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  • Los cambios de Rocío

    Los cambios de Rocío

    Viernes 10:10 pm.

    Frente al espejo de su mueble tocador se terminaba de maquillar, un último toque de glose a sus labios y un retoque de rubor, unas últimas pasadas de rímel en sus largas pestañas y unas pasadas del peine por su cabello negro ondulado hasta los hombros, tan negro como la noche que aguardaba y prometía, tan negro como aquel día y su corazón se volvió a estremecer, a sentir dolor y se dio cuenta que ya no era dolor si no solo el recuerdo de ese dolor y los recuerdos y malos pensamientos hay que espantarlos como si fueran moscas en cuanto las oímos zumbar.

    Respiro profundo, se incorporó y camino hacia el otro lado de su habitación, el ruido de sus sandalias también negras con 10 centímetros de tacón con cintillas que se cruzaban en su empeine y terminaban alrededor de su tobillo, una cadenita plateada colgaba del broche, sus pasos sonaban al compás de un metrónomo de sensualidad. Llegó y se observó en el espejo de cuerpo completo que estaba al lado del clóset y la imagen que este le devolvió le fascinó, un portento de mujer, caderas anchas, piernas largas y torneadas y un culazo que se contoneaba provocadoramente natural al caminar, vestía una blusa blanca sin mangas con un listón que nacía del escote y se anudaba atrás de su cuello y dejaba su espalda medio desnuda, no se había puesto sujetador pues la blusa tenía unas almohadillas para sustituirlos y así evitar que se transparentaran los pezones, su período estaba por llegar y eso se notaba en sus senos que se ponían más duros y hasta parecía que más grandes, se pasó ambas manos por ellos y un cosquilleo en su bajo vientre le dio cuenta de lo excitada que estaba, un pantalón negro de mezclilla súper entallado que se adhería a sus largas piernas y remataban en un culo espectacular ayudado por los tacones y sus anchas caderas, con el completaba su atuendo.

    La noche prometía, era su primer cita en dos años, desde que se separó, sabía a lo que iba, ni para qué engañarse, Álvaro su jefe, le había invitado a cenar con motivo de celebrar que logró vender el departamento de casi 2 millones a ese chaval hijo de un matrimonio de empresarios dueño de una famosa cadena de restaurantes de San Luis pues este se quería mudar cuanto antes a vivir con su pareja, otro chaval que cursaba la misma universidad que él y ambos estaban por terminar sus carreras y quería que cuando la bomba estallase, cuando sus papas se enteraran que era gay él ya tuviera a dónde ir a vivir su vida.

    Álvaro, un hombre viudo con 2 hijos ya mayores y abuelo por parte de uno de ellos se había dedicado de lleno a los bienes raíces, era casi 10 años mayor que ella, pero era un hombre muy atractivo, quizá fue el parecido de Rocío con su difunta esposa lo que lo hizo que se obsesionará se podría decir que enfermizamente con ella.

    Desde que entró a trabajar a la inmobiliaria no dejó ni un día de alagarla, de decirle lo bien que olía su cabello o su perfume o lo bien que se veía con tacones, este era según parecía un fetiche que el hombre tenía, él también le agradaba a ella, su barba de candado que ya pintaba algunas canas, su ancha espalda, sus manos grandes y suaves, su voz gruesa, autoritaria pero no agresiva y los comentarios un poco alzados de tono que de vez en cuando le hacía también le gustaban, le ponían cachonda aunque en el momento no lo reconociera, recordó un día en que cruzaron la plaza comercial para salir a la otra avenida cuando al pasar frente a un local de lencería vieron un modelo de babydoll de encaje negro con una tanga de un diminuto triangulito que hacía necesario que la mujer que se lo pusiera tuviera esa zona totalmente depilada, también tenía un liguero con medias también negras, el maniquí que lo modelaba se parecía tanto a ella…

    -Rocío, mira, ya viste que el maniquí se parece a ti ja ja, uff madre mía como te verás con uno de esos, si aceptaras un día por fin salir conmigo llenaría tu clóset de conjuntos como ese, proyéctate, así te verías de hermosa, de sensual y también llenaría tu estantería de zapatos como los que no dejabas de mirar hace rato en el local de aquí atrás, los de plataforma con cierre en el empeine, para que los uses cada vez que estés conmigo-

    Esa era ya una apuesta fuerte por parte de él ya no se guardaba nada sobre sus intenciones para con ella, se la quería encamar he iba por todas…

    Ella no decía nada, solo soltaba una nerviosa pero sutil carcajada y negaba con la cabeza mientras en su pensamiento se repetía la frase: «yo también quiero, también quiero verme así para ti…»

    Y recordó que esa noche apenas estuvo en su cuarto, en su cama y bajo sus sábanas se masturbo pensando en él y tuvo uno de los orgasmos más intensos que recordaba, se imaginó en el sofá de vinypiel negro de la oficina vistiendo ese conjunto que habían visto y siendo penetrada en todas las posiciones posibles, esa noche probo por primera vez introducirse dos dedos mientras su otra mano pellizcaba con tanta fuerza sus pezones que al día siguiente le escocían como si se los hubiera frotado con una lija, considero también por primera vez depilarse, o, mínimo, recortarse el bello lo más que pudiera…

    -Uff, ahh, mmm, ahh, diosss… siiii… que rico!!

    Su imaginación volaba, se imaginó de rodillas, chupándosela y preguntándose de que tamaño la tendrá, gruesa, larga? mientras él la tomaba suavemente de la nuca, controlando el ritmo y profundidad de la mamada, ella montada bajando y subiendo mientras él le comía los pechos, en 4 recibiendo sus embistes mientras, ella con la cabeza gacha observaba como era cogida, como su verga entraba y salía de su coño al tiempo que con su mano se frotaba el clítoris ,él haciéndole un oral con su barba raspando su depilada piel mientras hacía maravillas con su lengua recorriendo la distancia del ano a su clítoris ida y vuelta una y otra vez y al final, el inevitable estallido de la sesión masturbatoria de esa noche, incluso se llevó esos mismos dedos que antes hurgaban en su coño a la boca, lamiéndolos lento como si tuvieran mermelada de fresa y no sus propios fluidos, que guarra debió haberse visto, sin embargo no se reprochó, pues lo que pasa bajo las sábanas se queda bajo las sábanas…

    Esa noche era la noche, y fue cuando el sonido de un claxon fuera de su casa interrumpió la contemplación de esa mujer en el espejo que tomó la decisión que a partir de ese día ella tomaría más protagonismo en su vida, sonrió para sí misma tomó su bolso, su chaqueta, sus llaves y salió de casa…

    Sábado 3:33 am

    La cena transcurrió normal, le habló de su nieto y que su esposa alcanzó a estar con él el primer añito, cuando ella le preguntaba el motivo del deceso él siempre le salía con otro tema, en general la charla fue amena, hacía bromas y rieron, pero la tensión sexual se podía cortar con un cuchillo, las copas hicieron su trabajo, ni siquiera tocaron sus postres y por fin llegó el momento, al apurar el último trago le pidió que fueran a su departamento a «continuar la velada», se levantó el primero y fue al lugar de ella a retirar su silla y al poner su chaqueta sobre sus hombros desnudos se acercó a su oído y le susurro «estás realmente bella hoy No… no sabes cuanto espere este momento»

    -espera, me ibas a decir Nora?, recuerdo que me dijiste que así se llamaba tu esposa he, no mientas

    -si así se llamaba, pero no, no como crees, anda, vamos…

    Ella boca abajo, con su mano fuera de la cama jugando con las llaves que estaban tiradas en la alfombra, la ropa de ambos desperdigada por la habitación, el envoltorio del preservativo tirado muy cerca de donde habían quedado sus zapatos que con sutileza le quito, besando sus pies en el proceso pasando su lengua por el arco, besando su empeine, primero uno y luego otro aspirando el aroma a crema humectante, fetichismo puro, después de eso todo fue diferente, ahora estaba mirando a la nada, desnuda, con la sábana blanca delineando su silueta y el silencio solo interrumpido por los tenues ronquidos de él, la sabana solo le cubría el área genital, estaba boca arriba con un brazo por encima de su cabeza, ella se preguntaba en qué momento cambió él tanto, fue brusco, violento, dominante, se sintió usada, no hubo romanticismo sólo sexo puro y duro, pero algo muy dentro de ella, en esos abismos insondables de la mente, le decía que le había gustado, lo había disfrutado y cuando una lágrima estuvo a punto de brotar, se revolvió en la cama con brusquedad, apartó de él la sabana que cubría su pene y se volvió a maravillar por su tamaño, era el segundo que probaba en su vida aparte del de su todavía marido, se lo empezó a chupar, a ponerlo a tono, el, sorprendido, no daba crédito…

    -qué diablos Rocío, no tuviste suficiente??

    -shhh, silencio cabron, que ahora es mi turno, ya me cogiste como quisiste, ahora voy yo

    Y cuando se le monto encima y apuntó su verga a la entrada de su coño, llevó las manos de él a sus pechos y con un movimiento de cabeza hecho su cabello hacia un lado miró al techo y dijo en tono bajo pero audible para el:

    -Sonia, Adrián esto es culpa suya, pero gracias hijos de puta

    -espera, quienes?

    No hubo respuesta, sólo se dejó caer de lleno enterrándose la verga hasta el fondo y un alarido de placer salió de ambos rompiendo la madrugada en dos, retumbando en el Olimpo y en el último círculo del infierno…

  • La mano de mi hermana

    La mano de mi hermana

    La mano de mi hermana desabrocha el pantalón, y sin dejar de besarlo, se mete por abajo del elástico del bóxer para agarrar la pija. La tiene gorda, pero el bulto que hace adentro del pantalón con la mano de mi hermana la hace parecer monstruosa.

    Ella mira hacia afuera del auto, una vez más, y se convence de que nadie mira. Saca la pija fuera del pantalón y la pajea un poco mientras le da besos en el cuello pero Nicolás, la empuja para que se la meta en la boca. Los labios la prueban y después, la boca traga lentamente.

    Hago fuerza con la mente, le pido a Nicolás que desabroche el pantalón de mi hermana y que lo baje un poco. Quiero ver la tanga azul que se puso hoy a la tarde, después de bañarse, para salir con él. Debo ser muy débil porque solo Nicolás mete la mano dentro del pantalón de mi hermana y la deja ahí, apoyada entre la ropa y el culo suave mientras ella le chupa la pija adentro del auto.

    Le gusta chupar pijas. Lo conto en ronda de amigas, una noche que no pudieron salir a bailar y se quedaron tomando en la cocina de casa, jugando a prendas y confesiones. Sin ponerse colorada dijo que le gustaba muuucho chuparla. Tengo enfrente la prueba de sus afirmaciones en la cabeza que sube y baja por el tronco de la pija y le da besos, agarrándola con las manos.

    Nicolás sabe que están mis viejos en casa, que esto en el auto es todo lo que va a obtener hoy, por eso se apura en darle la leche a mi hermana. En su imaginación, ya está llegando a la cervecería donde sus amigos sin novia pasan el resto del sábado. Quiere irse.

    Se pajea en la boca de mi hermana, ella, obediente porque está muy enamorada, separa los labios para que, cuando las primeras gotas de leche la salpiquen, metérsela toda en la boca.

    La traga toda. Nicolás se sacude y empuja, ella no la suelta, es como una jineta que con la boca domara una pija que, cuando la suelta, aparece relajada, cansada.

    Me apresuro a entrar y espero escondido, en la cocina. Ella cruza el pasillo y se encierra en su cuarto.

    Acá comienza la segunda parte de la noche.

    La conozco, es mi hermana, pero también es la mujer que amo. Puedo saber si esta triste o celosa, cuando tiene ganas de hablar o que quiere comer. Ahora todos mis sistemas de conocimiento dicen que esta excitada.

    Espero un momento, después salgo al balcón para espiar su cuarto. Su persiana está rota, puedo espiar a voluntad. Caída, mis padres tardan en repararla. Hice, a diferentes alturas, agujeros que me permiten verla a través de los tirantes de madera.

    Al principio veo los preparativos… Pone música y apila, encima de una silla, la ropa que estaba en la cama, y gira, frente al espejo, para mirarse la cola. Ella cree tener la cola gorda y el pantalón ajustado, la concentra apretada y tirante. Mueve la cadera. Le pregunta al espejo quien tiene la cola más hermosa y sin esperar respuesta desprende los botones y se lo saca, primero una pierna y después la otra, con esfuerzo, porque esta apretado. Su cola se suelta y cae apenas, las nalgas tiemblan y se separan.

    La tanga que se puso para salir con Nicolás es ajustada. Le parte la cola en dos mitades y el azul oscuro resalta en su piel blanca. Vestida así, remera cortita encima de ombligo, escotada, y la bombacha, se parece más a una reina de concurso de lencería que a una hermana a punto de irse a dormir.

    Está repitiendo el gesto de hoy a la tarde, cuando se vestía, pero ahora carga con el alcohol en sangre, los besos y el recuerdo de la pija de Nicolás en su boca.

    Le mueve la cola al espejo, como si fuera Nicolás. Juega con el elástico en su cintura, lo sube y baja por el muslo, quiere excitarlo. Leo en su cara el deseo, en sus pezones la dureza que arruga la remera.

    Con la mano, saca de entre sus nalgas el hilo pero en lugar de acomodarlo lo cruza contra la nalga, lo deja corrido. El espejo refleja todo esto y además, el tajo oscuro que cruza las piernas apenas separadas de mi hermana. Tengo tanto miedo de acabar que dejo de tocarme. Ella moja el dedo en saliva y, llevando su mano por detrás de la cadera lo mete entre sus piernas. La boca se le deforma por un gemido leve, saca la punta de la lengua y mueve la cadera para sentir el dedo pero al final, camina hasta el placard y busca, en una caja de zapatos, el juguete que le regalo Nicolás para la cola.

    El día que lo compraron volvió temprano a casa y se encerraron. Los espié, es lógico, y pude ver como Nicolás le metía en la cola un plug de silicona negra y le volvía a subir la bombacha, la hacía caminar por la habitación, después hacer el mismo camino de rodillas y subirse a la cama. Esa tarde le pego sopapos en la cola y mi hermana la levantaba para recibir más y acababa frotándose la concha por encima de la bombacha empapada.

    Hoy no pasa todo eso. Solo veo como lo chupa para lubricarlo y se lo mete. De nuevo gime y los labios se le deforman como si diera un beso. Camina así con la tanga corrida y el plug adentro de la cola y se tira boca abajo en la cama.

    Esta caliente. La mano derecha se pierde aplastada debajo de su panza. Por momentos empuja con la cola, como si se la metieran y en otros, sacude la cadera a los costados, como si Nicolás, además de cogerla la zarandeara.

    Trato de seguirle el ritmo pero está muy caliente. Acelera y de pronto, se hunde en la cama, apretando la cola. Los dos estamos imaginando como Nicolás se la hunde acabando, la carne venosa y con latido propio llenándola de pija y leche y su clítoris envía las señales a todo el cuerpo de la marea orgasmo que la conquista.

    Pasa un rato que solamente respira y después, se saca el plug y lo deja caer al costado de la cama. Esta tan relajada que se empieza a dormir así, boca abajo, con la tanga corrida sobre una nalga y la entrepierna brillando de flujo y luz.

    Yo me pajeo un rato más, imaginando que la acaricio mientras se duerme y que ella, antes de caer en el sueño, me pide que cuando me canse de mirarle la cola la tape con una sábana porque tiene frio.

  • Mi amigo Mike (7)

    Mi amigo Mike (7)

    Para este tiempo creo ya mi amigo Mike se convirtió en mi amor Mike, ya era solo suya… O eso creí por un momento.

    Paso un tiempo después de lo del viaje y aquellas noches tan alocadas.

    Seguí acudiendo al departamento de Mike nuestra relación no cambio para nada, manteníamos esa amistad con personas que nos conocían y ese amor cuando estamos en lugares en los que nadie nos conocía y claro solos. Eramos un par de enamorados.

    Las cosas cambiaron mas adelante cuando Mike recibió una oferta que no pudo rechazar, trabajaba en una gran empresa de farmacéuticos por lo cual tenia cedes en algunas ciudades incluso en algunos otros países, esta oferta se trataba de una gerencia en su área pero de otra de esas sedes, por lo cual su trabajo le demandaba también estar en contacto constante en las otra oficinas por lo cual viajaba mas seguido y esos fines de semana que nos veíamos se reducían y eran cada vez menos.

    Mientras tanto yo por mi lado seguía con la misma rutina aburrida de siempre, personalmente mi vida era muy monótona a excepción de esa otra vida que llevaba con Mike, como Perla siendo la faceta divertida y alocada que vivía aparte.

    Mike me dejaba quedar en su departamento para cuidar de él, lo que incluso no se me hizo mala idea ya a esas alturas por lo cual decidí cambiarme, la mayor parte del tiempo estaba sola por lo cual me daba mis gustos, lo que no podía hacer en mi casa, andar vestida como Perla al 100, lo cual no importaba los vecinos de hecho me conocían así como Perla la novia de Mike, aunque algo apenada pues probablemente sabían lo que siempre hacia con Mike por las noches los cuales a veces éramos algo escandalosos pero no nos importaba.

    Una de las tantas noches, Saul nos fue a visitar aprovechando de las pocas ocasiones que estaba Mike.

    Saul: Hola Perla, veo que has decido continuar así, bien porque eres una hermosura, (creo para ese tiempo ya había pasado mucho después de aquella noche después de la fiesta de disfraces.)

    Perla: claro con ayuda de Miriam pues ya mejoré más en mi transformación

    Mike: y no sabes de lo que ha cambiado! Con tono alegre lo dijo.

    Nos sentamos juntos a cenar, Saul nos conto lo mal que iba con su pareja y que estaba por tomar la decisión más difícil de separarse, pero no por la esposa, lo difícil era dejar sus hijos. Nos lo conto de manera muy triste, le dije que cuando necesitara algo aquí tenia a sus amigos para apoyarlo.

    Saul: de verdad¡?

    Mike: Claro, lo que necesites, Perla y yo te apoyamos en lo que requieras y lo que pidas… (dejo muy abierta esa invitación)

    Mas tarde Saul se fue, recogí y lave lo que quedo en lo que Mike se daba un baño, para hacer mas divertido el asunto me quedaba semi desnuda solo con mi ropa interior y me ponía mi mandil para limpiar, a Mike le parecía muy excitante eso, y yo tome mas el papel de ama de casa ya que no aportaba mucho, mas que complacer a mi hombre, lo cual el salió del baño con su verga bien parada lo cual me sorprendió por atrás y casi me la ensarta en mi culo de una sola metida, pero le estorbo mis bragas que llevaba en ese momento, no tardo en hacerlas aun lado, dar un par de lamidas y penetrarme justo en la cocina en lo que terminaba de lavar los platos algo complicado diría yo lavar mientras te cogen.

    Complací a mi hombre una noche mas y nos fuimos a dormir, la mañana siguiente se tenía que ir de viaje de nuevo un par de días, no lo iba a dejar irse antes de que me dejara llena como me gustaba.

    Una noche después de que se fue Mike, venia llegando al departamento y esperaba en la entrada del edificio Saul que llego de sorpresa sin avisar, muy gentil lo salude y lo invite a pasar, subimos no quitaba la mirada de mi trasero en lo que subíamos por la escalera, usaba ropa deportiva algo ajustada, por lo cual se me notaba el trasero. Llegamos al departamento y no se hizo por esperar para contarme que había decido sobre su divorcio, ya estaban en proceso de hacer el papeleo. Hasta cierto punto estaba feliz de separarse de esa mujer le veía su forma de hablar de ella, no tardo en hablar mal de ella y compararme de una mejor manera que era la mujer ideal yo, lo cual se sentó a mi lado, mientras tomaba su cerveza y nos hizo brindar.

    Saul: brindemos por mi y por mi soltería, y encontrar mujeres más ricas y hermosas como tú.

    Perla: Saul… pero que cosas dices jaja, pero salud!

    Nos dispusimos a beber lo que quedaba de cerveza e ir por más, creo había encontrado mi debilidad embriagarme, lo pasamos de lo mejor reímos, cantamos, bailamos, no tardo el momento en que empezamos a recordar viejas historias… o ni tan viejas.

    Saul: recuerdas esa noche en la fiesta? Vaya como nos embriagamos esa vez

    Perla: Como olvidarla… en tono sarcástico

    Saul: claro, no dejo de pensar lo rica que te veías con esos tacones y esa falda a cuadros.

    Perla: … pues si vieras el repertorio que tengo ahora.

    Saul le brillaron los ojos y dijo: y… Crees que me puedas modelar un par de ellas?

    Perla: ya se por donde va esto… pero dije que me iba a salir con la mía, así es que con una condición! ¡Quiero que me digas de quien fue el plan de aquella ves! No negare el cogidon que recibí esa noche por ambos.

    Saul: te mentiría si dijera que yo, pero no puedo salvar a mi amigo esta vez, fue idea de Mike.

    Perla: Mike! Odioso! Exclame lo sabía, pues es mi turno de salirme con la mía, aparte de que me puso celosa con Miriam esa noche y sé que habla con otras mujeres, así es que esta vez hare lo que yo quiero, así es que aguarda aquí Saul ya vuelvo.

    Corrí a mi habitación donde tenía mi guardarropa, saque una hermosa falda como de ejecutiva que cubría apenas, me puse unos hermosos tacones(los cuales tenía un par más de donde escoger) y un top de cuero que solo sujetaba esas tetas falsas que seguía usando, un poco de maquillaje sencillo, solo para resaltar mis labios, salí y me fui directo a subir la música, Saul sorprendido se levanto y se fue a mi como un perro por su pelota, me tomo de la cintura y me dijo: Te hare lo que no le hice a mi ex esposa.

    Perla: esta noche soy tuya, así es que hazme lo que quieras. (Estaba ebria y no me importaba nada, pero sabía lo que hacía).

    Saul uso su lengua por todos lados por donde pudo, me éxito tanto que lo jale y lo lleve directo al sillón, le baje los pantalones y ya se veía esa verga gruesa, empecé a lamer sobre su calzón no dudo en sacar esa barra gruesa y dura de verga, la cual ataque como si fuera una paleta gigante, no me atragantaba como con la de Mike pero era suficiente para mí, me arrodille sobre el sillón y me puse en 4 para seguir mamando, mi culo con la falda ya quedaba de fuera, no dudo Saul en llevar sus dedos a mi culo, lo cual se llevó la sorpresa que en mi culo llevaba un plug anal, cosa que usaba en ocasiones y por suerte ese día lo tenía puesto, ya que en ocasiones Mike me hacia salir con el y ya estaba acostumbrada.

    Saul: eres toda una zorra, así llegaste de la calle?

    Perla: si, casi todo el día lo tuve, con la verga en la boca le dije.

    No tarde en hacerlo que se corriera, me lo trague todo sin derramar nada, bien entrenada ya estaba. Procedí a quitarle el resto de la ropa a Saul, me senté espaldas a él y empecé a restregar mi culo sobre él, me saco las tetas falsas del top y se puso a jugar con ellas, parecía disfrutarlas, me quito la tanga que llevaba y con la otra mano empezó a jugar con mi pequeño pene, casi me corría de lo bien que me estaba tratando, me pare y puse mi culo en su cara lo cual con gran habilidad retiro el plug de un jalón con los dientes, me saco un gemido que gracias a dios no se escucho por la música, me lame el culo un par de veces y no dudo en decir y ver que ya estaba lista, y no mentía, ya estaba abierta por el plug, tampoco dude y de un solo sentón a la primera me metí su grueso pene, ya no era dolor si no placer, lo monte un buen rato hasta que me canse por los tacones en la posición que estaba, le pedí que cambiáramos y como perrito obedeció, me di cuenta que haría lo que sea, primero le ordene que me cogiera de perrito, me daba sus embestidas tan duras literal parecíamos dos perros pegados, lo estaba pasando de maravilla, después le ordene que me lamiera todos los jugos que corrían por mi culo, le pedí un par de nalgadas, que desahogara la que sentía por su ex mujer, fueron tan rudas y pesadas que mi culo se calentó, me prendió mas mí, verga pequeña estaba tan erecta que también le pedí que me la lamiera así es que nos pusimos en 69 y ambos nos chupamos las vergas bien rico, me pare tome un poco de agua y la demás la derrame en el, era mi perro hacia lo que le dijera, lo guie a mi habitación… bueno la de Mike, le dije que fuera en 4 patas, lo realizo.

    Perla: estoy encantada contigo eres buen muchacho, te has ganado tu premio ¿Qué quieres hacerme?

    Saul: De verdad lo que quiera?

    Perla: ¡sí!

    Saul: primero te voy a hablar sucio como la puta que eres, perra y zorra, vas a rogar por mas de mi verga, segundo ahora estoy a cargo tu eres mi puta entiendes, tráeme con que azotarte ese culo.

    Procedí a darle uno de los cinturones de Mike, me dio de nalgadas como si fuera látigo igual en mi espalda y pecho, seguido regreso por el plug que dejamos en la sala y me lo puso en la boca y con una cinta que estaba en el cuarto me tapó la boca.

    Saul- solo quiero que gimas como perra!

    Asentí con la cabeza, por el calor del momento saque objetos que usaba con Mike, le di unas cuerdas y me ato, mis brazos por detrás de mi espalda y mis piernas bien abiertas atadas sobre mí en la cabecera de la cama, de los mismos juguetes me metió un pequeño vibrador por remoto en el culo mientras lo ponía en funcionamiento me azotaba las piernas y nalgas, tan duro y rudo que entendí lo que tenía reprimido.

    Saul: y ahora puta para que no extrañes a Mike te daré mi verga.

    Retiro el vibrador y lo amarro con la cinta a mi verga y procedió a cogerme de esa manera tan expuesta y sin que pudiera mover por más de 15 minutos. Mientras me cogía no paraba de decirme que era una puta, zorra etc. etc., algo que nunca había hecho con Mike ya que era rudo, pero más gentil, Saul me desabrocho de las piernas me llevo a la orilla de la cama, mi cabeza colgando y mi cuerpo en V hacia el me siguió violando tan duro que me provocó un orgasmo y me termine corriendo sobre mí.

    Saul: así me gusta zorra que tu culo sea tan hambriento por verga que te haga correrte.

    Me cargo sin desatarme, no era tan grande como Mike, pero si tenia la fuerza para tomarme y penetrarme, me llevo a una ventana que daba a la calle con las luces apagadas era difícil de ver, pero la gente se podría dar cuenta si ponía un poco de atención. Vaya cogida me estaba dando al parecer desde aquella vez que me cogieron ambos no lo había hecho con nadie más, termino corriéndose una segunda vez pero esta vez dentro de mi culo, pero aun así quería mas me quito el plug, pero no me desato de las manos esta vez me amarro del cuello a una de las patas de la cama me dejo así por un rato, fue a la cocina por una cerveza, ya me dolía el cuerpo por la posición que me dejo y los azotes que me había dado, ya era placer combinado con dolor, regreso con la verga aun erecta.

    Saul: ultimo round perra te voy a preñar como la puta que eres (obvio sarcasmo ya que no me podía preñar de verdad pero si lo dijo muy enserio), como cuando un caballo monta a una yegua me comenzó a coger de nuevo aun atada a la pata de la cama, solo podía gemir estaba segura que al día siguiente no me podría sentar, me cogía duro lubricada por su mismo semen solo bombeaba mi culo. Ya para terminar me desato me arrodillo y me pidió terminar el trabajo solo con la boca, me tomo del cabello que ya era más largo y empezó a violar mi boca, lo cual sorprendida ya se había corrido 2 veces y lo hizo una tercera vez derramando todo su semen sobre mí, boca cuello y pecho, lo que pude lo lamí entre semen y mis fluidos y en una ultima jugada de el derramo lo que tenia de cerveza y la derramo sobre mí, me llevo a la regadera a gatas y lo que nunca había sucedido y no creí que fuera pasar en mi vida, me orino con su lluvia dorada como si marcara territorio.

    Estaba tan extasiada y temblando de tanta cogida, que no le di importancia en ese rato, más tarde claro pensé que ya se había pasado de la raya con eso. Me di un baño para limpiar cada rastro de fluido y relajar mi cuerpo de la violada que me puso, que abrió mi mente solamente a que hay muchas formas de gozar el sexo, tal vez no lo repetiría pronto, pero me di por bien satisfecha. Invite a Saul a dormir ahí ya que si era tarde después de acabar de violarme. Volvimos a ese papel en el que le decía que hacer le pedí que me ayudara a recoger un poco y que se fuera entonces cosa que no protesto cumplió y se fue.

    Completamente me había convertido en una puta, ya rogaba por verga siempre y ahora me deje violar por otro que no fuera mi amor y aparte lo goce. Claro eso se quedo en secreto nuestro. Volví a mi rutina normal de ama de casa a esperar a que mi macho vuelva y esperar más aventuras.

    Disculpen la tardanza espero seguir un poco mas con esta historia, me gustaría aun seguir escuchando (leyendo) sus opiniones me quedan un par de relatos de mi historia y espero mas adelante contar ya un par de historias o fantasías que tengo, me pueden contactar por mi correo: [email protected], si tienen cosas que contar con gusto me gusta igual leer sobre ustedes, fantasías y todo.

    Saludos

  • El jefe de su marido

    El jefe de su marido

    Llegó al portal de su casa y como cada mañana, abrió el buzón con ese temor que tiene la gente que sufre de problemas económicos ante la idea de encontrarse un nuevo recibo que no podría afrontar. Se puso nerviosa al ver una carta del banco.

    Cuando subió a casa acostó a su hija en la cuna y se fue a la cocina a abrir la carta. Era lo que se temía, el banco le anunciaba que si no efectuaba los pagos atrasados se verían obligados a embargar la nómina de su marido. Se sentía agobiada, sin saber que hacer. Pensaba en su marido que desde hacía meses tenía que trabajar todo el día y aun así no llegaban a fin de mes y las deudas se acumulaban.

    Silvia y Mateo eran un matrimonio normal como otro cualquiera. Llevaban cinco años casados y tenían una hija de ocho meses. Eran felices con su vida sencilla, pero todo había cambiado cuando ella se quedó embarazada y la habían despedido ilegalmente y la empresa de su marido había cerrado y tuvo que buscarse un nuevo trabajo con menos sueldo, por lo que se veía obligado a hacer horas extras para compensarlo.

    Silvia sentía que todas esas circunstancias habían influido en su matrimonio y ahora discutían más e incluso el sexo se había convertido en algo esporádico. Cuando todo iba bien, tenían sexo a diario y ahora en aquellos meses se había convertido en algo esporádico. Ella eso lo llevaba fatal y a menudo tenía que recurrir a la masturbación para saciar sus ganas de mujer que a sus treinta y tres años siempre había sido muy activa sexualmente.

    Por la noche cuando llegó Mateo de trabajar, prefirió no decirle nada de la carta del banco al ver que estaba agotado y muy nervioso por la incertidumbre de si le renovarían el contrato que le terminaba en un mes.

    -Buenos días. Me puede pasar con el señor Gómez? –ante la desesperación de no saber que hacer había decidido llamar al jefe de su marido.

    -Un momento señorita. Estaba en una reunión hace un momento.

    Su marido y ella ya habían discutido alguna vez sobre eso de llamar a su jefe. Había sido hacia dos meses y ella había llamado para pedir un anticipo para pagar un recibo de la luz por miedo a que se la cortaran. Mientras esperaba al teléfono recordaba lo furioso que se había puesto su marido aquel día.

    -Es que no entiendes que mi jefe es un viejo prepotente y que odia que lo molesten por estas cosas? –Mateo estaba muy enfadado.

    -Si llamé es porque no tenía otra solución –estaban discutiendo acaloradamente– Que querías que nos cortaran la luz? Tú y yo podremos pasar sin luz aunque no creo, pero lo hice por nuestra hija. Recuerda que tenemos una hija de seis meses.

    -Lo sé. Claro que lo recuerdo, pero me da miedo que mi jefe se enfade y no me renueve el contrato.

    Aquella vez el señor Gómez había accedido a darle ese anticipo. Recordó la vergüenza de tener que ir a las oficinas a recoger el dinero y lo mucho que le había impuesto el jefe de Mateo. Calculó que debía de tener unos sesenta y muchos años por su pelo y barba de vellos muy blancos y como bien decía su marido se notaba que era un hombre prepotente y de carácter fuerte. Su voz y su aspecto a pesar de estar vestido con elegancia intimidaban mucho.

    -Quién es? –la voz del señor Gómez sonó al otro lado del teléfono. Por su tono parecía enfadado y enseguida pensó si había sido una buena decisión llamarlo.

    -Ho… hola. Buenos días –Silvia se sentía intimidada hablando con ese señor– Soy Silvia la mujer de mateo… -Silvia le contó lo que le sucedía y enseguida fue interrumpida por ese hombre.

    -Mira ahora estoy muy ocupado. La dirección que figura aquí es la misma donde vivís?

    -Si. ¿Por qué?

    -Me pasaré por ahí después de comer y hablaremos con calma. ¿Estarás en casa?

    -Si –Silvia se asustó con la idea de que Mateo se enterara que su jefe había estado en casa.– Pero por favor, que mi marido no sepa que le he llamado.

    -Tranquila. No le diré nada.

    -Gracias.

    Al colgar el teléfono Silvia se puso nerviosa ante la posibilidad de que su marido pudiese comer en casa y llegara su jefe estado él allí.

    -Hola cariño, ha pasado algo? –Mateo se extrañó de que su mujer lo llamase a esa hora.

    -No cielo. Te echaba de menos y me apetecía escucharte –Silvia se sentía fatal al estar mintiendo por primera vez a su amado esposo– Que tal va la mañana?

    -Bien cariño, aunque estamos a tope de trabajo. Hoy mi jefe ha venido con un humor de perros.

    -Bueno entonces no te molesto más. ¿Vendrás a comer a casa cielo?

    -Sabes que me encantaría, pero hoy será imposible.

    -No te preocupes amor, por la noche nos vemos. Te quiero mucho.

    -Yo también te quiero cariño.

    Silvia se pasó el resto de la mañana nerviosa, se sentía fatal por haber mentido a su marido y no sabía si la conversación que tendría con el señor Gómez les sería de ayuda. Apenas comió pues ni apetito tenía con ese nudo en el estómago de los nervios. La niña se acababa de dormir cuando sonó el timbre del portal.

    -Soy yo Silvia –era el jefe de su marido.

    -Suba por favor.

    Solo verlo en la puerta de su casa se sintió intimidada, nerviosa. Lo mandó pasar y en el salón le ofreció un café que él aceptó gustosamente. Él la miró de arriba abajo cuando se fue a la cocina. Pensó que aquella falda hasta las rodillas le quedaba muy bien, era una joven muy guapa y sencilla y pensó que su empleado tenía mucha suerte de tener una mujer como aquella.

    Silvia se sentó al lado de ese hombre y le volvió a contar todo lo que les estaba pasando. Le habló de la carta del banco, de su miedo porque no le renovara el contrato, de sus problemas para afrontar todos los gastos y poder comprar las cosas de la niña.

    -Mira te voy a ser sincero –ante la sorpresa de Silvia, ese hombre apoyó una mano sobre su pierna para hablarle y ella por temor a que ese hombre se enfadara se quedó quieta.– Me gustaría ayudarte, pero yo que gano a cambio?

    -Mi marido trabaja todo el día para usted.

    -Lo sé, pero hay otros empleados muy buenos y tendré que despedir a dos.

    -Uno será mi marido?

    -Aún no lo sé Silvia –la mano de ese hombre comenzó a acariciar muy lentamente la pierna de ella.– Dime, si te ayudo yo que gano a cambio?

    -No lo sé señor Gómez –ella estaba asustada y avergonzada pensando lo que ese hombre estaba insinuando.

    -Mira, llevo cuatro años viudo. Si te ayudo tú me ayudarás a mi?

    -Que tengo que hacer? –la necesidad económica estaba hablando por ella.

    -Quítate la falda Silvia.

    El mundo se derrumbó en ese instante para ella. Hacer lo que ese señor le pedía era su única solución y a la vez era humillarse como mujer y humillar a su amado esposo. Se levantó del sofá y avergonzada se desabrochó el cierre de la falda y la dejó caer al suelo. Él la observaba con atención y Silvia sintió como ese señor miraba sus bragas. Con un gesto ese señor le hizo saber que deseaba que se sentara de nuevo a su lado y ella le obedeció.

    -Le renovará el contrato a mi marido?

    -Eso dependerá de ti Silvia.

    Para Silvia todo sucedió como una pesadilla que jamás había pensado tener. Pensaba en su hija, en su marido, cuando la mano de ese señor empezó a acariciar sus muslos. Cuando esa mano intrusa comenzó a acariciar sus bragas ella solo podía mirar a la puerta de la habitación donde su bebé dormía plácidamente ignorante de lo que su madre estaba permitiendo a ese hombre hacerle. Silvia se tapó la cara cuando esa mano se introdujo por dentro de la tela. Era repugnante esa mano tan diferente a la de su marido, una mano de piel arrugada y dedos grandes que le estaba manoseando su zona íntima de una manera grosera.

    Se asustó y avergonzó al sentir que esa mano le estaba tocando de una manera que le comenzaba a dar placer. Deseaba parar aquello porque se negaba a sentir placer con otro hombre que no fuera su marido. Silvia se tapó la boca con la mano cuando sintió que esos dedos extraños le estaban estimulando el clítoris. Sintió el botón del placer atrapado entre los dedos pulgar e índice de ese hombre y su cuerpo empezó a temblar al alcanzar el orgasmo.

    Silvia se quedó tumbada en el sofá temblando y escuchó como ese hombre se levantaba.

    -Te dejo una tarjeta con mi número personal. Piensa lo que te dije y me llamas. ¿Vale?

    -Vale –Silvia estaba desconcertada– por favor que mi marido no sepa que hablé con usted.

    -Tranquila. Nunca sabrá nada.

    Escuchó la puerta de casa al irse ese hombre y llorando se fue al cuarto donde dormía su hija y la cogió para abrazarla.

    (Continuará)

  • Los albañiles de la bodega me desgarraron el culo

    Los albañiles de la bodega me desgarraron el culo

    Recientemente trabajo como auxiliar administrativa en una empresa de publicidad, y para llegar a mi trabajo debo tomar transporte público, ya que mi camioneta se averió. El microbús me deja a cuatro cuadras de mi trabajo, las primeras calles son un camino algo solitario pues casi no hay casas solo son terrenos, algunas construcciones abandonadas y hay una bodega de una empresa constructora, y necesariamente debo caminar frente a ese lugar para llegar a mi trabajo. Desde el primer día que tuve qué pasar por esa bodega pude ver que había seis albañiles todos ellos de entre 40 y 50 años, me llamó la atención que no usaban camisa solo vestían pantalón de mezclilla con cinturones de cuero y botas de trabajo desgastados, algunos traían paliacates en la frente para secar el sudor y sus cuerpos polveados con cemento pues iban cargando bultos para subirlos a un camión. Al verlos decidí cambiarme de banqueta y pasar lo más alejada de ahí para que no me fuera a ensuciar pues había polvo así que seguro pasé desapercibida para ellos.

    Mas tarde al salir de mi trabajo eran como las siete ya cayendo el sol, al pasar frente a la bodega pude ver que ya habían terminado de trabajar y estaban sentados en unos bultos de cemento ahí adentro y tomando cervezas, lo que me dio un poco de miedo pues esa calle está sola y es un tramo muy largo, en la banqueta de enfrente hay un terreno muy extenso sin ninguna construcción en toda la cuadra, y a los lados de la bodega solamente hay otras bodegas abandonadas con portones viejos y un terreno muy grande en la esquina y las primeras casas comienzan casi al final de la siguiente cuadra o sea que ahí nadie podría ayudarme ni oírme aunque gritara, así que caminé un poco más de prisa para evitar que me vieran pero de pronto escuché que me comenzaron a silbar a modo de piropo y yo solo camine ignorándolos y sin mirarlos, y ellos comenzaron a decirme cosas muy sucias.

    —¡Que buena estas mamacita! ¡Que ganas de meterte la verga en tu culito! ¡No corras que no muerdo nomas te cojo chiquita! —y otras cosas que no alcance a escuchar.

    Típico que ven a una chica sola, desprotegida y le dicen vulgaridades, eso me puso muy nerviosa en ese momento el camino se me hizo eterno hasta que por fin salí de esa calle y di vuelta en la esquina para llegar a la parada del camión, lo abordé y llegué a casa.

    Esa noche no podía dormir por estar pensando que diario tendría que estar pasando por ese lugar y que estarían ellos, lo que me daba algo de miedo, pero al mismo tiempo recordando las cosas que me dijeron, me hicieron sentir deseada, que un grupo de hombres quisieran hacerme suya, eso que escuché sobre meterme la verga en mi culito, cada que recordaba eso sentía una sensación en mi parte íntima que me ponía húmeda, solo pensar que esos hombres cuando me vieron pasar se imaginaron penetrándome y disfrutando de mi cuerpo. Todos los días al bañarme toco mi cuerpo pensando en gustarle a alguien desde que me separé de mi pareja porque me fue infiel, y a decir verdad en mi trabajo y con mis amistades he conocido hombres que me pretenden, pero ellos no me causan atracción, a mí siempre me han gustado los hombres rudos. Así que se me ocurrió que en lugar de tener miedo y evitarlos, trataría de disfrutar de esas vulgaridades que me dirían y sentirme deseada por esos hombres fuertes y sucios, que me veían con tantas ganas de cogerme.

    Al día siguiente decidí ponerme una blusa negra de tirantes ajustada, unos jeans a la cadera que me quedaban muy entallados con rasgaduras que dejaban ver la suave piel de mis piernas, y que apretaban mi zona íntima marcando mi vagina y levantando mis nalgas, también me puse unos tacones negros. Así que yo sabía que si quería correr no podría, y tendría que caminar con seguridad. Les juro que mientras me vestía no dejaba de pensar en que esos hombres me verían pasar, prácticamente estaba arreglándome para ellos. Me maquillé como siempre y me puse perfume con aroma a frutas exóticas.

    Caminé rumbo a mi trabajo y cuando faltaban unos 30 metros para pasar por la bodega pude ver que uno de ellos me miró y les aviso a sus compañeros mientras cargaban unas cubetas con arena, así que me preparé para pasar por ahí, pero esta vez decidí pasar junto a ellos para confrontarlos e interrumpirlos en sus labores. Al llegar ahí se me quedaron viendo con una mirada lujuriosa directamente a mis senos pues estaba escotada y a mi entrepierna la miraron como si quisieran meter su lengua en mi parte íntima, de inmediato sentí como me temblaron las piernas y un vacío en el estómago de los nervios.

    —Adiós, señorita. —Me dijo uno de ellos. Lo que me hizo sentir un tanto aliviada pues hubo un poco de respeto.

    —Adiós, buenos días. —Le conteste amablemente.

    —Adiós, que le vaya muy bien. —Replicaron los demás.

    Continué caminando unos cuantos metros, cuando de pronto escuché:

    —Mamacita que ganas de comerte tu colita

    —Sí yo sí me la cogía.

    —Que ganas de enterrarle mi verga hasta el fondo. —Los escuche decir entre ellos de forma muy morbosa.

    Después de oír eso supe que definitivamente esos hombres querían cogerme y hacerme de todo y que cada que pasara seria lo mismo y me excitó muchísimo todo el día en la oficina no deje de pensar en eso y solo miraba el reloj esperando fuera mi hora de salida.

    Cuando salí de trabajar ya sabía que estarían tomado cerveza viendo a la calle así que decidí hacer algo que nunca había hecho, provocar a seis hombres a propósito, mostrándoles más de lo normal. Para ello antes de pasar por la bodega, me oculté detrás de un arbusto de esos que crecen en los terrenos por capricho de la naturaleza, para quitarme el brasier, me toqué los senos suavemente y pellizqué poquito mis pezones para excitarme, también me toqué el clítoris durante unos dos minutos pues necesitaba sentirme muy cachonda para lo que iba a hacer, por lo que mis pezones se pusieron duros y se marcaban en la blusa como dos montañitas, también jalé un poco hacia abajo mi blusa para mostrar más mis senos, justo antes de que se vieran mis pezones. Estando tan excitada y nerviosa caminé de forma muy femenina, y cuando iba a llegar a la entrada de la bodega, me sentí tan cachonda y ruborizada que estúpidamente en el último momento bajé uno de los tirantes del hombro para verme sexy lo que dejo ver ligeramente uno de mis pezones, de inmediato me arrepentí e iba a subirlo de nuevo pero entonces uno de los albañiles se asomó a la calle y se me quedo viendo, su cara reflejaba un morbo evidente pues no dejaba de verme los senos, ya no supe cómo reaccionar y deje el tirante abajo, vi que les hizo una señal con la mano para que salieran y en unos segundos ya los seis albañiles estaban afuera obstruyendo la banqueta y con sus cervezas en la mano listos para ver el espectáculo.

    —Hola señorita ¿Cómo está? —Me dijeron mientras se comían mis senos con su mirada, eso me hizo ponerme húmeda.

    —¿Hace poco que pasa por aquí verdad?

    —Sí, recientemente comencé a trabajar cerca de aquí, por cierto, me llamo Alexandra, pero para mis amigos soy Alexa.

    —Yo me llamo Carlos.

    —Yo Jorge.

    —Y yo Samael.

    No recuerdo los nombres de los otros tres albañiles, los saludé de beso en la mejilla y por el movimiento mi blusa se bajó más y mi pezón rosita quedo completamente descubierto, pude ver como uno de ellos Carlos el más grande de edad se tocó el pene sobre su pantalón como excitándose, eso me puso nerviosa.

    —Bueno, ya me voy, porque se pone oscuro y me da miedo.

    —No te preocupes, nosotros aquí te protegemos, a ver qué día nos aceptas una cerveza. —Me propusieron mirándome fijamente a mi pezón descubierto.

    —¿En dónde nos la tomaríamos? —Les pregunté coqueteándoles.

    —Pues aquí si quieres, o tu dirás. —Me sugirió amablemente.

    —¿Y su patrón no se enoja?

    —No porque el anda ahorita de vacaciones, y además él casi no viene, siempre estamos solamente nosotros, como esta es la bodega de la constructora él nada más nos habla por teléfono para preguntar cuanto material hay.

    Yo me excité mucho y me puse nerviosa, de inmediato paso por mi mente la posibilidad de estar ahí, yo sola, con esos hombres tomando una cerveza, me pareció excitante

    —Ah está bien. Entonces ¿Que les parece si mañana vengo a esta misma hora? —Les pregunté con mi voz dulce y cachonda.

    —¡Sí! Entonces mañana aquí te esperamos Alexa.

    Yo me acomodé el cabello y subí el tirante de mi blusa, intentando hacer ver como que no fue apropósito y se había bajado solo, pero mis pezones estaban duros, excitados y yo toda nerviosa, creo que lo hice más evidente, así que me despedí de beso en la mejilla comenzando por Carlos, el que se atrevió a tocarse su verga frente a mí. Me retiré y seguí caminando muy femenina sintiendo mucha excitación en mi vagina, pues esos jeans se metían entre mi zona íntima de lo ajustados que estaban. Mientras me alejaba toqué sensualmente mis nalgas sobre mi pantalón y pude escuchar que los albañiles decían cosas sobre mí.

    —Se ve que ese culo quiere verga.

    —Al chile se ve que es bien puta.

    —No mames ¿Sí viste como se le salió la teta?

    —Sí güey, nomás quería levantarnos la verga.

    Estuve a punto de regresarme pues tenía tantas ganas de que me cogieran, pero yo quería que fuera algo especial, así que decidí esperarme.

    Al día siguiente en la mañana preferí no ir a trabajar, en lugar de eso, fui directamente a la estética para que me depilaran y me pusieran uñas. También pasé al centro comercial, me compre un brasier y una tanguita negros muy eróticos marca Victoria´s. Quería que fuese un encuentro que marcara mi vida, pues en esa ocasión seria yo la que visitaría a 6 albañiles para seducirlos y provocar que me follaran en esa bodega sucia, sin nadie que pudiese ayudarme. Esos hombres eran fuertes y rudos por el trabajo que hacían, y estarían ardiendo de lujuria por disfrutarme todos a la vez. Yo sabía lo que me podía pasar y aun así quería hacerlo, estuve muy nerviosa todo el día. Cuando regresé del salón de belleza pasé por un centro comercial en donde hay una sexshop, tenía mucho tiempo sin entrar a una, le pedí a la chica que me atendió que me vendiera un enema para limpieza anal, un lubricante con anestésico y un plug anal con adorno de corazón brillante que estaba hermoso, me recordó al que tenía cuando más joven. Me fui a mi casa y me apliqué los lavados anales, quede muy limpia y eso me dio mucha más confianza para practicarlo, hice un calentamiento con el plug anal que me vendió para ir dilatando mi ano y que estuviera relajado, lo que me ayudaría a estar dilatada por si esos hombres querían hacerlo así no me fueran a lastimar, eso creía yo….

    Faltando unas horas me bañé con un shampoo y jabón aromáticos que dejó mi piel muy suave e hidratada, me puse una crema Victoria´s que olía frutal, me depile completamente, planche mi cabello, me maquillé usando labial rojo y me puse mis arracadas grandes de plata 925 que tanto me gustan, además me puse la tanguita y el brasier negros muy eróticos, un vestido negro muy ajustado que se adaptaba perfectamente a mi figura, tenía un escote abierto que permitía ver entre mis senos y mostrarlos según cuanto yo quisiera bajarlo o subirlo, era un vestido de tela muy corto y flexible como licra, por lo que podía bajarlo a la mitad de mis piernas o subirlo a tres dedos debajo de mis nalgas según yo quisiese, sin que se notara arrugas o que yo lo hubiera forzado por lo que era ideal para salir de casa como una dama y llegar a la bodega con el vestido más levantado como una puta con tacones negros altos de correas. Me puse perfume como si fuera al encuentro de mi vida. Moria de los nervios, sabía lo que podía pasar, pero no dejaba de excitarme, imaginaba cómo me lo harían, si me dolería, bueno mil cosas pasaron por mi cabeza…

    Llegando el atardecer, antes de salir de casa dilate mi ano con el plug anal, metiéndolo y sacándolo suavemente de mi ano pues era muy doloroso, sentía una punzada, pero después de rato solo era placer, cuando sentí que ya estaba lista lo deje dentro de mi ano y acomodé el vestido jalándolo un poco para que me llegara a media pierna, algo decente por así decirlo, aborde el microbús y todos los hombres me miraron con ganas de cogerme, el chofer no dejaba de voltear por el espejo, tomé asiento junto a un joven que no dejaba de verme las piernas de reojo, y yo sentía un poco de dolor pues traía el plug anal puesto y me lastimaba cada que el camión pasaba un tope, llegado el momento me baje del camión y me dirigí a la bodega caminando muy femenina y sintiendo como el plug anal entre mis nalgas me lastimaba un poquito a cada paso, podía sentir mi vagina caliente y lubricada durante todo ese largo camino que de nuevo estaba completamente solo, y como ya se me estaba haciendo costumbre antes de llegar levanté un poco el vestido para dejarlo a tres dedos por debajo de mis nalgas para mostrar mis hermosas piernas y dar una forma más sexy a mi trasero, me veía guapísima. En ese momento decidí no mostrar más mis senos pues eso lo quería dejar para cuando estuviéramos platicando.

    Ya estaba ocultándose el sol, y el alumbrado público en esa zona es muy tenue, cuando llegué a la entrada de la bodega ellos ya estaban tomando, apestaba a humo de cigarro y se les veía cubiertos de polvo de arena y cemento, ya relajados de jornada de trabajo y eso me gustó pues yo quería un encuentro con hombres rudos. Entonces Carlos el más grande, se acercó para recibirme y lo saludé de beso en la mejilla mientras sentí como me tomó la cintura con su mano derecha y me habló al oído.

    —Te ves guapísima Alexa.

    —¡Gracias! ¡Que lindo! —Le conteste sonrojada.

    Fuimos a donde estaban sus amigos y me saludaron también de beso en la mejilla, mirándome de pies a cabeza casi babeando con una cara de lujuria que no podían con ella, me llovieron halagos sobre lo hermosa que me veía.

    —Que guapa te ves Alexa.

    —Sí te ves muy hermosa.

    —Sí te ves preciosa.

    —¡Gracias chicos! ¡Que lindos! —Les dije ruborizada.

    —¿Gustas una cerveza Alexa? — Me preguntó uno de ellos.

    —Sí, por favor.

    —Aquí tienes hermosa.

    —Me la podrías abrir por favor, es que no quiero se e vayan a romper la uña.

    —Ah, sí. —El albañil me abrió la lata de cerveza muy amablemente.

    —Aquí tienes Alexa.

    —¡Gracias!

    Me acercaron una silla, mientras ellos estaban sentados enfrente sobre unos bultos de cemento, comenzamos a platicar sobre nuestros trabajos, la rutina hasta que habíamos bebido unas tres cervezas.

    —¿Cómo ven, saco el tequila? —Dijo uno de ellos.

    —Sí güey tráetelo —Contestaron sus amigos.

    —¿A ti te gusta el tequila Alexa?

    —¡Sí, me encanta! —Yo sabía que lo que buscaban era alcoholizarme.

    Comenzaron a servir en vasos desechables y lo tomaron solo, así que decidí seguirles el juego y lo tomé igual, pude sentir rápido el efecto, me sentí muy cachonda y desinhibida, pues tenía el plug anal puesto y es como ser penetrada por el ano todo ese tiempo. Así que decidí tomar la iniciativa.

    —¿Qué es lo que más les gusta de mí? porque el primer día que pasé escuche que me silbaron ¡Eh! y me dijeron cosas sobre mi cuerpo, traviesos. —Les dije con voz cachonda y tierna.

    —Ah, pues es que tienes unos ojos muy bonitos. —Me dijo uno un poco avergonzado.

    —¡Que lindo! Pero aparte de eso, ya díganme la verdad. ¿Qué mas les gusta de mí? Díganmelo sin pena no me voy a enojar, al contrario, tengo curiosidad. —Les insistí muy desinhibida por el efecto del tequila.

    —Pues la verdad sí estas muy guapa Alexa, esperamos no haberte ofendido, pero si quieres que te digamos pues es que tienes unas tetas muy ricas. —Me dijo Jorge.

    —Tienes un culo bien sabroso, la verdad que estas bien buena. —Me dijo Samael.

    Al escuchar tales declaraciones, se me estremeció el abdomen, no podía creer que estaba frente a esos hombres escuchando halagos tan descarados sobre mis atributos femeninos y observé que uno de ellos Carlos, el más grande de edad tenía un tatuaje en el brazo y ahí fue cuando supe como comenzaríamos a coger. Yo tenía que dar el primer paso, pues como estábamos platicando en muy buen plan estaban siendo muy respetuosos.

    —Oye Carlos está muy bonito tu tatuaje ¿puedo verlo? —Le pregunté con curiosidad.

    —Sí, mira. —Me dijo gustoso de mostrarme su tatuaje mientras se levantaba de su lugar.

    —No, espera yo voy, me quiero sentar junto a ustedes, es que me siento muy alejada.

    Entonces yo me levanté de la silla y me fui a sentar justo en medio de todos ellos, sabía que me iba a ensuciar de polvo de cemento pero eso no me importó, así que lo hice, solo que los costales de cemento me quedaban un poco altos, así que di un saltito para caer de sentón sobre los costales, en ese instante olvidé que traía puesto el plug anal y pude sentir como al caer bruscamente me lastimó, pero me excitó mucho sentir eso junto a todos ellos, así que comencé a tocar el tatuaje de Carlos, acariciándolo con mis dedos y jugando en su brazo con mis uñas. Le di un besito en el brazo para mancharlo con mi labial rojo.

    —¿En verdad les parezco bonita? —Les pregunté con voz tierna.

    —Sí, estás muy guapa.

    —Sí, eres muy hermosa Alexa. —Me decían mientras me miraban morbosamente.

    —¿Les parece que tengo unos senos bonitos? —Les pregunté tocando y apretándome los senos.

    —Sí, tienes unos senos bien sabrosos —Respondieron con lujuria.

    —¿Les gustaría verlos?

    —Sí hermosa, déjanos ver tus senos. —Me dijeron muy ansiosos.

    Fue cuando sentí nuevamente un dolor en el ano por causa del sentón que me di en el costal.

    —Bueno, pero antes ¿podría pasar a su baño?

    —Sí hermosa, esta atrás a la izquierda. —Me dijeron muy amablemente.

    Acto seguido me levanté y fui caminando muy femenina, sintiendo el plug lastimándome por dentro, mientras ellos me comían el culo con su mirada.

    Llegué al baño, el que por ende olía a orines, estaba muy sucio, pero yo tenía que orinar las tres cervezas que me había tomado, pensé en orinar sin tocar la tasa, ya saben de aguilita, pero estaba tan cachonda que preferí sentarme y tocar con mis nalgas la tasa sucia de orines, fue algo sucio que me éxito mucho, enseguida fue cuando retiré el plug anal de mi ano y lo limpié con papel y noté que tenía poquita sangre, lo que consideré normal pues me había estado lastimando poquito al caminar, saqué el lubricante anal con anestésico y me lo apliqué, también puse un poco de lubricante en mi vagina era de olor a sandía, estaba en mis días fértiles lubricando mucho y no había tomado anticonceptivos y menos comprado condones, estúpidamente no se me ocurrió. Mi vestido que ya estaba muy corto lo levanté más hasta la mitad de mis nalgas, me quité el brasier y lo puse en mi bolso, retoqué mis labios con labial rojo, me froté mis pezones y los pellizqué un poco para ponerlos duros y se me marcaron como montañitas. Una de las cosas que me gustan de mí son mis pezones rositas, pues me excité mucho sabiendo que mis senos serian lo primero que les mostraría. Desde ahí alcancé a escuchar comentarios entre ellos.

    —No mames güey está bien buena.

    —Hay que cogérnosla.

    —Pues dile tu güey.

    —No mames, si le digo se vaya a ir y le llama a la poli güey.

    —Yo se la quiero meter por el culo bien duro.

    Entonces confirmé que, sucedería lo que yo esperaba, me iban a coger entre todos ellos, pero yo tendría que dar el primer paso.

    Sali del baño y me voltearon a ver con mucho morbo, se veía la lujuria en sus caras, al ver mi vestido descubriendo la mitad de mis nalgas, fui a sentarme de nuevo junto a ellos, sintiendo como mis nalgas tocaron el sucio bulto de cemento, y les pregunté por mi tequila, me lo dieron y lo tomé de un solo trago, para tomar valor.

    —¿En qué nos quedamos? ¡Ah, sí! Les iba a mostrar mis senos ¿verdad? —Les dije muy nerviosa, hacia un poco de frio y mis pezones estaban muy alargaditos y duros.

    —¡Sí, a verlos!

    —Muéstranoslos —Ellos tenían sus caras rojas de lujuria.

    Estaba muy nerviosa y las manos me temblaban, sentía mariposas en el estómago, iba a bajar el vestido descubriéndome por completo los senos, me quedaría desnuda de los hombros hasta la cintura.

    —¿Carlos, me ayudas por favor a bajar el zíper del vestido de la parte de la espalda? —Se voltearon a ver entre ellos con mucha morbosidad.

    —Vengan acérquense para que vean. —Les dije invitándolos a que me vieran desnuda.

    Entonces se levantaron y ya estando a mi alrededor comencé a bajar los tirantes del vestido. Lo fui deslizando muy lentamente hacia abajo y ellos se quedaron callados no podían ni hablar de lo que estaban viendo, y yo con mis senos firmes y los pezones duros y alargados por la tremenda excitación que me provocó el quedar expuesta ante aquellos albañiles rudos, seguí bajando el vestido sintiendo como mi piel se erizaba al ir quedando desnuda hasta la cintura. Yo permanecí con el vestido abajo, no tenia intenciones de cubrirme de nuevo, quería que ellos me siguieran disfrutando.

    —¿Cuántos segundos aguantan tomando tequila directo de la botella? Yo puedo tomar hasta 15 segundos ¿Quién me lo quiere dar? — Les pregunté sintiéndome muy cachonda al ser observada por esos hombres morbosos.

    —Yo te doy tequila mamacita. —Me dijo Carlos apresuradamente.

    Se puso atrás de mí y tomó la botella. En ese momento mi corazón comenzó a latir muy fuerte y me puse muy nerviosa por lo que iba a hacer, recogí mi cabello llevándolo hacia atrás para poder sujetarlo con una mano, al hacer eso me sentí muy excitada

    —Samael ¿Podrías sujetar mi cabello por favor? —Le pedí con voz sensual.

    Entonces Samael se levantó y fue atrás de mí para sujetar mi cabello, en ese momento los otros cuatro hombres fueron a bajar la cortina de la bodega para quedar encerrados.

    Me dio un poco de miedo, sabía que estaba a su merced y harían conmigo lo que quisieran. La bodega se oscureció, y encendieron unas luces algo tenues.

    —Samael, Cuando yo te diga me vas a jalar del cabello hacia atrás para que mi boca quede hacia arriba y que Carlos me comience a dar tequila.

    —Y tú Carlos, me vas a dar tequila directo de la botella durante 15 segundos ¿Ok?

    Recordé que los otros cuatro albañiles, habían dicho que les gustaban mis senos y mi culito.

    —Y ustedes chicos quiero que me chupen los senos, me acaricien las piernas y me toquen la vagina ¿Les agrada la idea?

    —Sí mamacita, te chupamos lo que quieras.

    Entonces abrí mis piernas para ellos y le dije a Samael que estaba lista y el jaló de mi cabello, yo quedé con mi boca hacia arriba, con mis senos levantados como montañas y mis arracadas de plata luciendo hermosas y brillantes, mientras Carlos me daba ese chorro de tequila, de pronto sentí como los otros hombres me sujetaron y se lanzaron sobre mis senos. Comenzaron a lamerlos y succionarlos, mientras los otros me acariciaban las piernas y hacían a un lado mi tanguita negra para meter sus dedos en mi vagina fue algo tan delicioso y excitante estar rendida e indefensa, expuesta ante esos hombres. Me sentí tan vulnerable, hasta que terminaron los 15 segundos, cuando los albañiles me soltaron me puse de pie y me sentí muy ruborizada por el alcohol.

    Estaba muy cachonda con los senos descubiertos frente a esos hombres.

    —¿Les gusta lo que ven? —Pregunté muy excitada.

    —Sí mamacita tienes unas tetas bien ricas

    Me sentí deseada por esos albañiles sucios, bajé mi vestido hasta quedar desnuda, solamente conservé mi tanguita y tacones negros. Mi vagina estaba hecha un rio, caminé sensualmente hacia ellos para acariciarles sus vergas por encima del pantalón, ellos comenzaron a acariciarme el culo, metían sus manos en mi entrepierna y me dedeaban la vagina, al mismo tiempo me lamian las tetas.

    —Quiero que me cojan entre todos, cójanme con todas sus fuerzas hasta cansarse, quiero ser su hermosa, hagan conmigo lo que quieran solo no me golpeen. —Les dije con voz dulce y cachonda.

    No terminé de decirles cuando fueron a la parte de atrás de la bodega y sacaron un colchón viejo y mugroso, y lo dejaron en el suelo a la mitad de la bodega y me cargaron para recostarme ahí, Samael me quito la tanguita de un tirón y me sentí tan vulnerable, tan excitada y desprotegida.

    Estaba completamente desnuda ante esos albañiles que olían a sudor, tequila y tabaco solo tenía puestos los tacones que por cierto me dejaron porque les gustaba como me veía. Se desabrocharon los cinturones, cuando vi eso sabía que era cuestión de segundos para que estuviera siendo penetrada por uno de esos albañiles. Se veía que tenían un morbo y lujuria tremenda, quedaron totalmente desnudos con sus vergas morenas erectas, tenían mucho vello púbico se veía que jamás se lo rasuraban, pues eran albañiles rudos. Samael se lanzó hacia mí y me abrió las piernas e introdujo su lengua en mi vagina depilada y comenzó a comérsela a lengüetadas, no paraba mientras los demás abrían mis piernas y las acariciaban, otros me comían los senos dejándome chupetones y mordisqueaban mis pezones duros, lo que me dolía y excitaba a la vez, de pronto Samael me arrodilló, me jaló del cabello y metió su verga en mi boca. Me atragantaba pues lo hacía hasta el fondo, mis labios rojos llegaban hasta la base de su verga sentía como me abría la garganta y así se turnaron para que les diera la mamada de su vida.

    —Ahora sí hermosa te voy a meter la verga bien duro. —Me dijo Samael, quien tenía la verga más grande.

    —Cójanme a su antojo, úsenme, solamente no me golpeen, cójanme con todas sus fuerzas, no le diré nada a nadie.

    Samael, me puso en cuatro y me empinó dejando mis senos y brazos sobre el colchón sucio, mi espalda quedo curveada hacia abajo y mis nalgas sobresalían empinadas como un corazón bien formadito, mi piel tan suave y perfumada, mi vagina y ano rosas, estaban siendo entregados a ese hombre, me sentí tremendamente excitada, en unos segundos tendría una verga gruesa y morena dentro de mí después de meses sin hacerlo. Samael se puso atrás de mí y colocó la punta de su verga en la entrada de mi vagina, con sus manos grandes y toscas me tomó con fuerza de la cintura y de un fuerte empujón, me penetró violentamente hasta el fondo, mi vagina no pudo poner resistencia estaba tan lubricada que entró completamente, me la metió muy fuerte y rápidamente, tal como yo lo quería, cada que me penetraba podía sentir un golpe dentro de mi vientre, así continuó cerca de veinte minutos, hasta que de pronto sentí que iba a tener un orgasmo me estaba viniendo.

    —¡Aaah! ¡Sí! ¡Aaah! ¡Que rico! ¡Sí! ¡Mmjjj! ¡Sigue así, no te detengas! ¡Ay, que rico! ¡Que rica verga! ¡Cógeme duro! ¡Más rápido! —Le dije gimiendo.

    Él aceleró el ritmo y me penetró frenéticamente, pude sentir como eyaculaba disparándome chorros de semen caliente dentro de mí, a la vez que yo me estaba viniendo fue algo muy excitante sentir su semen dentro de mí junto con mis fluidos, mientras sentía mi piel sensible, los pezones durísimos, me temblaban las piernas y el abdomen se me contraía. Me sentí plena en ese momento, un hombre desconocido se había corrido en mi interior y me hizo sentir tan vulnerable, como es que yo estaba encerrada en una bodega para ser cogida por esos hombres, aun no lo podía creer, nadie que me conociera podía imaginar que estaba siendo una puta sumisa con esos albañiles.

    Continuaron cogiéndome todos en mi posición de cuatro, como bestias insaciables solo buscando su propia satisfacción, disfrutando de mi cuerpo a su antojo, atragantándome con sus vergas y apretándome los senos, sentía sus manos tocando todo mi cuerpo. Como ya estaba muy rendida y sentía semen escurriendo por mis piernas, mojé mis dedos con los fluidos y me los llevé a la boca para saborear su semen. Eso era algo que antes con mi pareja me daba asco, pero con ellos en ese momento de excitación, me gustó el sabor dulce del semen, volví a mojar mis dedos en mi vagina y metí un dedo en mi ano. Sentí que estaba muy caliente y era placentero lo que me hizo soltar algunos gemidos.

    —¡Aaaah! ¡Aah! ¡Mmmjj! —Al verme tan excitada dedeándome el ano, me levantaron jalándome del cabello.

    Samael me llevo caminando hasta unos costales de cemento y los acomodo aproximadamente a un metro de altura.

    —Inclínate para metértela por el culo hermosa. —Cuando me dijo eso sentí que mi abdomen se estremeció, me sentí nerviosa al saber que todos ellos me penetrarían analmente.

    —¡Sí! métemela por el culo muy fuerte, me encanta el sexo anal. —Le dije a tono de ruego.

    —¿O sea que ya te la han metido por el culo hermosa? —Me preguntó con lujuria.

    —¡Sí, me encanta! Me gusta que me duela. Quiero que me cojan muy fuerte entre todos. —Yo quería que esos hombres me cogieran sin piedad.

    —¡Enserio! Pues te la voy a meter bien duro como te gusta.

    —Quiero que me cojan con todas sus fuerzas hasta saciarse y que se vengan dentro de mí culo. Y no me vayan a soltar, aunque llore.

    Yo sabía que estaba sola en esa bodega con esos albañiles y nadie me podría ayudar, y peor aún les acababa de dar indicaciones de que me penetraran cuanto ellos quisieran.

    —Pero antes de comenzar quiero tomar más tequila.

    Carlos fue por la botella y me dio tequila. Mi corazón comenzó a latir y mi estomago se me contraía y sentía un fuerte vacío, una sensación de mucho miedo y excitación.

    Estando yo de pie con mis tacones negros y altos de correas aun puestos, frente a los bultos de cemento, Samael quien tenía la verga más gruesa y larga de todos, me inclinó curveando mi espalda hacia abajo y reposando mis senos sobre la barricada de costales, que rosaban mis pezones. Abrió mis piernas dejando expuesto y abierto mi culo y coloco la punta de su verga en la entrada de mi ano que estaba muy lubricado, me tomó de la cintura muy fuerte y me jaló hacia atrás contra su verga al tiempo que el de un solo empujón me penetro analmente hasta el fondo, pude sentir la sensación de que una verga entrara por mi culo abriéndose paso en mi interior, sentí una fuerte punzada, un dolor desgarrador que nunca había sentido en mi vida, cuando su verga topó en mi interior sentí que me rompía, todo era dolor por dentro en ese momento y grité mucho quise zafarme pero ellos no me dejaban ya que me sujetaban de los brazos, Carlos que estaba enfrente de mi podía ver mi cara de dolor y mis lágrimas escurriendo el rímel, y lo que hizo fue masturbarse disfrutando de mi dolor mientras el tocaba mis senos y pellizcaba mis pezones para causarme más dolor. Comencé a arañar los bultos de cemento con mis uñas, y quería patalear, pero no podía porque ellos estaban siguiendo mis ordenes de no soltarme, me sujetaban las piernas. Samael siguió penetrándome analmente muy duro, cada que me la metía sentía como topaba hasta el fondo, empujándome contra los costales yo estaba llorando y gritando sin parar, mi llanto resonaba haciendo eco dentro de la bodega rogándoles que ya me soltaran, pero no lo hicieron en ese momento me arrepentí, deseaba no haberles pedido eso, mi corazón latía muy fuerte y sentía reventado el culo, me ardía y punzaba mucho. Hasta que perdí las fuerzas, sentía que me desmayaba, mis piernas estaban entumecidas no podía seguir de pie, estaba rendida con mis senos sobre la barricada de costales.

    Samael siguió ensartándome su verga sin piedad, lo hacía brutalmente como si yo no valiera nada, era un objeto de placer para él, con el que estaba satisfaciéndose como un animal. Samael era un hombre que aguantaba mucho con la verga erecta, después de media hora por fin escuché los jadeos de Samael y sentí como saco su verga ensangrentada para darme un último empujón hasta el fondo, Samael disparaba chorros de semen caliente dentro de mí, apretándome fuerte contra él durante unos diez segundos, lo que me lastimó mucho por dentro, pues el seguía moviéndose restregándome su verga y abriéndome las nalgas muy fuertemente como si quisiera llegar más adentro para destruirme. Me sentía violentada con la punta de su verga topando en mi interior.

    —Que buena estás mamacita, se siente bien rico venirme adentro de ti.

    —Sí, échamelos adentro amor.

    —Estas bien rica puta. —Él seguía restregándome su verga.

    —¡Aaay! Me duele.

    El albañil estaba lastimándome y pellizcando mis pezones, me beso el cuello, en ese momento comencé a llorar entre dolor y de sentimiento femenino, sentía mucho calor en mi vientre y mi piel erizada y sensible pues ese hombre duro mucho penetrándome y me sentí muy violentada eso fue algo que estúpidamente me hizo sentir querida, ese hombre había gozado de mi culo, me había cogido con todas sus fuerzas desquitando sus ganas conmigo. En ese momento me sentí un poco aliviada, pensé que había terminado ese sufrimiento indescriptible, pues él era muy fuerte y con esa verga enorme me había destrozado el culo.

    Cuando Samael retiro su verga aun erecta, sentí como se escurrió entre mis piernas su semen, y yo estaba descansando un poco del dolor.

    —No mames güey le rompiste el culo.

    —Está escurriéndole sangre.

    —Le dejaste abierto el culo. —Decían ellos con mucho morbo.

    Literalmente yo podía sentir como mi ano estaba abierto, pues era algo que desde muy chica había experimentado y sentía como si tuviera mi ano muy relajado en ese momento, trataba de contraerlo, pero no podía hacer fuerza estaba tan adolorida que era mejor seguir relajando mi ano. Alcancé a ver la verga de Samael estaba manchada de mi sangre. Me sentí muy dañada, entre en llanto de nuevo y sentí miedo pues no me soltaban, escuchaba como se peleaban como perros por ver quien era el siguiente en romperme el culo.

    Tan solo después de unos segundos siguió Jorge.

    —No, ya no por favor, ya déjenme, me duele mucho, me están haciendo daño, se los ruego ya no. —Pero ellos no hicieron caso.

    —Esto es lo que querías ¿No? —Me dijeron recordándome lo que les pedí.

    Entonces entendí que no había nada que yo pudiera hacer y que me seguirían cogiendo por el culo así que intenté relajarme y entregarle mi culo sin resistirme, entonces él se puso atrás de mí y sin preguntarme solo coloco su verga en la entrada de mi ano, me tomó de la cintura y me jaló muy fuertemente contra él, me penetró hasta topar en mi interior, sacándome uno gritos desgarradores.

    —¡Aaaah! —Me quede afónica.

    Se me doblaron las piernas, sentí un fuerte ardor de nuevo en mi culo, inevitablemente rompí en llanto, Jorge también tenía la verga muy gorda, y me jalaba de las cintura para ensartarme con fuerza, solo escuchaba el sonido de nuestros cuerpos chocando, me sentía tan lastimada en ese momento sin poder hacer nada, las piernas me temblaban y se me doblaban, perdí la fuerza en todo mi cuerpo, Jorge me jalaba del cabello cada que me embestía era un sentimiento de vulnerabilidad, pero poco a poco fue pasando y sentí como mi ano estaba más relajado lubricado por mi sangre que escurría entre mis piernas, seguía doliendo cada impacto por dentro pero ya estaba comenzando a disfrutar, cada vez que me la metía sentía más cálido y quería lo volviera a meter, Jorge duró aproximadamente 15 minutos, hasta que comenzó a cogerme más duro y fuerte, sentía un ardor acompañado de placer, supe que Jorge estaba por eyacular dentro de mí lo que me causo mucha excitación de nuevo, pues lo escuchaba jadear del placer que sentía de estar por venirse, yo solamente me relajé y disfruté lo que estaba por pasar, después de unos segundos sentí un delicioso calor dentro de mi culo, eran los chorros de semen caliente que Jorge estaba eyaculando, él permaneció dentro de mi durante unos segundos y después retiró su verga de mi culo. En ese momento sentí como la sangre y el semen se escurrían por mis piernas.

    —No mames güey, se lo dejó bien abierto.

    —No se le cierra el culo.

    —Ya le dejo su culito bien abierto.

    Jorge volvió a meter su verga unas cuantas veces para que vieran como la podía meter y sacar ya que mi ano estaba muy dilatado y no se cerraba.

    Yo sabía que eso no había terminado, pues faltaban cuatro albañiles. Me seguían sujetando y rompiendo el culo hasta saciar sus ganas, podía ver como disfrutaban con morbosidad al verme el culo reventado y mi cara bañada en lágrimas pidiéndoles que se detuvieran. Cuando ya solo faltaban dos hombres, comencé a sentir que el dolor se estaba terminando y daba paso al placer, pues cada que sacaban su verga de mi culo, sentía un fuerte deseo de que me la ensartaran de nuevo.

    —Ya no es necesario que me sujeten, ya pueden soltarme. Lo estoy disfrutando.

    Yo ya estaba muy relajada y tomé más tequila para alcoholizarme, solo me incliné sobre los costales y empiné mi culo para que lo siguieran disfrutando, ya no dolía solo sentía el ir y venir de sus vergas y lo disfruté mucho, me sentí tan plena y cogida por esos albañiles.

    Después les pedí que me llevaran al colchón por que no podía mantener el equilibrio, y ya acostada con mi culo y piernas escurridos de sangre les pedí que continuaran y que me siguieran cogiendo que todo estaba bien.

    —¿y si nos la cogemos por los dos lados al mismo tiempo? —Les preguntó uno de ellos a los demás.

    —Sí güeyes, hay que cogérnosla entre todos —Respondió uno de los albañiles.

    —Sí, cójanme a su antojo, quiero que me usen. —Les suplique desbordando de lujuria.

    Uno de los albañiles se acostó y me montó sobre el penetrándome por la vagina, yo no tenía fuerza en las piernas y mi cuerpo caía por su propio peso ensartándome por completo la verga de aquel hombre y Samael se puso atrás de mí y me inclino sobre el otro hombre. Samael me penetro por el culo de forma que comenzaron a cogerme entre los dos vaginal y analmente, tenía dos vergas entrando y saliendo de mí, fuerte y profundamente, me sentía destruida por dentro, cada que me penetraban me estaban matando de dolor y placer, los demás me mordían y lengüeteaban las tetas, me hacían chupetones por todo el cuerpo y me atragantaban con sus vergas. De pronto sentí como disparaban chorros de semen caliente dentro de mí, fue algo que me hizo sentir tan plena, me sentí suya y comencé a llorar de sentimiento femenino, mis piernas se entumecieron y mi abdomen se estremeció, sentí un fuerte orgasmo erizando mi piel y levantándome los pezones, me vine completamente y mis fluidos vaginales mojaron los cuerpos de esos albañiles sucios. Lloraba como escuincla entregándome a esos albañiles que se turnaron para disfrutarme durante horas.

    Cuando por fin se cansaron, me dejaron tirada en el colchón, yo estaba tan alcoholizada que todo me daba vueltas. No supe en qué momento me quedé dormida, pero desperté como a las 2:30 de la madrugada. Samael era el único que se había quedado pues le tocaba hacer guardia esa noche en la bodega. Me levanté y fui al baño para limpiarme la sangre del cuerpo con unas toallas húmedas que siempre traigo en mi bolsa. Me peiné y retoqué mi maquillaje tratando de ocultar todos los chupetones, desde las pantorrillas, las piernas, la entrepierna, los senos y hasta el cuello. Todos los albañiles me habían dejado esos recuerdos que llevaría conmigo durante días. Salí del baño y me acerqué a Samael que estaba sentado en una silla fumándose un cigarro, tomamos un poco de tequila directo de la botella le pedí que se bajara de nuevo el pantalón, el permaneció sentado mientras yo me agache para mamarle su deliciosa verga y ponérsela durísima. Cuando su verga gruesa estaba bien ensanchada me senté sobre el de frente ensartándome su verga deliciosamente, él me tomaba de las nalgas levándome de arriba para abajo mientras se comía mis senos durante un buen rato, cuando ya estaba a punto de eyacular se puso de pie y me arrodillé ante él para mamársela y tragarme hasta la última gota de su semen mientras él metía su verga hasta el fondo de mi garganta. Me puse el vestido y mi tanguita, lo abracé y me despedí…

    Cuando salí de la bodega, me sentía muy adolorida, excitada, cogida y sobre todo muy desinhibida por el alcohol, sentía que podía hacer lo que fuera, y como el alumbrado público era muy tenue, la calle sola y faltaba un tramo muy largo como de unos 10 minutos en esa zona industrial, quise hacer algo que me excitara, así que en plena calle me desnudé quedando solo en tacones, me coloqué el plug anal de nuevo para sentir la sensación morbosa de estar desnuda en una zona publica, expuesta a que si por alguna razón alguien pasara por ahí me podría ver, así que me bajé de la banqueta y camine a la mitad de la calle hasta la esquina sintiendo como el plug anal me lastimaba a cada paso que daba, yo seguía muy cachonda y alcoholizada, ya me habían cogido seis hombres vaginal y analmente, se las había mamado y disfrutaron cada parte de mi cuerpo, así que yo me sentía una mujer capaz de satisfacer no a uno sino a los hombres que fueran, pues yo me había minusvalorado porque mi pareja me dejo, pero la realidad es que soy una chica muy guapa y que cualquiera se excita con verme.

    Cuando llegué a la esquina vi pasar un camión de carga, que sonó el claxon al verme, eso me excito mucho y me hizo descubrir mi lado exhibicionista. Volví a ponerme el vestido y mi tanguita y dejé el vestido muy corto mostrando ligeramente mis nalgas y bajé el escote dejando ver la mitad de mis pezones rosas, pues como ya era de madrugada no pasaban camiones y sabía que tendría que tomar un taxi, después de unos minutos abordé uno y me senté en el asiento trasero, el chofer se veía de unos 52 años y con un poco de canas, fornido pero no era gordo, tenía barba con canas y cumplía con mi perfil de hombre rudo, pues el taxi olía a gasolina, aceite de coche y grasa, así que le di instrucciones de llevarme a mi casa, el taxista no dejaba de verme las piernas, fui coqueteando con él en el trayecto, platicándole que había ido con unas amigas a tomar unos tragos y haciendo evidente que estaba ebria y podría hacerme cualquier cosa si él quisiera, ya que quería me siguieran cogiendo más hombres.

    Yo estaba muy excitada y quería provocarlo para que me cogiera así que muy discretamente bajé los tirantes del vestido y casi sin mover las manos jalaba un poquito de mi vestido simulando que me estaba acomodando en el asiento trasero, hasta que vi que mis pezones rosas ya eran visibles.

    —Disculpe, me quiero acostar tantito porque se me pasaron las copas y pues tengo mucho sueño y me siento mareada. —Le dije para hacerle evidente mi vulnerabilidad.

    —Sí, está bien. Acuéstate y yo te despierto cuando lleguemos. —El chofer volteó y pudo ver mis senos que estaban ya más descubiertos, con mis pezones rositas completamente de fuera.

    Así me quedé dormitando esperando que algo pasara, hasta que escuché que se estacionó y apagó el coche, abrió su puerta y se salió del vehículo, en ese momento de reojo pude ver que estábamos en una calle sin luz pues el alumbrado público estaba apagado y se veía como camino de terracería, de nuevo sentí miedo y mucha excitación al mismo tiempo pues ahora estaba a merced de otro hombre desconocido, y yo aun podía sentirme adolorida por la cogida que me habían dado.

    Entonces escuché que estaba hablando con alguien por teléfono, pero no logre entender lo que decía. Se aproximó a mi puerta y fingí estar dormida, de pronto sentí como se me acercó.

    —Levántate, ¿estás dormida?

    —¡Yaaa! ¡Déjame dormir! ¡Mmm! —Le conteste fingiendo estar soñolienta.

    En ese momento fue cuando él comenzó tocar mis piernas pasando su mano ligeramente sobre mi piel, al parecer él pensaba que yo iba a reaccionar y a gritar o algo así, pero en lugar de eso guardé silencio y eso le dio a el más confianza, y acaricio mis piernas con más ganas y cada vez se acercaba más a mi entrepierna, y yo apenas podía evitar agitar mi respiración, él puso su mano en mi vagina, y al tocar la tanguita que traía, me la comenzó a quitar tratando de no ser muy brusco para no despertarme, yo sentía como me iba despojando de mi tanguita, y me sentí muy excitada comencé a lubricar pues otro hombre me estaba mirando desnuda y era cuestión de minutos para que me penetrara.

    Yo estaba recostada boca arriba en el asiento, cuando ya había retirado mi tanguita por completo, el hombre abrió mis piernas y pudo ver el plug anal, intentó retirármelo, pero me quejé un poquito, así que me lo dejo puesto y empezó a frotar mi clítoris y acariciaba mi culo muy rico, cuando de pronto se escuchó otro vehículo que se estaciono junto a nosotros, escuche que era otro hombre, seguramente al que le había hablado por teléfono, quien resultó ser otro taxista.

    —Oye y ¿quién es esa chica? —Le preguntó su amigo.

    —Pues es una pasajera, que anda muy alcoholizada. ¿Está bien buena verdad?

    —Sí, está bien buena ¿La conoces de algún lado?

    —No, la acabo de levantar en la calle, o sea que no hay problema, nadie sabe. —Le dijo mi chofer.

    —¡Ah! Pues está muy buena la chica, ya se me puso dura la reata nada mas de verla. —Comento su amigo muy lujuriosamente.

    Yo me sentí muy cachonda al escuchar eso, ya sabía lo que me esperaba, así que el amigo se acercó hacia la puerta del otro lado y la abrió, comenzó a frotar mis senos sobre el vestido, y después con cuidado me bajo un poco el vestido hasta que mis senos quedaron expuestos totalmente, eso despertó esa sensación tan excitante en mi pues ahora un octavo hombre estaba desnudándome, sentí como se me acercó y comenzó a lamer mis senos, lo hacía muy rico, y succionaba mis pezones, de pronto mi chofer que estaba en la otra puerta abrió de nuevo mis piernas y me lamia la entrepierna lo que sentí delicioso, e introdujo sus dedos en mi vagina y fue inevitable en ese momento empecé a gemir y él se dio cuenta que yo lo estaba disfrutando y continúo haciéndolo, yo gemía con más fuerza me estaba poniendo muy cachonda hasta que llego el momento en que decidí abrir los ojos, yo seguía tan desinhibida por el alcohol que me sentía libre de hacer cualquier cosa, así que abrí mis ojos.

    —¡Aaaah! ¡Que ricooo! Esperen, mejor vamos afuera del coche. —Les propuse con voz cachonda.

    —Sí a ver bájate. —Me dijeron sorprendidos por mi disponibilidad.

    Ya estando fuera del vehículo, le pedí a su amigo que me bajara el zíper del vestido, y le pedí a mi chofer que me desnudara ya que me excitaba mucho la idea de que un hombre me despojara de mi vestido, entonces él se acercó y me bajo el vestido hasta el suelo dejándome desnuda por segunda vez en vía pública, ahora con mis pezones muy duros y levantados en un camino de terracería y al aire libre. A pesar del maquillaje los chupetones se notaban por todo mi cuerpo, camine con mis tacones y pude ver que estábamos en una zona despoblada y oscura solo se veían a lo lejos pasar vehículos en una carretera, deslicé mis manos sensualmente sobre la lámina del coche y pude sentir que el cofre estaba ardiendo de caliente, abrí mis piernas mostrándoles mi culo y me retire el plug anal soltando un gemido, al retirarlo sentí como escurrió un poco de sangre y lubricante de mi ano que ya estaba muy lastimado, yo seguía tan cachonda que abrí fuertemente mis nalgas y me senté sobre la lámina caliente del cofre para calentar mi ano, de inmediato sentí como mi ano se quemaba, el calor de la lámina entro por mi ano dilatado y me calentó el interior del culo, lo mismo pude sentir en mis labios vaginales, solté gemidos de placer y dolor.

    —¡Aaay! ¡Aaah!

    Soporté el dolor quizá por el alcohol y la tremenda excitación de tener mi cuerpo desnudo al aire libre, esa noche yo solo quería ser violentada. Permanecí sentada en el cofre caliente y me abrí de piernas, les pedí que me penetraran mientras abría mi vagina rosa para mostrárselas y no se hicieron esperar, mi chofer sería el primero, se desabrocharon los cinturones y se bajaron el pantalón, se puso enfrente de mí y le pedí me cogiera con todas sus fuerzas, y así lo hizo tenía una verga muy gruesa, pero yo ya estaba muy dilatada y todo era placer, sentí como me penetraba muy rápido y fuerte, hasta que iba a eyacular y le dije que me los quería comer, así que me bajé del cofre y se la mamé hasta que eyaculó y me tragué todo su semen, era tan dulce y blanco, me sentí feliz haciéndolo.

    Ahora había llegado el momento de que mi ano recibiera placer de nuevo.

    —¿Te gustaría cogerme analmente? —Le pregunté muy excitada.

    —Sí, eso me gusta mucho. Por ahí se siente mas apretado. — Me respondió muy libidinosamente.

    Caminé hasta estar enfrente de la llanta delantera derecha y me incliné sobre el cofre para que mi culo quedara empinado, abrí mis piernas y puse mis senos sobre la lámina caliente del cofre, sentí como mis senos se quemaban con la lámina sensibilizando mis pezones, me dolía y me sentía herida de mis zonas erógenas, lo que sentí muy rico. Entonces le pedí me ensartara su verga en el culo de un empujón, este hombre tenía la verga gruesa y larga como mi querido Samael, el de la bodega, y tal como se lo pedí, me penetró muy profundo hasta sentí como se movió el coche, sentí nuevamente ese impacto dentro de mí, era la punta de su gruesa verga que se abría paso en mi interior, este hombre era más alto y pesado así que cada que me penetraba sentía como me empujaba y aplastaba contra la lámina del coche, así me penetró fuerte y profundo durante un buen rato.

    —Te lo voy a hacer lento para que sientas mi reata un buen rato.

    —¡Sí! ¡Así! ¡Cógeme muy lento y rico!

    —¿Te gusta arto la reata verdad?

    —¡Sí! ¡Me encanta! ¡Se siente rico papi! —Yo estaba muy sensibilizada de mi zona íntima

    Estoy segura de que me cogió aproximadamente media hora por el ano, hasta que sentí ese chorro de semen caliente dentro de mi culo, le pedí que no me la sacara y se quedara dentro de mí un par de minutos, yo quería seguir sintiendo esa verga dentro de mí, hasta que perdió la erección y retiro su verga manchada de mi sangre.

    Justo cuando había terminado de cogerme el amigo de mi chofer, pensé que habíamos terminado pero mi chofer se aproximó y antes de que me despegara del cofre, me ensarto su verga y me cogió, muy fuerte también por el ano, podía sentir de nuevo esa sensación de estar muy dilatada pues cada que la sacaba y la metía, podía sentir que mi ano se quedaba abierto.

    —Se ve que vienes de coger ¿Verdad? —Me preguntó muy curioso.

    —Sí, acabo de estar con unos albañiles. —Le dije muy cachonda.

    —Ah, pues con razón ya vienes bien cogida, te entra bien sabroso. —Me hizo sentir muy excitada confesarle mi reciente encuentro.

    —Me cogieron entre todos ellos analmente y me gustó mucho.

    —Pues por eso estás manchada de sangre, se ve que eres bien puta.

    —Sí, me gusta mucho me cojan por atrás.

    —Ya tienes el culo bien lastimado, estas sangrando como perra en celo, puedo ver que se te queda bien abierto.

    —Sí, pero se siente rico, me gusta mucho. —Le confese.

    —¿Te gustaría sentir algo más grueso? —Yo seguía tan cachonda y ebria que no ponía resistencia a nada. Mi ninfomanía me estaba llevando a superar mis límites.

    El amigo de mi chofer caminó a su vehículo, y abrió la cajuela, de donde saco un bate de beisbol, de aluminio. Me estremecí cuando lo vi, quería decir no, pero algo en mi quería ver si podía resistir algo así de grueso, así que le pedí me pasara mi bolso y me puse lubricante con anestésico en el ano, y le apliqué un poco de lubricante al bate de beisbol, me dispuse a poner mis senos sobre el cofre caliente de nuevo y abrí mis piernas dejando mi culo empinado, estaba muy nerviosa pues no era una verga lo que me iban a meter sino un bate de beisbol, cuando le puse lubricante traté de cerrar mi mano alrededor de él y vi que era muy grueso no tenía nada que ver con una verga, así que en esta ocasión sentí mucho temor.

    —Ayúdame a abrirle las nalgas para que le pueda entrar mejor. —Le dijo su amigo a mi chofer.

    Entonces el abrió mis nalgas y sentí la piel y mi ano estirarse y eso dolía un poco pero me gusto así que le pedí que me las abriera con más fuerza me sentí tan cachonda ahora con el culo abierto totalmente esperando que me metieran ese bate.

    Mi chofer me estaba abriendo fuertemente las nalgas, yo me sentí muy vulnerable y excitada.

    —Ya amor, méteme el bate, solamente hazlo con cuidado, poco a poco. —Le dije al amigo de mi chofer.

    Como les comenté era un hombre más grande y pesado. Entonces puso el bate en mi ano y fue empujándolo con su peso poco a poco, sentí una punzada como la primera vez, ahí supe que me iba a volver a doler pues mi ano no estaba acostumbrado a ese grosor todavía, sentí como se iba abriendo mi ano, la punzada era fuerte otra vez volví a derramar lágrimas, pero no me resistí solamente relajé mi cuerpo pues quería tener eso dentro de mí, el hombre me comenzó a decir cosas lascivas.

    —Hay mamacita te voy romper el culo mi amor, prepárate te la voy a meter hasta donde te quepa.

    —Sí, ya métele el bate eso es lo que quiere.

    Al oír esas cosas me sentí de nuevo cachonda, quería darles un buen espectáculo a esos hombres pues podía notar el morbo con el que lo estaban haciendo.

    —Ábreme más las nalgas, ábreme mi culo más fuerte con tus manos. —Le suplique a mi chofer.

    Él las abrió más fuerte y sentí mi piel estirada y adolorida, yo quería sentir placer en todo mi cuerpo así que me toqué los senos, estimulé y pellizqué mis pezones, y al sentirme muy cachonda, con el plug anal que aun traía en mi mano me penetré la vagina para sentirme totalmente cogida, así que lo dejé puesto.

    —¡Ya mi amor rómpeme el culo!

    Apenas le dije eso, sentí como empujo el bate con su peso, y mi ano se abrió tanto que pude sentir una fuerte punzada, un desgarro y ardor mayor a lo que antes había experimentado, sentí como el bate entro hasta el fondo y topo en mi interior, hasta el vehículo se movió en ese instante grité, y comencé a llorar teniendo el bate dentro, y el hombre dijo ya estas bien abierta mi amor era lo que me pediste, entonces sentí que me lo iba a sacar y le hice una señal con mis manos temblorosas, para que no lo moviera, porque no podía hablar del dolor. Me sentía una escuincla ahogada en su propio llanto.

    —Déjamelo adentro, no lo saques. —Le dijo llorando entrecortadamente.

    —¿Te gusta mamacita?

    —Sí, me duelo mucho, pero sí me gusta. A ver, comienza a cogerme con el bate suavemente.

    Él comenzó a cogerme con el bate suavemente, lo hacía muy profundamente.

    —A ver sáquenmelo y díganme como se me ve el ano.

    —Estas sangrando mucha mamacita. —Me dijo mi chofer.

    —Se te ve bien abierto. Me dijo el amigo de mi chofer.

    —Ábranme las nalgas y comiencen a cogerme de nuevo con el bate, pero sacándolo por completo y metiéndolo a fondo varias veces.

    —Se ve que te gusta arto sentirte cogida. —Me dijo el chofer mientras metía el bate por mi ano.

    —¡Aaay! ¡Aah! ¡Me duele mucho! —Yo me sentía muy lastimada y cogida, fue hermoso. Mi masoquismo estaba siendo satisfecho. Mi ninfomanía se avivaba.

    Me cogieron a si durante una media hora y yo quede sobre el cofre rendida y gozando de ser cogida analmente con ese bate tan grueso.

    Al sentir mi culo tan abierto y sensible, la excitación que sentía era desbordante, estaba tan alcoholizada, desinhibida, cachonda y llena de morbosidad por violentar mi cuerpo que le pedí al amigo de mi chofer que dejara el bate y me penetrara con su puño cerrado. El taxista se humedeció la mano con mis fluidos y cerró su puño para comenzar a empujarlo contra mi ano, sentía como mi esfínter anal trataba de abrirse para recibir ese puño, yo trate de relajarme, pero estaba muy nerviosa mis piernas temblaban y el abdomen se me contraía del miedo. Le pedí que lo hiciera con más fuerza y su puño comenzó a entrar en mi culo. Yo sentía como se me desgarraba el esfínter, era deliciosamente doloroso, mis gemidos se ahogaban con mi llanto.

    —¡Aaay! ¡Aah! ¡Ah!

    —¿Así te gusta?

    —¡Ya lo métemela por completo!

    Entonces el taxista empujo con fuerza, sentí como si me hubiera golpeado con el puño cerrado en mi culo, su puño entro completamente, sentí como mi culo estaba completamente roto, el reloj metálico que el hombre tenía en su muñeca, me raspo el ano, así que el taxista saco su puño y se quitó el reloj, arremangó su camisa y comenzó a meter su puño dentro de mi culo una y otra vez, era como si me estuviera golpeando, me sentí muy agredida, humillada y violentada, justo lo que quería, había excedido mi limite. Estaba sufriendo más de lo que podía soportar, empecé a llorar y vi como mis lagrimas caían sobre el cofre.

    —¡Gracias amor! ¡Gracias! ¡Ya fue suficiente! —Él retiró su puño manchado de sangre.

    —Mira como sangraste. —Me dijo sorprendido y con una mirada muy morbosa.

    —Mete tus dedos en mi boca. —Le dije con voz dulce y cachonda.

    Entonces hice una de las cosas más perversas que he llegado a hacer. Le chupé cada uno de sus dedos, y continué lamiendo mi sangre anal por el resto de su mano, hasta dejarla completamente limpia.

    Unos minutos después ellos ya se habían recuperado, así que me arrodille y se las mamé hasta que se vinieron en mi boca, me trague todo su semen y les sonreí con mi cara toda escurrida de rímel por mis lágrimas. Nos despedimos de su amigo, me vestí y mi chofer me llevo hasta mi casa, no me cobró por el servicio, me pidió mi número de teléfono y nos despedimos. Bajé del taxi y caminé hasta entrar en mi casa totalmente cansada con las piernas escurridas de semen y sangre, quedé rendida de inmediato en mi cama y desperté hasta las 2:30 de la tarde.

    Al día siguiente amanecí muy adolorida, con mi cuerpo muy maltratado y chupeteado, el culo ya no me sangraba, pero ardía. Me sentí sexualmente plena, satisfecha, absurdamente querida y deseada por los hombres, disfruté de mi cuerpo entre las sábanas, pues aún sentía el placer del semen que esos 8 hombres habían eyaculado en mi interior…

    Alexandra Love.

  • Sexo en el estacionamiento

    Sexo en el estacionamiento

    Un día caluroso de verano y soleado ese día tenía cita con una amiga para desayunar.  Tenía una falda, una camisa que hacía ver mis tetas enormes y sandalias qué hacían ver mis lindos pies.

    Estaba desayunando con mi amiga y me escribió un amigo con el que regularmente tenía sexo. Me dijo que quería, yo le dije que no podía porque estaba con mi amiga, el insistió pero le dejé responder. Terminé de desayunar con mi amiga y le respondí, le dije que si me quería llevar hasta mi apartamento a lo que él respondió que sí que lo esperara que ya pasaba por mí a todas estas yo pensaba que ya no quería coger. Y vaya que me equivoqué.

    Él llegó y me subí a su carro apenas me vio puso su mano en la boca y dijo: Ana estás hermosa mira como me pones. mire su entrepierna y en efecto tenía su enorme pene muy erecto.

    Yo sonreí y le dije que estaba muy loco que ya sabía que no íbamos a tener sexo ese día… Él dijo sí claro lo que digas me quieres acompañar a buscar unas cosas y luego te llevo a tu apartamento, yo le dije sí claro como quieras entonces fuimos.

    Cuando íbamos por el camino estábamos hablando de muchas cosas y como mi falda era muy corta el comenzó a meter su mano en mi entrepierna a tocarme el clítoris yo estaba muy caliente. le decía que parara mientras él iba manejando, se reía y me preguntaba si me gustaba yo le decía que sí que no parara. Después de un rato llegamos a donde él iba a buscar las cosas que necesitaba después de ahí seguimos andando y dijo que necesitaba entrar a un parqueadero de carros a dejar unas cosas y de ahí y vamos a mi apartamento, nuevamente le dije que estaba bien.

    En todo ese tiempo ya estaba muy caliente, muy mojada tanto así que cuando él me metía los dedos escurría con mis jugos yo tenía ganas de ser penetrada ese día. Llegamos al parqueadero y él salió del carro, busco unas cosas volvió entrar tomó su teléfono y me dijo: ya que estás así por que no me los chupas? Y yo sin pensarlo saqué su pene y comencé a chuparlo el se reclinó en su asiento yo cambié de posición me quité el hilo que llevaba ese día y el comenzó a darme dedo mientras yo se lo chupaba seguí por unos 10 minutos y él se quería derramar en mi boca pero yo le dije: no, quiero que me lo metas aquí. A lo que el dijo: sí bueno quítate esa falda. Yo me quité la falda me quedé sin nada, quite mi camisa mis tetas quedaron afuera y el comenzó a chuparlas lo hacía y me miraba a los ojos las mordia y yo gemía, me retorcía del placer todo esto pasaba mientras dos señores miraban todo. Yo le dije que se detuviera que nos están mirando, él dijo: no tú eres una puta deliciosa así que sigamos sino dicen nada es porque también lo están disfrutando.

    Yo seguí gimiendo, realmente lo estaba disfrutando, le tenía toda la mano mojada, la sacó de mi vagina y me hizo lamer la disfrute muchísimo hacer eso entonces agarró su verga me hizo ponerme en cuatro dentro del carro y me lo metió, yo gemía y él me decía que era una zorra y que le encantaba follarme me da mordiscos en la espalda me pegaba y me apretaba las tetas muy fuerte él sabía que eso me encantaba y lo volvía loco.

    Luego me quería voltear porque lo quería besar entonces puse mis piernas sobre sus hombros y él me seguía penetrando a todas estas ya yo había tenido un gran orgasmo pero quería más ya todo su asiento estaba lleno de mis jugos él sabía lo que yo quería Entonces me hizo venir así en esa posición mientras me mordía el cuello.

    Entonces en mi segundo orgasmo ya le dije que quería que me diera su leche Entonces se pasó a su asiento se lo comencé a chupar muy rico y me agarró el cabello y me dijo: dónde lo quieres? Y le dije: quiero comermelo. Entonces se derramó en mi boca y jugué con él y me lo traje todo.

    Después de eso su carro olía a sexo mucho sexo olía a mi vagina un olor muy rico y su aroma estaba llena de mí entonces me vestí salimos de ese sitio y nos despedimos en mi apartamento.

  • Mi harem familiar (14 – final)

    Mi harem familiar (14 – final)

    Continúo con mi vida normal, mi casa con mis cuatro chicas especiales, mi trabajo, la Universidad, los deportes y los amigos. Dado el agite de vida con las cuatro damas de mi casa, ya no tengo tiempo para las amigas. Las voy descuidando poco a poco, más sin embargo, me suceden cosas como que un miércoles cualquiera me dicen en la oficina que el jueves no vayamos a trabajar porque van a fumigar todo el edificio. Fantástico, me quedaré en casa. Solo cuando me acosté a dormir esa noche, caí en cuenta que al día siguiente podría volver a ver a Carmencita, con quien no tenía contacto carnal desde antes de empatarme con Ana. Eso me emocionó. Al día siguiente, al despertar, me fui de la habitación de mamá para la mía para hacer mis ejercicios mañaneros, luego bañarme y bajar a la cocina a esperar a que la señora llegase a casa, a eso de las 7 am.

    En efecto, a cinco para las siete, Carmencita entró a casa y la recibí con un gran abrazo:

    – Mi negrita consentida, tiempo sin verte y sin estrujarte. Déjame verte bien. – y le di una vueltica, para poder observar con lujo de detalles a aquel mujerón. – Negra, estas más buena que la última vez que te vi. Tú eres como el buen vino, que añeja sabes mejor, carajo.

    – Mi niño querido, cuanto tiempo, no sabes la falta que me has hecho. Como ahora eres un hombre de bien, no te veo la cara. Saliste de vacaciones y enseguida te fuiste con tu mami para Margarita. Regresaste cuando ya yo no volvía hasta el 15 de enero, las vacaciones que me dio tu mami y como trabajas y estudias, nunca nos cruzamos. ¿Y eso que estas en casa, hoy jueves? ¿No me digas que te sientes malito?

    – No, mi negrita linda, están fumigando la oficina y me dieron el día libre, para que pudiera venir a hacerte el amor a ti, después de tanto tiempo. Jajaja.

    – Bueno, sí tenemos chance, no me importaría, porque la verdad es que me has tenido tan abandonada que ya ni me acuerdo si eres buena cama o no, jajaja.

    – Déjame hablar con mamá para que salga para alguna parte ahora en la mañana, porque te tengo muchas ganas… ponme el desayuno mientras averiguo si tiene que salir.

    Subí al cuarto de mamá y la encontré vistiéndose para bajar. Le pregunté si tenía algo que hacer por la mañana y me dijo que no. Entonces le dije:

    – Invéntate algo y vete toda la mañana, para que me dejes con la negrita, porque le tengo unas ganas… Tiene que ser hoy, es mi única oportunidad. Cuando las chicas se vayan a la Universidad, sal con Miriam y no regresen hasta el mediodía, por favor.

    – De acuerdo, mi amor, no hay problema, pero silencio a bordo, que nadie lo sepa. Solo tú y yo. ¿De acuerdo?

    – De acuerdo y gracias, mi amor… te amo.

    Mami bajó conmigo y nos encontramos a las tres, Miriam, Ana y Andrea, listas para desayunar. Las abracé y besé a todas, con recato, delante de Carmencita y desayunamos todos juntos. Luego las jóvenes se fueron a la Universidad y mamá le dijo a Miriam:

    – Por cierto, hermanita, acompáñame a hacer unas diligencias que tengo pendientes, no quiero ir sola y este carrizo no me quiere acompañar, porque quiere disfrutar de su día libre.

    – De acuerdo ¿Y para dónde vamos?

    – Para el Centro Comercial Chacaíto. Ya verás, será una sorpresa.

    Al poco rato salieron las dos y nos quedamos solos, Carmencita y yo.

    – Al fin solos, cariño mío, vamos para arriba, para llevarte al cielo…

    – Si, mi amor, voy corriendo. Déjame quitarme esto –el delantal– y ya voy.

    Subimos a mi cuarto, cerramos la puerta y puse un poco de música romántica para matizar nuestro encuentro mañanero. Ella se fue al baño y se dio una ducha, porque había sudado un poco en el transporte colectivo al venir a casa. Una vez que estuvo limpiecita como un sol, se tumbó en mi cama y me miraba con ojos de gata en celo. Le hice los honores y me acosté a su lado a besarla apasionadamente. Ella era mi quinta chica, pero había sido la primera en mi vida. Solo mami, Miriam, Ana y Andrea significaban más para mí que ella. Me había criado desde pequeño, ayudando a mamá, había sido mi primera vez y mi maestra en el sexo y me quería. Yo siempre había sido su preferido, por sobre Ana, que con ella tuvo una época odiosa. Yo siempre la llamaba ni negrita linda y le daba nalgadas suaves en su portentoso trasero. Mami me contó una vez que cuando me estaba amamantando le dio gripe durante una semana y entonces fue la negrita quien me dio la teta, porque ella estaba amamantando a su hija, todavía. De modo que esas tetas fueron mías cuando era un bebé.

    Esa mañana de reencuentro sexual con mi mulata querida fue grandiosa. Empezamos con caricias, luego me fui a sus portentosas tetas y después inicié un cunnilingus que ella aceptó, pero que después, con mucha habilidad y movimientos felinos, no esperados de una mujer de su edad –ya por los 46– se convirtió en un espléndido 69. Ella abajo y yo arriba, cosa que no nos pareció cómodo y que en un santiamén ladeamos. Ella acabó estruendosamente, denotando que tenía pocas atenciones últimamente.

    – Mi amor, estoy oxidada. Tengo telarañas por allá abajo, de tanto tiempo sin atención. Tenme paciencia…

    – No te preocupes, negrita linda, yo te voy a dejar pulida, ya verás. Y tenemos que ponernos de acuerdo, no sé cómo, será los domingos en la tarde, te paso buscando por algún sitio y nos vamos a un hotel, para ponerte en forma, como tú una vez hiciste conmigo. Será un verdadero placer para mí, devolverte el servicio.

    Y seguimos con nuestro asunto, que se resolvió deliciosamente con un excelente polvo quita–telarañas y luego un anal de pronósticos esperados.

    La señora me dejó más que satisfecho, como siempre había sido su costumbre y ella me juraba que se sentía recuperada de tanto abandono.

    – ¿Abandono mío o de tu marido?

    – De los dos, porque tú me dejaste tirada cuando empezaste a trabajar. Más nunca me atendiste, malvado. Con lo rico que la pasábamos los miércoles, primero y luego los jueves. Fueron casi tres años follando un día a la semana, pero que me dejabas super satisfecha, porque esa cosota tuya siempre me ha llenado. Lo de mi marido no tiene nombre, me tiene mal atendida, porque se gasta las energías en una carajita que no inspira ni malos pensamientos, según mi hijo.

    – Bien, ya es hora que volvamos al mundo real, porque pueden llegar las señoras y si nos encuentran en esto, mi madre…

    – No te creas, tu mami sabe que tú y yo… bueno, yo se lo confesé una vez y ella no se molestó conmigo. Más bien me agradeció que hubiese sido yo la que te estrenó y entrenó, como me decía ella. Y siempre me preguntaba que como ibas, que si lo hacías bien y todas esas cosas. Sabes que Sugey y yo siempre hemos sido muy cercanas, muy confidentes.

    – Si, lo sé, pero no sabía que se lo habías dicho ni que te preguntaba por mis avances, vaya, vaya…

    **********

    Por la noche, ya en la habitación de Sugey, le pregunté cómo le había ido con Miriam y las supuestas diligencias que tenía que hacer. Para mi sorpresa me dijo:

    – Mi amor, yo no tengo secretos con mi hermana, se lo dije claro y raspao. Le expliqué todo, desde el principio, que ella te había desvirgado, que te había enseñado todo sobre el sexo, que a ella le debíamos en buena parte tener un amante tan especial, porque ella te había entrenado muy bien. Miriam se moría de la risa y me dijo que ella alguna vez había notado algo entre ustedes dos, cuando estabas en bachillerato. Que se miraban con sigilo, muy cómplices ustedes.

    – Fíjate pues, yo ni siquiera sabía que ella se había dado cuenta de algo. De pendeja no tiene ni un pelo, la Miriam. Es como tú, media bruja.

    – Si, mi cielo, somos brujas, te tenemos hechizado con nuestras pociones mágicas, como las del druida Panoramix.

    – Si, la poción mágica, agüita de cuca… jajaja.

    – Bueno, ríete, pero bastante que te gusta, ¿no?

    – Claro que sí, vamos, dame poción que me siento débil. – y la empujé sobre la cama y empecé a comérmela toda, de arriba abajo, sin dejar nada.

    Realmente, amar a Sugey era lo máximo, porque no solamente era una hembra prodigiosa, sabrosa, divertida y experimentada, sino que si a eso le agregabas el componente sentimental, el amor que nos teníamos y para más, el morbo que te da saber que somos madre e hijo, pues es algo inenarrable, algo que no se puede explicar a nadie. Solo lo entenderían personas que estuvieran en nuestra misma situación. De resto, nadie podría.

    – ¿Sabes una cosa, Sugey? Mientras más pasa el tiempo y más veces lo hacemos, más crece mi amor por ti. Cada vez que te miro, que te toco, que te beso, que hacemos el amor, me siento más enamorado de ti. De verdad, me tienes embrujado. Es que ni siquiera con Ana, mi otro gran amor, me siento igual. Ni con Miriam, que es físicamente igualita a ti y que hace el amor de la misma manera y forma que tú, pero es que se siente diferente. Contigo es el séptimo cielo, con Ana será el sexto y con Miriam y Andrea el quinto. Con Carmencita el cuarto y las demás no llegan ni a una nube, comparándolas con ustedes. Te lo digo aquí en confianza, tu hijo que te adora, créeme que es así.

    – Te creo, mi cielo, porque yo siento lo mismo. Para mí tu padre siempre había sido mi referente, aquel hombre con el que podía comparar a los demás. Nunca había conocido a un hombre mejor que él en cualquier aspecto, no solo como amante, en todo. Pero contigo, la cosa es diferente. Yo creo, como tú, que el morbo de ser madre e hijo hace la diferencia. Porque eres muy parecido a tu padre, en estatura, en peso, en morfología en general, solo que eres más cariñoso que él, más expresivo y también más PENOSO, sí, porque esa cosota que tienes ahí es más grande, más gruesa y más sabrosa que la de él. Pero la de él no era para nada despreciable y si a eso le agregáramos la experiencia que él tenía, muy superior a la tuya, pues habría posibilidades de empate. Pero Ernesto era mi esposo, mi marido. Tú, mi hijo, mi sangre. Saliste de mi vientre. Eso hace la diferencia. A él hubiera podido dejar de amarlo, por circunstancias de la vida, pero a ti jamás, no importando lo que pase. Esta experiencia que estamos viviendo, a la que tanto miedo le tuve y le saqué el cuerpo, es lo mejor que me ha pasado en la vida. Si me preguntaran, se lo recomendaría a cada madre que conociera.

    Pero hay algo muy importante y que no podemos dejar de tener presente. Nuestro amor es proscrito, ilegal, repudiable social y religiosamente. Yo pertenezco a una generación y tú a otra menor a la mía, vale decir, soy mucho mayor que tú, ya soy una mujer madura, ya comienza mi declive y tu apenas empiezas a vivir, vas en ascenso. Nuestro tiempo como amantes puede y debe ser corto. Un buen día conocerás a una chica, del tipo de Ana o de Andrea, pero nunca ellas, de la que te enamorarás y entonces, vencerá nuestra relación especial. Es ley de vida, mi amor y no quiero que lo pierdas de vista. Nuestra relación tiene fecha de caducidad corta. Cuando eso pase, yo me sentiré feliz por ti. No lo olvides. Y lo mismo va para Ana y Andrea. Son tus hermanas y la relación entre ustedes también es prohibida, así que deberías poner límites y distanciarlas cada día más. Ya pasó la novedad, se dieron gusto, pero poco a poco deben distanciarse. Ellas también conocerán a alguien especial y se apartarán de ti. Es ley de vida, te repito. Y debes propiciarlo. Sé que las adoras y ellas a ti, pero habrá alguien para cada quien, ya verás. La naturaleza es más sabia que nosotros… Te amo, hijo. Te amo con toda mi alma.

    FIN

  • Una botella y unos amigos

    Una botella y unos amigos

    Todo empezó como un juego tonto, nadie sabía hasta donde podía llevarnos. Unos cuantos amigos, unas cuantas botellas y algo de aburrimiento son malos cuando se juntan o a veces muy buenos.

    No recuerdo quién propuso lo de la botella, verdad o atrevimiento, ni en que película lo habría visto. En realidad ni siquiera me acuerdo de todos los que estábamos allí, ni desde luego de algunas de las pruebas o preguntas. Pero otras cosas si que las tengo clavadas en la mente, como grabadas a fuego.

    Al principio la cosa no pasó de las habituales cuestiones tontas y retos de tanteo para ver hasta donde estábamos dispuestos a llegar.

    Pero el ambiente se fue caldeando, las preguntas fueron tomando un aspecto mas sexual y las pruebas mas carnales.

    Descubrí algunas cosas sorprendentes de nuestros amigos. Quien de ellos había ido de putas o se masturbaba constantemente, algunas fantasías o fetiches que todos llevábamos muy escondidos. Sería el alcohol lo que nos había soltado las lenguas. Pero las verdades parecían salir solas. In vino veritas como decían los romanos.

    Yo por entonces era aún muy inocente y no tenía gran cosa que contar. Apenas me habían desvirgado en un polvo mas bien decepcionante. Eso no tenía nada que ver con mis deseos y fantasías, que eran muchas. Me hacía muchos dedos en esa época.

    Pero cuando llegaba mi turno respondía como podía o bebía como decían las reglas. Así que para cuando la cosa empezó a ponerse caliente de verdad yo ya iba bastante alegre.

    Alguien empezó a pedir prendas cuando tocaba atrevimiento y como en el chalet donde estábamos hacía calor y no teníamos mucha ropa puesta mas de uno empezó pronto a exhibir mucha piel.

    Yo misma tuve que quitarme el sujetador muy pronto y dejar mis pechos cónicos y duros a la vista de todos. A esas alturas no me importaba, de hecho, hacia top less en la playa ante mis padres sin problema. Así que estaba encantada exhibiéndome. Cuando miraba alrededor veía a mis amigos y amigas en el mismo estado de semidesnudez.

    La siguiente vez que me tocó elegir a mí se me ocurrió una pequeña maldad, dos de mis amigos, dos chicos, estaban ya con sus ajustados boxers y nada mas. No es que tenga muy desarrollado el radar gay, pero siempre había sospechado que se gustaban y les pedí que se besaran.

    – Mario y Juan podrían besarse. Pero algo serio, de verdad, que nos de morbo.

    Nada mas decírselo un coro de asustadas protestas, temiendo por su heterosexualidad, surgió alrededor de ellos. Pero bajaron la cabeza y con tímidas sonrisas indicaron con gestos que no les desagradaba la idea del todo.

    Una amiga que aún conservaba el sujetador puesto me apoyó diciendo que así eran las reglas. Yo sospechaba que lo hacía por que le daba tanto morbo como a mí ver ese espectáculo.

    – Venga, las reglas son así. Si no quieren hacerlo siempre pueden beber, todavía más.

    Los dos chicos, cerrando los ojos, se dieron un dulce beso en los labios y Mario de pronto sacó la lengua y todos los demás vimos como Juan abrió la boca y se la dejó meter hasta el fondo de la garganta.

    Incluso empezaron a acariciarse pero tuvieron que parar cuando sonó el cronometro ante el coro de los demás que los miraban cada vez más calientes. Para entonces todo el mundo estaba más caliente que borracho. Ya querían seguir por el camino del morbo y pasar del alcohol.

    – Ahora os toca a vosotras. Queríais un beso y nos debéis uno vosotras, uno lésbico.

    En la siguiente prueba como venganza me hicieron besarme con Yolanda que me había apoyado antes. Si querían verme en acción con otra chica no pensaba cortarme. Les iba a dar rollo bollo a poco que ella me apoyarse.

    Me coloque frente a ella, cogí sus manos y las puse en mis tetas pequeñitas, duras y desnudas mirándola a sus bellos ojos negros. Quería dar un buen espectáculo a la vez que ella me gustaba.

    El que apenas tuviera experiencia no quería decir que no fuera morbosa o que no tuviera ganas de buen sexo, que las tenía y muchas. Yoli me devolvía la mirada con sus felinos ojos entrecerrados.

    Cuando comenzó a retorcer mis durísimos pezones entre sus dedos supe que la tenía, me fui acercando a ella con mis labios entreabiertos buscando los suyos. Fue ella la que puso la lengua la primera y yo llevé mis manos a su espalda y le solté el sujetador.

    Mientras nos besábamos con mas pasión, mas lengua y saliva me quedé con el escaso trozo de tela que había cubierto sus tetas hasta entonces entre los dedos. Nuestros pechos juntos se frotaban y me parecía notar en mi piel la dureza de sus pezones. El resto nos coreaba excitados.

    Cuando nos separábamos de reojo me fijé en los dos chicos que no se habían soltado las manos y se acariciaban con disimulo. Mario rozaba el vientre depilado de su amigo cada vez mas cerca de la cinturilla del slip.

    – Que buen besas, nena.

    – Contigo merecía la pena poner ganas.

    A la siguiente prueba otra amiga tuvo que sacarse las braguitas. La primera que llegaba a ese punto. Sin cortarse nos enseñó a todos el precioso felpudito de vello rubio recortado y los finos labios que salían un poco por debajo.

    Se giró y sus nalgas bien duras y respingonas fijaron todas las miradas como si hubieran tenido cianoacrilato. Después de eso ya nada podía pararnos. Fue coreada por todo su entregado público por supuesto.

    – ¡Vaya culo!

    – ¡Preciosa!

    – ¡Que xoxito más lindo!

    A la siguiente ronda le tocó elegir a una chica que quería ver polla y eligió al que la marcaba mas grande en sus ajustados calzoncillos. Le pidió a su víctima que se desnudara del todo. Al oído otra chica le preguntó si podía probarla, aunque lo oímos todos. Asintió y la victima fue el chico mas feliz de la fiesta, hasta ese momento.

    – Ya es hora de que veamos rabo y ¡te ha tocado!

    – ¿Puedo probarla?

    – Déjate hacer lo que ella quiera.

    Sin que hicieran falta mas pruebas hubo gente que se desnudó del todo. Aunque las rondas del juego continuaban.

    Alguien pidió un baile sexi, sensual y la chica que lo estaba haciendo nos paseó su precioso culo por la cara a todos, ellos y ellas. Y algunos aprovechamos para besarlo y pasarle la lengua por las nalgas. Alguno de los chicos, mas atrevido, consiguió separarlas y llegar a lamer el ano de la chica.

    A esas alturas yo quería mas carne. El chico que tenia sentado al otro lado, el opuesto al de la rubia había pasado la mano por mi espalda hasta acariciarme el culo.

    Yo le tocaba el muslo, cada vez mas arriba. Aprovechando cuando alguien le ordenó desnudarse del todo para hacerme con su polla ya bien dura y rodearla con mis dedos.

    Masajeándola con suavidad notaba como aún se ponía mas dura entre mis dedos, cuando acaricié sus duros huevos. Notaba su mano acariciando mis nalgas suavemente giré la cabeza y lo besé.

    Nuestras lenguas se enredaron y una de sus manos pronto encontró uno de mis firmes pechos que también acarició. Yoli nos miraba con una expresión de lujuria en su bello rostro y se decidió a actuar.

    De pronto noté otra mano entre mis muslos y me parecieron demasiadas para una sola persona. Ella acarició los húmedos labios de mi depilada vulva. Seguía siendo mi amiga, la rubia, y su recortado vello del pubis. Parece que le habían gustado mis besos y mis tetas y que volvía a por mas.

    La mano que no tenía en la polla del chico la desplacé hasta la franja de fino vello púbico que se dejaba por encima de los labios de su vulva. Enredé mis dedos en ella. Giré la cabeza para mirarla y le supliqué que se uniera al beso. Notamos su lengua uniéndose a las nuestras con deseo.

    – Ven. Bésanos.

    Justo enfrente los dos chicos estaban enzarzados en un sesenta y nueve. habían olvidado todo disimulo. Sus pollas desaparecían en la boca del otro. El sensual espectáculo me excitaba aún mas, nos excitaba a todos.

    Sin que nadie pensara ya que ver esos dos preciosos cuerpos masculinos amándose atentara contra su heterosexualidad. Dos chicos que se deseaban cediendo a sus deseos de carne prieta y dura. Que yo sepa a día de hoy aún están juntos.

    Poco a poco sin abandonar la boca de mi amiga, sus besos. Fui subiendo sobre los muslos del chico, para sentarme sobre ellos. Para entonces ya se había enfundado un condón. Dándole la espalda deslizaba su polla en mi interior.

    Yoli tan solicita me ayudo guiándola con sus finos dedos. Subiendo y bajando despacio. Ella tampoco paraba, agachándose a lamer mis tetas, mis axilas, el ombligo.

    Deslizando su juguetona lengua por mi piel hasta situarse entre nuestros muslos. Tuve que inclinarme hacia atrás hasta apoyar las manos en el pecho del chico. Como estábamos sentados en un sofá tenía hueco para ponerse entre nuestras piernas.

    Ambos tuvimos que separar las piernas todo lo que pedimos para dejarle sitio. Pero notar su boca en mi clítoris y en sus testículos mientras yo misma me follaba despacio con el rabo del chico era maravilloso.

    – Dejadme sitio quiero lameros.

    Aquello ya se había convertido en una orgía en toda regla. Nadie conservaba la ropa puesta y se acariciaban y besaban.

    En esa posición a cuatro patas el culo de Yolanda en pompa era una tentación que otro de nuestros amigos aprovechó. Se clavó en ella con suavidad. No quería perderse el espectáculo que tenia delante por ser demasiado brusco.

    Yo notaba los empujones del chico en aumentos de la presión de su lengua en mi coño y en la base de la polla que me taladraba.

    Acariciando la espalda de la rubita las sensaciones se multiplicaban y se concentraban en mi vulva. Las manos de él agarrando mis pechos, las de ella aferradas a mis nalgas entre los dos cuerpos para no separarse de nosotros.

    Sus suaves gemidos, que se confundían con los míos y los de los chicos. Prodigados entre lamidas como refrescantes soplos de aire en mi ardiente pubis. Mis ojos clavados en los del chico que se la follaba viendo su expresión de pura lascivia.

    Rodeados de cuerpos desnudos y de pieles que se frotan y acarician. Estaba a punto de correrme ya por no se cuantas veces esa noche y las contracciones de mi vulva llamaban al orgasmo de mi amante.

    En ese momento noté como su lefa inundaba el condón y su polla comenzaba a aflojarse dentro de mi coño. Con un último empujón el otro chico se corrió en el xoxito de la rubia.

    Sabía que Yolanda aún me deseaba y yo le correspondía. Mientras los chicos recuperaban fuerzas a un lado, me dejé caer a la alfombra y repté bajo su voluptuoso cuerpo.

    Ahora nosotras estábamos en un sesenta y nueve. De su coñito rezumaba el semen de quien se la había follado y me relamí saboreando la mezcla de semen y jugos vaginales.

    Ella estaba encima de mí y tenía una vista privilegiada del xoxito y el culo que estaba lamiendo. Pero no mucho más, así que cuando una polla bien dura sin pellejito se acercó a penetrarla dejé el hueco en sus labios. No era ninguno de los anteriores, sino un chico nuevo pero también parecía dulce y cariñoso.

    La polla fue entrando despacio. Y me dediqué a lamer sus huevos. Sin dejar el clítoris de mi amiga naturalmente. Aunque yo también recibía las atenciones de una lengua o dos solicitas en mi coñito y culito. En ese momento todo eran sensaciones.

    Cuando se corrió dentro seguí lamiendo disfrutando de su semen y de los jugos de mi amiga mezclados saliendo de su preciosa vulva depilada.

    Había perdido la cuenta de las veces que me había corrido. Pero ni eso me importaba, lo genial era el ambiente de puro sexo y lujuria que se había desatado entre nuestros amigos.

    Así sabía que a partir de entonces podría disfrutar y follar sin complejos. Hacerlo con mis amigos, al menos los que no eran exclusivos con otros chicos y con mis amigas, las que compartirían mis gustos por otras mujeres.

  • Mi primo llegó a despedirse (3)

    Mi primo llegó a despedirse (3)

    Hola amigos disculpen la demora en escribir mis relatos. El relato anterior fue la visita qué hice a mi primo Javier en el norte del país, esa oportunidad la pasamos riquísimo con mi amor, esa vez me hizo vestir por primera vez con ropa femenina fueron como diez días que me hizo sentir hembra en la cama, pero analizando y recordando cómo me hacía en la cama yo era una puta recibiendo pinga me enseñó a ser hembra.

    Después de ese febrero caliente y sexual pasaron seis meses, yo en mi casa en Lima con mis hermanos y mis padres tocan la puerta había llegado en un taxi mi amor Javier, yo por dentro saltaba de emoción quería arrojarme a sus brazos y besarlo pero no podía porque no estábamos solos.

    Para no hacerlo tan largo el relato voy a ser más directo.

    Bueno ya en la mesa dio una noticia que mis papás y hermanos se alegraron y lo felicitaron pero para mí fue la noticia más triste y dura en dos días se iba a España a trabajar, mis ojos se pusieron llorosos y Javier me abrazó quería besarlo pero no podía. Esa noche entramos al dormitorio y nos abrazamos fuerte, por un largo rato me besaba empecé a llorar y el me consolaba nos echamos a la cama con todo ropa, me decía que no llore que él también está triste que lo comprenda y que jamás me iba a olvidar que estaba enamorado de mí, secaba mis lágrimas con apasionados besos y caricias yo lo tenía abrazado del cuello empezó a desnudarme y él también me decía.

    El: tú eres mi mujer te voy hacer el amor como una señorita que eres.

    Cuando estábamos ya desnudos se levantó y de una maleta qué había traído sacó la ropa de mujer que me había comprado cuando yo estuve en su casa me hizo poner el vestido brasier panty hasta maquillaje, yo estaba al espejo pintando mis labios vino por atrás y me chupaba mi culo metía su lengua bien adentro de mi culo, volteé a besarlo y bajé a chuparle su hermosa y rica pinga le mame’ los huevos él agarraba de mi cabeza y empezó a cogerme con fuerza que su pinga llegaba hasta mi garganta, me hizo parar me llevó hasta la cómoda y me hizo inclinar en ella quedando con mi culo parado y abierto a su disposición, me siguió chupando mi culo metió de golpe tres dedos qué me hizo gritar creo que escucharon mis hermanos, yo inclinada sobre la cómoda con el vestido levantado y el calzón abajo colocó su pinga en la entrada de mi culo y de un solo empujón me lo metió hasta el fondo.

    Sabía que eran las últimas veces que haríamos el amor me dolió pero yo estaba dispuesta a ser su puta que tenía que darle el mejor placer a mi macho ser su hembra y gozar de esa hermosa grande y gruesa pinga.

    El: estoy arrecho mi amor, este culo es mío, comerla toda!!

    Yo paraba más y más mi culo y sentía cómo ése trozo de carne me hacía vibrar de placer escarbando en las entrañas de mi culo.

    El: Te voy a dejar preñada mi amor.

    Cómo veinte minutos mete y saca sentía su pinga hincharse y soltaba su leche cuatro chorros que me hicieron ajustar mi culo, me abrazó y con la pinga dentro de mi culo me llevó hasta la cama y nos quedamos abrazados en la pose cucharita besaba ni cuello agarraba mis tetitas. Empezó a contarme que un amigo le había ayudado hacer sus papeles y qué allá le iba a conseguir trabajo.

    Yo: te amo estoy enamorada de ti tu eres mi hombre todos los días pienso en ti si puedes me llevas y seré tu mujer a tiempo completo.

    Me prometió que iba a hacer todo lo posible para llevarme y vivir juntos. Para eso su pinga ya se había salido de mi culo se la chupé con huevos y todo que se volvió a parar me puso piernas al hombro y la volvió a meter entró fácil estaba con toda la leche adentro, me hacía gemir y excitar más todavía, por la leche que tenía dentro el mete y saca sonaba plag plag plag, la sacó de golpe y la llevo hasta mi boca y con un movimiento soltó toda la carga de leche, la tenía toda era bastante abrí mi boca y le enseñe y me dijo,

    El: si me quieres, tómala mi amor!!!

    Tomé casi toda la leche y le dije,

    Yo: si me quieres bésame mi amor!!! Me miró fijamente y nos besamos apasionadamente por un buen rato, reaccionamos y vimos la hora ya era la 1am nos quedamos dormidos. Nos levantamos tuve que ir a escondidas a la ducha para sacarme el maquillaje, tomando desayuno con mis papás nada más porque mis hermanos todos en su trabajo, mis papás nos dijeron que iban a salir y regresarían en la tarde se iba al centro de Lima hacer unas compras para que lleve Javier, o sea me quedaría sola con mi marido yo cocinaría.

    A la 9 am se fueron y llegarían a las 5 pm Javier me dijo vamos al mercado a comprar para la comida al regresar entré a la ducha para hacerme limpieza externa e interna me maquillé y me puse mi vestido me puse linda recién pude caminar con tacos me excitaba porque me hace parar mucho más mi culo cuando Javier me vio puso música romántica en la radio y…

    Yo: Hay que vergüenza mi amor no se bailar.

    Javier: No te preocupes mi amor estás con tu marido sólo déjate llevar!

    Puse mis brazos alrededor de su cuello y el me abrazó por la cintura y empezamos a bailar mi vestido era bien ceñido a mi cuerpo y llegaba a tapar mis nalgas, era excitante bailar me sentía bien hembra, bailábamos y nos besamos cómo dos recién enamorados. Después de ese baile empecé a cocinar para mí marido mientras el acomodaba sus maletas. A la 1pm puse la mesa y almorzamos yo lo miraba y me caían mis lágrimas pensar que se vas bien lejos conocerás otras mujeres y me olvidarás se levantó y me besó me dijo :

    El: no te pongas triste por favor mi amor!!!

    Yo: te amo mi amor te deseo lo mejor de esta vida…

    Lloré por un rato. Terminamos de almorzar llevé los servicios a lavar, estaba lavando y vino por mi detrás me abrazo me besó metió sus manos por debajo del vestido y me bajó mi tanga colocó su pinga con saliva en mi ano y me empezó a penetrar yo paraba mi culo para gozar la pinga de mi marido dejé de lavar me puse en pose perrita con mi culo bien parado y él se paró atrás mío sólo bajaba el vientre y metía toda su pinga con fuerza gemía y gritaba nadie me escucharía, me hizo piernas al hombro en el piso me volvió a poner de perrita hasta que descargó toda su leche la sacó de mi culo y se la limpié chupando hasta sus huevos todavía salían una gotas de leche la tomé se fue hasta el baño y trajo papel y el mismo me limpió, termine de lavar los platos con el vestido levantado y sin calzón después nos sentamos en el mueble veíamos tv jugando a no dejarme tocar por él, sin querer nos habíamos quedado dormidos nos despertó una moto que pasó por la puerta de la casa, miramos la hora y ya faltaba poco para las cinco,

    Yo: Mis papás ya vienen!!!

    Corrí a sacarme la ropa y a la ducha para bañarme por el maquillaje que tenia puesto entro a la ducha y el me siguió el me comienza a jabonar y cuando llega a mi culo metió dos dedos sentí que salía algo, el me enseñó en su mano era un poco de su leche nos reímos y nos besamos yo jabone todo su cuerpo especialmente su pinga la metí toda a mi boca y se puso dura y gruesa,

    El: quiero cacharte por el culo de despedida me agaché me la metió con fuerza mrite de dolor y placer me bombeaba y sentí uno, dos chorros de su leche lo sacó rápido y lo metió a mi boca y me dio dos chorros de leche chupé bien su pinga luego lo besé en su boca para sentir los dos juntos el néctar de nuestro amor.

    Yo: Mis papás!

    Me agarró de la mano y fuimos corriendo riéndonos al dormitorio a vestirnos a los pocos minutos llegaron mis papás no se dieron cuenta de nada todo lo hicimos bien.

    Y así fue la despedida de mi amor Javier se fue después de cinco años regresó por quince días pero esa ya es otra historia, pero en esos cinco años yo empecé a conocer a otros hombres ya les contaré. Comenta sean buenos o malos comentarios acepto críticas todo es real gracias.

  • Vidrieras de la catedral

    Vidrieras de la catedral

    Viernes por la tarde otoñal, un día gomoso, triste, aburrido y gris.  Una tarde desaprovechada, un día perdido. Estaba en la plaza de mi pueblo, acababa de tomar café y dándole vueltas a la cabeza recordé que en el maletero del coche tenía una maletita con la ropa justa para un fin de semana. Ni triste ni perezoso fui hasta el coche y a la carretera. No tenía conciencia de dónde ir y tampoco que hacer, pero me parecía importante que ante el desánimo y el aburrimiento hay que dar un paso adelante. Salí a la carretera, fui siguiendo indicadores que me parecían prometedores hasta llegar a León. Por el camino en un área de servicio busqué una habitación, llené el depósito y carretera y manta.

    Cuando llegué a León el día anunciaba su final, el cielo era gris plomizo con nubes amenazantes, vamos lo que vienen siendo los ingredientes de la tristeza. Hasta el céntrico hotel, dejé mis cosas, saliendo a estirar las piernas e hincar el diente que el estómago daba síntomas de protesta. Entré en varios tascos, tomé algunas tapas, unos vinos que entonaron mi cuerpo y el espíritu. Ya veía las cosas de otra manera. Pero los ojos anunciaban mi cansancio de los dos días anteriores de mucho trabajar y poco dormir, me estaban pasaban factura, pues a la cama y mañana será otro día.

    Por la mañana me dediqué a pasear por la calle Ancha y avenida del Ordoño, la visita obligada que es la catedral, debería haberla puesto con mayúsculas. Debajo de esas bóvedas, las crucerías. Abobado viendo vidrieras pasé dos aprovechadas horas, erotismo del saber y del conocimiento. Esos colores, esas estructuras ayudan a entender la belleza, las rectas y las curvas imposibles. Así que habíamos hecho ganas de comer algo y me encaminé al sublime barrio húmedo. Soy mucho de picar aquí y allí, probando vinos, viendo a la gente, escuchando. Es uno de mis vicios, como indio en la pradera.

    Entré a una tasca pedí un crianza y un plato de pimientos que me dieron al ojo, asegurándome que picaban. Soy muy de picante. Salí con la vajilla a la calle, para seguir mirando, y como pude me acomodé en una barrica, al lado de una chica que estaba de espaldas que se estaba metiendo entre pecho y espalda un trozo de morcilla, decorada por una tira de pimiento que supuse también picaría, en caso contrario dónde está la gracia. Al dejar el vaso en el tonel ella diose la vuelta.

    Bueno, bueno, bueno qué belleza de mujer. Me impresionó ver esos ojos maquillados perfectamente en negro, resaltando su propia luz, la cara era perfecta enmarcada por unos pendientes grandes muy llamativos. Ella tenía la mirada en el plato, y ni tan siquiera me miró. Es lo normal teniendo en cuenta que estoy evolucionando al llamado cuerpo de escombro, a la indiferencia de las miradas ni en mujeres de cierta edad, de las jóvenes mejor no hablamos.

    La mujer de los cuarenta y pocos estaba tirando del pellejo de la morcilla que se le resistía, mientras mascullaba difícil de entender.

    – ¡Cojones, como pica el puto pimiento!

    Mantenía en la mano un pedazo de pan con pimientos maniobrando para que entraran en mi boca. Haciéndome el machote le dije.

    -Ahí va, no será para tanto, te cambio por los mío que tenemos, los labios como para un morreo de pasión.

    Ellas soltó una carcajada atragantándose, tosiendo con gran movimiento de brazos. Me acerqué a ella, dándola dos palmaditas en la espalda.

    -¡Mujer, toma un traguito de vino para que pase!

    Se relajó y continuaba con carraspeo varios, para poner la garganta a tono. Mientras la miraba con detenimiento. Llevaba un jersey amplio de pico, que dejaba ver el comienzo de sus tetas, que se adivinaban poderosas y en su sitio, era mas bien alta, una melena suelta de color negro intenso, cortada a vetas. Labios grandes, boca amplia de perfectos dientes blanquísimos. Una minifalda sin ser exagerada de grandes cuadros de colores perfectamente armonizados. Se intuían piernas largas, armoniosas que estaban embutidas en medias negras. En ese instante me acuerde de los jamones de pata negra.

    Al instante reponiéndose, se colocó el pelo y sacando un pañuelo de su bolso para retocarse los ojos y el maquillaje.

    -Eres exagerada – dije- tosiendo por un pimiento de nada. Por poco te vas del mundo y no nos habíamos presentado.

    Riéndose, una risa brillante, esplendorosa y hasta sexy me atrevería a decir, me dijo que se llamaba Mariola. Estuvimos un buen rato hablando de las cosas habituales en estos tiempos, ya saben fruslerías varias. En un momento corte en seco, elevé un poco más la voz y le dije:

    – ¿Y si visitamos otra parroquia y tomamos otro vino? Por cierto no me he fijado ni marca, ni denominación de origen.

    – Parece mentira – contesto ella- será denominación de origen León de la variedad prieto picudo, son de mucho color y alta acidez.

    Por el barrio dimos unos paseos bien regados en una conversación amena y divertida, aliñada con muchas risas y anécdotas de nuestro trabajo y vidas. Nos caímos bien.

    Por una de esas calles, comente que era hora de comer en serio, eras las tres pasadas y se empezaba a notar cansancio y hambre, entramos en un restaurante llamado El Besugo donde compartimos alguna cosa y después los dos coincidimos en un bacalao excelente.

    Sentados en la sobremesa nos tomamos unos orujos y la conversación fue cogiendo otros derroteros. Confesó que era soltera, igual que yo, que no había tenido pareja formal nunca, que vivía sola muy bien. Su trabajo, coincidíamos, era de gestión en una mediana empresa.

    – Buenos no tendrás problemas para buscar con quién enrollarte una temporada o un ratito, eres guapa, y tienes porte, vistes bien, tienes conversación, humor y un cuerpo de escándalo para perder el sentido.

    Su contestación fue una risotada sin contestación, levantándonos para dar un paseo y bajar la comida.

    La noche fue echándose, seguíamos bebiendo y ya estábamos algo desinhibidos en el buen rollo. Paré un momento para atarme el zapato, ella continuó caminando, con elegancia marcando los pasos, un contoneo estudiado e insinuante.

    En ese momento mientras la miraba, una bendita racha de viento levanto de sopetón su falta totalmente, dejando ver sus contoneadas y apetitosas piernas, y su culote blanco de fino encaje que abrigaba unas nalgas perfectas, altas, redondeo de cine.

    Ella se dio la vuelta mientras se bajaba la falda mirándome fijamente, guiñado un ojo y con una sonrisa cómplice.

    – Lo que he visto, con ayuda de algún ángel, es lo mejor del día. Estás mejor que el bacalao ese que hemos comido.

    En aquella estrecha calle vino hacia mí agarrándome del brazo con fuerza, dándome un sutil beso húmedo en los labios.

    – ¿Te ha gustado- preguntó- quieres más? Me estás tentando con tu forma de ser, y tu carácter.

    Tiró de mi hacía un estrecho callejón donde me beso con fuerza, y ganas a la vez que emitiendo un sonido de satisfacción y ganas. Empujando con su lengua dentro de mi boca y su mano izquierda se situó en la nuca, como evitando que me apartara.

    Estaba un poco confundido, mi imaginación no contemplaba esa acción, apenas balbucee algo parecido a qué rico, o un insípido me gustas, mientras mis manos rodeaban su espalda.

    En ese momento de calentamiento y chispazo, su mano se deslizó a mi entrepierna, empezando un movimiento de masaje sobre mi despistado miembro, ni por asomo el amigo pequeño tuvo presente.

    Mi cerebro se hacía mil preguntas, estábamos él y yo perplejos. Con una mano acaricie sus tetas por encima de su chaqueta, mientras mi lengua se abrió paso hasta la suya. Con dificultad y por el pico de jersey de cachemira negro, introduje mi mano, ella me ayudo sacándose las tetas del sujetador. Por la oscuridad no pude apreciar la forma de su pezón, al cual besé, y tampoco tamaño y menos color.

    Trasteando ella con habilidad y delicadeza, bajo la cremallera de mi bragueta, soltó el botón de pantalón que se sujetaba por el cinto. Bajando el bóxer sacándome al exterior, lo que viene siendo la picha, al aire que en ese momento empezaba a ponerse contenta y ufana. Fue paulatinamente agachándose mientras sus manos recorrían mi cuerpo. A la vez que con destreza apartando para atrás mi prepucio besándole con cariño la cabeza del pene. Empezó con mi cacharro un movimiento de vaivén con diferentes ritmos, pausas y sus gemidos sensuales que eran dignos de una grabación

    En un momento la incorporé, y levantando su falda, y magreando sus nalgas, y bajando su ropa interior que era de un tacto agradable, como una segunda piel. Con la otra termine de bajarle el culote acariciando con mimo su Monte de Venus, que estaba algo hinchado por la excitación. Era molludo, muy poblado, adivinando que estaba bien cuidado y recortado. Con el índice viole su hendidura, que estaba glotona y mojada, empezando una gimnasia rítmica con mi dedo por el capuchón del clítoris, era de tamaño normal pero muy receptivo a los estímulos.

    Ella puso mi virilidad entre su ropa interior y su vulva, apretando con sus piernas de una manera magistral. Agarrando mi nuca puso sus labios en los míos, mientras seguía con su movimiento entrenado y sorprendente. Note como se corrió por el bramido gutural, que obligó a mirar a algunos viandantes que pasaban por la calle al fondo de nuestro escenario.

    Note como la presión de sus muslos aflojaba, como sus fluidos empapaban su blanco inmaculado de la ropa interior. Apreté fuertemente sus nalgas, lo justo para poder dar unos vaivenes decididos para correrme. Así fue. El sudor de mi frente, notaba como caía por el rostro. Ella abrió su bolso, sacando un pañuelo estiloso que recorrió mi cara y frente, a continuación, bajo a su entrepierna y limpio aquel bienaventurado mejunje. En un gesto decidido arrojo el pañuelo al suelo.

    – El pobre ha quedado inservible ha muerto de una manera épica- otra vez sonó esa risa cautivadora.

    Subió su ropa, ordenándose con rapidez y decisión, lo mismo hacia yo con el pantalón y la bragueta. Al tiempo avanzó dos pasos al frente, volvió la vista.

    – ¿Estoy por atrás ordenada y la falda en su sitio y las medias sin arrugas? – Mientras se atusaba la melena.

    Al llegar a la plaza me detuvo en seco. Esgrimió la mejor de las sonrisas acariciándome la cara con el dorso de su mano anunciándome.

    – Es la hora que las chicas buenas vayan a la cama.

    – ¿Te acompaño?, pregunte con una adormecida y tenue voz después del esfuerzo.

    – ¡No! Me apetece estar sola, ir pensando hasta el hotel.

    -¿Desayunamos mañana? – interrogue

    – Perfecto- fue su rápida respuesta- a las diez en la plaza de la catedral.

    Me levanté, era un domingo agradable para principios de otoño. Me perfumé al salir de la habitación con Thierry Mugler mi habitual perfume, cerré la maleta dejándola en el coche, encaminando mis pasos hacia la plaza. En una mesa apartada, en la mesa más extrema de las terrazas, que no tenían muchas mesas, otoño y León es lo que tiene, atisbando bien el escenario.

    Tome tres cafés y mas de un cruasán, no aparecía nadie. De ella me quedó su nombre sin apellidos, una sonrisa inolvidable, unas nalgas de infarto y un olor único. No tenía ni su nombre, ni apellido y apenas que estaba en un pueblo al lado de Valladolid. Bien poco para intentar su búsqueda, que por otro lado ella no deseaba.

    Sólo el polvazo fugaz en un callejón en penumbra, incómodamente de pie, un orgasmo más pero sin disfrutarlo con calma y relax. Querida Mónica quedas en mi recuerdo. Levantándome me fui despacito, con pena, hacia el vehículo, en el camino, sin proponerlo me di cuenta del callejón, ahora luminoso. Crucé de acera hasta el mismo, allí seguía en el suelo. Recogiéndolo me lo llevé a las narices oliéndolo fuertemente. Estaba su olor. Me parecía poco higiénico metérmelo en el bolso semejante recuerdo, siguió apretado por mi mano hasta la papelera más cercana.