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  • El profesor de física y matemáticas me ayudó mucho

    El profesor de física y matemáticas me ayudó mucho

    Soy Analía, ya me conocen, mi novio Iván y yo, estamos conviviendo y disfrutando de nuestra juventud, nuestro lívido y nuestras fantasías. 

    Estudiaba en la facultad, tenía algunas dificultades con física y análisis matemático, no me gusta, hacía todo lo posible pero el profesor era muy complicado, no le entendía, tenía que preparar un examen.

    Iván me dijo de buscar un profe, me recomendó una compañera que vaya a dónde el profe Eduardo. Así que fui a charlar a ver las opciones y horarios, un ingeniero muy amable, preparaba alumnos de todos los años, muy guapo, la verdad un señor canoso alto, elegante, había que tocar timbre, bajaba a abrir y tenías que subir casi dos pisos por escalera con el trasero en la cara del educadísimo y respetuoso maestro, entrabas a su impecable aula, una pizarra, una mesa redonda gigante, una cocina con mesada, muy simple todo y elegante, luminoso

    Conversamos 10 minutos, reviso el programa y quedamos martes y jueves, tenía solo 2 meses para preparar las materias. Nada es imposible, bajamos y quedé en regresar el martes.

    El fin de semana fue invitado a nuestra cama, con Iván cuando llegaba de trabajar, se metía a la cama, me abraza y comienza a tocarme deliciosamente, besarnos y fantasear, cómo te fue, que tal tus clases? Que te dijo, es posible? Cuando le dije que Eduardo era muy guapo, se le salieron los cables, dos dedos en mi vagina, besos intensos, 3 dedos, besos, así que te gustó? Es guapo le dije, muy fino y amable.

    Te lo vas a coger me dijo ya con 4 dedos en mi vagina y con la otra mano ya colocándome boca abajo en la pose que más me gusta y el chef hacia de todo con sus manos, su mano derecha jugando en mi cola y la izquierda 4 dedos en mi vagina empapada, su boca comiendo la mía, su aliento me excitaba tanto y me susurraba de todo, me mordisqueaba la oreja y le vas a dar la cola?? No sé, jajaja a veces me sacaba de la concentración, pero en segundos volvía a calentarme, tenía dos tres orgasmos a pura mano.

    Que te vas a poner el martes? No sé, te lo vas a coger??? Así fueron por lo menos las 4 semanas, Iván me lleva, me pregunta, pero Eduardo es muy correcto, mis compañeritos de 18 años, otro de 20, 2 de 19, una chica de 20, todos universitarios, todos estábamos dedicados a estudiar. Ninguno nada nunca.

    Iván me compró un pantalón turquesa muuuy finito, liviano. Se me marcaba todo, una locura, no sé si ponerme eso, menos con tantos chicos. La noche del lunes fue tremendo, debo haber tenido mil orgasmos con las manos de Iván. Me convenció, al día siguiente fui con mi mariposita cola les, el pantalón a full y fui a clase, bajo Eduardo, subí sacando la cola un poco, para que pueda ver hasta las líneas de la mariposa, sé que se fijó bien, porque saliéndose de sus códigos me dijo cuando entramos que estaba muy linda, me dio vergüenza, pero Iván, tenía razón, se fijaría si ve todo el tajo, la cola.

    Me levanté como 4 veces en las clases para ir a la cocina, para que admiren mis tajos, la verdad me sentí deseada.

    Uno de los chicos me dijo si quería ir de promotora a un equipo de carrera de autos, me pasó el teléfono de su hermano, estás hermosa me dijo y Eduardo dijo que espectacular. Las otras clases fueron muy candentes, llenas de piropos, miradas.

    Terminamos las clases y Eduardo me dijo si quería tener una clase extra, me esperaba el viernes, así que me moje solo con la idea, ya estábamos con confianza, cuando llegaba a casa Eduardo era el actor principal, Iván se enloquecía con la idea y terminaba unos orgasmos múltiples interminables.

    Me puse un vestido azul de jean, la verdad muy sexi, lo usaba para salir, muy cortito, cuando me vio Eduardo en la puerta por poco me besa en la boca, subí despacito la escalera dejando ver todo. Me dijo, estás espectacular me dijo cuando cerré la puerta, gracias le dije, le miré y me abrazó, me besó de una manera impresionante, en su formalidad obviamente solos, fue tremendo.

    Me subió a la mesa y nos besamos interminable mente, apoyaba su bulto a mi vagina y franeleamos moviendo su bulto intensamente, ya tenía 3 orgasmos al menos. Saco su enorme miembro y me lo metió, Dios, que maravilla, lo apreté con mi vagina lo estrangulaba con mi vagina, la verdad delicioso, su enorme pene entraba hasta el fondo y me lo dejaba prácticamente masticarlo con mi vagina enloquecida.

    Me acosté en la mesa y bombeaba con violencia, se sacaba la ropa como podía y terminé cerca de 30 veces a cada empuje. Son sacarme la ropa me gire y me recosté boca abajo en la mesa, me abrió las nalgas y me metió todo hasta el fondo, gemi y termino en segundos.

    No le dejé descansar, me arrodille, en el piso y se la chupé todo, se la lami, volviendo a ponerse dura y casi me cogió por la garganta, gemia y empujaba con todo, hasta que terminó en mi garganta.

    Me levantó, me recosté en la mesa y nuevamente me metió en la cola, espectacular, está vez duró mucho, casi 20 minutos. Volvió a terminar, agotado, me dijo que seguro apruebo los exámenes, me limpié y me fui.

    Imagínense Ivan, casi enloquece.

    Genial.

    No aprobé el examen me fue mal.

  • Jimena mi compañera de trabajo

    Jimena mi compañera de trabajo

    Era la mañana de un lunes común en aquel restaurante en donde yo trabajaba como cocinero y desempeñaba mis labores como todos los días cuando la vi llegar acompañada de su tía Gabriela, una señora gordita como de unos 45 años que la acompañaba, ya que el día de su entrevista de Jimena solicitaban a dos ayudantes de cocina y le preguntaron a su tía si no le interesaba también un empleo a lo que respondió que si y por eso fue que entraron juntas.

    Al estar realizando yo mis actividades fui al lugar en donde ella estaba de espaldas con un peinado que le sentaba muy bien vi esa figura tan encendedora que provocaba en mi un gran erotismo ya que cuando le vi el cabello fui bajando la mirada y note que tenía una cintura pequeña con unas nalgas perfectas que en ese momento me hubiera gustado hacerle una broma de bienvenida y abrazarla por detrás obviamente para arrimarle mi pene en esas nalguitas que por mi cabeza pasó algún día poder tocarlas o chuparlas, pero todo sabía que tenía que ser a su debido momento, pero en ese instante sólo pude preguntarle si era su primer día a lo que ella respondió con un poco de seriedad que si.

    Ya al pasó de las horas sentía la necesidad de volver a escuchar su sexi voz y darle otra miradita a ese culito que cada vez se metía más en mi cabeza, pero entonces recordé que la señora Gabi era su tía y me fue más fácil hacerle la conversación a ella y por ahí poder meterme y de paso aprovecharía para sacarle algunas cosas que me pudieran ayudar para hablar con ella y así poder invitarla después a tomar algo, y así pasó.

    Con el paso de los días ya le hablaba muy bien a su tía y pues le dio un poco más de confianza a Jimena poder hablar más fluida, por qué era un poco penosa cuando comenzaba a conversar con alguien, pero de pronto ella era la que ya me hablaba a mi para que la acompañara a fumar un cigarro y pudiéramos conversar ya otro tipo de temas no tan laborales y se abriera otro tipo de confianza más personal y resultó porque al día siguiente le pregunto al chef que si yo podía salir con ella a fumar y el chef se disgustó un poco por qué el también decía que le gustaba mucho Jimena, pero pues aun así le dijo que si y ya estando afuera sacó su teléfono y me empezó a enseñar unos tiktok que había hecho en donde portaba unos vestidos cortitos y moviendo ese culito tan delicioso que cada que salíamos a fumar no paraba de mirarlo y saboreármelo en cada paso que daba y realmente me quede muy sorprendido como se veía con vestidos cortos y creció aún más mi morbo por ella pero claramente en ningún momento lo demostré ni con la mirada en los videos…

    En ese momento sintió aún más confianza y me dijo que viera uno con un tono mas elevado y era ella bailando con un blusón que se le subía y se le marcaba una deliciosa tanguita negra y moviendo el culo de una manera tan excitante que por dentro me estaba consumiendo pero por fuera solo exclamé una sonrisa pequeña y le dije: ja.. Estás bien loquita, pero tus videos están de lujo, pero ese último video no lo tenia publico y me dijo que yo era la única persona a la que sintió confianza enseñárselo para que le diera su opinión de qué tal se veía y pues eso me agrado demasiado y ya casi me empezaba a sentir victorioso a pesar de que no habíamos tocado tema de poder salir algún día nosotros fuera del trabajo, algo me hacía sentir seguro de que sería yo quien ganaría entre toda esa bola de carroñeros que existen en un restaurante y una estrategia que me ayudo bastante fue no estar de encimoso todo el día con ella como lo hacían los otros tipos y eso en veces demuestra que no estás tan urgido por querer tener sexo, aún que en mi imaginación ya la había desvestido unas diez veces pero mi persona portaba una buena imagen.

    Al día siguiente un compañero la estaba invitando a salir y ella dijo que no y el tipo sin molestia aceptó la respuesta de buena manera y le hizo un comentario que decía «pensé que me dirías que si por qué se nota que tienes un corazonsote», refiriéndose a sus pechos que en ese momento traía una blusa de tirantes y puede ver esos pechos tan bonitos que se le salían de la blusa pero no como los que se le salen por enormes y bultosos noooo estos eran redondos y eso desató mi lujuria para ser más directo con ella y fue ese día que le iba a decir que la invitaba a salir y de pronto ella me llegó comentando que la invitara un día a salir por unas cervezas y yo inmediatamente respondí que si y que de echo eso mismo le iba a proponer yo y que ya tenía el lugar perfecto y dijimos que el viernes iríamos y así pasó y ese día salimos y pasamos por un six de cervezas para llegar entonados al bar y de pronto por alguna razón estaba cerrado el lugar y nos quedamos viendo uno al otro y yo estaba desconcertado por qué yo pensaba que ya en la noche con unas cervezas encima podría haber posibilidad de irnos a pasarla bien solos , cuando de pronto me dijo que si no pues otro día y yo le dije que estaba bien pero por dentro me sentía enojado y con mucha mala suerte y como por arte de magia me pregunto si vivía lejos de el lugar en donde estábamos y en un segundo le respondía que vivía a 20 minutos de donde estábamos y me pregunto qué si quería pues podíamos ir a mi casa y de inmediato me regreso la sonrisa y esa adrenalina inquietante de saber que Jimena en verdad iba conmigo agarrada de mi brazo con un pantalón de mezclilla que ajustaba muy bien en su culo perfecto y solo de imaginar que la tendría en mi casa aumento mas mi confianza de poder llegar a la gloria ese día y nos dimos prisa.

    Y al llegar a la casa tomamos una cerveza más y puse música suave y de pronto me pregunto qué opinaba de ella y le dije que se me hacía interesante su persona pero también le tuve que decir directamente que desde que vi sus videos , se me quedó en mi cabeza y que me encantaba como se veía en vestidos cortos y que la tanga que traía en su video le quedaba perfecta con sus nalgas tan hermosas y le causó risa y me dijo que la avergonzaba y sin rodeos me pregunto qué si quería tener sexo con ella y yo en menos de un segundo le dije que si que me encantaría poder estar con ella y en mi habitación se empezó a quitar su ropa y yo veía todo su cuerpo desnudo y perfecto encima de mi cama y fue algo muy satisfactorio verla desnuda y ansioso por meterle mi verga que anteriormente ya le había dedicado como 5 viendo sus videos, así que comenzó todo me quite mi pantalón y después el calzoncillo y me empezó a chupar mis huevos y se me pusieron duros de inmediato y con una fija mirada hacia mi rostro se metió mi pene en la boca y lo empezó a chupar tan rico que no quería que quitara su lengua de mi pene y quería que me la chupara toda y no dejara nada y ella se veía muy excitada y le dije que si se podía poner en cuatro y que gateará en la cama por qué quería verle su vagina y chupársela y me respondió que si y ahí fue el momento en el que mis ojos vieron lo más delicioso y hermoso que jamás había visto antes, una vagina muy muy cerrada de color rosado que cuando se empinó totalmente se veía preciosa.

    Y como si fuera la primera persona que la iba a utilizar y le chupe la vagina con un deseo de tragármela y le metía la lengua hasta adentro para que con sus puños apretara más el edredón y llego a estar tan excitada que ya me pidió que me esperara yo creo para durar más y fue cuando el momento había llegado, lubrique mi pene y me sentí muy contento que penetraría esa cosa tan hermosa que tenía Jimena y cuando lo lubriqué lo puse en su vagina mientras ella estaba en cuatro patas y lentamente su vagina apretó mi verga y por un segundo pensé que era virgen pero yo sabía que no lo era, pero aun así tenía una vagina totalmente cerrada y mi pene lo disfrutaba muchísimo y ella tenía una cara de que estaba gozando cada metida que le daba con firmeza porque tenía 20 años ella y tenía que hacerla saber que yo disfrutaba demasiado penetrar su vagina y tenía que asegurarme de que no fuera la única vez que la tendría en mi cama.

    Así que la cogi con una lujuria que derramaba orgasmos por todos lados y fue cuando la acosté para ver sus pechos y chuparselos todos y metérmelos en mi boca hasta que ya no entrarán más y asi acostadita vi su panochita de frente y era perfecta y de un tamaño excelente que estaban sus labios vaginales como esponjaditos y eso le daba una mejor vista a su vagina entonces le dije que si podía destruirle su vagina con unas metidas fuertes y ella orgasmeada me dijo que lo hiciera y que no le tuviera piedad que me lo pedía de favor, entonces introduje mi pene muy despacio y ya cuando estaba todo adentro lo saqué súper mojado porque su panocha escurría de fluidos y eso me éxito tanto que metí mis dedos a su vagina y luego hice que me chupara la mano mientras la penetraba con una fuerza que la hiciera sentir que la deseaba en verdad y que sintiera la presencia de mi pene para que no lo olvidara tan fácilmente y no paraba de gemir y yo no paraba de metérsela a tal grado que le tronaban sus huesitos de apenas haber cumplido 20 y sentir esa cinturita pequeña, una piel muy suave y una cara de una señorita inocente, que cuando le metía yo mi pene muy fuerte y le tronaban sus huesitos y en vez de poner cara de molestia hacia una cara de dolor pero muy orgasmeada pues me hacía sentir más excitada y le decía más fuerte en su oído metida tras metida que le rompería su panochita toda la noche y con mi brazo apretaba su cabeza y aventando la mas para abajo a modo de que se comiera toda mi verga y sintiera lo delicioso que era para mi cada metida que yo le daba y supiera que a mi me puede pedir lo que sea en la cama y lo haré con esas ganas y fuerzas que le metí mi verga en su panochita hermosa y deliciosa que trae en esas piernas.

    Y sin duda quedó claro todo por qué cogimos 3 veces más esa noche y al otro día en el trabajo empezamos a llevar una confianza más abierta y nos veíamos muy seguido para que la siguiera partiendo pero cada vez fue mejor por que se hizo una confianza que ya les platicara en otra ocasión.

    Gracias por la atención y espero les haya gustado mi historia.

  • Mi novia me hizo cornudo y petero

    Mi novia me hizo cornudo y petero

    Hola a todos. ¿Cómo están? Mi nombre es Nico, tengo 21 años.

    Lo que les voy a contar es una experiencia que cambió mi vida, que hizo realidad algunas de mis fantasías y que tiene como protagonista a mi novia, Débora, también de 21 años. Rubia, hermosa, con unas piernas que son el deseo de cada hombre que la mira. Ella juega Hockey, deporte que resalta ese atributo en muchas mujeres. Además de tener unas muy generosas tetas, de buen tamaño y una carita tan hermosa que cualquiera querría enlechar.

    Con Debo siempre nos llevamos bien sexualmente, aunque nuestras relaciones eran cuando podíamos. Pues ambos vivimos con nuestras familias aún.

    Este detalle que les cuento de sus piernas y de su cola creo fue el comienzo de una de mis fantasías. Es que ver como la miraban los hombres empezó a generarme ese morbo mezclado con celos, en el que el morbo gana la pulseada. ¡Si! Fantaseaba con ser cornudo. Pero dado a quien era ella, su forma de ser tan niña, tan mimosa, pero dulce, es que supe siempre que eso sería solo una fantasía en mi cabeza.

    Un día, unos amigos de la Facultad me invitan a una noche de Play. No soy del todo bueno jugando. Y eran amigos a los que trataba, pero no conocían casi nada de mi vida. Sin más planes acepte. Mati era con el que más me había “tratado” por así decirlo. El dueño de casa. Vivía solo y era el bunker de las juntadas de estudio y, como estas, de divertimento.

    Mati era un pibe morochito, flaquito, abdominales marcaditos, no era un pibe gym. Era normal pero prolijo en su musculatura.

    Fede y Gere eran por su parte los típicos jeropas, medios gorditos, siempre mirando y hablando de las cualidades de las mujeres. Se la daban de galanes, pero se veía que eran puro chamuyo.

    Había llegado tipo 22 h a esa casa, habíamos tomado un par de cervezas y yo ya había perdido con todos. Nadie podía sacar a Mati, Fede era el único que le hacía fuerza jugando al PES.

    Medio aburrido andaba paseando con mi lata de birra cuando Gere propone llamar a unas minas. Pensando que era puro chamuyo, lo cargaba…

    Los otros se prendieron al toque. Y este hablaba con mujeres, mencionaba a unas amiguitas que los demás sabían que venían y cogían. Se emocionaban.

    Después de 40 minutos de regateo y negociar avisa Gere que las chicas no podían venir.

    ¡Que virgo! Pensé…

    Pero… Ese pero puso un suspenso en el ambiente… La rusita preguntó cuántos éramos, le dije 4 y dice que se copa.

    -Sssiii, decile. Esta re fuerte!! Es un camión!! -Decía Mati.

    G: Lo que si dice que no tiene tanto tiempo. Si nos va ronda de petes!!

    -Seee -Exclamaban…

    Mientras me contaban que la Rusita venía a veces y que era muy “Gauchita” con todos.

    Mucha hambre de leche la pendeja, me soltaba Mati.

    Sin mas, esperamos hasta que sonó el timbre.

    La recomendación era todos a la pieza, que la piba entraba de una.

    Todos se pusieron en bolas de la cintura para abajo, yo atiné a hacer lo mismo.

    Gere había ido a recibir a su visita…

    De reojo veía a Mati, vi una pija enorme. Y me quede en eso… Hace tiempo me daba curiosidad como seria probar una pija. Pero me negaba a ese pensamiento. No lo quería. Volvía en algún momento y yo lo evitaba.

    En eso entra Gere y hace la presentación: Con Uds. la Rusita mas tragaleche de la Provincia…

    Entró, rubia, despampanante, con una blusita de encaje y un mini short… ¡¡Débora!! ¡¡¡Mi novia!!!

    Venia entrando sonriente mirando las pijas y las caras de todos y me vio… Se quedo como helada… Hizo una pausa de un micro segundo que para mi fue eterna. Estaba más helado que ella…

    Entre el momento y la pija de Mati quedé mudo.

    El tiempo pareció volver a la normalidad…

  • Una esposa en préstamo

    Una esposa en préstamo

    Estábamos sentados en unos sillones de color rojo de la zona del bar del club Mystique, en Arona, un local swinger. En los últimos meses, habíamos estado viniendo ocasionalmente a pasar unas horas. Nos gustaba mucho el ambiente, pasearnos por las distintas dependencias y echar alguna ojeada a través de las cortinas que algunos clientes dejaban discretamente abiertas. Mi mujer, Claudia, solía ponerse un pequeño antifaz de color negro para sentirse más cómoda, sobre todo cuando dejaba parte de su ropa en la taquilla y decidía quedarse en ropa interior o con alguna otra prenda igualmente sexy.

    A nuestro alrededor, en la barra, en la zona de baile y en otros asientos repartidos por la estancia, la gente charlaba relajadamente. Frente a nosotros, en un sillón de tres piezas, otro cliente tomaba su consumición, un chico alto, atractivo. Claudia, protegida por la pequeña mampara que ocultaba sus ojos, lo observaba tomarse su copa a pequeños sorbos, con total indolencia. Aunque había un hilo de música de fondo, muy suave, se acercó a mi oído para decirme:

    ―Lleva un rato mirándome.

    Mi esposa es una mujer muy atractiva: pelo negro ondulado, muy abundante, ojos azul oscuro, casi verdes, piel blanca, 1’69 de estatura, pechos de tamaño medio, con las areolas pequeñas, como botones, rodeando unos pezones puntiagudos, y un culo de infarto: dos montículos redondísimos, de carne blanca y trémula, que adquirían un ligero aspecto a la piel de naranja cuando estaba de pie, pero que parecían dos manzanas brillantes y pulidas cuando se ponía a cuatro patas.

    ―¿Y te extraña? ―le digo susurrando, sonriéndole a la vez―. Ya lo he visto, cariño. No te quita el ojo de encima.

    Ella sabía que me encantaba verla vestida de manera sexy. Me gustaba «lucirla», alardear de poseer a una mujer como ella y sentir las miradas viciosas de otros hombres sobre su cuerpo. A ella, por su parte, le gustaba coquetear en mi presencia, experimentar la sensación morbosa de saberse observada y deseada delante de mí.

    Para esta ocasión, se había puesto un vestido enterizo color púrpura, con una falda plisada que le llegaba un poco por encima de las rodillas, con un escote generoso velado por unas filigranas de encaje, muy transparentes. Llevaba el pelo suelto, y se había puesto unos zapatos de fino tacón, negros, abiertos en la punta, por donde asomaban dos dedos con las uñas pintadas igualmente de púrpura. Unas medias de redecilla cubrían sus piernas hasta sus muslos, donde permanecían sujetas por un liguero. Mientras hablábamos entre susurros, ella no dejaba de balancear el pie, como si fuera un reclamo, una pierna cruzada sobre la otra.

    Semanas atrás habíamos hablado de dar un paso más en nuestras fantasías morbosas: buscar a un chico que la poseyera en nuestra alcoba de matrimonio mientras yo los observaría desde un discreto rincón. Nos ha¬bíamos confeccionado un perfil de pareja en un portal de contactos, pero hasta el momento no habíamos dado con nadie de su agrado. (Era ella la que tenía la última palabra en este sentido, lógicamente.)

    ―Es muy atractivo, ¿no? ―le vuelvo a susurrar al oído, hablándole con picardía.

    ―Sí… ―me dice apurada, temiendo herirme de alguna manera.

    ―¿Sabes?, creo que voy a saludarle ―le digo mirándola a los ojos, dándole a entender con un gesto de complicidad mis intenciones―. ¿Te parece bien? ―agrego, y ella me contesta moviendo los labios, pero sin producir ningún sonido: me envía un «ok» mudo. Me levanto y me dirijo hacia él.

    ―Hola, ¿qué tal todo por aquí? ―le digo sonriéndole y tendiéndole la mano―. Sergio.

    ―Pues muy bien, no hace mucho que he llegado. Marcelo ―responde él a su vez, ofreciéndome la suya.

    ―Ah, igual que nosotros ―le digo―. Oye, ¿tendrías un minuto? Me gustaría comentarte algo.

    ―Claro ―me responde girándose e indicándome con la mano que me siente.

    ―Verás ―le digo señalando a Claudia con el brazo en el que sostengo la bebida―, mi mujer y yo llevamos un tiempo buscando a una tercera persona, un chico, alguien que tenga sexo con ella… en mi presencia. Hemos conocido a algunas personas a través de una web de contactos, pero de momento no han sido de su agrado.

    ―Ah, entiendo ―me dice.

    ―Me he acercado porque hemos notado que… estabas interesado ―le digo sonriendo―. Es una mujer muy atractiva.

    Marcelo gira el rostro hacia ella, sonríe, y lo vuelve de nuevo hacia mí.

    ―Desde luego que sí, mucho ―responde con énfasis.

    Desde este lado de la salita, observo a Claudia atusándose su melena suelta, oculta tras su antifaz, y sé que se siente protagonista. Intuyo que está excitada. Su pie no deja de moverse, y su empeine estirado, cubierto por la media de redecilla, nos ofrece una estampa de lo más erótica. Yo empiezo a sentir la excitación que me provoca este juego entre los dos. Me pone nervioso, y desearía, como me ha ocurrido tantas otras veces, que fuera a más.

    Marcelo interviene de nuevo:

    ―Oye, ¿has dicho «en mi presencia»?, ¿quieres decir que no «intervendrías»?

    ―En realidad, no hemos concretado demasiado los detalles. Es una fantasía que llevamos unos meses meditando, pero, en principio, sí, yo sólo observaría. Es algo que nos excita a los dos por igual ―le explico.

    ―Ajá, comprendo ―me dice.

    ―¿Y tú?, ¿has tenido alguna experiencia de ese tipo? ―le pregunto.

    ―No, la verdad es que no, pero no puedo negarte que es una escena tremendamente morbosa ―me explica mirándome, asintiendo con la cabeza mientras me habla―. Yo soy soltero. He practicado sexo con dos y más personas a la vez, chicos y chicas. En ocasiones han sido parejas; en otras, no, pero siempre éramos todos participantes activos. No sé si me entiendes.

    ―Perfectamente ―le digo.

    ―También vengo aquí de vez en cuando ―continúa―. Me gusta mucho mirar. Y en ocasiones me he unido a algunas parejas cuando me han hecho alguna discreta señal. Reconozco que me excita mucho «compartir» la mujer de otro ―me confiesa.

    ―Vaya ―le digo sonriéndole― me alegra oír eso. Nosotros venimos aquí ocasionalmente, desde hace unos meses. Hoy sólo hemos venido a tomar una copa. Pero por lo general nos gusta pasearnos, echar alguna ojeada… Y, más que nada, a los dos nos gusta que la miren. A veces busco algún rinconcito en un reservado y disfruto viendo cómo ella se pasea por las dependencias, casi siempre en tacones y ropa interior ―le explico, regodeándome con la imagen que debo estar creando en su mente.

    ―¿Han pensado en el lugar del encuentro? ―me pregunta.

    ―Sí, claro, sería en nuestra casa. Nos gustaría usar nuestro dormitorio ―le contesto con una sonrisa traviesa, revelándole un detalle más de nuestra fantasía.

    Aprovecho este momento para hacer una señal a mi mujer, pidiéndole que se acerque. Ella se aproxima despacio, contoneándose, y se queda de pie, junto a mí. Está espectacular con su vestido color púrpura. Yo me hincho como un pavo.

    ―Claudia, te presento a Marcelo ―le digo levantándome y mostrándola, pasando mi brazo por su cintura, sacándola a escena.

    Él coloca su bebida sobre la mesa, se levanta del sillón, se inclina ligeramente hacia ella y le tiende la mano, muy educado. Yo no puedo evitar sentir una nueva oleada de excitación y, al mismo tiempo, el pellizco de los celos y de, incluso, la envidia. Marcelo es un tipo bastante alto, calculo que debe rondar el 1’85 m.

    Mientras se saludan, observo el reloj de acero y de correa metálica, resplandeciente bajo las luces de neón del local, que lleva en su muñeca y que sobresale bajo el puño de la camisa blanca que ha elegido para la ocasión, vuelto hacia atrás.

    Un fino vello oscuro puebla su brazo, bien formado y surcado por finas venas palpitantes que denotan su buen tono muscular. Es de tez morena, pero no debido al sol, sino de natural genético. Una fina pelusa ensortijada cubre la piel de su pecho, que asoma bajo el cuello de su camisa, que se ha dejado sin abrochar. Lleva unos vaqueros de color azul petróleo, y calza unos mocasines negros de suela muy baja, aparentemente muy cómodos. Su pelo moreno, brillante y ondulado, le cubre parcialmente las orejas. Tiene la frente recta, la mandíbula marcada y los ojos marrón caramelo, más bien rasgados. Pienso en mi mujer, que debe estar viendo lo mismo que yo, y siento una punzada de celos.

    ―Encantada, Marcelo ―le dice ella mostrando su dentadura, con toda la naturalidad de que es capaz, excitada ante la posibilidad, que yo casi veo como una certeza, de que pudiera estar, más pronto que tarde, entre sus brazos.

    ―Un placer ―le contesta.

    ―Le he estado comentando un poco nuestra «idea» ―intervengo de nuevo. Claudia asiente, pronunciando un imperceptible «ajá», buscando los ojos de Marcelo con la mirada, un tanto turbada.

    Lo más disimuladamente que puedo, me llevo los dedos a mi mejilla para indicarle que lleva el antifaz puesto, y que considero que debería quitárselo. Ella me obedece, haciendo pasar toda su melena oscura por medio de la cinta elástica y volviéndosela a cardar con la mano. Yo me pavoneo estando a su lado, sujetándola por su imponente cintura, mostrándola como un trofeo.

    ―¿Y le agrada la idea? ―dice ella mirándonos alternativamente a mí y a Marcelo, sonriendo, confiada en el poder de su propio atractivo.

    ―Es muy interesante, desde luego ―le contesta él, asintiendo con la cabeza.

    ―Marcelo ―digo yo, apoyando mi mano sobre su brazo―, escucha: en otras circunstancias, como puedes suponer, habríamos necesitado concertar una cita para compartir unos minutos juntos, ver si… podríamos entendernos ―le explico mientras atraigo a Claudia hacia mí y la miro a la cara, dándole a entender que es ella la que tiene la última palabra―. Pero en esta ocasión no va a ser necesario ―añado sonriendo, mirándola de nuevo y viendo cómo juega con su melena, excitada.

    ―Ajá, comprendo, sí ―dice mirándola discretamente. Claudia disfruta de este momento, sabiéndose el objeto de este tramo final de la conversación.

    ―Pues nada―vuelvo a intervenir―, te voy a dar mi número de teléfono, ¿te parece? Me llamas cuando quieras y cuadramos agendas.

    ―Perfecto, sí ―me dice sacando de su bolsillo el teléfono móvil. Cuando lo hubo anotado, añade―: Por cierto, Sergio, ¿de dónde sois? Yo vivo en La Laguna.

    ―Ostras, es verdad ―le digo, riendo―. Nosotros somos del Puerto de la Cruz. Como te dije antes, habíamos pensado que vinieras… que el chico viniera a nuestra casa. Queríamos usar nuestro dormitorio. Llegado el caso, podríamos ir a buscarte, recogerte donde nos dijeras, sin ningún problema.

    ―Oh, no, no te preocupes. Eso no será necesario ―me dice―. En fin, quedamos en esto ―concluye tendiéndome de nuevo la mano y sujetándome con la otra el brazo. Se la estrecho y a continuación se la ofrece a Claudia―: Encantado ―le dice, robándole una última mirada a sus ojos azul-verdoso.

    Tras despedirnos, recogemos nuestras bebidas de la mesa y dejamos a Marcelo a solas, concediéndole algo más de intimidad, pues ya debía estar sacando conclusiones. Avanzamos despacio por el local y nos acercamos a la barra para pedir una última copa. Pongo mi mano sobre la cintura de Claudia, la deslizo hacia abajo acariciándole las nalgas, y le digo mirándola a los ojos:

    ―Qué bien, ¿no? Ojalá nos llame.

    ―Sí, sería estupendo ―me contesta. Yo la miro con ojos pícaros y le digo:

    ―¿Te ha gustado, eh?

    ―Sí… ―me dice en voz baja. Ambos sentimos la excitación en la mirada del otro. Nos besamos en la boca, sabiéndonos observados por muchos pares de ojos.

    Marcelo finalmente nos confirmó por teléfono, dos días después, que aceptaba nuestra propuesta, y que, si no habíamos cambiado de parecer, le gustaría «probar».

    Quedamos un sábado por la noche en nuestra casa. Le hicimos pasar al salón y, para romper el hielo, nos sentamos los tres ante unas copas de una ginebra aromática, con poca graduación, que compré a propósito para esta velada. Hablamos durante un rato de cuestiones triviales y, al final de la conversación, de nuestras preferencias sexuales, nuestras fantasías y también de nuestros hábitos en los locales swinger, como en el que nos conocimos.

    Tras acabar las copas, Claudia se levanta y dice:

    ―Voy a cambiarme. Estoy enseguida.

    El ambiente adquiere súbitamente un nuevo tono. La excitación comienza su carrera de ascensión tras este pistoletazo de salida.

    ―Marcelo, tú como si estuvieras en tu casa. No sé si habías pensado algo, cambiarte… en fin, haz lo que te haga sentir más cómodo.

    ―Gracias, estoy bien. Si te parece, prefiero quedarme así ―me dice quitándose el reloj de la muñeca y dejándolo sobre la mesa, junto a las llaves del coche y la cartera. Está visiblemente nervioso.

    ―Por supuesto, como gustes ―le digo, y me levanto para poner algo de música―. ¿Te gusta Metallica? ―le pregunto, inclinado sobre la pila de CDs.

    Me mira perplejo, con la mandíbula batiente, sin decidirse a hablar. Metallica es un grupo de heavy metal. No se puede creer que vaya a ponerla como música ambiental.

    ―Pues… no lo escucho demasiado, la verdad ―me responde.

    ―¡Es una broma, hombre! ―le digo riendo―. ¿Te imaginas tener una sesión de sexo escuchando Battery? ―continúo diciendo, soltando una carcajada―. Tengo aquí un CD de LoreenaMcKennitt. A ver si te gusta.

    Regreso al tresillo y continuamos intercambiando algunas trivialidades. Al cabo de unos minutos, se oye el sonido de unos tacones por el pasillo, y mi pulso se acelera. Soy consciente de que está a punto de comenzar un ritual que he programado con ella antes de la llegada de Marcelo. Aun así, no estoy del todo preparado para lo que me voy a encontrar.

    Claudia, para mi sorpresa, aparece en el salón en ropa interior de encaje de color morado, tirando a violeta. Sus pezones morenos se perciben a través de los entresijos de la tela, así como la entrada de su vulva. Lleva unos zapatos negros de charol, cerrados, de tacón vertiginoso, y unas medias muy finas y oscuras, sujetas por un liguero espectacular, de color negro, que adorna su vientre, sus caderas y sus nalgas. La melena ondulada le cuelga sobre los hombros. Un escalofrío me recorre el cuerpo. Me quedo de piedra. Claudia está ruborizada; lo sabe, pero no le importa.

    Observo el rostro de Marcelo. Está impactado, y no es para menos. En un primer momento, ha intentado mantener la discreción de su mirada, pero dada la situación ha comprendido que es poco menos que absurdo. De modo que tras unos segundos de indecisión, observa abiertamente a mi mujer mientras camina por el salón, devorándola con los ojos, hasta que finalmente se sienta a mi lado y cruza las piernas. Su perfume, aunque sutil, invade la estancia.

    Nos miramos unos segundos a los ojos y pongo mi mano sobre su muslo, deslizándolo sobre el tejido de la media.

    ―¿Qué te parece esta chica, Marcelo? ―le digo, tratando una vez más de presumir con el cuerpo de mi mujer.

    Ella se atusa el pelo, coqueteando. Él levanta las palmas de las manos hacia arriba, que tenía apoyadas sobre sus muslos, y dice:

    ―Sencillamente preciosa, no tengo palabras.

    Está visiblemente abrumado, con los ojos abiertos de par en par. Yo me levanto del sillón, tomo a Claudia de la mano y me dirijo con ella despacio hasta donde se encuentra Marcelo, el cual también se levanta para recibirnos. Una vez a su altura, le doy un último beso a ella en la mejilla, y se la ofrezco a él, tendiéndole su mano, que él toma en la suya:

    ―Aquí te entrego a mi mujer. Disfrútala ―le digo. Mis propias palabras me provocan un fogonazo de excitación, y hacen que Claudia se muerda el labio y baje la mirada, ruborizada y excitada a la vez.

    Les dejo en el salón y me dirijo al dormitorio, donde he colocado un sillón con orejeras, en una esquina, lo más apartado posible. Enciendo una pequeña lámpara de luz anaranjada que hay en el otro extremo de la habitación, junto a la cabecera de la cama, y atenúo su intensidad con el regulador del que está provista, hasta que queda de mi agrado. Me dirijo al sillón, me siento y permanezco en silencio, parcialmente oculto por una ligera penumbra, percibiendo con nitidez cómo mis pulsaciones aumentan el ritmo.

    Les veo aparecer por el umbral de la puerta, despacio. Él la lleva de la mano, como cuando en una película de época el caballero ayuda a una dama a bajar por unas escaleras. Avanzan por el cuarto y se quedan de pie, frente a frente, en la parte opuesta al cabecero de la cama. Observo la diferencia de estatura, la corpulencia de él y la fragilidad de ella. Me vuelven a atacar los celos y la excitación, a partes iguales. Ambos han reparado en mi presencia con una fugaz mirada.

    Permanecen indecisos unos segundos. Él, finalmente, toma la iniciativa y empieza a rozar con dos dedos el vientre de ella, que permanece inmóvil. Le pone una mano en la curva pronunciada de la cintura y la atrae hacia sí. Comienza a besarla en el cuello, retirando su melena y dejando la carne al descubierto. Ella se lo ofrece y, justo en ese preciso momento, me busca con los ojos durante un fugacísimo segundo. Noto una punzada de excitación. Cierra los ojos y se deja llevar.

    Empieza a acariciar sus brazos musculados sobre la camisa blanca. Ella gira la cabeza y busca su boca. Se besan, primero con los labios y luego usando sus lenguas, que observo salir la una a por la otra, como pequeñas culebras que se enredan en el aire. Mi entrepierna aumenta de tamaño y comienzo a acariciarme sobre la ropa. Busco la de Marcelo con la mirada y veo cómo se ha deformado la tela. Esta vez ha sustituido los vaqueros por unos pantalones de pinza gris oscuro, de tela de gamuza, lo que deja en evidencia con mayor claridad las evoluciones de su miembro.

    Noto que a medida que se excitan se van olvidando de mi presencia, lo cual me disgusta. Él le agarra la nuca con una mano y le come la boca con fuerza, mientras le aprieta las nalgas con la otra. Sus largos brazos le permiten abarcarla con facilidad. Ella responde a las caricias contoneándose, acercando intermitentemente la pelvis a su entrepierna, que ahora ya manifiesta una clara erección y deforma sus pantalones. «Está buscando su polla con su pelvis», pienso para mí, y me pongo como loco. Me arden las mejillas.

    Él lleva su mano hacia abajo y le busca la vulva. Comienza a masajearla sobre la tela y observo cómo el cuerpo de Claudia responde de inmediato, retorciéndose. Siento otra descarga de excitación y de celos. Ella lleva las manos a su pecho, dubitativa, y acaricia la tela de su camisa, muy despacio, como tratando de evitar herirme con gestos de evidente iniciativa y deseo, pero no hace más que empeorar las cosas y excitarme doblemente.

    Comienza a desabotonarle. Yo pienso para mí: «no trates de engañarme, deseas acariciar su pecho, sus músculos», y esta idea me subleva y me provoca. Retira su camisa y la lanza al suelo, cerca del ropero. Observo el cuerpo fibroso de Marcelo y me quema la envidia. Ella lo estudia con sus dedos: «te gusta, ¿verdad?», pienso, y ardo de deseo. Fantaseo con la idea de que sólo ha sido un gesto natural, sin ninguna intención, pero acto seguido la veo sacar su lengua y empezar a lamerle los pezones. Se me eriza el pelo. «Zorra…», me digo. Él echa su cabeza hacia atrás y disfruta con el roce del apéndice carnoso. Yo me toco con desesperación los pantalones. Mi polla necesita más espacio, y pienso dárselo de un momento a otro.

    Él le agarra la melena y la aprieta contra sí, para que siga lamiéndole. Al cabo de unos segundos, le sujeta la cara con las dos manos y le come la boca con fuerza. Ella se deja hacer, inerme, anclada con las manos a sus hombros tensos. Comienza a bajar con su boca por el cuello hasta alcanzar las montañas de carne blanda custodiadas por el sujetador de encaje. Veo cómo resplandece su piel blanca por allí por donde ha pasado su boca, dejando un rastro de saliva.

    La rodea con los brazos y busca el cierre del sujetador. Lo abre, desliza las tiras sobre sus hombros y las hace pasar por sus brazos, lanzándolo lejos, a un lado de la habitación. Sus pechos blandos, adornados con las dos fresas puntiagudas, quedan bamboleantes frente a él, que se aleja unos centímetros para admirarlos, salivando, sabedor del banquete que le espera. Ella se deja observar y aprovecha ese instante para mirarme fijamente a los ojos durante unos segundos, mostrándome sus pechos trémulos indefensos, brutalmente excitada, como diciéndome: «mira lo que va a ocurrir».

    Se acerca, la sujeta con una mano por la cintura y con la otra la obliga a echarse hacia atrás, empujándola por el hombro. Sus pechos quedan expuestos y él se inclina para mamarlos, pasando de uno a otro. Oigo las chupadas intensas en el silencio de la habitación y observo el brillo de sus pezones tiesos, embadurnados de saliva. Ella se cuelga de su cuello con una mano, acaricia su pelo con la otra, me mira a los ojos girando su cabeza, y le atrae hacia sí con fuerza para que siga mamándola. «Pedazo de puta», grito por dentro. Llevo mi mano a mi cinturón. Sin dejar de mirarla, me lo desabrocho, descorro la cremallera y me saco la polla. Ella, cruel, se olvida de mí y cierra los ojos echando su cabeza hacia atrás, su espesa melena colgando suelta. Me pone como loco. «Estás disfrutando, ¿eh, zorra?», resuena mi voz en mi cabeza.

    Veo a Marcelo acuclillarse ligeramente y llevar sus manos a las pinzas del liguero. Las suelta una a una y las tiras quedan bailando sobre la carne redonda de sus caderas y sus nalgas. Comienza a bajarle las bragas. Éstas se deslizan sobre las medias y caen al suelo. Ella saca una pierna y con la otra empuja las bragas en mi dirección, aterrizando junto a mis pies. Yo me inclino a recogerlas, me repantigo de nuevo en el sofá, me agarro la polla con una mano y con la otra huelo sus bragas sin dejar de mirarla a los ojos. Me muero de deseo. «¿Ya estás así de húmeda, so puta?», me digo. Sigo aspirando su olor con fuerza. «Estas empapada, perra. Estás deseando que te la clave, ¿verdad?», continúo diciéndome, martirizándome con mis propios pensamientos, cada vez más excitado.

    La mano de él le busca la vulva. Veo cómo sus dedos hurgan en su raja y se introducen. Ella se cuelga de su cuello y se deja manipular el coño. Mi polla se hincha y se estremece. Tengo que contenerme constantemente para no correrme. No quiero correrme. No debo correrme.

    Veo su pelvis moverse rítmicamente con sus caricias obscenas. Luego, él la empuja hacia atrás unos pasos y la hace sentarse en el borde de la cama. Se arrodilla ante ella y la descalza. Lleva las manos a uno de sus muslos y tira del ribete de la media, descubriendo lentamente su carne blanca hasta la punta de su pie, que ella estira combando el empeine. Él lo sujeta con sus manos y comienza a besar sus dedos, a metérselos en la boca, a lamer el arco de la planta y la curva pronunciada del empeine, surcado por finas venas. Vuelve a hacer lo mismo con la otra pierna. Y entonces, para mi propia sorpresa y humillación, ella se desliza hacia el dentro de la cama, abre sus piernas, flexionándolas, y ofrece su sexo con impudicia, colocando sus pies desnudos en el borde del colchón y esperando receptiva su boca, mientras me mira de nuevo a los ojos. «Maldita zorra, cómo te deseo», me digo, «así, ábrete para él, so puta».

    Marcelo comienza a lamerla. Ella se echa sobre la cama, su melena revuelta como un abanico. Cierra los ojos y deja que tome su jugo. Lleva una mano a su pelo y lo acaricia, empujándolo hacia sí para sentirlo más intensamente. Noto cómo su pelvis se retuerce instintivamente, como deseando una polla, y me muero de celos, de rabia, de excitación. Él le introduce dos dedos mientras hace vibrar su lengua sobre el clítoris, que descubre con la otra mano. Oigo el chapoteo que producen sus dedos al penetrar su vagina empapada, que sigue subiendo y bajando; oigo sus jadeos, su respiración agitada. Me pone como loco. Marcelo sube con su boca por el vientre agitado, dejando un rastro de saliva, y empieza a comerle los pezones, pasando de uno a otro, succionando con fuerza, empapándolos, pellizcándolos con suaves mordidas, mientras le sigue atravesando el coño con sus dedos. Claudia contorsiona su cuerpo como una serpiente, aprieta los ojos, casi en un gesto de dolor, y se corre bajo el cuerpo de Marcelo, que se detiene para darle un momento de respiro, sacando despacio los dedos de su vulva congestionada.

    Tras unos segundos, él se incorpora, separa su cabeza de sus pechos y le invita a ponerse de pie. Vuelve a sentarse en el borde de la cama, sofocada. Sus mejillas son del color de la grana. Le acaricia las perneras del pantalón y luego levanta la barbilla hacia arriba, buscando sus ojos. Él le acaricia la melena, impaciente. Ella baja la mirada y gira su cara buscándome a mí, desterrado al rincón del dormitorio, humillado, limitándome a masturbar mi pene erecto como único consuelo.

    Su cara está casi rozando el bulto de su entrepierna. Yo estoy a punto de pronunciar: «no lo hagas, Claudia». Y ella, como si me estuviera oyendo, lanza su mano a su paquete y empieza a acariciarle el miembro inflamado bajo los pantalones. Siento un latigazo de excitación: «Pedazo de zorra», me digo. Tras masajearlo unos segundos, le desabrocha el cinturón y le baja la cremallera. Los pantalones caen al suelo, a sus pies, y su pene rebelde amenaza con atravesar los calzoncillos. Ella le quita los zapatos y los calcetines y se vuelve a incorporar. Coloca sus manos en sus muslos fibrosos, acariciándolos, y se muerde el labio sintiendo la proximidad del miembro palpitante. Me lanza una nueva mirada y echa sus manos a la cinta de sus calzoncillos. «No lo hagas», repito en silencio, cada vez más excitado. Tira hacia abajo y un miembro rígido, venoso y enorme sale disparado hacia delante, golpeándole en la barbilla con la punta tumefacta. Ella suelta un leve quejido y entreabre su mandíbula, expresando con un gesto de asombro su desconcierto por las proporciones de Marcelo. Me hiere en lo más profundo. Desearía saltar de mi sillón, abalanzarme sobre ella y follármela con rabia. Estoy que exploto de deseo. «Y lo peor está por venir», me digo.

    Como si su única misión fuera torturarme, Claudia sujeta el miembro con su mano y empieza a masajearlo despacio. El capullo cárdeno se esconde y vuelve a salir bajo la piel que se retrae y se estira. Sin la más mínima consideración hacia mí, ella se lame los dedos, escupe en la palma de su mano y vuelve a frotarlo. Segundos después, lanza la punta de su lengua hacia fuera en busca del glande y comienza a lamerlo, haciéndola vibrar sobre la ranura. Un hilo de líquido seminal queda colgando. Ella lo recoge y se lo traga. Mete el capullo en su boca y comienza a succionar con fruición, cerrando los ojos, deleitándose. «Cómo disfrutas, zorra, lo estabas deseando», me digo, abrasándome con mis propios pensamientos.

    Él le acaricia la melena y la ayuda a chupar. Comienza a soltar ligeros jadeos de placer. La cabeza de ella va y viene en un idéntico movimiento contrapuesto al de su pelvis, como los extremos de un resorte que se expande y se contrae. Yo debo dejar de tocarme si no quiero correrme en ese mismo instante. La imagen me golpea como un látigo y necesito desviar la mirada. Él se inclina hacia abajo y le masajea los pechos, mientras ella se traga su mástil. Las succiones retumban en la habitación, para mi propio sufrimiento, pues en cuanto huyo de las imágenes, soy hostigado por sonidos perturbadores.

    Agotada de mamar, él la toma por las axilas como si fuera una muñeca y la pone de pie. La sube sobre la cama, boca arriba, hacia el centro, y le abre las piernas con obscenidad, exponiendo su sexo rosado y húmedo. Se acerca de rodillas hacia ella, empapa sus dedos con su saliva y embadurna la entrada de su vagina. Se agarra el miembro con la mano, se sitúa en medio de sus piernas y lo introduce despacio, empujando con su pelvis, hasta que se pierde dentro por completo. Yo, obstinado en procurarme la mayor humillación, busco la cara de ella para registrar cada uno de sus gestos. En el momento de penetrarla, observo cómo abre de nuevo su mandíbula, en un gesto de asombro, y deja por un segundo sus ojos en blanco, recibiendo con su sexo la embestida de Marcelo. Me muero de celos, quisiera follármela, clavársela hasta el fondo mientras le grito: «toma, viciosa. Te encantaba su pedazo de rabo, ¿verdad?»

    Él le sujeta las piernas sobre sus brazos crispados, perlados de sudor y surcados por gruesas arterias. Su culo va y viene mientras le perfora el coño a mi mujer, que se le ofrece abierta con impudicia. Marcelo suelta sus piernas, se inclina hacia delante y comienza a taladrarla con los brazos apoyados a sus costados, con sus músculos en tensión. Un hilo de sudor le surca la espalda hasta donde nacen sus nalgas. Sus testículos cuelgan en la bolsa de su escroto y golpean el coño de Claudia al ritmo de sus embestidas. Ella alza las piernas y las enreda sobre su cintura, atrayéndole hacia sí. «Así, métetela toda, puta, no dejes que se te escape», me digo.

    Marcelo se retira hacia atrás, sacando de dentro de ella su miembro brillante y entumecido, le sujeta una pierna y la hace voltear, pasándola por encima de su cuerpo: la quiere a cuatro patas. Claudia, con su cuerpo perlado también de sudor, se coloca delante de él, arquea su espalda y le ofrece la vulva abierta en una postura obscena, como si fuese una perra, con su impresionante culo en pompa, mientras me clava los ojos una vez más, martirizándome. La imagen me destroza, me humilla, me vuelve loco de excitación. Con su brazo retira hacia un lado su melena revuelta, y, sin dejar de mirarme, me ofrece los gestos que se escribirán en su cara cuando reciba la nueva embestida de Marcelo. Éste se acerca por detrás con su miembro en una mano, posa la otra en una nalga y se la clava hasta el fondo. Ella abre su boca, suelta un «ah» quejumbroso y vuelve a poner los ojos en blanco, sintiéndose atravesada por dentro. Yo me siento atravesado por esta imagen. «Zorra, perra viciosa», oigo retumbar en mi mente.

    Él vuelve a penetrarla aumentando el ritmo poco a poco. Oigo los chasquidos de su pelvis contra su culo, que queda vibrando con cada embestida. Sus pechos cuelgan y se bambolean libremente. Ella empuja hacia atrás su cuerpo para tragarse con su cavidad lubricada el falo enhiesto del macho. Ambos respiran con agitación y jadean por turnos. La escena me conmociona. No puedo aguantar más. Me masturbo como un poseso, cerrando los ojos y volviendo a abrirlos para torturarme una vez más con la inquietante imagen. Llevo de nuevo a mi rostro las bragas húmedas de mi mujer y las huelo mientras doy las últimas sacudidas a mi polla. Después de tantos minutos conteniendo el orgasmo, me corro abundantemente sobre las bragas. No logro recoger todo el semen con la pequeña prenda y me mancho la ropa. Respiro agitadamente, jadeo, tomo aliento. A medida que me recupero, voy tomando conciencia de la escena que está teniendo lugar sobre mi cama de matrimonio.

    Marcelo jadea agitadamente y penetra a Claudia con fuerza, dejando marcas rosadas en la carne de sus nalgas, allí donde sus manos la tienen asida. Ella gime con sus embestidas, cerrando los ojos y acompasando su cuerpo al de él, empujando hacia atrás para recibir cada punzada de su miembro. Ante la llegada del orgasmo, Marcelo levanta su barbilla hacia el techo, aprieta los párpados y gruñe como un oso, descargándose dentro de ella. Me imagino esos chorros cremosos regando el interior de mi esposa y un fogonazo de excitación me abrasa por dentro. Veo a ambos aflojarse, caer relajados sobre la cama, uno al lado del otro, el miembro de él saliendo de dentro de ella, debilitado, húmedo. Recuperan el aliento.

    Una vez que Marcelo se hubo ido, Claudia y yo regresamos al salón, ya acicalados y perfumados, y nos echamos en el sofá central, ante el televisor, ambos en ropa interior. Ella está recostada sobre mí y me hace dibujos con un dedo en el pecho y en el brazo. Yo hago lo mismo sobre su espalda. Las imágenes de hace unas horas nos golpean sin parar, aturdiéndonos. Seguimos conmocionados. Miramos la televisión pero realmente no la vemos ni la oímos. Estamos absortos, cada uno en su película morbosa e impactante. Siento que mi cuerpo se activa por momentos, que se estremece con este tren de imágenes perturbadoras. Ella debe estar experimentando lo mismo.

    ―¿Te ha gustado? ―le digo por fin, susurrando.

    ―Sí… ―responde, contenida―. ¿Y a ti?

    ―Mucho… ―contesto―. Muchísimo.

    Silencio. Nuestros dedos juguetean de nuevo con la piel de nuestros cuerpos, temblorosos, inquietos, haciendo dibujos imaginarios.

    ―Vi cómo… se la chupabas… cómo hacías vibrar tu lengua en la punta ―le digo, hirviéndome de nuevo la excitación.

    ―Sí, lo sé… ―me dice. Medita unos instantes―: ¿Te gustó ver cómo me la metí en la boca?

    Una descarga eléctrica me recorre el cuerpo.

    ―Me pusiste como una moto ―le contesto contenido―. Tenía ganas de saltar sobre ti y de follarte bien duro ―continúo yo―. Y tus bragas… estabas empapada. Las olí…

    La veo removerse sobre mí, temblorosa, con su cabeza apoyada aún sobre mi pecho. Debe estar notando cómo mi corazón vuelve a acelerarse.

    ―Me puso como loca verte mirar cómo me la metía ―me dice sin volver la cara.

    ―Lo sé… ―le digo―. Vi cómo te ofreciste a cuatro patas para que te penetrara. Quise matarte y follarte a la vez.

    Ella levanta el rostro y me besa en la boca, usando su lengua. Yo le sujeto la cabeza con las dos manos, empuñando su melena con rabia contenida, celoso, y la miro fijamente a los ojos. Paso mis dedos por sus labios carnosos, extendiendo los restos de saliva. Siento que la deseo. Me bajo del sofá, la tomo de la mano, con determinación, y me la llevo al dormitorio, a la cama, donde volvía a haber sábanas limpias.

  • Dune

    Dune

    No debo temer, el miedo mata la mente. Enfrentaré mi miedo y lo dejaré fluir a través de mí.

    Muad’dib

    Háblame de las aguas de tu mundo.

    Usul

    Chani dormía desnuda sobre la esterilla de fibras de especia en lo más profundo del Sietch Tabr. Paul también desnudo la contemplaba arrobado desde la entrada de la gruta que es su dormitorio en el sietch.

    No podía dormir. Al día siguiente capturarían los gusanos necesarios para la toma de Arraken y eso lo mantenía excitado y despierto. Su polla apuntaba al techo de roca desnuda mientras sus azules ojos símbolo de la adicción a la especia contemplaban el bello cuerpo desnudo de la concubina.

    Una ligera separación de sus torneados muslos le dejaba ver los húmedos labios de la vulva. En un planeta donde cada gota de humedad valía su peso en oro Muad’dib deseaba arrodillarse entre los firmes muslos y beber de esa fuente.

    Ella siempre sabía cuando estaba inquieto. Con los lascivos ojos entrecerrados profundamente azules de los fremen miraba el cuerpo fibroso de Muad’dib.

    Gateando sensual por el suelo de roca fue hasta él y deslizó la lengua por sus muslos hacia los huevos plenos. Se los metió en la boca, chupandolos y lamiéndolos mientras sus manos se agarraban con firmeza al durísimo culo.

    La durísima polla le rozaba la frente mientras ella se dedicaba a acariciar los testículos. Una de sus manos se deslizó entre los muslos del hombre para abrir ese culo y clavar un dedo en el ano.

    Su pene se abrió paso dentro de la boca de labios rojos. Dentro y fuera hasta que el profeta de los fremen se corrió. Chani golosa se tragó todo el semen, aprovechando la humedad, con una sonrisa lasciva. Compartiendo el orgasmo a través de las capacidades telepáticas que les daba la melanje.

    La concubina notó entre sus muslos el orgasmo del Atreides y Paul pudo saborear su semen como si se deslizara por su propia garganta. Solo así el futuro emperador de Dune podía relajarse y dormir antes de la batalla.

    En un futuro también la princesa Irulan compartiría esa esterilla, además del resto de las concubinas.

  • El culo hermoso de una desconocida

    El culo hermoso de una desconocida

    Este será mi primer relato, tengo muchos espero sea de su agrado, todos son 100% reales. 

    Esto ocurrió en mi negocio, en alguna ocasión unos manifestantes estaban cerca y más temprano que tarde necesitaban ir al baño.

    Acudían a nosotros y cobrábamos algo módico por el servicio.

    En algún momento llegó una pareja, un hombre y una mejor entrando en los 40, pidieron ir al sanitario, accedí y en ese momento el marido fue requerido.

    Me di cuenta que la mujer tenía unas nalgas grandes enfundadas en unas licras, su trasero se veía espectacular.

    La luz me dejó ver qué llevaba una tanga, de inmediato mi pene reaccionó y se levantó, yo decidí aventarme y la verdad es que me la jugué en serio. Fingí que la puerta no abría y le pedí que me ayudara.

    Le ordené la ayuda porque ella ya se había dado cuenta de mi erección, le dije «ven ayúdame» veía con cierta duda mi bulto, pero accedió, se puso frente a mi y aproveché, apunté mi pene justo en medio de su delicioso culo y di la primera embestida.

    Noté que se puso rígida, pero decidí continuar y empecé a embestir repetidamente, mi pene ya había encontrado espacio en su culo, los leggins ya estaban adentro. En ese momento ella volteo con temor pero yo continúe hasta que abrí la puerta y paso.

    Acto seguido llegó su marido y agradeció mi amabilidad, cuando salió su esposa se veía confundida pero no dijo nada, el entro al baño y yo platicaba con ella afuera pero no podía dejar de ver mi erección, hasta que le dije…

    -Ven acá, -se lo ordene y lo hizo sorpresivamente, no dejaba de verlo y de pronto para mí sorpresa, lo agarro, en ese momento llego una señora y dos chicas jóvenes procedentes de la marcha, ellas la vieron mientras lo tenía en la mano.

    Ella las vio y con pena me dijo «ahorita vengo» se fue moviendo su delicioso culo y no volvió, el marido salió, me pagó y se fue, la señora me pagó para entrar al baño, mientras las dos chicas veían con curiosidad mi erección orgullosa.

    Me daba morbo ver sus caritas viendo con atención, cuando se fueron tuve miedo de que la mujer comentara a su marido lo ocurrido, pero por fortuna no paso nada…

    Estaré escribiendo relatos no me despido…

  • Valerie (II)

    Valerie (II)

    Pasaron un par de días, y solo le escribía a Valerie por whatsapp, por temas laborales no pude verla durante esa semana, pero como dije, entregue su CV en la administración del edificio donde trabajo para ver si la consideraban en el puesto de recepcionista.

    El lunes de la siguiente semana, ya un poco más libre, quedé para almorzar con ella, en un restaurante cerca de mi centro de labores.

    -¡No sabes que paso!!! -Me dijo Valerie con una sonrisa en el rostro mientras se sentaba a mi lado en la mesa.

    -¿Buenas noticias? -Le pregunté levantando una ceja.

    -Me llamaron para una entrevista más tarde en el edificio. Muchas gracias Luis.

    -No tienes por qué agradecer, lo hice con gusto, además aún no tienes la entrevista.

    -Claro que te tengo que agradecer, eres el único que está pendiente de ayudarme, de verdad muchas gracias. -Me dijo mientras tomaba cariñosamente mi mano.-Y la verdad no le tengo miedo a la entrevista.

    -Me alegro, ya verás que te irá super bien.

    El resto del almuerzo transcurrió con normalidad, hablamos de distintas cosas, un poco de mi pasado, del suyo, de películas, etc, etc. Yo estaba contento simplemente de compartir la mesa con una belleza como ella. Valerie, llevaba puesto una blusa blanca media transparente que dejaba ver su brasier del mismo color con sus pequeños senos dentro, y un pantalón de mezclilla que se ajustaba a sus delgadas piernas y resaltaba su redondeado culo, tenia su cabello rubio amarrado con una cola de caballo y un maquillaje sobrio que resaltaba su belleza natural, Valerie era hermosa por donde la mires.

    Nos despedimos, tenía que volver al trabajo y ella a prepararse para su entrevista, nos despedimos con un beso en la mejilla y un abrazo fuerte para darle ánimos para más tarde.

    Regrese a mis laboras y todo transcurría con normalidad, no les voy mentir, estaba un poco impaciente por lo que le dirian a Valerie en su entrevista, de verdad quería que se quede con el trabajo, un poco para verla más seguido y un poco por que de verdad me preocupaba por ella. Seguía pasando la tarde y me impacientaba cada vez más, hasta que por fin me llego un mensaje de whatsapp que decia «Quede y empiezo ahora mismo, muchas gracias Luis, de verdad no se como agradecerte, o tal vez si» seguido a esto me envió un emoji guiñando un ojo y lanzando un beso «Me dijeron que tenía totalmente prohibido usar mi celular por un tema de seguridad así que lo estoy dejando apagado, cuando pueda te comento como me fue, y de nuevo muchas gracias. Besos».

    Terminé de leer su mensaje y me llené de tranquilidad, sabía que había ayudado a alguien que de verdad lo necesitaba, ahora sí sin responderle ni con preocupación alguna regrese a mi trabajo.

    Me quede hasta más tarde como ya se me estaba haciendo habitual, la carga laboral estaba muy pesada y apenas si había respondido mensajes personales esa tarde, ya eran las 10 pm y no había nadie de mi oficina, es más no vi a nadie en el resto de piso y hasta las luces del pasillo estaba apagadas. Tomé mi mochila con mis cosas, tomé un último pedazo de pizza y salí de la oficina cerrando todo con llave y verificando que dejaba todo apagado.

    Subí al ascensor mientras renegaba de mi trabajo monótono y de que en pocas horas debería de volver a ese lugar, llegue al primer piso donde pase un personal de seguridad que ya me conocía por que no era raro que saliera tarde, me comentó que comenzará su vuelta por los pisos y me deseó buenas noches.

    Caminé por el pasillo hasta la recepción y al despedirme del otro personal me quedé helado.

    -Por eso no respondes el teléfono.

    -Valerie, ¿qué haces aquí? -Le pregunté con una mirada incrédula al ver a Valerie con un uniforme de seguridad, más ceñido del que estaba acostumbrado a verlos usar. -Se supone que ibas a ser recepcionista.

    -Si, pero no calificaba para el puesto, pregunte que otro trabajo había disponible, y me ofrecieron este, la verdad pagan muy bien, sobre todo por tener turnos nocturnos. -Me dijo despreocupada y animada con una sonrisa.

    -Pero es peligroso no crees? -La cuestione

    -No te preocupes. El Sr. Juan me enseñó a dejar todo siempre cerrado y luego se fue a dar su vuelta, no tengo que abrirle a nadie a no ser que esa persona quiera salir.

    -Ya veo, pero igual deberias de conseguir otro trabajo. -Yo aun estaba preocupado.

    -Tranquilo, soy una niña grande y me se cuidar sola. -Me dijo poniendo sus brazos atrás de su espalda con un movimiento de lado a otro como imitando a una niña pequeña.

    -Tienes suerte que hayan cámaras, o tendría que regañar a la niña grande. -Le dije señalando con un dedo.

    -No te preocupes que se como apagarlas. -Me respondió mordiéndose el labio inferior.-Y aquí detrás hay un área de descanso donde no hay cámaras.-Continuó haciendo una seña con su cabeza.

    -Jajaja estas Loca Valerie, quieres arriesgar el trabajo que acabas de conseguir?

    -No es arriesgar si tengo todo bajo control. -Me dijo mientras presionaba unos botones en el teclado y salía de detrás de su escritorio. -Yo aprendo muy rápido y se por ejemplo que el Sr. Juan se demora más de 1 hora en dar su vuelta, el mismo me lo dijo, le gusta recorrer piso a piso a pie. -mientras me decía esto se acercaba lentamente a mi hasta quedar justo delante mío y poniéndose en puntas pude ver directamente a sus ojos y sin aguantar un segundo más la empecé a besar.

    La tomé por la cintura y la jale hacia mí dejándola sentir mi ya creciente erección en su ombligo, nuestras lenguas se retorcía juntas recorriendo todo el espacio dentro de nuestras bocas, poco a poco Valerie me fue llevando detrás del escritorio hacia una puerta casi oculta donde estaba el cuarto de descanso, entramos tropezando sobre algunas cajas y su mochila a un lado de la puerta, la cerramos, no había mucho espacio pero si un futón donde podría dormir una persona si así lo deseara, sin dejar de besarla deje mi mochila a un lado de la suya y sin mucho cuidado empecé a quitarle su uniformar, olía a nuevo como si recién lo hubieran sacado del empaque pero este olor se mezclaba con el perfume de Valerie, le quite la corbata y la blusa tratando de no romper ningún botón tire su blanco brasier hacia arriba y sin pensarlo mucho empecé a devorar sus pequeños pezones.

    -Mmm si así mi amor. -Empezó a susurrar Valera.

    Yo me quite rápidamente la camisa y la dejé para que se desabrochara su correa y pantalones, Valerie estaba muy caliente porque esta vez se quitó absolutamente toda su ropa, dejándome ver su hermosa verga totalmente erecta. Termine de sacarme la ropa de igual menta y nuestros cuerpos se buscaron abrazándonos y besándonos con una pasión desmedida.

    Bese su cuello mejillas mientras que mis manos ya jugaban con sus nalgas, las estruja a y abría demostrando mi deseo por penetrarla, ella entre juegos empezó a besar mi pecho y hombros acariciando mi cabeza, entendí lo que quería, me arrodillé frente a ella y empecé a lamer su blanca verga desde la base hasta su rosada cabeza.

    -Ahhh si mi amor, sigue. -Susurro Valerie nuevamente mientras empezaba a acariciar mi cabeza.

    Pared mi felación por un momento sentando en el futón y jalando la de la cintura para que quede sentada sobre mi. Valerie al ver mi accionar sonrió escupiendo en su mano y ensalivando su hermoso anito, tomó mi verga que ya brillaba por el líquido preseminal y lentamente se enterró mi verga hasta el fondo.

    -Ahhh mmmm. -gimió al sentirse totalmente ensayada por mi verga.

    Nos miramos a los ojos y nos envolvimos en otro beso, tierno pero a su vez lascivo, no pasó mucho tiempo para que Valerie empezará a cabalgarme sin ningún miramiento, y menos mal que el futon era resistente porque si no se hubiera roto con uno de sus sentó es.

    -Que rico es que me cojas mi amor. -Me dijo.

    -Que rico sería que tu me cojas a mi. -le dije mientras empezaba a masturbar su verga que se movía de un lado para otro.

    -Ahhh lo dices en serio? -me pregunto con mucha incredulidad en su rostro.

    -Por supuesto mi amor, te dije la última vez que tenías suerte que fuera tan abierto de mente.

    -No sólo de mente al parecer. -Me dijo Valera al dar un último senton sobre mí verga haciendo que llegue lo más profundo posible.

    -Jajaja, si no es lo tuyo lo entiendo.

    -Tranquilo, tienes un culo hermoso, sería una lástima no divertirnos con él. -Me dijo Valerie poniéndose de pie y haciendo que me levante del futon.

    Nos besamos nuevamente abrazándonos haciendo que la punta de su verga tocará mis huevos y la base de la mía por nuestra diferencia de estatura.

    -Bueno, qué esperas date la vuelta. -Me dijo Valerie mordiéndose sus rosados labios mientras sonreía emocionada.

    Me di la vuelta arrodillándome sobre el futon apoyando mis manos contra la pared y abriendo mis piernas lo más que pude.

    -Que rico culo tienes mi amor. -Me dijo Valeri antes de abrir con sus manos mis nalgas y hundir su rostro en ellas devorando mi ano a su total voluntad.

    -ufff. -Exclame por lo delicioso de su accionar.

    -Si eso te gusta, esto te va a encantar.

    Al terminar de decir esto empecé a sentir una leve presión en mi culo, que poco a poco abría paso a la verga de Valerie, la tenía totalmente dura y sentía como me penetraba lentamente afianzando sus manos en mi cintura jalandome hacia ella cada vez más y más hasta que mis huevos chocaron con los suyos.

    -Que apretado que estas mi amor. -me dijo mientras con su mano izquierda buscó jalar mi verga de arriba hacia abajo haciéndome alucinar con esto último.

    Empezó un mete y saca divino que me hizo empezar a jadear casi al instante.

    -Que rico Valerie. -le susurre mirando hacia atrás viendo cómo esa pequeña trans me estaba dando la cogida de mi vida.

    Valerie me sonrió y me mando un beso al aire al tiempo que aceleraba sus movimientos.

    -Ven mi amor, dale échate. -me dijo sacando su verga de dentro mío y sin dejar de acariciarla con sus manos ni por un segundo.

    Me eche sobre mi espalda dejando mis piernas colgando al borde del futon, Valerie se puso entre ellas y trató de levantarlas sin éxito, la ayudé con su propósito poniéndolas suavemente sobre sus hombros mientras Ella me penetraba nuevamente sin aviso alguno.

    -¿Te gusta mí a amor? -me pregunto mientras aceleraba sus movimientos nuevamente.

    -Si mi amor, me encanta que me cojas. -le respondí con la respiración entre cortada.

    -Si verdad, que rico que una chica trans te penetre, te haga suyo. -Me susurraba Valerie acelerando más y más.

    Me di cuenta que estaba a punto de estallar y haciendo un rápido movimiento la abrace con mis fuertes piernas haciendo que caiga sobre mi pecho sintiendo aún más profundas sus embestidas.

    Empezó a moverse frenéticamente mientras me decía.

    -Si mi amor apretame más, que me vengo, me vengo.

    Al tiempo que sentía como mi culo se inundaba por su corrida Valerie ahogó sus gemidos mordiendo mi hombro.

    -Ufff que rico. -me dijo mientras se echaba un poco más sobre mi quedando nuestras vergas una sobre la otra mientras me daba un largo beso.

    -Estuvo delicioso mi amor. -le respondí correspondiendo sus besos, Valeri empezó a jugar con mi barba y bigote mientras yo aun con la verga a mil no terminaba de decidir cómo cogerla.

    -tranquilo sé que aún no terminas, dejame a mi. -Me dijo al ver mi cara de indecisión.

    Se bajó de encima mío y empezó a mamarme la verga de forma soberbia, no la pude disfrutar mucho porque al verla brillante y apuntó de venirme se dio la vuelta dándome la espalda y se sentó desapareciendo mi verga en su culo, y claro volviéndome loco con esto, tomé su cintura para acompañar sus movimientos, pero estos eran tan rápidos que no podía seguirle el ritmo, no dure muchos segundos más hasta que llegue al punto de no retorno.

    -Valerie me voy a correr. -Le susurré mientras la jalaba por la cintura haciendo que se recueste sobre mí pecho y con una mano levantaba una de sus piernas haciendo mis penetraciones lo más profundas posibles.

    -Ahhh si mi amor dame. -me respondió Valerie entre jadeos.

    No aguante más y con una embestida más empecé a llenar sus intestinos con mi semilla, mientras miré sobre su hombro y vi como Valerie se hacía una paja más terminando sobre su barbilla y pecho desnudo.

    -Ufff Luis que rica cogida Dios! -Me dijo Valerie levantándose y tomando asiento sobre mis piernas mientras recogía los restos de su propia corría de su barbilla con sus dedos y los devoraba como si de un dulce manjar se tratará.

    Nos miramos a los ojos y nos unimos en un beso apasionado intercambiando nuestros fluidos mientras el olor de nuestros cuerpos se mezclaba entre el aire de ese pequeño cuarto.

    -Creo que hay que vestirnos. -Le dije entrando un poco en razón.

    -Si tienes razón no sé cuanto más se demora el Sr. Juan. -Ella también había perdido la noción del tiempo.

    Nos limpiamos con un poco de papel toalla y papel higiénico que había en ese cuarto, sobre todo el sudor y nuestros Fluidos, nos vestimos casi tan rápido como nos habíamos quitado la ropa y Valerie se arreglaba el cabello y el maquillaje que se le había corrido un poco.

    Cerró un compacto que estaba usando como espejo y volteando a sonreír me dijo. -Listo como nueva.

    Limpio cualquier rastro de nuestro encuentro como pudo y tomando mi mochila salimos de ese cuarto, claro dejando la puerta abierta para que se ventile y el Sr Juan no sospeche nada de lo que pasó esa noche.

    -Bueno ya me tengo que ir, pero por favor dime cuando acabe tu turno si?

    -Si claro, termino a las 6 am te escribo esa hora. -Me respondio dandome un último beso en los labios y sonriéndome con sus rosadas mejillas

    -Buenas noches.

    Me despedí de ella y salí a buscar un taxi a la av mas cernada. Definitivamente me iba a quedar hasta tarde más seguido.

    Muchas gracias por leer hasta el final, un saludo muy especial a Rodrigo de Chile que me estuvo preguntando muy seguido por la continuación de mi relato, como siempre estoy atento de sus comentarios en mi correo [email protected], los leo a todos.

    Saludos.

  • En la primera cita

    En la primera cita

    Hola nuevamente, en esta ocasión les contaré otra rica y deliciosa historia, la cual sucedió cuando yo tenía 21 años, tenía mucho desde la última vez que había sucedido algo interesante, puesto que el estudio había absorbido mucho de mi tiempo, aunque mi mente siempre estaba presente ese deseo, ese instinto de charlar y cortejar a cual mujer se cruzara en mi camino, pues a esta edad, el sexo ocupa gran parte de nuestro pensamiento, sobre todo en fantasías que imaginamos que algún día nos sucedan con alguna persona.

    Acababa de concluir mis estudios por el mes de agosto, de manera inmediata se me ofreció la oportunidad de cubrir el turno de una persona en una institución educativa, sin embargo, al poco tiempo llegó un grupo de dos jóvenes aprendices a realizar observaciones dentro del grupo en que tenía clase a esa hora, ellas me veían con cierto asombro pues quizá yo era muy joven para estar a cargo y que yo sería a quien observaran, pronto les ofrecí que se sentaran, estuvieron conversando en voz baja y sonreían, yo me sentía nervioso, pues una de ellas logró captar mi atención.

    Durante aquel tiempo tomaban nota, y precisamente la chica a la que le había puesto la mirada, me miraba fijamente con esos que emanaban una mirada profunda e imponente a los que se sumaban unos labios carnocitos rojo intenso, tenía cabello corto que le llegaba a los hombros, morena clara, de cintura delgada, pechos pequeños pero bien formados, grandes piernas y un trasero genial, al menos eso pude notar bajo esa falda arriba de la rodilla, ese saco azul marino y esas zapatillas negras que realzaban su personalidad.

    Pasaban los minutos y yo seguía sin concentrarme al cien, pues ella desde el fondo del aula se sonreía conmigo cuando demostraba mi inseguridad al tartamudear o incluso dudar en dar alguna indicación, ella jugueteaba, paraba más los labios, pasaba el lapicero por ellos como queriéndolo morder, yo estaba muy concentrado en sus movimientos, hasta que por fin terminó la clase, se acercaron a mi para solicitarme una entrevista que duró quince minutos, fue cuando supe que su nombre era Estefany, y que cuando ella me preguntaba, incluso cosas personales hasta el punto que si estaba casado o soltero y pues obviamente estaba totalmente disponible, aproveché el momento para decirles que si algo hacía falta en su entrevista les dejaría mi número de teléfono, ella sonrío mirándome fijamente, sabía que también ella estaba esperando algo así, una oportunidad para conocernos más.

    Al despedirse la saludé de mano y acaricié lo suave que éstas eran.

    Como sabrán, yo vivo solo y el tiempo pues lo dispongo a mi manera, y si, toda la tarde estuve pensando en ella, así que justamente cuando estaba a punto de mandarle un mensaje de texto desde mi pequeño celular, vi una notificación de que me había llegado un mensaje y si, era ella preguntándome algunos aspectos de la entrevista, para lo cual comencé a hacerle la plática, y esta cada vez se hizo más extensa, lo bueno es que ambos estábamos viviendo en la misma comunidad al sur del estado, por suerte también ella vivía sola sin su familia cerca, así que decidí invitarla a salir, todo estaba pasando muy rápido, en ese entonces yo conducía un chevy, así que pasé por ella a donde rentaba con una amiga, yo estaba muy ansioso esperando verla sin el toque formal con que la vi, fue entonces que abrió la puerta y salió del pequeño vecindario.

    Yo estaba también algo nervioso y trababa de pasar desapercibido, ya que como es una comunidad pequeña, todo se sabe y no quería que se supera lo nuestro tan pronto, pero bueno, la verdad quedé muy encantado de verla así, con un atuendo muy acorde al clima cálido que es muy común en este lugar, se veía super linda, traía un mallón negro, unos zapatos bajitos, una blusa rosa y corta que dejaba ver sus lindos hombros delgados, dejaba mostrar su cintura y ombligo, y claro, se marcaban sus lindas piernas y su trasero que le daba un gran atractivo, llegó caminando meneando ligeramente sus caderas, eso me pareció muy sexy, sus labios rosa intenso que daba ganas de morderlos, olía muy rico, se notaba que se había bañado y perfumado muy bien, y eso en mi parecer y en la de muchos estoy seguro, es un aspecto muy encantador que nos fascina de las mujeres.

    La saludé de beso en la mejilla, le abrí la puerta del carro, ya eran las 6 de la tarde, le dije que se veía muy linda, ella me hablada aún de usted, sin embargo, le dije que con confianza me dijera Hugo, por mi nombre, ella sonrió y dijo que estaba bien para ella, le dije que la invitaría algo de tomar, o algún postre, le ofrecí algunas opciones y ella, solamente dijo que pasaríamos a comprar algo y fuéramos a un lugar tranquilo en donde no hubiera tanta gente, yo me quedé sin palabras, pues quizá esto se estaba encaminando a algo más, me puse algo nervioso pero así le hicimos, nos fuimos a las orillas de la población, en una loma, en donde había pocas casas, para estas horas, el Sol se había ocultado, charlamos un rato, entre risas y jugueteo, le agarré las manos, las tenía algo sudorosas, se sentía nerviosa, entre todo ello, me acerqué a ella, hablándole cerca, ella mi miraba a los ojos y se sonrojaba, cuando ligeramente se mordió un labio supe que era el momento de besarla.

    Al principio fue algo desconcertante para ella, o bueno, al menos eso pudo aparentar, pero ella no respondió a manera de disgusto, sin embargo, solamente me dijo que era muy pronto, ya que apenas nos estábamos conociendo y que no era tan prudente ir tan rápido.

    Continuamos platicando, de cómo nos había ido en el amor, cómo nos había tratado la vida en esto, hasta que poco a poco iban surgiendo comentarios más íntimos. Le preguntaba las veces que había estado con alguien, ella se ponía muy roja y nerviosa por su voz quebradiza al responder, solo me respondió que no tenía casi nada de experiencia, y seguía preguntado, has que lentamente me acerqué a su cuello le besé suavemente y le preguntaba si eso le gustaba, al ver sus ojos cerrados y su respirar que se aceleraba más y más, supe que debía seguir, así que pasé a sus labios carnosos, mis manos acariciando sus piernas, y poco a poco acariciaba sus pechos por encima de su blusa.

    Pronto baje mi mano entre sus piernas frotando cada vez más y más hasta que sentía cómo rápidamente se iba humedeciendo, le besaba sus hombros suaves y mis dedos continuaban estimulándola más y más, sus manos también me acariciaban las piernas y apretaba, de pronto las puso sobre el gran bulto que sobre salía en mi pantalón, frotando, el color de sus labios se esparcía por nuestros labios, de pronto, a lo lejos venía un carro con luces prendidas que nos sorprendió e hizo que el momento se pausara por un instante, así que decidí encender el carro y me adentré unos veinte metros hacía una vereda sólida, en donde no molestaría ningún carro, ella se quedó callada mientras seguía acariciándome la cabeza y mis manos, cuando apagué nuevamente el carro, observé su rostro y se notaba algo agitada y a la vez muy excitada, la luna brillaba intensamente, pues el aire fresco del lugar permite que las estrellas se vean muy bien, ese airecito frío de fin de año, hace que nuestros cuerpos quieran darse calor mutuo.

    La miré a los ojos y le dije que ahora nadie podía interrumpirnos, de pronto ella abrió la puerta, salió (yo me quedé algo sorprendido pensando que se iba a ir), y abrió la puerta de atrás subiéndose, despojándose los zapatos y me dijo con una sonrisa -ven atrás que aquí hay mas espacio-, yo le sonreí y en un santiamén entré también en la parte de atrás de carro, seguimos besándonos, metía mis manos entre su blusa, acariciaba sus suaves y calientitos senos, así que no dudé en bajarle la blusa y poder chupárselos, en ella despertó un gran gemido mientras gritó – ¡qué rico los chupas, muérdeme los pezones!- y vaya que rico los succionaba, y por momentos metía sus senos en mi boca, eso la volvía loca.

    Rápidamente le quité la blusa, tomé sus dos senos y lamía alternadamente, no pudo más y siguió en camino a quitarme el pantalón, desabrochó mi cinturón, y de un golpe me bajó todo y yo quitándome la playera, así quedé totalmente a su merced, puesto que yo estaba recostado y ella inclinada hacia mí, me enloquecían sus ganas y su iniciativa, lo caliente que ella estaba, de repente puso una mano en mi pene, lo palpó y rápidamente comenzó a masturbarme y se escuchaba ese rico sonar de lo mojado que ya estaba, acariciaba mis testículos y luego con esa rica sensación de sentir sus uñas, en un inesperado momento, se agachó hacia él dándole una probada, pensó que eso me causaría incomodidad, sin embargo, me encantó demasiado, así que le dije que no se detuviera, que siguiera probándolo, le ayudé a recoger su cabello y la impulsé más, la sensación era indescriptible, así tardó unos cinco minutos, yo mientras seguía estimulando sus pezones, ella se incorporó, se bajó el mallón que dejó ver su sexy ropa interior de encaje rosa intenso, lo que me hizo aún más ponerme más deseoso de quitárselo y verla completamente desnuda, en lo que ella se seguía despojando de su ropa, le ayudé para tenerla completamente sin nada que nos estorbase para sentirnos piel a piel, noté su rica vagina, se había depilado gran parte, sin embargo, justo en medio se veía una ligera rayita de vello como de medio centímetro, se veía suculenta, sus labios vaginales se notaban hinchaditos, así que no dudé primero en pasar mis dedos por ahí y sentir lo húmeda que ella estaba, pronto ella tomó el preservativo y con ambas manos me lo colocó, ella tomó el control y rápidamente se montó sobre mí, ajustando mi pene en su vagina para de inmediato dejarse caer de un sentón, soltando un gran gemido, yo seguía acostado, así que, pronto me cabalgó colocando sus manos en mi abdomen y pecho, yo la meneaba con mis manos en su cintura, estaba disfrutando del espectáculo de ver ese vientre plano, su cadera y esos senos vibrar en cada movimiento, así seguimos por varios minutos, yo ya estaba también gimiendo de lo rico que me estaba cogiendo esta linda mujer en nuestra primera cita.

    Se acercaba hacía mí, dándome besos, mordiéndome los labios mientras me susurraba al oído -¡Qué rico está tu pene!, ¡me encanta sentirlo!, ¡mmm!- de pronto se dio la vuelta, dándome la espalda y dejándome ver sus grandes nalgas, la bajé de inmediato hacia mí para seguirle dando, primero ella se daba de sentones muy mojados, mientras seguíamos gimiendo, en cuanto paró, yo seguí con los movimientos, impulsándome hacia arriba mientras ella solo soltaba el cuerpo, sus ricas nalgas sonaban muy rico y se sacudían cada que golpeaban mí, sin sacarle mi pene la puse en cuatro, puse mis manos en sus nalgas y comencé a castigarla con penetraciones muy duras y mojadas, ella evidentemente gritaba más y más fuerte, yo le decía que gritara a placer y con ganas, nadie nos oye, llora si quieres, de repente se detuvo y me dijo que parara, y así, como había sido todo, muy repentino, dirigió su mano a mi pene y sin más, me quitó el condón, diciéndome -¡Listo!, ahora sí, papi, continua así como me lo estás haciendo – yo me puse más eufórico y caliente, sin dudarlo le metí mi pene de un golpe, apreté sus nalgas y continué, ella seguía gritando -¡Oh si!, ¡qué rico papi!, ¡me encanta!, ¡dame!, ¡dame!, ¡dame!, ¡me encanta tu verga, está muy rica!!!-, por el gran ritmo que llevábamos comencé a sudar y ella también su espalda se veía mojadita, eso más me excitaba, continué dándole nalgadas, eso le encantó y me dijo -¡Uy siiii, ¡que rico!, ¡eso me encantó!, ¡¡dame más!!, ¡dame más!, ¡cógeme más, ¡cógeme papi!, ¡cógeme!, ¡hazme tuya, hazme tuya, me encanta!- el rico sonar de nuestros fluidos armonizaban un sexo muy vigoroso y candente, yo seguía nalgueando hasta que le dejé rojas las nalgas, pronto la voltee, acostándola en el asiento, ella vio cómo puse nuevamente mi pene, mirándome a los ojos me dijo -¡qué rico me lo haces, me encantas!, ¡y sí que sabes usar tu rico pene!, me encanta sentirlo al natural-, yo me secaba la frente mientras pasaba mi glande alrededor de sus labios vaginales, sonriéndole, así que continué, se lo metí y seguí dándole duro, ella, nuevamente gemía y decía, -¡qué rico, así, así, no pares!, quiero que después salgamos de nuevo, yo le sonreí y le dije -claro que lo volveremos a hacer.

    La tome de las piernas, las puse una en cada hombro y continué hasta que ella gemía más y más angustiadamente, me veía a los ojos y de pronto sentí como mi pene resbalaba más, y de pronto todo en su interior se inundó, ella se retorcía mientras me apretaba entre sus piernas, respiraba hasta por la boca, y en cuanto pudo hablar, me dijo -¡dame más y más duro!, así que supe que también ella quería lo mismo de mi parte, y sin dudarlo me concentré más y comencé a penetrarla muy duro por dos intensos minutos, ella me decía -¡quiero tu leche papi, quiero sentir tu leche, dámela en mi boca!-, eso de manera inmediata me puso más con ganas de correrme en ella, cuando el momento estaba por llegar, notó mi cara y mi esfuerzo por contenerme, pero también sabía que estaba por terminar, así que me detuvo, ella seguía acostada en el asiento, de pronto, yo hincado sobre de ella, me acerqué hacia su boca y ella ya me estaba esperando con la boca abierta y la lengua fuera, pronto ella comenzó a masturbarme, y para acelerar el proceso, lo metió a su boca y siguió chupándome muy rico, yo estaba perdido y concentrándome en tardar un poco más, pues me estaba gustando cómo lo hacía con su boca, de pronto la voltee a ver y pronto lo sacó y vi como grandes chorros de semen llenaron su boca, mientras ella seguía estimulándome y me veía a los ojos, enseñándome que estaban en su lengua, para sorpresa mía se los pasó completamente y siguió chupándome y sí, yo seguía eyaculando, pero ella no dejó más rastro de ello, pues me succionó completamente y yo quedé totalmente exprimido, cual popote ella me había acabado todo.

    Aun así, ella todavía se lamió los labios y me sonrió, yo quedé completamente cansado, así que, así desnudos en el carro nos quedamos recostados un buen rato, comenzó a lloviznar poco a poco así que nos vestimos rápidamente y nos fuimos de aquel lugar, quedando en que nos veríamos la semana próxima y sí, comentarles que volvimos a repetir una vez más en aquel lugar, y otra más en mi casa, pero sin duda, la primera fue la mejor, posterior a ello, me tuve que ir a trabajar y dejamos de frecuentarnos con el tiempo, sin embargo, surgieron nuevas aventuras que estaré con gusto y emoción por contarles.

  • Mi esposa argentina (parte 2)

    Mi esposa argentina (parte 2)

    Sonó el móvil, era un mensaje de ella.

    –¿Dónde estás?

    No sabía qué hacer, si seguir con Javi o volver con Fernanda y quedar otro día con él.

    –Javi, voy a tener que ir al hospital, tengo una urgencia, que putada jode.

    –¿De verdad? –me miro Javi con desconfianza, pues esa es la típica excusa que usamos siempre lo médicos para escaquearnos de una cita

    –Que putada, mañana quedamos, tú estás unos días más aquí en Madrid ¿verdad?

    Salimos del pub, ya estaba anocheciendo, yo estaba como en trance.

    _Regreso a pagar y salgo echando leches –le dije

    –Oye no será que quieres ligar con la tía de la barra.

    –No que va.

    –Ja, ja, ja no; no es de tu tipo, ahora no veas que zorrón, menudo zorrón tío.

    Ahora sí que me quedé petrificado, lo veía alejarse así pequeñajo y nervudo y trataba de encajar todo lo que me había dicho

    Volví a la barra, me parecía que hacía un siglo que había estado ahí con ella por última vez, en el lugar había un poco más de gente. Ella estaba mirando el móvil, levantó su mirada, sus ojos azules sonrieron. ¿Había escuchado yo realmente lo que Javi me dijo, había sido real?

    –¿Dónde te habías metido? Pensé que te habían secuestrado.

    –Igual te vi dándole palique al camarero y no quise interrumpir.

    –¿Me estas espiando che? ¿Voyeur?– me miro pícara, deduje que el gin tonic había hecho efecto.

    Por dios que tetazas se marcaban en ese vestido blanco, la tomé de la cintura y la besé.

    “Nos la follábamos Chema y yo pero en plan borde” la frase fue como un flash, igual todavía no podía unir a Javi y Fernanda en una misma imagen, era como si mi mente se negara.

    La besé en el cuello y detrás de ella pude ver un tío que nos miraba, que la miraba bah, miraba su espalda desnuda y perfecta, su culo reventando el vestido blanco sentada en el butacón.

    Sonó su móvil, aproveché para mirarla. Entonces pensé en Chema, pijo, guaperas, chulito, más alto que yo, Chema que se mataba en el gimnasio, Chema diciéndole a Javi: tienes que depilarte tío que vas muy peludo y a las tías no les gusta, yo me depilo hasta los huevos tío para que me los chupen bien las muy cerdas, Chema que se había recibido de médico un año antes que yo, Chema que le decía a Javi y a mi sobre una chica de Sevilla que estudiaba con nosotros, sabes que le gusta por el culo a esta guarra, joder tío no veas como le queda el culo, lo abierto que le queda joder.

    –¿Vamos a casa mi Voyeur?

    Y entonces sentí como un click ¿Chema se había follado a Fernanda como a aquella chica de Sevilla, por el culo, en plan borde había dicho Javi?

    Y mientras la miraba caminar delante de mi marcando tacos con sus sandalias, con su pedazo de culo bamboleándose delante de mí, con los tíos en el pub mirándola embobados, con su melena rubia rojiza, con Chema dándole por el culo, dándole azotes en el culo porque ese no se corta un pelo, Chema “no veas como le queda el culo, lo abierto que le queda joder”.

    Íbamos caminando a buscar el coche, la llevaba de la cintura, ella echó su cabeza sobre mi hombro, los tacos resonaban contundentes sobre el pavimento. Estoy hecha una vaca me había dicho hace poco, mirá estos muslos, tengo piernas de jugador de futbol.

    –Las piernas de Ronaldo –le dije siguiendo la broma.

    Chema, le gustaba reírse de las mujeres que se follaba, que tetazas más ridículas tiene, te juro macho que se las veía botar arriba mío y me daba risa y le metí a dar ostias en las tetas, que ubres macho, ¿Sabéis que bufa colega? bufa como un cerdo cuando le doy por detrás. Que olor a coño tan fuerte tío, cuanto hace que no te lavas el conejo tía le dije, Chema, pijo, macarra, guaperas. Joder la argentina tiene los muslos de Ronaldo la muy guarra, está hecha una vaca el puton argentino. No, no, no.

    No podía ser, Javi se había equivocado, no la había visto bien, se confundía con otra, pero… Era la esposa de un médico argentino que vino a Valencia, médico, argentino, Valencia. Iba a ser una noche muy larga, ya lo veía venir.

    Quedé con Javi al día siguiente, mientras lo esperaba volví a decirme a mí mismo que no tenía importancia lo que ella hubiese hecho antes de conocerme, con quienes había follado y de qué manera, pero… Necesitaba saber más, necesitaba saber los detalles, joder había follado con dos conocidos míos, uno de ellos un chulo detestable y engreído que se jactaba de cómo se follaba a cada tía con la que ligaba.

    Y luego esa frase “casi un año estuvimos follándola en plan muy borde” ¿follándola los dos? ¿Al mismo tiempo? No, por mucho que quisiera razonarlo fríamente y decirme que no era asunto mío, no podía dejar de pensar en eso con una pizca de celos y también de excitación, porque aunque no quería reconocerlo en ese momento, me ponía imaginar todo aquello, de una forma morbosa y dolorosa a la vez.

    La noche anterior había sido un verdadero suplicio, era mirarla aun haciendo la cosa más trivial, trasteando en la cocina, lavándose los dientes descalza con un tanga y una camiseta y pensar ¿Chema se la había follado? ¿Estando ella casada todavía? Esa era otra idea que empezaba a obsesionarme, me preguntaba si ella le había puesto los cuernos a su ex con Chema y con Javi.

    Esa tarde iba saber todo eso y más.

    Llegó Javi y como si hubiese sabido el de toda mi ansiedad me dijo :

    –Estarás loco por qué te cuente la historia completa ¿A que si?

    “Nos habían dicho en el hospital que venía un cirujano argentino que era una eminencia y que había estado en la Cleveland y no sé dónde coño que otro lugar de esos importantes, total que se organizó un pequeño evento para darle la bienvenida, joder macho, el evento fue la tía esta que era imponente y que nos quedamos todos tontos, entonces el subnormal de Chema me dice, joder me tengo que follar a esta buenorra como sea, yo me reí y le dije si te follas a esta te beso la polla chaval, en una de esas nos acercamos como dos buitres, la tía estaba con un vestido que se la marcaba el canallito de la tetas y joder que nos pusimos las botas de mirarle las tetas.

    No puede ser lo buena que esta la cabrona me decía Chema, imagínate tu pollon metido en esas tetas le dije yo, porque no sé si sabes que el cabrón tiene un pollon de mucho cuidado.

    Bueno cuestión que además nos ponemos a conversar con ella y que la tía tiene buen rollo y tal y nos cuenta que es psiquiatra, no espera, era psicóloga creo, pero tenía que revalidar el título y que iba a estar un tiempo aburrida, así nos dijo y que le gustaba correr por las mañanas y entonces Chema le dice que el también corre y que si quería él le podía indicar cuales eran los mejores sitios para hacerlo. No te jodes, recién la conocía y ya estaba el cabrón casi quedando con ella para el día siguiente.

    Total que al día siguiente se encuentran en un parque cerca del hospital y Chema me envía un mensaje diciendo que la tía en leggins era para morirse como se le marcaba el coño y el culo, pero la cosa no salió como esperaba, primero porque la cabrona tenía un estado de forma que el imbécil de Chema no le pudo seguir el ritmo y la tía siguió corriendo sola mientras él se quedaba hecho polvo en un banco.

    Luego me dice, la verdad, no sé, está chunga la cosa, la tía parece un poco santurrona y el marido es una especie de ídolo para ella. Que yo entonces le dije ya te estás acobardando, venga tío, no era que tú te las follas a todas. Y entonces Chema me dijo va a estar difícil pero la tengo que conocer un poco más y ver por donde entrarle, porque la tía no va a estar así de buena para nada.

    Bueno que pasan un par de días y luego de correr van a tomar un café y Chema mientras la tía va al baño me manda una foto de ella de espaldas caminando, no veas que pedazo de culo macho, la cintura que casi podías rodearla con una mano. Y luego ese mismo día Chema me dice, está hecho ¿Pero qué dices chaval? Ya sé por dónde entrarle, Ah sí le digo.

    –Es muy vanidosa de ese cuerpazo que tiene aunque lo disimula y le gusta que le digan guarradas.

    –Tu estas mal de verdad –le digo

    Y entonces me cuenta que la había grabado con el móvil, la conversación”

    –La había grabado –dije yo como transportado a otro mundo, todavía no podía unir a esa tía corriendo con Chema por un parque con mi esposa

    –Entonces me hace escuchar la grabación “Corres demasiado bien a pesar de las tetas que te cargas” y ella dice ¿Las tetas que me cargo? Y entonces oigo como ella se ríe ¿increíble no? Cualquiera pensaría que la tía lo iba a mandar a la mierda, pero me cuenta Chema que ella se sonrió y miró para abajo y que le vio cierto brillo en la mirada y le dice “Y de culo no estás mal tampoco”.

    Ahí ella se pone seria y le dice “Perdona no estoy acostumbrada a me hablen así” entonces Chema recula y le dice “Oye tía disculpa si te he ofendido pero es que aquí somos muy directos y si una tía esta buenorra como tú se lo decimos” y ella se sonríe otra vez y dice ¿Buenorra? Que ridículo nunca lo había escuchado.”

    Yo no daba crédito, pero de verdad, porque empecé a pensar si Javi no se estaría inventando todo eso porque la historia era demasiado cutre para ser verdad.

    –¿Y la conquistó así diciéndole guarrerias sobre su cuerpo?

    –Mira no sé si fue por eso o que pero a la semana se la estaba follando por el culo en el coche, en el portal de su casa y con su marido esperándola en el piso.

    Me eché para atrás y lance un Buff y tuve una erección instantánea como cuando era adolescente.

    A la vez me seguía pareciendo todo demasiado increíble y no podía asociar una historia tan cutre con Fernanda, aunque lo de correr era lo único que parecía coherente porque sabía que era una de sus pasiones.

    –Joder Javi me cuesta creerlo.

    –Mira no lo tengo en este móvil, que es nuevo, pero en cuanto llegué a Valencia te mando el video y vas alucinar colega.

    –¿Un video?

    –Joder, si fuera uno, Chema empezó a filmarla cada vez que se la follaba, a veces con el móvil y a veces cuando estaban en su piso con cámaras ocultas que tiene desparramadas por todo sitio.

    Me quedé sin palabras, mi cabeza era un torbellino, ¿Existían videos de Fernanda follando con Chema? Eso ya era más de lo que hubiese imaginado y empecé a darme cuenta que era más de lo que pedía soportar.

    –¿Carlos estas bien tío? Si te pone mal esta historia hablamos de otra cosa.

    –No, no; está bien, es que es una historia que tiene su morbo, pero ayer me dijiste que tú también te la habías follado ¿Y eso?

    –Bueno es que el cabron de Chema me tenía perdido con los putos videos, que yo ya no pensaba en otra cosa y entonces un día me dijo que me escondiera en su piso mientras se la follaba, para espiarlos y no veas que polvazos le pegaba a la cabrona, es que Chema tiene un pollon y no sé si ella estaría muy mal follada o que pero la tía es como que no paraba de correrse y gritar como una perra.

    Ante mi silencio que ya era un estado catatónico Javi siguió.

    –Bueno que luego de eso Javi me dice que la próxima vez que esté al loro que cuando la esté follando por detrás, me ponga delante y le ponga la polla en la cara para que me la chupe, que a la tía le va la marcha y tal.

    El corazón empezó a latirme de un modo, que por reflejo profesional puse mi dedo en la muñeca para tomarme las pulsaciones.

    –¿Y fue así?

    –No, eso salió fatal porque por un momento, con el polvazo que Chema le estaba dando y la cara de vicio de ella pensé que la cosa iba a marchar, pero finalmente ella dijo que no, que no quería y se cortó el rollo y bueno que nos empezó a insultar y que éramos unos pelotas o que se yo y estaba muy mosqueada.

    –Pelotudos les debe haber dicho que eran unos pelotudos –dije

    Javi se rio –Claro eso, pelotudos, esa era la palabra y que si pensábamos que era una puta y tal, que al final Javi me dijo que me fuera.

    Estúpidamente me alegré de esa victoria parcial de la dignidad de mi esposa, pero Javi siguió con el relato.

    –Pero al otro día lo hicimos finalmente, yo ya no quería saber nada con el asunto, pero Chema me mostró el video de como siguieron follando esa noche después de que me fuera y es que mientras se la follaba le daba caña todo el rato con eso; en plan de “Claro que eres una puta, coño, a que no te gustaría chupar una polla mientras te enculo, guarra o quieres tener dos pollas a que si, no te basta una polla para lo zorra que eres”.

    Bueno que la tía se ponía cachonda perdida con todo eso y a todo le decía que sí, que era una zorra y que quería chupar una polla mientras se la follaban y si quiero una polla en el culo y otra en el coño” que al fin me convenció de intentarlo al día siguiente.

    Mientras pensaba que Fernanda seguramente diría concha en vez de coño, pregunte –¿Pero ya follaban todos los días?

    –Casi todos los días, la tía estaba completamente encoñada con Chema.

    –Y entonces hicisteis lo mismo al día siguiente.

    –Esta vez Chema me dijo que entrara al piso luego de un rato, e hizo bien porque ella revisó cada rincón del piso por si yo estaba escondido, esta vez el plan era que cuando le estuviera chupando la polla la iba a poner con ese culazo en pompa hacia la puerta y que yo entrara y le besara…

    –¿El coño? –le interrumpí, porque el morbo corría a partes iguales con la angustia que sentía.

    –No te lo vas creer, Chema me dijo que a la tía la ponía cachonda que le besaran y le sobaran los pies y bueno que esperé que Chema la tuviera en posición y me acerque ya desnudo y me agaché al borde de la cama y empecé a chuparle un pie y sobarle el otro con la mano.

    –¿Y ella? –me daba rabia no saber esa preferencia de mi esposa, que Javi supiera más de ella que yo.

    –Al principio se resistió y pensé que teníamos una escena otra vez, pero cada vez que ella intentaba mirar para atrás Chema le hacía un “shhh tranquila, solo los pies“ y me decía a mi: “solo los pies Javi, no te pases, solo los pies”, cuestión que al rato de estar así sobándole los pies, la tía estaba cachondísima y yo ya le metía mano por las piernas y la parte de atrás de los muslos, joder que duros los tenía, una pasada, finalmente me subí a la cama y le plante un beso en el culo y joder como tembló esa zorra cuando sintió mi lengua en el culito y ahí yo ya sabía que esa noche me la follaba por mis huevos, le di un par de azotes en ese culazo y le metí la polla así a pelo sin condón.

    –¿Follabais sin condón?

    –Jamás me puse un condón con ella, ni Chema tampoco.

    Aquello si me dolió, yo estuve casi un año usando condón y estos hijoputas se la follaban a pelo desde un principio.

    –Ese mismo día hicimos una doble como en las porni, yo le follé el culo mientras Chema la tenía ensartada en su pollon, que guarra como se corría con mi polla en el culo, que pasada colega, sabes que en lugar de decir me corro o me voy, ella decía algo así como ya acabo, ya acabo, que guarrilla, que puton –dijo Javi con cierta nostalgia.

    Que imbécil pensé ni siquiera recordaba bien esas expresiones que a mi tanto me ponían, no era “ya acabo” sino simplemente “acabo, acabo”.

    Claro que el imbécil me estaba contando como le había follado el culo a mi esposa y más de una vez, mientras que yo todavía ni siquiera me había animado a pedírselo.

    Todo aquello me estaba haciendo realmente mal y le propuse cambiar de tema, hablamos de algunas chorradas, pero ya los dos estábamos cachondos, el con sus recuerdos y yo con este nuevo morbo de conocer este pasado de Fernanda, aunque no llegaba a creérmelo del todo.

    –¿Y cómo siguió la historia?

    –Bueno ahora ya nos la follábamos cuando queríamos y como queríamos juntos o por separado, a algunas cosas ella oponía reparos y se hacía la digna, pero al final aceptaba todo.

    –¿Qué cosas?

    –Buff no sé, que nos corriéramos los dos en su cara o que la filmáramos con el móvil o que le metiéramos un juguete en el culo, que nos meáramos en sus tetas, joder no sé, porque no te he contado que a los meses de todo esto el marido se enteró y se piró a la Argentina creo yo, entonces ella se quedó sola en el piso y ahí Chema y yo ya vivíamos con ella y la teníamos casi como una esclava, porque la tía tiene un puntillo de sumisa sabes.

    La frase de Javi “un puntillo de sumisa” resonaba en mi cabeza de un modo que por un momento casi no escuchaba lo que me estaba diciendo. Realmente no podía unir la palabra sumisa con Fernanda en una misma oración.

    –Pero uff que ya ahí pasaron cosas que ya hasta me da corte pensarlo, colega y es que nos pasábamos cada vez más y ella no nos paraba–estaba diciendo Javi.

    –¿Pero cosas muy serias? –pregunté, ya me estaba preocupando además de estar con un sabor amargo en la boca y en el vientre.

    –Es que después apareció otro tío, bah, nosotros lo incluimos y este tío era un borde y un macarra y bueno que un momento se la llevó a vivir con él y bueno al fin que un buen día la tía desapareció.

    Ya no estaba con el macarra este porque el tío estaba cabreado con nosotros y nos decía que se la habíamos robado, joder que bizarro colega.

    Nos quedamos los dos con la mirada perdida, mientras el bullicio del lugar nos envolvía.

    –Me ponía mucho como me comía los huevos, su naricilla contra mi polla…

    –Lo siento Javi debo irme –dije interrumpiendo su relato.

    Ya no podía escuchar una palabra más de todo aquello y nos despedimos, antes de irse Javi me dijo –Voy a pasar por el pub de ayer a ver si me la encuentro joder, me he puesto malo con los recuerdos.

    La verdad es que por un lado todavía no podía creer todo lo que Javi me había contado o mejor dicho no podía asociar realmente la protagonista de su historia con Fernanda, mi esposa.

    Lo traumático que hubiese pasado, aquello de nos meábamos en sus tetas o tiene un puntillo de sumisa o el macarra que se la lleva con él y luego piensa que se la roban no parecía haber dejado una huella en ella o al menos lo tenía muy tapado, o muy superado.

    También recordé algo que me había dicho Carmen de que luego de la separación estaba hecha polvo.

    Me fui poniendo cada vez más nervioso y termine por aparcar el coche en cualquier sitio y me puse a llorar como un crio sin saber bien por qué. Luego me fui calmando y poniendo las cosas en perspectiva.

    Suponiendo que todo lo que me había contado Javi era cierto, ese era el pasado de mi esposa, algo que había sucedido antes de conocerme, ella no me había puesto los cuernos a mí.

    Tampoco sabía cuál había sido exactamente la relación que había tenido con su ex. Tenía que dejar todo aquello, si Javi me enviaba los dichosos videos tenía que resistir la tentación y el morbo y borrarlos sin mirarlos. Estaba casado con una mujer hermosa que me amaba, era feliz, estaba en mi arruinarlo o no.

    En eso sonó el móvil, era un mensaje de Javi –Me había olvidado que el subnormal de Chema subió dos o tres videos a un sitio porno, ahora te los mando.

  • Elisa y su colega informático

    Elisa y su colega informático

    La luz se colaba por las rendijas de la persiana anunciando un día soleado, un paréntesis de buen tiempo después de días de lluvia y viento.

    Elisa abrió los ojos, suprimió un bostezo y sacando los brazos fuera del edredón se estiró. Luego, poco a poco, tomo conciencia de que era sábado y tenía un día de descanso por delante. Primero desayunaría chocolate en polvo del 70% y luego retomaría la construcción de un puzzle de 1500 piezas que aguardaba a medio hacer sobre la mesa del saloncito.

    Se levantó, abrió la persiana y miró hacia el parque. Un pájaro posado en un árbol cercano empezó a piar mientras ella se llevaba la mano atrás para rascarse la nalga. No contenta con el resultado, metió la mano bajo el pijama, deslizó el dedo a lo largo de la rajita del culete, y volvió a rascarse sintiendo el tacto de la tierna piel.

    Pensó en Miguel. El informático de su oficina, con sus gafas de marco cuadrado, su rostro de tez pálida y barba a medio crecer, su camiseta negra con pictogramas japoneses y sus pantalones vaqueros medio caídos que, cuando se agachaba, dejaban a la vista el nacimiento de la raja del culo.

    El chico no era especialmente atractivo, tenía cinco años menos que ella y estaba medio en su mundo friki. Sin embargo, por lo poco que habían hablado, sabía que no tenía pareja, su vida era un tanto aburrida y su mayor objetivo parecía ver el nuevo capítulo de una serie de fantasía.

    Seguro que era de los que se masturbaban. No había otra opción. Ella misma hacía ya casi medio año que no estaba con un chico, bueno, la última vez había sido una chica en su caso. La experiencia no le había gustado demasiado, pero, al fin y al cabo, había habido carne contra la que restregar su cuerpo y besos, eso sí, muy mejorables.

    Volvió a pensar en Miguel. ¿Qué haría cuando no veía series?, ¿se masturbaría enfrente de su portátil viendo como enculaban a una chica disfrazada de guerrera? Durante unos minutos la imagen de su colega jugando con el pene ocupó su mente y un ramalazo de corriente subió por su entrepierna.

    «El desayuno» pensó para centrarse.

    Las horas pasaron rápido enfrascada como estaba en culminar el puzzle.

    A eso de la una tomó una decisión.

    Fue en busca del móvil y buscó el número de Miguel.

    Le llamó.

    Hablaron un par de minutos antes de que Elisa formalizara la invitación a ver la serie en su casa y merendar. El informático aceptó y la anfitriona respiró aliviada. La alternativa a que viniese el chico era de lo más patético, leer una novela erótica y tratar de masturbarse. Bueno, a lo mejor no pasaba nada entre ellos, pero si ese era el caso, no sería porque ella no lo hubiese intentado.

    A las cinco se duchó y se puso unos pantalones blancos de andar por casa que dejaban a la vista los tobillos y una camiseta que vestía el hombro derecho y dejaba desnudo el izquierdo, el escote en pico era generoso sin llegar a ser escandaloso. Debajo, como ropa interior, optó por un sujetador bordado y un tanga.

    A la hora señalada el timbre sonó y Elisa abrió la puerta. Fuera estaba Miguel, con una de sus camisetas negras, pantalones vaqueros recién lavados y zapatillas de colores.

    – Esto es para beber. No sabía que traer. – dijo entregando una botella de vino blanco.

    Se le notaba nervioso.

    Elisa cogió la botella y la dejó en la mesa al tiempo que decía.

    -pasa, pasa. –

    Miguel entró, se quitó los zapatos y luego empezó a quitarse la chaqueta. En ese momento se acercó la anfitriona e intercambiaron, con algo de torpeza, un par de besos en las mejillas.

    «Se ha echado colonia.» pensó Elisa recreándose con el aroma masculino.

    – Ponte cómodo.

    El chico se acercó al saloncito.

    – Bonito puzzle.

    – Sí, ya falta menos… ¿quieres tomar algo? … ¿O abrimos el vino? Tiene muy buena pinta.

    Abrieron el vino, se sentaron en el sillón y empezaron a hablar de todo.

    – La serie está a punto de empezar. – dijo la mujer levantándose para encender la tele.

    – Sí… esto, el baño.

    – Es verdad, que no te he dicho nada. Mira, el baño está aquí y esta es mi habitación.

    Miguel asomó la cabeza y echó un vistazo alrededor.

    – Aquí la de invitados, que la tengo un poco desordenada… y bueno, la cocina y eso es todo.

    – Está bien. – comentó el invitado.

    Luego entró en el baño.

    Elisa oyó el sonido de la orina y luego el ruido de la cadena.

    – Bueno, va a empezar.

    – Sí, aquí tengo algo de picar… pizza?

    – vale.

    Los dos se sentaron en el sofá, frente a ellos una mesita con la pizza y el vino.

    Durante veinte minutos comieron la pizza y bebieron vino mientras hacían comentarios. Luego la acción en la serie se hizo más lenta.

    – Con lo bien que iba, menudo rollo de discurso. – dijo Elisa algo contentilla.

    – Ya. – respondió Miguel mirando los pechos de su colega.

    – Oye… y si apagamos la tele. – intervino la chica.

    – vale… y que podemos hacer.

    Elisa pulsó el botón del mando y luego se reclinó en el sofa.

    – No sé… te apetece que te dé un beso.

    Miguel tragó saliva y se ruborizó ligeramente.

    – Bueno, solo si te apetece. – dijo Elisa mirándole con intensidad.

    El chico reaccionó tomando la iniciativa y besó en los labios a su compañera.

    – sabes a vino. – dijo

    – ¿qué?

    – que te voy a dar otro.

    Esta vez la cogió suavemente por el cuello y juntó su boca con pasión. Elisa gimió y abrió la boca dejando entrar la lengua para que ambas lenguas danzaran mojadas en saliva. El sabor era embriagador y adictivo y ninguno de los dos quería romper el hechizo.

    Cuando las bocas se separaron ya no había marcha atrás. Miguel quitó la camiseta de Elisa y Elisa hizo lo propio con la de Miguel. Luego se abrazaron sintiendo sus cuerpos.

    Miguel la besó el cuello creando un escalofrío que estremeció el cuerpo de la muchacha.

    El sostén sobraba y los pezones pronto estuvieron a la vista, acariciados por el aire, firmes, excitables.

    Miguel se quitó el pantalón y la mano de Elisa terminó de acariciar la espalda masculina perdiéndose bajo los calzoncillos y notando la humedad que manaba de la raja del trasero masculino.

    El chico no esperó a que Elisa se desnudase. Deslizó ambas manos bajo sus pantalones y agarró con ternura las nalgas de la joven mientras susurraba en su oído.

    «Oye, no tienes bragas… eres una niña traviesa y papá te va a castigar.»

    Elisa respondió a las palabras contoneando el trasero y acercando su pecho a la boca de su amante que no dudó en chuparlo haciéndola gemir.

    Luego se levantó, se quitó los pantalones y el tanga y giró sobre si misma. Miguel, sentado, presentaba una erección considerable. Haciendo un gesto con el dedo, invitó a su anfitriona a que se acostase sobre sus rodillas.

    – Me vas a dar una azotaina. – dijo fingiendo voz de niña pillada en falta.

    Miguel la tomó por la mano y tiró de ella hasta que quedó en posición. Luego, le dio cuatro nalgadas y comenzó a darle besitos en el trasero.

    Elisa se reincorporó, se arrodilló frente al chico y le quitó los calzoncillos. Bajó la cabeza y comenzó a chuparle el pene.

    Él estiró un brazo y con la mano toco el culo de la muchacha para luego introducir un dedo en su sexo húmedo.

    – ¿Puedo? – preguntó Elisa acercando su coño a la verga palpitante.

    – Adelante. – respondió el informático.

    El pene se abrió camino con facilidad mientras la espalda de la mujer se arqueaba recorrida por una corriente de placer.