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  • El rentero migrante

    El rentero migrante

    Hola a todas y todos, sigo tratando de publicar en cada categoría de la página, no promuevo ni estoy de acuerdo con ningún sentimiento racista y/o xenófobo, las expresiones utilizadas en la siguiente publicación son emitidas únicamente para fines literarios, no para impulsar el odio.

    Philippe, Era un dolor de cabeza, mis padres habían estado retando una de sus propiedades a un migrante, a decir verdad, consistía prácticamente un pie de casa, pero trato era un trato y negocios son negocios.

    Philippe, como tantos migrantes en busca del sueño americano, permanecía en nuestra ciudad en espera de una oportunidad para cruzar, mis padres le habían confiado y le rentaron la propiedad en cuestión, por semana, pero, el buen Philippe, siempre tenía un pretexto para no pagar o dar una parcialidad.

    Cuando mis padres me platicaban de la situación, siempre de condolían del “pobre y bueno” de Philippe, que con su mala suerte nunca completaba, pero con su buen corazón recibía y albergaba a otros de sus compatriotas en la propiedad.

    Yo más bien, sentía que el mentado Philippe, abusaba de la buena fe de mis progenitores.

    Un día al salir de la oficina recibí una llamada de mi adorable madre.

    Mamá: Hola muñequita, podrías hacerme un favor

    Yo: Hola, ¿Qué necesitas?

    Mamá: Acabo de hablar con Philippe, y fíjate el pobre no tiene ni para la cena de hoy, y como te queda de camino a tu casa ¿Podrás comprarle algo?

    Yo: ¿Qué?, o sea todavía que no les ha pagado la renta, ¿en qué? 6 semanas, quieres alimentar a esa boca aventurera. – molesta.

    Mamá: Muñequita, no son 6, son 8, – podía oír su risita al otro lado de la línea- pero es un buen hombre que está pasando por una mala racha, yo lo haría, pero tengo que atender a tu padre, velo como tu buena obra del día, ¿ok?

    Yo: Ok, mamá – fastidiaba.

    Busqué los tacos más baratos de la zona, de camino, al llegar al inmueble se oía música del interior, tuve que golpear fuertemente la puerta para obtener respuesta del interior.

    Al abrir la puerta, el sonido de la música se incrementó y salió una gran nube de humo, con un inconfundible olor a cannabis, detrás de la aromática nube, surgió la alta figura de un hombre afrodescendiente, de piel muy oscura, ojos irritada y sonrisa amplia.

    El Hombre: Bonjou Bèl – alegremente

    Yo: Buenas noches, ¿esta Philippe? – tratando de ver al interior de la vivienda a través de la vaporosa nube.

    El Hombre: Mwen se Philippe – apoyado en la puerta – ¿Qué puedé hacégr Philippe pou ou?

    Molesta por su cinismo

    Yo: Soy Elena Ramírez …

    Y antes de que pudiera decir más…

    Philippe: Ti Elenaaá – alegremente –munequitá, pasá

    Abrazándome con sus fuertes brazos llevándome al interior de la vivienda sin oportunidad de decir nada, el rápido movimiento, hizo que aspirara de un golpe el humo, llegando directamente a mis pulmones, provocándome una tos sofocante.

    Philippe: Zanmi, Elena isit la ak dine – alegremente

    Dentro estaban otros dos jóvenes afrodescendientes, compartiendo un carrucho, los cuales emitieron gritos de gusto y alegría, al escuchar lo que les dijo Phillippe.

    Philippe: Munequitá, danós nuestgrá cená – extendiendo las manos hacia mí.

    Aquí ya no tolere más, le avente el paquete de tacos, el cual reboto en su fibroso pecho, y furiosa.

    Yo: Aquí están tus pinches tacos, y ustedes par de vagos a ¡chingar su madre!!! – aventando y pateando todo lo que estuviera a mi alcance.

    No tenía idea si entendía mis palabras, pero a juzgar de sus rostros, entendían el mensaje rápidamente salieron de la vivienda, dejando a Philippe, con cara de afligido.

    Yo: Y tu pinche negro, todavía que no pagas la renta, organizas tus fiestas, tienes el descaro de pedir cena, ¡no mames!!

    Sus facciones rápidamente cambiaron de tristeza a molestia y enfado.

    Yo: «Escucha, a pagas el pinche alquiler ahorita y te me vas a la chingada”

    Philippe: «¡Chen sòt. ¿Comó té atgrevés a hablagrmé así?»

    Esto iba a ser mucho más difícil de lo que esperaba, Phillippe prácticamente me duplicaba la estatura, y aunque delgado contaba con cuerpo fibroso, supongo que no estaba acostumbrado a ser intimidado.

    Yo: «Paga el alquiler, esta es la última advertencia», tratando de sonar segura.

    Philippe: «Pagagré el alquilégr cuandó agrreglén lá ventaná del cuagrtó»

    Yo: «¿Qué ventana?».

    Phillippe: «Lá putá ventaná dé lá ventaná dé lá grecamará”

    Señalando al fondo de la vivienda, molesta fui a confirmar sus comentarios entrando a la recamara, entrando a la habitación donde solo habia una cama matrimonial, con viejo colchón, me acerqué a la ventana y vi que la manija estaba doblada, mirando más de cerca, vi las marcas donde había sido deliberadamente dañada.

    Me volví, topando contra el pecho de Philippe, me había seguido hasta la habitación de cerca, sus movimientos eran los de un felino a pesar de lo grande que era.

    Yo: «Claramente, la manija se ha dañado deliberadamente, por lo que está saliendo del depósito, tienes que pagar el alquiler o largarte»

    Increíblemente el color de su rostro cambio, estaba furioso.

    Philippe: «chen bay manti, ¿comó té atgrevés a acusagrmé?» – Gritó – “Pinché Putá”

    Molesta trata de responder con una cachetada a su rostro con toda la velocidad y fuerza que pude reunir. lo esquivó fácilmente, provocando que perdiera el equilibrio. rápidamente me agarró del brazo, me hizo perder aún más el equilibrio y dirigió mi caída. Caí de rodillas, mi torso aterrizó en la cama.

    Se sentó a horcajadas sobre mis caderas dejando caer su pesado cuerpo sobre, me inmovilizo. Él era grande y fuerte, mis años que pase entrenando en el dojo y gimnasio no significaron nada en ese momento, no era rival para él. Luche, pero no pude escapar.

    Nadie me había hecho algo así antes. Por lo general, cuando tenía una rabieta, me salía con la mía. no iba a tolerar esto.

    Yo: «Quítate de encima, pinche negro, hijo de tu puta madre», grite girando la cabeza.

    Philippe: «Nó hastá qué té calmés»

    Sosteniéndome sobre el apestoso colchón. con todo el drama sucediendo, podía sentir su verga comenzó a llenarse de sangre. Cuanto más luchaba, más grande se hacía, frotándose contra mi cuerpo. Después de un rato me calme y gire levemente la cabeza.

    Yo: «Suéltame, pinche negro pervertido», grite.

    Sentí su erección, no es que fuera difícil, al contrario, era más que imponente, se giró su cara hacia mí, hizo una negación y me dio un fuerte azote en las nalgas.

    Yo: «Aahhh, ¿qué chingados crees que estás haciendo?» Grite,

    Mientras trataba en vano de escapar. mi lucha resultó en que mi falda se fue corriendo, exponiendo más de mi trasero para él. Nadie me había abofeteado así jamás. Sentía un hormigueo, al menos al principio.

    Volvió azotarme las nalgas unas cuantas veces.

    Yo: «Chingas a tu madre, negro hijo de puta, te voy a matar, suéltame»

    Me azoto una y otra vez, tan fuerte y rápido como pudo.

    Yo: «Aww, ay, Nooo, dententeee, ayy.» – mis ojos empezaban a ponerse llorosos

    Philippe: «Vóy a seguígr hastá qué té calmés y te pogrtagrtés bién»,

    Ahora el cosquilleo era un ardor y comenzaba a ser doloroso.

    Yo: «Chigadamadre, ok, ok, está bien, está bien».

    Philippe: «¿Quiegrés lá grentá, Vegrdád?, Lá tengó, dejaré levantágr y té ló dagré».

    respiraba con dificultad, su peso me había empezado a sofocar, lentamente se levantó. Mientras él retrocedía, me incline hacia atrás y me sobe mis pobres nalgas azotadas.

    Me terminé de levantar lentamente con los ojos llorosos, ordenando mi ropa, me recompuse. Habiendo recuperado la compostura y recuperado el aliento, me lance hacia él de nuevo, mi puño aterrizó sólidamente en su mandíbula, pero antes de que pudiera golpearlo de nuevo, me agarró del brazo con una mano y del cuello con la otra. Haciéndome perder el equilibrio de nuevo. Esta vez caí al suelo. Mientras todavía estaba aturdida, se puso encima de mí, me inmovilizó ambas manos en el pecho con una de las suyas.

    Me dio una ligera bofetada en la cara con la mano libre. Me tomó unos minutos recuperar el sentido, comencé a luchar, debajo de él, nuevamente tenía tu peso sobre mí.

    Phillipe: «Tgranquilizaté o té vóy a golpéagr fuegrté, yá hé tenidó suficienté dé tú miegrdá».

    Yo: «Chinga tu madre», grite mientras jadeaba «Pin… (jadee) che negro, Pendejo, quítate de encima, no puedo respirar».

    Rodé sobre mi costado cuando él se apartó un poco.

    Philippe: «GSerá mejógr qué té pogrtés bién o nó mé ló tomagré cón calmá».

    Él dio unos pasos hacia atrás y miró mientras yo respiraba profundamente, mi cuerpo estaba agitado, mi vestimenta se había abierto, mi blusa luchaba por contener mis senos. Mi vientre estaba a la vista, al igual que mis bragas.

    Me di la vuelta y me puse de pie. Me tome mi tiempo para levantarme, esperaba que no notara la mancha húmeda en mi ropa interior. Una vez de pie, rápidamente ordene mi vestimenta, mis pezones estaban duros y claramente eran visibles, este animas me estaba excitando, tenía que salir de esta, antes de perder más el control de las cosas.

    Yo: «Pinche negro, voy a llamar a la policía»,

    Desafiante, buscando en mi bolso el teléfono.

    Phillipe: «Clagró, adelanté, lés digré qué qué sóy tú dilégr y qué quisiste pagágr lá megrcancía cón uná folladá, igremós lós dós detenidós”

    Retador y confiado.

    Sutilmente solté mi bolso y tomé un jarrón, pero estaba listo para mi reacción. Caminó hacia mí y me agarró del brazo, impidiéndome levantarlo.

    Phillipe: «Dejaló antés dé qué té ló quité y té aplasté cón él»

    con una voz amenazadora y tranquila.

    Moviendo un mechón de cabello de mi rostro, volví a dejar el jarrón sobre la mesa de antes de volverme hacia él. Lo ataque, abalanzándome salvajemente con todas mis fuerzas. Phillipe se balanceó y se movió dando un paso atrás después de cada uno de ataques. Logre 4 o 5 golpes antes de que él me diera un puñetazo en el costado justo debajo de las costillas, sofocándome.

    Caí al suelo a cuatro patas, jadeando, pero incapaz de recuperar el aliento lo suficientemente rápido. Phillipe puso su pie sobre mi nalga y me empujó al suelo. Me levantó la falda y procedió azotar mis nalgas, tan fuerte como pudo, alternándose entre cada posadera. Mis carnes solo se estremecían en ondas después de cada porrazo.

    Yo: «Oooww, aahhh»,

    Grité entre jadeos para respirar. Retorciéndome, tratando de escapar del castigo

    Yo: «Por favor, detenteee», sollocé.

    Dejó de golpear mi trasero una vez que podía sentir mi carne al rojo vivo en cada nalga. Ahora acariciaba y frotaba cada nalga. sollozaba en voz alta el dolor era abrasador.

    Phillipe: «Té megrecías estó, ahorá nó quiegró escuchágr uná palabgrá más dé té hastá qué yó digá»

    pasó sus manos por mi trasero, cambiando de dirección y acarició hacia la parte interna del muslo. Después de unos minutos de caricias, mis sollozos disminuyeron. Aún respiraba profundamente, pero ya no con la misma urgencia. MI ropa interior estaba claramente mojada ahora y no había dudas sobre mi estado de excitación.

    Phillipe acarició la parte posterior de mi muslo presionando mi entrepierna, suavemente al principio. Trate de para moverme, pero con la otra mano me sujetó la espalda baja. apreté las piernas, pero mis suaves muslos no pudieron hacer nada para detener sus dedos.

    Yo: «ummmm… negro pervertido, ¿qué chingados crees que estás haciendo? Suéltame», suspire.

    Levantó la mano y me azoto con fuerza.

    Yo: «Aaaahh», grite.

    Phillipe: «Ní uná palabgrá, pegrrá».

    volvió su atención a la tarea que tenía entre manos, frotando mi cuca a través de mis calzones.

    Yo: «Hmmmm»

    Un profundo gemido se me escapó antes de que pudiera reprimirlo, trate de retorcerme, pero cuanto más se retorcía, más me excitaba. Estaba decidida a resistirme, pero se sentía bien, aunque no quería, aceptarlo.

    Phillipe metió la mano debajo de mí y sintió mi clítoris hinchado. Usó su dedo para acariciarlo suavemente mientras presionaba su palma contra su abertura. Su toque fue demasiado para que me resistiera. Moví las piernas para darle un mejor acceso.

    Yo: «Ooohh, pincheee negrooo», suspire.

    Después de unos largos minutos de retorcerme, entonces, podía sentirlo, dentro de mí, recorriendo todo mi cuerpo, me puso rígida, todo mi cuerpo se estremeció mientras dejaba escapar un largo y lento gemido que se hacía cada vez más fuerte. Me vine; deliciosamente. Me calor humedecía la mano de Phillipe. Él continuó jugando conmigo suavemente mientras el orgasmo se asentaba en mí, le tomó tiempo a mi cuerpo dejar de convulsionarse y finalmente se relajó y me quede flácida.

    Phillipe se puso de pie, agarrándome por el cabello, despertándome de mi estupor. Lentamente a cuatro patas y luego de rodillas, mi cara estaba a la altura de su entrepierna el estaba tan duro, impresionantemente duro, casi estaba reventando sus pantalones. La presión de su verga dura como una piedra frente a mi cara, me hizo tragar saliva de lo grande y grueso que prometía ser.

    Phillipe: «Abgré lá cgremallerá», ordenó.

    no me moví, levantó la otra mano para amenazarme con golpearme en la cara, entendí el mensaje y no necesitó decírmelo por segunda vez. me acerqué y le abrí la cremallera. le saque la verga, era agresivamente oscura como la noche, grande, gorda, larga y NEGRA. quede hipnotizada.

    La tome con ambas manos, Cuanto más acariciaba, más dura se volvía. Lo más importante de esta verga es que no podía envolver su circunferencia con mis manos, era tan irreal.

    Yo: «Ooohh, quieres que yo?…», sumisamente mirándolo a los enrojecidos ojos.

    él asintió sutilmente dándome la orden / permiso. Cerró los ojos y después de un beso, abrí mucho la boca y tomé la cabeza. envolví mis labios alrededor lo más fuerte que pude y comencé a engullirlo. Tome todo lo que pensé que podía y mire hacia arriba.

    Phillipe: «Ohhhh, Wíiihhh»,

    gimió cuando sintió la cabeza de su verga toco mi garganta.

    Me miró, sujetó mi cabeza con ambas manos y la atrajo hacia sí un poco más y luego la apartó hasta que sólo la cabeza estuvo en mi boca.

    Phillipe: «Puedés hacegrló mejógr qué esó, jennès.»

    Me atraganté un poco, y tomó un tiempo, pero finalmente pude asimilarlo casi por completo.

    Él me echó la cabeza hacia atrás hasta que me senté contra la base de la cama. Sosteniendo mi cabeza contra un cojín, apuntando su verga dentro de mi boca.

    Mirándolo, dude si me podría abrir lo suficiente, para esta anaconda negra, deslizó su verga en mi boca lentamente durante las primeras embestidas, pero luego con más urgencia y velocidad con cada embestida adicional. Cada vez que tenía arcadas, él se detuvo un poco hasta que tener un mayor control del reflejo. Aceleró el ritmo y después de un rato de esto; tenía los ojos llorosos y la blusa empapada por mi saliva, pero no me resistí, en parte por miedo a las repercusiones, pero sobre todo por una sensación de creciente desafío.

    Cuanto desesperadas eran sus embestidas, más control sentía sobre él. Mientras él me penetraba la boca mis manos se posaron en su negro y redondo trasero, unas cuantas embestidas más tarde. Estaba en camino de llenarme la boca.

    lo mire a los ojos mientras tomaba más control y lo frenaba. Controlando el ritmo de las penetraciones moviendo mis manos desde su culo hasta sus muslos. Después de algún tiempo a este ritmo, moví mi mano hacia su trasero y lo jalé hasta que mi nariz se presionó contra su hueso púbico. Su verga estaba firmemente alojada en mi garganta, mientras mi lengua rasgaba la parte inferior de su anaconda.

    Repetí el movimiento un par de veces hasta llegar lo más profundo que pude, hasta que sentí que su verga se dilataba aún más. alcance sus bolas, rascándolas mientras chupaba con fuerza. Entonces Él sostuvo con ambas manos mi cabeza tan fuerte como pudo.

    Phillipe: «Hmmm,» rugió profundamente.

    Su cuerpo se puso rígido y explotó. Al principio tragué, pero luego me sentí abrumada. Me aparte y deslice su verga fuera de mi boca, pero todavía se estaba corriendo. Él se corrió sobre mi rostro, él siguió guiando su verga y encontró mis labios de nuevo. abrí, él continuó follándome la boca mientras tragaba su semen, vaciándose por completo.

    Dio un paso hacia atrás, tropezó y cayó. Se acostó donde cayó mientras la felicidad pos-orgásmica lo consumía, cerró los ojos. Concentrándose en el sentimiento.

    use mi blusa para limpiar el semen sobre mí. Me levante, todavía un poco mareada por la falta de oxígeno, mire hacia abajo para ver al negro de Phillipe de espaldas, con una sonrisa extendiéndose por sus anchos labios. Me quite la ropa interior, teniendo cuidado de no ponerlo sobre aviso. Pase por encima de él hasta que mi coñito estuvo alineado con su cara.

    Me deje caer sobre él; mis húmedos labios vaginales aterrizando en el objetivo. Phillipe todavía estaba aturdido y no tenía idea de lo que estaba pasando, sus brazos a los costados estaban atrapados por mis piernas y su cabeza estaba atrapada entre mis muslos. Con todas mis fuerzas guie mi calor interno a su boca.

    Me agache agarrándolo por su rizado cabello, tirando de su rostro hacia arriba. presione mi cuca contra su cara y me balance hacia adelante. Me balanceaba hacia atrás cuando él salió de la neblina, y se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Trató de mover los brazos, pero no pudo, intentó girar, pero estaba firmemente atascado.

    Yo: «Hah, Pinche negro, ahora yo voy a chingarte a ti, hijo de puta,»

    no estaba en posición de responder, estaba demasiado concentrado en respirar.

    Yo: «Te voy a enseñar lo que pasa cuando me quieren chingar la madre».

    me balance hacia adelante nuevamente girando mis caderas mientras mantenía la presión de mi vulva y clítoris. Me mantuve en su rostro sabiendo que no podía respirar. Cuanto más luchaba él, más me excitaba y placer recibía. Me balance hacia atrás, soltando su cabeza y permitiéndole respirar.

    Yo: «Me voy a divertir un poco, pinche negrito.» Con sarcasmo

    Balanceándome hacia adelante, levanté su cabeza y lo sostuve allí de nuevo, presionando mi cuca contra él.

    Yo: «Ohhh, usa tu pinche lengua, negro cabron»

    Me eche hacia atrás dejándolo respirar por un minuto.

    Cuando empuje hacia adelante, Phillipe respiró hondo y sacó la lengua.

    Yo: «Ohhh síhhh, eso es; cabroncito, más profundo, pinche negro» ordene.

    Cada vez que me balanceaba hacia adelante, lo mantenía allí un poco más.

    Yo: «Oooohh, hijo de tu pinche madre, cógeme con tu lengua»,

    Le ordene, mientras continuaba moliéndolo.

    Yo: «aahh, así, asíii», suspire profundamente.

    En el siguiente embate, hice movimientos circulares con las caderas, asegurándome de moler mi clítoris. No solo estaba usando su boca y lengua, sino todo su rostro.

    Yo: «Oooh, negro, cabron, pinche enfermo. Pon tu maldita lengua ahí, pervertido.» gemí.

    Mi mano fue a apretar uno de mis pezones.

    Yo: «Oh, oooh eso es.»

    realmente estaba moliendo duro ahora, una sensación que disfrutaba inmensamente.

    Cuanta más presión aplicaba a mis pezones, más fuerte y rápido me frotaba contra su cara. De vez en cuando me calmaba, superando mi orgasmo y dándole tiempo para respirar. Oírlo jadear por aliento debajo se sumó a mi excitación, por lo que pronto volví a molerlo.

    Estaba tan mojada; él estaba luchando por respirar incluso cuando lo estaba soltando. Trató de apartarme, pero no me moví. Aunque él era fuerte, en esta posición tenía el control total.

    Estaba completamente concentrada en mi propio placer construyéndose en un crescendo, ya no me importaba si podía respirar, todo lo que sabía era que el placer en mi coño ya no sería negado.

    Mis movimientos ciertamente ya no eran lentos, eso era seguro. estaba jadeando por todo lo que valía, moliendo mi clítoris y coño contra su cara. Mis jugos estaban por todo su rostro.

    Estaba cerca ahora y cuanto más me acercaba, más rápido me balanceaba. Me movía rápidamente y mi cuerpo estaba en llamas, el placer se disparaba desde mi coño hasta mis tetas y volvía a bajar. Cuando mi cuerpo comenzó a convulsionar, con los dientes apretados;

    Yo: «Ahogarte pinche negro hijo de puta.»

    grite como una banshee

    Yo: «Ahhh“.

    Me corrí con fuerza, chorreando jugo de coño por toda su cara en ondas, todo mi cuerpo se paralizó mientras continuaba con el orgasmo.

    Trató de girar la cabeza, pero estaba atrapado entre mis muslos. Sintiendo la presión de mis jugos por toda su cabeza. Justo cuando sentí que Phillipe comenzaba a desmayarse, relaje mi fuerza sobre él, baje lentamente hacia un lado, mi cuerpo se quedó flácido, pero aun temblando. Me desvanecí, uno de los mejores y más intensos orgasmos de mi vida.

    Phillipe salió arrastrándose de debajo de mi sentándose para recuperar el aliento y la conciencia. Pude verlo sonreír maliciosamente antes de desvanecerme.

    Recupere la conciencia, Phillipe me había recostado de lado, se había desnudado por completo, estaba detrás de mí, extendiendo la lengua hacia adelante y lamiendo los pliegues de mi vagina. Una vez que encontró el clítoris y lo sujetó con sus anchos labios, chupó tan fuerte como pudo. Usando sus dedos, jugó mis labios externos mientras chupaba.

    Yo: «Hmmm» ronronee.

    Convulsionándome de nuevo. Después de un rato, él se enderezó, acomodó mis caderas más en alto. Mordiéndome mi labio inferior, lo mire a los ojos sabiendo lo que vendría después.

    Con la negra anaconda en mano comenzó a moverse hacia adelante, poniéndose en posición, alineando su gruesa verga con mi coño. Él empujó hacia adelante ajustándose cuando sintió que mi coño golosamente se aferraba a la gorda punta de su verga, era una sensación exquisita, mis labios apretaban suavemente esa boa y mis interiores creaban espasmos de placer que prácticamente tiraba hacia adentro ese cilindro oscuro. Él se balanceaba hacia atrás y hacia adelante, llegando cada vez más profundo.

    Yo solo podía contener un grito ahogado entre mis sollozos de placer, cuando estaba a mitad de camino, me levantó la pierna para tener un mejor acceso y empujó toda la negra verga dentro de mí. Mi coño se sentía fantástico, caliente y saturado, era tanto mi excitación y lubricación, me sorprendía el hecho, que era una de las vergas más grandes que tenido, pero no había dolor solo placer, me encantaba. Reculó hasta que solo su gruesa cabeza estuvo, bajo su mano por mi pierna hasta mi vientre y la otra sobre mi cadera, empujó hacia adelante, mientras con mi mano sostenía mi pierna en alto para facilitarle que me penetrara, Sostuvo su negra boa profundamente en su vagina, moviendo sus caderas de modo que batía con su pitón mis jugos vaginales por todo mi interior, antes de sacarlo un poco, volviendo a penetrarme profundamente, batir y sacar, una y otra vez, dentro!!!, BATIR!!!, sacar, dentro!!!, BATIR!!!, sacar, dentro!!!, BATIR!!!, sacar una y otra vez. Mi cuerpo solo producía más y más jugos mientras me batía, y los músculos internos de mi vagina se contorsionaba para impedir su salida y facilitar su entrada.

    Phillipe: «Ohhh bouzen, chat ou a dous epi li vle lèt nan men Phillipe.»

    Me había estado culeando con movimientos rápidos, deliberados y profundos durante un buen tiempo y me encantaba, estaba concentrada completamente en el placer que me atravesaba y batía una y otra vez.

    podía sentir el placer construyéndose profundamente dentro de mi vulva y estaba enmarañando mi cerebro. Con una mano sosteniendo mi pierna, me contorsione para extender la otra mano para sujetarme de su fuerte brazo, calculando el ritmo, para mover mis caderas a la cadencia de sus embestidas. Su verga me tenía con la piel de gallina, cuanto más placer sentía, más golosamente apretaba mi cuquita a su negro invasor.

    Yo: «Oh, pinche negro. Ohhh siiií, cógeme cogemeee», gemí.

    Después de un rato, Phillipe agarró mi cabello, cada vez que empujaba hacia adelante, tiraba de él, con su otra mano agarraba uno de mis pezones y apretándolo con fuerza.

    Entre el placer en mi atiborrado coñito y el dolor en mi pezón, me dirigía nuevamente hacia el éxtasis.

    Phillipe: “fout bouzen, chat Meksiken ou a devore kòk mwen, salope bon mache”.

    Sonrió al ver mi cara de éxtasis interrogativa.

    Phillipe: “Pinché Putá, tú gatitó mexicanó sé tgragá todá mí vegrgá, Putá bagratá”.

    escucharlo decir eso, de alguna manera extraña me estimulo aún más. mi cuerpo me urgía a ser culeada aún más y más, y Phillipe se estaba encargando realmente de atender mi necesidad.

    Yo: «Siii, mi cuquita tiene hambre de tu verga, dámela todaaa, complace a esta pinche puta, pinche negro «, empujando mis caderas contra su verga.

    MI cuca se apretó contra su pitón, mientras él batía su verga profundamente dentro de mi vagina, causando una gran cantidad de placer.

    Yo: Oh, pinche negro. Ohhh

    grite, El siguió culeándome, agarrado de mi pezón y mi cabello con más fuerza. De repente, sentí un rayo atravesar mi cuerpo, comenzando desde mis pezones y causando que mi cuerpo sufriera un espasmo duro. Me estaba corriendo de nuevo y tan fuerte como antes.

    Mientras Phillipe continuaba bombeando dentro de mi rápido y profundo. MI cuca estaba convulsionando y apretando su verga con fuerza. Empujándolo más profundamente dentro, me corrió y me corrí y volví a correrme, su verga se agitaba profundamente dentro de mí.

    Cuando en ese momento sentí su semen en lo profundo de mi interior, mi cuerpo fue atormentado por una serie de réplicas hasta que finalmente me desmayé de nuevo, el placer fue demasiado abrumador.

    Abruptamente desperté, miré alrededor, Phillipe estaba junto a mí, dormía, roncando suavemente. Agarrando mis pantaletas, me las puse, mi vestimenta estaba arrugada y desalineada, me ajusté lo mejor que pude. Después de componerme, mire a Phillipe; todavía estaba dormido, y no quería correr el riesgo de despertarlo, pero, por alguna razón, coloque una manta sobre él, hasta se veía tierno el pinche negro, y salí de la vivienda.

    Gracias a Dios, no era tan tarde, llegue a casa antes que Mi Mor y las bendiciones, para cambiarme de ropa y alistar la cena.

    Antes de finalmente irme a dormir recibí una llamada de mi madre.

    Mi Madre: Muñequita, te hablo para agradecerte que le llevaras a Phillipe algo de comer, quedo encantado con tus atenciones, que el POSTRE estuvo delicioso.

    Yo: Heee, ha ok – sin saber cómo reaccionar

    Mi Madre: Me dijo que tiene un BUENA PARTE para abonar a la renta, que si mañana puedes ir tu para DARTELA y que si puedes llevar otra vez algo de POSTRE

    Yo: No, Mamá, ando muy ocupada en estos días – tratando de evadir

    Mi Madre: Anda Muñequita, son gente muy necesitada y desamparada, podrías hacer un esfuerzo, ¿sí?

    Yo: Ok, ok mamá, iré pasado mañana como las 2:00 pm – resignada

    Mi Madre: gracias Muñequita, no olvides llevarle el POSTRE.

    Yo: Si mamá – sumisamente

    Mientras colgaba solo podía pensar: “Pinche negro abusivo, pero que buena verga tiene”

    Espero que el acento y expresiones de Phillipe, hayan sido correctamente escritas, de no ser así, son bienvenidas las correcciones para una posible continuación.

  • La domina y la joven esclava rebelde

    La domina y la joven esclava rebelde

    —Esta es la esclava, Domina.

    Lucía observó a la chica que tenía frente a ella. Era atractiva y joven.

    —Eres una ladrona y una mentirosa. —dijo con la voz y autoridad de aquellos que están acostumbrados a dar órdenes.

    La aludida guardo silencio y evitó el contacto con los ojos de su señora.

    —¡Mírame! —ordeno Lucía propinando a la desdichada un bofetón.

    Lina, que así se llamaba la esclava, levanto el rostro. La marca roja del tortazo visible, los ojos llenos de ira.

    —Parece que tenemos a una rebelde entre nosotros. Eres atractiva y tienes agallas, será divertido domarte. ¡Cayo!

    —Domina —respondió el aludido.

    —Dale una docena de latigazos.

    Lina escupió con rabia, ganándose otro tortazo en la mejilla.

    —Eres un animal… pero yo te enseñaré modales.

    ******************

    Media hora después, Lucia, acompañada de dos guardias de confianza, entró en la habitación compartida de la esclava. Lina se encontraba tumbada boca abajo, la espalda desnuda, llena de marcas de latigazos, y los ojos con signos de haber llorado. Otra esclava, de piel pálida y cabello rojo, estaba aplicándole cuidados para mitigar el escozor.

    —¿Qué haces? ¿Quién te ordenó aliviar a tu compañera? —increpó la domina.

    La esclava pelirroja bajó la mirada y se echó a un lado esperando que la señora la olvidase.

    —¿Quieres ser azotada como ella?

    —Lo siento dómina. No volverá a suceder.

    —Está bien, lárgate a trabajar.

    La esclava abandonó el cuarto lo más discreta y rápidamente que pudo, temiendo hasta el último momento una contraorden que la llevase a ser castigada.

    —Bien, te dije que ibas a pagar por esto… ¡desnúdate! —dijo dirigiéndose a la recién azotada.

    La esclava se incorporó y se quitó la ropa.

    Lucía se acercó a ella, caminó a su alrededor recreándose con morbo y deseo ante aquel cuerpo terso.

    —Bonitas tetas. —dijo deteniéndose frente a la esclava.

    —Marco, tócale el pecho y dale un buen pellizco.

    El aludido obedeció. Sobó la teta derecha de Lina y centrándose en el pezón, lo pellizcó con fuerza hasta dejarlo rojo. La esclava se mordió el labio y dejó escapar una lágrima.

    —¿Duele verdad?

    —Cayo, ve a por la vara.

    El guardia obedeció y volvió al minuto con el instrumento de castigo.

    —Dámelo. —ordenó la domina.

    —tú, abraza a Marco.

    —Marco asegúrate de que no se mueve.

    El hombre abrazó con fuerza el cuerpo de la joven por la cintura.

    Lucía agitó la vara tres veces haciéndola silbar.

    A continuación empezó el castigo.

    Los golpes caían sobre el culo de la esclava dejando marcas rojas.

    Una veintena de azotes después la domina paró y dio una nueva orden.

    —túmbate en el suelo sobre el estómago.

    Luego mirando a Cayo y notando un cosquilleo en su bajo vientre dijo.

    —Es atractiva esta guarra ¿verdad?… enséñame el pene.

    Cayo obedeció y exhibió su miembro que, debido a la excitación, tenía un tamaño considerable.

    —¿te gustaría follarte a la esclava?

    Lina oyó las palabras de su señora con ansiedad. La gustaría rebelarse y resistirse, pero la dolía la espalda y la escocían las nalgas y temía que cualquier signo de rebeldía acarrease más castigos.

    «Si me relajo y estoy lo suficientemente mojada a lo mejor duele menos»

    Discretamente se llevó la mano al coño y metió un dedo tratando de excitarse. Para su sorpresa encontró su sexo húmedo, los azotes en el culo, a pesar del dolor, habían calentado su cuerpo.

    —Esclava, mira el tamaño del pene. ¿Crees que podrás con él?

    Lina se incorporó ligeramente y vio el miembro palpitante y grueso del que colgaban las pelotas peludas. También se fijó en el rostro del que la iba a poseer, imaginó su cuerpo sudoroso. Aquel tipo la había azotado con fuerza, sin piedad. No esperaba suavidad en la penetración.

    —¿A qué esperas? Ponte sobre ella y móntala desde atrás.

    Cayo no se hizo esperar, con un bufido se puso encima de la esclava de rodillas. Separó sin contemplaciones las nalgas con ambas manos y colocó la punta del rabo en posición. Luego se inclinó hacia delante, su trasero peludo cubriendo el de la joven. Empujó metiendo el falo hasta el fondo. Lina gritó notando la violenta penetración, el escozor de sus nalgas y la tirantez de las heridas en la espalda.

    Cayo sacó el pene despacio y luego volvió a embestir resoplando mientras apretaba el culo.

    La domina observaba la escena excitada. Se acercó a Marco y le metió mano tocando su miembro.

    Cayo se movió sobre el cuerpo de la esclava apresando con sus manos las tiernas tetas. Las soltó, apoyó las manos en el suelo y presa del frenesí, comenzó a darle ritmo al coito metiendo y sacando el pene, animado por los gemidos de la mujer, el sonido de los huevos chocando contra las nalgas y su propio placer. Un minuto después, a punto de explotar, sacó el miembro de la vagina y eyaculó sobre el trasero de Lina. Exhausto, propinó dos nalgadas a la sometida y se reincorporó.

    La dómina ordenó que la esclava se levantase y se vistiese.

    Luego abandonó la estancia acompañada de Marco.

    Al llegar a sus aposentos se quitó la ropa y se tumbó boca abajo en la cama.

    Pronto notó la húmeda lengua del guardia lamiendo su ano.

  • Los hermanos (capítulo 4)

    Los hermanos (capítulo 4)

    A los dos días cuando iba rumbo a La Habana, se detuvo el carro de policía a mi lado, estaba Hugo que me dijo que montara. No me negué y subí, le pregunté por el otro.

    – Je, je, je… se ve que te gustan dos mejor que una. -dijo refiriéndose a las pingas.

    Yo le dije que no, que solo preguntaba por cortesía. Salimos del pueblo rumbo a Güira de Melena pero no llegamos lejos, giramos por una de las carreteras y llegamos a una finca. Resultó que Hugo era guajiro, vivía allí con un hermano que era quien trabajaba la tierra. Una casa más o menos como todas las del campo, de mampostería, techo de fibrocemento, portal, matas, corrales al fondo. Apareció el hermano, un tipo alto y quemado por el sol.

    – Lázaro, pa´servirle. – me apretó la mano.

    Estuvimos charlando, Hugo trajo unas cervezas y al rato el hermano se fue dejándonos solos. Hugo me explicó que el hermano sabía lo de él y que no se metía, como tampoco él se metía en las cosas de él. Le pregunté si estaba casado o entendía, me dijo que al parecer entendía bien aunque tuvo alguna que otra mujer, pero siempre le había salido mal y por eso estaba solo desde hacía dos años.

    Después pasamos a su cuarto, nos desnudamos mientras nos besábamos y me tiró en la cama, me alzó los pies y empezó a penetrarme, ya cuando estaba dentro me dijo bien serio.

    – Traigo a poca gente aquí a mi casa, me gustas y quiero que seas mi gente.

    – Tú también me gustas y me singas bien, así que estamos de acuerdo.

    Aquello le dio fuerzas para besarme, y empezar a moverse, yo sentí como una mirada, desde la ventana descubrí la cara del hermano que me hizo la señal de que me callara la boca. Lo dejé que mirara, que disfrutara del sexo que tenía con su hermano. De pronto Hugo se volvió y vio como se ocultaba su hermano. Se separó, fue a la ventana y la cerró gritando alguna palabrota contra su hermano. Regresó a la cama, me hizo ponerme bocabajo para seguir singando, en esa posición me hacía sentir más, empecé a gemir de goce y él viendo crecido su orgullo de macho, aumentaba sus movimientos para darme el gusto. Yo me vine antes y él después se apuró para venirse. Quedamos abrazados, sudorosos y felices.

    – Me gusta que disfrutes mi pinga así como hoy, veo que te gusta. Necesito una gente como tú. ¿Serás mío?

    Dije que sí, después dormimos un rato, al despertar pues me comió a besos y mientras me bañaba, él preparó algo de comer, comimos junto con el hermano y nos fuimos. Me llevó a la casa, diciendo que me iría a recoger a la noche, que terminaba a eso de las nueve. Uno de mis amigos me había visto en el carro de policía, allí por casa apareció a que le dijera los por menores. Ya después se encargó de regar la noticia por el pueblo, pero me importaba poco pues de todas maneras con Hugo me sentía bien. Por la noche vino Hugo y me fui con él, ya había oscurecido y vino en pleno apagón por lo que la escapada casi no fue vista por muchos. Llegamos a su casa, allí estaba el hermano en el portal sentado con la radio puesta. Nos sentamos allí al fresco de la noche, al menos es lo mejor del campo.

    – ¡Oye, deja de estar mirando por la ventana cuando singamos. – le dijo Hugo al hermano de pronto.

    – La ventana estaba abierta…, – se disculpó Lázaro.- además, eres mi hermano ¿no?

    – ¿No me digas que quieres también singarte a mi gente?

    – Tú gente seguirá siendo tu gente, mi hermano, no pasa nada…

    Aquella conversación en mi presencia parecía más bien un teatro, algo que ya se había repetido muchas veces y que sabía el final. De todas maneras el hermano estaba bien rudo, muy bueno, ambos estaban bien y no me cogió por sorpresa cuando Hugo me dijo que me fuera al cuarto de su hermano, ya lo sabía. El guion se desarrollaba, como supuse en principio, conversaban sobre mí sin contar conmigo. Me fascinó aquella conversación entre ellos dos sobre mi persona, más sobre quien se acostaría con quién y cómo, pero a todas sin contar conmigo. Después Lázaro se levantó, preparó algo de comer, comimos, yo me brindé a fregar, cosa que ambos aplaudieron e incluso Hugo bromeo diciendo que ya estaba yo entrando en mi papel, me imagino que se refería a ser su gente o mujer. Cuando regresé a la sala pues estaba Hugo solo, me indicó que me sentará en sus rodillas a horcajadas, lo hice, nos besamos con pasión. Me cargó y me llevó a su cuarto, nos desnudamos y nos entregamos al sexo, un sexo lento, a goce profundo. Cuando se vino, se quedó un rato sobre mí y me susurró en mi oído.

    – Mi amor, ahora quiero que vayas al cuarto de mi hermano, él te está esperando. – me besó.- Eres mío, lo sabes, pero ya lo escuchaste, quiere también y no tiene gente, es muy cortado. Ahora te la saco y ve con el culo lleno de mi leche. Quiero que sepa que te va a singar después de mí y que mi leche te llegó primero.

    Tenía su vicio aquella idea, Hugo saco su pinga y me levanté para ir al cuarto de Lázaro, iba con mi entre pierna húmeda de semen. El hermano estaba desnudo en la cama, muy moreno del torso hacia arriba y blanquísimo, la pinga la tenía parada y era una buena pinga, al parecer los dos hermanos habían sacado el mismo material. Yo me quedé en el centro del cuarto, él se levantó y cerró la puerta, después me abrazó por la espalda haciendo que sintiera su pinga dura en mis nalgas. Pasó una de sus manos por mis nalgas hasta el culo y la sacó moviendo el semen delante de mí.

    – Ah, la leche de mi hermano, pues vas a tener la mía también.

    Se arrodilló y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi ojete recién singado, a chupar la leche. Yo ya estaba a punto de explotar porque Hugo no me había hecho aquello, pero allí tenía al hermano comiéndose mi culo. Al rato incorporándose me dijo que ya no tenía la leche de su hermano, que me preparara para guardar la de él. Allí en el centro de la habitación, de pie, me penetró y empezó a singarme. Singaba a lo bestia, al rato me arrastró a la cama y terminó viniéndose mientras gritaba. Estuvimos un rato abrazados, él me confesó que si me quedaba con su hermano, pues nunca me faltaría nada. Al rato me fui a la cama de mi Hugo que por supuesto no dormía, caía agotado a su lado. Él se puso a revisar mi trasero.

    – ¡Cojones como te hemos dejado ese culo! Parece un chocho y chorreando leche.

    Cogió su calzoncillo y me limpió, dormimos abrazados. Felices de aquella noche, yo que tuve el papel más activo por pasar de una cama a otra. Cuando nos levantamos, ya el hermano había preparado el desayuno, nos saludó con buen humor. Una cosa que noté es que la erección le seguía, Hugo bromeó con ello y Lázaro se defendió con que Hugo tenía más oportunidades y singaba más, dijo que no pudo dormir en toda la noche pero que se sentía bien. Cuando Hugo terminó de desayunar y mientras yo fregaba, se vistió y vino a la cocina.

    – Hoy es sábado, puedes quedarte…, quédate que mira cómo está Lazarito.

    Nos despedimos, me besó diciéndome, que pensara en él y que por la tarde vendría. Yo me fui al baño a ducharme, al rato en la ducha entró Lázaro desnudo y con la pinga como una lanza. Me besó, me abrazó y me hizo arrodillarme para que le comiera la pinga. Cuál de los dos era me parecía mejor, pues los dos. Aquel sexo matinal fue salvaje, empezamos en la ducha, salimos rumbo al cuarto desnudos, mojados y yo clavado por él. Me hacía caminar de esa manera, clavado por él, primero fuimos a la cocina a buscar una cerveza, de ahí al cuarto. No parecía que se fuera a calmar, tuve que decirle que ya no podía más, entonces se apuró para venirse. Al rato él se levantó, me dijo que tenía cosas que hacer en el campo, yo me levanté y me vestí, el me abrazó y besó.

    – ¡Cojones, cómo me gustas! y más ver que te has puesto el calzoncillo quedándote con mi leche dentro.

    Yo me sonreí pues eran las mañas que William me había enseñado, que a cualquier bugarrón eso le levantaba el orgullo. Le dije que sí, que guardaría su leche bien adentro. Me preguntó si la de Hugo también, le dije que sí, que también pero la que tenía ahora era la suya. Comprendió el mensaje, me dijo que trataría siempre de de dejarme la suya después de la de su hermano. Así fue arreglándose la vida nuestra, la de los tres porque empezamos a compartir esos momentos de felicidad y lujuria. Solo que por separado, pasaron dos meses en que el orden establecido se cumplió, nunca coincidí en la cama con los dos hermanos aunque algunas noches me turnaba de cama, primero uno y después el otro.

    Como a los dos días Hugo tenía guardia, me pidió que me quedara con su hermano y que no me preocupara, que le gustaba que yo tuviera culo para los dos. Iba a estar dos o tres días fuera, Lázaro le agradeció dando la mano. Ese día a eso de las cuatro y pico se apareció Lázaro en el caballo y me dijo que me llevaría a dar una vuelta por el campo. Me quise montar detrás pero me dijo que no, que delante, ya me imaginaba yo que sería para ponerme su paquete en mis nalgas.

    – ¿Alguna vez te han singado montando caballo?

    Le dije que no, me prometió hacerlo aunque me explicó que de día era casi imposible porque había siempre gente rondando pero que alguna noche iba a coger el caballo y saldríamos los dos a singar. Estuvo dando explicaciones de lo que se siente, de lo rico que era y que a él le gustaba porque clavaba bien al otro, que lo había hecho con algunos estudiantes universitarios que iban a trabajar al campo. Atravesamos campos y llegamos hasta los platanales, ya se habían ido los camiones con los trabajadores, solo en una de las esquinas de unos de los campos, estaba el guardia, también a caballo y con un rifle en la mano. Un negro grande y con un bigote enorme, fumaba un tabaco que al parecer no hacía mucho que lo había encendido.

    – ¡Cojones, cuánto hacía que no te veía! – grito contento mientras se acercaba con su mirada clavada en mí y en Lázaro, se dieron la mano, Lázaro me presentó, también me dio la mano pero se quedó más tiempo con ella.- ¿Qué le vamos a dar caña?,. – después se dirigió a mí.- ¿Te gusta la caña, verdad?

    – Pero aquí solo hay plátanos. – bromeé yo provocando las risas de ellos.

    – Me gusta. – admitió el negrón.

    Caminamos por la guardarraya un rato, bordeando el platanal, hasta que nos adentramos en el mismo por un trillo.

    – Bueno, aquí no hay caña pero plátano macho sí y mucho.- bromeaba el negro que se llamaba Chucho y Lázaro le seguía la gracia.

    Bajamos del caballo, que ató a unos hierros que allí habían, me percaté que tanto Lázaro como Chucho tenían las pingas bien paradas, a punto de romper los pantalones pero sobre todo el paquete del negro, daba espanto. Lázaro empezó a cortar hojas de plátano para improvisar algo así como una cama, Chucho ya a mi lado, me abrazó.

    – Nene, sé que tienes ganas de tocar mi pingón, dale, es tuyo.

    Hice lo que me pedía, acaricié por encima del pantalón su pinga descomunal, él me abrazó, sentí su olor a sudor y la fuerza de sus brazos. Metí la mano para tocar su tronco. Sentí que Lázaro se abrazaba a nosotros. Nos desnudamos, entre besos y caricias. No podía apartar la vista de la pinga de Chucho, de verdad, que algunos negros estaban bien dotados, era mucho, impresionaba. Se parecía a la de Raúl, aquel negro que me volvió loco por un tiempo y que se fue al norte dejándome, aunque la pinga de Chucho era más nervuda, las venas se le marcaban y la cabeza grande. Me arrodillé para tratar de meterme en la boca aquel pedazo de pinga, costaba trabajo.

    – Nene, mi pinga hay que darle lengua como a un caramelo.

    A Lázaro le provocó un ataque de risa, yo seguí en mi intentó de tragarme aquello, al menos hasta la mitad, cosa que alegró a Chucho. Lázaro ensalivando mi culo empezó a singarme mientras me hacía gemir de placer a cada una de sus embestidas, Chucho se coló debajo de nosotros y empezó a comerme la pinga, los huevos y a lamer mi culo lleno de la pinga de Lázaro. Aquello me volvía loco, el muy cabrón hizo que me viniera en un minuto y muy a pesar del dolor que experimento al venir, aguanté un rato los movimientos de Lázaro que me dijo que se iba a venir rápido. No fue tan rápido como dijo, pero logró venirse entre gemidos y nalgadas. No sacó su pinga tan rápido, porque le tocaba el turno a Chucho. Sentí alivio cuando Lázaro sacó tu pinga, pero pronto comencé a sentir como se abría paso el grueso miembro de Chucho, volví a experimentar aquellos sudores fríos, aquel dolor como si mi culo se desgarrara, un dolor como una punzada que se clavaba en mi interior. Hacía tiempo que no sentía el dolor de una pinga entrando en mi culo, por supuesto que no habíamos usado mucho lubricante, solo la saliva de Lázaro y su semen. Chucho comprendió que me hacía sufrir, la sacó y volvió a ensalivar su pinga, recogió el semen de Lázaro que salía de mi culo para untar en su miembro y volvió a meter. Esta vez fue mejor, aunque seguía teniendo la impresión de que reventaría. Al rato cuando ya había logrado meter hasta el tronco, empezó a singarme despacio, me dijo «pa´no joderte y que goces».

    Lázaro fue a las tuberías de regadío a lavarse la pinga cuando vio que ya todo marchaba bien. Nosotros nos quedamos allí, yo doblado con las manos en mis piernas y Chucho moviéndose detrás, gozando, singando a su gusto. Hablaba mucho, decía mil cosas desde alabanzas a mi culo hasta que era un maricón de verdad porque no todos se podían meter su pinga, que más singaba vacas porque ni las mujeres se atrevía a abrirles las patas. De vez en cuando me preguntaba cómo me sentía o como me la sentía, me hacía responderle, decirle lo que sentía y lo que me gustaba. Me acariciaba las nalgas, las tetillas, metía sus dedos en mi boca, me hacía casi girar para besarme, pero seguía dando pinga, gozando de mi culo. Pensaba que nunca iba a terminar, hasta que pronto sentí como rugía y se agarraba con fuerza de mis hombros mientras empujaba duro, se estaba viniendo. Casi me mata pero fue una de las pocas veces que había sentido como alguien se venía dentro de mí.

    Después me hizo acostarme en la cama que Lázaro había preparado para nosotros, pero todos los movimientos estaban regidos por él que no había sacado su pinga de mi culo.

    – Nene, qué clase de culo tienes. ¡Eso vale un millón!

    Me dijo entre otras cosas, mientras me besaba. En eso Lázaro llegó, se nos acercó riendo, me hizo alzar una pierna para ver el tronco que tenía clavado.

    – ¡Cojones, macho, si vieras esto! ¡Qué rico se ve! Este si es un maricón de verdad.

    – Y le gusta, anda, nene, dile… dile lo que te gusta. – Me instaba Chucho a que dijera.

    – Sí, me vuelve loco este negro y quiero estar así siempre, lleno.

    Aquello les gustó a ambos, Chucho mientras empezó de nuevo a moverse, a darme pinga, a singarme de nuevo. Lázaro arrodillándose delante de mí me dio a mamar su pinga que se ponía dura de nuevo. El sitio tenía olor a semen, yo era el centro de aquellos dos bugarrones, ellos me gozaban y me daban placer, un placer muy grande. Estuvimos un buen tiempo así, hasta que Chucho dijo que no me iba a torturar más y sacó su pinga, sentí que me liberaba, que se me iba todo, sentí el semen saliendo. Me levanté medio que sin fuerzas, les dije que necesitaba cagar. Las risas de los dos fue grande, Chucho se fue a limpiar su pinga y yo detrás de unos plátanos para liberar todo, pero no eché más que semen, me parecía que todo estaba lleno de leche de aquellos dos sementales. Cuando regresé ambos estaban recostados, desnudos.

    – ¿Qué? -me preguntó Lázaro.

    – Sólo leche…, seguro que he soltado un litro de leche…así que ahora ya no me queda semen de ustedes. – dije provocativo.

    Sabía bien que era una buena provocación, Lázaro me dijo que me sentara en su pinga, lo hice y aunque no la tenía tan dura, entró fácil e hizo que comentará que tenía el culo como una cueva, como un túnel cosa que mucho le creo. Claro que a Lázaro le gustaba mostrarse todo un macho singón delante de Chucho, pero no tenía la pinga dura, él mismo me dijo, dale siéntate en la de Chucho. Así hice, volviendo a sentir todo el grosor de aquel trozo de morronga que entró suavemente pero abriendo paso como si se tratara de un tren. Estuve un rato sentado sobre Chucho, clavado hasta los cojones, su cara era de goce, de placer, fumaba su puro, lo absorbía con lujuria y me echaba el humo casi en la cara. Sus manos grandes me daban nalgadas suaves que parecían caricias. Al rato me hizo levantarme y acostarme sobre las hojas de plátanos. Bocabajo y abriendo mis nalgas empezó a lamer mi culo, chupaba su puro y me echaba el humo, metía su lengua en mi culo dilatado y cada vez que lo hacía, yo gemía de lo que me gustaba. Al rato se tumbó sobre mí penetrándome de nuevo, me abrazo, me besó.

    – Mami, ¡me vuelves loco! Nunca he tenido a nadie que le guste tanto mi morronga como a ti. – Se movía y volvía a detenerse para preguntarme. – ¿te gusta, verdad?

    – ¡Sí, me gusta!

    – ¡Quiero que seas mi jeba, no sabes lo bien que te vas a sentir conmigo!

    Hablaba y singaba con pasión, con gusto, me preguntaba si me gustaba, a veces esperaba mi respuesta, otras el mismo respondía que sí, que se veía que era buen maricón tragón. Hablaba y murmuraba, besaba o me mordía el cuello y las orejas, metía su lengua en mis oídos. Me singó hasta que se vino, pero a cambio de la primera vez, se vino suavemente, moviéndose muy despacio. Al sacar su pinga de mi culo, me lo besó, lamió su semen.

    Hablamos un poco, Lázaro le contó que yo era el amante de su hermano, el policía, pero que vendríamos de nuevo si él nos organizaba alguna fiesta de las que él era un maestro. Chucho dijo que sí, pero que yo era para él. De camino Lázaro me contó que Chucho a veces hacía alguna que otra fiesta con los que estaban en los albergues, que conocía a muchos y a veces la fiesta quedaba muy buena, que la leche corría como un rio. Sentado en el caballo la pasé mal porque no encontraba como ir, finalmente Lázaro me dijo que me sentará de lado como las mujeres y bromeó.

    – Bueno, hoy fuiste toda una hembra porque lo que te tragaste… hum… fue mucho.

    Llegamos a la casa ya tarde, para mala suerte Hugo estaba en el portal esperando, me pareció que Lázaro se sentía orgulloso de lo que había hecho, o quizá yo de inocente caí en la trampa. Cuando nos acercamos Hugo se levantó y se metió en su cuarto, yo le seguí. Cuando entré en el cuarto, Hugo me miró con malas purgas.

    – ¡Quítate la ropa! – me dijo con dureza, pero al ver mi confusión me grito.- ¡Cojones, maricón de mierda, te dije que te quitaras la ropa!

    Le obedecí, él me hizo acostarme en la cama, me abrió las nalgas y miro mi culo que seguro estaría medio hinchado y enrojecido, además del semen que seguro tendría. Hugo se enfureció, me ordenó que me quedara allí y salió como un rayo en busca de Lázaro, desde la habitación escuché la discusión entre ellos. Después entró como un rayo, me propinó un par de bofetadas gritándome todo tipo de improperios, se sacó la pinga.

    – ¿Esto es lo que te gusta? ¿Eh? pues vas a tener hoy toda la pinga que desees, maricón de mierda.

    Para mi asombro entre tanta bronca y gritos, su pinga se ponía dura, se me tiró encima para singarme, yo forcejeé algo para zafarme, pidiéndole que no lo hiciera, que estaba muerto, que me dolía el culo, me inmovilizó rápido y me penetró. Opté por no oponerme, lo dejé que me singara cosa que Hugo hizo a sus anchas, pero sin pasión sino con odio, embestía duro, me mordía con fuerza o me daba sopapos en la cara, me escupía. Por fin se vino, quedó sobre mí un rato hasta que sacó su pinga y se acostó a mí lado. Me quedé bocabajo con las piernas abiertas, me sentía adolorido, sentía como el semen me corría, seguí en silencio para no provocarlo más, hasta que escuché que decía.

    – ¡Coño, perdóname, te partí el culo!

    Me incorporé vi su pinga manchada de sangre, Hugo cogió una toalla y me secaba, yo me asusté. Me pedía perdón, decía de sí que era un bestia, que cómo podía haber hecho algo así. Se puso a mirarme mi maltratado culo, me dijo que cerrara las piernas con la toalla y salió en busca de Lázaro. Cuando vino esté pues le dio un puñetazo en la cara que lo hizo caer de bruces. Pero se calmaron rápido, Lázaro me miró y salió, dijo que buscaría al médico de la cooperativa. Hugo se quedó besándome, acariciándome y pidiendo perdón. Como a los cuarenta minutos entró Hugo con el médico, me quedé bocabajo de la vergüenza, pero Lázaro me dijo al oído que el médico era de la familia.

    El médico me revisó, estuvo poniendo crema y algodón, hizo como un tapón y dijo que era solo un rasguño, pero que tenía que tener cuidado con animales como Hugo, lo dijo haciendo hincapié en lo de animal, dejó a Lázaro un tubo de crema para que me untara. Hugo se acostó a mi lado abrazándome con cariño, pidiendo perdón, yo no le dije nada porque lo que había hecho de perder el control ya era demasiado. Al rato entró Lázaro y le dijo que saliera, que ellos dos dormirían en su cuarto y que me dejara solo. Para asombro Hugo ni protestó, cuando se fue, Lázaro me dijo que se levantaría por la noche para ver cómo me sentía y si necesitaba algo que lo llamara.

    La noche paso bien, Lázaro vino a verme unas dos veces, al día siguiente no dejó a Hugo entrar a la habitación diciendo que yo dormía y que no me molestara, aunque yo no dormía. Cuando sentí que se había ido el carro, salí. Me costaba moverme con aquel tapón, Lázaro me hizo regresar para cambiarme el tapón. El médico le dijo lo que tenía que hacer, me dijo que ahora tenía que dejar de singar. Así fue estuve como dos meses sin hacer nada, al principio fue difícil hasta ir al baño, pero nada del otro mundo. Ya en mi casa fui a ver a un amigo médico que después de regañarme y hasta amenazar con ir a darle una entrada de golpe a ese animal, me calmó diciendo que no era nada, solo un rasguño que se cerraría pronto. Me recomendó cuidado, mucho cuidado.

  • Fui la puta de mi compañero

    Fui la puta de mi compañero

    Esto sucedió con un compañero, cuando cursaba el nivel medio superior, tenía 18 años. Cómo mencioné anteriormente en el relato que contaba acerca de mí, nunca me arreglo de manera sexy, aun así me gusta resaltar de forma discreta mi cuerpo. Algunos compañeros me llegaban a decir de forma respetuosa que siendo gordita se me veía buen cuerpo a diferencia de otras chicas, solo había un compañero que me lo decía de una forma que sentía como en su mente me desnudaba.

    Este compañero era un año más grande yo, a pesar de que platicábamos muy poco en la escuela y una que otra ocasión llegué a sentir que me tocaba de forma atrevida (pensando ingenuamente que era por accidente) me empezó a mandar de forma recurrente mensajes, casi siempre me enviaba mensaje cuando estábamos en clase, supongo que le gustaba ver mi reacción ante lo que me decía, me escribía que no me creía el cuento de chica buena, que quería cogerme y descubrir que tan zorra era. No le contestaba nada, aunque he de admitir que me excitaba al decirme que quería cogerme y como lo haría.

    Un día una maestra de la última clase nos dejó salir más temprano de lo habitual, me iba a ir pero mientras recogía mis cosas el se acercó y me dejó una nota, me decía que nos viéramos en uno de los salones del edificio de atrás, le dije a mis amigas que según iría a ver un pendiente con un maestro para así poder separarme de ellas. Cuando entre al salón él estaba sentando en la esquina de este de espaldas hacia la puerta, me acerque y antes de poder sentarme en la banca de a lado me jalo hacia el quedando yo frente a el.

    -estas nerviosa?

    Intenté responderle de forma segura pero no me funciono, en lugar de eso salió una risa nerviosa.

    -te verás muy tímida y bien portada pero estoy seguro de que ocultas a una zorrita.

    Yo no dije nada, aunque eso era cierto, quería experimentar más cosas y estar así con el me hacía sentir también excitada. Se levantó y me empezó a besar, me tomo del cuello y me iba besando más intensamente, sentí su mano recorrer mi cuerpo, empezó a sobar y apretar mis senos por encima de la ropa, yo instintivamente baje mi mano y empecé a sobar su pene por encima del pantalón, seguí haciéndolo hasta sentir como se iba poniendo duro, luego bajo más su mano metiéndola por debajo de mi pantalón y sobre mi ropa interior comenzó a frotar sus dedos en mi clítoris, hacia más presión para sentirlo mejor haciéndome acelerar mi respiración.

    -te voy a dejar con tu ropa mojada, vas a terminar deseando más

    Metió su mano por debajo de mi ropa interior y continuo acariciándome, sentía mi ropa mojada, luego saco sus dedos y los metió en mi boca.

    -vamonos antes de que alguien venga- me dijo, no me había dado cuenta de la hora, ya casi era entrada del turno de la tarde -me hubiera gustado cogerte- me dijo antes de despedirse de mi.

    El tenía razón, terminé deseando más, quería sentir como me cogía aunque sea una vez para no quedarme con las ganas. Durante dos semanas trataba de estar lo más cerca que podía de el sin hacer notar mis intenciones, ya que no me gustaban los rumores, el también cuando podía se quedaba cerca de mi, de ser posible me tocaba discretamente, no encontrábamos oportunidad para hacerlo, ni en una de nuestras casas y un hotel no podíamos pagarlo.

    Un día salimos tres horas más temprano que de costumbre, me dijo que si podía acompañarme y le dije que si, en el camino me iba diciendo lo culona que estaba, me preguntaba si ya lo había hecho antes, le dije que si pero sin contarle lo de mi primo, cuando podía me daba nalgadas o me hacía tocar su verga por encima de la ropa. Después de un rato llegamos a un puente vehicular donde también había un camellón y un tráiler con su caja estacionado. Me dijo que lo siguiera y nos quedamos detrás de este.

    -me vas coger aquí?- le pregunté algo temerosa

    -por que no? Es más excitante

    Estaba nerviosa pensé en qué pasaría si alguien nos veía pero también estaba excitada, ni yo sabía que tan capaz sería pero mis ganas de ser cogida me ganaron. Empezó a besarme, me sujeto con fuerza de la cintura para pegarme lo más que podía a él, metió su mano por debajo de mi blusa y mi brasier y apretaba con fuerza mis senos, baje su cremallera para poder sacar su pene y masturbarlo, estaba ya muy excitada sentía como empezaba a mojarme. Metió su mano por debajo de mi pantalón y mi ropa interior y comenzó a acariciarme, metió sus dedos poco a poco, los metía lo más que podía, yo empecé a gemir de lo rico que sentía, me estaba haciendo mojar mucho, bajo mi pantalón hasta el muslo y me puso de espaldas a el y comenzó a arrimar su pene en mi culo por encima de mi ropa, luego bajo también mi ropa interior y me empinó, continuo metiendo sus dedos en mi vagina lo más duro que podía.

    -no tienes condón, verdad?- me preguntó

    -no, no tengo- le respondí

    -bueno, no importa, igual te voy a coger

    Los dedos que había metido en mi vagina los iba pasando por mi culo, pensé que tal vez me cogeria por ahí, no dije nada, aunque me puse nerviosa y poco a poco sentí como iba metiendo su pene en mi ano.

    -¡ay! espera, me duele

    -empinate otro poco para que te entre mejor, te va a terminar gustando-

    Sentí como con sus manos abría lo más que podía mis nalgas y después como lo iba metiendo poco a poco. Seguía sintiendo dolor, trate de empujarlo para que parara pero no me dejaba, yo gemía como perrita tanto por el dolor como por la excitación.

    -ya te entro toda, te voy coger hasta que me pidas más, muévete para que lo sientas mejor

    Empecé a moverme como me dijo, sentía rico su pene en mi ano que acababa de dejar ser virgen, suavemente lo metía y sacaba hasta que me preguntó si ya no sentía dolor, cuando le dije que no empezó a hacerlo más duro, escuchaba como golpeaba su vientre contra mis nalgas, me tomaba fuertemente de la cintura para pegarme lo más que podía a él en cada embestida, sentía como iba subiendo su excitación ya que me iba dando más nalgadas a tal punto que las sentía calientes de tanto que me daba, mientras yo hacía un esfuerzo por no gemir fuerte, después se sentó en uno de los escalones de la puerta del tráiler y me dijo que le diera sentones, empecé a hacerlo suavemente y me dijo que lo hiciera más rápido, mientras el con sus manos alzaba mi blusa y mi brasier para apretar mis senos, con sus dedos jugaba con mis pezones los cuales se habían puestos muy duritos por la excitación, continue dándole sentones hasta que sentí como palpitaba su pene dentro de mi, cuando me lo saco sentí como escurría su leche caliente por mi ano.

    Nos limpiamos intentando no manchar la ropa, antes de que nos fuéramos me tomo de la cintura y volvió a besarme, alzó otra vez mi blusa y brasier y empezó a chupar mis senos, los metía lo más que podía a su boca y los succionaba. Luego me puso de espaldas a el y volvió a meter sus dedos en mi vagina, haciendo que otra vez me mojara.

    -tan calladita que te ves y hoy te hice mi puta

    -nadie creería que me cogiste, yo soy una niña buena- dije entre jadeos, mientras el seguía masturbándome.

    -una niña buena para coger, solo yo se lo rica estas

    Volvió a bajar mi ropa hasta mi muslo y me empinó para meter mejor sus dedos en mi vagina, lo hacía rápido y duro, me dijo que quería escucharme, que no me aguantará el gemir, yo no quería, ya que si estoy muy excitada gimo mucho, empezó a darme nalgadas más fuertes para hacerme gemir más mientras seguía metiendo sus dedos, empecé a sentir como escurría de lo mojada que estaba. Me levanto hacia el y metió sus dedos en mi boca.

    -eres una putita muy obediente y lo mejor de todos es que yo te estrene

    Volví a limpiarme, se despidió de mi con un beso y una última nalgada y cada quien se fue por su lado. Esa fue la única vez que cogí con el y en algunas ocasiones cuando podía me tocaba y me decía al oido que era suya.

  • Cuando me comprometí

    Cuando me comprometí

    Como ya he contado, he tenido relaciones sexuales con mi primo Diego (de quien escribí en mi relato “El diácono”) desde que éramos muy jóvenes y han continuado hasta la fecha.

    Dentro del fervor religioso inculcado en la familia desde que tenemos uso de razón, incluso desde antes, pues a todos nos bautizaron a los pocos meses de nacidos. Me inclinaron a que hiciera un noviciado. A los pocos meses me dijeron que no estaba llamada para ser esposa de Cristo (seguramente en alguna de las revisiones se dieron cuenta que ya no era virgen), pero que aún podía servirlo sirviendo a un marido creyente y educando a mis hijos en el amor y en el temor a Dios.

    Estudié en la Normal para señoritas y terminé mi carrera. Di clases en la primaria y secundaria de varias escuelas religiosas antes de impartir cátedra en mi alma mater, donde muchas alumnas estudian MSC (Mientras Se Casan). Además de las clases normales, en la tarde se daban cursos sobre asuntos que les servirían durante la vida: cocina (llamada «nutrición y salud»), costura (con el nombre de diseño y confección), modelaje (a la materia se le llamaba «personalidad» y versaba sobre posturas para posar elegantemente mientras esperan, cómo caminar y parecer unas señoritas atractivas) y conferencias sobre los valores y la manera de atender a la familia y distribuir correctamente el gasto familiar.

    En una ocasión me comisionaron para llevar a las alumnas a un concurso académico que duraría una semana y nos mediríamos con otras escuelas de las entidades de la región, la mayoría eran escuelas mixtas, pocas eran de un solo sexo. Nos instalaron en un campamento recreativo, asignándonos una cabaña para las seis concursantes de la escuela y yo como «cancerbera» pues debía cuidar de la buena conducta de las señoritas.

    Sucedió que una de mis pupilas se lesionó jugando y la llevé a la enfermería donde el médico le curó los raspones. El médico era pasante y atendía ahí haciendo su servicio social. Tuvimos un «flechazo» y al tercer día derivó en un riquísimo coito, con protección, ¡claro!, que se repitió varias veces durante toda la estancia, mientras las chicas atendían sus actividades. Varias de ellas lo sospecharon, pero creo que fuimos lo suficientemente discretos y teníamos todo el consultorio casi siempre libre.

    El médico insistía en que lo hiciéramos sin condón y, si pasaba algo, nos casaríamos de inmediato, pero le dije que eso sucedería hasta que estuviésemos casados. Al terminar el concurso, continuamos en contacto telefónico y postal, también me fue a visitar, conoció mi casa y mi familia, lo llevé a conocer mi ciudad, y pasábamos invariablemente a su hotel para amarnos como es debido. Con el tiempo la relación se enfrió y él se casó con otra, pero nos seguimos viendo una o dos veces al año, para recordar viejos tiempos.

    Por cuestiones profesionales, conocí a un señor casado, quince años mayor que yo (se trata de José, de quien ya escribí el relato «¡Rico!»). En ese momento iniciamos una relación furtiva, pero sin coito, pues me negué.

    Después de terminar la Normal, hice una licenciatura, y allí conocí a dos colegas con quienes tuve relaciones. Uno de ellos, quien más me satisfacía y me gustaba, estaba casado; siempre cogimos con condón. El otro, un soltero con quien siempre me hice del rogar, sólo me chupó las tetas y restregamos nuestros sexos sobre la ropa, es con quien ahora vivo en amasiato; ¡coge muy rico, pero no le gusta el sexo oral! No lo da ni lo recibe, “porque es antihigiénico” y yo me quedo frustrada.

    Desde jóvenes, mi primo Felipe iba con frecuencia a la casa, suponíamos que a buscarla a mi hermana pues ella no se le despegaba. Al poco tiempo, Felipe se fue de ilegal a los Estados Unidos y se quedó allá. Una vez habló por teléfono a la casa y contesté yo.

    Después de los saludos de rigor, le informé que mi hermana no estaba.

    –¡Qué bueno que tú contestaste! Es contigo con quien quería hablar –escuché sorprendida.

    –¿Para qué soy buena? –contesté extrañada.

    –Para ser mi esposa –soltó sin más preámbulo.

    –¡¿Qué?! –exclamé

    –Te pido que me escuches, porque hoy me decidí a hablar contigo. Perdí mucho tiempo ya. Yo iba a buscarte a tu casa y siempre te retirabas dejándome solo con tu hermana.

    –Yo pensé que mi hermana y tú… –balbuceé.

    –¡No! Yo te amo a ti y siempre ha sido así. Nunca intenté nada con tu hermana, aunque ella lo insinuaba con insistencia.

    –Pero…

    –Déjame terminar, porque ya empecé –dijo y continuó externando lo que durante años había callado.

    Felipe me confesó que, si no era mi hermana, era Diego u otros quienes le impedían acercarse a mí para declararme su amor. A mí me gustaba, aunque él era año y medio menor que yo, pero como yo pensaba que era con mi hermana el asunto, nunca me hice a la idea de algo con él. En esa conferencia que duró más de una hora, me convenció de que fuera a visitarlo para platicar las cosas de frente; ya que él, si salía de los Estados Unidos, seguramente no podría regresar.

    Continuamos las pláticas telefónicas y por correo. Acepté un noviazgo a distancia. Por último, me envió dinero para pagar el viaje a los Ángeles en mis próximas vacaciones. En mi familia me tildaban de loca, mi hermana se mostraba agresiva conmigo, pero me fui haciendo a la idea de algo que podría funcionar.

    Fui a Los Ángeles y la pasamos muy bien: sólo le quitaba el condón para mamarle el pene. No conocí gran cosa de la ciudad pues nos la pasábamos cogiendo. Felipe seleccionó muchas escenas de películas porno y practicamos decenas (¿o cientos?) de posiciones sexuales. Regresé a México con la panocha hinchada e irritada de tanta fricción; la cama quedaba llena de vellos en cada ocasión.

    A los seis meses, nos decidimos a matrimoniarnos en las vacaciones de fin de año. “Voy a Los ángeles a casarme”, le conté a José. “Vas a embarazarte, regresarás cargada”, contestó, pues él sabía de mis ganas de embarazo, y yo me reí. Nos casamos y el condón ya no me pareció necesario. Luna de miel deliciosa… A mi regreso, al ver que ya no me bajaba la regla, le dije a José: “Eres brujo, ya sabías que me embarazaría”. Él me acarició el vientre, me besó y dijo “¿Ahora sí me dejarás venirme?” ¡El cabrón ya me estaba convenciendo pues me empecé a mojar!, Me retiré de inmediato diciéndole “Soy una mujer casada, no puedo serle infiel a mi marido”. José simplemente sonrió.

    Felipe y yo hicimos planes para que él regresara a trabajar acá, compramos una casa, encontré un local para poner una imprenta, el oficio de Felipe, Arreglamos la boda religiosa, nos casaría el tío obispo, pero él no vino. Fui a dar a luz en Estados Unidos, pero Felipe siempre puso objeciones para regresar. Con los años, además de enfriarse el asunto, raras veces me enviaba dinero.

    Volví a buscar a mis antiguas amistades, quienes me dieron consuelo entre las sábanas, me decidí por ese antiguo colega que siempre me buscó y me junté con él, pensando que lo llegaría a convencer para hacer un 69 con todas las de la ley, pero mantuvo su negativa. Sí, cojo varias veces a la semana con él, pero pronto le puse cuernos por no chuparme la panocha, y así la hemos llevado.

  • Puta Cd

    Puta Cd

    A raíz de la publicación de un relato mío contacto con una pareja madura, él 60, ella 61, ella alrededor 1,70 de altura, sobre los 75 kilos, media melena rubio teñido, pecho sobre 90 de talla, su sexo sin depilar, el hombre 1,80 de altura entre 90 y 100 kilos, compresión fuerte no grueso, pelo canoso, sin entradas, abundante sobre el cuerpo con algo de vello también, un par de tatuajes sus genitales un miembro alrededor de los 18 cm, gruesa con unos testículos bien formados.

    Por las conversaciones que habíamos tenido el hombre era bisexual y querían tener a alguien como una crossover, como límites en principio habíamos pactado el que no se corriese en mi boca por lo demás ejercería de pasiva cien por cien tanto para el hombre como para la mujer con un toque de sumisión.

    Para la ocasión habia depilado como siempre mis genitales ano y axilas ya que el resto no tengo vello apenas me había hecho una lavativa para tener el intestino limpio. Llevaba lencería y medias blancas unas sandalias con algo de tacón y un vestido pegado al cuerpo una peluca de media melena de color negro me había pintado los labios un poco los ojos y algo de maquillaje y las uñas de los pies. Como casi siempre en estos casos voy a vestir y preparada saliendo de mi garaje y llegando al domicilio de mis anfitriones que disponían de raya de garaje en la que dejé mi vehículo subiendo el ascensor de esta guisa con el nerviosismo por si me cruzo con alguien que a pesar de estar bien arreglada se nota que soy un chico travestido.

    Llegó a la puerta indicada al abrir la puerta me recibe el hombre a pesar de que me habían dicho cómo era físicamente me sorprende verle lleva puesto un albornoz sus primeras palabras son vamos zorra le sigo hasta llegar al salón donde se encuentra su esposa ella lleva un vestido elegante y unas medias negras con zapatos de tacón está de pie en el centro del salón sus primeras palabras son despectivas menudo putón nos ha venido.

    Les pondremos nombres ficticios Ana y Ángel.

    Ana: bueno por nuestra parte te quedas si estás dispuesta a compartir esta noche con nosotros

    Ángel: queremos comprobar de qué pasta estás hecha y saber lo pasiva y sumisa que llegas a ser.

    El hombre deja caer su albornoz en uno de sus brazos luce un tatuaje y otro a la altura del pecho su pecho está poblado de vello al igual que sus brazos y piernas sin ser algo exagerado todo ello canoso sus genitales me llama la atención a pesar de estar en reposo casi es mi tamaño estando yo en erección.

    Ángel: veo que te has fijado en lo que te vas a comer y lo que te va a follar tranquila te vas a hartar de polla en tu boca y culo.

    Ángel se aproxima hacia mí coge de la cintura me magrea el culo haciendo pegar mi cuerpo contra el suyo momento que se dispone a besarme lascivamente su lengua es gruesa y juega mi boca es salivándome toda en ese momento empieza a excitarme pero no solo yo después de unos instantes de morreo interminable me aparta de su cuerpo.

    Ana: mira que es guarrilla parece que besa bien pocas lutitas como esta se dejan besar parece que vamos bien dásela para que te la mame.

    El hombre se sienta sobre el sofá su polla esta morcillona ya apunta maneras la mujer se sienta a un costado del sofá y se está tocando no aprecio a ver si lo haces sobre su lencería o con el coño al aire empiezo a pasar mi lengua lascivamente desde sus testículos subiendo hasta llegar al glande voy notando como se va hinchando se empieza a apreciar las venas de su miembro empieza a suspirar y jadear mientras ella sigue frotándose y diciendo cosas como puta, guarra, come pollas que te coma el culo también momento en el que levantó un poco la cabeza y ella introduce varios de sus dedos en mi boca que están untados con sus flujos mientras vuelve a repetir anda cómele el culo lo echan una vez con limpieza aunque no es una cosa que me ponga al cien por cien el hombre levanta sus piernas y pone al borde del culo algo que me llama la atención es que esa zona la tiene sin pelo y asoma un esfínter rojizo medio dilatado empiezo a aplicar mi lengua en esa zona pasando desde sus testículos por la zona del pirineo hasta su esfínter para luego juguetear como queriendo follarlo con mi lengua así estoy un rato hasta que oigo a la mujer tener un orgasmo digamos un poco escandaloso.

    Ana: joder como me ha puesto esta zorra ahora me toca a mí quiero que pases tu lengua desde mi culo y luego me limpies todo el coño.

    Yo continúo a cuatro patas la mujer está tumbada sobre el costado y de espaldas a mí ofreciéndome su culo que lo tiene muy dilatado se ha estado tocando los pelos que asoman me hacen prever que estoy ante un coño peludito mientras tanto Ángel juguetea en mí esfínter con algún dedo untado en algún lubricante lo hace de forma pausada la verdad que me acojona un poco que ese pollón me penetre mientras tanto empieza a saborear el culo de Ana que de vez en cuando lo abre con sus manos para ofrecerme parte de su almeja húmeda que de momento no es saboreado más que de sus dedos por el trabajo realizado en mi esfínter son varios los dedos que ya está intentando meter a pesar de mis quejidos él sigue con lo suyo y yo comiéndome el culo de su mujer que alcanza a tener un orgasmo por lo que parece justo en ese momento ángel ha introducido un dildo en mi culo que ha entrado varios centímetros y que empieza a mover dentro fuera dentro fuera Ana se sienta en el sofá poniendo el culo al borde de este e indicándome que le pase la lengua por toda su raja todo su pubis estaba muy húmedo empieza a saborear su almeja un sabor suave agradable saladito ella se quita el vestido por la cabeza y puedo apreciar sus bonitos pechos que a pesar de la edad se mantienen bastante firmes con una aureola muy oscura y grandes pezones.

    Ángel: bueno putita quiero follarte ese culito estrecho ven chúpala un poco ponme la dura.

    Dura la hostia quisiera yo tenerla así se la chupo durante un rato el hombre está muy excitado Ana se encuentra a mi lado viendo como práctico la felación y mientras se toca sus pechos y su vagina me hacen tumbarme sobre el chailon boca arriba al borde del sofá levantando las piernas ayudado por ella sentándose esta sobre mi cara más o menos y restregándose mientras me pide que le pase la lengua siento como vierte lubricante sobre mi esfínter y se ayuda por un dedo que penetra con suma facilidad y como apoya su grande en la entrada de mi culo presionando ligeramente poco a poco la presión que ejerce sobre mi esfínter va perdiendo resistencia y entrando centímetros a centímetros retrocediendo en vez en cuando me escuece me duele creo que es más gruesa de lo que yo pensaba mientras tanto no tengo mucho que pensar ya que me estoy comiendo el jugoso y apetecible coño de su mujer y de vez en cuando su dilatado ano creo que ha terminado su misión está completamente pegado a mí cogiéndome de las caderas.

    Ángel: ya lo ves le ha entrado toda lo tiene muy estrechito qué gusto me voy a follar este culito lentamente y lo voy a preñar creo que hemos acertado con esta.

    Ana: eso parece me está dando mucho placer en comérmelo todo mi almeja y mi culo su lengua sabe lo que hace ya he visto como la tienes ensartada.

    Ángel empieza a moverse lentamente retrocede y me embiste empieza el movimiento de vaivén yo empiezo a notar cómo llega a mi punto G está tocando mi próstata y empiezo a sentir en mi pene que a pesar de estar flácido sale líquido preseminal Ángel ha aumentado el ritmo en ese momento ella se toca el clítoris mientras yo sigo pasando mi lengua por su raja desde la húmeda caverna hasta su estrecho esfínter los jadeos de todos aumentan la respiración es entrecortan es Ángel el primero que llega al orgasmo siento un chorro caliente mi culo efectivamente lo que yo me temía me está fallando sin preservativo bombea fuerte me tiene sujeta por las caderas no me puedo escapar mientras tanto siento un chorro en mi boca creo que se está meando o se está corriendo no lo sé de mi pene flácido caen algunas gotitas hemos llegado al orgasmo prácticamente los tres ha sido frenético dejaremos aquí la primera parte de este relato.

  • Carla: Sigue emputeciendo a Pía: Nuevo cliente

    Carla: Sigue emputeciendo a Pía: Nuevo cliente

    “—Quiero probarla y asegurarla! Podrá mañana? 

    —Es domingo, si no tiene prueba el lunes o martes en Facultad quizás pueda…

    —La llamas?

    —De tarde la llamo y te aviso. (era pasado mediodía, habíamos estado mas de dos horas con H).

    —Hola! Pía?

    —Sí, como estás?”

    Así terminó el relato anterior, con Carla llamando nuevamente a Pía, después de que la dejáramos en su apartamento, e insólitamente, ya con otro contacto para el día siguiente, domingo.

    —No vas a creer, pero a veces se da así, fuimos a entregarle las llaves del sexto piso a Luis, y si tu puedes, si no te interfiere con Facultad, quiere conocerte mañana…

    —Conocerme? Ja ja…

    —Bueno, digamos eso, estamos al celu, nunca es del todo seguro que alguien no nos oiga…

    —Ayyy en serio? Sííí (con todo el estusiasmo de novedad y de su juventud)… pero tengo que pedirte algo, por favor.

    —Pedirme? Sí, lo que sea dentro de lo posible.

    —Me acompañan? Me sentí segura, tranquila…

    —Claro que sí, aunque tienes que crecer! Ja ja… pero yo sola, Sergio no está disponible, y se va a poner triste… le encantaste.

    —Que dulce! Pero sí, quiero que vengas aunque sea sola. Arreglaste todo digamos?

    —Jaaa sí, te gestioné aumento de sueldo, porque eres estudiante y quieres progresar, ya verás. Va a ser en el noveno piso, que está recién renovado, y como él es socio de la Sociedad propietaria, no tiene problemas. Tienen el sexto y el noveno y los alquilan para actividades por día o semana. Tiene socios del exterior, los “conozco” a todos, como amigos.

    —Como hacemos?

    —Me dio un juego de llaves por si aceptas y nos vemos a eso de las 9 así entramos juntas y conversamos antes de que él llegue a eso de las diez.

    —Sííí, y mil gracias!

    —Te espero.

    Carla se lo comunicó a Luis, que quedó encantado, “loco de la vida“ como decimos aquí.

    Le había explicado que ademas de divina y nueva, Pía seguramente iba a ser buena clienta de alquiler de apartamento, y que necesita generosidad, por querer de verdad salir adelante en la vida.

    Al otro día, domingo, a las 9 de la mañana se encontraron las dos, a Carla le encantó que Pía fuera muy puntual con el horario, y subieron al noveno piso 901, al frente al Golf, mejor vista que el 601.

    Nota: A partir de aquí relato según me contó Carla.

    Pía extasiada al ver el apartamento recién remodelado. Tenían mas o menos una hora para conversar antes de la llegada de Luis.

    Pía asombrada con la rapidez de concretar un segundo encuentro, no podía creer que Luis había accedido a ser muyy generoso con ella, acostumbrado a coger gratis, como amigo, a Carla.

    Realmente, era una especie de concesión a Carla, que le quedaba debiendo un favor… y ya se aprovecharía… aunque al conocer a Pía, también le encantó. También Luis prometió, para que Carla le enseñe cierta técnica a Pía, ir casi depilado, en realidad muy muy recortado.

    Hablaron de varias cosas ellas, estando solas. Carla le recomendó la firma contructora a quienes ella les había comprado su apartamento. se ofreció como referencia, y le sugirió comprar un apartamento que no fuera mono ambiente, sino con dormitorio y de ser posible, baño en suite, aunque también le recomendó no usarlo para encuentros, debía ser su casa, por fuera de su “trabajo”.

    Y allí no pudo menos que confesar a Pía que ella había violado esa regla con su tío, pero sólo con él.

    Dice Carla que Pía abrió desmesuradamente los ojos y dijo: “Pero cómo? Entonces?…

    —Sí, y te digo, genial, y a Sergio le encanta sumarse. No te escandalices, es algo muy reciente, y nunca hubo nada forzado. Su admiración era tranquila, pero nos reencontramos después de años y… se dio… y como se disfruta!

    Y llegó a entregarme a un amigo, que tiene gran billetera y un miembro excelente. No te asustes ni te escandalices… no es el único caso, tenemos una señora amiga que en pandemia, empezó a hacerlo con sus hijos y los hijos entre ellos… ya te contaré, si es que no huyes corriendo ahora ja ja…

    —Nooo… debo acostumbrarme, mientras sea consentido para mi creo que está bien. Y algún día llegaré a conocer a tu tío y al otro señor?

    —Van a venir muy frecuentemente, mi tío cada mes, y el otro, C, dependerá de si sigue entusiasmado y del precio de los novillos ja ja

    Nota, ver relatos de cuando el tío prostituye a Carla.

    Te cuento? Viven llenos de leche, sus mujeres, por edad ya ni se interesan en sexo.

    —Mmmm ojalá me tocara algo así …

    —Tienes que ordenar todo bien, tu apartamento, horarios y demás; no pierdas de vista tu interés fundamental…casa propia y estudios.

    —Sí sí obvio.

    —Si te aparece alguien nuevo deberás ser extremadamente cuidadosa, y en general, nuestros amigos, que podré presentarte algunos mas si quieres, son probados y comprobados, ja ja.

    Uyyy ya 9 y 30, que tal si nos preparamos? Seguro Luis llega a las diez o algo antes.

    Te traje algo divino por si te gusta, mientras vas haciendo tu guardarropas de trabajo, que es algo fundamental. Recuerda… ”Nunca apurarlos, siempre seducirlos”. Hay que saber ser encantadora, “novia” muy cariñosa… y si algo no quieres hacer, ser clara pero no antipática. Hacer “que se vayan ya pensando en volver”.

    —Te entiendo, que me trajiste? Me muero por ver.

    Carla le mostró: —Sugerencia para hoy, una hermosa bata blanca transparente, no de las cruzadas que se cierran con cinturón, sino abierta al frente, prendida a la altura del busto, con un broche de enganchar, dorado, grande, dos piezas con forma de herradura que al engancharse forman, digamos, un signo de infinito § algo parecido a ese símbolo pero en horizontal.

    Como complemento, solamente una micro tanga hilo, también blanca, sobre la cual resaltaba magnífico y bien cuidado, el triángulo de pelitos negros impecable.

    La bata, larga al piso y solamente mantenida semi abierta por el broche, dejaba traslucir todo. Con los zapatos de taco que Carla le dijo a Pía que llevara, estaba divina.

    Nota: los que tienen intriga de saber cuan lindas son las tetitas y pezones de Pía, vean algún video de la actriz porno Iwia, sus pechos son casi iguales a los de Pía, aunque los de Pía incluso apenas mas chiquitos y los pezones mas de tono rosado.

    —Y si practicamos a perfeccionar mis besos? Dijo Pía.

    Carla no podía creerlo, se puso ella también una bata larga negra, sin lencería alguna y se fueron al sofa del living a besarse. “Para que se perfeccione” dijo mi chica. “Y también alguna otra cosa va a practicar hoy”.

    Se besaron largo rato y Carla según me dijo aprovechó a tocarla toda, con gusto de Pía, pequeños gemidos, respuestas a las caricias.

    Y en eso estaban cuando entró Luis, que obviamente no necesitó llamar! Se las encontró lado a lado en el sofá, lengua con lengua.

    Interrumpieron “la lección de besos” y saludaron a Luis. Para ir rompiendo el hielo (poco hielo había con las vestimentas de Pía y Carla) Carla le contó a Pía quien es Luis, charlaron un poco y Carla sugirió a Pía “por que no desfilas un poquito desde el ventanal hasta aquí?), señalando el ventanal, enorme que da al Golf.

    Al acercarse desde el ventanal, la vista del “desfile” fue incomparable, el ventanal suministraba iluminación a través de la bata transparente de Pía, silueteando su cuerpo bien esbelto.

    Cuando llegó, directamente Carla se paró a su lado y frente a Luis le desprendió, situándose detrás, el broche de la bata, la deslizó de los hombros, dejó las tetitas al descubierto y luego directamente le retiró la prenda, dejando a Pía solamente en su micro tanga blanca. Las manos de Luis se fueron directamente a acariciar y dar leves pellizcos a los hermosos pezones, y al poco tiempo pasó a besarlos y chuparlos con fruición, mientras acariciaba con suavidad los pelitos y la cola de Pía.

    De a poco las chicas tomaron la iniciativa, desnudaron a Luis, ya de pija parada, muy normal de tamaño pero rica dijo mas tarde Pía a Carla, y luego de darle algunas lamidas alternadas, Carla dijo… chicos, vayan al dormitorio, los dejo y voy dentro de un rato…”si no te parece mal Luis, así le doy respaldo a Pía”

    Así fue, Carla les dio un buen rato a solas, aunque se asomaba por la puerta a fisgar.

    “Se comieron mutuamente, cada vez que los espiaba se estaban haciendo oral, así que esperé un poco mas.

    Cuando finalmente Carla entró, completamente desnuda, “Los encontré muy entusiasmados, Pía montada sobre Luis, con la pija a full adentro, casi saltando sobre él, y con la tanga corrida al costado de la concha, ni se la sacó”. Después, al teléfono, Luis me contó a mi que Pía le pidió que se lo hiciera por el costado de la tanga, una fantasía de ella que tenía pendiente.

    Siguieron en lo suyo, y yo me recosté en la cama a mirarlos, era divino ver como le entraba y salía y como Pía estaba re excitada. Tan excitada que cuando Luis comenzó a acabar le pedía “más más,dame mas“. Cuando terminó de acabar, valga la redundancia, Carla pidió sumarse un ratito y se prendió a chuparle la concha a Pía mientras ellos se besaban.

    Se sació de los jugos conchiles, y dijo: “te lo preparo Pía?“. —Síí por favor!

    Luis, obteniendo un dos por uno inesperado, las dejó hacer. Carla se puso a hacerle uno de esos orales que tanto gustan a nuestros amigos, orales babeados, profundos a veces, sólo al glande, lamidas de tronco, lamidas de bolas… y de pronto… —Ahora mirá bien Pía!!!

    —Que le vas a hacer?

    —Por supuesto viniste duchado Luis verdad? Y como te pedí, mas que bien duchado…

    —Obvio que sí!

    —Ponete en cuatro… y tu, Pía mirame bien de cerca.

    Y comenzó a practicarle otra de sus especialidades, ella también en cuatro detrás de él; un hermoso beso negro.

    Lengua a full, lamida, punteo y ensalivarlo, lamida y punteo de lengua, y algún dedo insinuado sin meterlo, mientras recibía caricias de Pía, encantada acariciando el trasero de Carla, y Luis sólo ayinaba a decir “Que delicia”

    Cuando Pía hubo mirado un rato, Carla le dijo: “es tu turno, hacelo con esmero”.

    Y vaya si se puso a hacerlo con esmero! Su lengua recorría desde las bolas de Luis hasta el ano, le clavaba la lengua, lo ensalivaba, muy buena alumna de Carla… y además recibía un bono: Carla se puso detrás de ella y le practicaba también el beso negro, con lo cual, me contaron, estaban todos enloquecidos de placer.

    Imaginen la excitación y erección de Luis… cuando cesaron los juegos negros, Pía se precipitó a chuparle la poronga a Luis mientras Carla lo montaba poniéndole la concha en la boca.

    Y llegó la pregunta inevitable… Luis pagaba, tenía derecho a pedir… —Luis, querés cogerla y acabarle de nuevo adentro? O en la boca?

    —Adentro!

    —Ayyy sí que amoroso! Me encanta dijo Pía.

    Se la puso en cuatro, y mientras estaba en pleno vaivén le acariciaba el agugerito secreto, divino, y Carla besaba a Pía y le acariciaba las tetitas.

    Cuanto Luis se venía dentro de Pía, instantáneamente Carla fue a su lado y le dijo —Sacásela y dejame chuparle la concha! Me encanta!

    Y se dedicó un rato a limpiarle la conchita, de todo el lácteo que escurría, mientras Pía dejaba brillante el miembro de Luis.

    Largo rato d descanso caricias y besos. —Luis, te gusto? Preguntó Pía.

    —Hermosa. Y dulce dijo Luis, te va a ir muy bien si sigues así.

    —Me llamarás? —Te llamaré muy seguido, por cierto te has ganado lo tuyo.

    Se ducharon, rieron, jugaron bajo el espectacular duchador doble móvil que ha pasado a ser norma en los apartamentos de Luis y sus socios.

    Ya vestidos, siguieron conversando y salieron a almorzar los tres (Luis es de nuestros pocos amigos “libres” y no arriesga nada si fuera visto). Luis entregó a Pía los 30k acordados y las dejó.

    Carla llevó a Pía a su casa, insistiendo en las recomendaciones de manejar bien su dinero y los estudios, a lo cual Pía le pidió asesoramiento sobre la compra de un apartamento. A esta altura, Pía idolatra a Carla, disfruta de su amistad, y le hizo saber de su gusto por los dos caballeros que ha conocido. Disfruta enormemente de los modales y de que al ser saludables, lo pueden hacer al natural, y ella lo goza… “me encanta sentir adentro esos chorros, tibios”.

    Y por supuesto, la promesa de Pía de ordenar sus horarios “por si vuelves a llamarme” y la de Carla de llamarla con novedades de lo que pueda sugerir de apartamento, y su interés de que Pía reflexione y la llame para contarle si realmente se siente bien y si está abierta a nuevas sugerencias si fuera del caso.

    —No lo dudes, dijo Pía, ademas de que lo haces con total desinterés, por amistad, me encantan tus amigos…no te perjudico verdad? No pierdes nada?

    —No no me perjudicas, tenemos nuestros amigos, algunos me regalan, otros no y todo está bien, son muchos y a veces no me alcanza el tiempo. Y te digo, te quedan cosas por experimentas y que tus clientes te pedirán seguro, janja.

    —Síí ya me imagino!

    —Lo que imagines, y mas… y no te extrañe si vuelvo a llamarte, viene un alto ejecutivo, que ya estuve con él; y se reunirá con cuatro jefes de área que dependen de él.

    Y paró el coche y la besó apasionadamente… (“me encanta esa chica, Sergio…”).

    —Sos un cielo dijo Pía… y no lo dudes, estaría encantada con alguno de ellos o mas de uno… te juro que me animo!

  • Masturbándome con mi hijo

    Masturbándome con mi hijo

    Hola queridos lectores, hoy les vengo a contar la historia de Paola, una madre soltera de 52 años, con un hijo de 24 años. Paola de estatura baja de 1.58 cm de alto, de tez morena clara, cuerpo normal, poco culo pero tetas grandes y bien formadas. La historia de Paola es la siguiente:

    Soy una madre divorciada desde hace 4 años. con una dinámica familiar normal, donde mi hijo duerme en su cuarto y yo en el mío, compartimos en todos los tiempos de comida y en las noches y fines de semana vemos películas juntos o hacemos los quehaceres del hogar entre los dos. Se podría decir que es una relación normal madre e hijo.

    Todo comenzó un día, en donde yo estaba doblando la ropa limpia y tenía la ropa de hijo para llevarla a su closet. Normalmente nosotros no tenemos las puertas de los cuartos cerradas, siempre están abiertas sin ningún problema. Ese día mi hijo tenía la puerta de su cuarto cerrada, me pareció raro, yo solo toque y él me dijo con palabras agitadas – esperate ma ya voy – me pareció extraño su comportamiento, cuando entre a su cuarto él estaba sentado frente a su computadora y se veía agitado, le pedí ayuda para que abriera unos cajones que están algo altos en su closet, y cuando él llegó a ayudarme yo me senté en su cama y lo vi, mi hijo tenía una erección y se notaba mucho su verga en su pantalón.

    En ese momento mi mirada quedó fija en su verga por unos segundos, pues era bastante grande. Luego no le di importancia, seguí con mi día normal, hasta que llegó la noche. No podía sacar de mi mente la imagen de la erección de mi hijo y su verga, cuando menos lo note me estaba masturbando pensando en él, me levanté al baño para despejarme y todo quedo asi.

    Al par de días, un sábado mi hijo tenía una fiesta en la noche. Yo estaba con un short y una playera, pues el clima es cálido. Mi hijo se estaba bañando para prepararse para la fiesta, pero olvidó entrar su toalla al baño, por lo que me llamó para que le llevara su toalla. Llegue a su baño y entré, en ese momento llegó nuevamente la imagen de su verga a mi mente, y pues cuando entre al baño, no se que me paso, pero abrí la puerta de la ducha para entregarle la toalla, pero la abrí lo suficiente para poder verle su verga, y la vi, si era como la imaginaba, le había crecido mucho (comparado con la última vez que se la vi cuando era niño).

    Mi hijo noto mi mirada hacia su verga y no dijo nada, solo dijo – gracias por la toalla Ma – yo sali del baño, pero con todo húmedo, no podía con lo que sentía, pues sentía atracción hacia la verga de mi hijo y a mi hijo en sí. Entonces fui al baño para cambiarme la ropa interior, porque estaba realmente mojada. Cuando llegue al baño a cambiarme no pude evitar empezar a tocarme un poco, dure un minuto y decidí detenerme, apenas estaba subiéndome mi tanga cuando mi hijo entro a mi cuarto buscando una loción para el cuerpo y me vio, por un momento se preocupo por verme y bajo la mirada ligeramente, pero luego me vio bien. Yo no hice nada por taparme, pues estaba caliente y no me importó que él me viera así. El al verme bien me dijo – Ma que bien se te ve ese color – yo le dije gracias y pude notar una leve erección en su pantalón.

    El se fue a su fiesta y yo seguía con la calentura en mi mente y pensé – me pondré una blusa semi transparente para que cuando venga en la noche y me salude me vea sexy – y lo hice, estaba solo en la tanga que le había gustado y una blusa donde se notaban mis pezones. Estaba en mi cama viendo tele, con las cobijas hasta la cintura, donde se dejaban ver mis pechos a través de mi blusa.

    Cuando él llegó en la noche a saludar, pude notar su mirada directo a mis pechos, yo me senté levemente en mi cama y su mirada seguía mis pechos, yo estaba encantada porque tenía toda su atención hacia mi. El me contó la noche de su fiesta y el me miraba al rostro y a mis pechos. Cuando llegó el momento de que se fuera a dormir, lo invite si quería quedarse a dormir esta noche en mi cama, él lo pensó por dos segundos y dijo que estaba bien, que no había problema, fue por sus pijamas a su cuarto y regresó a los 5 minutos.

    Ese dia habia mucho calor y el dormia con un short pegado en donde se le notaba toda su verga, yo en mi calentura le dije que había calor que si quería dormir en boxer estaba bien que yo también estaba en ropa interior, y levante las cobijas y le mostré que estaba solo con la tanga. El solo contesto – esta bien Ma, me quedare solo en boxer – se quitó el short frente a mí y pude notar que empezaba a tener una erección, y él sabía que lo estaba viendo y no hizo nada, al contrario camino frente a mi varias veces, mientras se cepillaba la boca y yo no paraba de ver su verga.

    Cuando se acostó ya en la cama, me acerque a él y le dije – buenas noches hijo – dándole un beso en su mejilla, muy cerca de sus labios y lo abrace pegando todos mis pechos a él, me dio el abrazo de vuelta y pude sentir su verga bien erecta sobre mis piernas y parte de mi vagina. Yo cada vez estaba más y más húmeda, no podía evitar estar caliente y no podía dormir pensando en eso.

    No se que hora era, pero me hice la dormida y me di la vuelta para abrazarlo, pero mi abrazo era sobre su abdomen para estar cerca de su verga, se sentía que estaba erecta y aproveche y poco a poco baje mi mano hasta tocarle su verga, era enorme y la tenia super dura. La verdad me quedé dormida con mi mano ahí.

    Al despertar él me tenía abrazada, con una mano sobre mi pecho y su verga bien pegada a mi culo. El me dijo – buenos días Ma – pero nunca quitó su mano de mi pecho ni despegó su verga de mi culo, al contrario el se pegó mas a mi. Yo estaba encantada y estuvimos como una hora en esa posición, hasta que llegó la hora de desayunar. los dos nos levantamos en ropa interior y desayunamos, su verga era evidente y mis pechos casi se salían de mi blusa y los dos estábamos encantados con lo que estaba pasando y la verdad muy cómodos.

    El dia todo estuvo normal y llego la noche, cuando yo entre a su cuarto a preguntarle algo del siguiente dia y lo encontre masturbandose, el al principio intentó taparse la verga pero yo quería verla y solo me acerque a él y le dije – es normal que te masturbes hijo – quite su mano de encima de su verga para poder verla, porque la verdad me encantaba verla, la tenia super erecta y durisima, le dije – hasta yo me masturbo todavia, es mas ven – tomé su mano y fuimos a mi cuarto. Como ya era de noche yo estaba con mi short y blusa, aun con ropa interior.

    Él pues iba solo con su boxer a media pierna pues tenía afuera su verga. Lo acosté en mi cama y yo me acoste del otro lado, y le dije – masturbate hijo no hay problema, yo lo hare con tigo – me quite mi short y mi tanga y empecé a masturbarme a su lado, el no podía dejar de verme y masturbandose a la vez, le dije – cuando ya vayas a terminar me avisas para ayudar a limpiar o para darte una toalla – estuvimos asi máximo dos minutos yo termine antes y empecé a gemir, pues me estaba masturbando viendo la verga de mi hijo y como él se masturbaba, cuando empecé a gemir y a tener el orgasmos el de inmediato termino, saco tanta leche que no podía creerlo, cuando paso eso, tome unas toallitas húmedas y empecé a limpiarlo con la idea de ayudarlo, pero lo que quería era tocarle la verga. lo limpie y le dije – ya ves es algo normal, yo también lo hago – el solo me agradeció y luego se quedó a dormir nuevamente conmigo, la diferencia es que esa noche los dos dormimos como nunca, pues habíamos tenido un orgasmo cada uno y uno de esos increíbles.

    Después de todo esto nuestra relación cambió, ahora podemos estar en ropa interior en casa sin ningún problema, el me ve semi desnuda y no pasa nada, y nos tenemos más confianza. aun no ha pasado mas que masturbarnos pues, a partir de ese dia, no podemos evitarlo y nos juntamos los domingos en las noches a masturbarnos juntos, hay días en donde no podemos evitarlo y nos masturbamos en las noches, pero los domingos sin falta, estamos en mi cama, listos para masturbanos uno frente al otro hasta que ambos terminamos y nos quedamos dormidos juntos. Creeme que esto solo mejoro mi relación con mi hijo y tener un orgasmo frente a él es la mejor sensación del mundo.

    Esta es la historia de Paola, que le agradezco la confianza de contarme su historia y yo la comparto con todos ustedes. Ella me comenta que luego me contará más sobre su relación con su hijo y como cambió la dinámica en casa, ya con más detalle.

    Espero que motive a las madres que tienen dudas sobre el amor madre hijo y que me puedan escribir con toda confianza, para ayudarlas a conseguir las fantasías con sus hijos.

    Escríbanme al correo [email protected] y con gusto las ayudare a conseguir una relación más cercana con su hijo. Saludos.

  • La inesperada sorpresa

    La inesperada sorpresa

    Es mi primer relato disculpen si hay fallos espero que lo disfruten.

    Soy un joven de 28 años descubrí mi afición hacia los trans en mi adolescencia cuando conocí a una persona que me cambio por completo.

    Todo empezó a finales de la preparatoria, apenas cumplidos los 18 años no soy una persona muy sociable por lo que tengo un agrupo pequeño de amigos pero la conocí al ser una amiga de un amigo apenas se había mudado cerca de donde estábamos todos por lo que no conocía a mucha gente me presente su nombre es Karina no había nada extravagante o llamativo en ella pero algo me atraía la fiesta se acabó, en la mañana siguiente mi amigo me pregunto si le podía hacer un favor le respondí que claro me dio la dirección de Karina, me pidió que recogiera algo.

    Al llegar a su casa parecía bacia todo apagado toque la puerta, pero no abrían la mande mensaje a mi amigo de que no abrían me respondió que insistiera me asome por la ventana, pero no pude ver nada toque otra vez y por pura curiosidad me fije si estaba abierto y curiosamente lo estaban, al entrar pude verla bajando corriendo por alguna razón algo cambio al poder ver cada detalle y de forma tan intima era una hermosa chica de pelo largo oscuro una complexión delgada pero con curva y un pequeño busto y un tierno trasero una piel morena pero un poco pálida unas piernas largas y unos muslos anchos vestía un vestido corto con unas medias que les llegaban a las rodillas me miro con sorpresa ahí fue cuando reaccione pude ver que estaba desarreglada y con las manos humedad tenía la cara roja con el pelo desarreglado y sudando lo único que se me ocurre es que se estaba masturbando.

    Karina: que haces aquí- con una vos sollozante

    Yo: claro, disculpa nos conocimos en la fiesta no se si me recuerdas

    Karina: si eres el amigo de Carlos

    Yo: si ese soy yo

    Me miro con confusión y voltea a ver la puerta.

    Yo: claro, perdón, pero no habría nadie y estaba abierto, bueno no importa Carlos me envió digo que tienes algo para el.

    Karina: si espera un momento.

    Subió corriendo y cuando bajo me entrego un libro, pero me quede admirándola me toco el hombro y me miro y sonrió tomo mi teléfono que traía en mi mano me lo mostro instintivamente puse mi contraseña y agrego su número le sonreí.

    Karina: Carlos me digo que le pediste mi número

    Yo: en serio te dijo eso es un idiota

    Karina: lo se, pero bueno ahora lo tienes puedes hablarme cuando quieras, adiós

    Sali rápido de su casa con una euforia inmensa no podía entender ni creer lo que estaba sucediendo de regreso a mi casa corrí directo a mi cuarto y me avente a mi cama, sentí vibrar mi teléfono al checar era un mensaje suyo nada relevante pero empezamos a hablar por horas fue así durante semanas con el transcurso de los días empezamos a salir juntos fueron días verdaderamente hermosos y un día todo cambio regresábamos y fuimos a su casa no había nadie no era la primera vez que iba nos sentamos en el sillón y platicamos de repente un silencio incomodo me hacer que a ella le acaricie la mejilla y la bese empecé a tocar sus hombros deslizándome en sus brazos al llegar a sus muslos me aparto.

    Karina: estas seguro de esto

    Yo: nunca estado más seguro

    Karina: pero no quiero decepcionarte

    Yo: nunca lo harias

    Me abalance sobre ella la tumbe en el sillón y la seguí besando, tocando sus caderas acariciando su estómago deslizando mi mano hasta sus bragas, pero al llegar sobre ellas sentí un pequeño bulto introduje mi mano en sus bragas y pude sentirlo su pequeño pene poniéndose erecto lo acaricie suavemente dejo de besarme y me miro con miedo.

    Karina: estas seguro de que estas bien con esto, no tenemos que hacer nada si no quieres enserio lamento no decirte nada, pero todo estaba yendo tan bien que no quería estropearlo.

    Tome su barbilla le levante el rostro y sonreí baje lentamente a sus bragas me incline pude ver su hermoso pene erecto me hacer que con lentitud en pese a besar sus muslos y lamerlos acercándome poco a poco a su entrepierna lamí con lentitud el tronco de su pene hasta llegar a la cabeza la bese e introduje lentamente en mi boca con movimientos circulares movía mi lengua lo sacaba y lo metía, acariciando su trasero llegando a su ano en pequeños círculos introduciéndolo lentamente hasta el punto de que saco un gemido y el eyacular dentro de mi boca el sentir el caliente esperma escurriendo por mis labios levante la mirada pude apreciar su rostro extasiado y la bese el cómo el esperma espeso se deslizaba de mi lengua a su lengua el cómo jugábamos entrelazándola al separar nuestros labios no pudimos soportar más la levante y le quite la blusa, el sostén podía apreciar todo el esplendor de su cuerpo desnudo me desvestí ambos desnudos cruzamos miradas se levantó y subió corriendo al segundo piso al bajar traía un bote de lubricante se acercó a mi empezó a lamerme el abdomen puso lubricante el mi pene erecto esparciéndolo suavemente y beso mi glande introduciendo de un golpe mi pene en su garganta no pude resistir mucho me vine se levantó y se puso en cuatro levantando su hermoso trasero me puse de rodillas empecé a lamer su anos de arriba hacia abajo cuando ya estaba dilatado con mis dedos le puse lubricante introduciéndolos me levante acercando mi pene rosando su ano acariciando su espalda empecé a introducir la punta de mi pene lentamente podía sentir como las apretadas paredes de su ano se abrían ante mí, los sutiles quejidos y gemidos me excitaban a un más cuando mi pene estaba por completo dentro de ella me quede quieto, levanto la mirada e inclino la cabeza moviendo mi cadera sacando la mitad de mi pene introduciéndolo de nuevo repitiendo esto una y otra vez me incline chocando son su espalda le toque sus pequeñas tetas apretándolas con suavidad y tocando su pene erecto apretándolo y masturbándola sin parar con las embestidas que le daba sentía como su semen escurría por mi mano y sus gemidos resonaban en toda la habitación.

    Pasaron pocos minutos para que no pudiera resistir más y me vine dentro de ella el semen saliendo y llenándola por completo como su exuberante gemido llenando la habitación me recosté en el sofá exhausto ella se puso sobre mí, nuestros penes rosaban entre sí, la bese, pero nuestra paz no duro mucho por el hecho de que su hermana de forma repentina entro y nos vio.

  • Mi linda señora rentera

    Mi linda señora rentera

    Pasaron los meses y en el país se vivía una fuerte recesión causada por un virus llamado influenza, algunos negocios cerraron y la economía del país fue cayendo, esto me obligo a mudar de país, tuve la oportunidad de visitar el país vecino, USA.

    Al llegar a este país me encontré con algunos compañeros, dada la situación tan repentina de mi viaje ellos no estaban preparados para mi llegada, el departamento donde vivían no estaba adaptado para albergar a mas de 3 humanos y dadas las circunstancias la rentera en este caso una mujer de aproximadamente 45 años decidió que uno de los 2 viajeros que llegamos se quedaría con ella, mientras se desocupada en departamento más amplio donde estaríamos más cómodos.

    En ese entonces tenía 19 años recién cumplidos, mi hermano que viajaba conmigo es aún mayor que yo, la señora era muy amable pero al tomar esa decisión creí que lo hizo porque me vio más inocente y creyó no tener problemas o incomodidad, y así fue. Pero la historia es la siguiente…

    Al llegar me instaló en la recamara donde estaría, solo había una cama individual, un closet, una pequeña, un pequeño mueble al lado de la cama.

    Sin muchas cosas que cargar instale lo poco que llevaba.

    El primer día, salí a conocer la ciudad, desayuno, comida, cena lo hice en compañía de mis compañeros. Al regresar a casa por la noche, entre en el departamento, me dirigí a mi recamara, los cuartos estaban unidos y al entrar la puerta de ella estaba abierta saludé, ella estaba acostada en su cama mirando tv. Me dispuse a prepararme para el baño, salí y el baño colindaba muy cerca de ambos cuartos solo era cuestión de dar un paso y estaba en el baño, al salir le comenté que iba a tomar un baño, ella contestó amablemente:

    -Claro que si, puedes hacer uso de todo lo que hay aquí, no te cohíbas, hay agua y refresco o hasta algunas botanas en la cocina si gustas tomar adelante.

    Le agradecí y me fui al baño. Esa noche dormí tranquilamente, cansado del viaje y del ajetreo del día me perdí.

    Al día siguiente me levanté me cambié, y me dirigí al baño hacer necesidades biológicas de la mañana. Me lave la cara, dientes etc. Cuando estaba en el baño ella hacía almuerzo, olía muy bien, eso me despertó el hambre.

    Sin saber que hacer y sin instrucciones para el día por parte de mis compañeros regrese a mi recamara, en ese entonces solo llevaba un teléfono pequeño sin muchas funciones, aún recuerdo que solo tenía el juego de la víbora, comencé a jugarlo y me quedé un rato así, cuando llaman a mi puerta y abro.

    – Hola, buenos días. ¿Como dormiste? – Bien, muchas gracias. – Ven acompáñame, el almuerzo está listo.

    Yo apenado con este diciendo que no se preocupara, que mis compañeros no tardaban en venir por mi, ella respondió diciendo que ni me preocupara había salido y ellos estaban perdidos en el sueño. Eran las 8am y conociendo a mis compañeros, la señora tenía razón. Accedí a almorzar con ella.

    Llegué al comedor, me senté ella sirvió los platos quise ayudar pero me lo impidió. – no te preocupes, ya tengo todo listo. Comenzamos a comer ella se sentó a contra esquina de mi, era un comedor pequeño de solo cuatro sillas. Me pregunto mi edad, como era donde vivía, me platico cuanto tiempo radicaba ahí, su lugar de nacimiento y cosas por el estilo.

    Debo confesar que jamás le di importancia a su físico ya que ella usaba ropa muy holgada, ese día llevaba un pans, pero lo que sí note fueron sus pechos, la sudadera oscura tenía cierre y su cierre sólo daba hasta donde comenzaban sus pechos, así que se veían los montes de sus pechos, y de verdad que tenía muy buen pecho, esa escena se me quedó muy grabada. Terminamos levante los platos, limpie la mesa, lave platos en forma de agradecimiento del almuerzo, ella feliz me digo que lo que necesitara estaría en su cuarto.

    Paso el día lo cotidiano, salí a trabajar unas horas, regrese y la misma rutina, llegué ya cenado de la calle. Entre salude y ella estaba mirando tv al mismo tiempo ella sacudía su cabello húmedo reconociendo que tenía poco de a ver saludo del bañarse, con la puerta abierta de su recamara salude, me preguntó que como había estado el día, la ciudad, el tráfico hablamos un poco, y le comenté que iba a tomar un baño – Claro adelante.

    Tome mis cosas de baño ya que yo las resguarda a en lo recamara, ropa, jabón etc. Entre al baño cerré la puerta y, cual es mi sorpresa que entro y en la tapa del inodoro me encuentro su ropa interior, no supe que hacer me dio pena salir y decirle que había olvidado su ropa interior, ¿al fin que podía hacer? Yo era un extraño invadiendo su privacidad. Pero mi fetiche de oler ropa interior salió a flote, no los quise mover de lugar solo me hinque y ahí mismo olí su braga, era café con elástico en la parte superior, era un cachetero y su brasier del mismo color, era grande que me confirmaba lo que esa mañana vi, tenía pechos grandes, solo olí la parte de la vagina, me éxito mucho.

    En la ducha mi pene estaba erecto pero por pena y respeto al lugar ajeno donde estaba solo me día algunos jalones en la verga, no eyacule ni sentí placer como él que al masturbas se siente, solo fue una pequeña jalada para calmar la ansiedad en ese momento. Salí del baño, su cuarto abierto me vio salir, solo me sonrió y entre a mi cuarto, de raro escuché que salió al baño después de eso me dormí.

    Al día siguiente, me levante fui al baño la misma rutina, ella estaba haciendo de comer y desde la cocina escucho.

    – Hola, dormilón, buenos días. Me dirigí a la cocina.

    – Hola señora, buenos días, ¿como amaneció?

    – muy bien, ¿y tu?

    – Bien, muchas gracias.

    – ven, ya esta el almuerzo.

    – Muchas gracias, pero no tiene por qué molestarse.

    – no es ninguna molestia, déjame cocinarte algo, hace mucho que no le cocino a nadie, desde que se largo mi exmarido con otra, no le hago de comer a nadie. Ven y siéntate.

    Esa mañana llevaba un short muy corto y sólo una blusa blanca, de echo muy delgada se le notaba el brasier que traía, y sus pechos abundantes no se diga, andaba en chanclas y con solo una coma en su cabello. Nos dispusimos a comer, ella abrió la platica diciendo .

    – Hace mucho que no convivo con nadie en esta casa, los departamentos los hice con mi marido, pero un día al ver que yo no podía tener hijos se fue el muy cabron con otra vieja, me dejó todo y es de donde me mantengo, mi familia en México se ayuda gracias a mi, ahora que ya soy residente puedo ir y venir pero a veces me siento sola aquí, así que no te preocupes, se ve que eres buen muchacho, educado y respetuoso, puedes tener absoluta confianza conmigo, y por cierto, creo que pasaremos algunos meses tu y yo, ya que el último contrato de arrendamiento por vencer termina en 5 meses.

    Al terminar juntos levantamos el desorden de la mesa, lavamos los platos etc., seguíamos platicando. Al dejar ordenado todo me dijo que iba a salir, y que no estaría casi en todo el día, yo le comente lo mismo, ese día iba hacer un día pesado de trabajo que hasta mas de media noche llegaba, ok, cuidate y aquí nos vemos por la noche. Cuando me dice.

    – oh, por cierto una disculpa por mi ropa Interior, la costumbre de vivir sola, lo olvide por completo a veces uno se distrae.

    Con una sonrisa terminó diciendo, cuando vuelva a suceder tómalos y déjalos en el cuarto de lavado, por favor.

    Se marchó a su cuarto.

    Al caer la noche y de regreso, entre todo estaba en silencio, tomé un refresco de la nevera y dirigiéndome al cuarto no quise avisar de mi llegada pensando que ella dormía, pero al estar a un lado de su puerta escuché que algo vibraba, y como gemidos, todo estaba en silencio así que se podía oír tenue pero claro, me quedé unos momentos ahí, ya que todo estaba oscuro nada reflejaba luz y mucho menos mi presencia, me quedé por un buen rato ahí, al tratar de canalizar lo que oía me percate que ella se masturbaba tal vez con un artefacto que era lo más seguro, si me éxito, deje de escuchar y pronto me fui a mi cuarto cerré la puerta despacio y me fui a dormir.

    Así pasaron varias semanas donde desde mi cuarto que colindaba al de ella se oía ese vibrador en par con sus gemidos, yo solo disfrutaba, la ropa interior en el baño era algo ya muy común ver, solo se disculpa y emitía una sonrisa, sus vestimentas eran casi siempre un manjar de ver, dejando mucho a la imaginación, en ocasiones y frecuentemente la veía sin brasier solo blusas delgadas que dejaban ver sus pezones.

    De todo esto a nadie de mis compañeros les llegue a platicar, todo ese escenario era mío, solo mío, una mujer depravada y exhibicionista no lo era, simplemente era una mujer sola en su casa.

    Un día, después de un arduo día de trabajo, llegué a casa, me dirigí a mi curto y como de costumbre la salude, ya era común ver su puerta abierta y ella en su cama. No tarde en desvestirme, salí al baño regrese a mi cuarto y me recosté y me quedé dormido, olvidando que la puerta la dejé abierta. Eran como las 2 am, cuando reaccione y sin hacer ruido me dispuse a cerrar la puerta de mi recamara, cuando escuché ruido en la sala de estar, se veía el destello de una tv, pero sin sonido. Lo que me dio curiosidad es que se oía un ruido diferente como algo húmedo, y que estaban moviendo. (no se describirlo pero ya verán que era) en mi cabeza nunca pasó nada sexoso, simplemente pensé que ella se había quedado dormida con la tv encendida.

    Mis pasos me llevaban a la sala cuando antes de llegar la veo a ella de espaldas con los pies arriba del sofá, las piernas abiertas y su mano hundida en su vagina. En ese momento me quedé helado, no sabía que hacer, ella no me veía pero, no sabía si dar vuelta atrás o seguir mirando, era todo un espectáculo, sus pechos de fuera, caían en su vientre, en ratos los tocaba, se chupaba el dedo y totalmente concentrada en la imagen de la tv hacia pequeños gemidos, realmente sus pechos eran grandes, en ocasiones cerraba los ojos.

    Duró mucho rato así, y yo ahí, no se cuantas veces se vino, mi pene estaba muy erecto, solo traía mi bóxer, de esos que tienen una ranura para orinar. Lo saqué por ese orificio, no dejaba de mirarla, comencé a jalármela, ella con su mano jalaba su pecho a su boca y daba pequeños lengüetazos, abría más sus piernas cuando la excitación lo pedía, en ocasiones las cerraba, tal vez cada vez que se venía, yo jalaba mi verga lentamente para que no se diera cuenta de que la veía, cuando de pronto se vino que hizo un gemido como dando por terminado su acto. En ese momento me lancé al cuarto y cerré con cuidado mi puerta. Mi verga a un erecta, no deje de jalármela ahora con más fuerza hasta correrme.

    Al día siguiente y después de ver todo eso, su ropa interior como ya era costumbre encontrar en el baño la tomaba cada vez que la veía, tomaba su braga y la ponía en mi pene hasta correrme, lamia sus sostén donde quedaba su pezón después de esto la dejaba lo más parecido a como la había encontrado, debo decir que mucho de mi lubricación en estos actos quedaba en sus bragas.

    Así pasaron varias semanas tenía un día en especial para masturbarse en la sala, y yo firme ya sabia que día era y con ropa interior cómoda me dirigía a ese sitio donde no me veía, cada vez que lo hacía solo esperaba el momento justo para salir a verla, cuando ella estaba en su punto más alto de excitación, me la jalaba y regresaba a mi cuarto.

    Sus bragas en el baño fueron un complemento en ocasiones quedaban más manchadas de mi lubricación a veces menos, a veces solo chupaba la parte de su vagina, era variante. Pero al final muy excitante.