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  • Mi primera infidelidad fue con dos hombres

    Mi primera infidelidad fue con dos hombres

    Hola a todos, este es mi primer relato (experiencia propia y real), espero que les guste.

    Por cosas de la vida me comprometí muy joven, a eso de los 18 años ya estaba casada y esperaba que mi esposo pudiera calmar esa calentura que sentía recorrer por todo mi cuerpo, especialmente entre mis piernas, en mis recuerdos hay uno muy rico y excitante ya que me gustaba sobar (frotar) mi cuquita entre las almohadas de mi cama, la sensación era increíble y se me mojaba toda, se sentía delicioso y lo hacía muy seguido.

    Bueno volviendo al tema, les cuento que ya estoy en los 40 y tantos años, de estatura mediana 1,65 m, piel color blanca y de cabello negro largo, figura esbelta (hago ejercicio seguido), de tetas pequeñas, culo mediano y redondo, una cuca peluda, jugosa y muy caliente.

    Mi esposo era tan joven como yo y aun no teníamos nada de experiencia en el tema sexual así que empezamos a culear por instinto ya que ninguno de los dos tuvimos a nadie que nos enseñara o indicara lo que debíamos hacer en la cama, fuimos aprendiendo en el camino claro que después de un tiempo empezamos a ver películas porno (las rentábamos en formato VHS) y eso fue de gran ayuda, poses nuevas, ver otras vergas, hombres y mujeres desnudas, comenzamos a imitar lo que se hacía en esas películas, claro que yo aun no conseguía alcanzar el clímax, no alcanzaba a tener el orgasmo por ese motivo siempre estaba mas y mas caliente, siempre con ganas de mas y mas verga, cada oportunidad que tenía deseaba que mi esposo me la metiera bien rico y sentir como me abría la cuca y me entraba esa verga dura y caliente, el tenía su orgasmo pero yo nada, y al poco tiempo yo quería mas verga y así estuve por varios años.

    Ahora regresando al tema central les cuento que yo tenía como unos 22 años y un día llego a visitarnos una tía mía y mi prima, vivían en otra ciudad, se iban a quedar con nosotros unos días ya que tenían que hacer unas diligencias (exámenes médicos) de mi tía, mi prima tenía unos 25 años edad y ella conocía algunos amigos que vivían cerca donde yo estaba, la habían invitado a bailar esa noche y me pidió el favor que la acompañara ya que no quería ir sola, hable con mi esposo y no le vio problema ya que era familia y él estaba muy cansado, además el día siguiente tenía que trabajar muy temprano, entonces nos arreglamos las dos, y esperando que los amigos de mi prima pasaran por nosotras.

    Ya en la discoteca éramos dos mujeres y tres hombres, buena la música, buen el ambiente, muy divertido todo, además yo tenía muchos meses sin salir a bailar y no quería perder una canción sentada así que baile como nunca antes, tocaba aprovechar.

    De los tres hombres había uno que solo se interesaba por mi prima así que los otros dos se pasaron todo el rato coqueteándome y diciéndome cosas bonitas, algunas veces con doble sentido, incluso trataron de besarme un par de veces pero les dije que estaba casada y que conmigo no pasaría nada, pero ellos insistían aún mas y ahí es donde se me empieza a calentar la cuca, los tragos hacen su efecto (cuando tomo licor la cuca se me calienta), mi prima siempre ha sido una buena amiga para mi ,así que hable con ella y le dije que si me veía haciendo algo con esos chicos me guardara el secreto y me dijo que bueno, que lo importante era que me divirtiera y pasara rico, que no me preocupara por ella, igual ella era casada y que me pedía lo mismo a mi, me hizo un guiño con el ojo y me dijo que ella también estaba con la cuca caliente y que lo mas probable era que se iba a culear con el amigo.

    Ya entrados en confianza decidí que pasara lo que tenía que pasar, me iba a dejar llevar por el momento y por la calentura, mi cuca solo deseaba ser penetrada, tantos años sin sentir un orgasmo y de solo pensar que podía tener dos vergas ricas para mi sola en una noche loca ufff, me calentaba aún mas, me imaginaba en varias poses, besándome con esos chicos apuestos, sintiendo como me llenaban la cuca de leche rica y caliente.

    Eran como las 2 de la madrugada y ya para ese momento me había besado con los dos chicos mientras bailaba y hasta pude sentir sus vergas duras rosando mis piernas y el culo, cuando mi prima me dijo que ya era hora ir a un sitio mas discreto para estar mas cómodos y haciéndome una señal entendí que íbamos era a culear al apartamento de uno de sus amigos, así que sin mas espera tome mis cosas y nos fuimos. Por el camino en el auto me fui atrás con los dos chicos mientras mi prima iba adelante con su amigo, atrás parecíamos pulpos, besándonos y tocándonos por todo lado, uno de los chichos saco su enorme verga y era tanta mi arrechera que me la metí sin pensar a la boca, se la chupaba con deseo, le besé los huevos, y no me la quería sacar de la boca cuando llegamos al apartamento.

    Al entrar mi prima y su amigo se fueron a una habitación y se encerraron de una, mientras que los dos chichos y yo nos sentamos en la sala, uno de ellos puso música mientras el otro fue a buscar algo de licor que había en la nevera para tomar. “Ahora si es hora de seguir bailando” -dijo uno de ellos. Yo quede en la mitad como si fuera un sándwich, con un por delante y el otro por atrás, ese baile se puso bien caliente ya que empezamos a besarnos y a tocarnos por todo lado, poco a poco la ropa fue desapareciendo, sentía como me tocaban las tetas y me las besaban, mientras mi cuca cada vez se mojaba mas y mas, ya pude tocar y sentir esas ricas vergas en mi mano, estaban tan duras como un hierro, calientes y húmedas, pidiendo que me las metiera en la boca.

    Me arrodille y empecé a mamárselas a los dos por igual, aunque por ratos solo a uno y después al otro, quería sentir lo rico que era tener dos vergas grandes, duras y gruesas para mi sola, les chupada las guevas, me las pasaba por la cara, quería sentirme como una puta, quería dejar salir lo zorra que llevaba por dentro y que con mi esposo no había podido, esa noche me iba a dejar hacer de todo y hacer de todo, nunca se sabe una oportunidad así cuando se vuelva a repetir, mientras deleitaba esas suculentas vergas, los dos chichos me tocaban las tetas y me decían cosas como: hoy serás nuestra puta, nuestra zorra, vas a gozar como nunca antes, te vamos a sacar orgasmos deliciosos, te vamos a comer el culo por zorra, y yo al escuchar todo eso sentía mas y mas deseo de ser la puta que siempre desee.

    En la otra habitación ya se escuchaban los gemidos de mi prima como culeaba, parecía que la estaban pasando de maravilla y eso también me calentaba mas.

    “Ahora si puta te vamos a comer la cuca y culo, ponte en cuatro” -dijo uno de los chichos, estando en cuatro sentía como me iba entrando la verga del chico que la tenia mas grande (unos 20-22 cm y bien gruesa), podía sentir como se iba abriendo camino en mi peluda y jugosa cuca, sentía su cabeza al entrar y luego ese tronco grueso terminaba por abrírmela toda hasta sentir el tope de sus guevas rozar con mi gallo, que sensación tan maravillosa, ya que la verga de mi esposo era mas pequeña (unos 16 cm y delgada), así que esta era una nueva sensación para mi, mientras sentía las embestidas de aquella rica verga, la otra un poco mas pequeña (unos 17-18 cm pero igual de gruesa a la de su a migo), la tenía por completo en mi boca, disfrutando su rica cabeza, sintiendo el roce de sus guevas por toda mi cara y esperando su turno para que también pudiera disfrutar de mi peluda y jugosa panocha.

    Yo no paraba de gemir como perra en celo de tanto placer que estaba sintiendo, ahora era turno de cambiar de pose y de verga, el chico que se la estaba mamando se sentó en el sofá, y me dijo que me sentara en ese tronco duro, y yo con ganas de probar esa cosota tan rica no me hice esperar y me senté en esa maravilla de verga, que cosa tan rica, la podía sentir hasta el fondo, quería que me la metiera con guevas y todo, presionaba contra su pubis para que me entrara hasta el último milímetro y no quedara nada fuera, el otro chicho me manoseaba como la puta que me estaba sintiendo en ese momento, por ratos se la mamaba a él y me besaba con los dos también, ya mi calentura estaba al límite que sentía que iba escalando mi placer a un punto de no querer detenerme, solo quería mas y mas y mas rápido, así que no deje de moverme y seguí con mi movimiento sin parar hasta que por fin, tuve mi primer orgasmo después de tantos años, nunca pensé que se sintiera algo tan maravilloso y placentero, fue muy intenso que no tiene explicación posible lo que se siente, no paraba de gemir y hasta de gritar por unos segundos, mis caderas no paraban de moverse por si solas, y mi gallo me palpitaba de placer, eso me duro un buen rato pero mi panocha quería otra vez mas, así que le pedí al chico que no parara de metérmela y de moverse que lo quería sentir otra vez mas, era tanta mi calentura que no dure ni tres minutos cuando de nuevo sentí ese desborde de placer tan exquisito por todo mi cuerpo y especial por toda mi cuca, cuando estaba teniendo mi segundo orgasmo el chico tampoco aguanto y sentí como su chorro de leche caliente invadía toda mi cuca, podía sentir sus descargas de semen mojando toda mi panocha y como su verga se contraía, que sensación tan maravillosa.

    Me estaba recuperando de ese par de orgasmos cuando me acorde que tenia al otro chico esperando su turno, así que sin mas espera le pedí que me diera su leche calientica también dentro de mi cuca, que me la terminara de llenar con su espeso semen, me acosté en pose de misionero en aquel sofá y el chico se me subió encima, mientras nos besábamos podía sentir lo mojada que estaba mi panocha y lo rico que era tener esa vergota dándome mas placer, mi morbo y excitación estaba al límite, hasta que sentí el bombardeo de mas semen caliente dentro de mi y no pude aguantar y llego mi tercer orgasmo, claro que menos intenso que los dos anteriores pero igual que cosa tan maravillosa.

    De mi panocha salía semen como si fuera una fuente, pero tenía tanto morbo y calentura aunque no quería perder una sola gota, así que busque mis panties y me los puse para conservarlo, quería llegar a mi casa con la cuca llena de leche porque durante esa rica culeada se me había ocurrido una idea mas loca aun, pero ese es para otro relato (estén pendientes).

    Bueno después de esa rica culeada y de mi primera infidelidad, quedamos los tres sentados y sudando, buscando agua para calmar nuestra sed, cuando fue saliendo mi prima y su amigo de la otra habitación también exhaustos de tanto culear, nos miramos mi prima y yo, mirada cómplice de que esta se tiene que volver a repetir.

    Con cariño, Zorra Colombiana. (Zorra25)

  • El enorme y rico culo de mi concuña Victoria

    El enorme y rico culo de mi concuña Victoria

    Hola, mi nombre es Ramón, tengo 32 años, soy delgado, sinceramente no muy atractivo, ya que no me gusta creer lo que no soy. Me considero un hombre con mucha suerte por haber cogido a mi concuña Victoria.

    Cómo muchos saben, en relatos anteriores Victoria mi concuña, les subió nuestra rica historia de como cogimos, pero yo no me quiero quedar atrás y quiero contarles lo que yo deseaba al verla a ella.

    Cuando yo la conocí, me gustó mucho, ya que es una mujer hermosa. Ella es alta, con unas bonitas piernas y con un culo muy rico.

    Yo la veía morbosamente desde el primer día, preguntándome cómo era que mi cuñado, o sea el hermano de mi esposa, se podía coger a esa rica mujer. ¡La verdad está buenísima!

    Conforme eran las visitas de mi concuña, al verla nuevamente el deseo de probarla se hacía más grande, ya que tenía tiempo que su esposo la había dejado sola, y no comprendía cómo esa pichita y ese culo podían estar tan abandonados, pudiendo ser yo el que llenará de leche su panochita e hiciera que gozará súper rico y ella volviera a sentirse una mujer deseada.

    pero se veía que era muy decente mi concuña y yo al tratar de insinuarle lo que realmente quería, podía provocar un gran problema con mi mujer y toda su familia, sin saber que era toda una putita en la cama.

    Siempre que salíamos la dejaba que se pasará por delante y al subir las escaleras de la casa o mientras ella hacia sus actividades yo aprovechaba para verle discretamente sus ricas nalgas ya que ella es muy ancha de caderas, ya se imaginarán el rico culote que tiene.

    Cómo Victoria les contó, la primera noche que cogimos era algo que tampoco yo me esperaba, pero les confieso que fue algo muy rico.

    Al sentir que no me rechazó ese beso, sabía que también ella quería que su concuño le dejara llena de leche su panochita abandonada y pues así fue, y aún que ese día solo pudimos coger una vez, por qué estuvimos a punto de ser descubiertos, lo disfrute ya que está mujer mama la verga súper rico o eran tantas sus ganas por el tiempo que llevaba sola que se la devoraba completa, la verdad nadie me había hecho un oral así de delicioso.

    Y que les cuento de los sentones que se da la muy perrita, es toda una puta metiéndose ella la verga en su panochita y los tallones que se da en mi verga que la hacen que gima de placer como si fuera la última vez que fuera a comer verga.

    Me monto de espaldas, haciendo que tuviera una vista de sus ricas nalgas y vaya culote que se le ve en esa posición, cada vez que se daba sentones lograba verle su rico ano apretadito, así que llene uno de mis dedos con saliva y penetre su rico ano, haciéndola que explotará en gemidos como toda una putita.

    Me la cogí tan rico, disfruté tanto como ella, yo por cogerme una mujer tan hermosa y rica y ella disfrutando de mi verga por todo el tiempo que llevaba sola sin probar.

    Victoria me cambio la forma de tener sexo, ya que con mi esposa el sexo ya era algo rutinario, había ocasiones en las que pasaban semanas sin tocarla, en cabio Victoria despertó algo en mí que ni yo mismo conocía, cómo la segunda noche que pasamos juntos y me la cogí 14 veces y es que era tanto mi deseo hacia mi concuña que en esa noche pude descargar un poco de lo mucho que fantaseaba al verla y me masturba pensando que algún día esa mujer la haría mía.

    Ahora Victoria y yo mantenemos una relación de pareja, es demasiado complaciente conmigo y yo con ella nos hemos cambiado la vida, le compro sus trajes y tanguitas sexys, y en ocasiones vamos los dos a escoger lencería para pasar toda la semana cogiendo con esta rica hembra, durante mi trabajo me manda sus ricas fotos de su pichita mojada a lo cual empezamos el juego de fotos y videos donde yo le demuestro lo duro que se pone mi verga, poniéndola más caliente y haciéndole saber que en la tarde después de una jornada de trabajo le daré una rica cogida y yo encontraré a mi putita dispuesta a complacerme.

  • Por mirona le doy con todo a mi cuñada

    Por mirona le doy con todo a mi cuñada

    Hace quince días estaba trabajando cuando me llamó Carlos, esposo de la hermana de mi mujer.  Es un hombre super educado, muy sociable, con el que siempre tuvimos una buena comunicación. Él y su esposa viven a unos trescientos kilómetros de casa.

    -Hola Fernando, un gusto saludarte. ¿Tenes un minuto para hablar?

    -Hola Carlos. Por supuesto que sí. ¿Tu familia todo bien?

    -Gracias a Dios. Muy amable por preguntar.

    -A que debo tu llamado.

    -Lamento tener que molestarte pero necesito un favor.

    -Sabes que si está a mi alcance, no hay problema.

    -Gala tiene que hacer unos trámites por la reválida de su título en tu ciudad. Según le dijeron desde que presenta todo, tarda una semana en salir. Vos sabes que su relación con Marcia no es de las mejores, por eso te molesto a vos. ¿Hay alguna posibilidad que la soporten por una semana en tu casa?

    -Por supuesto Carlos, y no es soportar, dejate de jorobar. Gustosos la vamos a recibir.

    -Sos muy amable Fer, espero que no te traiga problemas con Marcia. ¿No preferís hablarlo con ella y me avisas?

    -Carlos, dejate de jorobar. Son mujeres adultas ya y hermanas. Que no jodan. ¿Cuándo viaja?

    -Tiene pasajes reservados para el domingo al mediodía. Llegará a las 17 h aproximadamente.

    -Perfecto. Confirma los pasajes y avísame así la voy a esperar.

    -No Carlos, por favor no te molestes, que se tome un auto. Cuanto menos altere el movimiento diario de tu familia mejor.

    -Como quieras, no voy a discutir con vos cuñado.

    -Millones de gracias y en serio, si Marcia te hace un planteo me avisas y veo como soluciono el tema.

    -Carlos por favor, se van a tener que soportar. Te mando un abrazo y te aviso cuando ya está en casa. Vos confírmame su viaje.

    -Un abrazo grande y gracias nuevamente.

    La relación entre las hermanas no era buena, nunca lo fue desde la adolescencia. Las dos competitivas en todo, desde las notas en el colegio, pasando por el deporte cuando jugaban al tenis hasta con los novios. Eran mellizas, pero diferentes… las dos de la misma altura, 1.65 m, Marcia pelo castaño claro, Gala pelo negro, las dos tez blanca, y la gran diferencia, mi mujer con pechos pequeños y Gala unos de muy buen tamaño. El culo, los dos de buena forma y tamaño. Cuando llegué a casa, le conté a mi mujer.

    -Me llamo Carlos, tu cuñado hoy.

    -Ah, Carlitos, que cuenta mi cuñadito.

    -Me llamo por Gala, tiene que viajar por un trámite y me pidió que la recibamos por una semana que es lo que demora. Por supuesto que le dije que no había problemas.

    -Fernando, como que no hay problemas, sabes que nos llevamos para… por favor, no la soporto. Llamalo y decile que no, inventa algo, pero que no venga.

    -Marcia, ya le dije que sí. Pero si vos no queres recibir a tu propia hermana, toma el teléfono, y llámalo. Yo no lo voy a hacer.

    -Pero no la soporto…

    -Es tu hermana, vos da la cara y vos decile que no queres que venga. Tienen 27 años, no jodan, son grandes las dos ya, es hora que se empiecen a comportar.

    -Cuando hablas así te pareces a mi viejo.

    -Tema terminado para mí. Dije y me fui a dar una ducha.

    No volvimos a hablar del tema, y tres días después, Carlos me confirmaba que viajaba. Evidentemente Marcia no había llamado. El domingo, a las 18 h Gala estaba en casa. Apenas se saludaron o más bien, se mostraron los dientes como dos gatas enojadas. Las junte en la cocina y les hable.

    -Escúchenme, se dejan de joder ya. Tiene 27 años, es hora que empiecen a buscar mejorar su relación. Sus padres ya murieron y no tiene otros familiares directos. La verdad es que es muy molesto que Carlos me tenga que llamar a mí porque Uds. no pueden hablar.

    -Lo que pasa es que… empezó a decir Marcia.

    -Es que ella… la interrumpió Gala.

    -Basta. Voy a llamar tu marido para avisarle que llegaste bien.

    Fui al patio y lo llamé a Carlos.

    -Hola Carlos, ya Gala está en casa, quédate tranquilo.

    -Gracias Fernando. ¿Todo bien?

    -Ya se mostraron las garras y los dientes. Tuve una charla “motivacional”. Te aseguro que me tiene las pelotas llenas con sus chiquilinadas. Que entre nosotros tengamos que hablar por sus temas, me rompe mucho. No por vos, por la situación, entendeme por favor.

    -Totalmente de acuerdo con vos Fernando, mil gracias otra vez, espero que vos no termines con problemas y arañado. Jajaja.

    -Espero. Un abrazo.

    -Otro.

    Cuando entré las dos estaban en la cocina, sentadas tomando café sin hablarse. La cena fue igual, en silencio. Por suerte Gala colaboro con Marcia para levantar la mesa y lavar los trastes, eliminando un posible conflicto. Nos fuimos a acostar y mi mujer estaba mucho más mimosa de lo habitual. Ni bien nos acostamos empezó a acariciarme y un par de minutos después, estaba chupándome la pija, para después, montarme y cabalgarme gimiendo y dando gritos de placer.

    No dudo que estaba gozando, pero los gemidos y gritos eran mucho más fuerte de lo normal, estaba seguro que lo hacía para que la hermana la escuche. Cuando acabamos nos besamos y se acostó a mi lado en cucharita.

    -Marcia, creo que en lo único que se parecen tu hermana y vos, es en que la dos tienen un hermoso culo.

    -Ah, le miraste el culo…

    -No, no se lo miré. Cuando entró pasó delante de mí y lo vi. Mirar es distinto a ver.

    -Estas jugando con las palabras. Se lo miraste.

    -Sos insoportable.

    -Es una puta, seguro que ya se lo entrego a sus amiguitos…

    -Eso no es ser puta, le gusta, punto. Como a vos te gusta chuparme. Hasta mañana.

    Corte la conversación porque era cansador escuchar sus peleas. Al día siguiente desayunamos y los tres partimos. Yo regresé a casa a las 17 y Gala ya estaba, había entrado con un juego de llaves que le dimos.

    -Hola Gala, ¿Pudiste empezar el trámite?

    -Hola… sí, por suerte. Ayer no tuve oportunidad de agradecerte que me recibas. Gracias.

    -Te recibimos, Marcia y yo. Y no tenés nada que agradecer, somos familia.

    -No jodas… ¿Así que te gusta mi culo?

    -¿Perdón?

    -Anoche los escuche hablar después de…

    -Es un tema que no me incomoda hablar con vos… voy a ducharme.

    Fui a mi dormitorio y luego a ducharme. Cuando termine me sorprendió ver la puerta del baño entreabierta, estaba seguro de haberla cerrado. La cerré, me sequé, me puse mi bata de toalla y fui al dormitorio a cambiarme. Estaba en eso cuando entro Marcia.

    -Hola. ¿Todo bien? Preguntó.

    -Hola amor, si todo bien. ¿Cómo fue tu día?

    -Cansador, mucho trabajo. ¿Cuándo llegaste estaba Gala?

    -Sí, llego antes que yo.

    -Ah…

    La cena fue nuevamente tensa, sin dialogo entre ellas. Yo había tomado la decisión de no discutir más. Nos dormimos temprano.

    El martes, Gala salió con nosotros, pero a pasear. El jueves le entregaban los papeles. Yo volví a las 17 y Gala me ofreció un café antes de bañarme. Ni bien me senté a tomarlo llamó Marcia.

    -Hola amor.

    -Hola Mar. ¿Qué pasa?

    -Nos están haciendo una auditoría fiscal en la empresa. Por lo menos voy a demorar dos horas.

    -No hay problema, yo me ocupo de la cena.

    -Deja. Pedimos pizza. Fer, ojo con Gala, me intranquiliza que estén solos.

    -Dejate de jorobar. Te mando un beso.

    Corte y Gala me miraba esperando que diga algo. No lo hice entonces ella preguntó:

    -¿Todo bien?

    -Sí, va a llegar tarde por una auditoría.

    -Ah… bueno… ¿Queres que te muestre lo que me compre?

    -Sí claro. Dije sin pensar mucho.

    Ella busco una bolsa y para mi sorpresa saco varias tangas y brazier.

    -Compre cinco, uno ya lo tengo puesto… ¿Te gustan?

    -Son lindos. Me voy a cambiar. Dije escapando de la situación.

    Me fui a duchar y me aseguré de cerrar la puerta, aunque no con llave. Cuando corrí la cortina de la ducha, escuché como se abría la puerta. Sin taparme, volví a correr la cortina y la encontré a Gala parada en la puerta.

    -¿Qué carajo haces Gala?

    -Eh… yo…

    -Sos una mirona, tiene razón tu hermana, sos una puta. Ni la casa de tu hermana respetas.

    -Hay bueno, tampoco es tan grave que mire… Con razón Marcia goza tanto… buen instrumento tenés ahí…

    -¿Qué estás buscando? ¿Qué me pelee con Marcia? No lo vas a lograr.

    -No me interesa eso… Pero eso sí. Dijo señalando mi pija.

    Cerré la ducha sin bañarme y me pare delante de ella mirándola a los ojos.

    -Te voy a coger. Dije.

    -Eh… Me asusta que lo digas así. Dijo ella y le cambio la cara.

    -Sacate la ropa.

    No tuve que repetirlo que ella sequito la remera y el pantalón. Quedo son solo con tanga y brazier. La tomé de los hombros y la hice poner de rodillas. No tuve que decir nada. Ella comenzó a chuparme. Yo tomando su cabeza, manejaba el ritmo de su chupada. Era muy buena chupando, debo reconocer que mejor que Marcia.

    Vi que bajaba una mano y se tocaba por sobre la tanga. Quiso pararse pero no la dejé, estaba disfrutando su chupada. Un par de minutos después, me dijo:

    -Cogeme, como vos quieras, pero cogeme.

    -Dice tu hermana que seguro entregas el culo a todos tus machos.

    -A algunos… depende el tamaño… Algo como esto… no creo que entre…

    -Seguí chupando puta.

    Siguió chupando y ahora directamente se metía los dedos en la concha. Chupaba y gemía, y cada vez más fuerte. Ella estaba super caliente, y cada minuto aumentaba su calentura. Sostuve su cabeza con ambas manos y le cogí la boca con todo. Por su rostro caían lágrimas y tenía arcadas.

    -Te voy a acabar en la boca, mejor que no caiga una sola gota.

    Acabe llenando su boca con mi leche. Aunque trato, algunas gotas se escaparon de su boca y cayeron al piso. Me chupo hasta que la dejó bien limpia. Se paró y miro el piso.

    -Perdón… Dijo Gala con cara de susto al ver la mía.

    -Date vuelta y separa las piernas.

    Lo hizo sin decir nada. Incluso con sus manos separó sus cachetes, dándome libre acceso a su orto. Pase mis dedos, primero por su orto y luego por su concha, que estaba empapada por completo. Mire la hora y tenía tiempo.

    -Limpia el piso con tu ropa y vamos a tu cuarto.

    Lo hizo sin dudar.

    -Quiero que te hagas una paja, por la concha y el culo. Quiero comprobar cuan puta sos.

    -Fernando…

    -Vos quisiste jugar mirona, ahora vamos a jugar mis juegos los días que te quedes.

    Ella se empezó a tocar y meterse dedos en la concha. Miraba mi pija y se daba con todo. Estaba acostada con las piernas bien abiertas. Una mano en la concha y la otra en los pechos. Digo una mano porque eran tres dedos los que entraban en su concha. Vio que mi pija se empezaba a parar nuevamente y se puso en cuatro, apoyando los hombros en la cama. Llevo la otra mano a su culo y se metió un dedo.

    Gemía como loca, me miraba y se daba con todo, luego metió otro dedo. Dos en el culo y tres en la concha. Acerque mi pija a su boca y nuevamente me empezó a chupar, sin sacarse los dedos. Yo le di una nalgada y pude sentir como gozaba un orgasmo. Me corrí hacia su culo y saqué sus dedos para reemplazarlos con los míos. Los enterré hasta el fondo y los dejé quietos.

    Gala se empezó a mover, como una loca, penetrándose el culo con mis dedos sin parar. Me miraba y se babeaba constantemente.

    -Cogeme, por favor, cogeme, no doy más.

    -Callate y no pares puta.

    Que la trate así la excitaba más. Yo me masturbaba y disfrutaba como se cogía mis dedos con su culo. Cuando estuve por acabar, saque los dedos, la hice acostar boca arriba y poniéndome a su lado me masturbe hasta que bañe su cara y pecho con mi leche.

    -Por favor, no doy más…

    -Me voy a bañar.

    Y la deje en su cuarto. Me fui a dar una ducha y luego me cambié. Fui a la cocina y me puse a revisar la heladera. Miré la hora y me puse a cocinar una carne al horno con papas. Gala apareció bañada y cambiada. La miré a los ojos y le pregunté:

    -¿Algo para decir puta?

    -No…

    -Bien… así me gusta.

    Me quedé en la cocina viendo televisión y controlando la cena. Un rato después llego Marcia.

    -Hola. Amor, te dije que pedíamos pizza.

    -Hola Mar, me pareció justo prepararte una buena cena después de un día tan largo. Date una ducha y cenamos.

    -Sos un dulce.

    Cenamos y a la noche cogimos con todo. Yo estaba con muchas ganas de cogerla, ella lo notó y se puso loca, hasta me pidió que le rompa el culo a los gritos. Lo hice y los dos gozamos con todo.

    -Te amo Fer… cena, y ahora esto. Sos mi hombre maravilloso.

    Nos abrazamos y yo imaginaba a Gala dándose con todo por los gritos de placer de Marcia.

    Al día siguiente, llegue más temprano. Gala me miraba sin decir nada. Me preparó un café y me senté a tomarlo.

    -¿Qué pasa que no hablas? Pregunté.

    -Nada… Anoche la cogiste con todo… los escuche…

    -Tu hermana es una potra, un infierno cogiendo. Y no sabes como goza cuando le hago el culo. No hay mujer como ella.

    -Yo…

    -Vos sos una puta… una puta que no duda en tratar de levantarse al marido de la hermana, meterle los cuernos a un tipazo como Carlos.

    -No me digas eso… Dijo empezando a llorar.

    -No es mentira… que vos no lo quieras asumir…

    -Fernando… dijo llorando.

    Me puse de pie, bajé mi pantalón y mi bóxer y me senté. Gala me miró sorprendida, sin dejar de llorar.

    -Chupala puta, y metete dedos, por el culo solamente.

    Sin dejar de llorar, en silencio, se bajó el jogging, la tanga y se metió un dedo en el culo. Se puso de rodillas y me comenzó a chupar. Primero despacio y luego cada vez con más fuerza, con más calentura.

    -Agarra una zanahoria del refrigerador, y a tu culo.

    -Fernando no…

    -Hacelo puta…

    Y lo hizo, volvió a chupar y ahora se daba con la zanahoria. Tome su cabeza e hice que me cogiera con su boca con todo. Acabe en su boca y esta vez no se le escapo una sola gota. Me la limpió, me levanté y la mire. Desde el suelo, de rodillas, aún con la zanahoria en el culo, se largó a llorar. No dije nada y me fui a duchar.

    Me estaba cambiando y llego Marcia. La encontró llorando en la cocina. Le preguntó que pasaba y Gala le dijo que nada.

    -Hola, ¿qué pasó con Gala?

    -Mañana cuando se va, te cuento.

    -Pero…

    -Marcia, ¿Confías en mí?

    -Totalmente.

    -Mañana hablamos.

    A la mañana siguiente, Gala se fue con su bolso listo a buscar los papeles, para después tomar el bus a su casa. Cuando llegamos con Marcia a casa, nos sentamos a hablar.

    -Tenías razón, tu hermana es una puta.

    -Dios, ¿Qué paso?

    -Quiso cogerme. Y le di una lección. Escucha. Esto es de ayer.

    Yo había grabado todo en audio con mi celular. Marcia me miraba y escuchaba. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Cuando terminó me miró seria.

    -Fernando, eso fue… durísimo de escuchar. ¿Por favor explicame por qué lo hiciste, y por qué me lo haces escuchar?

    -Lo hice porque me dio mucho asco que no respete tu casa, que le abramos las puertas. Eso no se hace. También porque aprecio a Carlos, es un buen hombre, la ama, la cubre de atenciones y ella es una zorra. También para que sepas que te amo, que no me la cogería por nada del mundo. Solamente la hice chuparme para humillarla. Y te lo hice escuchar para que veas que soy leal. Te puede gustar o no lo que hice, te puede doler, pero soy leal.

    -Te amo Fer…

    Un par de meses después, Carlos y Gala vivieron de visita un fin de semana, por insistencia de Carlos. Marcia llevó a su hermana al cuarto y le contó que yo la había grabado y que le había hecho escuchar la grabación. Gala se largó a llorar, pidiendo perdón y jurándole que desde ese día había dejado de meterle los cuernos a Carlos.

  • Mi alumna preferida (1)

    Mi alumna preferida (1)

    El portafolio y el montón de libros debajo de mi brazo pesaban, el calor era infernal a pesar de estar ya a mediados de octubre y una fina capa de sudor me cubría la frente y mojaba mi espalda debajo del saco esa primera tarde que entré al aula D110 de la facultad de arte en la universidad de… donde supliría por un par de semanas a un amigo mío como profesor debido a un accidente que lo obligaba a ausentarse.

    La verdad es que solo había accedido por hacerle un favor pues lo consideraba amigo cercano, lidiar con un grupo de jóvenes ruidosos, desvelados y hormonales no me hacia ninguna ilusión. A mis casi 58 años ya había dejado todo ese ambiente atrás. Nunca me había casado, no tenía hijos y ninguna intención de volver a la docencia, como sea, me decía internamente para reconfortarme, «solo será por poco tiempo y tu imagen es lo suficientemente severa como para imponer disciplina de aquí a que te marches en mes y medio». Así pues, yo iba mentalmente preparado para todo, para todo menos para lo que me esperaba detrás de esa maldita puerta a la que tal vez hubiera sido mejor nunca cruzar.

    En medio de un grupo de mozalbetes pretenciosos e inexpertos se hallaba una beldad de sedoso y ondulado cabello negro, ojos grandes y despiertos del color de la más oscura noche y un cuerpo que recordaba a la Venus de Botticelli. Como hombre conocedor del arte y la belleza que soy, debo decir que esta niña-mujer poseía sin duda una de las más notorias bellezas que me hubiera topado nunca.

    De inmediato sentí la sangre fluir a la parte inferior de mi cuerpo y una ligera incomodidad causada por la presión que ejercía mi recto pantalón de vestir. A pesar de ello, disimulé lo mejor que pude y me dirigí al escritorio para colocar mis cosas y comenzar con la presentación sobre arte barroco que había preparado para ese día.

    Conforme los días transcurrían, me di cuenta de que Nerea, como se llamaba la que en secreto comenzaba a considerar mi musa, no solo era bella, sino que también poseía una rara agudeza de sentidos y una memoria excepcional convirtiéndose así pues en poco tiempo en el objeto de mis deseos y fantasías nocturnas, ¡ay! si tan solo hubiera sido un poco menos distraída y dada a faltar con sus deberes, yo no me hubiese visto tan apurado a la hora de ayudarla a subir sus notas al evaluarla.

    En efecto, dos semanas habían pasado ya y tras evaluar los conocimientos adquiridos tanto con mi colega al inicio del mes como conmigo ahora, me di cuenta de que no había manera de que Nerea aprobase el parcial. Así pues, un martes, al terminar la sesión me dirigí a ella y le pedí que se quedara un momento para explicarle que debía hacer un ensayo adicional para sumar los puntos necesarios o de lo contrario, reprobaría.

    Ella, de pie frente a mí y separados tan solo por el escritorio pareció meditar un segundo mis palabras y, tras un instante de silencio, se inclinó hacia el frente, haciendo que la curva de sus ya sugerentes pechos se hiciera aún más pronunciada y sus nalgas quedasen ligeramente levantadas al apoyar sus manos sobre la mesa, me preguntó:

    —¿Y no hay alguna otra forma de que yo sumara esos puntos, sin tener que hacer el ensayo?

  • Los cinco sentidos (final)

    Los cinco sentidos (final)

    Sus piernas todavía temblaban cuando subió al autobús que la llevaría a casa. Había varios asientos libres y se sentó en la parte de atrás donde estaba mas vacío. Necesitaba sentirse sola. Acababa de follar con el marido de su mejor amiga y esta vez no había sido obligada a hacerlo sino que había sido ella quien por voluntad propia lo había follado. Se avergonzó de haber sucumbido al deseo que aquella polla le provocaba. Le era materialmente imposible no pensar en el sexo erecto de Andrés y en las sensaciones que había tenido al meterlo en la boca y cuando lo cabalgó en el sofá. Aún le faltaba bastante para llegar a casa y deseó que ese trayecto transcurriera rápido pues necesitaba calmar la excitación que su vagina sentía de recordarlo. Cada curva o bache que el autobús cogía le provocaba un estremecimiento entre las piernas. Sentía su coño mojado, sensible. Agradecía estar sentada sola y en cada parada que se subía gente rogaba que nadie se sentara a su lado y pudiera notar su estado. Miró los asientos a su alrededor y se maldijo a si misma cuando comprobó que el único asiento que quedaba libre era el que estaba a su lado. La gente conversaba ajena a lo que le estaba pasando, algunos iban absortos mirando sus móviles y otros aislados del mundo con los auriculares puestos. El autobús se detuvo en una nueva parada y vio como subían tres personas y se quiso morir cuando vio que aquel señor, casi anciano, buscaba con la mirada un asiento libre y contento de poder ir sentado se aproximaba adonde ella estaba.

    -Buenos días joven -con educación aquel hombre la saludó -he tenido suerte y quedaba este asiento libre.

    -Buenos días -le respondió con frialdad pues se sentía incómoda por lo que estaba sintiendo bajo el vestido.

    -Hace mucho calor. Hubiera preferido quedarme en casa pero he tenido que venir al centro a hacer unas gestiones. Tu por donde vives?

    -Vivo en las afueras -no podía ser cierto, encima se había sentado a su lado el típico señor que le gusta hablar y aquel traqueteo del autobús la estaba volviendo loca.

    -Nunca te había visto por este autobús -la miraba como intentando reconocerla – yo vivo en las afueras en la urbanización de los chalets blancos.

    -Si, yo también vivo en esa urbanización.

    -Uy disculpa -en una curva cerrada el cuerpo de ese hombre se había resbalado y puso su mano sobre la pierna desnuda de ella.

    -No pasa nada -al sentir esa mano sobre su pierna no pudo evitar estremecerse. Acaso estaba loca por sentir eso con un anciano? Quizás ese hombre había notado su estado de excitación?

    -Ese vestido te queda maravillosamente. Veo que te gusta tomar el sol, tienes las piernas morenitas.

    -Si me gusta tomar el sol -un bache le hizo morderse los labios y su voz sonó entrecortada. Estaba sudando por las sensaciones

    -Te sientes bien? – el hombre sacando un pañuelo se lo pasó por la frente.

    -Es que siento muchísimo calor -su frente, sus brazos y sus piernas estaban bañados de sudor.

    -Quizás sea un golpe de calor -le estaba secando la frente, las piernas y sorprendida sintió como ese señor le desabrochaba un par de botones del vestido dejando prácticamente a la vista sus pechos -No te preocupes aquí nadie te verá.

    -Es que no se que me pasa -sintió como ese hombre abría el escote y comenzaba a secarle el cuello e incluso la parte de arriba de los pechos y sorprendida se dejaba hacer.

    -Por suerte no llevas sujetador, esa prenda debe dar mucho calor, verdad?

    -Si, odio usar sujetadores.

    -Mejor no los uses. No te hacen falta -aquel hombre le miraba los pechos con descaro pero de una manera muy tierna y eso a ella le gustaba.

    -Estoy avergonzada, no se porque me pasa esto.

    -A cualquiera puede pasarle, no te preocupes. -con el pañuelo abierto comenzó a secarle los pechos y esa sensación la hizo estremecer.

    -Por favor no haga eso -podía sentir perfectamente el tacto de aquella mano a través de la fina tela del pañuelo. Sentía aquellos dedos frotar sus pezones totalmente erectos y estaba a punto de sentir un orgasmo con los cuidados que ese hombre le estaba dando.

    Tania miraba en todas direcciones asustada de que alguien pudiera ser testigo de lo que estaba pasando pero la gente estaba distraída con sus conversaciones, con sus teléfonos, con su música y cerró los ojos y apoyó su espalda sobre el respaldo de su asiento. Y se dejó llevar por su cuerpo. No dijo nada cuando sintió que ese hombre estaba acariciando sus pechos directamente, sin la fina tela del pañuelo por medio y se tuvo que agarrar a aquel brazo desconocido cuando comenzó a correrse ahogando sus gemidos con la mano libre.

    -Te sientes mejor? -la miraba con cariño mientras doblaba el pañuelo y lo guardaba en el bolsillo -Estoy seguro que ha sido un golpe de calor.

    -Si, creo que si. Voy a bajarme en la próxima parada que necesito tomar el aire.

    -Quieres que te acompañe?

    -No, gracias. Prefiero ir sola -se abrochó el vestido con prisa y se levantó avergonzada de lo que acababa de pasar -Gracias por ayudarme.

    -Es lo que menos podía hacer. Ten cuidado por favor.

    Ya fuera del autobús se sintió abochornada. En que se había convertido, que había permitido que un anciano la tocara de esa manera y hasta había tenido un orgasmo? Se asustó al pensar que si ese hombre hubiera insistido en acompañarla seguramente hubiera aceptado y su vergüenza fue mayor al pensar que con seguridad hubiera terminado follando con él.

    Sonó el teléfono y al sacarlo del bolso vio que era Rodrigo.

    “Hola amor, que tal estás? Ha pasado algo?

    “No cariño, solo que te echaba de menos y tenía un momento y necesitaba escucharte. Que haces? Estás en casa?”

    “Estoy llegando a casa ahora. Vine hasta el centro comercial a ver unas cosas y ya voy de vuelta.”

    “Estoy deseando llegar a casa para poder estar juntos mi amor”

    “Yo también estoy deseando que llegues. Necesito abrazarte muy fuerte”

    “Esa idea me encanta cariño.”

    “Te amo, eres el hombre de mi vida”

    “Y tu la mujer de la mía cariño”

    Cuando colgaron Tania no pudo evitar que sus ojos se desbordaran y comenzó a llorar. Amaba a su marido y siempre la había hecho sentir la mujer mas feliz del mundo. Todo el mundo los envidiaba porque eran el matrimonio perfecto. Pensó en Braulio, lo quería? Claro que lo quiero, pensó. Ese señor me hizo descubrir un sexo diferente y siempre está pendiente de mi y nunca intentó separarme de mi marido sino todo lo contrario. Pensó en Estela, su alocada amiga a la que adoraba y hasta la había hecho descubrir que el sexo entre dos mujeres podía ser maravilloso. Sonrió al pensar que la condenada estaba muy buena y que ojalá fuera feliz o bien con Braulio o con su Andrés.

    Pero todo aquello tenía que cambiar, por el bien de ella, de su matrimonio, de su amiga…

    Un año después…

    Cuando Estela y Andrés los vieron acercarse se levantaron de la mesa. Estela no pudo evitar echar a correr hacía ellos y abrazó a su amiga con efusividad.

    -Cariño que tal estás? -estaban felices de volver a encontrarse – A ver esa preciosidad -se separó de su amiga y se agachó para ver a la bebé que dormía plácidamente dentro de su carro de recién nacida -pero bueno si es preciosa.

    -No grites tanto, escandalosa, que la vas a despertar -Andrés se había acercado y le dio dos besos a Tania y un abrazo a Rodrigo – Enhorabuena! Nos alegra mucho que todo haya salido bien.

    -Gracias Andrés -Tania se volvió a abrazar a su amiga – Haber cuando os animáis vosotros que Lucía querrá una amiga cuando crezca.

    -Pues viendo esta preciosidad me dan ganas -los cuatro estaban felices y sonreían.

    -Venir, vamos a sentarnos…

    A los tres meses de aquel suceso en el autobús, Tania supo que estaba embarazada. Rodrigo y ella lo habían hablado y después de un mes intentándolo la buena noticia llegó. En el momento que habían decidido buscar un hijo Tania dejó de mantener relaciones sexuales con otra persona que no fuera su esposo. Braulio fue después de Rodrigo la segunda persona en saber que estaba embarazada y se sintió feliz por los futuros papás aunque entristecido de sentir que aquello alejaría a Tania de él.

    En aquella conversación habían dejado claro que cuando ella necesitara ir a su casa, podría hacerlo sin problema y hubo varios días que ella lo fue a visitar y se pasaban horas abrazados conversando.

    En una de esas ocasiones que Tania fue a casa de su vecino, hablaron de ellos, de Estela, y los dos estaban felices de que hubiera vuelto a casa con su Andrés hacía unos meses.

    -Desde que volvió con su marido no vino aquí nunca más? -Tania tumbada con la cabeza sobre las piernas de su vecino le preguntó con curiosidad.

    -Sabes que eso no puedo contarlo Tania – mientras hablaban el le acariciaba la barriga que ya era muy evidente pues estaba embarazada de cinco meses – uy se ha movido.

    -Sabe que estamos hablando de su madrina. -puso su mano sobre la de Braulio y la movía sobre su barriga -Y si no me lo niega es porque si que vino alguna vez. Verdad?

    -No seas mala.

    -Alguna vez he contado un secreto? Además a Estela le gustaba mucho su… ya sabe.

    -Ahora te da vergüenza decir la palabra?

    -Ahora es distinto. Un poco si que me da vergüenza decirla.

    -Te entiendo. Ahora vas a ser mamá. Entonces a Estela le gustaba mucho mi…? Ya sabes.

    -Usted puede decirla -los dos sonrieron -la que voy a ser mamá soy yo.

    -A Estela le gustaba mucho mi polla?

    -Si y por eso ha vuelto. Verdad?

    -Si -sin darse cuenta había caído en la trampa de confesar aquel secreto. -Perdona, no dije nada.

    -Jajaja… Ve? Lo sabía. Ella me lo había dicho que le gustaba mucho.

    -Y a ti, no? Perdona la pregunta.

    -A mi no, lo que?

    -No te gustaba mi…?

    -Recuerdo cuando me decía que tenía que decirle las cosas claramente. Ya no es así?

    -Si, pero recuerda lo que habíamos acordado. Ahora es distinto cariño.

    -Lo se aunque a veces es inevitable recordar aquello.

    -Lo recuerdas a menudo?

    -No puedo decirlo.

    -Te conozco cielo y es normal que lo recuerdes como yo también lo hago.

    -Pensaba que había superado aquello y muchas veces lo pienso.

    -Que piensas? Sabes que puedes contármelo con tranquilidad.

    -Recuerdo que este era mi lugar donde sentirme libre.

    -Sientes que ya no lo es?

    -Pero ahora es distinto. Ahora me da como vergüenza decir o hacer algunas cosas.

    -Que te gustaría decir?

    -Antes que me preguntó?

    -Si a ti no te gustaba mi…

    -Si no me gustaba lo que? -Tania extrañaba las preguntas directas como hacía meses.

    -Mi polla… A ti no te gustaba mi polla?

    -Si, si que me gustaba.

    -Que te gustaba? -él deseaba volver a escucharla decirlo.

    -Su polla -al decirlo algo se removió dentro de ella -Me gustaba su polla.

    -Y ya no te gusta?

    -Hace meses que no la veo.

    -Y sientes que te gustaría volver a verla?

    -Si pero me da miedo volver a lo de antes.

    -Te entiendo cariño. Quizás ha sido un error volver a hablar estas cosas.

    -Creo que se le ha puesto dura -en su cabeza sentía la erección de Braulio.

    -Si. Discúlpame pero no lo he podido evitar.

    -Es normal. Hablar estas cosas y recordar aquello excita -ella también sentía su sexo húmedo al recordar y volver a hablar con su vecino sobre cosas tan íntimas.

    -Tu también te sientes excitada?

    -Si y me da reparo Braulio.

    -Mucho? -la mano de su vecina que estaba sobre la suya en la barriga comenzó a arrastrarla hacia abajo. Él se dejó guiar la mano sin resistencia. Ambas manos se introdujeron bajo el elástico del pantalón premamá, la goma de las bragas no fue ningún obstáculo para seguir aquel camino y enseguida sintió la humedad de aquella joven en la palma de su mano. El corazón de Braulio latía agitado como hacía meses que no lo hacía. Sintió su pene totalmente duro como antes de quedar embarazada su vecina. Mantuvo la mano quieta temeroso de hacer cualquier cosa que pudiera estropear ese momento. La mano de ella presionaba para sentir su contacto, un contacto que su vagina extrañaba desde hacía mucho. Aquella humedad eran como lagrimas de felicidad que aquel sexo derramaba por sentir de nuevo la mano de Braulio sobre él. Sintió como aquella mano movía la suya pidiéndole en silencio que la acariciara y la acarició despacio. Y cuando Tania supo que él había entendido lo que necesitaba en ese momento retiró su mano y gimió de placer al ser masturbada de nuevo por su vecino.

    Braulio acarició con detenimiento cada pliegue de aquel coño. Estaba totalmente mojado, caliente, suave, inflamado. Cada poco rato sentía como su joven vecina se retorcía de placer y en su mano notaba aquellos chorros que tanto le excitaban. La tela del pantalón estaba empapada como cuando alguien se orina encima. Tania apoyaba su mejilla sobre su erección y se puso nervioso cuando sintió que comenzaba a darle besos sobre su pantalón. Deseó liberar su polla de la presión pero no quería estropear ese momento y que fuera ella la que decidiera lo que quería. Se estremeció de placer cuando sintió las manos de ella bajándole el pantalón y sentir su sexo rozar la suave cara de Tania.

    Comenzó a masturbarlo como solo ella sabía hacerlo. Movía su mano primero despacio, luego lento, de nuevo mas rápido y él gemía desesperado. Braulio observaba la cara de ella mientras lo hacía. Le excitaba como esa joven miraba su polla. Era deseo? Devoción? Admiración? Un nuevo orgasmo estaba alcanzando su coño y sintió como al momento de correrse acercaba su boca y se metía la polla en ella. Le estaba haciendo una mamada de nuevo. Lo que creía que nunca mas iba a pasar estaba sucediendo en esos instantes

    -No me avise cuando se vaya a correr por favor -y de nuevo comenzó a chupársela con verdadera devoción.

    Lo que le estaba haciendo con sus labios y lengua era un placer increíble pero escuchar esas palabras lo pusieron al límite del orgasmo y sintió que se iba a correr. Y lo iba a hacer en su boca porque ella le había dado permiso. Y no solo le había dado permiso, con aquellas palabras ella le había insinuado claramente que deseaba que se corriera en su boca, y que lo hiciera sin avisarla, de sorpresa. Y pensar eso lo excitó muchísimo y se comenzó a correr. Tania gimió al sentir en su boca los chorros de semen y se corrió de nuevo sobre la mano de él. Habían eyaculado juntos de nuevo después de meses en los que los dos se habían recordado a menudo. Al terminar se miraron, la culpabilidad se reflejaba en sus rostros por no haber podido evitar el deseo de volverse a acariciar.

    La niña había despertado y Estela la tenía en brazos. Llevaban un par de horas allí y los cuatro sabían que enseguida tendrían que despedirse.

    -Nos vemos el domingo en el bautizo -Tania se sentía nerviosa por la celebración y porque todo saliera bien -Acuérdate de traerme la chaqueta por favor.

    -Tranquila chochete que no me olvido.

    -Estela! -que la llamara así delante de Rodrigo y Andrés la hizo sonrojar -No me llames así!!

    -Pero si la niña es muy pequeña y ni sabe lo que significa!

    -Pero ellos si -con la cara señaló a su marido y a Andrés. Una extraña sensación se apoderó de su cuerpo al darse cuenta que las tres personas que estaban allí sentadas con ella conocían perfectamente esa parte tan íntima de su cuerpo y las tres le habían hecho disfrutar mucho.

    -Pero saben que lo digo con cariño.

    -Claro que lo dice con cariño mi amor -Rodrigo intentó tranquilizar a su mujer apoyando su mano sobre la rodilla de ésta -No pasa nada cielo.

    -Perdona cariño -Tania se levantó y abrazó a su amiga -Estos días estoy muy nerviosa, no se que me pasa.

    -No lo volveré a decir mi niña.

    Todo volvió a la normalidad y transcurridos unos minutos se despidieron y quedaron para el domingo.

    Había terminado de cenar y ya era tarde. Entre bañar a la niña, darle el pecho y después ducharse ella y cenar vio que eran las once de la noche. Rodrigo ya se había acostado y ella se tumbó en el sofá a ver una película. Se sentía mal por como había reaccionado esa tarde con Estela y se dio cuenta que los últimos días se sentía muy sensible y alterada. Será esta maldita cuarentena? Estaba segura que si. No estaba acostumbrada a estar mas de dos días seguidos sin sexo y eso le afectaba mucho. Pensó en llamar a Estela para disculparse de nuevo pero decidió que lo haría al día siguiente.

    Escuchó que recibía un mensaje y al ver de quien era se sorprendió, era de Andrés.

    Andrés: “Hola Tania, que tal estás?”

    Tania: “Hola Andrés, bien aquí viendo una película. Y tu?”

    Andrés: “Yo también viendo una película. Estás mas tranquila?”

    Tania: “Si, perdonarme por mi reacción esta tarde. Iba a llamar a tu mujer pero es tarde y la llamaré mañana”

    Andrés: “Si, Estela ya está dormida. No hay nada que perdonar, tranquila”

    Tania: “Es que me dio mucha vergüenza que me dijera esa palabra delante vuestra”

    Andrés: “Delante nuestra o delante de mi?”

    Tania: “No lo había pensado. Delante de los dos supongo, bueno delante de ti un poco mas”

    Andrés: “Por que delante de mi un poco mas?”

    Tania: “Por lo que pasó hace un año. Cuando dijo la palabra me hizo recordar que tu conoces esa parte de mi”

    Andrés: “En realidad conozco todo tu cuerpo y tienes razón fue una situación extraña esta tarde porque yo también recordé aquello”

    Se estaba sintiendo nerviosa con aquella conversación a través de mensajes con el marido de su mejor amiga y con él futuro padrino de su bebé.

    Tania: “Espero que por lo menos el recuerdo sea bueno”

    Andrés: “Muy bueno. Tu recuerdo es malo?”

    Tania: “No, bueno no sé. Lo que me hiciste me costó perdonártelo.”

    Andrés: “Y me has perdonado?”

    Tania: “Si”

    Andrés: “Gracias. No se porque hice aquello. Bueno si lo sé, estás muy buena y estaba muy salido”

    Tania: “Que bruto eres”

    Andrés: “Perdona que sea tan bruto pero es la verdad”

    Tania: “Con razón decía Estela que eras un bruto”

    Andrés: “Ya pero a ti te gustaba que fuera bruto. Siempre me acuerdo como dejabas mi cama toda empapada”

    Tania: “Ni yo entendía por que me pasaba eso. Creo que era porque nunca me lo habían hecho así”

    Andrés: “Por eso y por mi polla”

    Tania: “Andrés no vayas por ahí por favor”

    Andrés: “No te gusta recordar mi polla?”

    Tania: “Eres mi amigo y de mi marido, eres el marido de mi mejor amiga, vas a ser el padrino de mi hija y yo estoy muy feliz con mi esposo. Te parecen pocos argumentos para no hablar estas cosas?”

    Andrés: “No te estoy pidiendo que volvamos a follar. Yo también estoy muy bien con Estela. Solo quería saber si te gusta recordar mi polla”

    Inevitablemente el recuerdo del sexo de Andrés volvió a su mente. Recordaba su grosor, su tamaño, lo duro que se le ponía al verla desnuda. Su maldita falta de sexo estaba haciendo que su vagina reaccionara con aquella conversación. Un nuevo mensaje de Andrés llegaba enseguida.

    Andrés: “A mi me gusta recordar tu coño”

    Tania: “Diré que me impactó mucho”

    Andrés: “Mi polla?”

    Tania: “Si”

    Andrés: “Y que fue lo que mas te impactó de mi polla?”

    Tania: “Creo que lo gorda que la tienes”

    Andrés: “Por eso la recuerdas a veces?”

    Tania: “Si”

    Sin darse ni cuenta se bajó hasta medio muslo el pijama y se comenzó a tocar, estaba empapada. Mientras esperaba un nuevo mensaje cerraba los ojos y recordaba las veces que había ido a casa de su amiga para ser follada por su Andrés.

    Andrés: “Yo también pienso en tu coño. Me gustaba mucho follarte”

    Tania: “No sigas por favor”

    Andrés: “Seguro que estás cachonda. Yo también lo estoy. Te gustaba como te follaba?”

    Tania: “Eras muy bruto”

    Andrés: “Estela dice que follo como un toro”

    Tania: “Tiene razón”

    Su mano entre las piernas frotaba su coño con rapidez, cerraba los ojos y recordaba a Andrés follándola fuerte y como la hacía correrse aquella polla tan gorda. Estaba muy cachonda.

    Andrés: “… archivo de video recibido”

    Tania vio que le había enviado un video y lo abrió. Se quedó asombrada al ver que era un video de la polla de Andrés mientras se masturbaba. Estaba totalmente dura, gruesa. En el video escuchaba los gemidos de ese hombre y como decía su nombre. Tania se frotó con mucha rapidez y se corrió al ver como aquella polla comenzaba a lanzar chorros de semen sobre el estómago desnudo de él. Nerviosa miró hacia la puerta del pasillo, no había podido reprimir los gemidos y temía que Rodrigo se hubiera despertado. Se subió el pijama de prisa e intentó controlar su respiración agitada por el orgasmo que acababa de sentir.

    Tania: “Esto no puede volver a pasar”

    Andrés: “Te has corrido viendo mi polla y como me corrí pensando en ti?”

    Tania: “No pienso contestarte a eso. Me voy a dormir.”

    Andrés: “Hasta mañana. Besos”

    Todavía perpleja por lo que acababa de suceder se subió el pantalón del pijama y apagó la televisión. Se fue para la habitación no sin antes pasar por el cuarto de Lucía y comprobar que su bebé dormía plácidamente. Ya en el cuarto escuchó la respiración inconfundible de alguien que estaba totalmente dormido, su marido al igual que su hija también dormía profundamente. Se metió en la cama y lo abrazó. Con su mente le pedía disculpas por haber caído en la tentación de masturbarse pensando en otro hombre que no era él.

    Durante la noche se despertó sofocada, totalmente bañada en sudor. Su cuerpo estaba excitado. Sentía sus pechos y pezones extremadamente duros tensos, su vagina inflamada y mojada. Vio que su marido aún dormía a su lado.

    De nuevo acababa de tener ese sueño que para ella ahora era una pesadilla. Es que nunca iba a poder pasar página y dejar atrás a la Tania de antes de quedar embarazada, que se entregaba al sexo con otros hombres sin sentir remordimientos ante su marido? Ese sueño se repetía constantemente durante sus meses de embarazo y ahora que había dado a luz volvía a acompañarla en sus noches.

    En el sueño Tania llegaba a casa y en el salón veía a aquellos hombres que la habían hecho descubrir placeres que jamás imaginó que podrían existir. La esperaban sentados en el sofá. Braulio, Andrés y Carlos estaban desnudos. Cuerpos distintos, sexos de hombre diferentes, cada uno la trataba de distinta manera, pero los tres la hacían sentir excitada, deseada y el placer que sentía con ellos era arrollador. En el sueño la desnudaban entre los tres. Seis manos recorrían su cuerpo, tres bocas que se alternaban para besar su boca, sus tetas, su coño. La volvían loca de placer y deseo. En el sueño aquellos hombres se turnaban para follarla y ella los recibía entre gemidos y gritos de placer. Se despertaba siempre sudorosa, excitada. Teniendo esos sueños descubrió que podía alcanzar el orgasmo aún estando dormida, el colchón mojado eran la prueba de ello.

    Se levantó asustada y se fue al salón. Se sentó en el sofá aturdida, odiaba tener ese sueño. Que podía hacer para que su subconsciente la traicionara de esa manera? El teléfono sobre la mesa del cristal era como si le pidiera que lo encendiera y no pudo evitar hacerlo. Se tumbó en el sofá y buscó en los archivos. Encontró lo que buscaba y le dio a reproducir. De nuevo la voz de Andrés diciendo su nombre, sus gemidos mientras se masturbaba, la imagen de aquella polla hinchada. Se bajó el pijama y comenzó a masturbarse viendo aquel video que el marido de su amiga le había enviado hacía apenas unas horas. De nuevo se corrió viendo aquel sexo masculino, que tanto la atraía, expulsar el semen en varios chorros.

    Cerró los ojos enfadada consigo misma. Por qué era tan débil y no era capaz de reprimir su deseo? Tenía que terminar aquello. Necesitaba ser una mujer fiel a su marido, deseaba ser una madre solo pendiente de amar y cuidar de su hija y de su esposo. Tenía que hacerlo, pulsó la tecla de eliminar archivo. Cerró los ojos y se sintió liberada. En ese momento supo que tenia que pasar pagina con su vida anterior y la única manera era volver a la casa del señor Carlos. Con Andrés acababa de pasar página. Desde ese momento sólo sería el marido de su mejor amiga, sería el padrino de su hija. Solo eso.

    Aquel jueves hacía mas calor de lo habitual y se sentó en la mesa de la terraza, aquella terraza le traía recuerdos vergonzosos y placenteros en la misma proporción. Se preguntaba si estaba arrepentida de lo que en aquel lugar había pasado. Alli había permitido que un auténtico desconocido, Carlos, mirara su ropa interior primero y luego incluso que ese hombre mirara su sexo desnudo bajo el vestido subido. Recordó como aquel hombre había conseguido con su mirada que ella abriera sus piernas y le mostrara su sensible coño ante el resto de las personas ajenas a lo que estaba pasando entre ellos. Ese hombre desconocido había conseguido follarla en la ducha de su casa. Había sido el primero en hacérselo después de Rodrigo. Aquello era ya era historia, una historia que tenía que ponerle punto y final esa mañana.

    Estaba mirando embelesada a su hija dormida en el carro, cuando escucho aquella inconfundible voz. Voz de hombre seguro de si mismo.

    -Buenos días, lo de siempre por favor.

    Escucharlo la puso nerviosa, por un momento estuvo a punto de levantarse y huir como huye un cervatillo ante la amenazante presencia de algún depredador. Así se sentía en esos momentos, una temerosa y asustada presa ante aquel depredador que era ese hombre. Pero no debía huir si quería que todo aquello terminara.

    -Hola Tania -Carlos se había acercado al verla y la estaba saludando -Tenía la esperanza de algún día volverte a ver sentada en esa mesa -miró el carro de la bebé – lo que no me imaginaba en mis sueños es que vendrías acompañada.

    -Es Lucía, mi hija.

    -Vaya, enhorabuena. Te felicito. Y puedo saber si encontrarte ha sido una casualidad?

    -He venido para ver si lo encontraba a usted -su voz sonaba nerviosa, temblorosa -Puede sentarse aquí con nosotras?

    -Claro te agradezco la invitación -el camarero recibió una señal de que se cambiaba de mesa y se sentó frente a Tania. -Y cuéntame. Por qué querías encontrarte conmigo? Hace mas de un año que no sé nada de ti. Acaso echas de menos mis miradas a escondidas de todo el mundo?

    -No es eso -podría perfectamente serle sincera y decirle que a lo largo de ese año había recordado muchas veces aquellas miradas pero prefirió no hacerlo -Quería hablar con usted.

    -Que te pasa?

    Tania le explicó todo. De su embarazo. De su necesidad de dejar atrás a la Tania que antes era y dedicarse en cuerpo y alma a su esposo y su hija. Le habló de sus sueños, pesadillas? omitiendo por supuesto detalles como que en ellas había mas hombres y no sólo él.

    -Y como puedo ayudarte? -la miraba comprensivo y admirado por el valor de esa joven de enfrentarse a lo que le ocurría -Eres una joven digna de admirar y no me refiero ahora a lo físico, que por descontado sabes que en ese aspecto me fascinas. Comprendo lo que te pasa.

    -Siento que necesito cerrar página con usted. Que esta será la ultima vez que nos veamos y a partir de hoy todo quede como si nunca hubiera pasado.

    -Para cerrar página necesitas que te vuelva a mirar?

    -Creo que será la única manera de poder hacerlo. Que me mire sabiendo los dos que será la última vez.

    -Quieres que me cambie de mesa?

    -No -miró a ambos lados, el carro de la niña a un lado y la mesa en el otro les proporcionaban una situación perfecta para lo que necesitaba -Aquí nadie se dará cuenta.

    Cerró los ojos y llevó sus manos al borde del vestido y lo subió despacio. Él atentamente miraba como esa joven iba descubriendo sus piernas. Sus muslos asomaron tan hermosos como siempre. Vio sus bragas, aquellas bragas blancas que un día se pusiera para él.

    -Me encantan esas bragas.

    -Lo sé, por eso me las he puesto esta última vez.

    -Es tan excitante verte… -no pudo evitar abrir un poco los ojos y dirigir su mirada hacia el pantalón de él -Si, estoy muy excitado.

    -Yo también lo estoy -abrió sus piernas y la humedad de su ropa interior era evidente, aquella mancha en el centro de la fina tela blanca delataba su estado.

    Se estremeció cuando sintió que Carlos apoyaba sus manos en sus rodillas y las fue subiendo lentamente por sus muslos. Sorprendida de que ese señor agarrara el elástico de su ropa interior, levantó un poco las caderas y gimió al sentir que se las bajaba. Estaba abierta de piernas para él y de nuevo gimió cuando aquellos dedos rozaron su vulva inflamada de deseo.

    –Espere -cogió a su bebé del cochecito y colocó una toalla de tela que llevaba para cuando le daba el pecho sobre sus piernas. Necesitaba que ese hombre la masturbara allí mismo. La urgencia del deseo era mas fuerte que la prudencia. Estaba empapada -Así nadie se imaginará lo que hacemos.

    La masturbó con delicadeza, ella con su hija en brazos intentando que nadie se diera cuenta que se estaba corriendo, una, dos, tres veces casi consecutivas. Sería la última vez que ese hombre la iba a tocar, los dos lo sabían y por eso ninguno quería terminar aquel momento. Un cuarto orgasmo demoledor la hizo tener que morderse los labios.

    Tania se sentía totalmente excitada. Miraba el pantalón abultado de Carlos y recordó su polla. Deseaba en esos momentos arrodillarse y sacársela fuera y darle placer pero era algo imposible en aquel lugar. Sabía que si en ese momento se iban cada uno por su lado, quizás la puerta no quedara totalmente cerrada.

    -Me gustaría masturbarle yo a usted pero aquí es imposible

    -Vayamos a mi casa. Estaremos solos y podré follarte por última vez.

    -Eso no podrá ser, estoy con la cuarentena del parto.

    -Haremos otras cosas.

    De nuevo se vio, como hacia mas de un año caminando detrás de ese hombre. Siguiendo a ese señor hasta su casa para gozar juntos del sexo sin ataduras. Sexo por sexo, sin cariño, sin amor. Un deseo casi animal en el que su cuerpo solo buscaba el placer de ser acariciado. Un deseo por acariciar el cuerpo de ese hombre y darle placer. Seria la última vez.

    No pudo resistir mas tiempo sin tocarlo y en cuanto cerraron la puerta y llevó la silla del bebé al salón lo comenzó a desnudar. Acarició todo su varonil cuerpo, besó su torso velludo, sus brazos, sus piernas. Cuando le bajó el slip admiró aquella polla y se la acarició con deseo. Sus ansias la empujaron a meterla en la boca y saborear cada centímetro de aquel sexo totalmente erecto.

    Carlos la desnudó, besando y lamiendo cada rincón intimo de ella. Mamó de sus pechos y bebió de su leche materna, el alimento de su hija que por ser la última vez que estarían juntos le permitió hacerlo. Y se corrió sintiendo su pezón succionado de manera tan fuerte.

    Se corrieron juntos haciendo un sesenta y nueve lleno de deseo en el que ella se frotó contra la cara de ese señor mientras él movía sus caderas embistiendo su boca de manera profunda y rápida. El deseo y el placer era demasiado intenso como para detener ese momento y ambos se corrieron en la boca del otro. Tragaron el orgasmo. Semen y flujo por sus gargantas. Sabor del placer del amante satisfecho.

    El llanto de la niña le devolvió al mundo de los despiertos. Se había quedado adormecida abrazada a ese hombre después de haberse corrido juntos. Se sentía tan a gusto entre sus brazos que se había dejado estar y se adormeció. Carlos estaba dormido y le recordó a Rodrigo, que por las noches ni se enteraba cuando Lucía reclamaba su alimento. Se levantó con cuidado de no despertarlo y acudió a tranquilizar a la niña. Vio la hora y se sorprendió pues habían pasado dos horas desde que entrara en aquel piso. Sentada en el sofá dio el pecho a su hija y cuando terminó la durmió acunándola contra ella. En la habitación Carlos seguía dormido y lo observó durante unos minutos mientras se vestía. Era un buen hombre y le daba pena pensar que aquella sería la última vez que lo vería, por lo menos desnudo, pensó. Sacando un bolígrafo y un papel escribió una nota y la dejó sobre la mesilla de noche. Al lado de la nota dejó sus bragas, aquellas bragas blancas que tanto le gustaban a ese señor. Salió de la habitación y girándose lo vio por última vez. Estaba a punto de llorar. Tristeza? Felicidad por cerrar aquella página? Se sentía triste y a su vez muy feliz, extraña mezcla de sentimientos. Triste por saber que nunca mas volvería a tener esos increíbles orgasmos con ese señor pero feliz de saber que lo hacía por su hija y por Rodrigo. Ahora se sentía mucho mas cerca de ellos, de su familia a la que amaba.

    Carlos se despertó cuando hacía media hora que Tania se había ido, la buscó por casa con la esperanza de encontrársela en la cocina con la niña. Desolado comprobó que la casa estaba vacía, ausente de vida más allá de la suya. Volvió a su habitación y vio las bragas sobre la mesilla. Las cogió y aquel papel llamó su atención.

    “Gracias por ayudarme a dar este paso tan difícil para mi. Nunca olvidaré las veces que he estado con usted y el cariño con el que me ha tratado. Le dejo la prenda que un día me pidió que me pusiera y ahora será suya para que haga con ella lo que crea conveniente. Adiós Carlos, mi hija y mi esposo me necesitan mas que nadie. Gracias por comprenderlo”

    Terminó de leer aquella nota tan dolorosa y se dejó caer sobre la cama abatido. Habían sido pocas las veces que estuviera con esa joven pero sabía que era una mujer muy especial. Se levantó deseando que ella fuera feliz y guardó aquellas bragas en un cajón del armario pues era lo único que le quedaba como recuerdo de aquella maravillosa experiencia.

    Estaba llegando a casa y la niña despierta la miraba atentamente tumbada en su cochecito. Tania le hacía gestos con su mano para distraerla. Al pasar por delante de la casa de Braulio pensó en su vecino. Aquella sería la página mas dolorosa de cerrar. Mañana iré por la mañana a su casa, pensaba mientras cogía a su hija en brazos, bueno, mejor iré el lunes después del fin de semana.

    Se fue a cambiar a su habitación. Le encantaba ese silencio solo interrumpido por el trinar de unos pájaros que habían anidado en su jardín. Se quitó el vestido y vio su imagen en el espejo. Su cuerpo con tan solo el sujetador puesto. Pensó en si Carlos habría tirado sus bragas o las habría guardado. En ese momento de total silencio, escuchó el sonido inconfundible de gemidos al otro lado de la pared. Se puso nerviosa, quizás celosa?, al darse cuenta que su vecino estaba con una mujer. No pudo evitar acercarse a la pared y pegar su oído en ella. Los gemidos eran mucho mas claros ahora, incluso podía escuchar el vaivén de la cama. A su oído llegaba el sonido de dos cuerpos chocando entre si y cerrando los ojos podía visualizar a Braulio embistiendo con deseo otro cuerpo que no era el suyo. Se comenzó a masturbar imaginando que era a ella a quien Braulio follaba. La mujer que estaba del otro lado de la pared aumentó el volumen de sus gemidos, ahora eran casi gritos, gritos de placer y Tania supo que esa afortunada estaba teniendo un orgasmo. Movió su mano al ritmo de aquellas embestidas y se corrió entre temblores de placer.

    Lavándose en el baño no podía dejar de pensar en quien sería esa mujer que tanto había gozado con su vecino. La curiosidad era mas fuerte que sus celos y esperó sentada en la cocina pues desde allí podía ver la puerta del jardín de Braulio y si salía alguien podría verla.

    Varias veces volvió a su habitación y arrimando su cara a la pared comprobaba que aquellos sonidos de dos personas sintiendo placer juntas no volvían a escucharse.

    Ya estaba a punto de desistir de saber quien estaba con su vecino, cuando escuchó la puerta de al lado abrirse. Desde donde estaba no podía ver con quien estaba Braulio pues solo podía escuchar la voz de este.

    Su corazón le dio un vuelco y se aceleró de repente. Con miedo de ser descubierta, por fin pudo ver quien era la afortunada que hacía unos instantes estaba gimiendo y casi gritando de placer con su vecino. La vio girarse y despedirse de Braulio con la mano, sonriente, feliz. Vio que era Estela. Su mejor amiga, la que se suponía que era feliz de nuevo con su marido. La madrina de su pequeña. Se ruborizó al pensar que acababa de masturbarse escuchándola a través de la pared.

    Acercándose a la habitación de su bebé la cogió en brazos. La miró con mucho amor.

    -Me podrás perdonar algún día por no poder cerrar esa puerta? -la niña escuchaba a su madre y sonreía ajena a lo que esas palabras significaban -te amo mi bebé y amo a tu padre pero no puedo evitarlo.

    Cuando Lucía se quedó dormida en sus brazos cogió el teléfono móvil de la mesilla y escribió un mensaje.

    Tania: “Braulio se que hace meses que no hablamos. Le gustaría volver a caminar el lunes juntos?”

    Después de un buen rato mirando impaciente si recibía algún mensaje, sonó el móvil. Era un mensaje.

    Braulio:” Será un placer caminar de nuevo juntos”

    Tania: “Llevaré el pantalón que tanto le gusta”

    Al enviar ese mensaje se sintió avergonzada porque era reconocerle a ese hombre lo que le pasaba.

    Braulio: “El que mas me gusta de todos está aquí en el cajón”

    Tania: “Es verdad. Al volver de caminar podría pasar por su casa para ver si todavía me sirve”

    Braulio: “Esta casa siempre estará a tu disposición para lo que desees”

    Tania: “Gracias. Nos vemos el lunes”

    Braulio:” Hasta el lunes. Besos”

    Tania:” Besos”

    FIN.

  • Follada por el taxista de app

    Follada por el taxista de app

    Fue hace unos días cuando una amiga mía, me envió un mensaje, pues habían transcurrido dos semanas desde la última vez que nos vimos. Somos mejores amigas y disfrutamos mucho pasar tiempo juntas.

    —Hola ¿Como estás? —Me preguntó mi amiga.

    —¡Muy bien, gracias! Aquí en mi casa haciendo el aseo ¿Y tú?

    —Estoy preparando la comida.

    —Ah que bien y ¿Qué vas a hacer en la tarde? —Le pregunté para saber si tenía tiempo libre.

    —Pues nada y tú? —Me contestó con emoji aburrida.

    —Tampoco, pues ¿Qué te parece si nos vemos para tomar un frappé en el café de por tu casa? —Le propuse con emoji animándola.

    —Sí, como que se antoja. Ya hace falta vernos. —Me dijo con emoji triste.

    —Ay, sí ya se. Pues tu dime como a qué hora.

    —Que te parece como a las 5 pm —Me propuso.

    —Sí, me parece muy bien.

    —Ok, entonces deja me apuro a hacer la comida. —Me contestó.

    —Ok, te quiero —Le mande emoji de corazones y abrazo.

    —También yo te quiero —Me contestó con los mismos emojis.

    Durante la mañana me dediqué a realizar labores domésticas en mi casa, después fui a comprar los ingredientes para preparar los platillos que vendemos en nuestra cenaduría. Le comenté a mi mamá que me ausentaría en la tarde ya que, había quedado de verme con mi amiga. Por lo que me apuré a terminar de preparar los guisados, y le prometí regresar en la noche para ayudarle en la cenaduría.

    Cuando ya eran las 3 pm me metí a bañar. Aunque no tenía pensado tener sexo con alguien ese día, yo siempre procuro estar depilada totalmente, así que me depilé para dejar mi piel libre de cualquier vello, en especial mi zona íntima. Me hice limpiezas anales con mi enema, ya que tenía pensado penetrarme con mis dildos más tarde cuando regresara. Lavé mi cabello con un shampoo de aroma a frutas tropicales, ya que es un aroma que me encanta y me hace sentir fresca. Enjaboné mi cuerpo con un shampoo corporal, acariciando mi cuerpo muy suavemente, frotando mis senos y estimulando mis pezones. Cuando llegué a mi zona íntima, me tomé el tiempo de acariciar mis labios vaginales y frotar mi clítoris, lo que me hizo ponerme muy cachonda, pero me detuve para castigarme un poco y esperar hasta en la noche. Enjuagué mi cuerpo, me sequé y salí del baño.

    Humecté mi piel con una crema marca Victoria´s aroma pure seduction, que me dejó la piel deliciosamente suave, también me rocié loción del mismo aroma. El haber interrumpido mi masturbación en el baño, me dejó tremendamente cachonda. Así que decidí no usar ropa interior, solamente elegí una blusa tipo “body” blanca de tirantes delgados que, me llega hasta mi zona íntima donde se abotona. Además, escogí una falda larga de verano con diseño floral, tiene un corte que permite mostrar mi pierna derecha. Me puse unos tacones color verde menta. Sequé mi cabello y lo ondulé, me maquillé con tonos cálidos y puse labial rosa. He dejado de usar mis arracadas y ahora llevo puestos unos piercings brillantes en el hélix de mis orejas. Me miré en el espejo grande de mi habitación y me veía preciosa, lista para ir a tomar frappé con mi amiga, pues ante todo soy vanidosa y me gusta lucir bien cada que salgo.

    Infortunadamente mi camioneta tenía un par de días con una ponchadura en la llanta trasera, lo que al día de hoy es problema resuelto, gracias a un vecino que nos ayudó llevando la llanta a la vulcanizadora; pero en ese momento tuve que pedir un taxi de app. Cuando vi en mi aplicación que el taxi de app estaba por llegar a mi casa, me despedí de mi mamá, tomé mi bolso grande color beige, y salí de mi casa para abordar el vehículo. Después de un par de minutos vi llegar un vehículo blanco cuya matrícula coincidía con los datos de la aplicación móvil. El conductor era un joven atractivo, de 34 años aproximadamente, tez moreno claro, atlético, con barba de tres días. Vestía camisa blanca de manda larga con dos botones desabrochados en el pecho, pantalón de vestir color gris, cinturón y zapatos negros. La aplicación de taxi de app me decía que el nombre de conductor era Jesús.

    —Hola, ¿Jesús? —Le pregunté

    —Sí ¿Tu eres Alexandra?

    —Sí, soy yo. ¡Buenas tardes! —Le dije mientras me subía en la parte trasera del vehículo.

    —¡Buenas tardes! La aplicación me dice que tu destino es un café ¿Es correcto? —Me preguntó amablemente

    —Sí, es correcto. Me puse estúpidamente cachonda al verlo.

    —Ah, muy bien. —Me contestó, mirándome a las piernas.

    El conductor inicio el trayecto, yo podía percibir el aroma de su perfume varonil, estoy segura que era Innvictus, lo que me ponía muy cachonda. El haber dejado mi masturbación inconclusa en el baño, me tenía muy ansiosa. De pronto sentí un deseo irrefrenable de terminar de masturbarme a bordo de ese vehículo. Recordé que en días pasados había ido a grabarme masturbándome en un parque público, así que se me ocurrió que podría improvisar una grabación en el asiento trasero. Con lo cachonda que andaba no tardaría mucho en venirme. Coloqué mi bolso en el suelo del vehículo, activé la cámara de mi celular y comencé a grabar, acomodé mi celular de la mejor forma posible sobre mi bolso, hasta que observé que logró enfocarme correctamente. En ese momento me sentí muy nerviosa, mi vagina comenzó a lubricar mucho y el abdomen se me contraía. Mis pezones rositas se me endurecieron y alargaron como montañitas. Yo sabía que lo que estaba a punto de hacer era indebido y eso me excitó muchísimo.

    Una fuerte lujuria me poseía en ese momento, el tener a ese hombre tan cerca de mí, conduciendo mientras yo estaba en el asiento trasero a punto de comenzar a masturbarme, me causaba una tremenda excitación. Mi corazón comenzó a latir muy rápido y mis ansias de masturbarme no me permitieron resistir más. La abertura que tiene mi falda del lado de mi pierna derecha, me permitió abrir mis piernas y cubrirme con la tela, de forma que el conductor no pudiera verme. Comencé a frotar mi vagina sobre la tela de mi blusa tipo “body”, así lo hice durante algunos segundos, sentí muy rico. Después desabotoné mi blusa en la parte de mi zona íntima de tal forma que mi vagina quedó totalmente expuesta ante la cámara de mi celular. Confieso que en ese momento sentí mucho miedo de que el ruido producido al desabotonar mi blusa fuera a delatarme.

    Mi vagina había quedado completamente descubierta y mi clítoris me pedía a gritos ser estimulado, yo solamente hice lo que mi cuerpo me pidió. Comencé a frotar mi clítoris con mis dedos, sentí una sensación deliciosa. Levanté un poco más mi pierna izquierda para cubrirme con la tela de la falda, necesitaba sentirme más segura. Discretamente me llevé la mano a la boca para ensalivar un poco mis dedos y seguir frotando mi clítoris por algunos segundos. Ocasionalmente volteaba a ver al conductor temerosa de que me sorprendiera. Volví a ensalivar mis dedos y continué frotando mi clítoris intensamente de forma circular, estuve a punto de soltar gemidos, pero me contuve temerosa.

    El placer que experimente en ese momento me llevo a acariciar completamente mis labios menores, irresistiblemente introduje mi dedo medio en mi vagina y enseguida también el dedo anular, de forma que me di placer con ambos lo más profundamente posible. Acto seguido alterné frotando mi clítoris de forma circular junto con mis labios menores. Mi vagina se ponía cada vez más caliente y sensible. Cada que el conductor miraba por el retrovisor o los espejos laterales del vehículo para ver el tráfico, el abdomen se me contraía de los nervios. Yo estaba frotando cada vez más rápido mis labios menores y el clítoris, los que ya estaban muy sensibilizados, el orgasmo era inminente. Me puse muy inquieta cuando sentí una sensación cálida y placentera, faltaba poco para que me viniera. Arriesgadamente acomodé mi culito para estimularme mejor y aceleré el ritmo de la masturbación, frotando frenéticamente mis labios menores y el clítoris. Hasta que de pronto comencé a sentir como un líquido caliente salía de mi uretra, estaba comenzando a tener un squirt. Por lo que continué frotando con mayor intensidad mi zona íntima que estaba experimentando un placer enorme, al ser la primera vez que me masturbaba a escondidas en un vehículo con un desconocido. Unos segundos después sentí como el squirt tomó más fuerza y comencé a salpicar mojándome la falda y el asiento. Yo me acariciaba frenéticamente con mis dedos, frotaba mi vagina sin importarme nada, la lujuria me tenía poseída, el placer causado me hizo olvidarme del conductor por un instante e imprudentemente me di algunas palmadas en la vagina para terminar de masturbarme. El ruido que produjeron las palmadas en mi vagina húmeda y caliente, captaron la atención del conductor quien volteó a verme. Yo, ipso facto, cerré las piernas y volteé sonrojada a ver al conductor.

    —¡Oye amiga! ¡Eemm! ¿Te gustaría que te lleve a otro lado? No sé, tu dime, si quieres podemos ir a un motel por aquí cerca. —Me propuso al verme masturbándome. Yo de inmediato detuve la grabación.

    —¡Ay perdón! ¡Qué pena! ¡Discúlpame por favor! —Yo no sabía dónde meter la cara, reaccioné tapándome la cara con mis manos, por la vergüenza que me dio.

    —Tranquila, no pasa nada. No te preocupes, si ya me había dado cuenta. —Me dijo sonriendo.

    —¿Enserio, y por qué no me dijiste nada? —Le pregunté nerviosa y con el corazón acelerado.

    —Pues es que me llamó mucho la atención que una chica tan guapa, hiciera eso aquí. Y pues no te quería interrumpir, yo sé que a veces uno tiene ganas de masturbarse, pero pues a mí también ya me pusiste bien caliente nada mas de escucharte.

    —¡Ay que pena! Y ya te mojé el asiento, te vas a enojar. —Le dije con miedo y muy avergonzada.

    —¡No te preocupes! ¡Jajaja! Sí se escuchaba húmedo, cuando te masturbaste. —Me dijo tratando de tranquilizarme.

    —Sí es que a mí me salen squirts. En verdad estoy muy apenada, dime cuanto te debo de la lavada.

    —Mejor tu dime, si te gustaría que fuéramos a otro lado, podríamos disfrutarnos y pasarla muy bien. Estás bien hermosa y me pusiste bien dura la verga nada más de ver cómo te masturbaste.

    —Pues sí me gustaría, pero es que una amiga me está esperando en el café.

    —Que te parece si vamos a un motel que está muy cerca de aquí, y lo hacemos rápido para quitarnos las ganas, es que estás guapísima, me gustaste mucho.

    —¡Ay que lindo! Bueno sí, está bien Jesús. —Le dije coqueteándole.

    —Tú dime Chucho, al fin que ya somos buenos amigos ¿No? —Me dijo entrando en confianza.

    —¡Sííí! ¡Muy buenos amigos! ¡Jajaja! Tú me puedes decir Alexa. —Le dije yo desvergonzadamente, ya me sentía más relajada.

    El conductor se orilló para terminar el viaje en la aplicación. Después se dirigió hacia el motel, al llegar pagó la habitación, estacionó el vehículo en la cochera y cerró el portón eléctrico. Entre tanto le envié un mensaje a mi amiga.

    —Apenas voy saliendo de mi casa, quizá me tarde unos 15 minutos en llegar. —Le escribí a mi amiga por mensaje.

    —No te preocupes, también se me hizo tarde, porque estaba esperando a que llegara mi cuñada y se quede ella con mi hija. Entonces nos vemos en media hora en el café ¿Cómo ves? —Me contestó

    —Sí está muy bien, ahí nos vemos. —Yo quede más tranquila al saber que tenia tiempo suficiente, para que Jesús me diera una buena cogida.

    Posteriormente bajamos de vehículo y Jesús sin perder el poco tiempo que le había concedido, se aproximó a mi para darme un apasionado beso de lengüita, mientras me abrazaba y me agarraba una de mis nalgas. Yo sentí delicioso ese apretón y de inmediato le correspondí con mi lengua y dándole un agarrón de verga sobre su pantalón. Pude notar que tenia una verga gruesa y muy dura, se me hizo agua la boca solo de imaginármela.

    —Después de ti preciosa. —Me dijo cortésmente.

    Subimos las escaleras para acceder a la habitación. Ya estando ahí a puerta cerrada, me arrodillé en la alfombra de la habitación, y desabroché la hebilla de su pantalón. Bajé sus pantalones y boxer, en consecuencia, su enorme verga saltó frente a mi cara. Estaba rasurada, limpia y se veía muy jugosa por el presemen, producto de la excitación que le había causado durante el trayecto. Ipso facto, abrí mi boca y me tragué esa ensanchada verga hasta el fondo de mi garganta, apenas cabía en mi boca.

    —¡Aahh! ¡La tienes muy gruesa! —Le dije cachondamente y recuperando el aliento después de tal atragantada.

    —Me la pusiste bien dura preciosa. —Me dijo mientras me tomaba del cabello.

    —Me gusta está muy rica. —Yo volví a meterla hasta el fondo de mi garganta.

    —Sí, cómetela toda mamacita. —Me ordenó agarrándome del cabello y metiendo su verga hasta el fondo, sentí como mis labios rosas topaban en su pubis rasurado.

    Yo quería sacar su verga de mi boca pues me faltaba el aliento, pero el no me dejó, por el contrario, me apretó la nariz con sus dedos para privarme del aliento durante algunos segundos. Hasta que por fin me soltó y pude sacar esa tremenda verga de mi boca.

    —¡Haaaa! —Recuperé el aliento—. Así que te gusta castigarme ¡Eehh!

    —Ya vez lo que te pasa por calentarme en el coche, sigue mamando güerita.

    —¡Aha! ¡¿Así?! ¡¿Te gusta?! —Le pregunté mientras le mamaba esa verga jugosa.

    —¡Sí, la mamas muy bien! Se ve que tienes experiencia, sabes usar muy bien tu boca.

    Yo seguí dándole una deliciosa mamada durante un par de minutos hasta que de pronto me levantó tomándome del cabello y me llevó caminando frente a un espejo enorme que estaba en la pared de la habitación. Podíamos ver completamente nuestros cuerpos. Jesús me bajó los tirantes de la blusa para descubrir mis senos, acto seguido se lanzo sobre de ellos devorándolos a lengüetadas, me chupaba los pezones y los succionaba muy fuertemente.

    —¡Aaaah! ¡Aaay! ¡Que ricooo! ¡Sí, amor chúpame los senos! ¡Que rico lo haces!

    —¡Tienes senos bien ricos Alexa! ¡Tus pezones están hermosos! —Él continuó lamiéndolos hasta saciarse, dejando mis pezones muy excitados.

    —Desnúdate preciosa, para verte bien.

    Yo me desnudé rápidamente, me quité la blusa tipo “body” y me retiré la falda, quedando solamente con mis tacones de color verde menta. Mi cuerpo desnudo se veía en el espejo, tanto cuidar mi alimentación y el ejercicio diario, se hicieron notar. Jesús también se quitó la ropa completamente y pude ver su cuerpo marcado por el ejercicio, era un hombre muy atlético.

    —Estás buenísima, tienes un cuerpo precioso Alexa. —Jesús tenia la cara roja de lujuria.

    —Gracias amor, es que cuido mucho mi físico. También tú estás buenísimo, se ve que haces mucho ejercicio guapo.

    —Sí, procuro mantenerme en buena forma, para coger muy duro a bellezas como tú.

    Jesús volteó mi cuerpo desnudo contra el espejo, acarició mi culo bien formado, lubricado y caliente. Yo estaba ansiosa de recibir esa enorme verga.

    —¿Ya quieres que te penetre? —Me preguntó desbordando de lujuria, mientras lamía mi oído, lo que me hizo estremecer.

    —¡Sí! ¡Ya penétrame! ¡Házmelo duro!

    —Eres bien caliente Alexa ¿Enserio lo quieres duro?

    —¡Sí! ¡Así me gusta! —Le contesté con voz dulce y cachonda.

    —El problema es que no tengo condones, pero aquí dejaron uno de cortesía en la barra, si quieres deja me lo pongo.

    —Como gustes por mí no hay problema si me lo haces al natural, así me gusta más.

    —Pues por mi mejor al natural, así voy a sentir mucho mejor tu vagina caliente.

    Yo apoyé mis manos en el espejo y junté mis piernas para lucir mi silueta y ofrecerle a mi hombre una vagina más estrecha. Sentí como Jesús, situado detrás de mí, colocó la punta de su gruesa verga en la entrada de mi vagina, para tomarme de las caderas y de pronto sin previo aviso, ensartó violentamente su verga. Sentí como se abrió paso entre mis paredes vaginales impactando fuertemente en mi interior, fue un dolor muy placentero que me hizo abrir los ojos de la fuerte sensación.

    —¡Aaaah! ¡Ay que rico!

    Jesús comenzó a penetrarme muy fuerte y rápidamente, sacando su verga casi por completo y ensartándomela hasta el fondo, yo sentía muchísimo placer y un pequeño dolor dentro cada que impactaba la punta de su verga. Mis senos estaban muy excitados y mis pezones se restregaban en el espejo debido a las fuertes embestidas que me daba. El cristal se empañaba por mi respiración caliente y agitada.

    —¡Aaahhh! ¡Fuck! ¡Mmm! ¡Oh my god!

    —¿Te gusta mamacita? ¿Así es como te gusta?

    —¡Sí, así! ¡Me encanta! ¡Cógeme duro! —Le grité rogando por más.

    —Me pones bien caliente Alexa, hueles muy bien ¡Estas bien buena!

    —¡Ay que rico papi! ¡Me encanta como me penetras papi! ¡Ay que rico! ¡No te detengas! ¡Fuck me! ¡Fuck!, hazme tuya! ¡Házmelo fuerte papi!

    La penetración frenética y la gran excitación que sentía al haberme masturbado en el vehículo y ahora por estar siendo penetrada de una forma tan salvaje. El sentirme usada y castigada por haber mojado el haciendo de vehículo. Me causó un fuerte sentimiento de vulnerabilidad, me sentí tan disfrutada y cogida por Jesús que, comencé a sentir como mis piernas se me entumieron y el abdomen se me contrajo. Una fuerte y cálida sensación envolvió mi vientre, mis pezones se endurecieron, supe que estaba a punto de tener un orgasmo delicioso.

    —¡Ay que rico! ¡Ay Chucho! ¡Me voy a venir!

    —Sí preciosa, vente. Quiero sentir como te vienes.

    —¡Fuck me! ¡Aaay! ¡Sí! ¡Ay que rico! —Me estaba viniendo, mi respiración estaba muy agitada y mi vagina hecha un cálido rio.

    —Aprietas bien rico preciosa, te comes mi verga bien rico. —Yo estaba teniendo contracciones vaginales que apretaban su verga dentro de mi vagina. El bendito perrito vaginal.

    —¡que ricooo! ¡Oh my god! ¿Te viniste tú también? —Le pregunté muy excitada.

    —No, yo aguanto mucho, todavía no me vengo.

    —¿Te gustaría penetrarme analmente? Estoy muy limpia y ando preparada, porque me gusta penetrarme con dildos en mi casa.

    —Sí, me encantaría penetrarte por el ano.

    Yo saqué el lubricante íntimo de mi bolso y me apliqué un poco en el ano, para que me pudiera penetrar placenteramente.

    —¡Ya estoy lista! Quiero que me cojas muy duro, que me entre hasta el fondo.

    —Te la voy a meter toda, me gusta mucho que seas así de caliente. —Me dijo excitado.

    Jesús, estaba detrás de mí, se tomó unos segundos para lamerme el oído y besar mi cuello. También para acariciar mis senos y pellizcar mis pezones rositas que estaban duros como montañitas.

    —¡Mmm! ¡Aaaa! —Sus caricias y lengüetadas eran deliciosas.

    —Estás bien buena mamacita y hueles muy rico. Tienes una piel muy suave.

    —¡Gracias que lindo eres! —Le dije respondiendo a sus halagos.

    Fue deslizando sus manos por mi cintura, bajó más hasta acariciar mis piernas y morder mis nalgas. Colocó la punta de su verga en la entrada de mi ano y me agarró de las caderas. Lo que me indicaba que estaba a punto de ser penetrada muy fuertemente y experimentar esa forma de penetración que tanto me gusta.

    Súbitamente sentí como Jesús, me jaló muy fuerte de las caderas y me ensartó su gruesa verga de un solo empujón. Mi ano se abrió violentamente, el desgarro que sentí al momento que su verga entró deslizándose por mi ano, fue tremendamente doloroso, ya que ese día no había realizado ninguna dilatación previa.

    —¡Aaah! —Yo gemía de dolor y placer.

    Esa penetración fuerte, apasionada y profunda, me hizo sentir muy vulnerable y adolorida. Fue una hermosa sensación de sentirme sometida y amada a la vez. Un aura de lujuria nos envolvía de forma abrazadora, y el dolor abrumador que recorría mi ano, se extendió por todo mi caliente culo.

    Yo sentía como Jesús restregaba su verga en mi culo ardiente y adolorido. De pronto el sacó su verga, casi por completo, para volver a ensartarla intempestivamente mandando mis senos contra el espejo. La vista de cuerpo completo que me ofrecía el espejo, nos permitía vernos a ambos. Él podría ver mi cara cachonda de sufrimiento y yo su mirada de lujuria mientras me destrozaba el culo. Él comenzó a penetrarme muy fuerte y rápidamente, lo hacia a un ritmo frenético, destrozándome y matándome de placer.

    —¡Que rico papi! ¡Ay sí así! ¡Más fuerte papi! ¡Que rico se siente Chucho! ¡Ay que rico mi amor! ¡Soy tuya! ¡Cógeme mucho!

    —¡Aprietas bien rico hermosa! ¡Tienes el ano bien caliente! ¡Te ves bien hermosa!

    —¡Ay que rico papi! ¡Sí méteme la verga bien duro! ¡Así papi así! ¡Más rápido! ¡Rómpeme mi culo! ¡Se siente rico papi! ¡Oh my god! ¡Que rico! ¡Ay! ¡Así!

    —Te voy a meter la verga más duro preciosa, estás bien sabrosa.

    Entonces él comenzó a jalar muy fuertemente de mis caderas a la vez que me ensartaba su verga brutalmente, podían escucharse los impactos de nuestros cuerpos húmedos, cada que su pubis rasurado impactaba contra mi culito ardiente. Yo sentía que me rompía por dentro y mis nalgas adoloridas. Los pezones se me endurecieron más por la excitación producida.

    —¡Cógeme muy duro Chucho! ¡Dame más fuerte! ¡Castígame! ¡Quiero que me duela! ¡Méteme tu verga muy duro! ¡Házmelo como si fuera una puta! ¡Soy tu puta papi, reviéntame el culo!

    —¡Sigue así Chucho! ¡Más duro Papi!

    —¿Te gusta perrita? ¿Así es como lo querías verdad? —Me preguntaba ardiendo de lujuria.

    Mi ano ya estaba muy dilatado y yo sabía que, si me sacaba su verga él podría ver como mi ano se quedaba completamente abierto.

    —Sácame tu verga, quiero que veas como se queda mi ano dilatado. —Le dije con voz cachonda.

    —Se te quedó abierto preciosa, te ves bien hermosa con el ano abierto. Se ve que ya estás acostumbrada.

    —Sí, es que me penetro mucho con mis dildos en mi casa.

    Jesús, continuó penetrándome, pero ahora sacaba su verga por completo y me la ensartaba muy duro por mi culo, para ver como se quedaba abierto cada que la sacaba.

    —Ahora sí, ya quiero venirme preciosa. —Me dijo emprendiendo una penetración vigorosa y frenética

    Tan solo de recordar la forma en que me cogió, hace que se me erice la piel y endurezcan los pezones. Mi vagina está lubricando como un rio de agua dulce al momento de escribir estas líneas.

    —¡Así Chucho! ¡Cógeme fuerte! ¡Me duele mucho! ¡Me lastimas mucho!

    —¿Así preciosa? Estás bien buena Alexa. Tienes un culo bien sabroso.

    —¡Así me gusta papi! ¡Me arde! ¡Cógeme más Chucho! ¡Que rico me coges! ¡Sí hazme tu zorra! ¡Destrózame el culo! ¡Me duele mucho! ¡Me arde! ¡Más rápido amor! ¡Más fuerte!

    —¡Ya me voy a venir hermosa! ¿Dónde quieres que te los eche? —Me dijo muy excitado.

    —¡Échamelos en la boca! —Le dije deseosa de probar su semen.

    Él retiro su verga de mi ano y yo me arrodillé con mis senos expuestos y excitados. Jesús se masturbo muy intensamente durante unos cuantos segundos.

    —¡Aquí van preciosa! ¡Aahh! —Me dijo jadeando mientras acercaba su enorme verga a mi boca.

    Yo saqué mi lengua como perrita y lo miré a los ojos cachondamente. Él colocó su verga sobre mi lengua y de pronto sentí un fuerte, cálido y abundante chorro de semen que entró directo en mi boca.

    —¡¿Te gusta perrita?! —Me dijo al verme saborear su semen en mi boca.

    —¡Tienes un semen delicioso! ¡Muy ricooo! —Le dije muy cachonda y gustosa mostrándole mi lengua como perrita, para que viera que me los había tragado todos.

    —¡Hiciste que me viniera muy fuerte! —Me dijo con su respiración agitada.

    Después, continué mamándole la verga hasta dejársela completamente limpia. Ambos comenzamos a vestirnos y nos dimos besos y caricias de agradecimiento por tan cálido encuentro.

    —Coges muy rico Chucho, muchas gracias, me gustó mucho.

    —Gracias a ti, estás buenísima. Eres la chica más guapa con la que he estado.

    —¿Enserio? Que lindo eres muchas gracias. —Le agradecí con otro beso de lengüita.

    Habían pasado 40 minutos desde que llegamos, así que le envié un mensaje a mi amiga.

    —¿Ya estás en el café? —Le pregunté.

    —Ya tengo como 10 minutos que llegué.

    —Ay, disculpa. En unos minutos llego, ya no tardo.

    —Chucho, mi amiga ya está en el café. ¿Me podrías llevar porfis?

    —Sí preciosa, vámonos.

    Bajamos las escaleras y subimos al coche, está vez me senté en el asiento de copiloto, él abrió el portón eléctrico y salimos del motel.

    Durante el trayecto, seguimos platicando sobre lo bien que lo pasamos, a pesar de que fue poco tiempo. Después de unos minutos llegamos a la plaza comercial donde está el café y nos despedimos.

    —Mira te paso mi número, por si te gustaría que nos volvamos a ver, o si necesitas que te lleve a algún lugar, estoy para lo que necesites preciosa. —Me dijo amistosamente.

    —Muchas gracias, sí me gustaría. La pasé muy bien contigo, la verdad me dejaste un poquito adolorida, pero bueno, así es más rico ¡Jajaja! —Le dije con voz cachonda, yo seguía muy excitada y sensible de mi zona íntima.

    —Ya sabes cuando gustes preciosa.

    —¡Ay, que lindo! Pero bueno dime ¿Cuánto te debo?

    —No, como crees. No me debes nada. Y cuando gustes ya tienes mi número.

    —¡Ay, muchas gracias! Sí, yo te llamo —Me despedí con un beso de lengüita mientras le frotaba su verga—. Bye.

    —Bye. —Él se esperó hasta que me vio llegar a la entrada del café y después se retiró.

    Yo no me había percatado de que mi amiga estaba esperándome en las mesas que están en el exterior del café. Por lo que pudo ver perfectamente la cálida manera como me despedí de Jesús.

    —¡Hola, amiga ¿Como estás? —Le pregunté emotivamente.

    —¡Muy bien amiga! ¿Y tú?

    —¡También, estoy muy bien! ¡Discúlpame por la demora!

    —No te preocupes amiga, pero a ver cuéntame ¿Entonces te tuviste que venir en un taxi de app?

    —Sí, es que está ponchada la llanta de mi camioneta. —Le contesté explicándole.

    —¿Entonces el chico con el que te acabo de ver besándote, es el conductor del taxi de app? —Me dijo con gran curiosidad.

    —¡Ay, nooo! ¿Me viste? —Le dije sonrojada, no sabía dónde meter la cara.

    —¡Sí, lo vi todo! ¡A ver cuéntame que pasó, quiero detalles!

    —Bueno, pero primero vamos por nuestro frappé…

    Alexandra Love.

  • Coronas y la socorrista

    Coronas y la socorrista

    Coronas está en la piscina, el calor del verano aprieta y ha decidido pasar la tarde en remojo. Como no tiene plan a la vista pretende quedarse hasta la hora de cerrar. Si no encuentra a nadie con quien irse antes. Unas copas en el bar también ayudarían a pasar el día.

    El sol va bajando, la gente se rinde, recoge sus cosas y se marcha. Coronas lleva su minúsculo bikini de cortina blanco casi trasparente, que no puede ni pretende contener la abundancia de sus carnes.

    Se ha fijado en la socorrista, una chica menuda, delgada, pero con unos músculos como alambre de acero. En su bañador rojo de una pieza sus senos pequeños marcan los duros pezones a través de la tela de licra sin refuerzos.

    Sus ojos recorren la superficie del agua y el césped de vez en cuando para comprobar que todo está en orden. De tarde en tarde, como en un descuido se detienen en el cuerpo de la curvy rubia.

    Lleva muy poca tela encima. Dos triángulos tapan muy poco de sus poderosos pechos. La braguita no es un tanga pero solo cubre la mitad de sus carnosas nalgas y únicamente el pubis por delante sujeta a un cordón en la cintura.

    Hay más opciones, tomando el sol en bikinis minúsculos o sexis trikinis pero sus ojos siempre vuelven a la misma chica. Que aunque intenta parecer discreta, o algo así, Coronas sabe que está siendo observada.

    q La ve sensual y voluptuosa y piensa que le gustaría enterrarse entre sus carnes y dejarse acunar por los maternales senos. Aunque las tres jovencitas que miran sus móviles en otro rincón de la hierba tampoco estarían mal desnudas del todo.

    También una milf que juega con sus hijos junto a las duchas. Los movimientos violentos del juego hacen que su bañador se mueva a veces dejando a la vista uno de sus bonitos pezones. Hasta un par de chulitos con bañadores tipo slip pequeñitos luciendo cuerpos de gimnasio ofrecen un bonito espectáculo.

    Sus miradas se han cruzado algunas veces. Pero aunque ambas se han detenido algunos segundos más de lo razonable y sus labios han sonreído ninguna de las dos está del todo segura de los sentimientos de la otra.

    Se acerca la hora de cerrar. Tiene que revisar las instalaciones. Comprobar que todo está en orden. Así puede ver a algunos de los ejemplares que le han llamado la atención desnudos en las duchas o en lencería en los vestuarios según cambian los bañadores por la ropa de calle.

    La socorrista se esconde unos segundos detrás de una columna para echar un vistazo a las tres chicas, desnudas del todo, enjabonándose entre ellas en las duchas. El espectáculo era precioso y las risas cristalinas deliciosas, pero no podía entretenerse mucho mirando sin llamar la atención.

    La milf está vistiendo a sus hijos ataviada únicamente con el sujetador y un tanga, antes de ponerse su falda y la blusa que están a su lado en un banco del vestuario. La que no aparece por allí es la curvy sexi que le llamado la atención.

    Hasta los chulitos van camino de las duchas desnudos del todo y haciéndose bromas, dándose palmadas en los duros culos o en los torsos tocando los pezones. Les puede echar un vistazo de reojo desde la entrada del vestuario masculino.

    Por fin se han quedado solas. La ultima pareja, entre arrumacos, con el chico a punto de arrancarle el bañador a su novia se ha perdido camino de las duchas.

    Le hubiera gustado echar un vistazo también. Seguro que se estaban haciendo cariñitos en las duchas. Pero eso le habría hecho perder de vista a la rubia.

    Coronas se lanza al agua cruzando la piscina de forma perezosa para que se la vea asomando ciertas partes de su cuerpo fuera del agua. Incluso a mitad de camino se dio la vuelta nadando de espaldas para lucir sus melones.

    La socorrista con sus elegantes movimientos de gata en celo saltó a la piscina en una clavada perfecta. Sin salpicar ni una gota.

    Buceando pasó por debajo de la gordita y salió a la superficie a su lado, nadando juntas con lentos y perezosos movimientos. Al mismo cómodo ritmo hicieron un par de largos y descansaron juntas en el borde.

    – Hola me llamo Coronas.

    – Yo soy Alex, Alejandra pero prefiero Alex.

    – Es bonito.

    Algo había entre ellas, algo que las dos querían explorar. Se presentaron y se dieron los primeros castos besos en las mejillas. Coronas le preguntó si podía hacer top less.

    – ¿Me puedo quitar el sujetador?

    Le respondió mirando alrededor.

    – ¿Quien te va a ver? Estamos solas.

    Y así dentro del agua soltó el nudo, se deshizo del sujetador y lo arrojó a la orilla, al césped. La socorrista le dijo:

    – Espérame aquí, ahora vuelvo.

    Y fue a cerrar las puertas pues ya se habían quedado solas por completo en el recinto. A la vuelta, según se iba acercando al agua se iba bajando los tirantes de su prenda y sacándoselo poco a poco. Provocando aún mas la lascivia de la rubia.

    – Yo también quiero estar más cómoda.

    Los pechos pequeños pero muy duros asomaron primero según bajaba la prenda. Luego se veía el vientre plano con los músculos marcados hasta que Coronas pudo ver el coñito depilado de labios finos.

    Desnuda del todo se volvió a meter en el agua junto a Coronas. Antes de que esta pudiera extender su mano para acariciarla, la salpicó y se alejó nadando y riendo. Pero en el cuerpo de Coronas se esconde una magnifica atleta y unos músculos de acero.

    – Te atrapé.

    No le cuesta trabajo alcanzarla y retenerla entre sus brazos. En medio del agua se dan el primer beso de amor, de sexo casi desnudas ambas. Los pechos se frotan. Lo único que queda entre sus espléndidas anatomías es la braguita de la curvy.

    – Mejor así, juntas. ¿No crees?

    Sus cuerpos se juntan y acarician se acoplan como si estuvieran hechos para eso y se sumergen. Riendo vuelven a la orilla donde se acarician durante un rato, se besan en la boca. No siquiera salen del agua, solo se paran allí donde no cubre. Se tocan los pechos unos pequeños y duros y los otros amplios y maternales.

    – Besas muy bien.

    – A tí no se te da nada mal.

    Coronas desliza una de sus manos por el vientre plano de su nueva amante en busca de la vulva, sabia, suavemente le hace suspirar. Desliza dos dedos entre los labios y acaricia suavemente el clítoris. Y toma los gemidos en sus labios en forma de besos.

    – Quiero comerte.

    Allí mismo Coronas le hace subir al borde de cemento y abrir sus fuertes piernas para lamer su dulce coñito y su ano. Así la socorrista es socorrida en cariño y sexo. No para hasta que la delgada morenita se corre un par de veces.

    – ¡Joder!, ¡qué gusto! ¡Como lo necesitaba! Llevo todo el día cachonda viendo cuerpos bonitos por aquí.

    – Pues espero darte muchos más. ¿Más bonitos que el mío?

    – Ninguno que me apeteciera más tener así. Vamos a la ducha. Te voy a saborear entera.

    – Pues tienes carne para rato, bonita.

    De la piscina se dirigen a las duchas para quitarse el cloro y ya desnudas del todo las dos siguen haciéndose el amor sobando sus cuerpos lubricados por el gel de baño.

    – Me encanta acariciar otra piel así, con el gel de baño, es mucho más suave.

    No habían dejado de besarse. La saliva cambiaba de boca con el juego de las lenguas. Lamiendo la piel de la otra recién enjuagada en el bello contraste.

    – Déjame que te lave el pelo.

    Coronas acariciaba la nuca de la socorrista pegando sus melones a la espalda musculosa. Su cadera se frotaba con las respingonas y duras nalgas. Alex gemía al notar las manos de la rubia acariciando su cuero cabelludo.

    – Estaría así horas. Esto es maravilloso.

    Él gel de baño y el champú hacía que sus pieles resbalaran y eso era mucho más sensual. Frotando sus cuerpos uno contra otro.

    Alex le cogió las manos para que rodeara su cuerpo y la abrazara mientras ella se apoyaba en el mullido cuerpo. Coronas lamía y besaba su cuello mientras agarraba los duros pechitos. Pellizcaba los pezones.

    Empezó a bajar por la fina espalda, pasando la sin hueso por la línea de la columna, por los omóplatos. Le daba suaves mordisquitos en las pétreas nalgas. Las separó con las manos para ver el agujerito y poder lamerlo.

    Los jadeos de Alex llenaban el recinto de las duchas y los vestuarios. Más altos, más rápidos cuando Coronas clavó la húmeda en el ano. Le dedicó un buen rato mientras la joven socorrista enlazaba un orgasmo tras otro.

    Luego sigo bajando por la largos y finos muslos. Lamió la parte de atrás de las rodillas.

    – Túmbate en el suelo. Quiero saborear esos piecitos.

    Alex lo hizo suspirando por las expertas caricias de Coronas. La curvy cogió uno de sus pies, pasó la lengua por la planta, chupó cada uno de sus dedos. Siguió con el otro y volvió a subir por la pantorrilla.

    – Me derrito cuando me acaricias las tetas. Y eso que me estás haciendo en los pies me vuelve loca. Creo que me he corrido más veces esta noche que en el último mes.

    – Pues no pienso dejar de darte gusto, cielo.

    – Vamos al vestuario. Allí hay bancos para tumbarnos.

    Pusieron uno en medio de la sala, apartándolo de la pared para poder tumbarse alternativamente y que la otra pudiera tener una postura cómoda para hacer un cunnilingus en condiciones.

    Y comiéndose los coñitos durante «horas» en la calurosa noche de verano, sobre el banco de madera del vestuario cubierto apenas con sus toallas para hacerlo un pelín más cómodo. Pero en realidad no pasó mucho tiempo.

    Sobresaltadas por un ruido en el exterior del pequeño edificio son testigos por una ventana alta en su pared de como una parejita de chicos jóvenes salta la tapia. Tienen la intención de darse un baño nocturno desnudos y hacerse el amor con sus duras pollas sobre el césped.

    – Shhh. No hagas ruido. Tendré que llamar a la policía.

    – Espera a ver lo que hacen. Puede que solo quieran bañarse. Si no hacen algún destrozo no vamos a meterlos en un lío.

    – Ya, pero el susto que me han dado se lo hago pagar.

    Pero al principio las chicas han tenido un sobresalto al verlos. Sólo son dos chicos gay, bisex o solo buenos amigos que buscan un lugar solitario para encularse, disfrutar de buen sexo y darse un baño nocturno en pelotas.

    Enseguida los dos jóvenes empiezan a deshacerse de sus ropas, las camisetas, los vaqueros y unos slips muy pequeños. Se arrancan las prendas con prisa, confirmando la opinión de Coronas sobre ellos.

    – ¿Lo ves? Solo se van a dar un baño desnudos.

    La cosa mejoró cuando empezaron a besarse como posesos desnudos del todo. Para ver mejor el espectáculo ellas se desplazan a la puerta de los vestuarios. Desde allí les pilla más cerca el sitio elegido por los muchachos. Agachadas tras el marco los miran.

    – No sólo un baño, por lo que parece.

    – Si, y ¡Joder! están buenos.

    – Así que le das a los dos palos.

    – ¿Y tú no? Espero que podamos unirnos.

    – Eso estaría bien. Genial.

    Al principio solo los miran hacer el amor y oyen sus gemidos de placer mientras no separan los dedos de la vulva de la otra. El cuerpo de Alex daba la espalda a su amiga, apretado entre los maternales senos de la rubia, su culito contra el pubis.

    Ellos seguían besándose, las duras pollas apretadas entre sus vientres. La saliva cambiando de boca en boca. Las chicas casi podían ver las lenguas jugando desde su atalaya. Se estaban dando un repaso muy caliente.

    Uno de ellos arrastra al otro hasta la fresca hierba. Se arrodilla entre sus muslos abiertos de su amigo y mirándose a los ojos con expresiones de pura lujuria agarra las dos vergas y las pajea juntas.

    – ¿Salimos ya?

    – Espera, aún pueden asustarse y salir corriendo.

    Vieron como se inclinaba sobre su amigo y empezaba a lamer sus testículos sujetando el nabo con la mano. Era una mamada lenta, lasciva, humedeciendo cada centímetro de piel por donde posaba la lengua.

    – Creo que ya.

    Salieron del vestuario despacio, mostrando orgullosas su gloriosa desnudez. Tan ocupados estaban en su placer que no se dieron cuenta de la bella compañía hasta que no las tuvieron casi encima.

    Al principio la cara de susto de ambos fue épica. Pero al ver que las dos chicas que los habían sorprendido estaban tan desnudas como ellos se les fue pasando.

    – Pero, ¿Quiénes sois? ¿Qué hacéis aquí?

    – Parece ser que lo mismo que vosotros. Pero no nos ha hecho falta saltar el muro. Ayuda tener enchufe con la socorrista. Yo soy Mario y este tan guapo Javi.

    – Nosotras Coronas y Alex. ¿No tenéis casa o un coche?

    Mientras manteníamos es conversión con uno de los chicos el otro no había soltado la polla. Estaba atento a las dos cosas y se vez en cuando le daba unas lamidas a los huevos o el glande su amigo.

    – Coche no y en casa padres.

    – Pues a punto hemos estado de llamar a la policía. Hasta que empezasteis a desnudaros.

    – A vosotras también os hubieran encontrado en bolas.

    – Tenemos la ropa. Listillo.

    Coronas tampoco se había quedado quieta. Con discreción había echado mano al culito respingón de su nueva amiga y no dejaba de acariciarlo.

    – Bueno. ¿Vais a divertiros solos? o ¿podemos participar?

    – Hay sitio para todos. ¿verdad?

    Las dos chicas se fueron acercando despacio sin dejar de admirar el bello espectáculo que tenían delante, deseando participar.

    Coronas se puso detrás de Mario clavando sus tetazas en su espalda y el pubis en su duro culito. Rodeó su torso con los brazos y pellizcó sus pezones.

    Alex se arrodilló junto a Javi y entre los dos siguieron con la mamada a la dura polla de su amigo. Pero también le agarró el nabo que firme estaba entre sus muslos.

    Aprovechó para tirar de sus hombros y arrastrarlo con ella al fresco césped. Buscaba con la lengua el sabor del rabo de su amigo en el interior de su boca.

    A Mario le estaba atendiendo Coronas. Se había puesto frente a él y se habían abrazado buscando todo el roce posible entre los cuerpos. El nabo se había acomodado casi sólo entre los poderosos muslos de la rubia tocando con el glande los labios de su vulva.

    Ella también lo empujó hasta tumbado al lado de su amigo sobre la hierba. Lado a lado las dos amazonas que ya estaban más que calientes por sus juegos previos decidieron cabalgarlos.

    Se subieron sobre las caderas de los chicos y despacio se fueron clavando sus pollas prácticamente a la vez. Como estaban tan cerca aprovecharon para besarse. Ellas amasando las tetas de la otra y ellos solo alcanzaban los labios y lenguas del otro acercando los rostros.

    – ¿Queréis correros?

    Mirando a los ojos de Alex, Coronas buscaba su asentimiento para que les llenarán los xoxitos de lefa. A esas alturas los gemidos de los cuatro llenaban el jardín y podían agradecer el seto y el muro para que no les escucharan fuera del recinto.

    Ya no dejaron de moverse, ni de cabalgar hasta que ellos se corrieron. Ellas cambiaron de chico y se tumbaron sobre ellos haciendo un sesenta y nueve.

    Coronas sobre Javi no dejó que el duro nabo del chico perdiera toda su dureza. Saboreando el semen y los jugos de su amiga hasta dejar el instrumento bien limpio. Además de notar en su xixi la lengua juguetona del chico.

    Alex se dedicaba a similares maniobras con Mario que además buscaba con su lengua los restos de semen de su colega entre los labios vaginales de la socorrista.

    – ¿Probamos con algo más difícil?

    – ¿Que tienes pensado? ¡pervertida!

    – Vosotros os follais. ¿No?

    – Si, claro, a eso veníamos.

    – Pues a ello. Chicos. Estamos deseando verlo.

    Mario a cuatro patas esperaba lo que decidieran sus nuevas amigas. Alex aprovechando su flexibilidad se deslizó por debajo en un nuevo sesenta y nueve.

    Coronas se dedico a lubricar el ano del chico con su propia saliva a la vez que contenía las ansias de Javi agarrando su polla con la mano. También echó una buena cantidad de babas sobre el glande del rocoso nabo.

    Por fin como buena mamporrera guio la polla al agujerito que la esperaba con ansia. No perdía detalle de como entraba despacio pero firme en el duro culo. Alex desde abajo también tenía una vista privilegiada de la penetración mienta le chupaba los huevos a Mario.

    No se conformaba con eso. Coronas le clavaba un dedo, al principio, luego fueron dos, en el ano a Javi. También buscaba sus labios y su lengua en lascivos besos dándole y recibiendo saliva.

    Javi termina corriéndose en el culo de su amigo jadeando ambos. Mario también se derrama y su lefa la recoge la socorrista en su boca golosa. Coronas no ha parado de acariciar, lamer y besar la piel de los otros tres.

    Al fin siguen follando los cuatro en la hierba, prácticamente toda la noche. Los chicos no se creen tener la suerte de dos mujeres tan bellas pendientes de sus pollas. De follarse entre ellos teniendo un público tan excitado. Y más aún cuando ve a su novio en los lujuriosos brazos de Coronas o los de la socorrista.

    Nuevos amigos, amantes, ninguno de ellos quiere perder el contacto.

  • El vecino y mi madre

    El vecino y mi madre

    Era un día como otro, me levanté muy temprano y me fui a la universidad, en ese tiempo ella no estaba trabajando, solo mi papá era el sustento de la casa. Llegué a la universidad, me di cuenta que había protestas y me tuve que regresar a casa, había sacrificado pasajes para nada.

    Cuando llegué no había nadie, me pareció extraño que no estuviera mi mamá pero supuse que estaba haciendo compras. Y era así, al rato llego con las compras, pero yo me quede encerrado en mi cuarto sin decir nada, al rato escucho que tocan la puerta y escucho la voz de mi vecino. Iba a arreglar la cañería de nuestro baño, de seguro mi mamá me iba a pedir que le ayudará así que me quede encerrado sin hacer ruido

    Pasaron unos veinte minutos y yo no escuchaba nada de ruido, pensé que se había ido así que decidí salir a tomar agua, pero me llevé una gran sorpresa. Miré de reojo al cuarto de mis padres el cual estaba abierto y vi a mi vecino sentado en la cama y mi mamá arrodillada mamándole la verga, él la tenía agarrada del pelo y ella lo pajeaba y se lo mamaba. Yo No sabía que hacer, me quedé paralizado, se me aceleró el corazón y me sentía muy excitado, pero me fui a mi cuarto y no podía procesar lo que acababa de ver.

    Decidí ir otra vez sin hacer ruido y ya desde lejos se escuchaban unos gemidos, está vez mi vecino la tenía en cuatro dándole rico, mi madre aún tenía su blusa, Solo se quitó el pantalón y se hizo la panty a un lado. Mi vecino solo se bajó los pantalones para cogerla y así le dio un rato.

    Vecino: te gusta? Ah?

    Mama: ay si si rico

    Vecino: dónde quieres la leche putita?

    Mama: en la espalda

    El comenzó a darle muy duro y rápido, se podía escuchar el choque de sus genitales y lo mojada que estaba mi madre. Luego el lanzo un gemido y se la saco antes de acabar y se los echo en la espalda, callo en la cama rendido. Yo me fui a mi cuarto y me encerré otra vez, me hice el dormido, al rato mi mamá entro y me vio.

    Mama: hijo no fuiste a la universidad

    Yo: si mamá pero no tuve clases, me devolví

    Mama: pero yo no te había visto

    Yo: no estabas mamá, solo me dormí sin avisar

    Mama: está bien a la próxima avísame, te hubiese preparado algo

    Yo: está bien mamá, por cierto arreglaron el caño -sentí cómo mi mamá se incomodó con la pregunta.

    Mama: eh no, el vecino Jorge no pudo venir

    Yo: que mal, se está perdiendo mucha agua ahí

    Mama: si cierto -y salió rápido de mi cuarto.

    Pasaron los días y yo seguí yendo a la universidad y algunas veces me quedaba en mi cuarto escondido para ver si los veía de nuevo pero hasta ahora no he tenido suerte, solo un día escuché a mi mamá teniendo un conversación caliente por teléfono pero eso ya lo cuento en otro relato.

  • Sometida por una pareja gay

    Sometida por una pareja gay

    Fue algo casual que sucedió hace mucho tiempo, cuando apenas estaba aprendiendo a ser una buena sumisa, en una de mis noches de vestirme de mujer y buscar aventuras encontré un anuncio de una pareja gay que buscaba una travesti como yo para una noche de sumisión, envié un correo a la dirección que ponía el anunciante y un par de días después me respondió, me dijo que él y su pareja querían tener una experiencia con una travesti de closet, querían castigarme, humillarme y someterme juntos, de entrada su propuesta me excito mucho así que respondí con algunas fotos en vestido y pidiendo más información para estar segura.

    Después de intercambiar algunos correos con fotos incluidas, ya segura de que se trataba de una pareja y del tipo de experiencia que íbamos a vivir, nos encontramos en su apartamento.

    Fue un sábado en la noche, yo llegue con mi morral lleno de ropa interior femenina, un par de vestidos, pijama, medias, maquillaje, entre otras cositas femeninas, después de pasar rápidamente la portería llegue al apartamento y encontré le puerta abierta, al entrar los encontré en la sala, nos saludamos y me indicaron que fuera al baño a cambiarme, yo rápidamente fui y me coloque la ropa que ellos querían que usara, la habían elegido por mis fotos, así que me puse un vestido pegado blanco de flores, con pantis y sostenes de encaje rosados, unas medias de liguero blancas, zapatos de mujer blancos y me maquille bien bonita, al salir prontamente estaba en la sala donde ellos me miraron de arriba a abajo y mientras me entregaban un vaso con licor me decían lo bonita que me veía así vestida de mujer.

    Nos sentamos en la sala y conversamos un rato, todo sobre mis gustos y los de ellos, ya con el segundo trago me preguntaron si quería comenzar a ser su sumisa, yo les dije que sí, que lo deseaba desde que cruce la puerta, entonces me ordenaron me comenzara desfilando para ellos, yo obedecí y mientras lo hacía me fueron diciendo como posar, como moverme y exhibirme para ellos, luego de posar un rato me senté en las piernas de uno de ellos y comenzamos a besarnos mientras el otro metía sus manos por debajo de mi faldita, yo estuve cambiando de bocas un rato muy excitada y fui poniendo mis manitos sobre sus ricas vergas, así mientras me besaba fui abriendo sus pantalones, ya calientes me dijeron que era una perrita, que iban a disfrutar mucho sometiéndome como una perra en celo, entonces uno de ellos fue por mi primer regalo de la noche, era un collar de perrita con una placa, mientras me lo ponían me dijeron que mi nombre de perra seria CUQUITOS y que a ellos en adelante los debía llamar AMO.

    Con el collar puesto me llevaron a un patio en donde me amarraron mis manos por encima de mis hombros, así se dedicaron a meter sus manos por debajo de mi faldita haciéndome gemir, uno de ellos comenzó a darme nalgadas mientras el otro levantaba mi falda y me pregunta si me gustaba, si era una perra, si era su sumisa, yo respondía entre gemidos que sí, y mientras lo hacia recibía palmadas cada vez más fuertes, entonces sentí como me tomaron por detrás por la cadena y mientras me decían que era una puta sentí la primera verga en mi colita, la paso por mi culito haciéndome gemir y rogar como una hembra en calor, eso lo éxito más y corriendo mis pantis comenzó a meterla así toda dura por mi culito, yo ya estaba un poco mojada de la excitación y tenía mi culito muy rojo por las palmadas, así que lo sentí mucho, me dolió un poquito pero me gustaba un montón, así que me deje llevar y pare lo más que pude mi culito, él lo noto y dándome una nalgada lo metió todo hasta adentro, me lleno toda con su verga mientras su novio me humillaba, me daba una que otra cachetada y metía sus dedos en mi boquita, estuve así culiada un rato, el me monto toda sin compasión y animado por su novio quien a la par que me humillaba animaba a su macho a llenarme el culo de leche, así estuvimos hasta que él se puso mucho más duro, mas rígido y besando a su novio comenzó a venirse en mi culito, comenzó a llenarme de leche, como una puta, sentí como mi culito se llenaba de líquido, de semen caliente, me sentí como una hembra mientas él se venía bien adentro de mi culito. Cuando termino comenzó el segundo turno, este fue mucho más rápido pues mi colita ya estaba muy caliente y mojada, pero mientras me comía me dio muchas nalgadas, me ahorco con mi correa de perrita y me humillo durante todo el tiempo tratándome como una sumisa, como una perra esclava, como una hembra en celo, como una escala de su verga, como una sumisa que solo deseaba complacerlo, yo obedecía como hipnotizada por sus palabras y solo decía que si entre gemidos cada vez que me preguntaba algo, solo decía gracias también entre gemidos cada que recibía una nalgada y me moje toda en los pantis que aun tenia puestos cuando sentí como me llenaba con su leche, como se descargaba adentro de mi culito. Me moje toda sintiendo su leche, sientiendome mojada, caliente y con el culito muy abierto.

    Cuando termino mis piernas temblaban de la excitación, y casi no era capaz de seguir estando de pie, uno de ellos me soltó las manos de la viga a la que estaban atadas y luego de amarrarlas juntas me ayudo a caer tendida en el piso en donde aprovecho para atarme las piernas juntas, levanto mi faldita y bajo mis pantis hasta mis muslos, así me dejo y se sentó junto su novio a tomar algo y mientras él se recuperaba y miraba como su leche salía de mi culito. Cuando se recuperaron tomaron mi correa y haciéndome andar en cuatro de rodillas como una perra me volvieron a llevar adentro, esta vez a su habitación en donde estaba preparada mi siguiente sorpresa, una pijama de bata rosada semitransparente con pantis y sostenes blancos de encaje, pantimedias, guantes y un juego de manillas y tobilleras de cuero con argollas para tenerme amarrada a su antojo, además de un par de vibradores, látigos y un mueble diseñado para que tuviera mi carita en el piso mientras mi colita estaba muy parada, sobra decir que me desamarraron y luego de ir al baño a cambiarme y limpiarme, volví y en poco tiempo ya estaba amarrada y recibiendo azotes en mi colita mientras gemía y rogaba seguir siendo sometida, castigada y humillada.

    Lo primero que hicieron fue atarme al mueble que hacía que hacía que mi culito estuviera a su disposición, y mientras me daban nalgadas fueron subiendo mi pijama y metiendo sus dedos entre mis pantis llenos de lubricante, usaron varios unos más calientes y otros fríos, luego corrieron mis pantis y siguieron los dildos, primero uno grueso, luego uno más delgado y con vibración, yo gemía y me dejaba hacer de todo excitada como una hembra en celo, ellos me trataban como una perra sucia, como una mariquita sumisa, me hacía de todo en mi culito y cuando menos pensé hasta tenia los dedos de los pies de uno de ellos en mi boquita y los estaba chupando y lamiendo muy excitada, creo que eso calentó mucho a uno de ellos pues rápidamente sentí como la primera verga entraba en mi culito, la metió duro y hasta adentro, me comió muy rápido y de forma dura mientras jalaba mi pelo y me daba nalgadas, termino rápido y adentro de mi culito, me dejo llena de su leche, excitada y con ganas de mas, entonces comenzaron los azotes, su pareja me comenzó a pegar mientras me trataba como una perra, me decía que era una puta, que me encantaba la leche, que tenía el culo lleno de leche, yo entre gemidos daba las gracias por cada azote y decía que si era una perra, que era una puta, que me encantaba tener el culo lleno de leche, entonces el tomo un plug grueso y después de meterlo en mi culito me desato del mueble y me llevo a la cama haciéndome ancar en cuatro como una perrita, allí estaba ya acostado y en recuperación su pareja, entonces me indico que me subiera a la cama y limpiara su verga con mi lengua, yo obedecí feliz de chupar esa rica verga, de tomar los restos de semen que veía en sus muslos, así que lo limpie muy obediente y femenina.

    Cuando lo volvió a tener duro y parado ellos se acostaron en sentidos contrario entrelazando sus piernas y dejando sus dos ricas vergas juntas, pegadas la una a la otra, lo mismo sus hermosas bolas, lo primero que me ordenaron fue chuparlos, lamer sus vergas, sus bolas, besarlas como una hembra, yo obedecí feliz y hasta logre meter las dos vergas al tiempo a mi boquita y chuparlas, luego de un rato me indicaron que era tiempo de tenerlas en mi culito, yo me puse arriba de ellos y me acomode de rodillas con las piernas abiertas justo en el lugar para que sus vergas pudieran comenzar a entrar juntas en mi culito, no fue fácil y usamos mucho lubricante, pero un rato más tarde estaba brincando como una perra en calor encima de sus vergas mientras ellos disfrutaban y me hacían sentir como la más sucia de las perras sumisas, así estuve hasta que sentí como el primero de ellos lleno mi culito de leche, se sintió delicioso y mi culito comenzó a apretarse más al sentir ese líquido caliente adentro, eso hizo que el segundo terminara y al hacerlo me excito toda haciéndome mojar toda encima de uno de ellos, así jadeantes terminamos y luego de ponerme nuevamente el plug para mantener la leche adentro me indicaron que debía limpiarlos con mi boquita y tomarme toda la lechita que se había regado, yo los obedecía sumisa, obediente y muy agradecida.

    Sobre decir que mis premios fueron toda la ropa que use con ellos, además de algunos extras que tenían de sorpresa.

    Espero que hayas disfrutado de este relato, me encanta recibir comentarios.

  • Poliamor con mi novia y una hotwife

    Poliamor con mi novia y una hotwife

    Tríos, cuartetos, fiestas lujuriosas, amor y sexo, todo ello se llevará a cabo en aquella casa gracias a ciertos condimentos en acción. ¿Prevalecerá el amor o el deseo libertino por romper las reglas?

    Voy camino a encontrarme con Caterina, la mujer de la que estoy enamorado desde la primera vez que la vi hasta ahora. Quedamos en que la cita iba a ser en un restaurante de la costanera, de esos que tienen una excelente vista hacia la costa del país vecino. Debía ser especial, hace meses que no la veía, teníamos muchas cosas que contarnos. Y es que tuvimos dificultades en la relación, la última vez que la vi antes de separarnos habíamos hecho un trío, uno fallido para mí. La cosa se había desmadrado, el colega que ella eligió no paró de seducirla hasta ponerla cachondísima, y cuando fueron para la cama a darse el lote no se cortaron un pelo, estaban desacatados. Los gritos, gruñidos y el ruidazo que hacía la cama por la frenética faena no pasó desapercibido para los vecinos. Una de las vecinas, señora mayor ya, golpeaba la puerta y con ella otros tres vecinos más se sumaron en señal de protesta. Un desastre. Tuvimos que cortar el rollo ahí mismo por temor a que nos denuncien o algo. En efecto, el dueño del edificio de apartamentos donde alquilaba Caterina se apareció al otro día, se habían quejado de ruidos excesivamente molestos y tuvo que echarla. Ella fue una excelente inquilina durante toda su estadía, y debió abandonar su bonito hogar por culpa de una noche de desenfreno, ¡qué mala suerte!

    Tras el bochorno, Caterina me dijo que quería darse un tiempo, separarse, vivir nuevas experiencias y luego reencontrarnos para ver cómo nos fue. Desde hace mucho que estábamos juntos y yo, en cuestión de sexo, no era lo suficientemente experimentado para ella, justamente es por eso que surgió de su parte lo de realizar un trío para ver si eso salvaba las cosas, pero veis que fue cualquier cosa ello. La seducción que ambos se realizaban mutuamente me incomodaba, no sabía qué pensar o cómo actuar y eso no me molaba mucho. Verla a ella siempre es excitante, y así me sentía cuando me seducía, pero al verla comiéndose otra polla o cuando el colega le daba de cuatro, sólo pensaba en que yo no aguantaría ese ritmo como ellos. Tenía que hacer algo para mejorar o la perdería.

    Sentí mucha vergüenza luego de aquel fatídico día, mi hermosa novia cortó la relación porque no era muy bueno follando, y no penséis que es porque no he estado con muchas chicas, yo soy un tío guapo, carilindo, imaginaos al actor Chris Hemsworth pero más joven, sin la barba y sin el cuerpo excesivamente trabajado, que no tengo tanto tiempo para matarme en el gimnasio como el colega ese. De hecho, mi nombre es Cristian pero todos me llaman «Chris», pronunciado en inglés, por el parecido. En el instituto he tenido muchas novias y de las más lindas. En la universidad también, fue allí donde conocí a Caterina, mi bella Caty, y luego se convirtió en la única. Lo que sucede es que, con mis anteriores relaciones, las tías se me tiraban encima y me hacían lo que querían, no había necesidad de que hiciera nada, pero Caty no buscaba pasividad, quería que fuera el activo, el que la poseyera y le diera cuantos orgasmos aguante su cuerpo, ¡y madre mía lo difícil que resultaba para mí!

    Ella había llegado unos minutos antes, me estaba esperando en la entrada. Llevaba el cabello suelto con algunas trenzas y una banda que recogía los mechones de adelante. La añoranza que me vino al verla sonreírme, con la brisa y el atardecer de fondo, me hacía sentir todo el peso del tiempo sin haber estado con ella.

    —Oh por dios Caty, pero si estás aún más guapetona que la última vez que te vi —le dije una vez que tomamos asiento en nuestra mesa reservada en aquel local.

    —Aay, vos también, hasta cambiaste de perfume y todo mmm… ¿Qué más cambiaste en estos meses?

    —Uff —me río—. Caty, tenemos un chorro de cosas que contarnos, si es que no me aguanto las ganas, quiero saber todo lo que has hecho.

    —Bueno tenemos para rato entonces, yo también quiero saber en qué andabas vos. —Suspiró de la nostalgia—. Ay Chris, no sabía cuánto extrañaba esto.

    —Yo igual. —Estiré mis brazos sobre la mesa y ella hizo lo mismo.

    Tomados de las manos, nos miramos con ojos alegres y brillosos. Las bebidas que pedimos llegaron en ese momento, nos soltamos y tras unos sorbos ella empezó:

    —Conocí a una chica re genia, Ximena se llama, y me presentó a su amiga Valentina, una mina hermosa con unos ojos azules espectaculares. Pegamos muy buena onda y salimos unas pares de veces al boliche con su grupo. La pasamos muy bien, te juro que nunca me había divertido tanto en un boliche.

    —Oh wow, te has hecho de un nuevo grupo de amigas, que guay.

    —¡Zii! Tenés que conocerlas, te vas a llevar bien con ellas, son unas minas re jodonas. Valentina es un mujerón, nunca vi a una mina tan potra como ella.

    —Se nota que la admiras mucho a la tal Valen.

    —Es que, esa chica despierta cosas nuevas en mí, no sabés.

    —¡Ala!

    —Te juro, nunca antes me pasó pero por esa mina me vuelvo bi.

    Yo me río de la sorpresa, de verdad hablaba con tanta pasión. Menos mal que dijo «bi», si no me he cagao.

    —Mirá. —Me enseña en su móvil unas fotos, la tal Valentina era realmente bella, al igual que Ximena, pero no me gustaban más que ella.

    —Había visto esas fotos ya en tu insta.

    —¿Ah sí? —Me mira con picardía—. Con que me estuviste stalkeando.

    —Pues tenía curiosidad… —Me río. Honestamente no podía pasar más de dos días sin ver una foto de ella, se había vuelto una obsesión.

    —Y vos, ¿qué onda, anduviste con muchas guachitas?

    Asiento mientras le doy unos sorbos más a mi bebida

    —¿Ah sii? —continúa—, ¿alguna en especial que me quieras comentar?

    —Ajam, conocí a una tal Kimberly.

    —¿Kimberly, como la Power Ranger rosa?

    —¿La… Power Ranger? Por dios, qué vieja estás —bromeo.

    —¡Ay callate! Es super conocida la Kimberly, guacho. —Nos reímos un rato.

    —Yo diría más como Kim Kardashian.

    —Uy, ¿es morocha?

    —Nono, es rubia.

    —¿Y entonces qué tiene de Kim Kardashian, boludo? —Nos volvemos a carcajear, cómo extrañaba esto.

    —Lo digo por lo coqueta.

    —Uyuyui, contá contá.

    —La conocí en una discoteca de pijos, me pareció muy maja, y fijate que fuimos a una playa liberal y todo.

    —¿Una playa liberal, what? Había escuchado que hay acá clubs de strippers, clubs swingers y eso pero playa liberal…

    —Es como una playa nudista pero puedes follar si quieres.

    —Ay Chriiis, y vos qué hacías ahí.

    —Me invitó ella.

    —¿Y anda por esos lugares? A ver, ¿me mostras una foto de ella? Debés tener seguro.

    Le paso el móvil con una foto que le tomé antes de ir para la playa, posando divertida y luciendo un bikini brazilian boyshort rojo con negro.

    —¡Ay por favor, pero qué buena que está!

    —Dios, Caty —me río.

    —No, si te digo que me vine re lesbi. ¿Tenés otra foto? —Le muestro una selfie donde resaltan sus ojos verdes y otra de su Instagram—. Es muy linda, me gustaría conocerla.

    —¿De verdad?

    —Sii, parece una persona muy interesante.

    —Pero si te he contado muy poco de ella.

    —Me contaste que va a playas liberales, eso solo ya es lo más loco que escuché en mucho tiempo. —Se carcajea.

    —Bueno Caty, me encantaría organizar una cita entre los tres.

    —¿Es piola?

    —Claro, hace muchas bromas con doble sentido y siempre va de buen rollete.

    —De una.

    Quedamos unos segundos en silencio.

    —Y… ¿has hecho algo más? —sigo.

    —No —me dice suspirando con las manos apoyadas en las mejillas—, ¿y vos?

    —Tampoco. —Imito su gesto—. ¿Te has enamorado de alguien más? —pregunto con algo de miedo.

    —No, ¿y vos?

    Suspiro aliviado tras oír esa respuesta.

    —Yo tampoco, hermosa.

    —¿No te enamoraste de esa chica?

    —No es lo mismo, de ti estoy enamorado desde hace varios años.

    Ella me sonríe. La comida había llegado. Seguimos charlando de otras cosas. Caty es una mujer muy especial para mí, una excelente compañía: me divertía cuando estaba aburrido, me hacía reflexionar cuando estaba perdido, y me ha puesto palote mogollón de veces.

    La cita había finalizado, ella tenía otras obligaciones que hacer y nos tuvimos que separar. Realmente quería con todas mis ansias ir con ella a la cama y hacerle el amor como nunca antes, demostrarle que he aprendido a complacer a una dama. La experiencia del trío me había marcado y, durante nuestra separación, he salido con varias chicas con el fin de mejorar mi performance sexual, sostener la erección por más tiempo, moverme con experticia, todas cosas que me costaban con Caterina porque me hacía poner como burro. En cambio, con esas otras mujeres me era más accesible el entrenamiento porque no me ponía a mil como con ella. Me ha venido bien distanciarme, ahora lo único que me importaba era volver a estar con ella, provocarle orgasmos a cascoporro y recuperarla. Aunque a decir verdad, también me ha costado aguantar con Kim, esa mujer es muy candente, era notorio el esfuerzo que debía hacer para seguirle el ritmo, y creo que lo logré.

    Por otro lado, cada vez entendía más a Caty y del porqué admiraba tanto a mujeres como la tal Valentina o su repentino interés por Kim. Cuando estábamos juntos, siempre me comentaba sobre alguna aventura nueva que le habían contado en chismorreos sobre sus compañeras del trabajo, o ex compañeras del instituto; ya sabéis: tríos, relaciones esporádicas en lugares poco convencionales, lésbicos, que le han montado los cuernos a la pareja o hasta auténticas orgías. Ella los comentaba con sorpresa, «¿cómo una mina se anima a hacer eso?» me decía. Pensaba que en su estupor había aversión por esos actos pero, con el tiempo, me dí cuenta de que era curiosidad lo que sentía, «yo quiero hacerlo también» me estaba diciendo entre líneas. Normal entonces que vea a estas dos chicas como heroínas que hacían lo que les salía del coño, que de seguro tenían un montón de amantes fijos y que esquivaban cualquier proposición de una relación convencional. Debía de asimilar que, en el caso que regresemos, la relación con Caty incluiría cada tanto algunos de esos sabores exóticos y picantes. No me agradaba mucho la idea pero podría sacarle algo de partido.

    ******************

    Con respecto a Kim, tenía una cita con ella dentro de unos días. Esa mujer me ha cautivado de extraña manera, aunque para mí era difícil comprender sus deseos ya que ella daba muchos rodeos. Nosotros tenemos una relación de follamigos, pero ese día en la playa la cosa se volvió algo turbia. Por alguna razón, se le antojó jugar a que éramos «novios» ante dos compinches de ella, para luego irse a follar con ambos dejándome a mí como un bobo «cornudo». Realmente no entendía sus intenciones.

    Nos citamos en un pub, de esos que ponen música pachanguera a tope y que suelen asistir muchos universitarios. Charlamos de un montón de cosas. Luego de varios tragos, los temas picantes salían a la superficie, ambos estábamos risueños.

    —Kimi, ¿tú eres bi?, ¿te va ese rollo?

    —¿Por qué, me querés presentar a una chica? Awowow.

    Me escondo detrás de mi copa con una sonrisita, era tal cual, se me había adelantado.

    —No es cualquier chica, es Caterina, te quiere conocer.

    —¿Posta? —dijo sorprendida.

    —Ujum, hace poco me volví a ver con ella y charlamos sobre lo que estuvimos haciendo estos meses. Le comenté que te conocí.

    —Ah, quiere agarrarme de los pelos entonces. —Se ríe.

    —Nono, es en plan de chill, a ella le da mucha curiosidad chicas como tú.

    —Mmm, siento que se viene tijeretazo.

    —¡Oye!

    —¿Y por qué me preguntas si me van las dos cosas?

    —Bueno okey, dejad que te explique. Caterina conoció estos meses a un grupo de chicas y parece ser que ello le ha despertado las ganas de estar con una tía…

    —¡Opaa!, se viene tijeretazo, ¿te dije o no te dije? —me interrumpe.

    —Espera. —No me aguanto y río con ella—. Dejadme terminar. Cuestión que a ella le mola eso de los tríos y tal, y la vez que intentamos hacer uno fue un auténtico desastre, por lo que quiero hacer otro, esta vez con una mujer, y así mato dos pájaros de un tiro: quitarme el mal sabor de boca del trío anterior y regresar con todo a la cama de Caty.

    —Mmm… —me responde con semblante insinuador—, encima tu ex, o tu novia, no sé lo que son ahora pero está para darle unas pares de veces.

    —Oficialmente no hemos vuelto aún. Pero, ¿eres o no?

    —Por ustedes babys, sería Batman —imita al gato con botas.

    Me echo unas carcajadas con esta tía, en ocasiones, no logro distinguir si sigue de coña o me está hablando de verdad.

    *************

    Habíamos quedado en que la reunión entre los tres se llevaría a cabo en el nuevo hogar de Caterina. Luego de que la echaran de su viejo departamento por «ruidos molestos y escandalosos», sus padres le ofrecieron una casa que tenían para alquiler. El lugar en cuestión es acogedor, una casa grande con dos habitaciones, un enorme living-comedor y hasta una modesta piscina. Invitamos a Kim a cenar, ella llegó puntual en su coche deportivo con una botella cara de champagne en sus manos.

    Las chicas se llevaron tan ricamente. Se sentía extraño verlas, la mujer que ha sido mi novia con otra que fue mi amante, lo esperable para mí era que se odiaran pero se encantaban la una a la otra, no había rastros de envidia maliciosa en su interacción. Mi imaginación volaba pensando en futuros escenarios donde esto fuese mi cotidiano: llegar del curro y que me reciban en casa estas dos preciosas damas, pero de seguro me sentía así por la emoción del momento.

    En un determinado punto de la tertulia, cuando ya terminamos de comer y sólo nos llenábamos lentamente con el champagne de Kim, Caty nos arremete con toda su curiosidad:

    —¿Ustedes dos llegaron a ser novios?

    Ella sabe que formalizar para mí es muy importante. Kim y yo nos miramos por unos segundos. Ante nuestro silencio, Caty continuó:

    —Lo pregunto porque, ahora que los veo juntos, me cuesta creer que no hayan sido.

    —Nosotros sólo llegamos a ser amigovios nada más —esclareció Kim.

    —Yo quise, por lo menos para un mes, pero ella no quería —tuve que admitir yo.

    —Si, es cierto, Chris no me iba a querer tener como novia —deja caer Kim y luego se esconde en su copa.

    Caty, como era de esperar, quedó intrigada por aquel trapito al sol e inquirió:

    —Pero por qué, ¿por qué no iba a querer?, si sos una grosa.

    —Si Kim, explicanos a los dos —seguí yo—, porque yo tampoco entiendo.

    —Bueno les confieso, yo si voy a tener un novio, o marido el día de mañana, yo quiero ser una «hotwife». Es mi deseo para papá Noel, los tres reyes magos y de año nuevo.

    —¿Una… «esposa caliente»? —digo.

    —¿Y qué sería eso Kim? —quiso saber Caty.

    —Digamos que es una esposa coqueta —explica Kim—, o una novia despampanante que puede cojer con otros tipos con consentimiento del novio.

    —Osea una onda swinger (?) —dice Caty.

    —No, sólo la chica puede estar con otros, el vago le es fiel.

    —Watafaq!? —respondo sin poder entender qué había dicho, pero poco a poco las piezas iban encajando en mi mente.

    —Sisi, es eso. Digamos que al vago le gusta tanto la mina que sólo la quiere ver a ella y se calienta cuando coje con otros tipos.

    —Uy, qué loco eso —comentó sorprendida Caty ante aquel nuevo descubrimiento del mundo libertino. Lejos de causarle estupor la revelación de Kim, se había vuelto aún más atractiva para ella.

    Me dirijo a Kim para intentar comprender:

    —Pero vamos a ver, cómo esperas que un chaval se quede todo quieto mientras la persona que ama folla con otros.

    —Bueno Cristian, es el deseo de ella —dice Caty, seguramente intentando calmarme porque pensaba que la estaba juzgando.

    —Por supuesto, no tengo problemas con ello, cada uno a su bola, sólo quiero comprender cómo podría ser real eso.

    —Yo conocí a varios chicos que les gusta la onda —revela Kim.

    —¿Ah sí? —se sorprende Caty, aunque yo también lo estaba—. ¿Y entonces qué pasó?

    —Y… —Se agita en su asiento—. Pasa que les gustaba la onda pero a mí no me gustaban ellos, y la idea es encontrar a alguno que me parezca lindo, que lo quiera. Hasta ahora no pude encontrar a mi maridito. —Se notó algo de desilusión en su tono.

    —Claro —sigo yo—, si te gusta, lo enamoras y luego le montas los cuernos.

    —¡Cristian! —me reprende mi amada.

    —No Caty —continua Kim—, justamente si yo sería la hotwife, al varón se le llamaría el cornudo, un cornudo consentidor.

    —¿Ah sí?, qué loco. Y comentame: ¿por qué te gustaría ser una hotwife?

    —Aish y por todo, para ser la estrella ante los ojos de mi maridito, que sólo exista yo para él y me adore como una musa sexual. Hay mucha fantasía en el medio, no faltaría nunca la calentura. No sé, me encanta la onda. —Sus ojos le brillaban de la ilusión.

    —¡Sii! —dijo Caty empatizando con ella— Osea, en vez de tomar a una infidelidad como una traición o algo dramático, acá sería como aceptada, ¿no?.

    —Claro, es como una forma de subir la temperatura, tomar esa adrenalina que genera ver a tu pareja coger con otro y convertirla en motor para más calentura, que el tipo se ponga como loco y te dé masa. Más que infidelidad, hay una cosa como de confidentes ahí que está muy buena. Pero como vos decís, la idea no es que se pongan a las trompadas y eso, sino que se exciten todos, noche de pasión, noche de lujuria.

    Y sí, lo que puedo reflexionar es que lógicamente una mujer como Kim, la cual habrá recibido cientos de adulaciones por su belleza hasta el punto de haberse embriagado con ellas, quiera que su pareja le siga dando de beber aquel néctar. Muchos de los chicos con los que ella se habrá cruzado, se habrán dejado hacer lo que sea con tal de recibir alguito de la sensual dama. Por ello debe de pensar que podrá encontrar algún chaval con el cual realizar esa fantasía o fetiche.

    —¿Y hace cuánto que querés ser una hotwife? —siguió Caty.

    —Desde hace muchos años. Es más, yo me enteré después de que lo que quería ser se le llamaba así, investigando por internet y eso.

    —Ah mirá vos, o sea que lo tenías fijo ya. ¿Y en todo este tiempo no encontraste aunque sea alguien con el que puedas hacer eso?

    —Bueno… —Kim se quedó pensando unos instantes— Digamos que hay un amigo que algo del perfil tiene, pero no sé. Ya quiero tener un maridito, estoy cansada de esperar.

    —Ay beba, espero que te llegue pronto, hermosa. —Se toman de las manos. Realmente habían hecho buenas migas.

    Poniéndome en el lugar de ella, también me había conmovido, al fin y al cabo no dejaba de tratarse de alguien en búsqueda de su pareja ideal. Yo no tenía dudas de que Caty es el amor de mi vida, pero alguien que busca ese amor sin éxito, y lo sigue buscando sin cesar pues es un puto coñazo. Por ese lado sí la entiendo, pero es que luego están esas otras movidas suyas y allí la cosa se pone un poco chunga.

    —Bueno, cambiemos un poco de tema —corta el rollo Kim—, Chris me comentó que ustedes quisieron hacer un trío, ¿cómo les fue? —Me echa una mirada cómplice.

    —¡Ah sii! —dijo contenta Caty—, estuvo bueno.

    —¿Ah sí?, ¿inclusive cuándo te echaron de tu departamento por ruidos molestos? —le recalco.

    —No, esa parte no —se echa una carcajada que contagió a todos.

    —Y comentame, ¿con quién fue? —continuó Kim llevándose la copa para darle otro trago al dulce champagne.

    —Fue con mi personal trainer, pegué buena onda con él y nos volvimos amigos. Se llama Dartel.

    Kim, tras oír el nombre, casi se ahoga con su trago.

    —¿Dartel, de en serio?, ¿el del gimnasio del centro?

    —Sisi, ese, ¿lo conocés?

    —Ajá, lo conozco desde la secundaria, tuvimos varios toques.

    Yo estaba atónito:

    —¿Me estás diciendo que de todos los cachas que hay en esta ciudad, tú también estuviste con el colega que eligió para el trío?

    —¿Cachas, qué es cachas? —pregunta Kim.

    —Musculoso, fisiquito de gimnasio.

    —Ah. No pero, no se trata sólo del físico, acá son contados los chicos buenos que «le saben», guiño guiño.

    —¿Ah sí Kim? —Caty parecía decepcionada.

    —¡Sii, no sabés! Mucho virgo. Yo por eso tengo una «agenda de chongos», con chicos que sé, de primera mano, guiño guiño, que te pueden dejar desmayada en la cama. Los conozco a todos desde hace años, y cuando pinta organizar una joda bien arriba, invito a unos pares.

    —¿De en serio Kim? ¡Wow!

    La fascinación de Caty ya me causaba hasta algo de gracia, parecía una niña emocionada por las grandes «hazañas» que le relataba su hermana mayor.

    —Posta. Es más, justamente tengo eso para los futuros jueguitos con mi maridito. —Pone cara de diablilla.

    —¡Wow Kim!, lo tenés todo fríamente calculado, qué capa.

    Esta vez hasta a Kim le causó gracia.

    Ya eran las dos de la mañana y todos teníamos curro dentro de unas cuantas horas, por lo que Kim y yo nos despedimos de la anfitriona. Las dos chicas intercambiaron sus móviles y estaba más que claro que se volverían a ver. Me subí a mi vehículo, que no valía ni un tercio en comparación del cochazo de Kim, y nos fuimos.

    ***************

    Al otro día le pregunté a Caty qué le había parecido Kim y me sorprendió cómo me hablaba de ella:

    —See, Kimi está muy buena, tiene un cuerpo bien equilibrado con un lindo tamaño de lolas y una cola bien firme…

    Yo me reía de ella porque, mientras me comentaba, hacía gestos con las manos como si la estuviera tanteando imaginariamente. ¡Qué increíble!, tantos años con ella y recién ahora descubro este lado suyo.

    Luego de aquella cena entre los tres, Kim y Caty se reunían cada que podían, aunque sea por una horita, para contarse confidencias y conocerse más la una a la otra. Yo estaba al tanto de ello porque Caty me comentaba que se veían de seguido. Por dentro mío pensaba: «¡peligro!, ¡cuidado!, cuando las mujeres se reúnen el diablo toma nota»… No no, qué va, es coña, en realidad estaba feliz de que se hayan vuelto buenas amigas y me hacía mucha ilusión volver a reunirnos.

    Pasadas unas semanas, cuando ya ambas se habían cogido bastante confianza, le escribo a Kim para llevar a cabo el trío. Fuimos a casa de Caty por la tarde y le revelamos nuestro plan. Ella estaba nerviosa pero de la excitación. Sin rodeos, dimos rienda suelta a nuestras ganas, que ya no nos aguantábamos más. Pasamos de las caricias, besos y manoseos en el sofá, a llevarla cargando a su cama. Caterina iba a ser la protagonista y nosotros los encargados de hacerla gozar. Todos desnudos ya, las damas primero querían explorarse mutuamente a base de besos, mordisquitos, caricias, se abrazaban, suspiraban y no paraban de tirarse cumplidos guarros. Verlas en ese momento era un privilegio.

    Las señoritas se acordaron que estaba con ellas y se acercaron, a gatas, hacia mi. Ver esas dos cabecitas jugueteando allí abajo era algo que no tenía precio, las observaba un rato y luego miraba hacia la pared, sino no aguantaba. Unos cuantos segundos nada más necesitaron para dejarme en todo mi esplendor. Llevaba unas ganas acojonantes de hacerle el amor a Caty, así que iba a por ella pero Kim me detuvo. Antes de que yo entre, ella quería comerle el chochito. «Uff, adelante» le dije. El panorama era de fotografía: a Caty se le iban vista y voz con la faena que le estaban realizando, contorsionándose de placer mientras acariciaba el cabello de su amante. Kim, con los codos y rodillas penetrando en la cama, formaba una de curvas bellísimas. Era bajar por la espalda y subir abruptamente por el arco pronunciado de las nalgas, hasta dejarse caer en las piernas. Al igual que con una vertiginosa montaña rusa, me quedaba sin aliento solo de seguir con la mirada aquel recorrido.

    No aguanté más las ganas de acariciar a Kim, tenía que sentir en las palmas de mis manos toda la suavidad de su bronceada piel. El aroma a sexo y perfume que se respiraba en la habitación me estaba poseyendo. Desde la retaguardia de Kim, apoyé toda mi líbido, sosteniéndola de la cintura. Ella se balanceaba lentamente. Quería darle una probada a todo ese poder, era muy tentador, pero me absorbería de tal manera que perdería la voluntad de detenerme, y debía de reservar todas mis energías para la protagonista. De todas maneras, le di un latiguillo de gusto: tomé esas nalgas con ambas manos para luego dar varias lamidas a sus dos profundidades expuestas en aquella sexi posición. Su lenguaje corporal me informaba que le había provocado una descarga de electricidad que recorrió toda su columna, logrando que brevemente se interrumpiera su faena.

    Kim sin duda tenía práctica en esto, la había hecho gozar a tal punto de estrujar las sábanas. Se apartó y me dejó espacio. Caty me daba la bienvenida de piernas abiertas, y yo pasé con el glande bañado de líquido preseminal. ¡Uff!, volvía a sentir el cálido friccionar de húmedas lenguas sobre mis carnes que, con dureza, pedían más y más. Miraba su fina terminación fusionada conmigo, junto con los curvos pliegues de las piernas que estaba sosteniendo. Su rostro me rogaba que no detuviera el motor, con esa expresión ahogada de gozo. Kim la acompañaba a un costado, estimulando aún más a la dama que parecía llegar al éxtasis. La visión era devoradora, debía cambiarla por la pared o la ventana para aguantar más todo aquel femenino espectáculo excitante.

    Caty llegó a un escandaloso orgasmo, momento que aproveché para salir y descargarme en su abdomen. Kim, loca como es, comenzó a jugar con la lefa pasándole la punta de la lengua, haciendo cosquillas a la anfitriona. Tomó un poco con sus dedos y le dio de probar. Estaba agotado, y la dama satisfecha.

    —¿Cuántas veces acabaste, golosa? —preguntó Kim a una extasiada Caterina.

    —Dos veces, cuando me comiste y ahorita.

    —¡Sabía! Lo podemos superar eh, hermosa. —Le plantó un jugoso beso.

    Me acabo de enterar, ahí mismo, que mi novia de tantos años es multiorgásmica, ¡Madre mía, qué estuve haciendo todo este tiempo!

    Kim se tenía que ir, la acompañé yo porque la anfitriona estaba muy relajada en la cama. Antes de irse, sacó de su cartera una foto enmarcada y la dejó en uno de los estantes del living. La despedí y me fui a ver aquel retrato. Era de nosotros dos cuando salíamos, una en la que ella estaba en mi regazo y yo la abrazaba, ambos mirando a la cámara con una sonrisa. Una foto tierna y romántica.

    Nos volvimos a reunir los tres, esta vez para almorzar, no para tener sexo, tampoco es que sólo nos debíamos reunir para ello; además, Kim estaba en su período menstrual. Después de comer, estuvimos una hora charlando de lo que sea mientras hacíamos la digestión. Kim se levanta de golpe y anuncia que va a buscar algo del coche y vuelve.

    —Dale, te ayudo —dijo Caty pero ella le dijo que no era necesario.

    Cuando se retiró y quedamos solos, Caterina me dice:

    —Vi esos días en mi modular la foto de ustedes dos.

    —¿El retrato?, sisi, lo trajo Kim y lo dejó ahí. ¿Te ha molestado?

    —Nono, para nada, se ven re tiernis.

    Nos miramos y ella de repente esboza una sonrisa picaresca.

    —¿En qué estás pensando? —le pregunto.

    —Bueno… —Mira para los alrededores, se acerca y me susurra—. Kim me mostró varias fotos de su celular con otros hombres, pero no eran como esa.

    —¿En qué sentido?

    —Bueno, estaban desnudos y ella les agarraba el aparato.

    —¡Dios!, dios Caty.

    Caterina se reía como una niña traviesa. En ese momento regresa Kim con un bolsito en hombros, un trípode en una mano y en la otra una cámara de fotos profesional.

    —¿Y eso? —pregunto.

    —Bueno como vos sabrás, a tu Caty le encanta sacarse fotitos hot, así que para darle el gusto me traje un equipo de alto level, y otras cositas más para hacer una produ de calidad.

    —¡Opa!, fotógrafa de playboy, el sueño de muchos amantes del buen arte.

    —Obvio, bebé. —Me guiña el ojo—. ¿Estás lista, bombona?

    —Uy si —dice Caty emocionada y se va para su cuarto.

    —Bueno Chris —me dice insinuante Kim antes de ir tras ella—, si nos disculpas, vamos a tener un rato de chicas, guiño guiño.

    —Sisi, no hay problema, justo tengo unas cosas que hacer —miro mi móvil para saber la hora, ya que de verdad tenía que cumplir con unas obligaciones.

    —¡Ah pero qué hombre ocupado! —me dice con todo sarcasmo

    —Calla pesá.

    Al rato se escuchaba música en el cuarto y las risitas de las dos.

    **************

    Varios días después, Caty me manda un mensaje en horas de trabajo. Me escribió que Kim estaba en su casa y quería que venga luego del curro. Terminó mi jornada, me fuí a duchar y luego para lo de Caterina.

    Mientras aparco el coche, veo a una cara que me suena. Bochornosos recuerdos regresan a mí, al reconocer de quién se trataba. Era Dartel, fumándose un pitillo en el porche. ¡Maldición!, ¿qué andaba haciendo aquí?

    Le doy un apretón de manos.

    —Eh tío, ¿cómo estáis?

    —Cris, ¿cómo va?

    —De puta madre… ¿Y las chicas?

    —Están adentro cuchicheando.

    Su apariencia me hacía recordar al tío de los manatíes con el que Marge tuvo un «affaire» en Los Simpsons. Probablemente tenga unos 40 años. Su actitud es relajada, sin ningún tipo de pretensión o actitud chulesca.

    Viéndolo, me contagió la duda que tenía Caty conmigo y Kim:

    —Kim nos ha dicho que tú y ella han tenido rollete.

    Dartel se ríe. Se había terminado su cigarrillo y estaba encendiendo otro.

    —Con Kim tuvimos algo sí, pero hace mucho tiempo, cuando ella estaba en la secundaria. Yo era profe de gimnasia.

    —¡Madre mía!

    —Si, pero tranca, después nos veíamos cada tanto, «picaflor» nomás.

    —¿Y nunca llegaron a ser novios?

    —Shiss… El problema es que, así cómo salía con ella, estaba también con otras, y ella lo sabía, no le importaba porque estaba en la misma que yo. —Se quedó unos instantes recordando—. Es más, llegamos a ser novios por una semana más o menos, pero hasta ahí nomás. Yo siempre tuve problemas con mis novias por eso, porque tengo varias amantes fijas con las que hago el papel de juguete sexual, ¡y yo me presto con gusto! —Se ríe.

    —Osea que ahora estás soltero…

    —No, tengo pareja, al fin pude conseguir una.

    —¿Y no le molesta que…?

    —No, no tiene problemas, es más hasta le gusta y todo. Cuando llego a casa me dice «uy contame todo, qué hicieron». Es bien chusma. —Se echa otra risa.

    —Ah, mira tú eh.

    —Si, eso es lo mismo que quiere conseguir Kimberly desde hace mucho, algo como lo que tengo con mi señora. Le suelo cargosear porque yo lo conseguí primero.

    —¿Te puedo hacer una pregunta?, sin ánimos de ofender ni nada.

    —Sí obvio, todo bien.

    —¿Por qué un tío como tú, que puede liarse a tías buenas cada que quiera, por qué quieres novia?

    —Y… para estar con alguien, compañía. Yo con las chicas que salgo para hacer travesuras son sólo noches de garche, hacer la fantasía y después chau.

    —Tienes razón. Bastante estúpida la pregunta que te hice.

    Dartel se río y luego me pregunta:

    —¿Y vos «colega»?, ¿no probaste estar de novio con Kimberly?

    —Es que yo quiero volver con Caty…

    —¿Y? —Levanta los hombros—. ¿Por qué no con las dos? Si se llevan muy bien y se nota que ellas se tienen ganas.

    —Es que… honestamente no entiendo muy bien cuál es el rollo de Kim, esos días me explicó un poco sobre de qué va y tal pero…

    —¿Y?, ¿no te gusta su onda?

    Casi pensaría que me estaba insultando pero en su expresión no había rastro de maldad.

    —En una oportunidad fui con ella a una playa, de la nada se aparecieron dos tíos en plan de chill, ¿sabéis? —Vi que enseguida se le formaba una sonrisa, como si ya supiese de lo que hablo y no necesitase explicar más.

    —Si, ella es de preparar unas escenas bien calientes.

    Le quedé viendo unos instantes pensativo, para él no parecía que hubiese problema en todo ello, como si fuese de lo más normal.

    —¿Tú qué harías en una de esas situaciones?

    —Disfrutar. Son pocas las personas que te pueden inventar de la nada esas escenas, re morbosas nomás te digo. Ella te los arma de una manera tan natural, tiene talento para eso, para seducirte y dejarte loco.

    —Pues pa mí que solo ella disfruta.

    —Si ella disfruta, vos también. Su mente corre a mil, nunca sabés qué estará preparando para más tarde, imposible aburrirse con ella.

    —Mmm… —Hago una mueca—. No lo había pensado de esa manera.

    En ese momento las dos chicas salen y nos ven.

    —Ay boludo, ya habías llegado —me dice Caty y me da un beso en cada mejilla—. Me encontré a estos dos juntitos en el centro y les invité a cenar.

    —Oh zi, alto cuarteto —dice Kim.

    —Vamo a se feli, vamo a se feli, felices los cuatro —cantó Dartel y las chicas estallaron en risas.

    Nos pusimos a organizar todo para la cena. Compramos vino blanco de esos dulzones, y el menú lo eligió Kim: pizza de salmón con espárragos, porque según ella son afrodisíacos. También, bajo ese mismo criterio, trajimos helado de chocolate para el postre.

    La cena estuvo divertida, aquel tío lejos de parecer el típico chuloputas me caía majete. Tenía la típica tos de fumador y Kim le reprendía por ello. Pusimos un playlist pachanguero en el altavoz bluetooth y la conversación se fue tornando cada vez más cachonda. Kim se había sentado en el regazo de Dartel y Caty se pegó más a mí. Estuvimos charlando en ese plan hasta que Kim, de la nada, le dice a Caterina con un tono cariñoso y casi susurrando:

    —Bueno Caty, me parece que dentro de un ratito vamos a ocupar tu sofá. Espero que no te moleste, pero si me invitás a tu casa con Dartel tenés que saber que alguno de tus muebles vamos a usar, y como la mesa está ocupada…

    —¿Algún mueble? —dijo Dartel haciéndose el desentendido—, ¿no sería mejor decir algún ambiente como la pieza?

    —¡No Dartel, no seas desubicado!, ¿cómo vas a entrar en la pieza de la chica a co… Eh digo, a mirar?

    Caty se mordía los labios de la excitación. Me tomó fuerte de la mano, pude notar que temblaba un poco.

    —Igual —continuó Kim—, si ustedes quieren usar también el sofá, no hay problema, lo compartimos. Total es grande y entramos todos. Lo único es que Dartel va a estar reventándome el cu… Eh digo, acariciándome la cola. Él es así, es muy cariñoso. —Mira a Dartel—. ¿No cierto? —le dice y luego le planta un beso de tornillo.

    Caty me miró con cara de pícara. Kim tenía las piernas cruzadas y podíamos ver que Dartel la acariciaba, su mano entraba poco a poco por debajo de la falda. Él abrió un ojo y nos pilló observándolos. Lo siguiente que hizo fue levantar del tirón la falda dejando toda la nalga fuera, y luego le dio un cachete que terminó en un apretón a esas carnes. Caty se removió en su asiento y yo fui directo a atacar su cuello. Ella jadeó apenas entrar en contacto mis labios con su piel.

    —Aish, okey —dijo Kim poniéndose de pie a espaldas de nosotros. Le vimos su firme y bronceado trasero con su tanga roja—, la silla me está quedando chica parece. —Se bajó la falda y se dirigió al living con Dartel de la mano.

    Su forma sensual de hablar nos dejaba palote a los dos. Nosotros nos quedamos allí haciéndonos cariño. Los sonidos de besos desde la sala llegaban a nuestros oídos. De repente, oímos el ruido inconfundible de la hebilla del cinturón y luego una cremallera. Nos quedamos expectantes unos segundos. Al ratito se oían los jadeos ahogados de Kim, sumados con sonidos de succión.

    —Ay Cristian, qué rico todo esto —me susurró Caty.

    —Mmm, ¿te pone cachonda?

    —Sentí mi corazón. —Corre a un lado el tirante de la blusa, dejando afuera uno de sus senos enfundado en un sujetador azul.

    Apoyo la mano y siento su latir, parecía un tambor. Aprovecho y le acaricio. Oímos que Dartel dice en voz baja:

    —Aah, despacito Kimu que me vas a hacer acabar.

    Caty me mira con cara de vicio.

    —Uff Cristian, qué rico por favor.

    Me pongo de pie y desabrocho mi pantalón, quedando mi polla en toda su cara. Ella me mira con una sonrisita. Comienza a menearlo manteniendo ese contacto visual, y luego me lo come. ¡Dios, qué rico!, le tomo del cabello para marcarle el ritmo. Al rato comienzo a gemir del gusto. Cuando ya estaba muy a tope, me quito.

    —Vamos con ellos —me dice.

    En la sala nos recibió la sexy imágen de Kim en ropa interior, arrodillada entre las piernas de Dartel. Su espalda hacía una curva pronunciada hasta llegar a sus prominentes pompas. ¡Otra vez la montaña rusa, joder! Dartel estaba con la mirada ida en dirección al techo. Caty sube más el volumen de la música fiestera, me agarra con rudeza de la ropa y me lleva al lugar del sofá, al lado de Dartel.

    —¡Hoy mando yo! —me dice.

    Comenzó a hacer un strip tease como toda una bailarina de caño. Quedó como su amiga, en bragas y sujetador. Adiós a la parte superior, ahora se magrea sus pechos… ¡Uff!. Noto que su mirada, cada tanto, se va hacia Dartel. Luego se da la vuelta bamboleando las caderas, empina su cuerpo y pone los pulgares a ambos lados de sus bragas y… ¡Zas!, en un rápido movimiento se los baja. Acto seguido, deja caer su trasero encima de mi pene, con sus manos descansando en mis rodillas. Me estaba por hacer el «cowboy invertido». Era la primera vez que iba a experimentar esa posición, antes no me llamaba la atención, pensaba que sólo era pose para las películas porno, así ves los pechos de la tía y tal, pero ahora le estaba pillando el gusto. La visión de la redondez suya amoldando mi ingle era deliciosa, junto con su bonita espalda. Me estaba flipando pero fuerte. Ella movía su cadera lentamente, de adelante hacia atrás, con mi pene en medio de sus nalgas. Espío a la pareja de al lado y noto que el colega no pierde detalle. No aguantaba más las ganas de follar.

    —Cariño anda, levanta —le digo.

    Ella se introduce en mí poco a poco. Le sostengo de la cadera mientras veo desaparecerme en esa redondez preciosa. Caty suspira cuando llega al tope, llamando la atención de Kim.

    —Uy, pero qué buena que estás, perra —le dice, se levanta y la besa.

    Tanto Dartel como yo podíamos ver esas lenguas bailar.

    —Cojé zorra —le dice Kim y le da una cachetadita—, hacelo pelota a tu noviecito.

    ¡Madre mía!, Kim en plan dominatrix con mi bella Caty, eso no lo veía venir. Le estira del brazo a Dartel para que se pusiera de pie. Luego ella toma su lugar posicionándose de cuatro, con las rodillas en el almohadón y las manos firmes en la parte superior del respaldo. Su infidente se ubicó rápido para entrar por la parte trasera. No tardó en escucharse el sonido de su pelvis chocando por las nalgas de Kim en toda la sala. Eso motivó a Caty, quien aceleró el ritmo de sus sentadas, otorgándome un placer que flipas. Encima, a mi costado tenía a aquella otra dama, que estaba con los ojos cerrados y mordiéndose los labios, su cabello despeinándose y sus pezones en punta sacudiéndose al ritmo que le marcaba el colega. Era demasiado poder, mucha estimulación para los sentidos. Cada tanto debía de mirar al techo para calmarme, intentando controlar el ritmo de Caty porque sino se le iba la olla, con los sexosos sonidos de fondo. Noté que Dartel y Caty se lanzaban algunas miradas. Estuvimos así un buen tiempo y yo ya no aguantaba más, mi frente estaba empapada de sudor y mi respiración agitada.

    —Caty, mi vida —dijo entre jadeos Kim—, ¿ya estás?

    —Si.

    Ambas se salen dispuestas a hacernos acabar. Comienza un doble fellatio. Llegué a ver que a Kim, arrodillada ante Dartel, se le escapaba un chorro por la comisura del labio. Sólo eso se le escapó porque luego lo acaparó todo. Gemía de gusto con la boca llena mientras se tocaba la chucha. Al colega parecía que le estaba poseyendo un espíritu con aquel vaivén. Caterina acurrucada entre mis piernas, me miraba fijo, haciendo que me pierda en sus ojos claros. Me lo hacía con tanto cariño que no pude más y me descargué.

    Kim se pone al lado de Caty y le dice:

    —A ver beba, ¿te lo tragaste todo, no?

    —Mm, mm —niega sin abrir la boca.

    —Vení acá bebé —dice con ternura y vuelven a besarse con mucho deseo.

    ¡Dios!, no lo podía creer, ambas debían de tener lefa y se devoraban sin asco.

    Se había hecho tarde, pasado de la medianoche. Dartel se marcha, dice que su esposa la está esperando. Los tres estábamos derrotados y nos dormimos en la cama de Caty.

    *************

    Unas semanas más tarde, me tocó el «turno noche» en el curro. Eran las 4:30 de la madrugada cuando terminó mi jornada. Me dirigía en mi coche hacia mi modesto departamento. Esas dos mujeres no salían de mi mente ni aunque quisiese, si hasta soñaba con ellas. Hablando de Roma, recibo un mensaje de la reina. Resulta ser que las dos habían salido de fiesta y ahora iban a la casa de Caterina para un «after». Madre mía, ambas rondaban y pasaban de los 30 pero parecían universitarias. Caty me dijo que venga para seguir de marcha. ¡Uff!, me activé como si me hubiese metido unos «chuches» especiales. Cambié mi rumbo y fui directo para allá. Tenía mi desodorante y perfume en el maletero para disimular que no estuve ocho horas en la oficina, pero mi camisa, con la parte inferior debajo del pantalón de vestir y los mocasines no me daban muchos aires de fiesta.

    Al llegar veo a Kim en el porche muy entusiasmada con el móvil. Me fué inevitable fijarme en sus zapatos Christian Louboutin, aquellos tacos «de las suelas rojas». Así es, como caballero de bien sé sobre calzado femenino. Siempre quise regalarle uno de esos a Caty pero eran asquerosamente caros. Además de ése despilfarro de dinero, llevaba un vestido de noche color rojo con aberturas a los lados peligrosamente insinuantes. Derrochaba sensualidad. De tan enganchada a su móvil, ni se dio cuenta que la estuve observando como por un minuto. Toqué el claxon y le di un buen susto.

    —Cuánto lujo, baby —le digo ya frente a frente—. ¿Así vas al «boliche»?

    —Of course gordi. O sea, voy con mi carterita y Caty a mi lado, y tipo apenas entramos y nos hacen pasar a un reservado, gord —me responde imitando a una pija, con una voz nasal. Resultaba gracioso para mí porque los pijos en Argentina sonaban muy distintos a los de España.

    Me saluda con dos besos, los hace sonar muy sexys.

    —Mmm, que rico perfume te traes —le digo.

    —Vos sólo blablabla conmigo y con Caty mucho muahmuahmuah.

    Recordé lo que me había dicho Dartel aquella vez, «¿por qué no con las dos?», la atraje de la cintura y le planté un beso francés. ¡Dios!, que hermoso se sentía.

    —¿Y Caty? —le pregunto al separarnos.

    —Se está arreglando en su pieza.

    Su móvil suena. Ella lo revisa rápidamente, se aparta un poco y envía una nota de voz:

    —Traigan algo para tomar, no sean ratas.

    —¿Va a venir alguien más? —le pregunto contrariado.

    Ella me mira con ese semblante desafiante y picaresco, la frente levemente inclinada hacia adelante para penetrar aún más en mi. En otras ocasiones esa mirada significaba el preludio a una travesura sexosa que me ponía cachondo, pero ahora con Caty cerca me daba pavor.

    —¿Te acordás de la sesión de fotos que le hice a la Caterina?

    Su tono, insinuante y porno, me estaba poniendo de mala hostia. Traté de disimular y le contesté:

    —Sii, ¿cuándo me las van a mostrar?

    —Acá tengo una. —Mostró fugazmente el móvil.

    Apenas pude ver a Caty con lencería de color blanca y posando de película, tenía su foto como fondo.

    —A ver…

    —No. —Escondió detrás suyo el cacharro—. Vos no las viste todavía perooo —Ese tono…—. Le mostré a unos contactos míos.

    —¡Qué?

    —Y le gustaron mucho a los dos, tanto que ahora vienen para acá.

    —¿Estás de coña, verdad? —Ella me hace que no con la cabeza.

    Entro hecho una furia a la casa. Kim me tironea de la camisa.

    —Esperá, ¿qué te pasa?, ¿cuál es el problema?

    No vi a Caty en los alrededores, por lo que encaro a Kim midiendo mi tono para no armar jaleo.

    —¡Te dije que la quería recuperar Kimberly! No quiero verla tontear con ningún otro pavo como haces tú.

    —¡Ah claro! —me responde sarcástica—, vos podés vivir el «sueño del pibe» con las dos chupándote la chota, pero nosotras culo, ¿no? Somos una pareja donde el único hombre entre dos pedazos de minas sos vos, no te quejes. Podemos tomarnos este tipo de «licencias» cada tanto, así el paraíso es para todos.

    —Escuchadme, Kim. —La tomo levemente de los brazos—. Yo sólo te pedí para hacer el trío con ella y nada más. No me va un coño el rollo de «hotwife esposa caliente» no sé qué, tú has lo que quieras pero no metas a Caty en esto.

    Kim se quedó unos instantes viéndome fijo a los ojos con seriedad.

    —Ella también quiere, yo no la obligué a nada.

    La solté y di un largo suspiro. Tenía razón, no le podía echar todo el percal a ella.

    —Okey, perdóname. Voy a hablar con ella.

    Antes de entrar en la habitación, eché una mirada a Kim. Jamás la había visto tan seria, espero no haberla lastimado, no era esa mi intención.

    Toco la puerta y Caty responde. Al entrar la veo dándose unos últimos retoques en su tocador. Me recibe con una sonrisa y se sienta en la cama. Se la notaba emocionada. Tomo asiento a su lado.

    —Estás muy hermosa. —Me hace una carita tierna—. Caty yo… quiero charlar un poco contigo, aclarar unas cosas.

    —¿Qué pasa Cristian?

    —Ehm, Kim me comentó que ahora van a venir unos tíos para… seguir la fiesta, ¿no?

    —Ajam si, me dijo que ya los conoces.

    —¿Y qué pensáis hacer?

    —Y nada, un rato yo con dos, otro rato ella con dos, somos 3 contra 2. Te juro que hasta estoy temblando de la emoción.

    Cierro los ojos y suspiro, otra vez.

    —Caty, a mi mucho eso de verte con otro tío no me mola.

    —Pero vos vas a estar conmigo. —Toma mi mano—. De a dos, ya probé una vez y no es…

    —Caty… —la interrumpo— No me des detalles, no me agrada, no es eso lo que quiero.

    —¿Y qué es lo que querés?

    —Volver contigo, bombón. Volver a ser novios. Pareja. ¿Tú no quieres volver conmigo? Yo te sigo amando como al principio, y más aún.

    —Sii Cristian. —Acaricia mi rostro—. Obvio que sí, si ya antes eras un ocho para mí, ahora sos un diez.

    —¡Oh wow!, ¿un ocho?

    —Bueno no, en realidad un seis pero no quería ser forra.

    —¿Un seis?, ¡cuatro puntos vale el sexo!

    —Y sí mi amor.

    —Madre mía. —Me quedo unos instantes pensando—. Okey beba, hagamos una cosa: hoy será nuestro último día de soltería, y mañana oficialmente somos novios de vuelta.

    —Ay Chris, vos siempre tan de papeles y registros, ¿no habíamos vuelto desde unas pares de semanas ya?

    —No, esos fueron días de juerga. —Me pongo de pie.

    —Chris, escuchame una cosa, si volvemos nos tenemos que dar cada tanto algunas aventuritas.

    —Sí, ya me temía que me ibas a decir eso.

    —Es que sí, Cristian. Yo quiero disfrutar de mi sexualidad mientras pueda, variar un poco no está mal, sumar algo de adrenalina para salir de la rutina…

    —Okey hermosa. —Le tomo de las manos y las beso—. No hay problema. Una vez cada tres meses.

    —¿Qué? ¡No!, una vez por mes.

    —Cada dos meses.

    —Ay Cristian, dejate de joder.

    —Okey, pero recuerda —digo mientras me dirijo a la salida—, oficialmente mañana somos novios. Vengo aquí y te demuestro quién es tu macho.

    —¿Te vas?

    Asiento con la cabeza y antes de cerrar la puerta del todo le digo.

    —Acuérdate, mañana novios de vuelta, así que ojito.

    Ella, entre risas, me arroja una almohada. Me sentía aliviado, como si una tormenta se hubiera despejado. Estaba la sala en silencio, hasta que oigo un barullo que venía de la puerta trasera. Kim llegaba con dos muchachos, se traían unos aires de marcha que flipas.

    —Hola Cristian —me dice Kim con esos mismos aires, tal vez tratando de disimular que las cosas antes habían estado un poco chungas—, acá los chicos te trajeron alcohol, seguro que te acordás de ellos.

    Los miro con atención y, en efecto, se trataban de Iván y Juan, los dos chavales que se habían liado con Kim aquel día en la playa liberal.

    Kim fue a tocar la puerta de la anfitriona:

    —¡Caterina, salí ya!, no te hagas la tímida. Acá los chiquis te quieren conocer.

    —Si Caterina, te queremos ver —gritó uno de los tíos.

    —Soy tu fan, quiero una selfie con vos, ¡wuu! —le dice el otro.

    Uno de ellos traía la camisa desabotonada completamente, dejando al descubierto el pechamen y el six pack. El otro ya estaba llenando las copas. ¡Madre mía la que se iba a montar!, me estaba dando náuseas, no sabía si lo iba a aguantar. Yo me iba desplazando poco a poco hacia la puerta trasera.

    —Hey amigo —me dice de buen rollete el «barman», tendiéndome el vaso—, tomate un trago.

    —Gracias tío pero ya me marcho.

    —¿Posta?, ¿no te vas a quedar para la fiesta?

    —Nono, tengo curro mañana a primera hora. —Mentira, tenía el día libre.

    —Uff, qué macana. Y bueno… —Se va con los demás.

    Caty había salido, super guapa, y se puso a charlar con el cachas. Kim se acerca y me dice algo cortada:

    —Te escuché hablando con Juan, ¿de verdad te vas a ir?

    —Si Kim. —Vi que quiso disimular su disgusto mirando para otro lado.

    —¿Por qué no probás verla con el chabón?, ¿hacé un último intento?

    Los espío en la distancia. No sé qué le decía el colega pero la veo reírse. Las manos de él van a parar a su cintura y las de ella se apoyan en su pecho. El tío le dice algo al oído, haciendo que Caterina ladee un poco la cabeza. En eso me ve, y me sonríe algo sorprendida. Yo aprovecho para despedirme con la mano, no quería marcharme sin saludar como un maleducado. Ella me tira un beso y vuelve al rollo con el chaval. Me doy la vuelta y me marcho.

    Ya fuera de la casa, Kim sale detrás mío a las corridas.

    —Esperá Chris, ¿de verdad no te querés quedar, te vas a perder a estas dos sexys mujeres?

    —No Kimi, no me va el rollo —le hablo relajado ya porque había aclarado las cosas con Caty.

    —¡Aish, qué lástima! —me dice ella acariciándome el pecho.

    —¿Por qué?

    —Y porque me gustas, sos lindo y serías el novio ideal para mi. Pero bueno, qué se le va a hacer, si no te gusta no te gusta.

    Me quedo viéndola con los ojos un poco brillosos y esbozando una sonrisa.

    —Kim, tú…

    —Y yo no voy a dejar de lado mi deseo.

    —Okey.

    Quedamos unos segundos entrelazados, viéndonos a los ojos con la fría brisa de la madrugada de fondo. El sonido amortiguado de música pachanguera, proveniente desde la casa, nos hace salir del trance.

    —Bueno—me dice Kim separándose de mis brazos—, me vuelvo para adentro que esos dos le deben estar dando masa a tu noviecita.

    —¡Dios, Kim!

    Ella se aleja corriendo y con una risita maliciosa.

    —Y no es mi novia todavía, mañana recién —digo, ya sin que ella pudiera oírme.

    Silbando, y con las manos en los bolsillos, me voy de allí. Dentro de mi coche pongo mi música favorita y decido dar unas vueltas por la costanera antes de ir a la cama. Era una noche maravillosa, renovadora y aliviante.

    Tiempo después me mudé a casa de Caty, todo era muy bonito, sonreía a cada rato como si estuviera hasta las orejas de coca. No le pregunté nada acerca de aquella noche, tampoco quería saber, para mí fue un momento de diversión con su amiga y no le di más vueltas; al fin y al cabo, esos dos chavales solo eran juguetes de la «futura» Hotwife. Pareciera ser que Kim necesitaba una confirmación de mi parte, un no registrado, porque al poco tiempo nos habíamos enterado que se había puesto de novia con un amigo suyo; y no, no era uno de la agenda de chongos. Las cosas quedaron un pelín raras con ella, pero nada que la buena vibra no alivianara. Con Caty cada tanto, mentiría si dijera una vez cada tres meses, solemos darnos unas aventurillas para salir de la rutina. No siempre se trataba de sexo sumando a una dama o un caballero al sofá, a veces sólo consistía en ir juntos a un club de strippers o conocer aquellos exóticos locales de la ciudad que a ella le apeteciera.

    Esos días de poliamor han sido una vívida fantasía, pero todo se fue difuminando cuando pensé en el futuro, uno dónde mi lazo con Caterina se vea afectado por las excentricidades de Kim. Eso es lo que me daba pavor y convertía una fantasía como esa en una pesadilla. Seguir con aquello lo veía complicado. Por más apetecible que resulte, no lograba adaptarme del todo a estos tiempos modernos. Pero lo importante para mí es tener a la mujer de mi vida en mis brazos, y lo mejor es que me sonreía, ella también estaba a gusto. Se siente muy bonito.

    FIN