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  • Urgida con un desconocido

    Urgida con un desconocido

    Soy de nuevo yo, la chica chaparrita de ojos cafés claros, pocas bubis, pero un buen culo formado y levantado.

    Este relato tiene poco tiempo que acaba de suceder tiene como 3 meses que nos acabamos de juntar y nos fuimos a vivir a Toluca, mi novio se encontraba fueras trabajando y pues yo ya había conocido a unas amigas y habíamos quedado en salir a comer y pasárnosla bien, todo comenzó cuando mis amigas tardaron en llegar, pero no quería que supiera que tenía novio.

    El: Hola ¿hay algún problema si me siento aqui?

    Yo: Hola, no ninguno

    El: Esperas a alguien?

    Yo: Si a mis amigas quedamos de vernos pero ya se tardaron

    El: Bueno mientras llegan podemos platicar ¿no?

    Yo: si claro podemos platicar y así no estoy sola

    El: No así no está sola un chica tan guapa y sexi como tú, y ¿qué edad tienes?

    Yo: tengo 23 años y tú?

    El: Yo tengo 35 y ¿tienes novio?

    Yo: muy bien, no tengo y ¿tú tienes novia o esposa?

    El: que mal por qué no tendría novio una chica tan guapa como tú, No ninguna de las dos, te puedo decir algo pero no te molestas

    Yo: Si claro dime

    El: Es que te vi desde que llegaste y eres una chica muy guapa, muy sexi y por eso me acerqué a hablarte, me gustaste mucho no sé si te gustaría ir a hablar a un lugar un poco más privado

    Yo: Gracias tú también eres muy simpático, si me gustaría si quieres podemos ir a mi casa está aquí cerca

    El: claro vamos a tu casa para que podamos platicar mejor (ya llegando a tu casa)

    Yo: Bueno ahora si podemos platicar mejor

    El: si bueno té decía que estás muy guapa y la verdad eres muy sexi se nota que te gusta mucho coger por qué se ve que traes ropa interior chiquita y pues se nota que en la parte de arriba no traes nada y no quiero incomodarte pero en verdad te vez muy rica, tal vez estoy siendo muy atrevido pero no puedo aguantarme las ganas la verdad es de que desde que te vi te imagine sin ropa en una cama pidiéndome que te coja bien duro que te haga gritar hasta que ya no puedas más.

    Yo: No me incomodas para nada la verdad es que tú también eres muy guapo y si tienes razón me gusta mucho coger, en verdad te imaginaste eso? Ya hasta hiciste que yo me lo imaginara y te dijo la verdad yo te vi desde que te estabas acercando a mi y vi como se te remarcaba súper rico tu verga y se me antojo.

    El-entonces se te antojo cuando me viste caminando hacia ti y eso que no lo tenía muy parado como lo estás haciendo que se ponga ahorita ¿como te gusta que te cojan?

    Yo: me gusta duro que me hagan gemir mucho, que me dejen bien satisfecha, que no paren hasta que ya no puedan más

    El-A mi me encantaría no parar hasta que ya no puedas más cogerte bien rico hacerte gritar (ponía su mano en mi pierna y se acercaba a mis labios)

    Yo: en serio? Y no te gustaría cogerme así de rico como dices

    El: A mi me encantaría cogerte así y hasta más rico, te quiero ver empinada para darte unas nalgadas bien ricas (pasaba su mano hasta mi cuello y me besaba)

    Yo: (lo seguía besando, le desabrochaba su pantalón y metía mi mano para tocar su verga) se siente bien rico, ya quiero que me lo metas todo para que me hagas gemir, ¿quieres ver mi ropa interior?

    El: te lo voy a meter todo para que grites de tanto placer, a ver enséñamela aún que prefiero verte sin nada de ropa

    Yo-(me quitaba el vestido me le acercaba y lo besaba mientras él agarraba mis pompas) ¿te gusta?

    El: (me cargaba, y mientras me llevaba a la cama iba mordiendo mis bubis) estás bien rica me encanta como te queda esa ropa interior

    Yo: Ya tengo muchas ganas, cogeme como tú quieras, hazme lo que se te antoje (sé quitaba toda su ropa) eso que tienes ahí se ve bien rico ya quiero que me entre todo

    El: te lo voy a meter todo no te voy a dejar hasta que te haga gemir bien fuerte y te deje bien cogida con ganas de mas (me hacía mi ropa interior a un lado y me empezaba a pasar su pene por en medio de mis piernas) ¿te gusta como se siente?

    Yo: ya metemelo quiero sentirlo todo adentro quiero que me cojas bien duro, ya quiero que me hagas gemir (me daba la vuelta para que quedara empinada me daba una nalgada muy fuerte, me agarraba de mi cintura y me lo metía todo muy duro, me hacía gemir muy fuerte)

    El: estás bien rica ya quería tenerte así empinada con toda mi verga adentro ¿así te gusta como se siente? (me daba más nalgadas, me lo empezaba a meter muy duro y hacía que mis pompas chocaran con él para que se escuchara muy rico, me hacía gemir cada vez más y más fuerte, me apretaba de mi cintura cada vez que lo metia)

    Yo: asi se siente bien rico dame mas duro

    El: tienes unas nalgotas estás bien rica mami (me daba unas nalgadas mas fuertes, me lo sacas y me ponía ahora encima de él, se lo agarraba y me lo metía sola) brinca bien rico para que te entre todo y te haga gemir mucho

    Yo: ya me entro todo, se siente bien rico cuando lo tengo adentro (empezaba a brincar, el también se movía para que me entrara más duro y mientras lo hacía me agarraba con una mano mi cintura y con otra mis bubis y gemía cada vez más y más) hay ya no puedo me lo estás haciendo bien rico

    El: (me agarraba de la cintura y hacía que me moviera más rápido después me lo sacaba el se ponía encima de mi) no te lo sacare hasta que ya no podamos más (ponía su mano en mi cuello, hacía que abriera mis piernas más y me lo metía bien duro) quiero dejarte bien cogida

    Yo: ya espera ya no puedo (ponía mis manos en su espalda y lo apretaba mientras me hacía gemir más fuerte, me lo seguía metiendo cada vez más duro mientras mordía mis bubis) hay que rico ya necesitaba que alguien me cogiera asi

    El: que rico coges te entra toda mi verga súper rico (me lo seguía haciendo más y más duro, mientras yo gemía muy fuerte y hacía que mis piernas temblaran)

    Yo: me estás cogiendo súper rico, así sigue quiero más duro (me pasaba su lengua por mis bubis hasta mi cuello)

    El: (me decía en el oído) ya me voy a venir ¿en donde los quieres?

    Yo: en mis pompas (me lo sacaba, me empinaba y empezaba a sentir como me los echaba en mis pompas, mientas yo sé las movía para provocarlo más) hay que rico que siente

    El: te vez bien rica así con mi semen escurriendo por tus pompas (me daba una nalgada después me metía sus dedos me los movía un poco y después me los sacaba, me volvía a meter su pene otro poco así empinada y me lo empezaba a hacer pero ahora un poco lento) estuvo bien rico ¿te gusto?

    Yo: me encanto me cogiste súper rico en verdad nunca nadie me lo había hecho así, no me había hecho gemir tanto, siento como mis piernas me tiemblan, ya no puedo más ya para (me mordía mi espalda y me lo seguía haciendo)

    El: ¿ya estás bien satisfecha? (me lo sacaba yo me volteaba para verlo y se lo agarraba para hacerle un oral)

    Yo: estoy bien satisfecha pero con ganas de hacerlo más (sé lo empezaba a chupar un poco)

    El: cuando quieras te lo hago, hay que rico lo chupas casi te entra todo

    Yo: se te ve bien rico (sé lo dejaba de chupar y me levantaba para besarlo)

    El: ya me tengo que ir, me encanto coger contigo, quiero repetirlo más veces

    Yo: puedes venir a hacérmelo cuando quieras en verdad coges bien rico (me daba una nalgada y se empezaba a cambiar)

  • Reunión de generación

    Reunión de generación

    Me presento  soy Romina una mujer de 35 años casada hace 7 con Rubén tenemos una hija de 3 años, he de decirles que tenía muy buen cuerpo antes de embarazarme pero después del embarazo tarde casi do años en recuperar mi figura, pero a comentarios de mi esposo me asentó muy bien la maternidad mis caderas aumentaron así como mi busto, me siento más mujer.

    Conocí al ahora mi esposo cuando estudiaba la carrera de ingeniería él es unos años mayor que yo y bueno conozco bien a todos sus amigos son 7 y a un maestro que fue como el mentor de todos al cual respetan mucho el profesor Jaime, con quien en una reunión apenas saliendo de la universidad tuve un evento, se me insinuó y trato de darme un beso acto que nunca le dije a Rubén, coincidimos en algunas otras reuniones, nunca más se me insinuó pero siempre me dijo lo hermosa que le parecía y que le atraía mucho.

    Dicho lo anterior, Rubén me comenta que han pasado ya algunos años y no se han reunido por lo cual el próximo fin la reunión va a ser en nuestra casa, yo me moleste un poco ya que por cuestiones de trabajo y de sus salidas al futbol en el último mes nuestros encuentros sexuales eran mínimos yo estaba muy cachonda y quería estar con él pero al parecer a él no le importaba y bueno me resignaba a esperar el momento. Así transcurrió la semana y el viernes me comenta que me dejo una lista de lo que tengo que comprar para la reunión ya que él trabaja el sábado en la mañana después va al futbol y ya llega por la tarde para l reunión.

    El sábado se levanta temprano y se va solo me da un beso y se despide diciéndome que no olvide los encargos, pasa una media hora y me levanto para preparar a mi hija ya que mi mama se la va a llevar y estoy en eso le preparo una maleta y le estoy dando el desayuno y yo tomando café cuando llega mi mamá y espera a que la niña termine el desayuno y se marchan, me quedo sola en casa, voy a la aviación para tomar una ducha y cambiarme he irme a hacer las compras, entro a la ducha y solo compruebo lo sensible que estoy, el simple rose del agua hace que mi piel se erice, me enjabono y toco mis senos están durísimos mis pezones igual me comienzo a tocar y huff que delicia es algo que me está poniendo al cien, de repente el sonido del celular me saca de ese estado salgo de la ducha y es un mensaje de Ruben recordándome de recoger unas cosas en la tintorería. Me seco y voy a la recamara no puedo dejar de sentirme caliente, sexy cachonda tomo una diminuta tanga de hilo que apenas cubre mi conchita que está perfectamente depilada, voy l vestidor y tomo un vestido que se abotona al frente y que me llega a medio muslo es pegado y el escote lo pongo yo con los botones, me pongo un brasier de media copa que apenas cubre mis pezones, unas zapatillas y me miro al espejo me siento deliciosamente sexi, tomo las llaves del carro y la cartera, y salgo al centro comercial a comprar lo necesario para la reunión, en el camino no dejo de estar excitada y desabrocho dos botones de abajo y dos de la parte superior, llego al centro comercial y me dirijo a la tintorería, paso por unos aparadores y puedo ver que mis caderas resalta me veo muy bien y me siento mejor las miradas me siguen y eso me hace sentir más excitada, recojo las camisas y me dirijo al supermercado, llego tomo un carrito acomodo las camisas y comienzo mi caminar, en la entrada son dos chicos que veo me comienzan a seguir son como de 15 o 16 años son de los que te ayudan a empacar, en un pasillo me detengo como buscando algo y me agacho quedando mi trasero completamente exhibido, voltea a ver a los chicos y están congelados, me rio y me acerco a ellos les pido ayuda ya que voy a comprar algunas cosas, toman el carrito y yo camino delante de ellos, se que me miran y no pueden dejar de hacerlo, terminamos la lista, vamos a la caja pago y me acompañan al auto, comienzan a subir las cosas mientras yo acomodo las camisas, se ganaron su propina, mientras acomodo, las camisas desabrocho otro botón del escote y se pueden ver casi todos mis senos, me subo al coche y bajo el vidrio ambos chicos se aproximan a la puerta les doy las gracias pero sus miradas se pierden en el escote, sonrío y me pongo en marcha.

    Llegando a casa me apresuro a bajar las cosas ya casi es hora y aun quiero tomar una ducha, se que quien va a llegar primero es su mentor Jaime, es un hombre muy disciplinado y muy puntual, él es bajito apenas llega al 1.60 delgado y un poco calvo, es un hombre común pero tiene una personalidad que siempre me ha llamado la atención, preparo todo antes de subir a la ducha, ya en mi habitación, me desnudo y entro a la ducha y mi cuerpo nuevamente reacciona toco todo mi cuerpo y me siento excitada de momento reacciono y me doy cuenta que no tengo tanto tiempo, salgo y mientras me seco una idea ronda por mi cabeza todos van a estar en su reunión y yo sola en la cocina o llevando botana y si me divierto con el profe Jaime si eso voy a hacer a provocarlo, voy al vestidor y busco un vestido que es de algodón pegado de arriba y una falda con poco vuelo que me llega a medio muslo es perfecta para mis diabluras, me pongo crema y un conjunto de lencería color verde pálido el bra y tanga de encaje me pongo el vestido se marca marcan mis senos y mis caderas resaltan lo completo con unas zapatillas de tacón alto y maquillaje ligero, bajo y llegando a la cocina suena el timbre justo a la hora de la cita abro la puerta y es Jaime me ve y sus ojos se le salen me da un ramo de flores pero su mirada se pierde en mi cuerpo las tomo y lo invito a pasar, le digo que voy a la cocina a ponerle agua y mis movimientos de cadera son exagerados, sé que me mira, llegando a la cocina, suena el timbre y le pido que abra, son otros de los amigos que llegan con mi esposo, se instalan todos en la sala de juegos, entro para saludar a lo que todos me dicen piropos, los conozco a todos y salgo, me voy a la cocina. No pasa mucho tiempo en que aparece Jaime y me hace platica, en verdad es muy ameno y siempre me atrapa con los temas que platica, así pasa el tiempo él va y viene en una de esas me pregunta que yo que tomo y recuerdo que compre dos botellas de vino tinto y saco una él me ayuda a abrirla y m sirve una copa, llega mi esposo y me pide les lleve algo más de botana y se lleva a Jaime lo abraza y salen, voy al cuarto y dejo la botana al poco tiempo se comienzan a despedir han tomado mucho y ya solo queda mi esposo, Juan un amigo que siempre me callo mal, Arturo y Jaime.

    Arturo no tarda en despedirse y mi esposo y Juan están en la sala de juegos y escucho que ya están muy tomados y discuten, Jaime aprovecha y se queda conmigo en la cocina, yo ya he tomado media botella y entre platicas me sirve otra copa y su plática se desvía un poco a cosas más íntimas a lo cual contesto y es porque el vino me ha hecho efecto me siento muy relajada pero también un poco cachonda excitada, me dice que en la calle me han de decir muchos piropos por lo bien que me veo, me paro de la silla, me alejo un poco y le pregunto usted cree y me doy una vuelta sus ojos se desorbitan y solo me dice por supuesto que si en eso estábamos cuando escucho que Rubén me pide le mande una botella de wiskey, para salir de la cocina paso frente a Julián, el solo se levanta pero lo rozo ligeramente cosa que me hace estallar voy hacia la cantina pero se me cruza el baño y sin pensarlo entro y me quito el brasier, ahora si Julián se va a infartar, llevo el juego a otro nivel, acomodo el vestido y antes de salir me veo en el espejo que esta tras la puerta y mis pezones se marcan por completo me veo realmente sexy y ese Julián se va a volver loco, salgo y me dirijo a la cantina ya de regreso me topo con Juan y le doy la botella sus ojos se clavan en mi pecho pero me cruzo de brazos y da media vuelta y regresa con Rubén, antes de ir a la cocina me doy una vuelta al cuarto de juegos y puedo ver que ambos están muy tomados, entro a la cocina y Julián queda con la boca abierta, no da crédito a lo que ve se levanta y me da mi copa y brindamos la termino y no tardo en ponerla en la mesa cuando toma la botella y la llena de nuevo, ahora si me siento más excitada el vino me puso al 100, le comento que Juan ya está muy tomado y que llamemos un Huber para que se vaya me dice que sí y yo llamo al Huber en lo que él va por él y lo lleva la entrada, como puede lo lleva afuera y lo sube al Huber pagándole y dándole la dirección, mientras yo voy al cuarto de juegos y veo a Rubén se quedó dormido y no hay fuerza que lo despierte tomo una frazada que está en la sala y lo cubro, regreso a la cocina tomo mi copa y me recargo en la barra mirando hacia la entrada, no pasa ni un minuto y aparece Julián, sus ojos me recorren y eso me excita es una mirada de lujuria que no me incomoda en cambio me pone aún más, se sienta y me admira, comienza a decirme, ese Rubén ha de pasarla muy bien, guardo silencio y contesto eso es lo que usted cree véalo ya está dormido y yo aquí, abre los ojos y dice ósea que no la atiende, y le contesto pues le diré, rápido contesta, eso no debería sr con una mujer tan linda y se aproxima a mí, me levanto y subo a una escalerilla como buscando algo en los gabinetes altos, me dice tenga cuidado y se para detrás y me toma por la cintura, bajo me doy la vuelta y su cara queda en mis senos, da un paso atrás y le doy un beso, lo tomo de la mano y vamos a la sala, se sienta y me paro frente a él, me quito el vestido y quedo solo en la tanga y las zapatillas, su cara lo dice todo, se levanta y me toma de la mano me sienta y me da un beso y toma mis senos, luego los comienza a chupar y mordisquear los pezones me está poniendo cachondisima, si de por sí ya estaba por el vino me puso más lo retiro y le comienzo a quitar el cinturón, el me ayuda y rápidamente se desviste cuando se quita el bóxer en verdad me sorprende el tamaño de s pene no me imaginaba así, esta erecto, lo tomo y comienzo a chuparlo, le doy una mamada que solo da suspiros me tumba en el sillón y me quita la tanga y me hace sexo oral, y es muy bueno, me hace vibrar y me estremezco, me hace tener un orgasmo delicioso, se incorpora y se pone entre mis piernas, tomo su pene y lo pongo en mi vagina el no espera y empuja, estoy tan mojada que entra sin problemas, comienza un mete y saca y me hace gemir de placer tiene un ritmo que me encanta pasan unos minutos y me pongo en cuatro el detrás de mí, me enviste y me hace gemir de nuevo, me toma por los senos y me hace tener un orgasmo más, no pasa mucho en lo que siento que su cuerpo se tensa y se viene dentro de mi es una gran venida y me hace estremecer, se retira y se sienta en el sillón yo voy al baño, regreso y de paso veo a Rubén sigue perdido, regreso a la sala y ya se ha vestido, nos despedimos con un beso entre cachondo y tierno, me dice que espera volver a estar conmigo, y sale yo subo a la recamara me doy un baño y me meto a la cama fue una velada diferente y deliciosa.

  • Extremo Oriente

    Extremo Oriente

    Es europea o americana, con dinero, una joven heredera. Lesbiana pero eso aún no lo tiene muy claro todavía, solo se da cuenta de que no le gustan mucho los hombres. Therese.

    Seducida por el erotismo del oriente colonial, el exotismo de las bellas mujeres de ojos almendrados y suave piel tostada, ligeras de ropa en el cálido clima de Bangkok.

    Al bajar del buque de vapor perdida entre el gentío del puerto, las mercancías descargadas de los mercantes o esperando para embarcar se fijaba en la hermosura de las mujeres. Distraída por el espectáculo no tenía prisa, caminaba despacio.

    Encontró un extraño vehiculo mezcla de bicicleta y calesa, un rickshaw, que la llevaría a su lujoso hotel. Un fornido marinero la ayudó a cargar el equipaje.

    El joven que pedaleaba vestido sólo con un trapo atado a la cintura, delgado, musculoso y guapo se llevó una generosa propina. Aunque reconocía la belleza y sensualidad de su cuerpo no le atraía en absoluto.

    Therese llegó al lujoso hotel con la blanca blusa empapada de sudor y su cara lencería de seda mojada con sus jugos. Se dio un largo baño antes de bajar a cenar. El agua fresca solo le permitió recordar los cuerpos semidesnudos en las abarrotadas calles.

    Lo que llevó a su delicada mano a recorrer su piel, y un leve roce en los pezones aún la excitó mas. Bajó por su vientre rozando el ombligo hasta llegar al fino vello rubio sobre su vulva. Un suspiro escapó de los gruesos labios cuando las yemas de los dedos abrieron los otros labios descubriendo el clítoris y acariciándolo.

    El agua jabonosa daba lubricación a la otra mano que recorría el cuerpo. Haciendo mas sensible cada trozo de piel que tocaba, su cuello, sus axilas, vientre, pechos y pezones.

    La excitación subía de nivel poco a poco, conduciéndola inexorablemente al orgasmo. Gemidos y suspiros que subían de volumen mientras recordaba la musculosa espalda desnuda del joven del vehículo.

    Volvía a ver en su imaginación los pechos pequeños duros y cónicos de las mujeres que lavaban la ropa en el río desnudas de cintura para arriba. Sus caderas estrechas en las prendas casi trasparentes.

    Las bronceadas y doradas pieles de las nativas con las que se había cruzado la habían excitado. A cada nuevo recuerdo un toque en el clítoris hasta provocarse el orgasmo liberador de la tensión acumulada.

    Al secarse con las suaves y lujosas toallas, la sensualidad del ambiente volvió a sus pensamientos. La seda de las bragas, las medias y la combinación limpias sobre su cuerpo no hizo más que acelerar su corazón. El vestido ligero y sensual no hacia más que acentuar la voluptuosidad de su figura.

    Al entrar en el restaurante todos los ojos presentes siguieron el avance de su lascivo cuerpo entre las mesas. Los ojos tanto de hombres como de mujeres la desnudaban con lujuria.

    Tenía una cita con un exportador local, un digno anciano local, ataviado con una túnica, que no era amenaza para su virtud. Como representante de su acaudalado padre estaba autorizada a establecer nuevos contactos comerciales en ese viaje.

    A quién no esperaba sentada a la misma mesa era a la preciosa joven de ojos rasgados y cabellos negrísimos. Nieta del exportador, al levantarse para saludarla la rubia recorrió la figura delicada con sus ojos azules.

    Apenas cubierta con un vestido de corte chino completamente pegado a su cuerpo. La bellísima joven era la intérprete del comerciante.

    Los dragones bordados parecían reptar sobre su anatomía a cada movimiento, cobraban vida sobre el ondulante cuerpo de la joven. Su pierna izquierda aparecía desnuda hasta la cadera por el corte de la falda. El torneado muslo de la joven con la morena piel había llamado la atención de la rubia.

    Se la presentaron como Mei, que en chino significa hermosa. La occidental no podía estar más de acuerdo con ello. Se había quedado obnubilada con el aspecto de la joven traductora.

    Los rasgados ojos de la oriental desnudaban el cuerpo voluptuoso de la rubia observando sus pezones duros marcándose en las finísimas telas. La amplia cadera de la joven occidental y sus blancas piernas cubiertas de seda asomando de la quizá un poco corta y ajustada falda para lo que se estila en esa época.

    La atracción entre las dos fue inmediata. Antes de terminar la cena la morenita ya se había ofrecido como guía. Además de una situación para propiciar un conocimiento mas íntimo entre ambas mujeres.

    El abuelo cansado por sus obligaciones diarias decidió retirarse mientras su nieta ya acariciaba con confianza el brazo desnudado por la manga corta de su blusa de su nueva amiga.

    Con algún intencionado roce a sus muslos y a sus pechos cuando el acercamiento se hacía más cercano mientras compartían una copde champán en el bar del hotel. El ambiente sensual de los salones del lujoso hotel, la mezcla racial y cosmopolita, la orquesta inundándolo de música enardecía sus sentidos.

    Para entonces las dos se habían dado cuenta de que se gustaban. Buscando más intimidad las dos chicas se perdieron en la oscuridad del jardín aspirando el perfumado aire de la noche tropical.

    Ocultas detrás de las frondas de un magnolio se dieron el primer beso dulce, suave, apenas un leve roce de sus labios ardientes. Pero cogidas de la cintura juntaron sus pechos, sus caderas.

    La rubia ansiaba acariciar la suave piel tostada de una de las indígenas desde que bajó del barco. Y allí tenía a la más bonita de todas a punto de caer en sus brazos, aunque no fuera una chica local sus bellos ojos hacían que eso no le importase. Fue derecha a por el muslo izquierdo de la oriental, el que su vestido descubría.

    Deslizando su mano despacio por la raja de la falda del vestido ascendiendo por su pierna buscando mas y mas piel hasta descubrir que su amante no llevaba ropa interior. Sus dedos tropezaron sin estorbos con el rizado vello negro y su ya muy húmedo coño haciéndola gemir contra los labios apretados en su boca.

    La occidental no tenía mucha práctica con vulvas ajenas. Pero sí con la suya, así que poniendo en ejecución lo aprendido en sus muchas masturbaciones fue acariciando los labios finos, suaves y muy mojados.

    Con ternura, con suavidad, mojando sus dedos con los jugos de la oriental. Ahogando sus gemidos con sus besos. Apoyadas contra el tronco del magnolio y escondidas por sus ramas.

    Aunque no parecían ser las únicas que disfrutaban en esa noche tropical. Se oían más suspiros de placer en la foresta. Otras parejas estaban haciendo lo mismo que ellas.

    En segundos Therese se había corrido soltando un gemido más fuerte. Ahogado en la boca y con la lengua de la occidental, que en ese momento tenía clavada hasta la garganta. Pero ella también quería hacer disfrutar a la rubia.

    Separó sus rojos labios de la boca de su amante solo para ponerlos en la oreja, el cuello, los hombros y empezar a bajar por su escote. Los botones de la blusa saltaron solo con tocarlos, quedó abierta hasta la cintura. Solo con empujarlos un poco con sus manitas los generosos pechos salieron de la tela del sujetador que apenas los ocultaba.

    Así pudo poner los dientes en los claros pezones y mordisquearlos con ternura. No buscaba el rubio pubis con las manos, pretendía saborearlo. Las usaba para levantar la corta falda de tubo y descubrirlo. Aunque ajustada a la generosa cadera no fue fácil, tuvo que pelear con ella.

    Mei no se molestó en quitarle la breve prenda de seda que tapaba el objeto de su deseo. Se limitó a apartarla lo suficiente como para descubrirlo. En la oscuridad no podía distinguir los detalles pero no le hizo falta para encontrar el clítoris con la lengua.

    Los jadeos de la occidental amenazaban con llamar más atención de la debida y tuvo que morderse el labio para acallarlos. Parecía que la muñequita oriental sabía lo que se hacía. No debía ser el primer coñito que lamía.

    La tensión erótica que la rubia llevaba acumulando desde que se había bajado del vapor estalló en un fenomenal y maravilloso orgasmo. La lengua de su amante se apresuró a recoger cada gota del preciado jugo.

    Volvió a colocar la braguita en su sitio antes de levantarse y buscar los labios de Therese. El sabor del xoxito aún en su lengua compartido en un nuevo beso muy lascivo.

    – Necesito hacértelo yo. Quiero saborearte.

    Le dijo al oído lamiendo su orejita.

    – Llévame a tu habitación. Quiero hacerte el amor toda la noche.

    La ayudó a colocar los pechos de nuevo dentro del fino sujetador y a abrochar los botones de la blusa. Cogidas de la mano, mirándose a los ojos, con amplias sonrisas que casi les llegaban a las orejas, llegaron a la lujosa suite. No se atrevían a separarse ni un segundo.

    Solo con soltar una fíbula que sujetaba el vestido de la dulce morena sobre uno de los torneados hombros este cayó al suelo. La bella oriental quedó ante la rubia únicamente con los zapatos de tacón.

    – ¡Ámame!

    Ahora le tocaba a Therese, que miraba su desnudez asombrada. Su amante esperaba sus caricias ansiosa. Pero no podía dejar de contemplarla. Despacio se acercaba casi sin atreverse a rozar tal perfección.

    Pero el deseo podía más que sus reparos. Despacio levantó una mano hasta llegar a rozar con un toque leve como el del ala de una mariposa el oscuro pezón de la oriental.

    Recibió como respuesta un gemido y unas pocas palabras en el incomprensible idioma de la joven china. Siguió acariciando el hermoso y duro pecho. Extendiendo los roces despacio por todo el torso.

    Exploraba su piel, la epidermis de la primera mujer que tenía entre sus brazos. Necesitaba descubrir cada uno de sus secretos. Empezó a bajar por el vientre. Pero se acercó más a Mei buscando sus labios, sus besos, su lengua inquieta.

    Las húmedas de las dos se cruzaban juguetonas fuera de las bocas dejando caer saliva sobre las contenidas tetas de la traductora. Ella se fue recostando poco a poco sobre el suave colchón de plumas.

    La rubia deseaba probar, lamer, besar cada pulgada de la piel de la bella oriental. A ello se puso con toda la dedicación de la que era capaz. Levantó los finos brazos para lamer las axilas. Evidentemente cubiertas por una marta de fino vello. Pasó la lengua por la piel hasta llegar a las manos pequeñitas de finos dedos.

    Mei jadeaba, suspiraba y se le escapaban palabras de amor en su idioma de origen. Era incapaz de coordinar sus pensamientos sintiendo las caricias, los besos y la lengua de la extranjera.

    El cuello fino, el filo de la mandíbula, la orejita, los hombros, y de ahí empezó a bajar buscando darle a su amante el placer que esta le había dado en la oscuridad del jardín. Le dio tiempo a mordisquear con suavidad los pezones oscuros antes de pasar la sin hueso por el plano vientre.

    Deslizó la lengua por el ombligo antes de llegar al coñito. Tuvo que buscar entre la mata de pelo profundamente negro que adornaba su pubis los húmedos labios. Muy mojados, a esas alturas los jugos resbalaban muslos abajo.

    Therese lamió cada gota, jugó con el clítoris y buscó en cada rincón de la vulva el placer de la muñeca oriental. Levantó sus muslos hasta que Mei se los sujeto con las manos rozando sus pechitos con las rodillas.

    Necesitaba descubrir cada rincón. Así que siguió lamiendo el perineo hasta clavar la lengua en el ano. Ya nada podía contener los gemidos y jadeos que llenaron la habitación de sonido. Por las abiertas puertas de los balcones de la suite escapaba y podían oírlas en los demás pisos del hotel, Lo que no las importaba nada.

    Después de nadie sabe cuántos orgasmos de la traductora Therese siguió bajando por la cara interna de los muslos, la parte trasera de las rodillas, las pantorrillas y los tobillos, alternando lamidas y caricias de sus dedos hasta llegar a los pequeños pies.

    Se metió los deditos en la boca. Lamió la planta provocando cosquillas que liberaron la cristalina risa de Mei. Ni aun así la dejó tranquila, volvió a subir por sus piernas pero girándola boca abajo en la suntuosa cama.

    Volvía a buscar las respingonas nalgas y entre ellas el ano y seguir por la espalda siguiendo la línea de la columna, desviándose a los omóplatos hasta llegar al fino cuello y la nuca.

    A Mei se le terminó la paciencia y se revolvió para dar parte de lo que estaba recibiendo. Esta vez no se limitó a lamer el clítoris y los labios de Therese además clavó dos de sus deditos en el interior mientras recibía idénticas atenciones de la inexperta rubia. Estaba aprendiendo a pasos agigantados tomando buena nota de cada atención que recibía de la bella oriental.

    Perdió la cuenta de los órganos que había disfrutado hasta quedar dormida en los brazos de su amante. Las despertó el sol entrando por las puertas abiertas de la balcones. Una suave brisa movía lisa finas cortinas. Pero aun así las sonrisas de ambas iluminaban más la suite que la luz del amanecer.

    Habían descubierto el amor juntas así explorarian todas las posibilidades que se les ofrecían. Aprovechando cada viaje de negocios, cada reunión. Ya que los ancianos familiares les estaban dando más poder el sus negocios ellas buscarían ocasiones para estar juntas.

  • Sin tocar

    Sin tocar

    Hemos quedado hoy sábado, de nuevo para lo mismo, pero en plan juego. Saldremos de la rutina diaria porque es el día en el que él, al contrario que la mayoría de los humanos, llega de madrugada a casa.

    Hoy, tú y yo nos acariciaremos con las palabras, disfrutaremos en la distancia; absolutamente prohibido tocarse.

    Ponemos un sillón frente al otro, la mesa a un lado, cerca de tí. Nos hemos servido unos martinis con vodka y con aceituna incluida. Quedamos en ropa interior y volvemos a repetir las normas; se puede ver, oír y oler. El gusto y el tacto están penalizados.

    La reto. Se inclina hacia la mesa, coge un cubito de hielo del martini, y después se recuesta y cruza las piernas como Sharon Stone en Instinto Básico.

    —A ver… —comienza—. Estoy arrodillada frente a ti, te sujeto los tobillos y apoyo las manos en las pantorrillas abriéndote las piernas. Por dentro, te comienzo a pasar este hielo hacia arriba con lentitud y dibujando círculos, llego a las rodillas…

    El hielo se derrite en su puño, lo acerca a su escote y comienza a refrescarse.

    —¿Qué haces? Dijimos que nada de tocarse.

    —Y no lo hago, es el hielo quien lo hace.

    «Becka siempre es igual», sonrío mirándola para que prosiga.

    —Separo tus rodillas, me meto entre tus piernas y deslizo el hielo por tus muslos; por encima y por los lados hasta tu ropa interior. Tu piel se eriza, mi aliento llega hasta tu abdomen, pero me retiro, te miro, lamo lo que queda del hielo y desaparece por completo en mi boca. Tenía tu sabor.

    En el sillón, tomo aire, me había quedado casi sin respiración. Es como si despertara de un placentero sueño. Descruza las piernas y continúa:

    —Te sigo mirando y me bajo los tirantes del sujetador enredándolos en los dedos, con lentitud. Es de cierre delantero, y en él, hay dos minúsculas gotitas de agua que fueron resbalando por mi escote hasta encontrar obstáculo.

    Esta vez no es necesario que lo imagine. En el sillón, frente a mí, es lo que está haciendo.

    Se inclina de nuevo para tomar su martini. Lo tiene más fácil, la mesa está a su lado. Supongo que lo tenía pensado todo desde el principio.

    —¿Quieres? ¿Te acerco tu vaso? —me pregunta dejando el suyo sobre la mesa e inclinada hacia mí.

    Se levanta con el vaso, se acerca y se pone delante. Puedo sentir que tengo todos los músculos en tensión. Se inclina y me lo da. Lo tomo con cuidado, no puedo rozarle ni sin querer su mano. Bebo, mala idea porque lo que más necesitaría es agua, no alcohol. Me queda la boca pastosa. Pero…

    Entonces ella hace algo con lo que no contaba, saca el hielo de mi vaso, lo pone delante de su boca, le pasa la lengua…

    —El martini deja la piel pringosa —insinúa.

    Y se acerca más. Salto cuando toca mi cuello. Las gotas se deslizan hasta mi abdomen y quedan paradas en mi ropa interior. La miro, acerca el hielo a mi boca y me obliga a saborearlo. Me refresca. Está por la mitad dado mi calor corporal, y me lo sigue deslizando por el torso; con cuidado de no tocarme e inclinada. Su maldito sujetador no se cae, vislumbro cuando se agacha, su piel más oscura; la cúspide de sus cimas. La visión hace que me duelan todos los músculos y que necesite muchos más cubitos de hielo sobre mi piel.

    El que tiene en su mano se acaba. Me sonríe, se da la vuelta, y contemplo su espalda marcharse con caminar sensual.

    Suelto aire. Sigo a la espera. Se vuelve a sentar, pero esta vez con una pose digna de un gánster. Está empapada. Levanta la barbilla porque es mi turno.

    —Tal y como estás, me meto entre tus piernas y lo primero que hago es desabrochar el maldito sujetador y…

    Sonríe y lo hace. Sus perfectas formas quedan libres mirándome, retándome. ¡Joder!

    —Hago como los bebés de arrullo, las enfoco hacia mi boca, las saboreo. Otra de mis manos se desliza por tu contorno, llega a tu ropa interior y deslizo un dedo por el encaje que cubre lo que me separa de ti en esa zona.

    Paro de hablar, pero Becka no hace lo mismo que con el sujetador.

    —Le doy descanso a mi boca y mi lengua recorre en línea recta el camino entre la llanura de tus pechos y tu ombligo. Donde meto la lengua, donde sé que tienes cosquillas.

    Ahora sí que Becka se mueve. Sigo.

    —El dedo, mientras, encontró un recoveco entre el encaje que adorna tus muslos y tiró de la tela, apartándola. Ahora… —Becka está muy excitada—. Ahora me levanto y tomo un hielo, pero este hielo no será para mí, cariño. Lo acerco a donde tu cuerpo late, donde más calor tiene ahora mismo. Ante el contacto, pegas un salto. Sí, no tiene comparación con ponerlo en el cuello, pero tú comenzaste, querida. Lo empujo y lo introduzco en ti. Lo extraigo, y al igual que hiciste tú antes, lo lamo. Repito la operación varias veces hasta que es pequeño y me lo meto en la boca…

    —Espera —suspira Becka interrumpiéndome—. Solo hay una cosa diferente. Yo sí te toqué con el hielo.

    Me mira desafiante, sonrío, me levanto y tomo el otro hielo de mi vaso, me acerco a ella y veo que quiere la representación de lo que acabo de decir, puesto que directamente, se quita la lencería. Cómo no, cumplo sus deseos. Hasta que el hielo se termina.

    Nos quedamos así; sin hielo, juntas… Mirándonos y fatigadas. Me levanto y siento las piernas dormidas.

    —¿Nos damos una ducha?

  • Calle roja

    Calle roja

    Era nuevo en la ciudad, y quedé con unos amigos después de la universidad para conocer el centro, yo había llegado a la hora pero me cancelaron y ahí estaba solo y aburrido. Como dije al ser nuevo iba visitando de tienda en tienda y caminando sin idea de adónde podía llegar, era joven pero no tanto como para perderme, así con el calor de la tarde entre a una tienda por algo de tomar, compré y salí, me senté en una banca que estaba cerca y mientras bebía me fijaba en todos los que paseaban por ahí, era gente común y corriente nada que destacar, mis pensamientos se vieron interrumpidos por una voz que se dirigía a mí.

    -Hola, ¿está ocupado?

    -¿Eh?

    -Preguntaba si me podía sentar

    -Ah, claro, claro

    -Gracias, es que estoy algo cansada y el calor no ayuda

    -No te preocupes, no vengo con nadie

    -¿Estás solo? ¿Que haces aquí?

    -Nada en particular, quedé con unos amigos pero no pudieron venir

    -Que lástima! Entonces has de estar aburrido

    -Pues… Ahora que lo mencionas sí, estoy algo aburrido, verás no soy de aquí y pues no sé a dónde ir para divertirme

    -Así que buscas diversión… Pues te puedo hacer compañía por un rato, ahorita no estoy ocupada y nos podemos ir a un lugar que conozco

    -¿En serio?

    -Claro!

    -Hum, ¿a propósito como te llamas?

    -Jenny, ¿Y tú?

    -Daniel

    -Mucho gusto

    -Igualmente

    Aquella chica de nombre Jenny me había sorprendido, si no me fallaban los cálculos tendría unos años más que yo, y la verdad me había gustado, llevaba unos pantalones de mezclilla ajustados, era muy delgada, pero se le marcaba un buen trasero, pequeño y parado, además llevaba una blusa corta, se veía su ombligo perforado y tenía una linda cara, su sonrisa era grande, además tenía el cabello largo y lacio. Caminamos por un rato, no hablamos mucho, tan solo me llevaba de la mano, atravesamos calles y una avenida, hasta que se detuvo un instante, estaba enfrente de un edificio color blanco, con un cartel de letras rojas, «Motel». Me le quedé viendo con una cara de intriga y ella me sonrió.

    -¿No querías un poco de diversión?

    -Ahhh sí, eso creo pero nunca pensé que…

    -¿En serio?, Sé que eres nuevo en la ciudad pero veo que eres bastante despistado ja ja ja

    -Bueno la verdad sí un poco

    -Mira no te preocupes, no te culpo por no darte cuenta de que estabas en el barrio rojo, casi todo el centro lo es

    -Espera ¿Qué?

    -Vaya si eres despistado

    -Sí, no lo niego, pero bueno ya estamos aquí…

    -Mira te digo los precios y ya decides

    -Bueno

    -Como eres nuevo quiero que tengas una rica experiencia, hum, 500 la hora, las relaciones que aguantes, besitos y caricias, si quieres algo extra, hum, bueno mira te regalo el oral, pero ya por el culito te cobraría 200 más ¿Que dices?

    -Pues ya estamos aquí ja ja ja,

    -Que bien! Vamos, van a ser 200 de la habitación

    -Esta bien

    Entramos al motel, pagué y me dieron la llave, no sabía que pensar pues era mi primera vez con una prostituta, además estaba nervioso por todo, pues era nuevo haciendo ese tipo de cosas, pero ya estaba subiendo la escalera, ella se adelantó un poco y pude ver su trasero más de cerca, de hecho presté más atención y pude ver cómo asomaba por arriba su ropa interior, era roja.

    -Vamos pasa, ja ja, no muerdo, bueno si quieres un poquito

    -ja ja ja

    -Ay, estás nervioso ¿Que pasa?

    -Bueno, es que nunca me esperé terminar así, y nunca había estado antes con una…

    -¿Prostituta?

    -Sí

    -Ahhh claro, vamos relájate, te traje aquí para divertirnos, por cierto ahora que me doy cuenta ¿Cuántos años tienes?

    -Hum 18

    -¿En serio? Tenemos la misma edad!

    -¿Qué?

    -Estas muy sorprendido, ¿No parezco de 18?

    -Ah sí, sí, no lo decía por nada es solo que…

    -Ja ja ja, no te preocupes, siempre me he visto mayor, solo juego contigo, ahora mira siéntate y observa.

    Me senté a la orilla de la cama, ella tomo el control de la tele, y la encendió, enseguida busco un canal porno, en el que apareció una chica en 4, mientras un tipo se la empezaba a meter por el culo.

    -Uy, mira que bien, se ve que se la están pasando increíble, dime ¿si vas a pagar el extra?, No quisiera quedarme sin sentir algo en mi culito.

    -Ah, sí quiero

    -Perfecto!

    Enseguida se puso frente a mí y comenzó a quitarse la blusa, unos senos más bien pequeños salieron, no llevaba sostén, sus pezones eran pequeñitos y morenos, tan solo con ver eso se me empezó a parar y ella notó mi intranquilidad.

    -Que rico! Ya se te empezó a parar! Y eso que no me has visto toda

    Se bajó los pantalones y pude ver su tanguita, era roja como ya sabía, pero tenía detalles en blanco. Ella dio una vuelta sensual, para dejarme observar sus piernas y su trasero que estaba bien paradito, a continuación se comenzó a bajar la tanga, para dejar su cuerpo totalmente desnudo a mi vista, sería por mi cara de sorpresa y excitación que ella no paraba de sonreír, estaba alegre y emocionada pues pasó una mano entre sus piernas para notar su humedad.

    -¿Quieres tocar?

    -Claro

    -No seas tímido, ven

    Me aproximé a ella y comencé a sobar sus senos, mis manos los tapaban completamente, y eso me encantaba, la besé en la boca, también en la mejilla y fui bajando a su cuello, ella pasaba sus manos por mi pelo y cuando fui bajando hasta su vientre dio un pequeño gemido

    -Ay, hum, no, hmm no me la chupes

    -Ah ok ok lo siento, es que siempre quise hacerlo

    -Lo siento, pero no tienes tanta suerte, pero no te desanimes que ahora me toca a mí

    Me apartó un poco, me quitó la camisa y seguimos besándonos, desabrochó mi cinturón y también mis pantalones, los bajó y puso sus manos sobre mis boxers, que ya estaban abultados, los bajó y mi pene saltó, no perdió el tiempo pues se lo sostuvo entre sus manos y comenzaba a sobar mientras no apartaba su mirada de mí.

    -Estas bien emocionado, hmm que rico bebé, voy a probarlo, ahhh, hmmm.

    Me estaba dando una mamada increíble, su boca envolvía por completo mi pene, y sentía un poco de su garganta, su lengua repasaba todo el ancho y largo de mi miembro mientras sus manos jugaban con mis testículos, y yo me deleitaba con la vista de esa linda chica chupándola. Era una experta abría la boca más grande para que entrara más profundo, llegué a empujar su cabeza para tenerla totalmente adentro, y su trabajo seguía, cuando la sacaba me masturbaba de adelante hacia atrás, y su saliva caía en gotas al suelo, con sus labios daba besos por toda mi zona, desde la pelvis hasta lo bajo de los testículos. La excitación era demasiada apenas habían pasado un par de minutos y la sensación de terminar estaba llegando, mientras lo tenía muy adentro le dije que iba a terminar.

    -Sí bebé, dame tu lechita

    Tan solo dijo esto y comencé a eyacular con fuerza, ella la había sacado y la apuntaba a sus senos quienes recibieron mi corrida, en sus pezones se separaban los chorros y escurrían al resto de su cuerpo.

    -Sí que tenías ganas amor, mira me llenaste toda, me tengo que limpiar ¿Quieres ver?

    -Sí quiero

    Se levantó y fue a buscar su bolsa, de ella saco un par de toallitas húmedas y empezó a frotarlas entre sus senos, después de limpiarse toda, fue al baño y yo la seguí, ahí se enjuagó un poco la boca, y me pidió que me acercara.

    -Tienes que limpiarte tu también amor, es por higiene

    -Claro, hmm

    -¿Quieres que yo lo haga?

    -Sí por favor

    -Esta bien, ven

    Tomó mi pene y me acercó al lavabo, ahí abrió el grifo y comenzó a enjuagar mi pene después lo secó con una toallita.

    -Listo! Ahora sí vamos a la cama, bebé.

    -Llegamos a la cama y me disponía a acomodarme pero me detuvo en seco.

    -Antes que nada, ya se me estaba olvidando, mi pago amor

    -Perdón! Lo olvidé también

    Me acerque a mi cartera y saque el dinero, todavía me quedaba bastante y al entregárselo, recuperó su sonrisa que ya se le había ido por unos segundos.

    -Mira que bien, ahora sí, ¿Cómo quieres que me ponga?

    -Veamos, algo clásico…

    -¿De perrito?

    -No, mejor de piernas al hombro

    -Uy, esa me gusta, vamos

    Se recostó en la cama ofreciendome sus piernas, jugaba como si fuera una gatita en celo, con sus pies me sobaba el pecho, yo los tomé y en un impulso comencé a besarlos y lamerlos, esto despertó interés en mi pareja de cuarto quien comenzó a reírse.

    -Para, para ja ja ja, me haces cosquillas

    -Perdón, me dejé llevar

    -Veamos hazlo un poco más lento si quieres, así, despacio, con tu lengua, bien, abre la boca, vamos abre!! Ahhh ahhh ahhh, eso es veo que ya estás recuperando tu forma, ¿Estás listo?

    -Sí, oh, espera el condón!

    -Cierto… Hmm pásame mi bolsa, ahí tengo unos, creo que te quedarán jaja.

    De su bolsa saco un paquete de condones, tomo uno, lo puso entre sus dientes y abrió el envoltorio, lo puso en sus manos y buscó mi pene, lo tomó con cuidado, levantó su vista y pude observar sus ojos candentes mientras me ponía el preservativo, cuando lo desenrolló, se dió media vuelta, tomó sus piernas y las abrió, se sostenía mientras esperaba que entrara en ella.

    -Ahora sí bebé, ven conmigo

    Tomé sus piernas y las coloque encima de mí, puse mi pene en su vagina, que estaba bastante húmeda y con cuidado fui metiendo, sentía su calor y un apretujon en mi miembro pues no perdía el tiempo, estaba haciendo contracciones con sus piernas, quería succionarme con todas sus fuerzas y una vez adentro me tomó entre brazos puso sus uñas en mi espalda y araño con bastante fuerza mientras se acercaba a mí y oía sus gemidos, hacía una voz muy aguda y excitante mientras la penetraba

    -Ay ay ahhh umm si que rico, bebé dale verga a esta putita sí sigue sí así bebé cogeme bien, ¿Te gusta como aprieto? Ahhh

    -Hmm sí, si me encanta hmmm ah ah, vamos rasguñame más, hmm aprieta más

    -Sí, te gusta que mami te arañe, ahhh ahh hmmm vamos dame más más fuerte más rápido

    -Hmmm ahhh si si sí, Jenny, quiero cambiar de posición, por favor

    -Sí amor lo que tú quieras, ¿como quieres darme verga?

    -Montame, por favor.

    -Sí amor, si lo que digas bebé

    Me recosté en la cama, mi pene estaba muy mojado por sus jugos, entonces ella estaba acomodándose, veía sus senos, suaves y pequeños, con sus pezones respingones, y su sonrisa de diablita, se acercó a mí nos besamos y al fin guio mi pene hasta dentro de ella y comenzó a moverse de arriba a abajo, de un lado a otro, yo me retorcía de placer, mis piernas se alzaban y se contraían por sus movimientos y mis gemidos se mezclaban con los de ella, tomé sus manos y las guíe hasta mi cuello, ella entendió perfectamente y comenzó a apretar, al principio muy suave y lento, parecía como una simple caricia, pero esto iba aumentando hasta que tenía su mano izquierda bien firme en mí, y con la mano derecha libre comenzó a darme bofetadas, esto fue suficiente para hacerme terminar, con un grito explote dentro de ella, sentía el semen resbalando por el condón, y sentía el peso de su cuerpo posándose en mí, ella había caído completamente hacia mí, sus senos se encontraban un poco más abajo de mi pecho.

    -Ahhh sí, hmmm tienes mucha energía bebé, me gusta eso

    -Ja ja ja, recupera el aliento amor que todavía te falta probar mi otro agujerito

    -Ahhh sí, quiero penetrarte por atrás

    -Ves, déjame ayudarte

    Quitó el condón lleno de semen, lo miró con curiosidad, lo enredó y lo tiró en el balo y fue hasta su bolsa nuevamente, sacó los paños húmedos y se limpio a conciencia, también le dio una repasada a mi pene y lo que hizo después me sorprendió. Bajó hasta mi trasero, y sin preguntar comenzó a comerme, metía un poco su lengua y yo estaba paralizado con tanto placer.

    – que rico, esto te ayudará a recuperarte hmmm

    Con sus manos estimulaba mi miembro hasta que esté respondió y conseguí una erección.

    -Esto siempre funciona bebé! Es el mejor truco pero no todas quieren hacerlo

    -Sí que funciona, ve, estoy listo otra vez

    -Fue más rápido de lo que pensaba, ahora… Vamos a ver.

    De su bolsa sacó una botella de lubricante.

    -Hmmm cómo quiero disfrutar yo también, tenemos que usar esto, así que dime lo hago yo o lo haces tú.

    Extendí mi mano y me dio la botella, saque un buen tanto de lubricante, y ella se puso a 4 en frente de mí, me ofrecía su culo bien abierto ayudado por sus manos, hacía unos pequeños guiños, con el lubricante en la mano comencé a restregarle por todos lados, lo sobaba e intentaba meter algún dedo en su apretado agujero, así la fui dilatando por un rato, sin perder la erección, al contrario se hacia más fuerte.

    -¿Lista?

    -Sí bebé, estoy bien abierta para tu verga

    Está vez yo me puse el condón y al tenerlo listo me fui adentrando en su culo, este era mucho mejor que su vagina pues sentía un gran apretón pero ahora era yo quien marcaba el ritmo, solo veía como iba de adelante hacia atrás y oía sus gemidos y el chocar de sus nalgas apretadas, era un momento único, el tener a una chica bien ensartada por el culo, así que no desaproveche la oportunidad e hice mis embestidas más fuertes, tomaba sus caderas con fuerza y las empujaba contra mí, veía como sus cachetes se iban poniendo un tanto rojos y como iba cediendo hacia enfrente, hasta que de tenerla en 4 ahora estaba recostada sobre su vientre, y yo la cogía como un salvaje, tomó una almohada y la puso contra su cara ahogando un poco los gritos que estaba dando, la tomé del cabello y tire un poco hacia atrás, hasta que sentí como sus piernas se contorsionaban y entre sus pocas palabras logre escuchar algo.

    -Ahhh… Voy a ahhh acabar siii

    Aquella putita estalló de placer en un fuerte orgasmo anal, su cara lo decía todo y su cuerpo también pues apenas si podía moverse, rodó en la cama y me vio con una mirada exhausta, pero yo no había acabado, por lo que me acerqué a ella, me saqué el condón, y puse mi pene a escasos centímetros de su cara, ahí con mucha fuerza comencé a masturbarme y al final los chorros de leche comenzaron a salir, se veía tan exitante con mi leche resbalando por sus rostro, la comisura de sus labios rojos con manchas blancas, y su delineador corrido, su pelo con algunas gotas también, y ahora ambos estábamos recostados mirando hacia arriba. Pero como una profesional, sabía que era hora de partir, por lo que se levantó de la cama y fue a arreglarse al baño, eso no me impidió echarle un ojo a ese cuerpo tan seductor, no tardó mucho en estar impecable como la había encontrado, se acercó a mí, y se despidió con un beso.

    -Nos vemos amor, no te olvides de salir a tiempo si no esos cabrones te van a cobrar demás, te dejo un regalito en el baño eh.

    Cuando recobre el sentido, me vesti rápidamente y fui al baño a comprobar el regalo, era su tanga que estaba en el grifo de agua, la llevé a mi cara para olerla, la guardé muy bien aunque sabía que volvería a verla muy pronto y ese cuerpo sería mío por lo menos por otra hora más.

  • Solo necesitaba un caballero

    Solo necesitaba un caballero

    La noche transcurría tranquila con el boliche lleno, cada uno haciendo su trabajo ese era el mío, ver que todos hicieran su trabajo y lo hagan bien.

    De contextura grande y brazos algo trabajados, la noche me había forjado el carácter y cara de poco amigo, por eso mi amigo Jorge había querido contratarme, pero mi respuesta fue un no rotundo, basta experiencia en la noche en distintos puestos de un boliche bailable, mucha noche, pero me había retirado, cuando mi amigo casi un padre para mi puso su local bailable 3 pistas 5 barras y un Vip.

    No quise perder la amistad por una relación laboral, pero sin dudarlo le di una mano en muchos aspectos y cuando el boliche estaba lleno seguro yo estaba ahí, o de día enseñaba algunas cosas al personal de seguridad y barman.

    Bueno la noche transcurría tranquila a pesar de que estaba muy lleno, con Jorge salimos a dar una vuelta para ver que todo marche sobre ruedas, en eso estábamos con unos clientes haciendo relaciones públicas cuando la vi entrar.

    Cuando la vi entrar me paralice, rubia 1.75 hermosa por donde la mires y un cuerpo fenomenal vestida en unos jeans y botas tejanas, una camisa blanca ajustada que la hacían lucir como una verdadera dama, solo que sabíamos que era una mujer de la noche pero a pesar de eso también le gustaba disfrutar salir a bailar, pero con tanto hombre seguro hoy no sería algo que pueda.

    – amigo, amigo vamos- me repitió Jorge para sacarme del transe en el que me encontraba.

    Seguimos caminando pero yo iba sin observar pensando y un poco aturdido cosa que Jorge se dio cuenta y observo el por qué.

    – si esta noche sos un caballero, esa mujer seguro vale oro, mejor anda a buscar unos whiskys.

    Me dirijo a la barra donde ella estaba sirvo nuestros vasos y le acervo una cerveza sin antes preguntar a una de las barman, que es lo que toma a menudo, ella agradeció con una sonrisa forzada ya que tenía a 2 tipos ofreciendo seguramente algo por sus servicios.

    Volví donde se encontraba Jorge y nuestra recorrida, todo tranquilo, transcurrió como 20 minutos cuando regrese a la barra y para estar cerca de ella atendí a algunos clientes, luego acerque otra cerveza retirando la que aun no terminaba.

    – invitación de la casa, por que seguro la que tenias ya debía estar caliente-

    ella nuevamente con una cara de felicidad forzada agradeció, yo solo me retire hacia la caja donde se encontraba Jorge.

    – no lo olvides si te portas como un caballero hoy podes compartir con ella pero siendo una dama-

    Nuevamente salí de recorrida por las pistas marcando algunos detalles a la seguridad y controlando que los tragos salieran bien, cuando volví el amanecer ya daba sus primeros vestigios.

    Me acerque a ella, y el que había persistido en su afán al verme supo que podría tener problemas así mejor se alejo, le destape una cerveza y le dije.

    – esta es invitación mia- y decidí retirarme pero ella me detuvo.

    – quédate, no me molesta tu compañía.

    – pensé que querías estar y disfrutar de un rato sola por que compañía de caballeros no te falta-

    – monos tuve varios tratando de arruinarme la noche, pero caballeros solo uno, quien me invita las cervezas-

    Nos presentamos jazmín es su nombre y entre risas hablando de todo menos de nuestros trabajos compartimos las cervezas.

    Ya con pocas personas en el local y los rayos de sol queriendo entrar por las rendijas de las gruesas cortinas negras que el local tenía.

    -te invito a desayunar, – fue la jugada que se me ocurrió, a la cual ella con una sonrisa acepto agradeciendo.

    – dame un segundo que saludo y nos vamos-

    Me despedí de mi amigo, y me dispuse a salir con esa dama estirando mi brazo para que ella se ayudara, a lo cual se pego a mi lateral y puso su cara en mi hombro.

    Llegamos al auto le abrí la puerta y ayude a sentarse y cerré su puerta, cosa que sorprendida agradeció. Abrió mi puerta desde adentro, devolviendo el favor.

    – confitería o mi departamento? Pregunte.

    Tu departamento contestó, no quiero que te vean con una… a lo cual interrumpí, y diciendo.

    – por mi no hay problemas, por que yo de ese boliche salí del bazo de una dama. Lo cual dejo un poco helada mi respuesta.

    Llegamos al departamento, y ella me dijo.

    – perdón el atrevimiento, pero me gustaría bañarme, puedo,-

    Por supuesto dije, y acompañe al cuarto abri un placard y apunte acá encontraras toallas limpias y de seguro algo más cómodo que se olvido de llevar mi ex mujer, perdón pero es lo que tengo.

    Mientras preparaba el desayuno, ella se baño y acercó vestida cómodamente me tomó de la cintura se apoyo a mi lateral y dijo.

    – que rico huele ese café.

    – es para una bella dama- respondí, dando un beso en la frente.

    Desayunamos, y le dije que se pusiera cómoda en el sillón si quería mientras limpiaba lo que habíamos usado, al terminar me senté a sus pies dejando en sus pies en mi regazo haciendo masajes.

    Ella empezaba a querer dormirse, lo cual le dije mi cama hoy es toda tuya, y acompañe al dormitorio, mientras yo iba al baño. Al salir ya estaba tapada hasta el cuello, abrí el placard y saque una frazada para dirigirme al sillón cuando preguntó.

    – donde vas?

    – al sillón por que?

    -Pero es tu casa, tu cama no podes dormir en el sillón aparte disfruto mucho tu compañía.

    Así que me desnude quedando en bóxer con el principio se una ereccion inminente, lo cual ella no noto ya que estaba de costado a espalda hacia mi.

    Al abrir la cama no pude dejar de admirar lo que podía ver un hermoso conjunto lencería de tanga hilo dental color uva y una trasero perfecto, un corpiño transparente haciendo juego con dicha tanga, casi me muero de ganas de atacar como lobo en celo pero recordé las palabras de Jorge.

    Boca arriba mirando el techo me encantaba cuando su mano busco mi brazo y tiro para girarme hacia ella, lo cual ayude sin apoyar mi miembro, conservando aun lo poco y difícil que se me hacia ser caballero.

    Ella respondió buscando con su culo apoyarse lo más que pudo notando mi ereccion, sin decir nada abrace y mi mano en su pelo comenzó a acariciar llevando a esa dama a un sueño profundo.

    No se cuando me dormí, pero al despertar me encontré su cara frente a la mía y medio cuerpo sobre mi.

    – buenos días dormilón,- me dijo y regalo un beso en mi boca y una sonrisa de enamorada, haciendo que habrá del todo los ojos.

    – buenos días respondí y baje mis brazos a su cintura y mi boca respondió con una beso más pasional, nuestras bocas de encontraron, nuestras lenguas se enredaron y supe que era el momento.

    La gire quedando sobre ella y mi boca siguió en su trabajo para de a poco bajar por su cuello hasta llegar a sus pechos era todo perfecto, ella ayudó arqueado su espalda y soltando su sostén el cual saque lentamente dejando ver unos hermosos pechos coronados con una aureola rosada la cual devoré, lami y sobe mientras sus piernas me aprisionaban sobre ella.

    Mi boca busco su boca mis manos sus pechos y yo siendo todo y un caballero trate a mi dama como una reina, me encontraba en mi tarea y ella jadeaba y gemia de placer.

    De pronto, abrió sus piernas soltandome, y sus manos me empujaban hacia abajo para más placer. Cuando llegue a su parte íntima solo atine a dar un beso tierno y descansar mi cara sobre ella pudiendo oler su aroma a mujer.

    Segundo más tardes me dedique a lamer y acariciar su sexo por sobre su lencería, ella gemia y gritaba de placer cuando sus músculos se tensaron y su orgasmo fue inminente.

    Sus ojos estaban blancos y una mancha de humedad acompañada de temblores y respiración agitada, me hicieron saber que esa prenda ya molestaba y quería su desnudez, la retire por los tobillos y observe a esa mujer totalmente desnuda.

    Con la respiración, aún acelerada volví a atacar con un largo lametazo, y mi lengua llegó a adentrarse en su cavidad, causando pulsos eléctricos por todo su cuerpo, ataque su cavidad, busque su clitoris, y me dispuse a devorar lentamente entre gemidos., ella apuñaba las sábanas tratando de contener un orgasmo que ya era inevitable, grito jadeos y apretó sus pechos mientras mi lengua no paraba de disfrutar su humedad que emanaba.

    – dios que placer, no podes ser así, no me dejaste descansar de un orgasmo a otro, esta me la pagaras, y aun no estas desnudo del todo.

    Conteste con una sonrisa mientras ella me miraba como una loba a punto de devorarme.

    – ahora me toca a mi.

    Me acomode en su lugar y saque mi bóxer dejando ver por primera vez mi desnudez.

    – aparte de caballero estas bien dotado-

    Mis 18 cm de largo nunca fueron problema para ninguna mujer, el problema venía con el grosor y un glande grande que casi no deja que el prepucio suba y lo cubra.

    Ella lo tomó con su mano de la base y beso mi glande suavemente, comenzó a lamer mi frenillo, lento pero contante, todo hombre sabe que eso nos hace ver las estrellas. Esa tortura duró unos minutos a lo cual cada tanto intentaba meter mi glande en su boca, dios era una experto en torturas, esa sensación de cosquillas insoportables y ganas de acabar sin poder hacerlo no me dejaba ni abrir los ojos.

    Mi respiración muy agitada, mi cuerpo tenso y ella diciendo.

    – te dije que me la pagarías, jaja y aun no empiezo-

    Se acomodo sobre mi tomó mi verga por su base y la apunto a sus labios mayores, solo atino a mover mi verga y flotar su sexo desesperadamente, yo en un movimiento de pelvis quise meter mi verga lo cual evito diciendo no te atrevas ahora mando yo así que solo deje que disfrute su dominación.

    Pasaron unos minutos, cuando comenzó a meter mi verga, ella se quejaba hasta que por la mitad tomo aire, y de un solo movimiento nuestras pelvis se unieron, callando sobre mi pecho pidiendo que por favor no atreva a moverme.

    Cuando su sexo se humedecido y acostumbro a mi tamaño, comenzó a moverse elevándose posando sus manos en mis hombros, arqueando su espalda, comenzó con un movimiento circular y luego una cabalgata muy tranquila mientras mis manos jugaban con sus pechos, sus movimientos se hicieron más frenéticos y su disfrute se hizo notar.

    – ayuda por favor, no doy más- fue mi invitación a hacerla disfrutar, mis manos soltaron sus pechos para tomar su cintura, y con cada bajada de ella, mi pelvis embestía con más fuerzas llenando de gemidos y jadeos la habitación.

    Pasando los minutos era evidente que se acercaba un orgasmo descomunal, nuestros cuerpos se tensaron, nuestras reparaciones a mil, cuando se arquea hacia atrás acabando con un squirt delicioso para que yo en lo más profundo de su útero deje mi simiente.

    Sus ojos estaban idos ella apretaba sus pechos y sus espasmos acompañaban para que dejara hasta el último chorro de semen en su interior.

    Se deja caer en mi pecho, me mira con su cara de enamorada y satisfecha cerrando sus piernas para que no escape ni verga de su interior al perder rigidez.

    Yo solo atine a recuperar la respiración y a sentir como sus jugos recorrían mi pelvis y entrepierna hasta llegar a las sábanas blancas.

    La mire, le di un abrazo, un beso tierno.

    – toda una dama?

    – solo necesitaba un caballero

    Ese fue el comienzo de una relación hermosa, y llena de amor, siempre recordé las palabras de mi amigo, vale oro esa mujer y valla que lo valió, poco después dejo la noche y desde entonces fue mi dama por varios años.

    Perdón por lo extenso pero para mi valió la pena la explicación del contexto, cualquier consulta y sugerencia me lo hacen saber, si me dejan su mail les contesto a la brevedad.

  • El pedo y la cogida

    El pedo y la cogida

    La claridad que se colaba por la ventana me despertó. A mi lado dormía Ana, una chica menuda y linda que había conocido hace una semana. Miré por la ventana, llovía y olía a tierra mojada.

    De repente un sonido. Un trueno.

    Lo único que ese ruido no venía de fuera, si no de dentro.

    Solo éramos dos y yo no había sido.

    Aparté la sábana.

    Allí estaba el culito de mi compañera de cama medio cubierto por unas bragas bordadas de color rojo. La rajita, generosa y glotona, albergaba gran parte de tela asomando desnuda al final de la espalda.

    Ana se movió estirándose, luego dobló la pierna llevándola hacia su pecho, sacando culo, y dejó escapar una nueva ventosidad.

    Arrugué la nariz cuando me llegó el olor.

    – ¿Qué ocurre? ¿qué miras? – Me preguntó dándose la vuelta

    – ¡Estás despierta! – dije con asombro.

    – Ya, ¿por? – dijo inocentemente, como si nada hubiese ocurrido.

    – Pensé que había tormenta, pero no, todo indica que te has tirado no uno, si no dos pedos. – respondí sin rodeos.

    Ana sonrió burlona.

    – Me molestaba la tripita.- se excusó

    Como si eso fuese una razón para hacerlo en público.

    – ¿Qué cara pones, que pasa, que tu no tienes gases? Si anoche te metiste en el baño y menuda orquesta.

    Me ruboricé, y eso que no había sido yo.

    – Venga, no seas vergonzoso, te dejo que te tires uno aquí, en mi presencia.

    – ¿Qué?

    Ana se incorporó y me ordenó acostarme de lado, luego tiró de los calzoncillos descubriendo mi trasero, se arrodilló y poniendo su cara a la altura de mi culo, acercó su boca y me besó el ano.

    – Venga, deja escapar ese que tienes ahí.

    Y volvió a meter su rostro en mi trasero.

    Todo aquello me excitó sobremanera. La imagen de su trasero travieso y al mismo tiempo sensual en mi mente, su atrevimiento, la humillación de mi culo expuesto. Mi pene creció y contraje las nalgas sorprendido por un repentino ramalazo de placer.

    «Quieres esto cochinota, quieres esto… pues te voy a dar lo que te mereces guarrilla de pacotilla.» pensé.

    La mano derecha de Ana se acercó por encima de mi cintura y me agarró el miembro.

    – Eres una cochinota, te vas a enterar. – dije en voz alta incapaz de mantener en secreto mis sucios pensamientos.

    Y justo en el momento en que me lamía el ojete dejé escapar un sonoro pedo.

    Ana se retiró, tosió y me dio un azote.

    – ¡Guarro!

    Me reincorporé dándome la vuelta y cogiendo su cara entre mis dos manos para sujetarla bien, la besé en la boca con pasión metiéndole la lengua. Luego la puse boca abajo, tiré de sus bragas descubriendo su trasero por completo y colocándome sobre ella, le metí el pene por la vagina por la puerta de atrás.

    Embestí una y otra vez.

    Ella gimió, jadeó y se tiró un nuevo pedete.

    Saqué el miembro palpitante y henchido a punto de explotar y dando un grito de placer, con la vista borrosa, eyaculé sobre sus nalgas llenándolas de semen.

  • Mi suegra en secreto

    Mi suegra en secreto

    Mi esposa Verónica y yo llevamos casados dos meses y por razones de trabajo nos tuvimos que mudar a otra ciudad, una ciudad muy tropical donde todos los días es veranos, calor y humedad es típico de esta zona. Mi esposa comenzó a trabajar en una empresa importadora de automóviles y repuestos por lo que normalmente durante la semana trabajaba de 8 am a 19 pm y los sábados hasta las 14 pm, horarios duros para ella, además, por la distancia le resultaba difícil venir a casa a almorzar para luego tener que retornar al trabajo, por lo que normalmente prefería quedarse en su oficina a almorzar, yo por otra parte, trabajaba para una empresa de análisis de datos para una compañía en Londres por lo que todo mi trabajo era remoto y prácticamente no salía de casa.

    Seis meses después, ya acostumbrados a la rutina pudimos mudarnos a una linda casa dentro de un condo que tenia todas las facilidades, piscina, sauna, gymnasium, etc. La casa tenia un jardín amplio y 2 habitaciones adicionales para visitas, normalmente aprovechábamos los fines de semana para descansar en la alberca o pasar un par de horas en el sauna.

    Mi esposa era una morena alta de padres mexicanos, era extremadamente sexy, con unos enormes senos y unas caderas típicas de una mexicana, además, su fuerte rutina en el gym la ayudaban a mantenerse en forma diariamente. Ella era muy cercana a su madre y a su hermana, cuando vivíamos en la misma ciudad normalmente en fin de semana siempre había un evento familiar donde ellas podían verse y conversar de su semana, algunos días a la semana su madre venia a la casa a almorzar e incluso se quedaba algunos días con nosotros, ella era una hermosa mujer de 57 años, delgada de ojos claros pero de piel morena, a su edad se mantenía en forma y practicaba yoga prácticamente todos los días, razón por la cual de su muy buen estado físico, en ocasiones cuando se quedaba a dormir por el fin de semana, le gustaba ponerse sus pijamas de seda que exponía su figura mientras teníamos sesiones de juegos de mesa, a veces no podia dejar de notar sus hermosos senos que se dibujaban en la seda o sus largas piernas tonificadas, estoy seguro que ella notaba cuando la miraba y creo que lo disfrutaba, lo cierto es que era un manjar para la vista. Al mudarnos fue un duro golpe para mi mujer, su hermana y su madre, ya que no podrían compartir tanto como lo hacían. Por esto decidimos que tanto su madre como su hermana podían visitarnos las veces que ellas quisieran y quedarse el tiempo que se les antoje en nuestra nueva casa, total teníamos cuartos extras y ellas siempre eran bienvenidas.

    En una ocasión Adriana mi suegra, nos visito por un mes ante de navidad, por lo que planificamos un serie de actividades normalmente para los fines de semana y una que otra esporádica cena en la ciudad durante los días de semana, ya que durante el día Vero y yo debíamos trabajar, ya que yo trabajaba desde casa, Adriana y yo pasábamos mucho tiempo juntos al principio con silencios prolongados, pero poco a poco fuimos hablando mucho mas fluido, ella era agradable y muy inteligente, distinguida y tenia un porte de autoridad que yo admiraba. Mientras pasaban los días nuestra relación era más amena y de confianza.

    Un fin se semana, decidimos ir a la alberca a pasar el día, Vero, Adriana y yo compramos unas cervezas y disfrutamos del calor tropical de la ciudad, Adriana no tenia un traje de baño así que tuvo que pedir uno prestado de Vero, llevaba un bikini azul muy pequeño, a penas la vi sentí mi pene palpitar, ella comenzó a ponerse bronceador en todo el cuerpo, tendió una toalla en el césped, se recostó y se puso a leer un libro, mi esposa Vero prefirió leer un poco a la sombra de un arbol y yo me puse a nadar por unos minutos, saliendo de la alberca tome el braceador y comencé a cubrir mi cuerpo para tomar un poco de color, mi suegra me vio y me pidió que terminando le pase el producto para hacer lo mismo, como ella leía y tenia las manos ocupadas, le pregunte si prefería que la ayude con el aceite para no dañar el libro; a lo que accedió, movió el libro a un lado y procedió a cubrirle el pecho y los brazos, rose las manos apenas tocando sus senos, su abdomen arriesgadamente cerca de su vientre, cuando llegue a sus piernas ya tenia el pene completamente duro y erecto, empecé por sus pies y subí poco a poco hasta sus muslos, mi excitación era tal que no m importo tomarle las piernas con las dos manos casi llegando a su vagina, le pedí que se diera vuelta y mientras lo hacia vi como sus ojos se clavaban brevemente en mi erección, trato de disimular, yo aun mas excitado por ello proseguí con la parte trasera de sus muslos, comencé por las nalgas, invadiendo su muslo interior con una fuerte presión hacia abajo hasta llegar a sus tobillos y por ultimo tome mas aceite y proseguí con su espalda, no pude evitar invadir los lados de sus senos con mis dedos mientras trabaja su espalda. Cuando termine le dije, «Ok servida Adri» a lo que respondió «Gracias por el servicio de primera!» y me guiño un ojo. El resto del día paso sin mayor novedad.

    Volviendo de la alberca, me puse a preparar unos tacos mientras Vero y mi suegra tomaban una ducha, cuando termine Adriana entro y me pregunto si podia ayudar en algo, tenia puesta una pijama blanca larga que le llegaban hasta las rodillas y no llevaba sostén ya el contorno de sus senos y sus pezones resaltaban, le pedí que me ayudase con la mesa, se agacho a lado mío para sacar servilletas de la gaveta y pude ver sus hermosos senos y sus negro pezones, mi pene se endureció inmediatamente y me invadió el morbo, creo que ella vio mi paquete mientras yo trataba de ocultarlo, esa noche fantasee con sus senos y su cuerpo reviviendo la tarde en la alberca.

    Era la 1 am y me desperté con sed por lo que me dirigí a la cocina por un vaso de agua, saliendo de la habitación note la luz de la TV de la habitación de Adriana, al pasar mire y tenia las piernas semi abiertas y no llevaba ropa interior pude ver su deliciosa vagina y sus hermosos labios adornando su ranura, no noto mi presencia y continue mirando aprovechando la obscuridad del pasillo, no pude con el morbo y le toque la puerta para preguntarle «Hola Adri, voy a la cocina necesitas algo?» mientras mis ojos no se despegaban de su hermosa concha, ella nerviosa me dijo «No Jorge, gracias ahora me duermo» a lo que respondí con doble intención «Lo que necesites me avisas» haciendo alusión a su sexo, ella sonrió levemente.

    Al día siguiente ya lunes, Varo se fue a trabajar y yo me sente en la sala a trabajar, mi suegra salió poco después de tomar una ducha y se sentó en la sala también a ver la TV, ella llevaba unos shorts cortos y una polera de red negra que permitía ver su negro sostén, luego de unos minutos ella se iba a la cocina a cocinar, a veces conversábamos mientras tenia descansos y luego almorzábamos juntos hablando de todo un poco, esta rutina se repitió varios días y yo en lo único que podia pensar era en meter mi verga dentro de su vagina.

    Un día mientras estaba en la ducha, Adriana me toco la puerta frenéticamente era Vero al teléfono y necesitaba hablar conmigo con su urgencia, yo salí con una toalla al rededor y tome el teléfono Adriana se retiro de la habitación, terminada mi conversación con Vero puse el teléfono sobre la cama, me quite la toalla para ponerme los boxers, justo en ese momento Adriana entro a mi habitación, al verme desnudo ella quedo casi paralizada y fijo su mirada en mi verga, sin moverse por unos segundos nerviosamente me dijo «mil disculpas Jorge, pensé que habías vuelto a la ducha», «No te preocupes Adri…» le conteste, sonrió avergonzada y se retiro rápidamente.

    Durante el almuerzo la note callada y nerviosa, trate de hacerle hablarle de varios temas para distraerla de lo sucedido y poco a poco se soltó, tuvimos una agradable charla, llegada la tarde Vero llego a casa y decidimos todos ir al sauna antes de la cena; el sauna era pequeño y tenia un pequeño jacuzzi , Adriana llevaba un bikini blanco que se ataba en el cuello que a penas la cubría, podia verse los lados de sus senos y sus negros pezones a traves de la tela húmeda, su hermosa concha se revelaba mientras mas húmeda se ponía la tela , sentía como mi verga se mojaba mientras ella se sentaba frente a mi en su clásica pose de yoga, no se si ella sabia que todo su sexo estaba prácticamente expuesto ante mi, la excitación y el calor fue demasiado para mi por lo que tuve que salir al jacuzzi a enfriarme un poco ya que no estaba muy caliente, minutos después Vero y mi suegra se me unieron, estábamos los 3 dentro nuestros pies se tocaban y yo pretendía no sentirla, nos mirábamos espontáneamente como si compartiéramos algún secreto, mi verga estaba dura y latiendo, de pronto Vero dice «Ok entrare de nuevo al sauna, vienen?», yo le dije «Dame unos minutos…» y mi suegra respondió «Si a mi también… esta a gusto aca»; Vero entro al sauna y nos dejo solos, yo empecé a ser mas agresivo con mis pies tocándola pretendiendo ser un accidente, hablamos unos momentos los dos:

    – «Tal tu estadía hasta ahora Adri?»

    – «Estoy muy a gusto con todo, el clima, mi hija con todo»

    – «Que bueno Adri, me alegro, mañana te cocinare algo delicioso para la cena…» ya que soy muy bueno en la cocina

    – «Mil gracias Jorge, Si me siguen consintiendo así no me iré nunca..» y sonrió

    – «Eres bienvenida el tiempo y las veces que quieras» le conteste…

    Mientras hablábamos mi mirada se fijaba en sus pezones y mi verga dura del morbo que sentía en ese momento, decidí que ella necesitaba ver mi verga y lo que su cuerpo provocaba en mi.

    – «Ahora si ire al sauna, vienes?» le dije, mientras me paraba en el jacuzzi, mi verga erecta quedo a la altura de su mirada, vi como sus ojos se clavaron en mi miembro y yo como si nada continue mi camino hacia el sauna, nerviosamente ella respondió «eh si voy en seguida…» con una voz temblorosa.

    Era un día viernes y Vero y yo teníamos una reunion con algunos amigos, entre tequilas y whisky pasaron algunas horas, Vero se había excedido con las copas y decidí que era momento de terminar la noche, eran las 2am cuando llegamos la acosté, luego me desvestí y apague las luces para dormir, cuando estaba a punto de dormir Vero despertó, se levanto y corrió erráticamente al baño para vomitar, con el ruido mi suegra despertó y entro a la habitación para ver lo que sucedía, ella estaba con un pequeño camisón de seda gris que hizo que mi verga se endurezca inmediatamente, Vero completamente ebria vomitaba en el retrete mientras yo la sostenía, Adriana se acerco a ayudarme «Vero debes aprender a controlarte» le dijo, la limpiamos y mientras me ayudaba a levantarla Adriana toco mi verga con toda su palma «Oh disculpa Jorge, es que no vi como agarrarla» yo le sonreí, levante a Vero para acostarla nuevamente, «Gracias Jorge esperemos que no se levante nuevamente» me dijo:

    – «Con todo lo que bebió, lo dudo…» le dije

    – «Quieres que te prepare un cafe?» me pregunto

    – » Si me acompañas, claro»

    – » Pero claro» contesto

    Se fue hacia la cocina y yo la seguí viendo como su culo se dibujaba en la seda, En la cocina no podia dejar de mirarla y el alcohol me ponía aun mas excitado, Adriana me entrego una taza y me recline sobre el lavaplatos mientras los tomaba mi cafe, note como Adriana miraba mi bulto, mi verga se formaba claramente en mis blancos boxers.

    – «Mas bien mañana es sábado y no trabajas» me dijo

    – «Si, pero Vero trabaja, pobre…» le conteste

    – «Que malo Jorge… jajaja» sonrió y derramo su caliente cafe sobre su pecho

    – «Mierdaaa…» grito, me acerque inmediatamente con una servilleta para secarla del cafe caliente y frote sus senos

    – «Mas bien creo que el cafe no estaba tan caliente, déjame ver si te hiciste daño» le dije

    – «No Jorge como…» me dijo

    Me acerque y le levante el camisón hasta quitárselo «Que pena Jorge» dijo avergonzada, ahi tenia sus tetas desnudas frente a mi, un poco irritadas por el cafe pero nada serio, saque de la gaveta una crema para cubrir su lesion, puse un poco en mi mano y empecé a frotar su pecho poco a poco llegando a sus pezones, ella evitaba mirarme a los ojos pero sentía como su corazón latía cada vez mas fuerte y sus pezones erectos no podían ocultar su excitación, mi verga palpitaba y ya no pude controlarme, me acerque y bese sus labios, le metí mi lengua mientras presionaba sus tetas, ella me correspondió con su lengua, mi mano llego a su vagina estaba mojada y gemía mientras acariciaba sus labios vaginales, sentí su mano apretando mi verga, nuestra respiración se agitaba

    -«quiero comerte la vagina» le susurre

    Mientras frotaba su clitoris, la lleve a su habitación la puse de estomago sobre la cama mientras le bajaba la tanga

    – «Jorge no, tu estas casado con mi hija»

    Pero no ponía mucha resistencia, le arranque la tanga y separe sus nalgas para exponer su hermoso ano y comencé a comerle el ano frenéticamente le metía mi lengua mientras besaba su ano como antes había besado su boca, mi pene palpitaba y ella gemía de placer, tome un dedo y se lo metí en la vagina

    – «Ayyy dios…» exclamo

    Mientras mi lengua le abría el esfínter, su vagina palpitaba y sus jugos mojaban toda mi mano, tome sus jugos para lubricar mi pene y se lo introduje en el ano, primero la cabeza de mi verga muy lentamente.

    Ella gemía «Ahhh que grrueso tu miembro…»

    Y poco a poco su ano se comía toda mi verga, mi pene estaba a punto de explotar, empecé a mover mi verga dentro de su ano mientras separa sus nalgas, ella gritaba

    – «Mete me tu verga Jorge, quiero tu verga en mi ano»

    Empecé a aumentar el ritmo,

    – «Jorge dale tu verga a tu suegra, llena el ano de tu suegra con tu caliente leche»

    Mi verga ya no daba mas, saque mi verga de su dilatado ano y nuevamente me acerqué para acariciar su abertura anal con mi lengua ella gritaba de placer mientras Vero dormía su borrachera en la otra habitación.

    – «Si, así lame mi ano… aaah si así, así. .» gemía

    Una vez lubricada nuevamente mi verga invadió su recto

    – «Aahh dios que gruesa verga, Amo tu verga Jorge» grito sin importarle que Vero dormía cerca,

    – «Quiero tu verga siempre, dame tu gruesa verga Jorge, si, asi, asi, mas!»

    La tome y la puse de cuatro y mi pene penetro su húmeda y jugosa vagina,

    – «Ahh dios!!! Si, así hazme tu puta Jorge, quiero ser tu puta!»

    Mi verga la penetro duramente su vagina, atrapaba mi verga casi como si Adriana la estuviera controlando a voluntad, su vagina me apretaba el pene como una niña de 20 años, sus jugos chorreaban sobre la cama.

    – «Amo tu pene, dale a tu suegra tu semen Jorge» gritaba

    – «Me vengo Jorge, así dame así!!»

    Tome mi pulgar y se lo puse en el ano mientras mi verga pulía su vagina.

    – «Por fin un hombre de verdad, así!! Que a gusto!! Jorge cuélame!! Soy tu hembra!!»

    Yo ya no daba mas, sentí mi verga explotar dentro su concha

    – «aaahhh Ahhh, Ahhh!!!» grito

    Mientras toda mi leche llenaba su matriz, su cuerpo temblaba y su vagina palpitaba apretando mi pene casi convulsionando, mi suegra quedo tendida de estomago mientras trataba de recuperar su aliento, me recosté a su lado agitado besando sus tetas y chupando sus pezones.

    -«Que hombre dios!!» dijo agitadamente, le di un beso en la boca y me retire de su habitación.

    Una vez en mi habitación, Vero seguía completamente dormida, me vino el morbo en ese momento mi verga volvió a pararse, la idea de culear a mi suegra y a su hija la misma noche era algo de una vez en la vida, destape a Verónica y le quite su tanga, le separe las piernas y empecé a comerle la concha, su olor me excito mucho y mi pene completamente erecto empezó a mojarse nuevamente, subí sus piernas sobre mis hombros y empecé a comerle el ano, le metí mi lengua asegurándome de dejarla muy bien lubricada, su ano empezó a dilatarse, le metí dos dedos para dilatarla aun mas, abri su ano y escupí dentro, tome mi verga y se la metí profundamente ella gimió levemente, comencé a moverme y a pulirle el recto, mi verga gruesa y caliente dilataba su recto, cuando lo quitaba su recto permanecía abierto, le escupí adentro y nuevamente la penetre , mi verga ya no podia aguantar y le escupió toda la leche dentro de su ano, saque mi verga de su culo y el semen empezó a deslizarte de su agujero, la tape y exhausto me fui a dormir.

    Al día siguiente Vero, salió a su trabajo temprano casi no la sentí, desperté recordando que la noche anterior me había culeado a Adriana, los nervios me invadieron por unos minutos y no quería salir de mi habitación, tome una ducha, me puse unos shorts y una polera y salí a desayunar, mientras desayunaba Adriana salió de su habitación con el pelo mojado, había terminado de tomar una ducha

    – «Hola Jorge buen dia…», dijo mirándome a los ojos mientras se dirigía a la cocina

    – «Buen día Adri…» le conteste

    Ella vestía una calza blanca y una polera verde, mi verga se endurecía recordando la noche anterior, fui a la cocina detrás de ella para ver si estaba bien.

    – «Como dormiste Adri…» le pregunte

    – «No pude dormir en toda la noche» contesto nerviosa y con la voz entrecortada

    – «Me siento muy mal, no debio pasar lo de anoche, me da mucha vergüenza» continuo

    – «Eres el esposo de mi hija, y siento que soy la peor madre, no se que me paso» dijo mientras su voz se quebraba

    – «No solo es tu culpa, yo también me siento mal. Pero lo que paso nos seguirá el resto de la vida, pero depende de nosotros como tomarlo» conteste

    – «Yo amo a mi hija y ella no puede saber esto jamás, Jorge te suplico por favor, tienes que prometerme que jamás se enterara.» respondió

    – «Te prometo Adri, ni Veronica ni tu esposo, este tiene que ser nuestro secreto hasta la tumba» le dije

    – «Lo que esta hecho, esta hecho nada de lo que hagamos borrará el hecho que tuvimos sexo» proseguí.

    – «Es cierto, esto no se puede repetir» me dijo

    – «Esto si se va a repetir y sabes que así será, cuando vengas a la casa a dormir, navidades, bodas, vere la oportunidad de hacerte mi hembra. No podremos evitarlo o negarlo…» conteste

    Me miro a los ojos, me acerque y la bese apasionadamente, nuestras lenguas se encontraron nuevamente y nuestra respiración acelerada no podia disimular la excitación que sentíamos el uno por el otro , tomo con una mano mi erecta verga a traves de mis shorts y me apretó con fuerza, la lleve a su cuarto y la tendí sobre la cama, le baje lo shorts y separe sus piernas, su vagina recién afeitada estaba mojada, bese su vagina y le lamí toda su humedad, mi lengua jugaba con su clitoris y la penetraba saboreando sus jugos vaginales.

    – «Ay si, así… Ahh» ella gemía. Subi sus piernas a la altura de mi cabeza y empecé a lamerte el ano.

    – «Jorge, si así… Amo tu lengua, sí, así… Métela en mi ano» dijo casi susurrando. Meti mi lenga en su ano haciendo círculos mientras este se dilataba.

    – «Ah si… Quiero montarte Jorge, quiero tu gruesa verga en mi culo» susurro. Me puse de espaldas y ella se moto sobre mi tomo mi verga y se lo deslizo lentamente dentro de su recto.

    – «Ahh que a gusto siento tu miembro abriéndome mi esfínter… Así dame toda…» me dijo. Mi verga entraba cada vez mas hasta estar completamente dentro de ella, empezó a montarme y a agarrar ritmo mientras gemía de placer, mi verga palpitaba con cada embestida de su hermoso ano, le quite la polera tome sus hermosos senos y los aprete mientras Adri me montaba mas duro, empecé a lamerle los pezones y chupárselos como si me amamantara sus negros pezones se engrosaron.

    – «Amo tu verga dentro mío» dijo.

    – «Te gusta darme por el ano Jorge?, te gusta el olor?» siguió

    – «Amo tu culo, amo tu olor Adri… métetelo todo» conteste. Se desmonto y empezó a chuparme el pene, yo le metí dos dedos dentro de la vagina mientras ella me limpiaba la verga con la boca, su vagina estaba caliento y mojada, la tome de la cintura y puse su sexo en mi boca, en 69 lamí toda si vagina mientras me bebía sus jugos, su ano dilatado ahora frente mío estaba húmedo e irritado por la fricción, empecé a lamerlo y a besarlo mientras mi lengua lo invadía, ella gemía de placer.

    – «Sentate en mi boca» le dije. Ella se sentó sobre mis labios y uso mi lengua para dilatar su ano y humedecer su vagina, mi lengua la penetraba y ella la montaba como a un pene, lamia su vagina y ano mientras ella se movía sobre mi cara, la deje limpia y húmeda, volvió a montarse sobre mi y esta vez se introdujo mi pene por la vagina.

    – «Dame tu gruesa verga Jorge… ahh si» susurro. Mi verga la penetro suavemente mientras ella se mordía los labios

    – «Como me pule tu palo, así dame así» empezó a moverse con mas ritmo

    – «Me vengo…» dijo. Senti como su vagina aprisionaba mi miembro con firmeza mientras ella se movía con mas fuerza

    – «Dios así… así… así…» gemía, le chupaba las tetas mientras me montaba mas rápido

    – «Jorge me vengo, no pares, asi dame mi vieja concha dame» ella estaba llegando a un orgasmo.

    – «Ahhh!!! Siiii!! Ahhh Si, si, si, así,» exploto en un orgasmo, se desvaneció sobre mi mientras se convulsionaba sobre mi pecho.

    Mi verga aun estaba dura, pues no había terminado.

    – «móntate sobre mi Adri…» le dije. Ella obedeció

    – «Quiero que me des tu ano…: le dije. Ella tomo me verga y se la introdujo por el reto

    – «Ahh me encanta» susurro. Empezó a moverse y a cabalgarme la verga con el ano, su culo se sentía caliente y apretado

    – «Quiere toda tu leche dentro de mi culo Jorge…» me ordenó. Empecer a chuparle late tetas y a morder sus erectos pezones

    – «me vengo Jorge, Asi, así así» empezó a acelerar el ritmo mientras que con su otra mano frotaba sus labios vaginales y su clitoris

    -«Ahh, Ahh, ahh dios, por fin una verga dura… dime Jorge, dime que siempre me darás verga!» gritaba

    – «dale a tu suegra tu semen, si, si, si… Lléname de leche Jorge» ella estaba a punto de terminar y yo también.

    – «me vengooo…» grito mientras su orgasmo empezaba y su ano apretaba duramente mi verga, una explosion de orina me lleno la cara mientras su recto convulsionaba abrazando mi miembro, mi verga exploto dentro de su ano llenándola de semen mientras me bebía su orina.

    – «sí siento tu caliente leche llenarme el ano, sí así, dale toda tu leche a tu suegra… sí » continuo su orgasmo.

    – «Dios siii, que a gusto, que a gustooo Jorge» y se desvaneció en la cama

    Me puse sobre ella y le termine de limpiar la vagina con mi boca mientras le chupaba y lamia su humedad, mi semen se deslizaba desde su ano. Me acerque a ella la bese.

    – «Seras mi hombre y yo seré tu puta y de nadie mas, ni tu suegro me tocará con su flacidez» me dijo

    Desde ese momento mi suegra y yo disfrutamos del sexo y el morbo en cada oportunidad.

  • La confusión de Elina (Memorias de Nigurathlán)

    La confusión de Elina (Memorias de Nigurathlán)

    Hola a todos nuevamente, recuerden ver los relatos anteriores a este para comprender mejor la historia todos llevan (Memorias de Nigurathlán). Sin mas, disfruten:

    Elina salió de sus aposentos temprano, había pasado una terrible noche, la calentura no la dejó dormir; y por más que trataba de bajársela “a mano” le era imposible concentrarse pues cada que se sumergía en alguna fantasía erótica el rostro y cuerpo de Tollan cambiaba por el de Velimount, haciendo que Elina interrumpiera sus lascivos pensamientos en ese instante hasta que de nuevo su clítoris reclamaba su atención.

    -Tengo que hacer algo, pronto- pensó la pelirroja pues no sabía cuanto tiempo más podría aguantar ese calentón -Ya sé, la biblioteca- se dijo a si misma y enfiló hacia el recinto.

    Sin embargo al dar la vuelta en la esquina que da al corredor de la biblioteca Elina tropezó con un pecho bien trabajado, fornido y de un color negro azabache muy reconocible, era por supuesto Velimount, que venía de la biblioteca leyendo un volumen de tamaño considerable. Elina alcanzó a leer “control” y “mente” mientras chocaban antes de mirar los ojos del demonio y sentir su sexo mojado y sensible. -No puede ser, ya no puedo verlo a los ojos sin ponerme así ¿Qué pasará el día que tenga que hacerle una felación? ¿Podré ser capaz de aguantar tener su enorme, deliciosa, grande…? – Elina sacudió su cabeza y pensó – Cálmate mujer, si acaso sabe lo cerda que estás lo usará a su favor y eso… no sería tan malo- sonrió pero inmediatamente recuperó la compostura

    Velimount viendo a Elina actuar así sonrió para sus adentros y pensó -Está funcionando- para después preguntarle:

    – ¿Todo bien Elina? No te ves muy bien hoy ¿necesitas algo? ¿Te puedo ayudar de alguna manera? – inquirió el demonio cortésmente

    -Todo bien amo, es solo que pasé una mala noche, es todo- dijo Elina mientras pensaba – Claro que me puede ayudar en algo amo, déjeme chuparle la verga ya y después métamela por todos mis agujeros y déjeme goteando de su caliente semen-

    -Eso es terrible, creo poder ayudarte, un té calmante es lo que necesitas, ven a verme esta noche antes de dormir y te lo daré-

    -Gracias, pero no creo poder ir esta noche, te-tengo cosas que…- respondió asustada Elina mientras pensaba -Iré y me cogerás por el culo ¿verdad cabrón? me encanta, si voy, claro que voy-

    -Para nada Elina, no hay nada que hacer para ti en este aburrido castillo, vendrás a verme esta noche, es una orden- dijo Velimount haciendo especial énfasis en su última palabra

    Al escuchar la orden del demonio a Elina casi le da un orgasmo, que el demonio la tratara tan dominantemente la estaba poniendo muy cachonda, entrecruzó sus piernas y apenas pudo mascullar un -Si amo- y atravesar el pasillo apresuradamente mientras en su mente fantaseaba con que la tomara allí mismo, que se la metiera tan salvajemente como solo el sabía y que de ser posible todo el mundo la viera, incluso le habría calentado más si Tollan viera como la empotraban, si viera que le estaba siendo infiel.

    -Deberías leer Daemonium Magicae en tus ratos libres- la voz de Velimount la sacó de ese trance -hablaba en serio cuando dije que no tenías nada que hacer en este aburrido castillo y quizás podrías aprender algo de ese libro- Elina solo asintió y se metió en el cuarto de la biblioteca.

    Al estar lejos de la mirada del demonio Elina se relajó, recuperó, en medida de lo posible su compostura y arregló su vestuario, era un conjunto simple pero que marcaba bien su figura, una camisa a satín verde y una falda del mismo color, adornada con un mandil unos tonos mas claros que el resto de su ropa, curiosamente se le marcaban las nalgas y los pezones deliciosamente pues había dejado de usar corpiños y bragas ya que era muy difícil satisfacer a los orcos llevando ropa interior, en el caso del bra porque ellos son muy dados a juguetear con las tetas de Elina, y en el de las pantys porque acababa chorreando y lavar su ropa después de haber mamado tanta verga le resultaba fastidioso.

    -Ho-hola- dijo con precaución -estoy buscando un libro- mientras decía estas palabras se acercó al mostrador mirando a todas partes, sin embargo el bibliotecario (o bibliotecaria) no se hallaba por ningún lado, por todas partes había estanterías y cajas con libros y más libros. -Holaaa- dijo un poco mas fuerte pero la respuesta fue la misma, así pues Elina comenzó a caminar entre los pasillos de las estanterías, le sorprendía lo grande que era la habitación pues por fuera no parecía que fuese más grande que su propia habitación, sin embargo el pasillo por el que transitaba parecía interminable. De pronto escuchó unos ruidos extraños, agudizó su oído y caminó unos cuantos pasos más, estaba por llegar al cruce de caminos entre estanterías cuando escuchó lo siguiente:

    -Anda perra, trágatelo todo- dijo una voz masculina, grave y rasposa, por haber trabajado con orcos antes Elina distinguió fácilmente que el dueño de la voz era un macho de esta especie

    Elina al escuchar esto pensó en irse e intentar encontrar al administrador de la biblioteca otro día sin embargo el morbo pudo más y despacio sacó un libro de la estantería adyacente y miró por entre los libros. Frente a ella a la derecha se encontraba un orco sosteniendo a una mujer joven, blanca de piel, con un vestido café muy pegado que recordaban a una trabajadora de la biblioteca y con curiosas orejas respingadas de sus rubios cabellos, los sonidos que emitía le mujer eran de lo mas exquisito de la escena, se veía que le encantaba mamar, no podía ver su cara pero la imaginaba en éxtasis, chupando y lamiendo la verga de aquel soldado con ahínco. De pronto el orco le sacó la verga de la boca, dejándola tosiendo y con hilos de baba escurriendo y le ordenó:

    -Anda, párate que te la voy a meter-

    La elfa respondió -No, quedamos que solo te la iba a mamar, para ya- sin embargo el soldado hizo caso omiso a la protestade la bibliotecaria y la levantó e hizo que se apoyara en el librero de enfrente, es decir en el librero desde el cual ella los estaba espiando. Casi se cae Elina al ver cara a cara a la elfa, sin embargo ella no la vio, tenía los ojos cerrados y esperaba que el orco comenzara a penetrarla, la pelirroja sonrió, levantó su falda verde y comenzó a masturbarse, ahora un poco mas escondida pues las caras de ambas estaban a unos cuantos centímetros. El orco por fin actuó y comenzó a metérsela tan fuerte que el propio librero se tambaleó y tiró unos cuantos libros de la sección superior, los gemidos de la rubia eran tan fuertes que ni siquiera el ruido de los libros cayendo lograron silenciar los gritos de la elfa

    -Ah ah ah si, damelo así carajo-

    El orco le propinó una nalgada y le dijo:

    -Cuida tu lengua frente a mi zorra-

    -Si señor, disculpe, no volverá a pasar ahhh- dijo la elfa, aun sin abrir los ojos

    Elina estaba que no podía mas, tenia una mano en su sexo dandose caña a mas no poder y con la otra tapaba su boca y reprimia sus gemidos que brotaban de ella tan eróticamente. El orco, ejerciendo su dominancia sobre la bibliotecaria comenzó a bombear mas y mas fuerte, los gemidos de la rubia aumentaron en sonido y cantidad

    -¡Ah ah ah si, Arno, Arno, Arno, damela toda por Arnoooo!- gritaba la elfa

    La manera en la que Elina se masturbaba aumento también en velocidad; tal parece que Arno se habia apoderado de todos en la habitación pues los tres se corrieron al mismo tiempo. Mientras el soldado eyaculaba dentro de la elfa ella en un extasis casi divino abrio sus ojos y se topo con la mirada orgasmica y sorprendida de Elina que en un intento de correr se hizo para atrás, sin embargo sus piernas debido al fuerte orgasmo que tuvo no le respondieron y terminó su corrida boca abajo, en el piso de la biblioteca, chorreando el pasillo y gimiendo debilmente.

    (Continuará)

    Saludos nuevamente, andamos en racha dos relatos jaja, no olviden calificar y de ser posible sus comentarios me ayudarían mucho, nos vemos en unas horas.

  • El bañador rojo

    El bañador rojo

    Eramos amigos desde niños, yo me sentía tan cómodo en su casa como él en la mía, inseparables. Mario y yo jugábamos, aprendíamos, y lo hacíamos todo juntos. Parecíamos hermanos mas que simples amigos.

    Hasta que las cosas empezaron a torcerse. Sus padres empezaron a llevarse mal y llegó el divorcio. Su madre se lo llevó con su amante a otra ciudad y perdimos el contacto. Hubo momentos en que pensé que no lo volvería a ver.

    Al que si veía de vez en cuando ya que seguíamos viviendo en el mismo barrio, a la vuelta de la esquina, era a su padre. Para entonces yo tenia diez y ocho años y Julio cuarenta y dos y se mantenía francamente bien. A veces nos cruzábamos por el parque cuando salíamos a correr. Nos encontramos una tarde calurosa de verano por la calle. Al reconocerme sonrió y me saludó.

    Él tenía noticias de Mario y entramos en el bar mas cercano a charlar. Resultó ser un oscuro y discreto pub. A nuestro alrededor parejitas se morreaban y metían mano y no todas eran chico-chica. Todo ello no contribuía a mi tranquilidad.

    Me contó que Mario iba a entrar en la universidad ese otoño. Nos alegrábamos ambos por él y charlando recuperaba la confianza que tenía antaño con su padre, Julio.

    Él siempre me había gustado y ahora que me fijaba más veía que estaba muy bueno, muy atractivo. Me propuso ir a su casa y echarle un vistazo a viejas fotos. Pasaríamos un rato divertido recordando tiempos pasados.

    No tenia otra cosa que hacer y me alegré de pasar un rato mas con él. Confiado y contento a su lado nos dirigimos a su piso. Hacía mucho calor, así que lo siguiente era algo natural. Al entrar se sacó la camiseta dejándome ver su cuidado y lo que para mi fue una sorpresa, depilado torso, se quedó solo con los vaqueros. Me dijo:

    – Ponte cómodo.

    Y me ofreció una bebida, una refresco, por el calor que hacía y que yo empezaba a tener no solo por la temperatura. La cosa se ponía interesante, con los vasos en la mesa veíamos álbumes con fotos de otros veranos, de vacaciones que pasamos juntos, las dos familias en la playa.

    Parecía casualidad que en la mayoría de las fotos Mario y yo estábamos en bañador o sin camisa. Lucíamos nuestros jóvenes cuerpos delgados y por entonces ya sexys. Ya empezaba a tener mucho calor y no era solo la temperatura. En ese momento me quité la camiseta y la eche a un lado sentado junto a él en el sofá. Julio me miró de reojo con aprobación y una sonrisa.

    Señalé una foto en la que él todavía tenía vello por el cuerpo y en la que él lucia un pequeñísimo bañador speedo. Recuerdo quien hizo esa foto… Fui yo cuando empezaban a gustarme los hombres.

    Lo vi tan sexi en la playa con esa reducida prenda que no pude aguantarme cuando tenia la cámara en la mano. Pero nunca conseguí quedarme con una copia de esa foto. Le dije:

    – ¿Cuando ha cambiado eso? Parecías un oso peludo.

    – Hace tiempo. Se siente mas suave así ¿No te parece?

    – Pues yo si estoy mas suave así… Pero contigo… Aún no lo sé. Jejeje ¿hasta donde llega?

    – Es completo, a láser.

    – ¡Vaya! No lo recordaba así. Me acordaba mas de ti como el de la foto. Más peludo.

    Sonreímos los dos. Divertidos.

    – ¿Todavía tienes ese bañador?.

    – Ese mismo no, pero tengo algunos parecidos.

    – Estaríamos mas cómodos con algo así. ¿No crees?.

    – Puedo dejarte uno, ahora, ya te quedaría bien algo de mi talla. Lo que llevabais vosotros entonces no te valdría ahora.

    – ¡Vale!,

    Me limité a contestar, para ese entonces cachondo perdido.

    Entró en su cuarto y cuando salió ya llevaba puesto el minúsculo bañador rojo y muy ajustado. En la mano traía otro para mí, idéntico. Parecía que los hubiera comprado adrede con la intención de dejármelo.

    Nos conocíamos desde siempre y no seria la primera vez que me viera desnudo. Pero hacia años de la última vez. ¿Por qué no me iba a cambiar delante de él?. No me iba a dar vergüenza, mas bien podría salir mi vena exhibicionista.

    Mirando su cuerpo casi destapado y gustándome lo que veía, su cuerpo sin vello. Dejé caer mis bermudas y el bóxer pegado a mi cuerpo que llevaba. Le dejé ver también mi piel depilada.

    Julio podía ver mi polla pelada y ya morcillona penduleando entre mis muslos, por estar así con alguien que me gustaba. Me puse el pequeño bañador que me cubría lo justo. Acomodé el rabo hacia un lado y volvimos a sentarnos, esta vez aún mas juntos.

    Para que se me pasaran los nervios le di un trago a mi bebida mientras él aprovechaba para coger otro álbum y poner una mano en mi rodilla. Me gustaba su tacto fuerte en mi pierna. Y le dejé hacer.

    Que casualidad que en la primera foto salíamos su hijo y yo haciendo un calvo a la cámara. Había reservado esa foto para esa ocasión. Casi no recordaba cuando nos la hicimos. Pero allí estaban nuestros culos blancos por la marca del bañador duros, jóvenes, respingones y muy muy apetecibles en la imagen como prueba.

    – Siempre tuve la duda. ¿Mario y tú os lo montabais en esa época?

    – Experimentabamos y nos lo pasábamos bien. Llegamos a hacer algunas cosas bastante morbosas. Nadie me ha vuelto a chupar la polla cómo él.

    Ahí por fin saltó.

    – Ese día estuve a punto de abalanzarme sobre ti y comerte el culito. Me parecía lo mas bonito que había visto nunca.

    Le mire a los ojos sorprendido y a la vez encantado de que por fin lo hubiera dicho. De que me hubiera confirmado que él también me deseaba.

    – Hoy ya puedes hacerlo, soy mayor de edad. Creo que a los dos nos gustaría.

    Y nos besamos. Su ansiosa lengua entró en mi boca mientras nos abrazábamos. Le metí la mía hasta la garganta buscando su saliva dentro de la boca. Éramos pura lujuria cambiando saliva de una boca a otra. Pellizcaba sus pezones excitándolo aún más mientras el se inclinaba sobre mi torso para lamer los míos.

    Me fui recostando en el sofá tirando de él, dejándole mi cuerpo para que pasara la lengua y manos por donde quisiera. Levanté los brazos sobre la cabeza y aprovechó para lamer mis axilas. Largo, lento, pasando la húmeda por mi piel depilada haciéndome cosquillas.

    Bajó mordisqueando mis pezones, chupando mi vientre, mientras por fin notaba sus manos librándome del pequeño bañador. Ya no paró hasta que sacarlo por mis pies.

    Mi glande, durísimo a esas alturas, le rozaba el cuello. Dejó mi polla a un lado haciéndome esperar un poco mas. Se dedicó al pubis suave sin pelo, la base del pene y mis súper sensibles huevos. Yo gemía acariciando su pelo, su cabeza separando lo mas que podía los muslos. Un pie en el suelo y el otro sobre el respaldo tocando la pared.

    Pasó la sin hueso por el perineo y una vez más me hizo esperar. Subió por la cara interna del muslo y la pantorrilla hasta meterse los dedos de mi pie, y no debían estar muy limpios, en la boca sin dejar de mirarme lascivo a los ojos.

    Yo lo devoraba entero con la vista. Su polla asomaba entera fuera del bañador. Pero no podía alcanzarla aunque lo deseaba. Habría tiempo para todo. Ahora su lengua entre los dedos de los pies me volvía loco.

    Cogí una de sus manos y chupé sus dedos con cara de vicio como lo hubiera hecho con su rabo. Aprovechó el tenerlos mojados para acariciar mi ano con ellos y empezar a dilatarme tierno y dulce y a acariciar mis testículos.

    Ya notaba el índice abriendo mi ano cuando por fin se metió mi polla en la boca. La chupaba goloso tragando todo lo que podía, hasta la garganta. Esta vez situado a mi costado, perpendicular y no entre mis piernas podía acariciar su pecho y espalda. Su piel suave e incluso llegar hasta agarrar su culo duro por debajo del bañador que Julio aún tenía puesto.

    Sobre la mesa baja de cristal el álbum había quedado abierto por esa foto. Lo ultimo en lo que podía pensar en ese momento era en Mario y su culito blanco teniendo a su padre así tan entregado.

    Sin sacar mi polla de su boca hizo lo posible por acercarlo mas, girando su cuerpo y por fin deslicé un dedo por su ano. Se le escapó un gemido al notarlo. Ya no hacían falta palabras, nos entendíamos por telepatía. Mi dedo empezó a penetrarlo suave mientras el dejaba mi polla bien mojada con su saliva. Creo que aprovechó ese momento para bajar una mano y sacarse el bañador.

    Cuando se sacaba mi nabo de la boca era solo para gemir y suspirar y preguntarme:

    – ¿Lo hago tan bien como Mario?

    – Aún mejor, pero ya diría que tienes más experiencia de la que nosotros teníamos entonces. Y las mismas ganas.

    Hasta que mirándome a los ojos me pidió:

    – ¡Fóllame!

    Siempre pensé que con él sería yo el primero en ser penetrado, pero no iba a quejarme. Estaba deseando follar ese pétreo culo. Con una sonrisa lasciva le contesté:

    – ¡Cabálgame!

    Y lo hizo. Se montó sobre mi cadera apoyando mi glande en su entrada ensalivada y dilatada con mis dedos. Podía ver su poderoso torso suave y pellizcar sus oscuros pezones tan duros.

    Julio también se apoyaba en mi pecho mirándome a los ojos con una increíble expresión de lujuria. Con su dura polla apuntando a mi cara se dejaba caer despacio dejando que ambos notáramos como entraba en su culo.

    Mientras él subía y bajaba despacio por fin pude acariciar su rabo y los huevos tan suaves. La otra mano acariciando la piel de su muslo. No quería que se corriera sobre mi plano vientre así que solo lo acariciaba con suavidad. Evitaba pajearlo mientras Julio aceleraba el ritmo de la cabalgada. A la vez apretaba el esfínter como si quisiera arrancarme la polla.

    El que al fin se corrió fui yo dentro de su recto gimiendo y suspirando, con los ojos en blanco. Se inclinó sobre mí para volver a besarme para recorrer mi boca con su lengua hasta llegar a la campanilla. Mientras mi polla perdía su dureza y salía sola del acogedor ano.

    Quería que él me follara pero también quería saborear su lefa. Su sabor en mi lengua. Al final fue él quien lo decidió, sin bajarse de encima se movió hacia adelante. Hasta apoyar el culo en mi pecho dejándome así la polla al alcance de mi boca. No tuve más que separar los labios para que entrara el durísimo glande.

    Me encantaba pasar la lengua por la piel suave casi pulida de la punta de su nabo. Mientras sus huevos se apoyaban en mi pecho o incluso a veces me rozaban la barbilla. Claro que tampoco los dejaba en paz acariciandolos con la mano.

    Por fin me llenó la boca de semen, que no me tragué, lo retuve sobre la lengua esperando que me besara y poder compartirlo con él. No me defraudó, se bajó de encima sólo para tumbarse a mi lado.

    Buscando de nuevo mi boca con el mismo ansia que había tenido toda la tarde al besarme. Jugamos con nuestras lenguas, con la lefa y la saliva. Mientras las manos seguían recorriendo nuestros cuerpos con suavidad ya mas relajados.

    Tirados en el sofá, sin separarnos ni un milímetro seguíamos rememorando viejos tiempos y contándonos situaciones morbosas. Sobre todo estas últimas y de las que en su día no llegamos a enterarnos.

    Él había estado a punto de pillarnos con los pantalones bajados y lamiéndonos varias veces. Cuando oíamos el ruido de la puerta apenas nos daba tiempo a subirnos la ropa y poner cara de circunstancias.

    Me contó también cómo tuvo que contratar algún chapero que se pareciera a nosotros por lo cachondo que le poníamos. Y por fin me dijo que la causa de su divorcio fue el confesarle a su mujer su bisexualidad. Además de el amante que ella se beneficiaba por supuesto.

    Con todo el morbo de la conversación nuestros miembros recuperaban la verticalidad. Yo estaba rabiando por que me follara, ni nos quedaba saliva para lubricar. Así que fue a la cocina a buscar aceite de oliva con el que untar su rabo y dilatar mi ano.

    Lo esperaba de rodillas en el sofá apoyado en el respaldo y separandome las nalgas con las manos. Ya habíamos tenido juego previo, se limitó a pasar la lengua unos segundos por la raja, dejar caer el aceite desde mi espalda y entenderlo con dos dedos en mi ano. Mientras yo se lo ponía con generosidad en la polla.

    Lo de que que entró en mí como un cuchillo caliente en mantequilla, en ese caso margarina, fue literal. También es verdad que mi culo estaba acostumbrado a semejante trato pero su penetración lenta y deliberada fue de lo más placentero.

    Agarrando mi cintura empezó a moverse, suave, despacio, haciéndome notar como ser abría paso por mi carne que yo apretaba para exprimirlo. Mi polla estaba tan dura que me golpeaba el ombligo al mismo ritmo con que la suya me follaba. Solo gemíamos y disfrutábamos, suspirando y llenando el salón con nuestros gritos.

    Cuando por fin se corrió se derrumbó sobre mí espalda bufando y riéndose. Mi semen se unió a las manchas anteriores del mismo material y aceite en los cojines del mueble. Había tenido mi orgasmo casi sin tocarme. Mientras su lefa rebosaba de mi ano me dijo:

    – La próxima vez llegamos hasta la cama.

    Mi carcajada debieron oírla los vecinos. Si no nos habían oído hasta ese momento.

    – ¿Así que habrá una vez más?

    – Todas las que quieras. Y si cuando venga Mario a visitarme si queréis recordar viejos tiempos solo tienes que venir aquí. Prometo avisaros antes de entrar en la habitación no os pille comiéndoos la polla.

    – Supongo que ahora no nos importaría que entraras y puede que hasta nos gustaría te unieras.