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  • Mi esposa argentina (parte 1)

    Mi esposa argentina (parte 1)

    —Oye Carlos quiero que conozcas a una amiga argentina, te va a encantar.

    Así me dijo mi amiga Carmen y tal vez esa sola frase cambió mi vida. Éramos pocas personas en esa cena, yo recuerdo estar hablando con el marido de Carmen y darme vuelta y verla y sentir que el piso se movía bajo mis pies. Ella le estaba dando el abrigo a Carmen y saludando a otra persona.

    Era de una belleza que cortaba el habla, el pelo rubio pero de un tinte casi rojizo, alta y esbelta y a la vez ¿cómo decirlo? Contundente, como si estuviera a punto de destrozar la ropa que llevaba, eso, como si la ropa no le aguantara en el cuerpo.

    Llevaba un jean no demasiado ajustado y una camisa y un suéter, pero todos los que estábamos en la habitación sentimos la tensión erótica que se desprendía de aquella mujer. Entonces ella habló y todos nos fuimos calmando, porque simplemente era encantadora, tenía sentido del humor y no era afectada, hablaba con una gran naturalidad y sencillez. Era como si la serenidad de su voz nos calmara un poco de lo fuerte de su imagen, especialmente a mí que no lograba dirigirle la palabra. Recuerdo que en esa primera visión me fascinaba su cintura tan pequeña en contraste con sus muslos que se adivinaban tan potentes bajo el vaquero, me recordaba un poco esas estatuillas de la fertilidad, pechos y caderas prominentes y cintura estrechísima. Durante un buen rato monopolizó la charla, contestando preguntas, contó que era argentina, que se había separado hacía poco, que estaba contenta porque había logrado revalidar su título de psicóloga

    —Ya puedo hacer el mal de manera legal— dijo y todos nos reímos. Yo no podía quitarle ojo, noté que tenía pecas sobre una naricita muy pequeña, ojos azules muy grandes, piel muy blanca, tenía algo de irlandesa o italiana. Después supe que tenía esa mezcla de nacionalidades, además de española. Me preguntó a qué me dedicaba y entonces me dijo que su ex marido también era médico como yo, lo que no era extraño porque las seis o siete personas que estábamos allí trabajábamos en salud.

    En un instante en que fui a la cocina ayudando con unos platos, coincidí con Pablo un tío que era kinesiólogo y con el marido de Carmen— Joder que tetas tiene la cabrona— dijo Pablo

    — Que polvazo tiene tío— continuó — ¿Está liada con alguien?

    — Carmen dice que quedo bastante hecha polvo luego de la separación— dijo el marido de Carmen sonriendo

    — ¿Sabes cómo le saco la depresión yo a esa? follandole ese pedazo de culo toda la noche tío— dijo Pablo

    Supongo que ya estaba yo enamorado porque me jodió la manera en que se hablaba de ella, aunque era de alguna forma un alivio que alguien pusiera en palabras como esas algo que también sentía, si, si, esas tetas, ese culo, follarle el culo, correrse en esas tetas, sacarle toda esa ropa que su cuerpo parecía no aguantar, que esa voz tan serena, se alterara, que ya no se riera, que perdiera un poco de esa suficiencia que parecía emanar, que ese rostro tan hermoso se deformara en un rictus de placer y tal vez de dolor.

    Esa noche ni siquiera me atreví a pedirle su número, cosa que si hizo Pablo. Luego cuando me masturbé pensando en ella por primera vez, empecé a imaginar que era Pablo quien follaba ese culo macizo y redondo, quien la sostenía de esos muslos llenos y musculados, que era Pablo y no yo quien se metía un pie delicado en su boca mientras sostenía sus piernas en alto y su polla taladraba ese culo perfecto y el rostro de ella se desencajaba y él decía — Me voy a correr en tus tetas de guarra, a que si, a que si— entonces exploté.

    —Dice Fer que le has parecido, muy majo y que se nota que no eres un giripollas

    Así me dijo Carmen y la verdad es que me jodía un poco ese papel de celestina que jugaba, porque parecía más bien una fantasía de ella, de la que Fernanda, que así se llamaba la chica argentina no estaba ni enterada; pero a pesar de todo llamé al número que Carmen me dio y dos días después quedé con ella.

    Quedamos en el parque del retiro a la tarde, ella estaba vestido con una minifalda y una americana algo larga, tenía unas botas cortas de media caña, estaba espectacular, me sentí intimidado y pensé realmente que había sido un error haberla llamado.

    De entrada me contó de su separación— Estuve realmente perdida, fueron siete años con él, es triste que las cosas hermosas tengan un final— no supe si alegrarme o no de que fuera tan franca conmigo, igual me quería como mejor amigo o confidente

    —Pero ahora mi vida se está encauzando, revalidé el título, te conocí a ti— Ella caminaba con las manos en los bolsillos de la americana, lentamente, yo veía sus piernas enfundadas en las botitas pisar el sendero como con cuidado y pesadez, no sé si sería por el taco de las botas, pero todo ella me parecía como pesado, fuerte, con poderío físico además de erótico. La frase te conocí a ti repercutió en mi cabeza como un golpe.

    — ¿Y has salido con alguien en este tiempo?— pregunté estúpidamente por no saber que decir

    — Carlos tú me gustas, me gusta cómo eres— me dijo sin mirarme

    Ella seguía con las manos en los bolsillos, nos detuvimos, la giré hacia mí

    —¿ Y cómo lo dirías en argentino?

    — Vos me gustás— dijo ella, tomé su cara entre mis manos y planté un beso suave en sus labios

    Luego tomamos unas cañas en una terraza, al sacarse la americana dejó al descubierto una camiseta con tirantes, sus tetas eran maravillosas, el pezón se transparentaba, lo imaginaba grande y rosado, tuve que contenerme para no pasar de tocar solo su vientre plano y firme por debajo de la camiseta mientras su lengua jugaba con la mía.

    La verdad es que seguía intimidado; a pesar de toda la confianza que ella me daba nunca había estado con semejante pibon.

    —¿Querés subir un ratito? me dijo con expresión lánguida cuando llegamos al portal de su edificio. Casi preferí que nos hubiésemos despedido, estaba bastante nervioso. Después de besarnos un rato en el sofá, ella llevo mi mano a su pecho, el tacto era tan suave y cálido, después fue como un sueño, ella misma me puso el condón luego de pajearme un buen rato, se montó sobre mi subiéndose la minifalda todavía con las botitas puestas, se había sacado la camiseta. El sujetador parecía que iba a explotar bajo sus tetas, sentí como mi polla se adentraba con facilidad y ella me apretaba con esos muslos poderosos que tanto me ponían, le fui bajando el sujetador y sus pechos asomaban por encima, sus tetas de guarra había dicho Pablo. Luego de un rato de estar ella montándome y yo sobando esas tetas y su culo, me corrí sin avisarle con una especie de aullido.

    —Acabá mi amor, acabá — me dijo ella besándome sin dejar de subir y bajar sobre mi polla.

    En vez de “correrse” ella decía “acabar” al llegar al orgasmo. También alternaba el “Tu” con el “vos”, a veces en la misma oración. Es decir a veces hablaba en argentino y otras en español.

    Si estaba enojada o excitada tendía a hablar en “argentino”. Trataré de mantener en el relato esta forma de hablar que era tan particular en ella

    Luego se corrió o acabó en mi boca, despatarrada sobre el sofá, sus tetas asomando sobre el sujetador, con las botitas puestas, su coño tenía labios hinchados y rosados y estaba a la altura del pedazo de mujer que era.

    Un año después estábamos casados.

    Yo acababa de cumplir 37 y ella 31.

    La presentación a mis padres fue todo un hito. Mi padre era un contable de Móstoles que trabajó toda su vida en la misma fábrica de cocinas donde su padre fue operario, mi madre era dependienta en una tienda de ropa. De la misma manera en que ella estaba fascinada con Fernanda, la miraba con arrobo y ternura cuando hablaba, de igual modo mi padre la miraba con cierta desconfianza.

    Cuando yo era muy pequeño recuerdo escuchar a Valdano hablar en la televisión y a mi padre decir: —Estos argentinos, si les dejas hablar macho…, si les dejas hablar.

    Nunca supe que era lo que sucedía si les dejaban hablar, pero ahora cuando Fernanda contaba algo, al ver la cara de mi padre escuchando tenía la sensación de que estaba pensando lo mismo que hace treinta años con Valdano.

    Yo la miraba venir hacía mí en una terraza o la veía dormir a mi lado y no acababa de creérmelo. Me daba cuenta de las miradas de envidia que despertaba el estar al lado de semejante mujer y la verdad es que no podía creérmelo.

    Durante varios meses tuve un sueño recurrente en que ella me decía que todo había sido una mentira de Carmen y que en realidad era la novia de Pablo y me terminaba diciendo una guarrada, siempre de rodillas a mi lado en la cama, ese cuerpo que ya era mío, esa piel blanca, esas tetas imponentes con esas aureolas rosadas, esa culo que emergía quebrando la cintura tan pequeña

    — Que gusto como Pablo se corre en mis tetas de guarra— me decía y entonces me despertaba.

    Luego de los primeros meses me fui serenando y comencé a ser feliz como nunca lo había sido antes.

    Fernanda me llenaba con su serenidad, con su increíble belleza, con su inteligencia, pero el hecho de mi timidez de siempre y tal vez porque ella era psicóloga o por esa labia que tienen en general los argentinos o por alguna inseguridad mía, no lo sé, pero me parecía que era ella la que siempre marcaba el ritmo y el tono de las cosas.

    No desde una postura agresiva, sino con una dulzura extrema mezclada con sentido del humor.

    — Pero no seas boludo tontito— me decía porque yo le insistía que me hablara así con deje argentino

    —Claro que me encantó, no te diste cuenta— su cabeza en mi pecho, sus tetas increíbles aplastadas en mi abdomen, las montañas blancas de su culo al alcance de mi mano.

    — Pero ¿has llegado a correrte la última vez?— le pregunté, ella me miró con una sonrisa de ternura

    —Que tontito que sos, no importa que no haya acabado, que no me haya corrido, esa es una fantasía de ustedes la de tener el poder sobre el orgasmo de la mujer, yo disfruto con vos más allá de tener un orgasmo o no; porque me gusta todo de vos, todo.

    Y luego me besó y después fue bajando por mi cuerpo y me hizo una mamada increíble, pasándome la lengua por los huevos, su melena rubia con tintes rojizos y castaños subiendo y bajando sobre mi polla, haciendo que me corra en su boca, tragando toda mi leche, mi mano aferrada a una de sus tetazas, mirando extasiado sus muslos musculados sus piernas flexionadas.

    Pero… el tema es que no lograba ver colmada mi fantasía de dominarla completamente, por más que a veces ella se corría con su cara enterrada en la almohada mientras yo la follaba por detrás, mientras se masturbaba el clítoris, por más que el sexo con ella era mejor que todo el que había tenido yo hasta ese momento, por más que estaba enamorado y Fernanda era de una belleza acojonante, había una suerte de fantasía primera que no llegaba a satisfacer.

    Por ejemplo una de las primeras veces que la follaba por detrás le di un azote en el culo y entonces ella me dijo —No Carlos no por favor— y por supuesto ya no lo volví a intentar.

    Otra vez le pedí correrme en sus tetas y ella me dio el gusto ofreciéndomelas, juntándolas con sus manos, con sus dedos largos y finos sosteniendo sus hermosas tetas y luego mi leche estrellándose en ellas.

    Pero a pesar de la sonrisa final con que dijo voy a limpiarme pude notar en su mirada como aquello no le había gustado del todo y por otro lado yo también noté en el momento que estaba a punto de correrme que algo había cambiado en su cara, que por un momento había perdido ese control sobre las cosas que siempre tenía, que por un lado mi fantasía parecía cumplirse pero a la vez me asustaba un poco esa expresión en su cara que no conocía, como si por un momento hubiese estado con una desconocida.

    Así pasaron los seis primeros meses de matrimonio y fue entonces que Javi un amigo de la universidad y que era médico en Valencia me escribió. Javi era un tío muy moreno, algo pequeñajo aunque de complexión fuerte, muy extrovertido y hablador que siempre me había divertido mucho con sus coñas y sus tonterías. Quedé con él en un pub a una hora relativamente temprana pues se me ocurrió la idea de presentarle a Fernanda por sorpresa, ya que seguramente alucinaría de verme casado con semejante mujer, tampoco le dije nada a ella de la cita.

    Le insistí para que se vistiera sexy esa tarde y me complació. Mi mujer estaba increíble con un vestido liviano pero ajustado al cuerpo, blanco con la falda a medio muslo, que dejaba ver esas pantorrillas tan potentes que me volvían loco y que imaginaba que enloquecerían también a Javi, el vestido tenía un escote por detrás por lo que dejaba ver su espalda desnuda y por delante sus tetas se marcaban tan fuerte que tenía otra vez yo esa sensación que la ropa no aguantaba su cuerpo.

    Sandalias de diez centímetros de taco y su 1,72 hacían que luciera un poco más alta que yo por lo que imaginé que Javi quedaría flipando a colores con ella.

    Fuimos a la barra, había muy poca gente a esa hora, recibí un mensaje de Javi que estaba aparcando y decidí salir a esperarle afuera, entrar con él, dejar que mirara a Fernanda a gusto y luego hacer las presentaciones.

    Cuando nos encontramos en la puerta del pub fue lo normal en viejos amigos de juventud que hace un par de años no se ven, muchas bromas, la sensación de revivir esa camaradería de otros tiempos. Pero al entrar al pub las cosas iban a suceder muy distinto a lo que había imaginado.

    Fernanda estaba de medio lado, así que no nos veía, sus increíbles piernas cruzadas y el camarero dándole charla en plan baboso. Nada más verla Javi se paró en seco, la miro una vez y dándose vueltas dijo —Ostias tío— volvió sobre sus pasos hacia la puerta, yo lo seguí sorprendido. Se paró detrás de una columna, el rostro serio

    — Joder Javi que pasa— le dije

    — Uff que corte macho— yo seguía mirándolo sin entender.

    — ¿Has visto esa tía buenorra que está en la barra?— El corazón me dio un vuelco.

    — Bueno esa tía era la esposa de un médico argentino que estuvo en Valencia— yo le seguía interrogando con la mirada.

    — Joder a esa tía nos la estuvimos follando Chema y yo casi un año tío.

    El corazón me latía como enloquecido y me quedé literalmente sin poder hablar, recuerdo que quise decir algo, ni yo sé bien que y no pude.

    — Nos la estuvimos follando pero en plan muy borde, macho, bueno tu sabes lo borde que es Chema.

    — ¿Chema?— dije con un hilo de voz

    — Si Chema el que tú conoces joder.

    Ahí caí en la cuenta de quién era el Chema del que me estaba hablando y las piernas me fallaron de un modo que tuve que poner una mano en la columna para no caerme.

  • La niñera: el comienzo

    La niñera: el comienzo

    Era un fin de semana en que mis padres saldrían de la ciudad a un evento, mi cumpleaños y casa sola, qué buena combinación.

    Un día antes los organizadores del evento comentaron a mis padres que estaba restringida la entrada para niños pequeños, por esta razón dejarían a mi cuidado a mi hermanita Lili (2 años), reclamé pero no pude hacer nada.

    El sábado por la mañana mamá me llamó, se habían ido ya, para decirme que alguien iría a apoyarme a cuidar a Lili. Un poco más tarde tocaron la puerta, era una mujer de unos 27, 28 años tal vez, muy hermosa, de cuerpo delgado, a primera vista sin tener tan grandes atributos la verdad, ni en sus pechos ni caderas pero su belleza me atrapó de igual forma, usaba jeans ajustados, unos converse blancos y una playera polo azul marino, la dejé entrar a casa cuando me dijo que conocía a mi mamá y el motivo por el cual venía.

    Tenía una sonrisa tan cálida y unos ojos penetrantes paradójicamente, hablamos mucho durante el día y la tarde, sentía que nos empezamos a llevar bastante bien en poco tiempo. A través de las horas fuimos hablando de todo un poco hasta que naturalmente el tema de conversación se convirtió en relaciones y el sexo.

    Con la confianza necesaria al llegar la noche le dije a Cristal, la niñera, que por culpa de mis padres no podría celebrar mi cumpleaños 21, y que en ese momento seguramente estaría con mis amigos y casi sin dudarlo algo más tarde en compañía de alguna de mis “amigas” teniendo sexo.

    Cristal continuó en la misma línea la conversación y eso provocó en mí la necesidad de al menos intentar algo para que ella fuera mía esa noche.

    Ya algo noche le ofrecí el cuarto de huéspedes y también cualquier cosa de la cocina y el baño incluso para tomar una ducha si es que lo deseaba.

    Luis: Siéntete con la confianza, es tu casa.

    Cristal: Uy, suena tentador, pero primero acuesto a tu hermana, ya está dormida en el sofá.

    Cristal salió del cuarto de Lili y bajó a la sala donde estuvimos todo el día.

    C: Está profundamente dormida tu hermana, ni siquiera despertó.

    L: Así es ella, muchas gracias por ayudarnos, iré a darme un baño ahora que se durmió, a ver si aún tengo ganas de salir cuando termine. Puedes usar el jacuzzi si quieres.

    C: ¿Tienen jacuzzi?

    L: Sí, aunque casi no lo usamos, bueno igual mis papás de vez en cuando en sus ratos de amor.

    De alguna forma creo que lo del jacuzzi le hizo sentir ganas de ducharse, la casa de mis padres no es lujosa en absoluto ni demasiado grande, pero el baño es bastante lindo, un gran cristal de vidrio es la puerta a la regadera y una vez que uno se ducha únicamente el vapor es el impedimento para ver el cuerpo de quién está en el interior.

    Cristal me dijo que si le podía explicar cómo funcionaba el jacuzzi antes de que saliera por si le daban ganas de entrar, por supuesto lo hice y le propuse entrar antes que yo porque aún no sabía si saldría y cuánto tiempo iba a tardar, quedamos en vernos en el baño mientras ella iría a revisar unas cosas a su cuarto.

    Después de unos minutos ella llegó al baño y para mi sorpresa venía con una bata puesta ya y al parecer sin nada abajo o al menos sólo su ropa interior, sus piernas y pies ya estaban descubiertos y no pude evitar recorrerla con la mirada por todo su cuerpo, ella obvio lo sintió pero sonrió como si no le hubiera molestado en lo más mínimo.

    Estuve diciéndole lo que me preguntaba y poco a poco sentía como me iba calentando, respondía casi en automático porque estaba totalmente perdido imaginando todo lo que podría pasar.

    L: Cuando gustes entrar Cristal. Toma todo el tiempo que necesites, no te apresures por mí.

    C: Gracias, sólo iré por mis cosas y listo.

    Cada uno nos fuimos a nuestras habitaciones y finalmente ella pasó frente a la mía para ingresar al baño. Pasó pero no escuché la puerta del baño cerrar, apagué las luces de mi habitación y del pasillo y noté que apenas la puerta del baño estaba entre abierta, miraba desde mi habitación pero desde ese ángulo no podía ver el jacuzzi, ni siquiera aunque me acercara hasta la puerta, dejé pasar unos minutos pero la curiosidad me estaba matando, sentí que era el momento y con todo el silencio y cuidado me acerqué a la puerta, no podía verla pero escuchaba el sonido del agua y la imaginaba ahí dentro desnuda y ardiendo de deseo igual que yo, poco después pude oír, un leve gemido, casi se perdía en el silencio de la noche.

    Aunque sumamente tenues comenzaban a salir de su boca cada vez más sonidos de placer, estaba excitándome a más no poder, mi pene ya tenía una gran erección y mis manos lo masajeaban con vigor sobre mis pantalones, me comencé a desnudar fuera del baño en el pasillo, fui quitando todo en silencio y con mucho cuidado desde los calcetines hasta mi camiseta, los llevé rápidamente a mi habitación y volví totalmente desnudo a la puerta a seguir presenciando tan hermoso espectáculo.

    Moría por ver, no sólo oír pero era paciente y tomaba con la mayor calma que podía esa situación, me estaba haciendo una paja en la oscuridad del pasillo y la puerta del baño riquísima, quería acabar pero al mismo tiempo no, pude escuchar un poco más claro los suspiros de Cristal y como algo de agua se derramaba por la tina al suelo, como deseaba entrar, de la nada sentí como se iba incorporando del jacuzzi, lo más rápido que pude fui a mi habitación, yo seguía mirando de la puerta y vi como esta vez la puerta del baño se cerró por completo, en seguida escuché el sonido de la regadera.

    Encendí la luz del pasillo mientras que la de mi cuarto seguía en penumbras, sólo abrí las persianas para que la luz del exterior pudiera iluminar aunque muy poco algo al interior de mi habitación.

    Me tumbé en mi cama y me masturbaba pensando en que en cualquier momento pasaría Cristal y presenciaría lo que yo acababa de presenciar pero ella a diferencia de mí no tendría tanto a la imaginación, sólo algo de oscuridad me protegía de ser descubierto, pero no tenía ninguna vergüenza, la charla con ella durante todo el día me daba ese valor, el saber que estaba en mi casa y también el ver lo que acababa de ver me impulsaban a seguir dándome placer con ella en mi mente.

    Escuché que se cerró la regadera, luego instantes después la puerta abriéndose, seguía a mi ritmo haciéndome una paja memorable acostado en la cama con una almohada entre las piernas, sentí sus pasos aproximarse y también dejaba salir pequeños suspiros salir de mí como Cristal con todas las intenciones del mundo, no quería ver a la puerta pero noté como pasó por el pasillo, seguía concentrado en lo mío, hasta que finalmente me enderecé un poco pero sin mirar más allá, segundos después escuché el sonido de la puerta de huéspedes cerrarse, esa hace un sonido en particular, por eso supe que era esa. Entonces supe que me había visto también.

    Entré a ducharme directamente, me enjabonaba mi cuerpo, ponía shampoo y el vapor del baño anterior ya me excitaba demasiado, sabía que tan pronto terminara iba a ir a probar suerte a su habitación, sabía que no se iba a oponer, cuando de la nada tocaron la puerta del baño, Cristal decía que había olvidado algo ahí, ¿qué podría ser?. De lo caliente que estaba ni siquiera noté algo, pero con toda seguridad le dije que si quería entrara, la puerta no tenía seguro.

    C: ¿Puedo pasar por mi teléfono? Lo olvidé aquí.

    Yo ni siquiera lo había visto, pero ya sentía que pronto llegaría a donde quería.

    L: Sí, claro, no hay seguro.

    Cristal abrió y entró, la podía ver a través del vidrio empañado con aún la bata puesta y ella a mí desnudo del otro lado, pero aunque no era tan claro seguro podría ver mi erección, me puse de lado y de frente, era como si le estuviera modelando a la niñera como todo un puto exhibicionista.

    C: ¿Entonces sí saldrás Luis?

    L: Creo que sí.

    C: No te has divertido aquí. – Lo dijo con un tono sarcástico y sumamente sensual. Mientras que no despegaba la mirada del vidrio ni hacía algún intento por irse o darse la vuelta.

    L: ¿A qué te refieres?

    C: No me dejes sola con Lili. Apenas hoy me conoció.

    L: ¿y qué hago aquí? ¿Qué podemos hacer?

    En ese momento sentí que el mundo se detuvo un poco porque a través del vidrio vi cómo se dejó caer la bata y quedar del otro lado desnuda para mí.

    C: Tal vez tengo algo que haga que te quedes.

    Sin dudarlo y sin pensar más abrí la puerta de vidrio y estaba ahí sonriéndome tan dulcemente pero con fuego en su mirada, como dije antes, tenía unas tetas no muy grandes pero hermosas, areolas y pezones medianos casi rosados, una cintura esbelta y juvenil y su vagina rasurada casi totalmente, únicamente con una línea delgada en medio de pelos.

    L: Me quedo entonces preciosa. Qué linda estás.

    Sin decir más se metió a la regadera conmigo, se hincó y me empezó a chupar el pene, con calma pero lo hacía tan bien, lo tragaba casi entero y su lengua me dejaba saber que no era ninguna novata.

    Yo ahora, me agachaba y le daba una mamada bajo la regadera, su clítoris sobresaliente me hacía más fácil mi trabajo, chupaba y lamía con intensidad, no había tiempo de ir con calma para mí, estaba a punto de explotar desde hace mucho ya, fui metiendo dos y luego tres dedos en sus labios también mientas mi lengua jugaba con su amigo rosa. Se corrió mientas lo hacía, ella de pie y yo hincado con su pierna izquierda sobre mi hombro derecho.

    C: Métemela Luis, quiero sentir tu pene dentro de mí. ¿Tienes condones?

    L: No, tienes problema así.

    C: Bueno, no importa, mañana me acompañas a la farmacia.

    L: Sí, seguro.

    Nos abrazamos y nos besamos, nuestros pechos se juntaron y en esa posición metí mi pene en su vagina, ella me abrazaba por la espalda y yo la sujetaba de las nalgas y las restregaba para envestirla, ese sonido de nuestros cuerpos chocar junto con el agua que caía en medio me llevaba al cielo, el cabello de Cristal suelto y mojado casi llegaba hasta la cintura y olía delicioso, gemía suave como cuando la escuché al principio pero el hacerlo casi a mi oído era excitante.

    Con cuidado para no resbalar cambiamos de posición, ella se agarró de la puerta de vidrio, me dio la espalda y bajó su cuerpo un poco, la volví a penetrar al mismo tiempo que la tomaba del pelo, poco a poco arremetía contra ella y la nalgueaba mientras también, sus gemidos se intensificaban y eran más sonoros, los míos también, casi inconsciente con sus palmas dibujaba cosas en el vidrio empañado mientras se sujetaba y gozaba de placer para no caer. Ambos estábamos por terminar, estábamos deseando eso desde probablemente la mañana de ese día. Sentía como iba apretándome y sabía que también mi momento estaba cerca.

    C: Aaah, aaah, acaba adentro, qué rico. Ya me voy a correr.

    L: Yo también estoy a punto, espérame, aguanta.

    Aferrándome a sus tetas las manoseaba y envestía con vigor para también acabar, lo necesitábamos y lo deseábamos ambos hasta que sentí unos cuantos chorros de semen salir directamente en la vagina de Cristal, ambos suspiramos le di la vuelta la abrazaba y le besaba los pezones, acaricié sus tetas y apretaba con fuerza sus nalgas, mis manos recorrían todo su cuerpo mientras casi nuestras piernas perdían fuerza y equilibrio por lo agotados que habíamos quedado.

    Nos metimos al jacuzzi para recargar energía antes de volver a tener otro turno de sexo en mi habitación. Ahí metidos en el agua aún tibia nos besamos y acariciamos como unos jóvenes enamorados, Cristal me masajeaba el pene y masturbaba debajo del agua y yo hacía lo mismo con sus labios.

    C: Oye, feliz cumpleaños. Qué bueno que te quedaste.

    L: Gracias a ti por el regalo.

    Ese fue el principio de varias “aventuras” que viví con la niñera de mi hermana, unas más inesperadas que otras.

  • Arte, seducción y lujuria

    Arte, seducción y lujuria

    Voy invitada por una compañera de trabajo de la facultad a la inauguración de una exposición colectiva de diversas modalidades artísticas: fotografía, pintura, escultura y arte conceptual. Ella es profesora de historia del arte, apasionada por su trabajo, y por qué no decirlo, también una friki. Mi área es la del dibujo, y aunque las dos nos movemos en disciplinas semejantes, también tenemos nuestras discrepancias.

    En el arte siempre he conservado una tendencia más bien purista, de ahí que la abstracción y el arte conceptual nunca me hayan cautivado. Este último, desprovisto de cualquier sentido estético y buscando fundamentalmente la novedad, me exaspera, como si el hecho de tomar un trozo de basura y colocarle un nombre pomposo se ganase ya un hueco en los museos, y lo que pienso es que lo que realmente impera es el arte de la ausencia de talento. Me reafirmo en mi hipótesis cuando mi vista colisiona con una cuerda dejada caer de forma azarosa en el suelo. Una línea supuestamente infranqueable en el piso nos advierte que está prohibido cruzarla y a mí me dan ganas de hacerlo con el fin de darle un puntapié a la cuerda. Estoy segura de que nadie se percataría de que se ha movido, e incluso visto lo visto, hasta podría plantearme exponer en ARCO como talento emergente.

    Un amable camarero transita por la sala con la bandeja en alto ofreciendo vino blanco y algunas delicatesen a los invitados. Nos hacemos con una copa y reconozco que el vino supera con creces la calidad de la obra de la que el afamado autor está haciendo gala. Todo el mundo atiende embelesado y escucha las incoherentes y absurdas interpretaciones que el autor defiende, y un público admirado parece estar satisfecho con tales dislates verbales. Interactúo con varias personas, siempre evitando comentar lo que verdaderamente pienso de la obra del supuesto artista, de modo que obviándola, le doy un buen metido a la copa de vino.

    Mi compañera se detiene y se une al grupo de incautos que escuchan la disertación, por lo que me adelanto hasta la siguiente sala.

    El ambiente ha cambiado y una vaporosa luz envuelve la sala. Me percato de que la temática de la fotografía es enteramente erótica, algunas escenas incluso rayan en lo pornográfico, aunque no cabe duda de que tienen mucho estilo.

    Me detengo en una imagen en blanco y negro en la que una mujer desnuda e incongruentemente bella se abraza a un símbolo fálico en actitud lasciva. La escena me provoca un cruce de sensaciones discordantes, y con ello, cierta inquietud. En la siguiente fotografía otra mujer tan bella como la anterior apoya las manos en la pared echando su cuerpo hacia atrás, de tal modo que su trasero queda oculto tras el marco de la puerta. Los pies de su amante asoman por debajo, por lo que se intuye a la perfección que la está poseyendo. Miro a mi alrededor en un acto reflejo, quizás para cerciorarme de que nadie advierte mi desazón, o quizás intentando adivinar quien es el autor de las obras, pero no consigo hallar de quien se trata. Recorro la estancia con la vista y observo a la gente comentando cada escena, pero nada me indica que el autor sea uno de ellos hasta que una voz a mi espalda me pregunta si todo es de mi agrado. Me doy la vuelta intrigada y de inmediato sé que se trata de él. Es mucho más joven de lo que imaginaba. Asiento con la cabeza porque en ese instante una parálisis me asalta. Es apuesto, con un sex appeal que resulta difícil evitar mirarlo y creo que él es consciente del efecto que causa. El color de su cabello es castaño, corto por los laterales y más largo en la zona superior, con raya a la izquierda y con un despeinado intencionado. Luce una barba de varios días que le confiere un aspecto más varonil, si eso es posible. Mi vista también le ha dado un fugaz repaso a su fisionomía, constatando que bien podría servir como capricho de cualquier mujer. Con todo ello, intento no ser indiscreta en mi exploración.

    Parece interesarse por mi opinión. Por un momento pienso que quizás le atraiga, cosa harto improbable, dada nuestra diferencia de edad. Rondará los treinta y pocos, eso aleja la idea de que albergue cualquier interés físico en mí, por más que a mis cincuenta mis atributos sigan manteniéndose en su lugar. Aun así, diría que las maduras no son de las que se cuelan en sus preferencias y lo previsible es que quiera conocer el criterio de su público.

    —Mis disculpas. No nos han presentado. Me llamo Javier. Un placer, —me dice con una seductora sonrisa mientras me extiende su mano.

    Lo miro de arriba abajo discretamente, pero con cierta concupiscencia.

    —Vicky, —balbuceo ofreciéndole la mía.

    —¿Qué opinas de la obra Vicky? —me pregunta interesado.

    La verdad es que no sé muy bien qué contestarle y opto por decirle media verdad y omito la otra media que me ha provocado cierto cosquilleo entre las piernas.

    —Es atrevida y perturbadora, pero me gusta. Y más, después de ver lo que se cuece en la sala contigua.

    —Eso no dice mucho en mi favor, —añade, y yo quiero tragarme mis palabras reconociendo lo desafortunadas que han sido.

    —Lo siento. Tu obra es magnífica, —le digo intentando enmendar el entuerto.

    —No te preocupes. Sé que te gusta. La reacción de la gente cuando se coloca ante ella habla por sí sola.

    Ahora me da la impresión de que soy transparente para él, incluso hasta vulnerable.

    —¿Sabes lo que piensa la gente de tus fotografías? —le pregunto.

    —¿Ves aquellas personas de allí? —me señala con la cabeza a una pareja. —Están echando pestes, eso seguro. Lo más probable es que sean tan retrógrados como para ser dos amargados en la cama.

    Sonrío.

    —¿No te inquietan ese tipo de críticas?

    —Para nada. Mucha gente juzga sin ninguna intención constructiva, pero a mí eso me da igual. Mi cometido es esa provocación intrínseca que suscita en cada uno. Al fin y al cabo la fotografía erótica es una manera de mirar la vida cotidiana por el objetivo de la cámara, pero con ese contrapunto picante que da el erotismo. Aquí lo que influye es la interpretación, y eso varía según los ojos que miran la foto. Normalmente quien más se queja es quien tiene la mente más calenturienta.

    Sus palabras se me clavan como dagas y hacen que me sonroje. Me hace sentir como si se hubiese percatado de mi cosquilleo, es más, pienso que me ha incluido en éste último sector.

    El camarero vuelve a pasar por nuestro lado ofreciéndonos más vino. Nos hacemos con una copa cada uno. Él golpea suavemente la suya con la mía, me mira directamente a los ojos como si quisiera adentrarse en lo más profundo de mis pensamientos. Por un instante desvía la mirada hasta mi escote y siento que me quema con ella. Seguidamente sorbe de su copa sin dejar de observarme con esos ojos claros en los que me sumerjo sin poder evitarlo. Yo lo imito con los nervios a flor de piel y mis partes íntimas rezuman de deseo. Diría que un aura química nos envuelve o que Cupido nos ha aguijoneado con una de sus flechas. Abro la boca intentando articular alguna palabra coherente y lo único que me viene a la cabeza es que quiero sentir su boca. Una voz pronuncia su nombre desde la posición de otra de sus obras y ese mágico instante en el que el mundo parece haberse detenido se quiebra devolviéndome a una realidad que posiciona de nuevo mis pies en el suelo.

    —Debo atender a los demás invitados, —me dice, y entiendo que así tiene que ser, muy a mi pesar. ¿Acaso había albergado alguna posibilidad con él?

    —En aquella mesita auxiliar hay tarjetas mías, —añade señalándola, y doy por hecho que es una invitación, en principio no sé muy bien para qué. El corazón da un brinco dentro de mi pecho mientras me sonríe, después se aleja a atender a sus invitados. Me aproximo, me hago con una de las tarjetas, miro a mi alrededor como si con ello estuviese cometiendo una ilegalidad y la guardo a buen recaudo en mi bolso antes de que alguien me vea. El camarero vuelve a ofrecerme una copa y la rechazo con diplomacia, habida cuenta de que parece que ya no pienso con claridad y en vista de que mis pensamientos deambulan por la cuerda floja y mi juicio parece haberse nublado.

    Mi amiga se reúne de nuevo conmigo y me acribilla con reflexiones que no comparto. En cualquier caso, tengo la cabeza embotada y no estoy en disposición de llevarle la contraria. En estos momentos sólo me apetece llegar a casa y darme un baño.

    Mi marido y mi hija han preparado la cena, y aunque mi apetito es de otra índole, me siento a la mesa considerando que no quiero despreciar el esmero que han puesto ambos, eso sí, después de la cena lleno la bañera de agua caliente, echo sales de baño aromáticas y me sumerjo en ella. Pronto mis músculos se relajan y la tensión de mi cuerpo se desvanece. Mi cerebro también agradece el efecto reconfortante del agua caliente y mi mente parece descansar en mullidas nubes de algodón, en consecuencia, la tensión desaparece y el sosiego invade mi ser.

    Con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en el borde de la bañera, me adentro en un duermevela que se ve interceptado por los acontecimientos anteriores y, pese al agua caliente, mis pezones se endurecen demandando atenciones. Paseo mis dedos por ellos y la piel se me eriza cual gallina desplumada. La sensación es agradable y de manera gradual se torna placentera hasta que los pellizco y los retuerzo buscando el placer. Mi mano resbala hasta mi sexo y éste aguarda con ansia. Lo aprieto un instante y cierro los ojos al tiempo que mi dedo patina por la raja recorriendo los pliegues hasta que lo hago acampar en el pequeño nódulo. Una vez allí lo froto y trazo movimientos en espiral. Mi respiración se agita, las pulsaciones se aceleran, los gemidos emanan de mi boca amortiguados, pues no deseo compartir este instante. Es mi momento y no quiero que haya interrupciones.

    El placer va in crescendo, no obstante, me invade un vacío que dos de mis dedos colman, de tal manera que empiezo a follarme con ellos con insistencia mientras con el dedo índice de la otra mano fricciono mi clítoris con fervor. El orgasmo acude a mí, y como un tsunami, me arrastra en oleadas de placer en las que muevo la pelvis en convulsiones que consiguen desbordar el agua de la bañera.

    Me quedo quieta un momento hasta que mis pulsaciones retornan a la normalidad. Después me seco, me pongo el pijama y me acuesto. Mi esposo ya duerme, apago la luz, me abrazo a él y la última imagen que deambula por mi cabeza es la de Javier.

    Los días pasan y no consigo que se me vaya de la testa.

    Mi vida es estable, lineal, ordenada y sin complicaciones importantes. En el terreno sentimental estoy en un buen momento y considero que la relación con mi marido es provechosa, quizás un poco rutinaria, como suele ser habitual tras veintitantos años de relación, pero asumo esa circunstancia como algo lógico, por tanto, nunca ha sido un hándicap como para que eso me haya llevado a buscar otro acicate que condimente ese letargo pasional.

    Es sábado por la mañana. Son las nueve de la mañana. Mi marido ha salido a jugar su partida de pádel. Me dispongo a salir de compras. Mi hija me pide dinero para hacer las suyas. Saco la billetera del bolso y veo la tarjeta de Javier, con lo cual, mis pensamientos se dispersan y pierdo por un momento la noción del presente.

    —Mamá, —me reprende mi hija.

    —¿Qué? —contesto enajenada.

    —¿El dinero? —me recuerda, y yo vuelvo al presente, le doy un billete de cincuenta, me da un beso y sale escopetada.

    Me siento en la silla un momento y me quedo contemplando la tarjeta. No su diseño vanguardista, sino lo que representa, por qué me la ofreció, y lo más importante: por qué la cogí. Es una pregunta que no he dejado de hacerme estos días. En el fondo quiero dar ese paso sin saber a donde conduce esa senda que sugiere ser de lo más incierta. Sopeso la posibilidad de hacer esa llamada, pero el vértigo agarrota mi cuerpo.

    Las dudas me persiguen como los ratones al “Flautista de Hamelin”. Tengo claro que quiero a mi esposo y también sé que no es compatible esa opción con lo que deseo, de modo que mi confusión es manifiesta y el dilema navega entre lo que es éticamente correcto y lo que se supone que es un capricho imprudente. La sensatez combate por enésima vez contra el deseo, pero en esa contienda, el sentido común siempre parece perder la batalla. Ahora tengo el teléfono en una mano y la tarjeta en la otra. Me armo de valor y marco el número. En esta decisión comprendo que corro el riesgo de echar mi vida por la borda, pero ya es tarde para arrepentirse. Escucho un “hola” al otro lado.

    —Hola. Soy Vicky, —contesto.

    —Vicky, Vicky, Vicky… —repite él, supongo que intentando descifrar quien será la tal Vicky.

    —Nos conocimos en tu exposición. Me ofreciste tu tarjeta, ¿recuerdas? —le digo pensando que probablemente soy otra más de las muchas que suelen pasan por su lecho.

    —Sí. Cierto. Te recuerdo… Tú dirás Vicky.

    “¿En serio?”. Este es el momento en el que me quedo más cortada que un pollo sin cabeza. No sé qué pensar. No sé qué decir. Empiezo a creer que esto ha sido un error, quizás también un malentendido por mi parte y en mi afán de que todo transcurriera según se esbozaba en mi cabeza, no he sabido interpretar las señales que, aunque para mí eran evidentes, no eran las que él quería mandar.

    No sé qué hacer. No sé qué decir. Debería colgar. No quiero parecer una idiota, y mucho menos una buscona. ¿Lo soy? Empiezo a planteármelo.

    —Me preguntaba si te apetecería tomar un café, —acierto a decir.

    —¿Un café? —pregunta sorprendido. La verdad es que no me lo está poniendo fácil y nunca me he sentido tan humillada como ahora. En realidad, no estoy segura de si quiere hacerme sentir así. Parece que sí.

    —Pensaba que estábamos en la misma onda, disculpa, —le digo finalmente con la intención de colgar.

    —¿No te apetece más que cenemos esta noche? —añade, de modo que vuelve a desconcertarme.

    —Por la noche no puedo. Tengo compromisos familiares.

    —¿Estás casada? —pregunta, y yo quiero que la tierra se me trague. Daba por hecho que lo sabía, pero ahora que lo pienso, no tenía por qué, y por tanto, evidencio una vez más mi condición de buscona. Vacilo un instante antes de responder sabiendo que el plan se ha malogrado.

    —Sí. Pensaba que lo sabías.

    —¿Cómo iba a saberlo? No me lo dijiste, aunque eso le añade más morbo al propósito.

    —¿Qué propósito? —pregunto haciéndome la ingenua.

    —Voy a preparar la cafetera. Te mando mi ubicación. Décimo piso, puerta veintiocho. No tardes, —me dice con determinación. Después cuelga sin esperar mi respuesta dando por hecho que acudiré sin vacilar como una madura encelada, en cambio, después de esa flagrante confianza en sí mismo y ese arranque de prepotencia quiero bajarle los humos, por el contrario, me acicalo, uso una de mis mejores fragancias y salgo de casa. Después subo al coche, abro el GPS e inserto la ubicación.

    En quince minutos estoy aparcando en la dirección indicada. Llamo desde abajo al número veintiocho. Tengo el corazón en un puño mientras espero unos segundos antes de que se abra la puerta. Cojo el ascensor, presiono el pulsador del décimo y mientras asciende me cuestiono si he tomado la mejor decisión. Reconozco que no ha sido la más cabal, y si es acertada o no depende del prisma con el que se mire. Busco una justificación, un auto convencimiento que me haga sentir mejor, o que me diga que nunca he echado una cana al aire y que por una vez mi conciencia lo superará. Por añadidura, hay oportunidades que quizás se presenten sólo una vez en la vida y pienso que ésta es una de ellas.

    Me recibe con una complaciente sonrisa. Va descalzo, con unos jeans rotos y el torso desnudo luciendo un cuerpo fibroso recién salido de un anuncio de perfume. No sé si estoy a su altura, aunque si me invitó fue porque algo vio en mí que le gustaba. Yo también llevo vaqueros ajustados que dan testimonio de mis curvas. Para la parte superior he elegido un suéter de punto fino ajustado con un cuello de pico que resalta mi canalillo.

    —Estás deliciosa, —me dice sin apartar la vista de mi escote, y viniendo de él es todo un cumplido.

    Rápidamente invade mi espacio vital, me coge de la cintura con una mano y me acerca a él, por lo que nuestros cuerpos se pegan. Con la otra mano agarra mi nalga derecha y la presiona. Me mira un instante muy de cerca y abro mi boca deseosa esperando la suya. Ahora sé que el deseo es compartido.

    —¿Quieres el café?, —me pregunta. No le cabe duda de que no he ido a tomar café. Ignoro su pregunta y le como la boca enroscando mi lengua con la suya. Sus manos se aferran a mis nalgas acercándome más a él. Noto su hombría hinchándose en mi vientre en el momento en el que la costura de mis jeans empieza a molestarme. Siento sus caricias por mi cuerpo hasta llegar a los pechos. Me quita el suéter con mi ayuda. Por un momento se queda obnubilado contemplándome a través del sujetador trasparente, después me aprisiona las tetas y las amasa con rudeza al tiempo que se deshace de la prenda. Las vuelve a manosear, a continuación hunde su cabeza. Mis pezones son devorados con autentico fervor para mi deleite con una lengua que los abrasa. La raja se me abre como una flor en una mañana primaveral. De forma inesperada noto su mano aterrizando en mi sexo y unos dedos empiezan a hurgar en él a través de la tela del pantalón a la vez que mi mano busca su entrepierna exageradamente abultada.

    Bruscamente me da la vuelta, me apoya las manos en el sofá, me baja los vaqueros de golpe y hace lo mismo con las bragas, dejando mi trasero a su merced.

    —Menudo culo tienes, zorra, —me dice pareciendo haber mutado, pero estoy tan caliente que no me detengo a cuestionar esa nueva faceta ni sus modales, en contraste, muevo el trasero impaciente. Volteo la cabeza con curiosidad mientras se desabrocha el cinturón, baja el zip y extrae un palpitante y apetitoso miembro que me hace reconocer que el muchacho ha sido bendecido por los dioses.

    —Ponte un condón, —le pido, pero hace caso omiso a mi petición.

    Con los pantalones y las bragas bajadas siento una fuerte palmada en mi nalga derecha que hace que me queje. Una segunda aplicada con más contundencia me deja la marca y la zona toma un tono rojizo.

    —¿Quieres que te folle, o prefieres ir a a comprar condones? —me pregunta con la certeza de que deseo fervientemente lo primero, por tanto, me olvido de los condones, sin embargo, mi refinada educación todavía me impide expresarme abiertamente.

    —¿No es lo que deseabas desde que nos vimos, zorra? —me repite. Yo no respondo a sus groserías. Me empieza a molestar su lenguaje soez, pero sé que aunque no son las formas correctas de decirlo no anda lejos de la verdad, por eso quiero pasar a la acción y que deje de vilipendiarme.

    —¿No has venido a eso? —insiste aproximándose a mi oído, al mismo tiempo que tira de mi pelo.

    —¿O has venido a ver mi arte? —añade tirando con más fuerza, mientras le miro a los ojos sin saber si odiarle, mandarlo a la mierda o desearle.

    —No me hables así, —le reprendo.

    —No me vengas con remilgos, guapa, que se te notaba a la legua que tu coño hacía aguas.

    —Pero serás cabrón, —le amonesto de nuevo.

    —¿Me equivoco? —pregunta mientras dos dedos de su otra mano chapotean dentro de mi coño provocando sonoros chasquidos y haciendo que resbalen mis caldos entre las piernas. Muevo mi pelvis y mis gemidos se escapan involuntariamente de mi boca.

    —Eso es. Mueve el culo, — me ordena al tiempo que las pequeñas extremidades se mueven más y más rápido. Quiero mandarlo a tomar viento, pero también gritar de gusto con sus dedos follándome. Intento reprimir esas ansias, pero finalmente cedo al orgasmo y libero reiterados gritos de placer, a la vez que me tiemblan las piernas y mis flujos se desparraman sin contención.

    Sin tiempo para recuperarme noto el glande presionando a la entrada de mi raja, y con un firme empujón mi vagina engulle la polla del fotógrafo en el interior. Exhalo un suspiro al sentir su virilidad dentro de mí y el placer retorna con renovadas fuerzas en movimientos repetitivos que van ganando en velocidad y rudeza entrando y saliendo de mi cavidad mientras muevo el culo queriendo sentir todo el puntal.

    —Menuda zorra caliente estás hecha. —Te morías de ganas por un buen rabo, ¿verdad cariño? —me dice cogiéndome de nuevo del pelo y tirando de mi melena hacia él mientras la rapidez con la que arremete me arranca gemido tras gemido en cada embate.

    Con los pies me deshago de los pantalones y de las bragas, lo que me facilita abrir las piernas para sentirlo mejor.

    —¡Qué culazo tienes cabrona! —exclama poseído por el deseo, sin embargo, lejos de molestarme, los improperios me ponen cada vez más cachonda y entro en un estado de excitación que no recuerdo haber experimentado nunca. Su polla entra y sale de mí socavando mis entrañas con contundentes golpes de cadera. Estoy en condiciones de alcanzar mi segundo orgasmo cuando me la saca por completo. Noto un gran vacío. Me da la vuelta, me pone de rodillas y me planta la verga delante de mi cara. La observo un instante, tan dura, tan recia y tan venosa. Admiro su envergadura avalando que las comparaciones son odiosas. Me dispongo a cogerla, pero me lo impide, en cambio lo hace él. Se la agarra con firmeza y empieza a propinarme pollazos en la cara. Intento atraparla con la boca, pero no me deja. Cuando él lo decide me la incrusta, le doy unos lametones y me la vuelve a retirar hasta que cansada del juego la cojo de la base y la atrapo para dedicarle la mejor de las mamadas.

    Mi boca empieza a segregar saliva que va resbalando por el tronco. Con mis dedos índice y pulgar hago un anillo recorriendo el tallo al mismo tiempo que mi boca acapara todo lo que da de sí hasta atragantarme.

    —Eres una experta mamadora. Si sigues así harás que me corra, —me advierte con cara desencajada, pero no le hago caso y sigo a lo mío, incluso con más ahínco. Me doy cuenta de que lleva razón cuando rápidamente se separa de mí. Se quita los pantalones por completo, me coge en brazos y me lleva a la habitación. Allí me suelta como si fuera una muñeca de trapo, me abre las piernas, y abreva en mi entrepierna. Me muerde primero la parte superior de los muslos y yo busco con mi pelvis la esquiva lengua. Se detiene un instante contemplando mi raja, pero en mi ansiedad aferro su cabeza y la empujo con la intención de que hunda su lengua en las profundidades. No se resiste. Huele mi aroma, separa mis pliegues con la lengua y la pasea por la raja saboreando mi sal. Un hilillo de líquido se desliza hacia el ano y él lo atrapa antes de que llegue a su destino para degustar el elixir. Su lengua repasa en vertical toda la zona, desde al ano hasta el clítoris repetidas veces, yo lo acompaño con movimientos sincronizados de mi pelvis, después hunde su dedo dentro de mí, en tanto la lengua aterriza en el nódulo del placer.

    Mis gemidos se intensifican y Javier acelera el movimiento de su dedo. Añade otro al mete y saca, a la par que la lengua se centra en el pequeño botón.

    Los dedos incursionan buscando el punto G y lo aprieta repetidas veces. Mi excitación y mis gemidos invaden la estancia. Cuando creo que voy a correrme se detiene como si lo adivinara y me quedo quieta respirando aceleradamente con gran frustración por mi parte, pero no por mucho tiempo. Seguidamente se incorpora, colocándose encima de mí y me ensarta como a un churrasco de Croto hasta que mi ano saluda a sus pelotas. Mis manos aferran sus duras nalgas y clavo mis uñas en ellas como indicativo del placer que me da. Aprieto con fuerza y grito con desesperación sintiendo como la polla me abre en canal y se me clava hasta el tuétano.

    —¿Te gusta Vicky? —me pregunta ufano haciendo uso de mi nombre por primera vez. Le respondo con un eufórico “sí” que no ofrece lugar a dudas. Aunque con ciertas reservas, reconozco que es el mejor polvo de mi vida. Ni siquiera en mis años mozos recuerdo haber gozado tanto.

    El garañón embiste con fiereza. Mis piernas se enganchan a su espalda. Su cuerpo fibroso empieza a brillar empapado de sudor. Un sudor que empieza a gotear sobre mí. Mis manos resbalan por cada relieve de su anatomía. Quiero tocarlo, quiero sentirlo, llenarme de él y que no deje de follarme nunca. Gimo y grito ya totalmente desinhibida pidiéndole que incremente la cadencia y no se hace de rogar. Empieza a hacerlo de forma salvaje y con cada pollazo mis gritos invaden la estancia. Él no es menos y se une a los míos en una sinfonía compuesta por un orgasmo que se extiende desde mi sexo a todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo. Mi coño convulsiona en espasmos succionando la verga de mi amante, mientras éste empieza a bufar como un toro en celo. A mis contracciones se unen las de él y fundimos nuestro clímax en un concierto de jadeos. Siento las descargas de su semen golpeando en las paredes de mi útero sin que el orgasmo me abandone. Grito con más fuerza y cuanto más grito, más placer parezco recibir. Su erección es como una jodida barra de hierro ardiendo en mi interior y en unos últimos estertores termina de soltar su carga y yo me quedo quieta, en tanto que mi vagina convulsiona una última vez cuando extrae su miembro. La leche brota de mi interior sin contención, mas yo estoy demasiado exhausta para moverme.

    A continuación se levanta para ir al lavabo y yo admiro su cuerpo por detrás desde la cama. Su espalda bien formada y sus nalgas prietas son una delicia para mis ojos. Cuando regresa lo contemplo por delante. Su torso bien constituido dibujando su pectoral y la zona media. Su pene fláccido se balancea a ambos lados como un péndulo hipnotizante, y pese a estar en estado de flaccidez su tamaño supera al que estoy acostumbrada, incluso en completa erección y creo que mi cara refleja mis pensamientos.

    Se aproxima hasta mí mostrando sus vergüenzas sin ningún pudor, plenamente consciente de su potencial, pero ahora yo también necesito lavarme y se lo hago saber.

    Mientras me lavo hago balance de lo ocurrido. Me ha hecho sentir como la más vulgar de las rameras y lo paradójico es que lo he gozado como una de ellas, si bien, eso no me hace sentir mejor y me planteo irme a casa.

    Cuando regreso la sábana sucia está tirada en el suelo y ha colocado otra nueva. Él yace en la cama mientras se acaricia la verga en movimientos lentos, mostrándome sus atributos en su plenitud. Su polla erecta apunta al techo y su mano se mueve arriba y abajo al tiempo que miro embelesada el pilón de carne. Mi debate interno es trascendente e incoherente a la vez. Me siento a su lado y le cojo la verga. Escupo sobre ella y empiezo a masturbarlo con movimientos lentos. Intercambiamos las miradas. La suya es lasciva, sabiendo que tiene el control y que me tiene a su merced. La mía no lo es menos. El deseo me invade. Me he corrido dos veces y sigo deseándolo. Nunca me ha ocurrido algo así.

    La tiene tan dura que no importa lo mucho que la apriete. Es, como he dicho, una jodida barra de hierro que me meto en la boca basculando mi cabeza en un movimiento rítmico. Mi lengua recorre el tallo repasando cada capilar hasta llegar a sus pelotas. Lengüeteo una, después la otra. Introduzco una y la succiono, a continuación hago lo mismo con la otra. Seguidamente mis labios abrazan el tronco y me lo hundo hasta provocarme una arcada. La polla se llena de saliva y los chasquidos de la mamada junto a sus gemidos colman la estancia. Creo que lo estoy haciendo fenomenal porque se aparta bruscamente a fin de no eyacular, por lo que me coloca encima para que le cabalgue. Cojo el falo, me lo encaro y me dejo caer con parsimonia hasta que me llena por completo. La vista se me nubla. Cierro los ojos y empiezo a moverme arriba y abajo queriendo sentir cada centímetro de carne, como si estuviese cabalgando sobre Pegaso y me estuviese transportando a las puertas del Olimpo. De forma progresiva, mis caderas incorporan otros contorneos como si quisiera enroscarme el cipote. Los meneos se multiplican de tal modo que mi pelvis adquiere vida propia agitándose en todas direcciones. Entre tanto, noto como un dedo inicia un masaje a mi ano añadiendo un agradable efecto que se intensifica con una placentera sensación cuando me lo hunde.

    No me reconozco cuando me veo reflejada en el espejo de la habitación saltando de forma desbocada sobre mi montura al tiempo que el manubrio percute en mis adentros a una velocidad vertiginosa, gestando con ello un clímax junto a unas ganas de orinar que se acentúan en cada embate. El orgasmo golpea mis bajos y grito de gusto sin ningún pudor, pero al mismo tiempo, deseo que termine pronto, puesto que la sensación se me hace insoportable y por ello retrocedo para zafarme del pollón que golpea dentro de mi útero haciéndome expulsar un potente chorro de pis que desparramo encima del fotógrafo.

    Estoy extenuada y me dejo caer a un lado como si fuese un peso muerto. De inmediato se incorpora y posiciona su verga a la altura de mi cara para masturbarse. Miro la escena desde un contrapicado mientras su mano se mueve con celeridad. El sudor resbala por su cuerpo, sus músculos se tensan, sus piernas se doblan echado su cuerpo hacia atrás. Su boca libera un prolongado gemido y un latigazo de leche escapa de su polla estrellándose en mi cara, un segundo me deja ciega y un tercero se aventura en mi boca. Los siguientes de menor intensidad resbalan por mi cuello. Tras la descarga instala su verga en mi boca para que se la limpie. Lo hago con cierta reticencia, paladeando el amargo sabor de su esencia. El broche de oro son unos vergazos en mi cara como colofón. Voy de nuevo al baño a lavarme. Me observo en el espejo, pero ahora me veo distinta. Mi cara llena de esperma no ofrece mi mejor perfil. La lujuria se ha esfumado y el espejo me devuelve la imagen de la zorra adultera a la que se ha follado el arrogante niñato.

    Cuando adecento mi aspecto salgo del lavabo y me visto con presteza queriendo desaparecer de allí. Él me acompaña jactancioso hasta la puerta y me da un beso que yo le devuelvo sin devoción. La despedida es corta, fría y sin apasionamiento, pero también sin dramatismos innecesarios.

    —¿Volveré a verte? —me pregunta.

    No respondo. Asiento con una forzada y distante sonrisa, pero sé lo que no haré.

  • La virginidad de Diana

    La virginidad de Diana

    Pasados los meses y con la partida de Coco, me quedé como un mes solo. Al poco tiempo conocí a Diana, una chava de 23 años delgada, nalgoncita, sus pechos pequeños pero sus caderas me enloquecían, siempre que la miraba me la imaginaba a gatas y yo follandomela.

    Al poco tiempo comenzamos a ser novios, ella era virgen, pero en mi caso después de haber probado el sexo yo quería llevármela a la cama, ella era un poco tímida le gustaba que me la fajara que la excitara, nos tocábamos la dedeaba, pero jamás pasó a más.

    Pasados 2 meses y al ver que ella no cedía comencé a manifestar mi molestia, claro está que no la iba a obligar, un día, ella habla conmigo diciendo que yo le gustaba mucho y que se sentía bien conmigo pero que aún no estaba lista para dar ese paso, así que decidimos cortar la relación.

    Después de unas semanas recibo una llamada de ella diciéndome que si estaba en casa, la verdad me quedé atónito al escuchar que era ella, amablemente le conteste que sí, que sucedía.

    Me dice: – ¿puedo ir a visitarte? Por cierto, ¿estás solo, verdad? – le conteste que sí. Jamás imagine a lo que iba.

    Tocó a la puerta salí a recibirla, nos dimos un beso en la mejilla, la invite a pasar. Y sin más espera me tomo de la mano, nos sentamos en la sala de estar, diciendo. – ¿Sabes? estás semanas he conversado mucho conmigo, y la verdad es que tu me has despertado esa parte que mucho tiempo tuve dormida, tenía muchas ganas pero jamás había llegado alguien a mi vida que fuera tan amable conmigo, tu me has pedido mucho una cosa, y la verdad aun que ya no somos nada estoy dispuesta a dártelo, para lo tu eres la persona a quien quiero entregarme.

    También te quiero decir que mañana partiré a Veracruz, y también me vengo a despedir haya me voy a estudiar y me ofrecen un buen trabajo.

    En ese momento me dio mucha tristeza ya que ella había sido muy buena conmigo, pero me quedé más sorprendido con lo que me estaba diciendo. En ese momento decidí corroborar lo que había escuchado y pregunté. – ¿Y qué es lo que me quieres entregar realmente? – No te hagas, yo sé que tú quieres tener relaciones conmigo, mucho tiempo me lo pediste, casi desde que comenzamos a ser novios, hoy me vengo a entregar a ti, claro, si tu estas dispuesto a estar conmigo.

    Ese día, ella llevaba un vestido floreado más arriba de sus rodillas, dejaban ver sus piernas, muy bien torneadas, el vestido era escotado, pero aún que sus pechos no eran muy grandes se veía super bien, su piel apiñonada casi morena clara me invitaban a desvestir la poco a poco y gozar su cuerpo.

    En un abrir y cerrar de ojos sentados en el sofá, se lanzó hacia mí y me beso, su boca se entrelazaba con la mía, ambos estábamos entregados al momento, comenzó a tocarme el pene, yo, que no deje pasar tiempo mi mano tocaba sus piernas.

    La lleve a mi recamara, entramos cerré la puerta y ahí comenzó aquella hermosa y tierna experiencia, mis manos recorrían su cuerpo ella agitada sentía mi dedo en su vagina, me da la vuelta y me sienta en la cama, se da la vuelta sube su vestido y de espaldas restriega su culo en mi pene, estando ahí baje el cierre de su vestido su sostén estaba ahí esperando a desatar lo, así lo hice, y comencé a besar su espalda, baje más el vestido y mis manos recorrían sus pechos.

    Se da la vuelta y se baja el vestido, una linda braga roja que traía la acerque a mí y comencé a besar sus pechos, mi mano tocaba por encima su vagina, está húmeda, me quita la playera me levanta y se va a mi pantalón, me quedo en bóxer mi pene erecto no podía disimular mi excitación, lo toco con cariño lo miró me bajo el bóxer, piel con piel lo seguiré mirando y tocando, – ¿cuánto mide? 16.5cm le dije. Se hinco, inexperta comenzó a querer mamar, la mía y chupaba me chupaba la cabeza, pero yo ya estaba super caliente. La tomé de la mano la lleve a la cama la acosté le quite su braga.

    La vi ahí postrada en mi cama, sus piernas medias dobladas, quería hacerle de todo, me dirigí a ella, le pregunté si estaba lista, asintió con su cabeza, aun toque su vagina queriendo aumentar su excitación, acerque mi pene a su vagina, mire su cara, sus ojos, en ese monto me di cuenta que no lo iba hacer bruscamente como con otras, su cara tierna y sensible me tocaron el corazón y lentamente comencé.

    Con mi pene le di varias caricias a su vagina, solo por encima ella se estremecía, metí la cabeza por encima, húmeda muy húmeda, la tomé de sus caderas y la acerque más a mi sus piernas estaban encima de las mías, me acerque a su cara y le dije que se relajara, tome con mi mano mi pene, y comencé a hundirlo en su vagina, ella se hacía para atrás, yo la reincorporaba, cerró los ojos, ya estando casi adentro le dije que tomará aire con los ojos cerrados tomó aire en eso se la dejé ir despacio pero son detenerme, alcance a sentir como que algo se rompió, ya estando dentro mi pene mire una lagrima que corrió en su mejilla, le pregunté que estaba bien, solo dijo si, comencé a moverme lento ella con sus piernas me apretaba, yo seguí…

    Tal vez fue mucha la excitación mía y la novedad de estar con una virgen que no dure mucho, fueron poco minutos cuando comencé a sentir que él a disfrutaba, al ver esto decidí correrme y así fue, fue un fuerte chorro el que sentí que brotó y se estrelló en sus paredes vaginales.

    Terminé la abrace nos quedamos un rato así, se postró en mi pecho, después de unos minutos se levantó se vistió yo rápidamente hice lo mismo, al estar en la puerta me abrazo, le dije que sí la llevaba a su casa, aceptó mi propuesta la lleve, la deje, regrese a mi casa levante el desorden al estar alistando la cama me encontré con una pequeña telita, era su himen, lo guardé.

  • Belén, mi primera novia virgen

    Belén, mi primera novia virgen

    Paso un año desde Noemí, llevábamos dos semanas saliendo cuando mi primo organizo una fiesta en su casa, éramos pocos amigos y conocidos, entre baile y alcohol mi novia me empezó a manosear mas de la cuenta, todavía no habíamos tenido ningún tipo de encuentro sexual.

    Pasaron las horas y los dos ya estábamos medios entonados, me dice al oído “-hoy quiero que me hagas tuya.”. Las hormonas se me subieron a mil. Entro al baño y ella entra tras mío riéndose. Nos empezamos a besar y la apretó contra la puerta mandándole mano entre las piernas, se sentía el calor y la humedad de su vagina, mientras la besaba muy apasionadamente meto la mano por debajo de su ropa interior y empiezo a frotarle el clítoris, mojándome los dedos con mi boca trato de meterle dos dedos, a lo que me dice “-no espera, soy virgen.”.

    En ese momento no le creí, por su forma de ser atrevida, siempre me apoyaba y tocaba por arriba de la ropa desde que éramos amigos, a lo que le digo – bueno vos decime cuando estas lista, y sigo tocándola. De la nada me baja el pantalón y el bóxer a la vez y empieza a acariciarme el pene con delicadeza hasta que empezó a masturbarme despacio y empezó a agarrar ritmo, me sienta en el inodoro y se sube arriba mío, y empieza a frotar mi verga en tu vagina, no daba mas de calentura, siento que trata de metérsela un poco y le digo que mejor vayamos a la pieza.

    Nos vestimos, salimos del baño entramos a la pieza y le pongo llave, nos acostamos y tapamos con una sabana, le saco la remera y el corpiño y empiezo a tocarles las tetas, blancas y con los pezones muy rosados, se las chupo mientras la masturbo por arriba del pantalón, bajo besándole la panza mientras sigo apretando sus tetas.

    Recuerdo lo blanca y colorada que era, le desabrocho el pantalón se lo voy bajando y la dejo con esa tanguita blanca que tenia, me saco la remera y el pantalón, quedo desnudo. La beso por todos lados mientras le quito la tanga, empiezo a chupársela muy despacio pasándole la lengua por todo su vagina hasta que de un suspiro me dice “-ahora, cógeme por favor.”. Manoteo el pantalón y me pongo el forro que tenia en el bolsillo.

    Y mientras la beso se la empiezo a meter despacito, solo la punta y veo su expresión de placer, empujo despacito hasta que la metí entera y salió bien lubricada, es ahí donde me sorprendió que al sacarla tenía un poco de sangre, todos mis sentidos se multiplicaron, no se si fue el morbo de la sangre o saber que si, que yo era el primero.

    ¡Aclaro que era una chica muy linda para mí, colorada blanquita con los ojos verde y un cuerpo descomunal

    Supongo que siempre tuve el autoestima muy arriba y eso ayudó. Sigo haciendoselo le doy mas fuerte, se retorcia de placer y siento que se estaba por venir, se la saco y la doy vuelta, vi tan hermoso ese culo hermoso blanquito que cuando abro los cachetes y dejo a la vista ese rosadito culito que lo empecé a chupar y pasar la lengua, y le digo -tambien te voy a desvirgar este. Y me dice «-hoy soy tuya haceme lo que quieras».

    Se lo beso y muerdo por un buen rato mientras le lubrico bien el agujero, meto un dedo hasta que se dilató un poco y le arrimo la cabeza, hasta que entró todo, empecé a darle y darle, cuando siento que me voy a venir, justo me dice “-te la quiero chupar.” Asique me detengo y me paro, me saco el forro y ella se arrodilla adelante mío, y empieza a pasar su lengua por alrededor de la cabeza, mientras me acariciaba las bolas, se la mete entera y le da una ahorcada, se le pasa a los segundos y sigue a mamandola, me raspo un poco con los dientes al principio, pero lo hacia muy bien, y esos ojitos claros que me miraban mientras la chupaba te enamoraban. Le aviso que si seguía estaba por terminar en su boca, y me dijo “-quiero sentirte acabar dentro mío y sentir tu piel.”. Se dio vuelta y se puso en cuatro, le pregunto, estas segura? Vos te cuidas? A lo que me responde que si que toma pastillas, yo ya estaba por explotar, asique se la meto y a los segundos le lleno su vagina de leche, mi tiro para atrás y quedo viendo como chorreaba leche de su vagina rosita.

    Se da vuelta y me dice que le gustaba mucho, desde hace años me miraba y fantaseo esto un monto de veces en su cabeza, y que le cumplí su sueño. Nos quedamos acostados y se durmió al rato con una sonrisa.

    Estuvimos juntos por tres años, hasta que la relación no dio para mas, apuntábamos para lados opuestos. Pero pase muy lindos momentos con esa persona y nunca la voy a olvidar.

  • Snu snu incestuoso

    Snu snu incestuoso

    En una ciudad como cualquier otra vivía Meg, una mujer de 40 años apasionada por los entrenamientos que tenia de piel blanca, cabello negro, media 1,90 m, tenía abdominales perfectamente marcados, una figura muy femenina pero musculosa y voluptuosa, unas tetas inmensas y, lo que más resaltaba de ella, un trasero enorme y muy firme.

    Durante su adolescencia, Meg había sido una chica gorda y, por esa razón, se había convertido en el blanco de burlas y de bromas de todos sus compañeros de clase. Un día, cansada de ser el hazme reír de su curso, Meg fue hasta un gimnasio local, en donde se dispuso a entrenar con el fin de tener un cuerpo ideal. Con el tiempo, y a medida que su gordura iba desapareciendo, la joven Meg se fue despertando una gran pasión por el deporte y por el ejercicio, hasta el punto de que ya no entrenaba para verse delgada, sino porque realmente le apasionaba.

    Tras graduarse, Meg compitió en varios concursos de Señorita Musculosa, el cual era, básicamente, un concurso de belleza mesclado con uno de fisicoculturismo, en el cual los jueces no solo evaluarían el cuerpo de las participantes en base al desarrollo de los músculos, sino también en que tan bellas y atractivas era. Increíblemente, aquella muchacha que fue la burla en su adolescencia a causa de su peso y poco atractivo físico terminaría siendo nombrada, durante varios años consecutivos, la mujer más musculosa pero sexy de todo su país de origen. Con el dinero que gano en los concursos en los que participo, Mec consiguió abrir un muy exitoso gimnasio femenino, en donde entrenaba a chicas para que pudieran desarrollar su cuerpo ideal.

    Sin embargo, aunque a Meg le iba bien tanto en lo económico como en su carrera profesional, no se podía decir lo mismo de su vida sentimental pues, debido a una serie de problemas, su esposo la terminaría abandonando, dejándola sola con Dylan, su hijo de 18 años, al cual intentaba criar sola de la mejor manera posible.

    Pese al mal momento que le había hecho pasar su divorcio, Meg siguió entrenando, administrando su gimnasio, cumpliendo sus obligaciones como madre, y preparándose para el próximo certamen de Señorita Musculosa, el cual estaba próximo a celebrarse.

    De entre todos los admiradores que Meg tenía, el más grande de ellos era, sin duda alguna, su propio hijo, quien veía en ella a una figura para tomar de ejemplo debido a todas las adversidades que ella tuvo que sortear en su juventud para alcanzar el éxito. Dylan era todo lo opuesto a su madre, tanto en gustos como en aspecto físico, pues él era un joven delgado con una estatura relativamente baja (1,60 m aproximadamente), y cuyo interés radicaba en las matemáticas y no en el deporte. Aun así, y a pesar de las diferencias que había entre ellos dos, madre e hijo tenían una muy buena relación, pero todo estaba a punto de cambiar.

    Una noche, Dylan se fue a dormir y, a eso de la madrugada, comenzó a soñar. Dentro de su sueño, Dylan se estaba tomando una ducha muy tranquilamente cuando, de repente, Meg derribo la puerta del baño de una patada, y se metió con él en la ducha completamente desnuda.

    “¡mama! ¿Qué estás haciendo?” pregunto Dylan, sobresaltado, mientras se tapaba su cuerpo desnudo

    “¡vine porque quiero hacerte hombre aquí mismo!” exclamo ella, y luego beso apasionadamente a su hijo.

    Gracias a sus grandes músculos y a la gran diferencia de altura, fuerza, peso y tamaño, la milf domino fácilmente al joven, y comenzó a hacer todo tipo de actos lascivos y sexuales con él, siendo ella la dominante y su hijo el sumiso, cosa que Dylan disfruto mucho). Tras su largo e intenso sueño, Dylan despertó sobresaltado, con el cuerpo todo transpirado, y con las sabanas manchadas con su propio semen, era como si realmente hubiera cometido incesto en esa misma cama.

    “¡por Dios, no lo puedo creer!” pensó Dylan, con un gran sentimiento de culpa “¡soñé que tuvo sexo con mi propia madre… y lo disfrute!”

    Una vez superado el shock inicial, Dylan fue al baño para lavarse la cara.

    “no puedo creer que haya tenido un sueño así y, encima, lo haya disfrutado tanto” pensó el joven, quien aún tenida el cuerpo tembloroso debido a la gran eyaculación que había tenido “no merezco tener a la madre que tengo ¡no voy a poder ni siquiera mirarla a los ojos!”

    Luego de un rato intentando calmar sus pensamientos, Dylan limpio todo el semen que había entre sus sabanas, se acostó en su cama e intento conciliar el sueño, aunque le fue muy difícil hacerlo.

    Al amanecer, y como era costumbre, Meg salió de su casa y se fue corriendo hasta un que estaba cerca de su casa para comenzar con sus ejercicios matutinos. La ropa que la milf musculosa utilizaba eran un equipo de gimnasio compuesto por un short diminuto de color negro, el cual parecía una tanga muy ajustada que ayudaba a resaltar su enorme trasero, y un corpiño deportivo del mismo color que apenas podía retener sus enormes tetas. Una vez en el parque, Meg en recibida por una legión de admiradores de ambos sexos, quienes la estaban esperando para sacarse fotos con ella y para verla entrenar.

    “¡que cuerpazo que tienes, Meg!” grito un hombre joven “¿me dejas sacarme una foto contigo?”

    “¡Por supuesto!” exclamo la milf, mientras mostraba sus muy marcados bíceps

    “dime, Meg ¿no te molesta que todos se la pasen viendo tu cuerpo?” pregunto una chica.

    “para nada, el cuerpo se hizo para mostrarse, y yo adoro que admiren todo el fruto de mi trabajo” dijo ella, mientras se daba vuelta y les daba a sus admiradores una mejor vista de sus nalgas grandes y firmes “siempre y cuando no toquen nada pueden ver todo lo que quieran”

    Meg continuo haciendo sus ejercicios matutinos, a la vez que disfrutaba las miradas lujuriosas de sus admiradores y fans, quienes no perdían de vista sus enormes brazos, sus abdominales perfectamente marcados, sus muslos carnosos, firmes, y gruesos como troncos, y sus gigantescos atributos femeninos, que eran lo que más llamaba la atención de todos los presentes.

    Terminada su rutina de calentamiento, Meg se despidió de todo su sequito de fans y volvió trotando a su casa. Una vez en su hogar, Meg fue hasta la cocina, en donde se encontró con su hijo, quien estaba desayunando para ir a la universidad.

    “¡buenos días, Dylan!” exclamo la milf, mientras le daba un beso en la mejilla a su hijo

    “ho… hola mama” respondió Dylan, quien aun seguía pensando en el sueño que había tenido por la noche

    “suenas nervioso” dijo Meg, mientras sacaba un licuado de proteínas del refrigerador “¿paso algo? ¿Dormiste bien?”

    “la verdad tuve un poco de insomnio” respondió, mientras evitaba entablar contacto visual con su madre “bueno, yo ya me debo ir a la universidad ¡suerte en el gimnasio!”

    “¡espera! Te estas olvidando de darme un abrazo de despedida”

    “si… si… el abrazo de despedida” dijo Dylan y, con muchos nervios, abrazo a Meg

    Al sentir los músculos firmes y sudorosos de su madre, Dylan no pudo evitar tener una erección, razón por la cual se sobresaltó.

    “¿realmente estas bien?” pregunto Meg, preocupada “¡pareces asustado!”

    “no, no, es solo que se me hace tarde” dice el joven, mientras intentaba esconder lo mejor posible su pene erecto al tiempo que salía de la casa “¡nos vemos, suerte hoy!”

    “¿Qué le pasara a ese muchacho?” pensó Meg, con cierta angustia “¿acaso… pensara que soy desagradable?”

    Al anochecer, madre e hijo se reencuentran en la casa, y Dylan continuo sintiéndose incomodo estando junto a Meg.

    “Dylan ¿podemos hablar un momento?” pregunto Meg

    “¡Por supuesto, mama!” exclamo Dylan “¿de que querías hablar?”

    “quería saber si crees que soy bonita”

    “¿pero qué dices? Claro que creo que eres hermosa, mama”

    “¡no me mientas!” exclamo ella, entre lágrimas “yo sé cuando alguien me considera horrible, porque he vivido con ese estigma durante mucho tiempo, así que te pido que, si me consideras como una mujer grotesca y fea, al menos tengas la decencia de decírmelo en vez de alejarte de mí”

    “¡mama, te juro que no es por eso! Yo no te considero una mujer grotesca, al contrario, creo que tus músculos no solo son hermosos por tu silueta femenina, sino por que reflejan todo el esfuerzo que has hecho pasa salir adelante pese a todo lo que sufriste. Estas confundiendo las cosas, yo jamás te consideraría como alguien fea”

    “¿entonces porque me evitas? ¿Por qué evitas tener contacto conmigo?”

    Sintiendo que no tenía más opción, Dylan opta por contarle a Meg que tuvo un sueño erótico muy intenso con ella y sobre su erección de la mañana.

    “¡ah, era por eso!” exclamo la milf, aliviada “¡tranquilo, no pasa nada, esas cosas son involuntarias!”

    “es que no me sentí ni con el derecho de mirarte a los ojos después de eso” dijo Dylan, avergonzado “me sentía sucio e impuro por tener esas sensaciones hacia mi propia madre… ¿crees que puedas perdonarme?”

    “si, lo hare, pero solo con una condición: quiero que me cuentes, con lujo de detalle, todo lo que hicimos en tu sueño”

    “¿Cómo? ¿y porque quieres saber eso?” pregunto Dylan, sorprendido

    “es que me dio curiosidad” dice Meg, y se sienta en la mesa “¡vamos, quiere que me lo cuentes todo de principio hasta el final, y no omitas ni el más mínimo detalle!”

    Dylan, con algo de incomodidad, comienza a contarle a su madre todo lo que esta le había hecho en su sueño y, cuando el relato termina, la milf solo se ríe mientras ve a su hijo colorado de la vergüenza.

    “bueno… si eso fue todo, espero que podamos hacer de cuenta que nada de esto paso y que yo me pueda olvidar de esa pesadilla que tuve” dijo Dylan

    “pues yo no creo que lo que hayas tenido haya sido una pesadilla, yo lo veo como un hermoso sueño… el cual deberíamos hacer realidad” dice Meg, quien se acerca a Dylan y le da un beso en la boca

    “¿pe… pero?” preguntó sorprendido

    “¿Qué? El sueño que tuviste no solo te puso cachondo a ti, sino también a mi” dice Meg, mientras agarra la mano de su hijo, y la coloca en su entrepierna

    En cuanto la mano de Dylan entro en contacto con el coño de Meg, este pudo darse cuenta de que su madre estaba toda mojada

    “aunque no lo parezca, tú tienes de madre a una mujer muy pervertida, Dylan, y tu relato acerca del sueño que tuviste conmigo me puso muy caliente ¡hacía años que no me sentía así!” confeso Meg, con una sonrisa “pero aun no has respondido mi pregunta: ¿quieres que recreemos tu sueño en mi cama?”

    “yo… no lo se… esto es muy extraño” dijo él, con muchas dudas “además, no quiero que hagas algo de lo que te puedas arrepentir, mama”

    “¿Qué tiene de raro? Prefiero mil veces entregarle mi cuerpo a mi amado hijo antes que a cualquier otra persona, porque confió en ti más que nadie. Además, yo sé que también deseas que yo te domine y haga todo lo que te hice en tu fantasía” dijo Meg y, nuevamente, volvió a besar a su hijo pero, esta vez, fue un beso de lengua tan intenso que lo dejo sin aire “como dice el dicho: el que calla, otorga”

    Meg, con mucha facilidad, cargo a Dylan en sus brazos y lo llevo hasta su habitación (parecían una pareja de recién casados). Una vez allí, la milf arrojo a su hijo sobre la cama y se arrancó toda su ropa de un solo tirón.

    “¡eres más sexy de lo que creí!” exclamo Dylan, quien quedo completamente cautivado al ver el cuerpo musculoso, voluptuoso y desnudo de su madre

    “¿y te vas a quedar allí mirándome o vas a comenzar a usar tu boca?” pregunto Meg, mientras apoyaba su pierna sobre la cama “¡disfruta!”

    Dylan, completamente segado por la lujuria, comenzó a besar, lamer, y a acariciar la musculosa pierna de Meg, la cual parecía una columna de carne por lo grande que era. Luego, él centró su atención en los abdominales, contra los cuales refregó su cara. Finalmente, Dylan llego hasta los enormes pechos de su madre, los cuales chupo y manoseo con gran pasión. Por su parte, Meg no hizo otra cosa más que gemir y disfrutar los besos y caricias de su hijo.

    “¡que rico, Dylan!” exclamo ella, mientras él le chupaba los bíceps “¡vamos, dame un beso!”

    “lo haría, pero ni parándome de puntitas llego” dijo Dylan, entre risas

    “¡no hay problema, yo me encargo!” exclamo la milf, quien agarro al joven de la cintura para levantarlo y poder besarlo más cómodamente

    Luego, Meg puso de cabeza a su hijo mientras lo seguía sosteniendo, e hicieron el 69 de parado. La milf, de un solo movimiento, engullo todo el miembro viril de Dylan, y este hizo lo mismo con el coño de su madre. Ambos comenzaron a darse placer oral en sus partes intestinas mientras gemían en el proceso.

    “¡esto es mucho mejor que mi sueño!” pensó Dylan quien, mientras le daba sexo oral a su madre, se agarraba bien firme de las nalgas de esta para no resbalarse

    “¡siempre quise hacer esto con un hombre!” pensó Meg, mientras chupaba el pene de Dylan con fuerza “¡ser la dominante se siente increíble!”

    Tras un buen rato de sexo oral, Dylan soltó su primera carga de semen, la cual lleno toda la boca de su madre, y esta se lo trago sin dificultad.

    “¡perdóname, mama, debí haberte avisado!” exclamo Dylan

    “no te preocupes, estuvo muy bueno” responde Meg, mientras se pasaba la lengua por los labios “¡está más espeso que mis licuados de proteína!”

    Después, Meg arrojo a Dylan sobre la cama, y le hizo un candado al cuello con sus piernas.

    “dijiste que, en tus sueños yo casi dejaba sin aire utilizando mis muslos” dijo Meg, mientras hacía más presión “me pregunto cuanto tiempo podrás aguantar la fuerza de mis piernas”

    “¡esto me encanta, hazlo más fuerte!” exclamo Dylan quien, pese a estar quedándose sin aire, estaba muy emocionado y feliz

    “¡se ve que tu saliste igual de pervertido que yo!” exclamo Meg, la cual también estaba muy excitada por lo que le estaba haciendo a su propio hijo

    Tras un buen rato de asfixia erótica, Meg se puso encima de Dylan y se preparó para tener sexo con su hijo en posición amazónica.

    “¿estás listo para hacer realidad la última parte de tu sueño?” pregunto la milf musculosa “lo único malo es que, como no tengo condones, tendremos que tener sexo anal”

    “¡por mi esta genial y es incluso mejor!” exclamo Dylan, quien estaba muy feliz “¡dame con toda, mama, no tengas piedad de mí!”

    “¿estás seguro? No creo que tu delgado y frágil cuerpo pueda aguantar toda mi fuerza”

    “¡si muero quiero morir feliz!” exclamo él, mientras se ponía cómodo “¡dale nomas!”

    De un solo movimiento, Meg se metió la verga de su hijo en el culo, y empezó a tener sexo anal descarado con Dylan. Los movimientos de la cadera de la milf eran muy crudos, fuertes, precisos pero, sobre todas las cosas, placenteros.

    “¡mas, mas… hazme tuyo mama!” gimió dylan, desesperado, se retorcía de placer y de dolor

    “¡pues ten toda mi fuerza, hijo mio!” exclamo Meg, quien también se estaba dejando llevar por el placer “¡pero que excelente pija que tienes!”

    Finalmente, y después de mucho esfuerzo, madre e hijo tuvieron un gran orgasmo, y el trasero de Meg quedo blanco a causa de todo el semen que su hijo libero dentro de él.

    Al día siguiente, Dylan asistió a la universidad en una silla de ruedas, lo que llamo la atención de todos sus compañeros.

    “Dylan ¿te encuentras bien?” pregunto uno de sus amigos “¿Qué fue lo que te paso?”

    “yo… me caí” respondió Dylan, mientras sonría al recordar lo que realmente le había pasado.

  • Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también (3)

    Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también (3)

    Hola a todos, soy Lorena la mami incestuosa, hace bastante no escribía así que hoy les contaré mi último trío con mi hijo y mi sobrina. Como siempre muchísimas gracias por publicar mis relatos y muchísimas gracias a todos los que comentan y mandan mensajes, son muy importantes sus elogios y críticas.

    Esto sucedió la semana pasada, mi sobrina Ludmila me dijo que vendría a casa, yo la pase a buscar después del trabajo, estaba entusiasmada, sabia que esa noche sería especial, nos encontramos y nos dimos un abrazo muy cálido, nos dirigimos a casa sin demora.

    Llegamos y nos pusimos a preparar la cena, ella me ayudaba contándome como le iba en el colegio y en el hockey que es el deporte que practica.

    Al rato llegó Lucas, me dio un rico beso y luego saludó a su primita con un beso en la boca y agarrandola de la cola, «Ey ey tranquilos que después van a hacer lo que gusten ahora vamos a cenar» los rete de manera graciosa viendo que ya estaban inquietos.

    La cena fue muy divertida, risas y comentarios de las cosas del día, levantamos la mesa, Ludmila fue al baño, yo me puse cómoda y vi como Lucas ya andaba con su verga parada, se le marcaba bajo su pantalón, se la frote por encima sintiendo la dureza, «Tenes lista tu herramienta bebé??» Le dije mientras le daba un sabroso beso, en eso veo a Ludmi salir solo con un conjunto de ropita interior que le quedaba precioso, se tomó una foto frente al espejo y Lucas se dirigió hacia ella cargandola en sus brazos hacia el sofá mientras se besaban, la depósito allí y mientras Lucas se quitaba la camiseta yo le bajé con ayuda de la nena su bóxer, su verga como siempre hizo su aparición de manera espléndida, dura y parada, se la metió sin demora en la boca mientras yo empecé a frotar la conchita de ella por encima de la tanguita.

    Ludmila se ha vuelto muy hábil con su boca y Lucas jadeaba ante la chupada de su primita, yo me quité mis prendas quedando desnuda y quite el corpiño de la niña, sus pequeños pechos fueron dominados por mi boca, se los apreté y chupe, estaban deliciosos, Lucas saco la verga y la metió en mi boca, alternando su chorizo en nuestras bocas.

    Hice poner de pie a la bebita para bajarle la tanguita y que su precioso cuerpo quedara definitivamente desnudo, los 3 sin nada, la acostamos en el sofá y mientras yo chupaba su Conchita Lucas se daba el biberón a la bebita, Ludmila quería gemir ante el estímulo que le daba yo pero la verga de mi hijo se lo impedía, yo fui subiendo por su cuerpo, pasaba mi boca por su vientre, hasta llegar a sus pechos, me comí sus pezones mientras Lucas seguía cogiendole la boca, la sacó y me dio a mamar a mi también, sus verga estaba echa una piedra y súper lubricada lista para entrar en la nena.

    La tomo en sus brazos, de parados la clavó por la conchita, ella colgada de su cuello la subía y bajaba, Ludmila gemía disfrutando como mi hijo la hacía gozar, yo no me quedé quieta y me coloqué en su culo y empecé a chupar su agujerito, metia mi lengua en el anillito de su ano, ella esta recibiendo placer, chupe y ensalive bien su culito mientras Lucas la seguía cogiendo por la concha, la saco para dejarla a la altura de mi boca y yo pudiera chupar verga con sabor a concha.

    La volvió a meter y yo introduje mi dedo en su culo, eso la volvió loca, «Ayyy ahhh siii» exclamaba mi princesita, una vez su culito estuvo listo la pusimos en 4 en el sillón y Lucas se la metió en el culo, fue tremendo como le cogio el culo, fueron varios minutos de mete y saca por la cola de la nena, mis amores gemian como cachorros en celo, hasta que Lucas se vino dentro del hoyito, la saco chorreando leche y no perdí oportunidad de chupar, mame su pija empapada de leche y jugos, su chorizo no cedió en su dureza y Lucas me dio vuelta poniéndome en 4 también y diciéndome «Ahora te toca a vos» me la enterró en el culo y que cogida me empezó a meter, yo era montada por mi macho, «Que hermosas mis putitas las amo» decía Lucas mientas gemia súper excitado,

    Me lleno el culo de leche a mi también, nos quedamos los 3 en el sofá recuperadonos, después nos fuimos a la habitación, otra vez a chupar verga, otra vez nos cogio el culo, mi nene se portó como un caballo semental.

    Tremenda noche nos dimos, a la mañana nos metió la verga en la boca de nuevo, desayunamos y Lucas se fue al trabajo, yo lleve a Ludmi a la facu y después al trabajo también.

    Espero les haya gustado este relato, como siempre espero sus comentarios y mensajes, son muy importantes, les vuelvo a dejar mi correo [email protected].

    Les mando un beso enorme a todos.

  • Sex kwon do

    Sex kwon do

    A veces el destino simplemente quiere que seas de una forma o simplemente juega a tu favor para que aproveches, verán, yo me consideraba bisexual, pues me atraen tanto hombres como mujeres pero en los últimos años no ha habido ni uno ni otro para mi suerte, hasta hace poco que conocí a mis “cogiamigos”, “follamigos” o “amigos con derecho”, como quieran llamarle.

    Todo empezó cuando decidí ponerme de nuevo en forma, pues después de graduarme en la universidad, pasantía y todo eso me hizo perder forma, no estaba gordo, pero ya me cansaba más fácil, así que decidí regresar al Tae Kwon Do, deporte que practicaba cuando era mucho más joven y del cual soy cinta negra, era buena forma de regresar a algo con lo que me sentía familiarizado, así que fui a una escuela cerca de mi casa para que me validaran el grado y todo y pagar lo necesario para comenzar a practicar ahí, obviamente la clase se divide por edad y peso, por lo que me toco en la clase de las 9 pm, eso no era problema, aunque si en mi clase solo había otros 2 hombres, Javier y Gustavo.

    Javier es una persona muy buena onda, divorciado y que estaba entrenando para estar en forma y sentirse mejor consigo mismo, físicamente es alto, moreno, de cabello corto tipo militar e impone bastante, Gustavo es muy platicador, estaba casado cuando lo conocí y por lo que me había contado entro a entrenar para pasar menos tiempo cerca de su esposa, pues siempre le reclamaba algo, físicamente es gordo, alto, no tanto como Javier pero si más que yo que mido 175 cm, moreno e igual cabello corto además se notaba que se esforzaba bastante en los entrenamientos, así que comenzamos a llevar bien y a entrenar juntos, todo trascurrió normal por dos meses hasta que llego el anuncio de un torneo de 2 días en un estado cercano al mío, por lo que era relativamente barato la inscripción el problema era el transporte, pues la mayoría de las familias iría por su cuenta y no se rentaría transporte, así que llego Javier al rescate, diciéndonos que era un viaje algo corto y no había problema en usar su camioneta así que nos inscribimos y nos alistábamos para el torneo, en ese momento, nunca se me paso por la cabeza que después de ese torneo iríamos más allá que una simple amistad y empezaríamos a disfrutar los placeres que solo otro hombre nos puede dar.

    Llego el día del torneo, salimos un día antes en la noche para llegar temprano en la mañana, en el auto tuvimos una buena conversación y claro motivarnos pues el primer día era combate, así pasamos el día completo en el torneo ganando todos primero (consideren que nos separan en grupos pequeños y solo tenemos máximo 3 peleas, tal vez no parezca mucho pero cansa) y así ese día al hotel llegamos cansadísimos, por lo que a dormir y prepararse para el día siguiente, las formas fue lo difícil pues requieren de técnica, ahí quede en segundo, Gustavo en tercero y Javier si logro el primero, así que lo felicitamos y de ahí nos fuimos a comer algo ligero antes de volver al hotel, aunque esa comida ligera aunque claro la acompañamos de alcohol para celebrar, no debimos pero ahí estábamos, ahí tal vez por el alcohol o porque simplemente había oportunidad Javier comenzó a hablar de su exesposa, por lo que Gustavo hablo de su esposa y pues no me quedaba a mí que hablar de una ex, así que después de esa discusión aunque no estábamos tan ebrios, la verdad ni mareado estaba y Javier y Gustavo lucían bien, pero Javier al llegar al hotel nos preguntó: ¿Cómo será hacerlo con un hombre?

    A lo que Gustavo responde como como un chiste:

    -Obvio, mejor que con mi mujer.

    Yo solo me limite a ver y Javier solo voltea enfrente y dice, espérenme, cruza la calle y va a un Oxxo, trae hielos y refresco, a lo que dice: Hay que seguir hablando en mi cuarto.

    Así fuimos a su cuarto y seguimos hablando del mismo tema unos minutos, que si sentirá igual, que si el pene tendrá algún sabor, que si siente placer cuando te la meten, así que Javier se levanta y de otra bolsa saca condones, púes claro no solo fue a comprar refresco y hielo.

    -Hay que probar, ¿le entran o no? Lo que hagamos aquí, aquí se queda y si nos gusta pues ya sabemos bien ¿o no?

    Así que yo sin miedo le digo:

    – Si no vamos a perder nada le entro con todo.

    Gustavo, simplemente ve la caja de condones y responde:

    -A ver si me quedan.

    Dicho eso solo nos reímos, nos quitamos la ropa y empezamos a dejarnos llevar, comenzamos a tocarnos el culo y la verga mientras me besaba con Javier luego con Gustavo.

    Luego Gustavo con Javier y de nuevo yo con Gustavo, solo intercambiamos saliva por un rato y sentía ese ligero olor a alcohol cuando nuestras lenguas se tocaban al besarnos, hasta que comencé a sentir sus vergas rozándome y ahí me di cuenta que Gustavo tenía razón, se cargaba una vergota cabezona, que quien sabe cómo la escondía y claro Javier tampoco se quedaba atrás, menos cabezona pero también grande, mis 18 cm no eran nada ante esas cosas, ahí fue cuando vi el uniforme y la cinta de Javier, así que se me ocurrió la idea de que nos pusiéramos solo la cinta, así eso de alguna forma nos excito más, me hinque y comencé a turnarme para chupar sus penes, metiéndome primero a la boca la de Gustavo la cual intentaba chupar lo mejor que podía y solo podía llegar hasta la mitad sin atragantarme, solo sentía lo grande y caliente de su verga con abundante vello que dejaba a entender que ninguno imaginaba que ese día cogería y sus huevos se movían al ritmo de mis mamadas, después de dejársela toda babeada, pasaba a chupar la de Javier, que aunque un poco más sencilla de mamar no podía chupar más de la mitad, pues su verga venosa y grande se sentía super dura e igual que la de Gustavo con bastante vello.

    Bueno, pues también aclaro que yo estaba igual, así que en realidad me parecía bastante excitante, así que mientras yo jugaba con sus vergas ellos se besaban y solo hacían comentarios de lo bien que se sentía: Hace tiempo que no se me paraba así, la mamas riquísimo, si así eres con la boca como será con el culo, oyendo esto creo que asumí mi papel como el pasivo del grupo, la verdad era lo que quería así que simplemente los guie para que empezaran a tratarme así, así que quería unirme a los besos, por lo que después de deleitarme con sus vergas solo me levante para ser recibido con sus lenguas y me empezaran a manosear el culo para confirmar lo rico que iban a coger hoy.

    Después se un rato con los besos y las caricias sin pensarlo mucho, me tiran en la cama, me levantan las piernas para poder apreciar de frente mi verga, mis huevos y mi culo abierto con ganas de recibir una de sus vergas, comienzan a besar y lamerme como si la vista los volviera locos, siento como lamen mi culo, mis huevos y mi verga, como besan mi nalgas y susurran cosas que no entiendo, así que por fin siento una de las vergas rozándome el culo preparándose para entrar, volteo y era la de Gustavo, también veo a Javier ayudándolo para que entre bien, chupando su verga, cuando comienzo a percibir como empieza a empujar para entrar, finalmente siento como mi culo recibe su verga y después de que su cabeza entra lo demás se desliza suavemente, eso sí sin meterla toda, comienza a moverla lento de adentro hacia fuera y siento como se desliza dentro y su cabeza topa al fondo y topa antes de salir haciéndome sentir un placer inigualable, y Javier super duro por lo que ve, solo acerca su verga a mi boca ya que estoy acostado para que se la chupe, acción que por supuesto empecé a hacer, y que el movía para que se la chupara mejor, así que así estuvimos otro rato y por supuesto Gustavo estaba cada vez haciéndomelo más rápido hasta que de repente solo me agarra de la cadera, se levanta un poco inclinándose hacia mí y comienza a hacerlo como desesperado, esta vez metiéndomela completita y solo escuchándose el sonido de mi culo siendo embestido por el a un ritmo bastante aceptable, yo solo mirando su cara de esfuerzo, mi verga rebotando y su verga saliendo y entrando en mi culo, aunque no recuerdo bien cuanto duro haciendo eso, ya todo sudado y cansado me la saca, se quita el condón y me hecha todo encima de mi culo llegando a escurrir a mi verga y mi culo por la posición en la que estaba después de eso solo se limitó a decir:

    -Que rico, ya estuvo, hay si, uff, hay cabron, no mames ya me canse.

    Después de eso solo se tiro en la cama a descansar.

    Obviamente, ya con Gustavo descansando Javier tenía camino libre para hacerme lo que quisiera con lo cual solo basto con abrirme de piernas mientras estaba acostado y mostrarle mi culo recién cogido y cubierto por buena cantidad de leche, eso claro lo volvió loco, se acercó y me comenzó a lamer toda la lechita de Gustavo y mi culo, ya simplemente parecíamos animales en celo, pasaba toda su lengua por mi culo, su respiración dando en mis huevos y el sonido erótico de las lamidas que me estaba dando, que solo eran la preparación para la buena cogida que me iba a meter, solo puedo sentir como me deja de lamer, se prepara para meterla me mira a los ojos y sin pensarlo mucho la comienza a meter, algo dentro de mi sintió su deber de puta y comenzó a succionarla apenas entro y en el cuarto solo se escuchaba el sonido de sus embestidas, los gemidos de placer y el olor era a sudor y semen, no tardo mucho en empezar a sudar sobre mi, así que mostrando sus dotes simplemente me levanto sosteniéndome del culo y sin sacarme la verga, empezó a hacerlo de pie, solo lo estaba abrazando mientras el mismo me subía y bajaba para que su verga entrara y saliera de mi culo, solo sintiendo como el sudor hacia que resbalar mi cuerpo en el y mi verga oprimiera su abdomen, inevitablemente estaba lleno de placer y mi verga sabiendo de ello simplemente saco toda su leche mientras el me penetraba sin piedad, solo sintiendo lo cálido salir y escurrirse por mi verga y su abdomen, al sentir que me había venido no paro, solo nos comenzamos a besar sin parar por un rato hasta que había llegado su turno, en el solo pude sentir a él deteniéndose ligeramente hasta parar, su verga endurecerse y gemir de un placer que hacia mucho no sentía, después de sacármela y quitarse el condón, estábamos tan cansados, que sin mediar palabra, solo acomodándonos juntos y besándonos un poco más hasta que nos quedamos dormidos.

    Así fue como después de las cervezas habíamos agarrado valor, pero no fue una cogida de una borrachera o algo así, al despertar mas despejados de la cabeza teníamos que hablar de ello, y la conclusión de lo que había pasado en la noche era obvia, ¡teníamos que repetirlo!, pero es algo que quedaría entre los tres, después de todo eso apenas había pasado media hora de que despertamos y ya estaba mamando vergas otra vez, hasta que llego la hora de bañarnos e irnos, así fue como nos abrimos entre nosotros, el cómo Gustavo tomo el valor para divorciarse de su esposa y cambiarla por algo mejor, y Javier confirmo que el verdadero placer no está en ninguna mujer, por supuesto seguimos haciéndolo y seguiremos haciéndolo mientras podamos.

  • La flaca novia de mi amigo

    La flaca novia de mi amigo

    Me presento, me llamo José y soy peluquero, estoy casado y tengo un morillo, tengo un amigo que se llama Eduardo, desde morros hemos sido amigos, la pura banda.

    Hace algunos años mi cuate andaba con una morra flaca, de nombre Claudia, estaba simpática pero a simple vista no se le veía nada, era flaca, yo empecé a convivir con ella desde que mi cuate me invitó al festejo de su cumpleaños, yo siempre he sido bien desmadroso y cotorreo con todo mundo, a veces eso me abre puertas con las morras.

    Continuando con la historia, una vez mi cuate me dijo que se quería dar a una amiga de su novia y estaba ideando como hacerle, se acercaba el cumpleaños de su novia, y estaba organizando ir a un antro, entonces mi cuate me pidió que le echará el perro a su novia, pero para que no se viera sospechoso, que le dijera que me presentará una amiga, para esto tuve que mandarle solicitud en Facebook, y de ahí comencé a conversar con ella, al principio ella era muy reservada pero poco a poco empezó a agarrar confianza, y ya le andaba diciendo que me presentara una amiga guapa, pero bajita la mano le decía que una que no fuera ella jaja, ya en el coto fue agarrando confianza y bromeabamos.

    Se llegó el día del festejo pero por compromisos no pude llegar y ahí quedó, mi cuate ya no me volvió a mencionar nada, sin embargo, yo seguí platicando con su morra, meses después terminaron, platicando con Claudia, me contó que ya estaba aburrida y cansada de que ese güey no la sacaba a bailar o divertirse, además de que sospechaba que la andaba engañando, fue ahí cuando le dije que a ver cuando íbamos a echar unas chelas y me platicaba más sobre lo que había pasado, ella acepto ingenuamente y quedamos al siguiente fin de semana, me la lleve a un bar al norte de la ciudad, ahí estuvimos pisteando y platicando, note que andaba despechada, fue entonces cuando ya con unas charlas encima note que se estaba empedando, la saque a bailar y bajita la mano le arrimaba el pito, y ella no decía nada solo me sonreía, después me dijo que ya se quería ir y no tuve opción, sabia que si forzaba la situación s ese caería el plan, sin embargo tenía un plan b, de regreso al barrio le dije que nos echáramos otro par de chelas y ya la llevaba a su casa, ella aceptó, pero ya andaba peda, me seguía contando sobre mi cuate, y se puso a llorar, fue entonces cuando la abrace y le limpie sus lágrimas, entonces le solté un beso y me correspondió, en ese momento supe que ya había caído, primero nos besamos un rato, y luego ya le empecé a sobar sus tetitas.

    Estaba flaca pero si tenia buenas chichitas, le desabroche su blusa y el brasier, ya traía los pezones bien paraditos, le mentí unas mamadotas, estaban bien duritas y ricas, ya estábamos bien calientes, en eso me detuvo y me dijo que nos podían ver, es que estábamos en la calle, pero era una calle obscura y ya era tarde, entonces le dije que nadie pasaba a esa hora y le seguí mamando sus tetas, mientras le decía lo pendejo que era mi cuate y que ahora si iba a saber lo que era una buena cogida, le desabroche el pantalón y le empece a meter mano, ya estaba escurriendo, después de dedearla un rato, me dijo que ya se la metiera, en corto se quitó su pantalón y se quedó en calzoncitos, pinche flaca debajo de la ropa escondía un cuerpo bien rico, yo ya traía el pito de fuera, se me montó y así estuvimos otro rato, le hice a un lado su calzoncito y que le mero la verga, resbaló bien rico y estaba bien apretadita, pinche flaca era una fiera sexual, me empezó a montar como una bestia, parecía poseída, saltaba y se movía como licuadora y gemia como una perra, ella me empezó a decirme que era mía, que me comiera todo lo que el pendejo de mi amigo ya no quiso, me rasco tanto su panochita hasta que tuvimos un orgasmo, terminamos sudando y todo me deslecho.

    Ya después de un rato se bajó, se cambió, nos tomamos una chela y la lleve a su casa, después de eso la estuve buscando pero era muy cortante y la mande a chingar a su madre, total ya me la había cogido, después se caso con otro güey y mi cuate nunca se entero de la parchada que le di a su novia.

  • De la cabaña (parte 2)

    De la cabaña (parte 2)

    Desperté con una cruda monumental, recordando con claridad la felación que le hice a Erik, con excitación y vergüenza.  Él estaba junto a mí, y cuando me sintió despertar se pegó a mis nalgas otra vez. Pensé en rechazarlo porque había más gente en la cabaña y ya se oían voces, bromas, pero volví a excitarme y moví mis nalgas hacia él, hasta que de nuevo su verga estaba dura.

    Extendí mi mano hacia atrás, toqué su pene por encima del pantalón y él comenzó a hacer lo mismo con mi culo. Me apretaba las nalgas y me las separaba para que su pene se pegara a mi culo. Estábamos en una cama grande, en la planta alta de la cabaña, pero no era una recámara cerrada, por lo que podíamos ver y oír a quienes estaban abajo, y ellos podían oírnos, pero no vernos. Empezamos a bromear, los de arriba y los de abajo, sobre la borrachera y la cruda, pero yo estaba que reventaba de calentura con las manos de Erik bajando mi pantalón y mi boxer para tocarme el culo desnudo.

    Le bajé el pantalón, le saqué el pito, me aseguré de que nadie nos veía y me metí bajo las cobijas. Lo tomé otra vez con mi lengua, le di besitos en la base, en los lados, en el glande y me volví a meter en la boca. Su verga me tenía fascinado: me la quería comer, la quería besar, la quería adentro de mí. Salí de la cobija y Erik volvió a pegarse, pero ahora ya con mis nalgas desnudas y con su pito libre de la ropa. Buscaba mi ano, ¡quería cogerme mientras todos bromeábamos y hablábamos! Yo me derretía de calentura, lo dejé hurgar con sus dedos, separar mis nalgas y colocar su glande mojado por precum y saliva en mi ano, pero un mínimo de cordura persistía en mí y le dije, lo más bajito que pude: «No me la metas».

    Se quedó quieto, con su pito apoyado directamente en mi ano, pero sin presionar. Volví a meterme bajo la cobija, llené mi mano de saliva, comencé a masturbarlo y me incliné para lamerle sus suaves y tibios huevos. Abrí mi boca y otra vez me lo metí a la boca, y él comenzó a apretarme los pezones, a retorcerlos… Me puse otra vez de ladito para que me manoseara las nalgas y me pusiera el pito, separé ligeramente mis piernas y acomodé su pene, bien mojado de mi saliva, entre mis muslos. Él entendió y comenzó a cogerme por los muslos: sentir cómo se deslizaba me tenía casi a reventar de calentura.

    Se me antojaba voltearme, montarme en su pito, y también quería ponerme en cuatro y que me enculara hasta el fondo, pero por ahora me encantaba que se metiera entre mis muslos y que de cuando en cuando me rozara el ano… La gente comenzó a levantarse, eso me puso muy nervioso, así que me lo metí otra vez a la boca, todo, hasta el fondo, le di un besito en el glande y me subí la ropa.

    El resto del día anduve como zombie, pensando en el pito de Erik, en mi culo deseoso de sentirlo otra vez. Tenía cruda física, tenía algo de cruda moral, pero todo el día traje la verga parada. No me atrevía a ver a los ojos a Erik, por la vergüenza, pero las ganas seguían estando presentes. Terminó la actividad laboral de la empresa en la cabaña, regresamos a nuestra ciudad, pues teníamos que terminar los pendientes que dejamos para poder ir a la cabaña.

    En el trayecto de regreso comencé a pensar que tal vez nos quedaríamos en la oficina solos Erik y yo, pues los demás tenían que hacer otras cosas. Me ruboricé al fantasear con esa idea, me toqué las nalgas por encima del pantalón pensando en que eran sus manos. Era la primera vez que tenía actividad sexual con un hombre conocido, con una persona con la que convivía cotidianamente, eso me asustaba; y también era la primera vez que tenía una experiencia espontánea, pues todo lo que había hecho anteriormente era con desconocidos que había conocido por internet o en un cine porno (lugares donde lo esperable era que pasara algo), y esto me encantaba.

    Llegamos en grupo a la empresa, pero, tal como yo lo estaba deseando, hubo un momento en el que todo mundo tuvo que salir a atender cosas de trabajo, por lo que nos quedaríamos solos Erik y yo. En cuanto estuvimos solos, y lo conduje escaleras arriba, afuera de la oficina en la que yo trabajaba (en la que había cámaras), pero estaba un poco indeciso, hasta que finalmente entramos a un baño. Me arrodillé otra vez, le saqué la verga del pantalón y furiosamente se la comencé a chupar. La necesitaba en mi boca, me moría de ganas de lamerla… Me levanté, me bajé el pantalón y los calzones y, de pie, me incliné como en la cabaña, pero ahora pegándome directamente con el culo desnudo en su pito durísimo y mojado.

    Le dije otra vez que no me cogiera, aunque nada se me antojaba más. Me arrodillé de nuevo, me tomó de las mejillas para guiar la mamada. Me puse nervioso porque en cualquier momento alguien podría entrar y vernos: él de pie, recargado en la pared, y yo chupándole la verga con avidez, así que apresuré mis movimientos para que eyaculara pronto… Me paré, me puse otra vez de espaldas, tomé una de sus manos y la puse en mi nalga y le pedí que se la jalara así, mientras me estrujaba. «Avísame cuando te vayas a venir», le dije, y me incliné todo lo que pude para que su vista y la mano con la que me tocaba tuvieran acceso a mis nalgas. Yo también me masturbaba, hasta que gimió un poco más fuerte y me dijo: «Ya».

    Me arrodillé, me masturbé y me comí su pito mientras él temblaba. Su semen cayó dentro de mi boca: era la primera vez que recibía semen, lo que me excitó tanto que eyaculé violentamente en mi mano.

    (Continuará)