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  • Ana, la camera y yo. Follar es maravilloso

    Ana, la camera y yo. Follar es maravilloso

    Quedé con Ana, una vieja amiga de toda la vida desde el ya lejano instituto, con acuerdo del derecho a roce. No coitamos de manera habitual, ni tampoco tenemos una norma en el tiempo, ni el lugar, simplemente nos llamamos por teléfono. Por el tono sabemos si es para la explosión de los sentidos, pasar el tiempo, necesidad por horas bajas, o simplemente viajar, darnos una recompensa sin nada en concreto. Ayer me llamó a media tarde, estaba en mi casa tumbado en el sofá, hojeando “Toro” un libro escrito por Joaquín Vidal y fotografías de Ramón Masats que son extraordinarias. El volumen tiene casi veinticinco años imaginando estará descatalogado. Hablamos un rato largo, bromas, chanzas y risas. Llegamos a la conclusión que necesitamos encontrarnos, pasar unos días juntos, sin más. De acuerdo, fue la respuesta, con la condición de echar la tienda de campaña al coche. Iremos sin rumbo fijo, parando y continuando la ruta según nos convenga, ¿De acuerdo? Su respuesta fue afirmativa.

    Ana un alma libre, sin ataduras, sin profesión definida. Es culta e inteligente, cuando se pone a trabajar en serio, hay que dejarla espacio para evitar te atropelle. Tan pronto pinta una casa a brocha gorda, como pinta con mucho arte un paisaje al óleo de encargo. Traduce textos del inglés o al inglés para una empresa exportadora, también es guía turística en la zona. Añadan otros mil oficios. Es una mujer de seducción, no es un bellezón al uso, pero tiene gancho y muchísimo encanto. Personalidad fuerte, pelo castaño corto a lo chico. Sus ojos castaños, grandes, vivarachos. Labios finos y largos, su cara es redonda, de pómulos marcados, resultona. La voz es cálida, envolvedora, agradable. Altura normal, un cuerpo armonioso con culo bien puesto, bien formado y atractivo. De pecho bonito, firme sin ser grande, pezones rosados extensos, muy receptivos, erectándose a la mejor caricia.

    Quedamos al día siguiente en el cruce de salida del pueblo hacía el norte, a las nueve de la mañana. Allí estaba a la hora, con una pamela de paja, un vestido camisero amplio y escotado de vivísimos colores, en la mano una especie de mochila, por el tamaño adiviné que estaríamos fuera no mas de seis días. No suele ser de mucha ropa interior, acostumbra a no llevar por la calle ni bragas ni sostenes. Su frase estrella, el coño siempre bien ventilado. Al conocerme saltó , moviendo las manos, queriendo llamar mi atención. Parando el coche, abrió la puerta de atrás poniendo su cabás, cerrando la portezuela con seguridad.

    Abriendo la puerta del copiloto se acomodó, poniéndose el cinturón de seguridad, quitándose las sandalias y poniendo sus pies en el salpicadero. Mantenía mi mirada en su persona con fijeza, asistiendo mudo a todo el protocolo del ponerse bien y cómoda. Naturalmente con cierta mueca de resignación cristiana, en la esperanza del ya parará. En ese momento recomendó, ella misma, ir para el sur, de esa manera asegurábamos el buen tiempo. Asentí con la cabeza, metí primera y para las llanuras sureñas, en cuanto crucemos Despañaperros.

    Los primeros kilómetros transcurrieron en hermetismo total, silencio. La mente continuaba perezosa, hacia nada estaba en la posición de off. Debía poner algo de animación, nada mejor que música. Naturalmente copla española que me anima mucho conduciendo, aparte de las tertulias radiofónicas, las que recurro si voy sólo. Ana comenzó a dar palmas con movimientos de su amplia falda, mientras acompañaba las canciones con su voz, intentando quejíos flamencos en los diferentes palos, que iban asomando. Ella es más de rock duró. Yo lo aborrezco, hasta me pone de mal humor. Será este el motivo por el que suelo huir de discotecas y antros de este tipo, con mucho ruido, luces destellante escasas, alcohol de mala cantidad, y los camareros calvos con coleta.

    Cruzamos Madrid, en la hora propicia, no había un gran tráfico, dudando si parar para comer algo, pero deseche la idea inmediatamente. Pudiera ser que Madrid, como siempre, me agarrase y allí acabará el viaje. Me ilusionaba llegar al Sur, lugar ideal para recargar las pilas.

    Llegando a la altura de Puerto Lapice, cogí la desviación, parando justamente en la Venta del Quijote, o algo parecido. Apetecía llenar el buche , era mucha la distancia recorrida, almorzar dos huevos fritos con patatas y panceta para calmar los ácidos gástricos, acompañado con un vaso de vino de la tierra fresquito, aunque prefiero un buen crianza de Rioja. Sólo un vaso, el volante te hace ser precavido, primero por tu salud, la de los demás y las del bolsillo por si encontramos algún control de la Guardia Civil.

    Ella tomó una tortilla francesa con queso y agua mineral. Antes un café con leche templado. Debajo del porche estábamos bien, pero todavía el sol no estaba en el mejor momento. Pedimos permiso al mesero sacando la mesa hacia el patio, al solecillo. Total, que entre ponte bien y estate quieto invertimos una hora, la pereza empezaba hacer mella. Mala es la pereza, nunca hizo cosa bien hecha.

    Pues al coche, una vez sentados y antes de darle a la llave de arranque, Ana me abrazó por el cuello con los dos brazos, contra sus tetas, besándome de manera húmeda la frente, después en los morros. Provocando un estado en la polla derivando a morcillona. Río con ganas, tocándomela con dos dedos sutilmente. Vamos a dejarlo, no es el sitio para dar el espectáculo. Arranque, abrí la ventanilla y a cruzar Castilla, ancha y plana como el pecho de un varón.

    Llegando con el móvil elegimos hotel cercano a la mezquita, hotel recomendado por un amigo hace un tiempo. Había habitaciones libres y allí que llegamos. Deje a Ana a la entrada con los cachivaches, marchando para buscar sitio donde aparcar, regresando en un delicioso paseo hasta el hotel. Pregunté en recepción dándome el numero de la habitación, subí las escaleras, empujé entrando de sopetón. La puerta no estaba cerrada por dentro, al abrir la encontré desnuda, enfrente, con unos planos de la provincia en sus manos. Me sorprendió un detalle cuando miró de frente hacia mí. Se había rasurado las ingles como una niña. Se disculpó, con mohín pidiendo compasión, conoce mi afición por los coños con pelo, el vello de la vulva recuerda que no te están tirando a una niña. Ana me obsequió con una risa maliciosa y abriéndose de piernas para que pudiera constatar que el chocho era como el de Nancy, la muñeca.

    Acercándome hacia ella despacio, después de asegurar la puerta, puse la mano derecha con fuerza en su entrepierna rasurada, haciendo presión, con movimientos sexuales de arriba a abajo. Ella me sacaba la chorra a la que agitó con decisión hasta que un chorro de semen dio de lleno en su vientre. Mi mano quedó empapada de sus fluidos. Yo con la duda si se había corrido o no.

    En el cuarto de baño se limpió toda la lefa con la toalla de manos, advirtiendo, se acercó hacia mí, amenazante con ella en la mano y la intención de restregármela por la cara. Di un largo quiebro desarmándola, agarrándola del cuello obligándola a dejarse caer sobre la cama, yo como salvaje por encima. Abrió de piernas, quería ser depositaria en su hendidura de mi hermano pequeño. Ah, no hija no, deja que se recupere, tanto esfuerzo de seguido no es bueno para mi corazón. Rápidamente diose la vuelta, colocándose encima mío, metiendo su sabrosa lengua hasta mi garganchin de manera libidinosa y obscena, Abriéndose de piernas, con su femineidad restregaba la chorra desarmada. Insinuando le apetecía un polvo, demostración total que antes no se había corrido, incorporándome en la cama y sentándome en ella hice saber que conmigo no contase. Conducir ochocientos kilómetros, metiéndose un desayuno que no se salta un gitano, hace mella en las respuestas del cuerpo. La insinué probará provocando a la camarera, optando por ir a darme un baño relajante y tonificante. Hice mutis por el foro, me marche dando pequeños saltitos acompañados al mismo ritmo por mis cojones.

    Sabia, era un rumor de nuestra época de estudiantes, que Ana había tenido un ronroneo físico con una amiga del grupo. Marta creo recordar, la tía más guapa y con mas éxito de campus, una belleza rubia como esas que aparecen en las comedias americanas de universitarios. Un sueño, la tal Marta. Quiero decir que sabia como satisfacer a una hembra con nota, mi amiga Ana.

    Al salir del baño, menuda sorpresa, estaban tumbadas y completamente desnudas encima del lecho. Se las veía sudorosas y cansadas. Casi oía el agitamiento de las palpitaciones. Imaginen la escena, tumbadas en la cama abiertas de piernas, cogidas de la mano. Totalmente despelucadas. Al pie de la cama la bata de la camarera, su sujetador, medias negras y unas pudorosas braguitas blancas de algodón. La camarera no sé como si llamaba, si lo sabia estará por algún rincón de la memoria.

    Después de estar casi una hora en el baño, con los ojos cerrados, mi cuerpo y el ánimo era otra cosa. Mi hermano pequeño despertó despacio, media erección, y las dos pavas se rieron de mi desgana en principio. La camarera poniéndose en pie se acercó, tragándose la chorra en su mojada boca empezando una mamada, con el objetivo de ponerme en funcionamiento. Ana advirtió que me cuidara que era una loba tremenda, con unas especialidades en vicio de película. En nada el hermano pequeño alzó la frente mirando al techo. Se apartó la moza a un lado, mirando a Ana, casi como poniéndome en suerte. Ana rechazó con la mano y el dedo pulgar mirando al suelo, haciendo a la camarera los honores para terminar la faena con una chicuelina afarolada y salir andando con torería. La camarera disponía de un cuerpo duro, bien formado, no llegaba a la veintena de años. Pecho desafiante, de pezón negro mediano e insultantemente terso. El pubis recortado de manera delicada en forma de corazón. Estos coños con pelos son los buenos,

    Ana sacó con condón, dándoselo a la chica, era como la llave de toriles. La chica me folló, sí, me folló de todas las maneras, no paraba de zarandearme, cambiarme de terrenos en el catre. Ella lo hacia todo, puso mi pene en su vagina, en el culo, entre las dos tetas. Perdiendo la noción de tiempo hasta que descargue como un semental casto del depósito militar de Córdoba, que siempre tuvo un prestigio. Ana besándome, a la vez dándome palmaditas en la espalda, como diciendo, te has portado. Para cuando me di la vuelta la chica había salido con discreción de la estancia.

    Nos vestimos, el uno al otro, para la cena. Me gusta por la carga erótica que lleva el vestir o desnudar a una mujer. En esta ocasión Ana vistió bragas de encaje negras muy pequeñas y sujetador, bueno mejor dicho, la puse con unos pantalones negros de terciopelo ceñidos en sus caderas y holgados según bajaban hasta sus tobillos. Una camisa blanca semi transparente informal, pero como ella es tan elegante le quedaba muy bien.

    Fuimos a cenar a la Taberna Casa Pepe de la Judería, al cual suelo acudir, pero mas que nada por la añoranza del local anterior, aquella taberna con el suelo irregular, que calzaba la mesa con una hoja de periódico. Como no, obligado un rabo de toro que en esta ciudad es una obligación.

    Durante la cena comenté que tenia que comprarle un regalo a tan esplendorosa hurí. Pensé en unos pendientes para enmarcar el bello rostro inolvidable.

  • Exhibiéndome en la oficina

    Exhibiéndome en la oficina

    Mi nombre es Ricardo, y todo lo que aquí escriba es absolutamente real, no estoy cambiando nombres, ni quitando o agregando nada.

    Desde muy joven me ha gustado exhibirme, me gusta que me miren desnudo, eso realmente me gusta mucho, jamás he entendido el porqué.

    Actualmente estoy soltero terminé mi segundo matrimonio, trabajo como gerente en una empresa importante y mi oficina es de 20 metros cuadrados con unas mamparas que me dividen de mis dos asistentes que están en la entrada, una me atiende estrictamente en lo administrativo y la otra en lo administrativo y cosas personales como café, conseguir el desayuno etc. La segunda se llama Claudia, ella es casada, tiene 24 años y jamás la había mirado con una intención como la que contaré, ya que ella lleva trabajando conmigo más de 2 años.

    Esto comenzó un día que mi primer auxiliar tuvo que moverse a las oficinas centrales, a mi oficina nadie va después de las 11 por lo que el resto del día solo estoy con ellas 2, pero este día ella se fue, debo decir que muchas veces hablamos todos en doble sentido, pero nada más. Ese día tenía yo una reunión importante por Teams y le dije a Claudia que cerrara la puerta y apagara las luces y solo con la luz natural que entra por las ventanas y tragaluces, en algún momento de la reunión (cuando no participo está en mute), ella me hablo y me pregunto:

    Claudia: ¿está disponible?

    Yo: Si, claro. ¿Como habría de estar?

    Claudia: No sé, qué tal que este con menos ropa.

    Debo decir que en la oficina o hace calor o mucho frío cuando se enciende el aire acondicionado, así que si hacía calor, y la pregunta si me movió un poco. A lo que respondí:

    Yo: No, estoy sin ropa, es que hace calor.

    Claudia: No le creo.

    Yo: Pues no me creas.

    La verdad hasta ahí me movió la idea de estar desnudo en mi silla y en la conferencia, ya que tampoco piden una cámara. Y me empecé a poner más cómodo, me desnudé por completo y me volví a vestir pero sin ponerme la ropa interior, camisa, bóxer y calcetines. Solo me deje un chaleco que traía, el pantalón y los tenis.

    Ella me avisó que iba a pasar y le dije que si, entonces me dijo:

    Claudia: Mentiroso, está vestido.

    Yo: Pues ya me vestí, ni modo que pases y este así.

    Claudia: Por mi ande cómodo, yo nada más no volteo o cierro los ojos.

    Yo: Ok, que bueno que me dices.

    Acto seguido se va, tomando sus palabras me desnudé por completo, y seguí con mi conferencia, a estas alturas ya tenía mi verga bien tiesa. Pero me vestí como que no me sentía muy seguro.

    No pasaron 10 minutos, cuando vuelve a preguntarme si estaba visible. Yo le dije:

    Yo: No me dijiste que anduviera cómodo, ando sin ropa.

    Claudia: No es cierto, no le creo.

    Me quité de nuevo todo, puse todo en una silla secretaríal y como tiene rueditas, la aventé suavemente hasta donde está una mesa donde se prepara el café, está queda justo a un lado del escritorio de ella. Ella se ríe y me dice:

    Claudia: No le creo de todas maneras, pero necesito que me firme algo.

    Yo: Si, ven, pero cierra los ojos.

    Entro y se puso una mano en los ojos, obviamente estaba mirando, lo que hizo me excitara mucho, se acercó y le firmé. Y me dijo:

    Claudia: No creo que esté desnudo.

    Yo: Pues abrázame, no tienes que mirar.

    Acto seguido me abraza y mi pene queda justo en su vagina, traía un mallon pegado, obviamente se dio cuenta que estaba desnudo.

    Claudia: Si está desnudo, bueno Gracias.

    Y se fue a su lugar, después salió al baño, me dio mucha excitación pero también arrepentimiento y fui por mi ropa y me vestí, a estas alturas no sabia en que iba la reunión. Regresando me dijo:

    Claudia: No se vista, en verdad no me molesta que ande cómodo.

    Como ella siempre me da masajes en las piernas, la espalda, pero siempre con ropa obviamente, tengo un sillón reposet reclinable, entonces me levanto y me acuesto ahí, y le digo:

    Yo: Entonces deberías venir a darme un masajito.

    Claudia: Si, nada más que con los ojos cerrados.

    Entonces ella fue y me empezó a dar un masaje en las piernas, la verdad que eso hacía que casi estallara. Por más que le decía más arriba no subía y me dio el masaje y se fue a su lugar. Le dije:

    Yo: Ya me voy a vestir.

    Claudia: No, por que, así ande.

    Yo: Es que es incómodo saber que te tapas por eso.

    Claudia: Es que entonces llámeme a su lugar y voy, pero que sea así sorpresa, no me diga que está sin ropa.

    Seguido de esto se ríe, y decidimos dejar eso así, ya no tocamos el tema una semana, hasta que de nuevo se va mi primer asistente. Después de 20 minutos que se fue y esta vez sin apagar la luz, me comencé a quitar la ropa, hasta la doble, quedando completamente desnudo y excitado, me acosté en el sillón y entonces le llame para que viniera, esta vez no me pregunto nada. La agarre desprevenida creo.

    Yo: Clau, puedes venir tantito?

    La verdad cada segundo era una eternidad, el nervio, las ganas, todo junto era una sensación increíble, así que me dijo:

    Claudia: Voy.

    Entonces escuche como se levantó de su silla, camino unos pasos y se fue directo a mi escritorio, pero yo estaba pegado a la mampara que nos separa y acostado en el sillón, completamente desnudo y con la verga bien tiesa, súper tiesa. Su cara puede notar fue de sentimientos encontrados, entre seguir mirando e irse, pero en su cara no se notó disgusto, si no una risa pícara, pero si se salió y se fue.

    Yo decidí vestirme, ese día cuando ya me iba, me despedí de ella de abrazo (siempre lo hago) y me dijo:

    Claudia: Así no tiene chiste, yo prefiero el abrazo sin nada.

    Yo: No me dijo dos veces que me fui a mi lugar me desnude y le dije ven pues.

    Y fue y de nuevo la abracé así, yo sin ropa y ella con ropa, pero esta vez llevaba un vestido y mi verga quedo justo en su vagina y rosando sus piernas y le dije:

    Yo: así que chiste, y tu?

    Y que en un abrir y cerrar de ojos se quita su vestido y solo traía un calzón que se quitó muy rápido. Entonces nos abrazamos así desnudos, empecé a tocarle los pechos que son justo del tamaño de mi mano. Y ella me daba unos besos tiernos en el cuello, yo esperando que tomara mi verga con sus manos, y tirarla en el escritorio, pero algo hizo que parara, se vistiera y se fuera.

  • ¿Por qué nos gusta ir a un club de intercambio?

    ¿Por qué nos gusta ir a un club de intercambio?

    La ventaja de disfrutar el lugar es que, con libertad total, damos rienda suelta al deseo y la pasión, a la fantasía compartida, a la alegría, al disfrute. Nos dejamos llevar experiementando momentos intensos de mucho placer, observamos escenas muy candentes, participamos de algunas de ellas, que llegan a ser momentos de mucha sensualidad y sexo en diferentes formas. Disfrutamos de buenos orgasmos, de ver que a otros se les provoque, de ese acercamiento furtivo, de esa tensión y momentos de complicidad mutua y con terceros que nos eleva el grado de exitación en forma superlativa. Nos contamos cosas, nos decimos mucho con sólo vernos a los ojos y el lenguaje corporal. Podemos ser testigos de miradas que se cruzan, parejas que les exita ver y ser vistos, algunas otras personas que, con toda naturalidad, sabiendo que no es problema con su pareja, se dan un taco de ojo observando a otras y otros por igual y donde algunos van más allá en el roce, en la caricia, en la aproximación de otros cuerpos, en ese beso cargado de erotismo, en esa sensación de tener un cuerpo diferente y de vivir el momento.

    Hombres y mujeres que se abren a otros, intercambios breves o no tanto, que producen mucha adrenalina y sensaciones únicas al interactuar, estimulaciones y sensaciones con un nuevo conocido que busca, al igual que nosotros, esa experiencia momentanea, al lado de sus acompañantes, sabiendo que al terminar, todo lo que pase sólo sea sexo, y quede para la memoria los momentos brillantes que, seguramente, alimentarán nuevas fantasias y experiencias. Todo ello hace que ir a algún club de intercambio sea una experiencia grata, que esperamos con exitación.

    En esta ocasión, vemos desde un sillón amplio en una de las orillas, un grupo de personas interactuando en las camas centrales. Hay mucha acción en tres parejas que primero cogen con su respectivo acompañante y poco a poco empieza a darse una intercambio con los integrantes de las otras parejas. Primero caricias en los hombros, brazos, cuellos. Besos electrizantes donde los labios rosan apenas otras pieles. Senos que se muestran altivos, pezones erectos y retadores a ser tocados, acariciados, besados, mientras su cuerpo cabalga el pene de su pareja, en clara señal de buscar compartir las sensaciones del momento.

    Todo ello sucede a poca distancia de donde estamos abrazados, acariciandonos e intercambiando ocasionales besos entre nosotros, cuando un amigo ya desnudo con una erección en proceso se sienta a tu lado y comienza a pegar su cuerpo al tuyo. Primer su pierna toca ligeramente la tuya, su pie frota brevemente con el tuyo y llama tu atención. Lo miras y volteas buscando hacer contacto visual conmigo, para dejarme ver que alguien ya está junto a ti.

    Poco a poco, desliza sus manos y te acaricia, primero tu muslo más próximo, gira su cuerpo hacia tí y él y yo cruzamos miradas, donde me muestra sus intenciones de acaricarte y yo asiento. Tú no quitas la mirada de una pareja que cogen con mucha pasión e intensidad justo en el borde de la cama frente a nosotros y sientes cómo éste nuevo acompañante va tocando tu costado y hombros. Tus senos y pezones están ahora duros y erectos, ante lo electrizante del momento.

    Poco a poco, sientes su respiracion en tu cuello y tu cuerpo responde a sus caricias. Tus ojos se entrecierran, mientras sientes una de sus manos avanzar por tu abdomen hacia la parte baja de tus senos. Tu exitación ya es muy marcada.

    Él acerca su pene ya erecto a tu pierna, y lo frota en tu muslo. La mano, que tenías acariciando mi mejilla, te la bajo e instintivamente la mueves hacia su duro miembro y lo comienzas a recorrer en su longitud, sin dejar de besarme apasionadamente, tocándolo con la punta de tus dedos hasta llegar a sus testículos, que sopesas y acaricias, entonces rodeas el grueso tronco con tus dedos y lo empiezas a masturbar, mientras él ya desliza sus manos por tu cuerpo desde detrás tuyo, acariciando tus caderas, tu erguida espalda, tu costado y poniendo especial atención en tus pezones y senos. Aflojo mi abrazo a ti para darle más espacio, nuestros labios se separan y tu descansas ahora tu cuerpo en el suyo.

    Su boca besa tu cuello, detrás de tus orejas y se aventura a hacer lo mismo con tus mejillas, acercandose a la comisura de tus labios. Eso te estremece, tu piel se eriza, y motiva que levantes la mirada momentáneamente hacia el obscuro techo, girando tu cabeza ligeramente hacia esa boca que te estremece con sus caricias por momentos. Tú tratas de no perder detalle de la cogida que se está dando justo frente a nosotros y tu entrepierna ya acusa tus propios jugos que escurren por la cara interna de tus muslos de lo exitada que estás.

    Él pasa una mano a tu entrepierna y empieza a acariciarte, poco a poco, moviéndola rítmicamente, estimulando tu clítoris y eso te hace sacudir tu cuerpo como respuesta al primer orgasmo del momento. Te hace abrir el compás para que tenga mejor acceso a tu sexo, llegando a meter sus dedos en tu vagina, por acto reflejo, entrecierras tus muslos, aprisionando su mano mientras te corres y te sujetas de mi para no perder tu postura, sin soltar con tu otra mano su pene ya húmedo de sus gotas preseminales.

    El sigue besando tu cuello, mejillas y la comisura de tus labios, sin que te alejes un centímetro. Frota su mano en tu sexo y lo lleva a tu boca. Apenas sientes sus dedos mojados con tus jugos y tus labios abren paso a tu lengua que los empieza a lamer, hasta que él los introduce en tu boca y los chupas ávidamente.

    Después de que te recuperas, sin soltar su ya mojado miembro de tu mano, te giras, te pones en cunclillas y te colocas entre sus piernas. Tomas su pene con una mano y sus testículos en la otra, admirando brevemente su longitud y que está completamente depilado. Lo acaricias un poco más y le acercas tus labios para comenzar a besarlo y tu lengua da paso a una rica lamida, saboreando sus jugos a lo largo del tronco. No tardas en meterlo en tu boca y lamerlo con deseo intensamente.

    En unos minutos, sientes como se ha hinchado un poco más, su punta está brillante, y después de que la chupas con esmero y le arrancas otros gemidos a este eventual amigo, te pones a lamer y chupar sus testículos, lo que lo hace estremecerse significativamente de nuevo.

    Te incorporas y buscas acomodarte en el sillón, apoyándote en tus manos y rodillas para ponerlo entre tus nalgas, y que él lo vaya desplazando poco a poco, rozando tu culito y la entrada de tu vagina, mojando su punta en cada pasada.

    Al sentir esas caricias, estas tan exitada que te inclinas hacia adelante, buscando darle paso a tu interior.

    Entonces, te levantamos, todos damos un par de pasos y nos acercamos al conjunto de camas. El recupera su posición detrás de tí metiendo entre tus nalgas su ya largo, mojado y duro pene, frotandote con mayor intensidad.

    Te empuja de los hombros y tú te inclinas hacia el borde de la cama, pegando tu cara a las sábanas, colocando tus manos y levantas tu cadera para darle mejor acceso. Tu ocasional pareja se separa brevemente. Saca un condón de una cartera que trae consigo y lo coloca en su miembro, entonces, sujetándote de las caderas, con su mano te inclina de nuevo, pone la punta de su pene en tus labios vaginales y, de un certero e impulsivo movimiento, te deja ir buena parte de su duro instrumento dentro de ti. Tu gemido, mezcla de sorpresa y dolor momentaneo, se transforma en gozo y disfrute al ir sintiendo que ese venoso pene se va abriendo paso dentro de ti, mojándolo intensamente con esa irrupción momentanea, que te genera otro pequeño orgasmo.

    Pasado menos de un minuto, comienza a bombear en ti, subiendo el ritmo de sus penetraciones e incrementando su profundidad en cada estocada. Tu gozo es total y sólo alcanzas a sujetarte de las sábanas para ir recibiendo cada uno de los empujones que te va dando. Tu vagina responde inmediatamente y los flujos que suelta son clara muestra de tu gran exitación, lo que sirve para incrementar tus sensaciones y las de él.

    Ya se puede escuchar el fuerte golpeteo que producen sus cuerpos en cada penetración y tus gemidos, disfrutando de la misma, van en aumento avisando de tu próximo orgasmo. La humedad de tu sexo va en aumento. Te dejas someter por su duro y ancho miembro, lo que te exita y agrada. Él empuja y saca a un ritmo ya acelerado y te va arrancando un orgasmo tras otro, sin dejarte descansar.

    Tu cuerpo vibra intensamente, hasta que sientes que él está próximo a eyacular y te penetra profundamente, sujetando tus caderas para correrse en tí y tu serie de orgasmos se transforman en uno mayúsculo que lo empapa completamente. Tu cuerpo tiembla de exitación y, bañada de sudor, te dejas caer en la cama, mientras sientes su pene salir de tí.

    Se acerca a darte un beso a manera de agradecimiento y se retira del lugar. Te incorporas para jalarme hacia ti y, abrazados nos quedamos recostados en la cama, tú acariciando mi pene, mojándolo con tus jugos, mientras gozas de las últimas sensaciones de la cogida que te acaban de dar.

  • La casa de Sénet (1): Zombis por 48 horas

    La casa de Sénet (1): Zombis por 48 horas

    Drake condujo la camioneta negra hasta la desviación y se internó en el camino que llevaba a la mansión de Marcus. 

    -Disculpa, ¿Aún falta mucho? –

    Inquirió Ricardo desde el asiento trasero.

    -Estamos por llegar. Mi Amo está listo para recibirlo, como se merece, señor.-

    Contestó el muchacho rubio con la mirada perdida y el rostro inexpresivo.

    La camioneta ingresó a la propiedad luego de alzarse el portón metálico y Ricardo sintió la ansiedad recorrerle todo el cuerpo. Aún no podía creer lo que estaba a punto de experimentar. Lo imaginaba, lo anhelaba, y a cada momento el deseo por vivirlo, era más y más grande.

    Drake estacionó la camioneta y tras retirar las llaves, ayudó al joven a descender del vehículo.

    -Tómeme de donde más le plazca, yo también soy parte del paquete.-

    Dijo Drake con voz incitante.

    Ricardo sujetó con firmeza el trasero de Drake y palpó sin pudor alguno el pantalón y sintió por debajo de la bragueta el bien formado miembro del muchacho, al tiempo que bajaba de la camioneta.

    Ricardo se colgó del cuello de Drake y dejó que el muchacho rubio lo condujera hasta el interior de la mansión.

    Ricardo era ciego, pero su posición como heredero y dueño de varias empresas familiares le dotaban de una excelente posición económica, por ello había accedido a la proposición de Marcus.

    Conocía a Marcus desde hace algunos años y gracias a él, había podido apreciar una vida nueva y mucho más libre de prejuicios.

    Drake lo guio con cuidado por el sendero de los adoquines hasta la puerta de roble que se encontraba entreabierta. Ricardo pudo sentir la amplitud del salón en el cual ingresaban, y quedó encantado con el aroma a madera e incienso que llenaba la mansión.

    -Bienvenido Ricardo, un placer tenerte aquí.-

    Saludó Marcus a la vez que descendía las escaleras e iba al encuentro de Drake y su invitado.

    -El gusto es mío, al fin conozco tu mansión. Me doy cuenta que no alardeabas, en verdad debe ser un asqueroso multimillonario.-

    Dijo Ricardo al tiempo que estrechaba la mano de Marcus.

    -Si, lo soy. Por lo que verás que son verdaderamente espectaculares los manjares que voy a ofrecerte hoy. ¡Eso tenlo por seguro!-

    Respondió Marcus con sorna a la vez que tomaba de la mano a su invitado.

    -Drake ve al bar y prepara los tragos. Después dile a Alfonso que ya estamos listos, el cliente necesita examinar primero la mercancía, antes de efectuar la compra.-

    Ordenó el hipnotista, mientras besaba el cuello de Drake.

    El rubio acató las órdenes sin protestar y se internó en la casona, a la vez que Marcus conducía a Ricardo hasta el gran salón.

    -¿En verdad los tienes bajo tu control?-

    Cuestionó Ricardo asombrado.

    -Así es. Drake es guapo, pero lo dominé realmente para que sea nuestro asistente y mozo. Será tu ayuda de cámara en toda tu estancia aquí.-

    Respondió Marcus al tiempo que llevaba a Ricardo hasta el gran salón de la mansión.

    -¿Pero cómo es posible?, ¿cómo es que conseguiste dominarlos?, ¡No lo creo!-

    Dijo Ricardo sin poder creérselo.

    -En un momento lo comprobarás, en cuanto examines cada una de las mercancías.-

    Dijo Marcus, al tiempo que se sentaba con Ricardo en el gran salón.

    -Mi Amo, aquí están sus bebidas y las botanas. Alfonso y los demás no tardarán en venir

    Indicó Drake, ya cambiado y sólo en un leotardo que dejaba ver su piel blanca y su perfecta espalda.

    -Bien, por favor, sírvele más coñac a Ricardo, pagó por el paquete premier, así que tiene derecho a toda la cava.-

    Ordenó Marcus, mientras acariciaba las piernas desnudas de Drake.

    El rubio acató la orden y preparó más bebida para el invitado de su Amo. Justo en ese momento el grupo de hombres bajó perfectamente coordinado las escaleras y Marcus se deleitó con la visión delante suyo.

    Alfonso Gallardo encabezaba a la manada de machos. Estaba vestido con un traje color vino, camisa blanca, pantalón ceñido y zapatos a juego.

    Samuel Huest caminaba pegado a él, con gabardina, pantalones y botas de cuero. Sergio Castelli usaba geans y una camiseta que lo hacía lucir increíblemente sexi.

    Heracles Caetron vestía túnica y atuendo de esclavo griego, mientras Mauro Mendosa solamente sandalias y un traje de baño.

    James Slater llevaba esmoquin y un antifaz plateado que le cubría el rostro, a la vez que Nicolás Palacios su uniforme de guardaespaldas y Nataku un traje de artes marciales oriental.

    -Escúchenme bien mis esclavos. Hoy tenemos un nuevo cliente. Mi amigo Ricardo Islas nos acompaña. Él pagó por el paquete premier, por lo que puede escoger a más de uno. Estará 48 hs con nosotros. Y en esas 48 hs, puede hacer uso de más de uno de ustedes. Ricardo es amigo de la infancia, y quiero, ordeno, que lo traten muy bien. Por cierto que Ricardo es ciego desde los 16 años, por lo que la dinámica será un poco distinta esta noche. Drake, pondrá la música y todos comenzarán con la rutina premier, pero la harán uno por uno delante de Ricardo. Quiero que cuando se desvistan, permitan que él los toque y que el conozca cada uno de sus cuerpos. Al terminar la rutina, los quiero a todos en trance, en su respectiva posición. Vamos ahora. “¡Siclotroncho!, ¡Siclotroncho zénet 3!”

    Al escuchar la instrucción, Drake caminó hasta el aparato de sonido y puso una rítmica música electrónica, que hizo vibrar la mansión.

    Sergio Castelli fue el primero en empezar. Comenzó a bailar rítmicamente con la electrodanz, al tiempo que se contoneaba y agitaba sus piernas y miembro delante de Ricardo. Sergio tomó las manos del muchacho ciego y Ricardo pudo sentir los fuertes pectorales, glúteos y espalda del brasileño. Sergio se sacó la camiseta de un tirón y Ricardo deslizó excitado sus manos sobre aquel perfecto torso. Castelli le bailó varias veces, mientras se sacaba los geans y quedaba sólo en bóxer para que Ricardo disfrutara de él.

    -Yo estoy drogado… Hipnotizado… Soy un estríper zombi… Soy un estríper zombi y estoy listo para lo que desees hacer conmigo…-

    Murmuró Sergio bajo el poder de la droga suministrada

    El muchacho no pudo contenerse y sujetó el pene del brasileño, al tiempo que exploraba su fuerte abdomen. Ricardo pellizcó los glúteos del brasileño y cuando éste solamente se quedó con el bóxer, a regañadientes lo dejó ir para dar su sitio al siguiente hombre.

    -No te encapriches con uno Ricardo, te faltan siete por examinar.-

    Dijo Marcus con sorna, mientras bebía un vaso de burbon.

    -¿Cuál es el nombre de este papacíto?-

    Preguntó Ricardo aún con las manos en las piernas y torso de Sergio.

    -Él es Sergio Castelli. Es de nacionalidad brasileña. Mide uno noventa de alto. Talla 36 de pantalón, pesa 85 kg. De piel blanca, ojos verde agua, cabello negro y ondulado, facciones masculinas. Habla al menos tres idiomas fluidamente. Portugués, inglés y español. Guardaespaldas, aunque ha hecho algo de modelaje. Su especialidad es bailar, quitarse la ropa y es excelente para el sexo rudo.-

    Dijo Marcus mientras disfrutaba del cuerpo de Drake.

    -¿Está drogado?-

    Cuestionó el sorprendido y caliente Ricardo.

    -Está drogado y zombificado. Le di un cóctel de ciertas drogas, que lo mantienen en un estado zombi. Hará cualquier cosa que quieras.-

    Respondió Marcus luego de besar al hipnotizado Drake.

    Enseguida Sergio cedió su lugar a Heracles que presto y muy sensual bailó y se sentó en las piernas de Ricardo. El griego guio al muchacho para que fuera él quien le desabrochara la túnica y sacara aquel leotardo que protegía su intimidad. Cuando Heracles estuvo desnudo, se restregó varias veces contra el miembro del muchacho.

    Ricardo sumamente caliente obligó al griego a acariciarle el miembro y besó en repetidamente la espalda de Heracles, más que dispuesto a dejar que el musculoso hombre continuara.

    -Yo soy un esclavo sin voluntad… Soy una montaña de músculos sin voluntad… Soy un zombi… Estoy completamente drogado… En trance y dispuesto a que me uses como mejor te complazca… Soy un esclavo puto y sexual… Tus deseos serán mis órdenes…-

    Aseveró el griego, mientras masajeaba solícito los muslos de Ricardo.

    Luego fue el turno de Mauro Mendosa. El argentino sólo vestía el bañador, sus sandalias y mientras la música sonaba, simuló que nadaba frente a Ricardo, quien estaba al borde de la resistencia por comérselo.

    Entonces Mendosa puso las manos del ciego en torno al elástico de su traje de baño y empujó con suavidad para que bajara el bañador. Después condujo los dedos de Ricardo con lujuria por todo su cuerpo para que pudiese examinarlo, gozarlo, recorrerlo.

    -Yo soy el esclavo encuerado y obedeceré… Estoy hipnotizado… Soy un zombi… Y nunca despertaré… Disfrútame… Gózame… Cada fragmento de mi cuerpo encuerado es para ti… Yo soy tuyo y obedeceré… Obedeceré… Soy un zombi hipnotizado y obedeceré…-

    Dijo sensualmente Mendosa al oído del ciego, a la vez que besaba su cuello.

    -¿Cómo hipnotizaste a este?, ¡es un cuero de hombre!-

    Exclamó Ricardo presa de los fuertes dedos del argentino que lo guiaban por todo su cuerpo.

    -Y sí que lo es. Su cabello es rizado. Castaño, piel blanca, ojos enmielados, güero, y unos labios, ¡qué uuup!, ¡Mauro Mendosa es todo un cuero!-

    Afirmó Marcus, mientras disfrutaba ahora del cuerpo de Sergio.

    -¿Pero cómo lo hipnotizaste?, ¿Qué hiciste para dominarlo?, supongo que cada uno de ellos era heterosexual.-

    Dijo Ricardo, deleitado con los besos de Mendosa.

    -En efecto. Esto no se lo digo a los clientes, pero como tú eres mi amigo te platicaré algo. Construí algunos instrumentos muy interesantes. Uno de ellos se llama hipnocopio, y con ese mantengo hipnotizado a Mendosa. A él le encanta estar así. Y sí, él era hetero, pero desde que lo hipnoticé, ¡Creo que es uno de los que más les gusta el sexo gay!-

    Luego Nicolás Palacios ocupó el lugar de Mendosa. Repitió el baile muy sensual,, pues cruzó sus piernas con las de Ricardo.

    -Yo soy el esclavo de la sortija de cristal… Soy un guardaespaldas hipnotizado… Disfruto tener sexo con los hombres… Y Tus deseos son mis órdenes… Estoy listo para estar desnudo en tu cama… Soy un zombi y obedeceré…-

    Repitió Nicolás, mientras se sacaba todo el uniforme y le plantaba un beso caliente a Ricardo.

    Después continuó James Slater quien se sacó la ropa de forma elegante, despacio y en cada movimiento guio las manos de Ricardo para que no perdiera cada detalle.

    -Yo soy un esclavo perfecto. Estoy hipnotizado y seré su amante y novio perfecto. Haré y cumpliré cualquiera de tus fantasías. Elígeme a mí y te mostraré el placer. Yo soy tu novio zombi.-

    Dijo James, a la vez que se arrodillaba y besaba los pies de Ricardo.

    Por último Nataku se desvistió rápido y salvaje, deslizó las manos de Ricardo a través de todo su torso y gruñó en satisfacción.

    -Yo… hrggg… Yo soy Nataku… Yo… Dar placer… Yo soy una marioneta… Soy hrggg… Yo ser una bestia zombi… Haré lo que quieras…-

    Dijo entre gruñidos.

    Ricardo se encontraba fascinado por todo aquello y le resultaba imposible resistirse al deseo, al lívido.

    -¡Cabrón!, ¡estoy a punto de venirme!, ¡todos son unos putos dioses!, ¡son unos putos dioses!-

    Exclamó, a la vez que se aferraba a la cintura de Nataku.

    Nataku gruñó bajo sus manos y Ricardo se apoderó de su boca varias veces. Disfrutó de la lengua del oriental y sintió sus manos corresponder la exploración

    -Este es diferente. Lo siento más zombi. Más animal, más manipulable. Es como una…-

    Dijo Ricardo muy excitado, aún con las manos sobre el desnudo Nataku.

    -Como una marioneta. Si, Nataku fue el último en ser hipnotizado. Originalmente lo doblegué con unos microchips instalados en joyería, pero después cambié el mecanismo a algo más elegante. Un microchip instalado en un tatuaje, nunca despertará.-

    Dijo Marcus, al disfrutar del cuerpo de Mendosa.

    Samuel prosiguió con el espectáculo, y en un par de minutos quedó desnudo para que Ricardo lo apreciara.

    -Yo soy un zombi sin voluntad, un zombi sexual para tu uso personal…-

    Inmediatamente Alfonso tomó su lugar y en un rápido acto se quitó toda la ropa. -Yo estoy sonámbulo… Sonámbulo… Un sonámbulo sólo tiene derecho a estar desnudo… A ser usado… Yo duermo para siempre y sonámbulo obedeceré…. Soy el capataz del harem y yo haré lo que quieras Señor… Soy un zombi sonámbulo y obedeceré…-

    Dijo Alfonso tras un caliente beso a Ricardo.

    -¡Woo!, ¡Estos dos son verdaderas joyas!, ¡El español es un cabrón en toda la palabra!, ¡Y el norteamericano no se queda atrás!, enserio que no puedo creerte que todos ellos estén hipnotizados y obedezcan tus órdenes-

    Respondió Ricardo sin soltar al desnudo Alfonso y palpar que en efecto tenía los ojos cerrados.

    Marcus prorrumpió en una carcajada. -Si, ellos son los primeros. Alfonso es de nacionalidad española. Ojos claros, cabello castaño y piel blanca. ¡Es mi predilecto y es guapísimo!, Sam, es blanco, ojos azules y cabello azul, sus ojos son preciosos, ¡él era homofóbico y ahora es un ferviente y experto mamador! Sam está hipnotizado e igual que Heracles y Sergio es un zombi. Y mi Alfonso, estoy enamorado de él, Alfonso es un esclavo perfecto. Es mi mejor trabajo y él está dormido, profundamente dormido. Se encuentra en un estado de sonambulismo exacerbado y ya nunca despertará. Sonámbulo es un esclavo perfecto y dormido disfruta ser dominado.-

    Explicó Marcus mientras era rodeado por todos los hombres.

    -Woo, ¡Eres un cabrón!, ¡pero te la compro!, ninguno de ellos haría todo esto si no los tuvieses subyugados.-

    Dijo Ricardo ansioso y sin saber a cual de ellos escogería.

    -Gracias por el cumplido, mis esclavos son de lo mejor, aunque pronto tendré más ejemplares para el goce de mis clientes. Sabes que disfruto de tu compañía, pero tu pagaste por un servicio de 48 hs, y estas correrán a partir de ahora. Bien, a cuál de todos eliges. Como pagaste por el paquete premier, puedes elegir hasta 4 por estas 48 hs. Puedes tenerlos por separado, dos a la vez o los 4 a la vez, o uno por el tiempo que tu gustes e ir alternando. En el caso de todos, salvo Nataku, se les puede ordenar que actúen como si estuvieran despiertos, o que actúen algo que tú quieras, o bien que sean unos totales zombis. Nataku es el único que siempre actúa como un total zombi, debido a su tipo de hipnosis. En cuanto los escojas te diré sus comandos de programación para tu sesión y obedecerán durante el tiempo que pagaste tus órdenes. Una vez que los escojas, te conducirán a la casa de Zénet, una casa anexa al fondo de los terrenos y allí podrás hacer uso de ellos.-

    Explicó Marcus con las manos en el cuerpo desnudo de Alfonso y en la espalda descubierta de James.

    -De verdad que no quería creerte, pero ahora no me cabe duda. ¡Woo, como escoger!, ¡Todos son unos hijos de puta! Quiero a Nataku, Mendosa, James y a Alfonso.-

    Eligió Ricardo excitadísimo.

    Marcus torció la boca en un gesto de aprobación, al tiempo que se aproximaba al oído de Ricardo. -Excelente elección. Te diré los comandos para tu sesión. Con Nataku deberás decirle mientras golpeas su rostro suavemente con tus dedos. “Marioneta 48”, en cuanto se lo digas al oído y golpees suavemente su rostro te obedecerá. Lo único en que jamás obedecerá es en despertar , hacer algo contra mí, contra mis órdenes o dejar de obedecerme. Si le ordenas algo en contra mía, inmediato tu comando quedará cancelado y se pondrá agresivo contigo. Es importante que recuerdes esto. Puedes ordenarles casi cualquier cosa, excepto despertar, dañarme a mí, dejar de obedecerme, lastimar a sus compañeros, o salir de la propiedad.-

    Indicó Marcus con voz firme.

    -Muy bien, entendido, entendido. ¿Y los comandos de los demás?-

    Preguntó Ricardo con una imponente erección que no pasó desapercibida para Marcus.

    El hipnotista soltó una carcajada y continuó. -Para James es muy sencilla. Deberás besarlo y decir. “Novio perfecto por 48 hs”. Con eso, aparentemente habrá despertado, pero en realidad seguirá hipnotizado. Se comportará como tu novio esclavo por 48 hs. Si lo quieres en trance, bastará con decir, “Duerme y se un zombi”, y caerá en trance.-

    Dijo Marcus mientras Drake le servía más burbon.

    -Oquei, Oquei.-

    Admitió Ricardo fascinado.

    -Bien, ahora con Mendosa. Deberás tocarlo de la cintura y decirle: “Encuerado 48”, y de inmediato será tuyo. Y con mi Alfonso, deberás sujetarlo del hombro y decirle al oído “Somnámbulo 48”, Y será tu esclavo. Con Mendosa, Alfonso y James, si los quieres en total trance deberás decir “Duerme y se un zombi” Y volverán a sus trances. Con Nataku no trates de hablar porque no responderá, excepto a frases cortas y palabras monosilábicas. Y le das la misma instrucción que a los demás, duplicarás su trance. Bien escogiste y te dejamos con tus compras. Sam, Sergio, Heracles, Drake, vamos al yacusi del segundo piso, quiero una sesión con ustedes-

    Ordenó Marcus al resto de hombres.

    -¡Escuchar es obedecer!”

    Gritaron los cuatro mientras cargaban a Marcus.

    -Alfonso, James, Nataku y Mendosa, “Esclavos de zénet P48”.-

    Los cuatro inmediatamente cerraron los ojos y se quedaron inertes en medio del salón.

    Drake estaba emocionado pero no sabía bien que hacer, escuchaba las profundas respiraciones de sus cuatro hombres y con sigilo caminó hacia ellos. Sintió el cuerpo desnudo de Nataku primero y tras basilar unos minutos se decidió a actuar.

    Golpeó el rostro de Nataku con suavidad con sus dedos y le murmuró al oído con nerviosismo. –“Marioneta 48”.

    Nataku de inmediato gruñó en aceptación y se arrodilló a los pies de Ricardo. -Soy marioneta… Tu marioneta Zombi… Hrggg… Haz conmigo lo que quieras….-

    Repitió en voz cavernal y entre gruñidos.

    -De pie, ¡de pie!, vístete por favor y prepárate para ir a la Casa de zénet.-

    Nataku se limitó a gruñir y a buscar sus prendas entre el montón tirado al otro lado del salón.

    Después Ricardo recorrió el desnudo cuerpo de Mendosa y tras tocarlo en la cintura repitió con lujuria. –“Encuerado 48”, ponte tus sandalias y bañador y espera mis órdenes.-

    Pidió Ricardo.

    -Soy un zombi encuerado y obedeceré… Obedeceré… Mi Señor…-

    Acató Mendosa.

    Enseguida besó a James ya sin duda y disfrutó de aquella boca. –“Se mi novio perfecto por 48 hs”.-

    Enseguida James pareció despertar del trance, mas observó a Ricardo con deseo, lujuria, pero sobre todo con sumisión. -Claro que sí, mi Señor, yo seré el novio perfecto…-

    Ricardo alzó la mano y tocó su rostro. -No me interesa. “Duerme y se un zombi”.

    Ordenó de forma dura, a lo que James regresó a un profundo trance.

    -No quiero un novio, quiero un esclavo zombi, te quiero en trance. Mientras estés conmigo, te quiero hipnotizado. Te quiero en trance y totalmente zombi.-

    James cerró los ojos y clavó la cabeza en el pecho. -Sssi… Seré un zombi… Mi Señor…-

    Aceptó aquella orden James.

    -Bien zombi, vístete, y quiero que estes listo a mis órdenes.-

    Mandó Ricardo excitado por el poder que tenía sobre aquellos hombres.

    -Ssi… Mi Señor…-

    Acató James al tiempo que se ponía las ropas.

    Después sujetó el hombro de Alfonso y pronunció el comando. –“Somnámbulo 48”, “Duerme y sé un zombi”. Tu no te vistas, Marcus me dijo que no tienes derecho a usar ropa, permanece desnudo pero listo a mis órdenes.-

    Mandó Ricardo aferrado al cuerpo de Alfonso.

    -Sssi… Haré lo que digas… Yo estoy sonámbulo… Un zombi sonámbulo y obedeceré…-

    Afirmó Alfonso completamente dormido.

    -Eso es para todos, “Mendosa duerme y sé un zombi”, Nataku duerme y sé un zombi”, Los quiero en trance profundo, sin voluntad, sin mente propia.-

    Nataku gruñó y se puso aún más rígido. -Hrggg, zombi… Zombi… Sssi….-

    -Yo estoy encuerado… Soy un zombi encuerado y obedeceré… Zombi… Zombi…-

    Repitió Mendosa.

    -Yo soy tu novio zombi… Zombi…-

    Volvió a repetir James.

    -Sonámbulo… Zombi sonámbulo…-

    Dijo Ricardo con Alfonso entre sus brazos.

    Bien los cuatro, vamos a la Casa de zénet. Nataku y Alfonso, quiero que me guíen. Quiero que los cuatro repitan que son zombis.-

    -Somos zombis… Somos zombis… Somos zombis… Somos zombis…-

    Dijeron los cuatro machos, mientras llevaban a Ricardo a través de la mansión, hasta un corredor que conducía a una casa bastante amplia en el otro extremo de la propiedad.

  • Primeras experiencias de mi sumiso con una fucking machine

    Primeras experiencias de mi sumiso con una fucking machine

    Era uno de tantos viernes en los que ambos teletrabajábamos. Mi jornada laboral había pasado volando entre reunión y reunión, pero desde el primer momento del día pude sentir que tenías ganas de mí.

    El ritual de esa mañana había empezado como cada día desde que vivimos juntos. Mi obligación matutina es despertarme media hora antes que tú, colarme debajo de las sábanas y lamer tus pies, tus piernas… y tu coño hasta que te corres. A veces una vez. Pero esa mañana estabas con ganas de mí, y no me dejaste salir de las sábanas hasta que te corriste cuatro veces prácticamente consecutivas.

    Al terminar, tiraste de mi collar (única prenda que uso para dormir), y me besaste. Uno de esos besos que hablan. Esos besos que expresan felicidad, satisfacción, orgullo y agradecimiento. Estuvimos un rato besándonos y abrazándonos y al rato te diste cuenta que se nos estaba echando la mañana encima y me dijiste:

    “Bonita, sal de la cama desnuda como estás y prepárame el desayuno. Tengo una reunión a las 9.30, y tú no tienes nada hasta las 10, así que espabila mientras voy desperezándome”.

    Excitado como estaba, salí de la cama y me dirigí a cumplir tus órdenes. Adoro obedecerte en todo momento y en todo lugar. Como te digo muchas veces, voy a obedecerte en todo. Siempre. Y aquella era una orden cotidiana, así que feliz de la vida, preparé todo y me acerqué a la habitación para decirte que el desayuno estaba todo listo.

    Al acercarme a la habitación escuché tus gemidos y con una sonrisa, aceleré el paso para acercarme a ti. Entré y te vi desnuda, tumbada boca arriba con las piernas flexionadas y con el vibrador que te regalé a máxima potencia entrando y saliendo de ti a toda velocidad. Con la voz ahogada y ronca, me diste una orden muy sencilla:

    “Ven aquí ahora mismo, zorra. Colócate a mis pies y lame hasta que me corra”.

    Sin dudarlo, hice lo que ordenaste, y después de lamer tus pies un buen rato, te corriste de forma muy intensa. Al terminar, agarraste mi cabeza y la dirigiste a tu entrepierna. Lamí tu coño, tus piernas, tu culo y las sábanas por quinta vez esa mañana, y me di cuenta de que ninguno de los dos tendríamos tiempo para desayunar. Bueno, en cierto modo, yo había desayunado varias veces esa mañana… ¡y menudo manjar!

    Al terminar de limpiarte volviste a tirar de la correa y acercarme a ti, y cuando me disponía a besarte me diste un buen bofetón y me llamaste zorra. Luego otro. Y otro. Y otro. Y cuando tenía la cara preparada para la siguiente bofetada, escupiste entre mis ojos y dijiste.

    “Zorra viciosa. Tengo muchas ganas de ti. Me pones muy cachonda, puta”.

    Y sin más, te pusiste una camiseta larga y bajamos a desayunar de la mano, como lo que somos. Dos enamorados que desean exprimir cada minuto de cada día.

    Miraste el reloj y viste que casi era la hora de tu primera conference call, así que te colocaste un poco tus rizos, te sentaste en la mesa de la cocina, encendiste el portátil y señalaste tus pies con tu dedo índice. Te miré para decirte que quería desayunar, pero chasqueaste tus dedos en señal inequívoca de que querías que lamiera tus pies. Y eso hice, mientras te escuchaba hablar de procesos y procedimientos, y de ese nuevo compañero que había tratado de saltarse a la torera tu trabajo de un trimestre.

    Escuchaba la conversación, pero tenía todos mis sentidos puestos en disfrutar de mi desayuno favorito; tus pies. En un momento dado, me diste pataditas e interpreté que debía ser la hora de mi reunión, así que desnudo y con mi collar, me conecté a la conference call y me excusé por no poder poner mi cámara:

    “Ejem, buenos días. Siento el retraso. Con vuestro permiso no conectaré la cámara. He de confesar que me he quedado dormido y no estoy presentable”.

    Te vi sonreír. Mis compañeros gastaron alguna broma, pero poco a poco conseguí que algo de sangre llegara a mi cabeza para organizar el maratón de reuniones que me llevó hasta las dos de la tarde prácticamente sin pausa. Entre reunión y reunión, te llevaba un café, nos besábamos o charlábamos de cosas del trabajo de uno y del otro. Estaba feliz. Estábamos pletóricos. Nos había costado bastante tiempo que todo fuera normal, y desde hacía unos meses, lejos de ser normal, era todo mágico y maravilloso.

    Al dar las dos y media, dimos por cerrada nuestra jornada laboral, nos duchamos juntos y me propusiste ir a dar una vuelta por el centro para comer y luego aprovechar que estábamos por allí para comprar algunas cosas. Me pareció un buen plan, y después de ducharnos, nos vestimos y salimos para la calle Serrano.

    Comimos en una terraza de un restaurante mexicano que hay en la calle Ayala, nos tomamos un interminable y delicioso café, y cuando pedí la cuenta te acercaste a mí y deslizaste un huevo vibrador dentro del bolsillo de mi pantalón vaquero mientras que, acercándote a mi oído, me susurraste:

    “Ahora entras en el baño y te lo metes en ese culito tragón que tienes, cariño. Está claro, ¿verdad?”.

    Contesté con un “Sí, Ama” y me dirigí a cumplir tus deseos. Al salir ya habías pagado y mientras pulsabas el botón de máxima intensidad en la aplicación que tenías instalada en tu teléfono y que dirigía el huevo que tenía en el culo, me diste un azote y me dijiste:

    “Andando, bonita… verás qué tarde tan divertida vamos a pasar. Yo comprando y tú llevándome de aquí para allá con el huevo dentro”.

    Sonreí, te di un beso, nos regalamos un “te quiero”, y comenzamos a pasear por la zona. Al principio entrábamos y salíamos de tiendas de ropa. Te probaste de todo en un montón de tiendas, y el número de bolsas iba aumentando cada minuto.

    Merece especial atención una parada en una tienda de zapatos. Te encanta que sea yo quién, de rodillas, te ponga y quite los zapatos. En esa ocasión, te probaste unas botas de cuero altas con cremallera a un lado. Yo estaba de rodillas, ayudándote a meter tus pequeños pies en esas botas tan altas que te sentaban tan bien mientras, con el otro pie jugabas con mi excitación. Se notaba que estaba empalmado, y no parabas de hacer comentarios sobre lo puta que era y las ganas que tenías de follarme, mientras notaba que me ponía rojo de vergüenza por si las dependientas escuchaban tus comentarios. Compraste las botas que te sentaban increíbles y seguimos de tiendas.

    En uno de los probadores, en el que estabas probándote un body, me dijiste que entrara para que te ayudara a elegir entre dos modelos. Al entrar me quedé pálido. Te sentaba de muerte y, sin ver el otro, dije que quería que lo compraras, que te sentaba increíble. Insististe en probarte el otro, con lo que te desnudaste completamente, mirándome con ojos de guerra mientras lo hacías.

    “Bonita, quiero que me folles aquí y ahora. Me he puesto muy cachonda probándome las botas y después viéndome con esta ropita e imaginándome cómo me vistes esta noche para llevarlo puesto”.

    Sin dudar, y sintiendo la humedad de tu entrepierna, me bajé los pantalones vaqueros y los bóxer grises (que para entonces estaban empapados) y entré en ti. Es increíble lo rápido que te mojas. Lo excitada que estás siempre. El calor de tu interior, y la forma que tienes de atrapar mi ridícula pollita dentro de tu maravilloso coño.

    Tres minutos fueron suficientes. Te corriste rápido, pero no me permitiste hacerlo a mí, así que, muerto de vergüenza por si alguien nos había escuchado, me vestí y disimulé lo mejor que pude diciéndote que ese body también te quedaba muy bien… y salí sudando del probador, mirando a un lado y a otro y rogando que nadie hubiera visto ni escuchado nada.

    Al rato saliste y le dijiste a la chica que estaba en la caja que nos llevábamos los dos. Al salir de la tienda, me cogiste de la mano para decirme que nos íbamos al coche para cambiar de zona y hacer unas últimas compras. Fuimos paseando hasta el parking, nos metimos en el coche entre risas mientras comentábamos la mirada de la dependienta cuando fuimos a pagar, y me indicaste la siguiente dirección.

    “Vamos al sex shop que hay en Chueca, bonita. Sabes cual es porque hemos estado bastantes veces”.

    Me mirabas y te mordías el labio. Conozco bien esa mirada y sé perfectamente lo que significa, pero muerto de excitación, condujimos hasta allí mientras manoseabas mi entrepierna impidiendo que me concentrara en la carretera. Por fin llegamos al parking y sin salir del coche te quitaste las bragas, las metiste en mi boca y me dijiste.

    “Ahora, hasta que volvamos al coche, calladita, cariño. Yo me encargo”.

    No protesté. Cerré la boca y comencé a respirar por la nariz mientras una potente erección empujaba mi pollita contra los vaqueros. Fuimos al sex shop y saludaste a la dependienta, que al verme unos pasos por detrás, me dedicó una sonrisa. Sabía perfectamente quiénes éramos, porque habíamos estado allí un buen puñado de veces y te habías encargado de dejar claro cuál era nuestro tipo de relación.

    Compraste varios juguetes. Bolas chinas rígidas de metal, un dildo bastante grande, un set con tres plugs, pinzas y alguna cosa más. Pero enseguida me di cuenta que no habíamos ido allí solo para comprar eso, porque en casa teníamos varios de cada.

    Al instante se confirmaron mis sospechas. Te acercaste al mostrador y le dijiste a la dependienta:

    “Rosa, llegó lo que te pedí la semana pasada, ¿verdad? Me ha llegado un SMS para recogerlo, así que imagino que lo tendréis por aquí”.

    Ella sonrió y respondió:

    “Claro, Laila. Lo tengo en el almacén. Dile a tu sumiso que me acompañe para cargar con ello. Pesa una barbaridad”.

    Me miraste y moviste la cabeza en señal de asentimiento, así que fui con Rosa a la parte de atrás de la tienda. Mis ojos se salían de sus órbitas. Había cientos de juguetes de todo tipo, y encima de una mesa, una caja bastante voluminosa con un rótulo negro en el que se podía leer:

    Fucking machine.

    Rosa me avisó de que pesaba bastante, y efectivamente así era. Lo llevé hasta donde tú estabas y con una sonrisa dijiste:

    “¿Tienes ganas de estrenarlo, cariño?”.

    Con tus bragas en la boca, e intentando no hablar demasiado contesté con un breve “Sí” y enseguida me dijiste:

    “¿Cómo has dicho, puta?”.

    A lo que respondí tratando de no atragantarme, mientras notaba mi voz más ahogada de lo normal:

    “Sí, Ama. Tengo ganas de estrenarlo”.

    Soltaste una carcajada, y Rosa también sonrió. Yo me moría de vergüenza, pero me agarraba a lo que siempre me decías. (Lo que habrá visto esta gente, tonto).

    Pagamos todo, y volvimos al parking, donde me quitaste las bragas de la boca para besarme. De ahí a casa entre risas, con las ventanas del coche abiertas y la música a toda potencia.

    Llegamos a casa y me dijiste que me tumbara en el sofá a descansar mientras montabas la máquina. Sabes que soy muy torpe con ese tipo de cosas y también que los fines de semana me encanta dormir, pero cuando te dije que ya no eran horas de siesta, contestaste con una sonrisa en esa boca tan bonita:

    “Te va a venir bien descansar, Pedro. Hemos quedado a cenar con mi amigo Juan y su nueva chiquilla. No será una noche para compartirte con nadie ni humillarte follándome a otros. Sabes que Juan es como mi hermano, pero conviene que descanses, que seguro que nos acostamos tarde entre risas y copas”.

    Sonreí, te di un beso y me tumbé en el sofá del salón con la tele de fondo, y enseguida me quedé dormido. No sé el tiempo que pasó, pero recuerdo que me despertó un ruido mecánico acompañado de tus gemidos. Enseguida caí en la cuenta de que ya tenías la máquina montada y en funcionamiento, así que me acerqué a la habitación de juegos y te vi a cuatro patas, con un el dildo nuevo entrando y saliendo de ti mientras escuchaba tus gemidos, cada vez más intensos.

    Me miraste entrar y me ordenaste que me colocara de rodillas delante de ti y me masturbara, así que sin dudarlo un instante obedecí tus órdenes. Me dejaste muy claro que no podía correrme, y me costó mucho no vaciarme cuando, pasados unos minutos sentí claramente cómo te corrías mientras me mirabas a los ojos. Paraste la máquina y me dijiste:

    “Esto es una delicia, bonita. Ponte a cuatro patas. Voy a dilatar tu culito tragón y lo vas a probar ahora mismo”.

    Obedecí todavía excitado. Me coloqué a cuatro patas esperando sentir el lubricante en el culo, pero antes colocaste mi cabeza en el suelo y cogiste mis manos para atarlas a mi espalda con unas bridas, mientras decías:

    “No querrás encima estar cómoda, ¿no bonita?

    Te reiste y también colocaste una barra separadora en mis tobillos, una mordaza con agujeros en la boca y después envolviste mi cabeza con film, abriendo un par de agujeros minúsculos cerca de la nariz. Entonces dijiste:

    “Así sí, puta. Así es como me gusta verte. Vamos a empezar despacito e iré aumentando el ritmo. Si quieres parar, golpeas con tu frente tres veces el suelo”.

    Enseguida sentí el lubricante inundar mi culo, y poco después sentí el dildo que iba conectado a la máquina, tratar de empujar dentro de mí. Fuiste colocándome aquí y allí, hasta que mi postura encajaba perfecta con el nivel de penetración del dildo, y lo pusiste en marcha, de modo que sentía cada embestida en mi culo, sin apenas moverme un centímetro.

    Poco a poco la intensidad de las embestidas iba aumentando, y también lo hacía la velocidad de las mismas. Mi respiración se agitaba mientras tenía la frente pegada al suelo. Entonces me di cuenta de que estabas sentada, apoyando tu espalda contra el suelo, y desnuda de cintura para abajo. Lo vi cuando sentí como colocabas ambos pies a cada lado de mi cabeza. También pude ver que tenías el mando de la “fucking machine” a tu alcance, y como aumentabas la intensidad a la vez que te masturbabas mirándome.

    Mis gemidos eran cada vez más evidentes. Pero eso dificultaba mi respiración. Entre la mordaza y el film, no hacía más que producir babas que me impedían respirar, mojando mi cara completamente, y llevándolas a mi nariz, lo que lo hacía todavía más complicado. No quería parar, pero me estaba costando respirar, y empezaba a marearme. De pronto sentí tu orgasmo. Estabas masturbándote contra la pared, con la imagen muy fija en lo que veías. Yo completamente inmovilizado de manos y pies, con una máquina follándome a un ritmo endiablado y mis propias babas llegando a los ojos por culpa de la mordaza y de la gravedad (al tener la cabeza más abajo que mi cuerpo).

    Después de correrte, sentí que metías tu mano entre mis piernas y comenzabas a masturbarme. Apenas tardé un minuto en correrme. Un orgasmo intenso recorrió todo mi cuerpo. Pero no podía verte. No sabía dónde estabas. Lo que sí pude sentir es que mi orgasmo no era el final de tu juego. Sentí que salías de la habitación, y que yo me quedaba allí, con el dildo de la fucking machine taladrándome sin parar. Entrando y saliendo de mí a toda velocidad.

    No tengo claro cuánto tiempo pasó. Yo estaba en un túnel de dolor y placer y no te sentí entrar en la habitación. Solo recuerdo que me soltaste las manos y que la máquina paró de pronto. Entonces me dejé caer hacia un lado completamente agotado. Me quitaste el film. Me desataste la mordaza y con un gesto muy tierno acariciaste mi pelo mientras me decías:

    “¿Te ha gustado, cariño? He disfrutado mucho viéndote expuesta y siendo follada sin piedad por esa máquina mientras me masturbaba. Estoy muy contenta de tu comportamiento, preciosa. Límpiate y vete a la ducha. Son casi las 8 y no hemos preparado nada para la cena”.

    (Continuará)

  • Día inolvidable con mi instructora del gym

    Día inolvidable con mi instructora del gym

    La historia que les voy a contar me sucedió hace poco más de un año y quería compartirla con ustedes. Resulta que aburrida de la rutina del trabajo decido inscribirme a un gimnasio que quedaba a unos 15 minutos de mi casa y así liberar un poco el estrés y mantenerme en forma.

    Así tal cual como lo planeé al salir de mi trabajo a las 5 pm me dirigí a casa, tomé una ducha rápida y me fui hasta el Gym, al llegar me percaté que era un gym sólo para mujeres lo cual me pareció excelente ya que así me sentiría más a gusto allí, de pronto se acerca a mí una chica como de unos 30 años, muy hermosa y con un cuerpazo increíble, blanca, cabello negro, senos grandes, saltaba a la vista que eran operados, unas piernas muy bien trabajadas y un culo envidiable, imposible no admirar un cuerpazo así. Bueno ella se presenta, me dice que es la instructora del gym y que si me podía ayudar en algo a lo que yo le respondo que deseaba inscribirme allí y comenzar a ejercitarme ese mismo día, estuvimos hablando de los horarios etc. y bueno me dice que listo que prepare de una vez.

    Empezamos con los calentamientos y luego con una serie de ejercicios y bueno así fue por unas semanas, en varias ocasiones ella se me quedaba viendo de arriba a abajo pero solo pensé que era para asegurarse de que hiciera correctamente los entrenamientos pero nada fuera de lo normal hasta ese día. Era un lunes y ese día lo tenía libre en el trabajo así que fui más temprano que de costumbre al gym y al llegar noté que era la única allí a parte de la instructora.

    Vaya no te esperaba hoy tan temprano, exclamó ella, le respondo que tenía el día libre y me estaba aburriendo en casa así que decidí ir más temprano, bueno perfecto comencemos de una vez entonces me dijo ella. Empezamos con los calentamientos y luego con mi rutina d ese día, pero noto que esa vez me veía de una forma más descarada pero igual no le di mayor importancia y seguí entrenando, llegó el momento de hacer mis sentadillas con peso lo cual me costaba bastante así que ella se dispuso a ayudarme, se pone detrás de mí y noto como me va sujetando por la cintura y sus grandes senos rozaban mi espalda sutilmente, podía sentir su respiración, sin darme cuenta eso me estaba excitando un poco a pesar de que nunca me habían interesado las mujeres y me consideraba heterosexual aquello me estaba gustando, ella aprovechando que estábamos solas se fue acercando más a mi cuerpo y sujetándome más fuerte al punto de que su vagina estaba pegada a mí culo, reconozco que se sentía tan rico, así estuvimos un rato mientras yo hacía mis sentadillas, ella repetía mis movimiento mientras su cuerpo seguía pegado al mío y podía sentir su respiración algo agitada.

    Llegó el momento de cambiar a los abdominales así que me acosté en el suelo y ella apoyó su rodillas en mis pies y se inclinó más de lo habitual hacia mí, me di cuenta que había bajado mucho más el top que llevaba por lo que sus senos sobresalían al punto de llegar a ver parte de sus pezones, para ese entonces estaba mojada y algo nerviosa lo cual ella notaba y me veía con una mirada pícara, de pronto empiezan a llegar otras mujeres al gym y ella como si nada siguió con su trabajo y yo con mi entrenamiento, terminada mi rutina diario me dirijo a despedirme de Clara, así se llamaba la instructora, entonces ella me pregunta que si podía darle un aventón hasta su casa ya que su coche lo tenía en el taller por una falla, yo le respondo que no había problema ya que no tenía nada más que hacer así que la esperé como una hora hasta que todas las chicas del gym se marcharan.

    Nos subimos a mí coche, y por el camino me pregunta que si me gustó el entrenamiento de hoy yo obviamente le respondí que me había gustado mucho y ella respondió que también lo había disfrutado, al llegar a su casa me propone pasar a tomar algo a lo cual yo accedí, una vez dentro nos dirigimos a la cocina donde ella me sirvió un vaso de jugo mientras charlábamos, al terminar me dispuse a dejar el caso en el fregadero cuando siento su cuerpo detrás de mí muy cerca, me agarra de la cintura y me susurra en voz baja al oído:

    -Se que te gustó sentir mi cuerpo hoy pude notarlo.

    De pronto sentí un escalofrío en todo mi cuerpo y aquella excitación otra vez, tan pronto como me di la vuelta ella me sorprendió con un beso muy ardiente, wow no tenía palabras para describir lo que estaba sintiendo, esos labios carnosos, suaves, su aliento fresco y esa deliciosa lengua contra la mía, era el mejor beso de mi vida, la agarre fuerte y pegué más su cuerpo contra el mío mientras acariciaba esos enormes senos redondos y firmes, ella mientras manoseaba mi culo con lujuria, de pronto me da vuelta de espaldas a ella y me pone contra la encimera de la cocina y baja mis leggins y mis bragas hasta dejar al descubierto todo mi coño ya mojado y comienza a lamerlo y succionarlo repetidamente, yo estaba que ardía de tanta excitación, el placer que sentía era indescriptible, rápidamente acabé en su boca, mientras ella saboreaba mis jugos ambas nos desvestimos completamente, entonces la agarré y la acosté en el suelo de la cocina chupé esos senos, tenía unos pezones grandes y rosados, se sentía tan delicioso ella no paraba de gemir, luego baje hasta su coño y comencé a chuparlo con muchas ganas era mi primera vez con una chica y admito que el placer era indescriptible, lamí y lamí su coño mojado y su clítoris hasta que pude sentir como acababa en mi boca, acto seguido ella se levanta abre mis piernas se coloca encima de mí abre sus piernas también y pega su coño mojado contra el mío y empieza a moverse lentamente podía sentir su clítoris contra el mío era el placer más grande que jamás había sentido, las dos gemíamos sin cesar mientras que ella aumentaba el ritmo de sus movimientos, cada vez más fuerte y más rápido hasta que ambas explotamos de placer, nuestras vaginas y entrepiernas estaban empapadas de nuestros propios jugos, fue la experiencia más placentera de mi vida.

    Luego nos duchamos juntas, me despedí y me dirigí hacia mí casa, esa noche no dormí nada pensando en ello. Desde ese día lo hemos repetido unas cuantas veces y créanme una vez que lo prueban solo van a pensar en el momento de volver a repetirlo.

  • Recuerdos de hermanos (III): Un ambiente bohemio

    Recuerdos de hermanos (III): Un ambiente bohemio

    Cuando llegamos a la casa de los tíos, fuimos recibidos muy afectuosamente por ellos. Inmediatamente le llamaron a Frida y a Karla que son los nombres que mis tíos les pusieron porque no les gustaban los de ellas que eran Eusebia y Tomasa dos hermanas gemelas de no más de 20 años de edad que provenían de un lugar apartado de Puebla, pero siendo dos muchachas morenitas muy guapas y de verdad fuera de serie, eran además sencillas y muy obedientes.

    Hacía ya algún tiempo que no pasábamos a lo que era la sala, un lugar muy armónico lleno de pinturas firmadas tanto por la tía Luz Marina como por el tío Carlos. Un bonito paisaje adornaba una de las paredes y en otra de ellas dos pinturas de desnudos artísticos, una de una mujer de espaldas abrazada a otra de frente, recargada sobre uno de sus senos y en actitud de estar las dos a punto de besarse en la boca, en otro extremo las mismas mujeres a las que no se les veía la cara pero que una de ellas aparecía sentada sobre las piernas de la otra, recargando ambas sus pechos sobre los pechos de la otra y por lo que se podía apreciar ambas estaban besándose en la boca.

    Mi hermano al igual que yo nos quedamos sorprendidos admirando la belleza de los detalles con los que habían sido pintadas, un tenue encaje cubría las piernas de una de las mujeres, el tan solo ver esas escenas, provocó que sintiera un leve flujo que humedeció mis calzones y por lo que pude apreciar a mi hermano Francisco también le había provocado una erección que apenas se le notaba.

    – Esas pinturas las hice yo mismo, aunque he de decirles que una de ellas está inspirada por su tía Luz Marina que fue una de mis modelos de lo cual me siento muy orgulloso. ¿qué les pareció? –preguntó el tío Carlos

    – Es increíble el grado de detalle que tienen –dijo Francisco tomándome de la mano.

    – Tienes un hermano increíble también tú Ana Luisa ya me ha contado su madre lo mucho que se quieren. –nos guiño un ojo la tía Luzma- espero que no piensen mal de su tía, pero el amor tiene muchas expresiones que no todos pueden estar de acuerdo.

    – ¿A qué te refieres tía? –le pregunté

    – Bueno el que dos mujeres se besen en la boca puede tomarse de dos maneras, o ambas están enamoradas o solo quieren tener y disfrutar un poco de sexo lésbico, ¿ustedes que opinión tienen del amor lésbico?

    – Bueno a mí me parece algo muy hermoso, una forma de expresión entre dos o más mujeres que desean experimentar algo más. –contesté a mi tía

    – Bueno entonces podemos estar hablando ya de otra forma de expresión que es a través de un trío o algo más parecido a una orgía lésbica. Pero dejemos el tema para otra ocasión porque tiene muchas aristas que me encantaría discutir con ustedes. Así que pasemos a la mesa que tengo preparado un café suculento del estado de Veracruz con unos panes que les van a encantar. –agregó el tío Carlos ofreciéndome su mano para levantarme del sillón en que me encontraba.

    – ¡Es una excelente idea!, Frida, Karla, por favor ayuden a servir el café

    – ¡En seguida mi señora! –contestó una de ellas

    Mientras pasábamos a la mesa, pude observar una foto en una de las paredes del pasillo en donde se encontraba una pareja de casados, en cuanto me fui acercando pude comprobar que era la tía Luz Marina vestida con traje de novia y el tío Carlos un poco más atrás también de traje, cómo si él fuera el novio con el que se estaba celebrando el matrimonio. La foto estaba hecha en tono sepia y me pareció algo muy hermoso, pero tanto me impactó que mi tía fue la que tomó la palabra cuando nos sentamos a la mesa.

    – Cómo habrán podido observar mis queridos sobrinos, la foto que vieron en el pasillo donde aparentemente estamos casados mi hermano y yo, es en realidad un despiste porque hay malas lenguas que no pueden pensar en que dos hermanos puedan permanecer solteros, y que inclusive las personas empiecen a murmuran que estamos teniendo una unión incestuosa, que en realidad no tendría nada de malo mientras exista el amor, que es lo que respaldaría esa unión. –dijo la tía sin dejar de verme a los ojos.

    – Pero no se espanten, eso lo hicimos porque a veces vienen algunos de los vecinos y mejor que crean que estamos casados a que empiecen a condenarnos por lo que dice su tía. –completó el tío Carlos

    – ¡Sí creo que la gente le gusta hablar por hablar! A nosotros nos dicen cuando nos ven de la mano o abrazados que somos el ejemplo de cómo debe uno quererse entre hermanos porque hay otros hermanos que no se pueden ver ni en pintura.

    – Sí mi hermana me dice que ustedes se quieren mucho, creo que tanto como Carlos y yo, bueno es que cómo su madre está casada e hizo su vida con otra persona que es el padre de ustedes, a nosotros no nos interesó el matrimonio con alguien que no creció junto a nosotros, con quien jugamos de niños, que también nos peleamos, pero que nos queremos y no podemos vivir uno sin el complemento del otro. –agregó Luz Marina.

    Cuando Frida se agachó para servir el café a la tía Luzma, alcancé a ver que le sobaba las nalgas y que Frida le sonreía, pensaban que no las había visto, pero siempre estoy al tanto de todo lo que sucede a mí alrededor. Me sorprendió, pero me pareció que se trataba de algo muy morboso, cómo cuando el tío Carlos me había besado en la boca estando ella a escasos metros de nosotros. Solo pensé que sí la tía Luzma y el tío Carlos eran así de promiscuos, esa señal me fascinaba tanto de él cómo ahora de ella. Pronto terminaría de comprender que siendo así, mi hermano y yo nos llevaríamos de maravilla con ellos.

    Recordé la frase inconclusa de nuestra madre cuando nos pilló a mi hermano y a mí y que nos decía que nos vistiéramos porque estábamos haciendo nuestras cochinadas y decía que “se parecen a mis her”, pero no terminó, pero entonces si dijo “her”, es que se refería a sus hermanos, nuestros tíos Luzma y Carlos, ya no me cabía duda.

    Luego de eso nos llevaron al pequeño departamento que habían construido, afuera había una tina grande de hidromasaje junto a un jardín de rosas y otras flores y árboles, cuando pasamos a la única recámara fue que nos dimos cuenta de que en vez de dos camas sólo contábamos con una grande, tal vez King size, por lo que nos quedamos viendo mi hermano y yo.

    – Bueno espero que no les incomode dormir juntos, como buenos hermanos que son, aunque según su mamá pensó que había camas separadas, pero no pensé en eso de momento, pero si quieren podemos hacer el cambio, aunque tal vez tardaría un poco. –dijo la tía

    – No creo que sea necesario, ¿o tú qué opinas Francisco? –le pregunté a mi hermano

    – Por mi no hay problema. Ella es mi hermana, ¿qué podríamos hacer? –jajaja, me reí para mis adentros cuando mi hermano dijo eso.

    El cuarto de baño contaba con un WC además de un mueble para la limpieza íntima, aparte de una regadera con cancel de vidrio transparente. ¡Vaya si no habían pensado los tíos que nos íbamos a ver cuando nos metiéramos a bañar!

    Cuando mi tía se alejó para mostrarle a mi hermano el jardín, me quedé a solas con mi tío Carlos y fue en ese momento que se acercó a mí y me acarició las nalgas y de ahí pasó a besarme en la boca, cosa que me gustó y terminamos dándonos lengua, en tanto él acariciaba mi busto sin que yo se lo impidiera, ¿cómo iba yo a hacerlo sí me gustaba que lo hiciera?, Me volvía loca mi tío y vaya que me parecía más bien que debía ser por las inclinaciones que mi hermano y yo teníamos hacía lo prohibido. Creo que está definido ese gusto en particular como incesto también, eso me dijo mi hermano cuando le conté cómo había disfrutado del beso de mi tío y de sus caricias obscenas.

    – ¿Quedaron en algo más para poder hacer más tarde? –dijo Francisco

    – No, porque en ese momento mi tía y tú ya regresaban y ni tiempo nos dio.

    – ¿Sabes?, a mi me pareció que ellos dos se habían puesto de acuerdo para que el tío pudiera hacer lo que hizo

    – ¿Y por qué piensas eso?

    – Cómo que también empiezo a percibir ciertas conductas en las personas, y recuerdo que mi tía me distraía con cosas sin importancia, ahora que me dices que te beso y te empezó a acariciar el tío, caigo en que algo ya tenían planeado.

    – ¿Y mi tía te insinuó algunas cosas más?

    – Jajaja, ¡Qué más quisiera! Que me insinuara más cosas, porque la verdad es que se me antoja cogérmela todita, está guapísima y tiene una chichis tan grandes y apetecibles cómo las tuyas, hermanita.

    – ¡Ni digas!, que a mí también se me antoja encamarme con la tía Luzma, luego de que la vi sobándole las nalgas a Frida, ¿qué no te lo conté?

    – Sí me lo contaste, pero a lo mejor no te puse mucha atención con tanto cuadro de desnudo que tienen.

    – Te fijaste que la tía Luzma está retratada o pintada en algunos de ellos con otras mujeres.

    – ¡Sí!, y aparentemente tiene unos pezones igualitos a los tuyos, hermanita.

    – ¡Se te antojan!, ¿verdad? Igual que a mí se me hace agua la boca, hermanito, es que eso es de familia porque mamá los tiene igual que nosotras.

    – ¿Con las bolitas hermosas alrededor del talle del pezón?

    – Jajaja, ¡Ay hermanito!, hasta se me hace que nuestros gustos por el incesto son de mera herencia familiar

    – ¿Por qué lo dices?

    – Porque una vez vi a mamá masturbándose con una foto donde están los tíos más jovencitos.

    – ¿Cómo sabes que se estaba masturbando?

    – Ay, si serás inocente hermanito, pues por los gemidos, o acaso no me has escuchado cuando me masturbas con tus dedos.

    – ¡Somos insaciables!, ¿verdad, hermana? ¿Qué te parece si estrenamos la cama?

    Nos quitamos la ropa con desesperación, nos habíamos puesto tan calientes de repente, platicando esas pequeñas cosas que no nos dimos cuenta que estaban regando las plantas Frida junto con Karla, pero no nos importaba que nos estuvieran escuchando las gemelas de la servidumbre. Nos revolcamos literalmente por toda la cama mientras dejábamos nuestras ropas regadas por el piso de la recámara, nos besábamos con ansías y Francisco tenía la verga a todo lo que daba cuando la ensartó en mi vagina ya toda mojada. Creo que no nos medimos con nuestros gemidos, solo esperaba que no hubieran podido escucharnos allá por el jardín o que pudieran vernos por el ventanal de la recámara que daba de lleno al jardín. Pero en ese momento nada nos importaba más que seguir cogiendo.

    – ¡Me calentó lo que dijiste de mamá y de la tía Luzma!

    – Yo también estaba bien caliente después del beso que me dio mi tío y de todo lo que platicamos.

    – ¿Quieres qué te de un masajito en la noche?

    – ¿De esos que me pasas la verga por todo el culo, y me la metes bien rico?

    – De esos meros, hermanita.

    – Pues me dices para lavarme bien el culo antes del masaje.

    – ¡No sabes cómo se me antoja tu culo, hermanita!

    – Y a mí tu verga dentro, hermanito, echándome todo tu esperma dentro de mis intestinos.

    Luego de una cogida rápida en la que su semen llenó toda mi vagina, nos recompusimos y nos dimos un baño rápido en la regadera, pues ya nos hablaba la tía Luzma para la hora de la comida. Eso fue lo que nos gritó Frida desde la puerta de entrada a nuestro cuarto. Cuando por fin entramos a la casa, tanto Frida como su hermana Karla nos sonrieron maliciosamente. ¡Vaya no puedo creer que mi hermano y yo podamos ser tan escandalosos teniendo sexo! ¿O tal vez sería porque nos metimos juntos a bañar y salimos con el cabello húmedo? ¡Sí casi siempre nos bañamos juntos! Pero lo más increíble es que yo continuaba caliente a más no poder, ¡Qué cosas!, ¿Sería el medio ambiente de la casa? ¿Sería por las caricias y el beso en la boca que me dio el tío Carlos?, no lo sabía realmente, pero el caso es que yo continuaba bien caliente.

    Pasaron algunos días sin que hubiera alguna otra novedad, excepto que mi madre hablaba con mi tía Luz Marina y con el tío Carlos para saber de nosotros, aunque también nosotros nos comunicábamos con ella, pero de seguro, ha de haber hablado para saber cómo nos estábamos comportando. Ni mi tía ni el tío comentaron nada acerca de que ahora dormíamos juntos en una sola cama. ¡Qué pena que se enterara de eso! Además que nos gustaba dormir desnudos a ambos y eso de sentir el roce de nuestras piernas o la proximidad de nuestros genitales, provocaba que irremediablemente termináramos cogiendo, porque otra de las cosas es que mi hermano parece un semental que produce mucho esperma y yo con lo caliente que siempre he sido, me mojo con mucha facilidad.

    A cada rato tengo que cambiarme de calzones y eso sin mencionar las venidas tan mojadas que tengo cuando me la mete mi hermano o me acaricia la vulva. El dice que lo mío es squirt porque parezco una fuente cuando me vengo y yo me río cuando me lo menciona porque también creo que es la marca de un refresco y le contesto que prefiero uno de cola, y es cuando él me acaricia el culo o me la mete por ahí, jajaja… Claro que tengo bien limpio mi culo, pues nunca se sabe cuándo va a haber agasajo por Detroit.

    Uno de esos días en que mi tío Carlos y yo nos habíamos besado, pero sin llegar a mayores, porque al parecer es lo que hace más interesante el momento de un nuevo, digamos incesto entre tío y sobrina de lo cual estoy segura que será más pronto que tarde, tuve el atrevimiento de meter mi mano entre su pantalón para sentir su pene entre mis dedos, frotando su glande con mi dedo pulgar, tal y como le hacía a mi hermano cuando teníamos nuestros primeros encuentros que desencadenaron en un inolvidable 12 de septiembre, día del mejor incesto pleno entre hermano y hermana. El pene de mi tío era un poco más grueso y largo que el de mi hermano, al menos eso me pareció con el tacto.

    – Me gusta lo que haces Ana Luisa, eres una muchachita muy hermosa y se me antoja meterte en mi cama un día de estos. –dijo Carlos

    – Pues estaré esperando ansiosamente ese momento, tío, ¿Pero qué opinará mi tía Luzma sí es que nos cacha?

    – No tengo ningún problema con mi hermana, ella también te trae muchas ganas por sí no te habías dado cuenta. –respondió él sin dejar de mirarme a los ojos para ver que gestos hacía ante esa confesión.

    – Eso que dices, me gusta, ¿Tanto como para hacer un triángulo entre los tres? –quería demostrarle que no me asustaría lo que pudieran hacer también entre ellos.

    – Mucho más que eso, querida, espera a que conozcas mejor a tu tía, te aseguro que te sorprenderán muchas cosas, pero ten paciencia.

    – ¿Te ha platicado algo mi madre acerca de mi hermano?

    – No puedo mentir, querida, pero solo déjame decirte que me gusta que sean así como somos nosotros.

    – ¿Te refieres a la tía Luzma y tú?

    – Eres increíble sobrina…

    – Dime ¿Te gustan mis pechos?

    – Tanto como los de… Ya lo sabrás pronto muchacha…

    – Dime una cosa, tío, las pinturas donde aparece la tía Luzma con otras mujeres, ¿tienen relaciones ellas entre sí?

    – Eso lo dejo mejor a tu imaginación, querida, solo puedo decirte que yo soy el que capturo el momento a través de mis pinceles.

    – ¿Tus pinceles? ¿Cómo el que tengo entre mis dedos? ¿O es una brocha gorda más bien?

    – ¡Eres tremenda, niña!, mejor ya vete a dormir, ya platicaremos después porque me estás calentando más y no voy a poder contenerme.

    – ¿Me voy a ir a dormir con las ganas que tengo de estar encamada con alguien? Sabes que duermo con mi hermano, que tal sí…

    – Jajaja, ahora me vas a decir que te vas a desquitar con tu hermano, ¿verdad?

    – ¿Tú crees que yo sea capaz de tener una noche de incesto con mi hermano?

    – Me encantaría verlos… De verdad, querida…

    Nos despedimos con un beso de boca, sin saber que la tía Luzma estaba pegada a la ventana del pasillo que da a la cochera observándonos. Luego de algunos días más, nos fuimos compenetrando de cosas muy interesantes que sucedían en la casa, en las que Frida y Karla estaban en medio de ellas. La tía Luzma recargaba mucho sus pechos en la espalda de Frida y Karla hacía otro tanto con la espalda del tío Carlos, que también le acariciaba las nalgas, sin que aparentemente nosotros nos diéramos cuenta. Pero a la vez tanto Frida cómo Karla parecían insinuarse con mi hermano y conmigo, como si quisieran tener algo de intimidad.

    Pláticas de las buenas noches con mi hermano.

    Mientras nos desnudábamos luego de bañarnos juntos y de estar besándonos en la regadera, nos dimos cuenta de que alguien nos estaba observando luego de salir de la regadera y de sentarnos a tomar el café en la mesa del desayunador que teníamos. Las persianas estaban abiertas, de modo que con la luz encendida por dentro y la oscuridad del patio, cualquiera que estuviera fuera nos podía ver perfectamente, más aún cuando mi hermano tomaba su posición favorita conmigo que era estar yo de frente con mis pechos hacía la cara de él y bien ensartada sobre su verga, realizando lentos movimientos para no venirnos tan rápido.

    El pene de mi hermano es muy bonito, a mí me gusta mucho, con su cabeza o como él le dice su glande se pone brilloso cuando se le para, debe medir entre 19 o 20 centímetros, tal vez hasta 22 cuando está muy excitado, su tronco está lleno de venas gruesas y me encanta chupar su glande, no con toda su verga metida en mi boca, sólo chupar su glande como a él y a mí nos gusta. En realidad le gusta mucho que le chupe su glande acompañado de una paleta de dulce porque se hace mucha baba y a él le encanta ver como se desliza por entre mis labios, hasta sus testículos. A veces le gusta que le cuente cómo hago el amor con otras mujeres como en el caso de Juanita y de Olga, de las cuales ya les he contado. Ese día estuvimos platicando acerca de ese tema aprovechando los movimientos acompasados de nuestros genitales.

    – Cuando estás con tus amigas, Juanita y Olga, ¿qué es lo que hacen?, porque no entiendo cómo pueden excitarse sin tener un pene dentro de ustedes.

    – Bueno, no hace falta, muchas veces lo que cuenta son las caricias, las mujeres tenemos el clítoris muy sensible y nos gusta que otra nos los chupe, pero lo que más les gusta a ellas es cuando llego y les empapó sus vaginas.

    – ¿Cómo se las empapas?

    – Bueno, en realidad es que cuando me vengo cómo a ti te gusta que te moje la verga, a ellas les gusta sentir mis fluidos entrar dentro de sus vaginas. Hacemos una tijera, que es vulva con vulva, tratando de frotar nuestros clítoris uno contra otro. Luego cuando estamos muy excitadas es cuando me dicen “Mójame, mójame” les abro sus vaginas con un pene hueco y suave que les pongo con un cordón para poder sacarlo de sus vaginas. Entonces cuando estoy como fuente sacando mis chorros, estos se meten hasta llegar dentro de ellas, cómo cuando tú me inundas mi vagina con tus chorros de semen.

    – ¡Ah, pues que interesante!

    – Eso les fascina de mí, la forma en que me vengo. A propósito, antes que se me pase, el tío Carlos me dijo que van a tener una reunión bohemia éste sábado y que si queremos podemos asistir, va a ser aquí en la casa en la parte de arriba donde tienen el salón de fiesta que no hemos visto aún. Lo que si me confesó es que los cuadros de desnudos que tienen así como las fotos artísticas los venden muy bien entre su clientela que son algunos grupos swinger y también grupos lésbicos. Está reunión va a estar muy interesante.

    – Creo que por eso tienen tanto dinero, no me disgustaría posar para ellos y ganar algún dinero.

    – Lo mismo digo yo, hermano y hasta poder vender algunas de nuestras historias.

    – ¿Las de incesto? No a todas las personas les gusta…

    – Pero podemos adecuarlas a historias de incesto entre madre e hijas o entre hermanas, de seguro que a muchas mujeres sí les gustaría.

    Continuara…

  • Mi esposa, mi suegra y el vecino

    Mi esposa, mi suegra y el vecino

    Esta historia la escuché cuando mi esposa se la contaba a su mejor amiga Betty, paso luego de una invitación a almorzar a casa de Betty, acabamos de almorzar y salimos todos a dar una vuelta a un parque cercano, yo debía irme a jugar futbol por lo que pasé por casa de Betty a recoger mi maleta y las llaves del carro, al llegar la puerta está abierta y subí en silencio al segundo piso, antes de entrar escuche a Betty decir: “marica, imagínate yo toda flaca y él dándome por atrás, vos por lo menos tenés buena cola, pero yo bien seca siempre, ese negro me mataba”, quede frio y me quede parado en las gradas, ellas rieron y sonaron platos en la cocina, mire para ver donde estaban y las vi a ambas en la cocina, preparándose para lavar la loza sucia del almuerzo, entre y me escondí en el corredor que lleva a los cuartos, desde ahí las podía ver y escuchar muy bien, hablaban cosas de familia y trabajo, hasta que Betty se asomó por la ventana y le dice a mi esposa:

    Betty: mira allá va Pablo, el hijo de tu amor Mario.

    Esposa: no me recordes a ese maldito, y Pablo también es hijo suyo no se le olvide.

    Betty: pero tú fuiste primero amiga, hay no se puede hacer nada.

    Esposa: desgraciado ese.

    Betty: amiga tú nunca me contaste por que tanto odio contra él.

    Esposa: nooo, es que si te cuento te vas de para atrás.

    Betty: bueno exijo saber que paso, marica tantos años y no sé qué paso entre ustedes, él a mí no supo decirme tampoco.

    Esposa: sínico ese, y tú le contaste que yo lo detestaba.

    Betty: él me decía que no sabía por qué nunca más lo saludaste, que siempre lo mirabas mal y le volteabas la cara, pues yo supe que tú y el tuvieron su cuento de tu boca y después de que yo estaba saliendo con él.

    Esposa: amiga así de sencillo, mi mamá, usted y yo somos hermanas de leche.

    Betty: ¡QUE!, no amiga no te lo puedo creer, ¿la mami también paso por las manos de Mario?

    Esposa: ella fue la primera, yo los vi con mis propios ojos, los encontré en el acto amiga.

    Betty: amiga cuénteme todo con pelos y señales, cuénteme como fue lo suyo con él.

    Esposa: él fue el que nos ayudó con los arreglos de la casa cuando nos trasteamos acá definitivamente, cundo llegamos faltaban algunas cosas por terminar y él se la pasaba en la casa trabajando y yo como estaba de vacaciones y era la mayor, pues tenía que estar pendiente de que él hiciera lo que faltaba, amiga no te voy a negar que él señor me gusto desde el primer día.

    Betty: ay no amiga es que él era lindo, además era todo fortachón, tenía lo suyo.

    Esposa: y empezó a coquetearme, de un día para el otro ya nos dábamos besos, al otro día ya me deje manosear, al tercer día ya me le entregue, él envió a mi mamá a comprar algunas cosas a una ferretería que estaba retirada y así se aseguró de que tuviéramos tiempo para hacer el amor, apenas se fueron mi mamá y mi hermana, entramos a la habitación de mi mamá que queda frente a la calle, él me beso, me metió mano por todo lado, me levanto la blusa y saco mis tetas y las beso y las acaricio, yo en todo momento vigilaba que ellas no llegara, él me coloco inclinada contra la ventana, me bajo un short corto que tenía, metió su cara en medio de mis nalgas y me hizo un rico oral, me excite mucho, apenas estuve bien lubricada el saco su pene, me pregunto si me cuidaba, le dije que sí y metió su pene, me gustó mucho sentir su verga dentro de mí, él empezó suave y poco a poco fue aumentando su ritmo y profundidad, en esa posición estuvimos hasta que ambos nos vinimos, unos 10 minutos creo yo.

    Betty: ¿se te vino adentro?

    Esposa: claro amiga, pero yo ya planificaba, entonces no hubo problema.

    Betty: la mami te tenia controlada en eso.

    Esposa: desde que le conté que ya no era virgen me llevo al médico y me colocaron en ese plan de planificación, que para mí fue buenísimo, ningún susto ni nada hasta que llego mi querido esposo.

    Betty: ¿y que más paso?

    Esposa: al otro día mi mamá madrugo con mi hermana a hacer vueltas del colegio y me quede sola desde temprano, cuando él llego, lo metí a mi cuarto, me desnude para él, me deje besar los senos, lo desnude y le di una muy buena mamada y le hice una rusa, él estaba encantado con mis tetas, las tocaba, las lamia, me decía a todo momento lo hermosa que estaba, lo tumbe en la cama y lo cabalgue como loca, quería ver la cara que ponía al hacerme suya, me lo metía tan duro que me daba miedo que los vecinos nos escucharan mis gemidos cuando me vine, él se pasó encima mío y me dio daba duro y rápido, yo lo besaba y le decía que me encantaba ser suya, nos vinimos uno después del otro muy rico, sonó el teléfono fijo y era mi mamá para decirme que llegarían muy tarde y que le ofreciera algo a Mario de media mañana.

    Betty: que más quería la mamí que le ofrecieras, jajaja, sigue amiga.

    Esposa: descansamos un rato y él me empezó a besar y manosear, me puso boca abajo y así me lo metió un largo rato, siempre alagándome al oído, eso hacía que yo me moviera más buscando darle placer, nos paramos de la cama y el me pidió que me pusiera en cuatro, en esa pose tuve otro orgasmo, él empezó a jugar con mi ano, primero acariciándolo y luego metiendo un dedo, de a poco ya su dedo pulgar entraba y salía en mi ano, al mismo tiempo que su pene en mi vagina, quiero tu culo mami me dijo, me negué, pero él me puso boca abajo y empezó a buscar mi esfínter con su verga, la verdad casi nada de resistencia puse.

    Betty: ¡tan rogada tú!, jajaja

    Esposa: ¡tonta no te burles!

    Betty: jajaja

    Esposa: él lo empezó a meter, me dolió por poco tiempo y al rato ya estaba pidiéndole que no parara, él estaba feliz de tenerme así, me pidió que me volteara y me siguió dando por atrás, pero yo estando boca arriba, así el me penetraba más profundo y me dolía más, él se vino mucho, sentí una gran cantidad de semen en mi ano, nos bañamos y él se fue a almorzar mientras yo medio arreglaba la casa, mi mamá llego pasadas las 3 pm y lo encontró trabajando, ese día el no trabajo nada en la mañana por estar conmigo en la cama, al otro día me toco irme a mi temprano para hacer vueltas del colegio, cuando volví al mediodía mi madre se iba, por lo que estuvimos toda la tarde solos, esta vez él fue más dominante, me trato fuerte, me pidió una mamada en la cocina me hizo tragar toda su verga sin darme respiro, me hizo desnudar y quedarme solo en los tacones que llevaba, me entro a la habitación y me puso al borde cama con mis piernas en sus hombros, me dio muy fuerte y me preguntaba si me gustaba como me lo metía, yo le decía que me encantaba, me besaba muy fuerte y me apretaba duro las tetas, me sobaba su verga sobre mi clítoris y eso me ponía a mil, me coloco de lado y empezó a darme más duro, que quieres que te haga me pregunto, lo que tú quiera papi, quiero ser toda tuya le dije, y me besaba en la boca y las tetas y con sus dedos jugaba con mi clítoris, mis gemidos eran muy fuertes y me vine, él me dijo que se iba a venir también y me pidió que le pusiera las tetas, me arrodille en la cama y recibí su semen, le limpie la verga con mi boca y nos acostamos en la cama, le dije que me gustaba mucho lo que me hacía y me subí para besarlo, él me dijo que quería hacérmelo por detrás parados en la cocina y yo con mis tacones puestos, le dije que me podía tener como quisiera, estoy sorprendido contigo mami, eres hermosa y además muy rica para hacer el amor, te mueves mejor que una mujer mayor, te gusta eso papi, le pregunte, me encanta me dijo y me llevo hacia la cocina, me pues los tacones y él me subió al mesón de la cocina, me hizo un oral muy rico y me metió el pene a la vagina para lubricarlo, quede a la altura precisa para que me penetrará, apenas lo lubrico bien, empezó a meterlo por mi culo, la verdad es una de las mejores cogidas que me han dado por atrás amiga, él metía su pene por detrás, metía los dedos de una mano en mi vagina y con la otra mano acariciaba mi clítoris, me vine muchísimo, empezó a besar mis tetas y morder mis pezones, me bajo del mesón y me llevo al comedor, y hay me hizo recostar boca abajo y me dio duro hasta que se vino, ese día me temblaban las piernas de lo fuerte de mis orgasmos, lo bese como loca, con mucha pasión, le dije que nunca me había venido tan delicioso, él me sonrió me beso también y me mando a vestirme por que pronto llegarían mi mamá y mi hermana, y cuando me estaba bañando sonó la moto de mi mamá, él disimulo estar trabajando otro rato y se fue.

    Betty: casi los pillan, que susto amiga

    Esposa: claro, yo salí del baño y mi mamá me pregunto porque estaba bañándome y le dije que tenía mucho calor, creo que no me creyó mucho.

    Betty: ella que las coge en el aire, que miedo.

    Esposa: al otro día nos tocó hacerlo de nuevo a la carrera, se lo mame y en el cuarto de mi mamá él me subió la batola de dormir y me dio verga en la cama de ella, no alcance a venirme, pero él sí, que era lo importante, se vino dentro de mí y a los pocos minutos llegaron mi mamá y mi hermana. Al día siguiente mi hermana y yo nos fuimos desde temprano para donde una de mis tías, mi hermana me dijo que teníamos que quedarnos allá porque mi mamá no podía ir por nosotras, yo le dije que se quedara ella, que yo me iba en bus, no llame a mi mama y llegue a la casa y todo estaba apagado, pero escuche unos susurros adentro, abrí la puerta con mucho cuidado y escuche que los sonidos venían de la habitación de mi hermana que era la última, camine sin hacer ruido y escuche gemidos, la puerta estaba entre abierta y solo esta prendida la luz tenue de una lámpara de mesa, ya los gemidos eran más fuertes, me asome por la rendija de la puerta y vi a mi mamá en cuatro y a Mario dándole verga como loco, quede helada, ver a mi mamá con mi amante me impacto mucho.

    Betty: ay no loca, ¿y qué hiciste?

    Esposa: quise entrar e interrumpirlos, pero me controle, mi mamá le decía que extrañaba estar asi con él, que le diera duro como siempre, que ya se iba a venir, más impactada aun, casi me voy de para atrás.

    Betty: la mami se estaba acostando con él desde antes. ¿y entonces?

    Esposa: pues me quede inmóvil, Mario le daba durísimo y mi mamá se vino mucho porque gemía muy fuerte, el no paraba y mi mamá, mordía la cobija, él le dijo que se iba a venir y ella se tiró al suelo de rodillas y se le trago todo el semen, le limpio la verga con una toalla, se aseo ella y se acostaron en la cama, mi mamá lo besaba y le acariciaba el pene, le dijo que le había gustado mucho esa cogida, él le dijo que no le mintiera que ella en Bucaramanga tenia novio y no lo había extrañado, ella se rio y le dijo que eso no significaba que no lo hubiera extrañado, él le pregunto que con cuantos más se había acostado allá y mi mamá le empezó a decir nombres, él se le subió encima y ella abrió las piernas, y se las mamabas como a mi le pregunto él, si papi a todos se las mame, y te daban duro por esa panocha, le siguió preguntando, si amor me dejaba dar como ellos quisieran, te dejabas dar por detrás también, si papi a todos les di culo, entonces no me extrañaste le dijo él, mi mamá lo abrazo duro y lo beso con mucha fuerza, si amor te extrañe, como quieres que te lo demuestre, le dijo ella, dame tu culo le dijo él, mi mama se puso boca abajo, abrió sus nalgas y le dijo que podía hacerle lo que quisiera, él se subió en ella y empezó a darle, no aguante más y salí sin hacer ruido.

    Betty: no amiga ellos tenían una relación ya antigua.

    Esposa: ellos estaban saliendo desde que mi mama hizo el primer viaje acá a pedir la casa y que le hicieran arreglos, ella no viajaba a supervisar la obra, ella viajaba a estar con él.

    Betty: ¿y para donde te fuiste ese día?

    Esposa: me vine para acá a tu casa, te dije que mi mamá no había llegado, deje pasar como 1 hora y llame al fijo, ella respondió y se enojó porque no me había quedado donde mi tía, le dañe la noche de pasión.

    Betty: ¿y que paso con Mario?

    Esposa: el día lunes que llego a trabajar le conté lo que había visto y quedo asombrado, lo trate muy mal, por eso te digo que es un sínico, él y mamá salieron mucho tiempo, por eso cuando te vi esa noche con él te dije que no era buena persona, pero igual es hombre y se acostara con las que caigan en sus redes.

    Betty: morí amiga, que tal ese Mario, yo pues caí redondita, él man hizo y deshizo conmigo, yo toda inocente, la verdad hace poco salí con él, él hizo algunas adecuaciones donde mis papás y volvimos a vernos.

    Esposa: ay no amiga, eso ya es cosa suya, esa fue la historia de mi odio con ese tipo.

    Entre como si nada, tome mi maleta, me despedí de ambas y me fui a mi partido, al salir me encontré a los demás, mi esposa y su amiga no se dieron cuenta que escuche una de sus historias.

  • El culo de Coco

    El culo de Coco

    Habían pasado casi una semana después del mamadón tan rico que Coco me dio, entre semana la visitaba casi a diario pero solo para cenar o platicar un rato, claro está que en momentos llegaba el toqueteo y nos prendíamos un poco sin llegar a más.

    El último día se esa semana acordamos en ir al cine, fuimos tranquilamente vimos la película cachondeamos un poco en el cine, al terminar regresamos a su departamento, en el auto seguimos con el preámbulo ambos ya sabíamos a lo que íbamos a llegar.

    Entrando a su departamento le di una nalgada en sus ricas nalgas, y esos jeans tan ajustados que traía hicieron que el sonido de mi mano en sus nalgas sonara de una manera deliciosa.

    Al cerrar la puerta comenzamos a besarnos sin parar mi lengua entraba hasta lo más profundo de su garganta, entre mordiscos y lengua todo aquello que prendió más, sus manos tocaban debajo de mi camisa sin esperar más yo comencé a jugar son sus pechos encima de su brasier, nos acercamos a su recamara me volteo y me arrojó sobre su cama.

    Teníamos meses si coger y a ambos se nos miraba es rica una mamada pero es aún más coger y penetrar a alguien o viceversa que alguien penetre tu vagina.

    No tardó en subir encima de mi yo tocaba sus nalgas sus pechos, y no tarde en quitarle la blusa, sus pechos no eran muy grandes, pero estaba bien parados, su piel un color moreno claro me enderecé un poco y comencé a besar su cuello daba pequeños lengüetazos a sus oídos eso la prendió mucho, me quito la camisa y yo, le quite el sostén, ahí mire sus hermosos pechos bien parásitos duros, casi sí usar.

    Lamo primero sus pezones, ella sentía mi lengua de abajo así arriba mi lengua húmeda al rosar su pezón provocaba que se retorciera, tenía un vientre plano, y en su espalda se formaba un caminito en su columna que más tarde lamí, intente desabrochar su pantalón, pero no me fue tan fácil, al ver ella que fue complicado se volteó y se quedó postrada boca arriba en su cama.

    Me incorpore encima de ella, abrí sus piernas, y le frote mi verga ya bien parada por encima de su pantalón en su vagina, ella sin esperar desabotono mi pantalón me levante y baje mis pantalones hasta quedar tan solo con mi bóxer, ella al ver mi verga bien parada y mi bóxer manchado de pequeñas gotas de semen se hinco en la orilla de la cama me bajó el bóxer y comenzó a mamar, se hinco he inclino tanto que podía ver su hermoso culito, tanto así que en ese momento me imagine metiendo mi verga en ese culo.

    Me éxito tanto saber todo lo que se iba a meter momentos después, ya que ella era delgadita, un culito pequeño pero bien proporcionado, pensé: ¿en donde se va a meter toda mi verga? Después de unos momentos la levante la arroje con fuerza pero con delicadeza a la cama y le baje el pantalón, solo la deje con sus bragas de encaje negro, un «cachetero» que le sentaba muy bien con su culo.

    La abrí de piernas y poco a poco acerque mi verga así vagina, la jale con mis manos en sus piernas hacia mí, mi verga ya bien parada a punto de penetrar solo le hice la braga a un ladito, cuando arrime mi verga a la entrada de su vagina me pidió de una manera muy linda que no fuera brusco al meterla ya que tenía mucho sin que nadie se la cogiera.

    Entendida la instrucción, con la cabeza de mi verga ya bien parada y muy hinchada, rose sus labios la acerque más quedo un poco sobre mis piernas y con mi verga note que estaba super mojada, y entonces fue, poco a poco, metí mi verga, no fue difícil ya que de tan mojada que estaba se le fue sin problema, cuando mi verga estaba totalmente adentro yo tenía una sensación de como si alguien me apretar a con un aro el tronco de mi verga, al entrar toda mi verga en su vagina me abrazo las caderas con sus piernas cerró los ojos y se quedó un momento así, después de eso, ella con sus piernas comenzó a moverse y yo, no tarde en meter y sacar mi verga de su vagina.

    Emitía gemidos muy ricos, que aún guardo en mi memoria, sus flujos eran más abundantes, en el acto moví mi pierna a un lado y la tomé de tijera, para esto mi ser quería verla a gatas, y moví mi otra pierna para moverla sin sacar mi verga y ahí estaba, a gatas y con su culo bien parado.

    Comencé a en vestirla, mis huevos aguados golpeaban sus nalguitas, ella seguía con sus je idos que me excitaban aún más, la acosté totalmente en la cama sin sacar mi verga encima de ella le susurre al oído que si podía cogérmela por el culo, me dijo: – ¿ya se lo haz echo a alguien por ahí?

    -No, la verdad es que no, déjame que tu seas la primera. – Pero, jamás me lo han metido por ahí.

    – Lo podemos intentar si quieres. – No se, no estoy segura, si quisiera pero se que me va a doler. – Te lo hago despacio, solo vamos a intentarlo. – Ok, pero despacio.

    Saque mi verga de la vagina, chupe sus nalgas y escupo su culo, metí mi mano en su vagina tome lo más que pude de sus fluidos vaginales y los restregué en el culo, metí mi verga en su vagina para mojar la un poco más y puse mi pene en su culo, como anunciando que iba a ser mío.

    Seguí lubricando con fluidos se su vagina, en eso de la nada me dijo – ya mételo, lo metí poco a poco, ella se inclinaba hacia delante pero yo la reincorporaba a la posición, mi cabeza había desaparecido, la incline hacia mí y lo hundí más hasta que llegó a la mitad sus je idos eran algo tan rico que aún me excita recordar, más de pronto no tarde en de un solo golpe métele toda la verga, dirigió su mano así mi y no me dejó mover se quedó un momento así, yo entendí que tenía que procesar lo que en ella está dentro.

    Más de pronto, ella comenzó a moverse se empujaba hacia mí, sus gritos eran en ese momento ya excesivos me decía con voz agitada que ya no se lo fuera a sacar, seguí metiendo y sacando escupía mi verga para que la lubricación no fallará y la lastimara, que rico movía su culo hasta que después de unos minutos ya no pude mas y se vino el chorro de semen que guardaba en mi después de meses sin coger.

    Saque mi verga y ella en su posición mire si culo y vi como le salían mis mecos de su culo. Le di una nalgada ella se levantó me beso acarició mi verga como agradecimiento de lo que habíamos hecho, tomó mi mano y me dirigió al baño.

    Después de bañarnos me ganó la curiosidad le pregunté, – ¿de verdad nunca te lo habían hecho por ahí? Ella me dijo – mira te mostraré algo. Abrió el cajón de su buro y ahí había un consolador de unos 10 cm no muy grueso. – ¿Sabes que hago con él? – no, no lo sé. – Debes en cuando y casi siempre ya que no he tenido pareja desde hace mucho me doy amor yo sola, pero de unos meses acá mi juguete me ha servido para explorar mi culo, siempre fue una curiosidad de cómo se sentía que me lo metieran, comencé con mi consolador, por eso no batalle mucho en que lo metieras, pero, a ti es al primero que le doy mi culo.

  • Tomé una ducha con papi y aprovechamos a tener sexo

    Tomé una ducha con papi y aprovechamos a tener sexo

    Hola a todos me llamo Dina tengo 19 años soy una chica morena con largas piernas que terminan en un culo bien formado subiendo a un vientre sexi y de ahí a unas grandes tetas, y le vengo a contar como es que tuve sexo con mi papi.

    Mi papi de 39 es un hombre grande en cuerpo es alto y aunque no hace ejercicio mantiene una muy buena figura muy sexi y con una verga que me vuelve loca.

    Hace 3 meses tenía un día libre de la universidad, pero, había olvidado avisarle a mis padres. Ese día me levanté y fui a la cocina donde estaba mami, haciendo el desayuno (siempre han dicho que nos parecemos bastante).

    Yo: hola mami.

    Mami: hola nena, no fuiste a la Uni hoy?

    Yo: no, creo que olvide decirles.

    Mami: no te preocupes, igual voy de salida al trabajo.

    Yo: ok y papi?

    Mami: sigue en la cama, igual no va al trabajo hoy.

    Yo: está bien.

    Desayunamos juntas y ella tomó sus cosas para salir y se fue. Después de limpiar todo pensé en tomar una ducha y al entrar al baño me quite la ropa y puse música en mi teléfono, entrando ya a la regadera.

    Estaba enjabonando mi cuerpo cuando de la nada sentí como apretaron mis nalgas con fuerza y la cortina se abrió viendo a mi papi con su verga dura que, aún sin verme, metía entre mis piernas. Solté un gran grito y él al verme hizo lo mismo.

    Yo: papi que haces!?

    Papi: pero!? Dina!? Que haces aquí!?

    Yo: no fui a la Uni!. Pero que estás pensando!?

    Papi: oh amor disculpa creí que eras tú madre.

    Yo: en serio?

    Papi: sii disculpa amor.

    Nos miramos apenados y el se dio media vuelta para salir de la ducha, pero por el agua se resbaló y cayó sentado en la tina (es una tina-regadera), yo me preocupe y me agache a verlo sin cubrir mi cuerpo desnudo.

    Yo: papi estás bien?

    Papi: si amor no te preocupes.

    Y mientras lo revisaba encontré un pequeño corte en su muslo y a su vez vi la tremenda erección que tenía era extraño que aún no se bajara después de todo lo que estaba pasando, pero el me veía desnuda y mantenía la erección, mientras lo revisaba me dijo.

    Papi: vaya que te parece a tu madre amor.

    Yo: en serio?

    Papi: siii incluso ahora que te veo desnuda lo confirmo más.

    Yo: jajaja ven, vamos a tu cuarto.

    Nos levantamos y fuimos desnudos a su cuarto y el se subío a la cama mientras yo sacaba el mini kit para la herida, cure la herida pero no podía quitarle los ojos de encima a su erección y en no dejaba de verme de forma sexi, me levanté y dije.

    Yo: necesitas algo más?

    Papi: no amor, gracias

    Yo: seguro? Igual te ayudo con eso.

    Señalando su erección.

    Papi: oh vaya, y que se te ocurre?

    Sin decir más tome un bote de lubricante del mismo kit y me senté entre sus piernas vaciando parte del lubricante en su verga. Deje el bote y lo empecé a masturbar de forma suave el miraba mi cuerpo desnudo excitado.

    Tomo mi cintura y puso una pierna suya debajo de mi que se frotaba en mi coño que hasta ese momento me di cuenta que estaba húmedo. Yo también me excite y mientras movía mi mano por su verga y me frotaba en su pierna.

    No le quitaba los ojos de encima a verga cuando sentí sus dedos tocar mi coño, lo voltee a ver y el me miró metiendo dos de sus dedos a mi coño. Empecé a gemir y a montar sus dedos mirando a su verga y a el.

    Después de un rato tomo mi cintura y sin decir nada me sento en su rostro y su boca se empezó a besar con mis labios vaginales jugando con su lengua. Estaba muy caliente y baje mi cabeza a su verga pasando mi lengua por todo el largo de la misma.

    Cuando llegue a la punta la metí a mi boca y mi lengua no paraba de tocarla como si fuera a desaparecer. No se que me excitaba más, el comiendo mi coño o yo comiendo su verga. Metía su verga hasta donde aguantaba y mi saliva se iba escurriendo. Después de un rato me levanté y senté masturbando su verga.

    Papi: que pasa amor?

    Yo: papi esto es muy rico pero quiero más

    Papi: más?

    Yo: siii, te puedo montar papi?

    Papi: oh nena pero no tengo condón y sería llegar muy lejos.

    Yo: no me importa, por favor, no me puedes dejar así.

    Papi: está bien hermosa.

    Apenas escuché eso me subí en el y frote la punta en mi coño hasta empujar y meterla despacio sintiendo cada centímetro.

    Yo: aaah, que rica, mmmm!

    Papi: oh amor, estás muy apretada y caliente.

    Lo miraba fijo mientras metía más su verga e iba gimiendo, hasta dar un rico senton y meterla toda. Una de sus manos apretaba mis tetas y la otra mis nalgas mientras yo me empezaba a mover saltando en el. Podia sentir lo duro que estaba y ver si rostro sorprendido de verme así.

    Baje a besarlo y el metió sus manos bajo mis piernas y de sorpresa se levantó, mis brazos rodeaban su cuello, y se empezó a mover muy rápido cargándome, me separé del beso para gemir y poco despues según el puse una expresión muy pervertida y tuve un gran orgasmo.

    El saco su verga para dejar salir mis jugos pero poco después la volvió a meter mientras me acostaba en la cama boca arriba, lo abrace con brazos y piernas gimiendo en su oído y el me miraba excitado con todo mi cuerpo y la cama moviéndose.

    Papi: oooh, amor, estoy cerca.

    Yo: siii, dentro papi.

    Se siguió moviendo y sentí que la iba a sacar y mis piernas lo jalaron con fuerza hacia mi para sorprenderlo. La sorpresa fue mía al sentir su verga soltar una rica carga de semen dentro de mi mientras nuestros labios se tocaban y su lengua se juntaba con la mía.

    Al sentirlo tuve otro orgasmo y rasguñe un poco su espalda, era la primera vez que se corrían dentro de mi y me estaba excitando mucho. Al verlo esperaba ver una expresión molesta por lo que hice pero en su lugar lo veía satisfecho al parecer el quería hacerlo desde un inicio.

    Me dio un tierno beso y saco su verga miento se acostaba aún lado de mi. Hablamos un rato mientras nos acariciamos desnudos y el me abrazo mientras poco a poco me quedé dormida.

    Actualmente me sorprende que tenga sexo con mi mami y conmigo. Me hace muy feliz poder contar nuestra historia y me encantaría leer sus comentarios, nos vemos hermosos.