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  • Mi novia con mi mejor amigo (final)

    Mi novia con mi mejor amigo (final)

    Ese fin de semana no salimos de la cama mi novia y Óscar estaban sorprendidos porque creían que no sabía acerca de su relación,  me intentaron explicar de cómo habían sido las cosas me dijeron que al principio solo era lo calientes que estaban y que todo había empezado cuando fueron al cine me describieron que en la escena de terror Óscar primero la abrazó, luego empezó a agarrarle las tetas y termino jugando con sus pezones hasta que le empezó a salir leche (para esto no sabía que a mi novia le sale leche cuando está muy excitada), mi novia me propuso que hiciéramos un trío a lo cual acepté nos calentamos y empezamos a besarnos, mi novia se arrodilló en medio de los dos para mamarnos las vergas y en efecto cuando Óscar se sacó la verga todavía no estaba tan erecta y ya media mucho más que la mía, cuando vi la cara de mi novia se veía fascinada de tener tan cerca la verga de Oscar por lo que decidí hacerme a un lado y dejarlos coger a gusto.

    Tome de la mano a mi novia y nos besamos mientras Óscar le probaba la vagina a mi novia, estaba tan excitada que le empezó a salir leche de las tetas, las probé mientras Óscar estaba ocupado con la vagina de mi novia, su leche sabía perfecta después los dos me dijeron que iban a cambiar de posición me puse debajo de mi novia y vi como le entraba la verga de Óscar por lo que me propuso que se la mamara y aunque estaba indeciso al principio mi novia me convenció para hacerlo, sabía deliciosa porque tenía tanto los fluidos de todos.

    Después de haberse corrido 2 veces Oscar todavía la tenía dura pero mi novia quiso descansar un rato a lo que aproveché para mamar esa verga hasta vaciarla, al principio no me cupo en la boca por lo gruesa que estaba pero con mi garganta profunda entro sin problemas después de que la lamiera con fuerza.

    Mi novia al vernos empezó a dedearse y la invitamos para el siguiente round. Ver a mi novia montada en esa verga hizo que me excitara como nunca, después de un tiempo quizá probar más cosas con Oscar como orgias y vibradores a lo que no me moleste pero siento que nos distanció un poco a pesar de las circunstancias me alegra que siguieran viéndose.

  • La bella y el bestia

    La bella y el bestia

    En un edificio de departamentos conviven siempre realidades distintas.

    Clases sociales, problemas y personas diametralmente opuestas; que en algún punto convergen y terminan generando historias. Algunas graciosas, otras tristes, y otras calientes y sorpresivas como esta.

    Daniel era un hombre muy callado y solitario, que vivía solo y no tenía mucho relacionamiento con nadie. A sus 24 años, era un analista de sistemas que trabajaba bien, cobrando un sueldo que le permitía darse algunos gustos y vivir con comodidad. Su día a día se resumía en trabajar y volver a su departamento a sumergirse en su mundo de fantasías. No era un hombre feo, pero siempre fue tímido. Sus pocos encuentros sexuales eran fugaces e intensos, pero nunca lograba estar del todo satisfecho.

    Siempre tenía la idea de tomar desprevenida a una chica y aprovecharse de ella, pero el miedo y la timidez siempre lo atajaban. Había ideado planes cientos de veces, pero jamás los llegó a concretar; terminaban siempre siendo simples inspiraciones para sus largas noches de soledad y masturbación.

    María era una chica muy bonita, dulce y activa. A sus 19 años, vivía junto a sus padres y sus dos hermanas en el mismo edificio que Daniel.

    Sus actividades diarias incluían estudiar en la facultad por las mañanas, ir a comer con su novio al mediodía, practicar danza por las tardes y aprovechar su tiempo libre para tomar clases de canto o realizar actividades de la iglesia a la cual asistía.

    Era una señorita muy sociable, amable y graciosa; de esas que iluminan el lugar al que entran y nunca pasan desapercibido. Siempre dispuesta a regalar una sonrisa y un poco de cariño.

    Daniel la había visto un par de veces y quedó hipnotizado por la belleza de ella; es que era imposible que eso no ocurra.

    La chica medía aproximadamente 1,58 m, el cabello castaño claro largo casi hasta la cintura, una sonrisa cautivante, ojos color miel, el cuerpo tonificado por sus actividades, con unas caderas anchas y piernas carnosas que tenían su complemento perfecto con su cintura pequeñita y un enorme culo bien redondo y respingado, aparte de sus pechos medianos bien firmes.

    Más de una vez, la angelical niña saludó a Daniel en el ascensor o en la puerta, cosa que a él llamaba la atención. Nadie notaba su presencia y menos una chica así.

    Era un domingo soleado cuando uno de los saludos casuales entre ambos en el ascensor, se tornó en una conversación hasta la panadería y luego de vuelta al edificio. En el trayecto, ella le había contado a Daniel que su familia se encontraba de viaje de fin de semana, pero que ella decidió no ir porque se encontraba muy agotada. Esto encendió algo en la cabeza de Daniel, que llevaba semanas fantaseando con saciar sus más bajos instintos con el cuerpo de la dulce señorita del edificio.

    Fue así que, cuando volvieron al ascensor, él sintió un impulso que nunca había sentido antes, se abalanzó sobre la chica y la tomó con ambos brazos apretándola fuerte, ella se asustó y cuando quiso gritar, la mano del hombre tapó su boca. Daniel era fuerte y aparte tenía la ventaja de su estatura (1.94 m), por lo que María no tuvo chances de escapar.

    La llevó forcejeando desde el ascensor hasta su departamento, dejando caer la bolsa de pan que ella había comprado.

    La metió y trancó la puerta, la tiró al piso y la miró fijamente.

    Ella lo miraba con miedo, empezaba a sollozar y suplicar que la deje ir, que no diría nada pero que no le haga daño. Para él, ya no había vuelta atrás.

    La agarró del cabello y la levantó, luego rompió la blusa que ella llevaba y la usó para amordazarla, de manera que sus gritos no se oigan.

    Ella se resistía, por lo que Daniel comenzó a darle fuertes bofetadas, hasta que María cayó al piso, llorando y temblando de miedo en posición fetal.

    Él la volvió a tomar del cabello y la arrastró hasta su cuarto, ahí volvió a cerrar la puerta llave y usó su cinturón para maniatarla.

    Ella lloraba, gritaba pero sus gritos eran tapados por la mordaza. Daniel le arrancó el sostén y le manoseo sus preciosas tetas, las chupó y le dio mordiscos fuertes que le dejaban moretones; luego le bajó el short y la ropa interior de una, para poder empezar a manosear el hermoso culo de su nuevo juguete, luego empezó a tocarle la conchita, que sintió húmeda y caliente.

    Nunca había estado tan excitado, se sentía poderoso y realizado, estaba cumpliendo su más grande fantasía. La idea de borrar para siempre la sonrisa de la joven y dejarla traumatizada de por vida, lo ponía aún más caliente. Los llantos desesperados ahogados por la improvisada mordaza no hacían otra cosa que alimentar más su deseo y la potencia de la erección que tenía. No aguantaba más.

    Luego de manosear a su presa, la tiró boca abajo en la cama y empezó a meterle la verga. María estaba acostumbrada al sexo cariñoso y apasionado de su novio, por lo que la potente embestida de los 23 centímetros del degenerado de Daniel fueron un dolor que no podía soportar.

    Sentía que la concha se le desgarraba, mientras él la metía y sacaba con fuerza, a medida que la nalgueaba duramente y la agarraba del cuello; la apretaba contra él y le decía que ahora era suya, que iba a hacer con ella lo que quiera y que desde ahora iba a ser su putita.

    Ella lloraba, sentía el dolor en el cuerpo y también en el alma, mientras Daniel gozaba no sólo del cuerpo precioso de su víctima sino de la sensación de poder que le invadía. Se sentía el rey del mundo, mientras sometía a una joven indefensa a su deseo depravado.

    Daniel la cogió en varias posiciones, luego sintió la necesidad de ir un paso más y cuando la volvió a poner en cuatro, escupió en el ano de ella y fue metiendo la verga, primero de a poco y luego aumentando la fuerza, hasta penetrarle el culito por completo. Ella, en todo momento pegaba alaridos de dolor, que él paliaba apretando la cara de ella contra el colchón, lo cual casi enmudecía el sonido.

    Lo que sí se escuchaba era el golpe de las carnes de ambos impactando mientras él la bombeaba con toda la fuerza que tenía hasta que no pudo más y descargó toda su leche en lo más profundo del roto culito de la dulce señorita de familia, que quedaba reducida a una puta bien cogida. La luz de los ojos de su padre, la consentida de su madre, la chica aplicada y correcta, la más querida por todos; para Daniel era simplemente un objeto, unos agujeros que usaba para saciar su sed de placer.

    El dolor fue tal que la pequeña María se desmayó. Al despertar, se quedó inmóvil la cama, volvió a llorar casi en silencio.

    Su cuerpo lleno de moretones, sus ojos hinchados de tanto llorar, una marca roja le rodeaba la cara, producto del roce de la mordaza con su piel. Tenía el culo al rojo vivo, las nalgas con marcas de las manos de Daniel. Estaba inmóvil, él la admiraba sentado al borde de la cama, fumaba un cigarrillo y observaba a su nuevo trofeo.

    Cuando vio que ella intentaba reincorporarse, él se paró en la puerta. María bajó de la cama y gateó hasta él, que ya se preparaba para otro forcejeo, pero grande fue su sorpresa cuando María llegó hasta frente a él, se arrodilló y abrió la boca, ofreciéndose a chuparle la pija.

    Es que en ese momento, ella sintió algo que jamás había sentido. Siempre estuvo caminando del lado correcto, nunca nadie la trató así, nunca nadie la hizo sentir al límite.

    Aquel domingo que empezó como una historia de terror, terminó con ella encontrando un lado que ella misma desconocía: siempre fue una puta sumisa.

    El que al principio era un violador, ahora sentía como su amo, como el único hombre que la hizo sentir de verdad plena y satisfecha.

    Esa fue la primera de miles de veces en más que María dejó de lado su papel de niña buena, para convertirse en lo que realmente es… una putita obediente.

  • Una cita con mi psicóloga

    Una cita con mi psicóloga

    En la consultoría de mi psicóloga:

    -Me siento como bloqueado al acercarme a alguien que me gusta y termino mejor retirándome -Le dije a mi psicóloga.

    Hay dos formas de tratar tu trastorno:

    -Una es por medio de la terapia tradicional, donde yo te escucho y después de mucho tiempo ves resultados o mediante una terapia alternativa, que es mucho más eficaz y rápida, ya que una sesión de una hora, pero tiene un costo más elevado. -Me dijo de una manera muy formal.

    -Me gustaría intentar la terapia alternativa -Le dije intrigado por saber de que se trataba.

    -De acuerdo, pero hay dos reglas que debes de -Me respondió un poco nerviosa.

    -¿Cuales? -Le pregunté.

    -Primero, debes de saber que yo no salgo con mis pacientes por ningún motivo y segundo, la terapia solo se puede realizar una sola vez. Si estás de acuerdo, podemos proceder.

    Al principio no entendí porque me dijo que no salía con pacientes, como si quisiera salir con ella, aunque he de reconocer que era muy guapa.

    Me citó para el siguiente día, pero un poco más tarde de lo habitual y empezaba a oscurecer.

    Me dirigió hacía un cuarto en la parte de atrás, en donde había una especie de camilla para acostarse.

    -Antes de comenzar recuerda que esta terapia puede ser interrumpida en cualquier momento, solo debes decirme si algo no te gusta. Si no me dices nada, asumiré que esta todo bien y que deseas continuar -Me advirtió.

    -Está bien -Le respondí.

    -Cerraré la puerta para que puedas quitarte la ropa y recostarte, puedes taparte con esta toalla. -Me dijo.

    -Si, está bien -Le respondí.

    -Cuando estés recostado ponte esta venda sobre los ojos.

    -De acuerdo -Volví a responderle.

    Mientras me quitaba la ropa, no entendía que estaba ocurriendo, pero supuse que así era la terapia y que debía confiar en ella.

    Minutos después, Vanessa, mi psicóloga entró y al ver que ya estaba acostado, comenzó a untarme suavemente una especie de aceite en mi pecho y mis hombros.

    -Relájate, imagina que estas con una mujer que acabas de conocer. Imagina, que estás con ella a solas y ella desea pasarla bien contigo -Me dijo.

    Mientras me imaginaba eso, ella seguía untándome aquel aceite por todo mi cuerpo hasta que retiro la toalla, dejándome totalmente desnudo.

    No sabía que pensar en ese momento, pero hice lo que me pidió. Cerré los ojos y me relajé.

    Noté que sus manos estaban cada vez más cerca de tocar mi pene, hasta que definitivamente comenzó a untarle también aquel aceite. Sentí muy agradable al sentir sus caricias.

    -Imagina que estas con esa persona nueva que desea conocerte -Siguió diciéndome.

    Mientras sus manos acariciaban mi pene erecto, comencé a comprender su terapia. Me estaba «desbloqueando» al hacerme sentir cómodo y seguro con sus caricias. Y en ese momento me parecía que estaba funcionando.

    De pronto sentí algo muy distinto. Sentí el calor de su cuerpo y como frotaba sus senos en mi pene erecto. Sobra decir que era una sensación muy agradable para mí, pero me preocupaba que me estaba excitando mucho.

    -Me subiré a la altura de tu vientre -Me dijo.

    Al estar sobre mi inevitablemente mi pene erecto hizo contacto con su vulva. En ese momento me di cuenta de que mi psicóloga estaba sobre mi totalmente desnuda.

    Estaba pensando en quitarme la venda, pero en ese momento Vanessa lo hizo por mí dejándome ver sus senos. Vanessa tomó mi pene erecto y lo guio hasta que entré suavemente dentro de ella.

    Sentí su humedad, su calor y casi por instinto puse mis manos en sus nalgas. Vanessa comenzó a moverse de arriba a abajo sobre mi pene humedecido por el aceite y sus gemidos comenzaron a inundar aquel pequeño cuarto acondicionado para dar masajes.

    En ese momento ya no pensaba en nada, solo quería hacerle al amor. De pronto Vanessa se inclinó sobre mí y comenzó a darme besos en la boca hasta que se vino. Me di cuenta por la forma en como gimió… sexy y rico, muy rico.

    Poco después de que mi psicóloga tuvo su orgasmo, se colocó a un lado mío mientas yo estaba detrás de ella. Vanessa abrió las piernas para facilitarme la entrada y una vez que estuve dentro de ella de nuevo, ya no me detuve hasta que sentí que iba a eyacular. Me salí de ella y me derramé en uno de sus muslos mientras gemía.

    Al terminar, se puso su bata, me sonrió y salió del cuarto. Me vestí esperando encontrarla afuera del cuarto, pero no estaba.

    Regresé a casa confundido pero satisfecho con la «terapia». Ahora cada vez que tengo dudas de acercarme a una mujer, recuerdo esta experiencia y tengo mayor confianza en mí mismo.

    No volví a ver a Vanessa, la psicóloga más amable y cálida que he conocido.

  • Confesiones de mi esposa

    Confesiones de mi esposa

    Antes de casarnos iniciamos una plática mi novia y yo sobre nuestros antecedentes sexuales y dado que mi hoy esposa es una mujer de apariencia tranquila no esperaba más de sexo con sus novios y quizá algo extra dado que es atractiva (la describiré más adelante) sin embargo me sorprendió mucho su confesión la cual detallaré en las vivencias más sexuales qué tuvo, omitiendo lo más común.

    En ese entonces mi esposa era una residente de especialidad médica al igual que yo de 24 años esbelta, de 1.65, tez clara, pelo a cintura teñido de rojo, con una silueta femenina de piernas largas caderas anchas y nalgas paraditas, pechos pequeños de cara infantil. Ya cargaba con aproximadamente 17-20 (porque no está tan segura) parejas sexuales.

    Al saber tremendo número ella me dijo que tuvo mucho sexo ocasional en las temporadas que no tenía novio, pues sentía mucho deseo de estar con hombres y solo teniendo sexo lo controlaba ya que la masturbación no era suficiente como para algunas amigas si. Me dijo que el sexo libre sin freno inició a sus 21 años luego que su primer y único novio hasta el momento la dejará mientras ella cursaba su año de internado en medicina (Si, desde los 21 hasta los 24 entre 17 a 20 tipos se la clavaron), esto la dejó triste pero principalmente necesitada de sexo, dicha necesidad fue en aumento haciendo que se tocara imaginándose amigos, compañeros del hospital o inclusive médicos adscritos donde ella hacía su internado.

    En el hospital recibía obviamente mucha atención de muchos hombres por ser joven y guapa inclusive desde antes de quedar soltera, sin embargo los ignoraba pero poco a poco su deseo le impedía ignorar del todo que tenía varios tipos dispuestos a follarla en cuanto ella dijera. Un día su amiga de guardia la invita a ir a bailar a un bar de la ciudad un viernes libre que tenían a lo que ella acepta y acude con su cabello lacio suelto, labios rojos, un mini vestido muy cortito que dejaba lucir sus largas piernas aún más resaltadas por sus tacones (ella a la fecha viste al salir minifaldas y ropa pegadiza y me encanta).

    Aunque llegaron solas e iniciaron a fumar, beber y bailar entre ellas, rápido sintió de entre las miradas una en especial, era la de un tipo que trabajaba en el hospital como técnico en mantenimiento, dice ella tendría algunos 32 a 35 delgado pero fornido, atractivo de rostro y que antes siempre la miraba en el hospital. La mirada era algo lasciva quizá porque había tomado algo de alcohol y ella se excitaba un poco al notar como el tipo recorría con su mirada sus piernas y trasero tratando de ver algo más mientras su faldita se movía con el bailecito suave que hacía mientras bebía con su amiga, mi ahora esposa ya excitada y algo desinhibida decide tomar asiento en una silla periquera viendo frente a él con la intención de enseñarle su ropa interior y así lo hace, abría sutilmente sus muslos para mostrar una tanga roja que cubría su sexo mientras el tipo clavaba su mirada en esa rica rajita marcada entre sus muslos, así lo hizo varios minutos hasta que el tipo decidió acercarse aprovechando que su amiga fue al baño.

    Resumiré lo qué pasó para no aburrirles, platican ella sabe que él tiene 34 años, tiene un hijo y según está «divorciándose» (luego supo eso del divorcio era falso), bailaron, el pago bebidas y finalmente les dijo que las llevaba a casa, obviamente deja primero a su amiga y ya frente al departamento de mi ahora esposa Justo por bajar del carro ella le pregunta «¿Te gustaría pasar un rato?», rápidamente acepta sabiendo que se la va a clavar obviamente y así fue…

    Según mi ahora esposa mal entraron e iniciaron a besarse frenéticamente, ambos muy excitados, ella dice tenía empapada su tanga de excitada y el tipo traía la macana durísima y bien parada, luego de los besos y masajes manuales sobre los genitales dice le saco la verga se hincó e inició a mamársela, recuerda era una verga morena gruesa y pétrea, dice que mientras se la mamaba él gemía de placer y le decía «vamos niña, esto querías, cométela», no sabe cuánto tiempo se la mamo pero se levantó lo llevo al sofá y lo sentó mientras se botaba el microvestido quedando en tanguita únicamente, fue y se le sentó de frente sobre sus piernas acomodándose la verga para darse un sentón y ensartársela luego de lo cual inició el tipo formalmente a meterle la macana a mi hoy esposa, dice que se la culeó (follo) unos 20-30 minutos hasta que se chorreó dentro de ella para ese momento mi ahora esposa ya había tenido dos orgasmos…

    El tipo termino, se vistió y únicamente dijo «adiós niña»… se siguieron viendo en el hospital pero nunca más tuvieron sexo puesto que él supo que la mentira del divorcio ya era conocida y quizá por pena evitaba platicar más allá del trabajo y lo necesario, eso si todos los amigos del tipo supieron que le había metido la verga.

    A partir de ahí mi vieja solo quería vergas y se comió muchas más inclusive fue amante de casados a uno lo dejo inclusive darle por el culo… luego contaré más sobre mi puta.

  • Una cita casi médica (tercera parte)

    Una cita casi médica (tercera parte)

    Mientras me tomaba fotos vestida como una sirvienta en un baño de hombres de una clínica campestre yo me excitaba mucho,  el sitio era grande y el me hacía posar mientras metía en ocasiones sus dedos por mi culito corriendo mis pantis sucias, sentía como tenía las pantis mojadas de tanta excitación, sentía el efecto de las pastillas que él me hacía dado para ponerme más sumisa, femenina, excitada y obediente por lo que mis ideas estaban nubladas y solo me importaba seguir sus órdenes, luego de terminar de limpiar organice las cosas y el me llevo, de la correa de perrita atada a un collar en mi cuello que tenía en todo momento, hasta la recepción, allí estaban nuestras maletas, me puso en el mostrador de la recepción y sacando una cuerda ato mis manos juntas y me puso con la nalguita levantada y el pecho contra la barra, entonces se puso detrás de mí y mientras metía sus manos entre mis piernas me dijo que había notado lo mojadas que tenía las pantis, yo comencé a gemir cuando sentí su mano tocándome debajo de la falda, solo podía decir que si a sus preguntas, si era una perra, si era una puta caliente, si quería que me comiera toda por el culito, si quería su verga en mi boquita y tomarme toda su lechita, el me seguía tocando toda, entonces me dijo que debía castigarme por ser una sirvienta cochina, yo asentí mientras escuchaba como se quitaba el cinturón de los pantalones y luego comencé a sentir los correazos en mis nalgas, eran deliciosos y fueron bastantes, al principio solo levanto mi faldita, pero luego me bajo las pantis y me siguió castigando mientras yo gemía y agradecía según sus órdenes, llego un momento en donde saco el plug de mi culito y me volvió a meter un dildo mientras me decía que era una perra sucia, una puta barata y cochina que no servía ni de sirvienta porque solo servía para abrir las piernas y recibir semen, yo asentía y siguiendo sus órdenes repetía sus palabras para que el me escuchara decir lo puta que era, lo sumisa y perrita.

    Luego del dildo me dio unos cuantos correazos mas dejándome las nalguitas rojas y el culito muy abierto, entonces me soltó y me dijo que tenía una sorpresa para mí, me había comprado una ropita y quería que la usara para que termináramos nuestra cita, yo agradecí muy femenina y sumisa mientras mis piernas temblaban de la emoción, el me miro así vestida de sirvienta, excitada y con la mirada hacia abajo como me había ordenado, entonces me dijo que me sentara en el piso y fue por una bolsa negra que tenía el lado de su maleta, lo primero que saco fue una botella de agua y mientras me decía que tenía una sustancia que me haría sentir muy relajada, sumisa y femenina me la entrego, yo dichosa de estar así sometida y muy excitada comencé a tomarla de la forma más delicada y femenina que podía, mientras lo hacia el saco una tasa para perritas y la puso a mi lado con un poco de cuido, yo entendí que debía comerlo y deje de tomar el agua pues sabía que la iba a necesitar, cuando puse a botella en el piso el me tomo de la correa y sentándose en un sillón que había en esa sala de espera me acomodo entre sus piernas, primero me quito los sostenes mientras apoyaba mi cabecita contra su rica verga diciéndome que la lambiera bien como una perrita, yo obedecía y me dejaba hacer, luego comenzó a humillarme, a decirme que era una puta sumisa, una perra en calor, me miraba así vestida y me metía sus dedos en las boquita mientras me decía que era la más sucia de las putas, entonces comenzó a preguntarme si quería sentir su verga otra vez en mi culito, conteste de inmediato que sí, que lo deseaba, y mientras le rogaba que me la metiera pasaba mi lengua por su rica verga, el me siguió preguntando si era una puta, una perra sucia, yo decía que si y seguía lamiendo.

    Entonces me dijo que era hora de cambiarme y que debía desnudarme entre sus piernas yo obedecí y cuando estuve desnuda el me entrego unas pantis, eran rojas de encaje, con adornos y muy cómodas cuando me las coloque siguió un sostén también rojo con encaje a juego, luego me entrego unas pantimedias blancas, para ponérmelas el me dejo poner de pie, luego me entrego una camisa de manga corta de botones rosada que se veía (y era) muy barata y trasparente y una falda roja igual de barata tipo tubo de cierre que me hacía apretar las rodillas, yo me puse toda la ropa encantada mientras él me decía que me veía como la puta barata y sumisa que era, luego saco unas pulseras y unas tobilleras gruesas de tela con argollas y me las coloco en mis manos y tobillos, entonces me ordeno que me pusiera en cuatro y fuera a comer mi cuido como una perra, yo obedecí obediente y me comí todo lo que había puesto en mi tasa, aunque confieso que lo logre gracias a que aún tenía más de la mitad de la botella de agua.

    Cuando termine de comer mi cuido de perrita el me ordeno que me pusiera de pie, yo obedecí y él se puso frente a mí, lo primero fue atar mis manos con una cuerda al aro de mi correa de perrita, luego saco una varilla un tanto gruesa que tenía algo a la mitad y dos argollas en cada punta y la coloco con candados en las argollas de mis tobilleras, quedando justo entre mis piernas haciendo que las tuviera que tener abiertas, no mucho, pero siempre abiertas, luego me coloco una mordaza y mientras me llevaba por uno de los pasillos me decía que era la putica perfecta para su fantasía, que ya vería lo que tenía preparado para una perra sucia y barata como yo, yo lo seguía con mi miraba hacia abajo hasta que sentí como abría una puerta hacia un salón grande y espacioso, levante la mira y alcance a leer que era fisiatría, entre temerosa y me sorprendí al encontrar no uno sino dos vigilantes, estaba el que ya había probado y según entendí también el siguiente turno, mientras mi amigo me explicaba que ambos habían estado mirando por las cámaras todo lo que hacíamos me llevo a un aparato algo extraño, era como un potro de gimnasia pero mucho más corto y tenía soportes para las rodillas a cada lado, el me acomodo y con una cuerda me ato boca abajo en él, primero fueron mis rodillas y luego mis manos las que quedaron inmovilizadas así.

    Pude ver como mi amigo se sentaba con su cámara y les indicaba a los vigilantes que podrían disfrutarme pues ya estaba lista para ellos, ellos se pusieron adelante y atrás de mil el que había visto saco su verga que ya estaba dura y luego de quitarme la mordaza la metió en mi boquita para que se la mamara, el otro un tipo más bien grande levanto mi faldita y luego de bajar con cuidado mis pantimedias y pantis hasta mis muslos comenzó a meter su verga por mi culito mojado y caliente, no tuvo que hacer mucho esfuerzo y ya me tenía ensartada como a una puta mientras yo chupaba y mamaba la verga del otro vigilante, mientras me filmaba mi amigo siguió humillándome y diciéndome lo puta que era, animando así a los vigilantes a que hicieran lo mismo, me dieran nalgadas, me pegaran con sus vergas en la carita y la boquita mientras cambiaban de lugar y me hacían rogar para estar así ensartada por dos vergas al mismo tiempo, así estuve durante no sé cuánto tiempo sometida como una hembra, incluso mi amigo tuvo un rato su verga en mi boquita y mi culito. El primero en terminar fue el primer vigilante, termino en mi boquita, me hizo tragar toda su leche mientras el otro penetraba mi culito y mi amigo nos filmaba de cerca, el semen chorreo por mi boquita pero logre tomarlo casi todo y atrapar el resto en mis manitas, él me puso a limpiar su verga y mientras lo hacía comencé a sentir como la verga del otro vigilante se ponía dura y gruesa hasta terminar en mi culito llenándome de leche y haciéndome gemir como una perra, como una hembra en celo, mientras el sacaba su verga de mi culito mi amigo rápidamente metió un plug adentro para que el semen no saliera y siguió filmando de cerca mientras me daba órdenes de limpiar las vergas de los dos vigilantes con mi boquita.

    Cuando las deje bien limpias mi amigo me dio un poco de agua mientras me ponía su mano en la cabeza y me decía que era una buena perra y que ahora iba a cumplir su fantasía. Lo que hicimos después lo dejare para la cuarta y última parte de este relato de fantasía, sé que ya ha sido largo pero prefiero describirlo muy bien para que sea fácil imaginarlo para quienes lo lean.

  • Mi compañero de banco descubrió mi bisex (parte 1)

    Mi compañero de banco descubrió mi bisex (parte 1)

    Tenía 18 años, cursaba el último año del secundario, me gustaban las chicas y era virgen, con las hormonas a tope. Un día debimos mudarnos al aula histórica del colegio por unas reparaciones que debían hacer en la que usábamos normalmente. Me tocó sentarme junto a Nicolás en uno de los pupitres de madera. Nico jugaba al fútbol, usaba ropa ceñida que le resaltaba su cuerpo atlético y fibroso, era agradable y simpático, pero no eramos amigos. En la clase de Biología, el profesor avisó que llamaría a dar lección. Nico me dijo que estaba nervioso porque no había estudiado. Le dije que se quedara tranquilo, que no pasaría nada. Me contó que le transpiraban las manos.

    -No te puedo creer, le respondí.

    -Sí, fíjate cómo la tengo y me dio su mano derecha.

    La tenía caliente, pero no me pareció sudada. En ese momento, el profe pidió silencio y abrió la libreta de notas para llamar. Me apretó la mano, estremecido de temor. Llamó al primero y no fuimos nosotros, pero no me soltó la mano. Lo miré y me dijo:

    -Por cábala.

    -No hay problema, le respondí, y seguimos así hasta el final de la clase.

    -Ya pasó, zafamos.

    -Sí, tuvimos suerte, pero falta la segunda hora, me dijo. ¿Me puedo secar en tu jean? Porque mi pantalón es clarito y de tela muy fina.

    Tenía razón, era parte de su conjunto deportivo porque después de la escuela iba a entrenar. Me llamó la atención, pero el profe se quedó a corregir y no dije nada. Empezó a pasar su mano por mi pierna, de la rodilla hasta casi la ingle, varias veces. Me preguntó si me molestaba y negué con la cabeza, pero me puse todo rojo, me gustaba y me excitaba.

    Recomenzó la clase, el profe volvió a llamar y me dio la mano otra vez, pero con los dedos entrelazados y me la llevó a su pierna, incitándome a acariciarlo, mientras él volvía a tocarme la pierna y llegaba a mi pene, ya erecto.

    -¡Cómo estás!, me susurró. Mirá cómo estoy yo, y llevó mi mano a tocar su bulto, también al palo.

    -La tenés re dura, le dije y se la empezó a sobar con mi mano.

    Me dejó seguir solo y siguió acariciando mi verga. Ya casi no podía respirar de la calentura. Seguimos franeleando hasta el final de la clase. Cuando todos se pararon, nos soltamos, pero estábamos al palo, así que nos quedamos sentados durante el recreo, pero sin tocarnos. Cuando se fueron casi todos, me susurró:

    -Me parece que te gustó.

    Asentí con la cabeza, mientras teníamos los muslos bien pegados. Seguimos con las caricias en las dos horas siguientes, así que para salir del aula y de la escuela usamos las mochilas para taparnos el bulto. Al otro día, tras una hora de clase sin decir ni hacer nada, en la segunda me preguntó si seguíamos con la cábala, así que entrelazamos las manos unos minutos y enseguida volvimos a acariciarnos y sobarnos, cada vez más atrevidos.

    Seguimos así un par de días, hasta que el viernes noté que no me hablaba ni me tocaba. Dejé pasar un par de horas de clase, hasta que no pude más y me atreví a tomar la iniciativa de acariciar su pierna y se acomodó mejor en el banco, como buscando una posición.

    -Tengo una sorpresa, me susurró, y llevó mi mano hasta su pene erecto ¡fuera del pantalón en plena clase! Se lo agarré y lo empecé a masajear con ganas.

    -Esperá, me vas hacer acabar, susurró resoplando, y lo solté.

    Empezó a acariciarme el bulto sobre mi pantalón y me preguntó si me seguía gustando sus caricias.

    -Mucho, le dije. Tenemos que ir a algún lado para estar más cómodos, me sugirió.

    Le conté que en mi casa no habría nadie porque la familia pasaría el fin de semana largo en la costa, pero yo me quedaba. Se le encendieron los ojos.

    -Voy a mandarles un mensaje a mis viejos para decirles que me voy a tu casa para estudiar.

    -¡Dale!, ¿pero tenés ropa?

    -En la mochila, me dijo.

    Se vino en el colectivo conmigo. Salimos del cole al anochecer y fuimos caminando hasta la parada. Viajamos de pie y el colectivo se fue llenando. Quedamos en el medio, bien apretados, él detrás de mí apoyándome con su pene bien duro. Yo estaba igual, así que tuve que cubrirme con la mochila. En cierto momento, el colectivo dobló algo rápido y él me tomó de la cintura para sostenerse. No dábamos más de lo caliente que estábamos. Me dieron ganas de volverme para besarlo y acariciarlo, pero pude contenerme.

    A mitad de camino, en la parada de la estación de trenes, el colectivo casi se vació, así que nos sentamos en el último asiento doble, con las mochilas en el regazo. Él se sentó del lado de la ventanilla. El conductor estaba charlando muy entretenido con una chica y otra pareja adelante y en el fondo no había nadie. Casi enseguida, puso la mochila a un costado, sacó su pene húmedo del pantalón, me lo hizo ver y me sacó la lengua, mientras me acariciaba.

    Lo miré asombrado y se lo sobé como siempre. Me hizo que no con la cabeza y volvió a sacar la lengua. Se acercó a mi oído y me susurró:

    -Si me la chupás, voy a ser tu novia todo el fin de semana.

    -¿Acá? ¿En el bondi?

    Asintió sonriendo. Vacilé un poco y me lancé. Era la primera vez que chupaba una pija y me sorprendió lo suave y delicada que era la piel del glande, así que se lo lamí varias veces y lo chupé como si fuera un helado y de a poco me fui tragando la pija con ganas, a fondo por momentos, y él alzaba sus caderas para metérmela bien adentro de la boca, hasta que tuve que presionarle la pierna porque me atragantaba. Seguí chupando suavemente el glande y el tronco hasta la base, gozando de la nueva experiencia por varios minutos, hasta que me frenó susurrándome en la nuca:

    -Esperá que no doy más y me vas a hacer acabar.

    Despacio y a desgano fui dejando de chupar y comer aquel manjar y me incorporé, ya que faltaba poco para llegar a mi barrio. Me susurró al oído:

    -¿Se la chupaste a alguien antes?

    -¡No!

    -¿Seguro? Porque la mamás muy bien.

    -Es que me gusta mucho. Si bajás con la pija fuera del pantalón, te la chupo en la calle.

    Y así lo hizo, bajamos por la puerta trasera, él ocultando su falo con la mochila de la vista del conductor. Debíamos caminar tres cuadras hasta mi casa por calles arboladas y oscuras. Íbamos de la mano y me dijo:

    -¿En ese árbol te va?, señalando uno grande, frondoso y bien oculto en la oscuridad.

    -¡Dale!, le respondí algo nervioso, porque estaba en mi barrio, pero no había nadie en la calle.

    Se recostó contra el tronco y de nuevo con la pija fuera del pantalón, bien erecta y húmeda. Dejé mi mochila en el piso y me arrodillé para recomenzar con la mamada, que fue de campeonato, mientras le agarraba las nalgas para que me cogiera por la boca, con los ojos cerrados de gozo. Tras unos minutos, estaba tan entusiasmado chupando que no me di cuenta que se acercaban algunas personas por la vereda. Él me alzó por las axilas de golpe y me abrazó.

    -Viene gente, me susurró, lo miré a los ojos y me besó agarrándome de la cabeza para ocultar que éramos dos chicos.

    Nos metimos la lengua a fondo mientras lo tomaba de las nalgas para apretarlo contra mí, sin importarme nada. Él me acariciaba la cabeza mientras nos besábamos con furia y con temor, hasta que la familia se alejó. Nos recompusimos, lo miré a los ojos mientras se guardaba la pija erecta y húmeda dentro del pantalón.

    Me volvió a preguntar si alguien me había enseñado a chupar la pija, si lo había hecho con algún otro. Le dije que no, que era la primera que me comía una, que me gustó un montón y lo volví a besar con muchas ganas y mucha lengua. Estábamos muy calientes y respondió apasionadamente comiéndome la boca bien a fondo.

  • Mi experiencia con el doctor

    Mi experiencia con el doctor

    Un día visité al doctor para que me examinara un bulto que tenía en el abdomen, entre al consultorio era un hombre joven como de 38 años, noté algo raro cuando me miro.

    Me hizo preguntas de rutina y me hizo pasar al fondo en la camilla.

    Me dijo que me quitara la camisa y me acostara boca arriba, empezó a tomarme la presión y hacerme preguntas médicas, yo ya sabía que en su actitud y en su hablar era un médico que le gustaba los hombres, pero la verdad no me incomodo, yo solo respondía. Era simpático pelo negro contextura gruesa, algo bajito de estatura, empezó a tocar mi abdomen y acerco sus dedos debajo de mi ombligo, eso me gusto. Me dijo que me bajara el bóxer para revisar si tenía una hernia, yo le dije que sí y me sentí algo raro.

    Me tocaba y me hacía preguntas que por que tenía una erección, que si algo me pasaba, pero él seguía tocándome, me tocaba mis huevos y yo le decía que no había problema que siguiera… Me dijo que lo tenía grande y lo acariciaba, y pregunta porque yo estaba excitado, yo le dije pues porque me tocaba así que para mí era muy extraño porque a mí me gustaban las mujeres, después me preguntó que si me hacía venir que quería besar mi polla. Yo le dije que está bien no hay problema, él empezó a darle besos a la cabeza de mi polla, me la empezó a chupar con mucho gusto, y yo sentía mucho placer, nunca me imaginé que un médico se sintiera atraído por mí, y quisiera tener sexo conmigo.

    Él siguió chupando muy rico después paró y dijo que mejor paráramos para no entrar en sospechas ya que era un consultorio médico y había pacientes esperando. Me pidió mi número de whatsapp y dijimos que después habláramos, me despedí y salí del consultorio.

    A los días me escribió y me preguntó que si le había gustado para vernos, yo le dije que para mí era muy extraño lo que pasó, pero igual me había excitado mucho. Me dijo que quería verme, que él me recogía en una camioneta polarizada. Yo acepté que eran las 7 de la noche de un viernes. El me comento que tenía como pareja un chico, y sabía que yo tenía esposa e hijos, pero que yo era des complicado y también buscábamos solo placer.

    Nos parqueamos en su camioneta polarizada en una calle sola, empezó a tocarme y me quite la camisa, él empezó a besar mi cuerpo, mis tetillas mi abdomen él estaba muy arrecho, saco mi verga y la empezó a chupar, parece que le gustaba mucho mamar verga. Yo le dije que también quería chupar su verga. La sacó y me gustó mucho porque era muy gruesa y la tenía bien dura. Alguien pasaba por fuera de la calle y nos quedamos quietos pero afortunadamente la camioneta del doctor estaba polarizada y nadie podía ver el interior. Yo no aguante y le chupe su pene erecto y grueso, sabia delicioso nos besamos la boca el cuello y el pecho, nos tocamos y ambos nos hicimos sexo oral, hasta que soltó un chorro de leche y me lo dio en la boca… calientico y espeso, con mi boca untada me excite mucho, me apreté mi verga y me vine enseguida, el tenia pañitos húmedos, nos limpiamos, me dejo cerca de mi casa, me pregunto si me sentía bien, yo le dije que fue algo extraño para mi, pero que lo disfrute mucho.

    El segundo encuentro fuimos a un motel… después les cuento.

  • Intercambio para aprender lenguas

    Intercambio para aprender lenguas

    Una joven viaja a Inglaterra en viaje de estudios. Se va a hospedar en una casa familiar. Tras cumplir los diez y ocho años sus padres le permiten viajar sola al extranjero.

    La reciben cuatro incestuosos miembros de una familia de nudistas que empiezan disimulando pero que terminan todos juntos follando.

    Me vinieron a recoger al aeropuerto con un enorme cartel y cuatro deliciosas sonrisas, ademas de un enorme abrigo por si yo no había tenido esa precaución. Sus detalles me alagaron y me hicieron sentir cómoda y bien acogida.

    Nevaba fuera de la terminal pero en el trayecto en coche hasta su casa me hicieron sentir como si estuviera en mi propia casa. Una familia algo lejana pero al fin y al cabo gente que me apreciaba.

    Loren era mi amiga de intercambio habíamos hablado por mail, Skype y wasap. En verano estaba previsto que ella viniera a mi casa a pasar unos días.

    Nos habíamos intercambiado fotos, visto por la cámara y ya conocía su aspecto y el de su familia así como ellos ya me habían visto a mí y a mi gente. Todos vestidos por supuesto.

    Loren, rubia con una carita dulce, de no haber roto un plato en su vida, y un cuerpo precioso y delgado que hasta ese día casi solo conocía por un par de fotos en bikini que me había mandado.

    Vale, seré sincera. Más de una vez cuando chateábamos a solas nos habíamos puesto cachondas. Habíamos tenido algo de cibersexo y nos habíamos confiado que ambas somos bisexuales. Nunca me confió lo que iba a encontrar al llegar a su casa, pero sabía que yo me lo iba a tomar bien.

    Sus padres Karen y Mark son un par de atractivos cuarentones. Por lo que había visto por lar fotos y cuando estaban sin los abrigos en el aeropuerto y en las fotos. parecía que se cuidaban. Tenían buenos cuerpos.

    El que me impresionó en vivo fue el hermano mayor, Josh que en las fotos que había recibido parecía un tirillas. Desde que Loren se las habían hecho había empezado con el rugby y se había puesto mazas. Un tiarrón con buenos músculos. La cabrona me lo había ocultado como una bonita sorpresa.

    Durante el trayecto realizaron un verdadero interrogatorio al que yo respondida como buenamente podía en mi mal inglés de instituto terminado. Y sin dejar de hablar me contaban cosas de ellos y de su pequeño pueblo de Essex.

    La vivienda era un unifamiliar de los que se estilan en toda Inglaterra pero el suyo parecía reformado. Con mis escasos conocimientos de arquitectura me di cuenta de que estaba muy reforzado el aislamiento y las ventanas.

    De tal forma que sin que se derritiera la nieve en el tejado en el interior la temperatura rondaba unos cómodos treinta grados. Y algo increíble, para ser Inglaterra, tenían duchas, planas, en las que habrían cabido media docena de personas cómodamente.

    Ellos se despojaron sin complejos de buena parte de su ropa y a mi no me quedó mas remedio que quedarme con mi camiseta interior y el sujetador despojándome del jersey y con los vaqueros si no quería morir asfixiada.

    Mi amiga se fue a su habitación y volvió con lo que parecía un ligero pijama de verano, un short y una camiseta de tirantes de raso que le sentaba de maravilla. Parecía hecho arde para ella y su cuerpo delgado.

    El de su madre era un camisón, pero muy parecido en la tela y el corte y desde luego no demasiado largo. Le sentaba estupendamente, sus largos muslos saliendo de esa corta prenda eran todo un espectáculo.

    Y los pijamas de ambas parecían recién estrenados en mi honor. Como si los hubieran sacado de la caja esa misma mañana. Hasta conservaban algún doblez de haber estado guardados.

    Ellos volvieron con cortos pantalones de deporte y ligeras camisetas. Todavía no sé como conseguí cerrar la boca al ver la musculatura que se gastaba el hermanito y ni un gramo de grasa por ninguna parte. Para mi asombro el cuerpo del padre era muy parecido. Fibrado y con músculos bien definidos. Y hasta algún discreto tattoo.

    Aquella gente me parecía que no tenia demasiados complejos. Pero donde fueres haz lo que vieres. Toda la ropa que había traído era de invierno, de abrigo. Mis pijamas, bueno si intentara estar un rato con ellos puestos allí me asfixiaría.

    Cuando Loren me acompañó al cuarto que íbamos a compartir, según subíamos por la escalera, para llevar mi maleta, le conté mi problema.

    – Nena. (baby) Tengo un problema. Todo lo que he traído es de abrigo. Me voy a asar.

    – Tranqui. Ya te prestaré algo, o puedes quitarte más cosas. A nadie le va a extrañar.

    Bueno, quería quedarme a solas con ella para poder comentar algunas de esas cosas más relajadas. Pero lo primero que salió de mi boca y en castellano fue:

    – ¡Tía! ¡Que buenorro se ha puesto tu hermano!

    Ella se echo a reír y me confirmó que no era la única de sus amigas que mojaba las bragas por el.

    – Pues ponte a la cola por que todas mis amigas están deseando pasarlo por la piedra.

    – Alguna ventaja tendré estando en tu casa.

    Me miró con una expresión misteriosa y lasciva a la vez.

    – Tienes todas las ventajas, cariño.

    Para solucionar mis problemas de vestuario me ofreció sus cajones que comparándolos con los míos me parecieron extrañamente desprovistos de lencería y ropa de andar por casa. De hecho algunas de las prendas aún conservaban las etiquetas.

    Pero como además yo le sacaba más de diez centímetros lo que me probé me quedaba literalmente como el culo que quedaba casi por entero al aire. A mi lado ella parecía una muñequita, sexi y adorable eso si.

    En principio iba a dormir con ella. Su cama daba para dos plazas y mi idea desde que la había visto desnuda por la cámara era no dormir mucho precisamente.

    Para empezar y estando a solas con ella en su cuarto me libré de los vaqueros que empezaban a picarme en los muslos. Ella se quedó admirando mi tanga el mejor y mas caro de los míos, de encaje trasparente y muy sexi. Ella en perfecto ingles me lo alabó con lo que me pareció cierta mirada de deseo.

    – Es una prenda preciosa. Te habrá costado una pasta.

    Se lo ofrecí cuando lo laváramos.

    – Puedes usar mi lencería cuando quieras. Creo que he traído como para un ejército.

    Me dijo también:

    – Al jugador de rugby le va a encantar verte solo con eso.

    Lo dijo como si fuera algo que iba a pasar seguro. Pero mientras tanto yo seguía en tanga y una camiseta mínima de tirantes, térmica eso si. Para solucionarlo le pidió a su hermano alguna de las camisetas de entrenamiento.

    Como él me sacaba una cabeza, a mí me llegaría a medio muslo. Podría usarla de ropa de casa y camisón a la vez hasta que pudiéramos ir de compras. La diferencia de altura entre los hermanos era algo increíble.

    Me dejé el sujetador puesto, lo que ni Loren ni su madre habían hecho. Sus pezones se marcaban en el fino raso como si no llevaran nada. Todas las camisetas de su hermano que me había traído eran de tirantes aduciendo que en invierno eran las que él no usaba.

    No me haría falta nada más abrigado. Como Josh era mucho más grande, de alto y de ancho, que yo por la sisa y el escote se me habrían visto las tetas al completo. Cosa que les habría encantado a todos, pero no adelantemos acontecimientos.

    También me cambié las bragas sustituyendo el tanga por un culote algo mas amplio. Puede que el hermano me hiciera humedecerlo mientras cenábamos. Y al paso que iban las cosas no solo Josh.

    Los roces y la confianza entre ellos eran constantes. Tanto así que cuando su padre abrazó a Karen levantó su camisón dejándonos ver a todos que sus bragas habían quedado olvidadas en alguna parte. Lucía un firme y bien formado culo desnudo del todo.

    No me había fijado cuando se las había quitado supongo que estando juntas con Loren en su cuarto buscando ropa. Ahora que lo pensaba en realidad nunca supe si las había tenido puestas en algún momento.

    Lo que sí me llamó la atención del cuarto de los padres era la enorme cama en la que habría podido dormir un regimiento. Cuanto menos que la familia al completo mas alguna invitada despistada. O invitado viendo la familiaridad con que se trataban padre e hijo. Pero parece que insisto en adelantarme, retomaré el hilo.

    Como todo el rato hasta ese momento, la cena, contundente por cierto, discurrió entre risas, y bromas. En un ambiente de sensualidad que no me había esperado. Las bromas y chascarrillos de orden sexual fueron de lo que más abundó.

    Admito que entré al trapo en mas de una ocasión con lo que conseguí no quedar como una mojigata. Pero eran de los que les das la mano y te cogen el brazo hasta el hombro. Así que consiguieron sacarme los colores con bastante frecuencia.

    A mitad de cena ya tenía una mano de Josh en un muslo y otra de Loren en el otro acariciándome sin demasiado disimulo. Sabía que sus dedos se rozaban mientras las manos subían y bajaban por mi piel y a ellos no les importaba. Los hermanos sentados a mis lados se trataban con mucho cariño y a mí también.

    Como me estaba gustando me limite a separar las piernas y dejar que siguieran. No sé cual de los dos alcanzó primero mi xoxito, a esas alturas empapado pero aún cubierto. Solté un gemido sin poder contenerme y aunque Karen y su marido se hicieron los despistados seguro que se dieron cuenta.

    Enfrente de mí los padres se dedicaban el uno al otro parecidas atenciones. Antes del postre me padeció ver asomar más de una vez el glande duro de Mark por encima del borde de la mesa. Mientras se daban un morreo que habría cambiado de boca toda su saliva.

    Karen meneando su impresionante pandero se levantó a por el pudding adornado con nata. Así que me esperaba nuevos avances viendo el ritmo que llevaba la noche.

    Loren cogió algo de nata con un dedo y juguetona lo puso en mi boca. Mirando a sus preciosos ojos azules abrí la boca y chupé su dedo con lascivia. Como hubiera hecho con la polla de Josh, algo que ya estaba deseando.

    Spoiler: Como se darán cuenta yo ya llevaba los deberes bien hechos. Tanto con chicas como con chicos. Lo que no me esperaba y nunca había hecho en realidad era un orgía nada más llegar. ¡Y con toda la familia! ¡además!

    Pero bueno: from lost to the river. Suponía que serían Loren o Josh los que intentaran ligarme por su cuenta antes de introducirme en todo el jaleo. Pero de uno en uno y desde luego no delante de sus padres.

    Por supuesto siguieron adelante viendo que yo me tomaba bien sus avances. Si en algún momento yo me hubiera mostrado ofendida o enfadada ellos hubieran parado y me hubieran dejado tranquila. Pero a esas alturas estaba claro que yo estaba tan caliente como ellos.

    Loren era ambidextra, pues mientras tenía un dedo en mi boca dándome bocaditos de nata otro de la otra mano ya había entrado bajo mi cullotte. Me estaba acariciando los labios de la vulva. Ante la excitada mirada de su hermanito.

    Como no quería que este se sintiera desplazado fui yo la que lo atendí. dejé caer mi mano con suavidad sobre su pubis y efectivamente su polla bien dura ya estaba al aire esperando una caricia.

    – ¿Por qué no te quita la camiseta?

    Le di un tirón a sus pantalones para que se los quitara. Ya no creía que a nadie le importara verle con el culo al aire, culo pétreo y bien formado por cierto. Fue el primero en quedar desnudo del todo. En cuanto lo hizo volvió a sentarse aún más cerca de mí. Para entonces Loren y yo ya habíamos compartido nuestro primer beso y la primera saliva.

    Bajé una mano a coger sus huevos bien depilados y suaves y acariciarlos con ternura. De vez en cuando miraba a Mark y Karen que se dedicaban a coger cucharaditas del pudding y pasarlas de una boca a la otra en sus besos.

    Y mi abuela decía que con la comida no se juega. Probablemente si hubiera visto esto le hubiera dado un patatús. Pero a mí me gustó la idea. Cogí una cuchara y porciones pequeñitas del postre para compartirlas.

    Primero a Josh que buscó el pudding en mi boca con su lengua dándome bien de saliva. Echó mano a mis pechos que su hermana ya había tenido la precaución de liberar abriendo el broche de mi sujetador con una mano.

    Como era incómodo meter la mano entre el escote de la camiseta y el sujetador mal colocado. me saqué esa prenda por la sisa de la camiseta. Como ya pensaba los escotes dejaban ver mis pechos casi al completo. De lo que Josh y su linda hermana se aprovecharon de inmediato.

    Pellizcaba mis pezones a la vez que Loren y yo compartíamos el postre de una boca a otra. Yo tampoco soy manca, una de mis manos en el rabo de Josh subiendo y bajando con suavidad y la otra entre los muslos de Loren.

    Karen y Mark miraban nuestros juegos con grandes sonrisas y sin dejar de besarse y acariciarse.

    El short suelto de su pijama no me ofrecía una gran barrera. Un segundo después ya estaba tocando su encharcado coño.

    Lamiendo su orejita le pedí:

    – Quítame el cullotte.

    Se arrodilló a mi lado hasta que me sacó las bragas. Besando con suavidad mi costado y muslo mientras lo hacía. Giré la cabeza hacia Josh. Le lamí la oreja y le pedí:

    – Quítale la camisola a Loren.

    Estaba deseando ver a los dos actuar juntos. Con una sonrisa tiró de la poca tela por delante de mí. Ambos se inclinaron para besarse. Justo ante mi cara. Me uní al beso convirtiéndolo en uno a tres lenguas, mientras nuestras manos no dejaban de acariciar nuestras pieles.

    El chico hubiera podido cogernos a la dos a la vez en brazos para llevarnos a la cama. Pero se contuvo mm sonrió que por que sabía que sus padres querían disfrutar del espectáculo. Y a mí no me importaba exhibirme.

    Yo misma tiré de mi camiseta arrojándola a un rincón. Ya me había dado cuenta de que en esa casa la ropa sobraba. Un segundo que me había despistado y Mark le había sacado el camisón a su bella esposa y está le había librado de su camiseta.

    Ellos aún sentados en sus sillas nos miraban complacidos y sonrientes y con enormes expresiones de lujuria. Pude confirmar lo bien que se conservaban, tenían unos cuerpos espectaculares.

    Loren me dejó un momento con su hermano para acercarse a ellos y darles un buen morreo. Primero a su madre, luego al padre y cuando estaba en ello se unió Karen en un cruce de lenguas a tres bandas. Eso ya terminó de calentarme, si todo lo anterior no me tuviera ya como un horno.

    Me colgué del cuello de toro de Josh para subirme sobre sus poderosos muslos. La durísima polla apretada entre nuestros vientres. Empezó a amasar con sus manazas mis pechos, sin olvidar pellizcar mis pezones con suavidad.

    Admito que el chico me tenía atontada, aunque no por ello iba a dejar de probar el rabo de su padre o el coñito de su bella madre. Hablando de ellos fue Mark el que se acercó a nosotros. Lo primero que hizo fue meterme la lengua hasta la garganta, para lo que abrí mi boca al máximo gustosa.

    Sacó de mi boca toda la saliva que si hijo me había estado pasando en nuestros besos. Pero lo que me impactó fue que de inmediato hizo lo mismo con Josh, mientras este le agarraba la polla y se la masajeaba suave.

    – ¿Quieres?

    Me la ofreció. Como no quería ser mala invitada y estaba viendo por primera vez en mi vida a dos chicos actuando juntos estiré la mano y le acaricié los huevos.

    Mientras mi amiga y su madre se entretenían solas me habían cedido a los dos hombres. Ahí fue cuando Josh me levantó sujetando mi culo y solo con la fuerza de sus muslos se puso de pie.

    Rodeé su cintura con mis piernas mientras su padre se ponía a mi espalda. Noté unos dos poniendo lubricante en mi culito, creo que los de mi amiga pero con la húmeda de Josh en mi boca no estaba para investigar.

    Me levantó un poco más, lo justo como para poner su glande entre los labios de mi vulva. Empezó a bajarme despacio penetrándome. A la vez notaba la polla de Mark empezando a abrirse camino en mi entrada posterior.

    Colgada del cuello del jugador de rugby yo no podía moverme. Ellos me manejaban como una masajeaba de silicona. Me subían y bajaban a fuerza de brazos haciéndome notar mi primera doble penetración.

    Solo jadeaba y gemía, disfrutando cada vez que Josh dejaba mi boca para darle lengua a su padre por encima de mi hombro. La saliva de ambos resbalando hasta mi piel.

    Loren y Karen se pusieron a nuestro lado para prodigarnos caricias y besos. Cuando ambos se corrieron en mi interior yo ya había perdido la cuenta de mis propios orgasmos.

    – ¿Te ha gustado el recibimiento? Guarrilla.

    – Ufff. Me ha encantado, pero prométeme que no vamos a parar.

    – Solo cuando salgamos de casa para enseñarte la ciudad.

    – Con todo esto el único inglés que voy a aprender aquí solo me va a valer para rodar porno.

    Los cuatro recibieron mi salida con una carcajada general. Su madre intentando poner un poco de orden me cogió de la mano y me llevó a la ducha.

    – Dejad descansar a la chica que la vais a desmontar.

    En la ducha se dedicó a lavarme y mimarme. Desde luego sin dejar de besarme ni de acariciar todo mi cuerpo. Me dejó bien limpia por fuera y por dentro, lamió mis pies y las axilas. Me comió el culito como nadie había hecho antes, de bien digo, algún beso negro si que me habían hecho en mi ciudad.

    Estaba segura de que mientras la bella madre me daba mimitos en una ducha en la otra los otros tres pervertidos no permitían que nadie se enfriase. Y seguían dedicados a sus juegos. Porque al llegar a la cama todos olíamos a limpio y a gel de ducha.

    A la enorme cama del dormitorio principal, seguro que dormían todos juntos la mayoría de las noches. Pero yo tenía un capricho, al ver a los dos hombres besándose y cogiéndose las pollas sin complejos quería ver más de eso.

    – ¿Podríais seguir vosotros solos? y nosotras mirar.

    – Hay que hacerle caso a la invitada. Así que ya podéis poneros cariñosos.

    Sentadas en la cama les hicimos corro. Ellos en medio empezaron muy suave, de rodillas, frente a frente, besándose con cariño. Poco a poco fueron sacando las lenguas y dejando caer saliva por sus barbillas.

    Yo estaba a un extremo del corro, al lado de Loren. Muy excitada, pronto me di cuenta de que los dedos de Karen acariciaban el dulce xoxito de mi amiga. De vez en cuando giraba la cabeza y besaba sus húmedos labios con ternura.

    Enfrente Josh había juntado su polla con la de su padre y cogido las dos con una mano pajeándolas juntas. Frotando una contra otra. Mark se fue agachando lamiendo el pecho de su hijo, mordisqueando sus pezones.

    Bajaba besando el marcado vientre con una impresionante tableta de músculos hasta llegar al durísimo rabo. Chupó los huevos como caramelos, incluso se los metía en la boca. Lamía el tronco arriba y abajo hasta el glande.

    Al poco lo tragaba hasta donde podía que con aquel garrote no era mucho. Ninguna pudimos hacerlo más que él, como pude comprobar más tarde. Loren se decidió a ayudarlos, trajo el lubricante que un rato antes le había aplicado a mi propio culito. Empezó a ponérselo al ano de su hermano.

    Empezaba a estar claro quien iba a recibir y quien a dar. Josh poco a poco se fue tumbando de espaldas y levantando las piernas. Mark entre sus muslos acercó la polla al culito y lo fue penetrando. Nosotras, calientes, los mirábamos sin querer perdernos nada del sensual espectáculo pero sin dejar de acariciarnos tampoco.

    Me acerqué más para no perder detalle. Verlo todo en primer plano. Lo que me permitía además arrimar la boca al glande de mi musculoso objeto de deseo. Empecé a darle besos al glande de Josh mientras tenía la mirada en su culo bien abierto por la polla de su padre.

    Estaba a cuatro patas para no perder detalle si que enseguida empecé a notar una lengua en mi propio ano y besos en mis nalgas. Madre e hija se habían lanzado de inmediato sobre mi grupa al verme así de ofrecida.

    Era la primera noche allí y ya había disfrutado de más orgasmos que en los dos últimos meses juntos. Era evidente que lo iba a pasar de miedo en Inglaterra.

    Tuvo que ser Karen, como siempre la voz de la razón, la que indicara que yo debía estar cansada del viaje y de la caña que me estaban dando. Todos debíamos recuperar fuerzas para el día siguiente.

    Así que mezclados en la enorme cama, unos en brazos de los otros nos fuimos durmiendo. El resto de los días que pasé allí fueron en la misma tónica. Conocí íntimamente a los amigos de los dos hermanos tan pervertidos y bisexuales como ellos y yo misma. También me presentaron a otros miembros de la familia y colegas de los padres.

  • Última travesura como prohibida

    Última travesura como prohibida

    Casa de Anahí – tarde. Anahí y Zarek, ex profesor de Anahí, platican.

    Anahí: pensé que se perdería.

    Zarek: naa. La ubicación que me mandaste me solucionó todo.

    Ríen.

    Anahí: ahora ya sabe a dónde venir mañana.

    Zarek: sí, creo que ya llegaré sin problemas.

    Anahí: ¿se aprendió el camino?

    Zarek: algo así.

    Vuelven a reír.

    Zarek: lo que sí me aprendí es dónde está una tienda en la que vi tu regalo.

    Anahí: ¿qué me regalará?

    Zarek: sorpresa.

    Anahí: no me deje con la duda. Dígame.

    Zarek: los regalos no se dicen.

    Queda pensativo.

    Zarek: excepto el que ya te había dicho.

    Anahí: ¿llevarme a ya sabe dónde?

    Zarek: eitz.

    Ríen de nuevo.

    Zarek: ¿o ya no quieres ir?

    Anahí: claro que sí. ¿por qué no?

    Zarek: a lo mejor te habías arrepentido.

    Anahí: no, para nada. Quiero conocer Guadalajara.

    Zarek: ¿Guadalajara? ¿o donde actúo?

    Anahí: se sonroja.

    Anahí: bueno, las dos cosas.

    Zarek: con un poco de suerte hasta actúas así como yo.

    Anahí: ¿cómo usted?

    Zarek: sí, o sea en uno de los papeles secundarios, no de los ya sabes.

    Anahí: ¿sólo como secundaria?

    Zarek: sonríe.

    Zarek: ¿o qué? ¿quieres ser la actriz principal?

    Ella también sonríe. Se queda pensando unos instantes.

    Anahí: no lo sé… tal vez.

    Zarek: ¿en serio?

    Anahí: ¿qué? ¿no quiere verme ahí?

    Zarek: ¿con otros? ¿para qué? Yo lo que quisiera es…

    Él sonríe.

    Anahí: ¿qué cosa?

    Zarek: nada. Olvídalo.

    Anahí: ¿qué? Dígame.

    Zarek: no puedo. Sigues siendo prohibida.

    Anahí: ríe.

    Anahí: pero ya mañana no lo seré.

    Zarek: entonces mañana te digo.

    Zarek: también ríe.

    Anahí: no, dígame ahorita. Ni que lo estuvieran escuchando.

    Queda pensativo.

    Zarek: ¿segura de que no hay nadie?

    Anahí: ya le dije que salieron a comprar lo de mi fiesta.

    Mira a su alrededor.

    Zarek: ¿para qué verte en pantalla con otros? Lo chido sería verte en vivo y conm…

    Anahí: sonríe apenada.

    Anahí: ¿con quién?

    Él sonríe también apenado.

    Zarek: ¡ya! No me hagas decir las cosas.

    Anahí: ¡dííígaaameee!

    Se miran unos segundos sin dejar de sonreír.

    Anahí: ¿con usted?

    Zarek: ríe.

    Zarek: ¡obvio! Lo disfrutable sería tenerte en vivo y poder hacerte muchas cosas.

    Anahí: ¿qué cosas?

    Vuelven a mirarse con la misma sonrisa.

    Zarek: ¿por qué quieres que hable?

    Anahí: curiosidad. Quiero saber lo que su mente imagina.

    Sus sonrisas no se quitan.

    Zarek: ¿saberlo? Disfrutarías más si lo sintieras.

    Anahí: se sonroja mucho.

    Zarek: pero todavía no se puede.

    Anahí: (coqueta) ¿por qué no?

    Zarek: ya te dije que eres prohibida.

    Ríen.

    Anahí: sólo es un día. No pasa nada.

    Zarek: eso a la gente no le importa. Castigan igual así sean minutos.

    Anahí: ¿y quién les diría? ¿usted?

    Se sonríen unos segundos.

    Zarek: entonces… ¿quieres saber lo que mi mente imagina?

    Anahí: dijo que lo disfrutaría más si lo siento.

    Zarek: se sonroja.

    Zarek: ¿quieres sentirlo?

    Anahí: sonríe coquetamente.

    Anahí: hoy sería la última vez que podría hacerlo como travesura.

    Él se extraña.

    Zarek: ¿”travesura”?

    Anahí: sí, porque a partir de mañana ya no sería tan emocionante para usted…

    Sonríen.

    Zarek: ¿crees?

    Anahí: hoy será el último que soy “prohibida”…

    Ella comienza a coquetear más.

    Anahí: ¿no le emociona poder ser mi “despedida”?

    Zarek: intenta esconder su excitación.

    Zarek: despedida, debut, cambio, o lo que sea, siempre será emocionante.

    Ella también intenta ocultar su excitación.

    Brindis pues… ahorita no hay nadie… sólo estamos usted y yo…

    Zarek: si llegan tus papás y nos descubren me matan.

    Anahí: ríe.

    Anahí: primero a la gente, y ahora a mis papás. Qué miedoso salió.

    Zarek: también ríe.

    Zarek: como a ti no te pasará nada…

    Anahí: ¿cómo no? Tal vez es muy bueno y hasta me enamoro.

    Vuelven a reír.

    Anahí: quizá me guste muchísimo y sufra por querer repetirlo y no poder.

    Zarek: o al revés.

    Se miran coquetamente.

    Anahí: a lo mejor aprendió algo por allá y quiere enseñármelo.

    Él sonríe.

    Zarek: no lo sé…

    Anahí: ¿no sabe qué?

    Está pensativo…

    Zarek: todavía no creo que realmente quieras hacerlo…

    Anahí sonríe. Toma una mano de Zarek y la pone sobre su bubi.

    Anahí: ¿ya me cree?

    Zarek: está “paralizado”, con una mano sobre la bubi de Anahí. Ella ríe.

    Anahí: no pensé que fuera tan penoso…

    Vuelve a tomar la mano y la hace apretar y acariciar la bubi. Zarek sigue solo.

    Zarek: comienzo a…

    Anahí: sígale, hasta que se convenza…

    Continúa acariciando.

    Zarek: ¿segura?

    Ella sonríe.

    Anahí: ¿tengo cara de que me estoy arrepintiendo?

    Se sonríen. Zarek poco a poco baja el cierre del vestido de Anahí. Ella queda con su blusa de tirantes.

    Anahí: ándele, así, con confianza se siente mejor.

    Él baja los tirantes y la blusa hasta la cintura, dejándola con su brasier.

    Zarek: en tus fotos te ves hermosa… pero nada se compara con esto…

    Anahí: sonríe. Se acerca lentamente a Zarek. Se miran, y comienzan a besarse. En ese momento ella descubre que sus sentimientos hacia él eran un poco más grandes de los que imaginaba, y que aquello no era solamente un juego. Durante el beso Zarek desabrocha el brasier de la parte de en medio, dejando las bubis de Anahí descubiertas. Las mira unos instantes. Ella se sonroja.

    Anahí: ¿le gustan?

    Zarek: todo de ti me gusta.

    Anahí: ¿hasta mi novio?

    Ríe.

    Zarek: ¿en serio pensarás en él en este rato?

    Anahí: sonríe coquetamente.

    Anahí: eso depende de usted…

    Se sonríen. Zarek pasa de nuevo sus manos sobre las bubis de Anahí. Acaricia tiernamente sus pezones, apretándolos por momentos. Ella intenta no hacer ruidos, pero su placer empieza a ser notorio son sonidos. Él vuelve a besarla, pasando su boca por sus cachetes, hasta llegar a su cuello, besándolo un largo tiempo.

    Anahí: sin duda me cae mejor cuando no tiene pena y hace estas cosas…

    Ríen. Zarek continúa besando el cuello, pero ahora sus manos acarician la espalda de Anahí bajando hasta sus pompis. Ella aprueba las acciones con gemidos.

    Zarek: tus ruiditos son muy sexys.

    Anahí: sonríe.

    Anahí: y me salen mejor. ¿quiere descubrirlo?

    Zarek: también sonríe. Anahí lo toma de una mano y lo lleva con ella a su recámara. Ya ahí él la mira fijamente.

    Zarek: ¿segura de que no llegarán tus papás ahorita?

    Anahí: ¿cree que me arriesgaría a que me vieran haciendo esto en mi cuarto?

    Zarek: queda pensativo.

    Zarek: tal vez.

    Ríen. Zarek termina de quitarle el brasier y la blusa. Se besan acostándose en la cama, él sobre ella. Lentamente Zarek regresa su boca al cuello de Anahí, donde se queda unos instantes, y la continúa bajando hasta llegar a sus bubis.

    Zarek: no imaginé tener tanta suerte cuando venía para acá.

    Se sonríen. Zarek comienza a recorrer las bubis de Anahí con su boca. Pasa su lengua suavemente de arriba para abajo, en círculos; chupa los pezones, les da pequeñas mordidas, al mismo tiempo que con una mano acaricia la bubi disponible, provocando gemidos más intensos de Anahí.

    Anahí: yo tampoco imaginé tener tanta suerte cuando dijo que estaría por acá.

    Vuelve a besarla, y una mano baja a su entrepierna. Le acaricia esa zona sobre su short mientras su boca turna los labios, el cuello y las bubis de Anahí. Después de un ratito así mete su mano en el short y continúan sus caricias sobre la piel. Los gemidos de Anahí suben poco a poco de intensidad.

    Anahí: tan seriecito que se veía dando clases.

    Ríen. Zarek baja su boca hasta la entrepierna de Anahí. Le quita su short y su sexy calzoncito. Juega con su boca sobre esa zona hasta que su lengua llega al clítoris, donde la pasa suavemente de diferentes formas, y de pronto también introduce dedos, causando más placer en ella.

    Anahí: debería dejar de dar clases y dedicarse a cobrar por hacer esto.

    Zarek ríe.

    Zarek: ¿crees?

    Anahí: apuesto a que le iría muy bien.

    Sonríe.

    Zarek: ¿me contratarías?

    Anahí: sonríe.

    Anahí: ¿me cobraría?

    Se sonríen. Él responde que no con la cabeza. Ella lo jala hacia arriba para que puedan volver a besarse. Momentos después lo recuesta boca arriba y queda sobre él.

    Anahí: ahora es mi turno.

    Sonrisas de nuevo. De pronto Anahí queda pensativa. Zarek la mira.

    Zarek: ¿qué pasa?

    Ella sigue pensativa.

    Anahí: es que…

    Ríe un poco.

    Anahí: no sé qué hacerle.

    Él también ríe.

    Anahí: ¿qué le gusta?

    La mira sonriente.

    Zarek: tú.

    Anahí también lo mira sonriente.

    Anahí: ya en serio; dígame. Yo no tengo imaginación.

    Zarek le sonríe coquetamente.

    Zarek: haz lo que te nazca. Sólo déjate llevar.

    Anahí sonríe. Se acerca para besarlo nuevamente. Ahora ella recorre con su boca y su lengua el cuello de él. Instantes después comienza a deslizar una mano hacia la entrepierna de Zarek, donde se queda acariciando un rato. Lentamente le va quitando el cinturón y desabrocha el pantalón, hasta que el acceso queda libre y mete su mano debajo del bóxer para agarrar su pene. Lo masajea.

    Anahí: ¿qué tal?

    Zarek: ¿no que no tenías imaginación? Vas bien.

    Anahí: me estoy dejando llevar.

    Ríen. Se besan otra vez. Anahí: baja poco a poco. Él se quita la playera; ella el pantalón. Su boca hace contacto con el pene de Zarek; primero de forma leve, luego con besos; recorre su lengua, hasta que decide comenzar a chuparlo, despacio, y después sube la velocidad, cambiando ritmos, lo cual provoca mucho placer en él.

    Zarek: como cuando te daba clases: te pondré un diez.

    Ella lo mira sonriente, sin parar lo que estaba haciendo. Zarek toma el cabello de Anahí y juega con él un rato. Baja sus manos hacia la cintura, y de ahí la toma para jalarla y colocar su vagina en su boca, con la clásica posición del “69”.

    Zarek: creo que así estaremos mejor.

    Sonríen. Los labios y la lengua de Anahí recorrían el pene de Zarek. Los labios y la lengua de Zarek recorrían la vagina de Anahí. Gemidos que reflejaban el placer que los dos sentían con las muestras de cariño que tal vez nunca imaginaron que se podrían dar y que la vida les estaba regalando en ese momento. Anahí se voltea y lo mira.

    Anahí: mi vagina pide algo más que su boca…

    Zarek sonríe.

    Zarek: dile a tu vagina que haré lo que ella quiera. Hoy soy todo suyo…

    Ríen.

    Anahí: ¿de casualidad no trae… protección?

    Zarek: no es como que al venir haya pensado “oh, llevaré esto por si casualmente no hay nadie en la casa de Anahí y ella quiere hacer su última travesura como ilegal”.

    Ríen de nuevo.

    Anahí: ¿y si quedo en Barcelona?

    Zarek: definitivamente no te quejarías.

    Anahí se extraña. Sonríe.

    Anahí: ¿por qué?

    Zarek: porque con eso me amarrarías.

    Se sonríen.

    Anahí: ¿y a poco quisiera a alguien como yo de esposa?

    Zarek la mira.

    Zarek: eres muy linda, inteligente, y hermosísima. Cualquiera que anhele a una mujer que valga la pena te querría a su lado.

    Anahí sonríe. Se levanta y se coloca sobre él. Acomoda el pene para que entre en su vagina y cae lentamente. Sube y baja despacio, hace giros con su cintura, se acerca a Zarek para besarlo mientras da brinquitos; él acaricia la espalda de Anahí, y cuando ella vuelve a subir pone su mano sobre sus bubis, acariciándolas, apretándolas, al igual que los pezones de su querida ex-alumna. Por momentos él se levanta para besarla, pasar su lengua sobre el cuello, bajar su boca y hacer lo mismo con sus bubis, sus pezones erectos que marcaban la excitación que los dos sentían, que ninguno imaginaba sentir con el otro. Así pasan varios minutos; minutos que no querían que acabara.

    Anahí: olvide el regalo que vio. Esto es lo mejor que puede darme de cumpleaños.

    Él la mira.

    Zarek: deberías cumplir años más seguido.

    Ríen. Zarek coloca a Anahí acostada del lado. Se acomoda para penetrarla en esa posición. Mientras comienza a hacerlo vuelven a besarse. Él acaricia sus pechos y sus pezones con una mano, mientras la otra baja a su vagina y también la acaricia, al mismo tiempo que la penetra, provocando gemidos cada vez más fuertes en ella por el placer que le estaba “regalando de cumpleaños”.

    Anahí: me vale que no sean mis cumpleaños, usted puede venir cuando quiera.

    Vuelven a reír. Anahí ahora es colocada acostada boca abajo. Zarek la besa desde el cuello, bajando por su espalda, llegando a sus pompis. Las nalguea. Anahí ríe. Le abre las piernas y vuelve a pasar su lengua por su clítoris mientras aprieta sus pompis. Ella le hace saber el placer a través de gemidos. Luego de unos minutos Zarek comienza a levantarla y la pone “en cuatro”. Se prepara para penetrarla nuevamente, siendo ayudado a colocar el pene.

    Anahí: no me vaya a nalguear muy fuerte.

    Zarek: ¿segura?

    Anahí queda pensativa.

    Anahí: bueno, ahorita vemos.

    Risas de nuevo. Zarek pone sus manos en la cintura de Anahí y comienza a penetrarla. Después le toma su cabello con una mano para estarlo jalando, y con la otra la nalguea, subiendo de intensidad conforme pasan los minutos. Anahí grita al sentir nalgadas más fuertes, pero no pide que pare o que sean más ligeras porque el placer que le provocan es más grande que ese dolor.

    Anahí: no pensé que el dolor me llegara a gustar tanto.

    Zarek: yo no pensaba que tú me llegaras a gustar tanto.

    Se sonríen tiernamente. Zarek continúa penetrándola de esa forma. Por momentos se hace a un lado un poco para mirar las bubis de Anahí rebotando en el aire al ritmo de la fuerza del golpeo con que son golpeadas las pompis de ella durante la penetración. Por momentos también Zarek para y acerca su pene a la boca de Anahí y para ser chupado, mientras él acaricia la espalda y las bubis de su ex-alumna, y regresa a continuar con las penetraciones.

    Anahí: ¿me invitará a su cumpleaños?

    Zarek: depende. ¿qué me regalarás?

    Anahí queda pensativa.

    Anahí: buena pregunta. Acaba de dejar el listón muy alto.

    Paran. Se sonríen.

    Anahí: pero necesito saber si me invitará para ir pensando qué hacerle.

    Se miran. De nuevo se besan. Anahí se acuesta boca arriba y jala a Zarek para que quede sobre ella. Él se acomoda y comienza a penetrarla en esa posición, sin dejar de besarla en ningún momento. Vuelve a jugar con su boca por el cuello de Anahí al mismo tiempo que sus manos recorren sus bubis, sus pompis, mientras continúa penetrándola. Ella comienza a pedir más fuerza y velocidad, siendo complacida en sus peticiones.

    Zarek: ¿nos venimos juntos?

    Anahí: no, usted todavía no.

    Ríen. Zarek le da más fuerte. Anahí grita hasta que no puede más y se vacía. Respira profundamente, besa a Zarek, lo levanta, mientras ella queda de rodillas. Comienza a chuparle el pene, logrando que momentos después él no aguante más y se venga en la boca de Anahí. Ella ríe y se traga lo recibido. Se acuestan en la cama. Anahí se recuesta sobre el pecho de su ex-profesor. Así se quedan un rato.

    Anahí: es el mejor regalo que me han dado en la vida.

    Zarek: diría lo mismo, pero no es mi cumpleaños.

    Ríen.

    Anahí: ¿vendrá a mi fiesta mañana, verdad?

    Zarek: obvio.

    Anahí: ¿y si llega más temprano?

    Zarek la mira. Sonríe.

    Zarek: ¿más temprano?

    Anahí: sí. Usted hoy está siendo mi despedida como “prohibida”.

    Le sonríe.

    Anahí: a partir de mañana seré “permitida”…

    Toma una mano de Zarek y la pone sobre su vagina.

    Anahí: le toca estrenar mi nuevo “status”.

    Continúan riendo.

  • Recuerdos de hermanos (VI)

    Recuerdos de hermanos (VI)

    La continuación de la maravillosa historia de nuestra familia.

    Ya sentados a la mesa a la hora del café, serían casi cerca de las 6 de la tarde, continuó Luz Marina o mejor dicho la tía María Soledad, a quien conocemos ahora por su verdadero nombre, Soledad, aunque de cualquier forma, nos dijo que sería tanto mejor nos dirigiéramos a ella con su nombre de casada de Luz Marina para no confundirnos, igual que con el tío Carlos en lugar de usar el de Carlos Enrique, que en lo personal me gusta más como se oye.

    Mientras tomábamos nuestra primera taza de café con una rebanada de pay de queso, la tía Luz Marina se sentó a un lado mío y del otro estaba mi tío Carlos. Ella luciendo un escote muy pronunciado del vestido que acababa de estrenar y que había sido hecho por una de sus amigas modistas, precisamente para lucirlo en una de sus fotografías que eran para un pedido especial del grupo lésbico.

    – Y bien, ¿qué les parece cómo luce mi nuevo vestido?

    – Impresionante, tía –le respondí- verdaderamente impresionante, pero que fue lo que te pusiste alrededor de tus pezones.

    – Bueno, niña o es que no estás viendo mis cubre pezones en forma de margaritas, con sus hojitas amarillas que rodean el tallo.

    – Es que el tallo está muy largo, tía ¿a poco va con los pezones por fuera el escote? Nada más te cubre las areolas de tus pezones porque todo lo demás queda a la vista.

    – Fue un pedido muy especial para la inauguración del nuevo grupo lésbico que se está formando en una de las zonas más exclusivas de México. Precisamente una de mis hijas también lleva uno parecido con pétalos de flor blancos.

    – Pues se ve admirable, tanto así que más que mientras quiero dar un sorbo a mi taza de café, siento cómo se me desvía la mirada.

    – Bueno, pues admiren como se desvían sus miradas, mientras continuó platicándoles como quedamos en contarles parte de nuestra historia.

    Así que mi hermano y yo que estaba del otro lado del tío quedamos atentos a lo que decía nuestra tía Luz Marina.

    – Su abuelo no es quién suponían que era, esa mujer que vieron en esa foto y que está al lado de su abuela, esa que vieron en blanco y negro era nuestro padre con su atuendo de la mujer que siempre quiso ser, pero con pene de hombre, él fue una mujer tan preciosa como la abuela, solo que se les conoce como travestis, también tenía unos pechos de mujer, maravillosos, además de contar con un pene hermoso y grande, pero solo era mujer en cuerpo porque como hombre que en realidad era, tenía más inclinación por las mujeres y cómo hombre por su propio hijo, nuestro hermano Enrique. Ellos llegaron de España allá por el año de 1940 con sus cuatro hijos, tres mujeres y un varón de entre los 10 y 15 años de edad. Con el paso del tiempo se establecieron en un pueblo del estado de Hidalgo, cuando sus tíos, es decir yo, mis dos hermanas María del Rosario y María del Consuelo junto con mi hermano Carlos Enrique, así que poco después de que el ultimo de los cuatro cumpliera los 18, nuestros padres nos incluyeron dentro de ese maravilloso ritual, tan solemne y tan especial que ejercemos, respetamos y sabemos disfrutar desde entonces. Su tía María del Rosario falleció siendo aún joven, no sé si su madre les habrá platicado acerca de ella.

    – En realidad, sabemos poco de la tía, sólo que si se llamaba Rosario.

    – Nuestro padre al igual que nuestra madre, nos fueron involucrando en el ritual, el cual se inició desde la época de sus bisabuelos. Ellos al igual que nuestros padres no eran hermanos de sangre, sino parejas con quienes compartían los mismos principios de amor por la familia, como consecuencia que el hermano de uno de los bisabuelos de nuestros padres contrajera una enfermedad venérea que terminó por acabar con su vida, la situación que se provocó fue un replanteamiento sobre los acercamientos sexuales que debía tener la familia después de tan terrible suceso, solo debía mantener sexo exclusivamente entre los miembros de la familia para evitar ese tipo de situaciones y así es como nuestros abuelos educaron a nuestros padres. Nuestra madre María de la Asunción y nuestro Padre Pedro Antonio, y ellos a su vez, nos mostraron el camino que debíamos seguir.

    – Es tan interesante todo esto, tía que no dejo de asombrarme.

    – Nuestro padre que era toda una belleza de mujer, amaba el sexo con nuestra madre y con todos nosotros, sus hijos, inclusive le fascinaba el tener sexo anal con mi hermano y a él le gustaba tenerlo también con nuestro padre y con nosotras sus hermanas, además de nuestro padre tenerlo con sus hijas. De este modo todo quedaba en familia como diría la gente, Hogar dulce hogar, Incesto dulce incesto. Nuestro símbolo distintivo es el cuadro que pudieron apreciar y que sólo se pone las veces que tenemos sexo entre nosotros, cómo parte del ritual de nuestra familia, con las frases “Hogar dulce hogar” e “Incesto, dulce incesto” donde colgamos nuestras prendas íntimas, calzones, pantaletas, tangas, cubre pezones, o sostenes, en esos palitos que semejan varios penes de madera erectos al lado de ese escudo donde como ven pueden apreciarse penes penetrando vaginas y culos con la frase “Sólo para miembros de la familia y aceptantes” como indicativo y símbolo de la fidelidad incestuosa que debemos conservar hacia toda nuestra ascendencia y descendencia, donde también son importantes el incienso y las velas aromáticas con varios vasos de agua que representan el compromiso de practicar asiduamente el incesto en familia con la anuencia de nuestros ancestros.

    – ¿Y los aceptantes quiénes serían, querida tía? –le dije acariciando una de sus piernas un poco arriba de la breve tanga que llevaba puesta.

    – Lógico que Frida y su hermana Karla, aunque son como miembros ya de nuestra familia, además de cualquier otra pareja que esté de acuerdo con nuestros rituales de copulación relacionados con miembros de sus propias familias, siempre y cuando sea bajo nuestras reglas, que sean saludables bajo mi supervisión, ya que cuento con amigas psiquiatras y doctoras que puedan confirmar, ya que algunas conocen algunos aspectos relacionados con el incesto que practico con mi hermano y que queremos incluir a algunas parejas que también lo practiquen.

    – ¿Conoces a alguna de ellas? –le dije acercando cada vez más mi mano e introduciéndola para alcanzar los labios de su vagina que ya destilaba parte de sus néctares al contacto con mis dedos.

    – Por supuesto, nada menos que la pareja que te está invitando al café conocen lo que hacemos mi hermana Consuelo, que es tu mamá y yo, a ellas les gustan relacionarse con mujeres que practiquen las relaciones lésbico incestuosas.

    – Vaya, nada menos que la señora Carolina y su esposa Aurora, de lo que me vengo enterando ahora. –le dije tomando por una parte el pene descubierto de mi tío que estaba sentado al lado mío, masajeando su glande con mi pulgar y besando a mi tía en la boca para intercambiar nuestras lenguas.

    – Ella es Doctora y su pareja es psiquiatra y muy buenas por cierto. –dijo mi tía ya muy caliente- Además la confidencialidad con ellas es parte de su trabajo, por eso confío plenamente en ellas.

    – Con razón son de las que te besan en la boca, tía.

    – ¡Ajá! –diciendo esto se apresuró junto con mi tío a descubrir mis senos para chupar mis pezones, mi tío se sincronizaba perfectamente con su hermana para mordisquearlos suavemente.

    – ¿Y ellas saben que también tienes sexo con nuestro tío Carlos? –dije sin parar de besar su boca y continuar con la boca de mi tío que a su vez ya se estaba besando con Francisco y su mano se tropezaba con la mía para acariciar entre los dos su maravillosa verga.

    – Lo saben y lo aceptan porque somos muy limpios, inclusive una de nuestras reglas es no introducirnos todo el pene en la boca, solo el glande y sus bordes, puedes chupar el tronco, pero no es necesario que te den ganas de vomitar por meter todo el pene dentro de tu boca.

    – Así es cómo me gusta hacerlo con mi hermano y tal y como pienso en este momento hacerlo con mi tío. –le lamí entreteniéndome con la punta de mi lengua saboreando los bordes y la cabeza bien estirada por la excitación, mi hermano se unió a la lamida tan deliciosa que estábamos disfrutando entre los dos,

    – Entonces vamos muy bien, querida sobrina –dijo mientras Karen le ayudaba a quitarse la tanga y los cubre pezones que lucía con su gran escote, retirándolos con cuidado para no dañar las hojitas que adornaban sus abultados senos, sentándose en la mesa casi desnuda excepto por sus zapatos de tacón, para poner su vulva a disposición de mi boca.

    – Cuando nuestra hermana murió víctima de pulmonía, mis hermanos y yo al igual que nuestros padres que también fallecieron años después en un accidente, -decía resollando por la excitación- nos comprometimos a mantener nuestros rituales también con nuestra descendencia y así lo hemos hecho, por eso es que nuestras hijas decidieron contraer matrimonio, aun cuando no lo hicieron ante la ley, pero ellas se comportan como verdaderas esposas que siguen manteniendo relaciones del más delicioso y excitante sexo incestuoso con nosotros sus padres, tal y como marca nuestra tradición familiar.

    En ese momento tocaron el timbre. Karen que estaba sirviendo la segunda taza de café viendo todo el espectáculo que estábamos montando y que no quería perder de vista, le dijo a su hermana que fuera a cerciorarse para ver quien estaría tocando la puerta.

    Luego de unos momentos María del Pilar, nuestra madre o mejor dicho María del Consuelo se quedó viendo como yo me aprestaba a lamer la vagina de su querida hermana, mientras su ansiado hijo se besaba con su querido hermano Enrique.

    – ¡Vaya!, por lo visto no pierden el tiempo, queridos hijos.

    – No madre, y no se nos olvida lo que te prometimos mi hermano y yo, así que ve a nuestra recámara que ya está preparado todo para darte tu masaje, un masaje muy especial para ti, querida madre.

    – Puedo incluirme también yo.

    – ¿Tú que dices madre?

    – Sí también incluyen a mi hermano, por mi estaría mejor, hace algún tiempo que he estado soñando también contigo, pero quiero estar con mis hijos primero –le dijo coqueteándole con la mirada.

    – No se diga más y vamos a nuestra recámara –le contestó Francisco

    – No, tienen mejor que hacerlo en la nuestra como parte del ritual inicial de ustedes con su madre, es muy importante por ser ésta la primera vez que lo van a hacer con la madre de ambos. –dijo la tía Soledad

    – No lo había pensado así, tía

    – ¡Qué bueno que lo supimos a tiempo! –dijo la tía en tanto escurría una baba de mi saliva por entre los labios de su vagina, haciéndome recordar el momento en que nuestra madre nos pilló a mi hermano y a mí cogiendo y a Francisco se le escurría el semen ante los ojos de Pilar nuestra madre, o como digo mejor, Consuelo.

    Consuelo, nuestra madre aún conservaba la lozanía a pesar de ya ser una mujer adulta, de muy buen cuerpo, nalgas de buen tamaño, delgada y con unos pechos copa C que eran el más sabroso postre que pudiéramos imaginar tanto mi hermano como yo poder saborear con exquisita calma. Mi hermano cada vez era más bueno para conseguir tener de dos a tres eyaculaciones casi sin sacar su verga, ya que no perdía casi erección, creo que por el contrario ésta se acentuaba cada vez más.

    Nuestra madre en realidad nos traía ya muchas ganas de hacía tiempo, prácticamente desde que empezamos mi hermano y yo a tener relaciones sexuales y así nos lo expresó.

    Mi hermano comenzó primero desnudándola lentamente y acercando su boca pero sin llegar a tocarla, excepto por su lengua que lamía con suavidad las comisuras de sus labios. Mi tío sacó una cámara para grabar la escena. Lástima que en ese tiempo todavía no existían las cámaras y celulares de hoy en día, porque hubiera sido glorioso repetir todas las escenas en las actuales pantallas.

    – Hija, tu ayúdame a quitarme la ropa, me gustaría empezar a sentir tus manos acariciando mi cuerpo, me excité mucho viéndolos cuando los descubrí cogiendo.

    – Deja que mi hermano empiece primero para darte el masaje que te mereces, madre y luego también le entró yo.

    Francisco la tendió desnudándola de a poco sobre la cama, ella de espaldas hacía él que cubrió sus nalgas con una toalla, como si de verdad se tratara de un masaje profesional como los que a mí me hacía. Luego se subió sobre ella quitándose los calzones y exhibiendo su miembro bien erecto, mientras sus manos acariciaban sus nalgas y con suavidad empezaba a deslizar sus dedos por entre su culo para alcanzar su vulva que ya se apreciaba sumamente mojada.

    – Ay, hijo, me siento bien caliente con tus caricias.

    – Yo también lo estoy y mucho, madre mía

    – Me gustan estos rituales de familia, ¿sabías?

    – Apenas nos estamos enterando mi hermana y yo, gracias a la tía Soledad

    – ¿Entonces ya les contó todo?

    – Que también son los padres de Lidia y de Sofía y que ellas son esposas.

    – Bueno aún no están aprobados ese tipo de matrimonios entre mujeres.

    – Pues ojalá que sea pronto porque se quieren mucho

    – Sí, están muy enamoradas como yo de su tía Soledad, ¿les contó cuando nos hicimos novias?

    – No aún no les he contado esa parte a tus hijos, amor mío –contestó Soledad, o Luz Marina, como ustedes prefieran decirles mis queridos lectores.

    De repente sin saberlo ya estaban reunida toda la familia, incluyendo a Lidia y a Sofía que no querían perderse la visión de ver a su tía Consuelo cogiendo con sus dos hijos. Yo estaba entre apenada pero a la vez demasiado excitada y es que me imaginaba saliendo como una bebé de esa vulva tan hermosa y que la misma bebé ahora crecida y convertida en toda una mujer, la mujer de mi propio hermano donde también él había salido por esa misma abertura y que ahora estaba a punto de introducir el mismo pene en la mamá de ambos, ese mismo pene que tantas veces había introducido en la vagina de esa bebé que ahora se había convertido en su hermana y en su mujer y que estaba a punto de convertir en su mujer también a aquella persona que les había dado la vida y amamantado de pequeños. Ahora estaba dispuesta a amamantarlos de grandes, tanto con sus pechos como con los jugos de su vagina.

    Francisco empezó a cubrir con sus manos la vulva que sus dedos comenzaron a acariciar y a introducirse paulatinamente, arrancando suaves suspiros mientras se montaba sobre la cama para alcanzar la espalda de ella, acercando su miembro sobre las nalgas de la autora de sus días, cubriendo de besos suaves y promiscuos los blancos hombros. Su miembro comenzaba a deslizarse por entre las nalgas de Consuelo, cubriendo con su glande el pequeño orificio de su culo que quedaba impregnándolo con una suave baba que escurría del glande de su pene.

    Luego le pidió que se volteara mientras el pene se movía hacía la parte baja, tocando los labios de la ya abultada vagina que ya escurría más néctares dulces que esperaba con ansias obsequiar para que las bocas de sus hijos los saborearan mezclados probablemente con el esperma que le brindara su hijo Francisco y con los jugos que la vagina de Ana Luisa le concediera.

    Sus pechos se movieron hacia los lados de su cuerpo al voltearse, mostrando sus pezones levantados totalmente y erectos tal cual también los mostraba también su amada hija. Francisco lamió sus puntas saboreando con su lengua el talle de sus pezones, rodeando con su saliva las areolas que mostraban los pequeños gránulos que los rodeaban.

    Continuara…