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  • Mi marido no me satisface

    Mi marido no me satisface

    Tere:

    ¿Es un problema para ti?

    BradPitt:

    Bueno… la verdad es que no. Pero, ¿cómo lo piensas hacer?

    Tere:

    Él trabaja a menudo en otras islas. Ahora está en Lanzarote.

    BradPitt:

    Ya veo… Lo tienes todo calculado, ¿eh?

    Hablábamos a través de un chat. Para sorpresa mía, la chica buscaba sexo sin compromiso, aunque me acababa de contar que tenía novio. Era mayor que yo, tenía 38 años; yo, 32. Cuando le pregunté cómo era físicamente, me dijo sin ningún reparo:

    Tere:

    Gorda.

    Pasaron unos segundos. Yo escribía y borraba. No sabía qué poner.

    BradPitt:

    ¿Gorda?

    Tere:

    Sí, gorda, pero estoy buena, ja, ja, ja.

    Nos enviamos unas pocas fotos, y sí, era gorda, y rubia, y alta. Me gustó. Sus kilos estaban muy repartidos. Pero lo que más me gustaba era su desparpajo y su iniciativa, el hecho de que confiase en sí misma a pesar de su obesidad.

    BradPitt:

    Oye, ¿lo haces muy a menudo?

    Tere:

    ¿El qué, follar con desconocidos?

    BradPitt:

    Joder, ja, ja… Sí, eso.

    Tere:

    Para nada.

    BradPitt:

    Pues se te ve muy lanzada.

    Tere:

    Ya lo sé, pero es que estoy harta.

    BradPitt:

    ¿Harta?

    Tere:

    No disfruto con mi pareja. Es un muermo.

    Yo estaba cada vez más sorprendido, pero también más intrigado. Me gustaba ver ese deseo en una mujer.

    Al final, nos citamos en mi casa, después del trabajo. Sería una pequeña toma de contacto para comprobar si había buena química. Y vaya si la había. Parecíamos dos adolescentes en el sofá. Nos gustamos de inmediato.

    Temiendo que pudiéramos estar algo cortados, había sacado una botella de vino tinto y unas copas y lo había dejado todo en la mesa baja del salón, frente al sofá donde nos sentamos. Enseguida vi que no era necesario. Tras un minuto o dos de indecisión, nos encontrábamos ya charlando y bromeando sobre mil banalidades. Así que apenas tomamos unos sorbos.

    Ella era una tía lista, lanzada, chisposa. Conversamos distendidamente durante un rato hasta que en determinado momento las palabras empezaron a sobrar sin que nos diésemos cuenta. Empezamos a cruzar miradas pícaras, indiscretas; nos buscábamos con las manos, enredábamos los dedos, nos mirábamos a la cara, a los labios, nerviosos, riéndonos. Era todo muy gracioso, parecíamos dos chiquillos. La tensión sexual era total.

    En cierto momento, ella levantó una pierna y la metió entre las mías. Me encantó ese gesto. Fue como encender la pólvora. Nos empezamos a besar de inmediato, a mancharnos la boca con las lenguas y la saliva.

    Me encantaban sus reacciones, la sentía muy deseosa. Es algo que me enciende. Cuando llevé mi mano a su entrepierna y palpé su braga, húmeda ya, echó la cabeza hacia atrás y soltó un «¡oh!» que me puso a 100. «Cómo lo desea», pensé, «cómo lo disfruta». No hay nada mejor. Metí los dedos por debajo de la tela y la seguí palpando. Ella se abría, ofreciéndomelo. Me llevé los dedos a la nariz, como hago siempre, para aspirar su olor. Olía de miedo. Nos besamos como locos.

    Pero no teníamos mucho tiempo. Ella tuvo que irse en seguida, así que los dos nos despedimos con un calentón de campeonato. Eso sí: el veredicto era de 12 votos a favor y ninguno en contra. Por ambas partes.

    Días después, volvimos a entrar al chat.

    BradPitt:

    ¿Y tu… novio? ¿De viaje?

    Tere:

    No, en el salón, viendo el fútbol.

    BradPitt:

    No me jodas.

    Tere:

    No te jodo… Bueno, sí te jodo, ja, ja, ja. Pero es verdad, está en el salón.

    BradPitt:

    Anda, ¿él sabe que chateas?

    Tere:

    Sí. Ningún problema.

    BradPitt:

    Ah… pues muy bien.

    Tere:

    Oye, tengo que decirte una cosa.

    BradPitt:

    Suéltalo.

    Tere:

    No es mi pareja. Estoy casada.

    BradPitt:

    Tere:

    ¿Oye?

    BradPitt:

    ¿Casada?

    Tere:

    Sí. ¿Te preocupa?

    BradPitt:

    Bueno… No mucho. No sé… Supongo que no.

    Tere:

    Pues hay más.

    BradPitt:

    ¿Más?

    Tere:

    Sí, tengo tres hijos.

    BradPitt:

    Venga, tía, no vaciles.

    Tere:

    No vacilo. Pero quiero que quedemos, me encantó lo que sucedió el otro día. Quiero follar contigo.

    BradPitt:

    Joder…

    Tere:

    ¿Tú no?

    BradPitt:

    Yo… Sí, también. Claro que sí. Me pusiste como una moto, me encantó ver cómo disfrutabas.

    Tere:

    Me alegro. Pero pensé que tenía que contarte esto. No voy de lista, ¿sabes?

    BradPitt:

    Entiendo… Pues, es un detalle por tu parte. Pero… Tere, tía… ¿cómo te las vas a arreglar?

    Tere:

    No te preocupes, tú déjame a mí. ¿Este viernes te vendría bien? ¿Sobre las 11:30 de la noche?

    Dicho y hecho. Esta vez, se había arreglado algo más para la cita: se había puesto carmín, algo de sombra de ojos, una falda corta vaquera, una camiseta blanca de algodón algo ajustada, sandalias abiertas…

    ―Me imagino que está de viaje, ¿no? ―le digo nada más verla llegar, refiriéndome a su esposo.

    ―Claro.

    ―¿Lanzarote? ―le digo con una sonrisilla.

    ―No, Fuerteventura. Y los niños, dormiditos.

    ―Estás como una cabra. ¿Y si alguno te necesita? ―le pregunto.

    ―Que no pasa nada, tío, tienen mi móvil. A veces tengo migraña y voy al centro de salud de madrugada. No es tan raro.

    ―Nada, lo que tú digas ―le digo yo, asombradito de ver cómo se maneja.

    Nos volvimos a encender de inmediato. Estábamos de pie, allí en el salón, mirándonos como dos jovencillos, riéndonos y tocándonos con curiosidad, y en cuestión de minutos estábamos quitándonos la ropa, esparciéndola con descuido por el suelo. Nos besábamos con cierta desesperación, nos palpábamos el cuerpo, nos buscábamos el sexo. Íbamos dando pequeños pasos hacia el tresillo, sin despegarnos.

    Apenas éramos conscientes de lo que hacíamos. Enseguida ella se encontró echada sobre el sofá, boca arriba, con la cabeza sobre el apoyabrazos, abierta de piernas y con mi pene en la boca. Me hacía disfrutar mientras yo la masturbaba con la mano. Gemidos, respiraciones agitadas, sonido de succiones, chasquidos de saliva y piel… El salón se llenó enseguida con nuestros olores corporales.

    Mientras me chupaba, le veía las mejillas rosadas, disfrutando. Me ponía loco. De vez en cuando se la sacaba de la boca y le daba un pedazo de beso, nuestras lenguas moviéndose a todo trapo. Luego, se la daba de nuevo. Y todo esto sin dejar de mover mi mano, que la tenía entretenida en su sexo.

    Enseguida tuve ganas de penetrarla. Fui a por un condón, pero ella me detuvo.

    ―No hace falta ―dice―. Bueno, tú haz lo que quieras, pero no hace falta.

    ―¿No hace falta? ―le digo dándome la vuelta.

    ―Tomo la píldora, desde hace años.

    ―Pues… joder, por mí…

    ―¿Vamos a tu cama? ―me pregunta, y se pone de pie de un salto, se sonríe y me coge de la mano, arrastrándome―. ¿Por dónde es? ―me pregunta mientras tira de mí, girando por los pasillos oscuros, los dos descalzos.

    Ya sobre la cama, la abro de piernas, me pongo tendido boca abajo, con la cara sobre su sexo, y se lo como enterito. La forma en que la veo disfrutar me vuelve completamente loco. Ella se retuerce y me agarra del pelo con las dos manos. Sus exclamaciones de placer me ponen cardíaco: «¡oh!, ¡ahh…!, ¡ahss…assí!, ¡asssí!»

    Yo, claro está, le metía la lengua dentro, poniéndola puntiaguda, le chupaba los labios, apresándolos con los míos y estirándolos, le metía los dedos, le masajeaba el clítoris… En fin, una locura.

    En cierto momento, me despego de su sexo, con la cara manchada de su flujo, y le digo:

    ―Mmm, qué rico hueles, joder.

    Ella de pronto levanta su cabeza y me mira, curiosísima, con una cara de interés que me asombra.

    ―¿A qué? ―dice con un jadeo― ¿A qué huele?

    ―A mujer ―le digo, y nada más pronunciarlo se desploma hacia atrás y suelta un «¡ohhh!» de placer, y se abandona de nuevo a mis manipulaciones.

    Al cabo de unos minutos, nos ponemos de rodillas, frente a frente sobre el colchón, nos comemos las bocas y nos palpamos todo el cuerpo. De nuevo, parecemos dos adolescentes explorándose. Entonces, me suelta al oído:

    ―Déjame chupártela un poco.

    Yo, encantado de la vida, me echo hacia atrás, así, de rodillas, apoyándome con los brazos estirados, ofreciéndome bien duro. Ella, también de rodillas, comienza a chuparme. Al instante, una de mis manos la sujeta del pelo para sentirla mejor. De tanto en tanto, me agarro el pene por la base y la hago sufrir a ella quitándoselo de la boca, dándoselo de nuevo, azotándola en la cara. Oigo sus «¡aaaa…!», con la boca muy abierta, como buscándola. Estamos excitados como monos.

    ―Ponte a cuatro patas ―le digo entre jadeos.

    Ella lo hace, obediente y excitada, combando la espalda hacia abajo y mostrando bien su sexo. Es una pasada. Me encanta ver cómo lo desea. Haciendo un esfuerzo de voluntad ante esa visión, cambio de opinión y decido que aún no la voy a penetrar. Me inclino hacia abajo, poso mis manos en su gran culo y le abro las nalgas, apretándole la carne. Entonces, me acerco con la lengua, bien puntiaguda, y empiezo a lamerle el agujero del culo. Ella suelta un «¡ohhhh!» que me impresiona, así que se lo como con todo el interés del mundo.

    Su culo se retuerce de gusto, es una maravilla. Qué de gemidos, dios, cómo me ponía esta mujer. De vez en cuando paso unos dedos por su sexo y compruebo que lo tiene derretido como la cera de una vela encendida. Me entran unas ganas tremendas de follarla. Así que me acerco a ella de rodillas, una mano sobre su cadera, sujetándola para que no se me escape, otra en mi miembro tieso, y se la ensarto. Siento de inmediato el fuego de su sexo, que me invade el cuerpo como si mi pene fuera una toma de corriente. Me agarro a ella por las dos caderas y empiezo a follarla.

    ―¡Ohhhjjjj! ―dice Tere―, qué gorda la tienes, tío.

    Y yo, hinchado como un gallo, la penetro con todas mis ganas. De vez en cuando, ella gira su cabeza hacia mí y me busca los ojos. Son como dos flechas que se me clavan, me pone frenético. Veo su cara completamente rosada y contraída de placer y me subo de nuevo a las nubes. La veo abrir la boca en una mueca, la oigo emitir unos gemidos y jadeos desgarrados que me vuelven loco.

    Aunque la tengo bien agarrada por sus anchas caderas, ella se mueve rítmicamente conmigo, empujando hacia atrás, como deseando que le llegue hasta el fondo. En mi dormitorio, se oye el pesado «plof, plof, plof» de su pedazo de culo chocando contra mí.

    Mientras la embisto con fuerza, ella lleva una mano por debajo de sí y se toca el sexo. De vez en cuando siento sus dedos rozándome el pene, seguramente le gusta sentirlo entrar y salir de ella. La oigo respirar y jadear con desesperación. Su cuerpo se agita debajo de mí, sus nalgas vibran. De pronto, emite unos «¡oh, oh, oh, ohhhjjjj!» muy seguidos, mientras su mano se agita a mil revoluciones sobre su sexo. Se corre. Yo también estoy a punto de correrme, pero me detengo, dándole una pequeña tregua, pero sin sacársela. Entonces, respirando con agitación, dice:

    ―Qué gusto, dios… Sigue, anda, no te pares ―sigue entre jadeos.

    Yo la obedezco y no me paro. Vuelvo a asirla por las caderas y a penetrarla. Y con unos pocos movimientos vuelvo a sentir mi orgasmo a punto de llegar. Ella lo nota en mi respiración y mis gemidos, que se vuelven roncos.

    ―Espera, no te corras ―me dice con desespero, girando la cabeza hacia atrás.

    ―¿No… me corro? ―le digo un tanto apurado.

    ―Avísame ―dice―, quiero que me lo eches en la cara.

    «La madre que la parió», digo yo para mí mismo.

    ―La hostia… ―le digo a ella―. Vale.

    Y cuando estoy a punto de caramelo, ella se revuelve, se pone boca arriba, debajo de mí, y yo me masajeo el pene sobre su cara esperando el orgasmo. Los chorros se reparten por su cara. Ella los espera con la lengua fuera. Con los dedos, recoge los hilos de semen y se los pasa por los labios, como una niña mala. Menudo cuadro. Yo lo flipo. Con mala suerte, un chorrito le cae en un ojo y ella trata de quitárselo. Se pone a reír, se carcajea de buena gana. Yo también.

    Minutos después, estamos recostados sobre las almohadas. Ella me pasa un brazo por encima y apoya la cabeza sobre mi pecho, bien relajados.

    ―Y ahora voy a fumarme un cigarrito ―dice ella.

    ―¿Qué? ―le digo mirándola con fijeza, casi incorporándome―. ¡Ni de coña!

    ―Anda que no ―dice tan tranquila, y saca de su bolso la cajetilla.

    A mí no me hace ninguna gracia que fume en mi cuarto, pero la veo tan decidida que me resigno. Me levanto de un salto de la cama y voy como un rayo a abrir la ventana. Hace un poco de frío, pero es que odio el tabaco.

    ―Eres la leche ―le digo, volviéndome a recostar a su lado.

    Ella sonríe y se fuma su cigarrito. Inspira profundamente una buena calada, expulsa el humo y dice:

    ―Qué rico es follar cuando se tienen ganas.

    Yo me giro hacia ella. Sonrío. Niego con la cabeza. Pienso: «Eres de lo que no hay».

  • Mis aventuras en una app de citas (1)

    Mis aventuras en una app de citas (1)

    Tengo 51 Años y me separe algo mas de 2 años. Antes de separarme no había tenido ni con mi pareja ni con otra mujer, actividad sexual mas o menos unos 2 años.

    A mediados del año pasado decidí ingresar a varias APP de citas y aventurarme a buscar algún match; Oh sorpresa, recibí respuesta casi que inmediatamente de varias mujeres, quede impresionado de ver la cantidad de personas que pudiese conocer por este medio, claro guardando las prevenciones del caso, mas sin tener mucha experiencia en el tema del flirteo.

    Acá va mi primer “Aventura”.

    Tuve varios contactos simultáneamente, pero fue con Lily con quien tuve directamente una conversación vía chat wasap. Coincidió las vacaciones de ella, la comunicación era muy fluida a lo largo del día, fueron prácticamente dos semanas conectados permanentemente a lo largo del día, hasta que ya fueron subiendo de tono y calentando el ambiente, nos reíamos de todo, de la nada empezamos con video llamadas a altas horas de la noche algunas de ellas con episodios de Sexting muy divertidos y amenos. Acá debo ser muy explícito, veía en el móvil unos senos divinos, grandes, redondos, ella una mujer madura ya, no le importo que calentáramos el ambiente a ese nivel y claro Yo felizmente impulsado con la situación. Me sentía un adolescente nuevamente lleno de energía y ganas de follar, es así de sencillo.

    A pesar de lo emocionante de la situación, en ningún momento quise forzar en que nos encontráramos y tener una cita ya personalmente. Avanzamos hasta que finalmente un día viernes casi 3 semanas después de conocernos virtualmente, acordamos encontrarnos en un centro comercial muy cercano a mi apartamento, ello porque ella tenia una cita en el sector y eso facilito las cosas. Llego el momento, se describió como iba vestida, a lo lejos no fue difícil identificarla, me ubique “estratégicamente” en un nivel superior donde me quedaba fácil ubicarla. Me acerque y fue imposible evitar besarnos y abrazarnos. Tomamos algo, reímos, hablamos y no perdimos la oportunidad en detallarnos físicamente mutuamente. De la nada, acordamos ir a mi apartamento.

    Llegamos y ahí en la sala sin medir palabras dimos rienda suelta a esa pasión desenfrenada; me sentía mojado a chorros totalmente, insisto desde mi adolescencia no pasaba eso, sentía que el corazón se me iba a salir por la boca de la emoción, ya en la habitación nos desnudamos rápidamente, no nos despegamos un segundo, no dejamos de besarnos un segundo, no dejamos de acariciarnos un segundo.

    Ella, si sus tetas son grandes redondas divinas, la cadera no era precisamente como la había imaginado es mas no era acorde al resto de su cuerpo. Arranque yo, prendido ahí de sus bubis, las bese y mordí hasta el cansancio, ella me tomo de mis cabellos y con sus manos me dirigía hacia donde quería que pusiera mi cara, hasta que llegue a su vagina, recuerdo que olía delicioso no se a que pero era muy fuerte agradable ese olor, sus labios son gruesos, carnosos, sonara feo talvez, amplia, morena. Cada vez que hacia algo allí, morder, besar, lamer, chupar, sentía como ella se estremece y mas me apretaba la cabeza entre sus piernas. Me jala sobre ella, me acomode entre sus piernas y me decía al oído, Métemela Ya, clávame.

    Sentí enloquecerme del placer, sentí que no me podría controlar, estaba tan ansioso que no duraría nada, que pena. Solo pensaba en eso, en no quedar mal, en hacerla vibrar. Me toco parar, sentí que me vine unas góticas, me ardía la ingle de tanto hacer fuerza. Me tumbé en la cama, cuando la sentí sobre mí, estaba caliente, sentía su piel hervir, sudorosa, sin pedírselo ni guiarla, me tomo y empezó a masturbarme suavemente, me hacia con uno de sus dedos una caricia circular en la cabeza, uff espectacular y claro la mamada, lo único que puedo decir es que su boca parecía su vagina, la sensación es la misma. Me sentía como un caballo desbocado, enloquecido completamente, hacia mucho rato, muchos años no tenía una faena de esa intensidad.

    Sin medirse, ella se subió sobre mi, hizo lo que le vino en gana, la sentía como se estremecía, se vino la primera vez, gritaba, que rico, espérame y seguía ahí, ya no sabia como aguantarme me le dije, espérame me voy a venir y me dijo entre sollozos, espérame! por favor te lo pido, luego tembló y se agarro de mis vellos del pecho casi que llorando me decía, que delicia, que rico no puedo más, se bajó y aproveche nuevamente sobre ella buscando como venirme, cuando ya estuve listo lo saque para venirme sobre su vientre, me pregunto por que lo sacaste? Me tomo entre sus manos pajeo como y me vine ahí en su mano, ella no paraba de decirme, que rico, que delicia, ven, ven.

    Nos quedamos uno ahí al lado del otro, agotados, sin hablar de un momento a otro, miro el reloj, me dijo tengo que irme, ya es hora, le pedí me dejara llevarla, se negó, le pedí un transporte y estuve pendiente de su llegada a casa y pasamos nuevamente parte de la noche, chateando e intercambiando la vivencia de nuestro encuentro, claro para incrementar aun mas el placer de volver a vernos.

    Repetimos esa faena, las siguientes tardes de los sábados durante unos 2 meses, cada vez más fuerte más pasional, más intenso. Ya era una cita calcada, nos encontrábamos almorzábamos y a la cama, se alistaba un transporte y hasta el próximo sábado.

    De un momento a otro, no pudimos encontrarnos, algún evento se presento para que ella no pudiera salir a nuestro encuentro, simplemente no pregunte, no me esforcé en indagar que pasaba.

    Bajamos la intensidad de la comunicación y el contacto se fue diluyendo ahí poco a poco, nos abandonamos simplemente sin saber que fue lo que paso. Entendí que no debía insistir ni buscarla, ni presionarla.

  • Samantha: corrupción y perversión de una casada (ll)

    Samantha: corrupción y perversión de una casada (ll)

    Ya habían pasado unas horas de los acontecimientos acalorados que había vivido Samantha en aquella frutería con tan apesto sujeto. Aunque cuando llego a su casa no pudo evitar sentir esa sensación de culpa hacia su esposo y una gran tristeza por haberse dejado llevar por esas nuevas sensaciones que, si bien muy en el fondo de su ser sabía que le habían gustado, también sabía que eran prohibidas ya que era un engaño hacia su matrimonio. El haberse dejado tocar de esa forma por un hombre que no era su esposo era una traición directa hacia el amor que le tenía a él.

    Entre más le daba vueltas al tema más caía en cuenta de la estupidez que había cometido. Aunque una pequeña vocecita dentro de ella apareció y le decía que, si bien lo que había hecho no estaba bien, tampoco es que hubiera cometido un delito muy grave. -“Tan solo fue un abrazo, ¿verdad?”-, era lo que Samantha le respondía a esa vocecita y está la secundaba. Esto, aunque no la tranquilizaba del todo, si la hacía sentir un poco más aliviada. Inconscientemente ella estaba abriendo la puerta de minimizar sus faltas morales, maritales y de madre para evitar sentirse culpable de sus acciones. Acción que tarde o temprano le podría traer más problemas si no la sabia controlar.

    De reojo miro el reloj que tenía pegado en la pared de su sala y vio la hora. Como resorte se levantó del sillón y se dirigió hacia la cocina para preparar la comida y es que con la hora que era apenas y le daría tiempo de prepararla.

    Samantha se enfocó tanto en preparar la comida que poco a poco fue olvidando lo que le ocurrió en la mañana. Ya solo pensaba en terminar la comida para poder subir a su cuarto y poder darse un baño. Ya que quería recibir a sus 2 amores radiante para poder escuchar cómo les había ido en su día.

    Mientras tanto, Roberto se encontraba sentado en su oficina atendiendo una llamada con uno de sus proveedores mientras al otro lado de su escritorio sentada en una silla, una juvenil y hermosa mujer no le quitaba los ojos de encima con una mirada llena de admiración.

    -¡Carlos, tú me habías dicho que los materiales que te pedí hace 2 semanas llegarían hoy a primera hora y ve la hora, ya casi es medio día y nomás no llegan!- Roberto con un tono molesto le recriminaba al hombre que estaba del otro lado del teléfono mientras miraba la pantalla de su computadora buscando algunos documentos.

    -A mí no me interesa si el camión que los transportaba sufrió algún fallo en el motor, tú me diste tu palabra y no la estas cumpliendo. Si esos materiales no llegan a más tardar en una hora da por terminada nuestra relación laboral. Sabes que te aprecio ya que te conozco desde que trabajaba en la otra constructora, pero con esta demora mis trabajadores están parados porque no tienen con que continuar su trabajo y eso es perdida de dinero para esta constructora. Te espero en una hora o en verdad da por terminada nuestra sociedad.- Roberto colgó sin dejar que el otro sujeto pudiera decir ni una sola palabra.

    Y es que había 3 cosas que Roberto odiaba con todo su ser.

    La primera es que no se cumpliera la palabra, para él no había nada más valioso en un hombre que su palabra, si el daba su palabra era garantía que cumpliría lo pactado sin importar nada. La segunda era la impuntualidad, era un hombre que consideraba que el tiempo era más valioso que el mismo dinero ya que el tiempo perdido no regresaba. De hecho, la mayor cantidad de peleas que Roberto tuvo con Samantha en su etapa de novios era por la impuntualidad de su ahora esposa. Y es que Samantha tardaba horas eligiendo que ropa usaría y que peinado se haría.

    Y la tercera cosa que odiaba incluso más que las otras 2 era la traición. Las pocas personas que llegaron a traicionarlo en su vida habían conocido un lado muy violento de Roberto. Incluso el no recordaba lo que hacía cuando la ira lo controlaba por completo.

    -Una disculpa Ivonne, no quería que presenciaras esto, pero no me gusta la impuntualidad ni que alguien no cumpla su palabra- Roberto dirigía su mirada hacia la joven con una tenue sonrisa en su rostro como forma de relajar la situación.

    -No se preocupe señor Roberto, entiendo perfectamente. Al final no por nada es uno de los mejores ingenieros de la ciudad- la joven le respondía en señal de total respeto y admiración hacia aquel hombre.

    -Jajaja gracias por tus palabras muchacha pero aún estoy lejos de tener esa fama- el hombre con una risa natural por tan elocuentes palabras le respondía a la chica.

    -Para nada señor. Mi papá me dijo que usted fue su mejor alumno en todos los años en que el ejerció de docente en la Universidad. Aparte lo investigue y pude ver los trabajos de ha hecho en diferentes partes de la ciudad y las ciudades vecinas.- Ivonne no terminaba de deshacerse en elogios hacia Roberto y es que todo lo que decía eran cosas ciertas aunado que la joven amaba esa profesión, tener a ese hombre delante de ella era como si alguna adolescente tuviera al ídolo musical de moda.

    -El maestro Ignacio, sin duda alguna fue el mejor maestro que tuve durante la Universidad. Aunque eso sí, muy regañón jajaja- ambos reían con eso ultimo. -Así que tú eres su pequeña Ivonne. Aún recuerdo cuando a veces te llevaba a la Universidad porque no tenía quien te cuidara y te la pasabas corriendo y gritando por los pasillos haciendo que tu padre saliera a cada rato a buscarte jajaja- la muchacha no pudo evitar sonrojarse y esbozar una sonrisa de pena por esos recuerdos donde ella era la protagonista. -Pero ahora mírate, ya toda una señorita y tan solo a 6 meses de terminar tu carrera de Ingeniería Civil. Muchas felicidades- el hombre con sincera alegría felicitaba a la chica.

    -¡Ay muchísimas gracias, señor Roberto! En verdad es que aprecio mucho sus palabras. Supongo que esas idas a la Universidad y chutarme esas clases de mi papá desde que era niña tuvieron que ver en haberle tomado amor a esta profesión. Pero supongo que sabe a lo que vine, verdad?- la joven le preguntaba a Roberto mientras se acomodaba de mejor forma en la silla.

    -Claro que lo se. El otro día tu papá me marco por teléfono y me pidió de favor que te aceptara tu solicitud de hacer tu servicio bajo mi tutela. Claro está que si estás aquí es porque acepte. Así que, estas lista para empezar?- Roberto le hacia la pregunta mientras inclinaba su torso hacia su escritorio y ponía sus codos sobre este en señal de estar expectante a su respuesta.

    -¡Siii! ¡Claro que estoy lista!- con mucha efusividad le respondía a Roberto. Era la primera vez que dejaría lo teórico de la carrera y entraría a la práctica. Y lo haría con nada más y nada menos que el mejor alumno de su padre. Ambas cosas la hacían tener una gran emoción que termino por explotar al responder esa pregunta.

    -Esa es la actitud que me gusta ver Ivonne. Sin lugar a dudas naciste para esto. Pero dado a que los materiales como viste aun no llegan. Hoy solo te daré un tour por el edifico para que conozcas a todos y luego te llevare al lugar donde estamos construyendo el nuevo edificio para que también conozcas a los albañiles que trabajan conmigo.- levantándose de su asiento y tomando sus planos, Roberto se puso a un lado de Ivonne mientras este le extendía su mano en señal de que se apoyara de esta para que se levantara.

    -Este… si… claro…- Ivonne le respondía con cierto desánimo. Y es que ella sentía un cierto desprecio a las personas inferiores a ella. La idea de conocer a los demás ingenieros que trabajaban en el edificio le resultaba fascinante. Pero el ir a la construcción para ser presentada con unos sucios y apestosos albañiles no le era nada agradable.

    Ya levantada de su silla y tomando su bolso. Ambos salieron de la oficina mientras Roberto iba presentando a Ivonne con cualquier persona que se le ponía enfrente.

    Ya en la casa Jauregui. Samantha estaba saliendo de bañarse, tan solo llevaba una tolla enredada en su cabello y otra que tapaba su cuerpo, misma que le llegaba un poco arriba de la media pierna y tenía un nudo arriba de sus pechos.

    Se dirigió a su tocador y tomo su crema corporal, comenzó por ponerse por sus brazos, luego subió un pie arriba de un pequeño banco que le servía para sentarse delante de su tocador y procedió a ponerse crema por lo largo y ancho de esa esbelta y bien tonificada pierna lo mismo hizo con la otra. Cada que subía un pie a ese banco, su toalla se abría dejando a la vista su vagina en la cual se podían ver unos vellos púbicos rojizos tanto arriba como alrededor de sus carnosos labios vaginales. Desde que se había casado, Samantha ya no procuraba el depilarse esa zona porque Roberto se lo había pedido. Ya que el hombre pensaba que solo las mujeres de la vida galante eran las que hacían esa práctica. Aparte no es como que a ella le creciera mucho vello, apenas y se le veían unos pocos.

    Ya teniendo sus extremidades humectadas se sentó en el pequeño banco y saco sus maquillajes. Quería darle una muy buena bienvenida a su esposo como en los viejos tiempos cuando solo eran ellos 2 y ella siempre lo recibía bien vestida para cenar juntos.

    Se quito la toalla que tapaba su cabellera y se miró en el espejo. Era hermosa la vista que tenía, su largo y rojizo cabello estaba completamente alborotado, pero de una forma muy sexy, hasta a Samantha le gustaba como se le veía. Le hacía recordar cuando salía de antro con el cabello suelto y como era el centro de atención. Recordando esas imágenes rápidamente saco su labial rojo, unas sombras de ojos de color negra y comenzó a maquillarse como en aquellos tiempos, una risa salió de su boca como si de una travesura se tratara. Después de unos minutos había terminado, se miraba en el espejo y no podía creer que se viera exactamente como en aquellos tiempos. Sus labios carnosos se veían más que exquisitos pintados con ese color rojo y sus ojos con esas sombras negras hacían más penetrante el color miel de sus pupilas.

    Mientras se veía en el espejo una idea le cruzo por su cabeza, una idea que le hacía sentir un ligero calorcito por todo su cuerpo y hacia morderse su labio inferior. Volteando a todas las direcciones de su habitación verificando que de verdad se encontraba sola, se levantó y se dirigió corriendo a su ropero, abrió uno de los cajones que era donde guardaba su ropa interior y metió su mano hasta el fondo, después de unos segundos su mano salió con algo parecido a una bola de la cual colgaban hilos. Poco a poco fue separando esos delgados hilos hasta que se pudo distinguir que se trataban de tangas, unas 4 tangas eran las que se podían ver.

    No era que ella usara ese tipo de prendas o bueno, no desde que se casó, era una prenda que no le gustaba a Roberto (para variar) que ella usara. Esas tangas habían sido regalos de cumpleaños pasados que sus amigas de su antigua casa le habían dado. Eran regalos en tono de broma ya que para esas señoras también resultaban inmoral el usar esas prendas. Si supieran esas mujeres que cada 15 días sus esposos iban a algún Table Dance a gastar grandes cantidades de dinero para quitarles con los dientes la tanga a alguna bailarina.

    Pronto vio una que le llamo mucho la atención, era una diminuta tanga de hilo dental color roja que en la parte trasera un corazón de metal unía los 3 hilos. Haciendo memoria, no recordaba ella el haber usado una tanga tan pequeña y atrevida en sus épocas de juventud.

    Dejando de pensar en esas cosas, tomo la prenda mientras se dirigía a un espejo de cuerpo completo que tenía a un lado de su tocador. Aun con su toalla enrollada en su cuerpo la casada se paró delante del espejo y comenzó a ponerse la tanga por debajo de la toalla. Y es que desde que se volvió madre, Samantha comenzó a tener cierto pudor hacia su propio cuerpo. El verse desnuda delante de un espejo o hacer el amor con su esposo con la luz encendida no le gustaba. Pero en ese momento estando sola en su cuarto y sin nadie cercano a su alrededor, hizo que la mujer se llenara de valor y se desprendió de su tolla dejando al descubierto su cuerpo casi desnudo.

    No recordaba cuando había sido la última vez que se había parado delante de un espejo para mirarse semi desnuda pero ahora que lo hacía no podía evitar dibujar una gran sonrisa en su rostro llena de orgullo y seguridad. Veía como su piel mantenía un brillo radiante y saludable, miro como sus pechos aun con los años seguían firmes como un par de cantaros de miel con sus aureolas y pezones de un color rosado. Posando ambas manos debajo de sus pechos para sopesarlos, podía sentirlos pesados y duros, pero a la vez tersos y suaves. Poco a poco fue subiendo el dedo índice de cada una de sus manos y comenzó a hacer círculos en sus aureolas hasta que hicieron su aparición un par de botoncitos rosados. Mientras su mirada bajaba también lo hacia su mano derecha acariciando toda su piel hasta llegar a su vientre, este era plano y suave sin ninguna estría. Su mirada continuo con su descenso hasta que pudo apreciar cómo se le veía puesta esa tanga roja.

    Su rostro se ruborizo y se tapó su boca mientras soltaba una serie de risas. Y es que la tela de la tanga era tan pequeña de adelante que sus labios vaginales terminaron comiéndose gran parte de esta.

    Su mano derecha bajo hasta tomar y apretar con su dedo índice y pulgar sus labios vaginales uno contra el otro haciéndolos ver más abultados de lo normal, mientras inclinaba su cabeza hacia su lado izquierda y observaba eso con una sonrisa en su rostro mientras pensaba.

    “Ay dios. Mi mamá tenía razón. Si estoy muy panochuda jiji”- mientras recordaba cuando su madre le decía en tono de burla si es que la veía con leggins o alguna prenda ajustada que le hacía resaltar su vagina.

    Dejando de jugar con su pecho y su vagina. Samantha se volteo un poco para poder apreciar sus nalgas. Veía como un pequeño hilo rojo adornaba un costado de su cadera y este terminaba de unirse con el corazón de mental. Torciendo un poco más su torso podía ver de mejor manera como otro de los hilos se perdía por en medio de sus nalgas dando la sensación de que ese par de montañas de carne lo habían devorado.

    Todas estas poses y vistas hacia su cuerpo le hacían aumentar el calor dentro de ella. El verse bien maquillada con su cabello rojizo suelto y solo usando una diminuta tanga de hilo dental la hacía sentirse sexy. Una sensación que no sentía desde hace muchísimos años.

    Mientras la escultural casada jugaba y miraba sus nalgas en el espejo. Otra idea le inundo su cabeza y aunque su lado recatado quiso evitarlo, Samantha ni siquiera le prestó atención y rápidamente tomo su celular y se dirigió a su cámara.

    El mismo vacío en su estómago que había sentido con las caricias de aquel viejo se hacía presente. -“Estas loca”- era lo que pensaba la mujer mientras apuntaba la lente de su cámara hacia el reflejo de su espejo y capturaba la imagen de sus nalgotas adornadas por esos hilos rojos con el corazón de mental mientras de fondo se podía ver claramente su rostro y como ella se mordía su labio inferior.

    -¡Wow!- fue lo primero que salió de los labios de la mujer al ver tan nítida foto en la galería de su teléfono. La mujer con sus dedos acercaba y alejaba la imagen para poder contemplar cada centímetro de su piel desnuda.

    -¿Y si me tomo otra?- Samantha ya algo excitada se cuestionaba si sería buena idea el continuar con tan erótica sesión de fotos.

    Sin responderse, poso delante del espejo, pero ahora de frente. Aun con un poco de pudor decidió taparse sus pechos con el antebrazo y mano de uno de sus brazos mientras que con la otra mano sostenía su teléfono para tomar la foto. Miro desde su teléfono que la tanga seguía perdida en medio de sus labios vaginales, pero en vez de apenarla solo le hizo que le aumentara más la calentura y sin más tomo la foto.

    Volvió a meterse a su galería de fotos y ahí estaba esa segunda foto al lado de la primera. Pero a diferencia de la primera, en esta se podía ver más claramente su rostro y como este se encontraba colorado por la calentura que todo eso le resultaban. Y es que Samantha jamás se había tomado fotos denuda ni cuando andaba de novia con Roberto. En pláticas con sus amigas, ella había escuchado que ellas si se habían tomado fotos desnudas para mandárselas a sus novios. Algunas habían llegado más allá y hasta se habían grabado mientras se tocaban y se las habían mandado.

    A Samantha nunca le había llamado la atención eso y a Roberto mucho menos el pedirle fotos desnudas o en ropa interior a su amada. Así que eso le parecía algo burdo y hasta cierto punto infantil. Pero en este momento le resultaba todo lo contrario. Y es que más que lo sexual, le resultaba placentero el poder enmarcar lo que para ella era una travesura sin contar que le comenzaba a tomar cierto amor a su cuerpo como cuando era más joven.

    La casada ya se disponía a tomarse otra foto, pero esta vez sin ocultar sus pechos y es que todo esto ya la tenía que hervía en calentura, hasta se podía apreciar que los labios vaginales ya tenían un brillo rojizo y la poca tela que se mantenía fuera de estos, ya tenían una mancha de sus jugos.

    Ya había tomado una pose sugerente, abriendo sus piernas para que su vagina fuera más visible y con su mano libre tomaba el hilo lateral de la tanga mientras lo estiraba hacia arriba, todo esto con una sonrisa coqueta en su rostro. Ya dirigía su dedo hacia el botón para tomarse la foto cuando de repente unos ruidos y una voz familiar la saco de su estado de calentura.

    -¡Toc! ¡Toc! ¡Toc! ¡Ya llegué mamá!- su hijo desde afuera tocaba la puerta y le gritaba a su madre para que le abriera.

    -A… a… a… ahí voy mi amor, e.. e… es que me estaba cambiando- la mujer tartamudeando por el susto rápidamente se enredaba de nueva cuenta la toalla y asomaba su rostro por el balcón para decirle a su hijo que ya bajaba.

    Rápidamente se dirigió hacia su ropero y tomo lo primero que vio. Era un vestido primaveral de color rojo con estampados de flores blancas. El vestido era de vuelo que le llegaba poco abajo de media pierna, en medio contaba con un cinto de color blanco que acentuaba su delgada cintura y de la parte de arriba era de tirantes con un escote algo pronunciado que dejaba a la vista una buena visión de sus grandes pechos.

    Por los nervios de sentirse casi descubierta y la prisa de abrirle a su hijo, olvido ponerse un brasier y así sin más cerró la puerta de su cuarto y se dirigió a abrirle la puerta su hijo.

    Samantha no se daba cuenta, pero con ese caminar apresurado que llevaba hacía que sus pechos se bambolearan libres debajo del vestido.

    -Hola mi amor! Pasa, pasa y cuéntame cómo te fue en tu primer día de clases- aun un poco alterada, Samantha abría la puerta y dándole ligeros golpes en la espalda en forma de que se apresurara, metía a su hijo. Como si en la calle se encontrara alguien que hubiera visto las cosas que estaba haciendo hace unos segundos en su recamara.

    -Ya voy, ya voy mamá no me estes empujando- con un tono fastidiado le respondía el puberto y es que le había tocado venirse caminando desde la escuela. Si bien esta se encontraba a unas cuantas cuadras de su casa. La poca condición física que tenía el chico sumando el gran calor que, hacia afuera, le había hecho sentir que había caminado por todo un desierto hasta llegar a su casa.

    -Disculpa mi amor. ¿Quieres que te traiga un vaso de agua?- su madre le decía mientras se dirigía a la cocina en busca de algún vaso para servirle del vital líquido y el chico no pudiera ver lo colorada que aún tenía su cara.

    -Mejor un vaso de refresco, mamá- le respondía el chico mientras se desparramaba en uno de los sillones de la sala.

    Si bien, tanto Roberto como ella ya habían acordado el reducirle la comida chatarra a Daniel para que bajara de peso. En ese momento Samantha creyó que no era necesario ser tan estricta con su hijo, venia asoleado como para hacerlo enojar. Además, aun sentía los nervios por lo que había hecho hace unos minutos. No se sentía con la calidad moral de decirle que era bueno y que era malo. Así que mejor se dirigió al refrigerador y le sirvió un poco en el vaso.

    -Aquí tienes mi vida. Ahora si cuéntame cómo te fue en tu primer día de clas… hummm…-Samantha le había dado el vaso a su hijo y cuando estaba posando sus nalgas en el sillon que estaba a un lado de él, no pudo evitar dar un gemido entre sorpresa y placer.

    Y es que la mujer había olvidado la diminuta prenda interior que llevaba puesta. Esa que en su mente solo usaría para tomarse esas fotos eróticas y luego se quitaría, pero por las prisas de abrirle a su hijo había olvidado quitársela.

    Samantha cuando se había sentado, sus caderas y nalgas aumentaran de volumen, haciendo que los hilos laterales de la tanga se tuvieran que estirar a lo máximo y que el hilo que se encontraba en el fondo de ese par nalgas se incrustara directo en su rosado y virginal ano haciéndola sentir esa placentera, pero sorpresiva sensación. Sin mencionar que también de la parte de adelante la tela que la vagina se estaba comiendo se estiro dándole un rico rose en su pequeño clítoris.

    -¿Te encuentras bien mami?- el chico con una cara confundida le preguntaba a su madre. Intentando entender el motivo de ese grito tan raro que había dado su madre.

    -Humm… Si… hijo… estoy bien humm… solo que me lastime un poco… al sentarm… hummm…- Samantha le decía a su hijo mientras intentaba mover con sus caderas ese hilo invasor que con cada movimiento que esta hacía, el hilo más se incrustaba y rosaba su ano.

    -Bueeeno… te decía, cuando entre al salón…- el escuincle relataba su día a su madre sin prestarle más atención a los movimientos que esta hacía en el sillón.

    Mientras tanto, Samantha apenas y le prestaba atención a su hijo. Intentaba mantener su rostro con una sonrisa mientras su hijo hablaba. Pero entre más continuaba el meneo de caderas, más el hilo le hacía sentir sensaciones nuevas y placenteras. Sentía una rica comezón en su ano, haciendo que este por mero instinto comenzara a abrirse y cerrarse intentado así mitigar esa comezón.

    La curvilínea madre ya ni siquiera escuchaba a su hijo. Su cuerpo estaba en esa sala, pero su mente estaba en un lugar lejano donde solo sentía tan exquisitas sensaciones. Ya su meneo de caderas no era para detener esas sensaciones sino para que aumentaran.

    -¡MAMÁ!- fue el grito que hizo que la mujer diera un pequeño brinco del susto.

    -Te estoy hablando y no me haces caso. ¿Quieres ir al baño? Veo que te mueves mucho en el sillón, parece que ya te haces pipí- el chico le recriminaba a su madre por su falta de atención. Pero también le preguntaba por todos esos movimientos que hacia su progenitora en el sillón. La conocía y sabía que no era normal su comportamiento.

    -Disculpa mi cielo, prometo ya ponerte atención. Es que aun siento un pequeño dolorcito jijiji- la prudencia de a poco volvió a la mujer y aunque aún sentía esa fuerte presión de esa diminuta prenda en sus 2 orificios íntimos. Se limito a dejar de mover sus caderas para que esas sensaciones no fueran tan intensas y disimuladamente poniéndose un cojín en las piernas, la mujer metió una de sus manos debajo de su vestido para sacar la parte delantera de la tanga de su ya húmeda panocha.

    Ya mucho más tranquila, la ama de casa reanudo su conversación con su primogénito. Escuchaba las cosas que le decía su hijo sobre los diferentes compañeros y maestros que le habían tocado en este curso escolar. La mujer se asombraba que por lo que le contaba su hijo, la escuela prácticamente se encontraba exactamente igual que como cuando ella estudiaba ahí.

    Estaban madre e hijo muy entretenidos platicando cuando de repente escucharon abrir la puerta. Asomándose ambos vieron que Roberto al fin había llegado. Tanto madre como hijo se acercaron a él para darle su bienvenida. Daniel lo abrazo de la cintura y Samantha desde atrás de Daniel, abrazo del cuello a Roberto y le dio un beso en los labios, al cual el hombre respondió.

    La imagen era hermosa, demostraba lo amorosa y unida que era la familia.

    -Si así me van a recibir todos los días que venga a comer, entonces ya no faltare a ninguna comida jaja- un muy alegre Roberto decía mientras se despegaba de los labios de su esposa y despeinaba a su hijo mientras le acariciaba su cabeza de manera rápida.

    -Pero por supuesto que si amor. Para que veas de lo que te pierdes por no venir tan seguido a comer con nosotros- comentaba Samantha mientras se daba una vuelta para lucir que se había arreglado.

    -Sigues tan hermosa como aquel primer día que te vi en la Universidad- el hombre sin quitarle los ojos de encima le decía a su esposa. Y es que el verla con ese maquillaje y el cabello suelto, le hacían recordar exactamente ese primer día que la conoció y quedo profundamente enamorado de ella.

    -¡Iugh! Si siguen así voy a vomitar- Daniel al ver tan bochornosa escena de sus padres. Prefirió romper el momento antes de seguir escuchándolos decir lo mucho que se amaban o se dieran otro beso.

    -Jajaja. Ya te voy a ver cuándo tú también andes de enamorado de alguna muchacha y le digas que la quieres. También te diré que me harán vomitar- Roberto en tono de burla le decía a Daniel mientras le soltaba leves golpes en su torso y rostro en forma de juego, mismos que Daniel intentaba esquivar y le soltaba uno que otro a su padre.

    -¡Basta! Ya saben que no me gusta que jueguen a los golpes. Y no digas eso amor, mi bebé aún está muy chiquito para enamorarse o tener novia- Samantha como si se tratara de una referee, se metía en medio de ambos para separarlos mientras abrazaba a su hijo, haciendo que el rostro de este quedara en medio de sus pechos.

    -Solo estamos jugando amor jajaja. Aparte así tiene que jugar un padre con su hijo para que se haga hombre, ¿o quieres que ande jugando con muñecas?- decía Roberto -Si mamá, solo estamos jugando- secundaba su hijo sacando su rostro de los pechos de su madre.

    -¡Hombres tenían que ser!- dirigiendo sus ojos hacia arriba y moviendo su cabeza en negación, la casada les respondía a ambos. -Bueno, váyanse a lavar las manos que la comida ya está lista- Samantha soltando a su hijo y entrando a la cocina le decía al par.

    Tanto padre como hijo salieron como rayo hacia el lavamanos intentando uno ganarle al otro. Y es que a diferencia de lo que mucha gente podría pensar por el carácter de Roberto, es que él era muy cariñoso con su hijo. Intentaba ser el padre que a él le hubiera gustado tener. Y no es que su difunto padre fuera malo, tan solo que él nunca fue muy afectuoso con Roberto. Así que no quería cometer el mismo error con su hijo. Siempre intentaba jugar con el algún videojuego, aunque no le entendiera mucho o a escondidas de Samantha, jugaban luchitas. Y aunque a Daniel no le gustaba el futbol, siempre se sentaba con su papá a ver el partido de su equipo favorito. Era un lazo de padre e hijo muy fuerte el cual a Samantha le gustaba ver ya que ella sabía esa historia de la infancia de Roberto con su padre.

    -¡Mamá, muchas gracias por hacer enchiladas!- ya estando todos sentados en la mesa. El joven le daba las gracias a su madre mientras se levantaba y le daba un abrazo.

    -Te lo mereces por hoy ser tu primer día de clases amor- Samantha con una gran sonrisa por ver a su hijo feliz le respondía mientras lo abrazaba.

    -Por cierto, cuéntame que tal te fue en tu primer día de clases, hijo?- Roberto dejando de comer por un momento le preguntaba a su hijo.

    -Pues le decía a mi mamá que me fue bien. No hay alberca como en el colegio que estaba antes y los salones son menos cómodos, pero estuvo divertido.- le decía Daniel mientras soltaba a su madre y se sentaba de nuevo en su silla.

    -Me da gusto que te fuera bien hijo. Y no te preocupes, según estuve calculando y solo tendrás que estar en esa escuela 6 meses. En la junta que tuve hoy con los accionistas de la empresa, me dijeron que estaban muy felices con mi desempeño y me aumentarían el sueldo si todo sale bien en este proyecto en el que estoy trabajando- un orgulloso Roberto le daba tan buena noticia a su familia.

    -¡¿En verdad amor?! ¡No sabes que gusto me da el escuchar eso!- ahora era Samantha la que se levantaba de su silla e iba a abrazar y darle un beso en la mejilla a su esposo.

    -Así es. Por eso quise venir a comer con ustedes para darles esta buena noticia. Ya pronto volveremos a tener la vida que teníamos antes- el orgulloso esposo les decía mientras con una mano tomaba la mano de su hijo y con la otra tomaba la mano de su esposa y la daba un beso en ella.

    -Qué bueno papá. Por fin podre volver a ver a mis amigos- Daniel con mucha alegría le respondía a su padre. -Cambiando de tema, te mando saludos el director. Me lo encontré en la hora del recreo y me dijo que le encantaría charlar contigo. Que se ve que eres un hombre de mundo como él y podrían tener una muy buena platica- decía el chico mientras continuaba comiendo sus enchiladas.

    -¡Jajaja!- Su padre al escuchar eso no puedo evitar escupir el bocado que tenía en la boca. -Ese hombre lo único que tiene de mundo es esa enorme panza. No estoy como para perder mi tiempo platicando de trivialidades con alguien como él. Pero gracias por darme el recado hijo- el padre tomando del hombro a su hijo le agradecía por el recado y haberle sacado una carcajada.

    Si había algo que le molestaba de Roberto a Samantha de sobre manera era la forma tan despectiva con la que se refería en ocasiones a personas a las que el tachaba de inferiores a él. Era una pelea en la que habían vivido prácticamente desde que se hicieron novios pero que con el pasar de los años, ella había hecho que el disminuyera considerablemente esa conducta.

    -No seas así Roberto. El director de buena gente te mando esa invitación. Tal vez y te lleves una sorpresa con el- la mujer le decía a su esposo en un tono serio y algo molesto.

    -Perdón amor, no fue mi intención el ser despectivo con ese hombre. Pero es que si lo vieras te darías cuenta de que no tiene tema de conversación. Es el director, pero por su forma de vestir pareciera un don nadie, si o no hijo jajaja- Roberto le decía su hijo el cual también entre risas le decía que sí. Esta actitud de ambos más molestaba a Samantha porque no quería que su hijo fuera así.

    -Pues entonces yo podría ir en tu nombre y tener esa charla con el director para ver si tiene o no tiene tema de conversación- Samantha había hecho esa sugerencia desde el enojo. No es que quisiera ir a gastar parte de su mañana en una plática con el director de la escuela de su hijo. Pero tampoco quería darle el gane a su esposo.

    -¡Si! Ve tu. Me harías un gran favor. Así en vez de perder yo la mañana, la pierdes tu jajaja- en otro momento y con otra persona, Roberto se hubiera molestado con su esposa al sugerir eso de irse a encerrar a la oficina de otro hombre. Pero ahorita con lo feliz que estaba y sabiendo que ese hombre era un don nadie sin ningún atractivo visual, se le hizo gracioso el seguirle la corriente a su molesta esposa.

    -Ya no estén peleando. La próxima semana va a ver una junta con los padres de familia para que conozcan a los maestros y director. Ahí si quieren se ponen a platicar los 3. Ya déjenme comer mis enchiladas tranquilo- un molesto Daniel les recriminaba a sus padres. Estos asombrando por la actitud de su hijo y con cierta pena por andar tomando esa actitud tan infantil delante de él guardaban otra vez la compostura y se sentaban a comer.

    La familia continuo su comida sin mayores aspavientos. Tan solo escuchaban a su hijo el contarles sobre su día y cuales materias eran las que llevaría en ese curso.

    -Samantha, también deberías de comprarle el uniforme a Daniel de una vez. No quiero que le vayan a llamar la atención por no llevarlo- Roberto le comentaba a su mujer mientras se levantaba de la mesa para llevar su plato al fregadero.

    -Tienes razón. Pero no sé dónde vendan el uniforme. En la mañana cuando fui hacer las compras de la comida pase por donde antes vendían uniformes, pero ya cerraron- una pensativa Samantha le respondía a su esposo mientras posaba una mano en su barbilla en señal de estar pensando. -¡Ya se!- decía con una sonrisa. -Puedo ir a preguntarle a Doña Carmen- le decía la mujer.

    -¿Doña Carmen? ¿La doña Carmen que yo conozco?- un confundido Roberto preguntaba mientras terminaba de lavarse las manos.

    -Jajaja si, esa mera.- afirmaba la mujer. -De hecho, en la mañana que estaba haciendo las compras me la encontré y me invito a su casa para conocer su local de ropa, amor- también levantándose de la mesa y llevando su plato al fregadero, la mujer le decía a su esposo.

    -Que gusto saber que Doña Carmen se encuentra bien- Roberto no pudo evitar sonreír al recordar aquella mujer.

    ¿Quién es Doña Carmen?- aun en la mesa, Daniel les preguntaba a sus padres por tan famosa mujer.

    -Gracias a esa mujer es que tu madre y yo estamos juntos- le respondía su padre. -Recuerdas que al principio tus papás no me querían y era Doña Carmen la que le echaba mentiras a tus papás diciéndoles que ella te había mandado a algún mandado y no era cierto, sino que estabas conmigo en el parque que está a 2 cuadras? jajaja- Roberto entre risas le preguntaba a su esposa sobre aquellas anécdotas.

    -Claro que recuerdo jijiji. Pero al final te los ganaste. Tanto que mi mamá se preocupaba más por darte de comer a ti que a mí cuando venias y mi papá siempre te invitaba a ver el futbol con una botana y sus respectivas cervezas- mientras decía eso, la mujer abrazaba al hombre y ponía su cabeza en su pecho.

    -Si, por eso no me alcanzara la vida para agradecerles lo buenos que fueron conmigo y sobre todo el permitirme ser el novio y a la postre el esposo de su mayor tesoro- mientras Roberto decía eso. Pudo ver como de los ojos de su esposa salieron unas lágrimas. El hombre había pensado que eran lágrimas de tristeza ya que le había recordado a sus padres, pero en realidad eran lágrimas de felicidad al escuchar tan hermosas palabras. -Pero bueno, ¿entonces iras a visitar a Doña Carmen?- le preguntaba Roberto intentando salir de tan incómoda situación con su esposa.

    -Este… sí. Sirve y mato a 2 pájaros de un tiro. Voy a conocer su local y le pregunto sobre donde venden los uniformes- Samantha limpiándose las lágrimas le respondía a Roberto.

    -Bueno, pero te llevas a Daniel. No quiero que andes sola en la calle.- mirando a su hijo, Roberto le decía a Samantha. -Bueno me ire a lavar los dientes y me voy porque tengo muchas cosas que hacer en el trabajo- separándose de su esposa el hombre se fue del comedor.

    Cuando Roberto había terminado de cepillarse los dientes y darse otra peinada. Se dirigió a la cocina y vio que su esposa estaba terminando de lavar los platos mientras que su hijo le ayudaba a limpiar la mesa.

    Tomando su cartera, saco unos billetes de alta denominación y se los entregó a su esposa.

    -Toma, creo que con eso es más que suficiente para las compras que harás, no?- el hombre le preguntaba a su esposa mientras mantenía su cartera abierta por si acaso ella le pedía un poco más.

    -Con esto es mucho más que suficiente, amor. Con esto hasta 10 uniformes le puedo comprar jijiji- la mujer riendo le respondía dado a la cantidad de dinero que le había dado como si el uniforme lo fueran a comprar en alguna boutique de renombre.

    -Bueno…- Roberto hizo una pausa mientras miraba de pies a cabeza a su esposa. -Vas a salir vestida así?- le preguntaba mientras apuntaba al escote generoso que tenía su vestido.

    -Pues… pues… si o tú qué opinas, amor?- la casada sintiendo cierta vergüenza por tal pregunta, le preguntaba a su esposo en un tono sumiso.

    -Sabes que no me gusta que andes enseñando de más en la calle. Eso se puede tomar a malas interpretaciones. Aparte ya no estas en edad para vestir así en la calle, Samantha- en un tono serio y autoritario. El hombre le respondía a su sumisa esposa.

    -Si… verdad? Ja! De seguro me veo ridícula como me arregle hoy- todo lo que había vivido en esa sesión fotográfica en donde hasta se había sentido orgullosa por su cuerpo. Incluso esas palabras tan bonitas que le había dicho el viejo verdulero habían sido tiradas a la basura. El escuchar a su esposo referirse de manera tan cruel hacia ella, habían destruido de nueva cuenta la poca autoestima que había ganado esa mañana.

    -No ridícula. Pero Samantha, por favor, ya no eres una joven para vestir así. Nomás falta que luego quieras usar minifaldas y zapatillas de nuevo como cuando estábamos en la Universidad jajaja- el hombre riendo de forma burlona le daba un beso en la mejilla mientras se despedía. -En la noche nos vemos. Se cuidan y me saludas a Doña Carmen- Roberto se despidió también de su hijo y salió de la casa con rumbo a su trabajo.

    Una cabizbaja Samantha pensaba en esas palabras que su esposo le había dicho mientras tenía recargadas sus nalgas en el fregadero y sostenía un plato con sus manos. Mientras más pensaba en eso, más creía y aceptaba lo que le había dicho su esposo, haciendo que unas lágrimas rodaran por sus mejillas. La mujer absorta en esas palabras y pensamientos había perdido la noción del tiempo hasta que una voz la regreso en sí.

    -¡Mami ya acabe!- era su hijo que se asomaba por la puerta de la cocina para notificarle que ya había acabado con el quehacer que le habían puesto.

    -Qu…e… que… bueno mi amor- la casada volteaba su rostro para limpiarse las lágrimas y que su hijo no las viera, pero había sido muy lenta ya que su hijo la alcanzo a ver.

    -¿Qué tienes mami? ¿Por qué lloras?- Daniel acercándosele a su madre y poniendo una mano en su mejilla le preguntaba.

    -Nada mi cielo. Solo que me entro un poco de jabón en el ojo ahorita que estaba lavando los trastes y por eso me salieron lagrimas- Samantha le respondía a su hijo con una sonrisa, mientras lo tomaba de la nuca con ambas manos y lo presionaba en su pecho de una forma maternal.

    -¿Sheguda magmi?- al chico apenas y se le entendía lo que quería decir ya que, por tener su rostro tan presionado entre esos globos de carne, eran más balbuceos que palabras lo que decía.

    -Si mi vida- le reafirmaba su madre. -Mejor dime si ya estas listo para ir a comprarte el uniforme. No quiero que se nos haga noche afuera- separando a su hijo de ella, le preguntaba mientras posaba ambas manos en sus hombros.

    -Si, ya estoy listo mami- le respondía su hijo

    -Muy bien, solo subo a cambiarme de ropa y nos vam…- la mujer apenas iba a terminar la palabra cuando su hijo la interrumpió.

    -¡Nooo mamaaa! ¡Vas a tardar horas cambiándote! Mejor vete así ya que más al rato me voy a conectar con mis amigos para jugar- el chico ya sabiendo lo que su madre tardaba en elegir la ropa y en estar lista. Se adelanto a eso y prefirió cortar con esa idea de su madre.

    -Pe.. pe… pero mi amor, esta ropa que estoy usando no se me ve bien, déjame ir a cambiarme, ¿si?- la madre negociaba con el chico como si de su mismo esposo se tratara.

    -No mamá, si te espero vas a tardar mucho y ya no me poder conectar con mis amigos al rato- Samantha sabía que cuando su hijo se ponía en ese plan, no había poder humano que lo hiciera cambiar de decisión. Así que resignada, tomo el dinero que le había dado su esposo y salieron de su casa. Pero antes de salir, Samantha hizo jurar a su hijo que, si su papá le preguntaba si ella había salido con ese atuendo, él le diría que no. El puberto no entendía bien por qué su madre le hacía jurar tal cosa. Pero queriendo apresurar las cosas para regresar lo antes posible solo le dijo que sí.

    Madre e hijo comenzaron a andar por las calles de esa colonia. Sin bien Samantha en la mañana ya había recorrido algunas calles, ahora le parecían muy distintas. Veía con mayor detenimiento un sinfín de garabatos en paredes de algunas casas o locales. Sabía que eran graffitis de los cholos de la colonia o cholos de otras colonias que querían venir a apoderarse de esa colonia. Lo sabía porque en su adolescencia alguna que otra amistad masculina que tenía, estaba metida es esos terrenos y le tocó ver cuando vandalizaban alguna que otra pared con esos garabatos e incluso le tocó ver peleas saliendo de la escuela entre los cholos. Pero recordaba que en sus tiempos eran uno que otro graffiti, ahora para donde volteara podía ver alguno. Las calles que en la mañana se encontraban pobladas de locales y gente, ahora se veían desiertas, tan solo un par de hombres que, por su vestimenta sucia y rota, parecía que se dedicaban a la albañilería y cuando pasaba cerca la mujer de ellos, no perdieron la oportunidad de saborearse con la vista ese bamboleo de sus pechos o voltear la mirada para ver ese andar de sus nalgas.

    El chico cada cierto tiempo le preguntaba a su mamá que si ya mero llegaban a los que ella le decía que faltaba poco. La casa de doña Carmen no se encontraba muy lejos de la casa de Samantha tan solo que la mujer había tomado el camino más largo ya que quería recordar cuando su mamá la mandaba a visitar a su madre política y ella tomaba ese camino para distraerse un poco en la calle. Mas aparte el camino corto era más bien un atajo en el que tenías que cruzar un terreno baldío que ya no se sentía segura de poder cruzar porque no sabía que podrían encontrar ahí.

    Después de algunas cuadras y algunas quejas de su hijo por lo cansado que se encontraba, por fin llegaron a la casa de doña Carmen. Samantha vio con asombro como aquella pequeña casa que recordaba tenía la señora, ya era muy diferente. Aunque la fachada de la casa se veía igual de vieja y descuidada que siempre, la casa ya contaba con un segundo piso. Entre más se acercaba más detalles veía, aun mantenía un pequeño jardín con un rosal y alguna que otra hierba medicinal como hierba buena, ruda, manzanilla, entre otras. Ahí fue cuando girando un poco la cara, puedo ver a un lado de la puerta principal una cortina metálica levantada a la mitad y como de esta salía aquella señora cargando un maniquí de cuerpo completo y lo ponía a un lado de la entrada. La imagen era muy cómica ya que más que cargar, pareciera que la mujer se encontraba peleando con aquella inerte figura dado que el maniquí casi le doblaba la estatura a la hora de cargarlo.

    Samantha tomando de la mano a su hijo y volteando a ambos lados de la calle para verificar que no venía ningún carro, comenzó a caminar a paso apresurado para poder ayudar aquella pobre mujer.

    -Buenas tardes, Doña Carmen, déjeme ayudarle- la casada le decía a la señora mientras sostenía aquel maniquí.

    -¡Ayyy!- la vieja al ser tomada desprevenida solo dio un grito mientras giraba su rostro para ver de quien se trataba. -Muchacha, casi me das un infarto. Pero si ayúdame que esta cosa esta muy pesada- Doña Carmen soltando aquel muñeco veía como Samantha maniobraba con el como si no pesara nada. Y no es que Samantha fuera muy fuerte tan solo que la señora por su edad y su baja estatura se le dificultaba esas cosas.

    Después de que Samantha y Daniel ayudaron a sacar otro maniquí y terminar de abrir la cortina metálica. La casada saludo de beso y abrazo a su madre putativa mientras le presentaba a su hijo y la mujer como toda señora mexicana le hacia el típico comentario al chico de que ella lo bañaba y le cambiaba los pañales cuando era bebe. Lo cual apeno e hizo sentirlo un tanto incomodo mientras que ambas mujeres no paraban de reír.

    Samantha comenzó a recorrer con la mirada el pequeño local que más bien parecía un pequeño cuarto que la señora había medio acondicionado para poder meter su mercancía y venderla. Pegados a la pared había unos estantes de metal en los cuales había gran variedad de ropa doblada en las cuales se podría apreciar que decían ser de marcas importantes, pero solo eran piratas. En una de las esquinas del fondo había algo así como un cuarto más pequeño hecho de triplay con una cortina de baño que servía de puerta era el probador. En medio del cuarto había un par de exhibidores despintados que mostraban lo oxidados que estaban los tubos, en estos exhibidores había varios vestidos de diferentes medidas y colores. Y a un lado de la entrada se encontraba un mostrador mediano en el cual en la parte de arriba se encontraba una vieja caja registradora que era donde Doña Carmen hacia las cobranzas. Dentro del mostrador se podían ver detrás del cristal mucha bisutería, desde diademas para el cabello hasta joyería de fantasía.

    La joven casada miraba curiosa todas esas cosas sin prestarle atención a su hijo y Doña Carmen hasta que escucho que Doña Carmen le decía algo.

    -Tal parece que la plática que tuvimos al medio día si sirvió de algo- la señora con una sonrisa le decía mientras la miraba de pies a cabeza haciendo referencia a su vestido no tan recatado o fodongo como la había visto hace apenas unas horas.

    Samantha ruborizándose y emitiendo una ligera risita volteo a mirarla y le dijo.

    -No es eso Doña Carmen, es que este chiquillo no me dejo cambiarme y por eso salí así- lo decía mientras se ponía detrás de su hijo y lo sostenía de sus hombros. -Pero no me siento cómoda saliendo así- decía la casada mientras recordaba de nueva cuenta esas palabras que le había dicho Roberto antes irse a trabajar.

    -¡Tonterías! Te ves hermosa mi vida. Vestida así me recuerdas a cuando ibas en la Universidad- la señora expresaba con una sonrisa mientras se tomaba ambas manos como si estuviera rezando.

    -¿De verdad lo cree Doña Carmen?- con unos ojos llenos de brillo y una sonrisa en su rostro, Samantha le preguntaba. El recibir de nueva cuenta unas palabras tan lindas le hacían sentirse amada y valorada. Le hacían comenzar a cuestionar si en verdad eso que le decía su esposo de que ya no tenía edad para lucir atuendos más juveniles era cierto. Si bien sabía que las palabras lindas que le había dicho el viejo en la mañana podrían no ser ciertas ya que solo buscaba andar de mano larga, ahora era diferente, ahora quien le decía tan lindas palabras era una mujer y no cualquier mujer sino una que veía como a una madre.

    -Pero por supuesto mi niña. ¿O tu no crees eso Daniel?- Doña Carmen le preguntaba a Daniel quien se encontraba viendo videos de algún youtuber que jugaba algún videojuego.

    -¿Eh? No guacala, mi mamá ya está viejita- el chico le respondía a la señora sin quitar la vista de la pantalla de su teléfono.

    Samantha al ahora recibir tan cruel comentario de su otro gran amor, sintió un apretón en su pecho y sintió una gran tristeza como queriendo salir corriendo de ahí ya que se le caía la cara de vergüenza.

    Doña Carmen vio claramente como el semblante de su amada niña había cambiado de una alegre sonrisa al de una cabizbaja mirada. Intentando componer las palabras de tan grosero niño, pensaba la señora. Ella tomo de la mano a Samantha y la dirigió hacia los exhibidores que se encontraban en medio de aquel cuarto para mostrarle algunos vestidos mientras que le decía que no se tomara enserio lo que decía su hijo que así eran todos los niños.

    -Mira, estos vestidos se te verían hermosos- la señora sosteniendo 2 vestidos dirigía su mirada hacia Samantha. Uno era de color blanco a media pierna en la parte de arriba se sujetaba de un hilo por detrás de su cuello, dejando su espalda y hombros completamente al descubierto, por delante el hilo que servía para sujetar el vestido se volvía en una tela un poco holgada que caía en ambos pechos, pero dejando un escote en V muy sugerente, de la parte baja del vestido pudo ver que la tela era algo así como licra ya que la tela estiraba mucho. El otro era un vestido negro que a diferencia del blanco este era más discreto. Era un vestido de manga larga con su espalda y hombros completamente tapados y le llegaba hasta el cuello. Pero tenía un escote en forma de ovalo que dejaría ver sus pechos y el canalillo que se hacía entre ambos.

    Samantha tomo ambos vestidos y aunque su lado sumiso y recatado le decía que no era buena elección el continuar con ese pensamiento que tenía, aunado a esos comentarios crueles que su esposo e hijo le habían dado. Por otro lado, de nueva cuenta esa vocecita hacia acto de presencia y la volvía a secundar diciendo, “Solo pruébatelos para no verte grosera con Doña Carmen. Total, ni te los vas a comprar”.

    La casada ya decidida a probárselos estaba a punto de decirle a la anciana que entraría a su probador. Cuando de repente la vieja sin previo aviso, le quito ambos vestidos a la casada. Y es que, desde la perspectiva de Doña Carmen, veía a la mujer un tanto dubitativa. Y sentía la señora que no era buena idea el presionarla a usar prendas tan reveladoras de manera tan apresurada. Había escuchado como su hijo se había referido a ella de una forma un tanto grosera así que intuía que Roberto era aún peor. La vieja de a poco iba descubriendo los verdaderos motivos por los que su amada hija cargaba con esas inseguridades. Pero más decidida estaba que le regresaría esa seguridad y ese brillo con el que caminaba por las calles y enamoraba a cualquier incauto que la volteaba a mirar o tan solo para respiraba su femenino y embriagante aroma.

    Doña Carmen rápidamente y sin dejar que la casada tuviera tiempo de preguntarle por qué le había quitado los vestidos. Tomo algunos pantalones y blusas de los estantes para luego regresar con Samantha, y entregárselos. La curvilínea casada tomando con ambas manos las toneladas de prendas que le dio la señora fue empujada por esta hasta entrar al improvisado probador que había en el local.

    Dentro del probador la mujer vio que este no desentonaba con el pequeño local, ya que en este apenas y cabía ella. Dentro había un espejo de cuerpo completo con varias manchas de suciedad que hacían prácticamente imposible el poderse ver claramente en él. Había un banco de madera despostillado del borde del asiento y de la punta de las patas, haciendo un tanto incomodo y peligroso el sentarse ahí, pensaba la casada. Mientras que a un lado de ella y pegado en la pared, había una varilla que ella intuía, servía como perchero.

    Samantha dejando de andar de criticona, procedió a quitarse su veraniego vestido, ahí fue cuando volvió a caer en cuenta que no llevaba brasier y aun traía esa diminuta tanga. Por un momento pensó en quitársela, pero rápidamente desecho esa opción ya que sintió un poco de asco el que su vagina hiciera contacto directo con la tela de esos pantalones que sabrá Dios cuantas más mujeres se los habrán medido. Ignorando ese asunto de la tanga, la mujer comenzó a ver las blusas y pantalones. Veía con mucho asombro y curiosidad los diferentes modelos, algunos los conocía ya que ella los había usado en su adolescencia como los pantalones entallados a la cintura con blusas algo reveladoras, pero había otros modelos que no había visto nunca. Mientras más veía más difícil le era a Samantha el elegir cual prenda sería la primera en ponerse hasta que vio un pantalón que le llamo la atención, en uno de los costados vio que tenía una cinta en la cual decía. ´Pantalón Colombiano´. Ella no entendía bien a que se refería, pero el estilo del pantalón se le hacía muy llamativo así que, dejando las demás prendas en el destartalado banco, se dispuso a probarse el pantalón.

    -Mija, ¿Cómo vas?- Doña Carmen desde afuera del probador le preguntaba a Samantha.

    -¡Hmmm… vooo…y hmmm… biii…en ahhhhh!- Samantha entre pujidos y leves respiraciones entre cortadas le respondía a la señora. Y es que la mujer se daba cuenta que, así como el pantalón se veía muy bonito, también estaba resultando un suplicio el poder ponérselo. No entendía si era porque tal vez no era su talla, aunque antes de ponérselo había visto la talla y era la misma talla que ella usaba o simplemente era complicado porque la tela era nueva y esta aun no daba de sí.

    -Jajaja ay mija, ¿pues que andas haciendo adentro?- la vieja desde afuera se burlaba y es que, con esos ruidos, cualquiera que entrara al local pensaría que se la andaban culeando.

    -Hummm… no sea así doña hummm… Carmen- Samantha entendiendo perfectamente a lo que se refería la señora, detuvo sus movimientos y le respondió para que no pensara mal. -Por cierto, ¿usted sabe dónde puedo comprar el uniforme de la Secundaria de la colonia? Fui con Doña Lourdes, pero dicen que ya no vende uniformes y no se quien los venda- la casada recordando el motivo principal por el que habían ido ahí le preguntaba a la señora-

    -Si mija, Doña Lourdes ya tiene años que cerro su changarro, con eso de que se le murió su esposo y sus hijos la mantienen, se la pasa mejor visitando a sus hermanas que viven en otras ciudades- le respondía la señora. -El uniforme es para Daniel, ¿verdad?- la señora decía pero sin dejar que Samantha le respondiera ella se respondió. -Una señora que va a bailar danzón a donde yo voy, vende los uniformes. Si quieres dame la talla de Daniel y mañana mismo se lo compro, mija- le terminaba por decir a Samantha.

    -¿En verdad? Muchas gracias, Doña Carmen. Es talla XG- Samantha con un gran alivio le informaba de la talla de su hijo. Sabía perfectamente que Doña Carmen podía sacarla de ese pequeño problema y no se había equivocado.

    Mientras Doña Carmen le estaba contando lo de Doña Lourdes, Samantha había por fin terminado de acomodarse el pantalón. Solo necesitaba el encontrar una blusa que le hiciera juego con el pantalón. Tomando varias blusas y midiéndoselas por encima, no encontraba ninguna que le agradara hasta que al fondo de esa montaña de ropa que le había dado la vieja, encontró una que le llamo la atención, midiéndosela por encima, una sonrisa traviesa se dibujaba en su rostro. Quitándola del gancho se la comenzó a poner mientras escuchaba desde afuera a Doña Carmen preguntarle si ya mero.

    Sin mirar al espejo ya que se veía borroso, decidió salir de ese probador, mientras se daba una vuelta y le preguntaba a Doña Carmen que tal se veía. Pero lo único que la casada recibió de respuesta fue una cara de asombro de aquella señora. Caminando hacia un espejo que estaba a un costado de ellas, Samantha se pudo ver y entendía por qué Doña Carmen no había podido decir palabra alguna.

    El pantalón era tan ceñido a su cuerpo que más bien parecía una segunda piel que dejaba a la vista esas curvas infernales que se gastaba la casada y dado al corte colombiano del pantalón, hacia que sus nalgotas se elevaran aún más de lo normal, dándoles una mejor vista a la hora del caminar. Aunado a que también apretaba su cintura para que se viera aún más pronunciando el ancho de sus caderas y nalgas.

    Le gustaba ese detalle que los 5 botones que tenía el pantalón no estuvieran en frente, sino que estuvieran al lado derecho de su cadera. Aunque también venia ligeramente como sus labios vaginales se marcaban, pero gracias a que el pantalón era azul oscuro, hacia poco visible ese detalle.

    Miraba la blusa que se había puesto y constataba que había hecho una gran elección. Era una blusa negra de manga larga que de los brazos era un poco holgada y se amarraba por delante con la misma blusa en forma de un moño, dejando su vientre y parte de su espalda baja al descubierto sin mencionar que esa blusa tenía un muy revelador escote que aunado a que la mujer no llevaba brasier, dejaba más piel al descubierto.

    Le agradaba como se veía, se giraba en distintos ángulos y más le encantaba lo bien que le complementaba el pantalón y blusa a su cuerpo. Tan bien se veía que hasta Daniel en un pequeño vistazo que le dio a su madre, quedo hipnotizado por ese par de nalgas muy bien levantadas como si de un pato se tratara.

    Doña Carmen se acercó y se desvivía en elogios hacia la mujer. La casada un poco apenada recibía esos elogios, aunque en el fondo le comenzaba a agradar de nueva cuenta el que la chulearan otras personas.

    -¿En verdad cree que me queda bien Doña Carmen?- aunque ya sabía la repuesta, solo quería escuchar de nueva cuenta lo bien que se veía con ese atuendo. Ese ego femenino que había dormido por muchos años, de a poco iba despertando y Samantha aun recordaba la forma de alimentarlo.

    -Claro que sí, mija. Mira nomas, los años no pasaron en ti, te ves igualita a cuando aún estudiabas- la vieja le decía con sus ojos brillosos como si se tratara de una madre que ve a su hija logrando alguna meta.

    -¡Ay muchas gracias, Doña Carmen! Aunque siento que me está mintiendo- Samantha con un tono de niña chiqueada le decía a la señora. Intentando que la mujer la chuleara más.

    Así estaban ambas mujeres en esa discusión amistosa mientras Daniel algo confundido veía a su madre vistiendo de una forma “llamativa” pensaba el muchacho, mientras hacia esa voz infantil. Era algo que el niño nunca había visto de su madre y de cierta forma le hacía sentir mucha risa al verla comportarse así.

    En eso un par de chicas de unos 20 o 22 años entraron al local y quedaron asombradas por lo bien que lucía Samantha. Al instante ambas jóvenes estaban delante de la casada haciéndole un sinfín de adulaciones de lo bien que se veía. Y no es que ese par de jóvenes no tuvieran su atractivo, de hecho, eran las 2 mujeres más codiciadas por los hombres de esa colonia y las colonias vecinas. Tan solo que ninguna estaba al nivel de Samantha. Sabían que ella rivalizaba con las modelos que salían en la televisión. Por eso se les hacía raro ver a un “pez gordo”, nadando en un charco.

    -¡Wow! Te ves divina ¿Eres de por aquí? ¿Dónde compraste esa blusa y pantalón? Porque yo también quiero unos así- las 2 chicas atacaban a la pobre mujer sin dejarla contestar una pregunta ya que al instante le preguntaban otra cosa. Samantha veía con ternura a las muchachas ya que le recordaban a cuando ella era joven y paraba a mujeres que no conocía en la calle para preguntarles en donde habían comprado esas zapatillas o bolsos que llevaban. Aparte el seguir siendo adulada ahora por 2 desconocidas ya le comenzaba a crear un calorcito por su cuerpo que se concentraba en su zona más íntima sin mencionar que la seguridad en ella de a poco volvía a recobrar fuerzas.

    -Como que donde chamacas. Pues aquí, yo vendo ese tipo de ropa- Doña Carmen les respondía a las chicas haciendo que ambas voltearan a verla.

    -¿En verdad, Doña Carmen? Pues nosotras también queremos un cambio así- decía una de las chicas mientras la otra la secundaba.

    -Con la Gata no hay bronca ya que ella siempre paga a la quincena. Pero tu Güera, ya me debes varia ropa que sacaste y nomás no me pagas aun- la señora se refería a ambas chicas por los apodos que les habían puesto en la cuadra. A la primera le habían puesto así por el color verde de sus ojos y a la otra por el tono de su piel y cabello.

    -No sea así Doña, al rato tenemos un bailongo y nos queremos ver bien chulas. Le prometo que el fin de semana le acabo de pagar lo que le debo- la güera casi de rodillas le imploraba a la mujer para que esta aceptara.

    Doña Carmen volteando a ver a Samantha vio como esta con una sonrisa y moviendo su cabeza asentía intentando decirle que aceptara a lo cual la señora termino aceptando.

    -Bueno, confiare en ustedes chamacas. Aparte gracias a que ustedes andan por toda la colonia modelando la ropa que vendo, es que vienen más chiquillas a comprarme- aquella mujer les decía. Si bien eso era cierto. También es que le gustaba ser muy cariñosa y amigable con las jóvenes, intentando llenar ese vacío de no haber podido tener hijos.

    Las muchachas brincaron de la emoción ya que la señora había aceptado e irían a esa fiesta con ropa nueva. Rápidamente ambas jóvenes tomaron la ropa y se fueron al probador, dejando a Samantha asombrada con la rapidez con la que la habían olvidado y se habían ido a probar ropa.

    Daniel ya un tanto aburrido de estar solo ahí sentado le decía a su progenitora que ya se fueran, aparte de que ya estaba oscureciendo. Samantha intentaba tranquilizar a su hijo diciendo que solo se cambiaba y se irían. Pero viendo que aquel par de jóvenes no tenían hora de desocupar el probador se comenzó a desesperar ya que no quería irse por las calles oscuras.

    La señora viendo el problema, rápidamente le dijo que, si quería, podía cambiarse en su cuarto ya que esas chicas cuando venían a comprar ropa, prácticamente se probaban toda la tienda.

    Samantha no viendo otra opción, acepto la propuesta. Ya veía en la cara de su hijo cierto enfado y lo que menos quería también era el hacer una escena ahí. Tomando algunos pantalones y blusas que le habían gustado le dijo a Doña Carmen que le sacara la cuenta de eso porque se los llevaría mientras la viejita le preguntaba si también se llevaría lo que llevaba puesto. Con una sonrisa y de forma rápida le contesto que si a lo cual la señora le decía que era una buena elección. Sabia Samantha que esa ropa no sería bien vista por Roberto, pero era un secreto y un lujo que se quería dar. Tal vez un día que lo tomara de buen humor y se podría poner ese atuendo para ir a comer o dar la vuelta.

    Samantha le decía a su hijo que la esperara ahí a lo cual el niño le respondía que si pero que se apresurara porque ya mero se tenía que conectar para jugar con sus amigos. La mujer le respondía que, si mientras le daba un beso en la frente y le decía a Doña Carmen que se lo encargaba, ella respondiéndole que estuviera tranquila que se quedaba en buenas manos mientras le daba un abrazo al niño, el cual lo aceptaba de una forma incomoda ya que veía como una de las chicas miraba tal escena mientras reía. Doña Carmen también le decía en donde se encontraba su habitación, ya que al tener clientas no se podía ir con ella así que tendría que ir sola.

    Samantha escuchando bien en donde se ubicaba, se metió por una puerta que conectaba el local con la casa y cerró la puerta.

    La casa por dentro aún seguía siendo muy similar a como la recordaba de joven, la sala continuaba teniendo aquellos sillones viejos y percudidos de hace años, la televisión si la había cambiado por una nueva aunque no era de las más modernas ya no era aquel armatoste cubierto de madera con la pantalla del televisor abultada que tenías que levantarte para poder cambiarle de canal, mientras más miraba más recuerdos se le venían a la mujer, estaba en eso cuando vio la mesita de la sala y vio incrédula varios botes de cerveza sobre esta, se le hacía raro ya que no recordaba que aquella mujer bebiera alcohol en esas cantidades. Dejando de pensar en esas cosas se apresuró a subir las escaleras para poder cambiarse, ya tendría tiempo de preguntarle a Doña Carmen sobre esas latas de alcohol, se decía la casada.

    Mientras tanto a unas cuadras de ahí.

    -¡Fiu fiuuu… mamacita!- un sujeto que venía manejando un taxi ya muy viejo por no decir destartalado. Se abalanzaba en piropos y guarradas con las mujeres que caminaban por las banquetas mientras dentro del coche se escuchaba una cumbia que decia, ´Suelta el listón de tu pelo desvanece el vestido sobre tu cuerpo y acércate a mi…´

    -Me cae de a madres que este es el mejor jale de todos. Ves culos a toda hora y eres tu propio jefe. ¿Qué más se le puede pedir a la vida? jejeje- se decía aquel sujeto a si mismo mientras le daba un trago a su Coca-Cola.

    Dado a que a que ya estaba casi oscuro y la iluminación de las calles era nula porque al presidente municipal se le había hecho más importante el darse unas vacaciones en la playa con su familia que la seguridad del pueblo, había decidió desviar esos recursos a su cuenta e irse a tomar tan merecidas vacaciones. Pero con la tenue luz que brindaban los focos de las casas, se podía ver una enorme masa que iba manejando aquel vehículo, viéndose claramente como el taxi iba visiblemente inclinado hacia el lado del conductor por el peso que este ejercía.

    -Ojalá y que mi vieja me haya hecho unos taquitos para comer porque tengo un chingo de hambre- continuaba hablando aquel hombre con el mismo mientras se le hacía agua la boca al verse comiendo unos tacos con una Coca de 2 litros nomas para él.

    Mientras seguía pensando eso ni cuenta se dio cuando llego a su casa. Con mucha dificultad se giraba a los lados para subir las ventanas del auto y tomaba la radio para decirle a sus demás compañeros y el control de la base que se tomaría un descanso para comer a lo que el control le informo que estaba bien.

    Con demasiada lentitud aquel sujeto salía del auto y se podía ver cómo, cuando esa masa de carne se bajaba del auto, este se levantaba volviendo a estar bien nivelado.

    -Vieja, ya llegué y tengo un chingo de hambre- el viejo entrando aquel local de ropa se dirigía hacia Doña Carmen mientras veía a Daniel sentado junto a la caja registradora, pero este ni caso le hacía ya que seguía viendo videos en su celular.

    -Qué bueno viejo. Ahorita te doy de comer, nomás termino de atender a las muchachas y te voy a servir- Doña Carmen intentaba abrazarlo del cuello para darle un beso aquel sujeto, pero por lo gordo, la papada le había desaparecido su cuello.

    Y es que ahora de pie y completamente visible gracias a luz, se podía apreciar a tan desagradable adefesio. Su piel morena era similar al de la llanta de un carro, mientras que su rostro parecía la de un ogro sacado de la historia más bizarra de fantasía con una nariz chata que más bien parecía la de un cerdo. Como ya antes fue mencionado, tenía una enorme papada en la que se veían una gran cantidad de verrugas y granos. Si su papada era enorme, su panza era algo indescriptible de definir, la playera que traía puesta que más bien parecía la carpa de algún circo, hacia su mejor intento por ocultar tremenda masa de carne, pero por debajo de la playera se podía ver parte de su barriga llena de vellos. No había explicación científica que pudiera decir como ese par de popotes que tenía por piernas, podía sostener el peso de ese amorfo cuerpo.

    -Ta´ bueno vieja. Tu atiende a nuestras clientas jejeje- guiñando un ojo miraba a la Gata que se encontraba afuera del probador que veía con una mezcla de repulsión y enojo como el viejo le intentaba coquetear. Y es que no era la primera vez que ese viejo intentaba coquetear con alguna de las 2 muchachas. Ya habían sido varias veces en las que el sujeto las había invitado a dar una vuelta en el taxi, siendo las mismas que lo habían mandado a la chingada. Las 2 jóvenes no entendían como es que Doña Carmen podía siquiera dormir con ese hipopótamo.

    -¿Y ese chamaco de quién es? ¿Apoco es de alguna de ellas? Jajaja. Que guardadito se lo tenían muchachas, a la próxima usen globito o úsenlos de fácil, dicen que son buenos para quitar granos y espinillas jejeje- riendo sonoramente miraba a la muchacha y veia como esta lo veía con odio. La Gata ya le iba a contestar con una majadería, pero en ese momento vio como Doña Carmen le soltaba unos manotazos al obeso hombre.

    -No estes molestando a las muchachas, Erasmo. Es el hijo de una muchacha que conozco desde hace años y se andan cambiando adentro de la casa- la señora terminando de soltarle un par de manotazos se paraba junto a Daniel.

    -Solo era una broma, amargadas jejeje- diciendo eso pasaba junto a Doña Carmen para intentar pasar por la puerta. -¿Y qué hiciste de comer, vieja? Vengo con un chingo de hambre- parándose en la puerta le preguntaba a su esposa.

    -Hice filete de pescado con unas verduritas hervidas, ensalada y agua de Jamaica- la mujer le respondía al viejo.

    Aquella risa burlona que traía rápidamente cambio por una cara de enojo como si le hubiera hecho la cosa más mala en faz de la tierra. Girándose hacia su esposa y levantando las manos, comenzó a gritar un sinfín de cosas en contra de aquella pobre mujer.

    -¡¿Que chingados es eso?! ¡¿me ves cara de vaca para tragar zacate?! ¡a mi ahorita mismo me preparas unos chilaquiles o unos tacos!- el viejo pareciera que hubiera sido poseído por el mismo diablo. Tanto así que la Gata aun estando a una distancia considerable se pegó al probador intentando meterse a él, mientras que la Güera solo se quedaba quieta y en silencio como si con eso aquella bestia no la fuera detectar. Daniel también dejo el teléfono al instante que escucho los primeros gritos y se levantó del banco donde estaba sentado, dirigiéndose a la entrada del local por si era necesario correr por su vida. Doña Carmen al igual que las muchachas sintió un miedo genuino y es que en todos los años que llevaban juntos, rara vez se ponía de ese modo y sabía que no había poder humano que lo pudiera calmar.

    -Vi… vi… viejo, tranquilo. ¿No ves que estas asustando a los muchachos?- la mujer tartamudeando intentaba tranquilizar aquel ogro, pero era imposible.

    -¡A mi me vale madresss! ¡voy a entrar a cagar, cuando salga espero que ya me tengas comida de verdad!- el viejo sentenciaba mientras se giraba y entraba a su casa sin dejar que la mujer pudiera protestar.

    El viejo caminaba aun maldiciendo, pero ya en un tono más moderado mientras abría el refrigerador y sacaba una cerveza.

    -Ya me viera tragando zacate como una puta vaca ja ja ja- El viejo decía eso mientras se reía en forma sarcástica. Dándole un largo trago a su cerveza se fue rumbo a las escaleras para poder entrar al baño de su cuarto y poder hacer sus necesidades con más calma y privacidad.

    Cuando por fin había subido las escaleras y se giraba con rumbo a su cuarto. Cualquier persona que lo hubiera visto pensaría que había quedado petrificado ya que se quedó inmóvil con la mirada clavada en la imagen que había dentro de su cuarto, dejando caer su cerveza al suelo.

    Unos minutos antes.

    Samantha ya dentro del cuarto miraba la cama el tocador y demás cosas que había dentro. Recordaba cuando era niña y que se quedaba a dormir con Doña Carmen en esa cama y ella le contaba cuentos hasta que se dormía o cuando a escondidas de ella tomaba sus pinturas y se maquillaba según ella para verse como las actrices que salían en las novelas que a su mamá y Doña Carmen les gustaba ver, pero más bien terminaba pareciendo una payasita. Veía con alegría todo eso hasta que, mirando al tocador de nueva cuenta, vio una foto donde salían ella y Doña Carmen cuando esta apenas cursaba el Jardín de niños. No recordaba que les hubieran tomado esa foto, pero sentía su corazón lleno de felicidad al ver que Doña Carmen aún conservaba esa fotografía como si de su verdadera hija se tratara. La casada estaba en sus pensamientos cuando de repente a su nariz le llegaba un aroma que no le parecía familiar o más bien no recordaba en ese cuarto ya que ese olor le recordaba a cuando Roberto llegaba de hacer ejercicio y traía un olor muy similar, aunque el olor de Roberto era mucho más ligero al que estaba concentrado en ese cuarto. La mujer viendo la hora en su teléfono se asustó ya que había pasado mucho tiempo y aun ni se descambiaba. Dejando el retrato en el mismo lugar se dispuso a desvestirse para irse con su hijo a su casa.

    Estaba apenas quitándose la blusa cuando escucho algunos gritos que provenían de abajo, en un principio la mujer sintió miedo de que le hubiera pasado algo a su hijo. Ya iba a ponerse de nueva cuenta la blusa cuando pensó que lo más seguro es que se trataba de alguna broma que le estaba haciendo Doña Carmen a su hijo y las muchachas. Sabía lo divertida que era ella y de seguro de eso se trataba. Así que más tranquila y omitiendo aquellos gritos decidió continuar con lo que estaba haciendo.

    La mujer con su torso ya desnudo procedió a quitarse los pantalones. Los tomo de la cintura con ambas manos y comenzó a jalarlos hacia abajo, pero por más que intentaba no bajaban ni un centímetro. “Supongo que, así como batalle para ponérmelos, también voy a batallar para quitármelos”, pensaba mientras comenzaba a mover sus caderas de lado a lado como cuando alguien se aguanta en entrar al baño y con sus manos continuaba jalando hacia abajo el pantalón.

    El tiempo pasaba y por fin su esfuerzo rendia frutos, ya quedaban a la vista los hilos laterales y el pequeño corazón metálico de la tanga roja que llevaba puesta. El pantalón ya estaba a la mitad de sus redondas nalgas, así que la mujer inclino su torso hacia adelante mientras dejaba sus nalgas bien levantas y continuaba con ese meneo de caderas mientras seguía jalando el pantalón hacia abajo, pensaba que en esa posición sería más fácil el poder hacer que bajara el pantalón. Tal posición la hacía con sus nalgas en dirección a la puerta del cuarto que daba directamente a las escaleras, aunque el que subiera por las escaleras subía dándole la espalda al cuarto, así que primero tenían que girar ya estando arriba para ver dicho cuarto. Samantha por las prisas y también por andar de distraída por andar viendo el cuarto mientras se dejaba envolver por los recuerdos, había olvidado el cerrar la puerta del cuarto, dándole la oportunidad a que alguien la viera en tan acalorada situación.

    Oportunidad que no sería desaprovechada gracias al destino o la diosa fortuna que en esos momentos le sonreía a tan asqueroso viejo. Que al momento de girar las escaleras y dirigirse a su cuarto, vio con asombro esas enormes nalgas casi desnudas meneándose de lado a lado. El viejo quedo hipnotizado con ese cadencioso meneo de caderas, en su mente se había esfumado el coraje que hace solo algunos minutos casi le hace tener un paro cardiaco, ahora su mente solo estaba en blanco. El viejo sudaba como si hubiera corrido un maratón, de su boca abierta se podía ver como se acumulaba una gran cantidad de saliva entre esos amarillentos dientes, mientras que en sus pantalones se comenzaba a dibujar un enorme bulto.

    Pero su asombro y excitación se fue a las nubes cuando ese pantalón cedió y le dio la mejor vista de su miserable vida. La mujer dando un fuerte empujon por fin pudo hacer que el pantalón bajara un poco más llegando hasta la mitad de sus piernas.

    Fue en ese preciso momento en el que aquel viejo entrando como en un trance y perdiendo control en sus extremidades, dejo caer la lata de cerveza que sostenía en una de sus sucias manos. Y es que la vista que tenía era privilegiada, podía ver en su máxima expresión esas firmes y redondas nalgotas, bajando un poco la mirada sintió como su verga drenaba toda la sangre de su sistema circulatorio para tener la erección más grande de su vida, ya que veía como unos labios vaginales hinchados con algunos vellitos púbicos rojizos. El viejo quería correr y abalanzarse sobre esas nalgotas para lamerlas, morderlas, besarlas y nalguearlas, su mente trabajaba a mil por hora ideando mil cosas que le haría a esa culona, pero sus piernas no le reaccionaban. Fue en ese momento y dado al ruido que hizo su cerveza al caer, que un rostro se asomaba por un lado de esas nalgas, rostro que en un principio se miraba un tanto confundido, pero a los pocos segundos se llenaba de terror saliendo de lo más profundo de ella un auténtico grito de terror.

    -¡Aaahhh!- fue el grito que Samantha expulso de lo más profundo de su ser. Y es que aquel pasillo se encontraba oscuro, solo podía entre ver una enorme y redonda silueta parada a un lado de las escaleras. A la casada ni por la cabeza se le venía la opción que fuera algún ratero o algún fisgón, ella creía que se trataba de algún fantasma o algún espíritu del mas allá ya que ella le tenía mucho miedo a las cosas paranormales.

    Al viejo aquel grito lo hizo salir del letargo en el que estaba, haciendo que diera un brinco mientras decía, ´Ay weeey´, ya que a él también lo tomo sorprendido aquel grito.

    La levantando su torso y girando hacia aquella silueta mientras con una mana intentaba el taparse sus prominentes pechos, intento correr y cerrar la puerta, pero dando a que el pantalón lo tenía a media pierna, solo podía dar pequeños pasitos.

    El viejo quedando embobado de nueva cuenta, pero ahora por el bamboleo de esos enormes pechos que aquella mujer intentaba taparse, pero tan solo alcanzaba a tapar sus pezones y aureolas con su pequeña mano y antebrazo. Pero rápidamente volvió en si al ver como esa mujer intentaba llegar a la puerta, intuía para cerrarla.

    -¡Espera! ¡No te asustes!- el viejo extendiendo una de sus manos hacia el frente poniendo su palma en señal de alto mientras con la otra mano buscaba el interruptor del pasillo para prender la luz.

    Cuando al fin Erasmo encontró el interruptor y pudo encender la luz, la casada pudo darse cuenta de que no se trataba de ningún ente demoniaco sino de una persona, aunque por su apariencia si parecía haber salido de alguna película de terror. La tranquilidad solo le duro unos segundos ya que de inmediato el miedo se volvía apoderar de ella ya que estaba semi desnuda delante de un hombre que en su vida había visto, ahí fue cuando se le vino a la mente que se trataba de algún ratero.

    -¿Qui… qui.. quien es us… us…ted?- la mujer alzando la voz le preguntaba mientras continuaba intentando ocultar sus partes íntimas.

    -So… soy Erasmo, yo… yo… vivo aquí- el viejo tartamudeando le respondía y es que en solo unos minutos estaba en una montaña rusa de emociones. No conocia ni siquiera a la mujer que estaba semi desnuda en su cuarto y ahí estaba el hombre dándole explicaciones como si fuera ella la dueña de la casa.

    -¡No mienta, aqui vive doña Carmen!- la aun alterada Samantha seguía cuestionando aquel hombre ya que esa respuesta la consideraba una mentira ya que sabía por propia boca de Doña Carmen que su marido cuando se enteró que ella no podría tener bebes, la abandono y desde ese entonces ella jamás volvió abrir su corazón a ningún hombre.

    -Ora, yo no soy ningún mentiroso, te lo juro por la virgencita de Guadalupe.- el viejo haciendo la típica señal de los dedos para persignarse, se los besa en reiteradas ocasiones para que aquella mujer le creyera. -Es más mira, aquí estamos los 2 juntos- el viejo sacando su viejo teléfono de sus pantalones se metía a la galería y le mostraba una foto de el con aquella vieja mujer mientras daba unos pasos hacia Samantha para que pudiera ver más de cerca la foto. Samantha al también bajar su mirada cuando el viejo buscaba en sus pantalones el teléfono, veía con asombro como se le dibujaba un enorme bulto. Rápidamente levanto la mirada por lo incomodo que le pareció el estar viendo esa cosa.

    La mujer veía dicha foto y veía como ambos se estaban besando, haciendo que Samantha comenzara a creer dicha historia de aquel hombre. Pero al momento de ver que este caminaba hacia donde estaba, ella comenzó a retroceder.

    -Es… está bien, le creo. ¿Pero… porque me estaba espiando?- la mujer le preguntaba mientras lo veía de arriba abajo y más se preguntaba en sus adentros como es que su madre sustituta se besara con horrible sujeto. No es que esa Doña Carmen fuera la octava maravilla del mundo, pero sin duda podría tener algo mejor. -Viejo cochino- Samantha sin dejar que el hombre le diera una explicación, decidió solo decirle lo primero que se le vino a la mente.

    Erasmo al verse ofendido de nueva cuenta por una desconocida en su propia casa, sentía como la sangre le hervía de nuevo y cuando se disponía a contestarle con insultos y casi sacarla a patadas de su casa. Una voz desde abajo lo hizo ponerse helado.

    -¡Samantha! ¿Mija, todo bien? Te escuchamos dar un grito- Era Doña Carmen quien, recargada en el pasamanos de la escalera desde el primer piso, le preguntaba a su niña.

    Samantha llenándose de valor al sentirse a salvo ya que Doña Carmen estaba a unos pasos de ella, se preparaba para decirle que subiera porque ese viejo cochino que tenía por pareja la estaba espiando. Cuando vi que aquella masa de grasa apresurando su paso la alcanzo y poniendo su dedo índice en su boca le hacia la señal que guardara silencio mientras veía en su mirada cierto miedo.

    -¿Qué le pasa? No me toque- Samantha dándole un manotazo se alejó un poco de él. -¡Que! ¿Tiene miedo de que Doña Carmen vea el viejo cochino que es?- la casada sintiendo controlada la situación le preguntaba con cierto grado de desdén y una risa fanfarrona.

    Al viejo ahorita no le importaba que aquella mujer lo estuviera ninguneando. Lo que le preocupaba era exactamente lo que decía ella. Y es que, a su vieja, ya le habían llegado muchos rumores que le decían que él le estaba poniendo los cuernos con varias mujeres, pero siempre encontraba la forma de ocultar las evidencias así que siempre quedaba salvado. Si bien era cierto, todas ya eran mujeres viejas y del mismo rodado que él, gordas y feas.

    Pero si veía esta escena, sin lugar a dudas lo correría de la casa y era algo que no quería. Ya que el en verdad era solo un vividor que en la pobre de Doña Carmen se había encontrado la lotería ya que esta se hacía cargo de todos los gastos de la casa y él lo poco que ganaba en el taxi se lo gastaba en comprar cerveza con sus amigos o invitarle unos tacos o algún detalle a alguna de sus conquistas.

    Pensando rápidamente en alguna idea para que la semidesnuda mujer no fuera a decir nada, comenzó a crear alguna mentira. Cuando de repente volvió a escuchar la voz de su vieja ya que había pasado un tiempo y Samantha aun no le respondia. Sabía que si esa mujer no le respondía rápido subiría y lo vería en tan comprometida situación, así que sin pensar mucho y con pura improvisación le dijo lo primero que se le vino a la mente.

    -Trato de salvarnos a los 2- fue lo que salió de la boca apestosa de aquel hombre.

    -¿Qué?- sin entender bien a que se refería, Samantha le pregunto.

    -Si, si nos ve, así como estamos, ¿qué crees que vaya a pensar?- Erasmo en su mentira intentaba meter a la mujer en la culpa. Sabía que era la única opción que tenía para que la mujer no dijera nada.

    -Yo no hice nada malo, solo me estaba descambiando y usted fue el que me estaba espiando, aquí el único culpable es usted- la casada segura de lo que decía continuaba tranquila y ansiosa de que Doña Carmen subiera las escaleras para decirle todo. Cuando de repente el viejo dijo algo que la hizo titubear.

    -¿Y tú crees que va a creer eso cuando te vea, así como estas ahorita? Aparte cuando yo subí me encontré con que la puerta estaba abierta de par en par mientras mostrabas tus nalgotas. Pareciera como si te me estuvieras ofreciendo- mientras decía eso, veía como el rostro lleno de seguridad que tenía esa mujer, se iba convirtiendo en uno de inseguridad.

    -Pe… pe… pero yo no sabía que usted… subiría- Samantha intentaba excusarse. Ella sabía que no había actuado de mala fe y esta circunstancia había sido ajena a sus manos. Pero sabía que, si ese hombre le decía esas eso a Doña Carmen, se podría meter en un gran problema.

    -Pues será el sereno, pero si ahorita que suba mi vieja y nos ve así, que te quede claro que a los 2 nos va a mandar a la chingada. Así que tu elijes- Ahora la situación cambiaba y es que el viejo era quien tenía un rostro de seguridad mientras que Samantha era la que tenía un rostro de pavor. Sabía que su historia era la real, mientras que la de ese viejo era casi completamente una mentira, pero lo que la hacía más creíble que su historia era el que ella se encontraba semidesnuda junto aquel hombre.

    -¿Que te pasa que no contestas chamaca? Voy para allá.- Doña Carmen al no recibir respuesta de Samantha decidió subir y ver que se encontraba bien. Lo que menos quería era tener otro susto como el que acababa de sufrir por parte de su energúmena pareja.

    Samantha al escuchar eso y como unos pasos comenzaban a subir las escaleras un miedo se comenzó a apoderar de ella. Mientras el viejo al ver que la mujer no decía nada pensaba que en realidad se mantendría en su postura y dejaría que su pareja los viera en tan comprometedora situación lo que lo hizo asustarse y tomar de la cintura a la mujer para pegarla a su cuerpo intentando que tan diminuto y esbelto cuerpo cubriera semejante cuerpo, era como si un elefante se quisiera ocultar detrás de un lápiz.

    -N… n… no, no, ¡NO!- entre tartamudeos su voz pudo expulsar en un tono como de grito. -Es… estoy bien, so… solo que estaba terminando que quitarme el pantalón y no podía hablar.- Samantha escuchaba como esos pasos que subían las escaleras se detuvieron lo cual le hizo sentir una gran calma. Era tanta la adrenalina que ni se había dado cuenta que aquel hombre la tenía sujeta de la cintura.

    -Ay muchacha me habías asustado. Pensé que te había pasado algo. Bueno, apúrate porque tu hijo ya está muy impaciente- la mujer le decía mientras bajaba las escaleras. Si bien lo que decía de su hijo si era cierto, lo que en verdad quería era que se fuera para que no viera a Erasmo de mal humor. Quería presentárselo, pero sabía que esa no era la mejor ocasión. Sin saber que en esos momentos aquel hombre tenía bien agarrada a Samantha de su cintura mientras comenzaba a ver su semi desnudo cuerpo por todos lados.

    -S…si, dígale que ya voy- la casada le pedía que le dijera a su hijo mientras escuchaba cada vez más lejos los pasos hasta que ya no se oyeron.

    Samantha al sentirse ya un poco más tranquila, pudo sentir una mano que apretaba su cintura mientras sentía un calor corporal ajeno al de ella. Girando su cabeza a un costado vio que se trataba de ese viejo que le respondía con una sonrisa de complicidad al rostro de disgusto que ella le mostraba mientras con un empujón lo alejaba de ella. Pero en dicho acto su mano que cubría uno de sus pechos se movió dejando a la vista de tan degenerado sujeto su pequeño pezón y areola rosadas.

    Samantha se dio cuenta justo cuando vio como ese sujeto le clavo la mirada en sus pechos mientras sacaba su lengua y se relamía sus labios como si de un gran banquete se tratara. La mujer rápidamente tapo su pecho mientras con un tono de enojo le decía a ese viejo.

    -¡Váyase de aquí, déjeme cambiarme para irme- el viejo en sus instintos más primitivos quería encuerarse y lanzarse sobre ese portento de hembra. Pero aun algo de raciocinio quedaba en su cachonda cabeza. Sabía que su mujer podría subir en cualquier momento y ahora si hasta los huevos podría venir cortando. Así que no teniendo otra opción opto por seguir la decisión de esa mujer. “Prefiero casa y comida antes que una cogida”, pensaba el viejo.

    Mientras caminaba en dirección a la puerta seguía comiéndose con la mirada tan escultural cuerpo, todo le parecía que lo habían hecho a mano. Ya estaba por salir del cuarto cuando vio el pantalón a media pierna que tenía la mujer y recordó las complicaciones por las que estaba pasando para quitárselo.

    Asi que sin esperar nada a cambio volteo a mirar a la cara a la dueña de ese cachondo cuerpo y le dijo.

    -Si quieres te puedo ayudar a quitarte ese pantalón jejeje- el viejo intento reír para aligerar lo pesado que estaba el ambiente, pero solo logro que la mujer lo viera como desprecio y disgusto.

    -Está loco si cree que voy a dejar que sus asquerosas manos me toquen- Samantha sin siquiera pensar la propuesta le decía al viejo. No podía imaginar tan aberrante situación. Pero de nueva cuenta la fortuna estaba en su contra ya que otra voz hacia acto de presencia desde el piso de abajo.

    -¡Mamá, apúrate!- era su hijo que ahora podía escuchar como comenzaba a subir las escaleras. De nueva cuenta el miedo comenzó a invadir el cuerpo Samantha quien no sabiendo que hacer, corriendo a paso corto por el pantalón que no la dejaba dar pasos largos, se puso en la en el borde de la puerta y le grito -¡NO vengas! ¡estoy en ropa interior!- el viejo veia deleitado como cuando la casada iba al borde de la puerta sus nalgas daban ligeros brincos a la hora que daba cada paso lo cual más lo enervaba en calentura.

    -Bueno, pero apúrate. Aquí te espero- el chamaco sentenciaba mientras se sentaba en uno de los escalones de la escalera. Quería meterle presión a su madre para que se apurara, lo que no sabía es que solo estaba haciendo que su mamá tomara la decisión que no quería tomar.

    -Si… si… si ya voy- la mujer por el pánico en el que se encontraba, dejo de lado que detrás de ella se encontraba ese viejo e inclinando de nueva cuenta su torso hacia adelante comenzó a repetir los movimientos que estaba haciendo antes de que ese viejo la interrumpiera.

    A Samantha ya no le importaba estarle dando una buena vista de su curvilíneo cuerpo a ese degenerado sujeto. Lo que ella quería era el acabar con eso lo más rápido posible porque no quería que su hijo subiera y la viera en esas circunstancias. Si el que la viera Doña Carmen le parecía malo, el que la viera su hijo le parecía aún peor.

    Erasmo desde atrás no perdía detalle de eso meneo de nalgas y ahora estando más de cerca y con todo iluminado, veía hasta el más mínimo detalle. Veía como esa diminuta tanga que traía puesta, se perdía en medio de sus nalgotas solo dejando en la parte de arriba un corazon de metal que brillaba con la luz, mientras que en la parte de abajo veía como ese hilo rojo que era devorado por sus nalgas, era visible solo unos milímetros para de nueva cuenta desparecer, pero ahora lo hacía en medio de unos labios carnosos con unos pequeños vellos rojizos. El viejo se sentía en la gloria al poder estar contemplando tan exquisito momento, “ni en los mejores puteros de la ciudad hay una vieja tan buena como esta”, era lo que pensaba el viejo mientras ya comenzaba a masajearse un enorme bulto que se veía por encima de su pantalón.

    Sin que la mujer prestara atención por estar más preocupada de que su hijo subiera, no se percató como el viejo se acercaba por un costado y poniendo una de sus grasientas manos en un costado de su cintura, tocando el hilo rojo que circundaba esa parte de su cadera, bajo su cabeza hasta el oído de Samantha.

    -Si no te apuras tu hijo subirá. Si te ayudo más rápido te podrás ir- decía mientras comenzaba a jugar con el hilo de la tanga.

    Samantha al sentir esa mano y como le hablaba en voz baja cerca de su oído, hizo que diera un brinco ya que no se lo esperaba. La adrenalina de ser descubierta la mantenía muy alerta pero el sentir esa mano juguetona le hacía recordar lo que en la mañana le había sucedido algo muy similar con aquel otro viejo. El recordar de nuevo esa escena y que ahora en verdad podía ser descubierta, le hizo sentir miedo, pero a la vez ese vacío en el estómago volvió aparecer. Mientras más escuchaba cerca de su oído como el viejo le decía que lo dejara ayudarle, también sentía como su aliento golpeaba contra su oreja haciendo que la sintiera muy caliente y seguía jalando levente ese hilo. Su respiración comenzó a tornarse poco a poco más pesada haciendo que sintiera como su piel le quemaba de lo caliente que la sentía. Tal estado de la mujer no era precisamente por aquel viejo, sino por la situación, el aliento caliente en su oreja, el rose de esa mano invasora y el hecho de ser descubierta la estaban haciendo calentarse como hace años no lo estaba. Sus pechos que estaban suspendidos en el aire podían verse como eran coronados por esos duros pezones rosados. Su mente de a poco sentía como se iba nublando mientras comenzaba a morderse su labio inferior con una tenue sonrisa mientras cerraba sus ojos.

    -¿Entonces qué? ¿Si te ayudo?- el viejo sin poder darse cuenta de todo lo que pensaba aquella ninfa, solo se limitaba a preguntar con una voz ya también cachonda. Y es que el tener tremendo mujeron con poca ropa en su cuarto y que este, la pudiera estar tocando, se le hacía estar viviendo un sueño que deseaba su mujer no lo despertara nunca.

    “Andale di que si cabrona culona” eran los pensamientos de aquel tipo.

    -Pe…ro no me vayaaa queee sea rapidooo…- la mujer le respondía de forma pausada y alargando las palabras por el poco aire que podía respirar por el estado de calentura en el que ya se encontraba.

    Samantha quitando sus manos del pantalón y volviendo a cubrir sus pechos se limitó a solo observar hacia las escaleras mientras le daba camino libre a Erasmo de que hiciera su buena acción del día.

    El hombre viendo lo dócil que se estaba comportando, hizo hacerlo sentir más seguro de la situación. Dejando de jugar con el hilo de la tanga, comenzó a mover su mano sin dejar de tocar la piel de la mujer hasta que su mano hizo contacto con una de sus nalgas y le dio un apretón. Podía sentir lo tersa y suave que era y a la vez se daba cuenta que ni con su palma completamente abierta, podía abarcar por completo ese pedazo de carne. Apenas y podia tomar la mitad.

    Samantha abriendo los ojos de manera inmediata giro su rostro hacia atrás donde se encontraba el viejo y soltándole un manotazo le recriminaba con un semblate un poco molesto por tal atrevimiento.

    -Jejeje, perdón, se me resbalo la mano- era la excusa burda que le daba con una sonrisa simplona.

    -No se mande o déjeme sola- la casa le respondía con un semblante de disgusto. Si bien, estaba caliente, eso no significaba que fuera a dejarse hacer esas cosas por tan horrible sujeto. Era una mujer casada y esto solo era una ayuda que le estaban dando para poderse irse a su casa con su querido hijo a su casa. Por lo menos esa es la justificante absurda que se hacía creer la casada.

    El viejo rápidamente puso una rodilla en el suelo dejando su grasienta cara a la altura de sus nalgas. Veía como su mano se había marcado en su nalga, si bien el apretón no había sido fuerte, por lo blanco de la piel de la mujer, cualquier tacto hacía que se le marcara como si la hubieran tocado con fuerza. “Jejeje mira que bien se te ve mi mano en tu nalga, pinche culona. Hasta parece que fueras una vaca y esa marca fuera señal inequívoca de que eres de mi propiedad” pensaba el viejo mientras veía esa marca como si de una obra de arte se tratara.

    -Apúrele que si no van a subir- Samantha volteando su rostro miraba como aquel sujeto miraba embobado sus nalgas. Aquella acción más que molestarla le pareció chistosa. Pensaba que era como cuando su hijo miraba su caricatura favorita o su esposo veía un partido de futbol de su equipo favorito.

    El viejo quería que todo eso nunca acabara, pero a regañadientes comenzó a bajar el pantalón. Pensaba que con un jalón este caería hasta el suelo, pero grande fue su sorpresa cuando vio que con dicho jalón el pantalón continuaba igual, solo había lastimado a Samantha que con una voz adolorida le volvía a recriminar que tuviera más cuidado. El viejo entendía por qué la mujer había batallado tanto y solo había podido bajarlo hasta la mitad de sus piernas.

    Despues de un par de minutos, unos jalones y unos regaños de Samantha a Erasmo, este último por fin había cumplido con su cometido. La mujer ahora si tan solo vestía esa diminuta tanga y el pantalón solo quedaba en sus tobillos.

    -Oiga, hmmm… ayúdeme también a quitármelos por hmmm… completo- la mujer le pedía mientras con una mano intentaba el jalarlos, pero en esa posición y solo con una mano le era imposible.

    -Pero si te los quito ahí parada te vas a caer cuando le dé el jalón al pantalón. Mejor siéntate en la cama y así nos evitamos un accidente- Erasmo sin ninguna malicia le sugería a la casada. Lo que menos quería era que tan hermoso sueño que estaba teniendo no se volviera en una horrible pesadilla con algún accidente.

    Samantha veía por primera vez sincera preocupación por parte de él hacia ella. Así que aceptando que, si corría peligro en intenta quitarse el pantalón en esa posición, acepto su sugerencia.

    La mujer se dirigió entre pisando el pantalón mientras con sus manos continuaba cubriendo sus pechos, maldecía el haberle hecho caso a su hijo y haber salido sin brasier de la casa. Ahora otros ojos veían partes de su cuerpo que antes solo había visto su esposo.

    Posando sus nalgas en las sábanas de la cama y levantando ambas piernas en dirección al hombre, le decía que ya estaba lista.

    Erasmo tomando con sus 2 manos el pantalón dio 3 jalones, pero este no cedía, tan solo veía como el cuerpo de Samantha se movía con tanto jaloneo como si de una muñeca de trapo se trata. El viejo tomaba un respiro en cada jalón y es que en su vida había esforzado tanto a su obeso cuerpo. Estaba en uno de esos respiros cuando de repente sintió que el mismo diablo les estaba hablando.

    -Samantha, tu hijo ya se enfadó muchacha. ¿Qué tanto haces?- Doña Carmen había regresado ya que al fin había atendido al par de muchachas y estas ya se habían ido. Veía como Daniel permanecía sentado en las escaleras con un rostro de fastidio. Así que, sin más la mujer decidió subir y apurar a la casada.

    Al escuchar la voz y el ruido de sus sandalias al estar subiendo las escaleras a paso lento, Samantha y Erasmo se vieron a los ojos con un pavor como si la mismísima muerte fuera por ellos. En voz baja Samantha le decía que se apurara mientras que el viejo en un ataque de fuerza, le dio un jalón que hizo salir el pantalón de los tobillos. Pero también haciendo que, por la fuerza, el viejo fuera a dar contra la pared mientras que Samantha cayo completamente de espaldas contra la cama.

    El viejo sobándose la nuca por tremendo golpe que se dio, se acercó a la cama para ver si la mujer se encontraba bien. Pero apenas le iba a preguntar cuando la imagen que vio lo dejo mudo.

    Samantha por la velocidad en la que cayó en la cama hizo que sus brazos cayeran a los lados de su cabeza dejando sus pechos completamente al descubierto, viendo lo grandes y blancos que eran, que a su vez contrarrestaban con lo rozados de sus pezones. Mientras que sus piernas habían quedado completamente abiertas dejando ver como sus los labios estaban completamente expuestos ya que la tela de la tanga estaba completamente metida en la vagina. El viejo movía sus ojos por todo el cuerpo de esa mujer intentando que su atrofiado cerebro por tanto alcohol que consumía, pudiera guardar la erótica imagen en alguna de sus neuronas que aun funcionaban. Con su cabello desparramado en la cama, estando prácticamente desnuda, con sus brazos y piernas en esa pose, pareciera una amazona que había perdido la batalla y su castigo era el saciar el libido del macho que tenía delante.

    Samantha comenzaba a abrir sus ojos después del golpe que había sufrido y lo primero que vio con miedo fue a ese hombre casi encima de ella. La mirada que tenía era la de un loco y no entendía el porqué, hasta que bajo su mirada y vio el motivo. Rápidamente llevo sus manos a sus pechos e intento el cerrar sus piernas, pero el hombre estaba en medio de ellas lo cual le impedía tal acción. Al bajar su mirada también vio con mucho asombro como un bulto enorme se le formaba en los pantalanes. Creía que se trataba del algún pepino que estaba escondido ahí ya que por el tamaño y grosor lo relacionaba con esa verdura.

    Aquella pareja se encontraba en tan incómoda situación cuando los pasos que se escuchaban más cerca los sacaron de sus pensamientos e impulsos. El viejo asomándose por la puerta, veía como la cabeza de su mujer se comenzaba a ver por escaleras. Sabía que ya era muy tarde para intentar esconderse en el baño. Lo único que se le ocurrió fue ponerse a un lado del ropero que estaba a un lado de la puerta y rezar porque aquella vieja no entrara al cuarto.

    Samantha por su parte, como resorte se levantó de la cama mientras buscaba su vestido que encontró tirado a un lado de la cama. Mientras veía de reojo como ya el cuerpo de Doña Carmen se veía completamente, ella apresuradamente se ponía su vestido y se dirigía al tocador.

    -¿Mija, porque tardas tanto? Tu niño ya esta muy desesperado- Doña Carmen le cuestionaba a Samantha mientras se acercaba al cuarto.

    -Ay, perdon Doña Carmen, es que me estaba arreglando un poquito jiji- intentando actuar normal la casada le decia aquella mujer, pero sin duda la risa era una señal de lo asustada que estaban.

    -Que vanidosa eres Samantita. Oye, te ves muy colorada, ¿tienes calor?- la vieja veia el color rojizo en la piel de la mujer y como esta tenia unas gotas de sudor en su frente.

    -Ay si, un poco. Aparte el quitarme el pantalon me costo mucho, así que tambien por eso me acalore jijji- Samantha intentando sonar lo mas normal del mundo le respondia aunque sentia como la adrenalia por dentro la estaba consumiendo.

    -Me hubieras dicho para darte una mano mi niña- con una sincera preocupacion le decia

    -Me la dieron…- en voz baja y dirigiendo su mirada hacia donde estaba Erasmo le daba una mirada de enojo a lo que el viejo solo se limitaba hacerle señas con su dedo en su boca en señal de que guardara silencio.

    -¿Qué?- fue lo unico que le respondio la señora ya que fue tan bajo lo que dijo Samantha que no pudo escucharlo.

    -Nada, que ya nos vayamos porque Daniel debe de estar enojadojijiji- Samantha juntando el pantalon y la blusa, salio del cuarto mientras tomaba a Doña Carmen del brazo para amabas bajar las escaleras.

    El viejo al solo escuchar unos murmullos abajo y como estos se fueron silenciando entendio que el peligro ya habia pasado. Justo en ese momento volvieron esas imágenes en donde Samantha estaba acostada en su cama y de inmediando se dejo caer ahí intentando aspirar su aroma que aun quedaba en esas sabanas.

    Mientras que abajo, los 3 ya se encontraban en la banqueta mientras se despedían.

    Doña Carmen le entregaba su bolsa con las prendas que le habia comprado y le decia que mañana mismo le llevaria el uniforme a su casa a lo que Samantha le pagaba por las prendas y le dejaba otros billetes para que de ahí comprara el uniforme.

    Doña Carmen veia muy oscuras y solas las calles, lo que le dio preocupacion de que se fueran camiando solos. Habia escuchado que ultimamente los robos en la colonia estaban aumentando. Asi que le sugeria a Samantha que tomara un taxi, Doña Carmen le queria decir que su amor los podia llevar pero dado al ultimo percance que tuvieron hace unos minutos, no queria que les fuera a contestar con una majaderia que hiciera sentir mal a su niña. Pero la mujer le decia que no, que eran solo unas cuadras y no les pasaria nada. A Samantha tambien le parecia peligroso el andar caminando por aquellas calles tan oscuras, pero lo que queria era ya irse lo antes posible de ahí para intentar olvidar lo que habia ocurrido arriba.

    Estaban discutiendo las 2 mujeres cuando Doña Carmen sintió una mano en su hombro y vio como Samantha giro su rostro hacia un lado con cierta incomodidad.

    -Bueno, bueno, ¿qué está pasando aquí? Jejeje- se trataba de Erasmo quien muy quitado de la pena y con una sonrisa se unía a la conversación.

    -Me asustaste viejo. Mira te quería presentar a Samantha y su hijo Daniel. Ella es hija de mi mejor la que te había comentado que lamentablemente ya falleció- la señora le presentaba a su pareja a quien veía como su hija. Sin saber que ambos ya se habían conocido muy de cerca hace unos minutos o más bien, Samantha era la que se había presentado muy al “natural”.

    -¡Ah caray! Con que ella es la famosa Samantita de la que tanto me hablabas. Pues mucho gusto muchacha, es todo un placer el por fin conocerte. Yo me llamo Erasmo a tus ordenes jejeje- el viejo ignorando por completo al chiquillo y tan solo enfocándose en la hembra que tenía enfrente, le extendió la mano en señal de saludo intentaba que sus miradas se encontraran, pero la mujer esquivaba la mirada.

    -Gracias- era la seca respuesta de Samantha hacia aquel hombre mientras miraba hacia un lado de la banqueta. El tocar la mano de aquel hombre le producía una gran incomodidad por el cinismo con el que estaba ahí parado como si nada hubiera pasado.

    Doña Carmen ni cuenta se dio de lo incomodo que estaba el ambiente. La felicidad la cegaba ya que en varias ocasiones se había imaginado ese momento, en el que pudiera presentar a ambos.

    -Bueno, y ¿qué tanto discutían mujer?- el hombre se hacia el que no sabía de que hablaban cuando en realidad si sabia. Y es que mientras estaba acostado oliendo las sábanas, pudo escuchar por la ventana de la recamara que daba a la calle, como su mujer le decía a Samantha que se fuera en taxi, pero ella terca le decía que no. Ahí fue cuando puso a funcionar su pervertido cerebro e inmediatamente bajo a donde estaban ellas.

    -Ay viejo, pues esta muchacha que no me hace caso. Le digo que se vaya en taxi a su casa porque están muy oscuras y solas las calles. No venga siendo que le vayan a dar un susto a ella y su hijo- la señora en un tono de sincera preocupación le respondía a Erasmo

    -Faltaba más vieja, yo ahorita mismo los llevo. Súbanse a mi taxi- Erasmo soltando a su mujer se dirigía a su carcacha con llantas.

    -¡No como cree! Ahorita nos vamos mi hijo y yo solos. Al cabo no nos va a pasar nada- justo en ese momento escuchan a un par de cuadras las sirenas de una patrulla que conducía a toda velocidad.

    -Mamá, mejor si hay que irnos con el señor- Daniel abrazándose de la cintura de su madre veía a lo lejos los focos rojos y azules de la patrulla que iban desapareciendo en la penumbra de la calle.

    Al ver lo asustado que se encontraba su hijo y en el fondo ella también, aunado a que ambos viejos continuaban insistiendo, la casada no tuvo de otra que aceptar el “aventón” y se dirigieron al taxi.

    -¡Yo también voy con ustedes!- Doña Carmen sin decir más se dirigió al vehículo. Samantha al ver que también ella iría sintió un gran alivio ya que no quería tener ningún tipo de charla con ese tipo.

    -¡No tú te quedas!- con voz autoritaria y con una mirada de pocos amigos el viejo se dirigía hacia la señora que quedo sorprendida al igual que Samantha por tan contundente respuesta.

    -¿Pero porque viejo?- con una voz confundida y algo triste la mujer le preguntaba al hombre.

    -Pues… pues… porque me tienes que preparar de comer, así que te quedas para prepararme algo rico en lo que yo los llevo- el viejo en un principio no sabía que pretexto poner, pero al escuchar sus tripas gruñir rápidamente supo lo que tenía que decir. Sabía que su tonta mujer le creería y aceptaría.

    -Tienes razón viejo- Doña Carmen recordando como se había puesto hace rato, prefirió no tentar más su suerte. Al final más ocasiones tendrían para ir dar la vuelta en el taxi, eran las ideas que tenía la mujer. -Bueno mija, súbanse y me mandas mensaje cuando lleguen, por favor- la mujer acercándose a Samantha le daba un cálido beso en la mejilla mientras a Daniel le daba otro.

    Samantha le respondió que lo haría y sin más, se metió con su hijo en la parte trasera del coche. Erasmo diciéndole unas ultimas cosas a su mujer también procedió a meterse al taxi y se marcharon mientras por la ventana sacaba su mano en forma despedirse de Doña Carmen la cual les aventaba una persignada.

    Samantha dejando de mirar por la ventana y regresando la vista hacia dentro de aquel viejo coche, veía la decoración. En primera podía sentir como un resorte del asiento impactaba contra su nalga haciéndole ir incomoda, pero al ver que su hijo iba con los audífonos puestos, ya no quiso molestarlo diciéndole que se moviera un poco para así evitar esa incomodidad, al final no sería un viaje largo. Dirigiendo su mirada hacia los asientos de adelante, podia ver que dichos asientos llevaban una funda amarilla muy percudida, pero en el centro se veía un escudo del América al igual que en el espejo retrovisor veía un águila de peluche colgada con el uniforme del América. Sin darse cuenta miro por el espejo y vio como los ojos del viejo también la miraban, rápidamente giro su mirada de nueva cuenta hacia la ventana mientras sus mejillas se ponían levemente coloradas. Pasaron unos minutos en los que el interior del carro continuaba en silencio tan solo la radio rompía con ese silencio sepulcral y es que el viejo había decidido tomar la ruta más larga para poder tener más tiempo con esa diosa, pero desde que habían salido de la casa no había dicho ni una palabra. La casada iba mirando las pocas luces que habia en las calles cuando pudo escuchar en la radio una canción que se le hizo familiar, ´cuando te vere otra vez, mi vida cuandooo´.

    -Son las noches imposibles soñándoteee- Samantha sin darse cuenta comenzó a cantarla en voz baja y es que esa canción era una de sus favoritas. El viejo que iba atento a todo lo que hacía o decía ella, no perdió la oportunidad.

    -Ven, ven mi amooor, ven alegrar mi vida- berreaba el viejo ya que a eso no se le podía decir canto. Mirando por el retrovisor veía que Samantha sorprendida lo miraba también. -Esta buena esa rola, ¿no?- subiéndole el volumen a la radio volvía a mirar a la casada por el retrovisor esperando una respuesta.

    -si- en un tono muy bajo y mirándolo por el retrovisor le respondía la casada. Y es que tal acción le pareció vergonzosa, pero a la vez divertida. Le recordaba cuando era mucho más joven y veía a su madre y padre cantándose esa canción. Había intentado replicar esa escena con Roberto, pero a él no le gustaba esa música así que nunca le siguió la corriente.

    -Mamá, ¿ya mero llegamos?- Daniel quitándose los audífonos y apagando su celular volteaba a verla.

    -Ya mero llegamos chamaco- Erasmo en un tono seco le respondía al escuincle. Y es que apenas sentía que iba a poder platicar con su ninfa, pero todo se había arruinado por culpa de Daniel.

    Después de un par de minutos mientras Daniel le contaba unas tonterías sobre su videojuego a su madre que tanto ella como Erasmo no entendían, llegaron por fin a la casa.

    Daniel rápidamente quitándole las llaves a su madre de la mano, bajo del auto y se fue abrir la puerta. Mientras que Erasmo también con reflejos felinos nunca antes vistos y sintiendo como le tronaban unos huesos de la espalda por el movimiento tan brusco, bajo del carro para abrirle la puerta a tan hermosa dama. En su día a día jamás se bajaba a abrirle la puerta nadie, ni, aunque se tratara de una pobre anciana que apenas se podía mover, es más, con ellas era más grosero y casi las hacia bajar con el taxi en movimiento, pero con Samantha era todo lo contrario.

    Samantha sorprendida veía tal detalle y como el viejo le daba la mano para que se apoyara de ahí para salir. Era como ver cuando el guapo príncipe le ayudaba a bajar a la hermosa princesa del lujoso carruaje, solo que aquí lo único que había era una hermosa y bien proporcionada princesa ya que el viejo si parecía príncipe pero aun convertido en sapo y al carruaje parecía que ya le habían dado las 12 y se había convertido en calabaza.

    La mujer agradeciendo el detalle lo acepto y es que también el asiento estaba muy sumido que se le dificultaría el salir por su propia cuenta de ahí.

    -Sana y salva en tu casa, Samantha- diciendo eso, el viejo le propinaba un beso en su mano.

    -Gra…gracias- Samantha tartamudeando le respondía y es que no se esperaba tal accion que la hizo ruborizar.

    -Para nada, el placer fue snaf todo mio, hermosa- el hombre acercando su boca a su oreja le decía eso mientras daba una fuerte respiración al aroma que emanaba su cabello.

    Samantha sintió que los calzones se le bajaban con tal atrevimiento del viejo. Sintió unas ricas punzadas en su vientre y con ello un calorcito en su vagina. Si hubiera alguien afuera, creyeran que se trataba de una pareja y es que la forma en que el viejo tenía cerca su cara a la de ella, daba la impresión de que se estaban besando.

    -N… nos vemos- la casada rápidamente se separó del viejo y sin más subió las escaleras que daban a la banqueta, regalándole involuntariamente una rico meno de sus nalgas. Cuando llego a la puerta de su casa giro su rostro, con una tímida sonrisa y moviendo su mano en señal de despedida se metió a su casa.

    -Ay Samantita, vas a ser mía ya lo veras. Te ves muy decente, pero se te nota que eres una conejona jejeje- el viejo sobándose el bulto en sus pantalones miraba a la puerta con una sonrisa para después subirse a su taxi y marcharse por aquella oscura calle.

  • Sexo al aire libre

    Sexo al aire libre

    Mi nombre es Franco, mi novia se llama Sofia.

    Somos novios muy calentones de esos que hacemos el amor donde sea.

    Estábamos en el 5 piso del departamento de mi mamá. Tomábamos mates y nos acompañaba mi mamá. Mi novia siempre fue de tener cara de santa, ¡pero a la hora de coger era toda una puta!

    El asunto es que nos encontrábamos tomando mates con mi mamá a medianoche, eso de la 1 am nos dice que se va a dormir y quedamos solo yo y mi novia.

    Ella llevaba un vestidito corto color negro, con detalles de flores y una tanga color negra que le encaja muy bien en el culo blanco que tiene. Ella es de piel blanca esa donde le pones un buen chirlo en el culo y le queda marcado todo coloradito; pelo negro, ojos saltones color negro de esos ojos que cuando te hacen un pete te miran con la mirada bien grande y caliente la famosa cara de golosa.

    La cosa es que nos sentamos en la escalera que es al aire libre de acceso público ya que había más departamentos en el piso, y las luces apagadas con ese toque de luna y estrellas que podíamos contemplar, empecé a besarla y a meter mano por todo su cuerpo y ella me decía basta puede venir alguien y yo ya estaba encendido.

  • La ejecutiva y la meretriz

    La ejecutiva y la meretriz

    Una chica contrata a una prostituta para estrenarse en el sexo lésbico. Tiene dinero y le gusta disfrutar de su cuerpo. La meretriz, una chica guapa a la que también le gusta pasarlo bien en su trabajo. Descubre en la nueva clienta una pervertida, abierta a probar todo el placer del cuerpo que una mujer puede ofrecerle.

    Ya antes ha estado con dos chicos a los que tuvo que pagar. Pero le dieron un buen servicio viendo en directo cómo dos chicos ser amaban entre sí y luego se dedicaban a ella.

    Al abrir la puerta la vi, morena, con el cabello negro y liso como ala de cuervo; ojos azules, profundos helados e impenetrables. Labios gruesos sensuales, rojo sangre, cuello largo y fino tan bronceado que me hubiera parecido mulato y no se veía nada mas.

    El resto lo escondía bajo un inmenso abrigo de paño que le llegaba hasta las botas de tacón fino que cubrían sus pies. Al verla me recordó el frio que debía hacer en la calle, pues en mi casa tenía la calefacción a tope.

    Y lo único que cubría mi cuerpo era una camiseta justa que había recortado casi hasta el nacimiento de los pechos y un sensual tanga de encaje que marcaba una profunda v en mi vientre. Inmediatamente le dije:

    – Dame el abrigo.

    Lo desabotonó despacio como para retrasar la contemplación de su cuerpo. Debajo tenía unos vaqueros tan ajustados que parecían pintados sobre su cadera y un jersey de cuello alto, también apretado. En el que se marcaban perfectamente los duros pezones en las cónicas y marmóreas tetas.

    Coloqué la prenda en el perchero mientras le indicaba el camino del salón para que ella fuera delante y poder contemplarla a mi placer desde todos los ángulos. Su culo era simplemente perfecto con forma de pera en una cintura estrechita.

    Como explicación a todo esto diré que me había entrado el morbo de probar el sexo con otra mujer. Como no me sabría desenvolver bien en el ambiente, ni quería perder el tiempo ligando. Me decidí a consultar la sección de contactos de un periódico.

    Hice una selección de lo que ofrecían buscando aquello que podría resultar mas agradable. Fui llamando preguntando si querían hacerlo con otra chica y si vendría a casa a pasar la noche conmigo.

    Al final de todo ese proceso me había quedado con ella, Belle como quería que la llamara y por fin la tenía sentada en mi sofá.

    No quería que fuera algo frio, que folláramos, la pagara y se fuera. Quería algo mas tierno, dormir con ella y aunque todo eso ya se lo había explicado por teléfono se lo repetí entonces.

    – Quiero que te quedes toda la noche. Hacerlo con calma, disfrutar de museos cuerpos.

    Ella sonriendo me besó suavemente en los labios y me dijo que no tenía ningún compromiso mas que conmigo y ninguna prisa. Que ya había aceptado esas condiciones y que solo deseaba hacerme feliz. Como publicista la chica no tenía precio y sé de lo que hablo.

    – No te preocupes, te he reservado la noche. Y si estamos a gusto parte de la mañana, ahora que te veo. Ya me lo dijiste cuando hablamos.

    – ¿Has estado con más mujeres?

    – Si, me encanta tener clientas. La mujer es diferente al hombre al hacer el amor y cada una es algo nuevo.

    Me interese en si tenía mucha experiencia con chicas y con esa enigmática sonrisa suya de medio lado me contestó que alguna. Pero que eso no era importante, que cada nueva mujer es un nuevo descubrimiento.

    En toda la conversación no separaba sus manos de las mias que descansaban sobre mi muslo doblado sobre el cojín. Se estaba ganando mi confianza y yo tenía ganas de ver más de su cuerpo.

    Le pregunté si no tenía calor y le propuse que se pusiera más cómoda. Así conseguí que se sacara las botas, calcetines y los vaqueros. Esto último nos costó mas debido a lo pegados que los llevaba. En el proceso nos echamos unas risas.

    Su minúsculo tanga era apenas un rombo sobre su monte de venus sujeto con tres cordoncillos que se juntaban en un solo elástico un poco mas arriba y descubría su pubis casi al completo. Un monte de venus sin un solo pelo. Me dijo:

    – Me lo he rasurado todo en tu honor. Antes llevaba una tirilla por encima.

    Las largas y torneadas piernas tenían un tono algo mas claro que el mio y se rozaban con las mias sin que ninguna de las dos hiciera nada por evitarlo. No teníamos prisa, de vez en cuando le dábamos un sorbo a los refrescos que había preparado.

    Continuábamos con los besos que poco a poco se hacían mas apasionados. Su lengua comenzó a explorar mi boca y yo saboreaba su saliva echándome cada vez un poco más encima de ella.

    Mis manos se hicieron más atrevidas y comencé a acariciarla suavemente, la cara, los pómulos, luego las piernas desnudas. Solo leves roces con la yema de los de los dedos trazando arabescos en su piel.

    Sus manos tampoco permanecían quietas acariciando mi espalda, los muslos, y el culo que apretaba de forma firme con toda la mano. Solo separamos el beso para que ella pudiera sacarme el cacho de camiseta y dejar libres mis senos enormes sobre los que se lanzó de inmediato. Besando todo el volumen y jugando suave con los dientes, absorbiendo los pezones y lamiendo o chupando.

    Yo seguía encima de ella apoyada en mis brazos y poniendo al alcance goloso de su boca las partes que me apetecía fueran acariciadas. Volví a apoyarme en ella buscando sus labios con los míos y su lengua con la mía recorriendo toda su boca, dientes, paladar, lo mas profundo que alcanzaba.

    Buscaba su piel desnuda con la yema de los dedos y tuve que quitarle el jersey que todavía tenía para conseguir mas piel que acariciar.

    Sus pechos orgullosos no necesitaban ayuda para que los sostuvieran. Me mostraban sin complejos los pezones oscuros de pequeña areola que salian como los botones de una máquina de placer.

    Solo pude inclinarme sobre ellos para besarlos, usando suavemente los dientes. Los mordisqueaba y lamía su contorno bien definido, bajando hasta las costillas justo debajo, e incluso deslazándome a la axila perfectamente depilada.

    Asi las dos, solo con los breves tangas le propuse acercarnos a mi dormitorio, donde estaríamos mas a gusto en mi enorme cama. Indicándole el camino fui detrás de ella observando sin complejos el culito desnudo. Antes de llegar al lecho la frené sujetando su cadera y por fin agarré el elástico que rodeaba su cintura hice por bajarlo, pero me dijo:

    – ¡Rómpelo!

    Y casi sin esfuerzo me quedé con el tanga en las manos. Todo eso sin separar mis labios de su cuello y pasando la lengua suavemente hacia su oreja para introducirse en el oído. Mis pechos atacando literalmente la piel de la espalda, y mi pubis pegado como con cola a sus poderosas nalgas.

    Paseé las manos por la cintura hacia el vientre plano, acariciando el suave ombligo y por fin deslizándose por la piel suave de su monte de venus buscando la vulva.

    El único coño que hasta ahora habían tocado mis manos era el mio propio y pretendía alargar unos segundos más el momento de contemplación descubriéndolo solo con la punta de mis dedos.

    Estaba caliente, notaba la piel suave de sus labios abriéndose despacio y por fin toqué la humedad de su interior. Un poco mas dentro y la carnosidad y pulposidad de los labios interiores se fueron abriendo a mi toque.

    Muy, muy húmedos, subí un poco mojando con sus propios jugos el clítoris que no costó mucho sacar de su pequeño escondite. Gimió suave y volví a intentar descubrir su interior sus labios se abrieron le acaricié la salida de la uretra.

    Ya sin demorarme más busque entre la humedad de sus pliegues la entrada a su vagina. Índice y medio se abrieron camino siendo presionados por su vulva. Era precioso y no me conformaría con acariciarlo.

    Me incliné para contemplarlo de cerca, deleitarme con esa visión. Y ya que lo tenía tan cerca de mi boca atreverme a probarlo, besarlo y saborearlo. Un leve toque de mi lengua en su clítoris y pareció darle un calambre, un temblor de placer, así que parecía que no le disgustaba del todo.

    Besé su sonrisa vertical con mis labios, sorbiendo sus jugos. Clavando la sin hueso en lo más profundo de su vulva.

    Supe cuando se corría, lo hacia como yo, silenciosa y sísmica casi ahogándome entre sus bellos muslos. Mientras yo me agarraba con fuerza a sus nalgas. Aproveché el momento de relajación tras el orgasmo para levantar sus piernas hasta sus tetas y hacerme con el ano. Lo acaricié con la lengua volviendo a correrse.

    Ahora era yo quien tenía que ver cumplidas mis necesidades. Necesitaba que me devolviera el favor. Abrirme de piernas ante ella y sentir su lengua en mis más íntimos rincones. Pero no sería tan fácil con ella… me giró boca abajo para acariciarme desde el cuello.

    Apartó mi melena a un lado para besar y lamer mi nuca. Mi piel se erizaba al notar esos roces. Me lo estaba haciendo desear, lamiendo cada centímetro de mi espalda. Y en ella el roce de sus duros pezones bajando despacio.

    Notaba en mis nalgas como su cuerpo se deslizaba sobre el mío. Su piel caliente frotándose, sus pezones podía notarlos duros rozando mi piel. La humedad de su lengua, de sus besos.

    Mientras ella me besaba una de sus manos se deslizaba entre mis nalgas acariciando mi culo y entré mis muslos hacia mi coñito. Sentir su lengua en el ano rompió todos mis esquemas y me hizo correrme como nunca. Me hacía gemir y suspirar como nadie antes.

    Casi la desmonto de mi grupa, pero no me conformaba con uno solo. A cuatro patas, las rodillas bien separadas, abierta todo lo que podía y a su merced.

    Tengo que admitir que valía todo lo que me costó. Se esforzó en darme todo el placer que necesitaba con sus manos y su lengua. Mis orgasmos eran casi continuos enlazaba uno tras otro.

    Ella aferrada a mi culo no se separaba de mí, como si nos hubieran atado con cadenas de acero. Caí agotada en mi colchón con ella entre mis piernas y su carita apoyada en el culo.

    Subió sobre mí. Nos cubrió con mi manta y nos dormimos con su brazo rodeándome con cariño.

    Prostituta por qué no voy a decirlo y bisexual. Me gustan las chicas. La llamada de Sara me llamó la atención. Quería una noche de ternura, no solamente una hora de sexo. Así que animada por su voz sensual anulé otra cita que tenía y me limité a ponerme unos vaqueros y un jersey. El abrigo y dirigirme a la dirección que me dio.

    Al abrirme la puerta casi desnuda me impresionó su cuerpo voluptuoso pero firme. Se ofreció a colgar mi abrigo y charlamos en su sofá. Con las manos juntas haciéndonos confidencias y conociéndonos mejor. Aunque Sara no dejaba de mirar mi cuerpo con lascivia. La verdad el que con la calefacción que tenía puesta empezaba a pasar calor.

    Me ayudo a sacarme las botas y los vaqueros, una chusca situación, y ella seguía mirando mi cadera casi desnuda. Cuando volví a sentarme a su lado con nuestros muslos desnudos tocándose por fin nos besamos.

    Muy suave al principio y con mas pasión cada vez. Comencé a acariciar su suave piel mientras ella se iba echando encima de mi. Separamos el beso para que pudiera quitarle la mínima camiseta para apoderarme de sus grandes y bien formados senos. Por fin pude lamer sus areolas claras y el duro pezón rosado.

    Gemía por las caricias de mi lengua en su cuello y hombros, por los suaves roces de mis dedos en su vientre y cadera. Solo me quedaba el tanga cuando le pedí que lo rompiera para darle a saborear todo mi cuerpo.

    Su lengua tenía ganas de los nuevos sabores que mi cuerpo podía ofrecerle. Ansiosa pronto noté sus dedos acariciando mi vulva. Su lengua penetrándome y provocando mis primeros orgasmos.

    Lógicamente yo también tendría que ganarme mi salario. Y darle a ella el placer que me estaba proporcionando aumentado y multiplicado. Lo que sería una muy agradable tarea a la que dedicarme en lugar horas siguientes. Saborear su voluptuoso cuerpo, acariciarla y darle todos los orgasmos que pudiera.

  • Crónicas de una mojigata

    Crónicas de una mojigata

    Desde que empecé a experimentar en este mundo de las caricias desconocidas y sexo fortuito me he encontrado de todo, pero si hay algo que no logro entender y que, incluso me incomoda es la mojigatería.

    Cuando algo te gusta, nada debería detenerte para disfrutarlo en la presentación que sea que te guste y a la hora que sea.

    Siempre he sido fiel admirador del cuerpo humano y más aún del cuerpo femenino. Pero más allá de los géneros, las funciones de nuestro cuerpo son mas que increíbles. Y en este caso hago alusión a la piel. Tenemos cientos de millones de receptores que nos hacen sentir cualquier cosa, hasta el roce de la más mínima corriente de aire puede hacer que nuestra piel se erice.

    Todo esto va en función de que, cuando alguien nos roza por accidente es notorio pero de igual manera se siente cuando ese roce es mas intencional que accidental. Luego entonces, no puedo creer esa consigna de “no me di cuenta, ni sentí que estaba pasando” obviamente sentimos y ya sea por miedo, vergüenza o gusto es que a veces no decimos ni hacemos nada solo dejamos que las cosas pasen viendo hasta donde pueden llegar.

    Todo este preámbulo es para contarles mi última experiencia en el camión rumbo a mi trabajo. Como de costumbre era muy temprano. 5.30 am y ya había gente esperando así que me dispuse a esperar mi camión. Llegó después de unos minutos y me subí. Sentía ese impulso y deseo que se subiera alguna chica o señora de buen ver y checar hasta dónde podría llegar. (Mi meta y mayor fantasía es lograr empezar con caricias furtivas y lograr llegar a la cama con una desconocida).

    Después de dos paradas se subió una chica como de 20 años, vestía una chamarra ajustada, una blusa escotada que dejaba asomar unas tetas juveniles, pequeñas, pero bien formaditas. Traía unos shorts azules, como de tela de mallones, pero un poco holgados (Me llamó la atención y me dio curiosidad quien se pondría unos shorts así de cortos para salir con tanto frio y tan temprano de casa) El simple look que portaba me incitaba a pensar que no tendría problema ya que subirse al transporte lleno de gente vestida así es casi casi una invitación, la cual no desaproveche. Ella se paro a un costado mío y de inmediato me giré al lado contrario para poder quedar espalda con espalda, ella se recorrió un poco mas y sentí de inmediato sus nalguitas recargadas sobre las mías. Aprovechando el dispositivo de mi cinturón, anclé de inmediato mi mochila justo del lado que quedaba mas cerca de su trasero y aprovechando la obscuridad y el movimiento puse ligeramente mi mano y sentí el borde superior de ambas nalguitas y me excitó demasiado el ver que no hizo ninguna reacción.

    Ya sin miramientos deje que el movimiento me deja fluir en caricias suaves sobre ambas nalgas. Podía sentir esa firmeza, imaginando lo suaves que estarían y el olor de su sexo. No puede evitar recordar a la señorita V, esa sensación de tener un cuerpo joven, terso y suave tan cerca. Seguía viendo de reojo para ver si había alguna respuesta, pero nada.

    Fue entonces que decidí avanzar al siguiente nivel. Puse mi mano ya con toda confianza sobre su nalga derecha y la empecé a masajear suavemente y dejaba que el vaivén del camión me permitiera pasar entra ambas nalgas hasta que quede justo a la mitad y mi dedo medio comenzó a pasar sobre esa línea mágica que lleva directo hasta la gloria.

    Aún seguía sin ver ninguna respuesta de ella y por el contrario, en un movimiento del camión sentí como abrió sus piernas ligeramente y mi dedo quedo atrapado entre sus nalgas. Mi corazón latía al mil por ciento, sentí que se saldría del pecho al ver que ella no se inmutaba y tuve la idea que también lo venia disfrutando tanto como yo.

    Entonces decidí ir un poco mas lejos. Baje mi mano y alcance el borde entre el short y su pierna, logre sentir su piel y me puse como loco. Estaba demasiado excitado y deseaba que esa experiencia terminara en algún hotel cercano teniendo sexo con ella. Pero no fue así.

    Lamentablemente algo paso que de repente volteo como si no se hubiera dado cuenta y se despegó poniendo su mochila protegiendo una de sus nalgas y con su otra mano cubrió la otra y así se fue lo que restó del camino.

    No puede dejar de reflexionar en que la hizo cambiar de opinión. Quizá fue su moral, sus principios, su tabúes, que se yo. Pero de algo estoy seguro: Sé que se dio cuenta, sé que lo disfrutó y sé que tuve que llegar con ese dolor que desde la adolescencia no sentía. Jejeje

    Hasta aquí esta pequeña experiencia y como siempre les dejo mi mail para poder estar en contacto. [email protected].

  • Proyecto de trabajo (partes 3 y 4 – Final)

    Proyecto de trabajo (partes 3 y 4 – Final)

    Después de la sesión de sexo online que disfruté con Nuria, estuve varios días sin ver a Nuria.

    Resulta que su hijo había cogido la varicela en el colegio y ella también se contagió por lo cual poco más que tuve contacto con ella solo por teléfono porque según ella estaba muy fea llena de granos y no quería que la viera y como comprenderéis no hubo nada de sexo.

    Llevaba más de una semana sin sexo y estaba que me subía por las paredes y necesitaba follar y decidí ya que yo no follaba por lo menos vamos a calentar el ambiente.

    Me levante con una erección tremenda y decidí hacerme una foto y mandársela a ella.

    -Mira que tengo entre manos y alguien se lo va a perder.

    -Mira que eres yo jodida sin poderme mover y me mandas eso. No te lo perdono jajaja.

    -Ya que te estas rascando todo el día que mejor forma que aprovechar cuando te rascas cielete.

    -Ni ganas tengo entre lo que me duele el cuerpo y mi cachorrete que no se despega de mí no tengo ni ganas.

    -Bueno cielete te dejo descansar y no te rasques mucho que ya sabes que una cosa lleva a la otra que me piro a levantar el país.

    -Eso déjame con el calentón cabrito te libras que tengo al enano al lado.

    Colgué y como seguía súper salido me puse un video a través del móvil para hacerme una paja y me fui a currar.

    Los días transcurrieron con normalidad en el trabajo seguíamos con nuestra rutina habitual y con Nuria solo unas llamadas y pocas oportunidades de sexo entre que ella estaba hecha polvo y su niño no se separaba de ella no tuve oportunidad.

    Hasta que pasadas un par de semanas se pudo incorporar.

    Como siempre del trabajo éramos de lo más fríos y nos saludamos con un protocolario que tal como te encuentras y me alegro que ya estés recuperada.

    Ya en el trabajo empecé mandarle mensajes y wasap para ir calentándola por todos los días que me había dejado a palo seco.

    A los que ella me mandaba risas y caritas de sorpresa.

    En un momento que me fui al baño la mande un video de cómo me meneaba la polla con el mensaje “te apetece una de estas para cenar”.

    – Dios toda mia

    -Seguro te lo has ganado no sé yo. Has sido una niña mala

    – No seas cabron que he estado malita y yo tampoco he hecho nada

    La tarde fue pasando entre mensajes morbosos y fotos aún más morbosas

    -Cariño no sé qué te pasa pero me tienes toda cachonda entre los mensajes y las fotos. Cuando te pille esta noche te voy a dejar seco

    -No sé yo si esta noche puedo yo a lo mejor tengo planes

    -No me jodas entonces a que viene tanta foto y tanto mensaje

    -Un poco de juego no viene mal cielete

    – No me vaciles chaval que soy mucha mujer

    – Bueno cariño no te enfades pero de verdad esta tarde no puedo tengo que ir a casa que tengo junta de vecinos y aparte tengo que terminar un balance

    – Bueno pues si no puedes esta noche tendré que volver a ver a ese viejo amigo mío que duerme en el cajón de mi mesilla

    -Lo siento de verdad cariño pero lo tenemos que dejar para otro día

    No la sentó muy bien pero no sabía lo que la esperaba

    Ya una vez que termino nuestra jornada yo salí antes que ella de las instalaciones y me escondí en el baño del parking.

    Como ya sabía era de las ultimas en salir y cuando estaba a punto de salir a por su coche Salí del baño la agarre de la mano la metí dentro del baño.

    La tape la boca para que no gritara.

    La sorpresa de ella fue mayúscula.

    -shhh calla no grites

    Uhmm que haces aquí no que todavía hay gente

    Mientras la tenía sujeta por la espalda y la mordía la oreja que tanto la ponía.

    -estate quieto que haces

    -calla

    -Dios José aquí no por favor

    Mi mano estaba bajando por su abdomen y llegando a sus piernas enfundadas en una falda corta.

    -Jose por dios estate quieto

    Seguía subiendo mis manos por sus piernas hasta llegar a su sexo que ya estaba caliente y empezando a mojarse.

    -ay dios José por favor

    Cerré la puerta y eche el pestillo no quería que nos molestara nadie.

    Seguí besando el cuello de ella mientras ya tenía mi mano en su coño y empece a masajear su clítoris.

    -Jose por dios para por favor

    Shss calla.

    Ella estaba apoyada sobre el lavabo del baño mientras ya estaba desabrochando su camisa quería poseer esos pechos

    Por fin su falda cayó al suelo. Nuria estaba ya frenética entre el miedo y el morbo a ser descubiertos.

    -Dios José que me estás haciendo estamos en el trabajo como nos pillen

    -Si quieres paro cielete

    -Como pares ahora te mato pedazo de cabron mira como me tienes

    -Tus deseos son ordenes cielete

    Me desabroche los pantalones y sacando mi polla ya como un mástil aparte el tanga a un lado y apunte a su coño chorreando después del masaje de mis dedos en el…

    -hash Jose por dios que estamos haciendo.

    Me apoye en sus caderas dirigí mi polla a su coño y la penetre de un empujón.

    La penetre furiosamente contra el lavabo ella tenía que agarrarse bien para no perder el equilibrio mientras sujetaba sus pechos ya fuera de su sujetador

    -que placer por dios José sigue sigue

    Mis movimientos cada vez eran mas frenéticos y sus gritos cada vez mas fuertes.

    Aah sigue no pares por diosss que me corro

    Yo estaba también a punto de correrme.

    Sigue sigue más rápido ah

    Ella se corrió con unos gritos terribles que tuve que taparla la boca para que no se enterara medio edificio.

    Saque mi polla a punto de correrme y eche toda mi leche en su culo de ella llegando a resbalar por sus piernas y algún chorro al suelo.

    -uf dios cielo por dios me tiemblan las piernas y mira como me has puesto a ver con que pintas voy ya casa así

    La verdad que estábamos los dos finos con la ropa arremangada todos despeinados y ella con mi leche resbalando por sus piernas.

    Ella saco un paquete de toallitas del bolso y nos recompusimos como pudimos y nos dirigimos a nuestros coches.

    Ya antes de salir nos dimos un gran beso en la boca y con unas palabras de ella que sonaron a una amenaza muy morbosa.

    -Me ha encantado cabron pero esto no quedara así

    Parte 4 – Final:

    Todo empezó con una llamada de madrugada a mi teléfono móvil. Era mi jefe que me indicaba que me dirigiera a las instalaciones del cliente que se había reportado una incidencia técnica y tenía que ir de inmediato para allí inmediatamente.

    Yo accedí de mala gana ya que era de madrugada y estaba tan a gusto en la cama. Total que me tome un café rápido para despertarme y cogí el coche rumbo a las oficinas para ver que incidencia se trataba.

    Una vez que llegue ahí me abrió el vigilante que había en el edificio y me dirigí a mi planta ahí estaba uno de mis chicos que me cometa que durante la noche habia reventado una tubería y que ha afectado a los servidores de comunicación y a parte de los equipos informáticos.

    Me puse a intentar reconectar las comunicaciones con los servidores que era lo principal y posteriormente intentar recuperar la información que llevábamos recopilando.

    Cuando llevaba poco más de una hora con mis chicos apareció Nuria con una cara de pocos amigos y paso acelerado.

    -Muy buenas noches Nuria.

    -Ni me habléis por favor ahora ni me habléis por favor

    Se fue a su despacho pego un portazo que nos quedamos con la cara desencajada.

    Después de un tiempo prudencial me acerque al despacho de ella y toque su puerta.

    -Buenas Nuria como estas

    -Cómo quieres que este a las 3 de la madrugada en mi puesto de trabajo. Mira no te contesto porque estoy muy calentita

    Y si te ofrezco un café y unas magdalenas quita penas

    -Y de dónde vas a sacar una magdalena a estas horas

    Nunca subestimes el poder de un coordinador y me saque dos magdalenas del bolsillo de la chaqueta que despertó una sonrisa de ella.

    – Joder José el que tenía que estar aquí es el huevo de mi jefe y quien está aquí la gili de turno coño

    Vamos Nuria no te encabrones.

    – Coño que le he pegado un susto a mi madre cuando la he llamado para que se quede con el niño que no está pagado

    Venga tu relax además tu piensa que has coincidido con el coordinador más sexy de toda la empresa.

    – Venga vamos no te eches flores. Jajaja

    Bueno vamos a currar un rato.

    – Ok chao y gracias por la madalena quita pena

    Seguí con mis chicos arreglando las conexiones y restaurando la producción para que mi equipo de mañana lo encontrara todo perfecto para empezar a trabajar.

    Ya eran las 5 de la madrugada y ya habíamos terminado y pase por el despacho de Nuria que tal le iba.

    Como vas. Está todo bien.

    -Puf que jaleo tengo aquí José la mitad de los balances del año han desaparecido

    Si quieres te hecho un cable yo lo mío ya está terminado.

    -No por favor tu vete bastante ya tenemos

    No te preocupes Nuria dime que te busco y cuanto antes termines antes llegas a casa.

    -Vale José te debo una

    Vale trato hecho ya veré como me lo cobro

    -Ya sé cómo te las quieres cobrar tu guarrete

    Estuvimos buscando los balances que le faltaban y ya quedaba poco para irnos cuando me levante para estirar las piernas y me puse al lado de ella para ultimar unas cosas de sus archivos.

    La puse las manos en los hombros y empecé a hacerle un masaje.

    Oh José dios que guay

    Te gusta Nuria

    -ahi dios que guay que manos tienes lo necesito. Tengo la espalda hecha polvo

    No me digas tienes los hombros duros y la parte de los omóplatos ni te cuento

    -uf si ahí ahí ahí como se nota

    Desde mi posición pude observar que no llevaba sujetador y podía ver sus pechos a través de la camiseta que se había puesto con las prisas y sus pezones se estaban poniendo duros llegándose a clavar en la camiseta.

    -Que Manos tienes por dios Jose que maravilla me estas dejando como nueva

    Mientras tanto yo había ya bajado mis por su pecho desde los hombros y poco a poco me estaba introduciendo en su camiseta con un claro objetivo esos pechos tan apetecibles.

    -No empieces José que te veo

    Yo si soy bueno

    -si si ya ya pero que sepas que las manos luego van al pan.

    Yo seguía bajando mis manos a través de su camiseta hasta llegar a sus pechos.

    -Jose que estamos trabajando

    Y si te muerdo un poco la orejita me dejas

    -José por dios estate quieto

    Y si te beso por aquí en el cuellito

    -buf José por favor que me voy a confundir y la vamos a liar

    Es que tienes unos pezones que me están pidiendo que los pellizque

    -uhmm José me estoy poniendo malita y estamos en el curro

    Tu solamente te estas poniendo mala mira toca

    Lleve su mano a mi entrepierna donde ya se vislumbraba una erección tremenda.

    -Madre mía José como estas

    Siii esos pechos me vuelven locos

    Ella seguía masajeando mi polla a través del pantalón mientras yo seguía con sus pechos.

    Ella con un movimiento de manos me desabrocho la cremallera de mi pantalón y empezó a masajear mi polla dentro del pantalón para por fin sacarla de el.

    Ella seguía masajeando mi polla ya toda erecta enfrente de su cara.

    Ufff Nuria

    Ella me miro mi cara de placer y mirando fijamente mi polla toda dura empezó a besar la punta a pequeños besitos desde la punta para ir bajando por el tronco, saco su lengua y empezó a recorrer la punta a pequeños lametones y recorrer toda la punta con su lengua cosa que me estaba volviendo loco de placer para finalmente metérsela en la boca.

    Me estaba haciendo una mamada espectacular con el morbo que al otro lado de la puerta del despacho había gente trabajando y nos pudieran pillar yo con los pantalones por las rodillas y ella con su pechos fuera de la camiseta y chupándome la polla como si no hubiera un mañana.

    Estaba cada vez gimiendo más y estaba a punto de correrme.

    Nuria me corro me corro por dios.

    Ella me guiño y acelero los movimientos de la mamada.

    Dios Nuria me corro uhmm

    Ella no se apartó ni un segundo soportando varios chorros de mi leche en su boca.

    Se retiró lentamente y limpiando los últimos restos de leche de mi polla mientras me sujetaba a la mesa del despacho.

    Se limpió los labios los últimos restos de leche y chupándose un dedo me dijo.

    -Bueno que terminamos de trabajar y nos vamos ok

    Me coloque la ropa y me puse a trabajar con ella.

    Terminamos una hora después todo el trabajo y nos dispusimos a recoger e irnos para casa que había sido una noche muy dura.

    Nuria te acompaño al coche o te llevo.

    -Llévame que ayer no estaba en condiciones de conducir entre el sueño que tenía y la mala hostia que se me puso me cogí un taxi.

    Vale pues vente que te llevo y así llegas a casa antes que ha sido una noche muy larga.

    -uhmm si y tanto de larga y dura. Mirándome a los ojos.

    Cogimos el coche y nos dijimos a su casa llegando en cinco minutos.

    Bueno cielo llegamos que vas a hacer ahora.

    -Pues tenía pensado desayunar unos huevos con chorizo ya que el vasito de leche me lo tome hace un rato.

    Poniéndome la mano en el paquete que acto seguido se empezó a poner dura.

    -Ahora que mi madre tiene a mi cachorrete y le he dicho que vaya recogerle al cole que cuando llegara me iba a acostar.

    Salimos del coche con dirección a su casa.

    Abrió la puerta y se aseguró que no había venido su madre con cualquier pretexto.

    Hecho la llave de la puerta y acto seguido nos abalanzamos a besarnos con auténtica pasión comiéndonos nuestras bocas.

    Llegamos a su habitación ahí entre beso y beso nos fuimos desnudando dejando nuestras ropas ahí donde cayesen.

    Nos tumbamos en la cama mientras nos besábamos y me dispuse a comerme esos pechos que tanto había ansiado hace unas horas.

    Amase eso pechos mientras me lamia sus pezones duros por la excitación meti mi cabeza entre esas dos montañas de carme.

    Baje por su abdomen lamiendo cada rincón de su cuerpo hasta llegar a su monte de venus para por fin llegar a su coño que ya estaba chorreando de lo excitada que estaba.

    -ah José ah

    Empecé a besar los muslos hasta de llegar a coño empezó besando sus labios poco a poco. Ella suspiraba con fuerza.

    Lamí su clítoris y empecé a recorrer con mi lengua su coño sorbiendo todos sus fluidos mientras ella jadeaba.

    Yo estaba cada vez lamiendo con más insistencia su clítoris notando que su aceleración se aceleraba me sujeto la cabeza contra su coño no dejando que me escapara de ahí.

    Tuvo un orgasmo bestial empapando mi cara de su corrida.

    Me incorpore sujete sus piernas en mi espalda y con mi polla dura como un tronco empecé a pasar por la entrada de su coño.

    Sii José follame hazme tuya te quiero dentro de mi.

    La penetre lentamente para disfrutar al máximo de la follada.

    Empecé a penetrarla con más y más fuerza mientras sus pechos se movían al mismo ritmo de cada embestida.

    Suspiraba ella a cada embestida.

    Ella entrecruzo las piernas sobre mi espalda hacienda más placentera la penetracion mientras nos mirábamos a los ojos.

    Mis movimientos se volvieron cada vez más intensos y los gemidos de ella cada vez más altos.

    Cariño me voy a correr por dios.

    No te quites quiero sentir tu leche dentro de mi quiero sentirte dentro mío.

    Me apretó las piernas a la espalda.

    Mientras me beso en la boca ahogando un gemido.

    Uhmf

    Yo rugí de placer mientras me corría dentro de ella.

    Caímos desfallecidos los dos uno al lado del otro tomando aire después de tan tremendo esfuerzo.

    -Madre mia cariño que maravilla uf.

    Joder amor que barbaridad ufff.

    -Madre mía como te has corrido cuanta leche tienes cabrito. Me lo decía mientras se pasaba los dedos por su coño retirado un poco de semen y saboreándolo después.

    Y ahora que hacemos desayunamos o repetimos.

    -Todavía quieres más machote.

    Jajaja vamos a descansar un poco si te parece cariño.

    -Anda vamos primero a ducharnos y luego vemos.

  • Un regalo de cumpleaños muy especial

    Un regalo de cumpleaños muy especial

    Generalmente mi esposo y yo celebramos nuestros cumpleaños e indistintamente de quien sea el festejado, vamos algún hotel y tenemos sexo.

    En esta ocasión para mi cumpleaños 38, mi esposo me invitó a comer, la pasamos muy bien comimos, bebimos y bailamos.

    Pasadas algunas horas mi esposo me dijo quiero llevarte a un hotel para darte tu regalo.

    Hasta ahí yo creía que hablaba de su verga que ese era el regalo que quería darme. (jajaja)

    A lo cual accedí gustosa, salimos rumbo al hotel. Fuimos a un hotel por la zona de Viaducto CDMX.

    Llegamos metimos el auto como siempre, bajó la cortina y subimos a la habitación.

    Yo llegué y me senté en la cama, me quité los zapatos y empecé a desvestirme llevaba preparado un baby doll rojo muy cortito, con un escote amplio que solo cubría mis pezones, la espalda descubierta y más abajo una tanga de hilo que dejaba ver a simple vista mis nalgas.

    (Eso le encanta a mi esposo)

    Yo notaba a mi esposo medio raro, pero él es así cuando quiere sorprenderme.

    En eso mi esposo me estira los brazos como llamándome para abrazarme, me acerque a él y me pide que me siente en una silla junto a él.

    Y me pregunta, si llegara alguien te animarías a recibirlo, así como estas vestida o quisieras ponerte tu ropa.

    Yo creí que el bromeaba y quise seguirle la corriente y le dije que, así como estaba, me sentía bien.

    Yo pensé que pediría servicio a la habitación y por la ventanita en la que entregan las cosas pues que se podría ver.

    El hizo una seña con la mano y de momento se escuchó música de esa sexi y salió un joven vestido de policía.

    Era un joven musculoso y la verdad si estaba muy guapo, el joven comenzó a bailar frente a mí.

    Que para ese entonces me encontraba sentada junto a la mesita del cuarto,

    mi esposo me pidió que me levantará para jalar la silla un poco más al centro.

    El stripper se acercó a mí al ritmo de la música puso sus manos sobre mis rodillas y dio la vuelta para dejarme ver su par de nalgas duras y bien formadas posiblemente por el ejercicio.

    Se sentó en mis piernas desnudas y pude sentir sobre de ellas sus nalgas y oler su loción, él se movía lento al ritmo de la música mientras me tomaba de las manos y hacía que yo lo tocara.

    Se levantó y giro de frente a mí y en un solo movimiento arrancó la parte frontal de su pantalón y quedando en una especie de short diminuto que me dejaba ver su paquete. se agachó frente a mí y acarició mi rodilla y recorrió mi pierna hacia abajo hasta mi tobillo.

    Nuevamente se giró dándome la espalda y se agachó lentamente, en esa posición yo podía ver nuevamente sus nalgas. (Mejor dicho, sus hermosas nalgas)

    El me pedía mediante señas que lo nalgueará y mi esposo me animaba hacerlo, a lo cual accedí sin demora y confieso que me gustó, como él estaba agachado comenzó acariciar unos de mis pies y de momento lo levantó en un movimiento medio brusco al mismo tiempo que cerró sus piernas atrapando mi pie en su entre pierna, yo podía sentir sus testículos tibios en mi pie. (lo cual me excitaba)

    Yo ya había estado en alguna ocasión en una despedida de soltera con una amiga, pero nunca había sido yo el centro de atención de un streeper y mucho que yo estuviera junto a él casi desnuda. (Lo cual lo sentía excitante y me estaba calentando)

    El show continuó y el joven desnudo su pecho dejándome ver su abdomen bien formado. siguió moviéndose al ritmo de música, pero esta vez poniéndose de tras de mí.

    Acariciando mi espalda me tomó de los codos como dándome la orden de levantarme yo sabía que se me verían las nalgas, pero me dejé llevar, el me hizo dar un paso hacia adelante y está vez el sentó en la silla sin dejar de tocar mis caderas con sus manos ásperas lo cual siempre me ha gustado, me jalo lentamente sentándome sobre de él.

    Al ir sentándome sobre él, fui sintiendo su pene.

    Me lleno de satisfacción el sentir, que tal vez el ver mis nalgas debajo de él diminuto hilo de mi tanga, le provoco esa firme erección.

    Y ahí estaban mis nalgas desnudas sobre su pene erecto aún dentro de su ropa interior. la cual parecía que quisiera romperse entre mis nalgas para dejar entrar su miembro entre ellas.

    Confieso que para este momento yo me sentía mojada.

    El seguía moviendo su cadera hacia arriba al ritmo de la melodía y en cada movimiento yo sentía que su verga se hacía más dura y cada vez entraba más entre mis nalgas.

    Nuevamente de los codos me pidió que me levantará. (A lo cual aún qué no quería obedecer lo hice)

    Al levantarnos mi esposo que hasta ese momento recordé que estaba presente. retiro la silla y quedamos de pie viéndonos de frente nuevamente en un solo movimiento el joven arrancó lo que le quedaba de ropa dejando expuesto su pene rasurado y firme frente a mis ojos, se acercó hacia mí y al irse juntando nuestros cuerpos sentí ese pinchazo delicioso de la punta de su verga contra una de mis piernas yo no podía dejar de verle su miembro era como un hipnotismo.

    Baje mi mano y lo tome de su cabecita y lo frotaba como si fuera la perilla de una puerta, el acariciaba mi espalda mientras yo bajaba mi mano recorriendo su verga sintiendo cada una de sus venas hasta tocar su par de bolas encantadoras.

    Quiero confesar que quería sentirlo dentro de mí boca, pero me contuve.

    El joven se puso detrás de mí y nuevamente me dejó sentir la punta de su pene entre mis nalgas estoy segura de que sintió mi humedad, por que empujó mi espalda provocando que yo me inclinara hacia delante y sintiendo como su pene se deslizaba hasta la entrada palpitante de mi vagina.

    El joven se dio cuenta que yo estaba lista para ser penetrada, (Es más mivoz interna suplicaba y gritaba mételo ya)

    El joven retiro su pene y se movió frente a mi pegándome hacia él, lo cual provocó que mis pezones duritos por la excitación que sentía, rosaran sus pectorales sólo la delgada transparencia de mi babydool lo evitaban. debajo de esa escena nuevamente se juntaban su verga y mi vagina ya muy caliente y chorreando mis jugos vaginales.

    Comencé a sentir besos en mi espalda y que me acariciaban las nalgas, era mi esposo que por su erección era evidente que también se había excitado.

    Deslizó sus manos por mis caderas en un recorrido hacia abajo permitiendo que sus dedos entrarán debajo de mi tanga atrapándola para quitármela.

    Sentí como deslizaba sus manos hasta mis pies moví uno y otro para dejar que me la quitara por completo.

    Como mi esposo quedó de rodillas detrás de mi comenzó a besar mis nalgas y abriéndolas con sus manos para meter su lengua.

    Se puso de pie y exclamó veo que estas lista.

    Me pregunto quieres que él se vaya no podía hablar pero moví mi cabeza de un lado a otro.

    Me di cuenta que entre mis manos estaba el pene del joven.

    Mi esposo me giró provocando que le diera la espalda a mi nuevo compañero.

    Mi esposo miró al joven e hizo un movimiento con su cabeza como de afirmación y el joven colocó sus dedos en su boca para llenarlos de saliva para después frotar con ellos su pene lo cual no habria sido necesario.

    El joven me tomó de las caderas y mi esposo beso mi frente y dejo su mejilla junto a mi cara en un abrazo.

    Esa verga dura que yo tanto deseaba por fin comenzaba a penetrarme sentí cuando llego hasta el fondo por que sentí sus huevos en mis nalgas y ahí comenzó a sacarlo despacio y meterlo duró.

    Yo me estaba ya viniendo y mis piernas temblaban, mis hombres se percataron de esto y me llevaron a la cama, ahí mi esposo hizo que pusiera en 4 y nuevamente sentí esa intensa penetración esta vez era un poco más fuerte tanto que se escuchaba la humedad de mi vagina.

    Yo no podía evitar el gemir fuerte lo cual excitaba más a los dos machos.

    El joven me volteó sobre mi espalda y levantó mis piernas sobre sus hombros y nuevamente comenzó el entrar y salir varias veces, yo gemía, apretaba las cobijas y me venía nuevamente en un orgasmo muy intenso. Perdí la noción del tiempo.

    De momento mi amante sacó su verga húmeda y dura y explotó sobré mi llenándome de su leche mis pechos, me senté en la orilla de la cama y metí en mi boca ese pene aun sentía como palpitaba dentro de mi boca lo lamí hasta dejarlo limpio.

    No podía dejarlo ir sin agradecerle.

    Me recosté en la cama junto a mi esposo que me abrazaba y me besaba la frente.

    Escuché ruido en el baño y después escuché que alguien abrió y cerró la puerta.

    Ese fue mi amante que se marchaba.

    Ese fue el mejor regalo de cumpleaños y la experiencia mas intensa en toda mi vida.

    A mi esposo nunca lo había visto tan emocionado.

    Como dije fue una experiencia intensa para los dos.

    Y bueno hasta aquí mi relato.

    Gracias.

    Saludos desde la Ciudad de México.

  • El bdsm es para las atrevidas

    El bdsm es para las atrevidas

    La espera se hace a veces larga, las sesiones son demasiado cortas, seguro que lo mejor para ti seria estar internada, así seguro que avanzarías mas, estar continuamente controlada, vigilada, y sirviendo las 24 horas, te haría mucho bien, porque cuando sales de aquí te alejas de tu objetivo, aunque te recuerden tu condición de perrita tus recuerdos de tu entrenamiento, la sensación que queda en tu culo después de haber sido reventado, o la sensación que vuelve a tu cabeza cuando rememoras el gancho metido en tu ano y mi mano estirando de el para indicarte que metas tu lengua en el mío.

    Debo encontrar una fórmula para que, aunque te vayas de aquí, y vuelvas a tu mundo real, tu condición te acompañe en tu otro yo, y que en ningún momento se te olvide para que vives, y a quien obedeces.

    Acabo de llegar al apartamento, mientras me lavo, me mandas un mensaje, estas al caer, eres muy puntual, casi tanto como yo, y no fallas, eres cumplidora. Me gusta practicar contigo. Has ido descubriendo conmigo lo que siempre has sido, una perrita fiel.

    Por fin te reconoces. Sabes?, hay tanta gente que no sabe lo que le gusta, que no se atreve a explorar su mente, a dejarse llevar por sus deseos oscuros, que se pierden la perversión, son pervertidas frustradas que anhelan que las traten como zorras y las castiguen con mano dura, pero que no se atreven a dar el paso, a veces me contactan mujeres que se sienten totalmente atraídas por las cosas que escribo sobre mis sesiones, que me dicen que se mojan leyéndolas, las invito a que las vivan ellas mismas, lo que escribo es tal cual lo que hago, algunas no se atreven nunca, y seguirán en casa pensándolo, o masturbándose en el baño mientras su pareja duerme al otro lado de la pared pensando sus propias perversiones frustradas.

    Otras en cambio dan el paso, vienen a conocerme, hablamos brevemente, normalmente unos minutos son mas que suficientes para ver si hay química o no, no hace falta extenderse demasiado, yo si llego a quedar es porque he visto lo suficiente, y en realidad a mi lo que mas me gusta es la actitud, no es que practique con cualquiera, las hay que no me gustan desde el principio claro, pero si he de ser sincero, lo más importante es la entrega, la voluntad de perder la voluntad y entregármela para que haga lo que yo considere, sin contemplaciones. No me gusta que dentro de la sesión se cuestione nada, una vez fijados tus limites, cuando entras por la puerta ya sabes a lo que vienes.

    Muchas de estas mujeres tienen pareja, yo ni pregunto, me da igual, pero es obvio por su manera de actuar y los horarios a los que pueden quedar, otras son mujeres solteras, totalmente libres, pero que buscan algo profesional, un amo de verdad me dicen.

    A todas ellas, generalmente, les gusta sentirse zorras, y cuando llegan tienen el coño húmedo, se lo palmeo en la entrada, y a veces hasta les hago la prueba del papel, las hago sentarse sobre una servilleta de papel, para ver si marcan, casi todas marcan, es una prueba científica para ver el estado de una mujer, llegada a este punto las cosas van directas, llegara a hacer cosas que dijeron que no harían, si algo he aprendido en la vida es que a una mujer caliente y bien mojada le puedes hacer lo que quieras, y es ahí donde se avanza en esto, paso a paso, es muy bonito ver como progresan, como se descubren así mismas, algunas se hacen preguntas, porque me gusta esto si yo soy esto y aquello, pero es que esto no tiene nada que ver con tu yo en la vida real, déjate llevar y disfrútalo, no hay ningún problema en buscar el placer, dan igual tus ideas políticas, tu condición social, tu trabajo, tu vida personal.

    Las niñas buenas van al cielo y las malas a todas partes, incluido el cielo, porque no? Tocas la puerta, te abro y subes, pasas a dentro, sonríes, yo no lo hago, te miro mientras muevo la fusta entre mis manos, la acerco a tu boca, abres la boca y la meto entre tus dientes, la chupas y lames, con ella te azoto ya la adoras, te he puesto las cosas claras con ella y has aprendido a amarla, te ha ido muy bien, lo sabes. Subo tu vestido hacia arriba, meto mi mano en tus bragas, esta calentito.

    –Bajate un poco las bragas y flexiona un poco las rodillas que te toque bien el coño, te voy a pasar el papel. Palmeo tu coño varias veces, suena bien, paso mi mano por el deslizando un dedo entre tus labios, cojo una servilleta y te la pongo en todo el coño, aprieto un poco. Me miras y te beso.

    La retiro, esta marcada, la huelo y junto mi lengua con tu flujo pegado a ella. Me encanta esto. Esta prueba es como esa del pañuelo de los gitanos pero al revés, aquí de lo que se trata es de ver si es una zorra cachonda o no. Tu lo eres, una zorra que quiere serlo todavía mas, y lo vas a ser, descuida, de eso me encargo yo. Bajo tus bragas un poco mas hasta la mitad de tus muslos, te cojo de los hombros y te doy la vuelta, meto mi polla entre tus nalgas, te muerdo la oreja, te susurro.

    – Eres una zorra, siente mi polla en tu culo, te lo voy a partir.

    – Amo, gracias, eso quiero.

    – Lo se, pero no va a ser tan sencillo, antes tienes que ganártelo

    – Lo que tu quieras amo. Todo lo que tu quieras.

    – Súbete a la mesa de café del comedor anda, ponte a cuatro patas que te inspeccione bien.

    Subes a la mesa y saco la cinta de velcro, ato tu manos y pies, quedas con el culo en pompa, llevas tu dilatador metido en el culo, perfecto, me encanta tu culo, te lo he desvirgado yo y he ido abriéndotelo poco a poco, ya casi lo tienes bien domado, una mujer autentica, que la han follado bien por detrás, lo tiene siempre listo para que se lo follen, no hace falta dilatarlo, lo tocas un poco y para adentro, a darle por el culo sin piedad, a eso vamos, eso es lo que quiero de ti, que seas una hembra y que cumplas con lo que se espera de ti.

    La imagen me encanta, ver tu culo en pompa, tu bonito coño asomando, que ganas de comérmelo, pero primero quiero examinar tu culo, así que estiro del dilatador, veo como se abre, y pum, para fuera, inmediatamente meto mi lengua dentro de el, aprovecho la pequeña abertura que quedo cuando lo saco y la meto bien adentro, asientes de placer, te estremeces, como me gusta meter mi lengua en tu ano, la meto todo lo que puedo, casi te lo follo con ella, que bueno!… mientras lo hago, toco tu clítoris con mis dedos, quiero que vayas llegando, me apetece beberme tu corrida, quiero que te corras en mi boca, y chuparlo todo…

    Un rato después, ya estas bien mojada, el aro de tu ano enrojecido de tanto chuparlo y de meter y sacar el dilatador, me incorporo con el dilatador en la mano, y te lo acerco a la boca, para que lo chupes, culo-boca directo.

    – Este es el sabor que me gusta, el de tu culo abierto, chupalo bien, te gusta el sabor de tu culo zorrita?… sabe bien verdad?… ummm… chupalo, disfrutalo… te lo has ganado.

    – Me encanta amo, me encanta chupar de mi propio culo, gracias amo…

    Cojo tu collar y te lo pongo mientras sigues con el culo en pompa agachada sobre la mesa de café, le pongo la cadena, y seguidamente te desato el velcro de los tobillos, estiro de la cadena para que te levantes, sigues con las manos atadas al velcro, te conduzco a la cama.

    -túmbate perrita, que hoy quiero que me des tu flujo, tengo ganas de tu coño…

    Te tumbas boca arriba, me acerco, cojo tus piernas las tiro hacia tu cabeza y te ato los tobillos nuevamente pero al revés, ahora quedas tumbada boca arriba con las piernas arriba, tu coño y tu culo bien expuestos, indefensa y entregada, lo tengo perfecto para mi deseo, me gusta tu coño, llevas algo de pelito arriba, hoy en día ya no se ven casi estos coños, y a mi me gustan, me recuerdan a mi adolescencia, me gusta como huelen y saben los coños de verdad, hundir mi cara en el y sentir el pelo de arriba en mi nariz, me trae buenos recuerdos, me pone muy cachondo, no tardo mucho en caer sobre el, meto mi lengua en tu vagina y subo a tu clítoris, repito una y otra vez, sabe muy bien, mientras lo hago me veo limpiándotelo todo, sin dejar ni un milímetro, pienso en lo bonito que será limpiártelo después de que orinaras, hasta para eso tengo que supervisarte, ni para secarte el coño tienes ya voluntad, tu amo tiene que hacerlo por ti, control total, lo haremos luego u otro día.

    Sigo a lo mio, tu coño ya anda empapado, te estoy metiendo mis dedos en el culo, ya llevo 3… y finalmente llegas, ummmm… que bueno que esta, me vuelve loco el olor a hembra que sale de ti, chupo y bebo… que bueno, perrita. Que bueno… me lo estoy bebiendo todo, en este punto ya puedo pasar de nivel sin ningún problema, aproximaremos a tu limite, lo pasaremos un poquito… hoy aumentaré el nivel de tus azotes…

    Me incorporo y cojo un dilatador de diamante, el grande, todavía estas atada con piernas y brazos hacia arriba, me acerco a ti con el, tu todavía estas volando de la corrida que te has pegado, te lo acerco a la boca, lo chupas mirándome… este tiene mas diámetro.

    – Quiero sentirlo amo, estoy lista para dilatar, es lo que quiero ser, una culo roto, tu culo roto… haz conmigo lo que quieras, soy tuya, te pertenezco para que disfrutes.

    – Eso es si… muy biennn…y que mas?, dime…

    – Soy tu puta, amo, no valgo para nada mas.

    Mientras me cuentas como te sientes, voy moviendo el dilatador rozándolo con tu cuerpo, por tus pezones… sigo bajando… paso por tu pecho, ombligo, y llego a tu clítoris con el, lo paso por tus labios húmedos, y suavemente lo meto en tu coño… ummmm… tu vagina se abre para mi… lo saco y lo meto de nuevo…en la entrada me quedo rozando el acero con ella, que bonito coño… que placer verlo… lo acerco a mi boca y lo chupo yo, estaría todo el día bebiéndome tu corrida… te miro mientras lo chupo y lleno de saliva lo acerco a tu ano, todavía esta listo, no esta cerrado, meto un dedo, dos, y empiezo a metertelo suavemente, tu culo se ofrece, es mi culo preferido, empujo, asientes… va abriendo, y para dentro… estupendo, ya lo tienes, es la primera vez que te entra… poco a poco lo vas teniendo mas abierto como a mi me gusta… se queda el diamante por fuera.

    No hay nada mas sexy en el mundo q esto. Desabrocho el velcro de tus manos y pies, te estiras, cojo la cadena y te levanto… ya estamos de pie…

    – Perrita, te voy a dar unos azotes, porque me da la gana, pon tus manos sobre la mesa, vas a sufrir un rato, a ver hasta donde llegas… no me defraudes…

    – Gracias amo. Si. Lo que desees. Azotame por favor. Cojo la vara, ya la conoces, me gusta hacerte contar. Pero esta vez va a ser diferente… te voy a azotar mas fuerte…unas 10 veces cada vez y de pie, apoyada en la mesa poniendo el culo… – Pon las manos en la mesa zorra. Y saca el culo para fuera… vamos… Obedeces sin rechistar… no replicas nunca.

    Pones el culo para fuera, toco el dilatador, lo saco un poquito, lo muevo… sacas mas el culo, pones tus codos sobre la mesa, reclinada…mirando al frente… esperando la orden… adiestrada que estas en obedecer y acatar… Sujeto la vara firmemente y empiezo… mas fuerte de lo habitual…cada vez que te doy das un ligero saltito, pero te aguantas… te gusta… ya lo hago por placer, no hay ninguna razón, me obedeces, haces lo que quiero, me sirves, no rechistas, lo hago porque puedo… porque tengo el poder y el control para hacerte sufrir un rato si así lo decido por diversión, yo lo decido todo, tu no estas aquí para pensar nada, eres un puta esclava sin voluntad propia.

    Cada azote te deja mas suave, mira si te gusta, que entre azote y azote mueves el culo de lado a lado, sacando el coño a pasear, como te he enseñado… sigo a lo mio… ya llevo 8 o 10, ni idea, no se ni por donde voy… pero es igual, como si me estoy así toda la tarde, tu a callar y a acatar. En cierto momento, paro…

    – zorra, arrodillate vamos…que vamos a entrenar tu garganta…

    – Si amo… Te arrodillas, pongo mi polla en tu cara… abres la boca… y pum, adentro… la meto y la saco varias veces… llego profundo pero no del todo… tu con la boca abierta y con mi polla en toda tu boca… calladita, contenta de agradarme, cojo tu cabeza con mis dos manos… y ahora si, adentro del todo… meto y saco de tu garganta… sin piedad… hasta que se te salten las lagrimas… cada vez que entro y salgo, cuento en voz alta… lo hago 10 veces… me retiro, te cojo la cara con mi mano izquierda te miro fijamente, dejo escapara un poco de saliva, abres la boca… te la tomas…

    Comienzo de nuevo, y te vuelvo a embestir la boca… vuelvo a contar hasta 10… me retiro, te vuelvo a coger de la cara, te cojo del pelo y estirándote de el te incorporo…

    – Levantate nuevamente… quiero darte mas azotes… – Gracias, mi amo, quiero que me azotes toda la tarde por favor… lo aguantare todo por ti. Soy una zorra que no vale para otra cosa amo… tu simple puta. Tus comentarios me encantan, cuanto mas profundicemos en eso, mas lejos llegaremos… Vuelvo a azotarte, llevas los cachetes un poco sonrosados, continuo a lo mio… puedo hacerlo y lo hago, no hay nada que hablar… hoy me apetece esto, mañana ya veremos… te vuelves a reclinar sobre la mesa con los codos, con el culo en pompa… vuelvo a ver el dilatador, cada vez q lo veo me pongo malo… comienzo a darte con la vara… sigues asintiendo, pequeños saltitos y exclamaciones en cuanto te doy, hay estas… mientras te doy pienso en lo bonito que seria darte estos azotes con el vestido puesto, levantado, y las bragas bajadas por la rodilla, al empezar la sesión, el próximo día estaría bien empezar así, nada mas llegar.

    Sigo, y te vuelvo a dar 8 o 10 veces, se me ha vuelto a ir la cuenta, paro… y me acerco a tu culo… mi polla tiesa toca el dilatador la deslizo entre tus nalgas, tu reclinada con el culo rosado esperas…

    – Amo, quiero ofrecerte mi culo abierto… siento que estoy lista para abrirlo mas y mas…

    Fantástica idea, cojo el dilatador y estiro de el, le cuesta salir un poco, cojo lubricante y lo dejo caer por la zona, y vuelvo a estirar, ahora mejor, ya sale, tu ano se abre… asoma el acero y pum, fuera… lo meto y saco un poco… estas abierta si… me agacho y meto mi lengua en el, te lo vuelvo a chupar… asientes de placer… me incorporo y te la meto hasta dentro…  fuerte… rítmico, sin contemplaciones, hasta el final… y ahí sigo durante un buen rato… estas con el cuerpo acostado sobre la mesa.

    Te ordeno que abras el culo, cojes tus manos, y lo abres mientras te doy y lo veo cada vez mas abierto, precioso, ofrecido por ti… tu empotrada, sintiendo las embestidas, tu coño mojado… tu amo usándote a su antojo, que placer… Finalmente me detengo dentro de tu culo, acerco mi boca a tu oreja, te muerdo la oreja… levantas la cabeza hacia arriba… con mi polla metida en tu culo hasta el fondo, arqueas la espalda de placer… aprieto un poco mas… me muevo ligeramente de lado a lado, meto mi mano entre tus piernas, toco tu clítoris, y te sigo embistiendo unas cuantas veces mas mientras te toco el clítoris, te vas… siento como tu ano aprieta mi polla con la contracción de tu vagina…sigo adelante, follándote, y de repente la saco… veo un bonito gape… que se queda unos segundos, esto es la vida ni mas ni menos.

    El ojete de tu sumisa bien dilatado. Te cojo del pelo con mi mano izquierda, te arrodillo delante de mí, y empiezo a masturbarme delante de tu cara, tu estas lista… meto mi polla en tu boca… sigo masturbándome… y me voy sobre ti… 3 chorros con mucha presión, uno pasa encima de tu hombro, los otros dos en tu pecho…

    – Gracias amo

    Yo no puedo ni hablar… estoy hasta mareado de la corrida… me reclino sobre la mesa… tu sigues arrodillada, besándome las ingles, la polla, el culo… estas contenta… para esto vales.

  • María (la putita de la clase)

    María (la putita de la clase)

    Pasaron 3 años desde Belén, para entonces estuve con varias mujeres, con 23 años me creía un experto en relación al sexo, pero María me reinició la cabeza.

    Todo empezó cuando decidí hacer la tecnicatura en seguridad, el primer día de cursada al entrar al salón, no pude dejar de ver a una chica blanca, casi rubia de contextura física delgada, con el uniforme no se notaba, pero parecía de buenas curvas y unos ojos hermosos color celestes, mi cabeza no dejaba de pensar que hermosa mujer. Pero bueno me concentré en el estudio y no le di importancia a mis pensamientos.

    La primera conversación la inició ella, el cuarto día de cursada llegó un poco tarde y el único lugar libre era al lado de María, que faltó su amiga.

    -hola, tenés novia?

    -Hola, si tengo hace un año aproximadamente. un gusto, soy Fernando.

    -El gusto lo vas a sentir cuando te pegue una cogida.

    Me quede boca abierta fue algo tan inesperado, solo me reí y mire hacia el frente.

    -jaja tranquilo solo bromeo, te pusiste todo colorado, encima si tenés pareja para mi estas descartado.

    -jaja perdón no me lo esperaba, si tengo y no tengo intenciones de perderla tampoco, en ese sentido también estas descartada, pero me serviría una amiga que sepa de esta materia, veo que siempre contestas todo.

    -Si bombón, amigos, lo que necesites.

    Y con una risa picarona, como si supiera lo que iba a pasar en el futuro, me da una palmada en la pierna y seguimos con la clase.

    Pasaron 6 meses de cursada siempre la mejor onda, era muy divertida y sociable, coqueteaba con la mayoría de los chicos, le gustaba calentar la pava, era una chica muy sensual, lo que me extrañaba era que cada vez que tocaba a otro chico me miraba y se mordía el labio, como deseándome. Cada vez que podíamos nos sentábamos juntos porque bromeábamos muchos entre palo y palo que nos tirábamos a modo de broma.

    Finalizado el curso fuimos a la costa a realizar prácticas profesionalizantes, Alquilamos una casa para cinco, tres chicos y dos chicas, incluyendo a María. La primera semana se acostó con mis dos compañeros, yo me tocaba escuchando por las noches como gemía, y me excitaba mucho cuando mis compañeros me contaban que hicieron o las cosas que ella les hizo, era una sexópata multiorgásmica, por como la describieron, que ellos no pudieron aguantar su ritmo.

    Pasaron 20 días y yo tuve que volver porque se celebraba el cumpleaños de mi pareja, entre idas y vueltas con los padres en la fiesta, nos terminamos peleando, y mi novia me hecho diciendo que cuando volviera de la costa nos replantearíamos nuestra relación. Esa misma noche volví a la costa, llegue como a la 1 de la madrugada, para mi sorpresa cuando entre a la casa, solo estaba ella, sentada en el sofá tomando una copa de vino con una camisa desprendida y sin corpiño y abajo solo un culote que dejaba ver todos sus atributos bien trabajados.

    -Hola Fer… volviste. Pensé que regresabas el lunes, los chicos salieron yo me quedé a descansar.

    -Sí, volví porque me separé.

    Me senté me serví una copa de vino y le conté toda la historia.

    -Ah gordi que mal, se veía una chica re buena y tenía una suerte, lo fiel que le fuiste con todas las insinuaciones que te hacía, ya las ganas que nos teníamos, porque ve como me miras siempre.

    Me saca la copa de la mano y la apoya en la mesita ratona, y se sube arriba mío.

    -Te voy a sacar esa cara de enojado y hacerte olvidar todos tus problemas.

    Me empieza a besar con una pasión, su lengua recorría toda mi boca, y apretaba su vagina sobre mi pene por arriba del pantalón que ya estaba muy erecto. Me toca el pene y me dice.

    -mmm papi que rápido que se te puso bien dura, me querés coger ¿no? ¿Querés que esta noche sea tu putita?

    -Hoy te voy a hacer todas las cosas que pensé durante todo este tiempo.

    Nos seguimos besando con pasión, hasta que la aparto y le digo que me espera que me iba a duchar porque estaba todo traspirado por el viaje.

    -Dale, pero rapidito que ya estoy toda mojada, acá te espero.

    Entrando a la ducha volteo y veo como se empieza a tocar… me apuro por ducharme y salgo solo con el toallón.

    -Vení, sentate.

    Me sienta en el sofá y se arrodilla frente mío, me saca el toallón.

    -Que linda pija, te la quiero chupar toda y sentir como te venís en mi boca.

    Empieza con la lengua a pasarla por todo la cabeza y dando besitos en la punta, con la mano me acariciaba las bolas, se la mete toda, parecía que quería hacer entrar las bolas, arcadas la deban, la sacaba para respirar y desbordaba la saliva por el costado de la boca. Me empieza a masturbar mientras me chupaba la cabeza.

    -Dale papi quiero sentir esa lechita, debe ser muy rica, hace rato que la quería probar.

    Después de unos minutos la presión en mi pene era descomunal, la excitación al máximo y exploto con una fuerza y una cantidad dentro de su boca, tanta que no le dio tiempo a tragarla que se le salía por el costado.

    -Mi vida que rica lechita la quiero toda, ¿estabas cargadito o me tenías muchas ganas?

    Y sigue mamando hasta sacar la última gota y dejarla bien limpita. Con una sonrisa leve se pasa mi pija por toda la cara.

    -Hace cuanto te quería sentir, fuiste mi fantasía todo el año.

    -Y vos la mía, todavía no creo lo que está pasando.

    -Y lo que falta, vamos a la cama quiero sentir esa carita hermosa comiéndome la vagina.

    La agarro de los cachetes con fuerza y la subo a upa.

    -Te voy a comer toda, esta noche es nuestra.

    La llevo a la pieza y un metro antes de llegar a la cama la tiro con fuerza, de tal manera que cae acostada, empiezo a besarle una teta mientras apretaba con fuerza la otra (entraba justo en mi mano con el pezón rosadito y muy duro), voy bajando mordiendo y pasando mi lengua por todos lados “esa piel blanca era una delicia”. Cuando llego a su sexo, empiezo a bajar ese culote.

    -Arráncalo y cógeme que no doy más…

    Su excitación era mucha, su humedad traspasaba todo, hago caso y de un tirón arranco ese culote dejándome ver esa vagina bien depilada, bajo y le muerdo apenas su labio izquierdo de la vagina sintiendo todo ese jugo que moría por probar.

    -NO PUTITA, te voy a hacer desear que te la meta como yo te deseé todo este tiempo, me vas a pedir a gritos que te coja.

    Empiezo a morderles los muslos y bajo hasta los pies, subo y lamo todos esos jugos de arriba abajo, izquierda y derecha pasando mi lengua por todos lados… ella desbordaba de excitación y sus gritos de placer seguramente se escuchaban hasta afuera.

    La tomo del tobillo y la giro bruscamente, dejando a la vista ese perfecto culo blanquito con todos los orificios rosaditos, la empino hacia mí, y empiezo a pasar mi pija por su conchita, metiendo solo la puntita y sacándola mientras me deleitaba sabiendo que quería que la penetre. De pronto cuando tenía la cabeza apenas adentro, pega un salto para atrás, yo quedo sentado sobre mis talones y ella con toda la pija adentro arriba mío.

    -Pendejo vos me vas a coger cuando yo quiera me escuchaste.

    Empieza a dar unos sentones sobre mi verga, ese culo rebotaba y rebotaba sobre mi pelvis. No abra dado diez o quince sentones que se contrajo apretando bien mi verga con su vagina y empezó a temblar y a largar a borbotones ese orgasmo.

    -Vamos a la ducha hermoso.

    Fuimos al baño, no dejamos que se caliente el agua que ya nos estábamos mandando mano, Le enjabone todo el cuerpo “ver es cuerpo desnudo todo para mí, era lo mejor del mundo”.

    Se enjuago y salió.

    -Ahora vengo espérame.

    Regreso al minuto con una botella de lubricante, se apoyó sobre la pared de vidrio de espalda, dejando ese culito a mi merced, y se hecho buena cantidad de lubricante.

    -Me querés hacer la colita ¿no?, dale, quiero sentir que tantas ganas tenías.

    Con mi pene bien erecto introduzco la cabeza muy suave y despacito, pero al notar que ya estaba dilatado y con el lubricante entraba sin problema, se la mando toda y empiezo a arremeter con fuerza, tanto que a los pocas envestidas ya tenía las nalgas coloradas, después de un rato siento esas ganas de explotar de nuevo, la saco y le lleno todo el culo de leche, “ver ese culo chorreando mi leche, una imagen que me va a quedar por toda la vida”.

    Nos terminamos de duchar y salimos, ella se adelanta y se tira boca abajo en la cama y coloca un almohadón en su cadera, deja nuevamente es culo hermoso a mi disposición. Yo ya estaba exhausto, pero mi pene se puso rígido en fracciones de segundos, era mucho lo que me gustaba esa mujer. Me tiro sobre ella y la empiezo a coger vaginalmente con mucha fuerza, después de unas envestidas, coloco mis manos en mi cintura y dejo que ella se mueva. Era descomunal como se movía, como hacia rebotar eso culo sobre mí, ese quiebre de cintura sin comparación, bailaba sobre mi pene.

    La saco y me acuesto al lado de ella, se me sube de frente y empieza a cabalgar, la abrazo mientras le mordía las tetas, sentía sus uñas en mi espalda nos besábamos con una intensidad… la abrazo con fuerza y siento como contrae su vagina apretando mi pene con una fuerza que parecía que lo arrancaría, con un grito de placer y con un temblor de ambos, explotamos a la vez… ella sobre mí y yo dejándole todo adentro. Cae encima de mí exhausta, yo también total mente agotado, con un suspiro le digo.

    -Vamos a bañarnos.

    -No me responden las piernas gordi, no doy más.

    Volteo para ver el reloj y ya eran casi las 6 de la mañana, y nos quedamos dormidos abrazados. A la mañana tipo 10 nos levantamos y nos duchamos, al rato volvieron mis compañeros desayunamos todos juntos, solo nos mirábamos y nos reíamos, fueron 3 meses de estar en la costa viviendo un sueño. Todas las noches eran de sexo, pero la primera vez no tuvo desperdicio.

    Al volver yo seguí solo, nos vimos unas cuantas veces más hasta que me mudé por trabajo y ahora solo son charlas de vez en cuando recordando lo bien que la pasábamos.