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  • Familia muy unida… demasiado (5)

    Familia muy unida… demasiado (5)

    Y así llegó el día en que papá debía partir para la montaña. El presidente de la República iba a inaugurar la obra, colocar la primera piedra le dicen y papá debía estar presente como responsable, junto al presidente de la compañía y al ministro de Obras Públicas. Vino un carro de la compañía a buscarlo a casa para llevarlo al aeropuerto, así que nos despedimos de él en la intimidad de nuestro hogar. Comenzaba de esta manera mi responsabilidad como jefe de la familia, especialmente como encargado de atender a mi hermosa y maravillosa madre. La encomienda más importante de mi vida. Estaba realmente emocionado por ello.

    Por la televisión pudimos ver al día siguiente el acto de inauguración, donde papá destacaba como proyectista y responsable de la obra. Todos estábamos emocionados por él, pero especialmente mamá. Se le notaba excitada, se movía mucho en el sofá donde estaba sentada a mi lado. Me apretaba la mano, la acariciaba y hasta lagrimeó un poco. Mis hermanas estaban muy ansiosas también, adoraban a papá y estaban orgullosas de él, pero de vez en cuando volteaban a mirar a mamá y luego a mí, hasta que al finalizar el acto, mamá me tomó de la mano y me dijo al oído:

    – Vamos a mi habitación, no aguanto más. Te necesito, ¿entiendes?, te necesito – y subimos rápidamente, para darle a mamá lo que tanto estaba deseando.

    Una vez en la habitación, mamá se convirtió en una fiera, literalmente me arrancó la ropa, se desnudó a sí misma y me abrazó con fuerza, luego nos besamos con pasión y me pidió que la hiciera feliz, que le apagara su incendio, porque estaba muy necesitada.

    La acosté en su propia cama, la que de ahora en adelante sería testigo de nuestras pasiones y me metí de lleno entre sus gloriosas tetas. Se las besé, toqué, lamí, chupé con verdadero sentimiento. Eran las mejores tetas que había probado en mi vida, las más hermosas, turgentes y suaves al tacto. La hice delirar durante un buen rato, porque esas dos maravillas eran de lo más sensibles. Ella sentía en grado sumo cualquier caricia que le diera en ellas, especialmente en sus deliciosos pezones. Su canalillo, ese delicioso valle entre sus dos montañas, también era zona altamente erógena. Sus dulces gemidos me volvían loco. Luego bajé por su abdomen en busca de su ombligo, algo de su anatomía que producía en mí una gran atracción, algo que no sabía explicarme. Sería tal vez que lo consideraba la conexión primaria con ella, pero no. Ese era su ombligo, conexión con su madre, ¿¿¿no conmigo??? En fin, allí me regodeé durante un buen rato, hasta que seguí mi camino por la ruta del placer, hasta su pubis, coronado con una pequeña y bien cuidada mata de vellos, cortos, suaves y agradables al tacto. El resto de su tesoro estaba muy bien cuidado, vellos muy cortitos, perfectamente peluqueados. Sus labios mayores, abultados por la excitación del momento, aparecían brillantes, relucientes. Se notaba que estaban lubricados por sus fluidos, que ya brotaban abundantes. Hurgué en ellos y encontré sus pequeños y delicados labios menores y su espectacular clítoris, aún encapuchado, pero abultado, creciente. Allí me esmeré en su placer y por supuesto, en el mío, porque para mí, darle placer a ella me lo otorgaba a mí también. Recordé que mi padre me había dicho alguna vez que en el sexo y en el amor era más importante dar que recibir. Pasaba mi lengua de arriba abajo, recorriendo toda su vagina, degustando su botoncito y volviendo a lo mismo, una y otra vez. Ella gemía, ronroneaba como una gatita y disfrutaba de mis servicios, a la vez que mesaba mis cabellos, hasta casi hacerme daño. De pronto, sin aviso, explotó en un orgasmo delicioso, de esos que le hacían arquear la espalda de manera extrema. Lo disfrutó, porque dejé de mamarle mientras ella tenía sus espasmos. Luego, al recuperar su ritmo respiratorio, le puse mi endurecido pene en la boca, al que entonces le dedicó su mejor atención. Me dio una mamada profesional, sin ningún tipo de rubor.

    De seguidas y antes de que ella lograra hacerme acabar, la tumbé sobre la cama y la penetré profundamente, de un solo envión. Ella chilló de placer, muy quedamente porque era una hembra silenciosa, pero chilló. Durante unos largos minutos le bombeé duramente, hasta que alcanzó su deseado segundo orgasmo del día. Entonces la volteé para que me cabalgara, cosa que ella hacía con mucha gracia y soltura. Era un verdadero espectáculo verla moverse sobre mí, adelante y atrás, arriba y abajo, movimientos circulares hacia la derecha y hacia la izquierda, luego me exprimía con fuerza, utilizando sus poderosos músculos vaginales, sus tetas brincaban al son de sus movimientos de cadera, aparentemente sin control, me parecía que se le desprenderían de su piel de un momento a otro, hasta que sintió nuevamente los espasmos de otro poderoso orgasmo. Una vez recuperado su ritmo respiratorio, la puse en cuatro sobre el colchón y la penetré desde atrás, con fuerza, hasta sentirla gemir. Luego de un suspiro que me enamoró, comenzó a darme una “culeada” digna de una mulata caribeña. Durante unos minutos mantuvo un ritmo infernal, hasta que exploté dentro de ella con varios chorros de esperma. Al finalizar, ella logró también su orgasmo final, extenso, epiléptico. Fue una delicia, un polvo para recordar. Se tumbó en la cama, a mi lado y me miraba a los ojos con una ternura increíble, con amor, con satisfacción. Y me dijo:

    – Te amo, mi vida, éste ha sido uno de los mejores polvos de mi vida. Me has dejado rota, agotada… creo que tú y yo la vamos a pasar muy bien, de aquí en adelante. Esa verga tuya me vuelve loca, no sé, es una delicia. Me tienes loquita, no me reconozco…

    Nos dimos una buena ducha en su baño y me fui a mi habitación a vestirme. Luego bajé a la terraza, a fumarme un cigarrillo y tomarme una cerveza mientras digería lo que estaba ocurriendo en mi vida. De la noche a la mañana había pasado de una vida satisfactoria a una especie de limbo, donde vislumbraba un futuro de pasiones desbordadas, sin límite. La verdad, mi madre, Anaís, era una hembra sensacional. Ninguna otra mujer con la que hubiera estado antes se le acercaba ni remotamente. Era la mejor, con distancia. Suculenta.

    Mientras estaba en esas cavilaciones, se apareció Bea, escoltada por su fiel Pepe y se sentó a mi lado, con las manos entrelazadas entre sus hermosas piernas y me miraba, como con cierta picardía.

    – ¿Qué te pasa? – le pregunté.

    – Los escuché… Mamá siempre ha sido bastante silenciosa, pero no sé si es que por la novedad presto más atención, pero la oímos gemir y gritar. Parece que la hiciste muy feliz, que la dejaste muy satisfecha. Me alegro por ella… y por ti también, porque sé que era tu fantasía.

    – Gracias, hermanita; si, parece que ella quedó satisfecha, pero imagínate por un momento como me siento yo. Estoy en las nubes, mamá es una diosa. Nunca me imaginé ni remotamente algo parecido. No es lo mismo follar con una mujer madura que esté buena, como “mis amigas” que hacer el amor con Anaís. Ella es la mujer más hermosa del mundo, en mi opinión y además, para más morbo, mi madre. Estoy en el cielo… y no quiero bajar de allí. Te lo juro, hermanita, me tiene loco…

    – Ya bajarás, todo vuelve siempre a su nivel. Estas deslumbrado, pero dentro de unos meses, ya estarás más terrenal, más con los pies en la tierra. Una vez escuché a papá decirle a mamá que ella era una súper hembra, capaz de complacer al más exigente de los hombres. Y parece que es así… Una cosa… ¿Tú crees que sus hijas seremos parecidas? ¿Crees que ese comportamiento… sea heredable, genéticamente hablando?

    – No lo dudo. Soli y tú son tan hermosas como ella, tú eres una versión de mamá con 20 años menos y Soli va camino de ser hasta más voluptuosa que ustedes dos. Y de temperamento, dudo que sean menos ardientes. Supongo que por ahí habrá dos felices hombres que algún día se beneficiarán de eso, que se sacarán la lotería con ustedes.

    – ¿Sabes que… las dos… somos… vir… vírgenes?

    – Si, lo sé.

    – ¿Cómo lo sabes?

    – Porque estoy seguro que si alguna de ustedes dos lo hubiera hecho ya, me lo habría hecho saber. La confianza que nos tenemos da para eso y más, ¿o me equivoco?

    – No, tienes razón, creo que te lo diría… y estoy segura que Sole lo haría.

    – Bueno, ya llegará el momento, solo hace falta que aparezca el “propio”, el hombre indicado para cada una de ustedes y entonces, ya sabrás…

    – Ese es el problema, hermanito, que no espero que aparezca nadie; los muchachos que conozco no tienen esa vena romántica que creo que se necesita. Como dice Soli, ellos van directo: “¡Qué, chama, vamos a darle! Y ya, a los carajazos, como si se tratara de un partido de futbol. No tienen delicadezas con una chica, como a nosotras nos gustaría. Creo que ese momento es realmente importante en la vida de una mujer, que tiene que ser con alguien que te quiera y te respete, que te haga sentir que importas, que no eres un simple objeto… y nunca he conocido a nadie así. No sé si será que soy una romántica y ya ese tipo de hombres no existen… pero yo los veo a papá y a ti, como son con mamá y con nosotras y creo que todavía hay esperanza. ¿Sabías que para mamá su primera vez fue traumática? El tipo era buena persona, estaba enamorado de ella, pero no tenían experiencia y no sabían que hacer o cómo hacer las cosas, así que todo fue a los trancazos, con muy poca ternura y más bien muchos nervios. Al final, ella me contó que fue horrible, que sufrió mucho, no solo dolor físico, sino también emocional. Yo no quiero pasar por eso, quisiera que fuera algo para recordar, algo inolvidable… pero tal vez estoy siendo muy soñadora… no sé… – me dijo, bastante triste.

    – No te preocupes, hoy en día la gente tiene mucha más información que antes, ya te tocará tu turno y estoy seguro que el hombre que tú escojas, sabrá tratarte cómo te mereces, si no, tú no lo escogerías. Ten fe, será memorable… ya verás… – le dije, como para tranquilizarla.

    Allí quedó la conversa, me levanté y me fui a la calle, a ver a los amigos, un rato.

    Continuará…

  • Carla: Ayuda a Pía a vivir mejor, aceptando caballeros

    Carla: Ayuda a Pía a vivir mejor, aceptando caballeros

    Real 100 %.  Carla me lo había adelantado, en el gym se estaba haciendo amiga de una chica de unos 20 o 21 años aparentemente, muy linda, muy muy bien proporcionada, delgadita, y con mínimas tetitas como limoncitos, pero con hermosos pezones duros y saltones.

    Por si fuera poco, en la ducha había visto que tiene una preciosa conchi con algo de pelitos, que recorta muy originalmente, en triángulo, desde la comisura superior hacia arriba, y muy recortados en los bordes del triángulo y mas largos hacia el centro.

    Cabello (y pelitos) negros, en melena muy corta. Ojos marrones. Hermosa cola. Carla no ve la hora de comérsela.

    Obviamente, Carla tomó la iniciativa de conversar al llegar y al irse, de a poco fueron entablando amistad, y se fueron conociendo.

    Pía, que así la llamaremos, vive en Montevideo, estudia en una Universidad privada, pero es de una ciudad del litoral oeste, donde viven sus padres.

    En Montevideo comparte un mínimo apartamento con otras dos chicas (“hablan tanto que se hace difícil estudiar“) y vive con lo justo o un poquito menos, el sacrificio de sus padres es muy grande para pagar Universidad alimentos y alojamiento, pasando dificultades; “pero espero llegar al fin de los estudios como sea, aún si tengo que seguir haciendo lo de ahora, no voy a abandonar“.

    -Y que haces?

    -Vi que una de mis compañeras de apartamento a veces acepta alguna cena o salida con caballeros…

    -Y lo has hecho?

    -Alguna vez, muy necesitada, porque me dijo que casi siempre el encuentro es de sexo, ella lo hace como manera de pagar sus estudios.

    -Y te gusta el sexo?

    -Sí, pero no puedo perder tiempo teniendo novio, y en esas salidas, casi nunca es satisfactorio, y a cambio obtengo tan poco!!! Además no quiero perjudicar mis estudios, no puedo dedicar mucho tiempo a eso.

    -Y cuanto obtenés a cambio de esa salida digamos…

    -A veces tres mil pesos a veces cuatro mil.

    -Pero es apenas 100 dólares, como máximo!

    -Y sí, pero a veces ayuda… tengo que armar mi vida terminando mis estudios, y si sobra algún poquito, al gym para relajarme.

    Todo eso es el resumen de lo que Carla me transmitió a lo largo de varias conversaciones entre ellas, por cierto no en un sólo día.

    Hasta que, un poco para ayudarla a mejorar su situación, si lo desea, Carla decidió invitarla a tomar un cafecito y seguir conversando.

    Temas que van y vienen, en un momento Carla le dice: “me dejaste impresionada de las cifras que me contaste hace unos días…”

    -Te pareció mucho?

    -Me pareció casi nada! La verdad… tengo amigos que me regalan 10 o mas veces eso!

    -No te creo!

    -Si… todo depende del nivel. Y de los gustos. Tengo amante, le encanta entregarme a amigos que vamos conociendo; pero claro, son amigos que ni sueñan salir con una chica de 3 o 4 mil… están a otro nivel… y por ahí quedó el tema.

    Siguiente salida, otro cafecito en la cafetería del club/gym…

    -Sabes que ahora sos vos la que me dejaste intrigada? De verdad hay hombres así? Que pueden pagar y pagan cifras así?

    -Sí, créeme que sí.

    -Regálame uno! Ja ja ja.

    -Ja ja ja… serías capaz? Podés creer? Hay muchos, y si les sumo los que me entrego por placer solamente, a veces hasta tengo que postergar alguno, y siempre alguno quiere traer a otro. Cuando algo te gusta, siempre surgen nuevos. Pero, en serio quieres alguno?

    -Te acuerdas que te confesé? A veces he necesitado hacerlo por 3000 o 4000 y me hablas de 5 o 10 veces eso! Uno o dos y soluciono un mes.

    -Yo estoy terminando de pagar mi apartamento.

    -Y yo pago renta de algo compartido… que diferencia verdad?

    -Decidida?

    -Decidida.

    Te cuento, eso si… tienes que ser de lujo, lencería de primera, calzado de primera, vestirte linda pero sin mostrar lo que vas a hacer, eso en público, en privado cuanto mas putita mejor. Control sanitario máximo de tu parte y de ellos, porque te van a pedir lo máximo…

    -O sea?

    -Te van a pedir en la boca o adentro…

    -Adentro me enloquece aunque nunca los dejo.

    -Te lo van a pedir… yo con garantías totales los dejo, hasta les recomendamos el laboratorio indicado, el mejor. Otra cosa, nunca te perfumes salvo que te lo pidan, suelen ser casados… cero labial… nada que pueda mancharlos o denotar que estuvieron contigo. Pero hasta me avergüenzo, parece que te doy clases! Ja ja…

    -Genial, ya lo hice, pero me estás mostrando otro mundo, quizás gente de otro comportamiento, los que he estado… medio pelo, nada galantes ni caballeros.

    -Todo lo contrario, Sres. muy finos, educados, que esperan lo mismo de ti.

    -Hecho… me animo, apenas me faltan lo que queda de este año, casi nada, y dos mas. Y quiero mi apartamento, me gustó esa idea tuya, y que lo concretaras.

    -Déjame hablar con alguien… no es el mas pudiente en lo económico, pero tiene todo a favor… seguramente éste llegue a 20 000. Y otra cosa, todos en general son gente muy muy bien, si no aceptas algo les dices NO y listo.

    -Ayyy… sí por favor.

    -Y no te extrañe si a veces te sientes amiga de alguno o deseas a alguien, lo haces por placer y listo, tenemos junto a mi amante varios amigos así.

    -Dijiste que él te entrega y te mira?

    -Sí, casi siempre, le encanta participar y verme, excepcionalmente, muy pocas veces, me deja sola con ellos alguna noche. Quedamos así? Te llamo si sé de alguna oportunidad.

    -Mil gracias!

    Y así quedó el tema.

    Conversando todo esto conmigo, por lógica surgió el tema… A quien recomendarle?

    Debía ser reconocidamente de confianza, que pudiera ser generoso, por supuesto nuestros amigos son todos sanos y lo pueden demostrar sin lugar a dudas. Estará ella dispuesta a que los veamos la primera vez?

    Poco a poco, para una primera vez, rentada, fueron surgiendo dos posibilidades, Pedro el estanciero, pero debe venir desde su campo a Montevideo, nos pareció mejor dejarlo para cuando todo esté en marcha, si ella decide seguir. Y el otro, finalmente elegido, H; el señor  que vive en el edificio frente al Golf, aunque Carla lo hizo por placer, y disfrutamos los tres juntos, al otro día le hizo llegar un mas que interesante regalo, es de total confianza, buena herramienta… casi casi perfecto, falta saber si es que se interesa.

    Pase por el edificio, y le dejé un sobre con un mensaje, con encargo al portero de que se lo entregara cuando lo viera solo, sin la esposa. El texto muy simple: “Llámeme, saludos, Sergio”

    El portero, de inmediato captó que podría haber algo especial, recordando su visita al apartamento junto al delivery ja ja. Me guiñó un ojo y dijo “Quédese tranquilo, se lo entregaré en el momento adecuado”.

    Así lo hizo y recibí la llamada del Sr. H.

    Al momento me estaba llamando ja ja… sumamente intrigado. Pensaba mas bien en Carla o en la necesidad de probar una nueva fertilización a Mica, pero le expliqué la idea, y que si aceptaba (estuvo de acuerdo en la cifra sugerida), de ninguna manera estaría implicando que no existan mas encuentros con Carla, “mas bien al contrario, le dije, Carla siente real amistad por ella y quiere que culmine sus estudios”.

    Le pareció bien, dijo que anda muy caliente, casi un mes sin sexo, pues es de los que ya no lo hacen con su mujer, y puede disponer de esa cifra, de su cuenta personal donde recibe varias rentas, totalmente aparte de la cuenta conjunta familiar.

    A partir de allí, solamente era cuestión de convenir día y hora, si es que Pía aceptaba.

    Se comunicó Carla con Pía y le contó lo hablado con H y que aceptaba entusiasmado.

    Poco costó que Carla arreglara todo para el sábado pasado, en la mañana, pues la Sra. de H cumplía con eso que parece ser un ritual de Sras. mayores, irse con amigas a Colonia o a Punta del Este por el fin de semana.

    Gestionamos descuento con Luis por el apartamento, dado que le explicamos todo y le prometimos invitarlo a alguna fiesta a cambio del descuento. Pagamos nosotros para facilitar todo, y Pía encantada de que estuviéramos pues la tranquilizaba, y H no puso objeción, pues le atrae sentirse observado por Carla, y quizás poder acariciarla o algo mas. Concertamos la hora, pero con Carla y Pia llegando un poco antes, para conversar un poco mas.

    -Vas a ver que es muy bien, y hasta vas a gozar, no lo dudes. Fíjate, tengo los papeles de análisis de él… trajiste los tuyos? Te vas a animar? Por favor no le pongas límite de tiempo, a este nivel no se mide tiempo ni prestaciones, es a satisfacción del cliente…

    -Sí, entiendo, quiero fidelizarlo, estoy decidida a cambiar de nivel. Tomá mis papeles, fijate.

    -Tranquila le vas a gustar muchísimo, sos muy muy linda. Te pregunto algo, has besado a alguna mujer? Si te parece podemos hacer unos juegos previos, para que no estés nerviosa.

    -Nunca lo hice, pero me animo, hagámoslo.

    Habían combinado ir las dos de vestido casi mini y así lo hicieron, al llegar las vi divinas.

    A la hora convenida llega H, muy buen humor, los presentamos, H deja un sobre encima de la mesita central del living y nos ubicamos en los sofás, las chicas en el grande y los varones en los individuales.

    Luego de las habituales palabras de cortesía y temas generales, pasamos a una introducción donde Carla ya preguntó a H si Pía le gustaba. -Me encanta! Dijo él… sos una chica preciosa, te veo de buen humor aunque un poquito nerviosa, pero no estés nerviosa, hoy es el primer día de muchos… porque me encantas.

    Y ahí, sin mas preámbulos, Carla se giró hacia Pía y comenzo a besarla, primero con los labios cerrados, luego fue abriendo la boca y comenzó a insinuar su lengua en los labios cerrados de Pia… y de a poco se fue dando. Primero se abrieron sus labios, luego, de manera inexperta comenzó a responder con la suya a la introducción de la lengua de Carla. Cero experiencia pero mucha voluntad.

    Nosotros mirábamos y disfrutábamos.

    De a poco Carla fue aumentando su juego, y obteniendo respuesta no muy perfecta pero sí con voluntad. Pocos minutos y las manos de cada una acariciaban los muslos de la otra chica, los vestidos subían y mostraban la entrepierna, las manos iban a acariciar los senos.

    Y como si nada las dos estuvieron el lencería. Por supuesto Carla de negro, bien jugada, mínima. Pía había optado por un color turquesa que le venía muy bien. La tanga no era mínima, era normal digamos, y el brassier, mínimo, dejaba transparentar las tetitas, hermosas y pequeñitas.

    Un rato mas de caricias y besos… y Carla se paró, a esa altura H y yo estábamos en boxer, un poco mecánicamente Pía también se puso de pie, y Carla le quitó la tanga, luego el sostén y la acercó a H. – Que te parece H? Te gusta mi amiga? H estaba ensimismado, mirando las tetitas de Pía, no mas grandes que limones, pero con pezones rosados, duritos, erectos.

    – Me encanta Pía, dijo H sin dejar de acariciarla… y comenzó a besarla y a acariciar sus nalgas, duritas, redondas… un francés hubiera dicho (sin equivocarse) que tiene un “cul de marbre“ o sea un “culo de mármol” de esos que se tienen a los veinte y pocos años.

    Pía respondía bien a los besos, y comenzó a bajarle en boxer mientras se arrodillaba. Al terminar de bajar el boxer, y ver la verga de H a media erección, gruesa, la cabeza cubierta de piel… no pudo contenerse: -Uyyy es grande!

    Y Carla… -Ya la disfrutarás… por que no pasan al dormitorio?

    Carla y yo, ella en lencería y yo en boxer, nos retrasamos, los dejamos avanzar solos. Y luego los seguimos al dormitorio.

    Créase o no, Pía esperaba que llegáramos, mientras se besaban, y entonces volvió a arrodillarse, se llevó la pija a la boca y la chupó suavemente mientras con la lengua trataba de correrle la piel hacia atrás del glande. Pudo hacerlo, y la sacó de la boca para no ahogarse, dura con la cabeza al aire brillando, hermosa.

    Se tiraron a la cama, Carla miró fijamente a Pía como diciendo “todo bien” y la respuesta de Pía fue una gran sonrisa.

    Ya en 69 se deleitaban haciéndose oral mutuamente y Carla hasta acarició un poco las tetitas de Pía.

    Después, H le hizo un concierto de lengua en la conchita y en los pelitos, la dejó super húmeda, y mientras tanto Pía le acariciaba la verga y los testis, y mientras, cogimos con Carla.

    Llegaba el momento clave, Carla tomó un sobre de gel, y lo untó en el miembro de H porque por su grosor podría ser difícil la penetración.

    Se acomodaron, misionero con piernas de ella sobre los hombros de él y suavemente, a probar! Pía curvó su cuello para ver como le entraba y H hizo todo bien, pequeños empujes, entrando cada vez mas, con ella recibiéndolo con gemidos de placer, que no de dolor. Con todo adentro, el ritmo se fue incrementando, con algunas detenciones para besarla o chuparle las tetas, mordisquear los pezones, cosa que ella aprecia evidentemente.

    Y ya al final, lo que nos pareció un toque maestro de H, dijo “me acabo” y la metió bien a fondo, pero a cada chorro la iba sacando un poquito hasta dejar el último chorro bien entre los labios de la concha, y entonces, lenta y delicadamente, se lo fue metiendo nuevamente hasta darle dos o tres bombazos a fondo… Pía con los ojos en blanco no hizo mas que gemir y susurrar “sí sí sí…”

    Al salirse de ella, H se dedicó a besarla y acariciarla, y Carla dijo “me dejas?“ y le chupó la concha hasta dejarla limpita, sin desperdiciar nada.

    Y luego, una sugerencia… -Pía, deberías limpiarle la pija al Sr”…

    -Sííí, y se lanzó a chupársela hasta dejarla brillante.

    -Estuve bien Sr? -Ni me digas Sr. decime H, y sí, estuviste súper bien, me encantas, una divina. Espero que en el futuro me sigas recibiendo. -A mi también me encantó, que bien me la puso, y esa acabada interminable, no estoy acostumbrada, y me encantó, quiero seguir aprendiendo contigo. Puedo chuparla un poco mas?

    Y se prendió, entusiasta, ofreciéndole la concha en 69. Los mirábamos con Carla, encantados, hasta que H se puso boca arriba y le dijo “montate” y ella, “encantada!”.

    Fue muy excitante ver como se montó y como le entró, despacio, los labios de la chuchi dilatados a mas no poder por el grosor del miembro.

    Ella subía y bajaba con buena técnica para alguien no muy experimente, hasta que H le dijo “quiero acabar” y ahí ella aceleró y de pronto comenzó como a temblar, acabando antes que él, y luego él, con nosotros viendo como se escurría flujo y leche por el tronco de su miembro.

    Ésta vez Carla se encargó de limpiársela a él y luego se fueron H y Pía a ducharse. -Me prometió volver a llamarme, dice que le gusté. Y que hasta podríamos estar los cuatro de nuevo!

    -Y que le dijiste?

    -Que síí, en las mismas condiciones.

    Una vez vestidos, nos despedimos, ofreciendo llevar a Pía hasta su apartamento compartido, lejos de esta zona.

    Todo el viaje conversaron con Carla. Pía quedó encantada, no paraba de abrir su cartera y mirar el sobre.

    Se manifestada asombrada de la experiencia, tan diferente de las pocas que tuvo con otros hombres, que llegan, la ponen y se van …”Y el regalo”!!!

    -Vas a continuar? Si sé de alguien te aviso? Si quieres al avisarte te doy una idea de cuanto sugerirles, puede haber casos diferentes.

    -Menos? No estuve bien?

    -Nooo al contrario, nunca menos de eso, y muchas veces, más, estuviste genial; y viste que buen trato.

    -Ayy sí, un divino… y si surge alguno que sea con análisis por favor, me encanta sentirlos adentro así, esos chorros tibios me enloquecieron.

    -Te cuidas con pastillas?

    -Sí, obvio.

    -Un día de estos te recomiendo unas muy especiales. Te puedo aconsejar algo?

    -Sí, claro.

    -Comenzá a buscar apartamento, compra cuanto antes, te cambia la vida.

    -Obvio que lo haré.

    La dejamos a dos calles de su casa para no “marcar” que la llevamos, y Carla, mimosa, la despidió con un beso en los labios, que Pía correspondió un poco sorprendida.

    Al bajar del coche dijo “No te olvides, avisame”.

    Y Carla: “tranquila”.

    Nos fuimos a devolver a Luis la llave del apartamento, conversamos un ratito, se interesó por como era Pía y quedó enloquecido. Pidió cita para el domingo de mañana, y queriendo impresionar bien, dijo -Es un lujo no?

    -No lo dudes…aunque ya sabes, delgadita, poca teta pero divinas, un poco inexperiente. Había estado con tres o cuatro pero de esos de mete saca.

    -Quiero probarla y asegurarla! Podrá mañana?

    -Es domingo, si no tiene prueba el lunes o martes en Facultad quizás pueda…

    -La llamas?

    -De tarde la llamo y te aviso. (era pasado mediodía, habíamos estado mas de dos horas con H).

    -Hola! Pía?

    -Sí, como estás?

    (continúa)

  • Recompensa para puta adolescente en aprietos

    Recompensa para puta adolescente en aprietos

    Nuestra protagonista es Laura, una joven de 18 años que es lo que vos y yo conocemos como una puta.

    Es que es así y no es por insultar, ella misma lo reconoce y disfruta serlo.

    Estatura de 1,65 m; rubia con el cabello desgreñado y hasta los hombros, penetrantes ojos azules bien grandes, piel blanquita, tetas grandes y firmes, cintura pequeña y un culazo que se complementa con tremendas caderas. Un bombón que sabía de su condición.

    A las malas aprendió que fue una pésima idea abandonar los estudios, fugarse de su casa familiar con un novio al que no quería y al que terminó poniendo los cuernos. Tras ser descubierta, él la dejó tirada en el departamento en el que vivían.

    Ella, ahí se dio cuenta que hasta ese momento, había sido una completa buena para nada, más que para el sexo. Lo disfrutaba muchísimo y vaya que no se guardaba nada.

    Pero la situación era compleja, ella debía juntar dinero para pagar el alquiler, la comida, los servicios; todo lo que su ex hacía por ella.

    Buscar trabajo fue la primera opción, pero ninguno la convencía. Aparte de tener pocas habilidades, quería ponerse selectiva. Eso no una a funcionar.

    Una noche, entre cigarrillos y pensamientos sueltos, se le ocurrió que si por puta se había metido en aprietos, por puta podría encontrar una solución.

    Salir a la calle y pararse en una esquina a ofrecer sus encantos le parecía demasiado, así que la idea de hacer realidad una de sus fantasías y sacar rédito de ello, sonaba perfecta.

    Entró a un foro de porno y citó a todos los que estuviesen con ganas, a pasar por el baño de una estación de servicio abandonada al costado de la carretera que sale de la ciudad. Allí, haría uso de los dos cubículos que quedan en pie, haría un agujero en la pared por donde los afortunados meterían el pito y ella los haría gozar. Obviamente que todo por un precio.

    Entendió que no estaba en condiciones de seguir siendo exigente y decidió que si sería puta, también sería barata –también le excitaba la idea de sentirse sucia y como una total cualquiera– por lo que fijó un precio estándar para lo que sea que ocurra en ese «gloryhole».

    Llegó el día. A las 10 de la mañana –temprano para ella– Laura se ubicó en el cubículo y esperó al primer cliente.

    Escuchó que se abría la puerta, no hubo intercambio de palabras, nada. El hombre metió por el agujero el dinero, luego el pene.

    Nada del otro mundo, tamaño regular, Laura estaba entusiasmada pero no tanto. Una paja, unos instantes de chupada y en dos minutos, Laura ya estaba tragándole la leche al primero de la jornada.

    Así pasaron horas, ni ella sabe cuantas. Ninguno la entusiasmaba demasiado, todos eran tamaños regulares o pequeños que duraban poco tiempo, ella se dejaba eyacular en la cara o en las tetas, algunos simplemente caían al suelo.

    Lo importante era que estaba recaudando bien. Ya iban como 35, era un éxito rotundo.

    Ya cuando atardecía y Laura se predisponía a dejar su «oficina», escucha que otro hombre entra. Decide quedarse, quizás algo bueno vendría.

    Esa corazonada se convirtió en premonición cuando, tras el pago correspondiente, el cliente hizo que su venga atraviese el agujero. Laura lo veía y no podía creer: una enorme pija negra, venosa, bien gruesa y larga; como de unos 23 centímetros. No dudó un segundo en empezar a pajear semejante armamento.

    La agarraba con ambas manos y le sobraba espacio, sentía como se iba excitando cada vez más, un rato después ella ya estaba desnuda, mientras amasaba la terrible poronga de su cliente. Había esperado todo el día por algo así y había llegado por fin.

    Mientras agarraba el enorme miembro con las dos manos, aún sobraba suficiente para que ella empiece a chupar con unas ganas y una devoción que solo una puta de raza tiene. Se metía la verga hasta la garganta y los ojos se le llenaban de lágrimas mientras salivaba y escupía en la verga para lubricarla más.

    Del otro lado, el cliente gozaba, mientras ella ponía la verga entre sus tetas y la empezaba a pajear con ellas. Laura gemía de excitación a la par que su cliente, a medida que aumentaba la velocidad con la que estimulaba su pija.

    La putita estaba totalmente mojada, sentía que no aguantaba más, quería sentir toda esa verga adentro suyo. Se levantó, se ubicó en forma de 90 grados contra la pared y fue acercando lentamente la pija a su húmeda y caliente vagina. La empezó a meter de a poco, pero el hombre no quería saber de juegos ni insinuaciones y se la mandó entera con fuerza. Laura pegó un alarido de dolor, las lágrimas bajaban de sus mejillas; pero ella lo disfrutaba. Jamás se hubiese imaginado que en un hediondo baño abandonado y después de haber tenido decepción tras decepción en el día, encontraría la verga más grande de su vida.

    La sentía hasta el fondo, le encantaba, mientras el morocho la embestía con fuerza tal que la pared del cubículo cayó, llevándose por delante a la muy puta de Laura.

    Ella se reincorporó con ayuda de su nuevo macho, lo vio y contempló a un hombre negro, alto, fornido; bastante feo pero a ella no le importaba, quería seguir comiendo verga.

    Se acercó y sin mediar palabras, besó al hombre, mientras se ubicaba de cuatro en el suelo, esperando seguir siendo penetrada.

    Lo que ella no se esperaba, era que la mejor parte venía ahí, ya que el hombre escupió en el ano de la señorita y procedió a meter de a poco su enorme verga en ese apretado culito. A Laura no le dio tiempo ni voluntad para decir que no, estaba entregada completamente.

    El cliente fue suave hasta la mitad, pero metió el resto con fuerza y se golpe, para seguir embistiendo con fuerza el culo de Laura, que lloraba de dolor pero sentía como el dolor se convertía en placer.

    Su excitación era enorme, se sentía la más sucia y fácil de las putas, dejándose romper el culo por un extraño en un lugar apestoso y por una cantidad de dinero que para todo lo que disfrutaba el cliente, era absolutamente miserable.

    A ella ya no le importaba nada, quería seguir siendo usada por el vergudo negro de manos ásperas que le daba nalgadas fortísimas, mientras le decía que era una puta sucia.

    Luego de un rato, el hombre paró y se acostó en el piso, ella entendió la señal. Subió sobre él, ubicó el enorme pedazo en su ya abierto culo y empezó a cabalgar, mientras apoyaba sus manos en el amplio y fuerte pecho del sudoroso negro que la agarraba del cuello con fuerza y la miraba a los ojos con una mirada de fuego, para luego escupirle en la cara y estallarle un cachetazo que a ella calentó aún más.

    Laura pedía que le peguen con más fuerza y él con mil gustos intercalaba cachetazos con escupitajos, tirones de pelo y agarradas del cuello, mientras le taladraba el ojete sin piedad alguna.

    Ya había caído la noche cuando el hombre sacó su verga del culo de Laura y le terminó eyaculando en toda la cara y boca una descarga que ella recibió y tragó con tanto placer.

    Él se fue, la dejó ahí tirada, mientras Laura recogía su ganancia del día y, con dificultad salía del baño agarrándose de las paredes. Salió así, desnuda, con la ropa en un la mano y un bolsito colgándole del brazo, donde había juntado su recaudación.

    Despeinada, desnuda, con los ojos aún llorosos, llena de moretones y marcas, regulando y con el culo roto; Laura iba por el costado de la carretera con una sonrisa. Lo había logrado, consiguió lo que quería y más. Era una putita feliz.

  • Mi esposo me prestó con el vecino

    Mi esposo me prestó con el vecino

    Hola, buenas noches. Mi nombre es: Mónica. Les voy a relatar mi historia erótica y morbosa, esto paso hace 8 años. Soy una mujer casada, mi hermana se llama Estrella, mi esposo se llama Manuel y el vecino se llama Claudio.

    En aquel entonces yo tenía 20 años, mi esposo 30 y mi hermana 19. Era una estudiante de universidad y a los 18 años me casé con Manuel; buscamos una casa para hacer nuestro nido de amor era una casa muy bonita situada en una loma y el dueño de la casa vivía a un lado. Manuel hizo el trato con el dueño para que el precio no fuera muy alto. Al tercer día fui con Manuel a ver nuestra y también me presento al dueño de la casa. Y Manuel dijo: amor, es el señor Claudio, dueño y vecino de nuestra casa, al ver al vecino me sorprendí al verlo, un señor muy alto de 1.95 m, güero, calvo, velludo, con una hermosa barba de candado y sobre todo muy guapo. De edad tenía 59 años, no aparentaba su edad.

    Me salte un poco no me describí físicamente, mido 1.68. de test blanca cabello largo y negro, ojos color miel, pechos grandes y naturales. Mi hermana es de 1.70, test blanca pelo rizado, largo y castaño. Con tetas grandes, pero no tan grandes como las mías. Manuel mide 1.70 delgado, moreno y guapo.

    Con el tiempo convivíamos mucho con el vecino, ya que él era un señor divorciado, con hijos ya mayores y con nietos. Vive solo en su casa grande con alberca y mucho patio. De tantas convivencias juntos, pasé a sentir un acercamiento con Claudio, muchas miradas de él hacia mi y yo empecé a tener una atracción a él, me gustaba su forma de ser, su voz, su liderazgo que tenía hacia Manuel y de como lo manipulaba con tal de estar yo con Claudio y mi esposo. Porque digo esto: Claudio encontró la forma de darle cosas a Manuel y con el tiempo, Claudio cobraría esos favores. Así que hubo momentos que Claudio me invitaba a salir en las noches, citas, a convivios con sus amigos, sin mencionar que yo soy casada. Manuel no le quedaba, mas que decir que si. Fue como nació de mi esa atracción de mi hacia el vecino.

    En una noche calurosa Claudio le hablo a Manuel de que si bajan a su casa a la piscina a nada y refrescarse, y dijo que si. Llegamos a la alberca me quite mi ropa y me quedé en lencería muy sexy y Claudio se quedó con la boca abierta y dijo déjame tomarte una fotos y le dije que si y Manuel solo agachó la mirada porque se sentía intimidado por Claudio, y veía al vecino como gozaba y babeaba por tomarme esa fotos. Nos pusimos a platicar y entre la plática Claudio le dijo a Manuel: vecino ¿que pasaría si me robo a su mujer un fin de semana? Para irnos a la playa, Manuel no sabía que decir. Ya que Manuel se sentía intimidado me dejó sola con Claudio en la alberca, nos quedamos platicando, Manuel mejor se fue para la casa. Nos salimos del agua Claudio se me acercó con una toalla para secarme y sentí como me retallaba su pene en espalda, la sentí dura y me gustó, el secando mi cuerpo sentía una atracción rica de sentir sus manos grandes y roñosas tocando mi piel. Y me susurro al oído, la deseo vecina, me gusta, quiero probarla y el seguía atrás de mi, sentí su pene en mis nalgas, el me tomo de la cintura y con fuerza me empujaba su pene en mis nalgas, reaccione y me quite y me fui a mi casa, sentí mucha pena pero me gustó. Al llegar a mi casa Manuel me dijo que onda con Claudio, te gusta? Me quedé callada; Manuel dijo: sé que se gustan y yo siento morbo de como te ve el vecino y a la vez siento celos, pero me gustaría que cogiera. Me quedé sorprendida de lo que me dijo mi esposo.

    Esa misma noche me mandó mensaje Claudio pidiendo una disculpa. No le contesté. Al siguiente día me quedé sola en casa pensando en Claudio y lo que me dijo Manuel, me pece a masturbar pensando en el pene de Claudio y de como a de coger, sentir sus manos tocando me. Días después me dijo mi esposo: ya lo pensé y quiero que estés con el vecino y me puse muy nerviosa de lo que me dijo. Y yo le dije: estás seguro, vas aguantar, porque el vecino me trae unas ganas. Y me dijo el: quiero ver con mis ojos de como te va a coger, es lo que quiero. Esta bien espero que no te retractes de tu morbo, porque a mí me gusta el vecino y quiero que me coja.

    Llegó el fin de semana y Manuel hablo con Claudio del préstamo. Todo este tema lo hablé con mi hermana de lo que iba hacer. Así que le pedí, de que fuera ese día a mi casa para convivir los 4. Llegó esa en casa de Claudio yo me senté con Claudio y estrella con Manuel cada quien en su plática. Me fui a la cocina con Estrella y le dije en cuanto me valla con Claudio, quédate con Manuel. Yo sé lo dije porque mi hermana es una coquetona y más con unas copas. Y ella accedió quedarse con el. Cuando regresamos al comedor ellos estaban platicando de lo que iba a pasar y Claudio le dijo a Manuel que si iba aguantar. Manuel dijo de que quería ver de cómo coje a Mónica. Claudio dijo que no. Quiero estar a solas con su mujer en mi cuarto y que si quiere puede escuchar atrás de la puerta del cuarto o si me da permiso Mónica de tomarle fotos con mi celular, se las mando y Manuel dijo que si. Así que me puse a bailar con Claudio nos empezamos a besar me sentía nerviosa y muy apenada de que me esté viendo mi esposo de como bailo muy pegado a Claudio de como me besa, voltee a ver a Manuel quédate con estrella aquí en la sala o llévatela a la casa, y me dijo: aquí nos quedamos. Claudio me dijo; vámonos a mi cuarto, me acerque a mi esposo con cara de pena a decirle, si me daba de irme con el vecino a su cuarto toda la noche, me dijo que si. Y le dije: hasta mañana, Claudio se me acercó y me cargo y volteé a ver a mi esposo muy sexy.

    Llegamos al cuarto el me acostó en la cama, me besaba, empezaba a desvestirme con delicadeza. Hizo que me pusiera de pie y ver mi cuerpo en lencería, se acercó para descubrir mis pechos y empezaba a lamerlos morder mis pezones y con la otra mano pellizcaba mi pezón deje que gozará mis tetas enormes después me quite mi tanga y se la di y la empezó a oler con cara de degenerado y me daba riza como lo olía él se empezó a quitar su ropa hasta quedar en su ropa interior y me gustó ver su bulto grande, me volteo e hizo que me pusiera en 4 patas empezó a lamer mis nalgas, sentía sus barba rozar mis pompas y las abrió para meter su cara y sentir su nariz en mi culito y su lengua en mi vagina; luego su lengua la sentí en mi culito y lo chupaba con desesperación y me dijo que si me podía tomar fotos para mandárselas a mi esposo y le dije que si…

    Me acostó en la cama boca arriba y seguía lamiendo mi vagina y a la vez deseándome, de la forma de lamerme, nunca lo había sentido tan rico, me dije a mi misma: este señor es un experto en lo que me va hacer. Le dije al vecino, es mi turno; quiero chupar su pene y se lo quiero ver. El se paró se quitó su calzón y me quedé sorprendida de su enorme pene, estaba muy cabezón, gruesa larga como de unos 20 CM. Se la empecé tocar, la apretaba con fuerza y jalársela, me la puse en mis tetas y la metió en ellas y la jalaba con ellas, empecé a darle pequeños besos en su cabeza y frotarle mi lengua en su parte más sensible de su pene y escucharlo de placer, hay vecina que rico me pasa su lengua y empecé a meterme la en mi boca y chuparla con fuerza mientras el me tomaba video con su celular, el se acostó en la cama y yo me hinque para seguir chupando su hermoso pene, por cierto es mucha más grande que la de mi esposo. Segura chupando y succionando con fuerza, chupaba como si fuera una paleta y el ruido que hacía con mi boca y como se hundían mis mejillas al chupar con fuerza y ver a mi vecino a sus ojos y yo con su pito en mi boca, el me decía que rico chupa mi pito, vecina. Me encanta su pito, y no lo quiero soltar; nos paramos el me deseaba y yo le agarraba su miembro y nos besábamos con mucho placer.

    Me acostó en la cama y me dijo: ya no aguanto vecina quiero estar dentro de usted y le dije: yo también quiero sentirlo, tomo mis piernas y las puso en sus hombros con delicadeza me la empezó a meter, hasta tenerla toda dentro de mi y empecé a dar mi primer gemido fuerte al sentir su enorme pito. Empezaba hacerse rico y con mis piernas en su hombro y nos besábamos con mucho placer, llegó a mi punto g. Algo que no había logrado mi esposo, me vine en chorro y el empezó a tomarse mis jugos vaginales. Seguía acostada boca arriba el me tomaba de mi cintura con sus enormes manos y sentir su penetración y moviéndose con estilo y mis tetas se movían de arriba abajo con la fuerza que hacia el vecino, sentía placer de como veía mi vecino con lujuria y obsesión al coger una jovencita de 20 y el de casi 60 años, sentí como se vino dentro de mi y con mi vagina le apretaba su pene, eso le gustó mucho a mi vecino agarro mi tanga y la empezó a lamer, oler y se la puso como mascara y yo le decía: hay vecino cojame, cojame, que rico me coge y en ese rato me cargo con una facilidad y parado me estaba penetrando y el gitana de placer y yo también, sentía a todo un macho cogiéndome, sus brazos fuertes y sus piernas.

    Todo un hombre que no aparentaba su edad, me seguía cogiendo en muchas posiciones. Lo que mas me gusta de el que me sentaba en sus piernas mientras el me penetraba el metía sus dedos en mi culito y me los daba a que yo probará mi culo, sentía raro pero rico en probar mi culo. Me decía mi vecino de que quiere penetrar mi culito y le dije que está muy grueso su pene. El me decía por eso le meto mis dedos despacio en culito para que se abra un poco y no le duela. Le sigamos así ya después le digo si le doy permiso. Nos quitamos de la cama y me llevo cerca de un sofá y ahí me puso en 4 pata y me monto con mucho estilo y esa fue la posición que más me gustó, ahí me tenía dominada cómo si fuera su llegues, me gustaba como me nalgueaba, el me dijo me vengo vecina y empezó meterla más rápida y sus gemidos eran muy fuerte junto con los mío cuando sentí su semen dentro de mi, en esa misma posé me abrazo fuerte y con sus manos apretaba mis tetas y unas recargadas fuertes en mis pompas y la presión de pito dentro de mi.

    Y me susurro al oído, mire vecina su esposo nos está viendo por la ventana y rápido mire muy disimulada al ventana y le dije al vecino, que rico coge es la mejor cogida que me han dado, y mi esposo se estaba masturbando. Y el vecino le dijo a mi esposo: vio como monte a su mujer? Y Manuel no decía nada se quedaba callado, me pare para hincarme y chuparle el pito al vecino y yo viendo a mi esposo, el veía como la chupaba y el seguía masturbándose. Seguíamos cogiendo y seguía viniendo me chorros grandes de mucha excitación, y en la última venida de Claudio me dijo: me vengo vecina. Le dije: los quiero en mi cara; se paró y se vino en mi cara, todo su semen caliente en mi rostro era mucho semen, y estaba en mi cabello, en mi ojo derecho en mis mejillas, con su pene limpio mi ojo para poder abrirlo y le dije: todo un macho semental y yo viendo a mi esposo y con el pito en mi mano le dije a Manuel: este si es un pito y un hombre de a verdad y me pare a cerrar la cortina y cerré la ventana y seguía chupando y sacando su última gota con mi boca, estuvo delicioso tragarme su semen.

    Nos acostamos un rato a descansar después me metí al baño a ducharme, terminé de ducharme y fui al cuarto y veía al vecino con su pito bien parado y duro y le dije, vamos al baño a qué se bañé conmigo, le lave su pito sentí su cuerpo mojado y velludo. El seguía tocando mi vagina, se agachó y lamía mi pucha y mi culito; me hinque para seguir chupando su pito con desesperación y el escuchaba mi respiración de lo desesperada que estaba chupándosela y me lo puse en mis tetas y lo empecé a masturbar hasta que se viniera otra vez, y esta vez se vino en mi boca, porque así se lo dije. Pensaba que no le iba a sacar semen, después de tantas venidas dentro de mi; entonces sentó nuevamente venirse en mi boca y al mismo tiempo tragarmelos. Nos salimos del baño y nos acostamos, el me abrazo y me preguntó, ¿que sentía al estar con el? Le contesté: me siento rara de estar con un señor muy grande y que podría ser mi abuelo, pero también lo quería experimentar al con usted. Y el me dijo que era la primera vez de estar con una jovencita de 20 años y que se sintió joven y cogió como nunca, también me dijo que: tenía que sacar toda su experiencia conmigo y que si se podrá estar juntos, y le dije que si, pero dije» si» sin el consentimiento de Manuel. Lo seguí besando y seguíamos tocando que volvimos a seguir cogiendo. Y le dije que aguante tiene vecino, el solo se sonrió. Terminamos y nos volvimos a bañar juntos y después nos quedamos bien dormidos ya casi iba amanecer, cogimos toda la noche y quedé sorprendida de mi vecino.

    Nos despertamos después del mediodía y me acordé de mi esposo y me fui a la sala y no estaba, solo estaba mi hermana en el otro cuarto y me dijo, que aguante tienes, cogiste toda la noche y tenías unos gritos y yo me empecé a reír de pena. Eso no es nada, dijo estrella: me dio curiosidad y abrí la puerta del cuarto y vi como te cogía tu vecino con su enorme pene, que se me antojo ese miembro. Y le dije a mi hermana, coge rico y mejor que Manuel. Ella me dijo tu esposo me lo dejaste y pues no me sirvió, el solo quería verlos a ustedes y lo deje que se fuera y yo escuchando tus gemidos.

    Esa tarde comimos los 3 Claudio nos hizo de comer y yo seguía muy caliente que le dije a mi vecino de que si vamos otra vez a su cuarto. Nos fuimos y me seguía cogiendo; pero está vez me dijo de que quería meterla en mi culito, le dije que si, me puso en 4 patas, me metía sus dedos yo le empecé a chupar su pene y dejárselo bien babeado, para que me la metiera, procedió a meterla despacio, sentí como si enorme miembro se metía, hasta que entró todo, diciéndome: lo siente vecina, todo mi pito está en culito estoy dentro de usted. Me agarraba de mis caderas con fuerza y empezaba meter y sacar y me escupía mi hoyo bien abierto, me gustaba como me dolía y un placer que sentía, le dije que me la sacará para chupárselo y probarme a mí misma y eso lo éxito más a él y a mi. De tanto estar cogiendo me dijo: quiero venirme dentro. Y le dije que si. Terminamos esa tarde, me comentó de invitarme a salir y como estaba muy desconcentrada de mi marido, le dije que si. Fui a mi casa Manuel no me escucho entrar lo vi que estaba viendo los videos que le mando Claudio y escuchaba a Claudio decirle a Manuel: mire vecino como me chupa su mujer mi pito. Y grite: hey con voz fuerte y del susto tiro su celular. Le comenté de la invitación que me hizo Claudio. El lo tomo sin molestia alguna y que se sentía bien de haberme prestado al vecino y de el salió puedes estar con el fin de semana; le tome la palabra, hice una maleta pequeña y me fui con Claudio todo el fin de semana, y seguíamos cogiendo.

    Llegó el día lunes muy contenta y Manuel como si nada volvimos a nuestras vidas normales. Pero me quedé con esa idea del vecino, estaba empezando a sentir algo por Claudio a pesar de su edad avanzada me llevaba 10 años. Aún hay más historia por contar, ya que mi hermana le gustó el vecino. Eso será en la otra historia que les contaré después.

    Espero les haya gustado mi historia.

  • Violada por un incubus

    Violada por un incubus

    En esta ocasión he de contar un suceso incomprensible a la ciencia.  En la religión judío cristiana se le llama posesión demoniaca. Han pasado más de cuarenta años de aquello vivido y aun siendo testigo, es un hecho difícil de creer.

    Corría el año de 1978, para entonces mi matrimonio con Elizabeth, se encontraba completamente fracturado. Las desavenencias ocurrieron desde que llegamos a esa casa maldecida en la Ciudad de México. Lo más duro fue cuando ella, en el bolsillo de mi pantalón encontró una perfumada carta de amor, sin firma ni nombre. Por más que juré desconocer al autor de la misiva y menos saber la identidad de quién la introdujo a mi pantalón, enojada me soltó un bofetón que casi me tira de bruces al piso.

    Sin esperar opinión mía, de nuestra habitación, pasó todas sus pertenencias al cuarto de invitados. Era tal mi molestia por su trato injusto que por quince días evité dirigirle la palabra. Así inició el infierno. Completamente me hartaba. Me dediqué a tomar horas extras en el trabajo. De regreso a casa el cansancio me llevaba directo a mi habitación a dormir.

    Una mañana lluviosa, Elizabeth, enojada tocó a mi puerta. Al abrirle, me gritó

    – Rata de dos patas ¿Anoche, quién te autorizó a entrar en mi cuarto?

    Desconcertado, le dije

    – ¡Estás loca! ¡No tengo interés en ti! ¿Te olvidas que me acusaste de tener amante?

    Me reviró

    – ¿Ah, sí? ¿Entonces qué persona con sus manotas cochinas me tocaban y acariciaban las piernas? ¡Eras tú! ¡Mendigo libidinoso!

    Al ofenderme, le di portazo. Sin decir más, se retiró. Desde ese día, a cada instante se metía en mi cabeza que pronto me llegaría la notificación de exigencia de divorcio. En la madrugada toda la casa era silencio. Después de prepararme un té, subí a mis aposentos. Cuando llegué a mi cama, vi entre las almohadas un escrito que decía

    – ¡Ya lárgate de la casa! No vuelvas cerdo flaco. Pito enano. ¡Apestas!

    La cólera me invadió. Me dije a mismo

    – ¡Esto lo tiene que decir en mi cara!

    Salí al pasillo, me dirigí a su estancia, toqué bruscamente la puerta. Al salir ella, le aventé el papel en la cara y le grité

    – ¡Dame una semana para encontrar casa y largarme de aquí!

    Ella, airosa, dijo

    – Ok. Ya veo que has decidido irte con la largatona panzona, ojos viscos que te conseguiste. ¡Hazlo! ¡A mí me vale quesadilla!

    Me retiré para mal dormir en mi cama. Durante cinco días visité varios departamentos de alquiler para ver cuál se ajustaba a mí presupuesto. Con Elizabeth, acepté promover un divorcio voluntario para evitar desgastes emocionales en los tribunales.

    Dos noches antes de mi mudanza, mientras veía una película, escuché murmullos extraños. Salí al pasillo. Había una peste asquerosa, así que tapé mi nariz. Los ruidos provenían de la habitación de ella. Cerca de su cuarto comprendí que eran gemidos. Por la cerradura se asomé. La vi sobre la cama, desnuda y con las piernas abiertas. Sus cobijas no tapaban el rebote frenético del baile de sus senos. Lo extraño era que no se masturbaba pues sus manos sujetaban los barrotes de la cabecera. Aunque desconcertado para evitarme problemas de que me acusara de fisgón me alejé. Me quedé dormido mientras pensaba en lo que había visto.

    Al amanecer, otra vez, recibí fuertes toques en mi puerta. Al abrir Elizabeth, me dijo

    – ¿Con qué no eres tú sabandija? ¡Mira como dejaste morados de mis bracitos y piernitas por tus manotas de chango peludo! ¡Mira los chupetes en el cuello! ¿Eres brujo o hijo del chamuco? ¿Cómo lo hiciste sin que me diera cuenta? –

    Le contesté – ¡Yo no fui! ¡Te lo aseguro!

    Enojada refiriéndose al papel que le había arrojado a la cara, me dijo

    – Ah ya leí el papelito que me dejaste. ¿No se te ocurrió mejor forma para quieres a todos justificar que yo te escribí eso? Mira chato, tengo los suficientes ovarios para decirte lo que quiero y pienso en tu cara de ratón lechero. Y lo que me enfurece es que ahora por tu culpa, renacuajo bocón, voy a tener que usar pantalones, blusas de manga larga y de cuello de tortuga. ¡Eres un pervertido!

    No pude contestarle nada. Lo que había visto anoche junto con sus moretes me dejaron sin palabras. Sólo atiné a decirle

    – El domingo me cambio de casa

    Respondiéndome

    – ¡Ya sáquese de aquí! ¡Úshcale perro!

    Esta vez sus palabras me fueron indiferentes, sabía que algo raro ocurría. Así esperé el anochecer. No dormí. Investigar era mi propósito. En eso escuché un grito desgarrador. Salí como relámpago a la habitación de mi esposa. Al asomarme por la cerradura vi que se movía piernas arriba, parecía que descansaba sus pantorrillas en los hombros de un ser invisible. Por cómo se abría y cerraba su vagina, sin duda, era penetrada dura y profundamente.

    Ligeramente flotó en el aire. Quedó en cuatro. Algo la violaba. Ese ente invisible la tomaba con brusquedad de los senos. Los amasaba y jalaba de los pezones. Mi mujer gemía al ser sujetada de su cabello para atrás. La piel de su trasero se tornó colorado. Algo la nalgueaba. Me decidí a tirar la puerta pero parecía de acero. Quedé mudo cuando de la pared de la habitación una sombra helada salió. Eran tan fuerte que al agarrarme de los brazos me lanzó por los aires. Mi cuerpo paró el viaje al chocar con otra pared. A la sombra la vi alejarse. Me incorporé y grite

    – ¡Elizabeth, ábreme! ¿Estás bien?

    La vi salir toda desguazada. Al barandal de las escaleras fue a recargarse. Cómo pude me levanté. La cargué y llevé al médico para que la atendiera. En el camino, me decía

    – ¿Qué fue eso que me violó? ¡Tengo miedo!

    El ginecólogo que la atendió, halló un desgarro interno y lesiones recientes. Se limitó a decir

    – Joven no sea tan brusco. Casi se la acaba. Es toda para usted pero con calma

    Me quedé sin saber que decir pues nadie me iba a creer, lo que en verdad ocurrió. Al regresar a casa la pasé a mi cama. Me quedé vigilando toda la noche. El olor nauseabundo aromatizaba el pasillo. Pensaba en su seguridad. En eso escuché una voz, decirme

    – ¡Lárgate pito chico! ¡Vete ya! ¡Déjame a ella! ¡Vete o pagarás las consecuencias! ¡Vete!

    Le grité

    – ¡Fuiste tú quien eso la carta! ¡Quién me hizo creer que ella me estaba echando! ¡Miserable ser que te escondes en las sombras!

    En risas, contestó

    – ¿Quieres verme?

    La puerta se abrió, frente a mis ojos había un infernal y horrible Incubus. Su cuerpo era la de un enano gordo peludo. De pene erecto pero descomunal. Orejas puntiagudas. Hocico de cerdos. Sus dedos eran garras y sus pies pezuñas. De voz cavernosa y rostro feo. El ser me agarró de la solapa y dijo

    – Tu mujer es mía. No te doy permiso a que la mires menos a que la toques. ¡Es mía!

    En el aire dibujé un semicírculo hasta estamparme en el piso. Desde ahí lo vi jalar de los pies a mi cónyuge. No tuvo empacho en desgarrarle toda la ropa. Su pene brillante como brasas ardientes era descomunal. Le abrió las piernas, penetrándola con fuerza y rabia. Elizabeth, gritaba de miedo. El demonio le sujetó de la cintura. Su lengua de casi dos metros de largo resbalaba centímetro a centímetro por el blanco cuerpo de ella.

    Mi mujer gemía. Su rostro dibujaba un sinfín de emociones. A veces se veía dolor, placer, deseo de seguir y despreció. No podía luchar contra ese ser. Su cuerpo se balanceaba al empuje de la pelvis demoníaca. Sus pezones erectos eran absorbidos en demenciales chupadas. La vagina le quedaba grandemente abierta en los embistes de ese miembro viril exageradamente grande. Tuvo varios orgasmos que la noqueaban. Al recuperar conciencia Elizabeth, trataba de golpear a la bestia con manos y pies. Como carretonera lo insultaba. Al monstruo tal solo le causaba risa y no paraba. Me levanté, de mi bolsa de golf, alcance un palo y con fuerza me fui sobre la criatura. A cada golpe que recibía con cinismo me decía

    – ¡Qué rico aprieta! ¡No la supiste aprovechar! ¡Aprende a tratar a una hembra estúpido!

    No había heridas en su cuerpo y cabeza. Entre gemidos paró. Se separó de mi esposa y me dijo

    – Qué delicia llenarla de mi abundante leche. Última advertencia. Vete. ¡Ella se queda conmigo!

    Se fue y en automático abracé a Elizabeth que lloraba. Le dije

    – Hoy mismo nos vamos

    La voz del ser se escuchó decir

    – ¡Ella se queda!

    El amanecer surgió en el cielo. Se vistió y salimos de la casa. Corrimos al primer hotel lejano que encontramos. Todo el camino se fue temblando de pies a cabeza. Me decía

    – ¡No me dejes! Perdona todo lo malo que te dije anteriormente, es que siempre has sido bien resbaloso y estaba muy celosa pero por lo que más quieras ¡No me dejes!

    Una vez que pagamos el alquiler, fuimos a desayunar. Necesitábamos ayuda. En una banqueta del parque, tristemente sentados en ella, se acercó un hombre de barba larga, traje negro y cabello medio cano con maletín chico en la mano. Daba migas a los pájaros, al vernos nos sonrió. Nos preguntó

    – ¿Qué les ocurrió?

    Sin mi permiso, separó la tela de la blusa de mi mujer. Observó en ella, las lesiones en sus hombros y pecho. Luego fue sobre mí. Me vio la espalda. Sacó de su maletín unas gazas y líquidos. Al ponerlos en mi piel, sentí mucho calor y alivió. Luego me dijo

    – Pon el remedio en todo el cuerpo de la joven

    Se quejaba Elizabeth pero sus lesiones iban desapareciendo. En un envase pequeño me dio más cura, diciéndome

    – Hazle lavativas vaginales a tu mujer con esta esencia que te doy. Por las marcas y olor que percibo noto que fueron atacados por un ser diabólico. Debes curarla o morirá en medio de espantosos dolores. Con esa bestia debo ajustar cuentas. Sin duda es la misma a la que vengo siguiendo desde hace tiempo. ¿Dime dónde encontrarla?

    Le di los pormenores y llaves de mi casa, así mismo, la dirección del hotel, al que habíamos llegado para salvarnos. El hombre, me dijo – Voy a tu casa. Cazaré a la bestia

    Regresamos al hotel y procedí a curar a mi esposa en su vientre. Nos llegó la noche. Dormíamos apaciblemente creyendo que estábamos a salvo. Sentí que de mi tobillo se aferraba una garra que me sacó de un tirón de la cama. A mí vista estaba el Incubus, que me decía

    – ¡Te dije que ella es mía!

    Me aventó sobre los muebles del cuarto de alquiler. Casi pierdo la conciencia. Elizabeth, quiso lanzar un grito de terror pero el monstruo se lo impidió. Le arrancó y destrozó con fuerza la blusa y el sostenedor y la tanga. Desnuda la echó al pasillo de la recámara, quedando ella en cuatro. Así la montó, metiéndole los dedos en la boca y penetrándola sin piedad. Las garras se le aferraban en los hombros impidiéndole zafarse. Ella aunque suplicaba y luchaba no podía moverse. El ensarte era completo. Su vagina quedó ajustada como anillo al dedo. Le provocó grandes orgasmos. La bestia, decía

    – ¿Verdad que te gusta? ¡Dile a tu marido lo rico que sientes ahora que te lo hago! ¡Zorra eres mía para siempre! Ah, siente mi semen caliente abrazar todo tu vientre. Siente el placer que ningún humano podrá darte –

    Ella, cómo hipnotizada, contestó

    – Sí, eso es. Así, así. Me gusta. Házmelo más fuerte. Dame. ¡Qué rico! Me gusta. Sé duro con tu zorra. Soy tuya, tuya. Hazme venirme delante de mi esposo!

    En un momento de lucidez con desesperación y furia, dijo ella

    – Déjame en paz inmunda asquerosidad. Si te agarro de los huevos te desmadro. Mugre mono jorobado

    Comenzó la Bestia con su larga lengua a enrollar los senos de mi cónyuge como a un juguete de trapo la levantó. Le separó las piernas y contra la pared siguió taladrándola, sin dejar de sujetarle de los senos. Cada que el engendro empujaba para arriba, todo el cuerpo de mi esposa quedaba en el aire para luego caer ensartándose en el pene. Combinaba ella lágrimas con muecas de placer, haciéndola víctima de nuevos orgasmo no deseado. Tan concentrada estaba la bestia en su violación que no esquivo el que la envolviera en una cobija. Desaté mi furia, asestándole una cascada de golpes. Le gritaba

    – ¡Maldito deja en paz a mi esposa!

    Mis manos quedaron pegadas a la cobija que lo cubría. Parecía un imán. No podía separarla del ente. Comencé a sentir un gran dolor. Me iban a estallar. El Incubus, se descobijó, cacheteándome me tomó del cuello y me estrelló en la pared. Alguien tocó a la puerta, diciendo

    – Por favor. No hagan tanto ruido. ¡Molestan a los demás visitantes!

    Era claro que nadie sabía la masacre que dentro de la habitación había. Quedé noqueado. El animal diabólico, volvió sobre Elizabeth. La llevó frente al espejo. La obligaba a verse desnuda. Le decía

    – ¡Ve los chupetones que dejo en tus tetas!

    Con sus dedos en tijera le presionaba los pezones, hasta parecer que los haría estallar. Luego bajo su mano a la vagina para sobarle hasta hacerla completamente humedecer. Elizabeth, sin voluntad era seducida de mala manera. Una víctima de esa cosa horripilante que nunca se llenaba. Controlada mentalmente, ella decía

    – Mmm no puede ser. No puede ser qué sea tan excitante. Nunca pares. Déjame siempre pegada a tu mástil. Quiero verme igual a los perros trabados. Métemela toda. Seré tuya para siempre. Oh Dios»

    Al escuchar yo, la santa palabra «Dios», llorando me arrodillé. Con fervor recé

    – Yo nunca creí en ti, oh Dios, arrepentido estoy, por favor ayúdanos. No nos abandones

    Golpes se escucharon en la puerta. Era un hombre que decía

    – ¡Abran, abran!

    Reconocí la voz, era del mismo que en la mañana nos había curado. Arrastrándome llegué hasta el cerrojo y abrí. Aquel hombre entró rápidamente. A la bestia arrojó un líquido que le quemó la piel. Aullando el demonio, dijo

    – Creí haberte matado. ¡Es hora de que mueras!

    Se lanzó sobre la humanidad de aquél hombre que con daga en mano, le recibió propinándole certeras puñaladas. El Incubus aullaba de dolor. Con prontitud el hombre lo roció con agua. El demonio entró a espantosos dolores. Arrinconado, gritaba

    – ¡Maldito, maldito! Mi consuelo es, qué hice mía a tu mujer. ¿Recuerdas como la viole? ¿Recuerdas como murió en medio de orgasmos? Aunque muera eso te dejaré de recuerdo

    La bestia desapareció en medio fuego. Trabajadores del hotel auxiliaron para apagar el incendio. Llamaron a la ambulancia para trasladarnos al hospital. Antes dio tiempo al hombre de negro de limpiar el vientre de mi esposa evitando que el veneno de la bestia la matará.

    Le pregunté

    – ¿Cómo sabías que ese demonio iría al hotel por nosotros?

    Contestó

    – Al no encontrar al incubus en tu casa, presentí que los seguiría y vine en búsqueda de usted. Desde que mató a mi mujer, me volví sacerdote y cazador de demonios

    Después de esa traumática experiencia nunca más volvimos a Ciudad de México. Hasta la fecha conservamos amistad con el sacerdote. Ahora somos religiosos creyentes de fe verdadera.

  • Sexo con el profesor de mi hija

    Sexo con el profesor de mi hija

    Hola, mi nombre es Silvia, tengo 47 años, 1,62 de estatura, piel blanca, cabello negro largo, este relato que les voy a contar me sucedió hace unos 6 años, para esa época estaba sin pareja y vivía con mi hija en una ciudad al sur de Colombia, mi hija tenía unos 18 años y estaba de novia con un muchacho de unos 22 años el cual administraba un bar los fines de semana, así que mi hija iba a ese bar muy seguido para estar con el novio y acompañarlo, un día cualquiera me dijo que no me quedara sola en la casa, que fuéramos las dos al bar y allá pasamos un rato agradable escuchando música y quizá bailar un par de canciones, me pareció buena la idea y decidí acompañarla.

    Eran como las 9 pm cuando llegamos al bar, el novio de ella muy atento nos reservó una mesa y nos ofreció un par de cocteles, el nos acompañaba en la mesa por ratos ya que se encontraba muy pendiente de su trabajo y que todo marchara bien en el bar. Llevábamos como una hora sentadas conversando y disfrutando de la música cuando el novio de mi hija se acercó y nos dijo que nos iba a presentar un amigo, pero vaya casualidad que ese amigo había sido un profesor de mi hija cuando estaba en el colegio así que aceptamos nos acompañara en la mesa, de esta manera la charla seria mas abierta y quizá bailar una canción o dos con él.

    Carlos, ese era su nombre, de unos 32 años, mediana estatura (1,70 m), cabello negro, de piel blanca, muy extrovertido y divertido, hablando de todo un poco fueron pasando los minutos y también los cocteles, empezamos a bailar, la compañía se hizo mas agradable cada vez mas y empecé a notar que Carlos me miraba de una forma diferente pero no preste atención a eso, lo importante era divertirse para salir un poco de la rutina. Pero cuando uno está pasando un buen momento el tiempo va mas rápido y cuando menos pensamos ya eran como las 3 am, hora de cerrar el bar. Así que Carlos tomo la iniciativa de invitarnos a su casa (él vivía solo) para terminar la rumba allá, decidimos los 4 ir para la casa de Carlos a tomar unos tragos y bailar un rato mas, yo me encontraba muy animada y alegre porque hace meses no salía a ninguna parte y mi hija al verme así me apoyo para que nos divirtiéramos un poco mas.

    Al llegar a la casa de Carlos, mi hija y su novio se fueron para la terraza a ver las estrellas y seguramente a hacer lo que no pudieron hacer en el bar, cosas de novios, besos, abrazos, caricias y quien sabe que mas. Por otro lado Carlos y yo nos quedamos en la sala, le pedí que si tenía algo para picar ya que tenía algo de hambre, él muy atento me ofreció algo de comer, luego colocó música y sirvió unos tragos mas, me dijo que yo le parecía una mujer muy agradable y que si me gustaría conocer la casa, le dije si que, que era muy bonita, así que empezamos el recorrido, dejando de ultimo su habitación en el segundo piso, estando en esta última se atrevió a darme un beso el cual no correspondí, ese no era mi plan, además mi hija estaba cerca, aunque no puedo negar que para ese entonces la panocha ya la tenía bien mojada y caliente porque así se me pone cuando tomo algo de licor, se me alborotan las ganas de pichar (follar) de una forma loca, pero tenía que no ser tan evidente.

    Carlos no se iba a dar por vencido tan fácilmente, me dijo que mi hija y su amigo estaban en la terraza haciendo sus cosas de novios y que no me preocupara por ellos y de nuevo se acercó a mi por detrás y me dio un abrazo, me acaricio el cabello, me dio unos besos suaves en el cuello, me empezó a tocar las tetas (ese es mi punto débil), así que dio en el blanco y no me quedo otra que dejarme llevar por esas ricas caricias y besos, luego fue bajando sus manos por mi cintura, luego mis piernas y después mis nalgas, ya estaba a punto de decirle que no esperara mas y me la metiera de una pero tocaba ir con calma, después quedamos frente a frente y los besos mas apasionados, con lengua y mas ricos, me quito la blusa y me beso las tetas, nos fuimos quitando la ropa poco a poco hasta que pude tocarle su polla, estaba tan dura que parecía un madero, era gorda y larga, que delicia tocar una polla así, pero mas rico seria tenerla en mi boca, me senté en la cama y se la empecé a mamar toda, estaba tan hambrienta de polla que la quería sentir adentro de mi panocha, se la mame un par de minutos cuando me Carlos me inclino en la cama para quedar acostada, me abrió las piernas y me penetro con ese pollon grande y duro, pude sentir como se iba abriendo camino por mi panocha húmeda y caliente, que cosa tan rica exclamaba yo pero sin hacer mucho ruido ya que pensaba que mi hija estaba cerca y podía venir en cualquier momento, claro que, mas era el delicioso placer de volver a pichar (follar) después de un par de meses de no hacerlo, Carlos me comía muy delicioso, se sabía mover, y su polla me saco un orgasmo muy rápido, pero yo quería mas así que me puse en 4 para que me diera mas polla, esa pose me gusta mucho, en esta pose me podía apretar las nalgas y metérmela con mas fuerza que era lo que yo quería, sentirla toda adentro, que los guevos golpearan fuerte al entrar la polla, Carlos me embestía de una forma deliciosa y entre mas me la metía mas dura se le ponía, ya era hora de tener otro orgasmo pero le pedí a Carlos que se acostara el para yo subirme a cabalgar, en esa pose tengo unos buenos orgasmos, así que no tardamos mucho en venirnos los dos al tiempo, que cosa tan rica, que orgasmo tan intenso y placentero, sentir como me dejaron la panocha llena de leche.

    Rápidamente nos vestimos y salimos de la habitación cuando estaba mi hija y su novio riendo con picardía, mmm que estaban haciendo, preguntaron y yo respondí: nada solo mirado la casa, mi hija: si claro, como no y se echaron a reír, luego bajamos a al primer piso, ya era hora de regresar a nuestra casa, así que pedimos un Uber y nos marchamos, ya en la casa mi hija me confeso que todo fue parte de un plan ya que Carlos le pidió a mi hija que quería conocerme mejor y era una buena oportunidad para empezar una amistad, pero en el plan no estaba que te fueras a la cama con él en la primera cita mama, solo era para conversar, pero ya veo que tenías la panocha ganosa, mi novio y yo los espiamos un rato porque se les olvidó cerrar bien la puerta, y mientras los estábamos mirando nosotros también pichamos (follamos) rico.

    Mama mañana te cuento bien todo que vimos y lo que hicimos, con un abrazo, un beso en la mejilla y una mirada picara nos fuimos a dormir.

    Saludos desde Colombia.

  • Mi suegro me come la cuca lechosa

    Mi suegro me come la cuca lechosa

    Hola a todos, este es mi segundo relato, el primero fue: “Mi primera infidelidad fue con dos hombres”, y esta es la continuación, espero les guste. Es una experiencia propia y real, sucedió por allá en el año 1997.

    Después de salir con mi prima una noche de rumba y de sexo loco, debía regresar a mi casa antes que mi esposo se fuera para el trabajo, el salia a las 5 am porque tenia que hacer unos viajes de carga a otra ciudad, mi esposo transporta mercancía en un camión y viaja entre varias ciudades, a veces se va 2-3 días seguidos. Pero justo no pude llegar a esa hora y cuando llegue a casa (5:15 am) mi esposo ya se había marchado, entonces me dedique a preparar el desayuno para mi tía, mi prima y para mi, ya que mi tía y prima tenían que salir para realizar unos exámenes médicos a mi tía y se iban a ir las dos.

    Ellas se fueron como a eso de las 7 am y me quede sola pensando todo lo que había pasado la noche anterior con esos dos chicos amigos de mi prima y de lo rico que la pasamos, me habían dejado la cuca bien lechosa con el semen de los dos y se me había ocurrido la idea de llegar para que mi esposo me diera su leche también, esa idea me tenia la mente muy dañada, de solo pensarlo el gallo me empezaba a palpitar de la calentura que tenia, pero no pude llegar a tiempo, otro día seria (pensé).

    Me dispuse a descansar, a dormir un rato para recuperar energía y como estaba sola me quite toda la ropa y me recosté en la cama, creo que llevaba como una hora dormida cuando sentí unas manos que me tocaban las piernas y cuando abrí los ojos puede ver a mi suegro, con los pantalones abajo y tocándose la verga, me asuste porque aun estaba media dormida y pensé que era un sueño, pero rápidamente recordé que mi suegro tenia que venir a reparar el aire acondicionado ya que el es técnico en esa área, y tenia una copia de las llaves de la puerta por había una emergencia, pero no era para que estuviera desnudo masturbándose y tocándome.

    Oye Miguel (así se llama mi suegro) que putas te pasa, que estas haciendo, súbete los pantalones y dejame tranquila o llamo la policía -le dije, pero el muy descarado me se abalanzo encima y me decía, callate puta, así te quería tener desde hace mucho tiempo, me gustas desde hace años y estas muy buena, con ese culo rico que tienes y esa cuca peluda, por lo que veo mi hijo te la dejo bien lechosa antes de ir a trabajar (mi suegro no sabia que era la leche de dos hombres y no precisamente de su hijo), así es como me gustan las cucas a mi, bien tragonas y calientes. Yo trataba de soltarme pero no podía, mientras mi suegro empezó a frotar su verga por mi panocha y podía sentir lo dura, grandota y gruesa que la tenia, era de unos 22 cm de largo, no se parecía en nada a la de mi esposo que era mas pequeña y delgada, empezó a besarme las tetas y el cuello y yo al ver que era inútil pelear contra la corriente entonces se me ocurrió que, si mi esposo no me dio su leche entonces que me la de el papa.

    Mi suegro tenia unos 45 años en ese tiempo, cuerpo atlético, piel canela, 1,80 de estatura, ojos claros y cabello negro. A mi se me fue alborotando la calentura y la cuca me pedía verga urgente, -le dije- mire suegro esto no puede pasar, no le podemos hacer esto a Roberto (mi esposo y su hijo), tampoco a Sandra (mi suegra y su esposa), -el dijo- tranquila que Roberto no tiene porque enterarse y Sandra, esa es mas puta de lo que te imaginas, este sera nuestro secreto y a partir de ahora vas a ser mi puta, así que relajate y disfruta, quiero que me des una mamada mientras termino de quitarme la ropa, obedece mi zorra y ya veras que la pasaremos muy rico, voy a terminar de llenar tu panocha de leche.

    Esas palabras me calentaban mas, era algo que nunca me habían dicho antes y escuchar que iba a ser la puta de alguien me calentaba al 100%, ademas pensaba todo lo que había hecho la noche anterior y como mi vida estaba tomando un giro de 360 grados respecto al sexo, esto me cambiaria la vida para siempre en el tema sexual. Así que decidí dejarme llevar por el momento y solo disfrutar, creo que las oportunidades como esa solo una vez en la vida y uno decide si vivirlas o dejarlas pasar, yo preferí vivirlas y gozar del sexo en todas sus expresiones. Ademas mi suegro tenia una vergota que de solo mirarla se me hacia agua la boca.

    Me baje de la cama y me arrodille para saborear su palote grueso y venudo, tenia unas guevas grandes también y le colgaban como a un toro salvaje, se la chupaba por todo lados, el tronco, la cabeza y los guevos me los pasaba por toda la cara, se la devoraba como perra salvaje, mi suegro decía que rico mi puta, sabes como mamar un palote como el mio, veo que mi hijo te ha enseñado muy bien a mamar verga, a ver que mas saber hacer mi zorra por que vamos a disfrutar esta mañana lluviosa. Después de un rato chupándole la verga me dijo, bueno mi puta ahora me toca a mi chuparte esa panochota rica, peluda y lechosa, nunca pensé que iba a probarle la leche a mi hijo y vea lo que es la vida pero tranquila mi puta que no es la primera vez que lo hago, mi esposa (o sea mi suegra), es mas puta de lo que piensas, si te portas bien luego te cuento sobre ese tema (esto se pone interesante, pensé).

    Así que me recosté en la cama y abrí mis piernas para sentir la lengua de mi suegro chupándome toda la raja caliente y lechosa, la experiencia no se improvisa y que lengua tan rica y deliciosa me estaba dando mi suegro, me chupaba la panocha lechosa por todos lados, el gallo, el culo, los labios, me metía la lengua, que cosa tan maravillosa, mi panocha ya quería ser penetrada así que le dije, suegro quiero sentir ese palote duro dentro de mi, hágame suya, vuelvame su puta, deme verga que estoy muy arrecha, mi suegro se levanto y me la clavo toda que sentí que me enterraba su lanza hasta las guevas, deme así suegro démela toda, metame hasta las guevas, que rico se siente, el me decía: siente como te como la cuca mi perra sucia, te voy a volver una puta sucia como lo es mi mujer, te voy a dejar la cuca bien lechosa como te gusta mi zorra.

    Dame tu leche mi macho, seré tuya y de tu hijo, clavame rico que estoy que me vengo, y ese hombre mas duro me la metía y sacaba, hasta que sentí que ya no aguantaba mas y me vine, que orgasmo tan delicioso, entonces mi suegro se sentó en la cama y yo encima de el, frente a frente, con mis piernas le rodeaba la cintura y esa vergota la sentía mas mas y mas adentro, tenia la cuca super mojada y caliente y así estuvimos unos minutos cuando me dijo que ya se iba a venir, me concentre para tener otro orgasmo junto con el y logramos venirnos al tiempo, dejándome la panocha llena de leche que se salia por los lados, que culiada tan maravillosa, no podía creer que había estado con 3 hombres en menos de 6 horas y que tenia la cuca llena de 3 leches diferentes y ninguna era la de mi esposo, que sensación tan maravillosa, desde ese día cambio mi forma de ver el sexo y tenia pensado en volverme la puta mas puta de todas, desde ese día mi vida no volvió a ser la misma.

    Quería que mi suegro me diera mas verga ese día pero mi tía y mi prima estaban pronto a regresar a casa, así que mi suegro se fue a reparar el aire acondicionado y yo a dormir un poco, ya era suficiente sexo por ese día.

    Con cariño, zorra25

  • Una mujer doble cara

    Una mujer doble cara

    Me considero una mujer doble cara, ya que con mi familia, amigos y conocidos cercanos soy una persona introvertida, amable, dedicada, respetuosa y responsable, sin embargo, obviamente oculto este lado mío, mi gusto y curiosidad a querer tener diversas experiencias sexuales. He tenido algunas experiencias, no he cogido con muchos hombres, considero importante mi seguridad y salud, soy una mujer limpia y sana. Me considero una chica tímida, pero algo traviesa.

    Físicamente soy gordita, mido 1.57 cm, morena, cabello negro ondulado, ojos marrones, me han dicho que en ellos muestro cierta inocencia, labios un tanto gruesos, cara redonda. Mis senos podría decir que soy de talla mediana, no son redonditos, areolas cafés, soy caderona, culona y piernona.

    En cuanto a mi forma de vestir, no uso faldas ni vestidos, me gusta usar jeans que hagan notar lo culona que soy y algunos remarcan la raya de mi panocha, me gusta usar brasieres que levanten mis senos y hagan notar su tamaño, playeras no tan escotadas pero que se aprecien un poco.

    Tengo diversas fantasías que no sé si me atrevería a cumplirlas todas, pero me masturbo pensando en lo rico que se ha de sentir.

    Una de mis fantasías es ser cogida por hombres mayores que yo, que me lleven más de 15 años. Me excita imaginar que alguien así me haga sentir cosas que chicos con los que he tenido sexo no me han hecho sentir o experimentar, el hombre más grande con el que estuve era 18 años mayor que yo, aunque solo fue sexo oral, y otro que me cogió era 9 años más grande que yo. Otra cosa que me gustaría sentir es ser cogida por dos hombres o más. También algo que me excita pero no sé que tan probable sea que realmente me atreva es experimentar el BDSM, claro sin nada extremo pero si sentirme sumisa, que un hombre sepa dominarme y tratarme como la puta que oculto.

    Cosas que he hecho es obviamente el sexo vaginal, oral y anal, aunque este último me ha incomodado un poco pero no niego que lo disfruté. Posiciones solo he hecho la del misionero, con mis piernas en sus hombros y en cuatro, está me excita más, me encanta sentir como me meten la verga teniéndome empinada, sujetando mi cabello y dándome de nalgadas.

    He salido tal vez con unos 14 o 16 hombres que he conocido por alguna red social o página para chatear, aun así no he tenido sexo con todos, de esos con los que salí tal vez a 5 deje que me cogieran y con otros 2 fue pura masturbación. Poco a poco iré compartiendo mis experiencias por aquí.

    Algunos podrían pensar que no soy tan inocente como digo que parezco ser por todo lo que he contado aquí, realmente no soy una mujer tan atrevida, no soy quien dé el primer paso, pero si estoy con alguien que atrae y me hace sentir cómoda y en confianza tanto en chat como en persona, me dejó llevar por la situación. Por chat o por escrito me expreso bien, en persona no creerían que soy la misma mujer a la que le gusta el sexo.

    A pesar de tener gusto por esto también me doy a mi lugar, ante todo me gusta que me respeten como persona y como mujer, el hecho de no ser una santa, contar mis experiencias y fantasías, no me hace merecedora de un mal trato o de querer obligarme a cosas que no quiero. Si a alguien le doy paso de cogerme espero que todo sea sano, limpio y seguro.

  • El jefe de su marido (cuarto capitulo)

    El jefe de su marido (cuarto capitulo)

    Antes de ir a buscar a su hija decidió pasar por alguna tienda de lencería para hacer lo que le había pedido el señor Carlos. Siempre iba con su hija a todos los recados pero en este caso se veía incapaz de llevarla porque ese día era distinto. Recordó el enfado de ese hombre cuando vio sus bragas y su manera brusca de romperlas y una punzada de excitación la hizo avergonzarse.

    Le había dado mucho dinero para esa compra y recordó que allí cerca había una selecta tienda de ropa de lencería y decidió pasar por ella. Lo último que quería era que ese malnacido se volviera a enfadar si veía que se había gastado el dinero en bragas baratas.

    Jamás había entrado en una tienda de aquella categoría y hasta percibió las miradas de la dependienta sorprendida de que una mujer que se veía a simple vista que no era adinerada, traspasara las puertas giratorias de la tienda donde trabajaba.

    – Hola, buenos días. – La mirada de desconfianza de aquella mujer se vio compensada por su amabilidad. – Le puedo ayudar en algo?

    – No gracias. – la voz nerviosa de Silvia delataba que aquella era la primera vez que iba a una tienda así – Echaré un vistazo. Gracias.

    – Si algo necesita no dude en preguntar. Mi nombre en Cristina.

    – Gracias Cristina.

    Mirando hacia el fondo vio que allí estaba la zona de las prendas que ella buscaba y se encaminó hacia allí. Silvia siempre había sido una mujer que usaba bragas muy normalitas y sencillas y cuando vio aquella gama de diferentes clases de ropa interior se sintió abrumada por lo que veía y por sus precios. Se sintió mal de pensar que el precio de una sola de aquellas prendas era casi lo que se había gastado ella en los últimos seis meses en sus bragas de mercadillo.

    Eran realmente bonitas y ni siquiera sabía por cuales decidirse. Vio una preciosa pero enseguida la devolvió a su sitio al ver que la tela transparentaba todo. Solo imaginarse con ella puesta le dio vergüenza. Vio unas cuantas más.

    – Son todas muy bonitas – la voz de la dependienta le asustó al estar tan concentrada – Es muy difícil decidirse por una. Verdad?

    – La verdad es que si.

    – Me deja ayudarla? – le sonrió con cariño – Es la primera vez que viene aquí. No?

    – Si – aquella dependienta era agradable y la miraba con ternura y consiguió que se calmara un poco.

    – Es normal que se sienta así. Para mí será un placer.

    – Por favor no me trates de usted – que una mujer de unos cincuenta años la tratara de usted le hacía sentir mal.

    – Perdona. Aquí solo suelen venir mujeres estiradas con mucho dinero y exigen que se les trate de usted – acercó su cara a la de ella y habló bajito como para que nadie le escuchara – Son unas amargadas y necesitan comprar estas cosas para gustar a sus maridos.

    Se rieron juntas ante aquel comentario.

    – Creo que eres la mujer más joven que entró aquí desde hace meses. Por eso me sorprendí al verte entrar. Y creo que lo notaste, me equivoco?

    – Un poco si.

    – Disculpa.

    – No pasa nada, tranquila. – Silvia cada vez se sentía más cómoda con aquella mujer. Era sincera y simpática

    – Entonces que te gustaría comprar? Veo que has estado ojeando solo braguita. Tanga o culote no quieres?

    – Siempre me he sentido más cómoda con braguita normal.

    – Es mucho más cómoda la verdad. Yo soy como tu y sólo uso tanga en ocasiones muy especiales o por algún vestido.

    – Yo ni eso – le avergonzaba reconocer que era demasiado tradicional en cuanto a su ropa interior.

    – Ni para una ocasión especial? – Cristina se fijó en el anillo de casada de Silvia – A muchos hombres les gustan los tangas. A tu marido no le gustan?

    – Supongo que si.

    – Supones? – Cristina con cara de broma hizo como que la regañaba – Uy ahí falta comunicación eh!!

    – Un poco últimamente si – Silvia se puso triste al hablar de su marido y recordar su distanciamiento de los últimos meses.

    – Todos los matrimonios tienen épocas mejores y peores. Yo antes de quedar viuda, había meses que con mi esposo nos pasábamos muchas horas teniendo sexo y luego había meses que de pascuas en flores.

    – Siento lo de tu marido.

    – Tranquila reina. Ya fue hace más de diez años y ya lo he superado. Lo recuerdo mucho pero es así la vida.

    – Pero eres joven. No te volviste a casar o tener pareja?

    – No, que va. He tenido amigos íntimos pero pareja no quiero, estoy muy bien así.

    A Silvia le sorprendía la naturalidad de aquella mujer para hablar de cosas personales e incluso íntimas. Ella debido a su timidez y su vergüenza siempre había admirado a la gente así. Se sentía muy a gusto con la conversación.

    – … Pues tu marido que espabile eh!! – aquella mujer seguía hablándole con aquel desparpajo – Estoy segura que muchos hombres darían lo que fuera por estar con una mujer como tú de bonita.

    – Supongo que soy normal – Silvia se ruborizó ante los piropos de aquella mujer – pero gracias por el halago.

    – De normal nada reina – le cogió una mano y la giró quedando delante de un espejo de cuerpo entero – Tu en casa no tienes espejos? – Cristina se quedó detrás de ella y le hablaba desde su hombro – Eres guapísima y tienes un cuerpo muy bonito.

    – Gracias – estaba colorada ante las cosas que aquella mujer le decía y se sentía halagada. – Tu también eh!!

    – Para mis años no me quejo aunque mis esfuerzos me lleva poder mantenerlo. – Se miraban en el espejo mientras se hablaban – Perdona por haberte hecho sonrojar.

    – Es que nunca una mujer me había dicho esas cosas y no sé… – Silvia intentaba no mirar directamente al espejo donde estaban los ojos de esa mujer mirándola – Es extraño.

    – Como puedes comprobar soy muy natural y puedo ver que tu eres muy vergonzosa. Y yo también estoy sorprendida por haberte dicho esas cosas.

    – Soy demasiado vergonzosa.

    – Por la vergüenza perdemos muchas oportunidades de vivir cosas muy bonitas.

    – Y como se hace para perderla?

    – Respirar hondo y cerrar los ojos y decir lo que se siente. Ese sería un buen principio.

    Silvia se giró y volvió a mirar las braguitas y se fijó en aquella que transparentaba todo. Cristina se dio cuenta y la cogió.

    – Antes vi que cogías esta braguita y la soltaste como asustada. Te gusta?

    – Si

    – Te dio reparo imaginarte con ella?

    – Es que se verá todo con ella puesta.

    – Te la regalo. Déjame ayudarte a superar tu timidez reina.

    – Pero es carísima. No puedo aceptar este regalo.

    – Claro que puedes. Será un detalle para la clienta más agradable de mi boutique.

    – La boutique es tuya? Pensé que eras una empleada.

    – La abrí hace un año. No me gusta que la gente sepa que soy la dueña y prefiero que piensen que soy una dependienta.

    – Eres muy buena conmigo, gracias. Pero para aceptar tu detalle me llevaré alguna más.

    Al final se decantó por unas braguitas blancas, unas rojas, unas azules y otras negras. Se fijó en un tanguita rosa y lo cogió.

    – Te haré caso y me llevaré un tanga – se rieron como haciendo una travesura juntas.

    – Estoy segura que a tu marido le encantará todo – Eres una joven encantadora.

    – Gracias Cristina – sus mejillas no lograban retomar a su color natural – Espero que le gusten – se sintió algo triste de saber que para quien había comprado toda aquella preciosa lencería no era para Mateo sino para un viejo al que odiaba.

    – Ya me contarás. – y le guiñó un ojo con esa complicidad que solo dos buenas amigas tienen. – Aún no me has dicho tu nombre.

    – Oh perdona, soy un desastre. Silvia, me llamo Silvia.

    – Encantada Silvia. Aquí tienes una amiga – cogió las prendas que había elegido – Alguna más?

    – Nooo!! Creo que ya me emocioné cogiendo de más.

    – Vayamos a la caja entonces. – Cristina registró toda la compra – En total son doscientos noventa euros. Esta te la regalo yo.

    Silvia sacó su cartera y sacó los trescientos euros que el señor Gómez le había dado y le pagó.

    -Si tienes algún problema con la talla o no te convence alguna, prométeme que me lo dirás. De acuerdo?

    – Vale, de verdad te agradezco mucho todo. Me has hecho fácil este trago.

    – Eres una chica muy maja. Ojalá todas las clientas fueran así como tú. – cogió un bolígrafo y anotó algo en un papel – Aquí tienes mi número para lo que necesites. Normalmente estoy aquí hasta las ocho de la tarde que cierro.

    – Ah vale – cogió el papel y se lo guardó en el bolsillo. – Ahora al salir te mando un mensaje y así tienes el mío.

    – Perfecto Silvia.

    Se despidieron con un beso en la cara y salió de allí con una sensación que no sabía explicarse. Al empezar a caminar hacia la casa de su cuñada se dio cuenta que no podía ir con aquella bolsa de la boutique de lencería más cara de la ciudad a recoger a la niña. Como podría explicar que se había gastado todo ese dinero en unas bragas? No sabía que hace. Se puso nerviosa.

    – Silvia, todo bien? – era Cristina que estaba cerrando la tienda para irse a comer

    – Es que… – no sabía cómo explicar aquello.

    – Puedo ayudarte? – aquella mujer se acercó a ella y agarró su mano con delicadeza.

    – Tengo que ir a buscar a mi bebé a casa de mi cuñada y no sabría como explicarle esto – levantó con timidez la mano con la bolsa.

    – Jajaja… Tu y tu vergüenza. Eres adorable reina. A ver… tu tienes algo que hacer esta tarde?

    – Creo que no. – la verdad es que nunca tenía nada que hacer salvo bajar al parque con la niña

    – Pues ya está. Si quieres te llevo yo la bolsa para mi casa, no te lo dije antes pero los viernes por la tarde y fines de semana tengo una empleada.- a Silvia le encantaba la manera de hablarle que tenía aquella mujer- Puedes pasarte a la hora que quieras. Te parece buena idea?

    – Eres muy buena conmigo. Gracias, me acabas de salvar la vida.

    – Ven, vayamos caminando y así ya te digo donde vivo.

    Después de enseñarle donde vivía y decirle el piso se separaron. Silvia hubiera deseado estar más tiempo con ella, le gustaba lo que le transmitía. Le infundía una especie de calma y a su vez nervios extraños. Su voz era suave y desprendía ternura al hablar y con su mirada. Se ruborizó al recordar los nervios que había sentido cuando esa mujer la puso frente al espejo de la tienda y lo que sentía cuando le decía lo bonita que era casi al oído. Pensó que estaba loca de haberse sentido algo excitada con aquello, a ella solo le gustan los hombres, a ella solo le gustaba su marido. Había leído que algunas mujeres aun siendo heteros a veces fantaseaban con otras mujeres, pero ella jamás había tenido pensamientos así.

    Su sentido de culpabilidad y su estado de evidente nerviosismo le hizo rechazar la invitación de su cuñada Marga. Se disculpó con la promesa que la próxima semana quedaría con ella para charlar con calma.

    Ya en casa dio de comer a su retoño y la acostó. Se quedó dormida y se sentó al lado de la cuna. Por ella haría lo que hiciese falta, de hecho ya lo estaba haciendo, pensó.

    Comió algo y decidió tumbarse un poco en el sofá. Era cerrar los ojos y la visión del grueso pene del señor Gómez se adueñaba de su mente. Abría los ojos inmediatamente para ahuyentar aquella imagen que la estaba atormentando. Los cerraba de nuevo y recordó la manera que aquel miembro había invadido su boca y aquel mar de sensaciones enfrentadas que había sentido. Una punzada en su sexo le hizo abrir los ojos y como quien busca algo a tientas, a oscuras, con miedo de encontrarlo, llevó su mano entre sus piernas y se asustó al darse cuenta que estaba muy mojada. Su sexo estaba rogando, quizás exigiendo ser calmado.

    Se sintió como cuando era una adolescente y las hormonas le empujaban a masturbarse continuamente. Lo hacía al despertarse, en la ducha, a veces tenía que interrumpir sus horas de estudio para tocarse bajo el escritorio y ya al acabar el día, su cuerpo le imploraba ser acariciado antes de dormir.

    Ahora en el sofá comenzó a tocarse y sentía su vagina especialmente sensible. Cerró los ojos intentando pensar en su amado esposo, pero era una batalla perdida y su mente viajaba a esa mañana. El recuerdo del instante de su cuerpo sobre la boca de ese señor era demasiado perturbador y alejaba cualquier recuerdo de su marido. Se levanto agitada, nerviosa. No podía permitir que ese hombre se adueñara de sus momentos de placer en solitario.

    Se dio una ducha rápida, no quería que el agua cálida resbalando por su cuerpo le tentara de terminar lo que había empezado en el sofá. Se vistió e intentó distraerse recogiendo la ropa seca del tendedero. Se sentía muy sensible, demasiado y cualquier roce con su cuerpo le provocaba un placer muy agradable que no podía evitar reconocer que le gustaba.

    Ya no sabía que hacer para estar distraída y se acordó de Cristina. Miró la hora y se acordó que le había dicho que le enviaría un mensaje al salir de la tienda para que tuviera su número. Buscó el papel donde esa mujer había anotado el suyo y lo guardó en los contactos de su agenda telefónica. Abrió el WhatsApp y le escribió un mensaje.

    Silvia: “Hola Cristina, antes me olvidé de escribirte el mensaje. Soy Silvia.“

    Al momento vio que le llegaba un mensaje de ella.

    Cristina: “Hola Silvia. No te preocupes, tengo tu bolsa aquí y sabía que me escribirías. Jajaja. Es broma reina, estabas muy nerviosa y lo comprendo“

    Silvia: “Si, me puse muy nerviosa. En poco tiempo esta mañana me ayudaste mucho dos veces. Gracias!!“

    Cristina: “Eres encantadora y te ayudaré todas las veces que haga falta“

    Silvia: “Me dejas sin palabras. Tu también eres encantadora“

    Cristina “Acuérdate que puedes venir a la hora que te vaya bien.“

    Silvia: “Puedo pasar ahora por ahí?“

    Cristina “Claro. Me acabo de despertar de la siesta. Vente ahora“

    Silvia: “Preparo a la niña y voy para ahí. Un beso“

    Cristina: “Besos Silvia“

    Apoyó el teléfono en la mesa del salón y se quedó pensativa. Era muy extraña la sensación que sentía cuando recordaba a aquella mujer. Se sentía muy halagada cuando le decía cosas bonitas y le gustaba mucho como esa mujer sabía decir las cosas y su manera de decirlas con naturalidad y ternura. Se percató que tenía ganas de volver a verla y sentir su compañía.

    Preparó las cosas de la niña y la acostó en la silla. Decidió dar un paseo e ir caminando pues hacia un buen día. Enseguida llegó a la casa de Cristina y la recibió con mucho cariño.

    – Perdona que esté con estas pintas, pero desde que me escribiste no he parado de recibir llamadas- aquella mujer llevaba una elegante bata de raso azul que le llegaba un poquito por encima de las rodillas.

    – Con estas pintas dices? – Silvia se sorprendió de lo elegante y guapa que estaba. – Esa bata es preciosa, te queda muy bien. Tenías que verme tu las pintas que tengo en mi casa.

    – Gracias reina – con un gesto la invitó a pasar – Como comprenderás gracias a la tienda yo lo tengo fácil con este tipo de ropa.

    – Ya, eso sí. Que suerte!!

    Cristina le propuso dejar a la niña dormir en la habitación de al lado y así no la molestarían al estar hablando y a Silvia le pareció buena idea. Dejó allí a la niña y se sentaron una frente a la otra.

    – Tienes una bebé muy hermosa.

    – Tu tienes hijos? – Silvia sentía interés por conocer cosas de esa mujer. – Perdona la pregunta.

    – No tengo nada que perdonarte cariño. Si, tengo dos hijos, una mujer de treinta y seis años y un hijo de veintiocho.

    – De treinta y seis? – Silvia se sorprendió de que aquella mujer tuviera una hija de aquella edad – Pero cuantos años tienes? Vaya, perdona otra vez. No paro de preguntar cosas. A veces soy muy curiosa y no debería.

    – Puedes preguntar todo lo que quieras saber Silvia – de nuevo le sonrió con mucha ternura – La curiosidad es buena, es la manera de aprender. El que no sabe pregunta y es como aprende, el que no sabe y no pregunta nunca, siempre se quedará sin respuestas. Ah, tengo cincuenta y seis años.

    – En serio? – ella pensaba que tenía menos. Era una mujer muy guapa y sin ninguna arruga y tenía un cuerpo bonito – Pues no los aparentas ni de broma. Yo pensaba que tendrías cincuenta como mucho.

    – Vaya, te lo agradezco. Ahora aún me caes mejor. Y tu, puedo saber cuantos tienes?

    – Claro, yo tengo treinta y tres.

    – Tu tampoco los aparentas, tienes cara de niña.

    – Gracias!! – Silvia se sonrojó de nuevo por un halago de esa mujer.

    – Que vergonzosa eres. Cuando te ruborizas estás muy hermosa reina.

    – Uff… Soy demasiado vergonzosa, muchas veces me da rabia serlo.

    – Esta mañana ya me di cuenta que eras muy vergonzosa. Con los años se van perdiendo esos pudores, ya lo verás. Que es lo que te avergüenza cariño? Quieres contarme?

    – No se, creo que todo – Silvia suspiró como buscando aire y encontrar respuesta a la pregunta de su nueva amiga

    – Te avergüenza que te digan cosas bonitas? Tu cuerpo? El sexo? – aquella mujer intentaba hacerla pensar sobre los motivos de su vergüenza y que los expresara con naturalidad.

    – Que me digan cosas bonitas me pone colorada.

    – Te avergüenza sentirte deseada reina?

    – Creo que si.

    – Y por tu marido te da vergüenza sentirte deseada?

    – Por mi marido no, pero bueno, ya no me siento tan deseada por él como antes – se sentía sorprendida de estar diciendo aquellas cosas, Cristina estaba consiguiendo que se desahogara con ella.

    – Tu cuerpo te avergüenza?

    – No quiero parecer presumida pero mi cuerpo me gusta.

    – Entonces tu cuerpo no te avergüenza?

    – Físicamente no me avergüenza pero… – se detuvo en seguir contestando.

    – Pero? – Cristina sentía que esa joven necesitaba desahogarse y echar fuera todos sus temores y deseaba ayudarla.

    – Lo que me avergüenza de mí cuerpo es como siente. Cuando alguien me mira o me dice cosas es como si reaccionara demasiado y eso me avergüenza mucho.

    – Te excitas fácilmente aún con pequeños estímulos, es eso?

    – Si y me siento rara.

    – Cariño excitarse fácilmente es una virtud si se sabe manejar. Acaso no te gusta sentirte excitada?

    – Si me gusta, pero mi marido está todos los días cansado y a veces me siento como cuando era una adolescente.

    – Que pasaba cuando eras adolescente? Quieres contarme?

    – Me masturbaba continuamente – antes de decirlo Silvia no pudo evitar desviar la mirada.

    – Te sientes incomoda reina?

    – No se, me gusta poder decir esto que nunca conté a nadie pero no puedo evitar sentir vergüenza.

    – Recuerda lo que te dije esta mañana. Respira profundo, cierra los ojos y desahógate cariño.

    – Vale, lo intentaré.

    – Dices que te da vergüenza decirme todas estas cosas pero que te gusta desahogarte. Verdad?

    – Si

    – Te sientes excitada al hablar estas cosas?

    – Si… – Silvia llevaba muy sensible todo el día y aquella situación de contar cosas tan íntimas la había excitado. Aquella mujer sabía cómo hacerla sincerarse.

    – Y piensas en algo en concreto?

    – No, solo siento que estoy excitada de hablar contigo esto.

    – Te gustaría masturbarte?

    – Si pero… – Silvia sentía la necesidad de tocarse, su sexo se lo estaba exigiendo.

    – Pero? Cariño no sientas vergüenza de lo que te ocurre.

    – Pero odio masturbarme, me siento mal cuando termino. Es que no se…. – Silvia se tapó la cara con las manos apuntó de comenzar a llorar ante aquella desesperación que sentía.

    – Tranquila cariño – Cristina al ver lo que le sucedía a aquella joven se levantó y la abrazó con ternura.

    Silvia al sentir aquel abrazo tan cariñoso de aquella mujer se abrazó a ella y hundió su rostro en su cuello. Era un abrazo cálido, sensible. Su cuello olía muy bien y por primera vez se sintió protegida por alguien. La mano de esa mujer acarició su cuello, su pelo. Le besó la cabeza. Y Silvia estaba muy sensible y se estremeció.

    – Quieres que sea yo quien te masturbe reina? – la voz suave de esa mujer acarició su oído.

    – Es que a mi no me gustan las mujeres Cristina – temía que esa mujer hubiera creído lo que no era, ella era heterosexual y nunca se había ni siquiera imaginado como sería estar con alguien de su mismo género.- Soy hetero.

    – Yo también soy hetero cariño. Nunca he acariciado a otra mujer.

    Silvia al escuchar aquellas palabras se estremeció e inconscientemente besó el cuello de aquella mujer. Acercó su boca al oído de ella.

    – Pero yo no se si seré capaz de acariciarte. No estoy preparada Cristina. – le hablaba bajito como si no estuvieran solas.

    – Tranquila cariño. Llevo muchos años haciéndolo yo sola, por eso no te preocupes.

    – Gracias, eres tan buena conmigo. Acerca tu oído… – Cristina acercó el oído a la boca de Silvia y en un susurro se lo pidió – mastúrbame por favor.

    Aquella mano suave que nada tenía que ver con la mano del señor Gómez acarició su muslo despacio subiendo lentamente. Las dos estaban nerviosas, excitadas. Una por sentir que por primera vez iba a sentir la mano de otra mujer acariciando su sexo y la otra por sentir como sería pasar su mano por la vagina de aquella joven. Cristina apoyó la mano sobre la braga y se enterneció al notar la tela totalmente mojada. Se dio cuenta que su joven compañera, de verdad necesitaba aplacar aquella excitación y ella estaba feliz de poder ayudarla. Silvia temblaba como una gatita asustada y ella la abrazaba y besaba su cabeza con cariño.

    Cuando metió la mano por dentro de la prenda íntima las dos gimieron al sentir el contacto mano coño. Aquella mano era suave y delicada, aquel coño era tierno y también muy suave. Ambas sentían placer por lo que estaban sintiendo. Aun siendo tan diferentes las caricias del señor Gómez y las de esa mujer, Silvia sintió que los dos sabían como hacerla sentir un placer jamás imaginado por ella.

    Se abrazó a Cristina fuerte cuando empezaron a temblarle las piernas, ésta al sentir lo que le estaba pasando, introdujo un dedo en aquella estrecha vulva y lo empezó a mover como si su dedo fuera el mejor de los amantes.

    Y por primera vez en mucho tiempo Silvia gimió con libertad, gimió al oído de aquella amante inesperada que tanto placer le estaba haciendo sentir. Sintió que la llave que hacía desbordar su coño en eyaculaciones inexplicables estaba siendo manipulada por aquel maravilloso dedo. Deprisa cogió una manta que vio a su lado mientras hablaba con Cristina y la puso bajo sus muslos. Y sucedió. Entre gemidos libres de vergüenza y casi sollozando de placer comenzó a eyacular. Fueron uno, dos… hasta cuatro chorros de placer que brotaron de su coño tan magníficamente acariciado por aquella mujer. Chorros acompañados cada uno por las caderas levantadas y su cuerpo arqueado y que Cristina observaba maravillada.

    Se acurrucó contra Cristina y lleno de besos sus mejillas en agradecimiento por lo que había pasado. En ningún momento buscó su boca por no sentirse preparada para besar de manera tan íntima a otra mujer. Cristina estaba feliz y besaba la cabeza de la joven. Se sentía satisfecha y contenta de haber provocado aquel orgasmo a Silvia.

    – Estás mejor reina? – la dulce voz de esa mujer volvió a acariciar los oídos de Silvia.

    – Estoy muy bien y tu?

    – Estoy feliz cariño. Acariciarte ha sido maravilloso.

    – De verdad nunca habías acariciado a otra mujer?

    – Nunca lo había hecho.

    – Pues lo haces muy bien – mirando la manta empapada y el suelo le dijo – bueno ya lo ves, no hace falta decir nada.

    – Por eso te da vergüenza? Por tus orgasmos?

    – Creo que si.

    – Son maravillosos tus orgasmos. Tendré que emplearme mejor conmigo misma para ver si alcanzo algún orgasmo así.

    – Yo a mi misma no soy capaz.

    – Ah no?

    – No

    – Entonces tendrás que ayudarme tu – sonrió con ternura – Es broma cariño. Entiendo que no estés preparada para eso.

    – No se si sería capaz Cristina pero si algún día me veo capaz te lo diré. Vale?

    – Claro, tu no te preocupes. – mirando su braguita totalmente mojada por la eyaculación le dijo – creo que hoy vas a tener que estrenar una de tus braguitas nuevas reina – sonrieron juntas al darse cuenta que tenía razón.

    Cristina se levantó y le ofreció su mano a Silvia para que la siguiera. La llevó hasta su habitación y sobre la cama reconoció la bolsa de la boutique.

    -Date una ducha o aséate un poco si quieres, ese es mi baño.- Abrió una puerta y encendiendo la luz la invitó a pasar al baño – Yo mientras voy a limpiar el suelo del salón.

    – Siento mucho como dejé todo.

    – Será un placer tener que limpiar algo tan maravilloso.

    – Gracias – Silvia no pudo evitar abrazarla y darle un beso en la cara – tu si que eres maravillosa.

    Silvia se dio una ducha y cuando estaba secándose apareció Cristina en la habitación. Por instinto se tapó con la toalla su cuerpo desnudo…

    -Uy esa vergüenza vuelve a aparecer?

    – Un poco, ya sabes que no puedo evitarlo.

    – No te preocupes, ya verás como poco a poco irás superando eso y cuenta con mi ayuda para lo que necesites.

    Tenía la ropa sobre la cama y tuvo que salir del baño con la toalla, se encontró con Cristina que se estaba desabrochando el nudo de la bata. Sin darse ni cuenta se quedó mirando como se la quitaba quedándose con un precioso pijama de dos piezas también de raso a juego con la bata. Se miraban una a la otra

    -Voy a pasar un momento por la tienda. Te importa si me cambio aquí?

    – No – la verdad es que por primera vez Silvia sintió curiosidad por el cuerpo de aquella mujer. – Cámbiate aquí por favor.

    Se quedaron en silencio. Silvia de pie con la toalla ocultando su cuerpo. Mirándose. Esa mujer se quitó la parte de arriba quedando sus pechos desnudos. Eran un poquito más pequeños que los de Silvia lo que les permitía a pesar de la edad seguir manteniéndose totalmente firmes. Silvia se fijó en sus pezones oscuros y con la areola grande. Eran grandes aquellos pezones. Le atraía mirar aquellos pechos. Aquella mujer no apartó la mirada de la joven cuando se quitó la parte de abajo del conjunto. Era como si deseara escudriñar la mente de aquella chica que estaba observando su desnudez.

    Silvia se fijó en el pubis liso y libre de molestos vellos, las dos lo llevaban igual. Se fijó que el sexo de Cristina era algo más oscuro que el de ella que era mas rosadito. Sentía que le gustaba mirar a esa mujer desnuda. Ante su perplejidad pensó que era una mujer muy sexy y sensual. La mirada de esa mujer sobre ella le provocaba sensaciones agradables.

    Algo le empujaba a mostrar su desnudez a esa mujer y con lentitud se quitó la toalla. Se estaban mirando desnudas. Ambas miraban con admiración y curiosidad el cuerpo de la otra.

    -Eres hermosa Silvia

    – Tu también lo eres.

    Se vistieron con mucha calma sin dejar de mirarse. Las dos deseaban prolongar ese instante de observación mutua de sus cuerpos.

    Cuando Cristina iba a ponerse el sujetador, Silvia sintió como tristeza de pensar que la imagen de aquellos pechos iba a desaparecer y superando su vergüenza le dijo.

    -Espera Cristina!!

    La mujer vio como esa joven iba hacia ella apurada y sin decirle nada la abrazó. La abrazó fuerte pegando sus pechos desnudos contra los de ella. Cristina pudo sentir la necesidad de aquella chica por sentir sus tetas juntas y se quedó abrazada a ella sintiendo como los pechos de ambas se tocaban entre sí. Sentía sus pezones muy duros, demasiado y feliz sentía que a los pezones de Silvia les pasaba lo mismo.

    Los llantos de la bebé las hicieron volver en si. Silvia al separarse de ella volvió a besar su mejilla y le pidió perdón por tener que ir a atender a su pequeña.

    Regresó a la habitación con la niña en brazos, ya calmada al estar con su madre y vio que Cristina ya se había vestido. Está se ofreció a coger a la niña mientras ella se terminaba de vestir. A Silvia le gustaba mucho la complicidad que tenía con esa mujer y como la miraba con cariño. Ya vestida de todo se acercó a Cristina y al oído le dijo.

    -Para la semana que viene si quieres vengo otro día – se ruborizó un poco al decírselo – vale?

    – Me encantaría cariño. Cuando quieras puedes venir.

    – Ahora nos tenemos que ir esta pequeña y yo.

    – Yo también bajaré un momento a la tienda.

    Bajaron juntas y en el portal se despidieron. Al separarse y emprender camino en diferentes direcciones las dos iban sonriendo y sorprendidas por todo lo ocurrido.

  • Familia muy unida… demasiado (6)

    Familia muy unida… demasiado (6)

    Pasaban los días, de noche le hacía el amor a mamá una o dos veces, todas las noches, sin falta, hasta que ella impuso un poco de cordura.

    – Mi cielo, ya hemos pasado de la novedad, tenemos que continuar con nuestras rutinas de vida, especialmente tú, para evitar ponernos en evidencia ante terceros, incluyendo a Juanita, que está en esta casa de lunes a viernes, de 7 a 5. Por lo tanto, de hoy en más, una noche sí y otra no, como hacemos con tu papá. Las demás noches son tuyas, para tus mujeres de costumbre, porque ellas también tienen derecho a su semental.

    – Está bien, mami, tienes razón. Ya Ángeles me timbró, hoy me dijo que la tengo abandonada. Lo malo es que después de ti, no sé cómo me voy a sentir con ella. Ya veremos. Los colombianos dicen que quien va a comer sándwiches donde hay lomito – le comenté.

    – Entiendo la parábola, gracias por lo que me corresponde, pero te digo que te mentalices de con quien estás, en cada ocasión, para que lo pases bien y especialmente no pronuncies nombres jamás. Se pueden cometer errores terribles.

    – No hay problema, todo se arregla con un “mi amor” o un “mi cielo” o “mi vida”. Que hipocresía, ¿Verdad? – la tranquilicé.

    – Si, mi amor, cosas de la vida, jajaja – me dijo con certidumbre.

    Esa noche fui a casa de Ángeles, a cumplir con una de mis chicas, la más ardiente de todas y la que más me echaba en falta. Solo pude darle una sesión, un solo polvo que no fue gran cosa, porque realmente no me sentía inspirado con ella. Solo tenía cabeza para pensar en Anaís. Ya pasaría… – ella me cuestionó:

    – Te noto frío conmigo, ¿Qué te pasa? ¿Ya no me quieres?

    – Discúlpame, mi amor, es la ausencia de papá, que no me termino de acostumbrar. Mamá y mis hermanas lo echan en falta y yo también. Ya mejoraré y te prometo más pasión para la próxima. Dame tiempo – me excusé con ella.

    – Claro, mi cielo, te entiendo. Yo también me sentí fría contigo hace dos meses, cuando Angelina se enteró de lo nuestro. Creí que me odiaría, pero gracias a Dios, ya lo superamos – me dijo.

    – ¿En qué quedaron, por cierto? – le interrogué.

    – Bueno, al final entendió que soy una mujer activa sexualmente hablando y cuando le hablé de lo maravilloso que es follar contigo, pues, me entendió. Le expliqué que no eras como para dejarte pasar solo porque a ella le gustabas, pero no se atrevía. Ya tenía claro que ella no se atrevía contigo, porque le daba miedo el tamaño de tu arma y eso que tú le habías prometido tratarla con paciencia y salivita. Así que entendió que si ella no, yo sí – me explicó, detalladamente.

    – ¿Pero y sigue molesta conmigo? – le pregunté.

    – No, me dijo que tú no tienes la culpa, que la culpable era yo por ser tan puta, aunque eso me lo dijo con una gran sonrisa, así que no me pude sentir ofendida. Yo creo que ella sigue pensándolo y que en cualquier momento se decide y se te ofrece. Yo no tendría ningún problema con eso. Sé que tú no eres para mí, pero podrías ser para ella y tal vez hasta me podría beneficiar, no sé… me imagino a ustedes casados, yo tu suegra, que rico… – me dijo con cara de vagabunda, de zorra.

    – Si algún día me caso, será porque esté enamorado y entonces seré fiel, solo ella, nadie más… le dije, con una sonrisa.

    – Si, como no, como dicen los ingleses “y los cerdos vuelan”.

    Esa noche, al salir del apartamento de Ángeles, me tropecé con su hija, Angelina. Yo salía, ella regresaba y nos topamos. Nos quedamos viendo, un rato que pareció interminable y entonces sonrió, me dio un beso en el cachete y me preguntó:

    – ¿Todo bien con mamá? ¿Quedó satisfecha, como siempre?

    – Hoy no fue mi mejor noche. Pero pregúntale a ella, será mejor la información. Si necesitas que te aclare algo, me avisas… – le dije con sorna y me fui sin esperar respuesta.

    Al llegar a casa, me acosté a dormir en mi habitación, porque me parecía una falta de respeto regresar con aromas de otra mujer a la cama de mi madre-amante. Además, era necesario que Juana arreglara mi habitación al día siguiente, ropa incluida.

    Pasaron unos días y papá tuvo su primer fin de semana largo (viernes, sábado y domingo) libre y regresó a casa. Fue un fin de semana muy emotivo, mamá estaba como loca con él, su amor y mis hermanas ni se diga, se lo disputaban con mamá. Yo, el que menos, observaba desde la distancia. El hombre estaba tostado de sol, ese sol de la montaña que quema más que el de la playa. Y estaba feliz de volver a ver a su familia.

    Por la noche se dieron con todo, ya sin necesidad de escatimar gemidos y gritos. Mamá lo dejó hecho una ruina, tanto que el sábado se levantaron como a las 10 am y el aspecto de él dejaba mucho que desear. La fiera lo había destrozado y estaban felices…

    Mis hermanas también tuvieron sus raticos de ternura con papá, tratando de acapararlo, pero mamá lo reclamaba y ellas se quedaban con los crespos hechos. Ella estaba realmente feliz, se le notaba en su bella sonrisa, la que no le abandonó durante todo el fin de semana, hasta que llegó la hora de la partida.

    Esa noche me pidió que la dejara sola, que no quería compañía.

    De esa manera pasaban los días, yo atendía a mamá y me ocupaba de mis hermanas, en lo posible. Eran días felices, solo faltaba papá para hacerlo perfecto, pero todo iba bien. Hasta que una tarde de un sábado, Bea entró a mi cuarto para hablar conmigo.

    – Hola, hermanito, ¿Estás ocupado? necesito hablar contigo.

    – Dime, soy todo oídos… – le respondí.

    – Es algo delicado, muy personal, no sé cómo empezar… no quiero que te vayas a reír de mí o a escandalizar. Solo porque confío en ti me atrevo a decirte esto… – me decía muy nerviosa…

    – Deja de dar vueltas y al grano, sabes que no me voy a reír de ti, tú me importas, te quiero y te respeto… adelante… – le dije, mirándola a los ojos, para facilitarle las cosas…

    – Bueno… verás… yo soy virgen… a los 20 años todavía estoy sin estrenar y creo que ya es hora… siento que es así… mi cuerpo me lo pide… – me dijo, como tratando de encontrar el valor necesario para decirlo todo.

    – ¿Eso significa que ya tienes un candidato, que hay alguien que te emociona? Me gustaría conocerlo, saber quién es… soy tu hermano, creo que es lo mínimo… – le dije, mostrando cierta ansiedad.

    – Sí, claro que tengo un candidato, el mejor. Pero ya tú lo conoces bien, mejor que nadie – me dijo con mucha seguridad. Su sonrisa demostraba cierta inseguridad, pero era cálida.

    – ¿Se trata de Daniel, mi querido amigo? No te creo…

    – No, bobo, no…

    – ¿Y entonces, como es eso que lo conozco mejor que nadie? ¿Pancho…?

    – No, bobo, se trata… de… de… deee… ti… – me soltó con cierto temor, pero tratando de ser convincente.

    – ¿Me estas jodiendo? ¿Cómo es eso que se trata de mí, que quieres decir? – le pregunté totalmente desconcertado.

    – Que tú eres mi candidato, el hombre más adecuado para estrenarme, el hombre que más me quiere, por lo tanto… el tipo que me puede tratar con cariño, con ternura y además, con suficiente experiencia, según me puedo dar cuenta. Tus “chicas” dicen que eres un gran amante y si tienes a mamá tan feliz, pues no tengo nada que inventar. ¿Dónde voy a encontrar uno mejor? – expuso con total desparpajo.

    – Tú tienes una tuerca suelta, chama, yo no puedo ser tu candidato, soy tu hermano – le dije sencillamente.

    – Claro que sí, fuiste el candidato ideal para mamá, así que puedes ser el mío. Lo que es bueno para la pava mayor, puede ser bueno para la pava del medio. Eso lo tengo claro – ripostó ella, sin complejos.

    – Lo de mamá no se puede comparar con tu petición. Lo de ella era un asunto de la mayor importancia para papá y para la familia, que ameritaba mí escogencia. Lo tuyo es solo un deseo de estrenarte y para eso deben sobrar personajes en este mundo, que no producirían ningún problema. Tú eres una mujer realmente hermosa y además, muy agradable de carácter. No se te hará difícil encontrar con quien. Pero conmigo, no tiene sentido, soy tu hermano. No creo que esté bien.

    – ¿Por qué? ¿Por qué sería incesto? ¿Y cómo se puede llamar lo que tienes con mamá? Si ya lo haces una vez, otra no sería mayor pecado, sin importar las razones. Igual ya eres un pecador. ¿Qué es una raya más pa’ un tigre? – expuso ella con pasión.

    – No puedes comparar una cosa con la otra. Ya te dije que lo de mamá corresponde a una necesidad familiar muy grave. Lo tuyo no tiene urgencia, no representa un peligro para nadie.

    – Claro, lo mío no importa, solo lo de mamá. No hay problema… yo pensé que tú, mi hermano mayor, mi héroe, el que me enseñó a bailar, a montar bicicleta, a patinar, a besar, a manejar, el que siempre me consiente en todo, podías ser “mi primera vez”, para hacerlo memorable. Pero ya veo que ahora solo importa Anaís. Olvídalo, no te preocupes – y salió corriendo de mi cuarto, con los ojos inundados de lágrimas. Yo me quedé paralizado, sin saber qué hacer. Solo al rato, decidí ir tras ella, para tranquilizarla y, como ella dijo, consentirla un poco. Así que salí hacia su cuarto.

    Al tratar de entrar, Pepe me gruñó. No me quería dejar pasar, hasta que ella lo llamó. Entonces le pedí permiso para entrar a su cuarto, respetuosamente.

    – Mi niña linda, no quiero que te sientas mal. No se trata solo de mamá. No confundas las cosas. Yo no me atrevo a hacerlo, porque podría no ser lo correcto. ¿Qué dirían papá y mamá de eso? Podrían molestarse conmigo. Cuando mamá descubrió que yo te estaba enseñando a besar, se arrechó conmigo. Tuve que explicarle que no era nada torcido, solo trataba de ayudarte, para que lo aprendieras bien, sin vicios. Ella no me creía y tuviste que explicárselo tú, para que me perdonara. Luego papá tuvo una conversación muy seria y agria conmigo, al respecto. Al final, entendieron, pero… siempre he sentido, desde entonces, que ellos me veían como un pervertido. La pobre Soli también me pidió que la enseñara, como a ti y salí corriendo. Se quedó sin mis enseñanzas… no iba a pasar por eso de nuevo – le expliqué, con mucha paciencia, porque quería, más bien necesitaba que me entendiera.

    – Yo voy a hablar con mamá, ya verás. Si funciona para ella, debería funcionar para mí… y para Soli…

    – ¿También ella? – pregunté sorprendido…

    – No, es solo un decir mío, no te preocupes, que ella no sabe nada, pero también tendría derecho… ¿O no? – me aclaró.

    Esa noche no pude dormir. No me tocaba con mamá, así que me acosté en mi cuarto, pero solo pensaba en Bea, en lo hermosa que era, lo delicada, lo dulce que se veía. Pero era mi hermana, por Dios santo…

    Al día siguiente, domingo, mientras me servía el desayuno, bajaron las tres féminas objeto de mis desvelos. Anaís y Bea se notaban algo encompinchadas, mientras Soli estaba en total desconocimiento de lo que se cocía, esa fue mi primera impresión. Una vez que terminamos de desayunar, mamá me pidió que la acompañara a la terraza, que tenía que conversar conmigo. En dos platos, me comentó de la larga conversación que sostuvieron Bea y ella la noche anterior, sus diferentes puntos de vista, especialmente su oposición inicial al asunto, pero que al final, los argumentos de Bea se impusieron por su propio peso. Primero, si era bueno para mi mamá, porque no para mi hermana. Segundo, si se trataba de su primera vez y vista nuestra actual situación familiar, quien mejor que su adorado hermano para que la cuestión resultare de la mejor manera posible y, además, memorable. Tercero, lo que en casa se cuece, en casa queda. Y que me preparara, porque oportunamente Soli pediría y esperaría lo mismo, sin lugar a dudas. La suerte estaba echada y yo no debería sentirme mal por ello, al contario, debería estar orgulloso de poder iniciar a dos chicas tan especiales. Pero que obviamente, la decisión era solo mía, de nadie más.

    Yo escuchaba sin decir nada. Me sentía confundido. Mi situación familiar se estaba convirtiendo en algo inusitado, en algo que, a lo mejor podría ser el sueño de cualquiera, pero que a mí me parecía extraño, por no decir descabellado. Sin embargo, ya estaba montado en ese burro, así que debía arrear pa’ lante, nunca pa’ tras.

    – Ok mamá, te entiendo todos tus planteamientos. Sé que sus argumentos son válidos dentro de lo que es nuestra actual situación familiar. Pero yo necesito sentirme bien con eso. Bea es una belleza de mujer y además, con una personalidad fantástica. Me debería sentir halagado de que ella me escogiera, pero no me siento cómodo con esto. Necesito meditarlo mucho y, además, como ella misma dijo que lo que es bueno para el pavo, es bueno para la pava, necesito que ella se lo plantee a papá, para obtener su aprobación y si eso se da, entonces a Soli, para que se entere de lo que hacemos en la familia, como acostumbramos. Solo así lo haré, pero tiene que ser ella la que hable. Y entonces, si lo hago con Bea y luego Soli solicita lo mismo, algo que puedes tener por seguro, pues me tocará hacerlo con ambas. Esta es mi posición y te ruego que no trates de hacerme cambiar de idea. Conozco bien tus habilidades y sé de lo que eres capaz. Sé que si quieres hacerme cambiar de parecer… bueno, por favor…

    – ¿Qué? ¿Crees que lo lograría, mi amor? – me dijo con toda su picardía.

    – Creo que… si, ni modo, para que mentirte. Tú, de mí, logras lo que quieras. Que conste que eres la única mujer en este mundo a quien le reconozco algo así. Solo a ti.

    – No te preocupes, mi vida. Te respeto mucho, no voy a intentar manipularte – me dijo con una hermosa sonrisa en su cara.

    Ella se encargó de hablar con Bea y poner las cosas en contexto. Habría que esperar la próxima visita de papá a casa para hablar con él. Con Soli conversaron las dos y me enteré porque ella misma, Soli, se metió a mi cuarto esa noche para conversar de ello. Con total desparpajo, como era habitual en ella.

    – ¿Así, peluchito, que vas a estrenar a Bea? Qué lindo… y después será mi turno, ¿Verdad? Porque si se lo haces a ella, yo también quiero. Creo que contigo sería muy lindo, porque eres tierno y cariñoso, aunque… me da un poco de miedo… – me decía con cierta vergüenza.

    – ¿Por qué te da miedo? ¿Acaso crees que sería capaz de lastimarte, de hacerte daño? – le interrogué.

    – No, pero… es que… bueno, chico, directo y al grano. Esa cosa tuya es muy, pero muy grande. Me han contado que haces que las chicas vean las estrellas, pero no sé si siendo virgen, pueda recibir algo tan grande. A lo peor me desgarras y entonces…

    – Jamás te haría daño, eso lo puedes tener por seguro. Nunca pienses eso de mí. ¿Y cómo sabes que lo tengo grande? ¿Me lo has visto?

    – Peluchito, ¿Tú crees que soy ciega? En la playa y aquí en casa, cuando andas en bermuda, se nota que lo que tienes allí es algo grande, como un plátano. Además, yo he pasado por tu cuarto muchas veces, en la mañana, mientras estás dormido y te lo he visto, bien parado y fuera del interior. Y es enooorme. Por eso es que te dicen Tri, ¿Cierto? Es como el de papá…

    – ¿También se lo has visto a él?

    – Menos que a ti, pero si, varias veces. Aunque creo que el tuyo es más grande. ¿Será por eso que mamá está tan contenta, últimamente? – me dijo y salió corriendo, antes que yo pudiera agarrarla.

    Esa era mi hermanita menor, una diablita, simpática, tremenda, preciosa. Una joven ya adulta, 18 años. Ya era hermosa, pero estimaba que en pocos años, sería irresistible. Tendrá un trasero más poderoso que los de Anaís y Bea, que ya son de película y unas tetas, que ya te digo. Y esa carita de niña tremenda que no puede ocultar. Una mezcla muy pero muy explosiva. Con unos 1.68 de estatura y 56 kg de peso, ojos color miel, como los de mamá y Bea en una carita de niña mala, melena castaña clara, bastante ondulada y una cinturita de los mil demonios que hacen que sus maravillosas caderas se potencien, unas piernas esculpidas… Todo un espectáculo, esa niña y aún sin terminar de explotar. Todo un peligro.

    Continuará…