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  • Juguete nuevo

    Juguete nuevo

    Otro maratón de esos que inicio el viernes y terminan el lunes en la mañana, pero con un juguete nuevo. Va mi reporte sobre el día de hoy.

    Esta semana hay algo nuevo que contar y concluye con el clásico maratón (dos días con mi marido y uno con mi amante).

    Uno de mis contactos me contó la cogida que le dio a una de sus amigas, en el departamento de ésta. Me dijo que ella y tenía un juguete (se refería a un dildo o consolador) y claro para que lo usara sobre ella en una doble penetración. Yo no uso juguetes, salvo lo del condón con bolitas y piquitos que usé para guardar la leche de mi marido, como lo conté en el relato “Travesura a mi amante”; y es que mis juguetes son mis amados. Debido a ese comentario, en el maratón de la semana pasada le pedí a mi amante que me comprara un consolador para usarlo la próxima vez con él.

    Además, esa noche, cuando dejé a mi marido bien cogido y dormido para ver mi correo, durante «la batalla» le dije que sería bueno que los hombres tuvieran dos vergas para que me las metiera al mismo tiempo, abriendo la posibilidad de que, si me llega a gustar la manera en la que lo usara con mi amante, me comprara otro consolador para usarlo en la casa.

    Por otra parte, otro de mis contactos por email sólo hace preguntas, pero no contesta las mías, además no cuenta nada, porque se le dificulta escribir y se molesta cuando platico de las reacciones que tiene cuando le hago observaciones. Sólo sé que tiene nombre de muralista mexicano y me señala airado «si hablas de mi que sea como anónimo». En fin, no se da cuenta que no puedo hablar algo de él, pero en estos renglones no me referiré a él como “el anónimo” sino que lo llamaré David.

    Después de muchos correos y pataletas que hizo David, me contestó las preguntas que le había hecho, que son la parte más elemental: “¿En qué ciudad vives?, edad, ¿qué estudiaste?, ¿en qué trabajas?, etcétera.

    Con el trato del correo, se ve que es un chico (ni tan chico con 28 años) que sólo quiere hablar de sexo, es bastante “machín” y le gusta dar órdenes, cree que las mujeres sólo son para coger, y es fácil llevárselo por allí. No sé si le gusten las mujeres maduras o si no tiene recursos emocionales para tratar a una mujer de su edad o un poco menor, pues sólo menciona coitos con maduras y alardea de que las hace llorar de felicidad y hasta recibe araños en la espalda cuando gozan con su verga.

    Desgraciadamente, cuando habla de sexo, sólo puede escribir unas dos frases, nunca más de tres. A cambio de eso, suponiendo que las fotos y videos que recibí son realmente de él, tiene una verga de ensueño. Un poco cabezona, pero soportable. Particularmente, me he chorreado más de tres veces viendo un video jalándosela. También mi marido usufructuó la calentura que me daban sus fotos. Lamentablemente sus correos no tienen nada de ternura y sí mucho de dominación, es muy pagado de sí mismo, dice que da muchas embestidas rápidas, debido a su juventud (supongo que no se ha medido contra una máquina de coger) y cree que todas deben rendirse a sus pies.

    Respecto a la escritura, le puse un ejemplo de una fantasía que escribió «Vago82» para mí (ver el relato “El cielo en Mar”) y le dije “A éste sí lo esperaría con las piernas abiertas después de coger con mi marido”. Contestó: “los que cuentan así, en persona no hacen ni pío, yo soy de pocas palabras y mucho que hacer en persona.” (¡Otra vez dándose aires de potente y descalificando a priori!)

    El caso es que se me ocurrió enviarle a mi amante los correos que intercambiamos, incluidos los anexos (videos y fotos). Las imágenes de David, todas son de verga, quién sabe cómo estará David en lo demás). No recibí respuesta de mi amante.

    Desde el sábado, me calenté con las fotos de David, pero no con sus correos que son demasiado obvios. Cuando fui a la recámara, mi marido ya estaba dormido. Se la mamé pensando en la verga de las fotos (se parecen mucho) hasta que se le puso dura y lo cabalgué hasta que nos vinimos. Como había llegado borracho, se dieron las cogidas intermitentes y yo alimentaba la calentura con el intercambio de correspondencia. ¡Esos videos!

    El domingo fue igual, mi marido y yo cogimos todo el día, embadurnándome el cuerpo con el semen que recuperaba. Además, en los descansos, yo enviaba y recibía correos. Ni por asomo le salían más de tres frases a David (con la ortografía corregida), por más que lo calentaba enviándole fotos:

    “¿Pero te gusta lo que viste?

    ¿Tú cómo tienes tu concha ahora?

    ¿Ya te vas a meter los dedos?”

    Yo contestaba “Sí, mira, me hice así”, y le mandaba una foto masturbándome y otra donde me están cogiendo, porque insistía en que le gustaría ver cómo me cogen. Como en la foto también se veían mis pezones, David contestó pronto “esas tetas de prestan para una buena rusa”. y recordaba que yo ya estaba lista para llevar mis “tetas con crema” para el desayuno de mi amante.

    En fin, con mi calentura, el burro lechero de mi marido quedó bien ordeñado y yo con todo el cuerpo listo para la limpieza de hoy lunes, a pura lengua.

    Al llegar con Bernabé, mi amante, antes de besarme apasionadamente me dijo “Eres una puta…” Después de eso me encueró y se puso a chuparme la vagina primero. Cuando terminó siguió con las piernas y los pies. Yo lo disfrutaba con los ojos cerrados y sentí sus dedos en mi raja, pero después sentí algo más grande… ¡Era el dildo que me compró Bernabé! Él lo introducía y lo sacaba rítmicamente en mi panocha. Cuando acabó el turno de las tetas con crema me puso de espalda para lamerla y también el cuello y las orejas. ¡Riquísimo! Entonces dijo “Ahora por aquí” y me lo metió poco a poco en el culo y, cuando ya me había acostumbrado, lo movió más rápido. ¡Sorpresa, también era vibrador!

    Me volvió a poner bocarriba sin sacarlo y me metió la verga. ¡Ay Dios, qué hermoso sentí! Ensartada por ambas partes, me comí su lengua en un beso riquísimo. ¡Nunca me había sentido tan puta!

    –Pues así sentirás con doble penetración, yo estoy adelante. A ver putita, ¿quién es el otro que te está cogiendo por el culo? ¿Te gustaría que fuera Ramón o el “bombón putito” que se la jaló por ti? –me preguntó en alusión a los epítetos que le dije a David en los correos (¡bien que los había leído!)

    –Me gustaría que fuera mi marido, y también saborear la verga de David en la boca –le contesté.

    –¡Eres muy puta, mamita! –gritó al tiempo que se estaba viniendo y sentí su semen ardiente y abundante en mi vagina –¡Ah! –grité, pero casi de inmediato di otro grito de sorpresa ¡porque también sentí un líquido caliente en mi orto!

    –¿No lo esperabas, puta? También el control inalámbrico permite arrojar algo parecido al semen. Conseguí el aparato más completo –me dijo dándome un beso y cesó la vibración del consolador. Bernabé se quedó quieto sobre mí y yo soporté amorosamente sus 80 kilogramos, además de los dos invasores que me penetraron.

    Al rato, en el reposo, me preguntó sobre David y le confesé que su verga se parecía mucho a la de mi marido en el largo y el prepucio, pero no en el glande, el cual no me agradaba porque me parecía deforme. “Hay gustos para todos, mamita” me dijo poniéndose a mamar y metiéndome el consolador en la vagina, volviendo a conectar el modo de vibrador. Me vine una vez más. Luego cambiamos a un 69 y me metió el juguete por el ano. “Imagina que es la verga de David la que tienes en la boca, puta busca vergas, aunque le falten un par de centímetros”. Yo lo hice y se la mamé desaforadamente pensando en la verga que vi en el video de David, jalándosela para darme gusto. Al rato volvimos a descansar.

    Me dijo que era conveniente limpiarla cuando se usaba en el ano, y eso había hecho las dos veces que me lo sacó de allí. Me dio el consolador para que lo mamara un poco mientras él jugaba con mis tetas.

    –¿Dónde lo conseguiste tan completo y de tamaño similar al de mi marido? –pregunté.

    –Fue un pedido que hice después de que mi ex y yo analizamos varios catálogos, tardo varias semanas en llegar.

    –¿Entonces no fue para mí? –pregunté decepcionada– ¿Ya lo usó la puta de tu ex? –reclamé airada, mostrando un gesto de asco, y solté el juguete.

    –Ja, ja, ja. Ambas, además de mi esposa, usan ésta y no te habías quejado ni la habías despreciado por eso –dijo moviendo su palo otra vez erguido frente a mi cara. No resistí y se lo chupé–. ¿Verdad que no te enfada tenerlo en la boca, aun sabiendo que se lo he metido a mi chichona? –concluyó, y yo seguí chupándosela.

    –¿Cómo es que tenías este aparato y no me lo habías enseñado? –pregunté.

    –A mi exmujer, uno de sus amantes le compró uno de plástico, muy parecido a la verga de él, desde hace muchos años y le gusta usarlo. Hemos jugado y ella ha fantaseado en que estamos haciendo un trío. Incluso, después de que me he venido en ella, se lo ha metido en la vagina sacando el dildo escurriendo y me lo da a mamar. Es divertido y, además, muy caliente con las cosas que me dice: “¿Verdad que esta verga es deliciosa?” y otras semejantes aludiendo a su amante.

    –¿Te gustó mamar verga y por eso la compraste? –pregunté asombrada.

    –No, no fue así. Una vez que durmió aquí, me dijo que extrañaba su casa porque allí estaban sus juguetitos. Y me ofrecí a comprarle uno para que lo usara en esta cama. Por eso nos pusimos a elegir el más adecuado.

    –Y yo que pensé que lo habías adquirido para mí… –musité e hice un puchero.

    –Este consolador es de la casa y lo pueden usar las dos, así como me usan a mí. ¿De verdad te gustaría que hiciéramos un trío con ella? Eso le dijiste a David por email –me soltó dejándome pensativa.

    –¿Ella aceptaría? –fue lo único que se me ocurrió preguntar.

    –No sé –contestó–, pero este aparato jugaría un papel importante si se da la situación –concluyó levantando el consolador, el cual miramos acostados y juntamos nuestras mejillas.

    –Tienes razón, ese dildo es de esta casa, ni mío ni de la chichona, o mío y también de la chichona, como el tuyo –dije terminantemente acariciándole la verga desde los huevos y jalando su tronco.

    –¿Quieres que te consiga uno así para tu casa? –preguntó–, pero le pones mi nombre…

    –Déjame sondear a mi cornudo, no puedo llegar con el consolador así, de repente. Va a pensar que ya no me satisface, ¡y claro que nos satisface a los dos!, pues tú disfrutas su leche en mí.

    Nos metimos a bañar y allí jugó otra vez con la fantasía de David. Bernabé tendrá más de cuatro décadas de edad y parece de 20 con su enjundia, pero ni soñando el pobre de David tendría una imaginación como la de Bernabé para hacer el amor.

  • Reencuentros calientes

    Reencuentros calientes

    Suena el teléfono, es el quien me dice que va a llegar un poco más tarde a buscarme por casa porque está un poco perdido, lo espero pacientemente, mientras, mi estómago me dice que tengo hambre, pero son tantas mis ganas de verlo que mi estómago pasa a un segundo plano, no le doy mayor importancia; confieso que estoy muy nerviosa y estos nervios no cambian con el tiempo cuando pienso en él y sé que voy a verlo.

    Llega a la puerta y me dice que está esperando, empiezo a bajar las escaleras y le veo ahí, de frente, esperándome, me subo al auto y nos dirigimos a un restaurante a desayunar algo, me viene genial, llenar el estómago mientras lleno la vista es un plan que a la par no viene nada mal.

    Nos toca esperar un poco, las mesas están llenas y, mientras tanto nos entretenemos mirando lo primero que tenemos al alcance, yo procuro no perderlo de vista, me gusta observar todo lo que hace, ya paso mucho tiempo desde la última vez que estuvimos juntos, y no quiero perderme nada. Ayer estuvimos charlando, pero fue distinto, porque solo estuvimos unas horas juntos y a todo lo que nos dio tiempo fue a saludarnos y a conversar de algunas cosas de nuestras vidas en estos años que pasaron, en cambio hoy siento que todo va a ser distinto, más interesante, me doy cuenta de que me sigue gustando tanto como hace años, que lo vi por última vez.

    —Muchos recuerdos me invadieron en ese momento, me traslade en un segundo al día en que lo conocí en el gimnasio que tenía cerca de casa, y poco a poco iba avanzando en el tiempo hasta llegar al día en que compartí la sensación más excitante que se puede vivir en esta vida, conocimos un mundo lleno de placer experimentamos lo que es tener un orgasmo, pero no cualquier orgasmo, no, sino uno de verdad, de esos que te hacen rozar la locura cuando lo estas teniendo; esos momento tan ricos son los que ocuparon mi mente y los que me impulsaron a darle un abrazo cuando le tuve cerca, me sentí muy contenta por tenerlo entre mis brazos ese día, él hizo un intento por corresponder de la misma manera, pero me dio la impresión de que al hacerlo había dudas por su parte, y esa incertidumbre de no saber si le gustaba.

    —No sé abrazar a nadie sin sentir algo… —me respondió a modo de justificación. Así que le solté muy a mi pesar, no quería que se sintiera incomodo, y yo tampoco estaba muy segura de si quería que él sintiera algo más por mí, pero por otro lado me moría de ganas de quedarme ahí en su cuello y no soltarlo en todo el día, para que sintiera por mi todo lo que quisiera. Lejos de apartarnos, en ese momento surgió entre los dos un cruce de miradas y un coqueteo con las manos que nos acercó mas, y seguramente en ese instante se nos pasaron por la mente muchas cosas que poco tenían que ver con un plato de comida.

    Por fin nos llaman para pasar a la mesa, desayunamos tranquilamente y compartimos los platos que pedimos, no recuerdo exactamente qué fue lo que desayunamos, lo que, si recuerdo y muy bien es su imagen frente a mí, y eso era lo único importante, no quería olvidar esa escena durante mucho tiempo, por lo que me concentraba a ratos en mirarlo fijamente. Hablamos de varios temas, entre ellos de música, a mí me agrada escuchar como habla de ella, de «su novia incondicional». No sé cuánto se prolongó el desayuno, pero a mí me parecía interminable, a veces él pensaba que estaba aburrida, pero es que yo solo deseaba estar con él, y no perder ni un solo segundo sin poder sentirlo, pero por otro lado tenía en mi mente colocado un freno que me impedía imaginar el momento con tranquilidad, me agobiaban los remordimientos de saber que no debía estar ahí por dos razones, y todo aquello, lo que quiero y lo que debo hacer luchaban incansablemente fastidiándome y provocándome un gran enojo conmigo misma por no tener las cosas claras.

    Terminó el desayuno y nos marchamos, me preguntó a dónde quería ir, y yo deseaba decirle a dónde quería ir de verdad con él, pero no me anime más que a responderle: —Dónde vos quieras…— Así que el, terminó eligiendo el lugar, me conoce y sabe que moría de ganas de estar con él a solas al igual que él conmigo. Entramos a un hotel con jacuzzi con el motivo de que tenía que bañarse para volver al trabajo, a lo que accedí con dudas y nervios por aquellas cosas que taladraban mi cabeza.

    Cuando estuvimos adentro de la habitación no sabía que hacer, el tiempo de no vernos y los recuerdos de aquellos momentos juntos se apoderó de mi y me convirtieron en un manojo de nervios que me recorrían de pies a cabeza, no sé si se si se dio cuenta de eso, pero hasta mi temperatura corporal cambió, sobre todo en las yemas de los dedos, en las que además sentía un cosquilleo recorrer cada dedo. Trataba de despejar la mente observando mi imagen frente al espejo, como si esa que veía ahí reflejada no fuese yo, de repente me quede mirando los labios de aquella imagen y los vi partidos por el frío, le pedí un labial para seguir distraída haciendo algo, pero optó no solo por darme el dichoso labial, sino por ponérmelo personalmente y repartirlo después muy bien con sus labios, una y otra vez, el alma en ese momento se me escapaba mientras lo hacía, y sentía como un calor recorría todo mi cuerpo alterándome los sentidos, podía haberle dicho que parara, pero es que no deseaba que lo hiciera, no tenía claro hasta donde quería llegar con él, pero tampoco quería cortar esa magia que empezaba a resurgir después de los años.

    Pedimos un par de helados que nos llevaron a la habitación y me pidió que lo acompañara a la zona del jacuzzi, lo lleno con agua caliente… —aunque creo que ahí había algo más caliente que solo el agua—, le echó un frasco de jabón para que hiciera espuma, y al entrar en el desnudo me tapo la vista con una toalla que yo misma sujeté con las manos sin saber por qué lo hice, en ese momento no solo deseaba verlo, también deseaba tocarlo, besarlo, acariciarlo. Tomé el helado para que se me enfriaran las ideas, tenía la sangre hirviendo como el agua de ese jacuzzi, y desde fuera lo ayude a comer el suyo, pero me pidió que lo acompañara adentro y yo me resistí, sabía que una vez dentro esto que sentía me traicionaría, insistió no una, sino varias veces más, y yo poco a poco fui doblegando mi negativa, empezó a besarme la rodilla la cual estaba descubierta, pues llevaba unos pantalones cortos y unas botas con los cordones hasta arriba con cremalleras a los lados, él no se percató de este detalle y empezó a desanudar los cordones, le señale el camino más fácil y con un sonrisa me volvió atar lo que había deshecho, me quito la bota y me puso un pie sobre su pecho, el cual estaba duro, caliente y húmedo por el agua, yo sentía entrar un calor por ese pie colocado en su pecho que estaba a punto de estallar, no contento con eso, me quitó la otra bota y ahora eran mis dos pies los que tenía sobre el, se quedó ahí observando mis piernas al mismo tiempo que movía su pecho de una forma muy curiosa que me ponía muy cachonda sintiendo ese movimiento y el latir de su corazón.

    Besó suavemente mis dedos y después los dirigió hasta el agua para que sintiera los chorros de jacuzzi sobre ellos, aquella sensación y un pequeño roce que tuve con su pene el cual estaba ya duro me pusieron más caliente, por lo que ya no me pude resistir y me atreví a acompañarlo, fui a la habitación para desnudarme, me coloqué una toalla alrededor del cuerpo y me dirigí nuevamente al jacuzzi, le pedí por favor que cuando me quitara la toalla no mirara, sin saber exactamente el porqué, me invadió la vergüenza, supongo que fue resultado del tiempo de no vernos, no tuvo objeción alguna y así lo hizo, giró la cabeza y no me vio cuando me quite la toalla. El agua me quemaba cada parte del cuerpo que se iba introduciendo, pero la sangre me hervía aún más de saber que estábamos los dos solos compartiendo un momento muy íntimo que a saber en qué terminaría, él me dijo que no ocurriría nada que yo no quisiera, el problema era que yo sí que quería que ocurriese algo y muy intenso.

    Una vez dentro me miró, y sus ojos, esos ojos que no voy a olvidar por que se tatuaron en mi mente, estaban puestos en mi, y supongo que imaginando lo que había debajo de aquella montaña de burbujas, mis pechos asomaban un poco y él al darse cuenta los cubrió con espuma en medio de una sonrisa muy picara que invitaba a darle un beso apasionado, estábamos los dos ahí dentro mas calientes que el agua y al mismo tiempo no se terminaba de romper esa barrera que me separaba de él, yo deseaba abalanzarme sobre su cuerpo, pero estaba todavía confusa, no estaba segura de si debía estar ahí o no, sin embargo nunca me plantee el salir corriendo de esa situación tan caliente que me alteraba los sentidos, hablamos un poco como para ir soltándonos, me relajó un poco con sus palabras y al final decidí hacer todos aquellos temores a un lado y dejarme llevar por el momento.

    Me acerqué a él y lo abracé suavemente, deseaba sentirlo, quería escuchar el latido de su corazón con mi pecho, y poco a poco me fui dando la vuelta para recargar mi espalda sobre el, en ese ligero movimiento volví a tener un roce con su sexo erguido y mi temperatura se iba disparando cada vez mas, empezó a acariciar mis pechos poco a poco, y al sentir sus manos sobre ellos, mis pezones reaccionaron poniéndose de punta, dirigió poco a poco sus manos hacia mi vientre y es entonces cuando me volví hacia él lentamente y lo bese, siguió acariciándome lentamente hasta llegar a mis piernas, con sus dedos empezó a jugar con mi vagina.

    Salimos y nos dirigimos hacia la cama, colocó una almohada bajo mi espalda y me recostó, se inclino a la altura de mi entrepierna, y ahí combinó el sabor del helado de limón con el mío, esa sensación de frío-calor, estaba experimentando acompañado de su deliciosa lengua me volvían loca, se quedó ahí un rato haciendo maravillas, me pidió que aguantara aunque no me gustara, pero cómo no iba a gustarme esa sensación que me provocaba tanto placer y felicidad al mismo tiempo, además a él todos estos sabores parecían gustarle, ¿por qué interrumpirlo?

    En algún momento se metió en la boca una pastilla de menta y volvió a comerme la entrepierna, era raro lo que sentía entonces, era como si mi vagina también estuviera comiendo una pastilla de menta y al sentir su aliento recibiera una bocanada de frescor, como el que se tiene en la garganta al tragar aire, era algo desconcertante, no sabía si me gustaba o no, permití que hiciera conmigo lo que deseara ese día.

    Después de darnos un gustazo con aquellos juegos previos se incorporó frente a mi y tiró de mis piernas hacia él de un modo que nadie más ha hecho, es como si en ese gesto me dejara claro quien dirigía a quien y me encantaba que fuera él; me penetró con suavidad al principio, tanteando el terreno y reconociéndolo, una vez que recordó subió poco a poco la intensidad de sus embestidas, como si deseara comerme en una de ellas, el placer se apoderó de los dos y dejamos que nuestros sentidos fueran los únicos que rigieran nuestros cuerpos. Él disfrutaba tanto como yo de aquél juego erótico y se movía de formas distintas para darme cada vez más placer, yo intentaba acrecentar aquella deliciosa sensación acariciando mi clítoris, la cual se volvió más placentera cuando me acercó una crema.

    —Me excita verte hacer eso —me dijo.

    Y a mi me excitaba ver su cuerpo moviéndose con maestría regalándome aquellos momentos tan intensos.

    Nos entregamos con fuerza e intensidad, pero él empezó a sudar de una manera muy rica, me gustaba ver el brillo que éste dejaba en su cuerpo en movimiento, esa escena me excitaba mucho, verlo sudar, sentirlo concentrado en sus movimientos, sentirlo dentro de mi, se disculpo diciendo que la temperatura que había dejado el agua en su cuerpo le hacía que sudara así, pero yo sabía que no era eso, sino el momento que ambos estábamos viviendo y en el que tanta energía nos derretía el cuerpo.

    Paramos un rato para cambiar de postura frente al espejo de la habitación, en la que estando de pie él me penetraba por detrás, nuestros movimientos eran buenos y tanta adrenalina recorriéndonos lo hizo darme una nalgada intensa que me fascino, un pequeño azote de pasión le daba el toque de pimienta a la situación. Nuevamente cambiamos de posición a una de nuestras ya posturas conocidas y favoritas, que es la del perrito, ¡uuufff!

    Yo veía como el cielo se abría cada vez que me provocaba un orgasmo, qué mejor recuerdo que el que te despiertan nuevamente en el presente. Continuamos dándonos todo lo que éramos capaces de dar, él era suave, muy suave y a ratos fuerte, muy fuerte, —¡oooh, siii! —el placer que me daba a pequeños sorbos me estaban embriagando lentamente y seguramente terminaría emborrachándome de él hasta caer al suelo. Cambiamos otra vez de postura a la inicial y el calor que seguía recorriendo nuestros cuerpos no nos daba descanso, él seguía provocándome mas sensaciones y otro inmenso orgasmo llego que me hizo estremecer, esos movimientos circulares me pierden y me conducen al éxtasis, me vuelven loca, traté de contenerme un poco más y seguir disfrutando de aquel vaivén, pero ya no pude retenerlo mas y quedé tendida en la cama hecha polvo.

    Posteriormente nos dirigimos a la zona del jacuzzi para calmar y relajar nuestro cuerpo y nuestra mente, nos sentamos uno frente al otro y conversamos un rato mientras acariciaba mis rodillas, yo estaba un poco mas tranquila, lo que tanto trataba de evitar en un principio ya había ocurrido y arrepentida o no ya lo había hecho, aunque el arrepentimiento fue lo último que se me paso por la cabeza y no reparé mucho en ello, me dio el masaje que me prometió mientras desayunábamos, le dije que tenía tensos los hombros y él cumplió su promesa masajeando mi espalda con una crema especial que emitía un olor intenso a menta que de primeras me pareció desagradable, pero después se tornó muuuy agradable, no sé si era la crema, o las manos que me masajeaban, pero en ese momento experimenté una sensación de bienestar, tranquilidad y relajación indescriptibles, me enjuagó los hombros, los brazos y la espalda con un poco de agua; me di la vuelta para mirarlo, y no pude evitar el impulso de volver a abrazarlo intensa y apasionadamente; clave suavemente mis uñas en su espalda, como si tratase de abrir un hueco en su cuerpo para meterme y quedarme ahí algún tiempo.

    No sé exactamente la razón por la que me gusta abrazarlo tanto, solo sé que cuando lo hago me hace sentir bien, muy, pero que muy bien, hace que la temperatura de mi cuerpo suba, que los nervios se me disparen a tope y la adrenalina recorra mi cuerpo en un segundo, es mucho lo que me hace sentir cuando lo abrazo y me corresponde. Si pudiera elegir quedarme con tres momentos suyos serían: el momento en que me besa; el momento en que me abraza; y desde luego el momento en que me provoca un orgasmo.

    De repente el deseo empezó a surgir nuevamente entre los dos, en ese jacuzzi no solo se quedaron las células de mi espalda sino también un mundo de sensaciones que no se irían jamás por las tuberías del olvido. Le besé la cara, el cuello y él respondió, nos volvió a invadir la pasión, esos dedos que no puede dejarlos quietos, empezaron a jugar conmigo otra vez y me dispararon las ganas de volver hacer el amor de 0 a 100 en cuestión de un respiro, jugó un rato con ellos acariciando mi clítoris e introduciéndolos dentro de mi, —¡¡¡mmmm!!! —eso hizo que me rindiera nuevamente a sus encantos,

    —¿Queres volver a hacerlo? —me preguntó, y le dije que sí, —¿qué te gustó más de lo que hicimos hace rato? —me preguntó y yo como buena chica le respondí con lo que había disfrutado más, la postura en la que él me tira de los pies hacia el y los coloca sobre sus hombros me vuelven loca, además de sentirlo mas mío, aunque el hecho de comerme la vagina no me disgustaba, no, al contrario. Me recostó sobre la cama y tiró de mis piernas nuevamente —me fascina que haga eso— pensé, y empezamos un nuevo capítulo de sensaciones, de movimientos, beso mis piernas, mis pies, sentir su lengua húmeda en mis dedos me pone loca, me dio a probar nuevamente esa bebida que se llama placer y de la cual nos embriagamos hasta más no poder, era fantástico todo aquello que ocurría dentro de esa habitación que no quería pensar en su fin.

    Todo transcurrió con la misma intensidad de hace un momento, y con la sensación de estar vivos y de que aquello era algo que las palabras nunca podrían describir tal cual el lenguaje de nuestros cuerpos. Estuvimos un rato más dándonos el uno al otro sin reservas, recuperando el tiempo poco a poco, ese tiempo que nos impidió vernos y que ahora nos reúne nuevamente para recordar viejos momentos… —¡¡¡Aahh!!! ¡¡¡siii!!! —Solo pensaba…, ¿…? No sé que pensaba yo solo quería tenerlo dentro de mi —¡¡¡siii, así!!! ¡¡¡sigueee, no pares!!! —le dije y él tampoco tenía intención de parar hasta que yo llegara otra vez. Es un hombre especialmente hábil, que se toma su tiempo y que esta siempre decidido a rendirme de placer antes de irse él mismo.

    Esa sensación en la que crees rozar los límites de tus fuerzas y sientes que te invade una energía inmensa que dentro de poco te destrozará es la más fantástica que puede experimentar cualquier persona y es lo que yo viví ese día.

    — ¡Mmmm! —Ese tiempo con él lo disfruté, tanto como el pasado que compartimos varias veces juntos; me gustó ese día, tanto como la última vez que lo vi; pude sentirme libre de culpas, tanto como entonces y viví ese «hoy» sin pensar en el mañana.

  • El bautizo de mi chiquitín

    El bautizo de mi chiquitín

    Relato anterior «El gimnasio del placer», dejo el enlace al final del relato.

    Como les había comentado en el relato anterior, se acercaba el cumpleaños y bautizo de mi chiquitín, un hermoso bebé con los rasgos de la familia de mi esposo, con una piel tan blanca como la leche, herencia mía, pero por lo que mi esposo acostumbraba bromear diciendo que tenía la piel tan blanca porque era medio «gringuito» ya que fue concebido en Las Vegas.

    Gracias al Gimnasio y a mi instructor, había recuperado la figura y estaba en mi mejor forma, me sentía sexy y sensual.

    Mi esposo escogió como padrinos a uno de sus mejores amigos y su esposa, a lo cual no puse objeción, éste había sido su compañero de trabajo en la misma plataforma que mi esposo, pero por su ascenso ahora estaban en diferente instalación y las fechas de subida y bajada habían cambiado, pero se seleccionó una fecha en la cual ambos estaban en etapa de descanso.

    El Padrino se llama Hugo y es un hombre de alrededor de 35 años, un poco mayor que mi esposo, moreno, alto y atlético, con un corte de pelo militar, no diría que es guapo, pero tampoco feo, su piel muy bronceada por el sol, músculos marcados por el trabajo, fibroso, no de gym, y con un tatuaje en uno de sus brazos, una espalda ancha, de frente amplia, cejas pobladas y ojos pequeños, muy masculino y viril, la madrina su esposa se llama Elena y es una mujer un poco regordeta, pasada de peso, pero muy parlanchina y simpática, de tez morena clara y cara redonda, pelo negro y corto.

    Aunque ya lo conocía por algunas ocasiones que mi esposo lo había traído a casa con otros amigos, no le había puesto mayor atención, pero desde las pláticas preliminares al bautizo noté que se me quedaba mirando demasiado, como analizándome y comiéndome con la vista, algo que me turbó y me excitó al mismo tiempo, pero logré disimularlo muy bien.

    Llegó el día del bautizo, el cual se llevaría un domingo a las 12 horas, después del bautizo realizaríamos un pequeño convivio en el patio de la casa, llegaron todos mis cuñados con sus esposas de Tampico, así como mis suegros, pero no se hospedaron con nosotros, prefirieron rentar una casa grande por medio de Airbnb.

    Nos bañamos temprano, ambos nos estábamos arreglando en la recámara, me puse una tanga de hilo dental de color blanco con encajes, en lugar de pantaletas para que no se marcara mi vestido, medias de color natural, había dejado de usar tacones de aguja para evitar algún accidente al ser madre y llevar cargado a mi bebé, pero para esta ocasión había comprado zapatos de tacón alto, pero grueso, que me hacían sentir segura al caminar con mi bebé, siento que el tacón alto me ayuda a parar más las nalgas y se noten más firmes y redondas, estaba por ponerme el vestido cuando mi esposo me hace un piropo:

    – Estás buenísima, amor, no me canso de ver el rico culito que tienes, ya me la pusiste tiesa- al tiempo que me da un beso en la nuca y con su mano acaricia mi entrepierna y roza mi clítoris, una ola de placer recorrió mi cuerpo y di media vuelta, dándole un beso cachondo al tiempo que le acariciaba su verga por encima del pantalón, la cual ya estaba gruesa y larga, casi erecta, a punto de formar una carpa en su pantalón, pero me separé al instante, si no casi seguro nos desnudamos y nos quedamos cogiendo salvajemente.

    – Tranquilo amor, no me excites, si no, no vamos a llegar a la iglesia, aguanta hasta la noche, al terminar la fiesta- Le respondí.

    Me puse un vestido color perla, de tirantes, arriba de la rodilla, entallado al cuerpo, sexy y elegante a la vez, provocativa sin caer en lo vulgar, un ligero escote en la espalda y pechos, que disimulaba con un chal de lino blanco que usaría en la iglesia.

    Me miré al espejo y realmente me veía espectacular, muy sexy, me sentía hermosa y radiante.

    Mi esposo me echó un piropo y partimos rumbo a la iglesia con mi bebé y su nana que se encargó de vestirlo para la ocasión.

    Llegamos a la iglesia un poco antes de la hora, pero había mucha gente, no encontrábamos lugar para estacionar, por lo que mi esposo me pidió que bajáramos en la entrada en lo que buscaba estacionamiento, ya estaban los padrinos en la entrada esperándonos y los saludo a ambos con un beso, al darme el beso Hugo, al ser más alto que yo se agacha y aprovecha para recorrer muy ligeramente sus labios por mi mejilla, apenas rozando sus labios por mi piel, pero suficiente para estremecerme y provocar que mi rajita se humedezca nuevamente.

    Saludo a los demás, familia y conocidos, nos sentamos en la parte de adelante, la iglesia estaba llena al máximo y había una gran cantidad de niños a bautizar, una vez que bautizamos al bebé y terminó la ceremonia, llegó la hora de las fotos, todos se aglomeraron para hacer las fotos en el altar y en lo que esperábamos nuestro turno alcancé a sentir el cuerpo de un hombre que se acomodaba detrás de mí y se repegaba a mi espalda, un bulto caliente rozando mis nalgas, me estremecí, pero pensé que fue algo accidental, pronto me dí cuenta que no, ese bulto regresó y rozó mis nalgas por segunda ocasión, al principio eran tímidos roces, apoyando ligeramente su bulto casi imperceptiblemente y lo retiraba, pero poco a poco agarró confianza y me apoyaba con más fuerza y lo volvía a retirar, empecé a sudar, y no por el calor, me aferré con más fuerza de mi marido, parado junto a mí y no se percataba de lo que un desconocido hacía con su esposa, cerré los ojos, me dejé llevar, estaba disfrutando de la apoyada y levanté más el culo, a fin de sentir mejor la verga situada entre mis nalgas, realmente era un bulto muy grueso, alcanzaba a percibir el contorno y la cabeza de su verga, al ver que me estaba gustando el «jueguito» un dedo travieso recorrió mi entrepierna y rozó mi clítoris, sentí que se me aflojaron las nalgas, apreté los dientes para no lanzar un gemido de placer y me aferré con más fuerza al brazo de mi marido, lo cual provoca que volteé y mire mi rostro, el cual estaba un poco rojo y sudoroso.

    – Estas bien?- preguntó

    – Si es sólo el calor, me siento un poco agobiada, pero nada grave- respondí.

    La fila fue avanzando poco a poco, siempre con ese bulto duro entre mis carnosas nalgas, a cada paso que daba sentía el piquete, cada vez más duro, más firme, como una lanza buscando perforarme, esa verga apretada contra mi culo me estaba dando un placer insospechado y empecé a mover un poco el culo hacia atrás apretándome contra la verga del desconocido, que a su vez hacía fuerza hacia adelante y me restregaba su firme herramienta.

    De pronto escucho una voz muy baja en mi oreja que me resultó familiar.

    – ¿Te gusta, nena?

    Todo mi cuerpo se tensó, era la voz de Hugo, el padrino, el que se había estaba deleitando con mi culo, me lamenté por haberme dejado llevar por mi alma de puta e intenté moverme y zafarme, me volteé abrazando a mi marido, escapando de la dura lanza que buscaba perforarme, la cual ahora se restregaba en mi cadera.

    La fila avanzó un paso y aproveché para situarme delante de mi marido, quien me abrazó y ahora fue su bulto el que se empezaba a poner duro, ¿será que el culpable era mi culo?

    Al fin llegó nuestro turno y tomando una servilleta sequé mi sudor, la nana me pasó a mi bebé y nos acomodamos para las fotos, las primeras fotos fueron únicamente de mi marido y yo con el bebé, posteriormente se unieron los padrinos, el fotógrafo ubico a Hugo, el padrino de mi lado y su esposa Elena del lado de mi esposo.

    En eso siento una mano apretando mis nalgas, me causó un sobresalto que casi suelto al bebé, pensé que sería una broma de mi esposo, pero antes de reclamarle bajé la vista, mi esposo tenía ambas manos al frente, sentí un escalofrío y volteé al otro lado, Hugo tenía solo una mano al frente, justo a la altura de su entrepierna, seguramente disimulando su erección, no podía creer el descaro de ese hombre, me arrepentí de no ponerle un alto al empezar sus arrimones, pero no quise armar un escándalo, sonreí en forma nerviosa, tratando de tranquilizarme y disimular, su dedo delineó la tira de la tanga en la parte alta de mis nalgas, y continuó siguiendo la tira, abriéndose paso entre mis carnes, en acto reflejo apreté las nalgas con fuerza, impidiendo que lograra su objetivo y llegara a mi agujero.

    No logró su objetivo, pero no desistió y descaradamente con la palma abierta me apretó una nalga para después pasar a la otra, una caricia que me hizo estremecer, siguieron las fotos con los otros invitados y aproveché para sacarme la tela que había quedado enterrada entre mis nalgas.

    Por fin terminaron las fotos y nos despedimos, Hugo sonreía en forma pícara y un tanto pervertida, mi cara completamente roja y no podía sostenerle la mirada, lo cual parecía divertirle.

    La recepción era en el patio de la casa, habíamos alquilado un par de toldos y contratamos dos meseros para servir la comida y bebidas, llegaron los invitados, quienes chuleaban lo hermoso de mi bebé, todos lo querían cargar, mientras que atendía y platicaba con la gente que iba llegando, incluyendo Elena, mi nueva comadre que resultó ser muy parlanchina, todo transcurría con normalidad, aunque no podía olvidar los tocamientos de mi pervertido nuevo compadre.

    Había cerveza y Whisky, después de un par de horas empezó la música, mi marido me sacó a bailar para inaugurar el baile y nos siguieron los padrinos, me sentía excitada, y no sé si era casualidad o no, pero siempre atrás de nosotros estaban los padrinos, sentía las miradas del padrino deleitándose morbosamente con mi trasero.

    Después de un rato y ya que había muchas parejas bailando nos fuimos a sentar, yo seguí con mi comadre y algunas amigas y mi esposo con sus amigos, entre los que se encontraba el padrino.

    Al poco rato mi comadre se levanta para ir a hablar con sus hijos, los cuales se habían quedado con sus abuelos y aprovecha Hugo para sacarme a bailar, busqué la mirada de mi esposo, como buscando su aprobación, pero creo que ya estaba muy bebido, ni cuenta se dio, así que salí a bailar, me tomó de la cintura y mi piel se erizó, lentamente llegamos a la improvisada pista, la música era salsa y bailaba muy bien, en eso me toma de la mano y me hace girar, quedé de espaldas y sentí el roce de su bulto entre mis nalgas, estaba segura que no fue un roce accidental pero no dije nada, unos segundos después me hace dar otro giro y en esta ocasión con descaro pega su pecho a mi espalda y su bulto contra mis nalgas, su miembro ya estaba duro y buscaba colarse entre mis glúteos, excitante pero muy atrevido, alguien podría darse cuenta y no eran pocos los hombres que me seguían con la mirada, incluyendo mi suegro y mis cuñados, así que rápidamente di otra media vuelta y le reclamé.

    – ¿Que te pasa?, no ves que todo el mundo nos mira, respétame, soy la esposa de tu mejor amigo.

    – Perdón, pero estoy muy caliente, me excitas mucho y quiero cogerte.

    – ¡Estás loco¡, por quien me has tomado, no soy una puta barata.

    Intenté zafarme, pero él me tenía entre sus brazos y no me dejó retirarme, no podía armar un alboroto y le pedí que me soltara.

    – Mira, suéltame ya no quiero bailar contigo, si no me sueltas te juro que armo un escándalo- lo último que pensaba era arruinar el convivio, pero lo haría si fuera necesario, era demasiado.

    – Anda, estoy seguro de que eres muy caliente cogiendo, nadie se enterará, prometo guardar el secreto.

    – No, suéltame, voy a contar hasta 3, si no grito y se arma un escándalo.

    – Anda acepta, te va a encantar, te voy a coger bien rico, tengo una verga gruesa y cabezona.

    – No, no, soy una mujer casada, si no me sueltas ya, grito…,1, 2…

    Antes del 3 me soltó y me fui indignada con mis amigas, pero terriblemente excitada por todo lo que me dijo ese pervertido, mi corazón latía aceleradamente, parecía que se me quería salir del pecho, él se quedó unos instantes en el centro de la pista y se retiró con sus amiguetes y mi marido.

    Sentía un calor tremendo en el cuerpo y mucha sed, para tranquilizarme me serví un poco de Whisky y me tomé un sorbo, al natural, sin agregarle ni siquiera hielo.

    El trago me ayudó a tranquilizarme y por fin pude respirar más tranquila, en eso llega la nana de mi bebé y me lo deja, ya era tarde y se retiraba a su cuarto, seguí platicando con mis amigas y poco a poco se fueron despidiendo, miré al grupo que estaba con mi marido, entre ellos Hugo y pude notar que estaban visiblemente bebidos, excepto Hugo, que parecía el más sobrio.

    Llego la hora de acostar al bebé y fui a dormirlo a su recámara, parecía no afectarle la música, cuando regresé ya sólo estaban mis padres, mis suegros y sus cuñados con sus esposas, así como mi nueva comadre, los cuales estaban esperando para despedirse, y el grupo que estaba con mi marido que no parecía que fueran a despedirse pronto.

    Primero se despiden mis padres, seguido de la familia de mi esposo, salí a acompañarlos a la salida y disculparme del estado inconveniente de mi esposo.

    Después se acerca Elena y me dice que se va a retirar sola, ya que su esposo quiere seguir la parranda con mi esposo, y me lo encarga, le digo que no se preocupe, que cuando terminen su borrachera me encargo de enviarlo en taxi y le aviso para que este pendiente, lo cual me agradece y me da un abrazo de despedida.

    En eso empiezan a cantar canciones rancheras, mi esposo entre ellos, por lo visto la noche todavía sería larga y me despedí de mi esposo y sus amigos para irme a dormir.

    Antes de ir a mi cuarto fui a dar un vistazo al cuarto de mi bebé para ver si estaba bien y no se asustaba ante tan desafinados cantores.

    Estaba recargada en la cuna del bebé cuando siento una mano que abraza mi cintura y el pecho de un hombre pegado a mi espalda, quise zafarme, pero me tomó con más fuerza, me dio vuelta y acerco su boca a la mía, apreté los labios para resistirme, efectivamente era Hugo quien me decía,

    – Anda déjate coger, se buena, voy a ser suave, te voy a coger tan rico que te voy a volver loca de placer.

    – No por favor No, suéltame, respétame, soy la esposa de tu amigo.

    Hugo no desistió, sentí sus brazos apretándome contra su cuerpo, un abrazo fuerte y sensual y siguió besando mi cuello, sentí su lengua ardiente lamer mi oído y una oleada de calor invadió mi columna vertebral.

    – Vamos, déjate, preciosa, desde la iglesia me dí cuenta que te encantó mi verga y estoy seguro de que te mueres porque te coja – me susurró al oído, fue tan erótico que mi cuerpo tembló

    Aunque me negaba, mi cuerpo me traicionaba, me dejaba apretujar y acariciar, sentía su miembro duro y caliente contra mi vientre.

    – No Hugo, no está bien, mi marido puede llegar en cualquier momento.

    – Ja, ja, tu marido está bien ebrio y alegre, escúchalo como canta:

    A la distancia se escuchaba la voz de mi marido, cantando a todo pulmón el Rey:

    » Yo sé bien que estoy afuera, pero el día que yo me muera, sé que tendrás que llorar» y sus amigos a coro cantando «llorar y llorar, llorar y llorar». (Si supiera que su mejor amigo estaba a punto de abollarle la corona con su amada reina)

    Sus lamidas descendieron a mis pechos, sus dientes rozaron un pezón mientras me pellizcaba el otro, un gemido salió de mi boca, me fue desnudando, quedando sólo con mi tanguita puesta, sus manos fuertes recorrían mi cuerpo, mis piernas, mis nalgas, nuevamente buscó mi boca y me dio un beso con pasión, sus gruesos labios abrieron los míos, sentí su lengua colarse en mi interior, ardiente, quemante, recorría mi paladar, su saliva se mezclaba con la mía, mientras me apretaba las nalgas con fuerza y lujuria, su olor a macho me embriagaba, hasta allí llegó mi resistencia, mis brazos rodearon su cuello y me rendí a su lengua experta y conocedora, durante varios minutos me estuvo besando apasionadamente, me excitaba su rudeza y tosquedad, propia de un trabajador petrolero de campo, estaba toda mojada.

    – Así preciosa, bien, estoy loco por cogerte, que seas mi hembra.

    De pronto, en un momento de lucidez, me dio un terrible miedo que llegara mi esposo y me quejé:

    – No, espera, no por favor, soy una mujer casada, mi marido es tu mejor amigo, eres el padrino de mi hijo.

    – Vamos nena, nadie lo sabrá, sólo tu y yo, sé que también quieres, estás bien mojadita-dijo al tiempo que sus dedos acariciaban la entrada de mi coñito.

    Siguió acariciando mi sexo haciendo a un lado mi tanga y los hundió en mi sexo, haciéndome gemir.

    En el cuarto además de la cuna había un sillón reclinable y mecedora que usábamos para arrullar al bebé, me recargó sobre el sillón y me dio vuelta, apretaba y acariciaba mis nalgas y abriendo las piernas empiné más el culo ofreciéndoselo a sus grandes y callosas manos, se agachó y corriendo la tela de mi tanga que tenía enterrada entre mis nalgas mordió, besó mis cachetes y lamió cada centímetro de mi piel, lo hacía maravillosamente, la piel se me erizó, pronto sentí que me sacaba la tanga por completo y separando mis nalgas me empezó a lamer toda la rajita, su lengua recorría desde mi clítoris a mi culito, sentí que me desmayaba de placer, todo mi cuerpo se estremecía, no pude evitar dar un gemido de placer, me estuvo lamiendo y chupando mi coñito y culo por unos 15 minutos, metía la puntita de su lengua en ambos agujeros, hundía su cara entre mis nalgas, su nariz rozaba mi esfínter y aspiraba lo cual me provocaba una rara sensación, como si una corriente eléctrica me recorriera por dentro, al tiempo que decía.

    – Puta madre, que culo, me encanta tu olor a culo, putita, es suave, rico.

    Se notaba que era un sucio, un depravado, pero me tenía en sus manos, cada cosa que me hacía me prendía, entonces se puso a succionar mi ano como si fuera un pulpo y todo mi cuerpo se retorció, espasmos recorrían mi columa vertebral, me dejó la colita palpitando, me dio vuelta recostándome sobre el sillón, se agachó y levantó mis piernas, empezó a restregarme su verga por el coño, su verga no era tan grande, unos 16 cm, la verga de mi esposo la superaba con creces, pero muy gruesa, la más gruesa que haya visto, sonrió y dando un empujón entró la cabeza, estirando mis pliegues, lo que me provocó un gemido de placer y un ligero ardor.

    – Ay putita, que estrechita estás, que rico coño, me encanta.

    – Ufff, tu verga es tan gruesa, me lastima, agghhh, despacio.

    Siguió empujando poco a poco, lentamente, sentía como la gruesa verga iba abriendo mis entrañas, centímetro a centímetro, la sensación era muy intensa, mordía mis labios y arqueaba mi espalda para no gemir y gritar, hasta que en un último empujón me penetró con un golpe de caderas hasta el fondo, un grito de placer y dolor salió de mi boca, al sentirme totalmente empalada por esa tremenda verga.

    – Listo preciosa, ya te la ensarté toda, ahora viene lo bueno- dijo con una sonrisa burlona.

    Empezó un lento vaivén, me sujetó de las caderas y el sillón mecedora empezó a hacer de las suyas, aumentando la velocidad y profundidad de los embistes, el placer me invadía, aunque intentaba no gemir, era imposible, por más que apretaba mis labios no podía calmar mis gemidos, se movía tan rico, ensartándome y apretando mis nalgas, aunque estaba bien lubricada esa verga frotaba los pliegues internos de mi vagina con mucha intensidad, su pelvis chocaba contra mi coño, me derretía de placer.

    – Agghhh, ufff, siento que me abres toda, que verga cabrón, me partes, ufff, aaaghhh,- gemía.

    Después de unos 10 o 15 minutos cogiéndome me la sacó, dejándome palpitando la vagina, me dice:

    – Date vuelta, estoy loco por tu culo, tiene que ser mío también.

    – No, como crees, es demasiado gruesa, si me dejaste ardiendo mi coño, es imposible que me entre por el culo.

    – Vamos, te lo hare despacio, vamos voltéate, te va a doler un poquito, pero te va a encantar, por ser gruesa la vas a disfrutar más.

    Con un poco de duda, me puse en la posición de perrito y vio que en la cómoda había un frasco de vaselina para bebé, la cual me habían recomendado por ser mejor que el aceite para bebé y la usaba para evitar rozaduras.

    – Esto servirá, preciosa- dijo abriendo el botecito. y metiendo sus dedos los embadurnó bien y sacó una cantidad generosa entre sus dedos.

    Me puso la vaselina y empezó a masajear mi orificio por fuera, moviendo su dedo en forma circular, acariciando mis arrugados pliegues externos, con la otra mano abría y masajeada mis nalgas y mis piernas, abrí más las piernas y empinaba el culo, ofreciéndoselo, hasta que empujó un dedo y me estremecí.

    – Mmmmm, aghhh- Di un gemido ahogado

    Su dedo era grueso y su dedo se sentía calloso, me raspaba un poco por dentro, una pequeña incomodidad, que me hizo retorcer.

    – Tranquila nena, no te emociones, apenas es un dedo- Dijo, pensando que me retorcí de gusto, aunque en realidad no fue así.

    Su dedo se fue hundiendo en mi interior y poco a poco la incomodidad se convirtió en placer, su dedo calloso friccionaba más fuerte mis paredes internas y me encantaba sentirlo dentro, así que empiné más el culo, al hacerlo, el dedo se convirtió en dos, la sensación se hizo más intensa y casi me hizo ver las estrellas, mi culito se contraía involuntariamente apretando aquellos dedos mágicos hurgando mi interior, sacó sus dedos y sentí un vacío, iba a protestar, cuando volteo hacia atrás y veo que se está embadurnando su gruesa verga, que gruesa era, no pude evitar sentir temor, aunque también excitación, quería tenerla dentro, aun sabiendo que sería un doloroso placer.

    Arrimó su verga y la cabeza recorrió toda mi rajita, desde mi clítoris hasta mi espalda, una y otra vez, cada que pasaba por mi hoyito la apoyaba y empujaba ligeramente, causándome un estremecimiento y continuaba su camino, me estaba manejando magistralmente, sentía que cada vez mi hoyito se dilataba y contraía un poco más, hasta que en una de esas ya no continuó su camino y empezó a empujar con más fuerza, a pesar de que mi culito ya había sido usado muchas veces, era demasiado gruesa, y no entraba, tomó más vaselina, la untó en la cabeza de su verga y regresaron sus dedos para tratar de abrirme más la colita, intentó nuevamente y traté de relajarme lo más que podía, hasta que sentí que los pliegues de mi esfínter se estiraban hasta coincidir con el diámetro del grueso hongo, produciéndome el dolor más terrible que haya sentido jamás, fue como si me hubiera entrado un cuchillo al rojo vivo, indudablemente había desgarrado mis pliegues anales, intenté zafarme, pero sus manos me sujetaron con fuerza de la cintura, mordí mis labios para no gritar, lágrimas escurrieron por mis mejillas.

    – Shhh, Tranquila nena, tranquila, ya entró la cabeza.

    – Sácala, sácala por favor, siento que me partes en dos, aghhh.- le imploré

    – Aguanta, aguanta un poquito, pronto pasará el dolor y disfrutarás como loca.

    Así lo hice, cerré los ojos e intenté relajarme y olvidarme del dolor, pensando en el placer que sentiría después, cuando esa inmensa barra de carne me estuviera recorriendo una y otra vez por dentro, mientras tanto Hugo acariciaba mis pechos y mi espalda, así como mis nalgas, poco a poco el dolor fue cediendo y mis súplicas de sácala, sácala por favor se hicieron más distantes y tenues.

    Después de unos segundos empezó un lento vaivén, la sacaba un par de milímetros y la metía un poco más, ganando terreno en cada embestida, sentía como mis fibras musculares se estiraban al máximo al punto de hacerme doler, mis súplicas de sácala se convirtieron en despacio, despacio, sentía que me reventaba por dentro, pero su única muestra de compasión fue aplicar más vaselina al tronco de su verga, cada que metía un pedazo de verga.

    Mis gritos, eran ahogados por la música y mi esposo cantando a todo pulmón:

    «Yo quiero que te vayas por el mundo

    Y quiero que conozcas mucha gente

    Yo quiero que te besen otros labios

    Para que me compares hoy como siempre…»

    La canción parecía el consentimiento de mi marido, en eso estaba pensando, el ardor se estaba convirtiendo en algo placentero, me hacía recordar el dolor que sentí cuando me desvirgaron el culo por primera vez y empecé a disfrutar ese dulce martirio, empecé a culear despacito, lento, en forma circular y hacia atrás.

    – Así putita, así, culea, culea para tu macho.

    – Ay papi, siento el culo tan abierto, ahhhh, pero es algo tan intenso, siento que me vas a reventar por dentro, una mezcla de ardor y placer.

    – Claro mamita, sabía que eras una putita, y que te iba a encantar mi verga, muy pocas putitas la aguantan.

    Me tomó de la cintura, dio un embiste y sentí que me la enterraba hasta el fondo, sus huevos golpearon mis nalgas y de mi boca salió un grito que traté de contener mordiendo mis labios.

    -Listo mami, ya eres completamente mía, tu culo es mío, me pertenece.

    Empezó el vaivén, lento y profundo, me la sacaba hasta dejar sólo la cabeza y me la enterraba hasta tocar fondo.

    – La sientes putita, aghhh, sientes como mi verga te recorre por dentro, aghhh, siii.

    – Más, más, mas- le suplicaba

    La movía en forma magistral, la hacía girar en círculos, combinaba embistes lentos con otros más profundos, me la dejaba enterrada hasta el fondo haciéndomela sentir, hasta el punto que me tenía loca de placer.

    Entonces recordé todo el placer que le había dado a mi instructor y quise retribuirle el placer que me estaba dando, me levanté un poco y apoyándome mis brazos en los descansabrazos del sillón, empecé a culear apretando el culo y empujando hacia atrás, ahorcando su verga con mi culo, lo escuché gruñir y gemir, movía el culo en círculos para darle más placer, tenía mi culo ardiendo, dolía pero no me importaba, era mayor el placer, todo mi cuerpo empezó a convulsionar, empecé a gemir sin control y Hugo arreció sus embestidas a un ritmo salvaje, me perforaba con todas sus fuerzas, prácticamente me taladraba el culo y ya no pude aguantar más, empecé a correrme en un orgasmo intenso, justo en ese instante siento un embiste profundo y el gruñir de Hugo al tiempo que descargaba sus chorros de leche ardiente en mis entrañas, siguió embistiendo unos segundos más hasta que cayó exhausto sobre mi cuerpo, su verga en mi interior fue perdiendo dureza, pero aún flácida era muy gruesa.

    Cuando por fin la sacó de mis entrañas, se escuchó un plop, como si se descorchara una botella, hilillos de semen escaparon de mi culo y escurrieron por mis piernas, mi culito poco a poco iba cerrándose para recuperar su tamaño.

    Una vez que recuperamos el aliento, rápidamente se vistió y se retiró para unirse con mi marido y sus amigos mientras que yo iba a mi habitación a darme una ducha.

    Me puse una blusita y unos shorts holgados y me acosté a dormir mientras escuchaba a lo lejos a Hugo cantando a todo pulmón.

    «Cada parte de ti tiene forma ideal y si estás junto a mi coincidencia total de cóncavo y convexo así es nuestro amor… en el sexo»

    Sabía a quién iba dirigida la canción y me pareció muy atrevido de su parte, pobre de marido, se había cogido a su esposa en sus narices y se estaba burlando de él, aunque soy puta quiero mucho a mi marido y me molestó mucho, me prometí a mi misma que aunque me había gustado la cogida no caería nuevamente en sus redes, me pareció despreciable que se burlara cuando mi esposo lo consideraba su mejor amigo, y lo había hecho compadre y padrino de nuestro hijo.

    Sentía un escozor tremendo en mi coñito y en mi culo, pero en el estado en que estaba mi marido difícilmente habría acción y creo que por primera vez en mi vida agradecí que se haya puesto ebrio, poco a poco me fui quedando dormida, mientras escuchaba las estrofas de Hugo cantando a todo pulmón:

    «Te voy a cambiar el nombre

    Para guardar el secreto

    Porque te amo y me amas

    Y a alguien debemos respeto

    Te voy a cambiar el nombre

    En base a lo que has traído

    Ahora te llamaras Gloria

    Lo tienes bien merecido…»

    Si les gustó, espero sus comentarios a [email protected]

    Relato anterior:

    «El gimnasio del placer»

  • Qué fácil entró, veremos cómo sale

    Qué fácil entró, veremos cómo sale

    —“Jacinto, qué susto, qué hacés acá con esa pistola.” 

    —“Raúl, estoy en mi casa; yo te debo preguntar qué hacés aquí desnudo.”

    A esta instancia llegué al cabo de un tiempo de acumulación de detalles que aisladamente nada dicen, pero reunidos e hilvanados me llevaron a prestar atención y analizar el comportamiento de mi señora, Selene, con la cual llevo diez años de matrimonio sin tener hijos. Ella es una mujer atractiva, empleada comercial, que cuando la conocí a sus veintidós años me atrajo más fácilmente que un electroimán a un alfiler. Para un hombre de treinta y dos era un bocado más que apetecible.

    Mi esposa tiene una hermana casada dos años mayor, también sin hijos, siendo su única parentela. El contacto era frecuente entre las dos mujeres mientras yo trataba de espaciar las oportunidades, porque con Luis, esposo de mi cuñada, muy pocas cosas compartía.

    Mi concuñado es un pelotudo importante. Intelectualmente muy básico, lo único que mueve su voluntad es la obtención de placer, en forma de comida, bebida o sexo. Fuera de eso su mayor esfuerzo es concurrir a la dependencia municipal en horario laboral, que siempre es reducido pues ocupaciones urgentes lo obligan a retirarse antes de su conclusión. En ese trabajo muy bien remunerado, conseguido por su padre mediante amistades políticas, disfruta una sola vez al mes cuando le toca de firmar el recibo de haberes, lo que significa que en la caja de ahorro le han acreditado el dinero.

    Mi cuñada es una buena mujer que, por proximidad se contagió, primero adaptándose y luego asumiendo la misma postura vital de su marido. Hoy ambos enfocan la vida de la misma manera.

    Hará unos cuatro meses los contactos de Selene con su hermana se intensificaron telefónicamente y por visitas de la menor a la casa de la mayor, incluyendo cenas, que cuando yo esquivaba, ella iba sola. En una de esas reuniones, a la que no fui, se produjo el primer episodio poco común. Esa noche regresó cuando estaba dormido, tanto que ni la sentí. Al despertarme por la mañana me llamó la atención el olor a cigarrillo que traía en su ropa, puesta sobre la silla. A mi pregunta contestó que después de comer habían ido a una confitería a tomar algo y a eso se debía.

    La próxima semana la acompañé a cenar y la reunión terminó en el horario habitual. Lo único llamativo fue una conversación en voz baja de Luis con Selene cuando fueron a la cocina llevando la vajilla usada.

    Pensando que lo mejor es curar en salud y convencido de no aceptar una infidelidad, decidí recordarle mi postura sobre el tema inventando una conversación entre amigos, en la cual uno dijo que mientras fuera algo ocasional y sin comprometer los sentimientos aceptaría que su mujer estuviera con otro. Yo, por el contrario, fijé mi posición diciendo que no estaba dispuesto a compartir nada, y que si mi esposa deseaba intimar con otro hombre no iba a oponerme, pero primero debía avisar y cortar la relación actual. No es ilógico que pueda darse una atracción arrolladora hacia otro varón, pero no permitiría que obrara a mis espaldas.

    En la siguiente oportunidad, con el pretexto de ver una película que me interesaba, evité la consabida cena, y cuando se cumplió el horario acostumbrado de regreso hice el esfuerzo de permanecer despierto. Quería verla llegar por lo cual me trasladé al living donde encendí el televisor.

    Eran más de las tres de la madrugada cuando abrió la puerta. Saludo mal vocalizado y paso vacilante indicaban exceso de bebida; nada raro en alguien de baja tolerancia al alcohol. Lo que sí llamó mi atención fue la blusa abierta hasta la mitad y el corpiño corrido mostrando una areola.

    —“Parece que estuvo buena la farra”.

    —“Sí, tendría que haber rechazado las dos copas que me sirvieron”.

    —“Y cómo viniste?”

    —“Me trajo Luis”.

    —“Que descanses, yo en seguida voy”.

    Mi mente perversa le dijo al corazón doliente «Si no aparecieron es porque están echando raíces, pero no te apures, ya crecerán», a lo que el órgano que palpitaba al galope respondió «Callate hija de puta». En ese estado me fui a la cama para intentar dormir, cosa que hice tarde y en medio de pesadillas.

    A partir de ese momento suspendí toda intimidad y, decidido a confirmar fehacientemente la infidelidad reemplacé las cenas por vigilancia estacionado a media cuadra de la casa de mi cuñada, teniendo siempre buenas excusas para el caso de llegar a casa más tarde que ella.

    Una de esas veces salieron los tres más otro varón, con el cual me había saludado alguna vez, de nombre Pedro, amigo de Luis. El seguimiento me llevó a una discoteca en la cual permanecí a cierta distancia observando la actividad de los cuatro. Fue evidente que la elección de Pedro era decisión de Clara pues su esposo estaba emparejado con Selene. El lugar elegido para estar, mientras no bailaban, era un rincón con poca luz, cosa que contribuía a disimular la exteriorización de la excitación que cargaban. Haciendo un gran esfuerzo presencié besos, chupada de tetas, manos moviéndose debajo de la falda, boca saboreando pija, y cabalgata sobre la pelvis del macho que, estirado, estrujaba los pechos de mi esposa. No me interesaba ver repetición y variantes de lo mismo, así que regresé a casa masticando odio, bronca y asco. Tripliqué la dosis habitual para el insomnio y me desperté al mediodía sin haberla oído llegar.

    Ignoro de dónde saqué la energía para sobreponerme sin demostrar que estaba al tanto. Me costó varios días lograr la templanza suficiente para pensar mi futuro proceder. Dos cosas tenía por seguras, que este episodio no era algo fortuito o circunstancial y que mi venganza debía abarcar a los cuatro.

    El viernes siguiente la invitación a cenar incluía el ofrecimiento de un postre de mi preferencia. Me excusé alegando la trasmisión de un clásico de fútbol pero pidiendo que me mandaran una porción de ese dulce manjar. Una hora después, tiempo suficiente para que el ambiente se caldeara, fui. Me abrió la puerta mi cuñada haciéndome pasar. Su cara de sorpresa y luego preocupación me indicaron que no era bienvenido y que mi presencia e ingreso representaban una seria incomodidad. Sugestivo era su aspecto, blusa mal abotonada, pezones erguidos, sin corpiño, y algo despeinada. Como conocía la casa encamine mis pasos directamente al comedor donde presumía que era la cena, mientras ella alertaba en voz alta.

    —“¡Miren quien vino!”

    Ante ese aviso una silla se movió ruidosamente, por lo que apuré mis pasos. Ya en el comedor vi que mi señora iba por el pasillo con algo celeste en la mano y entraba en el baño. Mientras mi concuñado guardaba apresuradamente algo en el bolsillo, el otro comensal, Pedro, hacía lo mismo. Quedaban libres en la mesa las dos cabeceras, así que ocupe una de ellas.

    —“Cuñada, vengo a saborear el Imperial Ruso que te sale exquisito”.

    —“Ya te traigo, lo tengo en la heladera, Luis servile algo de bebida”.

    Cuando ella se alejaba pude percibir, a través de la delgada falda, que tampoco llevaba bombacha. Probablemente comer no era la principal actividad prevista, cosa que podría confirmar cuando mi mujer regresara del baño, algo que hizo en seguida. Me saludó sin acercarse y se ubicó en el asiento libre al lado de su cuñado pues Clara ocupaba la silla junto al visitante. Decidido a sacarme la duda me acerqué.

    —“Querida, tenés algo raro en la boca”.

    Mientras le miraba los labios pasé mi mano por las nalgas. ¡Sorpresa! tampoco tenía su prenda íntima. La constatación desató mi bronca levemente contenida. Esbozando una sonrisa, a todas luces falsa, llevé la mano abierta a su nuca subiendo por debajo del pelo, luego con los dedos engarfiados cerré el puño sobre un abundante mechón de cabello y la levanté haciéndola quedar de pie, frente a mí y de espaldas a los otros comensales. Con la otra mano levanté el ruedo de su vestido hasta la cintura mostrando sus glúteos desnudos. Las facciones contraídas, por donde corrían lágrimas, indicaban a las claras que estaba viviendo un momento particularmente desagradable; dolor por mi mano tomándola del pelo y vergüenza, no sé si por la exhibición obligatoria o por haber sido descubierta.

    —“Que raro encontrarte sin nada abajo. ¿Sucedió lo mismo arriba?”

    Mientras hacía la pregunta tomé el cuello del vestido y con un solo tirón saltaron los botones. El corpiño celeste quedó a la vista, y a la vista también asomaba del bolsillo de Luis un pedacito de tela igualmente celeste. Manejándola desde la nuca la hice sentarse y tomando el elástico trasero del corpiño lo estiré y solté, produciendo el típico chasquido al impactar en la espalda.

    —“Esto era lo que llevabas en la mano al entrar al baño? A ver contame cómo es que al llegar yo estuvieras desnuda bajo el vestido”.

    —“Fue un juego que se salió de carril, te lo juro”.

    —“Y la bombacha?”

    —“La tiene Luis”.

    —“Así que te la hiciste sacar por tu cuñado”.

    —“No, yo me la saqué dejándola sobre la mesa lo mismo que Clara. Ellos solo las guardaron cuando se interrumpió el juego”.

    Mi respuesta fue tomar a Luis del cuello haciéndolo caer hacia atrás junto con la silla y, aprovechando el aturdimiento provocado por el golpe, le di dos patadas en el abdomen dejándolo sin aire en el piso. De su bolsillo saqué la bombacha de Selene y se la tiré a la cara.

    —“Lo que ellos hagan no me importa. Vos recuperá lo tuyo y ponelo en su lugar que nos vamos. Se me pasaron las ganas de saborear ese postre que tanto me gusta”.

    A partir de esa noche, y mientras maduraba mi venganza, corté todo contacto salvo lo imprescindible, y eso haciéndole notar lo que sentía por ella, que se traducía en odio y asco.

    Ignoro la razón del fenómeno pero se da con muchísima frecuencia. El varón que participa del engaño pretende ser mejor que el engañado, y eso en todos los aspectos, empezando por la magnitud del miembro, apostura, simpatía, ternura, destreza en la cama, manejo de la lengua, lograr mayor satisfacción en la hembra y, como una especie de culminación, una cierta diplomatura en la relación infiel, ocupar el lugar del cornudo en la cama matrimonial.

    Pensando que Luis, en su calidad de aprendiz de homínido, estaría entre esos que afianzan su personalidad menguando la de otro, me dediqué a exacerbar en mi mujer el deseo de vengarse del maltrato recibido. Si estaba en el baño, aunque fuera en plena defecación, abría la puerta de un golpe y la sacaba a empujones «Fuera puta, que necesito ducharme»; o mientras cocinaba «Movete ramera descerebrada que no puedo perder tiempo por tu culpa, o preferís que te acelere a golpes». De esa manera fui haciendo crecer la inquina durante cinco días. El jueves le avisé que al día siguiente me iría por todo el fin de semana a la casa de un primo, pues había reunión de pesca con un grupo de amigos. En realidad el que viajó fue mi celular y así todas las antenas del camino registrarían mi paso.

    Después de contratar una empresa de seguridad para que, de manera encubierta, vigilara mi casa me fui a casa de mi hermana. El encargo a los contratados era que debían informarme de inmediato cualquier movimiento de ingreso o salida. Así fue como, el sábado a la noche, me enteré de la entrada de tres hombres y dos mujeres, dando por resultado mi encuentro, en la cocina, con Raúl.

    Tenía ante mí un tipo en la treintena, algo más bajo que yo, muy flaco, de facciones comunes y teniendo el reloj pulsera como única vestimenta. Lo ciertamente destacable es que no tenía una pija, sino una semejante poronga estando en reposo. Erecta y horadando debía provocar estragos. Entre ambos hay una cordial relación profesional y comercial. Le proveo insumos y asesoramiento en el sistema informático de su negocio.

    —“¡Madre santa! ¡Dónde me metí! Nosotros somos amigos de Luis y Clara y desde hace tiempo hacemos intercambio de parejas. Ayer nos llamaron invitándonos a participar con ellos y una pareja más. Pensamos que Selene y Pedro eran el matrimonio dueño de casa. Hace una hora que los conocemos. Vine a la cocina a tomar agua y me encontraste.”

    —“Quienes están?”

    —“Mi mujer, Selene, Pedro, y Luis con su esposa”.

    —“Escuchame bien, nada tengo contra vos o tu señora. Si se mantienen callados y siguen mis instrucciones dentro de un rato se van a poder ir tranquilos. Voy a cambiar el plan. Vas a servir un buen trago para todos, y en los vasos de Selene, Pedro, Luis y Clara vas a agregar quince gotas de este somnífero. Durante la próxima media hora vas a actuar normalmente y haciendo además varias filmaciones de esos cuatro usando el celular de mi mujer, tratando de que muestren las caras. Dentro de un rato vas a escuchar la alarma de tu auto, cuando yo trate de forzar la cerradura; ante eso mirás por la ventana, te vestís y salís a ver qué pasó”.

    —“Pero no exagerés rompiendo algo”.

    —“Solo haré lo necesario para que se active el mecanismo. Cuando vuelvas decís que encontraste una rotura que hará difícil cerrar por lo cual tendrás que irte junto con tu señora. Sabés que te aprecio y no quiero hacerte daño, pero mi venganza tiene prioridad y si ponés en peligro lo que quiero hacer, los primeros disparos serán para vos y tu mujer. Ahora a trabajar según lo convenido”.

    Cuando entró al living las voces de Selene y los dos hombres se escuchaban con nitidez y tan concentrados estaban en lo que hacían que ni cuenta se dieron de que los filmaban, mientras yo los observaba desde la puerta entornada.

    —“Qué diría el cornudo si te viera quejándote de gusto al recibir carne por delante y por atrás.”

    —“Callate y seguí fuerte que estoy por correrme.”

    —“Luis, déjame que ahora yo le dé por el culo.”

    —“Esperá Pedro, ya te va a tocar, ahora quiero llenarle los intestinos de leche.”

    La actividad del camarista amateur se prolongó unos minutos con buenos enfoques de atrás, mostrando las dos pijas que alternadamente entraban y salían de los orificios disponibles ofrecidos por la hembra. La toma de adelante permitía ver las caras de los hombres congestionadas por el esfuerzo, siendo también testimonio las venas hinchadas surcando los cuellos. Ella por el contrario exhibía sus facciones distendidas, los ojos cerrados y mordiéndose el labio inferior, indicando a las claras su concentración en el roce que los miembros masculinos provocaban en vagina y recto.

    —“Clara querida, tu hermana me está ordeñando con su culito delicioso y me parece que para vos no va quedar la cantidad de leche que te gusta, ¡me corro, uno, dos, tres, cuatro chorros me sacó!”.

    —“No importa, dale en el gusto a esa puta que todo queda en familia. Después dedícate a fabricar más para mí”

    Raúl, cumpliendo bien el papel acordado, pidió participar y para eso delegó la tarea de filmación en el esposo de Clara.

    —“No me dejen al margen, yo quiero probar el culito de Selene”.

    —“Estás loco si pensás que me voy a dejar meter eso que te cuelga”.

    —“No seas mala, desde que lo vi sueño con entrar por ese agujerito. Lo voy a preparar bien y te doy mi palabra que, si la incomodidad te supera, me retiro inmediatamente”.

    —“Vos no, dejá que me prepare Pedro que sabe hacerlo con delicadeza. El bruto de Luis que ni se acerque”.

    Pareció un caso de trasmisión de pensamiento porque en un abrir y cerrar de ojos el citado estaba con un pote de vaselina en la mano al lado de mi mujer que, sobre rodillas y codos con la cabeza apoyada en la alfombra, ofrecía la grupa al gran maestro lubricador quien, orgulloso de su destreza, cumplía la tarea encomendada narrando su desarrollo.

    —“Chiquita, vamos a preparar este puntito oscuro buscando dos efectos, el menos importante es la lubricación, que se logra simplemente aplicando la crema en cantidad suficiente, tanto en el ingreso cuanto en el interior y eso estoy haciendo”.

    El dedo mayor hizo la distribución superficial dejando un pequeño montículo donde convergen las estrías.

    —“Preciosa, ahora parás un poquito más la cola y aflojás como si estuvieras por soltar un gas, yo abriré un poco con las manos y la crema por simple gravedad entrará. Ahora viene lo más importante, a este chiquito hay que mimarlo y, con caricias, convencerlo de que su placer será mayor a medida que aumente la relajación. Hay que lograr que esté ansioso por abrirse, más aún, que se abra solo ante el simple contacto del glande que precede al cilindro perforante”.

    Mal que me pese debo reconocer que la elección de mi mujer había sido inmejorable. En un concurso el fulano hubiera obtenido primer premio, con diploma y medalla de oro. El primer dedo hizo su ingreso con un deslizamiento asombroso rotando para distribuir el lubricante, salió dejando el ano abierto para recibir más crema y volvió a entrar para continuar la distribución. La cara de mi mujer era la de alguien que está al borde del orgasmo, cosa que sucedió cuando fueron dos los que ingresaron revolviéndose adentro.

    Después de presenciar tamaña exhibición cambié mi primera intención de que esa reunión terminara en una carnicería, que por supuesto me llevaría a la cárcel. En mi fuero interno debía estar agradecido al lubricador pues su maestría me dio una nueva idea de venganza, simple, de fácil ejecución, efectiva y sin consecuencias negativas para mí. Si él no hubiera estado en la lista de las víctimas habría salido para abrazarlo.

    Después de eso fui a darle un simple golpe al auto de Raúl y luego volví a entrar, viendo que mi amigo cumplía con lo pactado y se iba junto a su mujer.

    Mi estimación resultó cierta, Luis propuso y Selene aceptó copular en la cama matrimonial, de cara a la fotografía que mostraba a los esposos en tiempos felices. La otra pareja pidió que les dejaran un poco de espacio pues deseaban participar de ese acontecimiento. Y allá fueron, y ahí les hizo efecto el somnífero.

    El resto fue simple. Busqué en mi caja de herramientas un pomo de adhesivo instantáneo conocido como «La Gotita», un rollo de cinta de embalar y comencé la tarea. Dedo índice y medio derechos de cada hombre pegados con el líquido y ajustados con la cinta, luego otro baño de pegamento en la cinta que unía los dedos para introducirlos en el recto de las dormidas damas.

    Me hubiera gustado estar presente en el despertar pero era mejor que no me vieran y, aunque en su fuero íntimo supieran que yo estaba detrás de lo sucedido, eso había que demostrarlo. Desde el celular de Selene me envié lo filmado por Raúl y me fui a la reunión de pescadores donde, como era de esperar, no pescamos nada pero nos emborrachamos mucho.

    En el viaje me puse a pensar en lo que probablemente le pasaría a los involuntarios durmientes. En principio un desgarro en la mucosa del recto, pues al no saber que estaban pegados alguno iba a tratar de concluir la unión forzando el movimiento. Al no poder hacerlo sin dolor tendrían que recurrir a una guardia médica, que debería esmerarse para determinar el impedimento del desacople. Pero para llegar a eso había que vestirse y trasladarse, teniendo sumo cuidado en mantener la forzada unión, pues de lo contrario el intestino grueso quedaría colgando del ano. En resumen, un espectáculo digno de verse que, lamentablemente, me iba a perder.

    En la tarde del domingo regresé a casa; mi mujer estaba sentada frente al televisor con evidentes muestras de incomodidad, lo cual me alegró pues eso era indicio de que la venganza algo de efectividad había tenido. Como si ella no existiera recorrí las dependencias observando que todo estuviera en orden.

    —“Qué hacés?”

    —“En vos, puta redomada, no puedo confiarme. Estoy controlando que nada fuera de lo común haya ocurrido en mi ausencia, porque el video que me mandaste, en cierto modo era lo esperable, has salido muy bien en las escenas teniendo sexo con Luis y Pedro. La única duda es si el envío lo hiciste por venganza o por equivocación, de todos modos te lo agradezco porque me evitaste el trabajo de buscar pruebas para el divorcio”.

    —“¡Yo no te mandé nada!”

    —“Qué raro, mirá mi celular, el envío fue hecho desde tu cuenta de WhatsApp”.

    Ese fue el momento del derrumbe. Al día siguiente contraté un abogado para diligenciar el divorcio que ella firmó para evitar que sus amistades y compañeros de trabajo recibieran una copia del video incriminatorio.

    Ahora a enfrentar el futuro aunque sea con indeseables cicatrices.

  • Gasolinera

    Gasolinera

    Trabajo en una gasolinera, no es lo mas común, ni lo más glamuroso, para una chica. Pero siempre me ha gustado, un trabajo sencillo en el que no hace falta pensar mucho. Incluso a veces con tiempo libre entre vehículos para dedicarme a mis cosas, como por ejemplo escribir relatos.

    Lejos de todas partes, en un paraje bonito entre dos pueblos y en una carretera por la que no pasa demasiada gente. Lo justo para mantener la instalación pero sin obtener grandes beneficios.

    Este verano hace un calor de mil demonios. Y me he acostumbrado a trabajar solo con la ropa interior debajo del mono. Normalmente prendas sencillas de algodón blanco, nada sexi. Mi figura no es muy voluptuosa, más bien delgada y fibrosa.

    Esas prendas sencillas me hacen provocativa perfectamente ajustadas a mi cuerpo, los tops deportivos e incluso bragas tipo bikini altas en las ingles. No llevo refuerzos más bien me gusta marcarlo todo.

    Pero antes del turno de noche del sábado había salido con unas amigas a tomar unas copas y mi lencería era mas provocativa de lo habitual. Un conjunto de encaje negro que trasparentaba mis rosados pezones y los depilados labios de mi vulva. Apenas me dio tiempo a quitarme el short y el top y calzarme el mono para llegar a tiempo al relevo.

    A las tres de la mañana después de haberme aburrido un montón paró un coche, un pequeño deportivo rojo descapotable. Al volante una impresionante morena con una larga melena y una cara preciosa.

    Un larguísimo par de piernas bien torneadas y desnudas saliendo lentamente por la puerta. Más que abandonar el vehículo, lo que hacía era desdoblarse fuera de él.

    Pude verla al completo cuando se puso al lado del coche para estirar su esbelto cuerpo. Debido al calor reinante esa noche ella lucía una microscópica minifalda, casi al ras de su prieto par de nalgas y con una impresionante abertura sobre su muslo izquierdo casi hasta la cintura.

    Tenía un top aún mas pequeño del que rebosaban un enorme par de pechos, algo casi exagerado y probablemente operados. Los duros pezones se marcaban en la fina tela.

    He de confesar que me quedé atontada mirándola sin siquiera acercarme al surtidor. Me excité solo con verla, mojando el mínimo tanga de fino encaje que llevaba.

    Era preciosa y una buena opción para pasar un rato charlando o lo que surgiera. Me bajé la cremallera del mono naranja, el colmo de la elegancia, por debajo del ombligo, a ver cómo respondía a un poco de provocación.

    A través del hueco abierto en la prenda se veía perfectamente mi sujetador de encaje y el canalillo entre mis pequeños y duros pechos. Es el momento que ella aprovechó para echarme un detenido vistazo.

    Mas abajo, si se asomaba, si se inclinaba un poco hacia mí, seguro que podía apreciar mi depilado pubis. Lo tenía todo ante sus bonitos ojos azules al ser el mono de trabajo suficientemente amplio y el tanga muy bajo de cintura.

    Al notar su interés bajé más la cremallera del mono hasta la cinturilla del tanga a juego con el suje del que ella no se había perdido detalle. Todo esto lo hice como en un descuido mientras conversábamos amigablemente. Hablábamos del calor que hacía, de su ruta y de lo que yo tenía que hacerle al coche, como si no pasara nada.

    – Voy de viaje pero no tengo que llegar a ningún sitio en concreto. Estoy un poco a la aventura.

    Como si todo el coqueteo y los gestos sensuales que nos traíamos no fueran importantes. No parecía tener prisa por llegar a ningún sitio así que al terminar de poner gasolina le ofrecí un refresco para que descansara y se relajara.

    – Tómate algo conmigo. Es una noche aburrida.

    Con una bella sonrisa me respondió.

    – Pues claro, no tengo prisa por llegar a ninguna parte.

    Nos lo tomamos en un viejo sofá que tenía en la parte de atrás de la caseta, mirando a las estrellas que en esa noche de verano y en medio del culo del mundo brillaban con intensidad.

    Le indiqué el camino rodeando la caseta mientras yo detrás de ella llevaba los refrescos en las manos. Era imposible apartar la vista del movimiento de su cadera, del meneo de su duro culito.

    No sabía como entrarle a esa belleza con lo que me apetecía tenerla entre mis brazos. Su faldita recogida un poco más al sentarse me permitió ver de refilón su culo duro y prieto.

    Al inclinarse, su escote, su canalillo, me pareció aun mas deseable. Estaba claro que hasta ese momento no le había mirado el cuello, había muchas partes interesantes en su cuerpo en las que fijarme.

    Una vez decidida tenía que subir las apuestas. Me saqué la prenda de los hombros y los brazos y me bajé el mono hasta la cintura quejándome del calor.

    – Estas noches son sofocantes. Pero es genial estar así ligeritas de ropa.

    Del vientre hacia arriba lo único que me quedaba puesto era el sujetador trasparente que apenas tapaba la areola de mis pezones. Vi como sus ojos se perdieron en mis pechos, que el sostén de lencería fina casi descubría. Me preguntó:

    -¿Es un conjunto? ¿las braguitas van a juego? Seguro que te sientan tan bien como el sujetador. Por cierto te queda de maravilla.

    Le contesté:

    – A lo primero, sí, es un conjunto. Y el tanga va a juego. ¿Te gustaría descubrir por ti misma cómo me sienta?

    Por supuesto dijo que sí o no estaría contando todo esto. A cambio le pregunté:

    – Me encantaría verlo. Tienes una figura de modelo.

    – Vaya, gracias. Pero ¿qué me vas a enseñar tú?

    Ni siquiera se molestó en responder. Sin mas complejos que yo se limitó a sacarse su reducida camiseta por encima de la cabeza. Liberando con ello sus enormes tetas pues no llevaba nada debajo de la prenda.

    Esas tetas me dejaron hipnotizada. Duras, se sostenían solas como dos obuses y con la misma forma que la punta de dos proyectiles de artillería. Sus pezones oscuros pequeños y duros apuntaban directamente a mi cara.

    Aproveché la oportunidad de lamerlos y comerlos. Me incliné lo suficiente como para atrapar su pezón entre mis labios. Lo que ella me permitió hacer encantada. Me las puso en la cara y las amasé con mis manos encantada de tener para mí ese par de operados pechos.

    Por fin tenía ese objeto de deseo en mis manos. Ella empezó a jadear casi de inmediato. Le gustaba lo que le estaba haciendo y a mi me encantaban sus pechos.

    Nunca había podido tener unas tetas así a mi alcance, para sobar y lamer y las disfruté a gusto. Por supuesto no eran los primeros pechos que acariciaba y besaba. Pero las de mis amigas eran bastante más reducidas o en otros casos cuando el tamaño era similar más caídas.

    Ahora me tocaba a mí dar algo mas, me puse de pie y me saqué el mono del todo exhibiéndome ante ella en mi provocativo conjunto de lencería. Allí de pie estaba casi desnuda sobre una vieja alfombra extendida sobre la tierra. Bajo las estrellas solo con mi mejor tanga y sujetador.

    Ella estaba mirándome con deseo. Me giré para que pudiera verme al completo. Sus ojos clavados en mi cuerpo me hacían sentir especial.

    En cuanto vio mi culo descubierto por el tanga le echó mano sobándolo y agarrándolo, lo que a mi me encanta. Es uno de mis puntos sensibles. Me di la vuelta frente a ella para besarla, inclinarme y buscar sus rojos labios con los míos. Para notar su lengua jugando con la mía y la mezcla de nuestras salivas. Recorría mis labios y los mordisqueaba con los suyos.

    Despacio me fui acercando aún más. Separando mis muslos para sentarme encima de los suyos. Mirándola a sus bonitos ojos castaños. Mis manos seguían pegadas a sus impresionantes tetas como con cianocrilato. Amasandolas y pellizcando sus pezones.

    Me fui acercando más a su cuerpo. Apretando mis pechos contra los suyos, sentada a caballito sobre sus muslos. Ella no soltó mis nalgas en ningún momento como si tuviera miedo de que se le fueran a escapar.

    Quería descubrir más de su cuerpo así que aproveché ese momento para deslizar una mano entre mis muslos y alcanzar su cintura. Desabroché la escasa falda que cubría su cadera. No hizo falta bajarla por sus muslos.

    Me limité a soltar dos corchetes y la prenda quedó abierta en el cojín del sofá bajo su culito. Tendría que comprarme una falda igual que esa. Su tanga era tan fino y trasparente como el mío pero apenas podía mantener a raya la sorpresa que la bella mujer ofrecía.

    Saltando de su lugar entre los muslos una bella polla que suavemente fue a apoyarse en mi pubis. Al notar ese roce sensual fue cuando por fin me di cuenta de lo era mi invitada.

    La sorpresa era más que agradable mientras nos besábamos con pasión y deseo deslicé una mano entre nuestros vientres para acariciarle el pene. Lo cogí en mi mano y deslice un dedo del glande a los huevos apreciando su tamaño y su dureza. Su piel suave y depilada recibía mis caricias y sus gemidos los ahogaba metiéndole la lengua hasta la garganta.

    Ella seguía comiéndome la boca mientras terminaba de desnudarme. Mi trasparente sujetador pronto le hizo compañía a su camiseta a un lado del vetusto mueble.

    Liberando mis pechos que eran bastante más pequeños que los suyos, muy sensibles y estaban ansiosos de caricias. Tras besar mi cuello y lamer la piel de mi escote fue a por ellos metiéndose mis pezones en la boca.

    Se pensó un segundo si romper mi tanga o hacerlo a un lado pero era una pena muy cara para destrozado. Bajándolo por la raja de mi culo, siguiendo la goma de la prenda pronto localizó mi encharcado conejo y se limitó a apartar la mojada prenda.

    Apoyé los labios de mi vulva en su duro rabo que salía por lateral de la suya, aún sin penetrarme solo moviéndome despacio adelante y atrás. Así recibía suaves roces de su glande en mi clítoris. Ella siguió con sus caricias por mis piernas, por mis muslos. Cosquilleando, por las pantorrillas o por detrás de las rodillas, lo que erizaba aun más mis sentidos.

    Deseaba esa polla. Notarla allí dura y desafiante en el perfecto cuerpo de mujer me hacía desearla aún más. Notaba sus pechos frotándose con los míos mientras nos besábamos.

    Ahora sujeté sus manos rodeando mi cuello mientras me inclinaba hacia atrás sobre uno de los brazos del sofá. Le dije que quería notar su peso sobre mí mientras me follaba.

    La arrastre sobre mi cuerpo hasta quedar tumbada con mis muslos bien abiertos esperándola. Notaba sus labios y su lengua recorriendo mi piel, el cuello, los hombros e incluso mis sobacos.

    Yo misma, aparté el tanga, me abrí los labios del coño y guie el falo con la otra mano hacia mi interior. Luego agarré sus nalgas con fuerza para impulsarla dentro de mi. Rodeando con mis piernas las suyas por detrás de las rodillas aplastando mis tetas con sus enormes pechos, mirándonos a los ojos.

    Hasta que haciendo fuerza con su cadera se metió en mí hasta que sus huevos se toparon con mi perineo. Lamía el sudor de mi cuello mientras me follaba y me clavaba al viejo sofá con su peso y su polla.

    Agarrando fuerte sus nalgas pronto empecé a correrme con ese cúmulo de sensaciones. Encadenaba los orgasmos, nuestros gemidos debían oírse a kilómetros en el silencio de la noche veraniega. Los jadeos mezclados con los sonidos de los grillos y de los pájaros.

    Suerte que no se oía el ruido de ningún motor que viniera a interrumpir nuestro placer. Pronto ella empezó a acelerar el ritmo buscando su orgasmo. Le pedí que se corriera dentro, que quería notar como me llenaba a con su semen.

    – Me corro nena.

    – Dale, dámelo dentro. Ya me cuido yo.

    Mordió mi hombro mientras se derramaba y yo me corría una vez mas. No me dejó ni moverme, no separó su boca de mi piel. Iniciando un nuevo recorrido por mi cuerpo hacia abajo.

    Volví a notar su lengua en mis pechos, en mis axilas, en mi vientre recreándose en el ombligo, llegando a mi depilado pubis. Creando para mí sensaciones nuevas en esa calurosa noche.

    – Te lo voy a comer. Te voy a saborear entera.

    – ¿Así? ¿Lleno de ti?

    Según bajaba por mi cuerpo yo notaba sus duros pezones acariciando mi piel, rozándome con insistencia. Un espasmo de placer me recorrió entera cuando su lengua separó mis labios llegando a mi clítoris.

    Sin importarle nada que mi coñito estuviera inundado con su semilla. De hecho parecía que la buscaba dentro de mí con su legua juguetona. Levantó mis piernas un poco más hasta clavar la puntita de su lengua en mi ano. Mis rodillas llegaban a tocar mis pezones. Logrando con todo ello que volvieran nuevos orgasmos.

    Casi asfixiándola con mis muslos apretando su cabeza. Más relajadas se volvió a tumbar sobre mí besándonos con cariño tras lo que habíamos compartido.

    Notaba en su lengua los sabores mezclados de mi flujo y su semen lo que me incitaba a jugar aún más con su boca. Y sin dejar que nuestras manos descansaran, aunque recorrían nuestros cuerpos lánguidamente.

    No quería dejarla marchar sin probar su lefa directamente de la fuente. Ni siquiera sabía si se volvería a empalmar. Pero no sería por falta de esfuerzo por mi parte el que ella no se corriera por segunda vez.

    La tumbé a ella de espaldas sobre los cojines. Me incliné sobre su cadera entre sus muslos. Así que en un último esfuerzo volví a chupar del caño que ella me ofrecía gustosa.

    Como yo hacía un rato levantaba sus torneados muslos casi hasta las tetas. Poco a poco su hermosa herramienta volvía a tomar consistencia, dura, se erguía sobre su pubis apuntando a las estrellas.

    Seguía asombrada de cómo una mujer tan bella podía disponer de una polla tan bonita casi a su antojo a juzgar por lo rápido que había vuelto a ponerse en condiciones. La miré durante un rato disfrutando de la vista de esa obra de arte.

    Por fin me incliné más hasta que mis labios hicieron contacto con sus huevos. Saqué la lengua y me puse a lamerlos como si fuera una gatita golosa. Era curioso pero ambas conservamos aún los tangas puestos. Pero el suyo no me estorbaba en la labor de lamer su suave piel.

    Mi saliva resbalaba por su pubis perfectamente depilado cuando me decidí a subir por el portentoso tronco. Nunca fui de hacer gargantas profundas pero me las apaño muy bien con la lengua y los labios para darle placer a un buen pene.

    A ello me dediqué con todo mi deseo por ella. Me metía el glande en la boca y lo lamía con la lengua. Besaba el tronco y volvía a meterme los huevos en la boca y chuparlos como caramelos.

    Todo ello sin dejar de subir y bajar la mano por el mástil. Mis duras tetas apoyadas en sus torneados muslos. Con la otra mano jugaba con su culito hasta deslizar dos dedos dentro de su ano.

    Por fin llegaron los espasmos que anunciaban su orgasmo y me la volví a poner en la boca para recibir en la lengua todo su semen. Lo conservé allí para compartirlo con ella en un nuevo beso lascivo.

    De nuevo no se cortó en compartir sus fluidos conmigo en un beso en el que nuestras lenguas se cruzaban. Lasciva, no dejaba un rincón de mi boca sin recorrer con su lengua juguetona.

    Tras un rato de hacernos mimos ella debía continuar su viaje. Pero sin prisa nos vestimos la una a la otra. Ya más relajada su polla volvió a caber sin demasiados problemas en el tanga.

    La pequeña falda que no había tenido problemas para desabrochar hacía un rato volvió a quedar sobre su cadera. Era tan provocativa como cuando se bajó del coche e igual con el reducido top.

    Mi lencería también volvió a su sitio y el mono a cubrir mi cuerpo, demasiado, a juicio de las dos. Todavía pude inclinarme sobre ella ya sentada en el descapotable y darle un último morreo de despedida antes de ver desaparecer sus luces traseras por la carretera.

  • Noticias del Norte (Memorias de Xanadú)

    Noticias del Norte (Memorias de Xanadú)

    Hola, sé que ha pasado bastante tiempo de que dejé esta historia, pero recientemente he leído una historia similar y me he propuesto a ahora si terminar esta saga que tan lentamente he ido construyendo. Si desconoces mi trabajo te invito a leer los demás relatos que están en mi perfil, así podrás estar al tanto de lo que en esta historia se ve a tratar, disfrútenlo.

    Tollan había estado en sus aposentos, descansando, pues después de complacer a Ishtar se sentía agotado, miró su muñeca y observó el brazalete de oro que le había dado su ama tras penetrarla una y otra vez por horas, intento quitárselo pero no funcionó, una magia extraña se lo impedía y lo hacía brillar con cierta malignidad.

    -Tollan- dijo una voz que venía de la ventana y que lo sacó de sus cavilaciones

    El héroe se acerco a la ventana y miró para abajo, descubrió a Lambdamy en su forma de catfolk colgando de la ventana, de un ágil salto logro ingresar, tomando a Tollan por sorpresa y haciéndolo caer hacia atrás. Al verla bien Tollan vió que llevaba un conjunto muy simple y descubierto, una tela semitransparente color durazno le cubria sus pechos suaves, aparte de eso no llevaba nada mas en la parte superior del cuerpo, cosa que la hacia ver sumamente deseable. En su sexo llevaba unas bragas del mismo material que su «bra» solo que estas estaban decoradas con unas cuantas cuentas doradas y estaban amarradas con un nudo por un costado.

    -Sé que dije que te esperaría en el bosque, pero me he enterado de noticias urgentes- dijo Lambdamy con su sensual voz- he encontrado la hoja sagrada de Kadath, o bueno, he encontrado a alguien que sabe donde se encuentra dicha ciudad

    Tollan, recobrándose y ya parado le preguntó: -Pues bien, dime, ¿Quién es esta persona? –

    -Es el gobernador mercenario de Zolost, ya sabes, el pueblo bárbaro al norte del camino entre Nigurathlán y Ox- dijo la gatita y comenzó a caminar alrededor de Tollan mientras tocaba sus brazos, su pecho, su espalda y lo miraba lascivamente

    Tollan no reaccionó, en su mente estaba buscando la excusa para ir a esas regiones heladas de Xanadú. Al estar detrás de él Lambdamy lo abrazó y deslizó su mano hacia le entrepierna del héroe, hecho esto preguntó – ¿He sido una buena gatita?

    Tollan, molesto, le respondió – Ahora no, estás en Deathtouch, es peligroso que los demonios (en la mente de Tollan se escuchó amos) te encuentren aquí, tanto para mi como para Elina y para ti-

    Elina, la recordó, sintió el dolor de aun no poder verla y que a pesar de todo lo que había hecho estaba lejos de volver a abrazarla. Lambdamy hizo caso omiso a las advertencias de Tollan y le sacó el pene del pantalón, Tollan protestó, se cubrió y le dijo – ¿Estás loca? Si vienen y te ven nos matarán y de paso a mi esposa- Lambdamy soltó una estridente carcajada lo soltó y le respondió – Por favor Tollan, se que te acaban de dejar ir, no hay ningún riesgo, además, se ve a leguas que necesitas un poco del cariño que nos otorgó Visaerys, un poco de sexo con amor, Arno ha influenciado demasiado su poder en ti-

    -Aun así, sabes que tengo una esposa en alguna parte de este castillo y si lo hice contigo es solo porque necesito esa información que me provees- replicó el humano dándole la cara a la catfolk

    Pues será una lastima para ti saber que si no me das lo que requiero no te volveré a ayudar, y eso que hasta hubiera podido encontrar la localización de tu esposa en este tétrico castillo- espetó Lambdamy con desdén pero sonriente

    Tollan suspiró y se aproximó a Lambdamy – Bien, pero prométeme que averiguarás la localización- Lambdamy no replicó nada, solo se dejo caer sobre el héroe y besándolo comenzó a despojarse de su muy ligera ropa, es decir, la tira de tela que cubria sus voluptuosos pechos y sus bragas. Tollan comenzó a chuparle sus pechos blancos, mordía y lamia los pezones que se notaban erectos en las enormes tetas de la catfolk, instintivamente Lambdamy gritó y apretó la cabeza de Tollan entre sus atributos aún más.

    -¡To- Tollan, Visaerys, que rico! – gimió la gatita

    Tollan ya bastante duro comenzó a magrear el culo de Lambdamy, lo apretaba, daba ocasionales nalgadas y rasguños, a lo que Lambdamy respondía restregando su ya húmeda vagina en donde pudiera del escultural cuerpo del héroe. Tollan finalmente no pudo más y dijo:

    -Déjame hacerte el amor-

    Palabras raras pues después de todo lo que había hecho, hacer el amor sonaba cursi, ridículo, sin embargo con una gran delicadeza la catfolk lo llevó al lecho, bajó sus pantalones y comenzó una lenta mamada. Saboreaba cada parte de la gran verga de Tollan, la lamia, le escupía y mientras la metía hasta el fondo de su garganta veía a los ojos a Tollan, en aquellos ojos se encontraba el deseo, la lujuria, pero también un extraño amor. Hipnotizado por su mirada Tollan estaba llegando al clímax y de no ser porque la mujer gato saco el pene de su boca, Tollan le habría dado de beber una cuantiosa cantidad de leche.

    -Venga, penétrame ya, deseo sentirte adentro, calentando todo y dejándome bien rellenita- rogó la catfolk y posó en cuatro patas, levantando el culo y dejándolo a merced del humano

    Tollan mas que aturdido por el erotismo de la escena se colocó atrás de ella, y lentamente comenzó a penetrarla

    -¡Ahhh¡- gimió Elina que en ese momento se encontraba dos pisos debajo de la habitación de Tollan, recibiendo la enorme y demoniaca verga de Velimount

    -¿Acaso no se siente bien? ¿No te encanta sentirte deseada? – pregunto sonriendo maliciosamente el demonio

    -S-sí, me, me encantahhh- balbuceó la pelirroja

    -Dime que te gusta mas que la verga de tu esposo, que prefieres cogerme a mi que a Tollan- ordenó y le clavó mas a fondo su mástil

    -Yo-ohh- yohh no…- replicó confundida- no sé eh ah ah ¡ahhh!

    Elina se levantó de la cama, su sexo estaba muy caliente y mojado, tenia ganas de coger, semanas de solo mamar verga la habían puesto muy cachonda y su encuentro con Ur’ruk solo la puso más. Sin embargo solo podía pensar en lo que dijo en su sueño, no sabía por qué pero se sentía cada vez más atraída a Velimount y comenzaba a reconocer un desapego a su esposo, cosa que la carcomía por dentro pero a la vez encontraba muy excitante, el erotismo de engañar a su esposo y volverse a sentir amada, aunque fuese amor de un demonio.

    Lambdamy se corrió estrepitosamente, tuvo espasmos y dejo chorreando la caliente verga de Tollan, sin embargo como pudo se levantó y vistió, dejando al héroe con un calentón de huevos tan terrible que le dolía. La gatita solo le dijo:

    -Lo siento Tollan, pero oigo que vienen a tu habitación, los escucho, debo irme, vendré en los próximos tres días para informarte de tu esposa, cuida esa verga que espero mi recompensa- y con una risita pícara salió ágilmente por la ventana que entró. Tollan, semidesnudo, empalmado y claramente confundido solo escuchó pasos por el corredor una vez que la ventana se cerró.

    -¡Knock knock!- tocaron y sin dar tiempo a Tollan de cubrirse, la puerta se abrió de par en par.

    (Continuará)

    Espero lo hayan disfrutado, se siente bien volver y les prometo esta vez que si acabaré este relato, si les gustó voten y no olviden estar al pendiente, en unas horas subiré el siguiente capitulo.

  • Un rapidin en el centro comercial

    Un rapidin en el centro comercial

    Era un 20 de diciembre del año 2021, la cuarentena había terminado, y poco a poco los sitios públicos volvían a ser abiertos; discotecas, restaurantes, salones de belleza, centros comerciales, entre otras cosas. Obviamente utilizando tapa bocas, alcohol desinfectante, y siguiendo las órdenes adecuadas de bioseguridad.

    El 24 estaba prácticamente encima, y los que son de Colombia, saben muy bien cómo se vuelven las ciudades en esas fechas, que parece como si se fuera a acabar toda la ropa, o el mundo se fuera a acabar. No quería estresarme en esa multitud que se forman los 24 o los 23 de diciembre, así que llame a mi novia Gisella, le dije que se alistara, y que pasaba a recogerla en media hora en mi carro, para que fuéramos por su estreno, y por el mío por supuesto.

    Cuando pase por ella, eran las 4 pm, una hora perfecta para salir de compras, pensando en los trancones de la ciudad, y pensando también en el pico y placa de muchos carros. Me estacione al frente de su casa, e hice sonar la bocina de mi carro tres veces, que era la señal para que ella saliera, cuando salió estaba echa toda una mamacita completa; una blusa tipo escote negra de tiras, una chaqueta azul de jean que la cubrían, unos shorts blancos bastante cortitos que dejaban ver sus hermosas piernas que se mandaba, y unas sandalias de color dorado.

    El almacén en donde mi novia solía comprar los vestidos, estaba completamente lleno, otras personas llegaron más temprano que nosotros, con todos ellos era ilógico creer que nos atenderían, así que tocaba esperar. Para matar el tiempo le invite un helado de los que venden en la entrada, ella pidió el suyo sencillo como siempre; un cono normal, con una sola bola de helado, que en ese caso era de vainilla, y chispitas de chocolate.

    Yo si quería el mío con más detalles, así que me pedí algo un poquitico mejor; un cono más caro con dos bolas de helado, chicle y chocolate, con un detalle de una galleta wafer en el centro, leche condensada, y chispitas de colores, obviamente le di de mi helado también, no soy tan mal novio jajaja.

    Al terminar nos quedamos un buen rato conversando, dándonos caricias, y besándonos como siempre lo hacemos. Pero sus besos eran tan ricos y deliciosos, que siempre lograban calentarme, cuando sentía sus labios húmedos, la verga comenzaba a ponérseme dura, y esa vez no fue la excepción, y ella parecía también estar caliente, porque le pase mi mano por encima de sus shorts, y estaba bastante mojadita.

    No aguantábamos las ganas, si o si teníamos que culear, porque era la única forma para calmar ese deseo carnal que estábamos sintiendo en ese momento. Así que la llevé al baño de hombres sin que nos viera algún guardia y la hice entrar, fuimos hasta el último baño de los baños divididos, la entre conmigo y cerré la puerta.

    La recosté contra la pared y seguí besando su rica boquita, mordía sus labios, y metía mi lengua muy hacia el fondo dentro de su boca, enredaba mi lengua junto a la suya, mientras agarraba sus ricas tetas.

    Le solté una de sus tetas, y llevé mi mano hasta su short, poco a poco le fui bajando su cierre, hasta finalmente desabotonárselo. Se los baje un poquito y acaricie su cuca por encima de su tanga, mmmmm, ya estaba bastante mojadita, tenía una mancha grande en todo el centro ocasionada por sus fluidos. Así que corrí un poco su tanga, y metí dos dedos en toda su rajita, mientras la besaba, al mismo tiempo la dedeaba muy fuerte y rápido, haciendo que soltara fuertes gemidos.

    Solté su otra teta y bajé su short hasta sus pies, lo mismo hice con su tanga, ya que quería jugar un rato con su rica cuquita mojadita mmmmm. Llevé mi boca hasta su cuca y comencé a lamérsela toda, movía mi lengua de arriba abajo, de izquierda a derecha, y formaba circulitos alrededor. Se la escupía y chupaba muy rápido, metía y sacaba de mi boca, me clavaba bien en ella y le succionaba toda esa delicia de cuca ufff.

    Para ese entonces ya tenía la verga bastante dura, me excito mucho con el sabor de su cuca, y esas tetas me la paran con una facilidad, ya estaba bien erecta, solo hacía falta lubricarla antes de usarla. Así que me senté en la taza del sanitario me baje los pantalones, los boxers, y la arrodillé frente a mí, la agarraba muy fuerte de la cabeza y hacía que se tragara toda mi dura verga, con mis dos manos agarraba su cabeza y me cogía muy rápido su boquita. Luego de unas cuantas mamadas, ya Gise estaba lista para que entrara en ella.

    Se sacó mi verga de su boca, y se dio media vuelta quedando de frente hacia mí, lentamente se fue subiendo en mi verga, hasta que toda entro en ella. Ella sola por voluntad propia, se movía de adelante hacia atrás, y me daba unos sentones muy deliciosos, mi verga entraba y salía de su cuca de una manera muy rápida y salvaje, como solo a ella le gusta. Le subí un poco su blusa y saqué sus enormes tetas, se las agarraba y le apretaba muy duro esos pezones mientras la penetraba con fuerza, se las chupaba y re lamia sin dejar de gozar con su cuca. Las agarraba fuerte, y se notaba que esos pezoncitos ya estaban bastante duritos, la excitación estaba al full por parte de ambos, uno de los dos estaba que se venía, eso ya era seguro.

    Se paró de mi verga y quedo adelante mío dándome la espalda, se sentó encima de ella nuevamente, y me daba unos sentones muy rápidos y fuertes, eso hacía que la verga se me pusiera mucho más dura de lo que ya estaba. Sé que pronto acabaría, al ritmo rápido y salvaje que llevábamos, uno de los dos se iba a venir, y finalmente fue ella, porque mientras mi verga entraba y salía de su cuca, sentía como un líquido bajaba por todas mis piernas, esos ricos fluidos rodeaban todas mis piernas. Sentía que pronto acabaría yo también, así que la pare de mi verga, y la empujé de manera ruda contra la pared.

    Agarre muy fuerte su cabello, y le metí toda mi verga en su rico culito, metía y sacaba muy fuerte de su culo, cogí sus manos y las llevé hacia mi dejándola inmovilizada, no podía hacer nada, solo gozar con mi verga en su culo, metía y sacaba muy fuerte haciéndola gemir como a una puta. Ya no aguantaba más, y si o si tendría que correrme, así que le saque la verga del culo, la arrodille y le tire todo mi espeso semen en su carita, absolutamente toda estaba llena de mi esperma caliente; su cara, un poco de su cabello, y su boca. Se agarró todo el semen de la cara con sus manos, y se lo llevo a la boca para tragárselo, limpio mi verga, lamiéndola y chupándola con muchas ganas, hasta que no quedara ni una sola gota de semen.

    Luego nos vestimos, y volvimos al centro comercial, ella pudo comprar su vestido y el resto de sus cosas, yo por mi parte también pude comprar mi estreno, pero no dejaba de mirarla, solo pensaba en lo que acabábamos de vivir. Era una experiencia nueva para los dos, así que terminamos todas nuestras cosas, y nos fuimos para su casa, en donde tuvimos una noche larga de sexo salvaje, porque queríamos más.

    Bueno, espero que les haya gustado mucho este primer relato, desafortunadamente ya no estoy más con Gisella por cosas del destino, pero si tengo muchas historias calientes que viví junto a ella. Espero más adelante poderles contar que paso después del centro comercial, así como muchos otros relatos.

  • La vida en pareja (capítulo cinco): Chucho

    La vida en pareja (capítulo cinco): Chucho

    Supe de Chucho un buen día que Lázaro vino a verme, salimos y en un parque estaba allí esperando, de verdad que aquel gesto me gustó, fue todo un detalle. Lázaro se despidió y se fue dejándonos a los dos. Chucho estaba muy atractivo, mirándolo allí en el banco sentado a mi lado, no parecía tan animal aunque ya me había empezado a gustar desde aquella tarde loca en el platanal. Al rato de estar conversando me preguntó si quería conocer dónde vivía, le dije que sí pero que tuviera en cuenta que estaba fuera de servicio, con una sonrisa me tranquilizó diciendo que lo sabía bien. Me volvió a sorprender al invitarme a subir a un Chevrolet bastante bien conservado, cogimos rumbo a la carretera de Alquizar, por el camino me contó que vivía en una finca pero que sin tierras, las tierras pertenecían a la cooperativa pero la casa era de él y una hermana que vivía en La Habana. Supe que había estudiado ingeniería agropecuaria, que inspeccionaba los platanales para que el rendimiento fuera el mayor, que por eso andaba a caballo aunque podía igual ir en el carro a trabajar. Llegamos a la finca, una casa rodeada de árboles de mango y aguacates, con su portal, las ventanas y puertas con tela metálica para que no entraran los insectos, había un cobertizo para animales y un garaje y una cerca que rodeaba la casa, al rededor había pastos para el ganado vacuno. Me mostró la casa, al menos la parte que le pertenecía, supe que la hermana a veces venía a pasarse un fin de semana pero no mucho.

    En la puerta de su dormitorio, me alzó en sus brazos y diciendo:

    – Usted aquí entra en este cuarto en mis brazos.

    Lo dijo con orgullo, me besó y entramos.

    – Quiero que este sea nuestro nido y tú seas el rey de esa cama.

    Lo que pasó pues era normal, caímos abrazados en la cama, besándonos mutuamente, acariciándonos. Al rato estábamos desnudos los dos tratando de comernos mutuamente. Allí en su cama parecía diferente, aunque su sexo seguía siendo igual de gordo y grande. Yo me dediqué a juguetear con su pinga, Chucho que en realidad se llamaba Gustavo, me dijo haciendo que me acostara bocabajo.

    – Mi nene, a ver, déjame ver ese culo que me vuelve loco…, coño si lo tienes como nuevo…

    Enseguida se puso a lamer mi culo, él sabía que aquello me volvería loco muy a pesar de que no podíamos singar, estaba claro pero sabía su intención de hacerme venir mientras me lamía mi culo y me masturbaba con su mano. No tuvo que estar mucho tiempo porque exploté muy rápido, más cuando hacía mucho que no tenía contacto ninguno. Después me dijo que se iba a hacer una paja para echarme la leche en mi culo y así lo hizo.

    Todavía recuerdo verlo con una mano sosteniendo una de mis piernas y con la otra haciéndose la paja, me parecía que era un gigante, me miraba, de mordía los labios, me decía cosas y a veces rozaba el glande por mi ojete. Se vino como un búfalo, mugiendo y disparando su semen en mi culo, restregando su pinga después. Pero no terminó en ello, volvió a lamer mi culo, recogiendo el semen para introducirlo en mi ojete que más que nada deseaba una buena singada. Aquel gesto me gustó mucho.

    – No te he singado pero te llevas el culo lleno de mi leche.

    Me dijo con orgullo de macho duro. Tuvimos que esperar dos semanas para el primer contacto sexual a fondo, mi amigo el médico me aconsejó qué hacer y hasta habló con Gustavo para que no se repitiera lo del rasguño. Fue una noche de pasión como antes no había vivido, muy a pesar del aspecto brusco que tenía Gustavo, esa noche inolvidable se comportó como alguien comprensivo, dulce, amante cuidadoso y sin dejar su rol de hacerme suyo, todo en cuerpo y alma. Entre besos y caricias, abrazado a mi espalda y teniéndome clavado, me juró amor y me pidió ser su compromiso. Sus labios pidiéndome un sí, un asentimiento desde adentro, murmurando que no le importaba cómo nos habíamos conocido que sólo le interesaba el futuro nuestro. Desde aquel momento me sentía bien, con el culo bien lleno, abrazado y protegido. Gustavo me satisfacía en el sexo bien y como me gustaba, yo le correspondía.

    Empezamos una relación bastante pasional, en el pueblo ya todos los sabían, William me felicitó aunque lamentó que no me podía coger el culo, pero que no perdía la esperanza de que algún día pudiera. Hugo estuvo tratando de presionar, incluso se apareció en la casa de Gustavo una noche con el carro de policía pero no se salió con la suya. Gustavo le salió como una bestia y lo puso en su lugar. De todas maneras Lázaro si era bienvenido, más porque fue quien nos presentó, compartíamos como el primer día en el platanal. Hacíamos tríos a veces, o simplemente Gustavo miraba como Lázaro me singaba. Podía parecer raro, pero Gustavo sentía idolatría por mí y a la vez le gustaba experimentar, no fue Lázaro el único que me poseyó delante de su mirada vigilante y lujuriosa, a veces invitaba a alguien. Sentía placer eligiendo quien me singaría o quién podía dejarse singar para que yo viera.

    La primera vez, se apareció en la casa con un recluta, al entrar a la casa y besarme, me dijo.

    – Mira lo que te traigo, me lo hubiera singado pero es activo, así que dame ese gusto y deja que te singue. Yo quiero ver como lo hace.

    Me quedé como algo indeciso, sin saber cómo reaccionar, pero me llevó al cuarto y el recluta ya estaba desnudo y sobre mí quitándome la ropa. El muy cabrón tenía una pinga larga y gruesa en la punta y delgada en el tronco. Gustavo se preocupó de que me untara bien lidocaína y se sentó en un sillón cerca de la cama a mirar. Comprendí el juego desde el inicio, no dejarme besar y mirar a mi macho siempre, quizá era la experiencia la que me guiaba a tener presente a mi hombre y alimentar su orgullo aunque sea otro quien me estuviera dando por culo. El recluta se dio gusto metiendo y sacando su pinga, de vez en cuando miraba a Gustavo, miraba su pingón negro, estaba claro que lo que quería era que se lo singaran. Se vino agarrando mis piernas con fuerza, provocándome casi dolor. Cuando sacó su pinga, Gustavo se acercó y me puso su pigón en el ojete.

    – Ahora vas a recibir el de tu macho.

    El recluta sé quedó asombrado de cómo aquel trozo entró tan fácil y además provocando placer, cuando estaba ya bien clavado me preguntó:

    – Mi amor, ¿cómo te sientes?

    – Bien, sabes que sí que solo quiero lo tuyo.

    – Pero tienes el culo lleno de leche de otro.

    – Pues dame la tuya, papo.

    Era una conversación con un solo fin, aumentar el ego de mi hombre y mi dependencia para con él. Al recluta le ordenaba que le mamara los huevos, que me mamara la pinga o que me lamiera mi culo, en un momento el recluta no pudo más y le pidió que se lo singara también, que tenía ganas de sentir aquel trozo de pinga. Gustavo le dijo que se preparara pero que la leche me la daría a mí. Sacando su pinga de mí se la metió al recluta que empezó a gritar, el pobre chico tenía los ojos rojos y jadeaba como un perro. Casi no resistió ni diez minutos las embestidas de Gustavo cuando empezó a pedir que se la sacara, que no podía más. Yo sabía que a Gustavo aquello le deba más fuerzas.

    – ¡Maricón, no me pediste pinga! Pues coge.

    Lo estuvo torturando bastante tiempo hasta que me ordenó prepararme, con una rapidez asombrosa, ya estaba dentro de mí y viniéndose, le gustaba llenarme de leche, saber que era él quien me fecundaba. El pobre recluta estaba dolorido, pero contento. Después me preguntó que cómo yo podía, la respuesta fue que para eso era la pareja de él, que era cuestión de acostumbrarse.

    Un buen día cuando esperaba la guagua, me encontré a William, que zalamero se me acercó como era su costumbre y después del saludo, me preguntó cómo me sentía con mi nuevo amor. Al parecer alguien le había ido con el cuento, o quizá alguno de los que había compartido conmigo y con Gustavo.

    – ¿Qué tal ese culo? Espero que no lo tengas desflecado por la clase de morronga que te metes.

    – ¡Bah, ya sabes que tuve un buen maestro!

    – Ese soy yo…, mi pinga y mi leche fueron lo primero que te tragaste.

    Se sentía orgulloso de ello, lo de haber sido el primero siempre me lo sacaba en cara como si yo fuera capaz de olvidar aquella primera vez. Enseguida me invitó a apartarnos un poco de la parada, yo al principio me negué pero William no conocía esa palabra ni mucho menos que yo no cediera a sus deseos. Lo seguí porque era la mejor manera de que me dejara en paz y bueno, porque sabía que me daría placer. Nos metimos detrás de unos muros que estaban construyendo y él me dijo que me bajara el pantalón, se agachó y abriendo mis nalgas empezó a besar mi culo. El muy cabrón sabía cómo ponerme a punto, su lengua lubricaba mientras decía cosas, cuando se puso de pie ya estaba yo deseoso de que me poseyera, él lo sabía y por eso me lo preguntó como otras veces había hecho antes de singarme allí.

    – Ya ese culo parece un chocho, así ha de ser la cantidad de leña que te han dado.

    Quizá tenía razón, porque si antes me costaba algo de trabajo cuando me penetraba, en esa ocasión fue fácil, como si nada. Era el resultado de mi negro Gustavo y la actividad sexual que llevaba, muy activa, porque no iba a decir que todos los días singaba pero con mucha frecuencia y a veces había días de dos veces. Gustavo me lo había dicho que era mejor acostumbrarse a dos veces al día, que a él le gustaba así. Ni se dio cuenta William que mientras me singaba, yo cavilaba sobre Gustavo. Aunque William había sido el primero, Gustavo me tenía todo. William se vino, se quedó abrazado un rato mientras me susurraba que de todas maneras tenía buen culo. Cuando llegamos a la parada ya la guagua se había ido, por estar en la singueta me había quedado allí. William me invitó a que me fuera a casa de un socio de él que vivía cerca hasta que viniera la otra guagua, subrayó que no me arrepentiría.

    La casa del socio estaba cerca y el tal socio no era más que El Mulo, así le decían a Ernestico, un tipo flaco que cierta vez trató de conquistarme, pero yo era muy miedoso y todavía no había dado el primer paso. Cuando me vio con William se quedó con la baba afuera, primero se recordó aquella vez que en la guagua se me pegó pero que yo me escabullí dejándolo con las ganas. Eso después lo contó mientras ya estábamos más cómodos, se había imaginado al vernos que nosotros éramos pareja, pero William le dijo que no, que yo estaba con Gustavo. El Mulo bromeó que entonces estaba claro, se me ocurrió preguntarle el por qué, resultó que estaba claro que me gustaban grandes, que era bien tragón.

    – Pues, macho, prueba tu mismo, a este yo lo enseñé a singar, y a dar bien el culo…ven, mete la mano. – le dijo haciendo que me volviera para que Ernesto metiera la mano hasta mi ojete, que claramente estaba bien mojado por la leche de William.

    – ¡Cojones!, ¿te lo has acabado de singar?

    – ¡Sí, me lo singué detrás de la parada y mira, aquí está, ¿sabes por qué?

    – Porque quiere más pinga.

    – ¡Díselo tú mismo! – me incitó William a responder y viendo que me callaba. – Se hace el tímido, pero lo está pidiendo a gritos.

    – Bueno, tú y yo tenemos una cuenta pendiente, ¿no? – me atreví de decir sabiendo el resultado de aquellas palabras.

    Lo que pasó después estaba claro, William al rato dijo que tenía que irse y que me dejaba en buenas manos. Fue una noche algo especial porque Ernesto, que tenía el mote de El Mulo, era porque en realidad tenía buen hierro. Lo sabía por comentarios de un amigo que había estado con él. Quedándonos solos, se me echó encima comiéndome a besos, sabía besar y acariciar bien, me hizo arrodillarme allí mismo junto a la puerta que acaba de cerrar para que le comiera la pingota que tenía. Era cierto, tenía bien puesto el nombre de El Mulo, aunque mi Gustavo se manda bien, sería porque como la del negro no había otra. Le dije que me dejara ir al baño, pero me quitó la ropa diciéndome que quería darme el primer pingaso allí mismo, que aguantara un poco, que aprovecharía que William me había dejado dilatado y húmedo.

    Me dejé singar allí en la sala, un blanco con una pinga así era raro y él lo era, estaba muy cachondo, me decía que poca gente se atrevía a darle el culo, que ni las más locas se atrevían, que yo era un verdadero hombre que aguantaba su pinga y mil cosas por el estilo. Al rato nos fuimos a la cama donde me ponía de mil posiciones siempre dándome caña y haciendo mil comentarios. Se vino gimiendo como un bebé, estaba feliz cuando dejó caer a mi lado. Después se empeño en que me viniera y cogiendo un frasco de crema empezó a meterme los dedos, mientras me decía que gozara. Yo trataba de hacer lo que me decía, mientras sentía como sus dedos entraban, como iba metiendo más y más, yo volaba, gemía, hasta que alargándose me besó diciéndome que quería meterme el puño. Muy a pesar de lo caliente que está con él, entregado a sus caricias y toqueteo, le dije que no.

    – Me da miedo.

    – ¡Oye, yo soy médico y sé cómo se dilata un buen culo, ya lo tienes a medio camino!… anda, chico, déjame…te va a encantar. Sé que lo vas a gozar porque se te ve en la cara.

    Muy a pesar de su insistencia, me negué, no sé, era la primera vez que escuchaba algo semejante. Había visto fotos en revistas, pero a experimentarlo yo, no estaba preparado para ello. Ernesto no se enfadó, me hizo acostarme abriendo mis nalgas y empezó a darme lengua, la metía y la sacaba. Pronto logró que me olvidara de aquella propuesta, estuvo así hasta que exploté llenándome el pecho de leche que Ernesto recogió y me la dio en un beso.

    – ¡Qué rico te he dejado el culo! Lo tienes como una rosa abierta. -me dijo mientras me besaba, me acariciaba.- y eso que no me dejaste que te metiera el puño…, pero te metí cuatro dedos… estás a medio andar.

    Yo temía por aquello que me había dicho, él me calmó que al rato ya volvería todo a su estado normal, que solo había sido una dilatación y que no me preocupara porque siendo médico, él sabía lo que se podía hacer. Que mejor era empezar por la dilatación y después singar, que no me preocupara que en otra ocasión la pasaría mejor. Al parecer estaba seguro que habría más veces, me dijo que conocía a Chucho y que le gustaba mucho practicar lo de la mano. Eso me chocó algo porque resultaba que no conocía del todo a Gustavo.

  • Sacando la zorra que llevo dentro

    Sacando la zorra que llevo dentro

    Me describiré, me llamo Tatiana, aunque todos me llaman Tati, me casé muy joven y ahora tengo 43 años. Mido 1.68, soy castaña de ojos marrón clarito, bastante morenita, físicamente, aunque no estoy gordita si soy algo nalgona, con tetas normalitas casi una 90 y unos pezones pequeñitos. Vamos creo que soy resultona y todavía atraigo a los hombres.

    Mi marido por su trabajo pasa todas las semanas varios días fuera de casa y yo trabajo a turnos en un supermercado, por lo que nos vemos poco. Tenemos una vida sexual normal algo monótona, pero supongo que como todos los que lleva 20 años casados.

    El caso es que no se si ha sido el confinamiento o que tal vez mi cuerpo ya este cambiando, llevo un tiempo en el que estoy muy muy caliente. Y solo hago que fantasear con otros hombres. Nunca había pasado de ahí, hasta el pasado verano:

    Con el fin del confinamiento, decidimos salir de copas con mis amigas, dos estamos casadas y otra esta soltera. Fuimos a cenar y luego a tomarnos unas copas, todavía no se podía bailar en la pista, pero si en las mesas, no sentamos en una mesa y rápidamente unos chicos nos pidieron si podían sentarse con nosotras y a mi amiga soltera le faltó tiempo para hacerles un hueco.

    Estuvimos hablando, bebiendo, bailando, el caso es que las tres nos pusimos muy calientes perreando con ellos (como se dice ahora), pero como los bares cerraban pronto tuvimos que irnos a casa y los dejamos allí plantados.

    Las tres vivimos en el mismo barrio, y como cogimos un taxi yo me senté delante, ya que primero deja a mis amigas en una calle y luego me dejaba a mi dos o tres manzanas más lejos. En el coche, no paramos de hablar de lo calientes que nos habían puesto, sin importarnos mucho lo que pensara el taxista.

    -Vaya pobres chicos, van a decir que somos unas calienta pollas. Dijo una de mis amigas

    -Si, los hemos dejados bien calientes, pobrecitos!!! Bromeábamos.

    -Y nosotras que? También nos vamos bien calientes. Conteste yo.

    -¡Mira, mira la casada!!! joder como estaba hoy de sueltecita. Dijo mi amiga la soltera

    -Si si por un momento pensé que alguno le iban a crecer los cuernos. Contesto la otra.

    -Que bobas sois!!! Solo estaba jugando, no decís que soy siempre la corta rollos.

    -Si si jugando, díselo al morenito con el que hablabas, hoy has zorreado pero bien!!!

    -Ahora al llegar a casa ya puedes despertar a Manuel para desahogarte un poco.

    Las tres nos echamos a reír, pensando en lo bien que lo habíamos pasado y seguimos comentando hasta que llegamos al barrio. El taxista dejo a mis amigas y continuo la ruta, era mayor, tenía unos 55-60 años, no había dicho nada en todo trayecto. Iba con su mascarilla puesta, nosotras con la medio borrachera que llevábamos ni nos la habíamos puesto.

    -Veo que lo pasaron bien, no? Llevaban tiempo sin salir, no? Dijo rompiendo el silencio

    -Si, ya había ganas de salir después de tanto tiempo. Dije por parecer educada

    -Y ahora se van bien calientes a casa, no? Y sus maridos durmiendo.

    Fue entonces cuando me di cuenta que lógicamente había escuchado toda la conversación, no quería saber lo que debía pensar de nosotras. Me entro un ataque de vergüenza, y no me atreví a contestar, sin embargo si mire de reojo su paquete y vi su bulto en el pantalón. Estaba muerta de vergüenza pero caliente a su vez, de ver como lo habíamos puesto.

    Llegamos a mi portal, estaciono en un hueco que había junto a la puerta. Le pregunte cuanto era y le pague y mientras me devolvía los cambios siguió hablándome.

    -Ojala tuviera 15 años menos, en mi época las mujeres no eran tan sueltas como ahora. Entonces ni las solteras salían así. Vaya suerte tienen los hombres de ahora!!! Bueno los casados lo tienen difícil para complacer a hembras como ustedes. Y perdone que sea tan directo.

    Yo no decía nada, solo lo miraba mientras me daba los cambios, abrí mi bolso guarde el dinero y el seguía hablando, mire su paquete y aquel bulto seguía ahí.

    -Espero que por lo menos sea igual de zorra con su marido, y no lo deje caliente como al resto. Me dijo riendo.

    En ese momento no sé qué paso por mi cabeza, ni porque lo hice. Pero en lugar de salir del coche, lleve mis manos a su paquete, abrí su bragueta y saque su verga!!! Para su edad estaba muy dura, el dejo de hablar aparto sus manos y se quedó paralizado. Creo que estaba tan sorprendido como yo, ni si quiera él me había pedido que lo hiciera, había sido yo la que había cogido aquella verga y había comenzado a chuparla.

    Baje su piel, su olor era muy fuerte, tal vez porque llevaba trabajando todo el día y estaba algo sudada, pero no había macha atrás. Me la puse en la boca y comencé a chuparla, como si fuera una puta de esas que lo hacen en los coches. Al principio me dio mucho asco y se me bajo toda la calentura que llevaba, pero el morbo podía con aquel sabor y aquel olor, me gustaba pensar que era una zorra y lo que debía pensar el taxista, así que me puse más y más caliente, estaba fuera de mí.

    Me dijo de ir al asiento trasero, pero le dije que no, porque no tenían ni la más mínima intención de hacer nada con él, creo que solo quería comparte como una puta. No insistió, yo creo que porque ni él se creía lo que estaba pasando y se limitó a pasar sus manos por mi espalda, por mis tetas y por mi coño. Subió mi vestido y tocaba mi rajita y mi culo mientras yo seguía lamiendo.

    Comencé a chuparla cada vez más fuerte, y a pajearlo cada vez más rápido, para que se corriera!!! El no paraba de decirme lo zorra que era y eso me ponía a mil.

    -Chupa puta chupa!!! Te gusta verdad zorra!!! Sabe tu marido lo puta que eres!!!

    Y cosas así, pero aquello en lugar de molestarme me calentaba más y más y el se daba cuenta. Justo cuando se iba a correr y apartarme para que se corriera, me agarro por la cabeza para impedírmelo y grito:

    -Ahora no te apartes puta, o pondré todo el coche perdido.

    Soltó toda su corrida en mi boca, no fue demasiada, pero si era muy densa y brumosa, tuve que tragarla para poder respirar.

    -Te ha gustado verdad? Me dijo mientras intentaba besarme.

    Abrir la puerta y salí corriendo hacia el portal, con arcadas todavía del sabor de aquel semen, mientras el me gritaba

    -Toma mi teléfono, llame cuando quieras, la próxima carrera es gratis.

    No volví la vista atrás, me fui corriendo a mi casa, con una sensación agridulce por lo que terminaba de hacer. Me eche a llorar, porque por un lado seguía caliente y por otro me sentía culpable y muy sucia.

    Esa noche y al día siguiente continúe con ese sentimiento de culpabilidad, sobre todo al levantarme y ver a mi marido y pensar lo que había hecho el día anterior.

    Todavía no me lo terminaba de creer y pensaba que habría sido un sueño o que tal vez habían puesto algo en mi bebida. Pero pasado unos días, notaba como me calentaba cada vez que pensaba en aquella situación, incluso me ponía mojada cuando recordaba aquel olor y aquel sabor… Me gustaba sentirme así de puta y así de sucia y entonces supe que algo había cambiado en mí.

    Sin saber porque aquello había sacado mi lado más oscuro, y desde entonces comencé a fantasear con ser una zorrita.

    Estas es la historia que me conto a través de un chat una chica de Madrid, le dije que escribirá un relato con su historia. Me pareció muy excitante y espero que haya muchas mujeres como ella. Si os ha gustado o sois como ella escribir a: [email protected].

  • Sábanas sucias

    Sábanas sucias

    Pues fue un día raro, salí con una ex y después de comer nos fuimos a un hotelito, ya era tarde, así que íbamos de rápido. Ya saben algo de entrada por salida.

    Como no había habitación normal, era viernes y en la CDMX se llenan los moteles como si no hubiera mañana, solo había habitaciones con jacuzzi. Como traía muchas ganas y no quería esperar pagamos, aunque sabíamos que no lo utilizaríamos.

    Entramos con ganas, nos besamos con ansias y empezamos a quitar la ropa. Paola traía un traje que son de una pieza de pantalón con blusa, es de bubis pequeñas pero de trasero prominente, duro y en muy buena forma ya que es maestra de bellydance y esas cosas.

    A ella le gusta el exhibicionismo, ha participado ha sido modelo de ropa normal e interior, de hecho alguna vez se subió al tubo en un tabledance, según me cuenta.

    Bueno, rapidamente le quite el trajecito y se quedo en un body de encaje que hacia las veces de bra y panti y se le transparentaba todo, unos pezones paraditos negros y de atras le quedaba a media nalga. Se veía muy bien.

    Yo me saqué la playera y el pantalón y quedé solo con el boxer, seguimos con los besos y las caricias… ella sacó mi miembro y empezó a acariciarlo… se sentó en la orilla de la cama y comenzó a chuparlo. LO hacía con maestría, yo le acariciaba la cabeza como para darle ritmo. Le saqué el body y quedó completamente desnuda, tiene un cuerpo marcado, los senos paraditos y duros y un culo de ensueño

    Puse la tele con un poco de porno, mientras ellas levantaba la colcha y destendía la cama.

    Las luces estaban encendidas como nos gusta. La iba a costar para chuparle la conchita y continuar el juego. Cuando me doy cuenta que las sábanas estaban manchadas… Eso realmente me molesta porque no se vale que solo tiendan las camas y no cambien la ropa de cama.

    Así que bastante molesto llamé a recepción y pedí que mandaran a alguien a hacer la limpieza, incluyendo la tina de hidromasaje. Que aunque no la íbamos a usar, solo era para molestar.

    Respondieron que sí, que de inmediato enviarían a alguien.

    Me puse el boxer para esperar y Pao se quedó así, ya la conozco y sé que no le incomodaría que la vieran así, desnuda. Y pues era bastante morbo.

    Tomamos una cerveza de las que llevábamos y nos sentamos en el sofá, a ver el porno. Nos seguimos dando besos. Me comía sus bubis y le metía mano por todos lados.

    Un par de dedos en su vaginita depilada mientras ella echaba la cabeza para atrás, disfrutando, hacía pequeños gemidos.

    Estaba bastante mojada y yo con una erección listo para atravesarla.

    Ella me acariciaba por encima del boxer, calentando motores para no perder el ritmo en lo que podíamos usar la cama.

    Sonó la puerta y me levanté, de camino a la puerta me puse el pantalón para ir a abrir.

    Abrí la puerta y era una muchacha vestida con uniforme de mucama, de no más de 25 años. Flaquita o al menos así se veía, con el atuendo que se le veía grande.

    Saludó y entró como todos los empleados de un motel, con la cabeza baja como no queriendo ver.

    Pao se había puesto el body con algo de pudor, creo yo. La del aseo entró y se fue a limpiar el jacuzzi, no se conque tantos productos de limpieza. Sin voltear a ningún lado.

    Yo me senté al sofa a intentar conversar, pero Pao no me dejo. Me dio un beso y desabrocho mi pantalon.

    Me masajeo el pene mientras me besaba. Yo continue acariciandola por encima del body, con cierta reserva por la invitada incomoda, que aprovechando los espejos nos miraba, con “un ojo al gato y otro al garabato”.

    Nosotros seguíamos en lo nuestro, los gemidos se confunden con los del porno en la pantalla ya sin mucho pudor. Había continuado con la mamada en el sofá y a mí ya no me importaba si nos veían. Arriba y abajo con un ritmo que estaba a punto de venirme. Yo aprovechaba para acariciar su coño por atrás, haciendo un lado el body. En sus dos ranuras. Masajeando el culito en circulos, despacito.

    En eso estabamos cuando oimos ruido de cubetas, había terminado con el jacuzzi y estaba parada junto al sofá observando el show.

    Nos levantamos un poco rápido, como cuando te cacha tu suegra.

    Nos acomodamos un poco la poca ropa que quedaba y guarde mi arma para no intimidar (sic)

    La mucama nos dijo:

    -Perdón por la interrupción pero voy a cambiar las sábanas.

    -No te preocupes perdón, pero el tiempo corre en estos lugares contesté.

    -Jaja es verdad, ustedes sigan por mi no hay problema, respondió.

    Pao le preguntó, con una cara de picardía, que me puso a mil.

    -Como te llamas?

    -Me llamo Andrea.

    -Hola, Andrea mucho gusto

    -Que mala onda que nos dejaste las sabanas sucias.

    -Perdón pero no está en mis manos. Son órdenes.

    -Que asco creo que no volveré a venir a este lugar. -Respondí

    -Oye y qué castigo te pondremos por mala onda. -Preguntó Pao.

    Ella respondió, no sé. Mientras seguía teniendo la cama.

    Cuando tendía la cama se empinaba un poco para estirar la sábana y Pao se le acercaba, como tanteando el momento de asomarse bajo su falda.

    -Ya sé cual será tu castigo, a que hora sales? -Preguntó Pao

    -Pues ya, solo terminó y me voy, aunque no quisiera porque es viernes y hay mucho tráfico.

    -Ok, pues ya se cual será tu castigo, te tendrás que tomar una cerveza con nosotros.

    -De verdad?, respondió. Si, se antoja porque hace mucho calor. Déjame terminar y si te la acepto. Siempre y cuando no le digan a mi jefe.

    -Juro que no, respondí

    -Fui por la chela, mientras terminaba de tender la cama y Pao se sentaba en el sofá y quitaba el porno para poner un canal de música.

    Agarré 3 chelas y regrese, justo cuando iba terminando Andrea, Se levantó Pao y le dijo:

    -No te molesta que ande así, refiriendose a que solo tenia body.

    -Claro que no, hace mucho calor.

    Y en verdad hacía mucho calor con esas 2 princesas enfrente. Como no traía playera me acerque y note que Andrea acercó la mano, a mi pecho, como tanteando el terreno.

    Pao le dijo, claro que hace mucho calor y más con ese vestido, te lo puedo sacar?

    -Claro que no, me da pena, respondió, pero fue más por compromiso ya que no se resistió a que le desabrochaba los botones Pao.

    Le di la cerveza y de inmediato le dio un trago mientras desabrochaba todos los botones y deslizaba el vestido hasta el piso. Se sacó los zapatos y los hizo a un lado

    Andaba con un coordinado un poco infantil Completamente de algodón, como de colegiala.

    -Oye que linda tu ropa, comentó Pao, y le acarició la bubie izquierda, sobre el bra. Con sutileza.

    -Gracias respondió Andy, es algo comodo porque es mucho trabajo. Y sudas mucho. De hecho me da pena, porque creo que huelo un poco al trabajo.

    -No importa, ¿quieres que pongamos el Jacuzzi y te refresques? Pregunté

    -La verdad si me gustaría porque ando un poco acalorada.

    Me di la vuelta y fui a llenar el jacuzzi

    Ellas siguieron platicando, como conociéndose, para romper el hielo.

    Regresé y puse un poco de musica mas “guapachosa” para bailar y perdernos el miedo. Las levanté y empezamos a bailar un poco y empezar a darnos besos.

    Les dije beso de 3 y nos acercamos. Nos besamos los 3 y aproveché para acariciarles las nalgas.

    Andrea es delgadita pero con unas pompis redonditas, un poco marcada también por el trabajo, supongo.

    Seguimos bailando y brindando.

    Empecé con la clásica frase de” Beso, Beso”, se acercaron y se dieron un beso bastante larga. Pao aprovechó para acariciarle la bubie a andrea con la mano libre, bajo el bra y saco el pezón. Le dió un trago a la cerveza fría y regresó a lamerlo, a disfrutarlo. Andrea cerro los ojos para sentir la lengua fría. Se estremeció un poco.

    Aproveche y me puse detrás de ella, literalmente la hicimos sandwich.

    Acerqué mi miembro por detrás y empecé a acariciarla, primero la espalda, le daba masaje en los hombros y bajaba hasta sus nalgas, a veces pasaba las manos por delante, recorriendo sus tetas y me encontraba con la lengua de Pao que ya había bajado por completo el bra. Y se atascaba de pezones.

    Baje la mano hasta su panti, y la metí lentamente, acaricie su vello, que estaba rasurado, como pastito de campo golf. Me entretuve acariciando y sintiendo el “pastito” hasta que llegué a su rajita, ya estaba muy húmeda, abrí un poco los labios y rocé su clitoris, dio un respingo con gemido incluido y hecho el trasero para atrás, como haciendo espacio.

    Andrea ya tenía el pezón de Pao en la mano. Lo acariciaba fuerte y le apretaba la teta.

    Empece a meter el dedo medio, mientras mi pulgar apretaba el clitoris, a darle ritmo a este emparedado, de carne y sudor.

    Pao dejo escurrir un “chorrito” de cerveza en las bubbies de andrea y las secó con su lengua lo que la hizo brincar por el contraste de calor y frío. La siguió hasta el ombligo y fue bajando mientras le quitaba el chon.

    Esa ovejita estaba desnuda entre 2 lobos que se la iban a comer, hasta lamer los huesitos.

    Pao le empezó a hacer oral despacito, le levanté una pierna a Andrea para abrir espacio y la abracé desde atrás para ayudarle con el equilibrio. Le acariciaba las bubis mientras le recorrían la vagina con la lengua. Así estuvimos unos 4 minutos hasta que tuvo su primer orgasmo. La sostuve porque le flaqueó la pierna que la sostenía.

    Se levantó Pao y me pidió otra cerveza, para enjuagarse la boca, dijo.

    Andrea cayó sobre el sofá para tomar aire. Había tenido un rico orgasmo y sudaba más que con la limpieza.

    Regresé con las cervezas, las tomé de la mano y las llevé al jacuzzi. Nos quitamos la poca ropa que nos quedaba y nos metimos a decir salud.

    Tomamos la cerveza. Pao quedó en medio, que aunque un poco justos, cabíamos bien.

    Seguimos platicando trivialidades mientras acabamos las cervezas.

    Empecé a besar a Pao y acariciarla debajo del agua. Compartimos besos entre todos y Andrea acariciaba la entrepierna de Pao que se dejaba consentir. Abría un poco la pierna para dar acceso a nuestras manos. Andrea y yo compartimos el clítoris de Pao, mientras nos comíamos sus pezones… empezaba a moverse al ritmo de nuestras manos, con los ojos cerrados disfrutando nuestras caricias. Solo gemía despacito. La besábamos y mordíamos.. Por todos lados. Andrea se sumergió y le lamió el clítoris… Brinco Pao y le acarició la espalda como agradecimiento.

    Levante a Pao y la puse en la orilla del jacuzzi para ver como la lamían… Mientras le acerqué mi miembro a la boca. Lo empezó a lamer mientras le daban oral. Lo acariciaba mientras lo metía en su boca.

    Yo estaba a punto de venirme y me acerqué a si vagina… lo metí y empecé a bombear, mientras Andrea le lamía el clítoris. Lo hacía despacio para que sintiera mas placer. Estaba a mil y no me iba a detener más. Empecé a bombear más rápido, Andrea le besaba la boca y el pezón… Intercalaba por segundos. Mientras tenía su primer orgasmo.

    Me iba a venir pero como no traía condón me salí y le bañé con semen hasta el ombligo. Andrea bajó, lo lamió y se lo llevó boca a boca a Pao que aún estaba muy agitada. Ella solo le dijo gracias.