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  • Fitness en la reserva ecológica de Buenos Aires

    Fitness en la reserva ecológica de Buenos Aires

    Hola de nuevo, Soy Juan Ignacio, quien les contó la historia vivida con Roger, el colombianito que conocí limpiando mi oficina.

    Cuando viví la historia de Roger, tenía 34 años, lo que les voy a contar fue casi dos años después, a mis 36. Me presento y describo de nuevo. Juan Ignacio, Juani para los amigos, ahora 36 años, abogado, mido 1.85 de altura, rubio, de ojos claros, muy buen lomo de mucha actividad fisica, constancia y alimentación, toda mi vida en el deporte y en la actividad física en general, ex rugbier, dotación 19 cm de larga por aproximadamente 10 cm de diametro. Si, me la medí parada hace poco debido a las consultas que recibí ya que nunca me la había medido y las mujeres con las anduve y estoy mucho no se la bancan, y los hombres, les duele, lastimé a mas de uno y con no todos tengo buen sexo y/o piel. Soy de tez blanca, buenas piernas, para muchos considerado un adonis pero realmente no me gusta tirarme tan arriba, mas allá de que la mayoría lo hace. Es mas, sentirme muy observado, me pone nervioso y me da vergüenza. Suelo ir y venir en coche, de alguna manera me hace sentir menos expuesto.

    Luego de que pasó lo de Roger, realmente a la fecha solo disfruto la sexualidad, y no he vuelto a conectar con nadie mas allá de que se me enamoran rápido. Suelo ser claro en el mensaje, solo quiero coger. Nada más. Y cojo con cualquiera, como dice un amigo mío, un orto es un orto. Por lo que cojo con hombres, mujeres, trans. Hombres y trans es lo que más me calienta pero cuando la pija pide, yo le doy. Ofertas realmente no me faltan.

    Hace un par de semanas que por trabajo, una especialización que estoy realizando y el gym, realmente termino agotado, no tengo ganas de nada. Una noche poniendome a ver Twitter, encuentro una publicación – sugerencia, de un contacto que estaba haciendole sexo oral a otro en la Reserva ecológica. Les soy sincero, la última vez que fui a la reserva, yo tendría 14 años y fui con el colegio en una excursión. No vi nada mas que plantas, agua y mosquitos.

    Esa publicación me intrigó y me llevó a tener cierto morbo. Me puse a googlear como era la onda y, varias recomendaciones decían que vayas acompañado ya que si no conocías, podías no solo perderte, sino que podías correr el riesgo de que te roben.

    Luego me puse a ver otras publicaciones mas serias donde la gente iba a hacer actividad física, caminar, correr, andar en bicicleta, etc. pero queria saber donde ocurría eso que vi en Twitter ya que solo se veía vegetación, no estaba a la vista de nadie. Tenia que ir de día y por lo visto, sin la bicicleta ni el celular. Empecé a mirar la agenda y todos los días estaban complicados.

    El tiempo pasó, llegó un mes de Febrero del 2022, y recordé la Reserva ya que volví a ver en twitter a estas personas cogiendo con otros ahí y a su vez filmando. Como no había mucho trabajo y mi equipo estaba bastante tranquilo y la mayoría de vacaciones, avisé a director general del sector que necesitaba tomarme la tarde ya que tenía que hacer trámites personales. Me dió su Ok, y me fui para casa. Me cambié, y decidí ponerme una musculosa negra ajustada, una calza cortita de Nike color Gris, parecía mas un boxer que una calza, me marca bien la pija. Llevé unos elasticos deportivos que se ajustan alrededor del brazo que son como bolsillos donde podía poner las llaves del auto. Zapatillas cómodas, gafas oscuras, un poco de protector solar ya que hacía muchisimo calor, Off y para disimular una botella de agua. Agarré el auto y me fui a la reserva, estacioné el coche a un par de cuadras, y me fui trotando. Realmente hacía muchisimo calor, bordeaba la reserva hasta encontrar la entrada o la bajada. Mierda, no la encontraba, solo puestos de comida, alguna que otra persona caminando, todos me miraban, la calza esa era muy reveladora. Me pongo a elongar y a unos metros, veo a dos chicos, delgaditos, con pinta de ser de la onda, que bajaban por una escalerita. Bingo, lo encontré.

    Seguí trotando y bajé por la escalerita, y me propuse mantenerme a cierta distancia de esos pibes. Para vigilar por donde iban. Llego a un puesto de bomberos donde había unos baños. Los policias y bomberos, me miraban, si, la calza es reveladora. Transpiraba muchisimo y el gris de la calza empezo a ponerse gris oscuro. Me refresqué en el baño, me mojé la cabeza, y cuando salgo me dirigí hacía la derecha. Trotaba despacito y observaba todo.

    Me pasaban algunas bicicletas por el costado, flacos que se daban vuelta para mirarme, grupos de personas que habían salido a correr, algunas que otras mujeres que iban en grupo, pero no podía observar nada de lo que quería. Seguí trotando un poco más ya fastidiado por el calor, y que me estaba quedando sin agua, cuando a metros mío veo a un flaco que entre medio de unos matorrales altos, se mete, como si hubiera un camino que no estaba a la vista normal. Listo, espere que se alejen un poco las personas que iban pasando, y cuando vi que no había nadie cerca, me metí por esos matorrales, empecé a caminar despacio, iba bajando, mirando bien donde ponía los pies, porque una mala pisada o la ansiedad puede hacer que pases un momento doloroso.

    Comencé a seguirlo de lejos por donde iba ese flaco. Y observo que se adentraba cada vez más. Yo miraba para atrás tratando de reconocer el camino porque pensaba como iría a salir de ahí. Veo que ese flaco se empezó a sacar la musculosa que llevaba puesta, y el shortcito, me detuve a mirar, y solo se quedó con un suspensor puesto. Era delgado, de tez trigueña, cola normal pero linda, por lo q se veía lampiña, y la pija mía se empezó a engomar, por la adrenalina de la situación, y porque quería cogerme a ese flaco que vi que se quedó en suspensor.

    Avancé lentamente observando donde iba y que no oyera ni me viera que lo seguía.

    Camino unos metros mas y detrás de unos arbustos veo a 3 flacos más parecidisimos a él, máximo 30 años cada uno, sentados sobre un tronco. Había un par de mochilas, un par de toallas o mantas tiradas en la tierra, y este que llegó último veo que los saluda, se dicen algo, no oigo bien, pone una toalla sobre la rama de árbol y se sienta, los 3 miraban el celular y esperaban algo, no sé qué, quizás que se presentase alguien como yo. A unos metros escucho movimientos, me agaché y veo a un hombre como de 50, muy peludo todo desnudo que también iba buscando algo. Vi que se alejó, tomé aire, tomé un último sorbo de agua, me acomodé la pija, y empecé a caminar lento, como si buscara algo, y de a poco me dirigí donde estaban los 3 sentados.

    Me vieron acercarme y con la mirada me abusaron practicamente. Empezaron a morderse los labios y dos de ellos se pararon y se bajaron los shorts. uno de ellos tenía una tanga negra, hilo dental q me voló la cabeza, el otro un suspensor blanco y el tercero el del suspensor color rosa, el que yo habia seguido. Sin él no creo que hubiese llegado ahí.

    Me saque la musculosa y me empecé a acariciar el cuerpo y a apretar la pija. Me hicieron gestos de que me acerque.

    Fui hasta donde ellos estaban, los empecé a tocar, les tocaba las nalgas, el del suspensor rosa, me miró y lo primero que hizo fue agacharse, bajarme la calza y empezó a chuparmela. El de la tanga hilo dental, se puso a besarme y a acariciarme los abdominales, y el del suspensor blanco me chupaba los pechos.

    El de la tanga me dice: por fa, cogenos a los tres papi…!!

    Yo: dale, pero me tienen que chupar la pija los 3 primero. Dejó de chuparmela el del suspensor Rosa, y empezó el de la tanga negra. Con el de rosa empezamos a tranzar y el otro seguía en mis pechos mientras se pajeaba. Al de rosa le dije: a vos te cojo primero, porque gracias a vos, siguiendote llegué acá. Me sonrío y me siguio besando. Bajo y se puso a chuparme los huevos mientras el otro me chupaba la pija y me apretaba las piernas. El de blanco se puso a comerme la boca y me apretaba los pechos. Me decía, sos perfecto boludo, estas buenisimo. te vamos a vaciar.

    Ahora chupamela vos le dije. Los otros 2 fueron a buscar entre sus cosas un pomo de lubricante mientras el de blanco me la chupaba. Entre ellos se pasaban lubricante por el orto. En eso el de Rosa me dice: vení. Y se pone de rodillas sobre la toalla que estaba sobre el tronco y me dice: acá me tenes. Me puse lubricante en la pija, y se la metí despacio, hasta que el de tanga negra me empujó y se la metí de una. El de rosa pegó un grito y me dijo: sacamela que me duele.

    Le dije: no puedo, ya entró. Los otros dos se pusieron a mirar y a masturbarse, y el de blanco se puso a chupar mi pecho derecho. El otro se puso de costado a abrirle las nalgas a su amigo para que entre mi pija completa. Comencé a cogermelo de a poco, y el de rosa gemía, se quejaba, me decía, ayy duele papí pará que me pongo mas lubricante, en eso el de tanga negra se puso a chuparmela. El de rosa agarró mas lubricante, se puso y me dijo, vení sentate. Me senté sobre el tronco y él, se sentó sobre mi pija, lo empujé hacia abajo se tapo la boca, lo agarré de las nalgas y lo empecé a mover, gemía pero le dolía, se tapaba la boca. Mi pija, una piedra, por la situación y el morbo que estaba viviendo.

    Después de unos minutos, el de tanga negra dice: me toca a mi, sacá al de rosa, y se sienta él, mi pija le entró mas rápido, se puso a cabalgar. Se lo notaba mas decidido y con experiencia, y decia: Si papí, que hermosa pija, me encanta!! si papí, así, cogeme, rompeme. Lo agarre de las nalgas y me puse a pegarle unas embestidas rapidas que lo hicieron gritar y gemir, y me pidió que paré. Q le estaba doliendo.

    El de blanco me mira, se agacha, se sostuvo de un tronco, y con las piernas abiertas me invitó a que lo preñe. Me acerqué y empecé a cogermelo. él tenía el orto mas abierto, no tan apretado y mi pija entraba fácil. Su cabeza hacia abajo, sus brazos se sostenía de una rama y yo cogiendomelo mientras los otros dos miraban y se pajeaban.

    El ruido que generabamos atrajo a unos cuantos observadores, algunos solo nos miraban y se pajeaban y otros querían participar. La mayoría no eran de mi interés. Mientras lo cogía al de blanco, se acercó uno que estaba entre la multitud, que se sentó y puso su cabeza entre mis piernas, y me pasaba la lengua por los huevos y el orto… eso me calentó demasiado y estaba por acabar. Cuando me di vuelta y les dije: voy a acabar!!, en menos de un segundo, se pusieron los 3 flacos, mas el que se acercó a lo ultimo y dos cincuentones más que miraban, todos de rodilla y juntos, me pajee un segundo y empecé a lanzarle leche a todos. Me salieron chorros que alimentaron a todos, porque tuve una suerte de sobre estimulación entre el calor, la situación, el morbo, los 3 putitos y el que se puso a pasarme la lengua. Salieron chorros de leche por todos lados, todos bañados, cumplí!! , entre 3 se pusieron a limpiarme la pija y los huevos, yo era sudor puro, todo el cuerpo empapado. Me retorcía y gemia de placer. Uno de los cincuentones se puso a chuparme las tetas… Después de unos minutos así. Mi pija medio gomosa, pero moribunda del calor. Dije. Bueno ya está!, no doy más. Me hice hacía atrás, 3 se fueron, y quedaron los 3 putitos. El de rosa me ofreció de su agua que tenía hielo. Me puse la calza y la musculosa la levante y la llevaba en la mano.

    Los 3 querían repetir y que les pasé mi Ig o wp, les dije que no, que «estoy en pareja» y que solo tenía el morbo de venir. Ellos me dijeron, durante febrero estamos todos los días a esta hora acá, vení cuando quieras. Les sonreí pero quería irme. El de rosa se acercó y me dijo: seguí por el senderito que está marcado en la tierra. Y anda todo derecho por ahi, no te vas a perder. Me da un beso y me toca el bulto y me dice bajito: volvé por favor que quiero repetir.

    Después unos minutos salí de ahí, volvi corriendo al auto. Me miraban todos, me subí rapido, encendí el aire acondicionado, bajé las pulsaciones y volví a casa a bañarme.

    Listo! Misión cumplida!! Volví? Si, claro que volví pero es para otro día la segunda parte.

  • Topicazos, cheerleader

    Topicazos, cheerleader

    Después de clase de penal tenía que ir a los ensayos para el partido del sábado. La verdad es que con el calor que hacía lo último que me apetecía era ponerme a dar saltitos y brincos al ritmo de la música.

    Si no queda claro soy animadora, cheerleader, porrista, bastonera, etc. Menos mal que el uniforme se había reducido mucho desde que mi madre hacía lo mismo en la misma universidad a principios de los sesenta.

    Ella me había enseñado su uniforme tanto en fotos, como las prendas que aún conservaba en el desván. Llevaba una falda por debajo de las rodillas y un jersey que aunque ajustado marcando la forma que sus bonitas tetas tenían en esa época, le cubría hasta el cuello y las muñecas.

    Estoy segura de que aún podría ponérselo y le quedaría estupendo, es más se pondría el mío y lo luciria tan bien como yo. Se conserva de maravilla.

    En el mío en cambio la falda se había acortado hasta muy poco por debajo de las nalgas. Y al llegar la primavera calurosa de Florida nos poníamos la fina camiseta de tirantes con un buen escote para lucir la pechuga.

    Además de ser corta por debajo, por donde se nos vería el vientre y el ombligo. En realidad se parecía más a un sujetador deportivo que a una camiseta, eso sí con el emblema del equipo bien visible entre las tetas.

    Así animabamos a los muchachos a jugar mejor luciendo nuestros bonitos cuerpos como una promesa de goce sexual si alcanzaban el triunfo. E incluso parecía funcionar. Aquellos calentorros nos miraban babeando por poder tocarnos y daban lo mejor de sí en cada jugada.

    A veces ganaban y otras perdían, pero creo que eso era lo de menos mientras la cerveza fresca corriera abundante por las gradas.

    Bueno, a lo que iba. A mí personalmente me interesaban más mis compañeras que los chulitos forzudos que corrían por el campo.

    Pero aunque en los ochenta del siglo pasado la homosexualidad se veía más normal que en tiempos de mi madre, que también se había cómido más de un xoxito en su época, yo aún no había salido del armario.

    Llegaba tarde al entrenamiento, me había quedado charlando con una guapa profesora de derecho mercantil después de clase. Toda una milf ataviada con una falda de tubo ajustada a su cadera y una blusa blanca que trasparentaba parte de su lencería.

    Pero a pesar de que el tonteo era evidente no me quedó más remedio que dejarla al ver la hora y echar a correr. El caso es que tuve que darme prisa, meterme en los vestuarios sin entretenerme más y cambiarme. Ya estaba a solas pues mis compañeras habían salido al césped practicando las cabriolas.

    Me quité el short y la camiseta, el tanga y el sujetador. Por entonces los tangas aún no eran una prenda de uso muy común. En realidad era algo bastante nuevo en la moda, pero yo me encontraba en una etapa de experimentación.

    Lo había visto en una película erótica en vhs y no paré hasta encontrarlo en una tienda de mercería. Había comprado media docena.

    También me había fijado en como la protagonista llevaba el vello del xoxito recortado y me había afeitado los lados de los labios y dejado solo un triangulito de pelo por encima. Lo suficiente para que no saliera nada por los bordes de la prenda que pensaba usar.

    Saqué de la bolsa la minifalda y la camiseta del uniforme y ahí me di cuenta de que había olvidado la lencería que usaba habitualmente bajo el puti-forme. Había olvidado meterla en la bolsa de deporte después de hacer la colada. Un sujetador deportivo y unas bragas grandes o un cullotte para que no se nos viera nada en las piruetas.

    A la mierda, pensé, no es más que un ensayo y ni siquiera están los chicos para babear y decirnos burradas. Así que volví a ponerme el reducido tanguita que era lo único que tenía a mano. Pasé del sujetador que en realidad no necesito, pues mi figura es más bien delgada y fibrada y mis tetas pequeñas y duras.

    Salí corriendo al campo bajo la mirada reprobadora de la capitana que sinceramente me importaba una mierda. La habían elegido más por su carácter rígido y desagradable, por su figura voluptuosa y su buen par de tetas, que por sus cualidades atléticas.

    Por llegar tarde me pusieron a bailar con la más… nueva. Pensabais que iba a decir la más fea ¡Eh! Pero ninguna es fea. Una hermosa colección de chicas sexis que llevábamos esos pequeños uniformes.

    Shannon, la nueva es una dulce y bella pelirroja pecosa que ha sido animadora durante todo el instituto. Así que ya tenía mucha experiencia y lo hacía tan bien como cualquiera de nosotras.

    Pero por ser la más reciente incorporación y a mí por haber llegado tarde y por no aguantar el genio de la capitana era poco probable que nos dejaran actuar ese sábado.

    Tampoco es que fuera un gran desengaño. Me hacía más ilusión prácticar esa tarde con la pelirroja. Nos apartamos un poco de las demás que estaban realizando una coreografía de grupo. Nosotras estábamos con una de parejas. La cogí de la mano y la llevé un poco más lejos todavía. Quería mantener algo de intimidad.

    Sinceramente me había olvidado de que bajo la falda solo llevaba un tanga muy pequeñito. Así que la primera vez que apoyé las manos en el suelo e hice una pirueta levantando los pies hizo efecto la ley de la gravedad. La falda cayó alrededor de mi vientre.

    En resumen puse el culo desnudo justo ante la bonita cara de mi compañera, mientras ella sujetaba mis tobillos. Las piernas estaban algo abiertas y el pubis situado bajo su barbilla.

    Podía habérselo tomado a mal, pero cuando me levanté y quedé frente a ella lo único que ví fueron las pequitas que cubrían su pecho casi hasta el nacimiento de las tetas y su precioso rostro en el que sólo había una sonrisa pícara.

    – Es bonito lo que he visto. ¿Qué es?

    – Mi culo.

    – Eso es precioso. Pero me refería a lo que llevas puesto.

    – ¿Te ha gustado?

    Le pregunté con doble sentido.

    – Las dos cosas. Pero sigues sin responder.

    – Se llama tanga y lo vi en una peli.

    – ¿Pero qué tipo de películas ves tú?

    – Las más picantes que pillo y puedo. Pero me da que a tí también te han llamado la atención.

    – No soy de piedra.

    – En absoluto. De preciosa carne, nena. ¿Quieres probarte uno?

    – ¿Tienes más? Creo que sí. Me gustaría ver como me queda.

    – Con tu cuerpo y esas nalgas, fantástico. Y a mí también me gustaría verlo. Tengo más en mi cuarto de la fraternidad.

    Seguíamos practicando los bailes y las posturas. Y yo no perdía la ocasión de enseñarle todo lo que tenía bajo la minifalda. O de pegar mis tetas sin sujetador a su firme cuerpo.

    Shannon también empezó a animarse y a ponerme el culo y el pubis frente a la cara en cuanto el baile lo permitía. Aunque sus bragas eran mucho más grandes y solo me dejaban vislumbrar la preciosa forma de los labios y de las nalgas. Bueno y ver que ya las tenía mojadas.

    Al poco tiempo empezaba a dejar mis manos en sus pechos o en su culo más tiempo sin que eso la molestara. Ella también aprovechaba para sobarme, tímidamente al principio, lo que me encendía.

    En un momento dado siguiendo el ritmo de la música puso las manos en mis tetas. Yo tenía los pezones como pulidos guijarros de río y desde luego lo notó.

    – Tampoco llevas suje.

    – No, se me olvidó toda la lencería en la secadora. Así que llevo todo lo que tenía en la bolsa.

    Las faldas eran tan cortas que en cierto momento apoyé mis desnudas nalgas en sus muslos que tampoco tapaba nada en ese momento. Tenía la falda recogida en su cadera. Aproveché para frotarme desde luego. Y ella no lo rechazó en absoluto.

    Recibía mis avances con placer e iniciaba los suyos al poco rato. Cogió una de mis manos y la llevó directamente a una de sus duras y perfectas, pétreas peras. Teníamos que ser discretas pues las compañeras aún estaban por allí. Pero eso le añadía algo más de morbo al juego.

    Un momento más tarde pude incluso sujetar los dos pezones entre el índice y el pulgar durante unos segundos. En ese momento Shannon tenía apoyada la espalda en mi pecho y mirábamos hacia el lado contrario al resto del grupo.

    Ya le tenía cogidas las tetas así que el húmedo beso que le di en cuello no le sorprendió. Y no lo rechazó en absoluto. Apoyé la cadera en su duro culo y apreté mi cuerpo contra el suyo. Ella cogió mis manos y cerró aún más el abrazo, con más fuerza.

    En la siguiente vuelta era Shannon la que estaba a mi espalda. Como hacía un rato ya me había sobado las tetas ahora aprovechó para levantar mi falda y deslizar un dedo por el suave tejido del tanga.

    – ¡Estas mojada!

    – Por supuesto, me has puesto muy cachonda.

    Pasó la lengua por mi cuello, humedeciendo mi piel y provocándome un escalofrío. Me clavó las duras tetas en la espalda, pegada a mí como con cola.

    – Tú también me has calentado a tope. ¿Me invitas tu habitación?

    – No te voy a dejar escapar. Pero mañana tenemos clase.

    Entre tanto el resto de las compañeras estaban terminando su entrenamiento y recogían sus toallas y el equipo de música. Tuvimos que separarnos para no escandalizar, aunque pensaba que la única que podría tener esa reacción sería la capitana. Las demás lo asumirían o incluso lo compartían.

    Así que pusimos unas pulgadas entre las dos mientras las compañeras se encaminaban hacia los vestuarios. Entre tanto me dediqué a pensar donde podía tener un rato de intimidad y de promesas con ella.

    Un sitio más discreto que en medio del césped del estadio donde podían vernos desde las gradas. Eso fue lo que me dio la idea. Ya había oído a los jugadores que si conseguían alguna chica la llevaban debajo de los asientos del estadio. Más de una había quedado preñada en una de esas excursiones.

    Por fin las perdimos de vista aunque alguna giró la cabeza con algo de entre curiosidad, morbo y envidia en su mirada. De inmediato apagué la música, la cogí de la mano y la llevé hacia el andamio que sostenía los bancos de los espectadores.

    Nunca había acompañado a ninguno de los jugadores, así que no conocía las condiciones del sitio. Enseguida me di cuenta de mi error. Aquello estaba lleno de condones usados y otras inmundicias. No sabía que tipo de chica con tan baja autoestima se dejaría follar en un lugar así.

    Desde luego no lo haría allí con Shannon, mi pelirroja, ni borracha. From lost to the river. A la mierda el madrugón. Sin soltar su manita la conduje al aparcamiento previa visita muy rápida y discreta a los vestuarios a recoger las mochilas con nuestra ropa.

    Esquivando el interés de las rezagadas, que probablemente lo hacían adrede para dedicarse a los mismos juegos que yo estaba buscando, conseguimos salir del estadio. Aunque si pudimos echarles un vistazo rápido a ellas y a sus diferentes estados de desnudez.

    No quería ni que se duchara, ni se cambiara. Me daba cierto morbo hacerle el amor con el uniforme y quitárselo yo. Sería una de mis fantasías, ¿por eso yo misma me hice animadora? No estudio psicología y no podía responder a eso.

    Sin más incidentes alcanzamos mi VW Rabbit de última mano. Era regalo de mi hermano que pocos años antes había sido uno de esos cachas que correteaban por ese mismo césped. Pero que esa tarde-noche me iba a prestar un servicio heroico.

    – ¿Donde me llevas?

    – Podemos buscar un sitio tranquilo para aparcar o nos vamos a la fraternidad. Tú eliges.

    – Quiero que sea algo especial. Mejor en una cama.

    Impaciente ya por tanta dilación arranqué el coche y creo que batí mi propio récord en ese trayecto que conocía bien. Aún así ninguna de las dos podíamos estarnos quietas y deslizabamos las manos muslos arriba de la otra.

    Shannon, metió la mano bajo mi corta falda e hizo a un lado la escasa tela de mi tanga. Por fin pudo apreciar la suavidad de mi pubis bien depilado. Cuando yo intentaba llegar al suyo la amplitud de su braga me impedía alcanzar el ansiado tesoro con comodidad.

    – Estoy deseando comérterlo, así suave y sin vello, tiene que ser delicioso. Espera un segundo.

    Y sin decir más, se limitó a bajar la prenda por sus largos y blancos muslos hasta sacarla por los pies aún calzados con las deportivas del ensayo. Se la dejó olvidada bajo el asiento y yo tuve que recuperarla antes del fin de semana. Me encantaba esa mezcla de inocencia y perversión que demostraba por momentos.

    Sentada a mi lado separó las piernas y levantó la falda casi hasta la cadera, provocándome. Deslicé la mano por la cara interna de su muslo subiendo hacia su coñito.

    Tuve que buscar los labios de entre la mata de pelo rojo que lo adornaba. Ella solo se afeitaba la línea del bikini, detalle que había podido apreciar duarte las cabriolas del ensayo.

    La única forma de que alguien pudiera ver a lo que nos estábamos dedicando sería parar en algún semáforo al lado de una pick up. Pero ya tenía yo buen cuidado de evitarlas y a sus conductores paletos.

    En el momento en que alcancé su clítoris ella empezó a gemir y suspirar con una locomotora de vapor del viejo oeste. Con el calor reinante y un viejo Rabbiit sin aire acondicionado llevábamos las ventanillas bajadas y empecé a temer que alguien la oyera, o que me oyeran a mí.

    – Sigue, no pares.

    Sus dedos juguetones consiguieron que me corriera antes de llegar a la casa de la fraternidad y el trayecto no era muy largo. Si era capaz de eso en el asiento viejo de un coche y sin quitarme el tanga, estaba deseando comprobar lo que podía hacer en una cama.

    Las de primero venían fuerte este año. Al menos cuando yo estaba en ese curso me había dejado seducir.

    Por fin aparqué en mi plaza. La veteranía y haber sido amante de la anterior presidenta me había dado ciertos privilegios, como un cuarto para mi sola y un sitio donde aparcar. Claro que en ese momento me importaba una mierda si todas las chicas de la casa se hubieran puesto a mirarnos, tan cachonda iba.

    La conduje a mi habitación sin cruzarnos más que con una de las chicas, que ataviada únicamente con un reducido camisón bajaba a la cocina. No tenía muy claro por qué se había puesto el camisón pues habitualmente andaba por la casa sólo con las bragas.

    Una vez cerrada la puerta me lancé a por su boca que estaba deseando devorar a gusto. Durante el ensayo los besos habían sido, fugaces, suaves y sobre todo, muy discretos. Ella también debía desearlo pues enseguida noté su lengua, dentro de mi boca, buscando mi campanilla.

    Mientras jugábamos con las sin hueso ya en una boca ya en la otra mis manos recorrían la piel suave de su cintura entre la falda y el top. Una subiendo en busca de sus pechos una o dos tallas más grandes que las mías. Pronto me hice con uno de sus pezones retorciéndolo con suavidad entre dos dedos. Solo me limité a subir su ropa.

    Acariciaba la cara interna de su muslo subiendo despacio la falda. La humedad corría por su piel y pronto la yema de mis dedos se mojaron con sus jugos. Como sus bragas se habían quedado en mi coche enseguida llegué a rozar los labios de su vulva.

    Ella también investigaba por debajo de mis prendas. Pellizcó con suavidad uno de mis pezones mientras la otra mano ya estaba apartando el tanga. No dejábamos de comernos la boca con ansia, con verdadera hambre.

    Un segundo más tarde me estaba sacando el top por encima de la cabeza. Con mis brazos levantados se inclinó a lamer mi torso, las axilas y al fin las tetas y chupar mis pezones. Su lengua me provocaba escalofríos que recorrían mi columna haciéndome jadear.

    – Déjate el tanga.

    La falda cayó al suelo un momento después. Se apartó un poco de mí para verme ataviada solo con el tanga y las zapatillas. Parecía que le gustaba el espectáculo, su cara tenía una expresión de lujuria que nunca le había visto.

    Me empujó a la cama para descalzarme y empezar a lamer mis pies y chupar los dedos. Había dado con uno de mis puntos débiles y allí me tenía espatarrada en mi cama y jadeando. Empezó a subir lamiendo la piel de mis piernas, la cara interna de la muslos.

    – Eres preciosa.

    Llegó a mi xoxito que empezó a besar sin siquiera apartar el tanga. Si que le había dado morbo la prenda. Yo tiré de su top y su sujetador deportivo, me parecía lasciva solo con la minifalda plisada.

    – Me voy a correr solo con mirarte.

    Estaba haciendo un trabajo genial en mi coñito proporcionándome un orgasmo tras otro y haciéndome gemir y jadear. Y eso solo con apartar el pequeño trozo de tela que lo cubría a un lado.

    Empezó a empujar mis muslos hacia arriba. Veía a donde quería llegar y estaba deseando dárselo. Así la húmeda pasó por el perineo camino del ano. En esa postura mis nalgas se separaban solas y le ofrecían el cerrado agujerito a su ávida lengua.

    – Tienes un culo espectacular. Ya sé por que te queda tan bien esta cosa.

    La pelirroja me estaba haciendo disfrutar como pocas chicas lo habían conseguido antes que ella, y ningún hombre. Era una máquina de follar. Estaba deseando devolverle todos esos favores.

    Yo la puse a cuatro patas y tiré la tela de su falda por encima del culo a su espalda. Le hice separar las rodillas todo lo que pude. Toda su preciosa grupa ofrecida a mi lengua y mis caricias.

    – No te voy a quitar la mini.

    Empecé besando las plantas de sus pies, pensabais que iba a ir directa a por su xixi, pero favor con favor se paga. Tenía cosquillas pero lo estaba disfrutando. Creo que nunca he besado una piel tan suave como la de la parte trasera de sus muslos, camino de su blanco y duro culo.

    Estaba deliciosa. Sus jugos me sabían a gloria cuando por fin los probé de su fuente. Sus jadeos llenaron la habitación cuando clavé la lengua en su ano. Se estaba corriendo como una fuente y lo estaba consiguiendo yo. Sin dejar de lamer su culo la fui penetrándo con dos dedos.

    Sin sacarlos de su vulva y follarla con el índice y el medio subí lamiendo su torneada espalda, la nuca y buscaba sus labios con su sabor en los míos. Ahogaba sus gemidos con mis besos. Mi lengua recorría sus dientes y hasta el paladar, cruzándose con su lengua en el camino y jugando con ella.

    Terminamos derrumbadas en el colchón, jadeando y contentas de habernos encontrado.

    – ¿Te quedas a dormir?

    – Si me invitas, claro.

    Las dos teníamos clase al día siguiente así que ya no podíamos entretenernos mucho más. Pero estaba impaciente por que llegara el fin de semana y encerrarnos en ese mismo cuarto de la fraternidad.

    Allí nadie se sorprendería por mí invitada. La mayoría por que también participaba en mayor o menor grado de nuestros gustos.

  • Mi año sabático

    Mi año sabático

    Mi nombre es Mateo, y esta es la historia de como terminé teniendo la mejor experiencia sexual de mi vida, con la mujer que menos hubiera esperado. Mi mejora amiga Rebeca.

    Con Rebeca nos conocemos desde hace 10 años. Nos presentó un amigo en común el día de su cumpleaños, y, a pesar de que es mayor a mi por casi 8 años, nos llevamos muy bien desde el comienzo. Siempre pensé que eso se debe a que, a diferencia de lo que muchas personas piensan, nuestra amistad comenzó como tal, y no con una atracción física, aun cuando en el momento que la conocí, e incluso ahora, Beca tiene cierto atractivo que es difícil de describir. No es precisamente lo que uno consideraría una mujer deslumbrante. Pero tiene algo que suele llamar la atención.

    La describiré para que me entiendan mejor. En el momento en que trascurre esta historia, Rebeca tiene 37 años, y mide aproximadamente 1.70 de altura. De contextura delgada pero con una barriguita incipiente, secuela de un embarazo joven, resultado de un amorío adolescente que termino con ella siendo madre soltera a los 18 años. Sus senos ni muy grandes, ni extremadamente pequeños, con la caída característica de las mujeres que se aproximan apresuradamente a la edad madura. Pero si algo podemos decir que llama la atención hacia su figura, son sus anchas y redondas caderas, que tornean sus nalgas que conserva completamente levantadas. Seguramente por todo el ejercicio que realiza enfocado en esa zona. No obstante, si hay algo que siempre me ha gustado en ella, dejando en claro de nuevo que hasta la fecha de esta historia nunca la vi de forma sexual o romántica, es su cabello. Largo y lacio hasta sus hombros. Brillante, como si lo lustrara todos los días. Enmarca una cara redonda y un poco cachetona, con grandes ojos de color marrón, una nariz de botón y labios finos.

    Durante todos estos años, y desde que nos conocimos, ambos fuimos para el otro un amigo incondicional, dispuestos a apoyarnos, darnos consejos, levantarnos el ánimo, y por qué no, también molestarnos, hacernos bromas pesadas y hacerle difícil la vida al otro. No voy a decir que eramos como hermanos, pues eso caería en un cliché, pero si eramos bastante unidos. Ambos habíamos visto, y soportado, tanto el desfile intermitente de conquistas azarosas, como aquellas relaciones que consideramos serían mucho mas importantes, pero que con el tiempo, igual terminaron desastrosamente. E incluso en las largas sequías sexual. Estuve con ella cuando falleció su madre. Y ella estuvo conmigo cuando mi padre tuvo un colapso nervioso y lo tuvimos que internar en un sanatorio. Y sobre todo, estuvimos juntos en los años en que debido a la crisis económica, no pudimos encontrar empleo. Ni ella como enfermera, ni yo como técnico industrial.

    Fue después de esos años sin trabajo, sin parejas y sin responsabilidades mayores (pues a los 16 años la hija de Rebeca había decidido ir a vivir con su papá) que decidimos tomar unos meses y alejarnos de todo. Irnos a vivir a un pequeño pueblo de la costa, cerca de la playa, del que nos habían comentado unos amigos, y simplemente descansar de todo lo demás. Viviríamos con lo justo, con los pequeños trabajos que pudiéramos hacer.

    Y así fue como unas cuantas semanas después de tomar esa decisión, subimos nuestras cosas a mi viejo Suzuki Jimmy y nos fuimos al que se convertiría en nuestro pedacito de paraíso, el pueblo de San Lorenzo de la costa.

    Al llegar, durante las primeras semanas empezamos a trabajar de lo que pudimos. Por un tiempo trabajamos de camareros, en un bar de turistas, pero eso solo nos duró unos días. Después de eso intenté trabajar en un barco de pesca artesanal, pero debido a que me mareaba mucho no duré más de un día. No fue hasta que empezamos a pasar dificultades y nos preguntábamos si realmente habíamos tomado una buena decisión al dejarlo todo para ir a vivir allí. Que se nos ocurrió que nuestras profesiones no era lo único que sabíamos hacer y que tal vez habría otra cosa de la cual sacar suficiente dinero para poder vivir.

    Pues verán, una cosa que no comenté antes. La razón por la que nos hicimos amigos. Ambos adoramos bailar. Bailar de todo: merengue, bachata, ballenato, reggeton. Pero sobre todo, la salsa. Nos enloquece la salsa, En la fiesta que nos conocimos, después de que nuestro amigo nos presentara. No continuamos la conversación hasta mucho mas tarde, que, después de que cada uno de había bailado con otras personas, el DJ puso una canción de salsa y todos se fueron a sentar. Quedando solo nosotros en la pista. Encajamos tan bien mientras bailábamos que nos volvimos nuestras parejas de baile estandar. A partir de esa noche salíamos a bailar casi todos los viernes, Incluso cuando salíamos con nuestras respectivas parejas, cuando sonaba una salsa, nos juntábamos para bailar, dejando a un lado a cualquier otra persona.

    Así fue como se nos ocurrió ofrecer clases de baile a los lugareños de San Lorenzo. Diseñamos unos modestos afiches a mano, anunciando nuestras clases. Y los repartimos en todo el pueblo, con un poco de recelo, debo reconocer. No teníamos mucha seguridad de que nos fuera a dar resultado. Temíamos que tendríamos que regresar a la capital de la misma manera que nos fuimos, solo que un poco más pobres que antes.

    Pero para nuestra sorpresa la gente del pueblo recibió muy bien nuestras clases. Para el 3er día incluso un par de turistas que pasaban por ahí, decidieron tomar clases con nosotros mientras estuvieran en San Lorenzo. Y para la 3ra semana, después de abrir al público nuestras clases de baile, nos estaba yendo francamente bien, nuestros problemas económicos habían desaparecido, ya que, con lo que habíamos ganados en esas semanas teníamos suficiente para vivir un par de meses más. Y si seguíamos así a lo mejor podríamos quedarnos hasta un año.

    Estábamos que no cabíamos de la emoción. Y fue mas que evidente cuando la tarde del viernes de nuestra sexta semana en la playa, Rebeca me hizo una proposición bastante divertida.

    Rebeca: No te parece que en el tiempo que hemos estado aquí nos hemos portando muy juiciosos – Dijo de la nada mientras limpiábamos el área en que dábamos las clases

    Yo: Mmm. No lo se – respondí – no me pareció que el otro día te portaras muy juiciosa con el gringo que vino a las clases hace dos noches

    Rebeca: Tonto! – contestó riéndose – Primero no era gringo, era francés. Segundo, yo no hacía nada más que enseñarle a bailar bachata. Ya sabes que es una música que se tiene que bailar muy pegada a la pareja.

    Yo: Aja, y yo no tengo ojos y soy medio tonto. Llevamos bailando juntos como diez años y nunca te has pegado tanto a mi para bailar

    Rebeca: bueno, eso es fácil. Es que tu eres tu, y el, pues… Estaba como quiere – mientras decía esto Rebeca pasaba su mano por el paro de la escoba de una forma muy sugerente.

    Yo: Gracias, es justamente lo que mi autoestima necesita.

    Rebeca: Sabes a lo que me refiero, baboso. En fin, Tampoco me refería a eso. Sino a que, desde que nos mudamos no hemos salido a festejar.

    Yo: bueno, pues eso tal vez sea porque en este pueblo no hay a donde ir. Por eso es que nuestras clases son tan populares.

    Rebeca: Yo se. Pero el otro día me comentaron que en Las Palmas, el pueblo queda a unos 40 minutos de aquí, al ser mas turístico. Hay un par de bares y discotecas donde poder bailar.

    Para este momento Rebeca había dejado la escoba a un lado y centraba toda su atención en la conversación. Mientras yo terminaba de quitar el polvo y la arena de las paredes

    Rebeca: Se me ocurrió que esta noche, después de la clase, podríamos tomar el auto he ir a celebrar que nos esta yendo tan bien. ¿no te parece una buena idea?

    Yo: Podría ser. Pero si lo hacemos debes prometer que no te embriagarás allá. Porque, como yo voy a manejar, después tendré que hacerme los 40 minutos de viaje de regreso mientras tu estás perdidamente borracha.

    Rebeca: Ok, está bien Papá – dijo poniendo los ojos en blanco, en una mueca que la hacía ver igual que su hija adolescente.

    Y así lo hicimos. Después de terminar la clase, nos cambiamos de ropa, a lo más decente que habíamos llevado. Rebeca vestía una blusa de tirantes color celeste. Muy suelta que con el movimiento dejaba ver su brasier blanco. Y un pequeño y ajustado pantalón corto de tela de Jean, que marcaba su trasero respingón. Yo, en cambio, me puse una camisa playera de color negro y unos pantalones a la pantorrilla estilo pescador de color beige y un sombrero de ala corta de paja, como el que lleva Jazon Mraz en el video musical de Im Yours.

    Nos subimos al auto e hicimos el viaje para celebrar y festejar nuestra buena fortuna de las últimas semanas. Y así lo hicimos. Celebramos como si no hubiera un mañana. Bailamos todas y cada una de las canciones que sonaron. Y aunque yo no podía beber, pues iba a conducir, brindamos, yo con agua y Rebeca con lo que sea que estaba bebiendo. Cuando ya se hizo tarde y eramos los únicos que quedábamos en la discoteca. Rebeca compro un par de botellas de Ron.

    Rebeca: Te dije que no me emborracharía aquí para que no tengas que hacer el viaje solo. Pero nunca prometí que no llevaría alcohol para que ambos nos emborrachemos en casa. No creas que la fiesta ya terminó.

    Y no lo había hecho. Por lo contrario, apenas había comenzado.

    ***

    Cuando llegamos a casa, pusimos música en el celular para que sonara en el parlante que usábamos para las clases. Nos servimos un trago para cada uno y seguimos bailando. Esos dos tragos, se convirtieron en 4, luego en 6 y 8 hasta que la primera botella de vacío por completo. La única razón por la que dejábamos de beber era para bailar, y solo dejábamos de bailar, para beber. Ya estábamos tan entonados con la bebida que empezamos a bailar de esa manera en que unicamente las personas desinhibidas y que se tienen absoluta confianza pueden hacerlo.

    Algo que muy pocas personas se dan cuenta, es que en su gran mayoría, el baile, o por lo menos los ritmos latinos, son rituales de seducción. Y bajo las circunstancias correctas, una bachata, o una salsa pueden convertirse en el mejor afrodisíaco. Pero, de entre todos los ritmos latinos, aunque es el que menos nos gusta, el reggaetón, se lleva el premio. Puesto que, mas que una insinuación, el perreo es un simulacro del acto sexual. Siendo la única diferencia entre ambos la presencia o ausencia de la ropa.

    Eso fue algo que ni Rebeca ni yo tuvimos en cuenta esa noche, cuando, con botella y media de ron en la sangre, empezó a sonar una antigua y conocida canción de reggaetón. En el animo que estábamos, empezamos a darlo todo. Nuestros cuerpos se movían al ritmo de la música. Se frotaban y deslizaban el uno en el otro, Las manos de Rebeca me aferraban la nuca mientras ella ondulaba su cintura contra mi pelvis. Mis manos la recorrían de arriba a abajo pasando por el costado de sus pechos y cintura, presionando mi entrepierna cuando ella se acercaba. En cierto punto de la canción le di la vuelta y la arrimé contra una de las paredes. Mientras embestía frenéticamente mi pelvis contra sus nalgas. Y cuando estábamos ambos llegando al clímax con la ropa puesta. La canción termino. Sin decir ni una sola palabra caímos rendidos sobre el sofá del salón. Ambos empapados de sudor y con la respiración agitada.

    Solo entonces, y cuando la euforia del momento se disipaba. Nos dimos cuenta de lo que habíamos hecho hace un momento. Para intentar disimular mi consternación, me levante a servir otro par de tragos. Cuando regresé le ofrecí el uno a Rebeca, y me volví a sentar junto a ella. Tratando de disimular la erección que me había causado el intenso roce con su cuerpo. Ella, sin darse cuenta de eso, o al menos eso pensaba en ese momento, se acerco a mi y se recostó a mi lado, apoyando su cabeza en hombro muy cerca de mi rostro, y apoyando su mano sobre mi abultado abdomen.

    Estaba muy cerca, podía sentir su aliento sobre piel que dejaba descubierta mi camisa. Podía oler su cabello. Un aroma que, ya era muy familiar para mi. No precisamente dulce o encantador, como el que tienen las mujeres cuando usan perfume o acaban de salir de la ducha. Era un aroma embriagador, que, en ese momento, despertaba en mi un instinto primario. Era la mezcla de sudor, shampoo y sal marina. De la nada, desee hundir mi cara en su cabello e inhalar profundamente. Y sin darme cuenta, era precisamente lo que estaba haciendo. Extrañamente Rebeca no se movió. Llegue a creer que ya estaba dormida, hasta que, cuando retire mi rostro de su cabello, ella levanto la cara y sin mirarme me besó. Así, de la nada, sin momento romántico ni preparación previa. Nuestros labios de juntaron y nuestras bocas se abrieron. Dejando conocerse a nuestras lenguas que jugueteaban. Ese beso fue extrañamente armonioso, como el de dos amantes que llevan haciéndolo durante años, incluso siglos. El desconcierto del comienzo fue sustituido por el entusiasmo y luego envalentonamiento. Con mi mano derecha agarre el rostro de rebeca y presioné aun contra mi. Y deslice mi mano izquierda rodeando su cintura y fui bajando mi mano hasta colocarla sobre sus bien formadas nalgas. En lugar de sobresaltarse, sorprenderse o alejarse, Rebeca se presionó más a mi, besándome con más intensidad, Pude sentir como su mano hacía movimientos en forma de círculos sobre mi abdomen. Acariciando todo mi torso, a veces acercándose a mis pectorales, pasando su mano sobre mis pezones, y en otras acercando la mano a mi pubis. Mientras poco a poco desbotonaba mis camisa.

    Durante un momento mi mente pudo escapar del vórtice de deseo en el que me había metido y termine con el beso, separándome del rostro de Rebeca. Ella me miraba con una mezcla de ensoñación, desconcierto, pero sobre todo eso, lujuria.

    Yo: ¿Qué estamos haciendo?

    Rebeca: Besándonos, so tonto.

    Yo: ya lo se, pero ¿por qué?

    Rebeca: No tengo idea, pero estoy muy caliente y no me importa. Quiero coger.

    Yo: eso significa que…

    Rebeca No! No significa nada – esta vez parecía más lucida. No parecía que casi se hubiera tomado una botella de ron ella sola – Esto no significa que somos, ni que seremos, pareja. Entiendes?

    Yo: Creo – respondí confundido

    Rebeca: Te lo explico. Ambos estamos muy cachondos, no he cogido con nadie por meses. Y hasta donde se tu ya vas para el año. Así que solo nos usaremos el uno al otro para quitarnos las ganas y nada más. Después de eso volveremos a ser como siempre. Ok?

    Yo: Ok…

    Sin permitirme siquiera terminar la respuesta Rebeca se volvió a lanzar a mi boca con los ojos cerrados. Solo que esta vez su mano no se limitó a pasearse por mi abdomen. Ahora subía y bajaba desde mi pecho hasta mis piernas, pasando por encima de mi entrepierna sobre mi pantalón, marcando concienzudamente el contorno de mi erección, ahora demasiado evidente para intentar disimular. Cuando la sintió por completo, sin abrir los ojos dijo entre risitas.

    Rebeca: Mierda

    Dejo su mano estacionada sobre mi pene que empezaba a palpitar. Correspondiéndole, intente a colar mi mano por debajo de su apretado short de Jean. Encontrándome en el camino con una tanga de seda que estorbaba en mi camino. La retire a un lado como pude, y seguí mi camino hacia abajo llegando por fin a la frontera superior la raja. Pase dos de mis dedos, por entre sus nalgas deteniéndome por un momento en el arrugado botón de su ano. Lo que hizo que soltara dentro de mi boca un ligero sonido a medio camino entre un suspiro y un gemido. Continué hacia abajo y sentí la humedad que salia de su interior empapando su tanga y sus labios vaginales. Ahí me quede, jugando y acariciando toda la zona.

    El juego lo continuó ella, desabrochando la hebilla de mi cinturón, y abriéndolo con una sola mano. Lo cual me hizo soltar una pequeña risa

    Rebeca: Que pasa? – dijo un poco molesta, aunque el deseo y la excitación seguían siendo las emociones dominantes en su voz – por qué te ríes?

    Yo: Nunca creí que fueras una experta liberando vergas.

    Rebeca: Y no solo las libero – dijo ahora riendo. Se había dejado de besarme un momento y me vio directamente a los ojos – las llevo al cielo.

    En todo ese dialogo ella había terminado de desabrochar mi pantalón. Y con su ultima frase metió su mano y saco mi pene completamente erecto de mis pantalones, dejando mis boxers abajo. Volviendo a besarme inició un movimiento de sube y baja con su mano a lo largo de mi pene. Ese movimiento me enloquecía, no aguantaba más. Dejándome llevar por la excitación separe los labios vaginales he introduje mis dedos indice y medio en el interior de la húmeda cavidad de mi mejor amiga. Con un movimiento adelante y atrás trataba de estimular toda su zona interior, mientras que con el resto de mi mano, presionaba y soltaba, dando placer también a su zona exterior, casi igual de mojada.

    Parecía que lo hacía bien, porque en ese momento Rebeca se separo de mi, dejando de besarme, y leves gemidos salieron por su boca.

    Rebeca: sigue, mierda! Que rico – decía entre gemidos aún con los ojos cerrados – no pares!

    Continué con el movimiento de mi mano, sin parar ni un solo segundo. Sentía como la humedad se desbordaba por su entrepierna, empapando mi mano, sus muslos y el sillón en el que estábamos sentados. Su abdomen se contraía en impredecibles espasmos, a la vez que cerraba los ojos con fuerza. Su cuerpo temblaba, como si fuera atravesado por una corriente eléctrica que se originaba en su vagina, y se esparcía por todo su cuerpo. Había llegado a un orgasmo.

    No fue como en las películas porno. Con gritos y gemidos a todo pulmón. Tampoco puso los ojos en blanco ni comenzó a barbear. Solo se quedó ahí. Con los ojos cerrados, las piernas abiertas pero contraídas, y agarrándose fuertemente de sillón. Temblaba, pero muy levemente. Solo la podía sentir porque aun tenia una mano apoyada en su cadera y la otra dentro de ella.

    Rebeca: Eso estuvo grandioso – dijo abriendo los ojos. Me miraba con una mirada nublada. Como quien despierta de un largo y profundo sueño – Hace mucho que nadie me hacía correr así.

    Soltó un suspiro, seguido por una leve risa como de niña pequeña, Y enseguida se volvió a abalanzar sobre mi. Besaba mis labios, mejillas, nariz, frente, mentón, orejas y ojos. Su mano se paseaba por mi cara, pecho, abdomen, brazos, muslos y polla. Acariciaba, frotaba y pellizcaba. Yo no podía controlar los gemidos que escapaban por mi boca. Mi respiración se agitaba cada vez mas y sentía que mi erección estaba a punto de reventar mi pene. Creo que Rebeca lo sintió porque nuevamente centró la atención de su mano en mi polla. Retomando el sube y baja, aumentando la velocidad.

    Yo: si sigues así me vas a devolver el favor con creces – dije con la voz entre cortada por la agitación – ¡mierda me voy correr!

    Rebeca: Córrete – me ordenó – córrete en toda mi mano. Quiero sentir esa leche caliente.

    No había terminado de decir la última frase, que exploté en una erupción de semen abundante y pegajosos. Mi mente abrumada por la intensidad del orgasmo, no podía hacer mas que fijarse en como en lugar de parar, Rebeca continuaba masturbando mi aun parada verga. Esparciendo por todo mi miembro el semen tibio que había soltado, como si fuera crema o protector solar. Y lo que sucedió después no hizo más que hundirme más en las profundidades del placer.

    Sin previo aviso, tomo mi pene con su otra mano y dirigió su cabeza hacia mi entrepierna. Tenia sus ojos entre cerrados, su boca semiabierta y su legua asomaba apenas. Era un gesto que en otra circunstancia, menos excitante, hubiera parecido infantilmente cómica. Sacando su lengua por completo empezó a lamer mi pene de arriba a abajo, como si fuera una niña con una paleta helada. Con mi sensible estado tras la corrida, podía sentir cada toque de su lengua como una corriente de placer. Como si me estuviera tocando el pene con un cable pelado. Lamió cada rincón desde la base de mis testículos, hasta la punta de mi glande que aun expulsaba gotas de semen lechoso. Bajó mi prepucio y con su lengua dibujó el contorno de la cabeza de mi pene.

    Había escuchado de algunas chicas, lastimosamente nunca me había con ninguna, que gustaban de beber el semen de sus parejas. Pero Rebeca no lo bebía. Lo saboreaba. De verdad estaba disfrutando, limpiar cada milímetro de mi pene, reclamando para si todo el semen que había esparcido en mi miembro como si fuera un premio. No fue hasta que había dejado toda mi polla bien ensalivada, que por fin introdujo el glande es su boca. Lo metía y lo sacaba en suaves movimientos. Abriendo y cerrando la boca lo justo para que sus labios siempre estén en contacto con la roja e inflamada piel. Cada vez y cuando, lo sacaba por completo para darle un beso en la punta, o lamer las gotas de liquido pre seminal que nuevamente comenzaba a salir.

    Yo: Carajo Reb! Que bien lo haces!

    Rebeca: Y aun no has visto nada – Dijo al separar mi pene de sus labios pero aun masturbándome. – Apenas estamos comenzando. Si vamos a hacer esto lo vamos a hacer bien.

    Regreso mi polla a su boca, Solo que esta vez no se quedó nada mas en la punta. Lo Introdujo por completo, pero sin llegar garganta profunda. Subía y bajaba recorriendo el tallo de mi verga con sus labios, con gran maestría. Al mismo tiempo que su lengua bailaba dentro de su boca acariciando los rincones de mi glande. Inmediatamente me vi golpeado por una nueva oleada de placer y excitación. Tomé su cabeza con ambas manos hundiendo mis dedos en su cabello largo y lacio, que para ese momento estaba despeinado y empapado de sudor.

    Hasta ese momento no me di cuenta que Rebeca tenía una mano en su vagina. Se masturbaba, alternando sus dedos medio y anular, entre la parte externa de sus labios, su clítoris y el interior de su otra vez chorreaste vagina. Estaba completamente posesa por el placer. La lujuria se había apoderado a tal punto de ella que estaba al borde de un nuevo orgasmo. Lo sabía porque estaba comenzado con el temblor y las pequeñas convulsiones, como la ultima vez. Eso hizo que baje el ritmo a la mamada. Para evitarlo, con mis manos tome fuertemente su cabeza y comencé a dirigir el ritmo. Primero a la velocidad que ella había llevado y luego aumentando hasta alcanzar un ritmo frenético. Literalmente me estaba follando su boca. Sentía como mi verga llegaba cada vez mas profundo. Había convertido la boca de mi amiga en un juguete sexual. Parecía gustarle, pues ella también aumentó la velocidad de sus dedos en su panocha. Pero en ese punto muy poco me importaba. Yo también había perdido todo el sentido. Por mi mente no cruzaba ningún pensamiento racional.

    En algún punto, entre embestidas a su boca, Rebeca pudo soltarse de mi agarre y se separó por completo subiendo la cara a la altura de la mía. En ese momento parecía una actriz porno tras una escena de sexo violento. Estaba despeinada. El poco rimel que se había puesto para salir aquella noche estaba corrido por sus mejillas. Los labios, su mentón y sus mejillas brillaban con la mezcla de saliva, semen y lagrima, suponía yo. Francamente esperaba que en ese momento comenzara a insultar y a gritar. Que se molestara conmigo por haber utilizado su boca de esa manera. Pero fue todo lo contrarío.

    Rebeca: No aguanto más. Necesito que me cojas. – Lo dijo mientras se levantaba y a tropezones terminaba que quitarse el short y la tanga que hasta ese momento se habían enrollado en sus rodillas, dejando grandes marcas rojas.

    Yo estaba completamente anonadado. La sorpresa de su reacción me había bajado la calentura. Y no podía dejar de mirar a la mujer que estaba frente a mi. Era Rebeca, mi amiga desde hace una década, Ahora desnuda de cintura para abajo, y, en la parte de arriba, con uno de los tirantes de su blusa, bajo su hombro y parte del brasier salido por arriba.

    Rebeca: ¿qué haces tonto? Si no vienes y me la metes en este momento, te juro que salgo así como estoy y me dejo follar por el primer pescador que encuentre.

    Su reacción me sorprendió aun más. Nuevamente, en cualquier otra circunstancia hubiera resultado cómica. Pero su voz, y sobre todo su actitud, más que urgencia demostraban necesidad. Se podría decir que era la misma forma que un adicto hubiera pedido una dosis después de que le hubieran mostrado la jeringa.

    Ni corto ni perezoso, también me levante del sillón. Lo mas rápido que pude, torpemente, me quite la camisa y terminé de bajar los pantalones y el boxer. En el proceso casi tropiezo con ellos, por lo que tuve que apoyarme en Rebeca para recuperar el equilibrio. Vista desde afuera toda esa secuencia debido verse sumamente cómica. Pero no me importaba, la verdad era que yo estaba tan cachondo como mi amiga y necesitaba con urgencia cogérmela.

    Ya desnudo, la taína frente a mi. Sin mediar palabra empuje hacia el sillón a una Rebeca muy sorprendida. Supongo que esperaba que nos volviéramos a unir en un beso o que nuevamente la tocara. Pero ese tiempo ya había pasado. La excitación había dado lugar al completo desenfreno y a mis instintos mas bajos. Me monté sobre ella, abriendo sus piernas. Mi pene, nuevamente firme y duro como una estaca, rozaba sus labios vaginales. Fuertemente, y sin esperar ningún tipo de aprobación subí su blusa, medio llevándome con ella el brasier blanco. Esta acción cubrió su cara con las prendas empapadas de sudor, y dejo expuesto uno de sus claros senos. El pezón estaba duro, terriblemente duro. Lo mordí suavemente con mis dientes frontales. Rebeca soltó un quejido a medio camino del dolor y el placer. Lo lamí, pasando mi lengua desde la punta del pezón hasta rodear toda la aureola. Ella se derritió entregada a la sensación de placer.

    Yo: Cuantas veces estas tetas me rozaron el pecho mientras bailábamos. Y ahora me los puedo comer.

    Rebeca: Ya chucha! – Dijo en un grito – cállate y cógeme de una puta vez!

    Ella misma dirigió con su mano mi polla a la entrada de su vagina. Fue extasiante la sensación de la punta de mi verga separado sus húmedos labios y encontrarme que no estaba mojada. Sino lo siguiente. Estaba Inundada. Nada más el percibir la humedad de su interior, alejé bruscamente la mano de Rebeca de mi pene. Y con una una embestida firme, dura, y repentina la penetre por completo. Su respuesta fue abrazarme el cuello hundiendo sus dedos en mi cabello, y un gemido entrecortado en mi oído.

    Rebeca: aaah!

    Continué con mis embestidas a un ritmo pausado, pero nada amable. Con cada una, mi cadera golpeaba su pelvis y la presionaba más contra los cojines del sillón. Mi verga, salia y entraba en ella como un taladro de perforación. Golpeando el fondo de su cavidad como si quisiera encontrar un tesoro tras la pared uterina. Cada estocada era más fuerte. No subía la velocidad, pero si la intensidad. Más que hacerle el amor, parecía que la estuviera apuñalando con mi polla. Una y otra vez en la misma herida.

    Rebeca: Sigue! Sigue! Sigue! – Susurraba entre gemidos. Su respiración agitada en mi oído era el mejor afrodisíaco – Párteme en dos con ese pedazo de verga! Si! Por Dios! Si! Cógeme! Cógeme!

    Ella bajo las manos por mi espada desnuda, creando surcos con sus uñas a lo largo de ella. Cuando llego a mis nalgas, agarro cada una con una mano y presionó hacia si misma, haciéndome entrar mucho mas profundo. Mis embestidas dejaron de ser tan fuertes pues las manos de ella me aprisionaban a su pelvis. Así que subí la intensidad, la frecuencia y la velocidad. Cada vez empujaba más y mas rápido. Entrando y saliendo de su vagina. Nuestros cuerpos chocando comenzaron a hacer un sonido acuoso y húmedo, cada vez más audible. Y los gemidos de Rebeca se alzaron.

    Rebeca: Cógeme cabrón! Cógeme como nunca se dejaron las demás frígidas que te has tirado. Si siempre has cogido así de rico no se como esa perra de Sofía te pudo dejar ir.

    Yo: Cállate mierda! No menciones a esa perra otra vez o te voy a romper en dos

    Rebeca: Si! Si! Rómpeme en dos. Eso es lo que quiero. Párteme cabrón! Mierda, si! Me vengo! Me vengo!

    De un Empujón me hizo girar hacía un lado. Quedando yo acostado sobre el sillón y con los pies sobre el suelo, y ella sobre mi. Me cabalgaba de una forma maniática. Como una amazona, subía y bajaba con mi polla dentro de ella y chocando su cadera con la mía. Sentía como sus nalgas golpeaban y rebotaban sobre mis huevos. De un hábil movimiento terminó de quitarse la blusa y el brasier y los arrojó a un lado. Por fin sus sabrosos pechos rebotaban libremente. Los tomé y haciendo pinza con mis dedos apretaba los pezones que no dejaban de moverse.

    Rebeca: Mierdaaa!- tenia los ojos cerrados y el cabello le caía sobre la cara, Pegándose por el sudor.

    De la nada paró sus movimientos. Y empezó a temblar nuevamente. Solo que esta vez mucho mas fuerte. Parecía convulsionarse de verdad. Después de unos segundos se derrumbó sobre mi. Sentía sus pechos aplastados sobre el mio. Su cara se apoyaba sobre mi hombro derecho. Escuchaba claramente su respiración agitada. Su tórax se inflaba y desinflaba sobre mi.

    Al verla ahí acostada, casi desmayada, sobre mi, pensé que todo había terminado. Pero estaba muy equivocado. Aun sin levantarse empezó a mover sus caderas leve y pausadamente. Alternaba entre movimientos circulares y adelante y atrás.

    Yo: Reb? Eso fue muy intenso. Segura no quieres descansar? – trataba de ser considerado con ella, pero mi voz delataba lo caliente que estaba aun. Y esos movimientos de cadera no ayudaban mucho.

    Rebeca: No creas que te voy a dejar así. – hablaba casi en un susurro en mi oído – Te voy a dar la mejor corrida de tu vida.

    De pronto se reincorporó. Se apoyaba con sus manos sobre mi pecho, tenia la espalda arqueada. Y el Cabello le cubría la cara. Aun así pude distinguir las muecas de placer que respondían a sus movimientos. Tenía los ojos cerrados y se mordía el labio inferior. Poco a poco los movimientos de cadera fueron incrementando en velocidad. Tenían cierto ritmo familiar para mi. Alternaban entre giros rápidos y abruptos y otros lentos y pausados. Había momentos en que se pegaba mucho más a mi pelvis, haciendo que penetrara aun más en su interior. Otras veces, apenas se despegaba, dejando un espacio entre nosotros, tan ancho como el grosor de una hoja de papel. Conocía esos movimientos. Eran muy parecidos a los que hacía cuando bailaba. El mismo movimiento de cadera. El mismo Contacto entre cuerpos. La misma armonía. En ese momento descubrí, entre jadeos y oleadas de placer, que, sin darnos cuenta, Rebeca y yo llevábamos simulando el acto sexual durante años. El llevar tanto tiempo bailando juntos, solo nos había ido preparando y adecuando para ser los mejores amantes el uno con el otro.

    Eso lo demostré a acompasarme con sus movimientos de forma instintiva. Lleve mis manos a su cintura. Justo en el lugar donde se sienten los huesos de la cadera. Mi cadera inició una oscilación acompañando los movimientos de mi amiga. Para nada era un sexo tan frenético como el de hace un momento. Pero, Al menos para mi, era infinitamente mejor. Podía sentir el cuerpo de Rebeca por completo. Cada musculo tensando y relajando. Cada respiración extendiendo y contrayendo su diafragma. Cada gota de sudor revelando por su nacarada piel. Sentía su cuerpo como una extensión del mío. Las oleadas de placer recorrían mi cuerpo desde mi pene extendiéndose por igual hacia mi cabeza y mis pies.

    Yo: Reb, me voy a venir! – dije cuando sentí aproximarse el orgasmo inesperada e incontrolablemente

    Rebeca: Córrete dentro de mí – Ya no gritaba, ni gemía. Solo Jadeaba – Solo suéltalo todo.

    El orgasmo llegó como una explosión. Incluso más abundante que el primero. O al menos eso me pareció. Cuando me sentí en el clímax, con mi mano presioné las caderas de Rebeca contra mi. Una serie de espasmos semejantes a cortas convulsiones hicieron que golpeara por tres o cuatro veces las nalgas de ella con mis testículos. Y con la última la dejé caer hacia mi lado izquierdo. Quedando ambos abrazados. Agotados.

    La imagen que presentábamos era desastrosa. Empapados de sudor, nuestros cuerpos desnudos brillaban con la luz de la bombilla de nuestra cabaña de playa que hacía a veces de estudio de baile. Tanto el cabello de Rebeca como el mio eran un solo revoltijo de hebras negras y humedas, levantadas por ahí, enredadas por allá. Nuestras pelvis y partes intimas absolutamente inundadas por una mezcla de sudor, semen y flujo vaginal.

    Por un momento Rebeca y yo nos vimos a los ojos de forma somnolienta. No tenia fuerzas para nada, y supongo que ella tampoco pues no hizo el menor ademan de moverse. Y así, desnudas, pegajosos y agotados, ambos quedamos dormidos sobre el sofá.

    ***

    A la mañana siguiente, desperté desorientado. Los primeros segundos no recordaba nada de lo que había pasado, ni siquiera donde estaba. Pero pronto los recuerdos de todo golpearon mi mente como un gancho de un boxeador. Seguía desnudo en el sillón, pero Rebeca ya no estaba. Se había levantado antes que yo y me había cubierto con una sábana. Con la temperatura que hacía en la costa no era necesario, pues no hacía frio. Pero supongo que ese era un gesto tierno de ella. Se lo agradecía.

    Me levanté, y vi que mi ropa seguía tirada en el suelo donde la había dejado. Pero la de Rebeca ya no. La única prueba de lo que había sucedido a noche que quedaba, era el brasier ya que me había quedado dormido sobre el. Lo tomé y lo observe por un momento tratando se asimilar todo lo de la noche anterior. Escuche un ruido en la cocina. Me dirigí hacía allí después de buscar y ponerme los boxers. Al asomarme encontré a Rebeca trasteando algo. Llevaba el cabello húmedo. Se había duchado y vestido con un pantalón de yoga color celeste y una blusa de tirantes verde perico. Me la quedé viendo sin decir nada, apoyado en el marco de la puerta.

    Yo: No me has despertado. Me has dejado tirado en el sillón. – Dije finalmente, al darme cuanta que no reparaba en mi presencia – gracias por la sábana por cierto. Bonito detalle.

    Rebeca: No te quise despertar. – Dijo sin mirarme. – Necesitaba usar el baño y no quería que tu me lo ganaras como siempre.

    Yo: Si. Creo que yo también necesito ese baño de urgencia.

    El tono de voz que use, era jocoso, casi como una burla. Por lo que Rebeca regresó a verme de forma automática, con mirada de hastío, igual que lo hacía siempre que yo soltaba una de mis malas bromas. En cuanto lo hizo yo le mostré su brasier y moviéndolo como si fuera una bandera. Sin decir media palabra y apenas mirándome a los ojos Ella se acercó y me lo arrancó de la mano.

    Rebeca: Gracias. No sabía donde lo había dejado – Dijo secamente.

    Yo: creo que me quedé dormido sobre el. No me di ni cuenta. Caí inconsciente después de…

    Rebeca: Mateo. Escucha – me interrumpió con brusquedad. – Lo que pasó a noche… No hablemos de ello. Ok?

    Yo: Ok… Pero…

    Rebeca: Pero nada. Ya te lo dije ayer. Estábamos calientes. Teníamos mucho tiempo sin Sexo. La calentura nos ganó. Y como nos tenemos mucha confianza, Preferible que nos hubiéramos desahogado entre nosotros, Que con cualquier extraño.

    Yo: Pues si…

    Rebeca: Exacto – seguía ininterrumpidome – Además no va a volver a pasar. Llevamos mucho tiempo siendo amigos. Vivimos juntos, trabajamos juntos. Eres prácticamente el tío que mi hija nunca tuvo. – Estaba a la defensiva. Trataba de ganar una discusión que no existía – Así que vamos a olvidarlo. Esto nunca pasó. Sigamos adelante.

    Era evidente que ella estaba mucho más afectada que yo. Pero no era el momento de discutir… Pero por ahora era mejor dejarlo ser. La conocía demasiado para saber que cuando se ponía así, nada ni nadie la haría cambiar de parecer. Pero por esa misma razón estaba seguro que ella había disfrutado nuestro encuentro tanto o más que yo.

    Yo: Esta bien – dije dando la vuelta y volviendo a cruzar la puesta. Quedando fuera de su vista. – Me iré a dar una ducha, me siento asqueroso y pegajoso. Pero supongo que está bien. Ya lo dijo Woody Allen. «el sexo solo es sucio cuando se hace bien».

    No la podía ver, pero sabía que Rebeca había fruncido el ceño, furiosa. Lo que no sabía es que esa noche solo era la primera de lo que fue un año sabático muy intenso. Año en el que tendría el mejor sexo de toda mi vida. Y no siempre con Rebeca. Pero esa es otra historia.

  • Confesiones de mi esposa (2)

    Confesiones de mi esposa (2)

    A mi esposa se la culeó un vato que me cae mal cuando cursaba su año de servicio social. 

    En aquel entonces ella de 21 años cursaba su año de servicio social en una clínica a 20 km de la ciudad junto a dos pasantes más uno de los cuales era un vato fósil viejo (32 años) que había sido interno junto a mí y conocía de fanfarronear y creerse mucho.

    Resulta que a mi ahora esposa le apantallaban con facilidad mediante platicas pseudofilosoficas pues siempre ha sido alguien que gusta de la lectura y auto análisis, este tipo colmilludo (vivido/ experimentado) rápido capto que podía marearse a mi ahora esposa con rollos “filosóficos” genéricos y así inició, poco a poco sacaba temas como “Es que piénsalo nada es real si lo piensas…” y aquella niña tonta y también caliente pues se impresionaba, luego de meses , ya era una regla la comidita platicadora y también había mucha confianza iniciando este vato con pláticas “íntimas” por ejemplo, ella me contó que una vez le preguntó; inmersos en una discusión sobre relaciones sentimentales; “¿Volverías a acostarte con algún ex solo por placer?”… ella que se sentía una implacable pensadora respondió “Claro, porque no? Y tú también imagino” él le dijo “pues si tuviera una ex como tú sin duda que si”… dado que platicaban mucho y de muchas cosas lo sintió natural pero me dijo que le excito un poco saberse deseada por él. Esa tarde ella se tocó en su habitación pensando en él.

    De a poco eran reiterativas las intenciones y deseos del tipo que llegó al punto de decirle que deseaba una relación libre con ella y mi ahora esposa ;ya muy mareada y sintiendo atracción por el tipo ese que nomás le decía lo que ella quería escuchar; le dijo que lo pensaría, siendo esa misma tarde que le mando ella mensaje para preguntarle si quería se vieran en el departamento de él (pues ella vivía con sus padres), dice que al recibir el si, fue a bañarse, se depiló la conchita y se puso una tanga rosa, un pantalón ajustado sin bolsas, una blusa clara y aseguró llegar a comprar condones a una farmacia.

    Ella ya lo había dejado antes en su departamento así que llegó sin ningún problema toco y el tipo le abrió rápido pues ya la esperaba, dentro se sentaron en el sofá y un poco disimulados platicaron de otras cosas hasta que el tipo advirtió que a ella pronto le hablarían sus padres y no tenía mucho tiempo así pues dice que le tomo la mano y le dijo “me gustas niña”, ella se acercó e iniciaron a besarse en el sofá, él inicio a desabrochar el pantalón de mí hoy esposa y se lo bajo para apañarse de las nalgas de la niña caliente, dice ella que le amasaba las nalgas muy excitado y metía sus dedos casi hasta su culito, pronto ella le desabrochó la bragueta y tocó su bulto muy duro bajo la trusa, el vato la fue recostando sobre el sillón se sacó la verga y volvió a tirarse sobre ella mientras frotaba la verga con la conchita húmeda de mi ahora esposa, luego ella inició a pelarle la verga con su mano y finalmente a dirigirla a su conchita donde el vato solo tuvo que empujarla para entrar en ella por fin.

    Dice mi señora que el tipo la culeaba de forma animalesca pues estaba muy excitado, ella sentía una verga gorda y dura y unos huevos chocando con sus nalgas, luego de un rato ella se aparta poco se levanta quita la tanga y se hinca a mamarle la verga, el tipo no resistió y le vació el semen en su boca… no hubo más sexo ya pues ella tenía que volver pero se quedó muy húmeda. Al día siguiente a la salida (ella le daba raite) llegaron a un motel a culear, así fue frecuente sea llegar al motel o pasar al departamento para recibir verga de ese tipo, que se la culeo todo lo que resto del año (como 3 meses). Era la platica preferida del tipo fanfarrón en fiestas, de hecho tenía un video de ella mamandosela en el carro luego de la entrega de papeles en la escuela según supe, yo creía era más de su fanfarronería pero mi esposa me confirmó que no, que ese día luego de la entrega de papeles fue con el tipo a que se la culeara, ese día ella lucia una faldita muy rica que ese tipo bajo para follarla, luego cada quien tomo rumbos distintos platicaban de vez en cuando y ya no cogieron más.

  • Enculado con los calzones usados de mi esposa puestos

    Enculado con los calzones usados de mi esposa puestos

    Relato anterior: “Mi amigo y compañero me hace su putita en un viaje”. Enlace al final del relato.

    En el relato anterior les relaté como me hice amante de Rodrigo, mi compañero de trabajo y amigo, después de un viaje de trabajo a la Ciudad de México en dónde compartimos habitación.

    Una vez que regresamos a nuestra ciudad, seguimos con nuestra vida normal, ambos completamente heterosexuales, con pareja y ante la vista de todos solamente muy buenos amigos, sin embargo en la intimidad era su hembra y el mi macho, éramos muy discretos, a fin de evitar cualquier sospecha, por ser una ciudad pequeña nunca íbamos a un hotel o motel, por el riesgo de ser reconocidos, en nuestras casas se encontraban nuestras mujeres, por lo que tampoco era opción, sin embargo, Diana la pareja de Rodrigo era asistente en un conocido hospital, en su trabajo tenía un horario que cambiaba cada semana, en una semana le tocaba trabajar en las mañanas, en otra semana en las tardes y en la tercera semana en las noches, esa semana era la que aprovechábamos para desfogar nuestra pasión, me cogía en la misma cama que a su hermosa mujer, era excitante y morboso, me encantaba escucharlo gemir de placer y oírlo decir que era la mejor puta, me decía mil obscenidades que me prendían, que me hacían sentir una hembra en sus brazos, orgullosa de complacer a mi macho.

    En cierta ocasión mi esposa fue a visitar a mis suegros por una semana, era temporada vacacional y no había clases, la llevé a casa de mis suegros que vivían a un par de horas y me regresé el domingo a mi ciudad ya que tenía que trabajar el lunes, regresaría por ella la próxima semana.

    El lunes le comenté a Rodrigo que estaba solo en casa y que podíamos aprovechar, le brillaron los ojos, era semana que a Diana le tocaba en las tardes y teníamos más de una semana sin coger, durante toda la jornada me estuvo mandando mensajes morbosos por Whatsapp, del tipo: «Estoy muy caliente, te voy a meter la verga hasta por las orejas», «Hoy te voy a llenar de carne todos tus orificios», «Tengo los huevos bien cargados, te voy a amamantar con mi leche», etc. algunos los contestaba, otros sólo sonreía y los borraba, pero cumplieron el objetivo de ponerme cachondo, el tiempo para la salida del trabajo se me hizo eterno, tan pronto terminó nuestra jornada salimos presurosos rumbo a mi domicilio, tan pronto metimos el coche a la cochera y cerramos el portón, metió las manos bajo mi camisa y me la quitó, hice lo mismo, nuestros cuerpos quedaron desnudos de la cintura hacia arriba, me abrazó y me dio un beso cachondo, la piel de nuestros cuerpos se rozaban, piel con piel, sentía el calor de su cuerpo y su virilidad muy dura empujando contra mi verga, me tomó de las nalgas apretándome contra su cuerpo y sentí con mayor fuerza la presión de su miembro, estaba durísimo, casi estoy seguro que me hubiera cogido en la cochera, pero le pedí que aguantara para darme un baño, estuvo de acuerdo y entramos a casa.

    Me sentía nervioso, nunca lo había llevado a mi casa a coger, vi las fotos de mi boda colgadas en la pared y sentí remordimiento, sentí como si mi mujer me estuviera viendo, le estaba siendo infiel a mi mujer y en nuestra propia casa, Rodrigo en cambio se mostraba curioso y alabó la belleza de mi esposa.

    – Wauuu Ariel, que linda esposa tienes, se ve guapísima, que linda cara, tiene cara de ángel.

    – Gracias, si es muy bella, la verdad y muy buena madre, tengo mucha suerte de haberla encontrado- respondí.

    Fuimos a la recámara principal y en una cómoda estaba una fotografía de mi esposa a cuerpo completo con mis dos hijos, la tomó en sus manos y expresó en forma pervertida:

    – ummmm, que rica está tu vieja, es una muñequita, que lindo cuerpecito, con razón la cuidas y nunca la llevas a la oficina, está buenísima, ha de coger bien rico, que rico sería cogerla.

    – Hey espera, para, a quien vienes a coger es a mí, me vas a poner celoso- le recriminé.

    – Ja, ja, no seas celoso, pero hablando en serio, está para cogerla, me puso cachondo, tiene cara de inocente pero seguro que es una putita come vergas, me encantan así.

    – Ya calla, no hables así de ella, que me voy a arrepentir de haberte traído- Me quejé.

    – Ja, ja, no te enojes, ya bañémonos que estoy ansioso por cogerte-añadió riendo.

    Nos desnudamos y entramos juntos al baño, el baño era pequeño y nuestros cuerpos se rozaban, nos abrazamos y nos dimos un beso bajo el agua tibia que caía en nuestros cuerpos, su verga ya estaba durísima, nos enjabonamos mutuamente, poniendo el énfasis en mi culo, metiendo un par de dedos dentro de mi orificio llenos de jabón, que me hicieron gemir y yo enjabonando su verga y sus huevos, acariciando la bella herramienta que me iba a dar tanto placer, mientras acariciaba y enjabonaba mis nalgas expresó:

    – Ariel, no me canso de decir que tienes un culo increíble, es tan suave- al tiempo que un dedo enjabonado se enterraba en mi culo que me hizo retorcer.

    – Mmmm, hay que limpiarlo bien, me asombra mucho que tu culito sigue tan apretadito a pesar de que ya te lo he rompido tantas veces, no cabe duda de que es un tesoro, está hecho para ser cogido.

    Siguió jugando con mi culito un rato, hasta que llegó el momento de enjuagarnos y secarnos, secó mi cuerpo como si de un bebé se tratara y salí en lo que él terminaba de secarse, lo estaba esperando en la cama listo para empezar la cogida, cuando lo ví husmeando en el cesto de ropa sucia que tenemos en el baño y saca un calzón de color rosado de mi esposa, con encaje y pequeñito, de los llamados calzones cacheteros que solamente cubren media nalga, lo extiende y lo lleva a su nariz en donde aspira profundamente justo la parte inferior del calzón.

    – Ufff, que rico, huele a hembra, a hembra en celo, tu mujer está en celo, sé reconocerlo, cuando una mujer está en celo desprende feromonas y hasta su sudor huele diferente.

    – Cabrón, ya deja eso y ven a cogerme- le recriminé desde la cama.

    – Perdona, pero el calzoncito de tu mujer me puso tan cachondo, su coño lubrica en demasía y moja los calzones, y tiene un olor a mujer en celo que me prendió mucho.

    – ¿Y si te pones los calzones de tu vieja?, Te hará sentir más femenina, más putita, ¿no crees?

    – No, no estoy tan seguro, sería raro, además no sé si me queden.

    – Anda, compláceme, te voy a coger más rico que nunca.

    – Mmm, está bien, pero ya están usados, si gustas puedo probar con una tanga limpia de mi esposa que es más sexy.

    – No, ponte los calzones usados, es ese olor a hembra en celo lo que me mata, quiero sentirlo mientras re cojo, sentirás el placer de ser cogido por un macho excitado por las hormonas femeninas, ¿Sí?- dijo mirándome a los ojos con una mirada firme y seductora.

    Esa mirada me mataba y no pude decirle que no, así que tomé los calzones usados de mi esposa y me los puse, fue excitante, la tela de la ropa interior femenina es tan suave y se ajusta a la piel a la perfección, alcancé a verme al espejo y realmente me quedaban muy bien, remarcaba mi trasero, incluso se metía la tela un poco entre mis nalgas y el color rosado resaltaba mi blanca piel, estaban húmedos de la entrepierna, efectivamente los flujos de mi esposa eran abundantes señal de que estaba en el período de ovulación, eso me excitó más, un macho me iba a coger desprendiendo esas hormonas femeninas que tan locos vuelven a los hombres.

    – Waaauuu, madre mía, sabía que te iban a quedar de infarto, tienes un culo tan femenino, Ariel.

    Me hizo poner en cuatro patas en la cama con el culo empinado, me dio una nalgada y me apretó las nalgas en una forma muy morbosa, lo que me hizo empinar más el culo ofreciéndoselo como una puta, se agachó y acercó su cara a mis nalgas, empezó a besar la parte de mis nalgas que quedaba fuera de los calzones con pasión, mordisqueando y lamiendo con su lengua cada centímetro de mi piel, mi piel se puso de gallina, de pronto sentí que abrió mis nalgas y hundió su nariz en el canal, pero sobre los calzones y expresó.

    – Ufff, me encanta tu olor a hembra en celo, es tan rico, excitante, aghhh

    Continuó mordiendo y oliendo mis nalgas a su antojo hasta que separó mis nalgas e hizo la tela del calzón a un lado, pronto sentí la húmeda y rugosa punta de la lengua de Rodrigo en la entrada de mi culo, una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo, un gemido salió de mi boca, fue delicioso, mi agujero se contrajo involuntariamente y me retorcí de placer.

    Mmmm, que rico coñito, sabe a hembra en celo.

    Abrió más mis nalgas y la punta de su lengua se introdujo en mi interior, sentí que mis piernas se aflojaban, mis ojos se pusieron en blanco, un nuevo gemido de placer salió de mi boca, prácticamente me cogía con la puntita de su lengua, saliva escurría por mis piernas, me succionaba el culo y sentía que me arrancaba el alma a través de mi culo, nunca me había hecho una comida de culo así, metía toda su cara entre mis nalgas y suspiraba, sentir su respiración en ese recóndito lugar me causaba escalofríos, la punta de su nariz me penetraba ligeramente, ya no pude más, sentí espasmos que recorrían todo mi cuerpo y mi verga explotó en un intenso orgasmo, chorros y chorros de esperma que quedaron atrapados en el interior de los calzones de mi esposa, dejándolos empapados y mezclándose con os fluidos de mi mujer, por primera vez me había corrido únicamente con el placer de una comida de culo, todo mi cuerpo temblaba, mis piernas se tensaron y sentía que no tenía fuerza en ellas, pero no caí en la cama, Rodrigo me tenía bien sujeto de las caderas, sosteniendo mi peso y manteniendo mis nalgas abiertas y a su disposición..

    – Así putita, goza, córrete como hembrita, con el placer que te da tu culito coñito trasero- expresó mientras seguía convulsionando y gimiendo sin control, con su lengua hurgando mi interior.

    Poco a poco mi verga terminó de eyacular, pero el deseo no disminuía, sentía toda la piel de mi cuerpo muy sensible y una ola de calor interna que recorría mi cuerpo, se levantó y fue por el frasco de lubricante que había dejado sobre la cómoda, no tardé en sentir un dedo bien lubricado hundirse hasta el fondo de mi culo, solté un gemido ahogado y apreté las nalgas involuntariamente, el menor movimiento me hacía gemir de placer, inició un mete y saca delicioso que gozaba como puta, me encantaba como su dedo me acariciaba por dentro, pronto sentí que entraba otro dedo lubricado, refregándome mi interior, y haciéndome gemir de placer, ahogaba mis gritos mordiendo una almohada, hasta que después de un rato sacó sus dedos y se quedó un instante contemplando mi culo.

    – Que rica te vez con ese calzoncito de tu esposa puesto, te tengo que confesar que he estado imaginándome que estoy con tu esposa, ¿no te molestaría si te llamo Laura?, como tu esposa.

    No respondí, pero como dicen el que calla otorga, no pude evitar imaginarme a Laura en mi lugar, o más bien estar en el cuerpo de mi esposa, en 4 patas y con un macho ardiente listo para cogerme, como una verdadera hembra, se recostó suavemente sobre mi cuerpo, restregando su dura verga entre mis nalgas.

    – Listo amorcito, mi Laura, mi princesa, te voy a coger despacito y te voy a hacer mi mujercita, de una forma que tu maridito nunca te ha hecho gozar, ¿quieres mi verga?, ¿Verdad amorcito que quieres una verdadera verga de macho?, ¿La sientes?, es más grande y gruesa que tu marido y te va a hacer chillar de placer.

    – Cógeme, vamos, hazme tuya, quiero que seas mi macho y me hagas tu mujer- respondí, imaginándome en el rol de mi esposa.

    Sentí la punta de su verga en la entrada de mi culo, apuntando su ardiente lanza a su objetivo, cuando lo localizó empujó y la punta entró sin mucha dificultad, mi culito se rendía al invasor sin ofrecer resistencia.

    – Ya entró la cabeza amor, ¿Te gusta?, verdad que es más gruesa que la de tu marido, mi Laurita, mi putita, sientes como te abre.

    – Si amor, la siento, que rico, me encanta, sigue, la quiero toda dentro-respondí.

    – Muy bien Laurita, que buena putita, te la voy a meter toda, te va a encantar, te va a llegar tan profundo que te va a estirar la colita, pero vas a gozar como nunca, con una verga que le llene por completo, lo que nunca has sentido con tu marido.

    Poco a poco la fue introduciendo toda, centímetro a centímetro, haciéndomela sentir, sentir como me iba abriendo, como mis pliegues se estiraban hasta alcanzar el diámetro de su verga, hasta que sentí sus huevos pegados a mis nalgas.

    – Listo Laurita, te la comiste toda, que buena putita, y que rico culito, ufff, te aseguro que tu maridito no te lo había abierto así.

    – No papi, como tú nadie, que rico, me encanta- respondí, nuevamente en el rol de mi mujer, las palabras de Rodrigo me humillaban, o más bien humillaban a Ariel, yo era en ese momento Laura y me encantaba que me tratara así.

    Me encantaba sentirme ensartada, empalada hasta lo más profundo, una sensación de plenitud difícil de describir, cerré los ojos y agudicé los músculos de mi colita, alcanzaba a sentir el grosor de las venas del tronco, palpitantes y el contorno de la cabeza de su verga amoldada en el interior de mi culo.

    Empezó un meti-saca lento y profundo, muy lento, mientras resoplaba en mi oído y me decía mil vulgaridades, acariciaba mi cuerpo con suavidad y pellizcaba mis pezones, poco a poco empezó a acelerar sus movimientos, su barra de carne dura me entraba y salía una y otra vez, arrancándome mil gemidos de placer, mordía el lóbulo de mi oreja y susurró:

    – Que rico coñito, aghhh, me encantas Laura, tienes un coñito tan estrechito, tan suave y calientito, que buena putita eres, ¿te gusta?, pobre de tu maridito, si te viera ahora, su linda mujercita convertida en una puta, te estoy emputeciendo, serás mi hembra de ahora en adelante.

    En cada embiste que me daba un gemido salía de mi boca, cada vez más agudo y frecuente, al tiempo que lo escuchaba gruñir con más intensidad, mordía mi nuca con pasión, sus manos me apretaban fuertemente contra su cuerpo, su pelvis chocaba una y otra vez contra mis nalgas.

    – Agggh, siiii, toma, toma, toma verga putita, jadeaba.

    Mis gemidos eran intensos, ya no podía más, mis piernas temblaban, mi vista se nubló, cerré los ojos y empecé a retorcerme, estaba a punto de correrme cuando sentí un último embiste muy profundo, su verga se hinchaba dentro de mi culo y descargó su néctar en lo más profundo de mis entrañas, sentía sus chorros ardientes inundado mi interior, llenándome por dentro, ese embiste aceleró mi corrida y me corrí nuevamente dentro de los calzones de mi esposa, mi cuerpo convulsionaba y espasmos recorrían mi cuerpo apretando su verga en mi interior y exprimiendo hasta la última gota de esperma.

    Ayyy, putita, te estoy preñando, agggh, te estoy llenando de semen de macho, es tu premio por ser mi hembra, mi puta, te voy a hacer un hijo que será bien machito, como yo.

    No pude evitar imaginarme embarazada de mi macho, realmente me había hecho sentir su mujer, jadeando se dejó caer sobre mí espalda sin sacar la verga de mi culo, besando mi cuello y apretándome contra su pecho, al tiempo que susurró en mi oído.

    – ¿No te gustaría ver a Laura en tu posición, con la verga bien enterrada hasta lo más profundo, gimiendo de placer?, ¿Quiero cogerla y que goce como gozas tú?, ¿Estás de acuerdo?

    Nuevamente era Ariel, había dejado de ser Laura, y en el papel de Ariel no respondí, mil pensamientos cruzaban por mi mente, así que volvió a preguntar:

    – Vamos, responde, te encantará verla empalada, gozando como gozas, gimiendo como gimes, vamos no seas egoísta, dale el mayor gusto de su vida, que sepa lo que es un macho cachondo, un macho que la haga chillar de placer.

    Pensé en mi esposa, ¿realmente era egoísta por disfrutar de tremendo macho?, ¿debería darle la oportunidad de probar un semental como Rodrigo? todo me daba vueltas, después de pensar un rato, me decidí, no podía decirle que no a mi macho, no era justo privar a mi esposa del placer que solamente un macho como Rodrigo podía dar, sería una muestra de mi amor por ella y por fin expresé con tímida voz.

    – OK, está bien, tú ganas, voy a dejar que Laura sea tu hembra, pero no debe enterarse que estoy de acuerdo, no podría soportarlo, si se entera pondría en riesgo mi matrimonio, no sé qué pudiera pasar.

    Sonrió y me abrazó y besó con pasión en señal de agradecimiento al tiempo que sentí en mi interior que la verga se le volvía a poner dura, seguramente por la excitación de imaginarse cogiéndose a mi esposa y me empezó a coger nuevamente con más ímpetu que nunca, prácticamente me taladraba el culo, su pelvis chocaba con fuerza contra mis nalgas, una cogida bestial, estaba convertido en un animal, era tan vigorosa la cogida que no tardó mucho y pronto descargó su ardiente semen en mi interior, una corrida más que se mezcló con la anterior, se desplomó nuevamente sobre mi cuerpo exhausto, nuevamente con su verga enterrada en mi culo, así estuvimos largo rato hasta que por fin su verga perdió rigidez y me la sacó, seguido de un hilo de semen, que cayó sobre el calzón de mi esposa.

    Al cabo de un rato se levantó a darse un baño rápido y salió presuroso, ya era tarde, ya que su pareja tenía el turno vespertino y no tardaba en llegar

    Me quedé un largo rato desplomado en la cama con el culo ardiendo y escurriendo semen, los calzones de mi esposa enrollados bajo mis nalgas, totalmente húmedos y pegajosos, llenos de leche tanto de Rodrigo como mío, mientras pensaba como se daría el encuentro entre mi esposa y Rodrigo, no tenía duda que sucedería, pero no tenía idea de cuándo o como se daría el encuentro, poco a poco me fui quedando dormido, exhausto, pero bien cogido.

    Cabe señalar que aprovechamos muy bien la semana que estuvo fuera mi esposa y me cogió todos los días, era su mujer y me hacía vestir las prendas íntimas de mi esposa, mientras me decía como se cogería a mi esposa, pero eso se los cuento en el siguiente relato.

    Si les gustó, espero sus comentarios a [email protected]

    Relato anterior:

    «Mi amigo y compañero me hace su putita en un viaje»

  • El jefe de su marido (sexto capítulo)

    El jefe de su marido (sexto capítulo)

    El domingo por la noche al terminar de cenar se fueron para cama juntos. Mateo estaba feliz de poder estar con la niña y su mujer toda la tarde del sábado y el domingo.

    -Ha sido un fin de semana maravilloso cariño – él la abrazaba por la espalda – Menos mal que él cabrón de mi jefe no me hizo ir a trabajar ayer ni hoy.

    -Si cielo. – Silvia sabía que ella era el motivo por el que no había tenido que ir. – A mi también me gustó mucho todo el fin de semana. Crees que tu jefe es de verdad tan cabrón? A veces pienso que quizás sea solo una forma de aparentar.

    -Si cariño, te aseguro que lo es. Tu porque no lo conoces, si no, ni lo dudarías.

    -Tienes razón amor. – diciendo esto pensó como seria conocer mucho mas a ese señor. – Ahora deberíamos dormir que la peque no entiende de horarios.

    Cuando se despertó por culpa de los rayos de sol que entraban por la ventana, vio que su marido ya no estaba en la cama. Decidió quedarse en cama hasta que la niña se despertara. A su mente acudieron un sin fin de pensamientos sobre todo lo que estaba viviendo desde aquel día que abriendo el buzón viera la carta del banco. Pensó en el señor Gómez y en las cosas que ese viejo estaba consiguiendo que hiciera y sobre todo sintiera. Pensó en Cristina y en la tarde del viernes en su casa. Recordó la imagen desnuda de esa mujer cambiándose juntas en su habitación. Todos aquellos pensamientos la hicieron excitar y se masturbó a pesar que odiaba hacerlo.

    Ya tenia preparada a la niña y cogió el sobre escondido en el armario. Pasaría por el banco y con el dinero que le había dado el señor Gómez pagaría los recibos atrasados. Cuando salió del banco se sentía feliz y al mismo tiempo una sensación de vergüenza se apoderó de ella. Aquellos recibos los había pagado un hombre ajeno a su núcleo familiar, los había pagado con su cuerpo, con su boca. Eran recibos cuyo precio iba mas allá del dinero en si. Su valor era humillarse ante aquel viejo y la fidelidad a su esposo.

    Hacia una mañana espléndida y dio un paseo con la niña. Al pasar por un parque se sentó en uno de los bancos vacíos pues le gustaba observar a la gente. La gente era mas o menos como en cualquier parque a esas horas matinales, madres jugando con sus hijos aún sin edad escolar y señores jubilados dejando transcurrir el tiempo libre, tomando el sol y leyendo el periódico. Se preguntaba si alguna de aquellas mujeres tendría en su vida algún secreto inconfesable como a ella le pasaba. Mirando a los señores se preguntó si alguno de ellos tendría una amante joven y se avergonzó de pensar si todos los señores mayores sabrían acariciar como el señor Gómez. Quizás era su marido el que fallaba y era él el que no sabía tocarla?

    -Buenos días joven. – sus pensamientos se vieron interrumpidos por la voz de aquel desconocido – te importa si me siento?

    -Ah, hola, buenos días. – ella se echó hacia un lado como evitando la cercanía con aquel hombre, como temiendo que con su cercanía le pudiera leer los pensamientos que estaba teniendo – No, claro, puede sentarse.

    -Hace un día estupendo. Vives por aquí cerca? Nunca te he visto por aquí y te aseguro que me acordaría.

    -No suelo venir a este parque. – con ese comentario estaba queriendo coquetear con ella?

    El trato agradable de ese señor hizo que Silvia se fuera relajando y que los primeros minutos de incomodidad fueran reemplazados por una conversación distendida e incluso con algún comentario la hizo reír. Aquel hombre le contó que era jubilado desde hacia quince años y que siempre bajaba al parque a pasar el tiempo y que le gustaba el sonido de los niños jugando. Varios comentarios de ese señor la hicieron sentir halagada y ruborizada por igual.

    -… A mi edad uno se tiene que conformar con sentarse aquí y disfrutar de la presencia de mujeres hermosas como tu. – Joaquín, que así le dijo que se llamaba, seguía hablando – Muchos hombres de mi edad pagan por acostarse con mujeres jóvenes pero eso a mi no me gusta. El sexo no se compra a mi entender, aunque respeto a quien lo haga.

    -Eso dice mucho de usted. Se nota que es un caballero.

    Cuando ese señor le preguntó con mucha timidez si la podía invitar a un café en su casa se sorprendió al aceptar. Quizás fue la manera tan educada con la que se lo pidió, quizás era la ternura que le inspiraba, quizás porque ese señor era todo lo contrario que el señor Gómez.

    Joaquín vivía frente al parque y subieron hasta su casa. Él le explicó que vivía solo y le dio las gracias mil veces por aceptar ir con él. Tomaron ese café juntos y Silvia sentía como ese señor la miraba con detenimiento, con admiración.

    -Sin ser alguien de mi familia, hacía mucho tiempo que no estaba una mujer en esta casa.

    -Gracias por invitarme – Silvia se sentía nerviosa porque deseaba hacer algo – Puedo ir al baño?

    -Claro! Está el baño este y el de mi habitación al fondo, puedes usar el que quieras.

    Silvia se levantó y comprobó que su pequeña se quedara dormida y se dirigió al baño de la habitación. Sus manos temblaban al desabrochar la falda y quitarse el sujetador y las bragas. Salió del baño y mirando la cama se dirigió a ella y se tumbó.

    -Joaquín!! Puede venir?

    -Todo bien? – ese hombre al abrir la puerta de la habitación se encontró a Silvia tumbada en la cama desnuda con las manos tapando su cara, tenia las piernas flexionadas y abiertas mostrándole su vulva que sorprendido, observó que no tenia ni un solo vello. – Eres increíblemente hermosa.

    Ella sintió como ese señor se acercó a la cama y apartó un poco su mano para ver que sucedía. Lo vio mirando su cuerpo con verdadera admiración como el que observa la mas valiosa obra de arte en un museo. Miraba sus pechos, su vulva, sus piernas. Y esa manera de mirarla de ese señor le hizo excitar.

    -Quiere tocar mi cuerpo?

    -Seria feliz de poder tocarlo.

    -Hágalo

    En su vida la habían tocado de manera tan delicada. Las manos de aquel octogenario acariciaron sus tetas como increíble delicadeza consiguiendo que sus pezones alcanzaran un tamaño sorpresivo para ella. Sintió su vulva encharcada cuando ese hombre acarició su abultadito monte de venus y gimió cuando sintió uno de los dedos de ese hombre recorrer cada pliegue de su coño.

    Joaquín suspiraba y respiraba agitado por la excitación que sentía de acariciar a una mujer tan joven y hermosa. Sus nervios hacían que sus caricias fueran algo torpes pero eso a ella la excitaba aún mas. Y lo inevitable sucedió. Silvia comenzó a temblar y al sentir como los dedos de ese señor estaban entrando en su coño se corrió entre temblores y con su cuerpo convulsionando. Ante la mirada de asombro de Joaquín, eyaculó con varios chorros de placer que mojaron colcha, pantalón y camiseta de él.

    Silvia agradecida por el placer alcanzado lo abrazó y su curiosidad o quizás por devolverle aquel placer, acarició el evidente bulto del pantalón. Lo desnudó por completo y sintió placer de acariciar el sexo de aquel hombre. Le gustó masturbar aquel miembro totalmente erecto a pesar de la avanzada edad de su dueño y se sintió muy excitada cuando aquel señor gimió de placer y vio como comenzaba a eyacular sobre su mano y pechos.

    Se quedaron abrazados exhaustos, ambos felices por el placer vivido. Un gesto de tristeza se adueñó de su cara al ver la colcha mojada, al darse cuenta que definitivamente había comprobado que su amado esposo no sabía tocarla. Había eyaculado en la cama del señor Gómez, de Joaquín y en el sofá de Cristina. Deseó algún día, tener que cambiar la colcha de su cama matrimonial, por haber eyaculado en ella.

    Se despidieron en el portal del edificio de Joaquín, aquel señor era todo amabilidad y educación. Él estaba triste con esa despedida, pues quizás, había sido la ultima vez en su vida que una mujer lo había acariciado y hecho correrse.

    Después de lo ocurrido el lunes por la mañana cuando había ido a aquel parque, Silvia pasó dos días mal en los que solo quería estar con su niña. A cada instante se preguntaba que era lo que le estaba pasando. En que se estaba convirtiendo? Por qué mi cuerpo está haciéndome comportar así? No había sido con una persona únicamente, sino con tres, con las que había sido infiel a su amado esposo. Afectivamente lo amaba como nunca había amado a nadie, pero sexualmente lo odiaba. Lo odiaba por no hacerle sentir lo que otras personas le estaban haciendo vivir de manera tan intensa. En esos dos días que habían pasado desde lo del parque se había masturbado casi compulsivamente, odiaba hacerlo pero era como si su cuerpo se lo exigiera. Y lo peor era que su marido buscó acercarse a ella por las noches y como única respuesta obtuvo abrazos y excusas que la hacían sentir mal consigo misma.

    El jueves se despertó con los lloros de su hija que reclamaba su biberón. Después de atender sus demandas y de nuevo dejarla dormida en la cuna, se fue a su habitación y se sentó en la cama. La imagen de las camas del señor Gómez y del señor del parque se adueñaron de su mente. Camas mojadas por el placer derramado con esos señores, hombres que doblaban en edad y en su magistral manera de tocarla a su querido Mateo. Vio el teléfono sobre la cama y lo cogió. Estaba decidida a, si era necesario, humillarse de nuevo pero su cuerpo se lo estaba implorando.

    -Diga? – aquel hombre sabia perfectamente que era ella pero le gustaba hacerse de rogar. – Quien es?

    -Soy Silvia, señor Gómez. – ella estaba nerviosa y avergonzada por haber tenido que hacer esa llamada.

    -Ah! Hola. Que tal estás? Necesitas mas dinero?

    -No, no es eso.

    -Entonces?

    -Le llamaba para saber si tenia un rato para vernos.

    -Estoy en la oficina, está tu marido aquí en el despacho de al lado. Tiene que ser ahora?

    -Si puede, si me gustaría.

    -Está bien. En media hora en mi casa?

    -Señor Gómez… Usted podría venir a mi casa? – sus mejillas se encendieron al pedirle eso a ese hombre.

    -A tu casa?

    -Si. Se puede asegurar que mi marido no pueda aparecer aquí?

    -Claro que puedo, todo es cuestión de darle mas trabajo. Quieres que le tareas extras a tu marido?

    -Si, por favor. Asegúrese que no venga.

    -Eres de lo que no hay, cualquier mujer me pediría que no le de mucho trabajo a su marido. Está bien… pídemelo!!

    -Por favor, no me haga esto señor Gómez.

    -Si de verdad deseas que vaya a tu casa y estar segura que tu marido no aparecerá debes pedírmelo Silvia.

    -D…Dele mas trabajo a mi esposo. Asegúrese que no vendrá a casa por favor.

    -Está bien. Espera un momento…-Silvia escuchó la voz de ese hombre llamando a su marido y lo que le decía -… Mateo debe tener para esta tarde un informe sobre nuestros clientes alemanes.

    -Para esta tarde? – la voz de su marido hablando con su jefe la hizo estremecer de rabia por lo que estaba haciendo – No se si me dará tiempo.

    -Asegúrese que le de tiempo. Llame a su mujer y dígale que comerá aquí. No quiero ver su despacho vacío hasta que llegue yo por la tarde. Entendido?

    -Está bien señor Gómez, comeré aquí. No se preocupe que tendrá ese informe esta tarde.

    -Gracias Mateo, confío en usted. – despidiéndose de Mateo le siguió hablando a Silvia. – Silvia sigues ahí? Has escuchado? Tu marido no nos molestará.

    -Gracias señor Gómez.

    -En una hora mas o menos estaré en tu casa.

    -Vale.

    Silvia se dio una ducha y se puso una de las bragas que se había comprado para ese hombre. Le esperó impaciente y nerviosa pues en el fondo deseaba volver a sentir las caricias que tanto le gustaban de ese viejo.

    Cuando le abrió la puerta lo mandó pasar y se quedó mirándolo entre avergonzada y nerviosa por tenerlo de nuevo delante suya. Ante la sorpresa de ese señor lo abrazó y besando su velluda mejilla le dio las gracias por aceptar su petición. Solo llevaba una camiseta que dejaba claro que no tenia sujetador pues los pezones se marcaban en ella perfectamente. Ese hombre la apartó un poco y miró que debajo solo llevaba las bragas.

    -Me gustan las bragas que has comprado. – La mano de ese señor se introdujo bajo la tela de éstas. – Este coño debe ir siempre tapado con bragas que estén a su altura.

    -Me alegra que le gusten. – gimió al sentir la mano abarcando su sensible coño.

    -No solo me gustan – ese viejo agarrando la mano de ella la dirigió a su pantalón – Me ponen cachondo. Lo ves?

    -Si – la mano de ella sintió el sexo de ese señor totalmente duro – Lo tiene muy duro.

    Se arrodilló delante de él y mirando al bulto de su pantalón le desabrochó el cinturón, soltó el botón y bajó la cremallera. Él la miraba atento y sentía curiosidad por lo que esa mujer quería hacerle. Ella apoyó su cara en la tela que separaba su rostro de aquel sexo que tanto le atraía y lo olió. Besó con devoción su bóxer y lo bajó un poco, dejando a la vista el grueso glande, cada vez que lo miraba se sorprendía por su color amoratado y por lo gordo que era. Un gemido de satisfacción brotó de su garganta cuando sus labios besaron el glande. Se sentía feliz de poder estar de nuevo besándolo. Sus manos bajaron la ropa y sujetaron el pene de ese hombre, comenzando a masturbarlo lentamente. Esta vez, fue el señor Gómez quién gimió al sentir como Silvia se metía su polla en la boca y comenzaba a chupársela. Aquella inocente mujer casada se transformaba cada vez que tenía su pene en la boca y esta vez no era distinta. Lo miró a los ojos mientras le daba placer con sus labios, era una mirada de agradecimiento, de satisfacción. Silvia sentía brotar sus flujos íntimos, estaba segura que tendría las bragas empapadas. Detuvo su mamada y poniéndose de pie lo llevó de la mano a su habitación.

    Por primera vez fue ella la que le quitó la camisa y acarició su velludo pecho. Se sorprendió de sentir que le gustaba acariciar y mirar aquel varonil torso. Acaso le estaba atrayendo ese viejo? Sus manos acariciaron su barba y le besó. Besó su barba, su cuello y la boca. Sus lenguas se tocaron, mezclaron sus salivas. Esa mujer le estaba haciendo perder el control y le sacó la camiseta. Mirando sus pechos llevó las manos a ellos y se los agarró.

    -Tus tetas son preciosas.

    -Le gustan?

    -Muchísimo – y desesperado acercó su boca a ellas y se las besó y chupó.

    Silvia gimió al sentir como ese viejo le chupaba los pezones y los estiraba entre sus labios. Gimió cuando ese señor le agarró las nalgas con sus grandes manos y se las apretó como deseando marcar sus dedos en ellas. Y se excitó con esa idea.

    -Por qué las agarra con tanta fuerza?

    -Me excita sentir mis dedos hundiéndose en tus nalgas. Te hacen daño?

    -No, nunca me habían agarrado las nalgas tan fuerte.

    -Te gusta como lo hago?

    -Si… -gimió al sentir como aquellas manos aumentaban la fuerza.

    -Estate segura que si no fuera porque estás casada lo haría mucho mas fuerte pero no quiero dejarte marcas.

    Silvia acercó su boca al oído de ese hombre y lo dijo.

    -Hágalo si lo desea.

    -Estás segura?

    -Si

    -Crees que podrás soportar lo que deseo?

    -Lo intentaré.

    -Ponte en la cama a cuatro patas.

    Y Silvia obedeció nerviosa expectante por lo que ese hombre deseaba hacerle. La palmada que ese hombre le dio en su nalga derecha la hizo quejarse, cuando sintió su nalga izquierda siendo palmeada hundió la cara en la almohada. Nunca había permitido que nadie la tratara así, era humillante sentir que ese viejo la estaba tratando como a una cría castigada, pero mas humillante era sentir que poco a poco, con cada azote su cuerpo se estremecía. Su sexo estaba respondiendo a aquellos golpes de una manera sorprendente. Sus quejidos iniciales fueron transformándose en gemidos. Que le estaba pasando? Sentía que estaba a punto de sentir un orgasmo. Él se dio cuenta y le bajó las bragas. Aquella mano magistral le dio una palmada en el coño y gimió. Una segunda palmada en el centro de su placer la hizo gritar de placer. La tercera palmada abrió la llave de su placer y comenzó a eyacular recibiendo pequeños azotes en su coño.

    Silvia se quedó tumbada en la cama con su cuerpo temblando. Lágrimas de un sinfín de sensaciones entremezcladas se derramaban por sus mejillas. Estaba asustada por lo que acababa de sentir, estaba feliz al sentir su cama totalmente mojada por su abundante eyaculación, estaba abrumada por percibir su cuerpo tan sensible. El señor Gómez se sentó a su lado y le acarició el cabello. Su mano libre acarició sus nalgas coloradas por sus azotes y ella se estremeció con aquella muestra de ternura. Ese hombre se fijó en su coño también colorado por las palmadas y se lo acarició suavemente. En menos de diez segundos sintió como aquella joven volvía a eyacular sobre su mano. Y deseó follarla. Ella no puso resistencia cuando él la hizo girar dejándola boca arriba, cuando se puso entre sus piernas ella las abrió totalmente. Silvia eyaculó sobre su polla cuando sintió aquel grueso glande resbalando entre sus labios vaginales. Se abrazó a él al sentir como aquella maravillosa polla se movía dentro de su coño hipersensibilizado. Mientras la follaba Silvia lloraba de felicidad y de placer. Lloró de alegría, cuando el señor Gómez le preguntó donde quería que se corriera y ella le pidió que lo hiciera en su boca, al sentir el semen de ese hombre derramarse en varios potentes chorros en su garganta. Le gustaba el semen de ese señor.

    Una vez saciados sus deseos se abrazaron prodigándose multitud de besos y muestras de ternura. Silvia se entristeció cuando se despidieron en la puerta de la casa.

    Cuando cambió la ropa de la cama se sorprendió al ver la colcha empapada. Había perdido la cuenta de la cantidad de veces que ese hombre la había hecho eyacular sobre su cama matrimonial. En el baño miró su imagen reflejada en el espejo y girándose observó sus nalgas totalmente enrojecidas y con las marcas de los dedos de su amante. Se ruborizó al recordar el placer que había sentido.

  • Los videos íntimos de mi esposa

    Los videos íntimos de mi esposa

    Una noche estaba en el estudio terminando trabajo en casa, mi esposa estaba ocupada dictando clase, pero en nuestro cuarto, ya eran cerca de las 10 pm y ella estaba por terminar, yo iba a apagar mi portátil y vi en una de las ventanas de incognito mi correo de Hotmail abierto, en ese mail tengo todo lo relacionado a fotos y videos que me han compartido, mis amigas, mis amantes, mis alumnas, mis exnovias y mi esposa, revisé algunos y vi un video que tenía una duración de unos 15 minutos, me pareció raro que estuviera ahí, ya que los de larga duración los guardo en el drive, lo abrí y me encontré con que eran varios videos de mi esposa unidos en uno solo, cada video no duraba más de 45 segundos, lo comprimí y lo envié a otro de mis correos, apague mi PC y me pase a la sala de la casa, sabía que mi esposa bajaría a buscarme, abrí mi correo en el TV para mostrarle el video, ella me había mostrado algunos de esos videos, otros me los había robado literalmente, espere con paciencia a que ella apareciera, bajo con una pijama de batola muy corta y sin brassiere, conversamos algunas cosas acerca del día siguiente, me ofreció algo de tomar y le pedí un vaso con jugo, me pregunto que estaba viendo en la TV y así empezó este relato:

    Yo: viéndote a ti en tus mejores actuaciones.

    Ella me miro sorprendida

    Esposa: como así mi vida, de que me hablas.

    Yo: ven siéntate amor te muestro.

    Ella se sentó a mi lado aun sin entender lo que le decía.

    Abrí mi correo y le di play al video, ella abrió al máximo sus ojos y su boca al ver las imágenes.

    Esposa: amor de donde sacaste eso, por Dios que locura es esa

    Yo: eso eres tu actuando mi vida

    Esposa: ay nooo amor, que pena

    Yo: ¿pena de que amor? Si esa eres tú, eso es lo que te gusta hacer, no me vayas a decir que no te gozaste esos momentos.

    Miraba muy atenta el video y sonreía de cuando en vez, aumente un poco de volumen en una escena donde ella está siendo penetrada por el culo por uno de los negros con los que estuvo y donde ella gime muy duro al recibir esa culeada.

    Esposa: ¡nooo amor baja el volumen loco!

    Yo: ¿Por qué?, se escucha y se ve que estas feliz mi vida

    Esposa: tú eres muy desocupado amor, como te pones a hacer eso

    Yo: ¿te molesta?

    Esposa: no amor, me sorprendes, eres un loco

    Nos empezamos a besar y yo le baje las tiras del pijama dejando sus tetas al aire.

    Esposa: Déjame veo que la nena esté dormida.

    Bajo y ella misma se sacó las tetas, yo me pegue a ellas con mi boca y metí mis manos en sus nalgas, la gire y la senté dándome la espalda, para que viera junto conmigo el video desde el inicio, deje sus tetas por fuera y no dejaba de tocarlas, el primer video era de ella mamando.

    Yo: ¿a quién se la estas mamando ahí?

    Esposa: a Miguel, ese video es en uno de los moteles que frecuentábamos.

    Ya tenía una de mis manos en su vagina y le daba besos en la oreja, ella abrió al máximo sus piernas para dejarse acariciar.

    Yo: ¿te ponía a mamar mucho?

    Esposa: siempre, cada vez que nos veíamos, se lo chupaba de camino al motel.

    Yo: ¿te gustaba tragarte su semen?

    Esposa: Si, mira como me lo trago ahí, estábamos en el último polvo ese día, me pidió que me dejara grabar mamando y me tragara todo su semen, él me hizo descubrir ese gusto.

    Yo la besaba en el cuello, apretaba sus tetas con una de mis manos y con la otra jugaba con su clítoris, la siguiente escena era de ella cabalgando de espaldas a otro de sus amantes.

    Yo: ¿Quién es ese que te hace gemir tanto?

    Esposa: es Alex, mi exnovio de Bucaramanga, me lo estoy metiendo por atrás, me deje grabar para que Miguel me viera haciendo el amor con otro hombre.

    En el video su amante le pide que lo mire y ella lo voltea a ver con cara de excitación y gimiendo, además está apretándose los senos muy duro.

    En los dos siguientes videos se veía ella mamando, en uno se le venían en la cara y en el otro en las tetas.

    Yo: pero que gusto le tienes a mamar mi vida, mira esa cara de gozo que tienes.

    Esposa: amor, tú sabes que me entrego completa, nunca he hecho el amor sin ganas.

    Yo: ¿quiénes son ellos?

    Esposa: el que se viene en mis tetas es Jose Luis, era un amigo de mis primos los músicos, el que se viene en mi cara es mi primo Julio.

    Ella ya tenía mi verga en su mano y yo no dejaba de jugar con su clítoris y sus tetas.

    El siguiente video que salió es uno de los que más me gusta ver, en el sale mi esposa en cuatro al borde cama y un negro amante suyo metiéndole su verga grande por detrás, ella gime durísimo, él le pregunta si quiere que se lo saque y ella le responde que no, luego él le dice: te la meto toda y ella le dice que sí, el sube sus pies a la cama y apoya sus manos contra la pared y la penetra rápido, duro y profundo, y le pregunta: ¿así perra, así quieres que te clave?, ella en medio de los gemidos, e responde que sí papi, así dame.

    Al ver es video mi esposa se paró del sofá y se quitó las tangas, quedo de espaldas a mí, yo pasé mis dedos desde su clítoris hasta su periné varias veces y sentí su lubricación, me senté bien en el sofá y me baje la sudadera, mi esposa se sentó en mi verga dándome la espalda, mi verga entro sin ningún problema debido a nuestra excitación.

    Yo: te reventó el culo ese negro.

    Esposa: está bastante tomada ese y Kevin me pidió dejarme grabar dándome por el culo, accedí un poco asustada ya que no tenía mucha confianza en él, ese día el me dio bastante licor para que yo me dejara hacer sin problema lo que él quería.

    Yo: pero él ya te había dado antes por detrás

    Esposa: si amor, esa era como la quinta vez, pero aun así mi culo sufría con esa verga tan grande.

    Yo: ves porque te digo que no tienes que sufrir con la mía.

    Esposa: amor, la tuya es más pequeña, pero es más cabezona y más gruesa, eso nos lastima a nosotras, me imagino el dolor que sintieron esas pobres mujeres que desvirgaste vaginal y analmente, no sabes el trabajo que me cuesta aun adaptarme a tu verga y eso que estoy bien rota, jejeje

    Yo la tenía tomada de las tetas y ella se daba unos sentones riquísimos, que hacían eco en la sala.

    Los videos que continuaron fueron de ella masturbándose con sus dedos y con objetos como un control remoto de TV y cepillos para el cabello.

    Yo: ¿para quienes fueron esos videos?

    Esposa: sino estoy mal el primero en el que me veo más joven y estoy frente al computador y me meto el mango del cepillo de peinar por la vagina fue para Miguel, el segundo que estoy en mi cuarto y me masturbo con mis dedos y el control del TV fue para Juan Carlos, el tercero donde me grabo con el celular metiéndome los dedos en la vagina y la cola al mismo tiempo en el baño fue para Salomon y el último lo hice para el profe Ricardo, que me lo pidió para llevárselo para verlo en Bogotá cuando se fue a un congreso por una semana.

    En ese video ella está en posición de perrito, primero tiene metido el mango del cepillo de peinar en la cola y se está acariciando el clítoris con sus dedos muy rápido hasta que se viene, luego sin cambiar de posición e igual con el cepillo en su ano, toma el control del TV y se hace doble penetración, metiendo y sacando los objetos al mismo tiempo, se le escucha gemir mucho y al venirse otra vez acerca el celular, muestra su humedad como evidencia de sus orgasmos y dice: “espero que te guste amor, me vas a hacer mucha falta, así de mojada quiero que me dejes cuando regreses, te amo”

    Yo: pero estabas bien enamorada del profe.

    Esposa: pues si amor, la verdad la pase muy bien con él, pero poco a poco se fue volviendo todo muy pesado e incómodo, se apagó la llama y fueron apareciendo otras personas y todo termino, después de cuando en vez nos acostamos, pero ya no era igual.

    El siguiente video es un streptease que ella hace a pedido de su amante de turno, quien le va diciendo que prenda quiere que ella se quite.

    Yo: ¿para quien es ese streptease amor?

    Esposa: para Jose Luis, eso es una finca donde el me llevo un fin de semana, le gustaba mucho tenerme en ropa interior y tomarme fotos y grabarme, creo que con el primero que me fui a una finca de fin de semana, tenía una verga muy rica, no era muy simpático, pero me culeaba muy rico.

    Los dos siguientes videos son con el mismo amante, en el primero él la tiene al borde cama, con las piernas de ella en sus hombros y dándole profundo y lento, amasando sus tetas y ella diciendo: “vente adentro amor, vente bien adentro”, en el segundo esta ella encima de él en cuclillas dándose sentones rápidos y gimiendo, ella le dice: me vengo papi, me vengo, vente conmigo, ella se saca la verga y se ve como cae el semen de su vagina y ella le dice: “me tiemblan las piernas”.

    La puse en cuatro en el sofá y la penetré sin parar hasta que ella se vino, me pidió que nos paráramos y se recostó contra la pared dándome la espalda y así la volvía penetrar hasta que yo me vine.

    Se volteo me beso, le pregunte si le excitaba verse en los videos y me dijo que le excitaba verlos conmigo. Nos fuimos a la alcoba y volvimos a hacer el amor dos veces más.

  • Con-cierto inesperado

    Con-cierto inesperado

    Hola: Soy Lucía, 40 años, casada, desde hace quince años. Dieciocho, con mi marido. Trabajo de administrativa en la empresa de mi padre. Veinte años ya.

    Allí, conocí a mi marido, y desde entonces, hasta ahora.

    Mi vida, es, una auténtica rutina. Trabajas, comes. Trabajas, duermes. Intento llevarlo bien, porque al final te acostumbras, entras al trapo y tan feliz.

    De sexo, ni hablamos. Nochevieja, el cumpleaños, San Valentín y algún sábado que otro que le pillaba ¡contento!

    Contento, contento…

    -Pues me la metes en un momento.

    Algún día, se lo dije. jajaja, me parto.

    Soy una guasona, siempre estoy con chistes y tonterías. Cuando estoy contenta, me da por hacer pareados.

    Me llaman: La carpeta. Aparte de que estoy flaca, siempre llevo una carpeta en la mano, con papeles, cuando voy a trabajar.

    Alguna vez me han dicho:

    – Que vas al colegio

    L- No

    L: Voy a tomarme un tercio.

    Les hago una peineta y punto.

    Son muy cabrones, en mi pueblo. Pero yo me rio de todos y de todo. Me lo paso en grande.

    Os voy a contar, la inesperada, agradable y placentera tarde que pasé, fuera de mi pueblo, hace unos días:

    Mi marido, tenía una reunión, en otra localidad, y por no quedarme sola en casa, decidí acompañarle.

    Él, tenía una reunión de trabajo, en un hotel. Era una tarde de verano, bastante calurosa.

    Yo iba preparada, para pasear mientras le esperaba, zapatillas, falda cortita y una blusa ancha sin sujetador por el calor.

    -Que vas hacer toda tarde? Me pregunto mi marido, cuando llegamos al hotel, donde tenía la reunión, en una gran avenida.

    Casi enfrente, del hotel, donde se reunía, vi una sala de conciertos, con un cartel que ponía, “HOY MECANO”.

    Pensé lo que pensé y le dije:

    L: Hoy no tengo ganas de pasear. Me voy al concierto.

    – Vale, Ya me gustaría entrar a mí. Me dijo

    L: Te espero ahí enfrente, viendo a mecano. Nos encanta, le dije, tú te lo pierdes…

    -Mecano en la mar- jajaja

    L:  El primero que salga, espera al otro. –Ok –ok…

    Hasta luego cariño, que te sea leve, la reunión.

    Me fui hasta la sala, que acaban de abrir y todavía, había poca gente.

    Saqué la entrada y entré de las primeras, mecano me gustan mucho y quería verlo bien.

    Al entrar, toda la gente que había, estaba junto al escenario y me subí a la planta de arriba, casi vacío y cogí el mejor sitio.

    Justo, delante del grupo, en la barandilla.

    Lo que pensé, que iba a ser un concierto tranquilo, se empezó a llenar de gente y en un momento estaba, abarrotado.

    La, primera pegada a ese muro, Yo.

    Detrás tenía un chico, que según se iba llenando la sala, lo tenía más cerca.

    Como era un poco más alto, estaba como en primera fila.

    Al igual, que la gente por los lados. Ya estaba rodeada

    Estaba a tope, la sala y no me podía, ni mover. Ya costaba, ir a pedir bebida o al servicio. Pero estaba, súper contenta y no quería ni moverme.

    Estaba empezando, el concierto y la gente, empiezan a revolotear, acercándose, para, verlos mejor. Con el jaleo, el chico que tenía detrás, me rozó, el trasero con sus partes, un par de veces. Antes de volverme, a decirle algo.

    Se acercó a mi oído y me dijo con voz entrecortada.

    -Perdona.

    Me pareció que él también estaba un poco apurado. Yo hice un gesto como de:

    L:  Vale no pasa nada.

    -Apurado, apurado, pero bien me la has restregado-

    No pasaron ni diez minutos y empezó a sonar “maquillaje”. Otro movimiento de gente, intentando mirar y bailando, ya tenía al chico de atrás pegado a mi culo.

    Notaba su miembro, como una “nuez” entre mis glúteos y me dio, como un subidón. Antes de reaccionar se volvió a acercar a mi oído y me dijo

    -Lo siento no me puedo mover.

    Me quede paralizada no sabía qué hacer.

    Tampoco podía empujarle para quitármelo de encima, me lo estaba pasando de lujo, y tampoco me quería enfadar.

    L:  Tranquilo, le conteste

    El concierto estaba a tope, como una lata de sardinas, y todos: ¡sombra aquíi sombra alláa, maquiiíllate, maquiiíllate! Un revuelo de gente, exagerado. Pero… me lo estaba pasando de lujo. Claro, tanto saltito, el bailoteo y tanto roce.

    Empecé a notar ese miembro que tenía pegado a mi glúteo, se iba endureciendo. A mí, me dio una sensación de cosquilleo, que se me pusieron todos los pelos de punta.

    Cada vez, estaba más cortada, pero más contenta. Rodeada de gente, sin poder moverme y con esa, nuez entre los cachetes de mi culo. No sabía qué hacer, sin parar de hacer palmas, porque era lo único que podía mover.

    Me quede, paralizada, con el escalofrío en el cuerpo, sentía su respiración en mi espalda. El pobre, muchacho de atrás, suavemente, con sus labios pegados a mi oído.

    Me dice:

    –Que hago, no me puedo mover?

    Era una situación incómoda, pero tampoco me disgustaba, y a su pregunta de qué hago, le contesté:

    L:  Nada

    -No me puedo mover. Pero que bien, has colocado la nuez- jajaja

    Pensé, que era mejor así, él tampoco podía moverse y a mí me empezaba a gustar esos bailecitos con los cachetes “rellenitos”.

    La “nuez”, como que, estiraba. Estaba mutado a “zanahoria”

    Me humedecía, por momentos. Sentía sus latidos, en mis glúteos, según iba creciendo. La cara, la tenía roja, como un tomate y la “humedad” creciendo.

    Allí seguíamos, todos disfrutando del concierto. Eufóricos y gritando, “hawaai bonbaay es un paraiiso”.

    – Estaba más a gusto, que en brazos.

    Con ese miembro rozando, para arriba para abajo a un lado a otro. Mis partes pasaron de húmedas a mojadas y los pezones se iban poniendo duritos. Como a él, cada vez mas…

    Cada rato que pasaba, la tenía más grande y más dura. No pude evitar poner la mano al revés en mi culo, para tocarle el paquete.

    Llevaba un buen rato notándolo, como se iba poniendo durita, con sus latidos y creciendo, quería saber si era de verdad.

    No me pude resistir. Le toqué, el paquete, y sí era de verdad. Lo cierto es que me gustó, se lo sobé de arriba abajo y de abajo arriba.

    -Le acaricié el Paquete como a un perrete- jajaja

    Yo, seguí haciendo palmas y cantando, como si nada.

    Seguidamente, apoyó su mano en mi cadera.

    No pude evitar mover el culo y darle un restregón.

    Estaba tan durito-. Ummm.

    Ya le estaba cogiendo, el gusto. A ese miembro, tan pegadito y tan juguetón. Él, también empujaba suavemente, al mismo tiempo. Se iba “poniendo”, el muchacho.

    Bajaba su mano, por mi pierna, acariciándome el muslo, hasta el final de la falda, seguía acariciándome y mientras, subía la mano, por dentro de la falda, hasta llegar al glúteo.

    Cuando sentía, su mano sobre mi piel, me daban unos escalofríos muy placenteros. Yo estaba súper contenta y bastante caliente.

    El “concierto”, era una locura. Todos animadísimos.

    Y nosotros disfrutando, con vista panorámica del concierto, con la retaguardia vigilada y apretado cachetes. Sin poder movernos.

    Yo estaba, cada vez más mojada, por dentro y por fuera. Rodeada de gente y el roce de la zanahoria ya era tamaño XXL

    Bueno, que estaba cachondisima.

    Todo el mundo, a su bola, yo, no paraba de mirar a los lados, por si alguien se daba cuenta de algo, y nadie se enteraba de nada. Me iba relajando. También, se me estaba pasando el corte que tenía, le movía el culete de vez en cuando. Se lo iba poniendo, fácil al muchacho.

    Me encantaba, tener esa “zanahoria” pegada, me daba una sensación seguridad y excitación. Tenía una sensación de placer, como, que necesitaba un achuchón, me faltaba algo.

    Pasado un rato, se volvió a acercar a mi oído y me susurra muy suave:

    – Te quitarías las bragas?

    – Si las tiro a la pared, se quedan pegadas- jajaja

    Al preguntarme eso, ya, me dio una tiritona, el escalofrío, me quede callada, quieta, me quede, en blanco unos segundos.

    Yo, ya estaba muy mojadita. No sé, qué pasó por mi cabeza.

    Me agaché, como a coger algo del suelo, y me quite las bragas disimuladamente y las metí al bolso.

    No sabía quién era, esa persona, no le había visto ni la cara, pero estaba tan caliente que me deje llevar. No sabía que iba a pasar.

    Y atrás, ese pedazo de “zanahoria”, que me puso tan cachonda, que estuve a punto, de “llegar”.

    Pero allí estaba sin bragas, pegada al muro, como en el balcón. Yo, mandando besos al grupo. Con ese “roce”, que me tenía “satisfecha”

    -Sin bragas y a lo loco.

    Seguíamos “cantando y bailando” pegados. Él, con una mano en alto, como bailando y con la otra acariciándome el muslo y glúteo. Yo aplaudiendo y cantado como si nada, mientras:

    -Le movía el culete-

    -Rozándole todo el paquete.

    Me tenía empapada. Mientras, me acariciaba la nalga, suavemente, por debajo de la falda. Subiendo la mano, a un glúteo y al otro glúteo. Baja la mano y la vuelve a subir, acariciándome, todo el culo, con la mano abierta.

    Otra vez, el bello como escarpias. Y la temperatura, seguía subiendo. Es, cuando se dio cuenta, que me había quitado las bragas.

    Yo, seguía pegada al muro, de obra, que me llegaba por debajo de los pechos. Seguía disfrutando, del “concierto”, pero más pendiente, de seguir jugueteando, con esa “zanahoria”, que seguía pegada mí…

    … Uhmmm. ¡Cómo me gustaba!

    Cada vez que me tocaba, me dejaba, más erizada, temblorosa y un poco más “chorretosa”. Después, tocaba la nalga, muy suave y la parte interior del muslo, subiendo la mano.

    Se me ponía la piel, de gallina, cuando sentía su piel con mi piel.

    Mientras me acariciaba, la zona de la ingle, con el dedo pulgar, me rozaba el clítoris

    Fue rozarme, dos veces y sentir, un escalofrío, Ohhh, que bueno“. Empecé a soltar mis suspiros de placer, mujerr. Mientras cantaba, y me gustó. Contraa Mujer

    Me tenía, a tope, el muchacho. Otro sofocón, otro suspiro el tembleque y tres segundos después, fue rozarme dos veces más y “me vino”. Uno bueno.

    Mientras, chillaba.

    ¡Mujer contra mujer. Pequeñito, pero muuuy placentero. Yo disimulando los gritos. Alucinaba con lo que hacía

    En la cama, casi no se me oye, nunca. Algún suspirito y poco más. Pero allí gritaba de gusto. No me pude aguantar, me gustó tanto que seguía.

    Mientras, disimulaba ¡mujerr contra mujerrr! Desafinando como nunca. Me quede a gustísimo, pero seguía con ganas.

    El concierto, estupendo. Y de vez en cuando, miraba por si alguien, se fijaba en nosotros. Nada por aquí, nada por allá.

    “El trasero, lo tena bien cubierto”. jajaja

    Todos, mirando al grupo y nosotros, restregando, y como si nada. Al momento tenía su pene rozando mis partes, ahora, por debajo de la falda

    Me dio, una impresión maravillosa, una tiritona y un sofoco. La “zanahoria” se había convertido en un “pepino”.

    Me dio, otro subidón, al notar ese “pepino” en la parte baja, entre mis glúteos. Ya se deslizaba por el muslo, alguna gota de mis fluidos, que se salían de los labios abiertos, se notaba que estaban “habrientos”. Parecía hasta más grande. que buen «pepino» se gastaba el muchacho.

    Ummm, ahí pegado. Y yo flipando, temblando de gusto y ansiosa.

    -Que hambre, de pepino, me está entrando- jajaja

    Apoye los codos en la barandilla y el culo para atrás, sin dejar de moverlo. Uhhiih me tenía “Cocida”, a fuego lento.

    Se cogió su pene, disimuladamente, por debajo de la falda y lo puso a la entrada de mi vagina. Estaba tan mojada, que entró hasta el fondo, con un pequeño empujón de él,

    Empezó a sonar “Me cole en una fiesta”

    Ha sido, la penetración, que menos esperaba, aunque estaba deseando. Pero la mejor, que he tenido nunca. Con diferencia.

    Me sentía llena, con ese “Pepino” dentro, tan apretado.

    Me empujaba y sentía, como toda la piel de mi cuerpo, se volvía a erizar y a sudar. Se quedó quieto, unos segundos, bien apretado.

    Como, para que notara, lo que tenía dentro. Uhhii, si lo notaba.

    -El pedazo, que me “calzó”-

    Ese pepino, que entro del tirón y hasta el fondo. Se quedó quieto. Solo empujando, me quede boquiabierta.

    El apretón que me dio, fue suficiente, para darme un gustazo y un tembleque, con otra corrida Que menos mal que estaba cogida.

    -Yo. Agarrada, y el muchacho, me colocaba la “bacalada”-

    Seguía, temblando de gusto y seguía con el culo “preparado”, bien sacado, esperando. No sé qué. Tres buenos empujones. Él apretando y chorreando.

    Lo notaba ahí dentro, dura, quieta. Lo imaginaba dándome caña y me ponía más. Al mismo tiempo, toda la sala coreando “En tu fiesta me cole”, con los brazos en alto. Fue increíble. Pensé:

    -Parece que, me están haciendo la ola-

    Yo flipaba en colores. Vaya casualidad la canción.

    -Cocaa-cooola paraa todooos y aalgo de comeeer. Coreaban.

    Pero buen rollito. Nosotros a lo nuestro.

    –Dale grandullón dale-

    Solo le veía un brazo, un rato uno, al ratito el otro.

    Sin parar de movernos pero bien pegados seguíamos disfrutando del “concierto”. Mientras con su dedo, mojado de saliva, jugaba con mis pezones.

    -Me tenía, en su punto-

    Yo estaba, como en éxtasis, no me lo podía creer. Estaba “desbocada”. Unos movimientos, de culete, al ritmo de la música. Unos empujoncitos, mientras me acariciaba.

    una rosa es una rosa. Cantando y gozando. Era un escándalo. No se notaba, con el jaleo, pero, me daba igual. Me ponía a cien el muchacho.

    -Muchacho. Muchacho, me la cuelas, si me agacho-

    Me dio, dos o tres empujones. Y quería más, me faltaba un “toque” para llegar. Me lo estaba pasando de puta madre. Pero con un “ansia”

    El concierto, era una pasada y lo que tenía dentro, ya te cuento.

    Pensaba, que me había vuelto loca,

    -Que estás haciendo Lucia?

    Me preguntaba a mí misma.

    Ahh. Qué bueno.

    Me contestaba, yo no quería saber nada, ni de mí misma. jajaja

    Estaba encantada, con la mano, medio en alto, para disimular

    Era por instinto. Porque ya me daba igual el concierto. El disimulo, y todo. Era tan suave, me tocaba, con las yemas de los dedos y me deshacía. No quería levantarme mucho más, por si se salía. Ahora no la podía dejar escapar.

    Quería seguir, le apretaba, umm aún me gustaba más. Temblaba, sudaba, le daba culadas. Que nervios de gusto, con que ganas le culeaba. Tenía, la altura justa, para llegar al sitio. Entraba de lujo.

    -Era, el muchacho a medida-

    -Que bien le cuadraba todo- jajaja

    Ahora suena “Hoy no me puedo levantar “y disimulando, con el culo en su “sitio” bien sacado y la cabeza casi apoyada en el muro.

    Yo chillaba como una loca, “hoy no me puedo levantar, “y disimulaba los jadeos.

    En mi vida he gritado tanto, mientras hacia el amor. Pero ahí, al ritmo de la música, todos gritando.

    Me sentía libre y “llena”. El fin de semana me dejo fatal.

    “Venga cantar”. jajaja

    Sentía, su aliento en mi nuca, él también estaba cachondo. Estaba dentro y durísima. Yo empapada, de sudor y de lo que, no era sudor.

    Acababa la canción que estaba sonando, y empieza a sonar “Me cuesta tanto olvidarte” y apagan las luces. Todos, sacaron los mecheros o los móviles, con la mano en alto, de un lado a otro.

    “Yo también saque, pero el culo” jajaja

    A estas alturas, ya me daba igual, solo quería llegar, a otro orgasmo. Llevaba un buen rato, caliente, caliente, Esperando.

    Que llega, que no llega. Ahora, si si si, nooo, cuando no era, un empujón por aquí, era por allá.

    Solo quería disfrutar. Y acabar la faena.

    –Esta es la mía.

    Empecé a darle con el culo a delante y atrás.

    Yo también estaba deseando empujarle y al apagar las luces, me dije:

    -Dale caña, Lucia.

    A la tercera, o cuarta culada, que la dí, él también empezó el pum pum, pum pum, iba cogiendo ritmo, el muchacho.

    Cada vez más rápido y otra vez, que gustazo, en mi vida he disfrutado tanto, yo pensando

    -Que me corro, que me corro- ahora siií.

    Me cuhestahá tahntohoh Ohlviiidahteh.

    -uhfff, que subidón, escalofrió, tembleque y por fiiin..

    En ese momento acabó la canción y encendieron las luces

    Estaba alucinando, Todo era un “flash”.

    La música, las luces, tres o cuatro minutos a oscuras, los móviles a un lado y a otro. Parecía una película. No podía abrir los ojos. Todo me daba vueltas.

    Que sensación, de mareo y placer, al mismo tiempo. En dos palabras… “In-creible”

    Me tenía “empotrada”, con esos dedos, me acariciaba los pechos suavemente, por debajo de la blusa o el clítoris por debajo de la falda,

    Con la derecha me tocaba el clítoris suavemente o con la izquierda los pechos. Yo estaba, cada vez más “como una sopa”.

    Pusieron la canción, “Barco a Venus,” que me encanta y empecé a darle culadas otra vez, la sentía dentro de mí. Me gustó tanto que quería más. También quería empujar, y empecé pum, pun. A darle un poco más de caña.

    Que bien encajaba.

    Él, la tenía dura, como una piedra, y notaba su jadeo, yo seguía, con el pun, pun, con cuidado, de no sacarla, porque estaba súper mojada y estaba casi apunto, otra vez

    -Que lleeego, que lleego, Oh, nooo!

    Yo seguía apoyada, con los brazos y la cabeza en la barandilla, sacando culo. Estaba agotada ya. Deseando acabar, me faltaban dos empujones.

    Eché, la mano para atrás, le cogí del culo y me lo empujaba hacia mí. Mientras le culeaba.

    “Esto, es perreo y no lo de Sakira”

    Me entraron unos calores, que al cuarto o quinto empujón, me vino otra vez, si si siií, subidón! Barcohhh aAhh venuhhhs!

    Que pedazo de orgasmo. Guahh

    Él empezó a acelerar el ritmo pin, pan, pin pan, pin, pan.

    Levantaba los brazos a un lado y a otro, mientras empujaba.

    . ¡Bahhhco ahh veenuhhs! Seguía alucinando, ya no me salía ni la voz y estaba tan mojada, que ya me chorreaba por la rodilla.

    -Que corte-

    Estaba a punto de marearme. Él seguía, a su ritmo cada vez, más rápido. Me cogió por la cintura, pero ahora, con las dos manos, apretando bien.

    Me pegó cuatro buenos achuchones y yo gritando ¡bahhroohh enuhhhuh!

    Yo seguía, agarrada, cada vez me movía menos.

    Me la metió hasta el fondo, apretando bien y se quedó quieto empujando. Como al principio. Mientras… se corría.

    El sentir su semen calentito dentro de mí, tuve una sensación de paz y tranquilidad. Fue una gozada

    De repente, otro escalofrió y ¡ohohhUfff!

    Otro orgasmo, ligero, que no me lo esperaba, y menos al mismo tiempo que él. Era un sueño.

    “Sueño, sueño agáchate, que te lo enseño”. jajaja

    Solo me venían, tonterías a la cabeza, de tanta felicidad.

    El muchacho, cuándo acabó de empujar, guardo disimuladamente su miembro.

    No sabía, cómo asimilar tanta felicidad. Esto es, una “maravilla”

    No me podía ni mover. Me temblaban las piernas como nunca.

    En mi vida, me había pasado nada parecido.

    Que agotamiento, dioos.

    Ahora sí, me apoyaba bien a la barandilla, pero para no caerme al suelo. Parecía una borracha hay tirada con cara de felicidad y pelos de loca. Me rozaba los muslos, resbalaban. Estaban empapadisimas.

    Veo, casi a mi lado, un chico, apoyado con una mano y con la otra, se la tenía cogida y meando.

    En el muro. ¡Qué asco!

    Fue imaginar, el chorrito. No, podía. Me, meé encima.

    Tal cual, sin moverme, ahí de pie.

    Qué vergüenza, y que a gusto me quede.

    Bueno, las zapatillas se quedaron un poco perjudicadas.

    El que tocaba la guitarra, que llevaba toda la noche viéndome como bailaba (de cintura para arriba), gritando y haciéndole gestos todo el concierto, ahora me miraba y sonreía.

    Creo que se dio cuenta.

    Estuvo mirándome toda la noche. Como me tenía enfrente. Me vería la cara, desencajada, con los ojos cerrados o en blanco, la mano que ya no subía, del agotamiento, y gritando de gusto. ¡Qué corte!

    El guitarrista, ahora me mira, sonriendo y asintiendo con la cabeza.

    Yo a él, le mire riendo y con cara de felicidad. Con la mano, le hacia el gesto con el pulgar en alto como de:

    ¡De puta madre tío!

    -La cara, es el espejo del alma- jajaja

    El concierto ya estaba a punto de acabar.

    Mientras, yo me limpiaba los chorretes de las piernas, con las bragas (porque no tenía otra cosa).

    Las zapatillas encharcadas de pis. Y los pelos de loca.

    -Que hago ahora?

    -“Tierra trágame,” Pensé.

    Estaba sonando la última canción y la gente se empezaba a ir.

    Me di la vuelta, muerta de vergüenza, para verle la cara y sin saber, que le iba a decir o cómo iba a reaccionar.

    Al darme la vuelta ya no había nadie detrás, miré a los lados.

    -No vi ningún, brazo que me sonase- jajaja.

    Volví a mirar y nada, Había desaparecido.

    Habíamos estado, casi una hora, disfrutando como locos (por lo menos yo).

    Restregando cebolleta. Había disfrutado como nunca.

    Era lo único que me interesaba. Lo que me llevaba puesto.

    Apareció de la nada y desapareció.

    Ni siquiera le vi la cara, ni sé el aspecto que tenía.

    Yo, toda la noche, siempre mirando para adelante, al grupo. Solo quería disfrutar.

    Y como, si no fuese conmigo

    Pensé que era lo mejor, no conocerlo. Eso fue una locura, muy agradable. Pero imposible de repetir.

    No había sentimientos, nada de amor. Fue, sexo puro y duro, Pasó lo que paso y punto. Fue como un sueño muy húmedo.

    Fui al baño, a ponerme las bragas y hacer un pis, tranquila.

    Estaba sentada en el váter, agotada, pensando lo que me había pasado. Solo me venían, imágenes del pepino, incrustado entre mis glúteos y del pin pan, pin pan.

    Allí sentada, tomando aire, como ¡flotando! Dudaba si sería un sueño.

    Con un desconocido, en una sala llena de gente, un polvazo y varios orgasmos. No podía ser.

    Resulta que el segundo, mejor que el primero y el tercero, mejor que el segundo y así.

    “No te acostaras sin saber una cosa más”

    Cuando cogí las bragas, para ponérmelas, estaban mojadisimas, y me dije: Lucia:

    No es, un sueño.

    -Te han echado, un polvo “Sureño”- jajaja

    Tiré las bragas a la basura, bebí agua del grifo, me moje la nuca, la cara, me arregle el pelo, y salí de allí.

    Estaba flipando, súper relajada y más feliz que una perdiz.

    Salí de allí con una sonrisa de oreja a oreja. No se me iba de la cabeza. Todavía me costaba caminar, estaba floja, floja.

    -Y el chichi como una milhoja- jajaja

    A la salida, un motón de gente saliendo, yo me iba al hotel, donde estaba mi marido, a esperarle.

    Al llegar a la calle, vi en la acera de enfrente, una mano en alto, que me hacia una señal, pensé:

    -No será el muchacho.

    Esperándome? me pregunte.

    Me dio, como un sofoco, pero de susto. Tenía que esperar a mi marido y ya no podía tontear más.

    La mano, seguía en alto y al fijarme bien, me di cuenta, que era mi marido, esperándome. Menos mal. Ya suspiré, de tranquilidad.

    Al encontrarnos, me pregunto:

    -Que tal el concierto?

    -Parece que bienes de la guerra

    L:  Te has perdido, el mejor concierto de tu vida, le conteste.

    He disfrutado, como una loca y bailando toda la noche, qué de gente, cari, estoy reventada.

    -Mucha gente, y me la han colado hasta la frente-

    L:  Sin poder, ni ir al servicio y a palo seco.

    Si lo llego a ser, me pillo una botella de agua antes.

    L:  Tengo la boca, como una alpargata. No puedo ni con mi alma. Me duele todo. Le decía.

    -Vamos a tomar algo? me pregunto.

    Yo estaba seca y hambrienta. -Vale, le dije. Cenamos algo y nos vamos a casa.

    Estaba deseando irme a la cama, no me podía mover.

    Quería. Ducharme y hacer un repaso, de lo que había pasado. Estaba “Reventada “y “Alucinada”

    “La realidad supera la ficción”

    Espero, que os haya entretenido un rato, mi historia. Yo cada vez que lo recuerdo acabo mojada y han pasado más dos meses.

    Continuara…

    Moraleja

    Cuando tengas la oportunidad, de darle una alegría al cuerpo, no la dejes escapar. Porque se marchará y con las ganas, te quedaras.

    Confundio

    María Grindder

  • Mi primera experiencia como sumisa (parte 2)

    Mi primera experiencia como sumisa (parte 2)

    Bajé las escaleras de prisa mientras llamaba a un taxi,  nada me importaba más que llegar a casa, la espera y el viaje fueron los minutos más largos mientras mi cabeza era un sinfín de pensamientos, no tenía la más mínima idea de que decirle a Sasha, todo lo que pensaba me sonaba ridículo y ni decir de las imágenes que se me cruzaban eran las de Carlos Matías haciéndome tantas cosas.

    Mientras me seguía hundiendo en mis pensamientos escucho una voz que me decía: señorita, señorita, hemos llegado, ¿está bien? – Sí, sí respondí, pagué y bajé del vehículo.

    Mi sorpresa fue grande cuando veo a Sasha esperándome en la puerta del edificio. Me acerqué a ella mientras le trataba de sonreír, pero su mirada era de rabia, pocas veces la había visto tan enojada. Cuando llegué donde ella intenté darle un beso, pero fui rechazada.

    – ¡¿Tanto demoraste en llegar?! ¡No llevé mis llaves y tuve que esperarte todo este tiempo bajo la lluvia!, te llamé 11 veces y no contestaste, ni te importé en todo este tiempo. Me reclamó.

    Busqué las llaves en el bolso y entramos al edificio, subimos a nuestro departamento en el segundo piso sin decir ni una palabra, al entrar le dije: De verdad lo lamento mucho, ya sabes que a veces se me olvida que pongo el teléfono en modo silencio y bueno no veía a mi amigo de hace mucho, ni sabía que estaba acá. No me percaté en el tiempo que pasó.

    Sasha no quiso ni mirarme, mucho menos escucharme, solo me dijo: no tengo ánimos de escuchar tus justificaciones, solo quiero darme un baño.

    Como para tratar de calmar su enojo me puse a prepararle la cena, esperando que eso la calme, abrí la nevera y con lo que había podía prepararle una sopa castellana, al menos la ayudaría con el frío que había sentido, pensé.

    Mientras cocinaba escucho que sale de la ducha, trato de apurarme y al terminar voy a la habitación llevándole la comida… – amor te preparé la cena, está caliente, no terminé de hablar cuando me dijo un rotundo: No, gracias. Voy a dormir, mientras me miraba fríamente, de esas miradas que sólo ella sabía darme y que me congelaban de inmediato.

    Bueno era entendible su enojo así que me preparé un café y me senté en el sofá, mirando mi taza de café recordé todo lo que aquel aroma me hizo vivir, sola en el mueble mi mente viajó al departamento de Carlos Matías y lo que había pasado esa noche, en lo que yo había sido capaz de hacerle a Sasha, de lo que yo misma había podido ser capaz de hacer, como fui cediendo a mis más bajos instintos con un hombre al que acababa de conocer y solamente había compartido un café.

    En esos momentos recordé cada segundo a su lado, cada azote, cada beso, cada palabra y como se fue apoderando de mi tan sólo con su presencia. Sin percatarme estaba presionando mis muslos mientras me sentía completamente húmeda. Mierda, como podía ser capaz de seguir sometiéndome aun estando tan lejos.

    Empecé a tocarme pensando en él, sintiendo mis dedos suaves y húmedos deseando que fuera su pene el que se frotaba e introducía en mi vagina, cada dedo que metía me excitaba más, era como tenerlo a él, lo veía en mis recuerdos, en mi mente, casi podía tocarlo, sentía su aroma, su perfume, hasta su sudor en mí.

    Después de unos minutos de tanta excitación me volví a venir acabando tan cansada, pero complacida, que pensé en tomar un poco de fuerzas cerrando mis ojos quedándome dormida hasta la mañana siguiente, al despertar me veo con una manta encima – todavía se preocupa por mí, pensé, seguro Sasha ya no está tan enojada – por lo que decido mandarle un mensaje: Gracias por cuidarme amor, espero que esta noche podamos conversar sobre lo que pasó y que ya no estés enojada conmigo. Ten un muy buen día, recuerda que te amo, besos.

    Decido meterme a la ducha; mientras estaba de pie desnuda recibiendo el agua tibia por mi cuerpo y tratando de “quitarme” las huellas de Carlos Matías, pero ¿que estoy haciendo? Me pregunto, reflexiono el daño que podría causar a Sasha y a mí misma por lo que decido que todo quede como una aventura, que ya no puedo volver a verlo todo esto es muy peligroso para mí y debo detenerme.

    Así inicio mi miércoles, me preparé unos huevos benedictinos y una taza de café; al terminar de desayunar salgo a las citas que tenía ya programadas. En cosas del trabajo se termina mi tarde y al caer la noche antes de ir a casa paso primero al supermercado por unas cuantas provisiones, casi no había comida en la alacena y quería prepararle su plato favorito a Sasha.

    Llego y voy a la cocina para preparar la cena, sentía tantas ganas de abrazarla y que todo se arregle. Ya no quería pensar más en Carlos Matías ni en todo lo que me hizo. ¡Ya basta!, el viernes no irás a ningún lado, amas a Sasha, no puedes tirar por la borda 4 años de relación por una simple aventura, me repetía. Pero Carlos Matías estaba lejos de ser solo una aventura, él iba a cambiar mi mundo para siempre, algo dentro mío lo sabía, pero no estaba dispuesta a aceptarlo.

    Sasha no demoró en llegar, cenamos tranquilas, le volví a pedir perdón y a prometer que no volvería a pasar. No la veía muy contenta pero aun así accedió a beber una copa de vino conmigo, mientras ella tomaba yo me puse detrás de ella y empecé a hacerle un leve masaje en el cuello y espalda, sabía que eso le encantaba por lo que luego de un rato me agaché para besarle el cuello, sus orejas, la giré y empecé a besarle los labios.

    Casi le arranque la blusa mientras caminábamos al dormitorio donde entre besos y caricias terminamos en ropa interior, le quité las bragas y me puse entre sus piernas para lamer esa hermosa vagina que tanto me gusta, sentía como le fascinaba que hiciera eso, mientras jugaba con mi cabello y me jalaba un poco empezó a escurrir de tanta excitación, me dijo, quiero probarte también, así que me senté en su cara, mientas movía mis caderas y jugaba con ese cabello castaño medio corto que tiene, ella me lamía haciéndome humedecer más, pero también quería sentirla por lo que me inclino y empezamos a hacer un 69, gemíamos tan fuerte que sentía que todo el mundo nos podía oír, cada una comiéndonos por completo hasta que ella se detiene y me dice: espera, usemos algo, abre el cajón del velador y saca un dildo doble, me lo introduce y ella hace lo mismo, está montada encima mío podía sentir como teníamos hinchadas nuestras vaginas frotándose mientras nos penetrábamos con el dildo, me apretaba los pechos fuertes, así deslizándonos ella sobre mi tuvimos un orgasmo muy intenso quedando acostadas por unos minutos.

    Al cabo de un momento le digo: vamos a bañarnos que estamos llenas de sudor, entre risas nos metemos a la ducha, nuevamente allí empezamos a tocarnos, a besarnos, me chupaba los senos como nunca lo había hecho y yo a ella. Metí mi pierna entre las suyas y ella hizo lo mismo conmigo nos empezamos a frotar las vaginas, era tan delicioso, aún con el agua podía sentir como lubricaba, como se sentía lo tibio de sus fluidos. Ay, amor, así, así córrete, córrete para mi le dije, mientras la sostenía desde una de sus nalgas apretándola y moviéndome más y más rápido. Esa noche tuvimos muchos orgasmos, terminamos agotadas y complacidas. Hacía mucho que no teníamos un encuentro sexual tan intenso.

    El día siguiente todo fue normal entre ella y yo, éramos felices, pero dentro mío quería más, quería a Carlos Matías, a pesar de saber que no lo volvería a ver deseaba su presencia, deseaba sentirme sometida por él, a su antojo. Dejando de lado las ideas en mi cabeza fue un día normal, cené con Sasha y luego nos dormimos mientras veíamos nuevamente una serie que debimos de haberla visto ya unas 10 veces tranquilamente.

    Cuando me di cuenta ya era viernes, no voy a ir a ningún lado, es mejor que esto acabe de una vez. Haré mis cosas normales, por la noche cenaré con Sasha y punto, cuando me dé cuenta el día habrá acabado, me dije.

    A las 7 de la noche me metí a bañar, cuando salí me puse un vestido azul con medias negras transparentes y botas de taco alto. Voy a sorprender a mi novia, me dije, pero mi teléfono sonó: – Hola amor ¿Ya llegas? le pregunté. – Lo siento cariño salió una reunión de trabajo de último momento creo que esto puede demorar un poco.

    Bueno ni modo, decidí salir a caminar al fin y al cabo ya estaba cambiada, no hacía tanto frío, pero cuando me percaté, estaba nuevamente frente a los jardines Falcone e Borsellino mirando ese edificio que tanto me gustó la primera vez que lo vi, mis pies caminaron de manera automática entrando y subiendo al 3er piso.

    ¡Mierda! ¿qué hago acá?, me dije, vi el reloj y eran las 8:10; con temor, pero a la vez como una emoción que me recorría de pies a cabeza, toqué el timbre y salió él, me miró enojado y me dijo: “Llegas 10 minutos tarde, te dije claramente a las 8, pasa perra”. Lo miré con asombro, le dije, ¿buenas noches no? A lo que él respondió: Parece que no entiendes que por cada cosa que hagas mal tengo que castigarte. Me daba incertidumbre ese “castigo” aunque dentro mío lo deseaba, entonces me llevó a una habitación decorada entre negro y rojo, tenía una serie de cosas de cuero y cadenas, algunos muebles, honestamente estaba tan nerviosa que no recuerdo al detalle todo lo vi, pero si recuerdo que me llevo hasta una estructura con forma de aspa forrada en cuero, con unas correas en cada extremo.

    Quítate el vestido me ordenó, volví a sentir ese poder que tenía en mi para poder hacer conmigo lo que él quisiese. Quedé con las medias y las botas, me colocó frente a esa estructura y me ató los tobillos y muñecas con las correas formando una X con mi cuerpo.

    Por cada vez que hables aumentaré uno más, dijo, terminando de escuchar esas palabras sentí un látigo en la espalda. Me tomó por sorpresa y mi reacción fue de gritar

    – Ayyy!!! Pero que ha….

    – ¡Silencio! Escuché mientras caía otro azote en mi espalda, te dije que te daría uno más si hablabas, ahora serán 21, te faltan 19.

    Así pasaron los latigazos, uno tras otros, en diferentes partes de mi espalda, parte de atrás de los muslos y nalgas… me ardían esas zonas e imaginaba que mi piel debería estar ya muy roja cuando me dice: Tienes que aprender a ser puntual con tu Amo, – ¿Mi qué? Pensé, no entendía que quería decirme con eso, pero de una u otra forma me dominaba totalmente y no estaba muy lejos de que esa palabra sea tan real, todo mi ser reaccionaba a sus órdenes.

    Mientras pensaba todo eso sentí el último azote en mis nalgas y procedió a pararse detrás mío pegándome todo su cuerpo, podía sentir su aroma empezó a tocarme el cabello y mi cuello, ya puedes hablar me dijo, a lo que respondí: ¿Querías que venga para esto?, ¡No! me respondió, aunque sólo aumentamos algunos azotes, espera…

    Terminando de decir eso se alejó, fue hacia una mesa y vi que agarro algunas cosas, vino donde estaba yo así tan indefensa, pasó una de sus manos por mi espalda hasta mi cintura me rodeo y llegó a mi vagina que estaba completamente húmeda me frotó un poco mientras que yo trataba de moverme para sentirlo más pero las ataduras me impedían todo, muy rápido retira su mano y me agarra del cabello jalándolo un poco hacia atrás, mientras que con su otra mano empieza a introducir una bola pequeña por mi ano, luego otra y así poco a poco, logra meter todas las bolas chinas, me suelta del cabello y me da una nalgada.

    Me libera de las manos y tobillos y me dice: arrodíllate perra, desde hoy vas a saber que tú lugar es así, arrodillada ante mí, no me vas a ver ni hablar hasta que Yo te dé permiso. Ahora besa a tu amo.

    Mirándolo hacia arriba intento pararme para besarlo cuando escucho: shhh no te dije que te pares, bésame desde allí, mi cara apenas llegaba a su zona media pero estaba a un metro de distancia y no entendía como besarlo pero moría por hacerlo, me inclino hacia él para intentar besarle al menos las piernas pero se aleja por lo que caigo un poco y quedo a sus pies, no me había fijado que estaba descalzo pero no me importaba empiezo a besarlo, despacio sus dedos, su empeine, subo un poco y logro llegar a sus rodillas… él se acerca un poco y puedo seguir mi recorrido por sus piernas aunque sólo sentía la tela de su pantalón pero yo seguía besándolo, hasta que llego donde estaba su pene, aprecio un bulto y puedo sentir su dureza.

    Lo quieres, ¿no perra?, deseas tenerlo en tu boca, me dice. Y la verdad lo deseaba con ansias, lo beso y lo lamo por encima dejando mojado su pantalón hasta que él decide sacarlo, rápidamente me meto su pene a la boca y empiezo a chuparlo, besarlo, lamerlo, disfruto tanto hacerlo. Mas antes ya había estado con otros chicos, pero nunca había sentido tanto deseo, por eso es por lo que mi bisexualidad conectó más con el lado femenino.

    Pero Carlos Matías era distinto, tenía poder sobre mí que realmente no sabía cómo lo había adquirido. Seguía devorándome su pene cuando me vuelve a jalar del cabello retirándomelo de la boca, me deja arrodillada en el suelo agarra mis manos colocándolas a mis espaldas y me esposa, me pone el cuerpo hacia adelante como si estuviera en 4 pero con las manos atrás donde mi cara estaba prácticamente en el suelo y empieza a tocarme la vagina.

    ¡Pero que mojada estar perrita!, ¿deseas a tu Amo?

    Sí, por favor, métemelo.

    Si ¿Qué?

    No entendí al momento, cuando me da una nalgada muy fuerte volviéndome a hacer la misma pregunta. Y me llega la respuesta a la mente.

    Sí Amo, respondí.

    Terminé de decirlo cuando siento como su pene frotaba mi vagina, como se deslizaba entre mis labios introduciéndose, como presionaba por dentro entre su pene con las bolas chinas, empieza a moverse penetrándome fuerte mientras jalaba el juguete, sacaba algunas bolas y luego las volvía a meter, pero sin dejar de penetrarme, sigue moviéndose cada vez más fuerte sintiéndolo encima de mí, pero no me importaba, disfrutaba cada segundo que me hacía suya. Yo gemía pidiendo más y más sentía que en cualquier momento tenía un orgasmo, mi cuerpo se estremecía cuando siento que jala con fuerza el juguete, sacando todas las bolas chinas de golpe, pero mete dos de sus dedos en mi ano moviéndolos en círculos, todo eso mientras no dejaba de meterme su pene cada vez más fuerte, no resistía más y siento como estoy al borde del orgasmo cuando él se detiene saca su pene de mi vagina y lo mete en mi ano, prácticamente me empieza montar mientras con sus dedos frota mi clítoris, toda tú eres mía perra me dice, y sí, él hacía con mi cuerpo lo que deseaba y mi mente la tenía completamente dominada, entre gemidos, jaladas de cabello y yo aún sin poder mover mis manos siento como empiezo a tener un orgasmo extasiada y con ardor en varias partes de mi cuerpo por los azotes sólo disfruto esa sensación y me dejo llevar cuando en un momento todo se detiene, Él me hace acostarme de lado y me coloca el pene en la boca terminando dentro haciendo que unas gotas de semen se me escurra por los labios.

    Agotada pero llena de emociones trato de incorporarme, me quita las esposas e intento limpiarme las mejillas, pero Él me detiene…

    – Te vas a quedar así Katia, eres mía recuerda.

    – Pero ya debo irme, es muy tarde.

    – Perfecto, te irás así.

    No sabía que responder, pero me excitaba la idea de salir así “marcada” por Él, me quedé sentada en el suelo con una serie de pensamientos por mi cabeza hasta que mi celular vibra… era Sasha, ¡diablos! ¿Y ahora que le digo?…

    Continuará.

  • El vestidor privado

    El vestidor privado

    Mi nombre es Karen y llevo varios años con Rubén, mi pareja y a pesar de que nos amamos la pasión ya no era la misma. La rutina se había instalado en nuestras vidas.

    Pero un día sucedió algo que cambió todo esto. Yo tenía una amiga llamada Melissa que había conocido en un gimnasio.

    Melissa era mucho más joven que yo, tiene el cabello castaño, piernas largas, una hermosa figura y un bonito rostro, aunque ya empezaba a mostrar algunos rasgos de madurez.

    Nuestra relación comenzó poco a poco, nos saludábamos en el gimnasio y salíamos a tomar algo después. Con el tiempo ella sabía ya muchas cosas privadas de mi vida y yo de ella, porque confiábamos una en la otra. Ella se enteró de mis problemas con Rubén sobre la monotonía.

    A pesar de que era más joven que yo, congeniamos en muchas cosas y nos hicimos buenas amigas.

    El primer acercamiento que tuve con ella fue en el gimnasio cuando nos estábamos cambiando. Estábamos hablando tan cerca una de la otra que estuvimos a punto de darnos un beso, pero no lo hicimos. No sé porque tuvimos ese acercamiento ya que no me atraían las mujeres en aquel momento.

    Una mañana me llamo por teléfono como era habitual, y me pidió quedarse unos días en el cuarto de huéspedes, ya que iban a hacer unas remodelaciones en su casa.

    Desde luego, le ofrecí mi ayuda. Nuestro cuarto de huéspedes es grande y tiene su propio vestidor privado.

    Al llegar a la casa Melissa traía un vestido con falda que se le veía muy bien. Le presente a mi esposo y esa noche cenamos y platicamos un poco.

    – Tienen una linda casa – Dijo Melissa

    – Gracias Melissa, puedes quedarte con nosotros los días que quieras – Le dije entusiasmada

    – Gracias Karen, espero que solo sea un par de semanas – Respondió con una sonrisa

    Un olvido afortunado

    Cuando Rubén y yo nos íbamos a acostar, me dijo que algo que me preocupo un poco

    – Karen, olvidé apagar la cámara de seguridad del vestidor – Me dijo

    – Debes apagarla – De acuerdo Karen, iré mañana y la desconectaré

    Pero al día siguiente Melissa entro al vestidor con unos vestidos. Se quito el que llevaba puesto, quedando en ropa interior.

    – Mira Rubén, debemos apagar esa cámara, estamos invadiendo su privacidad – Volví a recordarla

    – Si quieres puedo desconectar este monitor – Me respondió

    -Espera, quiero ver como se le ve ese vestido – Le respondí

    – Esta bien – Me dijo

    Cuando traía puesto el vestido saco su teléfono y se tomó un par de selfies.

    Poco después volvió a quitarse el vestido y para nuestra casa sorpresa también se quitó el brassiere.

    Afortunadamente en ese momento estaba de espaldas, sin embargo, en un movimiento inesperado también se quitó las bragas, dejando al descubierto sus nalgas blancas, hermosas por cierto.

    – ¿Quieres que lo apague? – Me pregunto Rubén sin dejar de ver la pantalla

    – No te veo con intenciones de apagarla. Está bien, disfruta el espectáculo, debo admitir que es atractiva – Le dije

    De pronto Melissa giró y comenzó a ponerse otra braga distinta. Mientras lo hacía,

    pudimos apreciar su vello púbico de color negro y sus labios mayores.

    Cuando se colocó la prenda notamos que le gustaba tocarse, a veces por encima de la braga y otras veces metía su mano en ella.

    Aún hay pasión entre nosotros

    Esa fue la primera vez que observamos a Melissa en el vestidor y en ese momento Rubén comenzó a besarme apasionadamente, y acariciarme los senos.

    -¿Que pasa Rubén? ¿Te calentó ver a mi amiga desnuda? – Le pregunte en tono juguetón

    – Si, mucho – Me respondió visiblemente excitado

    En el fondo a mí también me agradaba mucho lo que estaba viendo, tanto que me comencé a sentirme un poco húmeda.

    Me quité la falda y metí mi mano por debajo de mi braga. Rubén se colocó delante de mí y me ayudo a quitármela. Una vez que el estuvo debajo comenzó a besarme mi zona íntima

    Poco a poco Rubén besaba mi vulva con sus labios y usaba cada vez más su lengua.

    De pronto Rubén se puso de pie se colocó detrás de mí, me tomó por la cintura y entró dentro de mí lentamente.

    Inevitablemente empecé a gemir de una forma muy sexy. Rubén se movía de atrás hacia adelante mientras me hacía el amor muy rico por detrás.

    Esa fue la primera vez que Rubén y yo tuvimos sexo mientras Melissa se cambiaba la ropa interior.

    Una propuesta inesperada

    Cuando terminamos de hacer el amor, le dije algo a Rubén que no esperaba.

    – ¿Has pensado con ella mientras estás conmigo?

    – Si, por momentos pienso en lo que vimos – Me respondió

    – ¿Qué es lo más te gustó de ella? – Le pregunté con curiosidad

    – No sé, deberíamos hablar de otra cosa

    – A mí me gustaron sus pechos, son muy redondos a diferencia de los míos.

    – No sabía que te gustaban las mujeres – Me dijo

    – Yo tampoco sabía hasta que nos mostró su cuerpo desnudo, debo admitir que es muy bella. Se que la deseas y que te gusta. No te culpo, es normal que desees estar con alguien como ella

    -Si, es verdad, es muy bonita, he pensado mucho en ella, no esperaba ver su cuerpo, pero también pienso en ti, claro – Se sincero conmigo

    – Ve con ella, satisface tus fantasías más profundas. Prefiero que lo hagas con mi consentimiento a que lo hagas a escondidas y me engañes

    – No sé si ella desee estar conmigo

    – Acércate a ella desnudo mientras se está bañando y veamos que pasa

    – ¿Estás segura de esto? – Le pregunte

    – Si, no pasa nada – Me respondió

    Melissa explora su sexualidad

    Melissa entro al cuarto de baño se desnudó y se colocó debajo de la regadera. He de mencionar que ahí también hay una cámara.

    Mientras estaba de pie en la Regadera, comenzó a acariciarse los senos.

    Poco después Melissa se sentó en un borde, se abrió de piernas y comenzó a tocarse.

    Esa era la primera vez que admirábamos sus labios mayores de esa forma.

    -No creo que se detenga hasta tener un orgasmo – Le dije a Rubén

    Rubén no decía nada, estaba idiotizado viendo lo que sucedía

    Melissa no dejaba de acariciar su clítoris de forma circular.

    Su dedo medio la ayudaba a sentir que le estaban haciendo el amor, ya que los sacaba una y otra vez. Sus jadeos poco a poco se convirtieron en gemidos muy sexys.

    Finalmente Melissa comenzó a gemir de forma más aguda. Estaba teniendo un orgasmo de lo más rico, mientras Rubén y yo la observábamos a través de la cámara oculta.

    Cuando Melissa terminó, sus mejillas estaban ligeramente sonrojada, sus pezones erectos y su vulva visiblemente húmeda.

    Entonces Melissa se puso de pie y abrió la regadera para ducharse.

    – Ve Rubén, esta es tu oportunidad

    Entonces Rubén bajo y entro al baño desnudo

    Melissa no lo había escuchado por el ruido del agua

    Rubén se acercó a la regadera

    Pude ver como Melissa quería cubrirse con las manos, pero al ver que Rubén estaba desnudo no hizo el esfuerzo por cubrirse

    Rubén se acercó a ella, tomo su mano y la condujo hacia su pene erecto

    Al parecer a Melissa le agradó y comenzó a hacerle sexo oral. Poco después Melissa se sentó en el borde y abrió las piernas. Rubén la estaba disfrutando con sus labios y su lengua hasta que finalmente empezó a hacerle el amor. Melissa gemía, mientras la tenía tomada por las nalgas.

    Después cambiaron de posición y empezó a hacerle un perrito muy rico debajo de la regadera.

    Cuando Rubén regreso lo besé

    – Estuviste muy bien cariño

    – ¿Tu crees?

    – Si, la volvías loca, no dejaba de gemir

    – Si, es muy apasionada – Me respondió

    – La disfrutaste?

    – Si mucho, espero que todo esté bien entre nosotros

    – Si todo está bien. Mañana iré a verla y quiero que veas como la seduzco

    – Me encantaría verlas juntas – Me dijo

    Una velada incomoda

    – Ese día durante la cena se sentía un poco raro el ambiente. Melissa y Rubén estaban más callados de lo normal.

    Todos sabíamos lo que había pasado ese día entre Melissa y Rubén, pero Melissa no estábamos consciente de que yo los había visto a través de las cámaras de la regadera.

    Al parecer Melissa estaba apenada con Rubén y él y yo decidimos no mencionar nada en ese momento y hablar de otros temas.

    Al terminar de cenar, Melissa se despidió de nosotros y se fue a dormir.

    Me acerco a Melissa por primera vez

    Al día siguiente espere a que Melissa entrara al vestidor a cambiarse. Me puse lencería, un vestido corto, perfume y tacones.

    Cuando entre al vestidor se sorprendió de verme

    – Hola Karen ¿qué haces aquí? – Me pregunto

    – Quería decirte que supe lo que pasó entre Rubén y tú el día de ayer. No estoy molestar ni nada.

    – Lo siento Karen. Estaba en la ducha, el entró desnudo y me hizo suya. No supe como negarme, solo me tomó.

    – Entiendo Melissa, solo quería saber qué fue lo que vio en ti – Le dije al tiempo que dejaba caer mi vestido al piso quedando desnuda.

    Ella al verme se sorprendió y no dejaba de verme los pezones.

    Me acerqué a ella y le di un beso en el cuello.

    Así fue como comenzó nuestro encuentro, con besos y caricias.

    – Mmm Karen, ¿estas segura de esto? Solo somos amigas

    – Lo se Melissa, pero lo que hiciste con Rubén lo cambió todo. Quiero que seamos algo más

    – Algo más? – Me pregunto mientras besaba su cuello

    – Déjame quitarte el brassiere, quiero verte – Le dije

    Melissa se desabrocho el brassiere, dejando sus pechos al descubierto y en ese momento pude acariciarla.

    Poco después Melissa y yo nos sentamos en el sofá y después de algunos besos, ella abrió sus piernas. Al parecer quería algo más que eso.

    Entonces comencé a usar mi lengua encima de su tanga color blanco y semitransparente.

    Sus labios mayores no tardaron en insinuarse por debajo de su prenda húmeda a causa de mis besos y mi lengua.

    – Estas muy húmeda Melissa

    – Si Karen, así se me pone cuando me excito.

    – Quítame la tanga, ya no aguanto.

    Una vez que le quite su prenda, Karen quedó totalmente desnuda. Mis labios y mi lengua la llevaron a tener su primer orgasmo conmigo.

    Después de que Melissa llego al orgasmo fuimos a la cama, y nos sentamos frente a frente, y comenzamos y besarnos y frotar nuestros bollitos. Melissa me tenía agarrada por el culo mientras me besaba y entonces no aguanté más y me vine muy rico, tanto que se me salió un poco de orina.

    Cuando terminamos, nos acostamos y platicamos de lo que había pasado:

    – Lamento lo de Rubén, pondré seguro a la puerta cuando me bañe

    – No es necesario que hagas eso Melissa, sé que tienes necesidades al igual que yo. Si el entra, deja que te haga el amor, disfrútalo tanto como yo lo disfruto a el

    – ¿Estas segura? Porque en realidad me gustó estar con el

    – Ah si? Que te gusto de Rubén?

    – Que se mueve muy rico cuando está dentro, sabe hacer el amor muy rico

    – Si, sabe moverse muy bien. Confío en que también me atenderá a mí, el siempre quiere sexo.

    – ¿Y que hay de nosotras? – Me pregunto

    – No se, tu dime. ¿Te gustó estar conmigo?

    -Si, mucho

    – Entonces podemos seguir viéndonos independientemente de las visitas que te haga Rubén

    – Me parece bien

    Nuevas reglas del juego

    Ese día en la cena hablamos los tres

    – No quiero interferir en su relación. Sería mejor que me fuera – Nos dijo Melissa

    – Nos gusta que estés con nosotros – Le respondimos Rubén y yo

    – Como han podido ver soy una persona abierta a nuevas experiencias, me gusta el sexo pero nunca imagine encontrarlo aquí con ustedes

    – Nosotros tampoco Melissa, pero nos ha impresionado tu personalidad y tu belleza – Le dijo Rubén

    – Nos gustaría que siguieras viviendo con nosotros – Le dije

    – No sé si pueda contener mis impulsos con ustedes, me ha gustado vivir ciertas cosas con ustedes. Es probable que quiera repetirlas. – Nos dijo sonriendo

    Entonces me levante del sillón y tome a Melissa de la mano. Ella se levantó, me acerqué a su rostro y la besé.

    – No Karen, no hagas eso. Vas a hacer que quiera tener sexo con Rubén y contigo – Me dijo en voz baja

    – Hagámoslo, quiero volver a tenerte en mis brazos – Le dije también en voz baja

    Entonces tome también la mano de Rubén que aún permanecía sentado en la sala y los lleve a la alcoba principal.

    Lo que sucedió en esa noche esta por demás detallarlo. Solo puedo decir que hubo muchos besos, caricias y placer.

    Esa fue la primera vez que estuve con Rubén y otra persona. Por momentos me salía del cuarto para dejarlos solos y que disfrutarán.

    Después salía Rubén para descansar un poco, y Melissa y yo teníamos nuestro momento de pasión hasta que cada una tenía su orgasmo.

    Después de eso Melissa siguió viviendo con nosotros. A veces ella buscaba a Rubén y otras veces a mí. Otras veces dormimos los tres juntos.

    Tuvimos muchos encuentros con Melissa, nos gustaba salir de viaje y hospedarnos en un hotel donde pudiéramos tener privacidad.

    Finalmente Melissa dejó de vivir con nosotros para continuar con su vida.

    En lo personal fue una experiencia muy agradable. Después de todos esto puedo decir que está experiencia avivó la llama de la pasión entre Rubén y yo.

    Hemos intentado conocer a alguien más, pero no ha habido la misma química que teníamos con Melissa. Por lo pronto, invité a quedarse con nosotros a alguien que conocí en mi trabajo.

    Desde luego, dormirá en el cuarto de huéspedes.

    FIN