dolorido.

    En cada bombeada que le pegaba, salía del ano de mi esposa una mezcla de leche y lubricante, era tremendo, y si a eso le añadimos que en cada estocada que le arreaba notaba la polla de Luis dentro de su coño, era un placer enorme.

    Así estuvimos unos minutos más, hasta que María volvió a correrse por enésima vez, con las dos pollas clavadas hasta el fondo de sus entrañas, yo al notar que ella iba a tener el orgasmo, también aceleré el ritmo y empecé a bombearle toda mi leche sin parar en su culo roto, Luis no se quedó atrás y empezó también a correrse en el precioso coño de mi mujer, inundándoselo de semen una vez más. Fue fantástico, nos corrimos los tres casi al unisonó.

    Yo después de correrme le hice una señal de nuevo a Juan, el cual se acerco y le metió la polla otra vez a mi mujer en la boca, la cual empezó a succionar con esmero, mientras Luis y yo descansábamos un rato de la follada que le acabábamos de meter hacia unos instantes. Pero el descanso duro poco, ya que al ver la mamada que le estaba propinando al muchacho, se me volvió a poner dura como una piedra, así que la volvimos a poner a cuatro patas, pero esta vez se la metí por el coño, ya que ella me pidió que le dejase el culo tranquilo, ya que no aguantaba del escozor.

    El coño de María aun rezumaba la leche de Luis y de Juan, así que no me costó nada metérsela de nuevo, ya que entraba sin empujar, tenía el coño abierto de par en par y al bombear aun le salía más leche de su interior, a su vez también le salía de su culo otra cantidad considerable de semen, fruto de las tres corridas que le pegamos anteriormente.

    La excitación fue en aumento, por lo que empecé a darle duro de nuevo, rompiéndole el coño a pollazos, ella empezó a chillar de nuevo como una loca, Juan ante semejante panorama, no pudo aguantar más y se corrió en toda la boca de mi mujer, a la cual cogió por sorpresa y no fue capaz de tragarse toda la lechada que Juan le había proporcionado, por lo que una gran parte de ella, le cayo por toda la cara, provocando una autentica escena de película porno.

    Yo ante semejante panorama, viendo a mi mujer con toda la corrida de Juan por la cara, no pude aguantar más y explote de placer dentro de su coño, provocándole el ultimo orgasmo de la noche, fruto del cual cayo exhausta en la cama.

    En ese momento de relajación le hicimos una señal a Luis para que se vistiese y se marchase para la furgoneta. En el momento en que salió de la habitación le quite el antifaz a María la cual se marcho camino de la ducha, iba destrozada, la follada había sido apoteósica. Nos duchamos todos y nos fuimos a tomar algo con Juan a un pub cercano de donde había dejado el coche, para poder así Luis bajarse de la furgo sin que María se percatase.

    Tomamos algo rápidamente y nos despedimos de Juan invitándolo para nuevas veladas.

    Al llegar a casa mi mujer me dijo: “Vaya follada que me pegasteis cabrones, y tú me querías poner con tres pollas, menos mal que no te hice caso, ya con dos me habéis destrozado, no me imagino con otra polla más”.

    Pues así acaba el relato, con mi mujer con el culo destrozado y escocida durante varios días, y con el convencimiento de que tres pollas son muchas pollas para ella sola.

    Espero vuestros comentarios.

  • Buscamos un bebé los tres

    Buscamos un bebé los tres

    Somos una pareja de 32 y 28 años hicimos varios tríos y nos gustaron mucho, solamente con dos hombres repetimos uno era mi amigo, todo empezó como un chiste y luego se lo propuse de verdad.

    Quería verlo besando a mi mujer. Se lo conté a mi mujer y ella acepto porque le parecía lindo y ya habíamos hecho tríos. Salimos del trabajo y fuimos a casa. Había mucho nervio entre los tres. Me acerque a ella le di un beso apasionado y le dije que le diera uno a el. Y se besaron con muchas ganas.

    Ese día solo iba a ser un beso como para ver si nos gustaba pero ella se calentó mucho y quería chupársela. Le dije que no que la próxima si. Paso una semana y el era un buen amigo y iba a ser raro verlo con mi mujer. Se empezaron a besar muy apasionadamente y ella bajo a chupársela. El me miró a ver si me gustaba y a mí me encantaba verlos. No veía la hora de que se la metiera. Cuando vi como entraba su verga en su concha explote. Me encantó.

    Lo repetimos varias veces y después de varios tríos el me dijo que quería chuparmela. Me dio cosa pero lo deje me la chupó muy fuerte y con muchas ganas. Después de eso lo bese mucho mientras el se la metía a mi mujer. Teníamos mucha química al punto de que nos llegamos a gustar mucho y prácticamente nos estábamos enamorando. Hacíamos besos triples y todo. Un día solo queríamos darle placer a el.

    Lo desnudamos ella se la chupaba y yo le pasaba la lengua por el ano. No queríamos sexo solo queríamos que mi mujer tome su leche. Nos gustabamos tanto que ya fantaseábamos con ser pareja los tres. Teníamos sexo con amor. Pero llegó un tiempo donde ya no nos estábamos cuidando y nos moriamos de ganas de que el acabara adentro (nosotros tenemos 3 hijos) y sabíamos que si seguíamos así había muchas posibilidades de que quede embarazada.

    Llegamos al punto de hablar del tema y la discusión solo era quien se iba a hacer cargo del bebé fantaseábamos mucho con esa idea hasta que planeamos hacerlo. El la tenía en 4 y cuando estaba por acabar se arrepiento. Yo le dije que no parará que queríamos que la deje embarazada, el dijo que mejor no, entonces le pregunté a ella si quería un hijo de él y gimiendo mucho grito que si que le haga un hijo.

    Me acerque y le dije déjala embarazada y el no aguanto más y la lleno hasta rebalsarla. Cómo había dudas ella tomo la pastilla del día después y no paso nada. Hablamos los tres que estuvimos muy cerca de tener un bebé y dejamos de vernos por un tiempo. Luego de eso conocimos a Mariano un hombre de la edad de su padre hablamos muchísimo y a mí se me ocurrió que estaría bueno de que ella coja sola con el en un hotel con la condición de que me manden fotos y videos.

    Ella accedió y fue a coger con el. Ella no esperaba que la cogiera tan bien. El era muy atento y cuidadoso y eso a ella le gustó mucho. Hablabamos casi todos los días y hacíamos tríos y también la llevaba al hotel para coger ellos dos solos. Llegó un día en que los veía coger con muchas ganas y demasiados mimos. Le pregunté… Te gusta mucho Mariano no? Me dijo que muchísimo. Parece como que hacen el amor.

    Ahí me di cuenta de que ella se estaba enamorando de él y el de ella. Lo agarre a el y le pregunté si se estaba enamorando de mi mujer y me dijo que si pero que no quería problemas entre nosotros y que si queríamos dejar de hacerlo no había problema. Paso un tiempo lo pensé mucho y le pregunté a ella si podía amarnos a los dos y respondio que si.

    Nos planteamos ser una pareja de tres y los tres aceptamos. Hacíamos el amor muy fogosamente hasta que el dijo que tenía la fantasía de cogerla embarazada, nos reímos pero cuando volvimos a casa lo hablamos y sabíamos que no estaba bien pero de verdad los 3 queríamos tener un hijo de él como para sellar el amor. Le pregunté si quería hacerlo y acepto. Yo decidí que ella vaya al hotel y se embarace.

    Me mandaron un vídeo de el arriba de ella cogiendo y cuando se corrió me mostraron como su concha estaba llena de leche. Por suerte o por desgracia no quedo embarazada y estamos pensando muy bien si es buena idea.

    Espero sus comentarios y no criticas los dos la amamos y ella a nosotros.

  • Estrenando a mi ahijado de 18 años

    Estrenando a mi ahijado de 18 años

    Debido a la cercanía de nuestra casa con la Universidad, mi esposo y yo decidimos darle asilo a mi ahijado Josué, él nos comentó que solamente sería unas semanas. Nunca me imaginé vivir una situación como esta, pero así se dieron las cosas. Josué, es alto aproximadamente 1, 78cm, delgado, de cabello negro, un poco agraciado y tímido. Me gustaba mucho, pero jamás pensaba decírselo. Sin embargo, un viernes, mi esposo e hijas salieron por lo que nos quedamos los dos solos y mi lujuria, ardía como el mismo infierno.

    Me arregle, me puse un mini vestido negro pegado con medias negras, y mi cabello suelto, agregue un poco de perfume y después, abrí la puerta de su alcoba y le pregunte si podía entrar. —Si, adelante —Me acerque a su cama, sentándome en el borde. ¿Cómo estás? —Le pregunte —Bien —Me respondió un poco sorprendido de verme en su cuarto. Vi que su mirada se perdía en mis largas piernas, como si quisiera ver algo. Con mi mano izquierda me subí un poco el vestido, lo suficiente para que alcanzara a ver algo. Josué me miraba con insistencia. Decidí abrir las piernas. Por lo que mis pantaletas quedaron al descubierto. —¿Te gustan mis piernas? —le pregunte Josué no alcanzo a pronunciar palabra de lo asombrado que estaba. Me sentí tan sexy en ese momento… tan admirada, tanto que… sentí que me humedecí, lo confieso. Posteriormente me puse de pie para que admirara mi figura. Sobra decir que Josué estaba con la boca semiabierta, admirando y deseando mi cuerpo—¿Nunca has estado con una mujer? —Le pregunte—Eh… no… no —Alcanzo a decir visiblemente sonrojado.

    Extendí mi mano para invitarlo a que se pusiera de pie. Al levantarse pude ver que su pene estaba visiblemente erecto. Me acerqué a él, y estando de pie comencé a besarlo. Pude sentir como sus manos recorrían mi espalda de arriba a abajo, hasta llegar a mi culo. ¿Te gusta mi trasero? —Sí, —Me respondió. Me hinque ante él y le quite el pans que llevaba puesta. Su miembro erecto salió a escena. Era hermoso, grande, cabezón, lleno de venas y con la clásica ligera curva. No obstante, le dije primero dame placer a mí, me acosté en la cama y abrí mis piernas para que fuera más fácil para el disfrutar mi vagina. Sus labios y su lengua exploraron toda mi vulva, incluyendo mis labios vaginales. A pesar de ser novato, metía su lengua hasta el final de mi vagina hundiéndola en ella, después besando y mordiendo suavemente mi clítoris y no pude más. “Aaa Sigue amor mío, mi vagina ya estaba húmeda, después metió un dedo, luego otros, por lo que mis flujos vaginales empezaban a salir, sigue ahijado, si aaa que rico.

    Dijo: ¡Qué buena estas madrina!: Le replique: Ahora verás lo que es una mujer. Inmediatamente me puse de rodillas, y empecé a pegarle una buena mamada, mi boca tragaba por completo su miembro el cual se iba poniendo más duro. Él no cabía de gusto al ver como su verga desaprecia en mi boca, se retorcía, incluso trato de aventarme ya que el placer era demasiado, pero yo se lo impedí devorándole todo su duro pene. Después, le metí mi lengua en su frenillo, lo que lo hizo gritar de placer, para después morderle su prepucio suavemente, eres una Diosa, me dijo, mientras sentía un enorme placer. Minutos después me di cuenta que le empezaba a correr un poco de su rico semen, el cual no dudé en lamer y tragármelo. Dijo apenado: ¡Perdón!! ¡Es que usted me calienta a mil!: Tranquilo ¡qué bien sabe tu joven semen!

    Como era su noche de estreno, me puse de pie, y nos empezamos a besar, esto lo hice con la finalidad de que no se viniera rápido, pero oh sorpresa dijo, hagamos el 69 como en el porno, sonreí, se acostó en la cama, y yo encima de él, era un vaivén de lujuria y placer. Josué, mordía, besaba, mi vagina y yo hacia lo mismo con su miembro. Así continuamos, varios minutos, hasta que le dije, ponte de pie, y me volví a hincar, lo empecé a masturbar con mis manos fuerte, y después lo dejaba, le dije esa técnica practícala para que controles tu eyaculacion, me dijo si mi amor, así me la jalo pensando en ti, cuanta leche he derramado pensando en ti. Lo que me hizo sonrojas, gracias Josué, ahora es momento de estrenarte, nos empezamos a besar, me acosté en la cama, dejé mis piernas abiertas, y mi vagina a merced de él.

    Josué se dirigió hacia mí con su miembro bien erecto, e inmediatamente penetro mi vagina de manera fuerte, aaa gemí. Estaba estrenando a mi ahijado, ¡dándole duro a la fornicación! sintiendo su duro miembro penetrando en lo más íntimo de mi ser, ¡hasta el fondo de mi vagina! Josué, lo hacía rápido, dijo ¿está bien así? Y mis gemidos le respondían, para ser su estreno, estaba haciéndolo bastante bien, me tomo por mi pequeña cintura y la empezó a clavar más y más fuerte, que rica estas, me decía, mientras yo sentía el castigo de ese pene, después puso sus manos sobre mis muslos y los acariciaba de una manera deliciosa, lo que me hizo gemir muy fuerte, aaa, Josué. Después, saco la verga y la comenzó a frotar con mi vagina, luego empezó a golpear con su cabeza mi clítoris, para después penetrarme de un solo golpe, lo sentí muy adentro.

    Posteriormente, mi ahijado, se echaba sobre de mí; me dejaba caer todo el peso de su cuerpo, y empujaba para metérmela más, para partirme en pedazos: ¡lo sentía delicioso! Me levantaba las piernas, me las separaba, con fuerza, hasta causarme dolor, ¡delicioso!, y luego se acomodaba y me la dejaba ir, hasta el fondo, con fuerza, con saña, con mucho ardor y placer. Me sacaba su verga; la frotaba contra de mi clítoris, me la paseaba por encima de mis labios, los recorría sin meterla y luego, de repente, ¡me la clavaba de nuevo! ¡Qué verga!, ¡que rica manera de coger! ¡Lo disfrutaba, mientras me mordía los labios! Sentí, en mi vagina un poco de semen, pero el seguía, le dije cambiemos de posición, pero dijo no aun no, y me besaba y echaba sus fuerzas, por lo que con mis largas piernas lo enredé de la cintura, aprete fuerte mis muslos, para asfixiar a su miembro, lo que lo hizo gritar de placer. Le dije aun no te vengas, por lo que nos levantamos, y me hinqué y empecé a jugar con su pene, al cual ya le escurría con mas semen, pero su miembro mantenía el vigor, bendita juventud.

    Mientras le hacia el oral, el dulcemente me peinaba, e intentaba ahogarme con su miembro, pero mi experiencia, no lo permitía, y teniendo el pene dentro de mi boca, le mordí el tronco, lo que le hizo gemir de dolor y placer. Le dije, aun no acabo, ven, y le comencé a morder los testículos de una manera tierna y después salvaje, el solo se retorcía de dolor, mientras le mordía los huevos con mis manos le masturbaba su pene. Me dijo; eres mejor de lo que me imaginaba, cuando me masturbaba pensando en ti. Solamente sonreí, y después le dije con que te masturbas y me dijo, con las fotos que descargue de tu perfil, también te robe una tanga y unas medias, míralas están en mi mochila, me acerque a observar, y oh sorpresa estaban muy tiesas. -Si respondió- tiene una semana que me la jale, y las llene de leche, no las he lavado. Pero hace cuatro días que no me masturbo me dijo sonriendo. Le respondí: desgraciado tienen semen, y yo anduve buscando esas prendas íntimas.

    Con una voz tímida, me dijo ¿puedo cogerte analmente? A lo que respondí con un beso en la boca. Para después ponerme en cuatro patas, él se acercó, sosteniendo mis piernas con ambas manos, escupió una cantidad considerable de saliva en mi agujero trasero, puso la cabeza de su verga justo en la entrada y sin previo aviso me la ensartó toda, hasta los huevos. – Ay, pegué un alarido que se debió haber escuchado en toda la cuadra. Si bien mi ano estaba acostumbrado a recibir grandes cogidas, me dolió pero lo goce, al metérmele de una forma brutal, de un solo golpe me hizo retorcer de dolor, fue como si me hubiera enterrado una daga al rojo vivo, sentí morir, era un dolor terrible, forcejeé, manoteé, empujé su pecho con todas mis fuerzas, movía mi cuerpo, intentando hacerlo menos doloroso, pero lo único que conseguía era mover su verga en mi interior, intenté patalear, y lo que lograba era apretar su verga en mi interior, gritaba, ¡me dijo eso fue porque me mordiste los huevos! Estamos a mano.

    Al sentirse ahora el dominador, me comenzó a decir cosas sucias, lo que me encantaba -Agghh puta, que rico, me vas a sacar la leche, puta zorra, te encanta la verga. – Si, me encanta, métemela, cógeme, dame más duro, reviéntame, agghhh, rómpeme el culo- grité. Me tomó de las caderas y me clavó toda su verga con fuerza, di un alarido, pero definitivamente un alarido de placer, mi culo ardía, sentía el diámetro de sus hinchadas venas y cada centímetro de su largo tronco, empezó a embestirme a un ritmo endemoniado, la cama crujía, parecía romperse, una cogida salvaje, animal, mis piernas empezaron a temblar, mis ojos se pusieron en blanco y saliva resbalaba por la comisura de mis labios, todo mi cuerpo se estremeció, me estaba rompiendo toda y me encantaba, mi culo estaba completamente abierto, me desmayaba de placer, hasta que ya no pude más y le anuncié mi orgasmo. Inmediatamente salieron mis líquidos, aaa, gemía de placer, que rica verga, para ser tu estreno, lo estás haciendo muy bien.

    Posteriormente, nos pusimos de pie, y me comenzó a besar tiernamente, ya no era ese salvaje, otra vez mi dulce ahijado, y de pie me empezó a coger, primero por mi concha, y luego por detrás, mordí mis labios. Una nueva empalada que me hizo retorcer del dolor que sentí, sus huevos gruesos y pesados rebotaron en mis nalgas, arqueé la espalda en señal de sumisión, no podía hacer nada para evitar las embestidas, así que pensé que lo mejor era facilitar la penetración y evitar que me desgarré por dentro, soportando el salvaje castigo y rogando por más placer. -Empezó a meterla y sacarla con fuerza, cada vez más rápido, sin piedad, castigando mi pobre culo a su antojo. –No la saques, aunque me revientes, agghh- Grité.

    Me dijo ya casi me vengo, pero quiero penetrar otra vez tu coño, tras decir esto apunta su polla hacía mi almejita y presionando un poco, entra todo su glande dentro de mí y después se deja caer sobre mi cuerpo introduciéndome todo de golpe su impresionante pene, llenándome por completo, he ido sintiendo como según iba entrándome me iba rozando todas las paredes de mi vagina, ha sido sensacional el placer que he ido sintiendo al irme rozando su polla a medida que me iba penetrando, ahora la noto como su punta me llega hasta la misma entrada de mi útero. Él comenzó a moverse con un mayor ritmo a la vez que no dejaba de sobar mis tetas, me las acariciaba, jugaba con sus dedos con mis pezones y después con toda su mano me los aprieta una y otra vez. Esas caricias en mis pechos me volvieron loca, “Muévete, muévete más deprisa mi amor, sigue, sigue folla a tu madrina, folla a esta puta que tanto has deseado, sigue, sigue no pares, así, oh que bien me lo estás haciendo oh mi amor sigue, le gritaba.

    Mi ahijado, seguía bombeando mi coño sin parar, como si no oyera mis suspiros y palabras y no se diera de mis orgasmos. Entonces Josué tomo una de mis piernas y se la puso encima de su hombro y la otra con la otra mano me la abrió y la sujeto contra la cama, era un toro bravo, con los huevos gordos. Esta postura hace que sienta más placer aún y me enloquece pues mi ahijado cada vez empujaba su miembro hacía dentro me rozaba mi clítoris y sentí también en ese momento su verga entrar y salir en mi almejita, estoy a punto de perder el sentido del placer que estoy sintiendo. Entonces él comienza hablarme, siguiendo empujando y follándome con fuerza a la vez que me dice: “Te gusta Ishtar, si madrina sé que usas ese nombre para tener encuentros sexuales” yo solamente le sonreía.

    Me dijo ya voy a venirme, le dije los quiero en mi cara, por lo que permanecí acostada en la cama y el se subió y jalándose el miembro, saco una gran cantidad de semen, aaa madrina son tuyos, muchos deliciosos espermas cubrieron mi cara, uno entro en mi ojo izquierdo y me ardió, me lo cerro por unos momentos, el seguía sacudiendo su miembro y salieron otra cantidad de leche, alguna sobre mi cabello, tienes mucha leche le comente, dijo si, es que no me había masturbado en días, y se juntó la leche. Le dije con tu miembro junta el semen y mételo a mi boca, asi lo hizo ese semen de olor y sabor fuerte, me lo tragué por completo, le di unas mamadas, y besos a su miembro, y terminamos. Gracias por estrenarme madrina, respondí un placer. Me levante, tome mi vestido y le avente mi tanga; ten para que tengas con que masturbarte. Me dijo gracias mi amor. Que agradable experiencia estrenar a mi ahijado, ahora tendre leche fresca en las mañanas.

  • Emma sabe mamar

    Emma sabe mamar

    Su pene estaba erecto. Yo subía y bajaba la piel del prepucio, su glande salía y se escondía, salía y se escondía. Él me miraba con impaciencia. Yo sabía lo que tenía que hacer, pero no me atrevía a comenzar. La música de la planta de abajo llegaba hasta la habitación. Abajo nuestros padres celebraban con otros amigos; sus padres cumplían veinte años de estar casados.

    – Nos pueden descubrir – le dije.

    – No nos van a descubrir, hazlo…

    Y lo hice. Acerqué mi rostro y metí su pene en mi boca. Yo estaba excitado. Aunque no quería admitirlo, yo llevaba mucho tiempo queriendo chupárselo. También tenía miedo, no quería que alguien nos descubrieran mientras yo le hacía sexo oral a mi mejor amigo. Levanté la mirada y vi que disfrutaba de mi felación. Tenía sus ojos cerrados y su boca abierta. Me sentí orgulloso, lo estaba haciendo bien. Cerré mis ojos y me dediqué a complacerlo. Recorrí con mi lengua cada pliegue de su piel y metí su falo tan profundo como pude. Mi garganta era el límite. Entonces lo sacaba y comenzaba de nuevo. Me gustaba el sabor de su pene, era igual al sabor de mis fluidos cuando me masturbaba. Yo esperaba recibir de un momento a otro su eyaculación en mi boca, lo deseaba. Quería ser invadido por su aroma, quería probar su semen, pero él no quería terminar en mi boca.

    Julián se incorporó, me atrajo hacía el para besarme y paladeamos el sabor de su pene entre nuestras bocas. Yo estaba en trance. Darle sexo oral a mi amigo era lo más excitante que había hecho en toda mi vida. Nuestros rostros estaban tan cerca que podía sentir su respiración sobre el mío. Entonces el comenzó a bajarme el pantalón. No opuse resistencia. Cuando mi ropa cayó al suelo él me giró e hizo que me colocara en la orilla de la cama. Escupió en una de sus manos y luego comenzó a aplicar la saliva entre mis piernas. Yo me quedé quieto, esperando. Mi pene estaba erecto y sentí vergüenza de que él lo viera así. Julián se puso sobre mí y colocó su pene en la entrada de mi recto. De un momento a otro sentí que él empujaba con fuerza, queriendo entrar en mí. Mi ano no cedió. Entonces empujó nuevamente usando el doble de fuerza, pero tampoco logró penetrarme.

    – Relájate – me susurró al oído.

    Yo lo tomé de la mano e intenté calmarlo.

    – Tienes que dilatarme – le dije.

    Él asintió y después de ensalivarse metió uno de sus dedos por mi ano. Estaba ansioso y maniobraba en mis entrañas con fuerza. Era la primera vez que metía sus dedos en mí y yo me sentía feliz, pero también sentía dolor. Lo estaba haciendo demasiado rápido, con demasiada violencia. Le pedí que fuera más gentil pero no me escuchó. Metió un segundo y un tercer dedo. Yo lancé un gemido de dolor. Julián no podía esperar más y volvió a ponerse sobre mí. Colocó su pene en mi entrada y volvió a empujar. Su intento de dilatación, aunque había sido torpe, había logrado romper el sello que cerraba mi entrada y esta vez pude sentir que su glande comenzaba a entrar en mí. Nuevamente sentí dolor y por instinto apreté con todas mis fuerzas mi esfínter para hacerlo salir. A Julián no le gustó mi renuencia y volvió a embestirme, pero esta vez no logró abrirme ni siquiera un poco.

    Entonces lo percibí. La música del piso de abajo había bajado drásticamente el volumen: la fiesta estaba terminando.

    – Ya casi entra – me dijo Julián mientras intentaba montarme de nuevo.

    Yo lo rechacé y me incorporé. Julián quedó desconcertado por un momento. Había estado tan cerca de hacerme suyo y ahora parecía que todo había quedado en un intento. Se acercó a mi e intentó besarme. Yo lo rechace al tiempo que me acomodaba la ropa.

    – Vamos a hacerlo – insistió.

    – Ya no hay tiempo – respondí.

    Escuchamos a mi papá decir que era hora de irnos mientras se acercaba a la habitación. Julián corrió hacía el baño. Mi padre abrió la puerta justo un momento después de que yo me hubiera sentado en la cama y tomado el mando de videojuego.

    – Es hora de irnos – me dijo mi padre.

    – Sí – respondí.

    Después de que papá cerrara la puerta corrí al baño y encontré a Julián masturbándose.

    – ¡Rápido – me dijo – ponte de rodillas!

    Sin perder un momento me puse de rodillas y metí su pene nuevamente en mi boca. Unos instantes después el semen de Julián comenzó a inundar mi boca. Pensé que me ahogaría, Julián eyaculaba demasiado. Comencé a beber su semen y entonces supe cuanto lo amaba. Él gruñía y gemía. Yo solo emitía sonidos ahogados por el pene que taponeaba mi boca. Mantuve su pene dentro de mí incluso después de que él hubiera terminado de eyacular, no quería sacarlo de mí, pero entonces escuche a mi padre insistir en que era hora de irnos. Me puse de pie y lo miré a los ojos.

    – Bebí tu leche… – le dije.

    – Sí, lo hiciste – y entonces me besó.

    Mi padre gritó nuevamente y yo me separé abruptamente de mi amigo.

    – ¡Dame enjuague bucal! – le exigí desesperado a Julián.

  • Lo que pase en la isla se queda en la isla (parte II)

    Lo que pase en la isla se queda en la isla (parte II)

    Llegamos a la habitación, la tomé por las caderas pegando su cuerpo al mío, afincando mi verga a sus nalgas, empecé a besar su cuello y boca, con mis manos recorría su cuerpo acariciándolo, tocaba sus pechos en especial sus pezones duros, sus muslos, su vientre, llegando a rozar un poco su conchita con mis dedos, suspiraba suavemente, una de sus manos estaba en mi cabeza tomándome del cabello y la otra mano en una de mis nalgas apretándolas y clavando suavemente sus uñas.

    K: uuummm que duro está!!! Dios me tienes como una perra en celo!!! Uumm Quiero hacer contigo, cosas que no he hecho antes.

    D: uuummm no te creo, Cómo por ejemplo que quieres hace?

    K: ya hicimos una, lo hicimos sin condón, Dios se sintió delicioso tu leche caliente!!!, quiero más de tu verga grande y gruesa me encanta!!!- se voltea y nos besamos intensamente sin separar nuestros cuerpos, con su mano toma mi Verga y lo acaricia recorriendola de arriba a abajo, mis manos la toman de sus nalgas, ella me lleva contra la pared, y baja por mi cuerpo besandolo hasta llegar a mi verga dónde comienza a lamerlo suavemente como si fuera una paleta.

    K: uumm la otra cosa que no había hecho es esta, chupar una verga cubierta por mis jugos… Uuummm que delicia, no pensaba que sabían tan rico mis jugos uumm- metió en su boca mi verga moviendo su cabeza suavemente, presionándolo con sus labios, su aliento estaba caliente; poco a poco fue aumentando el ritmo de su chupada y al mismo tiempo aumento la presión de sus labios sobre parte del tronco de mi verga, me estaba haciendo gemir con su mamada, no llegaba a metérsela toda, intentaba pero no podía, sus manos estaban en mis nalgas apretandolas, de vez en cuando cruzabamos miradas, la agarre por el cabello haciendo una cola de caballo, comencé a mover mis caderas sin llegar a metersela completa en la boca, una de sus manos bajó por su cuerpo hasta llegar a su concha, dándose placer ella también al mismo tiempo que me la chupaba.

    D: aaahh Kata que delicia de boca tienes aaahhh

    K: uuummm igual tu verga es una delicia!!!! Uuumm- la saqué de su boca, y la puse entre sus pechos, ella entendió lo que quería, con su mano libre junto sus tetas apretando mi verga y empecé a mover mis caderas haciendo una rusa, ella sacaba su lengua para tocar la cabeza de mi verga de vez en cuando.

    K: uuumm papi trátame como una perra!!! Hoy todo mi cuerpo es tuyo

    D: aaahhh te voy a tratar como me pides, pero igual te voy a dar placer uuff

    K: uumm que rico papi!!!- dijo sacándolo de sus pechos y metiendolo de nuevo a su boca, sin soltar su cabello la subí para besarnos nuevamente, me empujó y ella fue hacia la cama moviendo su culo provocándome, se puso en 4 y con sus dedos abrió su concha, enseguida entendí la invitación y fui hacia ella, coloque la punta de mi verga en la entrada sin penetrarla, con sus dedos lo tomo y apunto directo a su concha y con un movimiento de sus caderas se penetra ella misma de golpe mi verga, soltando ambos un gemido fuerte, la tomé por su cabello nuevamente haciendo una cola de caballo.

    K: aaahhh Dios Dani aaahhh!!! que rica aaahhh verga tienes aaahh!!!

    D: aaahhh Dios que delicias!!!- mientras disfrutaba del movimiento de sus caderas que poco a poco subía el ritmo hacia arriba y hacia abajo le di dos nalgadas haciendola gemir sin soltar su cabello, la deje hacer un rato, hasta que la tomé por las caderas con mi mano libre y empecé a moverme dándole rápido y duro, el sonido de nuestros cuerpos chocando y gimiendo inundaban la habitacion.

    K: si papi dame asssiii!!- inclinaba más cuerpo sobre el colchón agarrándose fuerte de las sábanas y elevaba mas su culo, dándome una visión divina de su agujero trasero que ya me había comido en el pasillo de la entrada del depa y de su concha con mi verga entrando y saliendo de ella , baje la velocidad para jugar un poco con su culito sintiendo como apretaba su conchita mi verga, lo saque de su conchita cubierta de su jugos realmente era abundante, lo puse entre sus nalgas untando sus jugos a su culito.

    K: uuumm papi no seas malo. metemelaaa si asiii!!! – se lo volvi a meter de golpe en medio de su queja que no termino, lo sacaba suave y se lo metía duro para que lo sintiera, solté su cabello y la tomé por sus caderas, me dispuse a jugar con su culito, con mi pulgar lubricaba su culito y presionaba suavemente, entro la punta de mi dedo, ella gemia y suspiraba dejándose hacer, ella en medio de su excitación movió sus caderas metiendose mi pulgar completo en su culo y mi verga en su conchita, entendí lo que quería, empecé de nuevo un mete y saca rápido y duro en su concha y en su culito lo hacia lento y suave haciendo círculos en el, provocando un orgasmo fuerte en ella que hizo que se desplomara en la cama temblando y gimiendo de placer, saque mi dedo de su culito, poniéndome encima de ella me quedé quieto dentro de su concha disfrutando de contracciones orgasmicas, que eran fuertes debido al orgasmo, mientras se recuperaba un poco besaba su cuello y los lóbulos de su oreja. Empecé nuevamente un mete y saca lento y suave, si sacarsela nos pusimos acostado de medio lado, mis manos acariciaban sus pechos y pelvis, baje a su concha tomando con mis dedos un poco de flujo y lo lleve a su culito metiendo 2 dedos en el.

    K: aaahhh ya se lo que quieres papi- dijo con cara de pícara.

    D: y tú lo quieres?- llevo su mano a mi cabeza para besarnos y la otra mano la llevo a su concha, sacando mi verga de ella tomándola y apuntandola a su culo, presionando ella misma metiendo la punta primero gimiendo un poco de dolor, la dejaba hacer sin apresurar las cosas y lo disfrutara.

    K: aahhh si quiero, uuufff te dije aaahh que voy aahh hacer toda tuyaaa – poco a poco moviendo sus caderas lo metió completo en ella, se quedó quieta gimiendo y bufando, seguía acariciando su cuerpo con mis manos, lleve una de mis manos a su concha dónde comencé acariciar su clítoris, ella misma empezo un mete y saca lento y suave de nuevo pero en su culo.

    D: aahh no pensé que te arriesgarás uuufff

    K: uuufff yo no pensé que entrara aaahh, me molesta un poco aaahh pero sigue papi aaahhh si tocame así uuff.- la deje hacer sin dejar de tocar tu clítoris y sus pechos pellizcando sus pezones, su culito era bastante estrecho y prieto, se afincaba duro, una de sus manos estaba en una de mis nalgas y la otra se agarraba de las sábanas, ambos gemiamos.

    K: aah aaahh que rico aaahh papi! Tocame aaasiii!!! Si revientame el culoooo!!! Aaahhh- empecé a moverme duro y rápido sin dejar de tocar su clítoris, sus pechos se movían al ritmo de mis embestidas, los músculos de su recto apretaban mi verga fuerte haciéndome sentir el placer inevitable

    D: aaahh Kata aahh que rico aaahh voy a llegar de nuevo aaahh!!

    K: si papi ahhh dame así aahh yo también voy a llegar de nuevooo aaahh llename el culito de lecheee aaahhh!!! -diciendo esto entre gemidos nos dejamos llevar explotando ambos en un delicioso orgasmo, yo afincando su cuerpo al mío, mi verga, llenando su culito de leche, sentia como su culo apretaba mi verga fuertemente, ella cerraba sus piernas y temblaba producto del orgasmo obtenido, nos quedamos quietos disfrutando de nuestros cuerpos sudados besándonos y acariciándonos mientras el sol estaba saliendo, nos quedamos dormidos hasta que su teléfono sonó y nos despertó.

    Continuará…

  • Asistiendo a un aburrido congreso

    Asistiendo a un aburrido congreso

    La falda con medias y ligas y sin bragas, la blusa sin el sujetador y los taconazos. Me sentía puta, muy excitada, justo el estado de ánimo que necesitaba para enfrentarme a la situación. A la aburrida tarde de conferencias y a la ceremonia de clausura. Todo un estado mental para soportar ese congreso.

    Un rato, demasiado largo para mi gusto, de aburridos discursos, un coctel y puede, si tenía suerte, de alguien quisiera investigar lo que hay bajo mis ropas. En ese momento me daba igual que fuera un hombre o una mujer.

    Mientras me imaginaba al resto de los asistentes desnudos, sin ropa, follando unos con otros en las combinaciones y posturas mas raras que se me podían ocurrir. Era la única forma de aguantar aquel peñazo.

    Nada mas llegar al centro de convenciones los grupitos de la puerta me recibieron con las falsas sonrisas típicas de conocidos casuales y compañeros de trabajo que me clavarían un hacha en la espalda si pudieran.

    Dos compañeras de trabajo charlaban animadamente en otro grupo más cerca de la puerta. Una morena y una rubia, altas y espigadas, vestidas con formales trajes de chaqueta y faldas de tubo. Las miraba y me imaginaba un ardiente beso lésbico, las manos arrancando la americana de la otra y su falda.

    Quedando en lencería de encaje, ligueros y corsés, sin tangas, con los lindos xoxitos depilados al aire, todo en color rojo putón. La lengua de una lamiendo la piel de la otra de forma lasciva. Solo apartando el sujetador de media copa para pasar la lengua por el pezón y mirándome ambas a los ojos.

    En un rincón un joven camarero preparaba el café y los aperitivos para el descanso. No pude mas que fijarme en él. Parecía que había salido del gimnasio directamente a calzarse esa camisa blanca casi trasparente en la que se marcaban sus bíceps perfectamente.

    Lo imaginaba solo con un tanga animando despedidas de soltera o de soltero si eso es lo que le gustaba al novio. Con un montón de fieras intentando meter billetes en el reducido suspensorio. Y la polla bien dura casi asomando por la escasa tela.

    Cuando salí del ensueño mis conocidos casuales me indicaban que fuéramos entrando al salón de ascos, perdón de actos. Me senté atrás del todo, sola, tanto para controlar las filas de asientos y el escenario, como para poder perderme en mi imaginación. Quizá deslizar una mano bajo la falda de forma discreta entre mis muslos para poder acariciar mi depilada vulva al ritmo de mi fantasía.

    El primer orador, un tipo gordo, bajo, calvo y sonrosado al que no costaría nada ver como Baco o Dionisio. Un borrachín rodeado de gentes medio desnudas y completamente ebrias. Todos vestidos con túnicas al estilo romano casi de gasa y tan mal colocadas que descubrían sus cuerpos.

    Fue introducido por una cincuentona seca, larga, de rasgos duros a la que mi mente enseguida puso un body de cuero, medidas de rejilla, tacones inmensos y una fusta en la mano. No es que el sado me atraiga o excite pero esa es la imagen de ella que me vino a la cabeza. La que más le cuadraba a su expresión dura.

    Para entonces había encontrado la abertura de mi falda y me acariciaba el muslo con suavidad. Intentando que nadie se diera cuenta de esas maniobras.

    Su apertura fue breve y Baco comenzó enseguida a disparar datos y graficas en la enorme pantalla que tenía detrás y en la que yo solo veía porno.

    Justo en la fila inferior tenía dos chicos sentados juntos con sus elegantes trajes. Pero antes de que mi imaginación se desbordara imaginando guarradas entre ambos, ellos ya habían empezado a acariciarse por su cuenta. Podía ver entre los respaldos de sus asientos como la mano de uno de ellos se deslizaba por el muslo del otro subiendo despacio hacia su polla.

    Me distrajo un momento una rubia impresionante que bajaba por mi lado hacia el escenario. Era la siguiente ponente y no costaba nada imaginársela sin ropa pues su pegado vestido de lycra era francamente revelador. Parecía que ella llevaba tan poca lencería bajo el vestido como yo. Su cuerpo sinuoso era seguido por la vista de cada persona en la sala hasta que se puso al lado de Baco.

    El contraste entre la noche y el día no era mas grande pero irónicamente es lo que yo había imaginado antes. Si él era Dionisio ella era Venus, Afrodita. Una diosa de la antigüedad bajada a la tierra desde algún lascivo Olimpo.

    Cuando mi vista volvió a los dos chicos descubrí con sorpresa que uno de ellos tenía su larga fina y depilada polla fuera del pantalón. El otro se la acariciaba con suavidad para que nadie viera movimientos bruscos en su fila. Incluso se agachó y se la metió en la boca durante un segundo, lamiéndola con lascivia y haciendo que mi coño chorreara.

    Al reclinarse giró la cabeza y miró entre los respaldos de sus asientos con lo que pudo ver mis muslos separados y espiar un momento bajo mi falda. Cuando se fijó en que mis ojos seguían su maniobra con atención me guiñó uno de los suyos con picardía. Yo los separé más y subí la falda casi hasta el ras de mis nalgas para darle una mejor vista de mi coño depilado. Dejándome ver como él se tragaba el pene de su amigo casi hasta los testículos.

    Cuando conseguía mirar al escenario la rubia clavaba sus preciosos ojos azules en las últimas filas donde yo estaba con los duros pezones marcándose en la fina tela. Y los dos guapos chicos seguían con sus maniobras. Con todo el mundo pendiente de ella, de su dulce voz y de su figura sensual, mis amigos tenían libertad total para seguir con su amorosa acción.

    Supongo que me estaba haciendo ilusiones pensando en que la imaginación de la bella rubia estaba ocupada en juegos parecidos a los míos. O puede que en que que los bellos garzones me hicieran un hueco en una de las habitaciones del hotel reservadas para los participantes en el evento.

    A esas alturas mi vulva chorreaba sobre la tela de la falda, mis dedos acariciaban el clítoris dándome placer a mi misma sin esperar a que nadie lo hiciera, excitándome con mi fantasía. Me estaba penetrando con los dedos y mi cara debía delatar lo que sentía en ese momento aunque solo lo viera la ponente y uno de los dos chicos.

    Me estaba corriendo en público. Tenía un orgasmo fenomenal y me tenía que morder los labios para que no se me escaparan los jadeos.

  • La madre preocupada

    La madre preocupada

    Este es mi primer relato en esta página, llevo mucho tiempo leyéndolos, pero nunca me había animado a escribir hasta ahora. 

    Un día por cuestiones de mi trabajo, me tocó atender a una mujer de unos 35 años, 1.70 metros de alto, morena, buenas piernas, nalgas grandes, senos pequeños, a quien llamaremos Sofia, ella tenía problemas con su hijo de 15 años ya que era muy rebelde, cosas normales en estos momentos que vivimos.

    En fin de cuentas hablamos sobre el tema, intercambiamos números y ella se retiró, nada paso en ese momento fue una conversación normal y no hubo ningún tipo de insinuación.

    Al día siguiente en horas de la noche, recibo un mensaje de Sofia, ella me dice que su hijo salió de la casa y no ha vuelto, que se la pasa con malas juntas, en fin, una conversación de madre preocupada, en un momento de la conversación ella me pidió que fuera a su casa para hablar en persona, eran las 8 pm para ese momento, pero como tengo carro no me molesto ir, además no quedaba tan lejos, según la dirección que ella me había dado.

    A los pocos minutos cuando estoy en frente de su casa, la llamo y le digo que estaba afuera en el carro, a lo que me responde: ya salgo, espérame.

    Cuando sale veo que viene con un short que deja ver sus grandes piernas, algo que me gusto, además también fue una señal que ella me quería para otra cosa que no era hablar de su hijo (cosa que no me equivoque).

    Cuando se montó en el carro, nos saludamos, ella me pregunto que como estaba, que la disculpara por hacerme ir a su casa a esa hora, a lo que le dije que no se preocupara, que no me importaba verla, iniciamos una corta conversación personal sobre nuestras vidas.

    Luego me pregunto que, si tenía novia, por lo que ya estaba claro lo que ella quería y yo no iba a desaprovechar ese momento, le contesté: si tengo novia, pero ella no está aquí conmigo y tú me gustas desde que te vi, a lo que añadí mi mano pasándola por su pierna.

    Pues no falto más, se me fue encima besándome rápidamente (después me comentaría que tenía meses sin hacer nada y que le había gustado por eso se atrevió a eso), aproveche de meterle mano en sus senos, levantando una camisa pequeña que tenía dejándolos al descubierto, mientras ella seguía besándome.

    Después pase a meterle mano en el short, toque esa vagina que ya estaba mojadita, algo que me excito, ella al sentir mi mano en su sexo me dejo de besar y se quitó la camisa y luego se quitó el pantalón, estaba super excitada, luego me beso desesperadamente y con su mano me estaba tratando de quitar la correa del pantalón.

    Como estábamos en el carro y yo cargaba un pantalón largo, me zafe la correa y lo baje el pantalón a la altura de mis rodillas, dejando mi miembro de 20 cm libre y activo, solo para que ella al verlo se lo metiera en la boca y comenzara a chuparlo todo.

    Recline mi asiento lo más que pude y coloque mi mano en su cabeza mientras ella continuaba haciéndome sexo oral, con unos movimientos rápidos, subiendo y bajando por toda la totalidad de mi miembro.

    Luego de un par de minutos ya estaba full excitado con esa mujer, ella se incorporó y como pudo se subió en mí, le costó un poco porque a pesar de estar lubricada estaba un poco cerrada (debido al tiempo que no hacía nada), una vez que mi pene entro en ella soltó un gemido de placer, poco a poco lo fue introduciendo todo y cuando entro completo soltó otro gemido, tuvo un orgasmo, sentí como su vagina por dentro soltaba un chorro de líquido, algo que me excito aún más.

    Subió y volvió a bajar introduciéndoselo despacio, hasta que se acostumbró a mi pene y ya después se movía a su placer, subiendo y bajando mientras yo le besaba sus senos. A los pocos momentos soltó otro tres gemidos aah aah ahh, por lo que le pregunte: ¿te gusta verdad? Respondiendo un gran «SI» mientras seguía disfrutando.

    La tome por sus nalgas grande y la apreté para que continuara con sus movimientos, esa mujer obvio tenía tiempo sin hacer nada y estaba aprovechando el momento, yo mientras besaba sus senos y apretaba sus nalgas duras, subiendo y bajando ella por mi pene, así pasaron varios minutos, su vagina estaba super mojada, ya me tenía a millón, luego le pregunto donde quieres que te llegue?

    Respondiendo sin dejar de moverse: En mi vagina, no importa no pasa nada ahh, otro gemido más, voy a llegar me dijo.

    En ese momento ambos llegamos juntos, ella soltando un gran gemido, mientras que yo abrazándola y soltando toda mi leche dentro de su vagina.

    Así nos quedamos un minuto, ella soltando gemidos suaves de satisfacción y yo descansado de esa buena cogida, luego ella se pasó para el asiento, me dijo que le encanto, que tenía tiempo sin hacer nada, le dije bueno podríamos repetirlo, pero en otro lugar, a lo que me respondió: claro que sí, esta no es la última vez.

    Se vistió, yo me subí mi pantalón, estaba todo mojado pero bueno, a la final mi novia no estaba en casa, abrió la puerta y me dijo: escríbeme, cerró la puerta y se fue a su casa mientras que yo arranqué el carro.

    Imagino que las personas de afuera veían el carro moviéndose, ya que estaba en una calle, no muy concurrida, pero alguien echaría una mirada al carro y lo vería moviéndose, pero como tenía papel ahumado no me importo ya que hacia adentro no se veía nada.

    Espero que les haya gustado, mis encuentros con ella siguieron y espero poder contarles más.

    Espero leer sus comentarios con críticas constructivas sobre el relato…estamos en contacto, saludos.