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  • Mi harem familiar (13)

    Mi harem familiar (13)

    El asunto Ana Marisax presagiaba complicaciones. Nuestra relación era esporádica. Ella me requería cada tanto, a veces cada 15 días, otras a un mes de distancia. Alguna vez nos fuimos de viaje a Margarita, por trabajo y fueron 5 días seguidos, otra vez a Valencia por otros 5 días, pero en una oportunidad nos tocó 4 días en Barquisimeto y ni la vi de noche, porque decidió tirarse al gerente cliente nuestro, que según ella estaba buenísimo. Yo, mientras, desde la segunda noche, aproveché a la secretaria del susodicho, quien, para mi ¿¿¿sorpresa??? era la supuesta marinovia del tipo. Era una chica aventajada, sexualmente hablando. Tenía un físico destacable, pero para mi gusto, tirando a putica. Unas tetas que ella, a base de sostenes especiales, les dicen pullshop o algo así, las hacía apuntar al cielo.

    Particularmente, a mí no me gusta atentar contra la gravedad. Lo que debe estar para abajo, pues para abajo, salvo mi paloma, que me encanta verla para arriba. De resto, esas tetas que apuntan al cielo y las nalgas también, siempre resultan en una estafa, porque cuando desnudas a la dueña, las aguas vuelven a su cauce, las tetas para abajo y las nalgas caídas. Es lo natural. Diferente las anatomías de mis chicas, las maduras y las jóvenes. Jamás presumen de algo que no existe, que no tienen. Si se les nota que tienen tetas, las tienen y de verdad. Y cuando notas que tienen tremendas nalgas, las tienen. Sin necesidad de ayudas.

    Volviendo a la marinovia del gerente, aparentaba un culazo de concurso y unas tetas altas. Cuando la desnudé, esa noche, las tetas se le fueron a la barriga, que tenía un poquito y las nalgas bajaron unos cuantos centímetros. Usaba unos pantalones de una fibra parecida a las de las fajas, que subían cualquier culo caído. Y el sostén de donde salieron sus enormes tetas, parecía reforzado. Pero no importa, la niña, que tendría unos 30, follaba como una loca, gritaba de placer y quedó prendada de la anaconda. Del tiro, a la siguiente noche, se presentó con una cámara Polaroid y le sacó una foto de arriba y una de perfil, porque supuestamente, sus amigas no iban a creer lo que se había tragado. Y la condenada puso al lado de mi pene una cajetilla de cigarrillos Astor rojo, para contextualizar dimensiones. Toda una experta.

    El gerente tuvo tres noches con Ana y yo solo dos con su ¿mujer?, pero valió la pena. En el viaje de regreso, por tierra, Ana me interrogó:

    – ¿Y hablando de todo un poco, tengo entendido que te escapaste con la secretaria de Alonso? ¿Cierto? ¿Qué tal?

    – Bueno, la verdad es que el segundo día ya me iba para el hotel, cuando ella pasó en su carro y me preguntó si me podía llevar. Encantado de la vida, acepté. Y me llevó a su apartamento. Directo, sin pasar por HOME ni cobrar 200. Yo solo dormí en el hotel la primera noche.

    – ¿Y qué tal la chica? Tiene una perolera que espanta. Esa mujer tiene más carnes que la carnicería de cerca de mi casa.

    – Si, bastante magra, por cierto. Claro, usa algunos trucos para ofertar la mercancía, pantalones que le suben el culo unos cuantos grados y unos sostenes de lona reforzada con cabillas que le ponen las tetas mirando para el cielo. Cuando la desnudas, todo cae, pero sigue siendo apetitosa. No es una belleza como tú, pero es muy cogible y es una demonia en la cama.

    – ¿Más que yo?

    – No, eso es imposible. Tú eres la fiera que comanda a todas las fieras… jajaja…

    – Desgraciado, bastante que me gozas cuando te atreves… jajaja…

    – Si, claro, porque tú no gozas para nada, lo tuyo es pura sumisión. Solo das, nada que recibes ¿Cierto?

    – Bue… la verdad que contigo, todo es dar y recibir. No eres para nada mezquino, me haces gozar de lo lindo. Por eso sigues conmigo, porque si no…

    – Claro, mi trabajo no sirve para nada, yo solo sirvo para follarte.

    – No te pongas así conmigo, claro que tu trabajo sirve y no solo eso, tu amistad para mi vale mucho pero lo que te digo es que yo, a los hombres, me los pongo y luego los desecho, con una sola excepción: tú. Si no tuvieras esa capacidad que tienes, ya te habría desechado, porque siempre quiero carne fresca. Pero tú eres otra cosa. Y ya he dicho más de lo que acostumbro, así que fin de esta conversación.

    – De acuerdo. Por cierto ¿Este fin de semana vas a estar ocupada? Porque me gustaría que bajáramos a la playa, solos tú y yo, para divertirnos un poco, ya sin viajes ni trabajo.

    – De acuerdo, salimos de la oficina para allá, directo, sin perder tiempo. Vamos a cenar y luego a bailar a la discoteca nueva de Caraballeda y después… de modo que el viernes sales de tu casa con tu maletín.

    – De acuerdo, gracias.

    El viernes nos fuimos de la oficina a su casa, ella dejó su carro y subió al mío y partimos. Una hora después llegamos al apartamento y nos cambiamos, luego de media hora estábamos cenando en Las Quince Letras, como dos amigos, sin vinculaciones laborales y al terminar nos fuimos a Caraballeda, a la Smouths. Nos dieron una mesa al final, a la izquierda, en el rincón. Fantástica para meter mano sin vergüenzas. Conversamos, bailamos música variada, luego lenta, nos besamos y acariciamos con ganas, sin restricciones. Pasada la medianoche nos fuimos al apartamento, para degustarnos. Nuestra sesión de sexo salvaje terminó a eso de las 5 am, cuando caímos derrotados. Nos dimos con todo y con ganas, como si el mundo se estuviera acabando y esa fuese la última oportunidad de coger, de follar, de fornicar. ¡Qué mujer, carajo! Con sus 35 años a cuestas, follaba como una carajita de 18, pero con la experiencia de una puta de 45.

    Por la mañana, salimos a desayunar algo y regresamos a la piscina. Allí me encontré con mi querida Simona, quien hizo gala de su ya conocida discreción. Nos saludamos y ni siquiera las presenté. Pasé de largo. En la piscina estuvimos tonteando un poco, agarraditas discretas por aquí, uno que otro besito por allá, hasta que decidimos subir a darle inicio a la velada de matiné, antes de salir a almorzar. Una enculada de feria, con esa ricura. Chilló como una bestia, mientras le hacía la colita con toda la furia de que era capaz. Nada del otro mundo, solo era lo que a ella le gustaba. Verga y de la dura, mientras más, mejor.

    Creo sinceramente que si les diera así de duro a mis chicas de casa, me abandonarían. Se sentirían violadas por mí. Pero Ana Marisax era inagotable, sin límites. Ese tipo de mujeres que asustan a los hombres normales y corrientes. Yo reconozco que follar con ella era agotador y me mantenía en vilo, porque temía que si algún día la dejaba insatisfecha, me podría hasta despedir del trabajo que tanto me gustaba. Era comprometedora. Y ella no se amilanaba, siempre quería más. Por eso no había hombre que la soportara por mucho tiempo. Yo calculaba por cosas que ella me contaba y por chismes de la oficina que esa mujer se habría cepillado, fácilmente, a unos 100 hombres diferentes, yo incluido. Hasta se sospechaba que había un conocido maricón del ambiente de nuestro trabajo, un hombre muy amanerado, de unos 50 años, al que Ana supuestamente habría violado.

    Por la noche, cena y discoteca, luego, más de lo mismo, mucho sexo fuerte, duro.

    Pero en la mañana sucedió algo que me dejó asombrado. Después de un polvo mañanero, salimos a desayunar, después a caminar por el boulevard y llegamos a la plazoleta del final del mismo. Nos sentamos en el mismo banco donde el año pasado me sentara con mi mami y comenzara todo y me tomó de la mano, se la apretó al pecho y me dijo:

    – Tito, mi amor, yo estoy consciente que soy una mujer dura, competitiva, que en el sexo soy una devoradora de hombres, sé que hay muchos comentarios sobre mí, no solo en la oficina, sino en todo el edificio donde está nuestro Gabinete. Se dice que yo no tengo alma o corazón, que solo me gozo a un hombre, lo boto y busco al siguiente. Que en el área de nuestro trabajo, soy un tiburón asesino, hambriento. Pero quiero que sepas que yo no era así. Cuando estaba entrando a la universidad, era una persona tranquila, muy crítica en algunos aspectos, pero apacible como mujer. Me enamoré de Javier, pero no era para mí, porque era de mi amiga. Luego, lo que te conté, ella lo vejaba, él se enteró y no por mí, te lo juro y la dejó. Luego nos encontramos y él me enamoró. Me pintó un cuadro tan hermoso que dejé a un lado mis costumbres conservadoras, por instancias de él y nos fuimos a vivir juntos. Yo estaba en la gloria. Amaba a ese hombre. Vivimos un idilio de un poco más de 3 años, hasta que la desgraciada de Celeste, su ex novia, mi amiga de bachillerato y de la universidad, le metió aquel strike. Eso me mató, ver al hombre que yo amaba convertido en un pelele. Lo hizo casarse con ella y darle su apellido a un bastardito, a un hijo de un vivo que la preñó y escurrió el bulto. Mira, si Javier hubiera estado consciente que aquello era como en realidad era y sin embargo él, por amor, la hubiera desposado y le hubiera aceptado a su hijo, yo lo hubiera aceptado. Bien, si ella es mejor que yo, que sean felices. Pero no, lo engañó como a un niño. ¿Sabes de algún bebé ochomesino? Bueno, el “hijo” de Javier. Si, eso me desencantó tanto, que para mí los hombres se convirtieron en dos grupos claramente diferenciados. Uno, los vivitos que son capaces de preñar a cualquier mujer y sin ningún vestigio de principios o de moral, decirle que se vaya a la mierda con su bastardo y dos, los imbéciles como Javier, que son susceptibles de ser manipulados por las Celestes del mundo y criarles a sus bastardos, sin jamás darse cuenta que los engañaron. Estoy que me muero, Tito, porque lo peor es que creo que sigo enamorada de ese idiota. Tú, afortunadamente, no entras en ninguno de esos dos grupos. Ni creo que seas como el primero ni mucho menos como Javier. Tú eres un hombre diferente. Macho, varonil, con una buena verga, buenísima, honrado, honesto, inteligente, incapaz de mentir, lo sé, me consta. Familiar, sé que tienes a cuatro mujeres maravillosas en tu vida y te desvives por ellas, tu madre, tus hermanas y tu tía y las respetas y las amas. Por eso sigo follando contigo, porque tú eres la revancha para ese desprecio que siento por la mayoría de los hombres. Ojalá nunca cambies para peor. Cuando te gradúes, tendrás tu lugar a mi lado en la empresa. Ya lo he conversado con Herman, nuestro protector y mentor. Serás mi asistente formal. Y espero que sigas siendo mi amante, porque la verdad es que verga como la que tú me das, nadie más me ha dado. Y mira que soy exigente y que me he follado a unos cuantos.

    – Te agradezco tus comentarios, haberme abierto tu alma. Eso significa mucho para mí. Te aprecio y te respeto como profesional y como persona, incluso como hembra. Nunca he conocido a una mujer tan directa como tú. ¿Sabes que metes miedo? Jajaja. En la oficina casi todos te temen. ¿Y sabes que nunca me había tropezado con una hembra tan exigente como tú? Me dejas exhausto cada vez que nos encontramos. Te soporto porque tengo juventud, pero me imagino a un hombre de más de 40 contigo, le podría dar un infarto. Jajaja.

    – Lo dirás en broma, pero ya me pasó. Un amigo de 38, conocido de muchos años, un hombre sano. Empezamos a follar un viernes por la noche, en su apartamento y el domingo en la mañana le dio el infarto. Tuve que llamar a los bomberos de Chacao, llegó la ambulancia y se lo llevaron. Se salvó de vaina, pero desde entonces me cogió miedo… y yo a él.

    – ¿Y a cuantos, si no es excesiva mi curiosidad?

    – ¿A cuántos qué?

    – A cuántos te has tirado, me acabas de decir que a unos cuantos.

    – Ahhhh, como a… más de 50, creo, no los cuento. ¿Y tú?

    – Quizás unas 20, no más. Tampoco las cuento, pero yo casi no hecho polvos aislados, “de aquí te pillo, aquí te mato”, como dicen los españoles. No, a mí me gusta conquistar, seducir, saber a quién me voy a coger. La seducción es un deporte para mí y me gusta practicarlo. Especialmente con mujeres maduras, por las razones que ya una vez te comenté. Con un pene como el mío, la seducción de mujeres jóvenes resulta un fracaso o quizás requeriría de un esfuerzo descomunal, nada equiparado a resultados posibles. No, prefiero las mujeres maduras, la experiencia. Después de todo, ¿a quién le va a gustar desflorar a una carajita virgen con aquel miedo, aquellos lamentos, cuando te puedes disfrutar a una hembra como cierta mujer que yo conozco, que te hará gozar como un macaco? Te advierto, estoy suponiendo cosas, porque nunca me he tirado un virguito, pero si he estado a punto y la verdad es que no tiene nada de gozoso. No al menos para mí.

    – Jajajaja, eres un coñoemadre completo, con todo y ropa. Vámonos para el apartamento, que necesito que me rompas el culo, como dicen los españoles.

    Llegados al apartamento, Ana se desnudó y me dijo al oído, como si fuese necesario para que nadie la oyera:

    – Allá te dije para que me rompieras el culo, pero era un decir. ¿Sabes que quiero realmente? Que te imagines por un momento que soy una chica que te gusta mucho, que estás enamorado de mí, alguien que te mueve el piso, me seduzcas y me hagas el amor. Todo diferente a lo que solemos hacer. Quiero que me hagas sentir que soy una mujer decente y buena a la que vale la pena conquistar y amar en consecuencia. ¿Serás capaz?

    – Cambio de roles, de gozones a enamorados. Pan comido, pero no respondo si no quedas satisfecha.

    – No te preocupes, será mi responsabilidad, no tuya.

    Empecé por pedirle que se volviera a poner el bikini y el pareo. Luego salimos a la terraza a sentarnos al fresco y empezamos a besarnos dulcemente, suavemente, sin prisas. Saqué todo mi repertorio de cursilerías, ya sabes, las que siempre le aplico a mami y que tanto beneficio me han traído y empecé a decirle lo bella que era, que no era falso, lo dulce que era, tremenda mentira y así sucesivamente. Algunas cosas le cuadraban, otras era obvio que por allí no fumeaba. Poco a poco aquella mujer fue dejando caer su coraza al piso y logré que abriera un poco su corazón, que suponía que mantenía oculto allá, en el fondo de su pecho. Empecé a ensalzar sus atributos físicos, que tenía y muchos, hasta sus deditos de los pies, que estaban para chupárselos y alguna vez había pensado en hacerlo pero nunca me atreví. Vamos, que con ella todo era fuerte, duro, salvaje. Pero ahora el reto era hacer lo contrario. Una hora después la había dejado tan azucarada que las hormigas se la iban a comer si no me adelantaba, así que empecé a subir de nivel mis caricias y mis palabras al oído. Finalmente, antes de irnos a la habitación para cogerla como se debe coger a una dama, le fui quitando sus escasas prendas. Primero, el top del bikini. Me engolosiné con sus bellas tetas, de cierto volumen, quizás como las de Ana y Andrea. Regulares areolas y pezones más bien pequeños pero suculentos. Y a ella le gustaba que se los mordiera, pero no, solo mordisquitos suaves esta vez. Besaba sus volúmenes por todos lados, especialmente por debajo, donde la piel de la teta contacta la piel de la panza. Esa zona era divina. Luego bajé a su lindo ombligo, algo que cuando es bonito me gusta mucho, pero que pocas mujeres lo tienen como las mías. Le metí la lengua, como tratando de abrirlo. De seguidas, le bajé lentamente el tanga, hasta sacarlo por los pies y me lo llevé a la nariz y aspiré su aroma de mujer ardiente. Estaba muy mojado.

    En ese momento, la levanté en brazos para llevarla a la habitación y la dejé sobre la cama, suavemente. Por el camino, venía besándola con cariño, sin ese ardor que acostumbrábamos.

    Acostada ya, le comencé un cunnilingus como los que le hago a Sugey, para lo cual me concentré en pensar que era a ella, mi mami, a la que se lo hacía. Me esmeré y valió la pena. Al poco rato, estaba chillando bajito y se mandó un orgasmo espectacular, largo y poderoso. Su cuchara no era ni remotamente tan bonita ni deliciosa como la de Sugey, ni como las de ninguna de mis chicas, pero me salió bien. El poder de la mente. A esas alturas del partido, decidí que un 69 vendría bien, la monté sobre mí, siempre con movimientos exentos de violencia o apuros. Le pedí gentilmente que me diera placer mientras yo hacía lo propio. La coñoemadre se afincó y me dio una mamada de las más poderosas que ella me hubiera dado jamás y me hizo acabar. Pero ella también lo logró. Íbamos bien, aunque ella jugaba sucio.

    Me acosté para aplicarle mi tratamiento post coito, caricias, palabras dulces, vaya, darle atención verdadera, que no sienta que ya me la tiré, ya le doy la espalda y me duermo.

    Cuando mi mejor amigo regresó de la mamada y se mostró suficientemente erguido, la preparé para penetrarla en Misionero. Lo hice lentamente, tratando que sintiera en las entretelas de su vagina el paso firme y sereno de mi arma, hasta que topé a fondo. Por cierto, a ella no le entraba todo mi pene. Quedaban fuera unos dos o tres centímetros. Ella lo sentía en la cérvix. Algo así como tocando a las puertas de su útero. Tum, Tum, ábrase la puerta que aquí vengo yo. Sus gemidos eran fuertes y agradables. Música para mi ego.

    Empecé el mete y saca de rigor, suavemente al principio, aumentando la regularidad, variándola de pronto, sin aviso, sacando la casi totalidad del pene y penetrándola enseguida, tan profundo como fuese posible y otra y otra vez. Así logró su primer orgasmo de esa cópula. Seguidamente la puse en cuatro patas, Perrito y la penetré rápidamente, pero con cuidado. Entró suave hasta el fondo y sus gemidos me informaban que todo iba bien. Una vez que acabó, ruidosamente, cual puta de película porno –ella seguía jugando sucio– me salí, me acosté en su lugar y suavemente la invité a cabalgarme. Ella se posicionó sobre mí y se lo clavó totalmente, hasta donde le cabía. Entonces yo empecé un mete y saca desde abajo y ella su cabalgata infernal. Momento para pedirle mesura:

    – Mi cielo, en vez de brincar y botar como una jinete, mueve tus caderas adelante y atrás, a un lado y al otro, arriba y abajo, pero sin brincar. Trata de darme placer a mí y obtendrás el tuyo.

    – De acuerdo, es que se me sale la puta loca.

    Así hizo, tal cual como le pedí y comenzamos un ejercicio que nos resultó delicioso. Cuando finalmente notábamos que llegábamos a nuestras cimas del placer, ella apretó sus músculos vaginales y yo le apreté las nalgas. Ella primero y yo enseguida, explotamos. Cuando ella se medio recuperaba, se recostó de mi pecho, con mi miembro dentro de ella aún, para descansar un poco. Allí yo retomé mi técnica del post coito, caricias, palabras dulces al oído, abrazos y besos suaves, sin pasión, pero con cariño.

    Cuando ya estábamos listos, satisfechos y ya higienizados adecuadamente, comentamos:

    – ¿Qué tal, te pareció bien o fue demasiado zanahoria para tu gusto?

    – Excelente, mi amor, no recuerdo la última vez que alguien me haya hecho el amor. Lo mío siempre, después de Javier, ha sido fornicar. Eres un hombre muy dulce, gentil y lo que me hiciste lo hiciste con maestría. Si yo no fuera la mujer que desgraciadamente soy, me enamoraría de ti. Me encantó, tanto que de ahora en adelante tenemos que hacerlo así, para que me hagas sentir que todavía queda algo bueno dentro de mí. Eres un artista, un romántico. De esos ya no quedan mucho. Hasta estaba pensando en lo que me gustaría que tú me preñaras. Si algún día decidiera tener un hijo, me gustaría contigo. Eres muy lindo, me harías un bebé precioso… y si fuese varón, hasta saldría bien dotado… – me soltó esa, muy divertida ella.

    – Por favor, mucho cuidado con eso, nunca me engañes. Yo follo a pelo contigo porque confío en ti, plenamente. Solo contigo lo hago, de resto, siempre con condón. Pero no me falles. Tener un hijo no es un juego. Debe ser algo de acuerdo entre dos y pienso que con amor en el medio. Estoy hablando muy en serio, Ana Marisax. – le dije con voz, cara y gestos de suma seriedad.

    – No te molestes, mi amor, jamás te engañaría. Yo nunca me he planteado tener hijos, pero la estaba pasando tan deliciosamente contigo que hasta me pasó la idea de que me preñaras. Sería hermoso tener un hijo tuyo, pero fue solo una idea, si algún día lo decidiera, te lo diría sin engaños. Si aceptaras, bien y si no, nada. Tito, confía en mi como yo en ti, por favor.

    Continuará…

  • Mi esposa rompe las reglas (IV)

    Mi esposa rompe las reglas (IV)

    Ceci, mi esposa, me había entregado una lista con todas las personas que quería cogerse antes de terminar el año. Me pidió que tachara los que no quisiera que se la cogieran y si quería podía elegir el contexto del encuentro y si quería participar o no.

    La lista era de 15: 6 mujeres y 9 hombres. Eliminé de inmediato los amigos cercanos de la lista, no quería situaciones incómodas. Quedaron 4 mujeres y 5 hombres:

    Gina: Amiga mía del trabajo.

    Robert: Compañero de su trabajo.

    Mauricio: Compañero de su trabajo.

    Harold: Un primo suyo.

    Victor: Compañero de su trabajo.

    Marcela: Compañera de su trabajo.

    Hector: Antiguo compañero de la universidad.

    Diana: Antigua compañera de la universidad.

    Rosa: Compañera de su trabajo.

    Busqué mi beneficio en el hecho de que mi mujer estuviera accediendo oficialmente a follar con 9 personas por fuera de nuestra relación. Le pedí que en los casos de las 4 chicas el encuentro debía ser un trío en el que yo participaría activamente. Sobre los hombres no tuve ninguna objeción, que hiciera lo que quisiera. A mi me servía también porque serían 5 favores sexuales a los que tendría derecho en algún momento, unos comodines de los que sacaría provecho.

    Ceci no tardó en activarse para hacer check sobre cada personaje de la lista final. Me preocupaba un poco que la mayoría eran compañeros de trabajo, gente que frecuentaba a diario. Ya ella había dado muestras de sucumbir fácilmente a situaciones perversas y sentía que mi esposa terminaría por romper las reglas una vez más.

    Robert fue el primero. Era lunes al mediodía, tiempo de descanso después del almuerzo. Yo estaba sentado haciendo la digestión cuando me llegó un mensaje por whatsapp. Un pack de 5 vídeos empezó a cargar. Ceci se había desplazado con Robert hasta un motel cercano, las luces de neón en los videos evidenciaban el lugar en el que se encontraban. Abrí el primer video.

    ¡AAAHHH!

    Un grito irrumpió. Bajé el volumen. Era un plano abierto, Ceci había colocado el teléfono sobre alguna superficie a un par de metros de la cama. Pude ver como un tipo alto y fornido sujetaba las caderas de mi mujer y le asestaba continuos embates desde atrás follandosela en cuatro. Ella llevaba un tanga blanca corrida sobre una nalga, él le jalaba el cabello mientras ella se sujetaba de las sábanas de la cama. Se veía delicioso.

    El segundo video era un plano cerrado de la cara de Ceci mientras devoraba el falo enorme del tal Robert. El tipo empujaba su cabeza bruscamente y su falo se encajaba en la garganta de mi mujer. Duraba unos 25 segundos así.

    El tercer video tenía el mismo ángulo del primero, pero esta vez mi esposa estaba con las piernas abiertas y al aire mientras el sujeto se la follaba golpeando sus huevos depilados sobre el coño de Ceci. El cuarto video lo tomó él desde arriba mientras se la follaba en cuatro.

    El quinto video era un primer plano de la cara de mi mujer cubierta de espeso semen derramado sobre su boca, su nariz, su frente y su cabello. Ella sonreía mientras limpiaba los remanentes de leche de la verga del tipo.

    Fui directo al baño y me masturbé viendo los videos. Después le escribí.

    ¿Cómo estuvo? – escribí.

    Uffff baby estuvo delicioso, ¿Viste todo?

    Sí amor, me tocó pajearme porque estaban muy buenos los videos

    Jajaja ay amor, que rico. La verdad me gustó, me clavó deli

    Me alegra amor –

    Gracias mi amor, te compensaré esto, lo sabes

    lo sé

    El martes ocurrió lo mismo pero con otro tipo, Mauricio. No era tan imponente y fornido como Robert y tampoco ocurrió en un motel. Me llegó un solo video con un plano un poco aparatoso de Ceci cabalgando la verga del tipo en la parte trasera de un automóvil.

    ¿Cómo estuvo? – Le escribí.

    meeeh… malo… se vino muy rápido

    Mala suerte

    No debería contar, no lo disfruté tanto

    Claro que cuenta… te metió la verga, eso cuenta

    mmmmm … ok

    Miércoles. Turno de Victor. Luces de neón, un jacuzzi, un ventanal con vista sobre la ciudad. Victor era un jefe así que no hubo prisas de horarios de almuerzos, los videos me llegaron tipo 3 de la tarde. 3 videos.

    Descargué el primero. Ceci estaba arrodillada en lo que parecía una tina. En su cuello tenía un collar rojo con una placa que decía algo pero que no se alcanzaba a leer. Un par de segundos después aparecía este tipo alto, delgado y canoso. Se colocaba en frente a mi esposa, tomaba su verga y empezaba a orinar. Todo el líquido caliente caía sobre las tetas de Ceci.

    Video 2. Primer plano de la cara de mi esposa con un juguete sexual en su boca. Era una bola entre sus dientes con una correa que se amarraba detrás de su cabeza. El video transcurría entre gemidos ahogados por el juguete y una lágrima que resbalaba del ojo izquierdo de Ceci. No sabía que le estaba haciendo el sujeto aquel.

    El tercer video era mi esposa tendida en la cama. Victor viajaba con la cámara del teléfono sobre el cuerpo de Ceci hasta llegar a su culo. La mano del tipo apareció para separar las nalgas de mi esposa y develar un ano del que brotaba líquido viscoso blanco.

    ¿Cómo te fue? – Le escribí.

    Amor me duele el culo. La tenía grande y me la metió por detrás muy brusco –

    ¿Quieres que vaya?

    No, estoy bien, no me puedo sentar sino de ladito pero estuvo bien

    ¿Lo repetirás?

    no lo sé, creo que no

    Con Marcela la cosa no fluyó hacia lo sexual inicialmente. La chica era una hermosura delgada de cabello castaño con piernas largas y un par de nalgas duras que se dibujaban perfectas en el uniforme del trabajo. Sin embargo no tenía gusto por otras chicas ni intención de entregar sus atributos sin nada a cambio. Para que Marcela accediera a acostarse con nosotros tuvimos que hacer una oferta financiera.

    Finiquitada la negociación acordamos con Marcela un trio sexual que incluia sexo vaginal y anal por 4 horas en el lugar de nuestra preferencia. Escogimos nuestra casa. Marcela llegó tipo 7 pm del sábado. Traía un vestido azul de lentejuelas, un pequeño bolsito blanco y un peinado de salón de belleza, una diosa. Ceci me había dicho que quería tirar con ella porque le parecía muy elegante y fina. Claramente lo era.

    La invitamos a seguir a nuestra sala, destapamos un buen vino y sacamos algunos pasabocas y nos dimos a charlar. Marcela tenía una prosa envolvente que combinaba a la perfección con sus piernas largas. Los tragos hacían efecto y pronto estuvimos los tres sentados en nuestro sofá, Marcela en la mitad. Nos deshicimos en elogios para con ella y entre risas Ceci introdujo su mano bajo la minifalda de Marcela. Vi como mi esposa se arrodillaba frente a nuestra invitada, levantaba sus piernas a media altura y retiraba un hilo blanco de encaje que me entregó como ofrenda de victoria.

    Ceci la besó en la vagina, en los labios, en los pechos. Pero por alguna razón perdió el interés rápidamente.

    Toda tuya amor – dijo.

    Mi interés estaba al tope. Apenas corrí el diminuto vestido de Marcela para encajar mi falo afanoso en ella. Retiré su ropa para descubrir un cuerpo largo y delgado. No era un cuerpo de esos de gimnasio, más bien parecía una de esas personas afortunadas genéticamente que no engordaban a pesar de que comieran porquerías todo el día. Pensé que debido a que aquello era un negocio, una transacción, ella estaría indiferente, pero no fue así.

    Uy que ricooo! – dijo Marcela cerrando los ojos.

    Yo miraba su hermoso rostro mientras taladraba su fino coño. Ceci estaba sentada en un sillón de nuestra sala viendo su teléfono celular algo indiferente a lo que estaba pasando allí.

    Tengo sueño, voy a dormir. Me acostaré en el cuarto de invitados para que tengan espacio para lo que quieran – Dijo Ceci después de un rato, se levantó y subió las escaleras.

    Le di la vuelta a Marcela y la puse en cuatro. Amasé sus nalgas mientras le penetraba por el coño.

    ¿Qué le pasó a Ceci, no era un trío?- Me dijo Marcela.

    No lo sé la verdad… pero mejor… más para mí- Respondí.

    y para mi jejeje – dijo ella.

    Nos interrumpió el timbre de un teléfono. Marcela salió de su trance y se estiró a alcanzar su bolso sin perder su posición frente a mi. Me miró y poniendo su dedo índice sobre sus labios me indicó que hiciera silencio.

    Hola mi amor! – Respondió su llamada mientras seguía moviéndose en cuatro.

    Aún acá en la reunión, esto está tardando

    Creo que un par de horas más amor, yo te aviso

    Claro que sí bebé, estamos varios del equipo, yo te aviso

    Colgó su teléfono y lo lanzó hacia su bolso.

    ¿Tu esposo? – pregunté.

    Sí, cree que estoy en una reunión

    Aquello me encendió, que aquella hermosa mujer estuviera ahí a mi merced por unos buenos dólares haciéndole el cornudo a su esposo me pareció delicioso. Decidí aprovechar el regalo que me había dado mi esposa, saqué mi verga de su chocho y fui a servir un par de copas de vino.

    ¿Por qué aceptaste esto? – le pregunté.

    Me pareció divertido, además, unos pesos extra no están demás. Y bueno, ya te habia visto, me pareces simpático, es un gane por todo lado –

    ¿Y tu esposo?

    ¿Qué pasa con mi esposo?

    Le estas siendo infiel

    Sí, bueno, sé que no está bien pero eso también es divertido. Y estoy segura que él me ha sido infiel más de una vez. La verdad es que su propuesta fue muy directa y particular, me pareció interesante, la gente generalmente no es tan franca.

    Me gustó cuando le hablaste mientras tirábamos

    jajaja ufff sí… a mi tambien… ¿Quieres que lo llame?

    Marcela tomó su teléfono y se subió encima mio. Con la mano que tenía libre agarró mi verga y la ubicó justo debajo de coño para ensartarse de una sentada. Liberó un gemido, me dio un beso y empezó a moverse. Marcó un número en su teléfono y se lo llevó al oído.

    hola mi amor – dijo iniciando la llamada mientras se movía sobre mí y me miraba directamente a los ojos.

    Sí mi amor, aún en la reunión, hicimos un break… ¿Qué haces tú?

    Ya me la vi, es buena

    Es que estoy subiendo unas escaleras y se me va el aliento mi amor. Ya voy a entrar a la reunión, te llamo en un rato – y colgó.

    Aquello nos prendió y follamos duro como animales. La llevé a la habitación principal. La puse en cuatro sobre mi cama y empecé a darle.

    Llama a tu esposo – le ordené y lo hizo.

    Hola mi aamor – dijo entre gemidos.

    amooor es que… aaah!

    no, es que… es que aaahhh… amor me estan follando muy rico

    lo sé pero es que… ufff aaahh

    Yo no pensé que llegaríamos al extremo de revelar toda la situación, ella solo se dejó llevar. Colgó, terminamos de tirar. Eyaculé sobre su espalda. Me pidió prestado el baño, se duchó, se vistió y me pidió que le pidiera un taxi. Así terminó aquello.

    El siguiente en la lista era Hector. Un viejo compañero de universidad de Ceci con quien había tenido una fugaz relación juvenil que nunca pasó de los besos. Me decía que aquello le rondaba la mente, que siempre tuvo la duda de como sería tirar con aquel tipo.

    Era sábado y salimos a tomar algo en un bar. Ceci había acordado un encuentro con Hector a eso de las 10 pm cuando el sujeto hubiese dejado a su novia en su casa. Mientras tanto nos divertíamos bebiendo y hablando. Ella llevaba un vestido verde oliva ajustado al cuerpo con una minifalda arriba del punto medio de sus muslos, sin ropa interior. Decía que le excitaba.

    Nos sentamos en una mesa con unas sillas altas. A un par de mesas de distancia había un sujeto que no dejaba de mirar a mi esposa a pesar de estar acompañado de quien parecía su pareja sentimental. No lo culpo claramente, Ceci estaba despampanante. Ella lo notó y me lo dijo.

    No tengo nada debajo amor, ¿tienes problema en que le muestre un poco? – me preguntó Ceci.

    para nada… no me molesta que en un par de horas vas a estar tirando con un viejo amigo… mucho menos esto

    Ceci se acomodó en la silla quedando de frente al sujeto en cuestión. Hablándome casual como cualquier cosa separó sus gruesos muslos y estiró sus brazos hacia arriba como quien estira los músculos en la mañana. El tipo no ocultó la sorpresa cuando pudo ver el chocho de mi esposa dentro de aquella diminuta prenda de vestir. Se quedó así por un minuto, luego cruzó sus piernas, se volvió hacia mí y no volvió a prestar atención al tipo.

    Hola, ¿Puedes hablar? – Recibí un mensaje de Marcela.

    Sí, ¿Cómo estás? – Respondí.

    ¿Podríamos vernos?… necesito hablar con alguien

    Cómo sabía que era cuestión de tiempo para que mi esposa me dejara solo y se fuera a cumplir una de sus fantasías, le dije a Marcela que estaría libre en una hora y acordamos un punto de encuentro en un bar. Se lo comenté a Ceci, no le gustó mucho pero no tenía argumentos para prohibir aquello.

    Espero que no termine como con Laura – Me dijo.

    A las 10 de la noche nos despedimos. Ella tomó un taxi y yo tomé nuestro auto con dirección al punto de encuentro con Marcela. Al llegar estacioné y me adentré en un bar oscuro con luces y humo. Marcela me había dicho que estaba ubicada en una mesa al fondo del lugar. La vi, llevaba un vestido blanco de tiras en los hombros y con falda a las rodillas, también llevaba unas gafas oscuras, cosa curiosa en aquella oscuridad. Pronto descubrí el motivo.

    Ernesto me echó de nuestra casa… la llamada del otro día… no lo soportó – Me dijo.

    Lo lamento, no esperaba que pasara esto… yo no pensé…

    Está bien, se lo merecía, pero mira lo que me hizo además

    Se quitó las gafas. Tenía un ojo morado fruto de un certero puñetazo que su esposo le había propinado.

    Deberías denunciarlo – le dije.

    No importa, eso se acabó, y está bien… lo que quiero es una pequeña venganza.

    Cuéntame más

    Ernesto no soportó que yo follara con otro hombre, le carcome que alguien haya tocado a su purísima esposa… ja! Siempre pensó que fue el primero y el único. No es así pero se lo hice pensar. Ya sé que lo nuestro se acabó, pero quiero desquitarme. ¿Tendrías un par de amigos para me follaran entre todos y mandarle unos videos?

    Tenía como 50 tipos que hubieran accedido fácilmente. Llamé a dos conocidos y les planteé la situación mientras les enviaba un par de fotos de Marcela para que supieran que empresa se estaban embarcando. Ninguno titubeó.

    Acordamos un encuentro en un motel. Marcela y yo llegamos primero y pedimos la habitación presidencial, un sitio espacioso dotado de todos los juguetes que el lugar podía ofrecer. Marcela dejó caer su vestido, su cuerpo delgado y elegante se contoneó mientras caminaba hacia la ducha. Dejó caer su ropa interior y se adentró para bañarse con agua caliente.

    En un lapso de 10 a 15 minutos llegaron mis dos amigos. Casi no pudieron responder cuando Marcela se acercó desnuda para presentarse.

    Mucho gusto. Este es mi número, porfa tomen fotos de todo y me las envían – Nos dijo.

    Acto seguido se arrodilló frente a los tres, desabrochó mi pantalón y mis amigos entendiendo el mensaje desabrocharon los suyos para revelar sus armas. Marcela tomó mi verga y la de uno de mis amigos con cada mano y al que estaba ubicado en la mitad le abrazó el falo de un bocado. Nos mirábamos incrédulos.

    Eh chicos… despiertos… las fotos – Nos dijo sacándonos del shock.

    Sacamos nuestros teléfonos y empezamos a tomar fotos como si no hubiera un mañana. Yo tenía cierta habilidad para el encuadre así que logré unas tomas muy interesantes. Pasados unos minutos de aquello Marcela se levantó y caminó hacia su bolso, sacó su teléfono y tras una rápida inspección de las fotos tomadas le envió todo el material a su ahora ex-esposo.

    Nos quedamos parados allí como idiotas sin saber qué hacer. Marcela volvió a nosotros, tomó a uno de mis amigos y lo tendió boca arriba en la cama. Le indicó a mi otro amigo que pusiera frente a ella para chuparle el pito…

    Amor… ¿Me podrías dar por el culo? – Me dijo.

    Al principio tímidos pero fuimos tomando confianza y aquello se volvió un disfrute. Aquella diosa gemía con la boca llena por la verga de mi amigo mientras los otros dos taladrábamos sus agujeros con audacia. No tuvo que recordarnos las fotos, desde el primer instante empezamos a capturar el momento.

    Sentí que llegaban unos mensajes a mi teléfono que vibraba dentro de mi pantalón olvidado en una mesa. Me alejé del grupo por un momento con un presentimiento. Eran mensajes de Ceci, los respectivos videos de su aventura. Eran 3.

    El primero duraba 3 minutos y era básicamente mi esposa arrodillada en el suelo mamando la verga del tal Hector, un tipo alto y moreno. Ceci asomaba sus nalgotas mientras chorros de baba caían de las bolas del tipo. El segundo me sorprendió con un grito de Ceci, su cara enfrente de la cámara mientras Hector le daba en cuatro, 2 minutos de mi esposa gritando de placer por la verga de su viejo amigo. El tercer video era genial. Estaban los dos dentro de un Jacuzzi, el cuerpo de él estaba sumergido en el agua con burbujas, Ceci estaba sentada sobre él y sus nalgas aparecian y desaparecían entre el agua.

    Siempre soñé con esto, no sé como nunca la hicimos cuando salimos – dijo Hector.

    Papi éramos jóvenes, ahora somos adultos, ¿Te gusta? – Respondió ella.

    Mucho, estas deliciosa

    ¿Te gusta mi culito?

    mucho Ceci

    ¿Me metes un dedito?

    El video duraba 12 minutos y terminó en una bestial penetrada anal, primero fue un dedo, luego dos y finalmente el tipo se puso de rodillas y la ensartó allí mismo.

    No me quedaría atrás. Volví al culo de Marcela y grabé un video, se lo envié a Ceci junto a algunas de las fotos que había tomado previamente. No hubo respuesta inmediata, estaba ocupada.

    Marcela nos pidió que eyacularamos sobre su cara los tres. Nos posicionamos frente a ella arrodillada en el suelo y nos pajeamos con convicción. Fui el primero en descargar muy motivado por los videos de mi esposa siendo follada en algún lugar de la ciudad. Lo capturé en video. Los otros dos no tardaron mucho y también soltaron gruesos chorros de semen sobre la cara, el pelo y los pechos de Marcela. Tomamos muchas fotos.

    Despues ella se levantó, se dirigió a la ducha y tras un par de minutos salió envuelta en una toalla. Yo hablaba amenamente con mis amigos sobre aquello, increíble.

    Amigos, de verdad fue divertido, muchas gracias, pero quisiera pedirles que se vayan, excepto tú – Dijo dirigiendose a mí.

    Mis amigos se fueron. Marcela me invitó a la cama y empezamos a besarnos. Sacó su teléfono y me lo entregó para que viera la conversación con su ex-esposo.

    ¡¡¡Maldita perra enferma!!! ¿cómo has sido capaz? Después de todo lo que he hecho por ti- Escribía iracundo su ex-esposo en un mensaje posterior a un pack inmenso de fotos de todo lo que había ocurrido.

    Nunca fui tu mujercita perfecta Ernesto, esta es la que soy

    Eres una enferma, eso es lo que eres –

    Crees que no sé de todas las veces que me fuiste infiel, yo solo era tu mujer florero… pues mira lo que hago y me encanta –

    Puso el teléfono a un lado y se intensificaron nuestros besos. Su mano bajó y agarró mi verga y fue tomando tamaño rápidamente. Me puse encima de ella y la penetré profundamente. Tras un rato así escuché mi teléfono vibrar, era Ceci.

    Uf ¿Que es eso? yo quierooo – Me escribió.

    es una larga historia. ¿Cómo te ha ido?

    Muy bien, delicioso, ahora mismo me está dando, uffff. ¿De dónde salió toda esa gente?

    Te repito que es una larga historia, cuando termines me llamas ¿ok?

    Claro amor.

    Llevé a Marcela a un sillón en un rincón del amplio cuarto, se arrodilló allí y empinó su culo fino. La tomé por detras.

    Ufff papi rompeme el culito!- me dijo mientras se la encajaba en el culo.

    que perfecta eres amor. No me lo creo que te tengo para mi

    Toda para ti mi amor, este culito es tuyo, ya no es de él, es tuyo

    Destrocé con sevicia el ano de Marcela hasta dejarlo colorado. Fuimos a la cama, nos recostamos, aun no me venía así que estaba empalmado.

    Llamemos a tu ex – Le dije.

    Me sonrió malvadamente y se levantó a buscar su teléfono. Volvió a la cama, se puso en cuatro y me dijo – Por el culo de nuevo

    Inició una videollamada, timbró tres veces y contestaron del otro lado. Era la primera vez que veía a Ernesto. Un tipo de unos 50 años con un traje negro impecable, cabello negro cuidadosamente peinado hacia atras y un pañuelo rojo en el bolsillo del pecho.

    ¡Mira hijo de puta, me están dando por el culo! ¿Te acuerdas que a ti te decía que no porque me dolía? ¡Pues era porque no te lo quería dar! Pero aca estoy con mi amante aaah y me la está metie… ahhh!!! metiendo por el culo hasta las bo ahhh! hasta las bolas!- Le dijo entre jadeos mientras le daba por detras.

    Maldita loca, te juro que me vengaré, te voy a buscar a ti y a tu puto

    Pues busca bien, de pronto nos encuentras follando bien rico y aprendes un poco como se atiende a una mujer

    Hija de puta

    Cuando esté por termi aaaah! por terminar… ahhh! se la voy a co aaah! a comer toda para tragarme su leche

    Ernesto colgó la llamada. Y, efectivamente, Marcela consumió cada mililitro de mi fluido cuando llegó el momento. Tomamos un baño y nos vestimos.

    Debo confesarte algo – Me dijo mientras nos subíamos al auto.

    Lo que sea amor

    No tengo donde quedarme. He estado con una amiga y su esposo por un par de días pero no me puedo quedar más

    Puedes quedarte con nosotros por un tiempo – Concluí.

    Me dirigí a mi casa vaticinando un problema con Ceci. Si ella solía romper las reglas excediéndose con nuestros acuerdos, yo ya tenía un patrón de romper las reglas involucrándome demás. Estacioné el auto y nos bajamos. Ceci no llegó esa noche. Marcela durmió en el cuarto de invitados.

    A la mañana siguiente mientras preparaba mi desayuno y aún con Marcela durmiendo la puerta de la entrada se abrió, era mi esposa.

    Amor, perdón, me quedé dormida – Me dijo colgando las llaves.

    Todo bien amor ¿Te divertiste?

    Ufff sí, fue un polvo muy rico… ¿viste los videos?

    sí… ¿viste los míos?

    ufff sí… tienes que contarme que pasó… se me antojó eso

    Ya te contaré… pero para empezar debes saber que Marcela está durmiendo en el cuarto de huéspedes

    ¿la trajiste a tirar acá?

    no, su esposo la echó de la casa, no tiene donde quedarse. ¿Está bien si se queda por unos días mientras decide qué hacer?

    ¿Te la follarás verdad?

    Probablemente cariño

    Está bien, pero solo por unos días

    sí, solo por unos días

  • El hacerlo no te hace gay

    El hacerlo no te hace gay

    En este mundo de experiencias y fantasías a veces esas fantasías se cumplen y otras no y es quizá porque aún tenemos ideas en la cabeza bien o mal infundadas, mismas ideas que hasta la edad adulta se quedan y muchas veces no las vivimos por el temor al que dirán, al y si me hago gay o si me hago lesbiana, al final de todo creo que la vida se hizo para disfrutarla y para ser vivida como uno quiera siempre teniendo en cuenta la propia seguridad y la madurez de saber que cada acción trae consecuencias.

    Mi caso no es diferente a pesar de que no soy guapo y tampoco son muy dotado gracias a la vida he logrado satisfacer a un número considerable de damitas y de todas ellas guardo algún buen recuerdo mismo que se va a ir conmigo hasta que trascienda de este plano terrenal, de igual forma he logrado vivir un par de experiencias que me gustaría contar y que han sido también muy placenteras y satisfactorias.

    Al día de hoy me encuentro felizmente casado y aunque el sexo en casa es muy bueno hay un par de experiencias que, aunque tengo mucha confianza con mi esposa no se las he contado y que mejor que aprovechar este foro para contarlas.

    Desde la edad de la secundaria allá por la década de los 90´s me surgió una inquietud con un compañero, era el llamado carita del salón y como teníamos algunas situaciones en común hicimos mas que amistad, cierta ocasión estando solos nos tomamos nuestras primeras tecates de adolescentes y no se si fue el alcohol lo que hizo que perdiéramos la pena pero de momento nos encontrábamos ya tocándonos mutuamente nuestros penes y a pesar de la corta edad el sí que estaba más dotado, total que esos toqueteos pronto se convirtieron en una mamada de pene mutuamente, con el paso de los minutos tratamos de penetrarnos pero no fue posible ya que ninguno aguanto el dolor anal.

    El tiempo pasó y ese gusto quedo enterrado por los años hasta que apenas a inicio de la pandemia de nueva cuenta surgió así que me día a la tarea de buscar en una de esas redes sociales algún hombre con mis “gustos”, hasta que encontré a un primer candidato con el cual no se dio un buen encuentro, pero al menos probe el sabor de un pene maduro aunque fue pro breve tiempo. Al año siguiente y buscando de nueva cuenta en la misma red social encontré a otro muy buen amigo el cual después de un par de intercambio de chats decidimos conocernos, nos encontramos en la calle y de ahí directo al hotel debo decir que ha sido el mejor sexo HH, mi compañero de aventura esta muy bien dotado al día de hoy no se como pude consentir tremendo pedazo de carne en el ano, me dio tan duro profundo y rico que al momento de escribir de nueva cuenta se me para y moja el miembro, fue algo delicioso.

    El punto de este relato el cual no describe las experiencias HH, es para animar a todas aquellas personas que aun tienen dudas sobre sus pequeños gustos y que por miedo o inseguridad no lo hacen, en mi caso personal el haber tenido sexo HH no me hizo gay, ni amanerado ni nada por el estilo, solo sé que la goce y que no me hizo adicción alguna pero se que si en algún momento se me presenta la oportunidad lo haré de nuevo y estoy seguro que de nueva cuenta la voy a gozar, al día de hoy me hacen falta algunas fantasías por cumplir tales como compartir sexo con algún amigo y mi esposa, comentar o tener platicas cachondas sobre mi esposa y las parejas de alguien más, o simplemente comentar sobre aquellos temas que con nadie se pueden tocar…

    Les comparto mi correo [email protected].

  • Descubrí que la profesora que me gusta es trans en la cama

    Descubrí que la profesora que me gusta es trans en la cama

    Hola soy Sarah tengo 19 años soy una chica de piel clara, cabello pelirrojo rizado, grandes tetas, cintura normal e igual gran culo con grandes piernas y estoy enamorada de mi profesora.

    Ella es Elizabeth de 28 años profesora de matemáticas es morena, castaña, igual grandes tetas que siempre tiene tapadas, cintura muy sexi que combina con sus caderas y un culo que hipnotiza a cualquiera que la vea pasar.

    Esto pasó hace 4 o 5 meses un viernes que me había quedado hasta tarde en la escuela haciendo tarea y cuando salía de la universidad vi en el estacionamiento a mi Liz y me acerqué a ayudarla llevaba que montones de papeles.

    Yo: hola Liz la ayudo?

    Ella: si por favor

    Yo: y que tanto lleva aquí?

    Ella: exámenes de todos ustedes

    Yo: Wow y tiene que revisar cada uno usted sola?

    Ella: si

    En ese momento sabía que era mi oportunidad.

    Yo: pues si quiere le ayudo a calificar algunos no tengo nada más que hacer.

    Ella: en serio? Sii por favor si no no voy a acabar nunca.

    Me subí a su auto con ella y en camino a su casa vi mejor su ropa llevaba un vestido azul pegado que le llegaba a las rodillas las cuales tenían unas sexis medias y tacones altos y de costumbre solo se marcaba sus tetas sin ver más haya. Yo llevaba un vestido suelto negro con estampados de flores que me llegaba igual a las rodillas.

    Llegamos a su casa y entramos cargando los exámenes, ya al entrar dejamos las cosas en su mesa y nos pusimos a trabajar yo estaba muy emocionada de estar junto a ella a solas estuvimos con los exámenes un buen rato de vez en cuando parábamos para descansar un poco y hablar y aunque estuviera nerviosa me sentía muy bien con ella.

    Ella estaba encargada de varios grupos de la escuela por lo cual tardamos bastante pero acabamos después de unas horas. Sinceramente no quería acabar para no separarme de ella y cuando ya iba a irme vimos que ya era de noche y estaba lloviendo fuerte.

    Yo: oh vaya.

    Ella: no te vas a ir con este clima verdad?

    Yo: pues a dónde más voy jaja.

    Ella: hmmm quédate a dormir aquí y ya en la mañana te llevo a casa.

    Yo: estaba bien, gracias.

    Estaba a punto de saltar de la emoción solo le avisé a mis padres que estaría con una amiga. Ella me ofreció café y nos sentamos a platicar mientras bebíamos ya siendo hora de dormir fuimos a su cuarto y nos metimos a su cama quedando frente a frente por accidente, seguimos hablando y ella acaricio mi rostro y cuando menos me lo espere ¡Me beso!

    Fue de esos besos inesperados pero que se sientes muy bien, tomé su rostro para corresponder al beso, mientras nos besamos sentí sus manos levantar mi vestido hasta quitármelo y yo hice lo mismo bajando el cierre del suyo, quedando ambas en ropa interior.

    Ella llevaba un conjunto de lencería negra desde el sostén a sus bragas de encaje y medias hasta los muslos. Yo llevaba un sostén y bragas de encaje rosas.

    Su mano en mi cintura bajo y se meto a mis bragas frotando mi coño que empezaba a mojarme y yo hice lo mismo esperando encontrar un coño pero en su lugar sentí un duro bulto y al abrir los ojos vi un gran y rico pene salir de sus bragas.

    Yo: pero que?

    Ella: oh si lo olvide… Soy una chica trans.

    Me quedé sorprendida había imaginado muchas veces como le comería el coño pero ver su pene fue sorpresivo. Vi como después de mi reacción ella se iba a vestir de nuevo y tome su pene para masturbarlo.

    Yo: está bien, te ves hermosa y me gustas mucho

    Ella me vio con una linda sonrisa y yo bajé a su entrepierna quitando sus bragas y viendo se verga dura y madura. Estaba aún nerviosa y ella me estaba viendo así que lo metí suave a mi boca y lo empecé a chupar de forma dulce y ella empezaba a gemir suave pero de forma muy rica.

    Puso una mano suya en mi cabeza para acariciarme y sus dulces gemidos me excitaban más y me empeñaba más en chupar su verga y ella guiaba mi cabeza donde quería que chupara. Yo empinaba mi culo y con su otra mano jugaba con mis nalgas y tocaba sobre mis bragas mi coño húmedo.

    Se la chupe un buen rato y luego ella me separo y me sentó igual que la abriendo mis piernas, me quitó las bragas y me empezó a dar un oral muy rico empecé a gemir de inmediato y pegar más su cabeza a mi, ella me miraba de forma sexi moviendo su lengua y yo me ponía nerviosa al ver a la mujer que me gustaba hacerme un oral.

    Ella lo estaba disfrutando mucho y cuando sintió que me iba a correr se separó y subió a besarme yo con el sabor de su verga en mi boca y ella el sabor de mis jugos lo cual fue más rico. Con su verga rozando mi entrada me dijo.

    Ella: oye no tengo condones

    Yo: está bien tengo un anticonceptivo

    Ella sonrió de forma tierna y la empezó a meter mientras yo desabrochaba su sostén y ella el mío. Cuando vi sus tetas, con pezones morenos, que había deseado tanto no me contuve y las empecé a chupar ella se excito más cuando lo hice.

    Mientras hacia eso no podía ignorar su verga que entraba despacio en mi coño caliente y húmedo y vaya que la tienen grande, solté sus tetas para poder gemir mientras ella me daba besos por todo el cuerpo y chupaba mis tetas, con pezones rosas, mientras su verga se abría paso dentro de mi.

    La metió toda y de inmediato se empezó a mover dándome embestidas muy ricas que me hacían gemir bastante, de vez en cuando mis gemidos eran interrumpidos por besos suyos y mientras nos besamos nuestras tetas se frotaban entre ellas y nos tocábamos todo el cuerpo sin parar.

    Había momentos en los cuales se separaba un poco de mi para ver cómo mi cuerpo saltaba por sus embestidas y lo hacía más rápido para verme gemir mas y mis tetas rebotar. Esa posición era muy buena porque en un momento note que se le estaban cansando las piernas y le dije.

    Yo: estás bien hermosa?

    Ella: si nena, solo que mis piernas se están cansando

    Yo: quieres que me mueva yo?

    Ella: si por favor.

    Me abrazo y acomodo las piernas ya estado sobre de ella empecé suave pero ya me había acostumbrado a lo duro así que me movía cada vez más rápido y ella gemía más lo cual me excitaba y hacia gemir mas también. Nuestras tetas rebotaban con rudeza sin dejar de tocarnos.

    En esa posición sentía que me entraba más su verga lo cual me gustaba mucho, era sorprendente verla seduciéndome con la mirada y sus tetas mientras sentía toda su verga penetrarme con fuerza pensar en todo eso hizo que me calentará bastante y tuviera un orgasmo con squirt.

    Yo: aaah, Liz, me gustas mucho, gracias por esto.

    Ella: tu también me gustas Sarah, eres muy linda.

    Mi coño tuvo su orgasmo y el squirt nos mojó a ambas al salpicar pero principalmente a la cama y nos besamos para que al separar los labios me dijera de cerca.

    Ella: Sarah hermosa, me voy a correr.

    Yo: Sii, dámelo dentro Liz, por esta vez, por nuestra primera vez amor.

    Cuando dije «amor» algo paso dentro de ella y empecé a sentir su semen salir dentro de mi coño y como su verga palpitaba al hacerlo. La bese mientras tenía su orgasmo dentro de mi y nuestras tetas se presionaban entre las dos.

    Termino de correrse y sentía que era bastante, la bese más en la boca y demás partes mientras ambas tomábamos un respiro. Saqué su verga y me acosté en la cama llena de sudor y squirt ella hizo lo mismo y charlamos un rato mientras me hacía cariños sin saber en qué momento me quedé dormida.

    Y esa fue nuestra primera noche actualmente somos novias muy felices teniendo suficiente sexo y ya jeje. Espero que les haya gustado mi relato los y las quiero bye.

  • Emma se descubre a sí misma

    Emma se descubre a sí misma

    A la mañana siguiente mis padres me despertaron a las nueve en punto.  Tenían planeado salir de viaje durante el fin de semana y, como era costumbre, yo tendría que pasar esos días en la casa de mi tío Omar. Yo recién había cumplido los dieciocho años y creía que ya podía pasar un fin de semana solo en mi casa, pero mis padres opinaban distinto. El plan era salir de la casa, llevarme al departamento de mi tío y continuar el camino hacia su destino. Tomé mi teléfono y eché un vistazo a la conversación a través de mensajes que había tenido con Julián la noche anterior. Mi ano aún estaba resentido por la brusquedad con la que mi amigo había hurgado en mis entrañas, pero mi corazón estaba feliz, lo amaba. Después de haber llegado a mi casa, él y yo habíamos platicado durante un rato. “Casi logré entrar”, me había escrito. Yo le respondí que deseaba sentirlo dentro de mí y le prometí que, cuando regresara, me entregaría a él. “Te amo”, me dijo al despedirnos, y yo le respondí que también lo amaba. En el fondo me sentía frustrado, había faltado tan poco para que hiciéramos el amor y me reproché no haberme relajado lo suficiente como para permitirle entrar en mí.

    Después de platicar con él, me desnudé y me recosté sobre la cama. Separé mis piernas y comencé a masajear mi ano. El primer dedo entró sin problema. Luego el segundo y el tercero. Yo llevaba unos meses preparando mi ano para ser penetrado, Julián me lo había pedido. “Quiero que te prepares”, me había dicho una tarde que hablábamos sobre el inicio de nuestra vida sexual. Aquel día estábamos en un parque y yo iba vestido con una ligera playera de algodón y unos shorts de mezclilla muy cortos que dejaban a la vista por completo mis muslos. “Dentro de poco comenzaremos a tener relaciones y no quiero lastimarte”. Yo estaba emocionado. Julián ya había sugerido con anterioridad que en nuestra relación yo iba a ser “la mujer”, pero esa tarde fue la primera vez que habló directamente sobre meter su pene por mi ano. Él y yo estábamos muy cerca el uno del otro sentados sobre una banca. Yo me sentía como una hermosa jovencita a la que su novio intenta convencer de tener relaciones por primera vez. Las personas que pasaban cerca nos miraban y yo imaginaba que todos sospechaban lo que estaba sucediendo ahí.

    – ¿Deseas sentirme dentro de ti? – me había preguntado.

    – Si… – respondí apenado.

    Me masturbé recordando aquella tarde. Penetré mi ano con mis dedos y masajeé mi pene con la otra mano. “Faltó tan poco”, me dije una y otra vez “esta noche pude haber tenido su pene dentro de mí”. Unos minutos después tuve un orgasmo espectacular y mi semen cayó sobre mi rostro. Luego caí rendido y me quedé dormido.

    Una hora después de que mis padres me hubieran despertado estábamos listos para partir. Durante ese tiempo me di un baño, preparé una mochila con un cambio de ropa y tomé un desayuno ligero: café y pan tostado con mermelada. Mi madre iba guapa, llevaba un vestido verde con estampado de flores, escotado y que le quedaba unos diez centímetros arriba de las rodillas. Sentí envidia, yo quería andar por la calle vestido como ella, pero ya tendría tiempo para hacerlo; después podría tomar prestado ese vestido. Me pregunté qué diría Julián si me viera usando esa ropa. La mayoría de las personas cercanas a la familia siempre habían dicho, desde que podía recordar, que yo era idéntico a mi mamá. Cuando era niño a mí no me importaba que dijeran esas cosas, yo sabía que era hijo de mis padres, pero con el paso del tiempo comencé a sentir orgullo en parecerme a ella. Mi madre siempre ha sido una mujer muy atractiva y eso explicaría porque los hombres comenzaron a buscarme con intereses románticos desde que yo era tan joven. Me pregunté si Julián estaría enamorado de mi madre, ¿acaso por eso me había incitado a ser su pareja?

    El departamento del tío Omar se encontraba al otro lado de la ciudad y al cabo de una hora de camino habíamos llegado. Tomé mi mochila y bajé del automóvil. Saludamos a mi tío y después me despedí de mis padres. Al acercarme a la ventanilla del copiloto no pude evitar mirarle las piernas a mi mamá, sus muslos lucían hermosos. “Diviértanse, pillos”, pensé. Después de agradecerle a mi tío por cuidarme mis padres retomaron su camino y entonces nos quedamos solos el tío Omar y yo.

    Al entrar a su departamento el tío me preguntó si quería hacer algo aquella tarde. Yo le dije que cualquier cosa me vendría bien. Mi mente estaba ocupada recordando una y otra vez los eventos de la noche anterior. Lo que me hubiera gustado hacer era bajarme el pantalón y pasar el resto de la tarde acostado en la cama y estimulando mi ano, pero ya que no era posible hacer eso, realmente no me importaba mucho lo que hiciéramos.

    – Ven, vamos a que te instales.

    Nos dirigimos a la habitación de invitados. El departamento era pequeño pero muy elegante, además de la estancia, tenía cocina, un baño y dos habitaciones: una que usaba mi tío y otra que se usaba como cuarto de invitados: mi morada durante ese tiempo.

    – Hay que ventilar este cuarto – me dijo y abrió la ventana por completo – Tengo que atender unos asuntos de trabajo, pero terminaré en un par de horas, ¿qué te parece si después vamos al cine?

    – Me parece muy bien – le respondí fingiendo entusiasmo.

    – De acuerdo. Pues bienvenido, ponte cómodo.

    – ¡Gracias!

    ¿Ver una película? Al parecer mi tío pensaba que yo aún tenía diez años. Mis padres hacían ese misterioso viaje juntos cada dos o tres años y siempre me traían a pasar ese tiempo con mi tío Omar. El tío lo hacía lo mejor que podía, pero la mayoría de las veces su mejor esfuerzo consistía en llevarme al cine y comprarme muchos caramelos. Me tumbé sobre la cama y cerré los ojos. “Falta mucho tiempo para regresar a casa”, pensé. Me pregunté qué es lo que estaría haciendo Julián. ¿Estaría masturbándose pensando en mí? No tenía caso pensar en eso, lo mejor sería preguntárselo a él. Tomé mi teléfono y le envié un mensaje, “¿Estás pensando en mí?” le escribí. Pasaron diez minutos, pero no obtuve respuesta. Boté el teléfono sobre la cama y cerré los ojos nuevamente. Esta vez me quedé dormido.

    – Despierta, ¿no quieres ir al cine? – le escuché decir.

    Me incorporé. Habían pasado algunas horas y mi tío había terminado con sus pendientes.

    – Sí, claro, ¿cuál vamos a ver?

    Al llegar al cine contemplamos las opciones. Mi tío me preguntó si ya estaba preparado para ver películas que no fueran infantiles.

    – Por supuesto, ya no soy un niño – respondí con orgullo.

    – De acuerdo, hay una que tengo muchas ganas de ver…

    Me explicó de que se trataba, pero yo no puse atención, me encontraba andando en piloto automático. Yo lo que realmente deseaba era regresar a mi casa y continuar con mi vida, y me tenía sin cuidado de lo que iba la película que él quería ver, aun así, respondí alegremente.

    – ¡Sí, veámosla!

    Después de comprar un cubo grande de palomitas y un par de bebidas entramos a la sala. La película era una especie de thriller de espionaje. Un detective investigaba un caso de corrupción y tenía que enfrentarse a las mentiras que decían los funcionarios vendidos. La película me hubiera aburrido desde el inicio si no hubiera sido por una cosa: el actor que interpretaba al detective se parecía mucho a mi futuro novio, era como Julián. El detective Dubois era alto, fuerte y varonil, llevaba la barba de días y sus ojos eran de un azul tan profundo que me enamoré de él. Su cabello era negro, su piel blanca y, por lo que se podía apreciar, era bastante alto: igual que mi amigo. Si la belleza de ese hombre no había sido suficiente para captar mi atención, la escena de sexo terminaría por atraparme por completo. Sucedía casi al final de la película e involucraba al detective guapo y a la secretaría de uno de los villanos, la hermosa Emma.

    En la primera aparición del interés amoroso del detective ella usaba un vestido tan escotado que parecía que sus tetas saldrían de él en cualquier momento. “Vaya puta”, pensé al mirarla por primera vez y tomé una nota mental, “tengo que comprarme un vestido así”. En todas sus escenas, Emma aparecía en la pantalla haciendo alarde de un bellísimo cuerpo atlético. Las faldas siempre eran cortas, entalladas y sus tacones llegaban hasta el cielo. “Yo voy a ser como ella”, me repetía cada vez que la miraba en pantalla. Cuando Emma y Dubois finalmente llegan a la cópula, ella usa una falda tan corta que no encuentra ningún problema para abrir las piernas y sentarse en el guapo detective. La escena no era pornográfica, pero faltaba muy poco para mostrar explícitamente sus genitales conjugándose; era una escena intensa. Emma estaba enamorada de Dubois, lo había conocido cuando el detective había comenzado a investigar a su corrupto jefe, se había vuelto de su lado al haberle ayudado a conseguir la información que necesitaba y lo había visto enfrentar a los villanos con sus puños y con su pistola. ¿Cómo no enamorarse de él? Emma se entregaba a él con pasión. En su rostro se veía el amor que sentía por él y, evidentemente, nos daba a entender que el detective tenía un pene formidable.

    Al terminar, Emma no acababa de bajarse la falda nuevamente cuando comienza el tiroteo final. Dubois protege a su hembra, mata a los malos y luego salen de la escena del crimen tomados de la mano. El jefe de la policía les pregunta si hay algo entre los dos y Dubois le responde que se encuentran trabajando en ello. Emma solo sonríe y se acomoda el cabello al tiempo que se mira los pies. Entonces comenzaron los créditos.

    Yo me quedé quieto sobre la butaca, estaba atónito. No podía creer lo que acababa de ver. La película en la que yo no tenía ningún interés me había dejado boquiabierto. Cuando finalmente pude voltear y mirar a mi tío descubrí que él se encontraba igual que yo. Estaba con la mirada clavada en la pantalla y parecía apenado.

    – Discúlpame, no sabía que la película incluía una escena como esa – me dijo cuándo pudo articular palabra.

    – No te preocupes – le dije – ya no soy un niño.

    Entonces ambos reímos.

    – ¿Te gustó?

    – ¡Mucho! – respondí alegremente, pero oculté, evidentemente, los verdaderos motivos de mi emoción.

    – Es una película que quería ver desde hace mucho porque…

    Mi tío me explicó muchos aspectos técnicos y artísticos del filme mientras salíamos de la sala. Yo asentía a todo pero, como se estaba volviendo mi costumbre, mi mente estaba en otro lado. Yo no dejaba de pensar en Julián y en el momento en el que tuviéramos relaciones sexuales por primera vez. Pensaba también en Dubois, pero sobre todo pensaba en Emma. Me identificaba con ella. Intentaba grabar en mi mente cada detalle del personaje para poder replicarlo cuando llegara el momento indicado. Quería vestirme como ella y quería entregarme en la intimidad del mismo modo que ella lo hacía en la película. Estaba emocionado pero, sobre todo, estaba cachondo. Quería estar con Julián, quería ser su novia y quería sentirlo dentro de mí.

    “Solo son dos días”, me dije, “después estaré con él”. Yo no imaginaba que perdería mi virginidad esa misma noche y que el hombre que caminaba a mi lado hablando con tanta alegría sería el primer hombre en penetrarme.

  • Mi infidelidad y las ventanas

    Mi infidelidad y las ventanas

    Ese sábado por mañana le forcé a mi esposo postergar su entrenamiento de fútbol e ir conmigo al taller que me habían recomendado, para preguntar por el costo de remplazar las ventanas en la nueva casa.

    Nuestro matrimonio vivía un punto de plenitud. Ambos en los treinta años con buenos empleos y con un proyecto de familia había empezado con la compra de la casita que ahora poseíamos y su lenta remodelación.

    Llegamos, no sin cierta tensión, al lugar en cuestión, una mezcla de taller y tienda. Tenía una modesta área de exhibición, pero que en general se veía ordenado y tan limpio como un taller podría estar. El encargado, un tipo alto y barrigón nos atendió amablemente y se presentó. Alejandro era su nombre.

    Alberto explicó los detalles del trabajo que requeríamos, el técnico tomó notas y hacía algunas preguntas. Noté que se dirigía intermitentemente a mi esposo y a mí.

    Al mostrarnos diversos tipos de materiales y cristales noté que él, a pesar de su prominente barriga, poseía mucha fuerza. Su cuerpo mostraba una buena musculatura, resultado de una vida de trabajo. No mucho mayor que yo, calculé que tendría unos 40 años. Considerablemente más alto que yo y mi esposo

    Mi esposo consideró que era suficiente tiempo invertido y llevó la conversación hacia su fin. Yo me sentí molestia por tanta prisa. Seguro que él, pensé, quiere irse a la práctica.

    Con toda intención, de permanecer al menos unos minutos más, realicé un par de preguntas las cuales el técnico respondió muy profesionalmente, mientras tomaba una tarjeta y me la entregaba diciendo con una ligera sonrisa.

    -llámeme si necesita lo que sea. -Percibiendo la impaciencia de mi esposo.

    Agradecí el tiempo del hombre y al intentar tomar la tarjeta, Alberto con un movimiento rápido la tomó primero.

    -Le llamaremos dijo él y me indicó que debíamos irnos.

    Al despedirnos, sentí que el apretón de manos con el hombre duró apenas perceptiblemente un poco más de lo normal y podría jurar que al darnos la vuelta su vista se fijó en mis piernas y mis nalgas.

    ¿Qué te ha parecido?

    -pregunté a mi esposo.

    -El precio es bastante aceptable- agregué antes de que él contestara.

    -Busquemos otra opción. -fue su respuesta.

    Añadió después que el tipo no le daba confianza.

    -En especial eso de “llámeme si necesita cualquier cosa” era evidente que el tipo no dejaba de buscar tu escote. -Dijo

    -Más bien notó que tú ya morías por irte de ahí. Lo cual es evidente y ¡no conduzcas tan rápido! -dije -Sabes que me molesta.

    1

    Me encontraba muy molesta al día siguiente, Alberto tenía todo su interés en el juego final con su equipo. Además, había sido muy claro que debíamos buscar otro técnico, por lo que, las remodelaciones de la casa no avanzarían.

    No obstante, por la noche Alberto se disculpó por el retraso que su decisión ocasionaría y no le fue muy difícil acercarse a mí. Lenta y hábilmente acarició mis senos por encima de la ropa.

    Los besos se hicieron más intensos, la ropa fue cayendo al suelo y pronto nos encontrábamos desnudos en la recamará. Alberto estaba muy firme y me penetró tras un poco de juego previo. Empezó a moverse lentamente y fue incrementando el ritmo. Sus embestidas fueron cada vez más fuertes hasta que se corrió. Por mi lado alcancé un ligero pero satisfactorio orgasmo.

    Para el martes de esa semana, ya me había hecho a la idea de buscar otro taller para cambiar las ventanas. Por la noche Alberto me avisó que se marcharía todo el fin de semana, la final de su equipo se jugaría en una ciudad ubicada a 3 horas de la nuestra.

    Eso significaba que ese fin de semana, de nuevo, la casa no tendría la atención de mi esposo. Debo reconocer que estaba fúrica.

    El jueves por la noche Alberto repitió la fórmula de la discusión anterior, se disculpó sinceramente, prometió compensar el tiempo perdido y comenzó a acariciarme.

    Yo seguía muy molesta, pero respondí a sus caricias, Alberto me beso los pezones y metió uno de sus dedos a mi coño que empezaba a humedecerse. Mi mente seguía fija en el retraso de la remodelación de la casa. Si al menos, pensaba – yo pudiera resolverlo sola, le llamaría al hombre de las ventanas. – Entonces algo sucedió.

    Alberto seguía tocándome y excitándome mientras mi mente recordaba al fuerte y robusto técnico. No puedo decir si fue el ligero resentimiento que experimentaba por ser su segunda prioridad; o de verdad sentía un obscuro deseo por el hombre de las ventanas.

    En ese momento mi mente fantaseó que el hombre que me poseía no era mi esposo, si no el barrigón con sus gruesas manos, lo imagine sobre mí, que, con su gran estatura y peso, me sería imposible evitar que me hiciera suya. Cerré los ojos y sentí adentro a Alberto, quien estoy segura notó que mi interior ardía y estaba súper lubricado.

    Busqué sus labios, hambrienta de su lengua, mientras mis piernas lo apresaban con toda mi fuerza y mis uñas se enterraban en su espalda. Normalmente mis gemidos son bastantes discretos.

    ¡Esta vez no!

    Mi boca no podía contener el placer que sentía de imaginarme entregada a otro hombre; más grande, más pesado y fuerte.

    Sentí que Alberto se vaciaba dentro de mí, e instintivamente comenzaba a retirase. Lo apreté fuerte con mis piernas, con mis brazos y con las paredes de mi coño, me moví bajo él, tratando de aprovechar su reminiscente dureza y froté mi clítoris con su pene tanto como pude de manera que me vino un intenso orgasmo. Casi grité de placer cayendo rendida con la respiración entrecortada.

    ¡Me había corrido como nunca! mi esposo estaba feliz y yo volví a buscar su sexo flácido para pajearlo y hacerlo endurecer nuevamente.

    Repetí el encuentro anterior. Mi esposo un poco sorprendido utilizó toda su energía para satisfacerme.

    2

    Rendido al otro día, lo llevé al punto de encuentro con sus compañeros de equipo. El fin de semana estaría sola.

    Mi primera tarea fue, lavar la ropa. Tomé la chaqueta que Alberto dejó sobre el asiento trasero de nuestra camioneta.

    Al revisar los bolsillos, ¡encontré la tarjeta de Alejandro!

    No puedo describir la mezcla de emociones que sentí. El recuerdo de este hombre me había proporcionado una intensa sesión de sexo la noche anterior, aun cuando no entendía por qué.

    Mientras la lavadora trabajaba me masturbé un par de veces recordando la noche con la tarjeta del técnico en la otra mano. Tras correrme un par de veces, me lavé y casi instintivamente marqué su número desde mi móvil.

    Cuando él cogió la llamada, me sentí como una adolescente llamando al chico que le gusta. Rápidamente me recompuse e intenté hilar una conversación, presentándome.

    -Hola Soy Alba Lucía, estuvimos mi esposo y yo por su taller la semana pasada –

    -Claro, la recuerdo, su esposo tenía mucha prisa por irse.

    – ¿En qué puedo ayudarle?

    No estaba muy segura porque había llamado, pero decidí mencionar que aún no habíamos decidido qué hacer con las ventanas por sustituir; pero que quizá, él debería tomar las mediciones necesarias para calcular mejor el presupuesto y los materiales.

    Él accedió a visitar la casa por la tarde para tal efecto. Acordamos la hora y colgué apresurándome a terminar con la ropa.

    Mi mente giraba en torno al recuerdo de la noche anterior con mi esposo. Una cosa era la fantasía y otra muy diferente, hacerla realidad. Siendo honesta no pensaba realmente engañar a mi marido con un completo desconocido. ¿O sí?

    Me duché, me vestí y conduje hacia la nueva casa. A la mitad del camino, sin embargo, una alarma del motor del auto se encendió; seguida de una señal audible. Al mismo tiempo la camioneta empezó a perder velocidad y debí aparcar y apagar el motor. Al bajarme observé el líquido verde del refrigerante que emanaba de algún lugar del motor.

    Me di cuenta de que el auto debía irse directo al taller y llamé a la grúa. Después de eso llamé a al hombre de las ventanas para cancelarle.

    – ¿Está bien?, ¿puedo ayudarle en algo? – Me preguntó al explicarle que mi auto debía ser trasladado en grúa al taller.

    -No gracias respondí.

    Se ofreció pasar a recogerme al taller para realizar las mediciones aún el día de hoy, de acuerdo con él; el tiempo no era un problema. No lo pensé mucho, el viaje me venía bien. Le envié la dirección del taller por mensaje a su número móvil.

    Nos encontramos en el taller, subí a su auto y condujimos hacia la casa. Una parte de mí se sentía muy inquieta de estar tan cerca de él, de percibir su olor y observar a tan poca distancia sus manos y sus brazos.

    Tal vez no tan fortuitamente, reparé en el paquete que se le notaba en el pantalón.

    – Llegamos- dijo

    No pude notar si él se dio cuenta en donde se posaba mi vista.

    Entramos a la casita y muy eficientemente, empezó a tomar las medidas necesarias en las diferentes habitaciones. En menos de 40 minutos estaba listo y me preguntó si había algo más que él pudiera hacer por mí.

    -Hay mucho por hacer en la casa, pero no se preocupe ya me las arreglo. – Dije.

    -Ha hecho suficiente por hoy.

    -Gracias por ir por mí al taller y traerme. Yo me quedaré a limpiar un poco y me iré a casa. –

    -Si demora poco, puedo esperarla y llevarle.

    -Mientras espero puedo realizar el estimado del costo por las sustituciones y si desea puedo ofrecer cambiar la puerta del baño que veo necesitará ser cambiada también. – Agregó.

    Accedí y tomé los instrumentos de limpieza, le ofrecí agua, que era lo único que tenía en la casita. Él acepto de buena gana.

    Entablamos una conversación agradable. Mientras yo limpiaba rápidamente, él trabajaba con su cuaderno y una calculadore de bolsillo en la barra de la cocina. Ambos terminamos nuestras tareas y antes de salir me pidió permiso para ir al baño. Accedí y el entró.

    El ruido de su potente chorro me sorprendió. Mi esposo solía ser más silencioso. Que la casa estuviese vacía, hacía difícil que el ruido no se notase.

    Cuando él salió, involuntariamente dirigí mi mirada a su entrepierna, imaginando que tan grande podría ser su falo. Esta vez él lo notó.

    Un poco avergonzado dijo. -Discúlpeme por el ruido.

    -No se preocupe, vámonos.

    En ese momento me di cuenta de que me había humedecido. El gordo despertaba en mí algo que no había experimentado entonces.

    Quería irme a casa y relajarme de ese estado tan inoportuno. El trayecto a casa fue un poco tenso y yo sentía que no podía despegar mi vista de sus brazos y de la zona entre sus piernas.

    Le haré llegar el estimado del precio, me dijo al despedirse.

    -Gracias por todo- respondí.

    El agregó -llámeme para lo que necesite- y me extendió la mano.

    Al estrecharla un golpe de electricidad golpeó mi cuerpo. Mis pezones se erizaron, mi boca se secó y la piel de todo mi cuerpo se erizó. Rápidamente me dirigí al apartamento y casi al cruzar la puerta, me dirigí a mi habitación y pasé la tarde más agradable posible. Me toqué de una forma que no había hecho antes, con la mente fija en el hombre de las ventanas.

    3

    La lesión de Alberto no parecía seria cuando llegó el domingo por la tarde. Durante la noche empeoró y el lunes por la mañana hubo que ir al médico quien claramente dijo que la mejor opción era operar.

    La cirugía podría ser en esta semana y requeriría al menos 3 semanas de descanso. Al menos 2 para volver a caminar con las muletas.

    me llegó por correo el costo de las sustituciones, incluida la puerta del baño. El precio me pareció bastante razonable.

    Acordé con él, que realizara el trabajo. De todas formas, mi esposo no iba a poder ayudar durante las siguientes 3 semanas. Acordé encontrarme con él para darle las llaves de la casita y que empezara lo antes posible.

    La operación fue un éxito, Alberto debería pasar la noche en el hospital, pero saldría sin problema al día siguiente.

    Aproveché para llevar las llaves al taller de Alejandro quien se encontraba organizado muchas cajas de material que descargaban de un camión. Me saludó muy amable y me invitó a sentarme.

    -No tengo mucho tiempo, debo irme.

    Al salir de su taller, él se levantó para despedirse. Debido a las cajas de material en el taller, el espacio se redujo considerablemente y ambos quedamos muy cerca del otro frente a frente.

    -Disculpe -dijo él.

    -No importa- Respondí y me dirigí a la puerta.

    Curiosamente él no retrocedió demasiado para dejarme pasar, al pasar junto a él rocé casi imperceptiblemente su paquete. ¡Me sentí desmayar al sentir la magnificencia de su miembro!

    Salí rápidamente mientras él se despedía sonriente desde la puerta del taller.

    Al llegar al auto, estaba completamente húmeda, mi respiración se había incrementado y sentía un calor indescriptible. Tomé un par de minutos para relajarme y conduje al hospital.

    Alberto durmió en el hospital. Yo me fui a casa y me masturbé imaginando a Alejandro, penetrándome con su magnífica verga y tras varios orgasmos me dormí satisfecha.

    La interrogante seguía rondando constantemente mis pensamientos. ¿Sería capaz de llevar a cabo mi fantasía?

    Después de todo, Alberto siempre fue un esposo modelo. Era doloroso que postergara la casa a la segunda prioridad, pero realmente nuestro matrimonio estaba bien, no había porqué complicar las cosas.

    Resolví dejar a ese hombre fuera de mis pensamientos lo evité a toda costa y solo hablé con él por teléfono para saber el progreso de la remodelación y así alejar mis pensamientos de mi incomprensible fantasía.

    Transcurrieron 2 semanas y Alberto se recuperaba rápidamente, aún no podía caminar sin las muletas, pero el resto de sus actividades regresaban a la normalidad, incluido el sexo.

    Yo me sentía muy caliente después de 2 semanas sin sentirlo y en la primera oportunidad que tuve, le realicé una felación que lo puso muy duro y a pesar de la operación, logró hacerme llegar al orgasmo.

    Sin embargo, mi interior aún luchaba contra mi obscura fantasía.

    4

    Las reparaciones estaban completas.

    Era hora de despedirme del técnico y continuar nuestras vidas. Al llamar para acordar la revisión final, me comentó que el único faltante era la puerta que sería rápidamente instalada por él durante el día.

    Al llegar, a la casa pude escuchar que el reproductor de música, con el volumen muy alto a mi parecer. Al abrir la puerta de la entrada, que da directamente al baño, pude ver para mi sorpresa a Alejandro, ¡meando con la puerta abierta!

    No se percató, debido al volumen de la música de que había entrado y que podía verlo sujetando su verga y dirigiendo el potente chorro al inodoro.

    Yo estaba petrificada, no contaba con verlo así: con el miembro de fuera y a solas en mi casa.

    Me quedé observándolo sin saber que hacer, durante el tiempo que duró su micción. Me quedé ahí, a unos pasos de él, yo creo que con la boca abierta de la impresión y mi cuerpo reaccionó involuntariamente.

    Empecé a sentir mi respiración agitarse y un ligero calor que emanaba desde mi coño apoderarse de mi cuerpo. Todos los vellos de mi piel se habían erizado y mis pezones se endurecieron. La puerta de la entrada cerró con toda violencia y ocasionó que se percatara de mi presencia y muy avergonzado empezó a acomodar su ropa.

    -Discúlpeme por favor – balbuceó.

    Pero yo no escuchaba, me dirigí directamente a su entrepierna y bajé su cierre de nuevo para acceder a su miembro que inmediatamente empezó a responder.

    Me agaché para observarlo mejor, corté un trozo de papel de baño y limpié con él el orificio, de la posible orina restante. Comencé a pajearlo y sentí como sus manos se dirigieron a mis pechos inhiestos.

    Sus enormes manos los abarcaron sin problema y comenzaron a apretarlos delicadamente. Mi mano se apoderó de su tolete, lo presioné con fuerza y noté que se endurecía más.

    La ropa empezó a ser innecesaria, abrí el botón de sus pantalones y levanté los brazos para que el me despojara de la camiseta.

    Bajé su bóxer, di un beso a su verga y la introduje en mi boca y con mucho esfuerzo empecé a hacerle una felación, como si me fuera la vida en ello. Después me quité el sujetador mientras él a su vez se quitaba el resto de la ropa.

    Ya desnudos los dos me tomó con sus brazos y me levanto de las nalgas a la altura de su boca. Nos unimos en un candente beso que me hizo literalmente escurrir de deseo. Tras ese beso profundo, sus labios se apoderaron con avidez de uno de mis pezones, mientras intentaba acercar mi coño a su vergón.

    Yo me sentía invadida por un deseo incontrolable, sentí su glande en contacto con mis labios vaginales. ¡Era inminente! Follaríamos.

    Me vi a mí misma en ese instante congelado en el tiempo. Desnuda, siendo cargada por este bruto con la verga empalmada y lista para arremeter. Pude ver su glande apenas acariciando mi coño escurriendo de humedad.

    Alejandro empezó a empujar su verga dentro de mí, apenas entraba ligeramente, se retiraba lentamente. Un segundo después, de un fuerte empellón me penetró hasta el fondo. Mi boca profirió un grito de placer al mismo tiempo que mi vagina se adaptaba a su grosor y su longitud.

    Arqueé el cuerpo hacia atrás y él me sujeto muy fuerte mientras me bombeaba con fuerza. Siguió dándome con un ritmo acelerado. Mi vista se nublaba, no tardaría en correrme.

    Ágilmente interrumpió un momento para voltearme y recargarme en la barra de la cocina, no puedo recordar como recorrimos el breve trayecto entre las habitaciones. Me colocó de espaldas a él sobre la barra y volvió a empalarme con su tronco.

    Al tener libres las manos se apoderó, por detrás de mí de mis tetas, nuevamente arremetió muy fuerte con sus empellones desde atrás. Después de mucho bombearme, una de sus manos bajó a mi clítoris y comenzó a pajearlo levemente. Mi coño respondió con un chorro de líquido y el subsecuente orgasmo.

    No parecía haberse cansado, sacó su verga de mi interior y bajó. Con su áspera lengua empezó a comerme el coño. Yo me retorcía de placer y deseaba dejarlo entrar nuevamente. Sus dedos enormes empezaron a hacerse espacio en mi culo y en mi coño.

    Mis piernas flaquearon y me recosté en el piso de la cocina. Él abrió al máximo mis piernas y acercó el glande a mi raja, hasta que sin mucho esfuerzo ingresó lentamente, dejando caer todo su peso sobre mí. Tal como había fantaseado, su peso me dejó indefensa a su voluntad. Le abracé del cuello y me concentré en sentir su polla enorme haciéndose lugar dentro de mí mientras me hacía proferir gruñidos de placer.

    Alejandro incrementó el ritmo yo ya me había venido una vez más, él apuraba su orgasmo para llenarme de su semen. Lo sentí caliente invadiéndome y haciéndome olvidar todo lo que me rodeaba.

    Esa tarde me entregué por completo a él.

    Mi boca, mi ano y mi coño disfrutaron de su magnífico miembro, de su lengua y de sus dedos. Después de la faena de sexo desenfrenado, en la que ambos gozamos al máximo, nos despedimos.

    Solo entonces reparé en la remodelación y antes de que se fuera alcancé a decir:

    Muy buen trabajo.

  • Mi primo me hace gozar una y otra vez

    Mi primo me hace gozar una y otra vez

    «Me tomó de la mano y fuimos tras los arbustos. Me abrazó, rodeándome por completo con sus brazos. Y me dio un beso tremendo, quede temblando, totalmente excitada. Y para mi locura total, corrió el corpiño de la bikini y me comenzó a chupar los pechos mientras me acariciaba la espalda.»

    Cuando mi madre me conto que el fin de semana iríamos a la costa, y nos quedaríamos en la casa de unos tíos lejanos me estremecí. Después de varios años volvería a encontrarme con Facundo, el muchacho que hace unos años, apenas yo había cumplido 18 años, había sido el hombre que por primera vez me había besado con una pasión que nunca pude olvidar. En esa época él tenía 25.

    Alto, con un físico marcado por el gimnasio y el deporte, muy lindo de cara, y con un humor tremendo, era la locura de todas las chicas en la playa. Yo lo miraba y me babeaba. Nunca fui una hermosura, solo una chica normal, con buen cuerpo, pero no algo que dejara con la boca abierta a los hombres.

    Una noche, para festejar los 18, fuimos a bailar con unas chicas. Facu estaba con sus amigos. La verdad, es que pase vergüenza. Tome dos tragos y ya estaba mareada. Él me miraba y sonreía. Hasta que vio que un chico que no era de su grupo se me acercaba y me abrazaba. Con mucha educación, lo apartó, me abrazó y me acompañó a la casa. Yo, enojada le decía que ya era grande.

    —Si Nati, sos grande, no lo dudo. Decía él riendo.

    —En serio Facundo, soy grande. No tenés que preocuparte, se manejar a los hombres.

    —Claro, porque sos grande.

    —Eso, soy grande. Puedo estar con un hombre si quiero.

    —Si Nati, por supuesto. ¿Con cuántos hombres estuviste?

    —Eh… Muchos… mis compañeros del colegio…

    —Ah, claro. Y supongo que gozaste como loca…

    —Bueno, yo…

    —No te detengas, vamos. Sos una criatura, te agarra cualquier tipo del boliche y la vas a pasar mal, sobre todo mañana a la mañana, cuando te des cuenta.

    —Facundo, no sos mi papá.

    —No, soy tu primo.

    Así fue que llegamos a su casa, discutiendo por culpa de mi borrachera. Al día siguiente no paraba de cargarme. Pero solo cuando estábamos solos, no delante de sus amigos o mis amigas.

    —Mocosa, ¿Te acordás de algo? Me preguntó

    —Algo… ¿Por qué lo hiciste? Pregunté.

    —¿Sacarte del boliche? Porque no quiero verte lastimada, ni física ni emocionalmente.

    —Gracias… ¿Te puedo preguntar algo?

    —Dale mocosa.

    —¿Por qué pensás que soy virgen?

    —Por la inocencia que tenés, sos una tierna. ¿O me equivoco?

    —No… y no me digas mocosa, no soy mocosa.

    Unos días después, el último día que nos quedábamos le dije de salir a caminar, fuera de la vista de mis padres.

    —Facu, quiero pedirte algo.

    —Ojo lo que pedís.

    —Sé que si te pido lo que realmente quiero, me sacas corriendo… Quiero pedirte que me beses, como besarías a una chica como las que vos…

    —Sos tremenda. ¿Tampoco te besaron con calentura?

    —No…

    Nos sentamos en la arena, y me pregunto si realmente quería que me bese. Le dije que sí y nos tiramos. Me abrazó, y me dio un tremendo beso. Juro que vi las estrellas. Lo miré y fui yo la que lo beso con todo, y muy caliente, tanto que busque su pija por sobre la malla. Dio un salto y se puso de pie. Fue un segundo, pero me impresionó el tamaño.

    —Eso no estaba hablado, volvamos mocosa.

    —¿Te enojaste?

    —Enojarme no, pero no quiero que las cosas se descontrolen. Vamos.

    Pasaron cinco años, cinco años en los que no lo vi. En ese tiempo tuve un par de novios, tuve sexo, pero nunca me besaron como él. Llegamos a la casa, mis tíos abrieron y entramos.

    —¿Facundo? Pregunté ansiosa.

    —Facundo vive en su casa, ya es grande Nati. Tiene 30. Dijo mi tía.

    —Ah…

    —Ahora lo llamo, seguro que si vamos a la playa, se acerca a saludar.

    Y efectivamente, lo vi venir de lejos, el mismo Facundo, el mismo físico imponente.

    —Hola mocosa. Me dijo con una sonrisa hermosa.

    —No seas malo, tengo 23.

    —¿Aprendiste a tomar alcohol? Me preguntó, pero entendí que la pregunta era otra.

    —Sí Facu, por fin aprendí.

    —Ah… ¿Caminamos?

    —Dale.

    Salimos a caminar, y me preguntó como estaba.

    —Bien, te juro que ansiosa por verte.

    —¿Y por qué esa ansiedad?

    —Porque no me puedo borrar de la memoria aquel beso. Me comiste la cabeza desgraciado.

    —Epa, te recuerdo que fue por pedido tuyo.

    —Lo sé…

    —¿Novio?

    —No, corte hace dos meses. ¿Vos?

    —Una amiga con derecho a roce solamente, nada serio.

    —Como para mantenerte activo y no olvidarte como se hace.

    —Más o menos.

    —¿Soy yo o estás raro?

    —No, te parece mocosa.

    —No seas malo. Ah… ¿Qué pasa si ahora mismo, te pido que me beses?

    —Te diría que quizás no me quede solamente con besarte. Que lo pienses bien.

    Miré la playa, había cerca unos arbustos y le dije:

    —Bésame por favor.

    Me tomó de la mano y fuimos tras los arbustos. Me abrazó, rodeándome por completo con sus brazos. Y me dio un beso tremendo, quede temblando, totalmente excitada. Y para mi locura total, corrió el corpiño de la bikini y me comenzó a chupar los pechos mientras me acariciaba la espalda. Sentí como mi concha se inundaba por completo.

    Bajó su mano a mi concha, y por encima de la tanga, me acariciaba sin dejar de chuparme y besarme los pechos. Fueron minutos de placer increíble, hasta que tuve un tremendo orgasmo.

    —Vamos, me dijo.

    —Pero… Facu…

    —No es el lugar, ni el momento… y sos mi prima, lejana pero prima.

    No discutí, sabía que cuando decidía algo, era eso y nada más. Volvimos con la familia, al rato se fue, y nosotros volvimos a la casa. A la noche, salí sola. Y fui a bailar, al mismo lugar que hace cinco años. Al rato, entro él con un grupo de chicas y chicos. Una tremenda morocha, con un físico impresionante lo tomaba del brazo como para que no se escape. Él no me vio, o yo creí que no me había visto.

    Un rato después, vi que iba a la pista de baile con la chica. Me acerqué y me puse a bailar sola, de inmediato un chico se me acercó, me fui corriendo hasta donde estaba Facu, y le dije:

    —Por favor… sálvame, me quiere hacer cosas feas… Y le sonreí.

    —Sos tremenda… Si no queda más remedio… Flaca, mi primita no se siente bien, voy a acompañar a la mocosa. Le dijo a la morocha y “el mocosa” me llenó de bronca.

    Empezamos a caminar y no íbamos para lo de los tíos. No dije nada. Se detuvo frente a una casa y me dijo:

    —Estas a tiempo…

    —Si es tu casa, entremos. Dije.

    Y entramos, pero me sorprendió nuevamente cuando me dijo que me siente en el living.

    —Mocosa, ¿Whisky, Gin, Vodka, Cerveza, Vino?

    —Cerveza por favor.

    —Ya vengo.

    Dos minutos después me dio una lata, y se sentó frente a mí.

    —Soy tu primo, bastante más grande que vos. Nunca hago esta pregunta, pero a vos sí: ¿Por qué?

    —Facu, en serio sos jodido. Es la pregunta más baja libido que existe.

    —Contéstala.

    —Porque me dejaste loca hace cinco años, me besaste de una forma que ningún otro me beso, y hoy, por favor, me diste un place que nunca viví. Necesito, quiero hacer el amor con vos.

    —¿Hacer el amor? Wow…

    —Sí. ¿Y vos, por qué?

    —Mocosa, termina la cerveza y te cuento. Me dijo.

    No discutí, era inútil tratar de que responda. Termine la cerveza y estruje la lata. Se puso de pie, me tomo la mano y fuimos a su cuarto. Yo tenía puesta una camisa y una mini. El calzado me lo saque yo. Sin tacos, apenas le llegaba a la barbilla. Facu se sentó en la cama aún vestido y lentamente fue desabrochando la camisa, sin dejar de mirarme a los ojos. Siguió el cierre de la mini, que cayó al suelo. Se puso de pie, se quitó la remera y el jean. Con una dulzura tremenda me hizo acostar y él se tiró a mi lado.

    Nos comenzamos a besar, lenta y suavemente. Los besos como nuestra excitación fueron subiendo en intensidad, de pronto sentí que con una mano, desprendía mi corpiño, y me lo termine de quitar. Otra vez su boca busco mis pechos, los besaba como en la playa, pero ahora intercalaba pequeños mordiscos y succiones en mis pezones. Yo estaba prendida fuego. Otra vez mi concha estaba inundada.

    Otra vez su mano a mi concha, pero ahora, por debajo de mi tanga. Y se puso a jugar con mi clítoris con sus dedos sin quitar su boca de mis pechos.

    —Facu, me estas destrozando la cabeza. Alcance a decir.

    —Goza mocosa, quiero que goces como nunca. Me dijo suavemente.

    Y claro que estaba gozando. Con delicadeza separo mis labios vaginales y paso un dedo entre medio, haciéndome desean que me lo entierre. Pero no lo hizo. En cambio, dándome suaves besos fue bajando con su boca, al tiempo que con sus manos me quitaba la tanga.

    Ahora sus manos se ocupaban de mis pechos, y su boca de mi clítoris. Casi me muero cuando lo succionaba entre sus labios y fue peor cuando lo tomo con cuidado entre sus dientes y le daba pequeños golpes con su lengua. Estalle en uno o mil orgasmos, no puedo saberlo.

    Siguió bajando y fue su lengua la que entró en mi concha. Era un hierro encendido que me penetraba y salía. Sus dedos jugaban con mis pezones, retorciéndolos con suavidad, provocándome escalofríos y orgasmos. Lentamente fue subiendo con su boca. Yo, con las piernas abiertas, el entre ellas. Las levanté un poco y abrí los ojos en forma desmesurada cuando sentí que algo de un tamaño impresionante entraba lenta y suavemente a mi concha.

    Entraba y salía, cada vez más profundamente, cada vez haciéndome sentir mil placeres distintos. Aunque esta con los ojos abiertos y el apoyado en sus brazos sobre mí, me costaba verle el rostro. Se me nublaba la vista del placer. Hasta que sentí que mi concha estaba totalmente llena con su pija. Y comenzó a bombear, lenta, metódicamente.

    —Rodéame el cuello con tus brazos. Me dijo.

    Lo hice, él pasó sus brazos alrededor de mi espalda y se quedó de rodillas, rodeé su cuerpo con mis piernas y me comenzó a besar, cuello, cara, labios, mientras se movía sin parar. Fue un tiempo sin fin, yo lo besaba loca de placer. Lentamente fue incrementando la velocidad de su bombeo. Hasta que escuche que me decía al oído:

    —Porque desde aquel beso, no te pude sacar de mi mente. Te amo mocosa.

    Y me enterró su pija por completo, acabando lo que me parecieron litros de su leche. Mi orgasmo fue increíble, mi cuerpo se estremeció una y mil veces. Facu no se movía, no me soltaba ni me acostaba. Echo su cabeza para atrás, y me miró a los ojos. Los míos estaban llenos de lágrimas. Lo besé con todo, le partí la boca con mi beso. Nos dejamos caer en la cama, y en un momento pensé que era imposible separar nuestros cuerpos.

    Me levanté, y fui al baño. Me higienicé con el bidet, y volví al cuarto. Me esperaba con una lata de cerveza en la mano.

    —Sos un hijo de puta… te odio por decirme primero que me amabas, yo no me anime, no quise que pienses que soy una mocosa tonta. Dije pegándole en el pecho.

    —Mocosa, sos. Te amo.

    —Y yo a vos. Dije y por primera vez vi su pija. Aún flácida era gigante al lado de las de mis ex novios…

    —¿Eso me metiste? No tenés piedad. Dije riendo.

    —Pobrecita, le voy a hacer unos mimos.

    El desgraciado, como si fuera una muñeca inflable, me sentó en su boca y comenzó a chuparme con todo. A la mierda toda la ternura y los cuidados, me mordía el clítoris con furia, chupaba como bestia. Me metió dos dedos en la concha y buscó mi punto G, que estaba feliz de que un hombre lo hubiera encontrado por primera vez. Entre su boca y sus dedos me volaron la cabeza. Yo misma me apretaba los pechos, gritaba como loca de placer, tiraba de sus cabellos sin parar, a veces para enterrar su cabeza en mi pubis, otras para sacarla.

    No contento con eso, casi en el aire, en un solo movimiento me hizo hacer un 69. Y otra vez mis ojos desmesuradamente abiertos. Su pija estaba parada y era un tótem, alta, gruesa y dura. Me tire de cabeza a chuparla, mientras Facu me comía la concha con todo. Su lengua entraba y salía, lamía mi clítoris, me destrozaba. Yo trataba sin lograrlo que me entre totalmente en la boca. Imposible.

    De pronto, un dedo en mi orto.

    —Ni se te ocurra, ni operándome me entra esta pija en el culo. Grite.

    Su dedo empezó a entrar despacio, con cuidado.

    —Te imaginas, te tengo así, en cuatro, y te la apoyo. Voy empujando lentamente, hasta que te penetro, y ahí, te la entierro con todo. Te tomo firmemente de la cintura, vas a gritar de placer y te voy a dar hasta que pidas por favor que te acabe. Gritando como loca me pedís que te acabe, y te doy el gusto, te lleno toda con mi leche.

    —Sos un desgraciado, me estas cocinando la cabeza hijo de puta…

    Salió debajo de mí y me puso en cuatro patas. Yo estaba aterrada y totalmente enajenada. Quería que lo haga, pero sabía que me iba a hacer mierda, totalmente destrozado me iba a quedar el culo. Pero el deseo de que cumpla con lo que dijo…

    Pude sentir como llevaba su pija lentamente, rozando mis piernas, mi culo. Empecé a sentir la presión en mi orto, mordí las sábanas esperando lo peor, pero el desgraciado me enterró de una y sin aviso su tremenda pija en mi concha. Di un grito tremendo, entre placer, bronca porque no me hacía el orto y algo, muy poco dolor. Y como me había dicho, me tomo firmemente de la cintura, haciendo que mis rodillas queden en el aire y me empezó a coger con todo.

    No puedo explicar cuanto placer sentía siendo cogida con tanta excitación, tanto fuego, tantas ganas contenidas. Y tal como dijo, empecé a gritar de placer, como loca, como una yegua siendo cogida por su semental. Estuvo mucho tiempo, en serio que no se cuanto, hasta que sentí que no soportaba sus embestidas. Ahora sí, con tantas embestidas su pija estaba entrando totalmente en mi concha.

    —Por favor acaba, no doy más. Te lo juro. Dije exhausta.

    Y embistiendo aún más fuerte por varios minutos, me enterró totalmente su pija y sentí como me inundaba la concha con su leche. Por unos segundos pensé que me iba a desmayar. Se me nublaba mal la vista, me temblaban las piernas, los brazos, todo el cuerpo.

    Con suavidad me puso en la cama y como pude me di vuelta, para chuparle la pija y dejarla totalmente limpia mientras se acostaba a mi lado.

    —Te asustaste, tenías el orto fruncido. Dijo riendo.

    —Boludo, en serio pensé que me lo ibas a romper en mil partes. Pero me cocinaste la cabeza de tal forma, que estaba dispuesta a todo. Y cuando sentí que empujabas…

    —Eran mis dedos, mocosa tonta.

    —Te odio desgraciado.

    Nos besamos con todo. Nos quedamos un rato abrazados y él insistió en acompañarme a la casa de los padres. Nos despedimos con un beso en la puerta. Me acosté recordando cada instante, cada caricia. Por un momento pensé como seguiría nuestra historia. Pero me dormí profundamente. Estaba destrozada.

    Cuando desperté, sin mirar la hora me di una ducha, me puse una bikini y salí del dormitorio. En la cocina estaban mis padres, mis tíos y Facundo. Todos sonreían como quien hizo una maldad.

    —Hola mocosa, parece que estabas cansada. Son las tres de la tarde. Dijo Facundo.

    —Me acosté tarde, baile mucho. Dije odiándolo por dentro.

    —Se nota nena, tenés unas ojeras tremendas, noche movida entonces… Dijo mi tía.

    —Si tía, muy movida…

    —Nos decía Facu que se encontraron en el boliche… dijo mi viejo.

    —Sí, claro. Dije ya con fastidio por el interrogatorio, y por la sonrisa socarrona de Facundo.

    —¿Facu, le contaste a Nati que no son primos? Que el parentesco se pierde en nosotros. Dijo mi tía.

    —Ay… me olvide… Dijo y se largó a reír con todo.

    —¿Cómo, no entiendo? Dije.

    —Claro, el grado de parentesco termina al nivel de tus padres y nosotros. Uds…. no son parientes, ni primos ni nada.

    —Ah… ¿y cuánto hace que lo saben? Pregunté.

    —Nosotros desde siempre, Facundo desde que tiene quince, o por ahí. Dijo mi viejo y se largó a reír con todo.

    —Sos un hijo de puta Facundo, vos no tía, pero el sí. Todos estos años…

    —¿Disfrutaste anoche Nati? Preguntó mi vieja.

    —Váyanse todos a la mierda, los odio.

    —Mocosa, ¿Querés ser mi novia?

    —No sabes las ganas de decirte que no por mal tipo. Pero te amo desgraciado.

    —Dale, agarra tus cosas y vamos para casa. Ya estás grandecita para dormir bajo el ala de tus viejos, mocosa.

    —La puta… basta con lo de mocosa. Y Uds. de que se ríen, defiéndanme. Grité y me fui a buscar mis bolsos.

  • Hetero dominado y convertido en puto terminó disfrutando

    Hetero dominado y convertido en puto terminó disfrutando

    Esta historia está basada en una experiencia personal de hace varios años, por allá de los 90´s, cuando era más joven; utilizaré nombres ficticios para que sea más fácil compartir lo que viví, empezaré por presentarme, me llamo Rafael Vidal, casi siempre me han dicho Rafa y me gusta. La historia que les platicaré sucedió en 1995, por lo que empezaré trasladándolos a esa época, y por supuesto me describiré como era en ese entonces.

    En México vivíamos una crisis terrible debido al famoso error de diciembre y el presidente era Ernesto Zedillo, pero no nos importa la política, mas bien quisiera que imaginaran que en esa época ya existía el internet, pero era muy rudimentario y solo tenían acceso algunos cuantos, principalmente universidades, pero además no existían las redes sociales como el Facebook, watts app, Twitter, ni había Wi Fi, la forma que teníamos los jóvenes para comunicarnos era mediante el teléfono fijo en casa o de forma personal, los más afortunados teníamos Skytel, (Radiolocalizador) y empezaban los celulares que eran verdaderos ladrillos, es decir que para relacionarse se tenía que hacer de forma personal.

    En ese entonces acababa de cumplir 18 años, estudiaba la preparatoria y estaba en la edad donde descubrí mi sexualidad y las hormonas estaban al tope, queriendo disfrutar del sexo en todo momento.

    En esa época era un chico deportista, estaba en la selección de basquetbol, que había sido campeona en los juegos de preparatoria, media 181, complexión delgada, piernas fuertes por el ejercicio y sin considerarme el chavo carita de la escuela, tenía algo de pegue con las chicas hasta ese momento, siempre me consideré heterosexual y de verdad que tenía un gusto por las chicas, con quienes disfruté momentos increíbles de sexo y a quienes les parecía atractivo por ser deportista, pero sobre todo por ser el mejor amigo de Luis.

    Para que puedan maginar a Luis trataré de describirlo, aunque les aseguro que en persona se veía mucho mejor, era un chico de 18 años, medía 1.83, un poco más alto que yo y complexión delgada pero con músculos marcados por él ejercicio, pero con la diferencia que tenía un cuerpo super atlético, porque antes del basquetbol, fue nadador, una espalda ancha, pectorales bien trabajados, unas piernas fuertes, unas nalgas redondas y fuertes, una cara perfecta sin imperfecciones, apiñonado claro, ojos color miel, nariz recta, barba partida, unos labios que invitaban a ser besados, y un paquete entre sus piernas que yo no conocía, pero tenía la fama entre las chicas de una buena dotación, pero cuando uno lo escuchaba hablar, todo lo que describí se olvidaba, porque tenía una voz gruesa muy varonil que cuando hablaba y sobre todo cuando sonreía con su dentadura perfecta, acaparaba las miradas de todos, por algo era el tipo mas cotizado de la prepa, pero para mí, era simplemente mi mejor amigo. Y no esperaba lo que iba a suceder ente nosotros.

    Luis era el capitán del equipo de basquetbol, y hacíamos buena mancuerna en el equipo donde fuimos campeones, pero a diferencia mía, el si era u cabrón carita, que tenia a todas las chicas babeando por él y que bastaba una simple sonrisa para terminar en la cama con cualquiera de ellas, entenderán que su amistad significó para mí, tener a mi alcance muchas chicas para pasarla rico y así sucedió, hubo muchos momentos donde terminábamos teniendo sexo con una o varias chicas, incluso llegamos a compartirlas, fuimos a puteros donde terminábamos extasiados de tener sexo con prostitutas, en fin, Luis era mi brother, mi mejor amigo, el galán de la escuela, y con quién compartí muchas experiencias cachondas con chicas, pero el destino nos tenía preparado algo inesperado.

    En varias ocasiones estando pedos con viejas a nuestra disposición para coger, Luis y yo, echamos volados para decidir con que vieja cogeríamos, y eso era muy cachondo, porque la suerte decidía con quién estar.

    Casi para terminar el tercer año de prepa, ingreso a la prepa una chica preciosa de nombre Roxana, quién contaba con un cuerpo escultural y voluptuoso que se remarcaba con la ropa tan pegada que usaba. Una chica preciosa con un rostro perfecto y buen gusto en su maquillar y vestir, por supuesto que se volvió el manjar a disfrutar de todos los cabrones de la prepa, incluyendo a Luis, quién uso sus encantos para acercarse a ella, pero a diferencia de las demás ella no se dejó llevar y se le puso difícil, algo que nunca le había sucedido a mi mejor amigo siendo que estaba por terminar el curso.

    Para mi suerte, Roxana se hizo amiga de Olimpia, una chica de buen ver, quién era mi novia. Y, por lo tanto, mi mejor amigo me pidió aprovechar esta conexión para que la hiciera su novia, aunque lo que era claro es que quería cogérsela y se le hizo una obsesión. El tiempo no ayudo y se terminó el curso, entonces sucedió algo mágico.

    Para celebrar el final del curso, mi amigo y yo en una de tantas borracheras decidimos organizar un viaje a Acapulco, donde fuera con mi novia, y por supuesto, ella convenciera de invitar a Roxana, para que en una noche de diversión y pasión terminara entre las sábanas de mi mejor amigo.

    Aunque por dicho de mi novia, no le fue fácil, pero terminó convenciendo a Roxana de que fuera, también me dijo que le había confesado que le gustaba Luis y que estaría dispuesta a ser suya, situación que cuando le comenté a Luis, lo puso caliente de pensarlo e inconscientemente se froto la verga de imaginárselo, porque le traía muchas ganas, yo me di cuenta de eso, pero no le di importancia, ya que sería una forma increíble de terminar la prepa, encamados con nuestras viejas y cogiendo hasta mas no poder.

    Entonces empezaron los preparativos, nunca vi a Luis tan entusiasmado por una chica, fuimos a Tepito para conseguir condones, lubricantes, yumbina (para aumentar la libido de las mujeres) y pastillas azules, él consiguió que su papa le prestara su Mustang, y alquilamos dos habitaciones en el Hotel Acapulco Crown Plaza que en esos tiempos era el mejor de este paradisiaco destino de playa.

    Por fin llegó el día. Salimos de México y durante el viaje todo fue alegría, buenas rolas en el radio, cantando, tomando cervezas, y en el fondo Luis y yo, teníamos el plan de pasar una noche de sexo desenfrenado y lujurioso con nuestras chicas.

    Llegamos al hotel y se quedaron deslumbradas por el lujo, dos habitaciones con cama king size para convertirlas en un paraíso del placer, cada quién con sus respectivas parejas llegamos a su respectiva habitación y nos preparamos para ir a la disco, mientras nos cambiábamos, mi novia, Olimpia, me dijo que Roxana le había comentado que estaba dispuesta a todo con Luis. Yo en el fondo pensaba en lo mágico que sería esa noche entre ella y yo.

    Fuimos al bar de moda el “Baby O”, fue una noche espectacular, bailamos, nos divertimos, y para cumplir lo planeado, ambos nos tomamos las pastillas azules y les dimos en sus bebidas a las chicas la yumbina.

    El baile se hizo cada vez mas erótico y cachondo, besos con nuestras chicas, fajando mientras bailábamos, todo se desarrollaba conforme a los planes, y mi amigo y yo, intercambiábamos miradas de complicidad ante lo inminente, nuestras viejas estaban calientes, todo estaba preparado y el alcohol se hizo nuestro cómplice, le entramos chingón al pedo, pensando en lo que nos esperaría con nuestras viejas. Con tanto erotismo, y con las pastillas azules, los dos estábamos mega calientes, siendo de madrugada y con las ganas de liberar esa calentura que teníamos dentro, salimos de antro para ir al hotel. Era evidente que ambos estábamos bien calientes para disfrutar de una noche de pasión con nuestras viejas. Para Luis sería su primera vez con la chica mas deseada de la prepa quien además estaba dispuesta a todo con el.

    Así llegamos al hotel, aunque he de decir que el aire que nos dio a la salida incrementó la borrachera que traíamos y eso no paso desapercibido a las viejas, Roxana, quién estaba dispuesta a tener una rica sesión de sexo con Luis, tomo la decisión al vernos tan pedos de que mejor nos viéramos al día siguiente que se nos bajara, y en tanto se quedaran, las chicas en una habitación y nosotros en otra a pesar de nuestra inconformidad, ellas tomaron la llave de la habitación y se fueron, dejándonos megas calientes.

    Luis y yo, al ver lo sucedido y ver nuestros planes cortados, nos valió madres por la borrachera y pedimos una botella en el hotel para seguir chupando en la playa, era medio incomodo ver que el mesero estaba al pendiente de nosotros, al fin y al cabo, un hotel de prestigio. Y entre la peda, nos dimos cuenta de que estábamos calientes, y necesitábamos unas putas para desahogarnos. En ese tiempo no había internet para conseguirlas por lo que le pedimos al mesero que las buscara, pero por ser vacaciones, el cabrón no encontró a nadie, y nos dijo que para el día siguiente nos presentaría a las viejas más buenas del puerto, lo que nos puso mas calientes, pero eso sería hasta el día siguiente, por lo que entre tanta peda, decidimos ir a jetearnos al cuarto.

    Cuando entramos los dos pedos y calientes al cuarto, vimos que solo había una cama. Y como buenos hetero que éramos, nos acostamos alejándonos lo más que pudimos, pero con la verga bien dura. Luis tomo el control y me dijo que buscaría una película para masturbarnos, entonces yo me la saque y me la empecé a jalar, estaba bien caliente, pero por mas que buscó no había películas porno, era lógico porque era una habitación familiar, entonces dejó el noticiero y se acostó para jalársela igual que yo, los dos estábamos bien calientes con la verga parada.

    Para venirme, yo cerré los ojos y me imagine una de tantas ocasiones donde tuve a una vieja chupándomela y mientras me la jalaba le decía a Luis que me encantaría una mamada, él me dijo que también deseaba lo mismo, y sin pensarlo le dije:

    “Cabrón, estaría chido una mamada, somos cuates, por que no le das un besito…”

    A lo que mi amigo dijo:

    “No mames cabrón no soy puto… pero también estaría chido una buena mamada…”

    No sé porque, pero se me ocurrió decirle que, como en otras ocasiones fuera un volado el que decidiera quién se la mamaba a quién.

    Mi amigo se rio, pero al final aceptó anticipando que, sería un volado de caballeros y amigos, y no se valía rajarse si la suerte decidía que uno de los dos terminara chupándosela al otro. Por nuestra amistad y todo lo que habíamos vivido, no se valía rajarse.

    Ente la peda y la calentura echamos el volado y yo elegí sol. La moneda se envió al aire y terminó cayendo a mi favor todavía recuerdo cuando la mirada del pinche Luis que no lo creía y yo le recordé sus palabras de que no se valía rajarse.

    El cabrón se hizo medio pendejo, diciendo que era una broma, que no era puto y no estaría dispuesto a eso. No era lo que quería, pero le dije que, si hubiera sido al revés, estaría dispuesto a cumplirlo y me dijo que por supuesto que le gustaría una mamada yo estaba bien caliente y me pare con toda la decisión de hacerlo cumplir su promesa.

    Entonces me pare y me puse frente a él con la verga bien parada sin ganas de hacerlo, pero con el compromiso de brothers de cumplir el volado. Acercó su cabeza a mi miembro lo que se me hizo muy excitante, entonces tome su cabeza y la dirigí a mi verga que estaba bien parada y lubricando, con temor y miedo, solo con la intención de cumplir la apuesta, Luis acercó su cabeza y yo aproveche para obligarlo a chupármela. Fue algo más allá de lo cachondo el hecho de tener al carbón mas carita y deseado por las viejas hincado frente a mi chupándomela eso me puso super excitado.

    Sentí mi verga ocupada con su boca húmeda y caliente y me di cuenta de que no le gustó. Pero eso me prendió aún más. Cuando sentí que quiso alejarse, no dude en tomarlo de la cabeza y obligarlo a que siguiera chupándomela use la fuerza para obligarlo y lo logre siguió teniendo mi verga dentro de su boca sentí una excitación que nunca había sentido por supuesto que había tenido en mi verga bocas mas expertas para mamar, pero el hecho de tener a mi amigo que era el mas carita de la escuela, me daba una excitación superior que nunca había sentido.

    Fue un placer inexplicable, nunca había tenido la boca de un cabrón en mi verga chupándomela, no sé cuánto tiempo paso, quizá muy poco, pero yo sentí una eternidad. Y de repente en mi mente tuve la idea de ponerlo en cuatro para cogérmelo, se me hizo mega cachondo tener al cabrón más deseado en la prepa a mi merced para cogérmelo con toda la excitación que tenía y a pesar de que estaba encantado que me la chupara, saque mi verga de su boca, lo levanto y lo volteo para cumplir mi deseo y meterle la verga.

    Cuando Luis se dio cuenta de mis intenciones, se voltea y me dice cabrón, yo ya cumplí, y si se trata de ver quién se coge a quién, entonces dejémoslo a otro volado. Yo con la calentura de poseerlo, no lo pensé.

    Echamos el volado. Pero esta vez la suerte no estuvo de mi lado y perdí. En mi mente estaba cogérmelo, no ser cogido y mi verga reaccionó de inmediato y se me bajo la calentura.

    Se acabó toda excitación y me acosté en mi lado de la cama. No pensé ni estaba preparado para algo así, y le dije a mi cuate que ahí moría, pero a la inversa que yo este güey se puso muy caliente, me di cuenta de ello cuando vi por primera vez su verga estaba parada y babeando nunca había visto la verga de mi amigo hasta ese día estaba muy bien dotado, y hasta ese momento entendí la fama que tenía entre las chicas.

    Me quise hacer el dormido cuando este güey me dijo que éramos amigos de palabra, y él había cumplido entonces lo mínimo era que yo cumpliera.

    Como estaba pedo, sentí un compromiso moral con este güey porque a pesar de que era hetero, estuvo dispuesto a mamármela, por cumplir una apuesta. Entonces por el compromiso de cumplir a una apuesta por mi mejor amigo accedí a ponerme en cuatro para que me la metiera, pero le dije que me iba a poner siempre y cuando prometiera que cuando le dijera que, hasta allí, todo terminaría. A lo que respondió diciendo que cuando yo lo dijera la sacaría. Solo era cumplir la apuesta.

    Entonces que me pongo en cuatro en la cama fue algo vergonzoso, pero estaba dispuesto a cumplir mi palabra con mi amigo.

    Ese güey se puso atrás de mi y se unto un chingo de lubricante, acercó su verga a mi culo, y de repente me la dejo ir sin pensarlo. Yo no lo esperaba así, fue un pinche dolor encabronado y le dije:

    “no mames cabrón… hasta aquí… ya sácala…”

    Pero contrario a lo que yo esperaba, este güey en lugar de sacarla me agarró con fuerza del pecho y los hombros y me impidió moverme. Me tenía ensartado y a pesar de que intentaba moverme para sacarme su verga que tenía dentro, ese cabrón lo impidió, y lo único que conseguí al tratar de zafarme, fue darle más placer a su reata que tenía dentro.

    Estuve un buen rato queriéndome zafar, con un pinche dolor cabrón. Y este güey no lo permitió, me mantuvo ensartado, casi sentir desmayarme. Y deje de oponer resistencia.

    Cuando deje de oponer resistencia, exhausto y casi desmayado, este güey empezó poco a poco a sacarla y meterla. Yo me daba cuenta de eso pero estaba tan cansado que no opuse resistencia.

    Estando pedo, exhausto por la resistencia a ser cogido. Pero consciente me di cuenta de que este cabrón empezó el mete y saca de su verga en mi culo, que ya no ofrecía resistencia. Y sintiéndome usado y con ganas de partirle su madre, este cabrón mientras me cogía, empezó a decir que siempre había deseado poseer el culo de un macho que le excitaba mucho convertir a un cabrón en puto que disfrutaba un chingo tener ensartado a un verdadero carbón y empezó a hablarme al oído diciéndome:

    “Me gusta hacerte mi puto”

    “Nunca había sentido más placer que tener mi verga ensartada en un cabrón”

    “Te estoy cogiendo y lo disfrutas cabrón, ya eres mi puto”

    “Que rico te mueves pincho puto, me gusta sigue así…”

    Y mientras más me humillaba, mi orgullo estaba por los suelos, pero empecé a sentir una excitación que no esperaba.

    Ya no ofrecía resistencia y este cabrón empezó a cogerme sin piedad la sacaba y la metía con fuerza y eso me excitaba más. Mi mente ya no pensaba en la humillación de ser un hetero sometido ante otro güey sino que estaba concentrado en las sensaciones que tenía, y esas eran de mucha estimulación y excitación.

    De pronto todo se nublo. Empecé a sentir un placer inexplicable mi cuerpo se estremeció ante las sensaciones de placer que sentía era increíble estaba viniéndome, sintiendo y estando estimulado por una verga dentro fue lo máximo y al mismo tiempo empecé a sentir como este cabrón se empezó a venir dentro de mí. Sentí su orgasmo casi mismo tiempo que yo me venía fue delicioso sentir sus disparos de leche en mi culo. Al mismo tiempo que me venía.

    Termine exhausto junto con el y nos quedamos unos minutos abrazados y yo sintiendo su verga dentro fue chingón yo estaba muy confundido por una parte no había sentido atracción sexual con mi amigo, pero por la otra, me había encantado lo sucedido, después entre la peda y las sensaciones sexuales terminamos dormidos.

    Después de ese día, y terminadas las vacaciones, nunca volví a saber de mi amigo, como si ese día nunca hubiera sucedido.

    Yo terminé casándome con mi novia y teniendo dos hijos, pero a pesar del dolor, esa experiencia fue lo más chingón que he tenido en la vida y quiero repetirlo.

  • El gimnasio del placer

    El gimnasio del placer

    Relato anterior «Preñada en Las Vegas por mi esposo ¿o mi suegro?», dejo el enlace al final del relato. 

    Mi vida había cambiado, ahora era madre de un hermoso bebé, al que todos chuleaban, decían que estaba hermoso que parecía bebé de comercial de tv o revista y me sentía orgullosa, me gustaba presumirlo, sin embargo, estaba inconforme con mi cuerpo, pensé que automáticamente que naciera el bebé, recuperaría la figura, pero no fue así, tenía unos 10 u 11 kg. de más, a los siete meses del nacimiento del bebé lo desteté y empecé una dieta, salí a caminar en las tardes con la carriola del bebé y la ayuda de mi empleada doméstica, quien también se desempeñaba como nana.

    Un par de meses más tarde había perdido unos 5 kg, pero todavía no alcanzaba mi peso ideal y sentía que necesitaba tener más firmeza y tonalidad en mis músculos.

    Se avecinaba el bautizo del bebé, el cual se realizaría al cumplir el año y quería estar despampanante, así que me inscribí a un gimnasio cerca de mi casa, era un gimnasio pequeño, pero con lo suficiente para lo que requería, sólo quería un poco de cardio, lo que es spinning, bicicleta fija, cinta para correr, step, remo, mi intención sólo era bajar de peso y tonificar mis músculos, a fin de volver a tener el cuerpo delgado y firme de siempre y ese culito redondo y respingado que tanta admiración causaba.

    Muy temprano en las mañanas y en las tardes estaba muy concurrido, pero después de las 9 de la mañana estaba siempre casi vacío, así que empecé a ir cada tercer día alrededor de las 10 u 11 de la mañana, a esa hora tampoco estaban los instructores, ya que normalmente solamente acudían en las tardes, pero el encargado me dijo que él era también instructor y podía apoyarme en lo que necesitara.

    Después me enteré de que el encargado, Don Diego, era también el propietario del gimnasio, un señor maduro de piel morena apiñonada, de pelo entrecano y complexión muy atlética, musculoso y varonil, alto, alrededor de 1.80 de estatura y unos 45 años de edad, desde el primer día, me impactó, cuando me dio la mano después de inscribirme me apretó la mano con firmeza y seguridad y sentí que mi corazón empezó a latir con fuerza.

    Pronto me di cuenta que efectivamente apoyaba como instructor a los pocos asistentes en el horario que asistía y en ocasiones aprovechaba también para hacer ejercicio como uno más de los clientes, mientras hacía ejercicio no le quitaba los ojos de encima desde mi bicicleta de spinning o caminadora y siempre terminaba con mi coñito húmedo, me encantaba ver su cuerpo musculoso y varonil haciendo ejercicio.

    Poco a poco fuimos haciendo amistad, además de guapo y varonil, era gracioso y siempre me sacaba alguna sonrisa, buen conversador, siempre tenía algo interesante que decir.

    Al cabo de un par de meses, había perdido otros 5 kilos y había recuperado la figura, nuevamente tenía un cuerpo espectacular y me di cuenta que a Don Diego no le resultaba indiferente, a través de los espejos lo descubrí varias veces con su mirada puesta en mi culo y en forma discreta se lo exhibía, para que se deleitara con él, nuevamente empezó a nacer en mí, el deseo de ser infiel, me resultaba un hombre muy atractivo, después de lo ocurrido con mi inquilino y mi suegro, me había dicho a mí misma que ya no debería volver a la tentación de caer en los brazos de otro hombre, pero mi alma de puta me traicionaba, mi mente empezó a maquinar algún plan para seducirlo, me di cuenta que el gimnasio cerraba de la 1 a las 2 de la tarde que era la hora que utilizaba Don Diego para comer y empecé a ir casi a esa hora que estaba semivacío, me ponía un atuendo de prendas de lycra que se ajustaban a mi figura, de la parte superior ligeramente escotado, resaltando mis tetas, las cuales debido a mi embarazo y posterior lactancia, se notaban más voluminosas y turgentes, unos leggins deportivos de lycra que me quedaban de infarto, se me ajustaban como una segunda piel y se metían entre mis carnosas nalgas de tal forma que parecía que mis nalgas estaban desnudas.

    En ocasiones cuando estaba en la caminadora se paraba frente a mí para darme instrucciones y notaba como desviaba su mirada, fingía no darme cuenta, y si estaba en el área de pesas, escogía a propósito los aparatos que estaba delante de esa área y observaba como se daba gusto viendo el balanceo de mis nalgas y tetas cuando hacía ejercicio, no en pocas ocasiones lo descubrí tocándose la entrepierna. y ver crecer su paquete, y vaya que se le marcaba, alcanzaba a notar el contorno de su verga en posición horizontal, apretada por sus pantalones deportivos, se notaba gruesa y larga, si bien los hombres musculosos tienen la fama de tenerla chiquita, don Diego era todo lo contrario.

    Un día llegué más tarde que de costumbre, cerca de las 12:30, apenas media hora antes del cierre para comer, me disculpé con Don Diego, diciéndole que se me había hecho tarde y si me dejaría pasar, a lo que no puso objeción.

    Unos diez minutos después se despide el último cliente, don Diego lo acompaña a la salida y cierra la puerta con llave, quedando solamente en el gimnasio Don Diego y yo, ahí me dispuse a atacar, estaba en la caminadora, le hablé a Don Diego y le dije:

    – Don Diego, creo que la rutina que estoy haciendo no me está haciendo efecto, quisiera tener mis glúteos más firmes y paraditos.

    Me volteé y le di una vista privilegiada de mi culo, y le dije;

    – Mire, toque, se siente flácido mi glúteo.

    Con un poco de recato acercó su mano y palpó la dureza de mis nalgas.

    – Tienes un trasero precioso, solamente hay que ponerlo un poco más duro.

    Después siguió dando un apretoncito a mis piernas y expresó:

    – Las piernas están firmes, se nota que te ha ayudado el ejercicio.

    Su mano subió a mi vientre y también lo palpó.

    – Hay que poner más firme tu vientre, pero no te apures, yo te ayudaré.

    Sus toqueteos me excitaron muchísimo, mi vagina se humedeció, mi piel se erizó y casi le pido que me cogiera allí mismo, pero me contuve, aunque había dado el primer paso, me gusta más sentirme seducida, lo dejé hacer, aunque a esta altura estoy segura de que ambos sabíamos cómo terminaría todo.

    – Ven hermosa, para endurecer los glúteos lo mejor son las sentadillas con un poco de peso.

    Me llevó al área de pesas, esa área estaba rodeada de espejos y me dijo:

    – Sólo te voy a poner un poco de peso porque es la primera vez, pero cuando logres hacerlo bien, hay que ir aumentando el peso.

    Se puso detrás de mí y me tomó de las caderas frente a un espejo, Don Diego estaba completamente pegado a mí, sentí el calor de su pecho en mis hombros, y un bulto grueso y largo en la parte baja de mi espalda, alcanzaba a distinguir el contorno de su verga, y definitivamente era un bulto muy grande.

    – Mira al espejo para que veas tus movimientos y te asegures de tener la postura correcta.

    La barra me quedaba un poco más alta que mis hombros y trajo una especie de escalón, pero ancho y largo, me hizo subir al escalón y me tomó de los brazos, levantándolos y haciendo que agarre con ambas manos la barra, la piel se me puso de gallina a medida que sus fuertes manos recorrían mis brazos y me los elevana, nuevamente me tomó de las caderas y expresó.

    – Excelente, abre más las piernas y mira al espejo.

    Así lo hice, sentía un calor recorrer mi cuerpo, alcancé a ver su cara a través del espejo y me guiñó un ojo en forma pícara.

    Nuevamente se repegó a mí y su verga quedó entre mis nalgas, me hizo levantar la barra y ponerla en mis hombros, pesaba un poco y para poder cargarla tuve que encorvarme un poco, el contacto de su verga con mis nalgas fue más fuerte.

    – Muy bien hermosa, ahora empieza, dobla las piernas y mira al espejo, intenta mantener el cuerpo recto, no te preocupes yo te apoyaré.

    Y vaya que me apoyó, para hacer la sentadilla tenía que empujar mi culo hacía atrás, e ir bajando tallando su verga, su cuerpo pegado al mío, sujetaba mis brazos, dobló también sus piernas siguiendo mi movimiento.

    – Bien, hermosa, ahora hacia arriba.

    En ese instante empujó su pelvis hacía arriba y su verga se incrustó entre mis nalgas.

    Estiré las piernas para levantarme, con su «apoyo», el sudor recorría mi frente, me sentía ansiosa, no estaba completamente segura si quería cogerme o solamente aprovecharse y toquetearme, pero me excitaba mucho.

    – Excelente preciosa, pero tienes que doblar más las rodillas, y doblar un poco la columna hacia adelante- Puso una mano en mi vientre empujándome contra él y la otra en la parte baja de mi espalda haciendo que empine el culo, apretando más su verga en medio de mis nalgas.

    – Listo, vamos, hazlo de nuevo, que no te de pena empinar ese hermoso culito que tienes.

    Y así lo hice, empiné el culo lo más que pude en la siguiente repetición, frotando su enorme y duro garrote en medio de mis nalgas, duro y tibio, al terminar de bajar sentí la cabeza de su verga justo en la entrada de mi culo, mi culito se contrajo al instante, fue una sensación deliciosa, casi podría decir que sentí el palpitar de esa verga cabezona.

    Al subir hacia arriba empujó su pelvis y su verga parecía que se incrustaba en mi culo a través de la ropa, mi culito se contraía y relajaba, deseoso de sentir esa larga y gruesa barra de carne.

    Ya no podía más y sin recato al levantarme y dejar la barra, le acaricié su verga y le dije:

    – Ya no puedo, es suficiente, me duele el cuerpo, creo que necesito un masaje.

    – Claro bella dama, vamos a los vestidores y le daré mi mejor masaje.

    Entramos a los vestidores de damas y llegamos a una cama de masaje, me reclinó sobre la camilla haciendo que empinara el culo y me dio una nalgada.

    – Ufff, hermosa, que buen culo tienes, pero vamos a ver si no te quedaron demasiado tensos los músculos por el ejercicio.

    Me bajó mi licra hasta las rodillas y mi culo quedó expuesto, solamente protegido por mi tanga, empezó a acariciar mis nalgas, sobarlas, masajearlas y separarlas. Lo dejaba hacer recargada en la cama de masaje, vaya que lo hacía bien. me encantaba sentir sus grandes y suaves manos recorriendo mi piel.

    – Parece que estás un poco tensa hermosa, necesitarás un masaje completo- dijo quitándome mis leggins de lycra y mi tanga y me dio otra nalgada para subirme a la camilla.

    Me acosté completamente desnuda boca abajo, salió un segundo y cuando regresó abrió mis nalgas y sentí un chorrito de líquido viscoso caer en medio de ellas al tiempo que me propinaba otra nalgada.

    – Tienes un culito perfecto, sólo falta endurecerlo un poquito y la mejor forma de tenerlo durito y paradito es el sexo anal, preciosa, vamos a darle una buena sesión y verás que tendrás el mejor culito del mundo.

    Sentí su dedo pulgar frotar mi arrugado agujero, todo mi cuerpo se estremeció, una vez que embadurnó bien el aceite por fuera, su dedo presionó con suavidad, no fue difícil que se colara dentro con la lubricación que daba el aceite, no pude evitar dar un gemido ahogado, y empiné la colita invitándolo a continuar, así que lentamente me lo introdujo totalmente, empezó a moverlo en forma circular, acariciando mis paredes internas y disfrutando la estrechez de mi culito.

    – Mmmm, hermosa, que estrechito y calientito, como aprieta mi dedo, si así aprietas mi dedo no quiero ni imaginarme como apretarás mi verga cuando te recorra por dentro, ufff.

    Lo empezó a meter y sacar en forma deliciosa, literalmente como si me estuviera cogiendo con ese dedo, me encantaba la sensación, abrí las piernas y cerré los ojos agudizando los músculos de mi culo, para disfrutar sus caricias.

    Cuando ya entraba y salía con facilidad echó otro chorrito de aceite y empujó un segundo dedo, di un respingo de sorpresa, y lancé otro gemido.

    – Te gusta nena, que rico se te abre la colita, va a ser un placer enorme reventarte tu hermoso culito.

    Me dio un par de azotes en mis nalgas y los movía y sacaba, era un placer sublime, empecé a mover el culo en forma circular, apretando y liberando sus dedos, abría sus dedos como en tijera dilatándome y sentí otro chorrito entrar en lo más profundo de mi culo, la sensación de ese líquido fresco y viscoso entrando dentro de mi agujerito fue muy placentera.

    Sacó sus dedos y sentí mi culito vacío, necesitaba sus dedos y le reclamé.

    – Ay papi, que rico, sigue, no saques tus dedos, por favor.

    – Aguanta putita, ahora viene la mejor parte.

    Abrí los ojos y volteé hacia atrás, estaba completamente desnudo, no me di cuenta en qué momento se desnudó, su verga lucía imponente, larga, gruesa, con una cabezota rojiza y brillante, lo vi tomar el botecito de aceite y esparcirlo por toda su verga, la cabeza brillaba, jaló mi cuerpo de tal forma que mi culo quedara al borde de la camilla. El momento había llegado, cerré los ojos y me preparé para ser empalada.

    Sentí su verga resbalar entre mis nalgas, la empezó a mover de arriba a abajo recorriendo mi rajita, desde mi clítoris a mi culo, una sensación muy rica, ya deseaba sentirlo dentro de mí y moviendo el culo, le dije.

    – Anda papi, estoy que ardo, empálame, ya no aguanto, entiérrame esa rica verga.

    Lo vi sonreír a través de un espejo y abriendo más mis nalgas apuntó su capullo al centro de mi orificio y empezó a hacer presión, poco a poco mi esfínter se abría y dejaba pasar la cabeza, la cual quedó atrapada en mi interior.

    – mmmm, listo nena, ya entró la cabeza, que suavecito me aprietas la verga, se nota que ya te han enculado, ¿Te gusta?

    – Un gemido fue mi respuesta, siguió presionando suavemente y sentí como el grueso hongo me iba abriendo, centímetro a centímetro, hasta sentir su rizado pelambre acariciar mis nalgas, me tomó de la cintura y dando un movimiento de cadera terminó de clavarme por completo su rica verga.

    Empezaron las embestidas, lentas y profundas, la sacaba hasta dejar sólo la cabeza y me la enterraba hasta que sus huevos golpeaban mis nalgas, que rico me cogía, me encantaba sentir como su verja me recorría por dentro frotando mis paredes internas, una caricia que me hacía delirar.

    – ¿Te gusta nena?

    – Si, siiii, siiii, dame más, dame más duro.

    Entonces me la sacó y me acomodó en la camilla, puso unas toallas bajo mi cintura que me hacían empinar el trasero y se subió a la camilla, cerró mis piernas y nuevamente buscó mi agujero, sentí la cabeza de su verga en mi culito y lo traspasó sin mucha dificultad, a pesar de tener las piernas cerradas, me la fue clavando profundo y se recostó sobre mi cuerpo, vaya que pesaba, pero me gustó sentir mi cuerpo aplastado por el suyo, su pelvis aplastando mis nalgas, mi espalda aplastada por su pecho musculoso, era una sensación de dominio, me sentía sometida, reinició sus embistes, al tener las piernas cerradas sentía más intenso el roce de su verga contra mis paredes internas, costaba avanzar, incluso un poco de ardor, pero superado con creces con el placer que sentía.

    De pronto me la sacó y me dijo:

    – Ahora sigues tú nena, el siguiente ejercicio para levantar el culo son sentadillas, levántate mientras me acuesto y te vas a clavar solita la verga, vamos.

    Así lo hice, se recostó y yo me puse en cuclillas encima de su verga, sentía el enorme pedazo de carne en la entrada de mi culo, fui bajando poco a poco y lentamente fue entrando el hongo dentro de mi cuerpo, lo fui haciendo lento para que mi huequito se fuera acostumbrando al grosor de su tremenda cabeza, cada que sentía que mis pliegues se acostumbraban al diámetro, bajaba un poquito más, hasta que sentí sus huevos tocar mis nalgas, fue una sensación de plenitud extrema, estaba empalada hasta lo más profundo, me quedé un momento quieta y empecé a sacarla hasta la cabeza y otra vez bajaba hasta estar completamente llena de carne, un placer indescriptible recorría mi cuerpo en cada embestida, mi cuerpo se estremecía y corrientes de electricidad recorrían mi cuerpo, mis fluidos escurrían, era tanto que parecía que me estuviera orinando, que placer me estaba dando esa rica verga y me encantaba empalarme por mí misma, me dijo:

    – Ay putita no sabes que hermoso se ve como mi verga va entrando por tu culito y como se la traga toda.

    – ¿En serio?, ¿Te gusta?, pues vamos a ejercitar mi culito un poco más.

    Me recliné hacia adelante agarrándome de sus piernas y levante el culo hasta dejar sólo la punta dentro y me dejaba caer poco a poco para que viera como desaparecía su cilindro de carne en mi culo, movía mis caderas en círculo y de arriba a abajo cada vez más rápido, cada metida gemía más fuerte y al mismo tiempo lo hacía gruñir de placer, eso me encantó, ahora yo mandaba, era la encargada de dar placer, cada que apretaba el culo lo hacía gruñir, estaba segura que si me movía y apretaba el culo podía hacerlo acabar a la hora que quisiera, pero dejé que disfrutara un poco más de mi culo, dejaba entrar su verga hasta lo más profundo y luego apretaba el culo cuando la sacaba, me ardía al hacerlo, pero me sentía poderosa al hacerlo gemir de placer.

    – Ay, aghhh, así hay, que rico me aprietas la verga, agggh, así, apriétala- gritaba.

    Después de un rato decidí que era hora de acabar y lo empecé a cabalgar con frenesí, todo mi cuerpo convulsionaba, la saque hasta dejar solamente la puntita dentro y me deje caer, me la clavé hasta lo más profundo, al tiempo que apretaba el culo con fuerza, de inmediato sentí su verga vibrar y ensancharse y chorros de leche inundar mis entrañas, tuve un orgasmo estremecedor que recorría toda mi columna, por un momento sentí desvanecerme, los espasmos en mi culo apretaban involuntariamente su verga, exprimiéndole hasta la última gota, poco a poco su verga empezó a vibrar con menor intensidad y fue perdiendo su firmeza, cuando la sacó de mi culo estaba totalmente flácida y disminuida, me acurruqué junto a él, sentí que su cuerpo seguía temblando, aquel hombre tan fuerte y musculoso se veía ahora tan débil, tan frágil, me sentí la más puta del mundo, había superado a un macho poderoso y reducido a su mínima expresión, después de unos minutos de descanso, un poco repuesto expresó:

    – Eso estuvo de puta madre, nunca en mi vida me habían hecho gozar tanto, me has destrozado, siento que me hace falta el aire, el aliento, me has hecho gritar y gruñir de placer, siento que todo mi cuerpo se estremece y tiembla, es increíble.

    No contesté, solamente le di un beso de agradecimiento, estábamos sudados y olorosos a sexo, así que nos incorporamos y fuimos a las regaderas, su verga se veía tan disminuida que se me hizo tierna, se me antojó enjabonarla, pobrecita, seguía muy flácida.

    – Ufff, me sacaste toda la leche, hasta me duelen los huevos, que culo tan increíble tienes, nunca me había pasado esto, pero te dejé bien llena de semen, ¿lo sientes?,¿Te gustó?, las paredes del ano absorben los nutrientes, el semen es pura proteína, y las proteínas son esenciales para el crecimiento y fortalecimiento de los músculos, así que mi semen será absorbido por tu cuerpo e irá a parar a tus lindas nalgas y piernas, no lo dejes escapar, aguanta todo lo que puedas mi semen en tu culito, las paredes internas lo absorberán y así una parte de mí formará parte de tu cuerpo.

    – OK, apretaré las nalgas para que no se salga y prometo que lo mantendré dentro, pero es difícil, siento la cola muy floja y sin querer me escurre un poco. ¿Estás seguro de que ya no te queda leche? – le dije mientras acariciaba su verga suavemente,

    Poco a poco el bulto empezó a crecer y ponerse duro, apretando las nalgas para no dejar escapar el semen de mi culito me agaché y metí su miembro en mi boca, le mamaba el miembro con fervor, se la lamía, la besaba, le succionaba la cabeza, hasta que estuvo nuevamente completamente dura y gimió.

    – Aaah, putita, que rico, agggh, como mamas, ufff, ya me duelen los huevos, pero no importa, todavía debe quedar algo de leche.

    – Que bien amor, porque todavía falta mi mascarilla de semen para tener la piel de mi cara suave y radiante.

    Seguí mamando subía y bajaba mi cabeza sobre ese imponente miembro mientras masturbaba y le acariciaba los huevos, me sentía tan dominante, pronto empezó a gruñir y temblar, sentí que estaba a punto de estallar y la saqué de mi boca, le seguí masturbando, tenía frente a mí ese imponente nabo, cabezón y brillante, vi cómo se ensanchó y salieron trallazos de semen directo a mi cara, tuve que cerrar los ojos para que no me entrara semen, ya no con la misma intensidad, pero aún en forma abundante, ahora si estaba segura que le vacié los huevos hasta la última gota, después me embadurnó toda la cara de semen caliente y espeso, restregando la cabeza de su verga, gozaba de lo lindo viendo cómo me llenaba toda la cara de su néctar, metió la punta de su verga a mi boca, la mamé golosa, todavía alcancé a exprimirle algunas gotas y abriendo la boca le mostré su rica leche tibia y dulzona en mi lengua y me la tragué.

    – Puta madre, me vas a volver loco, eres maravillosa, mi amor.

    Me levanté y le di un rico beso, un beso con el sabor a su verga y su leche.

    Nos terminamos de bañar, haciendo caso de no aflojar las nalgas para no dejar escapar su semen de mi cuerpo.

    Me ayudó a vestir para no tenerme que agachar y por accidente dejara escapar su semen y así me fui a casa, apretando las nalgas.

    Llegue a casa y le dije a mi empleada doméstica y nana que me dejara descansar un rato, que venía muerta del gym.

    A pesar de apretar las nalgas, no pude aprovechar todo su semen, de vez en cuando sentía algún flujo que escurría, lo noté en mi ropa interior que quedó con una plasta de semen endurecido al siguiente día.

    Así me convertí en la amante de mi instructor del gym, todos me halagaron por recuperar mi figura y hasta mi esposo me decía que estaba más buena que nunca, que mis nalgas estaban más levantadas y firmes y mi piel muy suave y radiante.

    Mis amigas me preguntan cuál es mi secreto para tener mi cuerpo tan bien cuidado, así como mi piel y les digo que no hay secreto, todo es producto de un duro trabajo de gimnasio, así como algunas cremas y mascarillas suavizantes, lo que no les cuento es en que consisten las rutinas de ejercicios que me da mi instructor y que tan buenos resultados me han proporcionado, ni las mascarillas que me proporciona para tener la piel suave y radiante.

    Incluso mi marido se animó a inscribirse al gimnasio, cuando está en su etapa de descanso me acompaña y se hizo amigo de don Diego, incluso en una ocasión le agradeció por ayudarme a recuperar la figura, y sonriendo le dice que no es nada, solo algunas rutinas para tonificar músculos, que no había nada que agradecer, ya que todo ha sido por mi esfuerzo y dedicación, que incluso está sorprendido por la excelente forma en que realizo mis rutinas.

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    Relato anterior:

    “Preñada en Las Vegas por mi esposo ¿o mi suegro?”

  • Mi alumna preferida (2)

    Mi alumna preferida (2)

    Su pregunta no me resultó del todo extraña, en los casi treinta años que llevaba ejerciendo había recibido varias veces ese tipo de propuestas de alumnas (y algunos alumnos también) que, desesperados ante la idea de reprobar, y ociosos para hacer la labor extra que se les asignaba, no dudaban en ofrecerse a sí mismos.

    Lo que me descolocó por completo, fue el hecho de que ella optara por esa salida y no por presentar un examen o me pidiera algún otro trabajo escolar, después de todo, puede que fuera holgazana pero no estúpida, y a mi parecer un examen sin duda hubiera sido una sugerencia mas apropiada. Así pues, la mire tratando de que pareciera que analizaba su propuesta y no que intentaba calmar el repentino aumento de temperatura que me provocó con esa pregunta, y es que, siendo honestos, por mucho que me jodiera la situación, debo admitir que imaginarme a esa chica abierta, mojada y lista para mi sobre ese escritorio me había puesto muy, pero que muy duro el pene.

    Aun así, decidí tras un momento de lucha interna que lo mejor era negarme, con un suspiro que pareció fastidio pero era mas de frustración y coraje conmigo mismo por lo que estaba haciendo, respondí con un «no» que sonó mas rotundo de lo que quería. Sus ojos negros me lanzaron una mirada sorprendida y pareció cortarse un poco pero al instante, algo en mi expresión debió decirle que no era del todo sincero pues mientras, rodeando la mesa que nos separaba y dibujando una media sonrisa entre coqueta y tierna volvió a insistir -qué? ¿Es que no le gusto? -se recargó un poco y acarició ligeramente mi hombro -o es que se está haciendo el difícil porque le gusta que le ruegue?

    Para este punto, la parte racional de mi cerebro que me decía que me levantara y saliera de esa aula de inmediato pues estaba a punto de poner en peligro una oportunidad de trabajo y una reputación impecable por una niñata bonita era apenas un susurro pues el resto de mi cerebro y mi cuerpo se ocupan del modo que esas medias largas de lana gris se rozaban apenas con el dobladillo de su falda dejando al descubierto apenas una franja de la blanca piel de sus muslos. Las piernas, que sus botines bajos y esas malditas medias hacían ver aún mas largas y sugerentes, estaban entre abiertas a solo unos palmos de distancia, si yo quisiera, con solo extender mi mano podría estar tocándolas. Su respiración entrecortada, cada vez un poco mas a medida que mis dedos fueran ascendiendo, sus brillantes ojos negros engulléndome con el deseo contenido que mi caricia le provocaría, su lengua humedeciendo sus labios de cuando en cuando, su cabello cayendo por su espalda, las manos deseosas de tocarme también…

    -¿Y bien, profe? Preguntó Nerea en un susurro y mirándome directo a los ojos. Entonces me di cuenta de que no había contestado, que me había perdido demasiado tiempo en mis fantasías y que ella seguía recargada en mi escritorio, con las piernas ligeramente separadas, un botón de su camisa abierto, su cabello ondulado suelto, los labios húmedos, la mirada brillante, a la espera de una respuesta, y yo estaba muy excitado, duro y listo para dársela, y la respuesta también.